<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="22034" public="1" featured="0" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/22034?output=omeka-xml" accessDate="2026-06-03T13:06:13-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="18322">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/416/22034/Camaleon_Arte_Escenico_2026_Vol_6_No_7_Enero-Junio.pdf</src>
      <authentication>36869a9546716135d33415f4c4e5f062</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="614403">
                  <text>Volumen 5, número 6 (enero-junio 2026), ISSN 2683-1600

Charlas camaleónicas

Un romance de décadas: La poética de iluminar
Entrevista a Gerardo Valdez

Crónica de un camaleón

Fuera de lugar: Un cuento escénico lagunero

El ojo del camaleón

La escena nacional en dos tiempos: 44 y 45
Muestra Nacional de Teatro

Camaleón arte escénico | 1

�2 |

Camaleón arte escénico

�Dr. Santos Guzmán López
Rector
Dr. Mario Alberto Garza Castillo
Secretario General
Dr. José Javier Villarreal Tostado
Secretario de Extensión y Cultura

CAMALEÓN ARTE ESCÉNICO

REVISTA DE LA FACULTAD
DE ARTES ESCÉNICAS DE LA UANL
Volumen 6, número 7, enero-junio 2026

M.H.T.F.B.S Adriana Briceño Arreazola
Directora de la Facultad de Artes Escénicas
Equipo editorial
Consejo editorial externo
Katiuska Valencia Piñan
Cristian Lawrence Keim Palma
Sergio Rommel Alfonso Guzmán

Imagen de la portada:

Jesús Gabriel Huitron Monroy

Consejo editorial interno
Deyanira Triana Verástegui
Olivia Janneth Villarreal Arizpe
Pamela Leal Garza
Emma Alicia Lozano García
Editora en jefe
Mayra Daniela Leal Meléndez
Asesor editorial
Bernardo Martínez Evaristo
Editora técnica
Ximena Margarita Villarreal Villarreal

La escena nacional en dos tiempos: 44 y 45
Muestra Nacional de Teatro

Correctora de estilo
Armandina Yarezi Salazar Díaz
Redes sociales:
Beatriz Cruz Vallarta

Asistencia editorial técnica
Dulce Martía Bautista Salas
Ángeles Belén Gaytán Berlanga
Joss Varela Domínguez
Luis Alberto Martínez Gutiérrez
Diseño editorial
Montserrat Jara Castillo
Camaleón Arte Escénico. Volumen 6, número 7, enero-junio 2026, es una publicación semestral de acceso abierto
editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de la Facultad de Artes Escénicas UANL, Calle Praga
y Trieste s/n, Fraccionamiento Las Torres, Campus Mederos, UANL. C. P. 64930, Monterrey, Nuevo León, México.
Camaleón Arte Escénico. Revista Digital de la Facultad de Artes Escénicas UANL reserva del derecho exclusivo de
uso del nombre bajo la licencia 04-2024-040813330300-102. ISSN 2683-1600. Correo electrónico: revistacamaleon.
fae@uanl.mx. Editor responsable: MAE. Mayra Daniela Leal Meléndez. Responsables de la última actualización
de este número: M.A.E. Bernardo Martínez Evaristo y Ximena Margarita Villarreal Villarreal. Última actualización: 3
marzo de 2026

Camaleón arte escénico | 3

�ÍNDICE
Crónica de un camaleón

5

Fuera de lugar: Un cuento escénico lagunero

Metamortheoris

8

Tres momentos del espacio liminal:
Rupturas, resiliencias y herencias

13

Los teatros romanos como forma de propaganda
política: Roma no se montó en un día

16

El cuerpo que aprende y significa en la escena

18

La buena violencia: Una “vía negativa”
hacia el bienestar psicofísico

20

Reconocerse en la escena migrante:
Un diálogo entre semiótica social y los actos del habla

Charlas camaleónicas

23

Un romance de décadas: La poética de iluminar
Entrevista a Gerardo Valdez

Atelier

26

Una gran paradoja: Para actuar con verdad, primero
hay que intentar dejar de actuar

En Escena

28
30

El Nuevo Oeste
Una obra que te invita a ser parte de la historia

Caleidoscopio

31

¿Cuál es el signo adecuado para el arrepentimiento?

El ojo del camaleón

33

La escena nacional en dos tiempos: 44 y 45
Muestra Nacional de Teatro

Entre líneas y escenarios

37
39

4 |

La elección del balance
Near the border: Crónicas fronterizas

Camaleón arte escénico

�CRÓNICA DE UN CAMALEÓN

FUERA DE LUGAR:

UN CUENTO ESCÉNICO LAGUNERO
POR ALAM SARMIENTO1

( )
* Advertencia: todo parecido con la realidad es un mero desborde de la ficción*
*Se sugiere leer este texto con: Los estertores de la democracia de Javier Corcovado como fondo musical*
*Si lo anterior distrae, escuche primero la canción*

Esta obra quedará registrada bajo la licencia de Creative Commons (CC BY 4.0) Internacional

Cuento 1
El teatro (realidad o ficción)

U

El texto excede al autor.
Alguien que leyó a Borges.

n cuento cuenta que el filósofo Gilles Deleuze alguna vez afirmó lo siguiente sin asegurarlo por completo: “Toda discusión, toda
conversación entre intelectuales es profundamente inútil, es
más, es detestable.” Llegar alguna conclusión después de horas
de una pretenciosa puesta en mesa de las “mejores ideas” para
sacar solo una e incluso necesariamente discutir para obtener
la idea ganadora, le parecía tan necesario como el vómito de
un enfermo de indigestión estomacal, fuera de eso, de esa momentánea sensación de alivio, no había más que materia pastosa
lista para ser llevada al bote de basura. Al parecer, esta sentencia
casi moral del cuento que cuenta a Deleuze y sus repercusiones
en nuestra narrativa de la vida contemporánea era o es una advertencia de las grandes pandemias que nos han rodeado y que
seguirán enfermando al arte y a otras prácticas humanas en los
años venideros, dejando como secuela la dificultad para pensar,
comprender o reflexionar lo que sea el caso.
Por supuesto que el teatro y su práctica reflexiva no
ha estado inmune a estas virulentas formas. He sido testigo de
dicha enfermedad, sus intensos síntomas, sus estragos y sus secuelas. El cuento que cuenta a este que está contando el cuento que ahora se escribe contiene en su narrativa una época en
donde, infectados por esta enfermedad, los teatristas pasábamos
horas y horas, días y meses, años y hasta décadas discutiendo
qué tenía sentido para el teatro y qué no. El problema de la enfermedad no radicaba en la discusión, sino en el febril intento
de encontrar la idea para cerrar todo, la cual a la postre se convertiría en una verdad absoluta, en una postura hegemónica y,
en algunos casos, hasta dogmática. Lo más absurdo es cómo el
deseo por empezar el diálogo tornado en discusión nació paradójicamente del intento por alejarnos de eso. Esta situación
provocó, como primera consecuencia, una innecesaria fragmentación y polarización entre quienes hacemos teatro. Esta separación radical y hasta violenta de quienes discutimos bajo esta
dinámica es lo que poco a poco ha desgatado el sistema inmune
del arte escénico.
El momento en el cual a mí me tocó vivir de frente la
experiencia del virus, la enfermedad se manifestó en la férrea
discusión centrada en si el teatro debía representar la realidad
creando una sofisticada ficción o si su principal tarea era la de
presentar sin simulacros la realidad del momento presente.
En los inicios del nuevo milenio, por ahí de 2003, cual
película apocalíptica de guerra interestelar, teníamos (tuve) que
definir por cuál de los dos bandos, de las dos posturas, sería1

mos instruidos: el teatro que representa o el teatro que presenta.
Cegado por lo la contaminación de mi cuerpo, paré en ese lugar
donde el camino se bifurca para decidir.
Por un lado, estaban quienes querían mantener irreflexivamente la tradición de un arte escénico llamado teatro de
representación; por el otro, estaban quienes sobrereflexivamente defendían el llamado teatro posdramático o del presentar.
Yo fui seducido por estos últimos. No ahondaré en las razones
de mi decisión, pero puedo decir, en resumen, que me sonaban
como la resistencia y la postura necesaria para ir por un mejor
camino.
Cuento esto porque esa causa me hizo creer erróneamente durante muchos años que cualquier dramaturgia (especialmente las creadas al servicio del teatro de representación),
cualquier intento de ficción, debía oler mal, ser despreciable y,
de ser posible, ser eliminado del mundo escénico. Cualquier
intento de crear personajes o crear una puesta en escena a partir
de un texto dramático de ficción era necesariamente un acto de
simulacro, colonización y mercadotecnia. Ahora puedo decir
que no es así del todo.
Y es que, además, esta otra manera de hacer teatro,
la que huye o niega la ficción (la del teatro del presentar) me
hizo vivir mis primeras experiencias verdaderamente estéticas.
Ver Autoconfesión, por ejemplo, presentada por Gerardo Trejoluna, creada por Indira Pensado, Rubén Ortiz y un laboratorio
escénico, me cambió la vida. Ser espectador del trabajo de Jean
Frédéric Chevallier, Jorge Vargas, Héctor Bourges e Ileana Diéguez, oírlos hablar, charlar, discutir, me colocó en el lugar donde
hacer preguntas tenía sentido, donde hacer teatro tenía sentido.
Colaborar años después con la mayoría de ellos y empezar a
seguir sus pasos en mis proyectos y propias creaciones, me hizo
ser parte de ese lado el camino y, por qué no, defenderlo.
Así, convencido de ese sendero, regresé un día de
2010 a la comarca lagunera y traté de emular con mi trabajo
escénico lo que ese modo de manifestación teatral hacía e intentaba producir en quien lo veía para poder recrear eso que a mí
me había cambiado la vida, eso que me hacía encontrar sentido,
deseando que más personas lo pudieran experimentar igual o
más que yo.
El 25 de noviembre de 2023, veinte años después de
donde inicié el recuento del cuento, sentado en la cabina de PLAN B Estudio/Teatro (un foro escénico independiente
ubicado en la ciudad de Torreón, Coahuila), después de 13 años
de trabajo en la Laguna desde esta forma de creación (Teatro
del presentar), grabando las luces primero y luego observando
la función de teatro llamada Fuera de lugar, presentada por Red
es Poder, periodismo independiente y el Colectivo Torrente Teatral, me pasó algo que abrió la caja de pandora.

Actor, docente y Coordinador de la Licenciatura en Arte Teatral en la Facultad de Artes Escénicas de la UANL.

Camaleón arte escénico | 5

�CRÓNICA DE UN CAMALEÓN

Después de un largo tiempo se despertó poderosamente en mí el deseo de escribir todo este cuento que intento contar
ahora, pues eso presenciado, reavivó y removió muchos de los
sentidos por los cuales durante casi todo este tiempo he intentado
hacer teatro, por los cuales aposté por crear un foro independiente
y, más allá del beneficio económico y personal, me ha interesado
seguir preguntado cuál es el sentido que el teatro puede tener en la
comarca lagunera,
Además de reavivar esta pregunta, me sembró también
una borrosa claridad, una verdad incierta, un cuento nada comprobable. Me hizo primero experimentar una extraña sensación, luego
eso me hizo pensar que un mundo en donde se defiende tanto la
“verdad”, donde se supone que a través de ella y su implacable
verificación podremos comprender la “realidad” y entonces actuar
atinadamente o con justicia, es más bien un mundo donde vivir
experiencias, pensar, reflexionar o comprender se volvió algo tan
escaso como la cantidad de agua en la región.
Cuando hay un pensamiento que lo cierra todo, lo revela
todo, lo aclara todo, da fin a casi toda posibilidad de experiencia,
por ende, acaba con toda posibilidad de hacer reflexión o pensamiento crítico acerca de eso que se supone nos debería generar
experiencia en lugar de solo información. Cuando todo está en su
lugar, cuando nada queda fuera, nos colocamos en la posibilidad
de ser solo como un dispositivo consumidor de información, sin
experiencia incluida, sin criterio, sin vitalidad, sin inquietud.
Ver Fuera de lugar me hizo recordar, intuir que, en la
medida en que el arte —en este caso el arte escénico— se mantenga a una sana distancia de la obsesión por esa razón instrumental
—útil porque está fundamentada en datos “reales” —, mientras
se mantenga lejos de ese intento de adoctrinamiento de cualquier
verdad hegemónica, mientras mesure su idea de superioridad moral desde la cual decir aquello que se debe o no hacer y nos permitamos jugar como un péndulo que va libremente del dato a la
experiencia y de la experiencia al dato, de la realidad a la ficción y
de la ficción a la realidad, tal vez recuperemos el cuidado y la necesidad de no dar nada por hecho —o de hacerlo lo menos posible—,
afinando nuestra capacidad de percibir de manera menos distorsionada una experiencia no presentada como totalmente sólida ni tan
real como la creemos. Aceptar que eso que lo defendido puede ser
solo una ficción de nuestras manías y carencias.
¿Qué es eso que me estaba ocurriendo al ver la obra?
¿Por qué este montaje de teatro me recolocó en le deseo de pensar?
¿En qué radica su peculiar diferencia? ¿Qué hace que se distinga
de todo lo demás visto antes en Torreón? Lo intentaré contar en el
siguiente cuento.
Cuento 2
El periodismo (realidad o ficción)
Il n’y a pas dehors du texte.
Derridá, citado por el ChatGPT
¿Qué pasaría si te digo que todo lo leído en este documento hasta aquí nunca sucedió realmente? Que todo eso es una
ficción recién inventada por mí. O bien, que no todo es ficción,
pero algunos nombres, fechas o acontecimientos nunca sucedieron
o no existe manera de comprobar si sucedieron así o no. ¿Dejarías
de leer? Si por alguna extraña razón leer el cuento 1 te llevó a pensar algo, imaginar algo o hasta sentir eso que te ocurrió, ¿carece
de total valor o sentido solo por saber que es producto de algo no
comprobable? Leer esto te despierta el deseo o el impulso de saber
si existe, por ejemplo, un tal Jean Frédéric Chevallier. ¿Lo vas a
buscar en Internet? ¿Antes de esto te importó saber quién era? ¿Te
6 |

Camaleón arte escénico

interesó tener totalmente claro si eso paso en realidad? O solo leías
por leer asumiéndolo todo y tal vez solo para llegar al final. ¿Sigue
sin importarte si es real o no? Si todo lo escrito es real, entonces,
¿Lo que piensas, siente o interpresas es mejor? ¿Quién o qué nos
diciplino a así? ¿Qué sentido tiene una configuración de la vida
así? ¿Y el arte? ¿Lo que le da validez es su sustento en lo real?
¿Cuándo se acaban las preguntas y sigue el cuento?
Estos cuestionamientos intentan, más que ser respondidos, contar otro cuento, uno extraño tal vez, uno de una realidad
inexistente, la cual podría no serlo.
Imaginemos que había una vez un mundo donde había
pandemias, donde las preguntas sobre lo real y sobre lo que es de
manera auténtica existen. Justo en ese mundo los periodistas tienen
una discusión de cuál es el sentido principal de su práctica. Imaginemos dos bandos. Uno plantea que el periodismo debe representar la realidad creando una sofisticada ficción; por otro lado, el
bando contrario argumenta que la principal tarea es la de presentar
sin simulacros la realidad del momento presente.
Imaginemos que durante años y décadas discuten y se
fragmentan en dos gremios enemigos, uno intentando acabar con
el otro. Imaginemos que finalmente uno de los dos bandos, el del
periodismo del presentar, logra acabar (por no decir matar) con
todos los integrantes del periodismo del representar. Después de
décadas —a diferencia de quienes discutían sobre el sentido del
teatro — los periodistas del presentar sí tuvieron el valor y la fuerza para eliminar totalmente a su bando contrario. Lo desaparecieron por completo. El tema fue que cuando inicias el camino de
mostrar poder y superioridad es difícil parar.
Imaginemos que después la discusión violenta ya no fue
por presentar la realidad sin simulacros, sino por la verdad con la
cual eso se presenta. Para esa guerra no fue necesario —como se
pudiera pensar — ni instrumentos o mecanismos como aval de la
autenticidad de la información o los datos, tampoco fue necesario
tener leyes más justas, es más, ni siquiera fue necesario que los
más verdaderos periodistas del presentar tuvieran en su juicio la
posibilidad de orientar o dirigir esta nueva etapa del periodismo
en pos de la verdad.
Esto se resolvió de manera más fácil: se mantuvieron y
se sofisticaron los ejercicios de poder que de por sí ya existían,
camuflados de movimientos sociales con buenas intenciones, los
cuales nadie se atrevía a cuestionar. Este poder finalmente decidiría qué era verdad y qué no, qué sí era auténtico, justo, sin simulacros ni maquillajes, y qué no lo era. De hecho, lo que pasó
en este cuento es que nunca más hubo necesidad de investigar si
algo era verdadero o no, pues todo lo difundido como información
periodística o cualquier información en la red estaba avalado por
la verdad respaldada por el Centro. Todo podía ser consultado en
la red. Esa red era alimentada por eso llamado Centro. Nada estaba
fuera de lugar, en verdad nada, todo tenía correctamente su lugar.
No les contaré el final de este cuento, aunque sí les digo
que en lo personal me parece muy triste, aunque no es para nada
real. ¿Te lo imaginas?
Ahora dejemos de imaginar. Esto nunca pasó, no es real,
no hay nada para respaldarlo. Regresemos mejor a las preguntas
que dieron fin al primer cuento y tienen que ver con otro cuento al
cual se refiere la obra detonante de todo este texto:
¿Qué es eso que estaba ocurriendo?
¿Cómo es que esta obra de teatro me recolocó en el
deseo de pensar?
¿En qué radica su peculiar diferencia?
¿Qué la hace distinguirse de todo lo demás visto antes en
Torreón?
Lo intentaré contar en el siguiente cuento.

�CRÓNICA DE UN CAMALEÓN

Cuento 3
Fuera de lugar (realidad o ficción)

El teatro fútbol se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores (la cantidad como lo más importante), teatro fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más bizarros lucrativos del mundo, que no se organiza
para jugar sino para impedir que se juegue. Los dueños del circo han inventado reglas del juego que condenan al aburrimiento, han quitado
al actor jugador la alegría de gambetear, el placer de improvisar, la emoción de desafiar al adversario y la oportunidad de mostrar destreza
colectiva individual.
Alam Sarmiento Eduardo Galeano

Me he resistido a contar el cuento que cuente directamente el cuento que cuenta la obra que Red es Poder y Torrente
Teatral produjeron, crearon, ensayaron y presentaron el 25 de noviembre de 2023 llamada Fuera de lugar. En realidad, no hay una
razón real por la cual exista esa resistencia; creo que es una rara
intuición combinada con un poco de rechazo a lo comprendido
recientemente en redes sociales que se entiende en la ciudad, la
región y el país con respecto a la llamada crítica teatral.
Entonces, al no tener razones, me inventaré tres para
poder jugar
1. Deseo con todo mi ser que esto no se lea como una
critica teatral. Que no se piense en que eso es. Que no
se siga difundiendo la idea de estar en posibilidades de
hacer algo así. Que tal vez algún día podremos, pero
que para eso es necesario volver hábito el pensamiento
crítico, comprendiendo qué es.
2. Deseo que no se crea que lo más importante de una
obra de teatro radica en lo sucedido el llamado día de la
función. Que no se siga reforzando el hábito de pensar
que de todo lo involucrado en un evento teatral, lo que
está arriba de la pirámide, es eso y la endeble seguridad
de quienes participamos de dicho acontecimiento.
3. Deseo que más personas puedan darse la oportunidad
de ir y presenciar parte de lo que implica un evento
escénico. Que salgan de su casa y vayan a ver esta y
otras obras más, con la conciencia de que eso visto solo
es parte de todo un fenómeno que excede a quienes lo
hacen y al momento presente.
Dadas mis tres razones —y contradiciéndome—, ahora
hablaré de algunas de las singularidades que esta puesta en escena tiene y desde mi perspectiva le permiten ser una diferencia
difiriendo.
Ser y estar Fuera de lugar
Casi todo en esta obra está fuera de su sitio. Aunque sea
por un momento, pero todo se sale de su lugar.
Hay un periodista en escena que actúa, pero no es actor.
Hay dos actoras que hablan en gran medida del futbol
y su corrupción, pero no son apasionadas ni expertas del tema,
seguro tienen más preguntas que respuestas.

Hay un actor y director más movido por los afectos y la
identidad que por los datos o la información de una investigación
periodística.
Hay un público que espera ver una obra de teatro. Un grupo de espectadores quienes pagaron por que les cuenten una historia convencional, un cuento de manera tradicional, con personajes,
ficción y una estructura de presentación, conflicto, desenlace y conclusión, pero en vez de eso es recibido y tratado como un grupo de
invitados a una conversación o a un convivio. Donde incluso pueden
beber cerveza regalada por los artistas si así lo quiere.
Hay una obra que está aconteciendo en una región del país donde es
primordial mantener y cultivar como actividad identitaria el futbol
y sus implicaciones. Donde el amor por su equipo, su camiseta y su
historia son parte de sus usos y costumbres. Donde, para no rivalizar
con este deporte, productores y artistas dedicados al teatro suspenden
funciones para ver los partidos “importantes”.
Hay un tema en la obra que revela que, dentro de dicho
club de futbol, ese que da identidad, hay manejos alejados de los
presumidos valores comunitarios o colectivos pregonados paralelos
a la identidad.
Hay un texto trascendiendo a su autor. Hay una obra que va
más allá de las virtudes y las carencias de quien lo hace. Pero, sobre
todo, de forma por demás extraña y significativa, hay un grupo de
teatro, un grupo de artistas, de personas sobre el escenario quienes
no intentan aleccionar ni adoctrinar, no intentan asumir la postura
de estar colocados en una zona de moral privilegiada, la cual le haga
suponer que pueden decirle al público qué deben hacer o no. Hay un
grupo de seres humanos quienes simplemente tienen el gozo de compartir la experiencia de lo que son, de sus afectos y todas las dudas
auténticas que eso les genera sin volverlo una oda personal.
Hay teatro y está fuera del lugar común, un teatro que no
da testimonio ni sigue los protocolos del teatro sesudo, rebuscado,
frío y documental. Pero por eso de manera sencilla, cálida y concreta
nos comparte un cuento escénico bastante disfrutable. Una narrativa
y una acción que conmueve por su forma de acontecer, que aparece
por muchos lapsos como algo auténtico y fugaz. Hay algo desbordándose muy sutilmente. Es la ficción volviéndose realidad, para
luego recordarnos que toda realidad es un tipo de ficción cambiante
y efímera.

Camaleón arte escénico | 7

�METHAMORTHEORIS

TRES MOMENTOS DEL ESPACIO LIMINAL:
RUPTURAS, RESILIENCIAS Y HERENCIAS1
POR ODVIDIO REYNA GARCÍA2
Primera llamada: La ruptura como innovación

H

Esta obra quedará registrada bajo la licencia de Creative Commons (CC BY 4.0) Internacional

ablar de arte es hablar cultura; no hay un escenario
que pueda disociar ambos conceptos. La cultura es
la base de lo que los seres humanos vamos creando
en nuestro paso por la vida, por lo tanto, es el significado de lo que
producimos: no solo se relaciona la cultura con el arte, sino con la
política, la economía, la filosofía, la educación y cualquier otra manifestación de producción humana. Si queremos conocer de fondo
algún aspecto de lo que somos como entidad humana colectiva, tenemos que partir de esta certeza.
El siglo XXI ha resultado en una serie de discusiones que
aún no alcanzan una definición clara, pero podríamos decir que vivimos una etapa de transición impulsada por la fuerza de todo lo
experimentado en el siglo XX.
A finales del XIX y a inicios del XX la cultura impulsó un
ambiente de renovación que buscaba sembrar las bases para eso que
se entendía por Modernidad. Era importante navegar con la bandera
de lo moderno comprendido como una cultura global de cosmopolitismo y de rupturas para instalar una nueva hegemonía. Ser moderno
era sinónimo de ser gente de mundo. Esto es entendible si recordamos que venimos de las fuerzas revolucionarias del cambio social
planteadas desde Europa: revolución francesa, revolución industrial,
todo un conglomerado de ideas llegadas a las Américas en un coctel
explosivo que sí o sí demandaba acción.
En México, el Porfiriato sembró una semilla de estilo a
lo pipa y guante, el aburguesamiento se consideró lo más chic, lo
moderno y la noción de alcurnia redefinió lo que significaba ser de
mundo. Con la Revolución y la posrevolución era urgente encontrar
el hilo negro de la identidad nacional, construirla, decirle al mundo
aquí estamos, esto se puede apreciar reflejado en productos culturales
como el muralismo (Rivera, Siqueiros), el cual buscaba una consolidación nacionalista de la mano de la Revolución. Asimismo, estaba
el movimiento estridentista, destacado por una literatura de grandes
rupturas pero que, a su manera, mezclaba las ideas del nacionalismo, la modernidad y la revolución, pero donde también podemos
apreciar la multidisciplina al contar con exponentes literarios (List
Arzubide, 1987) (Maples Arce, Arqueles Vela), plásticos (Cué, Modotti) y musicales (Revueltas). Además, los artistas e intelectuales
(en figura de los Contemporáneos) se preocuparon por mantener
contacto con el resto del mundo y procuraron un interés por estar al
pendiente de las novedades, sobre todo de lo que ocurría en países
como Francia, Alemania y Estados Unidos (Sheridan, 1985).
Los vientos de cambio sacudieron en general a todo aspecto cultural en el mundo, en Latinoamérica las voces de Andrés
Bello y de Simón Bolívar dieron frescura e identidad y el impulso
por lo moderno en el arte dio fuerza al cine y a una serie de ismos que
muchas veces se entrecruzaban y luego era complicado encontrar las
delimitaciones de cada corriente. Y es que los tiempos de cambio no
llegaron para pedir permiso, más bien irrumpieron en escena de un
portazo.
En Estados Unidos se vivió un episodio cultural, artístico
e histórico que cimbró a las artes del siglo XX y aún en la actuali-

dad sigue mostrando sus raíces, porque al formar parte de esa esfera
que llamamos cultura, la característica multidisciplinaria es una necesidad de expresión que puede desembocar en su veta pedagógica:
Black Mountain College (BMC).
La BMC tiene sus antecedentes en la colectividad europea
artística Bauhaus, la cual encontró espacios de manifestación en Estados Unidos para de ahí disparar su influencia a lo largo de la historia cultural del mundo con un legado ceñido específicamente a un
espíritu combativo de expresión artística multidisciplinaria: múltiples
perspectivas que parten de una definición artística específica pero que,
en su proceso creativo, no deja de lado la conformación de productos
artísticos culturales con préstamos de otras manifestaciones, un conglomerado rico en diversidad no solo reflejado en tales productos, sino
también en la inclusión y apertura a tantas diversidades pudieran fusionar. Señalan Gilsanz Díaz et al. (2020):
Creado en 1933, el mismo año del cierre de la Bauhaus en
Berlín, el centro y su proyecto educativo se disolverían
en 1957, tras 24 años de actividad que continuaba la de su
precedente alemán. Sus propuestas pedagógicas son incomparables en términos históricos, pero, a la vez, susceptibles
de comparación. (p. 115)
Bajo la imagen de una academia de arte, la BMC tuvo una
vida efímera, pero no por ello pasó desapercibida. Entre sus filas pasaron artistas como Cunninham (danza), Cage (música), Twombly (pintura), Fuller (arquitectura), académicos, investigadores, poetas, incluso en sus aulas se dieron cita ideologías encontradas entre sí, lo cual
contribuyó a su debacle pero, al mismo tiempo, a la construcción de
su leyenda y mito: un imaginario colectivo de gran talante para el arte
y la cultura que ha marcado su influencia hasta nuestros días, aunque
con claroscuros motivados por una pésima administración y la falta
de trascendencia académica, pero que logró abanderar y respetar los
ideales de la creatividad, la rebelión y la apertura de toda índole.
La importancia del BMC, pese a su fracaso como institución
formal, radica en su fuerte postura institucional de abanderar las subjetividades como detonadores del saber colectivo y artístico: la libre
creación y manifestación sin barreras para la asimilación del conocimiento artístico, siempre que se pusiera al centro a la creatividad y a
la rebelión de ir en contra de lo establecido, por lo tanto este episodio
artístico y cultural es, a su vez, una muestra de hasta dónde se puede
llegar sin renunciar a los ideales de una perspectiva que pone a la manifestación artística al centro de la discusión sin barreras de ningún
tipo. En otras palabras, a partir de aquí el hecho de querer explorar el
arte adquirió un espíritu de libertad total y una pedagogía de rupturas
y de confrontación, de libertades creativas. Un mito que impacta a lo
largo de los años y permite estimular pedagogías libres de educación
artística donde hay cabida para la diversidad y para una subjetividad,
la cual alcanza su clímax en lo colectivo, pues los proyectos académicos requerían del trabajo colaborativo para su desarrollo: “este tipo de
trabajos ayudaban a generar relaciones cercanas entre los integrantes
de Black Mountain College y un sentido de la comunidad que tanta importancia tenía en este proyecto” (Hernández Ullán, 2022, p. 55). Asimismo, esta subjetividad colectiva artística vivida en BMC propiciaba
un ambiente democrático donde tenían cabida la disidencia y el con-

Artículo elaborado a partir de las evidencias de la UA La Escena Contemporánea, de la Maestría en Gestión y Producción de Proyectos Artísticos y Culturales de la
Facultad de Artes Escénicas, impartida por la docente Janneth Villarreal Arizpe.
2
Licenciado en Letras Españolas por la UANL, estudiante de la Maestría en Gestión y Producción de Proyectos Artísticos y Culturales de la FAE UANL.
1

8 |

Camaleón arte escénico

�METHAMORTHEORIS

senso, la igualdad ante la rebelión academicista y soberbia de las escuelas tradicionales,
favoreciendo una postura más bien abierta, libre y de confluencia: “La idea de generar una
comunidad iba de la mano de la educación democrática... en la que el contacto y la igualdad
entre los integrantes era parte fundamental del
propio proyecto educativo” (Hernández Ullán,
2022, p. 55). La democracia en acción y la resistencia como estandartes de batalla son, en
este sentido, legado de este grupo colectivo
artístico y cultural que, junto a otras manifestaciones por el estilo, permitieron, produjeron y
posibilitaron los numerosos ejemplos durante
todo el siglo XX con los productos originados
en el llamado posmodernismo, llegando hasta
nuestros días, donde las tendencias del siglo
XXI muestran una marcada necesidad de reivindicaciones, de justicia cultural y de nuevas
otras narrativas que recuperen las voces no
documentadas y las perspectivas alternas de la
visión oficial. De ahí la fascinación ante este
grupo del BMC y otras manifestaciones, las
cuales ahora se busca registrar.
Octavio Paz (1990) promovió ampliamente una serie de posturas culturales con
sustento y aplicación en las manifestaciones
artísticas de ruptura y las llamó tradición de
la ruptura, concepto metafórico que sintetiza
perfecto el juego estructural de la historia del
arte, el cual también podemos identificar en
otros autores como Bloom (2017), quien señala que, para aportar, los verdaderos escritores,
artistas, necesitan extrañificar, es decir, separar
identidades establecidas y romper moldes para
trascender. En autores de las teorías culturales
como Lotman (1996), Bajtín (2018), Deleuze
y Guattari (2010) podemos apreciar esta propuesta como el juego entre periféricos y canónicos, un vaivén en continuo movimiento que
va alternando sus focos de atención, recuperando lo culturalmente valioso y sometiendo lo
que no, aunque va implícito el factor del poder
y de quien lo detenta, pero a su vez de quienes
están ahí en plena pulsión subterránea.
Las definiciones, en lo que va de este
siglo XXI, se pueden apreciar como de
transición y reivindicación de todas aquellas
voces ocultas en las sombras de la cultura,
enfáticamente en las marginalidades, porque
nuestra cultura ha entendido que, en la medida
en que se reduzcan las distancias entre las desigualdades, se podrán crear espacios de acción
más seguros y ricos en experiencias, de ahí la
importancia de acudir a los rincones de la historia donde se mantienen lapidados numerosos
registros de expresiones culturales y artísticas,
las cuales necesitamos conocer para enriquecer
nuestro imaginario colectivo, arropar los mitos
para concretar una cartografía más completa de lo que somos como colectividad. Entre
más acercamientos permitamos a los registros
ocultos, más completa podemos tener nuestra
visión y perspectiva de lo que somos.  
  

Las ceremonias de coronación de una corona
que nadie quiere

Antes de pandemia, las
manifestaciones artísticas
llevaban décadas integrando y
navegando entre soportes para
descubrir posibilidades
de mayor contacto y ceremonia
entre las expresiones y representaciones y el acto de
atestiguar el momento de enunciación.

Desde los 70 y 80 Andy Warhol, por
ejemplo, exploraba los alcances de la tecnología mediante técnicas de reproducción en serie
como la serigrafía, los collages o experimentos con la tecnología de entonces, por ejemplo,
cuando intentó reinterpretar algunos de sus
cuadros famosos como el del rostro de Deborah Harry, pero en píxeles de la era Atari.  
Asimismo, en la escena musical teníamos propuestas como Kraftwerk o Aviador Dro, quienes hacían música electrónica
acompañada de cuanta herramienta performativa podían llevar a escena como proyecciones,
vestuarios y un discurso irónico y posmoderno
donde se sentenciaba: “we are robots” o “la
televisión es nutritiva”, lo cual, por más ironía al respecto, terminó como declaración de
principios y se volvieron ejemplo a seguir para
muchos proyectos artísticos posteriores, con
todo y postura política. También era el caso de
artistas como Diamanda Galás quien, de manera radical, se preocupaba por imponerse en
las antípodas del mundo pop con una propuesta
vanguardista sin concesiones, mediante experimentación sonora de efectos sónicos de alteración vocal que le servían para fijar su ojo en la
crítica social y asumía una postura política que
espantaba (y aún lo hace) a los más conservadores mediante representaciones donde es difícil discernir entre teatro, ópera, performance,
manifestación política por las muertes de SIDA
o concierto de rock.
En México, desde los estridentistas podemos advertir una inclinación por
lo multidisciplinario, espíritu combativo posteriormente continuado por los artistas que se
reunían alrededor de los Contemporáneos o lo
ocurrido en los 50 y 60 en la Casa del Lago y el
proyecto Poesía en voz alta, donde se comenzaron a montar piezas de Strindberg, Ionesco o Klossowski (UNAM, 2001). Este trabajo
se ligaría a la par con el teatro pánico de Jodorowsky y sus múltiples puertas hacia la creatividad y lo intermedial, el escándalo mediante
los llamados efímeros pánicos y la toma de
espacios no habituales para el teatro, como albercas u edificios abandonados, así como la colaboración con pintores como Remedios Varo
o Felguérez y músicos o cineastas como Corkidi y López Moctezuma (Jodorowsky, 1996),
pulsión que arribaría a los 80 y 90 con la proliferación de espacios culturales y contracultura-

les. Tal es el caso de las obras realizadas en el
CUEC (Vox Thanatos o América, por ejemplo,
bajo dirección de David Hevia y semillero de
la banda de rock Santa Sabina) o lugares como
el Bar 9 (con Alejandra Bogue y la Kitsh Company), el Hábito (con las sátiras y performances de izquierda con Jesusa Rodríguez, Astrid
Hadad y Liliana Felipe), el Tutti Frutti o La
Última Carcajada de la Cumbancha (LUCC),
donde grupos de rock, artistas plásticos, escénicos, videoastas, políticos, modelos, ídolos
pop y de la televisión, travestis y figuras del
jet set se codeaban en un carnaval donde todo
podía suceder y donde la creatividad tenía que
emplearse de manera inteligente porque se debía evadir la censura del poder (Osorno, 2014).  
Con la llegada de los dosmiles y la
locura del cambio del siglo, internet comenzó
a popularizarse y cada vez había más hogares
con posibilidades de conexión. Al mismo tiempo, las academias debieron ir adaptando a sus
dinámicas de evaluación y de formación diversas modalidades que permitían el uso de tecnologías de información. Pero llegó la pandemia
del COVID-19 (coronavirus) para sí o sí impulsar de manera definitiva el uso de tecnologías en la vida diaria y al alcance de cualquier
persona. Los inicios de la pandemia fueron de
completo terror y desconocimiento mayor a lo
suscitado en el cambio del siglo con el Y2K.
Solo corrían rumores y los medios de comunicación esparcían un halo de miedo, cubriendo
completamente el orbe y despertando las más
bajas pasiones de la sociedad: desde eventos de
completa empatía y ternura, hasta actos reprobables que enfatizaron lo terrible que pueden
llegar a ser las masas mal informadas (como
los ataques a personal médico por parte de
sus vecinos y vecinas, por ejemplo).
Nadie quería portar esa corona amenazante y menos ante la incertidumbre de que,
si la recibías, tus días estaban contados: el miedo y la desinformación tenían a la población
bajo el dominio de la incertidumbre y el terror.
Nadie quería enfermar y se escuchaba con desesperanza que la estrategia gubernamental fuera el contagio controlado, de rebaño, es decir,
todas las personas debíamos enfermar para desarrollar anticuerpos y con ayuda de las vacunas lograr la inmunidad. Los casos de personas
cercanas que enfermaban y morían cada vez
eran más presentes, no había ánimo de continuar con la vida como se estaba llevando hasta
el momento.
Sin embargo y ante la desesperanza, el arte y la cultura decidieron imponer resiliencia, poco a poco comenzaron a dominar
las tecnologías para trasladar a plataformas y
redes sociales una muestra de lo que se podía
lograr con las limitaciones o alcances que cada
quien podía hacerse en el momento. Conferencias, webinars, encuestas, ciclos de charlas,
herramientas lúdicas, teletrabajo y demás, comenzaron a formar parte del día a día de las
comunidades.  

Camaleón arte escénico | 9

�METHAMORTHEORIS

Las y los artistas escénicos, en lugar de quedarse de brazos
cruzados, comenzaron a producir escenificaciones, performatividades
con un replanteamiento del espacio liminal: si bien los públicos son
parte activa de la ceremonia escénica, ahora también lo serían, pero de
manera digital. Ejemplos perfectos tenemos en los casos de la compañía
española La Fura del Baus (2020), quienes incluso se tomaron la molestia y el placer de compartir sus experiencias escénicas al finalizar sus
espectáculos, como si de mesas de desmontaje se trataran. Esto resultó
de gran valor para poder estudiar y aprender de dichos casos.  
De este modo, el contagio inminente se vio atenuado o se vio
acompañado de artistas preocupados por ofrecer entretenimiento y arte
a las personas, para empoderarlas en muchos casos, porque no solo se
ofreció un contenido preparado específicamente para ser soportado por
las nuevas tecnologías de telecomunicación, sino que la presencia, la
creación liminal, la invitación a la ceremonia ayudó como medicina
para plantarse ante la situación y empoderar a las personas en un acto
político de resistencia y control, de esperanza de recuperar aquello dado
por perdido.  
Así, el coronavirus llegó para quedarse y con él vinieron una
serie de herramientas tecnológicas, las cuales tuvieron como objetivo,
en primer término, conectar a las personas con sus vidas cotidianas, la
educación, el trabajo, es decir, instrumentos para que las personas siguieran al tanto de sus obligaciones “productivas”, la vigilancia permanente del Estado, el cual señala Galicia (2020); sin embargo, fue
enriquecedor ver cómo estas propias personas tomaron sus instrumentos de trabajo y les dieron otros usos, como lo lúdico, lo recreativo y lo
artístico. Señala Barría Jara (2020) que de ese modo y como pulsión de
vida, las redes se volcaron en manifestación de vida y, al mismo tiempo, todos y todas fuimos testigos del espectáculo, de la ceremonia vital
ahora postrada ante nuestros ojos muy a pesar de quienes nos querían
sometidos y presas del terror:  
Todo se vuelve espectáculo, significa que la realidad, ella
misma, deviene teatral. Así pues, los imaginarios construidos
mediáticamente por el cine hollywoodense o por los medios
no operan trasplantando contenidos a nuestra subjetividad,
más bien la configuran a nivel de nuestros deseos: lo real
coincide con el deseo programado y viceversa. (p. 96)

desarrollo artístico de la compañía y resultaba irónico y muy disruptivo
que el uso de herramientas diseñadas para producir trabajo ahora podían
derribar otras barreras y ser usadas para fines distintos como el disfrute
de una acción performática y esto es una vuelta de tuerca al discurso
oficialista:
El teletrabajo... es la culminación de la utopía capitalista de
la eficiencia temporal; más que nunca, el tiempo es el recurso
más expropiado y explotado, y al mismo tiempo, la plataforma de la producción. Habitamos hoy en pandemia y habitamos la experiencia más acabada de enajenación del tiempo
propio. (Barría Jara, 2020, 98)
Aquí el arte dio un giro al uso de las herramientas tecnológicas y en un posicionamiento político hizo propias las redes para continuar con la labor escénica.
De esta manera —y en el cruce pospandemia —, las artes
escénicas y, en general, cualquier manifestación de la cultura humana, enfrentó miedos y descubrió un panorama amplio de posibilidades
creativas y recreativas dispuestas para continuar con la cocreación y los
confrontamientos humanistas y agonistas que las artes nos representan
en nuestro cotidiano.  
Y antes de que caiga el telón: Todo se pintó de negro, como la extinción...
Hablar de teatro en la actualidad conlleva tener claridad en
algunas ideas. Si entendemos por teatro una manifestación artística controlada, bien estructurada con sus límites bien definidos y con actuaciones que se contienen ante los dictámenes de un texto y la dirección
de una persona que indica cada paso a seguir, podemos afirmar que
estamos casados con la idea de un teatro tradicional, el cual aún puede
ser efectivo y confirmar su vigencia, porque sigue dando sentido a una
comunidad y a un discurso, pero tampoco es justo quedarnos con este
encuadre conceptual. Es como no saber en qué tiempo y momento cultural estamos como sociedad.
Adame H. (2012), al respecto, señala:
el teatro y otras formas de representación escénica han contribuido a que los individuos aprendamos a vivir dentro de una
dimensión reducida, sometidos al racionalismo y al control
que ejercen quienes tienen el poder político y el de los medios
de comunicación. (p. 6)

Una postura altamente política que no agradó en demasía a
quienes detentan el poder, pero sirvió para llevar alivio a los hogares
Estamos acostumbrados a recibir órdenes, a dejarnos llevar,
y para incrementar la resiliencia y la mejor
pero no podemos negar nuestra íntima ne“el teatro corre a la par de los cesidad de transgredir y revelarnos. Más en
preparación de las personas en un nuevo
mundo ahora anunciado digital y electrónitiempos, recrea y problematiza tiempos donde, después de una pandemia e
co. Lo que las y los artistas escénicos, por
instalados en los estragos del neoliberalismo,
ejemplo, habían trabajado en un afán multi- los conflictos e, incluso, se convierte necesitamos darle sentido a lo que ocurre en
modal, transdiciplinario e interlineal, se volen un espacio senso-crítico”
nuestro entorno y en nuestra individualidad
vió productor de habilidades para la vida y
más profunda. Pensar en una sola manera de
(Galicia, 2020, 82).
motor de cambio social. Quizá a este empoconducirse en una sociedad ortodoxa es vivir
deramiento se deba el desarrollo desbocado
fuera del conocimiento humano bajo el dogde los días presentes y las IA que llegan a ofrecer una visión disruptiva a ma y el yugo de los intereses creados por quienes detentan el poder y no
los modos tradicionales de entender nuestros ámbitos de comunicación se justifica, incluso si no somos conscientes de ello.
social, como la educación o el trabajo.
La clase del poder entra en escena (aunque sea empujada en diablitos)
En este sentido, las artes escénicas potenciaron su espíriEn la perspectiva del teatro tradicional nos quedamos con la
tu protopunk y sentencias como el hazlo tú mismo, se volvieron habidescripción de los elementos que atestiguan la manifestación dramátituales: “el teatro corre a la par de los tiempos, recrea y problematiza los
ca: actores, escenario, utilería, acciones, guion, entre otros. Podemos
conflictos e, incluso, se convierte en un espacio senso-crítico” (Galicia,
pautar la escena y estar conformes con una reseña que rescate esta
2020, 82). Al mismo tiempo era de esperarse: el teatro o las artes escéconcatenación de palomitas en un check list. Pero si atendemos a las
nicas siempre han trabajado según los instrumentos de su tiempo, según
necesidades de los tiempos que vivimos y escuchamos nuestra sensilos elementos que permitan la planeación del acontecimiento, así desde
bilidad podemos advertir un otro teatro, una representación de cuerpos
tiempos de Shakeaspeare y la deux ex machina, así en nuestros tiemque pareciera se orquestan en una actuación, pero en realidad el direcpos de coronavirus y trabajo a distancia, como bien indica Robert Letor, consciente de la puesta en escena, se burla y abre ventanas para
page en una charla de la Banff Centre for Arts and Creativity (2015),
dar cabida a esa otra mirada que pide apertura y lecturas varias. “El
donde explica la necesidad del arte escénico de intervenir y de incidir.  
teatro es una cuestión corporal más que de emociones” y con estas palaEn el diálogo que se dio al terminar una función de la bras Hans-Thies Lehmann (2015) conecta con su tiempo, con las ideas
obra La maldición de la corona, las y los integrantes de la Fura del del transteatro o transpoética y al mismo tiempo laten entre líneas las
Baus (2020) argumentaron que la experiencia de la escenificación en ideas de sus precursores como Artaud, Jarry, Grotowsky, Jodorowsky,
línea había aportado grandes descubrimientos para las posibilidades de por mencionar solo algunos.  
10 |

Camaleón arte escénico

�METHAMORTHEORIS

Así encontramos una reseña de la puesta en
escena de La extinta variedad del mundo de
Alberto Villarreal, hecha por un joven quien
lucha en su formación de estudiante por hallar sentido entre la diversidad de posturas, las
cuales lo están alimentando profesionalmente,
por lo que este joven describe los elementos
claros de la estructura tradicional teatral pero,
al mismo tiempo, se maravilla de encontrar el
poder de esa otra visión que el mismo Villarreal se ha encargado de sembrar en el espectáculo para decirnos que, aunque hay un guion,
ensayos detrás, tiempos, estructuras, su obra
deja de ser su obra porque también las actrices y actores quienes toman la escena hacen
lo suyo y lo hacen suyo desde sus corporalidades: “aguda parodia a las figuras de autoridad, escenificando a ‘gobernantes’ que ya ni
caminar quieren, pero ejercen violencia sobre
los ciudadanos”, al reseñar este punto, el joven
Rivas Meléndez (2018, p. 180), se deja tocar
por el espectáculo y entonces la representación deja de ser solo una obra de teatro más,
ahora trasciende y leemos a un espectador
que ha sentido la fuerza posdramática transdisciplinar donde el director está proponiendo
una lectura múltiple de capas que rozan entre
la tradición y lo disruptivo.  
Donde se habla de un manual sobre la
venganza al ritmo de taconazos y la ridícula cadena de producción capitalista que marca
las horas como vasos de cristal encima de las
cabezas
En La extinta variedad del mundo,
Villarreal conjuga elementos que conectan
con la transteatralidad o transpoética, donde
lo multidisciplinario tiene sentido, la ironía
es el hilo conductor, los discursos se enfatizan
justo en la ausencia de discurso y los actores
y actrices trabajan desde su corporalidad, generando un ente colectivo corporal a manera
de Golem:  
En el Transteatro se da el diálogo
múltiple entre lenguajes, representaciones y realidades. No hay
espectáculo “puro”: se trata de acciones gestionadas por un sujeto,
donde la estructura (organización)
es auto-poética y está más allá de
las reglas y convenciones de la representación. Los actos o experiencias transteatrales son acciones presenciales –aunque pueden incluir lo
virtual– que un individuo o un grupo
de personas realizan con plena conciencia de lo que hacen, pero sin
excluir lo inconsciente, y cuya intención es responder a una pregunta
guía que tiene un sentido comunitario (Adame H., 2012, 15).

Quizá de manera velada Villarreal
hace también un reconocimiento de las voces
que han ayudado a deconstruir el teatro para
posibilitar al transteatro. En la escena de los
nacimientos hay una caída de bebé muñeco
que se ensaya como repetición, aunque no llega a serlo, pero ahí está un guiño, lo mismo
con ese momento incómodo de las mujeres
sentadas intercambiando vasos de cristal sobre
sus cabezas en movimiento de cadena laboral
que no se detiene porque hay que producir. Al
mismo tiempo, esa escena es poderosa en su
ironía y crítica desde el absurdo directamente
al discurso capitalista; aquí hacen acto de presencia fantasmal Pina Bausch y Jodorowsky,
porque recordamos la puesta de Cafe Muller y
también los efímeros pánicos donde a través
de una serie de escenas simultáneas se hacen
críticas sociales y se apela a que los espectadores terminen de construir junto a la representación aquello que se busca indagar. También el teatro pánico Jodorowsky integraba a
las representaciones música en vivo o incluía
pequeños dispositivos a la par del resto de
la obra para, más que distraer al espectador,
hacerle reflexionar en capas de significado.
Por ejemplo, Villarreal incluye personas con
máscaras de animal, un camotero, o peluches
y Jodorowsky incluía animales vivos, sangre,
luchadores, o payasos, quienes sacaban de sus
pantalones globos fálicos de color rojo para
conectar con el inconsciente de los espectadores y que cada quien encontrara significados
de entre los símbolos.
Alumbramiento de perros y la muerte: el
gran líder se aproxima
Hablar de transteatro es también
reconocer al performance. “Cada vez que el
mundo del arte tiene una crisis de ideas se nos
pide participar por un corto periodo”, señala
Gómez Peña (2005, p. 24) y no miente. Ante
la crisis no hay mejor momento para transgredir el orden establecido hasta ese momento y
el performance es la manifestación idónea. En
plena pandemia las y los hacedores de teatro y
otras manifestaciones artísticas se encontraron
recluidos en sus espacios ideando cómo dar
salida a las ideas. Las limitaciones del conocimiento, así como económicas y tecnológicas,
mas las trabas mentales de lo que se debía hacer o se debía entender por teatro no dejaron
de manifestarse en voces de todo tipo. Entonces, tenemos que el tiempo vivido en el hoy
requiere una buena sacudida que ojalá las y
los performers ayuden a realizarlo. Al menos,
mientras haya más teatro entendido como lo
hacen artistas como Villarreal, el campo estará
listo para dar paso al conocimiento. Esto a su
vez se contrapone a la influencia que desde el
mainstream se impone.

Los medios de comunicación dictan
sus posturas de lo que se debe o no hacer con
la moralidad. De ahí se entiende la molestia
de Gómez Peña (2005) al denunciar que artistas comerciales como Madonna o Marilyn
Manson tomen posturas y préstamos del performance para objetivos individuales (aunque
habría que analizar el poder e influencia que
artistas como los mencionados y otros tantos, por ejemplo, ahora un Bad Bunny o Lady
Gaga pueden generar e incidir a manera de
rupturas de los esquemas tradicionales de la
cultura, pero eso será ya en otra ocasión).
El detalle está en advertir cuando la
cultura de las grandes masas pretende absorber de la marginalidad para procesar y escupir
luego en productos al servicio del poder. Por
ejemplo, el caso de los llamados standuperos,
performers que se plantan en un escenario
cualquiera y desde un micrófono hacen un
espectáculo más que irónico, soez y digerido
para la comunicación directa con su público,
sin exigir más trabajo ni procesamiento del
espectador. En este sentido, la representación
del stand up pudiera encarnar en la actualidad
esa visión tradicional de lo escénico limitada
a comunicaciones contundentes y directas, las
cuales no buscan ni les interesa remover la entraña intelectual sino visceral.
Y llega el hombre de los camotes: Es la señal...
No se puede afirmar que toda manifestación de stand up sea producto directo de
control del poder, así como tampoco se puede
afirmar que todo artista popular que busque
adaptar elementos disruptivos de lo escénico transdramático acuda a ello para la domesticación de esta manifestación artística, pero
es importante señalar y advertir, mantener
bajo la lupa, porque si en algo ha impactado
esta trayectoria ejecutada en obras como las de
Alberto Villarreal —con toda la historia cultural acumulada, procesada y deglutida—, es la
mirada crítica, el ojo que ve más allá, el pensamiento no lineal que desarrolla conocimiento,
aún más notoriamente después de tremendos
remolinos que las artes han experimentado
con el paso de los últimos siglos y con la reciente experiencia global de la pandemia, la
cual nos obligó a una resiliencia creativa y una
nueva conformación del espacio liminal para
seguir sintiendo que en lo profundo del pecho
late un corazón.

Camaleón arte escénico | 11

�METHAMORTHEORIS

Referencias
Adame H., D. (2012). ¿Teatro vivo, teatro virtual o transteatro? Una mirada desde la transdisciplinariedad. Apuntes de Teatro, (135),
5-19. https://teologiayvida.uc.cl/index.php/RAT/article/view/31847  
Bajtín, M. (2018). La Cultura Popular En La Edad Media Y En El Renacimiento: el contexto de Francois Rabelais. Alianza.
Banff Centre for Arts and Creativity. (14 de julio de 2015). Playwright and Director Robert Lepage’s Unique Creative Style. [Archivo de Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=pMGPzuF7B_Q&amp;t=27s
Barría Jara, M. (2020). Escuchas, pantallas, otros cuerpos, otra presencia. Resistir en tiempos de confinamiento. En L. Proaño Gómez
y L. Verzero (comps.). Mutis por el Foro. Artes escénicas y política en tiempos de pandemia. (pp. 93-103). ASPO/ Red
de Estudios de Artes Escénicas Latinoamericanas. https://drive.google.com/file/d/1G6qaehzvAKSqxuLHq6zgncRUgqlHWXXz/view
Bloom, H. (2017). Prefacio y preludio. El canon occidental: la escuela y los libros de todas las épocas. Anagrama.
Cátedra Ingmar Bergman UNAM. (21 de julio de 2015). Hans-Thies Lehmann- (español). [Archivo de Video]. YouTube. https://www.
youtube.com/playlist?list=PLAkUDhgHwAX0pwL1Ce3lj90AzRg1tWQRF
Deleuze, G. y Guattari, F. (2010). Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia. Pre-textos.
Fundación Épica La Fura del Baus. (11 de mayo de 2020). Maldición de la Corona | Performance. [Archivo de Video]. YouTube. https://
www.youtube.com/watch?v=4t6opJPRbD8&amp;t=3241s   
Galicia, R. (2020). Revelaciones escenológicas: dispositivo y comunidad. En L. Proaño Gómez y L. Verzero (comps.). Mutis por el
Foro. Artes escénicas y política en tiempos de pandemia. (pp. 79-89). ASPO/ Red de Estudios de Artes Escénicas Latinoamericanas. https://drive.google.com/file/d/1G6qaehzvAKSqxuLHq6zgncRUgqlHWXXz/view
Gilsanz Díaz, A., Gutiérrez Mozo, M. E., y Parra Martínez, J. (2020). Black Mountain College: una agenda irresistible. ARQ (Santiago), (105), 114-127. https://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962020000200114
Gómez Peña, G. (2005). El performance frente al teatro, el mundo del arte y la cultura dominante. En I. Diéguez, y J. Alcázar (2125). Citru.doc: cuadernos de investigación teatral: performance y teatralidad. CITRU / INBA. http://inbadigital.bellasartes.gob.mx:8080/jspui/bitstream/11271/664/1/383invpdiperf01.pdf
Hernández Ullán, C. (2022). Black Mountain College: Educación artística, experimentación y comunidad. Encuentros. Revista De
Ciencias Humanas, Teoría Social Y Pensamiento Crítico, (15), 48–62. https://doi.org/10.5281/zenodo.5979866   
ICA, Boston. (2015). Salta antes de mirar: Black Mountain College 1933-1957 | ICA / Boston. YouTube. https://www.youtube.com/
watch?v=9URP8GgSg5M
Jodorowsky, A. (1996). Antología pánica. Joaquín Mortiz.
Liszt Arzubide, G. (1987). El movimiento estridentista. FCE.
Lotman, Y. M. (1996). La semiosfera I: Semiótica de la cultura y del texto. Cátedra.
Osorno, G. (2014). Tengo que morir todas las noches: Una crónica de los ochenta, el underground y la cultura gay. Debate.
Paz, O. (1990). Los hijos del limo: del romanticismo a la vanguardia. FCE.
Proaño Gómez, L. (2021). Teatralidades latinoamericanas e impulsos liberadores en la escena. En: S. A. Baumgartel, L. G. Bieberbach Engroff y J. R. Goulart (orgs.). Ensaiando o olhar latino-americano: insistência de uma cena situada (41-70). Mórula. https://morula.com.br/wp-content/uploads/2022/09/EnsainadoOlharLatinoAmericano_WEB_12MAI.pdf
Rivas Meléndez, S. (2018). La extinta variedad del mundo de Alberto Villarreal. Investigación Teatral. Revista de artes escénicas y
performatividad, 9(13), 179-185. https://doi.org/10.25009/it.v9i13.2562
Sheridan, G. (1985). Los Contemporáneos ayer. FCE.
UNAM. (2001). Casa del Lago: Un siglo de historia. UNAM.
Fuentes de consulta
Alternativa / Enfoque consumos culturales. (2024). Públicos esporádicos y no públicos de teatro: una aproximación a las barreras de
acceso, uso y apropiación. Alternativa / Enfoque consumos culturales. https://enfoqueconsumosculturales.org.ar/wp-content/uploads/2024/11/BARRERAS-TEATRO_FUNDACION-ALTERNATIVA-Y-ENFOQUE-CONSUMOS-CULTURALES_NOVIEMBRE-2024.pdf
Muñoz Jiménez, M. T. (2010). Verano de 1948. Buckminster Fuller en Black Mountain College. La Arquitectura como acontecimiento. Proyecto, progreso, arquitectura, (3), 110-117. https://oa.upm.es/39630/1/Verano_1948_Proyecto_progreso_arquitectura.pdf

12 |

Camaleón arte escénico

�METHAMORTHEORIS

LOS TEATROS ROMANOS COMO
FORMA DE PROPAGANDA POLÍTICA:

ROMA NO SE MONTÓ EN UN DÍA

Esta obra quedará registrada bajo la licencia de Creative Commons (CC BY 4.0) Internacional

“

POR HUMBERTO C. URESTI1

Roma no se construyó en un día” es una frase popular,
incluso hasta clásica, la cual nos recuerda que el éxito
no es instantáneo, pues se necesita perseverancia para
conseguir el fin deseado de un proceso, pero también estrategia. No
obstante, haciendo a un lado el propósito analógico de dicha frase,
es un hecho que la antigua Roma no se construyó en un solo día:
requirió cientos de años de construcción de arquitectura, expansión
de territorio, desarrollo de una cultura y, claramente, estructuras políticas y formas de gobierno, las cuales no pueden prescindir de mecanismos de persuasión social. Sin embargo, para entender cómo fue
aplicada la propaganda en la antigua Roma, debemos entender que
no se trata de una ciencia, sino de una técnica que precisa tanto del
estudio de los individuos expuestos a ella como del ambiente.

él, pues requiere de los miembros de la sociedad para existir, debido
a que no puede desvincularse de las problemáticas colectivas. Por
ello, para que funcione, es importante atender estos aspectos y, al
incorporarse a este discurso común, los sujetos refuerzan su sentido
de pertenencia a la comunidad porque quieren tomar participación
en las decisiones del Estado. No son víctimas de la propaganda, pues
terminan involucrándose activamente al repetir estos mensajes y empatarlos con sus opiniones e ideas personales, encontrando satisfacción en su deseo de pertenecer, tener razón o sentir que están del lado
correcto. La característica principal de estas dinámicas de difusión
es la habilidad de involucrar a la sociedad en las grandes decisiones
o, para ser más precisos, crear la ilusión de ello para satisfacer artificialmente a las masas.

La propaganda tiene base en análisis científicos de ramas
como la psicología o la sociología. El entendimiento suficiente de
estas áreas permite su aplicación efectiva cuando quien las maneja
comprende al sujeto, su comportamiento, sus tendencias, deseos y
condiciones. Dicha estrategia de propagación ideológica abarca, entonces, una serie de métodos empleados por un grupo organizado, el
cual pretende lograr la participación (directa o indirecta) de una masa
de individuos en sus acciones, atraídos mediante manipulación psicológica e incorporados a una organización. Ahora, ¿qué condiciones
son necesarias para que existan este tipo de recursos discursivos?

Una de las principales formas de propaganda en la antigua
Roma era, sin lugar a duda, el arte. Naturalmente, todo arte es político, pues su contexto se nutre de las vivencias y las opiniones del artista. George Orwell (2009) afirmaba que “all art is propaganda”2, lo
cual permite entender cómo la producción artística romana también
respondía a fines políticos. Un ejemplo de ello es la arquitectura, ya
que, tal como explican Gianni y Baratta (2023), los edificios públicos romanos solían llevar inscripciones para visibilizar el nombre
del mecenas (patrocinador), permitiendo incluso a los analfabetos
reconocer quién había financiado la obra. A menudo, a los edificios
se les llamaba por el nombre del mecenas, como el Pons Fabricius, el
Aqua Marcia y la Curia Iulia, por nombrar algunos. La propaganda
visual también se revela en las pinturas, desde los frescos en el exterior de los edificios hasta los originales griegos (a menudo exhibidos
en lugares públicos) y las pinturas triunfales. Aunque existen más
ejemplos, mencionaremos como último, pero no menos importante,
al teatro.

Según Jacques Ellul (1973), la propaganda solo puede funcionar cuando existen dos elementos que vuelven más susceptible
a la influencia a una población: un estilo de vida relativamente homogéneo y un flujo constante de información política y económica.
La primera característica se refiere a un nivel socioeconómico promedio que comparte una forma de vida, una cultura y una ideología.
Individuos que pueden permitirse ciertos recursos como medios de
comunicación y entretenimiento comunes. La propaganda necesita
de este sector de la población, pues es el más denso y moldeable, además de no estar compuesto por personas muy ricas ni muy pobres.
Debido a la diferencia de recursos, los ricos o privilegiados llegan
a tener más acceso a información de diversas fuentes, la cual analizan críticamente, mientras que los pobres, a menudo, se encuentran
en situaciones de escasez que limitan su acceso a dichas fuentes. El
flujo constante de datos políticos y económicos se traduce a referencias del contexto social. A través de este conocimiento, el individuo
logra identificar la situación y comprender su realidad, lo cual hace
posible evaluar su posición y percibir los problemas personales como
sociales, es decir, se generan las condiciones para que la propaganda
le incite a la acción política. La información es más eficaz cuando
se presenta como objetiva y se difunde de manera amplia, ya que
así contribuye al sujeto a crear una visión general de la realidad. De
este modo, para la propaganda no es tan determinante la profundidad
o calidad de su contenido como su cantidad y repetición, porque la
reiteración y abundancia de mensajes refuerzan su impacto. Cuantos más estereotipos circulen en una cultura, más fácil será orientar
la opinión pública y, cuanto más participe un sujeto en ese entorno
simbólico, más susceptible será a la manipulación de estos símbolos.
La propaganda también surge de una necesidad del sistema
de gobierno de integrar a los ciudadanos e incitarlos a participar en

En Roma el teatro no era solo entretenimiento: era un espacio público masivo (arquitectura, asientos, fachada visible desde
la ciudad) donde se concentraba gran parte de la población urbana
y el poder podía dirigirse a la multitud mediante imágenes, textos
o rituales. Esto lo convierte en un instrumento idóneo para la propaganda. La religión y la política en Roma estaban entrelazadas,
muchas actividades de carácter religioso tenían simultáneamente
una funcionalidad propagandística: los espectáculos escénicos como
representaciones y fiestas religiosas se insertan en calendarios religiosos con el fin de usarse para legitimar autoridades, conmemorar
victorias o consolidar identidades cívicas. Es decir, el teatro romano
contribuía a reforzar la identidad cívica y los valores políticos del
imperio al integrar mitos fundacionales y símbolos públicos en sus
representaciones (Sandoval, s.f.). Los espectáculos teatrales podían
presentarse como rituales religiosos y así naturalizar mensajes políticos. Podemos mencionar algunos aspectos que funcionaron como
recursos de propagación ideológica en el teatro, como el repertorio
o la programación de las obras, cuyo énfasis subrayaba los orígenes
legendarios, héroes o valores que favorecían a un grupo político o un
gobernante. Los juegos y espectáculos organizados por magistrados
o por el príncipe eran una forma visible de financiación que generaba
clientela y gratitud política. Además, construir o restaurar teatros o
pagar espectáculos daba prestigio al patrocinador (magistrado, noble,

Estudiante de la Licenciatura en Arte Teatral de tercer semestre. Ensayo elaborado como Producto Integrador de Aprendizaje de la UA Historia del Teatro I: Grecia,
Roma
y Edad Media,
impartida por la docente Jennifer Peña Ramírez.
Créditos:
Pili Pala
“Todo arte es propaganda”, en español.

1

2

Camaleón arte escénico | 13

�METHAMORTHEORIS

...todo arte es político...
emperador, etc.), vinculando su nombre con
el bienestar y la piedad de la ciudad. Claro está, el teatro está lleno de símbolos, y
como fue antes mencionado, la propaganda
funciona también con simbología asociada
a valores, lemas y posiciones políticas. La escenografía, las esculturas y los monumentos
alrededor del teatro podían llevar iconografía oficial como emblemas, alusiones a hechos militares o a dioses tutelares.
Como ejemplo de este uso del
teatro en Roma, durante el periodo de
Octavio Augusto adquirió una relevancia
que fue mucho más allá del entretenimiento o una actividad cultural. Se convirtió en
un espacio político y simbólico, siendo una
herramienta de comunicación visual destinada a transmitir los ideales del nuevo
régimen. El emperador entendió el poder
del arte y de los espacios públicos como
vehículos de propaganda no verbal. A través de la arquitectura, la escultura y la disposición deliberada de los edificios, logró
difundir su imagen como líder elegido por
los dioses, garantizador del orden y restaurador de la moral romana.
Para demostrarlo, tenemos el
Teatro Romano de Cartagena (antes Cartago Nova), construido entre los años I y
V a.C. bajo mandato de Augusto. Este edificio fue concebido como una manifestación material del poder imperial. No solo
funcionó como lugar de representación
teatral, sino como un espacio ritual en el
que la política, la religión y la imagen del
emperador se entrelazan. Su dedicación a
Cayo y Lucio César, nietos y herederos de
Augusto, introducía además un mensaje
de continuidad dinástica, presentando a la
familia imperial como depositaria del favor
divino. De este modo, el teatro comunicaba
de forma sutil, pero efectiva, la consolidación de un poder hereditario legitimado
por los dioses. La decoración del edificio
reforzaba esta intención propagandística.
En su interior se hallaron altares dedicados a la Tríada Capitolina y al cortejo de
Apolo, divinidad protectora del emperador.
También destacan esculturas de Apolo con
la cítara y relieves de Rea Silvia, madre de
Rómulo y Remo, símbolos de los orígenes
sagrados de Roma. Estas imágenes no eran
meramente ornamentales, pues formaban
parte de un discurso visual cuidadosamente elaborado. El eje central del escenario,
por ejemplo, alineaba las figuras de Júpiter,
Apolo y el propio Augusto, creando una je-

14 |

Camaleón arte escénico

rarquía simbólica en la que el emperador se
presentaba como mediador entre los dioses
y los hombres, un nuevo Rómulo o incluso un semidiós solar que traía la paz y la
prosperidad.
El teatro, en consecuencia, funcionaba como un microcosmos del orden de
Augusto. Era al mismo tiempo un espacio
de ocio, un santuario cívico y un monumento político. En él, la población asistía no
solo a obras dramáticas, sino a la representación de un mensaje ideológico: la victoria
del orden sobre el caos, de la moral sobre
la decadencia, de la luz de Apolo sobre la
oscuridad dionisíaca. Cada elemento arquitectónico, cada escultura y cada inscripción
contribuyen a reforzar la imagen del
emperador como figura providencial. Así,
el teatro romano de Cartagena se convierte
en una síntesis perfecta de arte, religión y
política. A través de su monumentalidad
y su simbolismo, proyectaba la idea de un
imperio guiado por la divinidad y personificado en la figura de Augusto. El pueblo, al
asistir a los espectáculos, era también partícipe de ese ritual de legitimación. El poder
no se impuso solo por la fuerza militar, sino
también por medio de un elaborado sistema
de imágenes y significados que convirtieron
el arte en un instrumento de cohesión ideológica. En el teatro, la propaganda se volvió
espectáculo y, a su vez, una forma de culto
al poder.
Sin embargo, la propaganda artística no se limitó al periodo augusteo.
Con el paso de los años, otros emperadores
retomaron y perfeccionaron este lenguaje
visual de poder. Tal fue el caso de Trajano, cuya propaganda imperial alcanzó uno
de los puntos más altos de sofisticación en
la historia romana. Durante su gobierno,
el arte monumental adquirió una función
aún más compleja: no solo glorificaba al
emperador, sino que también legitimaba su
autoridad ante el pueblo y ante la posteridad. Ejemplo de ello son las columnas monumentales, como la Columna de Trajano
y el Arco de Benevento, que presentaban
al emperador como garante del orden y la
prosperidad (Zaccaria Defferrire, 2020).
No eran simples recordatorios de victorias
militares, sino verdaderos discursos en piedra que exaltaban al emperador como defensor del pueblo, benefactor y elegido por
los dioses.

La Columna de Trajano, por
ejemplo, con sus relieves helicoidales que
narran las campañas en Dacia, representa
una de las más poderosas expresiones de
propaganda visual del poder romano. En
ella, el emperador aparece repetidamente,
omnipresente en la escena, guiando a sus
tropas, dirigiendo la guerra y supervisando la construcción de fortificaciones. Esta
constante presencia lo eleva al rango de
figura casi divina, símbolo del orden, la razón y la estabilidad que el Imperio debía a
su gobierno. Por su parte, el Arco de Benevento refleja su faceta civil y humanitaria:
los relieves lo muestran como un emperador piadoso, justo y generoso, impulsor de
programas sociales y defensor de los más
necesitados. A través de estas imágenes, el
poder político se funde con el religioso y
el moral, presentando al emperador como
mediador entre los dioses y los hombres,
garantía de la paz y de la abundancia.
Así, tanto en tiempos de Augusto como en los de Trajano, el arte funcionó
como una forma de lenguaje político y espiritual. Roma no se construyó en un solo
día, pero tampoco lo hizo solo con ejércitos
o leyes, también se edificó con símbolos,
imágenes y monumentos que moldearon la
percepción colectiva del poder. La propaganda en Roma fue, ante todo, un arte de la
permanencia, un medio para grabar en piedra, mármol y teatro la idea de un imperio
eterno guiado por la voluntad divina.
Si bien el teatro romano empleó
las obras dramáticas como vehículo de
propaganda utilizando historias, héroes y
mitos para exaltar valores políticos y morales, una de las formas más persistentes
y visibles de este fenómeno fue la propia
arquitectura de los teatros. Estos edificios
no solo servían como escenarios de representación, sino como monumentos en sí
mismos: templos civiles dedicados al poder
imperial y a los dioses que lo legitimaban.
La disposición de los espacios, la iconografía, las inscripciones y las esculturas funcionaban como un discurso visual constante que hablaba al ciudadano incluso cuando
no se celebraban funciones. En su piedra y
en su forma, el teatro romano perpetuaba
los ideales del imperio, convirtiéndose en
una de las expresiones más duraderas de la
propaganda política y religiosa de Roma.

�METHAMORTHEORIS

Referencias
Ellul, J. (1973). Propaganda: The formation of men’s attitudes (K. Kellen &amp; J. Lerner, Trans.). Vintage Books.
Giannini, F., y Baratta, I. (3 de octubre de 2023). Los orígenes del mecenazgo: Cayo Cilnio Mecenas y su apoyo a
las artes. Finestre sull’Arte. https://www.finestresullarte.info/es/obras-y-artistas/los-origenes-del-mecenazgo-cayo-cilnio-mecenas-y-su-apoyo-a-las-artes
Orwell, G. (2009). All art is propaganda: Critical essays. Harper Collins. (Ensayos escritos antes de 1950).
Sandoval, M. (s. f.). El teatro y su papel en la construcción de la identidad romana. Siglo de teatro. https://siglosdeteatro.com/el-teatro-y-su-papel-en-la-construccion-de-la-identidad-romana/
Fuentes de consulta
DeRose, J. (1992). The Art of Persuasion: Political Propaganda from Aeneas to Brutus. The University of Michigan
Press. https://books.google.com.mx/books?id=2AsRrF3ej38C&amp;printsec=frontcover&amp;hl=es#v=onepage&amp;q&amp;f=false
Díaz-Bautista, A. (2011). Propaganda política en el teatro romano de Cartagena: la fundamentación del poder de augusto
a través de la imagen. Revista Internacional de Derecho Romano, (7), 493-517. https://reunido.uniovi.es/
index.php/ridrom/article/view/17984
J. Alvar, F. Beltrán Lloris, L. Borhy, M. Cisneros Cunchillos, F. Diez de Velasco, A. Escobar, M. V. Escribano Paño, F.
Marco Simón, J. Martínez-Pinna, S. Montero, F. Pina Polo, J. Remesal Rodríguez y V. Revilla Calve. (2002).
Religión y propaganda política en el mundo romano. Universitat de Barcelona.
Zaccaria Defferrire, L. (2020) El arte como manifestación del poder en la Roma Imperial: la propaganda trajanea en
los monumentos. Revista Europa, (11), 171-189. https://revistas.uncu.edu.ar/ojs3/index.php/europa/article/
view/3968

Nota. Fotografía por Susana Alanís

Camaleón arte escénico | 15

�METHAMORTHEORIS

EL CUERPO QUE APRENDE Y
SIGNIFICA EN LA ESCENA

E

POR DIANA BARRERA AGUIRRE1

n las artes escénicas, el cuerpo
no es un instrumento que ejecuta
instrucciones, sino el lugar
donde el aprendizaje ocurre. Antes de que
una idea pueda formularse verbalmente,
el cuerpo ya la ha experimentado. En la
danza y en la escena, aprender implica
sentir, ajustar y comprender desde la
experiencia corporal.

Esta obra quedará registrada bajo la licencia de Creative Commons (CC BY 4.0) Internacional

Este ensayo propone comprender el cuerpo como sujeto de aprendizaje y el movimiento como productor
de sentido, integrando aportes de la fenomenología, la cognición encarnada y
la pedagogía corporal. A partir de esta
perspectiva, se reflexiona sobre las implicaciones docentes en la formación
escénica y se plantea una apertura hacia
el aprendizaje del espectador como parte
del acontecimiento escénico.
El cuerpo como sujeto de aprendizaje
Desde la fenomenología, Maurice Merleau-Ponty sostiene que el cuerpo no es un objeto que se posee, sino el
sujeto mismo de la percepción. En Fenomenología de la percepción afirma que
“el cuerpo no es un objeto en el mundo, sino el medio por el cual el mundo
se nos hace presente” (Merleau-Ponty,
1945/1993, p. 203). Esta noción resulta
central para la pedagogía escénica, ya
que presenta el aprendizaje como una experiencia encarnada: comprender implica
vivir corporalmente la acción antes de
conceptualizarla.
Esta perspectiva dialoga con
los planteamientos de la cognición encarnada. Varela, Thompson y Rosch (1991)
proponen que el conocimiento emerge
de la interacción entre cuerpo, mente y
entorno, señalando que “la cognición
depende de los tipos de experiencia que
surgen de tener un cuerpo con capacidades sensorio-motoras específicas” (p.
173). En la escena, esta interacción se
manifiesta cuando el intérprete aprende
mientras se mueve, responde al espacio,
a otros cuerpos y a los estímulos del entorno.
Howard Gardner (2011) reconoce la inteligencia corporal-cinestésica
como una forma legítima de conocimiento, definida como “la capacidad de usar

el propio cuerpo para expresar ideas y
sentimientos, así como para resolver problemas” (p. 206). En el ámbito escénico,
esta inteligencia se expresa cuando el
gesto antecede a la palabra y el cuerpo
comprende antes de que la experiencia
pueda ser nombrada.
Interocepción y experiencia pedagógica
El concepto de interocepción
resulta clave para comprender este tipo
de aprendizaje corporal. Esta se refiere a
la percepción de los estados internos del
cuerpo, como la respiración, el ritmo cardíaco o la tensión muscular. Desde la neurociencia, Craig (2009) señala que “la
interocepción proporciona una representación del estado fisiológico del cuerpo
que es fundamental para la conciencia”
(p. 59).
En la formación escénica, esta
capacidad permite al intérprete reconocer
ajustes internos antes de verbalizarlos.
Desde la práctica docente, se observa
que el aprendizaje no siempre se activa
mediante explicaciones teóricas. En numerosas ocasiones, un sonido emitido
en conjunto, un ritmo compartido o la
invitación a un movimiento propio por
imitación generan una comprensión más
inmediata que una instrucción conceptual
detallada. El cuerpo responde primero a
la experiencia sensorial y relacional,
construyendo el sentido del movimiento
desde la vivencia antes de que intervenga
la palabra.
Este tipo de aprendizaje evidencia que el sentido no se transmite únicamente por medio del lenguaje verbal,
sino que emerge de la experiencia corporal compartida. El sonido, el ritmo y la
calidad del movimiento funcionan como
organizadores del aprendizaje, favoreciendo una comprensión encarnada de la
acción escénica.
En mi experiencia docente con
alumnas pequeñas, he observado que la
comprensión del movimiento se activa
con mayor claridad a través de la respiración y el sonido que mediante explicaciones verbales extensas. Al montar una
coreografía, es frecuente que la emisión
de un sonido específico, más que una
indicación técnica, funcione como guía
para el cuerpo. En esos momentos, las

niñas comprenden la intención del movimiento, la configuran desde su propia
corporalidad y la hacen suya. El paso
propuesto se transforma: conserva la estructura coreográfica, pero adquiere una
cualidad personal e irrepetible. El resultado suele ser especialmente conmovedor
para el espectador, precisamente, porque
emerge como un momento de expresión
genuina y pura, donde el cuerpo entiende, decide y comunica antes de que la
palabra intervenga.
El movimiento como signo: aportes de
Pina Bausch y Rudolf Laban
Si el cuerpo aprende desde la
experiencia, el movimiento se convierte
en un productor de sentido. En el trabajo
de Pina Bausch, el gesto escénico surge de
la experiencia biográfica y emocional del
intérprete. Como señala Servos (2008),
su teatro-danza privilegia acciones cargadas de memoria y repetición, donde
gestos cotidianos adquieren sentido escénico al ser coreografiados en torno a una
temática. El cuerpo se presenta así como
un archivo vivo de experiencias.
Por su parte, Rudolf Laban desarrolló un sistema de análisis del movimiento que permite comprender cómo las
cualidades del gesto configuran distintos
modos de presencia escénica. A través
de categorías como esfuerzo, espacio,
tiempo y flujo, el análisis de Laban ofrece herramientas para observar cómo una
misma acción puede producir sentidos
distintos según su calidad (Laban, 1988;
2011). Desde la docencia, este enfoque
permite enseñar a leer y escribir movimiento, desarrollando conciencia sobre
la relación entre intención y acción corporal.
En ambos casos, el cuerpo no
representa algo externo, sino que significa desde su propia experiencia. En ello
radica una de las riquezas de la expresión
escénica: la posibilidad de reconocer y
deleitarse en el toque personal e irrepetible de cada ser humano en escena. El movimiento se vuelve lenguaje cuando el intérprete es consciente de sus sensaciones
internas, de su intención y de su relación
con el espacio y con los otros cuerpos.
Comprender el cuerpo como
sujeto de aprendizaje y el movimiento

1
Egresada en la Licenciatura en Danza Contemporánea de la Facultad de Artes Escénicas de la UANL. Doctorante de Psicología en Educación.
Docente en la Facultad de Organización Deportiva de la UANL. Propietaria de una escuela de danza.

16 |

Camaleón arte escénico

�METHAMORTHEORIS

como signo transforma la manera de concebir la enseñanza escénica. Enseñar deja de ser la transmisión de formas técnicas
para convertirse en el diseño de experiencias corporales conscientes, donde el aula y el escenario funcionan como espacios
de exploración, autoconocimiento y producción de sentido.
No obstante, la significación escénica puede iniciar
en la idea y la guía del coreógrafo, pero no se agota en el cuerpo
del intérprete. Todo signo se completa en la percepción del espectador. Lejos de ser un receptor pasivo, el espectador participa activamente en el acontecimiento escénico, interpretando el
movimiento desde su propia experiencia corporal, emocional y
cultural, así como desde procesos de empatía emocional y neurológica. Si el cuerpo del intérprete aprende y significa en escena, se abre entonces una pregunta necesaria: ¿cómo aprende
el espectador a leer el cuerpo?, ¿qué procesos perceptivos y
afectivos se activan durante la experiencia escénica?
Reconocer la escena como un espacio de aprendizaje
compartido implica comprenderla como un territorio donde
intérprete y espectador participan de un mismo campo de sentido. Explorar esta relación constituye una línea de reflexión
fundamental para ampliar el diálogo entre pedagogía, semiótica y artes escénicas.

Si el cuerpo
aprende desde
la experiencia,
el movimiento se
convierte en un
productor de sentido

Referencias
Craig, A. D. (2009). How do you feel—now? The anterior insula and human awareness. Nature Reviews Neuroscience, 10(1), 59–70.
Gardner, H. (2011). Frames of mind: The theory of multiple intelligences (3rd ed.). Basic Books.
Laban, R. (1988). The mastery of movement (4th ed.). Northcote House. (Original work published 1950).
Laban, R. (2011). Effort. Plays, Inc.
Merleau-Ponty, M. (1993). Fenomenología de la percepción (J. C. Gómez, Trad.). Planeta. (Trabajo original publicado en 1945).
Servos, N. (2008). Pina Bausch: Dance theatre. K. Kieser Verlag.
Varela, F. J., Thompson, E., &amp; Rosch, E. (1991). The embodied mind: Cognitive science and human experience. MIT Press.
Fuentes de consulta
Immordino-Yang, M. H. (2016). Emotions, learning, and the brain. W. W. Norton &amp; Company.

Camaleón arte escénico | 17

�METHAMORTHEORIS

LA BUENA VIOLENCIA:

UNA “VÍA NEGATIVA”
HACIA EL BIENESTAR PSICOFÍSICO
POR ÁNGEL DANIEL ADAME ROJAS1

¿E

s la violencia universal? ¿Se manifiesta
de la misma forma en cada contexto que
habita?

El teatro reinterpreta los vínculos del ser humano con
otro ser humano, consigo mismo o con el espacio. Si dicho ser
humano habita en México, debemos saber que la violencia en
este país es una situación que se vive día a día e incide en muchos campos, desde las interacciones hasta la manera de estar en
cualquier sitio. Cuando interpretamos los lazos y relaciones de
una sociedad violenta y los colocamos en la escena, si no se tiene
un estudio previo del tema o si no se precisó la razón del por qué
está ahí, no servirá de nada. Si habitamos la violencia día a día,
¿qué hace pensar que exponerla de tal manera en la escena cambiará algo en el pensar-hacer humano? Creer que el teatro por
sí solo tiene un poder de cambio social es limitar su expansión
como vehículo de transformación. Grotowski (1968/1992) habla
del teatro como vehículo para la transformación social, siempre y cuando el proceso de dicho teatro sea transformador para
quien lo realice. Más adelante, Grotowski explora experiencias
parateatrales, siendo Nicolás Núñez (2024) quien desarrolla este
ámbito como teatro participativo, el cual funge como una manera de llevar a los espectadores por ese camino trazado por Grotowski y nombrado por Artaud (1938/2001) como un teatro que
pone a los espectadores en medio de la acción. ¿Para qué? Desde
un contexto europeo, Grotowski y Artaud buscaban incrementar
la capacidad expresiva del actor desde la sinceridad absoluta; eso
solo se consigue a través de un “sacrificio” (¿no es este acto una
manera violenta de habitar la escena?).
Cuando Artaud hablaba de la crueldad en el teatro,
especificaba que no se trataba de una crueldad vulgar donde la
sangre y el desmembramiento fueran expuestos (inclúyase
la violación, el asesinato, y demás crímenes), sino más bien la
crueldad como una fuerza viviente, donde “la imagen de un crimen presentada en las condiciones teatrales adecuadas es infinitamente más terrible para el espíritu que la ejecución real de ese
mismo crimen” (Artaud, 1938/2001, p. 96). Dichas “condiciones
teatrales adecuadas” serán aquellas que permitan al actor transitar por la vía negativa: no adquirir habilidades, sino eliminar
resistencias.
El actor que trata de llegar a un estado de autopenetración, el actor que se revela a sí mismo, que sacrifica
la parte más íntima de su ser, la más penosa, aquella
que no debe ser exhibida a los ojos del mundo, debe
ser capaz de manifestar su más mínimo impulso y el
movimiento, aquellos impulsos que habitan la frontera que existe entre el sueño y la realidad. En suma,
debe poder construir su propio lenguaje psicoanalítico de sonidos y gestos de la misma manera en que un
gran poeta crea su lenguaje de palabras. (Grotowski,
1968/1992, p. 31).

Desde un contexto mexicano, Núñez (2024) nos
planteaba un teatro con capacidades sanadoras en quienes participaban en él. A través de un mito prehispánico, contamos
una historia en conjunto, el espectador deja de ser espectador
para volverse un “guerrero que libra una batalla contra el ego”
(Núñez, 2024, pp. 61). En muchos de sus diseños, el autor utiliza
un ejercicio que desarrolló junto a Grotowski en la sierra huichol: el trote contemplativo. Durante 20 o 30 minutos, los participantes contemplan mientras trotan en círculo. Dicha actividad
podría considerarse agotadora, pero en diversos testimonios se
explica que, si te entregas por completo —te “sacrificas”, diría
Grotowski—, es posible alcanzar niveles contemplativos sanadores. Poner al espectador en la situación de tener que volverse
un “guerrero que libra una batalla”, ¿no es también una manera
violenta de convivir en el teatro? Hay maneras más eficaces de
colocar la violencia en el arte teatral, de otra forma es mero entretenimiento, y la violencia no debe ser entretenida, debe ser
expuesta y juzgada por quienes la viven, pues recordemos que
habitar un país como México, donde los feminicidios, el crimen
organizado e incluso el agresivo convivio familiar es común y
poco entretenido.
Boal nos hablaba de su estancia en Europa:
Para alguien que huía de dictaduras explícitas, crueles
y brutales, parecía natural que estos temas resultaran
superficiales y poco dignos de atención. Era como si,
involuntariamente, siempre me preguntara: “Vale, de
acuerdo, pero ¿dónde está la policía?”. Porque estaba
acostumbrado a trabajar con opresiones concretas y
visibles. (Boal, 2004, pp. 20-21).
En Europa, el autor se encuentra con opresiones
“no-concretas e invisibles”, pero no por ello menos importantes.
Son estas opresiones las que generaron una necesidad teatral de
mostrar explícitamente la violencia que pocas veces se vivía en
Europa, sin embargo, siguiendo el ejemplo de Boal, podemos
encontrar una manera más eficaz de lidiar con la violencia en
una sociedad: el diálogo, el estudio y el análisis profundo del
contexto en que radica dicha violencia. Boal, al igual que Grotowski y Núñez, trasciende el entretenimiento para volver a la
violencia (manifestada como opresión), un tema del cual partir
para mejorar el bienestar individual y colectivo. Boal enfrentaba
de manera directa el problema, más bien, abría el espacio seguro que da el teatro para que las personas pudieran enfrentarse a
sus opresiones. ¿No es también este enfrentamiento una manera
violenta de habitar la escena teatral con mayor eficacia en el impacto social?
Es por ello que la violencia explícita en la escena contemporánea debe ser tratada como un procedimiento, no como
un fin. Como objetivo se vulgariza; en cambio, como proceso,
se vuelve analizable, objeto de estudio. Es necesario entonces
trascenderla, volverla un medio. Nombraría a esta violencia

1
Estudiante de séptimo semestre de la Licenciatura en Arte Teatral. Trabajo elaborado para la U.A. Teatro Contemporáneo y Postmodernidad,
impartida por el docente José Pablo Díaz Fernández

18 |

Camaleón arte escénico

�METHAMORTHEORIS

como proceso una buena violencia (asimilando el concepto del
buen dolor que Nicolás Núñez plantea), en el sentido de que enfrentas tus miedos. Buena violencia cuando te vulnerabilizas frente
a un público que juzga, cuando colocas a tu cuerpo en situaciones
de alto riesgo. Y con situaciones de alto riesgo Núñez (2024, pp.
165-167, 302-304) no se refiere a poner al público en situaciones
peligrosas, sino a habitar el estado del riesgo, trascender los límites
personales: los que no existen, porque están los obstáculos y las
deformaciones. Los obstáculos son límites físicos, contextuales o
temporales que te alejan del bienestar, pero las deformaciones se
tratan de aquellos límites que creemos tener. Existe el Teatro de
alto riesgo, que se trata de “subir una escalera con tres peldaños”
para trascender dichos límites:
1.
Conócete a ti mismo.
2.
Contrólate a ti mismo.
3.
Proyéctate, puedo porque creo que
		
puedo.
Subir la escalera peldaño a peldaño no es un proceso fácil. En primer lugar, hay que atreverse a quitarse los zapatos frente
a un grupo de personas; en segundo, hay que cometer el violento
acto de habitar los espacios; por último, debemos quitarnos la mi-

rada del otro y la de uno mismo. Durante este proceso puede haber
efímeros encuentros con otro yo que está viviendo el mismo proceso. Mostrarse de esa manera es un acto violento para sí mismo,
pero también para el otro, violento y necesario: buena violencia.
En una época que día a día se esfuerza por volver consumible lo íntimo, es necesario crear espacios para vernos los rostros,
los “de a deveras”. Y este proceso de desenmascaramiento puede
sentirse violento, pero es que así tiene que ser y ¿no es mejor vivir esta violencia dentro del espacio seguro que nos brinda el arte
teatral? Teniendo tantas formas de usar la buena violencia como
proceso de sanación, ¿por qué seguir utilizando la violencia explícita cuyo único fundamento es el morbo? Es posible sanar a través
del arte, pero nada sana sin antes haberse dañado, sin antes haber
dolido.
Señor, hazme un instrumento de tu canto.
Señor, siendo un instrumento de tu canto, no me tañas
demasiado fuerte, pues temo romperme.
Señor táñeme todo lo fuerte que quieras,
qué importa si me rompo. (Núñez, 2024, pp. 170).

Referencias
Artaud, A. (2001). El teatro y su doble. TOMO Editorial. (obra original publicada en 1938; primera edición en español en 1978).
Boal, A. (2004). El arco iris del deseo. ALBA Editorial
Grotowski, J. (1992). Hacia un teatro pobre. Siglo XXI. (obra original publicada en 1968).
Núñez, N. (2024). Teatro antropocósmico. Teatro, ritual, conciencia. UNAM.

Camaleón arte escénico | 19

�METHAMORTHEORIS

RECONOCERSE EN LA ESCENA MIGRANTE:
UN DIÁLOGO ENTRE SEMIÓTICA SOCIAL
Y LOS ACTOS DEL HABLA
POR POR BEATRIZ CRUZ VALLARTA 1

Introducción

S

emiótica es un concepto tan amplio que ha sido
estudiado desde diferentes
aristas, como la lingüística, la medicina, la
criminología, la comunicología o la sociología, por mencionar algunas. Lo anterior,
naturalmente, ha dado lugar a un campo
diverso de definiciones y enfoques. Dada la
amplitud y los diversos alcances en su estudio, el presente ensayo propone abordar
la semiótica únicamente como una herramienta analítica para el estudio del teatro,
particularmente en relación con la producción de sentido en contextos sociales específicos. Desde esta perspectiva, se retoma
la noción de semiótica social desarrollada
a partir del pensamiento de Roland Barthes
(2009).
La pregunta de investigación que
guía este trabajo es la siguiente: ¿Se puede
comprender el teatro como un espacio de
producción simbólica y performativa en el
que los signos verbales y no verbales representan la realidad y actúan sobre ella?
Por su parte, la problemática central de este trabajo se sitúa en la representación de la experiencia migratoria mexicana
en Alemania, específicamente en la cuenca
del Ruhr, y en cuestionar qué ocurre
cuando quienes participan en una puesta en
escena, además de representar una experiencia, también son atravesados por ella.
Para profundizar en este aspecto, el ensayo
plantea un diálogo entre la semiótica social
de Roland Barthes (2009) con la teoría de
los actos del habla propuesta por John L.
Austin (1971).
Finalmente, el objetivo principal
del escrito es reflexionar sobre el teatro
como un acto colectivo de significación
capaz de producir identidad, memoria y comunidad en contextos migratorios2.
Sobre la semiótica y el pensamiento de
Roland Barthes
La palabra semiótica proviene
del griego semeion y quiere decir
signo, distintivo o señal. En un

sentido amplio, se entiende por
semiótica una teoría general de
los signos, es decir, es la ciencia
de las propiedades generales de
los signos. (Karam, 2004, p. 5)
Según Humberto Eco, la semiótica establece y trata de dar respuesta a la
interrogante de cómo el ser humano conoce
el mundo que lo rodea, cómo lo interpreta, cómo genera conocimiento y cómo lo
transmite (Eco, 2005, p. 45).
Desde una perspectiva general,
es posible afirmar que la semiótica no se
limita al estudio de una clase particular de
signo, sino que se extiende a todos aquellos
sistemas simbólicos mediante los cuales
los seres humanos interpretan y organizan
su realidad. Sin embargo, esto no siempre
fue así, pues el estudio de la semiótica, en
un inicio, se relacionó principalmente con
aspectos del signo lingüístico3. En este contexto, resulta importante destacar la teoría
semiótica del pensador francés Roland
Barthes (2009), quien desplazó el análisis
semiótico del ámbito lingüístico hacia el
estudio de la cultura entendida como un
sistema de signos.
Cabe destacar que aquí no se
desarrollará la evolución del pensamiento
de Barthes, pero es importante establecer
que, en este aspecto, su trayectoria teórica
culmina con la idea de que la cultura puede
leerse y entenderse como un texto. Es decir,
como un conjunto de signos que circulan
en la vida cotidiana y que producen significados sociales. Desde esta concepción, el
movimiento corporal, los gestos, las imágenes, los rituales o los objetos cotidianos se
convierten en formas de significación que
nos dirigen a la construcción de un sentido
mediante la comunicación de valores, identidades y posiciones sociales.
De este modo, Barthes amplió
la noción de semiótica al mostrar que todo
fenómeno social puede ser leído como un
sistema de significación. Es decir, un objeto, un gesto o una imagen pueden poseer
un significado literal y, al mismo tiempo,
una carga simbólica que remite a valores

sociales, afectivos, ideológicos e incluso
identitarios. En síntesis, la semiótica social, desarrollada en gran medida a partir
del pensamiento de Barthes, se interesa en
comprender cómo los signos operan dentro
de una sociedad determinada y cómo influyen en la manera en que los sujetos
comprenden el mundo y se comprenden a
sí mismos.
De la semiótica social a los actos del habla: escena, lenguaje y acción
Partir de la semiótica social de
Barthes permite comprender el teatro como
un espacio de producción simbólica, porque los signos, ya sean verbales o no verbales, representan la realidad, la ponen en
acto frente a una comunidad y la reconfiguran a través de procesos colectivos de significación. En este tenor, la escena teatral
puede entenderse como un acontecimiento
en el que el sentido se construye colectivamente entre quienes producen la escena y
quienes la reciben, pero ¿qué pasa cuando
tanto quien la representa como quien la
consume comparten identidad migrante?
En este punto, la articulación con
la teoría de los actos del habla de John L.
Austin (1971) permite profundizar el análisis. A partir del texto de Nicolás López Pérez (2013), es posible afirmar que los actos
del habla son la manera de entender que al
hablar describimos el mundo y al mismo
tiempo actuamos en él, es decir hacemos
cosas con palabras. En este sentido, Austin
distingue tres niveles o clases de acciones
que ocurren cuando alguien enuncia algo:
a) Acto locutivo: decir algo (emitir
una expresión con cierta forma y
sentido).
b) Acto ilocutivo: hacer algo al decirlo (por ejemplo: ordenar, pedir,
prometer, advertir, disculparse).
c) Acto perlocutivo: provocar efectos por decirlo (convencer, asustar,
motivar o lograr que alguien actúe)
(Austin, 1971).
Como se puede observar, Austin
plantea que el lenguaje no solo describe el
mundo, sino que, al mismo tiempo, actúa

1
Licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Estudiante de la Maestría en Gestión y Producción de Proyectos Artísticos y Culturales de la Facultad de Artes Escénicas de la UANL.
2
En este texto, se hablará desde una perspectiva migrante situada, derivada de la experiencia personal de desplazamiento de México a Alemania, contexto en el que se produce un cambio de lengua, de códigos culturales y de sistemas de significación. Dicha experiencia implica la
transición del español al alemán, así como la adaptación a nuevas convenciones sociales, simbólicas y comunicativas, las cuales influyen directamente en los procesos de construcción, pérdida y reconstrucción identitaria a los que se hará referencia.
3
Este ensayo no tiene como objetivo desarrollar un panorama histórico del estudio de la semiótica, aunque para profundizar en este tema, pueden revisarse aportes fundamentales en autores como Saussure, Peirce, Eco y Barthes.

20 |

Camaleón arte escénico

�METHAMORTHEORIS

sobre él. Si trasladamos esta idea al teatro y atendemos a las
palabras que se utilizan en escena (especialmente en contextos de
representación de la migración), estas pueden entenderse como
actos performativos que producen identidad, memoria y pertenencia. Es decir, las palabras en una escena también están haciendo algo.
En este sentido, valdría la pena plantearse: ¿Qué pasaría si quienes representan esos actos fueran también quienes los
han vivido? Probablemente el acontecimiento escénico dejaría de
ser solo un medio de difusión de una realidad ajena y se convertiría en un espacio de enunciación y reconocimiento propios. Por
lo tanto, esta clase de teatro expondría una experiencia y abriría
la posibilidad de generar comunidad desde otros lugares, en tanto
que la autorrepresentación otorgaría a la escena una dimensión de
verdad y legitimidad simbólica.
Desde esta perspectiva la experiencia migratoria, marcada con frecuencia por la pérdida simbólica y el desarraigo, encontraría en la escena un espacio donde el sujeto podría reconstruirse
a través del lenguaje y del signo. Nombrarse, narrarse o declararse en escena no constituiría únicamente un acto discursivo,
también se trataría de una acción simbólica que reconfiguraría al
sujeto frente a los otros y frente a sí mismo.
Así, la semiótica social y los actos del habla permiten
pensar el teatro como un acto colectivo de resignificación, donde
el lenguaje, el cuerpo y los signos escénicos operan como herramientas para volver a inscribirse en el mundo.
He aquí una propuesta para el teatro contemporáneo
de la cuenca del Ruhr, en Alemania, donde los hispanohablantes migrantes buscan sentirse cobijados o representados de algún
modo. En especial los trabajadores migrantes cualificados que
llegan y buscan la integración.
Una discusión situada
En el oeste de Alemania se localiza la región del Ruhr
(también conocida como la cuenca minera del Ruhr), una de las
mayores conurbaciones industriales de Europa, cuya tradición
histórica se encuentra vinculada a la minería siderúrgica. Sin
embargo, en los últimos años esta región ha experimentado una
transformación estructural, orientada hacia un modelo económico
y cultural contemporáneo (Regionalverband Ruhr, 2018, p. 2).
El desarrollo de esta región ha incrementado la necesidad de personal cualificado y por ende la migración ha aumentado. Aunque la mayoría de las personas migrantes proviene de países europeos, en años recientes se ha podido notar el aumento de
la migración latinoamericana, entre ellos migrantes mexicanos.
Aunque no existe una cifra exacta oficial que permita conocer el
número de mexicanos que habita esta zona, los datos nacionales
permiten situar este fenómeno en un contexto más amplio.
De acuerdo con el Instituto de Mexicanos Residentes
en el Exterior, en los últimos años la población mexicana en Alemania ha aumentado 73% (IME, 2017), lo cual da cuenta de una
tendencia creciente de movilidad hacia dicho país.
Con base en lo anteriormente expuesto, es posible
afirmar que la región del Ruhr es una antigua zona industrial en
proceso de reconversión que se caracteriza por una presencia
migrante diversa, donde hay una creciente demanda de
personal migrante cualificado4.

Frente al notable aumento de la migración latinoamericana y la presencia de distintas asociaciones y colectivos mexicanos en dicha zona, vale la pena reflexionar sobre cómo el teatro
puede constituir un acto colectivo de significación, capaz de producir identidad, memoria y comunidad en contextos migratorios.
A partir de lo anterior resulta destacable considerar la
experiencia migratoria y sus retos. Achotegui (2012) señala que
la migración implica un proceso de duelo complejo, caracterizado
por la pérdida de referentes fundamentales como la lengua, la red
social, la cultura y el sentido de pertenencia. Y ya que este duelo
no se presenta de forma lineal, con frecuencia se reactivan las
dificultades de integración, lo cual, según el autor, genera una
sensación de desarraigo y de invisibilización. No obstante, el autor también señala que dicho proceso obliga al migrante a reconfigurar su identidad y a elaborar nuevas narrativas sobre sí mismo
para sostener su presencia en el nuevo entorno (Achotegui, 2012),
lo que representa una oportunidad para crear una significación
nueva y una reconstrucción
Estas ideas nos hacen cuestionarnos: ¿Qué pasaría si
hubiera un espacio de producción simbólica donde el lenguaje,
el cuerpo y la memoria se fusionen y se representen? Si en el
teatro del Ruhr pudiera expresarse la experiencia migrante, la
escena se convertiría en un espacio donde el duelo migratorio y
las reconstrucciones personales puedan ser elaboradas de manera
compartida

Nombrarse, narrarse o
declararse en escena no
constituiría únicamente un acto
discursivo, también se trataría
de una acción simbólica que
reconfiguraría al sujeto

frente a los otros y
frente a sí mismo.

Conclusión
En este texto se planteó que la semiótica social, en diálogo con la teoría de los actos del habla, permite comprender el
teatro como un espacio donde el lenguaje, el cuerpo y los signos
escénicos operan de manera activa en la construcción de sentido.
Desde el pensamiento de Roland Barthes (2009) se mostró que
los fenómenos culturales pueden leerse como sistemas de significación y a partir de John L. Austin (1971) se ha enfatizado que
el lenguaje describe el mundo y al mismo tiempo actúa sobre él.

4
Cabe destacar que esta demanda se inscribe en una problemática estructural a nivel nacional y no constituye un fenómeno exclusivo de la
región del Ruhr.

Camaleón arte escénico | 21

�METHAMORTHEORIS

Al trasladar estas ideas al ámbito teatral, particularmente en la representación de la experiencia migratoria,
se propuso que la escena puede funcionar como un acto performativo colectivo. Cuando quienes representan una experiencia son también quienes la han vivido, el teatro deja de
ser únicamente un medio de difusión de una realidad ajena y
se convierte en un espacio de autorrepresentación, donde se
producen identidad, memoria y pertenencia. En este sentido,
el teatro se configura como una práctica simbólica capaz de
generar comunidad y de ofrecer un lugar identitario para personas marcadas por el desarraigo.
Vale la pena situar estas reflexiones en el contexto
de la región del Ruhr, pues, a pesar del aumento de la migración latinoamericana, en esta zona no se identifican puestas
en escena que aborden de manera explícita la experiencia
latinoamericana desde la voz de sus propios protagonistas5,
de tal forma que es posible observar un vacío escénico que
contrasta con la diversidad cultural presente en la región, por
lo cual se puede notar la necesidad de generar espacios artísticos que permitan visibilizar estas experiencias.
A partir de dicha perspectiva, valdría la pena impulsar proyectos teatrales que aborden la migración latinoamericana en la zona del Ruhr, en los que algunos miembros
de la propia comunidad migrante participen activamente representándose a sí mismos, pues una propuesta así permitiría
que el teatro funcione como un espacio de legitimización
donde la lengua, el cuerpo y la identidad operarían como
herramientas para la reconstrucción simbólica migrante.

Referencias
Achotegui, J. (2012). La crisis como factor agravante del Síndrome
de Ulises (Síndrome del duelo migratorio extremo). Temas de Psicoanálisis, (3), 1–16.
Austin, J. L. (1971). Cómo hacer cosas con palabras (Trad. E. Rabossi). Paidós.
Barthes, R. (2009). Mitologías. México: Siglo XXI.
Eco, U. (2005). Tratado de semiótica general. DeBolsillo.
Instituto de los Mexicanos en el Exterior. (2017). Alemania 2017.
Gobierno de México.
Karam, T. (2004). Introducción a la semiótica. Universidad Nacional Autónoma de México.
López Pérez, N. (2013). John Langshaw Austin: de las palabras a
las acciones. Universidad de Chile.
Regionalverband Ruhr. (2018). Kleiner Atlas Metropole Ruhr: Das
Ruhrgebiet im Wandel.
Fuentes de consulta
Barthes, R. (2004). El placer del texto. México: Siglo XXI.
Correa González, J. P. (2012). Semiótica. Estado de México: Red
Tercer Milenio.

Finalmente, en respuesta a la pregunta de investigación que dirigió este texto, se puede decir lo siguiente: el
teatro permite representar la experiencia migratoria y actuar
sobre ella al generar procesos de reconocimiento, resignificación e identidad colectiva. Si lo pensamos desde el diálogo
entre la semiótica social y la teoría de los actos del habla, se
puede afirmar que la escena se configura como un acontecimiento colectivo donde el lenguaje, el cuerpo y los signos
escénicos resignifican la experiencia migrante. No obstante,
las reflexiones anteriores abren nuevas preguntas que exceden los límites de este ensayo: ¿qué formas escénicas emergen cuando la autorrepresentación se convierte en eje central
del discurso teatral?, ¿cómo dialogan estas prácticas con públicos que no comparten la experiencia migratoria? Valdría
la pena continuar con estas reflexiones y seguir explorando
el teatro como espacio vivo de acción, lenguaje, transformación social y conformación de comunidades.

Existen eventos organizados por distintas asociaciones y colectivos que incluyen el diálogo y la exposición de la cultura, también existen algunas puestas en escena que retoman elementos latinoamericanos (como el baile, los textiles o los sonidos).

5

22 |

Camaleón arte escénico

�Un romance de décadas:

La poética de iluminar
Entrevista a Gerardo Valdez

N

Esta obra quedará registrada bajo la licencia de Creative Commons (CC BY 4.0) Internacional

o sé quién afirma lo siguiente, yo lo leí por ahí
(pero uno se apropia de
lo que lee, ¿no?): Desde los primeros tiempos de los hombres, se contaban historias
bajo la luz de grandes hogueras. ¿Qué diferencia hay entre el público reunido alrededor de un escenario con esas llamas o el
que hoy se congrega ante un escenario iluminado por lámparas potentes? En realidad, no hay gran diferencia. Seguimos
contando los mismos cuentos después
de siglos y siglos…
El arte escénico conforma diferentes áreas que poco a poco han ido
evolucionando a favor de las cambiantes necesidades de los creadores que lo
componen. Una de esas áreas primordiales, pero al mismo tiempo infravaloradas, es la iluminación. En esta entrevista que tomó lugar el 11 de febrero de
2026, el maestro, director e iluminador
Gerardo Valdez nos lleva en un viaje
a través de la memoria donde, a partir de sus experiencias, nos ilustra en
torno a la semiótica de la iluminación.
El maestro es un referente del teatro en
Nuevo León y recientemente, a inicios
de este mismo mes, ha sido reconocido
con la Medalla al Mérito Artístico por
parte de la Universidad Autónoma de
Nuevo León.
Leamos con atención lo que
nos compartirá a continuación.
C. M.: Maestro Gerardo Valdez, para comenzar, ¿podría contarnos
un poco sobre su trayectoria en el teatro
y su camino en la iluminación?
G. V.: Pues me considero un hombre de teatro en todas sus formas. Este año
cumplo 50 años en la profesión: 45 como
director de escena y unos 30 dedicados a la
iluminación. He tenido la suerte de participar como iluminador en más de 200 puestas
en escena, abarcando teatro, danza, ópera y
otros espectáculos. He trabajado en recintos
de todos los tamaños, desde salas pequeñas
hasta grandes teatros emblemáticos, como
el Teatro Degollado en Guadalajara o el
Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de
México. Hoy me gusta considerarme como
retirado, dejé la Facultad de Artes Escénicas
1

POR CAMILA MONTEMAYOR1

y el CEDART, pero pues la vocación teatral
siempre encuentra la manera de llamarme
de nuevo. Es una especie de complicidad,
un romance que dura décadas y que siempre
te acompaña.
C. M.: Y dígame, maestro, ¿qué
temas, inquietudes o pasiones han sido el
motor profundo de su trabajo a lo largo de
una trayectoria tan longeva?

G. V.: Fíjate que en algún momento quise ser actor, pero entendí que no
era mi fuerte, siento que el actor debe ser un
animal en escena, algo que yo desafortunadamente no era. Así que, desde muy joven,
gracias al apoyo del maestro Sergio García,
descubrí que la dirección era mi camino. Me
interesaba un teatro de contenido social, con
estilos brechtianos y de denuncia, durante
35 muy buenos años formé parte del grupo
Teatro Reguilete. Nos interesaba mucho enfocarnos en montar obras que incomodaban,
las que dicen algo social y políticamente.
Con el tiempo se podría decir que mis intereses se han expandido, ahora me interesan

bastante las relaciones humanas, esas que
son imperfectas, cambiantes; creo que va
por ahí.
C. M.: Y a través de esta trayectoria, si tuviera que definir su relación con
la iluminación, ¿cómo la describiría?
G. V.: Primero, creo que es un
desconocimiento; luego, una complicidad;
y ya cuando uno la entiende, me gusta verla
como un romance.
C. M.: Y en ese proceso de descubrimiento, ¿en qué
momento siente que encontró su
propio lenguaje? ¿Hubo un punto
en su trayectoria en el que entendió que la iluminación podía ir
más allá de simplemente hacer
visible al actor y convertirse en
una forma de expresión en sí misma?
G. V.: Claro que sí.
Al principio, prácticamente a mi
trabajo lo llamaría alumbrar, era
cuestión técnica de poner focos,
que los actores se vieran en escena, etc., pero después, a raíz de
que se crea el Teatro de la Ciudad, tengo la fortuna de ser de los
primeros que anda ahí husmeando, viendo los equipos y esas cosas nuevas que para nosotros eran
sorprendentes. Eso, junto con el
seguir mis estudios, ver la luz en
sus términos técnicos, filosóficos,
religiosos incluso, fue lo que
llevó a que, en los noventa, yo
dijera “bueno, uno ilumina, pero
no ilumina a los actores, uno ilumina ideas,
conceptos, percepciones”. Ahí fue cuando
empecé realmente a iluminar.
C. M.: ¿recuerda alguna obra en
particular en la que sintió por primera vez
que la iluminación realmente estaba contando algo propio?
G. V.: Hubo una obra que se llamó Ñaque de piojos y actores dirigida por
su autor José Sánchez Sinisterra o La Chunga de Vargas Llosa. En estas obras creo que
empecé a entender lo que era la iluminación, esas puestas en escena donde te dejan
hacer lo que tú consideres como diseñador.
Creo que fueron unos de esos momentos en

Estudiante de octavo semestre de la Licenciatura en Arte Teatral de la Facultad de Artes Escénicas de la UANL.

Camaleón arte escénico | 23

�CHARLAS CAMALEÓNICAS

los que dije “ah, creo que me gusta cómo es mi trabajo”. Uno empieza a ver la iluminación como factor fundamental, pues ilumina el
ambiente, da una atmósfera que trata de generar una emoción en
el espectador desde que entra hasta que se va.
C. M.: Qué fascinante es escuchar una voz tan experimentada, maestro. Y qué mejor que aprovechar su presencia para
adentrarnos en un tema un tanto complicado: la semiótica de la
iluminación. Me gustaría directamente preguntarle ¿Cómo se
manifiesta la semiótica en esta área?
G. V.: Fíjate que yo siempre bromeo diciendo que yo no
entiendo qué es la semiótica. Claro que la entiendo, pero me refiero
a que no es tan sostenida, que a veces la considero una sofisticación
teórica, ¿sabes? Pienso que al final del día, la semiótica tiene su
cuestión formal, donde hay un signo y un objeto y un receptor, y
entonces sería entenderla tal vez por ahí. La semiótica no es más
que la generación de signos.
Pienso que en realidad no la entendemos, no la estudiamos, en realidad estamos inmersos en ella como en la luz; la luz
no la reflexionamos, la vivimos. La semiótica se entiende y se acciona meramente por naturalidad, pues proviene de un ser humano
en constante generación de símbolos, que ahí están y se entienden.
Creo que eso es en realidad como se manifiesta ese concepto en la
iluminación.
C. M.: Entonces, si pensamos que la semiótica proviene
de la naturalidad del humano de percibir lo signos, ¿usted
cree que el espectador lee la iluminación de manera
consciente o más bien inconsciente?
G. V.: La mejor iluminación es la que
no se ve. Cuando funciona bien, el espectador
sale satisfecho sin notar la luz directamente,
pero al mismo tiempo se queda en su memoria a través de las imágenes que produce
¿sabes? En mi opinión, el espectador común
la lee de manera inconsciente. Y bueno, ya luego también están los espectadores de teatro más
experimentados, más gorrosos, esos que por la experiencia y por identificarse a sí mismos en el trabajo
de iluminación, son quienes pueden llegar a analizarla y notar los
efectos o novedades.
C. M.: “Considero que la mejor iluminación es la que
no se ve” qué magnifico eso, maestro. Generando otra pregunta en
torno a los signos de la iluminación, en la actuación y dirección se
puede jugar con los signos de muchas formas: emocionales, políticas o sociales. ¿Sucede algo similar con la iluminación? ¿Se puede
usar la luz para transmitir significados simbólicos o ideas políticas
y sociales o el proceso funciona de otra manera?
G. V.: Claro que la iluminación puede transmitir significados simbólicos o ideas sociales, hasta políticas, pero no es algo
que se busque hacer de manera explícita. Lo que se hace es trabajar
con el mensaje que se quiere comunicar y la luz surge para acentuarlo, la luz permite percibir la emoción y la narrativa del momento.
La iluminación funciona así: no pongo signos porque
sean políticos o sociales, sino porque ayudan a que el mensaje y la
emoción lleguen al espectador. Todo en el escenario es significante,
hasta algo tan simple como un personaje descalzo tiene connotación
semiótica y la luz logra acentuar ese detalle para que el público lo
perciba de manera más clara.
C. M.: Entiendo, debemos dejar que la obra nos diga lo
que necesita y de esto saldrán cosas interesantes.
G. V.: Precisamente.
C. M.: ¿Diría usted que para iluminar correctamente es
necesario conocer elementos universales para comunicar algo en
específico? ¿O se podrá experimentar incluso con lo contradictorio?
G. V.: Claro que necesitamos recurrir a los parámetros

universalmente, pues estos son difíciles de modificar. Si tú ves rojo
es que pares; si ves amarillo es con precaución; y si ves verde es
siga, eso aquí y en China no cambia. Son detonantes que están siempre presentes. Pero también es cierto que se puede jugar con esos
elementos. Siempre y cuando se tenga un concepto claro. Siempre y
cuando esos signos de los que hablábamos sí le lleguen al espectador, que no lo saquen de la ficción ni le provoquen una incomodidad
que lo haga desconectar de la obra. Podemos poner un infierno azul
en vez de rojo, en tanto que sepamos por qué y tengamos la capacidad de transmitir esas razones a quienes reciben el mensaje.
C. M.: Arriesgarse, pero con la preparación necesaria.
Hablando de riesgos, en sus trabajos más reciente, como El gran
festín o El camerino de Ofelia, combina tonos realistas con elementos no realistas ¿Cómo consigue que la obra nos diga lo que
necesita mientras juega entre géneros y responde a los parámetros
de cada uno?
G. V.: Para mí, la clave para que los estilos convivan,
siempre ha sido eliminar las barreras. No existen géneros fijos, lo
importante son las situaciones representadas y el tono que quiero
darles. Me gusta poder hacer lo que yo considero que está bien y
puede funcionar, ya sea trágico, cómico, esperpéntico. Mi interés
es poder generar una percepción grata o incómoda en el público,
porque al final de eso se trata, de aprovechar cada escena para crear
imágenes poderosas. Para que la iluminación funcione, considero
únicamente el mensaje y la historia, pues los elementos deben estar al servicio de la obra, no de su género.
C. M.: ¿Y todo esto lo toma en cuenta desde que
tiene la obra en sus manos? Es decir, ¿qué tan temprano
entra la iluminación en su proceso de dirección?
G. V.: Para mí, la iluminación se entrelaza
con la escenografía, la música y la narrativa. Desde el
inicio pienso en ritmos, motivos visuales y en cómo la
luz refuerza la historia, de manera que cada decisión
lumínica esté al servicio de la obra y del impacto en el
público.
El concepto de iluminación entra en mi proceso
desde el primer momento: desde que leo la obra por primera vez
y siento que me seduce. Aunque aún no conozca el espacio escénico
ni cómo estarán los actores, empiezo a imaginar cambios de luz,
movimientos y focos clave; tomo notas y apunto ideas para momentos específicos, reforzando siempre mi idea de que el texto te habla
y te comunica algo desde la primera vez que lo abordas.
C.M.: Claro, maestro su conocimiento es muy claro,
muy preciso, muy acorde a sus años de experiencia. Me gustaría
aprovechar que usted ha vivido la evolución del teatro en muchas
formas y nos contara un poco sobre la evolución de los equipos de
iluminación. Usted pasó desde pintar los focos manualmente hasta
trabajar con consolas y tecnología moderna. ¿Cómo ha cambiado
eso su forma de iluminar a lo largo de su carrera?
G. V.: La aportación mayor que ha hecho el teatro es la
iluminación. Las más grandes revoluciones en la escena han sido en
la iluminación; y alguien como yo, que tengo la fortuna de conocer
a los técnicos del teatro desde que empezaron a trabajar hace 30
años, llega hoy en día al recinto dándose permiso de regañarlos y
de gritar ¿sabes? Aguantamos vara. Entonces el trabajo se vuelve
sencillo, fácil, para mí llegar y trabajar es algo que ya no es tan
complicado.
Yo tuve un teatrito en la calle Padre Mier. Ahí, por ejemplo, cada lámpara era echa por nosotros, así con esos botes famosos
de chiles con un foquito que iba cada uno independientemente a
una consola, cada lámpara tenía su dimmer manual; si tenías 36
lámparas, pues eran 36 dimmers y no tenías posibilidades de unirlos
todos. Entonces claro, la tecnología ha facilitado, pero también uno
extraña en cierto sentido esas técnicas que se van perdiendo. Cierto

La luz no
la reflexionamos,

la vivimos

24 |

Camaleón arte escénico

�CHARLAS CAMALEÓNICAS

es que también uno espera que no desaparezca, que se convierta
en otra herramienta de la inteligencia artificial. Uno espera que su
trabajo no se limite a prender la consola y ya. Así que hay que
estudiar la iluminación, prepararse y evolucionar con ella para no
quedarse atrás.
C. M.: Me llama mucho la atención lo que comenta
sobre sus tiempos en este teatro que tuvo. Me surge la pregunta
de si usted considera que las revoluciones tecnológicas en la iluminación han limitado la creatividad al hacer todo más sencillo
o si más bien la han expandido al ofrecer mayores posibilidades
expresivas. ¿Cómo cree que la creatividad dialoga con esta evolución tecnológica?
G. V.: ¿Qué es el teatro sino el arte de la vida? Y si decimos que es el arte de la vida, pues nos sentimos con un gran
compromiso al cual debemos enfrentarnos, ¿no? Y esta vida tan
cambiante, tan efímera, implica avances tecnológicos que debemos aceptar. Las nuevas tecnologías favorecen la resolución a problemas que te puedes plantear y la creatividad es fundamental que
se mantenga presente, mas ahora, que por la tecnología se tiene
más grande la posibilidad de desbordarla en cuanto a lo que quieras hacer con la eternidad de la luz.
Yo creo que la sensibilidad, la creación, los inventos
no se remplazan, solo se transforman, nosotros seguimos siendo
quienes generamos esa sensibilidad y esa primicia con los recursos modernos. Se debe responder a lo que esté sucediendo en el
contexto de avance, si no, pues nos quedamos atrás, nos anulamos,
prácticamente ¿no? Si uno no se expresa o comunica pues uno no
existe o sí existes, pero en una felicidad muy propia. Yo soy feliz
en mi retiro, porque leo, escucho música y tomo mezcalito, la paso
muy bien. Pero, si no me comunico a ver cómo está el mundo,
después no existo, estoy feliz allá en mi soledad, busco evitar eso.
C. M.: Impulsar al creador a desafiar la creatividad es
un gran mensaje que siempre necesita compartir. Otra cosa que
conozco de usted y de la que me gustaría platicar es su experiencia
en la docencia, por lo cual me gustaría preguntarle algo. ¿Cómo
percibe la enseñanza de la iluminación dentro de la formación
teatral?
G. V.: Pienso que la iluminación no se enseña tanto
como iluminación, sino como la herencia ancestral de su oficio, a
veces lo considero solo así, como una profesión transmitida entre
generaciones como las artesanías, donde la clase se da sentados alrededor de una mesa, con ángulos y dibujos, pero creo sumamente
necesario dejar que los alumnos manipulen, vean, jueguen, pero a
veces creo que hay un cuidado excesivo de que no toquen. Yo al
menos me congratulo de haber podido llevar a alumnos en varias
ocasiones a los teatros, para que vieran, que conozcan e incluso
pudieran manipular un poco la consola.
Es fundamental la enseñanza lumínica, sobre todo en
facultades como estas, que no tienen un perfil específico; se necesitan generar personas que conozca todos los ámbitos de la escena,
pero cuidar la práctica también en materias como esta, donde saber
nombres de luminarias o teoría del color no lo es todo.
C. M.: Maestro, y siguiendo con la enseñanza, aprender
a leer una escena, a darle vida a través de la iluminación, ¿es algo
que solo se adquiere con la experiencia o puede enseñarse en el
aula?
G. V.: Se puede enseñar y se puede aprender. Por supuesto, depende de la intención, del fervor, la pasión, la voluntad,
ya que la voluntad es un factor importantísimo del enseñante y
del que quiere aprender. Pero para llegar a la lectura y a dar vida
primero tenemos que enseñar al alumno cuáles son los equipos de
iluminación, para qué sirven, su función, cómo plasmar un diseño
para el técnico. En fin, y ya que tenemos esto, entonces podemos
ver qué hacer en cuanto a la iluminación, ya entonces es que vamos a leer un texto y vamos a tener la libertad mental de imaginar
lo que este requiere. Y eso se puede aprender, sensibilizando al

alumno desde el aula, impulsando a trabajar desde las necesidades
del texto y desde las necesidades emocionales. Entonces yo te digo
que sí se puede aprender, pero solo si nos permitimos abrirnos al
juego.
C. M.: O sea, usted diría que primero se debe tener bien
asentada como esta parte técnica y ya después es cuando uno puede desbordar la imaginación y desbordar realmente el aprender a
crear esas emociones, ¿no?
G. V.: Sí, sí, sí, hay que llegar a entender la comunicación. El ser humano naturaliza los signos, los integra, los vive
cotidianamente, entonces por eso batallamos para aceptar ciertos
signos, nosotros debemos facilitar al espectador a relacionarse con
los mismos sentimientos que leemos del texto. Eso se afina con la
experiencia, pero comienza desde el aula. Si yo lo aprendí, pues
claro que todo el mundo lo puede aprender.
C. M.: Muy bien, maestro. Pues ya hablamos de su trayectoria, ya hablamos de la evolución de la luz y ya hablamos de
la enseñanza. Como su gran cierre, ¿hay algún consejo que le daría
a usted a quienes están empezando a pensar en la luz como un
discurso que ellos quieren abordar?

G. V.: Pues, por un lado, tener la tecnología y esos avances siempre a su favor. A mí la tecnología me retrasa un poquito
en mis procesos. Ahora vas a cualquier teatrito y todo ya es un
programa diferente. Yo voy a uno y tienen un programa determinado, batallo para entender. Entiendo el manejo de las robóticas,
pero a mis alturas yo ya necesito un operador que sepa ponerme
lo que yo quiera. Los jóvenes eso lo entienden, está en su ADN, la
tecnología ya la tienen en su sangre; hay que mantener eso cerca,
actualizarse, no quedarse atrás.
Eso es algo un tanto sencillo, lo más crucial es la parte
sensible, la parte humana es la que hay que entender, esa apreciación, esa percepción de las cosas, debe trabajarse, y aún más
importante, debe cuestionarse. Porque a fin de cuentas, entendemos a la luz como un elemento fundamental: une, separa, disgrega, golpea, es una progresión escénica; que, si no entiendo, pues
no sé qué voy a hacer. El lado sensible, ese no se vende en el Oxxo,
¿sí? hay que practicarlo y hay que ir, absorber todo lo posible en
donde se pueda, porque a fin de cuentas la iluminación es elemental y debe integrarse a tus venas, a tu vivir; hay que ver mucho
cine, ver mucho teatro, ver un atardecer.
Es muy íntimo, muy personal, es donde yo voy a poner
algo de mí en la iluminación. Si tenemos a la luz como un elemento cómplice, pues utilicémosla para narrar mejor nuestra posición
estética del mundo.

Camaleón arte escénico | 25

�ATELIER

UNA GRAN PARADOJA:

PARA ACTUAR CON VERDAD,
PRIMERO HAY QUE INTENTAR
DEJAR DE ACTUAR
Por Gloria Aideé Coronado Cervantes1

A

Esta obra quedará registrada bajo la licencia de Creative Commons (CC BY 4.0) Internacional

l inicio del Taller de Técnica Meisner impar- la frase también. En un inicio suena sencillo, pero estando en el
tido por Janneth Villarreal en agosto de 2025 ejercicio, internamente sentía una lucha constante entre querer
en la Facultad de Artes Escénicas, yo tenía un analizar todo con la mente, oprimir mis emociones, evadir mis
concepto meramente técnico sobre lo que implicaba dicho enfo- impulsos... Todo esto me conducía a desconectarme del presente.
que de actuación. Sin embargo, resultó una experiencia profunda- La maestra Janneth nos recordaba que lo más importante era estar
fundidos en el aquí y el ahora, haciendo conciencia de
mente confrontativa y reveladora, porque el proceso
que la persona frente a nosotros es la persona
me obligó a revisar aquellos hábitos internos
más importante en este momento porque
no óptimos para mi trabajo actoral y que,
nos está compartiendo un fragmento
como ser humano, había adquirido
de su vida, de su tiempo y enerpara protegerme de la vulneragía. De esta forma, nuestro
bilidad. Con hábitos me refiereto era implicarnos, dando
ro al exceso de control, la
oportunidad a la emoción
anticipación, correr tras
de nacer y fluir sin juicio
la necesidad de querer
alguno.
hacerlo “bien” y la
Me desmantendencia a construir
teló totalmente con
emociones, en lugar
cualquier
intento
de permitirme que
de “actuar”, pues
nazcan naturalmente.
no hay personaje
Entonces descubrí
ni máscara, no hay
lo difícil que es en
texto, no hay movimi actualidad algo
miento que distraiga.
tan “simple” pero tan
Solo dos personas
valioso: escuchar con
mirándonos y reacatención y salir del
cionando, un espejo
ensimismamiento, el
poniendo en evidencia
cual muchas veces he
cualquier intento forzallevado a la escena.
do, mecánico o prefabricaCon la guía de la
do, pues en todo esto no hay
maestra Villarreal, el taller
vida.
creó un campo de conciencia
La incomodidad se hace
en donde por una semana me fui
presente, el silencio se siente eterno,
permitiendo soltar todas las barreras
preguntas comienzan a surgir en la mente.
adoptadas en algún momento. La técnica
La repetición al inicio puede parecer absurda.
Meissner está basada en la repetición, la escuYo intentaba controlar, preparar, pero conforme avanzacha activa, buscando eliminar el artificio del intérprete,
proponiendo responder con verdad. Meissner decía: “Vivir de ba algo comenzó a cambiar: cuando dejaba de pensar en lo que
verdad circunstancias imaginarias”. Para lograrlo,
su técnica
en- yo debía sentir, enfocándome solamente en lo que ocurría enCréditos:
Sofía RamosCréditos:
trena la capacidad de escuchar y responder genuinamente al es- frente de mí, las emociones aparecían con tanta claridad que no
tímulo regalado por el compañero con cada repetición, en lugar comprendía cómo era posible, porque no eran emociones que yo
de operar desde ideas preconcebidas o resultados mentalmente quisiera mostrar, eran reacciones reales a estímulos reales. Complaneados. Los primeros ejercicios consisten en sentarse frente prendí cómo, muchas veces, las actrices o actores, confundimos
a un compañero repitiendo una frase de lo observado en el otro, intensidad con verdad o tristeza con llanto. Buscamos producir
permitiendo surgir la variación de manera sumamente espontánea emociones visibles y ostentosas, cuando en realidad el trabajo
a partir de la interacción del momento. Aunque las palabras eran profundo consiste en desarrollar la sensibilidad suficiente para
las mismas, la intención y la emoción fueron cambiando natu- una reacción inevitable, logrando así la emoción como una conralmente cada vez que se repetía la misma frase de una observa- secuencia natural.
Otro aspecto fundamental fue la vulnerabilidad. He
ción física sobre la otra persona, permitiendo eventualmente la
transformación de la conducta del compañero y, en consecuencia, trabajado de mil y un formas este tema, pero este taller fue la
1

Actriz. Egresada de la Licenciatura en Arte Teatral de la Facultad de Artes Escénicas.

26 |

Camaleón arte escénico

�ATELIER

pieza clave para desbloquearla. Escuchar
con verdad implica exponerse. Significa
no saber qué va a ocurrir al instante de
que tú muestres lo que verdaderamente
sientes. Gran parte de mi rigidez escénica
provenía del deseo de sostener una imagen, pero Meissner exige disponibilidad:
estar dispuesta a equivocarse, a sentir, a
no saber. Claro, confronta con la herida de
rechazo y la incertidumbre de si gustará
o no, pero curiosamente me gustó más la
sorpresa que me regalaba el presente que
los mil escenarios en mi mente.
Desde una perspectiva académica, esta técnica puede analizarse como
un entrenamiento de atención y respuesta impulsiva. Trasladar el foco del “yo”
(¿Cómo me veo? ¿Es demasiado ridículo
esto? ¿Estaré haciéndolo bien?) al otro
(¿Qué está pasando con mi compañerx?).
Este desplazamiento permite una presencia escénica. Dejas de auto-observarte y
comienzas a vivir la situación. La actuación deja de ser ilustrativa y se vuelve
experiencial.
Un aprendizaje muy significativo fue reconocer la diferencia entre la memoria emocional y la raíz viva. Meissner
toma un fragmento de algo vivo propio,
pero desde el presente, el énfasis es la acción y la respuesta, mas no el viaje hacia

el pasado para tomar de ahí recursos.
La escucha entonces no es pasiva. Implica presencia corporal, relajación,
contacto visual, disposición y voluntad.
Cuando la atención muda, la conexión
se rompe. Cuando la mente se anticipa,
la verdad desaparece. La técnica provoca
tener una concentración total y dinámica
manteniéndote en un estado activo orgánico.
A nivel personal me quedo con
el reconocimiento de patrones familiares
que trascienden al escenario. La dificultad
de soltar el control, el impulso de complacer y cumplir con expectativas, la idea de
que “tengo que ser perfecta sin errores”.
En este sentido, el entrenamiento actoral
se convirtió en un ejercicio de autoconocimiento, siendo un motor de búsqueda
de mi autenticidad o aquello que me hace
única.
Concluir el taller me dejó una
sensación de haber afinado un músculo
invisible, recordándome que la actuación
no es representar con gran artificio, es habitar la escena por medio de la escucha.
Sería imposible no escribir
de esta grata experiencia sin reconocer
la guía precisa, sensible, de mi maestra
durante y después del taller. La técnica
exige un acompañamiento atento, capaz

de sostener el espacio y la vulnerabilidad
surgida en el proceso de cada ejercicio, tener una mirada muy ágil para señalar con
claridad cuando el actor o la actriz está
siendo genuino o cuando intenta evadir o
controlar. Su dirección impecable con la
técnica fomenta confianza, pues intervino
sin necesidad de invadir, corrigió sin desautorizar, acompañó sin imponer. Y eso es
valioso. Gracias a su labor el espacio se
convirtió en un lugar seguro en donde fue
posible arriesgarse, equivocarse y descubrir. La técnica deja al descubierto inseguridades y resistencias internas, lo cual,
con una buena guía, se logra mutar de la
amenaza a la posibilidad de crecimiento.
Este taller transformó mi manera de actuar y también mi manera de estar,
marcando un antes y un después con la
profundidad del impacto en todos los niveles, abriendo una dimensión distinta en
mi práctica y reafirmando un compromiso
mayor con un trabajo actoral más honesto, más generoso, más consciente.
Mi trabajo como actriz merece
disciplina, valentía, riesgo.
Este taller fue una declaración
sobre el tipo de artista que elijo ser.

Este taller fue una declaración sobre el tipo de artista que

elijo ser

Camaleón arte escénico | 27

�EN ESCENA

EL NUEVO OESTE
Por Alam Sarmiento1

¿Dónde estoy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?
“… una gaita suena una gaita suena una gaita suena una gaita suena una gaita suena una gaita suena una gaita suena una gaita suena
una gaita suena 		
								
una gaita suena
una gaita suena
								
una gaita suena
una gaita suena
								
una gaita suena
una gaita suena
								
una gaita suena
una gaita suena una gaita suena …”
La Gaita de Rick, PLAN B Estudio/Teatro, enero de 2024
Preludio
Los sonidos de algunos instrumentos parecen no tener identidad, o la tienen con mayor libertad y movilidad de como la construimos y la portamos los seres humanos.
0.

Sonidos
Identidad
¿Por qué será que cuando escuchamos la resonancia de algún instrumento musical distinguimos eso que le da singular sentido
o lo hacer ser lo que es? ¿Por qué en la resonancia sonora o musical no es importante una comprensión racional de su contexto, ni los
motivos por los que eso que está ahí, aparece y es lo que es?
Una gaita suena
												
											
y
de inmediato podemos encontrarnos en un lugar, con una experiencia clara y particular sin necesidad de más información. Identificamos
y nos identificamos.
En el cine o el teatro, por ejemplo, más de una ocasión hemos experimentado cómo un tambor, una trompeta o un guitarra nos
colocan de inmediato en medio de la batalla; en un lugar y tiempo que en teoría no nos corresponde, pero, por lo que oímos justo en ese
momento, somos parte de ello sin poderlo ni quererlo evitar.
Obertura
Los artefactos musicales, su manufactura, diseño y materiales provienen de marcos culturales con prácticas y contextos
singulares, sin embargo, cuando suenan, nos habitan y los habitamos sin mayor dificultad. No importa de dónde son ni quiénes
somos los que los oímos, hay un inevitable entrecruce que nos
habla, nos mueve, pero sobre todo nos ubica, nos dice dónde y
cómo estamos. Diría que, por un momento, nos descubrimos, nos
encontrarnos, sin que esa sea tal vez su finalidad.
Sin embargo, vivimos tiempos en los que nos cuesta mucho trabajo tener la claridad para comprender dónde estamos, así
como la certeza de dónde venimos y a dónde vamos. Esto no es
solo un problema de referencia visual, de ubicación geográfica o
territorial, tampoco es una carencia de información o de incapacidad racional para pensarla. Esta desubicación revela una de las
crisis más complejas de nuestra cultura, la dificultad humana por
comprender cómo algo llegó a ser lo que ES. Paradójicamente esta
crisis se da en un mundo lleno de datos digitales dispuestos en un
solo clic, geolocalización en la palma de la mano y una red que nos
“sostiene” minuto a minuto.
El terreno de las preguntas por el SER es ahora un lugar
cada vez más estéril e inhabitable, sobre todo porque el propósito
de dichas cuestiones ha perdido rumbo y sentido. Estas preguntas
se confunden fácilmente con el área del pensamiento que da de1.

1

28 |

finición o descripción de algo, donde se analiza qué tan correcta
o no es la información que se dice con respecto a algo o alguien.
Suponemos erróneamente que la información descriptiva y respaldada de lo que sea el caso, resuelve la pregunta por lo que es.
Sobre todo, el mayor problema quizás es el afán por responder de manera rápida y definitiva dichas incógnitas. Hemos
construido una cultura que durante muchos años ha postulado que
cuando algo ES, es así de manera única, permanente e inamovible.
De no ser jugadas así las preguntas por el SER, con el hambre
del resultado veloz y permanentemente, estas cuestiones serían caminos que nos podrían hacer ganar terreno en la comprensión de
quiénes somos, qué somos y cómo llegamos a ser eso que somos.
La comprensión de la identidad, por lo tanto, ahora es
un laberinto que no sabemos caminar y mucho menos descifrar.
La identidad es un campo de batalla donde la lucha es feroz, sobre
todo por el afán de que lo que sea el caso, se mantenga y sea solo
de una forma y esa forma lo más pronto posible se vuelva hegemónica.
Incluso en los muy citados discursos de deconstrucción
(usados algunas veces de manera superficial) existe una tendencia
a querer que eso que ahora se deconstruye se vuelva a reorganizar,
jugar con la idea de que lo que sea el caso ES de otra forma, pero
ahora solo será así. A veces solo siguiendo el simple y burdo camino del lado opuesto.

Actor, docente y Coordinador Académico de la Licenciatura en Arte Teatral de la Facultad de Artes Escénicas UANL.

Camaleón arte escénico

�ATELIER
EN ESCENA

Aria
El 14 de enero de 2024, en el foro de Plan B Estudio/
Teatro, la puesta en escena llamada El Nuevo Oeste, presentada
por el Equipo de Trabajo del Nuevo Oeste de la ciudad de Durango
capital, iniciaba su acto escénico con el resonar de un instrumento musical ajeno y lejano, el cual por lo menos a mí me trajo al
presente y por unos momentos me dijo dónde y cómo estaba. Su
instrumento, una víscera que a través de los años se ha hecho resonar, ha participado de rituales ancestrales y se ha sofisticado en su
diseño. Una gaita.
La voz de ese instrumento era la disonancia de apertura a
una entrañable batalla, la cual, durante aproximadamente una hora,
este equipo de trabajo sostuvo y nos compartió. Un duelo, lucha y
viaje que hizo aparecer el dolor, la incomodidad y hasta el enojo
ante la angustia de no dar por hecho quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos.
En sus cuerpos y voces se notaba el deseo de rebelión y
revolución. Salir del viejo oeste para intentar navegar al nuevo.
2.

Las cosas
Se van yendo las cosas
en un ritual tranquilo.
No sé si desaparecen
o sólo cambian de lugar.
Pero cada vez son menos
las cosas y parecen perderse
alrededor de mí
en una blanca neblina.
Esa luz de la tarde las protege.
Los días se van llevando las cosas que he querido.
Con pasos secretos, a mi espalda
se desvanecen.
Las cosas
pequeñas, provisionales. Las cosas
que supuse que eran mías.
Y cada vez me siento
más solo, pero más ligero.
Un emigrante, digamos,
que va perdiendo su equipaje
pero no lo lamenta.
Creo que mi vida
ha sido un ir dejando cosas
extraviadas, inútiles
y queridas
en lugares que he olvidado.
Jorge Fernández Granados

A través del resonar de su palabra, su canto y de algunas percusiones e instrumentos peculiares, daban martillazos a eso
donde comúnmente se coloca la identidad de alguien que habita ese
viejo oeste llamado Durango. Era evidente la molestia, esa molestia e incomodidad que implica salirse del lugar común.
La metáfora me parece más que redonda.
Entremos a ella y pensemos que todos estamos atrapados
en la simulación de un violento y viejo oeste, donde seguimos
haciendo lo mismo sin reflexión desde hace cientos de años, repitiéndolo solo porque sí. Acordemos que al hacerlo eso mismo nos
abraza, porque lo que nos da a cambio es un cobijo extraño,
nos da un supuesto sentido, nos hace “encajar y pertenecer”, pero
¿qué pasa si nos salimos de ahí? ¿Qué perdemos si decidimos irnos
de ese extraño cobijo?
Huérfanos y a la deriva, por no seguir en la inercia de
comodidad que adormece y apaga poco a poco.
Ahora pienso en un poema, el cual bien podría estar
acompañado por la gaita de Rick, por el movimiento y las percusiones de Melissa o por las voces de Noemi y Diego.
¿Si lo que hacemos no tiene que dar un solo resultado, un ganador y un perdedor?
¿Dónde radica la libertad de ser?
¿Dónde acontece la identidad?
3. Finale ultimo
		
Ser libre es apropiarse de unos mismo 		
en un mundo impersonal.
Martin Heidegger
Tal vez no es el lugar ni el territorio o la nación lo que
nos da esa posibilidad de ser libremente lo que somos.
Ir o quedarse, aceptar o rechazar lo que se dice, lo
que se da por hecho, lo que me dicen que soy, no es tal vez la
batalla que debamos enfrentar.
Pero ¿cómo vamos a saber dónde está la cuestión,
donde está el camino?
Si lo que hemos hecho es mantenernos tranquilos
y cómodos o bien ir al otro extremo donde todo el tiempo es
batalla y violencia disfrazada de muchas cosas, donde hay que
quemarlo todo, derrumbarlo todo. Donde al igual en la extrema
comodidad lo único que no aparece es el diálogo que abre el
preguntar, cuestionar sin afanes resolutorios.
Tal vez esa libertad de ser, esa identidad, nos es un
lugar al cual llegar y terminar, tal vez ES ese camino, ese trayecto que se abre entre el apropiarse de uno mismo en un mundo impersonal, para después escaparse de uno mismo y dejar
de SER con autenticidad.
“Ser libre es escaparse de uno mismo”
Emmanuel Levinas
Gracias, Nuevo Oeste por las preguntas.
Aquí mi regalo para ustedes:
The Cloud Atlas Sextet
De: Johnny Klimek, Reinhold Heil y Tom Tykwer

¿Por qué ahora será tan incomodo hacernos la pregunta
de quiénes somos?
¿Será que la identidad es uno de esos aspectos que
nos revelan el sinsentido en el cual hemos depositado nuestra
existencia?
¿Qué pasaría si mejor nos asumimos como un sonido
que va perdiendo su equipaje?
¿Y si preguntarnos por nuestra identidad no debe ser una
batalla?

Camaleón arte escénico | 29

�ATELIER

EN ESCENA

UNA OBRA QUE TE
INVITA A SER PARTE
DE LA HISTORIA
Por Claudia Marcela Ocañas Reyes1

Ficha técnica:
Obra: Inter “M” Ezzo
Compañía: Teoría de Gravedad
Dirección: Aurora Buensuceso
Coreografía: Ruby Gámez
Intérpretes: Gabriela Gómez, Roxana Ortega, Karina S. Siller,
David Juárez, Jess Leija, Arturo Barrón, Ruby Gámez y Aurora
Buensuceso.

R

esulta irónico que, con la remodelación del Teatro Fidel Velázquez, se presentara una obra como
Inter “M” Ezzo, la cual retrata con su danza los
recuerdos de un cinema fantasma. Con continuas referencias al
cine de los 2000, esta pieza revive los recuerdos de toda una generación, evocando una oda a la cultura pop del cine. Es divertida,
pícara por momentos y, a la vez, trágica.
Una obra que conecta con el público y no teme de las
reacciones de este. Risas y sorpresas podían oírse en las reacciones
de los presentes en sus asientos, así como también una conexión
auténtica con el público sin necesidad de tocar temas sensibles
ni políticos, únicamente la nostalgia nacida por el amor hacia el
cinema, hoy en día desplazado poco a poco por las plataformas.
Inter “M” Ezzo nos hace olvidar la tragedia evidente e inevitable
de donde nace este escenario, logrando que pienses únicamente en
lo que estás viendo para disfrutarlo, logrando darle más peso a su
final, pues es casi imposible que el espectador no pueda verse reflejado en sus personajes.
Es notable el juego con música de películas clásicas en
combinación con su escenografía, la cual consiste en butacas individuales movidas en el escenario por los bailarines, con el fin
de crear micro imágenes, además, por supuesto, de una pantalla de
proyección que nos hace revivir la experiencia de ir al cine con la
familia para ver los estrenos en la pantalla grande, donde crecieron
los sueños de muchos.
Con la danza, Ruby Gámez logró recuperar esa emoción
vivida en la infancia de estar sentado en las butacas. Conecta con
historias que hicieron crecer a muchos, mientras que, gracias al
escenario —más antiguo, como lo fueron en los tiempos de las
películas mudas—, logramos comprender que la emoción es igual,
esa por salir de la realidad, mientras nosotros mismos escapamos
al verlos bailar.
Esta obra se luce por su trabajo corporal cuya tendencia se inclina más a la actuación que a una técnica rigurosa, con
movimientos suaves y cotidianos, permitiendo así al público sentirse identificado, formando parte de todo esto. El reto para el cuerpo los bailarines probablemente yace más en la expresividad y la
actuación, vistas cada vez menos en Monterrey, donde gana el uso
de la experimentación e introspección, no obstante, de llegar al público con poca frecuencia.
En Inter “M” Ezzo, por el contrario, la conexión es inmediata. El uso de movimientos cotidianos y expresiones faciales
solo lo suficientemente marcadas para llegar hasta el último asiento, pero sin llegar a una exageración cómica, transmite las emociones de los personajes, su felicidad, la picardía y el amor, así como

1

el miedo, la incomodidad y la fragilidad del ser humano. Lo interesante recae en el uso de la utilería, las butacas rojas individuales
unidas que no se limitan solo a estar ahí ni a representar dichos
objetos, son usadas para crear espacios, generar movimiento, contar las historias. Por un momento son solo butacas, por otro, son
pasajes en donde nos cuentan quién es cada personaje, porque los
intérpretes las mueven para dividir el espacio o para crear imágenes icónicas del cine. Son escenografía de las propias películas, vividas por los bailarines como personajes e interpretando como actores de cine, un espectáculo dentro de otro. Estos objetos ayudan
a entender si el intérprete es personaje, un espectador en el cinema
o si se trata de un actor de la película que él mismo está viendo. Es
una dinámica interesante que mantiene al público activo para jugar
a las adivinanzas: adivina cuándo es bailarín y cuándo personaje,
adivina cuándo es la obra o la película, adivina qué emociones hay
y cuál es la tragedia al final.
La iluminación acompaña, no es protagonista. Su diseño
de luces por casi toda la obra es más clásico, ambiental, pues busca
apoyar a la creación de ese espacio vivo, sin cenitales ni robóticas
acaparadoras que distraigan al público, solo su inicio y su final
que rompe con el silencio sepulcral. Una oscuridad inquietante que
te mantiene expectante, te hace esperar, imaginar que hay algo y,
finalmente, dudar si lo visto es real o un fantasma en el escenario.
Y solo se percibe una luz, la de una linterna potente entre tanta
oscuridad, buscando, entre los escombros del escenario, tal como
el espectador, tratando de entender la imagen guardada por las
sombras. Es la única luz e incluso llega a los asientos en la escena,
compartiendo ese sitio con el público, como habitando el mismo
tiempo y el espacio de quienes serán nuestros protagonistas. Es el
personaje de Ruby Gámez, un vagabundo con linterna, quien da
inicio y final a la obra, como un espectador más que, al ver el escenario en escombros, rememora las vivencias de antaño. Es Gámez
quien da vida a los fantasmas y también a la coreografía, invitando
al público a conocer la historia de este cinema.
Pero hablar del cine de celuloide también es hablar de las
tragedias de esos tiempos. Los espíritus de este cine nos cuentan
las alegrías que en vida tuvieron en ese lugar lleno de magia, donde
se podía reír, imaginar, vivir aventuras, guerras, romances, la esperanza y el ensueño. Las cenizas cubren las memorias del cuerpo
que aún resuenan, y la danza despierta esas memorias yacidas bajo
los escombros del cinema.
Inter “M” Ezzo da justo ese intermedio para reflexionar
y sentir la vida, la alegría, disfrutar el momento, reflexionar en el
ahora y todo lo que tenemos. Es una obra para deleitarse ya sea
en compañía o a solas, un proyecto que saca carcajadas porque se
siente humana, natural y real. No entra en conceptos abstractos
comprendidos solo por los intelectuales de la danza, no se dirige al
público con un lenguaje técnico, habla desde la cotidianidad, una
realidad cercana para un público más amplio. Es una propuesta a
la cual puedes invitar a tus padres o tus abuelos y al salir te contarán sus propias historias y vivencias. Esta peopuesta revive conexiones y abre la oportunidad de reflexionar más allá del primer
impacto generado.
¿La recomiendo? Sí, ve solo; ve acompañado; ve si te
gusta el cine; mírala si te gusta el teatro o si quieres ver una danza
con un lenguaje comprensible y disfrutable.

Esta propuesta invita a las
personas a ser público; al público,
a ser espectador; al espectador, a
ser humano, a sentir y recordar.

Egresada en la Licenciatura en Danza Contemporánea, Maestra en Psicología Deportiva.

30 |

Camaleón arte escénico

�CALEIDOSCOPIO

¿CUÁL ES EL SIGNO ADECUADO
PARA EL ARREPENTIMIENTO?
Por Damian Alejandro Carreón Vega1

M

e quiero volver marinero y no es una elección premeditada. Me he decidido a cumplir con una
misión y quisiera encontrar tu mirada, hasta en el más recóndito granito de arena.

¿Cuál parte de mí es la que habla?
Llevo semanas buscando la bendita idea. Esa que será mi salvavidas para salir a flote de ese mar. Lleno de
errores semánticos, miedos, incongruencias y, sobre todo, ego.

Esta obra quedará registrada bajo la licencia de Creative Commons (CC BY 4.0) Internacional

Solo he ido una vez, no es como me lo imaginaba, pero mi fotografía del recuerdo (y mi amarillismo
mental) me hablan del anhelo.
Ni siquiera me gusta el mar.
Solo necesito una excusa popular, para pasar desapercibido. Ya no me necesito cuestionar. ¿Cuándo sabré
en qué granito de arena estás?
¿Cuál parte de mí es la que habla?
La construcción minuciosamente formada de la realidad se desvanece. La ola pasa y la espuma se lleva el
progreso de mi constante retroceso. El reloj de arena no tiene arena.
Los ojos son la ventana del alma y no tengo razones para contradecir al destino. Pero sí tengo mi látigo
para ser el mártir y castigarme por la interpretación tan volátil y sesgada de mi verdad. Mi actuar.
En alguna parte del lenguaje universal; en algún país, ciudad, calle o baldío. Puede que me encuentres
arrumbado, maquillando mi desconexión con los demás; como simple y llano intelecto, incomprendido
por la sociedad.
¿Cuál parte de mí es la que habla?
Me quiero volver marinero. Y no para bailar la bamba, sino para aferrarme al último recuerdo, el más
chiquitito e idóneo instante en el que encontré consuelo. En esa última fracción, minúscula de mil y una
eternidades, almacenada y enmarcada en oro por el hipocampo.
Solo, fotografiando momentos. Abriendo puertas que llevan al abismo. Tropezándome con mi propia lengua. Nunca dejaré de tener esa obsesión por ser las miradas, por tener ojos encima.
Ni siquiera me gusta el mar.
Hay un lenguaje universal. Y justo por eso tengo la necesidad, por saber la razón de mi incapacidad para
entender su funcionamiento en la cotidianidad.
¿Cuál parte de mí es la que habla?
Solo necesito escribir este manual. Necesito tu ayuda ¿Quizás?
I o III
palabras de aliento
para
Gritar

1

Estudiante de tercer semestre de la Licenciatura en Arte Teatral

Camaleón arte escénico | 31

�CALEIDOSCOPIO

¿Cuál parte de mí es la que habla? El mar. ¿Cuál parte de mí es la que habla? Tu anhelo. ¿Cuál parte de mí
es la que habla? Duh, el habla. ¿Cuál parte de mí es la que habla? El reloj de arena no tiene arena. ¿Cuál
parte de mí es la que habla? Mi actuar. ¿Cuál parte de mí es la que habla? Mi desconexión con los demás.
¿Cuál parte de mí es la que habla? El más chiquitito e idóneo instante en el que encontré consuelo. ¿Cuál
parte de mí es la que habla? Yo, abriendo puertas que llevan al abismo. ¿Cuál parte de mí es la que habla?
Ni siquiera me gusta el mar. ¿Cuál parte de mí es la que habla? Mi incapacidad para entenderlo respecto a
su funcionamiento en la cotidianidad. ¿Cuál parte de mí es la que habla?
I o III
palabras de aliento
para
Gritar
¿Cuál parte de mí es la que habla?
¿Cuál parte de mí es la que habla?
¡¿Cuál parte de mí es la que habla?!
La menos agraciada. La tocada por la maldición. La podrida…
Me quiero volver marinero. Todo un invierno, como oso en su cueva. Tragando los peces crudos, saboreando la brisa y el frío. Tener una excusa más.
Cuál
parte
de mí
es la que
habla.
Tal vez el anhelo de algún día verme también reflejado en un granito de arena y, sin miedo, tener la capacidad de perderme en la nada. Esperar a encontrarte por “casualidad” entre miles de millones de granitos
con pedacitos de vidrio que cortan nuestros pies.
Esperar hasta el hartazgo y solo después, en segundo plano... encontrar el signo del arrepentimiento.

32 |

Camaleón arte escénico

�EL OJO DEL CAMALEÓN

LA ESCENA NACIONAL EN
DOS TIEMPOS: 44 Y 45
MUESTRA NACIONAL DE TEATRO:
REGISTRO DE LA ESCENA
Por Jesús Gabriel Huitron Monroy

Camaleón arte escénico | 33

�34 |

Camaleón arte escénico

�Camaleón arte escénico | 35

�36 |

Camaleón arte escénico

�LA ELECCIÓN DEL BALANCE
Esta obra quedará registrada bajo la licencia de Creative Commons (CC BY 4.0) Internacional

Por Alicia Scarlett Solís Campos1

Ficha técnica:
Obra: End
Compañía de Danza Contemporánea de la Facultad de Artes
Escénicas UANL
Dirección y coreografía: Sunny Savoy

C

ada concepto, como se describe en este escrito, es una representación simbólica propia.
No responde a las definiciones científicas ni
lingüísticas convencionales. Por ello, cada concepto e idea
plasmada aquí constituyen una “perspectiva”, característica
fundamental del arte y razón principal por la cual escribí lo
que ahora tienen frente a ustedes.
El color rojo que circula en mis venas, la embestidura
roja de mis arterias, es la sangre. La que le da vida a mi cuerpo, la que se derrama al cortar un pedazo de la materia que
me conforma, la que se extiende por el suelo hasta alcanzar
las raíces de mis mayores miedos. Sigue expandiéndose, se
convierte en un río escarlata que delimita la superficie. Pasa
por el abismo del caos, prisión oscura de los cuerpos caídos
en la guerra. Se eleva por el llano campo del orden, prisión de
las mentes sin cuerpo bañadas por los pequeños destellos
de luz que los ríos de sangre aún no han cubierto.
Es la destrucción del cuerpo la que me aterra, el desvanecimiento de todo lo que conozco. La calma se vuelve mi
amiga y, con mi sangre, me pide que escriba mi mayor deseo.
Escribo: Balance.
CAOS. Símbolo del desorden creciente e imparable.
Autor de la discordia y la entropía, su impulsividad le caracteriza. La reverberación de su manifestación es casi infinita,
insaciable de poder, condenada a coexistir con la manifestación de su contraparte.
ORDEN. Símbolo de la estructura que encauza lo
que el desorden desborda. Es el creador del sentido, la voz

1

de la coherencia esquematizada. Consuela el abismo de la
incomprensión, asimila cada esquina y escruta los recovecos
del espacio que habita.
Ambos, cohabitantes en el espacio, resisten en una
lucha interminable de poder. Uno combate por el trono, el
otro solo existe para amar y ser amado. Es una guerra unilateral, no se puede ganar. Uno odia, el otro perdona. Uno ignora,
el otro conoce. Uno quiere ser el único ser en el universo
infinito, el otro acepta la existencia de su contraparte, porque
sin el otro, ninguno existe. El primero crea desorden, descontento, ira, guerra, mientras que el segundo genera estructura,
certeza, tranquilidad, paz.
Bajo esa tensión constante, sus riñas encuentran un
punto de inflexión, el momento de la transformación. Ya no
es guerra, es danza. La luz y la oscuridad son ahora música.
Es ahí cuando Balance nace. No dura mucho, apenas unos
instantes. Navega profundamente por el juicio del ser hasta encontrar su lugar y, nuevamente, perderse. Busca su voz
constantemente, aquella que le elija, que incluso le escuche,
pero se rompe, Balance es corrompido por una constante que,
con ironía, resulta ser el conjunto de sus mismos creadores.
Desbalance.
El cuerpo humano tiene la certeza de sus capacidades
de crear y destruir. Por eso crea hogares, sociedades, sistemas, estados, países, continentes, mundo. Somos masa y elegimos a Caos como gobernante.
Balance y Desbalance son ahora las fuerzas opuestas
en guerra. Su manifestación toma lugar en un espacio cerrado
con personas que observan, inquietas por saber qué verán.
Con Balance y Desbalance cuatro cuerpos bailan en
el centro, iluminados por una luz que les obliga a permanecer
allí, juntos. Observo cuatro rostros. Percibo ironía, es el Caos
disfrazado de Orden. No es placer ni tranquilidad, mucho
menos diversión. La energía aumenta, la ironía es ahora un

Egresada de la Licenciatura en Danza Contemporánea generación 2021-2025. Bailarina profesional.

Camaleón arte escénico | 37

�ENTRE LÍNEAS Y ESCENARIOS

grito de desesperación contenida. Uno de los cuatro sale de la luz, entra a la
oscuridad y el dolor se hace más visible. Los otros tres miran con disimulo,
ni se inmutan. No existe empatía. Negligencia. El poder sobre las masas
contenidas, reprimidas en la estructura de un mundo con ataduras al egoísmo, a la crueldad humana. Vuelve a la luz aquel que salió a la oscuridad, no
para quedarse, sino para salir con las otras tres personas al mismo tiempo.
Pero no existe salida, solo más oscuridad por enfrentar.
Disparos. Uno a uno, los cuerpos caen. Se desvanecen en el tiempo
y espacio sin dejar rastro, hasta que queda una persona de pie. Solo
quiere salir. Ser libre. Más disparos viajan en todas direcciones, la última
persona muere. El fin existe desde el inicio.
Estos son juegos de vida o muerte.
Hambre. Avaricia. Sed. Hipocresía. Miedo. Conflicto. Guerra.
Y la última, puedes deducirla sin ayuda mía.
Todas llevan a una misma conclusión y todas son meras representaciones. Es arte convertido en voz, en acción. Y duele, duele mucho. La
palabra ya no tiene el mismo impacto. El arte en movimiento se ha vuelto
el canal con el lenguaje más crudo, menos obvio, pero más potente para
entender las situaciones que ignoramos. Y así, sentada, mirando aquellos
cuatro cuerpos, no pude evitar sentir.
Quiero respirar y lo único que siento es un golpe ahogado. Uno
que me sumerge dentro de la profundidad de mi ignorancia. Me lleva hasta
donde mi voz emite el sonido de la resistencia y mi cuerpo viste el color de
la negligencia, gris, el color del polvo cuando todo queda completamente
destruido por el fuego de la humanidad cruel y déspota. No me suelta hasta
que caigo sobre otra capa. Esto es aún más profundo, la capa se destruye y el
golpe sigue llevándome hasta abajo. Me resisto, lucho. Convierto mi miedo,
mi furia en fuerza para enfrentar este golpe de realidad. Mi realidad es que
estoy cayendo y no caigo sola, existen más, somos masa. Una masa de gente
viviendo en esta nube perdida, observando todo, sin querer hacer nada.
Seguimos cayendo, cada uno luchando con la vista en negro. “Somos el problema”, me digo a mí misma, una sola vez, pero suficiente para
dejar de luchar. No sé qué hacer, me convenzo de que no puedo hacer nada,
porque me da miedo hacer algo y quedarme atrapada en el fuego. Es que
puedo ver a través del agujero por donde sale la luz, y que cada vez se
vuelve más pequeño, que la gente grita, huye, engaña, viola, mata. Y yo
solo estoy viendo.
Cada capa es más dura de enfrentar. Es como entrar a un juego de
niveles, solo que aquí se puede ver quién cae más profundo en el hoyo
de la crueldad.
Por fin llego al final. Esta es mi realidad, vuelvo a donde inicié…
al Caos. Nunca se fue. Nunca acabó. Nunca lo hará. Respiro profundo y me
encuentro mirando cuatro cuerpos juntos, espalda a espalda. Están luchando
por mantenerse de pie, ¿por qué siguen ahí? Sus cuerpos destrozados, con
hambre y sed, perdidos en el centro de la guerra que acaban de sobrevivir,
que siguen enfrentando, que seguirán viviendo.
El desvanecimiento de un mundo cruel, reducido a cenizas, quizá
esa sea la única solución. Quizá el mundo simplemente debe acabar para
recuperar la esperanza, la fuerza, la valentía, la empatía. Quizá el mundo
necesita volver a nacer, para volver a ser lo más humanos que podemos ser.
Estoy en un teatro y cada parte de mí se desmorona. Si esto hubiera
sido real, mis palabras no llegarían hasta aquí. No existe respuesta. La solución la veo lejana, cuando en verdad está tan cerca de mí. Somos personas,
somos mundo. Somos Caos y Orden, Desbalance y Balance. La decisión la
tenemos en nosotros, elegir a una sola de las fuerzas opuestas no es más que
nuestra propia sentencia de muerte.
Esto no es un resumen ni una reseña, mucho menos una crítica. Es
el despertar de un inmenso sentir. Es una pequeña parte de mis escritos al
tener el honor y la dicha de ver END, una obra de Sunny Savoy, coreógrafa
y directora de la Compañía Titular de Danza Contemporánea de la Facultad
de Artes Escénicas, cuyo estreno tuvo lugar en el Teatro Espacio Rogelio
Villareal Elizondo del 3 al 6 de abril de 2025.
El arte nunca nos dará la respuesta. No es su función. Así como
tampoco existe solo para ser admirada. El arte se vive, se duele, se ama, se
reflexiona y se transmite.
Y bajo ese sentir, reconocemos que habitar entre el Desbalance y el
Balance…también es una elección.
38 |

Camaleón arte escénico

�ENTRE LÍNEAS Y ESCENARIOS

NEAR THE BORDER:
CRÓNICAS FRONTERIZAS
Por Raúl de Jesús Vázquez Sánchez

¿Existen realmente los límites o son solo líneas que las aves no pueden ver?
Nota introductoria: En el año 2024, la compañía de danza Las Sangres, radicada en Xalapa y con más de 20 años de trabajo
ininterrumpido, presentó la obra OCRE: la línea ha muerto en el premio Nacional de Danza Guillermo Arriaga en su edición
2024, celebrado en la ciudad de Xalapa, Veracruz, México. La pieza resultó finalista en la contienda y resultó ganadora del
premio a mejor musicalización. El presente texto se desprende de una entrevista realizada el 6 de febrero de 2025, donde los
integrantes de la compañía compartieron lo concerniente a su proceso creativo para la creación de la obra. Es a través de sus
testimonios que se construyó el presente texto.
OCRE: La línea ha muerto
I

E

stoy sentado en la sala Dagoberto Guillaumin del teatro del Estado —la sala chica, como nos gusta decirle—, la cristalera está a mi espalda, mis compañeros
de la escuela y yo llegamos muy temprano, sabemos que esta
es una ocasión especial: nuestros maestros participan en las
semifinales del Premio Nacional de Danza Guillermo Arriaga que se ha dado lugar en la ciudad donde residimos. Para
nuestra extraña capital donde, curiosamente, existe la primera Licenciatura en Danza Contemporánea del país, este es un
suceso sin precedentes.
Toda la escuela va llegando de a poco al recinto y no
solo ellos, sino todos los artistas y personalidades que han
venido hasta aquí para ver las semifinales. Con mis compañeros compartimos con gran emoción que no podemos creer lo
que estamos viviendo. Una adolescente emoción, aquella que
solo conocemos cuando somos jóvenes, nos inunda. Tenemos
esperanzas, grandes esperanzas de que Xalapa gane siendo el
anfitrión, aunque nadie quiera admitirlo por miedo a que la
superstición se haga cierta y termine por resultar lo contrario. Vemos desde lejos a nuestros maestros llegar a la puerta
donde los artistas entran al recinto; los gritos y vítores se apoderan de nosotros, con una efusividad inusitada les deseamos
lo mejor y nos brillan los ojos de sentirnos pertenecientes y
representados.
El cielo está algo nublado. Xalapa se ha caracterizado
en los últimos años por tener una bipolaridad climática que
solo la hace más enigmática de lo que ya es. Uno no sabe si
cargar con sombrilla, sombrero o chamarra y prefiere llenar
la mochila de todas estas, por si acaso. Un viento serpentea
por lo bajo, introduciendo su frío incluso por entre nuestras
ropas y sabemos dentro de nosotros que pronto podría llover.
Yo pienso que puede que sea un buen augurio, como en las
bodas, donde pensamos que es de buena suerte que llueva
sobre la corona de la novia.
Llega nuestra Secretaria Académica a repartirnos los
boletos que amablemente han cedido a la escuela y por
los que hemos estado haciendo guardia desde temprano para
no perdernos ni un solo minuto del Encuentro. No me había
percatado, pero la fila ya le ha dado la vuelta al teatro. Estamos separados en dos, el público en general y la Facultad de
Danza de la Universidad Veracruzana. Me alegro en mi interior por ver la enorme respuesta de los estudiantes y sonrío
desde mi corazón.

Nos dan la entrada al teatro. Ceremoniosa y tradicionalmente rompen nuestro boleto; yo me entristezco un poco
porque quería guardarlo para el recuerdo, pero sigo mi camino. El lobby de cristalera nos recibe con su olor a hogar
y todos corremos lo más rápido que podemos para poder escoger un buen lugar. Las paredes recubiertas de madera y el
tratamiento acústico nos hacen sentir entrar a otra dimensión,
llegamos al lugar donde en cuatro paredes cabe el universo
entero. Es natural la magia que sentimos, muchas veces habíamos venido a esta misma sala, pero ahora, debajo de nuestra piel, nuestras voluntades estaban unidas por ser hermanos
de una misma enseñanza.
El rumoreo se hace presente, escuchamos el murmullo ininteligible de todas las personas en la sala. Las luces,
que estaban todas encendidas para darnos la bienvenida, lentamente, sin que lo advirtamos, se van diluyendo, creando la
atmósfera tan enigmática del teatro. Sabemos que estamos
por entrar a esa dimensión paralela de la escena y que por
unos instantes no estaremos ni en este mundo ni en el otro y
seremos partícipes del acto mágico que supone el arte.
Se anuncia la tercera llamada, hemos revisado previamente el programa de mano para asegurarnos de poder
ver cuando nuestros maestros pasen. Son los últimos y la
impaciencia crece dentro de nosotros. A cada número que se
sucede, nuestros ánimos empiezan a cargarse dentro y estamos deseosos de ver la coreografía de Las Sangres. Pienso
un poco en ese nombre y me quiebro la cabeza intentando
descifrar el hilo de pensamiento que los condujo a escoger
uno tan bueno.
Por fin se llega el tiempo de los maestros. OCRE: La
línea ha muerto, el nombre me parece también bastante hermoso, estoy expectante de lo que veré. Un espacio diáfano,
bañado de tonalidades cobrizas es lo que nos recibe en la pieza. Apenas ha terminado de abrir el telón y de inmediato, el
paraje se torna desértico, tanto, que es casi palpable el polvo
en la nariz y la temperatura del teatro sube exponencialmente.
Veo, dentro de mí, una estera de paja rodando y sacudiendo
la arena de este árido paisaje, aunque en realidad solo me sea
posible ver el negro del linóleo en el teatro.
Este desierto destín al que nos hemos embarcado se
baña por luces que clarean a lo lejos semejando un calor abrasador. Las motitas de arena bailan en el aire y las observamos
gracias a los candiles que les hacen de rayos x, permitiéndonos apreciar su, hasta entonces, inadvertida danza.

Camaleón arte escénico | 39

�Dentro de este desierto, casi postapocalíptico, desfilan,
desde el fondo, las siluetas de unos sombreros que poco a poco
se nos revelan como jinetes en este desolado lugar. Tal vez solo
ellos han sido sobrevivientes de una devastación a la que hemos
llegado tarde y solo participamos espectando su desenlace, o tal
vez se encuentran cruzando la inmensidad y el silencio de la
arena que les rodea.
De cualquier modo, algo es claro: se encuentran caminando y no se detendrán. Su contorno recortado por la luz se
va haciendo grande conforme se acercan al proscenio. Vemos
entonces destellos de su figura ahora revelada, pequeños brillos
luminosos en color rojo, naranja, unas texturas semejantes a
redes de pescar que les envuelven el cuerpo. No sucede, pero
pareciera, que un viento calmo les moviera las ropas, agachan
el sombrero, impidiéndonos verles los ojos, ¿acaso para cubrirse
del polvo que esta ventisca levantó?
La formación lineal que conservaban en un principio se
desdibuja para dar lugar a múltiples interacciones entre los bailarines: cambios de niveles, cargadas magistralmente ejecutadas
y danzas interesantes que conjugan los elementos del sombrero,
vestuario y música de manera perfectamente ensamblada. Dibujan de pronto, círculos en zonas paralelas del escenario y para
nosotros, se nos revelan el rastro que dejan en la arena, vemos
los surcos y huellas que sus pasos han dibujado. Esta bellísima
metáfora, se muestra solo en el momento en que los intérpretes
generan la atmósfera de arena y entendemos: “solo se puede ir
hacia adelante, detrás hay solo huellas que el viento borra”.
Un primer sonido nos alerta. Las manos son colocadas
sobre los alerones del sombrero, con las yemas de los dedos que
se recorren rápidamente sobre estas, produciendo un rasgado
similar al de los güiros. Estas ráfagas sonoras también me hicieron pensar en las víboras de cascabel, naturales de los desiertos, pues se combinaba con los movimientos serpenteantes que
desde donde yo estaba, podía ver en los dibujos de piso que se
borraban tan pronto como aparecían a mi vista. La actitud corporal también era la de una serpiente, que de cuando en cuando,
advertía a los demás de su presencia con su cascabel, ¿era este
un lenguaje secreto de los personajes para comunicarse durante
su travesía?
La música nos guía, vamos hacia los corridos y verseados norteños, sabemos, por las cadencias e instrumentos, que
nos hallamos en la zona norte del país. En algún momento,
suena un corrido y salen versos al aire que nos van diciendo
reflexiones profundas al respecto del desierto y aparece por vez
primera la idea de la frontera. ¿Acaso nuestros personajes se
hallarán cruzando el desierto en busca de llegar a una frontera
y atravesarla?, pero ¿a cuál de ellas? Una mezcla musical que
provoca gran intriga en el público, un jazz que se transforma, se
deconstruye para volverse un corrido, es algo hasta entonces no
visto, pero sucedió, sin darnos apenas cuenta ya estábamos en un
ambiente completamente situado en la zona desértica del norte
y no sabíamos si los instrumentos eran los mismos, era como si
una nueva banda se hubiera presentado de pronto.
No sabemos hacia dónde se dirigen, pero su marcha no
se detiene. Así como los elefantes y las ballenas en sus eternos
ciclos migratorios, así acompañamos a esta manada humana en
una balada desértica que nos tiene cada vez más exhaustos. Paso
a paso, seguimos su marcha, el sudor corre por sus frentes y
moja sus ropas a tono rojizo que poco a poco se va tornando
color borgoña por el líquido emanado de sus cuerpos, del mismo
modo empezaban a evaporarse lentamente, como bien lo revelaba la columna de humo que brotaba de sus cabezas hacia el
cielo.

40 |

Camaleón arte escénico

Cuando Walter Benjamin llegó a la frontera de Francia
en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, terminó por suicidarse, presa de la desesperación que le suponía no poder huir de
la guerra; horas más tarde, la frontera abrió sus puertas dejando
pasar a los que habían llegado, pero para Benjamin todo había
acabado ya. Mientras veía la pieza, no podía dejar de pensar en
esa anécdota extrañamente curiosa. ¿Qué se escondía ulteriormente en ese muro que se levantaba frente a Benjamin para hacerlo tomar la decisión fatal de acabar consigo? ¿Qué significa
en lo profundo la idea de frontera? ¿Nuestros personajes harían
lo mismo? Todas esas preguntas azotaban las paredes de mi cabeza mientras se desarrollaba la coreografía.
Del mismo modo, me encontraba cautivado con la idea
del peregrinaje. Cuando joven, pasaba mis días y horas viendo
innumerables documentales sobre animales. Allí, me empapé de
muchos conocimientos sobre aves migratorias, elefantes que se
enfrascaban en caminatas por meses hasta llegar a donde había
agua y ballenas que salían en manada en busca de aguas más
cálidas. Comprendí que la naturaleza es inherentemente migratoria, las especies lo hacían y no había motivo para pensar que
los seres humanos no lo iban a hacer también. Había algo más,
siempre lo hacían en grupo, en familia, y se protegían unos a
otros en todas las etapas de este viaje. La migración me hacía
pensar en otra cosa, que es que la naturaleza tiene una gran inclinación por el desapego, no quedarse en un solo lugar sino moverse. ¿Era esa una metáfora colateral de la coreografía? ¿Eran
una familia que caminaba como los animales migratorios lo hacían? No importaba la respuesta real como el hecho de que esas
preguntas fueran detonadas mientras veíamos la obra.
Esa balada que se dibuja en los pasos de la inmensa caminata que supone la migración, me llenaba de emoción, porque
no éramos muy distintos a esos elefantes ni ballenas. También
los seres humanos caminábamos en mandas para buscar sitios
mejores. A menudo, me he preguntado las razones que motivan
estas movilizaciones, pero siempre me he llenado de una tristeza
profunda cuando observo a esas masas de gente cargan la mochila llena de esperanzas y peleando porque el mañana les sonría
nuevamente.
Sentado en ese patio de butacas, me preguntaba el lugar
a donde se dirigían los personajes. Sus miradas revelaban un
anhelo, un ansia de llegar a un punto donde todas sus aflicciones
encontraran consuelo. Apareció entonces una nueva idea, la de
“camino”. Tantas veces se nos ha dicho que lo importante está
en el camino y no en la llegada, como en ese famoso poema de
Cavaffis sobre Ítaca, pues era Ítaca lo que los personajes buscaban y, sin duda, el camino se les hacía inmensamente largo,
aunque no todo en él era doloroso. Había pequeños momentos
donde podíamos apreciar una extraña luminosidad esperanzadora después de todo este ambiente desolador, como cuando entre
ellos deslizaban los pies bailando al son de los bailes típicos norteños. Entonces, una ligera sonrisa se dibujó en todos nosotros
dentro del público, reconocíamos, aunque sea de oídas, esos bailes y esa música y nos alegrábamos de que nuestros peregrinos
tuvieran un momento de esperanza.
La danza de los sombreros se complejizaba con sinuosos
trazos espaciales. En ocasiones, mi vista borraba a los personajes para solo percibir unos sombreros que flotaban por todo el
escenario. Los difíciles y caprichosos acomodos que lograban
los bailarines cuando se colocaban unos a otros los sombreros
en las más complejas posiciones me hacían pensar en el estudio
profundo que supuso el manejo del objeto. Mi parte favorita con
este elemento fue cuando se taparon el rostro con ellos y ahora
tenían una cara-sombrero, ese fue el culmen de esta atmósfera

�desértica y norteña, y los ahora personajes-sombrero me parecieron de lo más
interesante.
La obra finaliza con un personaje
que se aleja hacia atrás, caminando lento, regresando sus pasos y borrando sus
huellas. Este se tapa del sol que le golpea
el rostro con una mano y en este rebobinar la luz se apaga tenuemente. ¿Habrán
llegado a su destino o se percataron de
que esta existencia se trata en exclusiva
de un único e interminable peregrinar?
II
Que el Premio Nacional de Danza hubiera tenido lugar en mi ciudad
natal, no pudo emocionarme más. Ciertamente este hecho, aunque pudiera considerarse pequeño, me llenaba de emoción. Acercaba los más altos ambientes
de la danza al lugar donde vivía y donde
había crecido. Yo, que tantas veces caminé por los callejones de la ciudad, con
la espalda encorvada para cubrirme el
rostro de la lluvia que con sus finos hilos
golpeaban como agujas de acupunturista
en la piel, ahora mismo me encontraba
presenciando uno de los más grandes
eventos en el mundo al que decidí dedicarme. Pensaba que, al descentralizar
estos eventos, nos abrían la puerta de los
sueños y a pensar “algún día yo estaré
allí también”. Y lo pensé, casi ni lo quiero admitir por pena a parecer demasiado
pretensioso, pero lo pensé y en el fondo
de mi vida posible lo juzgué por factible, me apena demasiado, pero fue real
y, aunque los sueños no sean más que
eso, creo que no le hago daño a nadie
con soñar.
En algún punto de la obra, escucho en el audio, apenas perceptible por
lo bien mezclado que se encontraba con
la música, la frase que corona el presente
texto: ¿realmente existen las fronteras o
son solo líneas que las aves no pueden
ver? Entonces me llené de emoción.
Pensé de inmediato en la realidad de esa
frase que ahora golpeaba poéticamente y
retumbaba en mi corazón. ¿Qué significaban para las aves esos muros imaginarios que los seres humanos nos habíamos
inventado? Imagino que para ellas solo
existe el mundo sin división ninguna y
que lo ven todo desde donde surcan el
cielo completamente suyo. Nosotros,
la raza humana, en cambio, nos habíamos peleado por los trozos de tierra que
compartimos y nos habíamos esforzado
en amurallarnos. Constantemente me repetía en mi cabeza eso y agregué dentro
de mí: en realidad, las fronteras, para un
ave, deben de ser solamente líneas que
no signifiquen nada más que la orografía
de un sitio que ya les pertenece.

Con todo lo anterior nació en mí
el deseo de preguntar a los intérpretes
de la pieza por el proceso que debieron
seguir para llegar a consolidarla y llegar
hasta el Premio Nacional. Debo agradecer enormemente al elenco que aceptó
gustoso realizar la entrevista y que amablemente respondieron con abundancia a
mis preguntas, ya que, sin ello, no lo habría podido lograr. Gracias por compartirse y por compartirnos sus reflexiones
al respecto. Lo siguiente son la recopilación de sus testimonios.
III
Del diario de Janice Platt
…Enséñame tu pasaporte y
dime: ¿cuántas fronteras has pasado?…
¿Existen los límites?...
Ahora, con los años, he llegado
a una conclusión: los mapas mienten. El
centro que marcan no es el mío. Mi centro es el norte.
Me queda claro, que toma mucho, pero mucho tiempo, comprender un
hecho complicado: en ocasiones, hace
falta tomar distancia de las cosas para
comprender lo que en realidad son. Hace
ya varios años desde que salí de Hermosillo, Sonora. He abandonado aquel calor
por viajar a conocer otros lugares y tras
visitar estos sitios no he podido llegar a
otra conclusión que esta: realmente el
norte es el lugar que me centra, es en
donde debo estar.
No fue hasta que salí que descubrí lo que era ser sonorense. Descubrí
esa extraña fuerza interior que irradia
cuando pienso en mi punto de origen. Es
en cuanto recuerdo el inexorable hecho
de venir de los fragores de un desierto,
que despierta mi resiliencia, que algo
dentro de mí se aviva con un fuego nuevo y me hace aferrarme por conseguir
aquello que quiero hacer.
Vivir en la montaña, como ahora
vivo, tiene grandes privilegios. La vida
es vasta, tranquila y diversa. No hay necesidad de esforzarse demasiado para
conseguir la mayoría de las cosas. La
tierra es fértil y los habitantes descansan
en ella para satisfacer sus necesidades.
Saben de su bondad y confiados en ella,
en su certeza de que los árboles fructificarán y lo que siembran será cosechado con
bien, tienden a instalarse en ese lugar; en
cambio, en el desierto, lo que quieres,
tienes que trabajar para hacerte con ello,
si no lo haces, lo pierdes. Hay que procurar mucho más las cosas para que
puedan crecer.
Ahora, desde lejos, pensando
en este desierto y en lo que dejé atrás,
también recuerdo a mi padre. Me es inte-

resante mencionar este hecho: Fue hasta
los 77 años que tomó una decisión que
nos dejó boquiabiertos. Dejó de utilizar
sombrero para empezar a usar gorra. Lo
cuento ahora y pienso en que quien
lo lea, le puede parecer una ordinariez,
pero para nosotros no lo era. El sombrero no es solamente un aditamento, un
accesorio, es, ante todo, una herramienta
de trabajo. Al despojarse de esas cosas,
del sombrero, de las botas, también se
despojó un poco de su identidad. Ya no
podía sostener aquella faceta y tenía que
soltarla; había cruzado una nueva frontera.
En esta oda al sombrero, no olvido la forma del suyo: modelo Stetson,
con las alas hacia arriba. Recuerdo bien
cómo exigía al sombrerero que ajustara
bien la horma para su cabeza, acompañarlo a pedirlo a su medida y no comprender la razón de la variedad de ellos.
Verlo sin él es extraño, porque, de alguna
forma, le daba esa terquedad del desierto,
le daba esa identidad de Sonora. Su sombrero era como una etiqueta en su frente
que lo designaba como vaquero. Ahora,
con gorra, ¿cómo saben los demás que es
vaquero? Porque esa era su profesión y la
portaba con el mayor de los orgullos. En
la vida, hay momentos donde debes tocar
puntos más allá para ver quién eres. Los
límites se ensanchan poco a poco. Las
fronteras, contrario a los muros pesados
que pueden llegar a ser, tienen tendencia
a moverse y, o nos asfixian o terminan
por obligarnos a moverlas. Papá ya no
tenía hacia donde hacerse más que ir y
soltar el sombrero, soltar esa identidad.
Yo, en mi propia vida, hice lo mismo, tracé
una línea y me escapé por la tangente,
me fui a buscar el sueño de mi vida, me
fui a buscar allá dónde me llevó la danza
y la seguí. Ahora, al voltear hacia atrás,
me queda claro que no ha sido fortuito,
veo que he sido yo quien ha decidido
todo este tiempo y que los puntos de la
línea terminan conectándose.
Entiendo que el cuerpo es el
termómetro que nos indica cuando estamos topando con cárcel. Veo y siento
las suaves diferencias térmicas que me
van mostrando y alumbrando los senderos. Recorro con él para liberarme de la
prisión que proporciona en realidad los
pensamientos, pero el cuerpo es quien
me ayuda a surcar las fronteras, me marca la ruta por donde debo ir. Sin duda, no
me arrepiento de haber migrado; haberlo
hecho significó ampliar los horizontes de
mi vida. He conocido nuevas y variadas
temperaturas y el termómetro se va afinando con el tiempo.

Camaleón arte escénico | 41

�En el desierto, por ejemplo, somos demasiado directos,
porque así es como nos exige la orografía. Aquí, en la montaña, todo es mucho más sinuoso, desde el trazo de sus
ciudades, todo se dice con otro tono, todo se baila con un extraño vaivén y cadencia que no existe en el lado norte, pero he
conocido todas esas cosas y me he adaptado a ellas, solo así he
crecido también.
Cuando llegué a Xalapa y comenzamos a bailar en el
2009, sabíamos que habíamos entrado a una compañía profesional. La misión era muy clara: convivir con personas de varios estados. Desde entonces, he perdido la cuenta de las tantas
personas que han pasado por nuestros salones. Hemos compartido muchas fronteras, no únicamente con colegas bailarines,
sino también con varios creadores. Nosotros mismos hemos
tenido que abrirnos para ser nutridos por todas estas personas.
Cuando escogimos un nombre para la compañía, fue
sustancial que se tratara de algo propio. Sabíamos que intentábamos conjuntar distintas culturas, distintas formas de ver la
vida, pero ahora debíamos acotar al hecho de que toda esa diversidad se encausara hacia un solo camino. No fue sino hasta
el 2012 que el nombre se hizo oficial. Con este nuevo bautizo,
sabíamos que teníamos que definirnos como una compañía que
se direccionara hacia una conjunción de todas las ideas. Cada
uno de nosotros compartiría aquello que nos interesaba de manera particular. En esta retroalimentación, en el compartir, surgieron proyectos como nuestro Konet, donde nos dedicábamos
a compartir un programa de formación para bailarines, en el
cual el pilar fundamental era el respeto hacia esas otras cabezas que se sumaban a nuestra visión, para de esa manera poder
hacer que convergieran.
Del diario de Juan Meza
…Nací en Ojinaga, Chihuahua. Yo soy fronterizo y
para mí, es muy importante la visión de los oriundos…
Viajé a Xalapa desde Ojinaga para entrar en la compañía. Muy pronto me di cuenta de que la compañía tenía como
objetivo conjuntar la diversidad de lo que se hacía en otros lugares, pero entonces, una pregunta acudía a mi interior: ¿qué
tengo yo que ver con esto? ¿Cómo converjo con este grupo?
Era complicado, al conjuntar tantas fronteras y tantas latitudes
hacía, por ejemplo, que cambiáramos de elenco cada año y el
flujo de personas que trabajábamos se modificara constantemente.
Una vez que la compañía se separó de la Facultad de
Danza de la Universidad Veracruzana, muchas cosas cambiaron. Nos volvimos un grupo independiente y autofinanciable.
Nuestra creación tomó foco en nuestras necesidades propias
de expresión. Nos preguntábamos constantemente: ¿qué tengo
que decir? Pasamos a un formato de creaciones con un peso
mucho mayor, donde hablábamos de temáticas sociales y sus
consecuencias. Como creadores, nos preocupaba hablar de
esos temas profundos en nuestro trabajo. Empezamos también
a hacer una colaboración en conjunto, todos trabajábamos en
favor de una idea. Ocre es el reflejo de todo eso.
De pronto, una voz en mi interior me hizo decir: “quiero hacer una obra sobre la idea de la frontera”, porque ¿cuántas
veces llegamos al límite y cambiamos? Ahora, que me dedico
también a enseñar, hablo mucho sobre los límites y que debe
haber crecimiento en el desarrollo, aunque sea un poco cada
vez. Solo cuando los tocamos se disuelven y se puede avanzar
un peldaño más en el crecimiento. Se trata, pues, del traspaso
de muchas fronteras, de cambios hacia procesos más profundos.

42 |

Camaleón arte escénico

Al abordar la obra, me era relevante pensar en el hecho
de que tanto la frontera norte como la sur del país están marcadas por el fenómeno de la migración. Quienes cruzan, quienes
vienen de paso, no tienen identidad. Al momento de hablar de
la frontera, es hacerlo también de la manera en cómo se vive,
de cómo se comportan las personas del lugar, cómo se comportan quienes llegan nuevos a estos sitios fronterizos y otro
fenómeno, que es aquel que se genera en la convivencia diaria.
Pensé que no quería hablar sobre la migración, porque
es un tema demasiado fuerte para mí. Por tanto, buscamos hacer una metáfora al respecto con la música. Esto es debido a
que los instrumentos delimitan el tipo de corrido característico
de cada estado. Buscamos también generar una identidad con
el uso de los sombreros. Estos nos ayudaron a crear metáforas y
convertirlas en una danza. El sombrero, concluimos durante el
proceso, es un instrumento de trabajo; su forma de uso delimita
también la parte del país a la que perteneces, pero debíamos
investigar cómo corporeizarlo y crear un mensaje.
Vivir en el desierto fue algo indescifrable para mí hasta
el momento en que me vine a vivir a Xalapa —concretamente a
Coatepec—. Aquel desierto de Ojinaga es un desierto infernal,
es muy compleja la vida en esa zona. Los habitantes somos
muy aferrados, porque solo a través de este lugar, enfrentándonos a él y sus inclemencias, podemos salir adelante. Esta es
una de las características que encontré en mi gente: ese tesón al
hacer las cosas, esa motivación que viene de no sé dónde, pero
nos impulsa para lograr algo. Cualquier fronterizo es muy amable, su entorno le enseña a hacerlo. Los oriundos del desierto
tenemos un arrojo por seguir adelante, decimos con frecuencia “hasta que la voluntad se acabe; ahí paramos”. Solo pude
percatarme de eso en el momento de salir, porque cuando me
tocaba regresar, me sentía diferente y ajeno. Entonces yo quería que mi familia se acoplara a la forma en que yo vivía, pero
descubrí que aquella era su vida y debía respetarla como tal.
Este recorrido en mi vida ha sido como una línea. Han
ocurrido muchos cambios con el avance de la edad. He visto
cómo he colapsado, mi cuerpo y mi mente también lo han hecho, pero todos esos momentos me han dado la experiencia
que me permie encontrar nuevas formas de “estar”. Solo en el
momento en que los límites aparecen es que llega el crecimiento; si la compañía sigue caminando es prueba de lo que digo.
No sé hasta dónde me va a llevar este camino. Me suele
costar mucho trabajo volver a empezar y si por mí fuera tal
vez dejaría la danza totalmente, pero sigo en el camino. Llevo
desde los 9 años con la cultura del cuerpo y aún persisto. La
experiencia me ha permitido hallar las pautas que me permiten seguir andando. Es en este escarpado sendero en el que he
podido estudiarme y ver mis zonas de confort. He llegado a la
conclusión de que uno va a poder seguir bailando mientras sea
capaz de sostenerse contra la gravedad; bailaremos de formas
distintas, cambian las maneras, pero el verdadero límite es la
vida misma.
Del diario de María José
…Mi frontera es de color verde…
Esa imagen me viene a la cabeza cuando pienso en mi
frontera, la veo de color verde. A diferencia de mis maestros,
con los que comparto escena en esta pieza, aún me encuentro
descifrando lo que significa ser de Xalapa. Sigo preguntándome qué significa en lo profundo ser montañesa y vivir entre
la niebla y la lluvia. Pienso en Xalapa como un río, con ese
eterno recorrido. Pienso también que cuando se es río, no se da
uno cuenta, pero en algún momento se mezcla con el mar y eso

�supone la existencia de un destino mayor
al que es posible aspirar.
He vivido toda la vida en Xalapa
y eso significa también que ha habido un
miedo a salir. Cuando comencé a bailar
con la compañía fue la primera vez
que me subía a un avión, la primera
vez que me aventuré a otros sitios que
no conocía.
Siempre he sentido que no
pertenezco a ningún lugar hasta que ha
llegado este momento. En mi vida, he
concluido que el querer ver más allá, ir
más lejos, me ha impedido dimensionar
la cantidad de cosas que tengo aquí.
Al comenzar el proceso creativo de Ocre, sabía que mi frontera era
mi cuerpo. Mi propio cuerpo constituía
un límite, el cual debía descubrir cómo
abordar. Al mismo tiempo, entendía,
cuanto más avanzábamos en el desarrollo de la obra, que todos estábamos
absolutamente dispuestos a poner más
que el cuerpo —y, en efecto, lo hicimos—, eso me motivaba a continuar
avanzando. Descubrirse a sí mismo y
entenderse como equipo significa, naturalmente, comprender las cabezas de los
otros. Conciliar nuestra naturaleza que
ha sido configurada por nuestras diferencias geográficas y a la vez, compartir de
dónde venimos. Entre las frases que surgieron durante el montaje surgió una que
fue: “poetas de la frontera y de nuestro
pensamiento”. Así éramos durante este
camino hacia la creación.
En la rutina diaria con la compañía, he descubierto nuevas formas de
trabajo. Solemos apelar por una introspección de la memoria y abordaje de los
temas sociales, siempre desde el respeto
y desde la experiencia propia, partiendo
de cómo se asimila ese hecho en nuestro
quehacer. En Ocre, entendíamos que, si
no llegábamos a los 20 minutos reglamentarios del concurso, no pasaba nada
por hacerlo más largo o más corto. Teníamos una meta, sí, pero no era nuestro
único móvil para realizar este trabajo.
Esta participación en el Premio Nacional
de Danza constituyó la primera vez que
colocamos nuestros nombres como intérpretes y creadores de una pieza, Considero que hemos sobrepasado nuestros
propios límites.
Del diario de Abraham Ponce
… La vida se trata de líneas…
He vivido mucho más en el Sur,
en el Aguaje, cerca, muy cerca de aquí.
Allí compraba 5 pesos de galletas de animalitos envueltas en papel estraza…

Vivir en un lugar donde todo
lo puedes hacer caminando me ha llevado a desarrollarme con la idea de tener
todo lo que he querido. Cuando me fui
a Tijuana tuve un choque cultural muy
fuerte. Viví 5 años allí, pero no me pude
adaptar al ritmo de vida, a la forma de ser
de las personas allí.
Cuando uno sale de su lugar de
origen, cruza una línea y llega a un nuevo límite. Al regresar a Xalapa, volví a
cruzar una línea, cuando juntos creamos
Las Sangres. Otra, hacer Ocre, porque
supuso una línea mucho más importante
de cruzar. Se trató de poner en ese trabajo
lo que somos y hacia dónde nos dirigíamos. Las compañías de danza tienen un
esquema muy marcado, muy vertical, se
tiene al director y nosotros respondíamos
en función de su idea. En este trabajo,
por el contrario, las circunstancias ya no
decidieron por nosotros; más bien, Ocre
se trató de colocar algo de nosotros. Comenzamos a conocernos de otras maneras, este fue el momento adecuado para
hacerlo. De haber sido en otro tiempo,
tal vez no lo hubiéramos logrado.
Al realizar esta puesta, hay algo
de identidad, lo que nos une no es solo
la frontera, sino también lo que cada
cual ha colocado para nutrir el proyecto. Esta pieza no es de Las Sangres, es
más bien de nosotros como individuos,
hemos plasmado lo que somos y el resultado fue esta coreografía. Es una pieza
en la cual podemos sentirnos confiados,
hay una parte de mí en ella. Al bailarla la
disfruto mucho, porque estoy con quienes quiero y donde quiero. La obra tiene
esencia, algo particular, es algo que no
se dice con palabras, pero se siente con
el cuerpo.
IV
Más allá de las fronteras
Hace rato que vengo pensando
en los grandes muros que he edificado
alrededor de mí. Hace tiempo que no
pienso apenas en otra cosa que en la cárcel que me he construido. Estas barreras,
mentales en muchas ocasiones, son mis
fronteras, pero son en realidad,
unas fronteras secundarias, porque me
han sido impuestas y muchas de ellas no
las he elegido yo.
He dicho en más de una ocasión,
que el cuerpo me parece una cárcel y en
cierta medida lo pienso, pero en realidad,
es que la prisión corpórea es, para mí, la
primera frontera. Aunque comprendo
bien que toda experiencia es captada gracias a la asombrosa máquina del cuerpo,
también sé que este tiene sus limitacio-

nes y la experiencia se extiende mucho
más allá de mis límites.
Ahora bien, tras estos caminos
trazados por el cuerpo y las letras, he
llegado a la reflexión de que la primera
frontera es, sin duda, la propia, la de la
piel hacia afuera, pero tal vez, en realidad, es en el interior donde hallamos la
manera de disolver esa barrera. Es primero en un camino interior donde hallamos las razones por la cuales hemos elevado esos muros tan gruesos alrededor
de nuestra vida y, entonces, somos capaces, despacio y con paciencia, de dar un
paso hacia afuera, aun con el miedo, con
nuestras inseguridades, pero lo damos.
Creo también, que es estrictamente necesario dar esos pasos fuera
de nosotros. En ocasiones debemos
obligarnos a darlos, otras somos más
compasivos, encontrar cuándo hay que
ser de tal o cual modo es lo complejo.
Aunque pienso que no todas nuestras
paredes puedan o deban ser derribadas
por completo. Intuyo que hay algunas
que con solo rozarlas con los dedos nos
detonen un llanto inquebrantable, como
una fuente quebrándose de pronto, una
vajilla que se apostilla, así, con esa rapidez. Otras, tal vez solo podamos empujarlas un poco para caminar con ellas a
cuestas y soportar de cuando en cuando
el cansancio de tenerlas sobre nosotros.
Al final del día, somos solo humanos.
La frontera, las fronteras, los
pasos, las migraciones, ahora comprendo que los seres humanos nos hallamos
en una balada interminable de pasos
que se pierden en la arena. Huellas detrás de nosotros cerrando el camino para
siempre y de las cuales, solo cuando
volteamos a mirar, nos damos cuenta de
lo lejos que han quedado. Aún con ello,
saltamos al vacío y podemos encontrar
a nuestras manadas con las que caminar
juntos, porque el viaje nunca es solitario del todo, siempre se hayan almas con
las cuales combinar pasos y recargar el
hombro cuando las fuerzas nos fallan.
Así como las aves que surcan el
cielo, tal vez algún día nosotros también
lo atravesemos, con la convicción de sobrevolar todas las fronteras para ver el
mundo como nuestro y poder vivir sin
necesidad de edificarnos esos parapetos.
Tal vez y solo tal vez, algún día pueda
ser…

Camaleón arte escénico | 43

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="416">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="560219">
                <text>Camaleón Arte Escénico</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="560220">
                <text>Camaleón arte escénico, Revista digital de la Facultad de Artes Escénicas de la UANL. Es una publicación semestral que inició en el 2018 y se mantiene vigente.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="614372">
            <text>Camaleón Arte Escénico</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="614374">
            <text>2026</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="52">
        <name>Volumen</name>
        <description>Volumen de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="614375">
            <text>6</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="614376">
            <text>7</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="614377">
            <text>Enero-Junio</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="614378">
            <text>6</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="100">
        <name>Periodicidad</name>
        <description>La periodicidad de la publicación (diaria, semanal, mensual, anual)</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="614379">
            <text>Semestral</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="614396">
            <text>https://camaleonarteescenico.uanl.mx/index.php/revista</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="614373">
              <text>Camaleón Arte Escénico, 2026, Vol 6, No 7, Enero-Junio</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="614380">
              <text>Briceño Arreazola, Adriana, Directora</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="614381">
              <text>Arte</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="614382">
              <text>Teatro</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="614383">
              <text>Danza</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="614384">
              <text>Danza Contemporanea</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="614385">
              <text>Cultura</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="614386">
              <text>Camaleón Arte Escénico. Revista Digital de la Facultad de Artes Escénicas UANL, surgida en 2018, es una publicación electrónica de acceso abierto editada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Facultad de Artes Escénicas. Su periodicidad es semestral y sigue la línea de divulgación de las artes escénicas; está conformada únicamente por textos originales, es decir, que no incluyen ayuda de Inteligencia Artificial en la elaboración y, en caso de usar información ajena como sustento teórico, dan crédito a las fuentes. Su contenido se divide en artículos, ensayos, reseñas, crónicas, entrevistas y críticas de espectáculos escénicos. Camaleón Arte Escénico tiene una perspectiva transdisciplinar debido a que su objetivo es promover la reflexión y el análisis de todas las áreas implicadas en el quehacer escénico. Gracias a dicha orientación divulgativa, la revista busca compartir las investigaciones, estudios, análisis y reflexiones desarrolladas por docentes, estudiantes y público general, así como trabajos académicos de las licenciaturas de escuelas superiores de artes escénicas. El propósito es ofrecer a autores y lectores un espacio que posibilite un amplio conocimiento y entendimiento de las labores escénicas abordadas desde varios enfoques, buscando promover la convergencia entre diferentes disciplinas relacionadas con las artes escénicas.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="614387">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León, Facultad de Artes Escénicas</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="37">
          <name>Contributor</name>
          <description>An entity responsible for making contributions to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="614388">
              <text>Leal Meléndez, Mayra Daniela, Editora en Jefe</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="614389">
              <text>Jara Castillo, Montserrat, Diseño Editorial</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="614390">
              <text>2026-03-06</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="614391">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="614392">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="614393">
              <text>2021547</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="614394">
              <text>Fondo Universitario</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="614395">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="38">
          <name>Coverage</name>
          <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="614397">
              <text>Monterrey, Nuevo León, México</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="614398">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="614399">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="40002">
      <name>Actuación</name>
    </tag>
    <tag tagId="40001">
      <name>Gerardi Valdez</name>
    </tag>
    <tag tagId="3071">
      <name>Poesía</name>
    </tag>
    <tag tagId="40000">
      <name>Teatro y Escena</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
