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                  <text>�D.R. 2026 © Humanitas. Revista de Teoría Crítica y Estudios Literarios,
Vol. 5, No. 10, enero-junio 2026, es una publicación semestral editada
por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través del Centro de
Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso
1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey,
Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000 Ext. 6533.
https://revhumanitas.uanl.mx Editor Responsable: Víctor Barrera
Enderle. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 04-2022-020212344100102, ISSN 2683-3247, ambos ante el Instituto Nacional del Derecho de
Autor. Responsable de la última actualización de este número: Centro de
Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro. Juan José Muñoz Mendoza,
Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes
#4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey, Nuevo León, México. C.P.
64290. Fecha de última modificación de 15 de enero de 2025.
Rector / Santos Guzmán López
Secretario de Extensión y Cultura / José Javier Villarreal
Director de Historia y Humanidades / César Morado Macías
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / Beatriz Liliana De Ita Rubio
Director de la Revista / Víctor Barrera Enderle
Autores
Artículos
Rodrigo Rosas Mendoza
Marcos Daniel Aguilar Ojeda
Pablo César Osorno Equihua
Dossier
Jonathan Gutiérrez Hibler
Paulina Michelle Mejía Maluy
Alondra Jazmín Martínez Valdez
Salma Lilian Ledesma Díaz

�Santos Javier Velázquez Hernández
Aimé Denise Rosales Rodríguez
Jocelyn Alejandra Salazar Rodríguez
Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Víctor Barrera Enderle
Maquetación / Concepción Martínez Morales
Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando la
fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad de
sus autores y no reflejan, necesariamente, la opinión de Centro de Estudios
Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad
Autónoma de Nuevo Léon. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México

�Artículos
Humanitas, vol. 5, núm. 10, 2026

El goce inconfesable: lindes entre erotismo,
lo fantástico y el terror en «Pasos en la escalera»
de Guadalupe Dueñas
Unspeakable pleasure. The boundaries between
literature of erotism, fantastic and horror in
Guadalupe Dueñas’s «Pasos en la escalera»
Rodrigo Rosas Mendoza
Universidad Veracruzana
Xalapa, México
rodrigomendoza707@gmail.com

Resumen. El cuento «Pasos en la escalera» propone un encuentro entre
la narrativa fantástica y el terror a través de la presencia de un erotismo
problemático. Con el análisis de este cuento, y las referencias a otros más
que componen la obra de Guadalupe Dueñas, este artículo busca explorar
los temas que obsesionaban a la escritora mexicana y que conducen el
cuento a una tensión entre lo erótico y lo inquietante. La antagonización
animal y las complicadas relaciones interpersonales serán revisadas,
siguiendo los apuntes de Camille Paglia, como incentivos de un erotismo
problemático. Por otro lado, las propuestas de Rosemary Jackson, Rosalba
Campra, Ana María Morales y José Sardiñas en cuanto a lo fantástico,
así como las perspectivas de Mark Fisher y Eugene Thacker sobre el
terror servirán para hallar los puntos de contacto entre ambas vertientes
narrativas.
Palabras clave: Literatura mexicana; literatura fantástica; literatura de
terror; literatura y erotismo; Guadalupe Dueñas.

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�Rodrigo Rosas Mendoza (Universidad Veracruzana) / “El goce inconfesable”

Abstract. The short story «Pasos en la escalera» proposes an encounter
between fantastic and horror narratives through the presence of a disturbing
erotism. Through the analysis of this story, and references to others in
Guadalupe Dueñas’s work, this article explores the themes that obsessed
this mexican writer and that lead the story to a tension between the erotic
and the disturbing. Animal antagonism and problematic relationships will
be examined, following Camille Paglia’s notes, as incentives for a complex
eroticism. Furthermore, the proposals of Rosemary Jackson, Rosalba
Campra, Ana María Morales, and José Sardiñas regarding the fantastic, as
well as the perspectives of Mark Fisher and Eugene Thacker on horror,
will serve to identify points in common between both narrative strands.
Keywords: Mexican literature; fantastic literature; horror literature;
literature and erotism; Guadalupe Dueñas.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-138

�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

Introducción
En el cuento «Pasos en la escalera», publicado en el libro No moriré
del todo (1976), de Guadalupe Dueñas (Guadalajara, 1910; Ciudad
de México, 2002), se presentan vacíos de información propios de
lo fantástico que invitan al lector a imaginar un escenario oscuro
y transgresor donde el terror converge con el sexo y la locura. La
historia ofrece una serie de rasgos subversivos alrededor del erotismo
que otorga cierta dimensión inquietante y perturbadora al sexo y,
por tanto, la llevan a un oscilamiento entre la incertidumbre de lo
fantástico y lo insondable del terror. El placer y la atracción se ven
problematizados en este cuento desde una perspectiva racionalizada
que, ya veremos, vuelve repulsivo aquello que contraviene el orden
social impuesto y ya normalizado sobre la sexualidad.
Dueñas es consciente de esas imposiciones de sentido
alrededor de la sexualidad, del cuerpo, y de alguna manera las retrata
en su rigidez para así incomodar al lector frente a este abismo de sexo
y locura; lo obliga a usar su propia imaginación, acaso sus deseos
más recónditos, para armar el rompecabezas, para acercarse a lo “no
dicho”. Así, el texto enfrenta de manera muy interesante los desafíos
del silencio referidos por Rosalba Campra en torno a lo fantástico
e invita al lector a aventurarse y pensar en las explicaciones más
perturbadoras posibles para llenar “las zonas de sombra” (1998: 138)
que vienen bien para tejer una atmósfera enfermiza en torno a la carga
erótica y zoofílica que se asoma en el cuento. Dueñas aprovecha esos
silencios para poner sobre el lector la responsabilidad de imaginar
la sordidez detrás de la bestialidad, haciéndolo partícipe, aunque sea
imaginativamente, de esa misma violación al orden moral en torno al
sexo que está tratando en el cuento.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-138

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�Rodrigo Rosas Mendoza (Universidad Veracruzana) / “El goce inconfesable”

La propuesta de lectura del presente artículo, por lo tanto,
consiste en tomar ese erotismo problemático como una especie de
liberación aniquilante del cuerpo y el deseo que, si bien conduce
al delirio y la muerte en el cuento, revela también la existencia de
un plano superior, más allá de las convenciones sociales en torno
a la sexualidad que Dueñas se mostró interesada en explorar
en otros cuentos. Debido a ello, se hará un repaso de algunas
obsesiones temáticas en la trayectoria cuentística de Dueñas.
Entre ellas, la representación de los animales en tanto presencias
hostiles y enigmáticas; la turbiedad de las relaciones de pareja y la
problematización del espacio doméstico como generador de trauma,
miedo y reclusión. Todo esto, veremos, se reúne en el presente
cuento a partir de un elemento unificador: el erotismo.
El cuento
«Pasos en la escalera» cuenta la historia de una mujer que, tras despertar
de un sueño intranquilo, descubre señales inequívocas de que “algo
incomprensible” ha visitado su hogar. Mientras la mujer recorre con
la mirada su habitación, el narrador omnisciente nos comunica que
ella ha discutido recientemente con su esposo, un estudioso de las
salamandras cuyo carácter se había vuelto cada vez más errático.
Descubre la mujer, con sobresalto, que su cónyuge yace muerto en el
piso. Sin saber la causa del deceso, resulta claro que las señales de ese
algo están invariablemente ligadas a la muerte del hombre. Entonces,
la narradora revela la razón del turbio episodio marital: se habían
peleado a gritos la noche anterior porque el hombre había decidido
“abandonarla para consagrarse por entero a la investigación de los
seres que acaparaban su monomanía, su delirio y su empecinamiento”
(2017: 147). Es decir, en detrimento de la relación con la mujer, aquel
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amante de las salamandras se había entregado completamente ya no
sólo al estudio detallado de los anfibios, sino “al placer sombrío” de
acariciarlas y observarlas. Resulta evidente que entre el hombre y su
objeto de estudio había un intercambio zoofílico que horrorizó por
completo a esta mujer, mismo que Dueñas nunca explicita, pues juega
con maestría con los silencios referidos por Campra (2018).
En este punto, la evidencia hallada por la mujer sobre la
alfombra, y que se relaciona con la muerte del esposo, nos remite
a esa bestialidad más que sugerida: hay un rastro húmedo en la
alfombra. La connotación sexual de las huellas de humedad una vez
que entendemos la relación sexualizada entre el hombre y los anfibios
eleva la tensión del cuento y nos acerca a un panorama bastante más
siniestro de lo inicialmente imaginado. Lo que iremos viendo es el
esbozo de un erotismo zoofílico, prohibido, desquiciante y casi místico
que, siguiendo las directrices de la propia Dueñas marcadas en buena
parte de su obra, insinúa más que explica en favor de una atmósfera
lúgubre, inquietante y pesadillesca. La sexualidad se nos muestra como
antinatural y, precisamente por ello, el cuento pisa el terreno del terror
para presentar como ominoso el choque entre hombre y naturaleza
en torno a lo erótico. Si seguimos los lúcidos apuntes de Camille
Paglia en su Sexual personae (1990), encontraremos que lo dionisiaco
–lo viscoso, las secreciones, el deseo– ha conquistado aquí el orden
–la observación científica inicialmente defendida por el esposo– y las
formas –que podemos identificar en el matrimonio resquebrajado–.
Sobre lo fantástico
Pero vayamos paso a paso. Primero reflexionemos sobre las
manifestaciones de lo fantástico que rondan este cuento. En primer
lugar, la mujer despierta desconcertada a causa del débil sonido de
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�Rodrigo Rosas Mendoza (Universidad Veracruzana) / “El goce inconfesable”

unas pisadas. Algo le hace pensar que no es un producto onírico
y que no es la primera vez que lo percibe. Luego, ella descubre las
huellas y el cadáver bajo “la vaga claridad de la luna” (2017: 146).
Así, tenemos un escenario nocturno que emerge inmediatamente
después de un ciclo de sueño. Por lo tanto, el desconcierto de la
mujer al despertar nos propone una atmósfera de pesadilla en la
cual el tiempo se rompe, donde la lucidez diurna se combina con la
oscuridad ambigua de la noche.
Esto da paso a lo que José Miguel Sardiñas (2007) llama
“conmoción intelectual”, señalada siempre por los personajes
al interior del texto y que es el elemento central de lo fantástico:
angustia, incertidumbre, extrañeza, asco. La mujer de este cuento
atraviesa todas esas emociones, pero sucede no tanto por el
descubrimiento del esposo muerto sino concretamente por el acto
de bestialidad que nos es sugerido. Bajo tales parámetros, esos
encuentros sexuales entre salamandra y hombre son en sí mismos
una pesadilla para la mujer de esta historia. Y es exactamente la
presencia de lo pesadillesco el punto de acceso a lo fantástico.
Desde el comienzo sabemos que este personaje tiene “la
certeza de que no lo había soñado” (2017: 146). El vago recuerdo de
esos pasos en la escalera no fueron, aparentemente, producto de un
sueño intranquilo porque está segura de guardar en su inconsciente
alguna recóndita reminiscencia de aquellas pisadas. Esto configura
una colisión “entre una zona o representante de nuestro mundo y la
otredad” (Sardiñas, 2007: 8) que obedece, en este caso, al plano onírico
y a la vigilia. En un nivel más profundo, también es una referencia a
la sexualidad humana –nuestro mundo– y su confrontación con la
carga erótica animalizada y el deseo oculto por las formas anfibias
–la otredad–. La convergencia de ambos arma un escenario ideal
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para esos silencios y omisiones que conducen al lector a una labor
de llenado de información y de toma de decisiones que se mantienen
en tensión para el adecuado devenir del cuento en relación con lo
fantástico y el terror. Dicha tensión recae en la problematización del
entendimiento humano alrededor de lo erótico, aspecto en el que
me detendré más adelante.
Ahora bien, para que lo fantástico irrumpa en esa realidad
comprobable ya comunicada por el texto, a veces es necesaria
la ayuda de un umbral, que podemos entender como “un nolugar entre la posibilidad de un mal destructivo y el atisbo de su
concreción” (Solano Escolano, 2021: 123). Es usual que el umbral
se halle dentro del espacio doméstico –una puerta, una habitación
en especial– y Guadalupe Dueñas no ignora la importancia del
hogar como facilitador de lo lúgubre. El magnífico «Al roce de
la sombra» –de su primer libro de cuentos, Tiene la noche un árbol
(1958)– nos presenta el entorno doméstico como depositario de
la locura, el asesinato y la degradación. En ese cuento, la realidad y
el delirio convergen en una serie de acciones patéticas y macabras
emprendidas por dos ancianas en contra de una joven a la que
reciben en su casa en un falso acto filantrópico. La hacienda
resulta ser un pozo de demencia, soledad y melancolía que, en
un revés metafórico y macabro del útero femenino, engulle la
vida y la cordura de todas las mujeres que la habitan y, por lo
tanto, divide en dos planos el mundo: lo exterior se entiende como
normalidad y el interior de la casa se nos muestra como un abismo
de anormalidades.
En el caso del cuento que nos ocupa, son las escaleras el
elemento articulador de la transición desde el orden reconocible
hacia lo extraño. En Antes del silencio (1991), Dueñas dedica un texto
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�Rodrigo Rosas Mendoza (Universidad Veracruzana) / “El goce inconfesable”

a las escaleras donde las califica como construcciones acechantes
y maliciosas, “traicioneras superficies […] que desembocan al
precipicio” (2017: 265). Debido a su naturaleza ligada a la transición
entre un piso y otro, Dueñas piensa en las escaleras como si fueran
una especie de limbo que conduce al precipicio, al encuentro con
lo desconocido; la conexión de dos niveles distintos. Bajo esa línea,
entendemos que la escalera representa ese estado de humanidad que
luego transita al nivel animal –mediante el sexo interespecie– y, acaso
en tercer plano, el roce divino cimentado en el éxtasis alcanzado
gracias a la casi mística experiencia sexual con estos anfibios a los
que los egipcios atribuían dotes divinos y que “la sabiduría cabalística
[ha rescatado] de las llamas para sus actos mágicos y [ha recogido]
sus cenizas invaluables” (2017: 147). Así, el acto sexual facilita el
tránsito hacia el abismo insondable de placer y muerte del que el
hombre ya no puede salir jamás.
Así, las escaleras de este cuento hacen transitar a la mujer
desde la realidad tangible –el orden de lo cotidiano, digamos– a la
sorpresa de lo innombrable. Es en las escaleras donde yacen las
evidencias: la humedad, el olor, el rastro de las extrañas pisadas. Al
llegar al último peldaño se da el encuentro con el cadáver del esposo.
También aparece la revelación final: “en la viga del techo temblaba
el reptil, tritón de labios carnosos, espejismo deslumbrante” (2017:
148). Cuando la mujer mira los ojos de esta criatura, puede percibir
sus celos. Ese algo se encuentra cara a cara con el personaje y es
entonces cuando constatamos la incisión sufrida por el orden de
lo real cuyo vehículo son las escaleras. Lo que perpetró el asesinato
es algo que la mujer ni siquiera atina a asimilar por completo, pues
se han derribado las fronteras de lo comprensible; la legalidad del
mundo que la rodea ha sido vulnerada.
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Por otro lado, la sugerencia de la pesadilla conlleva una
posible transgresión, una primera “ilegalidad”, como la llamaría Ana
María Morales (2004), que viola esa realidad intratextual mimética
que cualquier texto propone. Cuando eso sucede, nos hallamos en
terreno de lo fantástico porque éste no es otra cosa que “un modo
particular de presentar un discurso como disruptivo” (Morales,
2004: 7). Es decir, la literatura se presenta como fantástica cuando
genera una irrupción en el orden del mundo inicialmente presentado;
se muestra como ilegal en la lógica de lo real. Lo verdaderamente
interesante de esta irrupción en el cuento es que, aunque el narrador
omnisciente no nos revela inmediatamente el origen de esa repulsiva
humedad y del desagradable olor, la mujer, por el contrario, desde
luego lo intuye tanto como el lector.
La ilegalidad aquí no sólo tiene que ver con la irrupción de
otro orden de cosas en el mundo intratextual, sino que adquiere
un peso mucho más interesante a partir de la zoofilia del hombre.
El acto sexual entre él y la salamandra es el elemento disruptivo,
lo ilegal, lo abominable y pesadillesco que rompe el sentido de la
realidad matrimonial y quiebra la mente de la mujer y, por tanto,
genera terror. La monstruosidad de la salamandra es determinada por
la carga erótica que Dueñas le asigna, pues esa “pupila donde ardían
celos infrahumanos” (2017: 148) que la mujer ve al final del cuento
antes de perder el sentido es el resultado de la previa interacción
sexual de la criatura con su esposo. Entonces, lo monstruoso no es
el anfibio en sí mismo sino los actos abominables que, suponemos,
el hombre cometió al volver a la salamandra su objeto de deseo. En
ese cuerpo animal desfoga el hombre sus deseos y perversiones.
Convendría preguntarnos, no obstante, las razones por las
que calificamos estas interacciones sexuales como algo repulsivo.
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�Rodrigo Rosas Mendoza (Universidad Veracruzana) / “El goce inconfesable”

Señala Camille Paglia que el sexo “es el punto de contacto entre el
hombre y la naturaleza, un punto en el cual la moral y las buenas
intenciones quedan a merced de unos impulsos primitivos” (2021:
22). Para la filósofa italoamericana, sexo y naturaleza anteceden
a cualquier otro precepto moral o social. Somos criaturas que
provienen de la naturaleza, con impulsos y deseos que culturalmente
hemos sancionado y restringido, olvidando su carácter primigenio
en tanto simples atributos naturales de una especie que habita el
mundo como tantas otras. Así, podríamos decir que la obsesión
sexual entre este hombre y los anfibios es legítimamente natural.
Con todo, nuestro tamiz moral y cultural vuelve incomprensible y
reprobable dicho comportamiento. No es para menos, puesto que
“el erotismo es un reino poblado de fantasmas. Es un dominio que
se extiende allende los confines de la sociedad, un dominio maldito y
encantado” (Paglia, 2021: 22). Para nada es gratuito el rompimiento
matrimonial que sucede en esta historia: los preceptos morales en
los que se funda tal institución social no pueden admitir la existencia
de un deseo animal y dionisiaco, pues éste se halla por encima de
cualquier tipo de convención civilizada.
Recordemos que la narrativa fantástica se mueve en el
terreno de lo sugerente y ese es, precisamente, el gran poder que
ostenta frente al lector. Aquello apenas insinuado dentro del –y
por el– texto es lo que consigue comunicar estados de profundo
desasosiego, pues bien decía Rosalba Campra que en lo fantástico
importa mucho “lo que se dice a través de lo no dicho” (1998: 135).
La omisión, pues, es un factor que permite al lector llenar ese espacio
vacío usando su propia imaginación –y entre más retorcida sea ésta,
mejor–. En tal sentido, es interesante el manejo de esos silencios
en el cuento porque se vuelven una estrategia infalible para Dueñas
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que consigue tejer una sensación ominosa alrededor del erotismo y
la animalidad.
El final del cuento, además, cumple perfectamente con
la función no-conclusiva de lo fantástico que menciona Rosalba
Campra: “no se llegará al esclarecimiento completo de la aventura,
pero la información será de todos modos suficiente para manifestar
su carácter sobrenatural” (1998: 115). El desvanecimiento de la
mujer ante la visión terrorífica del anfibio ocurre justo antes de ver
cómo aquello se descuelga para aterrizar junto al cadáver. El final,
como es usual en esta narrativa, resulta abrupto. La sensación
de vacío, de inquietud, en el lector es evidente. ¿Qué sucede
después con la mujer? ¿A dónde va la criatura y, más importante,
exactamente de dónde ha venido? Nos vemos obligados, entonces,
a admitir lo incognoscible como condición de lectura, a aceptar
sus opacidades. No hay respuestas, pero la evidencia está ahí: hay
un personaje que transita por el umbral y ante nuestros ojos yace
la presencia aterradora de lo sexual que le da sentido a la locura
del difunto.
Así, el cuento se mueve en ese ámbito subversivo de la
no-significación donde Rosemary Jackson coloca lo fantástico
precisamente porque el acto sexual interespecie propone un vacío
de significación dentro de la concepción normativa que Dueñas
propone en torno a esta mujer. La zoofilia se acerca a lo indecible,
es algo “sin orden cultural o fuera de él” (Jackson, 1986: 40) que,
en su sordidez, no puede significarse dentro de la experiencia
conyugal plasmada en el cuento. Por eso el terror es la herramienta
ineludible para explorar tal dominio. Y Dueñas lo lleva a su máxima
expresión al mostrar esa inefable dimensión extranatural del deseo
y el placer.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-138

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�Rodrigo Rosas Mendoza (Universidad Veracruzana) / “El goce inconfesable”

Sobre el terror
Para entender mejor la función del terror puesta en juego aquí, recurro
a Eugene Thacker, quien en su libro In the dust of this planet (2011)
plantea el terror como un género donde se asoma un flujo de vida
que no debería existir y, por lo tanto, escapa a nuestras imposiciones
de sentido. Para Thacker, el terror no va tanto sobre –el temor a– la
muerte sino, más concretamente, sobre la conciencia de lo frágil y
marcesible de la vida; las posibilidades en que ésta puede peligrar y
desintegrarse frente a aquello amenazante que ronda en la historia. La
vinculación, siguiendo a Thacker, entre la vida que se ha desmoronado
–el hombre muerto, desde luego, pero también la amenaza que pende
sobre la mujer– y la presencia de algo –esa forma de vida que no debería
haber participado en aquella muerte– es lo que comienza a encaminar
el cuento de Dueñas hacia el terror sin despegarse del terreno
fantástico. De manera que el terror es un proceso cognitivo que busca
comprender un fenómeno que luce peligroso e insondable. Requiere,
pues, de un vacío de información, un espacio que la imaginación debe
llenar y en ese llenado es donde entra la cognición –o su imposibilidad–
frente a cierta forma inabarcable para el pensamiento. El choque entre
la búsqueda de sentido y algo que no parece tenerlo es lo que genera
terror.
Entonces, el terror se hace presente en este cuento a partir
de una interacción sexual concebida como repulsiva y a la vez
incomprensible. En «Pasos en la escalera» se asoma una sexualidad
prohibida y siniestra que, gracias al tratamiento hecho con crudeza
por parte de Dueñas, resquebraja la vida humana y la cordura
porque se mueve en aquello que Camille Paglia entiende como
dionisiaco: eso viscoso, turbio, húmedo casi líquido que emula al
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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

útero femenino y, especialmente, al “caldo primigenio” del que
provienen todas las fuerzas de la naturaleza. Para construir esa idea,
la jalisciense recurre al terror y lo fantástico como herramientas que
colocan al erotismo en un nivel incognoscible, ubicándolo en un más
allá de los parámetros normales de conducta.
La intervención de las salamandras en la locura y muerte
del hombre implican aquello impensable que Thacker identifica como
generador de lo terrorífico y que establece la indefensión humana
frente a ese algo que nos confronta y nos supera. Lo importante
del terror, su núcleo temático, es “confrontar la idea de que
estamos absolutamente limitados para entender adecuadamente el
mundo”1 (Thacker, 2011: 7). Y en ese resquicio de lo impensable,
lo incognoscible, es donde reside el terror. Por supuesto, esa misma
línea de pensamiento se aterriza en la bestialidad, en esa abominable
interacción sexual entre especies que, dentro del texto, lleva el placer
a terrenos delirantes, extáticos y casi divinos.
La evidencia, hallada por la mujer, de un algo dentro de la casa
que ocasionó la muerte del marido es otro factor que da pie al terror,
pues revela la existencia de una vida que no debería estar ahí: “en el
primer descanso de la escalera […] estaban las señales inequívocas
del misterio, del paso de algo o de alguien que se hubiese deslizado
hacia la alcoba de su marido […] Una humedad reciente y el olor a
pantano señalaba la presencia de aquel algo incomprensible” (2017:
146). Una cosa todavía más desconcertante es revelada. Después de
ese hallazgo en la escalera, nos encontramos, en el cadáver, “los ojos
perdidos en espanto” (2017: 146). Acaso la peor muerte imaginable:
la pérdida de la cordura frente al abismo del temor.
1

La traducción es mía.

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�Rodrigo Rosas Mendoza (Universidad Veracruzana) / “El goce inconfesable”

Aquí es donde vemos la exploración del terror a partir de aquello
que Mark Fisher llama “the eerie”, que podríamos entender como
“lo inquietante”. Es algo que apabulla, que se muestra incontenible,
pero siempre luce fascinante (2016: 17). Tal fascinación trae consigo
fatalidades como la locura o la muerte. Así sucede con el esposo de
la protagonista de Dueñas: su fascinación por las salamandras, su
enfermiza insistencia por complacerlas y desentrañar esa posible
divinidad lo lleva a un terrible final. En algún punto, este hombre “no
puede detener ya el goce del frenesí sexual. Al contrario, se entrega
de manera compulsiva a él, aun sabiendo que esta experiencia pueda
resultar destructiva” (Luna y Arciniega, 2021: 13).
El sexo bestial es aquello incomprensible y fascinante que
dejó al hombre con un rictus de puro horror previo a la muerte,
atorándolo en la locura. Pero lo verdaderamente inquietante es esa
delgada línea que separa el placer obtenido por el hombre y el terror
expresado en su último gesto. En el momento de hallar el cadáver
con una expresión de terror puro, la mujer ya “se halla a punto
–con un pie ya dentro– de sumergirse en un mundo de leyes de
naturaleza no concorde con aquellas que el texto había ya codificado
como funcionales” (Morales, 2004: 30). La zoofilia es el elemento
disruptivo que rompe las leyes de la normalidad tanto como las del
matrimonio y de lo humano. Ya me detendré en esto más adelante.
Solano Escolano enumera los elementos del terror esenciales
en la literatura a partir de las formulaciones de Noel Carroll (2021:
119-120). Tenemos un descubrimiento; donde la presencia del monstruo
–o lo extraño– queda establecida (las huellas de humedad). Luego
está el umbral (las escaleras). Al final está la confrontación; cuando
la concatenación de acciones entre el personaje y la criatura suele
terminar en desastre (el hallazgo del anfibio, el desmayo posterior).
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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

Así, el encuentro final nos deja sin respuesta ante el destino del
personaje, pero nos asumimos testigos de “un poder maligno,
siniestro y enfermizo” (Luna y Arciniega, 2021: 20) que perforó la
realidad. Lo más interesante es que tal poder no solamente es una
cualidad del terror como género en el cual se inscribe el cuento, sino
que también remite a las directrices que Guadalupe Dueñas exploró
en toda su obra y que, como veremos enseguida, se prefigura a través
de lo femenino y la sexualidad.
Lo erótico. “Pasos en la escalera” en perspectiva con el resto
de la obra de Dueñas
La carga sexual en la obra de la jalisciense se manifiesta de diversas
formas: veamos en su cuentística referencias a la orfandad, a lo
marcesible del cuerpo, a la degradación del individuo. Muchos de
sus cuentos se muestran oscuros, pesimistas, rebosantes de soledad
y abandono. «En la tormenta» –Antes del silencio (1991)– cuenta
la historia de un padre que, al descubrir el incesto entre sus dos
hijos, decide suicidarse. Dueñas se aproxima también en ese cuento
al sexo como un impulso indomable de la naturaleza que impone
cierta incongnoscibilidad. El suicidio se muestra en la historia
como un castigo autoimpuesto: el hombre asume que la aberración
cometida por sus vástagos es directamente su responsabilidad por
haberlos abandonado en favor de su trabajo. Más allá de la sordidez
del relato, atendamos a la forma en que Dueñas perfila la sexualidad:
una fuerza que no obedece las leyes sociales ni las convenciones
humanas. Es algo misterioso y oscuro que trae consigo un descenso
al abismo. Ambos hermanos se liberan a sí mismos de su orfandad
mediante el intercambio sexual.
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�Rodrigo Rosas Mendoza (Universidad Veracruzana) / “El goce inconfesable”

Por su lado, en «Pasos en la escalera» la oscuridad y la
caída al precipicio de la muerte es el resultado del encuentro entre
sujeto y naturaleza, entre sexo y represión. El personaje de este
cuento nos recuerda que “las represiones sociales lo único que
hacen es incrementar el placer sexual” (Paglia, 2021: 62). Dentro
del pensamiento occidental permeado por directrices morales y
religiosas, Paglia asegura que el cuerpo femenino “es el prototipo de
todos los espacios sagrados, desde la cueva al santuario” (2021: 46).
De manera que el incesto y, con mayor razón, la zoofilia presentes
en «En la tormenta» y «Pasos en la escalera», respectivamente, son
una doble profanación del orden moral: transgrede la feminidad
al conectarla con lo animal y al mismo tiempo quebranta la
institución social de la familia, en un caso, y el matrimonio, en
otro. Entonces, ambas historias muestran una suerte de liberación
aniquilante a partir del sexo. El primer cuento se encarga de hacer
un tratamiento de la culpa y la desolación a partir de la violación
al orden moral. El segundo explora lo terrorífico del acto bestial,
su ilegalidad. Dueñas cambia de registro en cada caso para insistir
en el poder irrefrenable del sexo y lo poco preparada que está
la mente humana para enfrentarlo: la locura y el suicido son los
resultados.
En esos términos, se vuelve necesario subrayar una de las
mayores obsesiones temáticas de Dueñas: las turbias relaciones
interpersonales. En su obra se asoman vínculos afectivos en
decadencia que pueden ser de pareja, desde luego, pero también
entre miembros de familias que han trastornado a los personajes
infantiles, como se nota en «La tía Carlota», «Historia de Mariquita»
–ambos de Tiene la noche un árbol (1958)– y «Extraña visita» –de No
moriré del todo (1976)– en donde hermanas, tías y exmaridos establecen
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una dinámica de hostilidades y rencores con los personajes que
protagonizan estos cuentos.
«La tía Carlota» abre con una frase estupenda que puede
resumir efectivamente la condición de los personajes de Dueñas y
el inconmensurable pesar que los aqueja: “Siempre estoy sola como
el viejo naranjo que sucumbe en el patio” (2017: 51). Aquel cuento
nos introduce en un universo de tristeza y desolación femenina que
inmediatamente se entreteje con las texturas de la naturaleza: con la
marchitez y el abandono de los árboles viejos, la sequedad de la tierra.
«Pasos en la escalera» vuelve a esas texturas de lo natural ahora desde
el erotismo, mostrando secreciones y contornos lúbricos, refiriendo
siempre lo ctónico a partir del deseo sexual de lo innombrable. Sin
embargo, no deja de prestar atención a la condición de completo
desamparo de su personaje femenino, pues se trata de un campo
de amplísimo interés que la jalisciense siempre supo explotar en su
obra cuentística.
En términos de esa desolación femenina, es importante el
derrumbamiento del matrimonio en «Pasos en la escalera» porque
hablamos de una mujer que se sabe totalmente sola y debe enfrentarse
a la conmoción ocasionada por la muerte de su marido tanto como
al resentimiento que guarda hacia él, originado por el abandono
y especialmente por la perversión sexual recién descubierta. Esos
sentimientos se combinan con el miedo que la invade ante el
desconocimiento sobre las causas del deceso. En cualquier caso son
las salamandras, esos “espíritus fálicos del fuego” (2017: 146), las
que marchitaron su matrimonio. La mujer incluso las asume como
sus “rivales” en la medida en que “competía” con ellas para obtener
la atención del hombre, pues éste se embelesaba con el “contorno
obsceno” y “señaladamente femenino” que poseen dichos anfibios.
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�Rodrigo Rosas Mendoza (Universidad Veracruzana) / “El goce inconfesable”

Esta figuración nos muestra un erotismo subversivo e inquietante
que va tejiendo una atmósfera de terror. Dichas criaturas siempre
resultaron acechantes para la mujer, pues “aparecían como algo
repulsivo y maldito” (2017: 147). Esa pretensión de la mujer por
darle forma anatómica a algo constituido por tierra, líquidos y
membranas, es un intento falaz de contener aquello que todavía no
entendemos por completo, como es la naturaleza.
Vemos, pues, un razonamiento moralmente dirigido de lo
erótico, la mujer insiste en animalizar esta fascinación sexual, la
concibe como prohibida y abyecta precisamente porque su carácter
dionisiaco rebasa la concepción social de vida en pareja normalizada
por el matrimonio. Podríamos decir, también, que en ese
razonamiento restrictivo alrededor del sexo se halla cierta expresión
de violencia. Maricruz Castro Ricalde hace una lectura sobre Dueñas
a partir de la intervención de la violencia en su universo narrativo,
pues aquella se manifiesta como “una ruptura con los órdenes de la
realidad normalizada, con lo que violenta las expectativas lectoras e
introduce otros paradigmas para comprender el contexto narrativo”
(2020: 79). La sociedad y sus reglas son construcciones humanas,
preceptos que delimitan el gran marco de la naturaleza dominante
y, por ende, la violentan. Estos anfibios representan ese lado
incontenible –y por ello terrorífico– de la vida, de lo natural, de las
fuerzas ctónicas, que se rebelan también violentamente contra las
ataduras ideológicas socialmente aceptadas.
Si el orden natural ha sido vulnerado por nuestras
imposiciones de sentido, entonces es esperable que la naturaleza, lo
ctónico, irrumpa violentamente en respuesta. Dueñas nos dice que las
salamandras se comportan “como si lo volcánico fuese su elemento
paradisíaco” (2017: 147). Esta forma de vida libre y primigenia
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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

no puede ser asimilada por un proceso mental tan apegado a las
restricciones y lo convencional. La “realidad normalizada” señalada
por Castro Ricalde se debe resquebrajar para dar paso a la vida
ctónica, al deseo irreductible, a lo ominoso. Por ello, el momento
en que el éxtasis del hombre se funde con la perversión y la locura
es francamente aterrador: “hubo veces en que llegó a sorprenderlo
lijándose las yemas de los dedos hasta adelgazar su piel, y con
transparencia de gasa, intensificar la sensibilidad que al relámpago
de su membrana casi sangrante llegaba al éxtasis” (2017: 148). Lo
anterior hace pensar en un intento del hombre por hacer que su
piel alcanzase la misma textura y sensibilidad de los anfibios para
así establecer un enfermizo vínculo sexual que a su vez se volviese
místico, pues el cuento subraya el carácter divino que los faraones
asignaban a estas criaturas.
De esta manera, la comunión sexual entre hombre y criatura
también roza un sentido metafísico, dado que pretende la liberación
del cuerpo y la mente frente a las ataduras sociales. Con todo, hay
una evidente imposibilidad humana en medio de este erotismo
atípico que vuelve inconfesable el acto sexual:
estas criaturas pueden compartir y disfrutar de esa sexualidad
con otras especies, sin recibir censura de sus congéneres. De esta
manera, la especie humana es la que parece constreñida dentro de
fronteras muy específicas, que se desdibujan solamente al ingresar
en una dimensión no humana, sino divina (Luna y Arciniega,
2021: 19).

Lo que busca el hombre al modificar las yemas de sus
dedos es, de alguna manera, un intento por tocar cierto tipo de
animalidad y, más aún, de divinidad sexual que solamente pertenece
a las salamandras o, en otro sentido, vincularse a sí mismo con esas
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�Rodrigo Rosas Mendoza (Universidad Veracruzana) / “El goce inconfesable”

fuerzas ctónicas y acceder al dominio de la naturaleza. Acaso dicho
atrevimiento es lo que le acarrea la muerte. Si bien pudo llegar a
ese plano de deseo y satisfacción sexual, ciertamente lo terminó
pagando con su vida. La ilegalidad, la transgresión, tienen un costo.
Dueñas parece saberlo y por eso nos conduce a este espacio de
naturaleza incontenible, de fuerzas más allá de la razón. Sólo la
escritura alcanza a vislumbrar el terror que nos encierra en nuestra
condición humana pero también alumbra el resquicio que puede
liberarnos.
Aquí nos hallamos ante otro elemento que interesaba
sobremanera a Dueñas. El antagonismo animal; lo repulsivo y
violento de su comportamiento frente a lo humano. Beatriz Espejo
señala que, en la narrativa de la tapatía, los animales funcionan como
“adversarios” que observan y martirizan a los personajes (2017:
14). Dueñas se encarga de lanzar expresiones como “abominable”,
“espanto”, “repulsivo” y “detestable” para referirse a lo animal.
En «Las ratas» –Tiene la noche un árbol (1958)– abundan imágenes
realmente perturbadoras de estos roedores devorando los cadáveres
en los cementerios: “en los hocicos arrastran despojos de pelo. Tiras
de pellejo, residuos de tripas que vomitan empalagadas” (Dueñas,
2017: 117).
También en «Enemistad» –Antes del silencio (1991)– vemos a
una mujer atacada física y mentalmente por un gato, lo que la lleva al
borde de la muerte y la locura. El vínculo interesante entre «Pasos en
la escalera» y «Enemistad» es que salamandras y gatos se prefiguran
como entidades oscuras, esquivas, omnipresentes y antiguas; con un
poder que va más allá de la imaginación y el entendimiento humanos.
Son mensajeras de la naturaleza, de las fuerzas incontenibles de la
tierra que liberan el deseo en el hombre y lo empujan a la locura.
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Por eso las salamandras se erigen como fuente de terror, pues en el
cuento “el asombro, el horror permanente es el originado por las
prácticas sexuales y su placer ilimitado” (Castro Ricalde, 2020: 86)
que, precisamente, es aportado por la presencia de estos seres.
En ese punto convergen las propuestas de Thacker y Fisher:
el terror germina donde sabemos que nuestra capacidad cognoscitiva
se ve rebasada, donde algo no debería existir y, sin embargo, está.
Son escurridizas, con mirada de serpiente y se comportan como
“ninfas pasmadas en una eternidad lúbrica” (2017: 147). Esto último
resulta muy esclarecedor a la luz de la enfermiza relación física y
sexual que el hombre guardaba con ellas, pues el vínculo entre la
salamandra y ese “mirar de las serpientes” (2017: 147) encierra
la idea de la tentación y la manipulación que la mujer cree haber
identificado en su marido a manos de los anfibios, como si éstos
hubieran replicado las acciones de la serpiente bíblica. Es decir, las
referencias a lo femenino, la tentación y lo sexual encarnadas en las
salamandras nos proponen un escenario inquietante y disruptivo en
cuanto al orden de las cosas. Asociar las salamandras con la idea de
tentación coloca el acto sexual –en este caso zoofílico– en un nivel
específico de perversión que, acaso, lleva a la muerte tanto como
produce fascinación, repulsión y misticismo a partes iguales.
Mediante el uso de expresiones como “placer sombrío”,
“descubrimientos inconfesables” y la referencia a “algo repulsivo
y maldito” en momentos clave de la historia, Dueñas consigue
comunicar una opacidad en torno al acto sexual que refuerza la
propuesta de Campra en cuanto al silencio y la omisión como
recursos de lo fantástico. A través de lo no dicho es que el lector
llena esos vacíos con formulaciones tan sombrías como aquello
que Dueñas solamente ha sugerido. Si, como afirma Paglia, acaso
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�Rodrigo Rosas Mendoza (Universidad Veracruzana) / “El goce inconfesable”

“un erotismo perfectamente humano sea imposible” (2021: 23),
resulta entendible, entonces, que el sexo aparezca en este cuento
como un elemento que conjuga el terror y lo fantástico para tensar
las relaciones entre lo ominoso y lo ilegal. Sobre todo, porque no
sabemos, no podemos entender, cómo es que la copulación se
consumaba. Eso queda en la imaginación retorcida del lector y
en la desmoronada mente de la mujer protagonista. Junto a ella,
el lector comprende que no se puede conocer la profundidad del
sexo mientras sigamos sin entender la naturaleza (Paglia, 2021:
24). Mientras ésta siga escapando a nuestras predicciones, a las
imposiciones de sentido y regímenes de representación, seguiremos
flotando inadvertidamente al borde de su abismo.
Haciendo un uso magistral de las insinuaciones, Dueñas
desliza la posibilidad de que el asesinato del esposo haya sido
causado por los celos de la criatura, pues la mujer entiende, como
revelación final, que la salamandra ha descubierto en ella “acicate de
éxtasis y espejo de deliquios” (2017: 148). La expresión de espanto
en el rostro del hombre acaso resguarda esa epifanía. El sexo, en su
dimensión natural, se vuelve terrorífico en este cuento porque rompe
las ataduras sociales y morales que sancionan la bestialidad como
un trastorno. Dueñas perfila una sexualidad que, por monstruosa e
impensable, es castigada por la fatalidad. Al final, en “un resquicio de
piedad que subió desde su corazón” (2017: 148), la mujer acaricia la
frente del difunto: ha entendido que la liberación del impulso natural
del sexo lo ha conducido a la locura y la muerte. Ella misma acepta
que, frente al poder de la naturaleza, encarnado en la salamandra,
no hay escapatoria. Si, como afirma Camille Paglia, es imposible
que el erotismo sea totalmente humano bajo la consideración de
que naturaleza y sexo son indivisibles –y, por ello, debemos asociar
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ambos elementos con la humedad, lo telúrico, la fuerza imparable
de la Tierra–, entonces entendemos por qué lo erótico da entrada
aquí al terror y lo fantástico: la dimensión incognoscible del sexo es
la misma que la de la naturaleza. Y Dueñas juega con esa opacidad.
Comprendemos, así, que el erotismo es un dominio oscuro
y peligroso que se aproxima al carácter inquietante de lo fantástico
y lo amenazante del terror. El carácter humano no puede acceder a
ciertos tipos de placer sin pagar las consecuencias de su transgresión.
El goce está atado a lo terrenal, a lo culturalmente impuesto; vive
una especie de orfandad biológica. Ya Dueñas exploró de manera
mucho menos simbólica la orfandad en su cuentística a través de
las referencias constantes al desamparo infantil en relación con
la precariedad afectiva y la frivolidad de los adultos sumado a la
figuración de entornos domésticos como zonas lúgubres y hostiles
que de alguna manera antagonizan el útero femenino o el núcleo
familiar en general. «Historia de Mariquita», «Al roce de la sombra»
y «Extraña visita» son ejemplos de ello.
A manera de conclusión
Podemos concluir que Guadalupe Dueñas utiliza los recursos
del terror y lo fantástico para articular una visión transgresora
del erotismo. Con ello, la tapatía alumbra nuestras restricciones
como seres moralmente pensantes y plasma la limitación del
pensamiento humano frente a la inquietante fascinación de las
manifestaciones de la naturaleza y el sexo. El umbral, los silencios
y la aparición de la zoofilia son elementos que colaboran en dicho
objetivo. Se nota el interés de Dueñas por hacer un uso constante
de las insinuaciones, deslizarse entre lo sugerente y así explorar el
carácter destructivo de lo erótico a partir de aquello que el lector
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�Rodrigo Rosas Mendoza (Universidad Veracruzana) / “El goce inconfesable”

acierta a imaginar para solventar el vacío de todo lo que la escritora
voluntariamente elude.
Vemos que las salamandras, en tanto objetos de deseo,
conducen a la liberación sexual del hombre, a un estado de éxtasis
casi divino que rebasa sus capacidades orgánicas. La insuficiencia
cognitiva humana para enfrentar ese abismo de sensaciones
relacionadas con lo ctónico-erótico deviene en locura y, por ello,
en muerte. El juego con el silencio y las omisiones que emprende
Dueñas parece una estrategia narrativa que contagia al lector de ese
déficit cognoscitivo, esa no-significación en torno al erotismo y las
profundidades del deseo que los personajes del cuento enfrentan.
La naturaleza, lo hemos dicho, se resiste a nuestras
imposiciones de sentido. Volver una parte de ella, las salamandras, en
objeto sexual implica un proceso de constreñimiento que lo natural
y las fuerzas ctónicas se encargan de derribar llegado el momento.
La muerte de este hombre y la perdición mental de su esposa son
resultados esperables ante la necedad humana de conceptualizar algo
tan acuoso y voraz como el sexo y ceñirlo, luego, a los parámetros
morales. Quizás sea cierto que “la naturaleza nos espera a las puertas
de la sociedad para disolvernos en su pecho telúrico” (Paglia, 2021:
66). La disolución humana a partir de sus emociones y deseos fue
una de las preocupaciones de Dueñas y en ninguna otra historia
la exploró de manera tan efectiva y sórdida como en «Pasos en la
escalera».

Bibliografía
Campra, Rosalba (1998), Territorios de la ficción. Lo fantástico, Editorial
Renacimiento, Sevilla, 216 pp.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-138

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Castro Ricalde, Maricruz (2020), “Lo sobrenatural y figuraciones
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Representaciones estéticas, (ed. Leticia Mora Perdomo),
Universidad Veracruzana - El Colegio de San Luis, Xalapa,
pp. 77-96.
Dueñas, Guadalupe (2017), Obras completas, primera edición (selec.
y próls. de Patricia Rosas Lopátegui; introd. de Beatriz
Espejo), Fondo de Cultura Económica, Colec. Letras
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Espejo, Beatriz (2017), “Introducción”. Obras completas de Guadalupe
Dueñas, primera edición (selec. y próls. de Patricia Rosas
Lopátegui), Fondo de Cultura Económica, Colec. Letras
Mexicanas, México, pp. 11-29.
Fisher, Mark (2016), The Weird and the Eeerie, cuarta edición, Repeater
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Jackson, Rosemary (1986), Fantasy: literatura y subversión, segunda
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Buenos Aires, 93 pp.
Luna Chávez, Marisol y Víctor Díaz Arciniega (2021). “Guadalupe
Dueñas a contraluz de sus contemporáneas. Los temas de
su narrativa” en Crisol, núm. 19, Universidad Nanterre de
París, 2021, pp. 1-22.
Morales, Ana María (2004), “Transgresiones y legalidades (lo
fantástico en el umbral)”, Odiseas de lo fantástico, primera
edición (eds. Morales y José Miguel Sardiñas), Ediciones
Oro de la Noche, México, pp. 25- 38.
Paglia, Camille (2021). Sexual personae (trad. Pilar Vázquez), Paidós,
Barcelona, 857 pp.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-138

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�Rodrigo Rosas Mendoza (Universidad Veracruzana) / “El goce inconfesable”

Sardiñas,

José Miguel, (2007). “El pensamiento teórico
hispanoamericano sobre literatura fantástica. Un recuento
(1940-2005)”, Teorías hispanoamericanas de la literatura
fantástica, primera edición (ed. José Miguel Sardiñas), Fondo
Editorial Casa de las Américas, La Habana, pp. 7-33.

Solano Escolano, Damián V. (2021). “En el umbral del horror:
Técnicas y funciones del terror en Autobiografía de un esclavo
de Juan Francisco Manzano” en Latin American Research
Review vol. 56, núm. 1, Universidad de Cambridge, 2021,
pp. 113–125.
Thacker, Eugene (2011). In the dust of this Planet. Zero Books,
Alresford, 145 pp.

26

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-138

�Artículos
Humanitas, vol. 5, núm. 10, 2026

Rubén Salazar Mallén: protagonista y escritor del
género policiaco
Rubén Salazar Mallén: protagonist and writer of
the crime genre
Marcos Daniel Aguilar Ojeda
Universidad Nacional Autónoma de México
CDMX, México
marcosdaniel1882@gmail.com

Resumen. Rubén Salazar Mallén tuvo una carrera en la literatura que lidió
y convivió con las diversas formas de apreciar y observar la cultura y la
literatura. Durante su vida, vivió la culminación de la Revolución mexicana,
el cambio de régimen y de estructuras económicas y políticas, el ascenso
de los nacionalismos y la entrada del México moderno. Estos procesos se
ven reflejados en su obra, pero sobre todo en aquellos relatos, ensayos y
novelas que se aproximan al llamado género policiaco o género negro, por
el cual, Salazar Mallén realizó una crítica a la política y a la sociedad del
México posrevolucionario. En este artículo se exploran las facetas por las
que transitó el artista y cómo por medio de su obra literaria entendió al
México de la primera mitad del siglo XX.
Palabras clave: Literatura mexicana del siglo XX, género policiaco, censura,
novela negra, cuento policiaco, crítica social y política, Contemporáneos,
Rubén Salazar Mallén, novela Cariátide, revista Examen.
Abstract. Rubén Salazar Mallén had a career in literature that engaged
with and coexisted alongside various ways of appreciating and observing
culture and literature. During his life, he witnessed the culmination of the

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�Marcos Daniel Aguilar Ojeda (UNAM) / “Protagonista y escritor de género policiaco”

Mexican Revolution, the change of regime and economic and political
structures, the rise of nationalisms, and the emergence of modern Mexico.
These processes are reflected in his work, especially in those stories,
essays, and novels that approach the so-called detective or noir genre,
through which Salazar Mallén critiqued the politics and society of postrevolutionary Mexico. This article explores the facets the artist navigated
and how, through his literary work, he understood Mexico in the first half
of the 20th century.
Keywords: Mexican literature of the 20th century, crime genre, censorship,
noir novel, detective story, social and political criticism, Contemporáneos,
Rubén Salazar Mallén, Cariátide novel, Examen magazine.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-139

�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

*
Rubén Salazar Mallén (Coatzacoalcos, Veracruz, 1905-Ciudad de
México, 1986) fue un escritor y periodista quien habitó casi todas las
décadas del siglo XX mexicano. Fue un maestro de la pluma a quien le
tocó vivir los albores y culminación de la Revolución mexicana, pero,
sobre todo, la consolidación de ese nuevo régimen que cambiaría las
estructuras económicas y políticas de la sociedad en su conjunto y a
esa realidad obedece la trayectoria creativa de Rubén.
Salazar Mallén tuvo una carrera en la literatura en la que lidió
y convivió con las diversas formas de observar y apreciar a la cultura
en un mundo de transformaciones de todo tipo, pero sobre todo
ideológicas. En una primera mitad del siglo XX en que las tendencias
políticas –que sin duda afectaban a todo lo demás– iban del ascenso
de la izquierda y la movilización de las masas populares, basadas
en el pensamiento marxisma, al crecimiento de las tendencias de
derecha que estaban encaminadas al pensamiento capitalista, e
incluso el fascista, con un orden económico, pero también militar.
Rubén Salazar Mallén vivió también el ascenso de los
nacionalismos, que en el caso de México estuvo marcado por la
preponderancia de los nuevos grupos políticos en el poder que
consolidaron al nuevo Estado posrevolucionario, el cual caminó al
paralelo, en muchas ocasiones, en contraposición de las tendencias
modernistas en el arte y en la literatura que justificaban lo contrario:
el cosmopolitismo, el internacionalismo, el humanismo universal,
la diversidad lingüística y filosófica, el arte por el arte mismo y el
individualismo.
Al igual que sus compañeros de generación artística
como lo fueron Los Contemporáneos –escritores y pintores de
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-139

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�Marcos Daniel Aguilar Ojeda (UNAM) / “Protagonista y escritor de género policiaco”

la misma edad que él– como Xavier Villaurrutia, Salvador Novo,
José Gorostiza, Gilberto Owen, Carlos Pellicer, Agustín Lazo y su
paisano Jorge Cuesta, por ejemplo, fueron protagonistas del mundo
cultural mexicano que para la década de 1920 y 1930 construyeron
un discurso sobre México con estas características alejadas de la
retórica nacionalista que provenía de la Revolución. Y este hecho
no fue extraño, pues ellos eran demasiado jóvenes para recordar o
sentirse identificados por aquella lucha política y armada; además,
por su origen de clase media ilustrada, y con un orgullo citadino
y de “dandismo criollo” cercano a lo predicado por sus maestros
del Ateneo de la Juventud, no se aproximaron al mensaje de
emancipación rural, campesino, obrero e indígena que intentaba
reivindicar el movimiento revolucionario mexicano (Sheridan, 1999:
37-41).
Este grupo, al que también se le pueden incorporar los
nombres de Antonieta Rivas Mercado y el de Salazar Mallén1, desde
el comienzo de su aventura intelectual tradujo y montó obras de
teatro provenientes de las vanguardias europeas y estadounidenses
desde 1928, y con la fundación de proyectos editoriales como las
revistas Ulises (1928), Contemporáneos (1928-1931) y Examen (1932),
alcanzaron a difundir sus ideas entre los círculos culturales del país.
Así, demostraron esa otra forma de vivir en la modernidad, de
manera intimista, personal, lírica y crítica, que se alejaba del proyecto
nacionalista proveniente del nuevo Estado en donde el arte y las
letras, como el muralismo o el estridentismo, debían ser los medios
para difundir eso que llamaban “lo nuestro”, lo autóctono aliado a la
1 José Luis Ontiveros le llama a Salazar Mallén “el más solitario de los
Contemporáneos”, en su libro Rubén Salazar Mallén, subversión en el subsuelo
(1987). Universidad Veracruzana, p. 9.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-139

�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

era industrial, como una manera de transmitir la historia, los valores
éticos y morales y la nueva “consciencia social” (Sheridan, 1999: 36)
del pasado al presente; objetivos éstos que Los Contemporáneos
no se vieron obligados a compartir ni a reproducir, pues su arte no
necesitaba esa coartada institucional.
Esta manera de ver y entender al México moderno
posicionará a esta generación en una alteridad crítica, cuyas cúpulas
políticas e intelectuales a veces los incorporarán y muchas otras los
mantendrán al margen; eso sí, ellas y ellos nunca saldrán del centro de
atención de la creación, pero sobre todo de la crítica artística que en
algunas ocasiones llegó al extremo de pasar de la crítica periodística
a la persecución política y judicial, en especial la persecución que
sufrió Rubén Salazar Mallén por sus escritos, por su lenguaje y su
manera de pensar.
Este hecho posicionó a Salazar en una marginalidad y en
una demonización que continúa hasta el siglo XXI. Un estigma
de criminal de la cultura que lo persigue aún y que lo convierte
en un móvil y protagonista perfecto de una historia policiaca, de
un relato negro, género que, aunque parezca paradójico, él mismo
cultivó, ya que siempre criticó la forma en que se ejercía el poder y
la impartición de la justicia en este país.
“El caso del censor y el mal hablado”
Rubén Salazar Mallén fue un escritor heterodoxo, difícil elección
en un México que tendía a la homogeneidad. Como hombre de su
tiempo, en medio de las vanguardias estéticas e ideológicas, Salazar
divagó con sensibilidad poética e imaginería erótica por historias
que más que contribuir al chauvinismo, intentaron abrir las ideas
a un entendimiento universal. Por este motivo, Salazar fue juzgado
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por aquella moral nacionalista en que los bajos mundos proletarios
y “sus malas palabras” -groserías- no deberían salir a flote ante una
nueva vida social en que la difusión de la “buena educación ética”
del pueblo mexicano era la prioridad, aunque la verdad violenta,
agreste, analfabeta, injusta y popular estuviera a flor de piel o, mejor
dicho, a pie de calle.
Difícil manera de ser moderno y contemporáneo la que
escogió el veracruzano, quien a lo largo de su vida mutó, como si
fuera Proteo, de ser un escritor de izquierda militante del Partido
Comunista (1930-1933) –a la par de José Revueltas–, a convertirse en
un reaccionario de la Revolución y del propio comunismo al formar
un grupo de militancia fascista (1934-1944), para terminar como un
renegado, un excluido y crítico anarquista hacia la segunda mitad del
siglo XX (Ontiveros, 1987: 10). Por estas tribulaciones es el único
exponente de esta generación que “sigue siendo perseguido por la
justicia” (Ontiveros, 1987: 11) y aún se le observa por la crítica literaria
actual como un rechazado que es mejor mantenerlo en el ostracismo.
Algunos años antes de que este escritor pudiera concretar un
relato formal de carácter y temática criminal, él mismo protagonizó
en vida un caso policial cuando fue llevado frente a la justicia, en
1932, por darle la vuelta a la visión de lo que se esperaba entonces
del ser mexicano, ya que fue acusado de ultraje y de “Delitos contra la
Moral Pública” por la publicación de algunos capítulos de su novela
proletaria titulada Cariátide, que vio la luz en la revista Examen,
dirigida por Jorge Cuesta.
Los siete capítulos de Cariátide publicados en los números
2 y 3 de esta revista, sucesora de Contemporáneos, fue denunciada
penalmente por diversos periodistas del Excélsior por el uso de
“malas palabras”, que para ellos constituían un ultraje, pues “jamás
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en la historia de las hojas impresas en México se había estampado
un lenguaje de tal procacidad, ni de la más cínica expresión como
el que aparece en la novela […] En las páginas de la famosa revista
de ‘literatura’ pueden leerse expresiones de una crudeza tal, que se
resistiría a repetirlas el más soez carretero en cualquier sitio” (Salazar
Mallén, 1957: 7-8).
Algunas de las expresiones que aluden los denunciantes
penales -que hoy pasarían desapercibidas y que en realidad
son ejercicios “más bien tímidos” de imitar el habla de la clase
trabajadora- son las voces de un grupo de militantes proletarios del
Partido Comunista mexicano, a quienes Salazar Mallén da voz sin
rebuscamiento intelectual ni poético, sino que plasmó las palabras
que él mismo escuchaba en las calles y dentro del Partido Comunista
en el que también era militante. Voces con “giros populares”
(Domínguez Michael, 2010: 29) que dieron rienda suelta a una
bien lograda “sustancia bárbara” (Ontiveros, 1987: 12) fueron para
Rubén una estrategia literaria que humanizaba las letras para hacer
que la literatura fuera más próxima a los posibles lectores.
Expresiones como: “Yo creo que sería mejor pelarnos de
una vez”; “¡Ah, comunistas jijos de la chingada!”; “¡Onde no habías
de ser tú, pedazo de pendejo!”; “¡Otra vez pedo, cabrón!”; “Ni que
no conocieras esta pinche carcajada” (Salazar Mallén, 1932: 13-17),
entre otras, fueron los motivos por los que se emprendió la primera
y única denuncia de censura ante un texto literario y en el que la
justicia, haciendo uso del Código Penal, tuvo que dirimir un caso de
libertad de expresión hacia un escritor y los editores de una revista
cultural. Tanto Salazar Mallén, como Cuesta y, otros colaboradores
de Examen, fueron juzgados y perseguidos, y aunque el juez de
instrucción los absolvió, la revista no volvió a aparecer.
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Dentro de las voces defensoras, para determinar si la escritura
y publicación de Cariátide había sido, o no, un caso criminal, estuvieron
incluso voces conservadoras como las de Alejandro Quijano y
Genaro Fernández McGregor, quienes mencionaron que las obras
literarias que publicaba Examen “a pesar de su aparente incursión en
el campo del delito, no son realmente inmorales” (Quijano, 1932:
13). Tras este intento de censura artística y política -también moral-,
de persecución y defensa mediática ante la opinión pública, el único
que no salió ileso fue Rubén Salazar Mallén, quien a lo largo del
tiempo siguió sufriendo actos de censura y estigmatización no sólo
por la crítica literaria, por su árida manera de darle voz a los sin voz,
sino por el peso que le cayó encima por haber sido sujeto de un
juicio criminal que nunca lo dejó en paz.
Este autor que en sus cuentos y novelas también trabajó casos
policiales, de juicios, de perseguidos y sospechosos, fue el protagonista
de este supuesto crimen; un ejemplo realista -como en sus novelasen donde el caso judicial estuvo en la censura promovida por la
política posrevolucionaria y las fuerzas periodísticas conservadoras
quienes no le perdonaron que alumbrara la miseria humana, el odio
y las violencias que subsistían en ese “México nuevo” que debía salir
ante el mundo con los mejores valores estéticos y éticos.
Lo que vivió Salazar Mallén en este teatro mediático criminal,
en una historia interna, centrípeta, pues, fue como una novela negra
en donde la política se apropió de las características del policiaco
para mostrar en su trama “el juego silencioso de los cautos, que se
juega a puertas cerradas y entre un limitado número de jugadores”
(Link, 2003: 7), en donde no se supo a ciencia cierta cuál fue el
móvil del “delito”, si las malas palabras o los hechos humanos reales
alejados de la idealización institucional o si fue un caso criminal
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en donde tampoco se supo, a ciencia cierta, quién fue la mano que
disparó contra las “malas palabras” de Salazar Mallén.
De la persecución política a la crítica social
¿Se podría incluir parte de la literatura de Rubén Salazar Mallén en el
género policiaco? A parte del proceso criminal que él mismo vivió,
y cuyo relato contó en diversas ocasiones, en especial en el libro
Adela y yo, de 1957, algunas de sus obras literarias también podrían
formar parte del canon mexicano del género negro. Esa fuerza
centrípeta que lo impulsó a contarse a sí mismo como parte de la
trama de un delito, fue la misma fuerza que hacia afuera, de manera
centrífuga, Salazar utilizó para explorar narrativamente el entretelón
de la realidad mexicana en donde los actos subversivos, el escape,
pero también los deseos salvajes, se entremezclaron en la novela que
lo llevó a juicio.
Fue en Cariátide, en esos primeros y únicos capítulos que
se conocen -pues el mismo autor quemó la novela en un arrebato
alcohólico durante la década de 1930- que Mallén narra el plan de
un grupo de militantes del Partido Comunista Mexicano para tomar
por asalto una estación de radio. El hecho que narra Rubén fue
real, se trató del asalto a la XEW -que en la novela es la XCW- por
parte del comunista Evelio Vadillo -que en Cariátide es Evaristo-,
y que por sí mismo ya es un acto de rebeldía, de infracción a la
ley que Salazar Mallén describe con el esmero y con la conciencia
de haber participado en esos actos al lado de ellos. Así lo narra
Rubén en Cariátide: “Obligado a hacerse oír por todos los medios,
el Partido Comunista de México, que ha visto saqueada su imprenta
y confiscados sus periódicos en el correo, se apodera por unos
minutos de la estación XCW para decir a todos los trabajadores
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de América… Evaristo, pálido, con mano temblorosa, lee ante el
micrófono […] En un rincón está Barrera con una pistola en la
mano. Apunta al operador de la XCW, que desencajado, lívido,
escucha la voz de Evaristo […] Frente a la estación de radio espera
un automóvil. Evaristo y sus amigos suben en él. -A México, viejo;
pero pícale -ordena Evaristo al chofer. Se siente dominado por una
embriaguez extraña, mezcla de alegría, de temor, de orgullo…”
(Salazar Mallén, 1929: 16).
En esta novela, publicada en la revista Examen, el lector está
ante la crónica de un delito que ocurre en las calles nocturnas de la
Ciudad de México: la planificación de un asalto, el mensaje contra la
represión que el gobierno emprende a un partido político opositor,
el amago con pistola en mano del personal de la estación de radio
y no podía faltar la dosis de adrenalina con la escena de la huida del
lugar, estado en el que los asaltantes sienten una excitación por el
plan consumado, pero también por el hecho implícito de concretar
el escape para no ser atrapados por la policía.
Aunque sólo por esta trama del asalto, Cariátide no podría ser
considerada como una novela policial tal cual, en estricto sentido,
pues la anécdota de la entrada violenta a la XCW sólo es parte de
la trama general, estos destellos de crimen sin resolver (Bermúdez,
1987: 14) son indicios del interés que su autor tenía en la exploración
de temas dicotómicos que en muchas ocasiones busca el género
policiaco, como la lucha entre el bien y el mal, la justicia y el delito, el
hallazgo de la verdad y la develación de la mentira, el conocimiento
o el misterio de la psicología del criminal.
Otro elemento que tiene Cariátide y que lo acerca al género
negro es que la novela narra una realidad como crítica social
(Bermúdez, 1987: 9) sobre la persecución de un grupo opositor
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por parte del gobierno y su policía política. Rubén Salazar narra
en ella cómo los integrantes del Partido Comunista de México
son acosados, por un lado, por el gobierno posrevolucionario del
Maximato Callista, y por el otro, por la Internacional Comunista
que vigilaba sus pasos (Domínguez Michael, 2010: 32). La crítica
social de Rubén sobre los bajos fondos y perfiles de la sociedad
mexicana también recae en la novela en la constante denuncia que
varios de sus protagonistas hacen hacia los actos y pensamientos de
los mismos militantes comunistas.
Como si fuera el cuadro “México, 1935” de Antonio Ruiz “El
Corcito”, Salazar denuncia en su escrito cómo, a pesar de ser personas
de izquierda, sentimientos como la envidia, el egoísmo, la lujuria, “la
miseria moral” (Domínguez Michael, 2010: 29) y la traición invaden los
actos de estos personajes que en teoría buscan el cambio y la revolución
hacia los mejores fines colectivos. Una de las voces de Cariátide, por
ejemplo, que podría ser el mismo Mallén, es un comunista abyecto que
comienza a desconfiar de sus compañeros, de aquellos que no piensan
en los demás sino en ellos mismos, a quienes acusa de intelectuales
burgueses que sólo tratan de posicionarse política y económicamente.
La desconfianza, la denuncia y el autorreconocimiento de esta
“sustancia bárbara” social es la delgada línea que vuelve acercar a esta
novela al género policial (Bermúdez, 1987: 13).
El crimen en potencia
Se debe decir que Rubén Salazar Mallén trabajó varios de sus cuentos
y novelas bajo la categoría de “crimen en potencia” (Bermúdez, 1987:
13), es decir, un delito que narra el autor, pero cuyos acontecimientos,
en teoría, aún no han ocurrido, está por ocurrir, se encuentra aún
en la mente del futuro delincuente o simplemente queda la duda de
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si sucedió o no (Bermúdez, 1987: 14). Por supuesto que el autor
que colaboró en los proyectos editoriales de Los Contemporáneos
se acercó a esta categoría de manera natural, casi endémica en él,
porque al narrar la realidad mexicana con su cara más cruda, Salazar
creaba atmósferas en donde todo estaba enrarecido, sofocante y
en donde todo parecía peligroso (Escalante, 1987: 8), como la vida
misma.
Ese peligro latente está en sus cuentos y novelas al denunciar
esa realidad social nauseabunda y miserable, cruel y traicionera, lo
cual no tiene nada de raro más que para el ciego que no quiere ver.
Rubén era un detector de la podredumbre de la sociedad mexicana
(Escalante, 1987: 8), es decir, un detective de los peligros de la
existencia urbana, en donde la misma voz narrativa, en ocasiones,
era el sujeto que en potencia llevaba en su mente todos los crímenes
de la humanidad que habitaban en eso que él veía como “el
desbarrancadero posrevolucionario” (Escalante, 1987: 8).
Ejemplo de ello se encuentra en sus cuentos de la década
de 1920, aquellos que publicó en la revista Contemporáneos, como
“Espuma”, relato publicado en la edición de abril de 1929. Con un
tono de prosa poética y con una estructura sintética y fragmentaria
-muestra evidente de la vanguardia que estaba experimentando-,
Rubén Salazar lanza los dardos del reflejo asfixiante de la realidad
mexicana cuyos modelos a seguir, ya sea el líder político, el
burócrata, el intelectual, el obrero y el campesino, el estudiante y el
maestro, también son humanos de bajos instintos que son capaces
de traicionar no sólo a sus seres cercanos, sino a ellos mismos. El
protagonista de “Espuma” es un estudiante de la Escuela Normal de
apellido Albarrán, quien en una noche agobiante se siente culpable
de algo que el lector no puede entender, pero que intuye.
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En sus lamentaciones y gemidos, Albarrán pronuncia
lastimosamente el nombre de una mujer, María Luisa, en tanto
que reflexiona sobre el fracaso que ha sido la Revolución mexicana
que en vez de forjar una mejor sociedad ha destruido todo, una
revolución que, para él, ha sido traicionada como un hecho criminal:
“Las negras manos de los indígenas se mojan en sangre. Y ellos no
saben nada… La flor de la codicia ya es su fruto. El caudillo. El
caudillo. El caudillo-o. Pero el indígena no sabe nada. Le dan un
arma. La usa. -Viva. Viva-aaa. Y el grito lo recoge el caudillo. El
indígena muere. Revolución” (Salazar Mallén, 1929).
En la historia, Albarrán se encuentra con otros colegas
normalistas que, en vez de estudiar, salen por las noches al encuentro
de un “erotismo canalla” y alcohólico entre burdeles y prostíbulos
en un “trasfondo deprimente de estudiantes hambreados”
(Domínguez Michael, 2010: 27). Mallén, en la voz de Albarrán, se
niega a aceptar lo que sucede: un país revolucionario que presume
“una risible pantomima de las ideologías” y sin embargo se trata
de una “maldita revolución [que] no hizo otra cosa que fomentar
la trata de blancas” (Escalante, 1987: 8). Y es que entre los planes
noctívagos de los normalistas -heroicos ejemplos a seguir- está en ir
al prostíbulo donde: “-Hoy vende una virgen la Gachupina. -Como
vender a un becerro… Ven” (Salazar Mallén, 1929: 13).
El hecho que acerca a este cuento con el género negro es el
tema del crimen en potencia, porque aún no descubierto el criminal,
la trata de personas y la violación están latentes en el relato, delito al
que asistirá quizá Albarrán. Caben las preguntas: ¿por ello se siente
culpable?, porque “Albarrán entra a su habitación, ve la ventana sin
cortinas y siente una congoja espesa como la tinta de las imprentas.
La congoja, espesa, en la cintura y en los brazos. Enciende la lámpara.
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Está de pie ante el espejo. Tieso como los postes del telégrafo. Y
en su cabeza hay un sombrero ridículo, sucio. Asco. -Maldito sea,
maldito-o” (Salazar Mallén, 1929: 13).
Hay dos caminos posibles ante este sentimiento de culpa,
que podrían ser indicio de un delito perpetrado: el primero es el
que el mismo Albarrán anuncia constantemente al lamentarse con
el nombre de María Luisa: “Recuerda a María Luisa. Inmaterial,
incorpórea para no enmendarla en la imaginación. Se entreabre en
la memoria como un abanico de vidrio, tangible por el soplo... María
Luisa. Sin mejillas y sin labios. Sin brazos, sin manos, sin piernas.
Sin carne”. ¿Qué hizo con María Luisa?, ¿por qué ahora es etérea?,
¿dónde está?, ¿por qué Albarrán no quiere volver a beber alcohol?
y ¿por qué se resiste a ir al prostíbulo? Salazar Mallén traza un
paralelismo entre la mujer que sufre la trata de personas, el secuestro
y la violación, con el dolor que siente ante una María Luisa a quien
Albarrán ha despojado de corporaneidad. ¿Se trata de un secuestro,
un asesinato, de una violación?
Por otro lado, y ligado al delito que Salazar exhibe de manera
realista -pero cuya narración trasciende a la poesía y a la fantasía- está
el que acomete la misma Revolución -¿o la modernidad urbana?-,
que para él ha formado un gobierno traicionero -malinchista que
vende todo al mejor postor2- sobre aquel pueblo y con una clase
política e intelectual que no dejan de ser canallas; Salazar lo dice
mejor en “Espuma”: “Queremos ser dioses y nos compartamos
como cerdos”. El delito de la traición ideológica y revolucionaria.

2 Hay que recordar que el autor de este concepto fue el mismo Rubén
Salazar Mallén, que plantea en un artículo del 25 de abril de 1942, en la revista
Hoy, titulado “El complejo de la Malinche”.

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Un clásico cuento policiaco
Dice el escritor español José Moreno Villa que si Goya sólo hubiese
pintado un cuadro como “Saturno devorando a sus hijos”, con ese
solo cuadro hubiera pasado como uno de los mejores artistas en
la historia del arte. Lo mismo se puede decir del cuento “El caso
del usurero” de Rubén Salazar Mallén para el universo de las letras
mexicanas. El cuento es considerado un hito dentro del género
policiaco, uno de los pioneros dentro del policial en México. Este
relato fue publicado originalmente en número 21 de la hoy histórica
revista Selecciones policiacas y de misterio, a finales de la década de 1940.
Aquella publicación fue fundada por el también escritor
de género negro, Antonio Helú. Entre la nómina de autores que
colaboraron en este magazine con cuentos policiacos se pueden
nombrar a Rafael Bernal, María Elvira Bermúdez, Ramiro Gómez
Kemp, José Martínez de la Vega, Juan Bustillo de Oro, Antonio
Castro Leal, Enrique F. Gual y al mismo Salazar Mallén (Orozco
Hidalgo, 2015: 6), entre otras y otros más. Escritores éstos,
periodistas, guionistas de teatro, radio y cine, quienes se reunían en
tertulias intelectuales y que compartían otros espacios mediáticos en
los diarios y revistas desde la década de 1920.
Rubén Salazar Mallén, para los años 40, ya era un asiduo
articulista de Jueves de Excélsior y de la revista Hoy, por ejemplo,
espacios en donde los creadores comenzaron a experimentar y a
trabajar con los géneros de ficción, con los relatos fantásticos y
de misterio y, por supuesto, no podía faltar el policiaco. De estas
tertulias y publicaciones se desprendió la creación de espacios
exclusivos para lo fantástico y lo policiaco como lo fue Selecciones
policiacas y de misterio. Influenciados por la literatura anglosajona,
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pero sobre todo por el cine, los y las escritoras mexicanas fueron
incursionando en la escritura de estas historias sobre crímenes por
resolver, investigadores, policías y detectives, estafas y asesinatos
descubiertos o a veces delitos no resueltos.
Los escenarios nocturnos descritos en varias de estas
historias fueron motivo de inspiración para los cuentos y novelas
que se escribirían en México durante las décadas de 1940 y 1950.
Los misterios de la noche, que tanto gustaban a Salazar Mallén,
motivaron los paisajes imaginarios idóneos para la escritura de
relatos policiacos que se publicaron en Selecciones... Paisajes que
se asemejaban a las películas de detectives que estos escritores
comenzaron a ver desde varios años atrás. Por ejemplo, y para hablar
sobre el contacto de este género en México con el cine, es imposible
no relacionar los cuentos y las novelas de Rubén con una película
sobre criminales, proxenetas y asesinatos como lo es La mancha de
sangre de Adolfo Best Maugard, con argumento de Miguel Ruiz
Moncada, filme de 1937, y que debido a la censura gubernamental
fue estrenada hasta 1943.
En ese ambiente de creación de vanguardia fílmica, teatral,
radiofónica y literaria, en donde se oponía y complementaba lo
nacional con lo cosmopolita, es que Salazar publica “El caso del
usurero”, una clásica historia policiaca sobre el asesinato de un
prestamista de dinero, en la cual, para desenredar el argumento,
Salazar se pregunta ¿quién lo mató?, ¿cómo lo mataron?, ¿y por
qué sucedió? Este es un relato en donde la lógica y la capacidad
de raciocinio y racionalidad se aplican a la perfección, sin dudas
ni titubeos -hecho raro para la zigzagueante e impaciente narrativa
de Salazar Mallén-. Ejemplo de ello son las características del
investigador de “El caso del usurero”, que comparte las de los
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agentes o investigadores al estilo de las historias escritas por Robert
Louis Stevenson, Arthur Conan Doyle o G.K. Chesterton.
Por todo ello, fue que la investigadora del género negro,
María Elvira Bermúdez, catalogó a este cuento de Salazar dentro
de los parámetros del relato policiaco de “raciocinio” (Bermúdez,
1987: 20), ya que el protagonista, el investigador privado Enrique
Andrade será el encargado de encontrar quién y cómo asesinaron al
usurero Quintín Villegas, y para hacerlo Andrade deberá descubrir y
desactivar la coartada del delincuente. La principal sospechosa es una
de las empleadas de Villegas, la señorita Amalia Torres. Cuando llega
el Ministerio Público a la escena del crimen, el inspector Zapata da
por hecho que fue ella ya que, sin saberlo Amalia, Quintín le había
dejado un generoso seguro de vida en el caso de que él muriera.
Ella no lo sabía, pero sí el agente de negocios del usurero, Alberto
Michelena, por lo que meses antes se dedicó a enamorar a la señorita
Torres.
Este cuento policiaco es redondo: hay un crimen, hay
suspenso, un final inesperado, existe una investigación que terminará
derrumbando la coartada del asesino (Bermúdez, 1987: 15-17); hasta
existe un compañero o compinche de Andrade, al estilo Watson, se
trata del ingenuo, pero bien intencionado Cirilo Masa. Aunque el
relato fue escrito por Salazar Mallén utilizando el esquema clásico
del relato negro, hay algunos elementos que permiten hacer algunas
lecturas en torno a él.
En primer lugar, y como dice Bermúdez sobre “El caso del
usurero”, el cuento demuestra la popularidad y el interés del género
que había entre los periodistas y escritores mexicanos: “Por ser único,
repito, el de Salazar Mallén que, aunque no fue un profesional de la
literatura de misterio, es un escritor importante cuya excepcional
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incursión en esta área de la narrativa demuestra hasta qué punto
ésta no es, ni mucho menos, indigna de ser atendida por literatos de
prestigio” (Bermúdez, 1987: 20).
En segundo lugar, hay que resaltar que es el único texto
de su tipo que se le puede atribuir a Salazar Mallén, una especie
de one hit wonder policiaco que colocó a Salazar en las antologías
de la literatura policiaca mexicana durante el siglo XX, al lado de
maestros del género como Rafael Bernal, Antonio Helú, Salvador
Reyes Nevares, Vicente Leñero o Paco Ignacio Taibo II.
Dentro del argumento del relato, hay que resaltar otros
pequeños pero significativos elementos. Es interesante cómo el
protagonista, el detective Enrique Andrade, es frío y calculador, no
tiene temor de contradecir las hipótesis de las autoridades ni de ser
atacado por el verdadero asesino, ya que quienes dudan y enfrentan el
escarnio del narrador -Salazar Mallén- son los verdaderos delincuentes:
los impartidores de justicia que no hacen su trabajo y hasta el usurero
que inconscientemente sabe que su negocio “no es correcto”.
Esta frialdad racional de Andrade tiene, dentro del relato,
su representación visual, ya que cada vez que Enrique debe pensar,
imaginar y reflexionar acerca del caso, Andrade se sienta “con la mirada
fija en una horrenda imitación de Rembrandt que está en la pared
frontera a la ventana” (Bermúdez, 1987: 69). Por intuición, y debido
a las implicaciones de este cuento criminal, se podría suponer que el
cuadro al que hace alusión Salazar Mallén es “La lección de anatomía
del Dr. Nicolaes Tulp” (figura 1), un óleo pintado por el neerlandés en
1632, cuyo protagonista es un hombre de ciencia quien enseña a los
espectadores -sus alumnos-, con frialdad y conocimiento, cuáles son
los elementos del cuerpo humano, sus sistemas y funcionamientos. Y
lo hace sobre el cuerpo de un ser humano sin vida, así como el cuerpo
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inerte del usurero. Sin duda, Enrique Andrade se veía reflejado en la
figura de un científico como Nicolaes Tulp, sin titubeos y con plena
confianza de sus conocimientos para llegar a la verdad, todo un
personaje del raciocinio.

Figura 1. “La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp”, Rembrandt, 1632,
óleo sobre lienzo. Galería Real de Pinturas Mauritshuis, Países Bajos.

Otro elemento a destacar del cuento es que Salazar escoge
con astucia quiénes son sus personajes y qué lugar tienen en la
sociedad en que habitan. El usurero, Quintín Villegas, es para el
autor veracruzano digno blanco para ser asesinado, pues dentro del
mismo cuento, en voz de Andrade, menciona: “[Quintín Villegas]
No vivía sino para explotar al prójimo” (Bermúdez, 1987: 72). Este
hecho hace que la historia no salga del radar de crítica social, de
relato militante, al que Rubén Salazar Mallén tenía acostumbrados a
sus lectores. En este mismo sentido, y aunque el caso de la muerte
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de Quintín fue resuelto, el misterio no fue solucionado por las
autoridades del ministerio público, pues al asesino no lo halló el
inspector Zapata, sino que fue el investigador privado Enrique
Andrade, dando otro puyazo al sistema de justicia posrevolucionario
que siempre criticó Salazar Mallén de manera descarnada.
El detective de la sociedad
Hubo fuerzas interiores y exteriores que impulsaron a Rubén Salazar
Mallén para entrar y salir de la literatura policiaca. El tema de la
impartición de justicia, del delito cometido o en potencia siempre
estuvieron en sus novelas, cuentos y artículos periodísticos. De manera
tangencial su vida y su narrativa estuvieron ligadas al juicio penal y al
juicio público. Su narrativa estuvo en la cuerda floja de la reflexión
sobre la moral, la ética, el deber ser, la lucha entre el bien y el mal y
la búsqueda o la pérdida de la verdad. Muy a su estilo realista, frío y
áspero, Salazar Mallén ofreció a las letras mexicanas historias sobre
qué es el delito en sociedades como la mexicana e historias sobre
una humanidad que es capaz de todas las bondades, pero también de
comer todos los crímenes posibles. Como aquella imagen descarnada
de Goya, Salazar Mallén coloca a los lectores ante el horror de ser
Saturno devorando a sus críos, o de ser los críos que no comprenden
por qué el tiempo los ha consumado. ¿Quién es Saturno?, ¿quiénes
son sus hijos? Es la pregunta de este detective de las letras, de la
política y de la sociedad que fue Rubén Salazar Mallén.

Referencias
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UNAM.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-139

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�Artículos
Humanitas, vol. 5, núm. 10, 2026

Incesto y desarraigo en “La jaula de la tía Enedina”
de Adela Fernández y “Uno no sabe” de
Mónica Lavín
Incest and unhomeliness in “La jaula de la tía
Enedina” by Adela Fernández and “Uno no sabe”
by Mónica Lavín
Pablo César Osorno Equihua
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey
Monterrey, México
pablocesar.oe@gmail.com

Resumen. Adela Fernández y Mónica Lavín se inscriben dentro de un
corpus de autoras latinoamericanas que emplean el incesto como motivo
para examinar las prohibiciones sociales y la desconfiguración corporal,
sexual y afectiva que estas generan. Sus respectivos cuentos, “La jaula de
la tía Enedina” (1976) y “Uno no sabe” (2003), comparten elementos
diegéticos y discursivos que operan en función de una estética de lo
abyecto y articulan el incesto entre mujeres adultas y hombres jóvenes (tíasobrino, madre-hijo) en su vinculación con el desarraigo social. El presente
estudio contrasta los modos de representación del tabú endogámico y
analiza las relaciones de poder entre los personajes de ambos cuentos,
fundamentado en las propuestas teóricas sobre el horror al incesto de
Sigmund Freud y Claude Lévi-Strauss, la revisión feminista que Adrienne
Rich realiza sobre el tema y en la interpretación del desarraigo planteada
por Homi K. Bhabha. Las autoras aquí examinadas recurren al desarraigo
para retratar la marginación resultante de la transgresión de las normas
patriarcales y los roles de género, y lo utilizan a modo de catalizador del
deseo incestuoso. Además, hacen uso de eufemismos y narradores no

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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

confiables con el propósito de configurar una autoridad enunciativa sobre
los sujetos femeninos.
Palabras clave: incesto, desarraigo, tabú, abyección, escritoras mexicanas.
Abstract. Adela Fernández and Mónica Lavín belong to a corpus of Latin
American women writers who employ incest as a literary motif to examine
social prohibitions and the corporeal, sexual, and affective disfiguration
these generate. Their respective short stories, “La jaula de la tía Enedina”
(1976) and “Uno no sabe” (2003), share diegetic and discursive elements
that operate within an aesthetics of abjection and articulate incest
between adult women and young men (aunt-nephew, mother-son) in its
connection with unhomeliness. The present study contrasts the modes of
representation of the endogamous taboo and analyzes the power relations
between the characters in both stories, based in the theoretical propositions
on the horror of incest by Sigmund Freud and Claude Lévi-Strauss,
Adrienne Rich’s feminist review of the subject, and in the interpretation
of unhomeliness proposed by Homi K. Bhabha. The authors examined
here resort to unhomeliness to portray the marginalization resulting
from the transgression of patriarchal norms and gender roles, utilizing
it as a catalyst for incestuous desire. Furthermore, they use euphemisms
and unreliable narrators with the purpose of configuring an enunciative
authority over female subjects.
Keywords: incest, unhomeliness, taboo, abjection, Mexican women
writers.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-134

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�/ Pablo César Osorno Equihua (ITESM) / “Incesto y desarraigo”

La representación del incesto en la literatura, espacio donde lo
prohibido es admisible, no resulta inusual. Particularmente, la
tradición literaria latinoamericana ha utilizado el incesto como
motivo para tratar la decadencia de la moralidad y la descomposición
social1. Adela Fernández y Mónica Lavín, en sus respectivos cuentos
“La jaula de la tía Enedina” (1976) y “Uno no sabe” (2003), plantean
una relación entre hombres jóvenes y mujeres mayores de su familia
(tía y madre), no sólo a propósito de la transgresión del tabú, sino
también de su articulación con el desarraigo social. Ambas autoras
realizan una lectura del incesto atravesada por la falta de sentido de
pertenencia y la separación de los sujetos hacia espacios periféricos
tanto en la diégesis como en la narración. Aun con casi tres décadas
de diferencia de publicación, ambos textos recurren a un vínculo
entre la sexualidad y la abyección2 configurado a través de las
relaciones de poder y los roles de género.
La narrativa de Adela Fernández transita por el subgénero
fantástico y se obsesiona con la crueldad, lo siniestro, el humor
negro, la locura, el desamor, el abandono, etcétera (Carmona
González, 2018). Su obra, que entrelaza elementos sobrenaturales
con realidades terriblemente crudas, se ha posicionado, luego de
múltiples reediciones, como un nuevo referente de la cuentística
mexicana de lo insólito. “La jaula de la tía Enedina” tiene como
protagonista a un hombre de diecinueve años repudiado por sus
1 Tan sólo hace falta una mirada a Edipo rey, Cien años de soledad o “La
sunamita” para trazar una cronología narrativa de la cuestión incestuosa como
fundamento de la catástrofe familiar.
2 Entiéndase lo abyecto como aquello despreciable, arrojado hacia los
márgenes de un sistema porque “no abandona ni asume una interdicción, una
regla o una ley, sino que la desvía, la descamina, la corrompe” (Kristeva, 2023:
25).

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padres y obligado a llevarle comida a su tía Enedina, quien, después
de quedarse sola en el altar el día de su boda, cae en la demencia y
es confinada a un cuarto de trebejos. A partir de entonces, Enedina
se empecina en poseer un canario y se lo pide a su sobrino; al no
conseguirlo, este decide compensarlo con encuentros sexuales.
Ambos habitan espacios marginales que propician dicha relación
incestuosa: ella la locura y la soltería, él la negligencia parental.
Por su parte, Mónica Lavín plantea en sus cuentos “el
desastre afectivo, psicológico, personal y social… así como el destino
irremediable del ser humano, condenado a topar de lleno con el mal,
la desilusión y lo perverso” (Mendoza Piedras, 2004: 42). Hasta el
momento, no existe estudio alguno sobre “Uno no sabe”, el cual
sobresale por el tratamiento de la voz narrativa y su retorcida trama.
En este relato, un joven es abandonado por su madre, Olivia. El
resto de la familia evita a toda costa hablar de ella e incluso procura
eliminar su recuerdo, pero el duelo del hijo persiste por años. Luego
de enterarse de que su madre fue vista en una cafetería neoyorquina,
él viaja en su búsqueda. Al reconocerla mientras trabaja de mesera, la
seduce y tiene relaciones con ella, pero jamás le revela su parentesco.
Si bien múltiples autoras retoman el tópico del incesto, las
obras de Adela Fernández y Mónica Lavín comparten características
en la diégesis y el discurso que las distinguen de otras; para explicarlo,
me interesa contrastar los modos de representación de lo abyecto
y profundizar en los puntos de encuentro entre las estructuras de
deseo, poder y parentesco en ambos cuentos. Por un lado, este
análisis parte de la propuesta de Sigmund Freud acerca del tabú y
las investigaciones antropológicas de Claude Lévi-Strauss sobre el
horror al incesto. A ambas teorías las enriquece el planteamiento de
Adrienne Rich en Nacemos de mujer sobre la correlación del incesto y
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�/ Pablo César Osorno Equihua (ITESM) / “Incesto y desarraigo”

el sistema patriarcal, visto particularmente desde la cuestión edípica.
Por otro lado, esta base teórica se vincula con el concepto de
extrañamiento que Homi K. Bhabha utiliza para nombrar el desarraigo,
o aquel desplazamiento hacia una experiencia de incertidumbre e
incompletitud.
Los personajes de “La jaula de la tía Enedina” y “Uno no
sabe” coinciden en ser desplazados de su entorno social antes de
la concreción del incesto. El extrañamiento, aquella sensación de no
pertenencia que Bhabha (2019) denomina un estado donde “las
fronteras entre el hogar y el mundo se confunden” (p. 26), está
representado en los cuentos a través del exilio simbólico y espacial
de los personajes. Aunque el desarraigo está comúnmente asociado
con el movimiento en el territorio, para Patricia E. Escamilla (2021)
es una categoría multidimensional que “ya no solamente concierne
al exilio… sino a variadas perspectivas de dislocación entre los
sujetos con respecto a los espacios físicos y a los otros individuos”
(p. 6). Tanto Bhabha como Escamilla aluden a que el sentimiento de
pérdida proviene de la falta de un núcleo social, lo cual, en ambos
relatos, aparece como resultado de la desobediencia a un rol familiar.
El desarraigo, en el caso del incesto, sucede debido a que
aquellos transgresores de la norma son socializados a modo de
tabú, que Freud (2023) define como “una idea de reserva” (31)
o, en otras palabras, la manifestación de aquello que no debe ser
tocado o profanado por temor a que su contacto devenga impureza.
En suma, el tabú opera como un mecanismo que alerta del
peligro de la destrucción social y, por ende, aparta a los individuos
contaminantes hacia los márgenes. Lavín y Fernández utilizan a
personajes expulsados de un grupo para representar justamente lo
considerado impuro. Madre e hijo, tía y sobrino, quebrantan una
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interdicción sexual entre parientes cercanos que, desde el punto de
vista de Freud y Lévi-Strauss, pondría en entredicho la integridad
del grupo. A este respecto, en Las estructuras elementales del parentesco,
el antropólogo profundiza acerca del incesto como un fenómeno
donde se priorizan los instintos sexuales “naturales” sobre la
institución cultural humana (Lévi-Strauss, 1969), es decir, el tabú
que los limita y castiga.
Si bien “Uno no sabe” y “La jaula de la tía Enedina” esbozan
cierta idea de la liberación de los instintos, sus propuestas se centran
en cómo la prohibición se entrecruza con la institución patriarcal. A
tal efecto, según Rich, el mandato de exogamia recaería, sobre todo,
en aquel hijo varón que experimenta el complejo de Edipo: deseo
por la madre. El sistema patriarcal procuraría mantener a la madre
como una propiedad de su marido, ya que el incesto desdibujaría la
estructura social y la jerarquía de poder. Sin embargo, los personajes
masculinos de los cuentos aquí analizados en ningún punto son
sometidos a la autoridad del padre, quienes sólo aparecen vagamente
para reforzar el desarraigo de los narradores: “Uno no sabe que un
día se irá a la cama y cuando despierte papá pondrá los cereales en
la mesa nervioso… y nadie dirá que mamá no está” (Lavín, 2003:
7). No se retrata, entonces, una disciplina de los instintos orientada
a evadir la “civilización patriarcal” (Rich, 2019: 268); en cambio,
hijo y sobrino actúan respectivamente como reemplazos en la
dominación sobre su madre y su tía, pues, al estar desarraigados
del núcleo familiar, nadie más la ejerce. De tal modo, según Jenny
DiPlacidi (2018) en Gothic Incest: Gender, Sexuality and Transgression,
el castigo sobre el incesto edípico no respondería únicamente a
la consanguinidad de los sujetos, sino al desacato de la potestad
masculina y su propiedad sobre los cuerpos.
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La norma patriarcal retratada en los cuentos mencionados
se gesta en un entorno de desarraigo. Ambos personajes masculinos
expresan una carencia de afecto materno. En el relato de Lavín
(2003) se evidencia mediante la descripción del ecosistema del
hogar después de la pérdida de la madre: “Uno piensa que alguien
lanzará algo, un quejido, una pregunta, un plato, porque una madre
no puede irse así” (7). El joven experimenta desconcierto ante la
falta de un miembro de la familia que funcionaba como eje rector
del núcleo. A pesar de que su padre y hermanas se afanan en no
modificar la dinámica familiar, le es imposible resignarse a una
ausencia inexplicable. Todos en la casa actúan como si la madre no
hubiera existido; al hacerlo, niegan el lazo emocional que hubo entre
ella y el hijo, lo que empeora el dolor por la pérdida. Además, el
desarraigo en él incrementa al tomar en cuenta que la partida de la
madre interrumpe el flujo afectivo “natural” entre ambos, construido
a partir de la cercanía constante. Tras no establecer vínculo alguno
con los miembros de su familia, el protagonista queda situado como
un otro incluso dentro del “territorio” conocido.
De manera similar, en “La jaula de la tía Enedina” existe una
clara imagen de la exclusión del personaje principal: “A la tía nadie
la quiere. A mí tampoco porque soy negro. Mi madre nunca me
ha dado un beso y mi padre niega que soy hijo suyo” (Fernández,
2022: 23). El repudio se debe a dos motivos: la sugerencia de
ser producto de una relación fuera del matrimonio y su tono de
piel, el cual, se explica, fue provocado por la coincidencia de su
nacimiento con un día de eclipse, elemento fantástico-supersticioso
que delimita su posición social y lo mantiene alejado de cualquier
muestra de cariño. Para ambos personajes, la carencia de lazos
afectivos sólidos produce una perturbación del orden social “en
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cuanto sistema provisto de cohesión y constructor de conductas
morales para el bien de la colectividad” (Escamilla, 2021, p. 30). Así,
en la búsqueda de una figura materna que antes ha sido insuficiente,
no resulta problemático infringir la norma que impide el deseo entre
consanguíneos.
En cambio, las figuras femeninas son desplazadas del núcleo
familiar por el incumplimiento de la norma patriarcal. La locura de
la tía es provocada por el abandono de su prometido:
[En] la víspera de su boda un hombre sucio y harapiento tocó
a la puerta preguntando por ella. Le auguró que su novio no
se presentaría a la iglesia y por siempre sería una mujer soltera.
Compadecido de su futuro, le regaló una enorme jaula de latón
para que en su vejez se consolara cuidando canarios. (Fernández,
2022: 23)

El fracaso del matrimonio –inaceptable para el patriarcado– la
vuelve un personaje marginal ante la mirada de los demás. Asimismo,
el incumplimiento de su rol de esposa anula su posibilidad de
convertirse en madre. Enedina es considerada una mujer inacabada:
su soltería se asocia con un estado de incompletitud, pues atenta
contra un “deber ser” femenino que no ha sido capaz de satisfacer
(Guzmán Ponce, 2023). La tía enloquece y es recluida en el cuarto
de trastos –lejos incluso del espacio doméstico–, donde no puede
corromper el sistema cerrado del orden social. Este lugar, al igual
que el símbolo de la jaula al que hace referencia el título, funge como
un espacio de cautiverio para la alteridad: una periferia donde el tabú
es inoperante al no estar bajo vigilancia familiar.
Al contrario de la tía, en “Uno no sabe”, Olivia efectivamente
cumple con el rol de esposa; sin embargo, al comienzo de la narración,
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ya ha abandonado el hogar por motivos desconocidos. Su abyección
responde a la renuncia de su función como mujer cuidadora y se
refleja en los comportamientos de su marido e hijas, al igual que en
la expresión de desarraigo del narrador:
Uno aprende a no visitar a la abuela Nona porque sólo habla
de papá y su cerrazón, y porque las hermanas, disgustadas, no
resisten que busque razones para la orfandad de sus nietos. Uno
no quiere estar en casas ajenas que le recuerden a una madre de
rasgos borrados. (Lavín, 2003: 8-9)

Sin un motivo aparente del abandono de la casa, la madre es
repudiada por el ejercicio de su agencia, pues rompe con su “deber
materno”. En consecuencia, Olivia se vuelve un tabú, un sujeto
amenazante ante la puesta en duda de la propiedad de sus parientes
masculinos.
Dicho abandono se refleja a través del espacio de la casa, no
únicamente la ajena –borrosa, desconocida, indescifrable–, sino la
propia:
Uno no sabe que el silencio será la explicación, que todos andarán
como si la voz de la madre ausente fuera humo, como si los
domingos siempre hubieran sido cuatro a la mesa… porque el
único cambio visible son las fotos removidas… Vestigios de su
madre en el cuarto que poco frecuenta uno, porque más vale no
naufragar en el tamaño de la cama, en la doble almohada ni tras
las puertas del clóset. (Lavín, 2003: 7-8)

Las habitaciones y objetos se describen llenos de oquedades
en representación de la ausencia; los espacios vacíos evidencian
la desestabilización de la estructura y el “territorio” familiar que
posteriormente propicia el incesto entre Olivia y su hijo. Ella,
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disidente y excluida del núcleo social, queda fuera de la propiedad
material de su marido (la casa) y deja de someterse a la potestad que
el matrimonio pone sobre ella. El vínculo madre-hijo, al igual que el
rastro de Olivia en el espacio doméstico, se desvanece; por lo tanto,
ella pierde aquella condición sagrada que al hijo le impide desearla.
Todos ellos, infractores del orden, son privados de afecto;
todos comparten el extrañamiento provocado por la expulsión como
castigo. La familia se representa como una entidad coercitiva que,
sin embargo, no deja de ser un espacio al cual retornar. Ante el
vacío emocional del hogar, los personajes masculinos son orillados
al acercamiento entre parientes como solución a esta falta de
pertenencia (Abderrazag y Kazi-Tani, 2019). No pretendo trazar una
relación causal entre la experiencia de desarraigo y el incumplimiento
de la exogamia, sino apuntar que el aislamiento forzado funciona,
en ambos cuentos, como un estímulo para perturbar la sexualidad
normativa impuesta por la familia. Tanto Enedina y su sobrino,
como el hijo de “Uno no sabe”, buscan apegarse de nuevo al
sistema social, pero, los dos últimos, toman agencia para cometer
incesto y reestablecer el afecto maternal que les ha sido negado. El
caso de Olivia es distinto, pues no pretende regresar a lo doméstico:
todo el tiempo ignora la identidad de su hijo y funge como mero
instrumento para satisfacer su deseo.
Es así que, aun en la periferia, Olivia y Enedina se encuentran
en una situación de desbalance ante ellos. En los personajes
masculinos, la abyección desvanece la noción de lo propio y, por
ende, el libre ejercicio de poder que les otorga la jerarquía, por lo
que necesitan afianzar su posición de dominio. La relación entre
Enedina y su sobrino es claramente de dependencia: sin él, la tía
moriría de hambre, puesto que es el encargado de llevar el alimento
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a los cerdos y a ella3. Además, él es la única vía para conseguir el
canario que ella tanto desea:
Tía Enedina, vive con su jaula y con su sueño: tener un canario.
Cuando voy a verla es lo único que me pide, y en todos estos
años yo no he podido llevárselo… La verdad, a mí me da mucha
lástima mi tía, y como no he podido llevarle su canario, decidí
darle caricias. (Fernández, 2022: 23-24)

El pájaro actúa como símbolo de los hijos que no logró
tener en su juventud. La necesidad de poseerlo, al igual que la acción
de recibir alimento, la sujeta a la voluntad de su sobrino ya que ella,
bajo clausura, no puede valerse por sí misma. Es sólo a través de él
que la tía puede subsanar el incumplimiento de la maternidad. Esta
relación la vuelve vulnerable: ella pide, él da.
El intercambio del canario por caricias refleja la capacidad
de decisión del sobrino sobre la de la tía, lo que incluso le permite
disponer de su cuerpo:
No fue fácil hacerle el amor. Me enredaba en los hilachos de
su vestido de organdí, pero me las arreglé para estar bien con
ella… Tía Enedina me lastimaba, incrustando en mi piel sus uñas,
mordiendo, y sus huesos afilados, puntiagudos se encarnaban en
mi carne. (Fernández, 2022: 24)

3 La dinámica de alimentación coloca a la tía en una categoría animal (e
inclusive en una posición menor): “Era importante para ellos saber cómo iba
la engorda; en cambio, a nadie le interesaba que tía Enedina se consumiera
poco a poco” (Fernández, 2022, p. 23). No es percibida como humana, por lo que
tampoco está sujeta a la prohibición del incesto. Según Georges Bataille (1997),
“[e]l incesto es una de estas situaciones que sólo existen, arbitrariamente, en la
mente de los seres humanos” (p. 222); la animalidad, en consecuencia, permite
al sobrino, casi presa del instinto, profanar su cuerpo con violencia.

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Hay aquí una irrupción en el cuerpo femenino, una tía que
se resiste al incesto, pero que finalmente es obligada a ceder ante
un placer sexual unilateral. La respuesta hostil contra la violación
desestabiliza el poder del sobrino –ya mermado por la expulsión
de la familia–, pues lo exhibe como un cuerpo blando que también
es capaz de ser herido, transgredido. La dominación masculina
se encuentra amenazada si inclusive Enedina, mujer abyecta, es
capaz de subvertir la sumisión. Por ende, el intento de mantener
su posición en la jerarquía vuelve al sobrino esa “representación
simbólica de los alcances del patriarcado cuyo poder y normativa
es tan fuerte que, incluso, los marginados de la esfera del poder
patriarcal… son portadores, herederos y reproductores del sistema”
(Ruffino, 2021: 192). Como se verá más adelante en el cuento, él la
hará madre; es decir, creará un nuevo territorio donde no sentirse
extraño y, así, pertenecer y poseer.
La maternidad de Enedina se traduce como la conquista
de su cuerpo y el retorno a una norma social que, por un lado, le
exige a ella ser cuidadora y, por el otro, le devuelve a él su autoridad
arrebatada. En palabras de DiPlacidi (2018), el incesto fungiría como
un dispositivo que “leaves out the potential for female sexual desires
and agency by positioning women as victims without offering an
alternative narrative to their role within the family and home” (14).
Enedina no abre la posibilidad de revertir el orden patriarcal, ya
que es nuevamente arraigada en contra de su voluntad y, al igual
que en “Uno no sabe”, el ejercicio de su agencia se traduce en
indisciplina. Por lo tanto, la relación entre tía y sobrino termina por
infundir docilidad en ella, cualidad tan esperada del sujeto femenino:
“Desde aquellos días en que yo le hacía el amor han pasado ya dos
años. A ella la he notado más calmada, puedo decir que vive en
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�/ Pablo César Osorno Equihua (ITESM) / “Incesto y desarraigo”

mansedumbre” (Fernández, 2022: 24-25). Inmediatamente después,
al entrar de nuevo a la habitación, el descubrimiento de un par de
gemelos albinos que se comportan como pájaros revela el resultado
del primer contacto sexual: sus propios hijos4. Antes de abusar
de ella, el narrador la ha llamado “rata gris” y “araña zancuda”, y
retratado como un ser escurridizo, agresivo, inquieto; sin embargo,
con el tiempo alaba su calma: en aquellos dos años la maternidad la
ha vuelto mansa.
Dentro del cuento de Lavín, al contrario, la dinámica
de poder ya ha sido desarticulada por la partida de Olivia, lo que
desvirtúa la superioridad de su hijo. De acuerdo con Rich (2019), la
dominación masculina debe ser reafirmada de modo continuo, pues
“[c]onvertirse en hombre implica destruir toda la susceptibilidad
provocada por el poder femenino” (270). Con el objetivo de probar
su virilidad, el hijo de Olivia utiliza a otras mujeres como objetos
sexuales que eventualmente desecha5:

4 La perceptible monstruosidad de los niños enfatiza las consecuencias
desastrosas del incesto: “[D]entro de la jaula pude ver dos niñitos gemelos,
escuálidos, albinos. Tía Enedina los contemplaba con ternura y felizmente,
como pájara, les daba el diminuto alimento. Mis hijos, flacos, dementes,
comían alpiste y trinaban…” (Fernández, 200: 25). Este final pone de manifiesto
que la alteración del marco moral de la sexualidad (MacCormack, 2004) no
puede ser concebida sino como perversa.
5 Específicamente, Rich hace referencia a una demostración de hombría
dirigida en contra de la madre. Luego del acto sexual, el narrador no encuentra
a Olivia en la cama; vuelve a la cafetería y, al interrogarla por su partida, ella
contesta: “No iba a esperar a que en la mañana confirmaras mis 49 años” (Lavín,
2003, p. 15). Finalmente, él se va sin despedirse: replica el abandono que antes
ella llevó a cabo. Además de una venganza, esta sería aquella consolidación
del hijo como un individuo exento de la “susceptibilidad” a la que lo sujeta la
agencia materna.

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Pasan los años y uno empieza a mirar las piernas de las mujeres, a
imaginarse besándolas y acariciándolas y uno da todo por rodear
una cintura apretada y aspirar un aliento dulce, y uno las besa y las
abraza en la penumbra del cine y se masturba pensando en ellas y
cuando comienza a desear más allá de su cuerpo, su presencia y su
ternura, uno se va sin despedida. (Lavín, 2003: 9)

Es él quien toca, quien observa, quien desea y consume.
Contrario al cuento de Fernández, aquí la fortaleza corporal
masculina no es puesta en duda; en cambio, la posibilidad de un
vínculo afectivo lo obliga a reconocerse como más que un cuerpo:
un sujeto emocional, de ahí la huida ante cualquier esbozo de
control femenino. Además, el posible arraigo detona el recuerdo
de la madre ausente y, al igual que su padre se esfuerza por negar la
existencia de la esposa desertora, el hijo se deshace de las mujeres
que considera amenazantes para evitar adherirse a un núcleo que lo
vulnere nuevamente.
Al encontrarse con Olivia, sin embargo, esta ilusión de
poder se ve frustrada. Luego de recorrer las calles de Nueva
York y encontrarla como empleada de una cafetería, se obliga a
entrar, mas ella no lo reconoce. La madre no se comporta como
tal: “Uno no sabe qué hacer ante una madre que no despliega
ninguna deferencia con ese cliente pedazo suyo” (Lavín, 2003: 11).
Aumentan en él los estragos del abandono: el desinterés de Olivia
lo descoloca, lo desorienta; por lo tanto, queda desdibujada aquella
frontera de parentesco que dividía sus cuerpos y se da lugar a la
posibilidad del incesto. El hijo seduce a Olivia y narra el acto sexual
a modo de triunfo: “Uno entra en ella sin dificultad. Observa su
cara congestionada, los ojos cerrados que uno agradece. Entonces
piensa que ha entrado por el mismo conducto que se distendió
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�/ Pablo César Osorno Equihua (ITESM) / “Incesto y desarraigo”

para que él naciera” (Lavín, 2003: 14). Ella encarna la pasividad y
se vuelve un contenedor del cuerpo del otro, quien se regodea en
una demostración de virilidad. El hijo describe un retorno al útero
materno; es decir, se vuelve nuevamente hijo después del extenso
periodo de desarraigo. Aquel “conducto” presenta un simbolismo
ambivalente: por un lado, actúa como un espacio que protege al
hijo de las contingencias del afuera (Guerra-Cunningham, 2012); o
sea, del orden social que antes lo ha repudiado; por el otro, permite
formular una venganza del abandono e indiferencia de Olivia al
instituirse como invasor de su cuerpo.
Tanto Fernández como Lavín elaboran narrativas donde
el sexo funge como un dispositivo de poder. Este se articula en
función de la maternidad, la cual crea, para las divergentes y
periféricas Olivia y Enedina, un nuevo arraigo al centro patriarcal.
Irónicamente, el incesto les devuelve el estado de pureza descrito
por Freud: si bien procrear con la madre es impensable porque
devendría destrucción social, resulta menos peligroso que no tener
descendencia en absoluto. Para ellos, en cambio, el ejercicio de
poder sobre sus parientes representa una forma de reparación de
la injusticia, un modo de no perder lo que es propio (Vidal García,
2018). Al cometer incesto, se reconocen como sujetos capaces de
reestablecer la jerarquía de dominio que antes fue confusa. Esta
estructura, además de lo que hasta el momento ha permeado en
la diégesis, trasciende al discurso. La enunciación de ambos relatos
proviene del sobrino o del hijo, lo que imposibilita obtener la mirada
femenina sobre el incesto; más que una coincidencia, surge como un
recurso que intensifica la alteridad de la madre y la tía.
La abyección de los sujetos femeninos no termina en la
remoción de las fotografías en la casa o el confinamiento al cuarto de
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trebejos, sino que implica también una privación de la enunciación. De
acuerdo con Julia Kristeva (2023), dicho estado abyecto podría definirse
como lo “insimbolizable” (35), aquello que resulta tan ambiguo y
amenazante que, al ser arrojado fuera del sistema, es incapacitado de
cualquier forma de materialización que pueda perturbarlo. Aquí, las
dos mujeres son representadas como contaminantes. Su silencio las
mantiene inferiores, las obliga a no pertenecer, a vivir en el borde
(Escamilla, 2021) y ser desarraigadas inclusive de la narración. La
noción de lo fallido es determinada por sus parientes masculinos.
Hijo y sobrino ejercen poder desde la mirada. El primero,
particularmente, al encontrar a su madre en la cafetería, la contempla
a lo lejos:
Uno la ha visto colocar los platos en la mesa de junto… es la
manera de recoger los platos lo que la delató… Uno se parapeta
mirando la carta. Sabe que pronto escuchará su voz. Espía sus
piernas y sus zapatos bajos de suela de hule. (Lavín, 2003: 10-11)

Como un cazador que detecta a la presa, el hijo la observa
y se prepara para su llegada. El temor que le obliga a escudarse
tras la carta rápidamente se transforma en la inspección del cuerpo
que después poseerá, cuerpo al cual teme precisamente porque lo
desea. El relato de Fernández (2022) va más allá, pues el narrador
observa y asume la subjetividad de Enedina: “Entré al cuarto…
ella, acostumbrada a la oscuridad, se movía de un lado a otro.
Se dio cuenta de que su agilidad huidiza fue para mí fascinante”
(24, cursivas mías). Hace parecer a su tía como un ente seductor
cuando, en realidad, vierte en ella su propio deseo. A pesar de
su focalización limitada, emplea la narración para justificar el
incesto. Ambos narradores se vuelven supervisores del sistema.  
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�/ Pablo César Osorno Equihua (ITESM) / “Incesto y desarraigo”

El lenguaje les pertenece a ellos, y a través de él, se ocultan
en el anonimato y la mentira: un enmascaramiento que les permite
ser cualquier hombre y ninguno: una fuerza patriarcal sin rostro.
De este modo, manipulan el discurso a conveniencia, utilizan el
engaño para mantener su poder. Por una parte, el sobrino jamás
cumple la recurrente promesa del canario; en su lugar, se vale
de ella para continuar con los tocamientos a Enedina. Por la
otra, durante la conversación con Olivia, el hijo miente sobre el
motivo de su estancia en Nueva York, pero crucialmente, elude la
verdad sobre el parentesco entre ambos inclusive después del acto
sexual: “Uno sigue allí con los párpados apretados, con el silencio
de la verdad aterido en su garganta, en su sexo vencido” (Lavín,
2003: 15). El control de este conocimiento no da oportunidad a
Olivia de abstenerse del incesto; su transgresión es obligada. En
suma, se evidencian dos enunciantes no confiables que, además,
transforman su herida social en un fundamento del abuso sexual.
Los narradores se empeñan en mitigar dicho abuso a través
del despliegue de eufemismos y así no reconocer su barbarie. En
palabras de Leidy Vidal García (2018), “llevar a cabo cualquier
tabú… se convierte en un acto criminal cuando… la acción
disminuye los derechos individuales o la vida de una persona
por medio de la fuerza, el fraude o la coerción” (45). El incesto
basado en la aplicación de poder es socializado como inconcebible
y propenso al castigo; el quebranto de lo prohibido aparece
como una indisciplina ante la institución del tabú. El sobrino
reitera haberle “hecho el amor” a su tía, haberle “dado caricias”,
expresiones asociadas con el afecto y no con la violencia. Se trata
de una estrategia discursiva para atenuar la violación y, de este
modo, eludir el castigo.
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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

Aún más significativa es la composición narrativa del cuento
de Lavín, donde el narrador hace uso del pronombre indeterminado
“uno” como una declaración de vergüenza, la cual “involucra un
intento de esconderse, un ocultamiento que requiere que el sujeto
le dé la espalda al otro y se voltee hacia sí mismo” (Ahmed, 2015:
164). El narrador es consciente del acto abyecto cometido y (al
igual que Edipo se enceguece y destierra al enterarse de que se
ha acostado con su madre) se extirpa a sí mismo de la diégesis.
Según Kristeva (2023), este recurso actúa como un “sustituto
simbólico destinado a construir el muro, a reforzar el borde que
aleja del oprobio” (p. 109). Dicho de otro modo, la enunciación
indeterminada funge como una herramienta del hijo para evitar
reconocer una doble abyección –orfandad e incesto. “Uno” libera
al enunciante de la identificación: es ambigüedad; por ende, no
puede materializarse ni ser sujeto a disciplina.
Mónica Lavín y Adela Fernández aluden a la familia a
manera de reproducción en miniatura del sistema social que
percibe la endogamia como la perversión de los vínculos
afectivos normativos. El desarraigo libera a los personajes de un
régimen moral que prohíbe su deseo o lo acusa de impuro. A raíz
del desplazamiento, la estructura de poder se presenta como poco
clara, por lo que hijo y sobrino utilizan el cuerpo y la autoridad de
enunciación como herramientas correctivas en contra de aquellas
mujeres repudiadas, aunque, al mismo tiempo, necesarias
para la conformación del núcleo familiar. La madre y la tía, al
encontrarse estigmatizadas, habitan un perpetuo tránsito entre
lo permitido y lo prohibido según la voluntad de sus parientes.
Paradójicamente, el tabú exacerba la voracidad sexual de ellos,
a quienes poco interesa un vínculo erótico y, más bien, procuran
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�/ Pablo César Osorno Equihua (ITESM) / “Incesto y desarraigo”

reivindicarse como sujetos valiosos mediante el sometimiento
corporal. Expresan un deseo caníbal que consume lo sagrado para
hacer explícita su capacidad de desobediencia al orden que antes
los ha exiliado. A tal efecto, ambos cuentos ofrecen una idea del
incesto como forma de resistencia a la opresión patriarcal que, sin
embargo, replica los mecanismos de sometimiento para extender
su dominio sobre lo privado.
Mientras que en “Uno no sabe” se explora la corrupción
de los afectos madre-hijo a fin de resaltar la insignificancia de
la familiaridad cuando de cumplir una jerarquía sexual “natural”
se trata, en “La jaula de la tía Enedina” se llevan al límite las
consecuencias del desamparo, cuyo desenlace es la manifestación
de la monstruosidad formulada a lo largo del texto. Ninguno de
los relatos revela una postura panfletaria contra el incesto; antes
bien, se emplea como un medio para pensar lo infame, la alteridad
y la desolación. Si bien el tema es más que susceptible a una
interpretación pedagógica de las consecuencias de la transgresión,
la crítica de ambas autoras radica en el entrecruzamiento del
deseo con la pena y su transformación en un justificante de la
explotación de los cuerpos.
Incesto y desarraigo aparecen comúnmente fusionados en
la narrativa latinoamericana y, de manera no tan sorprendente, en
aquella escrita por mujeres. Pero, a diferencia de otras escritoras
cercanas a su generación y posteriores que utilizan el incesto
como motivo literario –Inés Arredondo, Guadalupe Dueñas,
María Luisa Mendoza, María Fernanda Ampuero, Mónica Ojeda,
entre otras–, Adela Fernández y Mónica Lavín sobresalen por no
focalizar la narración en las mujeres que lo sufren, sino en los
hombres que lo ejecutan. Este otro ángulo permite desentrañar
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la masculinidad coercitiva y su percepción de los cuerpos
femeninos. Aun así, las obras de todas ellas, en consonancia,
se preocupan por la endogamia en relación con la violencia, las
sexualidades periféricas, lo sagrado, la marginación o la barbarie.
En ese sentido, el cuento parece ser la plataforma de denuncia
más habitual; acaso exista, en la narrativa breve, la posibilidad de
que el horror no se prolongue más de lo debido.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-134

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�Dosier
Humanitas, vol. 5, núm. 10, 2026

Didáctica de las humanidades digitales desde una
crítica del periodismo cultural mexicano:
proyecto Sábado
Teaching digital humanities from a critique of
Mexican cultural journalism:
Project Saturday
Jonathan Gutiérrez Hibler
Universidad Autónoma de Nuevo León
San Nicolás de los Garza, México
jonathan.gutierrezhr@uanl.edu.mx

Resumen. El presente artículo tiene como objetivo describir un proyecto
de humanidades digitales con miras al análisis futuro de datos para
publicaciones históricas en la creación del imaginario de la literatura
mexicana, específicamente desde el periodismo cultural. Para tal propósito
se eligió el suplemento cultural Sábado, del periódico Unomásuno, y cuyo
primer número apareció en 1977.
Palabras clave: Humanidades digitales, suplemento cultural, Proyecto
Sábado.
Abstract. This article aims to describe a digital humanities project focused
on the future analysis of data from historical publications in the creation
of the imaginary of Mexican literature, specifically from the perspective

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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

of cultural journalism. For this purpose, the cultural supplement Sábado,
from the newspaper Unomásuno, was chosen; its first issue appeared in
1977.
Keywords: Digital humanities, cultural supplement, Sábado Project.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-134

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�Jonathan Gutiérrez Hibler / “Didáctica de las humanidades digitales”

Mármol Ávila y Sánchez Cabrera (2023) retoman las declaraciones
de José Manuel Lucía Megías acerca de que las humanidades serán
digitales o no serán nada. El escenario habla de una continuidad
inevitable, pero eso no excluye la necesidad de plantear la manera de
enseñarlas en diferentes contextos, pues como señala Caloca Lafont
(2025) una de las retroalimentación positivas por parte de estudiantes
es la enseñanza por medio de proyectos. Sin embargo, entre los retos
que señala el autor de “Enseñar y aprender humanidades digitales en
México” está la diferencia en la cantidad de recursos que tienen las
instituciones privadas y otras centralizadas como la UNAM.
En el caso de la Facultad y Filosofía y Letras de la UANL,
todavía no hay una estructura formal e institucional para agrupar
los diferentes proyectos de humanidades digitales. Sin embargo,
no es un escenario lejano debido a los constantes retos que están
representando la nueva incorporación de tecnologías, el trabajo día
a día con documentos digitales y el impacto en las y los estudiantes
por parte de las nuevas formas de ordenar la información.
En ese sentido, como antecedente inmediato de este artículo,
está la propuesta “Para una lectura distante de Sábado, suplemento
cultural” (2025), trabajo que propone una aproximación desde las
humanidades digitales para el estudio de periodismo cultural desde
una lectura distante, en términos de Franco Moretti (2015); dicho
texto fue sólo el inicio de un proyecto más amplio que a su vez dio
los puntos de partida para otros proyectos de humanidades digitales
dentro de la institución, por ejemplo, el estudio del suplemento
cultural Aquí vamos, donde Roberto Kaput González Santos, Ivonne
Acosta, Azael Contreras, Erik Daniel Antuna, entre otros nombres,
están llevando a cabo en la actualidad1.
1 “Organizan café literario sobre ‘Aquí Vamos’” (12 de marzo de 2025), en

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-134

�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

Las humanidades digitales, al ser un área del conocimiento
interdisciplinario, requieren partir de una consciencia de lo colectivo
a manera de proyectos. La investigación tradicional, aunque lo
siga pareciendo, en realidad es un trabajo de redes intelectuales en
diferentes espacios de enunciación. Bien señalan Lázaro Pulido y
De-Juanas Oliva (2024) que la aplicación de humanidades digitales
lleva consigo ventajas pedagógicas, específicamente en lo concreto,
además de lo principal en la colaboración y el diálogo de ideas. Por
esta razón, es importante desarrollar proyectos a largo plazo, más
allá de un ciclo escolar, esto con el fin de generar repositorios de
investigación y de esta manera nunca partir de cero. En el caso del
proyecto Sábado, nos encontramos en la segunda fase de aplicación
y expansión del mismo.
El presente artículo tiene como objetivo describir un
proyecto de humanidades digitales con miras al análisis futuro de
datos para publicaciones históricas en la creación del imaginario de
la literatura mexicana, específicamente desde el periodismo cultural.
Para lograr este fin, el primer apartado trata sobre el periodismo
cultural y sus puntos principales de lectura en México; el segundo
se enfoca en la relación entre humanidades digitales y didáctica, con
énfasis en el periodismo cultural. Finalmente, el último apartado
expone la segunda fase del proyecto donde se cambiaron varios
números de la colección K a formato TXT para usar el Voyant
Tools como una interfaz para ubicar posibles líneas de investigación
dentro de un corpus amplio.
Vida universitaria. https://vidauniversitaria.uanl.mx/cultura/organizan-cafeliterario-sobre-aqui-vamos/.
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�Jonathan Gutiérrez Hibler / “Didáctica de las humanidades digitales”

Periodismo cultural: aproximaciones teóricas y
crítica en México
No es casualidad que Gabriel Zaid (2006) escriba en su texto
“Periodismo cultural” la preocupación sobre el destino de éste, pues
la cultura crea el periodismo y luego éste regresa a ella. Sin embargo,
es importante estudiar las expresiones y proyectos que intentaron
llevar a la cultura a un plano que no fuese secundario como señala
el autor de Los demasiados libros: “La verdadera vida literaria sucede
en los textos maravillosamente escritos. Pero dar noticia de ese
acontecer requiere periodistas que lo vivan, que sepan leer y escribir
en ese nivel, con esa animación” (p. 59). Con base en esta idea crítica,
Zaid enumera ejemplos de artículos que considera importantes
para hablar de un canon del periodismo cultural: Manuel Gutiérrez
Nájera, Amado Nervo, José de la Colina, José Emilio Pacheco,
Alfonso Reyes, Octavio Paz, siempre admirando la calidad de estas
prosas publicadas en periódicos. Zaid se concentra en plantear qué
es la buena información, incluso contando una anécdota de José
Emilio Pacheco, de acuerdo con la cual le preguntaron sobre su
relación con Oscar Wilde, donde ni reportero ni editor se dieron
cuenta de tremenda pifia.
Sin embargo, como podemos observar, las aportaciones
de Zaid van en continuidad con un proyecto de Estado moderno
y la construcción de una tradición literaria mexicana con base en
un centralismo histórico, en sus diferentes vertientes. En el caso
del periodismo cultural, es importante, aunque resulte conflictivo,
preguntar qué se entiende por periodismo y cuál es la definición
de cultura de la que se parte; además de tratarse de preguntas
ontológicas, son preguntas éticas que permiten o censuran otros
fenómenos o aproximaciones a la realidad desde estas expresiones.
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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

De ahí lo importante de las aportaciones de Villa (2000) acerca
de los suplementos culturales como una especie de campo de
legitimación de los diferentes productos hechos en y desde una
cultura: “Ahora bien, el suplemento cultural no tiene el mismo
pluralismo y objetividad ni centra su valor en “la noticia” como
hecho informativo fundamental, sino que trabaja casi siempre con
patrones de selección, restricción y subjetividad”. Lo señalado por
María Villa es importante porque toma una postura teórica distinta
de la que plantea Gabriel Zaid. Más que hablar de la calidad de un
tipo de periodismo, espacios como los suplementos culturales se
entienden como espacios de construcción de subjetividades; por esta
razón, la selección de reseñas, artículos, entrevistas, cuentos, novelas
y otros productos culturales obedecerán a otro tipo de restricciones.
Por ejemplo, una de las aportaciones importantes, con base
en esta manifestación de selecciones y restricciones, está el caso de
la traducción. Al contar con una restricción basada en categorías
genéricas, estéticas e ideológicas, pueden llevarse a cabo estudios
específicos en la creación de diferentes campos de legitimación.
Tomo el ejemplo de Álvaro Ruiz Rodilla (2023) en su trabajo
“Breve panorama de la traducción poética en el periodismo cultural
de México (1947-1970)”, donde ofrece un análisis cuantitativo de
la producción de traducciones poéticas en los años indicados en
el título, pasando por diferentes espacios de enunciación como
México en la cultura, La cultura en México, La Revista de la Universidad
de México, La palabra y el hombre, sólo por mencionar algunos. Ruiz
Rodilla analiza de manera cuantitativa la evolución en la cantidad
de traducciones de poesía publicadas en diez revistas culturales.
En sus conclusiones, menciona lo siguiente: “En todo caso, las
revistas y suplementos de la época son núcleo y surtidor de cambios
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�Jonathan Gutiérrez Hibler / “Didáctica de las humanidades digitales”

mayúsculos en el imaginario geo-literario y en la conformación
de discursos interculturales” (218). El trabajo de Ruiz Rodilla es
importante como antecedente que explica la necesidad de realidad
estudios diacrónicos y sincrónicos en la producción cultural de un
medio que selecciona y restringe el tipo de publicaciones a un tipo
específico, diferente al de la noticia en los grandes tirajes diarios. El
imaginario geo-literario va de la mano de un campo de legitimación, a
manera de diálogo y polémicas interculturales, a manera de herencia
de la Ilustración y el debate por medio de la Razón.
Debido a lo anterior, es necesario tomar en cuenta los
suplementos y el periodismo culturales como un correlato en la
construcción de la literatura mexicana. María Andrea Giovine
Yáñez y Álvaro Ruiz Rodilla (2025), en su “Nota introductoria. La
otra historia de nuestras literaturas”, parten de cómo las revistas
y los periódicos han desarrollado diferentes capítulos en la vida
intelectual y literaria del país. Es decir, no puede tomarse a la ligera
la contribución de estos espacios de enunciación, pues también han
sido parte de la escritura, como fuentes y enlaces, de la historia de
la literatura mexicana. “Las publicaciones periódicas se construyen
a partir de la polifonía, desde el concierto de voces y miradas” (17).
Sin embargo, cabe añadir que cada publicación periódica tiene un
trabajo editorial y esto es muy interesante para estudios futuros en
el análisis cuantitativo y temático, y así dar pie al cualitativo, en torno
a las publicaciones periódicas que han tenido un largo trayecto y
cambios en su dirección; el caso de Sábado, suplemento cultural, con
diferentes épocas, como las de Fernando Benítez y Huberto Batis,
es un ejemplo de esto, además de los cambios en la economía y
sociedad mexicanas de finales de los setenta a principios de los
noventa. La polifonía no resulta entonces nada más del conjunto de
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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

las diferentes voces en las publicaciones, sino en el dialogismo entre
una dirección y otra o en el cruce de publicaciones críticas o incluso
antagónicas de un periódico a otro.
En el caso del estudio de Sábado, un punto de partida
importante es la tesis de Adriana Noemí Reyes Llamas (2004), por
su enfoque cultural desde la teoría de la comunicación. En ella se
muestra el contexto cultural de los años de producción analizados en
el suplemento, además de describir cómo había una apuesta, desde
los suplementos culturales, para que la cultura estuviera al alcance de
todos. De igual manera, a los nombres ya citados de publicaciones,
se agregan en el panorama El sol de México en la cultura, La cultura
popular en México, El semanario cultural, entre otros. Lo interesante es
la percepción desde figuras importantes de la literatura mexicana la
impresión acerca del proyecto editorial de este suplemento:
En general la tendencia del suplemento es más abierta en relación
con otros, ya que dentro de él se permiten muchas libertades a
los escritores y colaboradores, por ejemplo mencionaba Gustavo
Sainz en una entrevista hecha para este suplemento, que en su
generación no se atreverían a escribir en el mismo tono que lo
hacía Sábado. Además aquí nunca se respetó ningún reglamento
contra la Obscenidad, al contrario fue el suplemento que ilustró
a los dibujantes y pintores que presentaban más desnudos como
Toledo, Arnaldo Coen, y José Luis Cuevas, dedicó números a
mostrar fotografías de desnudos para mostrar la historia del
desnudo fotográfico en México. (39)

En el caso de este tipo de suplemento, representa un reto
importante en el análisis de datos con el fin de llevar a cabo un
estudio diacrónico a lo largo de su época. Un primer reto, para el
estudio de los suplementos culturales, consiste en la definición de
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�Jonathan Gutiérrez Hibler / “Didáctica de las humanidades digitales”

texto. Esto es muy importante porque, además de lo escrito, es
posible encontrar representaciones de otras artes, como el caso
de la pintura o el dibujo. La caricatura es otra dimensión del texto
artístico si se le aborda desde la semiótica de la cultura. En este
caso observamos que la literatura se escribe a la par de las otras
artes y coexisten, dependiendo el número, con otras artes. La
fotografía, por supuesto, será otro elemento importante en este
tipo de publicaciones. Sábado, por lo tanto, representa un espacio
rico en diferentes géneros literarios, pero también en cuestión de
tipos de textos artísticos. Sin embargo, el que no haya restricciones,
no significa que exista un lector implícito en la dinámica editorial
donde se destaquen ciertos temas sobre otros y con coincidencias
ideológicas. Al retomar lo dicho por Villa, aunque no haya un
reglamento (Reyes Llamas, 2004) contra la obscenidad, sí existe un
campo de legitimación de nuevas poéticas y estéticas en diálogo2.
Didáctica de las humanidades digitales:
la importancia de los proyectos
Desde la didáctica siempre ha existido una preocupación por los
diferentes cruces o diálogos interdisciplinarios con el paso de la
historia. Recientemente, las inquietudes en un mundo donde es
imposible hacer a un lado la tecnología, especialmente en espacios
en el que la dinámica socioeconómica expande su dominio, se han
ido enfocando en diferentes maneras para abordar los retos en
la manera de enseñar las humanidades digitales. Sara González2 También es necesario tomar el enfoque cultural de Aleida Alexandra
Argueta Castañeda (2021) en el que parte de diferentes conceptos de naciones
intelectuales y autonomía relativa.

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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

Gutiérrez y Javier Merchán-Sánchez-Jara (2022), por ejemplo,
coinciden en señalar la existencia de una mimesis de un movimiento
colonizador a través de la tecnología. Por esta razón, aunque es
importante implementar las herramientas tecnológicas en el estudio
de diferentes objetos, como los de la literatura, también es necesario
realizar estudios de caso previos para el diseño de proyectos por
etapas, de acuerdo con las condiciones del ecosistema educativo en
el que desean iniciarse tales trabajos. Por lo tanto, al ser parte de un
hábitat pedagógico, no debe desvincularse de la crítica a pesar de las
exigencias hechas mediante indicadores y metas que se desvinculan
de la realidad de cada contexto educativo: “En virtud de estas
cuestiones podemos afirmar que las nuevas pedagogías digitales no
pueden ser únicamente concebidas como movimientos acríticos,
impulsados por las sinergias que propicia la digitalización de la
sociedad…” (4). No se trata, entonces, de proveer solamente medios
y herramientas para cada ecosistema de este tipo. Debe ir de la mano
con el compromiso de quienes integran una instituciones o grupos
humanísticas para criticar la epistemología digital. Los entornos
en espacios urbanos, sin duda, son cada día más electrónicos a un
punto donde es difícil permanecer desconectado de sus diferentes
redes neuronales, transformando la cognición de quienes integran
en el presente, sin mencionar el futuro, cada ecosistema educativo.
Uno de los elementos importantes en la implementación
de las tecnologías de información y comunicación, así como las
herramientas digitales, requiere la valorización de las competencias
digitales en diferentes niveles: estudiante, docente e institución.
En trabajos como los de Pérez Aguirre y Gutiérrez Hibler (2024)
medir la competencia digital es importante como un paso previo
en la aplicación de estrategias o herramientas enfocadas en la
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�Jonathan Gutiérrez Hibler / “Didáctica de las humanidades digitales”

tecnología, dentro de carreras de humanidades, concretamente en
una licenciatura como la de letras hispánicas. Las habilidades y
destrezas, como parte de esta competencia, tendrán un indicador
importante: la resolución de problemas. Sin embargo, toda
competencia digital deberá incluir también en su diagnóstico
la inteligencia social para realizar trabajos en equipo, así como
la solución de escenarios no contemplados por la comunidad
universitaria. En un ecosistema educativo es importante, incluso
con las complicaciones de los calendarios, realizar estudios en
torno al manejo de información, la alfabetización digital, políticas
de comunicación, creación de contenidos digitales, los riesgos de
seguridad tanto en proyectos como fuera de ellos y la resolución de
problemas. Se trata de involucrar a una comunidad en diferentes
niveles y por distintos grados. Para ello, es necesaria siempre una
valorización, la cual puede ser de diagnóstico, evaluativa y de ajuste,
tomando en cuenta los pasos de la administración: planeación,
organización, coordinación y evaluación.
Sin embargo, el trabajo anterior solamente evalúa el caso
estudiantil. Por ello, Rebeca Lázaro Niso (2024) indica una de las
necesidades para la adaptación de un programa o espacio educativo
en la era de la información: la formación del docente. Sobre esto, la
autora afirma lo siguiente:
Dado que el ritmo de crecimiento en este entorno multimodal
es vertiginoso, resulta más útil, tanto para el docente como para
el discente, ser autónomo a la hora de descubrir y seleccionar las
herramientas digitales que adquirir gran cantidad de nociones
teóricas destinadas a quedar obsoletas en un pequeño margen de
tiempo. (77)

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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

De esta manera, de acuerdo con Lázaro Niso, todo
aprendizaje lleva consigo la importancia de atender otras necesidades,
sobre todo las visuales, las de tipo lector, así como aquellas que
integran y analizan datos en el mundo digital. Un paso importante
en el análisis de datos, previo a la aplicación de herramientas de este
tipo, radica en la conceptualización de los mismos. El diseño de
categorías y unidades de análisis no está exento de teoría en torno al
objeto de estudio. A partir de la inclusión de nuevas competencias,
el proceso de enseñanza y aprendizaje tendrá otras dinámicas, y por
ello la autora de este capítulo resalta la relación entre el docente y
el discente. Por esta razón, el conocimiento significativo es vital a
partir del entorno de la figura del discente. No obstante, así como
se debe llevar una valorización de este aspecto en el proceso de
enseñanza-aprendizaje, es necesario valorizar las competencias de
sus docentes, sin olvidar, por supuesto, es de las instituciones donde
se crea el ecosistema educativo.
Esto repercute también en las diferentes metodologías de
investigación. Mendoza Gamiño (2016) apunta cómo son muchas
las áreas de oportunidad para la transformación de las áreas
de conocimiento, sobre todo en cuáles podría aplicarse nuevas
tecnologías. En contraste con el momento de su publicación, todavía
hay espacios donde la aplicación de la tecnología sigue vigente y no
parece efímera o una moda insostenible. Por ejemplo, la necesidad
de crear, preservar y regular repositorios digitales sigue siendo
una de las inquietudes y bases para la investigación actual. Otra
área importante se encuentra en la codificación de textos, como
puede atestiguarse en Calvo Tello (2023) y Rodríguez Hernández
(2024), para el caso del marcado TEI. Áreas como las señaladas
por Mendoza Gamiño (2016) siguen vigentes: colecciones de tipo
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�Jonathan Gutiérrez Hibler / “Didáctica de las humanidades digitales”

digital, codificación de texto, análisis de textos electrónicos (y su
lectura), mapas geoespaciales, Big Data, visualización, entre otros.
Aquí es donde me parece importante retomar el trabajo
de Ricard Huerta y Cristóbal Suárez Guerrero (2020) debido al
ejercicio monográfico que llevaron a cabo para enumerar diferentes
maneras de revisar las intersecciones entre las humanidades digitales
y la labor de enseñanza. En él se describen 1) la crítica a la tecnología
aplicada a estas áreas del conocimiento humano, 2) mediación de la
memoria, 3) la tecnología como un híbrido de la realidad y la ficción,
4) los videojuegos como recurso de aprendizaje, 5) la necesidad de
la alfabetización transmedia y 6) la construcción de la identidad
de estudiantes por medio de video ensayo. Al final apuntan: “El
verdadero encuentro con la realidad digital supone asumir que
los cambios son estructurales, pero también significa aceptar que
muchas realidades hibridarán y lo harán desde sus estructuras más
profundas” (p. 6). Es por esta razón que resaltan algo importante:
la intersección entre lo digital y lo humanístico, es decir, que no
se trata de un cruce simple, sino que obedece a las realidades de
diferentes sistemas complejos. La complejidad debe resolverse
con complejidad, aunque para un sistema parezca algo sencillo y
cotidiano, pues al pasarse a otro ecosistema educativo esto puede
traer consecuencias dentro de las estructuras profundas, las cuales
subrayan Huerta y Suárez Guerrero en su trabajo. Al plantear un
ejercicio monográfico, es decir, de diferentes trabajos, ayuda a
conocer otros proyectos y entender cuáles fueron sus retos. Por lo
tanto, esto se relaciona con una de las unidades de análisis de las
competencias digitales: la resolución de problemas. Cada situación
traerá consigo la tensión de un contexto en sus diferentes elementos
que lo conforman en la triada estudiante-docente-institución. La
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descripción de un proyecto de humanidades digitales, con ayuda de
diferentes herramientas pedagógicas, como el diario de observación,
pueden aportar escenarios que den un sentido a su aplicación o
no en otros entornos, incluso a la innovación sin tener que partir
completamente de cero.
En el caso específico de la literatura, las humanidades digitales
tienen ya una serie de aplicaciones señaladas arriba. No obstante, las
observaciones de Carmen Pérez García (2021) en “Humanidades
digitales y educación literaria: oportunidades y retos” requiere
especial atención debido a que parten de un horizonte donde
ocurren mutaciones dentro del proceso enseñanza-aprendizaje en
un mundo hiperconectado. Además de retomar la discusión en
torno a una definición de humanidades digitales o a la adaptación
inevitable en este mundo capitalista neoliberal, la información es un
punto de partida en las discusiones de esta década y posiblemente
las próximas:
La cantidad de información que recibimos a diario es sorprendente,
pero, más que la cantidad, debemos ser conscientes de que el
tipo de información es cualitativamente distinto. Esta nueva
información no solo puede ser leída y criticada, sino que también
puede crearse, modificarse o presentarse en otros formatos más
allá del texto escrito. Además, esta revolución ha favorecido la
aparición de nuevas relaciones, nuevos discursos, nuevos tipos de
grupos y nuevas formas de colaboración. (9)

Carmen Pérez García toma como punto de partida un
fenómeno informativo y después se dirige a las consecuencias
sociales y culturales del mismo. Sin embargo, esto no es gratuito. El
gran reto de este nuevo cuarto de siglo es la herencia de la cantidad
de información, pues anteriormente la solución radicaba en la
creación de interfaces como una manera de ordenar visualmente
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�Jonathan Gutiérrez Hibler / “Didáctica de las humanidades digitales”

todo aquello que no podríamos leer en una vida acelerada como la
nuestra. La creación de nuevos formatos o la adaptación de estos
en otros entornos será vital para conformar un ambiente educativo
crítico, pues incluso en la informática existen debates sobre cuál es el
mejor lenguaje de programación, según el hábitat donde se produce
el conocimiento. Los espacios de afinidad serán importantes para la
creación de proyectos y, en consecuencia, para la enseñanza de las
humanidades digitales, por ejemplo, en literatura.
En este contexto de retos, aprendizaje, evaluaciones y
cercos socioeconómicos es donde aparece el interés de la carrera de
Licenciado en Letras Hispánicas de la UANL para la incorporación
transversal de las humanidades digitales en su plan de estudio, más
allá de una figura aislada, sino como una propuesta rumbo al futuro
de las humanidades en el país. El siguiente apartado consiste en una
relatoría que toma en cuenta los dos presentes (periodismo cultural
y didáctica de las humanidades digitales) en torno a la fase 2 de
una proyecto iniciado hace dos años en una clase optativa titulada
“Proyectos de investigación en entornos digitales”, la cual en su
primera fase dio como resultado la digitalización de una colección de
Sábado, con fines exclusivamente de investigación para una propuesta
futura de análisis de datos, creación de repositorios universitarios
como materia de laboratorio humanístico e implementación de
interfaces para la conformación de grupos de investigación.
De la digitalización a la creación de nuevos objetos
digitales para investigación
En el año 2023 se dio inicio a un proyecto transversal a largo plazo
en la carrera de Licenciado en Letras Hispánicas de la Facultad de
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Filosofía y Letras de la UANL. Dentro del plan de estudio 420,
existe una materia optativa llamada “Proyectos de investigación en
entornos digitales”. La generación que participó en esta materia
tuvo como objetivo la digitalización de una colección privada de
un docente de la Facultad, la cual fue denominada “Colección K”.
En el curso, el grupo contó con un panel experto mediante un
ciclo de conferencias dedicado a las humanidades digitales donde
participaron profesionistas del área como Ana Guerrero Galván,
Agustín Rodríguez Hernández, Miguel Muñiz Apresa y Eloy
Caloca Lafont. La importancia de este ciclo radicó en mostrar
sus trabajos de investigación e inquietudes docentes en sus
diferentes instituciones (Tecnológico de Monterrey, Universidad
Autónoma Metropolitana-Unidad Iztapalapa y Universidad
Nacional Autónoma de México). Esto sirvió como diferentes
puentes, no sólo en materia de redes de investigación, sino
como apertura para capacitaciones que sirvieran de cauce para
compartirlo más adelante dentro de la facultad. Por ejemplo, la
institución tuvo una invitación, en el primer semestre de 2024, por
parte de la Dra. Paloma Vargas Montes para participar en “DH
Essentials Workshops”, talleres facilitados por US Latino Digital
Humanities Center at Houston University, con la dirección de
Brian Rosenblum, Co-director del Institute for Digital Research
in the Humanities at University of Kansas. Esto no fue sólo hacia
afuera, pues es importante contextualizar los acercamientos y
aprendizajes en el ecosistema educativo de la FFYL de la UANL,
donde la Dra. María Eugenia Flores Treviño realizó la invitación
para participar en un proyecto de otros colegios de la Facultad
en materia de digitalización y aprendizaje de la lengua materna.
Una de las bases, para los retos de las humanidades digitales entre
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generaciones e instituciones, es la implementación de la cultura
de la paz. Las mesas de diálogo, conferencias, proyectos en
paralelo y publicaciones son medios necesarios para entender las
intersecciones de diferentes ecosistemas educativos. Los proyectos
sin diálogo, en un ecosistema complejo, no perduran con el tiempo.
En ese panorama, dimos inicio un año más tarde, con la
segunda generación de la materia “Proyecto de investigación en
entornos digitales”, a la fase dos de este proyecto. El grupo llevó
una capacitación similar a la de la generación anterior, pero en esta
ocasión aprendió la diferencia entre un objeto material y uno digital,
y cómo, aunque podían coincidir en el mismo referente, no eran
los mismo objetos. Por ejemplo, partieron de la colección K que
fue digitalizada. En un primer acercamiento, la representación visual
sería así:

Imagen 1. Representación visual del paso material al digital.
Elaboración propia.

En la parte izquierda de la imagen puede observarse una
representación visual de la colección física en ocho tomos. Del lado
derecho está una captura del canal de Microsoft Teams que se usó
como repositorio del proyecto con fines de investigación. A simple
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vista no parece nada del otro mundo para la segunda generación, sin
embargo, la primera pudo asimilar esto, pues cargó los documentos
en físico y comprendió las ventajas de un objeto digital con OCR
para cuestiones prácticas en el manejo de una interfaz. Por esta
razón, se llevó a cabo un paso más en la creación de nuevo objetos
digitales con base en la primera versión en PDF con OCR: crear
objetos en formato txt con el objetivo de llevar a cabo minería de
textos.

Imagen 2. Dos tipos de objetos digitales. Captura canales de Microsoft Teams

Como puede observarse, la segunda generación del
proyecto Sábado llevó a cabo la tarea de crear nuevos objetos
digitales, es decir, del formato de archivo documento portátil (pdf)
se pasó a archivo de texto sin formato (txt). La razón por la cual
en la imagen puede observarse que no hay coincidencia exacta
en los nombres de los archivos de diferente formato se debe a
una cuestión práctica de cambio y limpieza de los archivos. Uno
de los retos principales del proyecto fue conservar sin dañar la
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versión material de la colección K. Por esta razón, debido a que
se trataban de volúmenes encuadernados, el riesgo de hacer daño
al material era alto y se optó por digitalizar para el ojo humano y
no para los diferentes recursos abiertos de reconocimiento óptico
de caracteres (OCR). De esta manera, el proceso de paso de un
formato a otro fue realizado de manera semi manual. Para esto se
utilizó uno de los mejores programas para OCR de acceso abierto:
la herramienta Google Keep. Ésta tiene la facultad de tomar una
captura de pantalla, opción ágil por el acomodo y el diseño gráfico
de los periódicos (sobre todo el cambio que ocurre en Sábado
a mediados de los ochenta), con el fin de guardar el texto de la
imagen. Este proceso permitió a la segunda generación realizar
una limpieza para la creación de los nuevos objetos digitales. La
razón por la cual los archivos txt fueron nombrados con una letra
y número radica en ventajas de visualización, pues el Voyant Tools
presenta ciertas limitantes al momento de observar las tendencias
en pantalla.
El curso se planteó con base en un cronograma para las
cuestiones teóricas, la planeación de las diferentes actividades,
que incluyeron el aprendizaje de marcado TEI, procesos de
digitalización para ampliar la edición digital de Sábado, captura y
limpieza de caracteres, entre otras actividades. Semanas previas a
la entrega del proyecto integrador de aprendizaje (trabajo final de
la materia) se dio inicio al entrenamiento para conocer y practicar
con Voyant Tools. En total, la generación (por parejas) pudo crear
sesenta y seis objetos digitales nuevos en formato txt. Esto permitió
que de manera separada pudieran aprovechar el trabajo en equipo
para la creación de un repositorio que les permitiera explorar un
corpus grande desde herramientas tecnológicas. Los resultados
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preliminares, para la creación de un mapa de todo el suplemento
cultural, son los siguientes:

Imagen 3. Cirrus (burbuja de términos frecuentes) de los 66 números
transformados a formato txt

Imagen 4. Tendencias de los términos más frecuentes en los 66 números en
formato txt
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Imagen 5. Mandala de los 66 números y su proximidad a los términos
más frecuentes

La aplicación de Voyant Tools en este proyecto no tuvo una
intención cuantitativa, sino que se tomó la decisión de convertir este
programa digital en una herramienta de interfaces para la minería
de textos (datos). En la imagen 3 puede observarse el Cirrus,
también conocido como una manera de visualizar mediante una
burbuja de palabras los términos más frecuentes del corpus con el
que se alimenta al programa. Para efectos didácticos en el estudio
del periodismo cultural, la materia “Proyectos de investigación en
entornos digitales” (noveno semestre) realizó cruces con una materia
llamada “Hermenéutica” (séptimo semestre). En la enseñanza de las
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humanidades digitales, los proyectos contienen metas y permiten
la flexibilidad para que las y los estudiantes puedan vincular los
conocimientos previos de otras materias e incluso incluir algunos
de ofertas externas, según sea el caso. En esta parte del proyecto,
fue importante plantear un círculo hermenéutico con base en las
enseñanzas de la otra materia y las lecturas de este curso, entre ellas
la de Lectura distante, de Franco Moretti. Con base en esto, el grupo
planteó lo siguiente como dinámica de trabajo e interpretación:

Imagen 6. Círculo hermenéutico para el proceso de investigación en
Humanidades digitales

La lectura distante estaría en la visualización de los datos
y en su valoración con base en las diferentes herramientas del
corpus. En un punto intermedio, entre lo distante y lo cercano,
el grupo de estudiantes usa las herramientas para encontrar los
contextos de dichas frecuencias, con el fin de recolectar un corpus
focalizado, por ejemplo, toman un término como vector a lo largo
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�Jonathan Gutiérrez Hibler / “Didáctica de las humanidades digitales”

de los sesenta y seis números y enfocan la construcción de un
corpus con base en los diferentes contextos y textos específicos
donde aparecen de manera concreta. Una vez conformado el
corpus focalizado se decide desde qué teoría y los métodos
tradicionales que se usarán para el análisis, sin perder de vista el
objeto de estudio en cuanto a su lugar de enunciación, en este
caso, el periodismo cultural. Una vez realizada la lectura cercana
es importante volver a la lectura distante para fundamentar o
replantear cuantitativamente lo que se observa en las diferentes
visualizaciones. Por ejemplo, la utilidad del Voyant Tools puede
observarse en la imagen 4 (tendencias) con el fin de evaluar si la
frecuencia relativa en cada contexto de los números en pantalla
permite un análisis diacrónico de un lector implícito desde lo
editorial. Tómese el caso del término México: pueden tomarse los
textos, dependiendo la conceptualización de datos desde la teoría,
más ricos en su frecuencia absoluta o realizar un comparativo entre
los textos que más mencionan el término México y lo que menos.
De manera similar, si la frecuencia absoluta es alta entre un grupo
de números y otro, también pueden focalizarse los esfuerzos para
organizar más de un equipo y analizar el tratamiento de México
como país desde las ópticas de los años analizados.
Sin embargo, algo que se explicó en el curso es que el
programa Voyant Tools no sirve solamente para analizar los términos
de mayor frecuencia, sino que es posible localizar otros con una
riqueza importante aunque no monopolicen la tendencia. Es ahí que,
desde una lectura cercana previa, las y los estudiantes se preguntaron
qué tanto aparecían algunas traductoras o entrevistadoras dentro de
los archivos creados con base en la colección del suplemento. Esto
puede observarse en las siguientes imágenes:
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Imagen 6. Frecuencia relativa y apariciones de Mercedes Benet en
diferentes números de Sábado

Imagen 7. Tendencias en la aparición de Margarita Pinto en sus
diferentes participaciones

Por supuesto, una representación visual de este tipo solamente
cuantifica las participaciones de una traductora, entrevistadora o
escritora en Sábado. Sin embargo, en una lectura cercana es posible
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mediante el programa ir a los contextos específicos de cada pico de
la tendencia con el fin de localizar dicho término y de esta manera
iniciar la conformación de un corpus focalizado. En ese sentido, las
y los estudiantes de la segunda generación de este proyecto pudieron
plantear trabajos finales de investigación como 1) las ideologías y
su relación con las revoluciones latinoamericanas (caso México,
Nicaragua y Cuba), 2) la entrevista cultural desde las aportaciones
de Margarita Pinto, 3) la relación entre la muerte y el amor en el arte
mexicano vista desde el periodismo cultural, 4) la crítica mexicana
del cine como relato cultural y político, y 5) la traducción periodística
para el caso de al divulgación científica (Mercedes Benet).
El uso de herramientas digitales, a través de un proyecto
semestral con metas específicas, permitió a estudiantes de la licenciatura
de letras hispánicas de la Facultad y Filosofía de la UANL relacionar
aspectos del periodismo cultural con lo aprendido en otros cursos de
su carrera, por ejemplo, la materia “análisis del discurso”. Como bien
señalan María Andrea Giovine Yáñez y Álvaro Ruiz Rodilla (2025), en
la fuente citada arriba, Sábado fue un espacio de polifonía, pero esto
no descarta que su línea editorial no tuviese diferentes tendencias,
abriendo de esta manera la posibilidad de cruces con el estudio de
otros suplementos para su mapeo visual y contraste editorial. Las
herramientas digitales pueden sustentar lo dicho por Villa (2000)
acerca de los patrones de selección o restricción dependiendo el
contexto del país o de quien está a cargo del suplemento. No obstante,
en la enseñanza de las humanidades digitales por medio de proyectos,
fue necesario retomar lo planteado por Carmen Pérez García (2021)
en torno a los diferentes formatos que existen en la actualidad y que
parten de diferentes textos. Para el caso de este proyecto, la generación
que trabajó con Voyant Tools comprendió esto, pero al mismo tiempo,
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en su lectura cercana, fueron conscientes de que las lectoras y lectores
de Sábado no contaban con los mismos formatos de su investigación,
por lo cual debían consultar otras obras en torno a la producción
cultural de los años ochenta en México.

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Imagen 8. Cirrus de los números 135, 157 y 208

Las representaciones visuales también servían como una
manera de crear curiosidad en los números convertidos en nuevos
objetos digitales. Por ejemplo, en la imagen 8 pueden observarse los
términos más frecuentes en cada número en formato txt. Esto no
totaliza la realidad de cada uno. Sin embargo, sí permite ver qué tipo
de textos contaban con más espacio, dependiendo de un aniversario,
coyuntura u oportunidad editorial en fenómenos que actualmente
pueden ser difíciles de comprender, como el caso del número 135,
donde sale publicado por primera vez Las batallas en el desierto, de
José Emilio Pacheco.
Conclusiones
El estudio del periodismo cultural representa todavía un reto. El
principal radica en la cantidad de información que actualmente existe
en Internet o en repositorios todavía sin posibilidades de apertura
para una investigación a gran escala. Por un lado, en el primer caso,
las herramientas digitales permiten ordenar una cantidad enorme
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de datos para darles un seguimiento específico desde el ojo de
quien investigue; no obstante, los problemas que presentan a futuro
radican en quién decide lo que es memoria y cómo debe ser leída.
Esto sucederá, por ejemplo, con el caso de los servicios de streaming,
donde la posibilidad de una biblioteca personal desaparece con el
paso del tiempo debido a la modernidad líquida en este fenómeno.
Para el caso del periodismo cultural su materialidad es complicada,
pues se trata en la mayoría de los casos, sobre todo el practicado
como suplemento, de un papel sumamente delicado que puede
desaparecer sin las condiciones óptimas de preservación.
Por el otro lado, con respecto al segundo punto, todos los
proyectos interesados en digitalización de la memoria requieren
recursos, y sin el apoyo institucional formalizado a través de firma
de convenios es imposible mantenerlos a flote. Por esta razón, la
didáctica de las humanidades digitales no debe limitarse solamente
a la enseñanza de contenidos o a una dinámica de incubadora de
proyectos sin las bases institucionales para su fortalecimiento.
Además, para el caso del estudio del periodismo cultural, el
diagnóstico de los conocimientos del grupo debe llevarse a cabo
siempre, no sólo en la cuestión de la tecnología, sino en el objeto
de estudio: lo didáctico no debe olvidar nunca que nos enfrentamos
a sistemas complejos y se requiere de la complejidad para poder
solucionar los escenarios pasados, presentes y futuros.
En ese sentido, los proyectos de humanidades digitales,
como una apuesta en la didáctica de la literatura, deben plantearse
a mediano o largo plazo, de manera interdisciplinaria y con
delegación de responsabilidades, pues el trabajo en solitario para
este tipo de conocimiento es inviable en todos los sentidos; incluso
lo que parece hacerse en solitario en realidad obedece a las bases
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institucionales o sociales del ecosistema educativo. Por supuesto,
todo proyecto de este tipo debe plantearse como algo abierto y
sujeto a evaluaciones, correcciones o nuevas exploraciones que
revisen los logros con el fin de encontrar áreas de mejora en la
comprensión de los diferentes fenómenos humanos llenos de
saberes.
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�Dosier
Humanitas, vol. 5, núm. 10, 2026

La traducción periodística de Mercedes Benet
en Sábado suplemento cultural
Mercedes Benet’s journalistic translation
in Sábado suplemento cultural
Paulina Michelle Mejía Maluy
Universidad Autónoma de Nuevo León
San Nicolás de los Garza, México
paulina.mejiam@uanl.edu.mx

Resumen. En este artículo se analizan los artículos traducidos por Mercedes
Benet para el suplemento cultural Sábado; en específico, se estudian las
temáticas abordadas en ellos y su metodología de traducción periodística.
La selección del corpus se llevó a cabo mediante la herramienta Voyant
Tools para identificar las participaciones de Mercedes Benet, dentro de
la colección K, desarrollada por un equipo de investigación liderado por
Jonathan Gutiérrez Hibler (2025). El presente texto tiene como objetivo
analizar los recursos de traducción y distinguir lo literal de lo analógico.
Palabras clave: Humanidades digitales, traducción, Proyecto Sábado,
Mercedes Benet.
Abstract. This article analyzes the articles translated by Mercedes Benet
for the cultural supplement Sábado; specifically, it examines the themes
addressed in them and her journalistic translation methodology. The
corpus was selected using Voyant Tools to identify Mercedes Benet’s
contributions within the K collection, developed by a research team led by

101

�Paulina Michelle Mejía Maluy / “La traducción periodística”

Jonathan Gutiérrez Hibler (2025). This text aims to analyze the translation
resources and distinguish between literal and analogical representation.
Keywords: Digital Humanities, translation, Sábado Project, Mercedes
Benet.

102

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-145

�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

Sábado fue un suplemento cultural que surgió en 1977, cuyo
contenido se centraba en temas culturales, literarios y artísticos con
el fin de promover la difusión de la cultura en México. Los artículos
publicados incluían entrevistas, cuentos, extractos de novelas,
artículos de divulgación científica, ensayos literarios y ensayos
sobre asuntos sociales y políticos, entre otros géneros literarios y
periodísticos culturales. Dentro de la diversidad de artículos del
suplemento cultural Sábado, se encuentran traducciones del inglés,
polaco, francés, ruso, entre otras.
Parte de estos artículos fueron traducidos por Mercedes
Benet, los cuales abarcan temas de ciencia, medicina y tecnología,
dejando un trabajo importante a lo largo de sus años de colaboración.
En ese sentido, traducir es un proceso complejo; requiere, en primer
lugar, de un alto conocimiento en ambas lenguas; por otra parte, el
texto traducido debe apegarse al estilo del periódico o suplemento
cultural donde será publicado, y esto presenta un problema de
aproximación y adaptación del hipotexto. En el caso del presente
trabajo, los artículos traducidos por Mercedes Benet reflejan un vasto
conocimiento de una segunda lengua, especialmente al considerar
que, durante la época en la cual Sábado estuvo en circulación (19772002), los traductores no contaban con las herramientas tecnológicas
actuales que hoy facilitan este trabajo.
Antecedentes
Como se mencionó anteriormente, Sábado abarcaba una gran
variedad de artículos, los cuales pasaban por distintos filtros para
autorizar su publicación. Gasaca (2001) expone el proceso de la
siguiente manera:
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-145

103

�Paulina Michelle Mejía Maluy / “La traducción periodística”

•
•

•
•

•

•

Los textos recibidos se les denominaba como textos originales.
En el siguiente momento de la edición, eran evaluados por
el director, Fernando Benítez (1977-1986), posteriormente
Huberto Batis (1986-2002), quiénes los clasificaban y organizaban
de acuerdo con el número o las secciones recurrentes del
suplemento.
El secretario de redacción preparaba un bosquejo (a manera de
retícula) para simular las páginas del suplemento.
Por último, sobre este bosquejo, el director anotaba las páginas,
títulos y secciones para el nuevo número de Sábado, basándose en
la extensión, importancia y vigencia del texto con lo que estaba
aconteciendo en el mundo de la cultura nacional o mundial. A
veces la recepción de un autor o autora repercutía en esto, como
en el caso del número 135.
El siguiente paso consistía en la redacción de estilo y la
autorización del autor para la publicación de su texto una vez
corregido.
Impresión y difusión del número en turno.
La edición de Sábado constó de un minucioso procedimiento

para mantener su estilo a lo largo de varios números. Los
colaboradores del suplemento cultural enfrentaban desafíos propios
de la época. Algunos ejemplos mencionados por Miranda (2001) son
los siguientes: 1) una mala impresión al ser enviados por fax, 2) falta
de claridad en los textos, 3) correcciones no legibles, 4) tamaño de
fuente muy pequeña, 5) mala redacción, entre otros. Si esto pasaba
con los originales, el procedimiento de selección y clasificación de
los artículos traducidos debía de ser aún más meticuloso debido a las
cosmovisiones en juego.
104

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-145

�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

La traducción en el periodismo involucra un conocimiento
y competencia amplios de la primera y segunda lengua, así como del
uso del lenguaje en los distintos géneros periodísticos. Ghignoli y
Montabes Ortiz (2014) enumeran los siguientes géneros:
•
•
•
•

Géneros informativos: su función básica consiste en el relato de
los hechos, incluyen, por ejemplo, la noticia, entrevista, reportaje.
Géneros opinativos: dan a conocer ideas y opiniones de un autor
o autora sobre un tema en particular, sobre todo de coyuntura.
Géneros interpretativos: presenta opiniones y visiones
específicas de los temas.
Géneros de entretenimiento: buscan entretener, divertir, difundir
y distraer.
El lenguaje implementado en cada uno de estos géneros varía

en grado de formalidad, así como de una lengua a otra. Lo ideal, por
lo tanto, es que este trabajo se lleve a cabo por un traductor y no
por un periodista sin la formación de éste; la razón principal radica
en que en una noticia es importante modificar lo menos posible el
contenido original. “En la mayoría de las traducciones de noticias
encontramos fragmentos añadidos o eliminados con respecto al
texto original, adaptando a éste a un nuevo público y por tanto a una
realidad distinta” (Ghignoli y Montabes Ortiz, 2014, p.391). Sábado
mantenía un estilo que lo caracterizaba como tal, pues la traducción
de sus artículos debía cuidar tanto el contenido original como una
adaptación adecuada para su público, a la par de la armonía con los
textos alrededor suyo, según el diseño del número. Sin embargo,
Gasaca (2001) menciona que el estilo editorial del suplemento
Sábado fue establecido por Huberto Batis, pero no existía una norma
general o un documento escrito que orientara a los correctores y
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105

�Paulina Michelle Mejía Maluy / “La traducción periodística”

colaboradores; más bien estas normas se transmitían de boca en
boca, por lo que podía resultar una tarea más compleja para el
traductor.
Hernández Guerrero (2012) explica que la traducción
periodística puede resultar en textos muy alejados de los originales;
además, también debe estar al servicio de los objetivos de la
organización.
La traducción periodística constituye un ámbito profesional de la
traducción que se caracteriza por la confluencia de dos factores:
unas prácticas profesionales concretas, las mismas que rigen el
periodismo, y un tipo de discurso específico -el periodístico-, que
determinan la labor de traducción. (Hernández Guerrero, 2012,
p.70)

En este sentido, el traductor está condicionado por el
periódico para el que trabaja, así como por su metodología de
traducción. Dicho espacio debe mantener cierto toque que lo
caracterice de los demás, y en este caso el lenguaje escrito sostiene
una relación con todos los artículos, incluyendo los traducidos.
Hernández Guerrero (2012) asimismo exhibe el proceso de
transedición de los textos periodísticos, el cual involucra la edición
del sentido y corrección del texto. El traductor debe ocuparse de qué
modificar, añadir, organizar, quitar, hacer coincidir la información
con las convenciones textuales del periódico. Este proceso no afecta
por igual a todos los géneros periodísticos.
Con relación a la traducción de artículos médicos y científicos,
es importante considerar que la mayoría de estos textos se publican
en lengua extranjera, generando así una gran responsabilidad para el
traductor, que debe ser cuidadoso con el contenido para evitar una
percepción errónea de la información.
106

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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

Se deduce la gran responsabilidad que concierne al profesional
que ejerce su función llevando de un idioma a otro los textos
de documentos, cuyo contenido puede significar la promoción,
conservación y desarrollo de la salud y, en muchos casos, la
salvación, recuperación y prolongación de una vida. (López
Espinosa, 1995)

La fidelidad del contenido está relacionada con la metodología
del traductor y su conocimiento de la lengua. Sin embargo, si el
texto científico se traduce a un periódico es poco probable que se
mantenga un contenido exacto al original debido a que, como se
mencionó anteriormente, el traductor está condicionado al estilo
establecido por el periódico y, además, tiene que hacer el texto
comprensible para el público que adquiere dicho periódico.
La divulgación de la ciencia es un recurso para enriquecer
el conocimiento acerca de lo que pasa alrededor del mundo. Al ser
Sábado un suplemento cultural, contaba también con la tarea de
divulgar la ciencia de una manera comprensible para su público y
popularizarla con el fin de invitar al lector a la reflexión crítica acerca
de su impacto.
Hacia una poética de la traducción en Mercedes Benet
En esta investigación, se busca explorar y describir el tipo de
traducción que realizó Mercedes Benet en el suplemento cultural
Sábado, particularmente en textos de divulgación científica.
Asimismo, se propone analizar el lenguaje empleado en dichas
traducciones para evaluar adaptación al público de Sábado de la
época y al estilo editorial característico del suplemento. Finalmente,
la presente investigación se orienta a determinar el estilo propio de
Benet, el tipo de lenguaje utilizado, con la intención de reconocer la
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-145

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�Paulina Michelle Mejía Maluy / “La traducción periodística”

relevancia de su labor dentro de la mediación cultural y lingüística
en el ámbito periodístico, abriendo paso necesario a una importante
discusión en la academia y fuera de ella: la labor y aportaciones de
las traductoras en los suplementos culturales, particularmente las
que llegaron a participar en este suplemento cultural.
Con respecto a la determinación del estilo de Benet al
momento de traducir, es importante resaltar que, como lo sostiene
Jakobson (1959), la traducción interlingüística, es decir, de una
lengua a otra, “es una interpretación de los signos verbales mediante
cualquier otra lengua” (233); una traducción requiere un ajuste de
signos lingüísticos, y conlleva a una sustitución de mensajes enteros
adaptados al receptor.
Con el fin de alcanzar los objetivos planteados, se proponen
las siguientes preguntas de investigación:
¿Qué tipo de metodología de traducción utiliza Mercedes
Benet para abordar temas científicos?
¿Cuál es el tipo de lenguaje utilizado en las traducciones de
Mercedes Benet, pertenecientes a los números de Sábado?
Mercedes Benet hace uso del proceso de transedición
en sus traducciones científicas, y adapta los textos originales para
ajustarse tanto al estilo editorial del suplemento Sábado como al nivel
de comprensión del lector general. Lo anterior lleva a enfocarse
en la función comunicativa del lenguaje con una sintaxis clara y
vocabulario técnico preciso, que acerca su contenido y experiencia
a lectores expertos y no expertos en temas de divulgación científica.
Marco teórico
En primera instancia, es preciso reconocer que el trabajo de
traducción se considera una unidad psicolingüística donde se
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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

abarcan, en su mayoría, los estudios de lexicología y semántica. Según
Gómez (2000), el desarrollo de un análisis contrastivo permite que
el campo léxico puede ser estudiado a través de procesos cognitivos,
es decir, a través de unidades léxicas que permitan la relación de la
palabra con otra unidad de una palabra; un ejemplo que nos brinda
Gómez, para comprender la teoría, es el de feelings-sentimiento.
La autora nos presenta el uso sobre la metodología en el
campo léxico cuando es necesario traducir por unidad léxicas; “los
campos léxicos ofrecen una descripción lingüística y un modo de
proceder inductivo” (Gómez, 2000:15). De esta forma, el ritmo de
trabajo es delimitado a través de los significados más pequeños de
la palabra, en otras palabras, desde una unidad léxica que se agrupa
posteriormente al nivel del habla. La teoría confirma que la mente
agrupa elementos léxicos individuales que ayudan a derivar un orden
jerárquico, superior; de cierta manera, se trata de un de menos a más,
Un ejemplo aplicado en los trabajos de Benet, para la
posibilidad de identificar uno de los temas más traducidos (ciencia),
en el número de sábado de 187, habla sobre la depresión nerviosa;
el balance de la traducción podría agrupar unidades de palabras
siguiendo esta teoría cognitiva de la siguiente manera:
Depresión nerviosa, enfermedad, salud mental, salud, medicina,
ciencia.

De esta forma, la traducción puede surgir a través de un orden
natural, mientras se identifica con rigor la palabra con exactitud,
aunque dentro del parámetro no hay palabras que no tengan una
traducción equivalente; la unidad léxica individual ayuda a obtener
un significado más alcanzado. Sin embargo, acerca del lenguaje, en
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�Paulina Michelle Mejía Maluy / “La traducción periodística”

la mayoría de números de Sábado el corpus de la colección K se
muestra una pequeña categorización en el siguiente recuadro, acorde
a los temas traducidos por Mercedes Benet.
Salud

Enfermedades mentales.

Salud

Enfermedades cardiovasculares, tratamientos
de anticuerpos, desarrollo infantil.

Ciencia

Tecnología avanzada.

Ciencia

Astronomía.

Literatura

Narrativa, ficción.

Geografía

Sostenibilidad, medio ambiente, energía.

Política

Discurso, entrevista.
Tabla 1. Elaboración propia

Este recuadro fue elaborado con base a los temas más
recurrentes identificados en los artículos traducidos por Mercedes
Benet en los números 180 a 343, con el fin de trazar las unidades
léxicas en las que se desplazó la traductora para llevar a cabo su
trabajo de traducción.
Dentro de la psicolingüística de la traducción, existen
distintos métodos para acudir a la valoración de conceptos
específicos. No obstante, en la mayor parte de los números se
recurre a temas que abordan la medicina, la tecnología avanzada
o geografía; definiéndolo por una ciencia exacta, el lenguaje tiene
que ser preciso y claro, y aquí la unidad léxica ayuda a conseguir el
significado deseado; de cierta manera, se precisa en no desmembrar
el significado, sino en ser directo al menos en temas relacionados
con las ciencias exactas.
En cambio, temas abordados como la Literatura y
Política, hacen más uno de la traducción empírica y cognitiva;
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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

dentro de los parámetros de traducción existen métodos como
el reconocimiento del mensaje del autor. Según Corredor (1995),
afirma que, a diferencia del traductor científico, el literario abarca
un sistema que le permita condicionar el proceso de reescritura
del texto. Es decir que, si el autor aporta una carga afectiva en
el sentido del texto y el efecto que se quiere llegar a producir, la
tarea del traductor se encuentra en una línea de parámetros no
precisamente lingüísticos.
El modelo a tratar, que es hablado por Deslile, consiste en
que el traductor tiene que estar consciente de que está siendo un
lector-traductor del texto literario; en ese momento se convierte
en lector y enunciador del sentido que está proponiendo en su
interpretación. De esta forma la relación entre autor y lector
disminuye, convirtiendo al traductor en lector-destinatario.
(Corredor, 1995:182). Esto se debe a que el traductor se enfrenta
a un sistema de signos ajenos a la LM (lengua materna) y tiene que
ser derivada a la LE (lengua extranjera); dichos signos tienen que
pasar por una doble análisis; desde el punto de vista del significado
y del enunciado, de ser posible en las interpretaciones que ofrece
Benet, ella hace uso de este proceso para luego caer en manos del
análisis intuitivo, que como cultura mexicana tiene que añadir la del
idioma deseado. A esto se le conoce como una valoración cultural
sociolingüística, la cual a través de las variaciones lingüísticas y los
fenómenos como el registro de voces hacen uso de estos cambios y
adecuan el significado que no pertenece tanto a la gramática sino a
un campo empírico de la comunicación.
Ahora bien, acerca del impacto de las traducciones de
la mexicana Mercedes Benet en la sociedad mexicana, está la
diferenciación de la variación lingüística, el análisis del discurso,
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-145

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�Paulina Michelle Mejía Maluy / “La traducción periodística”

pues recordemos que la LM del suplemento es una ejercida por la
cultura de América Latina; de cierta forma la hipótesis planteada al
inicio de este apartado, nos dirige a la influencia de la frontera que
existe en los Estados Unidos.
En la comunidad de América Latina, la influencia de
traductores como Benet, indica que existe una interpretación de cierta
manera dialectal debido a que la variación de los sentidos gramáticos
han sido construidos por la gramática de las academias de la lengua,
a manera de español estándar, que si bien se podría comprender la
española, pero el sentido nace del espacio informativo de la lengua
en cuestión, aunque en la mayoría de las traducciones no haga un
uso referente a la gramática de México; su sistema literario está
dirigido al propio país, y ése es el impacto, la proveniencia.
Metodología
Después de transcribir y limpiar el volumen 4 de la colección K del
periódico Sábado, se plantearon distintos temas para su estudio. Se
optó por estudiar las traducciones de Mercedes Benet, con el fin de
analizar el uso del lenguaje científico en una segunda lengua. A través
de una lectura cercana, se identificaron los temas de las traducciones
de Benet, con el objetivo de hablar de su uso de lenguaje, tipo y
metodología de traducción.
Se transformaron los números de los volúmenes 1 al 8 del
periódico Sábado a formato TXT para cargarlos y clasificarlos en
la herramienta digital Voyant Tools, donde fue posible identificar la
temática de los artículos traducidos por Mercedes Benet, así como la
búsqueda, por medio del autor original, de la lengua en la que fueron
escritos; distinguidos por un orden grupal de palabras, los intereses
de búsqueda se vieron asociados a palabras como traducción,
112

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-145

�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

México, Benet, artículos, donde el programa mostrada una línea que
incorporaba los conceptos que nos ayudarían a encontrar los artículos.

Imagen 1. Frecuencia de “Mercedes Benet” en los diferentes números de la
colección K

Imagen 2. Contexto de cada frecuencia de “Mercedes Benet” en la colección K
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-145

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�Paulina Michelle Mejía Maluy / “La traducción periodística”

Se tomaron como corpus un total de 35 números, en los
cuales los artículos traducidos son más extensos, y se identificó
que la mayoría de ellos fueran de temas científicos, médicos,
propuestas, entrevistas, teorías de salud, cura de enfermedades,
enfermedades mentales, crecimiento y desarrollo del cuerpo infantil.
A continuación, se muestra la tabla de clasificación:
Categorización
Nombre del
archivo

Título

Tema

Colaboradores

S186

Los riesgos de guerra nuclear por error humano

Ciencia-salud

Víctor Miguel Lozano
Mercedes Benet (traducción y colaboración).

S186

No somos nosotros los
juzgados sino la libertad de
expresión y de pensamiento

Censura

Miroslaw Choyecki
Mercedes Benet (traducción)

S187

La depresión nerviosa

Cienciasalud-salud
mental

Víctor Miguel Lozano
Mercedes Benet (traducción y colaboración)

S188

Japón prepara la gran ofensiva científica

Política

Víctor Miguel Lozano
Mercedes Benet (traducción y colaboración)

S190

Ficción e historia en la literatura latinoamericana

Literatura

Antoine Berman
Mercedes Benet (traducción)

S190

Fuentes renovables de
energía

Ciencia

Víctor Miguel Lozano
Mercedes Benet (traducción y colaboración)

S196

La máquina del tiempo

Ciencia

John Gribbin
Mercedes Benet (traducción)

S199

Robots cada vez más inteligentes

Ciencia

Pamela Weintraub
Mercedes Benet (traducción)

S203

Aborto de un niño gemelo
anormal

Ciencia-salud

Mercedes Benet (traducción)

114

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-145

�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

S205

Un arquitecto mexicano
crea arte basado en las
matemáticas

Entrevista

Mercedes Benet (entrevistadora)

S207

¿Meteoritos provenientes
de Marte?

Ciencia-astronomía

Marcia Bartuadiak
Mercedes Benet (traducción)

S208

La medicina y la bomba

Ciencia

Lewis Thomas
Mercedes Benet (traducción)

S222

Nicolás Tesla: El genio
olvidado

Ciencia-tecnología

Mercedes Benet (traducción)

S223

A través del velo de Venus

Ciencia

Michael Gold
Mercedes Benet (traducción)

S227

Ayudando a crecer a los
niños

Ciencia-salud

Natalie Anger
Mercedes Benet (traducción)

S228

La era solar

Ciencia-astronomía

Lester R. Brown
Mercedes Benet (traducción)

S229

Los misteriosos pulsares

Ciencia

Mercedes Benet (traducción)

S230

El kat

Ciencia

Mercedes Benet (traducción)

S231

Titan

Ciencia

Mercedes Benet (traducción)

S233

La ciudad científica de
Japón

Ciencia

Roger W. Gale
Mercedes Benet (traducción)

S234

El explorador NMR

Ciencia

Lois Wingerson
Mercedes Benet (traducción)

S235

Influencias de una supernova cercana a la tierra

Ciencia

Mercedes Benet (traducción)

S237

El factor grasa en las células

Ciencia-salud

Mercedes Benet (traducción)

S238

La píldora francesa

Ciencia-salud

Mercedes Benet (traducción)

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-145

115

�Paulina Michelle Mejía Maluy / “La traducción periodística”

S280

El inicio de la vida/II

Ciencia

Kevin Mckean
Mercedes Benet (traducción)

S282

Prueba para determinar las
lesiones en el corazón

Medicina

Mercedes Benet (traducción)

S283

Defensa del monstruo de
Lochness

Ciencia

Mercedes Benet (traducción)

S293

Los anticuerpos monoclonales/I

Ciencia-salud

John Langone
Mercedes Benet (traducción)

S298

La glándula pineal/II

Ciencia-salud

Joel L.R. Ehrenkranz
Mercedes Benet (traducción)

S307

El bosque encantado/I

Geografía

Nigel Smith
Mercedes Benet (traducción)

S308

El bosque encantado/II

Geografía

Nigel Smith
Mercedes Benet (traducción)

S310

Cáncer: cuando el cromosoma se fractura/II

Medicina

Michael Gold
Mercedes Benet (traducción)

S337

La ciencia del entendimiento/II

Ciencia

K.C. Cole
Mercedes Benet (traducción)

S340

Los números/II

Ciencia

K.C. Cole
Mercedes Benet (traducción)

S343

El gran eclipse anular de
sol/II

Ciencia-astronomía

Fred Espenak
K.C. Cole
Mercedes Benet (traducción)

Tabla 2. De elaboración propia con base en minería de datos del Voyant Tools

Esta tabla se elaboró con el fin de mostrar el corpus tomado
de los números de Sábado, con base en la ayuda del programa de
minería de textos Voyant Tools; se trata de textos que contienen
traducciones de Mercedes Benet relacionadas a los campos de
ciencia, medicina y salud.
116

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-145

�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

Una vez tomados estos números como corpus, se analizó
el lenguaje implementado en su traducción y edición al periódico
Sábado. A continuación, se muestra un caso, de los tantos que hay en
este corpus, a manera de análisis comparativo de textos originales
con su versión traducida por Mercedes Benet.

Imagen 3. Texto original tomado del sitio oficial de Pamela Weintraub

Imagen 4. Texto traducido por Mercedes Benet en el número 1999 de Sábado
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-145

117

�Paulina Michelle Mejía Maluy / “La traducción periodística”

Texto original

Traducción de Mercedes
Benet
Robots cada vez más inte-

Título

Raising the robot’s I.Q.

Introducción

Oraciones claras y directas; terminología de divulgación científica.

Ajustes léxicos, mayormente comprensibles para
el público general.

Cuerpo

Texto directo, extenso y
comprensible para público
de revistas de investigación científica.

Reformulación al español
sin simplificación, pero
con oraciones más largas.

Terminología
científica

Palabras clave técnicas.

Palabras técnicas sin explicación adicional.

Conclusión

Mantiene el tema central;
sin palabras técnicas.

Conservación del mensaje
original.

ligentes.

Tabla 3. Elementos clave en la traducción del artículo

La presente comparación muestra que la traducción de
Mercedes Benet es mayormente fiel al texto original, en el sentido
de una traducción de tipo literal, manteniendo la descripción del
escenario lunar y las actividades de los robots. Sin embargo el
mensaje central presenta algunas distorsiones, por ejemplo, en la
introducción se aprecia como “Flexing mechanical muscles” se
traduce como “afectando los lentes de las cámaras de televisión y
flexionando músculos mecánicos”, lo cual introduce una idea ajena
al original. No obstante, no se trata de algo grave que modifique
el mensaje del artículo. Como lo plantea Jakobson (1959), “una
traducción semejante requiere dos mensajes equivalentes en dos
códigos diferentes”, (234) pues está repleta de complicaciones;
118

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-145

�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

no siempre es posible encontrar signos equivalentes al lenguaje
del receptor. Por otra parte, la traducción es fluida y se adapta al
español con naturalidad y al conocimiento científico de la época.
Aspecto que pueden traducirse de manera literal, como Coeficiente
intelectual (CI) a partir de IQ permite una armonía con el enfoque
del suplemento cultural: crear curiosidad respecto a estos temas de
ciencia, sin perder el ritmo del texto o sonar a términos que podrían
crear un extrañamiento en quien los lee. El título es importante si
comparamos la apuesta de Mercedes Benet “Robots cada vez más
inteligentes” con respecto al título original, puede observarse la
ausencia del gerundio por medio de la elipsis. La traducción literal
sería “Aumentando el Coeficiente Intelectual del Robot” (Google
translate, por ejemplo, propone ‘Aumentar” en su lugar). Es
importante cómo Benet pasa del singular al plural en esta elección,
omitiendo el gerundio y el término técnico para dar énfasis en el
sustantivo: Robots. La sustancia es más importante para Benet en
comparación con el verboide en una traducción literal (hipotética,
por supuesto).
En cuanto al análisis de cambios morfológicos y sintácticos,
encontramos lo siguiente:
•

Uso de la voz pasiva: el inglés utiliza con frecuencia la voz pasiva,
mientras que el español opta por la voz activa. Sin embargo, al
tratarse de un texto técnico, podemos observar que Mercedes
Benet mantiene la voz pasiva.

•

Ejemplo (inglés): “The image is recognized through comparison
with information stored in the memory.” (78)

•

Traducción (español): “la imagen es reconocida por medio de la
comparación con la información almacenada en la memoria.” (8).

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�Paulina Michelle Mejía Maluy / “La traducción periodística”

•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•
•

•
•
•

Adaptación de sustantivos compuestos, índices y grados de
expresión de lenguas analíticas:
Inglés: “television-camera eyes”(77).
Español: “los lentes de las cámaras de televisión” (8),
Cambios en el género y número: el español se ajusta al género y
número de los sustantivos.
Inglés: “intelligent robots”( 77).
Español: “robots inteligentes” (8)
Adaptación de verbos modales: Mercedes Benet mantiene el
sentido de los verbos modales al traducirlos al español.
Inglés: “smart robots could be exploring remote parts of the
solar system” (77).
Español: “los robots inteligentes podrían explorar lugares
remotos del sistema solar” (8).
Flexibilidad en un mismo término:
Inglés: “force-sensors” (79)
Español: Lo traduce como “sensores de fuerza” y también como
“sensores que miden y controlan la fuerza ejercida por la mano
o el brazo de un robot” (p.8).
Registro formal: ambos textos mantienen un tono formal, pero
la traducción al español a veces es más detallada:
Inglés: “NASA” (77).
Español: “La Administración Nacional de Aeronáutica y del
Espacio (NASA)” (8).

Conclusiones
La obra de Mercedes Benet como traductora todavía es un campo por
estudiar desde los estudios literarios. En el caso del texto analizado,
del gran corpus pendiente en futuros estudios, la traductora
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-145

�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

apuesta por la transedición, es decir, adapta el texto original a los
requerimientos del suplemento cultural mediante elipsis, cambios
en el uso del verboide, desglose de siglas, flexibilidad en el uso de
un mismo término en la lengua original (LE). Mercedes mantiene
la traducción literal hasta que los términos de una lengua pueden
confundir o alejarse del léxico común de sus lectores, por ejemplo,
en el caso de “in a near vacuum” por “en el casi vacío”, y esto
puede observarse en los casos resaltados en el último apartado de
este trabajo. Su método consiste en realizar ajustes en palabras que
necesiten mayor explicación por parte del español, pero sobre todo
una cercanía con el contenido del artículo: mientras en el original
lo importante es cómo aumentar la inteligencia de los robots, en el
caso de la traducción la sustancia sobresale, es decir, los robots en
sí son el eje central de la recepción. Este es un primer paso rumbo
a la respuesta de la segunda pregunta de investigación: comparar el
estilo de cada traducción con su respectivo contexto.
Por otro lado, el uso de herramientas digitales permite
el diseño de corpus focalizados mediante vectores capaces de
ordenar una cantidad vasta de datos. En este caso, en el campo de la
investigación herramientas como Voyant Tools, el uso de lenguaje de
programación de alto nivel (ejemplo, Python) o incluso la inclusión de
inteligencias artificiales ayudan a crear interfaces capaces de brindar
un panorama ordenado de lo que está disperso. El tipo de lectura
que practicaron quienes leyeron Sábado obedecía a otros medios de
producción, a dinámicas que no se parecen a las nuestras; es decir, no
podemos investigar recreando tal cual los días y semanas en espera de
un ejemplar de este suplemento de Unomásuno. Existe una distancia
temporal sumana a la distancia de la abrumadora producción de datos
en nuestra actualidad. En este sentido, las humanidades digitales no
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�Paulina Michelle Mejía Maluy / “La traducción periodística”

sustituyen la labor de las investigadoras, sino que nos ayuda a encontrar
a otras mujeres que fueron parte de la creación de subjetividades en
un momento de la historia. La lectura distante necesita de la lectura
cercana, una lectura crítica de las mujeres en busca de su conciencia a
través del rescate de lo que hicieron en el pasado: su memoria.

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la traducción literaria. Traducción Lite. Universidad de
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-145

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http://astralgia.com/pdf/robot.pdf
Weintraub, P.,(Agosto 1981). Robots cada vez más inteligentes.
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-145

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�Dosier
Humanitas, vol. 5, núm. 10, 2026

El cine mexicano en Sábado:
un relato sociocultural y político
Mexican cinema in Sábado:
a socio-cultural and political discourse
Alondra Jazmín Martínez Valdez
Universidad Autónoma de Nuevo León
San Nicolás de los Garza, México
alomartinez861@gmail.com

Salma Lilian Ledesma Díaz
Universidad Autónoma de Nuevo León
San Nicolás de los Garza, México
salma.lilian.16@gmail.com

Resumen. El objetivo general de este artículo es exponer la crítica del cine
mexicano en el suplemento cultural Sábado como un relato sociocultural
y político. Para lograrlo, utilizamos el análisis del discurso para reconocer
cómo el periodismo cultural y la crítica establecen una memoria social
al ampliar y reafirmar la cultura mediante la divulgación del medio
cinematográfico.
Palabras clave: Humanidades digitales, crítica cinematográfica, Proyecto
Sábado.
Abstract. The general objective of this article is to present Mexican film
criticism in the cultural supplement Sábado as a sociocultural and political

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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

narrative. To achieve this, we use discourse analysis to understand how
cultural journalism and criticism establish a social memory by expanding
and reaffirming culture through the dissemination of film.
Keywords: : Digital Humanities, film criticism, Sábado Projet.

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-143

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�Alondra Jazmín Martínez Valdez y Salma Lilian Ledesma Díaz / “El cine mexicano
en Sábado”

Introducción
La cultura mexicana tiene rasgos destacables; conocemos a
escritores, pintores, directores, cada una de estas personas
especializadas en su forma expresiva, siendo reconocidas tanto
dentro del país como por fuera. Sin embargo, las expresiones
artísticas suelen ser objeto de críticas por parte de aquellos que se
encargan de analizar, evaluar, interpretar y promulgar la expresión
artística expuesta. Estos críticos del arte no siempre cuentan
con una perspectiva totalmente objetiva: promulgan su opinión
ante la sociedad con un tipo de discurso cuestionable para los
espectadores inexpertos o aquellos que solo gozan del disfrute y
entretenimiento de presenciar una obra de arte.
En México hubo una época conocida como el Cine de
Oro mexicano, donde las pantallas de los televisores o cines se
llenaban para gozar de historias llevadas al lenguaje audiovisual,
con actores que hasta el día de hoy son reconocidos por las nuevas
generaciones y se les ha dado un foco más dramático recurriendo
al cine biográfico.
Después de esta época, México ha sufrido bajas dentro de su
círculo de actores y directores reconocidos, por lo que poco a poco
se fue manchando el oro, reflejándose en las críticas que seguían al
medio cinematográfico y continuaba en su posición de contar una
historia nacional y darle visibilidad. Como consecuencia, el discurso
utilizado para referirse a este cine cambió la visión de aquellos
mexicanos que esperaban ver una nueva historia en la pantalla
grande, y, en su lugar, comenzó una crisis del cine nacional. A raíz
de esto, expondremos las críticas que atravesó el cine mexicano en
el suplemento cultural Sábado durante los años de 1980, 1982 y 1983,
126

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-143

�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

así como la relación de estas con el periodismo cultural y el discurso
político.
Metodología de investigación
Este proyecto corresponde a la segunda fase de un proyecto mayor,
el cual es la digitalización de los números de Sábado, contenidos
en la colección K. Comenzamos esta labor digitalizando diversos
números que están resguardados en la Capilla Alfonsina de la
Universidad Autónoma de Nuevo León. Una vez digitalizados —
con OCR—, procedimos a la captura del texto en formato TXT.
Esto debido a que, posteriormente, todos los números transcritos
fueron almacenados en una carpeta para realizar un mapeo en la
plataforma Voyant Tools, como repositorio provisional se utilizó la
plataforma Teams.
Al realizar el mapeo, iniciamos una búsqueda semántica
relacionada al cine mexicano, lo que nos dirigió a ciertos números
de la revista que coincidían. Hicimos una lectura distante para
corroborar que tales números no solo mencionaran las palabras
buscadas, sino que realmente se hablara sobre nuestro tema de
interés. Una vez que limpiamos nuestra lista, procedimos a efectuar
una lectura cercana, en la que ya prestamos atención a los detalles y
a los temas de cada uno de los números. Esto nos permitió tener un
marco de temas posibles para nuestra investigación, decidiéndonos
al final por la crítica, ya que fue un tema recurrente en todos los
artículos que leímos.
A continuación, se mostrará una serie de imágenes para
identificar la metodología en la recopilación de datos sobre el corpus
que se está trabajando.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-143

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�Alondra Jazmín Martínez Valdez y Salma Lilian Ledesma Díaz / “El cine mexicano
en Sábado”

Durante el periodo de agosto-diciembre 2024, en la
unidad de aprendizaje de Proyectos de investigación en entornos
digitales, el grupo se organizó en parejas para la transcripción
de una serie de números digitales del Suplemento Cultural
unomásuno Sábado; el primer paso, entonces, se trato de leer los
OCR y transcribirlo en TXT por medio del Bloc de notas del
servidor, esto con la finalidad de limpiar impurezas ortográficas,
guardándolos finalmente como S = sábado, seguido del número
del suplemento en cuestión.

Una vez limpios, copiados y en formato TXT, se guardan
todos los documentos en una carpeta exclusiva y alineados del
número menor a mayor —de esta forma, nos aseguramos que estén
por orden cronológico—. Así es como ya podemos seleccionarlos
para cargarlos en Voyant Tools.
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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

Dentro de la plataforma de Voyant Tools, lo primero que
tenemos que hacer es limpiar el formato de cualquier proposición,
esto se logra abriendo otra pestaña de en el ordenador y dirigido
a GitHub, esta plataforma nos arroja una lista de palabras que no
deseamos que sean detectadas por Voyant Tools, por lo que solo
copiamos la lista y regresamos a Voyant.

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�Alondra Jazmín Martínez Valdez y Salma Lilian Ledesma Díaz / “El cine mexicano
en Sábado”

A partir de este paso, el proceso para la selección es
dependiendo de la necesidades de cada pareja lo que este busca,
Voyant Tools ofrece jugar con las conexiones entre palabras, las
repeticiones dentro del corpus seleccionado y aquí es donde puedes
agregar palabras para ver lo que arroja.
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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

En nuestro caso, nos interesaba inclinarnos a la cinematografía
mexicana, por lo que nuestras palabras claves fueron: cine, cine
mexicano, cine nacional, cine internacional, cineastas, cineteca, etc.
Finalmente nos guiamos mucho en las repeticiones del título
cine mexicano y de ahí en nombre de nuestra investigación. Estos
fueron los resultados:

Enfocándonos en la tendencia relativa del corpus general,
nos dio como resultado 5 números que se ajustaban a la necesidad de
nuestra investigación; una vez seleccionado el corpus más reducido,
guardamos en otra carpeta para su análisis:

Arrojando los siguientes resultados:
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-143

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�Alondra Jazmín Martínez Valdez y Salma Lilian Ledesma Díaz / “El cine mexicano
en Sábado”

De acuerdo a estos resultados, fijamos el punto de partida de
nuestra investigación. Por cuestiones de asegurar la limpieza de los
artículos en formato TXT, se extrajeron nuevamente por separado
cada uno de los artículos publicados en Sábado con el nombre 1- la
fecha más antigua y la letra A- representando Artículo y con una
pequeña excepción en el A4, ya que este número contenía una
información adicional por lo cual siendo el mismo número pero
diferente artículo se optó por la letra b. De forma que quedaron
así:

132

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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

Tabla de información
Autor

Año de
publicación

Nombre del
archivo

Nombre del
artículo

Gustavo García

Marzo 1980

1A

Entre el dolor y la
nada

Emilio García
Riera

Agosto 1980

2A

El puño de hierro

Gustavo García

Marzo 1982

3A

“¡Ay, crítico, no te
rajes!”

Carlos Monsiváis

Abril 1982

4A

“¿Por quién doblan
las campanas?”

Magali Tercero

Abril 1982

4Ab

“La pérdida de la
cineteca”

Gustavo García

Abril 1983

5A

“La hojita
parroquial”

Finalmente, metimos estos datos a la plataforma Voyant
Tools y esto nos arrojó:

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�Alondra Jazmín Martínez Valdez y Salma Lilian Ledesma Díaz / “El cine mexicano
en Sábado”

Una vez bien asegurados todos los artículos, se continuó
con la investigación.
A partir de este punto, pusimos la mira en el periodismo
cultural, por lo que leímos varias fuentes acerca de este tema, del
periodismo cultural, de crítica cinematográfica, de periodismo
cinematográfico, y de cultura mexicana y cine en Sábado, que fue lo
que utilizamos para nuestros antecedentes.
Sobre el periodismo cultural
Antes que nada, es importante reconocer el concepto del periodismo
cultural, el cual, de acuerdo con el periodista Francisco Rodríguez
Pastoriza (2010), “se trata de destacar una forma de cultura porque
en gran medida la difunde y la fomenta”, pues el concepto tiene
relevancia dentro de la investigación; este método de divulgación
cultural se encarga directamente de ser un promotor en todos
aquellos ámbitos en los que el arte está encargado de ello.
Debido a la relación tan estrecha entre la sociedad y cultura,
comienza un nuevo concepto para englobar esta necesidad de cubrir
los intereses de la población, de acuerdo con su contexto, conocido
como la cultura de masas, la cual:
134

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-143

�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

… es la que mejor corresponde con la divulgación de la cultura a
través de los medios de comunicación: un mensaje efímero emitido
por una elite de comunicadores a un receptor masificado, disperso
y anónimo a través de medios de comunicación centralizados, que
dan prioridad a la novedad por encima del clasismo y legitiman
como cultura productos de dudosas características culturales.
(Rodríguez Pastoriza, 2010: 13)

Cabe aclarar que dentro del periodismo cultural se puede
rozar con el crítico. Rodríguez (2010) menciona características
para lograr diferenciarlo; por ejemplo, en el cultural, se informan
las novedades relacionadas con las diferentes actividades culturales
que se desenvuelven en una sociedad determinada, mientras que al
crítico se le exigen claves de interpretación sobre las expresiones
culturales ejercidas bajo su crítica.
Ahora bien, establecidos estos conceptos, el resultado es la
aplicación en el objeto de estudio: el cine mexicano representado en
Sábado; en este caso, se trata de una manifestación cultural con mayor
cobertura mediática y mayor enfoque crítico. El cine es un medio que
constantemente tiene producciones nacionales e internacionales y la
cobertura que se tiene antes, durante y después del estreno de una
película abarca un proceso largo y costoso, todo para presentar una
obra al público y esperar que sea del agrado de este.
Para Rodríguez (2010), el periodismo cinematográfico se
ocupa de manera destacada de estos eventos, por eso mismo los
que promulgan estos estrenos tienen una gran responsabilidad,
pues ponen en riesgo la recepción que el público pueda percibir, de
acuerdo con su discurso. Este discurso, como bien lo indica Barei
(1999), cumple con una función política, hasta cierto punto, porque
se destaca una cobertura de evento y esta elección determina su
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-143

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�Alondra Jazmín Martínez Valdez y Salma Lilian Ledesma Díaz / “El cine mexicano
en Sábado”

popularidad entre la sociedad, usando la persuasión para ser vistas,
en este caso, tratándose del cine.
El problema preocupante del periodismo cultural
latinoamericano, además de que si los medios cubren o no cubren la
agenda institucional, es la forma en que la narrativa que la institución
construye de la cultura se reproduce acríticamente y con total
indulgencia en muchas piezas de periodismo cultural (Reyes, 2000);
esta situación le otorga el poder de legitimar aspectos culturales de
la sociedad al Estado.
El periodismo cultural juega estratégicamente dentro de la
sociedad y cultura mexicana, cuestionando la verdadera identidad de
forma objetiva y realzando las problemáticas que se tenían dentro
del cine y de la sociedad — por ejemplo, los problemas económicos
originados por malas decisiones gubernamentales —, necesitamos
prestar atención a las menciones socioculturales que se hacen
dentro de las críticas; este es el medio por excelencia que los autores
previamente expuestos utilizaron para visibilizar un México corrupto,
decadente —en términos culturales— y deficiente. Por lo tanto, es
imperante ubicar a la crítica del cine mexicano en sus dimensiones
histórica y sociocultural a partir de un estudio sincrónico o incluso,
en otro caso, pudiendo ser un estudio diacrónico como lo es la tesis
de Reyes Lamas, que se concentra en todo el período que abarcó la
revista.
La producción cinematográfica en el México
posrevolucionario
Como ya se mencionó previamente, en nuestro país se vivió la
gran Época de Oro del Cine Mexicano, en la que artistas aún hoy
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-143

�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

sonados mostraron sus mejores actuaciones en pantalla grande,
acompañando a los mexicanos en su día a día, como una forma de
entretenimiento masiva.
Hacia 1910, la mayor parte de la producción, distribución y
exhibición cinematográfica estaba en manos de empresarios
nacionales. Esto se debió principalmente a la renuencia de Pathé
Frères a construir estudios en México. Esta negativa fue la que
pavimentó el lento camino para la edificación de la industria
cinematográfica mexicana, que tendría su apogeo entre mediados
de los años treinta y finales de los cincuenta, etapa conocida como
la Época de Oro del Cine Mexicano. (Silva J., 2010)

El comienzo del mundo cinematográfico en México se
vio empapado de política y más política. Las películas proyectadas
cuando no eran sobre presidentes eran sobre las reformas que se
proponían o como medios de propaganda y difusión de la política en
turno. Como menciona King (1994, p.77), “en 1938 la industria del
cine era la más grande después de la industria petrolera; la comedia
ranchera situó a México como el mayor exportador de películas
entre los países latinoamericanos”, pues presidentes como Cárdenas
supieron aprovechar el medio de difusión tan extenso que el cine
ofrecía. Ya bien lo comenta Silva:
El desarrollo de las artes que tuvo lugar en la década de 1930
también alcanzó al cine, el número de producciones fue en
aumento y poco a poco la cinematografía mexicana se afianzó
primero en el gusto nacional y luego en el regional. (2010)

Una vez que la pantalla y sus medios hicieron lo suyo, y las
producciones extranjeras (dígase Estados Unidos de América) se
encontraban anestesiadas por los problemas internacionales que
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�Alondra Jazmín Martínez Valdez y Salma Lilian Ledesma Díaz / “El cine mexicano
en Sábado”

surgían, el cine mexicano, en su máximo apogeo, cambió de ser un
simple medio político a ser un medio de entretenimiento, adaptando
un sistema basado en las producciones vecinas, para lograr que la
fórmula también tuviera éxito en nuestra tierra:
[…] las producciones mexicanas de la Época de Oro tienen como
sustento referencial el cine de Hollywood. Esto es apreciable
en el sentido del ritmo, en el montaje, en el uso de escenarios
majestuosos, en la combinación estructurada de personajes
principales y secundarios, en la suma de frases desgarradas o
hilarantes, en la dosis de chantaje sentimental y en los desenlaces
del ‘final feliz’. (Silva J., 2010)

Luego de la Revolución mexicana, el país, a manos del
partido hegemónico del momento, avanzó de manera económica,
sobre todo a causa de la Segunda Guerra Mundial, mediante la
actividad industrial, propiciando así la era estabilizadora que tanto
se añora, el ya conocidísimo milagro mexicano.
Durante los gobiernos de los presidentes Adolfo López Mateos
(1958-1964) y Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) se cumplió uno
de los principales objetivos que en materia económica habían
planteado los gobiernos posrevolucionarios: avanzar de manera
sostenida en el desarrollo económico del país con estabilidad
macroeconómica. (Ortiz, 2000, p.9)

La relación entre la Época de Oro y el milagro mexicano es
estrecha; al obtener un crecimiento económico y un PIB mayor a
años anteriores, México se embarcó en un mar económico nuevo.
Capital y medios extranjeros llegaron y no precisamente para
quedarse poco tiempo.
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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

México se endeudó para poder atraer los medios adecuados para
el capital extranjero. Llegaron esos recursos que fueron destinados
al proteccionismo de empresas privadas y mixtas dejando la deuda
sólo al Estado mexicano, quien pagó los medios para el capital
extranjero sin dejar una remuneración equivalente a la inversión.
(Silva A., 2018, p.72)

Es bien sabido que la economía está relacionada con las
demás instituciones, por lo que, naturalmente, afecta a la cultura.
Si ya en la época dorada del cine mexicano existía una fórmula
hollywoodense para asegurar el éxito en taquillas y el surgimiento de
un nuevo imaginario social ante los ojos extranjeros, con la llegada
de más capital extranjero y la privatización de industrias, el cine y
la cultura también se privatizaron. El gobierno aprovechó el éxito
para compartir ideologías políticas y estereotipos que poco a poco
consolidaron lo que ahora se considera “mexicano”.
Durante el mandato de Luis Echeverría (1970-1976)
se intentó combatir esos estereotipos (incluidos el “macho”
mexicano rural, el hacendado, el borracho y la mujer rural sumisa)
y la privatización de la industria. Se buscaba mejorar la imagen del
gobierno, mostrando modernidad, calidad y progreso, mediante el
control de los medios de comunicación (Celaya, 2014), todo bajo la
administración del Estado.
Con su hermano al mando del Banco Nacional
Cinematográfico, el presidente destinó millones de pesos a la
industria masiva del entretenimiento para lograr su cometido: un cine
crítico y de corte social, en el que se dejarán atrás los melodramas
y los albures, para pasar a una industria nuevamente nacional, pero
de calidad:
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�Alondra Jazmín Martínez Valdez y Salma Lilian Ledesma Díaz / “El cine mexicano
en Sábado”

Las producciones que se generaron en este periodo tienen la
característica de ser críticas e incisivas y preocupadas por temas
sociales, retratando la realidad social en la que vivía la clase media,
abandonando un poco los clichés y conjugando la calidad en la
cinta con el éxito en taquilla. (San Román, 2016, p.104)

Se crearon instituciones que apoyaban a directores y actores
mexicanos, se inauguró la Cineteca Nacional en 1975 y el Centro de
Capacitación Cinematográfica; el precio de este ambicioso plan fue
la huida de los inversores extranjeros, pues, como comenta Celaya
(2010), el Estado ”ahora controlaba la producción, distribución y
exhibición del cine en todo el país, expulsando a los productores y
distribuidores privados que antes tenían secuestrada la industria”.
Pero el sueño no duró mucho. A pesar de los cambios que
se estaban gestando, el mandato de Echeverría llegó a su fin y con
ellos su proyecto cinematográfico. Así como él y su hermano habían
llevado a cabo todos los planes para su visión idílica, el siguiente
presidente, acompañado también por su hermana, tenían otra
visión, una con menos crítica y más éxito económico que fuese fácil
de conseguir. San Román ya lo menciona al respecto:
Todo este apoyo queda opacado en el siguiente sexenio de
José López Portillo (1976-1982) a consecuencia de una política
equivocada derivada de la errática conducción de (RTC) por parte
de Margarita López Portillo, ocasionando que la producción en
mayor parte pase a manos privadas. (2016, p.110)

Por consiguiente, para generar ganancias sustanciosas en
taquilla, se buscó darle gusto al público reciclando las fórmulas del
pasado, volviendo a los melodramas y a los contenidos sexualizados
que aún en día nos saltan en pantalla. Celaya (2014) comenta que el
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cine crítico que se consiguió en el periodo de Echeverría se volvió
un recuerdo desagradable e incómodo no solo para el gobierno
en turno, sino para el espectador ahora bombardeado de dramas y
ficciones.
Cuando Echeverría pretendió la revolución del cine
melodramático y estereotípico para pasar a uno crítico y social, un
grupo conformado por personajes como Carlos Monsiváis, Salvador
Elizondo y Julio Pliego ya iba más allá, pues tenía la intención de
llevar la crítica al campo literario, de criticar al cine, de criticar la
crítica y criticar la crítica del cine.
Es precisamente en los comienzos de los años 60 cuando la crítica
cinematográfica se fortalece y se forma el grupo Nuevo Cine que
alentaría una nueva generación de cineastas mexicanos, quienes
inclusive publicarían un manifiesto referente a la necesidad de
renovar la anquilosada industria cinematográfica nacional. (San
Román, 2016, p.95)

Continuando con San Román, menciona que “este
grupo representó el primer intento de oposición en relación a la
cinematografía nacional” (2016, p.95); aun con sus únicos siete
números publicados, se hablaba (y, sobre todo, criticaba) de las
trabas sindicales, de la censura y las limitaciones, de las barreras
legislativas, entre otras cuestiones, incluso se publicó un manifiesto
sobre el cine.
Sin embargo, Nuevo Cine no fue la única revista que se
aventuró en la crítica cinematográfica. Revistas como Nexos, Vuelta
y Plural, revista de Octavio Paz, surgieron como periodismo cultural
en las que temas diversos como historia, política, literatura y artes se
conectaban de manera íntegra para expresar opiniones, testimonios,
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�Alondra Jazmín Martínez Valdez y Salma Lilian Ledesma Díaz / “El cine mexicano
en Sábado”

diálogos, ideas, obras y existencia, ya que estos espacios comenzaron
a otorgar voz a intelectuales fuera del círculo interior del gobierno
en turno.
En definitiva revistas como las ya mencionadas fueron un
antecedente importantísimo para la llegada del suplemento cultural
Sábado, debido a que este espacio fue destinado a intelectuales que
buscaban crítica seria, con autores periféricos y no solo ubicados
en el centro del país, característica esencial del suplemento para la
diversidad de sus voces. Argueta (2021, p.71), menciona que Sábado
“trataba de llevar a cabo un periodismo audazmente crítico, siempre
al pendiente de los temas actuales, además de ser un suplemento sin
favoritismos ni inclinaciones por conveniencia, puesto que su fin no
era precisamente el dinero”.
El cine en Sábado: un discurso político y un reflejo
sociocultural
Sin mayor preámbulo, después del contexto político y sociocultural
expuesto, continuamos con el análisis del corpus que recabamos
de distintos números de Sábado, ubicados, como ya se mencionó
previamente, en los años 1980, 1982 y 1983.
El cine no puede concebirse únicamente de un arte
audiovisual o mero entretenimiento en producciones masivas, sino
que cabe recalcar la práctica discursiva como medio cultural en el
que se guardan memorias, ideologías y relaciones de poder. Dentro
del suplemento Sábado vemos como era utilizado ese espacio para
realizar no solo una recomendación cinematográfica, sino para alzar
la voz hacia la indiferencia de lo que el cine imperaba en México del
siglo XX.
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Por esto mismo es importante retomar el concepto sobre
periodismo cultural, ya que si bien Sábado siempre trató de ser
imparcial, objetivo y crítico, no está demás señalar aquellos que sí
dan indicio de que se trata de una reseña con un objetivo hacia el
lector mexicano.
Comenzando por los artículos con mayor antigüedad:
#122 Entre el dolor y la nada:
Un artículo de Gustavo García con fecha de marzo de 1980.
Reyes Llamas (2004), en su tesis sobre La cultura mexicana en el suplemento
cultural Sábado del unomásuno (1977-1988), brinda información precisa
sobre los temas de los artículos recopilados en la revista, menciona
específicamente el género sobre el cine y lo complementa con datos
presidenciales históricos ocurridos en ese período, por lo que es un
antecedente de gran importancia que mucho tiene que ver con el
presente proyecto:
De 1977 a 1988 fue muy criticado, según Gustavo García, hubo pocas
producciones de calidad por lo que esta área fue poco fructífera.
Lo más destacado fue lo realizado por las escuelas de cine. De los
varios balances de los diferentes géneros que se realizaron en esa
época, se tomaron fragmentos, que, de acuerdo con el suplemento,
ilustran la situación que vivía la filmografía nacional. (p. 79)

El crítico más sonado dentro de la revista se trata de
Gustavo García (1954), pues él hace comentarios tanto críticos
como analíticos de las obras estrenadas en ese rango de tiempo,
enfatizando la decadencia del cine nacional y la crisis de identidad
cultural que esto provocaba, pues tal crisis se veía reflejada en las
proyecciones.
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�Alondra Jazmín Martínez Valdez y Salma Lilian Ledesma Díaz / “El cine mexicano
en Sábado”

García nos recomienda una película extranjera (polaca) llamada
Sin anestesia (1978) de Andrzej Wajda, con tintes un tanto políticos
sobre autoritarismo femenino (siendo engañado por su mujer y
traicionado por su personal femenino de confianza), lo cual orilla el
exilio del personaje principal marginado y destruido por el régimen.
Si bien, no es una recomendación o crítica directa hacia el cine
nacional, es importante situarnos en la sociedad del México de 1980,
con el posicionamiento del movimiento feminista en lugares de poder
político y social, abarcando cada vez más espacios y en una constante
exposición, Gustavo nos plantea un imaginario extremista de cuando
las mujeres llegan a tener altos mandos dentro de la sociedad.
Dentro de su discurso podemos encontrar “Los roles se
invierten y el hombre se vuelve un pelele de la vaginocracia, de la
conspiración de las mujeres y el Estado”, a palabras del mismo autor
del artículo, el director no tiene miedo a que se le hagan acusaciones de
macho o de misógino llevando al extremo —“la transformación de la
mujer en monstruo dominante, cruel y posesivo”— dichos discursos.
Esto solo fundamenta que las frases utilizadas dentro del
artículo 122 no son meras expresiones retóricas aisladas, sino
estrategias discursivas que incitan al miedo hacia un grupo social
que poco a poco ganaba poder dentro de la sociedad.
#144 El puño de hierro:
Un artículo de Emilio García Riera con fecha de agosto de 1980
Dentro de este artículo nos situamos en el opuesto extremo, una vez
que vimos como Gustavo García (1954-2013) nos daba cátedra del
cine polaco con Emilio García, tenemos una rememoración no solo
de una película nacional sino de varias de ellas; En un gran hallazgo:
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El puño de hierro, relata la importancia del rescate y exhibición de
la película mexicana muda El puño de hierro (1926), dirigida por
Gabriel García Moreno. La cinta fue proyectada en la Filmoteca de
la UNAM en 1896, revelando su valor histórico, técnica y narrativa,
haciendo una breve comparación a la película El automóvil gris (1919)
producida y dirigida por Enrique Rosas.
Moreno, no solo nos narra el manejo de los encuadres, la
naturalidad actoral o los recursos innovadores que son utilizados
dentro de la película, sino que nos da una reflexión importante sobre la
centralización de las obras nacionales cuestionando, indirectamente,
la memoria del cine nacional focalizada en la Cineteca nacional
del país; asimismo, la importancia que da, dentro de su discurso,
a la Filmoteca como institución encargada de guardar y preservar
la memoria cinematográfica nacional, nuevamente arrojando la
cuestión de la centralización de identidad mexicana basada en la
representación cinematográfica.
El puño de hierro es uno de los 5 o 6 largometrajes mexicanos
mudos rescatados por una institución, la Filmoteca UNAM, que
no cuenta ni de lejos con los medios y las instalaciones de la
Cineteca Nacional, sin embargo, no se sabe que la Cineteca haya
logrado ni un solo rescate semejante. (Garcia 1980, p.18)

A partir de este número dentro del suplemento Sábado,
podemos encontrar aquellos tintes ideológicos por parte de sus
autores. Por un lado, Gustavo con una amplia visión del cine
internacional y con intenciones de que este mismo sea aceptado por
los mexicanos o por lo menos sea del interés; y, por otra parte,
Emilio que busca remover fibras nacionalistas usando su voz y
discurso para rememorar antiguas producciones y darles el foco que
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�Alondra Jazmín Martínez Valdez y Salma Lilian Ledesma Díaz / “El cine mexicano
en Sábado”

se merecen dentro de la cultura mexicana y que posteriormente sean
parte de la filmografía histórica nacional.
Un lado menos amable, esta comparativa nos demuestra que,
a pesar de la independencia económica y social de la que tanto se habla
dentro de Sábado, sí existen ciertas excepciones donde el autor no se
deslinda de su ideología y, por lo tanto, retomando los conceptos de
Rodriguez (2010) periodismo cultural y crítico cultural, se ven reflejados
durante la narración de los artículos publicados por Sábado.
#228 Allá en el churro grande:
¡Ay, crítico, no te rajes!
Un artículo de Gustavo García con fecha de marzo de 1982
Dentro de los artículos creados de Gustavo García, este es el que
cierra una era dentro de la crítica cinematográfica de la época, ya que
precisamente en esta se reflexiona sobre la crítica cinematográfica en
México y su relación con el cine, señalando que aunque se pretende
el análisis, la crítica se encontraba entrelazada al medio, como parte
del mismo sistema de producción. Asimismo, destaca el contraste
entre la Edad de Oro (40 ‘s) y la poca crítica y, por lo tanto, la calidad
de las producciones, rescatando a Álvaro Custodio y Francisco Pina.
Además, es él quien nos acerca a una antecesora de
producción crítica en formato revista como lo fue Nuevo Cine (19601961); la importancia de Emilio García Riera con El cine mexicano
(1963), libro que documentó la historia del cine mexicano: “En 1963,
Emilio García Riera publicó El cine mexicano, el primer intento
serio de organizar reflexivamente los entonces pocos, dispersos y
desconfiables datos sobre el cine nacional…” (p.11); y, finalmente,
Jorge Ayala Blanco con La aventura del cine mexicano (1968).
146

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El artículo centra su atención en la valoración de Mitología
de un cine en crisis (1981) de Alberto Ruy Sánchez, el cual analiza
la relación entre el cine, la política y el poder durante el sexenio
de Echeverría: “Con todo, la lectura del cine mexicano como
instrumento del poder, tal y como la ofrece Ruy Sánchez, impone
una reconsideración de la historia…” (p. 11).
Más adelante se demostrará cómo es que es que, probablemente,
esta crítica sí hizo un cambio dentro de la sociedad, induciendo a
una resignificación de lo que es la crítica dentro de la cinematografía,
orillando a los autores a ser más objetivos y a hablar abiertamente
de la corrupción y censura dentro de grandes productoras por parte
del gobierno en turno, dejando en claro que al cine le urgía una
independencia gubernamental para poder prosperar.
#230 Las ruinas de la cineteca: el paisaje obligado
Un artículo de Carlos Monsiváis, con fecha del 03 abril de 1982
Ya desde el título de este artículo podemos observar cómo la pérdida
de la cineteca (causada por un incendio, fruto de negligencias) es un
cuadro que no solo expone el desastre de 1982, sino el desastre de
varios sexenios interesados en la redituabilidad que genera un medio
de entretenimiento masivo: “las ruinas de la Cineteca son también
el paisaje obligatorio de dos temas centrales: la pobreza de nuestra
infraestructura cultural y el destino del cine mexicano” (Monsiváis,
1982, p.4).
Al ser periodista, Monsiváis nos ataca con preguntas, ironía,
sarcasmo y datos envueltos en una cronología llena de intereses elitistas
con capital extranjero e instituciones privatizadas. Nos presenta
varias oposiciones: la censura por parte del gobierno y el deseo de
los cineastas por llegar al cine de autor; la privatización iniciada en la
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�Alondra Jazmín Martínez Valdez y Salma Lilian Ledesma Díaz / “El cine mexicano
en Sábado”

Época de Oro y la intención de la nacionalización con Echeverría;
además de los obstáculos del cine independiente de calidad, por
parte de cineastas marginados, y la facilidad del cine melodramático y
sexualizado, como él mismo menciona, ”el Estado dilapidó fortunas
favoreciendo las creencias de su clientela básica, la familia, con su
vestuario moralizador, su terror al esfuerzo cultural, su división del
mundo entre el melodrama y la irrealidad” (1982, p.4).
Todo esto nos acerca a la ideología y al ambiente social que se
tenía en ese entonces (y, quizá, aún ahora); la población se convierte
en una sociedad de masas perfecta, enfrascada en historias de ficción
que no critican ni señalan al régimen y sus errores. La decadencia
social se refleja en las ruinas de la cineteca, la población que cuenta
con la educación suficiente para ser consciente del problema va y
busca películas extranjeras, pero la sociedad de masas, inconsciente de
su situación, vive el cine como un medio de entretenimiento alienado,
incluso cayendo en una servidumbre voluntaria, pues la misma
población repite los personajes estereotípicos en su cotidianeidad,
justifica el contenido de la pantalla grande y reniega del cine crítico y
social que tanto se intentó alcanzar durante el sexenio de Echeverría:
“volvamos a nuestra técnica infalible: inventemos al pueblo, y el pueblo
querrá parecerse a la imagen recreada. Si la Gente quiere seguir como
antes, es su problema y es nuestra obligación” (Monsiváis, 1982, p.5).
#230 Encuesta
La pérdida de la cineteca
Un artículo de Magali Tercero, con fecha del 03 abril de 1982
Más que un artículo, este es un compendio de opiniones expresadas
por el medio intelectual y literario de la época acerca del incendio
148

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�Humanitas, vol. 5, núm. 10, enero-junio, 2026

que acabó con vidas humanas y material cinematográfico histórico
mexicano. Críticos, poetas, ensayistas, traductores y periodistas,
mexicanos y extranjeros, se sumaron a la voz de la crítica y se negaron
al silencio y a la complicidad del gobierno. A pesar de ser voces
diversas (por ejemplo, tenemos a Luis Cardoza, poeta uruguayo),
todas terminan en un consenso y en casi un manifiesto unánime
lleno de indignación y tristeza.
El discurso se centra en la pérdida como un símbolo de la
fragilidad cultural en el país, pues la negligencia y la precariedad
(se alegaba bajo presupuesto) transformaron el hogar de jóvenes y
amantes del cine en ruinas. Las voces se convierten en un mensaje
homogéneo que destaca la pérdida de la memoria y el patrimonio
mexicano que, irónicamente, jamás se olvidará. La mayoría se centra
en un lenguaje emotivo que recurre justamente a la catástrofe y a la
tragedia, pero que se escapa de la propia rabia y tristeza para criticar
la nula intervención política y económica para la preservación de
una institución necesaria y única.
#284 La hojita parroquial
Empeños de edición perdidos
Un artículo de Gustavo García, con fecha del 16 abril de 1983
Cerramos con quien empezamos, Gustavo García nos regala una
reflexión un tanto pesimista —pero realista— en cuestiones del
cine mexicano y latinoamericano en una sociedad donde comienza
el imperio del cine norteamericano, nos plantea nuevamente dos
publicaciones que él llama “editoriales fantasmas”.
Por un lado, tenemos a la revista argentina Cine Libre (1982), la
cual nació de las cenizas de la economía y política del país de origen,
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�Alondra Jazmín Martínez Valdez y Salma Lilian Ledesma Díaz / “El cine mexicano
en Sábado”

la cual tenía como objetivo abrir el diálogo sobre producciones
latinoamericanas y español; de manera sencilla, pero valiosa, informaba
y fomentaba el debate cultural de manera crítica, sin embargo, el nulo
interés tanto de los corresponsables como de la misma revista al no
incluir otros países terminó siendo cancelada en sus publicaciones.
Por otro lado, tenemos la iniciativa de CUEC, CC y Centro de
estudios de la comunicación de la UNAM, con el propósito de reunir
una variedad de material de gran valor para la historia del cine mexicano,
como lo son biofilmografias, índices de directores, filmografías
completas, guiones de cine mudo y fichas de cartelera, sin embargo, la
poca difusión y falta de apoyo económico terminó por hundirla.
Cabe mencionar que estos proyectos de acuerdo con un
boletín informativo de marzo de 2019 continúan vigentes:
El Consejo Universitario de la UNAM aprobó transformar el
Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC)
en Escuela Nacional de Artes Cinematográficas, para formar
cineastas en la más amplia gama de las artes y, en consecuencia,
impactar con una profunda visión universitaria y social los
cambios culturales que propicien bienestar y desarrollo en México
y el mundo. (Del Carmen, 2019)

Finalmente, la denuncia hacia el poco interés cultural por
estos suplementos, le da una nula esperanza a nuestro autor de
que el cine mexicano continúe de forma creciente, por lo menos
hasta ese momento, demostrando la poca importancia cultural y la
fragilidad del material.
Conclusiones
El canon mexicano, y lo que conocemos como el imaginario social
al pensar en “lo mexicano”, se vio claramente afectado por la
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censura o el control de las producciones que veían o no la luz. La
centralización y la aprobación de grandes productoras vinculadas
con el gobierno capitalino y las empresas extranjeras influyeron en
la manera de concebir y consumir el cine, dejando de lado el intento
de construir una identidad cinematográfica real y auténtica debido a
los intereses políticos y económicos de las grandes élites.
Las instituciones gubernamentales juegan un papel decisivo
en la configuración de una industria pluralizada, independiente y
nacional; sin embargo, mientras se siga apostando por una sociedad
de masas en vez de una población consciente y con capacidad
analítica, las cosas seguirán (y siguen) funcionando de la misma
manera: contenido fácil para ingresos rápidos.
El rol de los suplementos y revistas como Sábado es
fundamental para comprender la situación política y socioeconómica
del país en relación con temas como el arte, la literatura, o en esta
ocasión, el cine. Sábado cumple con una función política porque se
alejó de la censura que tanto impusieron los regímenes para criticar
y alzar la voz en contra de la misma, en contra del actuar y el no
actuar de las instituciones y de la sociedad.
Sábado fue más que un suplemento cultural, fue un espacio de
crítica, de duelo, de esperanza y, sobre todo, de resistencia intelectual
ante un país indiferente, que se deslindó de la cultura mientras se
apoyaba en la misma para intentar sanar su crisis financiera y para
encontrar una identidad que fomentara el nacionalismo perdido. El
resultado fue un grito que buscó despertar al pueblo del letargo, para
salvarlo de las letras vacías y de la crítica sin crítica. Sin duda, entre sus
páginas, cada artículo, cada obra, cada opinión es un acto que contribuye
a la legitimación cultural mexicana, que a día de hoy funciona como
testimonio y como un reflejo de lo que fuimos y somos.
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�Alondra Jazmín Martínez Valdez y Salma Lilian Ledesma Díaz / “El cine mexicano
en Sábado”

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-143

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�Alondra Jazmín Martínez Valdez y Salma Lilian Ledesma Díaz / “El cine mexicano
en Sábado”

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154

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-143

�Notas
Humanitas, vol. 5, núm. 10, 2026

La intertextualidad como efugio de la “parálisis”
en “Sindbad el Varado”, de Gilberto Owen
Intertextuality as a evasion from “paralysis”
in “Sindbad el Varado”, by Gilberto Owen
Santos Javier Velázquez Hernández
Universidad Autónoma de Sinaloa
Culiacán Rosales, Sinaloa, México
javier_velazquezh@uas.edu.mx

Resumen. Este artículo aborda el tópico de la “parálisis poética” en
“Sindbad el varado”, de Gilberto Owen (1904-1952); para ello, se realiza
un análisis de la condición de inmovilidad que padece una serie de
personajes y su relación con la tradición literaria y el contexto del grupo
Contemporáneos. Este estudio permite afirmar que “Sindbad el varado”
recrea el drama de la asfixia creativa que padeció este grupo debido al rigor
crítico y a la “imposibilidad” de superar o igualar a los autores clásicos. Se
concluye que Owen plantea una solución a esa crisis mediante el recurso
de la intertextualidad.
Palabras clave: parálisis poética; tradición literaria; intertextualidad;
Contemporáneos.
Abstract. This article addresses the topic of “poetic paralysis” in “Sindbad
el varado”, by Gilberto Owen (1904-1952). To do this, an analysis is carried
out of the condition of immobility suffered by a series of characters
and its relationship with the literary tradition and the context of the
Contemporáneos group. This study allows us to affirm that “Sindbad el
Varado” recreates the drama of the creative asphyxiation that this group
suffered due to critical rigor and the “impossibility” of surpassing or

155

�Santos Javier Velázquez Hernández (Universidad Autónoma de Sinaloa) / “La
intertextualidad como efugio”

equaling the classic authors. It is concluded that Owen proposes a solution
to this crisis through the use of intertextuality.
Keywords: Poetic
Contemporáneos.

156

paralysis,

literary

tradition,

intertextuality,

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-96

�Humanitas, vol. 5, núm. 10, 2026

Introducción
El libro Perseo vencido, en particular la sección “Sindbad el Varado”,
de Gilberto Owen (1904-1952), ha sido por mucho tiempo objeto
de una interpretación dominante: la que lo liga con su vida, ello
a partir de un ensayo de Tomás Segovia en el que expuso: “la
transmutación poética de la materia biográfica es precisamente, me
parece, lo más profundo que hay en la obra de Gilberto Owen”
(1988: 127). Sin duda, esta línea de pensamiento influyó en los
trabajos realizados por autores como Carlos Montemayor (1981),
Vicente Quirarte (1990),1 Guillermo Sheridan (1996), por mencionar
los más relevantes. Esta presunta simbiosis orientó la pesquisa del
pasado vital del poeta sinaloense, lo que produjo la corrección de su
natalicio (Beltrán Cabrera, 1996: 72-76), así como la recuperación
de anécdotas familiares y el seguimiento de su trayectoria tanto
literaria como diplomática (Quirarte, 2007). En su momento,
Evodio Escalante (2005) reconoció “una enorme cantidad de
desvaríos interpretativos” —como el estudio de la alquimia y el tarot
de García Terrés (1980)— que perdieron de vista “lo que tendría
que ser lo primario: la experiencia de vida, las vallejianas médulas del
dolor, la intensidad emocional, intelectual e imaginativa de una
existencia obligada a articularse en verso, más allá o más acá del dato
verificable en la biografía”; y con ello, Escalante realizó una lectura
que pretendió apartarse del pasado vital del poeta sin lograrlo.
Ante esta vía interpretativa, amén de su agotamiento, planteo
realizar una vuelta al texto y efectuar una aproximación a la literalidad
1 Quirarte también señaló que Perseo vencido es la crónica de un desamor,
y tal certeza se la brindó Tomás Segovia, ya que en uno de sus ensayos, según
menciona, confirmó varias de sus intuiciones (1985: 59).
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-96

157

�Santos Javier Velázquez Hernández (Universidad Autónoma de Sinaloa) / “La
intertextualidad como efugio”

de “Sindbad el varado”, especialmente a la intertextualidad, pues
considero que ahí yace tanto el planteamiento de un problema como
una propuesta de solución. En un ejercicio crítico, Cynthia Ramírez
(2009) notó los referentes clásicos más evidentes en la obra oweniana:
Perseo, Simbad el Marino, Zeus, Fausto y Pigmalión; sin embargo,
no exploró su sentido, y en particular, los distintos personajes que se
despliegan en el poemario.2 Un punto en común es la parálisis, el cual
es el elemento articulador del libro. Por esta razón, para interpretarlo
e indagar qué significado tiene esa condición es necesario establecer
los diálogos que traza con otros textos de la tradición literaria, esto
es, la intertextualidad consciente o inconsciente, “o que se citan, ya
sea parcial o totalmente, ya sea literalmente […], ya sea renovados y
metamorfoseados creativamente por el autor” (Beristáin, 2001: 269).
De este modo, en este artículo se hace, en el primer apartado, una
revisión de los personajes “paralizados” y después, en el segundo
apartado, se ofrece una lectura de esa intertextualidad junto con el
contexto del autor, en donde se hace una exploración de la crítica en
torno a la concepción de la poesía.
Los sucesivos rostros de la inmovilidad
La intertextualidad inconsciente en “Sindbad el varado” se torna
si no infinita, sí bastante extensa; la que nos interesa, empero, es la
explícita, la voluntaria, esa que se propone renovar o metamorfosear
otras obras, pues revelaría una intencionalidad que se debe
interpretar, sobre todo porque Gilberto Owen dejó pistas en
diversos metatextos (como cartas, críticas o prólogos) que pergeñó
2 En cambio, en un estudio posterior Cynthia Ramírez (2012) sí destacó
la influencia de André Gide y de la Biblia en la obra de Owen.

158

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-96

�Humanitas, vol. 5, núm. 10, 2026

previa o posteriormente a la escritura de lo que se considera como
su poema mayor.
El libro Perseo vencido está compuesto por cuatro secciones:
“Madrigal por Medusa”, que es un solo poema de cuatro estrofas;
“Sindbad el varado (Bitácora de febrero)”, la cual está conformada
por 28 poemas, uno para cada día del mes; “Tres versiones superfluas
(Para el día veintinueve de los años bisiestos)”, constituida por tres
poemas, y “El libro de Ruth”, que consta de cinco poemas.3 Ahora
bien, estas cuatro secciones están articuladas por la inmovilidad de
los personajes que ahí aparecen, ya sea porque están petrificados,
muertos o en estado onírico.
En este universo oweniano, el primer personaje paralítico es
Perseo quien, contrario al mito, es derrotado por Medusa (1979: 68).
Owen reformula así el mito de que Medusa era mortal (Hesíodo,
2015: 23) y que había sido decapitada; en esta recreación, el héroe
ha sido vencido y petrificado. En esta batalla, Perseo sufre la pérdida
de sus sentidos: la vista (“ojos astillados”), el tacto (“embelesado el
pulso”), el gusto (“tu voz se hiele en tu garganta”) y el oído (“no
rompa mi muerte con su grito”). La derrota es total, pues ha perdido
todo lo que ganó, “menos el gesto huraño”. La intertextualidad
intencional es evidente, pues remite en primer término al poeta
Ovidio, quien señaló que Medusa “era la figura más bella y el partido
codiciado por muchos” (2011: 125), pero también hace alusión al
fracaso del personaje de The love song of J. Alfred Prufrock, de T. S.
Eliot, quien fue incapaz de realizar una declaración amorosa. Owen
dice: “amor dormido,/ dolor bisiesto emparedado en años”, ya que
3 Para el propósito de este artículo este poema es prescindible; además, el
poeta declaró que se trata de un poema de amor.
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intertextualidad como efugio”

Perseo, enamorado de Medusa (nótese que es un madrigal), sucumbe
a sus encantos, mientras que el personaje eliotiano se suicida: “Nos
hemos quedado en los cámaras del mar/ al lado de muchachas
marinas coronadas de algas rojas y cafés/ hasta que nos despiertan
voces humanas y/ nos ahogamos” (2015: 62); otro paralelismo con
esto último es que también Perseo yace en el lecho marino: “Cante el
pez sitibundo, preso en redes/ de algas en tus cabellos serpentinos”.
Como es notorio, se trata de una apropiación tanto de Ovidio como
de Eliot para subrayar la razón del estado inerte de su personaje.
La sección titulada “Sindbad el varado” trata de la aventura
inmóvil de un marino singular, víctima de un naufragio. De nuevo,
Owen retoma la leyenda de Simbad el Marino, de Las mil y una noches
(2020), para ponerla de revés; contrario a ese personaje itinerante,
inquieto, el del poeta está paralizado en una isla estéril. En el “Día
uno, El naufragio”, el poeta recrea la atmósfera de la inmovilidad a
través de un tren de metáforas; en primer lugar, alude a la muerte
(1979: 69):
Esta mañana te sorprendo con el rostro tan desnudo
que temblamos;
sin más que un aire de haber sido y sólo estar, ahora,
un aire que te cuelga de los ojos y los dientes

La persona gramatical “tú”, a la que se dirige el yo lírico, es
la tierra que lo acogió en la noche; a su vez, la prosopopeya insinúa
a la calavera del bufón Yorick, a quien le habla el príncipe Hamlet:
“Aquí pendían aquellos labios que yo he besado no sé cuántas veces.
[…] ¿Qué haces ahí con la boca abierta?” (Shakespeare, 1979:454).
Enseguida, el autor despliega otra imagen de la parálisis: la quietud de
la isla “desierta y árida” se asemeja al vuelo de un colibrí suspendido
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en el aire: “correveidile colibrí, estático/ dentro del halo de su
movimiento”. El náufrago Sindbad es trasmutado por el personaje
de Jesucristo fijado en la cruz y sus cinco heridas (69):
Esta mañana me consume en su rescoldo la conciencia de mis llagas;
[…]
aquí me hirió su mano, aquí su sueño,
en Emel su sonrisa, en luz su poesía,
su desamor me agobia en tu mirada.

Las cinco llagas que recibió Jesús fueron los cuatro clavos
que le pusieron (en las manos y los pies) durante la crucifixión
junto con la producida por lanza que le clavaron en el costado para
asegurarse de que había muerto, según refieren los evangelistas; en el
poema “Día cinco, Virgin Islands” usa de nuevo una alusión bíblica
sobre el pasaje de la pasión de Cristo: “María y Marta, opuestos
sinsabores/ que me equilibraron en vilo/ entre dos islas imantadas”
(72). La imagen de Jesús no es gratuita, ya que Owen se consideraba
a sí mismo como la “conciencia teológica” de los Contemporáneos
(1979: 290), y a menudo hay una evocación bíblica muy diáfana en
su poesía. Prueba de ello es el poema “Día dos, El mar viejo”, en
el que hace, en primera instancia, una referencia al diluvio universal
(Génesis, 7); sin embargo, una vez más pone de revés el mito: para
Owen el diluvio terminó, pero ahora el cielo es un mar “Varado en
alta sierra”: el personaje varado es el mar.
En este juego intertextual, el poeta sinaloense también
recurre al poema “Después del diluvio”, de Arthur Rimbaud, para
recrear el verso inicial: “En cuanto la idea del Diluvio remitió…”
(2019: 109); y todavía más, para complejizar esta apuesta por el
palimpsesto, acude al poema “El cementerio marino”, de Paul Valéry
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(cuyo sujeto lírico, también hundido, señala: “sobre losas de muertos
va mi sombra/ que a su lábil moverse me acostumbra” [1999: 12]),
para expresar que Sindbad (con la máscara de un Noé invertido) se
halla varado en el sitio de la muerte: “mas yo estoy en la noche de
tu fondo/ desvelado en la cuenta de mis muertos” (70). El mar de
Owen, ha dicho Quirarte a propósito de los versos del poema “Día
primero…”: “Y luché contra el mar toda la noche, / desde Homero
hasta Joseph Conrad”, es, además de un mar material y simbólico,
“un mar literario por el que han navegado voces anteriores a la
suya” (1985: 97). Y en efecto, el poeta hizo suya la tradición para
transformarla, pero sobre todo para hallar una salida a la parálisis
a que sus personajes representan. En ese camino, el poeta acude al
legendario Ulises (La Odisea), así como a la narrativa marinera de
Joseph Conrad, cuyas novelas como Lord Jim o El negro del Narciso
relatan naufragios.
El siguiente personaje que se enuncia es el propio Sindbad/
Owen. En “Día tres, Al espejo”, la crítica ha encontrado referencias
biográficas, sobre todo sobre su padre (ese “gambusino rubio”). No
obstante, lo que me interesa destacar aquí es el hecho de que el
sujeto lírico se contempla a sí mismo, no al espejo: él es el espejo al
verse desde fuera, desdoblado; en una alucinante imagen se ve en
sus propias pupilas “sin convite a tu fiesta de fantasmas”. Es decir,
Sindbad / Owen se desdobla y ve lo que sucede en la memoria:
un haz de recuerdos que lo remontan a la vida del poeta y su mar
nativo: “Dentro de ti, la casa, sus palmeras, su playa […] y al fondo
el amarillo amargo mar de Mazatlán” (71). Este desdoblamiento se
da porque quien ve es un fantasma anclado en la eternidad de la
muerte: “Yo, en alta mar de cielo/ estrenando mi cárcel de jamases y
siempres” (71), puesto que ambos adverbios sustantivados, aunque
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antagónicos, apuntan hacia una temporalidad absoluta. En el “Día
cuatro, Almanaque”, ahora el personaje inmóvil es el mismo Dios
(p. 71):
Todos los días 4 son domingos
porque los Owen nacen ese día,
cuando Él, pues descansa, no vigila
y huyen de sed en sed por su delirio.

En una carta a Elías Nandino, señalaba que “los ówenes”
aprovechaban los días domingo para nacer (1979: 291). Detrás
de esa enunciación hay un manifiesto sentido herético al parodiar
el santoral católico. De acuerdo con el Génesis, “El séptimo día
terminó Dios lo que había hecho, y descansó. Entonces bendijo el
séptimo día y lo declaró día sagrado, porque en ese día descansó
de todo su trabajo de creación” (2: 2-3). Pero el Dios de Owen no
vigila porque, inerme en su reposo, o tiene una pesadilla o está ebrio
o es víctima de la locura, pues delirante deja escapar a los Owen.
La parálisis de Dios produce ángeles caídos; en lugar de ángeles,
nacen demonios. La idea de William Blake, retomada del Paraíso
perdido, de John Milton, aparece de trasfondo: el diablo y el artista
son semejantes en su rebeldía y fuerza creativa: “El mal es activo al
brotar de la energía” (2018: 89).
En este viaje inmóvil, la bitácora apunta a los pensamientos
o recuerdos de Sindbad, es decir, a su conciencia. Si leemos con
atención, en Perseo vencido hay numerosas alusiones al hecho de que
el sujeto lírico pareciera estar en el trance de la muerte: “No ser y
estar en todas las fronteras/ a punto de olvidarlo o recordarlo todo
totalmente” (“Primera, Discurso del paralítico”, 1979: 90) y desde ahí
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es donde apunta una serie poemas tendientes a recrear la “memoria
morosa en las heridas” (“Día siete, El compás roto”, [78]), el registro
de su naufragio. De este modo, del “Día ocho, Llagado de su mano”
al “Día doce, Llagado de su poesía”, desarrolla la idea planteada en
el primer día (“la conciencia de mis llagas” [69]). Asimismo, Owen
escribe cuatro poemas, para los días del dieciocho al veintiuno que
titula “Rescoldos”: de pensar, de sentir, de cantar y de gozar; un
rescoldo es el resto o residuo que queda de un afecto, sentimiento
o pasión, lo cual es significativo, ya que una vez más Owen orienta
la lectura hacia un sujeto que está en agonía, como una brasa que
queda entre la ceniza, según la otra acepción de “rescoldo”.
Otra máscara de Sindbad es Ulises; no obstante, este
personaje también es peculiar, pues Owen transfigura la epopeya
homérica: este se vuelve en un héroe trágico: “Y mi sed verdadera/
sin esperanza de llegar a Ítaca” (“Día veintiuno, Rescoldos de gozar”
[83]). Se trata de un náufrago que se ha extraviado y ha perdido para
siempre la ruta de retorno. Después, en el “Día veinticinco, Yo no vi
nada”, Owen sugiere una vez más la muerte de Sindbad al comparar
los “puertos como párpados cerrados”, y al señalar:
De llamar a mi puerta y de oír que me niegan
y ver por la ventana que sí estaba yo adentro,
pues no hubo, no hubo
quien cerrara mis párpados a la hora de mi paso (86).

El tema del desdoblamiento se repite: el sujeto lírico es
un testigo ciego, lo cual también se reitera en otros poemas. Este
Sindbad, además, se convierte en Jonás al estar en la nave de una
iglesia abandonada “que pudo ser el vientre/ de la ballena para el viaje
último” (en Jonás 1:7 se narra que un gran pez se tragó al profeta
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por tres días y tres noches luego de ser arrojado desde un navío para
calmar el mar embravecido) y también se transfigura en Prometeo
encadenado: “pues yo llamaba al buitre de tu luz/ a que me devorara
los sentidos” (por la falta de haber robado el fuego a los dioses del
Olimpo, “sufro el castigo de estar aherrojado mediante cadenas a
cielo abierto” [Esquilo, 2015: 333]). Tanto Jonás como Prometeo son
también personajes paralizados. A ellos se suma un personaje bíblico
con similar condición. En el “Día veintisiete, Jacob y el mar”, Owen
recurre al relato bíblico de la noche que Jacob luchó contra un ángel
en la playa hasta el alba; como el ángel no pudo prevalecer, le tocó el
muslo y lo dejó descoyuntado (Génesis 32: 22-30): “Mañana habrá
en la playa otro marino cojo”. Tenemos así a otro personaje inmóvil,
paralítico. Asimismo, este ángel oweniano sería una lectura del poema
“Jacob”, de Alfonso Reyes escrito en París en 1925, y este a su vez
partiría del poema “Mort d’un cygne”, de Jean Cocteau; dice Reyes:
“Bajo las contorsiones del gigante, /aúllo a veces —oh enemigo
blanco—/ y dentro de mí mismo estoy cantando” (Patout, 1989:
521-522); de su combate con el ángel, obtiene un canto, y mientras
que el Jacob bíblico también obtiene un triunfo, la bendición divina, la
batalla que sostuvo el personaje oweniano fue inútil, pues no obtuvo
su propósito: “cuando eres poesía y mi rosa se inclina a oler tu cifra y
te me esfumas” (87). No obtiene ninguna ganancia. Por último, en el
“Día veintiocho, Final”, alude a la muerte del sujeto lírico: “ese ángel
de la guarda que se duerme borracho mientras allí a la vuelta matan a
su pupilo”, junto con el desenlace: “Tal vez mañana el sol en mis ojos
sin nadie” (87) dan cuenta de esa condición inerte.
Ahora bien, esta amplia galería de personajes inmóviles o
paralizados que se halla en el poemario representa, por un lado,
el reconocimiento tácito de pertenecer a una tradición literaria
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intertextualidad como efugio”

con la que Owen dialoga a través de la intertextualidad; por otro
lado, es una manifiesta expresión de señalar el peso de esa misma
tradición, la asfixia creativa. Como se verá en el siguiente apartado,
el poeta sinaloense construye una serie de efugios —algunos desde
el humor— para salir de esa situación. Para ello, es necesario
situar las condiciones de producción del autor para, a través de
la metatextualidad, rastrear las inquietudes intelectuales de sus
contemporáneos.
Efugios owenianos a la “parálisis” poética
En el contexto de las letras mexicanas, en los años veinte se declaró
una crisis en la poesía, pues en 1925 Jiménez Rueda hablaba de
un “reblandecimiento o afeminamiento” de la nueva literatura, en
referencia la producida por el grupo Contemporáneos; mientras que
la de los estridentistas, liderados por Maples Arce, se consideraba
una literatura “viril” (Velázquez, 2010: 13). Se trató, como trasfondo,
de una postura nacionalista: la reconstrucción posrevolucionaria de
la identidad cultural, que compartió el Estridentismo, y la intención
de inscribirse en la literatura universal, sin cortapisas ideológicas,
por parte del “grupo sin grupo”.
En esa tesitura, este último entró en un debate intelectual
relativo a la “pureza” de la poesía a partir de la tesis de Paul Valéry
—quien retoma la idea de Edgar Allan Poe relativa a su Filosofía
de la composición (1846)—, y de ahí se derivó también una crisis:
una crisis creativa. En la elaboración del poema “El Cuervo”,
Allan Poe aseveró que “ningún detalle de su composición puede
asignarse a un azar o una intuición, sino que la obra se desenvolvió
paso a paso hasta quedar completa, con la precisión y el rigor
lógico de un problema matemático” (67). Como puede verse, para
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Poe una obra artística era fruto de la planeación, de un proceso
racional y consciente, contrario a la libertad propugnada por el
romanticismo y asumida totalmente, después, por el surrealismo y
otras vanguardias, época en la que Valéry da a conocer su tesis de la
poesía pura. En 1920 Valéry, como he dicho, señaló que a mitad del
siglo XIX había una “voluntad de aislar definitivamente la poesía
de cualquier otra esencia ajena. Semejante preparación en estado
puro había sido predicha y recomendada con la mayor precisión por
Edgar Poe” (1990: 12). El abate Bremond interpretó la definición
de Valéry de forma equivocada al asociar la poesía pura con una
“corriente inefable y misteriosa que tiene que ser intuida” y no con
“el hipotético residuo ‘simple’ que resultaría de un proceso racional
de descomposición analítica, una vez eliminados los elementos no
poéticos” (Stanton, 1994: 29-30). También Stanton señala otras
tres acepciones de poesía pura: la de Juan Ramón Jiménez, “un
intento de equilibrar emoción, sensación e intelecto en lo que se
llamaría ‘lirismo de la inteligencia’ o ‘sensualismo intelectual’; la de
las vanguardias, que pudiera resumirse en “la estilización extrema en
un proceso de abstracción formal e intelectual”, y la José Ortega y
Gasset, quien acuñó “el término de arte deshumanizado” (30-31).
Ahora bien, la definición que nos interesa aquí es la de Valéry,
quien proponía “un proceso intelectual de abstracción y rigor que
pretende reducir la poesía a su esencia intemporal” (Stanton, 1994:
30), es decir, la eliminación de las impurezas mediante el rigor
de la razón. Este ejercicio fue asumido por algunos integrantes de
Contemporáneos: Jorge Cuesta y Xavier Villaurrutia, principalmente.
Para Cabrera y Ramírez (2011), “parece difícil concebir que por esa
misma razón [la teoría purista] dejaran de escribir, agotado el modelo
valeriano”. Sin embargo, creo que la opinión de Stanton resulta muy
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acertada al considerar que el exceso de la doctrina purista conllevó
a la “poesía de asfixia”: descubrieron así las “secuelas del nihilismo
metafísico: el silencio, la esterilidad, la nada. Incapaces de ampliar sus
universos poéticos o explorar otras vetas con la misma intensidad,
enmudecieron” (1994: 41-42). Quien vio esta situación con una
claridad meridiana fue José Gorostiza, pues en su ensayo “La poesía
actual de México. Torres Bodet: Cripta”, que publicó en 1937, describe
el drama de la parálisis debido al rigor del criticismo: “una forma
poética paralítica, que no se desplaza, que no crece, sino que está
allí, inmóvil, distribuida en el espacio del poema de acuerdo con una
idea puramente plástica de la composición” (303). Esta “pureza”, en
opinión de José Gorostiza, consistía en discriminar la emoción del
poema, en una especie de “horror a la vida” y en un “testismo” que
hacía “aparecer a toda nuestra generación y no solamente al ‘grupo sin
grupo’ como una ‘generación sin drama’” (302).
También Alfonso Reyes —una figura tutelar de los
Contemporáneos— advirtió, casi como liminar al estallido de las
vanguardias, sobre una crisis de “lucha por la libertad artística”.
En el ensayo “Jacob o idea de la poesía” expuso una disyuntiva
en la poesía mexicana: la tradición apegada a las formas poéticas
y, por otro, a los que experimentaban la “escritura mediumnímica
o sonambúlica” (Reyes, 1933). En medio de esa querella, entre lo
formal y lo informal, Reyes proponía “espuela y freno”, es decir, una
libertad a partir del rigor de la forma. Para el polígrafo mexicano, la
poesía era un “efecto de palabras”, más que un “estado de alma”, y
deslizaba una crítica, justamente, contra la idea de “pureza”: “Lo que
al poeta importa es evitar que el espíritu ceda a su declinación natural,
a su pureza cósmica, la cual pronto lo llevaría a las vaguedades más
nauseabundas y al vacío más insípido”. Como puede constatarse,
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en el ambiente intelectual mexicano eran comunes las ideas sobre
la materia poética relativas a la pureza, la forma y el lenguaje. Y es
en este universo que Gilberto Owen elabora una contrapropuesta: y
lo hace, precisamente, con los elementos de la poesía. En el poema
“Día veintisiete, Jacob y el mar”, Owen recrea esa batalla entre el
poeta y el lenguaje, como ya he dicho en el acápite anterior.
Pero sobre todo, el libro Perseo vencido, y en particular
“Sindbad el varado”, es el que recrea el drama de la parálisis en el
que estuvieron sumergidos los Contemporáneos debido al excesivo
rigor de la autocrítica. Jaime Torres Bodet, como Jorge Cuesta o
Xavier Villaurrutia, identificó los puntos de unión entre ellos: “Más
que una tendencia común, los agrupa una involuntaria solidaridad:
el mismo odio a la fórmula, la misma curiosidad de perderse que
hace la belleza de la figura de Simbad” (citado por Stanton, 2014:
19). El personaje de Simbad, como Ulises o Eneas, era un ícono de
la aventura intelectual del grupo, razón por la que Owen lo habría
elegido para alegorizar el escollo de sus contemporáneos; en una
misiva a Reyes, le relataba:
La vida de Simbad que empecé a escribir, danza también, hace tres
años, se me ha complicado en marcha ahora que la he reanudado;
en el viaje quinto me he encontrado con mi generación, en el
episodio del viejo de la selva; le he visto sobre los hombros míos,
sobre los de mis compañeros, asfixiándoles; y quiero embriagar
a elogios a mis clásicos, y darles luego una buena pedrada en la
cabeza. Voy a respirar deliciosamente libre de él (78).

El estilo discursivo y lúdico de esta confidencia literaria
tiene varias capas de significación: en primer término, juega con la
idea de Valéry (la poesía como danza; la prosa como marcha) para
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señalar la dificultad de su escritura; enseguida, y lo más relevante,
hace mención del quid de su planteamiento: el viejo de la selva, que
en Las mil y unas noches se trepa en los hombros de Simbad, cruza
las piernas y lo tortura así día y noche, se convierte en símbolo de
la asfixia poética de toda la generación. En el quinto pasaje del
relato árabe, Simbad embriaga al anciano con el fermento de unos
frutos y, acto seguido, lo mata “con una piedra enorme” (2020:
238); en la versión oweniana destaca la pretensión de “embriagar”
a los clásicos, lo cual hace a través de lo que yo denomino como la
poética del palimpsesto, para enseguida deshacerse de ellos; por eso
menciona que va a respirar “deliciosamente”, pues sólo así podrá
librarse de la asfixia de la dura carga que representaban los autores
canónicos, insuperables, para él y los suyos. Esa asfixia, que en otros
momentos se traduce como una parálisis, es la que funciona como
el hilo conductor de todo el libro. En la misiva que le escribe a su
amigo Luis Alberto Sánchez le cuenta el plan del libro, y en ella
podemos leer, en primer lugar, la intención de otorgarle una unidad
semántica al poemario:
Dime si te parece bien el nuevo plan del libro, cuyo título, en ese
caso, sería Perseo vencido; si no quieres añadirle la Ruth y el Madrigal,
puede ser, como decía antes, Sindbad el varado. El Perseo me suena
más, porque el origen de todo, el Madrigal, lo escribí viendo una
de las innumerables estatuas, pensando que Medusa después de
todo no había sido decapitada, y que seguía petrificando, a los que
creemos vencerla, a través de la historia del arte. Y de la poesía
(1979: 279).

En segundo lugar, explica “el origen de todo, el Madrigal…”.
¿Y cuál es ese principio, esa idea germinal del libro? La petrificación
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del héroe Perseo. En tercer lugar, es indispensable reparar en las
últimas líneas: Medusa continúa paralizando a los artistas y a los
poetas a través del tiempo; ahí se encontraría, precisamente, la clave
para interpretar su propuesta: para Owen, Medusa se convierte en
símbolo del peso de la tradición y Perseo en el artista que la desafía
sin posibilidad del triunfo. Sin embargo, un primer efugio ante la
parálisis es el gesto huraño de Perseo: pues cuando dice “Déjame
así, de estatua de mí mismo,/ la cabeza que no corté, en la mano,/
la espada sin honor, perdido todo/ lo que gané, menos el gesto
huraño”, lo que subraya es la actitud de haber luchado hasta el final
a sabiendas de que estaba destinado a perder.
El segundo efugio del sujeto lírico, esta vez con la máscara
de Sindbad, lo constituye el poema “Día catorce, Primera fuga” (78):
Por senderos de hienas se sale de la tumba
si se supo ser hiena,
si se supo vivir de los despojos
de la esposa llorada más por los funerales que por muerta,
poeta viudo de la poesía,
lotófago insaciable de olvidados poemas.

En este poema Owen recrea el pasaje del cuarto viaje
relatado por Scherezada: casado en una isla con la hija del rey
después de haber sido rescatado de una tierra de caníbales, Simbad
es enterrado vivo en una cueva —como era costumbre— luego de
su esposa enfermara y falleciera; sin embargo, logra escapar gracias a
una brecha abierta por las fieras que entraban a la gruta para engullir
los cadáveres (2020: 227). La salida oweniana de la asfixia poética,
entonces, es esta: el poeta debe alimentarse de los restos de la poesía
para sobrevivir; además, recurre también al canto IX de La Odisea,
cuando Ulises llega a una isla, pero al ir explorar sus hombres comen
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flor de loto y pierden la memoria (1993: 229). En este sentido, el
mensaje de Owen sería este: hay que fagocitar la tradición y después
deshacerse de ella a través del olvido. De este modo, el autor actúa
en dos vías: enuncia la práctica y, al mismo tiempo, la efectúa.
El tercer efugio propuesto por Owen es, no sin una dosis de
humor, el alcohol. En “Día quince, Segunda fuga (Un coup de dés)”
(1979: 78), establece:
Alcohol, albur ganado, canto de cisne del azar.
Sólo su paz redime del Anciano del Mar
y de su erudita tortura.
Alcohol, ancla segura y abolición de la aventura.

En la clave oweniana, el alcohol es lo que le pone fin al
azar, el que triunfa sobre la propuesta de Mallarmé (“un coup de
dés/ jamais n’abolira le hasard”). El tiro de dados preconizaba la
abstracción al límite en sus “subdivisiones prismáticas de la Idea”,
es decir, en sus versos, los que se hallan aislados en un océano de
silencio (1982: 157); de ahí entonces que el Anciano del Mar (aquel
embriagado por Sindbad) represente “la erudita tortura”: la carga de
la tradición y, sobre todo, la línea de la poesía pura trazada por Allan
Poe. Por eso, Owen recurre al símbolo del alcohol para finalizar la
aventura intelectual de los puristas, como Mallarmé o Valéry, la cual
había ocasionado un ahogamiento en los creadores de su generación.
En las “Tres versiones superfluas”, los personajes inmóviles
son Segismundo (de La vida es sueño, de Calderón de la Barca),
Lot (del Génesis bíblico) y Narciso y Filemón (de Metamorfosis, de
Ovidio), además de Sindbad. Con claridad, Owen propone un juego:
las versiones estarían de más; sin embargo, al denominarlas así se
entiende que estas son variaciones del mismo tema. Son, a pesar
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del adjetivo “superfluo”, el verdadero germen de su extenso poema
“Sindbad el varado”, y más aún, de Perseo vencido. Para Schneider,
no obstante, Perseo vencido “tiene más la traza de una antología de
los últimos poemas que entonces llevaba escritos Owen y no de un
libro autónomo” y “salta a la vista el anacronismo de ‘Tres versiones
superfluas’ dentro de la línea general de Perseo Vencido y más aún con
la declaración del propio Owen de que ‘Discurso del paralítico’ lo
escribió en 1936” (2008: 5). Me parece que esta lectura es errónea,
pues el poema “Primera. Discurso del paralítico” expone con
bastante claridad la idea de la inmovilidad y la propuesta de salir de
ella: ante la vaciedad de la poesía pura y la supresión de los sentidos
(“donde la rosa no es ya sino el nombre/ sin rosa de la rosa”), grita
Elías “su ley desacordada”:
“Cuando la luz emana de nosotros
todo dentro de todos los otros queda en sombras
y cuando nos envuelve
¡qué negra luz nos anochece adentro!”. (1979: 94)

Elías es tanto el personaje bíblico “envuelto en llamas”
como su amigo Elías Nandino, a quien en una misiva le preguntó:
“¿Leíste tu ley en uno de mis esperpentos?” (1979: 290). Esta ley es
la de la correspondencia, es decir, la que logra un equilibrio entre la
forma y el fondo, entre la razón y la emoción; por eso, en la misma
carta le dice: “En mi inteligencia y en mi sensibilidad eres solamente
poeta” (290). También en una nota crítica a Biombo, de Torres Bodet,
señaló: “Misión de poeta es mirar y sentir por los que quieren […]
y ordenar luego en obra intelectual esas emociones” (215). Pero es
en “Poesía —¿pura?— plena” donde asentó la conciliación de los
contrarios: “El agua clara, decimos nosotros, y el vaso de cristal,
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-96

173

�Santos Javier Velázquez Hernández (Universidad Autónoma de Sinaloa) / “La
intertextualidad como efugio”

pero tampoco vacío” (228); nótese, además, el símil compartido con
Muerte sin fin, de José Gorostiza.
Finalmente, en el “Texto preliminar a ‘Tres versiones
superfluas’” que Owen dispuso en el cuaderno Amistad, señalaba que
la literalidad podía ser superada; a través de Axel, menciona que Valéry
había afirmado que la frase: “La baronesa entró y tomó asiento” era
la más difícil de escribir, pero que un amigo (Owen) había escrito
“tres versiones aproximadas”, y explicaba su intención: “Y en las dos
anteriores no trata de evocar el cuento del viejo de la selva, sino de
imitar los dos versos de Rimbaud para quejarse de la dura carga que
nos son nuestros clásicos” (Owen, 2004). Los versos en cuestión son:
“Science avec patience,/ Le supplice est sûr”, y el Eclesiastés (1: 18)
también nos recuerda que quien añade ciencia, añade dolor; la crítica,
en este sentido, la encamina hacia el terreno de la composición poética
que Allan Poe definía como de “rigor lógico”. Como es notorio, el
espíritu lúdico de Owen desvía la atención del símbolo del Anciano
del Mar, pero no para opacarlo, sino para resaltar la poética del
palimpsesto a través del recurso de “elogiar a pedradas” a los clásicos:
“Y la hiel en mis piernas, que estrangulan/ a Sindbad con recuerdos
y ciencia e impaciencia” (1979: 99). No obstante, Sindbad ha logrado
salir triunfante, y la inmovilidad y la asfixia son desechas.
Conclusiones
En “Sindbad el varado” Gilberto Owen despliega una serie de
personajes con un rasgo en común: la parálisis. Esto sucede con los
relatos canónicos de la tradición literaria: por ejemplo, de la Odisea
recrea el mito de Perseo y la Gorgona para indicar que el héroe
jamás le cortó la cabeza, sino que fue derrotado y vuelto estatua; y
contrario al marino de Las mil y unas noches, la suerte de este Sindbad
174

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-96

�Humanitas, vol. 5, núm. 10, 2026

es malhadada y está condenado a vivir en una isla desierta y árida.
Con el elemento de la inmovilidad o la asfixia, el poeta
elabora una contrapropuesta en torno a una discusión intelectual de
la época: por una parte, la “asfixia” creativa debido al peso del canon
literario y, por otra parte, la entelequia de la poesía pura —sobre todo
a partir de un malentendido Valéry—. Al poner de revés o subvertir
las historias tejidas en la tradición, Owen no sólo representa el drama
de la inmovilidad mediante los personajes que la padecen, sino que
también muestra un camino para superar tal escollo: la recreación de
las obras, ya sea a través de la intertextualidad.
En este marco, Owen retomó con conciencia a los autores
de su predilección, sus “clásicos”, para proponer una serie de efugios
al problema que José Gorostiza denominó asfixia o parálisis poética
común al grupo Contemporáneos (sobre todo Xavier Villaurrutia y
Jorge Cuesta), la cual se debió en gran medida a la ansiedad de las
influencias (Bloom, 1991), que les impedía la producción artística.
Owen elabora así una poética del palimpsesto: reescribir, o más bien
recrear, a sus precursores para deshacerse de ellos.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-96

�Notas
Humanitas, vol. 4, núm. 8, 2025

La figura de la madre en los cuentos de
terror hispanoamericanos
The maternal figure in Latin American
horror fiction
Aimé Denise Rosales Rodríguez
Universidad Autónoma de Nuevo León
San Nicolás de los Garza, México
aimeadrr@gmail.com

Jocelyn Alejandra Salazar Rodríguez
Universidad Autónoma de Nuevo León
San Nicolás de los Garza, México
jocelynsalazar652@gmail.com

Resumen. La presente investigación analiza la representación de la figura
materna en los cuentos de terror latinoamericanos escritos desde el siglo
XIX hasta el XXI. A partir de un corpus inicial de cien cuentos de autores
y autoras del seleccionados y procesados mediante la herramienta digital
Voyant Tools y el enfoque de lectura distante propuesto por Franco
Moretti para identificar patrones temáticos y de frecuencia léxica en torno
al término “madre” en los cuentos. Este proceso permitió seleccionar
catorce cuentos donde la figura materna adquiere un papel significativo,
los cuales fueron posteriormente examinados mediante una lectura
cercana con el fin de profundizar en su construcción simbólica y narrativa,
así como su evolución en el género de terror desde la perspectiva género.
Palabras clave: literatura de terror, maternidad, lectura distante,
feminismo, cuento latinoamericano.

179

�Aimé Denise Rosales Rodríguez y Jocelyn Alejandra Salazar Rodríguez / “La figura
de la madre”

Abstract. This research analyzes the representation of the maternal
figure in Latin American horror stories written from the 19th to the
21st centuries. It begins with an initial corpus of one hundred stories
by selected authors, processed by the digital tool Voyant Tools and the
distant reading concept, proposed by Franco Moretti, to identify thematic
and lexical frequency patterns surrounding the term “mother” in the
stories. This process allowed the selection of fourteen stories in which the
maternal figure plays a significant role. Then, these fourteen stories were
examined through close reading to delve deeper into their symbolic and
narrative construction, as well as their evolution within the horror genre
from a gender perspective.
Keywords: horror literature, motherhood, distant reading, feminism,
Latin American short story.

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-146

�Humanitas, vol. 4, núm. 8, enero-junio, 2025

Introducción
El género de terror ha estado presente en la literatura desde el siglo
XVIII, tenemos autores como Edgar Allan Poe y P.H. Lovecraft que
son mundialmente conocidos en este género, sin embargo, el interés
en esta investigación es conocer cómo se ha escrito la literatura
de terror, específicamente cuentos, en Latinoamérica, el corpus se
compone por 100 cuentos, los cuales datan desde el siglo XIX hasta
el siglo XXI. El objetivo de esta investigación es analizar la figura
de la madre en estos cuentos para conocer el rol que juega está en
la narración de terror en Latinoamérica, la presente investigación
se realizó con ayuda de una base de datos llamada Voyant Tools, a
la cual le proporcionamos un corpus de 100 cuentos de terror de
escritores y escritoras latinoamericanos desde el siglo XIX hasta
el siglo XXI, los datos fueron analizados por esta base de datos
mediante un análisis temático para identificar solamente aquellos
cuentos que tenían como tema principal la figura de la madre,
teniendo al final 14 cuentos como corpus para esta investigación.
Tenemos una tendencia en estos cuentos donde nos percatamos de
que las narradoras latinoamericanas contemporáneas denuncian el
ideal cultural de la maternidad en sus cuentos, dándoles a las madres
una personalidad distinta, extraña y desapegada.
Analizar la figura de la madre en la literatura es relevante,
ya que está ligado con temas sociales que están destacando en la
actualidad, la manera en que la figura materna opera en los cuentos
puede manifestarse de distintas maneras, por ejemplo: el trauma de
la hija, el miedo de la madre porque su hija pase por lo mismo que
ella, la sobreprotección, la violencia de género, el feminismo, entre
otros.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-146

181

�Aimé Denise Rosales Rodríguez y Jocelyn Alejandra Salazar Rodríguez / “La figura
de la madre”

Distintos autores analizan este tema, como es el caso de
Mónica Ramón Ríos (2021) quien analiza, en su artículo “Morir
por dar a luz: notas sobre maternidad en la literatura y la brecha”,
cómo el tema de la maternidad se hizo visible en la literatura escrita
por mujeres y se hizo notar desde el feminismo, comenta que esta
temática la vio como una paradoja del ser, como una transformación
de la mujer después de haber dado a luz a un hijo.
Por otro lado, tenemos a Silvia E. Álvarez-Arana y
Mayte de las Heras Martínez (2021), quienes en su artículo “La
Resignificación del mito de la maternidad en “Se habla de Gabriel;
de Rosario Castellanos” nos hablan del concepto de la maternidad,
a partir de un escrito de Rosario Castellanos, analizan cómo es que
este concepto de maternidad se forma desde una cultura patriarcal
y cómo las autoras comienzan a deconstruir el instinto maternal
para llegar a tener una maternidad libre, sin modelos que se hicieron
desde la desigualdad.
Por último, la tesis de Yina Alejandra Guerrero Buenhombre
(2021), titulada “Entre cultura y naturaleza: una mirada a la figura
de la madre en cinco cuentos de escritoras latinoamericanas del
siglo XXI”, hace un análisis de cómo la temática de la maternidad
en la narrativa latinoamericana actual ha sido constante y analiza la
figura de la madre desde la sociedad y la cultura, esto lo liga con la
crítica feminista y hace ver al cuerpo como un elemento poético en
la narrativa de las autoras.
La madre en la literatura de terror Latinoamericana desde
una lectura distante
Franco Moretti (2015) argumenta que la lectura distante nace a partir
de nuestra incapacidad de leer todo lo que se ha escrito, así mismo,
182

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-146

�Humanitas, vol. 4, núm. 8, enero-junio, 2025

encuentra una explicación a la permanencia de ciertos textos en el
canon (y en el mercado) a partir de los indicios que presentan las
obras que analizó. “Un recurso concebido para colonizar un nicho del
mercado, obligando a los demás escritores a aceptarlo o desaparecer”
(96). Los indicios trazan la línea a seguir que los lectores, consciente
o inconscientemente, buscan en sus lecturas, algo que también ha
impactado en la forma en que percibimos los géneros, así como en el
contenido y la estructura que deberían de tener.
Para Moretti, la lectura de las obras olvidadas también debe
ser repensada, no basta con encontrarlas y traerlas a la luz de los
lectores. Es necesario darles un lugar y dedicarles, en la medida de
lo posible y según el contexto, su propia lectura sin prejuicios. “Al
enfrentarme al olvidado 99,5% de la literatura, y perplejo por su
tamaño, no podía simplemente “comenzar a leer”: tenía que leer a
luz de algo, de modo que elegí el 0,5% de la literatura canonizada”
(Moretti, 2015: 106). Esta investigación ofrece una oportunidad
para ampliar nuestra visión de la literatura Hispanoamericana. Cabe
recordar que los cuentos recuperados en este trabajo son solo una
muestra de los textos escritos en Hispanoamérica del género de
terror y que, así como menciona Moretti, es un intento por recuperar
y leer aquellas obras que han sido olvidadas, en este caso, nuestra
literatura hispanoamericana.
Continuando con la lectura distante, Ricardo Martínez-Gamboa
(2016) señala que, a pesar de que la teoría literaria prefiere emplear el
análisis crítico a partir de una lectura atenta y cercana, las limitaciones
de este método son inminentes al tratar un corpus extenso:
Sin embargo, […] estos procesos de “close reading” muchas veces
son incapaces de tomar en cuenta los grandes números, lo que hoy
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-146

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�Aimé Denise Rosales Rodríguez y Jocelyn Alejandra Salazar Rodríguez / “La figura
de la madre”

se denomina el “big data”, fundamentalmente porque el manejo
de un gran volumen de datos permite observar regularidades y
patrones que son muy difíciles de detectar en el microanálisis. (41)

La lectura distante permite, a través de herramientas digitales y nuevos
métodos de investigación, recuperar, almacenar y analizar un mayor
número de textos en comparación con la lectura cercana, siendo las
siguientes algunas de sus posibilidades de análisis:
[…] estimaciones cuantitativas temáticas de los textos literarios,
estimaciones cuantitativas de contenido de los textos literarios,
clasificación de textos literarios según sus propiedades semánticoléxicas, determinación de patrones literarios por género y
generación, establecimiento de similitudes entre textos literarios
diversos y establecimiento de redes de autores contemporáneos.
(41-42)

La aplicación de estas herramientas digitales y
computacionales permite generar nuevos y mayores resultados
durante el proceso de investigación, así como nuevos enfoques de
investigación y análisis de los textos literarios.
Ahora bien, en la presente investigación, la lectura distante es
utilizada a partir de la digitalización, procesamiento y análisis de un
corpus delimitado, como lo es el caso de la literatura de terror escrita
en Latinoamérica desde principios del siglo XIX hasta la actualidad.
Recientemente, esta temática se ha estudiado con mayor frecuencia
con la intención de rastrear su tradición y desarrollo en nuestro
continente.
Antes de abordar la literatura de terror, es necesario discutir
su definición. Según Fernando Darío González Grueso (2017), en
su artículo “El horror en la literatura”, analiza los acercamientos
teóricos de otros autores respecto al género literario del horror,
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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-146

�Humanitas, vol. 4, núm. 8, enero-junio, 2025

desde la historia, el psicoanálisis, la psicología y la teoría literaria,
esto con el objetivo de delimitar el género, rescata el concepto del
horror de Noel Carroll y señala lo siguiente:
Carroll afirma que el horror es un género que se entrecruza
con numerosas formas de expresión artística y de los medios de
comunicación, y que el horror debe ser algo amenazante e impuro
y que proponga una fusión de emociones de miedo y disgusto, o
lo que viene a ser lo mismo, que su horror en el arte necesita de la
referencia a una entidad, un monstruo, que puede ser tanto físico,
como incompleto, o sin forma. (2017: 36)

Estas características y efectos en el espectador/lector son
indispensables para denominar a una obra o expresión artística
como horror. Algunos de estos conceptos resultan vitales para
clasificar el corpus de nuestra investigación, siendo el horror un
hecho físico o psicológico, e incluso a partir de elementos reales/
naturales o sobrenaturales.
El miedo, un elemento estrechamente ligado al género
del horror, es definido “en sentido estricto y como afección al
individuo, como un páthos, o «emoción-choque, frecuentemente
precedida de sorpresa, provocada por la toma de conciencia de un
peligro presente y agobiante que, según creemos, amenaza nuestra
conservación»” (González Grueso citando a Delumeau, 2017: 31).
Es decir, el miedo es una experiencia humana resultante de un suceso
peligroso, desconocido o sorpresivo que puede afectar la integridad
de quien lo experimenta. Continuando con el concepto de miedo,
González Grueso (2017) señala que:
Tal y como aventuraba H. P. Lovecraft (…) el miedo a lo
desconocido, y deberíamos añadir, el miedo en general, se ha
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-146

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�Aimé Denise Rosales Rodríguez y Jocelyn Alejandra Salazar Rodríguez / “La figura
de la madre”

visto representado en la literatura folclórica mundial desde sus
inicios. La literatura tradicional oral se ha servido de esa emoción
en multitud de ocasiones, tanto en la literatura sobrenatural, como
en los rituales religiosos, o incluso en sus híbridos, y pensemos en
las danzas de la muerte, o en los autos de fe. (34)

El miedo como recurso artístico o literario permite a los
autores explorar la complejidad de la condición humana, los temores
sociales, la búsqueda del significado de la vida, entre otros temas
relacionados. En la actualidad, la literatura de terror ha ampliado
su repertorio temático, explorado nuevas realidades y rescatado
otras que fueron invisibilizadas u olvidadas por la sociedad de su
época, tal es el caso de las problemáticas sociales atravesadas por el
género, la raza, la sexualidad, entre otras, que han presentado nuevas
perspectivas de este género.
Ahora las escritoras latinoamericanas, como un acto de
denuncia y reivindicación, han decidido retratar el terror que
acompaña a cada una de las distintas realidades que enfrentan las
mujeres. Recordemos que la mujer como sujeto social, cultural y
político ha recibido una serie de roles y adjetivos que han determinado
su papel tanto en la vida privada como pública. Estas limitaciones
son rastreables en el imaginario construido por la literatura desde
sus inicios. En lo que respecta a Hispanoamérica como parte de un
proyecto político y social a partir de las independencias, G. Raquel
Pina (2006) destaca lo siguiente:
Un rasgo común de todos los romances nacionales es la idealización
de la mujer y la asignación de un papel determinado en las nuevas
sociedades: ama de casa, esposa fiel y madre amante. Construida
sobre la base del orden “natural” de la familia, estos romances se
vuelven una alegoría de la unidad nacional y, al mismo tiempo,
articulan un modelo patriarcal para la nación. (297)

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DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-146

�Humanitas, vol. 4, núm. 8, enero-junio, 2025

Los discursos nacionalistas y edificadores de las realidades
hispanoamericanas como Carmen, Amalia, María y Cecilia Valdez son
un ejemplo de la relación creada entre las mujeres (lo femenino)
y la nación como parte de un proyecto fundador necesario para
construir unidad e identidad en los pueblos.
La representación de la mujer en estos textos es relegada
al espacio doméstico a partir de roles como: hija, madre y esposa,
es decir, no son sujetos generadores de su propio discurso, sino
como figuras idealizadas a partir del otro. Claudia Quiñonez Gámez
(2022) afirma que “la representación de la maternidad a lo largo de
la historia de la literatura ha estado basada en la relación madre/
hijo, siguiendo los estereotipos de género impuestos por la sociedad
patriarcal” (2022, p. 109). Es decir, la maternidad no solo es definida
y representada según la relación entre ambos sujetos, sino que carga
con una serie de expectativas idealizadas, de lo contrario será juzgada
y castigada por la sociedad.
Actualmente, la maternidad en la literatura es abordada desde
distintas perspectivas, no solo a partir de idealizaciones o juicios
morales, sino también a partir de la pluralidad de experiencias que
resignifican y exploran las realidades interseccionales como destaca
María Auxiliadora Álvarez (2020):
Esta nueva forma de nombrar representa una subversión de los
cánones literarios desde varias perspectivas interrelacionadas
en el tiempo: la visión de la mujer-madre en el texto masculino
desde el punto de vista masculino; la visión de la mujer-madre
en el texto femenino desde el punto de vista también masculino;
y finalmente, la visión de la mujer-madre en el texto femenino
desde el punto de vista femenino. (157-158)
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�Aimé Denise Rosales Rodríguez y Jocelyn Alejandra Salazar Rodríguez / “La figura
de la madre”

La mujer (y la maternidad) pasa de ser objeto de idealización
de externos a ser sujeto enunciador de su propio discurso, esto
acompañado de sus preocupaciones, denuncias y vivencias. Álvarez
(2020) explica cómo la literatura de fin de siglo regresa a utilizar
ciertos elementos diferenciadores a su favor:
La poética materna hispanoamericana de fin de siglo re-utiliza a su
favor la división de géneros en los esquemas patriarcales revelando
que la experiencia encarnada de la Otredad duplica el valor de la
diferencia. Diferencia que en este aspecto trabaja a favor de la
mujer y no en su contra, puesto que en el circuito particular (y
experiencial) de este tipo de poética, el sujeto femenino no desea
ser sustraído de sus potencias y potencialidades. (Álvarez, 2020:
158)

Del mismo modo, la apropiación del espacio literario/
artístico y sus formas permite alimentar la literatura escrita por
mujeres de recursos y ópticas “ajenas” que anteriormente las
invisibilizaban.
Proceso de digitalización de los cuentos de terror
Latinoamericanos
El inicio de la metodología fue escoger, en grupo, un tema de nuestro
interés, el cual fue la literatura de terror en Latinoamérica, y decidimos
solo enfocarnos en el género del cuento. Posteriormente, hicimos
un proceso de digitalización de los cuentos, transformándolos en
archivos TXT para poder cargarlos al programa que nos ayudó a la
recopilación y análisis de datos. Para tener un buen acomodo de la
información, optamos por realizar una tabla en excel, teniendo como
primera columna el título del cuento, como segunda columna el
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�Humanitas, vol. 4, núm. 8, enero-junio, 2025

nombre del autor, en la tercera columna se encuentra la nacionalidad
de los autores y el año de publicación del cuento se encuentra en la
cuarta columna.

Fig. 1. Captura de pantalla del corpus de cuentos de terror latinoamericanos

Al transcribir los cuentos, debíamos analizar si en ellos había
un tipo de miedo psicológico o físico y si era natural o sobrenatural,
aspectos que podemos encontrar en la sexta y séptima columna de la
tabla de excel. Para designar los archivos, empleamos el abecedario.
Como se puede observar, todos los archivos empiezan con la letra
“T”, la cual significa terror. Posteriormente, la segunda letra, A, B,
C, D, etcétera, representa la década en la que fueron escritos. En
otras palabras, los cuentos están ordenados de manera cronológica.
Finalmente, las letras minúsculas representan el número de
cuentos por década, siendo “a” el número 1, “b” el número 2 y así
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-146

189

�Aimé Denise Rosales Rodríguez y Jocelyn Alejandra Salazar Rodríguez / “La figura
de la madre”

sucesivamente, estos datos los colocamos en la octava columna de
la tabla.
La metodología utilizada para el análisis de datos de este corpus
se hizo con ayuda de Voyant Tools, una herramienta de recopilación y
análisis de datos, donde se cargaron los 100 archivos TXT de cada uno
de los cuentos para después saber las palabras más frecuentes que
aparecen en todos los cuentos, dándonos las siguientes estadísticas:

Fig. 2. Captura de pantalla de Voyant Tools al momento de subir los cien archivos
TXT de los cuentos que conforman el corpus

Fig. 3. Captura de pantalla ampliada y enfocada en los términos que más se
repiten en los cien cuentos del corpus

190

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�Humanitas, vol. 4, núm. 8, enero-junio, 2025

Al obtener estos resultados, nuestro interés se centró en la
palabra “madre”, por lo que decidimos buscar en el apartado de
tendencias esta palabra para ver cuál era la frecuencia y en qué
cuentos podíamos encontrar la palabra madre, dándonos como
resultado la siguiente gráfica:

Fig. 4. Captura de pantalla de Voyant Tools que muestra la frecuencia de la
palabra madre en una gráfica

El número total de cuentos que encontramos con una mayor
frecuencia de la mención de la palabra “madre” fue de 14 cuentos,
cuyas frecuencias oscilan entre 2 y 31 menciones de la palabra. En
la siguiente tabla se encuentran los títulos de los cuentos y año de
publicación, autor, nombre del archivo y frecuencias:
Para profundizar en el tema de la figura de la madre,
decidimos cargar en voyant tools, solamente los cuentos de la tabla
anterior para obtener análisis más específico de estos cuentos y
los nexos que tiene la palabra madre en este corpus reducido a 14
cuentos, dándonos las siguientes estadísticas:
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-146

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�Aimé Denise Rosales Rodríguez y Jocelyn Alejandra Salazar Rodríguez / “La figura
de la madre”
Título

Autor

Nombre de
archivo

Frecuencias

El chiflón del diablo
(1905)

Baldomero Lillo

TCe

9

THANATOPÍA
(1925)

Rubén Dario

TEc

6

El espejo
(1959)

Amparo Dávila

THm

19

Orfandad
(1979)

Inés Arredondo

TJd

2

La mujer que compra niños Gabriela Rábago
(1990)
Palafox

TLe

9

Duplicación
(1990)

Gabriela Rábago
Palafox

TLg

31

Hongos
(2013)

Guadalupe Netel

TNd

13

Mis padres y mis hijos
(2015)

Samanta Schweblin

TNg

9

La casa de Adela
(2016)

Mariana Enriquez

TNl

13

Nuestra madre
(2017)

Pedro J. Acuña

TNp

23

Ojo de gallina
(2017)

Pedro J. Acuña

TNr

6

Caninos
(2020)

Mónica Ojeda

TOb

11

Slasher
(2020)

Mónica Ojeda

TOc

24

Biografía
(2021)

María Fernanda
Ampuero

TOf

23

192

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-146

�Humanitas, vol. 4, núm. 8, enero-junio, 2025

Fig. 5. Captura de pantalla de Voyant Tools al subir los 14 archivos que muestran
un número significante de frecuencias de la palabra “madre”

Fig. 6. Captura de pantalla enfocada en los términos más frecuentes en el
corpus de catorce cuentos

El objetivo que buscamos alcanzar consiste en encontrar y
describir la manera en la que la figura de la madre opera en este
corpus de cuentos. La selección de este corpus se basó en las
concordancias con la palabra madre y pudimos observar cómo estas
están relacionadas con palabras como: casa, noche, puerta, hija,
padre.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-146

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�Aimé Denise Rosales Rodríguez y Jocelyn Alejandra Salazar Rodríguez / “La figura
de la madre”

Análisis de la figura de la madre en 14 cuentos
Siguiendo la definición operativa del marco teórico sobre lo que es
literatura de terror, según González Grueso (2017), estos cuentos
deben ser, para los lectores, textos que les causen un sentimiento de
agobio y miedo a lo desconocido. Ahora bien, en cuanto al tema de
la representación de la madre en los cuentos, tenemos las siguientes
características que tomamos en cuenta para hacer el análisis de los
catorce cuentos de nuestro corpus: Quiñonez Gámez (2022) asegura
que la maternidad en la literatura está representada a través de la
relación madre e hijo/hija que la sociedad ha impuesto desde un
punto de vista patriarcal.
La lectura distante de los cien cuentos nos arrojó solo catorce
que nos sirvieron para hacer el análisis de la figura de la madre en
la literatura de terror latinoamericana, sin embargo, con una lectura
cercana, de cada uno de los catorce cuentos, se nos presentaron
los siguientes aspectos: nos dimos cuenta de que de cierto año en
adelante la figura de la madre es distinta a los de los otros años,
específicamente hablando los cuentos del siglo XX aún tienen la
figura de la madre ideal, es decir, son madres presentes, amorosas,
preocupadas por sus hijos y la relación entre ellos es buena, por otro
lado, en los cuentos que fueron escritos en el siglo XXI la figura de
la madre se reconfigura, dejando de lado ese ideal, lo critica.
Las mujeres se consideran madres por naturaleza, desde
pequeñas se nos enseña ese rol, desde que nos regalan muñecos para
que sean nuestros bebés y se nos enseña a cómo cuidarlos, hasta que
nuestras propias madres nos enseñan ese rol.
Este hecho, en primera instancia, biológico, hace que la maternidad,
en Occidente, se asocie a la mujer como gran responsable de ese

194

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-146

�Humanitas, vol. 4, núm. 8, enero-junio, 2025

nuevo ser. De este modo, ella será el receptáculo de múltiples
asociaciones con su deber ser: una entrega total a su hijo, lealtad y
protección a su esposo, el disfrute de las actividades concernientes
a las labores del hogar y al cuidado de su hijo, sacrificio de
proyectos personales. (Guerrero Buenhombre, 2021: 16)

Si bien estas ideologías poco a poco han dejado de existir, la
literatura sirve como memoria del pasado y gracias a ella podemos
observar las ideologías de otras épocas, y esto lo podemos ver en los
primeros seis cuentos de la tabla, la representación de la figura de la
madre desde el ideal que se tiene sobre ese rol.
En el cuento “El chiflón del diablo” (1905), de Baldomero
Lillo, la madre es un ejemplo de madre ideal que se preocupa por
su hijo que trabaja en unas minas que se dicen que están malditas,
desafortunadamente su hijo muere sin ella saber que él formaba
parte del grupo que iba a las minas peligrosas, en el cuento se
describe como una madre amorosa y que se preocupa por su hijo,
con una buena relación entre madre e hijo.
“Cabeza de cobre llegó esa noche a su habitación más
tarde que de costumbre. Estaba grave, meditando y contestaba con
monosílabos las cariñosas preguntas que le hacía su madre sobre
su trabajo del día” (Lillo, 1905) es esta cita se puede observar la
relación que tenían madre e hijo, si bien el hijo estaba distraído por
la noticia de que al día siguiente iría al chiflón del diablo en el cuento
se hace referencia a que su relación era buena. Al final del cuento, la
madre se suicida tirándose al vacío porque su hijo murió y no podía
vivir sin él.
En el cuento titulado “Thanatopía” (1925), de Rubén Darío
también podemos ver la imagen de la madre ideal, en este cuento
se narra la vida de un joven cuya madre murió hace tiempo, sin
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195

�Aimé Denise Rosales Rodríguez y Jocelyn Alejandra Salazar Rodríguez / “La figura
de la madre”

embargo, tiene recuerdos muy dulces de ella, su padre se volvió a
casar y ahora el joven tiene una madrastra, el elemento terrorífico
de este cuento es que la madrastra es una vampira que aterroriza al
joven protagonista.
“¡Una madrastra! Y de pronto se me vino a la memoria mi
dulce y blanca madrecita, que de niño me amo tanto, me mimó
tanto, abandonada casi por mi padre…” (Darío, 1925). En este
cuento también existe una ideología muy presente en la literatura:
la figura de la madrastra como un monstruo, como un ser que da
miedo y es maligno.
El tercer cuento es “El espejo” (1959), de Amparo Dávila,
en este cuento se nos presenta la historia de un hombre cuya madre
ha sido hospitalizada consecuencia de la edad avanzada de la mujer,
esta comienza a tener brotes psicóticos que los atribuye al espejo de
su hospital “En tres semanas mi madre había sufrido un cambio
notable. Era una desconocida, comprobé entonces aquella alteración
nerviosa de la que me habían informado” (Dávila, 1959), en este
cuento observamos la preocupación del hijo por la madre, él no
quiere dejarla por mucho tiempo sola en el hospital, constantemente
quiere el bien de su madre, y su madre, fuera de esa histeria que
vive en las noches, es una madre “ejemplar”, que se comunica con
su hijo a pesar de la edad. Al final del cuento, el vínculo de ambos
ayuda a la madre a aceptar el miedo por el espejo que tiene la mujer.
El siguiente cuento se titula “Orfandad” (1979), escrito
por Inés Arredondo, nos cuenta la historia de una niña que estuvo
envuelta en un accidente de tráfico donde sus padres murieron y
ella fue la única sobreviviente, sin embargo, le tuvieron que cortar
las piernas y los brazos, aquí la figura de la madre no existe, pero
las familias de los padres sí, cuando la van a visitar, la familia de la
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�Humanitas, vol. 4, núm. 8, enero-junio, 2025

madre es la única que tiene compasión de ella, haciéndola sentir
querida por ellos, pero la familia del padre la mira con asco.
Gabriela Rabago Palafox escribió el cuento titulado “La
mujer que compra niños” (1990) es este cuento se nos narra la
historia de una bruja que secuestra niños para venderlos a mujeres
que no pueden tener hijos, aquí observamos como una madre a
pesar de todo el dinero que le ofreció la bruja no quiso vender a sus
hijos, es aquí que podemos ver el ideal de la madre que le da amor a
sus hijos y que por nada se separaría de ellos, a pesar de la situación
económica que tenían.
Otro cuento de la misma autora se titula “Duplicación”
(1990), donde conocemos a Madre Alta y Madre Baja, es aquí
donde podemos ver una diferencia entre ellas dos. “Madre Alta
me hace feliz” (Rábago Palafox, 1990) es lo que menciona la niña
protagonista del cuento; sin embargo, piensa lo contrario de Madre
Baja, a la que le tiene cierto miedo y desapego. El cuento finaliza con
Madre Alta muerta y la niña desconsolada porque no volverá a ver a
la madre que la amaba y era cariñosa con ella.
“Hongos” (2013), de Guadalupe Nettel es el cuento del
corpus que no tiene la figura de la madre presente, a pesar de que
en la lectura distante y con ayuda de Voyant Tools se hiciera parte
del corpus que tenía un número significativo de frecuencias de la
mención de la palabra “madre”, en la lectura cercana nos dimos
cuenta de que no se puede hacer un análisis pertinente de este cuento
relacionado con la temática de este artículo. Si bien sí se menciona la
palabra madre, dentro del cuento no hay una relevancia significativa
de la figura maternal.
Nos parece importante mencionar que “Analizar el tema de
la maternidad es revisar a la humanidad, siempre explicada a partir
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�Aimé Denise Rosales Rodríguez y Jocelyn Alejandra Salazar Rodríguez / “La figura
de la madre”

de teorías y nociones que le restan carácter subjetivo e individual a la
experiencia de ser madre” (Álvarez Arana &amp; de las Heras Martínez,
2021, p. 35) es por eso que gracias a las teorías feministas y de género
las mujeres comenzaron a ir en contra de ese ideal, dejando ver el
otro lado de la maternidad. Este aspecto lo podemos ver en los
cuentos más recientes de este corpus conformado por los catorce
cuentos y se encontraron los siguientes aspectos:
En el cuento “Mis padres y mis hijos” (2015), de Samanta
Schweblin encontramos la primera ruptura con la imagen de la
madre ideal: una madre expuesta y vulnerable. En “Mis padres y mis
hijos” (2015), el cuento narra la visita de Javier a la casa de sus padres
acompañado de sus hijos, su ex esposa y la actual pareja de ella. Sus
padres, posiblemente enfermos de Alzheimer o algún padecimiento
mental, se convierten nuevamente en niños, juegan desnudos en el
patio de la casa, preocupando a la exmujer de Javier, que no desea
exponer a los niños a ese tipo de situaciones: “Detrás de Marga mi
padre riega a mi madre con la manguera. Cuando le riega las tetas,
mi madre se sostiene las tetas. Cuando le riega el culo, mi madre se
sostiene el culo” (Schweblin, 2015). La madre de Javier, debido a su
padecimiento, ha perdido la seriedad y rol de madre al ser ahora ella
quien debe recibir atención y cuidados de parte de su hijo.
El segundo cuento “La casa de Adela” (2016), de Mariana
Enríquez no explora las realidades de la maternidad, ni siquiera es
el tema principal de la historia, sin embargo, la única figura materna
que aparece continúa con esta representación de una madre “más
humana” que explota en un momento de angustia y crisis: “Nos
pidieron la descripción del interior de la casa. Se la dimos. La
repetimos. Mi madre me dio un cachetazo cuando hablé de los
estantes y de la luz. «¡La casa está llena de escombros, mentirosa!»,
198

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�Humanitas, vol. 4, núm. 8, enero-junio, 2025

me gritó. La madre de Adela lloraba y pedía por favor dónde está
mi hija” (Enríquez, 2016). La violencia y la desesperación rompen
con la calma y comprensión eterna que comúnmente creemos que
acompaña la maternidad.
En el siguiente cuento de Mónica Ojeda, “Caninos” (2020),
observamos a una madre distante de su hija, pero conforme avanza
la historia, presenciamos otro tipo de maternidad que ahora puede
ser causa o cómplice del terror. A diferencia de las otras madres
revisadas en este análisis, la madre de Hija, una joven que vive el
duelo de haber perdido a su padre y que, conforme avanza el cuento,
revela el trauma y la negligencia provocados por sus padres:
El padre con bozal, a cuatro patas.
La madre con espuelas.
Para no verlo morder el hueso que la madre lanzaba, que
la madre pisaba. Para no ver a Mami paseando a Papi por los
pasillos, poniéndole restos de comida en el suelo, castigándolo
por mearse junto al sofá o por cagarse debajo de la mesa.
(Ojeda, 2020)

Hija presenciaba el alcoholismo y los juegos sexuales de
sus padres durante su niñez, con el tiempo, la percepción que tenía
de ellos se fue retorciendo, especialmente la de su padre al seguir
(inconscientemente) la dinámica que su madre tenía con él:
«No puedo creer que te la quedaras», dijo Mami restregándose los
falsos dientes de Papi contra las mejillas. «¡Debimos enterrarlo
con esto!», soltó llevándose el maquillaje. «¡Ay! ¿Qué es de un
perro sin sus dientes?».

La figura de la madre desaparece casi en su totalidad en
el cuento, no refleja ninguno de los valores o cuidados asociados
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-146

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�Aimé Denise Rosales Rodríguez y Jocelyn Alejandra Salazar Rodríguez / “La figura
de la madre”

con la maternidad, al contrario, ejerce una violencia y un evidente
desapego de sus hijas frente al lector.
Otro ejemplo de la representación de una madre que no
encaja con lo socialmente esperado de la maternidad está en el
cuento “Slasher” (2020), también de Mónica Ojeda. Al igual que
en el cuento anterior, la figura de la madre no se presenta como el
origen de la historia y el terror que la envuelve:
Paula no sabía cómo sonaba una madre sufriendo de insomnio
crónico y de depresión. Tampoco sabía lo que era levantarse en
medio de la oscuridad y que las rótulas saltarán fuera del cuerpo
como ranas óseas. «Mami está enferma de la mente», escribió
Bárbara en un papel a los ocho años. «Es como tener varicela,
solo que en el cerebro». De las dos era ella quien se arrastraba bajo
la sábana para ocultarse del horror sonoro de la madre que no
dormía, que se desesperaba, que se arrancaba los cabellos y que,
con el fin de ahorrarles la visión, las encerraba en el cuarto de las
camas gemelas. (Ojeda, 2020)

La madre que se observa en este fragmento es la responsable
del terror que sufren sus hijas; sin embargo, al mismo tiempo
observamos el lado “oscuro” de la maternidad al señalar las
debilidades y la vulnerabilidad que muchas mujeres sufren y que
repercuten en la crianza de sus hijos.
En “Nuestra madre” (2017), de Pedro J. Acuña el origen del
terror y el foco principal de la historia es la madre, sin embargo, a
diferencia de los otros cuentos, el terror es provocado por elementos
grotescos y psicológicos (o reales según la interpretación) que rodean
los recuerdos de dos hermanos sobre su niñez y su madre.
Empezó a oler a pescado. Se me taparon los oídos y no podía
gritar. A nuestra madre le crecieron de la nuca unos tentáculos.

200

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�Humanitas, vol. 4, núm. 8, enero-junio, 2025

Tenía como ocho bocas en cada uno. Se abrían y se cerraban bien
lento, querían que las viéramos (...) Uno de esos tentáculos te subió
la falda. Te digo que todos nos movíamos como si estuviéramos
abajo del agua, pero los tentáculos no; esos se retorcían, me
recordaron unas víboras. Traté de alcanzarte, no pude mover mi
brazo, era un robot y tenía que seguir dándole la vuelta a la mesa.
Pasé atrás de ti y vi cómo se te metían entre las piernas. Cerraste
los ojos y gemiste. Empezaste a llorar. Yo, hipnotizado o algo,
estaba pasando cerca de nuestra madre, por donde le salían los
tentáculos. Atrás de ella había más animales: camarones vivos.
(Acuña, 2017)

Aquí, la figura de la madre no solo se aleja de lo socialmente
establecido en relación con la maternidad, sino que ahora recibe
elementos grotescos y fantásticos. La madre se transforma en una
criatura que amenaza la integridad de sus hijos, pero no trasciende
en la medida en que ellos son incapaces de distinguir entre la realidad
y la aparente imaginación propia de la niñez.
Para Francisca Noguerol Jiménez (2020), las representaciones
que ahora se desarrollan sobre la maternidad son gracias a que los
autores:
[...] conscientes de la capacidad de (lo grotesco) para expresar
aspectos transgresores y emociones primarias del ser humano,
remueven nuestras conciencias revelando la parte más oscura de
la psique materna, silenciada secularmente y mal vista desde el
punto de vista social, aunque no por ello menos real. (345)

Recurrir a elementos como el terror permite explorar
nuevas experiencias y lecturas de las realidades que atraviesan a la
maternidad. Todo esto a partir del acto consciente de romper con
la imagen idealizada de las madres y visibilizar aspectos condenados
por la sociedad.
DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-146

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�Aimé Denise Rosales Rodríguez y Jocelyn Alejandra Salazar Rodríguez / “La figura
de la madre”

En el último cuento “Biografía” (2021), de María Fernanda
Ampuero, vemos una representación de la figura de la madre que
participa en un papel menor y puede asociarse con elementos
sobrenaturales mayormente comunes en las historias de terror:
Todo les resultaba graciosísimo, sobre todo el gesto de la madre
muerta con la mandíbula desencajada y los ojos abiertísimos.
Mamá, qué graciosa, qué caras haces, mamá. Le dieron besos y
abrazos. Cuando los paramédicos estaban por sacarla de la casa,
decidieron encerrarse con llave. ¿Por qué se la quieren llevar esos
payasos si ella está de lo más feliz? ¿Verdad mamaíta que estás más
feliz que nunca? Mientras llegaba la policía a tirar la puerta abajo,
la vistieron con un vestido de florecitas, bailaron con la madre
muerta, le pusieron una flor de plástico en el pelo, le movieron los
brazos para que danzara con coquetería, le dieron vino y cigarrillo.
Es la última vez, mamaíta, le dijeron. Perdona por lo de las pastillas,
no lo volveremos a hacer. Pero mira qué estupenda estás, si ya no
las necesitas. Baila mamaíta, baila. Entonces la madre muerta les
agarró los brazos con tal fuerza que les dejó unas marcas moradas
por varias semanas. (Ampuero, 2021)

En este cuento, la figura de la madre depende de la percepción
de otro sujeto, en este caso el hijo. Como ya mencionamos en el marco
teórico, muchas veces la madre es definida y valorada a partir de la
relación que tiene con sus hijos y el juicio que estos emiten sobre ella.
En este caso surge en la historia al ser recordada por su hijo.
Conclusiones:
La lectura distante fue de gran ayuda para que, de un corpus extenso
de 100 cuentos de terror latinoamericanos, pudiéramos rescatar
algunos cuentos de nuestro tema de interés. Los catorce cuentos de
nuestro corpus sobre el tema de la figura de la madre en la literatura
202

DOI: https://doi.org/10.29105/revistahumanitas5.10-146

�Humanitas, vol. 4, núm. 8, enero-junio, 2025

nos dieron un panorama de cómo este tema ha ido evolucionando
con los siglos.
Gracias a la lectura cercana nos pudimos dar cuenta que no
todos los cuentos que nos arrojó la lectura distante nos sirvieron
para el análisis de este tema, por lo que podemos decir que el proceso
de análisis de datos por medio de inteligencias artificiales aún es
un campo que requiere de la lectura cercana para poder obtener
resultados óptimos para la investigación literaria.
Por último, es importante decir que el corpus de cuentos
latinoamericanos de terror es mucho más grande, por lo que el
corpus de cuentos que se analiza desde la figura de la madre en este
artículo también lo es, de manera que se podrían encontrar distintos
hallazgos en futuras investigaciones, pero por lo pronto, lo que se
encontró fue que el rol de la madre en la literatura, específicamente
de terror en Latinoamérica, ha tenido un cambio, mostrando la otra
cara de la maternidad en los cuentos del siglo XIX, esto gracias a la
crítica feminista y los estudios de género.

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              <text>Humanitas: Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios, 2026, Vol 5, Num 10, Enero-Junio</text>
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              <text>	Heredera del Anuario Humanitas, publicación emblemática del Centro de Estudios Humanísticos de la UANL creada en 1960, Humanitas. Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios responde ahora a la necesidad de la diversificación de enfoques y acercamiento a la literatura en y desde el ámbito latinoamericano.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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