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                  <text>�D.R. 2026 © Sillares Vol. 5, No. 10, enero-junio 2026, es una publicación
semestral editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través
del Centro de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel
Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina,
Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000
Ext. 6533. https://sillares.uanl.mx. Editor Responsable: Dra. Adela Díaz
Meléndez. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020313502900102, ISSN 2683-3239 ambos ante el Instituto Nacional del Derecho de
Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de
Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza,
Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes
#4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290.
Fecha de última modificación de 15 de enero de 2026.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / José Javier Villarreal Álvarez-Tostado
Director de Historia y Humanidades / César Morado Macías
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / Beatriz Liliana de Ita Rubio
Director de la Revista / Adela Díaz Meléndez
Autores
Amelia del Carmen Carrillo Rodríguez
Gabriela Bernal Torres
César Morado Macías
Kassandra Sifuentes
Moisés Alberto Saldaña Martínez
Maximiliano Abner Alarcón Martínez
Sandra Ramírez García
Manuel Tolentino Rodarte
Felipe Bárcenas García
Yair Alef Alanis Trejo

�Director Editorial / Adela Díaz Meléndez
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Concepción Martínez Morales
Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando
la fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad
de sus autores y no reflejan, necesariamente, la opinión del Centro de
Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo Léon.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad
Autónoma de Nuevo Léon, Monterrey, Nuevo León. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México.

�Malos tlatoles: indicios de discursos de resistencia
indígena en la causa criminal contra el capitán alazapa
Juan Alonso1
Bad tlatoles: evidence of indigenous resistance discourses in the
criminal case against the alazapa captain Juan Alonso
Amelia del Carmen Carrillo Rodríguez
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
https://orcid.org/0009-0009-2952-7571
Recibido: 07 de abril de 2025
Aceptado: 24 de noviembre de 2025

Resumen: Este trabajo se propone recuperar la perspectiva de los
indígenas sobre el sometimiento colonial mediante el análisis de
fragmentos discursivos procedentes de una causa criminal del siglo
XVII, priorizando la identificación de indicios del discurso de
resistencia a partir de técnicas del Análisis del discurso. Las fuentes
utilizadas son procesos judiciales contra indígenas del Nuevo Reino de
León realizados durante el gobierno de Martín de Zavala; el enfoque
teórico parte de los estudios subalternos, del que procede la noción de
desclasificación de archivos, que se aplicó al contexto novohispano.
Este artículo retoma datos de la investigación “Ladinísimos en lengua
mexicana: indicios del discurso de resistencia indígena en causas criminales
del s. XVII en el Nuevo Reino de León”, tesis elaborada para obtener el grado
en la Maestría de Investigación en Humanidades, Cultura y Sociedad en la
Universidad Autónoma de Nuevo León.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares5.10-180

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�Malos tlatoles: indicios de discursos de resistencia indígena

La colonización del norte de la Nueva España se realizó gracias a la
introducción del náhuatl como lingua franca, propiciando el fenómeno
del ladinismo, término que refiere la transculturación del indígena,
en este caso a través de las prácticas lingüísticas. Sin embargo, la
introducción del náhuatl no solo sirvió a los encomenderos para someter
a los nativos; con el tiempo, su uso facilitó que indígenas hablantes de
lenguas diferentes pudieran organizar acciones colectivas para resistir
al dominio colonial. Las estrategias de resistencia más comunes eran el
robo de ganado y la destrucción de propiedades, pero también las hubo
de naturaleza discursiva. Los denominados “malos tlatoles” (rumores,
quejas y convocatorias de rebelión) aparecen referidos en decenas de
procesos judiciales contra “indios alzados”. En este trabajo se analizan
declaraciones y confesiones extraídas de la causa criminal contra el
capitán alazapa Juan Alonso para identificar los indicios del discurso de
resistencia indígena frente a la dominación europea.
Palabras clave: discurso; náhuatl; alzamientos indígenas; poder;
resistencia.
Abstract: This work aims to recover the indigenous perspective on
colonial subjugation through the analysis of discursive fragments from
a 17th-century criminal case, prioritizing the identification of evidence
of resistance discourse using Discourse Analysis techniques. The
sources used are judicial proceedings against indigenous people from
the Nuevo Reino de León during the government of Martín de Zavala;
the approach was based on subaltern studies, applying its principle of
archival declassification to the novohispano context. The colonization
of northern region of the Nueva España was achieved through the
introduction of Nahuatl as a lingua franca; this brought with it the
phenomenon of ladinismo, a term that refers to the transculturation of
indigenous peoples, in this case through linguistic practices.
However, the introduction of nahuatl not only served the encomenderos
to subdue the natives; over time, but the use of that language also made
possible to Indigenous speakers of different languages to organize
collective actions to resist colonial domination. The most common
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�Amelia Carrillo

resistance strategies were cattle rustling and property destruction,
but there were also discursive strategies. The so-called “bad tlatoles”
(rumors, complaints, and calls for rebellion) appear in dozens of
legal proceedings against “rebellious Indians.” This paper analyzes
statements and confessions taken from the criminal case against the
alazapa captain Juan Alonso with the aim of identifying evidence of the
discourse of indigenous resistance.
Key words: discourse; nahuatl, indigenous rebellions; power; resistance.

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Introducción
Estudiar los discursos de resistencia surgidos en el contexto de
los alzamientos indígenas del siglo XVII en el noreste mexicano
exige, necesariamente, describir las condiciones en que se llevó
a cabo la colonización de dicha región. Foucault (1991) sostenía
que donde hay poder hay resistencia; ello supone que solo puede
entenderse el desarrollo de los discursos de resistencia como una
respuesta al establecimiento de una relación asimétrica del poder
en donde los naturales se encontraban en situación de desventaja.
El principal material de análisis del presente trabajo lo conforman
las narraciones elaboradas por los naturales en el contexto de los
interrogatorios que forman parte del proceso judicial dirigido
por funcionarios españoles para castigar al capitán alazapa Juan
Alonso y a quienes, persuadidos por él, fueron responsables
de convocar, ejecutar o difundir rumores que contribuyeron al
desarrollo de un alzamiento investigado a partir de 1640, pero
cuyos orígenes se remontan a otro alzamiento realizado en 1637
con la participación de varias naciones y parcialidades, entre
las que destacan los gualeguas, aguatas, canapuces, ximiapas,
moquiaguines y tepehuanes.
Analizar las acciones de resistencia que se describen
en las causas criminales, exige la comprensión de cómo estaba
articulado el dispositivo del poder colonial y cómo operaba lo
que Foucault nombró capilaridad del poder, es decir, aquellos
mecanismos sutiles o cotidianos mediante los cuales se ejercía
control del territorio y su población nativa, tales como la reducción
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y la encomienda, pero también prácticas que dieron pie a la
representación de los indígenas del noreste como seres crueles
y salvajes por naturaleza. Estas representaciones sirvieron en su
momento a los objetivos de los conquistadores, pues permitieron
construir al “indio bárbaro” como sujeto subalterno o periférico;
con el paso del tiempo, el imaginario que surgió durante la
colonia en torno a dicha población no solo se mantuvo sino que
se consolidó.
Muñoz Camargo (1892), autor de una de las crónicas
novohispanas que documenta el origen del pueblo tlaxcalteca,
elaboró una genealogía de dicho pueblo que se remonta hasta
los grupos humanos que poblaron los territorios del norte, la
llamada Gran Chichimeca, de donde proceden los pueblos que
luego se asentarían en y alrededor del valle de México. En dicho
documento explica que “chichimecas propiamente quiere decir
hombres salvajes […] era tenida por una gente muy cruel y feroz,
de nombre espantable y horrible entre todas las naciones de
estas partes…”2 Los términos en los que esta crónica describe lo
chichimeca aparecerán una y otra vez en documentos coloniales
de todo tipo, incluso en representaciones cartográficas europeas
del septentrión novohispano,3 se llegaron a incluir descripciones
Diego Muñoz Camargo. Historia de Tlaxcala. Alfredo Chavero, ed…
(México: Secretaría de Fomento, 1892) 27, https://ia803102.us.archive.org/7/
items/historiadetlaxc00chavgoog/historiadetlaxc00chavgoog.pdf
3
Abraham Ortelius, Hispaniae novae sivae magnae, recents et vera
descriptio,
1579,
https://iieg.gob.mx/ns/wp-content/uploads/2023/08/
iieg_1579_0001.pdf
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en latín sobre sus habitantes y que los describe como gente
dedicada a vagar, bárbara, fiera.
Gran parte de los estudios contemporáneos sobre los
pobladores originarios del septentrión novohispano han partido de
la información que ofrecen documentos como los anteriormente
citados, lo cual ha contribuido a mantener y consolidar los
imaginarios eurocéntricos en torno a los ataques de los “indios
bárbaros”. En el proceso de rastrear estudios para fundamentar este
trabajo, fue difícil encontrar investigaciones que no incluyeran en
mayor o menor medida dicha perspectiva. El primer ejemplo de
ello es un trabajo sobre los alzamientos indígenas que hubo en el
noreste de México durante la colonia, el cual incluye un apartado
bastante breve dedicado a las rebeliones del Nuevo Reino de León
durante el siglo XVII.4 Aunque se trata de un trabajo riguroso en
lo metodológico y fue elaborado por una historiadora prestigiada,
el tratamiento del tema merece dos críticas: la primera es lo poco
que profundiza en la cuestión de las rebeliones en el Nuevo Reino
de León, pese a la abundancia de fuentes que el Archivo Histórico
de Monterrey (AHM) ofrece para su estudio; la segunda tiene que
ver con que casi todas la información del apartado la toma de la
crónica de Alonso de León, publicada originalmente en 1909 y
republicada en una edición crítica del historiador Israel Cavazos
en el año 2017 por la UANL y el gobierno del estado de Nuevo
Véase: María Teresa Huerta Preciado. Rebeliones indígenas en el noreste
de México en la época colonial. (México: INAH,1966) Capítulo IV. Rebeliones indígenas. pp. 79-102.
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León. Si bien, dicha crónica constituye un referente insustituible
al estudiar el período colonial en el noreste, llama la atención que
la autora utilice términos como “depredación” y “tropelías” para
referirse a los actos de resistencia de los nativos, reproduciendo
la visión de los colonizadores en su trabajo.
En otros estudios, la forma en que se describe a los nativos
contiene un sesgo evidente: “[una] multitud de pequeñas bandas
nómadas de recolectores y cazadores, belicosos, desnudos,
hambrientos, crueles y que vivían en un horizonte cultural
comparable —si es que son lícitas tales comparaciones— con el
paleolítico inferior del Viejo Mundo, y a quienes, con justicia, se
puede aplicar el término de apolíticos.”5 Esta manera de describir
a los naturales evidencia la impronta europea que prevalece en
buena parte de los estudios sobre la región noreste en el período
colonial cuando se trata de caracterizar a su población originaria.
Gracias a trabajos serios que introducen una perspectiva crítica
de las fuentes coloniales, hoy se sabe que los naturales no solo no
eran “apolíticos”, sino que demostraron tener agencia al realizar
alianzas inter-étnicas e incluso, intentar confederaciones para
resistir al régimen colonial.
Este imaginario que prevalece hasta hoy sobre los “indios
bárbaros” se remonta a la ya mencionada crónica del capitán
Alonso de León, quien en el siglo XVII describió a los nativos
Eugenio del Hoyo. Historia del Nuevo Reino de León, 1577-1723, (ITESM,
2014), 13.
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como “gente cruel […] de corta capacidad, sin ningún discurso
[…] gente mentirosa […] no cultivan la tierra, ni siembran;
viven libres, en ociosidad, raíz de todos los males en que están
sepultados.” 6 El énfasis en el salvajismo de los naturales es
evidente; el hecho de que no cultivan la tierra, ni siembran, sino
que viven libres, en ociosidad representó un gran obstáculo para
conseguir su reducción, requisito indispensable para explotar
su fuerza de trabajo en las haciendas de labor o de minas. Esta
representación de los naturales como seres salvajes, aunada al
hecho de que fueron sociedades de tradición oral que no dejaron
registros que permitan conocer su versión de los procesos
históricos en que participaron, favoreció la aceptación de que
es imposible conocer su perspectiva del momento histórico
que vivieron a la llegada de los españoles. Incluso, cuando se
estudian las rebeliones que ellos encabezaron, es decir, hechos en
los que fueron protagonistas, sus testimonios han sido excluidos,
privilegiando el discurso de los propios conquistadores.
En este trabajo se propone la revisión de ese imaginario
mediante la recuperación de la versión de los propios indígenas
sobre el proceso histórico en el que se vieron inmersos, sobre
sus modos de sobrevivir y oponerse al dominio de los europeos
y las razones que ellos mismos daban para participar en actos
de insurrección, cometer robos de ganado y atacar haciendas,
Alonso de León. Historia de Nuevo León con noticias sobre Coahuila,
Tejas, Nuevo México. (Secretaría de Fomento, 1909), 37.
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contemplando dichas acciones como métodos de resistencia y no
como simples delitos o expresiones de salvajismo, ya que esta
concepción, que responde a la perspectiva de los colonizadores,
limita la comprensión del pensamiento y la perspectiva de los
pueblos originarios, con lo que se perpetúa el vacío epistémico
que ha caracterizado al relato histórico del período colonial del
noreste de México.
Un reino chichimeca
En el Archivo Histórico de Monterrey (AHM) existe un documento
cuya lectura motivó a la autora de este texto a plantearse una
serie de interrogantes sobre la posibilidad de rescatar, incluso de
forma parcial, la versión de los indígenas sobre los procesos de
conquista y colonización europea en el actual estado de Nuevo
León. Ese documento es el título de gobernador a León de Alza,
en el que a su vez se refieren algunas cláusulas del testamento del
gobernador Martín de Zavala. En dichas cláusulas, el gobernador
sugiere que los naturales del Nuevo Reino de León habían logrado
cierto grado de organización para resistir al dominio español y
que ello representaba un riesgo no solo para la estabilidad del
reino, sino que, incluso, podría llegar a ser una amenaza para la
Nueva España.7

Véase: AHM. Título de gobernador a León de Alza por muerte de Martín
de Zavala. 24 de diciembre de 1664. Sección: Actas, Colección: Actas de Cabildo, Vol. 001, Expediente 1664/013
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…es importantísima la conservación deste reyno para el servicio
de ambas majestades, no tan solamente por lo que hoy es,
cuanto por lo que puede ser en adelante, por ser puerta abierta
para las amplísimas puertas de la Florida e innumerables gentes
della, que están careciendo de la luz del Santo Evangelio. y
porque faltando el freno de los dos presidios que hoy están
fundados, no se desaten los belicosos y mal inclinados
bárbaros de él y como una impetuosa avenida salgan a usar de
sus acostumbrados insultos, como se ha experimentado en los
de la Nueva Vizcaya estos años atrás y juntos por ventura no
vuelvan a nuevas hostilidades que pueda ser ruina de toda la
Nueva España, por entenderse ya todos por medio de la lengua
mexicana en que están unos y otros ladinísimos.8

Lo que refiere la cita anterior dio pie a la búsqueda de
registros que pudiesen dar cuenta del grado de organización y las
estrategias usadas por los indígenas para resistir a la dominación
de los europeos; fue así como se identificaron cuarenta y un
causas criminales contra indígenas acusados de delitos como robo
y consumo de ganado e incendio y destrucción de propiedades,
que desde la perspectiva de los Estudios Subalternos constituyen
métodos de resistencia.
Las causas criminales suelen aglutinar de forma
genérica a los indígenas como chichimecas. Esta categoría
no es una elaboración europea, sino que era utilizada desde
tiempos prehispánicos por grupos nahuas del centro y sur del
país para referirse a los pobladores del norte, entre los que se
AHM. Título de gobernador a León de Alza por muerte de Martín de Zavala. 24 de diciembre de 1664. Sección: Actas, Colección: Actas de Cabildo,
Vol. 001, Expediente 1664/013, f. 5
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encuentran los nativos de lo que se convertiría el Nuevo Reino
de León.
El Nuevo Reino de León, al igual que todos los llamados
territorios de ultramar que se adjudicó la monarquía hispana,
se conformó a partir del ejercicio del derecho que el pontífice
Alejandro VI otorgó a la corona de Castilla en 1493 mediante
un conjunto de cinco documentos conocidos como Bulas inter
caetera. La naturaleza de la donación pontificia de los territorios
transatlánticos a los reyes católicos respondía a una concepción
que puede entenderse solo en su contexto histórico, pues su
existencia implica que el Papa tenía la facultad de otorgar el
control de los territorios descubiertos allende el océano en su
calidad de dueño de la Tierra, en su calidad de representante de
Dios. Tal justificación, incluso en su tiempo, fue objeto de críticas.
Las bulas declaran a los monarcas católicos dueños y
señores de las tierras e islas descubiertas navegando hacia el
occidente —hacia las Indias—, mientras que dichos territorios no
pertenecieran a otro monarca.9 Un dato relevante es que, al nombrar
a los reyes de Castilla señores de los territorios descubiertos y
por descubrir, el Papa también les otorgaba derechos sobre la
población, quienes se convertían automáticamente en vasallos
de la corona, colocando así el sello de la asimetría del poder
Véase: Sánchez Bella, I. “Las Ordenanzas de Felipe II sobre Nuevos Descubrimientos (1573). Consolidación de la política de penetración pacífica”,
Anales de la Universidad de Chile, Núm. 20 (1989), 533-549. https://anales.
uchile.cl/index.php/ANUC/article/view/23532
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en las relaciones que habrían de articularse entre europeos y
nativos durante los próximos siglos. Como consecuencia de
dicha donación, el derecho de los monarcas a tomar posesión de
los territorios descubiertos, impulsó un proyecto de expansión
que consistió en el envío de expedicionarios que reconocieran
los territorios y sus recursos, para posteriormente establecer
poblaciones y convertir a los habitantes originarios a la fe católica.
Siguiendo ese derrotero, las primeras incursiones en
los territorios del norte, el llamado septentrión novohispano,
condujeron a personajes como el portugués Alberto del Canto a
los territorios de lo que más tarde sería el Nuevo Reino de León;
este lusitano es considerado el fundador de las minas de San
Gregorio, que se convirtieron muy pronto en un centro de interés
para la corona y, cuando le fue otorgada la capitulación en 1579 a
otro portugués, el capitán Luis de Carbajal, para explorar la región
y fundar poblaciones, una de sus primeras acciones fue ciudad de
León, a los pies de la sierra en que se encontraban dichas minas.
Esta población más tarde sería renombrada villa de Cerralvo y se
convertiría en el centro del poder político del reino, al fijar ahí su
residencia el gobernador Martín de Zavala en 1626.
La presencia de los primeros exploradores estuvo marcada
desde el principio por las prácticas ilegales relacionadas con el
sometimiento de los nativos con fines de esclavitud. El hecho
de que los territorios estuviesen ocupados por chichimecas,
que no se sometían con facilidad, a diferencia de los indios de
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razón, contribuyó a que se les atribuyeran rasgos de animalidad
y salvajismo, como se puede constatar en la crónica de Alonso
de León, referida en la introducción de este trabajo, quien los
caracterizaba como gente cruel, feroz, vengativa, de corta
capacidad, sin ningún discurso y enemiga de todo lo criado…
Esta representación de los indígenas del noreste como hombres
que no se sujetaban a ninguna ley, que no cultivaban la tierra
debido a su naturaleza nómada, los colocaba fuera del orden
dictado por Dios y de la sociedad tal y como se concibe en la
cultura occidental.
Al respecto, Valdés señala que el nomadismo implica “una
concepción del mundo, incluso es una forma de vivir la relación
con los demás y con la naturaleza.” (2017, 54) Este investigador
explica que el nomadismo determina, incluso, la estructura
mental, ya que dicha forma de vida está ligada al movimiento
con fines de supervivencia, de manera que se contrapone a la
concepción de que es el trabajo el que garantiza la supervivencia.
Esto permite entender que las llamadas naciones chichimecas,
acostumbradas a moverse de un territorio a otro dependiendo de
las estaciones, rechazara enérgicamente la imposición del trabajo
en las haciendas. El único reino que interesaba a los “indios
bárbaros” era, pues, el de los montes que les proveían de tunas,
mezquites y comas en la temporada estival, como se verá más
adelante, en el apartado dedicado al análisis de los fragmentos
extraídos de la causa contra Juan Alonso.
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El marco jurídico de la conquista
Las Bulas Inter Caetera otorgadas a Fernando e Isabel de
Castilla constituyen la base legal de la ocupación de las Indias
Occidentales y al tomar posesión de ellas, comienzan a elaborarse
leyes propias para dichos territorios y en ellas se contemplan
absolutamente todos los aspectos que pudieran requerir
regulación: en las ordenanzas se establecía la figura del vasallaje,
el pago de tributos, la repartición de tierras, etc. Cada cierto
tiempo, el corpus jurídico era sometido a revisiones y, a partir
de la evaluación de su efectividad, se agregaban o derogaban
artículos o se precisaban detalles susceptibles de interpretaciones
erróneas.
Figura 1.
Cronología de la publicación de documentos y leyes que dieron origen
al marco jurídico de la conquista y evangelización de las
Indias Occidentales (elaboración propia)

Las Leyes de Burgos, por ejemplo, creadas para brindar
protección a los indígenas en los primeros años de la Conquista,
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declaran que su objetivo era evitar abusos hacia la población
originaria de las Indias Occidentales. Incluso, otro nombre que
recibieron fue el de «Reales Ordenanzas dadas para el buen
Regimiento y Tratamiento de los Indios». Sin embargo, algo que
caracteriza a dicho documento es la contradicción entre lo que
dice buscar y los medios por los que intenta lograrlo. Un ejemplo
de las ambigüedades que contiene radica en que el texto declara
como principal obstáculo para la conversión de los naturales a
ellos mismos, “porque de su natural son inclinados a ociosidad
y malos vicios”10. Esta afirmación bien podría considerarse la
piedra fundacional del discurso repetido en la mayoría de los
relatos de los colonizadores, que a su vez sirvió para legitimar la
explotación y el trato cruel impuestos a los indígenas.
Otra contradicción que encierra el texto de estas leyes
radica en que se reconoce que los indígenas son sujetos de
derecho y se prohíbe que sean despojados de sus propiedades,
que se les quiten sus hijos o sus esposas, además de señalar que
no deben ser esclavizados, pero al mismo tiempo ordena que para
reducirlos se les concentre cerca de los poblados de los españoles
para que más fácilmente aprendan la fe, recomendando que sus
casas sean quemadas para evitar que caigan en la tentación de
regresar a sus lugares de origen.
Véase: AGI. Ordenanzas reales para el buen regimiento y tratamiento de
los indios. (Leyes de Burgos) Gobierno/Indiferente general/Registros generalísimos. Referencia: ES.41091.AGI/22//INDIFERENTE,419,L.4,F.83R-96V
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De acuerdo con Sánchez-Arcilla (2021), las Leyes de
Burgos poseen relevancia histórico-jurídica porque contienen
preceptos que para la época resultaban novedosos, específicamente
porque abordaba la regulación del trabajo de los indios, que era un
tema no planteado hasta entonces. Este autor señala que esa fue la
razón por la que durante décadas, la historiografía que se enfoca
en el marco jurídico del período colonial, haya considerado que el
texto era un “código proteccionista” de los derechos de los indios
y hasta se le ha llegado a considerar un texto “precursor de los
derechos humanos”.
Ya desde 1503, cuando se creó la figura de le encomienda,
los conflictos entre españoles e indígenas comenzaron a capturar
la atención de los evangelizadores dominicos, que denunciaban
las acciones violentas de los encomenderos y sugerían como única
solución la supresión de la encomienda. Para Sánchez-Arcilla, las
Leyes de Burgos no son más que una respuesta pragmática de
Fernando de Castilla para poder continuar con la explotación de
la mano de obra de los indios, indispensable para la extracción
de recursos en los territorios conquistados y, al mismo tiempo,
satisfacer las peticiones de los frailes sobre la urgencia de proteger
a los indios.
El proceso de ladinización entre las naciones chichimecas
El marco jurídico de la ‘conquista’, con el paso del tiempo, dio
pie al establecimiento de instituciones y cargos cuya misión era
asegurar el ejercicio del poder y la dominación no solo sobre
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los territorios ocupados, sino también sobre los cuerpos que
los habitaban. El poder de la corona de Castilla se instala en el
Nuevo Mundo a través de estrategias encaminadas a disciplinar
los cuerpos: la reducción permitía el control de la movilidad,
la encomienda sirvió para instaurar el régimen de trabajo y la
evangelización puso en marcha un cambio ideológico en la
población nativa.
Los alzamientos fueron una respuesta a las múltiples
formas de dominación y control de los europeos sobre los
indígenas. En los territorios del norte, específicamente en el
Nuevo Reino de León, los alzamientos estuvieron atravesados
por el uso del náhuatl o lengua mexicana, como se le llama en los
documentos coloniales; su introducción como lingua franca para
evangelizar y organizar a los indios encomendados hizo posible
que miembros de naciones chichimecas antes enemigas, hablantes
de lenguas diferentes, pudieran entenderse y actuar colectivamente
contra el nuevo enemigo común. Las causas criminales revelan la
importancia del ladinismo en lengua mexicana en el perfil de los
naturales que encabezaban las rebeliones.
Vitar (1992) afirma que el proyecto imperial español,
que inicialmente pretendía la castellanización de las Indias
Occidentales, al encontrarse con una diversidad lingüística que
impedía aplicar tal política, se vio obligado a adoptar una lengua
general que le facilitara el proceso de comunicación con las
distintas etnias. El proyecto imperial español se encontró con una
realidad lingüística que retrasó la castellanización en el marco de
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las comunidades indígenas, poniendo de relieve la gran variedad
de lenguas existentes, lo cual obligó a traspasar las barreras del
etnocentrismo y diseñar, a su vez, métodos de comunicación
verbal basados en la adopción de una lengua general. Este proceso
de acomodación a un mundo nuevo no fue fácil, manifestándose
también en el campo de la lengua el fenómeno de choque cultural
que significó la conquista, apareciendo la diferencia idiomática
como uno de los aspectos donde con gran nitidez se revela la
alteridad, el impacto de la presencia de los otros. Maldavsky et al
(2013) definen las lenguas generales como vehículos lingüísticos
adoptados por los colonizadores como medios de evangelización
y administración.
La introducción de este tipo de lenguas en territorios
lingüísticamente diversos y por ende, complejos, facilitó la
transmisión de la cultura a la población originaria. Ello dio como
resultado un proceso conocido como ladinización, término que
ha sido utilizado de distintas maneras para referir procesos de
aculturación y cambios lingüísticos, en algunos casos incluso
equiparándolo con la noción de mestizaje. En este trabajo se
emplea como lo explica Díaz (2007), reconociendo que los ladinos
en algunas regiones del continente americano en un principio
eran los indígenas que hablaban español, pero el término luego
comenzó a usarse se para designar a individuos de origen indio
que, a partir del cambio lingüístico, era vistos como portadores
del cruce cultural y étnico.
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Algunos estudios aportan datos muy valiosos para
comprender la función de la lengua en el contexto de las
sociedades coloniales en otros territorios que bien pueden servir
para comprender el proceso de ladinización de los naturales del
Nuevo Reino de León. Uno de estos estudios se refiere a la región
de Zimapán en donde la población se describía del siguiente
modo: “hablan dos suertes de lenguas, chichimeca y otomite, y el
que sale ladino dellos es en la lengua mexicana, que es la general
desta tierra; y a éste llaman ladino, que la habla.”11 En los territorios
del norte habitaban grupos nómadas y semi-nómadas que en los
documentos coloniales aparecen referidos como naciones. La
cuestión de la lengua y la identidad están fuertemente vinculadas,
por ello en este punto es importante incorporar el concepto de
“nación”.
El primer español que usó dicho concepto fue Cabeza de
Vaca alrededor 1542, pues fue él quien denominó naciones a las
diversas sociedades con las que convivió durante ocho años, en el
territorio que hoy es el sur de Texas.12 Un elemento que utilizó este
explorador para diferenciar los grupos humanos con los que iba
teniendo contacto fue, precisamente, la lengua. Esta es la primera
referencia a las lenguas indígenas como factor de diferenciación
David Charles Wright Carr. “Los otomíes: cultura, lengua y escritura” (Tesis doctoral, El Colegio de Michoacán, 2005), 273, http://colmich.repositorioinstitucional.mx/jspui/handle/1016/418
12
Véase: Carlos Manuel Dávila. La gente del mezquite. (Gobierno del Estado de Coahuila, 2017), 46-47, https://coahuilacultura.gob.mx/wp-content/
uploads/2020/08/2-La-gente-del-mezquite.pdf
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entre los pueblos originarios del norte de la Nueva España. La
lectura de varios expedientes que contienen procesos judiciales
contra naturales por acusación de robo de ganado, destrucción
de propiedades y convocatorias de alzamiento, han permitido
constatar que la lengua era, en efecto, un elemento identitario
que había jugado un papel en el enfrentamiento de las distintas
naciones, situación que comenzó a modificarse cuando en todas
las naciones comenzó a haber miembros capaces de comunicarse
usando lengua mexicana, tornándose esta un elemento de cohesión
entre todas ellas.
Gracias a estudios sobre el mercado de personas
esclavizadas, se sabe que el precio dependía de factores como
el sexo, la sumisión, las condiciones de salud y el idioma. En
cuanto a este último, se sabe que existía una distinción básica para
clasificar a los miembros de la comunidad africana en la Nueva
España: “se distinguían los «ladinos», «criollos» y «bozales».
Los primeros se caracterizaban por el largo tiempo que tenían
en la Nueva España, lo que les había permitido conocer bien la
lengua castellana. Los segundos eran los nacidos fuera de África,
ya sea en las colonias americanas o en la metrópoli. Finalmente,
el grupo de los bozales lo constituían los originarios de África
recientemente llegados a América, quienes solían tener problemas
de comunicación.”13 Dicha clasificación se usó también para
Gerardo Martínez Hernández. La medicina en la Nueva España, siglos
XVI y XVII. Consolidación de los modelos institucionales y académicos, (Instituto de Investigaciones Históricas, 2014), 206.
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categorizar a la población indígena en los territorios donde había
diversidad lingüística.
Aunque en los años posteriores a la caída de Tenochtitlan
existía la intención de iniciar un proceso de castellanización, al
advertir que el náhuatl o lengua mexicana era hablado por cientos
de pueblos tributarios de los mexicas, Felipe II y el Consejo de
Indias reconocieron que el náhuatl era la lengua idónea para la
cristianización de los indígenas, “para que aprendiesen todos una
misma lengua y que ésta fuese la mexicana, que se podrá aprender
con más facilidad por ser lengua general”14 y aunque a su llegada
al reino el gobernador Martín de Zavala intentó retomar la idea
de que se enseñara la lengua castellana a los nativos, la política
lingüística que ya estaba en marcha, había alcanzado un alto grado
de efectividad, como lo demuestra la información de los naturales
que se sometieron a interrogatorios en los procesos judiciales.
Subalternidad y discursos de resistencia
Aunque originalmente el concepto subalternidad se usó en el
ámbito de los estudios marxistas para referir una relación de poder
en la cadena de mando en el contexto del sistema de producción,
con el tiempo sus alcances se ampliaron, llegando a funcionar
como una herramienta conceptual para analizar procesos sociales
poco atendidos en las historiografías nacionales, siendo este el
Rebeca Villanueva Barriga. “La paradoja lingüística del indígena mexicano”, Inti: Revista de literatura hispánica. No. 42, (1995), 105, https://digitalcommons.providence.edu/inti/vol1/iss42/14.
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sentido empleado por los historiadores de los Estudios Subalternos.
En este trabajo, el concepto tiene esa aplicación y se introduce
con la finalidad de explicar la naturaleza de las relaciones entre
conquistadores y conquistados, tal como propone el enfoque
historiográfico de los Estudios Subalternos (ES), cuyos esfuerzos
se encaminan a la desclasificación de archivos coloniales para
rescatar la versión de los campesinos que participaron en las
revueltas populares de principios del siglo XX en la India.
Para hablar de subalternidad es necesario hablar también
de la dominación y sus estrategias. El politólogo y antropólogo
estadounidense James Scott (2004) afirmaba que en el discurso
público suelen imponerse eufemismos como medida para ocultar
hechos desagradables de la dominación. De esta manera, se
logran transformar las formas violentas de la opresión en otras
inofensivas o esterilizadas. El objetivo de estas formas de
enunciación es borrar la coerción que caracteriza dichas acciones.
Sin duda, hablar de la reducción de los naturales es una forma
encubierta de nombrar el ejercicio del control sobre los cuerpos
de los habitantes originarios.
Este autor enlista una serie interesante de términos
eufemísticos que suelen poblar el discurso de los grupos
dominantes con la finalidad de desplazar el sentido real de las
acciones que ejercen contra los grupos dominados y ofrece sus
términos alternativos sin edulcorantes, a fin de exhibir claramente
el uso político del lenguaje:
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Pacificación por ataque armado y ocupación;
tranquilizar por encierro con camisa de fuerza;
pena capital por ejecución realizada por el estado;
campos de readaptación por cárcel para opositores políticos;
comercio de ébano por tráfico de esclavos en el siglo XVII.15

Una revisión del marco jurídico que sirvió para justificar
la ocupación de los territorios americanos a partir del siglo XVI
es suficiente para constatar lo que exhibe Scott en la cita anterior.
En las ordenanzas y leyes elaboradas por la corona hispánica,
aparece el término pacificación en incontables ocasiones. El
discurso que sustenta el proyecto de expansión de la corona de
Castilla coloca al centro el proceso de pacificación, que no es otra
cosa que el uso de la fuerza para ocupar los territorios ancestrales
de la población nativa, pero para que dicha pacificación fuese
posible, se recurrió a otras estrategias que involucraban el control
de los cuerpos y la movilidad de los naturales.
Al afirmar que el poder se vale de eufemismos para
ocultar sus prácticas, Scott revela que el dominio se ejerce no
solo sobre los territorios y sus población, sino también en
la dimensión discursiva, porque ese poder genera un orden
discursivo, estableciendo una red de significados donde la
asimetría del poder queda plenamente justificada y se vuelve
legal e incuestionable, capaz de trascender al momento histórico
15

Scott, J. Los dominados y el arte de la resistencia. (México: Era, 2004), 79.

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en el que surge y desplazarse, de discurso en discurso, de libro en
libro, normalizándose a medida que se instala en la cultura.
En los estudios subalternos la subalternidad es explicada
como una condición vinculada a una conciencia negativa que
las clases sociales históricamente oprimidas desarrollan. Esta
conciencia negativa, es decir, la conciencia de subordinación, es
definida por Ranjit Guha como una de las partes constitutivas
de una relación formada por dos, donde la otra está representada
por la dominación, pues el subalterno siempre está sujeto a la
actividad del que domina, incluso cuando se rebela. En este
trabajo se emplea el concepto subalterno en articulación con dos
condiciones observadas en las declaraciones de los imputados en
una causa criminal contra naturales del Nuevo Reino de León: la
expresión de las experiencias de subordinación y la conciencia de
que se es subordinado.
La mayor aportación de los trabajos de los ES fue
la información que recuperaron sobre los campesinos que
participaron en revueltas en la India de finales del siglo XIX
y principios del XX, al revelar que los archivos guardaban
testimonios de sus experiencias de subordinación y una
conciencia del lugar que ocupaban en la sociedad. Algo similar
se observa en las causas criminales contra indígenas nativos
del Nuevo Reino de León: las confesiones y testimonios dan
cuenta de que los indígenas entendían que el régimen colonial
los había colocado en una posición de desventaja y que incluso
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si se sometían a él, sus derechos no serían respetados ni se les
proveería justicia.
La resistencia, de acuerdo con los ES, se debe entender
como una respuesta al sometimiento, pero también como una
expresión propia de la condición de subalterno. Se le concibe
como una fuerza dirigida a provocar un giro en la relación de
poder. En sus trabajos sobre los movimientos campesinos de la
India, Guha identificó varios métodos de resistencia que fueron
muy frecuentes durante el siglo XIX; los más comunes eran la
destrucción, el incendio, el consumo de alimentos y el saqueo.
Estas transgresiones que formaron parte de los mecanismos de
resistencia a la dominación colonial de los campesinos de la
India son muy similares a las que llevaban a cabo los naturales
del Nuevo Reino de León durante las insurrecciones del siglo
XVII.
Sin embargo, hubo otros mecanismos menos frontales
que tenían que ver con actos cotidianos, como la comunicación.
El elemento lingüístico es importante para comprender los
mecanismos de la resistencia porque en el Nuevo Reino de
León como en muchas otras regiones, una parte de los indígenas
chichimecas pasaron de ser bozales —hablantes exclusivos
de sus lenguas maternas— a ser ladinos en lengua mexicana;
la transculturación no fue de lo indígena a lo mestizo, sino de
una cultura indígena a otra. En el Nuevo Reino de León, la
aculturación lingüística se dio mediante la incursión de indígenas
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conocidos como “indios madrineros”, encargados de enseñar la
doctrina a los indios encomendados.
Ladinos y tlatoleros
Alonso de León señalaba sobre los naturales que, “aunque de
chicos se críen en casa de los españoles y con algún religioso,
bautizándolos y enseñándolos a ser cristianos y la doctrina,
que aprenden con facilidad, enseñándoles la lengua castellana
y mexicana, olvidando la nativa, llegando a edad pupilar y
olvidando todos los beneficios que han recibido (que ellos no
tienen por tales), se huyen y sirven de inducidores a los otros, que
han menester muy poco, a no acudir al servicio de los españoles;
negando la obediencia a S. M., que por su conversión gasta
sus tesoros y, las vidas de sus vasallos; acaudillándolos a que
hagan todos los daños que pueden, así en las gentes como en los
ganados; acelerando, con esos insultos y delitos, su muerte y la
de los convocados.” 16
Así, la lengua nativa se asocia a la huida y la desobediencia,
mientras que la capacidad de hablar la lengua mexicana constituía
una suerte de estadio superior en el escalafón de la civilización.
No obstante, el ladinismo no operó plenamente en favor de la
pacificación; a medida que los naturales pudieron usarla para
comunicarse, comenzaron a compartir sus experiencias de
Alonso de León. Historia de Nuevo León con noticias sobre Coahuila,
Tejas, Nuevo México. (Secretaría de Fomento, 1909), 114, https://archive.org/
details/historiadenuevol00le/page/n5/mode/2up
16

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subordinación, vinculadas a las cargas abusivas de trabajo y al
maltrato, usando el recién adquirido conocimiento de la lengua
náhuatl como vehículo para celebrar alianzas; la circulación de
tlatoles en náhuatl permitió que los alzamientos se desarrollaran
y fortalecieran de manera orgánica.
Los registros de las causas criminales contra “indios
bárbaros” que resguarda el AHM, dan cuenta de procesos judiciales
contra individuos de casi todas las naciones que poblaban la
región. Era común que tras la huida de las haciendas, los naturales
se unieran a grupos de “indios alzados” y cometieran robos de
ganado y sustrajeran caballada para facilitar su traslado por el
territorio, lo que generó un estado de conflicto permanente entre
encomenderos y encomendados, convirtiéndose el Nuevo Reino
de León a la postre en “tierra de guerra viva”. No obstante, así
como los españoles tenían mecanismos para reducir y pacificar,
los indígenas tenían los propios para contrarrestar el sometimiento
sin recurrir a la violencia: la circulación de rumores y quejas
constituyeron un acto de resistencia más sutil, considerado por los
ES formas de resistencia cotidianas.17 En la mayoría de las causas
criminales se advierte que había una constante vigilancia de la
comunicación que se daba entre los naturales. Adjetivos como
“tlatolero”18 o “novelero” aparecen en distintas causas criminales,
Ranjit Guha. Elementary aspects of peasant insurgency in colonial India.
Oxford University Press. Chapter 4, p. 144.
18
Véase: AHM. Causa contra indios por alzamientos en las provincias, 1
de octubre de 1644. Sección: Vida cotidiana/Serie: delincuencia/Colección:
17

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asociadas a naturales que eran conocidos por quejarse o compartir
rumores. Existía, pues, además de un control sobre los cuerpos,
un interés muy marcado por ejercer un control discursivo, porque
con frecuencia en condiciones de opresión, el discurso tiende a
volverse político, en tanto que son “potencialmente ‘políticas’
aquellas acciones (lingüísticas o no) que involucran el poder o su
opuesto, la resistencia”19
El tlatole es un término vinculado al acto de comunicar
y el mal tlatole, se refiere a la comunicación con intenciones de
rebelión. En náhuatl, tlahtolli significa “palabra”, “discurso” o
“relación”.20 Se trata de un acto comunicativo que puede llegar
a ser complejo. Baste recordar que la extensa crónica del capitán
Alonso de León se titula, nada menos, Relación y Discursos del
descubrimiento, población y pacificación de este Nuevo Reino
de León. Un tlatole, en el ámbito de la vida cotidiana, involucra
el hecho de narrar, de contar algo. En las causas criminales es
posible advertir que cuando los testigos refieren la circulación de
causas criminales/Volumen: 4/Expediente: 49, f. 10-11. Testimonio de Juan
Botello Guerrero: “… un indio llamado Baltasar, que es el que hace semejantes
juntas y daños, como indio ladino y que ha hecho otros muchos hurtos, y que
es indio muy caviloso, perjudicial y tlatolero a los demás…”
19
Paul Chilton y Cristina Schäffner. 1997. Discurso y política, p. 304, en El
discurso como interacción social. Estudios del discurso: introducción multidisciplinaria (Teun Van Dijk, compilador, 1998), Vol. 2. Gedisa.
20
Véase: Alicia Barbas y Miguel Bartolomé. “Héroes culturales e identidades étnicas: la tradición mesiánica de mixes y chontales”, Históricas digital
(2019), 213-234. https://historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/374/374_04_10_heroesculturales.pdf
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tlatoles, suelen hacerlo en consideración a dos tipos de producción
discursiva: los de la vida cotidiana y los de insumisión, que los
funcionarios —ya se trate del justicia mayor, el sargento mayor
o el propio gobernador— refieren como malos tlatoles; se trata
de mensajes que solían compartirse a manera de queja, rumor
o franca convocatoria a la rebelión y que lo mismo circulaban
de una ranchería a otra durante las jornadas de trabajo, que se
pronunciaban durante el desarrollo de mitotes o juntas. Por
ello, el hecho de que los naturales mantuvieran comunicación
a los ojos de los encomenderos constituía una oportunidad para
intercambiar quejas y con ello, dar paso a la organización de
rebeliones, como se advierte en los interrogatorios contenidos en
la causa criminal contra el capitán alazapa Juan Alonso.
Contra el indio Juan Alonso, por andar repartiendo
flechas, incitando a la rebelión de los alazapas
La causa contra Juan Alonso da cuenta de una investigación
iniciada en junio de 1640 en la villa de Cerralvo y concluida
en la misma villa al año siguiente. El documento no cuenta con
una cabeza de proceso, ya sea porque se dañó, se extravió o se
encuentra en un expediente distinto. El estado de conservación de
la primera foja que integra el documento no es óptimo; evidencia
daño en algunas partes por la acción de los insectos, de lo que
se infiere que la carta que debería encontrarse como cabeza de
proceso, y que se refiere en otra parte del documento, pudo haber
sufrido un daño similar y perderse definitivamente. Se puede
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tener certeza de que la investigación inicia por el envío de dicha
carta, mencionada en la quinta foja de este proceso judicial,
específicamente en la declaración del capitán Blas de la Garza,
quien menciona el envío de una carta al justicia mayor para
comunicarle que unos indios de su encomienda le dieron aviso
sobre la entrega de flechas por parte de un indio cuyo nombre no
se menciona.
En los interrogatorios participaron veintitrés indígenas;
diecisiete de ellos como testigos y seis como inculpados. De los
interrogados, quince son alazapas (de las parcialidades tatoama
y apitale); tres son aguatas (que, atendiendo a la información
contenida en otra causas, podría tratarse también de una
parcialidad alazapa); uno solo de los inculpados refiere ser coyote,
pero algunos declarantes lo identifican también como mestizo;
participa un individuo autoidentificado como indio acananagua/
canamiaba y dos más cuya adscripción étnica no se proporciona.
Un dato relevante en esta causa criminal es que cinco de los seis
inculpados declara ser ladino en lengua mexicana y solo uno dice
ser bozal.21
La primera declaración del proceso corresponde a
Alacuacamo, del servicio del encomendero Cristóbal González,
quien fue llamado a comparecer al saberse que había recibido
una flecha y, aunque la falta de las primeras fojas impide conocer
Véase el anexo 1, correspondiente al censo de naturales interrogados en la
causa criminal contra Juan Alonso.
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el día exacto en que inicia la averiguación, se puede tomar el
26 de junio de 1640, día del primer testimonio registrado, como
la fecha de la denuncia. Las últimas diligencias registradas en
el expediente, que consta de un total de ochenta y tres fojas, se
llevaron a cabo el 16 de octubre de 1642, de las cuales, veintiuna
están dedicadas a las averiguaciones por un ataque a la hacienda
del capitán Hernando de Mendiola realizado la noche del 18 de
agosto de 1640, en el que familiares y allegados de Juan Alonso
estuvieron involucrados.
Figura 2.
Fragmento de un interrogatorio realizado el 26 de junio de 1640.

En la figura 2 se puede apreciar un fragmento del
testimonio del natural que informó a Blas de la Garza sobre
la flecha que Juan Alonso entregó a otro indio de su misma
ranchería. Se trata de la declaración de Pablillo, un natural de la
nación acananagua canamiaba, quien refiere lo siguiente: “… que
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le dijo el indio capuliguama que había venido de la tierra adentro,
que encontrándose con el indio Juan Alonso, que iba hacia su
tierra, le había dado una flecha y le había rogado que dijese a los
capuliguamas, sus compañeros, que él iba a comer la tuna y el
mezquite a su tierra, porque había entendido que sus amos los
querían enviar al Saltillo a segar, con lo cual no habían de tener
lugar de comer la tuna…”22
Al aplicar una perspectiva crítica, los interrogatorios de
quienes participaron en los alzamientos, deja entrever que los robos
de ganado y los ataques a las poblaciones de españoles estaban
motivados en la inconformidad de los nativos por la pérdida de su
libertad y los tratos abusivos que recibían de los encomenderos. Por
ello en el análisis que aquí se propone se retoman los postulados de
los Estudios Subalternos, entendiendo los delitos cometidos por los
naturales como expresiones de resistencia.
Estrategias de resistencia discursiva y simbólica
en la causa contra Juan Alonso
Si bien, la causa criminal contra Juan Alonso —y casi todas
las que se ha tenido la oportunidad de estudiar—, incluye los
testimonios de nativos cuyo pensamiento denota la naturalización
del poder colonial y la sumisión a las leyes de los españoles,
entre los inculpados las declaraciones evidencian una conciencia
AHM. Contra indio por incitar a la rebelión. 2 de julio de 1640. Colección:
Causas criminales/Volumen: 3/ Expediente: 35, f. 4 (En adelante se identificará como AHM-JA).
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de subordinación que los empujaba a tratar de contrarrestar la
asimetría del poder que los ponía en desventaja.
En el ámbito del análisis del discurso, se han desarrollado
propuestas metodológicas y herramientas para reconocer e interpretar formaciones discursivas que encierran significados sobre el
poder. Chilton y Schäffner (1997) acuñaron el concepto funciones
estratégicas del discurso político para referirse a las estrategias que
usan los hablantes para conseguir ciertos propósitos al comunicarse; por ello sostienen que la lengua debe ser entendida como un
“recurso” del que el ser humano se vale para alcanzar objetivos
políticos, sin que ello limite tal recurso en cuanto a la utilidad de
los objetivos a los que sirve, ya que puede ser útil a muchos de naturaleza muy diversa, explicándolo del siguiente modo:
Es importante señalar que para estos investigadores
se debe entender lo político como la calidad de una práctica
discursiva y puede incluir expresiones aparentemente ajenas a
lo político, que al observarse en el contexto en que se expresan,
cumplen una función política, como sucede con, por ejemplo,
recursos literarios como la metáfora. Su propuesta hace énfasis
en el análisis de las prácticas discursivas y cómo esas prácticas
funcionan políticamente. En sus trabajos, estos autores han
propuesto que existen cuatro funciones estratégicas del discurso
político:
•
•

Coerción
Resistencia, oposición y protesta

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•
•

Encubrimiento
Legitimación y deslegitimación

La coerción se refiere a actos de habla que se expresan
respaldados por sanciones, que pueden ir desde el ámbito legal
hasta lo corporal. Está presente en textos jurídicos, edictos,
órdenes y reglamentos y también en otros menos obvios. Los
roles discursivos que no pueden evadirse fácilmente también
forman parte de esta estrategia, y se refiere a la obligación de
contestar preguntas al asumir un rol de subordinación: el hijo al
padre, el estudiante al maestro, el ciudadano al funcionario de
gobierno, etc.
La resistencia, por otro lado, sería una estrategia opuesta
a la coerción. También aparece manifiesta como oposición o
protesta. Suele estar vinculada a quienes se oponen al poder. El
encubrimiento, por otro lado, es una estrategia que suelen usar
quienes detentan el poder para ejercer un control cuantitativo o
cualitativo de la información o de eventos que pudieran despertar
suspicacias, pero sobre todo está relacionado con el ocultamiento
de información o la censura a la difusión de información que
pudiera beneficiar a quienes no tienen poder. Finalmente, la
legitimación y la deslegitimación corresponden a una función
íntimamente ligada a la coerción. Chilton y Schäffner lo
entienden como el “derecho a ser obedecido” que esgrimen las
autoridades o los grupos dominantes, como si se tratase de algo
que les es inherente. Su contraparte es la deslegitimación, usada
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para presentar al grupo contrario negativamente. El análisis de los
fragmentos desagregados de la causa criminal contra Juan Alonso
a la luz de lo que proponen Chilton y Schäffner revelan el uso de
varias de estas estrategias en el desarrollo de los alzamientos y se
manifiestan en la circulación de tlatoles en los que se comunican
quejas sobre los amos, hasta otras formaciones discursivas más
complejas.
El primer testimonio que las autoridades recogen en la
causa criminal contra Juan Alonso, da cuenta de esta aculturación
experimentada por muchos naturales pacificados que trabajaban
en las haciendas, por lo que se les daba el título de “indios amigos”.
Nicolasillo, uno de los testigos cuya identidad étnica no se revela
en el documento, introduce en su narración un dato fundamental
que, más allá de la entrega de la flecha, alerta a las autoridades
sobre la posibilidad de un alzamiento; este declarante afirmó que,
yendo para la hacienda de su amo se había encontrado a Juan
Alonso y que se apalabró con él y en la conversación le había
dicho que se iba a comer comas y tunas, y que iba huyendo de
los amos por que los querían llevar a Saltillo a que segaran trigo.
Así, la huida queda asociada a la inconformidad de Juan Alonso
por la intención de Blas de la Garza de hacerlos trabajar en otra
hacienda, en otra ciudad, en lugar de dejarlos descansar después
de levantar su cosecha.
Al conocerse el mensaje enviado por Juan Alonso, se
emprenden diligencias con la intención de atajar el posible
alzamiento: la primera de ellas consiste en el envío de dos
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�Malos tlatoles: indicios de discursos de resistencia indígena

mensajeros —indios amigos—, con orden del justicia mayor
Gonzalo Fernández de Castro para que entreguen a Juan Alonso
un documento cuyo propósito es pacificarlo y atraerlo de paz.
Cuando Andrés y Marcos, los enviados, regresan a dar cuenta
de la misión, refieren en sus declaraciones que encontraron
rancheados a Juan Alonso y a su sobrino Alosillo cerca de la
sierra de Picachos, donde trataron de entregarles el documento.
Declaran que tío y sobrino recibieron el mensaje haciendo burla
y mofa y diciendo que guardarían aquel papel para chupar,23
acto que evidencia el desprecio de los insurrectos hacia las
leyes de los españoles. El encuentro con los indios amigos es
aprovechado para demostrar su desprecio no solo mediante la
acción de rechazar el papel, sino agregando un recurso aún más
interesante: ironizan al mofarse de que se les intente someter
con un simple papel.
En el ámbito de los estudios literarios, la ironía se define
como “una reacción ante el mundo (principalmente vengativa y
colérica pero también quizá resignada, conciliadora o divertida)”24
que, además, se caracteriza por la coexistencia de perspectivas
diferentes que “se manifiesta al yuxtaponer una perspectiva
explícita, que aparenta describir una situación, y una perspectiva
implícita, que muestra el verdadero sentido paradójico,
incongruente o fragmentario de la situación observada.”25
23
24
25

AHM-JA, f. 8.
Helena Beristain. Diccionario de retórica y poética. (Porrúa. 1995), 278.
Lauro Zavala. Para nombrar las formas de la ironía. Discurso. 1992. p. 65.

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La respuesta irónica de Juan Alonso y su sobrino a los
emisarios del Justicia Mayor exhibe el sinsentido de enviar un
documento a quienes no pueden leerlo; por eso responden que
guardarán el papel para fumar. Al ser ajenos a la cultura escrita,
el papel no tiene para ellos ningún poder. Así, la deslegitimación
del grupo dominante se da en este encuentro de dos maneras:
primero a través de la burla y después al culpar a los españoles
del alzamiento, ya que al despedir a los mensajeros les dicen
“…y vengan los españoles, que aquí les aguardamos, pero no
será menester que vengan, porque nosotros a cuatro días de luna
iremos a dar a Mendiola y a los hijos de Treviños, porque estos
mozos han sido la causa de nuestro alzamiento.” 26 El uso de la
expresión hijos de Treviños, Juan Alonso y Jusepillo depositan
en los españoles la culpa de que haya huidas y conflictos. Los
encomenderos y militares Blas de la Garza, Pedro de la Garza y
Alonso de Treviño, cuyos nombres aparecen en la causa criminal
contra Juan Alonso, son hermanos, hijos de Marcos Alonso de
la Garza y Juana de Treviño: son ellos los hijos de Treviños a
quienes se refieren los alazapas, pero la expresión bien podría
incluir a cualquier otro encomendero, dado que todos actuaban de
manera similar y en apego a los mismos valores.
Aunque este trabajo se centra en la información contenida
en las narraciones de testigos y de los propios inculpados
aportadas en los interrogatorios, en este punto es indispensable
26

AHM-JA, f. 10.

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recurrir al testimonio del capitán Alonso de Treviño, encargado
de realizar las investigaciones sobre el ataque a la hacienda de
Santa Clara, del capitán Hernando de Mendiola, efectuado la
noche del 18 de agosto de 1641: “…y este declarante volvió a
entrar en la casa del dicho Mendiola y en la sala, en un altar, vio
en un cuadro de Nuestra Señora de la Concepción clavadas dos
flechas, y en la pared de dicho altar otras dos…”27 Las flechas que
destruyen una imagen religiosa y el altar en que se encontraba
podría considerarse un hecho fortuito, resultado del caos que
caracteriza a un ataque de este tipo, ya que en una situación de esta
naturaleza las flechas podían hacer blanco en personas u objetos
indistintamente. Sin embargo, en otras causas criminales contra
naturales, como la una año 1632 contra cataras,28 se menciona
que los rebelados prendieron fuego a unas cruces cercanas a la
entrada de la carbonera.
En los ES se concibe la destrucción de símbolos como
una estrategia de resistencia y no como un mero acto motivado
en el odio de los subalternos hacia el grupo dominante. Las
investigaciones sobre las revueltas en India afirman que “el
motivo dominante aquí es claramente político —el de socavar la
autoridad de la nobleza mediante la demolición de sus símbolos.
AHM-JA, f. 18.
La referencia señala que “luego que sucedió el asalto en la dicha carbonera, vinieron a poner fuego en el carbón y hornos y a quemar los ranchos y las
cruces…” AHM. Causa contra capitán catara por alteración en carbonera, 19
de diciembre de 1632. Sección: Indígenas/Serie: Encarcelamiento/Colección:
Civil/Volumen 5/Expediente 5/ f. 3.
27
28

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Esta función inversa de la violencia popular es elevada a su
máximo potencial por la insurgencia, y la destrucción se convierte,
en ese contexto, en el significante de una conciencia que es tan
negativa en su orientación, como es política en su contenido.”29
Por ello, el hallazgo del cuadro religioso flechado en el ataque a
la hacienda de Mendiola debe entenderse como un acto simbólico
que forma parte del discurso de resistencia: habla del rechazo de
los nativos hacia la religión que trataban de imponerles.
El proceso judicial muestra que las pesquisas por el
ataque continúan todo el mes de agosto y para el veintidós de
septiembre del mismo año, ante las insistentes diligencias de
las autoridades, Juan Alonso comparece voluntariamente ante
el justicia mayor en el valle de las Salinas para responder a las
preguntas de las autoridades. Se hace acompañar por sus sobrinos
Alosillo, Gueguento, Antonillo y otros naturales referidos en la
causa, sospechosos del ataque a la hacienda de Mendiola. Al ser
interpelado sobre sus acciones recientes, declara que cuando se
fue a su tierra no se fue alzado y niega su participación en el
ataque a la hacienda de Mendiola; para probar su buena voluntad,
acepta volver a ponerse bajo las órdenes de su amo y es enviado
a trabajar en la carbonera de Blas de la Garza. Sin embargo, no
permanecieron en ella mucho tiempo y, como consecuencia de
las pesquisas sobre el ataque, fueron capturados poco después.
El interrogatorio de Juan Alonso inicia el 30 de abril de 1641 y
Ranjit Guha. Elementary aspects of peasant insurgency in colonial India.
Oxford University Press. Chapter 4. Modality. p. 146 (Traducción propia).
29

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se extiende durante doce días. Cuando se le pregunta por la fecha
en que se alzó, aclara nuevamente que en su primera retirada no
iba alzado, y que estando en su tierra “vinieron a sus ranchos tres
indios de la ranchería del difunto Pedro de la Garza, que son los del
capitán Tipocua, y le trajeron flechas, diciéndole que las recibiese
y se alzase con ellos para vengar la muerte de los parientes que
les habían ahorcado, y que este confesante las recibió con todos
los suyos.” 30
Esta declaración pone de manifiesto cómo operan dos
nociones que los ES proponen para explicar la participación de
subalternos que no fueron directamente afectados, pero que se
adhieren a la insurrección. “La insurgencia, cualquiera que sea
su modalidad u ocasión, descansa en forma y espíritu en dos
patrones de comportamiento íntimamente vinculados llamados
imitación y solidaridad. Ambos están ejemplificados en los
anales de la mayoría de las revueltas campesinas.”31 Si bien, Juan
Alonso no es pariente de los naturales ejecutados, se solidariza
con quienes recibieron esta vejación porque conoce la opresión y
los abusos cometidos por los encomenderos. Lo anterior permite
comprender por qué las insurrecciones van adquiriendo un
carácter masivo y cómo los naturales que aparentemente están de
paz en las haciendas terminan adhiriéndose abierta y plenamente
a los alzamientos.
AHM-JA, f. 40.
Ranjit Guha. Elementary aspects of…Chapter 5, p. 167 (Traducción
propia).
30
31

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El once de mayo de 1641, día que concluye el interrogatorio,
Juan Alonso detalla una conversación que mantuvo con un natural
conocido como Maldonado, de nación aguata, quien le advirtió
sobre un supuesto complot de los españoles para eliminar a los
naturales: “…le dijo […] los habían de matar y consumir a todos,
como lo habían hecho con el que le habían muerto toda su gente
y llevádole todas sus mujeres e hijos para la tierra fuera […] y
que cuando se retirase este confesante, que él tratara de hacer
lo propio…”32 En esa parte de la confesión se expresan las dos
posibilidades de lo que los españoles consideraban un mal tlatole:
un rumor —que los españoles querían matar a los naturales—
y un mal consejo —el de huir—, pero también da cuenta de la
construcción colectiva de una conciencia de subordinación que se
gesta al compartir sus experiencias como subalternos.
Además de interesante, este proceso judicial es muy
extenso. Sería imposible agotar en un solo trabajo todos los
fragmentos que ofrecen riqueza para el análisis, por ello se
concluirá ofreciendo una comparación de la confesión de Juan
Alonso con la ofrecida por Juan Calvo, apodado El Totaci, un
natural aguata al que se capturó por involucrarse en un alzamiento
realizado en 1637 en el que se menciona la participación de
Juan Alonso y varios de sus parientes; esta vinculación permite
comprender algo muy importante sobre los alzamientos y la
resistencia indígena: los registros documentan los alzamientos
32

AHM-JA, f. 45-46.

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�Malos tlatoles: indicios de discursos de resistencia indígena

como casos separados, pero en muchas ocasiones se trata de
expresiones de resistencia que se relacionan entre sí o bien, que
ocurren en lugares diferentes, pero tienen un origen común.
Cuando Juan Calvo fue interrogado en 1637, declaró que:
“…es así que comenzó el tlatole y alzamiento que querían hacer
por la gente de Blas de la Garza, que agraviada de haberles
muerto el dicho Blas de la Garza y su hijo y cuñado a un indio
hermano y abuelo de ellos, y porque se querían venir a quejar
con al tlatoani de la dicha muerte y no habiéndoles dejado
venir con meterles muchos miedos y amenazado, viendo que su
agravio no tenía remedio, trataron de alzarse …”33

La declaración de Juan Calvo deja entrever que cuando
ocurrió el agravio representado por el asesinato de Francisco, los
familiares del hombre asesinado querían ir a quejarse con el tlatoani
(el gobernador), lo cual revela que sí existía una disposición de
los indígenas de sujetarse a las leyes de los españoles, pero la
intimidación y las amenazas los llevan a desarrollar métodos de
resistencia violentos.
Conclusiones
Es innegable que en la mayor parte de los trabajos historiográficos
del siglo XX dan por sentada la objetividad de las crónicas de
los conquistadores, lo cual contribuye a mantener en las sombras
la contraparte del discurso hegemónico. Los grupos humanos
AHM. Causa contra indios por alzamiento y robo. 28 de diciembre de
1637. Sección: Vida cotidiana/Serie: Delincuencia/Colección: Causas criminales/Volumen: 2/Expediente: 24, f. 18-19.
33

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nómadas y semi nómadas que encontraron los españoles a su
llegada al territorio han sido descartados como fuentes para
conocer su propia historia, incluso en fenómenos donde ellos
deberían ser considerados los protagonistas, como es el caso de
los alzamientos.
Un acercamiento al contenido de las causas criminales
contra naturales que se rebelaron contra el dominio español
puede contribuir a revertir esa tendencia y aportar nueva
información sobre la perspectiva de los propios naturales sobre
los procesos sociales y políticos ocurridos en los que fueran
sus territorios ancestrales. Los interrogatorios contenidos en
los procesos judiciales aportan información de primera mano
sobre las poblaciones subalternas y permiten someter a análisis
las narraciones que elaboraron para responder a las preguntas
planteadas por las autoridades. Si bien es cierto que los procesos
judiciales son por naturaleza coercitivos y pudiese considerarse
poco confiable la confesión de personas que estaban sujetas a la
mediación de un intérprete, es preciso abandonar ideas pasadas
sobre la falta de agencia de los nativos, que ha sido una de las
razones de que estas poblaciones hayan permanecido en los
márgenes de los estudios historiográficos.
Las experiencias aportadas por los ES demuestran
que una lectura crítica de los registros da como resultado la
generación de datos que pueden enriquecer grandemente el
conocimiento que se tiene sobre los grupos subalternos, incluso
de aquellos que, como los naturales del Nuevo Reino de León, se
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han concebido en trabajos historiográficos como seres apolíticos
o carentes de agencia. Los interrogatorios, una parte procesal
indispensable para la persecución y castigo de las rebeliones,
permiten recuperar la visión de los naturales sobre cuestiones
como la explotación de su fuerza de trabajo, la justicia o la falta
de ella, la libertad y otros asuntos relacionados con el ejercicio
del poder. La revisión del marco jurídico elaborado por la corona
para regular el establecimiento de nuevas poblaciones en los
territorios conquistados deja entrever que pocas veces hubo un
cumplimiento cabal de las mismas y que los encomenderos no
respondían ni siquiera a las leyes publicadas por la corona ni a las
que se elaboraban más localmente, como las que firmó en 1627 el
gobernador Martín de Zavala; el corpus de documentos jurídicos
elaborado para la protección de los naturales no cumplió con su
cometido no solo porque su letra por lo general era ambigua,
sino porque entre los encomenderos del Nuevo Reino de León ya
existía una tendencia sistemática a obviar cualquier derecho que
pudieran tener los naturales reconocidos en el marco jurídico.
Por ello es tan importante que los estudios contemporáneos
sobre el período colonial comiencen a cuestionar el funcionamiento
del dispositivo del poder colonial, iniciando con una reflexión crítica
sobre los discursos oficiales que dieron lugar a la conformación
de las representaciones de los naturales de esta región como
salvajes, bárbaros y sanguinarios; revisitar los archivos coloniales
para desclasificar documentos y sacar a la luz el discurso de los
naturales subalternizados debe dejar de ser una tarea pendiente.
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Una de las aportaciones más valiosas del uso de estas
fuentes, es el hecho de que las causas criminales permiten incluso
recuperar el discurso de rebeldes que no fueron capturados y
escaparon al régimen de punición, puesto que quienes no corrieron
con la misma suerte, refieren en los interrogatorios parte de los
tlatoles con que les animaban los líderes de los alzamientos,
de manera que los documentos históricos adquieran una nueva
dimensión de análisis y el conocimiento de dicho período integre
nuevas perspectivas.
Archivo
Archivo Histórico de Monterrey.
Archivo General de Indias
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�Iconografía urbana: paisajes e identidades en
las representaciones de Zacatecas durante
el siglo XVIII
Urban iconography: landscapes and identities in the
representations of Zacatecas during the 18th century
Gabriela Bernal Torres1
El Colegio de San Luis, A.C.
San Luis Potosí, México

https://orcid.org/0009-0007-9120-3530
Recibido: 05 de diciembre de 2024
Aceptado: 24 de noviembre de 2025

Resumen: El paisaje ha sido un concepto que ha cobrado relevancia en
las últimas décadas a través de distintas disciplinas como la geografía
histórica, el urbanismo, la arquitectura e incluso los estudios sobre el
patrimonio. Entendido como un elemento en evolución que se construye
a partir de la integración de elementos físicos y culturales, el paisaje se
presenta como un continuum histórico que va forjando imaginarios e
identidades en torno a un territorio en concreto. El presente artículo
tiene como objetivo analizar la evolución de la representación de
la ciudad de Zacatecas con el fin de identificar los elementos que
configuraron su identidad urbana. Para ello se analizarán cuatro planos
de la ciudad de Zacatecas del siglo XVIII, a saber, la Descripción de
la Muy Noble y Leal ciudad de Zacatecas de Joaquín de Sotomayor, la
Estudiante de doctorado del Colegio de San Luis. Contacto: gabriela.bernal@colsan.edu.mx
1

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�Iconografía urbana: paisajes e identidades en las representaciones

Vista de Zacatecas de fray Agustín de Morfi, y los dos planos levantados
por el alcalde de la Real Aduana Bernardo de Portugal en el contexto
de la división de la ciudad en cuarteles, a través de los aportes de la
iconografía de la ciudad y la cartografía crítica.
Palabras clave: Iconografía urbana, Iconografía urbana, Paisaje
urbano, Zacatecas.
Abstract: The landscape has been a concept that has gained relevance
in recent decades through different disciplines such as historical
geography, urbanism, architecture, and even studies on heritage.
Understood as an evolving element that is built from the integration of
physical and cultural elements, the landscape is presented as a historical
continuum that forges imaginaries and identities around a specific
territory. This article aims to analyze the evolution of the representation
of the city of Zacatecas in order to identify the elements that shaped
its urban identity. To do this, four plans of the city of Zacatecas from
the 18th century will be analyzed, namely, the Descripción de la Muy
Noble y Leal ciudad de Zacatecas by Joaquin de Sotomayor, the Vista
de Zacatecas by Fray Agustín de Morfi, and the two plans made by the
mayor of the Real Aduana, Bernardo de Portugal, in the context of the
division of the city into quarters, through the contributions of urban
iconography and critical cartography.
Key words: Urban iconography, Landscape, Urban Landscape, Zacatecas.

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�Gabriela Bernal

Introducción
Durante el siglo XVIII, las representaciones visuales de las
ciudades novohispanas se convirtieron en un medio privilegiado
para comunicar valores políticos, religiosos y culturales. Lejos de
constituir simples descripciones topográficas, los planos, vistas y
descripciones textuales funcionaron como artefactos discursivos
que condensaban una determinada forma de mirar, imaginar y
legitimar el espacio urbano, muchas veces a través del crisol
del poder político.2 En este contexto, la ciudad de Zacatecas
ofrece un ejemplo; su iconografía urbana no solo registró su
compleja topografía y su fisionomía arquitectónica, sino que
proyectó un conjunto de símbolos que, al repetirse en distintas
representaciones, contribuyeron a configurar una identidad
persistente a lo largo del tiempo.
Entre 1728 y 1799, autores, artistas y funcionarios
virreinales, plasmaron la imagen de Zacatecas, destacando ciertos
elementos como la presencia del Cerro de la Bufa como hito del
paisaje, las construcciones eclesiásticas, la traza urbana, la riqueza
minera en la que sostenía su prosperidad y las devociones locales,
especialmente hacia la Virgen de los Remedios. En este sentido,
las representaciones gráficas y cartográficas del siglo XVIII
pueden leerse como vehículos de legitimación simbólica, donde
Tomás Pérez Vejo, “Representaciones urbanas y orden político en el siglo
XVIII novohispano”, en Forma política de lo urbano, la ciudad como idea, espacio y representación, ed. Francisco Colom González, (Universidad Nacional
de Colombia, 2016), 229.
2

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�Iconografía urbana: paisajes e identidades en las representaciones

el arte y la técnica confluyen en la creación de una iconografía
citadina donde se revela la voluntad de construir una retórica
urbana basada en íconos que afirmaran el lugar de Zacatecas
dentro del orden virreinal.
En este marco, el presente artículo tiene como objetivo
analizar la evolución de la representación de la ciudad de
Zacatecas con el fin de identificar los elementos visuales,
simbólicos y discursivos que contribuyeron a la configuración de
su identidad urbana. Para ello, se analizarán cuatro planos de la
ciudad de Zacatecas del siglo XVIII, a saber, el plano de Joaquín
de Sotomayor que ilustra la Descripción de la Muy Noble y Leal
ciudad de Zacatecas de Joseph Rivera de Bernárdez de 1732,
“Vista de Zacatecas” contenida en el Viaje y Derrotero de Juan
Agustín de Morfi de 1777 y los dos planos del alcalde de la Real
Aduana Bernardo de Portugal (1799) en el contexto de la división
de la ciudad en cuarteles.
El análisis de esta iconografía urbana se apoya en
las metodologías desarrolladas por Erwin Panofsky y Brian
Harley, quienes, desde perspectivas distintas, coincidieron en el
análisis de los significados culturales y políticos que entraña la
producción visual, sea artística o cartográfica. Panofsky propuso
comprender la imagen no solo como una composición formal,
sino como un sistema simbólico que se sustenta en los valores
culturales de una época. Brian Harley, por su parte, introdujo
una lectura crítica de los mapas y planos, al entenderlos como
representaciones que, lejos de ser neutras o exactas, cargan
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�Gabriela Bernal

construcciones retóricas que seleccionan, jerarquizan y silencian
elementos del paisaje de acuerdo con las estructuras de poder
que los producen.
El estudio permite comprender cómo la iconografía de
Zacatecas fue también una construcción cultural que codificó
jerarquías, devociones y mitos fundacionales, consolidando una
identidad e imaginario urbano que perdura hasta nuestros días.
Iconografía urbana, paisaje y cartografía crítica
El paisaje es un término que, según los enfoques desde donde
se aborde, puede ser flexible e incluso polisémico.3 En términos
generales, conceptualiza todo el conjunto de sensaciones y
percepciones que nacen a raíz de la contemplación de un espacio
rural o urbano.4
Comúnmente se tiende a asociar la palabra paisaje a
todo aquello que supone la percepción de un entorno natural
con cualidades estéticas e incluso artísticas, dignas de ser
representadas en una pintura o fotografía. Rara vez pensamos en
usar la palabra paisaje cuando tomamos una instantánea de una
ciudad, por ejemplo.
El concepto ha sido utilizado en distintas disciplinas y con diferentes enfoques, la mayoría de las veces, bajo la perspectiva de ser el resultado de las
experiencias sensoriales humanas. Cfr. Carla Ojeda y Carolina Grace, “Estado
del arte en las conceptualizaciones del paisaje y el paisaje urbano. Una revisión bibliográfica”, GeoGraphos 2, no. 7 (2011): 1-17, https://repositorio.uc.cl/
handle/11534/43999.
4
Javier Maderuelo, “El paisaje urbano”, Estudios Geográficos 71, no. 269
(2010): 575, https://doi.org/10.3989/estgeogr.201019.
3

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�Iconografía urbana: paisajes e identidades en las representaciones

No obstante, el paisaje es un término mucho más amplio que
incluye todo aquello que podemos percibir a través de los sentidos
en una unidad espacial y temporal determinada, donde además
del ámbito natural, convergen los elementos culturales que se han
hecho presentes a través de la intervención humana, incluyendo
las edificaciones, jardines, espacios públicos, infraestructura vial
y, en general, todo aquello que el ser humano ha elaborado en el
entorno natural en vías de hacerlo un territorio habitable.
El paisaje, especialmente el paisaje urbano, se ha
convertido en un concepto de análisis bastante utilizado, toda
vez que también nos permite conocer “cómo las colectividades
humanas han visto e interpretado el espacio inmediato, cómo lo
han transformado y cómo han establecido vínculos con él”.5
En este sentido parece interesante aproximarse a la
manera en que las ciudades han sido percibidas en ciertas
épocas y cómo se fue representando el paisaje urbano que,
aunque subjetivo, está anclado a la morfología de los elementos
físicos y materiales que objetivan y traducen las ideologías en
torno a la ciudad. Estas ideas en torno a la ciudad también se
retroalimentan con las representaciones que se hacen de ellas; los
planos, litografías, pinturas, ilustraciones, entre otros productos
culturales (diarios de viaje, correspondencia), dan cuenta tanto de
las transformaciones del paisaje urbano, como de los símbolos,
Pedro S. Urquijo y Narciso Barrera, “Historia y paisaje. Explorando un
concepto geográfico monista”, Andamios 5, no. 10, (2009): 232 – 233, https://
www.redalyc.org/articulo.oa?id=62811391009
5

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arquetipos o hitos urbanos que a su vez sirven para delinear
factores como la identidad citadina. En este último aspecto son
valiosas las aportaciones de la llamada iconografía de la ciudad,
que enraizada en los postulados de Erwin Panofsky a través de
la historia del arte, ha funcionado como un modelo de análisis
que permite visualizar cómo se gestiona el espacio urbanizado y
cómo sus representaciones dan cuenta de las relaciones entre el
arte, la técnica y la percepción visual en una cultura dada.6
Las investigaciones sobre iconografía de la ciudad tienen
su origen en el estudio de las urbes italianas del siglo XV, donde
se ha analizado el cambio de representación de los contextos
urbanos a raíz de las transformaciones culturales provocadas por
el Renacimiento. La preeminencia de las ciudades italianas como
enclaves políticos y económicos durante este periodo, estableció
nuevos modelos de representar la ciudad que se alejaron del
simbolismo y la religiosidad medieval que vinculaba el espacio
urbano con el sagrado, instaurando modelos de representación
que posteriormente se van a replicar en otros contextos.
Posteriormente se realizaron ejercicios similares para
ciudades españolas, como el caso de Carla Fernández y su estudio
sobre las ciudades del litoral atlántico como (Avilés y Pontevedra),7
Cesare de Seta, Tra oriente e occidente. Città e iconografía dal XV al XIX
secolo (Electa Napoli, 2004), 7.
7
Carla Fernández Martínez, “Iconografía urbana, memoria e identidad
de las ciudades portuarias del Norte y Noreste de España”, Anales de Historia del Arte 24, no. especial (2015) 161-173. https://doi.org/10.5209/rev_
ANHA.2014.v24.48698
6

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�Iconografía urbana: paisajes e identidades en las representaciones

destacando una especie de identidad regional entre ambas ciudades
por su carácter marítimo. Para nuestro país, el estudio de las
ciudades a través de registros cartográficos, litográficos, literarios,
etc., ha ocupado un interés disímbolo y particular; algunas
investigaciones se han concentrado en el análisis semiótico de
los elementos al margen de los mapas, como el de Irma Beatriz
García Rojas,8 mientras que otros investigadores han abordado la
importancia de la representación cartográfica como portadora de
los valores culturales en contextos particulares.9
Si bien la iconografía de la ciudad ha permitido explorar
cómo el arte, la técnica y la mirada subjetiva se entrelazan en
la representación del espacio urbano, es posible profundizar aún
más en la dimensión discursiva de dichas imágenes al incorporar
las herramientas analíticas de la interpretación cartográfica
propuesta por Brian Harley. Ambas permiten explorar las
relaciones existentes en la representación del paisaje, el poder,
la ideología y la retórica, desde sus respectivas materialidades, la
imagen, el texto o el mapa.
Para Brian Harley, los mapas no deben leerse únicamente
como descripciones técnicas del territorio, representaciones
Irma B. García Rojas, “Cartografía urbana: iconografía y marginalia (Nueva España siglos XVI-XVIII)”, Revista bibliográfica de geografía y ciencias
sociales Universidad de Barcelona 22, no.1 (2017) 6-17, https://revistes.
ub.edu/index.php/b3w/article/view/26419.
9
Carlos Aguirre, “Las representaciones de la ciudad”. Historias, no.
27 (1992) 47-56, https://revistas.inah.gob.mx/index.php/historias/article/
view/14420
8

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neutrales del paisaje. Por el contrario, son construcciones
culturales que se encuentran mediadas por intencionalidad, por la
jerarquización de sus elementos y por las omisiones -silencios- que
la observación atenta permite notar, permitiéndonos desentrañar
su significado.10
Desde este enfoque, el presente artículo adopta una
perspectiva metodológica doble; por un lado, se recupera la
propuesta iconográfica de Erwin Panofsky a través de los
estudios de iconografía de la ciudad, entendida no solo como
un procedimiento de descripción formal, sino como una vía de
interpretación de los significados culturales que subyacen en
las representaciones de los centros urbanos. Esta aproximación
permite reconocer los símbolos, arquetipos y valores ideológicos
que articulan la representación de la ciudad. Por otro lado, se
retoman los postulados de Brian Harley en torno a la interpretación
cartográfica, especialmente sus tres niveles de lectura, el primero
a partir de los signos convencionales, el simbólico y el retórico,
donde se incluyen los silencios u omisiones del cartógrafo, los
cuales posibilitan comprender los planos y vistas urbanas no
solo como documentos gráficos, sino como productos culturales
cargados de intenciones retóricas a través del cartógrafo o del
poder institucional al que se adhiere.11
J. H. Andrews, “Significado, conocimiento y poder en la filosofía de los
mapas de J.B. Harley” en La nueva naturaleza de los mapas, J. Brian Harley
(FCE, 2005), 28-31.
11
J. Brian Harley, La nueva naturaleza de los mapas, 62-65.
10

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La combinación de ambas metodologías permite
aproximarse a la iconografía urbana de Zacatecas desde una
mirada integral, donde las transformaciones del paisaje urbano
no se conciben como variaciones morfológicas, sino como
mutaciones en la manera de mirar, ordenar y significar la ciudad
en distintos momentos históricos.
La representación de una ciudad minera en el siglo XVIII.
Origen y desarrollo urbano de Zacatecas
La historiografía menciona que las minas de Zacatecas fueron
descubiertas el 8 de septiembre de 1546 en una expedición
capitaneada por Juan de Tolosa y financiada por Miguel de
Ibarra. Este hecho, aparentemente fortuito, fue por el contrario
una empresa bien planeada y organizada. Se trató de una
expedición armada en toda forma, encaminada a explorar
los nuevos territorios de ese reino vasto y hostil que desde
1531 formaba parte de la Nueva Galicia.12 La expedición fue
favorecida por Cristóbal de Oñate, gobernador y capitán general
de Nueva Galicia (1536-1538; 1540-1544) y liderada por el ya
mencionado Juan de Tolosa, quienes habían escuchado noticias
sobre una zona rica en metales en una tierra de guerra habitada
por zacatecos.13
Salvador Álvarez, “La primera regionalización (1530-1570)”, en Historia
del Reino de la Nueva Galicia, en Thomas Calvo y Aristarco Pinedo coords.,
(Universidad de Guadalajara, CUCSH, 2016) 192-194.
13
Álvarez, “La primera regionalización (1530-1570)”, 194.
12

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Una vez que, con el conocimiento de que la zona era rica en
minerales, posterior a una breve exploración y prueba de la calidad
de la plata extraída, se procedió a la fundación. El 20 de enero de
1548 se celebró formalmente la fundación del Real de Minas de
Zacatecas cuya acta fue firmada por Juan de Tolosa, Cristóbal de
Oñate, Diego de Ibarra y Baltasar Temiño de Bañuelos a quienes
la historia regional reconoce como fundadores de la ciudad de
Zacatecas. Este hecho, registrado por los anales históricos y
crónicas, está representado en el escudo de armas de la ciudad,
donde se pueden observar a los cuatro conquistadores españoles
bajo las faldas del famoso cerro de la Bufa, acompañados por
Nuestra Señora de los Zacatecas, patrona de la ciudad.14 Un icono
que estará presente en todas las representaciones de la ciudad del
siglo XVIII.15
A finales de 1548 el Real ya contaba con aproximadamente
80 españoles y 45 zonas de trabajo que incluían socavones,
molinos y hornos para fundir el metal.16 En menos de una década
Zacatecas se transformó en el mayor núcleo de población español
de la Nueva Galicia, incluso por encima de Guadalajara, la capital
Dado que el descubrimiento de las minas que propiciaron la fundación
de la ciudad se señala el 8 de septiembre, día de la natividad de la Virgen, se
reconoce como patrona de la ciudad una imagen de bulto de la Virgen de los
Remedios traída por los españoles: Nuestra Señora de los Zacatecas.
15
Federico Sescosse, Temas Zacatecanos, (Instituto Zacatecano de Cultura/
Gobierno del Estado de Zacatecas, 2013), 113-125.
16
Jaime J. Lacueva Muñoz, “Zacatecas: norte imperial”, Historia del Reino
de la Nueva Galicia, 538.
14

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neogallega, pues tenía “(…) más de trecientos vecinos fijos y una
población total que superaba fácilmente el millar de personas”.17
En torno a las minas, el paisaje natural comenzó a
modificarse con haciendas de beneficio y el establecimiento de los
cinco pueblos de indios situados en la periferia del asentamiento
español. Con el tiempo, la ciudad fue adquiriendo un aspecto
alargado y aparentemente caótico de norte a sur, característica
común en algunos asentamientos mineros18 donde las condiciones
orográficas no permitieron seguir las recomendaciones de las
Ordenanzas recogidas en las Leyes de Indias con respecto al
establecimiento de nuevas poblaciones:
(…) y quando hagan la planta del lugar, repártanlo por sus
plazas, calles y solares a cordel y regla, comenzando desde
la plaza mayor, y sacando desde ella las calles a las puertas
y caminos principales, y dexando tanto compás abierto, que
aunque la población vaya en crecimiento, se pueda siempre
proseguir y dilatar en la misma forma.19

La ciudad no siguió un patrón de diseño y poblamiento
apegado al modelo de ciudad renacentista ratificado por las Leyes
de Indias, debido a que, entre otras cosas, nunca se pensó en que la
riqueza argentífera fuera lo suficientemente abundante como para
Álvarez, “La primera regionalización (1530-1570)”, 194.
Alfonso Ortiz, “La ciudad colonial hispanoamericana: sus orígenes, desarrollo y funciones”, en Revelaciones: las artes en América Latina, 1492-1820,
comp. Joseph J. Rishell (FCE, 2007), 27.
19
“De la población de ciudades y villas”, Título Siete, Leyes de Indias, Tomo II, 19. https://www.boe.es/biblioteca_juridica/abrir_pdf.php?id=PUB-LH-1998-62_2
17
18

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establecer una ciudad. Así lo expresó el obispo de Guadalajara
Alonso de la Mota y Escobar en el siglo XVII, quien describió la
ciudad en los siguientes términos:
Es el asiento de esta ciudad en una quebrada angosta y larga, a
la ribera de un arroyo que por ella corre, así de una parte como
de otra, y así podemos decir que toda esta ciudad es de una
sola calle que corre de norte y a sur y la población de ella de
extremo a extremo tiene una legua, sin embargo que tiene otras
calles menos principales, como luego diremos. El ánimo de los
españoles que aquí poblaron al principio nunca fue permanecer
en este puesto, sino solo de sacar la mayor cantidad de plata que
pudiera, y así hicieron sus casas, o por mejor decir tugurios,
como gente peregrina y que iba de paso; pero hace (sic) metido
tanta prenda en esta ciudad, que no se desamparará jamás y hace
(sic) quedado con casas cortas y bajas y sin orden de calles.20

La descripción del obispo neogallego es ilustrativa en
varios sentidos. A pesar de la importancia que había adquirido la
ciudad, como centro minero y económico de la región, en términos
urbanísticos y arquitectónicos denotaba poco crecimiento. Para
la época de la descripción arriba citada, ya estaban establecidos
cuatro monasterios y la parroquia mayor, sin embargo, al parecer
ninguno llamó la atención del obispo, quien solo los refiere para
mencionar la presencia de clero regular en la ciudad. Si los edificios
religiosos no llamaron su atención, sí lo hicieron las casas, ya que
Alonso de la Mota anota más adelante que éstas eran de adobe y
“De la población de ciudades y villas”, Título Siete, Leyes de Indias, Tomo II, 19. https://www.boe.es/biblioteca_juridica/abrir_pdf.php?id=PUB-LH-1998-62_2
20

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tapia, de apariencia poco capaz, dominando un paisaje urbano en
el que las casas de piedra y con alto eran las menos. Finalmente,
concluye mencionando que las características topográficas de la
ciudad no le permitieron “tener forma ni hermosura”.21
Durante la centuria posterior la situación fue diversa.
Zacatecas fue una ciudad dieciochesca: de este siglo datan todas
sus construcciones artísticamente importantes como el hospital
de San Juan de Dios, el convento de la Merced, San Agustín,
San Francisco, la Compañía de Jesús y la parroquia mayor (hoy
Catedral). Todos estos templos tuvieron un antecedente entre los
siglos XVI y XVII,22 pero fueron dotados de una apariencia más
monumental en el siglo que nos ocupa, siendo reconstruidos,
ampliados o mejorados. La ornamentación de la ciudad, así como
la fábrica de casonas particulares y edificios civiles importantes
también fueron fenómenos del siglo XVIII.23 Para Francisco
García González, este lento desarrollo arquitectónico y urbanístico
tiene sus raíces en las características topográficas del lugar, pero
Alonso de la Mota y Escobar, Descripción geográfica de los reinos de Nueva Galicia, 143.
22
La primera capilla construida en la ciudad fue la llamada “Capilla de Bracho”, al norte del emplazamiento urbano, donde fueron encontradas las primeras minas. Posteriormente comenzó en 1576 se construyó el templo y convento
de San Agustín; el de San Juan de Dios en 1604 y el convento de la Compañía
de Jesús en 1616.
23
A mediados de este siglo se empieza a construir a expensas de comerciantes y mineros, “La Alameda”, un paseo arbolado en el centro de la ciudad que
tenía como fin la recreación de los habitantes de la época y que aún persiste.
Francisco García González, Familia y sociedad en Zacatecas: La vida de un
microcosmos minero novohispano, 1750-1830 (México, D. F.: El Colegio de
México, Centro de Estudios Históricos y Universidad de Zacatecas, 2000), 38.
21

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también en la incertidumbre y el azar de la actividad argentífera,
cuyas altas y bajas no permitían un desarrollo sostenido.
Asimismo, menciona la ausencia de artesanos versados en el uso
de la cantera para la construcción de viviendas y edificios como
causa del lento proceso urbanístico zacatecano. 24
A lo anterior, se sumó el proyecto borbónico, cuyo
objetivo de tener un mayor control de las posesiones de la
corona española en América, propició la aparición de corografías
y representaciones cartográficas. De este periodo datan las
descripciones de la ciudad zacatecana, en las que pareciera existir
un notorio interés por legitimar su importancia, desde el plano
religioso hasta el mítico-genealógico. A continuación, se elabora
una lista y descripción de cada uno de ellos, a saber: el plano de
Joaquín de Sotomayor que ilustra la Descripción de la Muy Noble
y Leal ciudad de Zacatecas de Joseph Rivera de Bernárdez de
1732, “Vista de Zacatecas” contenida en el Viaje y Derrotero de
Juan Agustín de Morfi de 1777 y los dos planos del alcalde de la
Real Aduana Bernardo de Portugal fechados en 1799.
Descripción de la Muy Noble y Leal ciudad de Zacatecas (1732)
En 1732 Joseph Rivera Bernárdez, un cura e intelectual de origen
español y miembro de la élite minera, publicó La descripción
breve de la muy noble y leal ciudad de Zacatecas. Este libro se
ha clasificado dentro de la tradición de los textos corográficos
24

Francisco García González, Familia y sociedad en Zacatecas, 35.

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o descripciones urbanas, que pretendían retratar una región o
provincia a través de sus características geográficas, históricas e
incluso estadísticas, con el objetivo representar una determinada
ciudad. En el caso de Zacatecas, la descripción resultó ser “un
retrato de poder y de la fama de la ciudad”25 a la que comparaba
en grandeza y notoriedad con las antiguas maravillas del mundo
antiguo: las murallas de Babilonia, el coloso de Rodas, el Faro
de Alejandría y las pirámides de Egipto eran símiles en tanto
monumentales, ya que Zacatecas “colocada sobre lo excelso del
monte” no podía ser escondida ni poco admirada.26 A lo largo
del texto Rivera Bernárdez demuestra su amplio conocimiento
de la cultura clásica, así como de la astronomía y la geografía
de su época, conocimientos que termina fundiendo con teorías
astrológicas propias de la cultura barroca.
En las primeras páginas el autor asienta una descripción
de la ciudad en la que hace eco de las palabras de Alonso de la
Mota y Escobar:
Otras ciudades, es cierto, que tienen toda su hermosura en lo
material de suntuosos palacios, templos y casas exteriormente
pintadas, en lo nivelado de sus calles y plazas, en lo dilatado
y frondoso de sus jardines, y en lo caudaloso y divertible de
sus ríos: esta, no obstante, que tiene de longitud de norte a
sur más de dos mil y quinientas varas usuales, situada entre
Carmen Fernández, “Estudio preliminar” en Joseph de Rivera Bernárdez,
Descripción de la muy noble y leal ciudad de Zacatecas (UASLP/Iberoamericana libros, 2018) 15.
26
Fernández, “Estudio preliminar”, 60.
25

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dos barrancas, por no permitírselo sus serranías no puede, a
pesar de sus moradores, ostentar fachadas, presumir follajes, ni
levantar hojarascas. Contentándose solo con las que, a mucho
costo, corta capacidad y mala disposición de su planicie, se
fabrican en la estrecha situación de su latitud, en que se halla
vestida de casas, templos y cercas, sin poder guardar orden para
su hermosura: como se percibe de la corográfica descripción
adjunta.27
Imagen 1.
Descripción de la Muy noble y muy leal ciudad de Zacatecas.
Joaquín de Sotomayor, 1732

27

Fernández, “Estudio preliminar”, 63.

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La “corográfica descripción adjunta” hace referencia
al plano firmado por Joaquín de Sotomayor que acompañó la
obra desde su publicación. Dicho plano se considera la primera
representación de la ciudad “a vuelo de pájaro” en donde se reúnen
varios de los elementos mencionados por Rivera Bernárdez,
mientras que se omiten otros
En términos iconográficos, lo primero que llama la atención
es la presencia de los cerros que circundan el contexto urbano,
alrededor de los cuales se sitúan varias edificaciones de diferentes
clases y variados tamaños. A los costados del plano se observa un
listado de diecinueve sitios identificables enumerados de la A a la
V, mientras que en la parte inferior, una cartela señala la escala
utilizada para la realización del mismo (300 varas) rematada con
una figura zoomorfa. La firma (Joach. de SotoMayor fecit) y el
título, componen los elementos restantes; el plano está orientado
hacia el este y en este caso no observamos la presencia de la rosa
de los vientos.
Tanto en la representación de Sotomayor como en la
propia descripción de Rivera Bernárdez, la orografía del lugar
parece dominar el paisaje. Los cerros son protagonistas de desde
este punto de vista, representándose más altos de lo que realmente
son para aumentar la percepción de una topografía complicada y
agreste en términos de condición para el poblamiento.
En este sentido, el protagonismo del Cerro de la Bufa (I
en el mapa) no es casual. Dentro del mito de fundación de la
ciudad, este lugar fue el escenario de la aparición de la Virgen
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de los Remedios quien, según la leyenda, cegó a los indígenas
locales para frenar su actitud belicosa y permitir el avance de
las huestes españolas. Gracias a ello, los cuatro conquistadores
pudieron establecerse en las faldas del cerro, comenzando con el
poblamiento del Real de Minas.28
Durante el siglo XVIII, la retórica en torno a la fundación
de Zacatecas y la construcción de su identidad se enraizaba en
el culto a la Virgen, primero en su advocación conquistadora
de los Remedios y después, en su papel de madre y protectora
Sobre la leyenda, en 1788 el bachiller don Joseph Mariano de Bezanilla
Mier y Campa publicó la Muralla zacatecana con el objeto de justificar la historia de la aparición y el culto a la Virgen de los Remedios en territorio zacatecano desde su fundación: “(…)¿quién fue quien impuso á los Indios el
precepto de que se diesen en paz? ¿Serían acaso los Españoles mismos? Es
implicancia manifiesta que destruye lo esencial de toda la Tradición. A más,
¿de qué obligación tenían los Indios para obedecerlos, ni los Españoles derecho alguno para preceptuarles, cuando aún no se había seguido la guerra, que
es el único que se puede asignar? De lo que claramente se infiere (…) que la
Santísima Virgen María se dignó aparecer visiblemente á los Indios, como Zacatecana Apóstola, con su Divinísimo hijo en los brazos, manifestándoles ser
este Soberano Señor el verdadero Dios, evangelizándoles la verdad y felicidad
de la Religión Christiana, y mandándoles se diesen de paz á los Españoles”.
Joseph Mariano de Bezanilla Mier y Campa, Muralla zacatecana: de doce preciosas piedras, erigidas en doce sagrados títulos y contemplados en el patrocinio y patronato de su augustísima patrona y señora María Santísima, para el día
8 de cada mes (El ilustrador católico, 1905), 40-41. En el siglo XIX, el historiador Elías Amador también recoge este mismo episodio a través de la pluma
de Bezanilla para señalar “hasta donde han llegado las preocupaciones y los
errores, no solo del pueblo, sino de muchos sacerdotes católicos que aceptan y
enseñan como verdades históricas irrefutables, tradiciones condenadas por la
sana razón”. Elías Amador, Bosquejo Histórico de Zacatecas (Escuela de Artes
y Oficios en Guadalupe, 1892), 187.
28

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de la ciudad como Virgen de los Zacatecas.29 De igual manera,
cabe destacar que apenas unos años antes se había En otro de
los planos producidos durante el siglo XVIII quedará patente
el patrocinio de la misma, pero por ahora baste resaltar que el
dominante peso del cerro dentro del paisaje representado por
Sotomayor, quizá tiene que ver más con la retórica fundacional
que con sus propias características físicas, forjando la idea de
un hito urbano y paisajístico que se ha mantenido hasta nuestros
días.
Continuando con la descripción visual del plano, llama
la atención el detalle con el que Sotomayor dibujó el espacio
sagrado, es decir, el conjunto de templos, capillas y conventos
que son fácilmente identificables. Ningún otro edificio está
elaborado con mayor precisión salvo las construcciones de
carácter religioso a las que dibuja con sus patios, huertas, torres
y en un solo caso, con cúpula. La cruz, signo convencional del
cristianismo, se repite y multiplica a lo largo del paisaje urbano,
dominando por repetición incluso otro tipo de representaciones,
como la vegetación o los cuerpos de agua. La Parroquia Mayor
-hoy Catedral- luce con su techumbre a dos aguas, ya que
en aquel entonces se llevaba a cabo la reconstrucción que le
Cruz Dalia Muro, “Ceñir con valor la espada y cortar con destreza la pluma, los procesos de la memoria en Nuestra Señora de los Zacatecas (17021808)” (Tesis de maestría, Universidad Autónoma de Zacatecas, 2019), 158161, http://ricaxcan.uaz.edu.mx/jspui/handle/20.500.11845/1474. Aún en la
actualidad, las fiestas patronales se llevan a cabo en su honor, el 8 de septiembre fecha del descubrimiento de las minas y de la Natividad de la Virgen.
29

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daría su apariencia actual y que culminó 20 años después de la
elaboración del plano, en 1752.30
Sin embargo, pese a la minuciosidad con que se
representan los edificios religiosos, el mapa guarda silencios
significativos. No aparecen en él ciertos templos que sí se
mencionan en la Descripción de Rivera Bernárdez, como la capilla
del pueblo de indios del Dulce Nombre de Jesús o la capilla de
la Concepción, ambas pertenecientes a cofradías establecidas
en los barrios indígenas. Tampoco figura la capilla del Cristo de
Guerreros, igualmente citada por Rivera Bernárdez. La omisión
de estos espacios periféricos podría interpretarse como un acto de
jerarquización simbólica del territorio urbano: el plano privilegia
los templos vinculados al centro administrativo y eclesiástico,
silenciando aquellos relacionados con la población indígena
periférica o con prácticas devocionales locales no tan arraigadas
en la población. Desde la perspectiva propuesta por Brian
Harley, estas ausencias constituyen un “silencio cartográfico”
que no responde a un error técnico, sino a una decisión cultural
y política, lo que no se representa también comunica. En este
caso, la exclusión de ciertos espacios sacros revela una mirada
centralizada, propia de la administración colonial, que ordena la
ciudad según los valores de la autoridad eclesiástica y los cánones
del poder virreinal.
Manuel Toussaint, “La Catedral de Zacatecas y el arte del Virreinato”, Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas 12, no. 44, (1975): 12, https://doi.
org/10.22201/iie.18703062e.1975.44.1007.
30

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Asimismo, de los cinco barrios de indios situados en la
periferia del centro urbano (Mexicapan, Tlacuitlapan, TonaláChepinque, El Niño y San José), llama la atención la ausencia
de uno de ellos, el de El Niño, situado al sur poniente de la
ciudad en el margen derecho del arroyo principal. Este pueblo
de indios fue habitado por texcocanos desde el siglo XVI, pero
por su baja densidad poblacional no fue reconocido como tal
hasta 1731, apenas un año antes de la publicación del plano.31 Fue
quizá su tamaño o su escasa importancia dentro de los procesos
comerciales o de producción de la ciudad, la que provocó que
Sotomayor no lo representase.
En el mismo orden de ideas, cabe señalar que las
edificaciones de orden civil están por completo fuera de la
nomenclatura del plano. Más allá del ámbito religioso, solo
tenemos tres referencias a sitios no religiosos: la plazuela de
Villarreal, la Bufa y la mina de Quebradilla. ¿Por qué representar
estos tres sitios y no otros, por ejemplo, la Real Caja establecida
en Zacatecas desde el siglo XVI o las casas reales? Ya se ha
tratado de explicar la presencia dominante del cerro de la Bufa
líneas arriba, mientras que para el caso de la mina de Quebradilla,
se podría deducir que su representación obedece a la importancia
que la minería tenía para la ciudad, en tanto motor económico e
identitario, así como sustento de la riqueza de las élites quienes
Adriana Macías, “Los barrios indígenas de Zacatecas”, Revista electrónica
de la coordinación de comunicación social 5, no. 87, (2022): 21, https://doi.
org/10.71563/uazgaceta.v5i87.1668
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finalmente subvencionaban el plano. Empero, su representación
visual es casi anecdótica: apenas una pequeña construcción
cuadrada funciona para referir una de las minas más productivas
de Zacatecas.32
Finalmente, un puente y un pequeño caudal, hacen
referencia a la presencia del Arroyo de la Plata, cuerpo de agua
intermitente que cruzó la ciudad hasta el siglo XIX, que fue
embovedado.
Si buscamos arribar a una interpretación iconológica del
plano de Sotomayor, se pudiera decir que la representación de la
ciudad se sostiene simbólicamente en dos elementos: el cerro de
la Bufa como símbolo del mito fundacional y la religiosidad del
espacio y sus habitantes, al poner énfasis en la presencia de los
templos, capillas y conventos.
Vista General de Zacatecas: retórica visual y sacralización
del paisaje
En 1777 frayAgustín de Morfi fue nombrado capellán de la expedición
que encabezó Teodoro de Croix como Comandante General de las
Provincias Internas (actualmente los territorios de Sonora, Sinaloa,
La mina de Quebradilla fue conocida por haber sido desaguada por el conocido minero José de la Borda, quien después de haber hecho fortuna en
Taxco, probó suerte en Zacatecas con un importante apoyo de la Corona, a
quién prometió devolver las antiguas glorias de la mencionada mina. Frédérique Langue, “Mineros y poder en Nueva España. El caso de Zacatecas en
vísperas de la Independencia”, Revista de Indias 51, no. 192 (1991): 327-341,
https://doi.org/10.4000/nuevomundo.1163.
32

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Nuevo México, Nueva Vizcaya y Coahuila). La intención de dicha
expedición fue favorecer la organización administrativa en esta
zona del septentrión novohispano a través de la unificación de
las Provincias de Sonora, Nueva Vizcaya y ambas Californias.33
En su trayecto, este fraile con reconocida vocación de hombre de
letras, pasó por las provincias y poblados más importantes de la
Nueva España, situación que aprovechó para escribir el “Diario y
Derrotero” (1777-1781), como una especie de diario donde apuntó
sus apreciaciones sobre los lugares en que transitó. Justamente fue en
su periplo por el septentrión novohispano, que pasó por la ciudad
de Zacatecas sin que dejara de ella ninguna descripción, salvo de
sus actividades. Sin embargo, en el “Viaje de indios y Diario del
Nuevo México”, —versión que pudiera considerarse el informe
del periplo—, sí se encuentra un retrato de las impresiones que la
ciudad de Zacatecas dejó en el fraile:
Su situación es incomodísima en el concurso de dos barrancas
por cuyas lomas se derrama con irregularidad la poblazón. Una
de ellas atraviesa la ciudad desde el convento de San Francisco
al pie de la Bufa, hasta la extremidad opuesta: está en parajes
cubierta de bóveda (…) La parroquia, que es su principal iglesia
es de construcción muy costosa en aquel género de arquitectura
cargado de adornos impertinentes que aumentan los gastos sin
añadir hermosura o majestad.34
Guadalupe Curiel, “Fray Agustín de Morfi, historiador y viajero del septentrión novohispano” en La diversidad del siglo XVIII novohispano: homenaje
a Roberto Moreno de los Arcos, coord. Carmen Yuste López (Universidad Autónoma de México, 2000), 127.
34
Fray Juan Agustín de Morfi, Viaje de indios y diario del Nuevo México
33

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Imagen 2:
Vista de Zacatecas, 1777. Archivo General de la Nación,
México, Fondo Mapas, Planos e Ilustraciones, Ramo Historia,
Volumen 552, Foja 98bis.

Posteriormente, Agustín de Morfi se recrea haciendo
apreciaciones de las características arquitectónicas de los templos
de la ciudad, a los que califica de faltos de arquitectura, poco
notables y costosos, a excepción del convento franciscano donde
se detiene a hacer algunas puntualizaciones sobre el número de
frailes que lo habitan.35
(Porrúa, 1980), 89.
35
Morfi, Viaje de indios y diario del Nuevo México, 90.
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Lo interesante del último texto, es que su manuscrito
incluyó una vista de la ciudad de zacatecas elaborada con tinta y
acuarela sobre papel de algodón.36 Esta vista es una representación
poco conocida que dibuja a la urbe dentro de las dos barrancas
que menciona Morfi, exagerando su aspecto alargado y situando,
en primer plano, la parroquia principal.
La perspectiva de Morfi, imaginaria y construida
seguramente con base en recuerdos, sitúa como protagonista
a la parroquia mayor, para entonces recién reconstruida. La
semejanza con la actual catedral se observa en ciertos detalles
como el remate y los nichos situados en las calles de la fachada.
Sin embargo, la presencia de dos torres, así como la exagerada
proporción de la cúpula, fortalecen la hipótesis de que la vista
de la ciudad la realizó mucho después del viaje, con base en la
descripción, especialmente porque las torres del templo estaban
incompletas, construyéndose una en 1782, y la segunda hasta
1904.37 Los elementos naturales del paisaje como árboles y
cuerpos de agua son brevemente representados, mientras que los
cerros son exacerbados como señal del complejo terreno.
Anónimo, Vista de la ciudad de Zacatecas, tinta y acuarela sobre papel de
algodón (c.1777). Apareció en el manuscrito del Viaje de Indios y diario del
Nuevo México. Archivo General de la Nación, México, Fondo Mapas, Planos
e Ilustraciones, Ramo Historia, Volumen 552, Foja 98bis.
37
“Nuestra Señora de los Zacatecas (Catedral)” en Catálogo Nacional de
Bienes culturales muebles e inmuebles de propiedad federal (Dirección general de sitios y monumentos del patrimonio cultural, 1985): 5.
36

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Al ser Agustín de Morfi un miembro del clero regular, es
natural que un edificio religioso sea la figura principal y centro del
paisaje, recalcando la presencia de la Iglesia -como institución aún en los parajes más agrestes. Dentro de su visión Zacatecas es
más una pequeña villa que una ciudad, sin ninguna referencia a
sus minas ni a otro elemento que lo identifique particularmente.
El trazo de Morfi es sumario, sin pretensión de exactitud
cartográfica, pero cargado de intencionalidad simbólica. Se
distinguen solo dos edificaciones religiosas: la Parroquia Mayor
y el convento franciscano al norte de la ciudad. La parroquia se
distingue por su nitidez y centralidad compositiva, mientras que
los espacios civiles, las zonas mineras y los barrios periféricos
apenas se insinúan gracias al caserío que se dibuja detrás de la
parroquia. Esta jerarquización visual del espacio urbano refuerza
la idea de una ciudad concebida como cuerpo moral, donde lo
sagrado ordena y subordina lo profano. Así, la vista privilegia la
significación espiritual sobre la precisión empírica. La vista es
sumamente retórica. Morfi excluye de su vista todo rastro de la
productividad de la urbe, ni sus minas, ni las instituciones reales
están representadas. Esta operación de omisión —que Harley
denominaría un silencio cartográfico— responde a una decisión
cultural y política orientada a construir una imagen idealizada de
la ciudad, acorde con la visión clerical.
Desde una lectura iconológica, la ‘Vista de Zacatecas’
puede entenderse como una metáfora visual de la cristiandad
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novohispana. La luz que emerge detrás de los cerros, el orden
simétrico de las edificaciones religiosas y la ausencia de lo
marginal revelan una voluntad de representación moral del
espacio, donde la urbe se presenta como obra de la iglesia
novohispana. El paisaje deja de ser un simple fondo natural y
se convierte en un recurso retórico de legitimación espiritual y
política. En esa medida, la obra de Morfi no busca describir la
ciudad que es, sino proyectar la ciudad que debe ser: un territorio
ordenado bajo la fe y la autoridad eclesiásticas.
En conjunto, esta imagen amplía el repertorio iconográfico
de Zacatecas en el siglo XVIII al incorporar una visión más
contemplativa y espiritual del paisaje urbano. Su análisis
permite comprender cómo las representaciones visuales no solo
registraron transformaciones físicas o materiales, sino que también
participaron en la construcción de una identidad simbólica y moral
que, en el discurso visual, unió inseparablemente la topografía
del lugar con la religiosidad del espacio.
El plano de Bernardo de Portugal
En 1799, Bernardo de Portugal alcalde de la Real Aduana
de Zacatecas, dibujó un plano que en muchos sentidos es una
reinterpretación de la obra de Sotomayor. La escala, la orientación,
así como la presencia de varios elementos compartidos, nos hablan
de un ejercicio en el que se retoma la información vertida en el
plano de 1732. No obstante, las intenciones, así como la narrativa
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que engloba su creación, advierten sobre una concepción de
ciudad muy distinta a la esgrimida años antes.

El plano formó parte de la “Ordenanza de la División de
la Muy noble y Leal ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas
en cuarteles y creación de los alcaldes de ellos y reglas de su
gobierno” publicado por mandato del Virrey de Branciforte.38
Dentro del texto se incluye otro plano que representa la división
de la ciudad por cuarteles que obedecía a la lógica ilustrada
impulsada por la casa de los Borbones para fortalecer el control
38

Federico Sescosse, Temas zacatecanos, 119.

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administrativo, jurídico y territorial de sus posesiones de
ultramar. Ambos planos fueron elaborados por un funcionario de
la administración virreinal, Bernardo de Portugal, quien fungió
en la época como alcalde de la Real Aduana.
El mapa muestra la ciudad que nuevamente yace bajo el
protagonismo del cerro de la Bufa. En un marco barroco decorado
con orlas y flores, la ciudad aparece dispuesta en toda su amplitud,
retomando el mismo punto de vista de Sotomayor. Al igual que
éste último, Bernardo de Portugal proyecta la ciudad de oriente
a poniente como lo indica la presencia de un sol antropologizado
cuyos ojos se dirigen al crestón de la Bufa, elemento novedoso
que no encontramos en otras representaciones. La ciudad es
observable entonces “a vuelo de pájaro”, sin que por ello se
demerite el cuidado en el dibujo de ciertas fachadas y de ciertos
detalles de los edificios. La composición barroca permite la
presencia de dos ángeles tenantes que sostienen el escudo de
armas de la ciudad, justo encima del cerro de la Bufa, como si
se fortaleciera la presencia regia y religiosa que legitiman la
fundación y el establecimiento de la ciudad: en el escudo los
cuatro conquistadores sostienen un medallón con el anagrama
de Felipe II, rey de España que otorgó el título de ciudad al
otrora Real de Minas zacatecano. Debajo de ellos la inscripción
“Labor vincit omnia,”39 todo ello sostenido por dos ángeles cuyas
trompetas parecen convocar a la admiración de la ciudad.
39

El trabajo todo lo vence.

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En la parte inferior del plano se puede leer:
Descripción de la muy noble, y leal Ciudad de Zacatecas Capital
de su Provincia en la Nueva Galicia. Obispado de Guadalaxara
(sic) de donde dista sesenta y cinco leguas, de México ciento,
y treinta. El Signo que la domina es Sagitario, su Planeta es
Júpiter con participación de Saturno, y Marte, su temperamento
es frio, y seco, y el número de su Vecindario asciende a veinte,
y cinco mil Personas según el Padrón Ecc/o. del año de 1795.40

A la derecha encontramos un listado de los 36 lugares que
Bernardo de Portugal quiso ubicar dentro del plano. A diferencia
de la representación urbana anterior, es notable la aparición
de distintas clases de edificaciones, desde caminos, garitas,
instituciones coloniales de orden civil y/o administrativo, como
la Real Caja, la Real Aduana y el Real estanco de tabaco. Los
espacios de entretenimiento y ocio también se incluyen, siendo
observables un juego de rebote -que hasta la fecha da el nombre
a uno de los barrios de la ciudad-41 y la “plaza de los gallos”.42 Al
Bernardo Portugal, “Descripción de la muy noble y leal ciudad de Zacatecas,” 1799, N° 3795, Mapas Planos e Ilustraciones, Archivo General de la
Nación (AGN), México, procedente de Fondo Intendencias vol. 65, f. 13.
41
Federico Lozano, “Prácticas comunitarias en la preservación del patrimonio: el caso del barrio del rebote de Barbosa”, en Zacatecas, treinta años
como ciudad patrimonio de la humanidad, coords. Gabriela Bernal y Fátima
Frausto, (Instituto Zacatecano de Cultura, 2023), 166.
42
Entre los caminos se aluden a la garita de Barrio Nuevo y el camino hacia
Tierra Adentro, al igual que al “camino para las minas”, “camino para México” y “camino para la Bufa”. Sobre la plaza de los gallos, se hace referencia
a un “corral de gallos” en esa parte de la ciudad. Crónica de Zacatecas, disponible en https://www.facebook.com/photo.php?fbid=2861775974084019&amp;id=1483022295292734&amp;set=a.1483151995279764
40

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igual que en el plano que acompaña la Descripción, se destaca
la presencia de todas las edificaciones religiosas (templos y
conventos), apareciendo aquellas que fueron omitidas por
Sotomayor, a saber la capilla de la Concepción (24), la de la Aurora
(19) y la capilla que identifica al pueblo de indios de El Niño (35).
Se añade asimismo la presencia de otra institución educativa que
se suma al Colegio de Niñas (30), como el Real Colegio de San
Luis Gonzaga (22), cuya construcción se concluyó en 1757.43
La ciudad real y la ciudad representada se habían
complejizado. A diferencia del paisaje dominado por el peso
material y simbólico de lo religioso dibujado por Sotomayor,
ahora Zacatecas se presenta como un centro urbano que cuenta lo
mismo con espacios de entretenimiento que con las instituciones
que legitimaban el poder de la Corona sobre la misma. No es
que para 1732 no hayan existido, sino que al parecer no era
importante representarlas. La elaboración del mapa se enclava
en el contexto de las reformas borbónicas, en el momento en
el que la casa reinante impuso modificaciones que pretendían
fortalecer el control administrativo, político y económico sobre
sus territorios de ultramar. Llama la atención que la descripción
otorgada por Bernardo de Portugal incluye el título de Provincia,
a pesar de que Zacatecas se convirtió en una intendencia en 1787
como parte de las mismas reformas. No obstante de calificarla
José Antonio Gutiérrez, “El Colegio de San Luis Gonzaga y sus primeras
constituciones”, Espiral 11, no.33 (2005): 145. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5662641
43

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como provincia, el autor del plano parece esmerarse en mostrar
un retrato de una ciudad novohispana más amplia, más diversa
y más estética, traducción visual de una serie de modificaciones
que tuvieron lugar en esta época y que atendían a una concepción
más ilustrada de las ciudades.44 Tres años antes del levantamiento
del plano, el intendente Francisco Rendón había ordenado que
“se reedificaran las casas arruinadas; y los dueños de solares los
constuyeran o en caso de no contar con dinero los vendieran”; 45
la finalidad era la de mejorar el aspecto de la ciudad, establecer
el orden, evitar focos de infección y erradicar el bandidaje y la
delincuencia.
En la iconografía urbana de Sotomayor, parece importante
recurrir a ciertos hitos urbanos. Ya hemos mencionado anteriormente
que a través de la iconografía de las ciudades se pueden observar
los elementos que son representados como símbolos importantes
para un determinado espacio. La Bufa ya no es representada
solamente como una elevación, sino que es dibujada con la aridez
de su crestón y sus caminos. Además se añaden otros sitios que
parecieran de interés para el local y el visitante como “Las peñitas”
El pensamiento ilustrado también tuvo eco en la organización de las ciudades. Comenzaron a impulsarse diversas reformas que iban desde la estetización de los centros urbanos (con la renovación de edificios y limpieza de
espacios), hasta la delimitación por cuarteles que buscaba reducir la delincuencia y establecer una mayor injerencia en espacios más pequeños y, por ende,
controlables.
45
Claudia Magaña, Panorámica de la ciudad de Zacatecas y sus barrios
(durante la época virreinal), (Zacatecas: Gobierno del Estado de Zacatecas,
1998) 28.
44

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(10), formación rocosa que en el mapa aparece con una cruz,
posiblemente por fungir como punto de religiosidad o encuentro
devocional. 46 A falta de más fuentes que nos hablen sobre este
sitio, se puede suponer que funcionaba como un hito urbano de
la ciudad diciochesca, punto de encuentro social o religioso que
curiosamente solo retoma este plano y no otros.
En el plano no.2, contenido en las mismas ordenanzas
para la división de la ciudad, los detalles paisajísticos se
desvanecen casi por completo para delimitar cada uno de los
cuatro cuarteles mayores y ocho menores que a partir de ese
momento conformarían la organización urbanística de la ciudad.
Se mencionó brevemente que a partir de los cambios impulsados
por las Reformas Borbónicas la apariencia de las ciudades se fue
transformarndo, sentando las bases para los procesos urbanísticos
del siglo XIX. Los cuarteles se identifican con número, letra y
color, específicandose en las ordenanzas cuál corresponde a
cada uno: amarillo para el primero; morado el segundo; rojo, el
tercero y azul, el cuarto cuartel mayor. Los cuarteles menores los
identificó Portugal con los mismos colores pero letra en lugar de
número, de manera que se extienden de la A a la Y según el sitio
que les corresponde.
Para los siglos XIX y XX se tiene conocimiento de que este sitio fungió
como fortificación o trinchera natural en los distintos conflictos armados del
México moderno y contemporáneo. Manuel González Ramírez, cronista de la
ciudad de Zacatecas. “Sitios históricos de la ciudad Zacatecas”, 28 de abril de
2022, disponible en https://www.facebook.com/search/posts/?q=las%20pe%C3%B1itas&amp;locale=es_LA .
46

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La presencia de color - necesaria para identificar los
límites de cada cuartel- otorga otra perspectiva plástica. La
vegetación se expresa como más abundante, lo que permite
que se dibujen las huertas de los templos y barrios al norte
de la ciudad, ausentes en las anteriores representaciones y los
caminos y senderos del arroyo son identificables. En este caso,
el paisaje carece de edificaciones, salvo los principales templos
de la ciudad a los que Portugal representa incluso mejor que en
el primer plano, quizás porque tiene más espacio y al parecer
más libertad creativa -al salirse del modelo que retomó de
Sotomayor-. El alcalde de la Real Aduana no duda en insertar
nuevamente y a mayor proporción el escudo de armas que toma
un protagonismo aún más notorio que el propio cerro de la
Bufa. Cabe destacar que el escudo elimina el barroquismo de
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la versión anterior, enclavándolo en un medallón rodeado de
guirnaldas que prefigura al neoclásico.47
Las representaciones urbanas elaboradas por el alcalde de
la Real Aduana se presentan entonces como la expresión de una
legitimación de la ciudad, en la que no solamente se aprecian los
iconos fundantes e identitarios -el escudo de armas, el cerro de
la Bufa-, o los hitos temporales, como Las Peñitas o el juego de
rebote, si no que también se aluden a símbolos (como los ángeles
con trompetas, las palmas y el laurel) como recursos retóricos
que implican cierta intención de engrandecer el espacio urbano
que es anunciado por ángeles y coronado por laureles, en un
ejercicio similar al que realizaba Joseph Rivera Bernárdez en su
Descripción de la muy noble y leal.
A pesar de su labor al levantar los planos que apoyarían
visualmente a la nueva organización de la ciudad, Bernardo de
Portugal nunca fue retribuido. Así lo señala en una queja que
esgrime a las autoridades de la ciudad:
(...) digo que habiendo concluido los planos y ordenanzas de
alcaldes de Barrio que a nombre de vuestra señoría me mando
hacer el Sr. Regidor Diputado del común don José Fernández
Moreno, se me deben de mi trabajo personal 38.00 los que en el
dilatado tiempo de más de dos años no han podido mis súplicas
conseguir”.48

Federico Sescosse, Temas zacatecanos, 120.
Claudia Magaña, Panorámica de la ciudad de Zacatecas y sus barrios
(durante la época virreinal, 128.
47
48

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Conclusiones
A lo largo del presente artículo se intentó mostrar como las
representaciones de la ciudad van articulando ideas concretas de
la misma, basadas no solo en la subjetividad del creador, sino
también a través de los contextos culturales de la época. Para el
caso del primer mapa fue claro que se tuvo la intención de ser una
apología de la ciudad, una representación que correspondiera a la
descripción elaborada por Joseph Rivera Bernárdez en términos de
una retórica que lleva implícito cierto orgullo citadino. El que el
texto comparara a Zacatecas con las grandes construcciones de la
antigüedad, habla de ese interés por magnificar su importancia dentro
del contexto colonial novohispano. En el caso del plano de Joaquín
de Sotomayor, el énfasis puesto a la orografía y especialmente en
el cerro de la Bufa, nos sitúa dentro de una tradición que continuará
casi hasta la actualidad: la Bufa se ha desempeñado como un hito
urbano, un símbolo identitario que se representa como punto
geográfico e incluso de orientación. Para Sotomayor, Zacatecas
se muestra como una ciudad en la que la Iglesia tiene una fuerte
presencia material y simbólica, aún más destacable que cualquier
otro lugar de orden civil. La misma lectura podemos hacer de la
Vista de Zacatecas de Agustín de Morfi, quien ve a Zacatecas como
una síntesis entre su edificio religioso más importante, la Parroquia
Mayor y los cerros circundantes.
Por su parte, en los planos de Bernardo de Portugal es
observable el por presentar una ciudad más compleja y completa. El
alcalde de la Real Aduana ya no se contenta con situar los templos,
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�Iconografía urbana: paisajes e identidades en las representaciones

conventos y capillas, sino que va más allá y destaca en el plano todos
los sitios de interés: civil, religioso y de ocio o entretenimiento. Ya
es notorio el crecimiento urbano y demográfico; casas aquí y allá
representan de manera abstracta a una ciudad más poblada y mejor
conectada, ya que tampoco se dejan de lado las garitas ni los caminos
al sur y al norte. La identidad de Zacatecas se ve simbolizada con
la presencia tutelar de la Virgen de los Zacatecas, situada al centro
en lugar preponderante junto con los cuatro conquistadores, que
en conjunto, componen el escudo de armas que tanto orgullo
parecía despertar en los zacatecanos de la decimoctava centuria.
Los elementos barrocos (orlas, ángeles tenantes, flores, medallones
y cartelas) expresan cierta temporalidad y gusto artístico, pero
también una especie de floritura que enmarca la retórica del orgullo
por la ciudad y sus orígenes.
En el ocaso del siglo XVIII podemos ser testigos de
cómo las ordenanzas promovidas por las Reformas Borbónicas
prefiguraron los modelos de ciudad visibles en el siglo XIX. Para
el caso de Zacatecas, su crecimiento urbano se mantendrá casi
inalterado hasta bien entrado el siglo XX, pero sus representaciones
son elocuentes en la medida en que nos aportan información
acerca de cómo sus habitantes o visitantes la percibían o la vivían.
Dentro de las representaciones del paisaje son observables
las fuerzas que los transforman, pero también los rasgos que los
identifican: los hitos urbanos, ya sean naturales o edificados.
Muchos de estos hitos van trascendiendo los límites temporales
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llegando hasta al presente, como el caso del cerro de la Bufa.
Estos hitos van forjando también una idea de lo patrimoniable, de
lo que se debe conservar porque se ha mantenido como valioso o
apreciable a través del tiempo, posicionándose como importante
para una sociedad o colectividad.49
Los paisajes representados en los mapas también nos
muestran los pensamientos, experiencia e ideologías de sus
autores, independientemente de las convenciones cartográficas.
Los documentos gráficos que se han mostrado a lo largo del texto
son son representaciones de la construcción de una identidad
colectiva que se ha ido forjando en el decurso del tiempo; nos
permiten observar qué se consideró valioso (o no) y qué aspectos
fueron agregándose o cambiando.
En este sentido, la principal aportación de este trabajo
al campo académico radica en articular la iconografía urbana
con una lectura histórico-cartográfica que permite comprender
las representaciones del paisaje como fuentes para el estudio
de las identidades territoriales. Al analizar los planos y vistas
de Zacatecas desde la propuesta metodológica de Brian Harley
y la tradición iconográfica derivada de Panofsky, se ofrece una
mirada interdisciplinaria que combina la historia del arte, la
geografía histórica y los estudios sobre patrimonio. Este enfoque
no solo permite entender las transformaciones materiales de la
El cerro de la Bufa ha sido catalogado como Patrimonio cultural del Mundo en 2019. “Lista Representativa de los Tesoros del Patrimonio Cultural del
Mundo”, elaborada por Bureau Internacional de Capitales Culturales. 2019.
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�Iconografía urbana: paisajes e identidades en las representaciones

ciudad, sino también los discursos simbólicos y las jerarquías
que operaron en su representación visual, abriendo nuevas vías
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�La violencia en la historiografía de la frontera
México-Estados Unidos: perspectiva comparada
sobre dos obras fundamentales
Violence in the Historiography of the
Mexico-United States Border: A Comparative Perspective
on Two Foundational Works
César Morado Macías
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
https://orcid.org/0000-0002-6696-6989
Recibido: 14 de noviembre de 2025
Aceptado: 24 de noviembre de 2025

Resumen: El presente artículo constituye una lectura comparativa de dos
obras publicadas recientemente en ambos lados del Rio Bravo: Guerra
y paz en la frontera, 1830–1880 de Miguel Ángel González Quiroga
publicada en México y Rebrotes de violencia racial. Reflexiones
críticas sobre la historia de la frontera, coordinada por Sonia Hernández
y John Morán González, editada en Estados Unidos. A partir de tres ejes
de análisis interconectados: la violencia estatal, la memoria histórica
y la identidad fronteriza, se argumenta la hipótesis que, mientras
González Quiroga reconstruye la violencia como un fenómeno
estructural del proceso de formación estatal y de colonización del
espacio norteño, Hernández y Morán González la abordan como una
expresión de racismo institucional y de silenciamiento histórico. En el
plano de la memoria, se postula que ambos textos buscan desarticular
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los mitos fundacionales —la “pacificación” decimonónica en uno, la
“civilización texana” en otro— mediante estrategias narrativas que
combinan archivo, testimonio y crítica cultural. Finalmente, en torno a
la identidad, se sostiene que ambos proyectos historiográficos entienden
la frontera no como línea divisoria sino como campo relacional de
múltiples pertenencias.
Palabras clave: Violencia, historiografía, frontera México- Estados
unidos, Noreste de México, Texas.
Abstract: The landscape has been a concept that has gained relevance
in recent This article presents a comparative reading of two recently
published works from opposite sides of the Rio Grande: Miguel Ángel
González Quiroga’s Guerra y paz en la frontera, 1830–1880, published
in Mexico, and Rebrotes de violencia racial. Reflexiones críticas
sobre la historia de la frontera, edited by Sonia Hernández and John
Morán González, and published in the United States. Through three
interconnected analytical axes—state violence, historical memory, and
border identity—this study argues the following thesis: while González
Quiroga reconstructs violence as a structural phenomenon inherent to
state formation and the colonization of the northern region, Hernández
and Morán González approach it as an expression of institutional racism
and historical silencing. Regarding memory, it is posited that both texts
seek to deconstruct foundational myths—the 19th-century narrative of
“pacification” in the former, and the “Texan civilization” in the latter—
through narrative strategies that combine archival research, testimony,
and cultural critique. Finally, concerning identity, it is maintained
that both historiographical projects conceptualize the border not as a
dividing line, but as a relational field of multiple belongings.
Key words: Violence, historiography, Mexico-United States border,
Northeastern Mexico, Texas.

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�La violencia en la historiografía de la frontera México-Estados Unidos

Introducción

En la historiografía reciente sobre la frontera norte de México y el
sur de los Estados Unidos la violencia, la memoria y la identidad
han dejado de ser temas marginales para convertirse en ejes
interpretativos que articulan los procesos de formación estatal,
las relaciones interétnicas y los imaginarios nacionales. No es el
objetivo del presente artículo hacer un análisis historiográfico al
respecto. Sin embargo, es pertinente señalar que, la historiografía
sobre esta región ha buscado explicar las causas y consecuencias
de la violencia fronteriza a través de distintos enfoques, desde la
historia política y militar hasta la social y cultural. Entre las obras
más influyentes destacan los estudios de Friedrich Katz, David J.
Weber y Elliot Young quienes han ofrecido marcos interpretativos
fundamentales para comprender la violencia en este territorio.
El estudio de la violencia en la frontera entre México
y Estados Unidos es un campo rico y multidisciplinario. Los
historiadores más prestigiados en este tema suelen abordarlo desde
diferentes ángulos: la violencia estructural, el bandolerismo, la
justicia popular, el conflicto racial, la construcción del Estadonación y, por supuesto, la violencia ligada al narcotráfico en la
época contemporánea. Katz en su obra más relevante: “La Guerra
Secreta en México: Europa, Estados Unidos y la Revolución
Mexicana”,1 analiza cómo la violencia en México (y en su frontera
Friedrich Katz (1927-2010). Es uno de los historiadores más importantes
de la Revolución Mexicana. Demostró cómo la frontera era un escenario de
conflicto internacional.
1

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norte) fue exacerbada por la intervención e intereses de potencias
extranjeras, especialmente Estados Unidos y Alemania.
Weber2 es sin duda el gran referente del tema que nos ocupa
con dos obras fundamentales: “Bárbaros: Los españoles y sus
salvajes en la Era de la Ilustración” y “La frontera española en
Norteamérica”. Aunque se centra en el período colonial, su trabajo
es fundamental para entender los orígenes de la violencia étnica y
colonial en la región. En la historiografía reciente destaca Elliot
Young quien con su estudio: “Catarino Garza’s Revolution on the
Texas-Mexico Border” 3centra su trabajo en la intersección entre
raza, nación y violencia a fines del siglo XIX. Estudió figuras como
Catarino Garza, cuyas rebeliones cruzaban la frontera, mostrando
cómo la violencia política no respetaba la línea divisoria.
Otros historiadores han explorado cómo la violencia fue
utilizada como herramienta de control racial y de construcción
David J. Weber (1940-2010). Su análisis de la relación entre españoles,
mexicanos y los pueblos nativos americanos establece las raíces profundas del
conflicto en el sur de Estados Unidos y el norte de Mexico.
3
Elliott Young es profesor del Departamento de Historia en el Lewis and
Clark College. Es autor de Forever Prisoners: How the United States Made the
World’s Largest Immigrant Detention System (Prisioneros perpetuos: cómo Estados Unidos creó el mayor sistema de detención de inmigrantes del mundo),
Alien Nation: Chinese Migration in the Americas from the Coolie Era through
WWII (Nación alienígena: la migración china en las Américas desde la era del
coolie hasta la Segunda Guerra Mundial) y Catarino Garza’s Revolution on
the Texas-Mexico Border (La revolución de Catarino Garza en la frontera entre
Texas y México), además de coeditor de Continental Crossroads: Remapping
US-Mexico Borderlands History (Encrucijadas continentales: reconfigurando
la historia de las fronteras entre México y Estados Unidos).
2

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�La violencia en la historiografía de la frontera México-Estados Unidos

estatal destacan William D. Carrigan y Clive Webb:”Forgotten
Dead: Mob Violence against Mexicans in the United States,
1848-1928. Su investigación fue pionera en documentar
sistemáticamente los linchamientos masivos de mexicanos
y mexicoamericanos en el suroeste de EE.UU; Kelly Lytle
Hernández: “Bad Mexicans: Race, Empire, and Revolution on
the Texas-Mexico Border” y “Migra! A History of the U.S. Border
Patrol”. Su trabajo conecta la historia de la vigilancia fronteriza,
el control migratorio y la violencia de estado con el legado del
colonialismo y el conflicto racial.
Finalmente citaríamos a Samuel Truett:: “Fugitive
Landscapes: The Forgotten History of the U.S.-Mexico Bord.
Analiza cómo la violencia fue inherente al desarrollo capitalista
en la frontera, especialmente en la industria minera y la lucha
por el control de la tierra y los recursos y desde luego el trabajo
de Mónica Muñoz Martínez, titulado La injusticia nunca te
abandonara donde revela la historia de la violencia estatal

contra los mexicano-estadounidenses en Texas a principios del
siglo XX, quizá el texto que más se aproxima a los trabajos que
analizamos en este artículo.
Es importante notar que el estudio de la frontera ha
sido moldeado por la Escuela de los Estudios Fronterizos
(Borderlands Studies), que enfatiza que la frontera no es solo una
línea, sino una región cultural con dinámicas propias. Autores
como Gloria Anzaldúa (“Borderlands/La Frontera: The New
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Mestiza”), aunque no es historiadora sino teórica cultural, ha
tenido una influencia decisiva en cómo los académicos entienden
la identidad, el conflicto y la vida en la frontera.
Aunque desde luego la historiografía sobre la violencia
en la frontera no se agota en las obras citadas, en este articulo
centramos nuestra atención en dos de ellas que consideramos
representativas y que las une un denominador común; Han sido
publicadas originalmente en inglés4 y traducidas al español por la
Universidad Autónoma de Nuevo León con sede en Monterrey
México como parte de una iniciativa editorial para poner el tema
sobre la mesa en un momento definitorio de la relación binacional.5
Se trata de los libros: Guerra y paz en la frontera, 1830–1880 de
Miguel Ángel González Quiroga y Rebrotes de violencia racial.
Reflexiones críticas sobre la historia de la frontera, coordinada
por Sonia Hernández y John Morán González. Aunque separadas
por su temporalidad —el siglo XIX en el caso de González
Quiroga, y las primeras décadas del XX en el de Hernández y
Morán— ambas coinciden en problematizar la frontera como
Hernández, Sonia, and John Morán González. Reverberations of racial
violence. Critical reflections on the history of the border. University of Texas
Press. 2021 y Gonzáles Quiroga, Miguel Ángel, War and Peace on the Río
Grande Frontier, 1830–1880. University of Oklahoma Press, 2020.
5
Hernández, Sonia y John Morán González. Rebrotes de violencia racial.
Reflexiones críticas sobre la Historia de la Frontera. Centro de Estudios Humanísticos, UANL, 2024. Monterrey, México. Traducción del inglés al español de Carlos Andrés Puerto Vallejo y Gonzales Quiroga, Miguel Ángel, Guerra y paz en la frontera del Bravo (1830-1880). Traducción al español porte de
la Editorial Universitaria. UANL. Monterrey México. 2023.
4

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�La violencia en la historiografía de la frontera México-Estados Unidos

espacio de fricción y de diálogo entre proyectos imperiales,
nacionales y locales.
Antes de entrar al análisis de las obras, conviene revisar
un perfil de los autores. La primera obra es de autoría colectiva,
sus coordinadores fueron Sonia Hernández (Ph.D., University of
Houston, 2006) quien se ha consolidado como una voz central
en la historiografía del fronterismo texano-mexicano, con un
enfoque que entrecruza género, trabajo y movimientos sociales
en el marco transnacional de las fronteras. Actualmente ocupa
plaza en el Departamento de Historia de Texas A&amp;M University,
College Station, donde ha desempeñado cargos de liderazgo
académico y ha contribuido a programas interdisciplinarios en
estudios de género y estudios latinoamericanos6
El otro coordinador es John Morán González quien se
desempeña como profesor en el Departamento de Inglés de la
University of Texas at Austin (UT Austin), donde ocupa la
cátedra J. Frank Dobie Regents Professor of American &amp; English
Literature. Obtuvo su Ph.D. en Literatura Norteamericana por
Su producción monográfica destaca por dos libros que articulan micro-historias con procesos políticos más amplios. Working Women into the Borderlands (Texas A&amp;M University Press, 2014) explora el lugar del trabajo femenino en la transformación social del fronterismo; el libro obtuvo varios
premios y fue traducido para su circulación en México, lo cual confirma su
resonancia transnacional. En 2021 publicó “For a Just and Better World”: Engendering Anarchism in the Mexican Borderlands, 1900–1938 (University of
Illinois Press), obra que despliega una genealogía de las prácticas anarquistas
feministas y su relación con la represión estatal y las culturas laborales en la
región fronteriza.
6

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la Stanford University en 1998. La producción de González
se distingue por al menos tres ejes: (a) la genealogía de la
literatura mexicana-estadounidense en el contexto de Texas; (b)
la literatura estadounidense decimonónica tardía con elementos
expansionistas; (c) la edición crítica y colectiva de literatura
latina en EE.UU.7 Ellos se encargaron de reunir un conjunto de
catorce ensayos de prestigiados académicos/as norteamericanos
que abordan la violencia racial contra los mexicanos en Texas
durante las primeras décadas del siglo XX.
En contraparte, la obra de González Quiroga es individual,
no por ello menos extensa y analítica. Egresado de la universidad de
Rice en Houston, ha enseñado tanto historia estadounidense como
mexicana en la Universidad Autónoma de Nuevo León (Facultad
de Filosofía y Letras). Un rasgo destacado se su obra es su mirada
transnacional producto su misma trayectoria biográfica pues sus
raíces familiares se ramifican en ambos lados del Bravo. 8 La obra
en comento bien podría ser equivalente a su tesis doctoral. Otro
rasgo fundamental que vincula a las obras citadas y nos permite
intentar un análisis comparativo es que espacialmente sitúan sus
En Border Renaissance: The Texas Centennial and the Emergence of
Mexican American Literature (University of Texas Press, 2009), González
analiza cómo el centenario de Texas (1936) funcionó como catalizador simbólico y material para el surgimiento de una literatura mexicana-estadounidense
que negocia identidad, ciudadanía y la frontera.
8
Su familia es originaria de Zuazua, Nuevo León. Residió unos años en
Houston Texas. Sirvió en el ejército de los Estados Unidos en Vietnam. Trabajo más de 30 años como catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la
UANL en Monterrey México. Actualmente reside en Zuazua con su familia.
7

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objetos de estudio en el último tramo del rio bravo antes de llegar
al Atlántico, es decir en lo que comúnmente identificamos como
el noreste de México y Texas.
I. La violencia estatal: de la frontera militar a la frontera
racial
En Guerra y paz en la frontera, González Quiroga estudia
el noreste mexicano en el contexto de las guerras de
independencia, invasiones estadounidenses y conflictos con
los pueblos indígenas. Su tesis central sostiene que la violencia
no fue una anomalía, sino el lenguaje político y social con el
que se construyeron las instituciones del Estado en la frontera.
Las milicias cívicas, los presidios y las alianzas interétnicas
constituyen, para el autor, mecanismos ambivalentes de defensa
y dominación que revelan el carácter híbrido de la autoridad
en la región.9 En esta lectura, la violencia estatal se asienta
en la precariedad de las soberanías: México y Estados Unidos
fueron Estados inacabados que proyectaron hacia la frontera sus
miedos, carencias y aspiraciones.
Aunque González-Quiroga no formula explícitamente un
marco filosófico, los lectores de su obra podemos identificar que
su explicación de la guerra y la paz descansa en tres corrientes
filosóficas e historiográficas profundas que pueden rastrearse en
su manera de interpretar la frontera: 1) historicismo intercultural,
Miguel Ángel González Quiroga, Guerra y paz en la frontera, 1830–1880
(Monterrey: Universidad Autonoma de Nuevo León, 2019), 45–52.
9

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2) pragmatismo relacional, y 3) crítica a los esencialismos del
Estado-nación. Vayamos por partes.
Sobre el historicismo intercultural de González-Quiroga
queda evidenciado cuando vemos que la frontera es vista como
proceso y nunca como esencia. Presenta la frontera del siglo
XIX no como una realidad fija, sino como un espacio histórico
en constante construcción, producido por la interacción entre
comunidades mexicanas, estadounidenses e indígenas. Esto se
vincula con el historicismo alemán (Herder, Dilthey) en tres
sentidos: a) El significado de las acciones humanas surge de su
contexto histórico específico. El autor insiste en reconstruir cómo
los actores comprendían la guerra, la autoridad o la violencia en
su propio horizonte histórico, sin imponer conceptos actuales. b)
Los pueblos producen culturas diferenciadas Tal como propone
Herder, las comunidades fronterizas desarrollan valores, normas
y economías propias. González-Quiroga sigue esta intuición:
la frontera es culturalmente “otra”, ni plenamente México ni
plenamente EE. UU. c). La comprensión requiere empatía
histórica.10
Toda su obra está atravesada por un esfuerzo por
comprender los motivos locales —no sólo las macro-fuerzas
nacionales—, lo cual es una forma aplicada del universo
diltheyano. Resultado: la guerra y la paz no son “categorías
Miguel Ángel González Quiroga, Guerra y paz en la frontera, 1830–1880
(Monterrey: Universidad Autónoma de Nuevo León, 2019), 52-58.
10

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�La violencia en la historiografía de la frontera México-Estados Unidos

universales”, sino formas singulares que adquieren significado
dentro de la cultura y la temporalidad de la frontera.
En segundo término, tendríamos el pragmatismo
relacional: es decir la guerra y la paz como prácticas sociales,
nunca como estados absolutos. Una aportación central del libro
es la idea de que la frontera no alterna simplemente entre guerra
y paz, sino que opera en una zona intermedia donde violencia,
negociación y cooperación coexisten. Este planteamiento se asocia
con el pragmatismo estadounidense (James, Dewey, Mead): a) La
realidad social se mide por sus efectos prácticos. Para GonzálezQuiroga, son los arreglos cotidianos, las alianzas temporales, el
comercio, las prácticas de sobrevivencia, lo que define “paz”,
no los tratados formales. b) La acción colectiva es contingente
y adaptativa. El pragmatismo sostiene que las comunidades se
organizan en función de necesidades cambiantes; esto aparece
claramente en su descripción de rancheros, comerciantes y
grupos indígenas que negocian, pactan o se enfrentan según las
condiciones materiales. c) La paz es un logro provisional. Para
Dewey, la democracia y la cooperación son procesos siempre en
riesgo. González-Quiroga usa, implícitamente, esa idea: la paz
fronteriza es frágil, situacional y siempre negociada. Resultado:
la frontera aparece como una red dinámica de relaciones prácticas,
más cercana a la filosofía de la acción que a las nociones binarias
de guerra/paz del pensamiento político clásico.
El tercer aspecto y no menos importante contribución
es su filiación con la crítica posnacional, en el sentido del
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cuestionamiento al Estado como único capaz de producir orden.
Una de las contribuciones más originales de González-Quiroga
es mostrar que las comunidades fronterizas producían orden y
convivencia independientemente del Estado. Conclusión desde
luego peligrosa y desafiante para quienes simpatizan con la
presencia estatal como necesaria.
Este enfoque nos remite como lectores a corrientes
teóricas como: a) Análisis foucaultiano del poder capilar. La
autoridad no reside sólo en los ejércitos o gobiernos, sino
en: redes de comercio, arreglos comunitarios, pactos locales,
lealtades familiares, mediaciones interétnicas. La guerra y la
paz no dependen exclusivamente de los Estados nacionales,
sino de múltiples microformas de poder. b) Crítica poscolonial
y fronteriza (Gloria Anzaldúa) Aunque González-Quiroga es un
historiador y no un teórico cultural, su lectura de la frontera como
un espacio híbrido, donde identidades y prácticas se mezclan,
dialoga con esta corriente: La frontera es un “entre-lugar”. La
violencia y la cooperación se definen en relación con múltiples
soberanías parciales. c) Desconfianza hacia los esencialismos del
nacionalismo del siglo XIX. El autor muestra que los Estados,
mexicano y estadounidense, imponen narrativas de guerra y
orden que poco tienen que ver con la realidad vivida por los
habitantes locales. Resultado: la guerra y la paz son presentadas
como construcciones políticas utilizadas por los Estados para
justificar su presencia, pero insuficientes para explicar la vida real
en la región.
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�La violencia en la historiografía de la frontera México-Estados Unidos

En resumen, podemos concluir que su obra propone una
concepción de la frontera donde: La paz es un proceso social,
no un tratado. La guerra es un patrón cíclico que emerge de
tensiones locales, económicas y culturales, no sólo de conflictos
interestatales. La vida fronteriza transcurre en una zona
intermedia, donde ambos conceptos —guerra y paz— pierden
sus contornos rígidos.
Por su parte, Rebrotes de violencia racial analiza un
momento distinto pero conectado: el periodo de 1910–1920, cuando
los Texas Rangers, apoyados por autoridades locales, perpetraron
matanzas sistemáticas contra comunidades mexicoamericanas
en el sur de Texas.11 Aquí, la violencia ya no se legitima como
defensa territorial, sino como política racial. Hernández y Morán
González proponen entender los linchamientos y ejecuciones
extralegales como parte de un régimen de supremacía blanca
inscrito en la creación misma del estado texano y estadounidense.
Así, la violencia no solo reproduce jerarquías étnicas, sino
que configura la frontera como espacio de disciplinamiento y
exclusión.
En Rebrotes de violencia racial, la violencia es concebida
como un fenómeno estructural y profundamente arraigado, que
trasciende los incidentes puntuales para manifestarse como la
Sonia Hernández y John Morán González, “Introducción: Memoria, violencia e historia en la investigación Canales de 1919,” en Rebrotes de violencia
racial. Reflexiones críticas sobre la historia de la frontera (Monterrey: Centro
de Estudios Humanísticos, UANL, 2024), 17–28.
11

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�César Morado

cristalización de jerarquías raciales históricas que se reproducen
mediante instituciones, discursos y prácticas normalizadas.
Siguiendo la teoría de la formación racial de Foucault, la raza se
construye socialmente, se convierte en eje de conflicto político
y permea tanto la identidad individual como la organización
institucional, de modo que la violencia racial se inscribe en una
trama de significados raciales que organizan la acción colectiva.12
Asimismo, la perspectiva foucaultiana sobre la
gubernamentalidad provee un marco para interpretar cómo
el Estado moderno y sus tecnologías de poder —policías,
fronteras, vigilancia, administración de migraciones— operan
para “gobernar la conducta de las poblaciones”, regulando
quién pertenece, quién es vigilado y quién es excluido o
criminalizado. Bajo esta óptica, la violencia racial no se reduce
al uso brutal de la fuerza, sino que se convierte en una tecnología
de poder que configura cuerpos, poblaciones y fronteras.
Complementariamente, la noción de necropolítica de Mbembe
—la lógica de la muerte como instrumento soberano que decide
quién vive y quién muere— permite entender los “rebrotes” de
violencia racial como instancias en que ciertas poblaciones son
sometidas a condiciones de vida que equivalen a la muerte social
o física, al ser sistemáticamente despojadas de protección estatal,
criminalizadas y empujadas a espacios de precariedad extrema.
Sonia Hernández y John Morán González. Rebrotes de violencia racial.
Reflexiones críticas sobre la historia de la frontera (Monterrey: Centro de Estudios Humanísticos, UANL, 2024), 28-34.
12

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De este modo, la violencia racial en la frontera
Texas–México puede interpretarse como el resultado de la
intersección entre una formación racial histórica, tecnologías
estatales de gobernabilidad y la soberanía que dispone de la
vida y la muerte como instrumentos de control. En suma, el
análisis revela que la violencia racial no es un fallo anómalo
del sistema, sino parte integral de su funcionamiento: una
forma de arte político-administrativo cuya reproducción
requiere silencio, institucionalización y la negación explícita
de su historicidad.13
En síntesis, ambas obras convergen en concebir la
violencia como estructura y no como evento. Sin embargo,
difieren en su relación con el Estado: González Quiroga examina
la construcción institucional desde la periferia, mientras que
Hernández y Morán desnudan el aparato estatal como perpetrador
de violencia. El primero rescata las voces locales —cacicazgos,
milicias, pueblos indígenas— como agentes históricos de una
“guerra permanente”,14 los segundos, en cambio, visibilizan
a las víctimas silenciadas y problematizan el archivo mismo
como instrumento de opresión.15 En conjunto, ambas narrativas
Sonia Hernández y John Morán González, Rebrotes de violencia racial.
Reflexiones críticas sobre la historia de la frontera (Monterrey: Centro de Estudios Humanísticos, UANL, 2024), 52-128.
14
González Quiroga, Guerra y paz en la frontera del bravo, 1880-1930.
UANL. 2024. 213–220.
15
Hernández, Sonia y John Morán González. Rebrotes de violencia racial.
Reflexiones críticas sobre la Historia de la Frontera. Centro de Estudios Hu13

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amplían la comprensión de la violencia fronteriza más allá del
bandolerismo o el conflicto interétnico, mostrando su dimensión
estructural y simbólica.
II. La memoria histórica: silencios, archivos y contra-narrativas
El segundo eje de comparación se centra en la memoria histórica,
entendida como el proceso mediante el cual las comunidades
reinterpretan el pasado violento. En Guerra y paz en la frontera,
Miguel Ángel González Quiroga construye un relato histórico
que combina rigurosidad documental con sensibilidad narrativa,
explorando los conflictos fronterizos desde finales del siglo
XIX hasta el periodo revolucionario. Uno de los rasgos más
destacados de su enfoque es la articulación entre fuentes de
archivo y memoria oral, estrategias que permiten al autor ofrecer
un panorama integral de los acontecimientos.
González Quiroga hace un uso intensivo de fuentes de
archivo, incluyendo documentos militares, correspondencia
oficial, actas gubernamentales y registros judiciales. Estas
fuentes le permiten reconstruir la cronología de los conflictos
y situar los eventos en un marco político y social preciso. Sin
embargo, su acercamiento no se limita a la recopilación de
hechos: el autor analiza críticamente los documentos, atendiendo
a las intencionalidades de los productores de los archivos y a las
tensiones entre narrativas oficiales y experiencias vividas. Este
enfoque evidencia una comprensión profunda de la historia como
manísticos, UANL, 2024. 54-128.
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construcción social, en la que los archivos no son neutros, sino
instrumentos de poder y representación.
Paralelamente, González Quiroga recurre a la memoria
como fuente fundamental para complementar y, en algunos casos,
contradecir los registros oficiales. La memoria oral de habitantes,
combatientes y familias fronterizas aporta una dimensión
humana y afectiva al relato, revelando experiencias de violencia,
desplazamiento y negociación que los documentos institucionales
a menudo invisibilizan. Esta estrategia permite al autor explorar
la historia desde la perspectiva de quienes vivieron los conflictos,
ofreciendo un relato polifónico que combina testimonios personales
con evidencia documental. La articulación de memoria y archivo,
entonces, no solo enriquece la narrativa, sino que también plantea
interrogantes sobre la construcción de la verdad histórica y la
importancia de las voces subalternas en la historiografía fronteriza.16
En conjunto, el uso de fuentes de archivo y de la memoria
en Guerra y paz en la frontera refleja la voluntad de González
Quiroga de equilibrar la precisión documental con la sensibilidad
histórica, generando un texto que dialoga entre evidencia objetiva
y experiencia subjetiva. Esta metodología permite al lector
comprender no solo la secuencia de hechos, sino también las
complejidades humanas y sociales que atraviesan la historia de la
frontera, evidenciando que la investigación histórica exige tanto
González Quiroga es uno de los escasos historiadores que publica en inglés y realiza una exhaustiva revisión de fondos documentales mexicanos gracias a su perfil bilingüe.
16

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rigor documental como apertura a la pluralidad de memorias que
constituyen el pasado.
González Quiroga adopta una perspectiva archivística
exhaustiva. Sin embargo, el autor reconoce los límites del archivo
estatal, proponiendo una “memoria regional” que complemente
los relatos nacionales. Su obra rompe con la visión centralista que
había reducido la frontera a un espacio de barbarie y muestra la
coexistencia de violencia y civilización, orden y desorden, como
parte de una misma experiencia histórica.
En Rebrotes de violencia racial, el trabajo de memoria
adopta una forma distinta: la memoria pública. El volumen surge
de un proyecto conmemorativo —Refusing to Forget— que
buscó reinsertar en el discurso oficial los episodios de violencia
racial contra los tejanos. La introducción de Hernández y Morán
plantea que la recuperación de la “Investigación Canales” de
1919 constituye un acto de justicia epistémica: una reparación
simbólica ante décadas de silencio institucional.17 A diferencia
de la reconstrucción documental de González Quiroga, aquí la
memoria se articula a través de testimonios, poesía y activismo.
Como señala Katherine Hite en su contribución, el objetivo es
generar una “conmoción empática” que transforme la memoria
en acción política.18
Sonia Hernández y John Morán González, Rebrotes de violencia racial.
Reflexiones críticas sobre la historia de la frontera (Monterrey: Centro de Estudios Humanísticos, UANL, 2024), 17-18.
18
Katherine Hite, “Reconciliar el pasado con el aquí y el ahora,” en Rebrotes
17

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Ambos proyectos, aunque distintos en método,
comparten una crítica a la historiografía hegemónica. González
Quiroga cuestiona la narrativa liberal del progreso y denuncia
la persistencia del mito de la “frontera civilizadora”, mientras
que Hernández y Morán atacan la historia oficial del “heroísmo
ranger” y del excepcionalismo texano. En ambos casos, la
escritura historiográfica se convierte en práctica de memoria,
orientada a restituir las voces excluidas del archivo estatal:
indígenas, rancheros, tejanos, y mujeres invisibilizadas por el
discurso patriarcal y nacionalista.
No obstante, las estrategias narrativas difieren
notablemente. Guerra y paz en la frontera conserva la estructura
clásica de la historia política y militar, con análisis detallado de
campañas y tratados, mientras que Rebrotes adopta un formato
coral y transdisciplinario que combina historia, literatura y
estudios culturales. Esta pluralidad de voces responde a su
objetivo de democratizar la memoria, descentrando al historiador
como único mediador del pasado.19
III. Identidad y frontera: entre la nación y lo trasnacional
El tercer eje analítico se refiere a la identidad fronteriza, tema
común a ambas obras, pero tratado desde perspectivas distintas.
González Quiroga parte de la premisa de que la frontera norte del
de violencia racial, 409–417.
19
Katherine Hite, “Reconciliar el pasado con el aquí y el ahora,” en Rebrotes
de violencia racial, 409–417.
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�César Morado

siglo XIX no fue un vacío, sino una “sociedad de frontera” con
estructuras económicas, redes familiares y tradiciones culturales
propias.20 En su visión, los habitantes de la frontera —mexicanos,
comanches, apaches, texanos— desarrollaron identidades
situadas, negociando constantemente su pertenencia entre el
orden nacional y la autonomía local. Así, la frontera aparece
como espacio de hibridación, no de ruptura: un “laboratorio
de mexicanidad” donde la violencia y la convivencia fueron
inseparables. Al abordar una zona históricamente marcada por
la movilidad de personas, mercancías y culturas entre México y
Estados Unidos, González Quiroga evidencia cómo las fronteras
no son líneas estáticas, sino espacios de contacto y negociación
continua que moldean la identidad de los actores involucrados.
En este sentido, la obra sugiere que la identidad fronteriza
se construye a partir de múltiples capas: nacional, local y
transnacional. La interacción constante entre comunidades de
ambos lados de la frontera genera una forma de pertenencia
híbrida, en la que las referencias culturales, lingüísticas y sociales
se entrelazan con experiencias de desplazamiento, violencia
y resistencia. González Quiroga, al integrar la memoria oral
de habitantes y combatientes, resalta cómo estas experiencias
subjetivas son fundamentales para comprender la identidad, pues
muestran cómo los individuos internalizan y reinterpretan los
límites políticos y sociales impuestos desde el Estado.
González Quiroga, Miguel Ángel. Guerra y paz en la frontera del bravo,
1880-1930. UANL. 2024., 98–104.
20

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�La violencia en la historiografía de la frontera México-Estados Unidos

Asimismo, la obra tiene implicaciones significativas
para la comprensión del trans-nacionalismo, al revelar que las
fronteras no solo separan, sino que también conectan. Las redes de
comercio, parentesco y lealtades políticas que atraviesan la línea
fronteriza constituyen formas de trans-nacionalismo práctico
que preceden y condicionan los procesos políticos y económicos
formales. González Quiroga demuestra que la historia fronteriza
está marcada por flujos continuos de interacción y negociación,
en los que los actores locales operan simultáneamente dentro y
fuera de los marcos nacionales, generando un espacio social y
cultural transnacional que desafía las categorías tradicionales de
ciudadanía y soberanía.
En conjunto, Guerra y paz en la frontera contribuye a
repensar la historia de las fronteras más allá de los relatos centrados
en el Estado, poniendo en primer plano la agencia de comunidades
que viven en contacto permanente con otros territorios. La obra
evidencia que la identidad fronteriza es fluida, negociada y plural,
y que el trans-nacionalismo no es un fenómeno reciente, sino una
condición histórica que ha configurado profundamente las formas
de vida, las lealtades y las memorias en estas regiones.
Rebrotes de violencia racial ofrece un análisis profundo
de cómo la violencia racial se entrelaza con los procesos de
construcción de identidad y las dinámicas transnacionales en
contextos urbanos y fronterizos. A través de estudios de caso
que abarcan distintas localidades, la obra demuestra que los
conflictos raciales no pueden entenderse únicamente como
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episodios aislados de intolerancia, sino como manifestaciones
de estructuras históricas, políticas y económicas que moldean la
pertenencia social y los sentidos de comunidad.
En términos de identidad, la obra subraya que los
grupos raciales construyen su sentido de pertenencia en diálogo
constante con las narrativas hegemónicas y las experiencias de
discriminación. Hernández y Morán González muestran cómo la
violencia y la segregación afectan la percepción de sí mismos y
de los otros, generando identidades colectivas marcadas por la
resistencia, la vulnerabilidad y, en ocasiones, la estigmatización.
La memoria histórica, tanto individual como colectiva, se
convierte en un elemento clave para comprender cómo las
comunidades interpretan los episodios de violencia, legitiman sus
reclamos y negocian su posición dentro de la sociedad.
Por otro lado, el libro resalta las implicaciones
transnacionales de la violencia racial, particularmente en regiones
fronterizas o con flujos migratorios significativos. La circulación
de personas, ideas y normas culturales entre países contribuye
a la construcción de patrones de discriminación y solidaridad
que atraviesan límites políticos. Los autores evidencian que la
violencia racial no es un fenómeno confinado a un solo territorio;
se reproduce y se transforma a través de redes transnacionales de
migración, comunicación y política, lo que exige, un enfoque que
combine análisis local y global.
En resumen, Rebrotes de violencia racial plantea
que comprender la violencia racial requiere atender tanto a
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las experiencias locales de identidad como a las conexiones
transnacionales que las condicionan. La obra aporta un marco
conceptual que permite ver la construcción de identidades raciales
como un proceso dinámico, situado y profundamente influido por
la movilidad, la historia compartida y los legados estructurales de
desigualdad.
El contraste entre ambas obras reside en el carácter más
militante de Rebrotes de violencia racial pues problematiza la
identidad desde la experiencia del despojo. Hernández y Morán
retoman la frase popular “nosotros no cruzamos la frontera, la
frontera nos cruzó a nosotros” como síntesis del trauma histórico
de los mexicanos en Texas, convertidos en extranjeros en su
propia tierra.21 La identidad, en este marco, no se forja en la
negociación sino en la resistencia. Los ensayos del volumen
—en particular los de Gabriela González22 y Cynthia Orozco—
muestran cómo la prensa mexicoamericana, el activismo de
Jovita Idar o la fundación de LULAC representaron estrategias
de reconfiguración identitaria ante la violencia del Estado y el
racismo institucional.23
Sonia Hernández y John Morán González, Rebrotes de violencia racial.
Reflexiones críticas sobre la historia de la frontera (Monterrey: Centro de Estudios Humanísticos, UANL, 2024), 20.
22
Gabriela González, “Humanizando La Raza: El periodismo activista de la
familia Idar en Texas en el siglo XX,” en Rebrotes de violencia racial, 229–
247.
23
Cynthia E. Orozco, “Contribuciones de J. T. Canales al ámbito del derecho
y los derechos civiles,” en Rebrotes de violencia racial. 247-284.
21

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�César Morado

Mientras González Quiroga describe la frontera como
espacio integrador de proyectos nacionales en competencia,
Hernández y Morán la entienden como herida abierta de la
modernidad racializada. En el primero, la identidad se construye
desde la interacción; en el segundo, desde la fractura. Sin
embargo, ambos coinciden en que la frontera produce sujetos
históricos complejos que desafían las categorías binarias de
mexicano y estadounidense, civilización y barbarie, centro y
periferia. La historiografía de ambos proyectos se inserta, así, en
un debate mayor sobre la transnacionalización del pasado y la
necesidad de narrar la historia desde los márgenes.
Conclusión
El estudio comparativo entre Guerra y paz en la frontera y Rebrotes
de violencia racial revela un desplazamiento historiográfico
profundo en el estudio de la frontera norte. González Quiroga
representa una generación de historiadores que buscan integrar
la violencia en la narrativa nacional sin reducirla al caos o al
bandolerismo, mientras que Hernández y Morán encarnan una
historiografía crítica que desmonta los cimientos raciales del
Estado moderno y propone una memoria reparadora. Ambas
perspectivas, sin embargo, confluyen en una misma intuición:
la frontera no es solo un espacio geográfico, sino una condición
epistemológica que obliga a repensar las nociones de soberanía,
ciudadanía y humanidad.
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�La violencia en la historiografía de la frontera México-Estados Unidos

En términos de método, González Quiroga privilegia el
archivo institucional y la cronología lineal; Hernández y Morán, en
cambio, ensayan un montaje polifónico que incorpora literatura,
arte y testimonio. Pero más allá de sus diferencias formales,
ambos comparten una ética de la memoria: narrar la violencia
para impedir su olvido. Si el primero muestra la frontera como
un laboratorio de modernización y conflicto, el segundo la exhibe
como escenario de racismo y resistencia. Entre ambos textos se
traza, pues, una genealogía de la violencia fronteriza que va del
conflicto inter-étnico a la violencia estatal y de ésta a la lucha por
la memoria y la identidad.
Así, la historiografía de la frontera norte —desde González
Quiroga hasta Hernández y Morán González— se consolida como
un campo transdisciplinario que desafía los límites entre historia
nacional e historia regional, entre el archivo y la memoria, entre
la violencia y la reparación.
Referencias
Hernández Sonia y John Morán González. Coordinadores. Rebrotes de violencia racial. Contribuciones críticas sobre la
historia de la violencia en la frontera. UANL. 2024.
Hernández Kelly Lytle Bad Mexicans: Race, Empire, and Revolution in the Borderlands. W. W. Norton, 2022. Pp. 348.
Hite, Katherine “Reconciliar el pasado con el aquí y el ahora,” en
Rebrotes de violencia racial, 409–417.
González, Gabriela “Humanizando La Raza: El periodismo activista de la familia Idar en Texas en el siglo XX,” en Rebrotes de violencia racial, 229–247.
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares5.10-191

�César Morado

González Quiroga Miguel Ángel. Guerra y paz en la frontera
del Bravo, 1880-1930. Universidad Autónoma de Nuevo
León. 2023.
Muñoz Martínez, Mónica. The Injustice Never Leaves You: Anti-Mexican Violence in Texas. Harvard University Press.
2020.
Sheridan Cecilia y César Morado. Coordinadores. Las políticas
de memoria en la construcción del discurso histórico.
UANL. 2024.
Orozco, Cynthia E. “Contribuciones de J. T. Canales al ámbito
del derecho y los derechos civiles,” en Rebrotes de violencia racial, 247-284.

Sillares, vol. 5, núm. 10, 2026, 92-117
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares5.10-191

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�Modernidad, influencia estadounidense e identidad
mexicana en la película Acá las tortas (1951)
Modernity, American Influence, and Mexican Identity
in the Film Acá las tortas (1951)
Kassandra Sifuentes
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
https://orcid.org/0000-0002-6696-6989

Moisés Alberto Saldaña Martínez
Universidad Autónoma de Nuevo León
Monterrey, México
https://orcid.org/0000-0003-0627-6203
Recibido: 03 de febrero de 2025
Aceptado: 24 de noviembre de 2025

Resumen: Acá las tortas (1951), dirigida y producida por Juan Bustillo
Oro, es una película mexicana que refleja los cambios sociales,
culturales y generacionales en un México en plena transformación. La
trama sigue a una familia de clase media atrapada entre las aspiraciones
de sus hijos, quienes regresan a la ciudad influenciados por el estilo de
vida estadunidense. A través de un análisis fílmico histórico, el artículo
tiene como objetivo examinar cómo la película Acá las tortas (1951)
refleja los conflictos de la clase media mexicana frente a la modernidad,
y la necesidad de preservar la identidad nacional a través de símbolos
como los alimentos, el idioma y la cultura material.
Sillares, vol. 5, núm. 10, 2026, 118-161
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares5.10-171

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�Kassandra Sifuentes y Moisés Saldaña

El estudio se divide en cuatro apartados. En el primero, se ofrece una
breve reflexión sobre la película como fuente histórica, junto con la
metodología adoptada para este trabajo. Posteriormente, se contextualiza
históricamente la producción y exhibición del filme, haciendo especial
énfasis en la influencia estadounidense que se desarrolló durante las
décadas de 1940 y 1950. El tercer apartado presenta una sinopsis
argumental del filme, acompañada de un breve análisis estético.
Finalmente, el estudio culmina con un análisis detallado basado en la
selección de una serie de fotogramas representativos.
El filme ofrece una visión crítica de la mexicanidad, la identidad
y el proceso de modernización del país durante el periodo conocido
como el “milagro mexicano”. La obra no sólo expone la tensión
entre tradición y modernidad, sino que también pone en evidencia los
desafíos de preservar la cultura nacional frente a la creciente influencia
estadounidense.
Palabras clave: Clase media, cine mexicano, influencia estadunidense,
identidad, modernidad.
Abstract: Acá las tortas (1951), directed and produced by Juan Bustillo
Oro, is a Mexican film that reflects the social, cultural, and generational
changes in a transforming Mexico. The plot follows a middle-class
family caught between the aspirations of their children, who return to
the city influenced by the American lifestyle. Through a historical film
analysis, this article aims to examine how Acá las tortas (1951) reflects
the conflicts of the Mexican middle class in the face of modernity, and
the need to preserve national identity through symbols such as food,
language, and material culture.
The study is divided into four sections. The first provides a brief reflection
on the film as a historical source, along with the methodology adopted
for this work. The following section contextualizes the production and
exhibition of the film historically, emphasizing the American influence
that developed during the 1940s and 1950s. The third section presents
a plot synopsis of the film, accompanied by a brief aesthetic analysis.
Finally, the study concludes with a detailed analysis based on a selection
of representative stills.
Sillares, vol. 5, núm. 10, 2026, 118-161
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares5.10-171

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�Modernidad, influencia estadounidense

The film offers a critical view of Mexicanidad (Mexicanness), identity,
and the country’s modernization process during the period known as
the “Mexican Miracle.” The work not only exposes the tension between
tradition and modernity but also highlights the challenges of preserving
national culture in the face of growing American influence.
Key words: Middle class, Mexican cinema, American influence,
identity, modernity.

Sillares, vol. 5, núm. 10, 2026, 118-161
DOI: https://doi.org/10.29105/sillares5.10-171

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�Kassandra Sifuentes y Moisés Saldaña

Introducción
La película Acá las tortas (1951), dirigida por Juan Bustillo
Oro, ofrece una representación fílmica de los conflictos sociales,
culturales y generacionales en un México que atraviesa una etapa
de modernización acelerada. Durante las décadas de 1940 y 1950,
la clase media mexicana experimenta una creciente influencia de
Estados Unidos, cuyo estilo de vida, denominado “American
Way Of Life”, se presenta como un modelo aspiracional en un
contexto de expansión urbana e industrial.
Este fenómeno genera tensiones entre la conservación de
la identidad nacional y la adopción de los valores y costumbres
estadounidenses, un dilema que se refleja en las interacciones
de los personajes de la película. La obra no solo representa
una historia de familia, sino también las transformaciones más
amplias que vivía la clase media, atrapada entre la tradición y la
modernidad.
El objetivo de este artículo es analizar cómo Acá las
tortas (1951) refleja las tensiones del proceso de modernización
en México, especialmente en relación con la clase media,
y cómo se refleja en símbolos como los alimentos, el idioma
y la cultura material para abordar la cuestión de la identidad
nacional frente a la influencia estadounidense. La metodología
adoptada combina el análisis histórico-contextual y estético
de la película, siguiendo el enfoque de José María Caparrós
Lera, quien propone una interpretación integral de las obras
Sillares, vol. 5, núm. 10, 2026, 118-161
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�Modernidad, influencia estadounidense

cinematográficas en relación con los procesos sociales, culturales
y políticos de su tiempo.
La investigación se divide en cuatro apartados: primero,
se reflexiona sobre el cine como fuente histórica y se explica la
metodología que se empleó; en segundo lugar, se contextualiza
la producción y exhibición de la película dentro de su marco
histórico y social, con énfasis en la influencia estadounidense
durante “el milagro mexicano”; el tercer apartado ofrece una
sinopsis de la película y un breve análisis estético; y finalmente,
se presenta un análisis detallado de fotogramas representativos
que ilustran cómo el filme aborda los conflictos de identidad en la
sociedad mexicana de la época a través de los alimentos, el idioma
y la cultura material. Este estudio busca comprender cómo el cine
mexicano de esta época se convierte en una herramienta crítica
para examinar los cambios socioculturales.
1. La película como fuente histórica
A mediados del siglo XX, el cine experimentó una revalorización
significativa como fuente para la investigación histórica. El
llamado giro cultural, un movimiento intelectual que surgió
en los años de 1960 y 1970, impulsó una profunda revisión de
los métodos y enfoques tradicionales de la historiografía. Este
giro, caracterizado por un interés creciente en la cultura y las
experiencias cotidianas, llevó a los historiadores a explorar
nuevas fuentes y perspectivas. Como señala García, este cambio
de paradigma se manifestó en un distanciamiento de las grandes
Sillares, vol. 5, núm. 10, 2026, 118-161
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�Kassandra Sifuentes y Moisés Saldaña

narrativas y las estructuras sociales deterministas, que habían
dominado la historiografía durante décadas.1
De tal modo, se abandonó la visión estática de una cultura
homogénea y se adoptó una perspectiva más dinámica y compleja.
Los historiadores comenzaron a considerar la cultura como un
espacio de interacción social, donde los individuos construyen
significados y sentidos.
Este cambio de paradigma permitió a los historiadores
explorar nuevas fuentes, como la cultura popular, el lenguaje
cotidiano y las representaciones simbólicas, ampliando así el
espectro de la investigación histórica. Este nuevo interés está, sin
duda, conectado con la aparición de lo que se ha denominado
nueva historia cultural.2
Esta nueva perspectiva, que otorgaba un mayor
protagonismo a la cultura en la construcción de la historia,
abrió nuevas posibilidades para el análisis del cine como fuente
histórica. Fue durante la década de 1970 cuando se consolidó
la relación entre historia y cine, gracias a las contribuciones
de diversos especialistas que lograron su institucionalización
dentro del campo académico. Los primeros estudios se enfocaron
principalmente en la representación fílmica, un área amplia y
diversa cuyo potencial aún está lejos de agotarse.
Marta García Carrión, “De espectador a historiador: cine e investigación
histórica” en Historia y cine. La construcción del pasado a través de la ficción,
eds. Mónica Bolufer, Juan Gomis y Telesforo M. Hernández (España: Cometa,
S.A., 2015), 103-104.
2
Justo Serna y Anaclet Pons, La historia cultural (Madrid: Akal, 2005), 19.
1

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Entre los primeros especialistas en lograr este objetivo
está el historiador Marc Ferro, quien en 1968 publicó un artículo
en la revista Annales donde planteó la importancia del cine como
fuente histórica.3 Este trabajo marcó un punto de inflexión para la
historia al descartar que más allá del entretenimiento, el cine es
un espejo de las mentalidades de una época.
Ferro apuntaba la necesidad de partir de las
imágenes, no buscar en ellas únicamente la ilustración o
confirmación del conocimiento obtenido por la tradición
escrita.4 Para él, la imagen, más que copia de la realidad, es
ante todo reveladora, la cámara revela el secreto, muestra el
anverso de una sociedad, sus lapsos; lo que deja entrever es
parcial, incompleto y sólo resulta útil para el historiador mediante
una confrontación con otras formas de expresión.5
Una obra cumbre en el estudio de cine y sociedad es
Sociología del Cine (1977) del sociólogo Pierre Sorlin. En
este trabajo, Sorlin sostenía que el cine debe considerarse
como una práctica significativa, más allá del entretenimiento,
reconociéndose como una manifestación ideológica y social del
tiempo en que se inserta.6
Marta García Carrión, “De espectador a historiador: cine e investigación
histórica”, 100.
4
Mar Ferro, Cine e Historia (Barcelona: Editorial Gustavo Gili, S.L.,
1980), 26.
5
Francisco J. Zubiaur Carreño, “El cine como fuente de la Historia”, Memoria y Civilización (M&amp;C), 8 (2005): 208.
6
Marta García Carrión, “De espectador a historiador: cine e investigación
3

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El sociólogo argumentaba que un filme no es ni una
historia ni una duplicación de la realidad fijada en celulosa: es
una puesta en escena social, y ello por dos razones. El filme
constituye ante todo una selección (algunos objetos y no otros), y
después una redistribución. Reorganiza, con elementos tomados
en lo esencial del universo ambiente, un conjunto social que,
por ciertos aspectos, evoca el medio del que ha salido, pero,
en lo esencial, es una retraducción imaginaria de éste. A partir
de personas y de lugares reales, a partir de una historia a veces
“auténtica”, el filme crea un mundo proyectado.7
En otras palabras, Sorlin sostiene que los filmes registran
una parte, aunque sea reducida y aun ínfima, de la “realidad
social”.8 Ese fragmento de la realidad, la carga de sentido, los
hace funcionales dentro de una historia y los reúne en una nueva
unidad. Ninguna sociedad se presenta en la pantalla tal y como es,
sino que se involucran también las elecciones del director o las
expectativas de los espectadores. Lo visible revela la mentalidad
y la ideología de una sociedad dada, contando cuáles son las
representaciones y cómo a través de las imágenes se reelabora la
realidad para adueñarse de ella.
El cine, como medio de expresión cultural, menciona López,
refleja el sistema de creencias y valores vigentes en un momento
histórica”, 102.
7
Pierre Sorlin, Sociología del cine, (México: Fondo de Cultura Económica,
1985), 160-170.
8
Pierre Sorlin, Sociología del cine, 219.
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histórico determinado.9 Por ello, actualmente existe el interés de
examinar los textos audiovisuales con la misma intencionalidad
crítica con la que supuestamente se da el acercamiento a los
informes escritos. Si bien el cine ha estado permeado con la idea
de que no encierra verosimilitud, se ha demostrado que sirve para
ilustrar y narrar la experiencia humana, asimismo representa y
crea situaciones culturalmente específicas.10
En palabras de Zubiaur, el cine se transforma en una
herramienta anónima para las naciones, sirviendo como una
fuente clave para descifrar los mensajes sobre las mentalidades
colectivas.11 En este sentido, no sólo se entiende como un
dispositivo de representación, sino también como un valioso
documento social. A través de su narrativa y sus elementos
visuales, permite observar y analizar las prácticas sociales y las
dinámicas culturales.
A pesar de su institucionalización y consolidación como
fuente histórica, el desarrollo de metodologías para el estudio
de los filmes aún está en proceso. Según García Ochoa, los
estudios fílmicos han acumulado un considerable retraso en
Blanca Estela López Pérez, “La ciudad en la pantalla grande: cine mexicano de 1950-1959” en La revolución silenciosa. El diseño de la vida cotidiana
en la Ciudad de México durante la segunda mitad del siglo XX. Análisis y
prospectiva, ed. Eduardo Ramos Watanave (México: Universidad Autónoma
Metropolitana, 2014), 82.
10
Jorge Grau Rebollo, La familia en la pantalla, (España: Septem Ediciones,
2001), 11.
11
Francisco J. Zubiaur Carreño, “El cine como fuente de la Historia”, 210.
9

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comparación con otras disciplinas. Existen pocos enfoques dentro
de las principales corrientes fílmicas, muchos de ellos teniendo
similitudes con el método panofskyano (pre-iconográfico,
icnográfico e iconológico): el estudio de la mentalidad de la
nación alemana propuesto por Kracauer, el análisis de los niveles
de significación propuesto por los semiólogos como Metz, el
contraanálisis de la sociedad de Ferro, y la intertextualidad
planteada por Genette.12
Para el análisis de la película Acá las tortas (1951),
considerando el objetivo del estudio, se adopta la metodología
propuesta por José María Caparrós Lera en La investigación
histórica del arte fílmico (1984). Esta metodología se centra en
un enfoque integral que combina el análisis histórico, contextual
y estético de las obras cinematográficas.13 Caparrós Lera, también
destaca la importancia de comprender el filme no sólo como un
producto artístico, sino también como un reflejo de los procesos
sociales, culturales y políticos de su tiempo.
Siguiendo el enfoque de Caparrós Lera, el análisis de
Acá las tortas (1951) se estructura en varios niveles: primero,
se contextualizan las circunstancias históricas y sociales de
la década de 1950, especialmente en relación con la influencia
estadounidense sobre la clase media mexicana. Luego, se realiza
Santiago García Ochoa, “En el principio fue Panofsky: Una genealogía del
análisis fílmico” SituArte, 23 (2017): 23.
13
José María Caparrós Lera, “La investigación histórica del arte fílmico”
D’Art: revista del departamento d’Historia de l’Arte, 10: 281.
12

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un análisis de los elementos cinematográficos, identificando
cómo se utilizan los recursos visuales, narrativos y simbólicos
para representar las tensiones de la modernidad y la identidad
nacional. Finalmente, se interpreta cómo estos elementos reflejan
las dinámicas culturales y los desafíos de preservar la mexicanidad
ante la modernización.
2. “El milagro mexicano” y su impacto económico-social
Los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial aceleraron el
incipiente desarrollo industrial en México debido a la reducción
de las importaciones provenientes de Estados Unidos. El gobierno
aprovechó estas condiciones para implementar sus políticas
proteccionistas, lo que aceleró la modernización del país,
respaldada por una estabilidad política general. Este proceso,
conocido como el “milagro mexicano”, desde la perspectiva de
la historiografía tradicional,14 se reflejó en profundos cambios
sociales y económicos.15
Las medidas adoptadas permitieron desplazar a la
competencia extranjera en el mercado de consumo. Según Smith,
durante la década de 1950, solo el 7% del valor final de los bienes
Desde una interpretación crítica, Silva Camarillo sostiene que, aunque el
PRI utilizó altas cifras estadísticas y un discurso oficial para legitimarse en el
poder y vanagloriar el cumplimiento de las promesas de la Revolución, diversos sectores de la sociedad manifestaron una realidad distinta.
15
Soledad Loaeza, et al. “Modernización autoritaria a la sombra de la superpotencia 1944- 1968”, en Historia General de México Ilustrada: Volumen II,
1st, edición conmemorativa ed., Colegio de México, (México: El Colegio de
México, 2010), 333.
14

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de consumo perecederos se importaba del extranjero.16 Productos
como textiles, alimentos, bebidas y tabaco (clasificados como
industrias básicas), calzado y jabón (bienes de consumo), y hule,
alcohol y vidrio (bienes intermedios) se producían en el mercado
nacional.17
Este sistema no sólo favoreció el mercado interno, sino
que también propició la modernización de la sociedad mexicana.
Durante esta época, la Ciudad de México fue escenario de
numerosos cambios arquitectónicos y urbanísticos.18 El
crecimiento urbano de la ciudad fue un fenómeno sin precedentes
durante esta década, impulsado por una masiva movilización del
campo hacia la ciudad.
La necesidad de transformar un entorno con arraigo rural,
destinado a la siembra y la crianza, en un espacio urbano requería
un nuevo concepto de hábitat que incorporara comercios, fábricas,
viviendas, jardines, centros de entretenimiento, calles y avenidas,
marcando la entrada de la capital al mundo industrializado.
Peter H. Smith, “México, 1946-c. 1990” en Historia de América Latina.
México y el Caribe desde 1930, ed. Leslie Bethell, (Barcelona: CRITICA
1998), 86.
17
Timothy J. Kehoe y Felipe Meza, “Crecimiento rápido seguido de estancamiento: México (1950- 2010)” El Trimestre Económico, 80, no.318 (2013):
249.
18
Eduardo Ramos Watanave, “Análisis de los productos de uso cotidiano en
la Ciudad de México. El impulso industrializador mexicano, 1950-1959”, en
La revolución silenciosa. El diseño de la vida cotidiana en la Ciudad de México durante la segunda mitad del siglo XX. Análisis y prospectiva, ed. Eduardo
Ramos Watanave (México: Universidad Autónoma Metropolitana, 2014), 70.
16

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La prioridad era satisfacer las demandas sociales de vivienda,
educación, salud y empleo, que idealmente generarían bienestar
social.19
Los sectores más beneficiados fueron las clases medias.
De acuerdo con Soledad Loaeza y Claudio Stern, las clases medias
se caracterizan por su trabajo en tareas no manuales, su perfil
predominantemente urbano y su alto nivel educativo.20 El acceso
a la cultura urbana organizada y a los productos de consumo, de
los cuales las clases bajas carecen, es también una característica
esencial de la clase media.
Estas clases reflejaron las contradicciones propias del Estado
mexicano. Se trató de una época en la que hubo una aproximación
notable entre México y Estados Unidos, a pesar de que la retórica
política nacionalista y de “izquierda” promovida por el gobierno
sugería rumbos que parecían contrarios a tal aproximación. 21
Esta relación entre México y Estados Unidos experimentó
un cambio radical, que trascendió más allá de la cuestión
económica. Estados Unidos se vio obligado a transformar sus
relaciones diplomáticas con los países de América, no solo por
razones de seguridad, sino también debido al temor de que algunas
Eduardo Ramos Watanave, “Análisis de los productos de uso cotidiano en
la Ciudad de México. El impulso industrializador mexicano, 1950-1959”, 70.
20
Soledad Loaeza y Claudio Stern, Las clases medias en la coyuntura actual,
(México: El Colegio de México, 1987), 24.
21
Emilio, Coral, “La clase media mexicana: entre la tradición, la izquierda,
el consumismo y la influencia cultural de Estados Unidos (1940-1970)”, Historias, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 63 (2006): 104.
19

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naciones latinoamericanas simpatizaran con las potencias del Eje.
Esto podría haberles permitido acceder a recursos bélicos y haber
generado un sentimiento de antiestadounidense en la región.22
Este cambio de contexto transformó las relaciones de
Estados Unidos en un ambiente de cooperación. En 1933, la
política del “Buen Vecino”, que consistió en el abandono definitivo
del intervencionismo estadounidense en los asuntos internos
de otros países, condujo a que Franklin D. Roosevelt y Manuel
Ávila Camacho firmaran una serie de acuerdos encaminados a
resolver antiguas disputas históricas. La más reciente de ellas fue
la regularización de las propiedades petroleras y la explotación de
plata en territorio mexicano.23
Tras la Segunda Guerra Mundial, en 1945, surgieron dos
potencias que representaban sistemas opuestos: el capitalista y
el socialista. Este mundo bipolar, modelado durante la Guerra
Fría por Estados Unidos y la Unión Soviética, fue percibido con
creciente desconfianza y animosidad por la derecha mexicana en
sus diversas facciones. Después del Cardenismo, se produjo un
giro hacia la derecha por parte de los presidentes sucesivos, quienes
se adhirieron a los postulados ideológicos del anticomunismo
promovidos por Estados Unidos.
Jorge A. Schiavon, “La relación especial México- Estados Unidos: cambios y continuidades en la Guerra y Por-Guerra Fría, http://hdl.handle.
net/11651/1065, 6.
23
Jorge A. Schiavon, “La relación especial México- Estados Unidos: cambios y continuidades en la Guerra y Por-Guerra Fría, 5.
22

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El “American Way of Life” como modelo a seguir. Las
contradicciones del Estado mexicano para fortalecer la
identidad
Entre 1940 y 1970, las clases medias mexicanas recibieron una
influencia determinante de Estados Unidos, que alimentó su
identidad. El país vecino empleó diversas herramientas para
promover sus valores de democracia, libertad y capitalismo,
atrayendo a aquellos sectores de la población que se sintieron
decepcionados por las políticas post-Segunda Guerra Mundial.
Al mismo tiempo, buscaba demostrar a las élites europeas su
superioridad cultural y la necesidad de expandir su modelo de
vida al Viejo Continente, mediante mecanismos como el Plan
Marshall o el Fair Deal. Además, hizo de la cultura un elemento
más dentro de la industria exportadora con la que vender el ideal
estadounidense.24
La clase media mexicana se vio expuesta a una nueva
influencia cultural proveniente de Estados Unidos, orientada
a contrarrestar la influencia comunista en América Latina.
El “American Way of Life” se convirtió en un símbolo de
modernización para las clases medias mexicanas. Publicaciones,
la radio, el cine y la televisión, especialmente estos dos últimos,
reiteraban el estereotipo del estilo de vida de la clase media
estadounidense y cierta admiración hacia el vecino del norte,
Andrea Hormaechea Ocaña “El cómic como propaganda anticomunista durante la Guerra Fría (1947-1960)”, Historia y comunicación social, 25(2020):
7-8.
24

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como parte de una ofensiva destinada a divulgar las ventajas y
encantos del estilo de vida americano.25
México experimentó un proceso acelerado de
“americanización”, lo que aumentó la necesidad de proteger
y preservar la identidad nacional, reflejando importantes
contradicciones. Mientras que la influencia de la cultura material
de Estados Unidos era atractiva para el grupo gobernante y las
clases medias mexicanas, y se buscaba su incorporación como
parte del desarrollo nacional y las tendencias modernizadoras,
fueron vistos con recelo muchos otros valores culturales,
considerados transgresores de aspectos tradicionales de la
sociedad.26 Este fuerte sentido de nacionalismo llevó a ciertos
sectores tradicionalistas, de derecha e incluso de izquierda, a
rechazar la creciente influencia cultural estadounidense.
En 1945, menciona Coral, se expresó la preocupación
de algunas instituciones gubernamentales, como la Secretaría
del Trabajo y Previsión Social, por la influencia de las películas
estadunidenses en la sociedad mexicana. Argumentaron que éstas
promovían valores contrarios a la tradición y costumbres de la
familia mexicana, fomentando la desintegración, conflicto de
roles y rebeldía entre la juventud.27
Ricardo Pérez Montfort, “On the Street Corner where Stereotypes are
Born: Mexico City, 1940-1968”, en William H. Beezley, ed., A Companion
to Mexican History and Culture (Chichester.: West Sussex, Wiley-Blackwell,
2011), 41.
26
Emilio Coral, “La clase media mexicana: entre la tradición, la izquierda, el
consumismo y la influencia cultural de Estados Unidos (1940-1970)”, 107.
27
Emilio Coral, “La clase media mexicana: entre la tradición, la izquierda, el
25

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Los filmes nacionales de la época construyeron una clase
media que se mostró ambivalente respecto al tejido cultural que
se conformaba en el país como consecuencia de esta influencia
estadounidense, pues al tiempo que se anhelaba como un signo
de estatus, se representaban resistencias. Esta reacción reflejaba
la tensión entre el deseo de modernización y la necesidad de
preservar la cultura propia. La clase media, valorando la familia
y la moral, era particularmente vulnerable a la atracción del estilo
de vida estadounidense idealizado en el cine.
Pérez menciona que el espíritu nacionalista se veía
reservado para ocasiones específicas y, por lo general, era
expresado a través de imágenes estereotipadas de lo que se
había establecido como “típicamente mexicano”.28 En efecto, a
través de la pantalla se mostraron estereotipos que reflejaron las
transformaciones de la sociedad mexicana.
Actores y actrices como Joaquín Pardavé, Fernando Soler,
Pedro Infante, Blanca de Castejón y Emilia Guiú interpretaron
personajes de clase media o alta, contribuyendo a expandir la
concepción de lo que significaba ser mexicano y tratando de crear
o fortalecer el sentido de identidad.29 Por otro lado, también se
mostraron los peligros y consecuencias respecto a los efectos que
provocaban la adopción de valores estadunidenses.
consumismo y la influencia cultural de Estados Unidos (1940-1970)”, 105.
28
Ricardo Pérez Montfort, “On the Street Corner where Stereotypes are
Born: Mexico City, 1940-1968”, 41.
29
Emilio Coral, “La clase media mexicana: entre la tradición, la izquierda, el
consumismo y la influencia cultural de Estados Unidos (1940-1970)”, 107.
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Si bien muchas producciones cinematográficas idealizaron
la realidad social, obviando los conflictos nacionales, en este
estudio se ha considerado el filme Acá las tortas (1951), escrito y
dirigido por Juan Bustillo Oro. Este estudio se centrará en analizar
cómo la película representa la confrontación entre tradición y
modernidad especialmente a través de los alimentos, el idioma
y la cultura material. A través de sus personajes y situaciones,
la película refleja los desafíos del sentido de identidad frente a
la influencia del “American Way Of Life”. Es importante señalar
que el análisis se sitúa en un contexto urbano especifico, la Ciudad
de México, interpretando estos elementos a partir de la dinámica
social y cultural propia de ese espacio.
3. Sinopsis argumental de Acá las tortas
Acá las tortas (1951) está escrita y dirigida por el cineasta
mexicano Juan Bustillo Oro, filmada en los estudios y laboratorios
Churubusco Azteca bajo la producción de Jesús Grovas. Bustillo
Oro estudió la carrera de Leyes en la Universidad Nacional de
México, pero fue su acercamiento al teatro, a través de su padre,
quien administraba un teatro en la ciudad, lo que despertó su
interés por el arte dramático y, más tarde, por el cine.30
Su estancia en la universidad y su interés por las artes lo
llevaron a integrarse al movimiento de José Vasconcelos, quien
Fundación Televisa, Juan Bustillo Oro: Vida cinematográfica, Google Arts
&amp; Culture, https://artsandculture.google.com/story/juan-bustillo-oro-vida-cinematogr%C3%A1fica-fundacion-televisa/xwVxbLmMqageeA?hl=es-419.
30

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en 1929 postuló su candidatura a la presidencia y perdería frente
a Pascual Ortiz Rubio. Fue en ese contexto donde conoció a
Mauricio Magdaleno, con quien, en 1932, comenzó su carrera
en el teatro. Juntos escribieron una obra que él mismo describió
como un “teatro de ahora”, con un enfoque social, anti-burgués y
revolucionario. Narciso Bassols, desde la Secretaría de Educación
Pública, los apoyó y les cedió el antiguo Teatro Hidalgo.31
Su deseo de ser director se reflejó en su intervención en
los diálogos de películas como El compadre Mendoza (1934) y El
fantasma del convento (1934). Aunque la dirección de esta última
fue ofrecida a Bustillo Oro, finalmente fue cedida a Fernando
de Fuentes. Su primera participación cinematográfica demostró
su interés artístico e ideológico, al utilizar símbolos y efectos
de iluminación diferentes a otras producciones nacionales. Un
ejemplo de ello fue su primera película sonora, Dos monjes
(1934), protagonizada por Magda Haller, Víctor Urruchúa y
Carlos Villatoro. Aunque la crítica del público no fue favorable,
algunos intelectuales, como André Bretón, alabaron la obra,
considerándola surrealista y de culto.32
Más tarde, en su desarrollo como cineasta, Bustillo Oro y
el productor Jesús Grovas deciden asociarse bajo la firma GrovasOro Films, lo que marcó una nueva etapa en la filmografía de
Fundación Televisa, Juan Bustillo Oro: Vida cinematográfica, Google Arts
&amp; Culture.
32
Emilio García Riera, Breve Historia del Cine mexicano. Primer Siglo,
1897-1997, (México: Ediciones MAPA, S.A. de C.V, 1998), 87-88.
31

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Bustillo Oro. De esta sociedad, destacó una de sus primeras obras
en esta sociedad, Amapola del camino (1937), protagonizada por
Tito Guízar. No solo se dedicaba a la dirección, sino también a la
producción, como ocurrió con Huapango (1937).33
Sin embargo, su enfoque artístico, evidenciado en Dos
monjes (1934), pronto cambió hacia las comedias urbanas,
dejando atrás las pretensiones artísticas. Entre sus comedias
más destacadas se encuentran La tía de las muchachas (1938) y
su mayor éxito, ¡Ahí está el detalle! (1940), protagonizada por
Cantinflas.
En esta etapa de comedias urbanas se encuentra Acá las
tortas (1951), también titulada Los hijos ricos, un drama que se
desarrolla en un ambiente urbano donde vive la familia Mendoza:
doña Dolores (Sara García) y su esposo don Chente (Carlos
Orellana), quienes, junto a su empleada Jacinta (Lupe Inclán), se
dedican a la venta de tortas en un local aledaño a su hogar.
El matrimonio tiene tres hijos: Vicente (Luis Beristáin),
Lupe (Queta Lavat) y Ricardo (Fernando Casanova). Vicente,
enfrenta problemas de alcoholismo derivados de una depresión
después de que su hermano Ricardo le robara su novia María
(Meche Barba), lo que provoca que Vicente huya del hogar sin
saberse de su paradero. Los dos últimos hijos, Lupe y Ricardo,
son enviados a Estados Unidos para recibir una mejor educación
y encontrar mejores oportunidades de vida.
Emilio García Riera, Breve Historia del Cine mexicano. Primer Siglo,
1897-1997, 107.
33

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La historia comienza con el retorno de estos dos hijos,
quienes, después de cinco años, regresan a su ciudad natal
enfrentándose a la disonancia cultural entre su nueva forma de
vida y su lugar de origen. Rechazan la forma de vida de sus
padres, criticando la venta de tortas que, durante años, les permitió
subsistir y financiar su educación en Estados Unidos. Su cambio
impacta a los padres, quienes no entienden las frases en inglés
que ahora emplean sus hijos, e incluso notan que han cambiado
sus nombres: Lupe ahora es llamada “Betty” y Ricardo “Dick”.
Los hermanos sorprenden a sus padres al informarles
que Lupe está comprometida con Eddy, el hijo de una familia
aristócrata muy importante en México, la cual se jacta de tener
mucho dinero y haber vivido en Estados Unidos. Ambos les
piden a sus padres que se mantengan al margen, ya que sería una
vergüenza que la familia de Eddy descubriera que se dedican a la
venta de tortas. Doña Dolores y don Chente deciden mantenerse
distantes y apoyar a Lupe hasta que logre su objetivo: casarse con
Eddy para ascender su estatus.
Mientras tanto, doña Dolores y don Chente sólo se culpan
por la actitud de sus hijos. Jacinta cuestiona a los padres por
seguir el juego de los hermanos, ya que ve que sus acciones los
están lastimando. Además, les insiste en que busquen a Vicente, a
quien encuentran en una vecindad en malas condiciones de salud.
Ambos padres deciden ignorar sus problemas, pues argumentan
que Vicente es el único hijo que no se avergüenza de ellos.
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María, quien había sido novia de Ricardo y con quien
procreó un hijo que él ahora no reconoce por su nuevo estilo de
vida, escucha por casualidad en el cabaret donde se ve obligada a
trabajar, que Eddy y su familia sólo quieren sellar el matrimonio
con Lupe porque han descubierto que la familia Mendoza tiene
un negocio de tortas y dinero. A Eddy le resulta conflictivo
casarse con Lupe, no sólo por ser hija de unos torteros, situación
que su familia ya conocía pero que ha ocultado a los hermanos,
sino porque le parece indignante que Lupe haya negado a sus
padres al mentirles, diciendo que estaban de viaje en Suiza. Sin
embargo, siente que debe casarse con ella para saldar las deudas
económicas de su padre.
Lo que Eddy y su familia desconocen es que la fortuna de
los Mendoza ha desaparecido debido a los gastos extraordinarios
causados por los dos hijos, hasta el punto de tener que vender
el negocio de tortas a un estadunidense que llevaba tiempo
interesado en él.
María informa de lo que escuchó a Vicente, quien, en
plena boda de Lupe, interrumpe la ceremonia, mientras sus padres
observan ocultando sus rostros para no ser vistos y avergonzar a
sus hijos. Vicente revela la verdad a Lupe y recrimina a ambos
el daño que le han causado a sus padres, llevándolos a la ruina y
obligándolos a vender el negocio de tortas que habían mantenido
por años. Finalmente, Eddy y su familia admiten que sabían que
Lupe y Ricardo provenían de una familia de torteros y sólo les
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interesaba la fortuna de los Mendoza, retirándose entre enojo y
burlas. Los dos hermanos reconocen el daño que han causado a
sus padres y piden perdón. Vicente muere a causa de problemas de
salud, despidiéndose de cada miembro de la familia. Finalmente,
los dos hermanos ayudan a sus padres a abrir un nuevo negocio
de tortas, donde ambos trabajan para saldar la deuda moral y
económica que tienen con su familia.
La película fue rodada en blanco y negro, que, junto
a los elementos estéticos, permitió acentuar el drama de la
historia. Estos recursos visuales desempeñan un papel esencial
en la construcción de la narrativa, al destacar las tensiones que
atraviesan el conflicto central. El trabajo fotográfico realizado por
Domingo Carrillo resulta clave al retratar los contrastes entre luces
y sombras acentuando la dualidad entre los espacios: la opulencia
de los lugares frecuentados por los hijos de los protagonistas
frente a la sobriedad o sencillez del hogar de los padres.
La sonorización y la musicalización, a cargo de Manuel
Esperón, permiten una inmersión profunda del espectador en la
historia. La fusión de música de la época con algunos bailables
protagonizados por la destacada actriz y rumbera Meche Barba,
en su personaje como María, enriquece la narrativa. Además, los
sonidos cotidianos como los organilleros, el tráfico y el bullicio
urbano, cumplen una función esencial al contribuir a la creación
de atmósferas específicas y ayudar a caracterizar a los personajes.
La combinación de estos elementos sonoros con la música
enriquece la experiencia auditiva.
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La edición y el corte, de Gloria Schoemann, entre
primeros planos, planos medios y enteros, permiten dar forma a la
película, estableciendo el ritmo de la narración, asegurando que
la historia se comunique de manera clara y efectiva. Además, el
montaje juega un papel esencial en la construcción de la historia,
manipulando la percepción del tiempo y creando giros narrativos
que mantienen el interés y la sorpresa, a través de saltos temporales
o cambios inesperados en la trama.
4. Análisis fílmico-histórico de Acá las tortas. Un choque cultural
El conflicto entre los personajes refleja las tensiones sociales
y culturales de la época, marcadas por la influencia de Estados Unidos y la búsqueda de preservar una identidad nacional.
Siguiendo la metodología de Caparrós Lera, este análisis se
enfocará en elementos como la comida, el idioma y la cultura
material, considerados como símbolos que representan los conflictos ideológicos entre la aspiración de la modernidad y las
tradiciones culturales mexicanas. Para ello, se han seleccionado
escenas clave en las que estas tensiones se reflejan de manera
particularmente relevante.
De tortas y hot dogs
Desde el primer momento, la película establece un claro
contraste entre dos mundos: el de las tortas, símbolo de la
tradición mexicana, y el de los hot dogs, representante de la
modernidad y la influencia estadounidense. Esta dicotomía se
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materializa en la imagen de los dos negocios enfrentados: la
tradicional tortería “Acá las tortas” de don Chente (Imagen 1)
y el moderno “Ponciano’s Quick Lunch” de Don Ponciano, con
marcado acento norteamericano, puede incluso interpretarse
como la representación de un migrante que ha regresado a su
país de origen, un “pocho” (Imagen 2).
Ambos establecimientos se encuentran uno frente al otro
en una competencia por la preferencia, siendo el de don Chente
el privilegiado. Por este motivo, don Ponciano envidia el negocio
de las tortas y se deja saber que ha realizado ofertas por él. En la
escena a analizar, don Chente corre a notificar al pretendiente de
Lupe, Pancho, quien estuvo esperándola este tiempo, que ella y
su hermano volverán.
Imagen 1.
Negocio de don Chente “Acá las tortas”.

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Imagen 2.
Negocio de don Ponciano “Ponciano’s Quick Lunch”.

En el camino, se cruza con don Ponciano con quien tiene
una humorística platica, donde se refleja el conflicto cultural
utilizando los alimentos. Don Ponciano considera que en México
sigue imperando el mal gusto, considerando que los alimentos que
él ofrece (hamburguesas, hot dogs, T-bone, entre otros platillos)
son refinados, sólo para gente civilizada:
Ponciano: No es lo mismo shaking, como decimos en la cultura
sajona. Una lonchería my friend es producto de refinamiento de
la civilización ¡Abajo los tacos y las tortas plebeyas!
Don Chete: Y arriba los aristocrático jot dogs ¿no?
Ponciano: Usted lo ha dicho
Don Chente: N’hombre, si hasta el nombrecito es repugnante
jot dogs, creo que quiere decir perros calientes ¿no?
Ponciano: Este sí, algo así
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Don Chente: Ahí está, ¿Quién que no sea un cochino va a comer
perros ni calientes ni fríos?
Ponciano: Don Chente please, ¿me va decir que sus tortitas son
mejores?
Don Chente: ¡Me canso! En primer lugar, son retevariadas y
sabrosas, y sus perros y hamburguesas saben a puritita alfombra.
Ponciano: No siga blasfemando, hombre
Don Chente: En segundo lugar, esas porquerías que usted se
atreve a vender no son más que puras gringadas. En cambio,
mis tortas son mexicanísimas a Dios gracias. Cómo lo serán
que hasta llevan la bandera nacional,
Ponciano: No me diga ¿y dónde…?
Don Chente: ¡Adentro! El jitomate colorado, la cebolla blanca
y aguacatito verde…

Sobre el mismo tema, otra de las escenas presenta a
Ricardo y Lupe, junto a Eddy y Polly jugando póker en el centro de
juegos de Manuela (Imagen 3). Se observa nuevamente el recelo
hacia el típico alimento. Mientras juegan, Manuela anuncia que
ofrecerá tortas compuestas como merienda, lo que provoca gestos
de desagrado en Ricardo y Lupe. Eddy, consciente de su actitud
y profesión de los padres de ambos, los provoca al expresar su
gusto por las tortas.
Lupe y Ricardo expresan su desdén por las tortas
compuestas, calificándolas de “puntadas de nueva rica” y
asociándolas con la idea de ahorrar en la comida. Esta actitud
refleja una internalización de los discursos que descalifican la
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comida mexicana tradicional, considerando que los alimentos
como las tortas son de “mal gusto” y están asociados a la pobreza
y al atraso.
Los diálogos presentes en ambas escenas son reveladores.
La discusión sobre la superioridad de la gastronomía
estadounidense frente a la mexicana va más allá de una simple
preferencia gastronómica. La comida se utiliza como un símbolo
de identidad y valores nacionales en ambas culturas. Don Chete
defiende la tradición y la autenticidad de la comida mexicana,
mientras que don Ponciano, Lupe y Ricardo, influenciados por la
cultura estadounidense, la desprecian.
Esta elección de la comida como símbolo no es casual.
A lo largo de la historia, los alimentos han sido utilizados para
construir o exaltar identidades nacionales. Como señala Pedroza,
a finales del siglo XIX, la alimentación se vinculó con ideas
sobre el progreso y desarrollo de la nación. La obra de Fernando
Bulnes, El porvenir de las naciones hispanoamericanas (1899),
consideraba que la dieta influía en la civilización y el progreso
de un pueblo. Utilizó la emergente ciencia de la nutrición para
dividir la humanidad según su alimento base: trigo para Europa y
Norteamérica, arroz para Asia, y maíz para América, sugiriendo
que el maíz sólo había logrado pacificar a los indígenas y frenado
su civilización.34
Luis Ozmar Pedroza Ortega, “Alimento ancestral y de subsistencia: discurso y control del cultivo y consumo de maíz en México, 1937-1961” Historia y
Memoria, 27, (2023): 141.
34

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Imagen 3.
Juego de póker entre Eddy, Polly, Lupe y Ricardo

Iturriaga complementa esta visión al señalar que, a
principios del siglo XX, se promovió la idea de que los alimentos
tradicionales basados en maíz eran nutricionalmente inferiores.
Se intentó reemplazar la tortilla por el pan, pero esta iniciativa
no tuvo el éxito esperado debido a factores económicos y
culturales. La producción de trigo se destinaba principalmente a
la exportación, y los campesinos continuaron cultivando maíz por
tradición y necesidad.35
Sin embargo, a partir de los años de 1950, el consumo de pan,
especialmente el pan de caja, comenzó a popularizarse, vinculado
a la aspiración de una vida más moderna y occidentalizada.36
Luis Ozmar Pedroza Ortega, “Alimento ancestral y de subsistencia: discurso y control del cultivo y consumo de maíz en México, 1937-1961”, 142.
36
Sandra Aguilar Rodríguez, “La mesa está servida: comida y vida cotidiana
en el México de mediados del siglo XX”, Revista de Historia Iberoamericana,
35

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Esta tendencia dio lugar a la creación de nuevos platillos y
popularización de otros, como la torta, que combinaba guisos
tradicionales con pan. A pesar de ser inicialmente promovida
como una alternativa al maíz, la torta se popularizó entre las
clases bajas debido a su bajo costo y practicidad, convirtiéndose
en un símbolo de resistencia cultural al apropiarse del pan y
transformarlo en un alimento popular y accesible.
Durante esta época, los productos y prácticas asociados
a Estados Unidos se percibían como modernos y civilizados.
La proliferación de cafeterías, como señalan Silva y Barba,
introdujo nuevos alimentos y costumbres. Platos de carnes
frías, hot cakes, bísquets, corned beef hash,wafles con tocino,
con café, chocolate y refrescos de cola, convivieron con la
gastronomía tradicional.37
Iturriaga destaca cómo las hamburguesas generaron una
confrontación en las preferencias de los grupos sociales de clase
media, influenciados por la publicidad masiva. Sin embargo, para
las clases populares, esta dicotomía entre hamburguesas y tortas
era absurda, ya que la torta representaba una alternativa accesible
y arraigada en su cultura.38
2, (2009): 74.
37
Carlos Silva y Marlene Barba Rodríguez, “Panorama alimenticio en el México del siglo XX”, Alquimia, 75, (2023): 38.
38
José N. Iturriaga, “Los alimentos cotidianos del mexicano o de tacos, tamales y tortas. Mestizaje y recreación” en Conquista y comida: consecuencias del
encuentro de dos mundos, Coord. Janey Long (México: Universidad Nacional
Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2018), 406.
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Volviendo a la película, el rechazo de los personajes
a las tortas refleja la internalización de un discurso global que
descalifica la comida mexicana y la asocia con la pobreza y el
atraso, ante los productos industrializados y asociados a la cultura
fast food, considerados en su momento como civilizados. El
“American Way of Life” buscó “homogeneizar los gustos y las
preferencias, poniendo en riesgo la diversidad cultural.
La evolución de los personajes, especialmente el de don
Ponciano, revela las tensiones entre la búsqueda de la modernidad
y la preservación de la identidad. Durante las últimas escenas de la
película, don Ponciano logra comprar el negocio de don Chente,
ya que éste debe pagar las deudas generadas por sus dos hijos.
Una vez superados los obstáculos, y los hijos perdonados,
la familia Mendoza logra abrir un nuevo local de tortas, justamente
frente al nuevo negocio de tortas de don Ponciano. El nuevo
negocio de la familia Mendoza logra triunfar, como el anterior,
con ayuda de Lupe y Ricardo.
Irónicamente, a pesar de lograr adquirir el negocio de don
Chente, don Ponciano no logra replicar su éxito. El fracaso de
éste refleja un mensaje nacionalista: la incapacidad de replicar
las tortas pues, siendo extranjero, aún no ha logrado capturar su
esencia que da identidad a la torta mexicana. La torta, en este
contexto, se convierte en un símbolo de resistencia, ya que refleja
la lucha por preservar la tradición de la familia Mendoza frente a
la modernización norteamericana.
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Una vida estilo americana: el spanglish y la cultura material
La influencia de la cultura estadounidense en México fue
profunda y multifacética. El gobierno estadounidense buscó de
manera activa la ampliación de su influencia, especialmente en
los terrenos cultural y educativo, argumenta Coral. La cruzada
cultural estadounidense tuvo a los estudiantes universitarios como
un objetivo primario, pues se les consideraba muy susceptibles al
impacto ideológico del comunismo soviético.39 Específicamente,
sus objetivos fueron los sectores más educados de la clase media
mexicana, como el caso de los hermanos Mendoza
Imagen 4.
Nueva tortería de don Chente.

En efecto, después de cinco años estudiando en Estados
Unidos para obtener nuevas oportunidades, mejores a las de sus
Emilio Coral, “La clase media mexicana: entre la tradición, la izquierda, el
consumismo y la influencia cultural de Estados Unidos (1940-1970)”, 105.
39

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padres, Lupe y Ricardo regresan a México con una visión del
mundo marcada por el estilo de vida estadunidense. Su uso de
oraciones en inglés y español y su desdén por las tradiciones
familiares simbolizan esta ruptura generacional, como puede
apreciarse en el siguiente diálogo:
Ricardo: Good morning, no hay nadie en esta casa
Lupe: Darling, papi
Don Chente: ¿Cómo me dijiste?
Lupe: Papito lindo
Ricardo: Father, my dear father
Don Chente: ¿Cómo? Bueno, dime lo que quieras, pero
abrázame fuerte
Lupe: My dear mother
Ricardo: Perdóname, mamá, la costumbre del inglés

La adquisición de palabras del idioma inglés, fue
interpretada como un signo de educación y cultura. Esta influencia
sobre el idioma se generalizó Fue uno de los territorios de mayor
tensión para la clase media durante la época. Salvador Novo hizo
mofa de la forma en que se habían adquirido algunas palabras
de origen estadunidense, que daban testimonio del evidente
sincretismo lingüístico que se conformaba durante la década:
cocktail, party, drive inn, sandwich, lunch, life, jaibol, luck,
dash, entre otras muchas.40 La escena en la que los hermanos
40

Salvador Novo, “La vida en México en el periodo presidencial de Miguel

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Mendoza saludan a sus padres en inglés ejemplifica la distancia
cultural que se ha creado, incluso simbolizada por la mesa que
los separa (Imagen 4). Las expresiones como “Good morning” y
“Darling” revelan una internalización de los valores y costumbres
estadounidenses.
Imagen 5.
El reencuentro de la familia Mendoza.

Sin embargo, esta adopción de la cultura estadounidense
no es completa. Los hermanos Mendoza, a pesar de su deseo de
asimilarse, siguen siendo mexicanos y experimentan un conflicto
de identidad. Este conflicto se manifiesta en su rechazo inicial a
Alemán” citado en Con aires de grandeza: la familia Pérez y la clase media en
el cine mexicano de la época de oro de Mónica Beatriz Hurtado Ayala Oficio.
Revista de historia e interdisciplina, (2024): 187.
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las tradiciones familiares, como la venta de tortas, que representan
todo lo que consideran “poco sofisticado” y “poco moderno”.
Según, Ramírez, por ejemplo, el caso de la familia
migrante de México a EE.UU., oscila entre dos polos. Por un
lado, conservan todos y cada uno de los patrones traídos desde
México, recreando la cultura nacional; por otro, se presenta
un proceso de adaptabilidad de pautas anglosajonas que, de
hecho, no se mezclan, sino que se manejan de forma paralela
y a veces híbrida. Por diversas razones, muchos mexicanos en
vías de asimilación se percataron de que la norteamericanización
implicaba una pérdida de valores culturales mexicanos; es decir,
un auto etnocidio, que tampoco conducía a la aceptación total por
parte de la sociedad anglosajona dominante, como en el caso de
Lupe y Ricardo.41
Para ello, menciona Maciel, en Acá las tortas (1951)
se exhiben todas las preocupaciones de los mexicanos con
respecto a los peligros del pochismo. La solución que presenta
es, entonces, acentuar en la juventud, más susceptible a dichas
influencias extranjeras, los valores y el nacionalismo mexicanos
y, sobre todo, mantenerlos cerca de la familia. En suma, se afirma
enfáticamente: la única dirección positiva para los mexicanos es
seguir sus propias tradiciones, ya que las adquiridas en Estados
Unidos solamente los corrompen y degradan.42
Axel Ramírez, “Mexicanos y latinos en Estados Unidos: identidad cultural”, Trabajo Social, UANM, 19, (2010): 270.
42
David R. Maciel, Los desarraigados: los chicanos vistos por el cine mexi41

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La influencia norteamericana no sólo se percibió en
el idioma, sino que también generó contradicciones en otros
aspectos, como el creciente consumo de bienes materiales. La
cultura material estadounidense desempeñó un papel crucial en la
formación de los valores de las clases medias mexicanas, ya que
esta influencia coincidía con sus aspiraciones de alcanzar un nivel
de vida más alto.
En una de las escenas, se muestra a don Chente revisando
cuentas generadas a la llegada de sus dos hijos. Éste se sorprende
por la cantidad y los objetos que han adquirido, como se puede
constatar en el siguiente diálogo:
Don Chente: Vestido cockatail $340, Bolso soine $185,
Perfume molyneux $250, dos trajes de baño. Ganas de tirar el
dinero. Comprar trajes hasta pa’ bañarse ¿Por qué no se bañarán
desnudos como lo hace su padre?

En las décadas de 1940 y 1950 la publicidad retrataba el
consumo como la principal característica de la clase media. Una
gran parte de los productos anunciados eran estadunidenses. La
publicidad utilizaba un discurso nacionalista argumentando que
el progreso de la nación dependía de que la gente comprara tal
o cual producto. El consumo fue visto como una base del estilo
moderno.43
cano, (México: Centro de Investigaciones sobre América del Norte, UNAM;
Dirección General de Actividades Cinematográficas, UNAM; Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Instituto Mexicano de Cinematografía, 1996),
184.
43
Sandra Aguilar Rodríguez, “La mesa está servida: comida y vida cotidiana
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Imagen 6.
Don Chente leyendo las cuentas de sus hijos.

Según Massip, para un estadunidense, más que una
nación, Estados Unidos es una manera de vivir y hacer y reunir
cosas y elementos dispersos, lejanos, contradictorios y no siempre
familiares.44 Un amplio grupo de mexicanos en la década de 1940,
como señaló Julio Moreno, juzgaba su éxito o fracaso personal a
partir de su posibilidad de adquirir bienes materiales, definían su
estatus social a través del lente de la “cultura del consumo”.45
en el México de mediados del siglo XX”, 53-54.
44
José María Massip, Los Estados Unidos y su presidente, (Barcelona: Ediciones Destino, 1952), 51.
45
Julio Moreno, J. “Yankee don’t go home! Mexican nationalism, American business culture, and the shaping of modern Mexico, 1920-1950” (2003)
citado en La construcción visual de la felicidad y la convivencia familiar en
México: los anuncios publicitarios en la prensa gráfica (1930-1970) de Susana
Sosenki y Ricardo López León, Secuencia, Revista de Historia y Ciencias Sociales, 92, (2015): 198.
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Gamio consideraba que muchos de ellos asumían “características
americanas” al grado de que, en algunos casos, la “cultura material
mexicana” se perdía y asumían la estadounidense.
En otra escena, los padres reciben una nueva visita de
Lupe y Ricardo. En esta ocasión, ambos llegan a disculparse con
sus padres por lo alejados que han estado desde que llegaron a la
ciudad, tratando de justificar su ausencia en su deber de quedar
bien con la aristócrata familia de Eddy, prometido de Lupe, para
que pueda casarse. Además de reclamar a sus padres por no querer
adquirir una nueva casa, ambos presumen el auto que Ricardo ha
adquirido. Y en esta escena se presenta el siguiente diálogo:
Ricardo: Es mi coche, que línea, que belleza, un Cadillac a todo
mecate. Nomás lo vieron los Salgado y se quedaron turulatos.
Y mi novia pelaba tamaños ojotes, ¿qué te parece papa?
Don Chente: ¡Pior! que, si hubiera sido de veras un barco hijo,
porque supongo que este animalote tan lujoso, costará mucho
más que un barco.
Lupe: Pero papi, ¿qué es para ti un simple Cadillac?
Ricardo: Y te advierto que es una ganga. Lo acaba de traer
Bobby García de El Paso con un permiso especial.

Según Alanís, Manuel Gamio observó en su estudio que la
principal influencia sobre los migrantes mexicanos era la cultura
material, en aspectos como vivienda, ropa, comida, higiene y
educación agrícola e industrial. Para demostrarlo, realizó una
investigación sobre los objetos traídos a México por migrantes
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que retornaban en 1927, los cuales habían sido adquiridos en
Estados Unidos. Estos artículos incluían herramientas, vehículos,
muebles y utensilios domésticos, revelando que los migrantes
habían desarrollado nuevas necesidades y elevado su nivel
de comodidad doméstica. Gamio concluyó que la influencia
cultural más notable fue en la ropa, los automóviles y los avances
educativos, ya que los migrantes regresaban mejor vestidos y más
alfabetizados que sus paisanos que no habían emigrado.46
Imagen 7.
Ricardo les muestra su nuevo Cadillac a sus padres.

El análisis de la influencia de la cultura estadounidense
sobre el idioma y la cultura material revela un complejo proceso
de asimilación y resistencia, donde las tensiones generadas por
Fernando Saúl Alanís Enciso, “Ideas y reflexiones de Manuel Gamio acerca de los migrantes de retorno (1925-1930)”, Migraciones Internacionales, 10
(2019): 9-10.
46

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la adopción del estilo de vida estadounidense se hacen evidentes
en el regreso de los hermanos Mendoza. Este contraste no sólo
refleja la transformación de la identidad mexicana frente a los
cambios socioculturales, sino que también resalta la importancia
de la familia y el nacionalismo como pilares fundamentales para
preservar la identidad mexicana.
Conclusiones
Acá las tortas (1951), ofrece un reflejo del México de mediados
del siglo XX, atrapado en un momento de transición entre la
tradición y la modernidad, entre la preservación de su identidad
nacional y la creciente influencia de Estados Unidos. Se plantean
importantes interrogantes sobre cómo se construye la identidad
nacional y los desafíos de mantener las tradiciones en un mundo
cada vez más globalizado.
Mediante un análisis de elementos, se han podido
observar las tensiones entre la clase media mexicana y el modelo
estadounidense, el “American Way of Life”. La familia Mendoza
se erige como un símbolo de esta lucha generacional, en la que
los hijos, influenciados por la cultura estadounidense, rechazan
sus raíces, mientras los padres intentan aferrarse a las tradiciones.
Sin embargo, el desenlace de la película sugiere que la identidad
nacional mexicana es más resiliente de lo que parece. A pesar
de las presiones de la modernización y la globalización, los
personajes reconocen el valor de sus raíces y, finalmente, se
reconectan con sus tradiciones.
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Este análisis subraya el valor del cine como una fuente
histórica clave para entender la complejidad de los procesos de
cambio social y cultural. Asimismo, abre nuevas posibilidades de
investigación sobre cómo otras películas de la época abordaron
cómo se representa y evoluciona la identidad nacional.
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�Palabras de fidelidad: las cartas del obispo González
del Campillo en la insurgencia novohispana.
Un análisis con Voyant Tools
Words of fidelity: The letters of Bishop González del
Campillo during the Novohispanic insurrection.
An analysis with Voyant Tools
Maximiliano Abner Alarcón Martínez
Universidad Veracruzana
Xalapa, México
https://orcid.org/0000-0002-4047-4265
Recibido: 24 de marzo de 2025
Aceptado: 19 de noviembre de 2025

Resumen: Este artículo analiza cuatro cartas pastorales redactadas
entre 1810 y 1811 por el obispo de Puebla, Manuel Ignacio González
del Campillo, entendidas no solo como documentos religiosos, sino
también, como instrumentos políticos en el contexto de la insurgencia
novohispana. Lejos de centrarse en fragmentos aislados, el análisis
aborda las cartas de manera conjunta como un corpus, lo que permite
identificar patrones lingüísticos y recurrencias temáticas que configuran
su discurso. Con este propósito, se emplea la lectura distante a través del
software Voyant Tools, una estrategia metodológica de las humanidades
digitales que permite explorar con mayor precisión las dimensiones
retóricas de los textos. El enfoque revela, por ejemplo, cómo conceptos
como patria, religión y rey articulan la estrategia del obispo para
presentar a la insurgencia como una amenaza al orden político y social.
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�Maximiliano Alarcón

La principal aportación del trabajo se sitúa en el plano metodológico:
demuestra la pertinencia de integrar herramientas digitales en el
proceso de investigación cotidiano. Además de presentar una vía
innovadora para el examen de recursos documentales, la propuesta
constituye un modelo replicable para el análisis de otros corpus, con el
fin de abrir nuevas perspectivas para los estudios en ciencias sociales y
humanidades.
Palabras clave: humanidades digitales; Voyant Tools; lectura distante;
cartas pastorales; insurgencia.
Abstract: This article analyzes four pastoral letters written between
1810 and 1811 by the Bishop of Puebla, Manuel Ignacio González
del Campillo, understood not only as religious documents but also as
political instruments within the context of the New Spanish insurgency.
Rather than focusing on isolated passages, the analysis considers
the letters collectively as a corpus, allowing for the identification
of linguistic patterns and thematic recurrences that structure their
discourse. To this end, distant reading is employed through the software
Voyant Tools, a methodological strategy from the Digital Humanities
that enables a more precise exploration of the rhetorical dimensions
of the texts. This approach reveals, for instance, how concepts such as
patria, religion, and king articulate the bishop’s strategy for presenting
the insurgency as a threat to the political and social order.
The primary contribution of this study lies in its methodological
dimension: it demonstrates the relevance of integrating digital tools
into everyday historical research. In addition to offering an innovative
means of examining documentary resources, the proposal constitutes a
replicable model for the analysis of other corpora, aiming to open new
perspectives for research in the Social Sciences and the Humanities.
Key words: Digital Humanities; Voyant Tools; Distant reading; Pastoral
letters; Insurgency.

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�Palabras de fidelidad: las cartas del obispo González

Introducción
En este artículo propongo analizar cómo las cartas pastorales
del obispo de Puebla, Manuel Ignacio González del Campillo,
funcionaron como un recurso político para influir en la opinión
pública durante la insurgencia novohispana. A comienzos del
siglo XIX, la comunicación escrita adquirió un papel central
en la construcción de un discurso contrainsurgente promovido
por las autoridades eclesiásticas y civiles. Más que revisar la
historiografía o proponer nuevas hipótesis, se muestra cómo el
uso de herramientas digitales permite aproximarse de otro modo
a estas fuentes y explorar sus dimensiones discursivas. Con el
apoyo de Voyant Tools y la estrategia de la lectura distante, se
examina un corpus de cartas pastorales redactadas entre 1810 y
1811, con el fin de identificar patrones en torno a conceptos como
patria, religión y rey.1
Las cartas pastorales eran escritos epistolares de los
prelados, dirigidos al clero y a los fieles para exhortar a las virtudes,
corregir vicios y orientar la conducta según la doctrina cristiana,
ejerciendo así el obispo su autoridad como pastor de la grey.2
Más allá de su función religiosa, se insertaban en un marco de
Para una revisión sucinta de la historiografía sobre la independencia de
México se recomienda la obra de Antonio Annino y Rafael Rojas, La independencia. Los libros de la patria / con la colaboración de Francisco A. Eissa-Barroso, coordinación de Clara García Ayluardo, (México: Fondo de Cultura
Económica, 2008).
2
Real Academia Española, Diccionario de la lengua castellana en que se
explica el verdadero sentido de las voces, tomo II y tomo V. Consultado en
https://www.rae.es.
1

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�Maximiliano Alarcón

comunicación política donde propagandistas afines a la monarquía
buscaban frenar la solidaridad entre los sectores urbanos y rurales,
recurriendo tanto a nociones de autoridad tradicional como a la
ridiculización del movimiento insurgente.3 Así, las cartas fueron a
la vez normativa del obispo e instrumento político de legitimación
del rey y cohesión social en tiempos de crisis.4
Este trabajo se inscribe en la tendencia conocida como
giro digital.5 En el campo de la Historia, dicho giro no solo ha
modificado la forma en que los estudiantes acceden a la disciplina,
sino también la metodología con la que historiadoras e historiadores
construyen sus relatos históricos. Uno de los cambios más notables
ha sido la relación con las fuentes primarias, ahora digitalizadas
y disponibles en múltiples plataformas y dispositivos. En este
sentido, el estudio coincide con la propuesta de Bresciado, quien
Corinna Zeltsman, “Ink Under the Fingersnail: Making Print in Nineteenth-Century Mexico City”, (Tesis de doctorado, Duke University, 2016),
79. https://shorturl.at/D7UDR
4
María Pilar Gutiérrez Lorenzo y Víctor David Hernández, ““A fin de preservar del contagio del fanatismo a las religiosas...” La acción pastoral del
obispo de Guadalajara, Diego Rodríguez de Rivas ante el extrañamiento de
los Jesuitas. 1767-1768”, Historia Caribe, 20, n.º 46, (2025), 91-92. https://
shorturl.at/rRvoe
5
Pille Runnel, Pille Pruulmann-Vengerfeldt, Piret Viires, Marin Laak, The
Digital Turn: user´s práctices and cultural transformations, (Frankfurt am
Main: Lang, 2013), 7-8. Según los autores, el giro digital no solo modifica en
el uso de la tecnología digital en las Ciencias Sociales y Humanidades, sino
también las metodologías, los entornos y las herramientas de investigación.
Este giro se caracteriza por una mayor atención al investigador como usuario,
entendido no como receptor pasivo, sino como agente activo en la generación
de nueva información a partir de contenidos y herramientas digitales.
3

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�Palabras de fidelidad: las cartas del obispo González

sostiene que la incorporación de herramientas digitales en ciencias
sociales y humanidades abre nuevas posibilidades de interpretación
y permite identificar datos antes inadvertidos, constituyéndose así
en un recurso valioso para futuras investigaciones.6
Este estudio se centra en un conjunto de cartas pastorales
redactadas por González del Campillo, analizadas con Voyant
Tools, con el fin de identificar las ideas y conceptos centrales del
discurso eclesiástico durante la insurgencia novohispana. Cabe
aclarar que no se pretende evaluar su impacto social ni situarlas
en un contexto externo; el objetivo es examinar los textos
mismos, prestando atención a su lenguaje, estructura y estrategias
retóricas. A partir de esta metodología, se propone una lectura
distante, enfocada en conceptos como Dios, religión y patria.
La historiografía mexicana y mexicanista ha destacado
las consecuencias económicas, políticas y humanas de la guerra
insurgente.7 Los estudios sociales coinciden en que su desarrollo
no dependió únicamente de los grupos militares, del número
de simpatizantes o de la calidad y cantidad de armas, sino que
también se libró en el ámbito discursivo, donde los hombres de
letras desempeñaron un papel decisivo.8 En este contexto, el caso
Juan Andrés Bresciano, “Los estudios históricos en la sociedad de la información”, en La historiografía ante el giro digital. Reflexiones teóricas y
prácticas metodológicas / Juan Andrés Bresciano y Tiago Gil (comps.), (Montevideo: Ediciones Cruz del Sur, 2015), 13, 23-25.
7
Alfredo Ávila y Virginia Guedea, La independencia de México: temas e
interpretaciones recientes / Alfredo Ávila y Virginia Guedea (coords.), (México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones
Históricas, 2010), 7-9.
8
Corinna Zeltsman, “Ink”; François-Xavier Guerra, “El escrito de la revo6

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�Maximiliano Alarcón

de González del Campillo resulta particular: las cartas pastorales
que redactó en los primeros años de la insurgencia coincidieron
con los últimos de su vida eclesiástica. En ellas, el obispo se
erigió en portavoz del gobierno hispano, difundiendo entre las
poblaciones de Puebla un discurso que buscaba desacreditar
la revolución de Hidalgo y afirmar la defensa de la religión, la
conservación del reino y la lealtad al rey.9
Antes del estallido de la guerra, la comunicación oficial se
destinaba sobre todo a recopilar información sobre el estado de las
lución y la revolución del escrito. Información, propaganda y opinión pública
en el mundo hispano (1808-1814)” en Las guerras de independencia en la
América española / Marta Terán y José Antonio Serrano Ortega (eds.), (Zamora, Michoacán: El Colegio de Michoacán, INAH, Universidad Michoacana de
San Nicolas de Hidalgo, 2010); Álvaro Fleites Marcos, “La prensa novohispana y española ante la revuelta de Miguel Hidalgo (1810-1811)”, Procesos Históricos, 32, (2017), https://shorturl.at/vYCrF; Víctor Gayol, “Escritores cortesanos y rebelión. La breve respuesta de los letrados a la gente común frente a
los sucesos de 1810”, en La guerras de independencia en la América española
/ Marta Terán y José Antonio Serrano Ortega (eds.), (Zamora, Michoacán: El
Colegio de Michoacán, INAH, Universidad Michoacana de San Nicolas de
Hidalgo, 2010); Carlos Herrejón Peredo, Del sermón al discurso cívico: México, 1760-1834, Zamora, Michoacán: El Colegio de Michoacán, El Colegio
de México, 2003); Martín Escobedo Delgado y Marcelino Cuesta Alonso,
“La lucha contra la insurgencia en la prensa de la Nueva España, 1810-1812”,
FILHA, 9, n.º 11, (2014), https://bit.ly/4dGKJ0v; Martín Escobedo Delgado,
“La insurgencia impugnada. Propaganda política clerical en la Nueva España,
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/ Diana Arauz Mercado (coord.), (México: Gobierno del Estado de Zacatecas,
Instituto Zacatecano de Cultura, 2010).
9
Marco Antonio Landavazo, La máscara de Fernando VI: Discurso e imaginario monárquicos en una época de crisis: Nueva España, 1808-1822, (México: El Colegio de México; Morelia, Michoacán: Universidad Michoacana
de San Nicolás de Hidalgo; Zamora, Michoacán: El Colegio de Michoacán,
2001), 182-183.
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�Palabras de fidelidad: las cartas del obispo González

poblaciones, la sociedad, la política y la economía. Con la crisis del
régimen colonial, estos escritos cambiaron de naturaleza: dejaron
de cumplir su función tradicional y se convirtieron en instrumentos
valiosos para sostener moral y espiritualmente a la población. En
el marco de la guerra, adquirieron una relevancia particular, pues
los obispos los usaron para respaldar ideológicamente la política
contrainsurgente. Esta se distinguió por el repudio a la revolución de
Miguel Hidalgo y por las advertencias de castigos que trascendían
la vida terrenal. En una sociedad profundamente religiosa como la
novohispana, tal estrategia debió influir de manera significativa en
la construcción de legitimidad y obediencia.
Antes de analizar las cartas pastorales del obispo González del Campillo, conviene señalar que el uso de herramientas digitales como Voyant Tools permite repensar la relación entre el
investigador y sus fuentes documentales, así como los cuestionamientos que surgen de su consulta.10 Si bien la extracción y organización de datos pueden automatizarse con este tipo de software,
la construcción del corpus, la definición de parámetros y la interpretación de los resultados siguen dependiendo del criterio del
investigador.11 El verdadero desafío de las Humanidades Digitales
consiste en articular estas herramientas con el pensamiento crítico
José Luis del Piero, “Trabajando con Voyant Tools”, Publicaciones de la
Asociación de Humanidades Digitales, 1, n.º 2, (2021), 113-115. https://shorturl.at/7MyGg
11
Irene Timoszko, “Tomar distancia de los medios. El aporte de Voyant Tools
en el análisis discursivo de la representación de los jóvenes del Conurbado Bonarense y de CABA en el periódico La Nación”, Publicaciones de la Asociación de Humanidades Digitales, 4, (2023), 2-3. https://shorturl.at/3WsFh

10

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de historiadores y científicos sociales, de modo que la tecnología
no se limite a gestionar datos o a optimizar tiempos, sino que contribuya a enriquecer las interpretaciones del pasado.
La historia en la era digital
Las humanidades digitales comenzaron a consolidarse como
campo de estudio en universidades de México, Colombia, Chile,
Perú y Argentina a inicios del año 2000. Sin embargo, fue en
el periodo pospandémico cuando se impulsaron con mayor
fuerza iniciativas institucionales orientadas a integrar lo digital
en las ciencias sociales y las Humanidades. Estas propuestas
parten de la idea de que principios y prácticas de investigación,
tradicionalmente ligadas a enfoques cualitativos y al análisis
textual, pueden enriquecerse mediante la computación y los
medios digitales.12 Como señala Pons, este fenómeno refleja la
sociedad en red, caracterizada por múltiples alternativas de acceso
al conocimiento y herramientas propias de la era digital.13 En este
contexto, uno de los subcampos más dinámicos ha sido la historia
digital, orientada hacia el desarrollo de una historia pública
cuyo propósito es hacer accesible los proyectos y resultados de
investigación, mediante metodologías que incorporan recursos de
la web para democratizar el conocimiento.14
María José Afanador Llach, “Trayectorias de producción curricular sobre
historia digital en América Latina, 2002-2024”, Historia y Grafía, 64, (2025),
58-59. https://shorturl.at/rQqER
13
Anaclet Pons, El desorden digital. Guía para historiadores y humanistas,
(Madrid: Siglo XXI, 2013), 20.
14
Afanador, “Trayectorias”, 58-59.
12

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Algunos proyectos de humanidades digitales han
incorporado el software Voyant Tools, una herramienta que ofrece un
enfoque cuantitativo y visual para el análisis textual, enriqueciendo
la interpretación de los datos y ampliando sus posibilidades de
estudio. Este recurso se destaca por procesar grandes volúmenes
de información y revelar patrones que suelen pasar inadvertidos
en una lectura tradicional, incluyendo estructuras discursivas,
vínculos semánticos e identificación de términos asociados con
narrativas de poder, hegemonía y representación social.15
Voyant Tools es un software de acceso abierto desarrollado
por Stéfan Sinclair y Geoffrey Rockwell. Su plataforma se presenta
como un recurso electrónico diseñado para crear un entorno de
lectura que facilita el análisis de corpus extensos.16 Según Silvia
Gutiérrez de la Torre, permite sistematizar datos digitales mediante
programación computacional, posibilitando el conteo de palabras,
la generación de listas de frecuencias y la elaboración de tablas de
concordancias.17 En los últimos años, su uso se ha extendido entre
humanistas y científicos sociales, despertando especial interés en
la comunidad de las humanidades digitales.18
Timoszko, “Tomar”, 2-3.
Del Piero, “Trabajando”, 113.
17
Silvia Gutiérrez de la Torre, “Análisis de corpus con Voyant Tools”, Programming Historian en español, 20 de abril del 2019, https://doi.org/10.46430/
phes0043
18
La revista Publicaciones de la Asociación Argentina de Humanidades Digitales difunde investigaciones en español, inglés y portugués sobre las Humanidades Digitales, entre ellas más de 21 estudios sobre Voyant Tools, algunos
citados en este trabajo.
15
16

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Es importante destacar que el software es intuitivo, pues
la experiencia del usuario se organiza en dos o tres ventanas.
Según Gutiérrez de la Torre, su manejo presenta un bajo nivel
de dificultad, ya que solo requiere transcripciones en texto plano,
elaboradas en programas básicos como TextEdit (iOS/macOS)
o Bloc de Notas (Windows) y guardadas en formato UFT-8.
Esta característica permite adaptar los proyectos a medidas
de seguridad para la preservación de datos, destacando la
independencia frente a aplicaciones especializadas, lo que ayuda
a evitar la obsolescencia programada y garantiza la conservación
de la información.
El análisis de las cartas pastorales (en adelante corpus
MIGC) se realizó mediante dos herramientas de Voyant Tools:
Cirrus y Contextos (véase la Ilustración 1). La primera, quizás
la más conocida, procesa el corpus documental diseñado por el
investigador y genera una nube de palabras en la que el tamaño de
cada término refleja su frecuencia. La segunda, permite localizar
la aparición de una palabra específica, mostrando un fragmento
del pasaje donde se inserta. El uso combinado de ambas
herramientas facilita identificar los conceptos más relevantes y
analizar la intencionalidad de cada término desde perspectivas
micro y macro.19
Julián Carlos Spinelli, “La represión del bandolerismo en Andalucía: un
análisis preliminar de la visión de Julián Zugasti y Saénz a través de una lectura distante”, Publicaciones de la Asociación de Humanidades Digitales, 4,
(2023), 11. https://shorturl.at/T2Iud
19

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Ilustración 1.
Corpus MIGC. Pantalla principal.

Este tipo de indagación se vincula con la lectura
distante (distant reading), entendida como una fase preliminar
en investigaciones más especializadas que aprovechan la
información generada por herramientas digitales como Voyant
Tools. A diferencia de la lectura lineal, habitual en las ciencias
sociales y las humanidades, la lectura distante introduce un
enfoque cuantitativo que permite identificar patrones discursivos,
estilísticos y conceptuales en corpus extensos. Su aplicación
facilita un examen más eficiente de materiales que, mediante
métodos tradicionales, requeriría mayor número de recursos
humanos, tiempo y especialización.20 Desde esta perspectiva,
posibilita formular preguntas e hipótesis a partir del análisis
Spinelli, “La represión”, 18; Timoszko, “Tomar”, 2-3; Del Piero, “Trabajando”, 113.
20

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conceptual del material. No obstante, la interpretación crítica de
estas asociaciones sigue siendo responsabilidad del investigador.21
Los especialistas en comunicación escrita, y en particular
quienes estudian las instituciones de gobierno, suelen vincular
este campo con el análisis crítico del discurso (en adelante ACD).
Este enfoque se centra en identificar las estructuras lingüísticas
presentes en los discursos de dominación. Según Van-Dijk, el
ACD no es una metodología autónoma, sino una perspectiva
crítica que trasciende el examen de la forma para considerar los
contextos sociales y políticos de producción de los discursos.
Desde esta óptica, analiza cómo un discurso emplea conceptos y
estrategias retóricas para reproducir la dominación en la sociedad.
Van-Dijk concibe el poder social como una forma de control: los
grupos que lo detentaban, como las instituciones de gobierno,
sostienen su autoridad al disponer de herramientas que influyen
en la manera de pensar y actuar de los individuos.22 Este control
Ignacio Moreno Nava, “Análisis cuantitativo de un corpus textual de historia oral utilizando Voyant Tools”, Publicaciones de la Asociación de Humanidades Digitales, 1, (2020), 102. https://shorturl.at/HkAV5
22
Teun A. Van-Dijk, “Análisis crítico del discurso”, Revista Austral de Ciencias Sociales, 30, (2016), 204-207. https://shorturl.at/rZQiF Juan Manuel Lacalle y Mariano Alejandro Vilar, “Estudios literarios y lectura distante: un primer acercamiento a la actualidad de la investigación en las revistas académicas
argentinas”, Anclajes, 23, n.º 1, (2019), 20-21. https://shorturl.at/spsrG Franco
Moretti, uno de los principales teóricos de la lectura distante, ha sido crítico
de sus alcances en grandes corpus documentales. Reconoce que, aunque el
software conecta datos cuantitativos, aún no resuelve el problema de la interpretación. En la misma línea, Lacalle y Vilar sostienen que, pese a su utilidad
en ciencias sociales y humanidades, la lectura distante suele funcionar como
21

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�Palabras de fidelidad: las cartas del obispo González

rara vez es absoluto, ya que enfrenta resistencias de los grupos
subordinados. En este marco, categorías como usos y costumbres,
creencias, tradiciones e incluso el sentido común se convierten en
recursos esenciales para legitimar posiciones políticas y sociales
frente a quienes las cuestionan o desafían.23
A partir de estos postulados, más adelante se argumentará
que el obispo de Puebla, Manuel Ignacio González del Campillo,
empleó la comunicación escrita como un recurso para cuestionar
y contrarrestar el movimiento insurgente, con el fin de que los
feligreses interiorizaran su discurso y lo difundieran en la sociedad
novohispana. Para concluir este apartado, es importante subrayar
que Voyant Tools se presenta como una herramienta idónea para
científicos sociales y humanistas interesados en las metodologías
digitales. Su carácter gratuito, de código abierto y accesible en
la web lo convierte en un recurso valioso para estudiantes y
académicos que buscan nuevas formas de investigación y análisis
de la smart big data, concepto que ha generado amplio debate en
los últimos años.24
complemente de la lectura cercana o tradicional.
23
Timoszko, “Tomar”, 2-3.
24
Del Piero, “Trabajando”, 113. Hasta la fecha, es un software disponible
exclusivamente en línea, y no existen indicios de que esto vaya a cambiar en el
futuro cercano. Esta característica puede generar algunos inconvenientes en la
experiencia del usuario que vale la pena advertir. El más relevante es la necesidad de contar con una conexión estable a internet, pues su pérdida representa
un riesgo permanente para la conservación de los datos obtenidos durante la
investigación.
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Del obispo: fidelidad y propaganda
Manuel Ignacio González del Campillo nació el 2 de mayo
de 1740 en Veta Grande, Zacatecas, en el seno de una familia
española de gran prestigio en la metrópoli, cuyos miembros se
distinguieron como juristas, religiosos y militares. Entre ellos
destacó José del Campillo y Cosío, secretario de Estado durante
el reinado de Felipe V y figura central del proyecto reformista
borbónico en América.25 González del Campillo cursó estudios
en los seminarios de Guadalajara y México, hasta obtener una
magistratura en la Real Audiencia de la Nueva España. En ese
espacio estrechó vínculos con el arzobispo de México, Francisco
Lorenzana, a quien acompañó en diversas encomiendas, entre
ellas su participación en el Concilio Provincial Mexicano de
1771. Estas relaciones lo acercaron también a Francisco Fabián
y Fuero, entonces obispo de Puebla, quienes junto a Lorenzana
fueron figuras clave en su formación eclesiástica e influyeron de
manera decisiva en su posterior labor episcopal.26
Gómez Álvarez caracteriza la doctrina de Lorenzana y
de Fabian y Fuero como regalista, es decir, abierta a una mayor
intervención del gobierno en los asuntos eclesiásticos, en sintonía
Más información del personaje en Maximiliano Abner Alarcón Martínez,
“Los pueblos de indios de las subdelegaciones de la Bocasierra de Puebla,
1770-1821”, (Tesis de doctorado, El Colegio de Michoacán, 2023). https://
shorturl.at/SicEM
26
Juan Pablo Salazar Andreu y Mariana Durán Márquez, “Manuel Ignacio
González del Campillo (1803-1813): el obispo del discurso antiinsurgente”,
Revista Mexicana de Historia del Derecho, 29, (2014), 101. https://shorturl.at/
AduVH
25

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con lo ocurrido durante el reinado de Carlos IV. Conviene señalar
que la relación entre Iglesia y Estado mantuvo tensiones hasta
1808, año en que ambas instituciones se consolidaron como los
principales defensores de la monarquía y del orden del Antiguo
Régimen. En ese contexto, la Iglesia se erigió en uno de los pilares
más firmes para la preservación del orden colonial. Con el fin
de combatir y deslegitimar la revolución de Miguel Hidalgo, sus
representantes elaboraron sermones, cartas pastorales, edictos,
exhortaciones y circulares. Del mismo modo, recurrieron al
púlpito para las lecturas públicas y al confesionario para el diálogo
privado, con la expectativa de que la feligresía reprodujera esos
mismos argumentos en el ámbito familiar.27
Lo anterior ayuda a explicar la cercanía del obispo
González del Campillo con el virrey Francisco Javier Venegas.
Desde su llegada a la Nueva España buscó ganarse su confianza y,
cuando la guerra se intensificó, le ofreció un apoyo incondicional.
Así quedó reflejado en sus cartas, donde defendió con firmeza
la causa del régimen español, al punto de consolidarse como “el
más firme apoyo del gobierno”.28 Entre los escritos derivados de
esta postura se encuentran las cartas pastorales que constituyen
el objeto de este estudio, testimonio de la lealtad de la Iglesia
hacia el monarca. No obstante, como advierten autores como
Cristina Gómez Álvarez, “La iglesia poblana. Del regalismo al ultramontanismo”, en El sexenio absolutista. Los últimos años insurgentes. Nueva España (1814-1820) / José Antonio Serrano Ortega (coord.), (Zamora, Michoacán: El Colegio de Michoacán, 2014), 55-57.
28
Salazar y Durán, “Manuel”, 113.
27

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Salazar y Durán, el fervor de González del Campillo no respondía
únicamente a convicciones morales, sino también a intereses
personales, entre ellos su aspiración a ocupar el arzobispado de
México, cargo que le fue negado por su origen criollo.29
En primer momento, las cartas del obispo respondieron a la
necesidad del gobierno colonial de organizar una resistencia moral
y política contra la tiranía de Bonaparte. Sin embargo, conforme
avanzaba la guerra, esa narrativa se reorientó para desacreditar
el movimiento encabezado por Miguel Hidalgo. Para asegurar la
eficacia de esta propaganda, se apeló a los valores propios del
antiguo régimen. El desafío consistía en articular un discurso
convincente que explicara por qué las autoridades virreinales y la
población novohispana debían mantener su fidelidad al monarca
español. En este marco, la defensa de la patria, la supremacía de la
religión y el respeto a las leyes fueron exaltados como principios
esenciales frente a los postulados sediciosos de los insurgentes.30
Para dimensionar el impacto de estas comunicaciones
en la sociedad pueblerina, basta considerar la reacción de los
insurgentes, que pronto respondió con publicaciones como El
Despertador Americano. En sus páginas se difundían las acciones
de los caudillos, los avances en el campo de batalla y los principios
que legitimaban su movimiento. Durante los primeros años, uno de
sus objetivos centrales fue reivindicar la figura del cura Hidalgo,
cuya imagen había sido severamente dañada por la propaganda
29
30

Salazar y Durán, “Manuel”, 112-117.
François-Xavier Guerra, “El escrito”, 126.

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realista. A través del discurso religioso, sus adversarios lo
despojaron de la dignidad a su carrera eclesiástica y lo acusaron de
herejía, sentando así las bases de una narrativa que, con el tiempo,
marcaría de manera decisiva el discurso contrainsurgente.31
Las cartas pastorales de González del Campillo
corresponden a la última etapa de su vida, un periodo en el que
la tinta corrió con abundancia. Fueron dirigidas a una sociedad
sumida en el caos de la guerra, con especial atención en la gente
del común, que quedó a merced de insurgentes y realistas. Su
principal recurso de disuasión fueron los rotativos, donde advertía
que unirse al movimiento de Hidalgo equivalía a desafiar la
voluntad de Dios. En ellos negaba la legitimidad de la insurgencia,
presentándola como una empresa demoníaca destinada a destruir
el orden establecido. En una población profundamente católica,
este discurso resultaba eficaz. Así, cuando las armas no bastaban
para garantizar la fidelidad de los novohispanos, estas cartas se
transformaban en un instrumento de control: además de informar
sobre la guerra, sembraban temor entre quienes pudieran
simpatizar con la causa rebelde.
Un mensaje y un destinatario
La guerra insurgente en la Nueva España no se resolvió únicamente
en el campo de batalla. Desde el inicio de la revolución encabezada
por Miguel Hidalgo en 1810, el gobierno colonial desplegó una
intensa campaña propagandística orientada a moldear la opinión
31

Álvaro Fleites Marcos, “La prensa”, 22-23.

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pública. En ella, la jerarquía religiosa desempeñó un papel
central: su voz gozaba de la autoridad suficiente para explicar a la
feligresía las causas del levantamiento contra el régimen español.
De este modo, la polémica religiosa se convirtió en un recurso
de “policía y buen gobierno”, mediante el cual los prelados
monopolizaron el discurso legítimo sobre la rebelión.32
En este contexto, las cartas del obispo González del
Campillo circularon desde la capital provincial hacia diversos
pueblos de las intendencias de Veracruz y Puebla (véase ilustración
2). Siguiendo los postulados del ACD, resulta pertinente
interrogarse por las circunstancias que motivaron su escritura.
Félix María Calleja, jefe de operaciones realistas, señalaba que
este territorio se había convertido en el “principal escenario de la
guerra”.33 En sintonía, autores como Brian Hamnett ha explicado
que esa condición pudo obedecer a factores internos como los
conflictos en los pueblos, las tensiones entre grupos de poder
regional, la creciente pauperización de la población y la escasez
crónica de alimentos derivada de la Pequeña Era de Hielo.34
Víctor Gayol, “Escritores”, 151.
AGN, Virreyes 268, ff. 1-7, núm. 1, 15 de marzo de 1813. Citado por Brian
Hamnett, Raíces de la insurgencia en México. Historia regional, 1750-1824,
(México: Fondo de Cultura Económica, 2010), 186.
34
Hamnett, Raíces, 186-188. En México, el legado documental sobre la Pequeña Era de Hielo abarca un periodo aproximado de tres siglos. Este fenómeno climático se expresó en cambios drásticos de temperatura: enfrentamiento
con lluvias y hielo en algunas regiones, y sequías o climas cálidos en otras.
Más información en Luis Alberto Arrioja Díaz Viruell, “Historia y clima en
México: perspectivas y horizontes desde la historiografía”, Estudis D´Història
Agrària, 33, (2021), 13-31.
32
33

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Ilustración 2.
Carta pastoral de González del Campillo

Fuente: Biblioteca Digital Hispánica
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Para el gobierno colonial, asegurar el dominio sobre este
territorio –y en particular sobre la Bocasierra–,35 significaba
controlar el flujo de bienes comerciales y metales preciosos
que transitaban por el camino real, ruta vital que comunicaba a
Veracruz, Puebla y México. En esta zona, además, se almacenaba
una parte importante del armamento realista, resguardado en la
fortaleza de San Carlos. Desde este punto estratégico se organizó
la defensa contra la insurgencia en los pueblos de la región,
escenario de intensos combates entre las tropas del rey y los
alzados que avanzaban desde Tlapacoyan y Misantla, dos de los
principales focos de la rebelión veracruzana.36
En este marco, la presencia de las cartas pastorales en los
archivos parroquiales de la Bocasierra resulta particularmente
reveladora y plantea una pregunta clave: ¿qué tan decisiva fue la
intervención de las autoridades locales, en especial las eclesiásticas,
La Bocasierra forma parte de la Sierra Norte de Puebla, zona de transición
entre la Meseta Central y el oriente veracruzano. Con paisajes serranos y elevaciones de 1 000 a 2 000 m. s. n. m., incluye localidades como Zacapoaxtla,
Tlatlauquitepec y Teziutlán. Desde la época colonial, estas poblaciones se integraron a una red comercial que las vinculó con Jalacingo, Altotonga y Perote.
Con el avance colonial, la región reunió diversos grupos étnicos y concentró
numerosas haciendas y ranchos administrados por españoles del piedemonte
veracruzano. Más información en Alarcón Martínez, “Los pueblos”, 31-59.
36
Juan Ortiz Escamilla, Guerra y gobierno. Los pueblos y la independencia
de México: 1808-1825, (México: El Colegio de México: Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2014), 76-90, 144-156; Maximiliano Abner
Alarcón Martínez, “El alumbramiento de un bastión realista. Guerra insurgente en los pueblos de indios de Puebla y Veracruz, 1810-1813”, Relaciones.
Estudios de historia y sociedad, [en prensa].
35

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para mantener la fidelidad al rey en una región marcada por
tensiones políticas, económicas y militares? Si bien responder a
esta interrogante requiere una investigación más amplia, su sola
formulación subraya la relevancia de estos documentos y abre
dos horizontes históricos. Por un lado, enriquece lo que sabemos
sobre la insurgencia en los territorios de Puebla y Veracruz; por
otro, ofrece un estudio de caso para profundizar en las razones
que explican la lealtad de estas poblaciones y los factores que las
alejaron de la rebelión durante los primeros años de la lucha.
A diferencia de los sermones morales, enfocados en la
corrección de vicios y pecados, estos textos adaptaron un tono
polémico y judicial, donde la reprobación de los insurgentes se
expresaba con una fuerte carga de violencia verbal. Su desarrollo
en la Nueva España era reciente: primero se manifestó en los
sermones contra Napoleón y Francia, pero alcanzó su máxima
intensidad a partir de 1810, con las prédicas contrainsurgentes.37
Según Escobedo y Cuesta, el contenido de estos escritos se
difundía durante la misa, mediante lecturas en voz alta, lo que
garantizaba su alcance e impacto entre la población.38 La Iglesia,
con su extensa red de clérigos y fieles, no solo fue la institución
con mayor capacidad de cohesión social, sino también una
generadora de ideas que alimentaron los debates políticos de
la época.39 En este marco surge otra pregunta: ¿qué conceptos
37
38
39

Carlos Herrejón Peredo, Del sermón, 285.
Martín Escobedo Delgado y Marcelino Cuesta Alonso, “La lucha”, 1.
Martín Escobedo Delgado, “La insurgencia”, 250.

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sostuvieron el discurso religioso promonárquico en la Nueva
España? Escobedo identifica como ejes de esta propaganda a las
nociones de rey, religión y patria, pilares del poder hispano cuya
persistencia en el centro de la discusión pública refleja su peso en
la defensa del orden colonial.40
Para cerrar este apartado, conviene recordar que la
conformación del corpus MIGC se limitó a los textos redactados
entre 1810 y 1811, el periodo de mayor intensidad discursiva del
obispo de Puebla, y que solo se incluyeron aquellos dirigidos
expresamente a la sociedad llana. Dadas las circunstancias
históricas de su producción, estos escritos ofrecen elementos
suficientes para dilucidar los fundamentos del conflicto y permiten
elaborar una lectura distante sustentada en los conceptos más
relevantes del corpus, a fin de explorar los debates ideológicos
del periodo insurgente. En la actualidad, las cartas se encuentran
bajo resguardo del Archivo Parroquial Histórico de San Juan
Bautista, en Libres, Puebla, aunque su consulta presencial resulta
bastante restringida. Por ello, se trabajó con las reproducciones
de la Biblioteca Digital Hispánica, que las ha puesto a disposición
para su descarga. Cabe destacar que los documentos presentan
encabezados, pero estos resultan insuficientes para diferenciarlos,
ya que repiten varias referencias. Por esta razón, y con fines
de análisis y de cita, se optó por renombrarlos en nota al pie y
proponer una clasificación específica que combina el nombre del
40

Escobedo, “La insurgencia”, 257-258.

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autor, el año de emisión y un orden alfabético. Así, la primera
carta se denomina Campillo_1810a, y las siguientes siguen la
misma lógica.41
Leyendo cartas, haciendo patria...
El estudio de las cartas pastorales de González del Campillo tiene
como propósito identificar las claves conceptuales del corpus
documental MIGC, distinguiéndolo de una lectura cercana o
tradicional, generalmente enfocada en secciones específicas de
los textos. En este sentido, el software Voyant Tools permite
aplicar herramientas computacionales que facilitan la extracción
de información puntual, la formulación de hipótesis iniciales y la
identificación de áreas de investigación potenciales, a partir de la
detección de patrones o datos que podrían resultar anómalos para
la historiografía.42
Tras incorporar las transcripciones de las cartas pastorales
de González del Campillo en Voyant Tools, se identificó que el
corpus reúne un total de 15 400 palabras, de las cuales 3 813
son únicas o diferenciadas (véase la zona inferior izquierda de
la ilustración 1). A partir de la vista del Sumario, disponible
en la pantalla principal del portal, se identificó que la carta
Para diferenciar las cartas pastorales se establecen los siguientes encabezados. 1) Valores y tradiciones ante una revolución interior (Campillo_1810a),
2) De cómo las astucias de Napoleón se introdujeron en América (Campillo_1810b), 3) Donativos para la liberación de España (Campillo_1811a), y 4)
Carta dirigida a los insurgentes (Campillo_1811b).
42
Spinelli, “La represión”, 9.
41

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más extensa es Campillo_1811b (7 456 palabras), seguida de
Campillo_1810a (3 136 palabras), Campillo_1810b (2 835
palabras) y Campillo_1811a (1 973 palabras).
Ilustración 3.
Corpus Cirrus MIGC crudo.

Las diferencias en la densidad del vocabulario constituyen
el punto de partida para una lectura distante del corpus. Se observa
que, a pesar de ser el texto más breve, Campillo_1811a presenta la
mayor complejidad léxica, una tendencia que se repite, aunque en
distinta medida, en el resto de las cartas. En contraste, los escritos
más extensos –Campillo_1811b y Campillo_1810a– muestran
una menor variedad de términos. Este fenómeno podría deberse,
en parte, a limitaciones materiales, como la disponibilidad de
fojas, que habrían obligado al obispo a condensar su escritura.
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�Palabras de fidelidad: las cartas del obispo González

No obstante, la proporción de palabras por oración sugiere que
la diferencia obedece más al contenido y a la intencionalidad del
mensaje que a una restricción externa. Esta primera aproximación,
basada en el Sumario, permite avanzar hacia el análisis con la
herramienta Cirrus, cuya nube de palabras inicial concentra
términos como no, más, á y han, poco útiles como punto de partida
para una lectura de esta naturaleza. En su versión preliminar, el
esquema obtenido fue el siguiente:
Ilustración 4.
Corpus Cirrus MIGC filtrado.

Voyant Tools ofrece la posibilidad de depurar esta nube
de palabras para resaltar aquellos conceptos de mayor interés
historiográfico. Para ello, el usuario puede acceder a “Definir
opciones para esta herramienta”, ubicada en la parte superior
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derecha de la ventana Cirrus. Al desplegarse el submenú, aparece
el encabezado “palabras excluidas”, donde es posible ingresar los
términos que se desea eliminar de la visualización. Se recomienda
aplicar entre tres a cinco filtros para optimizar el resultado y
evitar una saturación innecesaria. En la misma pestaña también
es posible personalizar la apariencia de la nube: el tipo de letra
se ajusta en la sección “Familia de fuentes”, mientras que los
colores se modifican desde la “opción de Paleta”. Tras completar
este procedimiento, la visualización final se aproxima al siguiente
ejemplo:
Es necesario señalar que los ajustes realizados en esta
pestaña inciden de manera general en la lectura que Voyant
Tools hace del corpus MIGC. Al depurar la nube de palabras,
la visualización adquiere mayor claridad y permite resaltar los
términos más significativos. Lo mismo ocurre con el sumario,
donde se observan modificaciones sustanciales. En la sección
“Palabras más frecuentes del corpus”, destacan vocablos de
evidente interés histórico, como Dios, España, americanos, tirano
y patria, que se configuran como ejes temáticos de los textos
analizados.
Esta primera revisión y ajuste de los resultados de
Voyant Tools sugiere que el término patria es el más recurrente
del corpus, por lo que en lo subsecuente me centraré en su
análisis. La herramienta indica que esta palabra aparece un total
de cuarenta veces, con mayor frecuencia en Campillo_1811b.
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Para profundizar en su uso dentro del discurso eclesiástico, se
recomienda el uso de la función Contextos, que genera una tabla
con información detallada sobre el término en su entorno textual.
Este recurso puede exportarse como URL, trasladarse a una tabla
de Excel o descargarse como imagen, tal como se muestra en el
siguiente ejemplo:
Ilustración 5.
Corpus Contextos filtrado

La herramienta ‘Contextos’ muestra que dicho concepto
fue utilizado para referir a la patria española y la patria americana,
ambas representadas como cuerpos en tensión, sacudidos por
conflictos internos, que las mantenían en vilo. En la carta “Valores
y tradiciones ante una revolución interior” (Campillo_1810a),
el obispo afirmaba que era preferible morir combatiendo por la
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patria y por la religión antes que sucumbir a la seducción del
movimiento insurgente, presentado como el camino más sencillo.
En este escrito, su discurso se articuló en torno a los valores y
tradiciones que definían al buen patriota, exaltando la lealtad, el
amor y la fidelidad a la patria y al rey español, términos que,
además, destacan en el esquema de Cirrus (véase ilustración 5).
Su argumentación adopta una lógica de contraste: la lealtad al rey
se presentaba como el rasgo distintivo frente a los insurrectos.
En ese momento, la figura del monarca hispano se integraba a
una fórmula recurrente que enlazaba los conceptos de Dios, rey y
patria, una triada destinada a reforzar la cohesión social mediante
un imaginario compartido, en contraposición a la idea de una
sociedad dividida entre americanos y españoles.43
Desde esta perspectiva, los rebeldes eran descritos
como una anomalía, dominados por los instintos más bajos de
la revolución: la ambición desmedida y la mala fe. Reducirlos,
afirmaba González del Campillo, era el deber de los verdaderos
patriotas, no siempre mediante las armas, sino a través del rechazo
social, negándoles apoyo o auxilio. Para el obispo, la aversión
de la sociedad hacia la insurgencia no era más que una reacción
natural frente a los horrores vividos y la devoción hacia la patria
“que como madre de los novohispanos debía sobreponerse de los
ataques de sus propios hijos”.44
Landavazo, La máscara, 209-211.
Manuel Ignacio González del Campillo, “Pastoral que el ilustrísimo señor
don Manuel Ignacio González del Campillo, dignísimo obispo de Puebla, diri43
44

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El eclesiástico partió de esa realidad para redactar la carta
“De cómo las astucias de Napoleón se introdujeron en América”
(Campillo_1810b), donde retomó el tema de la revolución de
Miguel Hidalgo, que colocó en paralelo con el dominio ejercido
por Napoleón sobre España. En esa ocasión, recurrió al concepto de
patria para construir un argumento en el que la metrópoli se erigía
como ejemplo ante el mundo por su resistencia frente al poderío
francés, muy superior en recursos y ejército. Según el escrito el
proyecto del “tirano de Europa” había cruzado el Atlántico con el
único propósito de extraer riquezas y sembrar el caos.
En ese sentido, el obispo advertía que la virulencia del
movimiento insurgente se había propagado desde Europa a
través de emisarios que, mediante engaños, sedujeron a los
americanos con promesas de autonomía y felicidad. No resulta
casual que en esta carta el término más recurrente fuera España,
acompañado de palabras como: reino, europeos y americanos, lo
que evidencia la centralidad de estos conceptos en su discurso
religioso. Destaca igualmente la presencia del vocablo franceses,
a quienes atribuía el propósito de fracturar la relación histórica
entre España y América mediante narrativas sobre la crueldad de
la conquista: el despojo de tierras y la exclusión de los naturales
de los cargos de gobierno. Para neutralizar esas voces, González
del Campillo insistía que la metrópoli no estaba dispuesta a ceder
territorio alguno en América, ni a Francia ni a Inglaterra, con lo
ge a sus diocesanos”, Biblioteca Digital Hispánica, septiembre de 1810, 1-16,
https://bit.ly/3LMhoWo
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cual desmentía uno de los rumores más difundidos por los grupos
insurgentes.45
Cuando señalo que la guerra tenía un componente
económico, me remito a la lectura distante de la carta “Donativos
para la liberación de España” (Campillo_1811a). En este escrito,
el obispo de Puebla expresó su preocupación por los elevados
gastos que demandaba el conflicto librado en ambos hemisferios.
En este contexto, el concepto de patria reapareció estrechamente
vinculado al de americanos, aludiendo a las dificultades que
implicaba sostener a las tropas que resistían la ocupación francesa.
Según su planteamiento, el amor de los vasallos americanos hacia
la patria debía traducirse en apoyos económicos destinados a la
defensa de la metrópoli. De ahí que afirmara que la liberación
de España no solo era una causa legítima, sino también una
obligación moral que exigía la colaboración de todos los súbditos
del rey. Al respecto, señalaba:
Mis amados diocesanos: [...] yo bien conozco el comercio
interceptado por la insurrección, los robos ejecutados en ella,
las calamidades que [...] han sucedido en nuestros desgraciados
días: [...] pero también sé que la caridad y el verdadero
patriotismo son virtudes ingeniosas y fecundas en recursos.
Quitar algo a la comodidad y el lujo, y tendrán que dar para salvar
la patria y aliviar a nuestros hermanos, que peleando por ella
gimen en la mayor miseria. [...] Despojémonos generosamente
de todo lo superfluo que solo sirve a la ostentación y a la
Manuel Ignacio González del Campillo, “Manifiesto que el obispo de la
Puebla de los Ángeles dirige a sus diocesanos”, Biblioteca Digital Hispánica,
noviembre de 1810, 1-20, https://bit.ly/3A0Y30R
45

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vanidad, y sacrifiquémoslos útilmente a la verdadera religión,
cuyo esplendor y decoro se interesa en la guerra que sostienen
los españoles, y también la patria, cuya inexistencia política
está decretada por Napoleón aun antes de que sus armas los
hayan sojuzgado.46

La perspectiva religiosa llevó al obispo González del
Campillo a identificar a los patriotas como defensores de la
voluntad de Dios, mientras que retrataba a los insurgentes como
discípulos de Satanás, seducidos por engaños y dispuestos a poner
en riesgo la seguridad de sus vidas. Según su interpretación, la
insurgencia no había hecho más que provocar un derramamiento
inútil de sangre y el abandono de comunidades enteras a su
suerte. En este marco, la “Carta dirigida a los insurgentes”
(Campillo_1811b) buscó presentar la revolución como sinónimo
de crisis política, económica y social, reforzando la idea de que
seguir a los rebeldes equivalía a elegir el caos sobre el orden.47
En este punto resulta evidente la influencia de José del
Campillo y Cosío, especialmente en lo relativo al funcionamiento del gobierno económico, que tras los sucesos de 1810 se enArchivo Histórico Parroquial de San Juan Bautista, (en adelante AHPSJB),
Caja 71, sección: disciplinar, serie: cartas pastorales, f. 48v.
47
Manuel Ignacio González del Campillo, “Manifiesto. Don Manuel Ignacio
González del Campillo por la gracias de Dios y de la Santa Sede Apostólica,
obispo de la Puebla de los Ángeles, prelado Gran Cruz de la Real y distinguida
orden española de Carlos III del Consejo de S. M.”, en Manifiesto del excelentísimo e ilustrísimo señor obispo de Puebla con otros documentos para desengaño de los incautos. Dedicado al excelentísimo señor don Francisco Xavier
Venegas, virrey, gobernador y capitán general de la Nueva España, Biblioteca
Digital Hispánica, https://bit.ly/4fsvN7y
46

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contraba seriamente desarticulado. Para Campillo y Cosío, un
régimen económico consistía en la “buena policía, el arreglo del
comercio, el modo de emplear civilmente a los hombres, el cultivar la tierra, mejorar sus frutos y en fin todo aquello que conduce
a sacar el mayor beneficio y utilidad de un país”.48 Sin embargo,
su estabilidad dependía de la preservación del poder político, un
tema particularmente controvertido en los primeros años del siglo
XIX. Consciente de las grietas que amenazaban los cimientos del
régimen hispano, el obispo de Puebla escribió:
Recorran todos los países que pisaron los insurgentes y verán
talados los campos, abandonada la agricultura, interceptado el
comercio, desiertos los pueblos, la industria sin acción y todo
el reino sumergido en el llanto y la miseria. ¡Execrables jefes
de la insurrección! ¡Este es el retrato fiel del actual estado de
la patria!¡Esta es la felicidad que les preparaban con cuya fe
mentida engañaron a tantos sencillos que [...] han encontrado la
muerte delante de las armas del rey, o han tenido que abandonar
sus hogares y errantes por los montes van arrastrando las
pesadas cadenas de sus crímenes!49

El eclesiástico redactó esta carta dirigida a los líderes
y simpatizantes de la insurrección. En ella adoptó un tono
conciliador al sostener que, pese al caos provocado por el
levantamiento, aún era posible retomar el camino correcto y
José Campillo y Cosío, Nuevo sistema de gobierno económico para la
América: con los males y daños que le causa el que hoy tiene, de los que participa copiosamente España; y remedios universales para que la primera tenga
considerables ventajas, y la segunda mayores intereses, (Madrid, Imprenta de
Benito Cano, 1789), 10-11.
49
Manuel Ignacio González del Campillo, “Manifiesto”, 51.
48

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�Palabras de fidelidad: las cartas del obispo González

volver al amparo de Dios y de la patria. Movido por la piedad
propia de su ministerio, prometió interceder ante el gobierno
del virrey Venegas, subrayando su compromiso de restituirles
sus antiguas condiciones como fieles vasallos del rey, siempre
y cuando depusieran las armas y retornaran a la obediencia de la
monarquía.
Lo que se deja en el tintero
Las cartas del obispo González del Campillo se inscriben en
el contexto de las revoluciones y el surgimiento de la opinión
pública moderna. Como he señalado en este trabajo, fueron
redactadas para una audiencia heterogénea, lo que respondió a
una estrategia deliberada de ampliar su alcance e influencia. No
es casual que se dirigiera a los mismos sectores populares de los
que los insurgentes nutrían sus ejércitos, aprovechando tensiones
acumuladas en sus relaciones con el gobierno, las autoridades
étnicas y otros grupos sociales. Para la corona hispana, asegurar
la fidelidad de estos grupos resultaba prioritario. En esta tarea,
el bajo clero desempeñó un papel crucial, pues sus integrantes
se convirtieron en defensores de la patria al transmitir las ideas
morales y religiosas emanadas desde la sede episcopal. Evaluar el
impacto de estos mensajes en las comunidades insurgentes es una
labor que aún queda abierta para futuras investigaciones.
El Bicentenario de la Independencia de México,
celebrado en 2010, reunió a un grupo de investigadoras e
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�Maximiliano Alarcón

investigadores de diversas universidades del país con el propósito
de sintetizar los principales temas, debates e interpretaciones
en torno del proceso emancipador. Hasta entonces se asumía
que la discusión historiográfica estaba prácticamente agotada.
No obstante, las transformaciones recientes en la disciplina
han abierto nuevos debates sobre la independencia nacional,
desplazando el enfoque tradicional, –centrado en los personajes
ilustres y en los costos económicos y humanos de la guerra–
para dar paso a interpretaciones innovadoras que, apoyadas en
metodologías distintas, han revitalizado antiguos planteamientos
historiográficos.
Ese es precisamente el caso de las humanidades digitales
y del uso de Voyant Tools. Aunque en este trabajo me limité a
emplear solo algunas de sus funciones, conviene destacar que la
plataforma ofrece un abanico mucho más amplio de posibilidades
para la investigación en ciencias sociales y las humanidades.
Una estrategia recomendable consiste en iniciar con el sumario
como herramienta de aproximación y, posteriormente, incorporar
recursos como Mandala, WordTree, DreamScape o RezoViz. Si
bien en esta ocasión no fueron utilizados, su exploración puede
abrir nuevos horizontes de análisis y enriquecer nuestra relación
con las fuentes documentales.
Fuentes documentales
Archivo Histórico Parroquial de San Juan Bautista (AHPSJB),
cartas pastorales.
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�Palabras de fidelidad: las cartas del obispo González

Fuentes impresas
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para la América: con los males y daños que le causa el
que hoy tiene, de los que participa copiosamente España;
y remedios universales para que la primera tenga considerables ventajas, y la segunda mayores intereses. Madrid: Imprenta de Benito Cano, 1789.
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Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de la Puebla
de los Ángeles”. En Manifiesto del excelentísimo e ilustrísimo señor Obispo de Puebla con otros documentos
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González del Campillo, Manuel Ignacio. “Manifiesto que el Obispo de la Puebla de los Ángeles dirige a sus diocesanos”.
Biblioteca Digital Hispánica, noviembre de 1810. https://
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González del Campillo, Manuel Ignacio. “Pastoral que el ilustrísimo señor don Manuel Ignacio González del Campillo.
Dignísimo obispo de la Puebla de los Ángeles dirige a sus
diocesanos”. Biblioteca Digital Hispánica, septiembre de
1810. https://bit.ly/3LMhoWo
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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares5.10-178

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�Círculos de diálogo: sentipensar en colectivo
para la investigación social
Dialogue Circles: Thinking-Feeling Collectively
for Social Research
Sandra Ramírez García
Universidad Veracruzana
Xalapa, México

https://orcid.org/0000-0002-6122-1507
Recibido: 22 de marzo de 2025
Aceptado: 24 de noviembre de 2025

Resumen: En las últimas décadas, los ‘círculos de diálogo’ han sido
sistematizados y promovidos en prácticas de justicia restaurativa. Este
artículo propone su uso como método de investigación cualitativa y
participativa en las ciencias sociales, basándose en la experiencia de la
autora en su investigación doctoral sobre redes alimentarias alternativas.
En este contexto, los círculos de diálogo permitieron comprender
en profundidad la complejidad de las realidades alimentarias de
diversas personas y, al mismo tiempo, facilitaron que los participantes
ampliaran su conciencia sobre las múltiples relaciones que configuran
su alimentación cotidiana. Los círculos de diálogo se sustentan en la
creación de espacios de escucha y expresión donde las personas pueden
comunicar sus experiencias y ‘sentipensamientos’ (sic), sobre diversos
temas, incluidos hechos históricos, procesos comunitarios significativos,
saberes heredados, relaciones con la naturaleza y transformaciones
territoriales. Este trabajo expone su funcionamiento, fundamentos,
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�Círculos de diálogo: sentipensar en colectivo para la investigación

implicaciones y alcances, con el objetivo de promover su incorporación
en la investigación académica. Se espera que esta reflexión sobre los
círculos de diálogo como herramienta para la recolección y generación
de información motive su uso y la construcción de métodos para
abordar el sentipensar en colectivo. Así, se busca contribuir a la coconstrucción de conocimientos situados que valoren la complejidad, la
multiplicidad de perspectivas, la interconexión de procesos y el cuidado
de las relaciones entre quienes participan en la investigación..
Palabras clave:métodos participativos; conocimientos situados; cocreación de conocimientos; investigación cualitativa; ciencias sociales.
Abstract: In recent decades, ‘dialogue circles’ have been systematized
and promoted in restorative justice practices. This article proposes their
use as a qualitative and participatory research method in the social
sciences, based on the author’s experience in her doctoral research on
alternative food networks. In this context, dialogue circles provided
an in-depth understanding of the complexity of people’s food realities
while also helping participants expand their awareness of the multiple
relationships that shape their daily eating practices. dialogue circles
are based on the creation of spaces for listening and expression, where
people can communicate their experiences and ‘sentipensamientos’
(sic) (to feel-thoughts), on various topics, including historical events,
significant community processes, inherited knowledge, relationships
with nature, and territorial transformations. This study presents their
functioning, foundations, implications, and scope to encourage their
incorporation into academic research. This reflection on dialogue
circles as a tool for data collection and generation is expected to
encourage their use and the development of methods to approach
collective thinking-feeling. In this way, it seeks to contribute to the coconstruction of situated knowledge that values complexity, multiple
perspectives, interconnections between different processes, and the
care of relationships among those involved in research.
Key words: participatory methods; situated knowledge; co-creation of
knowledge; qualitative research; social sciences.
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�Sandra Ramírez

Invitación a sentipensar en círculos
En este artículo se presentan los ‘círculos de diálogo’ como un
método de investigación que puede integrarse en trabajos con una
metodología cualitativa y participativa dentro del campo de las
ciencias sociales. Esta propuesta metodológica busca ampliar la
comprensión de los fenómenos sociales al incluir explícitamente
los sentipensamientos de las personas participantes ante ciertas
situaciones, y la influencia de las relaciones intersubjetivas
establecidas durante la investigación en el estudio colectivo de
la realidad. Aquí, sentipensar alude a interpretar conscientemente
la realidad a partir de la reflexión y el impacto en el sentir de
las personas, reconociendo explícitamente el papel de lo sentido.1
En este marco, los sentipensamientos son interpretaciones de
la realidad que visibilizan y asumen la imbricación de ideas,
conceptos, emociones, afectos, deseos, etc., se revelan a través
del diálogo y convergen en el acto de conocer y construir el
mundo.2 Cabe señalar que el trasfondo político y epistemológico
de estos conceptos, sentipensar y sentipensamientos, es cuestionar
la separación moderna entre la razón y el universo del sentir,
y mostrar que es posible construir conocimientos a partir de lo
sentido por el cuerpo en la vida cotidiana.
María Cándida Moraes y Saturnino De la Torre, «Sentipensar bajo la mirada autopoiética o cómo reencantar creativamente la educación», Creatividad
y Sociedad, n.o 2 (2002): 41-56.
2
Sandra Ramírez-García y Alma Amalia González-Cabañas, «Redes alimentarias alternativas: Comientes y sus sentipensamientos para actuar», Sociedad y Ambiente, n.o 26 (22 de julio de 2023): 1-28. https://doi.org/10.31840/
sya.vi26.2668.
1

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�Círculos de diálogo: sentipensar en colectivo para la investigación

Los Círculos de Diálogo que se presentan en el presente
artículo tienen su origen en prácticas de justicia restaurativa,
un enfoque que busca reparar el daño causado en situaciones
de conflictos y desigualdades a través del reconocimiento de la
interdependencia y la toma de responsabilidad colectiva.3 A lo largo
de las últimas décadas, este método ha sido sistematizado por Kay
Pranis, consultora y formadora en procesos restaurativos, quien
ha promovido su uso en diversos ámbitos, particularmente para
la resolución de conflictos y la promoción de la justicia social, en
situaciones marcadas por violencias estructurales, desigualdades
raciales, de clase y de género. En la academia podemos encontrar
referencias a los círculos de diálogo en la práctica pedagógica de
Paulo Freire, así como en las llamadas metodologías indígenas
(sobre metodologías indígenas ver Kovach4); asimismo, en
distintos movimientos sociales agroecológicos de Brasil hay
menciones sobre el diálogo en círculo para la creación de
conocimiento.5
Los círculos de diálogo parten de la premisa de que todo y
todos están interconectados, se relacionan con lo que las personas
Álvaro E. Márquez Cárdenas, «La justicia restaurativa versus la justicia
retributiva en el contexto del sistema procesal de tendencia acusatoria», Prolegómenos 10, n.o 20 (2007): 201-12, https://doi.org/10.18359/prole.2543.
4
Margaret Kovach, «Conversational Method in Indigenous Research»,
First Peoples Child &amp; Family Review 5, n.o 1 (2010): 40-48, https://doi.org/10.7202/1071291ar.
5
Marcio Gomes Da Silva, «Pedagogia do movimento agroecológico: fundamentos teórico-metodológicos» (Universidade Federal Fluminense, Faculdade
de Educação, 2020).
3

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�Sandra Ramírez

son y hacen en la vida diaria fomentan la responsabilidad personal
en las interacciones con otros, promueven la exploración de las
diferencias en las experiencias y en las visiones de la realidad,6 y en
ellos se plantean preguntas que invitan a incrementar las responshabilidades7 (es decir, las respuestas y habilidades) de todas las
personas asistentes ante las situaciones que se abordan. Por otro
lado, los conocimientos generados en los círculos de diálogo son
dinámicos porque se modifican y se enriquecen, dada la pluralidad
de voces y la diversidad de perspectivas que emergen en el diálogo
colectivo. El enriquecimiento también surge a partir de expresar
el sentipensar propio y la disposición a construir una visión
compartida del futuro. Para conocer lo que las personas participantes
sienten y establecer relaciones intersubjetivas que favorezcan
el entendimiento de la realidad y/o la construcción de futuros
compartidos, los círculos de diálogo se sustentan en la creación de un
espacio seguro de escucha y expresión, donde se pueden compartir
experiencias y sentipensamientos en torno a diferentes situaciones;
las cuales pueden incluir hechos históricos, procesos comunitarios
significativos, aspectos de la vida cotidiana que se encuentran
Kay Pranis, Manual para facilitadores de círculos (Costa Rica: Comisión
Nacional para el Mejoramiento de la Administración de Justica, 2006).
7
Donna Haraway en su libro Seguir con el problema hace un llamado a
imaginar formas de incrementar las respons-habilidades para sostener tanto la
vida humana como la vida de otros seres no humanos, y sus relaciones multiespecies, para vivir y morir juntos lo mejor posible en este mundo dañado.
Donna Haraway, «Una práctica curiosa», en Seguir con el problema. Generar
parentesco en el Chthuluceno., de Donna Haraway, trad. Helen Torres (Bilbao:
Consonni, 2019), 195-206.
6

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DOI: https://doi.org/10.29105/sillares5.10-175

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�Círculos de diálogo: sentipensar en colectivo para la investigación

atravesados por dinámicas globales, los cambios enfrentados en un
territorio, los saberes heredados generacionalmente, las relaciones
con el resto de la naturaleza, etc. De esta forma, los círculos de
diálogo no se limitan a la obtención/generación de información
sobre una realidad determinada, sino que constituyen un espacio
de análisis colectivo y profundo de manera horizontal a partir de
las percepciones, sentipensamientos, recuerdos y habilidades de
cada participante. Esto implica que las personas interpreten las
semejanzas y diferencias de sus experiencias en el diálogo, y así
los conocimientos que se generan en colectivo se devuelven a las
personas participantes desde la puesta en marcha de los círculos de
diálogo.
En este texto se explora la posibilidad de emplear
los círculos de diálogo dentro de la investigación académica
a partir de la experiencia de la autora de este texto, quien
incorporó este método en su investigación doctoral sobre redes
alimentarias alternativas (RAA)8 en el área metropolitana de
En la academia, las iniciativas de producción y distribución de alimentos
que intentan no reproducir las negatividades ecológicas, sociales y políticas
de los procesos dirigidos por las corporaciones alimentarias se han estudiado
bajo el nombre de Redes Alimentarias Alternativas Alma Amalia González
Cabañas, Ronald Nigh, y Michaël Pouzenc, eds., La comida de aquí. Retos
y realidades de los circuitos cortos de comercialización., Primera (México:
Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur,
Universidad Nacional Autónoma de México, 2020). Leigh Martindale, «‘I
Will Know It When I Taste It’: Trust, Food Materialities and Social Media in
Chinese Alternative Food Networks», Agriculture and Human Values 38, n.o 2
(2020): 365-80, https://doi.org/10.1007/s10460-020-10155-0.
8

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�Sandra Ramírez

Xalapa, Veracruz, México.9 En ese contexto, los círculos de
diálogo se emplearon como una herramienta para conocer con
profundidad la complejidad de las realidades alimentarias de
diferentes personas y, simultáneamente, contribuir a que esas
personas ampliaran su conciencia sobre las múltiples relaciones
que configuran su alimentación cotidiana. El proceso permitió
que quienes participaron reflexionaran sobre sus vínculos con la
comida, el espacio y otros seres humanos y no humanos durante
su aprovisionamiento cotidiano de alimentos. En las siguientes
páginas se expone cómo funcionan los círculos de diálogo, sus
fundamentos, implicaciones y alcances, para que otras u otros
investigadores, ya sean estudiantes, académicos, profesionales o
promotores comunitarios, puedan retomarlos como un método,
comprendiendo que no es superior a otros métodos cualitativos,
sino que amplía las posibilidades para el análisis de los
fenómenos sociales al abrir el juego de las intersubjetividades
entre las personas participantes, y así en diálogo y colaboración
tomen conciencia de sí mismas, sus relaciones, sus formas de
estar con y hacer con el mundo. Por tanto, con este método, las
o los investigadores pueden perfeccionar la participación de su
investigación en la vida de las personas que crean la realidad que
les interesa estudiar.
Dicha investigación estuvo financiada por el CONACHYT. En la actualidad, la autora de este artículo realiza una investigación sobre educación alimentaria, financiada por la ahora Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (México), donde utiliza los Círculos de diálogo como un
método educativo y de recolección.
9

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�Círculos de diálogo: sentipensar en colectivo para la investigación

Es importante mencionar que la elección del método
en la investigación doctoral que antecede al presente trabajo
correspondió al deseo de motivar la difracción de la realidad
entre quienes participaran en el estudio; para Donna Haraway10
la difracción es una forma de conciencia crítica que muestra lo
relacional de los procesos y hace visible aquellas cosas pérdidas
en los mismos, en otras palabras, difractar es mirar desde otra
parte una situación, tema o proceso, rompiendo la perspectiva
hegemónica y valorando las complejidades y las relaciones entre
entidades, para generar nuevas comprensiones y significados.
Con esta orientación, para la investigación doctoral se desarrolló
una metodología cualitativa integrada fundamentalmente por
los círculos de diálogo y complementada con otros métodos
participativos como el mapeo colectivo. Además, en los círculos
de diálogo participan todas las personas asistentes; lo cual hace
que este método sea compatible con la investigación acción
participativa (IAP). En particular, se vincula con algunos de
sus rasgos fundamentales, como: el reconocimiento de todas las
personas participantes como agentes competentes y reflexivos;
la integración de valores y creencias propios del grupo de
trabajo y el abordaje de la vida cotidiana para la construcción
de conocimientos;11 y la recuperación crítica de la historia, ya
Verónica Araiza Díaz, «El pensamiento crítico de Donna Haraway: complejidad, ecofeminismo y cosmopolítica», Península 15, n.o 2 (5 de agosto de
2020): 147-64, https://doi.org/10.22201/cephcis.25942743e.2020.15.2.76604.
11
Caitlin Cahill y Rachel Pain, «Representing Slow Violence and Resis10

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�Sandra Ramírez

que facilitan el aprovechamiento de la memoria colectiva de las
comunidades para ampliar o corregir la historia oficial12. Esto
último no sólo aporta información relevante para la investigación,
sino que es factible de tener incidencia en la forma en que los
grupos participantes comprenden su pasado y presente.
Sobre la IAP conviene señalar que, conforme a Rodrigues
Brandão,13 hace posible modificar saberes, sensibilidades y
motivaciones para hacer al ser humano más justo, crítico,
corresponsable, solidario y creativo. Estas cualidades también
pueden ser evocadas en los círculos de diálogo al establecer
colectivamente los valores que guiarán el diálogo y al responder
preguntas que invitan a modificar las respon-habilidades propias
(en el siguiente apartado se profundizará en estas acciones);
aunque dichas cualidades no siempre emerjan. Porque, como lo
indica Oslender,14 en la IAP es necesario que el o la investigadora
tenga un acercamiento humilde al trabajo de campo, aceptando
que cualquier cambio es un proceso, que él o ella tiene limitantes
tance», ACME: An International Journal for Critical Geographies 18, n.o 5
(2019): 1054-65.
12
Ulrich Oslender, «Espacializando resistencia: perspectivas de ‘espacio’ y
‘lugar’ en las investigaciones de movimientos sociales», Cuadernos de Geografía 8, n.o 1 (1999): 1-35.
13
Carlos Rodrigues Brandão, «A pesquisa participante e a participação da
pesquisa um olhar entre tempos e espaços a partir da América Latina», Escrito
da rosa dos vientos, s.f.
14
Ulrich Oslender, «De fracaso y frustración en el trabajo de campo: cómo
asumir la ética de la representación en la investigación participativa», Tabula
Rosa, n.o 19 (2013): 355-71.
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para acompañar ese proceso, que esas limitantes y demás
imperfecciones de la IAP en cuestión pueden convertirse en
elementos movilizadores para trabajos futuros y para definir de
manera más adecuada las posibilidades de colaboración.
Por otro lado, los círculos de diálogo coinciden con el
propósito de la metodología feminista de aumentar la toma de
conciencia y motivar acciones que potencialmente contribuyan
un cambio social, a partir de un proceso crítico y reflexivo de
reinterpretación colectiva de las experiencias; en donde se
fomenta la observación sobre cómo las personas se perciben así
mismas y la manera en que sus condiciones están históricamente
vinculadas a las estructuras sociales.15 Además, al permitir narrar
las experiencias de manera situada, los círculos de diálogo hacen
posible iluminar las diferencias entre las personas en plural
y sus experiencias, lo que de acuerdo a Delgado16 devela las
condiciones problemáticas, en las estructuras sociales y permite
establecer relaciones entre las identidades con las condiciones
de vida. De este modo, no sólo se obtienen datos sobre las
relaciones sociales dentro de cierto contexto, sino que de igual
forma, se abre un espacio en el que las personas participantes
Gabriela Delgado, «Conocerte en la acción y el intercambio. La investigación: acción participativa.», en Investigación feminista. Epistemología,
metodología y representaciones sociales. (México: Centro de Investigaciones
Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, UNAM; Centro Regional de
Investigaciones Multidisciplinarias, UNAM; Facultad de Psicología, UNAM.,
2012), 197-213, https://ru.ceiich.unam.mx/handle/123456789/3061.
16
Delgado, «Conocerte en la acción y el intercambio. La investigación: acción participativa.»
15

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�Sandra Ramírez

pueden desarrollar una comprensión más rica y matizada de los
fenómenos estudiado, así como revisar y resignificar sus propios
lugares dentro de la realidad social que conforman.
La investigación doctoral en la que se utilizó este método
tuvo dos objetivos principales:
1. Identificar y examinar los sentipensamientos en torno a la
alimentación y el aprovisionamiento cotidiano que permiten
a distintas personas mantener y configurar RAA en Xalapa.
2. Mostrar las afectaciones negativas percibidas por estas
personas en su alimentación y aprovisionamiento de
alimentos, relacionadas con el actual régimen alimentario,
con el fin de identificar y analizar la violencia ejercida por el
poder corporativo alimentario.
El trabajo de campo comenzó en junio de 2019 en el área
metropolitana de Xalapa, una región conformada por 20 localidades
pertenecientes a siete municipios: Tlalnelhuayocan, Emiliano
Zapata, Coatepec, Banderilla, Rafael Lucio, Jilotepec y Xalapa,
la capital del estado de Veracruz. Durante esta etapa, se realizaron
13 entrevistas semi-estructuradas y observación participante en
reuniones, talleres y eventos públicos organizados por grupos
que conformaban RAA en dicha área. La información recabada
en las entrevistas permitió identificar con detalle actores, lugares
y ritmos que constituían diferentes RAA; asimismo durante las
entrevistas se percibió el ánimo de diferentes personas para hacer
problematizaciones del mundo, incluso hubo quién mencionó que
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�Círculos de diálogo: sentipensar en colectivo para la investigación

le gustaría encontrar más espacios para dialogar sobre diferentes
aspectos sociales de su alimentación. A partir de esto, se empezó a
diseñar una metodología cualitativa y participativa orientada a la
difracción. En junio de 2021, se invitó a integrantes de los grupos
identificados a participar en cinco círculos de diálogo facilitados
por la autora del presente artículo.
Para la sistematización y el análisis de la información,
durante cada círculo de diálogo la facilitadora-investigadora
registró en un diario de campo lo que observaba y sentipensaba
y algunos comentarios de las personas participantes; además,
grababa el audio de las reuniones con autorización de las y los
asistentes. Después utilizó las notas de su diario de campo y
las grabaciones para realizar transcripciones de los diálogos y
describir los encuentros. Estos registros finales fueron analizados
utilizando el software QualCoder, un programa de acceso libre
y código abierto que facilita la sistematización de información
cualitativa (ya sea en textos o imágenes) a través de la identificación
de la información relevante por medio de códigos, los cuales son
previamente establecidos por la o el investigador. Así se extrajo
del gran volumen de información producida lo que interesaba
para dar cumplimiento a los objetivos de la investigación en
cuestión. Finalmente, la implementación de este método permitió
conocer parte de la complejidad que mantienen distintas RAA, al
mismo tiempo ofreció un espacio seguro en el que las personas
participantes pudieran sentirse escuchadas y valoradas, lo cual
resultó particularmente valioso durante el aislamiento social que
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se vivía en esa temporada debido a la pandemia por COVID-19.17
Para explorar en mayor detalle los resultados de esta investigación
se pueden consultar los artículos Redes alimentarias alternativas:
Comientes y sus sentipensamientos para actuar18 y Comiendo con
violencia: Comientes frente al régimen corporativo alimentario.19
Es esencial señalar que el concepto de sentipensamientos
dentro de esta investigación se adoptó después de la puesta en
marcha de los círculos de diálogo, dado que desde del primer
encuentro en Círculo se percibió en los comentarios de las
personas participantes que el sustento de sus acciones, para
establecer y mantener RAA, estaba constituido por lo sentido y lo
pensado, siendo estos casi indistinguibles. Entonces, se encontró
en las palabras sentipensar y sentipensamientos la posibilidad de
exponer la relevancia del universo del sentir en las prácticas de
aprovisionamiento de alimentos y, en un sentido más amplio, en
la construcción de conocimientos y en la toma de acción. Aunque
en estas palabras aparece primero el sentir, no se considera que
el sentir se encuentra por encima del pensar y se reconoce la
Dadas las recomendaciones de aislamiento social derivadas de dicha pandemia, los Círculos de diálogo para la investigación mencionada se adaptaron
al espacio virtual. En Ramírez-García y González-Cabañas 2023 se pueden
encontrar detalles sobre su ejecución en línea.
18
Ramírez-García y González-Cabañas, «Redes alimentarias alternativas:
Comientes y sus sentipensamientos para actuar», Sociedad y Ambiente.
19
Sandra Ramírez-García, Alma Amalia González-Cabañas, y Laura Elena
Trujillo-Ortega, «Comiendo con violencia. Comientes frente al Régimen Alimentario Coorporativo», Revista Cultura y Representaciones Sociales 17, n.o
34 (2023): 1-38.
17

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dificultad de separar ambos procesos. Asimismo, quien escribe
no considera que utilizar estos conceptos funcione como una
solución definitiva para identificar y explicar la relación entre el
pensamiento y lo sentido; pero se decidió utilizar estos conceptos
por su reconocimiento académico, a partir del trabajo de Orlando
Fals-Borda20 quien fue el primero en utilizar el término sentipensar
en las ciencias sociales, abriendo paso a la integración del universo
de lo sentido en las investigaciones sociales. Conviene aclarar
que si bien, los conceptos de sentipensar y sentipensamientos
no son usados explícitamente por Kay Pranis en sus enseñanzas
sobre círculos de diálogo, en dichas enseñanzas sí se enfatiza
la relevancia del sentir en la construcción de interacciones
significativas y en la generación de conocimientos compartidos,
dentro y fuera de los círculos de diálogo.
La incorporación de lo sentido por el cuerpo en los abordajes para conocer el mundo ha sido históricamente limitada, debido
a que en las tradiciones científicas predominantes el universo del
sentir se encuentra separado de los pensamientos y las acciones,
perpetuándose una lógica binaria entre ellos, además de una jerarquía entre razón y emoción, otorgando a la primera primacía
y deslegitimando a la segunda en la producción de conocimientos.21 Sin embargo, existen corrientes científicas contemporáneas
Orlando Fals-Borda, Una sociología sentipensante para América Latina, Primera, Antologías del Pensamiento Social Latinoamericano y Caribeño
(México, D.F.: Siglo XXI Editores, CLACSO, 2015), http://biblioteca.clacso.
edu.ar/clacso/se/20151027053622/AntologiaFalsBorda.pdf.
21
Bonvillani, «Pensar los sentimientos, sentir los pensamientos. Sentipen20

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que consideran fundamental la unión mente-cuerpo, y reclaman
el reconocimiento de la convergencia o una continuidad profunda
entre lo conceptual, lo psicológico y lo físico en la experiencia
humana.22 Como afirma Alfonso Bonhomme,23 no se pueden encontrar ni explicar lo sentido y el intelecto de forma pura en la vida
de las personas, ambos elementos coexisten y se moldean. Giraldo
y Toro24 explican que lo sentido por el cuerpo fue concebido en la
ciencia con visión cartesiana, como obstáculo para alcanzar la verdad y el conocimiento objetivo, creándose dos polaridades, aparentemente impermeables: la razón y el afecto; en este esquema, la
razón fue colocada encima del afecto y señalando que lo racional
no puede ser al mismo tiempo un asunto afectivo.
En la actualidad, esta dicotomía ha sido cuestionada desde diversas disciplinas como la psicología, las neurociencias y la
fenomenología filosófica, las cuales han brindado evidencia sobre
una participación humana intrínsecamente racional y afectiva.25
sando la experiencia subjetiva».
22
Kate Stanley, «Affect and Emotion: James, Dewey, Tomkins, Damasio,
Massumi, Spinoza», en The Palgrave Handbook of Affect Studies and Textual
Criticism, ed. Donald R. Wehrs y Thomas Blake (Canada: Springer International Publishing, 2017), 97-112, https://doi.org/10.1007/978-3-319-63303-9_2.
23
Alfonso André Bonhomme, «La teoría vygotskyana de los afectos ante al
capitalismo emocional en la escuela», Interdisciplinaria Revista de Psicología y Ciencias Afines 38, n.o 1 (2021): 85-100, https://doi.org/10.16888/interd.2021.38.1.6.
24
Omar Felipe Giraldo y Ingrid Toro, Afectividad Ambiental Sensibilidad,
empatía, estéticas del habitar (México: El Colegio de la Frontera Sur, Universidad Veracruzana, 2020).
25
Giraldo y Toro, Afectividad Ambiental, sensibilidad, empatía, estéticas
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Conviene señalar que también en algunos estudios históricos, se
ha reconocido la importancia de la dimensión afectiva en la interpretación de la realidad, notando como la carga sentimental
presente en los testimonios orales permite dar cuenta de la cotidianidad de los lugares.26 En ese sentido, resulta clave destacar
la unión mente-cuerpo para ampliar la comprensión del conocimiento humano, y buscar/construir métodos que favorezcan las
aproximaciones holísticas y situadas de la realidad. Dar visibilidad a lo sentido por el cuerpo y sus interrelaciones con los procesos cognitivos resulta necesario para ampliar la forma en la que
se estudian/entienden y pretenden resolver los diferentes problemas que atraviesa la sociedad humana. Desde esta perspectiva,
los círculos de diálogo emergen como un método particularmente
valioso, al reconocer explícitamente que el sentir de las personas
está íntimamente entrelazado con el pensar y el accionar.
Aquellas personas que decidan poner en marcha este método (ya sea dentro, fuera o en colaboración con la academia) podrán
difractar la realidad, enriqueciendo la comprensión de otra parte o
partes de la complejidad de los fenómenos sociales. Ahora, en lo
que continúa del presente artículo se seguirá haciendo referencia
del habitar,
26
María Isabel Araujo Alvarado, «Azucena Garza. Colonia Cuauhtémoc.
Vida cotidiana de una colonia obrera en Monterrey (1957-2020)», Sillares. Revista de Estudios Históricos 3, n.o 6 (2024): 179-84, https://doi.org/10.29105/
sillares3.6-122; Miguel Angel Pinkus Rendón, Abril Monserrat Gonzalez Ku,
y Ashantti Vereniss López Niquete, «Desterritorialización de La Costa Quintanarroense: El Caso de Playa Del Carmen», Sillares. Revista de Estudios Históricos 4, n.o 8 (2025): 36-82, https://doi.org/10.29105/sillares4.8-157.
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al sentipensar con el fin de traer a la luz la relevancia de lo sentido
por el cuerpo en el estudio de la realidad y en la investigación
social. Si al lector o lectora, le parece atractivo emprender un proceso de investigación que motive el diálogo sentipensado; dicho
de otra manera, una investigación que: “desde otras coordenadas,
otras referencias, otros lugares de enunciación, ponga la afectividad como el marco referencial para pensar sensible(mente)”;27 en
las siguientes páginas encontrará detalles sobre cómo funcionan
los círculos de diálogo, los beneficios y las responsabilidades que
conllevan, al igual que sus sustentos. Es relevante hacer énfasis en
que este método no sólo tiene por objetivo generar conocimientos situados y significativos, ligados a contextos específicos y a
subjetividades particulares, sino que también cuida las relaciones
personales que sostienen la investigación.
Igualmente conviene señalar que la autora del presente
texto tomó una capacitación para aprender a facilitar círculos
de diálogo antes de emplearlos en su propia investigación, para
conducir y cuidar de forma apropiada cada diálogo; lo cual resultó
sumamente útil, dada la naturaleza holística del método. Porque,
como sucede con los métodos feministas, el diálogo que surge en
los círculos revive la trama y el sentido de la vida, y transporta
la vida cotidiana a un nivel consciente motivando el darse cuenta
de lo que se sabe, explicando y entendiendo lo que sucede.28 Si
Giraldo y Toro, Afectividad Ambiental Sensibilidad, empatía, estéticas del
habitar, p. 14.
28
Delgado, «Conocerte en la acción y el intercambio. La investigación: ac27

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bien el presente artículo no sustituye una capacitación formal en
la facilitación de círculos de diálogo, funciona en cambio como
una orientación para iniciar o continuar la exploración de este
método, identificando por qué logran mostrar la complejidad de
los fenómenos sociales y contribuyen al aprendizaje colectivo
para la transformación social.
Tiempo para entender los círculos
¿Qué son y cómo funcionan los círculos de diálogo?
Conforme a Pranis,29 los círculos de diálogo son una forma de
reunir a las personas para tener una conversación con uno o más
objetivos determinados (por ejemplo: dialogar, celebrar, tomar
decisiones, resolver un conflicto, etc.), bajo los principios de una
comunicación honesta y el desarrollo de vínculos entre quienes
asisten. Esto a través de prácticas tradicionales de diálogo de
comunidades indígenas de Nueva Zelanda y Norteamérica
(aunque este tipo de prácticas también han sido identificadas en
otras partes del mundo, en grupos donde el bienestar comunitario
es fundamental). Así, los círculos de diálogo constituyen una
forma de relacionarse grupalmente, basada en un ambiente de
seguridad, el cual se logra a través de distintos tipos de actividades
que generan confianza, intimidad y sentido de pertenencia entre
las personas participantes; quienes desde el primer encuentro y
ción participativa.»
29
Pranis, Manual para facilitadores de círculos.
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en cada círculo de diálogo establecen o recuerdan los valores
o directrices que regularán su diálogo y reuniones. Además, en
cada círculo de diálogo aparecen elementos físicos y simbólicos;
por ejemplo: las personas se sientan formando un círculo para
aportar a la horizontalidad del diálogo, evitando que una persona
se concentre el poder de hablar; y al centro del círculo se colocan
objetos relacionados con el o los propósitos de las reuniones y
objetos que simbolizan los valores acordados para dialogar.
Los elementos estructurales de los círculos de diálogo son:
facilitadores, pieza del habla, valores y directrices generales, y
ceremonias o dinámicas para marcar el inicio y cierre del círculo.30
Generalmente, los círculos de diálogo tienen dos facilitadores,
quienes están a cargo de conducir el proceso de diálogo cuidando
el ambiente y los vínculos entre las personas participantes a partir
de diferentes actividades para procurar la presencia atenta y activa
de todas las personas participantes, para que éstas puedan contar
libremente sus anhelos, miedos, errores y aciertos. Para ello,
previamente al encuentro, las o los facilitadores diseñan dinámicas
o actividades y preguntas que invitan a contar relatos en primera
persona que incluyan el sentipensar personal, visibilicen las
relaciones con otros seres y situaciones, y motiven a las personas
a re-conocer y re-conocerse en su espacio social. Las preguntas
son bastante abiertas para permitir identificar y comprender los
intereses genuinos o las experiencias significativas de las y los
30

Pranis.

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asistentes.31 La pieza del habla es un objeto pequeño elegido
por la o el facilitador y cumple la función de regular el diálogo,
pasando de mano en mano entre todas las personas participantes.
El facilitador o la facilitadora hace una pregunta con la pieza en
sus manos y después pasa la pieza a una de las personas que se
encuentre a su lado; cuando la persona recibe la pieza en sus manos
están invitados a hablar y cuando no la tienen deben escuchar
sin interrumpir a quien hable. La pieza pasa de mano en mano,
avanzando una persona a la vez en el mismo sentido, sin saltar a
alguien; cada vez que una persona recibe la pieza da su respuesta a
la pregunta generadora, aunque se puede decidir no hablar. Cuando
todos han expresado sus experiencias y sentipensamientos la pieza
regresa a la o el facilitador, quien también responde las preguntas
planteadas.32 Por tanto, la pieza del habla fomenta la inclusión,
simboliza el poder de expresarse y concede a todas y todos, la
oportunidad de ser escuchados. Los valores y las directrices son
lineamientos generales acordados en consenso por las personas
participantes, para guiar el comportamiento en los encuentros,
haciendo de cada círculo un lugar seguro para compartir.
A grandes rasgos, el diálogo en cada círculo se conforma
por cinco etapas: 1) Ceremonia de apertura, es una actividad o
dinámica con la cual se espera introducir un ritmo para el encuentro;
2) Revisión del estado de ánimo de las y los participantes, para
crear empatía y fortalecer las relaciones entre ellas y ellos, 3)
31
32

Pranis.
Pranis.

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Establecimiento de valores o directrices que guiarán el diálogo,
lo cual fomenta que las personas den lo mejor de sí mismas
para mantener el círculo de diálogo como un espacio seguro, 4)
Preguntas y respuestas o actividades relacionadas a los objetivos
del círculo de diálogo y que ponen en juego las dinámicas y
acontecimientos en los que están inmersos esas personas en
relación a los temas abordados; y 5) Ceremonia de cierre, es una
actividad o dinámica para marcar el fin del círculo de diálogo
y procurar un buen ánimo entre las y los participantes al reincorporarse a sus propias dinámicas de vida.33 Es necesario señalar
que la o el facilitador procura que las actividades que conforman
cada etapa, permitan que las personas participantes se conozcan
escuchando sus experiencias y sentipensamientos, incluso si no
están directamente relacionados con el objetivo del círculo de
diálogo. En conjunto, los elementos estructurales del círculo y
sus etapas contribuyen a lograr los objetivos establecidos para
los encuentros y a que las personas participantes se comprendan
como seres humanos con sentipensamientos similares, capaces de
entender y/o modificar determinadas situaciones.
De esta manera, los círculos de diálogo se han utilizado en
diversos lugares; por ejemplo, en escuelas para resolver conflictos
entre estudiantes, en comunidades para abordar problemas
locales, en lugares de trabajo para mejorar la comunicación y
la cooperación entre colaboradores, y en contextos familiares
para fortalecer las relaciones y resolver disputas; todo a partir
33

Pranis.

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de expresar el sentipensar propio y la disposición a construir una
visión compartida o encontrar una solución colectiva que beneficie
a las personas implicadas. Aunque cambie el lugar o la intención
de los círculos, en cada encuentro se debe procurar hacer presentes
los principios identificados por Pranis,34 estos son el entenderse
en conexión con las otras personas asistentes, la equidad entre
quienes participan y el reconocer la propia influencia en el todo
(las repercusiones de las acciones personales sobre otros seres
humanos y no humanos más allá del círculo de diálogo).
¿Por qué los círculos permiten entender fenómenos
sociales y co-construir conocimientos?
Con el fin de entender los círculos de diálogo como método de
recolección o generación de información para la investigación, a
continuación se exponen algunas de sus características que coinciden con el método de entrevistas o los hacen compatibles con la
IAP. Sardan35 explica que hay entrevistas que se sitúan más como
una conversación, tal es el caso de los círculos de diálogo donde
la o el facilitador tiene un papel equiparable al de entrevistador.
Conforme a ese autor, las entrevistas conversacionales contienen
tres niveles de cifrado: 1) la información sobre la realidad de referencia, 2) la información sobre el punto de vista del interlocutor respecto a la realidad observada, y 3) la información sobre la
Pranis, Manual para facilitadores de círculos.
Jean-Pierre Olivier Da Sardan, El rigor de lo cualitativo. Las obligaciones
empíricas de la interpretación socioantropológica, trad. Jorge Costa Delgado,
Primera (España: Centro de Investigaciones Sociológicas, 2018).
34
35

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estructura comunicacional. Los círculos de diálogo también poseen estos niveles de cifrado porque la persona facilitadora puede
hacer preguntas que enlacen la información sobre el mundo y la
percepción de quienes participan; además, al interior de los círculos de diálogo se pueden emplear otros métodos que permiten
acercarse más a la realidad de referencia (como la construcción
colectiva de mapas y paisajes), y si se desea, se puede analizar la
estructura comunicacional que se desarrolla en los encuentros.
Igualmente, los círculos de diálogo pueden caracterizarse como
entrevistas que oscilan en la experiencia. En este tipo de entrevistas, las personas asistentes hablan desde sus propias vivencias
porque se les pide relatar fragmentos de su vida y hechos en los
que son actores, privilegiando la narrativa en primera persona.36
En los círculos de diálogo todas y todos los participantes (incluyendo a la o el facilitador) se expresan a través de narrativas en
primera persona. Aquí otra coincidencia con la investigación participativa, donde el investigador o la investigadora asume a lo
largo de todo el proceso de investigación un papel como articulador de la reflexión, al permitir que todas las personas compartan
el conocimiento que tienen sobre el mundo y poner el foco las
interdependencia en la realidad social,37 pero alejándose del papel
de experto(a) o analista.
Da Sardan, El rigor de lo cualitativo. Las obligaciones empíricas de la
interpretación socioantropológica.
37
Francisco José Francés et al., La investigación participativa: Métodos y
técnicas (Ecuador: Pydlos Ediciones, Universidad de Cuenca, 2015).
36

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Además, en los círculos de diálogo se pueden generar
colectivamente conocimientos críticos de la realidad a través
del encuentro de diferentes personas, quienes al responder
las preguntas planteadas, comparten narraciones sobre sus
experiencias, favoreciendo el conocimiento de todas las
personas implicadas en el proceso,38 característica de la IAP.
Las narraciones de las personas incluyen la descripción de sus
relaciones con otros elementos del espacio social, así como su
sentipensar. Es la interpretación de las historias o narrativas la
que permite crear conocimientos que pueden conducir a cambios
personales y sociales. Conforme a Kovach, al compartir y escuchar
historias el conocimiento se co-crea; esto a su vez constituye una
relación fuerte entre las personas implicadas. Así que, a medida
que se escuchan las historias en los círculos de diálogo, se
forman y profundizan conocimientos y relaciones intersubjetivas.
Retomando a Rodrigues Brandão,39 se puede señalar que lo que
está en juego no son meramente conocimientos racionales, en la
IAP existe la posibilidad de transformar saberes, sensibilidades,
motivaciones y relaciones.
Conviene detallar que al escuchar las historias de
otras personas surge la co-creación de conocimiento, dada la
Michel Jean Marie Thiollent y Maria Madalena Colette, «Pesquisa-ação,
universidade e sociedade», Revista Mbote 1, n.o 1 (30 de junio de 2020): 4266, https://doi.org/10.47551/mbote.v1i1.9382.
39
Rodrigues Brandão, «A pesquisa participante e a participação da pesquisa
um olhar entre tempos e espaços a partir da América Latina».
38

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interpretación personal que se construye a partir de la narrativa.
La interpretación es una oportunidad de expresar, a otros o a
sí mismo(a), el conocimiento interno y de encontrar puntos en
común de un fenómeno particular.40 Por otro lado, la co-creación
de conocimiento le da confiabilidad a la IAP como una actividad
científica y pedagógica, donde no hay neutralidad científica pero sí
una práctica de educación popular al servicio de la transformación
de saberes y sensibilidades en nombre de transformar una sociedad
regida por los principios y valores del mercado capitalista. Por
lo tanto, el método de círculos de diálogo concuerda con el
enfoque ético-político y con la raíz fenomenológica de la IAP
(características señaladas por Merçon)41 además, la apertura de la
IAP a la integración de tipos de conocimiento, incluyendo saberes
subalternizados,42 hace factible que los sentipensamientos que
emanan de los círculos de diálogo sean reconocidos y utilizados
en las construcción de conocimientos sobre fenómenos sociales.
En cuanto a la importancia que se da en los círculos de
diálogo al conocerse entre las personas participantes para así
sentir empatía y fortalecer las relaciones intersubjetivas, se puede
Margaret Kovach, Indigenous methodologies: Characteristics, conversations, and contexts. (EUA: University of Toronto Press, 2012).
41
Juliana Merçon, ed., Investigación transdisciplinaria e investigación-acción participativa. Conocimiento y acción para la transformación, Construyendo lo Común 2 (México: CopIt-arXives, Red de Socioecosistemas y Sustentabilidad, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt)., 2021).
42
Merçon, ed., Investigación transdisciplinaria e investigación-acción participativa. Conocimiento y acción para la transformación
40

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indicar que con este método se avanza un paso más en la IAP,
donde participar significa cambiar voluntariamente la relación
investigador-investigado o sujeto-objeto por una relación sujetosujeto43 En los círculos de diálogo, además de procurar relaciones
sujeto-sujeto entre todas las personas que participan también hay
un esfuerzo explícito para que estas relaciones sean personales
y significativas a partir del compartir historias propias, algunas
de ellas relacionadas con la investigación y otras no pero que se
suscitan como parte del ejercicio de conocerse y se consideran
igual de importantes. El esfuerzo de establecer relaciones
personales y hacerse cargo de su administración aparece en lo que
Kovach44 llama metodología indígena, una metodología basada
en historias o narraciones y la interpretación tribal y personal de
investigadores indígenas; en esta metodología es crucial que la
persona participante sienta que quien investiga está dispuesto(a)
a escuchar su historia, elevando la investigación de un ejercicio
extractivo de información a un esfuerzo holístico de comprensión
que sitúa la investigación dentro del nido de las relaciones entre
sujeto-sujetos. Cabe señalar que en la metodología indígena, la
historia o narración se identifica como un método que genera
conexión entre quienes comparten y escuchan las historias;45
Orlando Fals-Borda y Rahman Mohammad Anisur, Acción y conocimiento. Como romper el monopolio con investigación acción-participativa. (Colombia: Cinep, Ediciones Antropos LTDA, 1991).
44
Kovach, «Conversational Method in Indigenous Research».
45
Kovach, «Conversational Method in Indigenous Research».
43

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�Sandra Ramírez

las cuales muestran lo espiritual, emocional, físico y mental de
una situación. De la misma manera, en los círculos de diálogo
cuando se comparten historias, a medida que se desenvuelven,
se profundizan las relaciones intersubjetivas entre las personas
asistentes; incluso puede modificarse su propia existencia. Después
de todo, como lo señalan Moraes y De la Torre46, el dominio de
la existencia personal es siempre el dominio de una coexistencia
(existencias colectivas) porque el “yo” incluye sus relaciones.
¿En qué otros aspectos difieren los círculos
de otros métodos cualitativos?
A diferencia de las entrevistas, los círculos de diálogo
presentan una alternativa a la comunicación bidireccional muchas
veces basada en jerarquías; por ejemplo, la jerarquía investigador
e investigado, donde el papel que tiene el primero le autoriza a
no compartir información personal sobre el tema en cuestión,
mientras que el investigado se expone significativamente. En los
círculos de diálogo participan más de dos personas y su estructura
no permite que se mantenga una comunicación uno a uno, y por
otro lado el investigador-facilitador también se autolocaliza
en el espacio y la sociedad, y da a conocer sus propios relatos,
motivaciones, preocupaciones y deseos; es decir, se expone
expresando su sentipensar al igual que los otros participantes
Moraes y De la Torre, «Sentipensar bajo la mirada autopoiética o cómo
reencantar creativamente la educación».
46

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�Círculos de diálogo: sentipensar en colectivo para la investigación

de la investigación. Kovach47 indica que la autolocalización en
la investigación cualitativa es común entre muchos enfoques,
aunque el grado de integración varía. En los círculos de diálogo
el investigador-facilitador debe estar dispuesto a compartir su
propia experiencia con el fin de crear confianza, ser conocido
y conocer a las otras personas. Para Fals-Borda y Mohammad
Anisur48 era importante reducir las diferencias entre intelectuales
y comunidades; los círculos de diálogo ayudan a mostrar
equidad entre las personas participantes pues cada una relata sus
experiencias personales y así identifican lo común y lo diferente
de las experiencias marcadas por condiciones geográficas,
históricas, culturales y sociales distintas. Sin duda, esto implica
que las personas participantes se influyan unas a otras (influyendo
también el investigador-facilitador), porque el yo son sus relaciones
y las circunstancias que lo envuelven).49 Ni en los círculos de
diálogo ni en la IAP dicha situación se considera prohibida o
desfavorable, en cambio, la interacción entre personas se entiende
como la base de los cambios en servicio de las comunidades.
Encima, los círculos de diálogo se pueden entender como una
metodología relacional que, conforme a Kovach,50 conlleva un
profundo respeto por aquellos a los que implica y por aquellos
Kovach, «Conversational Method in Indigenous Research».
Fals-Borda y Mohammad Anisur, Acción y conocimiento. Como romper el
monopolio con investigación acción-participativa.
49
Moraes y De la Torre, «Sentipensar bajo la mirada autopoiética o cómo
reencantar creativamente la educación».
50
Kovach, «Conversational Method in Indigenous Research».
47
48

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que sentirán las consecuencias de la investigación, lo cual exige
cuidar las relaciones que se construyen.
Otras diferencias entre los círculos de diálogo y las
entrevistas son que en estos: 1) Se realizan actividades para
procurar la presencia activa y cómoda de quienes participan,
principalmente en las ceremonias de apertura o cierre, pero
también en otros momentos; estas actividades pueden ser ejercicios
de respiración, algún tipo de meditación, un juego colaborativo,
etc. 2) Se establecen valores o directrices a seguir por todas las
personas asistentes. 3) En cada encuentro se fomenta “escuchar
el corazón”, es decir, el sentir de quienes participan. Todas estas
características o acciones no tienen el fin único de alcanzar el
objetivo general del círculo de diálogo, también buscan promover
la familiarización y la conexión entre las personas asistentes.
De acuerdo a Moraes y De la Torre,51 los sentipensamientos
fluyen en las interacciones de dos o más personas, y ese flujo
a su vez favorece o restringe lo que las personas sentipiensan,
sus actuaciones y su transformación. Partiendo de esto, es
posible señalar que cuando en los círculos de diálogo se procura
un ambiente seguro y de buena convivencia, y la escucha de lo
sentido o la “apertura del corazón”, en coherencia el flujo de
lo sentipensado enriquece las ‘respons-habilidades’ (sic) de las
personas asistentes, es decir, incrementa su capacidad de dar
Moraes y De la Torre, «Sentipensar bajo la mirada autopoiética o cómo
reencantar creativamente la educación».
51

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�Círculos de diálogo: sentipensar en colectivo para la investigación

respuesta a las realidades que enfrentan; porque de acuerdo a
Pranis,52 los círculos de diálogo funcionan como una invitación
al cambio personal en las relaciones con los otros (humanos y no
humanos); las responsa-habilidades se construyen y se ejercen en
la interlocución.
¿Qué aspectos considerar antes de elegir utilizar los círculos?
A consideración de quien escribe, existen algunos aspectos a
tener en cuenta antes de decidir utilizar los círculos de diálogo
como método de investigación, pues es un método holístico
que principalmente demanda cuidar las relaciones y vínculos
intersubjetivos entre todas las personas participantes. El primero
de estos aspectos es la disposición de la persona que investiga y
facilita para confiar en sí misma y en las otras personas asistentes.
Conforme a Rodrigues Brandão,53 en la IAP quien investiga puede
confiar en sí mismo(a) y no sólo en los instrumentos que utiliza,
puede confiar en su memoria, sus palabras y las de sus interlocutores;
esto se vuelve una necesidad a la hora de facilitar un círculo de
diálogo. Se debe tener la confianza en sí mismo(a) para establecer
y manejar las dinámicas grupales de manera sensible, procurando
crear las condiciones para que se den los procesos de reflexión de
manera participativa e igualitaria. Asimismo, la investigadora o
el investigador va recordando lo que expresan todas las personas
Pranis, Manual para facilitadores de círculos.
Rodrigues Brandão, «A pesquisa participante e a participação da pesquisa um olhar entre tempos e espaços a partir da América Latina».
52
53

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asistentes para, al final de la ronda de respuestas, referenciar algún
comentario específico de cada participante y hacer comentarios
generales; para de esta manera, promover la inclusión y mostrar
su escucha atentas. Encima, la persona facilitadora confía en la
calidad de la palabra de su interlocutor(a). Igualmente, todas las
personas asistentes requieren estar dispuestas a confiar unas en
las otras, bajo el entendimiento de que decir falsedades altera el
equilibrio relacional.
Luego, quien facilita el círculo de diálogo tiene que
tener en cuenta que, aunque haya un objetivo prestablecido para
la investigación en sí, las preguntas y actividades no se deben
centrar exclusivamente en la consecución de ese objetivo. A su
vez, esto implica no acelerar el proceso del círculo de diálogo,
cada etapa y cada actividad que los conforma es tan importante
como el resto. Por todo ello, la persona investigadora-facilitadora
debe considerar el tiempo invertido para la planificación y la
puesta en marcha de cada sesión. Es responsabilidad de dicha
persona diseñar actividades y preguntas abiertas que fomenten
la inclusión del sentir y se relacionen con el objetivo general del
círculo de diálogo o con el propósito de las etapas, asimismo,
esta deberá seleccionar cuidadosamente los objetos simbólicos
que se emplean, aunque para todo ello puede apoyarse en las o
los otros participantes. Por otro lado, todas las personas asistentes
requieren estar dispuestos a dedicar total atención a la práctica
del círculo de diálogo, dedicando un tiempo considerable a las
reuniones. Igualmente, es fundamental que dichas personas
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�Círculos de diálogo: sentipensar en colectivo para la investigación

tengan disposición para el diálogo, acepten trabajar de manera
colectiva y deseen comprender desde otras perspectivas ciertas
actividades, situaciones o temas en su vida.
Por si fuera poco, quien investiga y facilita el círculo de
diálogo hace un gran esfuerzo para sentipensar sobre sí misma, sus
motivaciones, sus acciones y su entorno; lo cual puede considerarse
una experiencia de formación o desarrollo personal que demanda
auto-compasión y auto-crítica. Además, esto requiere aceptar que
el propio sentipensar influirá en la manera de sentipensar de las
otras personas y en sus sentipensamientos. Se trata de permitirse
ser afectado y afectar. Simultáneamente, se requiere aceptar que
los resultados del proceso (para la investigación en sí y para la vida
de quienes participan) son igual de importantes que el proceso
en sí. Dadas todas estas implicaciones, resulta indispensable y
beneficioso que él o la investigadora, cuente con una capacitación
previa como facilitador(a) de círculos de diálogo o los haya
presenciado siendo facilitados por personas con experiencia.
Cierre para fomentar la apertura a investigar en círculos
De acuerdo a Moraes y De la Torre,54 en la vida cotidiana, el ser
humano actúa como un todo, donde sentimientos y pensamientos
se encuentran imbricados, biológicamente entrelazados, fundidos
uno en el otro, y es en las acciones y las múltiples conversaciones
que la persona establece consigo misma y con otras que se
Moraes y De la Torre, «Sentipensar bajo la mirada autopoiética o cómo
reencantar creativamente la educación».
54

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conoce la totalidad que las conforma. Por lo tanto, el diálogo
sentipensantemente consciente complementa la visión de lo
racional y objetivo, que suele limitar la forma en la que se analizan
y pretenden resolver los diferentes problemas atravesados en la
sociedad humana. Es por ello que se invita a “escuchar el corazón”,
motivando e incluyendo el sentipensar de las personas en las
investigaciones cualitativas. Los círculos de diálogo como método
para acercarse a la realidad conllevan promover la interpretación
explícita de dicha realidad a través del sentipensar, revelando
una gran trama de las relaciones que la conforman y generando
conocimientos profundos sobre esas relaciones. Esto significa
que al dialogar en círculo sobre las experiencias personales y
los sentipensamientos que les dan origen, surgen conocimientos
situados sobre fenómenos sociales, incluyendo acontecimientos
históricos, que motivan la generación de presentes y futuros
basados en relaciones de cuidado y justicia; por ejemplo, la
construcción de horizontes comunes, al permitir que las personas
identifiquen semejanzas y diferencias en sus experiencias.
Asimismo, en los círculos de diálogo muchas veces se
visibilizan situaciones o relaciones eludidas, invisibilizadas o
desconocidas para algunas de las personas presentes, enriqueciendo
el conocimiento personal y colectivo; ampliando o confrontando
la historia oficial, las geografías y los discursos dominantes.
Para la persona que investiga y facilita, el descubrimiento de lo
invisibilizado representa identificar nuevas temáticas o líneas de
acción para investigaciones o planes futuros; temáticas o acciones
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�Círculos de diálogo: sentipensar en colectivo para la investigación

que además interesan significativamente a las otras personas
participantes. Con todo ello se aminora la fragmentación en el
estudio de los fenómenos sociales y lo más importante, se crean
circunstancias que permiten el enriquecimiento de la capacidad
de acción y difracción de las personas que investigan. Por tanto,
los círculos de diálogo constituyen una práctica educativa, donde
las personas establecen vínculos intersubjetivos por la escucha
de sus narraciones, se sienten acompañadas en sus experiencias,
aprenden unas de otras, y refuerzan sus ‘respons-habilidades’
(sic); todo esto tiene la posibilidad de fortalecer relaciones débiles
o activar relaciones antes ausentes.
Se espera que esta presentación de los círculos de diálogo
como método para recolectar o generar información para la
investigación motive su uso en investigaciones de diversas
disciplinas y, de igual manera, funcione como una provocación
a construir con más profundidad y rigurosidad métodos que
aborden el sentipensar en colectivo para la co-construcción de
conocimientos situados, valorando las múltiples perspectivas,
la complejidad, la identificación de relaciones entre distintas
entidades en diferentes procesos y el cuidado de las relaciones
entre las personas que sostienen el proceso de investigación.
Es decir, se espera promover una práctica intelectual y de
investigación que sea explícitamente encarnada (mediada y
sentida a través del cuerpo) o cuando menos inspire curiosidad
de buscar otros caminos para sentir-pensar-hacer investigación y
promover el bienestar colectivo.
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�La contingencia histórica y el significado en la historia
Historical contingency and meaning in history
Manuel Tolentino Rodarte
Universidad Veracruzana
Xalapa, México

https://orcid.org/0000-0002-6531-599X
Recibido: 23 de marzo de 2025
Aceptado: 25 de noviembre de 2025

Resumen: El presente trabajo propone un marco integrador para
comprender la construcción y disputa de los significados históricos
a partir de tres ejes fundamentales. En primer lugar, se examina la
evolución de la historiografía hasta la formulación de la Historia
Conceptual de Koselleck, destacando la tensión entre el espacio de
experiencia y el horizonte de expectativas como marco para interpretar
la transformación de los conceptos en el tiempo. En segundo lugar,
aborda la contingencia histórica como el momento en que coyunturas
específicas -marcadas por crisis, rupturas y cambios sociales- generan
procesos de resignificación que disputan y reconfiguran el pasado
desde las demandas y perspectivas del presente. Finalmente, examina
el control semántico, entendido como el mecanismo mediante el cual
las ideologías y estructuras de poder filtran y regulan la producción
y circulación de significados, que, al articularse con la analítica
semiótico-política, proporciona herramientas para mapear la lucha por
el significado en contextos de transformación.
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�La contingencia histórica y el significado en la historia

Este enfoque multidisciplinario subraya que la historia es un campo de
lucha simbólica en el que los conceptos se reformulan continuamente
en función de las condiciones sociopolíticas, lo que permite una lectura
crítica de la memoria colectiva y de las identificaciones sociopolíticas
que se sustentan.
Palabras clave: Historia conceptual, contingencia histórica, control
semántico, semiótica-política, significado histórico..
Abstract: This paper proposes an integrative framework to understand
the construction and contestation of historical meanings through three
fundamental axes. First, it examines the evolution of historiography
up to the formulation of Reinhart Koselleck’s Conceptual History,
emphasizing the tension between the space of experience and the horizon
of expectations as a framework for interpreting the transformation of
concepts over time. Second, it addresses historical contingency as the
moment when specific conjunctures -marked by crises, ruptures, and
social changes- generate processes of resignification that contest and
reshape the past from the demands and perspectives of the present.
Finally, it explores semantic control, understood as the mechanism
through which ideologies and power structures filter and regulate
the production and circulation of meanings. When articulated with
semiotic-political analysis, this provides tools for mapping the struggle
over meaning in contexts of transformation.
This multidisciplinary approach underscores that history is a field of
symbolic struggle in which concepts are continuously reformulated
based on sociopolitical conditions, enabling a critical reading of
collective memory and sociopolitical identifications.
Key words: Conceptual history, historical contingency, semantic
control, semiotic-political analysis, historical meaning.

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�Manuel Tolentino Rodarte

Presentación
El presente trabajo explora la relación entre la contingencia
histórica, el control semántico y la semiótica para el despliegue
de politicidades sociales discursivas, con el objetivo de
desarrollar una reflexión integradora que permita comprender
cómo los significados históricos son configurados, disputados y
estabilizados en distintos contextos experienciales de coyunturas
situadas. Se parte de la premisa de que los procesos históricos no
siguen una linealidad, sino que se configuran a través de rupturas
y continuidades precisamente identificables en el proceso de
su constitución, lo que implica que la producción del sentido
histórico es un campo de disputa desde las coyunturas que lo
ven nacer. En este marco, la historia se entiende como un campo
de disputa en el que los significados emergen, se enfrentan y se
estabilizan desde las coyunturas específicas que los constituyen.
Para abordar esta cuestión, se articulan tres ejes de
análisis. En primer lugar, la tensión entre el espacio de experiencia
y el horizonte de expectativas en perspectiva historiográfica
koselleckiana (Koselleck, 1993, 2004, 2006), que permite
comprender cómo los conceptos históricos se configuran en la
intersección entre lo vivido y lo proyectado, ideas desplegadas
operativamente en intelecciones de la Historia Conceptual, donde,
como dice Koselleck, “cada concepto fundamental contiene varios
estratos profundos procedentes de significados pasados, así como
expectativas de futuro de diferente calado.” (Koselleck, 2004: 3738). En segundo lugar, la noción de control semántico propuesta
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�La contingencia histórica y el significado en la historia

por Serey (2021), que critica los límites de la historia conceptual
al apuntar cómo las cuestiones ideológicas y las estructuras de
poder privilegian ciertos significados sobre otros, regulando
la circulación del sentido histórico. Finalmente, desde una
perspectiva político-discursiva, la ruta semiótico-política (Verón,
1993; Laclau, 2000; Tolentino, 2024) puede aportar algunas
lógicas operativas para examinar las configuraciones narrativas,
las identificaciones colectivas y las tensiones ideológicas que
estructuran las luchas por la fijación de sentido en el tiempo y en
la historia.
Desde esta perspectiva, la reflexión plantea que la integración
entre historia conceptual, control semántico y semiótica política
no sólo permite comprender cómo los significados históricos se
configuran, sino también cómo son disputados y estabilizados
en los escenarios de conflicto y negociación. De este modo, se
busca aportar un marco teórico-metodológico que contribuya a
una lectura crítica de la producción de sentido histórico, capaz de
reconocer la historicidad de las identificaciones sociopolíticas y
su carácter contingente.
El texto se organiza en cuatro apartados. El primero
presenta el marco epistemológico historiográfico y discute los
conceptos centrales. El segundo examina el control semántico
desde la postura de Serey (2021) como crítica a los postulados de
la historia conceptual koselleckiana. El tercer apartado propone
una integración teórico-metodológica entre historia conceptual,
control semántico y semiótica política. Finalmente, a manera de
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�Manuel Tolentino Rodarte

cierre se plantea la importancia de una historiografía crítica que
reconozca el carácter de disputa de los significados fundacionales
de la coyuntura que cuestiona y su inscripción en procesos de
contingencia histórica.
I. La configuración del tiempo y el sentido histórico
El estudio de la historia ha estado marcado por transformaciones en
la manera de concebir y practicar la disciplina, lo que ha derivado
en una evolución de sus métodos y enfoques epistemológicos
(Guerrero, 2011). Según Iggers (1997), este recorrido puede
agruparse en tres grandes momentos: el surgimiento de la historia
como disciplina profesional en el siglo XIX, la incorporación
de métodos de las ciencias sociales en el siglo XX y el desafío
posmoderno a la narrativa histórica. Sin embargo, como señalan
Zermeño (2005) y Florescano (2012), estos procesos no deben
entenderse como fases lineales o sustituciones tajantes, sino
como estratos superpuestos en los que coexisten y se reconfiguran
distintas formas de hacer historia:
“A lo largo de los siglos los historiadores se han empeñado en
precisar los objetivos y metas de su disciplina. (…) La que hoy
aceptan la mayoría de los historiadores reposa (…) y se apoya
en tres pilares:1) la fase documental (…) cuyo fin ultimo es
el establecimiento de la prueba documental, la presentación
propiamente dicha de los hechos. 2) La fase explicativa
comprensiva (…) al abanico de modos de explicación
capaces de hacer inteligibles las acciones humanas (…). 3)
Por ultimo, encontramos la fase (…) de la representación
historiadora, o sea, la configuración literaria o escrituraria del
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�La contingencia histórica y el significado en la historia

discurso ofrecido al conocimiento de los lectores de historia.”
(Florescano, 2012: 259-260).

Esta pluralidad de historiografías de la Historia sugiere que
no sólo busca reconstruir el pasado, sino que en parte responde
también a las necesidades intelectuales, políticas y afectivas de
los presentes que la producen (De Certeau, 2000).
Durante el siglo XIX, el positivismo documentalista
instituyó un ideal de objetividad centrado en el uso riguroso
de fuentes primarias, con el propósito de mostrar el pasado de
la manera más transparente y objetiva; un lema del historiador
alemán Leopold von Ranke, quien proponía narrar la historia
desde fuentes primarias y comprender el pasado en sus propios
términos, sin juicios contemporáneos (Iggers, 1997; Florescano,
2012). Esta visión consolidó la historia como una disciplina
científica documental, pero redujo el trabajo historiográfico a la
búsqueda y acumulación de datos, con un énfasis en esa aséptica
reconstrucción fidedigna del pasado.
No obstante, este modelo fue objeto de críticas por su
carácter reduccionista. Como señaló Carr (1961), el énfasis en
los hechos aislados descuidaba la reflexión sobre su sentido y su
articulación en procesos más amplios. De manera similar, Appleby,
Hunt y Jacob (1998) subrayaron que, al privilegiar la acumulación
de datos, el positivismo tendía a simplificar la complejidad del
devenir histórico e invisibilizar las dimensiones subjetivas
-emocionales y políticas- y conflictivas de la experiencia humana.
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�Manuel Tolentino Rodarte

En consecuencia, la pretensión de esta neutralidad documentalista
-facts- dejaba de lado la interpretación y la inevitable carga
ideológica que atraviesa toda narrativa o relato histórico.
Estas limitaciones apuntan a por qué, en el siglo XX,
diversas corrientes historiográficas comenzaron a cuestionar el
paradigma dominante, señalando su falta de problematización
del pasado y su tendencia a limitarse a la mera descripción de
los hechos, “un viraje que cambió los paradigmas cognitivos,
temáticos y metodológicos de la disciplina” (Florescano, 2012:
265). Un punto que abre el planteamiento en la reflexión que la
historia no puede entenderse como simple recolección de datos,
sino también como una construcción selectiva influida por las
condiciones y preocupaciones del presente, pues como advierte
Sarlo (2005), esta problematización implica reconocer que “el
regreso del pasado no es siempre un momento liberador del
recuerdo, sino una captura del presente” (Sarlo, 2005: 9).
Crisis en la objetividad de la historia y
la apertura a nuevas perspectivas
El cuestionamiento y el señalamiento de las limitaciones de la
objetividad en la historia, desde mediados del siglo XX, hace que
la historiografía amplié sus objetos de estudio y sus enfoques
metodológicos. De manera muy general y sucinta, por un lado, el
marxismo introduce la idea de la historia como campo de lucha,
donde los procesos debían comprenderse a partir de las relaciones
económicas y los conflictos sociales. A su vez, la Escuela de
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�La contingencia histórica y el significado en la historia

los Annales d’histoire économique et sociale, con Marc Bloch
y Lucien Febvre entre otros posteriores, propone una visión
multidisciplinar que incorporaba la larga duración y los factores
económicos, sociales y culturales (Febvre, 1970). Y, más tarde,
la historia social y cultural abre la disciplina a nuevos actores y
objetos, impulsando una “historia desde abajo” que otorgó voz a
sectores subalternos (Hobsbawm, 1983).1
Asimismo, el denominado “giro lingüístico” desplaza aún
más el horizonte de análisis. Autores como Foucault (1969) y
Derrida (1967) trabajan directamente con objetos donde el pasado
no es una entidad objetiva que el historiador recupera, sino una
construcción atravesada por lo lingüístico, las prácticas discursivas
y las relaciones de poder. Este giro historiográfico de finales del
siglo XX también incorpora perspectivas como la historia desde lo
cotidiano (De Certeau, 2000), la historia subalterna (Guha, 1988)
y el análisis de lo narrativo en la historiografía (White, 1992,
2001). Estos enfoques no sólo amplían el campo de estudio de lo
histórico, también abren una serie de posibilidades de intelección
sobre su dimensión lingüística y su despliegue discursivo.
Por lo tanto, esta crítica a la historiografía también pone
en el debate la posibilidad de una representación objetiva del
pasado. Por ejemplo, Aurell (2006), citando a White dice, “pocas
Los historiadores sociales se han orientado, por un lado, hacia la historia
de la industrialización y la tradición de los Annales, centrada en estructuras de
larga duración -geografía, economía, demografía-; y, por otro, hacia la historia
de la vida cotidiana y de las mentalités, atenta a las experiencias subjetivas y
los imaginarios colectivos. (Burke, 1997; Iggers, 1997; Florescano, 2012).
1

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�Manuel Tolentino Rodarte

frases han tenido un efecto tan profundo en las ciencias sociales
como las que escribió Hayden White en 1978: “Ha habido una
resistencia a considerar las narraciones históricas como lo que
manifiestamente son: ficciones verbales cuyos contenidos son
tan inventados como descubiertos, y cuyas formas tienen mas en
común con sus formas análogas en la literatura que con sus formas
análogas en las ciencias”” (Aurell, 2006: 627). Según White
(2001), la historia no es sólo una reconstrucción de hechos, sino
una estructura narrativa con elementos literarios y retóricos: “Las
historias combinan datos, conceptos teóricos y una estructura
narrativa que los presenta como modelos de acontecimientos
pasados” (White, 2001: 9).
Desde estas aperturas de perspectivas, el historiador
no sólo seleccionará y ordenará los acontecimientos, sino que
también impone una interpretación a través de su estructura
narrativa y sus gramaticalidades discursivas, lo que ha llevado
a debates sobre el carácter situacionista, subjetivo e ideológico
de la historia (Appleby, Hunt y Jacob, 1998; White, 1992, 2001;
Foucault, 1969; De Certeau, 2000).
Dicho lo anterior, hay dos dimensiones historiográficas
medulares para la reflexión sobre una analítica de la contingencia,
la semiótica del pasado y la dinámica societal del tiempo. En este
marco, a) la contingencia histórica introduce la idea de que el
devenir del tiempo no es lineal ni determinado, sino de espacios
y momentos de rupturas y continuidades que reconfiguran y se
disputan los significados en función de condiciones situadas
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�La contingencia histórica y el significado en la historia

desde presentes específicos que interrogan el pasado. Y, por
otro lado, b) la historia conceptual koselleckiana que permite
comprender cómo los sentidos del pasado son moldeados por
prácticas simbólicas, representaciones y estructuras discursivas
que configuran la memoria y la identidad colectiva en distintos
momentos históricos. Ambas intelecciones historiográficas
contribuyen a la reflexión sobre una apertura epistemológica,
sobre las que desarrollamos una analítica semiótica-política en
perspectiva histórica.
I.1. La contingencia histórica y la inconsistencia del pasado (a)
La contingencia histórica descentra cualquier intento de
universalizar leyes en la Historia, como las que se proyectan desde
historiografías positivistas, con narrativas lineales sobre grandes
eventos y personajes, e incluso visiones teleológicas basadas en
materialismos históricos, económicos o culturalistas. Tampoco se
adscribe por completo a las críticas discursivo-constructivistas
que buscan nuevas formas de interpretar el pasado (Appleby,
Hunt y Jacob, 1998; Guha, 1988) ni a las aproximaciones retóriconarrativas que consideran la historia como un fenómeno literario
autocontenido (White, 1992, 2001). Antes bien, la contingencia,
en la escritura de la historia, no remite a un pasado fijo o necesario,
sino a la conciencia de que todo relato histórico está condicionado
por la mirada y las operaciones de historizar. Como señala Nava
Murcia (2025), “el discurso histórico, al voltear a ver el pasado
para decir algo de éste, se da cuenta de que, con ese acto, resulta
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que todo lo que ella toca lo vuelve contingente. Este darse cuenta
es posible porque, en el mismo acto de mirar al pasado, se observa
a sí misma en sus propias operaciones, las cuales le indican, a
su vez, la contingencia de su propio oficio y, por tanto, de todo
lo que pueda decir sobre el pasado” (Nava, 2025: 228). De este
modo, la historia se configura como un saber situado y abierto a
la multiplicidad de posibles pasados.
Entonces, la historia no es ya esa estructura estable a la cual
asir el presente, sino un entramado discursivo que se transforma
constantemente desde una coyuntura situada que enuncia el tiempo
pasado. Donde la significación histórica no remite únicamente a la
transmisión de hechos o datos de ese pasado asequible porque ahí
esté, sino a un proceso activo de construcción de sentido, en el que
distintos actores disputan qué elementos se vuelven recuerdos, cómo
se deben interpretar y qué efectos se pretenden en el presente y en
el futuro. Y así, la historia no sólo se narra, sino que se resignifica
continuamente, dependiendo de marcos coyunturales (ideológicos,
políticos, sociales y ambientales) desde los cuales se articula su
sentido. A decir de ello, el análisis discursivo (Juárez y González,
2024; Mariñez, 2008) permite objetivar el conocimiento histórico,
no como una reconstrucción neutral del pasado, sino como una
observación situada en relaciones discursivas del presente, donde
los significados históricos emergen en función de las condiciones
actuales de enunciación.2
De ahí la potencia de algunas herramientas semióticas para desentrañar
mediante la coherencia y la trama, relaciones y perfiles de significación del
2

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�La contingencia histórica y el significado en la historia

La contingencia histórica: un marco de observación del tiempo
El giro hacia enfoques multidisciplinarios en el quehacer
historiográfico (Burke, 1997; Dogan y Pahre, 1993) permite
reconocer que la historia no constituye un relato fijo, sino un
campo de disputa en el que se articulan y temporalizan tanto
las subjetividades políticas como las estructuras sociales
del presente, y ese presente puede tener una temporalidad
multisituada. En este marco, la historia no sólo reconstruye
el pasado, sino que es también un campo de lucha donde se
resignifican las identificaciones políticas, las relaciones de
poder y las condiciones socioeconómicas situadas en coyunturas
particulares.
Así pues, se dibuja la idea de que lejos de asumir una
esencia histórica inmutable, la historia se habita y se produce
políticamente en cada presente. Pues como plantea Sarlo (2005),
el recuerdo no es un acto voluntario ni una simple recuperación
del pasado, sino un proceso en el que el pasado se reapropia
del presente y se inscribe en él. En este sentido, recordar es una
práctica que no puede disociarse de las condiciones del presente
y de las expectativas sobre el futuro: “El recuerdo insiste porque,
en un punto, es soberano e incontrolable (en todos los sentidos
de esa palabra). El pasado, para decirlo de algún modo, se hace
presente. Y el recuerdo necesita del presente porque, como lo
tiempo: los conflictos, necesidades y luchas discursivas que atraviesan cada
coyuntura de enunciación de un pasado.
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señaló Deleuze a propósito de Bergson, el tiempo propio del
recuerdo es el presente” (Sarlo, 2005: 10).
De esta manera, queremos resaltar que reflexionar sobre
la contingencia histórica no se limita a la reconstrucción de
eventos, sino que revela la inestabilidad del sentido histórico, es
decir, la imposibilidad de fijar un único significado del pasado,
para considerar las condiciones y disputas del presente que le
cuestiona al tiempo significaciones para identificarse.
La inconsistencia de la historia e
implicaciones para su aprehensión
Como entrada a un punto de vista metodológico, asumir la
inconsistencia de la historia nos permite operar tres niveles para
la crítica histórica. (1) El testimonio como recurso histórico,
donde la relación entre la primera y la tercera persona revela la
enunciación como un acto contingente, en el que la subjetivación
del presente no sólo condiciona, sino que también resignifica
la reconstrucción del pasado. (2) Las estructuras sistémicas y
su temporalidad, que evidencian cómo los discursos históricos
emergen en marcos de poder que regulan la memoria y estabilizan
ciertos significados, en consonancia con la lógica del control
semántico que filtra y legitima interpretaciones específicas. (3)
El cruce entre lo social y lo político, que concibe la historia como
un proceso contingente en el que lo instituido y lo situacional se
entrelazan, configurando un terreno de disputa simbólica. Aquí, la
analítica semiótico-política permite mapear cómo estas disputas
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�La contingencia histórica y el significado en la historia

se materializan en antagonismos, negaciones y resignificaciones
que operan en la configuración de los sentidos del pasado.3
Desde esta óptica, el punto de observación de la historia
es siempre un presente, aunque este se halle en temporalidades
pasadas, siempre será un diálogo donde se configuran
continuidades, rupturas y, particularmente, identificaciones
sociopolíticas. Así, la historia no puede reducirse a un relato
lineal, sino que debe entenderse como un campo de disputa, en el
que múltiples actores intervienen para fijar, transformar o desafiar
sus significados fundacionales pasados. Pues desde la perspectiva
narrativa y semiótico-política, la historia no es sólo lo que sucedió,
sino cómo se cuenta y quién tiene el poder de contarlo, pues nos
dice más de lo que está sucediéndose. La narratividad histórica
(White, 1992, 2001) muestra que todo relato del pasado es una
construcción estructurada, mientras que la semiótica política
evidencia que los discursos no sólo representan la historia, sino
que la instituyen y delimitan como algo decible en cada coyuntura
(Buenfil, 1993).
En este sentido, no se trata sólo de analizar la forma
narrativa del momento temporal, sino de examinar las condiciones
estructurales y políticas que lo hacen posible. La historia debe ser
Desde esta óptica, el punto de observación de la historia es siempre un
presente. Este enfoque implica romper con la noción de que la historia sólo la
hacen los Estados, las élites o los grandes movimientos, y en su lugar, dar espacio a nuevas interpretaciones que emergen desde diferentes empíricos observables, a veces complejos para asir, pues pueden hacer referencias a momentos
temporales y de habitabilidad.
3

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comprendida como un proceso en construcción, donde memorias
colectivas y narrativas antagónicas coexisten en una disputa
permanente por el sentido del pasado y su relación con el presente
que lo ve nacer al historizarle.
I.2. Historia Conceptual y disputa por el sentido del tiempo (b)
Asimismo, debemos integrar a la reflexión la idea historiográfica
propuesta por Koselleck (1993, 2004), pues la Historia
Conceptual representa una lógica de intelección donde los
conceptos en perspectiva histórica no son neutros ni estáticos que
se trasladan entre periodos “pasados” listos para comparaciones
entre temporalidades, sino que evolucionan a medida que
cambian las condiciones sociales y políticas.4 De esta manera,
la Historia Conceptual ofrece un marco epistemológico que
permite conectar el estudio de los conceptos con los procesos
de experiencias particulares, permitiendo problematizar la
dimensión interpretativa y contingente del pasado -desde la
Historia-.
Koselleck desarrolla un marco clave para comprender la
transformación de los significados en el tiempo. Al introducir la
En este contexto de transformaciones teóricas, Koselleck desarrolla la historia conceptual, que analiza la evolución de los conceptos en función de los
cambios políticos, sociales y culturales. Para Koselleck, los conceptos no son
términos estáticos con un significado único, sino “contenedores de experiencia” metahistóricos, es decir, estructuras semánticas que condensan significados acumulados del pasado y abren posibilidades hacia el futuro (Koselleck,
1993, 2004).
4

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�La contingencia histórica y el significado en la historia

tensión entre espacio de experiencia y horizonte de expectativas
(Koselleck, 1993), muestra que los conceptos históricos no
son neutros ni estáticos, sino que evolucionan en función de
las crisis, entre disputas ideológicas (Serey, 2021) y relatos
coyunturales específicos (Tolentino, 2024). Lo que permite
conectar la historia con la lucha por la fijación del sentido y
el control semántico, destacando que la memoria colectiva y
los discursos históricos son espacios de disputa en los que se
estabilizan y resignifican ciertos términos según las condiciones
del presente de su enunciación.
El estudio de la Historia implica analizar los hechos del
tiempo para comprender cómo los significados que estructuran
nuestra visión del mundo han sido moldeados por procesos
políticos, sociales y discursivos. En este sentido, el dialogo con
la Historia Conceptual permite una lectura crítica del pasado, al
reconocer que la historia no es un relato cerrado, sino un campo
de lucha por un significado en constante transformación. Una
propuesta fundamental para analizar la evolución de los conceptos
históricos y su papel en la estructuración del pensamiento político
y social en las sociedades contemporáneas: “La historia de los
conceptos (Begriffsgeschichte) de Reinhart Koselleck se ocupa
de recopilar y explicar los conceptos históricos que hicieron
fortuna en el curso histórico de la Europa moderna para así poder
entregar fundamentos convincentes en el orden conceptual que
permitan entender los cambios ocurridos en distintos momentos
históricos.” (Serey, 2021: 177).
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Tensión entre espacio de experiencia y horizonte de expectativas
Uno de los aportes centrales de Koselleck es su distinción entre
el espacio de experiencia y el horizonte de expectativas (1993),
una relación clave para entender la transformación conceptual en
el tiempo y entre distintos momentos históricos.
Por un lado, el espacio de experiencia refiere al conjunto
de vivencias acumuladas en el pasado, que estructuran la manera
en que las sociedades interpretan su presente. Estas experiencias
no son homogéneas ni completamente accesibles, sino que
se transmiten y reconfiguran a través de la memoria colectiva.
Mientras, por otro lado, el horizonte de expectativas se proyecta
hacia el futuro y representa los deseos, temores o proyecciones
de lo que se espera que ocurra. No es una simple extensión
del pasado, sino un ámbito de posibilidad que puede entrar en
conflicto con la experiencia acumulada.
La experiencia es un pasado presente, cuyos acontecimientos
han sido incorporados y pueden ser recordados. En la
experiencia se fusionan tanto la elaboración racional como
los modos inconscientes del comportamiento que no deben,
o no debieran ya, estar presentes en el saber. Además, en la
propia experiencia de cada uno, transmitida por generaciones
o instituciones, siempre está contenida y conservada una
experiencia ajena. En este sentido, la Historie se concibió desde
antiguo como conocimiento de la experiencia ajena.
Algo similar se puede decir de la expectativa: está ligada a
personas, siendo a la vez impersonal, también la expectativa se
efectúa en el hoy, es futuro hecho presente, apunta al todavíano, a lo no experimentado, a lo que sólo se puede descubrir.
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�La contingencia histórica y el significado en la historia

Esperanza y temor, deseo y voluntad, la inquietud pero también
el análisis racional, la visión receptiva o la curiosidad forman
parte de la expectativa y la constituyen.” (Koselleck, 1993:
336-337)

Esta tensión es clave para comprender cómo se configuran
y transforman los conceptos en distintos momentos históricos.
En situaciones de estabilidad, la relación entre experiencia y
expectativa puede ser armónica, ya que las proyecciones futuras
suelen basarse en las experiencias previas. Sin embargo, en
momentos de crisis o transformación social, esta relación se ve
alterada, generando disputas en torno a la resignificación de los
conceptos (Koselleck, 1993).
Así pues, la propuesta de Koselleck permite concebir la
historia no como una simple acumulación de hechos, sino como
un proceso dinámico de resignificación, donde los significados
están en constante disputa. Esta perspectiva es fundamental
para la crítica historiográfica, pues implica que los conceptos no
tienen un fundamento o contenido dado de antemano aplicable a
diversos periodos de tiempo, sino que más bien su análisis debe
partir de las luchas discursivas de los contextos específicos de su
enunciación, presentes o pasados.
Sin embargo, esta crítica histórica no sólo debe registrar
los cambios en los significados, sino también comprender
quiénes participan en su resignificación y bajo qué condiciones
sociopolíticas. Esto abre la puerta a un diálogo con la crítica
del control semántico (Serey, 2021) que introduce la dimensión
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ideológica en la estabilización de los significados, mostrando que
“la historia del pasado” no sólo ocurren en la esfera material,
sino también en el terreno lingüístico y de su interpretación
temporalizada.
II. El control semántico y la disputa por la fijación del
significado en la historia
La noción de control semántico Serey (2021) se refiere al
mecanismo mediante el cual las ideologías y estructuras de poder
regulan la producción y circulación del significado, estableciendo
qué interpretaciones se consolidan y cuáles son excluidas del
debate histórico. Con esta lógica conceptual, Serey, introduce
una crítica a la historiografía koselleckiana, al argumentar que la
transformación de los conceptos históricos no es sólo el resultado
de una interacción entre el espacio de experiencia y el horizonte de
expectativas, sino que también está condicionada por relaciones de
poder que buscan estabilizar ciertos sentidos para la experiencia
y las expectativas, y marginalizar otros. En este sentido, esta
lógica permite analizar cómo la historia es un campo de disputa
ideológica, en el que diversos actores políticos e intelectuales
buscan fijar significados dominantes y delimitar el campo de lo
decible y lo pensable en un contexto temporal determinado.
II.1. La crítica de Serey a la historia conceptual
La historia conceptual de Koselleck (1993, 2004) sostiene que los
conceptos históricos funcionan como contenedores de experiencia,
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que condensan significados heredados del pasado y proyectan
expectativas hacia el futuro. Para Koselleck, la transformación
de los conceptos, en función de las tensiones entre lo vivido y
lo esperado, permite explicar por qué ciertos términos adquieren
nuevos sentidos en diferentes momentos históricos.
Si bien el enfoque koselleckiano ofrece una perspectiva
valiosa para comprender la evolución de los conceptos, Serey
(2021) argumenta que la propuesta no sistematiza cómo dichas
transformaciones están estructuradas por el poder y la ideología.
En otras palabras, Koselleck estudia cómo los significados
cambian en el tiempo, pero no analiza críticamente cómo y por
qué algunos sentidos logran estabilizarse mientras otros son
marginados o reprimidos.
Desde la perspectiva de Serey, el control semántico opera
como un filtro ideológico en la producción de sentido en la historia
-de un pasado-. Este se enlaza con la contingencia histórica, ya que
la indeterminación propia de lo histórico introduce inestabilidad
en la configuración de los significados, al poner en tensión las
formas en que se constituyen.
En este marco, es clave subrayar el carácter contingente
de lo histórico: la evolución de los conceptos no sigue un rumbo
predeterminado, sino que está marcada por rupturas y coyunturas
en las que distintos actores compiten por resignificar el pasado
y orientar el futuro (Koselleck, 1993; Castoriadis, 1986, 2001;
Laclau, 2000). En estos momentos de crisis, la lógica -inteleccióndel control semántico señalada por Serey se vuelve particularmente
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sensible al dinamismo temporal de lo social, en tanto las estructuras
de poder intentan fijar ciertos sentidos para evitar interpretaciones
disruptivas que desafíen el orden establecido.
Un ejemplo claro es el término democracia, mientras
en la polis griega estaba ligado a la participación directa, en la
modernidad se redefinió para adaptarse a modelos parlamentarios,
o incluso para designar estilos de vida y formas de sociabilidad
(Castoriadis, 1996). Estas transformaciones, aunque se objetivan
como desarrollos semánticos, pueden ser sistematizadas como
dinámicas de mediaciones ideológicas en las que distintos grupos
políticos disputan imponer su versión del término como la
única legítima, de acuerdo con intereses situados en coyunturas
específicas.
II.2. Estrategias de fijación del significado: la estabilización
semántica del tiempo
El control semántico se implementa mediante estrategias de
fijación del significado, es decir, mecanismos que consolidan una
interpretación específica del pasado -y de todo lo que ello significa
implica para el presente de su enunciación- presentándola como
natural o inevitable. Entre estas estrategias destacan los mecanismos
de naturalización (documentalista, teleológica, materialista, etc.),
que ofrece una lectura como única válida, ocultando su carácter
contingente; la exclusión discursiva, que invisibiliza o desacredita
narrativas alternativas para impedir que otros tiempos ganen
legitimidad en el espacio público de enunciación del pasado;
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la repetición constante de un significado en distintos espacios
institucionales y públicos, que refuerza que dicha “realidad”
se convierta en una referencia estable sobre “el pasado”; y la
institucionalización de una idea, al incorporar ciertos significados
en normativas, políticas de gobierno y formas de socialización,
fijando los significados de un pasado a nivel estructural-social.
Estos mecanismos no sólo estabilizan significados en el
presente, sino que también moldean cómo se recuerda el pasado
y cómo se proyecta el futuro, generando un bucle que historiza el
tiempo en el presente. Por ello, el control semántico es clave en la
disputa por las significaciones de los tiempos sociales, al definir
los límites de lo que puede ser dicho, pensado y aceptado en un
determinado orden discursivo del presente, pasado o futuro.
Dicho esto, la introducción del concepto de control
semántico en el análisis histórico, que ha iniciado Serey, tiene
varias implicaciones. Por un lado, permite una lectura crítica de
la historia conceptual, al evidenciar que la transformación de los
conceptos no es sólo el resultado de una evolución semántica
interna, sino un proceso estructurado por relaciones de poder y
situaciones temporales.
Un dispositivo estabilizador
El control semántico, en tanto mecanismo de regulación del
significado histórico, es un dispositivo5 que estructura la forma en
En el marco de la crítica historiográfica, la categoría de dispositivo puede
entenderse como una noción que permite explicar los mecanismos -materiales,
5

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que la experiencia es interpretada y proyectada hacia el futuro. Si
bien Koselleck (1993) explica la transformación de los conceptos
en función de la relación entre espacio de experiencia y horizonte
de expectativas, Serey (2021) problematiza esta visión al mostrar
que tal transformación no ocurre en un vacío neutral, sino dentro
de un campo de disputa en el que las ideologías intentan consolidar
y defender interpretaciones hegemónicas e institucionalizadas del
pasado.
En esta dirección, Serey (2021) advierte que la historia
conceptual de Koselleck corre el riesgo de volverse una práctica
meramente descriptiva si no incorpora el análisis de cómo las
ideologías ejercen un control semántico sobre los conceptos,
priorizando ciertos significados y desplazando otros. Como
indica, “la noción de control semántico, que es ejercido por las
ideologías, que determinan la primacía de ciertos contenidos
semánticos sobre otros, permite poner de relieve y solucionar
este problema” (Serey, 2021: 176). Así, mientras que para
Koselleck (1993) los conceptos se transforman en la tensión entre
experiencias pasadas y expectativas futuras, Serey enfatiza que
esas transformaciones siempre están atravesadas por disputas
ideológicas que buscan estabilizar sentidos hegemónicos y
sociopolíticos y culturales- que estructuran y regulan los significados históricos. Así, un dispositivo historiográfico funciona como un régimen de significación que organiza los marcos interpretativos desde los cuales se comprende
y representa el pasado. Esto abarca la construcción de archivos, la selección y
jerarquización de fuentes, así como la instauración de cánones para la sistematización del conocimiento histórico.
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excluir alternativas. En consecuencia, el espacio de experiencia
y el horizonte de expectativas no sólo operan como categorías
formales de temporalización histórica, sino también como
terrenos donde las ideologías instituyen y legitiman significados
dominantes.
De este modo, la articulación entre control semántico,
contingencia histórica y fijación del sentido constituyen un marco
teórico-metodológico lo suficientemente complejo para analizar
la producción y disputa de los significados en los procesos
históricos.
III. Lo semiótico-político y la disputa por el sentido en la historia
La disputa por el sentido histórico no puede comprenderse sin
considerar las condiciones en que los significados del pasado
son producidos y estabilizados. Mientras la historiografía
conceptual de Koselleck (2004) analiza la tensión entre el
espacio de experiencia y el horizonte de expectativas, destacando
las dinámicas temporales en la transformación conceptual de la
historia, y la crítica del control semántico de Serey (2021) examina
los mecanismos ideológicos que buscan regular los significados
históricos, la analítica semiótico-política complementa ambos
enfoques al aportar herramientas metodológicas para mapear
las disputas de sentido (Tolentino, 2024) y sus efectos en la
constitución del pasado en el acto mismo de su enunciación como
unidad de análisis. Esta interacción permite una comprensión más
amplia y operativa -y sobre todo susceptible de sistematización- de
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cómo los discursos históricos se producen, disputan y estabilizan
en contextos específicos.
Desde esta perspectiva, la enunciación y las prácticas
discursivas no son simples reflejos de una realidad histórica
previa, sino espacios constitutivos de significación. Al historizar
el tiempo, los significados emergen de redes de interacciones
donde distintos actores disputan la fijación del sentido en y desde
coyunturas situadas, de modo que el momento de estabilización
se convierte en el referente histórico mismo.
En consecuencia, la semiótica-política permite identificar
las estrategias discursivas mediante las cuales se consolidan
las interpretaciones hegemónicas del pasado. Herramientas
como el modelo actancial y el cuadrado semiótico de Greimas
(1976, 1983) posibilitan reconstruir las relaciones de oposición,
contradicción y complementariedad en los relatos históricos,
revelando las lógicas de significación que operan en situaciones
de crisis o transformación del tiempo.
De este modo, se destacan las complementariedades
entre la semántica histórica koselleckiana y la crítica del control
semántico sereyiana, en la disputa por el sentido, destacando
cómo las identificaciones sociopolíticas y los discursos
dominantes configuran y reconfiguran las memorias colectivas.
Así, la articulación con la analítica semiótico-política abre nuevas
posibilidades para comprender y sistematizar los procesos de
disputa permanente por los significados históricos.6
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Desde la semiótica-política, el análisis metodológico se centra en identifi-

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�La contingencia histórica y el significado en la historia

Por ejemplo, en la historia, los conceptos como “libertad”,
“justicia” o “pueblo” han sido objeto de luchas simbólicas,
adquiriendo sentidos diversos según los contextos políticos
y sociales de su enunciación. Así ocurrió con la “democracia”
en América Latina durante las transiciones políticas: mientras
algunos sectores la vinculaban con la restauración del orden
institucional, otros la concebían como un medio para profundizar
la participación popular (O’Donnell y Schmitter, 1986).
Asimismo, en contextos de crisis o transformación social,
las disputas por el control del significado del pasado se intensifican
(Treviño, 2022). La memoria colectiva se convierte en un espacio
de confrontación, donde distintos actores buscan imponer
narrativas que legitimen o cuestionen proyectos políticos. Como
se observa en casos como la transición postdictatorial en Chile
(Stern, 2006) o la disputa por la memoria del conflicto armado
en el Cono Sur (Jelin, 2002), o la construcción de la Cuarta
Transformación en México en el gobierno de Andrés Manuel
López Obrador (Treviño, 2022), las memorias antagónicas
conviven y se confrontan en el espacio público. Por ejemplo,
en el contexto de la memoria histórica argentina, las Madres
de Plaza de Mayo resignificaron la categoría de “desaparecido”
como un acto político de denuncia, confrontando la versión
oficial de la dictadura (Crenzel, 2008). Estos casos evidencian
car los núcleos de significación en disputa, observando los procesos de hegemonía y contrahegemonía -por decirlo de alguna manera- que estructuran el
campo narrativo histórico -el pasado-.
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cómo la semiótica-política se perfila para rastrear las operaciones
enunciativas que estabilizan el sentido semántico y resignifican el
pasado desde coyunturas sociohistóricas situadas.
Por lo tanto, la historia es más que un registro del pasado,
pues se trata de una lucha constante por la construcción del
sentido, donde diversas discursividades intentan fijar significados
estables en función de nuevas necesidades sociopolíticas. La
analítica semiótico-política ofrece así una herramienta clave
para explorar cómo los significados históricos son producidos,
disputados y estabilizados en función de las dinámicas
sociopolíticas de su enunciación. Pues, operativamente, esta
perspectiva permite explorar cómo los discursos configuran el
pasado y proyectan futuros posibles, operando la historia sobre
las tensiones ideológicas y sobre las luchas por el control del
sentido. Para ello, se despliegan tres estrategias metodológicas:
a) el modelo actancial, b) el cuadrado semiótico y c) el análisis
político-discursivo, orientadas a una intelección sistemática de
las disputas por el significado en distintos contextos históricos.
III.1. El modelo actancial en la construcción del sentido
histórico (a)
El modelo actancial, desarrollado por Algirdas Greimas (1983),
ofrece una herramienta útil para analizar las narrativas del
pasado al identificar las funciones y relaciones entre los actores
involucrados en el relato histórico. En lugar de limitarse al
hecho histórico, este enfoque permite comprender cómo las
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�La contingencia histórica y el significado en la historia

representaciones del pasado son estructuradas en una trama en
particular.
Descomponiéndose actancialmente, toda narrativa
puede organizarse en seis funciones para la coherencia de la
trama histórica tensada entre experiencias de enunciaciones y
horizontes de búsquedas: el sujeto, que persigue un objetivo;
el objeto, que representa aquello que se busca alcanzar o
controlar; el destinador, que impulsa la acción mediante valores
o instituciones legitimadoras; el destinatario, que recibe o
interpreta el mensaje; los oponentes, que cuestionan o desafían
la versión dominante del orden; y los ayudantes, que respaldan
y refuerzan dicha trama. Esta estructura no sólo permite mapear
las unidades narrativas del pasado, sino también identificar los
conflictos y disputas de sentido que atraviesan las luchas por
fijar una memoria histórica.
Un ejemplo relevante de esta aplicación es la narrativa
de la Independencia de México. En el discurso histórico
convencional, los héroes independentistas como Miguel Hidalgo
y José María Morelos son configurados como los sujetos que
buscan alcanzar el objeto de la libertad y la soberanía nacional.
Esta acción es legitimada por un destinador simbólico, que puede
interpretarse como el espíritu de la nación o la idea de justicia
prometida. El pueblo mexicano, concebido como el destinatario,
es llamado a apropiarse y conmemorar esta versión del pasado.
En esta construcción narrativa, los realistas y la élite colonial
aparecen como los oponentes, mientras que los movimientos
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�Manuel Tolentino Rodarte

populares que respaldaron la lucha independentista desempeñan
el rol de ayudantes, consolidando la legitimidad de la causa
emancipadora.
Al aplicar este modelo es posible reconocer cómo ciertas
figuras y eventos son enfatizados o marginados según intereses
situados identificables desde el momento de la enunciación del
tiempo social. Por ejemplo, las memorias de la Independencia
que tienden a exaltar las figuras de Hidalgo y Morelos, relega
a otros actores y movimientos locales a un segundo plano, una
operación enunciativa que responde a una lógica de construcción
de identidad nacional que privilegia ciertos símbolos y relatos
específicos: “La historia de México se encarga de enaltecer
a los héroes y mártires de la Independencia al mostrar
solo sus valores y cualidades positivas y omitir cualquier
detalle histórico que sea poco halagador sobre estas figuras
históricas…” (Ramírez, 2023: 53).
Asimismo, el modelo actancial nos permite visibilizar
las tensiones que emergen cuando diferentes actores sociales
reconfiguran el sentido del pasado. Por ejemplo, durante las
conmemoraciones del Bicentenario de la Independencia en
2010, múltiples discursos históricos convivieron y compitieron,
evidenciando que la memoria es un campo en disputa. Mientras
algunos sectores destacaron la lucha popular como un elemento
central, otros promovieron una visión más institucional y
conciliadora, minimizando los conflictos sociales de la época
(Lomnitz, 2010; Anderson, 1993).
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�La contingencia histórica y el significado en la historia

Finalmente, la aplicación del modelo actancial en el análisis
de las narrativas históricas brinda herramientas para comprender
cómo se construyen, legitiman y desafían las interpretaciones del
pasado, al contar con los actantes implicados en la trama histórica.
Pues al desentrañar las posiciones y funciones de los actores en
estos relatos, es posible reconocer las operaciones discursivas
que configuran la memoria colectiva y los imaginarios sociales,
aportando una perspectiva crítica sobre la producción del sentido
histórico que se despliega en presentes propiamente situados
desde donde se enuncia el tiempo social.
III.2. El cuadrado semiótico y el mapeo de oposiciones (b)
Otra herramienta clave para comprender las dinámicas de
construcción de significado en la historia, es el cuadrado semiótico
(Greimas, 1976). Su principal aporte radica en la posibilidad
de visualizar las relaciones de oposición, complementariedad
y contradicción entre distintos conceptos en sus perspectivas
históricas, revelando los marcos ideológicos que sustentan y
transforman estas significaciones. A diferencia de los análisis
lineales del relato temporal en busca de continuidades y rupturas,
el cuadrado semiótico permite identificar cómo los conceptos
se estructuran en sistemas de diferencias, donde cada término
adquiere su sentido en relación con otros, para dar cuenta de
un más que trasciende la fijación del sentido, y que explora
silenciamientos en la propia enunciación del tiempo o evento
pasado.
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Básicamente, este modelo despliega cuatro posiciones
principales: un término positivo, su negación, un término
contrario y la negación de este contrario. Esta disposición no
sólo expone las tensiones entre valores opuestos, sino también las
soluciones intermedias o híbridas que emergen en momentos de
crisis o transformación social entre elementos silenciados en la
enunciación del suceso pasado. Así, las disputas por el significado
histórico no se limitan a simples binarismos, sino que involucran
una compleja red de significaciones en la disputa por la historia
y el tiempo.
Por ejemplo, este análisis permite observar cómo las
oposiciones ideológicas no son estáticas, sino que se transforman
a lo largo del tiempo. Por ejemplo, durante el siglo XIX, la
narrativa liberal reformuló la idea de “libertad” para contraponerla
no sólo a la tiranía monárquica, sino también al “desorden” y
la “anarquía” asociada a los movimientos populares (Flores,
1986). De este modo, el cuadrado semiótico puede revelar las
estrategias discursivas empleadas para legitimar o deslegitimar
determinados proyectos políticos, así como las resignificaciones
que acompañan los procesos de cambio histórico.
En síntesis, el cuadrado semiótico se posiciona como una
herramienta sensible para desentrañar las complejas disputas
de sentido que atraviesan el relato histórico. Al identificar las
oposiciones y resignificaciones que estructuran las tramas del
pasado, esta sistematización permite comprender cómo los
significados son producidos, estabilizados o desafiados en función
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de las coyunturas y situaciones políticas y sociales. Así pues, esta
perspectiva resulta especialmente valiosa para el análisis de las
memorias colectivas y las narrativas históricas en contextos de
conflicto, donde los sentidos del pasado son objeto de constante
negociación y disputa.
III.3. El análisis político-discursivo: circulación y fijación del
sentido (c)
Finalmente, la dimensión de una lectura político-discursiva de
la sistematización semiótica propuesta, consiste en examinar la
circulación de significados históricos y cómo estos son apropiados,
resignificados o disputados por diversos actores a lo largo del
tiempo. Desde esta perspectiva, el sentido se disputa precisamente
al ser fijado en el momento de producción del relato. En tanto
emergencia temporal de lo social, el pasado es constantemente
reconstruido a partir de las tensiones y negociaciones del presente
que lo enuncia, en una dinámica de lucha por el control del
significado en el tiempo, ya sea incluso en coyunturas del pasado
o del presente.
Aplicado a la investigación histórica, este enfoque
revela que las narrativas sobre eventos del pasado no son
meras representaciones neutrales, sino intervenciones activas
en el campo político-discursivo. La construcción de narrativas
históricas implica la afirmación de determinados sentidos, al
tiempo que se invisibilizan o excluyen otras interpretaciones.
En este sentido, las memorias oficiales y las contra-memorias
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coexisten en un espacio de confrontación discursiva, donde los
significados son apropiados y resignificados de acuerdo con
los intereses y las posiciones de los actores implicados en la
coherencia (situaciones actanciales) y el sentido (configuración
semiótica) de las narrativas históricas.
De ahí que la memoria colectiva en tanto espacio de
disputa, se convierte en un terreno estratégico para la construcción
de identidades y la justificación de decisiones cargadas de
politicidades7 que invitan a la continuidad o la disrupción del
orden social. En consecuencia, las resistencias discursivas
operan mediante la resignificación de acontecimientos históricos,
cuestionando las versiones dominantes y proponiendo nuevas
interpretaciones que disputan el control del pasado.
Un ejemplo es la narrativa en torno a la Independencia
de México. Donde figuras como Miguel Hidalgo y José María
Morelos fueron representadas como héroes fundadores de la nación
(Gutiérrez, 2008; Cruz, 2014). Sin embargo, no hay duda de la
participación activa e intencional de las comunidades indígenas,
afrodescendientes y sectores populares cuyas narrativas fueron
La politicidad viene a representar la capacidad social para habitar, cuestionar
o reorganizar los contextos de posibilidades, a través de la participación en el
espacio de lo público. Este concepto alude a las acciones y reivindicaciones que
expanden los límites sociopolíticos, interviniendo en las estructuras sociales y
promoviendo formas de agenciamiento. En este sentido, Rancière (2006) sostiene que “la politicidad del campo común alude a la capacidad de agenciamiento
de las identificaciones sociopolíticas, definiendo los lugares sociales mediante la
distribución de espacios, tiempos y actividades” (Rancière, 2006: sp).
7

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marginados de este relato, y sus experiencias quedaron opacadas
en los discursos oficiales (Van Young, 2006).
En este proceso de reapropiación del sentido y de
identificación de fisuras, el análisis político-discursivo permite
identificar no sólo las estrategias de legitimación empleadas por la
enunciación oficialista de cierto orden -ej. sectores ideológicos-,
sino también las voces disidentes que emergen para disputar el
significado histórico. Aplicar el enfoque político-discursivo a la
investigación histórica implica reconocer que la construcción del
sentido histórico es un proceso abierto y dinámico, en el cual los
discursos se enfrentan, se negocian y se resignifican.
La historia, entonces, no es sólo un registro del pasado,
sino un campo de lucha simbólica en el que las interpretaciones
se estabilizan o se cuestionan según nuevas necesidades
sociopolíticas. Estas disputas se anclan en la observación
analítica de la enunciación del tiempo, particularmente del hecho
pasado. En este sentido, el estudio del significado histórico exige
una aproximación crítica que considere, de manera articulada,
las condiciones materiales de lo social, las estructuras de poder
que regulan el sentido y las estrategias narrativas que historizan
presencias -siempre presentes- en coyunturas específicas.
IV. Hacia una historiografía crítica
El análisis desarrollado a lo largo de este trabajo muestra que
el enfoque semiótico-político constituye una herramienta para
el fortalecimiento de una historiografía crítica. Al articular la
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contingencia histórica -entre lo situado y lo proyectado- con la
noción de control semántico, se evidencia que los significados
atribuidos a los acontecimientos no son estáticos ni neutrales,
sino el resultado de disputas ideológicas y políticas. La memoria
colectiva, los usos políticos del pasado y las narrativas oficiales
aparecen, así, como terrenos donde la historia se negocia y se
resignifica de manera constante.
En este marco, la contingencia adquiere relevancia al
mostrar que los sentidos del pasado no están predeterminados,
sino que emergen de la interacción entre actores, discursos
y estructuras de poder. Los relatos históricos permanecen en
disputa permanente, sobre-determinados por las coyunturas de su
enunciación y con implicaciones sociopolíticas.
El ejercicio de desnaturalización, apoyado en herramientas
semióticas como el modelo actancial y el cuadrado semiótico,
permite identificar tensiones, silencios y contradicciones en las
narrativas, abriendo un espacio para la pluralidad interpretativa
y el reconocimiento de voces históricamente excluidas. A su vez,
la analítica semiótico-política subraya que los significados no se
agotan en el momento de su producción: circulan, son apropiados
y se resignifican en el tiempo, lo que explica cómo conviven
narrativas oficiales y voces disidentes, manteniendo el pasado
como un terreno de lucha simbólica en el presente.
Un ejemplo ilustrativo es la construcción discursiva
de la Independencia de México. Durante el siglo XIX, las
élites consolidaron una narrativa oficial que exaltaba a héroes
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como Miguel Hidalgo y José María Morelos, vinculando la
gesta emancipadora con la construcción del Estado-nación
(Gutiérrez, 2008; Cruz, 2014). Sin embargo, las experiencias de
comunidades indígenas, afro-descendientes y sectores populares
fueron marginadas de ese relato (Van Young, 2006). Este tipo de
exclusiones evidencia la capacidad de los actores sociales para
disputar sentidos y elaborar memorias alternativas que confrontan
las versiones dominantes.
En conclusión, avanzar hacia una historiografía crítica
implica reconocer la historia como un campo de lucha por el
sentido, donde las interpretaciones del pasado se negocian y
reformulan continuamente. El análisis semiótico-político no
sólo ofrece herramientas para desentrañar las dinámicas de
construcción y control del significado, sino también para visibilizar
experiencias históricas silenciadas. De este modo, la historia deja
de concebirse como un relato inmutable y se abre como un campo
de reflexión, crítica y posibilidad, capaz de historizar el presente
e imaginar futuros alternativos.
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�Corinna Zeltsman. Con las uñas llenas de tinta.
Política e imprenta en el México decimonónico.
Ciudad de México: Instituto de Investigaciones
Doctor José María Luis Mora, Grano de Sal, 2024,
378 pp. ISBN (Instituto Mora): 978-607-8953-60-5.
ISBN (Grano de Sal): 978-607-69818-7
Felipe Bárcenas García
Recibido: 05 de marzo de 2025
Aceptado: 25 de noviembre de 2025

Resumen: Con las uñas llenas de tinta. Política e imprenta en el
México decimonónico es un libro de reconocida calidad, producto de
investigaciones realizadas desde hace muchos años en múltiples acervos
mexicanos, estadunidenses y europeos, que reconstruye la historia
mexicana del siglo XIX mediante las luchas en torno a la producción de
impresos. Se parte del supuesto de que las vicisitudes experimentadas por
las publicaciones mexicanas reflejan la historia política decimonónica,
después de todo, a través de éstas se construyeron y promovieron tanto
las identidades culturales como los distintos proyectos de nación.

Con las uñas llenas de tinta. Política e imprenta en el México
decimonónico
En 1893, Manuel Gutiérrez Nájera publicó en El Universal que
la originalidad y belleza de la crónica, tan característica del
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�Felipe Bárcenas

periodismo mexicano, se encontraba en decadencia debido a
los reporteros del vecino país del norte, quienes fomentaban la
venta de textos breves, vulgares y amarillistas. Pero no todos los
estadunidenses interesados en México han practicado la redacción
instantánea y sensacionalista. Existen decenas de humanistas y
científicos sociales que nos han legado obras bien argumentadas,
fundamentales para explicar el desarrollo de la realidad nacional.
Entre ellos figura Corinna Zeltsman, a quien conocí de manera
azarosa en 2013 o 2014, no recuerdo el año exacto; lo cierto es
que, mientras bebíamos café en el Instituto Mora, charlamos
sobre nuestros intereses académicos. Entonces, me emocionó
saber que compartíamos la misma predilección por la imprenta
decimonónica. Hoy, más de una década después, el entusiasmo
es mayor al ver publicada la traducción de su libro Ink under
the Fingernails. Printing Politics in Nineteenth-Century Mexico
(University of California Press, 2021), por el cual ha recibido
diversos reconocimientos, como el premio Murdo J. Macleod, de
la Southern Historical Association o el premio Howard F. Cline,
de la Latin American Studies Association.
Con las uñas llenas de tinta. Política e imprenta en el
México decimonónico es un libro de reconocida calidad, producto
de investigaciones realizadas desde hace muchos años en múltiples
acervos mexicanos, estadunidenses y europeos, que reconstruye
la historia mexicana del siglo XIX mediante las luchas en torno
a la producción de impresos. Se parte del supuesto de que las
vicisitudes experimentadas por las publicaciones mexicanas
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�Corinna Zeltsman. Con las uñas llenas de tinta. Política e imprenta

reflejan la historia política decimonónica, después de todo, a través
de éstas se construyeron y promovieron tanto las identidades
culturales como los distintos proyectos de nación. Ahora bien,
Corinna va más allá del análisis de los discursos periodísticos:
también explica la dinámica y el influjo de los debates liberales
efectuados en las calles y el interior de los talleres editoriales desde
finales de la época colonial hasta principios del siglo XX. En este
sentido, el libro rebasa los límites establecidos por la historiografía
política tradicional para demostrar que, sin importar el régimen
en turno, la imprenta fue un catalizador del ámbito sociopolítico
del país, que movilizó a múltiples actores (intelectuales, obreros,
impresores, gobernantes e Iglesia), los cuales, a pesar de la alta
tasa de analfabetismo y el reducido número de consumidores de
publicaciones, otorgaron gran relevancia a la imprenta, ya sea por
su valor simbólico (que reflejaba modernidad e ilustración) o la
rápida difusión de sus productos entre la sociedad urbana y, sobre
todo, entre personas con poder político. Y es que los periódicos
y folletos solían estar subvencionados por individuos vinculados
con el gobierno, que deseaban enfrentar a sus rivales en la arena
pública, por ello, la autora afirma que resulta inaplicable para
el caso mexicano el ideal propuesto por Habermas relacionado
con que las fuerzas del mercado producen una esfera pública
independiente. En consecuencia, se argumenta que no puede
entenderse la configuración de las empresas editoriales (por lo
menos en los primeros tres cuartos del siglo XIX) si ignoramos el
choque entre posturas políticas. Más allá de que las imprentas eran
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un negocio, los impresores-editores tenían intereses políticos, el
futuro de la nación no les era ajeno. Así, Con las uñas llenas de
tinta. Política e imprenta en el México decimonónico propone
una visión distinta a las historias de la edición mexicana que,
partiendo de un criterio economicista, suponen que las prácticas
de los impresores-editores estaban orientadas por motivos
meramente comerciales.
Para reconstruir el amplio mundo de la imprenta mexicana
decimonónica, Corinna estructuró su libro en seis capítulos: Los
primeros dos analizan los periodos 1808-1813 y 1813-1820
respectivamente, y el resto estudian el largo siglo XIX, yendo
y viniendo de manera constante e indistinta entre los múltiples
periodos de la historia nacional.
El capítulo 1, “La política de lealtad”, examina la
fidelidad consolidada entre los impresores y el Estado durante
el Antiguo Régimen, cuando los manuscritos requerían para su
publicación de una licencia previa de las autoridades tanto reales
como eclesiásticas y existían monopolios de publicación de
determinadas obras. Este argumento se sustenta en casos como
el de Manuel Antonio Valdés (1742-1814), editor de la Gazeta
de México, quien divulgó noticias al servicio de la gloria del
virreinato, verificadas y aprobadas por los funcionarios del rey.
La trayectoria de Valdés evidencia cómo los impresores-editores
buscaron la simpatía de las autoridades, esperando obtener un
privilegio de publicación e incluso el financiamiento de insumos
de imprenta. Dicha búsqueda subsistió incluso después de la
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�Corinna Zeltsman. Con las uñas llenas de tinta. Política e imprenta

invasión napoleónica a la península ibérica en 1808, pues diversos
individuos aprovecharon la coyuntura para reeditar panfletos en
los que se criticaba a Napoleón, de modo que emergió una oferta
que amenazó los monopolios de publicación; en consecuencia,
quienes ya contaban con algún privilegio real exhibieron su
longeva relación de lealtad con el monarca español. En este
sentido, se muestra cómo antes del establecimiento de la libertad
de imprenta por las Cortes de Cádiz ya existía una circulación
controlada de periódicos y folletos. La autora deja entrever que
la política de lealtad pervivió en la Ciudad de México en la época
independiente.
El capítulo 2 se titula “La negociación de la libertad”.
Aquí se explica que los insurgentes consideraban que los
impresos tenían la capacidad de revestir a las personas de
ilustración y autoridad, de modo que resultaban cruciales para
ganarse el apoyo de la población. Así, el uso de la prensa por
parte de los insurrectos generó la desconfianza de los realistas
hacia la aplicación de la libertad de imprenta en Nueva España.
Y es que en el periodo colonial la subvención estatal provocó que
la crítica fuera inexistente en publicaciones como la Gazeta de
México, sin embargo, los levantamientos armados de la década
de 1810 suscitaron, por un lado, que finalizara el monopolio
real de la producción impresa, y por el otro, que los impresos se
constituyeran en parte fundamental de una esfera pública orientada
a la discusión de ideas encontradas. El debate fue posible en
virtud de que las Cortes de Cádiz abrieron un espacio para que los
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liberales rediseñaran los fundamentos de la soberanía imperial,
defendieran la libertad de imprenta como un derecho básico y
generaran entusiasmo por la autonomía local en los asuntos
gubernamentales. Corinna afirma que la imprenta sirvió como
una tecnología de poder: los insurgentes intentaron arrebatar a
los realistas los símbolos impresos de la autoridad política, al
mismo tiempo que contradecían (mediante cientos de hojas) las
informaciones reales y defendían demandas populares, como la
abolición de la esclavitud y el papel sellado; este hecho despertó
optimismo entre los intelectuales novohispanos sobre el potencial
de la imprenta como vía de persuasión popular e individualizada.
No es de extrañar que los gobiernos realistas respondieran a la
insurgencia no sólo con la fuerza militar, sino también aprobando
una avalancha de mensajes contrainsurgentes.
En los siguientes dos apartados se profundiza en las leyes
y prácticas concernientes a la imprenta durante la primera mitad
del siglo, así como en la emergencia del impresor-editor como
personaje público moderno. El capítulo 3, “La responsabilidad
a juicio”, analiza cómo los editores y autores, conscientes tanto
del impacto social de los impresos como de las molestias que
las publicaciones podían generar en las clases políticas, buscaron
eludir las reglamentaciones que legitimaban la persecución estatal
de las actividades de imprenta. Esta sección inicia con el estudio
de la polémica generada por un panfleto pro-monárquico escrito
por José María Estrada, publicado en 1840, el cual fue prohibido
y sus editores encarcelados; el caso sirve de pretexto para
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reflexionar, en retrospectiva, sobre las leyes y los debates relativos
a la libertad de imprenta posteriores a 1821. ¿Quién debía ser el
responsable de un impreso sedicioso?, ¿el editor o el autor? ¿Hasta
qué punto era permisible la crítica en un contexto caracterizado
por la inestabilidad política y los constantes levantamientos
armados? Toda vez que el mercado editorial giraba en torno a
temas políticos, los editores alentaron el debate público, a la vez
que intentaron presentarse como actores imparciales. El apartado
resultará interesante sobre todo para quienes deseen conocer, por
un lado, el contenido y el funcionamiento de las leyes de imprenta,
y por el otro, algunas investigaciones policiales sobre los delitos
relacionados con la libertad de expresión.
Por otro lado, en el capítulo 4 (“El escándalo a la venta:
Misterios de la Inquisición”) se examina la regulación de los
impresos religiosos. Mediante el análisis de la censura de la
obra anticlerical Misterios de la Inquisición y otras sociedades
secretas de España (traducción de Les mystères de l’Inquisition
et autres societés secrets d’Espagne), publicada en francés en
1845 y reeditada en español en 1850 por Vicente García Torres,
se afirma que el régimen censorio eclesiástico vigente en 18211855 fue ineficaz debido a la inacción de las autoridades civiles,
las cuales no solían ejercer la incautación de libros prohibidos.
Algo interesante, es que una traducción de Misterios de la
Inquisición… ya había circulado en la capital mexicana a finales
de la década de 1840; incluso en esos años García Torres publicó
el título por entregas, sin problema alguno. Fue hasta 1850, luego
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de que Vicente anunciara que imprimiría la novela en un volumen
ilustrado con imágenes de la edición parisina original, cuando
las autoridades eclesiásticas ordenaron a un censor evaluar la
obra; tales imágenes mostraban a una Inquisición que torturaba y
abusaba sexualmente de los inocentes. El hecho es sintomático de
la valoración diferenciada que se tenía de los formatos editoriales
y el peso de las imágenes en una población predominantemente
analfabeta. Desde luego que Misterios de la Inquisición…
cuestionaba la moralidad de la Iglesia, por lo cual supuso una
amenaza para el sector clerical. El apartado permite advertir cómo,
si bien México era un Estado confesional, el uso de las nuevas
tecnologías de impresión (por ejemplo, las prensas cilíndricas,
que aumentaron el número y la calidad de los ejemplares,
promoviendo así el interés por los textos polémicos) aunado a
los deseos de los liberales por disminuir la influencia social del
clero, suscitó que la prohibición de Misterios de la Inquisición…
sólo fuese efectiva ante aquellos individuos dispuestos a prestar
atención a las amenazas de excomunión, pues el poder civil no
ayudó con el decomiso del libro.
El capítulo 5 se titula “El negocio de construir una
nación”. En éste se estudian los esfuerzos del Estado por instalar
una imprenta nacional en la Ciudad de México durante 18231828, la cual resultaba necesaria para generar y divulgar formas
de representación política. Y es que los gobiernos del México
independiente produjeron una numerosa cantidad de impresos
(como la gaceta oficial, las leyes y decretos, los pasaportes, los
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�Corinna Zeltsman. Con las uñas llenas de tinta. Política e imprenta

papeles con membrete, el papel sellado, las circulares internas, los
billetes de lotería y los informes ministeriales), pues ciertamente
los requerían para facilitar el funcionamiento estatal, pero también
para dotar de peso simbólico a la autoridad. Dichos esfuerzos se
observan en la primera mitad del siglo, el régimen encabezado por
Maximiliano de Habsburgo y los sucesivos gobiernos liberales.
El apartado muestra a un Estado que se constituyó como un
agente tanto político como económico, que movilizó recursos
para impulsar el ámbito editorial. De acuerdo con Corinna, la
consolidación de la imprenta del gobierno se consumó durante la
república restaurada, una vez que el Estado puso fin a la antigua
práctica de subcontratar los trabajos de impresión, al menos a
escala nacional; ahora bien, esta hipótesis puede ser corregida o
complementada con futuras investigaciones regionales.
Los dos últimos capítulos están centrados en la segunda
mitad del siglo. En el capítulo 6, “Los obreros del pensamiento”,
se examina cómo era la vida dentro del taller de impresión
(principalmente del estatal) durante la república restaurada y el
primer mandato presidencial de Porfirio Díaz. Se enfatiza que el
florecimiento de la imprenta estuvo acompañado de demandas
por parte de los obreros, quienes exigieron salarios más altos, la
ampliación del tiempo libre y mayor respeto. En este apartado se
aprecia la influencia de las ideologías colectivistas en los talleres
de impresión, las cuales fueron atacadas por personajes de la
talla de Guillermo Prieto. Asimismo, puede observarse cómo
los cajistas, al copiar los manuscritos de naturaleza política,
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aprehendieron las premisas del liberalismo, al mismo tiempo que
las replicaron, con el objetivo de reformular el significado del
trabajo. Así, los operarios comenzaron a salir a la arena pública
e inclusive imprimieron sus propios periódicos, mientras que
los jurados de imprenta adquirieron mayor importancia como
mecanismo regulatorio.
Finalmente, el capítulo 7, titulado “La criminalización de
la imprenta”, analiza las leyes en materia de libertad de imprenta
establecidas por Porfirio Díaz a finales del siglo XIX, así como el
modo en que los editores disidentes, como Daniel Cabrera (18581914) o Filomeno Mata (1845-1911), impugnaron dichas leyes, las
cuales justificaron la incautación de prensas y el encarcelamiento
de periodistas. Para defender las medidas represivas, los jueces
aludieron a argumentos basados en la psicología, concebida
entonces como una ciencia supuestamente capaz de determinar
de manera objetiva quién y por qué se delinque. En el apartado
también se repara en los actores favorecidos por Díaz, por
ejemplo, los grupos católicos y los editores de corte comercial.
Estos últimos publicaron periódicos informativos que relegaron
los temas políticos y destacaron las noticias sensacionalistas, ello,
mediante el uso de tecnologías de última generación, como el
linotipo, que permitió mecanizar la composición de los textos por
imprimir, o las prensas de platina, en las que la distribución de
la tinta era automática, por la cual ahorraban en mano de obra
y aceleraban la creación de los materiales en la sala de prensa.
Corinna señala que las representaciones en torno a la imprenta
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cambiaron, pues ésta pasó de ser un taller artesanal moldeado
por compromisos políticos y aspiraciones sociales, a un negocio
moderno impulsado por fuerzas laborales disciplinadas, que
operaban en favor del progreso con maquinaria proveniente de
las potencias extranjeras, sobre todo de Estados Unidos.
Con las uñas llenas de tinta. Política e imprenta en el
México decimonónico es un libro que seguramente se consolidará
como referencia obligatoria para los investigadores de la imprenta
decimonónica, dada la amplia temporalidad que abarca y el
entrecruzamiento de impresos mexicanos con fuentes provenientes
de acervos tanto nacionales como extranjeros. Además, resultará
importante para aquellos interesados en estudiar los cambios y las
continuidades que experimentó la cultura impresa en el tránsito
del Antiguo Régimen al México Independiente, y del Porfiriato a
la Revolución.

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�Dr. José Gustavo González Flores (Coord.)
El Noreste ante la colonización hispana y la
Independencia de México (Siglos XVI al XIX)
Saltillo, Coahuila: Coordinación General de
Difusión y Patrimonio Cultural de la Universidad
Autónoma de Coahuila, octubre 2023, 318 pp.
ISBN del título: 978-607-506-489-5
Yair Alef Alanis Trejo
Recibido: 18 de marzo de 2025
Aceptado: 25 de noviembre de 2025

El libro El Noreste ante la colonización hispana y la Independencia
de México (Siglos XVI al XIX), coordinado por el Dr. José Gustavo
González Flores, es una obra integral que examina la evolución
del noreste mexicano desde la era colonial hasta la independencia.
Este volumen reúne contribuciones de diversos expertos, quienes,
mediante el análisis de documentos testimoniales, registros
eclesiásticos y gubernamentales, así como una vasta colección de
datos estadísticos, ofrecen una de las perspectivas más completas
sobre la colonización y el desarrollo de la región novohispana.
Los colaboradores de la obra se alejan de la narrativa
tradicional sobre el desarrollo de la sociedad novohispana en el
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�Dr. José Gustavo González. El Noreste ante la colonización

noreste, proporcionando una visión más rica y detallada de los
factores que impulsaron este proceso. La metodología empleada
trasciende el enfoque histórico, incorporando perspectivas
sociales, políticas y económicas para una comprensión más
profunda del contexto histórico de la época.
A lo largo del libro, se explica de forma íntegra las
características del noreste en este proceso de colonización que
lo contextualiza y permite una mayor comprensión de varias
características culturales, políticas y sociales de la región en
tiempos recientes.
Por supuesto, aquí tienes el texto con la ortografía y
puntuación corregidas:
En el libro se destaca la influencia de múltiples eventos
que acontecieron e influenciaron en el proceso de colonización
y desarrollo de la sociedad del noreste, que van desde la caída
de México-Tenochtitlán hasta el periodo de la Independencia. Se
resalta el estudio de la demografía, la migración y el desarrollo
cultural del noreste. La confrontación constante con los indígenas
emerge como un elemento clave en la configuración histórica de
la región y, de esta forma, permite una mayor comprensión del
proceso de desarrollo de la identidad regional.
El libro se estructura en tres partes principales que exploran
en detalle temas como la influencia de militares y hacendados en
la migración, la colonización de Texas y las interrelaciones de la
economía y la religión en Saltillo y Monterrey en el siglo XVII,
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�Yair Alanis

facilitando una comprensión de los acontecimientos de forma
cronológica y detallada.
La primera parte, El Poblamiento y Colonización Hispana
en el Noreste, sumerge al lector en la intrincada historia de la región
novohispana, abordando desde los motivos del asentamiento y las
amenazas externas, como la francesa, hasta el ambicioso proyecto
de José de Escandón. También se analizan los retos planteados
por los conflictos con los pueblos originarios, revelando aspectos
fundamentales de la región.
La segunda parte, La interacción con los Pueblos
Indígenas, explora la diversidad de respuestas de los pueblos
indígenas frente a la colonización, destacando alianzas, resistencias
y conflictos. Esta sección enfatiza la variedad de interacciones,
desde colaboraciones estratégicas hasta resistencias abiertas, y
el impacto de estos encuentros desde la perspectiva indígena,
resaltando la tenaz oposición de los nómadas del norte, incluso
después del periodo colonial.
La tercera parte es El impacto de la Independencia: La
última sección evalúa las consecuencias de la independencia en el
noreste, examinando las dinámicas hispano-comanches durante
la insurgencia y desentrañando la complejidad de las alianzas y
conflictos en el marco internacional y la guerra de independencia.
Una cita que refleja esto a la perfección es la siguiente: “Solo un
puñado de investigadores ha analizado en profundidad la historia
indígena durante el período insurgente” (Rivaya-Martinez, 2023,
p. 230)
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Es así que la obra ofrece una visión detallada de los
eventos históricos narrados en el libro. Autores como Manuel
Ceballos Ramírez destacan la persistencia de un noreste histórico,
desafiando nociones tradicionales de fronteras políticas. El
análisis de hitos y migraciones contribuye a una visión completa,
resaltando la resistencia indígena y las implicaciones que tuvo
el proceso de Independencia en el desarrollo político y social
del noreste, o una amplia investigación sobre la frontera oriental
del Nuevo Reino de León que examina la complejidad de la
implementación de políticas coloniales y la resistencia indígena,
poniendo de relieve la importancia de comprender las dinámicas
cambiantes en los centros políticos y las complejas relaciones con
las comunidades indígenas.
El libro ofrece un examen detallado de acontecimientos
como la migración hacia Monclova y la colonización de Nuevo
Santander, la resistencia indígena, los conflictos ideológicos
entre conservadores, liberales, centralistas y federalistas, y las
complejas dinámicas del periodo de asentamiento de la identidad
regional en el periodo post-Independencia.
De esta forma, el libro examina la complejidad del
proceso de colonización en el noreste novohispano. Cada texto
que conforma los capítulos de las tres partes aborda desde
diversas perspectivas que permiten un marco de análisis de
comprensión sobre todo este proceso de una manera más que
completa. Incluyendo la investigación sobre la frontera oriental y
los posicionamientos políticos durante la Independencia.
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�Yair Alanis

Este enfoque multidimensional revela cómo la interacción
de factores geopolíticos, militares y sociales contribuyó a la
configuración única de la región y su posterior identidad regional.
En este segmento, se realiza una evaluación exhaustiva
de la calidad de los escritos, destacando la elocuencia y claridad
presentes en los textos, los cuales no solo cumplen con los
requerimientos necesarios, sino que también invitan a la reflexión.
La inclusión estratégica de mapas y gráficas y otro tipo de
documentos visuales no solo permite una mejor comprensión de la
información proporcionada a lo largo del libro, sino que enriquece
la presentación de la información ofreciendo una representación
visual que facilita la comprensión de la complejidad del proceso
de colonización.
En tanto, en términos de fuentes, cada autor utiliza una
gama más que amplia de fuentes que van desde los padrones de
comulgantes y registros de bautizos, los cuales proporcionan una
base sólida para el análisis demográfico. Además, la atención a la
riqueza acumulada por sacerdotes ofrece una perspectiva única
sobre la realidad económica de la época, esto se complementa
con el uso de fuentes primarias y secundarias.
En conclusión, El Noreste ante la colonización hispana
y la Independencia de México, emerge como una obra integral
que va más allá de la narrativa convencional, explorando
la complejidad del proceso de colonización desde diversas
perspectivas. Los autores destacan la resistencia indígena, las
dinámicas geopolíticas y sociales, y la influencia de eventos
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�Dr. José Gustavo González. El Noreste ante la colonización

clave en la configuración única de la región. La elocuencia de
los escritos, respaldada por mapas y gráficas estratégicas, invita
a una profunda reflexión del lector, proporcionando una visión
matizada y completa de la historia del noreste novohispano.

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�La construcción de Monterrey como objeto
de estudio en la obra de Mario Cerutti1
César Morado Macías2
Recibido: 23 de septiembre de 2025
Aceptado: 25 de noviembre de 2025

1. Las huellas del pasado cordobés
Mario Cerutti nació en Córdova, en el corazón geográfico de
argentina en los años cuarenta del siglo XX. Sabemos muy poco
de su entorno familiar y etapa formativa inicial. Hemos buscado
en archivos delincuenciales del Archivo Histórico provincial de
Córdoba sin éxito. Asumimos que tuvo una niñez promedio y que,
si infancia es destino, la urbe debió marcar al futuro historiador.
La niñez cordobesa de aquellos años transcurría entre la
calle y el patio. Los chicos jugaban a la pelota en baldíos o plazas,
inventando arcos con dos piedras y soñando con vestir la camiseta
de Talleres o Belgrano, los equipos de futbol más representativos
Versión modificada del texto leído por el autor en la presentación del libro
Burguesía y capitalismo, en el evento conmemorativo del 50 aniversario de la
presencia de Mario Cerutti en la UANL, 20 de agosto 2025. Museo de Historia
Mexicana. Monterrey México.
2
Universidad Autónoma de Nuevo León.
1

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�La construcción de Monterrey como objeto de estudio en la obra de MC

de la ciudad. En los barrios, las escondidas, la rayuela y el trompo
marcaban las tardes, así que podemos imaginarlo colarse en el
tranvía sin pagar boleto, o escapándose a nadar en el Rio Suquía,
cuando el calor apretaba.
Córdoba era entonces una ciudad de contrastes: la
solemnidad de sus campanas coloniales y la bulliciosa algarabía
de sus estudiantes; las sierras cercanas que ofrecían un respiro
de aire puro y el centro urbano que hervía en cafés, periódicos y
discusiones políticas. Era la “Docta”, orgullosa de su Universidad,
donde la juventud buscaba respuestas y encendía pasiones, como
la reforma universitaria de 1918, pero también la Córdoba obrera,
de fábricas y sindicatos, que en 1969 sacudió al país con “el
Cordobazo”.
En sus calles se mezclaban los ecos de los tangos que aún
sonaban en las radios con el nuevo pulso del folclore, Y como si la
música no bastara, el fútbol sumaba su fervor: Talleres, Belgrano
e Instituto dividían barrios y familias en clásicos ardorosos sin
que hubiera forma de evadir preferencias.
Un joven periodista reseña esos partidos en un diario
deportivo y estudia historia en la universidad. El periódico
se llama “Seminario Deportivo Aqui Talleres” y el cronista
deportivo Mario Cerutti Pignat narra los partidos donde “meten
mucha pierna”. El equipo que debe su nombre a los Talleres del
ferrocarril, tendrá días de gloria, muy lejanos a los actuales, cuando
dirigido por Carlos Tevez está a punto de perder la categoría.
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�César Morado

2. La llegada de Cerutti a Monterrey
Invitado por el historiador cordobés Guillermo Beato,
anticipándose a la represión política de la dictadura militar
arriba a Monterrey en septiembre del 75, una ciudad que no
conocía y en la que tentativamente debía realizar una estancia
provisional. En México gobernaba Echeverria (1970-1976) su
alfil Pedro Zorrilla, hacia lo propia en Nuevo León, (1973-1979),
Luis Eugenio Todd era rector de la UANL (1973-1979) y Tomas
González de Luna, destacado miembro del partido comunista
era director de la Facultad de Filosofía y Letras. Un año antes se
había fundado el Colegio de Historia y hacían falta cuadros para
formar a los estudiantes. Era un lugar propicio para iniciar una
carrera académica.
El contexto historiográfico estaría marcado por la
expansión del marxismo en las universidades públicas mexicanas.
Se buscaba que los historiadores explicaran el origen de las
formas capitalistas de producción y sobre ello se trabajara en la
“superación” de las mismas hacia el socialismo. Cerutti haría de
Monterrey su objeto de estudio, ya habían venido a Monterrey
el frances Frederic Mauro, el holandés Menno Vellinga, el
italiano Domenico Sindico. A diferencia de ellos Mario se
quedó acá, escribiendo un libro que se llamaría Burguesía y
capitalismo. Combinó la milonga con las redovas, las salchichas
con la arrachera para el asado, en síntesis, se hizo más norteño y
franco que los mismos regiomontanos. Poco queda de su acento
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�La construcción de Monterrey como objeto de estudio en la obra de MC

cordobés, lo recupera cuando se enoja, y entonces lo recupera y
habla de “La Eva, del Oscar, de la Rosario, de la Rocío” como
hacen los cordobeses y regaña colegas como si fueran todavía sus
alumnos.
3. La perspectiva regional
Mas que describir la estructura de Burguesía y Capitalismo en
Monterrey publicado en 1983, intentamos aquí caracterizar el
trabajo de Mario. Para mi gusto, podemos hablar de dos grandes
etapas. Una primera – un primer Cerutti-

donde el acierto

consiste realizar estudios con enfoque regional con una gran base
empírica, producto de años de trabajo intenso en los archivos
y del que emergen dos primeros libros: Economía de guerra y
poder regional y el ya citado de Burguesía y capitalismo.
Ambos

constituyen

un

parteaguas

historiográfico.

Monterrey no tenía hasta entonces libro que pudieran entretejer
base empírica y densidad teórica a ese nivel. Adicional a la
incorporación de la perspectiva regional, llamó la atención la
incorporación de la dimensión binacional, algo que lo llevara a
tener que romper con las ideas dominantes adscritas a la Teoría de
la dependencia en el sentido de que no podía existir un capitalismo
vigoroso, autónomo, en sociedades periféricas.
Evidentemente, un par de libros así no se produjeron
por generación espontanea. Mario supo abrevar participar en la
fundación de dos entidades: el Seminario sobre la Formación
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�César Morado

del capitalismo en México que se reunió año con año en distintas
cuidades mexicanas para discutir la emergencia de formas
capitalistas en las diversas regiones. Producto de la sociabilidad
producida en las noches de estos 15 congresos es que se le ocurre
fundar desde Monterrey, la Asociación de Historia Económica
del Norte de México, pionera en Latinoamérica que lleva a la
fecha 33 congresos. Ello le ha permitido generar una línea de
investigación consolidada, reconocida ampliamente por el
Sistema Nacional de Investigadores, siendo de los primeros
historiadores norteños en formar parte de este organismo.
4. La transición hacia una historia comparada
En un ámbito donde priva el canibalismo, poder posicionarse
como investigador, profesor, líder de grupo no es tarea fácil. Hay
un segundo Mario Cerutti que intenta convertirse en interlocutor
de los mejores especialistas en historia económica a escala
continental. Logra dialogar con la historiografía europea producto
de tres años sabáticos en España y con ello sentimos que entra
a una nueva dimensión: la perspectiva comparada. Su contacto
con los americanistas europeos le dio otra lectura de lo que
ocurría en Monterrey, usualmente comparado con el descomunal
mercado norteamericano. Ni reduccionismos provincianos, ni
explicaciones esencialistas.
Hacer empresas y competir desde Monterrey junto al
mercado más grande del mundo tenía un significado especial
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�La construcción de Monterrey como objeto de estudio en la obra de MC

y Cerutti pudo dimensionarlo mejor comparándolo con
Bilbao, Cataluña, Milán y otras zonas de Europa. A esta etapa
corresponden trabajos muy destacados como Burguesía e
industria en América Latina y Europa Meridional, libro
coordinado por Mario Cerutti y Menno Vellinga, publicado por
Alianza Editorial. También la habilidad para fundar el grupo de
investigación: Grupo Iberoamericano de Estudios Empresariales
que se reúne en distintas latitudes de América y Europa realizando
trabajos comparados.
Con medio siglo de trayectoria como investigador,
había dos reconocimientos que se estaban tardando en llegar, el
ingreso como Miembro de Número de la Academia Mexicana
de la Historia y el nombramiento como Investigador Emérito
del Sistema Nacional de Investigadores. Ambos ya llegaron y
hoy estamos celebrando a este italo, argentino, regiomontano
que cumple 50 años, medio siglo de pertenecer a la Universidad
Autonoma de Nuevo León y en particular ahora desde su Facultad
de Economía, desde donde continúa produciendo y organizando
un repositorio sobre la producción historiográfica del norte
mexicano, desde la perspectiva de la historia económica.

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                <text>Sillares: Revista de Estudios Históricos, es una publicación semestral que busca la divulgación de investigaciones que representen un aporte significativo para conocer la historia de México y América Latina. Además de la publicación de artículos originales e inéditos, la revista procura la promoción, difusión y debate de investigaciones históricas a través del análisis de acervos documentales, documentos y reseñas. Todas las colaboraciones son sometidas a procesos de evaluación por pares. La revista Sillares es heredera de la sección de Historia del Anuario Humanitas, publicado por el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León entre 1960 y 2020. En línea con esta dependencia, que es el centro de investigación más antiguo de la UANL, la revista busca incentivar el diálogo entre la Historia y otras áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Esta nueva era va con el ciclo de la transformación digital y sus estrategias, reestructurando sus procesos bajo el Open Journal Systems y siempre con las metas de la comunidad investigadora.</text>
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              <text>Sillares: Revista de Estudios Historicos, 2026, Vol 5, Num 10, Enero-Junio </text>
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              <text>	Sillares: Revista de Estudios Históricos, es una publicación semestral que busca la divulgación de investigaciones que representen un aporte significativo para conocer la historia de México y América Latina. Además de la publicación de artículos originales e inéditos, la revista procura la promoción, difusión y debate de investigaciones históricas a través del análisis de acervos documentales, documentos y reseñas. Todas las colaboraciones son sometidas a procesos de evaluación por pares. La revista Sillares es heredera de la sección de Historia del Anuario Humanitas, publicado por el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León entre 1960 y 2020. En línea con esta dependencia, que es el centro de investigación más antiguo de la UANL, la revista busca incentivar el diálogo entre la Historia y otras áreas de las ciencias sociales y las humanidades. Esta nueva era va con el ciclo de la transformación digital y sus estrategias, reestructurando sus procesos bajo el Open Journal Systems y siempre con las metas de la comunidad investigadora.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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