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                  <text>��UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE NUEVO LEÓN
Dr. Santos Guzmán López
Rector
Dr. Mario Alberto Garza Castillo
Secretario General

FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS Y RELACIONES
INTERNACIONALES
Dr. Abraham Alfredo Hernández Paz
Director
Dr. Luis Gilberto Ramos Peña
Subdirector General
Dra. Verónica Ascensión Cuevas Pérez
Subdirectora de Posgrado e Investigación

Revista de Comunicación Política, Vol. 7 enero-diciembre 2025, es una publicación anual,
editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Facultad de Ciencias
Políticas y Relaciones Internacionales (FCPYRI) de la Universidad Autónoma de Nuevo
León (UANL) desde el Laboratorio de Comunicación Política (LACOP),
http://rcp.uanl.mx.
Domicilio de la Publicación: Campus Mederos Ave. Praga y Trieste s/n Col. Residencial Las
Torres, C.P. 64930. Monterrey, México. Telf: 8183294000 Ext 2282. Email: rcp@uanl.mx
Editor responsable: Dr. Carlos Muñiz Muriel. Reserva de derechos al uso exclusivo No. 042022-112813275700-102, ISSN: 2992-7714, ambos otorgados por el Instituto Nacional del
Derecho de Autor.
Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura del editor
de la publicación. Responsable de la última actualización de este número, Dr. Abraham
Alfredo Hernández Paz, Campus Mederos Ave. Praga y Trieste s/n Col. Residencial Las
Torres, C.P. 64930. Monterrey, México.
Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin
previa autorización del Editor.

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�REVISTA DE COMUNICACIÓN POLÍTICA:

EQUIPO EDITORIAL
Editor jefe:
Dr. Carlos Muñiz
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Editora adjunta:

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Dra. Alma Rosa Saldierna Salas
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�ÍNDICE:

El aporte de los estudios en paz para comprensión de la gestión
del conflicto y la ciudadanía ...................................................
The contribution of peace studies to the understanding of conflict management
and citizenship

9

Fabián Andrey Zarta Rojas

Sistemas mediáticos en América Latina: Persistencias
poscoloniales y legados institucionales en la relación medios y
poder .....................................................................................
Media systems in Latin America: Postcolonial persistences and
institutional legacies on the media-power relation

23

Martín Echeverría
Rubén A. González Macías
Víctor Hugo Reyna

Percepciones de la democracia de jóvenes universitarios en la
capital del estado de Guerrero: retos y desafíos .....................
Perceptions on democracy by young university students in the capital of
Guerrero state: challenges and obstacles

45

Denia May Sánchez Rivera
Agustín Molina Gama
Alejandro Díaz Garay
Jorge Alberto Sánchez Ortega

Cubrimiento mediático de sentencias de los tribunales
constitucionales colombiano y mexicano sobre el derecho al
libre desarrollo de la personalidad ........................................
Media Coverage of Constitutional Court Rulings from Colombia and
Mexico on the Right to Free Development of Personality

71

Ángela Margoth Bacca Mejía
Oscar Alí Nava García

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�Una genealogía del debate presidencial en la Argentina
democrática (1983-2023) .......................................................
A Genealogy of the Presidential Debate in Democratic Argentina (1983–
2023)

99

Augusto Reina

Regular la publicidad para controlar la obesidad: un análisis
comparado de política pública de los lineamientos y el
anteproyecto en México .........................................................
Regulate advertising to control obesity: a comparative analysis of public
policy of the guidelines and the draft in Mexico

119

Tonatiuh Cabrera Franco

Factores asociados a la participación política digital en
Querétaro ..............................................................................
Factors associated with digital political participation in Queretaro

141

Karla Belem Negrete Huelga
Héctor Gutiérrez Sánchez

La desinformación en las campañas electorales: el caso
uruguayo 2024 en el contexto hispanoamericano ..................
Disinformation in electoral campaigns: the 2024 Uruguayan case in the
Hispanic-American context

167

Sofia Montero
Jordi Rodríguez-Virgili
Carmen Beatriz Fernández

Producción científica periférica, estudios sobre infancias en
artículos que analizan la conformación de la opinión pública
Peripheral Scientific Production: Studies on Childhood in Articles
Analyzing the Formation of Public Opinion

191

Alejandra Rodriguez-Estrada

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�Comunicación y poder en el contexto organizacional del poder
legislativo: El debate parlamentario sobre la Guardia Nacional
en México ..............................................................................
211
Communication and power in the organizational context of the legislative
branch: The parliamentary debate on the National Guard in Mexico
José Alberto Rodríguez Robledo

Colaboradores del volumen ...................................................

237

Normas éticas de la publicación .............................................

240

Directrices para los autores ...................................................

242

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�El aporte de los estudios en paz para comprensión de la gestión del conflicto y la ciudadanía
The contribution of peace studies to the understanding of conflict management and citizenship

Fabian Andrey Zarta Rojas
UNIMINUTO (Colombia)
Orcid https://orcid.org/0000-0001-5536-3712
fabian.zarta@uniminuto.edu

Resumen: El presente artículo de reflexión, presenta una perspectiva política y filosófica de la comunicación como una
forma de comprender de manera alternativa los estudios de paz y su impacto en la gestión del conflicto, pero también su
influencia en la construcción de las ciudadanías. Debido al sentido del texto, la postura epistemológica que se adopta es la
complejidad y la interdisciplinariedad. Para el desarrollo del artículo se proponen los siguientes acápites: Comunicación, política y paz: ¿cómo se articulan?; Filosofía de la comunicación y la gestión del conflicto; Construcción de ciudadanías desde la
comunicación. La comunicación permite constituir las identidades de todo sujeto político; sin embargo, esta se ve coartada por
las presiones del sistema capitalista y más recientemente llamado neoliberal, que al tener unos elementos que se despliegan
por todo el mundo terminan atravesando temas que hace unos lustros eran impensables.

Palabras clave: Paz, comunicación, política, complejidad, gestión de crisis
Abstract: This reflection article presents a political and philosophical perspective of communication as a way of understanding, in an alternative way, peace studies and their impact on conflict management, but also their influence on the construction of citizenships. Due to the meaning of the text, the epistemological position adopted is from complexity and interdisciplinarity. For the development of the article, the following sections are proposed: Communication, politics and peace: how
are they articulated? Philosophy of communication and conflict management; Construction of citizenships from communication. Communication allows the constitution of the identities of every political subject; however, this is restricted by the pressures of the capitalist system and more recently called neoliberal, which, by having elements that are deployed throughout the
world, end up crossing topics that were unthinkable a few decades ago.

Keywords: Peace, communication, politics, complexity, crisis management
Fecha de recepción: 07/12/2024
Fecha de aprobación: 03/03/2025
Fecha de publicación: 18/03/2025

Cómo citar este artículo / How to cite this paper: Zarta Rojas, F. A. (2025). El aporte de los estudios en

paz para comprensión de la gestión del conflicto y la ciudadanía. Revista de Comunicación Política, 7, e250701.
https://doi.org/10.29105/rcp.v7i1.70

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�El aporte de los estudios en paz para comprensión de la gestión del conflicto y la ciudadanía

2

Introducción
“Sé amable, pues todo el mundo que conocerás estará viviendo una batalla difícil”
(Platón)
Había una vez un pequeño pueblo situado en medio de una vasta pradera, donde vivían personas de
distintas culturas y creencias. A pesar de que sus diferencias eran notables, siempre habían logrado
convivir en armonía y paz, gracias a la comunicación. Un día, un grupo de personas llegaron al pueblo
y comenzaron a sembrar discordia entre sus habitantes. Sus palabras y acciones causaron divisiones
y tensiones que nunca habían sido allí vistas.
Esta corta metáfora, constituye de forma general la génesis de los conflictos a diversas escalas.
Como se podrá notar, la metáfora presenta el inicio y el nudo de la cuestión, pero no su desenlace;
debido a ello, en el presente artículo se pretenderá, en cada acápite presentado, ir logrando pautas o
rutas que podrían permitir culminar dicha figura literaria desde una mirada interdisciplinar, ya que
las categorías que se derivan son: comunicación, política, subjetividad y paz, cuestiones que son profundamente estudiadas por las ciencias sociales como los Estudios en Paz y Conflicto. Así mismo,
resulta sugerente estudiar dicha cuestión generando una hibridación entre literatura y teoría puesto
que como decía Max-Neef (2004) “mientras en el ámbito del saber tiene sentido que yo (sujeto) plantee un problema y busque su solución (objeto), en el ámbito del comprender no existen problemas
sino solo transformaciones que integran indisolublemente sujeto y objeto” (p.19).
Así que usamos un enfoque cualitativo porque vamos a explorar algunas interpretaciones teóricas sobre comunicación, política y paz, tratando de ver cómo se articulan; en cierta forma se trata
de ahondar en una filosofía de la comunicación y la gestión del conflicto, sin olvidar la cuestión de la
construcción de ciudadanías desde lo comunicativo. No se trata de un estado del arte, sino de un
análisis de algunas fuentes textuales, sin pretender cuantificar resultados, sino interpretando el significado y los contextos de las ideas presentadas; es decir, identificando los conceptos clave, las relaciones entre ellos y sus implicaciones teóricas.
Se pretende que, en la medida en la que el artículo avance, el lector vaya develando la forma
correcta de gestionar los conflictos para lograr una coexistencia en paz, integrándose y no se sienta
un espectador más de la coyuntura, puesto que lo interpela como ciudadano y sujeto político.
Hablando sobre los estudios sobre la paz que se han realizado, al menos en Colombia, existe
una gran tendencia hacia el análisis de categorías como: la subjetividad, la identidad, el conflicto y la
ciudadanía. El problema de esta tendencia es que relega aquella categoría que las articula, y que también funciona en forma de herramienta, la comunicación.
Hay que entender que aquí se presenta una bifurcación; por una parte, se puede tomar la
comunicación como categoría de análisis; por otra parte, se la puede tomar como herramienta. Para
efectos de este artículo se tomará la segunda dimensión, puesto que el interés es develar cómo la

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�Fabian Andrey Zarta Rojas

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comunicación puede ser útil para la construcción de ciudadanías, que es una de las cuestiones centrales para los estudios de paz.
Ahora bien, si asumimos esta perspectiva surgen diversas incógnitas: ¿qué es la comunicación
en tanto herramienta?, ¿cómo funciona?, ¿para qué sirve?, ¿de qué forma adquiere sentido en los
estudios sobre la paz? Todos estos cuestionamientos se fundan en una experiencia esencial que países
como Colombia y muchos otros latinoamericanos han sufrido a lo largo de su historia sociopolítica:
situaciones de conflicto armado, guerras y masacres.
Tal vez por ello, cuando hablamos de la forma cómo se debe solucionar un conflicto, el pensamiento nos direcciona al diálogo como eje central. Ello es lógico porque la comunicación, como algo
inherente al ser humano, es la principal herramienta mediante la cual se podrían solucionar las coyunturas que atraviesan los conflictos. En otros términos, actúa como una comunicación liberadora,
transformadora, que ubica al sujeto (o pueblo) como protagonista y generador de acciones (Kaplún,
2010).
Una comunicación que genere esta transformación no se da por osmosis, sino que necesita
de un impulso interno gestado por un proceso válido para diversas disciplinas: el liderazgo. No obstante, en los estudios realizados sobre este concepto aparece algo que Freire (1996) criticó de forma
constante: la educación bancaria, cuando se trata de informar o generar contenidos de forma jerárquica, sin oportunidad de una retroalimentación (feedback).
Ante dicha situación, muchos de los autores descubrieron que, para llegar al liderazgo transformacional, había que superar el liderazgo transaccional (Contreras &amp; Barbosa-Ramirez, 2013). Es
decir, pasar de un liderazgo cargado de burocracia e ideas capitalistas, a un liderazgo que provenga
desde diferentes personas, posiciones y sea sobre todo horizontal. En esencia, lo que buscan los teóricos contemporáneos de la comunicación, partiendo del liderazgo, es que ésta sea gestionada por la
misma comunidad y no por una persona o grupo privilegiado.
A partir de ese pequeño hecho “teórico” es que nace la comunicación para la transformación
social1,

que sin duda permitió abrir una serie de teorías y líneas de investigación en todas las univer-

sidades del mundo, con un impacto especial en Latinoamérica. Ese efecto latino se debió en gran
medida a las diferentes guerras con las cuales los países de esta parte del continente han tenido que
vivir y sobrevivir.
De manera que la presente reflexión se orientará no sólo a dar respuesta a las cuestiones ya
planteadas, sino también a generar una perspectiva crítica sobre la comunicación como herramienta
utilizable en los estudios en paz como elemento relevante para la construcción de ciudadanías y todo
lo que ello implica: territorios, subjetividades, cuerpos o comunidades.
Por último y no menos importante, la postura epistémica desde la cual se realizará la presente
reflexión nos lleva a dos cuestiones a considerar antes de incursionar. Por una parte, resulta oportuna
una mirada compleja para la cuestión que interpela el presente texto; para ello usaremos la
Existen diversas teorías frente al nacimiento de la comunicación para el cambio social. Sin embargo, para efectos de este articulo resulta interesante encaminarse por esta idea.
1

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�El aporte de los estudios en paz para comprensión de la gestión del conflicto y la ciudadanía

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perspectiva propuesta por Morín y Ruíz (2005). No obstante, la complejidad irá aunada con un componente que Zarta (2022a) denomina el pensamiento rizomático, que deviene como una forma de
generar diálogos entre diversas disciplinas con el fin de ampliar la grilla analítica sobre un tema determinado. Con estas dos cuestiones, el artículo tendrá una perspectiva transdisciplinar en su forma
de abordar el tema tomado para el análisis. Esta perspectiva es interesante debido a que “la creciente
ruptura de la comunicación es en buena parte producto de la exacerbación del pensamiento racional,
manifestado por el claro reduccionismo de la lógica binaria” (Max-Neef, 2004, p.11).

Comunicación, política y paz: ¿cómo se articulan?
Para situar inicialmente, la metáfora propuesta, se debe comprender que en todo territorio existen
dos fuerzas humanas: el gobierno, que hace la política y las leyes; y el pueblo, comunidad o ciudadanía, que está subordinado a éstas. Entre las dos fuerzas existen unas relaciones de poder definidas
(Foucault, 2005), pues tanto el gobierno como la comunidad comprenden el límite de sus roles y, por
ende, el alcance del ejercicio del poder para cada una. No obstante, aunque están definidas, son relaciones mediadas por leyes articuladas mediante dos componentes: la política y la comunicación. Estas
dos categorías, no son inocuas en su conjunto ni en su individualidad, pues son efectos que surgen
como resultado del ser humano buscando una coexistencia pacífica; en otras palabras, la articulación
de las categorías comunicación, política y paz en el contexto de la gestión de conflictos es esencial
para comprender cómo se puede abordar de manera efectiva la resolución de conflictos, así como la
configuración de la paz y, por ende, la construcción de sociedades más pacíficas y justas.
Si seguimos la idea de estas categorías, para comprender la paz, se debe explorar el papel que
tienen la política y la comunicación en la gestión de un territorio. La política es el marco estructural
dentro del cual se gestionan los conflictos; e involucra tanto la dimensión institucional como los actores políticos que juegan un papel importante en la resolución o exacerbación de un conflicto. Surge
así una cuestión: ¿no es política toda comunicación? Y la respuesta es afirmativa. Por lo tanto, estudiar la política y la comunicación resulta algo redundante; anulando la política, la derivación pura es
estudiar la comunicación como eje articulador entre la política y la paz.
En ese sentido, la cuestión sería ¿cómo funciona la comunicación como herramienta constructora de política y paz? Esta pregunta da por sentado que existe una articulación entre las tres
categorías; en ese sentido, el resto de este acápite lo dedicaremos a develar cómo ella se compone y
qué efectos tiene en las relaciones de poder.
Para empezar, Arendt (2008) no va a enseñar que nuestras acciones cotidianas, incluso aquellas que creemos más personales e íntimas, terminan por ser cuestiones asociadas a lo político. En ese
horizonte, lo que se dialoga, informa y comunica no son necesariamente cuestiones íntimas o de orden
privado; sino que por tener vínculos con las cuestiones sociales y culturales que afectan a terceros,
pasan a ser hechos públicos.

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�Fabian Andrey Zarta Rojas

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En el fondo todo es político, afirmación desarrollada por Rancière (2011), quien llegará a decir
que “si todo es político, nada es político”. De manera que el locus consiste en cómo esos discursos,
con los que nos comunicamos y construimos verdades intersubjetivas, afectan la estructura societal a
la que se pertenece. El que dichas comunicaciones afecten a una comunidad, no hace que el discurso
sea bueno o malo; sino que supone una legitimidad de la postura política como ciudadanos.
Esa última idea será algo presente en gran parte de la filosofía desarrollada por Mouffe
(2022), quien junto a su esposo Laclau (2012) van a criticar el determinismo económico marxista
para argumentar que la lucha de clases no era el fundamento de la sociedad, sino que había que dirigirse hacia una “democracia radical” donde nace el “pluralismo agonístico” en el cual todos los antagonistas de la sociedad pueden participar para dar validez a su postura como sujetos políticos.
Como efecto del cruce anterior, la génesis del sujeto político la encontraríamos en la comunicación (Zarta, 2022b), lo que es relevante pues, en esencia, otorga identidad a los sujetos políticos;
cuando estos carecen de identidad lo que sucede es una carencia en la forma en la que se están comunicando con la comunidad y demás sujetos. Por ello, la construcción de comunidad, de identidad y de
la propia subjetividad política están entrelazadas por los desarrollos dialógicos en el marco de una
comunicación constructora de realidad.
Si encadenamos estas ideas, la paz termina siendo un resultado de la gestión comunicativa
generada por el sujeto político y la fuerza de la identidad que este tenga en el territorio; la forma en
que las partes en conflicto se comunican (y los canales que utilizan) puede influir directamente en el
éxito o fracaso de los esfuerzos de resolución. En efecto, no hay paz sin dialogo; pero lo que traslapa
esta afirmación que parece tan sencilla, es que el dialogo es la herramienta primogénita de la comunicación para el cambio social y en este punto es donde se articulan las tres cuestiones en mención.
En síntesis, la comunicación crea entornos políticos como su acto natural; luego, la gestión
de la comunicación en los escenarios políticos genera los diálogos para la gestión del conflicto (en los
casos donde exista tal necesidad) con el fin de lograr acuerdos que abran caminos para la reconciliación y por lo tanto para alcanzar la paz. En ese orden de ideas, la primera fase para la gestión de la
incertidumbre en un territorio como se ha expuesto al inicio del presente texto es la construcción de
caminos dados por la comunicación encaminados a entretejer flujos de información que permitan el
entendimiento de las acciones de aquellos sujetos que puedan en principio ser causantes de discordia.
En el próximo apartado, se observará cómo funciona la gestión del conflicto revisando, desde la filosofía de la comunicación, y señalando como puede colaborar en el desarrollo de nuevas formas de
abordar una bipolaridad discusiva.
Es importante mencionar que el presente texto, no se trata de una revisión sistemática de la
literatura o un estado del arte, sino de una reflexión con todas sus letras, que usa además una postura
compleja e interdisciplinar por que se nutre de diferentes perspectivas analíticas. Por lo tanto, la construcción de éste se fundamentó en apuntes del autor, discusiones académicas con colegas estudiantes
de diversos posgrados y lecturas previas.

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�El aporte de los estudios en paz para comprensión de la gestión del conflicto y la ciudadanía

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Filosofía de la comunicación y la gestión del conflicto
Una cuestión fundamental que preocupa a muchos autores de las ciencias de la comunicación como
Domínguez (2006), López López (2013) y Choza Armenta (2015) es: ¿cuál sería la filosofía adecuada
a la comunicación? Cada uno de ellos propone diferentes perspectivas desde las cuales abordar la
cuestión; sin embargo, tienen una idea en común: la capacidad que posee para gestionar conflictos y
crear escenarios de diversa índole.
La procedencia etimológica de la palabra comunicar nos lleva al término latino “communicare” (compartir o generar comunicaciones con alguien) y éste a communis (común, mutuo, compartido; es decir, lo público); no obstante, en una semántica o sociología de la palabra ésta sigue respondiendo a la misma concepción, lo único que cambia es el medio por el cual se realiza dicha interacción
(Martín Barbero, 1987). Entonces, etimológicamente, el sentido último de la palabra comunicación
es poner nuestras ideas y pensamientos en común con otros, pues lo común es aquello que se comparte. La comunicación, así, sería la acción de compartir con los demás lo que pensamos, opinamos,
profesamos o sentimos, y, por ende, de trasmitir o difundir informaciones o mensajes para hacerlos
comunes entre los demás. En definitiva, la comunicación permite tener algo en común.
Para situar la reflexión filosófica sobre la comunicación se requiere asumir el planteamiento
de García Álvarez (2007), cuando plantea que, históricamente, “el diálogo fue usado por los filósofos
griegos como una estrategia retórica, una forma de dar a conocer sus ideas y postulados, así como de
persuadir sobre los mismos” (p. 3). Este saber es la tribuna para acceder a experiencias vividas, protagonizadas o construidas de modo simbólico como constitutivas de un encuentro dialógico, donde
los mensajes verbales y no verbales reavivan los ideales, mediante anécdotas cargadas de particularidad y de convicciones individuales. Ante esta realidad, un cruce comunicativo, sea cual sea, es un
lugar donde brotan importantes informaciones e indagaciones. Ideas que de algún modo son el semillero para que todos ensanchen sus capacidades, erigiendo imaginarios y representaciones, claro que
cargadas de subjetividad y de ficción, pero también de un núcleo de cohesión entre lo que se es y lo
que se pretende ser. Como proceso complejo y abarcante, la comunicación favorece el intercambio
permanente y dinámico de los saberes y, por ende, es el lugar y el cómplice perfecto donde se dan cita
todas las potencialidades y carencias de los individuos y, mucho más, de los colectivos humanos.
Claro que estas relaciones en ocasiones se convierten en enmarañadas redes de conflictos
(ideológicos o no), en la medida en que los individuos quieren sostener convicciones no consensuadas
y presentan rasgos de autoritarismo o dominación. No olvidemos que los conflictos son el motor y la
expresión de las relaciones entre las personas y pueblos. Bajo este presupuesto, hay que entrever la
presencia y acción de la mediación como aquel proceso que permite el encuentro de opiniones y como
aquella forma de intervención centrada en el diálogo, el consenso y la valoración de lo personal, así
como de lo social y colateral que entra en juego.
Un autor tradicional que pensó la comunicación, permitiendo desarrollos posteriores, fue
Jaspers (1971), quien desde el existencialismo puso a la comunicación como aquello que Lacan (1967)

Revista de Comunicación Política, vol. 7, enero-diciembre, 2025, http://rcp.uanl.mx, pp. 1−13, ISSN: 2992-7714

�Fabian Andrey Zarta Rojas

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va a denominar “el estadio del espejo”2. En otras palabras, Jaspers (1971) propone el acto comunicativo como un hecho hermenéutico del sujeto o comunidad y, en ese sentido, de él emergen categorías
que lo componen como acto interactivo: la existencia, la ética, el compromiso, la participación y la
verdad intersubjetiva.
Todas aquellas categorías que componen el acto comunicativo son las que en su conjunto
producen la realidad o el entorno. Al tener la potente capacidad creadora (innata), ya no hay que
pensar tanto en cómo esa acción, que crea al “otro sujeto”, permite la materialización del contexto,
sino como una práctica que debe dotarse con valores, puesto que los elementos que integren dicho
acto harán parte de los productos y resultados que arroje la acción comunicativa (Habermas, 2003),
justo como un cálculo matemático.
De manera que, cuando la comunicación se mueve entre valores de tipo ético comienza el
desarrollo del ambiente idóneo para la gestión. En ese sentido habría que observar qué es lo que se
gestiona o al menos cómo es que la comunicación logra gestionar X o Y situaciones. Vamos a entender
en este texto la gestión como un proceso en el cual se intenta resolver un caso puntual que permita
alternativas de solución ante una contingencia (Correa Correa-Díaz et al., 2019). Así las cosas, gestionar es resolver contingencias. En muchos de los casos lo que puede emerger de una contingencia será
una problemática o conflicto; no obstante, esto no siempre es así, debido a que existen cuestiones
multidimensionales que resultan de la gestión que no propiamente son conflictivas. Pero, para efectos
del análisis aquí propuesto, nos centraremos en las cuestiones conflictivas que pueden nacer de las
contingencias.
Para Grossberg (2016), una contingencia se encuentra sujeta a las coyunturas que presenta
un territorio o un grupo de sujetos (como también un solo sujeto). La contingencia como cuna de
posibles conflictos necesita estrategias que permitan dar un giro inesperado o el desarrollo de dicho
conflicto para devolver la tranquilidad o mantener en paz a las personas que conforman dicha coyuntura. Estas estrategias están vinculadas directamente al dialogo, a la interacción, a la comunicación.
En otros términos, la esencia para la resolución de un conflicto se centra en el uso del lenguaje, pero
no de cualquiera, sino de uno táctico.
En este punto, ya la comunicación para el cambio social resulta limitante porque muchas de
las contrapartes, cuando se trata de conflictos, están de alguna forma prevenidos ante las circunstancias y, por ende, toman una actitud agresiva frente al grupo que intenta gestionar el conflicto. Esto es
lo que se denomina “teoría de la incertidumbre”, que Vitoriano (2007) señala como ese momento en
el que ninguna de las partes sabe cómo actuar.
Para dar un salto no teórico, sino más bien práctico, es interesante ver cómo la comunicación
presenta una variedad de perspectivas que se acoplan a las propiedades de cada conflicto, siendo la
comunicación estratégica (CE) la manera propia de responder ante la incertidumbre que podría generar un determinado ambiente, pero sobre todo las reacciones de los sujetos que pueden emerger.
Se refiere a la primera vez que el niño se encuentra en la capacidad de reconocerse frente a un espejo, para
percibirse como sujeto.
2

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�El aporte de los estudios en paz para comprensión de la gestión del conflicto y la ciudadanía

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La violencia, como una acción posible dentro de un conflicto, debe tomarse en cuenta, y de allí, la
importancia de la “negociación” que pertenece a las bases de la CE y no a otras formas de hacer comunicación.
Entonces, cobra relevancia la CE como eje central para la gestión del conflicto; en ese mismo
horizonte se pueden ir evidenciando algunos puntos que dan cuenta de cómo la filosofía o el sentido
más íntimo de la comunicación termina colaborando en el desarrollo social a diferentes estancias. Así
mismo, permitiendo generar alternativas de solución para las diferentes contingencias que surgen en
las coyunturas que atraviesan a un territorio.
Finalmente, la segunda cuestión que se debe señalar de la metáfora que abre esta reflexión,
es que la filosofía de la comunicación que se refleja en las instancias de la CE, dadas como parte de la
gestión del conflicto, permite la creación de espacios para constituir y legitimar los sujetos políticos
que dispone el contexto en el que se encuentran las coyunturas. Al interior de esas estructuras, hay
unas ciudadanías que están mediadas por los actos comunicativos y sus despliegues políticos.
Así pues, filosofía de la comunicación y gestión del conflicto son categorías interrelacionadas,
ya que la comunicación es la clave para entender y abordar las dinámicas de poder, valores y perspectivas que subyacen en cualquier conflicto. Desde una perspectiva filosófica, la comunicación no sólo
se entiende como un intercambio de información, sino como un proceso complejo que involucra la
interpretación, la negociación de significados y la construcción de realidades compartidas. En la gestión del conflicto, esta concepción filosófica sobre la comunicación es clave, pues permite abrir espacios para el diálogo y la reflexión crítica, esenciales para transformar las diferencias en acuerdos. La
gestión del conflicto, al ser un proceso que busca no sólo resolver disputas sino también promover la
reconciliación y la paz, se ve enriquecida por la filosofía de la comunicación, ya que ésta subraya la
importancia de la ética, la escucha activa y la empatía en los intercambios entre las partes involucradas. Así, una adecuada comprensión de la comunicación, más allá de la mera transmisión de mensajes, facilitará el entendimiento mutuo y la construcción de soluciones más inclusivas y sostenibles.

Construcción de ciudadanías desde la comunicación
El debate sobre la construcción de ciudadanías ofrece un horizonte variopinto. En un enfoque clásico,
Cortina (1997) entiende la génesis del concepto como las opciones que tienen los individuos de pertenecer y reconocerse ante una comunidad política. Para ella, la ciudadanía construyó, históricamente, ciertos principios ideales que todavía se conservan, como la religión cívica, el homo legalis, el
zoon politikón, la convivencia y la educación, principalmente. Así mismo, Sartori (1994) relaciona la
ciudadanía con la acción de los demos al interior de los sistemas políticos que pretenden la construcción de democracia. Así, por un lado, habría que entender la ciudadanía como algo jurídico, definido
por el Estado, como un derecho otorgado (estatus) a los individuos. Pero, por otro lado, y en la línea
de Cortina (1997), habría que construir el concepto entendiéndola como una entidad orgánica de la
sociedad, donde coexisten diversos grupos humanos en múltiples actividades.

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En esa línea hay que señalar que la transición de una ciudadanía clásica a las hoy llamadas
nuevas ciudadanías produjo tres rupturas: (a) nuevas formas de ejercicio ciudadano y de relaciones
entre individuo y Estado; (b) la territorialidad en nuevos espacios sociales y urbanos; y (c) los intereses de diverso orden por los que hoy se convocan y movilizan los ciudadanos. En pocas palabras, se
vive la construcción de un nuevo sujeto político encarnado en los jóvenes y las mujeres activos en la
vida social mediante prácticas ciudadanas que implican el ejercicio de los derechos civiles, políticos y
sociales en la experiencia cotidiana.
Ahora bien, en el contexto mediático y tecnológico actual hay que introducir distinciones entre lo público y lo privado. Para Huergo (1998), lo público es un espacio fluido, complejo y polimorfo
relacionado con los medios, que avala la opinión pública; así, lo público es espacio mediático. Y, sobre
las articulaciones entre la ciudadanía y lo tecnosocial, Martínez Roa y Burgos Hernández (2014) se
refieren a “ciudadanías comunicativas” señalando la pluralidad cultural, los procesos expresivos, informativos y comunicativos, en pocas palabras, como un asunto de medios, mediaciones y prácticas
cotidianas que avalan el ejercicio de construcción real y permanente de la ciudadanía, de sus regímenes sociocomunicativos, es decir, de una esfera pública diversa e incluyente donde la expresión pública de sus demandas y puntos de vista sea valedera, al tiempo que permite que sus relatos, pensamientos e intereses sean reconocidos en el espacio público. En las últimas décadas se viene desarrollando una nueva vertiente investigativa que relaciona cultura política y educación ciudadana (Herrera et al., 2005).
Si se toma la idea de estas ciudadanías comunicativas como punto de enunciación político, se
estaría interpelando a la democracia directamente y por ende a una serie de hechos que la constituyen
como, por ejemplo; la participación de dichas ciudadanías en los procesos de construcción de las políticas públicas que beneficien sus territorios. Sobre este punto, conviene recordar los apuntes de Matamoros (2013), que señala las necesidades específicas del pueblo como la función más importante de
las políticas públicas como ejercicio para el fortalecimiento de la democracia.
En ese mismo sentido, la construcción de democracia debería implicar que hay una ruta encaminada a lograr la paz en el territorio; esta afirmación, supone que en aquellos lugares donde existe
una guerra o conflicto entre grupos al margen de la ley es porque carecen de unos procesos democráticos sólidos. De todas formas, para que haya una base sólida con la cual las ciudadanías puedan llegar
a un acuerdo común para una paz total es necesario, por una parte, volver a los fundamentos de la
filosofía de la comunicación, en otras palabras, al diálogo bilateral. Pero también, a lo que Sicerone
(2016) señala como un “proceso de comunicación cotidiano” en el cual los ciudadanos sean conscientes de que es a partir de los lazos que formen tanto con el grupo al margen de la ley como con el equipo
de gobierno que hace las veces de “mediador” que se puede construir un camino hacia el anhelo de
todo el pueblo: el fin de la guerra, la muerte violenta y la violación sistemática de los Derechos Humanos.
Existe un punto en esta discusión que se debe tener en cuenta, no solo porque traslapa las
categorías que interpelan la presente reflexión; sino también, permite comprender de forma

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socioeconómica cómo se movilizan estas situaciones en el país y por qué es importante sostener la
guerra en un territorio como el latinoamericano. Recordemos que el gasto público de Colombia disminuyó de 1.063,9 millones en 2023, lo cual representa un 2,9 % del PIB. Por otra parte, de los países
que más gastan en armamento para su defensa están los Estados Unidos con 1045.000 millones de
dólares en 2023 (3,36 del PIB). Seguido de China con 245.600 millones de dólares (1,6% de PIB), y
la India con 1 millón de dólares, con lo que representó el 2,44% del PIB.
Lo que hay detrás de las cifras mencionadas y en general, de la tesis sobre la guerra es lo que
Valencia Triana (2012) llama “capitalismo Gore” que consiste en la forma como el sistema económico
atravesó todo aquello que implique un morbo sobre el cuerpo, la sangre y la violencia. Esta forma en
la que el neoliberalismo se actualizó para capturar el morbo del ser humano por aquellas cuestiones
que producen una especie de asombro, muestra de forma tajante lo despiadado que puede ser el capitalismo. Ese salvajismo y morbo, es lo que sostiene la guerra debido a que un territorio que viva en
una paz completa tendría que invertir su PIB en acciones que beneficien a sus habitantes y permitan
una calidad de vida plena, cuestión que es absurda en el pensamiento político latinoamericano.
¿Qué se propone ante todas estas acciones que parecen desalentadoras? En la investigación
realizada por Zarta (2022c) sobre personas privadas de la libertad en donde estudió cómo el sistema
capitalista atraviesa la prisión contemporánea, descubrió que existen diversas formas en las cuales
los condenados podían resistirse ante el sistema neoliberal; es importante tener en cuenta que estos
se encontraban bajo una serie de restricciones jurídicas por lo cual existían impedimentos para generar alguna acción de resistencia ante el sistema. ¿Cómo lograron dicha resistencia? Lo que propone
el investigador partiendo de las enseñanzas de Sen (2000), es que “el pensamiento crítico y el desarrollo humano” (p. XX) tienen una potencia que permite, de forma progresiva, revertir la presión que
tienen los elementos de los dispositivos legales y económicos sobre la subjetividad de aquellas personas privadas de la libertad.
En extrapolación a la presente reflexión, la ciudadanía que no se encuentra privada de la libertad, pero si se encuentra en un continente con las leyes más restrictivas del mundo, por lo que no
tiene otra forma que resistirse por medio de esos mecanismos, que además aquí se quisieran ampliar
o proponer otros: 1) Pensamiento crítico; 2) dialogo permanente; 3) resistencias creativas; 4) desarrollo humano como manifestación de libertad. Todas estas herramientas, permitirán que un territorio se rebele hacia aquel sistema que pretende monetizar y observar todo suceso con morbo e intentando enajenarla hasta que dicha cuestión o sujeto se vea anulada.
Así las cosas una de las cuestiones fundamentales a implementar en aquella comunidad que
se encuentra en discordias por la llegada de foráneos, desde una filosofía de la comunicación, para
fortalecer los procesos de democracia en un territorio y con ello lograr consolidar una paz total, son
aquellas herramientas que permitan comprender las intenciones bilaterales de los grupos implicados
y desarrollar estrategias dialógicas que tengan por fin desarrollar el conflicto de la mejor forma posible para lograr una coexistencia en un ambiente propicio para el ejercicio libre y responsable de la
participación política.

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De modo que, en el marco de la gestión de conflictos, la construcción de ciudadanía juega un
papel fundamental, ya que implica promover la participación, el respeto a los derechos de los demás
y la inclusión de todos los actores sociales en los procesos de toma de decisiones. No sólo se trata de
la adquisición de derechos y deberes, sino también de la creación de un sentido de pertenencia y responsabilidad compartida en la comunidad. En el contexto de los conflictos, fomentar una ciudadanía
activa es crucial para garantizar que los procesos de resolución y reconciliación sean legítimos, inclusivos y sostenibles. Al empoderar a los ciudadanos para que se involucren en la solución de los problemas que afectan a su entorno, se promueve una cultura de paz y justicia que ayuda a prevenir
futuros conflictos y a superar las divisiones sociales. Así, la gestión de conflictos se ve fortalecida
cuando se priorizan los valores democráticos y se construye una ciudadanía que asuma su rol en la
construcción de una sociedad equitativa y pacífica.

Conclusiones
Vale la pena, dar fin o desenlace a la metáfora con la que se inició la presente apuesta reflexiva; y
aunque el lector tiene la libertad de darle infinitos finales, aquí nos atrevemos a proponer uno:
Los líderes del pueblo, preocupados por la situación, decidieron convocar a una reunión con
la presencia de todos los habitantes para buscar una solución. La reunión se llevó a cabo en una gran
explanada, bajo la sombra de un frondoso árbol. En ella, cada persona tuvo la oportunidad de expresar sus ideas, inquietudes y miedos. A través de la escucha y el diálogo respetuoso, se logró comprender las diferentes perspectivas de cada uno y se encontró un camino hacia la reconciliación.
Así, poco a poco, el pueblo volvió a la paz y la armonía que siempre había caracterizado a sus
habitantes. Todos aprendieron la lección de que, incluso en los momentos más difíciles, la comunicación es la mejor herramienta para construir puentes entre las personas y lograr la paz. Desde entonces, siempre que surgía algún conflicto en el pueblo, sus habitantes recordaban el valor de la comunicación para resolver sus diferencias y mantener la paz.
Con lo expuesto, la comunicación como eje para el estudio de la política y de la paz, termina
siendo relevante debido a la interdisciplinariedad que la embarga como categoría tanto tradicional y
contemporánea. Debido a ello, de forma operativa, los procesos comunicativos son por excelencia la
herramienta que permita una gestión política y la constitución, legitimidad y participación de los ciudadanos; los mismos que pretenden lograr la paz o al menos gestionar el conflicto para encontrar el
punto intermedio para una coexistencia al interior de sus territorios.
En mismo sentido, la filosofía de la comunicación ofrece una alternativa variada para la gestión del conflicto; sobre todo, los que se fundamentan en la incertidumbre donde ninguno de los grupos de forma bilateral sabe cómo actuar ante la situación que presenta el contexto; por ello, el dialogo
es la primera etapa para que se constituya la comunicación para el cambio social, y por lo tanto de allí
nacen las bases para que una comunidad conviva en un ambiente fundado en la paz.

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La comunicación permite constituir las identidades de todo sujeto político; sin embargo, esta
se ve coartada por las presiones del sistema capitalista y más recientemente llamado neoliberal, que
al tener unos elementos que se despliegan por todo el mundo terminan atravesando temas que hace
unos lustros eran impensables. Una de esas actividades que los intercepta fue la guerra, puesto que
de allí se encuentran los presupuestos más grandes de las naciones que pretenden defender la soberanía nacional; no obstante, eso no obedece propiamente a una preocupación del Estado por proteger
a la ciudadanía, sino a un capitalismo salvaje o gore, que romantiza la sangre y la violencia sobre el
cuerpo.
Finalmente, en ese apabullante panorama en el que poco se puede hacer, aún queda el camino
del optimismo con el que se puede construir una libertad mediante las resistencias creativas con el
cuerpo, el pensamiento crítico desde lo visceral y seguir creciendo como sujetos políticos, porque el
desarrollo humano funciona como peana para ser cada vez más libres de las ataduras del sistema. De
todas formas, hay mucho por hacer para lograr una paz que alivie a Latinoamérica de tantas masacres.
Pero nunca olvidemos que “la esperanza es pasión por lo posible” (Søren Kierkegaard).

Declaración de conflicto de intereses
El autor no informó ningún posible conflicto de intereses.

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de:

�Sistemas mediáticos en América Latina: Persistencias poscoloniales y legados institucionales en la relación medios y poder
Media systems in Latin America: Postcolonial persistences and institutional legacies on the media-power relation

Martín Echeverría

Rubén A. González Macías

Víctor Hugo Reyna

Benemérita Universidad Autónoma de
Puebla (México)
Orcid https://orcid.org/0000-00016071-8725
martin.echeverria@correo.buap.mx

Benemérita Universidad Autónoma de
Puebla (México)
Orcid https://orcid.org/0000-00026758-5328
ruben.arnoldo@correo.buap.mx*

Facultad Latinoamericana de Ciencias
Sociales (FLACSO) (México)
Orcid https://orcid.org/0000-00018870-7067
vhreyna@flacso.edu.mx

Resumen: Desde el trabajo seminal de Hallin y Mancini (2004), diversos académicos en el ámbito internacional han propuesto diferentes modelos de sistemas de medios para países y regiones fuera del mundo occidental. Particularmente desafiante ha sido la conceptualización de estos sistemas en América Latina, región para la cual se han propuesto de forma intermitente modelos liberales y pluralistas polarizados, y donde los rasgos de los medios como el clientelismo y la colusión oficiales
permanecen a pesar de los cambios políticos, económicos y sociales sucesivos. Sostenemos que un obstáculo para la caracterización de la resiliencia de ciertas estructuras y prácticas en esta región es la falta de una perspectiva histórica para dar cuenta
de los procesos específicos de modernización de los medios. Basándonos en el paradigma de modernización múltiple, así como
en las teorías poscoloniales, las teorías de diferenciación de sistemas del Sur Global y las teorías del desarrollo regional desigual, entendemos los procesos de modernización latinoamericanos como la apropiación, adaptación o rechazo de ciertos
elementos de las instituciones, ideales y valores occidentales. En los sistemas de medios, esto puede producir: a) centralización
del poder, b) una lucha entre élites, c) diferenciación impulsada por el Estado, y d) subsistemas regionales o locales. Nuestra
perspectiva histórica pretende explicar la prevalencia de varias estructuras mediáticas y mostrar cómo los legados institucionales producen rasgos mediáticos centrales para la región, con el fin de abrir la posibilidad a la inferencia de modelos más
pertinentes para la misma.

Palabras clave: Sistemas de medios, modernidades múltiples, modernización de los medios, Sur Global, América Latina
Abstract: Since Hallin and Mancini’s (2004) seminal work, many scholars from around the world have proposed different
models of media systems for countries and regions outside the Western world. Particular challenges have arisen when conceptualizing the systems in Latin America, where shifting liberal and polarized pluralist models have been proposed, and where
media traits like clientelism and collusion remain in spite of political, economic and social changes. We contend that one obstacle to the characterization of the resilience of certain structures and practices in this region is the lack of a historical perspective to account for specific processes of media modernization. Drawing on the multiple modernization paradigm, as well
as on post-colonial theories, system differentiation theories of the Global South, and theories of uneven regional development,
we understand Latin American modernization processes as the appropriation, adaptation, or rejection of certain elements of
Western institutions, ideals and values. In media systems, this might produce: (a) centralization of power, (b) a struggle between elites, (c) state-driven differentiation, and (d) regional or local subsystems. Our historical perspective aims to explain
the prevalence of several media structures, and show how institutional legacies yield core media traits, in order to pave the way
for further model inference.

Keywords: Media systems, multiple modernities, media modernization, Global South, Latin America
Fecha de recepción: 15/11/2024
Fecha de aprobación: 21/03/2025
Fecha de publicación: 15/04/2025

Cómo citar este artículo / How to cite this paper: Echeverría, M., González Macías, R. A., &amp; Reyna, V. H.
(2025). Sistemas mediáticos en América Latina: Persistencias poscoloniales y legados institucionales en la relación medios y
poder. Revista de Comunicación Política, 7, e250702. https://doi.org/10.29105/rcp.v7i1.68

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�Sistemas mediáticos en América Latina

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Introducción
En Comparing Media Systems: Three Models of Media and Politics, Hallin y Mancini (2004) sostienen que existen tres modelos de sistemas de medios que prevalecen en las democracias consolidadas:
a) el pluralista polarizado de los países mediterráneos; b) el corporativista democrático de Europa del
Norte y Central; y c) el liberal de Reino Unido, Irlanda y América del Norte. Puesto que su teoría no
incluye a las democracias emergentes, los académicos del Sur Global han tratado de incluir diferentes
regiones y países en una de las tipificaciones ideales. América Latina no ha sido la excepción, ya que
sus investigadores se han preguntado, sobre todo, si los sistemas de medios de la región se entienden
mejor como pluralistas polarizados o liberales.
Los académicos que aplican el enfoque de Hallin y Mancini (2004) a América Latina definen
el sistema de medios de la región —en su conjunto, como una unidad y en singular— como pluralista
polarizado, debido a la impronta colonial de Francia, Portugal y España; así como a factores estructurales como la baja circulación de periódicos, el alto paralelismo político, la débil profesionalización
y la fuerte intervención estatal (Azevedo, 2006; Campos-Freire, 2009; Humanes et al., 2017). Incluso
si algunos autores reconocen diversidad dentro de la región (Campos-Freire, 2009) o puntos ciegos
de la teorización inicial de Hallin y Mancini (Humanes et al, 2017), todavía caracterizan al sistema de
medios latinoamericano como pluralista polarizado ya que su carácter sui generis no parece coincidir
con la aparente funcionalidad de los modelos corporativistas democráticos o liberales.
Una alternativa a la descripción de los sistemas mediáticos latinoamericanos como pluralistas
polarizados, que ha ganado prominencia entre los académicos de la región durante la última década,
es la del modelo liberal capturado (Guerrero &amp; Márquez-Ramírez, 2014). Este modelo establece un
vínculo entre el análisis de la economía política de la comunicación y la perspectiva de los sistemas
mediáticos de Hallin y Mancini (2004), para enfatizar “el predominio de las organizaciones mediáticas comerciales privadas y las condiciones que obstaculizan las capacidades regulatorias de los Estados” (p. 43). Su argumento central es que el sistema mediático de esta región no es meramente pluralista polarizado, ya que presenta varias características del modelo liberal, aunque en condiciones de
captura corporativa y estatal que obstaculizan su desarrollo.
Hace varios lustros, Hallin y Mancini (2007) sostuvieron que los sistemas mediáticos latinoamericanos no encajaban adecuadamente en los tres modelos que habían conceptualizado originalmente, y propusieron definirlo como un “tipo híbrido” (p. 91), ya que presentaban ciertas características pluralistas polarizadas, pero también varios rasgos liberales. Académicos latinoamericanos
como De Albuquerque (2011) y Segura y Waisbord (2016) también han señalado que esta región no
encaja en ninguno de los modelos, y el primero incluso ha hecho un llamado a distinguir entre sistemas mediáticos centrales y periféricos para poder reconocer las relaciones de poder en su estructura.
Recientemente, Hallin et al. (2021) argumentaron que todos los sistemas mediáticos son híbridos ya
que combinan “elementos ‘diferentes’ [a través de] la mezcla, el préstamo y la apropiación” (p. 2), y
que deberíamos centrarnos en formas particulares de hibridez, abordando los ciclos de hibridez como
períodos en los que las formas emergentes se estabilizan e institucionalizan.

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�Martín Echeverría et al.

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Más allá de la pertinencia de tales propuestas, este tipo de clasificaciones plantea dos problemas: uno empírico y otro epistémico. El primero se refiere a variaciones de corto plazo en los patrones
de relación entre los medios y la política, y el segundo a la sorprendente persistencia de ciertas interacciones entre el Estado y los medios en regímenes políticos muy diferentes. En las últimas cuatro
décadas, América Latina ha transitado desde el apoyo mediático a regímenes autoritarios en los años
70 pasando por la colusión entre élites políticas y empresas de radiodifusión en los 80, la captura
neoliberal de la política por magnates mediáticos en los noventa, hasta el control ejercido por gobiernos populistas en Venezuela, Bolivia y Ecuador en la década de 2010 (Vaca, 2018; Voltmer, 2013).
Por lo tanto, considerando esa variación temporal, es difícil caracterizar un modelo de medios estable,
ya que está cambiando incluso mientras teorizamos sobre él. Sin embargo, y al mismo tiempo, en
estos cambios persisten patrones de captura política y económica —como el clientelismo y la colusión
oficialistas— que no se pueden explicar únicamente a través de fenómenos como la informalidad o
procesos de dependencia de trayectoria. Por lo tanto, se necesita un mayor horizonte histórico para
comprender mejor la estabilidad y los puntos en común a la luz de estos cambios.
Por otro lado, las clasificaciones anteriores adolecen de una inadecuación epistémica, ya que
equiparan los procesos y valores de modernización occidentales con los no occidentales. En cualquier
nación, un proceso de modernización puede comenzar con élites y organizaciones supranacionales
que intentan imponer una visión occidental, pero su resultado puede ser significativamente distinto
(George, 2013). Muchos casos en todo el mundo han demostrado de manera consistente que, en lugar
de una adopción homogénea, ha habido una apropiación y “domesticación” heterogénea del modelo
liberal de periodismo (De Albuquerque, 2019; Voltmer &amp; Wasserman, 2014). Esta situación se ha
documentado en los casos latinoamericanos de Brasil (De Albuquerque, 2005, 2011), México y otros
países sudamericanos (Waisbord , 2000).
Además, diversos estudios han señalado varios casos de incompatibilidades estructurales entre los sistemas mediáticos dominantes de Occidente y los del Sur Global. Podemos mencionar principalmente un mercado mediático débil; los orígenes opacos del capital y las transacciones mediáticas; lógicas económicas extramercantiles, como los vínculos familiares y étnicos; política informal y
élites policéntricas; y lealtades ideológicas divergentes más allá del típico continuo izquierda-derecha
—como las relacionadas con la etnia, la religión o la región— (Chakravartty &amp; Roy, 2013; Voltmer,
2011).
Sostenemos que las divergencias mediáticas, el pluralismo periodístico y la persistencia de
algunas interacciones entre los medios y el Estado en América Latina se derivan del patrón específico
de modernización de la región. Hallin y Mancini (2004, 2012) propusieron sus tres modelos de medios y política como resultado de los procesos particulares de modernización occidental dentro de
ciertas regiones (“raíces históricas”, como las han denominado) que se desplegaron en dos trayectorias principales: aquellos países donde las instituciones y prácticas liberales se asentaron antes (modelos liberales y corporativistas), y otros donde los legados feudales y patrimoniales perduraron más
(pluralismo polarizado). Estos dieron lugar a diferentes legados e instituciones —como la autoridad

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racional-legal en los primeros y el clientelismo en los segundos— que allanaron el camino para “formas específicas de interacción entre los medios y la política” (Hallin &amp; Mancini, 2012, p. 281).
Mientras algunos trabajos abordan el impacto de ciertos componentes de la modernización,
como el poscolonialismo, en los medios latinoamericanos (De Albuquerque, 2011), Hallin y Papathanassopoulos (2002) proponen un “trasplante” de estructuras patrimoniales de España a América Latina. Por otro lado, Hallin y Mancini (2007) señalan la semejanza del desarrollo tardío de las instituciones liberales en España con las del continente, sin considerar sus procesos de modernización y
legados específicos. Así, la mayor parte de la literatura latinoamericana sobre los sistemas mediáticos
carece de un enfoque epistémico de este tipo, a saber, de una explicación genética. Esta ausencia es
notable, ya que impide el desarrollo de un andamiaje teórico profundamente contextualizado para los
sistemas mediáticos de la región, capaz de explicar la supuesta mezcla de modelos y la resiliencia de
algunas estructuras e interacciones.
La consideración de las trayectorias y los legados de la modernización es crucial para el desarrollo analítico de los modelos mediáticos, como demuestran de manera convincente Hallin y Mancini
(2004). Por ello, este artículo se propone responder de qué manera los patrones históricos y los legados institucionales de la modernización específicamente latinoamericana —como condición antecedente— limitan las estructuras y dinámicas de los sistemas mediáticos del continente (Flew &amp; Waisbord, 2015), así como el funcionamiento de sus componentes. Para nuestros propósitos analíticos,
utilizamos la teoría de la modernización múltiple, que contextualiza dicho proceso en regiones no
occidentales, lejos de la primera generación del pensamiento etnocéntrico.
Nuestra interpretación de la trayectoria de la modernización y sus consecuencias contemporáneas para los sistemas de medios se basa en la teoría de los legados históricos: “relaciones causales
duraderas” entre causas anteriores y resultados posteriores que continúan incluso cuando la causa
original ya no opera (Mahoney, 2001). Así, localizamos algunos arreglos institucionales rígidos que
se originaron en los períodos coloniales y de modernización temprana, pero que aún tienen importancia en el andamiaje de Hallin y Mancini, y cuya persistencia nos ayuda a localizar rasgos centrales
de los sistemas de medios latinoamericanos, resilientes frente a profundos cambios económicos y
políticos. Si bien no sugerimos modelos específicos, ofrecemos un conjunto de supuestos teóricos
preliminares que son útiles para tal tarea.
Finalmente, otra crítica constante al trabajo de Hallin &amp; Mancini (2004) se centra en la ausencia de una discusión sobre los medios nativos digitales y las redes socio-digitales. No obstante, tal
y como los autores mismos lo han señalado en no pocas ocasiones (ver por ejemplo Hallin &amp; Mancini,
2017; Hallin, 2020; Mancini, 2020), los orígenes de su obra Comparing Media Systems se remontan
a finales de la década de los 90 cuando internet aún no estaba masificado y las plataformas digitales
apenas emergían o no se concebían aún. Hallin (2020), explica que ningún sistema –incluido el mediático- es estático, sino que todos tienen una naturaleza cambiante, con factores como la tecnología,
que aumentan su grado de complejidad y fluidez. En ese sentido, Mancini (2020) añade que los me-

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dios nativos digitales y las redes socio-digitales han generado una mayor fragmentación de audiencias, polarización política, y múltiples contenidos generados por actores no periodistas, por mencionar sólo unos cambios que se llevan a cabo en un entorno con una laxa o —de plano inexistente—
regulación del Estado. Estos aspectos, concluyen los autores, no anulan la utilidad del marco teórico
original, pero tienen un impacto evidente en las dimensiones que dan forma al concepto de sistema
mediático, y que se expondrán en las páginas siguientes.
El artículo se desarrolla de la siguiente manera: En primer lugar, explicamos las bases teóricas del enfoque de las modernidades múltiples, la vertiente no teleológica que utilizamos para entender la modernización latinoamericana, y exponemos sus cuatro características principales: acceso
centralizado y patrimonialista al poder, una lucha entre élites para reivindicar el programa de modernización que más se parezca a los de Occidente, una diferenciación impulsada por el Estado y profundas desigualdades intra nacionales y variación estructural. A continuación, desarrollamos las consecuencias de estos supuestos para los sistemas mediáticos latinoamericanos: clientelismo persistente
e instrumentalización estatal incluso dentro de regímenes democráticos, culturas o ethos periodísticos en competencia, interferencia constante del Estado en los procesos de diferenciación mediática y
la existencia de sistemas subnacionales distintos. Si bien algunas de estas características se han discutido en otros trabajos, integramos y profundizamos estas dimensiones aisladas en una visión general que puede explicar varias similitudes y estructuras latinoamericanas a la luz de una visión articulada y coherente. De este modo, podemos generar supuestos e hipótesis que pueden investigarse más
a fondo de manera posterior.

Modernidades múltiples y consecuencias políticas en América Latina
El significado de la modernización y su vínculo con el auge de los medios de comunicación se ha
señalado en otra parte (Thompson, 1995), y no se detallará en gran medida aquí. Sin embargo, a pesar
de su diversidad, debemos señalar algunos de los supuestos sobre su definición y sus trayectorias
sociológicas. Así, podemos considerar el término, de manera central, como un proceso continuo de
cambio social. Éste implica cuestiones sociales como la autonomía individual y social, la agencia y la
reflexividad, la diferenciación social y la división del trabajo; cuestiones económicas como los sistemas de mercado, la industrialización y el crecimiento capitalista; y cuestiones políticas como la igualdad jurídica, el estado de derecho, las burocracias estatales y la democracia. Además, en lugar de un
cambio per se, la modernización puede considerarse una transformación orientada a objetivos por
parte de las élites políticas o económicas (Portes, 1973; Schmidt, 2010).
En términos sociológicos, la modernización supone un proceso de diferenciación de subsistemas especializados que cumplen nuevas funciones sociales. Por lo que toca a los medios de comunicación, éstos integran e interconectan los subsistemas, pero se diferencian de ellos (Hallin &amp; Mancini, 2004). Desde mediados del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX, el proceso de

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modernización diferenció a la prensa de los partidos políticos (que la utilizaban como instrumento de
propaganda) y de los comerciantes (que la utilizaban como vehículo de publicidad y noticias económicas) (Habermas, 1981), para convertirla en una actividad en mayor o menor medida autónoma al
servicio del interés público (McQuail, 1998).
Aunque esta corriente teórica se desarrolló en los estudios de medios en la década de 1990,
sigue siendo convincente ya que permite “explicar la variación internacional en la aplicación de los
medios modernos” (Esser &amp; Stromback, 2012b, p. 185). También vincula los cambios de nivel macro
o estructurales (estructuras políticas y mediáticas) y sus respuestas adaptativas a nivel micro (valores
y prácticas de los periodistas). No obstante, uno de sus principales defectos es que propone una única
trayectoria etnocéntrica de modernización, en la que algunos componentes de las comunicaciones se
arraigan a “ritmos diferentes” y en “condiciones contextuales favorables” (Esser &amp; Stromback, 2012a,
p. 293; Mancini &amp; Swanson, 1996). Los supuestos del paradigma de modernización múltiple contradicen esta visión.
Eisenstadt (2000) define las modernidades múltiples como “la apropiación por parte de sociedades no occidentales de temas específicos y patrones institucionales de las sociedades originales
de la civilización moderna occidental [y la] continua selección, reinterpretación y reformulación de
estas ideas importadas” (p. 15). Las ideas del ‘programa moderno de Occidente’, que consisten en las
características mencionadas en la definición, encuentran e interactúan con otras dinámicas civilizacionales en geografías distantes, por lo que son cuestionadas, seleccionadas, reinterpretadas, adaptadas, combinadas e hibridadas (Gallegos, 2013). Así, la formación de un programa moderno idiosincrásico está fuertemente influenciada por las premisas culturales, las tradiciones y las experiencias
históricas de una sociedad determinada (Eisenstadt, 2013). Al mismo tiempo, pueden surgir resistencias, tensiones y conflictos dentro y entre las élites y los actores periféricos, y los movimientos sociales, en relación con la reinterpretación e institucionalización del programa moderno, basándose en la
naturaleza contradictoria del programa original y su apertura y reflexividad (Kaya, 2004). Su naturaleza controvertida es clave para entender el proceso de modernización múltiple, ya que puede entenderse como el inestable y “continuo desarrollo y formación, constitución y reconstitución de múltiples, cambiantes y a menudo encontradas” versiones rivales de la modernidad (Sachsenmaier &amp; Riedel, 2002, p. 53).
Al final, estos procesos pueden crear varias trayectorias o caminos hacia la modernidad (modernizaciones) y varios resultados (modernidades), tales como arreglos sociopolíticos idiosincrásicos,
ideologías novedosas, diferentes patrones institucionales o interacciones específicas entre fuerzas
exógenas y endógenas (Costa, 2018; Spohn, 2010). Lejos de sugerir una modernización lineal o
“pseudo”, la teoría de las modernidades múltiples subraya la apertura y la reinterpretación continua
de las ideas modernas, así como la incertidumbre, la contingencia y el carácter antiteleológico del
proceso. Así, “las diferencias que se manifiestan en el mundo no [son] diferencias arcaicas que [pueden] desaparecer a través de una modernización gradual” (Bhambra, 2013, p. 301), sino diferentes
resultados del programa cultural de modernización.

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La modernidad latinoamericana es una de estas múltiples vías de modernización. Entre
otras, tiene cuatro rasgos generales de desarrollo sociopolítico que son relevantes para entender las
estructuras mediáticas: a) hay un acceso centralizado al poder, b) una lucha continua entre élites que
intentan imponer sus propias nociones de modernidad, c) una diferenciación impulsada por el Estado, y d) un conjunto diverso de subsistemas locales y regionales. Con respecto al primero, el programa cultural que el imperio español impuso a las colonias, basado en las creencias de la Europa
católica de la Contrarreforma, fue esencialmente el de un Estado patrimonial centralizado que impedía el acceso de la población a los centros de poder y recursos, en un intento de debilitar a las élites
locales y prevenir la insurgencia (Coatsworth, 2008). En ausencia de instituciones representativas
adecuadas y de un orden jerárquico y antiigualitario impuesto por la Iglesia y el Estado, “ese acceso
se construyó sobre conexiones y vías clientelistas que se desarrollaron a través de estamentos de clase
social, en comunidades altamente estratificadas” (Eisenstadt, 2002, p. 50). La independencia del imperio y una mayor industrialización no cambiaron de fondo estas relaciones, ya que se produjo una
“modernización conservadora”: las antiguas élites terratenientes, en lugar de las nuevas urbanas,
transformaron las relaciones económicas —de rurales agrarias a urbanas industriales— sin cambiar
las asimetrías de poder ni alterar la distribución de los recursos de poder dentro de la sociedad, manteniendo así sus privilegios (López, 2018).
En relación con el segundo rasgo, la lucha continua entre élites, el proceso de modernización
impulsado por los grupos política y económicamente poderosos tras la primera ola de descolonización, tuvo como referencia la configuración temporal-espacial fija de Europa occidental durante el
siglo XVII y, posteriormente, de Estados Unidos (Costa, 2018). Estas élites sostuvieron un imaginario
de modernidad, una idealización de los valores, ideales y formas de organización de Occidente que
aún hoy se aplican; se orientaron continuamente a los centros de la civilización occidental y se asociaron a los “valores universales” de Occidente, de los que podían reivindicar autoridad cultural y
política (De Albuquerque, 2019). A través de esta visión, intentarían rechazar y superar los obstáculos
y resistencias locales (el lado incivilizado) que continuamente las hacían preocuparse por “estar al
margen de la modernidad” y en un constante estado de déficit; es decir, con una modernización inacabada o desigual (Costa, 2018; Whitehead, 2006, p. 33). Esta situación generó un proceso inestable y
persistentemente disputado entre diferentes élites o grupos de interés que discutían sobre qué ideas
“avanzadas” (occidentales) podrían resolver ese déficit (Whitehead, 2006).
En cuanto al tercer aspecto, la diferenciación impulsada por el Estado, el proceso de modernización latinoamericano es algo distinto al de los países occidentales. Este proceso histórico se refiere a la forma en que las sociedades se dividen internamente en subsistemas (política institucional,
religión, economía) que mantienen funciones especiales (especialización) desarrolladas para adaptarse a la complejidad del entorno (Mancini &amp; Swanson, 1996). En la mayoría de las sociedades occidentales, los subsistemas funcionalmente diferenciados son la forma predominante de división que
ha superado a las anteriores, como la estratificación (órdenes sociales basados en la nobleza) o las
relaciones centro-periferia (imperios y ciudades-estado). Cada subsistema es más o menos autónomo

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respecto de los demás, aunque se comunican para fines de coordinación, y sus individuos y organizaciones funcionan en sus respectivos roles. Las transgresiones entre subsistemas, cuando ocurren, son
frecuentemente escandalizadas en términos legales o éticos. En este sentido, por lo general, “el poder
político no se traduce automáticamente en una ventaja económica, y la afiliación religiosa no significa
un estatus legal diferente” (Kleinschmidt, 2018, p. 12).
Sin embargo, en América Latina, por un lado, siguen siendo importantes las formas premodernas de diferenciación, como las autoridades étnicas o tribales, socavándose a través de la diferenciación funcional (Kleinschmidt, 2018). Y por otro, un subsistema dominante, la política, y particularmente el Estado, han establecido una jerarquía entre sistemas y han controlado su evolución y
funcionamiento durante los siglos XIX (“progreso”) y XX (“desarrollo”) de modo que los demás subsistemas entendían su funcionamiento con respecto al sistema central. Esta última condición obstaculizó el proceso de especialización, y ambas, a la vez, hicieron a los subsistemas vulnerables a interferencias y transgresiones de otros; por eso su autonomía es débil e incluso negociada. Si bien las
reformas económicas a partir de los años 80 desplazaron al Estado de su posición hegemónica, la
dependencia de estos arreglos (diseños institucionales y legados culturales) dejaron a la política como
fuerza dominante (Cortés, 2014; Mascareño, 2003).
Finalmente, América Latina se caracteriza por la presencia de desigualdades intranacionales
que acentúan la disparidad regional en los esfuerzos y resultados de modernización, tanto en el ámbito del desarrollo económico como en la democratización política. Con respecto a lo primero, los
historiadores económicos han observado desde hace tiempo que en las nuevas naciones poscoloniales
el crecimiento económico aparece primero en una región (el desarrollo nacional está regionalizado).
Por lo tanto, el diferencial entre regiones más ricas y pobres tiende a aumentar y crecer exponencialmente a medida que el Estado invierte fuertemente en las primeras para hacer frente a la demanda
de infraestructura nacional (Williamson, 1965). Para mejorar las economías locales, los Estados tienen que invertir gradualmente en el desarrollo de las regiones pobres.
Sin embargo, el camino de modernización de América Latina aceleró la concentración e impidió este último proceso. A fines del siglo XIX, las naciones latinoamericanas recientemente independizadas necesitaban desesperadamente recurrir al capital y las inversiones para restaurar sus economías en crisis. Al mismo tiempo, la agresiva industrialización de Europa y los Estados Unidos creó
una demanda, a la que esas naciones respondieron especializándose en la exportación de recursos
naturales (Coatsworth, 2008). Esta floreciente economía exportadora hizo que los gobiernos invirtieran fuertemente en aquellas regiones interiores que: a) producían los productos básicos que necesitaban los mercados internacionales, b) desarrollaban pequeñas industrias que estaban cerca de canales de transporte, como fronteras y puertos, o c) eran un objetivo fijo de ubicación y alto valor para la
recaudación de impuestos (Coatsworth, 2008) tales como los grandes asentamientos urbanos que
sirvieron como centros administrativos para el Estado y la Iglesia durante la colonia (Lomelí, 2012).
Los Estados latinoamericanos no invirtieron en regiones excluidas de esas dinámicas: provincias con

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una fuerte agricultura estacional que no exportaba ni necesitaba tecnología ni mano de obra especializada, y donde persistían relaciones territoriales “feudales” (Appendini et al., 1972). Las bajas inversiones en esas regiones también se vieron reforzadas por prejuicios étnicos, ya que estaban densamente pobladas por indígenas y donde los gobiernos invertían menos en educación (Thorp, 2012).
Estas tendencias tempranas hacia la modernización continuaron a lo largo del siglo XX después del fracaso de diferentes políticas de desarrollo regional (Lomelí, 2012). Por ejemplo, las disparidades económicas entre el norte y el sur de Brasil (São Paulo, Río de Janeiro y Brasilia) se establecieron en el siglo XIX como un proyecto político de subordinación regional al gobierno federal. Las
disparidades fueron amplias hasta que las reformas de la primera década del siglo XXI las atenuaron
(Pinto, 2017). Además, mientras que el ingreso general aumentó, las desigualdades regionales mexicanas, por ejemplo, se mantuvieron aproximadamente iguales durante los años 1900, 1960 y 2010 en
el PIB per cápita (Aguilar Ortega, 2019; Appendini et al., 1972).
Las modernidades múltiples también nos ayudan a entender el desigual desempeño democrático de las unidades subnacionales en los países latinoamericanos. Si bien la mayoría de ellos lograron una democracia más o menos nacional, los países latinoamericanos no han superado las estructuras y prácticas iliberales —menos que democráticas— profundamente arraigadas en algunas
unidades subnacionales. Estas implican dinastías, maquinarias políticas locales, clientelas dependientes, sistemas de privilegio económico y desigualdad, el poder de veto de élites establecidas y la
fuerza y naturaleza de la sociedad civil, todo lo cual termina desplazando, capturando o desestabilizando a las instituciones formales (Behrend &amp; Whitehead, 2016, 2021). Estas surgen del entrelazamiento de las estructuras democráticas federales con dinámicas extrainstitucionales locales e informales y detentadores del poder (ligados a legados históricos, familias de élite y divisiones sociales).
Los actores poderosos excluidos del proceso de elaboración de reglas —gobernantes tradicionales,
líderes de facciones, élites empresariales o jefes de organizaciones criminales— tienden a impedir la
aplicación de las reglas formales. Frente a la debilidad de las autoridades formales y la distribución
desigual de las capacidades estatales en todo el territorio nacional, los acuerdos institucionales subnacionales establecidos y arraigados en la comunidad son duraderos y resilientes frente a las reformas
democratizadoras desde el centro (Behrend &amp; Whitehead, 2016, 2021).
Como la variabilidad territorial es amplia, es probable que estas variaciones subnacionales se
den en naciones más extensas, como muchas de América Latina. Empíricamente, los estudios de caso
de México (Durazo-Herrmann, 2016), Argentina (Gervasoni, 2016) y Brasil (Souza, 2016) demuestran el fracaso o la ausencia casi total de un gobierno democrático en ciertas unidades subnacionales
de esos países. Además, la evidencia empírica más amplia muestra una variación subnacional significativa en la capacidad del Estado en los distintos países de América Latina (para efectos de provisión
de bienes públicos, aplicación de regulaciones y garantía del orden) (Luna &amp; Soifer, 2017).
Al mismo tiempo, estas profundas desigualdades económicas y políticas regionales en los países latinoamericanos hacen que las diferencias internas sean tan sustanciales como las diferencias
entre las naciones.

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Este camino de modernización y los cuatro factores ya mencionados no son vestigios históricos, sino que tienen un poder de permanencia a través de legados institucionales; es decir, cuando
una “relación causal duradera” (Mahoney, 2001) entre una causa anterior y un efecto posterior continúa incluso en ausencia de la causa original. Las instituciones perduran en el tiempo y son difíciles
de revertir (por lo tanto, dependen de la trayectoria anterior) por dos razones. En primer lugar, las
ventajas de mantenerlas aumentan con el tiempo debido a los “beneficios de los efectos de aprendizaje, los efectos de coordinación y las expectativas adaptativas, así como los costos de las inversiones
irrecuperables” (Mahoney, 2001, p. 64). Por lo tanto, se vuelven autosostenibles. En segundo lugar,
las continuidades también surgen de coaliciones de élites que se benefician de los costos-beneficios
asimétricos que han establecido y no querrán que nadie cambie (Simpser et al., 2018). Los académicos
se refieren a este proceso para comprender la política actual de América Latina. Las instituciones
subóptimas creadas por comerciantes poderosos durante el gobierno colonial y las élites en la independencia posterior y la modernización temprana persisten hoy en día a través de intereses afincados
en una distribución asimétrica de recursos y derechos, y el funcionamiento de una “dependencia de
trayectoria” transhistórica (López, 2018).
Estos legados son tan firmes que atraviesan fuertes transformaciones políticas (Simpser et
al., 2018), como procesos de descolonización, revoluciones y cambios de régimen, y tienen que ver
con la notable resiliencia de las prácticas autoritarias tras el fin de las dictaduras en América Latina.
Por ello, pueden considerarse condiciones antecedentes en las que han surgido y actuado los medios
de comunicación, y también podrían explicar la persistencia de algunas de sus estructuras.

Las consecuencias de la modernización en los sistemas mediáticos latinoamericanos
La teoría de las modernidades múltiples ha sido poco aplicada a los sistemas mediáticos de la región
(De Albuquerque, 2019; González y Echeverría, 2017; Reyna et al., 2020), pero podemos dilucidar
cómo las cuatro condiciones estructurales mencionadas (lucha entre élites, acceso centralizado y patrimonialista al poder, diferenciación impulsada por el Estado y desigualdades intranacionales) se
vinculan con las estructuras y dinámicas de los medios.
En términos generales, las democracias emergentes pusieron en marcha un programa de modernización una vez que las primeras incursiones hacia la modernidad habían demostrado resultados
en democracias más establecidas, en particular en Estados Unidos (Schmidt, 2010). Dado que el modelo liberal de la democracia estadounidense —y del periodismo— se consolidó a mediados del siglo
XX, éste fue promovido con entusiasmo en todo el mundo por el gobierno estadounidense y otras
agencias supranacionales, como la UNESCO y el Banco Mundial (De Albuquerque, 2019). Por lo
tanto, fue adoptado por los medios de comunicación en las democracias emergentes como el modelo
definitivo de una prensa democrática y como una forma de contribuir al proceso de democratización
en curso (Voltmer, 2013).

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En América Latina, sin embargo, no se trató de un proceso lineal, sino que se desarrolló de
una manera abiertamente disputada entre las élites de los medios (propietarios y periodistas de alto
rango) y dentro de ellas. Así, si bien se adoptaron algunas características del canon liberal, se evitaron
otras. Algunas de ellas fueron reinterpretadas, adaptadas o combinadas con otras tradiciones occidentales, como el modelo francés (“belle lettre”), mediterráneo e incluso leninista (De Albuquerque,
2019; Waisbord, 2000), o con costumbres autoritarias anteriores; por ejemplo, la cultura política del
acceso centralista y servil al poder, un legado de la era colonial. No se adoptó ningún canon único que
“dicte prácticas para todos” (Waisbord, 2005, p. 68). El resultado fue el surgimiento de “periodismos
múltiples” en países que pueden compartir la misma referencia liberal, pero tienen una forma distinta
e idiosincrásica de entender y practicar el periodismo (Reyna et al., 2020). Sin embargo, la lucha en
curso entre y dentro de las élites políticas y mediáticas en relación con el “mejor” modelo de medios
(occidental), a través del cual se podrían superar los déficits reales, hace que esta región sea altamente
diversa e inestable en lo que respecta al espíritu y las prácticas del periodismo profesional.
En Argentina, por ejemplo, existe una disputa permanente por definir qué es y qué debe ser
el periodismo. El periodismo autoproclamado “independiente” —orientado por la norma de la objetividad y defendido por medios corporativos como Clarín o La Nación— y el periodismo “militante”
—inclinado por el peronismo y su comprensión populista de la comunicación pública— compiten en
torno a la adhesión o desvinculación del periodismo de los partidos políticos y las élites económicas
(Baldoni, 2012). Con el auge del populismo en el siglo XXI en América Latina y la polarización que
conlleva, este fenómeno también se expresa en países como México y El Salvador, donde el periodismo crítico está actualmente en el ojo del huracán tanto por la estigmatización gubernamental como
por la estigmatización entre los periodistas (Ávalos, 2021; Reyna, 2024).
Por otro lado, el arraigado Estado patrimonial centralizado explica, al menos en parte, por
qué los medios de comunicación latinoamericanos son propensos a dinámicas clientelistas y patrimonialistas, ya que las élites políticas utilizan a los medios para su beneficio, en un intento de controlar
el discurso público (Hallin &amp; Papathanassopoulos, 2002; Waisbord, 2000). La autoridad legal racional es débil o escasamente desarrollada para el sector de los medios y es reemplazada por una política
particularista, donde los actores poderosos contemplan a los medios como “una prolongación de su
poder personal” (Waisbord, 2012, p. 442), ejerciendo discreción y secrecía en sus decisiones (Hallin
&amp; Papathanassopoulos, 2002). En consecuencia, el paralelismo político es voluble en la región (en
Brasil, por ejemplo) ya que los clientes cambian y las lealtades políticas son de corto plazo (Pimentel
&amp; Marques, 2021). Además, la intervención estatal tiende a la instrumentalización: un clima legal
hostil (Hughes &amp; Lawson, 2005) permea América Latina y aplica selectivamente regulaciones contra
periodistas “poco amigables”. La concentración de los medios es alta, basada en la asignación arbitraria de frecuencias de transmisión en manos de clientes coludidos, o en una legislación a modo, que
favorece a los barones de los medios (Becerra &amp; Mastrini, 2017). Por ejemplo, incluso en las regiones
pobres de México y Brasil, muchos medios son propiedad de políticos o de sus familias y son instrumentalizados para su beneficio (Pinto, 2017).

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El proceso de diferenciación en América Latina también tuvo consecuencias para los sistemas
mediáticos. Si bien Hallin y Mancini (2004) no sostienen la idea de que la diferenciación esté determinada sociológicamente, entienden los cambios en sus categorías centrales y en sus modelos —en
particular la aparente convergencia de los modelos europeos hacia el liberal— en referencia al proceso
macrohistórico occidental. Según su teoría, la especialización y la autonomía de los sistemas sociales
son procesos clave vinculados al auge del profesionalismo, el paralelismo político y la intervención
estatal, ya que históricamente los medios se diferenciaron primero de los partidos y luego del Estado
para ganar autonomía ocupacional para el periodismo. Sin embargo, parece estar en juego un proceso
de desdiferenciación en algunos casos, dado que los medios se han acercado más a los intereses comerciales que a los públicos (y han asumido funciones de mercado en lugar de cívicas).
Con todo, en América Latina, la diferenciación funcional coexiste con diferenciaciones estratificadas y relaciones centro-periferia, que hacen que los medios sean vulnerables a fuerzas establecidas fuera del continuo de diferenciación. La antigua jerarquía, con el sistema político gobernando
sobre otros subsistemas, ha obstaculizado la autonomía de los medios y retrasado el desarrollo de la
profesión, que es constantemente vulnerable a la interferencia de otros sistemas. Por lo tanto, la intervención estatal —formal o informal— es más probable que ocurra en América Latina que en los
países occidentales. Incluso en los países liberalizados, es probable que se produzca una desdiferenciación de las fuerzas del mercado, dada la débil autonomía sistémica de los medios de comunicación
y de la profesión del periodismo. Esto se reconoce, por ejemplo, en las inversiones que el Estado ha
hecho en la infraestructura de comunicaciones, que estableció vínculos entre las élites políticas y mediáticas, así como en la facilidad con la que las cadenas de televisión han priorizado la cobertura de
infoentretenimiento e inhibido el periodismo de vigilancia, en detrimento de la autonomía de los periodistas (Hughes, 2006). En Colombia y Chile, por ejemplo, en medio del reciente malestar social,
estas tendencias hicieron que los medios de comunicación tradicionales protegieran los intereses de
las élites económicas y políticas (Ameglio et al., 2021; Lazcano et al., 2021).
Por último, la desigual modernización de las regiones subnacionales de algunos países introduce variaciones territoriales en los sistemas nacionales de medios de comunicación. Los mercados
mediáticos están muy centralizados en las grandes capitales urbanas, donde se encuentran la mayoría
de los medios de comunicación con uso intensivo de capital, seguidas por los complejos industriales.
En cambio, las unidades subnacionales subdesarrolladas son débiles (con escasos ingresos por publicidad y una audiencia de noticias o un número de lectores educados insuficiente), es escasa la profesionalización periodística (debido a los bajos salarios o a las deficientes instituciones de formación) y
los gobiernos no garantizan la libertad de prensa. En estos lugares surge una dinámica tan divergente
que no puede considerarse un caso aislado del sistema nacional de medios de comunicación, sino un
subsistema por derecho propio. Es decir, comparte muchas características del sistema nacional, ya
que se rige por el mismo marco constitucional y regulatorio (e interactúa con él, a veces de manera
polémica), pero los supuestos analíticos no son suficientes para entender su estructura y su funcionamiento. Por ejemplo, las prácticas subnacionales iliberales pueden variar desde el vínculo de los

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medios con las élites políticas locales o grupos empresariales no mediáticos (o su propiedad absoluta
por parte de ellas), los magnates de los medios nacionales en el poder (el caso del presidente Sebastián
Piñera en Chile es uno de los ejemplos más destacados) y la influencia de los sindicatos y las universidades como principales fuentes de información (Behrend &amp; Whitehead, 2021).
Existen algunas evidencias de la existencia de sistemas de medios subnacionales en América
Latina. El desempeño democrático de las unidades subnacionales brasileñas de Bahía y Distrito Federal condujo a dinámicas mediáticas divergentes en cuanto a representación cívica (o intereses comerciales en la agenda), propiedad de los medios y paralelismo (o falta de él) (Durazo-Herrmann &amp;
Pereira, 2022). También en Brasil, las marcadas diferencias en la fortaleza de la economía de las regiones Norte y Sur socavan la autonomía de los mercados de medios. Un sistema de medios económicamente robusto del Sur crea contenido local independiente del gobierno en radio y prensa, mientras que los medios del Norte se limitan a reproducir contenido periodístico de las redes nacionales
(Pinto, 2017). También hay evidencia cualitativa de grandes variaciones en el desempeño de los medios mexicanos, principalmente entre la Ciudad de México y las provincias regionales, en términos
de mayor autonomía y profesionalismo en la primera, y clientelismo e instrumentalización en las segundas (González, 2013; Salazar, 2019). Por otra parte, hay cierta evidencia de diferencias estructurales: De León y García-Macías (2022) plantean cinco subsistemas dentro de los medios de comunicación mexicanos, cada uno integrado por varios estados locales y cada uno correspondiente a tendencias distintivas de desarrollo democrático. En estos ejemplos, el tamaño del mercado y las estructuras de poder locales diferencian a las unidades subnacionales en subsistemas de medios.
Estos cuatro patrones de modernización no sólo hacen más relevantes algunas variables del
sistema mediático en la región (como el clientelismo o la instrumentalización), sino que también ayudan a explicar otras características de los medios y ofrecen otras líneas de investigación.

Discusión y conclusiones
El paradigma de la modernización múltiple aporta una nueva explicación a las teorías poscoloniales
utilizadas en la investigación sobre los sistemas mediáticos no occidentales. Rechaza una comprensión teleológica de la modernización y propone que el proceso no es una imposición, sino una mezcla
disputada y conflictiva de varios rasgos exógenos y endógenos, lo que abre la posibilidad de varios
programas de modernización. Dado que los modelos mediáticos occidentales de Hallin y Mancini
(2004) se basan en los legados institucionales y las trayectorias de modernización de Occidente, sostenemos que los procesos de modernización múltiple de otras naciones y regiones producen modelos
mediáticos que podrían parecerse a los de Occidente, pero que adquieren rasgos específicos que se
derivarían de sus programas de modernización particulares.
La aplicación de este paradigma a los sistemas de medios de comunicación de América Latina
ofrece una explicación general de algunas características observadas previamente en la región. Para

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ello, hemos utilizado cuatro aspectos generales para analizar el proceso de modernización de los medios: a) acceso centralizado al poder, b) lucha entre élites, c) diferenciación impulsada por el Estado
y d) desigualdades intranacionales. Es decir, este marco identifica una característica colonial común
detrás de prácticas generalizadas en toda la región, como el clientelismo y el patrimonialismo. El paradigma también ofrece una explicación poscolonial de las apropiaciones divergentes del canon liberal, otras tradiciones periodísticas, valores locales e incluso la negociación constante entre la adopción
de modelos de radiodifusión comerciales o de servicio público. Proporciona una explicación parcial
de por qué esta región es altamente diversa e inestable en términos de periodismo profesional: este
último es una institución periférica que constantemente mira hacia el centro para actualizar sus prácticas, temeroso de volverse obsoleto, y sin embargo esta búsqueda se lleva a cabo en medio de una
feroz competencia entre las élites para establecer su programa. Dados los procesos de diferenciación
de arriba hacia abajo, los medios de comunicación tienen poca autonomía y son propensos a una
constante desdiferenciación respecto del gobierno, los partidos y el mercado. Finalmente, las profundas diferencias y subsistemas intranacionales son quizás lo que dificulta la clasificación de los sistemas nacionales de medios, ya que depende del punto de observación adoptado: las capitales y las
grandes ciudades tienden a parecerse al modelo liberal, mientras que las provincias se acercan más
al pluralismo polarizado.
Además, una perspectiva de legados institucionales poscoloniales aplicada a la modernización latinoamericana es crucial para entender la resiliencia de algunas prácticas y estructuras de los
sistemas mediáticos de los países, como la instrumentalización y la colusión entre los medios de comunicación y el gobierno. Muchos de los trabajos que examinan las primeras concluyen con la evaluación de que están cambiando, pasando del modelo pluralista polarizado al liberal, aunque algunos
estudios señalan lo contrario (Azevedo, 2006; Campos-Freire, 2009; Humanes et al., 2017; Hallin &amp;
Mancini, 2007). Sin embargo, otra observación común es la persistencia de algunas de las prácticas
pluralistas polarizadas frente a amplios cambios económicos y políticos. Por ejemplo, se dice que la
colusión entre los medios de comunicación y el gobierno es un subproducto de los regímenes autoritarios de los años 70 y 80 (Voltmer, 2013). No obstante, su persistencia a lo largo de varios gobiernos
democráticos y populistas podría indicar una colusión histórica entre élites patrimonialistas que va
más allá de ese período. Por lo tanto, se hace improbable que las fuerzas prominentes de cambio,
como la liberalización o los gobiernos populistas de izquierda de muchos de los países de la región,
puedan romper las coaliciones de élite consolidadas y de siglos de antigüedad, así como los acuerdos
institucionales dependientes de trayectoria en los sistemas de medios.
Finalmente, la perspectiva del legado institucional ayuda a desarrollar un patrón que podría
explicar la mezcla de sistemas mediáticos en la región, entre liberales y pluralistas polarizados, y sus
cambios recurrentes (Hallin, 2020). Parece haber una tensión permanente entre algunas élites orientadas a Occidente, que impulsan al Estado —la principal institución diferenciadora— a adoptar instituciones liberales, y otras élites arraigadas en legados de patrimonialismo, clientelismo y poder cen-

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tralizado. Esta tensión les da a los sistemas mediáticos una mezcla oscilante y cambiante de características de los modelos liberal y pluralista polarizado. Además, la amplia heterogeneidad territorial
de los subsistemas mediáticos complica la estabilización, ya que aleja a la nación en su conjunto de
cualquier proyecto de modernización nacional.
Nuestra propuesta consiste en confrontar este modelo con comprensiones teóricas previas,
así como abrir algunas posibilidades para el desarrollo teórico futuro. En primer lugar, nuestra propuesta va más allá de las “teorías lineales de la modernización convergente entre países” (Vaccari,
2013, p. 14), que homogeneizan los procesos y resultados de la modernización en la comunicación
pública. En segundo lugar, contradice la comprensión teleológica del cambio periodístico —que pregunta para qué sirve el cambio y responde con las funciones tradicionales de la prensa en Occidente—
en favor de una comprensión genética en la que la historia de la modernización latinoamericana ha
establecido dependencias de trayectoria capaces de explicar varias características contemporáneas.
Y, en tercer lugar, cuestionamos algunos de los supuestos del modelo liberal capturado (Guerrero &amp;
Márquez-Ramírez, 2014). De acuerdo con nuestra propuesta, los periodistas podrían elegir voluntariamente no apropiarse del modelo liberal y no necesariamente verse obligados a unirse a él. Por otra
parte, la adopción del modelo liberal por parte del Estado no parece fuertemente arraigada (es más
bien de iure, no de facto), a la luz de los importantes cambios regulatorios que se producen de cuando
en cuando, y ésta depende de las élites en el poder y de la aplicación arbitraria de dichas regulaciones.
En una mayor elaboración, nuestro supuesto principal y la heurística propuesta —que las trayectorias de modernización específicas y las instituciones heredadas deben considerarse al inferir los
sistemas de medios— pudiera explorarse en otras regiones. Eisenstadt (2000), por ejemplo, ha desarrollado trayectorias de modernización específicas para Medio Oriente que podrían ser útiles en tales
esfuerzos. Esta propuesta podría ir de la mano con la exploración de cómo las cuatro categorías propuestas por Hallin y Mancini (2004) funcionan e interactúan entre sí en esos programas de modernización específicos y qué otras instituciones políticas relevantes no consideradas por ellos podrían
estar en juego.
Por otra parte, nuestro argumento respecto a los subsistemas de medios también puede utilizarse para ubicarlos en otras regiones según el tamaño del territorio, la complejidad de sus trayectorias de modernización y la temporalidad de su ocurrencia. Dichas variables, por ejemplo, pueden
ayudar a comprender los hallazgos divergentes en la India, donde Chakravartty y Roy (2013) encontraron que cuatro subsistemas regionales podrían explicarse por divergencias intranacionales en la
relación entre los medios y la política, mientras que, en Canadá, Thibault et al. (2020) no encontraron
evidencia de ellas. Observar las unidades subnacionales de desarrollo económico y democrático desigual es crucial para determinar las diferencias que podrían constituir entidades mediáticas subsistémicas por derecho propio.
Asimismo, se encuentra la cuestión de la variación dentro de los sistemas mediáticos latinoamericanos; es decir, una pluralidad de modelos. Como en Europa del Este, por ejemplo (Castro et al.,

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2017), creemos que es probable que haya una pluralidad, por razones políticas obvias y razones históricas más sutiles. En términos de democratización, algunos países están más cerca de ser regímenes
de autoritarismo electoral (El Salvador, Nicaragua o Venezuela), mientras que otros han alcanzado
un estatus cercano al del Norte Global (The Economist, 2021). Sin embargo, en términos de historia
económica, Mahoney (2010) sostiene que se pueden diferenciar tres bloques de desarrollo sostenido,
desde el período poscolonial en adelante: Uruguay, Argentina, Chile y Costa Rica (nivel 1), Venezuela,
Paraguay, Colombia y México (nivel 2) y Bolivia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Perú (nivel 3). Estos estratos se conforman en parte por la eficacia de un mito racial, ya sea
como una nación europea homogénea —con derechos iguales— o como una pluralidad de grupos étnicos con “diferentes estatus y derechos” (p. 136). Estos a su vez distribuyen o concentran la alfabetización, los derechos ciudadanos y los bienes del desarrollo a través de comunidades etno-raciales. A
la luz de estas variaciones políticas y económicas, el surgimiento de los mercados de medios o de una
profesión periodística podría ser diverso. Se necesita más investigación para que estas trayectorias
históricas se conviertan en modelos mediáticos específicos, por ejemplo, aplicando el paradigma de
las modernidades múltiples para observar cómo las capas del proceso general de modernización latinoamericana interactúan con las condiciones locales de las naciones del continente y los patrones que
surgen entre ellas.
Nuestra propuesta clave y nuestra invitación principal son ahondar en las condiciones históricas subyacentes y las interacciones exógenas y endógenas de un país o región determinados a la hora
de inferir los sistemas de medios, particularmente en las regiones no occidentales menos comprendidas, como lo es América Latina.

Nota
Este artículo fue publicado previamente como Echeverría, M., González, R. A. &amp; Reyna, V. (2024).
Bringing History back into Media Systems Theory: Multiple Modernities and Institutional Legacies
in Latin America. The International Journal of Press/Politics, 29(4), 940−959. Copyright ©️ 2024 de
SAGE Publications. Reimpreso bajo permiso de Sage Publications.

Declaración de conflicto de intereses
Los autores no informaron ningún posible conflicto de intereses.

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�Percepciones de la democracia de jóvenes universitarios en
la capital del estado de Guerrero: retos y desafíos
Perceptions on democracy by young university students in the capital of Guerrero state: challenges and obstacles

Denia May Sánchez Rivera

Agustín Molina Gama

Universidad Autónoma de Guerrero (México)
Orcid https://orcid.org/0000-0001-6731-5910
deniamay@gmail.com

Universidad Autónoma de Guerrero (México)
Orcid https://orcid.org/0009-0004-8502-0357
agusmolina91@gmail.com

Alejandro Díaz Garay

Jorge Alberto Sánchez Ortega

Universidad Autónoma de Guerrero (México)
Orcid https://orcid.org/0000-0003-4768-1088
adiazgaray@gmail.com

Universidad Autónoma de Guerrero (México)
Orcid https://orcid.org/0000-0001-5124-9103
jorgealbertocipes@gmail.com

Resumen: Esta investigación tiene como objetivo analizar las percepciones sobre la democracia, la confianza institucional
y la participación política de jóvenes universitarios en Chilpancingo, Guerrero, en el contexto del proceso electoral 2023 -2024.
Se adopta un enfoque cuantitativo mediante la aplicación de una encuesta aplicada a 391 estudiantes durante el periodo de
precampañas. El estudio explora las nociones, niveles de interés, confianza institucional y percepciones sobre democracia, el
proceso electoral y los principales actores políticos que encabezaron la contienda. Los resultados revelan una alta familiaridad
con el concepto de democracia, aunque acompañada de insatisfacción respecto a su funcionamiento y desconfianza hacia los
partidos políticos tradicionales y el Instituto Nacional Electoral (INE). Se observa una valoración positiva hacia el partido
Morena y un creciente posicionamiento de Movimiento Ciudadano (MC). Asimismo, las redes socio digitales se consolidan
como sus principales fuentes de información política, aunque no exentas de dudas sobre su fiabilidad. En conclusión, los hallazgos muestran que, si bien existe un sector de jóvenes universitarios en Chilpancingo con interés e información sobre temas
políticos, persiste el escepticismo y desapego hacia el sistema democrático. Estas actitudes se explican, en gran medida, por la
desconfianza en las instituciones y partidos tradicionales, así como por una percepción crítica sobre la eficacia de su parti cipación política para generar cambios reales.

Palabras clave: Democracia, jóvenes universitarios, participación política, confianza institucional, elecciones 2024
Abstract: This research aims to analyze the perceptions of democracy, institutional trust, and political participation among
university students in Chilpancingo, Guerrero, within the context of the 2023-2024 electoral process. A quantitative approach
was adopted through the application of a survey conducted with 391 students during the pre-campaign period. The study explores students’ notions, levels of interest, institutional trust, and perceptions regarding democracy, the electoral process, and
the main political actors involved in the race. The results reveal a high level of familiarity with the concept of democracy,
although this is accompanied by dissatisfaction with its functioning and distrust toward traditional political parties and th e
National Electoral Institute (INE). A positive perception of the Morena party and a growing interest in Movimiento Ciudadano
(MC) were also observed. Likewise, social media platforms have become their primary sources of political information, although concerns about their reliability persist. In conclusion, the findings show that, although there is a sector of university
students in Chilpancingo who are interested and informed about political issues, skepticism and detachment from the democratic system persist. These attitudes can largely be explained by a lack of trust in institutions and traditional parties, as well
as by a critical perception of the effectiveness of political participation in bringing about real change.

Keywords: Democracy, young university students, political participation, institutional trust, 2024 elections
Fecha de recepción: 08/03/2024
Fecha de aprobación: 12/05/2025
Fecha de publicación: 26/05/2025

Cómo citar este artículo / How to cite this paper: Sánchez Rivera, D. M., Molina Gama, A., Díaz Garay,
A., &amp; Sánchez Ortega, J. A. (2025). Percepciones de la democracia de jóvenes universitarios en la capital del estado de Guerrero:
retos y desafíos. Revista de Comunicación Política, 7, e250703. https://doi.org/10.29105/rcp.v7i1.74

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�Percepciones de la democracia de jóvenes universitarios en la capital del estado de Guerrero

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Introducción
El domingo 2 de junio de 2024, México vivió una jornada electoral crucial que no solo marcó la elección de nuevas autoridades, sino que también puso a prueba la fortaleza de su sistema democrático
en un contexto de alta polarización y desconfianza hacia las instituciones. De acuerdo con la información publicada por el INE (2024b), se registraron en total 60,115,184 votos emitidos, lo cual representa una participación ciudadana del 61.05%, indicador que resulta fundamental para la definición
y establecimiento del poder público. Por lo tanto, entre mayor participación de la sociedad exista,
mayor es la legitimidad de aquellas personas que resultan electas a través del voto mayoritario. De
aquí los numerosos esfuerzos realizados por diversas instituciones para fomentar e incentivar una
cultura cívica y lograr que la ciudadanía no solo sea parte activa de la política, sino que también se
sienta implicada en esta (Almond &amp; Verba, 1963).
Una creciente preocupación en los últimos años ha sido la baja participación de las y los jóvenes en las elecciones. Si bien las personas adultas mayores no constituyen el grupo etario más numeroso del padrón, las estadísticas del INE (2023) muestran que las personas de entre 65 y 69 años
históricamente registran los niveles más altos de participación electoral, mientras que un porcentaje
considerable de personas menores de 30 años ha optado por no ejercer este derecho. En este sentido,
estas elecciones fueron especialmente significativas debido, entre otros factores, a las altas expectativas respecto a la participación de jóvenes, que representan un segmento importante del electorado y
al que frecuentemente se le atribuye un papel decisivo en la definición del rumbo político del país. En
esta contienda, las personas de entre 18 y 29 años constituyeron aproximadamente el 25 % del padrón
electoral, según datos del INE (2024a).
Para estos comicios, se registraron cerca de 25 millones de jóvenes, de los cuales 6.6 millones
votarían por primera vez en junio de 2024 (Zepeda, 2024). Por ello, su participación no solo resulta
relevante desde el punto de vista cuantitativo, sino también por la influencia que este grupo puede
ejercer y por lo que representa para la salud política y democrática del país. En diversos momentos
de la historia mexicana, la participación de éstos se ha manifestado en las urnas y también a través de
movimientos sociales y protestas que demandan justicia, equidad y mejores condiciones de vida.
Ejemplos destacados incluyen el movimiento #YoSoy132 en 2012, que surgió como una crítica a la
manipulación mediática y la falta de pluralidad informativa, así como las movilizaciones por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en 2014, que exigieron justicia y visibilizaron la violencia
estructural en el país. En estos movimientos se ha demostrado su capacidad como poderosos agentes
de cambio que influyen en la agenda política y social del país.
Aunque existe un compromiso profundo con la mejora del sistema democrático, también se
evidencian sus frustraciones frente al statu quo, potenciadas por los numerosos desafíos socioeconómicos y políticos que enfrentan. La desigualdad económica, el desempleo, la precariedad laboral y la
falta de acceso a servicios básicos son barreras importantes que pueden desincentivar su participación
política. Además, la desconfianza en las instituciones y la percepción de corrupción e impunidad agra-

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van estos problemas, generando un sentimiento de desilusión y escepticismo hacia el sistema democrático. Todo esto ha impulsado en gran medida al abstencionismo o la baja participación ciudadana,
como se observó en 2012 y 2018 en este grupo etario (Vallejo &amp; Santiago, 2024).
El objetivo principal de esta investigación es analizar las percepciones sobre la democracia,
la confianza institucional y la participación política de jóvenes universitarios en Chilpancingo, Guerrero, durante la etapa de precampañas correspondiente al proceso electoral 2023-2024. Los objetivos específicos son los siguientes: 1) conocer las nociones y percepciones que las y los jóvenes universitarios de Chilpancingo tenían en torno a los conceptos de política y democracia previo a las elecciones de 2024; 2) identificar los niveles de interés en la política y las formas de participación política
expresadas por estas y estos jóvenes; 3) analizar las percepciones sobre las elecciones presidenciales
de 2024, incluyendo su opinión sobre los partidos, candidaturas y la legitimidad del proceso y 4)
explorar el nivel de confianza institucional que manifestaron las y los jóvenes universitarios en el
marco del proceso electoral.
La investigación se sustenta en los resultados obtenidos mediante una encuesta aplicada durante los primeros dos meses de precampañas, en noviembre y diciembre de 2023, con el propósito
de dar cuenta de los retos y desafíos que enfrenta la democracia en este estado, caracterizado por
condiciones particulares.

Desafíos y percepciones de la democracia en México
Definir la democracia no es tarea sencilla, ya que se trata de un concepto polisémico que ha sido interpretado desde diversas perspectivas normativas y descriptivas. De forma general, puede entenderse como “un ideal, un régimen político y un conjunto de valores, actitudes y creencias” (INE, &amp;
UNAM, 2020, p. 1), Sartori (1993) advierte que no se debe caer en la simplificación del concepto y
entenderse solamente como “la reducción de las múltiples voluntades de millones de personas a un
único comando” (p. 11), por tanto, “un sistema democrático es ubicado por una deontología democrática y ello porque la democracia es y no puede ser desligada de aquello que la democracia debería ser”
(p. 4).
Para Bobbio (1986), la definición mínima de la democracia corresponde a una forma de organización política “caracterizada por un conjunto de reglas (primarias o fundamentales) que establecen quién está autorizado para tomar las decisiones colectivas y bajo qué procedimientos” (p. 14),
señalando que dichas decisiones adquieren carácter vinculante para el conjunto del grupo cuando son
aprobadas, directa o indirectamente por la mayoría. Añade que, para que este modelo pueda considerarse genuinamente democrático, es indispensable que quienes participan en los procesos de decisión, o en la elección de quienes han de decidir, cuenten con alternativas reales y se encuentren en
condiciones de elegir entre ellas.

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La dualidad de la que habla Sartori (1993) y la resultante complejidad de su definición, ha
llevado también a que en los últimos años se haya puesto énfasis en la posibilidad de una crisis democrática, pues al idealizarla bajo ciertas características o criterios específicos (lo que la democracia
debería ser) y encontrar deficiencias o carencias en ellos (lo que es), conduce a pensar en que la democracia atraviesa por algún punto crítico o por un estado de malestar (Przeworski, 2010). Asimismo,
llegar a esta afirmación o cuestionamiento también depende de lo que se entiende por crisis, “incluso
si uno cree que, efectivamente, constituyen una crisis, todavía hay que decidir si lo que está en crisis
es el gobierno, un tipo especial de democracia o la democracia misma” (Velasco Cruz, 2024, p. 15).
Para Przeworski (2022) las crisis “son situaciones que entrañan algún tipo de catástrofe en la condición en la cual imperan las actuales instituciones: no hay cambio alguno, pero podría haberlo” (p. 33).
También indica que hay algunas señales para identificar las crisis, como la “pérdida repentina de
apoyo a los partidos establecidos, desconfianza popular en las instituciones democráticas y los políticos, conflictos manifiestos en las instituciones democráticas o la incapacidad de los gobiernos de mantener el orden público sin recurrir a la represión” (p. 35).
Existe otro concepto que se ha empleado para tratar de dar cuenta de los escenarios actuales,
y que se asocia a la opinión pública: fatiga democrática. Este parte del interés que se tiene “por las
causas de la disminución de la satisfacción con y en la caída del apoyo a la democracia” (Sarsfield &amp;
Aguilar, 2024, p. 15), es decir, por aquello que ha llevado al desapego democrático. En este sentido,
se entiende que dicho cansancio ciudadano no es más que la manifestación de la pérdida de confianza
política en las Instituciones Estatales, incluyendo a los partidos políticos y, a la vez, se trata de la
disminución en la satisfacción del funcionamiento de la democracia (Alcántara et al., 2024). Y si bien
no es la intención profundizar en este debate, sí es necesario ponerlo sobre la mesa para incitar a la
reflexión de aquellas limitaciones o deficiencias presentes en la democracia mexicana y que dejan
vulnerable a la ciudadanía.
Hoy en día, las democracias enfrentan numerosos retos y desafíos debido, entre otras cosas,
a las diversas opiniones que expresan las discrepancias entre su aplicación práctica y la visión idealizada que se tiene sobre ella, especialmente en contextos de violencia, corrupción y declive económico,
a los que se suman la inseguridad y, en consecuencia, la desconfianza en las instituciones (Przeworski,
2010, 2022; van Reybrouck, 2017).
Mendizábal y Moreno (2010) aluden a la importancia de la confianza institucional en los órganos electorales y en los partidos políticos como un eje clave para comprender los niveles de satisfacción ciudadana con el funcionamiento de la democracia. En la misma línea, Pérez Verduzco y Tapia
Muro (2018) abordan que la desconfianza institucional puede analizarse desde dos enfoques teóricos
fundamentales. El primero, de carácter racional, plantea que esta confianza está condicionada por la
capacidad de las instituciones para representar adecuadamente y responder de forma eficaz a los intereses de la sociedad; por tanto, su debilitamiento se relaciona con un desempeño institucional deficiente. En contraste, el enfoque culturalista sostiene que las actitudes políticas se forjan a partir de
procesos de socialización prolongados, por lo que la desconfianza institucional tendría su origen en

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la persistencia de valores antidemocráticos arraigados históricamente, los cuales resultan difíciles de
modificar en el corto plazo.
En México, el proceso de evolución democrática se ha marcado por momentos de avances y
retrocesos. A pesar de los logros significativos desde la transición de finales del siglo XX, el país aún
enfrenta problemas profundos que repercuten en la calidad, eficacia y legitimidad de su sistema democrático. Por ejemplo, según Latinobarómetro (2023) existe una polarización en las actitudes entre
quienes prefieren los regímenes democráticos ante cualquier otra forma de gobierno (36.4%), quienes
consideran que en algunas circunstancias el gobierno autoritario podría ser preferible (34.7%) y quienes les da lo mismo (28.9%). En cuanto a la confianza en su capacidad para resolver problemas, solo
el 10.2% está totalmente de acuerdo con esta afirmación, el 49.3% manifestó estar simplemente de
acuerdo, mientras que se observa la existencia de un significativo nivel de escepticismo y desconfianza
entre la población (40.2%). En cuanto al nivel de satisfacción, los resultados indican que la mayoría
de los encuestados (60.7%) no estuvieron del todo o para nada satisfechos con la democracia, sugiriendo una percepción crítica y una posible desconfianza en el sistema actual mexicano. Este nivel de
insatisfacción es un reflejo de los retos que se enfrentan en el país, incluyendo la percepción de corrupción, ineficacia y falta de representatividad en las instituciones políticas que existen.
La alternancia del último sexenio ha colocado el tema de la democracia en el centro del debate
político. Desde la llegada a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en 2018, sus
acciones, decisiones, reformas y propuestas de reformas constitucionales al sistema político, al poder
judicial y a los órganos autónomos, acompañadas de señalamientos continuos de su parte hacia el
modelo establecido del órgano electoral (INE), fueron objeto de numerosas críticas, descritas por algunos como “golpe a la democracia” (López Castro, 2024, p. 1), “atentados contra la democracia”
(Manetto, 2021, p. 1) y “ataque a la transparencia […] y a la democracia” (Ángel, 2021, p. 1).
Por otra parte, en la encuesta del Barómetro de las Américas en México 2023, “una mayoría
significativa de ciudadanos perciben un México relativamente más democrático y con mejores condiciones” (Maldonado et al., 2023, p.2). Asimismo, respecto a la confianza institucional hay variadas y
diferenciadas opiniones: mientras que el presidente y las fuerzas armadas presentan altos niveles de
confianza, 70% y 60% respectivamente, los medios de comunicación y los partidos políticos reportan
por el contrario sus niveles más bajos, con un 39% y 25% respectivamente.

Panorama de la democracia en el marco de las elecciones 2024
Las elecciones de 2024 fueron un parteaguas en la vida política mexicana, porque además de considerarse como las más grandes de la historia mexicana (INE, 2024b) y marcar el fin de un sexenio
considerado altamente polarizante, dieron como resultado que, por primera vez, una mujer fuera
electa para gobernar este país. Sin embargo, se generaron también opiniones divididas entre quienes
apoyaron la continuidad de la llamada Cuarta Transformación y quienes no.

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Las elecciones estuvieron marcadas por un contexto de diversos desafíos, incluyendo altos
niveles de violencia e inseguridad. La presencia del crimen organizado y los conflictos políticos locales
resultaron en un ambiente tenso, donde varios candidatos, precandidatos, aspirantes y funcionarios
electorales fueron amenazados o, en algunos casos, asesinados (González, 2024). Estas condiciones
no sólo pusieron en riesgo la seguridad de las personas participantes, sino que también influyeron en
la percepción pública sobre la integridad del proceso electoral.
Además, fue un proceso altamente controversial con diversas situaciones entre quienes contendieron. Primeramente, una carrera marcada entre Morena (Movimiento de Regeneración Nacional) y sus opositores, que optaron por una alianza (Gonzáles, 2024), lo que resultó en dos mujeres
como candidatas presidenciales: Claudia Sheinbaum Pardo y Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz. Posteriormente se sumó a la contienda Samuel García Sepúlveda quien, a pocos días de haberse pronunciado
como aspirante a candidato por la presidencia, el 2 de diciembre de 2023, abandonó la contienda y
regresó a su cargo como Gobernador de Nuevo León, situación que dejó a la expectativa a sus seguidores y detractores (Rosales Ávalos, 2023).
Es necesario destacar dos aspectos resultantes de estas elecciones: 1) el estatus en el que quedan los partidos políticos y 2) las dinámicas en que se movilizaron ante sus votantes. Por su parte,
Morena ha mantenido su relevancia y poder en la política mexicana tras las elecciones de 2024. El
partido consiguió consolidar su presencia tanto a nivel federal como local (BBC News, 2024), posicionándose junto a la primera mujer presidenta, un hito significativo por sí mismo, que marca avance
en la lucha por la equidad de género en el ámbito de la política mexicana (Gómez Tagle, 2024). El
Partido Revolucionario Institucional (PRI), uno de los más antiguos y con una larga historia gobernando en México, siguió su tendencia a la baja en términos de apoyo electoral, perdió terreno no solo
frente a Morena, sino también ante otras fuerzas políticas que han sabido captar el descontento y las
nuevas demandas del electorado (Morán Breña, 2024). En estas elecciones, el Partido Acción Nacional (PAN) logró mantener una presencia considerable en varias entidades federativas y alcaldías, sin
alcanzar un avance significativo a nivel federal (INE, 2024b).
El Partido de la Revolución Democrática (PRD), por otro lado, se encuentra en una situación
más complicada. Históricamente uno de los partidos más importantes de la izquierda mexicana, sin
embargo, ha enfrentado un declive constante en su apoyo electoral desde la creación de Morena, que
absorbió gran parte de su base tradicional. En estas elecciones, el partido perdió gran parte de su
influencia a nivel federal, con una disminución significativa en el número de diputados y senadores.
A nivel local, su presencia también se ha reducido, aunque todavía mantiene algunos bastiones importantes, principalmente en regiones con una fuerte tradición izquierdista. Todo esto llevó a que, de
manera oficial, perdiera su registro nacional al no alcanzar el porcentaje de la votación requerida
(INE, 2024c).
En contraste, MC ha experimentado una evolución en la política mexicana, consolidándose
como una fuerza emergente que busca posicionarse como una alternativa frente a los partidos tradicionales. Posterior a las elecciones, obtuvo resultados mixtos (Bárcena Juárez &amp; Téllez, 2024). A nivel

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local y estatal, el partido logró mantenerse y, en algunos casos, incrementar su presencia. A nivel
federal, este partido sigue enfrentando desafíos significativos. Aunque aumentó su representación en
la Cámara de Diputados, el partido aún lucha por establecer una presencia más sólida en el Senado.
El liderazgo de figuras como Samuel García ha sido crucial para la visibilidad y el crecimiento del
partido, aunque también enfrenta críticas y retos, particularmente en la capacidad de construir alianzas estratégicas a largo plazo con otros partidos y actores políticos.
Así, se observa cómo el panorama político mexicano está altamente fragmentado. Esta segmentación se manifiesta en la coexistencia de múltiples fuerzas políticas que compiten por el poder y
la influencia, lo que refleja una diversidad de agendas y propuestas que frecuentemente están en conflicto.

Participación de las y los jóvenes mexicanos en lo político y lo
social
Los diversos mecanismos que existen para la toma de decisiones públicas y la participación ciudadana
son fundamentales para las democracias. Adentrarse a los procesos políticos y sociales ayudará a que
los intereses de la mayoría se vean reflejados en la gobernanza, aunque en algunos de los casos, estas
dimensiones no se encuentren totalmente equilibradas. Los procesos electorales tienen un papel relevante en el desarrollo de la vida política y los jóvenes constituyen una proporción significativa de la
población, el 25%, de acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de
Estadística y Geografía (INEGI, 2020). Por ello, juegan un papel crucial en la configuración del futuro
democrático del país, pues no solo son los herederos de este sistema, sino también actores fundamentales en su transformación y fortalecimiento.
Es necesario destacar la diversidad de este segmento poblacional, principalmente debido a
los distintos contextos a los cuales pueden llegar a enfrentarse en términos de experiencias, antecedentes culturales, niveles de educación, situaciones económicas, entre otros. Pese a que existen esfuerzos para mitigar el impacto de tales escenarios, el acceso y garantía de sus derechos continúa
siendo limitado. Por ello, no es posible identificarlos como un grupo homogéneo y es imposible “partir
de un concepto de juventud generalizador y ortodoxo, sino del reconocimiento de la pluralidad de
identidades juveniles existentes en todo el mundo” (Fondo de Población de las Naciones Unidas [UNFPA], 2017, p.5).
Así, para comprender a fondo el panorama general de la participación de este sector en los
procesos electorales, resulta necesario enfocarse de manera individual en los diversos grupos de dicho
segmento poblacional. Por ello, para el caso de esta investigación, se pone el foco en las y los jóvenes
estudiantes de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro) en Chilpancingo, ciudad marcada por
fuertes problemas sociales y que concentra a gran parte de esta comunidad universitaria.
Históricamente, la participación juvenil en México ha sido vista como un indicador de vitalidad democrática. Sin embargo, sus niveles de participación política tradicional, como el voto, han

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sido relativamente bajos en comparación con otros grupos etarios. Diversos estudios, como los realizados por el INE (2023) muestran que las y los jóvenes son los menos propensos a participar en elecciones, lo cual se atribuye a una combinación de apatía, desconfianza en las instituciones y falta de
representación política efectiva. Esta desafección no es meramente pasiva, a menudo es una respuesta
activa a un sistema percibido como corrupto e ineficaz.
A pesar de esto, la juventud mexicana ha demostrado una capacidad notable para la movilización social y el activismo político fuera de los canales institucionales tradicionales. Movimientos
como #YoSoy132 y las protestas por los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa en 2014 son
ejemplos de cómo los jóvenes han utilizado la organización y la protesta para influir en la agenda
política y social del país (Rovira Sancho, 2014). Estos movimientos, a menudo facilitados por el uso
estratégico de las redes sociales, evidencian su potencial para articular demandas colectivas y ejercer
presión sobre el sistema político.
El activismo juvenil en México no se limita a la protesta. También incluye una variedad de
formas de participación social, desde el voluntariado hasta la creación de organizaciones no gubernamentales y proyectos comunitarios. Estas iniciativas reflejan un compromiso con la justicia social, los
derechos humanos y la mejora de las condiciones de vida en sus comunidades. Además, la creciente
digitalización ha permitido a los jóvenes involucrarse en campañas de sensibilización y concientización a través de plataformas en línea, amplificando su voz y alcance.
La participación juvenil también se ve influida por factores socioeconómicos y educativos.
Los jóvenes de contextos urbanos y con acceso a educación superior tienden a estar más involucrados
políticamente, tanto de manera formal como informal. Sin embargo, esto no excluye la participación
de jóvenes en contextos rurales o con menores recursos, quienes a menudo se movilizan en respuesta
a problemas locales específicos, como la defensa del territorio y los recursos naturales contra proyectos extractivos.
La relación entre jóvenes y partidos políticos en México es ambivalente. Aunque los partidos
han intentado atraer a este segmento demográfico, a menudo mediante la inclusión de candidatos
jóvenes y el uso de estrategias de comunicación digital, la percepción general de los partidos como
entidades corruptas y alejadas de las preocupaciones reales de la juventud ha limitado el éxito de estos
esfuerzos. En consecuencia, muchos jóvenes optan por formas de participación política que perciben
como más auténticas y efectivas.
En Chilpancingo, las y los jóvenes se desarrollan en un entorno donde se concentra gran parte
de la actividad política y administrativa del estado, así como una comunidad estudiantil nutrida, particularmente de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro). Sin embargo, se enfrentan a condiciones laborales precarias, estigmatización social y un contexto de violencia que inhibe la participación ciudadana tradicional, al tiempo que estimula la emergencia de expresiones políticas alternativas.

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La historia de Chilpancingo da cuenta de diversas expresiones de movilización juvenil, muchas de ellas encabezadas por estudiantes universitarios. Destacan las marchas y protestas organizadas por esta comunidad en apoyo a los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, movimiento que
tuvo una importante resonancia en la capital del estado y que evidenció su capacidad de organización,
solidaridad y articulación política (Flores Contreras, 2014; Ocampo et al., 2014; Téllez, 2024). Asimismo, las manifestaciones de parte de estudiantes de la UAGro forman parte de la memoria histórica
que, remontándose a los años 60, dio forma al Chilpancingo actual (Castrejón Salgado, 2024; Nieto
Camacho &amp; Alarcón Medina, 2021). Estas formas de acción, desde sus distintos repertorios simbólicamente potentes, reflejan un compromiso activo con las problemáticas que aquejan al estado y una
apropiación crítica del territorio.

Metodología
La presente investigación se desarrolló bajo un enfoque cuantitativo, utilizando como técnica principal la aplicación de encuestas estructuradas a estudiantes universitarios de la institución pública con
mayor matrícula en Chilpancingo, Guerrero: la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro). Según
datos de Data México (2022), esta comunidad estudiantil asciende a 12,215 estudiantes en la capital
del estado.
Se empleó un muestreo no probabilístico por conveniencia, en el que participaron 391 estudiantes de los diversos programas que ofrece la UAGro. El instrumento principal de recolección de
datos fue un cuestionario estructurado, diseñado específicamente para este estudio. Este incluyó preguntas abiertas, cerradas y de escalas Likert para medir, entre otras, las percepciones sobre la democracia, la confianza en las instituciones, la participación en procesos electorales y el impacto de los
medios de comunicación y las redes socio digitales en la intención del voto (ver la Tabla 1). Es importante mencionar que para el momento de la recolección de datos Samuel García todavía se perfilaba
como principal contendiente por MC, por lo que se le tomó en consideración durante el diseño del
instrumento, pero no así a Jorge Álvarez Máynez, quien finalmente sería el candidato de ese partido.
La recolección de datos se llevó a cabo durante los meses de noviembre y diciembre de 2023.
Se utilizó una combinación de encuestas en línea y presenciales para maximizar la tasa de respuesta
y asegurar la inclusión de estudiantes con diferentes niveles de acceso a la tecnología. La encuesta en
línea se distribuyó a través de plataformas digitales de las universidades y redes sociales, mientras
que la encuesta presencial se aplicó en campus universitarios, siguiendo protocolos de consentimiento informado y garantizando la confidencialidad de las respuestas. Esta modalidad permitió captar un amplio espectro de opiniones provenientes de distintos programas académicos y áreas del conocimiento. La estrategia se orientó a facilitar el acceso a los participantes y maximizar el número de
respuestas dentro de un periodo determinado.

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Los datos recopilados se procesaron y analizaron utilizando software estadístico (SPSS Statistics) para obtener una comprensión detallada de las percepciones y comportamientos políticos de
las y los jóvenes.
Tabla 1. Operacionalización para el desarrollo del instrumento.
Variable

Pregunta de la encuesta

Tipo de
pregunta

Operacionalización

Percepciones sobre la democracia
Conocimientos sobre democra-

- ¿Sabes o has escuchado lo que es democracia?

Cerrada

cia

- ¿Qué significa para ti la democracia?

Abierta

Satisfacción con la democracia

- ¿Qué tan satisfecho estás con la democracia ac-

Escala Likert

en México

tual en México?

1= Sí y 2= No
1= Muy satisfecho; 2= Algo
satisfecho; 3= Poco satisfecho; 4= Nada satisfecho y 5=
No sabes / Prefieres no responder

Percepciones sobre la crisis de-

- ¿Consideras que la democracia en México atra-

mocrática

viesa por una crisis?
- ¿Por qué consideras que la democracia en Mé-

Cerrada

1= Sí y 2= No

Abierta

xico atraviesa por una crisis?
Opinión sobre la eficacia del

- ¿Qué tan de acuerdo estás con la frase: “El voto

voto

sirve para que haya un mejor gobierno”?

Escala Likert

1= Muy de acuerdo; 2= Algo
de acuerdo; 3= Poco de
acuerdo y 4= En desacuerdo

Confianza institucional
Confianza en el INE

- ¿Confías en el desempeño y los resultados del

Cerrada

1= Sí y 2= No

Instituto Nacional Electoral?
- ¿Por qué no confías en el desempeño y los resul-

Abierta

tados del Instituto Nacional Electoral?
Confianza en partidos políticos

- ¿Qué partido crees que es más confiable?

Cerrada

1= MC; 2= Morena
3= PAN; 4= PRD; 5= PRI;
6= PT (Partido del Trabajo);
7= PVEM (Partido Verde
Ecologista de México); 8=
Otro; 9= Ninguno y 10= No
sabes / Prefieres no responder

Valoración y relevancia de par-

- ¿Cómo valoras a los siguientes partidos? (MC;

tidos políticos

Morena; PAN; PRD; PRI; PT y PVEM)

Escala Likert

1= Positivamente; 2= De manera neutral y 3= Negativamente

- Enumera los siguientes partidos, según los con-

Escala Likert

Escala del 1 al 7, dónde 1 sig-

sideres el más importante o el menos importante

nifica “más importante” y 7

de México (MC; Morena; PAN; PRD; PRI; PT y

“menos importante”)

PVEM)
Confianza y valoración de go-

- ¿Conoces quién gobierna tu… (País; estado; ciu-

bernantes

dad y barrio o colonia)?
- Escribe el nombre de persona frente a la… (Pre-

Cerrada

1= Sí y 2= No

Abierta

sidencia de la República; gubernatura; presidencia municipal y presidencia de su barrio o colonia)

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Tabla 1. Continuación.
¿Qué tan de acuerdo estás con las siguientes des-

Escala Likert

cripciones sobre… (Andrés Manuel López Obra-

1= Mucho; 2= Algo; 3= Poco
y 4= Nada

dor; Evelyn Cecia Salgado Pineda y Norma Otilia
Hernández Martínez)?
(Es una persona de confianza; es una persona honesta; es una persona tolerante; es una persona
justa; es una persona preparada; es una persona
carismática; tiene buenas propuestas y pertenece
a un buen partido político)
Participación política
Interés en temas de política a

- ¿Qué tanto interés tienes en los temas relaciona-

nivel de barrio o colonia, ciu-

dos con la política de tu…? (País, estado, ciudad y

Escala Likert

1= Mucho; 2= Lo suficiente;

dad, estado y país

barrio o colonia)

Experiencia de voto

- ¿Has ejercido tu derecho al voto alguna vez?

Cerrada

1= Sí y 2= No

Intención de voto

- ¿Piensas ejercer tu derecho al voto en las elec-

Cerrada

1= Sí; 2= No y 3= No sabes /

3= Poco y 4= Nada

ciones de 2024?

Prefieres no responder

Medios de comunicación e información
Medios más utilizados para in-

- Enumera las siguientes redes sociales o servicios

formarse sobre temas de polí-

de internet, según los consideres el más usado o el

Escala Likert

Escala del 1 al 10, dónde 1
significa “más utilizado” y 10

tica

menos usado por ti para informarte en temas de

“menos utilizado”)

política (Radio, periódicos, televisión, Facebook,
Instagram, TikTok, WhatsApp, portales o blogs
de noticias por internet, YouTube y Telegram)
Confianza en la información

- ¿Considera que la información presentada en los

proporcionada en los medios de

medios de comunicación y redes sociales es sufi-

Escala Likert

1= Muy de acuerdo; 2= Algo
de acuerdo; 3= Algo en

comunicación

ciente para que la ciudadanía pueda tomar una

desacuerdo y 4= Muy en

decisión crítica y reflexionada el día de las eleccio-

desacuerdo

nes?
- ¿Considera que la información presentada en los

Escala Likert

1= Muy de acuerdo; 2= Algo

medios de comunicación y redes sociales influye

de acuerdo; 3= Algo en

para que usted vote por las o los candidatos a la

desacuerdo y 4= Muy en

presidencia por México en las elecciones 2024?

desacuerdo

Precandidaturas en el marco del proceso electoral 2023-2024
Conocimiento sobre participan-

- ¿Conoces a… (Claudia Sheinbaum; Xóchitl Gál-

tes en las precandidaturas

vez y Samuel García)?

Valoración y confianza en parti-

- ¿Qué tan de acuerdo estás con las siguientes

cipante en las precandidaturas

descripciones sobre… (Claudia Sheinbaum; Xó-

Cerrada

1= Sí y 2= No

Escala Likert

1= Mucho; 2= Algo; 3= Poco
y 4= Nada

chitl Gálvez y Samuel García)?
(Es una persona de confianza; es una persona honesta; es una persona tolerante; es una persona
justa; es una persona preparada; es una persona
carismática; tiene buenas propuestas y pertenece
a un buen partido político)
Proyección sobre quien ganaría

- Si hoy fueran las elecciones presidenciales,

las elecciones

¿quién crees que ganaría?

Cerrada

1= Claudia Sheinbaum; 2=
Xóchitl Gálvez; 3= Samuel
García y 4= No sabes / Prefieres no responder

Determinantes del voto para

¿Cuáles son las principales características que

elecciones 2024

considerarías para votar por alguien?

Abierta

Nota: Fuente elaboración propia.

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Aunque este estudio ofrece una visión valiosa, existen algunas limitaciones que deben ser
consideradas. Una de ellas es que los resultados no pueden ser generalizados, ya que la muestra se
limita a estudiantes de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro) en el contexto de la ciudad de
Chilpancingo y, como ya se ha mencionado, no es posible hablar de un grupo homogéneo debido a
sus diversidades. Sin embargo, esto no disminuye la relevancia de los hallazgos, los cuales proporcionan una base sólida para entender una parte del papel que desempeñan estos jóvenes en los procesos
democráticos

Resultados
Percepciones sobre la democracia
Los resultados muestran que la mayoría de las personas encuestadas (96.90%) se encuentran
familiarizados con la palabra democracia. Cuando se les preguntó sobre la definición, la mayoría aludió a una forma de ejercicio del poder ciudadano, especialmente a través de la participación en la
toma de decisiones: “el poder del pueblo para decidir”, “tener la libertad de escoger a tu dirigente
político de manera justa”, o “el derecho a participar en las decisiones del país”. Esto muestra una
comprensión activa y crítica del término, en la que la democracia se vive como una práctica, no sólo
como un concepto normativo. Estas respuestas se pudieron categorizar dentro de cinco perspectivas
clave: 1) democracia como poder del pueblo; 2) la participación como derecho ciudadano fundamental en la democracia; 3) democracia como vía hacia la justicia social; 4) democracia como un sistema
organizativo del Estado y 5) la distinción entre mecanismos directos e indirectos de participación.
En cuanto al nivel de satisfacción que manifestaron sobre ésta, el 60.10% se encuentra poco
o nada satisfecho con la democracia en México, un nivel muy similar al reportado por Latinobarómetro 2023. Al preguntarles si consideraban que la democracia en México podría estar atravesando una
crisis, el 78.60% respondió afirmativamente y apuntan a una ruptura entre los principios democráticos y las prácticas políticas vigentes. Entre las causas que identificaron se encuentran las siguientes:
corrupción, falta de representatividad, manipulación electoral, violencia política y exclusión estructural. Además, con comentarios como “la democracia es falsa”, “todo está corrompido” o “los grupos
delictivos ya rebasaron a las autoridades” expresaron una preocupación profunda por el sistema
político y democrático. Junto a ello, denunciaron la compra y coacción del voto, así como la falta de
conciencia ciudadana, contribuyendo a una percepción generalizada de que el proceso democrático
ha perdido legitimidad.
A pesar de estas percepciones negativas, la mayoría de las personas encuestadas (92.10%)
está en algún grado de acuerdo con la afirmación de que el voto es una herramienta para lograr un
mejor gobierno, lo que refleja una noción positiva sobre su utilidad. No obstante, un 7.90% tiene
reservas o está en desacuerdo, lo que indica una desconfianza subyacente en la eficacia del sufragio
como mecanismo de cambio.

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Confianza institucional
Los datos recabados muestran una desconfianza significativa hacia el principal órgano electoral. Aunque el INE es fundamental en los procesos comiciales, un 78.60% dice no confiar en el
organismo, las y los estudiantes lo perciben como poco confiable, manipulado políticamente o incluso
vinculado a intereses ajenos a la ciudadanía. Frases como “no rinden cuentas de verdad”, “he sido
testigo de fraudes electorales”, o “el INE actúa con favoritismo” manifiestan una crítica a su funcionamiento. Esta percepción se acompaña de acusaciones como la complicidad con el crimen organizado, la poca transparencia en el conteo de votos y la falta de imparcialidad. Para estas y estos jóvenes,
la confianza institucional no solo está deteriorada, sino que las instituciones encargadas de proteger
la democracia son vistas, en algunos casos, como partícipes de su erosión.
Sobre la confianza en los partidos políticos, los resultados reflejan una distribución interesante de las percepciones de las personas encuestadas, lo que ofrece una visión clara del panorama
político actual en México. Así, el 37.30% expresó tener mayor confianza en Morena frente a otros
partidos. Este resultado indica que, a pesar de las críticas y controversias alrededor del partido y su
líder, se consideró como el partido de mayor confianza, lo que coincide con los resultados obtenidos
en las elecciones. Este nivel de confianza puede estar vinculado a las políticas sociales implementadas
en apoyo a este sector durante el sexenio de AMLO, así como a la percepción de que Morena representa un cambio respecto a los partidos tradicionales.
Un 27.10% de las personas encuestadas manifestó que no confiaba en ninguno de los partidos
políticos. Esta cifra es significativa y refleja un nivel alto de desafección política y desconfianza generalizada en el sistema partidista. Esta desconfianza puede estar alimentada por la percepción de corrupción, ineficacia y falta de representatividad en la política mexicana y tiene implicaciones importantes para la participación ciudadana y la legitimidad del sistema democrático. Asimismo, el 19.40%
respondió que no sabía en qué partido confiar. Este grupo, aunque no tan grande como los anteriores,
muestra un grado considerable de indecisión o desinformación respecto a los partidos políticos y
puede ser crucial en futuras elecciones, ya que su eventual decisión podría inclinar la balanza en favor
de uno u otro partido.
Un 11.30% de las personas encuestadas expresó confiar más en MC. Aunque no es tan alto
como el porcentaje de confianza en Morena, este resultado muestra que MC está ganando terreno
como una alternativa para quienes buscan un cambio en el panorama político. La popularidad de
figuras jóvenes y la percepción de frescura y transparencia pueden estar contribuyendo al nivel de
confianza en este grupo etario. Solo el 4.90% dijo tener la mayor confianza en alguno de los demás
partidos políticos, incluyendo al PAN, PRI y PRD, lo que representa un nivel significativamente bajo.
Morena destaca como el partido político mejor valorado, con un 37.60% de manera positiva,
un 43.99% neutral y solo un 18.41% con tendencia negativa. La mayoría de los partidos obtuvieron
valoraciones neutras (ver la Figura 1), sobresaliendo MC, que recibió un 58.57% de calificaciones en
este sentido, mientras que sus valoraciones positivas y negativas se mantuvieron relativamente cercanas, con un 19.95% y 21.48%, respectivamente. Las excepciones a esta tendencia neutral fueron el

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PAN y el PRI, que presentaron una inclinación negativa. El PRI destaca como el partido peor evaluado, con un 54.74% de calificaciones negativas, frente a un 36.57% de valoraciones neutras y solo
un 8.70% positivas, evidenciando las tendencias más extremas entre todos los partidos. En el caso del
PAN, las calificaciones negativas (47.57%) no estuvieron tan alejadas de las neutras (46.29%), aunque
sus evaluaciones positivas también fueron mínimas (6.14%).
Figura 1. Valoraciones sobre los partidos políticos.

Nota: Fuente elaboración propia.

Es interesante observar que, a pesar de los bajos niveles de confianza y la percepción negativa
generalizada hacia el PRI, un 11.51% de los participantes lo consideraron el partido más importante
de México, ubicándolo en el segundo lugar, detrás de Morena, que obtuvo un 61.64%. MC ocupa el
tercer lugar, con un 10.74% considerándolo el partido de mayor relevancia. Estos resultados reflejan
no solo el dominio absoluto del partido presidencial, sino también la importancia histórica del PRI,
cuya influencia ha dejado huella a nivel regional y federal. Asimismo, destacan el rápido avance de
MC, que ha logrado superar a partidos de mayor tradición, como el PAN y el PRD.
Figura 2. Percepciones sobre Andrés Manuel López Obrador.

Nota: Fuente elaboración propia.

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En cuanto a si conocen a sus gobernantes y a cómo los perciben, se observó lo siguiente: sobre
el ex presidente de México, el 94.90% dijo que sí lo conocían, mientras que un 5.10% dijo que no.
Aunque la mayoría lo identificó por su nombre completo (Andrés Manuel López Obrador), algunos
solo lo logran identificar por sus iniciales (AMLO) y otros por sus apellidos (López Obrador). En
cuanto a la opinión que tienen sobre él, una gran parte de los encuestados lo valoró positivamente
pues consideran que es una persona de mucha confianza (37.93%), muy tolerante (37.67%), muy preparada (44.03%), que tiene muy buenas iniciativas (42.18%), perteneciente a un muy buen partido
político (35.81%) y, con mucho carisma (47.48%) (ver la Figura 2).
El porcentaje de encuestados que dijeron conocer a la Gobernadora Evelyn Cecia Salgado Pineda fue menor en comparación con el caso del presidente, siendo un 81.60% quienes dijeron que sí
y 18.40% dijeron no saber quién es la gobernadora de Guerrero. Solo el 14.23% la identificaron por
su nombre completo de manera correcta, mientras que los demás solo por su primer nombre y apellidos (Evelyn Salgado Pineda) o primer nombre y primer apellido (Evelyn Salgado). Esto posiblemente debido a la manera en que es nombrada en los medios de comunicación, donde regularmente
se omite su segundo nombre. Otras personas la identifican erróneamente con los dos apellidos de su
padre, Félix Salgado Macedonio, es decir, como “Evelyn Salgado Macedonio”. En cuanto a las características de confianza y honestidad, se tienen altos porcentajes en “nada” y “poco” (59.08% y 60.62%,
respectivamente), lo que indica una percepción negativa predominante en estos aspectos. En cuanto
a su tolerancia y preparación, se tiene una percepción más positiva, pues indican estar algo de acuerdo
con tales características en un 43.08% y 39.38%, respectivamente (ver la Figura 3).
Figura 3. Percepciones sobre Evelyn Cecia Salgado Pineda.

Nota: Fuente elaboración propia.

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En el nivel de gobierno local, el 77.00% dijo que sí conocía a la entonces alcaldesa, Norma
Otilia Hernández Martínez, y el 23.00% dijo que no. El 16.09% la identificaron con su nombre completo mientras que la mayoría solamente como Norma Otilia. Otras personas la identifican por algunos sobrenombres que se han difundido en los medios de comunicación como el caso de Lady pachangas (de Dios Palma, 2023). Los resultados evidenciaron que las valoraciones registradas para
Hernández fueron en su mayoría negativas, posiblemente por los diferentes episodios de violencia
que se experimentaron durante su gobierno, aunado a la controversia “por los presuntos vínculos con
la delincuencia organizada después de haberse reunido con el líder de Los Ardillos, uno de los grupos
criminales que controla el estado de Guerrero” (El País, 2023, p. 1).
Finalmente, en el nivel de barrio o colonia, la mayoría no identificó a quien o quienes encabezan el comité de su entorno cercano (83.90%) y solo el 16.10% sí lo hizo.
Participación política
Una de las tantas preocupaciones radica en hacer que la ciudadanía se interese en lo que sucede en sus entornos, desde lo local hasta otros niveles más generales. Los resultados evidencian que
el interés en la política es relativamente equilibrado en los niveles de país, estado y ciudad, con una
leve disminución en el nivel de barrio o colonia, donde se incrementa el porcentaje de quienes no
tienen ningún interés (ver la Figura 4).
Figura 4. Interés en temas de política en distintos niveles territoriales.

Nota: Fuente elaboración propia.

La encuesta proporcionó información valiosa sobre la participación electoral, es decir, de la
experiencia, la intención de voto y la percepción del ejercicio de este derecho por las y los jóvenes
encuestados. Así, el 61.10% dijo que ya había ejercido su voto anteriormente, mientras que el 38.90%
dijo que aún no contaba con esa experiencia. Sobre si pensaban ejercer su derecho en las elecciones
de 2024, el 76.70% dijo que sí, el 6.20% dijo no y el 17.10% dijo que todavía no sabía. Respecto a si
estaban de acuerdo en que el voto sirve para tener un mejor gobierno, el 20.50% dijo estar muy de

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acuerdo, el 47.30% algo de acuerdo, el 24.30% poco de acuerdo, el 1.00% en algo desacuerdo, el 6.60%
en desacuerdo y el 0.30% muy en desacuerdo.
Medios de comunicación e información
En la era digital, la participación mediática y el uso de redes sociales han transformado la
forma en que las personas jóvenes se involucran en la política y en la sociedad. Este fenómeno es
particularmente relevante en el contexto mexicano, donde la población joven ha adoptado estas herramientas no solo para informarse, sino también para movilizarse y expresar sus opiniones de manera efectiva. Ante esto, la encuesta reveló que como medio preferido para abordar temas de política
se utilizan los siguientes: Facebook (19.95%), Tik tok (19.18%), WhatsApp (18.67%), Televisión
(13.55%), Instagram (7.16%), Portales o blogs de noticias en internet (5.88%), Youtube (5.37%), Periódicos impresos (3.58%), Radio (3.32%) y Telegram (3.32%).
Y sobre si consideran que la información presentada en estos es suficiente para que la ciudadanía pueda tomar una decisión crítica y reflexionada el día de las elecciones, se observó una percepción mixta, puesto que la mayoría afirma estar “algo de acuerdo” con que los medios y las redes sociales son vistos como fuentes importantes de la información electoral (49.10%). La significativa proporción de personas encuestadas (37.6%) que está en desacuerdo ya sea en menor o mayor grado,
subraya la existencia de una preocupación considerable sobre la calidad e imparcialidad de la información disponible. La desconfianza en la información mediática tiene implicaciones importantes
para la participación ciudadana y la calidad del proceso electoral. La percepción de insuficiencia informativa puede llevar a decisiones menos fundamentadas y, potencialmente, a una menor participación electoral. Además, resalta la necesidad de mejorar la alfabetización mediática y promover fuentes
de información más transparentes y confiables.
Figura 5. Percepciones sobre la capacidad de los medios de comunicación para influir al momento
de ejercer el voto.

Nota: Fuente elaboración propia.

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Al preguntar acerca de si la información presentada en estos medios podría influir en su voto
para las candidaturas presidenciales, se evidenció una influencia considerable en la toma de decisiones (ver la Figura 5). El conjunto entre quienes están muy de acuerdo (24.30%) y quienes están algo
de acuerdo (47.30%) indica que la mayoría de las personas encuestadas reconoce la influencia de
estos medios en su comportamiento electoral. Ante esto, un desafío importante es la propagación de
desinformación y noticias falsas, que pueden distorsionar la percepción pública y llevar a decisiones
de voto mal informado. Además, la polarización del discurso en las redes sociales puede exacerbar las
divisiones y dificultar un debate político constructivo.
Precandidaturas en el marco del proceso electoral 2023-2024
Sobre las precandidaturas perfiladas para el momento en que se aplicaron las encuestas, fue
Claudia Sheinbaum quien tuvo mayor un número de personas que ya la identificaban (74.90%), seguida por Samuel García (63.90%) y Xóchitl Gálvez (58.10%). La característica que más se percibió
de Claudia Sheinbaum fue su preparación, en los demás rubros tuvo buena aceptación con tendencia
más hacia lo positivo (ver la Figura 6).
Figura 6. Percepciones sobre la imagen Claudia Sheinbaum Pardo.

Nota: Fuente elaboración propia.

Al contrario de la candidata ganadora, Xóchitl Gálvez no tuvo tan buena evaluación (ver la
Figura 7), pues la mayoría contestó que, en los rubros de confianza, honestidad, tolerancia, justicia,
preparación, carisma, propuestas y partido, no cumplía para nada, por lo tanto, la tendencia de su
evaluación fue más hacia lo negativo.

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Figura 7. Percepciones sobre la imagen de Bertha Xóchitl Gálvez Ruíz.

Nota: Fuente elaboración propia.

A partir de la trayectoria política y especialmente por su presencia en las redes sociales, Samuel García, quien para ese momento todavía se perfilaba para participar en las elecciones, fue considerado por un 49.20% de las personas encuestadas como una persona carismática. Además, se distinguió por ser considerado con algo (33.6%) y con mucha preparación (36.8%). Destacó positivamente por percibirse como un contendiente con buenas propuestas y ser tolerante, a lo que se suma
una opinión buena en relación con la honestidad, confianza, justicia y pertenecer a un buen partido
(ver la Figura 8).
Figura 8. Percepciones sobre la imagen de Samuel Alejandro García Sepúlveda.

Nota: Fuente elaboración propia.

Al preguntarles sobre quién creían que ganaría si en ese momento fueran las elecciones, la
mayoría, es decir, el 52.94% dijo que Claudia Sheinbaum. El 25.32% dijo que no sabía o prefirió no
responder, mientras que el 20.46% pensó en Samuel García y solo el 1.28% dijo que Xóchitl Gálvez.
Esto muestra un amplio margen de la candidata morenista que resultó ganadora sobre los demás
candidatos, lo que sugiere que, temprano en el proceso, logró un fuerte posicionamiento y reconocimiento entre votantes. Por otro lado, una cuarta parte de los encuestados optó por no mostrar una

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preferencia clara, destaca la incertidumbre o desinterés y deja ver también la volatilidad del voto y la
importancia de la estrategia de los candidatos para atraer a estos electores.
Otro resultado interesante fue que, aunque mediáticamente la competencia directa fue entre
Claudia y Xóchitl, en esta encuesta, era Samuel García quien se colocaba como principal contrincante
para Sheinbaum. En cuanto a Gálvez, se observó como una candidata con un respaldo extremadamente limitado en comparación con los demás. Finalmente, las personas encuestadas dijeron que las
principales razones para votar por alguien se decidirían a partir de las propuestas, honestidad, trayectoria profesional, antecedentes, apoyos que brindarían a la ciudadanía, entre otras cosas.

Discusión
Los hallazgos de la presente investigación evidencian una profunda fractura entre el ideal democrático y su realización concreta en el contexto reciente. Las y los jóvenes universitarios de Chilpancingo
que integran la comunidad de la Universidad Autónoma de Guerrero demuestran un conocimiento
elevado del concepto de democracia (96.90%), pero también un escepticismo generalizado sobre su
funcionamiento actual (60.10% de insatisfacción), lo cual revela un serio problema que afecta a los
actores fundamentales del sistema democrático y se entiende por los participantes como una crisis
democrática. No obstante, conviene reflexionar muy bien esta percepción, ya que más que una ruptura terminal del régimen, los datos sugieren un nivel de fatiga democrática, entendida como el desgaste ciudadano frente a la ineficacia percibida de las instituciones y la falta de resultados tangibles,
lo que ha mermado el entusiasmo, el compromiso y la confianza en el sistema democrático (Sarsfield
&amp; Aguilar, 2024). Esta fatiga se expresa como desapego y frustración, más que como una renuncia
consciente al régimen democrático o crisis, y se vincula estrechamente con la desconfianza institucional.
La forma en que las y los jóvenes estudiantes de la UAGro definen la democracia también es
relevante. A diferencia de concepciones puramente procedimentales, como las que plantean Bobbio
(1986) o Sartori (1993), las personas encuestadas ofrecieron definiciones que destacan el carácter
participativo y activo del concepto, con respuestas que apuntan a una apropiación crítica del término,
donde la democracia no solo se entiende como una serie de reglas para elegir representantes, sino
como una práctica viva en la que el pueblo debe tener un rol decisivo y constante. Así, aun cuando su
visión se alinea con los principios mínimos del modelo democrático (Bobbio, 1986), su expectativa
excede lo formal e incorpora una dimensión ética, tal como sugiere Sartori (1993), quien advierte que
la democracia no puede desligarse de aquello que debería ser.
En este contexto, la desconfianza institucional se erige como un síntoma clave de esta fatiga.
Uno de los datos más contundentes es la erosión de confianza en el INE, heredero del extinto Instituto
Federal Electoral (IFE). Mientras que en estudios anteriores como los reportados por Mendizábal y
Moreno (2010) los niveles de confianza en el entonces IFE se mantenían por encima del 60% entre
2005 y 2006, en la actualidad esta confianza parece haberse erosionado de forma considerable: el

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78.6% de las personas encuestadas en este estudio expresó no confiar en el INE. Este deterioro no
solo refleja una percepción negativa sobre su imparcialidad y eficacia, sino también una deslegitimación simbólica del órgano encargado de garantizar la equidad y transparencia de los procesos electorales. Desde una perspectiva teórica, este fenómeno puede explicarse por el enfoque racional de la
desconfianza institucional (Pérez Verduzco &amp; Tapia Muro, 2018), que indica que ésta se origina
cuando las instituciones no logran representar adecuadamente los intereses de la ciudadanía o responder de manera eficaz a sus demandas, debilitando así su legitimidad. En este sentido, la desconfianza no es irracional ni producto del desinterés, sino una evaluación crítica del desempeño institucional.
Lo mismo puede observarse respecto a los partidos políticos tradicionales. En el año 2006,
de acuerdo con Moreno (2010, citado en Mendizábal &amp; Moreno, 2010), la ciudadanía mostraba una
actitud ambivalente: “el 76% creía que los partidos políticos «solo sirven para dividir a la gente», pero
al mismo tiempo el 71% reconocía que «sin partidos políticos no puede haber democracia»” (p. 228).
En contraste, los resultados de esta investigación muestran una desafección mucho más marcada.
Aunque Morena obtiene el mayor nivel de confianza entre los encuestados (37.30%), los partidos tradicionales como el PRI y el PAN presentan valoraciones mayoritariamente negativas, y un 27.10% de
las personas encuestadas manifiesta no confiar en ningún partido. Este dato es especialmente revelador, pues apunta a un rechazo transversal hacia el sistema partidista como tal, más allá de filiaciones
ideológicas o generacionales.
La percepción sobre los gobernantes refuerza esta tendencia. Si bien el expresidente Andrés
Manuel López Obrador recibió valoraciones mayoritariamente positivas, las autoridades estatales y
municipales, como la gobernadora Evelyn Salgado y la exalcaldesa Norma Otilia Hernández, fueron
evaluadas de manera negativa, lo que sugiere una ruptura de confianza especialmente acentuada en
los niveles de gobierno más cercanos al entorno inmediato de las y los jóvenes. Este patrón de crítica
descendente pone en evidencia una mayor exigencia ciudadana hacia quienes ejercen el poder en
contextos locales, y una desilusión ante la falta de resultados tangibles.
Por otra parte, la valoración de las figuras que se perfilaban como principales en las precandidaturas presidenciales en el momento del levantamiento del estudio arroja datos que ayudan a explicar el comportamiento electoral juvenil. Claudia Sheinbaum logró el mayor reconocimiento y valoración positiva entre los encuestados, lo que se reflejó posteriormente en su victoria electoral. Samuel García, con una imagen más fresca y conectada con las redes sociales, también se posicionó
favorablemente entre el electorado joven, mientras que Xóchitl Gálvez fue percibida con mayor distancia y escepticismo.
En cuanto al ejercicio del voto, los datos también invitan a una reflexión crítica. Aunque se
reportó una alta intención de voto (76.70%), al finalizar la jornada electoral de junio de 2024 se observó una brecha significativa entre esa disposición declarada y la participación real: a nivel estatal,
solo el 47.35% de los jóvenes de entre 18 y 29 años acudió a votar, y en el distrito electoral 07, correspondiente a Chilpancingo de los Bravo, la cifra fue aún menor, con apenas un 43.93%. Dentro de este

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segmento destacaron los jóvenes de 18 años, quienes votaban por primera vez, como el grupo con
mayor nivel de participación (56.80% a nivel estatal y 53.70% a nivel distrital) (Comisión de Organización Electoral, 2024). Esta diferencia entre actitud e incidencia efectiva pone en evidencia la complejidad de los factores que condicionan la acción política juvenil: la desconfianza institucional, el
desencanto con las opciones políticas, la falta de condiciones materiales o el acceso limitado a información clara y confiable.
Así mismo, las redes socio digitales, por su parte, cumplen una doble función en este escenario. Por un lado, se consolidan como las principales fuentes de información política entre este sector;
por otro, se reconoce su influencia directa en la formación de opinión y en la intención de voto. No
obstante, también existe una preocupación generalizada sobre la calidad de la información que circula
en estos espacios, lo cual refuerza la necesidad de impulsar procesos de alfabetización mediática que
permitan a las y los jóvenes ejercer su ciudadanía digital de forma crítica y reflexiva.

Conclusión
Esta investigación cumplió con el objetivo de analizar las percepciones sobre la democracia, la confianza institucional y la participación política de jóvenes universitarios en Chilpancingo, Guerrero,
durante el periodo de precampañas en el marco del proceso electoral 2023–2024. A partir de una
encuesta aplicada a estudiantes de la Universidad Autónoma de Guerrero se logró identificar un alto
grado de conocimiento sobre nociones políticas, así como percepciones críticas sobre el funcionamiento de la democracia, los actores políticos y las instituciones encargadas de velar por el proceso
electoral.
Los resultados muestran que, si bien existe una valoración positiva hacia la democracia como
principio, persiste un desencanto significativo con su ejercicio práctico. La desconfianza hacia el INE
y los partidos políticos tradicionales evidencia una interpelación directa a las instituciones del sistema
democrático. Aunque Morena y MC lograron posicionarse como las opciones mejor valoradas, también se detectó un amplio sector juvenil que no confía en ningún partido, lo cual refleja una ruptura
más profunda entre ciudadanía y representación política.
Un dato relevante fue la alta intención de voto declarada por las personas encuestadas, que
contrastó con los niveles reales de participación al cierre de la jornada electoral. Esta brecha entre
actitud y acción pone en evidencia la complejidad de los factores que inhiben la participación política,
como la desconfianza institucional, la falta de opciones atractivas o las condiciones sociales que dificultan el ejercicio del derecho al voto.
A pesar de ello, la juventud universitaria no es indiferente a la política; por el contrario, se
configura como un sector crítico, informado y con disposición a incidir en los asuntos públicos. Su
participación, aunque aún limitada, representa una oportunidad para revitalizar la democracia desde
lo local. Es necesario, por tanto, generar condiciones que fortalezcan su confianza, promuevan su

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formación cívica y abran canales efectivos de interlocución entre las instituciones y este sector estratégico.
El futuro de la democracia en México y en ciudades como Chilpancingo dependerá, en gran
medida, de la capacidad del sistema para responder a las exigencias de estos nuevos actores políticos,
que ya no se conforman con votar, sino que demandan representación real, transparencia y justicia
social.

Declaración de conflicto de intereses
La autora y los autores no informaron ningún posible conflicto de intereses.

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��Cubrimiento mediático de sentencias de los tribunales
constitucionales colombiano y mexicano sobre el derecho al
libre desarrollo de la personalidad
Media Coverage of Constitutional Court Rulings from Colombia and Mexico on the Right to Free Development of Personality

Ángela Margoth Bacca Mejía

Óscar Alí Nava García

Universidad Nacional Autónoma de México
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Orcid https://orcid.org/0000-0002-0884-6081
amargoth@politicas.unam.mx

Universidad Nacional Autónoma de México
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Orcid https://orcid.org/0009-0009-5663-1542
oscar.ng20@politicas.unam.mx

Resumen: En este artículo analizamos el cubrimiento mediático de las sentencias de las cortes constitucionales de Colombia y México referidas al derecho al libre desarrollo de la personalidad, consagrado en Colombia con la Constitución de 1991 y
en México a partir de los fallos de la Suprema Corte en la primera década del siglo XXI. Nuestro interés es dar cuenta de qué
informan los medios de lo que deciden los tribunales y los insumos con los que cuentan las personas para comprender los
derechos. Rastreamos notas de prensa que aludían a dichas sentencias en periódicos de ambos países y construimos una base
de datos que procesamos con el software NVivo. Encontramos que, a pesar de la variedad de materias abordadas en las sentencias, en México la atención de los medios se volcó a aquellas referidas al consumo de marihuana, mientras que en Colombia
el cubrimiento fue un poco más equilibrado y se prestó atención a varias materias como la apariencia personal (sobre todo en
el ámbito escolar) y la discriminación por orientación sexual. En ambos casos parece comprobarse lo que ha señalado la literatura especializada en el sentido de que los medios prestan atención a dramas en desarrollo, si bien hay otros aspectos a
considerar.

Palabras clave:

Derecho al libre desarrollo de la personalidad, difusión de derechos, tribunales constitucionales, con-

sumo de marihuana, derechos de población LGBTIQ

Abstract: In this article we analyze the media coverage of the rulings of the constitutional courts of Colombia and Mexico
regarding the right to free development of personality, enshrined in Colombia with the 1991 Constitution and in Mexico based
on the rulings of the Supreme Court in the first decade of the 21st century. Our interest is to account for what the media reports
on what the courts decide and the inputs that people have to understand the rights. We tracked press releases that alluded to
these rulings in newspapers of both countries and built a database that we processed with the NVivo software. We found that,
despite the variety of subjects addressed in the rulings, in Mexico the media's attention was focused on those referring to
marijuana use, while in Colombia the coverage was a little more balanced and attention was paid to various subjects such as
personal appearance (especially in the school institutions) and discrimination based on sexual orientation. In both cases, wh at
has been pointed out in the specialized literature seems to be confirmed, in the sense that the media pay attention to unfolding
dramas, although there are other aspects to consider.

Keywords: Right to free development of personality, dissemination of rights, constitutional courts, marijuana use, rights
of the LGBTIQ population
Fecha de recepción: 26/02/2024
Fecha de aprobación: 30/06/2025
Fecha de publicación: 22/07/2025

Cómo citar este artículo / How to cite this paper:

Bacca Mejía, A. M., &amp; Nava García, O. A. (2025).
Cubrimiento mediático de sentencias de los tribunales constitucionales colombiano y mexicano sobre el derecho al libre desarrollo de la personalidad. Revista de Comunicación Política, 7, e250704. https://doi.org/10.29105/rcp.v7i1.72

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�Cubrimiento mediático de sentencias de los tribunales constitucionales…

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Introducción
En las últimas décadas, las altas cortes —aquellas que ejercen labores de control constitucional— han
adquirido una mayor relevancia en los países latinoamericanos; abundan las publicaciones especializadas en la materia planteando que la gente recurre cada vez más a tales instancias para hacer valer
sus derechos. ¿Cómo se enteran las personas comunes y corrientes de lo que hacen los tribunales y
de que pueden proteger sus derechos? ¿Qué conductas específicas amparan los derechos, sobre todo
aquellos de reciente incorporación en los ordenamientos jurídicos? Puede haber diversas vías, entre
ellas, lo que informan los medios sobre lo que hacen los tribunales y lo que dicen sobre lo que la gente
reclama ante ellos. Por ejemplo, veamos los siguientes titulares de periódicos colombianos: “Escolares
embarazadas no deben ser expulsadas: Corte”, “Corte autoriza a Carlos llamarse Pamela Montaño”.
Y un par de medios mexicanos: “Corte aprueba que personas con ‘discapacidad intelectual’ tomen sus
decisiones”, “Avala la Corte el uso lúdico de mariguana”. Son titulares de notas que informan de sentencias de la Corte Constitucional de Colombia (CCC) y de la Suprema Corte de Justicia de la Nación
(SCJN) de México referidas al derecho al libre desarrollo de la personalidad (DLDP). De esto trata
este artículo.
El DLDP es un derecho que se introdujo por primera vez en el constitucionalismo alemán de
la segunda posguerra (Schwabe, 2009) y, más recientemente, en los países latinoamericanos. En el
caso mexicano, este derecho no se enuncia de manera expresa en la Constitución Política y fue incorporado al orden jurídico a través de la jurisprudencia de la SCJN, en el marco del proceso más amplio
de afianzamiento de los derechos humanos en el país. Aquí, los medios de comunicación adquieren
gran centralidad para la difusión del derecho, su conocimiento y apropiación por parte la población.
En el caso de Colombia, donde el DLDP, junto con un amplio catálogo de derechos fundamentales,
fue incluido en la Constitución promulgada en 1991 y conocido pronto por la sociedad (Bacca Mejía,
2022), la prensa tiene un papel importante para que la gente sepa de qué manera el tribunal constitucional está invocando el DLDP, en qué casos, y qué conductas y sectores de la población protege.
Por esta vía buscamos acercarnos a la cuestión del papel que tienen los medios para que se conozcan
y difundan los derechos, de cómo contribuyen a formar una conciencia pública en torno a estos
(Heinze, 2011) y a los tribunales.
El artículo presenta un análisis comparado del cubrimiento que le dieron algunos medios de
comunicación a las sentencias de los tribunales constitucionales de Colombia y México referidas al
DLDP. Se mostrará que no todas las materias abordadas por los tribunales tuvieron la misma atención
por parte de los periódicos seleccionados y, en el caso de México, la mayor cobertura a las sentencias
de la Corte y las mayores referencias al DLDP se hicieron en torno a los amparos relacionados con el
consumo de marihuana; en el caso de Colombia, se abordaron de manera más equilibrada las diversas
materias, pero hubo dos que destacaron: las sentencias referidas a la apariencia personal y a la discriminación por orientación sexual. Antes de detallar los hallazgos centrales de la revisión de los medios, hacemos algunas precisiones sobre el fortalecimiento de los tribunales en los dos países, la incorporación del DLDP y cómo entendemos el papel de los medios; luego presentamos la metodología

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�Ángela Margoth Bacca Mejía y Óscar Alí Nava García

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para enseguida presentar los hallazgos de manera separada para cada caso. Para terminar, hacemos
un análisis comparado y desarrollamos la conclusión.

Centralidad de los tribunales constitucionales, la agenda de
derechos humanos y la importancia del cubrimiento de la
prensa
El fortalecimiento del poder judicial y las altas cortes en la región se ha dado por diferentes vías. En
el caso de Colombia, si bien la Corte Suprema de Justicia ejerció labores de control constitucional a
lo largo del siglo XX (Cajas Sarria, 2014), será a partir de 1991, en el marco de la promulgación de la
nueva constitución, con la incorporación de una amplia carta de derechos y la creación de la CCC, que
se fortalecerá y afianzará dicha función de control con respecto a la garantía y defensa de los derechos
humanos (Uprimny &amp; García Villegas, 2002). En el caso de México, la SCJN empezó a desarrollar
labores propias de un tribunal constitucional a partir de las reformas introducidas en la década de
1990 y será en el transcurso de la primera década del siglo XXI que empiece a ocuparse de manera
consistente de cuestiones de derechos humanos (Fix-Fierro, 2020); esto se vio reforzado con la reforma de 2011 con la cual los derechos humanos adquieren rango constitucional, dándole entrada al
andamiaje jurídico internacional en la materia1.
En los dos países, entonces, durante las últimas décadas se han fortalecido las altas cortes en
su función de control constitucional y de garantes de los derechos humanos, proceso que se describe
en términos de judicialización de la política (Sieder et al., 2011) y es en este contexto que se ha incorporado y afianzado, también, el DLDP. En México lo empezó a invocar la SCJN en sus sentencias a
partir de 2009 (Alterio, 2019), y lo incorporó al orden jurídico mexicano en 2015 a partir de su jurisprudencia (Bacca Mejía, 2022). En el caso de Colombia, el DLDP se consagró en la Constitución de
1991, en el artículo 16; y por su parte, la Corte empezó desde 1992 a responder demandas (acciones
de tutela) en las que se le invoca y, a través de sus fallos, a delinear los alcances de este derecho.
La mayor relevancia de los tribunales constitucionales y la creciente atención a los derechos
humanos se evidencia también en la cobertura más amplia de los medios. El análisis que hacemos de
cómo algunos de los medios de mayor circulación nacional en los dos países han informado sobre las
sentencias de los tribunales constitucionales en torno al DLDP busca comprender el ejercicio de mediación e interpretación que aquellos realizan para informar y explicar las decisiones de los tribunales, en tanto deciden qué y cómo informar los acontecimientos (González Reyna, 2010, p. 99).
Ese proceso de mediación en el caso de las sentencias reviste una complejidad mayor derivada
del carácter del lenguaje jurídico, más especializado que el lenguaje común, la referencia al marco y
1

La reforma consistió en la modificación de 11 artículos de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM), incluyendo la del artículo 1 en el que se estableció que los derechos de los que goza la población
son los reconocidos en la CPEUM (en la que antes se hablaba de garantías) y los tratados internacionales sobre
derechos humanos firmados por México (Carbonell &amp; Salazar, 2011).

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�Cubrimiento mediático de sentencias de los tribunales constitucionales…

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los procedimientos legales no necesariamente conocidos y comprendidos por la población en general,
y la extensión de las sentencias (pueden ser de cientos de páginas), por mencionar algunos aspectos.
Partiendo de que los medios no son simples correas de transmisión, nos planteamos la pregunta
acerca de por qué les dan mayor cubrimiento a unas temáticas y no a otras, qué consideran noticia y
qué no. Harcup y O’Neill (2017) han identificado diversos requerimientos que hacen que algo sea
noticia; uno de ellos es que lo que se reporta sean historias sobre un drama en desarrollo, y aquí
ubican los casos judiciales (court cases), junto con accidentes, rescates y otros. Veremos que, en
efecto, algunos de los temas que más cubrimiento tuvieron por parte de los dos países se ajustan a
este requerimiento, pero que también tienen otras características.

Metodología
El artículo se basa en los resultados de una investigación realizada entre 2020 y 20212 que analizó de
forma comparada las sentencias producidas por la Corte Constitucional de Colombia y la Suprema
Corte de Justicia de la Nación de México en torno al DLDP (Bacca Mejía, 2022) y la manera como los
medios de comunicación informaron sobre ellas. La revisión de prensa en cada país estuvo determinada por la temporalidad de las sentencias producidas por cada tribunal: según las fechas de publicación de los fallos, los días en que los tribunales sesionaron y votaron las resoluciones, y también por
las materias que se abordaban en ellas. No era posible hacer la búsqueda en medios solamente a través
de los nombres de las sentencias porque estos no siempre eran incluidos, se hablaba en términos poco
precisos o genéricos (por ejemplo: “el nuevo fallo” o “la sentencia del tribunal”); y también porque
podía ocurrir que en una misma nota de prensa se hablara de más de una sentencia. Dado que la
investigación se desarrolló durante la pandemia de COVID-19, la consulta en medios se realizó a través de sus portales digitales. El abordaje metodológico fue mixto, pues a partir de esta base de datos
realizada en Excel generamos tablas de frecuencia de las materias abordadas3, centrales para el análisis posterior del corpus con un enfoque más cualitativo.
La selección de los medios revisados en los dos países se hizo buscando incluir medios de
circulación nacional —aunque más bien habría que decir “de referencia nacional y [que] tienen mayor
resonancia que la prensa local” (García Rubio, 2013, p. 81)— y publicación diaria. En el caso de Colombia sólo dos periódicos impresos (con sus respectivos portales digitales) responden a este criterio:
El Tiempo y El Espectador, ambos con un siglo o más de haber sido fundados en Bogotá, la capital
2

La investigación IA302920 “El derecho al libre desarrollo de la personalidad y procesos de individualización
en México y Colombia: entre las transformaciones jurídicas y los cambios sociales” fue realizada gracias al financiamiento de la Dirección General de Asuntos del Personal Académico (DGAPA) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el marco del Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica (PAPIIT). La autora y el autor fungieron, la primera como directora y responsable del proyecto y el
segundo como becario del proyecto durante sus dos años de duración.
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A partir de la revisión sistemática de las sentencias relativas al DLDP emitidas por los tribunales de los países,
en el marco de la investigación referida, identificamos 48 materias o temáticas abordadas en dichos fallos para
el caso colombiano, mientras que las resoluciones de la SCJN en México se concentraron en 16 materias. La razón
del diferencial en el número de materias las explicamos más adelante en el apartado de resultados.

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del país; adicionalmente, se incluyó en la revisión la revista Semana, que sólo circula el fin de semana,
pero que, a pesar de no tener una publicación diaria, es de amplia circulación y referencia a nivel
nacional. En el caso de México, hay una mayor cantidad de medios que responden a los criterios señalados y, por ello, se buscó que hubiera variedad en cuanto a la línea editorial: El Universal, fundado
en la segunda década del siglo XX y uno de los de mayor circulación en el país; El Financiero, La
Jornada y Reforma, fundados en las últimas décadas del siglo XX. Respecto a la orientación política
de los medios, Rodelo y Muñiz (2017), apoyándose en una revisión de varios estudios, ubican a El
Financiero y Reforma en el espectro ideológico de la derecha, mientras que a La Jornada en el de la
izquierda y El Universal en el centro. Incluimos, además, el medio independiente nativo digital Animal Político para dar cuenta de la fuerza que han tomado en los últimos años este tipo de plataformas.
El objetivo de la revisión era ver qué y cómo comunicaban los medios acerca de las sentencias identificadas previamente, qué información proveían en particular sobre el DLDP, las personas que eran
amparadas por los fallos de los tribunales y las conductas protegidas o autorizadas por ellos.
Se consolidó una base de datos en la que, además de los datos básicos de captura (fecha de
emisión, medio, url, autoría), se recuperaron los titulares de las notas de prensa seleccionadas y se
detallaron la sentencia o sentencias a las que hacían referencia, las materias abordadas, un breve resumen de la noticia, los actores a los que hacían referencia (centrando la atención especialmente en
quiénes eran los demandantes), si se mencionaba de forma explícita el DLDP y si eran referidos otros
derechos relacionados. Se consolidó una base de datos conformada por un total de 454 notas de
prensa, 144 para el caso de Colombia y 310 para el de México; esta desproporción se explica por lo
señalado atrás acerca del mayor número de medios existentes en México, a diferencia del caso de
Colombia, y por el inmenso interés que generaron las sentencias referidas al consumo lúdico de marihuana, como lo mostramos más adelante.
Después de terminar la revisión de los medios seleccionados y con la base de datos consolidada procedimos al análisis de contenido apoyándonos en el software NVivo; definimos cuatro categorías descriptivas para llevar a cabo la codificación: 1) DLDP (qué se decía del derecho, cómo se lo
explicaba y si se señalaba dónde estaba consagrado); 2) demandantes (cómo se nombraba a las personas que interponían las demandas —amparos en México y tutelas en Colombia—, qué información
se daba de ellas, cómo eran descritas y valoradas); 3) conductas amparadas (cómo se las describía y
cómo se las valoraba); y 4) tribunales (qué información se daba de ellos y de sus integrantes y si se
detallaba el contenido y alcance de las sentencias).
Como se observa, el énfasis estuvo puesto en analizar, por un lado, qué información proveían
las notas de prensa sobre el DLDP, las personas que demandaban para proteger sus derechos, las
conductas amparadas y las sentencias producidas por los tribunales; por otro lado, cuáles eran las
valoraciones expresadas en torno a todos ellos. La premisa que orientó el análisis es que a partir del
tratamiento que dan los medios a estos temas es que algunos sectores de la sociedad conocerán el
DLDP, qué y a quiénes protege, y estarán en condiciones o no de comprenderlo, apropiarlo y ejercerlo.
La comprensión del derecho está mediada por los énfasis de los medios, la relevancia que le conceden

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a un suceso a partir del cual consideran que puede producir una noticia. Como veremos a continuación, no todas las sentencias de los tribunales sobre el DLDP fueron consideradas lo suficientemente
relevantes como para convertirlas en noticias y algunas se mantuvieron con este carácter por más
tiempo que otras; entonces, en palabras de Califano (2015), los medios “otorgan un carácter público
a ciertos acontecimientos y pueden construir nuevas realidades a partir de su difusión” (p. 67).
El caso de Colombia
De los tres medios revisados en el caso colombiano, El Tiempo fue el periódico que mayor
cubrimiento dio a las sentencias de la CCC, sumando 91 notas, seguido por El Espectador, con 43, y
la Revista Semana, con 10, destacando que la publicación de este último medio es semanal. En total,
los tres medios suman 144 notas periodísticas. En la Figura 1 se puede visibilizar la cobertura por cada
medio, así como las variaciones de ésta a lo largo del tiempo.
Figura 1. Notas publicadas por medio de comunicación en Colombia.

Nota: Fuente elaboración propia.

El Tiempo, además de ser el medio del que se recuperaron más notas, es del cual se encontraron los registros digitales más antiguos, con notas publicadas desde 1992. En cambio, la nota más
antigua publicada por la revista Semana relacionada con la CCC y el DLDP data de 2002, mientras
que la equivalente de El Espectador es de 2008, porque las publicaciones previas a ese año no estaban
disponibles en su portal digital. Esta es una limitación importante del trabajo que hay que tener en
cuenta; no obstante, también hay que señalar que entre 2000 y 2008 el periódico tuvo una circulación
semanal, en lugar de diaria, por lo que el volumen de noticias en ese periodo sería, en todo caso,

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necesariamente menor. Por otra parte, el cubrimiento de Semana es bastante bajo en comparación al
de los otros dos en razón de la periodicidad de su publicación. Sobre este medio vale decir que la
mayor parte de sus notas (7 de 10) se enfocaron en temáticas relacionadas con la identidad de género,
la discriminación por orientación sexual o con las sanciones disciplinarias dirigidas a personas homosexuales en ámbitos como el Ejército o la Armada colombianos.
La revisión de prensa colombiana abarcó un periodo de 29 años, es decir, de 1992 a 2021; el
inicio del periodo de revisión es muy anterior al caso mexicano por la consagración del DLDP en la
Constitución de 1991 y que la CCC empezó a resolver recursos en los que se invocaba este derecho
desde 1992. En ese periodo identificamos cuatro momentos en los que los medios de comunicación
publicaron una mayor cantidad de notas de prensa respecto a las sentencias de la CCC sobre el DLDP,
como se puede observar en la Figura 2.
Figura 2. Frecuencia de notas de prensa para el caso de Colombia.

Nota: Fuente elaboración propia.

En dos de los cuatro momentos en los que hubo un mayor cubrimiento, 1998 y 2013, se incluyen notas sobre diversas materias, sin que ninguna sobresalga de forma notoria; en el caso del pico
de 2007, todas las notas fueron con respecto a la discriminación por orientación sexual. En el último
pico, que abarca 2016 y 2017, también se abordan diversas materias, pero sobresale un tema particular: la apariencia personal, con 14 notas.
La Figura 3 muestra que la temática que mayor cubrimiento tuvo por parte de los medios de
comunicación colombianos seleccionados fue apariencia personal, con 30 notas (20.83%), seguida de
discriminación por orientación sexual, con 24 notas (16.66%); son cerca de doce materias las que más
cubrimiento mediático tuvieron, de 24 que abordaron los medios en total. Éstas son muchas menos

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materias que las abordadas por el tribunal colombiano en las sentencias sobre DLDP, que llegaron a
52, lo que indica que cerca de la mitad de dichas materias no recibieron cobertura periodística.
Figura 3. Comparación del número de notas por materia para el caso de Colombia.

Nota: Fuente elaboración propia.

A continuación, detallamos lo que encontramos en el caso colombiano con respecto a la información que se da en torno al DLDP. Para comenzar, hay que señalar que en el 50.69% de las notas
de prensa se menciona explícitamente el DLDP. Esto es algo significativo porque se da cuenta del
fundamento jurídico de los comportamientos que se protegen; además, hay notas que refieren con
puntualidad al artículo 16 de la Constitución de 1991 en el que se consagra el DLDP y otras que señalan
que el derecho está incluido en la Constitución, aunque no mencionen el número del artículo; dicha
mención en las notas, por lo general, está asociada a que la CCC remite de manera expresa a él en sus
sentencias, así que se usan expresiones como que el tribunal “recalcó” lo que dice este artículo o basó
su fallo en él, por ejemplo: “El documento [la sentencia] insiste en que el artículo 16 de la Constitución

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Política de Colombia protege la capacidad de las personas para definir, en forma autónoma, las opciones vitales que guiarán el curso de su existencia” (Con tutela, joven transexual pide ir en falda al
colegio, 2014).
Por lo demás, en las notas se detalla lo argumentado por el tribunal en sus fallos, ya sea haciendo citas textuales o paráfrasis:
[…] el cambio de nombre está amparado por los derechos al libre desarrollo de la personalidad y a la expresión de la individualidad. A juicio de la Corte, todo individuo, a su libre arbitrio, puede determinar su propio nombre, así éste, para los demás, tenga una expresión distinta de la del común uso […] Debe anotarse, advirtió la corporación, que la persona humana,
en virtud de su autonomía, tiene derecho a fijar su identidad personal, la cual corresponde a
su modo de ser, siempre y cuando no altere el orden jurídico; todo ello en virtud del libre
desarrollo de la personalidad. (Corte autoriza a Carlos llamarse Pamela Montaño, 1993, párr.,
9)
Otras notas refieren al ámbito que protege el DLDP, pero enfatizando lo que no se puede
hacer, sanciones que no se pueden aplicar, leyes que no pueden seguir vigentes, porque violan la
Constitución de 1991 y/o el DLDP; no sólo es bastante recurrente que se señale que se viola el derecho,
también se usa el verbo vulnerar:
El alto tribunal afirmó que a los jóvenes se les viola su derecho al libre desarrollo de la personalidad en el ámbito de la educación básica y media, cuando “se les impide en forma irrazonable alcanzar o perseguir aspiraciones legítimas de su vida o valorar y escoger libremente
las opciones y circunstancias que le dan sentido a su existencia y permiten su realización como
seres humanos”. (Colegios no pueden imponer cortes de cabello ni prohibir joyas: Corte,
2016, párr., 3)
[Se justifica] la decisión de inconstitucionalidad [puesto que] la extinción de la sustitución pensional por nuevas nupcias vulnera los derechos fundamentales a la igualdad y al
libre desarrollo de la personalidad de las viudas y los viudos. (Ávila Palacios, 2018, párr., 4)
Así se puede identificar el énfasis presente en las notas en términos de precisar qué y quiénes
violan o vulneran el DLDP, ya sean instituciones educativas, cárceles, oficinas públicas o personas
particulares como familiares y vecinos. Respecto a las valoraciones, negativas o positivas, en torno al
DLDP y a las conductas que este derecho ampara, se encontraron muchas; de hecho, podría señalarse
que una buena parte de las notas de prensa que informan de las sentencias de la CCC en relación con
este derecho, dan cuenta de debates y polémicas que se generan en torno a ellas. Por ejemplo, si la
Corte da la razón a estudiantes para que en su colegio no les puedan impedir llevar un peinado que se
considera prohibido, o usar piercings, se cita a rectores inconformes con la decisión, alegando que
“no se les ha vulnerado ningún derecho”, que en la institución educativa sólo se toman medidas para
“preparar a hombres de bien” (Corte Constitucional regañó a colegio por censurar cortes de cabello,
2014).

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Los cuestionamientos también pueden provenir de funcionarios de alto rango de instituciones como el Ejército Nacional a propósito de la declaración de inconstitucionalidad de la prohibición
de que personas homosexuales hicieran parte de esa corporación; en la nota se cita a un general señalando que respeta, pero no comparte, que “alegando el respeto al libre desarrollo de la personalidad
[…se…] declare inconstitucionales algunos apartes del código de honor militar” (Ejército no quiere a
los homosexuales, 1999, párr., 1).
Los diferentes fallos de la CCC a favor de la población LGBT, los cuales los medios colombianos cubrieron con mucho interés, generaban reacciones de celebración entre organizaciones defensoras de sus derechos, pero también de rechazo, sobre todo de integrantes de la iglesia católica y de
asociaciones cercanas a ellas. Por ejemplo, cuando se hizo el cubrimiento de la sentencia C-075 de
2007 que reconoció derechos matrimoniales a las parejas homosexuales, el entonces vocero del Consejo Pontificio para los Laicos señaló que el fallo: “Es contrario a la familia y al matrimonio. Se abre
la compuerta para que ellos puedan adoptar niños. Los magistrados se han convertido en unos pervertidores de la niñez y de la juventud” (Corte da primer derecho a parejas gays, 2007, párr., 11). En
varias notas se consignaron reacciones similares de sacerdotes y también de integrantes del poder
legislativo de la época; algunas de ellas cuestionaban que la Corte tomara decisiones que le correspondían al Congreso, cuestionando el poder excesivo del tribunal.
Un tema que los medios registraron como particularmente polémico fue el de la autorización
o no de las cirugías para personas menores de edad.
De nuevo la Corte Constitucional al amparar derechos fundamentales y el del libre desarrollo de la personalidad en menores de 18 años enciende una polémica. En este caso, al permitir que las cirugías plásticas con carácter estético se puedan realizar desde los 14 años siempre
y cuando tengan el permiso de los padres. (Suárez, 2017, párr., 1; cursivas añadidas)
Es interesante lo que se señala en la primera frase de la cita, en tanto que se reitera que el
tribunal con sus pronunciamientos en torno a los derechos fundamentales y, en particular el DLDP,
genera polémicas. Se trata de una afirmación que también da pistas acerca del interés por darle cubrimiento a las sentencias del tribunal, pero también de la constatación de que hay un amplio abanico
de temáticas sobre las que éste se pronuncia y generan discusión.
La manera en la que la prensa colombiana refiere a las personas que reclaman la violación de
sus derechos es variada, pero predominan los términos de ciudadano y ciudadana, demandante, estudiante; también la indicación del vínculo de la persona que interpuso el recurso con la persona a la
que se le está vulnerando el derecho: la madre, la abuela o el padre de una adolescente, de un joven,
etc. Por ejemplo: “La abuela del adolescente, defendiendo los derechos de su nieto, que se identifica
como transexual, solicitó al juez de tutela que ordene al colegio que permita que el muchacho pueda
asistir a las aulas en falda. Es decir, con el uniforme que portan las niñas de la institución” (Con tutela,
joven transexual pide ir en falda al colegio, 2014, párr., 3; cursivas añadidas).
Por lo general se cuenta de manera breve la historia que llevó a las personas a interponer una
tutela por la violación a sus derechos y se incluyen sus nombres: “Aunque Edgar Hernán Carrero

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llegaba con las tareas hechas y las lecciones bien aprendidas, los profesores no lo dejaban entrar al
salón por su larga cabellera” (Corte Constitucional amparó el derecho de estudiantes que usan pelo
largo, 2008, párr., 1).
Sin embargo, en algunos casos se usa un pseudónimo para proteger la identidad de las personas, por ejemplo: “Paola* tiene 16 años, cursa quinto grado de bachillerato en un plantel religioso,
es una de las mejores del colegio, pero no puede estudiar más. Está embarazada” (Escolares embarazadas no deben ser expulsadas: Corte, 1995, párr., 1).
Algo notorio es que en la descripción de las personas demandantes se detalla en qué se ocupan
o cuál es su situación, y es posible enterarnos de que son trabajadoras sexuales, o campesinas, reclusos (personas privadas de la libertad) residentes en ciudades capitales como Bogotá o Medellín, pero
también en pequeños pueblos como La Tola (departamento de Nariño), Guadalupe (Santander),
Nuquí (Chocó), todos ellos de menos de 10,000 habitantes.
En el caso colombiano, la mayoría de las notas de prensa hablan de personas del común, sin
títulos académicos o pertenencia a alguna organización, que interponen recursos legales (acciones de
tutela) para enfrentar la vulneración de sus derechos. Varias características de este recurso explican
que sea interpuesto por gente del común con mucha frecuencia; la tutela se introdujo desde la Constitución de 1991 para garantizar el cumplimiento de los derechos, es un mecanismo sin costo, rápido
y expedito; para interponerla no se requiere contar con un abogado y el juez debe resolverla en 10
días. Por todas estas condiciones, la tutela ha sido apropiada por la población que empezó a recurrir
a ella desde la década de 1990, y a partir de la década de 2000 tuvo un incremento exponencial:
mientras en 1995 se interpusieron alrededor de 30,000 tutelas, este número aumentó a más de
132,000 en el año 2000. Para el 2010 esta última cifra se triplicó y desde el 2015 la cifra anual de
tutelas que se interponen en el país está por encima de 600,000, tendencia que se ha mantenido hasta
la actualidad (con excepción del año 2020 que cayó a 292,559, en el marco de la pandemia de COVID19) (Corte Constitucional de Colombia, 2023).
El caso de México
Los medios revisados para este caso publicaron 310 notas relativas al DLDP durante los 12
años transcurridos entre 2008 y 2020. Se tomó este periodo porque es a partir del 2008 que la SCJN
empieza a emitir sentencias en las que hace referencia al DLDP, que, como hemos dicho, fueron la vía
por la que se lo incorporó al orden jurídico mexicano al no estar explícitamente consagrado en la
Constitución. El periódico Reforma fue el medio que concentró la mayor cantidad de notas de prensa,
con 103 en total; le siguieron los periódicos El Universal, con 87, y La Jornada, con 75; en cuarto
lugar, se encuentra el portal Animal Político, con 42 artículos publicados, y, por último, el periódico
El Financiero, que sumó 3 notas.
Se puede decir, en términos generales, que la cobertura de las sentencias de la SCJN referidas
al DLDP es similar por parte de los diferentes medios de comunicación, aunque en proporciones distintas. Los dos picos de publicación de notas los encabezan Reforma y El Universal, seguidos de La

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Jornada y Animal Político. El Financiero, siendo un periódico especializado en economía y negocios,
sólo publicó 3 notas relativas al DLDP y a las decisiones del máximo tribunal en el pico del 2015 (el
más sobresaliente de los que se aprecian en la Figura 4). Sin embargo, los demás medios se inclinaron
por abordar de forma abrumadora y construir como noticia de máxima relevancia el tema central del
caso mexicano en torno al libre desarrollo de la personalidad: el consumo lúdico de marihuana.
Figura 4. Notas publicadas por medio de comunicación en México.

Nota: Fuente elaboración propia.

En el año de 2015, cuando se presenta el pico más sobresaliente del periodo analizado, se
publicaron 160 notas de prensa relativas al DLDP; de ellas, 139 fueron sobre consumo de marihuana.
Las restantes abordaron el divorcio incausado, el derecho a la educación o el matrimonio y concubinato entre parejas del mismo sexo4. El segundo pico es del 2018 y cubre 51 notas de prensa que refieren al DLDP; aquí también predomina la materia del consumo de marihuana, con 47 notas, mientras
que las restantes aluden al divorcio incausado, al concubinato y a la identidad de género auto-percibida.
Como podemos ver en la Figura 5, el año que acumuló más notas en tercer lugar es 2016, con
22, de las cuales 16 fueron sobre derecho a la educación, vinculado a la controversia respecto al cobro
de cuotas en universidades, materia que abordaron todos los medios analizados excepto El Financiero. Sobre el tema Reforma publicó 6, La Jornada, 5; Animal Político, 3; y El Universal, 2. La otra
4

Una nota puede abordar más de un tema.

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temática que destacó, aunque con mucha menor cobertura, fue personas con discapacidad (3 notas),
seguido de concubinato, consumo de marihuana y matrimonio y concubinato entre personas del
mismo sexo, cada materia con una nota publicada.
Figura 5. Frecuencia de notas de prensa para el caso de México.

Nota: Fuente elaboración propia.

El pico que le sigue a los de 2015, 2018 y 2016 (aunque en este último no haya predominado
la materia de consumo de marihuana) es el de 2012, con 17 notas: Reforma publica el máximo con 9,
seguido, curiosamente, no por El Universal, que no publica ninguna (junto con El Financiero), sino
por La Jornada y Animal Político, cada uno con 4 notas. La mayoría de las publicaciones versaron
sobre el divorcio incausado (9) y matrimonio igualitario (6).
En la Figura 6 se puede observar que los medios abordaron 14 materias en total (de las 18 en
las que agrupamos las sentencias de la SCJN referidas al DLDP) y que el consumo de marihuana fue
la materia con mayor cubrimiento: del total de notas encontradas sobre las sentencias, 195 (62.9%)
hacen referencia a los amparos sobre marihuana que empezaron a llegar al tribunal y éste empezó a
resolver a partir de 2015. Los pronunciamientos de la SCJN a favor del autoconsumo y con respecto
a la inconstitucionalidad de la prohibición de la marihuana en la Ley General de Salud llamaron enormemente la atención; entre otras cosas, porque se cuestionaba la política prohibicionista del Estado
mexicano en la materia y se planteaba la posibilidad de la legalización, algo por lo que de tiempo atrás
venían luchando algunos sectores de la sociedad (Derbez de la Cruz et al., 2024), en el marco de un
recrudecimiento de la violencia generada por las organizaciones delictivas dedicadas al tráfico de drogas y la lucha contra ellas (Astorga, 2017).
Un dato importante es que, de las 310 notas encontradas, sólo 87 hacen mención explícita del
DLDP (28.06%), mientras que 223 notas no lo mencionan (71.93%). Hay que destacar esto porque
nos habla de la manera en la que los medios y periodistas razonan, justifican o contextualizan las
decisiones de la Corte. Ahora, en cuanto a lo que encontramos con respecto al DLDP, ya señalamos

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que la desproporción en el cubrimiento mediático que se le dio al tema de la marihuana es contundente, pero destaca también porque es en este tema donde la mención explícita del DLDP aumenta,
y, más allá de solo nombrarlo, cerca de la mitad de las notas que aluden a las sentencias al respecto,
retoman la definición del derecho, lo conceptualizan y describen.
Figura 6. Comparación del número de notas por materia para el caso de México.

Nota: Fuente elaboración propia.

De las 175 notas que hablan sobre marihuana, 73 mencionan de forma explícita el DLDP.
Llama aún más la atención cuando recordamos que de las 310 notas en total del caso mexicano, sólo
87 mencionan el derecho. Es decir, si no fuera por el tema de la marihuana, la construcción de una
nueva interpretación judicial en México, con implicaciones muy importantes tanto en el ámbito individual como en el colectivo (ya que incide, por lo menos, en las políticas de drogas, de seguridad y de
salud —por la marihuana— pero también en el ámbito familiar, laboral, de libre expresión, etc.), casi
no habría sido cubierta por los medios y, por lo tanto, los razonamientos y los alcances de las decisiones de la SCJN no habrían llegado a públicos más amplios. Es por estas razones que en la opinión
pública el DLDP se asocia con el consumo de marihuana, porque así se ha informado a través de los

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medios de comunicación: es el derecho que permite a las personas consumir marihuana sin ser perseguidas por ello.
Respecto a la consagración del DLDP, varias de las notas recuperan lo que la SCJN explica en
sus sentencias, que este derecho, si bien no está enunciado en la Constitución, “forma parte de un
derecho genérico que es el derecho a la dignidad personal” (Melgar-Adalid, 2018, párr., 4), el cual sí
se encuentra en la CPEUM (Artículo 1). En otras notas sobre esta misma materia se cita de manera
mucho más precisa en qué consiste el DLDP según la Corte:
Este derecho permite: “la consecución del proyecto de vida que para sí tiene el ser humano,
como ente autónomo”, de tal manera supone “el reconocimiento del Estado sobre la facultad
natural de toda persona a ser individualmente como quiere ser, sin coacción, ni controles
injustificados o impedimentos por parte de los demás, con el fin de cumplir las metas u objetivos que se ha fijado, es decir, es la persona humana quien decide el sentido de su propia
existencia, de acuerdo a sus valores, ideas, expectativas, gustos, etcétera”. (Melgar-Adalid,
2018, párr., 4)
Como vemos, es claro que los alcances del DLDP van más allá de permitir a las personas consumir una determinada sustancia, aunque esto no es menor, puesto que la no penalización de dicha
conducta se dirige a eliminar “la siempre presente tentación del paternalismo del Estado, que cree
saber mejor que las personas lo que conviene a éstas y lo que deben hacer con sus vidas” (Pérez de
Acha, 2015, párr., 4). Como retoman las notas, el consumo lúdico del cannabis es un ejercicio de libertad individual amparado por el DLDP:
el derecho constitucional a que cada persona sea responsable de sus propios actos, sin que
por ello sea coaccionada o prejuzgada por sus gustos o determinaciones personales. Es el derecho a que los consumidores sean observados bajo una nueva óptica legal e institucional de
protección a la salud y no bajo el yugo de la severidad de la acción punitiva del Estado. (Islas,
2015, párr., 2)
Respecto a la fuente del derecho, en una de las columnas se plantea que no hace falta que en
la Constitución estén enunciados los derechos a consumir marihuana o a poder divorciarse sin dejar
pasar un tiempo mínimo o sin presentar causales para saber que, en efecto, las personas en México
cuentan con esos derechos:
la Constitución no garantiza en ninguno de sus artículos de manera explícita el derecho a
elegir nuestra apariencia. A elegir cómo nos vestimos. Ello no significa que no tengamos ese
derecho. Ello no significa que si mañana se promulga una ley que le restringe a las personas
cómo vestir de manera injustificada, no tenemos un mecanismo para protegernos. Tan tenemos este derecho que ya la Suprema Corte lo reconoció: el libre desarrollo de la personalidad,
sostuvo, también tutela “la apariencia personal”. No es magia, es interpretación judicial. (Vela
Barba, 2014, párr., 16)

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Este artículo es uno de los pocos que se refieren a cómo la “SCJN derivó el libre desarrollo de
la personalidad [...] del artículo 17 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos” (y del artículo 11 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos) al resolver el Amparo Directo Civil
6/2008 y que también recogió en la Acción de Inconstitucionalidad 2/2010.
Si bien la marihuana concentró la atención de los medios, las notas que se publicaron sobre
otras temáticas también retoman aspectos importantes. El divorcio incausado es uno de ellos. En una
nota de La Jornada de marzo del 2015, se explica que la Primera Sala de la SCJN aprobó una resolución “en la que rechaza la acreditación de causales prevista en los códigos de Veracruz y Morelos”
(Méndez, 2015, párr., 3), lo que obligaría a los jueces a conceder el divorcio:
bajo la premisa constitucional y convencional (fundada en tratados internacionales vinculados con derechos humanos) que refiere en el ordenamiento mexicano: el libre desarrollo de
la personalidad es un derecho fundamental que permite a los individuos elegir y materializar
los planes de vida que estimen convenientes, cuyos límites externos son exclusivamente el
orden público y los derechos de terceros. (Méndez, 2015, párr., 5; cursivas añadidas)
Esta es otra de las pocas notas que retoman el andamiaje internacional de los derechos humanos como fundamento del DLDP y de las decisiones de la Corte; dado que es un derecho que no
está consagrado en la CPEUM, aludir a la Convención Interamericana de Derechos Humanos como
sustento jurídico del DLDP es un buen aporte para la comprensión del proceso de integración y consolidación de este derecho en el ordenamiento jurídico nacional.
Sobre los demandantes, la forma más común de referirlos en las sentencias y en las notas
periodísticas es con el término “quejoso” o “quejosa”, que designa, en el lenguaje jurídico mexicano,
a las personas promoventes de juicios de amparo. En general, con respecto a los quejosos, es importante destacar que tanto la SCJN como la prensa hacen poca alusión a sus contextos particulares.
En correspondencia con el peso abrumador de las notas sobre consumo de marihuana, encontramos que los quejosos en los que más se concentraron los medios fueron aquellas personas que
buscaron amparar su consumo personal de marihuana; esto fue resultado no sólo del interés por la
materia, sino también porque no se trataba de quejosos desconocidos. En efecto, los recursos fueron
promovidos por actores políticos, activistas y abogados con amplio reconocimiento público que se
ampararon no tanto para poder consumir marihuana, sino para modificar, por vía judicial, la legislación prohibicionista vigente en la ley de salud y el Código Penal Federal, valiéndose del litigio estratégico (Martínez Carmona, 2020). De este modo, destacan los nombres de Armando Ríos Piter (nombrado como “el exaspirante presidencial independiente” o “el senador con licencia”) y Ulrich Richter
Morales (abogado), entre otros. Son ellos y las asociaciones México Unido Contra la Delincuencia
(MUCD) y Sociedad Mexicana de Autoconsumo Responsable y Tolerante (SMART) y sus integrantes,
los actores más mencionados de la temática5.

5

En 2021, el Pleno de la Corte resolvió la Declaratoria General de Inconstitucionalidad 1/2018 con la que invalidó
la prohibición absoluta del consumo lúdico de marihuana establecida en artículos de la Ley General de Salud con

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Mención aparte merece el caso de Ricardo Adair, joven con síndrome de Asperger (PérezStadelmann, 2013), cuyo caso se dio a conocer al “rechazar y ampararse contra el estado de interdicción —cuando una persona es declarada judicialmente incapaz y debe mantenerse bajo la guarda de
un tutor por carecer de aptitudes para gobernarse, cuidarse y administrar sus bienes—” (Montalvo,
2013, párr., 2) en el que se encontraba. Nombrarlo y dar cuenta de su esfuerzo por reivindicar su
capacidad de decidir es reflejo de la ampliación, si bien lenta y limitada, del reconocimiento de las
personas con discapacidad como sujetos de derechos, así como de su mayor participación en la vida
pública.
Con respecto a las conductas amparadas retomamos un fragmento del discurso de la ministra en retiro Olga Sánchez Cordero a su salida de la SCJN. En él explica que, a partir de sentencias
históricas como las que amparan el divorcio incausado, el matrimonio igualitario o el uso lúdico del
cannabis, la Corte “ha retomado el principio de la autonomía de la voluntad, “destacando el libre
desarrollo de la personalidad como derecho humano” (Aranda, 2015b, párr., 6). Esta es una valoración importante porque pone de manifiesto que el DLDP no es solo el derecho que permite el autoconsumo de marihuana, sino que también reconoce la validez de diversas conductas que expresan la
valoración y el ejercicio de la autonomía personal y de la autodeterminación de los individuos respecto
a su proyecto de vida.
El revuelo mediático en torno a la marihuana integró reacciones tanto positivas como negativas. Entre estas últimas están las de miembros de la iglesia católica, por ejemplo: Con la decisión de
la corte: “se escribió otro capítulo de ignominia en la historia judicial de México” (Sánchez, 2015,
párr., 1); pero esta postura conservadora de la élite de la Iglesia católica no sólo se presenta con respecto a este tema:
la arquidiócesis de Jalapa señaló que al permitir la unión marital entre personas del mismo
sexo, el país “está cayendo en una involución social y en la permisividad moral que convierte
las leyes civiles como reglas de vida erróneas”. [...] La Iglesia católica, señaló, condena la legalización de matrimonios homosexuales y la posibilidad para que éstos puedan adoptar niños para simular un matrimonio convencional. (Bañuelos et al., 2010, párr., 4)
En sus declaraciones, el religioso no señala que a las conductas que cuestiona las ampara un
derecho de reciente incorporación, el DLDP; al contrario, el obispo emérito de Guadalajara, Juan
Sandoval Íñiguez, señaló que:
es una aberración, que obedece a intereses internacionales que van por la línea del malthusianismo [...] y han lanzado una serie de medidas desde hace varios años como la anticoncepción, el aborto, el amor libre, la perversión de la niñez y la juventud, la píldora del día después,
el divorcio exprés y el matrimonio entre homosexuales. (Bañuelos et al., 2010, párr., 3)
Citamos esta declaración porque en ella, Sandoval Íñiguez menciona varias de las manifestaciones de la voluntad individual que resultan amparadas por el DLDP a través de las sentencias de la
base en la jurisprudencia fijada tras 5 amparos en revisión que fueron resueltos de forma consecutiva y reiterando
el mismo criterio de interpretación (237/2014, 1115/2017, 623/2017, 548/2018 y 547/2018).

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SCJN: la interrupción voluntaria del embarazo, el divorcio incausado o el matrimonio igualitario. En
este caso, el obispo sitúa la discusión fuera de la perspectiva del avance de los derechos y la coloca
dentro de un ámbito de discusión enmarcado en la moral tradicional católica. Cercanas a esta visión
son las declaraciones que consideran “que la eliminación de las causales de divorcio ha convertido al
matrimonio en un producto desechable” y que el amparo para el autoconsumo de marihuana “terminará por destrozar la vida de los menores de edad” (Lastiri, 2015, párr., 8).
En un sentido muy distinto a estas expresiones de condena, hay quienes a la vez que celebran
las decisiones, también las critican por ser insuficientes o limitadas para la protección de los derechos.
Por ejemplo: “Bien por la Corte. Ahora nada más faltan por ampararse unos cinco o seis millones de
ciudadanos más” (Limón, 2018, párr., 2); o, en el caso de la sentencia sobre Ricardo Adair: “creo que
la Corte debió haber declarado la inconstitucionalidad de las normas sobre interdicción, especialmente porque son claramente contrarias a la Constitución y a los tratados” (Díez, 2013, párr., 11).
En particular, el primer ejemplo se refiere al Amparo en revisión 1115/2017, resuelto el 11 de
abril de 2018, en donde la SCJN, por segunda ocasión, ampara el consumo lúdico de marihuana para
así proteger el libre desarrollo de la personalidad, en este caso, del abogado Ulrich Richter Morales,
conocido por su activismo en el litigio estratégico. Lo limitante de la resolución es que sólo tiene efectos de protección para quien demandó el amparo, es decir, sobre Ulrich Richter, por lo que, para que
otras personas consumidoras pudieran obtener el permiso de adquirir marihuana de forma legal, sería necesario que también tramitaran un amparo y que este fuera resuelto a su favor. Esto nos habla
de la trascendencia y los alcances de las decisiones judiciales en la vida cotidiana, de cuál es su impacto social y de si logran o no garantizar los derechos para todas las personas, incluso para aquellas
que no tienen los medios con los cuales acceder a la protección de la justicia por medio de un amparo.
Análisis comparado de los dos casos
A continuación, examinamos de manera detallada algunas de las sentencias, tanto de la CCC
como de la SCJN, cuyas temáticas son consideradas históricas por las implicaciones sociales que tuvieron en cuanto a la protección de derechos de poblaciones vulnerables. Asimismo, hacemos un análisis global de cada país para exponer, por una parte, las materias que mayor cobertura tuvieron por
los medios de comunicación en Colombia y México, y, por otra, las materias o temas que más estuvieron presentes en las sentencias de ambas cortes. Como veremos, tribunales constitucionales y medios
de comunicación persiguen lógicas distintas y, aunque con coincidencias, se pueden registrar claras
e importantes diferencias en los procesos de incorporación constitucional, difusión mediática y demanda social de los derechos en general y del DLDP en particular, tal como lo muestra la Figura 7.

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Figura 7. Comparación entre el número de sentencias y notas de prensa por materia en Colombia y
México.

Nota: Fuente elaboración propia.

La Figura 7 muestra que el cubrimiento que los medios de Colombia y México hicieron de las
sentencias de los tribunales tuvo lógicas distintas. En el caso de Colombia los medios prestaron una
atención más amplia a las materias a las que se refieren las sentencias de la CCC; si bien hubo muchos
más recursos resueltos por el tribunal en torno a la “Apariencia personal” (37) que a la discriminación
por orientación sexual (9), la atención de los medios a las dos materias fue bastante similar, con 30 y
24 notas, respectivamente. Sólo dos resoluciones de la CCC son consideradas en alguna nota como
históricas: “El 7 de Febrero de 2007 será un día histórico en la lucha por los derechos humanos y los
derechos sexuales en Colombia, la Corte Constitucional ha garantizado los derechos patrimoniales de
las parejas homosexuales” (Un fallo histórico en Colombia, 2007, párr., 1).
El carácter histórico de la sentencia C-075 de 2007 a la que alude la nota es reconocido por la
literatura, pues en los años previos los pronunciamientos de la Corte sobre esta población se dirigían
hacia “los individuos en su orientación sexual pero no a las parejas” (Lemaitre Ripoll, 2009, p. 83).
Ésta fue la primera sentencia que protegió a las parejas homosexuales fundando una línea jurisprudencial que se afianzaría en los años siguientes, y que desembocó en la legalización del matrimonio
igualitario en 2016.
La centralidad de las sentencias referidas a esta población y el reconocimiento de ella en los
medios revisados se hace evidente en la existencia de notas que hacen un recuento de los pronunciamientos del tribunal. Por ejemplo, la nota titulada “Los 73 triunfos de los LGBTI” que inicia señalando:

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La primera de las 73 sentencias –la T-594 de 1993– le permitió a un transexual cambiar su
nombre de nacimiento por uno que se amoldaba más con su nueva identidad. La Corte sostuvo que “la esencia del libre desarrollo de la personalidad es el reconocimiento que el Estado
hace de la facultad de toda persona a ser individualmente como quiere ser, sin coacción ni
controles injustificados o impedimentos”. (Jiménez, 2015, párr., 3)
La extensa nota menciona los nombres de las demás sentencias, detallando información o
argumentos de algunas de ellas para mostrar la protección de la CCC a esta población, con varias
referencias al DLDP.
La otra sentencia de la CCC que los medios adjetivan en un sentido similar es “la histórica
decisión de 1994” que estableció que consumir drogas ilegalizadas es una decisión personal (Sí se
pueden consumir drogas y alcohol en espacio público: Corte Constitucional, 2019). Dicha decisión del
tribunal, tomada dos años después de entrar en funciones, se convirtió en un referente de su primera
época, pues en ella se afianzó el sentido del DLDP y se cuestionó el paternalismo de parte del Estado
al pretender imponer un modelo de virtud para la ciudadanía.
Por su parte, en el caso de México, la cobertura a las diferentes materias fue bastante dispar.
Como ya se señaló, lo que de lejos atrajo más la atención de los medios fueron los fallos de la SCJN
que amparaban a personas para el autoconsumo de la planta, sobre todo el primero de ellos:
En una decisión histórica, la primera sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN)
declaró la inconstitucionalidad de la ‘‘prohibición absoluta’’ del consumo de mariguana, al
conceder un amparo –que beneficia exclusivamente a cuatro quejosos– para que consuman,
siembren, cultiven, cosechen, preparen, posean y transporten la yerba para autoconsumo lúdico y recreativo. (Aranda, 2015a, párr., 1)
Muchas otras notas fueron publicadas en este mismo sentido, si bien, como se señaló atrás,
también hubo medios que reportaron reacciones negativas de diversos actores frente a ésta y otras
sentencias.
La otra materia considerada histórica por parte de los medios mexicanos consultados fue el
matrimonio igualitario. Esto se planteó, en particular, respecto a la sentencia (Amparo en revisión
152/2013) que declaró inconstitucional el artículo del Código Civil de Oaxaca que concebía el matrimonio como la unión “entre un solo hombre y una sola mujer” cuya finalidad era “perpetuar la especie”; la Corte sostuvo que esa formulación “atenta contra la autodeterminación de las personas y del
derecho al libre desarrollo de la personalidad de cada individuo”, lo cual fue considerado “un paso
histórico hacia la apertura de los matrimonios gay en todo el país” (Granados, 2012, párrs., 1-3).
Esta sentencia fue seguida de otras en el mismo sentido que llevaron a que la Corte estableciera jurisprudencia en 2015 (Alterio &amp; Niembro, 2017) lo que llevaría a establecer el matrimonio
igualitario en todo el país. Se trató de un proceso lento porque, si bien el tribunal señaló la inconstitucionalidad de mantener definiciones del matrimonio que impidieran estas uniones, se requería que
cada una de las entidades federativas ajustara sus legislaciones, lo cual terminó de ocurrir en junio de
2023 (García, 2023).

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Otra sentencia valorada como histórica fue la de Ricardo Adair, de 2013, por ser “la primera
vez que la Corte se pronuncia sobre restituir los derechos de una persona con discapacidad” al emitir
una sentencia “en un formato de lectura fácil, hecho que cumple con la Convención sobre los Derechos
de las Personas con Discapacidad” (Méndez López, 2013, párrs., 6 y 8).
Para poder visualizar las diferencias entre el cubrimiento que hicieron los medios colombianos y mexicanos a las sentencias que referían al DLDP generamos una nube con las 25 palabras más
frecuentes de las notas de cada país (Ver la Figura 8).
Figura 8. Nubes con las 25 palabras más frecuentes de las notas de prensa en torno al DLDP en
Colombia y México.

Nota: Fuente elaboración propia.

En ambos casos la palabra “corte” es central, tiene el mismo peso en el conjunto de las notas,
y es la coincidencia que más salta a la vista entre los dos casos. Hay palabras que aparecen en ambos
casos, pero no coinciden en la frecuencia; con respecto a Colombia es notorio que “derecho” tenga un
peso equivalente al de “corte” y que el plural “derechos” también tenga una frecuencia alta, cosa distinta en el caso mexicano, donde aparecen en gris más claro, lo que indica una frecuencia menor.
Después de “derecho” y “corte”, en el caso colombiano se posicionan “libre”, “constitucional”, “derechos” y “mujeres”; la frecuencia de la palabra “libre” la podemos entender porque el DLDP es referido
en la mitad de las notas, como ya se señaló. Lo que resulta más llamativo es que aparezca en el mismo
nivel la palabra “mujeres” y esto da cuenta de la atención prestada por los medios a las sentencias
referidas a esta población;6 varias notas remiten a sentencias que derogaron normas previas a la Constitución de 1991 cuya constitucionalidad se demandó por ser discriminatorias hacia las mujeres:
Otro de los artículos machistas era el 1134 del Código Civil, que se cayó en la Corte en el 2005.
Esa norma establecía que las mujeres sólo podían recibir una mesada de las herencias cuando

6

Es importante señalar que en Colombia y México entre 2021 y 2023 los tribunales de los dos países avanzaron
en el reconocimiento de la autonomía reproductiva de las mujeres, invocando el DLDP y otros derechos, y esto
tuvo un importante despliegue mediático que no recogemos aquí.

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permanecen solteras y viudas. Una ciudadana demandó ese artículo porque era discriminatorio para la mujer ya que las presiona económicamente a que no contraigan nupcias para
poder recibir el usufructo económico de una herencia. (Sarralde, 2019, párr., 18)
Hay varias notas sobre estas normas diferenciadas que implicaban limitaciones a la conducta
de las mujeres y que fueron modificadas por la Corte al considerar que violaban su DLDP. También
se hace referencia a las sanciones que aplicaban los colegios a estudiantes embarazadas y a mujeres
trans. Otras palabras que aparecen en la nube para el caso colombiano, como “parejas” y “homosexuales”, dan cuenta del cubrimiento que se le dio a las sentencias relacionadas con los derechos de
esta población. También aparece la palabra “colegio”, ámbito institucional al que refieren varias de
las sentencias que tienen que ver con la apariencia personal y la discriminación por orientación sexual, materias a las que más seguimiento dieron los medios colombianos, como se señaló en el apartado previo.
En el caso mexicano las dos palabras más frecuentes en las notas son “corte” y “mariguana” y
con nivel de frecuencia menor también aparece “marihuana”7; en el mismo tema y con un alto nivel
de frecuencia se encuentra la palabra “consumo”, como también “droga” y un poco más abajo “2015”.
Al observar la nube de palabras del caso mexicano resulta evidente lo que se comentó en un apartado
previo acerca de la centralidad que tuvo la materia “consumo de marihuana” y que el primer amparo
resuelto en la materia en 2015 fue el que tuvo el mayor cubrimiento durante el periodo de revisión.
Las otras materias abordadas por los medios mexicanos tuvieron una cobertura de lejos mucho menor
y esto explica que no aparezcan palabras relativas a ellas entre las más frecuentes. Las nubes de palabras nos permiten visualizar con claridad los acentos que tuvo la cobertura de los medios de comunicación en los dos países, más equilibrada en el caso de Colombia y mucho más concentrada en una
sola materia en el caso de México.

Conclusiones
En este artículo hemos analizado la cobertura que hicieron medios colombianos y mexicanos de las
sentencias emitidas por sus respectivas cortes referidas al DLDP. Como señalamos, se trata de un
derecho de reciente incorporación en el ámbito jurídico latinoamericano y, en particular en el mexicano, donde empezó a ser invocado por la SCJN desde hace década y media, mientras que, en el caso
colombiano, fue incorporado en la Constitución de 1991. ¿Cómo se entera la población de que este
derecho existe y, además, de qué conductas ampara? Consideramos que los medios de comunicación
han jugado un papel importante en este proceso de difusión y apropiación de los derechos en general,
y de este derecho en particular. Los tribunales constitucionales, como parte del poder judicial, son
reactivos, es decir, dan respuesta a las demandas que plantean los agentes sociales, no sólo de aquellos

7

Ambas formas están aceptadas en el diccionario de la RAE. Si se suman las dos palabras se llega a 999 (porcentaje ponderado de 1.19%) menciones, con lo que superan a “corte” que llega a 933 (porcentaje ponderado de
1.11%).

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especializados y con un conocimiento del andamiaje jurídico (integrantes del poder legislativo, por
ejemplo), sino también de personas del común de la población. Por ello, que los medios hablen de
cosas que se pueden reclamar ante los tribunales, de los fallos que profieren y en los que resuelven
algunos conflictos o demandas que llegan hasta ellos, juega un papel importante para que sectores
más amplios de la sociedad incluyan dentro de sus horizontes de acción recurrir a los tribunales.
Las lógicas mediáticas no tienen por qué coincidir con las de los tribunales. Por eso es importante indagar qué informan los medios de lo que hacen estos tribunales, qué es noticia. Harcup y
O’Neill (2017) consideran que responder esta cuestión es fundamental puesto que “el proceso de selección periodística ha sido descrito como ‘probablemente tan importante o quizás a veces más importante que lo que realmente sucede’ cuando se trata de determinar si algo se convierte o no en
noticia (Westerhahl y Johansson 1994, 71)” (Harcup &amp; O’Neill, 2017, p. 1471).
Mostramos que los medios no dieron cubrimiento a todas las sentencias producidas por los
tribunales, y que de aquellas de las que dieron cuenta, no lo hicieron con la misma frecuencia o intensidad. En el caso de México es claro que el DLDP fue dado a conocer por los medios sobre todo en
relación con el consumo de marihuana; dos tercios de las notas encontradas refieren a esta materia.
En el caso de Colombia no hubo un único tema que acaparara la mayor parte de la atención de los
medios, sino que esta estuvo más repartida y hubo un par de materias que tuvieron un cubrimiento
similar: las sentencias referidas a la apariencia personal y a la discriminación por orientación sexual.
¿Qué tienen en común estas materias? Como lo proponen Harcup y O’Neill (2017), se refieren
a historias sobre un drama en desarrollo, pero es claro que también remiten a situaciones conflictivas
y controversiales, otro de los marcadores que plantean estos autores para que algo sea noticia. En
efecto, mostramos que las materias abordadas por los medios en los dos países generaban polémica
entre algunos sectores de la sociedad. Lo que ilustramos con algunos extractos de las notas periodísticas es que no se trataba de situaciones que generaran consenso, sino que había quienes celebraban
las decisiones del tribunal y quienes las lamentaban. Reconocer derechos no es algo que se haga de
manera fluida y tersa en ninguna sociedad; en el caso del DLDP, hemos mostrado que ha sido invocado en los dos países para proteger a poblaciones minoritarias antes excluidas (homosexuales, consumidores de marihuana, personas con discapacidad, entre otras) o con menos poder social (mujeres
y jóvenes) y que en torno a estos cambios es imposible identificar resistencias de diversos sectores y,
de manera más amplia, una arena de disputa permanente.
Aunque podemos encontrar acentos similares en la manera en la que informaron los medios
de los dos países acerca de las sentencias de los tribunales referidas al DLDP, hay importantes diferencias. Teniendo en cuenta lo que señalamos acerca de que este derecho se mencionó más en las
notas de prensa del caso colombiano que en el mexicano, podemos decir que en Colombia se va del
derecho a las prácticas que ampara el DLDP. En México el movimiento parece ser inverso: se va de
las prácticas al derecho que las ampara; en este sentido, vemos que, en la mayoría de los trabajos
periodísticos del caso mexicano, el foco no está puesto en el fundamento jurídico en el que se amparan
las conductas que sí están destacando, sobre todo en titulares, las notas periodísticas. La ausencia de

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una mención clara del DLDP en los medios podría tener implicaciones importantes sobre la disposición de las audiencias para entender, reconocer o aceptar como legítimas las conductas y las personas
o grupos sociales que a través de la vía judicial buscan defender su derecho a definir de forma autónoma su proyecto de vida.
Otra diferencia que pudimos encontrar es que las sentencias de la Corte colombiana dan detalles precisos y, en un lenguaje bastante accesible, describen la cotidianidad referida a los demandantes y lo que demandan; los medios hacen otro tanto y recuperan estos acentos. El caso mexicano
es distinto: el lenguaje de las sentencias es mucho más formal, menos cercano, y la manera como
informan los medios sigue esta línea, la reproduce de forma casi textual. Valdría la pena preguntarse
si estos contrastes también se vinculan a los diferentes niveles de acceso al trámite de la tutela en
Colombia y, en contraposición, a los múltiples obstáculos (en términos de tiempo y dinero, como mínimo) que implica iniciar un juicio de amparo en México. Por estas y otras razones resulta valioso el
ejercicio comparativo, pues nos permite trazar las diferentes trayectorias (en términos constitucionales, periodísticos o sociales) que han adquirido derechos de reciente incorporación, como es el caso
del DLDP, en países como Colombia y México.

Declaración de conflicto de intereses
La autora y el autor no informaron ningún posible conflicto de intereses.

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�Una genealogía del debate presidencial en la Argentina democrática (1983-2023)
A Genealogy of the Presidential Debate in Democratic Argentina (1983–2023)

Augusto Reina
Universidad de Buenos Aires – Pulsar
Orcid https://orcid.org/0009-0001-9463-1449
augustoreina@gmail.com

Resumen: Este artículo analiza la evolución de los debates presidenciales en Argentina desde el retorno de la democracia
en 1983 hasta la consolidación institucional del formato en 2023. A partir de un enfoque histórico -analítico, se identifican
cuatro etapas: un período de resistencia estratégica (1983–2011), un punto de inflexión impulsado por la sociedad civil (2015),
la institucionalización normativa mediante la Ley 27.337 (2019) y una fase de adaptación funcional (2023). A lo largo del tex to
se combinan fuentes secundarias, análisis de casos, estudios empíricos previos y evaluaciones cualitativas del impacto comunicacional y político de los debates. Lejos de ser meros espectáculos televisivos, los debates presidenciales se han consolidado
como rituales democráticos clave, aun cuando su capacidad de modificar el voto sea limitada. El artículo sostiene que los debates presidenciales en Argentina han dejado de ser un instrumento de deliberación para convertirse en una escena regulada
de validación simbólica. Allí no se decide el voto, pero se decide algo más profundo: qué estilo de liderazgo merece representación, qué lenguaje se tolera en la competencia democrática y qué narrativa de país logra imponerse en el prime time. El
desafío que ya no es normativo, sino político y cultural: cómo evitar que el debate se vacíe de contenido y se convierta en un
ritual estéril, atrapado entre la espectacularización y la desafección. En tal escenario, la pregunta que queda abierta no es si
habrá debate, sino qué tipo de democracia se escenifica cada vez que ese debate ocurre.

Palabras clave: Debates presidenciales, Argentina, comunicación política, mediatización, campañas electorales, democracia

Abstract: This article traces the evolution of presidential debates in Argentina from the return of democracy in 1983 to the
institutional consolidation of the format in 2023. Using a historical-analytical approach, it identifies four stages: a period of
strategic resistance (1983–2011), a turning point driven by civil society (2015), normative institutionalization through Law
27.337 (2019), and a phase of functional adaptation (2023). Drawing on secondary sources, case analyses, prior empirical
studies, and qualitative assessments of their communicational and political impact, the article argues that presidential debates
in Argentina have moved beyond television spectacle to become central democratic rituals—though with limited influence on
vote choice. More than instruments of deliberation, they now function as regulated arenas of symbolic validation: defining
which leadership styles deserve representation, what language is tolerated in democratic competition, and what narrative of
the nation prevails in prime time. The challenge today is less normative than political and cultural: preventing debates from
being emptied of substance and reduced to sterile rituals caught between spectacularization and disaffection. In this light, the
open question is no longer whether debates will take place, but what vision of democracy they enact each time it does.

Keywords: Presidential debates, Argentina, political communication, mediatization, electoral campaigns, democracy
Fecha de recepción: 16/07/2025
Fecha de aprobación: 25/08/2025
Fecha de publicación: 02/10/2025

Cómo citar este artículo / How to cite this paper: Reina, A. (2025). Una genealogía del debate presidencial
en
la
Argentina
democrática
https://doi.org/10.29105/rcp.v7i1.80

(1983-2023).

Revista

de

Comunicación

Política,

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�Una genealogía del debate presidencial en la Argentina democrática (1983-2023)

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Introducción
Hoy en Argentina, hablar de debates presidenciales ya no resulta extraño. Todo lo contrario: el debate
se ha convertido en un evento central de campaña, donde convergen las tres patas que sostienen el
proceso electoral contemporáneo. Para los candidatos, es un punto de inflexión que requiere preparación milimétrica y control de daños. Para los medios de comunicación, es una fuente inagotable de
contenido: previa, análisis en vivo, memes, post-debate. Y para la ciudadanía, es el momento más
observado antes del veredicto final en las urnas.
Pero esta escena, hoy naturalizada, está lejos de tener raíces profundas en la tradición política
local. En rigor, la historia del siglo XX en América Latina —atravesada por dictaduras, golpes de Estado e interrupciones institucionales— retrasó la incorporación de ciertos rituales democráticos.
Cuando la región recuperó sus regímenes constitucionales, Argentina fue, junto con República Dominicana, uno de los países que más tardó en institucionalizar los debates presidenciales.
Por eso no sorprende que la mayoría de los estudios sobre debates electorales y sus efectos
provengan de contextos donde este formato está arraigado desde hace décadas. El caso paradigmático
es el de Estados Unidos, donde desde 1960 los debates televisados forman parte del guion ritualizado
de la democracia electoral (Coleman 2000). Esa persistencia alimentó una amplia agenda de investigación sobre sus impactos (Chafee 1979). Algunas hipótesis señalan que pueden alterar la posición
del electorado respecto a determinados temas (Abramowitz, 1978; Lanoue &amp; Schrott, 1989a , 1989b);
otras destacan que su principal efecto es la visibilización de ciertos ejes de campaña (Katz &amp; Feldman,
1962; Carlin &amp; McKinney, 1994; Yawn et al., 1998); y la más replicada —aunque también la más discutida— sostiene que los debates refuerzan predisposiciones previas más que modificar preferencias
(Kraus, 1962; Lang &amp; Lang, 1977; Benoit, 2014; Benoit et al., 2003; Bishop et al., 1978). Como resume
Holbrook (1996), “la percepción de la mayoría de los votantes está coloreada por sus predisposiciones
políticas (...) y el único mejor predictor sobre qué candidato creía el televidente que ganó el debate es
la intención de voto previo al debate del mismo televidente” (p. 114).
Sin embargo, el caso argentino, y el latinoamericano en general, introduce matices importantes. En contextos con menor estabilidad partidaria, más volatilidad electoral y sistemas de representación más frágiles, los debates no necesariamente operan bajo las mismas reglas. En estos entornos,
donde el margen de decisión es más estrecho y las identidades políticas son más lábiles, los debates
pueden cumplir un rol distinto, sobre todo entre los votantes indecisos. Más allá de sus efectos sobre
la intención de voto, estos eventos se consolidan como rituales públicos de alta densidad simbólica,
marcados por la creciente mediatización de la política, que no siempre reconfiguran el tablero electoral, pero sí contribuyen a reafirmar la competencia, visibilizar contrastes y dotar de legitimidad a los
contendientes.
Para comprender el lugar que hoy ocupan los debates presidenciales es necesario ponerle en
un contexto mayor, el de la mediatización de la política. Este concepto remite a una transformación
estructural en la que los lenguajes, lógicas y formatos de los medios no sólo comunican la política,
sino que condicionan su forma, ritmo y sentido (Mazzoleni &amp; Schulz, 1999; Veron, 2001). En esa clave,

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�Augusto Reina

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el debate es también un ritual democrático: un acto que, mediante reglas, turnos, moderadores y escenografía, representa públicamente la posibilidad del disenso bajo condiciones de convivencia. No
garantiza deliberación sustantiva, pero sí escenifica la pertenencia a una comunidad política que
acepta disputar sus diferencias bajo un mismo formato (Alexander, 2013, Cruz &amp; Reina, 2025). El
ritual cumple entonces una doble función: legitima a los contendientes como actores reconocidos del
juego político y reafirma, ante la ciudadanía, la existencia misma de ese juego.
Este artículo se propone contribuir a la incipiente tradición de estudios sobre debates presidenciales en Argentina, un campo aún en desarrollo dentro de la investigación sobre comunicación
política en contextos latinoamericanos. El trabajo se orienta por tres objetivos principales:
●

Reconstruir el proceso histórico, institucional y social que permitió la realización y posterior
consolidación del debate presidencial como evento central de campaña, identificando tanto
los factores de resistencia como los mecanismos de viabilización normativa, organizativa y
cultural.

●

Analizar la evolución del formato y la puesta en escena de los debates en sus tres ediciones
principales (2015, 2019 y 2023), atendiendo a los cambios en las reglas del juego, los estilos
de interacción, el grado de participación ciudadana y el rol de los medios de comunicación en
su cobertura y amplificación.

●

Explorar los efectos políticos y comunicacionales de los debates a partir de los estudios empíricos disponibles, con el objetivo de evaluar su impacto en la percepción pública, la consolidación de preferencias y la visibilidad de los candidatos.

1983-2011: una prehistoria de fracasos y buenas intenciones
Como uno de los primeros países de América Latina en restablecer su democracia en los 80, la Argentina tuvo muchas tareas por cumplir en un corto periodo de tiempo. Las elecciones de 1983 no
solo fueron las primeras donde la televisión tuvo mayor centralidad sino también donde se contrataron sistemáticamente estudios de opinión pública y se profesionalizó la publicidad electoral, entre
otras variables de las que se encarga la comunicación política. El avance fue mayúsculo, aún en su
modestia. Muchos de estos rasgos pueden comprender como parte la americanización de las campañas electorales (Plasser &amp; Plasser, 2002).
En el regreso a la democracia, incluso se exploró la idea de realizar el primer debate presidencial. Las circunstancias de su naufragio no han sido demasiado investigadas, pero parece haber
consenso en que los equipos de Alfonsín y Luder no se pusieron de acuerdo en los periodistas que
harían las preguntas ni en el formato del programa (Borrini, 1984; Cordeu et al., 1985). También
quedó alojada y validada por los analistas políticos la idea de que el primero que va en las encuestas
no otorga una “concesión” a sus contrincantes al presentarse a un debate, ignorando así las obligaciones propias de un sistema democrático a través del debate de ideas por parte de quienes aspiran a
presidir una Nación.

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No obstante, hubo experiencias relevantes, aunque no presidenciales. En 1984, durante el
referéndum por el tratado del canal de Beagle con Chile, el canciller Dante Caputo y el senador Vicente
Saadi protagonizaron un debate televisivo moderado por Bernardo Neustadt. La transmisión fue simultánea por canales 7 y 13 y marcó un hito simbólico en la naciente democracia. Las crónicas fueron
favorables al canciller, y el episodio quedó registrado como el único “debate oficial” sobre política
nacional entre representantes del radicalismo y el justicialismo en esa etapa (Acosta, 2016). Según
Waisbord (1995), el resultado fue interpretado más en términos de performance mediática que de
calidad argumentativa:
los comentaristas consagraron por unanimidad el triunfo televisual... Saadi fue declarado
inapropiado para la televisión debido a sus movimientos torpes, su voz extremadamente
fuerte y sus gestos exagerados. El debate exhibió la persistencia de un entendimiento simplista sobre la política televisual, falta de conocimiento sobre los efectos potenciales de la televisión. (p. 143)
Luego de las elecciones de 1987, comenzaron a surgir debates en distritos subnacionales: Casella–Cafiero en Buenos Aires, Bordón–Baglini en Mendoza, y Caputo–Dalesio de Viola en CABA
(Waisbord, 1995). Estas experiencias parecían anticipar un camino hacia la institucionalización del
debate presidencial, pero el intento de 1989 fue elocuente en sentido contrario: Eduardo Angeloz
asistió al programa de Neustadt, pero Carlos Menem se ausentó. La imagen de la “silla vacía” se transformó en símbolo de la estrategia de evitación. Aunque la UCR intentó estigmatizar la ausencia de
Menem, la maniobra no tuvo impacto electoral: el candidato justicialista ganó holgadamente (Ruiz &amp;
Alberro, 2013).
Figura 1. Afiches de campaña de la Unión Cívica Radical y el Frente Justicialista para las elecciones
presidenciales de Argentina de 1989.

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La lógica se repitió en 1995, cuando Menem volvió a rechazar el debate con José Octavio Bordón, y en 1999, cuando Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde no lograron acordar un formato viable.
En 2003, fue Néstor Kirchner quien rechazó la invitación de Carlos Menem a debatir en el contexto
del balotaje, argumentando que el expresidente no tenía autoridad moral para convocar al diálogo
(Acosta &amp; Campolongo, 2017). En todos los casos, la decisión de no debatir fue interpretada como
parte de una estrategia comunicacional defensiva, propia de un sistema de competencia electoral poco
habituado a la deliberación pública.
En paralelo, se consolidaban algunas prácticas locales o sectoriales. La Ciudad de Buenos Aires sostuvo una tradición de debates entre candidatos a jefe de Gobierno desde 2001, con el caso
inaugural entre Domingo Cavallo y Aníbal Ibarra. También se realizaron debates legislativos en 2009
y 2014, y en elecciones de gobernadores en provincias como Salta, Córdoba, Santa Fe y Mendoza.
En 2003, y a contramano de la estrategia que históricamente venía aplicando, Menem ganador de la primera vuelta de la elección presidencial desafió a su contrincante Néstor Kirchner a
enfrentarse por televisión. Claro que hay que hacer la salvedad de que, según las encuestas, el expresidente tenía muy pocas chances de lograr un tercer mandato. La negativa del entonces gobernador
de la provincia de Santa Cruz fue contundente, pues en aquel entonces dijo que el expresidente tenía
“poca autoridad moral” para convocar a la polémica (Acosta &amp; Campolongo, 2017) aunque implícitamente, otra vez, se salía a relucir el mantra que no se cuestionaba: el que va ganando en los sondeos
no participa del evento.
Quizás el punto más interesante sea que las experiencias de debates fueron creciendo “desde
abajo”. Es que con el correr de los años se empezó a presenciar debates electorales circunscritos a las
elecciones locales o provinciales. La Ciudad de Buenos Aires fue una de las pioneras en mantener la
tradición del debate entre candidatos: comenzó en el 2001, con el cara a cara entre Domingo Felipe
Cavallo y Aníbal Ibarra. Costumbre que luego se mantendría en cada ciclo electoral hasta 2015. También candidatos al Congreso de la Nación han debatido en las elecciones intermedias del 2009 y 2014
en distritos tales como Chaco, la Ciudad de Buenos Aires, Mendoza y Tucumán. Recién en el último
ciclo se multiplicaron las experiencias en elecciones de gobernadores en Córdoba, Mendoza, Santa Fe
y Salta, entre otras provincias.
Este período puede caracterizarse como una intermitencia estructural: la falta de reglas claras, el predominio de acuerdos ad hoc y una cultura política basada en la maximización de ventajas
tácticas impidieron la consolidación de una tradición de debates presidenciales. La excepción no fue
la ausencia de debates, sino su celebración. Solo a partir de 2015, con el impulso de organizaciones
de la sociedad civil, se quebraría ese patrón.

2015: De sillas vacías al evento clave de un balotaje histórico
La elección presidencial de 2015 representó un giro estructural en la historia de los debates en Argentina. Por primera vez, se concretó un debate presidencial televisado a nivel nacional con participación

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mayoritaria de los principales candidatos. Este hecho marcó el fin de una larga etapa de intermitencias y ausencias, dando paso a una nueva fase donde los debates se convirtieron en un componente
central de la campaña electoral.
A diferencia de experiencias previas, la iniciativa no partió del Estado ni de los partidos, sino
de un conjunto de organizaciones de la sociedad civil, encabezadas por CIPPEC y luego canalizadas a
través de la plataforma Argentina Debate. Tal como ocurrió en otras democracias latinoamericanas
(Acosta, 2016), el rol de la sociedad civil fue clave en la construcción de los acuerdos necesarios, la
definición de las reglas del evento y la provisión de garantías de neutralidad. La propuesta consistía
en realizar un debate abierto, con transmisión simultánea para todos los canales, desde la Facultad
de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. A pesar del amplio consenso social alcanzado, las
negociaciones con los equipos de campaña fueron tensas y prolongadas.
Finalmente, el 4 de octubre de 2015 se realizó el primer debate presidencial televisivo de la
historia argentina, aunque con una ausencia notable: la del candidato oficialista, Daniel Scioli. En el
escenario montado, el atril vacío se convirtió en una potente metáfora visual, replicando la imagen de
la “silla vacía” que en 1989 había dejado Menem (Waisbord, 1995). Participaron Mauricio Macri, Sergio Massa, Margarita Stolbizer, Nicolás del Caño y Adolfo Rodríguez Saá. La escenificación cuidada,
el formato de bloques temáticos y la transmisión en canales como América y Canal 26 lograron captar
una audiencia de más de 14 puntos de rating y una intensa conversación digital (#ArgentinaDebate)
que superó el medio millón de menciones.
Figura 2. Primer debate presidencial de Argentina 4 de octubre 2015, con ausencia del candidato
oficialista.

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El debate se orquestó con el formato tradicional de atril, divididos en bloques temáticos, una
presentación y un cierre de cada candidato. La interacción entre los cincos candidatos (más la silla
vacía) fue escasa: apenas dos minutos de preguntas por cada bloque, sin posibilidad de interacción ni
repregunta. Tampoco hubo participación ciudadana por fuera de la ONG en el diseño del evento,
ni en la elección de los bloques temáticos o en la concurrencia a la Facultad de Derecho (D’Alessandro
&amp; Amadeo 2020).
El efecto inmediato fue paradójico: más que un impacto electoral directo, el debate puso en
agenda al propio debate. La ausencia de Scioli fue duramente criticada por el resto de los candidatos
y los medios, lo que terminó forzando un cambio de estrategia para el balotaje. El giro fue notable: el
candidato del Frente para la Victoria, que se había negado a debatir semanas antes, convocó personalmente a su adversario, Mauricio Macri, a un nuevo debate cara a cara.
El resultado de la primera vuelta electoral fue inesperado. El oficialismo, públicamente, se
mostraba confiado en poder evitar la segunda vuelta y, sin embargo, la ventaja que logró fue mucho
menor a la esperada. Por otro lado, no tenía entre sus cálculos perder en la provincia de Buenos Aires,
el principal distrito electoral del país y bastión histórico del peronismo. El resultado hizo repensar
toda la estrategia de campaña, entre ellas, la participación en el debate. Tanto fue así que una de las
primeras acciones del comando de campaña de Daniel Scioli fue convocar a Mauricio Macri a realizar
un debate de cara al balotaje.
El debate de balotaje, realizado el 15 de noviembre de 2015, constituyó el primer enfrentamiento entre los dos candidatos con mayores probabilidades de acceder a la presidencia. Su relevancia fue múltiple: simbólica, por ser la primera vez que un debate se producía entre los dos finalistas;
mediática, por su masiva difusión. El debate se transmitió, a diferencia del debate de octubre, en
acuerdo con la Asociación de Teleradiodifusoras argentinas (ATA), por todas las señales de aire (América, Tv Pública, Canal 9, Telefé) además de las varias señales de cable (A24, C5N, Canal 26, Crónica,
Metro, TN). El evento no solo tenía un valor coyuntural sino un halo de evento histórico.
Luego de 27 años de democracia, era la primera vez que los principales candidatos “acuerdan
a estar en desacuerdo” durante un debate electoral en vivo. El nivel de audiencia lo puso en evidencia:
fue uno de los mayores ratings registrados en los últimos 25 años de televisión argentina: de acuerdo
con los datos de audiencia televisiva de la empresa de investigación Ibope Kantar Media, el debate
tuvo picos de 53.4 puntos de rating general y el debate promedió 51.1 cuando se suma todos los canales
que lo transmitieron1. El encuentro entre los dos candidatos no solo se convirtió en el programa más
visto del año, sino que es uno de los 5 programas más vistos desde 1983 hasta la actualidad y el único
de ellos referido a política nacional.

Como para tomar una dimensión alternativa del rating, los datos provistos Ibope Kantar Media sostienen que
sus estudios se basan en una muestra representativa del Área Metropolitana de Buenos Aires. Por lo tanto, ese
nivel de audiencia representa más de 6 millones de personas sobre 12 millones de personas que habitan la región
metropolitana de Buenos Aires.
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A nivel discursivo, el debate consolidó las estrategias narrativas de ambos candidatos. Scioli
insistió en una representación de Macri como sinónimo de ajuste, mientras que Macri buscó distanciarse del kirchnerismo y presentarse como portador de un cambio sereno. La dinámica entre ambos
estuvo atravesada por tensiones retóricas, intentos de interpelación directa y una puesta en escena
más fluida que la del primer debate, con mayor margen para la confrontación.
Desde el punto de vista de los efectos, los estudios empíricos disponibles ofrecen conclusiones
relevantes. Según Lustig et al. (2018, p. 98), se identificaron dos tipos de impacto: uno inmediato,
medido en encuestas posteriores al debate, y otro de largo plazo, reflejado en el comportamiento electoral final. Estos hallazgos contradicen parcialmente la hipótesis clásica del refuerzo de identidades,
predominante en la literatura norteamericana (Benoit et al., 2003; Hagner &amp; Rieselbach, 1978), y
sugieren que, en contextos de baja identificación partidaria como el argentino, los debates pueden
movilizar decisiones aún en etapas avanzadas de la campaña.

2019, la consolidación del debate presidencial
Si el ciclo 2015 marcó un punto de inflexión, el de 2019 consolidó la transformación de los debates
presidenciales en Argentina. La aprobación de la Ley Nº 27.337 en 2016 otorgó por primera vez un
marco normativo que estableció su obligatoriedad para todos los candidatos que superen el umbral
de votos en las elecciones primarias. Esta institucionalización significó un salto cualitativo en la arquitectura democrática: los debates dejaron de ser una iniciativa voluntaria o una concesión estratégica, para convertirse en un componente estructural de la campaña electoral. En caso de no asistir, la
CNE penaliza al partido con “el no otorgamiento de espacios de publicidad audiovisual” para lo que
resta de la campaña. A su vez, se haría visible su ausencia en la escenografía con una silla vacía.
La implementación de la ley fue asumida por la Cámara Nacional Electoral (CNE), que organizó los debates a través de un Consejo Asesor compuesto por académicos, representantes de medios,
organizaciones sociales y organismos públicos como Radio y Televisión Argentina. La participación
ciudadana fue aún incipiente: se permitió la asistencia de invitados al recinto, pero no hubo mecanismos interactivos de preguntas o selección de temas, lo que muestra una fase de transición entre una
institucionalización formal y una deliberación participativa real.
El contexto político-electoral era particularmente complejo. Luego de un desempeño exitoso
en las elecciones de medio término en 2017, la coalición oficialista Cambiemos afrontaba una fuerte
crisis económica iniciada en 2018, que derivó en un acuerdo con el FMI, una aceleración inflacionaria,
y una caída sostenida de la actividad económica. El modelo aspiracional que había impulsado el macrismo enfrentaba crecientes niveles de malestar y desencanto (Anria &amp; Vommaro, 2020). A su vez,
el peronismo sorprendió con una jugada estratégica: Cristina Fernández de Kirchner propuso a Alberto Fernández como candidato a presidente, reservando para sí la vicepresidencia, lo que facilitó la
reunificación de la mayoría del espacio opositor bajo el sello del Frente de Todos.

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Las PASO de agosto evidenciaron un quiebre entre las expectativas oficiales y la realidad electoral. Mientras el gobierno esperaba una elección pareja, el Frente de Todos obtuvo una ventaja superior a los 15 puntos. Este escenario configuró una campaña de segunda fase orientada a evitar el
desbande electoral, reconstruir legitimidad y buscar un milagro competitivo. En ese marco, los debates presidenciales ofrecieron una oportunidad para reposicionar la imagen del oficialismo y reafirmar
la propuesta opositora.
El reglamento, acordado entre las partes, implicó la organización del formato tradicional de
atril con bloques determinados para hablar de temáticas específicas. No fue permitida la interacción
entre candidatos, sino que se estructuró con una exposición, de dos minutos y un refuerzo de 30 segundos, ya sea para responder a sus pares o ampliar su propuesta, y un cierre, de nuevo, de dos minutos.
Se trató de un formato estático, casi idéntico al 2015, y poco orientado a los nuevos consumos
digitales, salvo un hashtag para unificar la conversación (#DebateAr2019) en redes sociales. Los dos
debates obligatorios se realizaron el 13 de octubre en la Universidad Nacional del Litoral (Santa Fe) y
el 20 de octubre en la Facultad de Derecho de la UBA. Participaron seis candidatos: Alberto Fernández (Frente de Todos), Mauricio Macri (Juntos por el Cambio), Roberto Lavagna (Consenso Federal),
Nicolás del Caño (FIT-Unidad), José Luis Espert (Despertar) y Juan José Gómez Centurión (NOS).
El formato fue similar al de 2015: bloques temáticos, exposiciones individuales sin interacción directa
y tiempos estrictamente cronometrados. La moderación estuvo a cargo de ocho periodistas que rotaban entre bloques, y el orden de exposición fue definido por sorteo. Como novedad menor, se estableció un espacio de 30 segundos por bloque para refuerzo o réplica, aunque su impacto deliberativo
fue escaso. Eso sí, pese a un formato clásico, la reglamentación de los primeros debates presidenciales
oficiales de la historia argentina derivó en altos niveles de audiencia (29 y 34 puntos de rating) y los
ciclos de mayor conversación en redes desde el inicio de la campaña. Así, de ese modo, los debates se
erigieron como el evento aislable de mayor alcance de todo el ciclo electoral (Barbieri &amp; Reina, 2023).
El debate presidencial tuvo una relevancia significativa en varios aspectos clave de la dinámica electoral. Las investigaciones realizadas en aquel evento a través de un estudio de campo experimental confirman algunos hallazgos relevantes2. Los datos del experimento del Observatorio Pulsar
permiten identificar algunos efectos relevantes (Barbieri &amp; Reina, 2023). El estudio combinó encuestas pre y post-debate con seguimiento de opinión pública y análisis de recepción cualitativa. Entre los
principales hallazgos se destaca:

Del estudio participaron nueve grupos de votantes del Área Metropolitana de Buenos Aires, con una muestra
balanceada en términos de género, edad, nivel educativo y preferencias políticas, que estuvieron convocados para
ver el debate en vivo. En primer lugar, para evaluar variaciones en la intención de voto, el grado de decisión y los
niveles de conocimiento de los candidatos y sus propuestas (ganancias cognitivas), se aplicó una encuesta panel
(pre, post-debate y cinco días luego del segundo debate). Para evaluar el impacto de los discursos durante el
debate, se desarrolló una herramienta de medición de respuesta continua que permitió evaluar, cuantitativamente, segundo a segundo, cuáles son los mensajes de mayor impacto en el debate y, posteriormente, indagar
cualitativamente, sobre los motivos y sentidos que explican esas reacciones. Los resultados preliminares del panel muestran un impacto del debate en los tres niveles analizados.
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1) Un aumento significativo en el conocimiento de candidatos menos visibles, como
Gómez Centurión y Espert, quienes lograron instalar su perfil en sectores del electorado que
antes los desconocían.
2) Una consolidación de imagen entre los dos principales contendientes: Macri y Fernández
reforzaron las percepciones positivas entre sus respectivos electorados, lo cual confirma parcialmente la hipótesis del “refuerzo” ya sostenida por autores como Benoit et al. (2003).
3) Una mayor comprensión de las posiciones políticas en temas clave (economía, justicia, salud, seguridad), que funcionó como un refuerzo cognitivo para los votantes indecisos.
4) En términos de intención de voto, no se observaron cambios bruscos, pero sí una mayor
certeza en la decisión entre quienes aún dudaban.
En este sentido, el estudio mostró que los debates no cambiaron las preferencias en forma
masiva, pero sí mejoraron la información política de los votantes. Como es propio de una democracia
de audiencias (Manin, 1998), el debate presidencial se transforma en un ritual político-mediático que
valida públicamente el juego electoral, más que un foro deliberativo en sentido clásico.
En síntesis, el ciclo 2019 cristalizó el tránsito desde la improvisación a la institucionalización.
Por primera vez, el debate presidencial no dependió de la voluntad de los candidatos ni de la presión
de la opinión pública. Estuvo reglado, transmitido, evaluado y apropiado por la ciudadanía como un
momento clave de la campaña. Sin embargo, persistieron las limitaciones: escasa interacción, formatos rígidos y un predominio de la forma sobre el contenido.

2023, ajuste de tuercas y una certeza: los debates llegaron
para quedarse
El ciclo electoral de 2023 confirmó la consolidación institucional de los debates presidenciales como
parte estructural de la campaña en Argentina. El contexto político estaba atravesado por dos variables
estructurantes: una profunda crisis económica (caracterizada por alta inflación, caída del poder adquisitivo y creciente informalidad), y el debilitamiento del sistema de coaliciones dominantes. El oficialismo, fragmentado tras la interna entre el presidente Fernández y su vice Cristina Kirchner, presentó como candidato a Sergio Massa, ministro de Economía. Juntos por el Cambio llegó dividido
entre Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich, mientras que la gran novedad fue el ascenso del
economista libertario Javier Milei, quien logró imponerse en las primarias con un discurso antiestablishment, libertariano y disruptivo. El escenario de “tres tercios” (con Milei, Massa y Bullrich en
competencia cerrada) otorgó mayor centralidad táctica a los debates como plataforma de visibilidad
y contraste.
La emergencia de tres tercios en las elecciones primarias fue un golpe de realidad. La dupla
Javier Milei y Victoria Villarruel obtuvo 29.86% de los votos, mientras que Juntos por el Cambio
alcanzó el 28% y la coalición peronista Unión por la Patria, 27.28%. La victoria en las primarias de
Javier Milei fue una auténtica sorpresa que desafió las proyecciones pre-electorales: a juzgar por los

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votos, el candidato libertario logró difundir su mensaje disruptivo y captar la atención de ciudadanos
desencantados, con una fuerte incidencia en la estrategia digital, quienes vieron en él una alternativa
a la política convencional. Es que el discurso del libertario hizo su campaña en dos ejes: shocks sorpresivos y el énfasis en la convivencia entre la clase política y los medios de comunicación.
Javier Milei, un candidato neófito que la literatura especializada denomina “outsider” (Carreras, 2012): sin experiencia política, con apenas solo dos años de diputado nacional, ni respaldo de
grandes políticos, se apoyó en un incipiente partido, La Libertad Avanza, obteniendo una creciente
notoriedad. Vommaro (2023) lo define como:
Un caso híbrido de líder de ultraderecha con componentes populistas, en especial con una
«performance populista», es decir, con una actuación pública que dramatiza la bronca y el
descontento de buena parte de los y las votantes con la situación del país y con la clase dirigente (...) la crítica a la casta política se combina con una crítica al Estado de claro corte libertariano”. (p. 137)
Milei desplegó una serie de ritos y símbolos disruptivos que tuvieron una notable centralidad
en la campaña y funcionaban de recuerdos constantes sobre sus valores (la libertad) y el sentido de
su misión (la motosierra). Construía imágenes como el león o la motosierra. Utilizaba nominaciones
colectivas como “las fuerzas del cielo”, tomaba de enemigos públicos a “la casta política” y coreaba
“Viva la libertad carajo”. Todo un repertorio performativo que llamaba la atención en una campaña
lo cubría más como una curiosidad que como una opción política con posibilidades reales.
Con los resultados en mano, y en medio de las consecuencias de una devaluación, cinco candidatos asistieron a los dos debates organizados por la Cámara Nacional Electoral. La secuencia incluyó dos debates obligatorios (1 y 8 de octubre) y un tercero previo al balotaje (12 de noviembre),
todos ellos ampliamente cubiertos por medios tradicionales y plataformas digitales.
Para esta edición, la CNE tomó nota de los antecedentes y orquestó un diseño entre el formato
tradicional y las nuevas tendencias. Conjunto con el Consejo Asesor —integrados por representantes/as del ámbito académico y de la sociedad civil comprometidos/as con la promoción de los valores
democráticos3— se mantuvo el esquema de atril y una división en distintos bloques para hablar de
temáticas ya definidas de antemano. Pero a diferencia del 2015 y 2019, se dispuso que los candidatos/as tengan cinco “el derecho a réplica” en caso de sentirse aludido por la exposición de uno de
los/as participantes.
Además, la novedad estuvo también en la sección de preguntas cruzadas. Allí, los y las candidatos/as debían hacer una pregunta a cada uno de los restantes participantes. Todos/as preguntaban
y todos/as debían responder.
Asimismo, por primera vez, se incluyó un mecanismo de participación ciudadana por fuera
del Consejo Asesor. Es que el público dispuso la elección de dos temáticas para que los candidatos

En el Reglamento del Debate 2023 escrito por la Cámara Nacional Electoral detalla a los 15 integrantes del
Consejo y se explica que “se buscó una composición plural que refleje distintas visiones y enriquezca con su
experiencia y participación la organización de los debates”.
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expongan sus propuestas. Se hizo mediante la votación online, a través de un formulario sencillo para
la elección entre siete opciones de temas a debatir. Los ejes más votados fueron: “Derechos Humanos
y Convivencia democrática” para el primer debate, mientras que “Desarrollo Humano, Vivienda y
protección del Ambiente” que se incorporó al segundo debate.
La propuesta rindió en tres dimensiones: la cobertura televisiva, el foco de la agenda mediática y las conversaciones en redes sociales. De lo primero, ambos debates provocaron el encendido
más importante de la campaña (picos de 42 y 36, respectivamente) al ser transmitido por los canales
de aire (salvo Telefé y el Nueve) y las señales de noticias. A esa población se le tiene que agregar,
también, los cientos de miles que lo siguieron por streaming, un público que creció exponencialmente
pospandemia. La propia Cámara Nacional Electoral recopiló las reproducciones de Youtube de los
principales canales de noticias: hubo más de dos millones de visualizaciones por debate. En el plano
digital, según la CNE, la conversación digital alcanzó “a casi el 100% de los usuarios digitales en Argentina”4.
Figura 3. Variación en el nivel de conocimiento de los candidatos. Segundo debate presidencial argentino 2023.

Los efectos sobre la opinión pública fueron objeto de diversos análisis cualitativos y cuantitativos. En particular, los grupos focales realizados tras el segundo debate mostraron percepciones ambivalentes: los participantes valoraron la posibilidad de conocer a los candidatos y sus propuestas,
pero también expresaron frustración por la superficialidad de los intercambios y el exceso de ataques
personales. El debate no solo reforzó la imagen de los candidatos más conocidos, como Sergio Massa
y Javier Milei, sino que también permitió un crecimiento significativo en el nivel de conocimiento de

Datos que se evidenciaron en el reglamento del Debate Balotaje 2023. Ver más acá: https://debate.electoral.gob.ar/2023/Reglamento%20SEGUNDA%20vuelta.pdf
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candidatos como Myriam Bregman y Juan Schiaretti, quienes lograron superar las expectativas previas. Según los participantes, Massa se consolidó como el candidato con la mejor performance, favoreciéndose de la proyección que esperaba su electorado, mientras que Bregman y Schiaretti lograron
aprovechar el espacio para ganar visibilidad, sobre todo entre los votantes que inicialmente los tenían
en menor consideración. Este es uno de los principales efectos registrados en el debate presidencial
argentino, el aumento en el nivel de conocimiento de candidato más chicos.
También emergió una demanda generalizada por debates más espontáneos, interactivos y
centrados en propuestas, en lugar de bloques guionados y estrategias de evasión. En resumen, mientras que el debate ofreció un escenario para que algunos candidatos consolidaran su imagen, para
otros dejó en evidencia las dificultades para cumplir con lo que su electorado anticipaba. Massa y
Bregman salieron beneficiados de esta dinámica, mientras que Milei y Bullrich quedaron rezagados
en cuanto a la satisfacción de expectativas. Los candidatos menos visibles, como Schiaretti, encontraron en el debate una oportunidad para crecer, lo que sugiere que la percepción del electorado puede
modificarse de manera significativa cuando las estrategias están alineadas con las oportunidades que
ofrece un evento de esta magnitud.
Estas sugerencias fueron parcialmente integradas en el debate del balotaje, que presentó un
formato más dinámico: los candidatos pudieron moverse libremente por el escenario, dialogar sin
atril y usar sus 12 minutos de exposición de manera flexible.
La segunda vuelta electoral entre Sergio Massa (Unión por la Patria) y Javier Milei (La Libertad Avanza) habilitó, según lo estipula la Ley 27.337, un tercer debate presidencial. Se realizó el 12 de
noviembre de 2023, una semana antes del balotaje, en el aula magna de la Facultad de Derecho de la
UBA. El evento se desarrolló en un contexto de máxima tensión electoral. Tras el sorpresivo triunfo
de Massa en la primera vuelta (36.6% frente a 29.9% de Milei), ambos candidatos rediseñaron sus
estrategias. Massa buscó despegarse de la gestión de Alberto Fernández, moderar su tono y disputar
el centro político. Por su parte, Milei selló un acuerdo político con el PRO —liderado por Mauricio
Macri y Patricia Bullrich— conocido como el Pacto de Acassuso, que le permitió absorber parte del
electorado de Juntos por el Cambio y reposicionarse como una opción competitiva.
El debate del balotaje introdujo cambios significativos en el formato: se eliminó el uso de
atriles, se permitió el desplazamiento libre por el escenario y se otorgó a cada candidato un total de
12 minutos administrables por eje temático, con la posibilidad de interrumpir, dialogar o contrastar
directamente con su adversario. Esta configuración buscó dar mayor fluidez al intercambio, alejándose del esquema rígido y secuenciado que predominó en los debates anteriores. El resultado fue un
evento más dinámico, con momentos de confrontación directa y gestualidad intensa.
La transmisión fue un éxito en términos de audiencia, superando los 50 puntos de rating en
televisión y el millón de visualizaciones en plataformas digitales. La reacción mediática posterior
mostró un marco relativamente unánime: gran parte de los principales analistas señalaron que Sergio
Massa tuvo un mejor desempeño. Se lo evaluó como más preparado, articulado y firme en sus respuestas. En contraste, Javier Milei fue percibido como inseguro, titubeante y errático, especialmente

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en el bloque económico inicial. Las interpretaciones en medios de comunicación reforzaron esa percepción, con titulares que hablaban de Sergio Massa cómo político profesional y un Javier Milei desbordado. Los estudios realizados durante el debate registraron una tendencia contraria al análisis
reinante (Pulsar, 2023). Este desajuste entre percepción mediática y comportamiento electoral evidencia lo que podríamos llamar una disonancia performativa: el candidato que “gana el debate” en
términos de puesta en escena, argumentación y dominio escénico no necesariamente mejor en su
posición electoral.
En efecto, Javier Milei resultó electo presidente con el 55.6% de los votos, en una elección que
desafió la lógica de los sondeos y mostró que la eficacia de los debates no puede medirse únicamente
por análisis de performance ni opiniones personales. Como ritual democrático, el debate cumplió su
función: dar visibilidad, contrastar visiones, permitir la confrontación directa. Funcionó como escenificación simbólica de la confrontación final, pero su capacidad para moldear preferencias estuvo
condicionada por factores estructurales: crisis económica, rechazo al oficialismo, realineamientos
partidarios y clima emocional de época.
Lejos de deslegitimar el formato, esta experiencia reafirma el valor democrático del debate:
ofrece una escena pública regulada donde se confrontan visiones de país, donde el ritual importa tanto
como el contenido. Pero también marca una advertencia: la espectacularización no garantiza comprensión, y la performance no siempre anticipa resultado.

Resultados y discusión
Los debates presidenciales en Argentina, institucionalizados recién en 2019 pero enraizados en una
tradición intermitente desde 1983, han adquirido una centralidad progresiva en el calendario electoral. Más allá de su obligatoriedad normativa, se han consolidado como rituales democráticos de alta
visibilidad y densidad simbólica. En esta sección se sintetizan los principales hallazgos del análisis
histórico y empírico desarrollado en las secciones anteriores, agrupados en cuatro dimensiones clave.
Efectos comunicacionales del debate
Uno de los hallazgos más consistentes es la capacidad de los debates para incrementar el nivel
de conocimiento sobre candidatos menos visibles. En las experiencias de 2019 y 2023, figuras como
José Luis Espert, Juan José Gómez Centurión, Juan Schiaretti y Myriam Bregman lograron posicionarse en segmentos del electorado que hasta entonces los desconocían. Este efecto de “presentación”,
más que de persuasión, resulta especialmente relevante en contextos de alta volatilidad y baja fidelidad partidaria, como el argentino.
En cuanto a los dos principales contendientes en cada elección, los debates operaron como
mecanismos de refuerzo de identidades preexistentes, tal como sugiere la literatura internacional
(Benoit et al., 2003; Holbrook, 1996). Los estudios empíricos disponibles, incluyendo encuestas pre
y post-debate, muestran que tanto en 2015 como en 2019 los candidatos con mayor intención de voto

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consolidaron la adhesión de su electorado, sin generar traslados significativos entre bloques (Lustig
et al., 2018). Asimismo, se registraron efectos cognitivos en sectores indecisos: mayor comprensión
temática, mejor discriminación de propuestas y posicionamientos ideológicos más claros, aunque no
necesariamente traducidos en cambios de intención de voto (Barbieri &amp; Reina, 2023).
Percepción ciudadana y demandas emergentes
Los datos cualitativos recabados en grupos focales posteriores a los debates de 2023 revelan
una ambivalencia estructural. Por un lado, los participantes valoran el debate como una instancia
necesaria, que permite comparar estilos de liderazgo, contrastar visiones y observar la conducta de
los candidatos en un entorno regulado. Por otro lado, emerge una insatisfacción creciente con la rigidez del formato, la escasa espontaneidad de los intercambios y el predominio de estrategias evasivas
o ataques personales por sobre el contenido propositivo.
Estas percepciones apuntan a una expectativa social de renovación del formato, con mayores
grados de interacción, dinamismo y participación ciudadana. La introducción de mecanismos como
las preguntas cruzadas, los derechos a réplica y la votación temática en 2023 fue valorada positivamente, aunque considerada aún insuficiente para generar deliberación genuina.
Disonancia performativa y límites del efecto persuasivo
Uno de los hallazgos más sugerentes del ciclo 2023 es la disonancia entre performance escénica y resultado electoral. En el debate previo al balotaje, múltiples evaluaciones mediáticas coincidieron en que Sergio Massa tuvo un mejor desempeño: más articulado, firme y seguro. En contraste,
Javier Milei fue percibido como errático, dubitativo y vulnerable en temas económicos. Sin embargo,
esta percepción no se tradujo en un cambio sustantivo en el resultado electoral: Milei ganó con más
del 55% de los votos.
Este desajuste entre “quién gana el debate” y “quién gana la elección” revela los límites del
debate como herramienta de persuasión en contextos de fuerte emocionalidad política y clivajes estructurales. Como señala Holbrook (1996), la evaluación del desempeño en debates suele estar condicionada por las predisposiciones previas del electorado. En este sentido, el debate no define el voto,
pero sí escenifica la forma en que cada candidato interpreta su rol en la democracia: su estilo de liderazgo, su modo de interpelar al otro y su narrativa de país.
El riesgo de la institucionalización vacía
La progresiva formalización del debate, sobre todo a partir de la Ley 27.337, permitió avanzar
en reglas claras, sanciones por inasistencia y una arquitectura organizativa estable. Sin embargo, la
consolidación normativa también conlleva el riesgo de burocratizar el formato: mantener estructuras
rígidas que cumplan con los requisitos legales, pero no con las expectativas ciudadanas.
El desafío actual es evitar que el debate se transforme en un ritual estéril, atrapado entre la
espectacularización mediática y la desafección democrática. Como advierten Mazzoleni y Schulz
(1999), la mediatización de la política tiende a privilegiar el impacto visual y emocional por sobre el

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�Una genealogía del debate presidencial en la Argentina democrática (1983-2023)

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contenido deliberativo. En este contexto, el debate presidencial debe encontrar un equilibrio entre lo
simbólico y lo sustantivo, entre la lógica televisiva y la lógica democrática.
A modo de síntesis, la Tabla 1 resume los principales momentos del recorrido histórico de los
debates presidenciales en Argentina, destacando las características centrales de cada período, los hitos más relevantes y las limitaciones persistentes. El esquema permite observar tanto la progresiva
institucionalización del formato como las tensiones no resueltas entre la promesa deliberativa del
debate y su conversión en evento performativo.
Tabla 1. Evolución histórica de los debates presidenciales en Argentina: etapas, características y limitaciones (1983-2023)
Periodo

Características Principales

Eventos Clave

Limitaciones

1983-2009

Etapa de reticencia estraté-

Debate frustrado de

Dependencia de acuerdos

gica y dispersión.

1989 (“silla vacía”).

ad hoc. Ausencia de re-

Intentos aislados a ni-

glas, cálculos de riesgo y

vel provincial.

experiencias

fragmenta-

das a nivel subnacional.
2010-2015

Etapa de emergencia social

Primer debate presiden-

Formatos rígidos. Escasa

e impulso desde abajo.

cial televisado impul-

interacción.

sado por la sociedad ci-

desconfianza hacia el for-

vil.

mato por parte de algunos

Persistente

actores.
2016-2019

Etapa de institucionaliza-

Se consolida la arquitec-

Enfoque performativo.

ción normativa.

tura institucional vía

Falta de profundidad y

Ley 27.337. Debates de

sustancia en los inter-

2019 y 2023 con forma-

cambios.

tos estandarizados.
2019-2023

Etapa de adaptación fun-

Adaptación paulatina a

Desajuste entre expectati-

cional y performance estra-

demandas sociales de

vas ciudadanas y formato

tégica.

autenticidad y transpa-

rígido. Riesgo de superfi-

rencia. Nuevas dinámi-

cialidad mediática.

cas de interacción.

Conclusión
La historia de los debates presidenciales en Argentina ofrece un espejo privilegiado para observar las
transformaciones del sistema político desde la recuperación democrática hasta la actualidad. Desde
la resistencia estratégica y la falta de institucionalización del período 1983–2011, pasando por la
emergencia desde la sociedad civil en 2015, hasta llegar a su consolidación normativa y escenificación

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masiva en 2019 y 2023, los debates pasaron de ser un gesto voluntario a un componente obligatorio
y esperado del calendario electoral.
A partir de allí, los debates presidenciales pasaron a cumplir una doble función. Por un lado,
operan como rituales democráticos, que permiten a la ciudadanía contrastar propuestas, estilos y liderazgos en una escena pública regulada. Por otro, funcionan como eventos mediáticos altamente
performativos, en los que la puesta en escena, la estrategia discursiva y las estrategias de ampliación
en redes y medios. Esta doble dimensión genera una tensión constante entre forma y sustancia, entre
deliberación y espectáculo.
Los formatos adoptados desde 2015 (en especial los de 2019 y los del balotaje 2023) muestran
una apertura progresiva a las demandas ciudadanas por mayor interacción, espontaneidad y claridad.
La inclusión de preguntas cruzadas, derechos a réplica y mecanismos de participación temática a través de votación digital son avances relevantes. Sin embargo, persiste una disonancia entre lo que los
debates ofrecen y lo que los ciudadanos esperan: mayor profundidad, más propuestas, menos guion
y menos evasivas.
Los efectos de los debates sobre la opinión pública y la decisión de voto siguen siendo limitados pero no nulos. Refuerzan identidades, consolidan decisiones en votantes indecisos, amplifican
visibilidad de candidatos menores y mejoran el conocimiento temático. Pero rara vez modifican de
manera sustancial la estructura del voto. Como mostró el caso del balotaje 2023, la performance en
el escenario no anticipa necesariamente el resultado en las urnas.
De cara al futuro, el desafío es profundizar la institucionalidad del debate sin caer en la burocratización del formato, permitiendo más flexibilidad sin perder la equidad. También será clave sostener una producción colaborativa con medios, universidades y organizaciones sociales para reforzar
su legitimidad pública. En un contexto de creciente polarización, fragmentación del voto y desafección política, los debates pueden seguir siendo uno de los pocos espacios donde el sistema político se
detiene a hablar (cara a cara, en público, y frente a todos) sobre su destino común. Los debates presidenciales no definen elecciones, pero sí definen algo más profundo: la forma en que una democracia
decide mirarse a sí misma.

Notas
Este artículo deriva parcialmente de una sección de la tesis de maestría de Augusto Reina (2020) y
del capítulo “Historia de los debates presidenciales” en Debatir para presidir (Barbieri &amp; Reina, 2023;
Reina, 2023).

Declaración de conflicto de intereses
El autor no informó ningún posible conflicto de intereses.

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�Una genealogía del debate presidencial en la Argentina democrática (1983-2023)

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�Regular la publicidad para controlar la obesidad: un análisis
comparado de política pública de los lineamientos y el anteproyecto en México
Regulate advertising to control obesity: a comparative analysis of public policy of the guidelines and the draft in Mexico

Tonatiuh Cabrea Franco
Facultad de Medicina UNAM (México)
Orcid https://orcid.org/0000-0002-8592-3941
tonatiuh.cabrera.franco@facmed.unam.mx

Resumen: Introducción. En México el 74.5% de la población adulta tiene sobrepeso u obesidad lo cual se ha asociado a la
ingesta hipercalórica proveniente de ultraprocesados. Para desinhibir su consumo en 2014 se reguló su publicidad, y en 2025
se presentó un anteproyecto para su actualización. Objetivo. Identificar las similitudes y diferencias entre los lineamientos de
regulación publicitaria de alimentos y bebidas no alcohólicas de 2014 y el anteproyecto de 2025. Métodos. Estudio de caso con
base en el análisis comparado de política pública en sistemas más similares a partir de fuentes documentales primarias codificadas por indización humana con seis variables: tipo de instrumento, perfil nutrimental, cobertura de productos, público objetivo, canales, y mecanismos de verificación y sanción. Resultados. En la comparación entre los lineamientos vigentes y el
anteproyecto, se identificaron como similitudes: el tipo de instrumento, público objetivo, y mecanismos de verificación y sanción. Las diferencias están en: el perfil nutrimental al igualarlo con el del etiquetado; el incrementó de la cobertura de productos, pero limitado a preenvasados; y el aumento en los canales regulados, al incluir internet, plataformas digitales, y regular el
contenido de mensajes publicitarios. Conclusiones. Existen retrocesos al ya no regular platos preparados o restaurantes de
comida rápida y pasar de 5 a 12 horas de regulación a 3; se requiere mayor claridad en lo referente a internet y plataformas
digitales para no dar espacio a eludir la regulación; y aún queda pendiente considerar a población adolescente, regular toda
estrategia de mercadotecnia, enfatizar la verificación y sanción, y utilizar un único perfile nutrimental para regular etiquetado,
publicidad e impuestos.

Palabras clave: Publicidad de alimentos y bebidas, comunicación y salud, políticas públicas, niños, sobrepeso
Abstract:

Introduction. In Mexico, 74.5% of the adults had overweight or obesity, which has been associated with high -

calorie intake from ultra-processed foods. To discourage its consumption, advertising was regulated in 2014, and a draft for its
update was presented in 2025. Objective. Identify similarities and differences between the 2014 guidelines for food and non alcoholic beverage advertising regulations and the 2025 draft. Methods. Case study bases on a comparative analysis of public
policy in more similar systems based on primary documentary sources coded by human indexing based on six variables: type
of instrument, nutritional profile, product coverage, audience, channels, and verification and sanction mechanisms. Results.
In the comparison, were identified as similarities: the type of instrument, audience and verification and sanction mechanisms.
The differences are in: the nutritional profile, increased product coverage but limited to pre-packaged products; and regulated
channels were increased by including Internet, digital platforms, and regulate the content of advertising messages. Conclusions. There are setbacks, such as not regulating prepared dishes or fast-food restaurants, and going from 5 to 12 hours of
regulation to only 3; is needed greater clarity in internet and digital platforms to avoid any room for circumventing regulation;
and is still pending to consider teenagers, regulate all marketing strategies, emphasize verification and sanction, and equate a
single nutritional profile labeling, advertising and taxes.

Keywords: Food and beverage advertising, health communication, public policy, children, overweight
Fecha de recepción: 17/07/2025
Fecha de aprobación: 25/09/2025
Fecha de publicación: 11/10/2025

Cómo citar este artículo / How to cite this paper: Cabrea Franco, T. (2025).

Regular la publicidad para
controlar la obesidad: un análisis comparado de política pública de los lineamientos y el anteproyecto en México. Revista de
Comunicación Política, 7, e250706. https://doi.org/10.29105/rcp.v7i1.81

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�Regular la publicidad para controlar la obesidad

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Introducción
En México para el año 2023 se estimaba que únicamente el 24.1% de la población adulta tenía peso
normal, y es que el 74.5% vivían con sobrepeso u obesidad, así lo estimó la Encuesta Nacional de
Salud y Nutrición 2023, cuyos datos señalan que en el país 37.4% de los adultos tiene sobrepeso, y
37.1 obesidad (Barquera et al., 2024). En población escolar se estima que el 36.5% tienen sobrepeso
u obesidad y en adolescentes llega al 40.4% (Shamah-Levy et al., 2024).
Entre los factores asociados al desarrollo de sobrepeso y obesidad se encuentran el sedentarismo y el consumo hipercalórico. En el caso del sedentarismo, en México según el Módulo de Práctica
Deportiva y Ejercicio Físico 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) se estima
que el 41.1% de los adultos en áreas urbanas realizan actividad física en su tiempo libre, de los cuales
64.2% señaló realizarlo al menos 3 días a la semana acumulando un mínimo de 75 minutos de actividad vigorosa o 150 minutos de actividad moderada (INEGI, 2025), lo cual es la recomendación de
suficiencia de actividad física semanal de la Organización Mundial de la Salud (OMS) (OMS, 2021).
De manera más puntual, esto quiere decir que únicamente el 26.3% de adultos en México cumple con
las recomendaciones de actividad física y entre los motivos de la inactividad sobresalen la falta de
tiempo, motivos de salud, cansancio por el trabajo, pereza y falta de dinero.
En cuanto a la alimentación, buena parte de la ingesta hipercalórico de los mexicanos proviene de productos ultraprocesados, donde las bebidas azucaradas juegan un importante papel, con
datos de la ENSANUT 2023 Barquera y colaboradores (2024) estimaron que la población adulta con
obesidad tiene un mayor consumo energético proveniente de bebidas azucaradas industrializadas en
comparación con la población que no tiene obesidad, y en población escolar y adolescente, ShamahLevy y colaboradores (2024), muestran un elevado consumo de energía de azúcares añadido proveniente de bebidas azucaradas y productos ultraprocesados, estando el 65% de esta población muy por
encima del límite de ingesta recomendada por la OMS, y sólo uno de cada cuatro escolares o adolescentes cubre la recomendación de consumo de frutas y verduras.
Lo anterior, es la representación de lo que Popkin y Ng (2022) denomina como la etapa cuatro
de la transición alimentaria. Para el autor, los cambios que se han producido en los patrones alimentarios y de actividad física a nivel poblacional han atravesado por cuatro grandes etapas: la primera
de ellas que llama de recolección de alimentos, estaba basada en dietas variadas, equilibradas y consumo de agua; la segunda, que llama de hambruna, se caracteriza por una dieta poco variada con
periodos de escasez y deficiencias nutricionales; en la tercera, que denomina de disminución de la
hambruna, el consumo de frutas, verduras y proteínas animales aumenta, pero se reduce el consumo
de alimentos ricos en almidón; y en la cuarta, de enfermedades no transmisibles relacionadas con la
nutrición, hay una dieta alta en grasas, colesterol y azúcares (provenientes principalmente de ultra
procesados), baja en fibra y vidas cada vez más sedentarias.
Esta cuarta etapa de la “transición alimentaria” nos ha hecho pasar de un patrón de alimentación basado en un mayor consumo de cereales complejos y verduras, a uno de menor consumo de
estos, alto consumo de grasas, y mayor consumo de productos de origen animal y ultraprocesados,

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pasando de “dietas tradicionales” a una “dieta occidental” (López &amp; Carmona, 2005). Y entre los factores relacionados con esta transición, Popkin y Ng (2022) destaca el “colonialismo alimentario” de
la industria de los ultraprocesados, los cuales son cada vez más asequibles e hiperpalatables1 y con
estrategias de marketing a las que están más expuestos los grupos de menores ingresos.
Esta dieta basada en ultraprocesados se ha asociado con la incidencia y prevalencia de sobrepeso y obesidad, además del aumento en el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, dislipidemia, hipertensión, síndrome metabólico, enfermedades respiratorias, cáncer, entre otros padecimientos (Martí el Moral et al., 2021), esto debido al alto contenido energético de estos productos
que tienen una elevada concentraciones de azúcares, grasas, aceites y sal, además de otros aditivos
que de manera natural no se encuentran en los alimentos.
En un estudio experimental (Hall et al., 2019) se alimentó por dos semanas a un grupo de
adultos de peso normal con una dieta a base en alimentos no procesados y otras dos semanas con
ultraprocesados. Los resultados arrojaron una pérdida de peso de 0.9 kg en el primer escenario y una
ganancia de 0.9 kg en el segundo, el estudio fue complementado por “dos grandes cohortes europeas
que mostraron una fuerte relación positiva entre los alimentos ultraprocesados y las enfermedades
cardiovasculares y la mortalidad general” (Popkin, 2020, p. 6).
Este cambio o transición en los patrones alimentarios ha sido consecuencia de diversos factores como lo son: el crecimiento económico —ya que “cuanto más alto es el ingreso, mayor es la
disponibilidad de energía” (Galán Ramírez, 2021)—, los horarios de trabajo y el ritmo de vida —que
favorecen el consumo de alimentos “listos para comer” o “calentar y servir”—, la urbanización y la
baja disponibilidad de alimentos reales, entre otros, pero también se señala, el papel que juega la
industria de los medios y la publicidad que acerca, difunde y hace deseables productos de alto contenido energético y bajo valor nutrimental.
López y Carmona (2005) señalan que la publicidad ha promovido la transición alimentaria
con el fomento de cambios socioculturales y de comportamientos que favorecen la ingesta de ultraprocesados; el Instituto Nacional de Salud Pública de México apunta que “De acuerdo con la evidencia, la publicidad de alimentos y bebidas es uno de los factores que promueven cambios en los patrones de alimentación que fomentan la obesidad” (INSP, 2013) y Martí el Moral et al. (2021) señalan
que desde la década de 1980 han aumentado las estrategias de marketing2 que engloban la producción, promoción y acceso de alimentos y bebidas ultraprocesados, no sólo al hacerles publicidad, sino
también al aumentar el tamaño de las porciones, ofrecerlas a un precio más bajo y haciéndolas más
disponibles.

Alimentos industrializados que, por su alto contenidos de azúcares, grasa, sal u otros aditivos estimulantes,
resultan muy agradables al gusto de las personas.
2 Se entiende por “marketing” el proceso amplio de presentación de productos, selección de puntos de venta,
determinación de precios y ofertas, y a la publicidad como el proceso informativo y persuasivo que se hace sobre
bienes o servicios.
1

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De esta manera, la industria de los ultraprocesdos ha cambiado el entorno alimentario al insertar en la dieta global sus productos de bajo valor nutrimental y alto contenido energético, con estrategias de marketing cada vez más agresivas que posicionan sus marcas en los diferentes mercados,
e inciden de forma directa en “las iniciativas de regulación pública que apoyan (o bloquean)” (Hoffman, 2013, p. 28) según sus propios intereses, y a expensas de los daños a la salud que pueden generar, por lo que el objetivo de esta investigación es analizar la regulación publicitaria de estos productos
en México.

Antecedentes
Frente al aumento en el consumo de ultraprocesados en todo el mundo y los daños a la salud que
estos pueden generar, se han incorporado a nivel mundial tres principales instrumentos de política
pública que buscan disminuir su consumo vía la regulación. El primer instrumento regulatorio es el
fiscal, que vía un gravamen directo a productos con exceso calórico o de nutrimentos críticos, principalmente bebidas azucaradas, busca desincentivar la adquisición y consumo de estos. Sin embargo,
para la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, dentro de las brechas de estas políticas fiscales se encuentra el no utilizar un perfil nutrimental que identifique claramente a los alimentos y bebidas susceptibles a ser gravados y el no estar utilizando los impuestos
recaudados para subsidiar alimentos saludables (Popkin, 2020).
La segunda política es la referente al etiquetado, el cual ha tenido tres vías de implementación: el sistema de nutrimentos específicos con indicadores por nutrimento, el sistema de resumen
con indicadores globales de contenido nutrimental y el sistema de información por grupo de alimentos con símbolos que enfatizan contenidos por ingredientes (Tolentino et al., 2018). En el caso de
México, se ha tenido una ejecución de cada uno de estos sistemas de etiquetado, los cuales se han
modificado hasta el actual sistema de información por grupos de alimentos de 2020 que destaca por
incluir un perfil nutrimental con puntos de corte basados en recomendaciones internacionales.
Por último, el control de la publicidad ha sido una tercera vía que busca reducir la exposición
mediática a mensajes de productos con exceso calórico o de nutrimentos críticos, lo cual se espera
lleve a una reducción del consumo de estos alimentos. Este instrumento regulatorio ha estado orientado principalmente a las audiencias infantiles, bajo la premisa de la OMS (2010) de la credulidad y
falta de experiencia en los niños.
La regulación publicitaria como estrategia internacional, data por lo menos del año 2004
cuando la OMS en su “Estrategia Global sobre Régimen Alimentario, Actividad Física y Salud” (OMS,
2004) reconoció el papel que tiene la publicidad en la elección alimentaria de los niños, instando a
los países miembros a desalentar publicidad malsana. Seis años después, en la 63 Asamblea Mundial
de la Salud, en el “Conjunto de recomendaciones sobre la promoción de alimentos y bebidas no alcohólicas dirigidas a los niños” se señaló a la publicidad como un factor de riesgo (OMS, 2010). En
2013, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, 2013) señaló que la publicidad de

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alimentos y bebidas no saludables es un factor de riesgo para la obesidad infantil al influir en las
preferencias y solicitud de compra y consumo de niños y adolescentes, y más recientemente UNICEF
juntos con la OMS (2023) han enfatizado en la creciente e inequívoca evidencia sobre la influencia
que juega el marketing en su amplio espectro en las preferencias alimentarias y la ingesta excesiva de
energía en los niños.
A nivel internacional, existen distintos ejemplos de regulación publicitaria que con instrumentos heterogéneos han buscado proteger a las audiencias infantiles de la publicidad de alimentos
poco saludables. En Chile en 2016 entró en vigor la Ley 20869 que, en el caso de la protección a los
menores de 14 años de la publicidad de alimentos y bebidas con exceso de nutrimentos críticos, la
prohíbe en televisión de 6:00 a 22:00 horas, y restringe el uso de elementos dirigidos a niños en sus
mensajes. Entre los resultados de este instrumento se destaca una reducción del 64% del número de
anuncios de alimentos con alto contenido de nutrimentos críticos (Dillman Carpentier et al., 2023).
En el Reino Unido no se permite fomentar el consumo de productos altos en grasas, sal y
azúcares vía ofertas promocionales dirigidas a menores de 16 años. Además, se prohíbe toda la publicidad de estos productos dirigida esta población en cualquier medio no audiovisual y en 2022 se
aprobó una reforma programada para entrar en vigor en octubre de 2025 que restringirá la publicidad
de estos productos en radio, televisión y servicios de video bajo demanda entre las 5:30 y 21:00 horas,
con ciertas excepciones (Rozados Oliva, 2024).
En Canadá, en la provincia de Quebec, la ley de protección de los consumidores prohíbe toda
publicidad (incluida de alimentos y bebidas) dirigida a menores de 13 años en radio, televisión, internet, impresos, señalizaciones y artículos promocionales. Como resultado de este instrumento, se reportó una disminución del 53% en la exposición a la publicidad de alimentos y bebidas en esta población, aunque se identificó que los alimentos más publicitados fueron la comida rápida, seguida de
chocolates, por lo que se señala que la niñez sigue expuesta a publicidad de comida poco saludable
(Pauzé et al., 2021).
La recomendación internacional del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF,
2020) sugiere:


Considerar la protección de niñas, niños y adolescentes hasta los 18 años,



Incluir una amplia gama de canales publicitarios (radio, cine, televisión, medios impresos,
internet),



Cubrir un conjunto amplio de técnicas mercadotécnicas (patrocinios, ofertas, promociones,
regalos, mensajes),



Utilizar un perfil nutrimental estricto, y



Adoptar mecanismo de aplicación efectivo con sanciones.
Sin embargo, UNICEF no identificó ningún país que cumpla con todas las recomendaciones

en su instrumento regulatorio.

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En México, para enfrentar el problema del sobrepeso y obesidad se articuló en 2013 estos tres
instrumentos regulatorios en el marco de la Estrategia Nacional para la prevención y control del sobrepeso, la obesidad y la diabetes (Gobierno de la República, 2014) y se realizó una reforma fiscal con
un gravamen del 8% por cada 100 gramos de alimentos no básicos (botanas, confitería, chocolate,
flanes, pudines, dulces de frutas y leche, cremas de cacahuate y avellanas, helados, nieves, paletas de
hielo y alimentos dulces a base de cereal) con alta densidad calórica cuyo contenido energético supere
las 275 kilocalorías, así como un peso por litro a bebidas con azúcares añadidos.
En cuanto al etiquetado, se implementó un sistema de nutrimentos específicos basado en
guías diarias de alimentación, pero que resultaba incomprensibles incluso para estudiantes de nutrición a los cuales les tomaba más de una hora interpretarlo y sólo el 1.8% lo hacía de manera correcta
(Stern et al., 2011). Por último, se emitieron lineamientos de regulación de la publicidad de alimentos
y bebidas no alcohólicas en televisión abierta y restringida y salas de exhibición cinematográficas en
horarios y contenidos infantiles.
Dos años después de la implementación del impuesto a los alimentos no básicos y bebidas
con azúcares añadidos se señalaba que este gravamen había logrado reducir la compra de estos productos en un 7.4% en el primero de los casos y 7.6% en el segundo (Barrientos-Gutiérrez et al., 2019).
Actualmente, y debido a la inflación, el gravamen por litro de bebidas azucaradas ya es de $1.64 por
litro mientras que el de los alimentos no básicos sigue siendo del 8%. Este mecanismo fiscal no ha
sido modificado, pero existe un llamado por parte de organizaciones civiles para actualizarlo en el
Paquete Económico 2026. La propuesta pide que en el caso de los alimentos se llegue a un 20% y en
las bebidas con azúcares a $7.00 por litro (Fundar et al., 2025).
En cuanto al etiquetado, en 2014 se adoptó un sistema de nutrimentos específicos basado en
guías diarias de alimentación el cual presuponía una capacidad aritmética y conocimiento de la ingesta calórica que no se tiene a nivel poblacional, por lo que en 2020 se logró hacer un cambio a la
Norma Oficial Mexicana 051 (Secretaría de Salud, 2020) para pasar a un sistema de etiquetado con
información por grupo de alimentos, con un perfil nutrimental basado en recomendaciones internacionales y símbolos sencillos de entender a nivel poblacional que enfatizan el exceso de contenido de
nutrimentos críticos.
En el caso de la regulación publicitaria, en el año 2014 se realizó una reforma al Reglamento
de la Ley General de Salud en Materia de Publicidad (RLGSMP) (Cámara de Diputados, 2024), al que
se le agregó el artículo 22 bis para otorgar a la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos
Sanitarios (COFEPRIS) la facultad de dictar lineamientos para la publicidad de alimentos y bebidas
no alcohólicas dirigida a la niñez.
Este instrumento restringe la publicidad de productos que no cumplan con el perfil nutrimental en salas de exhibición cinematográfica y televisión abierta y restringida, en funciones y horarios destinados a un público infantil, lo cual es en el caso del cine en películas de clasificación A y AA
y en televisión de lunes a viernes de 2:30 pm a 7:30 pm y sábados y domingo de 7:00 am a 7:30 pm
(Secretaría de Salud, 2014).

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Sin embargo, existen una serie de críticas a este instrumento, la primera de ellas sobre el
perfil nutrimental, ya que se señala que está basado en el código Pledge de autorregulación publicitaria de la unión europea, el cual fue flexibilizado en México y supera por mucho las recomendaciones
internacionales de contenido aceptable de nutrimentos críticos (Calvillo et al., 2015).
Otro punto son las excepciones al cumplimiento de las restricciones, ya que se permite la
transmisión de publicidad que no cumpla con el perfil nutrimental en spots sobre ofertas o promociones durante la transmisión de telenovelas, deportes, noticieros y series y películas cuya clasificación no sea apta para el público infantil (de la B en adelante), así como en programas que no tengan
más de un 35% de audiencia de población entre 4 y 12 años.
A estas excepciones hay que agregar que en 2016 se permitió la transmisión de programas de
clasificación B (12 años en adelante) a partir de las 16:00 horas, y no hasta las 20:00 horas como se
estipulaba, abriendo otra posibilidad a la transmisión de publicidad restringida. Además, datos del
Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) (IFT, 2023a) señalan que el horario de mayor exposición de los niños a la televisión es de 20:30 a 21:00 horas y los géneros que más se consumen son
dramas unitarios y telenovelas, permitiendo como excepción la transmisión de productos de alto contenido energéticos en el horario y género de mayor consumen infantil.
Los lineamientos entraron en vigor en dos fases, la primera en 2014 con las bebidas saborizadas, botanas, confitería y chocolates, y la segunda en 2015 con el resto de las categorías. En un
comparativo de la publicidad en la televisión abierta en México entre 2012 (antes de la regulación),
2014 (tras la primera fase de implementación) y 2015 (después de la segunda fase de implementación), se reportó una disminución en la emisión de anuncios de alimentos y bebidas en términos generales de únicamente el 3%, pero un aumento de casi el 10% de anuncios de esta categoría en la barra
AAA, la cual no está regulada y abarca el horario de mayor exposición del público infantil (Cabrera
Franco, 2017).
Actualmente, los patrones de consumo mediático y televisivo de la niñez han cambiado y ya
no son los mismos que en 2014. Para 2023 los datos del IFT (2024a) señalaban que el 64% de los
escolares estuvieron expuestos a la televisión con un tiempo de visión en promedio de 5 horas con 20
minutos, pero el 36.8% de ellos utilizaron el televisor para otras señales y dispositivos (streaming,
videojuegos y otros dispositivos conectados al televisor), el 36.2% para sintonizar televisión abierta,
y el 26.8 televisión de paga, aunque la televisión abierta y restringida siguen siendo el principal uso
que se le da al dispositivo, los usos complementarios está ganando terreno.
En cuanto a internet, para el 2023 la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (INEGI, 2024) estimaba que 71.4% de las personas de 6 a
11 años eran usuarias de internet, con un tiempo promedio de uso de 2.5 horas al día, en la población
de 12 a 17 años la cifra llegaba a 92.4% con un uso promedio de 4.7 horas al día, y los principales usos
de internet eran comunicación, redes sociales y entretenimiento.

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Para 2023, según la Encuesta Nacional de Consumo de Contenidos Audiovisuales, el 83% de
niñas, niños y adolescentes declararon utilizar internet y 68% alguna red social, YouTube es la plataforma más utilizada (80%), seguido por TikTok (47%), el teléfono celular es el dispositivo que más se
usa para consumir contenidos por internet (78%), seguido por las televisiones inteligentes (36%)
(IFT, 2023a).
Con lo anterior, se deja ver la necesidad de actualizar los lineamientos a los nuevos patrones
de consumos mediáticos de la niñez, y aunque pudieron ser modificados desde 2019, fue hasta 2022
que con una reforma al artículo 22 bis del RLGSMP se buscó hacer compatible al nuevo sistema de
etiquetado de 2020 con la regulación publicitaria, e incluir además del cine y la televisión a internet
y demás plataformas digitales, quedando la redacción de la siguiente manera:
Será objeto de permiso por parte de la Secretaría, otorgado a través de la Comisión Federal
para la Protección contra Riesgos Sanitarios, la publicidad que se realice en televisión abierta,
televisión restringida, salas de exhibición cinematográfica, internet y demás plataformas digitales, sobre la existencia, calidad y características de los alimentos y bebidas no alcohólicas,
así como para promover su uso, venta o consumo en forma directa o indirecta, cuando la
etiqueta de dichos productos incluya el sistema de etiquetado frontal, conforme a la norma
correspondiente. (Cámara de Diputados, 2024, p. 6)
Pero tuvieron que pasar más de dos años para que la COFEPRIS, responsable de emitir y
hacer cumplir dicho mandato legal, publicara en marzo de 2025, el anteproyecto de lineamientos de
regulación publicitaria de alimentos y bebidas no alcohólicas en televisión abierta, restringida, salas
de exhibición cinematográfica, internet y demás plataformas digitales.
Con lo anterior, resulta pertinente contestar a la siguiente pregunta de investigación: ¿cuáles
son las similitudes y diferencias entre los lineamientos de regulación publicitaria de alimentos y bebidas no alcohólicas de 2014 y el actual anteproyecto de 2025? Y con ello, buscar reconocer avances,
retrocesos y oportunidades que tenga el anteproyecto.

Metodología
Para contestar a la pregunta de esta investigación, se optó por un abordaje cualitativo, a partir
de un estudio de caso, el cual se entiende como “un examen intensivo de una entidad individual de
una categoría o especie” (Reyes, 1999, p. 78), con lo que se puede mirar a detalle la entidad o entidades
que se consideran relevantes debido a sus características. El caso seleccionado fue el de la regulación
publicitaria de alimentos y bebidas no alcohólicas en México, que actualmente tiene dos versiones:
los lineamientos vigentes publicados de 2014 y el anteproyecto para su reforma de 2025.
Para observar similitudes y diferencias del instrumento regulatorio se optó por realizar un
análisis comparado de política pública, el cual es un diseño de investigación descriptivo que busca
explicar con base en los supuestos teóricos las similitudes y diferencias en los casos a analizar a partir

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de una confrontación empírica de dos o más realidades que se consideran relevantes (Bulcourf &amp; Cardozo, 2008).
La selección de casos relevante es el primer paso del método comparado. Generalmente, este
método se utiliza para analizar dos políticas de latitudes geográfica distintas y, con ello, entender
fenómenos sociales complejo de manera integral en dos lugares diferentes a partir de su examinación
directa de forma simultánea. Pero al tener dos versiones pertenecientes a un mismo caso, se tomaron
estas dos versiones y se abordó como un análisis de sistemas más similares (Altamirano Santiago &amp;
Martínez Mendoza, 2011), con lo cual se vieron las dos versiones en un solo contexto.
La selección de los documentos a analizar para obtener la información empírica necesaria fue
a partir de aquellos que respondieran al caso y vigencia en el país, por lo cual se tomaron los lineamientos de regulación publicitaria de 2014 (que siguen siendo vigentes en México), y el anteproyecto
de 2025 (que busca remplazar los lineamientos de 2014). Ambas, son fuentes documentales primarias
de carácter oficial y acceso público.
La codificación y análisis de los documentos se realizó por indización humana. El proceso de
codificación se realizó a partir de criterios textuales según características sintácticas, semánticas o
programáticas y criterios extratextuales vinculando el corpus textual, con el medio social y los parámetros teóricos (Galeano Marín, 2014). Ya codificados los documentos fueron categorizados según
las variables de interés.
Las categorías y variables analíticas seleccionadas fueron tomadas de la revisión de la literatura, las experiencias internacionales y las recomendaciones que organismos internacionales señalan
para el diseño de políticas de regulación publicitaria las cuales fueron:


Tipo de instrumento: se refiere al instrumento de política pública utilizado por el sistema en
cuestión para resolver o disminuir las causas del problema público existente.



Tipos de alimentos: hace referencia al perfil nutrimental utilizado o desarrollado para establecer los alimentos y bebidas susceptibles a ser regulados.



Cobertura de productos: Cantidad o número de productos que pueden ser considerados por
el marco regulatorio.



Público: Población objetivo que tiene o declara el instrumento.



Canales: Medios y/o estrategias consideradas por el instrumento para su regulación.



Mecanismo de verificación y sanción: Herramientas jurídicas del instrumento para asegurar
su cumplimiento.

Resultados
Tipo de instrumento
El primer instrumento regulatorio de la publicidad de alimentos y bebidas no alcohólicas dirigidos a la niñez en México fue el código Pabi de 2009, un instrumento voluntario de autorregulación

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desarrollado por la industria. En 2013 con la Estrategia Nacional para el Control del Sobrepeso, Obesidad y la Diabetes y la adición del artículo 22 bis al RLGSMP en 2014, la regulación de la publicidad
de alimentos y bebidas no alcohólicas pasó de ser voluntario a obligatorio, al tener un sustento jurídico claro.
Esta regulación, deriva del artículo 4º párrafo cuarto de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que establece el derecho a la protección de la salud, a la cual se le da contenido
concreto en la Ley General de Salud, que en su título décimo tercero otorga a la Secretaría de Salud la
facultad de autorizar la publicidad para proteger la salud poblacional, para lo cual, se emitió en 1986
el Reglamento de la Ley General de Salud en materia de Control Sanitario de la Publicidad, el cual fue
sustituido en el año 2000 por el actual RLGSMP.
En México, un reglamento es un instrumento técnico y operativo con carga jurídica que organiza las actividades de la administración pública federal en un contexto determinado. El RLGSMP
incorporó en febrero de 2014 el artículo 22 bis que faculta a la COFEPRIS para autorizar la publicidad
de alimentos y bebidas no alcohólicas en cine y televisión, esto con el fin de proteger el principio de
interés superior de la niñez. Este artículo fue modificado en 2022 para incorporar internet y plataformas digitales y armonizar el instrumento con el sistema de etiquetado frontal de advertencia de 2020.
Por lo anterior, actualmente el tipo de instrumento regulatorio que se utiliza en México para
la publicidad de alimentos y bebidas no alcohólicas son “lineamientos”, los cuales tienen un sustento
y carga jurídica específica y por tanto son obligatorios de cumplir. Los lineamientos se utilizan cuando
se busca particularizar, establecer procedimientos o detallar acciones para la aplicación de ordenamientos de mayor jerarquía y van a describir pautas y establecer criterios para llevar a cabo ciertas
actividades o tareas específicas de manera eficiente y óptima (Secretaría de la Función Pública, 2011).
Además de sustento jurídico, los lineamientos le dan contenido técnico y operativo concreto a lo dispuesto en el reglamento, y son diseñados y emitido por la dependencia facultada para ello, que ambos
casos fue la COFEPRIS.
Tipos de alimentos
En cuanto a los tipos de alimentos, el perfil nutrimental de alimentos y bebidas no alcohólicas
en los lineamientos de 2014 estuvieron estructurados en 12 categorías y 28 subcategorías, sobresaliendo la prohibición total de confitería y chocolates. Sin embargo, los puntos de corte de energía,
sodio, grasa saturada y azúcares permitidos para el resto de las subcategorías estuvieron basados en
el código Pledge de autorregulación publicitaria de la Unión Europea, lo cual quiere decir que, si en
México se venía de una autorregulación, de cierta forma en 2014 se institucionalizó esto, con criterios
nutrimentales diseñados por la industria.
En su momento la asociación civil El poder del Consumidor (Calvillo et al., 2015), señaló que
incluso los criterios nutrimentales del código Pledge fueron flexibilizados en el país ya que, por ejemplo, Pledge no permitía la publicidad de jugos y néctares por tener azúcares añadidos, pero en México
sí era posible si tenían menos de 13 gramos de azúcares por cada 100 mililitros. Otro ejemplo es el de

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los cereales, que Pledge aceptada con 15 gramos de azúcar por cada 100 gramos de producto, cuando
en México se cambió a 30 gramos de azúcar y la recomendación internacional era de 5 gramos (Calvillo et al., 2015).
Con el cambio de 2022, se establece en el RLGSMP que el perfil nutrimental que ahora se
debe utilizar para la regulación de la publicidad será el de la NOM-051 de Especificaciones generales
de etiquetado para alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasados-Información comercial y sanitaria, señalando que los productos con uno o más elementos del sistema de etiquetado frontal estarán sujetos a regulación de su publicidad. En el año 2020 se publicó la modificación a la NOM-051
en materia de etiquetado para alimentos y bebidas no alcohólicas. Este cambio destaca por la incorporación de sellos de advertencia que informan sobre excesos de nutrimentos críticos (calorías, azúcares, grasas saturadas, grasas trans y sodio), y leyendas precautorias sobre contenido de edulcorantes o cafeína en productos preenvasados.
En el caso de la NOM-051, la determinación del punto de corte estuvo basado en evidencia
científica y recomendaciones internacionales que tomaron como punto basal el aporte energético por
nutrimento crítico con los que en promedio contribuye de manera natural cada uno de ellos.
Par ver la diferencia entre el actual perfil nutrimental de los lineamientos, y el que se usará
basado en la NOM-051, se puede poner el ejemplo del yogurt bebible con fresa Lala (que actualmente
emite publicidad en horarios restringidos), el cual contiene 12.4 gramos de azúcares por cada 100
gramos de producto. Según el actual perfil nutrimental, es posible la transmisión de su publicidad ya
que no supera los 13.5 gramos de azúcares por cada 100 gramos de producto que actualmente se permite en su subcategoría. Sin embargo, si nos basáramos en el sistema de la NOM-051, en el caso de
azúcares se considera exceso si la cantidad de calorías aportadas por los azúcares igualan o superan
al 10% de la energía total del producto. En este yogurt el aporte calórico de los azúcares equivale al
65.2% del total de energía, por lo que al superar el 10% permitido el yogurt tiene el sello de exceso de
azúcares y, por tanto, no podría hacerse publicidad del mismo dirigida a niñas y niños como actualmente ocurre.
Cobertura de productos
Con lo dicho en el apartado anterior y el ejemplo queda claro que el perfil nutrimental del
anteproyecto basado en la NOM-051 de etiquetado abarcaría a un mayor número de productos de los
cuales no se podría emitir publicidad en los horarios, géneros y plataformas de consumo infantil.
Pero, además, aquellos productos con uno o más elementos del sistema de etiquetado frontal requerirían de permiso de publicidad.
Dicho permiso aplicaría para la publicidad directa (explícita) o indirecta (uso de nombre
marca o emblema, inserción o mención), en cualquier horario, género o plataforma, e implicaría que
para ser autorizado dicho mensaje publicitario no debería: incluir personajes infantiles, celebridades,
deportistas, mascotas o elementos interactivos; atribuir valor nutrimental superior o hacer comparativos con alimentos o bebidas naturales; realizar comparaciones con productos similares; sugerir que

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la ingesta proporciona habilidades extraordinarias; transmitir idea de urgencia; incitar al consumo
excesivo; sugerir que su consumo sustituye comidas completas; usar imperativos; y/o sugerir que se
modifican proporciones del cuerpo. Además, deberían: incluir en el mensaje los elementos del sistema de etiquetado frontal del producto; si se usa el envase mostrar los elementos del sistema de
etiquetado; y mostrar el número del permiso de publicidad.
Con lo anterior se abre el espectro a la regulación de mensajes, además de la restricción de su
emisión en ciertos horarios, géneros y plataformas. Sin embargo, hay que anotar que esto se ciñe
únicamente a los alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasados, lo que posibilita la publicidad de
comida preparada de alto contenido energético, lo cual no ocurre con los actuales lineamientos en los
que no se acota a los preenvasados y considera en una de sus subcategorías a los “platos compuestos,
platos principales y sándwiches”.
Además, cabe destacar que en la NOM-051, aunado a los sellos de advertencia de nutrimentos
críticos, también se incluyeron las leyendas “contiene edulcorantes, no recomendable en niños” y
“contiene cafeína – evitar en niños”, pero según el anteproyecto sólo se consideran los elementos del
“sistema de etiquetado frontal”, los cuales según la NOM-051 en su apartado 4.5.3.4.1 son sólo los
sellos de advertencia ya que las leyendas no se estipulan en ese apartado sino hasta el 7 de “leyendas”.
Por ello, se puede interpretar que el contenerlas no restringiría la transmisión de su publicidad ni se
regularían sus mensajes.
Público Objetivo
En cuanto a la población objetivo, desde la redacción original de 2014 del artículo 22 bis del
reglamento se estableció que se hacía mirando al principio de interés superior de la niñez, por lo que
horarios, géneros y plataformas restringidas se consideraron bajo el supuesto de proteger a este grupo
etario definido entre los 6 y 12 años. Sin embargo, aunque se puede reconocer que la inclusión de los
sellos de advertencia en los mensajes publicitarios incidirían en otros grupos de edad, las recomendaciones internacionales exhortan a considerar no sólo a niñas y niños, sino también a adolescentes
de hasta 18 años (World Health Organization, 2023).
Canales
En lo referente a los canales, y como ya se ha señalado, otro de los cambios que se establecieron desde la modificación del artículo 22 bis del reglamento es la inclusión de internet y demás plataformas digitales, aunado a salas de exhibición cinematográficas y televisión abierta y restringida.
En el caso de salas de exhibición cinematográficas no hay cambios, pues se sigue restringiendo la
publicidad de productos regulados en proyecciones de películas A y AA3.

3 “La clasificación ‘AA’ son programas dirigidos a las niñas y

niños, con contenidos predominantemente positivos
que tienen como fin promover el libre desarrollo armónico e integral de ese sector de la población; la Clasificación
‘A’ son programas aptos para todo tipo de audiencias con contenidos que buscan propiciar la integración de las
familias y la convergencia de audiencias” (Secretaría de Gobernación, 2017, p.1).

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En cuanto a la televisión abierta y restringida, el anteproyecto recorta los horarios y, si en los
lineamientos vigentes se restringe de lunes a viernes de 14:30 a 19:30 horas y sábados y domingos de
7:00 a 19:30 horas, el anteproyecto sólo considera de lunes a domingo de 19:00 a 22:00 horas; si bien
es entre las 20:30 y 21:00 horas cuando hay una mayor proporción de encendido de televisión en
niños con un 27.69%, según cifras de audiencia de IBOPE México (IFT, 2023b). Si lo vemos por bloques, se señala que es el bloque de la tarde (de 10:00 a 18:00) en el que hay un mayor porcentaje
acumulado de niños y niñas con la televisión encendida con un 21.53%, seguido por el bloque de la
noche (18:00 a 02:00) en que se reporta un 21.20% (IFT, 2024b). Y datos de la Encuesta Nacional de
Consumo de Contenidos Audiovisuales 2024 reportan que de los niños encuestados el 66% señalaba
ver la televisión en la tarde (12:00 a 18:00) mientras que el 26% refería que en la noche (18:00 a
00:00) (IFT, 2024a).
En el caso del anteproyecto no se contemplan excepciones para la transmisión de publicidad
de productos con uno o más elementos del sistema de etiquetado frontal, cuando en los actuales lineamientos se permite la publicidad que no cumpla con el perfil nutrimental en horarios restringidos
cuando se trata de ofertas, durante la transmisión de telenovelas, deportes, noticieros y series y películas cuya clasificación no sea apta para el público infantil (de la B en adelante), así como en programas que no tengan más de un 35% de audiencia de población entre 4 y 12 años.
Para internet y plataformas digitales, únicamente se menciona que podrán publicitarse
“cuando las plataformas o los contenidos no sean dirigidos a niños y se exhiban en los horarios establecidos en la fracción I del presente numeral” (COFEPRIS, 2025, p. 7), con lo cual se entiende que
no podrán publicitarse los artículos con etiquetado frontal en plataformas o contenidos dirigidos a la
niñez y todos los días de 19:00 a 22:00 horas.
En este punto, cabría preguntarse si se debe utilizar la misma franja horaria y cómo se determinará cuál es una plataforma o contenido digital dirigido a la niñez, ya que, si bien en el caso de
audiovisuales se cuenta con lineamientos para su clasificación por parte de la Secretaría de Gobernación, no existen instrumentos similares para clasificar plataformas o contenidos digitales de productores autónomos, y muchas veces anónimos, que circulan en plataformas como YouTube o TikTok.
Lo anterior resulta especialmente relevante ya que, como ya se había mencionado, para el
2023 se estimaba que un 71.4% de las personas entre 6 y 11 años usaba internet (INEGI, 2024), el
74% alguna red social, siendo TikTok la más utilizada por este grupo con un 71%, y YouTube la plataforma más consumida con un 80%, otras plataformas de streaming quedan lejos como Netflix (18%),
Disney+ (11%) o YouTube Kids (8%), y el horario reportado en que más consume internet en este
grupo de edad es por la tarde (12:00 a 18:00) con un 69%, seguido por la mañana (06:00 a 12:00)
con un 26%, y por último la noche (18:00 a 00:00) con un 23% (IFT, 2024a), por lo que no se regularían las plataformas ni los horarios de mayor consumo de internet de la niñez.

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Tabla 1. Comparativo de los lineamientos de regulación publicitaria dirigida a la niñez
de 2014 y el anteproyecto para su reforma de 2025
Variable

Lineamientos 2014

Anteproyecto 2025

Tipo de instru-

En ambos casos el instrumento utilizado son lineamientos sustentados jurídica-

mento

mente en la constitución, la Ley General de Salud y el RLGSMP

Perfil Nutri-

Basadas en el código Pledge de au- Se toma el perfil de la NOM-051 el cual está

mental

torregulación de la Unión Europea basado en evidencia científica y recomendase establecieron 12 categorías y 28 ciones internacionales que tomaron como
subcategorías que en México acep- punto basal el aporte energético por nutritaban mayor contenido energético mento crítico con el que en promedio contrique el código y la recomendación buye de manera natural cada uno, regulando
internacional

cualquier producto que incluya uno o más
elementos del sistema de etiquetado frontal

Cobertura de

Preenvasados y platos compues- Preenvasados que incluya uno o más elemen-

productos

tos, platos principales y sándwi- tos del sistema de etiquetado frontal
ches que no cumplan el perfil nutrimental

Público

En ambos casos está dirigido a niños y niñas de 6 a 12 años con el fin de proteger
el interés superior de la niñez

Canales

Salas de exhibición cinematográfi- Salas de exhibición cinematográficas en concas en contenidos A y AA y televi- tenidos A y AA, televisión abierta y restrinsión abierta y restringida de lunes gida todos los días de 19:00 a 22:00 horas, e
a viernes de14:30 a 19:30 horas y internet y demás plataformas digitales en
sábado y domingo de 7:00 a 19:30 contenidos dirigidos a niños y de lunes a dohoras.

mingo de 19:00 a 22:00 horas, además de regular mensajes publicitarios.

Mecanismos de Al tener el mismo sustento jurídico, son o serían obligatorios, le corresponde a la
verificación y

Secretaría de Salud vigilar su cumplimiento, y su incumplimiento se podría san-

sanción

cionar con multas de dos mil a cuatro mil veces el salario mínimo diario vigente

Mecanismos de verificación y sanción
En lo referente a los mecanismos de verificación y sanción, tanto los lineamientos vigentes
como el anteproyecto, al estar sustentados jurídicamente en el RLGSP, son o serían de cumplimiento
obligatorio y corresponde a la Secretaría de Salud vigilar su cumplimiento, lo cual se estipula en el
título décimo quinto capítulo uno del reglamento. Pero también considera en el capítulo tres a la acción popular, que es la denuncia que puede ejercer cualquier persona ante un acto u omisión que
represente un riesgo o daño a la salud poblacional. En lo referente a la sanción, el artículo 110 del

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reglamento establece multas de dos mil a cuatro mil veces el salario mínimo diario vigente, a la violación al artículo 22 del reglamento, que es en el que se sustentan los lineamientos.
En la tabla 1 se resume lo arriba expuesto presentando coincidencias y diferencias en el comparativo de cada variable, entre los lineamientos de 2014 y el anteproyecto de 2025.

Conclusiones
El diseño de instrumentos de política pública requiere no sólo de opiniones e ideas, sino de evidencia
científica que sustente la toma decisiones públicas, para hacer mejores y más eficientes las intervenciones que buscan resolver o disminuir las causas de los problemas públicos existentes, por lo que en
este trabajo, a partir del método comparado se identificaron similitudes y diferencias entre los actuales lineamientos y su propuesta de reforma, para de esa forma señalar avances, retrocesos y oportunidades.
Entre los principales hallazgos se pueden señalar primero que con la estrategia gubernamental de 2013 se sentaron las bases jurídicas paraque los tres elementos clave (impuestos, etiquetado y
publicidad) para desincentivar el consumo de alimentos y bebidas con alto contenido energético se
incorporaran al marco jurídico mexicano.
Sin embargo, en su inicio la Estrategia Nacional para el Control del Sobrepeso, Obesidad y la
Diabetes se hizo de la mano de la industria alimentaria, lo que simbólicamente se reflejó con la presencia de los presidentes de Coca Cola Latinoamérica y Grupo Bimbo en su presentación y técnicamente se vio con diseños permisivos, basados en instrumentos diseñados por la industria y que eran
poco comprensibles a nivel poblacional, de cualquier manera, establecieron en el país las bases jurídicas de los tres elementos para poder ser mejorados con el paso del tiempo.
También se reseñó, de manera general, que la mejora regulatoria sólo ha ocurrió en el caso
del etiquetado en el que se pasó de una acción únicamente aparente con un sistema poco comprensible, a uno que por lo menos es de fácil interpretación a nivel poblacional. En cuanto a los impuestos,
no se ha modificado el gravamen desde su implementación, aunque actualmente existe una propuesta
de actualización por parte de sociedad civil.
En lo referente al centro de este trabajo, la publicidad, aunque desde 2019 existía la posibilidad jurídica de modificar los lineamientos regulatorios, fue hasta 2022 que se hizo una reforma al
RLGSMP, pero es hasta marzo de 2025 que se presentó un anteproyecto para sustituir los lineamientos de 2014. Y para contestar a la pregunta de esta investigación, se puede decir de manera general
que las similitudes se identificaron en el tipo de instrumento, público objetivo, y mecanismo de verificación y sanción, dejando como diferencias el perfil nutrimental, la cobertura de productos, y los
canales.

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Pero para ir un poco más allá de la mención de lo igual y diferente, y abonar a la discusión
que actualmente se encuentra abierta en la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria, se hará mención puntual, como hallazgos concretos de este trabajo, de aquellos elementos que no cambiaron, los
avances y retrocesos identificados, las zonas grises del anteproyecto, y las áreas de oportunidad encontradas.
Los elementos que no cambian entre los lineamientos de 2014 y el anteproyecto de 2025 son:
el tipo de instrumento donde se siguen utilizando lineamientos que en el caso del sistema jurídico
mexicano es la herramienta idónea. El segundo elemento que no se modificó es el público objetivo,
donde los niños siguen siendo el foco de interés, esto sucede en la mayoría de los instrumentos de
regulación publicitaria en el mundo, pero el punto de corte en la edad varía entre sistemas, recomendando a nivel internacional abarcar hasta los 18 años y no únicamente hasta los 12 como ocurre en
México. Por último, los mecanismos de verificación y sanción se mantienen, al estar sustentados en
un reglamento que no fue modificado en dichos apartados.
En cuanto a los avances identificados, se encuentra sin duda el perfil nutrimental, el cual pasó
de estar basado en un diseño desarrollado por la industria y muy permisivo a uno basado en evidencia
y recomendaciones internacionales, que además armoniza dos instrumentos que deben ir de la mano,
el de etiquetado y publicidad, con lo cual ya no se habla de estrategias separadas sino conjuntas para
enfrentar un problema común. Con ello, la cobertura de productos regulados aumentaría, y el número
de productos a los cuales se restringiría la publicidad se incrementaría, y todos estos productos serían
aquellos que tengan un aporte energético de nutrimentos críticos elevado.
En tercer lugar, un importante avance serán los canales, ya que se adhieren a las salas de
exhibición cinematográficas y televisión abierta y restringida, internet y plataformas digitales, con lo
cual se atiende un importante espacio mediático de uso de niñas y niños. Por último, es de reconocer
la incorporación del permiso de publicidad para alimentos y bebidas no alcohólicas con uno o más
elementos del sistema de etiquetado frontal, con lo cual los productos con sellos de advertencia deberán ajustar sus mensajes publicitarios para no resultar tan atractivos para la niñez, además de incluir
en la parte superior derecha de manera clara, visible y legible los sellos de advertencia con los que
cuente el producto.
En contraste, también se identificaron retroceso, el primero de ellos se encontró en la cobertura de productos, ya que el anteproyecto saca del espectro regulatorio a los “platos preparados” y se
enfoca únicamente en preenvasados, si bien el grueso del problema se encuentra en estos alimentos
ultraprocesados, no se puede dejar de observar y regular a la publicidad de restaurantes de comida
rápida, que también están contribuyendo de manera importante a la ingesta hipercalórico. Un segundo retroceso se encontró en los horarios restringidos de la publicidad en televisión e internet, ya
que, si bien se regulan los horarios en que hay una mayor proporción de encendido de televisiones
por parte de los niños, no es esta la franja horaria de mayor consumo televisivo de esta población,
esto quiere decir que según datos de audiencia, aunque es durante el nuevo horario restringido en

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que hay una mayor proporción de niños que prenden la televisión, es en la franja horaria que ya no
estaría restringida, donde se acumula un mayor número de niños que enciende el televisor.
El anteproyecto propone pasar de una regulación de 5 horas de lunes a viernes y de 12.5 horas
sábados y domingos, a una de únicamente 3 horas los siete días de la semana, y aunque se eliminarían
las muchas excepciones que existen en los lineamientos de 2014, cabría preguntarse si esto más que
progresivo no resulta ser regresivo, ya que se permitiría por más tiempo la publicidad de estos productos, y aunque estos spots ahora cumplirían con las nuevas características de los mensajes, llegarían a un mayor número de niños y niñas. Además, en el caso de internet se considera la misma franja
horaria cuando datos del INEGI indican que esta es la franja horaria en que menos consumo de internet tienen los niños.
En el anteproyecto también se encontraron áreas de poca claridad o zonas grises que anunciantes, agencias y medios podrían utilizar para seguir llegando al público que se busca proteger. Al
establecer la restricción de la publicidad en internet y plataformas digitales, se señala que esto será
en contenidos y plataformas dirigidos a niños, pero al carecer de un marco normativo que establezca
cuál es y cual no una plataforma digital dirigida a niños se podría argumentar que YouTube Kids es
la plataforma a restringir, cuando los datos indican que es YouTube la plataforma que más usan los
niños con un 80%, mientras que YouTube Kids únicamente reportan usarla el 8%. Además, muchos
de los contenidos que circulan en YouTube no están clasificados según los lineamientos de clasificación de contenidos audiovisuales, por lo que quedaría abierto a criterio de las empresas o anunciantes
que consideran que es y no contenido para niños, lo mismo podría ocurrir en TikTok, la red social que
más utiliza este grupo, y donde se podría entrar en terrenos de ambigüedad, tanto en la inserción de
publicidad entre videos, como en las menciones en transmisiones de influencers que no se mencionan
de forma explícita en el anteproyecto.
Con lo anterior, y de este análisis, se desprende que quedan todavía abiertas por lo menos
cinco grandes áreas de oportunidad para mejorar la regulación publicitaria en México: la primera de
ellas tiene que ver con el público objetivo, porque si bien se puede señalar que son los niños población
especialmente vulnerable a las estrategias persuasiva de la publicidad, se deja de lado a población de
más de 12 años, cuando ya se mencionó que la recomendación internacional sugiere proteger también
a adolescentes de hasta 18 años, los cuales tienen mayor prevalencia de sobrepeso, mayor consumo
de televisión e internet y no es un grupo exento a la persuasión publicitaria. La segunda, tiene que ver
con la cobertura de productos, y considerar también la regulación de platos preparados (principalmente de restaurantes de comida rápida) y establecer de manera explícita que en los preenvasados se
considerarán sellos de advertencia y leyendas.
Tercero, en cuanto a los canales, queda pendiente la amplia gama de estrategias de mercadotecnia, que además de los mensajes publicitarios, la presentación del producto (que ya se ha regulado
en parte con la NOM-051 al quitar mascotas y personajes de los empaques) y los puntos de venta (en
lo que se ha avanzado en la restricción de su venta en escuelas, aunque falta considerar la cercanías a

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los centros educativos y lugares para la práctica del deporte entre otros), aun deja pendiente los precios (aumentar impuestos), ofertas de estos productos (restringirlas), la distribución y presentación
de los mismos en los puntos de venta (regularla), la promoción más allá de los espacios digitales (patrocinios, regalos, eventos, coleccionables, etcétera), la posventa, entre otras estrategias de marketing.
Cuarto, se debe pensar en la actualización de los mecanismos de verificación que deben ser
continuos, rutinarios y obligatorios para las autoridades, y de sanción que debe aumentar no sólo
conforme al salario mínimo sino de manera exponencial para desincentivar realmente la violación a
los lineamientos. Y, por último, si ya se está en proceso de sincronizar publicidad y etiquetado bajo
un mismo perfil nutrimental (el de la NOM-051), también se debería incluir el gravamen, y con ellos,
los productos con exceso de nutrimentos críticos, además de declararlo en sus empaques, deberían
restringir su publicidad, regular sus mensajes, y serían más costos y menos accesibles, teniendo así
realmente, una política integral.
Para cerrar, cabe señalar que este trabajo tuvo como principal limitación y futura línea de
investigación el no haber abordado un comparativo con instrumentos internacionales que permitiera
observar similitudes y diferencias, así como las ventajas y oportunidades del instrumento mexicano,
y tan sólo se hicieron algunas pequeñas menciones de estos instrumentos, pero de las cuales se puede
señalar que México cubre el límite edad más bajo, al sólo contemplar hasta los 12 años, cuando en
Quebec es a los 13, en Chile a los 14 y en Reino Unido a los 16.
En cuanto a los canales, cuando en México apenas se incorporarán internet y plataformas
digitales, en Quebec se contemplan ya radio, televisión, internet, impresos, señalizaciones, y artículos
promocionales, y en Reino Unido además de los medios no audiovisuales se incorporarán radio, televisión y servicios de video bajo demanda. Los horarios restringidos, es otra de las debilidades del
instrumento mexicano frente a la experiencia internacional, ya que en Chile es de 6:00 a 22:00 horas,
en Reino Unido será de 5:30 a 21:00 horas, y en Quebec se restringe totalmente, en México, si no hay
cambios, perderemos horarios restringidos y únicamente se regulará de 19:00 a 22:00 horas.
También cabe destacar fortalezas del anteproyecto mexicano, como su perfil nutrimental y la
amplia cobertura de productos que esto posibilitará, así como el sustento y la carga jurídica que lo
hacen obligatorio en todo el país. Pese a lo anterior, el diseño del instrumento mexicano no será el
mejor, pero hasta que no se publique hay tiempo para corregir los errores y atender las recomendaciones internacionales, de la academia y la sociedad civil y de esta forma diseñar una política sustentada en evidencia.

Declaración de conflicto de intereses
El autor no informó ningún posible conflicto de intereses.

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Revista de Comunicación Política, vol. 7, enero-diciembre, 2025, http://rcp.uanl.mx, pp. 1−22, ISSN: 2992-7714

�Factores asociados a la participación política digital en
Querétaro
Factors associated with digital political participation in Queretaro

Karla Negrete-Huelga

Héctor Gutiérrez Sánchez

Universidad Autónoma de Querétaro
Orcid https://orcid.org/0000-0003-3483-783X
karla.negrete@uaq.mx

Universidad Autónoma de Querétaro
Orcid https://orcid.org/0000-0002-2646-719X
hector.gutierrez@uaq.mx

Resumen:

El estudio analiza los factores que inciden en la participación política digital en Querétaro, México, mediante

un diseño cuantitativo no experimental basado en una encuesta representativa aplicada a 1,531 ciudadanos mayores de 18 años,
con muestreo estratificado multietápico a partir del padrón electoral del INE. Se examinaron tres dimensiones explicativas:
nivel educativo, consumo de información política y habitus participativo (conocimientos políticos y habilidades cívicas), en
relación con siete prácticas digitales (compartir noticias, debatir, firmar peticiones, contactar autoridades, entre otras). Los
resultados revelan una baja participación digital y división entre quienes nunca han participado y quienes lo han hecho ocasionalmente. El consumo de información política fue la práctica más consistente, incluso respecto a formas offline como el voto
o la protesta. Asimismo, se manifiesta una baja participación digital generalizada, con una clara dicotomía entre quienes nun ca
han participado y quienes lo han hecho ocasionalmente. Se confirman asociaciones significativas entre el nivel educativo y el
consumo de información política con una mayor participación política digital. No obstante, hay una asociación parcial con los
conocimientos políticos y habilidades para participar, encontrando principalmente su asociación en la participación alternativa
y colectiva, más que en la electoral. Se concluye que la participación política digital en Querétaro está en una fase incipiente,
caracterizada por su naturaleza blanda, con lógicas propias y diferenciadas de las formas tradicionales de participación. Estos
hallazgos implican la necesidad de fortalecer la ciudadanía digital, promoviendo el acceso a información política confiable y
fomentando habilidades cívicas para impulsar una participación más significativa.

Palabras clave: Participación política digital, consumo de información política, conocimiento político, habilidades participativas, ciudadanía digital

Abstract:

The study examines the factors influencing digital political participation in Querétaro, Mexico, using a non -

experimental quantitative design based on a representative survey administered to 1,531 citizens aged 18 and over, with multistage stratified sampling drawn from the INE electoral registry. Three explanatory dimensions were examined: educational
level, consumption of political information, and participatory habitus (political knowledge and civic skills), in relation to seven
digital practices (sharing news, debating, signing petitions, contacting authorities, among others). The results reveal low digital
participation and a divide between those who have never participated and those who have done so occasionally. Political information consumption was the most consistent practice, even compared to offline forms such as voting or protesting. Likewise, a generally low level of digital participation manifests itself, with a clear dichotomy between those who have never pa rticipated and those who have done so occasionally. Significant associations between educational level and consumption of
political information with greater digital political participation are confirmed. However, there is a partial association with political knowledge and participatory skills, found mainly in alternative and collective participation rather than in electoral one.
It is concluded that digital political participation in Querétaro is in an incipient phase, characterized by its “soft” natur e, with
its own dynamics distinct from traditional forms of participation. These findings imply the need to strengthen digital citizenship by promoting access to reliable political information and fostering civic skills to encourage more meaningful participation.

Keywords: Digital political participation, political information consumption, political knowledge, participatory skill, digital citizenship
Fecha de recepción: 07/07/2025
Fecha de aprobación: 23/10/2025
Fecha de publicación: 30/10/2025

Cómo citar este artículo / How to cite this paper:

Negrete-Huelga, K., &amp; Gutiérrez Sánchez, H. (2025).
Factores asociados a la participación política digital en Querétaro. Revista de Comunicación Política, 7, e250707.
https://doi.org/10.29105/rcp.v7i1.78

Revista de Comunicación Política, vol. 7, enero-diciembre, 2025, http://rcp.uanl.mx, pp. 1−26, ISSN: 2992-7714

�Factores asociados a la participación política digital en Querétaro

2

Introducción
La participación política es un proceso complejo que puede entenderse como una forma de comunicación entre personas, marcada por interacciones constantes y por una cultura política que moldea
los modos de actuar. Lejos de ser un acto aislado, responde a estructuras sociales, económicas, políticas y culturales que moldean la manera en que se manifiesta la participación cívica. Desde esta perspectiva, la participación implica un conjunto de voluntades humanas, que están mediadas por los
intereses de los individuos.
En el ámbito político, los individuos no sólo actúan conforme a sus intereses, sino que se
convierten en portadores de causas sociales en las actividades públicas (Pitalúa, 2008), buscando
incidir en las acciones gubernamentales (Aguirre Sala, 2012). Así, la participación política se convierte
en un requisito indispensable para el fortalecimiento de democracias incluyentes y deliberativas.
Sin embargo, una participación efectiva, a través de la opinión y deliberación, requiere de
condiciones que faciliten el acceso a información clara y oportuna, así como el conocimiento necesario
para comprender los temas que configuran la agenda pública. Esto implica fortalecer el conocimiento
de los asuntos públicos y políticos, desarrollar habilidades cívicas y fomentar el compromiso público
(Michels, 2011). Surge así la necesidad de formar una ciudadanía con pensamiento crítico que evalúe
problemas públicos y tome decisiones informadas (González-Mohino et al., 2023), además de ser capaz de ejercer una participación con acción transformadora (López-Gil &amp; Sandoval Sarrias, 2023).
La inserción tecnológica en los procesos democráticos transforma radicalmente los mecanismos de participación y reorganiza las dinámicas sociales. La digitalización de la acción política representa no solo un cambio de formato, sino una evolución en los modos de relación entre ciudadanía y
gobierno (Negrete-Huelga, 2021). La innovación tecnológica redefine el orden cultural y social (Wolton, 2000), y multiplica las posibilidades de participación a través de plataformas que permiten mayor interacción, alcance y autonomía. De acuerdo con Hartz-Karp et al. (2012), la participación en
línea puede profundizar el compromiso cívico, al tiempo que se reconoce como una herramienta de
emancipación (Flores-Ruiz et al., 2021).
La esfera pública digital no sustituye a la física, sino que se entrelaza con ella. De hecho, la
relación entre lo físico y lo digital construye experiencias de participación más sólidas, cuando los
ciudadanos desarrollan su habitus participativo desde el entorno offline, es decir, un conjunto de conocimientos y habilidades adquiridas mediante la experiencia social y tecnológica que pueden predisponer a las personas para intervenir en lo público (Meneses, 2015). Esta dinámica permite desarrollar dinámicas digitales como “publicar, debatir, crear y co-crear contenidos, proponer u organizar
una acción colectiva, así como pedir rendición de cuentas” (Meneses, 2015, pág. 47). De esa manera
se crea un reforzamiento de la participación en aquellos que ya participaban de manera offline (Robles et al., 2012).
Así, la participación desde los entornos digitales permite la interacción desde una sociedad
red, en donde se desdibujan los límites geográficos y permite la creación de nuevas comunidades

Revista de Comunicación Política, vol. 7, enero-diciembre, 2025, http://rcp.uanl.mx, pp. 1−26, ISSN: 2992-7714

�Karla Negrete-Huelga y Héctor Gutiérrez Sánchez

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(Castells, 2006). Internet se convierte, entonces, en un canal para la consolidación de la cultura digital, la organización colectiva, y la apertura de canales de comunicación directa y bidireccional entre
ciudadanía y gobiernos (Bahena, 2024). Este nuevo escenario exige el desarrollo de competencias
informativas y tecnológicas, necesarias para tomar decisiones con base en información verificada y
relevante. En un contexto de constante innovación, la democracia demanda de un gobierno electrónico, una ciudadanía más informada y participativa con acceso igualitario a Internet, así como contenidos y servicios para grupos particulares, con el objetivo de romper barreras de acceso y promover
habilidades cívicas (Oliveros, 2023; Pitalúa, 2008).
En el caso de México, los datos muestran que, durante las últimas dos décadas, el país ha
enfrentado importantes rezagos en materia de gobierno electrónico y participación cívica digital. Según datos de la Encuesta de Gobierno Electrónico de la Organización de las Naciones Unidas (ONU,
2024), los niveles de desarrollo de gobernanza digital —elemento necesario para crear canales institucionales para legitimar la participación política digital— han sido bajos y, en muchos casos, muestran retrocesos recientes, seguidos de una recuperación lenta y desigual entre entidades federativas
(Bahena, 2024). De ahí la necesidad de plantear estudios subnacionales para conocer las condiciones
particulares en las que se desarrolla la participación.
El presente trabajo se enfoca en el estado de Querétaro, una entidad relativamente rica en
comparación con otras regiones del país, con altos niveles de participación electoral, lo que en parte
se debe al calendario electoral, que alterna elecciones de gobernador y presidenciales, evitando comicios legislativos únicos, los cuales suelen tener menor concurrencia (Ávila Eggleton, 2018). Respecto
a las contiendas electorales y partidistas, la alternancia electoral ha sido limitada, con tendencia histórica al bipartidismo entre el Partido Acción Nacional (PAN) y Partido Revolucionario Institucional
(PRI), pero en años recientes la oposición del PAN se convirtió en el Movimiento Regeneración Nacional (MORENA).
Por otro lado, la cultura política local tradicionalmente ha sido asociada al conservadurismo
y la búsqueda de estabilidad. Díaz Aldret (2011) señala cómo los gobiernos del Partido Acción Nacional hicieron esfuerzos por canalizar y contener el clamor ciudadano, encauzando siempre a mecanismos de participación formal/institucional. Esto frecuentemente se hace al amparo de un discurso que
prioriza la paz social necesaria para el progreso. Sin embargo, la rigidez de estos mecanismos muchas
veces impide el involucramiento ciudadano menos estructurado, lo que ha llegado a verse como despotismo o desinterés por la ciudadanía. Pese a esto, el carácter pacífico e institucional de los queretanos parece repetirse en diversos trabajos, por ejemplo, Ubaldi y Winocur (1997) encuentran a través
de entrevistas que la posibilidad de cambios políticos violentos; del caos o de la incertidumbre, no es
bien recibida por los queretanos, quienes ven en esos escenarios un riesgo para sus costumbres y
valores más profundos que atesoran la paz social.
En cuanto a movilización ciudadana, se han documentado expresiones colectivas en torno a
intereses laborales, recursos naturales y mejoras en los servicios públicos, así como movimientos (a
favor y en contra) relacionados a temas de la agenda LGBT, de manera que existe una sociedad civil

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activa, aunque relativamente democrática con poca competitividad política (Ávila Eggleton, 2018).
Gutiérrez (2019) menciona que, a pesar de contar con una participación electoral alta, la población
queretana parece propensa a la participación en formas menos institucionales. Esto a pesar de que
años atrás se describía a una ciudadanía políticamente sumisa en pro de obtener una estabilidad social que permita el desarrollo económico (Díaz, 2011).
En este contexto, el presente estudio propone analizar los factores que inciden en la participación política digital en el estado de Querétaro, considerando variables como el nivel educativo, el
consumo de información política, y el desarrollo de conocimientos en torno a asuntos políticos, para
identificar factores que potencian o limitan el involucramiento cívico en línea.
Para ello, se adopta el concepto de participación política digital para delimitar de manera
precisa el objeto de análisis. Si bien la participación ciudadana es un concepto amplio que abarca
distintas formas de involucramiento en la vida pública —como el voluntariado, la cooperación vecinal,
o el trabajo comunitario—, nos centramos específicamente en aquellas prácticas en entornos digitales
que buscan incidir en procesos de decisión política, expresar posicionamientos ideológicos, o interactuar con actores e instituciones del ámbito gubernamental.
Esta delimitación permite enfocar el análisis en prácticas de carácter expresivo, deliberativo
o de movilización que responden a una lógica de acción política, como el debate en redes sociodigitales, la firma de peticiones en línea, la asistencia a manifestaciones organizadas digitalmente, o el contacto con representantes públicos a través de medios digitales. En consecuencia, el uso del término
participación política no solo alude a su carácter instrumental —la búsqueda de influir en decisiones
colectivas—, sino también a su dimensión simbólica, relacionada con la expresión de identidades,
valores y demandas en el espacio público digital.

Participación política digital
La participación política puede concebirse como una voluntad de acción que reconoce la existencia
del otro y se manifiesta en actos comunicativos mediados por normas compartidas dentro de un entorno social (Habermas, 1994). En el contexto digital, las limitaciones de una comunicación jerarquizada se borran, dando lugar a espacios para el diálogo genuino que amplían las posibilidades de interacción en diversas modalidades que pueden expresarse desde reacciones y comentarios que permiten la expresión, hasta espacios propicios para el debate y la deliberación (Dahlgren, 2009). Las
plataformas digitales se conforman como nuevas formas de producción de sentido y acción de los
usuarios que pueden potencializar las maneras de pensar en lo político (Roncallo-Dow, 2015). Por
tanto, la interacción da lugar a expresiones de participación de un ciudadano digital, que ejerce sus
derechos, se expresa y delibera en el ecosistema digital.
El espacio público digital, con su arquitectura discursiva específica, ofrece nuevas condiciones para la participación: comunicación sincrónica y asincrónica, anonimato o identificación, moderación, provisión de información, entre otros (Echeverría et al., 2023). Estas características no solo

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reducen los costos de tiempo y dinero para participar, sino que también permiten una expansión del
repertorio de prácticas políticas, en comparación con las formas convencionales de participación offline (Zumárraga-Espinosa et al., 2022).
El carácter accesible, interactivo y el bajo costo de las herramientas digitales facilitan una
mayor agencia ciudadana. La posibilidad de crear, debatir, co-crear contenidos, convocar acciones
colectivas o exigir rendición de cuentas abre un abanico de oportunidades para una participación más
activa y autónoma (Ferré Pavia, 2014; Meneses, 2015). De esta manera, el activismo digital emerge
como una práctica que puede ser tanto autónoma como complementaria a la movilización presencial,
al ofrecer un medio de expresión y nuevos espacios para la participación (Rodríguez-Estrada et al.,
2019).
Una tipología útil para clasificar las prácticas digitales es la distinción entre participación
blanda y participación dura (Zumárraga-Espinosa et al., 2022). La primera incluye acciones de bajo
compromiso como informarse o expresar opiniones; la segunda involucra un mayor nivel de implicación, como donar a causas políticas, crear contenido o contactar autoridades. Bennet et al. (2009)
previamente clasifican las diferencias de participación, entre Dutiful Citizen (DC) y Actualizing Citizen (AC), de acuerdo con el grado de sentido de deber de participar con el gobierno, y la confianza
hacia los líderes y medios de comunicación; mientras que el primero considera al voto democrático y
su creencia en las instituciones, el segundo se enfoca más en la acción social, mediante el voluntariado, activismo social y otras manifestaciones no forzosamente vinculadas al gobierno.
A estas tipologías, González-List (2020) añade la participación deshilvanada, caracterizada
por ser espontánea, no articulada bajo ideologías o redes específicas. Esta forma de participación se
genera en torno a temas políticos puntuales, donde los usuarios se expresan y logran incidir en las
agendas gubernamentales. De esta manera, los acontecimientos se convierten en hechos que introducen a los individuos en los espacios públicos en busca de construcción de sentido (Ordóñez-Díaz,
2011). Así, a partir de acciones individuales, se genera colaboración y autoorganización hacia una
acción colectiva y, eventualmente, el surgimiento de movimientos sociales (Robles-Morales &amp; Córdoba-Hernández, 2018).
Sin embargo, esta participación no se desarrolla en condiciones de igualdad. Existen brechas
que se traducen en distintos niveles de involucramiento, tanto en el espacio físico como en el digital
(Merino, 2020). Dichos niveles de involucramiento suelen estar motivados por el malestar político,
enfocándose hacia el descontento (Alonso-Muñoz &amp; Casero-Ripollés, 2024; González et al., 2020) o
en la confianza hacia las instituciones gubernamentales (Zumárraga-Espinosa et al., 2020). Papacharissi (2014) agrega la importancia de las emociones y los afectos para impulsar la acción cívico-política
en los entornos digitales, como elementos que logran manifestaciones de participación que pueden
desde polarizar sus actitudes en los debates políticos en red, hasta llevar a movilizaciones afectivas
impulsadas por solidaridades fragmentadas.

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En América Latina, los niveles de participación ciudadana digital representan un reto sustantivo. Los estudios evidencian que el uso de medios digitales se enfoca más en el consumo de información no verificada, que en el desarrollo de un pensamiento crítico orientado a incidir en los asuntos
públicos (López-Gil &amp; Sandoval Sarrias, 2023). También se identifica un escaso acceso a los portales
gubernamentales, utilizados principalmente para trámites y consultas (Oliveros, 2023). De igual manera, se observa un predominio de ciudadanías básicas basadas en la consulta de información y expresión en redes sociodigitales, sin una apropiación crítica de los medios (López-Gil &amp; Sandoval Sarrias, 2023).
En el caso mexicano, se ha confirmado que las acciones de participación para fines sociales y
colectivos son bajas, limitándose a donaciones y firmas de protesta (González et al., 2020). Asimismo,
las prácticas digitales tienden a centrarse más en el consumo y distribución de información que en la
deliberación o acción directa (Echeverría et al., 2023). Esta tendencia cuestiona el potencial transformador del entorno digital, especialmente si no se acompaña de competencias cívicas y digitales adecuadas.
Estudios previos han demostrado que la mayor participación offline está vinculada con variables de clase social, nivel socioeconómico y características sociodemográficas (Mejía Navarrete &amp; Menéndez Condor, 2023; Robles et al., 2012). En entornos digitales, la dinámica es similar: la brecha
digital afecta a personas con menor escolaridad, menores ingresos y mayor edad, limitando así su
capacidad de participación (Mejía Navarrete &amp; Menéndez Condor, 2023). Esta evidencia apunta además a una relación recíproca entre la participación física y la digital, entendidas como dimensiones
interconectadas (Rodríguez-Estrada et al., 2019; Zumárraga-Espinosa et al., 2022).
Otros hallazgos indican que la confianza en la sociedad y el interés en la política son factores
asociados con un uso político de Internet (Robles et al., 2012). De igual manera sucede con las habilidades digitales que, al existir una brecha de utilización, pueden generar un acceso mínimo a la tecnología y, por lo tanto, una menor participación (Robles et al., 2012).
La literatura reciente también coincide con la importancia del consumo de información como
condición indispensable para participar (Bahena, 2024; López-Gil &amp; Sandoval Sarrias, 2023). En este
sentido, los formatos visuales adquieren un papel relevante como detonadores de la participación
(Jiang &amp; Gu, 2022; Ledford &amp; Salzano, 2022). Asimismo, la adquisición de competencias digitales y
la eliminación de barreras de acceso son elementos fundamentales para fortalecer la inclusión y la
participación ciudadana (López-Noguero et al., 2024).
Otros factores asociados con el fomento a la calidad de la participación incluyen: la mejora de
consultas electrónicas con fines deliberativos (Bahena, 2024); la confianza institucional, la experiencia de navegación y la satisfacción digital (Oliveros, 2023); los niveles de participación y el paso de la
opinión a la acción (López-Gil &amp; Sandoval Sarrias, 2023); los modelos de gestión implementados y su
capacidad de crear experiencias de valor (Flores-Ruiz et al., 2021); la autonomía interactiva y la autopropagabilidad (Simón-Astudillo, 2021); la arquitectura discursiva de Internet (Echeverría et al.,
2023) y el compromiso cívico (González-Mohino et al., 2023).

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Finalmente, diversos estudios coinciden en señalar que la interacción es predominantemente
unidireccional, en la que no existe una intención clara de establecer diálogo entre ciudadanía e instituciones (Alonso-Muñoz &amp; Casero-Ripollés, 2024). En este contexto, la calidad de la información se
posiciona como un eje central para mejorar la participación (Oliveros, 2023), al igual que la necesidad
de fortalecer la formación digital de la ciudadanía (González-Mohino et al., 2023; Jiang &amp; Gu, 2022;
López-Noguero et al., 2024).
A partir de este marco, se plantean las siguientes hipótesis de investigación:
H1. Un mayor nivel educativo se asocia positivamente con una participación política digital
más activa.
H2. El consumo de información política se relaciona con una mayor participación política
digital.
H3. Los conocimientos políticos y las habilidades participativas se correlacionan con una mayor participación en línea.

Método
Este estudio se basó en un diseño cuantitativo, no experimental, de tipo correlacional. Se utilizó una
encuesta, aplicada en el estado de Querétaro, México, entre enero y febrero de 2025. La muestra estuvo conformada por 1,531 personas adultas, mayores de 18 años con credencial de elector vigente,
residentes en cualquiera de los 18 municipios del estado. Se implementó un muestreo probabilístico
estratificado multietápico.
En una primera etapa, se seleccionaron secciones de manera aleatoria, pero ponderada por
cantidad de electores. Posteriormente, se realizó un muestreo aleatorio simple de secciones electorales dentro de cada distrito, y posteriormente, se establecieron cuotas de aplicación por edad, sexo y
tipo de zona (urbana/rural) con el objetivo de reflejar fielmente la estructura poblacional de la entidad.
La muestra replica la distribución de la población total, con base en los datos del Padrón
Electoral del Instituto Nacional Electoral (INE) correspondiente al año 2024 en cuanto a género, edad
y concentración poblacional en los municipios. No obstante, en cuanto a la escolaridad se encontró
una variación relevante con los datos del INEGI sobre el estado, por lo que se aplicó un ponderador
que se utilizó para todos los análisis aquí aplicados. La muestra se diseñó con un nivel de confianza
del 98% y un margen de error de ±3% para la estimación de variables dicotómicas.
La muestra cuenta con 1,531 casos: 715 varones (46.8%) y 813 mujeres (53.2%), con una edad
promedio de 41.42 años (DE = 15.7). En cuanto a escolaridad, 21.1% alcanzó primaria o menos, 27.9%
secundaria, 23% preparatoria y 28% universidad, lo que refleja un nivel relativamente alto en Querétaro frente al resto del país. Respecto al origen se observa el fenómeno de migración: 20.3% nació

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fuera del estado, 23.6% en Querétaro con al menos un padre migrante y 56% con ambos padres queretanos.
La variable dependiente fue la participación política digital, medida a partir de siete prácticas:
firmar peticiones en línea, compartir/comentar noticias políticas, asistir a manifestaciones convocadas en redes, contactar representantes, debatir asuntos políticos, crear/difundir contenido y unirse a
plataformas de consulta. Para cada reactivo, se presentaron las opciones de “muy frecuentemente”,
“a veces”, “rara vez” y “nunca”. Posteriormente se realizaron recodificaciones e índices, descritos en
la sección de resultados.
En cuanto a las variables independientes, la primera de ellas refiere al nivel de escolaridad
terminado, categorizado en tres niveles: básica (primaria/secundaria), media (preparatoria o equivalente), y superior (licenciatura y posgrado). La segunda refiere al consumo de información política,
mediante preguntas de frecuencia de exposición a noticias en medios tradicionales (Televisión, radio
y prensa escrita) y digitales (redes sociodigitales, sitios web), así como formatos de consumo (noticieros, mañaneras).
Para la tercera hipótesis, se usaron dos reactivos respecto al conocimiento político y cuatro
de habilidades de participación. Para medir conocimiento, se recurrió a una evaluación subjetiva realizada por el encuestador y a una medida objetiva basada en el recuerdo de información electoral.
El primer indicador consistió en una evaluación realizada por el encuestador al término de
cada entrevista, basada en su impresión sobre el nivel de conocimiento político mostrado por el entrevistado durante la aplicación del cuestionario. Esta valoración se basó en la claridad, precisión y
capacidad de argumentación del informante al tratar temas políticos. Este procedimiento cuenta con
antecedentes: en el Barómetro de las Américas (LAPOP) 2021 se empleó la misma mecánica para
medir conocimiento político, mientras que el Latinobarómetro lo aplica en la medición de clase social.
Su ventaja es que traslada el juicio del entrevistado al encuestador, evitando que la autopercepción
influya en la medición. En su lugar, son los encuestadores —con experiencia en estudios políticos—
quienes valoran el nivel de conocimiento del encuestado.
El segundo indicador consistió en registrar el número de candidatos presidenciales de la elección federal de 2024 que el entrevistado pudo mencionar espontáneamente, ya fuera por nombre o
apellido. Esta pregunta fue incluida como parte del cuestionario y respondida aproximadamente ocho
meses después de celebrados los comicios, lo que la convierte en un instrumento útil para evaluar el
grado de retención de información política relevante por parte de la ciudadanía.
Como prueba de validez, se observó una fuerte relación entre ambos reactivos. La prueba de
chi cuadrado arrojó un valor de p &lt; .001, indicando que quienes recordaron más nombres de candidatos fueron también considerados más conocedores de la política por los encuestadores: sólo 29.7%
de quienes fueron evaluados con “nada” de conocimiento político mencionaron a los tres candidatos,
frente a 68.8% entre quienes recibieron la calificación de “mucho”.

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Respecto a las habilidades de participación, se consideraron cuatro variables que reflejan distintos tipos de involucramiento cívico-político, consideradas como indicadores del desarrollo de habilidades políticas. Primero, se utilizó la participación electoral a través de una pregunta dicotómica
sobre si la persona encuestada votó en las elecciones presidenciales de 2024. Se asume que el acto de
votar requiere un mínimo de disposición y esfuerzo político, lo cual puede estar asociado a cierto
grado de competencia cívica. En segundo lugar, se evaluó la participación cívica en protestas presenciales mediante una pregunta dicotómica sobre si la persona había participado en alguna manifestación o protesta social en los últimos dos años. Esta forma de acción colectiva se considera una expresión directa de agencia política fuera de los canales institucionalizados.
La tercera variable contempló si la persona se ha reunido con autoridades, como un presidente municipal, también mediante una pregunta dicotómica. Este tipo de interacción implica una
disposición activa al diálogo político institucional y puede ser indicativa de mayores habilidades para
incidir en asuntos públicos. Por último, se incorporó un indicador de participación cívica organizada,
construido como un índice sumatorio simple que registra el involucramiento en hasta seis tipos de
organizaciones: religiosas, deportivas, culturales, de padres de familia, voluntariado/beneficencia y
vecinales. El índice va de 0 (ninguna participación) a 6 (participación en todas), bajo la premisa de
que el involucramiento en espacios organizados contribuye al desarrollo de habilidades participativas
mediante la práctica constante de la deliberación, la cooperación y la acción colectiva

Resultados
La sección de resultados se organiza en tres partes: primero se presentan los descriptivos de las variables principales; en segundo lugar, se analizan las relaciones bivariadas entre las variables independientes y la participación política digital; y, finalmente, se exponen modelos de regresión que evalúan la solidez de dichas asociaciones y aportan elementos adicionales para la discusión.
Se encontró que la participación política digital es baja en todas sus manifestaciones. Por
ejemplo, respecto a debatir asuntos políticos en línea con otras personas, 68.9% de los encuestados
(n = 1,045) reporta no haberlo hecho nunca; el 16.3% (n = 247) indica hacerlo rara vez; el 12.7% (n =
193), a veces; y sólo el 2.1% (n = 32) con mucha frecuencia. Esta preponderancia de la respuesta nunca
se repite en otras prácticas de participación como: firmar peticiones en línea (69.6%), compartir noticias políticas en redes sociodigitales (54.5%), asistir a manifestaciones convocadas en redes sociodigitales (73.4%), contactar directamente a representantes políticos (67.5%), crear y difundir contenido político (71.3%) y unirse a plataformas de consulta ciudadana (74.4%).
Esto sugiere que la participación política digital se orienta más hacia el consumo y la circulación de información que hacia la acción colectiva o el involucramiento organizativo. Además, hay una
clara división entre quienes nunca han participado y quienes lo han hecho esporádicamente (Ver Figura 1).

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Esta marcada división entre quienes nunca han participado y quienes alguna vez lo han hecho
permitirá en análisis posteriores, simplificar la interpretación estadística, al presentar porcentajes
agregados de personas que se han involucrado en alguna forma de participación política digital.
Figura 1. Frecuencia de participación política digital

Nota. N = 1,531

A continuación, se presentan los descriptivos de las variables independientes. Respecto al
nivel educativo, 4% dice no tener ningún grado de estudios concluido, 17.1% cuenta con primaria
completa, 27.9% secundaria, 23% preparatoria o carrera corta y 28% ha terminado la universidad. En
cuanto al consumo de información política, se identificó una mayor exposición a medios tradicionales
como la televisión, la radio y la prensa escrita, en comparación con medios digitales. Las conferencias
matutinas del presidente (“las mañaneras”) alcanzaron niveles de seguimiento similares a los de redes
sociodigitales y plataformas digitales, mientras que los sitios web informativos fueron los menos consultados entre las fuentes disponibles. En la Figura 2 se observa cómo los medios más tradicionales
destacan por ser usados “a veces”, con 45.8% los noticieros o televisión y 41.3% radio y prensa. Por
otro lado, la frecuencia más común de uso de sitios web fue “nunca” con 34.9% de los casos.
La evaluación del conocimiento político por parte del encuestador mostró que el 7.3% de los
entrevistados no sabía “nada” de política, el 30.6% sabía “poco”, el 47.5% “algo” y el 14.6% “mucho”.
Por su parte, la medida objetiva, basada en el recuerdo de candidatos presidenciales, indicó que el
8.3% no pudo mencionar a ninguno, el 13.4% recordó uno, el 21.6% mencionó dos y el 56.7% fue capaz
de nombrar a los tres aspirantes.
En cuanto a las habilidades desarrolladas a través de la participación, el primer indicador
sobre participación electoral demuestra que el 85% de las personas encuestadas afirmó haber votado
en las elecciones presidenciales de 2024. Esta cifra es más alta que la reportada por el INE, pero este

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efecto siempre aparece en los estudios de opinión pública; probablemente debido a un sesgo de deseabilidad social.
Figura 2. Porcentajes de uso de diversas fuentes de información

Nota. N = 1,531

En relación con la participación en protestas sociales, únicamente el 21.8% reportó haber
asistido a alguna manifestación. Esta cifra sugiere que las formas de participación política no institucionalizada, como la protesta, siguen siendo menos comunes entre la población, en comparación con
las vías institucionales. En cuanto a la interacción directa con autoridades, se encontró que solo el
37.2% de los encuestados ha sostenido alguna reunión con representantes gubernamentales, como
presidentes municipales. Este resultado indica una limitada apropiación de los canales formales de
interlocución política.
Finalmente, respecto al índice de pertenencia a organizaciones, los informantes reportaron
haber participado, en promedio, en 1.3 tipos de organizaciones. El 36.1% indicó no haber pertenecido
nunca a ninguna, mientras que el 26.1% participó solo en una, y el 18% en dos. A medida que aumenta
el número de organizaciones, los porcentajes disminuyen progresivamente, hasta llegar a un 1.3% que
reporta haber estado involucrado en los seis tipos de organizaciones consideradas (religiosas, deportivas, culturales, de padres de familia, de voluntariado/beneficencia y vecinales). Estos datos sugieren
una participación cívica organizada relativamente limitada, aunque con una proporción relevante de
personas que han tenido al menos algún tipo de experiencia organizativa.
Habiendo terminado la fase estrictamente descriptiva, pasamos ahora a la revisión de las relaciones matemáticas esperables según cada hipótesis a analizar. En cuanto a la primera hipótesis,
que plantea que un mayor nivel educativo se relaciona con una mayor participación política digital,
se realizaron siete pruebas de chi cuadrado entre el nivel de escolaridad y cada tipo de acción política
en línea (las presentadas en la Figura 1). En todos los casos, se obtuvieron valores de p &lt; .001, con
asociaciones positivas y consistentes: a mayor nivel de estudios, mayor tendencia a participar políticamente en entornos digitales.

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Para visualizar esta relación, se utilizó la versión dicotómica de la variable dependiente. La
Figura 3 muestra el porcentaje de personas que han participado políticamente en línea según su nivel
educativo. Los resultados confirman que, en todas las formas de participación consideradas, las personas con menor escolaridad presentan los niveles más bajos de involucramiento, mientras que quienes cuentan con estudios universitarios o superiores registran los niveles más altos.
Entre las distintas formas de participación política digital, contactar a representantes políticos parece ser la que muestra un menor impacto asociado al nivel educativo, posiblemente debido a
su carácter más institucional. En contraste, el efecto de la escolaridad es especialmente pronunciado
en acciones como compartir o comentar noticias en redes sociodigitales y firmar peticiones en línea.
En ambos casos, la diferencia entre los niveles extremos de educación es considerable: las personas
con estudios universitarios presentan tasas de participación más de tres veces superiores a las de
quienes sólo cuentan con educación primaria o menos. La Figura 3 muestra que los porcentajes de
participación en la menor escolaridad es casi tres veces menor que en la máxima escolaridad.
Figura 3. Porcentajes de ciudadanos que alguna vez han participado digitalmente y nivel de escolaridad

Nota. N = 1,531

Para comprobar la segunda hipótesis —según la cual un mayor consumo de información política se asocia con una mayor participación digital— se realizaron 35 pruebas de chi cuadrado, combinando cinco tipos de consumo mediático con siete formas de participación en línea. En todos los
casos se obtuvieron resultados estadísticamente significativos (p &lt; .001), con relaciones positivas: a
mayor consumo, mayor participación. La única “excepción” fue la relación entre medios tradicionales
y asistencia a manifestaciones digitales (p = .013), aunque también resultó significativa bajo un nivel
de confianza del 95%.

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Dado el número de pruebas y la complejidad de las variables, se optó por dos formas de presentación. Primero, se recodificó la variable dependiente en una dicotomía (ha participado vs. no ha
participado), lo que permitió elaborar la Tabla 1, que muestra la proporción de participantes según el
tipo de medio consumido. Segundo, se construyó un índice agregado de consumo informativo para
contrastarlo con cada forma específica de participación digital, cuyos resultados se presentan en la
Figura 4.
Tabla 1. Porcentaje de personas que alguna vez han participado políticamente online según la frecuencia con la que consumen distintos medios de comunicación.
Conferencias
mañaneras

Televisión, raNoticieros

dio o prensa

Sitios web

Redes sociales

escrita

Firmar peticiones en lí-

14.1 - 37.7

6.9 - 31.6

10.3 - 33.6

7.6 - 32

5.7 - 26.5

nea

38.7 - 32.7

34.8 - 31.2

33.8 - 31.3

49.8 - 52.1

44.9 - 44.6

Compartir y comentar

25.7 - 53

16.7 - 45.1

20.8 - 49.2

15.2 - 51.4

5.8 - 43.8

noticias políticas en re-

56.7 - 48.8

52 - 46.4

50.5 - 45.5

68.8 - 71.4

67.3 - 64.8

Asistir a manifestacio-

11.3 - 30

9.6 - 26.5

16.4 - 27.7

7.1 - 25.5

5.2 - 19.9

nes organizadas en re-

36.4 - 32.4

29.1 - 30

29 - 26.2

44 - 50.4

39.6 - 44.7

des sociales

des sociales
Contactar

directa-

17.3 - 35.9

9.6 - 29.6

13.7 - 30

16.3 - 32

11.7 - 26.3

mente a representan-

40.5 - 42.2

37.2 - 37.7

38.5 - 35.6

46 - 55.5

45.9 - 46.9

Debatir asuntos políti-

15.8 - 34.6

7.6 - 28.8

8.2 - 29.5

9.6 - 32.9

4.2 - 24.1

cos con otras personas

41.1 - 34.1

36.8 - 33.2

36.8 - 35.6

50.7 - 45.4

49.7 - 43.6

Crear y difundir conte-

13.3 - 30.1

9.6 - 26.2

10.4 - 27.9

7.8 - 29.4

4.7 - 23.7

nido político

41.1 - 33.7

34.1 - 29.6

33.4 - 31.5

49.3 - 41.2

44.6 - 39.7

Unirse a plataformas

10.8 - 29.3

10.2 - 26.3

9.8 - 26.6

6 - 26.3

5.5 - 19.1

de consulta ciudadana

36.2 - 27.7

28.7 - 26.1

29.1 -26.6

43.3 - 42.9

39.1 - 39.5

tes políticos

en línea

Nota. Fuente elaboración propia. Las escalas oscilaron entre nunca y rara vez, así como entre a veces y muy
frecuentemente.

La Tabla 1 contiene el porcentaje de personas que se han involucrado en cada forma de participación. Por ejemplo, en el caso de las conferencias mañaneras y la acción de firmar peticiones
digitales, se observa que sólo el 14.1% de quienes nunca ven las conferencias han firmado alguna petición, frente al 37.7% de quienes las ven rara vez. Esta proporción se incrementa ligeramente entre
quienes las ven a veces (38.7%) y disminuye a 32.7% entre quienes las consumen muy frecuentemente.

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Este patrón se repite en la mayoría de las combinaciones: los porcentajes de participación
aumentan considerablemente al pasar de “nunca” a “rara vez” como nivel de consumo, con incrementos que oscilan entre el doble y hasta cuatro veces más. Las diferencias entre quienes consumen medios “rara vez” y “a veces” tienden a ser más moderadas, aunque es en esta última categoría donde,
con mayor frecuencia, se registran los niveles más altos de participación. De forma interesante, quienes consumen medios “muy frecuentemente” no suelen ser los más participativos, aunque sus niveles
siguen siendo elevados. Este hallazgo sugiere que el consumo excesivo de medios no necesariamente
se traduce en mayor acción política digital.
Además de esta presentación, se realizó una segunda estrategia analítica que consistió en
construir un índice compuesto de consumo mediático, integrando todos los reactivos de exposición a
información política. La consistencia interna de los ítems fue satisfactoria (α de Cronbach = .76), lo
que justificó su agregación. Este índice mostró una asociación positiva y significativa con todas las
formas de participación digital. Las pruebas ANOVA confirmaron la solidez de la relación: en todos
los casos, el consumo de medios estuvo significativamente relacionado con una mayor participación
política en línea (p &lt; .001), sin excepciones ni valores atípicos. La Figura 4 permite observar una
asociación claramente lineal con cada una de las formas de participación digital analizadas y esto
respalda el uso posterior de dicho índice como predictor en los modelos de regresión.
Figura 4. Promedio de consumo de medios según grados de participación política online

Nota. N = 1,531

La tercera hipótesis plantea que los conocimientos y habilidades aumentan las posibilidades
de participación en línea. En cuanto al conocimiento, el primer indicador consistió en una evaluación
subjetiva del encuestador, quien valoró el nivel de conocimiento político, según la argumentación y
familiaridad con temas políticas que mostró el encuestado durante la aplicación del cuestionario. El

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segundo indicador fue de carácter objetivo y se basó en el número de candidatos presidenciales de la
elección federal de 2024 que el encuestado fue capaz de recordar espontáneamente.
Respecto al primer indicador, los resultados mostraron un patrón bastante similar a lo observado con la educación: todas las pruebas de chi cuadrado arrojaron en todos los casos valores de p &lt;
.001, confirmando que quienes saben más de política presentan más participación política digital en
las 7 formas aquí analizadas. A continuación, se presenta el porcentaje de personas que han participado en cada tipo de acción política en línea, desglosado según su nivel de conocimiento político percibido.
Figura 5. Porcentajes de ciudadanos que alguna vez han participado online de diversas formas según cuánto parecen saber de política de acuerdo con su encuestador

Nota. N = 1,531

Todas las pruebas estadísticas de chi cuadrado fueron significativas y el patrón es claro: a
mayor conocimiento político (según la evaluación del encuestador), mayor es la participación en línea. Por ende, los grupos de barras van siempre en incremento. Hasta este punto pareciera consolidarse un patrón claro: quienes más consumen medios, tienen mayor nivel educativo y muestran más
conocimientos de política, son quienes más participación política online muestran. No obstante, este
esquema se ve alterado al analizar la segunda medida de conocimiento político: el número de candidatos presidenciales recordados por los encuestados. A diferencia de los resultados anteriores, esta
variable mostró una escasa relación con la mayoría de las formas de participación política digital.
Los resultados muestran que la cantidad de candidatos recordados sólo se relaciona con asistir a manifestaciones y compartir/comentar noticias en redes sociodigitales, pues sólo esas variables
presentan valores p menores a .05 en su prueba. Ambas actividades no dependen exclusivamente del
entorno digital, sino que se crean también como prácticas offline. En contraste, las prácticas más
asociadas al entorno digital, como crear contenido político, participar en plataformas de consulta o

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contactar autoridades, no mostraron vínculos estadísticamente significativos. Lo último es notorio en
cuán similares son los grupos de barras de dichas variables.
Figura 6. Porcentajes de ciudadanos que alguna vez han participado online de diversas formas según
cuántos candidatos presidenciales pudieron mencionar, se incluyen valores p de pruebas chi cuadrado

Nota. N = 1,531

Por otra parte, los indicadores de habilidades políticas exploran cuatro formas de involucramiento ciudadano. En primer lugar, se analizó la participación electoral, en la que se presentan un
número considerable de relaciones no significativas de acuerdo con la prueba de chi cuadrado, motivo
por el cual se decidió incluir explícitamente los valores p. Tomando un umbral de significancia de α:
.05, se observó que la participación electoral sólo mostró relaciones significativas con compartir y
comentar noticias.
Adicionalmente, se detectó una relación estadísticamente significativa entre haber votado y
recordar nombres de candidatos presidenciales (p &lt; .001). Esta última asociación sugiere que recordar candidatos y participar electoralmente constituyen componentes de una forma tradicional y formalizada de participación política. Ambas prácticas muestran una débil conexión con los repertorios
de participación digital, lo cual indica que estos fenómenos responden a lógicas diferenciadas.
Profundizando en la participación electoral; haber votado en 2024 se asocia significativamente con el índice de consumo de información política (prueba t, p &lt; .001), así como con el nivel
educativo (prueba chi cuadrado, p = .023). Aunque el voto no está directamente relacionado con las
prácticas digitales, sí comparte algunos de sus determinantes estructurales. Igualmente, el número
de candidatos que el informante podía recordar se asoció positivamente tanto con la escolaridad
(ANOVA, p &lt; .001) como con el índice de consumo de medios (correlación, p &lt; .001). Esto permite
reforzar que el consumo informativo y la escolaridad actúan como condiciones habilitadoras de la
participación.

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En los restantes indicadores de habilidades políticas se observó un patrón consistente: un
mayor involucramiento político o social se asocia con una participación política digital más activa. En
cuanto al número de organizaciones en las que ha participado una persona, la Figura 7 muestra una
relación positiva entre esta variable y las distintas formas de participación en línea. Como se puede
ver, en todos los grupos de barras, la primera que representa pertenencia a 0 organizaciones es significativamente menor que la última que marca pertenencia a 6 organizaciones. Hay un pico intermedio
en quienes han pertenecido a tres organizaciones, pero el patrón general indica que quienes han estado involucrados en más tipos de asociaciones —especialmente en las seis consideradas— reportan
mayores niveles de participación digital. Las pruebas de chi cuadrado correspondientes arrojaron valores p menores a .01 en todos los casos, lo que confirma la significancia estadística de las asociaciones.
Figura 7. Porcentajes de ciudadanos que alguna vez han participado online de diversas formas según a cuántas organizaciones han pertenecido en algún momento de su vida

Nota. N = 1,531

Las otras dos variables consideradas —haber participado en una protesta y haberse reunido
con autoridades— presentan un patrón similar. Por ello, se optó por representarlas de manera conjunta en una sola visualización (Figura 8). En esta, las columnas indican el porcentaje de participación
en línea y se organizan en dos pares: el primero distingue entre quienes se han reunido o no con
autoridades, y el segundo entre quienes han participado o no en protestas.

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Figura 8. Porcentajes de ciudadanos que alguna vez han participado online de diversas formas según
si se han reunido o no con autoridades y si han participado de una protesta

Nota. N = 1,531

La Figura 8 muestra que, en todas las formas de participación digital consideradas, quienes
han protestado y quienes han sostenido reuniones con autoridades tienen mayor participación digital.
Las pruebas de chi cuadrado asociadas arrojaron valores de p menores a .001, con la excepción del
cruce entre reuniones con autoridades y participación en protestas organizadas digitalmente, donde
el valor fue de p = .073. Esta asociación no es estadísticamente significativa, y esto se nota en la Figura
9 donde las columnas correspondientes tienen alturas similares.
En conjunto, los análisis arrojan evidencia mixta en relación con la hipótesis tres, que plantea
una asociación entre conocimientos y habilidades políticas y la participación digital. Mientras que
variables como reunirse con autoridades, participar en protestas o pertenecer a organizaciones se
asocian claramente con una mayor participación política online, variables vinculadas a la dimensión
electoral —como recordar candidatos o haber votado en 2024— muestran escasa o nula relación con
dicha participación. Esto sugiere que las habilidades y conocimientos adquiridos a través de formas
no institucionales de acción política y social están más estrechamente vinculados con la participación
digital, a diferencia de aquellas prácticas centradas en la participación electoral, que parecen seguir
una lógica distinta.
Los hallazgos obtenidos refuerzan la solidez de las dos primeras hipótesis y parcialmente de
la tercera. No obstante, ante la posibilidad de que los resultados se asocien a relaciones espurias, se

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procedió a una última fase de análisis multivariado mediante modelos de regresión. La necesidad de
este análisis deriva del hecho de que varias variables independientes están correlacionadas entre sí.
Por ejemplo, el análisis de varianza (ANOVA) mostró que las personas con mayor nivel educativo
también presentan un mayor consumo de información política (p &lt; .001): Quizá solo la educación
influya en la participación digital, pero como esta se asocia al consumo de información, surge una
relación aparente (espuria) entre el consumo de información y la participación digital, que no sería
causal. La abundancia de variables independientes relacionadas genera incertidumbre respecto a cuáles de ellas ejercen un efecto causal legítimo sobre la participación y cuáles sólo tienen relaciones
aparentes sin implicación causal. Las regresiones pueden discernir un efecto real de uno espurio.
Se realizaron siete regresiones logísticas dicotómicas —una por cada forma de participación
digital— en las que la variable dependiente fue recodificada de manera binaria, distinguiendo entre
quienes han participado al menos una vez y quienes nunca lo han hecho. Esta recodificación respondió tanto a criterios empíricos (la marcada dicotomía observada en los descriptivos) como a consideraciones matemáticas.
Tabla 2. Valores p de los modelos de regresión
Variable dependiente (forma de participación online)
Firmar pe-

Compartir

Asistir a

Contactar

Debatir

Crear y di-

Unirse a

ticiones en

y comen-

manifesta-

a repre-

asuntos

fundir

platafor-

línea

tar noti-

ciones or-

sentantes

políticos

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políticos

en línea

político

consulta

des

en redes

ciudadana

sociales
Índice de

&lt;.001

&lt;.001

&lt;.001

&lt;.001

&lt;.001

&lt;.001

&lt;.001

&lt;.001

&lt;.001

&lt;.001

.138

&lt;.001

&lt;.001

.001

consumo
de medios
Escolaridad
Nota. Fuente elaboración propia

Para evitar tener múltiples coeficientes de una misma variable, se optó por una versión dicotómica de la escolaridad. Se incluyó también el índice sumatorio de consumo de medios que se había
mostrado en la Figura 3 (covariante). Por su parte, las variables asociadas a conocimientos y habilidades políticas fueron excluidas debido a que los resultados ofrecieron evidencias diferenciadas y una
comprobación parcial de la hipótesis.
La Tabla 2 permite observar que el efecto del consumo de medios sobre la participación política digital es independiente del efecto de la escolaridad. En todas las formas de participación analizadas, ambas variables resultaron estadísticamente significativas, salvo en un caso: la acción de con-

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tactar a representantes políticos por medios digitales. En esta única excepción, la escolaridad no mostró una asociación significativa, lo que sugiere que, para este tipo específico de participación institucional, el consumo de información política es el principal factor.
En un análisis adicional, se incorporó la variable de nivel socioeconómico en los modelos de
regresión para explorar si tenía algún efecto relevante o alteraba las relaciones previamente observadas. Aunque dicha variable de control mostró algunas correlaciones con variables independientes y
dependientes, al incorporarlo en los modelos de regresión su efecto no siempre fue significativo, y no
modificó sustancialmente los patrones descritos anteriormente.

Discusión
Los resultados confirman las primeras dos hipótesis planteadas en el estudio: la participación política
digital en Querétaro se asocia positivamente con el nivel educativo y el consumo de información. De
manera parcial, se valida la tercera hipótesis, se valida también la tercera hipótesis, pues los conocimientos políticos y las habilidades cívicas muestran vínculos significativos con la participación en
línea, aunque no de forma homogénea.
En primer lugar, el estudio muestra una baja participación desde el entorno digital en el estado de Querétaro, lo que concuerda con los hallazgos de Gutiérrez (2019). Esto coincide con una
ciudadanía digital poco activa, con una mayoría desconectada de dinámicas políticas, alineado con la
noción de ciudadanías básicas (López-Gil &amp; Sandoval Sarrias, 2023), limitadas a acciones mínimas
como compartir contenidos en redes sociodigitales. Así, se genera una participación blanda (Zumárraga-Espinosa et al., 2022), orientada más al consumo de información por encima de la incidencia
social, como manifiestan los hallazgos de López-Gil y Sandoval Sarrias (2023) y Echeverría et al.
(2023); e incluso lejana de procesos de deliberación, organización o exigencia de rendición de cuentas. Sin embargo, al considerar las perspectivas de Dahlgren (2009) y Papacharissi (2014), estas prácticas adquieren un valor cívico que trasciende su aparente limitación: interacciones mínimas como
compartir, comentar o dar “like” constituyen formas de participación comunicativa situada que contribuyen a la construcción de ciudadanía digital.
A pesar del potencial transformador que ofrecen las tecnologías digitales (Castells, 2006; Meneses, 2015; Bahena, 2024), los mecanismos más interactivos —como debatir, contactar representantes o co-crear contenido— continúan siendo poco frecuentes. Esto podría deberse a la incidencia de
brechas estructurales para el involucramiento digital mencionadas por Merino (2020); tales como la
falta de espacios institucionales para una interacción significativa, la escasa cultura política digital,
los bajos niveles de gobernabilidad electrónica o la desconfianza hacia los procesos participativos e
instituciones públicas, elementos que han sido señalados como barreras en estudios previos (AlonsoMuñoz &amp; Casero-Ripollés, 2024; Bahena, 2024; González et al., 2020; Zumárraga-Espinosa et al.,
2020).

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Respecto a la primera hipótesis, la escolaridad aparece como un factor estructural asociado
con una mayor participación política digital; sin embargo, el involucramiento sigue siendo bajo. Las
personas con mayor nivel educativo reportan una mayor frecuencia en prácticas que expresan conciencia colectiva, como la firma de peticiones en línea y la asistencia a manifestaciones. Esto concuerda con estudios que manifiestan a la literacidad crítica y formación ciudadana como facilitadores
de repertorios de acción más amplios y diversificados (González-Mohino et al., 2023; López-Gil &amp;
Sandoval Sarrias, 2023); de manera que la desigualdad educativa se convierte en una brecha para la
participación al generar distinto niveles de involucramiento (Merino, 2020). Sin embargo, su efecto
es más limitado cuando se trata de acciones institucionalizadas como contactar autoridades o crear y
difundir contenido político, lo cual puede derivarse de un contexto de baja confianza en las instituciones gubernamentales.
La segunda hipótesis confirma que el consumo de información política tiene una asociación
positiva con la participación, lo cual concuerda con diversos estudios previos (Bahena, 2024; LópezGil &amp; Sandoval Sarrias, 2023; Oliveros, 2023). A pesar de ello, el consumo registrado en la muestra
es predominantemente ocasional, sugiriendo una frecuencia intermitente. El consumo digital, sobre
todo en su vertiente deliberativa, se vincula con mayor frecuencia a acciones como compartir, comentar o debatir asuntos políticos. Esto se asocia con la idea de que la arquitectura interactiva y horizontal
de los entornos digitales contribuye, además del acceso a la información, a la apertura de espacios de
interacción que amplían las posibilidades de acción ciudadana (Echeverría et al., 2023). Aun así, las
prácticas más institucionales continúan siendo menos comunes, lo que plantea interrogantes sobre
los factores que limitan una mayor apropiación de estas herramientas.
Por otra parte, la tercera hipótesis, que relaciona la participación con los conocimientos políticos y el habitus participativo, tuvo una comprobación parcial. El análisis confirmó que el nivel de
conocimiento político -de acuerdo con la evaluación del encuestador- se asocia con mayores niveles
de participación digital. De manera complementaria, el habitus participativo (Meneses, 2015), entendido como la acumulación de experiencias previas en protestas, reuniones con autoridades o pertenencia a organizaciones, también se relaciona con un mayor involucramiento digital. Esto confirma
que no se trata únicamente de poseer información política, sino de contar con trayectorias cívicas que
habilitan la apropiación de repertorios cívico-digitales. En este sentido, los hallazgos refuerzan la noción de una participación fragmentada y deshilvanada (González-List, 2020), en la que las motivaciones temáticas y las experiencias concretas pesan más que la afiliación ideológica o partidista.
No ocurre igual con la participación electoral, ni el conocimiento de candidatos políticos electorales, estos indicadores capturan principalmente una disposición al involucramiento electoral, más
que a la acción digital. Por tanto, la tercera hipótesis requiere de ser matizada: el conocimiento político sí está asociado con la participación digital, pero no de forma homogénea. Esta tiene una mayor
vinculación en acciones alternativas de participación colectiva y de búsqueda de incidir con el gobierno, más que con fines electorales.

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Conclusiones
Este estudio tuvo como objetivo analizar las condiciones que inciden en la participación política digital en el estado de Querétaro, con énfasis en el consumo de información política, el nivel educativo y
el desarrollo de un habitus participativo, para identificar factores que potencian o limitan el involucramiento cívico en línea. Los hallazgos permiten afirmar que la participación digital en el estado se
encuentra en una fase incipiente, caracterizada por acciones esporádicas, de bajo compromiso institucional y con predominio de prácticas informativas o expresivas antes que deliberativas.
En primer lugar, se confirman las relaciones positivas con el nivel educativo y el consumo de
información, condiciones estructurales que habilitan el involucramiento cívico, ya sea digital o presencial. Sin embargo, las dinámicas en línea se concentran en acciones de bajo involucramiento institucional, lo que muestra a una ciudadanía informada pero alejada de sus instituciones y más cercana
a la acción colectiva, así como formas alternativas individuales de acción. Así, la ciudadanía digital
queretana se construye principalmente desde márgenes informativos, antes que desde enfoques de
incidencia o deliberación. De esta manera, se genera una ciudadanía distante, que cuenta con desigualdades educativas y de acceso a la información. De ahí que se destaque la importancia de la literacidad crítica como una condición necesaria para lograr un ciudadano más activo.
En segundo término, la participación política digital se encuentra próxima a experiencias de
acción no institucionalizada, más que a otras modalidades más estructuradas como el voto. Mientras
que el habitus participativo manifestado en acciones como la pertenencia a organizaciones o participación en protestas potencia el involucramiento digital, la experiencia en acción electoral muestra
una escasa relación con la participación en línea. Esto refuerza la idea de que no toda forma de conocimiento político impulsa del mismo modo la participación política digital: mientras la participación
colectiva y alternativa se asocia desde planos físicos y digitales, el conocimiento institucionalizado se
relaciona más estrechamente con el cumplimiento de deberes electorales tradicionales.
La investigación permite concluir que la participación política digital en Querétaro es mayoritariamente blanda, caracterizada por acciones esporádicas, desarticuladas y con escasa vinculación
institucional. A pesar de que el estado cuenta con una alta participación electoral, los mecanismos de
participación parecen estancarse al trasladarlos al espacio digital, lo que cuestiona la capacidad de las
instituciones para generar confianza y canales de interacción que legitimen el involucramiento ciudadano. Por otra parte, las formas de participación en línea tienden a ser esporádicas y de baja deliberación, lo que cuestiona la calidad del diálogo que se genera en estos espacios, y la necesidad de
indagar si se trata de procesos reales de deliberación ciudadana o de la influencia de los entornos
dominados por discursos polarizados y de confrontación.
Por último se reitera la correspondencia entre el plano físico y digital de la participación ciudadana, donde factores estructurales como el nivel educativo y el consumo de la información, actúan
como generadores de participación, pero también de brechas que limitan en desarrollo de una ciudadanía digital activa y crítica. No obstante, el análisis de estas dimensiones no agota las posibilidades

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de encontrar otras dimensiones explicativas del fenómeno. Futuras investigaciones podrían incorporar factores contextuales —como el malestar democrático, la desconfianza institucional o la percepción de eficacia política—, así como dimensiones subjetivas relacionadas con actitudes, emociones y
creencias individuales, que también influyen en los repertorios de participación ciudadana. Asimismo, resulta pertinente considerar la calidad de la información en los entornos digitales, donde la
desinformación y los filtros burbuja condicionan las interpretaciones ciudadanas y, con ello, las posibilidades de incidencia política significativa.

Declaración de conflicto de intereses
La autora y el autor no informaron ningún posible conflicto de intereses.

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�Factores asociados a la participación política digital en Querétaro

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�La desinformación en las campañas electorales: el caso
uruguayo 2024 en el contexto hispanoamericano
Disinformation in electoral campaigns: the 2024 Uruguayan case in the Hispanic-American context

Sofía Montero

Jordi Rodríguez-Virgili

Carmen Beatriz Fernández

Universidad de Montevideo
Orcid https://orcid.org/0009-00099440-8894
s.montero@um.edu.uy

Universidad de Navarra
Orcid https://orcid.org/0000-00027952-5664
jrvirgili@unav.es

Universidad de Navarra
Orcid https://orcid.org/0000-00030609-0695
carmenbeat@datastartegia.com

Resumen: Este estudio analiza los incidentes de desinformación ocurridos durante las elecciones de Uruguay en 2024 en
el contexto de las elecciones de América Latina de 2023 y 2024. El trabajo adaptó la metodología de análisis de contenido,
basado en la taxonomía del Servicio Europeo de Acción Exterior, con 27 incidentes registrados por el departamento de la
Agencia France-Presse, AFP Factual, y un enfoque comparativo. Uruguay presentó bajos niveles de desinformación electoral,
respaldando la hipótesis de que su estabilidad democrática mitiga este fenómeno en comparación con otras democracias de la
región. Las narrativas detectadas siguen los patrones de otros procesos electorales.

Palabras clave: Desinformación, narrativas, elecciones, Uruguay, campaña electoral
Abstract: This study analyses incidents of misinformation that occurred during Uruguay's 2024 elections in the context of
Latin America's 2023 and 2024 elections, because the aim of the article is to detect overlapping narratives that can be derived
from the observed cases. The work adapted the content analysis methodology based on the European External Action Service
taxonomy, with 27 incidents recorded by the Agence France-Presse department, AFP Factual, and a comparative approach.
Uruguay presented low levels of electoral disinformation, supporting the hypothesis that its democratic stability mitigates t his
phenomenon in comparison with other democracies in the region. The narratives detected follow the patterns of other electoral
processes.

Keywords: Disinformation, narratives, elections, Uruguay, political campaigning
Fecha de recepción: 17/09/2025
Fecha de aprobación: 05/11/2025
Fecha de publicación: 12/11/2025

Cómo citar este artículo / How to cite this paper: Montero, S., Rodríguez-Virgili, J., &amp; Fernández, C. B.

(2025). La desinformación en las campañas electorales: el caso uruguayo 2024 en el contexto hispanoamericano. Revista de
Comunicación Política, 7, e250708. https://doi.org/10.29105/rcp.v7i1.84

Revista de Comunicación Política, vol. 7, enero-diciembre, 2025, http://rcp.uanl.mx, pp. 1−24, ISSN: 2992-7714

�La desinformación en las campañas electorales: el caso uruguayo 2024 en el contexto hispanoamericano

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Introducción
El 2024, año en que más personas en la historia han sido llamadas a las urnas, se estrenó con la
advertencia del Foro Económico Mundial al considerar la desinformación, alentada por las posibilidades de la inteligencia artificial (IA), como el mayor riesgo global a corto plazo (Zahidi, 2024).
Este estudio analiza los incidentes de desinformación ocurridos durante las elecciones parlamentarias y presidenciales de Uruguay en 2024, en sus dos vueltas (la primera el 27 de octubre y el
balotaje el 24 de noviembre). Se estudia en el contexto de las elecciones en Latinoamérica, porque el
objetivo final de la investigación es detectar narrativas coincidentes en los casos observados. El trabajo adapta la metodología del Servicio Europeo de Acción Exterior 1st EEAS Report on Foreign Information Manipulation and Interference Threats, elaborado por el servicio de Acción Exterior de la
Unión Europea.
Esta investigación forma parte del trabajo del Observatorio Complutense de Desinformación,
que lidera la Universidad Complutense de Madrid y que analiza la desinformación electoral en Iberoamérica1. Se estableció una alianza con la Universidad de Montevideo, como socio académico local,
y con AFP Factual (oficina de la agencia France-Presse) como socio de verificación, con el respaldo de
la Corte Electoral de Uruguay.
El análisis de la desinformación en este país es especialmente importante porque se parte del
presupuesto que la característica clave del caso uruguayo en el contexto latinoamericano es la fortaleza de sus instituciones democráticas y el alto nivel de confianza por parte de la ciudadanía. Según
el Latinobarómetro 2024, Uruguay ocupa el segundo lugar en satisfacción con la democracia en la
región; es uno de los países con menor apoyo a un posible régimen autoritario y el país de Hispanoamérica donde los partidos políticos cuentan con mayor nivel de aprobación.
Se pretende así aportar una perspectiva de cómo opera la desinformación en una democracia
plena y robusta en contraste con otros procesos electorales de 2023 y 2024 en la región. Las características de Uruguay, con su sólida institucionalidad y altos niveles de confianza, permiten explorar si
estos factores mitigan o condicionan de alguna manera los efectos de la manipulación e interferencia
informativas en comparación con otras democracias de América Latina.

La desinformación en procesos electorales
El fenómeno de la desinformación se enmarca dentro de lo que se ha denominado “información problemática” (Jack, 2017), que abarca distintos tipos de información inexacta, engañosa, erróneamente
atribuida o completamente fabricada (Serrano-Puche et al., 2020). El término tiene su origen en el
ruso dezinformatsiya, utilizado desde el final de la II Guerra Mundial para referirse a la “acción de

En concreto dentro del proyecto nacional financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, titulado “Garantías institucionales y regulatorias. Autoridades electorales y de supervisión digital ante interferencias, narrativas hostiles, publicidad segmentada y polarización”. (Dir-Politics), referencia PID2022-137245OB-I00.
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inducir a confusión a la opinión pública mediante el uso de informaciones falsas” (Romero-Rodríguez, 2013, p. 323). Esta investigación adoptará la definición establecida por la Comisión Europea,
que describe la desinformación como “todas las formas de información falsa, inexacta o engañosa
diseñada, presentada y promovida para causar daño público intencionadamente o con fines de lucro”
(HLEG, 2018, p. 5).
La desinformación erosiona la confianza en el sistema democrático y, sobre todo, en los procesos electorales, que representan la base sobre la que se construye la democracia moderna (Norris et
al., 2015; Rodríguez-Virgili et al., 2021; Rubio Núñez, 2018). Por eso, durante las elecciones proliferan
actores malintencionados que pretenden manipular a los votantes mediante la difusión deliberada de
información falsa (Kapantai et al., 2021).
La desinformación supone un desafío crítico para la estabilidad democrática en Hispanoamérica (Palau-Sampio, 2024; Rodríguez-Pérez &amp; García-Vargas, 2021). Las operaciones de desinformación representan un costo relativamente bajo y con alto rendimiento dentro de las campañas electorales, por lo que su crecimiento no es fortuito en toda América Latina (Rubio Núñez et al., 2024c). Y
así, se han empleado estas operaciones como herramienta para influir en los resultados electorales y
erosionar la confianza ciudadana en las instituciones públicas, como evidencian las campañas de Brasil 2018 (Canavilhas et al., 2019) y 2022 (Sánchez del Vas et al., 2025), Colombia 2022 (GutiérrezCoba &amp; Rodríguez-Pérez, 2023), Argentina 2023 (Slimovich, 2024) así como en México en 2024 (Rubio Núñez et al., 2024b).
La desinformación incide también en los problemas existentes y se ha comprobado que aparece
principalmente en contextos más polarizados (García-Acosta &amp; Gómez-Masjuán, 2022; MagallónRosa, 2019). Un estudio comparado en Latinoamérica demostró que los usuarios que se autoidentifican con posturas polarizadas y extremistas son los más proclives a expresar abiertamente sus verdaderas opiniones políticas en redes sociales (Fernández et al., 2021), lo cual, además de otorgar mayor
visibilización de las posturas extremas en la política (Iyengar &amp; Krupenkin, 2018), puede retroalimentar la desinformación (Rivera Magos &amp; González Pureco, 2024).
Los motivos que impulsan la puesta en marcha de campañas de desinformación durante los
procesos electorales, aunque diversos, pueden agruparse en tres grandes categorías: ideológicas-electorales, económicas y geopolíticas (Rodríguez-Virgili et al., 2022). La motivación ideológica o electoral busca influir de manera directa en los resultados de los comicios. Este tipo de campañas suele
originarse en la acción de los partidos políticos, los candidatos y de sus entornos cercanos, aunque en
determinadas circunstancias pueden contar con el respaldo de actores externos. Las motivaciones
económicas tratan de obtener beneficios económicos de la viralidad de la desinformación como se
constató, por ejemplo, en las elecciones norteamericanas de 2016 (Subramanian, 2017). Las motivaciones geopolíticas buscan desestabilizar la democracia o provocar una reacción desproporcionada
que cuestione el carácter democrático del país afectado. Tratan de introducir el virus de la duda en el
proceso, debilitar la legitimidad del gobernante elegido independientemente de quién sea. En las
campañas de desinformación con motivación geopolítica suelen estar involucrados terceros países

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�La desinformación en las campañas electorales: el caso uruguayo 2024 en el contexto hispanoamericano

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(Torres Soriano, 2017). Un estudio del Oxford Internet Institute menciona que “un puñado de actores
estatales sofisticados usan propaganda computacional para operaciones de influencia extranjera. Facebook y Twitter atribuyeron operaciones de influencia extranjera a siete países (China, India, Irán,
Pakistán, Rusia, Arabia Saudita y Venezuela) que han utilizado estas plataformas para influir en audiencias globales” (Bradshaw &amp; Howard, 2019).
En este sentido, de acuerdo con el informe The Kremlin’s Efforts to Covertly Spread Disinformation in Latin America (2023), del Departamento de Estado de los Estados Unidos, existe una sofisticada campaña de desinformación financiada y dirigida por el gobierno ruso en América Latina.
Esta operación tiene como objetivo influir en la opinión pública en países como Argentina, Bolivia,
Chile, Colombia, México, entre otros. La campaña es gestionada por entidades clave como la Social
Design Agency (SDA), el Institute for Internet Development y Structura, quienes utilizan técnicas de
“lavado de información”. Estas técnicas consisten en adaptar contenido generado en Rusia para que
sea publicado por medios locales y redes sociales, haciéndolo pasar por información genuina y autóctona.
El presente artículo parte de la hipótesis de que los riesgos y la pérdida de confianza asociados
al crecimiento de los desórdenes informativos impactan negativamente en la escala, velocidad y alcance de la comunicación política; efectos que se intensifican durante los períodos electorales. En este
marco de estudio cobra especial relevancia identificar y analizar las narrativas desinformativas.
La desinformación se configura a través de narrativas que apelan a las emociones del público y
se fundamentan en la construcción de relatos carentes de veracidad, pero dotados de un cierto grado
de verosimilitud (Manfredi et al., 2022). Estas características permiten que dichos discursos sean
percibidos como plausibles por los receptores de los contenidos desinformativos (Quintana-Pujalte &amp;
León-Moral, 2025).
Descubrir narrativas falsas o engañosas permite comprender con mayor profundidad la magnitud de la actividad manipuladora de la desinformación (Suau &amp; Puertas-Graell, 2023) y desarrollar
estrategias de prebunking, es decir, medidas preventivas que doten a los votantes de argumentos sólidos para refutar falsedades con información clara y rigurosa sobre los temas que estas narrativas
distorsionan (Míguez-González &amp; Dafonte-Gómez, 2023). Se entiende por narrativa una forma de
representar o interpretar una situación para promover un determinado punto de vista, influir en la
opinión pública o moldear las percepciones de la audiencia. Mientras que una pieza desinformativa
específica puede ser olvidada con rapidez, la narrativa subyacente que se difunde de manera reiterada
y en diversos formatos tiene mayor probabilidad de ser recordada (Marwick, 2018). La detección de
narrativas falsas implica identificar esas estructuras o patrones recurrentes presentes en distintos
incidentes. En procesos electorales tienden a repetirse narrativas desinformativas que fomentan la
polarización, el odio y la desconfianza en el sistema democrático (Zhang et al., 2021).
Esta investigación analiza las elecciones parlamentarias y presidenciales de Uruguay en 2024.
Existen precedentes en el análisis de la desinformación en elecciones anteriores del país (Molina-

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Cañabate &amp; Magallón-Rosa, 2021; Winocur et al. 2022) y en este caso se atenderá al contexto del ciclo
electoral 2023-24 en el ámbito hispanoamericano.

Contexto uruguayo
La República Oriental del Uruguay disfruta de una “democracia plena”, considerada la más estable
de América Latina (Katz, 2021; Villegas Plá &amp; Peña, 2025) y se ubica en el puesto 14 del mundo, según
el Índice de Democracia de The Economist (2023).
Su sistema de gobierno es presidencialista, con voto obligatorio, universal y secreto. Existe la
“necesidad de lema”: los candidatos deben presentarse bajo un partido, dado que no puede haber
candidaturas sin partido (Alcántara, 2013). Los uruguayos eligen al Presidente y al Vicepresidente en
elecciones directas por mayoría absoluta (si no se logra en primera vuelta, se celebra una segunda
entre los dos candidatos más votados). Su reelección inmediata está prohibida. En los mismos comicios se elige al Legislativo, compuesto por la Cámara de Senadores (30) y la Cámara de Representantes (99). El ciclo electoral se repite cada cinco años con calendario fijo: elecciones internas (junio),
legislativas (octubre) de forma simultánea con las presidenciales (la primera vuelta, con una eventual
segunda vuelta en noviembre) y departamentales (mayo del año siguiente).
La valoración de la confianza en las instituciones en Uruguay es tradicionalmente alta, según
mediciones como Latinobarómetro, que ubica al país siempre dentro de los primeros lugares. Según
el informe de 2024, Uruguay es el país que mejor evalúa su democracia, se encuentra segundo en el
ranking de apoyo a la democracia y lo encabeza en cuanto a satisfacción. El informe afirma que “la
única democracia consolidada en América Latina podría ser la uruguaya” (Latinobarómetro, 2024).
El sistema de partidos se caracterizaba por la existencia de dos partidos que marcaron el
rumbo del país: el Partido Colorado (PC) y el Partido Nacional (PN). El PC casi siempre desde el
Gobierno, ya que durante todo el Siglo XX sólo hubo dos períodos de gobierno del PN. Ambos eran
policlasistas, pero el PC era más liberal, de tendencia anticlerical y ligado a los intereses urbanos;
mientras que el PN era más conservador con mayor inserción en el mundo rural (Maiztegui, 2016).
La creación del Frente Amplio (FA) en 1971 empieza a cambiar este panorama, que muta con el acceso
al poder en la Intendencia de Montevideo en la década de los 90 y se transforma definitivamente con
el primer gobierno frenteamplista en 2005. Desde entonces y hasta el cambio de 2020, el FA contó
con tres presidencias y mayoría en el Poder Legislativo.
La otra característica del sistema es la alta fraccionalización de esos partidos, con sectores
diferenciados dentro de cada uno. En especial dentro del FA, por ser una coalición de partidos que
contiene un extenso espectro ideológico: desde la extrema izquierda hasta la izquierda moderada
(Yaffé, 2002). Además, en 2004 se fundó el Partido Independiente (PI), que creció de forma continuada hasta 2014; en 2019 y 2024 obtuvo solamente un diputado. En 2016, el empresario Edgardo
Novick creó el Partido de la Gente (PG). Cabildo Abierto (CA) fue la gran novedad electoral en 2019,

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�La desinformación en las campañas electorales: el caso uruguayo 2024 en el contexto hispanoamericano

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con el General Guido Manini Ríos —Comandante en Jefe del Ejército Nacional los cuatro años anteriores– como fundador y candidato a presidente. CA obtuvo el 11.04% de los votos en 2019. En 2024
se suma a la Cámara baja con dos escaños, el partido de corte antisistema Identidad Soberana (IS).
Su fundador, Gustavo Salle, había cobrado notoriedad pública por su retórica conspiracionista durante la pandemia de Covid-19, cuando encabezó marchas en contra de las medidas adoptadas por el
Gobierno, especialmente contra la vacunación.
El ciclo electoral 2019 dividió a los partidos políticos en dos bloques: el FA por un lado; y la
Coalición Republicana, de centroderecha, por otro (Reis &amp; Lopes, 2022; Selios &amp; Bohigues García,
2020). Este último bloque surgió durante la segunda vuelta presidencial para apoyar la candidatura
de Luis Lacalle Pou del PN, se fortaleció durante su período de gobierno, donde hubo ministros de los
distintos partidos; y se consolidó para el ciclo electoral de 2024. Liderada por los blancos (PN), incorporó al PC, al PI, a CA y al PG (Nocetto et al., 2020). En las elecciones de 2024, los partidos de la
Coalición Republicana adelantaron su apoyo, en un eventual ballotage, a Álvaro Delgado, secretario
de Presidencia del gobierno de Lacalle Pou y candidato del PN.
Dos hechos relacionados con el combate contra la desinformación anteceden a las elecciones
de 2024. En el primero, los diputados Rodrigo Goñi (PN), Sebastián Cal (CA) y Felipe Schipani (PC)
presentaron en abril un proyecto de ley titulado “Generación y difusión de contenidos engañosos durante la campaña electoral”, que proponía penas de seis meses a dos años de prisión a quien “genere
o difunda contenidos materialmente engañosos mediante imágenes, sonidos o videos, con el propósito de causar daño reputacional a un candidato o una desinformación notoria en relación a la campaña electoral” durante los tres meses previos y el mes posterior a las elecciones nacionales. El proyecto se trató en la comisión, pero se archivó por el fin de legislatura.
En el segundo, los partidos políticos con representación parlamentaria firmaron el “Pacto
Ético contra la desinformación”, como parte de la Campaña Libre de Noticias Falsas impulsada por
la Asociación de la Prensa Uruguaya, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la
UNESCO y la Fundación Astur. El pacto comprometía a los partidos a no generar ni promover noticias
o campañas de desinformación como ataque a adversarios políticos (UNESCO, 2024). Este compromiso fue una renovación del asumido en la campaña electoral de 2019.
Las elecciones de 2024 se presentaban competidas. Por un lado, la Coalición Republicana en
el poder comparecía fortalecida por los altos niveles de aprobación del presidente Lacalle Pou, que
marcaba 50% de aprobación el mes de las elecciones (Equipos Consultores, 2024), pero que había
sido mayor durante todo el período de gobierno, impulsado por una percepción positiva del manejo
de la pandemia (Schroeder &amp; Amadeo, 2021). Reconocimiento recibido de igual modo en el ámbito
internacional, que consideró el manejo de la crisis como “muy bueno” (Garcé García y Santos, 2023).
El gobierno también salió fortalecido al vencer en el referéndum sobre la Ley de Urgente Consideración de 2022. Esta Ley, aprobada en 2020, se consideraba la principal iniciativa legislativa de la Coalición y un instrumento clave para su gobierno.

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A pesar de los niveles de aprobación del gobierno, dos episodios influyeron de forma negativa
en la percepción ciudadana sobre la Coalición Republicana. El primero, el “caso Astesiano”, un proceso judicial que comenzó con la detención, en septiembre de 2022, del jefe de la custodia del presidente Lacalle Pou, Alejandro Astesiano, acusado de falsificación de documentos para expedir pasaportes a ciudadanos rusos (Silva, 2024). Y el segundo episodio, el “caso Penadés”, que se originó en
marzo de 2023 por la denuncia pública de Romina Celeste Papasso, militante transexual del PN; que
afirmó que el senador Gustavo Penadés había pagado por tener relaciones sexuales con ella cuando
era menor de edad. Penadés negó las acusaciones, pero, tras ocho denuncias más y el desafuero por
unanimidad, el exsenador fue imputado por más de veinte delitos sexuales y finalmente condenado a
prisión.
El 27 de octubre de 2024 se celebraron las elecciones con una participación del 89.6% de los
habilitados. FA obtuvo el 43,8% de los votos, PN el 26.8%, PC 16.07%, IS 2.69%, CA 2.48% y PI 1.70%
(Corte Electoral, 2024). En consecuencia, de los once partidos que se presentaron solo seis obtuvieron
representación parlamentaria. Ningún candidato logró la mayoría absoluta en primera vuelta para
ser electo presidente y, si bien el FA consiguió la mayoría en el Senado, ningún partido o bloque consiguió la mayoría en la Cámara de Representantes. Los dos plebiscitos —uno sobre Seguridad Social
y el otro relacionado con allanamientos nocturnos— fracasaron tras no alcanzar mayoría absoluta de
votos (Grau, 2024).
En la segunda vuelta, celebrada el 30 de noviembre, participaron el 89.35% de los inscriptos.
Yamandú Orsi, candidato del FA, resultó electo presidente con el 52% de los votos, frente al 48% de
Álvaro Delgado (Acosta &amp; Martínez, 2025). Con la victoria del opositor Orsi, Uruguay se sumaba al
patrón dominante en los últimos años en la región latinoamericana consistente en la incapacidad de
los oficialismos de obtener la reelección (Cerro Fernández, 2025).

Objetivos e hipótesis
El presente trabajo pretende analizar los incidentes de desinformación que hayan tenido lugar durante la campaña electoral en sus dos fases: primera vuelta y ballotage, así como discutir y valorar su
incidencia en el espacio público uruguayo, en el contexto del ciclo electoral 2023-24 en América Latina. No se trata de establecer paralelismos entre realidades distintas por tamaño de país, tiempos de
campaña, sistemas mediáticos, etc., pero sí analizarlo en el contexto regional.
A partir de esta categorización se plantearon dos hipótesis alternativas:
H1. Un país con una democracia plena y estable como Uruguay y con menor polarización
estará menos expuesta a incidentes de desinformación que otros en América Latina.
H2. Dado que Uruguay es considerada la democracia más estable dentro de la región, hay
incentivos para que países externos interfieran en sus elecciones para erosionar una democracia
plena, y contribuir a su desestabilización; en cuyo caso sufriría más incidentes desinformativos.

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�La desinformación en las campañas electorales: el caso uruguayo 2024 en el contexto hispanoamericano

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Metodología
Para lograr estos objetivos y evaluar las hipótesis, se realizó un análisis de contenido, método habitual
en investigaciones de Comunicación Política por su utilidad para recopilar, procesar y analizar información de mensajes publicados (Gómez-Escalonilla, 2021).
El proceso de observación electoral contra la desinformación implica la alianza con tres actores locales claves (Rubio Núñez et al. 2024a): el árbitro electoral, es decir, la Corte Electoral de Uruguay (Cardarello &amp; Castiglia, 2024), una universidad local, en este caso la Universidad de Montevideo,
y un verificador o fact checker, que sea parte del International Fact-Checking Network (IFCN) promovido por el Poynter Institute, como AFP Factual.
Los periodistas de AFP Factual investigan afirmaciones sospechosas que son virales, con impacto en la sociedad y potencialmente dañinas para el público. Verifican afirmaciones que pueden
aparecer en diversos formatos, como medios de comunicación, redes sociales, blogs, sitios web, aplicaciones de mensajería y otros foros de la esfera pública. Su forma de trabajo se ajusta a la definición
de desinformación de la Unión Europea, porque deciden qué afirmaciones verifican en función de su
interés público y de su capacidad para reunir pruebas suficientes para refutar las aseveraciones sospechosas. AFP Factual analiza hechos, no opiniones ni creencias. Si no puede proporcionar pruebas
suficientes y contrastadas, no publica la verificación.
Para el código de análisis se adaptó la metodología incluida en el 1st EEAS (European External Action Service) Report on Foreign Information Manipulation and Interference Threats, de 2023,
elaborado por el servicio de Acción Exterior de la Unión Europea. El DISARM (Detecting and Responding to Manipulated Media) es un catálogo de código abierto diseñado para describir las Tácticas,
Técnicas y Procedimientos (TTP) y es un modelo de análisis formulado originalmente en contexto de
guerra para examinar los bulos provenientes de la órbita de propaganda e interferencia rusa; pero
que se adapta con facilidad a las campañas electorales en tiempos de paz. Esta metodología propone
elaborar una taxonomía para los incidentes de desinformación (IMI Information Manipulation and
Interference) de acuerdo con la Figura 1.
La selección de la muestra la ofrecía AFP Factual. Las unidades analizadas se obtuvieron de la
base de datos de los incidentes de desinformación recopilada por AFP Factual entre los días 1 de septiembre (dos meses antes de la elección nacional) y 8 de diciembre de 2024 (una semana después de
la segunda vuelta presidencial). AFP Factual registró 27 incidentes.
Cuatro estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Montevideo codificaron en simultáneo los 27 incidentes desinformativos. El código de análisis aplicado a los incidentes
seleccionados era la adaptación del método EEAS y las doce variables que se analizan son las propuestas por su taxonomía (Ver Figura 1). Los autores de este artículo tuvieron una primera reunión
con las codificadoras para explicar los criterios de codificación y realizar la prueba pre-test. Después,
en octubre, en una nueva reunión presencial, los autores y las codificadoras realizaron una puesta en
común y despejaron las posibles dudas.

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�Sofía Montero et al.

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Figura 1. Taxonomía para el análisis de los incidentes de desinformación

Nota. Fuente OCD. Adaptación al método EEAS (European External Action Service)

Una vez realizado el análisis de contenido de los incidentes facilitados por AFP Factual en Uruguay, se procedió a comparar los resultados con varios de los procesos electorales de 2023 y 2024 en
Hispanoamérica, que ha estudiado el Observatorio Complutense de Desinformación. Como los tiempos oficiales de campaña electoral son diferentes en cada país, y, por tanto, los periodos de análisis
son muy distintos, se calculó una tasa de incidencias electorales dividiendo el número de IMI entre
los días de observación.
Por último, para validar las hipótesis planteadas, se evaluó la posible relación entre la desinformación en procesos electorales y la calidad de la democracia, utilizando los datos del Informe sobre
la Democracia 2024 del Instituto V-Dem. Así, se comparó la frecuencia de los incidentes de desinformación (IMI’s) con el índice de democracia electoral, medida por los índices de V-Dem, a través de
una correlación lineal de Pearson entre la rata o tasa de desinformación y el Índice de Democracia
Electoral. La correlación lineal de Pearson mide la fuerza y la dirección de la relación lineal entre dos
variables cuantitativas continuas. El coeficiente de correlación varía entre -1 y +1: un valor de +1 indica una correlación lineal positiva perfecta, -1 indica una correlación negativa perfecta, y 0 indica
que no existe relación lineal entre las variables.

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Resultados
Cada incidente se clasificó según la intención del emisor (objetivo perseguido) como: i) consternar
(dismay), ii) distorsionar (distort), iii) desestimar (dismiss), iv) dividir (divide) y v) distraer (distract). De los 27 mensajes, el objetivo de distorsionar estuvo presente 26 veces (96,3%), dividir 14
(51,8%) y desalentar 8 (29,6%). Algunos incidentes contienen combinaciones de objetivos, ya sea de
dos categorías (distorsionar/dividir) o de la combinación de distorsionar, dividir y desalentar (Ver
Figura 2).
Figura 2. Incidentes por categoría/combinaciones

Nota. Fuente elaboración propia

Respecto de las plataformas en las que aparecieron los mensajes, AFP Factual identificó orígenes variados, pero la gran mayoría de incidentes se iniciaron en las redes sociales Facebook (100%) y
X (96.3%). Todos los incidentes reportados aparecen en FB, y en X todos menos uno. TikTok e Instagram tienen una presencia marginal, en dos ocasiones (7.41%) y en una (3.7%), respectivamente.

Figura 3. Formatos de los incidentes

Nota. Fuente elaboración propia

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De los formatos originales citados, se observó que la mayor parte venían como imágenes (66%);
los videos (15%) y los posts de X (15%) comparten el segundo lugar; y los textos representaron el
formato menos frecuente, con un artículo como único incidente. Ningún incidente observado se generó por inteligencia artificial (IA) (Ver Figura 3).
En la identificación de los actores sujetos de los ataques en los 27 incidentes, se constata que
algunos casos involucran objetivos múltiples, por lo que la suma total supera el número de casos. En
su mayoría, las víctimas de los incidentes de desinformación fueron actores políticos o candidatos.
Pese a que los candidatos son también actores políticos, se manejaron ambas categorías por separado.
Así, ‘actor político’ aparece 10 veces (29%), ‘candidato/candidata’ 9 (26%), los partidos políticos tienen 7 menciones (20%), el órgano electoral (Corte Electoral) 5 (14%), figuras públicas son el objeto
del ataque en 3 oportunidades (8%), y los medios de comunicación una vez (1) (Ver Figura 4).
Figura 4. Destinatarios de los ataques

Nota. Fuente elaboración propia

El objetivo más frecuente en los episodios de desinformación es la candidata a vicepresidenta
por el FA, Carolina Cosse, seguida por el candidato a presidente de su partido, Yamandú Orsi. La
mayoría de los ataques personales fueron dirigidos a candidatos y actores políticos relacionados con
el FA e incluso aparecen en ocasiones familiares de los candidatos.
Todos los incidentes relacionados con el órgano electoral tienen por objetivo distorsionar, en
concreto, se busca confundir respecto del proceso electoral o de las reglas de juego (por ejemplo, el
color de las papeletas utilizadas para los plebiscitos o la posibilidad del uso de la imagen del presidente en listas de votación).
En lo que refiere a actores causantes, en todos los incidentes menos en uno se identifica un
tercer actor como el origen del incidente: cuentas en redes sociales que no siguen un patrón claro, que
suelen compartir contenido político y que buscan como objetivo confundir o distorsionar. Con todo,

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no se perciben actores extranjeros. En un incidente el actor causante es la cuenta de X de un comunicador con un programa radial popular en Uruguay, que aseguró que la fórmula del FA no saludó al
público del acto posterior a la primera vuelta electoral, infiriendo que había divisiones internas.
Respecto a las reacciones, todos los episodios fueron refutados por AFP Factual, recurriendo a
las fuentes originales (por ejemplo, búsqueda inversa de imágenes); consultando a los medios de comunicación que supuestamente habían publicado la información o con los equipos de comunicación
de los destinatarios del ataque.
A partir de los 27 incidentes analizados se identificaron cinco narrativas, que se repiten en
las estrategias de desinformación.
La primera tiene que ver con el desprestigio de figuras políticas y partidos, y busca
dañar la imagen de líderes políticos, candidatos o partidos, al atribuirles acciones inapropiadas o poco
éticas. Algunos ejemplos pueden ser atribuir a candidatas la intención de subir impuestos para financiar políticas de género, sugerir que uno de los candidatos a presidente mintió sobre su título universitario, manipular fotos para asociar a la fórmula presidencial del FA con los Tupamaros o inferir
casos de nepotismo en figuras vinculadas con el FA. Todos estos ejemplos buscan desacreditar líderes
y partidos políticos para debilitar su apoyo electoral.
La segunda narrativa identificada es la que cuestiona la integridad del sistema electoral, que representa la narrativa desinformativa más frecuente en elecciones. En el caso uruguayo de
2024, través de bulos como que el FA robó sobres electorales para cometer fraude, sugerir que la
asignación de bancas en el Senado no refleja una democracia representativa, o difundir que el uso de
la foto del Presidente en listas de votación viola la Constitución, se busca sembrar dudas sobre la
transparencia y la legitimidad de los procesos electorales sugiriendo irregularidades o manipulaciones que cuestionen las instituciones democráticas y los resultados electorales.
En tercer lugar, hay incidentes que vinculan a partidos o líderes políticos con actividades ilícitas, corrupción o ideologías extremistas con el objetivo de crear una imagen negativa hacia ellos y de generar rechazo. Aquí se pueden ver ejemplos como afirmar que el FA tiene un
candidato con antecedentes penales, sugerir que el gobierno de Lacalle Pou contrató un estafador, o
alegar que el Jefe de Campaña de Yamandú Orsi habría sugerido aplicar en Uruguay una revolución
tan violenta como la cubana.
La cuarta narrativa distorsiona o inventa contenidos sobre políticas públicas y el
uso de recursos del Estado, especialmente aquellas relacionadas con impuestos, gasto público o
programas sociales, para generar rechazo hacia ciertas propuestas o líderes, como por ejemplo subida
de impuestos finalista para financiar políticas de diversidad sexual o pensiones a familiares de desaparecidos. Se busca, con esto, generar rechazo hacia políticas sociales especialmente vinculadas al FA.
La última narrativa está vinculada a la división y conflictos internos en los partidos,
lo que afecta a la credibilidad de su capacidad de gobierno. Algunos ejemplos son la manipulación de

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imágenes para relativizar la asistencia a actos del PN, sugerir que existen rispideces entre los candidatos a presidente y vicepresidente del FA y atribuir a una candidata del PN afirmaciones sobre errores en la selección de la fórmula de su partido.
Se identifican patrones en las técnicas utilizadas para difundir estas narrativas, como el uso
de placas (imágenes) que imitan a las que utilizan los principales medios de comunicación en el Uruguay (en cuatro casos se imitan placas de El País y en una ocasión aparecen El Observador, Búsqueda,
Subrayado y Canal 5). También se observa la manipulación o descontextualización de imágenes o
videos (el uso del video de Mujica y Cosse fuera de contexto); el aprovechamiento de prejuicios (en lo
que tiene que ver con propuestas políticas públicas atribuidas a candidatas del FA referidas a la diversidad sexual); y el uso de lenguaje negativo.

Figura 5. Ejemplos de imágenes utilizadas para imitar noticias en medios

Nota. Fuente AFP Factual

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En los resultados de la comparación con otros procesos electorales de la región, en una síntesis hecha para los casos de Argentina, Chile, Ecuador, España y Venezuela en 2023; así como Panamá,
México, y República Dominicana en 2024 (Ver Tabla 1), y con todos los matices que supone equipar
la cantidad de publicaciones con el volumen de desinformación, se observa que el número de incidentes de desinformación varía enormemente entre los países. La República Dominicana, Panamá y Venezuela registran mayores incidentes de desinformación (IMI), mientras que Chile con 16 y el Uruguay con 27 son los países con menor número de incidencias. Para reducir la diferencia entre los
tiempos de campaña de cada país, se calculó una tasa de incidencias electorales dividiendo el número
de IMI entre los días de observación.

Tabla 1. Síntesis de observaciones de desinformación del OCD (2023-2024)
País
Argentina
Chile

Nº Imi
113
16

Ecuador
España
Venezuela
Panamá

102
122
223
223

Período

Socios Locales

RATA

1/6/2023 al

UADE

0.67

19/11/2023

Chequeado

1/11/2023 al

Mala Espina Check

31/12/2023

Universidad del Desarrollo

29/5/2023 al

Ecuador Chequea

16/10/2023

Universidad San Francisco de Quito

19/05/2023

Maldita

17/10/2023

Universidad Pompeu Fabra

28/05/2024 al

EsPaja

28/08/2024

Universidad Monteavila

2.48

5/2/2024 al

Verificado Contigo

2.48

3/3/2024

UNAM

0.83

3/6/2024

Animal Político e Infodemia

19/2/2024 al

Junta Central Electoral y Pontificia

19/5/2024

Universidad Católica Madre y Maestra

22/09/2024 al

AFP factual

3/11/2024

Universidad de Montevideo

0.27
0.74
0.82

5/5/2024
México
Rep. Dominicana
Uruguay

75
341
27

3.79
0.64

Nota. Fuente elaboración propia con datos contenidos en los informes del OCD

Además de las diferencias de escala por el tamaño de los países, debe advertirse que los procesos no son enteramente comparables, puesto que la primera identificación de los IMI’s corre a cargo
del socio verificador local, y cada uno de los socios puede tener criterios distintos, sin que exista una
total estandarización. En tal sentido, la tasa de IMI’s en los procesos electorales debe entenderse meramente como una aproximación cuantitativa orientativa, no definitiva.

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Como se ha explicado en la parte metodológica, se realizó una exploración para evaluar la
posible relación entre la desinformación en procesos electorales y la calidad de la democracia. Los
datos del Informe sobre la Democracia 2024 del Instituto V-Dem proporcionan una visión detallada
de la calidad democrática en diversos países. Estas puntuaciones indican que Uruguay, Argentina,
Chile y España destacan por su alta calidad democrática (sobre todo en lo relativo a la denominada
“Democracia Electoral”), mientras que Venezuela presenta niveles significativamente bajos en ambos
índices.
Para evaluar la relación entre la desinformación electoral y la calidad de la democracia, se
comparó la frecuencia de los incidentes de desinformación (IMI’s) con el índice de democracia electoral, medida por los índices de V-Dem. La correlación lineal de Pearson entre la rata o tasa y el Índice
de Democracia Electoral es aproximadamente -0.362 (R² = 0.131 con una ecuación de la recta Y = 0.0654x + 0.8146) y se muestra en la Figura 6. Esto indica una correlación negativa moderada: a
medida que aumentan la tasa de los incidentes de desinformación, la calidad democrática tiende a
disminuir, aunque la relación no es muy fuerte.
Figura 6. Correlación lineal entre desinformación (IMI’s) y calidad democrática:

Nota. y = -0.0654x + 0.8146, R = -0.362, R² = 0.131. Fuente elaboración propia

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Discusión
El objetivo de este estudio pretendía analizar los incidentes de desinformación en la campaña
electoral uruguaya en el contexto latinoamericano para detectar narrativas coincidentes. Del análisis
realizado se desprende que el número de incidentes en Uruguay para el período analizado es muy
bajo en el contexto hispanoamericano, tan solo veintisiete casos, y de ellos tres relacionados con el
mismo tema. El número de incidentes, y su rata asociada, varía enormemente entre los países analizados, pero se constata que Uruguay, junto a Chile, son los países con el menor número de casos
desinformativos.
Los actores causantes, menos en un caso que se trataba de un reconocido periodista, son cuentas en redes sociales que no siguen un patrón claro, que suelen compartir contenido político y que
buscan como objetivo confundir o distorsionar. Pero no se detecta en estos pocos incidentes actores
extranjeros o terceros países con motivaciones geopolíticas.
Los canales utilizados para difundir el contenido desinformador son las redes sociales, en
especial, Facebook y X, con una presencia marginal de TikTok e Instagram. Quizá esto esté asociado
al perfil del Internauta Uruguayo de 2023 (Grupo Radar, 2024), que indica que un 76% utiliza FB de
forma habitual, mientras un 48% lo hace en TikTok y el 30% en X. En este reporte por primera vez
Instagram encabeza el ranking, superando a FB por un punto (77%); pero FB sigue siendo mencionada como la red social preferida de los uruguayos. Además, FB tiene un uso de entre 86 y 100% en
los grupos etarios mayores de 40, y su uso crece a menor nivel educativo. En Instagram presenta una
tendencia inversa, más del 90% de los menores de 29 años lo usan, y crece la cantidad de usuarios
conforme el nivel educativo. En X el uso es mayor entre los usuarios de alto nivel educativo.
La mayoría de los incidentes analizados buscan distorsionar o afectar a actores políticos de
izquierda. Se intenta la asociación con ideas extremas o ilegítimas (como el mal uso de fondos públicos), o el desprestigio a través de frases inventadas o episodios sacados de contexto. De todos los IMI
dirigidos a actores políticos, solo en un caso el objetivo es una candidata del PN, el resto van contra
figuras del FA. Carolina Cosse, candidata a vicepresidente por este partido, es el blanco principal de
los ataques, en 7 incidentes, seguida de Orsi, en tres, y el tercer actor político es José Mujica que,
aunque no fue candidato a ningún cargo en este ciclo electoral, es una de las figuras políticas más
relevantes de Uruguay. Cabe especular si el número de ataques a Carolina Cosse involucra una cuestión de género, porque se constata un mayor número de ataques a figuras políticas mujeres que a sus
pares hombres.
Las narrativas que aparecen en el caso uruguayo son las narrativas clásicas observadas en
otros contextos de campaña electoral como son, fundamentalmente, el desprestigio de figuras políticas y los intentos de erosionar la confianza en el sistema electoral. Aunque llama la atención la ausencia de otras recurrentes en procesos electorales como, por ejemplo, la manipulación de encuestas
anunciando resultados o tendencias para beneficiar a algún partido.

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Se detecta una particularidad respecto de los formatos utilizados: el empleo de forma recurrente las placas (imágenes) que imitan las que utilizan los medios de comunicación en las plataformas digitales. Falsificar estos diseños gráficos de los medios en redes sociales para intentar legitimar
o hacer creíble un bulo podría tener que ver también con la cultura política local, porque manifiesta
el prestigio y penetración de los medios de comunicación tradicionales en el país. Pero también presenta una contracara en el más que probable efecto contrario, es decir, el daño reputacional de los
medios de comunicación al verse involucrados en estos incidentes.

Limitaciones del estudio
Antes de entrar en las conclusiones del trabajo, conviene señalar limitaciones de la metodología utilizada para la investigación. La campaña electoral uruguaya de 2024 ha sido calificada como una
campaña sucia (Majlin &amp; Revetria, 2024), pero el principal incidente desinformativo se produjo fuera
del periodo de análisis de este trabajo, que se inició el 1 de septiembre, dos meses antes de las elecciones. El 7 de marzo Romina Celeste Papasso, militante del PN y con la credibilidad de haber iniciado
el caso Penadés, afirmó en un video de Tik Tok que una mujer trans le había contado que, en 2014,
Yamandú Orsi, candidato por el FA, la había golpeado luego de “pararla y levantarla” en el Parque
Roosevelt de Canelones. Orsi negó las acusaciones y dijo que el episodio atentaba “no solo contra una
persona, sino contra la democracia”. El 10 de marzo se formalizó la denuncia contra Orsi en la Fiscalía. Un mes y medio después, la denunciante, Paula Díaz, declaró a la Interpol que “no estaba plenamente segura” de que hubiese sido Orsi el agresor. El 3 de mayo, Papasso le confirmó al periodista
Diego Martini que la denuncia de Díaz era falsa. En el programa Santo y Seña, Paula Díaz confesó que
Papasso la había incitado a denunciar a Orsi para “destrozarlo” y así obtener “fama y cámara”. La
causa contra Orsi fue archivada, y tanto Papasso como Díaz fueron condenadas por calumnia, simulación de delito y asociación para delinquir.
Otros episodios de campaña sucia tampoco fueron recogidos porque no se adaptan al concepto de desinformación definido por la Unión Europea, que se utiliza en esta investigación. Por ejemplo, la denuncia de Andrés Ojeda, candidato del PC, a Orsi y su equipo por difundir un spot en el que
se presentaba como su pareja sentimental a una mujer cazando animales, lo que ponía en duda las
propuestas en materia de bienestar animal de Ojeda. La foto y la relación eran ciertas, y se trataba,
por tanto, de información maliciosa, según la clasificación de Wardle y Derakhshan (2017): información sensible utilizada para infligir daño reputacional a una persona u organización. Tampoco se cataloga como incidente IMI el uso de bots para dar la apariencia de un mayor seguimiento al cierre de
campaña de Ojeda, del PC. Ojeda negó haber contratado granjas de bots y denunció una campaña de
desprestigio y fake news contra él, pero no pudo comprobarse este extremo.

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Conclusiones
Para este trabajo se partió de dos hipótesis alternativas posibles: que fuera la estabilidad democrática
del Uruguay, su cultura cívica y política, así como la fortaleza del sistema de partidos lo que protegiera
el ciclo electoral de las campañas de desinformación (H1); o, por el contrario, que países externos
podrían querer incidir a través de IMI en las elecciones uruguayas para erosionar a la democracia más
estable de la región (H2).
El análisis realizado corrobora la primera hipótesis. Aunque se viviera una “campaña sucia”,
en términos relativos para el contexto uruguayo, con diversos incidentes de ataques a candidatos por
redes sociales y usos de bots; los datos recogidos señalan que la desinformación no ha tenido un protagonismo al nivel de otros países latinoamericanos. Además, no se ha detectado la participación en
ninguno de los incidentes de terceros Estados que, con motivaciones geopolíticas, buscasen desestabilizar la plena democracia uruguaya. Ni si quiera del Gobierno ruso que, como se explicó anteriormente, patrocina una sofisticada campaña de desinformación en América Latina.
La pregunta de qué tanto incide la desinformación en la calidad de la democracia fue parcialmente contestada, encontrándose una correlación negativa moderada: a medida que aumenta la tasa
de los incidentes de desinformación, la calidad democrática tiende a disminuir, aunque la relación no
es fuerte. Esa relación negativa, pero tenue, se obtuvo mediante una exploración que comparó la frecuencia de los incidentes de desinformación (IMI’s) con el índice de democracia electoral de V-Dem.
Quizás más importante que el número de incidentes sería el alcance y los efectos que tengan, y la
variable alcance de la desinformación es probablemente un proxy mucho más importante para medir
los efectos negativos de la desinformación. En este trabajo no se pudo trabajar con esa variable, pero
es sin duda un factor significativo a tener en cuenta en futuras investigaciones.
También se constata, aunque en sentido inverso, la conclusión de García-Acosta y GómezMasjuán (2022) y Magallón-Rosa (2019) de que la desinformación aparece principalmente en contextos más polarizados. Esta campaña, pese al contexto de incertidumbre respecto al resultado electoral, no propició un entorno significativo de desinformación, porque ambos candidatos evitaron recurrir a la polarización como ejes centrales de sus estrategias electorales. Uruguay, pese a presentar
un claro biblioquismo desde 2019 y no estar exenta de cierta pero baja polarización, es un país de
consensos, que cuenta con espacios institucionales, de la sociedad civil e incluso de medios de comunicación, compartidos entre diferentes posiciones partidarias (Schuliaquer, 2023) y, por tanto, como
muestra este trabajo, la desinformación es menor.
Otro objetivo de este informe era detectar narrativas falsas, encontrar las estructuras o patrones subyacentes similares en historias en apariencia distintas. Tras el análisis se constata que, si
bien los episodios son pocos, las narrativas desinformativas de Uruguay se acoplan a los patrones
habituales en procesos electorales y destacados por Zhang et al. (2021) y que también se han observado en las elecciones de América Latina a lo largo de 2023-2024. Del mismo modo es coincidente
con el resto de Hispanoamérica la ausencia de incidentes desinformativos generados por Inteligencia

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Artificial o deep fakes, pese a las expectativas generadas por el Fondo Económico Mundial al inicio
del año electoral 2024.
A lo largo del artículo se han expuesto limitaciones de la investigación, como las fechas de
análisis, los criterios de selección de los incidentes por verificadores locales o las variables para conocer la relación entre desinformación y calidad democrática. Con todo, las conclusiones alcanzadas
animan a seguir investigando este tipo de procesos con metodologías compartidas para un conocimiento más profundo del fenómeno y una eficaz defensa de la democracia.

Declaración de conflicto de intereses
Las autoras y el autor no informaron ningún posible conflicto de intereses.

Agradecimientos
El presente trabajo ha sido financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación del Gobierno de España, a través del proyecto titulado “Garantías institucionales y regulatorias. Autoridades electorales
y de supervisión digital ante interferencias, narrativas hostiles, publicidad segmentada y polarización”. (Dir-Politics), referencia PID2022-137245OB-I00.
Los autores de este artículo agradecen la indispensable colaboración para esta investigación
de la Corte Electoral de Uruguay, de AFP Factual, en las personas de Anella Reta y Manuela Silva, así
como de las alumnas de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Montevideo: Sofía Durand,
Valentina Macedo, Catalina Mallo y María Eugenia Mouriño.

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�Producción científica periférica, estudios sobre infancias en
artículos que analizan la conformación de la opinión pública
Peripheral Scientific Production: Studies on Childhood in Articles Analyzing the Formation of Public Opinion

Alejandra Rodríguez-Estrada
Universidad Veracruzana, Centro de Estudios de Opinión y Análisis (CEOA)
Orcid https://orcid.org/0000-0001-9963-2654
alejandrarodriguez@uv.mx

Resumen:

Este artículo analiza la producción científica sobre infancias en estudios que abordan la conformación de la

opinión pública en México y Chile entre 2010 y 2023. Partiendo de una perspectiva reflexiva sobre la hegemonía del conocimiento, se revisaron bases de datos académicas internacionales (Scopus y Scielo), para identificar artículos que incluyeran
infancias y opinión pública. El estudio clasificó los artículos según su enfoque teórico, el lugar asignado a las infancias: como
agentes sociales o sujetos instrumentales, y las racionalidades predominantes en su conceptualización. Los hallazgos muestran
una baja producción académica sobre el tema en ambos países, con predominio de una visión adultocéntrica e instrumental de
las infancias, especialmente en México, mientras que en Chile se observa una mayor problematización en torno a la ciudadanía
digital y los procesos de socialización política en contextos de crisis. Se pudo concluir que, persiste una invisibilización de las
infancias como actores políticos en la región, lo que pareciera limitar las posibilidades de comprender de manera integral los
procesos de formación de opinión pública en América Latina.

Palabras clave: Producción científica, infancias, socialización política, opinión pública, América Latina
Abstract: This article analyzes the scientific production on childhood in studies addressing the formation of public opinion
in Mexico and Chile between 2010 and 2023. Adopting a reflexive perspective on the hegemony of knowledge, international
academic databases (Scopus and Scielo) were reviewed to identify articles that include childhood and public opinion as key
categories. The selected studies were classified according to their theoretical approach, the role assigned to children, either as
social agents or as instrumental subjects, and the dominant rationalities in their conceptualization. The findings reveal a low
volume of academic production on this topic in both countries, with a prevailing adult-centric and instrumental view of childhood, particularly in Mexico. In contrast, the Chilean case shows a greater degree of problematization concerning digital citizenship and political socialization in times of crisis. The study concludes that childhood continues to be rendered invisible as
a political actor in the region, which appears to limit a comprehensive understanding of the processes involved in the formation
of public opinion in Latin America.

Keywords: Scientific production, childhood, political socialization, public opinion, Latin America
Fecha de recepción: 04/09/2025
Fecha de aprobación: 11/11/2025
Fecha de publicación: 20/11/2025

Cómo citar este artículo / How to cite this paper:

Rodríguez-Estrada, A. (2025). Producción científica
periférica, estudios sobre infancias en artículos que analizan la conformación de la opinión pública. Revista de Comunicación
Política, 7, e250709. https://doi.org/10.29105/rcp.v7i1.83

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�Producción científica periférica, estudios sobre infancias en artículos…

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Introducción
La práctica de generar conocimiento ha sido históricamente normalizada en las comunidades científicas: se produce, se consume y se reproduce, pero pocas veces se cuestiona cómo, desde qué lugares
epistemológicos y bajo qué prioridades se construye ese conocimiento. La reflexividad, entendida
como la capacidad de los investigadores para analizar críticamente sus propias prácticas de producción científica y las condiciones sociales que las posibilitan, resulta indispensable para comprender
los procesos mediante los cuales se seleccionan, abordan y jerarquizan determinados objetos de estudio. Esta actitud reflexiva permite evidenciar cómo las dinámicas hegemónicas de la ciencia pudieran marginar ciertas temáticas o poblaciones consideradas periféricas, las cuales, sin embargo, pueden ser fundamentales para una comprensión integral de los fenómenos sociales.
Desde una perspectiva crítica de la producción científica global, este estudio puede situarse
en el debate contemporáneo sobre las asimetrías en la circulación y visibilidad del conocimiento.
Como señalan Gates et al. (2024), la ciencia global ya no opera bajo un modelo centralizado clásico,
sino que, se configura como una red de comunidades fragmentadas, donde las dinámicas de citación
y reconocimiento mutuo están mediadas por factores culturales, lingüísticos y geopolíticos. Este patrón de fragmentación parece tener efectos directos sobre qué temas logran circulación internacional
y cuáles permanecen marginados o subrepresentados.
En el caso de las investigaciones sobre valores, actitudes y opiniones políticas, resulta evidente que, los procesos de socialización política en la infancia y adolescencia han recibido una atención académica significativamente menor a la que cabría anticipar, si consideramos su relevancia social y política como lo observaba desde principios de siglo Razo Godínez (2008) “Se reconoce que en
nuestro país (México) son pocas las investigaciones que se refieren a la socialización política y los
derechos políticos que tienen actualmente los infantes y adolescentes” (p. 263).
La literatura reconoce que el comportamiento electoral, las actitudes democráticas y las disposiciones ciudadanas de las personas adultas tienen su origen en experiencias y aprendizajes tempranas (Jennings et al., 2009; Sears &amp; Valentino, 1997). Sin embargo, las condiciones de volatilidad
política, transformaciones tecnológicas y tensiones sociales que caracterizan a sociedades como las
de México y Chile, hacen necesario comprender de qué manera se están configurando esos procesos
en las nuevas generaciones. La carencia de estudios en esta línea plantea, no solo una limitación empírica, sino también un síntoma de la manera en que opera la selección temática en el mundo académico.
Como ya había advertido Wallerstein (1996), las ciencias sociales, y, por tanto, las demás
ciencias que son contenidas por esta han tendido a cerrarse sobre sí mismas, replicando estructuras
de poder epistémico que delimitan qué temas son considerados legítimos o relevantes para la agenda
científica. Esto no solo ocurre por una concentración geográfica de la producción académica en el
norte global, o por el predominio de ciertos idiomas de publicación, sino también por la subordina-

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�Alejandra Rodríguez-Estrada

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ción de determinadas temáticas frente a intereses económicos, morales o modas intelectuales momentáneas (Connell, 2007). Así, asuntos como las infancias y sus procesos de socialización política
permanecen relativamente invisibilizados en los estudios sobre opinión pública.
Resulta paradójico que, en el estudio de fenómenos sociales, se conceda tan poco espacio a la
comprensión de las etapas formativas de la subjetividad política, cuando es precisamente en esos primeros años que se configuran disposiciones, percepciones y actitudes que pueden tener efectos persistentes en la vida adulta. Como han señalado Sears y Valentino (1997), las primeras experiencias
políticas, aún en su forma más básica, pueden dejar impresiones duraderas que influyen en las orientaciones ideológicas y en la predisposición hacia el involucramiento ciudadano. Sin embargo, tanto
en la oferta académica de programas de posgrado, como en la producción científica latinoamericana,
los estudios sobre infancias en relación con la política parecen ocupar un lugar marginal.
Este artículo se propone, desde esa perspectiva, analizar cómo se ha abordado a las infancias
en algunos estudios que analizan la conformación de la opinión pública en la producción científica, y
reflexionar sobre las racionalidades, enfoques y marcos conceptuales que han orientado dicha producción. Se parte de la premisa de que problematizar las ausencias en la agenda académica permite,
no solo identificar vacíos de conocimiento, sino también cuestionar las jerarquías epistemológicas
que sostienen esas omisiones.
El objetivo de este estudio, que deriva de otro proyecto más amplio titulado “Análisis de la
producción científica de temas periféricos: las prácticas en la producción académica sobre socialización política de infancias mexicanas y chilenas”, tiene como propósito, comparar la producción científica sobre infancias en el campo de la comunicación política y la opinión pública tanto en México
como en Chile, en un periodo comprendido de 2010 a 2023 y responder a la siguientes preguntas de
investigación: ¿Cuál es la producción científica en comunicación política y opinión pública sobre infancias tanto en México como en Chile?, ¿Qué racionalidades, enfoques teóricos y marcos conceptuales predominan en los estudios?, ¿Qué diferencias podrían observarse en ambos contextos en términos de agencia infantil y posiciones críticas? ¿Cuál es la producción científica sobre el tema de infancias en los campos de la comunicación política y la opinión pública en países como México y Chile?,
identificar los enfoques, racionalidades y marcos teóricos predominantes en los estudios sobre infancias en el campo de la comunicación política y la opinión pública, Para acercarnos a una respuesta, se
utilizaron los metabuscadores Scielo y Scopus, considerando sus criterios de indexación y, que existe
cierto capital de autoridad en quienes publican en las revistas dentro de estas bases de datos. Y, tomando en cuenta que, en las mejores revistas científicas se supondrán las mejores prácticas para la
publicación y contenidos de mayor calidad.
La elección de México y Chile responde a su relevancia comparativa respecto al tema, ambos
países son polos visibles en la producción científica latinoamericana, han vivido transiciones políticas
con procedimientos distintos, México de manera gradual y Chile de forma disruptiva, además poseen
comunidades académicas con un alcance regional relevante. Por ello, analizar sus prácticas de publicación permite adentrarse en la manera en que los contextos sociopolíticos también parecen influir

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en la construcción de conocimiento de actores sociales periféricos. En ese sentido el propósito del
estudio es doble: a) identificar patrones en la manera que se aborda a las infancias en estudios de
opinión pública y comunicación política y b) reflexionar sobre las racionalidades científicas, para además aportar a una discusión más amplia sobre la hegemonía del conocimiento y la necesidad de incluir estos estudios en la agenda de los investigadores.

Estudios sobre infancias
La ausencia de estudios sobre infancias no es una omisión menor ni neutra; por el contrario, puede
sugerirse que, mientras menos se investigue sobre ellas, se seguirán reproduciendo enfoques adultocéntricos en las distintas esferas del quehacer social, incluyendo las prácticas académicas. Desde hace
varias décadas, distintas corrientes críticas han cuestionado la construcción social de la infancia como
una etapa subordinada y carente de agencia, en buena medida resultado de un orden epistémico que
privilegia la mirada adulta sobre los asuntos públicos (James &amp; Prout, 2015). En este sentido, la sociología de la infancia, surgida en países del norte de Europa hacia la década de 1990, ha planteado
una ruptura respecto a las concepciones tradicionales que consideraban a las infancias como sujetos
en desarrollo, pero no como actores sociales plenos (Sepúlveda-Kattan, 2021). Como señala esta autora, la sociología de la infancia es, en esencia, una sociología crítica, pues “busca superar el orden
epistemológico hegemónico de conocimiento sobre los niños” (Sepúlveda-Kattan, 2021, p. 135), proponiendo nuevas formas de conceptualizar y estudiar a las infancias desde su propia experiencia social.
A esta discusión, se suman aportes epistemológicos como el de Alaniz Rodríguez (2021), quien
advierte que las ciencias sociales, bajo ciertas racionalidades operativas, tienden a excluir a las infancias de sus objetos de estudio. En particular, el autor recupera las categorías weberianas de racionalidad, destacando cómo la racionalidad con arreglo a fines, de carácter instrumental, la racionalidad
conceptual presenta “cargas semánticas en el fondo muy precisas, pero al mismo tiempo poseedoras
de cierta abstracción, fueron influyendo y dando forma a las acciones políticas y sociales hasta convertirse en algo naturalizado”, mientras que la racionalidad formal por su parte “se constituye como
un proceso de despersonalización, basado en reglas abstractas que privilegian la universalización
frente al reconocimiento de características personales” (Alaniz Rodríguez, 2021, p. 1) y por último la
racionalidad sustantiva “retoma la capacidad innata del ser humano para actuar de acuerdo con sus
valores, por lo que tiene cierta cercanía con la sociología de la infancia” (Alaniz Rodríguez, 2021, p.
4) (Ver Tabla 1). De ese modo, podría afirmarse que los estudios que sí abordan a infancias suelen
hacerlo desde una lógica funcionalista o instrumental, en tanto se les considera objetos de intervención, más que sujetos políticos o ciudadanos en formación (Oswell, 2013; Wyness, 2015).
Alaniz Rodríguez (2021) menciona, a partir de Gaitán Muñoz (2006), que estudios previos han
encontrado que las investigaciones sociales no consideraban a la infancia como objeto (sujeto) formal
de estudio, sino en su rol instrumental. En el siglo XX, en los años ochenta, se da un enfoque novedoso

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por el estudio sociológico de la infancia, ya no sólo, desde la psicología o la educación. En esa época
se crean proyectos como la “la Sociological Studies of Child Development específicamente en 1986,
el Programa de la Infancia del Centro Europeo para el Bienestar Social en 1987, el Seminario Europeo
sobre Investigación y Políticas de Infancia en 1991, la revista Childhood: A Global Journal of Child
Research en 1993 (Gaitán Muñoz, 2006), observando así, cierto influjo académico sobre las instituciones” (Alaniz Rodríguez, 2021).
Tabla 1. Tipos de racionalidades para observar las infancias
Conceptual

Instrumental

Formal

Sustantiva

Busca influir y contro-

Ligado al espíritu pro-

Despersonalización,

Se define mediante la ac-

lar a la realidad de ma-

ductivo y eficiente, se

basado en reglas abs-

ción valorativa, es decir,

nera consciente, con el

rige por la lógica de

tractas que privilegian

no se ordena de acuerdo

fin de otorgarle un or-

medios y fines, donde

la

con medios y fines ni

den específico y defi-

los medios no son más

frente

reconoci-

a generalizaciones uni-

nido a través de con-

que instrumentos ade-

miento de característi-

versales, sino a postula-

ceptualizaciones pre-

cuados para la obten-

cas personales.

dos de valor.

cisas y abstractas.

ción de los fines con-

universalización
al

cretos
Nota. Fuente elaboración propia a partir del texto y categorías abordadas por Alaniz Rodríguez (2021).

Los autores anteriores encuentran que el paradigma tutelar en sí mismo lleva a observaciones
adultocéntricas y Alaniz Rodríguez (2021) postula que será la racionalidad crítica la que permitirá la
agencia, en concordancia con Pavez-Soto &amp; Sepúlveda Kattan (2019) que cuestiona si es posible observar a las infancias como sujetos activos y participativos que afectan y modifican sus contextos y
rompen con la visión que los concibe como pasivos y excluidos de procesos sociales, poniendo en el
centro a los adultos, quienes tendrían posiciones de autoridad y poder. También Rodríguez (2003),
reconoce que los estudios sobre infancia han estado en la periferia, sumidas e incluso olvidadas y que
se ha recluido en otros subcampos sociológicos como la familia, socialización y educación y los enfoques predominantes en los estudios de la infancia han sido: la sociología de los niños, la deconstructiva y la estructural (Ver Tabla 2).
A partir de este contexto teórico más amplio, y tomando en cuenta que, en las reflexiones de
los autores (Alaniz Rodríguez, 2021; Gaitán Muñoz, 2006, Pavez-Soto &amp; Sepúlveda Kattan, 2019), se
considera que la producción científica en ciencias sociales referida a las infancias se ha centrado en
una racionalidad instrumental y considerando a los infantes de manera pasiva. Como menciona Sepúlveda-Kattan (2021) se “discute el hecho de que esa etapa sitúe a los niños, epistemológicamente,
en una posición subordinada y fuera de los fenómenos sociales. Y que, por ende, se niegue a su actoría,
su participación social y su inclusión en la esfera pública” (p. 135). A partir de ello, y por la influencia

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de Jens Qvortup, el autor más influyente de la sociología de la infancia, se marca un giro epistemológico (Sepúlveda-Kattan, 2021). Y al hablar de actores, y de entender a las infancias de manera menos
pasiva, hay un componente inmerso de poder, dar relevancia a otras miradas, desde la recogida de
datos y una agenda científica que la visualice, pero también en el tratamiento de la información obtenida, si es con fines instrumentales o se concibe activamente a las infancias.
Tabla 2. Enfoques predominantes en los estudios de la infancia
Sociología de los niños

Sociología deconstructiva de la

Sociología estructural de la

infancia

infancia

Niños como agentes que

Entiende que las nociones sobre

Define a la infancia como ele-

participan en la cons-

infancia han sido construccio-

mento permanente de la es-

trucción

nes discursivas que se comuni-

tructura social y como una es-

can de diversas maneras en la

tructura por sí misma

de

conoci-

miento extraído

vida social
Actores sociales partici-

La principal intención de este

Su intención es relacionar los

pativos y propositivos

enfoque es deconstruir el poder

aspectos de la vida de los ni-

discursivo dominante y ofrecer

ños

nociones de infancia desde espectros culturales más amplios
Centrarse en ellos y en

Niños y niñas también son con-

Sus efectos con un nivel ma-

sus relaciones con otros

siderados como agentes que

crosocial.

niños y adultos

modelan estructuras y procesos
sociales en sus entornos

Nota. Fuente elaboración propia a partir de Gaitán Muñoz (2006).

Como mencionan González Silva y Pohl-Valero (2009) el quehacer y las prácticas científicas se
pueden situar de manera local pero “inmersas en sistemas mucho más amplios y observar cómo en
cada espacio estas prácticas han operado como una fuente de representaciones y discursos sobre la
verdad” (p. 8), por ello, resulta relevante observar los pocos casos de publicaciones sobre infancias,
la manera en que se estudia y con el propósito de comprender la génesis de actitudes, percepciones y
valores que dan lugar a ciertas configuraciones sociales.
A lo largo de la historia, se ha puesto poca atención a la infancia, el adultocentrismo ha ocupado
un lugar preponderante para explicar la realidad desde cualquier frente epistemológico. Si bien, las
teorías del desarrollo recurrieron a la observación de la infancia, lo hicieron para comprender la adultez, parece que poco se entiende y explica de la infancia por interés en ella en sí misma.

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La construcción social de la opinión pública: procesos desde
la infancia
Gran parte de las teorías clásicas sobre comportamiento electoral y opinión pública se han enfocado
en explicar los efectos de la información política y las actitudes del ciudadano adulto, omitiendo con
frecuencia, los procesos formativos previos que condicionan estas actitudes. Un ejemplo paradigmático de ello es el modelo del “embudo de causalidad” propuesto por Campbell et al. (1960), en el cual,
los factores de largo plazo, principalmente criterios sociodemográficos y el partidismo, son determinantes en las consideraciones de la decisión electoral del ciudadano, pero no se problematizan los
orígenes de esas predisposiciones, ni se considera cómo se configuran desde la infancia, aunque nuevamente, se sitúa en una racionalidad instrumental. A pesar de que dicho modelo sigue siendo referencia obligada en estudios contemporáneos sobre comportamiento electoral, su enfoque relega los
procesos de socialización política infantil a un plano marginal.
En términos generales, la literatura sobre opinión pública y comunicación política han privilegiado el análisis de los efectos de la información política en las actitudes, pensamientos y comportamientos ciudadanos (Glynn et al., 2016), asumiendo que los sujetos de estudio han transitado por
un proceso formativo que los habilita para participar en la esfera pública. Sin embargo, este supuesto
deja sin explorar las etapas iniciales en las que se gestan las disposiciones y actitudes hacia la autoridad y percepciones sobre la política que configuran al sujeto opinante. Se asume tácitamente, que el
ciudadano adulto ya dispone de competencias cívicas, sin indagar en los mecanismos a través de los
cuales se adquirieron.
Aunque desde hace casi un siglo existe preocupación por el impacto de los medios y los procesos de socialización temprana, como lo evidenciaron los Payne Fund Studies en 1929, que, analizaron la influencia del cine en niños y adolescentes (Jowett et al., 1996), este tipo de aproximaciones
quedaron relegadas en los estudios de opinión pública, centrados mayormente en poblaciones adultas. Sólo en décadas recientes pareciera retomarse el interés por comprender la manera en que infancias y juventudes participan en procesos de formación de opinión, socialización política y consumo
mediático en contextos democráticos (Amnå &amp; Ekman, 2014; Delli Carpini, 2000).
Considerar estos procesos desde la infancia resulta clave para una comprensión más completa de la construcción social de la opinión pública, sobre todo en contextos de cambio político y
social, donde nuevas generaciones se forman y resignifican sus referentes políticos y cívicos. El adultocentrismo en estudios de opinión y de comunicación política, pareciera responder a la instrumentalidad del posible votante, y reducir la observación de un fenómeno tan complejo a una eventualidad
que tampoco tiene tanta capacidad explicativa en las sociedades llamadas democráticas.

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Las infancias chilenas y mexicanas
Las crisis políticas, las coyunturas electorales y los cambios en el poder, tienen efectos profundos en
las sociedades, permeando las dinámicas familiares y dejando huellas significativas en las infancias.
Resulta pertinente, por ello, observar las investigaciones que se han producido en países que han
atravesado transiciones sociales y políticas importantes, ya que dichos procesos pueden impactar de
manera particular en las subjetividades en formación. En el caso de México, por ejemplo, el año 2000
fue señalado como un punto de quiebre con el cambio en el mando presidencial tras más de 70 años
de hegemonía priísta.
Aunque existen posturas que cuestionan la idea de una verdadera alternancia democrática
(Loaeza, 1999; Moreno, 2003), este relevo sí significó una transformación en las percepciones sociales
sobre la permanencia política y la posibilidad del cambio, y también por el papel que tuvieron los
medios de comunicación en la manera de cubrir una nueva administración. No obstante, es a partir
de 2018 que pueden identificarse modificaciones más drásticas, expresadas en nuevas políticas públicas, reformas legales y una aparente redistribución de recursos que han generado efectos visibles
en diversos sectores de la sociedad mexicana.
Por su parte, Chile vivió una transición más radical, pasando de una dictadura militar abiertamente represiva, encabezada por Augusto Pinochet, a un proceso de democratización formal a partir de 1990. Este tránsito, implicó enfrentar los abusos de poder y las fracturas sociales heredadas por
la dictadura, con efectos directos en la configuración de las familias chilenas y en la construcción de
la memoria colectiva (Garretón, 2002; Hite, 2012).
Ambos contextos, uno caracterizado por cambios graduales y en ocasiones sólo aparentes, y
otro por rupturas más evidentes, ofrecen la posibilidad de reflexionar sobre cómo estas experiencias
políticas inciden en la conversación familiar y en la socialización política de las infancias. Aunque, el
presente trabajo no se propone documentar en sí estos procesos de transición, sí busca reconocer
cómo son interpretados desde la producción académica. En este sentido, estudiar la configuración de
la opinión pública, sobre todo en contextos de cambio, debería ocupar un lugar central en la agenda
de investigación, especialmente considerando que se están formando nuevas generaciones ciudadanas en medio de estas transformaciones.
Además, resulta relevante considerar a México y Chile por su posición estratégica en la circulación regional del conocimiento social en América Latina. Ambos países no sólo han vivido transiciones políticas profundas que han marcado sus dinámicas sociales, sino que también se han consolidado como nodos importantes en la producción y circulación de saberes críticos sobre la región.
Como señala Richard (2017), el circuito académico latinoamericano ha estado históricamente tensionado por una lógica centro-periferia que ha situado a ciertos países, entre ellos Chile y México, en
posiciones de mayor visibilidad y capacidad de intervención en el debate regional.
Esto se debe, en parte, al desarrollo de instituciones académicas sólidas, redes de investigación transnacionales y posgrados que han facilitado la producción y exportación de conocimiento social. Reconocer este lugar protagónico, aunque todavía periférico a nivel global, permite comprender

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no sólo las particularidades políticas de cada país, sino también su papel en la configuración de agendas académicas que, sin embargo, han tendido a marginar ciertos temas, como los estudios sobre
infancias en contextos de cambio político. Así, revisar la producción científica sobre opinión pública
en México y Chile resulta pertinente no sólo por sus trayectorias políticas contrastantes, sino también
por su capacidad de irradiar en los debates académicos latinoamericanos.

Metodología
Para identificar la producción científica relevante sobre socialización política infantil en México y
Chile, se realizó una búsqueda documental en dos bases de datos: Scopus y Scielo. La selección de
estas bases respondió a su acceso y reconocimiento como repositorios de producción académica con
estándares de calidad editorial y pertinencia regional, que incluyen publicaciones científicas destacadas de ambos países. Scopus permite identificar producción con proyección internacional y Scielo
también concentra revistas latinoamericanas de alto impacto en la región, sin embargo, se reconoce
la necesidad de futuras extensiones a otras bases de datos.
Se delimitó una temporalidad de 2010 a 2024, considerando que, en este periodo se han documentado coyunturas sociales y políticas de relevancia, tanto en México como en Chile, que pueden
tener implicaciones en los procesos de socialización política de las infancias. No obstante, se reconoció que estos procesos se nutren también de dinámicas históricas previas, por lo que se contemplaron
en el análisis, las referencias a contextos históricos incluidas en los artículos recuperados. Además,
corresponde a un periodo de una etapa que incluye el auge de la era digital (Castells, 2009), donde se
incorporan otras formas de socialización política y permite observar más de una década de producción científica bajo condiciones democráticas relativamente estables, si bien, podría extenderse la
búsqueda a inicios de siglo, esto no altera las tendencias de producción identificadas.
La búsqueda se realizó mediante palabras clave como socialización política de niños, infancias, preciudadanos, interiorización política, opinión pública infantil, entre otras. Como resultado,
se localizaron ocho artículos chilenos y ocho mexicanos que cumplían con los criterios de inclusión.
Se excluyeron tres estudios adicionales, por centrarse exclusivamente en poblaciones universitarias,
ya que el interés del presente trabajo está enfocado en las etapas previas a la mayoría de edad. El
análisis lo realizó únicamente la autora al revisar los 16 documentos clasificados en una matriz de
análisis atendiendo a la literatura sobre sociología de la infancia (Ver Tabla 3).
Para el análisis de los artículos seleccionados se definieron los siguientes criterios tomando
en cuenta las reflexiones de la literatura consultada previamente:
Tratamiento conceptual de la infancia: Se identificó si las infancias son abordadas
como actores sociales plenos o de manera instrumental, subordinadas al interés adulto, o si el tratamiento es sustantivo, conceptual o formal, siguiendo a Alaniz Rodríguez (2021). Para identificarlos
se revisó cada documento y se identificó el lugar que se le da a la infancia desde lo teórico como metodológico.

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Tabla 3. Lista de documentos analizados
Título

Año

Revista

Autores

Socialización política y formación ciudadana en el con-

2021

Calidad en la Educación

Camila Jara Ibarra, Macarena

texto escolar chileno: un análisis desde el enfoque de gé-

Sánchez Bachmann, Cristián

nero

Cox, María Jesús Montecinos

Consenso y disenso en la memoria histórica y en las acti-

2013

Psykhe

Héctor Carvacho, Jorge Manzi,

tudes hacia la reparación en tres generaciones de chilenos

Andrés Haye, Roberto González, Marcela Cornejo

Contrarrestar el adultocentrismo. Sobre niñez, participa-

2022

Última Década

Manfred Liebel

2021

Revista Izquierdas

María Paz Aedo Zúñiga, Lean-

ción política y justicia intergeneracional
Enfoque de derechos y formación política desde la primera
infancia en La Victoria, Chile
Construcción de comunidad entre niños y adultos: una ex-

dro Irigoyen Erazo
2018

Psicoperspectivas

Claudio Figueroa Grenett

2019

Calidad en la Educación

Camila Jara, Macarena Sán-

periencia de participación promovida por ONGs chilenas
Liderazgo educativo y formación ciudadana: visiones y
prácticas de los actores
Teorías infantiles del Golpe de Estado en Chile 25 años des-

chez, Cristián Cox
2013

Psykhe

Andrés Haye, Jorge Manzi, Ro-

pués

berto González, Héctor Carvacho

Niños y niñas como sujetos políticos en la escuela: un caso

2024

Educar EM Revista

Mónica Peña Ochoa

2021

Revista Dilemas Con-

Ana Karen Espinoza Morales,

temporáneos:

Samana Vergara-Lope Tristán

de participación y conflicto en el marco del proceso constituyente chileno
Aprendizajes para la ciudadanía en la infancia: desarrollo
y validación de un instrumento de medición

Educa-

ción, Política y Valores
Repensando la educación en México desde la teoría de la

2022

acción comunicativa de Habermas
Las causas de la desconfianza política en México

Espiral. Estudios sobre

Gloria Esther Briceño-Alcaraz

Estado y Sociedad
2012

Perfiles Latinoamerica-

José del Tronco

nos
Brecha de género en el conocimiento político infantil: in-

2020

Palabra Clave

fluencia de las redes sociales y la socialización política

Miriam Hernández, Alma Rosa
Saldierna-Salas, Carlos Muñiz,
Felipe de Jesús Marañón-Lazcano

Infancia y modernidad. José Martí y “La Exposición de Pa-

2014

Política y Cultura

María del Rocío García Rey

2023

Comunicación y Socie-

Rebeca Domínguez Cortina

rís”
Producción de sentido y agencia de audiencias infantiles
de comunicación política
Cultura política y el suceso trágico de la guardería ABC en

dad
2016

Política y Cultura

2016

Sociología

Hermosillo, Sonora
La ampliación de la participación infantil en México: una

Martha Alejandra Flores Cuamea, Guillermo Núñez Noriega
Abraham Osorio Ballesteros

aproximación sociológica a sus razones, obstáculos y condiciones
Nota. Fuente elaboración propia.

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Enfoque teórico-sociológico: Se distinguió si los estudios adoptaban perspectivas de sociología de la infancia (James &amp; Prout, 2015), enfoques deconstructivos o estructuralistas. De igual
manera se revisaron todos los documentos y se observó, sobre todo considerando el enfoque teórico,
el tipo de enfoque abordado y si incorporaba cuestionamientos más críticos sobre los enfoques adultocentristas.
Abordaje metodológico: Se clasificaron los diseños de investigación empleados: cualitativos, cuantitativos o mixtos. En todos los documentos se revisaron las técnicas aplicadas y se clasificaron por su manejo.
El corpus analizado resultó reducido, por lo tanto, el análisis y conclusiones en ningún momento son exhaustivas, pero sí responden a un criterio de búsqueda y a la selección de dos países con
circunstancias de cambios políticos con distintas intensidades.
Para facilitar la comparación, se construyó una matriz de análisis que permitió sistematizar
los hallazgos por país, año, enfoque teórico, población infantil considerada, tratamiento conceptual
de la infancia y enfoque teórico-sociológico. Los documentos consultados, el año, la revista y los autores se pueden consultar en la Tabla 3. Cabe señalar que las revistas en las que se localizaron los
artículos no tuvieron una clasificación previa, porque la búsqueda se hizo desde el repositorio. De
los 16 artículos, 10 fueron recuperados de Scielo y seis de Scopus. Las revistas más citadas fueron “Comunicación y Sociedad” (Q3) y “Calidad en la Educación” (Q4). En promedio, los artículos
analizados presentan entre 3 y 12 citas, lo que confirma la baja circulación del tema en comparación
con otras áreas de la comunicación política, por ejemplo, frente a temas como: “participación política”
o “ciudadanía digital”. Si bien, el análisis se pudo centrar en la citación, de momento interesó más
analizar el tratamiento que se da a las infancias dentro de los mismos textos.

Resultados
El primer hallazgo de este trabajo de investigación es la poca producción en temas que involucren a
las infancias en los estudios sobre opinión pública y comunicación política, en al menos dos países
latinoamericanos con coyunturas políticas. Al realizar una simple comparación temática, en Scopus,
por ejemplo, considerando un periodo más amplio del elegido de 1990 a 2023; se localizaron 11 artículos por el concepto de “socialización política” (political socialization) y México, de los cuales
nueve han sido publicados en Estados Unidos. Para el caso chileno, la tendencia es similar, 13 documentos, que en este caso la mayoría, 10 de ellos, son registrados como chilenos. Pero, si, por otra
parte, hacemos la misma búsqueda, pero ahora con el concepto “participación política” (political participation), para el mismo periodo arroja 160 artículos para México y 127 para Chile. Si bien, esto es
consecuencia de una búsqueda exploratoria; da cuenta de que existen fenómenos menos estudiados
que otros, y las infancias1 pareciera ser uno de los casos.

1

También tiene mayores retos en cuanto al trabajo de campo por las cuestiones éticas y los permisos requeridos.

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Específicamente de la búsqueda realizada, además de localizar poca producción, un total de
16 artículos: ocho de Chile y ocho de México; interesó conocer el manejo que los autores y autoras
tienen de la infancia analizada, considerando la literatura consultada y la propuesta metodológica,
tomando en cuenta en el análisis el tratamiento y enfoque.
De los 16 artículos localizados, otro aspecto que llama la atención es la poca recurrencia de
autoría, sólo un autor y una autora chilenos se localizó en dos trabajos: Cristian Cox y Macarena Sánchez, ambos de la Universidad Diego Portales, pero el resto de los autores, tanto chilenos como mexicanos, no repite autoría, al menos en el periodo analizado. Esto nos permite observar que no se
están generando líneas de investigación en dicha temática, y entre quienes abordan una investigación
de este tipo. En México se observó que suelen ser más autoras que autores los que escriben sobre el
tema, considerando autorías y coautorías, se reportan nueve autoras frente a siete autores; aunque la
diferencia no es muy fuerte. Por otro lado, en el caso chileno se observaron más coautorías y se reportan 15 hombres como autores o coautores, frente a nueve mujeres como autoras o coautoras.
Los estudios localizados resultan un referente relevante para la continuación de artículos
científicos que aborden el tema, al estudiar a las infancias, parece abrirse también un panorama teórico-metodológico que pudiera romper ciertas inercias teóricas que pudieran darse por sentadas. Resulta interesante que, de los 16 artículos analizados, siete de ellos incorporan un enfoque deconstructivista, con diez que son de enfoque estructural; y la mayor parte de los estudios, once, tienen un
tratamiento sustantivo, frente a tres instrumentales, uno formal y uno conceptual.
Si bien, en el enfoque pareciera mantenerse el estructural, resulta relevante que vaya permeando el deconstructivo, para el caso chileno se presenta como la tendencia de estos artículos al
presentar un tratamiento sustantivo con un enfoque deconstructivo, al menos en cuatro de sus ocho
artículos. Mientras que, para el caso mexicano, dicha conjunción sólo se generó en dos de los ocho
artículos analizados. Los análisis que exploran este tratamiento sustantivo y deconstructivo presentan, en general, un tratamiento de la información que se aleja del adultocentrismo y puede profundizar más en las infancias y sus entornos políticos, así como la manera en que son alterados por estos.
Sin embargo, esto no hace un estudio más relevante que otro, sólo aporta una visión que avanza en el
estudio de las infancias, como se ha comentado previamente.
Se observa, que, en la medida que el tratamiento del estudio es cualitativo, el enfoque tenderá
a ser deconstructivista, ya que todos los estudios con enfoque deconstructivista (7) manejaron una
metodología cualitativa o un estilo de ensayo reflexivo. Pero, no todo estudio de tipo cualitativo tiene
un enfoque deconstructivista, se encontró que, al menos cuatro de los 16 artículos analizados tenían
una metodología cualitativa con un enfoque estructural. Parece más obvio encontrar manuscritos con
una metodología cuantitativa que presenten un enfoque estructural, y sí, cuatro de los 16 estudios sí
tenía metodología cuantitativa con un enfoque estructural.
Destaca en el análisis, que los estudios chilenos parecen tener un avance en la discusión sobre
las infancias, ya que el enfoque sí pone en el centro de manera sustantiva a las infancias, pudiera
considerarse que, por tratarse de estudios de corte cualitativo, pero también por considerar dentro

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del análisis a la sociología de la infancia, tomándolos como actores y con posibilidad de agencia política, el tratamiento de siete de ocho escritos es sustancial y la mitad de ellos manejan un enfoque
deconstructivo.
Al revisar los estudios incluidos en este análisis, se observa una diferencia sustantiva entre
México y Chile en cuanto al tratamiento epistémico de las infancias. En el caso chileno, los enfoques
deconstructivistas no solo son más numerosos, sino también más articulados en términos conceptuales y políticos. Cuatro estudios destacan por desmontar los marcos normativos que subordinan a la
infancia, ya sea desde una crítica estructural, una perspectiva pedagógica o una lectura intergeneracional del poder. Por ejemplo, Liebel (2022) propone una relectura de la democracia desde la infancia, argumentando que negar el derecho al voto infantil es una forma de exclusión estructural que
perpetúa el adultocentrismo.
A su vez, Aedo Zúñiga e Irigoyen Erazo (2021) reformulan el lugar de la niñez en las políticas
educativas, visibilizándola como actor social presente y no como proyecto futuro en desarrollo. En
una línea más escolarizada, Peña Ochoa (2024) muestra cómo los niños irrumpen en lo político mediante el conflicto en el contexto del proceso constituyente, desbordando las formas normativas de la
participación escolar. Y finalmente, Figueroa Grenett (2018) analiza la redistribución simbólica del
poder en experiencias comunitarias, destacando los bloqueos generacionales que persisten incluso en
proyectos participativos.
Por otro lado, la producción mexicana con enfoque deconstructivista resulta más escasa y
fragmentaria, aunque existen contribuciones relevantes. El trabajo de Osorio Ballesteros (2016) es
uno de los más sólidos, al apoyarse en la nueva sociología de la infancia para proponer el concepto de
“meta-participación”, en el que los propios niños definen los espacios y formas de su intervención
pública. De manera complementaria, Domínguez Cortina (2023) examina las capacidades de comprensión, juicio y demanda política en audiencias infantiles durante la campaña presidencial de 2018,
reconociéndolas como sujetos activos en la esfera pública, más allá del voto formal. Y por su
parte, González Gómez (2023), desde un marco teórico habermasiano, reconfigura la relación educativa como un proceso de reconocimiento mutuo, donde el niño no es receptor de instrucción sino
interlocutor válido. Aunque estos estudios abren importantes grietas al paradigma tutelar, su impacto
aún parece aislado dentro del conjunto de la producción académica mexicana sobre opinión pública
e infancias.
Estas diferencias, no solo expresan decisiones teóricas, sino también contextos académicos y
políticos distintos. En Chile, las movilizaciones sociales, el proceso constituyente y el trabajo articulado de ONGs y academia, parecen haber nutrido una agenda crítica más consolidada sobre las infancias como sujetos políticos. En México, aunque existen avances teóricos significativos, la fragmentación temática, la centralidad de enfoques estructurales o funcionalistas, y la escasa continuidad en la
línea crítica, limitan el desarrollo de una epistemología plural sobre la infancia. Esta comparación
sugiere la necesidad de fomentar líneas de investigación que no solo incorporen a las infancias como

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objeto de estudio, sino que problematicen su lugar dentro del propio campo de producción científica,
cuestionando las jerarquías simbólicas que han perpetuado su exclusión.
Tabla 4. Análisis de los artículos de Chile y México considerando su tratamiento y enfoque
Artículo

País

Tratamiento

Enfoque

Tipo de estudio

Socialización política y formación ciudadana en el contexto

Chile

sustantiva

deconstructiva

escolar chileno

Cuantitativo y
Cualitativo

Consenso y disenso en la memoria histórica y en las acti-

Chile

sustantiva

estructural

Cuantitativo

Chile

sustantiva

deconstructiva

Ensayo

Chile

sustantiva

deconstructiva

Cualitativo

Chile

sustantiva

deconstructiva

Cualitativo

Chile

sustantiva

estructural

Cualitativo

Chile

sustantiva

estructural

Cualitativo

Chile

instrumental

estructural

Cualitativo

México

instrumental

estructural

Cuantitativo

México

conceptual

deconstructiva

Ensayo

Las causas de la desconfianza política en México

México

formal

estructural

Cuantitativo

Brecha de género en el conocimiento político infantil: in-

México

instrumental

estructural

Cuantitativo

México

sustantiva

deconstructiva

Ensayo

México

sustantiva

deconstructiva

Cualitativo

México

sustantiva

estructural

Cualitativo

México

sustantiva

estructural

Ensayo

tudes hacia la reparación en tres generaciones de chilenos
Contrarrestar el adultocentrismo. Sobre niñez, participación política y justicia intergeneracional
Enfoque de derechos y formación política desde la primera
infancia en La Victoria, Chile
Construcción de comunidad entre niños y adultos: Una experiencia

de

participación

promovida

por ONGs chilenas
Liderazgo educativo y formación ciudadana: visiones y
prácticas de los actores
Teorías Infantiles del Golpe de Estado en Chile 25 Años
Después
Niños y niñas como sujetos políticos en la escuela, un caso
de participación y conflicto en el marco del proceso constituyente chileno
Aprendizajes para la ciudadanía en la infancia: desarrollo
y validación de un instrumento de medición.
Repensando la educación en México desde la teoría de la
acción comunicativa de Habermas

fluencia de las redes sociales y la socialización política
Infancia y modernidad. José Martí y “La Exposición de París”
Producción de sentido y agencia de audiencias infantiles
de comunicación política
Cultura política y el suceso trágico de la guardería ABC en
Hermosillo, Sonora
La ampliación de la participación infantil en México. Una
aproximación sociológica a sus razones, obstáculos y condiciones
Nota. Fuente elaboración propia.

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Discusión
A partir del análisis, se identificó que la producción científica sobre infancias en los estudios de opinión y comunicación política, tanto en México como en Chile, son muy escasos, además, de estos,
poco parecen enfocarse en los niños y niñas como actores sociales con agencia política. La baja productividad y por los mismo, la poca visibilidad podría evidenciar un vacío empírico, pero además
refleja jerarquías epistémicas que pudieran relegar a ciertos sujetos y problemáticas en los márgenes
de la agenda académica.
Pese a las pocas publicaciones localizadas, se observaron diferencias significativas entre los
dos contextos analizados. En el caso de Chile, los estudios incorporaron marcos teóricos con mayor
discusión y un enfoque más crítico para las infancias y con metodologías sobre todo cualitativas que
reconocen a las infancias con un enfoque más participativo en procesos sociales y políticos. El tratamiento sustantivo y deconstructivo cuestiona el adultocentrismo y aborda experiencias de participación, memoria histórica y formación ciudadana.
Por su parte, los estudios mexicanos parecen tener un manejo más heterogéneo, aunque se
identifican trabajos que exploran la agencia infantil desde perspectivas críticas y cualitativas, cierta
producción se inscribe en enfoques estructurales e instrumentales, con una infancia que se aborda
más como objeto de intervención educativa, o como destinataria pasiva de procesos formativos.
Si bien, a partir del estudio no podemos confirmar que haya una racionalidad instrumental,
sí se considera que se debería fomentar el uso de marcos teóricos y metodológicos que reconozcan la
agencia de las infancias, así como su actuar en los distintos contextos políticos y sociales que se suscitan en países con transformaciones políticas retadoras como es el caso mexicano y chileno. No es
posible afirmar que los contextos histórico-sociales pudieran propiciar cierto tipo de análisis o profundidad en los documentos, pero en una primera aproximación parece que un contexto más dibujado
de injusticias y rompimientos como es el caso de Chile pudiera repercutir en una academia más crítica
y aguda a la hora de hacer sus análisis, que, en un primer momento, podríamos observar un posicionamiento más moderado en el caso mexicano.
A partir de lo dicho, podría sugerirse una agenda científica que aspire a comprender las transformaciones sociales de América Latina y que no prescinda del análisis de sus generaciones más jóvenes, ni continuar reproduciendo silencios que perpetúan su exclusión simbólica y epistémica.

Conclusiones
Este análisis apenas es un acercamiento a dos países y sus prácticas de publicación, sería relevante
observar si este patrón de publicación se da a nivel global o no. Sin embargo, sí nos permite identificar
los enfoques hacia el desarrollo y cristalización de actitudes de las infancias en países que han transitado ciertas crisis políticas. Este vacío no es solo cuantitativo, sino también epistémico. Los marcos
conceptuales dominantes tienden a inscribirse en racionalidades instrumentales y estructurales,
donde la infancia aparece como objeto pasivo o destinatario de políticas educativas, más que como

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sujeto político activo. Esta lógica, como lo plantea Alaniz Rodríguez (2021), reproduce el paradigma
tutelar y la exclusión simbólica de las infancias, limitando una comprensión integral de los procesos
de formación de opinión pública desde las etapas más tempranas.
A partir de ello, el análisis realizado pareciera confirmar que las infancias siguen siendo periferizadas dentro del campo de la comunicación política y los estudios de opinión pública, tanto en
términos de cantidad, como de calidad epistémica. Superar esta exclusión requiere no solo ampliar
los objetos de estudio, sino también revisar los marcos analíticos desde los cuales se piensa lo político
y la política (Mouffe, 2000), abriendo paso a una epistemología más situada, plural y sensible a las
nuevas generaciones. En este sentido, sería relevante propiciar investigaciones que visibilicen la agencia infantil, su interacción con los medios, y su emergente participación en procesos sociales complejos, no es algo menor, sino una condición necesaria para construir una agenda científica, al menos
latinoamericana más crítica, democrática y representativa de su diversidad social.
Parece necesario considerar que la exclusión de ciertos objetos de estudio no puede entenderse únicamente desde prioridades locales o nacionales. Como advierten Gates et al. (2024), la producción científica global está marcada por una creciente fragmentación en comunidades regionales
que privilegian el reconocimiento interno y establecen barreras para la circulación de ideas entre contextos diversos. En estas redes de reconocimiento desigual, ciertos temas, como la infancia como sujeto político, pueden quedar relegados no solo por desinterés disciplinar, sino por no ajustarse a las
jerarquías globales de visibilidad científica. Desde esta perspectiva, la periferización de las infancias
también refleja una estructura epistémica que distribuye desigualmente el reconocimiento y limita la
difusión de enfoques alternativos.
Este análisis apenas representa un acercamiento inicial a los patrones de publicación científica en México y Chile, por lo que sería pertinente extender este tipo de estudios a otros países y a
otras bases de datos con el propósito de confirmar si esta tendencia de invisibilización se repite en
otros contextos. No obstante, el análisis permitió cumplir el objetivo planteado: identificar los enfoques, racionalidades y marcos teóricos predominantes en los estudios sobre infancias en el campo de
la comunicación política y la opinión pública, y a partir de ello, problematizar las formas en que la
infancia ha sido conceptualizada en el discurso académico analizado. Una de las principales fortalezas
de este trabajo reside en el uso de una perspectiva reflexiva, inspirada en las problemáticas que plantea la sociología de la infancia y en la crítica a la hegemonía epistémica, lo que permitió cuestionar los
silencios, ausencias y jerarquías que condicionan la producción del conocimiento en la región. Además, la comparación entre los casos de México y Chile permitió advertir diferencias en el tratamiento
de las infancias: mientras en Chile se observa una mayor presencia de estudios con enfoque sustantivo
y deconstructivo, en México persiste una tendencia a abordajes estructurales e instrumentales.
Parece relevante poner en discusión por qué en la circulación de ideas académicas no parece
identificar a las infancias como tema de investigación, la instrumentación al voto parece ser una de
las principales razones en estudios de corte “comercial” sin embargo, la masa crítica intelectual académica, parece no poner el foco en la temática. Este desinterés no solo empobrece las agendas de

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investigación, sino que perpetúa una visión limitada de la opinión pública y sus formas de construcción desde edades tempranas.

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�Comunicación y poder en el contexto organizacional del poder
legislativo: El debate parlamentario sobre la Guardia
Nacional en México
Communication and power in the organizational context of the legislative branch: The parliamentary debate on the National
Guard in Mexico

José Alberto Rodríguez Robledo
Universidad Autónoma Metropolitana - Unidad Iztapalapa, México
Orcid https://orcid.org/0000-0003-0575-5413
innova-organizacional@outlook.com

Resumen: La investigación tiene el objetivo de analizar la comunicación y el poder en el contexto organizacional del debate
parlamentario. Para ello se estudió un caso, el debate parlamentario para la creación de la Guardia Nacional realizado en la
Cámara de Diputados de México. Se propone el sistema de clasificación de mensajes de Goldhaber (1984) para analizar el
debate parlamentario. La investigación siguió una metodología cualitativa en la que se utilizó a la revisión documental y el
análisis del discurso. Entre las conclusiones se destaca que los flujos y mensajes de comunicación utilizados por legisladores
no cambiaron el sentido del voto y el contenido de la iniciativa legislativa, que el contexto organizacional de la Cámara de
Diputados influyó en las comunicaciones y el poder, y que el poder fue implementado principalmente en la votación y construido en un proceso más amplio que antecedió al debate parlamentario analizado.

Palabras clave: Poder legislativo, comunicación, poder, debate parlamentario, Guardia Nacional
Abstract: The research aims to analyze communication and power in the organizational context of parliamentary debate.
To this end, a case study was conducted: the parliamentary debate for the creation of the National Guard held in the Mexican
Chamber of Deputies. Goldhaber's (1984) message classification system is proposed to analyze the parliamentary debate. The
research followed a qualitative methodology that utilized documentary review and discourse analysis. The conclusions highlighted that the communication flows and messages used by legislators did not change the sense of the vote or the content of
the legislative initiative, that the organizational context of the Chamber of Deputies influenced communications and power,
and that power was primarily implemented in the vote and constructed in a broader process that preceded the parliamentary
debate analyzed.

Keywords: Legislative branch, communication, power, parliamentary debate, National Guard
Fecha de recepción: 18/07/2025
Fecha de aprobación: 18/11/2025
Fecha de publicación: 26/11/2025

Cómo citar este artículo / How to cite this paper: Rodríguez Robledo, J. A. (2025). Comunicación y poder
en el contexto organizacional del poder legislativo: El debate parlamentario sobre la Guardia Nacional en México. Revista de
Comunicación Política, 7, e250710. https://doi.org/10.29105/rcp.v7i1.82

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�Comunicación y poder en el contexto organizacional del poder legislativo

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Introducción
El poder legislativo es una organización política importante para los sistemas políticos y democráticos. Las decisiones políticas que se toman en su interior y sus resultados legislativos implican amplias
afectaciones para su ambiente al regular el comportamiento social y constituir el marco legal de la
acción gubernamental (Valencia, 2012). Sus principales actores estratégicos, los legisladores, gestionan los conflictos y procesan los problemas públicos a partir del desempeño de funciones relacionadas a la legitimación, legislación, profesionalización, supervisión y opinión (Puente, 2009). En el
desempeño de tales funciones los legisladores comparten sus intenciones e influyen en sus homólogos
para lograr objetivos, conforme a sus agendas personales, políticas y parlamentarias. Es decir, necesitan hacer política (Vallés, 2007) a través de herramientas que les permitan desempeñar sus funciones en el contexto de la organización legislativa (Contreras &amp; Rodríguez, 2011). Entre las herramientas requeridas, se encuentran las relacionadas con la comunicación y el poder.
Se realizó una búsqueda bibliográfica que arrojara información sobre la comunicación y el poder desde una perspectiva que reconozca la naturaleza organizativa del poder legislativo. Sin embargo, los estudios con esta perspectiva son limitados. Las investigaciones que tuvieron mayor cercanía con esta mirada fueron aquellas que se ubicaron en los Estudios del Discurso Parlamentario (EDP)
(Carbó, 1993; Ilie, 2010; Marafioti, 2007) que abordan fenómenos discursivos en el poder legislativo,
tales como los patrones de lenguaje que pretenden revelar “agendas ocultas, creencias ideológicas y
persuasión /estrategias de disuasión” (Ilie, 2010, p. 880). Estas investigaciones se interesan por temas como el nacionalismo, la identidad nacional, el racismo, las cuestiones étnicas y la inmigración
(Ilie, 2010). Por otro lado, se encontraron a los estudios suscritos al Análisis Crítico del Discurso
(ACD) (Shaffer, 2018; Toft, 2010; Van-Dijk, 2016; Worthy et al., 2015), los cuales, tienden a analizar
a las leyes como discursos estructurantes de prácticas sociales. En estos trabajos se analiza la manera
en que la ley estructura el poder y afecta a sujetos del derecho, también se enfocan en estudiar propiedades textuales del discurso y el contexto en el que se produce la ley.
En definitiva, las investigaciones suscritas a los EDP y los estudios de ACD son los que más se
acercan a la comprensión de la comunicación y el poder en el contexto organizacional del poder legislativo. No obstante, tales investigaciones no observan y analizan el debate parlamentario en un sentido comunicativo, es decir, como un proceso transaccional. De ahí que se optó por hacer una primera
aproximación al estudio de la comunicación y el poder en perspectiva organizacional en el debate
parlamentario. En ese sentido, este escrito se realiza con el fin de aportar al campo de los estudios
legislativos y los estudios organizacionales apreciaciones sobre la manera en que funciona el poder
legislativo desde la comunicación y su relación con el poder.
Con el fin de dar cuenta de estos fenómenos se analiza el debate parlamentario generado en
torno a la creación de la Guardia Nacional en México, realizado el 16 de enero de 2019 en las instalaciones de la Cámara de Diputados Federal en la Ciudad de México, como un contexto organizacional
susceptible de estudiar bajo dicho interés. Por lo que, el objetivo de la investigación es analizar la
comunicación y el poder en el contexto organizacional del debate parlamentario. Asimismo, busca

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responder a las siguientes interrogantes: 1) ¿Cómo fue la comunicación en el debate parlamentario
sobre la Guardia Nacional en México? 2) ¿Cómo el poder fue implementado en el debate parlamentario? 3) ¿Influyó el contexto organizacional del debate parlamentario en las comunicaciones y el poder?
El documento se estructura a partir de cinco apartados. En el primero se aborda un marco
teórico sobre el debate parlamentario en términos de comunicación y poder en perspectiva organizacional. En el segundo, se expone el diseño metodológico de la investigación. En el tercero se ofrece
una contextualización del caso. En el cuarto se muestran los resultados junto con su análisis. Finalmente, en el quinto, se comparten las conclusiones sobre el estudio.

Marco teórico
Del discurso político al debate parlamentario
El discurso es un tipo de práctica social que se manifiesta a través del uso del texto y el habla
en el marco de un contexto social (Alvesson &amp; Karreman, 2000; Marshak &amp; Grant, 2008), éste se
presenta como “una práctica social ritualizada y regulada por aparatos en el marco de una situación
coyuntural determinada” (Giménez, 1989, p. 125). De manera que, el discurso en contextos sociales
de orden político puede identificarse como discurso político, el cual se define como “el discurso producido dentro de la escena política, es decir, dentro de los aparatos en donde se desarrolla explícitamente el juego de poder” (Giménez, 1989, p. 127).
Por consiguiente, uno de los aparatos especializados en la actividad política y que es constituido
por mecanismos relacionados a los discursos políticos es el parlamento (Ilie, 2010), cuyo género discursivo se denomina discurso parlamentario, que puede ser concebido como una interacción regulada
y normalizada que tiene lugar en la institución parlamentaria, que es implementada a través de diversas formas discursivas (preguntas y respuestas, debate, diálogo, etc.), y su finalidad específica es
la función legislativa (Carbó,1993; Ilie, 2010; Marafioti, 2007; Sarfo, 2016).
Con base en lo anterior, y considerando que la forma discursiva de interés en este trabajo es el
debate parlamentario, por éste se entiende la “discusión formal sobre un tema en particular que está
estrictamente controlado por un conjunto institucional de reglas y presidido por el presidente de la
Cámara” (Ilie, 2006, p. 191, citado en Sarfo, 2016). A continuación, se caracteriza el debate parlamentario a partir de la comunicación organizacional y política.
El debate parlamentario a la comunicación política y organizacional
Los estudios enfocados en el discurso y debate parlamentario (Marafioti, 2007), reconocen una
dimensión práctica entre el texto y el contexto, sus análisis se concentran en características y patrones
textuales con más afinidad a las estructuras lingüísticas. Este escrito no sigue del todo esta cuestión,
ya que el texto se estudia desde una dimensión comunicativa y organizacional. Por lo tanto, aquí el

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�Comunicación y poder en el contexto organizacional del poder legislativo

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texto, es decir, las palabras habladas en el debate parlamentario se entienden como comunicaciones
organizacionales.
Dicho lo anterior, se considera como comunicación el “acto de relación entre dos o más sujetos,
mediante el cual se evoca en común un significado” (Paoli, 1983, p. 11), ese acto tiene forma de proceso
transaccional (Goldhaber, 1984), en el que las personas envían y reciben mensajes simultáneamente.
Entonces, el debate parlamentario no sólo implica los que hablan los legisladores, sino que es un acto
que tiene forma transaccional en donde se involucran emisores y receptores que interactúan por medio de mensajes. Entender el debate parlamentario en estos términos es un tanto distante de la concepción del debate como discurso, asimismo su asociación como un acto de monólogo, lo cual en este
trabajo no se desconoce, ya que en principio se trata de actos del habla generalmente realizados en
una tribuna. Sin embargo, en este trabajo también se reconoce la capacidad de interacción en el debate parlamentario y, por lo tanto, las relaciones comunicativas establecidas entre los actores participantes del contexto organizacional en el que tiene lugar.
Luego, entendiendo el debate parlamentario en aquellos términos, también se reconoce como
un fenómeno de la comunicación política ya que empata con la definición de Canel (2006) quien la
define como:
la actividad de determinadas personas e instituciones (…), en la que, como resultado de la interacción, se produce un intercambio de mensajes con lo que se articula la toma de decisiones
políticas, así como la aplicación de éstas en la comunidad. (p. 27)
Entonces, el debate parlamentario es una actividad inherentemente política por el contexto
político en el que se lleva a cabo (Carbó, 1993, Ilie, 2010; Marafioti, 2007, Sarfo, 2016). Y, en términos
de la comunicación organizacional y de la comunicación política, el debate parlamentario es entonces
una actividad política (Vallès, 2007) de los legisladores que se produce en el intercambio comunicativo de mensajes que se construyen en sentido político (Schmitt, 1932/2009) en el contexto de una
organización política que procesa deliberaciones políticas cuyos resultados se cristalizan en decisiones legislativas (Valencia, 2012). En ese sentido, el debate parlamentario es un tipo de comunicación
organizacional política que forma parte del trabajo político (Asdal &amp; Hobæk, 2020) que los legisladores realizan para tratar los asuntos, temas y problemas de la sociedad en un determinado momento.
Ahora bien, existen distintas maneras de analizar a la comunicación política y que pueden ser
empleadas para analizar el debate parlamentario en estos términos. Entre éstas son pertinentes las
propuestas de Del Rey (1996) sobre los juegos del lenguaje de la comunicación política, también la
propuesta de Chilton y Schäffner (2000) sobre las funciones estratégicas del discurso político, o bien,
el análisis argumentativo. Sin embargo, como el presente trabajo sigue el interés de incorporar la
perspectiva organizacional al análisis del debate parlamentario como comunicación, específicamente
como una comunicación contextualizada en la política y sustanciada por lo organizacional, entonces
se toma como referencia un sistema de clasificación de mensajes del campo de la comunicación organizacional (Goldhaber, 1984) que permite conocer las características de la comunicación organizacional en tanto flujos y mensajes.

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La elección de una clasificación proveniente del campo de la comunicación organizacional para
analizar el debate parlamentario puede resultar poco ortodoxa por distintas razones. Primero, porque
ese campo de conocimiento está pensado principalmente en la realidad de las organizaciones empresariales, las cuales, tienen objetivos y propósitos distintos de las organizaciones políticas como lo es
el poder legislativo (Contreras &amp; Rodríguez, 2011).
Segundo, la comunicación en la organización legislativa tiene una fuerte orientación hacia el
ámbito de lo público, mientras que en la organización empresarial las comunicaciones tienen una
orientación hacia el ámbito de lo privado. Con todas estas cuestiones tomadas en cuenta, se sigue
como referencia el sistema de clasificación de mensajes de Goldhaber (1984) aplicada al debate parlamentario en el poder legislativo. Debido a que se considera potencialmente útil si se aprecia la existencia del paralelismo teórico y empírico entre las organizaciones políticas y las organizaciones empresariales (Moe, 1996), ya que en ambas existen sistemas políticos (Morgan, 1990).
Además, la propuesta de Goldhaber (1984) fue estructurada reconociendo la diversidad de organizaciones que existen en la sociedad, los flujos y mensajes a los que hace referencia son funcionales
para todo tipo de organizaciones. Por lo que se infiere que su sistema puede ser aplicado a la organización legislativa, en tanto se ajuste a la dimensión política, es decir, que se tome como premisa que
se trata de comunicaciones de actores de la política en procesos de toma de decisiones políticas en un
contexto de organización política. En tal sentido, los flujos y mensajes quedan como funcionales de la
actividad política y en el espectro de las comunicaciones políticas. En el siguiente subapartado se
muestra dicho ajuste.
El debate parlamentario como comunicación organizacional
Se utiliza el sistema de clasificación de mensajes de Goldhaber (1984) para estudiar el debate
parlamentario. Tal clasificación pertenece al enfoque empírico analítico de la comunicación organizacional (Medina, 2005) por su construcción funcional. Ahora bien, Goldhaber (1984) define a los
mensajes como “la información que es percibida y a la que los receptores le dan un significado” (p. 2).
Dicho sistema se compone de seis variables: relaciones del mensaje, redes del mensaje, propósitos
del mensaje, receptores del mensaje, lenguaje del mensaje y método de difusión del mensaje. A su
vez, cada variable se compone de algunas clasificaciones y definiciones. Como el sistema de clasificación de mensajes está basado en relaciones de poder patronales, relación patrón-trabajador, como
sucede principalmente en la organización empresarial, se realizan ajustes en el sistema conforme a
las relaciones de poder en el debate parlamentario en donde predomina la relación legislador-legislador, es decir, una relación de horizontalidad debido a que los legisladores comparten un mismo
nivel jerárquico1.

Es importante señalar que esta horizontalidad puede ser matizada si se consideran los roles de dirección de la mesa directiva
y los roles informales establecidos en los liderazgos de los grupos parlamentarios. Asimismo, cabe señalar que el sistema de
clasificación puede ajustarse para analizar comunicaciones en otros espacios organizacionales del poder legislativo, como las
coordinaciones de asesores, de informática y áreas administrativas en general.
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�Comunicación y poder en el contexto organizacional del poder legislativo

6

A continuación, en la Tabla 1 se muestra el sistema de clasificación de mensajes de Goldhaber
(1984) ajustado a las características del poder legislativo en el debate parlamentario.
Tabla 1. Sistema de clasificación de mensajes para el debate parlamentario
Variable

Definición

Descripción

Modalidad del len- Mensajes verbales (lingüís- Verbales: los mensajes son hablados y escritos. Ejemplos: Intervencioguaje

ticos) y mensajes no verba- nes en tribuna y documentos legislativos.
les (no lingüísticos).

No verbales: los mensajes no son hablados ni escritos. Ejemplos: el
lenguaje corporal, características físicas, conducta de contactos, indicios vocales, espacio personal, objetos y medio ambiente (de legisladores y personal administrativo en el formato de debate parlamentario).

Supuestos recepto- Se incluyen a las personas Mensajes para uso interno: están destinados al consumo de los legisres

que se encuentran dentro ladores y el personal administrativo requerido.
como afuera de la organiza- Mensajes para uso externo: están destinados al consumo del público
ción.

externo como ciudadanos en general, organizaciones de la sociedad civil, grupos de presión, unidades y miembros del poder ejecutivo, legislativo y judicial a nivel federal, estatal y municipal, así como Estados y
organismos a nivel internacional.

Propósitos y funcio- El propósito hace referencia Mensajes de tarea: están relacionados con la función de legislar y el tranes del flujo de men- al motivo por el que se envía bajo legislativo, cuyo producto principal son las piezas legislativas (por
sajes

y se recibe un mensaje den- ejemplo, reformas constitucionales y secundarias). Tienen la función de
tro de la organización, así informar el contenido de las iniciativas, virtudes y defectos y persuadir
como la función específica a receptores internos y externos sobre el sentido del voto, principalque cumple (informar, regu- mente a legisladores.
lar, persuadir e integrar).

Mensajes de mantenimiento: estos mensajes son utilizados por los legisladores miembros de la mesa directiva para el ordenamiento del debate, que conlleva el otorgamiento o conclusión de una intervención en
tribuna, el llamamiento al orden en la sesión y amonestaciones. Indican
el procedimiento y tienen la función de regular.
Mensajes humanos: son aquellos que tienen una connotación personal
e interpersonal entre los legisladores. Estos mensajes afectan la percepción de los legisladores respecto a sí mismos, los grupos y coaliciones a
los que se adhieren en cuanto a las relaciones humanas e interpersonales. En el debate parlamentario los legisladores emplean los mensajes
humanos para adherir a otros legisladores a su causa invocando a las
emociones. Tienen la función de integrar o desintegrar.

Dirección del flujo Dirección de la red dividida Flujos descendentes: provienen de los legisladores integrantes de la
o red de los men- en comunicaciones ascen- mesa directiva y se dirigen a los legisladores que intervienen en tribuna
sajes (comunica- dentes, descendentes y hori- y los que se encuentran en el pleno.
ciones internas)

zontales.

Flujos ascendentes: son aquellos en los que los legisladores se comu-

Depende de quién inicia el nican con miembros de la mesa directiva del Congreso para pedir el
mensaje y de quien lo recibe uso del micrófono e intervenir en tribuna o detener el tiempo. Y los
(o se supone que deba reci- secretarios de la mesa directiva hacia el presidente de la misma.
birlo).

Flujos horizontales: son los que se dan entre el legislador que participa
en tribuna y el resto de los legisladores que se encuentra en el pleno.

Nota. Fuente elaboración propia con base en Goldhaber (1984).

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El poder en el contexto organizacional del debate parlamentario
El poder es un constructo utilizado en diversas disciplinas de las ciencias sociales, por lo tanto,
es complejo de aprehender inclusive para disciplinas como la ciencia política y jurídica (Giménez,
1989), que se han enfocado en asuntos de gobierno. Considerando esta cuestión se abordan algunas
definiciones del concepto de poder, después se revisan ideas instrumentales en torno al poder en el
ámbito de las organizaciones.
Así, para Weber (1922/2002) el poder significa “la probabilidad de imponer la propia voluntad,
dentro de una relación social, aún contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa
probabilidad” (p. 43). En sintonía con esta definición Giménez (1989) y Castells (2009) construyeron
una definición propia. Giménez (1989) por un lado afirma que el poder asume la capacidad de acción
de un sujeto sobre otros o bien por medio de otros, de cuya capacidad puede resultar cierta acción.
Por otro lado, Castells (2009) lo define como “la capacidad relacional que permite a un actor social
influir de forma asimétrica en las decisiones de otros actores sociales de modo que se favorezcan la
voluntad, los intereses y los valores del actor que tiene el poder” (p. 33).
Con estas definiciones, en términos generales, es posible afirmar que el constructo de poder se
entiende a partir de las relaciones sociales construidas entre actores y la capacidad de influencia generada en estas relaciones. Sin embargo, para hacer efectiva esa capacidad hay una serie de fenómenos que intervienen. Algunos de estos tienen que ver con la existencia de una estructura institucional
que brinda estabilidad y un marco de referencia para la acción como la que se cristaliza en el Estado,
el cual tiene la capacidad de transformar los intereses particulares en intereses de toda la sociedad a
través de diversos medios como la dominación y la fuerza (Osorio, 2014). Parte del aparato institucional son los procedimientos que le otorgan legitimidad al poder, entre estos la democracia.
Por otro lado, desde una perspectiva funcionalista e instrumental de la gestión, Mariño (2014)
identifica dos dimensiones del poder. Una dimensión temporal que “se vincula a las características
personales del sujeto que ejerce el poder. Entre las cuales se encuentran; su posición jerárquica, las
dinámicas de delegación y la autoridad” (Mariño, 2014, p. 124). Y la dimensión estructural que proviene de “aspectos organizacionales como la estructura que refleja el organigrama, los objetivos que
se fija la organización y el campo de acción de la misma” (Mariño, 2014, p. 124). Por último, López y
González (2010) en un nivel interpersonal en las organizaciones definen poder como “una relación
interpersonal (o intergrupal) en la cual un individuo (o grupo) puede provocar que otro individuo (o
grupo) lleve a cabo una acción que de otra manera no realizaría (…) el poder es tanto la capacidad de
influir en la conducta de otros, como la de, por el contrario, resistir la influencia no deseada” (p. 214).
De acuerdo con las definiciones expuestas con anterioridad se entiende por poder a la capacidad de influencia de tipo relacional que se construye a partir de fuerzas entre actores sociales en el
marco de un aparato institucional para lograr o resistir ciertos la voluntad sobre ciertos fines. En ese
sentido, el debate parlamentario desde la perspectiva de poder que se aborda es una actividad instrumental, es decir, un medio para el ejercicio del poder que se desarrolla a partir de comunicaciones en

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un espacio de organización política que condensa el poder político de la sociedad. A continuación, se
muestra el diseño metodológico de la investigación.

Metodología
A partir del interés por estudiar la comunicación y el poder en el poder legislativo con una perspectiva
organizacional y tras identificar que las investigaciones sobre EDP y ACD han dado cuenta de estos
fenómenos, pero sin considerar el contexto organizacional de los debates parlamentarios. El presente
texto tiene el objeto de analizar la comunicación y el poder en el contexto organizacional de un debate
parlamentario. En ese sentido, se eligió el debate parlamentario para crear la Guardia Nacional como
caso de estudio. Este debate se llevó a cabo el 16 de enero de 2019 en la Cámara de Diputados de
México. La selección del caso fue por su relevancia social, ya que atiende a un problema público importante en México. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental
(INEGI, 2017) y la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (INEGI, 2019), la inseguridad y
la delincuencia se les identifica como los problemas de mayor importancia en México.
Por otro lado, el debate parlamentario sobre la Guardia Nacional fue el primer debate realizado
en el congreso mexicano como parte de una iniciativa en la agenda de gobierno del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) para hacer un cambio constitucional. Por lo que, este
cambio legislativo implicó una fase en la formulación de la política pública en materia de seguridad
(Aguilar, 2012), presentada en el poder legislativo y respaldada por el poder ejecutivo. Hay que tomar
en cuenta que al iniciar su sexenio AMLO dispuso de una mayoría absoluta a su favor en la Cámara
de Diputados, sin embargo, no fue suficiente para hacer cambios de rango constitucional al requerir
una mayoría calificada. Por lo que, el caso es útil ya que permite dar cuenta el ejercicio de poder en el
poder legislativo en el contexto de un gobierno unificado con mayoría absoluta en la Cámara de Diputados (Patrón &amp; Pérez, 2012).
Una vez elegido el caso de estudio, del cual se busca analizar la comunicación mediante la observación de los flujos y mensajes de comunicación, y por otro lado identificar el poder en el marco
de estas comunicaciones. Se siguió un enfoque cualitativo de investigación (Flick, 2015; Kumar, 2019;
Swanson &amp; Elwood, 2009), y dado que la aproximación al objeto de estudio es de naturaleza cualitativa, se procuró mantener rigurosidad analítica por medio de las decisiones metodológicas implementadas, mismas que en las líneas siguientes se exponen. Asimismo, es importante mencionar que, con
el fin de validar y enriquecer el análisis, se contó con la asesoría y el acompañamiento de tres personas
expertas especializadas en comunicación, lingüística y filología, cuyas observaciones contribuyeron
al tratamiento del corpus y la implementación de la técnica de análisis del discurso.
En cuanto a los instrumentos de recolección de datos, se utilizó a la revisión documental, ya
que se emplearon fuentes documentales escritas y audiovisuales. Para el caso de las escritas se recurrió a la revisión de la versión estenográfica de la sesión extraordinaria en la que se realizó el debate
parlamentario sobre la Guardia Nacional publicada en el sitio web de la Cámara de Diputados de

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México. El documento de la versión estenográfica publicado se conformó por 67.310 palabras, equivalentes a 540 intervenciones de legisladores a lo largo de 16 etapas que conformaron la sesión (ver
Anexo 1). Por otro lado, el documento audiovisual fue el video correspondiente al mismo debate publicado por la Cámara de Diputados en la red social YouTube (Cámara de Diputados, 2019b). El cual
tuvo una duración de 9 horas con 19 minutos y 1 segundo.
Por otro lado, para el análisis de los datos se utilizó la técnica de análisis del discurso. Para
ambas se realizó una lectura general de la versión estenográfica del debate parlamentario. Posteriormente se realizó un muestreo de corpus considerando como universo a las 540 intervenciones referidas con anterioridad. De estas 540 intervenciones se contabilizaron un total de 94 que correspondieron a la discusión en lo general, presentación de reservas y posicionamiento de grupos parlamentarios
en el debate. El resto de las intervenciones correspondieron a aquellas implementadas por el presidente y la secretaria de la mesa directiva de la Cámara de Diputados para mediar el debate parlamentario. Cabe señalar que con dicho recorte se buscó ahondar más en los mensajes y flujos de comunicación que tuvieran una relación con la temática del debate que fue la Guardia Nacional.
Entonces para el análisis se decidió tomar como muestra a 28 intervenciones, de las cuales 14
tuvieron sentido a favor y 14 en contra. En su conjunto sumaron un total de 15.822 palabras. Mismas
que correspondieron a la discusión en lo general del debate parlamentario (ver Anexo 1). Cabe resaltar
que se seleccionó a dicha etapa del debate parlamentario debido a que fue la etapa que contó con
mayor cantidad de participaciones a favor y en contra, de esta manera se logró tomar a consideración
a dos visiones preponderantes en el debate y el carácter político y antagónico del mismo.
Asimismo, se realizó una lectura a profundidad de la muestra del corpus y se llevó a cabo una
codificación guiada por conceptos y datos (Gibbs, 2012). En ese sentido, la muestra del corpus se
codificó de acuerdo con una lista de códigos hecha a partir del sistema de clasificación de mensajes
de Goldhaber (1984) ajustado al contexto organizacional del poder legislativo. Del cual se utilizaron
las variables de flujos y propósitos y funciones del mensaje que se pueden consultar en el apartado
teórico del presente escrito. Así, los flujos de comunicación ascendente se marcaron con color verde,
los flujos de comunicación descendente con color naranja y los flujos de comunicación horizontal con
color azul. Mientras que los mensajes de tarea se marcaron con color amarillo y los mensajes humanos
con color rojo.
Cabe mencionar que no se consideraron en el corpus y en la codificación a los mensajes de
mantenimiento, estos correspondieron a las intervenciones de los miembros de la mesa directiva y
fueron descartados para enfocar el análisis a la temática del debate y su carácter político, ya que el
contenido de dichas intervenciones no implicó alguna postura sobre la aprobación de la iniciativa
para crear la Guardia Nacional2. Por último, el poder se interpretó con base en la conceptualización
detallada en el marco teórico y en los hallazgos del análisis de los flujos y mensajes de comunicación.
Si bien, los mensajes de mantenimiento de los legisladores que integraron la mesa directiva durante el debate parlamentario
sobre la Guardia Nacional fueron funcionales e implicaron cierta relación de poder entre estos y los legisladores en tribuna y
del pleno, se optó por profundizar en las comunicaciones de los legisladores que no se encontraron en la mesa directiva, ya que
las intervenciones en tribuna sí contaron con un sentido preponderante en lo político sobre el asunto en cuestión.
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Además, para la sistematización y organización del texto del corpus se utilizó el programa Excel. En dicho programa se realizó una base de datos en la que se registró el número de la intervención,
el nombre del legislador o legisladora, el grupo parlamentario, y el extracto del discurso de cada intervención registrada en el debate parlamentario en su versión estenográfica del día 16 de enero de
2019. Posterior a la realización de la base de datos en el programa Excel, se seleccionaron las intervenciones correspondientes a la muestra del corpus y se realizó un archivo en el programa Word por
cada intervención. En cada archivo Word se vació el extracto del discurso capturado en el programa
Excel. Después se utilizó Atlas.ti como programa de análisis de datos cualitativos asistido por ordenador, en donde se importaron los documentos Word de las intervenciones que conformaron la muestra del corpus. La información se presenta a través de extractos de texto de las intervenciones analizadas a manera de ejemplos de las dimensiones analizadas.

Contexto del caso
El debate parlamentario sobre la Guardia Nacional en México tiene un origen histórico. Ya que la idea
de crear una Guardia Nacional proviene de las milicias locales formadas en la constitución de 1824 y
nace en 1846 ante la necesidad de constituir una defensa contra la invasión de Estados Unidos a México, desde entonces no se había utilizado a esta institución para enfrentar a los problemas de seguridad del país (Solano, 2012). Después de 177 años, esta institución resurge bajo una reforma constitucional prevista en el Plan Nacional de Paz y Seguridad 2018-2024 (PNS) publicado por la Organización López Obrador (OLO, 2018) del entonces presidente AMLO como estrategia para mitigar los
problemas de inseguridad en el país. En dicho plan se hizo de conocimiento que los efectivos provendrían de las policías Militar y Naval, Policía Federal, civiles y elementos de tropa (OLO, 2018).
El proceso legislativo para reformar la constitución en materia de Guardia Nacional inició el
20 de noviembre de 2018 (Gómez et al., 2019). Este proceso legislativo logró articular amplios sectores de la sociedad, como Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC), académicos, legisladores, militares, gobernadores, presidentes municipales, y se dio en un contexto en el que ocurrió un cambio de
gobierno con una nueva relación entre el poder legislativo y el poder ejecutivo. Dicha relación se configuró en un gobierno unificado, es decir, el partido en el gobierno logró la mayoría absoluta en el
legislativo (Patrón &amp; Pérez, 2012).
Una etapa relevante del proceso legislativo fue la realización de las audiencias públicas organizadas por el Congreso Federal del 8 al 12 de enero de 2019. De acuerdo con el sitio web de las audiencias públicas (Cámara de Diputados, 2019a), en este parlamento abierto participaron 229 actores de
diversos sectores de la sociedad, en 10 mesas temáticas. Cabe resaltar la importancia de la participación del secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana en la mesa 8, quien hizo del conocimiento público la disposición de AMLO para que la Guardia Nacional tuviese un mando civil (Notilegis, 2019a).

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Otra etapa importante en el proceso fue la aprobación de la iniciativa en el pleno de la Cámara
de Diputados, misma que se llevó a cabo el día 16 de enero de 2019. El pleno de la Cámara de Diputados es un espacio que se ubica en el edifico del Palacio Legislativo de San Lázaro en la Ciudad de
México. En esta etapa del proceso se desarrolló la sesión extraordinaria en la que se llevó a cabo el
debate parlamentario sobre la Guardia Nacional, objeto de estudio de la presente investigación. En el
debate asistieron un total de 486 legisladores, en el cual se aprobó la iniciativa en lo general con 362
votos a favor, 119 en contra y cuatro abstenciones, con la mayoría calificada requerida para una modificación de rango constitucional (dos terceras partes de los votos). Posteriormente, se aprobó la
iniciativa en lo particular con 348 votos a favor, 108 en contra y 10 abstenciones (Notilegis, 2019b).
Una vez aprobada la iniciativa en la Cámara de Diputados continuó su proceso legislativo en el
Senado de la República el 17 de enero de 2019. Posteriormente, se desarrollaron otras audiencias
públicas entre el 11 y 15 de febrero de 2019 en la cámara alta. Después el 21 de febrero de 2019 el
Senado realizó una modificación a la iniciativa y la turnó a la Cámara de Diputados. Posteriormente
el 28 de febrero la Cámara de Diputados aprobó la iniciativa y la remitió a los Congresos estatales
(Olvera, 2019). El proceso legislativo finalizó con un decreto presidencial publicado el 03 de marzo
de 2019 en el Diario Oficial de la Federación (DOF, 2019). En la Figura 1 se muestra una línea de
tiempo que representa el proceso legislativo que se desarrolló para la reforma constitucional sobre la
Guardia Nacional.
Figura 1. Línea de tiempo del proceso legislativo para la creación de la Guardia Nacional en México

Nota. Elaboración propia con base en Olvera (2019), Gaceta Parlamentaria de la Cámara de Diputados (GPCD, 2018a, 2018b).

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Resultados y análisis
En el presente apartado se muestra el análisis e interpretación de los resultados de la investigación
en tres partes. En la primera, se presentan los resultados del análisis de los flujos de comunicación.
En la segunda, se exponen los resultados del análisis de los mensajes de comunicación. Por último,
en la tercera se muestra el análisis del poder a partir de las comunicaciones identificadas en el debate
parlamentario.
Tabla 2. Flujos de comunicación ascendentes dirigidos a la Presidencia de la Mesa Directiva de la
Cámara de Diputados
Flujo ascendente al iniciar la intervención

Flujo ascendente al finalizar la intervención

Movimiento Ciudadano

Grupo Parlamentario

“Con su venia, señor presidente (…)”

“(…) Es cuanto, presidente.”

(MC)

“Gracias, presidenta, con su permiso (…)

Movimiento de Regene-

“Con su venia, diputada presidenta (…)”

“(…) Es cuanto, señora presidenta.”

ración Nacional (MO-

“Con su permiso, señor presidente (…)”

“(…) Es cuanto, señor presidente y muchas

RENA)

gracias.”

Partido Acción Nacio-

“Con su venia, señor presidente (…)”

“(…) Es cuanto, presidenta.”

nal (PAN)

“Gracias, con su permiso, presidenta (…)”

“(…) Muchísimas gracias, señor presidente.
Es cuánto.”

Partido Encuentro So-

“Con su venia, presidenta (…)”

cial (PES)

“(…) Es cuanto, presidente.”
“(…) Es cuanto, diputado presidente.”
“Es cuanto, presidenta.”

Partido de la Revolu-

“Con su permiso, presidente (…)”

“(…) Es cuanto, presidente.”

ción Democrática

“Con su venia, diputada presidenta (…)”

“Es cuanto, diputada presidenta”

Partido Revolucionario

“Con el permiso de la Presidencia (…)”

“(…) Es cuanto, presidenta.”

Institucional (PRI)

“Gracias. Con su permiso, diputada presi-

“(…) Es cuanto, señor presidente (…)”

(PRD)

denta (...)”
“Con su permiso, presidenta (…)”
“Con su venia, presidenta (…)
“Con su permiso, señor presidente (…)”
Partido del Trabajo

“Con su permiso, señor presidente (…)”

(PT)

“concluyo enseguida, ciudadana presidenta
(…)”

Nota. Fuente elaboración propia

Flujos de comunicación en el debate parlamentario sobre la Guardia Nacional
Se identificaron flujos de comunicación de tipo ascendente y horizontal en el debate parlamentario sobre la Guardia Nacional3, ello a partir de ubicar la posición del legislador en tribuna en términos del proceso de comunicación como emisores y, por otro lado, ubicar como receptores a quienes

Los flujos de comunicación de tipo descendente no se registraron debido a que no formaron parte de la muestra del corpus
analizado.
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los legisladores nombraron de manera explícita en el contenido de su intervención. En consecuencia,
los flujos de comunicación de tipo ascendentes fueron aquellos que se dirigieron a la presidencia de
la mesa directiva de la Cámara de Diputados. Mientras que los flujos de comunicación horizontales
se dirigieron a los legisladores del pleno. Por otro lado, se encontraron otros flujos que se dirigieron
a actores políticos que no formaban parte de la Cámara de Diputados4. A continuación, en las Tablas
2 y 3 se muestran algunos ejemplos.
Tabla 3. Flujos horizontales de comunicación dirigidos a los legisladores de la Cámara de Diputados
Grupo Parlamentario
Movimiento Ciudadano (MC)

Flujos horizontales
“Amigas y amigos, (…)”
“Ustedes lo que buscan (…)”
“Este mensaje no va para ustedes, diputados de la mayoría, ustedes ayer
recibieron las últimas indicaciones, el último jalón de orejas.”

Movimiento de Regeneración

“Compañeras y compañeros diputados (…)”

Nacional (MORENA)

“A ver, diputada, el artículo 21 constitucional (…)”
“Honorable asamblea (…)”
“Distinguidas diputadas, señores diputados (…)”

Partido Acción Nacional

“Compañeras y compañeros diputados (…)”

(PAN)

“(…) diputadas y diputados (…)”
“Señores legisladores (...)”
“Estimados legisladores.”

Partido Encuentro Social

“Honorable asamblea.”

(PES)
Partido de la Revolución De-

“Compañeras y compañeros diputados (…)”

mocrática (PRD)

“Compañeros legisladores (…)”
“Compañeras legisladoras y compañeros legisladores (…)”
“(…) Compañeras diputadas, compañeros diputados (…)”

Partido Revolucionario Insti-

“Compañeras y compañeros (…)”

tucional (PRI)

“Diputadas y diputados.”
“Honorable asamblea (…)”
“Señoras y señores legisladores (…)”

Partido del Trabajo (PT)

“Honorable asamblea (…)”

Nota. Fuente elaboración propia

En la categoría de otros flujos de comunicación se encontraron aquellos que se dirigieron a actores que no formaban parte
del poder legislativo, por ejemplo, un legislador de MC dirigió un flujo dirigido a la ciudadanía y otro al presidente de Méx ico.
Por su parte un legislador del PAN dirigió uno al presidente de México al igual que legisladores del PRD y el PRI dirigieron un
flujo al entonces gobernador del Estado de México Alfredo del Mazo Maza.
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De acuerdo con los datos de las Tablas 2 y 3, que refieren a los flujos horizontales y verticales
identificados, se infiere que la comunicación implementada tuvo un carácter organizacional en términos de estructura (Mariño, 2014). Esto se debe a que, en el contenido de las comunicaciones en el
debate parlamentario se evidencia la presencia de jerarquías y de roles entre los participantes, quienes actuaron bajo el rol de legisladores participantes en tribuna, legisladores miembros del pleno y
legisladores miembros de la mesa directiva. En donde los primeros se subordinaron a los terceros con
flujos de comunicación ascendente por cuestiones normativas y de conducción del debate. Por otro
lado, se infiere el rasgo político en los flujos de comunicación en tanto se establece una relación diferenciada o de similitud entre el legislador emisor del flujo de comunicación horizontal y el legislador
receptor, es decir, la identificación como amigo-enemigo (Schmitt, 1932/2009) entre los legisladores
a partir del sentido de su voto sobre la Guardia Nacional.
Asimismo, se reconoce que las similitudes encontradas en los flujos de comunicación de tipo
ascendente y descendente formaron parte de un discurso protocolario con un grado de formalidad
contextual, propiedades que corresponden al discurso parlamentario en su forma de debate parlamentario (Ilie, 2006, citado en Sarfo, 2016). Con dichas comunicaciones los legisladores en tribuna
mostraron cordialidad y respeto a sus destinatarios y al espacio en el que se encontraban, el pleno de
la Cámara de Diputados, es decir, su contexto organizacional.
Por otro lado, los flujos de comunicación principalmente de tipo horizontal denotaron un tono
familiar que osciló entre la formalidad y la informalidad. Debido a que algunos de los legisladores en
tribuna se refirieron a sus homólogos de una manera formal de acuerdo con su cargo como diputados
o legisladores y también de acuerdo con una relación interpersonal como compañeros y amigos.
Mensajes de comunicación en el debate parlamentario sobre la Guardia Nacional
Se identificaron mensajes de tarea y humanos en el debate parlamentario sobre la Guardia Nacional. Por lo que respecta a los mensajes de tarea de la coalición opositora a la iniciativa conformada
por los grupos parlamentarios del Partido Acción Nacional (PAN), Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC), se enfocaron en informar el sentido negativo de su voto
y al mismo tiempo en intentar persuadir a sus oponentes resaltando la necesidad de una estrategia de
seguridad distinta, en criticar el ejercicio de parlamento abierto en el que se dieron las audiencias
públicas sobre la Guardia Nacional. También hicieron alusiones hacia puntos negativos del dictamen
discutido en cuestión, como la participación del Ejercito dentro de la estructura operativa de la Guardia Nacional y la vulnerabilidad al federalismo mexicano.
Por otra parte, la coalición proponente de la iniciativa conformada por los grupos parlamentarios de Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), Partido Revolucionario Institucional
(PRI), Partido del Trabajo (PT), Partido Encuentro Social (PES) y Partido Verde Ecologista de México

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(PVEM)5, sus mensajes de tarea se enfocaron en informar el sentido positivo de su voto a los legisladores de su coalición y opositores. Resaltaron las virtudes de la iniciativa y el dictamen sobre la Guardia Nacional y la incorporación de observaciones de actores que participaron en las audiencias públicas mediante una adenda6. Así, hubo intervenciones en las que se mencionó la postura del dictamen
que se estaba analizando. Por ejemplo, el legislador Pablo Guillermo Angulo Briceño del PRI afirmó
estar a favor resaltando el ofrecimiento de la Guardia Nacional por parte del presidente de México sin
tomar en cuenta que la legisladora María Guillermina de MORENA fue quien presentó formalmente
la iniciativa para crear a la Guardia Nacional.
(…) El presidente de la República ofrece la Guardia Nacional. En el PRI votaremos a favor porque iremos a favor de todo aquello que regrese la tranquilidad y la seguridad a los mexicanos
(…)
El punto que más causó polémica en los legisladores que se manifestaron en contra de la iniciativa fue otorgar validez legal a la participación del Ejército y la Marina de México en los mandos
operativos de la Guardia Nacional. Esto lo identificaron como un problema, ya que de acuerdo con
sus intervenciones afirmaron que se podrían vulnerar la garantía de los derechos humanos. Además,
la coalición opositora hizo énfasis en que desconocía el paquete de reformas secundarias sobre la
Guardia Nacional, también señalaron que el grupo parlamentario de MORENA había estado en contra de la Ley de Seguridad Interior propuesta por el entonces presidente Enrique Peña Nieto, por lo
que los legisladores de MORENA fueron señalados como incongruentes con la propuesta para crear
la Guardia Nacional.
Por el contrario, los legisladores que se manifestaron a favor enfatizaron en que la propuesta
no militarizaba al país puesto que la Guardia Nacional se proponía constituir con un mando civil.
Además, reiteraron que mediante una adenda se tomaron en cuenta los cuestionamientos realizados
en las audiencias públicas sobre la Guardia Nacional y el respectivo dictamen de la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados.
A su vez, los mensajes humanos se enfocaron en integrar y desintegrar a los legisladores sobre
su sentido del voto, pero a diferencia de los mensajes de tarea fueron a partir de asuntos personales
de los legisladores, como su percepción respecto de sí mismos, los grupos y las coaliciones a las que
se adhirieron. Estos mensajes se observaron en algunas intervenciones. Por ejemplo, parte de la intervención de la legisladora Martha Tagle Martínez de MC se enfocó en reflexionar sobre el papel de
las fuerzas armadas en las tareas de seguridad pública. Para esto reconoció a las fuerzas armadas de
manera emotiva al afirmar sentirse orgullosa de estas desde que se encontraba estudiando su educación básica en la secundaria. Sin embargo, no aprobó la intervención de las fuerzas armadas en la
seguridad pública.

El PVEM no tuvo participación en la discusión general, por lo que no fue posible apreciar su posicionamiento.
En el debate de manera reiterativa se hizo referencia a este instrumento mediante el cual se afirmaba fue el medio para
incorporar las modificaciones propuestas en las audiencias públicas sobre la Guardia Nacional en la Cámara de Diputados.
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�Comunicación y poder en el contexto organizacional del poder legislativo

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(…) Comenzaré por contarles una anécdota personal: cuando yo era estudiante de secundaria,
así como muchos de ustedes, veía pasar en el desfile militar de Puebla a las Fuerzas Armadas,
con su disciplina y gallardía. Me emocionaba y me hacían sentir orgullo (…)
Por otro lado, fue notable la importancia conferida al presidente de México en los mensajes
humanos, si bien se le hizo alusión de manera reiterativa en las intervenciones tanto las que estaban
a favor como las que estaban en contra. Por ejemplo, la legisladora María Roselia Jiménez del PT
resaltó las cualidades del presidente de México y su perspectiva sobre la seguridad, además de agradecer su existencia a una divinidad.
Gracias doy a Dios por mandarnos a un gran hombre, Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, humilde, honesto. Un gran hombre que respeta la vida, y tomemos muy en
serio sus palabras, hay que tomarlo en serio. No más torturas, no más represión.
Por lo anterior, es posible inferir que los mensajes de tarea y humanos se construyeron en términos de lo político (Schmitt, 1932/2009) y de lo organizacional, sobre todo por la diferenciación que
se estableció a partir de la adherencia de los legisladores a los grupos parlamentarios que se organizaron en dos coaliciones antagónicas diferenciadas por el sentido del voto. Ello implica reconocer
también que cada mensaje comunicado puede entenderse en términos de actividad política (Canel,
2006; Vallès, 2007) mediante la cual los legisladores intentaron legitimar su postura e intentaron
cambiar el sentido del voto en otros, es decir, ejercer el poder, cuestión que se abordará a continuación.
El poder en el debate parlamentario sobre la Guardia Nacional
El poder en el debate parlamentario se observó a través de los flujos de comunicación de tipo
ascendente ya que implicaron relaciones asimétricas en la estructura organizacional (Mariño, 2014)
del pleno de la Cámara de Diputados. La principal relación asimétrica fue la de tipo vertical entre los
legisladores de la mesa directiva de la Cámara de Diputados y quienes participaron en la tribuna y el
pleno. Este tipo de poder se fundamentó en la autoridad de los miembros de la mesa directiva para
conducir el debate, de modo que contribuyeron a la funcionalidad y el establecimiento de orden en el
pleno.
Por otro lado, respecto a los mensajes de tarea y humanos analizados, se infiere por un lado
que el poder se reflejó en los mensajes de tarea en tanto que el sentido de los votos que estaban a favor
y en contra y las posturas temáticas sobre la Guardia Nacional se encontraban formuladas y deliberadas, es decir, no se construyeron durante la intervención de los legisladores en tribuna, sino que ya
habían sido deliberadas con anterioridad. Inclusive algunos legisladores hicieron alusión al sentido
del voto en nombre de su grupo parlamentario, por lo que también se puede decir que sus intervenciones estaban consensuadas.
Así, por ejemplo, en la versión videográfica del debate se observó que la mayoría de los legisladores que participaron en la tribuna contaba con un documento escrito que les sirvió de apoyo para
su intervención. Esa materialización del discurso en el papel es un indicador de que la decisión del

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sentido del voto y su justificación de deliberó antes de su participación en la tribuna. Además, en las
intervenciones analizadas no se identificó una declaración expresa de cambió de sentido del voto en
los legisladores. Por lo que, en este caso, coincide lo que afirma Carl Smith sobre el parlamento quien
dice que “ya no hay discusión pública parlamentaria, pues las decisiones y los compromisos se adoptan fuera del Parlamento, convirtiéndose éste en un instrumento de mera votación y ratificación de
algo ya configurado y decidido al margen de las cámaras” (Mora, 2006, p. 24).
Por último, respecto a los mensajes humanos, el poder se reflejó en estos en el mismo sentido
que se abordó sobre los mensajes de tarea, ya que se encontraban con previa preparación. Sin embargo, tuvieron la función de intentar cambiar el sentido del voto de los legisladores no solo con información sobre el tema de la Guardia Nacional sino con comunicaciones en sentido emocional. Sin
embargo, a diferencia de los mensajes de tarea, los mensajes humanos sí ocasionaron la respuesta de
ciertos legisladores por alusiones personales, es decir, mostraron el rasgo transaccional de la comunicación.
Un claro ejemplo fue la comunicación entre el legislador Jorge Espadas del PAN y Mario Delgado de MORENA, coordinador del grupo parlamentario de MORENA en la Cámara de Diputados.
El legislador Espadas logró influir en el legislador Mario Delgado a través de un flujo horizontal indirecto, ya que se refirió a este como el coordinador de MORENA y un conjunto de mensajes humanos
y de tarea. El mensaje de tarea consistió en señalar incongruencia en el sentido del voto de Mario
Delgado, tras señalar que en el pasado este legislador declaró la incompatibilidad del ejército en tareas de seguridad pública, aspecto central en el debate, ya que en el dictamen se proponía un cambio
en el artículo 21 constitucional para legalizar la participación de las fuerzas armadas en la Guardia
Nacional. Y el mensaje humano se estructuró de manera visual.
De acuerdo con la versión videografía se observó que al legislador Espadas lo apoyó una persona7 para mostrar una fotografía del legislador Mario Delgado mostrando un cartel en contra de la
militarización del país, es decir, en contra de la participación de las fuerzas armadas en tareas de
seguridad cuando fue Senador de la República. Todas aquellas comunicaciones influyeron en el legislador Mario Delgado, quien realizó una respuesta improvisada, construida y deliberada durante el
debate dirigida hacia el legislador Espadas. Para ello, vertió en principio un mensaje humano para
agradecer su alusión8. Después, implementó mensajes de tarea para justificar su postura en contra de
la Ley de Seguridad Interior y para justificar su postura a favor de la Guardia Nacional. Y finalizó con
un mensaje humano al referir la frase del presidente de la república “Abrazos, no balazos” sobre su
estrategia de seguridad pública. No obstante, ninguno de estos flujos y mensajes terminó en alguna
modificación del dictamen discutido en el debate o algún cambio de sentido del voto.

Se desconoce el cargo de la persona, es decir, si fue un legislador o un asesor.
Al respecto, pareciera que con dicho agradecimiento el legislador Mario Delgado tuvo la intención de intervenir para hablar
directamente sobre el tema, pero se infiere que en realidad su intención fue legitimar su imagen ya que se vulneró con la
participación del legislador Espadas. No sólo con palabras como ya lo habían hecho otros legisladores, si no con una fotograf ía
de su persona en el pasado. Entonces se infiere que el agradecimiento fue más una manera de restarle importancia a la deslegitimación vertida por el legislador Espadas, siendo en sí de suficiente importancia para que el legislador Mario Delgado respondiera en tribuna.
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Por último, se infiere9 que el poder en el contexto del debate se estructuró en la organización
política de la Cámara de Diputados. Por un lado, en la coalición conformada por MORENA, PRI, PT,
PES y PVEM que fue la que estaba a favor del dictamen para reformar la constitución en materia de
Guardia Nacional quien disponía un total de 379 votos en su conjunto. Por su parte, la coalición conformada por el PAN, PRD y MC, que se encontraba en contra del dictamen, disponía de 116 votos
(Cámara de Diputados, s. f.). Por lo que, la coalición que se encontraba a favor por principio tenía la
mayoría calificada necesaria para reformar la constitución y no necesitaba inclusive convencer a más
legisladores para hacer posible la reforma. Entonces dicha coalición en términos de poder (Weber,
1922/2002) tenía más probabilidad para imponer su voluntad respecto de la coalición que se encontraba en contra.
Asimismo, el poder se ejerció a lo largo de la sesión mediante las comunicaciones de los legisladores, específicamente cuando la secretaria de la sesión por instrucciones del presidente de la
mesa directiva consultó a la asamblea si el dictamen estaba suficientemente discutido en lo general,
también cuando se consultó a la asamblea la consideración de las reservas presentadas por legisladores, es decir, modificaciones a la iniciativa en cuestión, de las cuales ninguna fue aprobada para discusión, materializándose de esta manera la cohesión y la disciplina entre los legisladores que apoyaron la iniciativa para evitar cualquier modificación. Y, por último, el voto ejercido para aprobar la
iniciativa en lo general sin modificaciones con 362 votos a favor, 119 en contra y cuatro abstenciones
(Notilegis, 2019b).

Conclusiones
La presente investigación dio cuenta de la comunicación y el poder en el contexto organizacional del
debate parlamentario sobre la Guardia Nacional en la Cámara de Diputados de México. Como respuesta a la primera interrogante del estudio, la comunicación se caracterizó por la implementación
de flujos de comunicación de tipo ascendente y horizontal, los cuales reflejaron el contexto organizacional de la Cámara de Diputados conformado por los legisladores de la mesa directiva y los legisladores que integraron las intervenciones que se organizaron políticamente a partir de sus grupos parlamentarios y su sentido del voto. De ahí que se formaron dos coaliciones antagónicas. Por otro lado,
los mensajes de tarea se enfocaron en informar características positivas y negativas de la iniciativa
sobre la Guardia Nacional, mientras que los mensajes humanos se enfocaron en resaltar aspectos
interpersonales para disuadir a miembros de la coalición opositora y generar cohesión entre los
miembros de la misma coalición.
En tal sentido, sobre la segunda interrogante de la investigación, el poder en el debate parlamentario analizado fue implementado principalmente mediante el voto de la coalición proponente de
la iniciativa conformada por MORENA, PRI, PT, PES y PVEM, contra la coalición que se opuso y

La inferencia se construye a partir de los datos contextuales de la revisión documental sobre la etapa de la votación realiz ada
en el debate parlamentario y no sobre las comunicaciones analizadas en el corpus seleccionado.
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resistió a ese poder conformada por PAN, PRD y MC. Por otro lado, en términos comunicativos y de
efectos en la deliberación, el poder no fue apreciado en las intervenciones del debate analizado, ya
que no se identificó algún tipo de comunicación mediante la cual se haya declarado el cambio en el
sentido del voto. Además, se identificó como práctica recurrente el uso de un documento de apoyo
por parte de los legisladores para realizar su comunicación en tribuna, lo cual, indicaba que su postura
y decisión sobre la Guardia Nacional ya había sido deliberada antes del debate. Asimismo, es importante mencionar que la transaccionalidad de la comunicación fue muy baja, sólo ocurrió a partir del
intercambio en secuencia entre el legislador Espadas y el legislador Delgado, sin embargo, dicha
transaccionalidad no tuvo efectos en la votación. Por lo que, cabe la posibilidad inferir que la implementación del poder en el caso estudiado puede tener forma de obstrucción o promoción de cambios
en la iniciativa y de disciplina dentro de los grupos parlamentarios tanto de la coalición proponente
como en la opositora.
Por otro lado, respecto a la tercera interrogante y a partir de lo anterior se infiere que el contexto organizacional sí influyó en la comunicación y el poder en el debate parlamentario. Principalmente porque las comunicaciones de la mesa directiva permitieron ordenar las participaciones en el
debate. Por otro lado, la direccionalidad y los contenidos de los mensajes de comunicación difundidos
dependieron en parte por la configuración de la organización política de la Cámara de Diputados, ya
que la coalición proponente de la iniciativa se conformó bajo una mayoría calificada, lo que entonces
llevó a que cada legislador que participó en el debate parlamentario refirmara el sentido del voto de
su coalición y grupo parlamentario. Si bien, aquella defensa de posición en el sentido del voto fue una
cuestión relativamente predecible, no lo es la forma en la que cada uno estructuró sus flujos y mensajes de comunicación, ya que algunos se concentraron en mensajes de tarea y otros en mensajes
humanos.
Lo anterior conlleva a tomar conciencia sobre la existencia de los fenómenos comunicativos y
organizacionales en el poder legislativo que son susceptibles de ser analizados y que pueden informar
partes importantes del funcionamiento de esta organización política. Asimismo, sobre la complejidad
del fenómeno del poder en el poder legislativo ya que para este caso se infiere que el poder que hizo
que la legislación en materia de Guardia Nacional tuviese el resultado deseado por sus proponentes
no fue apreciado en términos de su proceso de construcción. En ese sentido, esta investigación sólo
apreció indicios de ese poder en el análisis de los flujos y mensajes de comunicación implementados
por los legisladores en el debate, sobre todo en la disciplina de los legisladores para defender el sentido de su voto.
Conviene resaltar que el tratamiento del debate parlamentario en términos de comunicación
organizacional política es una aportación del presente trabajo a los estudios de comunicación organizacional, comunicación política, los estudios legislativos y los estudios organizacionales, en el sentido
de que permite conectar a campos de conocimiento distantes por las esferas sociales de actuación de
sus practicantes y estudiosos. En ese tenor, el trabajo también contribuye a construir conocimiento

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en torno al paralelismo teórico y empírico entre las organizaciones políticas y las organizaciones empresariales (Moe, 1996), en este caso con la aplicación del sistema de clasificación de mensajes
Goldhaber (1984) para estudiar el debate parlamentario en un contexto de organización política.
Asimismo, se reconoce que, dado el alcance exploratorio y descriptivo del presente estudio,
queda abierta la posibilidad de ampliarlo hacia abordajes explicativos con propuestas teóricas del
campo de la comunicación política (Chilton &amp; Schäffner, 2000; Del Rey, 1996). De igual forma, queda
la posibilidad de ampliar la comprensión de la comunicación y el poder en el contexto organizacional
del poder legislativo con propuestas que aborden el poder en términos simbólicos, asimismo con más
referentes teóricos de la teoría de la organización (Ibarra, 2003) y de la ciencia política (Vallés, 2007).
A partir de lo anterior, se propone abordar líneas de investigación que generen conocimiento
sobre perspectivas teóricas que abonen a la comprensión de la comunicación y el poder en el poder
legislativo, no sólo en el pleno sino también en otros espacios organizacionales como las comisiones
legislativas y los parlamentos abiertos (Contreras &amp; Rodríguez, 2023; Rodríguez &amp; Contreras, 2024),
inclusive en áreas administrativas y pasillos de estos espacios, tanto en gobiernos unificados como en
gobiernos divididos. Ya que sería interesante conocer si la pluralidad y la organización política de la
Cámara de Diputados promueve mayor transaccionalidad comunicativa en el debate parlamentario.
Por último, también se propone abordar reflexiones teóricas que traten las tensiones entre los enfoques organizacionales y políticos para estudiar a la comunicación, así como líneas de investigación
sobre diseños metodológicos que contribuyan a la investigación de estos fenómenos comunicativos y
organizacionales que consideren la complejidad de acceso a estos espacios privilegiados para el debate y las decisiones políticas.

Declaración de conflicto de intereses
El autor no informó ningún posible conflicto de intereses.

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Anexo 1. Situaciones comunicativas del debate parlamentario sobre la Guardia Nacional en la Cámara de Diputados de México

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COLABORADORES:

Fabian Andrey Zarta Rojas
UNIMINUTO (Colombia)
Orcid https://orcid.org/0000-0001-5536-3712
fabian.zarta@uniminuto.edu
Martín Echeverría
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (México)
Orcid https://orcid.org/0000-0001-6071-8725
martin.echeverria@correo.buap.mx
Rubén A. González Macías
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (México)
Orcid https://orcid.org/0000-0002-6758-5328
ruben.arnoldo@correo.buap.mx
Víctor Hugo Reyna
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) (México)
Orcid https://orcid.org/0000-0001-8870-7067
vhreyna@flacso.edu.mx
Denia May Sánchez Rivera
Universidad Autónoma de Guerrero (México)
Orcid https://orcid.org/0000-0001-6731-5910
deniamay@gmail.com
Agustín Molina Gama
Universidad Autónoma de Guerrero (México)
Orcid https://orcid.org/0009-0004-8502-0357
agusmolina91@gmail.com
Alejandro Díaz Garay
Universidad Autónoma de Guerrero (México)
Orcid https://orcid.org/0000-0003-4768-1088
adiazgaray@gmail.com
Jorge Alberto Sánchez Ortega
Universidad Autónoma de Guerrero (México)
Orcid https://orcid.org/0000-0001-5124-9103
jorgealbertocipes@gmail.com

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Ángela Margoth Bacca Mejía
Universidad Nacional Autónoma de México
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Orcid https://orcid.org/0000-0002-0884-6081
amargoth@politicas.unam.mx
Óscar Alí Nava García
Universidad Nacional Autónoma de México
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
Orcid https://orcid.org/0009-0009-5663-1542
oscar.ng20@politicas.unam.mx
Augusto Reina
Universidad de Buenos Aires – Pulsar
Orcid https://orcid.org/0009-0001-9463-1449
augustoreina@gmail.com
Tonatiuh Cabrea Franco
Facultad de Medicina UNAM (México)
Orcid https://orcid.org/0000-0002-8592-3941
tonatiuh.cabrera.franco@facmed.unam.mx
Karla Negrete-Huelga
Universidad Autónoma de Querétaro
Orcid https://orcid.org/0000-0003-3483-783X
karla.negrete@uaq.mx
Héctor Gutiérrez Sánchez
Universidad Autónoma de Querétaro
Orcid https://orcid.org/0000-0002-2646-719X
hector.gutierrez@uaq.mx
Sofía Montero
Universidad de Montevideo
Orcid https://orcid.org/0009-0009-9440-8894
s.montero@um.edu.uy

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Jordi Rodríguez-Virgili
Universidad de Navarra
Orcid https://orcid.org/0000-0002-7952-5664
jrvirgili@unav.es
Carmen Beatriz Fernández
Universidad de Navarra
Orcid https://orcid.org/0000-0003-0609-0695
carmenbeat@datastartegia.com
Alejandra Rodríguez-Estrada
Universidad Veracruzana, Centro de Estudios de Opinión y Análisis (CEOA)
Orcid https://orcid.org/0000-0001-9963-2654
alejandrarodriguez@uv.mx
José Alberto Rodríguez Robledo
Universidad Autónoma Metropolitana - Unidad Iztapalapa, México
Orcid https://orcid.org/0000-0003-0575-5413
innova-organizacional@outlook.com

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NORMAS ÉTICAS DE LA PUBLICACIÓN:
La Revista de Comunicación Política suscribe los principios éticos y de buena
praxis establecidos como estándares internaciones por las organizaciones CSE
(Council of Science Editors) y COPE (Committee on Publication Ethics). Entre
ellos, los estándares recogidos en el 2nd World Conference on Research Integrity,
Singapore (2010):
Equipo editorial
▪
▪

El equipo editorial debe realizar sus funciones editoriales basadas en las
buenas prácticas de edición científica fomentando la transparencia, la
originalidad, la integridad y la calidad de todas las publicaciones.
Debe adoptar medidas para la detección de plagio, auto plagio, fraude por
falsificación o manipulación de datos, publicación redundante o duplicada.

Editor
▪

▪
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▪
▪
▪
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▪

El editor es el responsable de todo lo publicado en la revista, debe basar sus
decisiones en la validez del trabajo y en la importancia que tenga para los
lectores; por lo tanto, se hace libre de expresar de forma crítica pero
responsable y respetuosa sus impresiones derivadas de la revisión de los
artículos.
Las decisiones de aceptar o rechazar un artículo para publicación deben ser
objetivas y basarse únicamente en la importancia, originalidad y claridad del
objeto de estudio.
Debe sostener una comunicación cordial y respetuosa con los miembros del
equipo editorial, comités científicos y editorial, autores y revisores.
Debe fomentar un comportamiento responsable y disuadir de las malas
prácticas editoriales.
Debe actuar como garante de la confidencialidad de la información contenida
en los manuscritos recibidos y en los comentarios de evaluación.
Debe proporcionar información actualizada sobre los criterios de autoría
siguiendo las normas éticas internacionales en publicación.
Debe tomar medidas correctivas en caso de plagio u otra mala conducta.
Debe informar a los autores si el artículo será admitido a proceso de evaluación
por pares.
Podrá retirar artículos publicados en caso de una mala práctica comprobada.

Autores
▪
▪
▪

Los autores deben tener un compromiso con el desarrollo ético y responsable
de sus investigaciones.
Sus trabajos de investigaciones deben ser producción propia, inédita y original.
No deben tener plagio ni auto plagio.
Deben proporcionar de forma correcta sus datos personales

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▪
▪
▪
▪
▪

Los artículos deben ser coherentes con el contenido del trabajo, es decir, el
problema de investigación identificado debe corresponder con los objetivos del
artículo, la metodología, los resultados y las conclusiones.
Deberán enviar de forma transparente y original toda la documentación
requerida por el equipo editorial
Deben proporcionar el uso de permisos si se utilizó recursos de otros autores
(imágenes, etc.).
Deben confirmar que la propuesta del manuscrito no ha sido enviada a otra
revista.
Se comprometen a declarar cualquier posible conflicto de interés.

Revisores
▪
▪
▪
▪
▪
▪

Los revisores deben adoptar una posición integral al momento de evaluar los
artículos, la revisión debe ser objetiva en relación con el contenido del trabajo.
Las decisiones de los revisores deben estar fundamentadas en el rigor y la
calidad científica.
Sus comentarios deben estar argumentados mostrando siempre respeto por el
trabajo del autor.
Deberán informar al editor en caso de detectar similitud entre el trabajo que
revisa y alguna obra publicada, o si tiene conocimiento de una obra similar en
proceso de revisión.
Los revisores no tendrán acceso a los datos de los autores del artículo que
evalúan y tampoco podrán exigir información acerca de ellos.
Deberán enviar las evaluaciones en el tiempo estipulado por la revista.

Además, sigue los protocolos de buenas prácticas editoriales de Elsevier (PERK
Publishing Ethics Resource Kit) y Wiley (Ethics Guidelines), que guían la toma de
decisiones sobre los siguientes conflictos:
▪
▪
▪
▪
▪
▪
▪
▪

Conflicto de autoría.
Plagio.
Duplicación, concurrentes publicaciones o envíos simultáneos a varias
publicaciones.
Apropiación de resultados de investigación.
Fraude o errores de investigación.
Violación de normas de investigación.
Conflictos de intereses no revelados.
Sesgo en los revisores.

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DIRECTRICES PARA LOS AUTORES:
1. Los artículos propuestos para su publicación en la Revista de Comunicación
Política deberán ser originales, no podrán haber sido publicados en otras
revistas incluso en el mismo o en otro idioma, no podrán haber sido sometidos
simultáneamente a otra revista y deberán estar escritos preferentemente en
español, aunque también se aceptarán aportaciones en inglés.
2. Los artículos deberán tener un carácter eminentemente académico, por lo que
queda excluida la publicación de otros trabajos como, por ejemplo, artículos de
divulgación, artículos de género periodístico, artículos de opinión, ensayos o
comentarios generales sobre algún tema.
3. Los artículos tendrán una extensión de entre 8000 y 10000 palabras,
incluyendo figuras, tablas, notas a pie de página y referencias. El comité
editorial podrá aceptar la publicación de trabajos con una extensión distinta a
la señalada atendiendo al interés de la revista.
4. Los trabajos serán redactados en tamaño carta, con un interlineado de 1.5 a 12
puntos, en tipografía Times New Roman, siguiendo escrupulosamente las
normas APA en su 7a edición (se recomienda revisar previamente al envío el
siguiente tutorial: The Basics of APA Style).
5. En los metadatos del envío, se deberán registrar los siguientes datos: nombre
del autor o autores, su adscripción institucional, el número ORCID de todos los
autores, las referencias del artículo (separadas por un salto de línea entre cada
una de ellas) y, en su caso, la financiación de la investigación si el trabajo
deriva de un proyecto de investigación financiado.
6. Se deberá generar un archivo que contenga toda la información del artículo:
título, resumen, palabras clave, introducción, metodología, análisis, discusión y
conclusiones, referencias, tablas y figuras, posibles anexos. Se seguirá la
siguiente estructura:
a. En la primera página se incluirá el título, tanto en español como
inglés, de preferencia breve (máximo 80 caracteres) y que refiera el
contenido del trabajo. También se aportará el resumen, tanto en
español como en inglés, de no más de 250 palabras que aporte
información concisa acerca del contenido del artículo (objetivo,
método seguido, principales resultados y conclusiones generales).
También se enlistarán cinco palabras clave, tanto en español como
inglés (se recomienda utilizar para su selección el Thesaurus de la
UNESCO).
b. A partir de la siguiente hoja se presentará el cuerpo del artículo,
precedido por el título del mismo, aunque sin indicar el nombre del
autor o autores.

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c. El cuerpo del artículo incluirá una introducción donde se establezca
claramente el problema de investigación, una revisión actual de la
literatura y las teorías existentes que concluya con el planteamiento
de las hipótesis y/o preguntas de investigación, el desarrollo
metodológico utilizado para realizar la investigación, el análisis de los
resultados principales, la discusión y conclusiones de los resultados
obtenidos a la luz de la literatura revisada y, en su caso,
agradecimientos.
d. Las referencias efectivamente citadas en el artículo se aportarán en
página aparte, utilizando las normas APA para su elaboración.
7. Se podrá utilizar notas al pie en el documento, aunque se recomienda que éstas
sean usadas únicamente para aportar información o datos relevantes para el
estudio, sin abusar en su utilización. Se realizarán a pie en cada página
correspondiente, y deben ser escritas en Times New Roman tamaño 10 a
espacio simple.
8. Para la elaboración de los títulos y subtítulos se seguirán las normas APA
acerca de los diferentes niveles de organización de los manuscritos.
9. Las figuras (mapas, fotografías, esquemas y gráficos) y tablas serán las
estrictamente necesarias y deberán explicarse por sí solas sin tener que recurrir
al texto para su comprensión. Se incluirán en páginas independientes después
de las referencias. En el texto únicamente se hará una llamada a la tabla o
figura correspondiente a efectos de edición.
10. Las figuras deberán remitirse en formato JPG o TIFF en la mejor calidad
posible (estándar de 300 ppp). Las tablas serán elaboradas en Word, aportando
los datos suficientes para su comprensión, en especial cuando se trate de tablas
que se refieren a información estadística.
11. Todas las figuras y tablas deberán ir numeradas con arábigos consecutivos (de
forma separada para tablas y figuras) e incorporar un título que describa
claramente el contenido de la figura y/o tabla. En el caso de las tablas, dicha
información aparecerá en la parte superior, mientras que para las figuras se
aportará en la parte inferior.
12. Las citas seguirán el sistema APA en su séptima edición de 2020
(http://www.apastyle.org/), aceptándose una autocita no mayor al 20%.
13. Además del archivo con el artículo, se deberá subir como documento
complementario una carta, firmada por todos los autores, de declaración de
conflicto de intereses. El texto de dicha carta se puede encontrar en la siguiente
liga: Carta. La no presentación de dicha carta debidamente firmada por todos
los autores imposibilitará iniciar el proceso editorial de revisión.

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�Artículos científicos
El aporte de los estudios en paz para comprensión de la gestión del conflicto y la
ciudadanía
Fabián Andrey Zarta Rojas
Sistemas mediáticos en América Latina: Persistencias poscoloniales y legados
institucionales en la relación medios y poder
Martín Echeverría, Rubén A. González Macías y Víctor Hugo Reyna
Percepciones de la democracia de jóvenes universitarios en la capital del estado de
Guerrero: retos y desafíos
Denia May Sánchez Rivera, Agustín Molina Gama, Alejandro Díaz Garay y Jorge Alberto
Sánchez Ortega
Cubrimiento mediático de sentencias de los tribunales constitucionales colombiano y
mexicano sobre el derecho al libre desarrollo de la personalidad
Ángela Margoth Bacca Mejía y Oscar Alí Nava García
Una genealogía del debate presidencial en la Argentina democrática (1983-2023)
Augusto Reina
Regular la publicidad para controlar la obesidad: un análisis comparado de política pública
de los lineamientos y el anteproyecto en México
Tonatiuh Cabrera Franco
Factores asociados a la participación política digital en Querétaro
Karla Belem Negrete Huelga y Héctor Gutiérrez Sánchez
La desinformación en las campañas electorales: el caso uruguayo 2024 en el contexto
hispanoamericano
Sofia Montero, Jordi Rodríguez-Virgili y Carmen Beatriz Fernández
Producción científica periférica, estudios sobre infancias en artículos que analizan la
conformación de la opinión pública
Alejandra Rodriguez-Estrada
Comunicación y poder en el contexto organizacional del poder legislativo: El debate
parlamentario sobre la Guardia Nacional en México
José Alberto Rodríguez Robledo

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              <text>Saldierna Salas, Alma Rosa, Editora Adjunta</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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      <name>Debate y Política Internacional</name>
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