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                  <text>Volumen 4, número 4. ISSN 2683-1600.

Camaleón arte escénico | 1

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Camaleón arte escénico

�Camaleón arte escénico | 3

�Dr. Santos Guzmán López
Rector
Dr. Juan Paura García
Secretario General

CAMALEÓN ARTE ESCÉNICO

REVISTA DE LA FACULTAD
DE ARTES ESCÉNICAS DE LA UANL
Volumen 4, julio-diciembre 2024

Dr. José Javier Villarreal Tostado
Secretario de Extensión y Cultura
M.A. Deyanira Triana Verástegui
Directora de la Facultad de Artes Escénicas
Equipo editorial
Consejo editorial externo
Katiuska Valencia Piñan
Cristian Lawrence Keim Palma
Sergio Rommel Alfonso Guzmán
Consejo editorial interno
Deyanira Triana Verástegui
Olivia Janneth Villarreal Arizpe
Pamela Leal Garza
Emma Alicia Lozano García
Editora en jefe
Mayra Daniela Leal Meléndez
Asesor editorial
Bernardo Martínez Evaristo

Correctora de estilo
Armandina Yarezi Salazar Díaz

Archivo FAE
Van Hugo

Asistencia editorial técnica
Alejandro Cabezuela Chávez
Jorge Arturo Muñíz Gaona
Roy Alfonso Carvajal Jiménez
Amanda Selene Castañeda Taméz
Melanie Mireles Ascacio
Elva Montfort Lazcano Martínez
Diseño editorial
Montserrat Jara Castillo
Camaleón Arte Escénico. Vol. 4, Núm. 4 (2024). julio – diciembre 2024, es una publicación semestral de acceso
abierto editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de la Facultad de Artes Escénicas UANL, Calle
Praga y Trieste s/n, Fraccionamiento Las Torres, Campus Mederos, UANL. C. P. 64930, Monterrey, Nuevo León, México. Camaleón Arte Escénico. Revista Digital de la Facultad de Artes Escénicas UANL reserva del derecho exclusivo
de uso del nombre bajo la licencia 04-2024-040813330300-102. ISSN: 2683-1600. Correo electrónico: revistacamaleon.fae@uanl.mx. Editor responsable: MAE. Mayra Daniela Leal Meléndez. Responsable de la última actualización
de este número: M.A.E. Bernardo Martínez Evaristo y Alejandro Cabezuela Chávez. Última actualización: 25 de agosto
de 2024.

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Camaleón arte escénico

�ÍNDICE

6

Editorial
Crónica de un camaleón

7
9
11

Cátedra Universitaria Sergio García
Dramaturgia: inspiración y vocación
Cuatro años en un día en FAE

Homenaje a un camaleón
Homenaje al Maestro Jaime Blanc

Metamortheoris

13

“Una poética sobre el arte del actor”
o la técnica del maestro rumano Ion Cojar, el gran
hacedor de actores.

17

El faro y la ruina, prácticas
performáticas y espacio público

25

La desaparición del dios prometido:
La huida de Quetzalcóatl de Miguel León-Portilla

29

El polvo en la habitación: Un análisis existencialista
a través de Ángeles en América de Tony Kushner

31
33
36
37

La moral forzada del subyugado
Breve análisis y reflexión sobre los medios alternativos
a través de Baños Roma de TLS
El deseo que traspasa la pantalla
Amarillo de Teatro Línea de Sombra

Charlas camaleónicas

40
44
46
48

Percha teatro: Ayer, hoy y mañana
Entrevista a Pablo Luna

Ecos literarios
Susana y los jóvenes en Teziutlán

Atelier
Impulsos lumínicos

En Escena
Ablución: Una conversación que no termina

Camaleón arte escénico | 5

�PRESENTACIÓN
En FAE, valoramos la divulgación como un aspecto inherente
a la generación de conocimiento. Para nuestra dependencia, queda
claro que el compromiso ante la información relevante y pertinente es su democratización, someter los hallazgos al análisis y la
discusión pública, buscando que trascienda a partir de la reflexión
y la crítica una y otra vez. En ese sentido, la Facultad de Artes
Escénicas anuncia con gran satisfacción el regreso de Camaleón
Arte Escénico, revista de corte divulgativo que tiene como fin promover la apreciación y la disertación sobre el arte escénico entre
estudiantes, docentes, investigadores, artistas y toda la comunidad
interesada en el tema, llevando, al mismo tiempo, el adecuado
registro de la labor realizada en los ámbitos de danza y teatro de
la Facultad.
Hoy por hoy es incuestionable la relevancia del arte para el
crecimiento del espíritu humano, su contribución al desarrollo social. Por esas razones, como institución dedicada al arte escénico,
tenemos un particular interés en sostener esta plataforma para
fomentar el intercambio de los saberes que atañen a los campos
dancístico y teatral. Que este espacio genere lazos a partir de la
necesidad de encontrar conocimiento, de innovar en nuestras disciplinas pero, sobre todo, a partir de la necesidad de compartir.

M.A. Deyanira Triana Verástegui
Directora de la Facultad de Artes Escénicas

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Camaleón arte escénico

�CRÓNICA DE UN CAMALEÓN

CÁTEDRA UNIVERSITARIA SERGIO GARCÍA

DRAMATURGIA:
INSPIRACIÓN Y
VOCACIÓN
POR JENIFFER PEÑA

P

rocesos creativos, se me ha pedido que explique
los procesos creativos de mi dramaturgia.
Procesos que son difíciles de conglomerar en
un espacio aparentemente pequeño como una cuartilla, más
o menos. Al mismo tiempo, procesos que siempre parecen
estar más dispuestos a permanecer ocultos, lo que provoca
que la cuartilla se vuelva eterna. No sé si por pena o por la
tonta necesidad de autosabotearme con mis pensamientos intrusos, porque me encanta escribir y me aterra escribir, o por
lo menos, comenzar a hacerlo. ¡Cómo cuesta comenzar a escribir! Me repetí una y otra vez antes de re-editar este escrito.
Quizá quería compartir también partes de mis inseguridades,
aunque tampoco a primera instancia.
Será mejor que vuelva a empezar simplemente diciendo
que soy una egresada aferradísima a hacer lo que la llena de
pasiones; más allá de la circunstancia, hay ideas que necesitan ser expulsadas y el teatro me ha permitido intentarlo
en distintas vías para desarrollarlas y exponerlas. He logrado
conectarme con la dirección escénica, me encanta pensar en
las posibilidades físicas, visuales, sonoras y emocionales que
tiene el teatro como arte vivo, la conexión con los actores y
la diversión de sumergirnos en otros universos, siendo la que
escucha y reposa el discurso. Es más cómodo en ensayos que
en funciones, ahí sí te quieres morir.
Además del trabajo del discurso propio en la dirección,
me interesa que el de la dramaturgia no se diluya, sino que
confluyan. El entendimiento del texto dramático o texto para
la escena es un paso que no recomiendo saltarse al momento
de dirigir una obra.
En mis adentros, la dramaturgia permanece en un lugar
sagrado, accesible para quien este dispuesto a exponerse,
el refugio de quien ya no puede más y purga sus emociones transformándolas en palabras, declaraciones, protestas
e ideales donde emergen las situaciones, los personajes, la
vida.

“Imagina, eres como unx Diosx
momentánex e imaginarix,
sólo en ese pequeño universo creado.
¡La responsabilidad que implica eso!”

El temple de quién escribe debe ser de un metal tan duro que
aguante las flechas del crítico interno y el externo. No siempre
me siento tan preparada para recibir los impactos, la verdad. Las
ocasiones en las que he podido provocar que suceda magia y comodidad a la hora de escribir han sido momentos donde no podía
aguantar más una historia que estaba sucediendo en mi mente,
todo hilaba, se relacionaba en armonía, sólo hacia falta sentarme
y soltar. Soltar, es el suplicio de mi proceso creativo, soltarse de
prejuicios y llevarlo a la acción, porque luego viene lo complicado. Dialéctica, retórica, adicionalmente ortografía, redacción y
demás términos más asociados a la técnica que al simple atrevimiento de la escritura.
Lo segundo que no recomiendo saltarse son talleres, cursos
o clases de dramaturgia, si es que verdad quieres escribir teatro.
La forma es igual de compleja que el contenido. A veces, la
idea o premisa viene de un salto, la realidad golpea muy fuerte y
deja la estela de su rastro, definitivamente hay realidades que no
deben ser borradas de la historia. El teatro nos ofrece la posibilidad de conjugar la ficción con dichas realidades, materializándolas y documentándolas, y si todo marcha bien, serán un motivo
de reflexión.
La voluntad también forma parte de mi proceso creativo, es
muy difícil callar a la mente cuando tiene voluntad, un cometido,
una protesta, un discurso por el cual hablar. En mi caso, la migración y su estigma me movió para escribir lo que aparentemente
es una inofensiva pastorela. María y José son el emblema del migrante, al transportarse de Jerusalén a Belén (lugar de donde era
originario José), pasando por adversidades y llegando a una tierra donde eran unos completos extraños. Esta narrativa milenaria
existe en muchos contextos actuales. Una de las problemáticas
del migrante en la frontera Estadounidense durante el gobierno
de Donald Trump fue la separación de niños y su aislamiento
en jaulas de metal, en condiciones inhumanas e implorando el
cuidado de su madre o padre. Diario perdemos sensibilidad de lo
que nos acontece como humanidad y las artes permanecen como
espacio para documentarla.

Así nació Pero mira como cruzan los peces en el río, una
batalla del bien contra el mal donde el infierno está debajo de
México.

Camaleón arte escénico | 7

�CRÓNICA DE UN CAMALEÓN

Siguiendo con la franqueza en la que me
he manejado, debo decir que las ganas de hablar del tema estuvieron en cocción un largo
tiempo, cocinándose en silencio.
Aunque luego pasa, lo que todx creativx
quiere recibir, un día de total inspiración, de
dedicación. Sentarte, estar comprometidx con
la causa y tratar de encontrar la satisfacción
propia. La fluidez del momento creativo.
Me complacería ser afortunada en ingresar a la dramaturgia sólo en fragmentos temporales específicos, espasmos de tiempo donde
mi ímpetu me lo demande. De no ser así reservo los esfuerzos en otras vías de acción.

8 |

Camaleón arte escénico

Otro cometido que tengo al verterme en
palabras mediante este discurso es compartir
lo que me inspira al escribir y lo nombraría
como un compendio del entorno. Una mezcla de todo lo que inspira a todxs. De los más
convencional como la música que detona una
emoción a lo más particular como mi infancia,
la alegría que me provocaba jugar a las Barbies
e inventarles historias en solitario. Mi familia,
mi pareja, mis amistades que se engloban en el
concepto amor y en la compasión. Las imágenes, la metáfora, lo referencial, lo poético de la
naturaleza, las emociones humanas y la eufonía del español. Series, películas, arte.

Encontrar la motivación para relatar un
acontecer mediante el proceso creativo de la
dramaturgia deviene, en mi caso, de la necesidad imperiosa de mi alma por transmutarme en
el acontecimiento teatral, la acción palpable, la
invitación a la contemplación y reflexión.

�CRÓNICA DE UN CAMALEÓN

CUATRO
AÑOS EN UN
DÍA EN FAE
POR KARINA FRÍAS

S

04 de marzo de 2020
i hay algo que distingue a FAE de otras Facultades es
cómo su población estudiantil corre de un lado a otro cargando vestuarios y muebles para llegar a tiempo al ensayo
que está ocurriendo justo en ese momento… En el otro edificio. Sin
embargo, esto no empieza a suceder sino unas semanas después de
iniciadas las clases; los primeros días, a diferencia de otras dependencias de la Uni, se sienten vacíos, sin la chispa del estrés, la adrenalina y el aplauso con grito al final, cuando después de mil veces
ensayando salió bien la primera escena. Hasta que no sucede esto,
uno se siente extraño. ¿Ir a clase y salir a la hora que indica el horario
de SIASE? I don’t know her.
Cuando me pidieron escribir cómo sería un día en FAE, no pude
evitar recordar que, por cuatro años, mis días estuvieron llenos de pasillos concurridos y miradas curiosas –asomándose por la ventana de
puntitas sobre las bancas blancas– y casi no me daba cuenta de eso.
Y es que uno no reflexiona hasta que tiene los días contados;
cuando entré a estudiar y vi a los chicos de laboratorio correr, pensé
“un día estaré como ellos”. Ya estuve como ellos y solo me quedaba
pensar “jamás volveré a ver a los de sexto correr otra vez”. (Spoiler,
empecé a dar clases aquí y sí los volví a ver, pero cuando escribí esto,
yo no sabía que volvería). Esas fueron las últimas veces que me tocó
ser parte de la gente que carga muebles por todas sus instalaciones.
Tal vez no prestábamos atención porque estábamos muy ocupados pensando en lo que no estaba terminado del montaje, en cómo fulanita no pudo imprimir la carpeta y era lo único que tenía que hacer,
cómo fulanito no pidió la escenografía tres días antes y en bodega no
nos dejaron sacar nada, aunque lloramos. Al final, otros compañeros
nos ayudaron a montar, la carpeta se entregó el último día de clases
y don Deme nos dio chanza. Entonces me di cuenta de que perdí
mucho tiempo pensando en cosas que tenían solución.

Nunca hay que dejar pasar las oportunidades de vivir estas experiencias que ninguna otra Facultad nos ofrece, porque creo que todos,
hasta aquí, nos hemos sentido identificados, pero si alguien ajeno a
FAE leyera esto nada tendría sentido. Si han tenido oportunidad de
observar el alumnado en otros lugares, uno se extraña de que la gente
se extrañe de verte sentado en el piso. ¿Sabes qué tan únicos nos hace
tener un lenguaje corporal, una dinámica y un modo de coexistir que
solamente nosotros, los camaleones, entendemos? Por eso me puse a
pensar que por cuatro años vi esas cosas y me parecieron normales.
Tan normales, que pasa de ser extraordinario a algo de todos los días,
pero después de esos meses, cuando fue la última vez que entré como
alumna, ya jamás hubo gente en el lobby ni en los pasillos ni interrumpiendo un ensayo porque es su turno de utilizar el aula; las filas enormes los fines de semana para ver la función en el Teatro Espacio parecían molestas, pero cuando pensé que ya no habría carnet que llenar ya
no sonaba tan mal pasar cuatro horas haciendo nada en los pasillos del
lugar que nos vio reír, llorar, frustrarnos, lograr hacer ese giro que no
coordinábamos, terminar ese monólogo sin error.

Camaleón arte escénico | 9

�CRÓNICA DE UN CAMALEÓN

FAE parece abrumadora algunas veces,
pero no deja de ser un hogar.
Incluso es válido pensar que no tiene sentido o que no vale la
pena, pero cuando estés en un cubículo dentro de una biblioteca donde sí piden que guardes silencio, entonces vas a extrañar que en la
nuestra podemos hacer lecturas dramatizadas sin problema.
Con todo esto, me sumo –aunque me negaba– a decir: aprovechen. Porque las experiencias buenas le ganan, por mucho, a todas las
malas, especialmente cuando aprendes que, con las personas correctas, vale la pena pasar los tragos amargos, porque son los compañeros
que quieres tener en la vida y lo demás, aunque parezca que no tiene
fin, pasa. Y el resto deja de importar: el montaje sale porque sale. La
experiencia de vivir una carrera en un arte escénico y ser parte de una
comunidad que es un mundo chiquito, dentro de un universo lleno de
otras cosas, difícilmente vuelve a pasar.
Un día, cuatro años, toda una vida en FAE, son un pequeño patrón de cosas puntuales que tienen que pasar: gente ensayando, cargando muebles, llorando, haciendo ruido, riendo, bailando en aulas
vacías, pero cada una de esas veces, aunque se repiten a diario, por
semanas, semestres y años, son como las puestas en escena: completamente diferentes. Y si nos preocupamos por las cosas que igual se
van a solucionar, nos estamos perdiendo de la experiencia de vivir el
arte en carne propia y que nos enchine la piel todos los días. Cuando
volteas atrás y ves lo que construiste ¿Estás orgulloso?

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Camaleón arte escénico

�HOMENAJE AL
MAESTRO JAIME BLANC
POR SOFÍA RAMOS

Camaleón arte escénico | 11

�HOMENAJE A UN CAMALEÓN

N

o pretendo ser portavoz del dolor
que aqueja a todas las personas
a las que impactaste a lo largo
de tu trayectoria, sería imposible hablar por
cada uno de esos corazones que te recuerdan o
capturar por medio de palabras lo que sienten
hoy esos cuerpos danzantes que compartieron
escenario, aula, y hogar contigo. Podría regocijarme del extraordinario honor de tener la
oportunidad de plasmar lo que pienso respecto
a ti, pero realmente no se trata de eso, no deseo
esa responsabilidad. Me voy a limitar a expresar mi propia vivencia de tu partida, esperando
guardar entre todas estas líneas al menos una
parte del respeto y gratitud que mereces y un
poco de la estima que sentimos como comunidad hacia tu persona.
Me encontraba sentada en el lugar donde
solías sentarte a darme clase de técnica Graham, un espacio que, debo decir, aún me queda muy grande. Es curioso, porque regularmente no lo hago mientras doy clase y, si llego
a hacerlo, suele ser en el piso, pero ahí estaba,
en un cubo de madera frente a la columna que
divide los espejos del aula 10 de la Facultad
de Artes Escénicas. Justo terminé de despedir
a mi grupo de sexto semestre y Brenda Calderón se me acercó, con una desesperanza que
pude leer en su rostro desde que la vi acercarse y que me asustó un poco. Se acomodó en
el piso frente a mí y me dijo, tratando de que
su voz no se quebrara con cada palabra que
pronunciaba, que habías partido. Ambas nos
miramos con los ojos vidriosos, sintiendo el
12 |

Camaleón arte escénico

tremendo vacío que fue carcomiendo nuestro
pecho, como dos pajaritos que han quedado
expuestos en su nido, sin protección alguna.
Nuestro mentor, nuestro maestro, ya no pisaba
más la tierra con sus pies cansados y bailados.
No nos quedó más que abrazarnos, en silencio,
esperando que alguna dijera algo reconfortante. No fue así, pero agradezco que ese viernes
9 de febrero de 2024 haya sido ella quien me
diera la noticia, escucharlo de su voz quebrada
y suave fue compartir el dolor en ese momento
y los días siguientes.
Después de eso, un sin fin de memorias
vinieron a mí. Disciplina, respeto y pasión son
tres constantes que noté de tu trabajo como
maestro en cada una de las oportunidades que
tuve de aprender de ti. Recordé el inicio de mi
carrera, la primera vez que me corregiste en el
curso propedéutico, antes de iniciar la Licenciatura en Danza. El maestro Miguel Banda
dirigía la clase y tú nos observabas; detuviste
todo para darme indicaciones y con una voz
calma me pediste que cambiara mi cara de susto; me reí, pero por dentro seguía aterrada, y
seguí así varios semestres, debo confesar. Verte por los pasillos de la Facultad y cerciorar si
mi columna vertebral estaba colocada, casi en
automático, al escuchar el sonido de tu bastón
contra el piso, aunque ni si quiera estuviese
en clase o ensayo. Mirarte mientras impartías
clase me hipnotizaba, cómo dabas indicaciones moviendo las manos con una necesidad de
pararte y bailar en ese mismo momento.

Tu facilidad de sacar la grandeza de las
personas que fuimos tus estudiantes, tantas y
tantos bailarines que formaste, los caminos
que forjaste, las almas que tocaste, tantos
cuerpos que esculpiste y corazones que llenaste. Hoy puedo decir que fui formada como
bailarina por un ser fuerte y pasional, y aunque tu guía siempre fue hacia mi carrera como
bailarina, te confieso que aprendí muchísimo
para mi formación como maestra también –y
yo sé que falta mucho camino por recorrer–.
Me reconforta llevar tus enseñanzas conmigo
a donde vaya.
Espero algún día inspirar a mis estudiantes por lo menos la mitad de lo que tú me inspiraste a mí, que tu partida nos haga reflexionar como comunidad, que la danza sea unión,
rebeldía, valentía, resiliencia, que la danza sea
pasión. Espero estés danzando eternamente.
Hay una pregunta que rebota en mi cabeza, pero la voy a guardar para cuando nos
volvamos a encontrar.

Hasta siempre,

maestro Jaime Blanc.

�METHAMORTHEORIS

“UNA POÉTICA SOBRE EL
ARTE DEL ACTOR”
O LA TÉCNICA DEL MAESTRO RUMANO ION COJAR, EL GRAN HACEDOR DE ACTORES

Por Dr. Víctor Iván López Espíritu Santo

Greengates School México y Universidad Nacional de arte Teatral y Cinematográfica I. L. Caragiale (UNATC) Bucarest, Rumanía.
viles98@gmail.com, victor.lopez@unatc.ro, victor.lopez@greengates.edu.mx

Introducción

E

l siglo XX se caracterizó por la
fuerte influencia del realismo psicológico y de las nuevas corrientes
vanguardistas. La personalidad más importante del teatro universal fue la del gran maestro
ruso Konstantin Sergheevici Stanislavski (Rotaru, 2018, p. 23), que dejó una enorme huella
en el mundo y, sin duda alguna, también en
Rumanía, país de una enorme tradición teatral
que supo adaptar el sistema pedagógico del
maestro ruso para crear una escuela sólida de
actuación. La escuela teatral rumana de la segunda mitad del siglo XX se basa en el sistema
de Stanislavski. Maestros actores y pedagogos
como Sanda Manu, Amza Pelea, Mircea Albulescu, Octavian Cotescu, Olga Tudorache,
Florin Zamfirescu, Gelu Colceag o Ion Cojar
partieron del sistema de Stanislasvki, desarrollando su propio estilo en el trabajo con estudiantes y actores. La eficacia de sus métodos
de trabajo, la calidad profesional de los pedagogos rumanos, las grandes actuaciones de
los actores, reconocidas y respetadas por otras
escuelas de teatro europeas en las últimas
décadas del siglo XX, dan fe de que su preocupación sobre el arte interpretativo siempre
ha sido la de formar actores dotados para los
medios de entretenimiento actuales, que exigen capacidades necesarias para construir sus
papeles de manera que funcionen con la verdad de la autenticidad de su ser, partiendo del
sistema stanislavskiano (Rotaru, 2018, p. 94).
De los renombrados maestros mencionados en el párrafo anterior, uno, sin lugar a
duda, ocupa un lugar muy importante en el
ideario y sistema pedagógico de la Universidad Nacional de Arte Teatral y Cinematográfica I. L. Caragiale (UNATC) y de toda Rumanía. Ion Cojar, quien supo, a partir de las
enseñanzas del pedagogo ruso K. Stanislavski,
reconstruir un sistema propio que sirviera para
las necesidades de los actores de Rumanía y
su cultura teatral, creando un sistema paralelo, tanto para directores o maestros, no muy
lejano a lo que Lee Strasberg hizo en Estados
Unidos o Héctor Mendoza en México.

A través de este ensayo pretendo divulgar la importancia que este maestro de actores
tiene hasta nuestros días, para introducir sus
ideas y teorías en México y que permita a los
lectores de habla hispana conocerle e investigar sobre él, ya que crear puentes entre las
diferentes corrientes y técnicas interpretativas
permite al gremio teatral el enriquecimiento
artístico y universal.
Ion Cojar nació en 1931 y murió en 2009.
Fue profesor de actuación, investigador y director teatral. Fue el fundador de un método
único que revolucionó la escuela de actuación
rumana. Cojar cambió la antigua forma de
entender la actuación en Rumanía, cuando al
actor se le enseñaba a hacer teatro pero a fingir
al interpretar, a imitar sentimientos, emociones o personajes, cambiando estas formas por
una nueva idea que obliga a los intérpretes a
crear las circunstancias en las que puede nacer la verdad escénica que refleja de la vida
y al actor para que al salir al escenario o al
estar en el plató de rodaje frente a la cámara
devele auténticos procesos realistas-psicológicos, con el objetivo de que los espectadores
puedan seguir los procesos de la vida, puedan
entender y creer lo que ven y oyen sobre el escenario y puedan empatizar con los personajes
y la ficción de la cual son espectadores.
Ion Cojar argumentó que para hacer un
papel auténtico son elementales la formación y
la creación, así como los procesos psico-emocionales del actor, junto con sus palabras, movimientos corporales y cambios fisiológicos,
que son el resultado de estos procesos mismos,
que reflejan a la vida misma (Cojar, 1998). En
la vida cotidiana nunca sabemos qué va a pasar
o cómo nos vamos a comportar o qué vamos
a decir en la interacción con una persona, sino
que simplemente tratamos de cambiar algo en
esa persona para lograr nuestro objetivo. Del
mismo modo, el actor, ante una determinada
situación vital y con la psicología que ha asumido previamente, busca cambiar algo realmente en su compañero de escena para lograr
su objetivo (el objetivo de su personaje que ha
asumido previamente), sin anticiparse a ningún obstáculo, aventurándose en lo desconocido y dándose la libertad de equivocarse. Todo
lo demás sucederá en el camino, desde las

emociones hasta los movimientos corporales y
las palabras vendrán de forma orgánica, sin ser
controladas ni anticipadas conscientemente, y
de esta manera serán auténticas, como en la
vida cotidiana, y así los espectadores entenderán y creerán lo que verán, escucharán y serán
empáticos con el actor, sin importar el género
o estilo expuesto.
La actriz, profesora e investigadora Dana
Rotaru (2018), exalumna del maestro Cojar,
menciona en su estudio El actor rumano entre la teoría y la práctica, que la tradición de
la escuela de teatro rumana de principios del
siglo XX hasta nuestros días siempre ha sido
la de Stanislavski, pero el trabajo con el alumno-actor tiene matices de un profesor a otro.
Porque en la pedagogía, como en el arte, el
hombre necesita gracia o talento sobre el cual
colocar un trabajo específico, esto se empezó
a definir en Rumanía a partir de que el maestro
Cojar comenzó implementando sus teorías y
prácticas teatrales (p. 95).
Ion Cojar argumentó que podemos saber
con certeza que el actor no está fingiendo o
no está actuando teatro, sino que pasa por un
proceso auténtico cuando vemos cambios orgánicos instantáneos en el color y la textura
de su rostro, como cuando la sangre inunda
instantáneamente sus vasos en momentos importantes, porque estas transformaciones son
imposibles de imitar. Como profesor e investigador de la UNATC1, guiado por el principio
de que lo que importa es el proceso y no el
éxito, Ion Cojar trabajó con sus estudiantes
para que desarrollen un mecanismo psicoemocional específico que, con el uso de un método
de actuación particular, les permitiera transformar fácilmente las convenciones en verdades de la vida (convenciones como situaciones
de vida ficticias e imaginarias, historia, viaje y
circunstancias dadas, personalidad de un personaje y sus objetivos, etc.), a diferencia de la
antigua escuela de actuación donde se enseñaba a los estudiantes a jugar al teatro, y lo logró.

1
UNATC I. L. Caragiale o La Universidad Nacional de
Teatro y Cine I. L. Caragiale es una universidad pública en
Bucarest, Rumania, fundada en 1954. Lleva el nombre en
honor al dramaturgo rumano Ion Luca Caragiale: https://
unatc.ro/

Camaleón arte escénico | 13

�METHAMORTHEORIS

Ion Cojar siempre decía que

“el arte del actor no tiene nada en
común con el teatro”,
una afirmación que se convirtió
en su marca registrada.

En su volumen Una poética sobre el arte del actor (1998) Ion
Cojar también toca el campo de la pedagogía del arte actoral, se
hace cargo de los principios de su propuesta de sistema, desarrollando un método de trabajo para los alumnos y actores. Su método
tiene un credo fundamental para el pedagogo: el arte del actor no
es el arte del teatro. El teatro resulta, al final, enemigo del arte de
la interpretación, la práctica del arte de la interpretación es una, la
práctica teatral otra, en algún momento ambas se van a complementar. Ion Cojar hace una distinción fundamental entre los dos
objetos específicos: teatro y escuela de teatro. El primero se ocupa
de la filosofía del objeto, mientras que el segundo se ocupa de la
filosofía del método. El método Cojar se basa en dos principios:
1). El arte del actor es un mecanismo lógico específico, (“El
arte del actor es una forma de pensar”).
2). El arte del actor detecta, desarrolla y explota el potencial de
vulnerabilidad del alumno-actor (Rotaru, 2018, p. 95).
Los actores profesionales que se han formado a través del método pedagógico de Cojar tienden a utilizar en sus procesos creativos un método de actuación derivado del anterior. Una de sus
antiguas alumnas es la actriz Luminița Gheorghiu2, quien ganó el
Premio de la Asociación de Críticos de Cine de Los Ángeles a la
Mejor Actriz de Reparto por su papel en la película La muerte del
Sr. Lăzărescu (2005). Son muchos los estudiantes que han obtenido
éxito profesional en el escenario teatral rumano, otros han decidido
seguir su camino y, aparte de la profesión de actor, hay varios
alumnos que se convirtieron en maestros de teatro y arte actoral,
entre ellos el profesor Mircea Gheorghiu, la profesora Bogdana
Darie, la profesora Tania Filip, o el rector actual de la UNATC,
el profesor Liviu Lucaci. Todos exalumnos de Ion Cojar, quienes
son considerados como los principales continuadores de su método
pedagógico en el arte de la interpretación.
Sobre la técnica de Cojar
Ion Cojar dejó en Una poética sobre el arte del actor un manual que es fácil de encontrar en las librerías rumanas, pero que
aún no se traduce al español, los detalles de su sistema o método de
trabajo, un legado para las próximas generaciones de intérpretes,
directores y creadores teatrales.
En el prefacio de este libro, el famoso actor Radu Beligan3,
uno de los más grandes actores de Rumanía de los últimos tiempos,
que vivió durante más de 80 años en los escenarios rumanos, actuando, dirigiendo y como gestor cultural, escribe sobre Ion Cojar
un preludio a tener en cuenta, porque para Beligan, Cojar era más
bien un pedagogo, un hombre de teatro que dejó una huella importante para el desarrollo de la teatralidad en Rumanía, dejando tras
de sí un rico legado que se mantiene vivo a través de sus alumnos y
seguidores: “La trayectoria de su creación se basó en una búsqueda

Luminița Gheorghiu (1 de septiembre de 1949 - 4 de julio de 2021) fue una actriz
de cine y teatro e intérprete artística rumana en Europa central y oriental. Logró reconocimiento internacional por sus papeles en La muerte del señor Lazarescu (2006)
o La posición del hijo (2013). Gheorghiu se graduó en 1972 en el Instituto de Artes
Teatrales y Cinematográficas de Bucarest, donde estudió con el profesor Ion Cojar.
Hizo su debut en 1971, en el Teatro Casandra, y luego actuó en los teatros de Botoșani
y Piatra Neamț. De 1976 a 2003 actuó en el Teatro Bulandra de Bucarest. Gheorghiu
murió el 4 de julio de 2021 a la edad de 71 años.
3
Radu Beligan fue un actor rumano con una rica actividad en teatro, películas, televisión y radio. Griego de origen y descendiente de uno de los hermanos del poeta Ion
Creangă. Fue elegido miembro honorario de la Academia Rumana en 2004. El 15 de
diciembre de 2013 fue incluido en Guinness World Records como el actor con más
años de servicio en activo en el escenario de un teatro.
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Camaleón arte escénico

permanente y en un estudio sobre la profundidad para descubrir
esa alquimia secreta, el misterio del arte más efímero” (en Cojar,
1998, pp. 5-6).
Para este actor, el método desarrollado por Ion Cojar se acerca, en sus creaciones y meditaciones, a las cuestiones fundamentales de la existencia, buscando en el plano de la estética su expresión
contemporánea (en Cojar, 1998), en donde desarrolla todo un sistema de trabajo para que el actor construya profundamente desde
su interior y con una imaginación creativa, apelando al complejo
proceso de acercamiento de personaje, condenando a su vez los
métodos que tienden a anular el propio ser del actor “no puede
haber sobre la escena una especie de destierro del hombre-actor, el
hacerlo sería anular su humanidad, una especie de robotización del
actor” (en Cojar, 1998, pp. 37-38). Para Cojar, la dinámica y contradicción en la actuación pretenden existir como un ser humano
inteligente y sensible que pide un cuerpo que exige verbalización,
con una palabra y exige ser una totalidad viva, una “unidad bio-psico-sociocultural complejamente organizada” (en Cojar, 1998, p.
67).
Para Cojar, el arte del actor significaba un complejo de mecanismos que el actor, por medio de sus procesos de trabajo y estudio, debe descubrir a través de los elementos culturales, sociales
y psicológicos esenciales. Creó e implementó todo un sistema en
el teatro rumano en donde por su historia hay una gran tradición
teatral, siendo Rumanía un país con un alcance trascendente en su
teatro, que hoy en día continúa. Situado en un punto de confluencia
de culturas grandes, el teatro rumano se impone, más allá de su
proteccionismo territorial, también a través del esfuerzo de asimilación (periódica) de influencias y acumulaciones de otras escuelas
teatrales y a través de las fuerzas para superar el dogmatismo, residual en cualquier tipo de educación (Cojar, 1998, pp. 7-8).
Ion Cojar argumentó que el arte del actor es interpretación en
sí misma, no solo un arte creador, sino también un arte de una filosofía de trabajo que el actor debe dominar a través de la disciplina
y su trabajo diario, para convertirse en una rutina formal que le dé
una cadencia en su labor como actor y en la creación de sus personajes. Para Ion Cojar el método de actuación significa:
El camino y proceso actoral o conjunto de procedimientos mediante los cuales se puede llegar a conocer el objetivo,
a descubrir las propias soluciones a todas las situaciones y
problemas, a las propias verdades, objetos y sujetos, sobre las
cosas. (1998, p. 12).
Es por ello por lo que Cojar puso un gran esfuerzo en renovar la escuela teatral rumana, buscando un verdadero sentido de
la actuación, pretendiendo fomentar que el arte de la actuación es
una disciplina que se categoriza como divina, muy pura y que solo
tiene validez si es verdadera; para ello requiere ser trabajada con el
máximo detalle y respeto.
Ion Cojar sostiene que el trabajo del actor es transformar la
convención en una realidad psíquica-objetiva, pues el actor debe
conocer bien la convención teatral, asumir el personaje con su bagaje personal (situaciones dadas) para poder trabajar con la materia
psicológica, que de forma natural y orgánica determina las conductas adecuadas a través de la investigación, la experimentación y la
práctica.
Ion Cojar dejó en su libro Una poética sobre el arte del actor
la tesis en la cual sostiene que: “Actuar es una forma de pensar” en
primer orden y, en segundo orden, una forma de “hacer” (p. 250).
En la actuación, los temas del ejercicio y el rol son convenciones de
sistemas semióticos (p. 19) que se comunican literalmente y que el
actor asume a través de la imaginación sustitutiva, transformándolos en sistemas materiales, en realidad sensible, concreta, objetiva
y dinámica expresada en la conducta. Y el milagro escénico, que

�METHAMORTHEORIS

es objeto de experimentación en el taller de arte del actor. Es por eso
por lo que, en el trabajo del actor, el intérprete tiene que separar muy
bien lo que en su sistema ha llamado el principio de unidad orgánica,
entre la vida interior de la psique humana y la vida exterior del cuerpo.
Así como el método de Stanislavski de las acciones físicas o mágicas,
que Cojar retoma para que constituyan su tesis fundamental para su
sistema y que excede con mucho un aspecto particular y restringido de
la pedagogía actoral. Por ello el actor debe iniciar su trabajo y proceso
creativo desde el punto de vista más sincero y honesto, el actor debe
estar muy pendiente de su personaje y trabajar en su escenario, buscando la fidelidad con la naturaleza más orgánica en la construcción
de su personaje. Por lo tanto, el subconsciente requiere estar despierto y un actor debe estar atento, con todos sus sentidos abiertos, para
comprender el carácter de su personaje y conocer su propia psicología
interna.
Cojar argumenta que los procesos psíquicos no se repiten y no
pueden ser iguales, no pueden ser tipificados o formalizados, nunca
llegan a ser idénticos, porque tienen los límites muy estrictos de una
sola forma, admitiendo que las grandes escuelas de arte dramático del
siglo XX fueron las que marcaron al mundo, empezando por el sistema de Stanislavski, el “método” de Lee Strasberg, o las búsquedas
de Meyerhold, Michael Chéjov, o Grotowski, que sentaron la base de
la obra del actor y el principio de un método, el principio de unidad
orgánica, formulado por Stanislavski, posteriormente asumido y desarrollado por todos aquellos que buscaban descubrir los caminos hacia
ese centro único (Cojar, 1998, p, 44).
En Rumanía, aunque llegó el sistema stanislavskiano, el arte dramático se ha desarrollado con gran distinción y prestigio, quizás tomando mucho de la escuela rusa, pero sobre todo aspirando a diferentes corrientes artísticas que han logrado consolidarse en su territorio,
con una técnica única que busca la verdad en escena y en lo estético;
independientemente del género o estilo, todo trabajo teatral tiene que
ser orgánico y estar vivo.
Cojar apoyó tres proposiciones –hipótesis– que contienen la verdad integral sobre el fenómeno de la creación específica por parte del
actor en sus procesos creativos:
1. El arte del actor es una forma de pensar.
2. El arte del actor es ante todo un mecanismo lógico específico.
3. El arte del actor es una forma de hacer (1998, p. 39).
Este legado fue el que impulsó a Cojar a desarrollar una pedagogía unificada, que tuvo como hilo conductor a la “verdad” como
equilibrio en la obra del actor y la define de manera muy sencilla en
el siguiente esquema: “Actor- el que actúa: ‘actio-actionis- actuarago-agere -hacer’- El que hace” (1998, p. 41). Actor es, por tanto, para
Ion Cojar, el que “hace y actualiza” potencialidades virtuales latentes
desde la esfera de lo posible. Esta definición es esencial para entender
el objetivo central del profesor Cojar sobre el arte del actor.
La lógica específica del actor, en la concepción de Ion Cojar, en
oposición a la lógica binaria clásica, exige al hombre la promesa, que
predicará sobre la solución para el actual proceso de alienación. También exige al actor que sea social, que viva en el espectáculo de su
vida, lo que a su vez exige al actor de teatro permanecer vivo en la representación teatral –más que una técnica real–, es un modo de pensar,
un mecanismo lógico específico (Iliese, 2014-2015):
el actor siempre ha basado su fe en una forma natural y en un
tipo diferente de pensamiento, en un mecanismo lógico distinto
al de la lógica binaria clásica, en una mentalidad peculiar, que le
permite superar los límites impuestos por la lógica formal (Cojar,
1998, p. 27).
El actor entonces debe crear una realidad. Imitar a la vida utilizando su capacidad de imaginación y creatividad, acto que tanto Cojar

como Stanislavski o Héctor Mendoza en México consideran puede
compararse con un acto metafísico, o como lo llamaría más tarde Alejandro Jodorowski4, un acto psico-mágico, un fenómeno milagroso a
través del cual se cumplen todos los aspectos de la creación y recreación del personaje vivo, en un concepto específico que según Cojar
podría llamarse “Un personaje asumido por el actor”. En su libro, Ion
Cojar señala que: “Los fenómenos psíquicos no tienen un desarrollo
lineal, no siempre tienen motivaciones, causas que podamos establecer” (p. 1998, p. 121). El problema no es qué o cómo hace el actor
para que a él le suceda este milagro, porque, entre el “le pasa” o el “no
le pasa”, nada esencial es la diferencia entre la verdad y la falsedad,
entre la autenticidad y la artificialidad del acto escénico. Debido a
esto, el actor debe ser muy cuidadoso con sus sentidos, su memoria y
su predisposición a crear, siendo una línea muy fácil que puede posponer lo que el actor se ha propuesto,

“Él no crea, pre-hace
y finge” (Cojar, 1998, p. 44).
Para Cojar, la distinción entre lo que es verdadero y lo que es
falso, lo que es artificio y lo que es artificial, se mostrará al final en
el escenario. Aquí la psicología jugará un papel muy importante, Cojar apela al carácter psicológico y a su comprensión para arrebatar la
creatividad de una manera más amplia, las creaciones auténticas son
naturales y se convierten bajo la acción de las leyes de la unidad y
los fenómenos sincréticos, pues son totalidades humanas dinámicas y
contradictorias. Las teorías psicológicas más antiguas del significado, construidas enteramente sobre principios asociacionistas, han sido
responsables de degradar la importancia dada a los procesos probabilísticos de asociación en la vida mental de cada uno de nosotros (1998,
p. 45). Esta idea marcará la fundamentación de Cojar y lo guiará en
todo el desarrollo de su método de trabajo, que se manifestará en su
obra artística y en su pedagogía tan reconocida en toda Rumanía y en
el mundo teatral de Europa.
Según Stanislavski, el propósito principal del actor es “crear la
‘vida del espíritu humano’ del papel” (1955, p. 48). Esta forma de
trabajar es la única que aleja al actor de su trampa del “¿cómo?”, al
mismo tiempo, es la única que permite a los actores aprender sobre
cuál es su camino para encontrar y construir el personaje. La búsqueda de fórmulas de éxito como objetivo del trabajo del actor fue vista
como dañina tanto por Ion Cojar, quien lo niega, como por la que pone
contra la pared el sistema de aprobación o desaprobación que suprime
la libertad personal, como lo hacen teóricos y practicantes teatrales
no naturalistas como lo pueden ser; Bertolt Brecht, Jerzy Grotowski
o Antonin Artaud.
Para Ion Cojar hay que dejar que el actor descubra, el profesor o
el director debe convertirse en un compañero de trabajo, y el método
más accesible e ineludible en cuanto a la preparación escénica es el
del juego teatral y la improvisación, es decir, la experimentación y
la práctica (Iliese, p. 209). En el pensamiento de Cojar se deben utilizar formas de trabajo que permitan principalmente al actor pensar,
obligarlo a pensar, a reaccionar espontáneamente, a permanecer vivo
respetando las reglas y las convenciones. El juego y la improvisación
representan el contexto de aprendizaje incipiente de este mecanismo
lógico específico y este, una vez asimilado, será aplicado siempre que
sea necesario en el proceso escénico y en la construcción del personaje (Iliese, 2013, p. 210).
Alejandro Jodorowsky Prullansky (1929) es un artista y psicólogo chileno de origen
judío ucraniano, nacionalizado francés en 1980. Entre sus múltiples facetas se encuentran
las del escritor y director de cine. Junto con Roland Topor y Fernando Arrabal fundó el
movimiento del teatro pánico. Sus aportaciones más populares son el cine de vanguardia
(10 películas en 60 años, entre 1957 y 2018), el cómic francófono (más de doscientos en
medio siglo), el teatro pánico, entre 1960 y 1972, y la psicomagia desde mediados de los
ochenta hasta la actualidad. En 1960 emigró a México y luego en 1972 a Nueva York, Estados Unidos, y desde finales de 1974 vive en Francia. La psicomagia es una técnica creada y ejercida por Jodorowsky, que tiene como objetivo servir como “curación espiritual”.
Según él, tiene sus raíces en el chamanismo, el tarot, el psicoanálisis y el efecto del teatro.

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Camaleón arte escénico | 15

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La diferencia entre verdad y falsedad en el arte del actor
auténtico radica en la clara diferencia entre “ser” o “no ser”
dentro de un acontecimiento esencial (Cretu, 2014, p. 151). El
hombre racional es el hombre incompleto, truncado, que sufre
de su propia voluntad de poder que surge de la falta de comprensión profunda y, respectivamente, de una conexión defectuosa
con la realidad falsificada, conexión con la imagen y no con
la verdad unificadora y completa, de la mala interpretación del
rol a partir de afuera, del “¿cómo?”, y no desde el concepto.
Paradójicamente, el hombre de racional sólo comprende parcialmente su papel, y lo que no comprende, lo que no penetra,
lo atormenta constantemente, porque “la individualidad humana
es la que forma por y según los principios de la creación, y no
se reduce a la razón” (Durand, 2006, p. 43). Cuando el filósofo
se convierte en el filósofo, cuando el artista se convierte en el
artista, el sacrificado es el hombre, y la confusión que se hace
es la que existe entre identidad y rol. Recordemos ese “Actor =
Persona” de la poética de Ion Cojar, que prohibía al actor perderse en su papel, para poder seguir vivo (Iliese, 2014-2015).
Ion Cojar sostiene que todos los personajes están en nosotros
mismos, porque en cada individuo se concentra la esencia de la
existencia (Cojar, 1998)

Conclusiones
Para Cojar el fenómeno de la creación específica del actor: “Es una forma de pensar. El arte del actor es, ante todo,
un mecanismo lógico específico. Sólo en segundo orden el arte
del actor es una manera de hacer” (1998, p. 153). El actor es
aquel que actualiza las potencialidades virtuales latentes desde
la esfera de posibilidad de su propia individualidad polifónica,
el actor “auténtico” realiza, trae al reino de la realidad lo que es
sólo potencial. El personaje del texto dramático es un posible
modelo que se nos comunica a través de signos literales, por
lo que no es más que un sistema semiótico. Para convertirse en
un sistema material, vivo, “debe ser creado, encarnado, traído a
la realidad” (1998, p. 155), escribió Cojar. La diferencia entre
verdad y falsedad en el arte del actor auténtico radica en la clara
diferencia entre “ser” o no ser” dentro de un acontecimiento
esencial (Bogdana, 2014, p. 151).
El profesor Cojar afirma que el camino hacia él (personaje)
pasa por mí (el actor). En el momento en que me encuentro a
mí mismo (es decir, me convierto en el yo inconfundible), pueden existir los posibles otros (¿muchos? ¿o pocos?) dentro de
mí. Sólo asumiéndome primero a mí mismo asumo también las
dimensiones del otro hacia el que me dirijo (1998 pp. 152-153).
Ion Cojar afirma que el universo de las experiencias interiores
de los personajes sólo puede conocerse esencialmente a través
de la propia experimentación, el único camino que puede tomar
un actor auténtico es través del sacrificio de la autoexperimentación, que debe ocurrir cada vez, con cada comienzo del ensayo,
porque el descubrimiento de otras identidades o estructuras humanas, lo que está llamado a asumir, y a quien sustituye, sólo
se realiza, paradójicamente, por su propia individualidad y por
su propia “totalidad” psicosomática.
El arte del actor es la invención y el descubrimiento,
es ficción y al mismo tiempo verdad. El genio del actor no
solo inventa, sino que descubre, no compone a partir de
partes, no ordena, sino que revela, actualiza potencialidades preexistentes e inagotables dentro de él. (Cojar, 1998,
p. 74)
El arte del actor auténtico ofrece la posibilidad de redescubrir una verdad elemental, a todos los niveles, psíquico, somático y físico. Esto también puede definirse por el principio
integrador de Stanislavski (1955): “De la verdad externa de la
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vida del cuerpo a la verdad interna de la vida del espíritu” (p. 53).
Según Stanislavski, la verdad se encuentra en lo más profundo
del alma del actor. La verdad expuesta agitará la emoción a través
de lo inesperado, a través de la conexión con las profundidades
olvidadas del pasado, a través de los hitos de los que vendrán y a
través de la novedosa lógica de la vida (Darie, 2014, p.154). Bogdana (Cretu) Darie, profesora de actuación y Decana de la Facultad
de Teatro de la UNATC, sostiene que estos estados de ánimo, no
especificados en palabras, tales como: alusiones, presentimientos,
estados contradictorios, etc., estarán en compañía de nuestras grandes preguntas, inquietudes, sufrimientos, convicciones religiosas,
etc., son sin duda un campo sensible del que podemos partir en
dos coordenadas: o bien hacia el ardor de sentimientos a partir del
cual se concibe una creación memorable, o bien hacia la tranquilidad, lo que lleva a la cancelación artística, para ello debemos
encontrar un equilibrio incondicional entre el talento, la intuición
(por un lado) y la técnica de interpretación (por otro).
Sólo así aparecerá la creación. Solo así las impresiones en
el espectador serán únicas, inconfundibles, irrepetibles, psíquicamente se puede decir que todos los actores se alimentan de las
impresiones y sensaciones que conservan en su memoria afectiva o
intelectual. Todo esto se procesa en el subconsciente con la ayuda
de su fantasía artística (Darie, 2014, pp. 155-156). Esta es la base
del sistema stanislavskiano que consiste, como él mismo declara, en resaltar la naturaleza orgánica del actor. Esencialmente, el
principio stanislavskiano implica un conocimiento profundo de la
realidad inmediata y, después de decodificar cualquier situación
dramática, asumiéndola a partir de lo real, el profesor Ion Cojar
sostendrá esta opinión, añadiendo que el verdadero creador debe
apelar a la dimensión cultural de su personalidad, a la combustión
interior y a todo el universo personal de sentimientos, sensaciones
y sentimientos. Sólo ellos pueden determinar una creación artística
valiosa (Darie, 2014, p. 157).
La técnica y la teoría de Ion Cojar es una herramienta maravillosa que hay que poner en práctica, merece una extensión
para conocer el valor que dejó en el teatro rumano. Es curioso que
el método de Cojar tenga muchas similitudes con el método del
maestro Mendoza de México. Estas técnicas y métodos nos ayudan a comprender un esquema teatral y un alfabeto que marcaron
la forma de interpretar en dos latitudes diferentes del mundo, que
siguen latentes y son usadas, fomentando un pilar en las técnicas
teatrales de nuestros días.
Referencias

Cretu (Darie), B. (2014). Conocimiento del mecanismo específico. Revista Concepto, 8(1) 150-157 https://es.scribd.com/doc/316964714/Concept-08
Cojar, I. (1998). Una poética sobre el arte del actor. Editorial Paideia.
Durand, Gilbert, (2006) La ciencia sobre el hombre y la tradición, Ed. European
Idea.
Iliese, Anca. (2014-2015). Diferencias entre forma y fondo. Revista Concepto,
9-10(1) 63-61 https://es.scribd.com/document/269332812/Concept-vol-9-10nr-2-2014-si-nr-1-2015
Iliese Anca. (2013) Diferencias entre forma y fondo. Revista Concepto, 6(1) 208-212
https://es.scribd.com/document/149857307/Revista-Concept-Nr-6
Rotaru D. (2018). El actor rumano entre la teoría y la práctica. Ed. UNATC
PRESS.
Stanislavski, K. S., (1955). El trabajo del actor consigo mismo. ESPLA.
Fuentes de consulta
BEŢIU, M. (2018). Elemente de analiză a procesului scenic. UNATC Press.
Jicman, A. (2016-2017). La opción teatral. Revista Concepto, 13-14(2-1)
Stanislavski, K. (2013) El trabajo del actor sobre sí mismo. Grupo Editorial Tomo.
Stanislavski, K. (2014) Manual del actor. Grupo Editorial Tomo.

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EL FARO Y LA RUINA, PRÁCTICAS
PERFORMÁTICAS Y ESPACIO PÚBLICO
Por Susana Alanis

T

oda ciudad guarda en sus entrañas la memoria de varias generaciones. Esta memoria se sostiene
en las narrativas orales, las grandes edificaciones y las prácticas artísticas. El faro y la ruina de
Gabriel Cázares fue una obra que consistía en una instalación y una acción performática y estuvo
conceptualizada territorialmente en la zona de la Macroplaza (ubicada en el centro de la ciudad de Monterrey,
N.L. México). A través de la pieza reflexionamos sobre el pasado, presente y futuro de este espacio. ¿Qué
perdura de aquello que habitó el espacio de lo que ahora es la Macroplaza?
El presente es un ejercicio dividido en diez reflexiones sobre el proceso creativo al colaborar con la acción performática en la intervención viva de Gabriel Cázares para la IV Edición del Programa de Arte Público
de Las Artes Monterrey para el Festival Internacional de Santa Lucía: “Habitar de otra forma: el espacio público desde el cuerpo”. La invitación de este ensayo es reflexionar sobre las diversas prácticas performáticas
ejecutadas en la Macroplaza y la forma en que estas nos ayudan a sostener memorias culturales y colectivas.
1. El faro y la ruina de Gabriel Cázares
Hace tiempo empecé a seguir el trabajo del colectivo Tercerunquinto, del cual forma parte Gabriel Cázares, por lo que cuando recibí su invitación a colaborar, me emocioné muchísimo. Me mandó la descripción del
proyecto y el texto que había escrito para la pieza. Una parte de la descripción versa así:
El faro y la ruina es una reflexión anclada en la geografía de la Macroplaza y la historia de su creación,
particularmente la de dos de sus edificaciones y su devenir en el tiempo: La primera, la del emblemático
Faro del Comercio, diseñado por el estudio Barragán y Ferrera, el cual sintetiza en su construcción la
representación de los valores morales y culturales del empresariado regiomontano de la época y las formas en que se emplazaron al espacio público para, como una brújula, guiar a la población de la ciudad de
Monterrey en su visión moderna de progreso. La otra, del arquitecto Oscar Bulnes Valero, el abandonado
Centro Comercial Gran Plaza, que en su momento de mayor vitalidad ejemplificó uno de los rasgos que
mejor representan la economía en las ciudades prósperas; el consumo de bienes. (Cázares, 2021, párr. 2)
2. La Macroplaza de Monterrey
La Macroplaza es un espacio que mide alrededor de 300 mil metros cuadrados, siendo la cuarta plaza más
grande del mundo (Paseos Monterrey, 2022). En este gran parque central de la ciudad, al cual también se le
conoce como “la Macro”, se pueden encontrar vendedores ambulantes, artistas callejeros, ferias de artesanías,
exposiciones gastronómicas y celebraciones culturales como el Festival Internacional Santa Lucía, entre otras
actividades.
La Macroplaza constituye un elemento identitario para los habitantes de la ciudad de Monterrey. En la
Macro también se pueden identificar áreas del gran espacio con vocaciones muy específicas como, por ejemplo, la zona ubicada frente al Palacio Municipal. Esta área ha sido tomada en diversas ocasiones para manifestaciones de carácter social y político como las marchas feministas, protestas de docentes por disminución de
prestaciones, marchas por la paz, etc. Asimismo, hay otra área pública dentro de la Macroplaza ubicada en la
llamada Plaza Zaragoza, debajo del antiguo Palacio de Gobierno. Esta área techada es comúnmente utilizada
para eventos gratuitos de baile para personas de la tercera edad.
Del mismo modo en que encontramos estas áreas específicas dentro del gran espacio, también hay microespacios que parecieran funcionar solo como espacios de tránsito. El filósofo Marc Augé les denominaría
“no lugares” (2008) y, aunque tal vez podrían considerarse lugares por su carácter relacional con la Macroplaza, se perciben también como “espacios de nadie” porque las personas no se quedan ahí, solo pasan caminando. El mismo Augé habla de estas formas no puras de observar los espacios:
El lugar y el no lugar son más bien polaridades falsas: el primero no queda nunca completamente borrado
y el segundo no se cumple nunca totalmente: son palimpsestos donde se reinscribe sin cesar el juego
intrincado de la identidad y la relación (p.84).
Asimismo, Augé toma como referencia a Michel de Certeau, quien propuso nociones de lugar y de espacio. “El espacio, para él, es un ‘lugar practicado’, ‘un cruce de elementos en movimiento’: los caminantes
son los que transforman en espacio la calle geométricamente definida como lugar por el urbanismo” (Augé,
2008, p. 85).

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Cázares conceptualizó la obra El faro y la ruina en dos momentos.
El primero era una intervención al espacio público que constaba de tres
esculturas metálicas colocadas en un pasillo, ubicado al término de la
Plaza Zaragoza, dentro de la Macroplaza. A través de dichas esculturas
en forma de barras y montadas a una altura cómoda para sentarse, Cázares buscaba convertir ese espacio de tránsito o “no lugar” (Augé, 2008)
en un espacio para la estadía y el convivio o un “lugar practicado” (de
Certeau, 1996).
El segundo momento es una acción performática que considera
“las narrativas de la geografía urbana de la Gran Plaza por medio de la
lectura del cuento El faro y la ruina” (Cázares en Alanis, 2021a) escrito
por el artista con la intención de que fuera leído por una actriz en ciertos
días durante seis semanas.
Leí el cuento. Me pareció muy interesante la mezcla de elementos
ficcionales con la historia de la construcción de la Macroplaza y el tono
poético del texto. Sin embargo, en términos de material para la escena,
me preocupaba que podría sentirse largo. ¿Qué hacer en estos casos?
3. Creación partiendo del acto de caminar
Un sábado, Gabriel vino a Monterrey y nos reunimos en la Macroplaza para intercambiar algunas ideas. Llegamos y decidimos hacer un
ejercicio de caminata de la misma manera en que la harían los artistas
del movimiento situacionista, es decir, a la deriva (Gilles, 1953) . A
pesar del sofocante calor que todavía se siente a las seis de la tarde, las
áreas cercanas al pasillo en donde se colocaría la pieza estaban llenas de
vida: vendedores ambulantes, payasos, turistas, botargas, un pequeño
carrusel y hasta servicios de masaje y lectura de cartas.
Walkscapes: Macroplaza de Monterrey.

Nota. Fotografía por Susana Alanís
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Viendo la atención que acarreaban los hombres de la cara pintada y nariz roja, el curador Rubén Gutiérrez lanzó una frase retadora:
“Mira, ellos serán tu competencia”. Eso parecía. Pero el plan no era
hacer teatro de calle, ni cuentacuentos, ni declamación. El faro y la
ruina no era necesariamente material de entretenimiento, dada su naturaleza reflexiva con sentido crítico. Ciertamente la acción convocaría
a algunas y algunos espectadores a reunirse, escuchar y pensar, pero
los procedimientos de dicha convocatoria no podrían ser los mismos
a los utilizados por los artistas de la calle, porque la intención no era
la misma. Platiqué con Gabriel sobre algunas implicaciones de estas
teatralidades y las diferencias que observaba con lo que habíamos platicado previamente del proyecto. ¿Cuáles serían los procedimientos que
debíamos utilizar para que la acción potenciara la poética de la pieza
colocada en un pasillo de la Plaza Zaragoza dentro de la Macroplaza
entre los meses de septiembre y octubre de 2021?
4. Propuestas y creación colectiva (el texto)
Primeramente, dialogamos sobre los objetivos de la pieza y de la
exposición. Luego, intercambiamos algunas ideas sobre el tratamiento
del texto. Le sugerí a Gabriel cambiar algunos detalles de la redacción.
Por ejemplo, sustituyendo el tiempo pasado por tiempo presente. Considerando que esa es una de las diferencias principales entre el texto
literario y el texto dramático, pensé que sería menos interesante para la
audiencia ver y escuchar una narrativa sucedida en el pasado que una
acción que estuviera ocurriendo en el presente, ya que en el primer caso
se le intenta dar vida a una palabra por medio de la voz, mientras que
en el segundo la acción sucede a la par de que se está transmitiendo la
palabra. Entre los dos pulimos los últimos detalles del texto mientras
pensábamos en ideas de montaje.

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Ensayo de El faro y la ruina

Nota. Fotografía por Samuel Cepeda

El texto no es un monólogo ni está dicho por un personaje. El texto
habla sobre la memoria del espacio y de los objetos. Y de cómo los
cuerpos habitan y conviven con este espacio particular del centro. Definitivamente, un procedimiento de actuación realista no podría caber
aquí. En palabras de Gabriel:

Sentirlo. “Habitarlo desde el cuerpo”. Hice apuntes, tomé fotografías y platiqué con quienes estaban ahí, tomando en cuenta lo dicho por
el artista Francesco Careri sobre el “espacio líquido”: “el acto de caminar sería la única manera para encontrar y aprender nuevos territorios
(Careri, 2002, p. 30).

En todo caso El faro y la ruina es un cuento sobre edificios que
desaparecen y otros que se mantienen en pie mientras se desdibujan sus significados seguramente con el paso del tiempo. Así como
sucedió primero con las antiguas casonas de sillar y el abandonado
centro comercial Gran Plaza, el Faro terminará por perder irónicamente su sentido, pero hasta entonces seguirá funcionando como
señero. Seguramente este cuento, mitad ficción y mitad realidad,
también se desvanecerá en las mentes de los oyentes; imagino la
narración oral de esta historia desapareciendo cuando nuevamente
se modifique el espacio que la contuvo. (Cázares en Alanis, 2021)

Posteriormente, platiqué con la artista y comunicóloga Nallely de
la Cruz, quien ha estado investigando sobre la historia de los payasos
en Monterrey. En un principio, para mí era muy evidente la distinción
entre estas acciones artísticas realizadas en la calle. Sin embargo, aquella frase retadora de Gutiérrez: “Ellos van a ser tu competencia”, me
hacía pensar en las implicaciones políticas que ambas formas escénicas
compartían. En ambas acciones se pone el cuerpo en el espacio público y se produce lo que Aristóteles definió, hace más de dos mil años,
como poíesis, entendiendo por esta al “nuevo ente que se produce, y
es, en el acontecimiento a partir de la acción corporal” (Dubatti, 2011,
p. 38). A esta definición, el filósofo Jorge Dubatti le complementa con
una función específica de la poiesis, la cual consiste en la instauración
ontológica, es decir, “poner un acontecimiento y un objeto a existir en
el mundo” (p.39).

5. Propuestas y creación colectiva (la acción)
Desde mi perspectiva, tendría que haber objetos con los cuales yo
pudiera interactuar. Le propuse a Gabriel que trabajáramos con materiales como gis y agua, por su cualidad efímera que podría metaforizar las
huellas de la memoria urbana. Pensamos también en usar ladrillos que
pintaran el piso y se fueran deshaciendo.
Pensé en la importancia del texto como objeto artístico, por lo que
decidí proponerle a Gabriel llevar a cabo algunos procedimientos de
la lectura dramatizada. Por ejemplo, no despegar la vista del texto o
incluir al texto en las acciones. En lugar de narrarlo de memoria como
juglar, lo leería realizando acciones que complementaran las ideas escritas. De esta manera, quizá se potenciaría más la poética de la obra
puesto que la protagonista de la acción sería la narrativa y no quien la
iba a contar. Así, había muchas ideas, pero no lográbamos concretar la
acción. Nos dimos un tiempo para pensar. Gabriel se regresó a CDMX
y quedamos de vernos después por videollamada.
6. Habitar el espacio público desde el cuerpo
Durante esos días me di a la tarea de caminar por el espacio. Nuevamente, utilizando ese concepto del movimiento situacionista: la deriva (Gilles, 1953). Me dediqué a explorarlo. Verlo. Escucharlo.

La construcción poética implica una presencia extracotidiana en
el espacio. Dicha presencia extracotidiana moviliza las miradas y las
formas de crear y habitar el espacio. Dubatti sostiene que “esta tensión
ontológica entre la entidad del mundo cotidiano y la nueva presencia
extracotidiana del ente poiético es el atributo político más potente del
arte” (p.75). Y yo le agregaría, el significado territorial del espacio público, pues hablamos de un espacio céntrico, identitario y sede de movimientos sociales y políticos para los regiomontanos. Dicho así, estas
acciones no solo acontecen teatralmente creando “un mundo paralelo al
mundo” (Aristóteles en Dubatti, 2011, p. 68), sino que, en su acontecer,
su construcción poiética puede resignificar la narrativa del espacio público interactuando y cocreando nuevas narrativas con quienes asumen
propio dicho territorio.
Entre lo observado en mis caminatas y lo que la artista Nallely de
la Cruz me compartió sobre la teatralidad del payaso en la Macroplaza,
la distinción entre performances me pareció mucho más clara. A través
de una comparativa de poéticas (Dubatti, 2011) entre la performance de
los artistas callejeros y la propuesta performática trabajada con Cázares,
se explicarán algunos procedimientos que se utilizaron para el proceso
creativo de la acción performática de El faro y la ruina.

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7. Poner el cuerpo en la plaza: Comparativa de poéticas
De la Cruz (Alanis, 2021b) explica que se le llama hacer plaza
cuando un payaso o una payasa presenta una rutina en un espacio público, y a ellos se les denomina payasos de plaza. De acuerdo con la artista, la plaza está muy peleada, sobre todo los espacios de la Macroplaza
que están frente al Teatro de la Ciudad y la Plaza Zaragoza. Los horarios
estelares empiezan aproximadamente a las cinco y terminan alrededor
de las diez de la noche. Estos horarios solo pueden ser ocupados por los
artistas callejeros de mayor trayectoria, los demás deben de presentarse
en otros horarios y en otros lugares no tan transitados. Algunos de los
elementos más distintivos de la poética son el inicio, el tono, la improvisación, la relación entre ejecutante y personaje, el uso del espacio, el
uso de utilería y vestuario y el final.
Inicio
Los inicios de las intervenciones del payaso de plaza en la Macroplaza de Monterrey son estruendosos. Por lo general, se dan tres
llamadas para atraer la atención de los transeúntes. Para ello, las y los
ejecutantes se valen de toda clase de recursos como gritar, utilizar un
silbato, un megáfono, tocar algún instrumento musical, decir un chiste,
hacer una acrobacia, etc. La intención de esto es capturar la atención de
las y los transeúntes que van pasando, dado que las personas que pasan
por ahí no necesariamente tenían la intención de ver teatro.
El estruendo sucede para que, cuando las personas volteen, se sorprendan con algo gracioso y decidan quedarse. Se constituye en una
micropolítica violenta, pero absolutamente complaciente, porque todas
las acciones están al servicio del público.
Para El faro y la ruina no era necesario un inicio de esta naturaleza.
Por el contrario, buscábamos que la acción dialogara y hasta cierto
punto se fundiera con su entorno. En este caso, la micropolítica buscaría
más compartir una reflexión con quien especta, no necesariamente una
risa. No importaría que hubiera una, dos o muchas personas cerca. Tampoco importaría que las personas decidieran quedarse o irse. La acción
sirve más al espacio que al transeúnte. Por ello, la acción del transeúnte
sobre quedarse o irse también le sumaría a la pieza.
Tono
Al observar las prácticas escénicas de los cuentacuentos, declamadores y ejecutantes de teatro de calle en la Macroplaza, me di cuenta de
que se dirigían a su público en un tono extracotidiano, con movimientos
exagerados y volumen de voz muy alto. En la mayoría de las ocasiones,
se intentaba mirar a los ojos a las/los espectadores para que se sintieran
atendidos y que siguieran prestando su valioso tiempo y atención.
Para El faro y la ruina el tono debía ser diferente. Más cotidiano,
menos complaciente con quienes observaban. Incluso, con pocas miradas hacia los ojos de la audiencia. Con una intensidad de voz lo suficientemente fuerte para que el sonido incidiera en el espacio que abarcaban dos de las tres esculturas, es decir, las que estaban más juntas.
Por ello, insisto, tanto la decisión de quedarse, como la de irse de las y
los espectadores, eran acciones que sumaban al proyecto, pues de esta
manera era como ellas y ellos estaban conviviendo con el espacio y, por
lo tanto, participando de la acción.
Uso del texto
En el caso del teatro de calle, hay mucha oportunidad para la improvisación. De acuerdo con De la Cruz (Alanis, 2021b), en ocasiones
en lugar de texto hay solo una pauta, otras veces el texto se va creando conforme se van planeando las acciones. En los cuentacuentos y
la declamación el texto podría ser un poco más importante que en el
primer caso. En ese sentido, el uso del texto en El faro y la ruina podría
parecerse más a estas manifestaciones. Sin embargo, en ellas el texto

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Camaleón arte escénico

solo está presente por medio de la voz y el cuerpo de quienes ejecutan
la práctica escénica. En nuestro caso, el plan no era ese. El texto escrito
para El faro y la ruina formaba parte de la pieza, es decir, la presencia
del texto era necesaria. Y no solo a través de la voz y el cuerpo, sino
también como elemento objetual artístico. De acuerdo con lo que platicábamos, el uso del texto me sonaba más a una lectura dramatizada. En
ellas, el texto es el protagonista. Sin embargo, lo estuvimos trabajando
para que tuviera más cualidades escénicas.
Relación personajes – ejecutante y espacio – texto
En El faro y la ruina el personaje central era el espacio y el texto
sobre él. Por ello era muy clara la diferencia con las otras manifestaciones, donde el ejecutante interpreta uno o varios personajes, utiliza matices de voces y corporalidades diferentes a la propia para cada personaje,
etc. Para el performance de El faro y la ruina la pregunta era: ¿cómo
interpretar el espacio? La respuesta la dio la caminata: se interpreta el
espacio habitándolo. ¿Cómo hacer de la relación entre espacio y texto
el personaje central? La relación personaje-ejecutante debía ser interpretada desde otro lugar.
La narrativa oral se puede hacer en cualquier lugar. No se necesita
de un edificio teatral ni de un espacio específico para ser representado.
En cambio, la acción de El faro y la ruina estaba planeada para ser un
acontecimiento territorializado –en el sentido dubattiano (2011)– en ese
sitio particular en el que estaban colocadas las piezas escultóricas. Es
decir, ese espacio cercano al Faro del Comercio. Ese espacio del centro
de la ciudad que ha ido transformándose y que ahora es lo que vemos
y habitamos. Por ello podemos decir que la pieza estaba constituida
territorialmente. Si ocurriera en otro lugar o en otras circunstancias,
perdería una parte de su potencia poética.
Presencia, vestuario, utilería y tecnología
Las prácticas performáticas que estuve viendo en la plaza ejecutadas por artistas callejeros implicaban un colorido vestuario y maquillaje
especial que atraía la mirada de los transeúntes hacia lo extracotidiano
y lo brillante.
Al estar “haciendo plaza” se tiene que estar presente de una manera
muy grande. Alerta a los estímulos que la gente te da, para tomarlos
y hacerlos parte de la rutina. La gente quiere que la vean y quiere
jugar. Por eso, cada estímulo puede ser un detonante para la interacción. Yo los veo como girasoles grandes que buscan reflejar la
luz del sol. (De la Cruz en Alanis, 2021b)
Para El faro y la ruina el vestuario no tendría por qué ser
extracotidiano. No habría utilería. Y el uso de la tecnología no tendría
ninguna intención de cautivar al público (como en los otros casos en
que se utiliza megáfono, por ejemplo). Dada la cualidad efímera de la
acción, decidimos realizar una grabación del texto y colocarla a modo
de código QR, como parte de la pieza. Este código podría escanearse
en cualquier momento por cualquier persona que pasara por ese lugar y
decidiera utilizar su dispositivo móvil para activar el audio mientras la
persona caminaba por el espacio. La memoria del texto quedaría en la
memoria física del transeúnte y/o de su dispositivo personal.
Final

En el caso del teatro de la calle sus ejecutantes esperaban
aplausos y monedas. Incluso, según De la Cruz (Alanis, 2021b), hay
técnicas para pedir limosna. En nuestro caso era diferente. El final de
El faro y la ruina buscaba detonar reflexiones en torno a la memoria, la
observación a detalle del espacio y el diálogo entre quienes participaron
de la acción.

�METHAMORTHEORIS
Walkscapes: Familia debajo de la escultura del trabajador.

8. Diseño de la partitura de movimiento
Después de estas reflexiones volví a los apuntes que había
realizado en la exploración del espacio. Recordé algunas imágenes que
capturaron mi atención. Rescato las siguientes, que nos ayudaron a darle cuerpo al texto:
• Bajo la escultura del hombre trabajador, una niña estira su
cuerpo para intentar alcanzar el pie del personaje (vi en esta
acción la metáfora del esfuerzo infinito que se promueve con
la cultura del trabajo en Monterrey. La ilusión de avanzar y
progresar hacia algo que no es real.).
• Un hombre comienza a predicar el evangelio de Cristo. Lleva
conocidos que cantan y que alientan al público a quedarse a
escuchar el sermón.
• Escucho un instrumento de aliento. Un hombre está soplando
un schofar cerca de la cabeza de otro hombre que tiene los ojos
cerrados. Por el estado de concentración de ambos hombres,
su caracterización y el acto de quien cierra los ojos esperando
recibir algún tipo de energía, interpreto que es un ritual contra
las malas vibras.
• En otros lugares del mismo escenario, varias personas se toman selfies en un esfuerzo por capturar momentos vividos en
ese espacio.
Walkscapes: Persona tomando selfie/ Niños en triciclo.

Nota. Fotografía por Susana Alanís

Nota. Fotografía por Susana Alanís

Nota. Fotografía por Susana Alanís
Walkscapes: Niño caminando/ Persona con maletas.

• Los niños juegan con un triciclo. El menor intenta manejarlo, mientras el mayor se divierte sosteniendo el triciclo desde
atrás, ejerciendo presión hacia abajo y dejando al menor pedaleando en el aire. (Nuevamente vi, en el menor, la ilusión
de querer avanzar y la relación de poder que era evidente,
pues el mayor jugaba aprovechándose de su fuerza.).
• Sobre una barda no muy elevada, un niño con síndrome
de Down camina lentamente jugando al equilibrio mientras
su padre lo acompaña a un lado, cuidándole para que no se
caiga.
• Una mujer lee las cartas frente a un grupo reducido de personas.
• Un joven se esconde en los arbustos para orinar.
• Los vendedores ofrecen sus productos y a la vez los cuidan.
• Varias personas y familias recorren la Macro arrastrando
unas maletas.

Nota. Fotografía por Susana Alanís

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Camaleón escénico

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Movimiento 1. Niña alcanzando pie del trabajador.

Estas acciones cotidianas me parecieron claves y decidí proponerle a
Gabriel una abstracción corporal a partir de estas imágenes. Eran muchas
acciones, pero también eran muchos párrafos, por lo que relacionamos las
imágenes con los párrafos y quedó una primera partitura de movimiento para el texto. Posteriormente trabajamos en las transiciones entre una
acción y otra, algunos momentos enfáticos del texto, el inicio y el cierre.
Nuevamente, Gabriel visitó Monterrey para hacer el montaje de las
esculturas y nos juntamos a platicar y a ensayar. Luego volvimos al espacio y ensayamos ahí. Tuvimos que adaptar algunos movimientos que
podrían salirse del tono que buscábamos. Creando sobre el espacio, quedaron más claras las acciones que debían realizarse para activar con el
cuerpo la obra El faro y la ruina.

Nota. Fotografía por Samuel Cepeda

9. Reflexión de Gabriel Cázares
Este proyecto El faro y la ruina está más anclado a la intervención
en el espacio público, no solamente como estrategia formal como lo había
hecho antes, con el Tercerunquinto y de forma individual. Intervenir físicamente el espacio para alterar las dinámicas que en él suceden o las dinámicas que el mismo espacio contiene, así como el hecho de incorporar
algo que es tan efímero como la lectura de un texto, se espejea muy bien
con lo efímero que es la ciudad, o la historia de la ciudad y los edificios
que están en ella…

Movimiento 3. Ritual contra las malas vibras.

Nota. Fotografía por Samuel Cepeda

Existe el riesgo de que algo caiga en el olvido intencional o
no intencionalmente. El hecho de que las cosas empiecen a quedar
relegadas de algo o fuera de una especie de centro se me hace intere-

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Camaleón arte escénico

sante. Mucha de la chamba que hemos hecho en el Tercerunquinto es
pensar en conceptos de centro y periferia. No solamente geográficas,
en todos los sentidos.

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Movimiento 5. Mujer leyendo cartas.

Nota. Fotografía por Samuel Cepeda

La periferia también puede ser una periferia económica y eso no
necesariamente tiene que estar en el margen de la ciudad... Esa relación entre esos dos extremos siempre es de exclusión. El centro va
excluyendo cosas y las va dejando en esos márgenes y el problema

es que pareciera ser que ahí la memoria se debilita o que esas cosas
van hacia el olvido. O así se siente desde el centro. Que también es
interesante pensar, ¿desde dónde leemos esa clase de cosas?

Movimiento 7. Triciclo.

Nota. Fotografía por Samuel Cepeda

A veces me pregunto, ¿para qué hace arte uno? ¿para hablar sobre qué? Al final de cuentas, ¿el objeto artístico es algo que perdura
o no necesariamente? ¿Sería interesante que perdurara? Si perdura,
¿en cuánto tiempo va a perder su efectividad? Porque efectivamente,
de repente la obra pierde efectividad y se convierte en una especie
de ataúd. El contenido ya no está ahí. Y eso sucede sobre todo en

proyectos de esta naturaleza. Por ejemplo, si la intervención de El
faro y la ruina permaneciera, llegaría un punto en que ya no se asumiría que se trata de una escultura y que esta habla de la historia de
la ciudad… porque ya no habría la lectura del cuento, ya no habría
una serie de circunstancias que creo dotan de valor a la pieza. Una de
ellas es la temporalidad. (Cázares en Alanis, 2021a)

10. Obra viva y memoria
La memoria constituye los cimientos del presente y a la vez es una masa moldeable para quienes escriben acerca del pasado. Perdura solo
lo que, en un contexto sociocultural determinado, se decide que es importante. El viento no solo se lleva palabras, sino también promesas,
cuestionamientos y remordimientos. Los habitantes del espacio le dan vida a la ciudad. Esta crece. Se transforma según los deseos de quienes
ejercen el poder de tomar decisiones públicas, pero también se transforma por aquello que está inscrito en la tierra y en nuestros cuerpos.
Aquello que construimos en conjunto y queremos recordar como colectivo de lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos.
El faro y la ruina fue una obra que se activó con la acción performática todos los jueves y sábados del 23 de septiembre al 7 de noviembre
de 2021, a las 7 pm, en la Macroplaza del centro de la ciudad de Monterrey, N.L., dentro del marco de la IV Edición del Programa de Arte
Público de las Artes Monterrey para el Festival Internacional de Santa Lucía: “Habitar de otra forma: el espacio público desde el cuerpo”. La
pieza artística ya fue, sin embargo, también permanece en la memoria de Gabriel, en la mía, en la de quienes compartieron el espacio conmigo
y, ahora, en la memoria de quien lee estas palabras.

Camaleón arte escénico | 23

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Apéndice
Figura 1

Nota. Fotografía tomada por Erick Vázquez. Fuente: https://elescudoyelespejo.blog/2021/11/04/las-artes-monterrey-y-el-arte-publico/

Referencias
Augé, M. (2008). Los no lugares, espacios del anonimato. España: Gedisa.

Figura 2

Careri, F. (2002). Walkscapes. El andar como práctica estética / Walking as an aesthetic
practice. Gustavo Gili S.A.
Cázares, G. (2021). Habitar de Otra Forma: El espacio público desde el cuerpo. Las Artes
Monterrey. https://lasartesmonterrey.com/habitar-de-otra-forma/gabriel-cazares/
de Certeau, M. (1996). Relatos del espacio. La invención de lo cotidiano, pp. 127-141.
Universidad Iberoamericana.
Dubatti, J. (2011). Introducción a los Estudios Teatrales. Gedisa.
Gilles, I. (1953). Formulario para un nuevo urbanismo. https://sindominio.net/ash/is0109.
html
Paseos Monterrey. (27 de julio de 2022). Macroplaza de Monterrey. https://www.paseosmonterrey.com.mx/macroplazademonterrey/

Nota. Fotografía tomada por Joel Bravo. Fuente: https://blog.cedim.
edu.mx/noticias-cedim/el-arte-como-nexo-entre-el-espacio-publico-yel-cuerpo/
Figura 3

Nota. Fotografía por Karla Delgadillo y Teresa Martínez. Fuente:
https://www.elnorte.com/arte-al-aire-libre/ar2268676

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Camaleón arte escénico

Otras referencias
Alanis, S. (2021a). Entrevista personal a Gabriel Cázares.
Alanis, S. (2021b). Entrevista personal. a Nallely de la Cruz.

�METHAMORTHEORIS

LA DESAPARICIÓN DEL DIOS PROMETIDO:

LA HUIDA DE QUETZALCÓATL
DE MIGUEL LEÓN-PORTILLA
Por José Vicente Pérez Márquez
Universidad Veracruzana

6 de diciembre de 2022
I

E

n la década de los 50 México vivió una efervescencia en
su cultura, en aquellos momentos se abrían las puertas de
la Generación del Medio Siglo con autores como: Carlos Fuentes, Juan García Ponce, Sergio Pitol, Jorge Ibargüengoitia,
José Agustín, Inés Arredondo, Rosario Castellanos, entre otros. Esta
generación poco a poco fue quitando los restos que quedaban de la
visión nacionalista nacida de la Revolución mexicana y empezaban
un proceso de pensamiento más cosmopolita.
Esta idea de la nación surgió desde la presidencia de Álvaro
Obregón, cuando tuvo por secretario de Educación a José Vasconcelos; fue él quien apoyó la creación de la escuela pública, la reedición
de los clásicos universales en la Universidad Nacional Autónoma de
México e impulsó el movimiento muralista, en el que participaban
pintores como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, que en ese momento transmitían la historia de México
a través de murales que les eran encargados para ser realizados en
dependencias públicas. El relato de la Revolución Mexicana vista
por autores como Mariano Azuela, Nellie Campobello o Martín Luis
Guzmán empezaba a recaer, sobre todo para contar nuevas visiones
del Estado o del país.
La generación de Medio Siglo fue prolífica; en 1958 se publicó La región más transparente, de Carlos Fuentes, evidenciando la
corrupción del poder desde la metrópoli. En 1950 vio la luz Los olvidados de Luis Buñuel, película donde se retrataban los barrios bajos
de la Ciudad de México; en ese mismo año Octavio Paz publicó El
laberinto de la soledad, ensayo en el que estudia no solo al mexicano, sino también sus crisis. “Viejo o adolescente, criollo o mestizo,
general, obrero o licenciado, el mexicano se me aparece como un ser
que se encierra y se preserva: máscara el rostro y máscara sonrisa”
(Paz, 1984, p. 26). Las visiones del México revolucionario estaban
cambiando, así como las formas de contarlo. Es también esta década
en la que algunas personalidades fallecen: Frida Kahlo en 1954, Diego Rivera en 1957 y José Vasconcelos, el impulsor del nacionalismo,
en 1959.
Para 1952 México vivía el final del sexenio de Miguel Alemán,
gobierno que se vio involucrado en un fraude electoral, corrupción y
nepotismo, además de que le dio acceso a la industria estadounidense
para instalarse en el país. Miguel Alemán le dejó la presidencia a
Adolfo Ruiz Cortines, quien ocuparía el cargo hasta 1958. Fue también en 1952 que fallecieron Pedro Lascuráin, el presidente que duró
45 minutos en el poder, y Sara Pérez de Madero, la viuda de Francisco I. Madero, iniciador de la Revolución. Por otra parte, en Palenque,
Chiapas, bajo la exploración del arqueólogo Alberto Ruz L’Huillier
fue encontrada la tumba de Pakal en el Templo de las Inscripciones,

el 15 de junio.1 Es bajo todo este contexto que Miguel León-Portilla
escribe su única obra teatral: La huida de Quetzalcóatl.
Miguel León-Portilla fue un investigador, antropólogo, lingüista
y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México. Nació
el 22 de febrero de 1926 y falleció el primero de octubre de 2019.
Es considerado uno de los mayores investigadores de la cultura náhuatl, su poesía y cosmogonía, así como muchos de sus ritos y celebraciones. Entre sus libros más importantes podemos encontrar: La
filosofía náhuatl: estudiada en sus fuentes, Los antiguos mexicanos
a través de sus crónicas y sus cantares y La visión de los vencidos:
relaciones indígenas de la conquista. Mucha de esta producción se
derivó de la consulta de diferentes materiales, así como de haber
tomado clases, en la UNAM, tanto con notables investigadores del
mundo mesoamericano como con arqueólogos, entre ellos Ángel
María Garibay.2
Como se mencionó anteriormente, en toda su carrera, León-Portilla solo escribió un texto dramático: La huida de Quetzalcóatl. El
texto fue escrito en 1952, pero no se publicó hasta 2001. Fueron cuarenta y nueve años de espera para que este texto viera la luz bajo
el sello editorial del Fondo de Cultura Económica con un prólogo
de Ángel María Garibay y vuelto a publicar hasta 2019 en Teatro
náhuatl: prehispánico, colonial y moderno por El Colegio Nacional.
Este último es una recopilación de varias obras con traducciones al
náhuatl de estas. Es el propio León-Portilla quien señala las representaciones que ha tenido su texto dramático.
Esta producción se ha presentado en tres ocasiones, una de
ellas en la ciudad de Toulouse, en Francia, otra en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en México, y
la más reciente, a partir de octubre de 2017, en el teatro Juan
Ruiz de Alarcón en el Centro Cultural Universitario (CCU) de
la UNAM. (León-Portilla, 2019, p. 513)
El autor indica tres presentaciones de La huida de Quetzalcóatl, la primera en Francia y las dos últimas en México, sin embargo, omite las fechas de las primeras dos representaciones, hecho
que puede ser o por descuido o por olvido, pero la representación
de 2017 la menciona por ser la más cercana a la publicación del
libro de El Colegio Nacional. Esta representación fue dirigida
por Mónica Raya durante un homenaje a León-Portilla organizado por la Universidad Nacional Autónoma de México, bajo
un enorme equipo multidisciplinario y la ayuda del propio autor.

1
Ruz L’Huillier fue un arqueólogo que nació en Francia en 1906 y murió en Canadá en
1979. En 1959 L’Huillier fundó la revista Estudios de la Cultura Maya. Ese mismo año
Ángel María Garibay y Miguel León-Portilla fundaron la revista Estudios de la Cultura
Náhuatl.
2
Ángel Garibay Quintana (1892-1967) fue filólogo, historiador y sacerdote; es uno de
los principales investigadores de la cultura náhuatl del centro del país, como maestro
del Seminario de Cultura Náhuatl en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Garibay fue uno de los importantes maestros para León-Portilla para sus investigaciones.

Camaleón arte escénico | 25

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Para el análisis del discurso del texto dramático La huida de Quetzalcóatl de Miguel León-Portilla recurriré al trabajo de Julieta Haidar,3 sobre todo a su texto Análisis del discurso que se encuentra en Técnica de
investigación en sociedad, cultura y comunicación coordinado por Jesús Galindo Cáceres. Me centraré sobre
todo en la relación entre formación social, formación ideológica y formación discursiva, a partir de la cual se
analizará el trabajo de León-Portilla desde su labor académica y parte de su vida, así como los procesos de interdiscursividad que se muestran en las citas a documentos para escribir el texto dramático; y de los sujetos del
discurso desde lo social, lo ideológico, lo histórico y lo cultural. La autora trabaja directamente con la escuela
francesa del análisis del discurso, más relacionados al poder y la ideología.

Sin embargo, aunque la espina dorsal de la exposición se sitúe en esta tendencia, no nos

cerramos a la integración de todos los elementos valiosos de otras tendencias, como son
la lingüística textual, los modelos argumentativos, las teorías de la narración y las teorías
del sujeto. (Haidar, 1998, p. 120)

Complementario al análisis del discurso, reforzaré el proceso de adaptación con el trabajo de Lucas Rimoldi4, con su texto El concepto de resignificación como aporte a la teoría de la adaptación teatral, donde
considera que el proceso de adaptación consiste en:
una lectura crítica de fuentes que pueden ser, como señalamos, dramáticas, narrativas, poéticas o ensayísticas, y una intervención hermenéutica que imagina un discurso estructuralmente nuevo. En tal sentido, la
travesía que toda resignificación conlleva aparecería facilitada por las escrituras que hacen fluido el paso
entre los géneros, por ejemplo, mediante una común poeticidad. (2012, pp. 164-165)
Lo anterior ayuda no solo a entender el proceso de escritura de León-Portilla, en 1952, sino también el
trabajo de adaptación y refuncionalización, tanto de León-Portilla como de Mónica Raya, para la puesta en
escena de 2017, desde las consultas de archivos, códices y de la mitología náhuatl.
II
La huida de Quetzalcóatl se basa directamente el mito de Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl, en el que se
cuenta la leyenda/historia del rey de Tollan o Tula;5 este rey era considerado como un grande en las artes y
las ciencias, pero un día, tras verse en un espejo de obsidiana, huye de la ciudad a causa de verse demacrado
y, después de tomar una jícara de pulque, rompe su celibato. En la parte histórica muchos de los pobladores
empiezan a tener roces a partir de la adoración de los dioses Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, dioses hermanos, pero
también opuestos.
Toda la historia de Tula, hasta el siglo X, se caracteriza por Quetzalcóatl (la “Serpiente Emplumada”), y
la religión nueva llevada por los invasores. Vencida por la magia de Tezcatlipoca, la benévola “Serpiente
Emplumada” huyó de Tula; a partir de entonces, el centro de México quedó sometido a los crueles ritos
de los dioses del cielo y de la guerra, que exigían la sangre de víctimas humanas. (Soustelle, 2012, p. 49)
Es a partir de este mito que Miguel León-Portilla empieza a trabajar su obra dramática, escrita en tres actos
y con diálogos en verso. Lo interesante del texto es que el autor mezcla partes del mito de Quetzalcóatl y partes
de la historia del Rey Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl, con lo cual podemos adentrarnos un poco en lo que se
cuenta del mito y del rey de Tula, todo esto consultado en el códice Borbónico6 (Vela, 2009), que se encuentra
actualmente en Francia. Empezaré directamente con los personajes del texto dramático viendo sus orígenes y
cómo León-Portilla los refuncionaliza para la escena.
El autor señala a Quetzalcóatl como un sabio, un sacerdote que es penitente, hace ayuno y también mantiene un celibato, sobre todo desde la Toltecáyotl7 en una de las reflexiones del universo. “A nuestro gran rey
Quetzalcóatl he visto, para oír de sus labios prudentes consejos y respuestas certeras. Al escuchar sus palabras,
me he vuelto a preguntar si es mortal como tú y yo, o un dios hecho tolteca” (León-Portilla, 2019, p. 593). Son
dos nobles toltecas los que hablan de las hazañas de rey Quetzalcóatl, aquí es donde empieza el juego entre el
mito y la historia, no se sabe si es el dios o el gobernante, pero el autor establece los elementos de la deidad y
santidad de Quetzalcóatl. Hay que recordar que este dios no solo obedece al elemento “bueno” también tiene
el “mal” en él.
En efecto, Quetzalcóatl es el arquetipo de la santidad; su vida de ayuno y penitencia, su carácter sacerdotal, su benevolencia con sus hijos, los hombres, son patentes a través de las noticias que nos han conservado las crónicas y las representaciones de los escritos indígenas. Pero al
lado de este aspecto de santidad encontramos también en Quetzalcóatl el pecado, que se traduce para los indígenas en la violación de la abstinencia sexual y en la embriaguez. (Caso, 1971, p. 40)
3
Julieta Haidar (1944), originaria de São Paulo y con residencia en México, es doctora en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional
Autónoma de México, como también profesora e investigadora de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.
4
Lucas Luis Rimoldi es doctor en Letras y miembro de la Carrera del Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas-CONICET y Centro de Investigación en Literatura Argentina.
5
Tollan o Tula (actualmente Tula de Allende), significa “el lugar cerca del tular”; fue una ciudad tolteca con gran auge en el año 1000 después
de Cristo. La ciudad de Tula fue una de las primeras en fundarse en el centro de México.
6
Este códice es uno de los principales códices precolombinos; está hecho de papel de amate y en forma de acordeón, estuvo mucho tiempo en
la biblioteca del Escorial en España hasta que desapareció y tiempo después apareció en Francia; actualmente se encuentra en la Biblioteca de
la Asamblea Nacional de Francia.
7
El Toltecáyotl se refiere a un conocimiento e ideas para la explicación del universo, la conciencia y la vida. León-Portilla profundiza más este
concepto en su libro: Toltecáyotl: aspectos de la cultura náhuatl (1980).

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Pero esta ruptura de la abstinencia tanto sexual como alcohólica no viene del mismo dios, en el caso del mito es el dios Tezcatlipoca quien, disfrazado de un viejo, le da a beber pulque a Quetzalcóatl, esto hace que se termine rompiendo el celibato y acostándose
con Quetzalpétlatl, una mujer dedicada al culto divino y hermana
del dios. León-Portilla recurre al dios Tezcatlipoca, pero no en forma humana o en viejo, como se cuenta en el mito; en el caso de la
obra, la caída del dios y, por ende, de la ciudad de Tula, se debe a la
representación de cuatro personajes.
El texto dramático de León-Portilla empieza con un monólogo del dios Axcantéolt, entrando como un Prólogo y monólogo del
tiempo. León-Portilla crea a este dios, que no existe en el panteón
de los dioses nahuas; para ello recurre a la palabra axcan que traducido al español significa “ahora” o “el ahora”, en cuanto a téotl
como la denominación de un dios o ser eterno e invisible.8 “Ellos
no están allí, no están ahora. Pero yo sí estoy allí, yo soy ahora.
Ahora y ahora y ahora… ahora es mi nombre. Sin ser dios, gusto
de llamarme Axcantéolt, dios del ahora” (León-Portilla, 2019, p.
590). Lo interesante de la creación de este dios/personaje es que es
él quien quiere mostrarle a Quetzalcóatl que su tiempo está terminando junto con el de Tula.

En su afán de atinar con lo eterno, piensa y no
piensa Quetzalcóatl que Tula y la Toltecáyotl
podrán escapar del torrente del tiempo. … Apoya su ser Quetzalcóatl en el ahora inestable, y
no sabe que existe el dios del ahora. Yo soy ese
dios pero en Tula no tengo templos.
(León-Portilla, 2019, p. 592)

Axcantéolt termina siendo un dios olvidado o relegado a lo que
él llama el ahora, es a causa de esta envidia que se puede intuir la
caída del dios y su ciudad. Es el mismo Axcantéolt el que manda
a tres forasteros/hombres búho a hablar con Quetzalcóatl: Huitzil,
Tlacahuepan y Titlacauan.9 Curiosamente, el búho en la cultura
mexica era llamado
Tecolotl y visto como un ave de presagios funestos, mensajero
del dios de la muerte y como ave de hechiceros, estos tres personajes representan al dios Tezcatlipoca, el dios rival de Quetzalcóatl.
Huitzil es el que al final del primer acto le muestra su reflejo al dios
y este se da cuenta de su humanidad, y es también quien le da el
cántaro, al final del segundo acto. León-Portilla nunca menciona la
bebida, por el mito se sabe que es pulque; después de beber, será el
mismo Quetzalcóatl el que pedirá que vayan por Quetzalpétlatl y
le dará de beber del cántaro. Con esto el dios ha pecado y su caída
junto con la de Tula es inevitable, pues después de estos acontecimientos el mismo Quetzalcóatl dejará Tula y partirá al mar para
viajar en una canoa y llegar al Tlapalan.10
A grandes rasgos, estos son los personajes y la historia que se
cuenta en el texto dramático de León-Portilla. Es interesante ver
y analizar la forma en la que fue pensada la obra, ya que respeta
la estructura de una tragedia: tenemos un personaje de la nobleza
que ante su insistencia de seguir ayudando se ciega a ver el futuro
próximo, en este caso el ahora, representado en el dios Axcantéolt.

Las traducciones de ambas palabras nahuas fueron hechas con el Gran Diccionario
Náhuatl, cuya fuente completa se puede consultar al final del texto, en el apartado
llamado Referencias. De aquí en adelante las traducciones serán partiendo desde este
medio.
9
Huitzil puede provenir de Huitzilin que significa “colibrí”; Tlacahuepan es el nombre
del dios hermano de Huitzilopochtli y Titlacauan vendría de Titlacahuan que significa
“el dueño de los esclavos”. Todos estos relacionados con la fiesta a Toxcátl en honor de
Huitzilopochtli, dios de la guerra y el Sol.
10
El Tlapalan o Tlallapan que significa “lugar de negro y rojo” es el sitio donde, según
el mito, Quetzalcóatl partió en vuelo y se inmoló, transformándose así en la estrella
de la mañana.
8

La obra está escrita en tres actos, empezando el primero en la
mañana y el último al día siguiente de su inicio: la caída de Tula y
Quetzalcóatl solo tardó un día. Los búhos/Tezcatlipoca llegan ante
el rey Quetzalcóatl a mostrarle sus defectos; en ese momento él se
sabe joven, pero es viejo, una barba ya surca por su cara y al final
rompe el celibato con su propia hermana, acción que, en lugar de
convertirle en dios, le hace mostrar su humanidad. Estos tres personajes pueden ser considerados como las Moiras11 griegas, ya que
le anticipan su destino a Quetzalcóatl; sin embargo, cuando el dios
huye, estos búhos le ofrecen un cántaro que le permitirá volver a
Tula como si nada hubiese pasado.
El autor retoma la mitología náhuatl y adapta a sus necesidades el mito de Quetzalcóatl, pero solo la caída y la posterior huida,
teniendo así en cuenta una refuncionalización de un clásico. “Los
clásicos se mantienen vigentes dado que diversas masas de receptores se sienten ligadas a ellos, y porque insuflan vitalmente a nuevos
artistas, no menos cierto es que estos, simultáneamente, los recrean
y vivifican de muchas formas diferentes” (Rimoldi, 2012, p. 162).
En este caso podríamos ver la caída de un dios para la llegada de
otro, que se puede ver claro en la confrontación de Quetzalcóatl y
Tezcatlipoca. Al final, el segundo queda en el poder mientras el otro
huye, nada alejado al contexto del autor donde a la hora de escribir
su obra está pasando una transición presidencial.
Ahora bien, León-Portilla acude no solo a una parte del mito,
sino también a sus fuentes documentales, no solo desde sus estudios en clase sino también a los que se podían consultar en ese
momento.
Las fuentes documentales contienen el registro que el hombre hace de su propia palabra. Básicamente se refieren a la
escritura… Destaca entre los documentos coloniales la obra de
fray Bernardino de Sahagún… un tratado que recorre el pensamiento indígena de los dioses a sus mitos, fiestas y cantos;
del calendario divinatorio a los agüeros. (López Austin, 2015,
pp. 23-24)
Una de las fuentes de las que León-Portilla se vale es el ya
mencionado códice Borbónico, en el que se detalla el mito de Quetzalcóatl, que también consulta Mónica Raya para el montaje de
2017, a petición del autor, y que en este momento es más fácil de
consultar por los medios digitales que en aquel remoto 1952, cuando el autor comenzó a escribir y darle forma a su obra.
El montaje hecho por Mónica Raya en el Centro Cultural Universitario fue una súper producción que en ese momento pagó la
Universidad Nacional Autónoma de México. Raya es una doctora
en Artes por la Universidad de Aalto, su carrera empezó como arquitecta trabajando con el director Ludwik Margules12 en la obra
Los justos de Albert Camus. Para el año en el que empieza el montaje de La huida de Quetzalcóatl, Raya es miembro del Sistema
Nacional de Creadores del Fondo Nacional para la Cultura en la categoría de Teatro, en los periodos 2008-2012 y 2013-2016, lo cual
puede llevarnos a reconocer las demás puestas que tiene en su currículum. “El montaje, que requirió cerca de un año de preparación
documental y más de 300 horas de ensayos, pruebas y reuniones de
trabajo, es resultado de una investigación escénica arriesgada, dado
que las originales son variadas y confusas” (UNAM Global Revista, 2017, párr. 11). Raya menciona que fue el propio León-Portilla
quien le recomendó consultar el Códice Borbónico para acercarse más a los personajes y a sus vestuarios. Al ser financiado por
la universidad y por darse en el marco de un homenaje a Miguel
León-Portilla, el equipo involucrado provenía de diferentes disciplinas, con actores del Centro Universitario de Teatro, el Colegio de
Literatura Dramática y Teatro, danzantes y acróbatas; resultó ser un
montaje de gran inversión.
11
Estas deidades en la mitología griega son consideradas como las personificaciones
del destino de cada persona, representándose como el pasado, el presente y el futuro.
12
Ludwik Margules (1933-2006) fue un importante director de teatro nacido en Varsovia y naturalizado mexicano, su trayectoria en teatro llega a 40 puestas en escena.

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Como espectador me dejó con la boca abierta. Despliegue técnico, producción, texto, adaptación y actuaciones. Es teatro de
exportación ―mi opinión―, se trata de un montaje que bien
pude [sic] representar dignamente al teatro de México en el
mejor escenario del mundo. Digámoslo como es, estamos ante
una obra que hará historia, épica…de gran envergadura. “Si la
vas a llevar al teatro, hazlo con dignidad…”, le dijo el maestro
León-Portilla a Mónica Raya…no hay duda. (Sosa, 2017, párr.
7)
Para el momento de la puesta en escena, de octubre a diciembre de 2017, mucho es lo que ya ha pasado en la Ciudad de México
y en el país. Es el último año del sexenio de Enrique Peña Nieto,
año de elecciones, en el cual fueron arrestados el exgobernador de
Veracruz, Javier Duarte, y el exgobernador de Tamaulipas, Tomás
Yarrington; se dio el primer encuentro de Peña Nieto con el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Además, al
momento de su estreno, no había pasado un mes del terremoto del
19 de septiembre. Por otro lado, la celebración de los 500 años de
la llegada de los españoles a América está a un par de años de distancia, acontecimiento en el que Hernán Cortés fue confundido con
el dios Quetzalcóatl, por lo que la puesta en escena puede hacer
referencia a aquellos gobernantes que ya cumplieron su tiempo en
el poder y que es hora de que se miren en ese espejo de obsidiana
para darse cuenta de que también son mortales y que, así como han
subido, también pueden bajar.
III
A modo de conclusión, se puede advertir no solo la maestría
de Miguel León-Portilla para escribir un texto a partir de las fuen-

tes, los documentos y códices consultados; su trabajo es darnos una
nueva visión del mito de Quetzalcóatl, a través de la combinación
de la historia del rey de Tula con el mismo dios del que era devoto
y sacerdote dicho rey. Es posible que influya el contexto del autor,
los cambios del país durante 1952 en los que la política mexicana
también se estaba modificando, así como los embates del Partido
Revolucionario Institucional (PRI). Este puede ser llamado ante el
espejo de obsidiana, que le permite ver no solo su propio sistema
corrompido, sino también la idea de una democracia que murió desde 1913, con el asesinato de Francisco I. Madero.
“El traspaso de los poderes del dios a la persona del soberano
es uno de los procesos iniciales de divinización de estos últimos”
(Florescano, 2017, p. 15). De esta forma se ha visto a los soberanos,
los presidentes o gobernantes, como dioses o como los intocables
por la ley o la justicia divina. Por ello aparecen personajes que les
recuerdan que tienen un tiempo de tránsito y que deben pagar por
algunas de sus acciones. Aquí es donde León-Portilla pone el dedo
en la llaga, no importa si los cambios para Tula (o México) serán
buenos, si el nuevo gobernante llegará a ofrecer sabiduría y cultura,
o si pedirá sangre y guerra, tendrá su tiempo y Axcantéolt vendrá a
recordarle que el ahora llegará a cobrarle factura.
La tragedia de Quetzalcóatl se da y prefiere afrontar las consecuencias de sus actos, razón por la que decide exiliarse y después
inmolarse, como un héroe trágico que opta por la sublimación y la
autodestrucción, siendo así uno de los dioses del que se espera su
regreso, para que a su retorno traiga la calma, la paz y el florecimiento que tanto se ha esperado.

Referencias

Caso, A. (1971). El pueblo del sol. Fondo de Cultura Económica.
Florescano, E. (2017). Quetzalcóatl y los mitos fundadores de Mesoamérica. DeBolsillo.
Haidar, J. (1998). Análisis del discurso. En J. Galindo Cáceres (Coord.), Técnicas de investigación en sociedad, cultura y comunicación (pp. 117-164). Pearson Educación,
México.
La huida de Quetzalcóatl: Un homenaje a Miguel León Portilla. (24 de octubre de 2017). UNAM Global Revista. https://unamglobal.unam.mx/la-huida-de-quetzalcoatl-un-homenaje-a-miguel-leon-portilla/
León-Portilla, M. (2019). La huida de Quetzalcóatl. Teatro Náhuatl: Prehispánico, colonial y moderno (589-659). El Colegio Nacional.
López Austin, A. (2015). Las razones del mito. Era.
Paz, Octavio.(1984). El laberinto de la soledad. Fondo de Cultura Económica.
Rimoldi, L. (2012). El concepto de resignificación como aporte a la teoría de la adaptación teatral. ESCENA: Revista de las artes, 70(1-2) 161-172. https://revistas.ucr.ac.cr/
index.php/escena/article/view/9927/9340
Sosa, R. (2017). La huida de Quetzalcóatl: un viaje a nuestras raíces. Cartelera de Teatro. https://carteleradeteatro.mx/2017/la-huida-de-quetzalcoatl-un-viaje-hacia-nuestra-raices/
Soustelle, J. (2012). El universo de los aztecas. Fondo de Cultura Económica.
UNAM. (2012). Gran Diccionario Náhuatl. https://gdn.iib.unam.mx/
Vela, E. (2009). Códice Borbónico. Arqueología Mexicana. edición especial (31) 20-45

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EL POLVO EN LA HABITACIÓN:

UN ANÁLISIS EXISTENCIALISTA A TRAVÉS DE
ÁNGELES EN AMÉRICA DE TONY KUSHNER
Por Alejandro Cabezuela Chávez
Facultad de Artes Escénicas UANL

D

ifícilmente he encontrado otra forma de entender mi existencia humana que no sea la de una pequeña partícula de
polvo flotando en la enorme habitación donde un niño
juega, como si no existiéramos en la inmensidad del universo donde
vivimos. Estos pensamientos me los han regresado dos factores en específico: la obra Ángeles en América de Tony Kushner (1995) y el estudio del existencialismo. He pensado en repetidas ocasiones qué sentido
tiene estar en el lugar en donde estamos, pues pocas veces he podido
apreciar mi propia existencia.
El existencialismo dice que la vida no tiene ningún sentido, que
no tiene una razón de ser y que radica en nuestra existencia cíclica y
banal; del mismo modo parece transcurrir todo en la obra de Kushner.
La lucha de los personajes no solo con su sexualidad sino también con
el SIDA me pone delante de un pensamiento repetitivo acerca de cómo
no estamos listos (y quizá nunca lo estemos) para cambiar nuestro destino; estamos condenados a nuestras acciones. Tal vez los ángeles y
los fantasmas son una forma distinta de ver nuestros pecados que, aun
cuando nos hunden, intentan de igual forma llevarnos por un camino
distinto donde tengamos un final menos penoso, o tal vez son una representación de la necesidad del ser humano de creer en algo más allá
de sí mismo capaz de explicar dónde está. En palabras de Jean Paul
Sartre (1973):

Si, por otra parte, Dios no existe, no encontramos
frente a nosotros valores u órdenes que legitimen
nuestra conducta. Así, no tenemos ni detrás ni delante de nosotros, en el dominio luminoso de los
valores, justificaciones o excusas. Estamos solos,
sin excusas. (p. 5)
Entonces ¿de dónde nace esa ferviente necesidad del hombre de
explicar las acciones sin ceder realmente a la idea de encontrarnos solos
y no ser nada? Las alucinaciones durante la obra pueden interpretarse
como esa misma búsqueda del sentido a lo que no lo tiene, de entenderse a sí mismos dentro de un mundo que no acaba de comprenderlos
del todo, en especial a Joe, quien vive “dentro del armario” y de forma
constante lucha por liberarse de su propio prejuicio. Pero entonces yo
me encuentro con una idea que choca con la necesidad de creer, y es que
no se puede creer ni confiar en lo no experimentado. El escepticismo
es un concepto común dentro de la corriente existencialista y Héctor
Samour (2022) se refiere al consciente escéptico como un pensamiento
vulgar y atado a la experiencia sensible (p. 26), por lo cual, pensando
en la férrea necesidad de creer, también tenemos una necesidad de comprobar lo que creemos. Es este también uno de los dilemas presentados
en la obra de Kushner antes de la aceptación, pues los personajes están
lejos de confiar en lo divino y luchan con sus pensamientos rígidos para
dejarse guiar por un camino mucho más espiritual que no entienden por
más que lo deseen.
Si hablamos de existencialismo y el sentido de ser nosotros mismos, inevitablemente debemos hablar de religión. Y aunque Ángeles en
América no es religiosa (ni pretende serlo), roza ese mismo tema para
darse a entender y explicarse al mundo como un concepto más com-

plejo del sentido humano. El existencialismo sugiere que la religión es
una expresión de desdicha de un individuo consumido por su realidad,
la cual no es capaz de asumir ni de entender y mucho menos rechazar, e
ineludiblemente debe soportar como un destino extraño (Samour, 2022,
p. 26), por tanto, decide darle sentido a su existencia poniendo los hechos en manos de alguien superior. Lo mismo ocurre dentro de la obra,
cuando sus acciones y decisiones los alcanzan y la culpa los carcome
por dentro, es sencillo asumir que lo que está ocurriendo es “obra del
destino” o es un “castigo divino” en donde eventualmente encontrarán
resignación. Hay muchas referencias bíblicas en la obra, por ello es
sencillo comparar estos actos de aceptación con el momento de la última oración en la piedra, donde Jesucristo pide clemencia a un cielo que
no lo escucha ni lo atiende en espera de un milagro que lo salve.
Si el ser humano no se escucha ni se atiende a sí mismo, ¿por qué
espera que un ser divino y omnipotente lo haga por él? Carlos Astrada
(1949) dice:
el hombre adviene a la existencia en virtud de que puede acceder
a la verdad del ser, lo que está en cuestión es nada menos que la
realización de la esencia humana del hombre como un ser de este
mundo, consignado a su propia órbita finita. El hombre solo puede
concebirse en su humanitas y tender hacia esta porque piensa la
verdad del ser y deviene el ec-sistente por accesión a su propio
ser. (p. 358)
Entendiendo esto, me es sencillo llegar a la conclusión de que el
mismo hombre no es capaz de aceptar su libertad, algo ya discutido
por Sartre. El hombre decide no aceptar que Dios no existe y es un ser
abandonado y, por tanto, su destino está forjado por sí mismo y sus acciones, no por un hilo mágico que decide todo por él. Para Dostoievsky
(2009), si Dios no existiera todo estaría permitido (p. 121); en efecto, lo
está. El precepto de la moral ha sido creado por el hombre para juzgarse
a sí mismo, esto puede verse en la enorme falta de autoaceptación a la
cual se enfrentan los personajes dentro de la obra de Kushner. Unos,
negados a aceptar que están al borde de la muerte; otros, incapaces de
afirmar su sexualidad y salir al mundo orgullosos de ella; unos más, se
rehúsan a reconocer que están solos y ellos mismos se han puesto en ese
camino. El hombre es incapaz de aceptarse a sí mismo como individuo.
El hombre es incapaz de aceptarse.
En este punto del análisis surge una nueva pregunta: si el hombre
no puede aceptarse, ¿tampoco puede entenderse? Y, por consecuencia,
¿no puede existir? Un ser, sea cual sea, si no se entiende ni se acepta,
¿cómo y desde dónde existe? De base, el existencialismo plantea que
no es necesario explicar la existencia del hombre, pues solo está. Sartre
(1973), citando a Ponge, habla sobre cómo el hombre es quien se inventa a sí mismo (p. 5). El hombre es el porvenir del hombre, pues se
inventa a sí mismo a cada segundo y es la única base de su existencia;
es decir, el hombre se vuelve autor y creador de sí aunque, incapaz de
reconocerlo, recurre a la creación de un Dios, volviendo falsa su creación. Igualmente, en el existencialismo se menciona que no existen los
signos ni los símbolos en el mundo, es el mismo hombre quien decide
darle sentido a estos, por ende, si el hombre crea los signos y los define,
también ha creado a Dios, ergo, se ha creado a sí mismo, así que, en

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teoría, por más significados externos que intente darle, el hombre continúa siendo el porvenir de él y se entiende a través de algo
más, se acepta a través de algo más, y entonces, solo entonces, existe de verdad. Ángeles en América hace una referencia a esta idea
con las alucinaciones de Prior Walter, quien, en un intento de comprender sus emociones, sus pensamientos y su propia soledad,
experimenta sueños dentro de los sueños de otras personas para poder, finalmente, aceptarse y ayudar a Joe también a entenderse,
es el hombre inventando al hombre aun cuando esas intenciones crecieran tras las visitas de los fantasmas y los ángeles. En esencia,
incluso con la “intervención divina”, siempre sigue siendo el hombre quien actúa para bien o para mal del hombre. Es lo que hace
y nada más que eso, es solo su vida, polvo en su propia humanidad.
Aunque el existencialismo parezca un tipo de pensamiento negativo que cuestiona constantemente todo y cómo existe ese
todo, en realidad es mucho más optimista y sensato, pues hace referencia a que lo bueno viene de lo bueno y lo malo de lo malo;
en palabras de Jean Paul Sartre (1973) “el cobarde se hace cobarde, el héroe se hace héroe; hay siempre para el cobarde una posibilidad de no ser más cobarde y para el héroe de dejar de ser héroe”. (p. 9) En este caso no hay visión más positiva que la de creer
en la responsabilidad del hombre sobre sí, pues no hay peor destino que el de depender de un Dios “bondadoso” que en cualquier
momento se cansa de su creación y se deshace de ella, o de un Dios que no escucha a sus “hijos”, abandonándolos a su propia
suerte en cuanto puede para poner a prueba su fe. Creo que esa es la forma en que Ángeles en América propone entender a la
sociedad misma. Cuando los personajes dejan de verse a sí mismos como un todo, como seres egoístas y dependientes de alguien
más, es cuando por fin son capaces de sentir verdadero amor, de soltar la soledad que les aprisiona el corazón. Solo cuando Prior
deja de preocuparse por lo que será y no por lo que puede ser, es cuando deja de luchar con su enfermedad para convivir con ella,
cuando acepta sus actos y su vida como un producto de sí. Solo cuando Joe se acepta a sí mismo puede enfrentarse al mundo con
honestidad, cuando deja de mentirse puede dejar de mentirle a una religión en la que no está seguro creer. Solo cuando el hombre
termine de aceptarse a sí mismo, cuando termine de entenderse, de verse como un ser libre y autosuficiente, podrá ser hombre.

El ser humano solo podrá ser humano
cuando deje de intentar serlo.

Referencias

Astrada, C. (1949). El existencialismo: filosofía de nuestra época. Argentina: Universidad Nacional de Cuyo, Universidad de Buenos Aires, 349-358. Recuperado de:
https://bdigital.uncu.edu.ar/objetos_digitales/13395/050.pdf
Dostoievski, F. (2009). Los hermanos Karamázov. Biblioteca Edalf.
Kushner, T. (1995). Angels in America: a gay fantasia on national themes. Theatre Communications Group.
Sartre, J. (1973). El Existencialismo es un humanismo. (V. Prati de Fernández, Trad.). Facultad de Filosofía de San Dámaso, Seminario de profesores de filosofía. https://
www.ucm.es/data/cont/docs/241-2015-06-16-Sartre%20%20El_existencialismo_es_un_humanismo.pdf
Samour, H. (2022). ¿Qué es el existencialismo?. Revista de Museología Kóot, 1(13) 20-37. https://doi.org/10.5377/koot.v1i13.147

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LA MORAL FORZADA DEL SUBYUGADO
Por Aida Gregoria Nava

E

Facultad de Artes Escénicas UANL

l presente trabajo no pretende de manera alguna instruir
ni mucho menos adoctrinar al lector, la finalidad de este
ensayo es la reflexión ante la historia marcada por las
características que distinguen al pueblo mexicano y lo unifican bajo
un paraguas que en la actualidad todo lo cubre, donde se encuentran
mestizos e indios. Es a través del adoctrinamiento, un proceso salvaje y deshumanizado, que la disgregación de los pueblos indígenas
puede ser vista como un pilar para la cultura mexicana. Al ser planteado ante tales definiciones la reacción es inmediata; en ocasiones
podría pensarse que es sinónimo de ignorancia, pero quien se tapa
los ojos para no ver, está consciente de su acción.
¿Es acaso parte de nuestra responsabilidad teatral buscarle tres
patas al gato cuando se sabe que tiene cuatro? Una obra como En el
nombre de Dios denota un apego a lo religioso y, en una sociedad
regida bajo costumbres mixtas que no se han logrado complementar
–pero sí solidificar– se percibe hereje por parte de Sabina Berman
(1992), su autora, exponer una situación tan íntima como lo es la
búsqueda y persistencia del sentido de identidad de quienes han sido
despojados de su religión.
La obra se centra en la narración a través de un juicio donde
el espectador es testigo de confesiones, traiciones, posturas y todos
los deseos prohibidos que llenan al ser cuando lo que se juega es la
vida. “Escena I. Penumbra. Un moje inquisidor, sentado; un verdugo (un sacerdote encapuchado) frente a un palo; un hombre atado
al palo.” (Berman, 1992, p.27). El simple hecho de introducir como
escena de apertura un calabozo de la época de la conquista remite
a ciertos prejuicios que con el tiempo se encuentran encapsulados
bajo etiquetas con nombres de personajes que parecieran sacados
de una comedia palliata: el verdugo, el conquistador, el salvador, el
enamorado, el mártir, etc. Pero son estos prejuicios los que parecen
darle distinción al papel propio designado dentro de esta obra: el
conquistado.
Como lo menciona Bonfil Batalla (1990) en su obra México
profundo: Una civilización negada, la concepción del “otro” era
necesariamente la de un ser naturalmente inferior. Esta ideología
es propia del conquistador, dándole un lugar en las sombras al pensamiento del conquistado. “Cuánto habrán pecado los padres de mis
padres, ay, cuánto habrán pecado para que la devoción me hiciese
mártir.” (Berman, 1992, p. 27). Esta línea se encuentra al inicio de la
Escena II, ambientada por el constante zapateo de un joven bailando
flamenco, acompañado por las palmas de aquellos que, al igual que
él, se encuentran encarcelados por ser el “otro”.
Bajo la premisa del actor en escena “vivir el aquí y el ahora”,
este ensayo tiene como objetivo exponer el papel de este “otro”, el
conquistado, dando lugar para la reflexión dentro de este espejo narrativo. Sea como protagonista o la ilusión de serlo, el conquistado
vive la situación mientras el conquistador es quien la ejerce. Partiendo de la distinción entre estas fuerzas opuestas pero complementarias, se debe remarcar la obra de Berman como raíz del análisis, el
cual tiene, como una de sus finalidades, proponer al lector asumirse
como partícipe de la historia en su propio país, que se dé lugar a la
duda ante el papel que se dio por asignado y se perciba como parte
de su propia historia actual, tal como un actor en el escenario.
Para dar lugar al desarrollo de este trabajo es preciso comenzar
por la aparición del conquistado dentro de la obra. A pesar de que el
argumento se centra en el judaísmo dentro de la conquista a través
de una familia que lidia con las apariencias para poder tener un lugar

dentro de la sociedad y no ser renegados, el punto de focalización
aquí es el conquistado. Una interpretación muy obvia del texto refiere a la opresión de la ya mencionada religión. Sin embargo, el contexto en el que se desarrolla esta historia expone pequeños detalles
de la vida en una etapa transitoria de México.
La presentación del indio en la Escena 6 del primer acto denota el papel que esta figura juega dentro de la ficción: “PADRE
JEREMÍAS, en secreto a Don Luis: ¿Pero que no le oí decir el otro
día que son bárbaros comedores de gente?” (Berman, 1992, p. 29).
Aquí se puede deducir que el padre no está familiarizado con los
indios, sin embargo, Don Luis sí lo está: “Sus padres lo fueron. Juan
y Pedro, se criaron ya en mi hacienda de Tampico. Son dóciles y
musicales y muy cristianos. Pedro y Juan fruncen los labios para
mostrar los dientes.” (Berman, 1992, p. 29). Ante una declaración
tan contundente como la de Don Luis, se asume que el pueblo indígena ya ha sido completamente oprimido, pero más allá de ser
oprimido hay que considerar la ideología del conquistador, el cual
se creía un salvador.
Al observar la situación en la que se ven forzados a vivir los
judíos, resulta evidente la similitud con la enfrentada por los pueblos indígenas, claro está que el privilegio de origen de los Carbajal
es completamente anulado en la situación de los indígenas. En el
Relato de la Conquista (2006) se puede apreciar la historia vista
con los ojos de quien la padece: “Luego se les dieron indios vasallos
en todos estos pueblos. Fue entonces cuando se dieron personas en
don, fue cuando se dieron como esclavos.” (p. 50). Durante la obra
se marca un patrón en donde el indio representa una cosa, la deshumanización de los indígenas no se nombra dentro de las escenas, lo
más cercano podría ser cuando el personaje de Jesús Baltazar azota
a un chichimeca por obligación; cuando las mujeres bajan a pedir
misericordia por el azotado, Jesús responde que solo se trata de un
indio, además, este se escapa seguido. La seguridad con la cual Jesús condena la acción del chichimeca proyecta la superioridad existente en esa sociedad. Jesús es solo un hombre común e incluso
recibe dinero gracias a su propia mentira, cuya vida le costará más
adelante; pero esto solo demuestra la posición del indio al final de
la cadena alimenticia. Los españoles interpretan sus acciones en la
nueva tierra como acciones necesarias bajo el manto de la Iglesia y
la religión, en la frase de Fray Agustín se puede notar lo injusto de
la situación. “Estoy en un pueblo de indios pobrecitos, despojados
de sus dioses y sus tierras.” (Berman, 1992, p. 44). Esto no significa
justificar las acciones de los españoles ni victimizar sobremanera a
los pueblos indígenas, no obstante, los hechos comprueban que la
diversidad con la que se le conocía al pueblo mexicano queda erradicada y sustituida por el término “indio”.
Bonfil Batalla (1990) menciona que dentro de las propias discrepancias y guerras entre los diversos pueblos y culturas de México no existía nada parecido a un espíritu misionero que buscara la
conversión de los sometidos a la religión de los vencedores. Esta
declaración insinúa que las civilizaciones del México precolonial no
eran tan salvajes como se presentan en la historia: “Aun pudieron
hacerlo el segundo día: comenzaron a cantar y fue cuando murieron
tenochcas y tlatelolcas.” (Relato de la Conquista, 2006, p.23). Este
fragmento solo deja en claro que la postura e ideología de los españoles al arribar en territorio mexicano no era otra sino conquistar y
ser ofrecidos, cual mesías, con la posibilidad de dominar sobre lo
que para ellos figuraba como una cultura salvaje.

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Al ser despojados de sus dioses, tradiciones, lenguaje, etc., los
pueblos indígenas se quedaron sin un sentido de identidad: “Las
lenguas indígenas, desde luego, sujetas a la compulsión del español dominante, sufrieron modificaciones tan profundas que no es
una afirmación sin base decir que algunas de ellas se presentan,
hoy día, como idiomas nuevos.” (Aguirre, 1957, p.107). La aculturación dentro de la sociedad actual es algo que se toma sobre la
marcha; aparentemente, de forma automática se asume la postura
de conquistado, el derrotado, en cambio, nunca se ha reflexionado
por qué se categorizó de esta manera a un pueblo tan diverso y
lleno de tradiciones que no necesitaba de un colonizador para enseñarle a vivir de la manera correcta.
La intrusión del ejército español cambió la forma en la cual la
propia gente se percibía y se sustituyeron a libre demanda los antiguos dioses por los nuevos, un claro ejemplo de esto es la Virgen
de Guadalupe, de quien Gisela von Wobeser (2020) ofrece todo un
libro donde habla de su origen dentro de la época de la conquista.
“La Santa Inquisición no persigue individuos, Fray Agustín. Persigue estados equivocados del alma.” (Berman, 1992, p. 34). En realidad, el mismo término “indios” –categoría que de modo injusto

aglomera demasiadas culturas y actualmente es peyorativa– es una
verdadera razón para dudar de la historia de la conquista.
Para finalizar el ensayo, la contextualización de la obra de
Berman en la actualidad continúa resultando impactante. Los hechos ocurridos durante un periodo de esclavitud y masacre a civilizaciones enteras son el legado sobre el cual está escrita la cultura
occidental dominante, la sangre derramada de miles de mujeres,
niños y hombres indígenas con características nativas de un México a la fecha desconocido; un México que parece no interesar en lo
más mínimo a la cultura impuesta, la cual resultó en un mestizaje
que categorizaba y continuaba intentando borrar a las minorías.
“El orden colonial es por naturaleza excluyente, descansa en la
incompatibilidad entre la cultura del colonizado y el colonizador.”
(Bonfil, 1990, p. 121). Tratar de desviar el foco de la historia que
constituye la mayor parte de las costumbres mexicanas y su moral
es evadir el papel individual como parte esencial de la sociedad, es
contribuir a la negación de lo que esté marcado en el suelo y subsuelo fértil, que vio florecer sobre los cuerpos indígenas el despojo
de identidad, mas no de alma.

Referencias
AguirreBeltrán, G. (1957). El proceso de aculturación. Universidad Nacional Autónoma de México.
Berman, S. (1992). En el nombre de Dios. Tramoya, (32) 26-57 https://cdigital.uv.mx/handle/123456789/3970
Bonfil Batalla, G. (1990). México Profundo: Una civilización negada. Editorial Grijalbo, S. A.
Relato de la Conquista: Redactado en 1528. (2006). (A. M. Garibay, Trad). Coordinación de Difusión Cultural. Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial. Universidad Nacional Autónoma de México. https://www.libros.unam.mx/digital/51.pdf
von Wobeser, V. (2020). Orígenes del culto a Nuestra Señora de Guadalupe: 1521-1688. Unuversidad Nacional Autónoma de México, Fondo de Cultura Económica.
Fuentes de consulta
Robichaux, D. (1994). Clase, percepción étnica y transformación regional: Unos ejemplos tlaxcaltecas. Boletín De Antropología Americana, (30), 143-157. http://www.
jstor.org/stable/40978088
Rozat, G. (Coord.). (2013). Repensar la conquista. En Reflexión epistemológica sobre un momento fundador. Tomo I. Universidad Veracruzana, Biblioteca Digital de
Humanidades. https://www.uv.mx/bdh/files/2014/08/Libro_Repensar-la-Conquista-I.pdf

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BREVE ANÁLISIS Y REFLEXIÓN
SOBRE LOS MEDIOS ALTERNATIVOS
A TRAVÉS DE BAÑOS ROMA DE TLS
Por Gabriel Emiliano Castañeda Guevara

S

Facultad de Artes Escénicas UANL

iempre es difícil darle un inicio y un final a las cosas,
este texto no es la excepción. Tras haber cursado la
materia de Posmodernidad y Teatro Contemporáneo
a cargo de la Mtra. Jeany Carrizales en la Facultad de Artes
Escénicas, encontré un particular gusto por grupos teatrales
cuyo experimento artístico fuera en principio eso, una especie de experimento alterno a lo que hasta ese momento estaba
acostumbrado a ver. Como proyecto final debíamos hacer un
análisis de una obra de teatro, el salón fue dividido en dos; a
la mitad de los compañeros les tocó Amarillo, obra imperdible
del colectivo Teatro Línea de Sombra (TLS), al resto, Baños
Roma, una de mis piezas favoritas hasta el día de hoy, llevada
a cabo también por TLS.
Con este texto, más que convocar a un análisis que escribí
hace un año (y estoy editando hoy), invito a llevar a cabo una
reflexión sobre los medios alternos para exponer ideas, sucesos
e historias, pues, considero, es nuestra responsabilidad detenernos a analizar por qué nos dedicamos al quehacer escénico
y si las formas en que lo hacemos nos invitan a abrir nuevas
posibilidades a nuestra comunidad. Si bien analizo la puesta en
escena, esta es una de infinitas propuestas que debemos ver y
dialogar para así, tal vez, acercarnos más al verdadero meollo
del teatro y a la eterna pregunta de qué hacemos aquí.
“Un espacio en donde lo público y lo privado conviven
sin límites, la ficción y la realidad se desdibujan y la experiencia personal se vuelve, al mismo tiempo, el argumento único
que valida el espectáculo.”, explica Sabugal Paz (2016, p.112),
refiriéndose al teatro documental, abriéndonos la puerta a un
concepto que, dicho de esta forma, no termina de ser claro para
quien lo lee y, sin embargo, se vuelve evidente cuando uno lo
ve suceder, cuando lo aprecia.
Durante los primeros años de la segunda década del siglo
XXI, se podía encontrar una singularidad compartida por todos
los estados del norte de México, la cual traería consigo un proceder de tragedias, delincuencia y corrupción. Esta singularidad
serían los actos de violencia ocurridos como consecuencimaa
de la guerra contra grupos delictivos, los cuales terminarían por
colocarle a una ciudad fronteriza el título de “La ciudad más
peligrosa del mundo” en el año 2012 (Hernández, 2012). Sin
embargo, este ostentoso título no se convertiría en el principal
“atractivo” para una urbe histórica como Ciudad Juárez, pues
esta ha sido testigo, almacén y partícipe de múltiples iconos y
acontecimientos históricos nacionales e internacionales.
En ese fatídico año se llevarían a cabo medidas para intentar regular la emblemática ciudad. Además de los protocolos de
orden judicial y pericial, empezó una iniciativa cultural y artística, captando la atención de distintos artistas con un interés
social, algunos, tal vez, atraídos por la peculiaridad y el olvido
que escondía Juárez dentro de sí, otros, por los habitantes de
este lugar que, después de todo, no eran más que seres inocentes puestos en un sitio cruel, olvidado. Es así como a finales
del año 2012 Jorge Vargas será atraído por el misticismo de

esta ciudad, específicamente por el de uno de sus ciudadanos,
pues al estar leyendo una entrevista hecha a Mantequilla Nápoles, vendría a su cabeza una inquietud literaria, recordando
La noche de Mantequilla de Julio Cortázar, cuento que relata la
crónica del combate entre Carlos Monzón y Mantequilla Nápoles, ficcionándola con el encuentro de dos entes malévolos que
buscarán llevar a cabo un intercambio clandestino durante la
pelea. Así, esta inquietud pasará a ser la inspiración que le lleve
a él y a Teatro Línea de Sombra a emprender un viaje a Juárez
y, con esto, proponer una inversión de la narrativa de Cortázar
y escenificarla (Guerrero 2015).
José “Mantequilla” Nápoles, nacido en Cuba en 1940,
inmigraría a México en el año de 1959 para continuar con su
carrera de boxeador. Diez años después tendría su primera
pelea por el título de peso Welter, ganándola. Años después
volvería a ganarlo. Se retira del box en el año de 1975 y es
ingresado en el salón de la fama en 1984 (La Afición, 2019).
En la década de los noventa, Mantequilla habrá llegado a Ciudad Juárez con la misión de preparar a un joven boxeador,
ahí conocerá a su esposa, contraerá matrimonio y se quedará
a vivir en la mítica ciudad, entrenando jóvenes en el gimnasio Baños Roma, convirtiéndose en uno más de los iconos
acogidos por la urbe fronteriza. Sin embargo, este trabajo no
duraría muchos años, pues con la inseguridad y la violencia
al alza, no quedarán más jóvenes que entrenar, ni un espacio
apto para hacerlo. Ya no hay un Baños Roma.Y, a pesar de seguir vivo, ya no hay un Mantequilla, ya no hay un campeón
(Guerrero, 2015).
Teatro Línea de Sombra opta por abordar una realidad vivida por todos los mexicanos, pero no tomar partido de ella,
una vez en Juárez no se limitan a escribir sobre lo bueno o lo
malo de la ciudad. Llevan a cabo una investigación con los
miembros de la comunidad, con los allegados a Mantequilla
escriben desde una vivencia común. En Juárez pasan a formar
parte de una realidad compartida, una conciencia colectiva característica de la localidad. Y entonces ahí, en el corazón de dicha urbe, convierten la vivencia en un documento. TLS escribe
desde el recuerdo, desde la silueta de lo que sucedió durante
su estadía en la ciudad. Sin embargo, a pesar de tratarse de
una propuesta contemporánea, utilizan un lenguaje que todos
pueden entender; informal, elocuente, pero no explicativo. Nosotros entendemos la historia porque quienes nos la dicen la vivieron, porque, finalmente, es un documento que los miembros
del grupo deciden escenificar.
En el teatro documental, el recurso va más allá e integra la
verdad, lo legitimado como verdadero por la institución,
lo oficial o hasta la vox populi. La noticia del día,
la
foto del álbum familiar, la canción de época, son cuestionados y deconstruidos para contar otra historia, una nueva,
tal vez mejor o peor, pero propia de quien la cuenta y de
quien la escucha. Se fractura el mito de la Historia. (Sabugal 2014 p.p. 24-25)

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Al ver la puesta en escena, los elementos de un teatro documental son evidentes, como mencionaba al principio, es un concepto que
se entiende por completo cuando se ve. Todo el tiempo se integran
múltiples voces a narrar lo ocurrido, ya sea en el proceso de investigación, la vida de Mantequilla o lo vivido por cada uno de ellos. Los
elementos visuales son, de hecho, un potenciador de esto, pues el
uso de cámaras tiende a enfatizar la propuesta de un testimonio “grabado a cámara”, a veces humanizando o deshumanizando a quien
está siendo proyectado desde la cámara hacia el ciclorama donde se
transmite el video. Sin embargo, no todo es una realidad totalmente
entendible, clara y verídica. Lo que vemos es una propuesta en la
cual la realidad se encuentra en un limbo, donde lo que cada espectador percibe, es.
Teatro Línea de Sombra no propone una obra donde todo el público entenderá de forma literal cada imagen y palabra, al contrario,
decide tratar al espectador como un ser libre, inteligente y le da la
libertad de crear en su cabeza a partir de la creación que ellos hicieron. En palabras de Jorge Vargas, director y coescritor de la obra, en
una entrevista para Guerrero (2015):
Pensamos que el espectador puede asistir a ver un paisaje de la
realidad que nosotros hemos construido para poder crear entre
ambos una especie de intercambio de pensamiento ... una serie
de interrogantes que nos van a permitir a los dos, a cada uno,
hacernos una idea de una realidad que va a ser la tuya, la propia,
la que tú testimoniaste o la que tú estás viendo en escena. Tantas
ideas de realidad como espectadores haya. (párr. 6)
La propuesta artística de Baños Roma es interesante, juegan con
la realidad al grado de tomar un icono nacional de un lugar como
Ciudad Juárez, que por sí misma es un icono nacional –y también
juegan con ello–. Lo asocio con la corriente artística de la década de
los ochenta, el neomexicanismo.
El neomexicanismo fue un movimiento que surge en
los ochenta [sic] y se termina en los noventa; retomó
la imaginería mexicana, es decir, los tópicos culturales como la Virgen de Guadalupe y otros iconos de la
cultura popular, para reformularlos artísticamente …
el neomexicanismo es abordado como obra figurativa
que retoma el nacionalismo, los ideales mexicanos,
aunque esta vez exentos de idealización, llevados
a una realidad con tintes dramáticos, humorísticos,
sarcásticos y cotidianos.
(Cázares y Cuevas 2014, párr. 22)
Baños Roma lo utiliza a la perfección, toma a Mantequilla Nápoles y lo dota de un misticismo que hace todo menos idealizarlo,
misma cosa que sucede con Ciudad Juárez: brillan de forma nacional
(e internacional) por diferentes motivos, pero ambos son reinterpretados para el bien de la realidad escénica. Curiosamente, ninguno, a
pesar de su relevancia en la obra, pasa a ser visto de forma negativa
o positiva en su totalidad, ambos son los ejes centrales, figuras casi
intangibles, mas no divinas.
El uso de elementos posdramáticos en la puesta en escena hace
que Baños Roma funcione de esta manera, dejando espacio para que
el espectador conjeture a partir de lo que ve. En Teatro posdramático Lehmann (2013) nos habla de un teatro con una vasta cantidad
de posibilidades rizomáticas, donde no nos llevan a través de un
A-B-C, uno empieza a unir desde diferentes lugares dependiendo de
cómo aborde la obra y a qué le remita. Las imágenes son, a ratos,
oníricas, carentes de un sentido lógico (todos subidos sobres las básculas, el costal de box deshaciéndose, la “pelea” entre Mantequilla y
Bertha Navarro, que consistía en la conversación entre ambos, donde Mantequilla intenta recordarle, etc.), están ahí y, a pesar de que
los creadores le dieron un sentido, no las cerraron para el espectador,
sino todo lo contrario. En estas mismas imágenes y con el objetivo
de seguir abriendo significados para quien las atienda, la sinestesia
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juega un papel importante, pues todo está colocado cuidadosamente
para que, sin ser explícito, nuestro cerebro haga conexiones y conjeturas en cada cosa que ve. Durante la obra, distintas formas de
intervención musical aparecerán espontáneamente, estas, como tal,
no representarán algo en específico. Jesús Cuevas tocará su saxofón,
cantará y acompañará a los Centauros del Olimpo proponiendo al
espectador una posibilidad, un rizoma más.
En un principio, el espacio no representa otra cosa más que el
espacio mismo, un escenario con personas dentro de él. No es hasta
más tarde que uno puede –o no– entender que el espacio empieza
a variar. Los espacios se vuelven temporales, a momentos es este
lugar ambiguo que remite a la sala de interrogatorio, donde la policía detiene y cuestiona a Malcom, pero después cambia y vuelve a
ser el escenario del teatro donde los espectadores observan la obra.
Bajo esta misma línea del posdrama y los conceptos propuestos por
Lehmann (2013), uno puede identificar rápidamente que, pareciera,
no están interpretando un personaje ficticio como tal, al menos no
la mayor parte del tiempo. Malcom es Malcom, Antígona es Antígona, desde sus voces narran lo sucedido durante la creación de la
obra, dejando abierto a la interpretación qué partes son reales y qué
partes no lo son. Lehmann (2013) nos habla del concepto del Simple
Acting, una interpretación donde pareciera no existir como tal una
ficción, pero dentro hay una implicación moral y una voluntad de
comunicación.
Otro elemento del posdrama evidente en la obra es el uso de los
medios audiovisuales para acompañar la puesta en escena. Es pertinente mencionar que, como tal, los medios audiovisuales han tenido
una evolución en su uso desde el tiempo del trabajo de Lehmann
hasta el montaje de Baños Roma, sin embargo, eso no quita que,
de alguna forma, los medios estén ahí y actúen de forma parecida
a como el autor los plantea, pues apoyan a la propuesta escénica y
potencian su formato. Podemos ver el uso de una cámara que transmite en vivo a un proyector que emite la imagen del video en el
ciclorama, hay monitores retro en los cuales cuentas regresivas son
transmitidas en distintos momentos y, desde el inicio, los actores
están sentados en mesas operando sus computadoras.
Queda sobreentendido que Baños Roma no es una obra escrita
en los cánones tradicionales del teatro, pues trasciende esta estructura clásica donde la claridad en la propuesta, la corriente y el género
son evidentes o más fáciles de identificar. Sin embargo, uno puede,
como ejercicio, profundizar en desde dónde se escribe y performa
esta obra. Virgilio Ariel Rivera (1993) sintetiza en su libro La composición dramática: Estructura y cánones de los siete géneros, un
repertorio corto con el que, presuntamente, uno podría encajar a
cada obra escrita hasta ese momento en uno de los géneros que él
propone. Como ejercicio, a pesar de los años de diferencia entre el
texto de Rivera y Baños Roma, he identificado la posibilidad del
género sobre el que podría estar escrita la obra, cabe recalcar que,
como tal, no es un emparejamiento que cuaje en su totalidad dentro
del género, sin embargo, observo algunas características que hacen
pertinente profundizar sobre sus similitudes.
Distintamente a lo que puede creerse con su nombre, la función
del género didáctico no es simplemente enseñar; sus fines van
más allá de la pedagogía, del simple propósito de aportar conocimientos –que transmite el drama en general y a lo cual se avoca en el género tragicómico–. La obra didáctica no va dirigida a
la inteligencia natural ni al desconocimiento del espectador; se
dirige ya al entendimiento, a un índice intelectual socialmente
determinado, a la conveniencia de orden público, y a la razón
desarrollada de la colectividad. (Rivera, 1993 p. 138).
Como lo propone Rivera, el género didáctico habla a una colectividad, a seres que, a pesar de las diferencias como individuos,
convergen en un espacio donde lo que van a ver será entendible para
todos. Como tal, no creo que Baños Roma sea en su totalidad didáctico, pero puedo observar cómo, al escribirlo, nos sitúan en una

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narrativa que, a pesar de su ambigüedad, todos podemos entender,
especialmente aquellos que atendieron al estreno de esta obra durante el año 2013, habiendo pasado apenas un año del ostentoso título
recibido por Juárez como la peor ciudad en el mundo.
La deconstrucción de un sistema de realidades a través
del documento ficticio es el tema que formulo para esta puesta en
escena, pues como mencionaba antes, hay múltiples realidades ocurriendo a la vez: por un lado, tenemos la de los integrantes de Teatro
Línea de Sombra, quienes durante su estadía en Ciudad Juárez pudieron o no experimentar las cosas sucedidas en la puesta, las cuales son deconstruidas a partir de la ficción creada alrededor de ellas
para su escenificación; por el otro lado está la del eje principal de
la obra, Mantequilla Nápoles, quien históricamente existió y fue un
icono dentro de la ciudad, pero cuya realidad se ve vulnerada, pues
a partir de él se crea esta ficción. En esta vulneración a la realidad,
Baños Roma se vale de imágenes que potencian su ruptura o crean
momentos oníricos como los previamente tratados con la teoría de
Lehmann. Entre dichas imágenes están: los actores encima de las
básculas, Jesús cantando en formato de karaoke, la intervención
musical de los Centauros del Olimpo, el costal de box derramando
la arena, el interrogatorio a Malcom y demás momentos que ayudaban a incrementar el tema.
Es pertinente recordar que se trata de una creación totalmente mexicana moldeada a partir de mexicanos con un peso cultural
en sus espaldas, pues la época en la que se realiza es una donde el
teatro contemporáneo mexicano buscará acelerar el proceso de evolución artística con el afán de crear a partir del mundo actual que le
rodea, esto construirá una atmósfera de iniciativa, la cual particularmente se puede apreciar en la obra y en el formato que caracteriza a
Teatro Línea de Sombra, ese afán del que nos habla Lidio Sánchez
Caro (2011):
la última dramaturgia ha dejado en claro su intención
de transformar a fondo los esquemas que la condicionaron en periodos anteriores. Esta actitud transpone
una mentalidad mucho más amplia de reforma que la
sociedad mexicana ha venido manifestando con el fin
de acelerar los procesos de cambio demandados desde hace tiempo en todos los ámbitos de la vida colectiva. En la situación actual, el teatro asume la función
estética e ideológica de poner a prueba su capacidad
para representar al mundo, de cuestionarlo sin esperar a cambio soluciones inmediatas. (p. 26)
Es interesante lo que propone Lido Sánchez con esta conclusión, pues nos habla de un panorama actual donde el artista escénico busca desatarse de las correas impuestas por las tradiciones
teatrales que carga históricamente en su espalda. Observo esto mismo en la obra y el proceso de creación de Teatro Línea de Sombra,
pues los integrantes de la compañía son, en su mayoría, egresados de
estudios artísticos en el extranjero, dejando como antecedente esta
posible comparación entre el teatro aquí y en otros países, dando pie
a que la creación de Baños Roma no sea solo un texto con palabras y
un planteamiento tradicional, sino la exigencia del viaje e investigación por parte del grupo para crear esto, para entender el mundo que
se gesta dentro de los límites que dividen a esta ciudad. Pero también
para hablar no solo de ella y su realidad, sino para representar un
mundo que les compete a todos ahí. Como mexicanos y como personas nacidas en el norte del país, Mantequilla es solo la excusa para
juntarse a crear, a documentar una realidad que todos ahí podían entender, pero que decidieron exponer a través de una vivencia en conjunto, a través de cuestionar esta realidad compartida por todos sin
esperar nada a cambio, sin querer cambiar a este mundo que, sin más,
seguiría moviéndose con o sin ellos. Es así como Teatro Línea de
Sombra propone un espacio de convergencia, a través de la búsqueda
de nuevas formas para hacer teatro en un país donde el naturalismo
y el realismo siguen representando una cantidad considerable de las
propuestas escénicas. Baños Roma es un refrescante recuerdo de que

el teatro mexicano es más que el melodrama telenovelero y las comedias de enredos, que hay creadores mexicanos con el objetivo de
trasgredir los cánones perpetuados año tras año.
Como síntesis final, cerraría a Baños Roma como la pieza
en la cual creadores de distintos lugares, contextos y formaciones
convergen a partir de una inquietud artística donde la realidad vivida en aquel 2012 se volvió preponderante, y donde la misión y
visión de hacer un teatro mexicano con la exploración, la renovación
y los nuevos procesos como prioridad, se convierte en la máquina
que lleva la creación de la pieza. Me parece importante contar con
creadores así en México, que exploren las posibilidades del quehacer
escénico desde todas las aristas posibles. Es gratificante encontrarse
con espectáculos que propongan formas distintas de performatividad, personalmente lo es a partir de mi visión como estudiante de
teatro, pues investigar que algunos de ellos son de Monterrey, y que
además el grupo nace en la ciudad, me hace sentir esperanzado como
neolonés, pues las propuestas a nivel local no siempre se atreven a
crear algo realmente disruptivo, más que eso, fundamentado con un
trabajo, formación e investigación detrás de su creación. Puede que
esta obra haya sido estrenada hace diez años, pero es inevitablemente
refrescante a pesar de su corta vejez.
Cierro reflexionando sobre nuestra responsabilidad como
creadores en este momento histórico donde pareciera, a causa de la
inmediatez y la digitalidad, que estamos conectados y, sin embargo, vivimos uno de los momentos de mayor desconexión humana
de la historia. Podría parecer que me salgo del análisis previamente
expuesto, pero no creo que sea así; creo que el teatro se trata del
convivio, del intercambio mutuo entre quienes nos vamos a parar ahí,
ya sea como artista o espectador. Vivir hoy en día implica muchos
factores, asistir al teatro, otros cuantos más. Vale la pena sentarnos
un momento y pensar cómo ayudamos a resistir esta desconexión
humana con el otro que nos obliga a revisar el teléfono celular cada
cinco minutos, que nos hace ajenos al convivio. ¿Realmente hacemos
esto en interés de los otros o es mero beneficio propio? Sinceramente,
no creo que el teatro cambie al mundo, pero creo que puede hacer una
diferencia pequeña; incluso diminuta, pero que solo el teatro puede
hacer.
Referencias

Rivera, V. A. (1993). La composición dramática: Estructura y cánones de los siete
géneros. (2.a ed.). Grupo Editorial Gaceta.
Cázares Cerda, G. I., y Rojas Cuevas, R. M. (2014). Un acercamiento a la idea de
la posmodernidad. MAGOTZI Boletín Científico De Artes Del IA,
2(4). https://doi.org/10.29057/ia.v2i4.632
Guerrero, L. A. (26 de enero de 2015). Baños Roma O ¿por qué tienes que creer en el
teatro?. Tierra Adentro. https://tierraadentro.fondodeculturaeconomica.
com/banos-roma-o-por-que-tienes-que-creer-en-el-teatro/
Hernández, J. (29 de marzo de 2012). Juárez, la ciudad más peligrosa del mundo:
EU. El Universal. https://archivo.eluniversal.com.mx/notas/838874.
html
Lehman, H.-T. (2013). Teatro posdramático. Paso De Gato.
¿Quién fue José «Mantequilla» Nápoles, el ex boxeador cubano?.(16 de agosto de
2019). La Afición, Grupo Milenio. https://www.milenio.com/deportes/
boxeo/jose-mantequilla-napoles-boxeador-cubano-biografia
Sabugal Paz, P. (2014). El teatro documental: Una puesta en escena [Tesis nivel de
maestría, Universidad Iberoamericana Ciudad de México]. Repositorio
Ibero Ciudad de México. https://ri.ibero.mx/handle/ibero/651
Sabugal Paz, P. (2016). Teatro documental: Entre la realidad y la ficción. Investigación
Teatral, 6-7 (10-11). 111-129 https://investigacionteatral.uv.mx/index.php/
investigacionteatral/article/download/2533/4415/11794
Sánchez Caro, L. (2011). El teatro mexicano entre dos siglos (1990-2005). En D.
Olguín (Coord.), Un siglo de teatro en México (pp. 312-326). Consejo
Nacional para la Cultura y las Artes, Fondo de Cultura Económica.
Fuente de consulta
Frischmann, D. H. (1992). Desarrollo y florecimiento del teatro mexicano: SigloXX.
Teatro: Revista de Estudios Culturales/A Journal of Cultural Studies,
(2) 53-59 https://digitalcommons.conncoll.edu/cgi/viewcontent.
cgi?article=1023&amp;context=teatro

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EL DESEO QUE TRASPASA
LA PANTALLA
Por Aida Gregoria González Nava
Facultad de Artes Escénicas UANL

Septiembre, 2014.
Coproducción de Young Vic y Joshua Andrews.
Londres, Reino Unido.
Debido a la pandemia y a su directa
influencia en la escena teatral la Compañía Nacional de Teatro inglesa, mejor
conocida como National Theatre decidió
lanzar un nuevo segmento virtual que lleva dicho nombre, agregándole al final “at
Home” esto para realzar el hecho de que la
virtualidad era el nuevo camino. Este servicio de streaming fue puesto al alcance de
cualquiera que estuviese lo suficientemente interesado en el área, sin costo alguno,
optando por YouTube como plataforma
designada.
Todas las transmisiones se estrenaban
a través del canal oficial de la compañía
los jueves a las 19:00 hrs en horario inglés.
Estas obras se mantenían durante una semana entera en dicho canal, libres al público. Dentro del extenso catálogo se coló un
clásico americano escrito por el icono del
teatro Tennesse Williams, A Streetcar Named Desire o Un tranvía llamado deseo,
durante la semana del 21 al 28 de mayo de
2020, a seis años de su estreno.
El tranvía de Blanche arriba bajo la
dirección de Benedict Andrews; dentro del
elenco se puede encontrar a Gillian Anderson como Blanche DuBois, Ben Foster
como Stanley Kowalski y Vanessa Kirby

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Camaleón arte escénico

como Stella Kowalski, dándole vida al trío
principal. Muchos conocerán la obra por su
versión cinematográfica estrenada en 1951,
con actuaciones de Marlon Brandon y Vivian Leigh. En esta ocasión el director ha
decidido trasladar la historia a un contexto
más reciente con ayuda de una iluminación
impecable a manos de Jon Clark, quien se
inclina por una paleta fría y estruendosa.
Complementando la iluminación se encuentra el diseño del escenario de Magda
Willi acentuando la desnudez no solo de
los personajes sino de la estructura metálica montada en una plataforma giratoria que
sellaba el paquete.
Sin paredes, desde las butacas se puede apreciar un cubo enorme donde la privacidad es una ilusión del personaje en el
escenario; cabe aclarar que los cambios de
escena son acompañados por una escandalosa música de rock que sacude los cimientos mentales de Blanche bajo las potentes
luces rojas.
Adentrándose en la historia, la Blanche de Gillian es de clase única, con un
rango actoral como el de Anderson era de
esperarse algo formidable, pero lo que entregó rebasó los límites realistas, así como
su personaje la actriz se desenvolvió en escena de una forma tan vulnerable y verdadera que es casi imposible no compadecer
a Blanche, y si se mira a la otra esquina del
cuadrilátero, allí se encuentra un magistral
Stanley, quien a primera vista puede pare-

cer un simplón, mas sus arranques de ira
y su despiadada astucia le asemejan a un
monstruo que se abalanza contra su presa
a cada oportunidad que tiene, mientras el
personaje de Stella es interpretado por una
actriz más joven que Anderson, acentuando
la diferencia de edad entre las hermanas y
evidenciando el deseo incesante de Blanche.
Con una duración de casi tres horas incluyendo un pequeño intervalo, pude atestiguar que el proyecto virtual de la compañía inglesa no solo resultó reconfortante
para el espíritu teatral; fue un éxito rotundo, arriesgado y, como en la mayoría de las
ocasiones, nada estaba asegurado, pero una
vez más el teatro persevera y es el alma del
artista que se presta como herramienta de
unidad lo que logra que el público se ponga
de pie y aplauda. Son las situaciones extenuantes, el reflejo de los miedos, las verdades a medias y la voluntad de salir adelante
no solo en el escenario, lo que hizo a este
proyecto lograr su propósito de llevar el
teatro a los hogares.
La obra no carece de verdad, la energía está presente y los actores se encuentran
en escena listos para afrontar todo lo que
esté por venir, solo falta que el espectador
se entregue a una realidad diferente a la de
su cotidianidad y salte al vacío, viviendo la
magia del teatro.

�METHAMORTHEORIS

AMARILLO DE TEATRO LÍNEA
DE SOMBRA
Por Amanda Selene Castañeda Tamez

L

Facultad de Artes Escénicas UANL

as muertes inhumanas que sufren los migrantes latinoamericanos –orillados por el gobierno a cruzar ilegalmente la frontera a través del desierto– y la espera
indefinida de su retorno vivida por sus seres queridos conforman el
tema principal que guía la obra Amarillo de Teatro Línea de Sombra. Con más de 200 funciones, estrenada en 2009 y con más de
10 años en cartelera, la puesta en escena ofrece una mirada única
sobre la situación de la migración, otorgándonos un espectáculo
contemporáneo que rompe con las formas comúnmente vistas en
el teatro mexicano. Para comprender cómo es que ha logrado el
impacto y reconocimiento que tiene, es necesario desmenuzarla y
entender tanto su génesis como los elementos que la conforman.
He ahí el objetivo del presente análisis.
Primero, necesitamos saber quiénes son Teatro Línea de Sombra (TLS), el colectivo donde se concibe esta pieza. En cuanto al
director, Jorge A. Vargas, oriundo de Durango, entra al teatro por
interés político en los años 70, empezando a trabajar en el teatro
universitario con textos latinoamericanos y chicanos. Después, su
enfoque fue inclinándose hacia el teatro experimental. Estudió mímica en el École du Mime Corporea en París, a partir de esto, por
un tiempo el eje central del colectivo Teatro Línea de Sombra fue
el cuerpo (TLS, 2023). En su infancia pasaba los veranos en el
pueblo de su abuela, donde la mayoría había emigrado a Amarillo,
Texas, en la búsqueda de una mejor oportunidad de vida. (Vargas
en Cátedra Ingmar Bergman, 2019)
Entre los performers se encuentra gente muy capacitada en
diferentes disciplinas: Vianey Salinas, practicando gimnasia y danza; María Luna, bailarina; Alicia Laguna, curadora; Raúl Mendoza,
con un gran interés por las tecnologías y su uso en escena; Jesús
Cuevas, compositor, cantante y multi- instrumentista; Antígona
González, periodista. Varios de ellos cuentan con experiencia internacional, como Raúl, con compañías de Rusia, Francia y Polonia,
o Antígona colaborando con colectivos en Francia y Nueva York
(Teatro Línea de Sombra, 2023).
Es importante también entender el contexto histórico que da
pie a la creación de esta experiencia escénica: Primero, la construcción del muro fronterizo en el periodo de Bill Clinton que se había
empezado a gestar con Bush, un muro que mide 200 kilómetros de
largo, lo que ocasionó que los migrantes se desviaran a entrar por
el desierto, donde se hallaron más de 4,000 migrantes muertos en
un lapso de 10 años. (Vargas, en Cátedra Ingmar Bergman, 2019)
Hay que tomar en cuenta un dato de la época de los 70, cuando
Vicente Leñero sienta un precedente siendo una figura importante
para el teatro documento en México a partir de su obra El juicio
(1971), el cual representa el juicio de José León Toral, asesino de
Obregón. Para este montaje Leñero utilizó como base los archivos
de taquigrafía de dicho juicio (Salcedo, 2016, p.100).
Es relevante mencionar estos sucesos, pues nos ayudan a entender todos los factores que de alguna manera se unen para crear
el objeto de nuestro estudio. Primero, es muy clara la experiencia
e interés de Jorge A. Vargas por el teatro político, un teatro que
denuncia, que expone la realidad que lo rodea; además, el entrelazamiento de su trabajo entre los textos latinoamericanos y chicanos
de alguna manera influyó en la forma en que Vargas percibía estas

dos culturas y la forma en la que la vida de los latinoamericanos
se veía moldeada al existir en un territorio que no era el suyo. El
hecho de haber visto y vivido en carne propia la ausencia de personas por haber ido a conseguir mejores oportunidades de vida al
otro lado de la frontera, sobre todo en un lugar tan especifico como
lo es Amarillo, Texas, indudablemente movió algo en su quehacer
artístico que se activaría años después con la lectura de noticias
sobre inmigrantes, lo cual le remitiría a estos años de su vida, a
este pueblo y, sobre todo, a esta ausencia imponente que se sentía
en sus calles.
Así pues, su formación corporal, junto con las habilidades
gimnastas y dancísticas de varios de los performers, hicieron posible el acercamiento al teatro contemporáneo y posdramático a
partir del cuerpo y las imágenes que se pueden generar con él. Y no
solo eso, los diferentes trasfondos, tanto formativos como dentro
de la misma disciplina teatral, convirtieron al colectivo en un foco
para la creatividad, imaginación y el acercamiento hacia la transdisciplina, pasando por la interdisciplina, en escena.
La construcción del muro fronterizo fue algo que movió al
mundo, sobremanera a los latinoamericanos, quienes estaban en
búsqueda de mejor calidad de vida, del “sueño americano”. Esto no
fue un secreto, pero lo que el gobierno estadounidense consideraba
una estrategia para detener la migración indocumentada y proteger
a su país de lo que podrían percibir como “sanguijuelas vividoras”,
en realidad se convirtió en una de las maneras más crueles de poner
a prueba el cuerpo humano a causa del deseo de poder escalar en
este sistema capitalista. Sin duda, no es sorpresa que pese al tiempo
transcurrido esto llamara al colectivo a hablar del tema que como
sociedad nos atañe tanto, seamos parte o no de ese grupo que quiere moverse de su país en búsqueda de mejor calidad de vida. De
alguna manera, sí somos todos parte de este grupo, pues se nos ha
vendido tanto la idea de que nuestro país forma parte de un cúmulo
de territorios nombrados “tercermundistas” –cuyo sinónimo social
es “donde no vale la pena vivir”– que por ello está ya arraigado a
nuestra cultura el deseo de salir de aquí a perseguir el “éxito”; la
única diferencia es que algunos tienen los medios para hacerlo cómodamente mientras que otros arriesgan su vida en el desierto para
conseguir una oportunidad. Por eso Teatro Línea de Sombra no se
equivoca al tocar algo que, de una forma u otra, nos habla a todos
como latinoamericanos.
En 1971, cuando Leñero estaba presentando El juicio, pavimentaba el camino para lo que después se convertiría en el método
de creación que Teatro Línea de Sombra utilizaría para Amarillo.
Esta metodología es lo que se conoce como teatro documento.
La fuerza del Teatro-Documento reside en el hecho de que,
partiendo de fragmentos de la realidad, intenta confeccionar
un ejemplo utilizable, un modelo de los fenómenos actuales.
No se sitúa en el centro del acontecer, sino que adopta la posición del que observa y analiza. (Weiss, 1976, p.101)
La manera en la cual TLS empezó a elaborar esta puesta fue a
partir de documentos fílmicos, noticias, todo desde la bibliografía
y el archivo, proporcionados por la organización Contra el silencio todas las voces. En ningún momento se hizo investigación de
campo, al menos no sino hasta después del estreno de Amarillo,

Camaleón arte escénico | 37

�METHAMORTHEORIS

cuando empezaron a llevarla a comunidades como Tenosique –por
decir un ejemplo– y que grabaron el video La ruta del migrante, entonces empezaron a tener conversaciones directas con las personas
que, podría decirse, son co-autoras de los archivos que iniciaron este
proceso creativo: los migrantes.
El Teatro-Documento renuncia a toda invención, se sirve de
material auténtico y lo da desde el escenario sin variar su contenido, elaborándolo en la forma. A diferencia del carácter desordenado del material de noticias que nos llega diariamente desde
todas partes, se mostrará en el escenario una selección que se
concentrará sobre un tema determinado, generalmente social o
político. Esta selección crítica y el principio según el cual los
fragmentos se ajustan a la realidad, nos dan la cualidad de la
dramática documental. (Weiss, 1976, p.97)
Así, al utilizar estos archivos como base de la creación escénica, el colectivo hace un muy claro uso del teatro documento,
utilizando estas historias, estos datos y sucesos como parte de la
narraturgia de la pieza, pidiendo prestadas estas vivencias y revisitándolas, cambiándolas en forma, pero jamás en fondo. Toda gira en
torno a algo, y este algo tiene un nombre: Amarillo.
Como antetextos de esta creación están: El Juicio de Vicente
Leñero, Los ilegales de Victor Hugo Rascón Banda y la construcción del muro fronterizo entre México y Estados Unidos. Los intertextos son la canción Get Back de The Beatles y el poema Muerte
de Harold Pinter. Otras de las obras que sirvieron como antetextos
–también utilizadas como intertextos, apareciendo como video o
audios– son Mi vida dentro de Lucía Gaja, Made in L.A. de Almundena Cariacedo, El muro del desierto de Pablo Gleason, Life on the
Line de Ricardo Padilla, y Asalto al sueño de Ulí Stelzner.
Ahora, es importante identificar la corriente artística y el movimiento literario, pues a partir de ahí entenderemos la obra a un
nivel más estructural. En cuanto la corriente, Amarillo es una obra
posmoderna.

Para el posmoderno no existe “la verdad”,
existen las verdades de cada quien, de
cada caso, de cada momento … Las posturas subjetivas son revolucionarias, pues
a no esperar ya grandes cambios guiadas
por grandes líderes que enfrentarán grandes momentos, tienden hacia el encuentro
consigo mismos. Para obtener el cambio,
basta con que cada quién busque denodadamente cambiar a su interior, que cada
quién tome partido por sí mismo: si cada
quien cambia, cambiamos todos. (Corral, 2007, p.67)
Podemos observar el carácter posmoderno de esta puesta en escena porque se habla de la migración desde puntos de vista subjetivos, desde la particularidad de las situaciones que describe y plantea
como vivencias propias. Esta obra habla “del pueblo para el pueblo”, su objetivo en ningún momento es hablarles a las estructuras
de poder para que se modifiquen, es un llamado a la sociedad, a los
individuos, para que tomen partido a partir de la exposición de esta
situación, la cual evidentemente es una problemática. Así también
se nos habla de la verdad de este sector poblacional, que podríamos
comparar con la verdad del gobierno estadounidense y veremos que
son totalmente contrarias y, sin embargo, no podemos negar la validez de ninguna. Amarillo busca, de alguna manera, influir en la
toma de postura del público y acercarlo a las propias conclusiones
del colectivo, a ubicarlo en esta verdad que nos presentan.
Por lo anteriormente expuesto, considero que el género de la

38 |

Camaleón arte escénico

pieza es la obra didáctica. Según Rivera (1993), una de las cartacterísticas básicas de la obra didáctica es que la anécdota nada más
presenta una tesis. A mi parecer, en el caso de Amarillo, es la siguiente: El viaje que los migrantes están orillados a tomar a causa de
las trabas gubernamentales es peligroso e inhumano. Además, están
otras características del género, como el desarrollo tanto anecdótico
como temático; el hecho de asumir las convicciones de la sociedad
(Rivera, 1993); tener como función exponer, denunciar, y condenar
lacras sociales; y la toma de conciencia, clara desde el principio.
En primera instancia, podemos observar claramente cómo el
tema de la obra se va desarrollando a través de las diferentes anécdotas que nos cuentan y nos escenifican, como la lectura de las cartas
de las mujeres pertenecientes a Tecalpulco, Guerrero, mandadas a la
embajada de Estados Unidos. A pesar de que sí existen anécdotas
por contar, todo corresponde a un solo discurso temático. Amarillo
expone la problemática migrante, hablando desde el entendimiento
de que algo que la mayoría de los humanos condenarán es la inhumanidad. Su tema es muy claro desde el principio, empezando por
el listado de nombres, el documental proyectándose y los elementos
visuales como el bidón, la mochila y la ropa de Raúl Mendoza, de
los cuales hablaremos más adelante. A partir de ese inicio estamos
conscientes del tópico que se abordará la próxima hora y como público nos disponemos a recibir esa corriente ideológica.
Hilado con la corriente posmoderna, al teatro llega el concepto
de Teatro posdramático propuesto por Lehmann en 1999. Amarillo
es, sin duda, una puesta que busca corresponder al llamado “posdrama”. Una de las características sugeridas por Lehmann (2013) es la
sinestesia, es decir, la conexión que creamos entre elementos aparentemente inconexos. Como instancias donde sucede esto en esta
obra tenemos, de primera mano, la secuencia de movimiento hecha
por Raúl al inicio de la puesta. Otro ejemplo es tener elementos con
peso simbólico, como lo son el bidón, la arena o las bolsas de plástico, y ponerlos en un contexto abstracto (como el momento en donde
el escenario se llena de bidones, Raúl se recuesta mientras que una
cámara en cenital lo capta y es proyectado, aparentando estar caminando). Existen diferentes elementos dispuestos en escena para
que uno pueda conectarlos a partir de sus referentes, los indicados
para generar un torrente de significados sin cerrarlos, pero sin que
despierten el interés en el espectador para generar conexiones. Normalmente suelen ser muchos al mismo tiempo, por lo cual se le da
el término de “simultaneidad”: se abruma el aparato perceptivo para
que nosotros tomemos lo que podamos. Esto da pie al surgimiento
de las figuras, tales como el bidón y el agua como símbolo de la
esperanza –por eso el frenetismo con el que se bebe–; la arena como
símbolo del “cuerpo que se escabulle, que no se puede atrapar” (Vargas, en Cátedra Ingmar Bergman, 2019), de los inmigrantes y de su
deshumanización; y los múltiples nombres con los que el actor se
reconoce, los cuales simbolizan el anonimato, refiriéndose tanto a la
falta de documentación como al uso que los migrantes le dan a este
debido a que en él radica su supervivencia, por esa razón al final
aparecen un montón de bolsas llenas de arena, remitiendo a lo más
de 4,000 cuerpos encontrados en el desierto. Unido a esto, también
está el momento en donde se habita con ropa el paisaje, creado con
arena en el suelo, simbolizando a todos los muertos en el desierto.
Por último, la secuencia de movimiento ejecutada en la primera parte por los actores simboliza todos los síntomas experimentados por
los migrantes que fallecen en estos viajes: deshidratación, dolor en
la cabeza tipo picahielo, hipotensión ortostática y nieve visual (de
las cuales de desenvuelven otro mundo de síntomas como la fatiga,
la náusea, falta de fuerza, ganas de orinar, vértigo, desvanecimiento,
entre otras).
La segunda característica de la que hablaré es de la des-jerarquización. Ya no se sigue lo que se conocía como modelo lineal
o modelo triangular, donde existía una jerarquía entre el texto, el
actor, el director, la escenografía y la utilería; ahora no hay prioridad de uno sobre otro. En la concepción de Amarillo, ni siquiera

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hay un texto; al menos no uno literario, pero sí existe lo que llamaríamos dramaturgia visual: la creación a partir de lo que el otro
ve. Se conciben imágenes partiendo del discurso, y todo lo que
se involucre en esas imágenes (actores, mapping, sonidos, texto,
etc.) es de suma importancia para que la imagen funcione como
debe de funcionar, no hay prioridad de elementos porque se piensa
desde lo que se quiere transmitir y sin un elemento se estropea la
imagen deseada. Ejemplos de imágenes en Amarillo son: los distintos intentos de Raúl por saltar el muro –las diversas escaladas, el
juego de sombras y la interacción con la proyección de los videos
documentales–; su partitura de movimiento mientras menciona los
nombres, las edades y lugares de origen de los distintos afectados;
el escenario repleto de bidones mientras nuestro actor recostado
simula una caminata; las linternas que lo buscan; las imágenes de
los fallecidos proyectándose en un trozo de papel; Raúl poniéndose
una capa de ropa tras otra, y luego pretendiendo escalar el piso
para dar la ilusión de un muro; el dibujo del paisaje con la arena,
que después sería habitado por ropa; los cigarros clavados en el
“corazón” de arena mientras una de las actrices hace una partitura
de movimiento; el beso al bidón de agua; las actrices bailando y corriendo por la pared con sus vestidos de quinceañera para después
escalarla; y el final, Raúl rodando por un suelo lleno de arena solo
para llenar el espacio con bolsas de arena descendiendo del cielo.
Teatro Línea de Sombra también hace uso de la densidad de
signos propuesta por Lehmann, sobre todo valiéndose de la repetición, como lo es a través de toda la experiencia escénica con la
frase “Me fui a Amarillo. Dije que volvería, pero todavía no he
regresado.”, dándole diferentes calidades y reforzando esta idea
una y otra vez. Así también con la secuencia de movimiento, la
sobreabundancia de un solo elemento como el bidón o bien, una
acción repetitiva: ponerse capa tras capa de ropa.
Otra de las características apreciadas claramente es el tratamiento que el teatro posdramático le da al cuerpo; desde Grotowski
y Barba se venía construyendo la idea de un cuerpo atlético y vivo
como centro de la representación. Ahora se aboga por la utilización de un cuerpo espectacular en escena, un cuerpo rayando en
lo performático, ya no solo se trata de las “acrobacias” y de lograr
que se vean fáciles de realizar para dar espectacularidad a la obra,
sino que también se le invita a los performers a llevarlo a su límite de otras maneras, como vistiendo alrededor de 20 capas de
ropa después de una actividad física extenuante o beber un galón
de agua de un jalón. Ahora los cuerpos no representan cosas, sino
conceptos y sensaciones, he ahí la razón de las múltiples partituras
de movimiento.
Otro elemento con el que Amarillo juega es la irrupción de lo
real, o sea, no se sabe si lo que se ve es real o no. Nosotros, como
público, confiamos en que los testimonios, documentos e historias
que se leen, se cuentan o escenifican son parte de la realidad, pero
no hay nada que nos pruebe que es así. Hay un pequeño cuestionamiento detrás de la cabeza de todos sobre la veracidad de los
hechos y la existencia de dichos documentos. Además, hay una

conciencia permeando a la experiencia escénica sobre que lo que
pasa está sucediendo ahí en ese momento, cada función tiene su
particularidad por el lugar y por la gente que lo habita. El proceso
es más importante que cualquier resultado, y podemos estar seguros de que Teatro Línea de Sombra tiene un proceso tan diverso que
cada función goza de una dinámica y disposición diferente.
En cuanto el texto, nunca se establece un dialogo entre ellos,
siempre es directamente con el espectador. Hay diálogo directo e
indirecto, pues, aunque se hable en primera persona, se hace con
la conciencia de ser la voz de todos aquellos migrantes fallecidos
en el desierto. El lenguaje es elocuente, descriptivo, metafórico y,
en ocasiones, poético. Se hace uso de la poética de perturbación
al tener texto proyectándose, la música multilingüe al combinar
el inglés y el español, sabiendo bien que habrá gente entre el público que no entienda un idioma o el otro, pero apoyándose de eso
para remitir a la situación de la migración. Se utilizan los “paisajes
textuales”, donde texto, voz y ruido se combinan para crear una
atmosfera auditiva, sobre todo en los momentos donde Jesús Cuevas usa lo que conocemos como Physis de la voz, o sea, sonidos
que podrían catalogarse como arcaicos, al emplear un tipo de canto
armónico proveniente de Asia Central que también se asemeja a la
manera de cantar de los cardencheros. Para concretar los paisajes
textuales en la obra se hace uso de sonidos de acordeón, de cerdos
y diálogos de patrulleros migrantes. En escena no hay ningún instrumento, todo se crea a partir de la voz.
En cuanto al espacio, se trata de un espacio metonímico, en
todo momento somos conscientes de que lo que está frente a nosotros es un escenario y no hay ningún intento de pretender que no
lo es, de ficcionarlo. Se juega con el espacio y las superficies con
tal de generar diferentes imágenes a partir de un mismo espacio, de
irlo transformando según las necesidades de la puesta en escena.
Por último, aunque lo he estado mencionando durante todo
este análisis, es necesario referir el uso de medios en Amarillo,
siendo el mapping el principal, durante toda la obra se utiliza como
recurso primordial para la puesta. Además de eso, tenemos mecanismos teatrales un poco menos comunes y más complejos, como
las varas con las bolsas de arena descendiendo al final. El uso de
tecnología es fundamental para el manejo del discurso de Teatro
Línea de Sombra.
En general, es refrescante ver un trabajo bien hecho que nos
atañe como sociedad con el mismo contexto geográfico y gubernamental; es muy interesante ver cómo Teatro Línea de Sombra es
de los pocos colectivos mexicanos que se acercan al posdrama y lo
hacen de una manera muy limpia y con una conciencia social de
envidiar. Indudablemente su trabajo es la muestra de su gran experiencia no solo en México, si no en el mundo. Amarillo es una obra
que no se encasilla solo en las cuatro paredes del teatro ni solo en
el momento de la representación (a veces presentación), es la viva
muestra de lo que, en mi opinión, debería ser el teatro: procesos,
más que resultados.

Referencias
advenedizodigital. (16 de abril de 2016). Teatro Línea de Sombra. Entrevista completa con Jorge A. Vargas. [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=btMke-eGs8A
Cátedra Ingmar Bergman UNAM. (23 de septiembre de 2019). Desmontaje Amarillo: Teatro Línea de Sombra en conversación con Luis Conde. [Vídeo]. YouTube. https://
www.youtube.com/watch?v=WmzqIS9jvbM
Corral Quintero, R. (2007) Qué es la postmodernidad. Revista Casa del Tiempo, IX(98), 67–73. https://www.uam.mx/difusion/casadeltiempo/98_mar_abr_2007/casa_del_
tiempo_num98_67_73.pdf
Lehman, H.-T. (2013). Teatro posdramático. Paso De Gato.
Rivera, V. A. (1993). La composición dramática: Estructura y cánones de los siete géneros. (2.a ed.). Grupo Editorial Gaceta.
Salcedo, H. (2016). El teatro documento en México. Acotaciones: Revista de investigación Teatral, (37) 97-116. https://www.resad.com/Acotaciones.new/index.php/ACT/
article/view/123/157
Teatro Línea de Sombra. (25 de mayo de 2023). Amarillo (Full Performance) [Vídeo]. Vimeo. https://vimeo.com/82471102?classId=e7dec865-97f8-4dbc-8515-d6985b4b21f5
&amp;assignmentId=60eb4ad8-5023-466f-b50c-327698f9f5ef&amp;submissionId=3aa309a7-0bc7-7bc5-934f-d1c037effc84
Teatro Línea de Sombra. (s. f.). Nosotros. http://www.teatrolineadesombra.com/nosotros
WEISS, Peter (1976): Notas sobre el teatro documento. Escritos Políticos, Barcelona, edt. Lumen, pp. 97-110.

Camaleón arte escénico | 39

�CHARLAS CAMALEÓNICAS

PERCHA TEATRO:
AYER, HOY Y MAÑANA
ENTREVISTA A PABLO LUNA
Por Alejandro Cabezuela Chávez
Jorge Arturo Muñiz Gaona
Roy Alfonso Carvajal Jiménez

P

Facultad de Artes Escénicas UANL

ablo Luna es un actor, dramaturgo, director y docente egresado del CEDART Alfonso Reyes, del INBA, con una trayectoria
artística de más de treinta años. Ha formado parte del grupo de profesores en la Facultad de Artes Escénicas de la UANL (por
seis años) y la Escuela de Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras, impartiendo Pantomima, Biomecánica y Clown Dramático. Es codirector de la compañía Percha Teatro, que celebra su 40 aniversario este 2024. En el 2020 fue galardonado con el Premio
a las Artes U.A.N.L, año en el que también obtiene el premio del concurso Dramaturgia en corto, organizado por la misma universidad,
con su obra Los escarabajos enterradores, la cual posteriormente es publicada. También en el 2020 consiguió el apoyo de Puestas en
Escena de Conarte, con el cual estrenó en línea la obra Caldo Primordial (de su autoría), la cual fue seleccionada para el XXX Encuentro
Estatal de Teatro en Nuevo León, para la Celebración Escénica en San Pedro Garza García y el Festival de las Artes en San Nicolás de
los Garza, Nuevo León. Con obra propia, ha participado en distintas emisiones del Festival de Teatro Nuevo León, destacando con El
tren de la historia, Cuéntame una de luchas, Cuentos negros para niños con preguntas y Balada para un amigo. En distintos festivales y
muestras de teatro, tanto nacionales como internacionales, ha representado al estado de Nuevo León: en el Festival Internacional Tamaulipas; el Festival del Algodón, en Coahuila; el Festival Revueltas, en Durango; en la Muestra Nacional de Teatro, en Tijuana; la Cdmx,
en Mercartes; y en sitios como en Xalapa, en Aguascalientes, en Mexicali y el país de El Salvador, entre muchos otros. Como director,
destaca, entre muchos de sus proyectos, su labor en el Programa Nacional de Teatro Escolar, con la obra Bajo tierra de David Olguín,
dirigida a primaria y secundaria, la cual dio 80 funciones en la gran sala del Teatro de la Ciudad. Como cuentacuentos, colabora en el
espacio Niños Conarte en Parque Fundidora desde su arranque de actividades y forma parte del grupo de artistas convocados por Alas y
Raíces para visitar hospitales como clown y cuentacuentos. Del mismo modo e invitado por Niños Conarte se integró al programa Teatro
hecho por niños para niños de Alas y Raíces, donde tomó un diplomado y montó con niños regiomontanos la obra Niños con pájaros en
la cabeza para representar a Nuevo León en el estado de Zacatecas. La obra de teatro Las mujeres en la historia de México de su autoría,
fue seleccionada en la convocatoria Quedarte en casa de la UANL y ha realizado giras con esta obra didáctica por diversos municipios
del estado y el área metropolitana, como Linares y San Nicolás de los Garza. Así mismo, fue elegido por Alas y Raíces para presentar
la obra de su autoría El navegante de los sueños en zonas de situación vulnerable. En el 2022 y 2023 escribió y actuó en el espectáculo
escénico musical El canto perdido del agua con el que visita 130 planteles escolares dando función. En el 2024, con la obra Las Memorias de Bicente, el león, ofrece 100 funciones en escuelas primarias y secundarias, estos dos proyectos para la Secretaría de Cultura del
Gobierno del Estado de Nuevo León.
40 |

Camaleón arte escénico

�CHARLAS CAMALEÓNICAS

ENTREVISTA:
Alejandro: Buenos días, maestro, es un
gusto entrevistarlo. Para empezar con
las preguntas, nos gustaría saber cómo es
que se concibe la idea de Percha Teatro
durante esta explosión de grupos de teatro
independiente.

debemos estar siempre creando. Nosotros
siempre estamos abiertos a estas nuevas
propuestas de jóvenes artistas, por eso a veces invitamos a que nos dirijan muchachos
o simplemente hacemos obras donde se involucran jóvenes.

Pablo: Bueno, en este 2024 Percha Teatro
está cumpliendo ya 40 años. ¿Cómo surgió? Realmente fue gracias a un grupo de
gente loca, gente que tienen que, cómo les
digo... Los que estamos en esto de la artisteada tenemos algo de locura, ¿verdad? Y
fueron Leticia Parra y Jorge Vargas quienes
originan Percha, los que crean el grupo Percha Teatro, que en un principio se llamaba
el grupo Silencio, porque en realidad nació
como grupo de pantomima. Después de incursionar en pantomina se unen a Ricardo
Leal y Fernando Leal, creando el grupo
Mimus Teatro. Estamos hablando del 83
todavía, porque Percha Teatro no había
nacido aún como tal, como grupo. Así que
Leti, Jorge y también Ricardo y Fernando,
los cuatro, se van a Francia a estudiar Mima
Corporea con el maestro Étienne Decroux.
Al regresar deciden formar este grupo con
el maestro Gerardo Dávila y con Pedro Rivera (quienes ya se nos adelantaron en el
camino), y Juan Gilberto Flores.
Ellos fueron los primeros Percha Teatro;
Pepe Pineda después se une. Fue cambiando el grupo realmente y fue, claro, un
empujón que les dio el maestro Gerardo
Valdéz también en ese tiempo, quien los
invita a que formen este grupo. Creo que
de él surge también, o no sé si del maestro
Dávila, el nombre Percha Teatro. Después,
les digo, vienen cambios, salen unos, entra
el maestro Víctor Martínez, , entra Josefina Hidalgo, entra José Pineda, y así se va
formando el grupo en el 84-85. Yo me uno
muchos años después, como en el 90, entro
primero como animador. En ese tiempo de
Percha Teatro había como un boom, porque
surgieron los grandes centros comerciales
y todos querían llevar zanqueros, clowns,
mimos, el grupo era muy requerido en esos
años, y éramos como una tropa, ¿verdad?
De gente que nos hablaba y estábamos;
ahí íbamos a animar siempre con un objetivo, tener un personaje (siempre era con
un personaje), con un idioma inventado,
creando rutinas entre nosotros y a veces entre la gente. Así surge Percha Teatro, así es
como va cambiando de gente. Y seguimos
renovándonos, porque una de las cosas que
tenemos claro Leti y yo es que en el teatro
no puedes quedarte en el pasado, es decir,
vienen ustedes, viene gente nueva, ya traen
otras ideas que implementarle al teatro, que
eso es genial, ¿cierto? Porque como artistas

cuanto al público, ya está el del teatro, y a
veces el público del teatro somos los mismos actores, los compañeros, que dices tú,
bueno ¿y el público real dónde está? Entonces es importante esta clase de formación,
no olvidarnos como grupo o como artistas
qué hacemos, porque estamos haciendo
teatro no para los otros artistas o para los
otros actores, sino para el público. Es un
objetivo de Percha Teatro, la carpa. Nos basamos mucho en esto de las carpas del cine,
de lo de antes en México, el tipo de rutinas,
pues ya existían este tipo de clowns, a quienes todavía no se les llamaba así, eran los
comediantes, y que eso somos realmente:
comediantes. Porque un comediante hace
lo mismo reír que llorar, esa es la base de
antes y lo sigue siendo hoy.
Últimamente hemos tomado cuentos que
involucramos, metemos historias dentro
de las historias. Leti acaba de presentar
el trabajo llamado Donde habita el olvido
que es como un teatro documental sobre
el nacimiento de la Macroplaza, lo que
se tuvo que hacer para que la Macroplaza
esté ahí. Nosotros como regios, orgullosos,
pero mucha gente perdió su casa. Entonces
Leti tomó como bandera ese tema, y bueno, esa es otra labor nueva. De hecho, la
dirigió Malcom Vargas, su hijo, que es un
joven, entonces trae estas nuevas tendencias, como les decía yo, siempre estamos
renovándonos.

Arturo: Bien, maestro. Refiriéndonos también a este aspecto, al hecho de la creación
y el pensamiento por el cual están abordando ahora este concepto de lo que es Percha,
¿cómo se podría definir a Percha Teatro en
ese entonces y cómo podría definirlo ahora? ¿Qué es Percha?
Pablo: El nombre lo dice, es Percha, que
habla del cuerpo. Estamos muy al tanto de
nuestra corporeidad, de nuestro entrenamiento, entonces siempre hay un trabajo
físico, esa sigue siendo nuestra base, de
ahí partimos, de improvisaciones, de ejercicios, de cómo van surgiendo los personajes o las escenas. Estamos muy al tanto de
la corporeidad de los actores, por eso cada
que vamos a empezar algo nuevo hay que
ensayar, entrenar, y así es, o sea, realmente
eso es Percha. Además, siempre hemos estado como muy ligados al teatro callejero
sin serlo, como esto de ir a lugares donde
hay público que está a veces olvidado. Por
eso nos decía la maestra Elvira Popova que
éramos como juglares modernos, porque
vamos a placitas, vamos a escuelas. Y sin
proponérnoslo, nos damos cuenta de que de
pronto hay chicos que eran niños y ahora
son ya jóvenes que están en el teatro o que
ya son público. Es una labor muy importante la formación de público, porque en

Roy: Aunado a eso, después de 40 años,
maestro, es bien sabido que los grupos entran y salen, se crean, se disuelven, pero
durante 40 años Percha ha estado vigente
dentro de la escena regiomontana. Quisiéramos saber cuáles fueron esos enfoques
originales que tuvieron, qué querían contar, qué concepción tenía la Percha Teatro
en ese momento, y cómo fue este proceso
de transformación para poder mantenerse
vigente durante 40 años. Al final, es muchísimo tiempo para mantenerse trabajando,
siempre actualizándose.
Pablo: El amor a este oficio es lo que nos
ha mantenido, realmente hemos, cómo les
digo... Se ha ido desgajando el grupo que
era originalmente, pero si te das cuenta,
casi la mayoría de los compañeros siguen
activos. El maestro Víctor Martínez allí
está, sigue actuando, sigue dando clases;
Pepe Pineda sigue haciendo escenografías,
él se enfocó más en el área de producción,
pero sigue allí; el maestro Jorge Vargas,
pues tiene su grupo Teatro Línea de Sombra
en Ciudad de México, y así realmente
seguimos. Quienes nos quedamos aquí y
decidimos seguir fuimos Leti y yo, porque
muchos tenían el sueño de: “voy a emigrar,
me voy a ir a la Ciudad de México, porque
allá está todo” y sí es verdad, hay muchas

Camaleón arte escénico | 41

�oportunidades, pero también está en
nuestras manos hacer eso aquí, poder hacer
de Nuevo León un lugar rico en cuestión de
teatro, de artes plásticas, de danza, de todo.
Eso ha mantenido a Percha Teatro, el amor
a este oficio, y que siempre hay cosas por
decir; como en el caso de los pintores, no
paran de crear, de pintar, porque aun siendo viejos, sigue surgiendo esa ardilla en la
cabeza que sigue, que no para y no para,
entonces es importante ejercitar esa ardilla
para continuar.
Y entonces son 40 años de resistencia también, por lo de la pandemia que se vino,
cuando nosotros decidimos hacer teatro
nada más. Es decir, hemos dado clases, yo
tuve la oportunidad de estar en la Facultad,
dando clases de Clown, fueron 6 años allí.
Esas son como nuestras, ¿cómo les puedo
decir? Lo de nosotros es hacer teatro, pero
también es importante compartir lo mucho
o poco que sepamos o lo que hacemos, tal
vez alguien diga “no, no, pero eso no es”,
bueno, no importa, por algo el artista tiene esa capacidad de poder captar lo que
le nutre a él, tomo de aquí, tomo de acá...
Durante la pandemia sufrimos porque no
había teatro, no había escuelas, no había
dónde presentarse, pero decidimos vender
pan, decidimos vender cosas y la idea era
esa: sostenerse y no darse por vencido. Y
luego ya surgieron estas, que si Dramaturgia en corto o teatro en línea, cosa que se
me hacen, no sé, aburrido. Para mí en el
teatro es estar allí, enfrente, sentir al actor; verlo en una pantalla era como estar
viendo una telenovela, qué aburrido, o
me paraba e iba por agua o al baño, qué
sé yo. Era para sobrevivir, para sostenerse,
pero decía el maestro Dávila: “han pasado
pestes y el teatro siempre ha continuado”.
Entonces resistimos, por eso luego, después de la pandemia, hicimos el montaje
Caldo Primordial, no sé si lo conocieron,
lo escribimos entre el maestro Dávila y yo.
Hablaba precisamente de eso, de resistir,
de este par de cómicos que están a la de42 |

Camaleón arte escénico

riva en un caldo primordial donde no hay
nada, donde la incertidumbre es lo que los
mantiene o los hace dudar a veces de lo que
están haciendo y se dan cuenta de estar navegando arriba de un escenario, y eso, los
recuerdos que pescan en el caldo primordial, es lo que los hace seguir viviendo. Al
final terminan diciendo “pues que venga lo
que tenga que venir, pero vamos a seguir”.
Siempre ha sido eso, es algo muy recurrente, en los textos de Percha Teatro tendemos
a hablar de lo que ocurre con nosotros o de
lo que ocurre en el mundo sin ser, tampoco,
así como “ocurrió esto”, no, no, tratamos
de llevarlo un poco más a lo artístico, pero
procurando hablar de esas situaciones.
Roy: Hace tiempo les hicieron una entrevista, creo justamente fue para una revista de la Universidad, en ella hablaban de
cómo se enfocaron en los adolescentes o
que buscaban un enfoque hacia ese público, en crearlo, por eso nos surgió esta duda,
¿cómo decidieron y encontraron la forma
de acercarse a este público que es ajeno al
teatro, y cuál fue esa repercusión en su trabajo escénico? ¿cómo repercutió tanto en
ellos como en ustedes?
Pablo: Es en la historia del Teatro Escolar, en este proyecto donde van escuelas

a la Gran Sala del Teatro, es un programa
precioso. Tuvimos la fortuna, la suerte, de
ser los primeros en hacer Teatro Escolar, en
ese momento no lo tenía el INBA, sino el
IMSS, gracias al maestro Mario Espinosa, quien decidió crear este proyecto y por
ende nos tocó trabajar con el montaje de El
Patio de Monipodio, en el teatro del IMSS,
que ahorita está abandonado, tristemente.
Es un teatro muy bello. Ahí tuvimos nuestras 100 funciones, fue un programa para
secundarias. Es importante darse cuenta de
que en secundaria pasa algo curioso, porque
no saben dónde ubicarse, son como niños
y niñas, porque en sus casas así les dicen,
pero sus maestros les llaman “jóvenes”, así
que ellos piensan, “bueno, ¿qué soy? ¿Soy
niña o soy joven?”. Por eso tienen esa confusión, es complicado. Pero cuando uno
realmente como teatrero hace las cosas,
no porque digas “ah, es el público infantil,
es bien fácil” o “haz cualquier montaje, al
cabo son niños y ellos aceptan lo que sea”,
no, sino cuando hablas desde el interior, logras hacer esa empatía con ellos, cuando no
los tratas como bobos. Por eso, cuando nos
han dicho si somos grupo de teatro infantil,
siempre trato de decir que no, pues realmente somos para toda la familia, porque
también de antemano estás en un teatro o en

�CHARLAS CAMALEÓNICAS

una plaza y el niño no va solo, siempre va con su papá, su mamá o
los maestros, entonces, ¿de qué manera captas también la atención
del adulto para que el niño sienta la confianza de poder también depositar su atención en ti? Porque si se dan cuenta, ustedes saludan
a algún niño que no los conoce y lo primero que hacen es voltear a
ver a su mamá o a su papá para buscar el permiso de saludar, entonces ellos siempre buscan eso, la mirada del adulto. Si el adulto está
atento, ellos se ponen atentos, y si el adulto saca el teléfono, pues
los niños también, o los jovencitos, adolescentes, se pierden también, por eso es importante esto: ofrecer siempre teatro con calidad,
eso es lo que nunca debemos olvidar, y Percha Teatro, aunque sean
montajes de uno o de dos personas (que ahora últimamente hemos
estado haciendo trabajos de dos actores, ante la necesidad, porque
desgraciadamente los presupuestos no aumentan nunca), la gente
a veces dice “uy, uno” o “son dos”, y de pronto es de “ah, wow”
o sea, es un montaje con toda la mano, no importa el número de
gente que haya allí en escena, sino el amor. Otra vez volvemos a lo
mismo, eso a los adolescentes los atrapa. Un ejemplo fue que, después de aquel Patio de Monipodio, varios adolescentes crecieron y
se convirtieron en actrices y actores, luego se acercaban a nosotros
diciendo “cuando era niño fui a verlos y yo dije, quiero ser eso”.
Es lo más encantador o maravilloso que te puedan decir. Así que se
trata de eso, hacer esta labor para ir dejando semilla.
Arturo: Sí, maestro, por mucho, tiene toda la razón, sobre todo en
esta visión que ha persistido tanto en usted, ahora ya posicionado,
porque ahorita Percha está en esta posición de ser un referente. Por
eso la siguiente pregunta ¿cómo liga su creación artística al hecho
de ahora llevar una compañía, un grupo? O sea, ¿toda esta trayectoria que ha tenido ya antes, la liga con la creación, especialmente
con los personajes que crea también? Porque tiene un personaje
muy icónico para mí, que es el de El navegante de los sueños.
Pablo: Tiene mucho que ver la edad. En un punto empecé a escribir mis propios textos, y el navegante surge de la necesidad de
hablar de mi familia, de mi mamá... En ese entonces todavía era
maestro ahí con ustedes, en la Facultad, y me decía un alumno:
“nada más sáqueme de dudas, ¿es verdad que tiene 11 hermanos?”
Digo “sí, es verdad”. El joven no podía creerlo. O sea, es verdad
todo. Una de las cosas importantes en el teatro es eso, ser verdadero. Aunque estemos haciendo ficción, hay que ser verdadero. Y
creo yo que todo dramaturgo escribe cosas que le suceden a él y
les suceden a todos. Por algo somos seres humanos. Y de alguna
manera, como actores, necesitamos como imprimirnos esa idea del
dramaturgo. En Navegante de los sueños quiero hablar de ese asunto con mi mamá, del caos de que éramos tantos y de cómo se volvía
loca, de los pañales de tela, ahí tendidos en el patio y que realmente
parecían barcos. El problema era ese, como éramos niños, pues mi
mamá de “¡dejen ahí! ¡no! ¡me están ensuciando todo otra vez!” Y
en esta cuestión de ser tantos, la imaginación era importantísima.
Por ejemplo, mi papá nos llevaba a un parque, al cual ahora quise
regresar, llevé a mi hija, era un parque del que yo le decía “es que
tienes que verlo, mija, es enorme” y cuando llegué era un parquecito. Dije, wow, cómo cuando uno es niño dimensiona las cosas diferente, y pensé: ¿cómo es posible que en este parque tan pequeño
hubiera tanta, tanta tela de donde cortar para un niño que jugaba,
imaginaba. Por eso se llama El navegante de los sueños. Porque
es eso, los sueños que nos regalaba mi papá cuando nos llevaba,
a pesar de trabajar todos los días él se daba el tiempo de pasear a
toda esa tribu. Y vamos, eso fue lo que quise compartir en esa obra,
como en Balada para un amigo, donde también hablo de eso. Y
lo más maravilloso es encontrarme gente entre el público, señoras
grandes diciéndome “yo también tengo”, o “tuve 12 hijos”. Eso es
lo importante, y como artistas nunca debemos olvidar ponernos en

los zapatos de la gente. No olvidar que nosotros comenzamos del
lado de quienes están sentaditos viendo el espectáculo. Eso fue lo
que Percha trabajó y ahorita seguimos trabajando.
En Donde habita el olvido Leti habla de ella, pues vivía allí a la
vuelta del Teatro de la Ciudad, sobre Juan Ignacio Ramón. Le tocó
vivir todo eso, todos los derrumbes, está hablando desde su experiencia. Eso hemos ido trabajando poco a poco en Percha Teatro,
nuestros propios textos, nuestras vivencias, ponerlas en escena y no
sé si vamos a transformarnos otra vez y vaya a cambiar, pero creo
que se vale, ¿verdad? Como les digo, vienen nuevas ideas de los
jóvenes y hay que tomarlas.
Alejandro: Justamente hablando de esto, del cambio, de transformarse otra vez, pensando como artistas, como grupo, pero, sobre
todo, como individuos, ¿cómo podrían decir que era la realidad
teatral cuando surge Percha y cómo se ve ahora? O sea, ¿cómo visualiza Percha el futuro de la innovación en el teatro? ¿Hacia dónde
creen que se dirige y cómo los involucra a ustedes?
Pablo: Siempre han trabajado muchos grupos, surgieron en los
ochenta los mismos, era como el boom, porque estaban estos grandes formatos donde podías darte el lujo de tener 12 actores en escena. Esas son las bondades que tiene lo de Teatro Escolar, por
ejemplo, que hay un presupuesto para eso, pero también la realidad
fuera de eso es que vas a colegios, vas a plazas y no es lo mismo,
por lo que te empiezas a adecuar, a acomodar a la situación, la idea
siempre es seguir haciendo teatro. ¿Hacia dónde vamos? Por eso
hablamos de ese caldo primordial, nadie sabe, es una incertidumbre, ¿hacia dónde va el teatro? Quizá ustedes, que son jóvenes, son
los mejores o los indicados en dar esa respuesta, ¿hacia dónde va?
Porque realmente ahora sí que uno va pasando el timón para quien
viene y esperemos solamente que siga como hasta ahora o que vaya
creciendo más, porque a Nuevo León todavía aún le falta mucha
gente, mucho público. Hay muchos grupos de teatro todavía, hay
muchos artistas, actores, actrices, pero lo que nos falta aún es eso,
más público, gente interesada en ir a ver teatro a una sala, pues
como buenos regiomontanos, después de tantas horas de estar trabajando, preferimos llegar y sentarnos a ver la televisión, porque
no hay que olvidar que vivimos en este lugar donde deberíamos
trabajar para vivir y no vivir para trabajar, aquí es al revés. Es eso,
tratar de seguir haciendo un teatro más llamativo, más seductor
para la gente, para incitarles a dejar la televisión, que podamos
tener lleno el teatro, ¡imagínense! Por eso yo creo que los muchachos se van a México, porque allá todos los días hay teatro, o sea,
tú no dices, hoy lunes no hay, no, los lunes sí hay teatro y hay el
martes, es decir, todos los días, entonces aquí están surgiendo estos
nuevos espacios de salas de teatro que ahí están. Debemos seguir
trabajando para que el público no se olvide de esto y así siga llegando más y más y más, pero siempre les digo que hay que hacerlo
con el corazón y con mucha calidad para que la gente no dude en
asistir al teatro.
Arturo: Maestro, muchas gracias por su tiempo y disponibilidad,
fue muy bueno e inspirador conversar con usted. Le deseamos
bienestar en el día y que todo fluya bien, gracias.
Pablo: Agradezco mucho esta entrevista e invitó a seguir luchando
por lo que nos hace felices en este mundo.

Camaleón arte escénico | 43

�ECOS LITERARIOS

SUSANA Y
LOS JÓVENES
EN TEZIUTLÁN
Por Rafael Pérez de la Cruz

Benemérita Autónoma Universidad de Puebla

Te invito a un ejercicio de imaginación.
Donde no es necesario cerrar los ojos.
Trasladémonos a la Sierra Norte de Puebla.
Al municipio de Teziutlán.
La neblina espesa de la sierra y el frío que lacera tu piel,
te dan la bienvenida.
Llegamos al zócalo y en el kiosco principal,
preguntamos por el Teatro Victoria.
…
Un edificio histórico muy conocido por los locales.
Histórico…
¿Eres tímido?
Sigue las indicaciones del google maps.
“Teatro Victoria a dos calles del zócalo”.
Estas ahí.
Frente a un edificio teatral construido a finales del siglo XIX.
Las mismísimas Virginia Fábregas y Esperanza Iris pisaron ese
escenario.
Histórico.
“Una joya arquitectónica del arte francés”
Según nos dice: Travel Puebla.
Entra, no seas tímido.
Que el olor a viejo,
el polvo que pica la nariz,
no te amedrente.
Humedad y abandono.
El vestíbulo es…
Imponente.
Y descuidado.
Talla la suela de tu calzado
en el piso amarillento,
vestigio del paso del tiempo.
Avanza.
Lento.
Con suavidad desliza esa cortina purpúrea,
antes roja, que anuncia la entrada.
Espera.
Ahora sí.
Cierra los ojos.
Acaricia el terciopelo grumoso con las yemas de tus dedos.
Una tela propicia para los ácaros y las pulgas.
Abre los ojos.
Y ahí está, enfrente de ti, la obra de teatro.
Susana y los jóvenes de Jorge Ibargüengoitia.

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Camaleón arte escénico

�ECOS LITERARIOS

No subestimar al público es la regla de oro del teatro. Me
pregunto si Ibargüengoitia alguna vez subestimó a su audiencia.
Es poco probable, sus obras El atentado y Ante varias esfinges
son muy audaces para su época. En contraposición, llama mi
atención una de sus primeras obras, Susana y los jóvenes, tal vez
por el tono en el que construye su personaje principal. Un tono
desenfadado, que nos da la impresión de que el otrora ingeniero,
plasma la pintura de su pensamiento y, tal vez, por ese motivo, el
de su época. Ya le decía Usigli “Me agrada que no aborde usted
temas literarios superiores a su experiencia humana”. Y quiero
creer que Ibargüengoitia le hizo caso a su maestro. Pienso en la
frase que se repite hasta el cansancio en los talleres de dramaturgia: escribe sobre lo que sabes; después, sobre lo que crees y, por
último, de lo que imaginas. Quiero pensar al joven Ibargüengoitia
exprimiéndole las palabras a la pluma, haciéndole preguntas a la
hoja en blanco, replicando sus diálogos en voz alta para rectificar
el ritmo y sonoridad de la obra (párrafos dramáticos que parecen construidos al primer zarpazo de inspiración) o rascándose
la cabeza porque la idea no llega. Escribiendo lo que en ese momento le acontece o incomoda (dicen, que como lo hace cualquier
dramaturgo). Un joven que no sabe que será Jorge Ibargüengoitia.

Un joven con ansia de
comunicar.
Pero ¿qué quiere comunicar?
Desde mi experiencia no es válida dicha premisa en las primeras obras, porque en esos intentos uno escribe como puede y
lo que le sale. Entonces será en las obras posteriores, en aquellas
donde la técnica ya no sea un impedimento porque vas encontrando la voz, esa cosa que hará de tus escritos “particulares”.
Justo en las obras de madurez de Jorge como El atentado y Ante
varias esfinges, es donde técnica, discurso y estilo se hacen presentes. Propuestas que nos revelan ya no solamente una historia
“bien concatenada”, como quería su maestro Usigli, sino también dispositivos que son diferentes para el grueso de producción
dramática de su época.
En El atentado asistimos a una combinación de los
recursos del teatro épico de Brecht, con acotaciones que hacen
recordarnos a las películas de Buster Keaton (a las cuales era aficionado el autor) y que las utiliza para hacernos llegar una tragicomedia revolucionaria. Una obra donde el humor funciona como
un espejo donde “cualquier parecido con la realidad no se trata
de un accidente sino de una vergüenza nacional” como anuncia
en las primeras páginas de la obra. Mientras que en Ante varias
esfinges sus procedimientos textuales nos retan a entrever lo no
dicho de los personajes. Aquí la acción pareciera estática, aburridamente coloquial; sin embargo, esta cotidianidad nos revela unos
personajes heridos por la realidad y fragmentados por la misma;
tratan de reconstruirse, reencontrarse y acoplar sus fragmentos
para rehacerse y enfrentar su mundo.
El “diablo en el espejo” –como llamó Villoro a Ibargüengoitia– escribe un teatro que no construye sus cimientos, por más
raro que esto suene, en las letras mezquinas que se acumulan en
las estanterías. Su dramaturgia es para decirse y escuchar (se).
¿A quién? ¿A quién quiere llegar el teatro de Ibargüengoitia? Si
sesgamos la mirada, con la distancia del tiempo, que más bien
parece el filo del cuchillo crítico –e injusto–, descubrimos en los
personajes de Susana..., a gentes con pensamiento inocente y demasiado cándidas. Que bien les podríamos llamar por teléfono y
decirles que se han ganado un premio y que tiene que depositarnos mil pesos a nuestra cuenta de banco para que lo reciban a más
tardar en 24 horas. Y ellos, sin dudarlo, lo harían. Sin embargo, si
nos ubicamos en la época en que sucede la obra (1954), parece el

pensamiento de gentes que quieren gritar que el mundo cambió.
O si lo queremos ver desde la perspectiva más “chavorrucamente”
posible, sus caracteres dicen “ey tú, vamos a bailar el rock”. En
este discurso es donde precisamente se encuentra el engrane que
hace que creamos que los personajes de Susana... realmente son
jóvenes. Es decir, el autor no se pone el traje de moralista, de
“artista sabiondo que quiere cambiar el mundo” para decirle a su
público que sea monógamo y que no se drogue, porque las drogas
matan. Ibargüengoitia construye personajes con un pensamiento
libre, diferente al de sus antecesores.
El autor nacido en Guanajuato no carga con la inscripción de “elegido”. Es una constante de su generación que podemos entrever en los personajes femeninos como en Rosalba y los
Llaveros (1949) y Los frutos caídos (1955) de Carballido y Luisa
Josefina, respectivamente. En las obras referidas, junto con Susana... se encuentra una particularidad bastante extraña para la
época. La voz femenina como agente de cambio. Las mujeres que
plasman los entonces jóvenes escritores de teatro nos muestran
personajes femeninos que se preguntan sobre su sexualidad, que
son descaradamente honestos (hiriendo la imaginería conservadora de la época) y que principalmente son los personajes principales
de sus obras. Como si al tomar esta decisión los tres escritores nos
dijeran que el patriarcado revolucionario ha muerto, que dejemos
de ser aquello que les dijeron sus padres que eran, que hay un
camino por andar, por descubrir. De facto, la generación del cincuenta dejó atrás aquella idea de que en el teatro se tendrían que
representar las comedias españolas y que, al decirlas, los actores,
aquellos que “verdaderamente actuaban”, tendrían que “sesear” y
rematar las oraciones con un “¡cojones, tío!”.
Hace dos meses recibí la llamada de mi tía de Teziutlán, la
tía que es profesora de literatura en el COBACH 124. Aquella tía
a la que le asignan la paraescolar de teatro. Para cerrar su curso
tenía que presentar una obra en la joya arquitectónica, mohosa,
descuidada que lleva por nombre Teatro Victoria, en Teziutlán,
Puebla. Me dijo que quería un “escrito que enseñara algo” en el
que la edad de los protagonistas estuviera acorde a la edad de sus
alumnos y que tuviera siete personajes. Le mandé las obras de
Carballido, aquellas que nunca fallan y siempre montan, y a la par
le adjunté el texto de Susana y los jóvenes. Eligió Susana... Me
llamó por teléfono y me dijo que fuera al estreno.
La gente ríe.
A los diez minutos suena un teléfono celular.
A los quince salió una muchacha con su hijo.
Acto seguido salió un señor.
A los veinte minutos empecé a checar el face.
La gente bosteza.
La obra dura 45 minutos.
Y yo veo a los jóvenes que están en la escena.
Me pregunto si sabrán que “Ibar” murió en un avionazo.
Porque de verdad que el texto de Susana y los jóvenes
representado en esta época, a lo único que nos puede llevar es a
presenciar una obra que cae y cae y cae hasta estrellarse.
Al terminar la función, los papás de los actores y mi tía
lloran de la emoción.
A mí, el terciopelo de los asientos me empieza a provocar
comezón.

Camaleón arte escénico | 45

�ATELIER

IMPULSOS LUMÍNICOS
Por Cecilia Anyeline Infante Cruz
Facultad de Artes Escénicas UANL

¿

Cómo sería crear personajes y escenas donde el punto de
partida sea la luz?

Cuando comencé a sumergirme en el mundo de la iluminación, esta incógnita se hizo cada vez más presente en mis pensamientos. A lo largo de los años, en cada uno de mis procesos creativos, crear personajes o la puesta en escena en general siempre
partía del análisis dramático o exploraciones corporales, la luz era
el último elemento escénico en incorporarse; fue algo a lo que estuve acostumbrada, hasta que un día, literalmente en medio de la
oscuridad, la luz me abrió camino: En una puesta en escena tuve
que bajar de un andamio y desplazarme en medio de la oscuridad.
Estéticamente y visto desde la mirada del espectador, era maravilloso ver esta transición lumínica de la oscuridad a la luz, sin
embargo, esto siempre provocó que me saliera de la ficción, pues
al no ver absolutamente nada y con el riesgo de caer, la luz, en
lugar de ser estímulo escénico para mí, como actriz, se convirtió
en un obstáculo. Fue ahí donde comencé a ser consiente de que la
luz no es un aditamento o un plus, la luz es un universo complejo
que debe ser estudiado cuidadosamente, es otra forma de lenguaje escénico que no debe trabajarse por separado o ser siempre el
último elemento a integrar. Como actriz/actor, sentir cómo la luz
toca cada extremidad de nuestro cuerpo nos transporta inmediatamente a otra realidad, entonces ¿por qué no tomar como punto de
partida el estímulo lumínico?
Buscando dar respuesta a la incógnita, se presentó en mi camino Juliana Faesler, con el taller Retratos hablados: Yo y los
otros y/o la vida de los otros. Los principios del curso estuvieron basados en un laboratorio documental donde, a través de un
pequeño escrito individual de memorias familiares, narrábamos
historias y abríamos una parte valiosa de nosotros para compartir
con el público. Lo que hizo diferente y complejo al taller es que
esta narración no fue habitual, pues a pesar de existir un texto
base, nuestro enfoque fue la experimentación con la luz y cómo
contar esas historias no de forma literal, sino utilizar otro lenguaje
a través de ambientes generales, áreas especiales, etc.
Fue complejo al inicio romper con patrones de creación escénica, pues es complicado dejar de pensar. Faesler nos invitaba
a “dejar de actuar”, lo cual fue algo que nos sacó de nuestro estado de confort y nos orilló a crear a través de los instintos. Lo
extraordinario de este proceso es que, desde lo personal, descubrí
qué tan difícil es abrirle la puerta a esos instintos, pues estaba

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Camaleón
arte escénico
46 | Camaleón arte escénico

tan acostumbrada a reprimirlos, a operar solo desde el análisis y
crear desde el pensar, que dejarlos salir se convertía en una odisea,
hasta que me permití contagiar por un estímulo mayor: La iluminación. Con todo lo anterior no me refiero a que debemos dejar a
una lado el análisis, este es muy importante para conocer la obra/
texto, todo lo que menciono como posibilidad es aplicado a la
construcción de la puesta en escena.
El proceso consistía en permanecer siempre activos en escena, aun estando en aparente neutralidad, el cuerpo debía estar
presente y trabajar junto a la mente; esta parte del proceso me
recordó a lo que teóricamente conocía a través de Eugenio Barba
como Cuerpo y Mente dilatada. Mi cuerpo estaba en constante
tensión, lo que permitía que estuviera activo; al estarlo, despertaba la mente, pero sin que esta sobrepasara al cuerpo, era un constante equilibrio. Después aparecía la iluminación, es ahí donde
salíamos del estado de reserva; observar primero el haz de luz, lo
que se dibujaba en el suelo y lo que este delimitaba en el espacio,
y así, de forma inmediata, despertar nuestro instinto y correr hacia
ese sitio para construir imágenes o secuencias que nos transmitiera la luz; una vez situados en ese espacio lumínico aparecía el
texto y, con ayuda de algunos elementos escenográficos, iniciaba
nuestra narración, que muchas veces no era lineal. En otras ocasiones consistía en la repetición de palabras clave, en algunas, la
fusión de textos, en otras más, solo accionábamos el texto, etc. Lo
increíble de esto es que las posibilidades de creación parecían infinitas, pues cada que aparecía un cambio de luz surgía una nueva
idea, todo esto a través de un texto que no pasaba de una cuartilla. El juego se volvía más interesante cuando incluíamos fuentes
lumínicas alternas (lámparas, espejos, fuego, etc.), porque junto
al técnico, que nos lanzaba las luces a través de equipos lumínicos, y los actores manipulando dichas fuentes alternas, creamos
una conexión escénica a través de la improvisación, esta parte del
proceso la describiría como la magia del teatro, poder conectarnos a pesar de la distancia y crear algo simultáneo que funcionara escénicamente sin necesidad de pactarlo. Suena complejo con
palabras, incluso casi imposible, pero esa es la belleza del teatro,
la forma en que consigue la conexión entre individuos, siempre y
cuando haya disposición en ellos.
Cada cambio de luz iba construyendo nuestro universo, al
tratarse de improvisaciones, en algunas ocasiones este universo
se rompía, es entonces que establecimos algunas pautas que llamamos Punto Cero, el cual consistía en regresar a la base de todo

�ATELIER
ATELIER

e iniciar de nuevo, o bien, si sabíamos que aún había posibilidad de
rescatar ese universo, lo que implementábamos al tratarse de un colectivo era estar en plena disposición de salir de escena para que otro
compañero subiera y continuara la narración, esto funcionaba a la
perfección, pues cada persona cuenta con una energía diferente, cada
persona tiene sus propias ideas de creación, entonces esto enriquecía
aún más la construcción escénica porque había un cambio constante.
Este taller me enseñó, a través de la iluminación, a dejar a un
lado el ego, represiones, indecisiones y estados de confort que normalmente me invadían en escena. Trabajar con un colectivo por medio de la improvisación sin que la vía de comunicación sea la palabra
sino la luz, me abrió un panorama totalmente distinto. Como ejercicio escénico, indudablemente lo recomendaría, pues es otra forma
de expresión, estética, conexión entre actores y, sobre todo, relación
entre luz/actor, un tipo de fusión poco habitual en el mundo escénico
y que considero debería de ser más estudiado y aplicado para seguir
experimentando y ver hasta dónde más se puede llegar por medio de
la luz escénica.
Para cerrar, sostengo arduamente que la luz debería ser de los
primeros elementos de diseño para trabajarse en escena, porque es la
que le da color, ambientes, texturas, sensaciones, forma a la puesta
en escena. Una iluminación acertada cambia el ánimo en el espectador, por lo tanto, no es algo que debe incorporarse o experimentar
en último momento. Una mala iluminación destruye por completo el
mensaje o propuesta, incluso la obra entera, entonces, por qué tomar
ese riesgo, si este elemento nos puede mostrar desde un inicio el universo y atmósferas de la ficción.
La iluminación no es un ente apartado, es la primera puerta de
la ficción en abrirse y la que introduce al espectador en escena. Sin la
luz, el universo teatral no existe.

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�EN ESCENA

ABLUCIÓN:

UNA CONVERSACIÓN
QUE NO TERMINA
Por Claudia Guadalupe Flores Flores

C

uando vi la convocatoria lanzada por Camaleón Arte Escénico para participar en este número de la revista, pensé
con entusiasmo en escribir sobre Ablución, de Sunny Savoy, trabajo presentado en el Teatro Espacio Rogelio Villarreal Elizondo en marzo de 2024. Sin embargo, tener la computadora enfrente
y pensar en ideas a partir de semejante proyecto, me paralizó un poco
por no contar con suficiente experiencia ni analizando disciplinas artísticas ni problemas sociales o políticos tan complejos y delicados
como los que esta obra trata. Finalmente, me atreví a abordar la puesta en escena a través de un texto escrito desde una trinchera personal, porque contemplar aquella propuesta –dos veces, de hecho– ha
dejado demasiadas cosas rondando mi mente junto con la inquietud
por expresarlas.
La primera ocasión que acudí a la función me preguntaron:
“¿Qué te pareció?”; mi contestación fue “Perturbadora”, pero fue una
respuesta en ciernes, porque no terminaba por asimilar lo que presencié; incluso, tras la segunda ocasión, puedo decir que me traje algo
distinto de la primera vez, aunque ambas reflexiones me llevaron al
mismo y perturbador lugar y, probablemente, de apreciar de nuevo el
espectáculo, mi experiencia tendrá algo más que compartir, pero aquí
vamos con lo que hasta ahora tenemos.
La ironía de que me preguntaran acerca de la obra es que, primeramente, tenía muchas preguntas también, pero en tanto más lo
meditaba, me quedaba la sensación de que cuestionando no podía
obtener más respuestas, porque estaban ahí, si me atrevía a implicarlas en la obra. Se necesita algo de valor para hacer esas relaciones e
interpretar las referencias que se encuentran en desmoralizadores elementos: como la crudeza de las manchas sangrientas en el vestuario
de los intérpretes; la violencia que se desprende de ellos cuando se
identifica la brutalidad en algunas secuencias de la coreografía; o en
las imágenes desesperanzadoras del fondo escénico, del video, de los
desconsolados sonidos y la música.
Es difícil describir la sensación que se tiene cuando encuentras a
los intérpretes tratando de mantener una frágil y agredida existencia
sobre un pequeño tapete, evidenciando al final su desesperación por
retenerlo apenas con unas pocas fuerzas, porque representaba un espacio propio, el “Yo” del que las personas fueron desposeídas y por
el cual rogaron y pelearon encarnizadamente, porque al final, lo que
eres es lo único que tienes.
También hay respuestas en el fondo de sábanas remendadas y
manchadas de desesperanza, del desaliento de que esa sencilla sábana lleva adentro una vida entera, lo que una persona fue antes de
haber sido abandonada por el lugar al que perteneció o creyó pertenecer, hasta que ya no; entonces ese objeto que lleva su vida y separa su

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Camaleón arte escénico

�EN ESCENA
ATELIER

espacio del de otro se vuelve toda la vulnerabilidad de haber
sido lanzado del lugar propio hacia la nada.
Tampoco es posible dejar de pensar en el exilio que
trasmite la secuencia del video y el constante desplazamiento de los bailarines, en la triste belleza de las imágenes
plasmadas sobre el fondo del escenario o sobre los intérpretes mismos, quienes a su vez proyectan sombras en la
escenografía integrándose en ella, sombras de las personas
que ya no son lo que fueron porque han sido despojadas.
Las secuencias desérticas y el andar desfallecido de personas que, en el mejor de los casos, emigran por un desierto
de alguna parte del mundo, porque el desierto más mortífero
por el que transitan es el de humanos sin humanidad, sin
compasión, sin entender al otro como un individuo entero
con esperanzas y una vida a la cual aferrarse. En contraste
están las secuencias de imágenes con agua –que, por cierto,
son hermosas– proyectadas sobre los cuerpos de los bailarines, agua que está limpiado lo que puede ser una raza, una
religión, la sangre que se lleva en el cuerpo violentado y la
que se lleva en las manos al violentar a otros porque, en la
desesperación por no ser víctima y por sobrevivir, la persona se vuelve victimario también. La referencia a la limpieza
también se hace al principio de la obra, cuando los intérpretes se están aseando frente a una cubeta con agua cada uno
a sí mismo, lo cual lleva a reflexionar que es preciso lavar
algunas cosas, al interior y el exterior e, incluso, nuestras
propias acciones, pero nunca la esencia o la dignidad de lo
que hace a la persona ser quien es.
La vivencia no está completa cuando no reparas y complementas todo lo visto en escena con el sonido y el fondo
musical, sumergiéndonos en estados emotivos potenciados
por el desempeño de los bailarines en escena, los cuales van
desde los momentos en que se escuchan profundos lamentos que conducen a un lugar de sufrimiento y desconsuelo,
porque aparentemente nada, ni todo el desgaste, la integridad expuesta y ni siquiera las plegarias, es suficiente para
ser rescatados de la trágica experiencia. Muy orgánicamen-

te, el sonido y la música te dirigen a su mundo y, no obstante, permiten escuchar los propios sonidos de los intérpretes
como gemidos, inhalaciones y exhalaciones, los cuales son
reales porque surgen del demandante desempeño exigido
por la coreografía, pero no dejas de notar que acompañan
fielmente el discurso desesperado y afligido con las poderosas pero bellas líneas de movimiento que ejecutan y, al
mismo tiempo, es posible sentir la empatía que queda entre
sus pares cuando la música los acompaña en una travesía en
la que, aun desfalleciendo, encuentran la compasión para
levantar y animar a continuar a sus compañeros.
Las respuestas que encuentras en los bailarines son todas, es claro que ellos sienten el discurso ofrecido en aquella coreografía, sus movimientos, precisos y poderosos a la
vez, te hablan para mirar y te involucran en lo que está pasando. Las expresiones desencajadas que sus rostros muestran en la despedida de su protesta, cuando se supone que
ya no interpretan más, hablan de su apropiación del discurso
de su coreógrafa, de que no solamente siguen una secuencia de movimientos impuesta en virtud de poseer la técnica
y el entrenamiento para hacerla, sino porque sienten, en el
interior de donde surge su danza, que aquello de lo que nos
hablaron es terrible y se han plantado en el escenario para
gritar que no debería suceder o, al menos, no sin sensibilizarnos y comprometernos al respecto.
Lo que Ablución plantea es una conversación que no
termina, sobre todo si de alguna forma estamos de acuerdo
con su discurso, con el cual Sunny Savoy, por medio de
sus intérpretes, expresa al público que se debe tener eco en
la conciencia propia y colectiva para ser más empáticos y
tomar acción en un mayor respeto por la dignidad humana. Este discurso de imágenes, música y movimiento deja
al espectador una sensación indefinible, oscilante entre la
esperanza y la desesperanza, porque la única forma en que
tanta violencia y mortandad termine es empezando a escuchar entre nosotros las plegarias que cada uno reza. ¿Será
posible que lo hagamos?

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              <text>Camaleón Arte Escénico. Revista Digital de la Facultad de Artes Escénicas UANL, surgida en 2018, es una publicación electrónica de acceso abierto editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Facultad de Artes Escénicas. Su periodicidad es semestral y sigue la línea de divulgación de las artes escénicas; está conformada únicamente por textos originales, es decir, que no incluyen ayuda de Inteligencia Artificial en la elaboración y, en caso de usar información ajena como sustento teórico, dan crédito a las fuentes. Su contenido se divide en artículos, ensayos, reseñas, crónicas, entrevistas y críticas de espectáculos escénicos. Camaleón Arte Escénico tiene una perspectiva transdisciplinar debido a que su objetivo es promover la reflexión y el análisis de todas las áreas implicadas en el quehacer escénico. Gracias a dicha orientación divulgativa, la revista busca compartir las investigaciones, estudios, análisis y reflexiones desarrolladas por docentes, estudiantes y público general, así como trabajos académicos de las licenciaturas de escuelas superiores de artes escénicas. El propósito es ofrecer a autores y lectores un espacio que posibilite un amplio conocimiento y entendimiento de las labores escénicas abordadas desde varios enfoques, buscando promover la convergencia entre diferentes disciplinas relacionadas con las artes escénicas.</text>
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