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                  <text>�D.R. 2026 © Transdisciplinar. Revista de Ciencias Sociales, Vol. 6,
No. 11, Julio-Diciembre 2026, es una publicación semestral editada
por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través del Centro
de Estudios Humanísticos, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel
Frías, Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina,
Monterrey, Nuevo León, México. C.P. 64290. Tel.+52 (81)83-29- 4000
Ext. 6533. https://transdisciplinar.uanl.mx Editora Responsable:
Rebeca Moreno Zúñiga. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo 042022-020213472000-102, ISSN 2683-3255, ambos ante el Instituto
Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización
de este número: Centro de Estudios Humanísticos de la UANL, Mtro.
Juan José Muñoz Mendoza, Biblioteca Universitaria Raúl Rangel Frías,
Piso 1, Avenida Alfonso Reyes #4000 Norte, Colonia Regina, Monterrey,
Nuevo León, México. C.P. 64290. Fecha de última modificación 15 de
julio de 2026.

Rector / Santos Guzmán López
Secretaría de Extensión y Cultura / José Javier Villarreal
Director de Historia y Humanidades / César Morado Macías
Titular del Centro de Estudios Humanísticos / Beatriz Liliana De Ita Rubio
Directora de la Revista / Rebeca Moreno Zúñiga
Autores
Mercedes Citlaly Martínez Villegas
Claudia Elisa López Miranda
Juan Manuel Rivera Ramírez
Eduardo Loredo Guzmán
Roelof Bergstra
Ricardo Alberto Reza Flores
Citlali Michélle Reza Flores
Alejandra Zamudio Palomar
Rocío Aletse Sereno Rodríguez
Víctor Manuel Zamora García

�Reyna Susana Martínez Quiroz
Natalia Tumas
Laila Vivas
Andreas Portillo
Anabel Flores Ortega
Tomás Norberto Martínez García
Juan Sánchez García

Editor Técnico / Juan José Muñoz Mendoza
Corrección de Estilo / Francisco Ruiz Solís
Maquetación / Concepción Martínez Morales
Se permite la reproducción total o parcial sin fines comerciales, citando
la fuente. Las opiniones vertidas en este documento son responsabilidad
de sus autores y no reflejan, necesariamente, la opinión de Centro de
Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Este es un producto del Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad Autónoma de Nuevo Léon. www.ceh.uanl.mx
Hecho en México

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Consumo de drogas y su relación con la
construcción de las masculinidades entre los
campesinos del estado de México
Drug Use and Its Relationship to the Construction
of Masculinities Among Peasants in the State
of Mexico
Anabel Flores Ortega
Resumen: Este artículo explora cómo el consumo de drogas se relaciona
con la forma en la que los hombres campesinos del oriente del Estado
de México construyen su identidad masculina. A partir de entrevistas
y trabajo de investigación, se reconstruyen las historias de vida de
varones que trabajan en el campo, en entornos donde se espera que
sean fuertes, resistentes y que no muestren emociones. El consumo de
sustancias aparece como una manera de soportar el cansancio, calmar
el dolor emocional o ganarse el respeto de los otros. El cuerpo ocupa
un lugar central: es el que resiente el esfuerzo diario, pero también el
que sostiene los ideales de fortaleza. Sin embargo, algunos hombres
comienzan a reconocer sus límites físicos y emocionales. A partir de
esa conciencia, también surgen otras formas posibles de ser hombre,
más cercanas al cuidado, al descanso y al reconocimiento de la propia
vulnerabilidad.
Palabras clave: Masculinidades, ruralidad, consumo de sustancias,
campesinos, cuidado.

1

�Flores Ortega / Consumo de drogas y masculinidades

Abstract: This article explores how drug use relates to the way male
campesinos from eastern State of Mexico construct their masculine
identity. Based on interviews and fieldwork, it reconstructs the life
stories of men who work in agricultural settings where they are expected
to be strong, resilient, and emotionally reserved. Substance use appears
to cope with exhaustion, ease emotional pain, or gain the respect of
others. The body plays a central role: it bears the weight of daily labor
while upholding ideals of strength. However, some men are beginning to
acknowledge their physical and emotional limits. From that awareness,
new ways of being a man begin to take shape—ones more connected to
care, rest, and the recognition of vulnerability.
Key words: Masculinities, rurality, substance use, agricultural
workers, care.

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-214

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Introducción
El Estado de México es una de las entidades federativas con mayor
actividad agrícola en el país. En su territorio se cultivan más de
500 mil hectáreas de maíz, 15,900 hectáreas de tuna y 12,895
hectáreas de avena, lo que ha generado un volumen promedio
anual de producción superior a los ocho millones de toneladas en
los últimos seis años (SECAMPO, 2021). Esta actividad, además
de ser un soporte económico, es un espacio en el que se producen y
reproducen identidades de género. Según el Censo Agropecuario
2022, el 83% de la población trabajadora en el campo mexicano
está conformada por varones (INEGI, 2022), lo que evidencia la
masculinización del sector.
En las zonas rurales y semirrurales, el trabajo agrícola no
solo se concibe como medio de subsistencia, sino como el lugar
simbólico donde se construyen y legitiman formas hegemónicas
de masculinidad.1 La fuerza física, la resistencia, el dominio del
entorno y el rol de proveedor son atributos frecuentemente
asociados al “ser hombre” en estos entornos (Brandth &amp; Haugen,
2005). Esta construcción performativa se expresa a través del
cuerpo, que adquiere una dimensión identitaria al inscribirse en
ideales de virilidad basados en el esfuerzo, la dureza y la negación
de la vulnerabilidad (Little &amp; Panelli, 2003; Calvario, 2016).
Cultivar la tierra implica entonces no solo la producción
de alimentos, sino también la producción de sentidos culturales.
1 Se entiende aquí la hegemonía no en el sentido clásico de Connell
(1995), sino como un concepto contextual y situado, que refiere a las formas
dominantes de masculinidad construidas en un momento y espacio social
determinados.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-214

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�Flores Ortega / Consumo de drogas y masculinidades

El trabajo agrícola refuerza la figura del hombre como
protector del territorio, responsable del sustento y encarnación
del orgullo comunitario (Campbell, Bell &amp; Finney, 2006). Sin
embargo, estas formas de masculinidad no deben entenderse
como homogéneas ni estáticas, sino como proyectos ideológicos
de identidad masculina situados históricamente, que se negocian
y disputan en contextos sociales específicos (Herfeld, 1986).
En el ámbito rural, dichas construcciones se entrelazan con
estructuras agrarias, sistemas de parentesco, políticas públicas
y discursos comunitarios que exaltan la figura del “buen hombre
del campo”. Este modelo se ve complejizado por el fenómeno
migratorio, especialmente hacia Canadá a través del Programa
de Trabajadores Agrícolas Temporales (PTAT),2 el cual no solo
impacta la economía local, sino que también reconfigura las
relaciones de género. Los varones que no migran, por decisión o
exclusión, enfrentan una presión adicional: mantener su papel
tradicional y competir simbólicamente con quienes sí migran y
retornan con mayores ingresos (Bryant &amp; Pini, 2009).
La imposibilidad de cumplir con el mandato del proveedor
genera una crisis en las representaciones hegemónicas de la
masculinidad, tanto en términos generales como en el contexto
local, con implicaciones directas en la salud física y mental de
los hombres (Jiménez, 2018). En escenarios de precariedad
laboral como los que atraviesan muchas comunidades rurales
y semirrurales del estado de México (Chong et al., 2015), esta
imposibilidad se experimenta como una pérdida de valor social y
2 La zona oriente es una de las regiones que más trabajadores agrícolas
envía a Canadá cada año (Díaz, 2019).

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-214

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

personal. Como respuesta, algunos varones recurren a estrategias
de afrontamiento3 que incluyen el consumo de sustancias
psicoactivas.4
La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol
y Tabaco (ENCODAT 2016-2017) reporta que, en el Estado de
México, el 15.5% de los hombres consume alguna droga, frente
al 5% de las mujeres. La brecha se amplía para sustancias ilegales
(15.4% frente a 4.5%) y medicamentos con potencial de abuso
(1.3% frente a 0.6%), evidenciando una
Se entiende aquí la hegemonía no en el sentido clásico de
Connell (1995), sino como un concepto contextual y situado, que
refiere a las formas dominantes de masculinidad construidas en
un momento y espacio social determinados.
La zona oriente es una de las regiones que más trabajadores
agrícolas envía a Canadá cada año (Díaz, 2019).
Se entiende por estrategias de afrontamiento las prácticas
simbólicas, corporales y afectivas mediante las cuales los varones
campesinos intentan sostenerse frente al desgaste y las tensiones
que genera cumplir con los ideales tradicionales de masculinidad.
3 Se entiende por estrategias de afrontamiento las prácticas simbólicas,
corporales y afectivas mediante las cuales los varones campesinos intentan
sostenerse frente al desgaste y las tensiones que genera cumplir con los ideales
tradicionales de masculinidad.
4 Las sustancias psicoactivas son compuestos químicos que, al ser
introducidos en el organismo, actúan sobre el sistema nervioso central y
producen alteraciones en los procesos mentales, emocionales o conductuales.
Estas sustancias pueden modificar el estado de ánimo, la percepción, la
cognición y el comportamiento, y abarcan una amplia variedad de compuestos,
tanto legales como ilegales, incluyendo alcohol, tabaco, cannabis, opiáceos,
estimulantes, alucinógenos, y algunos medicamentos con potencial de abuso
(Organización Mundial de la Salud OMS, 2022).
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-214

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�Flores Ortega / Consumo de drogas y masculinidades

Las sustancias psicoactivas son compuestos químicos
que, al ser introducidos en el organismo, actúan sobre el sistema
nervioso central y producen alteraciones en los procesos
mentales, emocionales o conductuales. Estas sustancias pueden
modificar el estado de ánimo, la percepción, la cognición y el
comportamiento, y abarcan una amplia variedad de compuestos,
tanto legales como ilegales, incluyendo alcohol, tabaco, cannabis,
opiáceos, estimulantes, alucinógenos y algunos medicamentos
con potencial de abuso (Organización Mundial de la Salud OMS,
2022).
Dimensión de género en el consumo. En las regiones
rurales y semirrurales del oriente mexiquense, algunos
campesinos emplean estas sustancias que funcionan como un
recurso performativo que refuerza las expectativas sociales
asociadas a representaciones esperadas en la masculinidad local,
incluso a costa de la salud física y emocional (Möller-Leimkühler,
2003; Romaní, 1999).
Esta investigación se inscribe en el subcampo de los
estudios de género de los hombres y las masculinidades,
particularmente en la línea temática que aborda la salud emocional,
el riesgo, la mortalidad y las adicciones. Si bien esta línea ha
mostrado avances importantes, con al menos 22 investigaciones
desarrolladas entre 1990 y 2014 (Núñez, 2017), son escasos los
estudios que han vinculado de manera directa el consumo de
drogas con la construcción de masculinidades. Trabajos como
los de Brandes (2004), Ovalle et al. (2010), Moncada (2012) y
Toquero (2014) han explorado esta relación, pero sin atender de
forma específica a las experiencias situadas de varones insertos
en el trabajo agrícola y rural.
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-214

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Bajo este panorama, el presente artículo tiene como
objetivo analizar cómo el consumo de drogas interviene en la
construcción de los proyectos ideológicos de identidad masculina
entre campesinos del oriente del Estado de México. A partir de
un enfoque cualitativo y desde el paradigma del curso de vida, se
exploran las trayectorias biográficas de los varones mediante los
siguientes ejes analíticos:
a. las concepciones de masculinidad y la construcción de los
proyectos ideológicos de identidad masculina;
b. las dificultades y malestares asociados al sostenimiento de
dichos proyectos;
c. el inicio del consumo de sustancias psicoactivas y su inserción
en las dinámicas subjetivas y en los procesos de construcción
de masculinidad; y
d. los momentos de conciencia corporal frente al riesgo y al daño
derivados del consumo.
De esa manera, este artículo se estructura en cuatro
apartados centrales que permiten abordar la complejidad del
fenómeno desde distintas dimensiones analíticas: en primer lugar,
se exploran las concepciones de masculinidad y la construcción
de los proyectos ideológicos de identidad masculina entre los
varones campesinos; en segundo lugar, se analizan las dificultades
y malestares asociados al sostenimiento de dichos proyectos;
posteriormente, se examina el inicio del consumo de sustancias
psicoactivas y su inserción en las dinámicas subjetivas y en los
procesos de construcción de la masculinidad; y finalmente, se
abordan los momentos de conciencia corporal frente al riesgo
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-214

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�Flores Ortega / Consumo de drogas y masculinidades

y el daño derivados del consumo, como puntos de inflexión
que permiten tensionar y resignificar los mandatos masculinos
hegemónicos.
Marco teórico
Para abordar esta problemática, se parte de la premisa de que
las prácticas de consumo de sustancias psicoactivas entre
varones campesinos no deben interpretarse como decisiones
individuales, sino como fenómenos sociales, culturales y afectivos.
En particular, se reconoce que dichas prácticas son modeladas
por estructuras de género, trayectorias laborales, procesos de
subjetivación y dinámicas corporales específicas, configuradas
dentro del entorno agrícola.
En este sentido, resulta pertinente recuperar la propuesta
de Michel Herzfeld (1986) sobre la poética de la hombría, que concibe
la masculinidad como un proyecto ideológico: un conjunto de
narrativas, valores y prácticas culturalmente construidas que
otorgan sentido a lo que significa “ser hombre” en un contexto
determinado. Esta poética no se limita a atributos individuales,
sino que se manifiesta en gramáticas simbólicas que regulan el
comportamiento corporal, las expresiones emocionales y las
formas de reconocimiento público. En los contextos rurales, tales
gramáticas suelen articularse en torno a valores como la fuerza
física, la resistencia al dolor, la autosuficiencia y el dominio del
entorno, todos anclados en el trabajo agrícola.
Retomando a Pierre Bourdieu (2000), estos valores
masculinos no son simples representaciones mentales, sino
disposiciones que se incorporan corporalmente a través del
habitus: sistemas duraderos de percepciones, valoraciones y
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-214

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

acciones que guían la interacción social. El habitus masculino
campesino se forma en la práctica del trabajo físico cotidiano, en
la disciplina de la faena agrícola y en la normatividad del silencio
emocional. Junto con ello, el acceso diferencial a los capitales
económico, social, simbólico y corporal determina la posición
que los varones ocupan dentro del campo social, profundizando
las jerarquías internas de masculinidad.
Estas dinámicas simbólicas están conectadas con los
mecanismos de reconocimiento colectivo, particularmente en
comunidades donde el honor y el prestigio operan como principios
organizadores de las relaciones sociales (Herzfeld, 1986;
Peristiany, 1965). En este esquema, el reconocimiento masculino
se juega públicamente: trabajar, aguantar y no verbalizar el dolor
otorgan estatus. Cuando estas prácticas se ven interrumpidas por
desempleo, migración frustrada, enfermedad o deterioro físico,
se produce una fractura en la identidad masculina. El consumo
de sustancias puede ser interpretado, en este contexto, como
una estrategia simbólica de reparación: un modo de sostener o
reconstituir momentáneamente el lugar social amenazado.
Desde la dimensión subjetiva, el estudio retoma la teoría
del deseo de Jacques Lacan (1977) para comprender el consumo
como respuesta a una falta estructural que atraviesa al sujeto.
Para Lacan, todo deseo surge de un vacío constitutivo imposible
de colmar, y los sujetos, atrapados en esa carencia, buscan
constantemente objetos que puedan suturar simbólicamente esa
ausencia. En comunidades rurales y semirurales donde los ideales
masculinos son inalcanzables o implican altos niveles de desgaste
emocional y corporal, las sustancias operan como intentos
momentáneos de sostener una identidad que se resquebraja. El
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-214

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�Flores Ortega / Consumo de drogas y masculinidades

consumo no aparece como una elección racional o consciente,
sino como una práctica compulsiva que permite soportar el peso
de las expectativas sociales internalizadas.
Complementariamente, Michel Foucault (1988) ofrece
herramientas para pensar el consumo como parte de las
tecnologías del yo: prácticas mediante las cuales los individuos
se modifican a sí mismos para alcanzar ciertos estados deseados
de existencia. En ese sentido, las drogas no solo funcionan como
anestesia corporal, sino como instrumentos activos de gestión
de la percepción de sí: reforzar la resistencia, incrementar
el rendimiento físico, evadir el dolor o sostener la imagen de
fortaleza exigida por el entorno social.
El cuerpo, en esta lógica, no puede entenderse simplemente
como una entidad biológica. Es, ante todo, un espacio simbólico
donde se inscriben las tensiones entre lo que se exige, lo que se
desea y lo que efectivamente se puede ser. El cuerpo que trabaja
resiste, se fatiga y eventualmente se rompe; evidencia las fisuras
de los mandatos de masculinidad. De allí que el consumo de
sustancias deba ser abordado no solo como una práctica de
riesgo, sino como una forma encarnada de lidiar con la distancia
entre el ideal masculino campesino y la experiencia concreta del
cuerpo vulnerable.
Finalmente, el presente estudio incorpora la noción de
subjetividad fracturada para dar cuenta de la experiencia de los
varones campesinos. La subjetividad no se presenta aquí como un
núcleo coherente o estable, sino como una configuración múltiple
y tensionada, atravesada por la carencia, la discontinuidad
emocional y las exigencias normativas. En este marco, la
supresión afectiva, la negación o inhibición sistemática de las
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emociones se convierte en una estrategia de sostén simbólico de
la masculinidad campesina. Sin embargo, también en una fuente
de desgaste subjetivo que incrementa la necesidad de recursos
externos (como el consumo) para mantener una apariencia de
integridad.
Bajo estas perspectivas, el presente artículo se propone
comprender cómo los varones campesinos resignifican las
prácticas de consumo de sustancias en relación con sus
trayectorias de vida, sus vínculos comunitarios y sus proyectos
de masculinidad. Lejos de ofrecer una explicación totalizante, se
busca abrir un campo de lectura que permita entender el consumo
no solamente como síntoma individual, sino como una expresión
asentada en las tensiones, malestares y afectos que configuran la
masculinidad campesina contemporánea.
Metodología
Este estudio partió de una pregunta principal: ¿De qué manera el
consumo de sustancias psicoactivas interviene en la construcción
de los proyectos ideológicos de identidad masculina entre
campesinos del oriente del estado de México? Desde el inicio,
el interés fue comprender no solo las prácticas de consumo de
sustancias psicoactivas, sino los sentidos que estas prácticas
adquieren en las trayectorias de vida de los varones campesinos,
atravesadas por el trabajo, los afectos, los mandatos de género y
las tensiones del cuerpo.
Con base en esta pregunta, se definió un objetivo general:
Analizar cómo el consumo de sustancias psicoactivas interviene
en la construcción de los proyectos ideológicos de identidad
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-214

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�Flores Ortega / Consumo de drogas y masculinidades

masculina entre campesinos del oriente del Estado de México.
De este objetivo general se desprendieron cuatro objetivos
específicos:
1. Explorar las concepciones de masculinidad que los varones
campesinos sostienen en sus trayectorias de vida.
2. Identifica los malestares y dificultades asociados al
sostenimiento de esos proyectos de identidad masculina.
3. Analizar los sentidos atribuidos al consumo de sustancias
psicoactivas como forma de afrontar el desgaste, la presión y
las rupturas vitales.
4. Comprende los momentos de inflexión en las trayectorias
biográficas que favorecen la resignificación del cuerpo y de
las prácticas de consumo.
Para alcanzar estos objetivos, se adoptó una estrategia
metodológica cualitativa, orientada a recuperar las voces, las
experiencias y los sentidos construidos por los propios varones.
Más que buscar generalizaciones, el propósito fue comprender
los entramados simbólicos, afectivos y corporales que modelan
las formas de ser hombre en un contexto campesino (Denzin
y Lincoln, 2011). El diseño de la investigación se apoyó en el
paradigma del curso de la vida, propuesto por Glen H. Elder.
Este enfoque permitió analizar cómo las trayectorias
individuales se configuran a partir de la interacción entre
condiciones históricas, vínculos sociales y experiencias biográficas
significativas (Elder, 1994; Elder &amp; Giele, 2009). En particular,
se prestó atención a los puntos de inflexión, entendidos como
aquellos eventos o situaciones que provocan transformaciones en
la dirección o el sentido de la vida de los sujetos.
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-214

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

El enfoque de curso de vida se incorporó de manera
explícita en el diseño, la conducción y el análisis de las entrevistas
en profundidad. Las entrevistas se estructuraron en clave
biográfico-narrativa, con una guía semiestructurada organizada
en tres ejes derivados del modelo de Elder y operacionalizados en
dispositivos concretos:
A. Contextos históricos y estructurales. Para situar la biografía
en su tiempo, se abrió cada entrevista con un calendario de
vida (life calendar) y una línea de tiempo elaborada junto con el
interlocutor. Este recurso permitió ubicar cronológicamente
cambios locales (reconversión agrícola, fluctuaciones de
empleo, migración temporal (PTAT)) y contexto (cosecha/
escasez, migración). También se consideraron variaciones en
los precios y el clima, y relacionarlos con pasajes vitales (inicio
laboral, salida de la escuela, nacimiento de hijxs). Preguntas
tipo: “¿Qué estaba pasando en el pueblo/en el campo ese año?”, “¿Cómo
afectó tu trabajo o tu salud?”.
B. Trayectorias vinculadas (linked lives). Se indagó la
interdependencia entre la trayectoria del varón y la de sus
familiares, parejas, cuadrillas y compadrazgos. Se utilizaron
mapas de redes (familiares y laborales) para identificar figuras
de influencia y momentos de apoyo/tensión. Preguntas tipo:
“¿Quién te enseñó a trabajar/beber/‘aguantar’?”, “¿Qué cambió en tu
relación con tu pareja/hijxs cuando empezaste o dejaste el consumo?”.
C. Transiciones y puntos de inflexión. Se profundizó en eventos
transicionales (primer empleo formal en el campo, lesiones,
duelos, crisis económicas, migración, juramentos o promesas
religiosas) y en rupturas en hábitos de consumo. Se usaron
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�Flores Ortega / Consumo de drogas y masculinidades

preguntas evocativas y de contraste temporal. Esto permitió
reconstruir secuencias y los sentidos atribuidos al consumo
(rendimiento, pertenencia, analgesia, negociación con el
mandato de ‘aguantar’).
Todas las entrevistas incluyeron la co-construcción de
líneas de tiempo y, cuando el interlocutor aceptó, un registro por
hitos (escuela, primer jornal, primer consumo, eventos de salud,
cambios de pareja, juramentos/mandas). Al análisis se aplicó
una matriz que cruzó edad/etapa (adolescencia, ingreso a la vida
laboral, formación de familia), transiciones (lesión, muerte de un
pariente, pérdida de empleo), vínculos (padre, pareja, cuadrilla,
compadre, patrón), contexto (cosecha/escasez, migración),
sentidos del consumo (soporte corporal, pertenencia, resistencia,
escape) y puntos de inflexión (juramentos, enfermedad,
nacimiento de hijos).
Se contrastaron los relatos individuales con observación
etnográfica en faenas (siembra de maíz, manzanilla, tomate
y hierbas medicinales) y diálogos incidentales en espacios
comunitarios. Se atendió a marcadores somáticos (dolor,
cansancio, sueño, ritmo del trabajo) y a metáforas locales
(“aguantar”, “quebrarse”, “curarse”) como índices de agencia
situada y de negociación con el mandato de masculinidad. Se
ofrecieron pseudónimos, consentimiento informado y posibilidad
de pausar/omitir episodios sensibles. Con estos procedimientos,
el enfoque de curso fue un soporte operativo para preguntar,
escuchar y analizar. Permitió ordenar cronológicamente las
experiencias, vincular biografía y estructura. Además, permitió
identificar cómo ciertas transiciones y puntos de inflexión
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-214

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ordenan cronológicamente las experiencias y vinculan la
biografía con la estructura. También ubican cómo determinadas
transiciones y puntos de inflexión reconfiguran el cuerpo, el
trabajo y los proyectos ideológicos de identidad masculina, así
como los sentidos del consumo de sustancias en un contexto
campesino.
El trabajo de campo se desarrolló a lo largo de ocho meses.
Durante los fines de semana de los meses de octubre, noviembre y
diciembre de 2024, se llevó a cabo observación etnográfica en los
campos donde los trabajadores de San Matías Cuijingo laboran
en la siembra de maíz, manzanilla, tomate y hierbas medicinales.
Esta etapa permitió observar de cerca las dinámicas laborales, los
vínculos comunitarios y las prácticas corporales que sostienen
los modos de construcción de la masculinidad campesina.
En los meses de febrero y marzo de 2025, se llevaron a
cabo entrevistas en profundidad a ocho varones de entre 18 y 45
años, habitantes de Cuijingo, cuyas trayectorias tienen que ver
con el trabajo agrícola y el consumo de sustancias psicoactivas.
Estas entrevistas permitieron reconstruir sus historias de vida,
identificar momentos de inflexión y explorar cómo resignifican
el trabajo, el cuerpo y el consumo en sus proyectos de identidad
masculina. Además de las entrevistas formales, el trabajo de
campo incluyó múltiples diálogos incidentales con mujeres y
otros varones en los campos agrícolas, convivencias comunitarias
y espacios locales. Estos intercambios permitieron captar
aspectos menos visibles de las prácticas de género y de los
sentidos atribuidos al consumo de sustancias psicoactivas.
De esa manera, la observación buscó interpretar los
significados culturales inscritos en el trabajo, la convivencia
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-214

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�Flores Ortega / Consumo de drogas y masculinidades

y las dinámicas corporales (Geertz, 1973; Spradley, 1980). La
selección de interlocutores se realizó mediante un muestreo
por bola de nieve, partiendo de referencias de miembros de
la comunidad. Se optó por hablar de interlocutores y no de
informantes o colaboradores, para destacar la dimensión
dialógica de la investigación: los sujetos no solo transmitieron
datos, sino que participaron activamente en la construcción de
sentido.
Los relatos recogidos dieron cuenta de diversas
modalidades de consumo de sustancias psicoactivas. El alcohol,
relacionado con rituales de pertenencia y resistencia (Óscar
y Carlos); la marihuana, utilizada para aliviar el tedio y el
desgaste emocional (Marco); y la piedra y la cocaína, empleadas
para sostener el rendimiento corporal o enfrentar situaciones de
tensión emocional (Nelson, Juan, Daniel, Roberto y Fernando).
El consumo de sustancias psicoactivas apareció en los relatos
como parte de una red de significados ligados al esfuerzo,
la pertenencia, el desgaste y los afectos masculinos. Desde
esta perspectiva, el consumo se entiende como una forma de
afrontar las tensiones que genera sostener los ideales esperados
en los proyectos ideológicos de identidad masculina entre los
campesinos.
Las concepciones de masculinidad y la construcción de los
proyectos ideológicos de identidad masculina
Los testimonios de los varones campesinos permiten observar que
sus proyectos ideológicos de identidad masculina se estructuran
principalmente alrededor de dos ejes fundamentales: la
responsabilidad económica y el comportamiento social normativo.
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-214

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Aunque no son los únicos,5 estos dos pilares configuran sentidos
centrales de lo que significa “ser hombre campesino”, reproducidos
a través de prácticas corporales, disposiciones afectivas y normas
de conducta interiorizadas desde etapas tempranas de la vida.
Nelson sintetiza de manera explícita el ideal masculino de ser
sustento económico, ubicado en el núcleo del proyecto ideológico
de identidad masculina: “Pues ser hombre es ser un sustento para
la familia”. Tener la responsabilidad de formar una familia y ser su
sustento principal. Nelson, entrevista, Cuijingo.
Este significado de la masculinidad como responsabilidad
económica no solo articula la capacidad de producir dentro
del entorno agrícola, sino que también delimita su valor social:
ser proveedor se convierte en un criterio fundamental para la
validación masculina. El honor masculino (Peristiany, 1968)
se construye en actos visibles de responsabilidad, trabajo y
cumplimiento de obligaciones. Sin embargo, la incorporación a
este proyecto de identidad no es inmediata: implica un proceso
de adaptación corporal y emocional al esfuerzo físico, como relata
el mismo Nelson al hablar de su tránsito desde la escuela hacia
el trabajo en el campo: “Me arrepentía un poco porque, pues, no
estaba acostumbrado. Yo era un niño totalmente de escuela. Me
cansaba mucho, hasta que mi cuerpo se fue acostumbrando y fui
agarrando el ritmo.” (Nelson, entrevista, Cuijingo).
5 En mi investigación doctoral describí de manera más amplia los
ideales y antinomias que conforman los proyectos ideológicos de identidad
masculina, en este trabajo me interesa centrarme en aquellos ejes que los
propios varones campesinos reconocen como significativos en sus trayectorias.
Si bien estos sentidos no escapan de los ideales previamente identificados, en
su experiencia destacan especialmente dos dimensiones que funcionan como
los principales ejes estructurantes de su identidad masculina.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-214

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�Flores Ortega / Consumo de drogas y masculinidades

Aquí se observa cómo la masculinidad campesina se
inscribe en el cuerpo a través de un proceso de habituación,
donde el cansancio y el dolor inicial se resignifican como parte
del aprendizaje de ser hombre. Esta experiencia da cuenta de
la formación de un habitus corporal (Bourdieu, 2000), en el
que la resistencia física se naturaliza como un componente
indispensable de la identidad de género.
Paralelamente, los relatos de Marco y Óscar muestran que
el proyecto ideológico de identidad masculina también se ancla
en normas de comportamiento social, orientadas a la cortesía, el
respeto y el autocontrol:
En mi investigación doctoral describí de manera más
amplia los ideales y antinomias que conforman los proyectos
ideológicos de identidad masculina; en este trabajo me interesa
centrarme en aquellos ejes que los propios varones campesinos
reconocen como significativos en sus trayectorias. Si bien estos
sentidos no escapan de los ideales previamente identificados,
en su experiencia destacan especialmente dos dimensiones
que funcionan como los principales ejes estructurantes de su
identidad masculina.
Pues me dijeron que para ser hombre pues que tenía que respetar a las personas, que tenía que tener valores de cómo saber
tratar a las personas. [...] Siempre me dijeron que tuviera que
hacer respeto y pues también, pues respetar a las mujeres más
que nada.” (Marco, entrevista, Cuijingo).
Cuando éramos niños, pues nos teníamos que portar bien, obedecer a los patrones [...]. Yo decía: ‘¿van a trabajar o se van a
emborrachar?’, porque a mí no me gustaba eso.” (Oscar, entrevista, Cuijingo).

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Estas normas articulan un ideal de masculinidad basado
en la responsabilidad social y la disciplina moral, coherente con
los valores comunitarios del ámbito campesino. El respeto a las
figuras de autoridad, la cortesía cotidiana y el rechazo inicial al
consumo de alcohol en el trabajo expresan una moral que combina
el rendimiento físico con la conducta social esperada.
Sin embargo, los relatos también muestran que estos ideales
no son fijos ni inmutables. Con el tiempo y las transformaciones
laborales y culturales, los hombres negocian estas normas. Oscar,
por ejemplo, relata cómo la prohibición inicial del alcohol en las
faenas se va flexibilizando en el tiempo: “En ese tiempo yo les
decía, no, no me gustaba una cerveza [...]”. Ahorita, pues, después
del trabajo, a veces sí una cerveza.” (Oscar, entrevista, Cuijingo).
Este tránsito sugiere que los proyectos ideológicos de
identidad masculina son procesos dinámicos, que se adaptan a
las condiciones históricas, económicas y relacionales del entorno
rural, dando lugar a masculinidades situadas, con matices y
cambios.
Otro ideal relevante que emerge de los relatos es el de
la limpieza corporal. Aunque el trabajo en el campo implica
ensuciarse por el contacto con la tierra, los varones coinciden en
que deben regresar a casa, bañarse y presentarse aseados, sobre
todo para asistir a espacios públicos como el centro del pueblo o
la iglesia. Oscar lo explica así: “Me baño, me recuesto un ratito,
a ver tele, según yo, y ya después me salgo, quedando en lo de
las fiestas y eso; ya me voy con el cohete. Entonces, ya regreso
a la casa a veces como a las nueve, ocho y media; depende de lo
tardado que sea también la misa o el rosario que hacen.” (Oscar,
entrevista, Cuijingo).
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Entre los varones más jóvenes, el ideal de cuidar el cuerpo
se articula no solo a través de la limpieza, sino también de otras
prácticas como asistir al gimnasio, buscando una imagen corporal
activa y aceptada socialmente:
Pues ahorita estoy trabajando con mi papá. Él me levanta como
a las cuatro y media, cinco de la mañana. Llegamos, trabajamos
en el campo y terminamos más o menos como al mediodía. Luego regresamos a la casa; lo primero que hago es ir a abrazar a
mi mamá, comemos, me baño, y ya después me voy al gimnasio.
(Fernando, entrevista, Cuijingo).

Estos relatos muestran cómo los ideales masculinos
combinan prácticas tradicionales como la limpieza después del
trabajo con otras más contemporáneas como el ejercicio físico
organizado, marcando continuidades y cambios en las formas
de habitar el cuerpo masculino campesino. Por lo tanto, en
Cuijingo, los proyectos ideológicos de identidad masculina en
los campesinos se configuran a partir de tres procesos que se
entrelazan. Estos son: 1) la responsabilidad económica como
núcleo de la identidad, 2) la incorporación corporal al trabajo
agrícola y 3) la interiorización de normas de comportamiento
social. Ser hombre implica sostener a la familia, aguantar
el esfuerzo físico sin quejarse y comportarse con respeto y
autocontrol en la vida comunitaria. Estas prácticas, que se
aprenden y encarnan desde edades tempranas, no son estáticas:
los relatos muestran que los varones negocian y adaptan estos
ideales conforme cambian sus trayectorias laborales, afectivas y
corporales. Así, la masculinidad campesina articula continuidad
y cambio, sosteniéndose en valores tradicionales, pero también
abriendo márgenes de transformación.
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Esquemas de distinción y diferenciación
En los relatos de los hombres campesinos de Cuijingo, los
proyectos ideológicos de identidad masculina se construyen
como una práctica situada que se legitima en el terreno del
cuerpo y el trabajo. No se trata únicamente de “ser hombre”,
sino de serlo de la manera correcta, es decir, mediante una forma
específica de producir, resistir y habitar el mundo campesino.
La masculinidad se constituye como un campo de distinción
simbólica, donde el capital corporal y la disposición al esfuerzo
configuran jerarquías de valor que separan a los “hombres
de verdad”6 de aquellos cuyas capacidades físicas o morales
se ponen en duda. Esta distinción se encarna en un habitus
masculino que, lejos de ser un simple reflejo cultural, opera
como un sistema de disposiciones incorporadas que orientan
la acción, la percepción del trabajo y la organización afectiva
del dolor y la fatiga. Así, el cuerpo es a la vez el depositario y el
agente de la estructuración social (Bourdieu, 1998).
Durante el trabajo de observación pude notar que en los
varones campesinos existe una lógica aparente de trabajar sin
descanso, sin ayuda externa y sin verbalizar el cansancio. Esto
se vuelve una práctica de acumulación de capital simbólico que
consolida la posición de un hombre en la estructura moral del
campo: “Así es como me enseñaron a mí y a mis hermanos a ser
hombres, a trabajar desde niños y aguantar. Así deben ser los
hombres aquí” (Daniel, entrevista, Cuijingo, 2025).
6 Los varones de la comunidad usan este término para referirse a
varones que cumplen con los ideales de un proyecto ideológico de identidad
masculina deseable.
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El trabajo no es simplemente un medio de subsistencia,
sino una gramática moral encarnada, un dispositivo de
reconocimiento social donde quien resiste el dolor o las
inclemencias del clima se convierte en un referente de valor
moral. Esta ética de la resistencia, que en principio tiene un
origen funcional, adquiere fuerza normativa y se convierte en un
criterio de clasificación entre sujetos: “Yo rindo lo que rindo, pero
sin nada de eso (sustancias), yo nunca he necesitado de eso para
trabajar” (Carlos, entrevista, Cuijingo, 2025).
El pasaje muestra cómo el trabajo opera como una
gramática; la frase de Carlos “rindo sin nada” traza una
frontera moral: la sobriedad se capitaliza como autocontrol y
valor masculino, mientras el consumo queda marcado como
dependencia o “trampa”. Así, el cuerpo funciona como prueba
pública de mérito y pertenencia, a la vez que eleva el costo de
admitir límites o pedir ayuda, empujando a ocultar prácticas o
forzar el rendimiento. En ese marco, las sustancias pueden operar
también como tecnologías del yo para sostener la faena cuando la
norma de aguantar sin apoyos resulta inalcanzable.
El campo simbólico en el que estas valoraciones circulan
no se limita a las relaciones locales, sino que también traza
fronteras frente a sujetos foráneos. Así lo muestra Oscar al aludir
al ingreso reciente de trabajadores haitianos al oriente del Estado
de México:
Porque aquí, como decimos, el trabajo es pesado y para ellos,
pues, sí, es pesado. ¿Por qué? Porque nunca lo han trabajado,
nunca lo han hecho este trabajo de por acá… cuando vienen
aquí a trabajar al campo, pues, no la aguantan y yo creo que por

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eso se van como para allá, para la ciudad… para donde está más
fácil el trabajo, nosotros decimos. (Oscar, entrevista, Cuijingo,
2025).

Este fragmento revela cómo la distinción simbólica no se
limita a una disputa entre pares locales, sino que traza fronteras
entre lo propio y lo foráneo, entre quienes tienen el cuerpo “hecho
para el trabajo” y quienes fracasan en su incorporación. El campo
social del trabajo agrícola se estructura como un espacio donde
el cuerpo se construye no solo como medio de producción, sino
como principio de clasificación (Bourdieu, 1991). Aquellos que no
logran adaptarse a sus exigencias físicas, ya sean extranjeros o no
iniciados, se excluyen simbólicamente del estatus viril legítimo.
En este sentido, el testimonio de Oscar no expresa
simplemente una percepción laboral; moviliza una lógica de
diferenciación donde el cuerpo campesino se convierte en capital.
La idea de que los otros “no aguantan” no remite únicamente
a una diferencia en habilidades físicas, sino a una forma de
deslegitimar su masculinidad frente al modelo campesino local.
Trabajar la tierra, resistir el clima, no quejarse, madrugar todos
los días sin importar las condiciones, se vuelven signos visibles
de una masculinidad válida, mientras que quienes no cumplen
con esas expectativas se relegan simbólicamente a una categoría
inferior, incluso si su presencia en la comunidad es laboralmente
funcional.
De este modo, la masculinidad campesina se afirma no
solo en el cumplimiento del trabajo, sino en su manera de hacerse:
con dolor silenciado, con fatiga abrazada como virtud, con un
cuerpo que, aunque se desgaste, no se quiebra. La corporalidad se
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convierte en el texto donde se escribe la virilidad, en un registro
que, como señala Herzfeld (1985), se lee comunitariamente a través
de lo que él denomina la poética del honor: “una estética moral
en la que los actos, los cuerpos y las palabras son interpretados
como signos de virtud o de vergüenza”.
Así, el prestigio masculino se sostiene a través de
una vigilancia moral informal, donde el reconocimiento o el
desprestigio circulan comunitariamente, configurando una
narrativa colectiva sobre quiénes son los hombres “de verdad”.
Como afirma Juan, al describir a un campesino reconocido: Aquí
todo se sabe. “Él es muy trabajador, muy disciplinado y muy
responsable en lo que hace” (Juan, entrevista, Cuijingo, 2025).
Esta lógica recuerda también el análisis de Peristiany
(1965) sobre el honor, donde la masculinidad se prueba en los
hechos y no en las palabras: “El honor es algo que se realiza ante
los ojos de los demás, a través de actos concretos y públicos”
(Peristiany, 1965: 10). En ese sentido, la masculinidad campesina
en Cuijingo se configura como un sistema simbólico de distinción
corporalizada, donde el trabajo físico no es simplemente
actividad económica, sino el fundamento sobre el cual se ordenan
los valores, se distribuyen los reconocimientos y se jerarquizan
las subjetividades. La figura del campesino que “aguanta” se
convierte en el emblema viril dominante, y frente a ella, toda
alteridad: el flojo, el migrante, el extranjero, aparece como
amenaza o desviación moral.
Esta lógica de distinción estructurada reproduce y
legitima una moral del sacrificio, organizando la vida masculina
en el campo y moldeando las formas de masculinidad campesina.
Estos procesos, situados en un contexto de trabajo físico exigente,
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precarización económica y cambios culturales, constituyen el
marco simbólico y corporal desde el cual también se entienden
las prácticas de consumo de sustancias psicoactivas. Como se
explorará en los apartados siguientes, el consumo funciona como
una estrategia para sostener los proyectos masculinos frente al
desgaste del cuerpo, la presión social y las fracturas subjetivas
que atraviesan sus historias.
Dificultades y malestares asociados al sostenimiento de
proyectos ideológicos de identidad masculina
Los testimonios de los varones campesinos revelan que sostener los
proyectos ideológicos de identidad masculina implica enfrentar
considerables tensiones emocionales, afectivas y simbólicas.
Aunque los ideales de ser proveedor, robusto y respetuoso
están internalizados como parte del deber ser masculino, en la
experiencia subjetiva aparecen fisuras, dudas y sentimientos
de insuficiencia que generan malestar. Una de las dificultades
recurrentes es la presión constante por responder a un ideal de
masculinidad que se percibe como inalcanzable o difuso. Juan lo
expresa de manera clara: “Sentía mucha presión, como si tuviera
que ser ese hombre que te dicen, pero no hay una forma clara de
cómo serlo.” (Juan, entrevista, Cuijingo)
Este fragmento ilustra la subjetividad fracturada: el
sujeto masculino interioriza mandatos normativos, pero en su
vivencia concreta experimenta una distancia entre esos ideales
y sus propios recursos afectivos y emocionales. El esfuerzo por
alcanzar una imagen masculina idealizada, sin contar con guías
claras ni espacios legítimos para expresar la vulnerabilidad,
produce un malestar persistente. En el caso de Juan, la
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presión simbólica fue tan intensa que lo llevó a buscar ayuda
psicológica, un gesto poco habitual en contextos rurales donde
el autocuidado emocional no suele formar parte del repertorio
masculino legítimo.
Otro elemento crucial en la configuración de estos
malestares es la supresión afectiva que los varones aprenden
desde edades tempranas. Fernando habla de forma contundente
de las expectativas normativas: “Un hombre no debe llorar, un
hombre debe mostrarse fuerte. Un hombre debe ser bueno para
trabajar, y sí, eso.” (Fernando, entrevista, Cuijingo).
Esta exigencia de autocontrol emocional contribuye a
que, ante situaciones de duelo o dolor profundo, los varones
experimenten sentimientos de desamparo y bloqueo afectivo.
Roberto, por ejemplo, relata su vivencia tras la muerte de su
abuelo, un episodio que marcó su adolescencia: “Pues el único
varón que estaba en la casa de mi papá era yo. Me dio miedo, no
sabía ni cómo reaccionar, hasta que llegaron los otros varones de
la familia.” (Roberto, entrevista, Cuijingo).
Su relato muestra cómo, en ausencia de figuras masculinas
de contención inmediata, surgen emociones de miedo, soledad
e impotencia, las cuales, culturalmente, no tienen un espacio
legítimo de expresión en los modelos tradicionales de masculinidad
campesina. La vivencia del duelo también revela la tensión entre
el mandato de fortaleza y la necesidad emocional de desahogo. A
pesar de que se espera que los varones no lloren, Roberto narra
que finalmente lloró: “Pues sentía mucha impotencia porque ya
no me pudo ver, porque sí le rogaba a mi abuelita entre lágrimas
que me llevara al hospital para poder verlo, tan siquiera por última
vez.” (Roberto, entrevista, Cuijingo).
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El llanto aparece aquí como una forma inevitable de
respuesta emocional ante la pérdida, pero también como una
fuente de conflicto interno. Roberto no solo lamenta la ausencia
de su abuelo, sino que expresa un deseo de demostrarle que había
superado episodios pasados de consumo de drogas. El anhelo
de validación masculina a través del reconocimiento del abuelo
atraviesa todo su testimonio: “Es lo que más deseaba, que mi
abuelito me viera que no me iba a tirar a las drogas, sino que me
iba a superar.” (Roberto, entrevista, Cuijingo).
Tanto Roberto como Fernando y el resto de los
interlocutores muestran que el proyecto ideológico de
masculinidad no solo impone ideales de comportamiento, sino
que también produce un sistema de expectativas cruzadas entre
generaciones. La figura del abuelo como referente de legitimidad
masculina subraya la importancia simbólica de “ser visto” y
“ser aprobado” como hombres en el seno familiar, reforzando la
presión por cumplir con un modelo de masculinidad que no a
menudo resulta accesible.
Estos relatos permiten entender que las dificultades y
malestares asociados a los proyectos de identidad masculina
campesina no son solo individuales, sino que están estructurados
culturalmente. La exigencia de fortaleza emocional, el mandato de
productividad económica y la ausencia de espacios legítimos para
el reconocimiento de la vulnerabilidad configuran un terreno fértil
para el desgaste subjetivo. En este contexto, como se analizará
más adelante, el consumo de sustancias psicoactivas emerge
como una estrategia para sostener, aunque sea temporalmente,
los mandatos que pesan sobre el cuerpo y la subjetividad de los
varones.
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Inicio del consumo de sustancias psicoactivas y su inserción
en las dinámicas subjetivas y en los procesos de construcción
de masculinidad
El inicio en el consumo de sustancias psicoactivas entre los varones
campesinos no suele producirse como una ruptura repentina. Es un
proceso que se inscribe en sus trayectorias vitales, atravesado por
experiencias afectivas, vínculos familiares frágiles, accesibilidad
a las drogas y mandatos de género que desalientan la expresión
emocional. La entrada al consumo está marcada por el contexto,
la curiosidad, la búsqueda de alivio o la necesidad de pertenencia.
En muchos casos ocurre en la adolescencia, una etapa en la que
ya se han comenzado a interiorizar ciertos mandatos masculinos
como la autosuficiencia, la fortaleza emocional y el rechazo a la
debilidad.
Marcos relata cómo su primer contacto con la marihuana
ocurrió a los 14 años, en un espacio cotidiano del pueblo (las
maquinitas) y mediado por una figura conocida. Lo que al inicio
le atrajo fue el olor y la promesa de una sensación placentera,
distinta a la rutina:
Vi que la desabrochó (una pulsera) y empezó a fumar, pues llegó un olor, no sé, me olió rico, a frutas [...]. Me dijo: ‘te hace sentir bonito, te saca de la realidad’ [...]. Y pues ahí quedó la plática.
Después en otro lugar me dijo, ¿no quieres? [...] y ahí fue cuando
la probé por primera vez. (Marcos, entrevista, Cuijingo).

La narración da cuenta de un acceso informal, no
coercitivo, pero cargado de significados. El consumo no surge
como una transgresión violenta, sino como una experiencia de
exploración afectiva en un entorno donde ya se percibe cierta
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ausencia emocional. En palabras del propio Marcos, el efecto de
la sustancia funcionó como una forma de compensar la distancia
afectiva con su padre: “Me sentía relajado. [...] Porque pues, al
sentir la ausencia de mi padre, a veces me sentía mal, me sentía
raro [...]. Algunas personas me hacían burlas que nomás tenía
papá cada seis meses.” (Marcos, entrevista, Cuijingo).7
Aquí el consumo aparece ligado a la vivencia del
abandono simbólico y a la falta de reconocimiento. La droga
no solo cumple una función fisiológica, sino que opera como
una tecnología emocional que, momentáneamente, le permite
a Marcos sostenerse en medio de una carencia afectiva que no
puede nombrar ni canalizar por otras vías.
En el caso de Federico, el ingreso al consumo ocurrió en
la preparatoria, también durante la adolescencia. A diferencia
de Marcos, él se inicia con cristal, una droga más potente, de
accesibilidad inmediata en su entorno escolar: “Creí que era más
difícil conseguirla [...]; no sabía que la prepa estaba infestada de
eso. A la hora de inhalarlo, recuerdo que sentí como un alivio.”
(Federico, entrevista, Cuijingo)
Al igual que Marcos, Federico no asocia el inicio del
consumo a un momento de ruptura dramática, sino a una
conjunción entre disponibilidad, curiosidad, y efectos placenteros.
Sin embargo, en su relato surge una dimensión crítica: el bajo
costo, la normalización en el entorno inmediato y la facilidad para
adquirirla con el dinero que recibía como gasto diario. Es decir,
la droga no solo está presente, sino que es accesible, cotidiana,
7 El papá de Marcos pertenece al Programa de Trabajadores Agrícolas
Temporales PTAT, por lo que se encuentra 6 meses en Canadá y 6 meses en
Cuijingo.
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cercana: “100 pesos me alcanzaba como para tres días” [...] Era
lo que más o menos me daban de recreo.” (Federico, entrevista,
Cuijingo)
Así mismo, el testimonio de Oscar refuerza esta dimensión
estructural. Señala que en contextos rurales como Cuijingo, los
niños y adolescentes inician actividades laborales agrícolas desde
los 12 o 13 años, ganando dinero propio desde muy temprano, lo
que incrementa la autonomía de consumo sin regulación adulta:
Niños de 12 o 13 años ya ganan lo del día, y tú ves en un 15 de
septiembre al niño que va, paga uno de 500, da una botella y
ya siente que las puede. [...] Tú le dices eso, y te dicen: ‘Es mi
dinero’. Y en parte tienen razón.” (Oscar, entrevista, Cuijingo).

Esta narrativa pone en evidencia que el inicio del consumo
no puede entenderse fuera del contexto económico y simbólico
en el que se desarrolla. La capacidad de ganar dinero propio a
una edad temprana se convierte en un marcador de autonomía
masculina, pero también habilita prácticas de consumo sin
contención, enmarcadas por discursos de autosuficiencia y
derecho individual.
Aquí el consumo aparece como una forma de “tecnología
del yo”, en los términos de Michel Foucault (1988): una práctica
mediante la cual los sujetos buscan transformarse a sí mismos,
gestionar sus emociones y sostener una cierta imagen de
resistencia frente a la fragilidad. No es solo una evasión, es un acto
que busca reforzar la estabilidad de una identidad tensionada por
la falta afectiva.
En ese sentido, los relatos muestran que el inicio en
el consumo de sustancias psicoactivas está atravesado por
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varias dimensiones: 1) La búsqueda de experiencias nuevas y
sensaciones agradables. 2) La necesidad de alivio emocional frente
a ausencias o violencias simbólicas. 3) El deseo de pertenencia
o reconocimiento entre pares. 4) La disponibilidad y facilidad
de acceso en contextos escolares y laborales. 5) La legitimación
implícita del consumo como signo de madurez o de “aguante”.
Momentos de conciencia corporal frente al riesgo y el daño
derivados del consumo
En los relatos de los varones campesinos entrevistados, el cuerpo
no solo aparece como instrumento de trabajo, sino como el
espacio donde se inscriben los mandatos masculinos y, también,
sus límites. La práctica del consumo de sustancias psicoactivas,
inicialmente incorporada como una forma de aguantar el trabajo,
calmar el dolor emocional o rendir más, comienza a generar
momentos de quiebre cuando sus efectos afectan la integridad
física, la autoestima o la capacidad de sostener el ritmo
cotidiano. En esas fisuras, surge una conciencia corporal que
abre la posibilidad de parar, repensarse o, al menos, verbalizar
el malestar. Fernando lo expresa claramente al describir cómo el
uso del “Crico” (cristal) está directamente ligado a las exigencias
del trabajo agrícola: “Para eso lo utilizamos el Crico, ¿no?, para
aguantar, o sea, todo: el desvelo, la hambre, la deshidratación del
cuerpo, todo eso. Porque sí, como te digo, sí son unas friegas muy,
muy cabronas.” (Fernando, entrevista, Cuijingo, 2025).
En este contexto, la droga se presenta como una extensión
del mandato de aguante. La productividad corporal se convierte
en prioridad, incluso a costa del bienestar. Sin embargo, con el
paso del tiempo, el cuerpo comienza a responder con señales de
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alarma. Roberto lo relata así: “Después me da pa’bajo, como tres
días; no como, solo quiero líquido. Se siente de la chingada, no
duermo.” (Roberto, entrevista, Cuijingo, 2025)
Estos malestares no son percibidos como meros efectos
secundarios, sino como señales inquietantes que transforman
la relación con el cuerpo y con la sustancia. Aparece entonces
una inquietud creciente, una sensación de vulnerabilidad que
tensiona el ideal de fortaleza y control. Juan describe cómo su
cuerpo dejó de responder igual: “Yo ya no la aguanto como antes…
me truena la espalda, me arden los pulmones, tengo que parar,
aunque sea unos días.” (Juan, entrevista, Cuijingo, 2025).
En este tipo de experiencias, el cuerpo pasa de ser un
soporte silencioso de la masculinidad a volverse un interlocutor
incómodo. El dolor, el agotamiento o el miedo a enfermar permiten
interrumpir (aunque sea de forma temporal) el habitus del
aguante. En ese quiebre se produce lo que Elder (1994) denomina
un punto de inflexión: una experiencia que cambia la dirección
de la trayectoria vital. Roberto lo expresa con crudeza: “Dejé de
meterme porque sentí que me iba a morir. Me quedaba sin aire
en la noche… Me asusté, me fui calmando.” (Roberto, entrevista,
Cuijingo, 2025).
Estos momentos de conciencia corporal también están
vinculados a experiencias afectivas significativas, como la
paternidad. Juan lo explica de forma clara: “Me calmé cuando
nació mi hija. Ya no era yo solo, ya no podía andar todo loco.”
(Juan, entrevista, Cuijingo, 2025).
Aquí el cuidado del cuerpo no aparece como una práctica
situada, vinculada a relaciones concretas y al reconocimiento de
la propia fragilidad frente a nuevas responsabilidades. Daniel,
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por ejemplo, reconoce el deterioro físico causado por el consumo:
pérdida de peso, fatiga persistente, debilitamiento; reflexiona:
“Ya cambié mucho. Me veo con ojeras, estoy muy flaco de la cara.
Una vez mis compañeros del trabajo me dijeron que me veía como
verde de la cara.” (Daniel, Cuijingo, 2025).
La imagen corporal, en este caso, se convierte en un espejo
donde se visibiliza el desgaste. Lo que alguna vez fue asociado
a fortaleza (trabajar mucho, no descansar, no comer bien) se
vuelve un signo de deterioro. En esa percepción propia y ajena se
activa una conciencia crítica. La preocupación no solo es física.
Aparece también el reconocimiento de afectaciones cognitivas,
como lo señala Marcos, quien consume marihuana: “Los efectos
secundarios también de eso son la pérdida de memoria. Se
me olvidan re fácil así. [...] Mi mamá lo ha notado, que dice,
no manches, te decimos algo y se te olvida rápido.” (Marcos,
Cuijingo, 2025).
La memoria, la concentración y la capacidad de sostener
tareas simples se ven comprometidas, lo que impacta tanto la
percepción de sí como el reconocimiento social. Este tipo de
deterioro, aunque paulatino, se vuelve insostenible para los
interlocutores que valoran la responsabilidad y el autocontrol
como ejes de su masculinidad.
Incluso en medio de los ideales del proyecto ideológico
de identidad masculina, se abren pequeñas grietas: pausas, días
de descanso, verbalización del cansancio. Fernando lo resume
con claridad: “Cuando me canso, a veces paro tantito, me siento
en la orilla del surco. Me quito los guantes, estiro la espalda…”
(Fernando, entrevista, Cuijingo, 2025). Marco complementa con
una reflexión sobre la alimentación y el autocuidado: “Yo digo,
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pues si el cuerpo te está dando, hay que darle, ¿no? Pero también,
si no le das de comer, a largo plazo te va a cobrar una factura.”
(Marco, entrevista, Cuijingo, 2025)
Estas frases muestran cómo los varones comienzan a
identificar que el cuerpo no es ilimitado. Ya no es solo una máquina
de trabajo, sino también un lugar de cuidado potencial. No se
trata de abandonar los valores del esfuerzo, sino de reconocer que
ese esfuerzo tiene un costo y que cuidarse también puede ser una
forma legítima y masculina de resistir.
En suma, los momentos de conciencia corporal frente al
daño del consumo marcan puntos de inflexión donde los varones
campesinos cuestionan temporalmente la lógica del rendimiento
absoluto. En estos momentos, el cuerpo deja de ser silencioso y
se convierte en una voz que interpela: a veces con dolor, a veces
con miedo, a veces con deseo de cambiar. Y aunque el mandato
de aguantar persiste, en esas pausas se ensayan otras formas de
habitar la masculinidad, donde el cuidado ya no es incompatible
con el trabajo, y el cansancio deja de ser una vergüenza para
volverse una señal que merece atención.
Conclusiones
A lo largo de esta investigación se indagó cómo el consumo de
sustancias psicoactivas se relaciona con la construcción de los
proyectos ideológicos de identidad masculina entre varones
campesinos del oriente del estado de México. Lejos de tratarse de
un fenómeno aislado o individual, el consumo forma parte de un
conjunto más amplio de significados ligados al cuerpo, al trabajo,
a los afectos y a las formas en las que se espera “ser hombre” en
contextos rurales.
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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Los testimonios recogidos muestran que la masculinidad
campesina se construye, en buena medida, a partir del esfuerzo
físico, la responsabilidad económica, el silencio emocional y la
capacidad de resistir el dolor. En este marco, el cuerpo se vuelve
un lugar donde se inscriben los mandatos de género: un cuerpo
que no solo produce y rinde, sino que se exige, se calla y, muchas
veces, se desgasta. Frente a esa presión constante, el consumo
de sustancias aparece como una forma de sostener el ritmo, de
apaciguar el malestar o simplemente de acompañar la soledad.
Sin embargo, también emergen relatos que revelan otra
posibilidad: la conciencia de los propios límites, el reconocimiento
del desgaste y la decisión, a veces sutil, a veces contundente, de
detenerse. Dejar de consumir, buscar ayuda, tomar un respiro,
hablar del miedo o del cansancio: son gestos que, aunque parezcan
pequeños, cuestionan los ideales de los proyectos de identidad
masculina campesina.
Este trabajo también invita a matizar la idea de que los
varones del campo no se cuidan. Si bien el cuidado no siempre
se expresa de forma abierta o continua, los relatos dan cuenta de
momentos clave: una enfermedad, un susto, el nacimiento de una
hija, en los que los hombres detienen la marcha y piensan en sí
mismos. Esos puntos de inflexión, aunque breves, muestran que
el cuidado puede ser compatible con la fuerza, y que reconocer
la vulnerabilidad no implica abandonar la masculinidad, sino
habitarla de otro modo.
Lejos de idealizar o juzgar las trayectorias de estos varones,
esta investigación busca comprenderlas en su complejidad,
reconociendo que los campesinos no son figuras rígidas ni ajenas
al cambio. Son sujetos atravesados por tensiones, con formas
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�Flores Ortega / Consumo de drogas y masculinidades

propias de nombrar, enfrentar y a veces transformar el dolor. Y
en esos procesos, también se abren posibilidades para imaginar
otras formas de ser hombre en el campo.

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-214

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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Feminicidio y decolonialidad observando
la periferia1
Femicide and decoloniality observing the periphery
Claudia Elisa López Miranda
Resumen: El objetivo del presente documento es analizar cómo la
perspectiva decolonial complejiza algunas nociones convencionales
de feminicidio, al tiempo que propone centrar la atención en
las particularidades de poblaciones y territorios históricamente
considerados periféricos. En primer lugar, se elabora una reflexión
conceptual en torno al feminicidio y se señala cómo está tipificado en
México y Latinoamérica; posteriormente, se elabora una crítica al talante
eurocéntrico del mismo y se intenta mostrar, a través de herramientas
teóricas del feminismo decolonial, cómo se puede ampliar la noción
de feminicidio, para que la comprensión del fenómeno en poblaciones
históricamente marginadas complete la visión convencional.
Palabras clave: Feminicidio, marco legal, eurocentrismo, decolonialidad
del género.

1 Esta investigación fue posible por la “Estancia posdoctoral realizada
por Claudia Elisa López Miranda gracias al Programa de Becas Posdoctorales
en la Universidad Nacional Autónoma de México (POSDOC)” en la Facultad
de Ciencias Políticas y Sociales y gracias a la colaboración de la Dra. Verónica
Renata López Nájera. https://orcid.org/0000-0002-5169-2268 Universidad
Nacional Autónoma de México, elisalmz@politicas.unam.mx

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Abstract: The aim of this document is to analyze how the decolonial
perspective complicates certain conventional notions of feminicide,
while proposing to focus attention on the specific realities of populations
and territories historically considered peripheral. First, a conceptual
reflection on feminicide is presented, including how it is classified in
Mexico and Latin America. This is followed by a critique of its Eurocentric
framework and an attempt to show, through theoretical tools from
decolonial feminism, how the notion of feminicide can be broadened.
The goal is to ensure that the understanding of the phenomenon in
historically marginalized populations complements and enriches the
conventional view.
Key words: Feminicide, legal framework, Eurocentrism, decoloniality
of gender.

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-215

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�López Miranda / Feminicidio y decolonialidad

Introducción
El objetivo del presente documento es analizar cómo la perspectiva
decolonial complejiza algunas nociones convencionales de
feminicidio, al tiempo que propone centrar la atención en las
particularidades de poblaciones y territorios históricamente
considerados periféricos. Aplicar el enfoque decolonial al estudio
del feminicidio en México permite desarrollar herramientas
analíticas más sensibles a contextos atravesados por desigualdades
estructurales. Estas periferias deben entenderse no solo en
términos geográficos, sino desde una lógica de exclusión social,
donde el acceso a derechos básicos y condiciones de vida digna es
profundamente desigual.
En estos territorios, el feminicidio se manifiesta con
particular crudeza y persistencia, acompañado por dinámicas de
violencia estructural, abandono institucional y una impunidad
que perpetúa la marginalización de las víctimas. Esta situación
evidencia la necesidad de mirar más allá de las explicaciones
tradicionales y reconocer la complejidad del fenómeno en
contextos atravesados por múltiples formas de opresión.
En este sentido, la crítica a la modernidad —y a las lógicas
coloniales que siguen operando en muchas estructuras sociales
y políticas— resulta clave para ampliar la comprensión del
feminicidio. El modelo moderno de desarrollo ha contribuido a
invisibilizar saberes, experiencias y voces de mujeres indígenas,
campesinas, migrantes o empobrecidas, cuyas vivencias no
encajan en los marcos interpretativos dominantes.
Por ello, el artículo que se presenta a continuación parte
de una revisión crítica de algunas concepciones tradicionales
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del feminicidio. Posteriormente, propone una relectura desde la
perspectiva decolonial, con el objetivo de enriquecer el análisis,
visibilizar otras realidades y contribuir a la construcción de
estrategias más eficaces para su comprensión y erradicación en
el caso de México.
Concepciones clásicas de feminicidio
Reflexión conceptual
El concepto feminicidio demanda atender texto canónico:
Feminicidio. La política del asesinato de las mujeres,2 (1992) de
Jill Radford y Diana Russell, a quienes se atribuye la creación
del término “Femicide”. El libro ofrece una reflexión teórica en
torno a las estructuras que hacen posible la violencia contra las
mujeres en general y el feminicidio en particular, además de ello
elabora un recuento de casos de aquellas que han sido víctimas de
agresiones patriarcales.
Este documento destaca que, al menos hasta 1992, los
asesinatos de mujeres generaron prominentes expresiones de
denuncia pública y una respuesta activa desde los movimientos
feministas. No obstante, en el ámbito académico, aún se
encontraba en proceso la construcción de marcos teóricos que
abordaran el feminicidio como un fenómeno estructural.
2 Cuando Diana Russell participó en el Seminario Internacional
Feminicidio Justicia y Derecho, organizado por la Comisión Especial en 2005,
consideró apropiada la traducción de femicide como feminicidio para evitar que su
traducción al castellano fuera femicidio y, por lo tanto, condujera a considerarlo
solo como la feminización de la palabra homicidio (Lagarde, en Radford y
Rusell, 1992, p. 17).
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�López Miranda / Feminicidio y decolonialidad

Russell (1992) señala que la primera vez que usó el
término femicidio fue cuando, en 1976, testificó sobre un asesinato
misógino ante el Tribunal Internacional de los Crímenes contra
las Mujeres. Posterior a ello, empezó a utilizarlo con frecuencia
en sus clases y disertaciones públicas para nombrar aquellas
agresiones perpetradas en contra de las mujeres, por el simple
hecho de serlo.
Al principio, el concepto no logró mucha resonancia; sin
embargo, un suceso trágico en la Universidad de Montreal hizo
que el fenómeno al que se refería Russel fuese difícil de ignorar,
14 estudiantas de ingeniería fueron asesinadas a tiros por Marc
Lépine, quien, además, las llamó “pinches feministas”. Dicho
suceso es un caso claro de femicidio, es decir, el extremo más
radical de lo que Russell y Radford nombraron como “terror
antifemenino”:
Que incluye una gran cantidad de formas de abuso verbal y
físico: como violación, tortura, esclavitud sexual (particularmente en la prostitución), incesto y abuso sexual infantil extrafamiliar, maltrato físico y emocional, hostigamiento sexual
(por teléfono, en las calles, en la oficina y en el salón de clases),
mutilación genital (clitoridectomía, escisión, infabulación),
operaciones ginecológicas innecesarias (histerectomías gratuitas), heterosexualidad forzada, esterilización forzada, maternidad forzada (mediante la criminalización de los anticonceptivos y el aborto), psicocirugía (Caputi y Russell, en Russell y
Radford, 1992, p. 57)

Si quisiéramos aproximarnos a una definición precisa,
tendríamos que señalar que el femicidio es el asesinato de
mujeres que tiene raíz en la misoginia; es un “asesinato misógino
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de mujeres, cometido por hombres” (Radford, 1992, p. 33). En
este contexto es necesario analizar la palabra “misoginia”, que
significa odio hacia las mujeres, pero no se trata de un odio
personal, individual o de un sujeto enfermo; se trata de un
sentimiento generalizado socialmente que se reproduce a partir
de las instituciones formales, los medios de comunicación, las
conversaciones de café, etcétera. En la concepción de las mujeres
como seres inferiores y minusvalorados está la raíz y el terreno
propicio para las agresiones contra las mismas.
Patricia Olamendi (2016) abogada experta en feminicidio,
subraya el trabajo Femicide: Speaking the Unspeakable (1990) de
Diane Russell y Jane Caputi, donde se entiende Femicidio como el
asesinato de mujeres por hombres motivado por odio, desprecio,
placer o sentido de propiedad.3
Si bien esta noción de un odio difundido y perpetrado
socialmente ya estaba en la definición de Russell, Radford y Caputi
es en el trabajo conceptual de la mexicana Marcela Lagarde que
se acentúa y profundiza, pues en lugar de traducir directamente
“femicide”, reformula el término usando “feminicidio”, para señalar
que el fenómeno está más próximo al genocidio que al homicidio,
pues existe todo un contexto institucional y cultural que no sólo
lo permite, sino lo reproduce. Para Lagarde, feminicidio es:
La forma extrema de violencia de género contra las mujeres,
producto de la violación de sus derechos humanos en los ám3 Patricia Olamendi (2016) apunta también el trabajo de Mary Anne
Warren, quien en el libro Gendercide: The Implication of Sex Selection (1985). utiliza
el término genericidio para referirse a las muertes sistemáticas de mujeres, que
superan otras causas de muerte como enfermedades o accidentes.
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bitos público y privado, está conformada por el conjunto de
conductas misóginas —maltrato y violencia física, psicológica, sexual, educativa, laboral, económica, patrimonial, familiar,
comunitaria, institucional— que conllevan impunidad social y
del Estado y, al colocar a las mujeres en riesgo de indefensión,
pueden culminar en el homicidio o su tentativa, es decir en feminicidio, y en otras formas de muerte violenta de las niñas y
las mujeres: por accidentes, suicidios y muertes evitables derivadas de, la inseguridad, la desatención y la exclusión del desarrollo y la democracia (Lagarde, 2008, p. 217).

Es decir, la antropóloga feminista subraya la
responsabilidad de las escuelas, los ámbitos de trabajo, la
comunidad, y, sobre todo, el Estado; es este quien sitúa a las
mujeres en una condición de vulnerabilidad. Son los gobiernos
y sus instituciones omisas, quienes se convierten en un soporte
de la dominación masculina y patriarcal. Esta definición se
enriquece con las ideas de Rita Segato (2006) sobre la creación de
corporaciones o “segundos estados”, que son grupos poderosos
que, al lado del Estado formal, manejan recursos, derechos y
violencias contra las mujeres.
Patricia Olamendi (2016) subraya la noción Lagardeana
de feminicidio como “delito contra la humanidad”, citando el
famoso trabajo “El Feminicidio, delito contra la humanidad.
Feminicidio, justicia y derecho. México. Comisión especial para
conocer y dar seguimiento a las investigaciones relacionadas con
los feminicidios en la República Mexicana y a la procuración de
justicia vinculada. 2005”, de Marcela Lagarde.
Como lo muestra claramente esta última referencia, estas
reflexiones han sido la base para la concreción de reglamentaciones
en materia de lucha por los derechos de las mujeres.
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En el caso mexicano, los aportes de Marcela Lagarde en
la definición de feminicidio son imprescindibles tanto para la
creación de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida
Libre de Violencia, como para la tipificación de feminicidio, como
un delito singular en los códigos penales.
Hacia la década de 1990 se hace evidente un proceso de
institucionalización de lo que se ha denominado “la cuestión
de las mujeres”. Comienzan a promulgarse leyes en defensa de
sus derechos, se incorporan cátedras con perspectiva de género
en las universidades, surgen programas de posgrado y se crean
instancias especializadas dentro de las instituciones públicas.
Estos avances no deben interpretarse como concesiones
gubernamentales, sino como el resultado de una lucha sostenida
por parte de las feministas, quienes, desde distintos espacios,
impulsaron transformaciones profundas en el ámbito social,
político y académico.
Tal es el caso de la Ley General de Acceso de las Mujeres
a una Vida Libre de Violencia (2008),4 que fue posible, en primer
lugar, por la lucha del movimiento feminista y, en segundo
lugar, gracias al arduo trabajo realizado por Marcela Lagarde y
su equipo, vía el encargo de la H. Cámara de diputados, durante
2005-2006.
4 Donde se define el feminicidio como Es la forma extrema de violencia
de género contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos humanos
y del ejercicio abusivo del poder. Se manifiesta a través de conductas de odio y
discriminación que ponen en riesgo sus vidas o culminan en muertes violentas
como el feminicidio, el suicidio y el homicidio, u otras (Cámara de diputados,
2008).
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�López Miranda / Feminicidio y decolonialidad

Tabla 1
Concepciones generales de feminicidio.
AUTORA

CONCEPTO

REFERENCIA

Jill Radford
y Diana
Russell

Russell (1992) señala que la
primera vez que usó el término femicidio fue cuando,
en 1976, testificó sobre un
asesinato misógino ante el
Tribunal Internacional de los
Crímenes contra las Mujeres.
“asesinato misógino de mujeres, cometido por hombres” (Radford, 1992, p. 33)
Asesinato de mujeres por
hombres motivado por odio,
desprecio, placer o sentido
de propiedad
La forma extrema de violencia de género contra las
mujeres (muerte), producto
de la violación de sus derechos humanos en los ámbitos público y privado, está
conformada por el conjunto
de conductas misóginas —
maltrato y violencia física,
psicológica, sexual, educativa, laboral, económica,
patrimonial, familiar, comunitaria, institucional— que
conllevan impunidad social
y del Estado.
Crimen contra la humanidad.

Feminicidio.
La política del asesinato de
las mujeres, (1992)

Diane
Russell y
Jane Caputi
Marcela
Lagarde

48

Femicide: Speaking the
Unspeakable (1990)

Antropología,
feminismo
y política: violencia feminicida y derechos humanos
de las mujeres. En Margaret Louise y María Díez
(Coords.), (2008) Retos
teóricos y nuevas prácticas.
UNAM.
“El Feminicidio, delito contra la humanidad. Feminicidio, justicia y derecho. México. Comisión especial para
conocer y dar seguimiento a
las investigaciones relacionadas con los feminicidios
en la
República Mexicana y a la
procuración de justicia vinculada. 2005”

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-215

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Cámara de
Diputados

Es la forma extrema de
violencia de género contra
las mujeres, producto de la
violación de sus derechos
humanos y del ejercicio
abusivo del poder. Se manifiesta a través de conductas
de odio y discriminación
que ponen en riesgo sus vidas o culminan en muertes
violentas como el feminicidio, el suicidio y el homicidio, u otras.

Ley General de Acceso de
las Mujeres a una Vida Libre
de Violencia (2008)

Nota. Elaboración propia.

Hay autoras, como Elena Larrauri (1994, en Araiza Díaz
et al., 2020), que señalan que el problema no es la formulación
de los tipos penales, sino la interpretación masculina de las
leyes, pues aún con la existencia de la tipificación, los asesinatos
contra las mujeres en razón de género y la impunidad persisten.
Sin embargo, a pesar de las falencias, es crucial señalar
que las leyes siguen siendo herramientas indispensables
en la lucha formal por la justicia. Sin un marco legal sólido,
las demandas de equidad y derechos humanos carecen de
fundamento y dirección. La ley proporciona el contexto
necesario para que las personas puedan reclamar sus derechos
y responsabilizar a quienes los vulneran. Por lo tanto, aunque
el incumplimiento de la ley es un problema grave, no debemos
subestimar su importancia como un medio para establecer
estándares de justicia y equidad en la sociedad. De ahí la
importancia no solo de conceptualizar, sino de tipificar
formalmente el feminicidio.
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�López Miranda / Feminicidio y decolonialidad

Tipificación en Latinoamérica
En 2007, la Organización de los Estados Americanos (OEA), a
través de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
(CIDH), publicó el informe titulado Acceso a la justicia para las
mujeres víctimas de violencia en las Américas (en Olamendi, 2016). En
este documento se reconoce que la violencia contra las mujeres,
así como su causa fundamental la discriminación constituye una
grave violación de los derechos humanos.
Además, se señala que este problema no solo afecta
directamente a las mujeres, sino que también tiene consecuencias
negativas para sus comunidades. La violencia y la discriminación
impiden el pleno ejercicio de los derechos de las mujeres,
incluyendo el respeto a su vida, su integridad física, mental y
emocional.
Patricia Olamendi (2016) elabora una síntesis de las
tipificaciones en Latinoamérica e indica que, en México, el Código
Penal Federal reconoce en su artículo 325 el feminicidio como un
delito específico: quien prive de la vida a una mujer por razones
de género comete dicho delito. La LGAMVLV también rescata
el tipo penal de feminicidio. En México, el Código Penal Federal
reconoce en su artículo 325 que comete el delito de feminicidio
quien prive de la vida a una mujer por razones de género.5 Además,
la LGAMVLV incluye la Alerta de Violencia de Género contra las
Mujeres (AVGM), que es:
5 Especifica en qué circunstancias se considera que existen razones de
género, enlista entre otras: violencia sexual, lesiones degradantes, antecedentes
de violencia en cualquier ámbito.

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El conjunto de acciones gubernamentales coordinadas, integrales, de emergencia y temporales realizadas entre las autoridades de los tres órdenes y niveles de gobierno, para enfrentar y
erradicar la violencia feminicida en un territorio determinado;
así como para eliminar el agravio comparado, resultado de las
desigualdades producidas por ordenamientos jurídicos o políticas públicas que impiden el reconocimiento o ejercicio de los
derechos humanos de las mujeres, las adolescentes y las niñas, a
fin de garantizar su pleno acceso al derecho a una vida libre de
violencias (Cámara de diputados, 2008, p. 13).

La legislación de Chile, en el Código Penal, establece:
Artículo. 390. El que, conociendo las relaciones que los ligan,
mate a su padre, madre o hijo, o a quien es o ha sido su cónyuge
o su conviviente, será castigado como parricida, con la pena de
presidio mayor en su grado máximo a muerte. Si la víctima del
delito descrito en el inciso precedente es o ha sido la cónyuge
o la conviviente de su autor, el delito tendrá el nombre de
femicidio.
En Costa Rica el feminicidio está tipificado a través
de la Ley de Penalización de la Violencia contra las Mujeres,
Artículo 21.- Femicidio Se le impondrá pena de prisión de
veinte a treinta y cinco años a quien dé muerte a una mujer
con la que mantenga una relación de matrimonio, en unión de
hecho declarada o no.
El Salvador cuenta con la Ley Especial Integral para una
Vida Libre de Violencia para las Mujeres, Artículo 45. Feminicidio:
Quien le causare la muerte a una mujer mediando motivos de odio
o menosprecio por su condición de mujer, será sancionado con
pena de prisión de veinte a treinta y cinco años.
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�López Miranda / Feminicidio y decolonialidad

En Guatemala, la Ley Contra el Feminicidio y otras
Formas de Violencia contra la Mujer establece en su artículo
6.º el delito de feminicidio. Comete el delito de femicidio
quien, en el marco de las relaciones desiguales de poder entre
hombres y mujeres, diere muerte a una mujer, por su condición
de mujer.
En Nicaragua, la regulación del feminicidio se estableció
en la Ley integral contra la violencia hacia las mujeres, Artículo
9. Femicidio 1. Comete el delito de femicidio el hombre que, en
el marco de las relaciones desiguales de poder entre hombres y
mujeres, diere muerte a una mujer, ya sea en el ámbito público o
privado, en cualquiera de las siguientes circunstancias.
En el caso de Perú, en el Artículo 107. Parricidio/
Feminicidio señala que el que, a sabiendas, mata a su ascendiente,
descendiente o a quien es o ha sido su cónyuge será reprimido con
pena privativa de libertad no menor de quince años (Olamendi,
2016).
En Argentina, “la ley 26.791, sancionada el 14 de noviembre
de 2012, reformó el artículo 80 del Código Penal para criminalizar
de modo agravado los homicidios vinculados con la violencia por
razones de género” (Ministerio Público Fiscal, 2022). Este es un
caso particular, pues hoy existe toda una discusión en torno a
sacar o no el tipo penal del código. De entre los retrocesos que ha
representado para el país sureño la llegada de Milei al poder, se
cuenta el interés por desaparecer el feminicidio como delito en su
especificidad.
La legislación brasileña, por su parte:
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No se refiere al feminicidio con amplitud ni adopta […] la distinción entre feminicidio (como tipo penal) y violencia feminicida […] Sin embargo, la Ley 11.340/06 (Lay Maria da Penha)
establece cinco formas de violencia […] contra la mujer […] art.
5 y 7 (Brandao, 2018, p. 288).

En Colombia, el feminicidio se tipificó como un delito
autónomo por la ley 1761 de 2015, que lo define como “el asesinato
de una mujer por su condición de mujer o por motivos de su
identidad de género” (ONU, Mujeres Colombia, 2025). Se
considera agravado cuando es perpetrado por un servidor público,
la víctima sea menor de 18 años o mayor de 60, sea cometido por
varias personas, le anteceda una agresión sexual o sea perpetrado
por la pareja o expareja de la víctima.
En Paraguay, el delito está tipificado por la Ley 5777/16,
que protege a las mujeres contra toda forma de violencia; lo
define como asesinato de mujer por su condición de mujer (ONU
Mujeres, 2021).
Finalmente, en Uruguay, la Ley n.º 19.538 se modificó
en 2017 para agregar el numeral 8 al artículo 312. En esta
modificación, se establece el feminicidio como una circunstancia
agravante del homicidio y se entiende como un asesinato en
razón de género.
Hasta aquí hemos revisado algunas concepciones clásicas
del feminicidio; partiendo del trabajo pionero de Diana Russell
y Jill Radford, se mostró cómo Marcela Lagarde reformula y
complejiza el concepto, enfatizando la responsabilidad del Estado.
Subrayamos la centralidad de estos enfoques para la creación de
marcos jurídicos específicos y para visibilizar el feminicidio como
una violación grave de los derechos humanos.
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�López Miranda / Feminicidio y decolonialidad

Tabla 2
Tipificación del feminicidio en América Latina.
País
México

Tipificación
El feminicidio como un delito particular,
señala que comete el delito de feminicidio
quien prive de la vida a una mujer por razones de género
Alerta de Violencia de Género contra las
Mujeres

Chile

El que mate a su padre, madre o hijo, o a
quien es o ha sido su cónyuge será castigado como parricida, con la pena de presidio
mayor en su grado máximo a muerte. Si
la víctima del delito descrito en el inciso
precedente es o ha sido la cónyuge o la

Ley
Código Penal
Federal
reconoce en su Artículo
325
LAMVLV
Código Penal Art. 390

conviviente de su autor, el delito tendrá el
nombre de femicidio.
Costa Rica

Se le impondrá pena de prisión de veinte

Ley de Penalización de

a treinta y cinco años a quien dé muerte
a una mujer con la que mantenga una relación de matrimonio, en unión de hecho
declarada o no.

la Violencia contra las
Mujeres, Artículo 21.

El Salvador

Quien le causare la muerte a una mujer
mediando motivos de odio o menosprecio
por su condición de mujer, será sancionado con pena de prisión de veinte a treinta
y cinco años.

Ley Especial Integral
para una Vida Libre de
Violencia para las Mujeres, Artículo 45.

Guatemala

Comete el delito de femicidio quien, en el
marco de las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres, diere muerte
a una mujer, por su condición de mujer.

Ley Contra el Feminicidio y otras Formas
de Violencia contra la
Mujer establece en su
artículo 6.

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Nicaragua

Comete el delito de femicidio el hombre
que, en el marco de las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres, diere muerte a una mujer ya sea en el ámbito
público o privado, en cualquiera de las
siguientes circunstancias.

Ley integral contra la
violencia hacia las mujeres, Artículo 9.

Perú

Parricidio/Feminicidio señala que el que,
a sabiendas, mata a su ascendiente, descendiente o a quién es o ha sido su cónyuge será reprimido con pena privativa de
libertad no menor de quince años

Código Penal Art. 107.

Argentina

Homicidio en razón de género

Código Penal Art. 80.

Colombia

Asesinato de una mujer por su condición
de mujer o por motivos de su identidad de
género.

Ley 1761.

Brasil

No se refiere al feminicidio con amplitud
ni adopta la distinción entre feminicidio
(como tipo penal) y violencia feminicida.

Sin embargo, la Ley
11.340/06 (Lay Maria
da Penha) establece cinco formas de violencia
contra la mujer, Art. 5
y7.

Paraguay

Asesinato de mujer por su condición de
mujer.

Ley 5777/16.

Uruguay

Feminicidio como una circunstancia agravante del homicidio (Ley 19.538), asesinato en razón de género.

La Ley N° 19.538 para
agregar el numeral 8 al
artículo 312.

Nota. Elaboración propia.

En este sentido, se elaboró una síntesis de la forma en la que
algunos países de América Latina han tipificado el feminicidio.
Esto permitió observar coincidencias. La mayoría de los países
conciben el feminicidio como un delito motivado por razones
de género, es decir, por el hecho de ser mujer. En la mayoría de
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�López Miranda / Feminicidio y decolonialidad

los países conciben el feminicidio como un delito motivado por
razones de género, es decir, por el hecho de ser mujer, y en muchos
casos, este ocurre en el contexto de relaciones íntimas o de poder
desigual entre la víctima y el agresor.
No obstante, también se reconoció que la existencia de
leyes no garantiza por sí sola la justicia. Persisten la impunidad,
las fallas en la aplicación del marco legal y la interpretación
patriarcal de las normas. A la impunidad, las fallas en la aplicación
del marco legal y la interpretación patriarcal de las normas; a
pesar de ello, el derecho sigue siendo una herramienta clave en la
lucha feminista.
Sin embargo, quizás no sea la aplicación de la ley, tal y
como está escrita, el único problema vinculado al fenómeno del
feminicidio; la apuesta del presente documento es que resulta
productivo detenernos a reflexionar a un nivel más profundo sobre
el concepto mismo de feminicidio, nutriéndolo con herramientas
conceptuales que, a pesar de tener una larga data, han logrado
considerable resonancia solo en los últimos años.
Decolonialidad y reivindicaciones epistemológicas
En el presente apartado se pretende elaborar una reflexión
en torno a qué es el pensamiento decolonial para explorar las
herramientas a partir de las que se puede ampliar y complejizar
el concepto de feminicidio. Sin embargo, para ello es necesario,
en primer lugar, elaborar un rodeo en torno a “la cuestión de la
modernidad”.
Aníbal Quijano (2014) analiza críticamente el hecho de
que los europeos concibieran su civilización como la culminación
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de un proceso histórico. Este proceso parte de un estado de
naturaleza y transita a la forma más avanzada de la humanidad.
Además de un estado natural, se pasa a la forma más avanzada
de la humanidad, que es el modo de vida moderno occidental, el
cual ve al resto de la humanidad como inferior y en una etapa más
atrasada de desarrollo.
Según el autor peruano, los europeos establecieron su
forma de vida como un sinónimo de la modernidad; incluso
las perspectivas más críticas en torno a dicho fenómeno han
establecido esta relación. Sin embargo, los europeos no son los
portadores exclusivos de la modernidad, ni los protagonistas.
La modernización no implica necesariamente la occidentalización de las sociedades y de las culturas no-europeas […] la
modernidad es un fenómeno de todas las culturas, no sólo de la
europea u occidental. Si el concepto de modernidad es referido,
sólo o fundamentalmente, a las ideas de novedad, de lo avanzado, de lo racional-científico, laico, secular, que son las ideas
y experiencias normalmente asociadas a ese concepto, no cabe
duda de que es necesario admitir que es un fenómeno posible
en todas las culturas y en todas las épocas históricas. Con todas
sus respectivas particularidades y diferencias, todas las llamadas altas culturas (China, India, Egipto, Grecia, Maya- Azteca,
Tawantinsuyo) anteriores al actual sistema-mundo, muestran
inequívocamente las señales de esa modernidad, incluido lo racional-científico, la secularización del pensamiento, etc. (Quijano, 2014, p. 790-791)

Quijano (2014) enfatiza que mucho antes de la formación
de Europa como nueva identidad, ya existían en Latinoamérica una
serie de indicadores que apuntaban a la novedad, a la secularización
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e, incluso, a la urbanización,6 señala los templos y palacios, las
pirámides, o las ciudades monumentales (sea Machu Pichu o Boro
Budur), las grandes vías de transporte, las tecnologías metalíferas,
la escritura, la filosofía, las armas y las guerras, como prueba del
“desarrollo” científico y tecnológico en la región.
Sumado a ello, el autor recupera un argumento bellísimo
para problematizar la exclusividad europea de la modernidad;
señala que los defensores de la patente europea suelen apelar
a la historia cultural del antiguo mundo heleno-románico; no
obstante, omiten el hecho de que la parte realmente avanzada de
ese mundo del Mediterráneo, antes de América, área por área de
esa modernidad, era islamo-judaica.
Por otro lado, fue justamente el mundo islámico el que
desempeñó un papel crucial en la preservación y desarrollo de la
herencia grecorromana. Además, en esta misma región islámica
habría surgido la primera forma de relación capital-salario, es
decir, la mercantilización de la fuerza de trabajo. Esta se difundió
posteriormente hacia el norte de Europa, marcando un antecedente
del sistema capitalista. Finalmente, en esta misma región islámica
habría surgido la primera forma de relación capital-salario, es
decir, la mercantilización de la fuerza de trabajo, la cual se difundió
posteriormente hacia el norte de Europa, marcando un antecedente
del sistema capitalista y, finalmente, fue solo después de la derrota
del Islam y el traslado del centro del comercio mundial a Europa
centro-norte —impulsado por la colonización de América— que
esta región alcanzó también la hegemonía cultural a nivel global.
6 Sin establecer en este momento si esos indicadores sean positivos o
negativos, interesa únicamente señalar los rasgos de lo que posteriormente se
asoció exclusivamente como modernidad europeo-occidental.

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Como se puede observar el cuestionamiento es profundo,
no intenta negar un fenómeno trascendental en la historia del
mundo, sino que problematiza su “origen” e ilumina aspectos
que en la mayoría de los relatos europeos quedan invisibilizados,
podemos entonces sostener que:
La pretensión eurocéntrica de ser la exclusiva productora y
protagonista de la modernidad, y de que toda modernización
de poblaciones no-europeas es, por lo tanto, una europeización, es una pretensión etnocentrista y a la postre provinciana
(Quijano, 2014, p. 792)

Pero además de problematizar el origen de lo moderno, el
pensador peruano señala que es preciso cuestionar la idea de que
este fenómeno se sintetiza en las ideas de ciencia, racionalidad y
tecnología; para él lo central es la liberación humana como interés
histórico de la sociedad, la misma que encuentra una paradoja
fundamental en la idea de colonialidad, Europa no inventó la
modernidad, pero el ejercicio de colonización que emprendió en
diferentes partes del mundo está vinculado a la concentración
del capital, del salariado, del mercado, etc.; en ese sentido, es
que Quijano (2014) piensa que la modernidad fue también
colonial desde su punto de partida. Sin embargo, ayuda también
a entender por qué fue en Europa mucho más directo e inmediato
el impacto del proceso mundial de modernización. Esto refuerza
la idea ilusoria de que el conocimiento, el lenguaje y la cultura
moderna son europeos.
Desmontar dicha idea resulta de vital importancia, para
la vida en general y para la reflexión científica en particular. Es
necesario problematizar los efectos de ello, a nivel epistemológico
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�López Miranda / Feminicidio y decolonialidad

primero y a nivel político después; estos son justamente los
objetivos del pensamiento decolonial, en cuyo centro está la
exploración de “prácticas que abren caminos y condiciones
radicalmente ‘otros’ de pensamiento, re- e in-surgimiento,
levantamiento y edificación […] que, a la vez, hacen cuestionar
y desafiar la razón única de la modernidad occidental y el poder
colonial” (Walsh, 2013, p. 28).
Dichas prácticas se articulan con la pedagogía crítica
desarrollada por Paulo Freire, que logra notable resonancia hacia
los años sesenta y, a partir de los años noventa, comenzó a perder
fuerza ante el avance del neoliberalismo. Fenómeno que, como
señala Walsh (2013), en América Latina coincidió con el retroceso
de los proyectos de izquierda, el aumento del conservadurismo
universitario y la creciente occidentalización de las instituciones
educativas.
Es justamente ese giro hacia la derecha lo que critica
duramente el pensamiento decolonial, el mismo que hacia los años
90 se sintetiza en movimientos indígenas y afrodescendientes en
el continente, reconfigurando el horizonte político y epistémico
desde lo que hoy se nombra Abya Yala.
La insurgencia política, epistémica y existencial de estos movimientos, junto con las organizaciones afrodescendientes,
cambiaría el rumbo y proyecto en América Latina de la anterior
pensada transformación y revolución; de aquí y en adelante la
lucha no es simplemente o predominantemente una lucha de
clases sino una lucha por la descolonización liderada, organizada y visionada en mayor parte por los pueblos y las comunidades racializadas que han venido sufriendo, resistiendo y sobreviviendo la colonialidad y dominación (Walsh, 2013, p. 31)

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Una dominación que, como se ha señalado, inicia con
el relato histórico del origen europeo de la modernidad. Pasa
por la negación y el desprecio de los saberes que no se ajusten
al marco de valores de dicha zona geográfica. Esta dominación
por la negación y el desprecio de los saberes que no se ajusten al
marco de valores de dicha zona geográfica y que se extiende hasta
nuestros días en forma de presión para ejercer determinado tipo
de ciencia o, incluso, política.
Basado en lo que hemos discutido, podemos decir que
el pensamiento decolonial critica la visión eurocéntrica de la
modernidad, destacando que muchas culturas no occidentales
ya habían creado sus propias formas de racionalidad y progreso
antes de que llegara el dominio europeo. Además, denuncia que
la modernidad occidental se impuso mediante la colonialidad, un
sistema de poder que subordinó saberes y pueblos no europeos.
Esta corriente no solo propone una crítica epistemológica, sino
también una apuesta política por otros modos de existencia.
En Abya Yala, se fortalece a partir de los años noventa gracias
a las luchas indígenas y afrodescendientes, que impulsan una
descolonización integral del saber, el poder y el ser.
Decolonialidad, mujeres y feminicidio
Colonialidad y feminicidio
Una vez expuestas las nociones más conocidas y citadas sobre
feminicidio en el contexto de los estudios de género, y planteados
los aspectos más importantes del pensamiento decolonial, este
artículo busca establecer una relación crítica entre ambos.
Como es evidente, el supuesto del que parte la presente
reflexión es que los conceptos con los que se ha entendido el
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feminicidio en el mundo y en nuestro país, tienen una marca
colonial, la misma que debe ser señalada y puede ser “sanada” con
herramientas de la teoría decolonial. Con ello no se intenta restar
importancia a los mismos, simplemente abrir la discusión en torno
a cómo la decolonialidad podría complejizarlos y ampliarlos.
¿Qué en los conceptos presentados en la primera parte de
este artículo podría enmarcarse en la modernidad eurocéntrica
occidental? Es posible identificar, al menos, cuatro aspectos, a
saber,
1. el origen occidental7 del término,
2. la invisibilización de las dinámicas coloniales al pensar la
opresión,
3. la institucionalización y, muy vinculada a esta última:
4. centralidad del derecho moderno.
Aunque la tipificación del feminicidio y leyes como la Ley
General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia
en México son avances clave, la institucionalización como rasgo
de modernidad eurocéntrica también presenta limitaciones.
Sin embargo, su implementación ha reproducido en muchos
casos prácticas coloniales de exclusión. La justicia sigue siendo
inaccesible para muchas mujeres indígenas, afrodescendientes
o de sectores populares, pues el sistema judicial opera desde
una lógica burocrática y racista heredada del colonialismo. Así,
la formalización del feminicidio en el marco legal puede caer en
la trampa colonial de hablar por las mujeres sin transformar las
estructuras que las oprimen.
7 Concebido convencionalmente, es decir, no en los términos que
Quijano (2014) plantea lo occidental.

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Muy vinculado a ello, en cuarto lugar, señalamos la
centralidad del derecho porque el debate sobre si el feminicidio
necesita un tipo penal específico muestra cómo el derecho
—como forma de conocimiento institucional— puede
operar desde una mirada androcéntrica y eurocéntrica. La
resistencia a reconocer la especificidad del feminicidio refleja una
visión del derecho centrada en lo masculino, blanco y racional,
que niega la legitimidad de otros saberes, como los que provienen
del feminismo latinoamericano o de los pueblos originarios. Este
enfoque jurídico, al negar la pluralidad epistemológica, reproduce
una forma de colonialidad del saber.
Recuperar la historia y los aportes del feminismo
decolonial permitirá cuestionar los enfoques eurocéntricos del
feminicidio. Este proceso abrirá paso a una comprensión más
amplia y contextualizada del fenómeno. Asimismo, proporcionará
herramientas teóricas para integrar las dimensiones raciales,
culturales y coloniales involucradas. De este modo, se construirá
una definición más inclusiva y representativa. Con ello, se
avanzará hacia una mirada más justa y situada.
Aportes del feminismo decolonial de Lugones
Siguiendo a María Lugones (2011) y su célebre texto “Hacia un
feminismo decolonial”, podemos plantear una serie de ideas
que, en primer lugar, apuntan a la reformulación del feminismo
complejizando categorías tan centrales como la de “mujer” y,
en segundo lugar, pueden tener rendimientos para una mejor
comprensión del feminicidio y su diversidad.
Cuando Lugones (2011) habla de la colonialidad del género,
explicita la forma en que la colonia, no solo estableció dicotomías,
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entre lo humano y no humano, entre hombres y mujeres, sino que
excluyó a las indígenas racializadas y colonizadas de la propia
categoría de mujer, aun cuando este concepto era ya de por
sí menospreciado entre los colonizadores: “La mujer europea
burguesa no era entendida como su complemento, sino como
alguien que reproducía la raza y el capital mediante su pureza
sexual, su pasividad, y su atadura al hogar en servicio al hombre
blanco europeo burgués” (Lugones, 2011, p. 106).
Es decir, si las mujeres blancas europeas eran concebidas
estereotípicamente por los blancos colonizadores, las mujeres
colonizadas se consideraban mucho menos que las primeras;
ni siquiera se les asignaba la categoría “mujer”. “Los varones
[colonizados] se convirtieron en no-humanos-por-no-serhombres, y las hembras colonizadas se convirtieron en no
humanas- por-no-ser-no-hombres” (Lugones, 2011, p. 107), las
colonizadas eran pensadas entonces como no humanas, en este
sentido, para Lugones (2011) mujer colonizada es una categoría
vacía.
Eso, por lo menos, les plantea preguntas a las concepciones
tradicionales de feminicidio: ¿qué pasa en contextos históricos o
geográficos donde no se dispone de la categoría de mujer?, ¿cómo
se operativiza?, ¿cómo se subjetiviza el combate al feminicidio?
Aquí no intentamos resolver estas preguntas, sino mostrar que
surgen de la reflexión sobre feminismo decolonial.
A propósito de ello, la autora propone tener mucho
cuidado con el uso de los términos mujer y hombre; esas
distinciones no aplican necesariamente en la cosmogonía de
algunas comunidades:
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Traducir [por ejemplo] chacha y warmi como hombre y
mujer le hace violencia a la relación comunal expresada mediante
utjaña […] chachawarmi [se puede traducir] al español como
opuestos complementarios […] Chachawarmi no es separable de
utjaña en significado y práctica; más bien ambos constituyen una
sola pieza (Lugones, 2011, p. 113)
Para Lugones, la tarea de la feminista descolonial
comienza por comprender la diferencia colonial en la dimensión
epistemológica. ¿Cómo nombramos? Propone ver el mundo con
nuevos ojos, y entonces abandonar su encantamiento con “mujer”,
con el universal, y comenzar a aprender acerca de otros y otras
que también se resisten ante la diferencia colonial.
Feminicidio y decolonialidad: nuevas perspectivas
La colonialidad del género es un concepto que permite
comprender cómo los procesos de colonización y modernización
guardan una relación con la violencia hacia las mujeres, Carmen
Cariño Trujillo (2020) cuestiona la versión universal de la mujer
oprimida por el hombre, difundida por el que ella llama feminismo
blanco hegemónico. Como vimos con Lugones (2011), no hay tal
universal; eso se expresa claramente en cómo actúa el feminicidio,
de forma diferenciada en función de la clase y la “raza”.
El énfasis en el odio hacia las mujeres por parte de los hombres
o la violencia de género como la principal causa de los asesinatos de mujeres, muestra la existencia de una exclusión teórico-práctica de la “raza” y el racismo, así como de la clase en el
análisis del femicidio (Cariño, 2020, p. 1)

Es necesario, según Cariño (2020), analizar el femicidio a
la luz del colonialismo y el capitalismo. También es crucial pensar
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en el vínculo entre los procesos de modernización impuestos y los
asesinatos de mujeres. No pensar el vínculo entre los procesos de
modernización impuestos y los asesinatos de mujeres; no es una
casualidad que la mayoría de las mujeres asesinadas sean personas
racializadas y de clases populares, cuyas vidas se consideran de
poca valía.
¿A qué responde esa noción de poca valía? Se relaciona,
como lo mostró Lugones (2011), en principio con la Colonia y esa
exclusión de la categoría de mujer en la que los colonizadores
colocaron a las colonizadas.
Es la colonialidad del género, […] el sistema de organización social introducido con la colonia, que dividió a la gente entre seres humanos (hombres europeos blancos burgueses y mujeres
europeas blancas burguesas) y bestias (machos y hembras de
los pueblos colonizados), esta separación es clave para analizar
el sistema vigente que podría contribuir a explicar […] ¿quiénes
son las mujeres asesinadas? Es una pregunta necesaria a realizar
cuando se habla del asesinato de mujeres, porque esto permitirá
visibilizar a las negras empobrecidas, las lesbianas de los barrios
populares, las trabajadoras de maquila, las jóvenes morenas migrantes trabajadoras indocumentadas, las migrantes con “rasgos”
indígenas, las negras del pacífico colombiano que defienden su
territorio frente a la minería y muchas más (Cariño, 2020, p. 2).

Cariño (2020) argumenta que no se mata por igual a
las mujeres solo por el hecho de serlo; hay cuerpos que parecen
importar menos. Sin embargo, hay un problema adicional:
mucho se ha señalado que colonia, modernización y capitalismo
son hermanos del patriarcado (Segato, 2016, entre otras), pero
cuando hablamos de feminicidio, esa hermandad muestra su cara
más terrible, pues en muchos casos se trata de una:
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Estrategia de guerra en el que el cuerpo de las mujeres [que]
se convierte en un instrumento de intimidación contra las comunidades que se resisten a los procesos desarrollistas que
pretender expropiarlas de sus territorios. Lo cual requiere también analizar el contexto en el que son asesinadas, el modelo
de acumulación actual, el desarrollo de las fuerzas productivas,
las violencias generalizadas, el narcotráfico, entre otros (Cariño Trujillo, 2020, p. 2).

En el capítulo “Asesinato de mujeres y acumulación
global. El caso del bello puerto del mar, mi Buenaventura” (2019)
Betty Ruth Lozano Lerma explica con claridad dicha situación.
La investigadora explica cómo Buenaventura, por ser el puerto
más importante que tiene Colombia en el Pacífico, pasó de ser
una región que:
Desde el fin de la esclavitud […] creó un mundo [con] resolución pacífica de conflictos, autoridad de las y los mayores […]
maternidad colectiva, familia extensa, modos de producción
amables con la naturaleza y prácticas culturales para celebrar
la vida y la muerte (Lozano, 2019, p. 49).

Se convirtió en una zona de alta peligrosidad para la
población en general y las mujeres en particular. Todo ello
gracias a los procesos de “modernización” y extractivismo
que tuvieron lugar desde la década de los 80, que intentaron
“transformar la manera de pensar del negro y la negra del
Pacífico convenciéndoles de la necesidad de producir para el
intercambio comercial y no para la sobrevivencia” (Lozano, 2019,
p. 50). Lo que se logró fue el empobrecimiento de la población
y se produjeron desplazamientos y migraciones forzadas en
busca de supervivencia. A esto se suma, como una estrategia de
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continuación de las políticas de desarrollo, hacia finales de la
década de 1990 y comienzos de la de 2000, la presencia de los
grupos paramilitares, que han asesinado y destruido sin límite
Lozano enfatiza que todas estas políticas “están en
relación directa con la violencia […] que se ensaña en el cuerpo
de las mujeres: desmembramientos, casas de pique, acuafosas,
humillaciones públicas, desapariciones” (Lozano, 2019, p. 53).
Los gobiernos solo atinan a decir que todo es producto de la
“cultura machista de los negros”.
Betty Ruth Lozano no niega la existencia del machismo,
pero señala que solo quedarnos en esa dimensión implica
invisibilizar la relación de la violencia con las dinámicas
económicas y políticas a nivel nacional y global. El feminicidio
contra las mujeres es, según Lozano (2019), una estrategia
de desterritorialización de la población negra por parte del
capitalismo global.
Las formas de violencia contra las mujeres en Buenaventura son
todas las que recoge el estatuto de Roma para guiar las acciones de la Corte Penal Internacional: la violación sexual, el acoso sexual, la humillación sexual, el matrimonio o cohabitación
forzados, el matrimonio forzado de menores, la prostitución
forzada y comercialización de mujeres, la esclavitud sexual, la
desnudez forzada, el aborto forzado, el embarazo forzado, la
esterilización forzada, la denegación del derecho a hacer uso
de la anticoncepción o a adoptar medidas de protección contra enfermedades de transmisión sexual o, por el contrario, la
imposición de métodos anticonceptivos, la amenaza de violencia sexual, el chantaje sexual, los actos de violencia que afecten
la integridad sexual de las mujeres, tales como la mutilación
genital femenina y las inspecciones para comprobar la virgini-

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dad […] la trata interna de mujeres entre los grupos armados; el
adiestramiento de niñas para el “campaneo” (informantes) […]
a las que el bando contrario suele asesinar o desaparecer por
“sapas”; transporte de armas; asesinato a lideresas como forma
de “limpiar” el territorio; reclutamiento con fines sexuales de
las niñas y las jóvenes que consideran “están buenas” […] Las
mujeres son asesinadas o desaparecidas, según panfletos de estos grupos, para hacer “limpieza por brinconas y putas”.” (Lozano, 2019, p. 57).

Las mujeres que ejercen liderazgos sociales o
comunitarios, así como aquellas que promueven los derechos
humanos y territoriales, enfrentan un alto riesgo de ser víctimas
de feminicidio. Estos actos de violencia se utilizan como forma de
escarmiento hacia otras mujeres, sus organizaciones y como una
advertencia para toda la comunidad.
Lozano insiste en que se usa el feminicidio como una
estrategia de terror para expulsar, desterritorializar; a esto se
suma que el acceso a la justicia es más difícil para las mujeres
de los grupos étnicos, por el racismo de los servidores públicos
y la no aplicación de enfoques diferenciales en los procesos
institucionales para impartir justicia. A la violencia que sufre la
población aquí retratada, se suma la impunidad.
Lo que se puede observar hasta aquí es que la perspectiva
decolonial, en general, y la decolonialidad del género, en
particular, ofrecen herramientas que amplían la comprensión del
feminicidio. Por supuesto que el machismo, los estereotipos de
género, el patriarcado están relacionados con los feminicidios; sin
embargo, existen razones concretas vinculadas al capitalismo, la
colonización y los procesos de modernización que explican el
feminicidio y la impunidad en torno a este.
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�López Miranda / Feminicidio y decolonialidad

Las ideas que proveen las autoras feministas decoloniales
permiten ver más allá de
1. Los aportes hechos desde países centrales del norte global
2. visibilizan el feminicidio como causa y efecto de la
desterritorialización, producto de la colonia y el capitalismo;
3. enfatizan cómo la impunidad se acentúa en poblaciones con
grupos étnicos y llaman a la 4) imaginación de nuevas formas
de combatir la violencia y el feminicidio.
Como se puede observar, estos cuatro ejes se conectan
con los señalados en el apartado Colonialidad y feminicidio. En este
apartado se elabora la crítica a las concepciones tradicionales
del término que, enfatizemos, han sido centrales para la lucha
contra esa forma radical de violencia contra las mujeres. Sin
embargo, se critican las ideas tradicionales sobre el término que,
hay que destacar, han sido importantes en la lucha contra esta
forma extrema de violencia hacia las mujeres, pero que se puede
reconsiderar y volver más compleja.
Conclusiones
Hasta

aquí

hemos

podido

lograr

algunas

reflexiones

significativas, empezando por que el concepto más convencional
de feminicidio, aunque ha sido fundamental para visibilizar la
violencia patriarcal, resulta insuficiente para explicar la violencia
feminicida en contextos marcados por la colonialidad. En este
sentido, es necesario incorporar perspectivas decoloniales que
consideren la raza, la clase, la territorialidad y el legado del
colonialismo.
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-215

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

La colonialidad del género muestra que las mujeres hemos
sido, históricamente, concebidas de diversas formas; las mujeres
colonizadas se despojaron incluso de la categoría de “mujer” dentro
del orden colonial, lo que implica una violencia ontológica que no
es reconocida en las definiciones más conocidas del feminicidio.
A esto se suma que, si bien el paso de los conceptos nacidos
en ámbitos científicos a las políticas públicas ha representado un
avance importantísimo en términos de lucha por los derechos de
las mujeres. La institucionalización del feminicidio en marcos
jurídicos estatales puede reproducir lógicas coloniales y de
discriminación si no se incorporan enfoques interculturales,
antirracistas y de justicia comunitaria.
El feminismo decolonial ayuda a entender mejor el
feminicidio. Ofrece perspectivas más específicas, critica el
universalismo blanco y da espacio a conocimientos y prácticas de
resistencia de los pueblos indígenas y afrodescendientes. Así, se
promueve una mirada más justa, plural y transformadora frente a
la violencia feminicida.

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-215

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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Etnografía feminista como alternativa para estudiar
el papel de las mujeres ante la crisis socioecológica
Feminist ethnography as an alternative to study
the role of women in the face of the
socioecological crisis

Juan Manuel Rivera Ramírez

Resumen: Entre las diversas estrategias de investigación cualitativa,
la etnografía figura como un conjunto de técnicas que permiten al
investigador social un acercamiento más próximo a la realidad. Esta
es una descripción clara y completa de las culturas actuales. Aunque
se utiliza en varias ciencias sociales, su origen y desarrollo están
directamente relacionados con la antropología. El objetivo principal de
este trabajo fue expandir la discusión sobre la etnografía feminista y
cómo contribuye al estudio del activismo, la movilización y los efectos
que la destrucción del medio ambiente ha tenido en las actividades de las
mujeres. En tanto, las interrogantes que guiaron la discusión se plantean
en relación a si es posible una etnografía feminista. ¿Cuáles son los
aportes teóricos y metodológicos que como estrategia de investigación
puede brindar la etnografía feminista al estudio del papel de las
mujeres ante la crisis socioecológica? En conclusión, la antropología
y otras ciencias sociales ven esta teoría como una herramienta clave
para entender las estructuras de poder y las desigualdades de género
que siguen causando la opresión de las mujeres, quienes son las más
impactadas por la crisis ecológica.

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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Palabras clave:
investigación.

Crisis,

contaminación,

ecología,

feminismo,

Abstract: Among the various qualitative research strategies,
ethnography stands out as a methodological approach that enables
social researchers to gain an in-depth understanding of social reality.
Broadly defined, ethnography involves the systematic and detailed
description and interpretation of contemporary cultures. Although it is
widely employed across the social sciences, its origins and development
are closely rooted in anthropological inquiry. Against this backdrop,
the present study aims to expand the theoretical discussion on feminist
ethnography and its contributions to the study of activism, social
mobilization, and the impacts of ecological devastation on women's
spheres of action. The discussion is guided by two central questions:
Is feminist ethnography a viable research approach. In addition, what
theoretical and methodological contributions can feminist ethnography
offer to the study of women's roles and experiences in the context of the
socio-ecological crisis? The study concludes that feminist ethnography
provides a valuable framework for examining the gendered power
relations and structural inequalities that shape women's experiences,
particularly in light of the disproportionate effects of the ecological
crisis. More broadly, anthropology and the social sciences offer essential
analytical tools for understanding the intersecting dynamics of gender,
power, and environmental injustice.
Key words: crisis, pollution, ecology, feminism, investigation.

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-212

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�Rivera Ramírez / Etnografía feminista y crisis socioecológica

Introducción
(…) a medida que el hombre avanza hacia su anunciado objetivo
de la conquista de la naturaleza,
va escribiendo un deprimente
registro de destrucción, dirigido
no sólo contra la tierra que habita
sino contra la vida que comparte con ella
Carson, 1985, p. 83.

La etnografía, como método de investigación social, viene
de ciencias como la antropología cultural y la sociología. Su
evolución está conectada con el deseo de entender y registrar la
diversidad cultural del “nuevo mundo” y, en general, de la vida
social de los humanos. Surge a finales del siglo XIX y principios
del XX, en una época en la que los investigadores sociales
buscaban alejarse del positivismo académico, generando
estrategias sistemáticas y rigurosas que les permitieran obtener
conocimientos sólidos. [1]
No es hasta la primera mitad del siglo pasado que, con
figuras como Bronislaw Malinowski (1884-1942), Franz Boas
(1858-1942) y Margaret Mead (1901-1978), la etnografía se
consolida como una metodología con técnicas de investigación
propias. Además, tiene un sustento teórico y epistemológico
que permitió hacer trabajos de campo detallados en diversas
latitudes del planeta. Los personajes anteriores establecieron las
bases de la investigación etnográfica al definir varias técnicas,
como la observación participante, pasar mucho tiempo con
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-212

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

las comunidades y la inmersión cultural. Estas prácticas son
fundamentales en el trabajo de la antropología. Al respecto
La etnografía se ha vinculado con la investigación
cualitativa y otras formas de investigación social. Al principio, se
adaptó a las exigencias positivistas de cumplir con los criterios
estadísticos de confiabilidad y validez para ser considerada
una investigación válida. Sin embargo, también recibió críticas
de los racionalistas, quienes le decían que debía abandonar
“una mera descripción”. Cabe decir que actualmente se ha
configurado como una estrategia de investigación autónoma,
con sus propios lineamientos y rigurosidad metodológica. Esto
le permite estudiar procesos sociales y culturales complejos de
comprender con otras alternativas cualitativas de investigación
(Rockwell, 2009).
En los orígenes de la antropología cultural, la etnografía se
ocupó de los estudios clásicos de grupos culturales, llamados
entonces “primitivos”. Posteriormente, los etnógrafos estudiaron grupos culturales endógenos, por ejemplo, grupos dentro
de la propia cultura; recientemente su ámbito se ha extendido
a la educación de donde han surgido diferentes escuelas, que a
su vez han gestado subtipos de la etnografía (Álvarez-Gayou,
2003, pp. 76-77).

La etnografía se ha reorganizado y adaptado a diferentes
lugares de investigación, como pequeñas comunidades,
instituciones del gobierno, contextos educativos y, actualmente,
en entornos virtuales. Se ha convertido en una herramienta
especial para entender la práctica humana en su complejidad y
diversidad. Sobre ello:
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-212

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�Rivera Ramírez / Etnografía feminista y crisis socioecológica

En la disciplina antropológica, la palabra etnografía se refiere
tanto a una forma de proceder en la investigación de campo
como al producto final de la investigación: clásicamente, una
monografía descriptiva. El término denota bastante más que
una herramienta de recolección de datos y no es equivalente
a la observación participante que la sociología integra como
técnica. Tampoco suele identificarse como método; se insiste
más bien en que es un enfoque o una perspectiva, algo que se
empalma con método y con teoría, pero no agota los problemas
de uno ni de otro (Rockwell, 2009, pp. 18-19).

Como estrategia de investigación cualitativa, “en realidad,
deberíamos hablar del método etnográfico, método que se vale
de diferentes técnicas como la observación participante, las
entrevistas o las técnicas audiovisuales, entre otras” (LuxánSerrano y Azpiazu-Carballo, 2017, p. 33) para otorgar la
posibilidad de profundizar en los contextos socioculturales de
las comunidades estudiadas. Asimismo, provee una perspectiva
integral que supera las meras observaciones, permitiendo
al investigador comprender en profundidad las complejas
estructuras de la vida cotidiana, las dinámicas grupales, las
prácticas culturales y las interacciones humanas. En palabras de
Luxán-Serrano y Azpiazu-Carballo (2017):
La etnografía es la descripción sistemática de las culturas contemporáneas y, aunque se utiliza en diversas áreas del conocimiento su desarrollo está estrechamente ligado a la antropología. Se trata de una descripción intensiva, centrada en las
prácticas culturales de una comunidad o grupo social y que
implica un recorrido a través de un espacio limitado. Además,
la etnografía requiere la participación directa, la inmersión en
el grupo o comunidad que se va a estudiar (p. 33).

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Hernández-Castillo (2021) destaca, basado en su amplia
experiencia, que la antropología feminista, especialmente la
etnografía de género, ha mostrado los prejuicios masculinos que
aún persisten en las etnografías tradicionales al pasar por alto
las voces y experiencias de las mujeres, identidades diversas y
grupos marginados. Por ende y a partir de lo expuesto, el objetivo
general de esta propuesta argumentativa es ampliar la discusión
teórica en relación a la etnografía feminista. En particular, se
enfoca en el estudio del activismo, los repertorios de lucha social
y las consecuencias que la devastación ecológica ha generado en
los espacios de acción de las mujeres. En tanto, las preguntas a
partir de las cuales giró la discusión se plantearon en relación
con si es posible una etnografía feminista. ¿Cuáles son los aportes
teóricos y metodológicos que, como estrategia de investigación,
puede brindar la etnografía feminista al estudio del papel de las
mujeres ante la crisis socioecológica?
En tanto, la principal técnica de investigación consistió
en una minuciosa revisión documental a nivel global. Si bien
no pretendió ser exhaustiva, tuvo como principal criterio de
inclusión el que se tratase de documentos relacionados con
la etnografía y antropología feminista, la defensa de la tierra,
la vida y el medioambiente. Así se tuvo un total de 32 trabajos
provenientes principalmente de América Latina, España y los
Estados Unidos. Ellos ayudaron a hacer un resumen general
sobre qué es la etnografía feminista como una forma de investigar
el activismo de las mujeres ante la crisis socioecológica que se
acerca.
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�Rivera Ramírez / Etnografía feminista y crisis socioecológica

La etnografía como estrategia de investigación cualitativa
Si algo distingue al enfoque de investigación cualitativa, es
su orientación por comprender la realidad social y cultural,
prestando atención a los significados que esta tiene para las
personas involucradas. Busca acceder de forma directa a las
interpretaciones, experiencias y simbolismos que los actores
sociales tienen en relación con la realidad en la que viven. A
su vez, los análisis que el investigador cualitativo hace tienen
como punto de partida las interpretaciones de las personas.
Sin embargo, se va más allá. No solo recoge sus apreciaciones y
vivencias, también busca interpretarlos y explicarlos al amparo
de las distintas perspectivas teóricas. Esto crea un cúmulo de
conocimientos válidos sobre la realidad social (Sanjuán-Núñez y
Fàbregues-Feijóo, 2022).
Por su parte, Taylor y Bogdan (1987) consideran diez
características que posee la investigación cualitativa: 1) Los
investigadores siguen un diseño de investigación flexible, además
de que las preguntas planteadas son vagas; 2) Las personas, los
grupos sociales y los contextos no son reducidos a variables,
son considerados un todo; 3) La investigación cualitativa es
naturalista, se interactúa con las personas de forma natural y
no intrusiva; 4) Es esencial comprender la realidad tal y como
los otros la experimenta; 5) Nada se da por sobreentendido,
el investigador ve las cosas como si ocurriesen por primera
vez; 6) Todas las perspectivas son valiosas; 7) Las técnicas de
investigación cualitativas influyen sobre el modo en que vemos
a los informantes; 8) Los investigadores cualitativos subrayan
la validez interna de la investigación; 9) Todos los escenarios y
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personas son dignos de estudio y 10) El enfoque cualitativo no se
ha homogeneizado tanto como otros métodos de investigación
por lo cual se le considera un arte.
Para diversos autores, la etnografía es la propuesta
teórica que mejor recoge los elementos esenciales de la
investigación cualitativa. Por ello, en su clásico trabajo Cómo
hacer investigación cualitativa. Fundamentos y metodología: ÁlvarezGayou (2003) refiere que las preguntas iniciales que se hace un
etnógrafo cuando se topa con un aspecto de la realidad social
que le interese son: ¿Qué está sucediendo aquí? O quizás, ¿qué
es lo que las personas de esta situación tienen que saber para
hacer lo que están haciendo? Por lo anterior, en sus palabras,
la etnografía o método etnográfico no solo es la descripción,
sino también la interpretación de un grupo, un sistema social
o cultural. A su parecer, cualquier investigación que emplee el
anterior método no debe quedarse en lo meramente descriptivo,
sino que debe profundizar con preguntas, con la interpretación
de la acción social y el significado que las personas asignan a las
cosas.
Al buscar entender las experiencias, perspectivas y
conductas de los seres humanos en su propia realidad cultural,
la etnografía se cataloga como un método cualitativo. Se enfoca
en el “cómo” y el “por qué” de los acontecimientos estudiados,
requiriendo para ello una inmersión profunda en el entorno de los
sujetos (Geertz, 2003). “El ejercicio de etnografiar se ha destacado
por su habilidad para usar diferentes métodos que ayudan a
entender los fenómenos sociales desde la perspectiva y acciones
de las personas, y tratar de describirlos según el significado que
le dan” (Colin-Huizar, 2020, p. 415), es decir:
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�Rivera Ramírez / Etnografía feminista y crisis socioecológica

El procedimiento de la etnografía requiere, (…) una descripción
detallada del grupo o del individuo que comparte con otros una
cultura; un análisis de los temas y las perspectivas del grupo
que comparte la cultura, y alguna interpretación de los significados de la interacción social del grupo. El resultado es la generación de un retrato cultural holístico del grupo cultural [J.W.
Cresswell, 1998, citado en Álvarez-Gayou, 2003], que incorpora el punto de vista de los actores del grupo (visión émica) y las
interpretaciones y visiones del investigador respecto a la vida
social humana (visión ética) (Álvarez-Gayou, 2003, p. 79).

Adicionalmente, para Restrepo (2018), la etnografía se
puede definir como:
(…) la descripción de lo que una gente hace desde la perspectiva
de la misma gente. Esto quiere decir que a un estudio etnográfico le interesa tanto las prácticas (lo que hace la gente) como
los significados que estas prácticas adquieren para quienes las
realizan (la perspectiva de la gente sobre estas prácticas). La
articulación de esas dos dimensiones es, sin lugar a dudas, uno
de los aspectos cruciales que ayudan a singularizar la perspectiva y el alcance de la etnografía con respecto a otros tipos de
descripción (2018, p. 25).

Así también, para Restrepo (2018), el trabajo etnográfico
debe cumplir con tres condiciones. En primer lugar, incluso la
observación más básica parte de una pregunta o problema de
investigación. Enseguida, la presencia del etnógrafo debe ser
aceptada por las personas estudiadas. La tercera condición
indica que se debe contar con un buen tiempo para la inmersión
en el trabajo de campo. Finalmente, para el precedente autor, el
método etnográfico significa tres cosas. La primera indica que su
principal técnica de investigación es la observación participante.
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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

La segunda es una metodología definida por el énfasis en la
descripción y las interpretaciones situadas. Por último, siempre
es conocimiento situado que, si bien en ocasiones no puede ser
generalizado, da pauta para entender lo que acontece en otras
latitudes.
Por su parte, para Govea-Rodríguez, Vera y Vargas (2011),
la etnografía posee cuatro características fundamentales, las
mismas que enseguida se describen de forma breve:
Ū

Ū
Ū

Ū

Holística y contextual. El investigador social no debe separar
las diversas relaciones sociales de su contexto, dado que
este es el que le permite comprender las distintas pautas de
comportamiento.
Reflexividad. Implica que el investigador es parte de la realidad
estudiada y es afectado por esta.
Lo emic y lo etic. El concepto de emic describe con exactitud las
situaciones y comportamientos de las personas informantes,
es decir, explica desde dentro lo que sucede y explica el
porqué. En tanto, lo etic implica la perspectiva teórica con la
cual la persona investigadora explica desde un punto de vista
científico la realidad estudiada.
El producto etnográfico final. El valor del trabajo etnográfico
como producto final reside en su valor teórico, así como en
sus posibles aplicaciones prácticas.

En resumen, los estudios etnográficos son descripciones
detalladas (Geertz, 2003) sobre las prácticas y los significados que
las personas tienen sobre ciertos aspectos de la vida social. Esto
significa que estamos hablando de comprensiones específicas del
contexto. Estas descripciones dan cuenta de las formas de vivir,
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�Rivera Ramírez / Etnografía feminista y crisis socioecológica

interpretar, imaginar y significar la realidad para cierto número
de personas en un momento determinado. Lo hacen a partir de sus
propios lugares, sus experiencias de vida, las tensiones de poder
y las relaciones sociales en las cuales se encuentran inscritos
(Restrepo, 2018).
Finalmente, y antes de analizar las imbricaciones entre los
movimientos feministas y la etnografía, es preciso tener en cuenta
que para llevar a cabo un estudio etnográfico es necesario hacerlo
desde la perspectiva y con la participación de un determinado
grupo social. De ahí que para Rockwell (2009) sea necesario
considerar tres aspectos nodales:
Ū

Ū

Ū

84

La participación de determinado grupo social en los procesos
de construcción del conocimiento. Por lo que cabría
preguntarse: ¿quiénes hacen la investigación? ¿Para quiénes
se hace la investigación? ¿Qué intereses, compromisos y
conocimientos se tienen en relación al problema que se está
estudiando?
El sentido común del grupo social estudiado. Es decir, los
conocimientos, mitos, certezas y nociones que la población
y la propia persona investigadora tienen acerca de la realidad
investigada.
Por último, es indispensable asumir una posición política
a partir de la cual se comenzará a realizar el estudio. Esta
postura se reflejará en aspectos culturales e ideológicos. Si
se quiere hablar de una etnografía feminista, necesariamente
se enfocará en la discusión teórica y las contribuciones que
las teorías y movimientos feministas han hecho a las ciencias
sociales.
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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Feminismo y etnografía
Las teorías feministas son esa parte de la investigación social
que presentan un sistema teórico y de alcance práctico sobre
la dinámica de la vida social y las experiencias humanas desde
una perspectiva centrada en las mujeres. En principio, su objeto
de estudio son sus vivencias, su situación y sus particulares
contextos en la sociedad. Luego, los ve como las personas clave
en sus investigaciones. En otras palabras, las teorías feministas,
aunque diferentes entre sí, son un grupo de ideas y opiniones
críticas que buscan un mundo mejor para las mujeres y, por lo
tanto, para los grupos humanos que sufren opresión.
Interrogantes como ¿Qué pasa con las mujeres? ¿Cuál es el
papel de las mujeres en la situación que se está investigando? Si
no están presentes, ¿por qué no lo están? ¿Cómo experimentan las
situaciones vivenciadas? Permitieron reconocer que la realidad
social había sido explicada en gran medida desde las experiencias
y perspectivas exclusivamente de los hombres que han ostentado
el poder (Madoo-Lengermann y Niebrugge-Brantley, 1993).
Debido a esto, social y culturalmente, las experiencias,
historias y opiniones de las mujeres han quedado en lo privado,
y si se comparten, solo lo hacen entre mujeres por los tabúes,
restricciones y normas patriarcales que las limitan (LópezBarrera, 2023). Ciencias como la sociología, la psicología, la
ciencia política y la antropología durante décadas han obviado
la experiencia de las mujeres y centrado su atención en la
información recabada con hombres cuyas posiciones sociales
han construido una visión parcializada de la realidad. Es así
como desde los años 70 del siglo pasado más de una teórica
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�Rivera Ramírez / Etnografía feminista y crisis socioecológica

se planteó la posibilidad de una etnografía feminista. En otras
palabras, se preguntaron si habría la posibilidad de que los
planteamientos de los movimientos feministas como teoría y
como praxis permitieran dar cabida a las voces no escuchadas
(Castañeda-Salgado, 2012). En síntesis, “(…) la alianza entre
los movimientos feministas y la antropología social en los
años 70 fue crucial en la emergencia de una corriente crítica
en la disciplina. Desde esta corriente, no sin obstáculos y
resistencias, se ha venido cuestionando el androcentrismo de la
ciencia antropológica, así como el sexismo, clasismo, racismo y
colonialismo” (Gregorio-Gil, 2019, p. 2).
Autoras como la socióloga Judith Stacey y la antropóloga
Lila Abu-Lughod plasmaron diversas críticas a la etnografía
tradicional, no solo por haber dejado de lado las experiencias de
las mujeres y centrarse solo en el levantamiento de información
con hombres, sino también por no considerar las implicaciones
de la categoría género, además de la interseccionalidad que la
etnia, la clase social, la edad y las actividades económicas pueden
aportar para interpretar el contexto de los grupos sociales no
hegemónicos (Castañeda-Salgado, 2012). En su texto clásico,
¿Puede haber una etnografía feminista? Abu-Lughod (2019) expone
una primera aproximación a dicha propuesta:
A pesar de que cualquier intento de definir la voz de la mujer
en la escritura etnográfica es muy problemático, puede hacerse
un planteamiento sobre una etnografía feminista. Si se tratara
de una etnografía con mujeres en el centro, escrita por mujeres
(incluso si las mujeres en el centro fueran en su mayoría mujeres de otras culturas y las mujeres para las que estaba escrita
eran en su mayoría mujeres occidentales que querían entender

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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

qué significa género, cómo funciona y cómo produce las situaciones de las mujeres, -que sigue siendo la estructura desigual
del mundo y la estructura de la antropología-), algo importante
habría cambiado (2019, p. 41).

En relación al potencial metodológico de las etnografías
feministas agrega que:
Las etnografías feministas, etnografías que intenten dar vida a
lo que significa ser mujer en otros lugares y en diferentes condiciones, etnografías que exploran lo que significa trabajo, matrimonio, maternidad, sexualidad, educación, poesía, televisión,
pobreza o enfermedad para otras mujeres, les puede ofrecer a
las feministas una manera de reemplazar sus supuestos de una
experiencia femenina con un fundamento sentido de nuestras
comunalidades y diferencias (2019, p. 43).

El hecho de que las precedentes autoras hayan colocado
a las mujeres en el centro de sus investigaciones provocó que
teóricos clásicos de la ciencia antropológica, como James Clifford,
plantearan acérrimas críticas en su antología Writing Culture. The
Poetics and Politics of Ethnography (1986) al afirmar que las antropólogas
feministas no habían aportado nada a la descripción etnográfica de
la cultura. Cabe agregar que dicha obra se publicó en un momento
en el cual la antropología cuestionaba sus métodos y prácticas,
particularmente las estrategias tradicionales empleadas por la
etnografía. De igual forma, promovía la idea de la reflexividad, en
otras palabras, que las y los antropólogos fueran conscientes de su
papel e influencia en la producción del conocimiento etnográfico.
Si bien dicha obra ha tenido un impacto significativo para
la antropología y otras ciencias sociales al poner sobre la mesa
las prácticas etnográficas llevadas a cabo hasta ese momento.
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Con ello, promueve una mayor conciencia crítica sobre cómo
se produce y representa el conocimiento generado sobre las
culturas. También se le puede cuestionar su excesivo énfasis en
la textualidad y la construcción literaria, que pudiesen desviar el
foco de atención de los problemas estructurales que enfrentan las
comunidades objeto de estudio.
Como respuesta, Ruth Behar y Deborah Gordon publicaron
uno de los principales clásicos de la antropología feminista: Women,
Writing Culture (1995), en el que a través de relatos de vivencias
presentan el punto de vista de aquellas etnógrafas que han sido
relegadas y marginadas. Además, muestran cómo, mediante
distintas formas de escritura, las antropólogas han logrado
crear un método etnográfico que se ordena, nuevo y profundo.
Retomando lo expuesto en su obra, adoptan una perspectiva
feminista crítica para abordar las dinámicas de desigualdad en
la producción del conocimiento antropológico. También hacen
hincapié en la cuestión de la reflexividad en la investigación,
sobre todo en lo que respecta a las representaciones sociales de
las mujeres y a las cuestiones relativas a lo femenino.
En este sentido, su trabajo ha contribuido de manera
significativa al desarrollo de la etnografía al proporcionar un
espacio para que las antropólogas feministas reflexionen en
relación con sus técnicas de investigación y escritura. También
ha ampliado el estudio al incluir la interseccionalidad, que mira
cómo se conectan el sexo, el género, la raza, la clase social y
otras identidades en la formación de las experiencias personales
y sociales. “Lo que la etnografía feminista puede contribuir a la
antropología es una perturbación de los límites que han sido
fundamentales para su identidad como una disciplina del yo [self]
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que estudia al otro” (Abu-Lughod, 2019, p. 41); en este sentido,
“(…) tanto la etnografía feminista como la halfie son prácticas que
podrían desestabilizar el paradigma mismo de la antropología,
al mostrarnos que siempre somos parte de lo que se estudia y a
menudo mantenemos relaciones definidas con él” (Abu-Lughod,
2019, p. 43).
Con este antecedente, para Castañeda-Salgado (2012),
la etnografía feminista es entonces la elaboración, explicación e
interpretación de la cultura a partir de las vivencias, expresiones
y apreciaciones de las mujeres. Se diferencia de otras prácticas
etnográficas porque analiza la situación social de las mujeres.
Ya no se les ve solo como informantes, sino como creadoras
culturales, y se interpreta cómo las desigualdades de género las
ubican a ellas y a los hombres en diferentes roles sociales. En
sus palabras: “(…) para las etnógrafas feministas, las mujeres
son el sujeto privilegiado en sus investigaciones, porque dicha
intersubjetividad se establece entre congéneres” (CastañedaSalgado, 2012, p. 225). Además:
Las mujeres eran las ausentes, las invisibles, por lo tanto, había
que ponerlas en el mapa, defender la idea de lo que hacen, dicen
y piensan ellas también es interesante. Pero para comprender
bien por qué habían estado tan excluidas, habría que comprender el orden de género en su totalidad, las relaciones entre mujeres y hombres, eso lo descubrimos durante los años 1980, y allá
por el año 1990 se daba ya bastante por supuesto que nuestro
objeto de estudio no eran “las mujeres” sino “el orden de género” (Thurén, 2005, p. 1).

Si bien la etnografía feminista privilegia a las mujeres como
sujetos en sus investigaciones, Ruiz-Trejo (2022) refiere que es
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necesario preguntarse también por las experiencias particulares
de distintos sujetos. Entre ellos se encuentra la relación simbólica
que las comunidades tienen con las entidades no humanas
(lagos, ríos, montañas, elementos, astros, etc.). También se debe
considerar la situación de otros seres vivos y particularmente los
sujetos que no encajan en los lineamientos heteronormativos.
La autora menciona que es importante que la etnografía esté
conectada con los estudios literarios y las artes. Esto implica
usar un enfoque interdisciplinario para registrar, documentar,
interpretar y, cuando sea posible, cambiar las realidades que
se estudian. Según Castañeda-Salgado (2012), la etnografía
feminista se diferencia principalmente por dos aspectos: su
rechazo total al positivismo dominante en la antropología y
su crítica a las categorías teóricas centradas en el hombre, que
son fundamentales en la teoría antropológica clásica. En esta
dirección:
(…) hacer etnografía feminista supone ir más allá del empirismo
que ha caracterizado a la llamada observación participante de la
antropología tradicional, y que requiere reconstruir el sentido
que tienen prácticas, discursos, reivindicaciones políticas, a
partir de las concepciones culturales de los actores sociales con
quienes se trabaja, reconociendo la manera en que las estructuras de género determinan esos significados (Hernández-Castillo, 2021, p. 45).

Las epistemologías feministas destacan la necesidad
de eliminar la separación tradicional entre el “sujeto de
investigación” y el “sujeto cognoscible”. Esto se debe a que la
intersubjetividad requiere que ambas partes intercambien sus
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roles según el diálogo que establezcan (Ruiz-Trejo, 2022).
No obstante, en el actual ámbito académico hegemónico, es
común que aquellos trabajos que se presentan desde enfoques
feministas se cataloguen de pseudocientíficos. Argumentan la
no neutralidad de la investigadora y la cabida a la expresión
emocional, ética, ideológica o política. Esto lleva a las etnógrafas
a plasmar en sus descripciones sus vivencias personales
(Gregorio-Gil, 2014). En resumen, como dice HernándezCastillo (2021), las etnografías feministas son importantes para
la investigación social porque se atreven a rechazar la idea de
neutralidad del positivismo. Esto les permite tratar de cambiar
la realidad.
Por lo que se ha mencionado, en las etnografías feministas
se acepta que la persona que investiga no es completamente
neutral. Es decir, antes de ser investigadora, es un ser humano.
Dicho planteamiento es base de la teoría feminista, colocando en
el foco de la discusión la premisa de objetividad del investigador.
Por añadidura, la mayor parte de las investigaciones feministas
critican el imperativo positivista de separar al objeto del sujeto,
la razón y la emoción, y lo personal y lo teórico. En suma, en dicha
vertiente de la etnografía hay cabida para la subjetividad del
investigador. Esto se debe al reconocimiento de las experiencias
de quien investiga y de quienes se investigan, por las actividades
cotidianas, las historias y vivencias personales que pudiesen
ampliar el panorama de la descripción etnográfica (Pérez-Sanz,
2016). Sobre ello:
En un contexto de crisis de las ciencias sociales y, por ende, del
paradigma científico positivista, adquieren relevancia enfoques
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interpretativistas y múltiples perspectivas que desarrollan una
valoración positiva de la subjetividad, donde las experiencias,
vidas e investigación se entrelazan y son consideradas fuente
de conocimiento (Martínez-Pozo, 2020, p. 5).

A lo que Gregorio-Gil (2019) añade:
(…) en nuestro actual contexto de imposición de sistemas de
evaluación androcéntricos, cuantitativos y positivistas que
ahondan en las jerarquizaciones y exclusiones entre centros y periferias del saber, donde las aportaciones de las epistemologías
feministas y las producidas por sujetos precarizados corren el
riesgo de ser expulsadas y silenciadas. Y en este sentido nos
sigue preocupando el debate epistemológico sobre la posibilidad (y potencialidad) de una etnografía feminista, así como las
estrategias para su reconocimiento y legitimación (2019, p. 3).

Por todo lo expuesto, la alianza entre la antropología
y la teoría feminista ha planteado nuevas interrogantes, así
como una serie de retos a nivel teórico y epistemológico. La
etnografía feminista implica entonces el supuesto de que las y los
investigadores siempre somos parte del problema de investigación
que estamos estudiando. Además, las conexiones que hacemos
en el trabajo de campo continuarán rompiendo la separación
clásica entre sujeto y objeto que hasta hace poco sostenía la forma
dominante de conocer.
Además, los movimientos feministas han ampliado su
crítica epistemológica a técnicas y métodos clásicos utilizados en
la antropología, sociología y otras ciencias sociales. Se argumenta
que, además de basarse en el paradigma positivista, tienen
un trasfondo con un sesgo androcéntrico que, a lo largo de la
historia, ha ignorado la visión de las mujeres y la perspectiva de
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otros grupos marginados. Por todo ello, es necesaria la inclusión
de una perspectiva de género feminista que modifique tales
construcciones teóricas y metodológicas. También es importante
mencionar que las etnógrafas feministas deben cuestionar sus
propias posiciones y roles mientras trabajan en el campo, así
como la búsqueda de objetividad y la idea de ser neutrales en la
ciencia (Araya y Chávez, 2022).
En síntesis, es preciso reflexionar en torno al rol de las
y los investigadores en los procesos metodológicos, al igual
que el conocimiento generado como producto de un enfoque
colaborativo. La etnografía feminista muestra experiencias y
voces diferentes, incluye la perspectiva del investigador y de la
persona que se estudia, da espacio a distintas formas de sentir
y permite el diálogo, entre otros aspectos. También se centra
en técnicas que resaltan la crítica reflexiva y la construcción de
un conocimiento que se relacione con lo diferente, teniendo en
cuenta las estructuras sociales y las relaciones de desigualdad y
poder (Martínez-Pozo, 2020).
La etnografía feminista como alternativa metodológica
para el estudio del papel de las mujeres ante la crisis
socioecológica
Desde hace algún tiempo, diversas posiciones teóricas dentro
del feminismo y las ciencias sociales han tendido a vincular a
las mujeres con la naturaleza. Esto, en palabras de Merchant
(2020), ha persistido en el devenir histórico de la humanidad
en ámbitos como la articulación del lenguaje y la producción
cultural. Para el caso de la sociedad norteamericana, la
precedente autora considera que dicho vínculo simbólico se ha
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visto reforzado por los movimientos feministas. Estos buscan
la liberación de las mujeres y los movimientos ecologistas. Su
punto más álgido se configuró en la década de los 70 del siglo
pasado. A su parecer, ambos movimientos convergen en dos
aspectos: por un lado, las mujeres, al menos en el contexto de
las sociedades estadounidenses, buscan eliminar todas aquellas
barreras económicas, sociales, políticas, religiosas y culturales
que las han alienado de los hombres. Por otro lado, el movimiento
ecologista ha venido advirtiendo los daños irreversibles que
sobre el medioambiente ha provocado la explotación desmedida
de los recursos naturales y del entorno, así como de la deteriorada
relación entre seres humanos y naturaleza. También ha puesto en
duda la industrialización como el modelo principal de desarrollo,
destacando la importancia de vivir en armonía con la naturaleza
como una forma de resistencia a las imposiciones de un progreso
lineal y dañino. En sus palabras:
La yuxtaposición de los objetivos de ambos movimientos nos
ofrece la oportunidad de proponer unos nuevos valores y unas
estructuras sociales que no se basen en la dominación de la mujer y la naturaleza en cuanto a recursos, sino que se basen en la
plena expresión del talento tanto de los hombres como de las
mujeres y en el mantenimiento de la integridad medio ambiental (Merchant, 2020, p. 1).

A lo que agrega:
La conciencia feminista y ecologista puede proporcionar los
recursos necesarios que posibiliten el examen de las relaciones
históricas entre mujeres y naturaleza que fueron desarrollán-

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dose cuando se configuró el mundo científico y económico moderno en los siglos XVI y XVII –una transformación que en su
momento moldeó valores y percepciones y que, actualmente,
todavía lo permea (2020, p. 1).

En este tenor, también la socióloga británica Mellor
(1997) afirma que los movimientos feministas y el movimiento
ecologista convergen en aseverar que la crisis ecológica actual y
la subordinación de las mujeres se encuentran ligadas. Además,
coincide con Merchant (2020) en rechazar el supuesto de que
las mujeres estén más cerca de la “naturaleza” de alguna forma
esencialista. Más bien, precisa que no sería posible comprender
la devastación ecológica sin la comprensión de que son ellas
en su mayoría las que desempeñan extenuantes trabajos para
sostener el cuerpo, la tierra, la familia, preservar la biodiversidad
y a las comunidades. Ellas soportan las evidentes consecuencias
destructivas del actual sistema económico que a toda costa busca
la ganancia.
De esta forma, la tesis central de las referidas autoras no
es la de restablecer la idea de que la naturaleza es la madre de la
humanidad, ni tampoco la de asociar a las mujeres con el papel
de cuidadoras de los otros (Merchant, 2020), sino más bien la
de cuestionar los estereotipos y etiquetas que sobre la naturaleza
y las mujeres han recaído, los mismos que han configurado el
mundo moderno y las relaciones sociales globales, cuya principal
implicación es la férrea defensa de la biodiversidad, los recursos
naturales y el entorno natural por parte de las mujeres en distintas
zonas del planeta.
Esto porque el sistema patriarcal considera a los hombres
(blancos, cristianos, heterosexuales y poderosos) como la medida
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de todo valor sin ninguna cabida a la diversidad, únicamente las
jerarquías; por ende, las mujeres son tratadas como desiguales
e inferiores por ser diferentes. De igual forma, este sistema no
considera valiosa la biodiversidad natural por sus cualidades
intrínsecas; únicamente busca su explotación comercial en aras
de obtener un beneficio económico que le proporcione algún
valor (Mies y Shiva, 1998).
Con ello, la mejor manera de comprender la diversidad
que alberga la naturaleza y la importancia de su preservación, más
allá de los posibles beneficios que la humanidad pueda obtener
de ella, reside en el vínculo que las mujeres han mantenido con los
espacios naturales a lo largo del tiempo. Es decir, el contemplar
las estructuras dominantes desde abajo posibilita resaltar que el
trabajo y los conocimientos de las mujeres son de vital importancia
para la conservación y el uso de la biodiversidad. Como ya se ha
expresado, son ellas quienes habitualmente trabajan en diferentes
sectores y realizan una multiplicidad de tareas:
Las mujeres en su calidad de agricultoras, han permanecido
relegadas a la invisibilidad a pesar de su aportación. Los economistas tienden a no tomar en consideración el trabajo de las
mujeres en el ámbito de la producción porque queda fuera de
la supuesta demarcación de este ámbito. Estas omisiones no se
deben a que el número de mujeres que trabajan sea muy reducido, sino al hecho de que demasiadas mujeres realizan una gran
cantidad de trabajos en tareas harto variadas (Mies y Shiva,
1998, p. 16).

En este sentido, el método etnográfico es importante para
estudiar la situación social y ambiental actual, ya que permite
entender bien (Geertz, 2003) las relaciones entre las comunidades
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humanas y su entorno natural. En particular, destaca la etnografía
feminista como una alternativa metodológica que permite
visibilizar un conjunto de experiencias construidas a través de
las relaciones de género. En concreto, se enfoca en el rescate de
las vivencias, movilizaciones y conjunto de conocimientos de las
mujeres (véase imagen 1). Por medio de estos, hacen frente a la
crisis socioecológica que aqueja al planeta.
Figura 1.
Mujeres participantes del Programa Sembrando Vida,
Cuautepec Guerrero, México.

Nota: Colección personal (2024)..

Los aportes conceptuales y epistemológicos de las
etnografías feministas ayudan a explicar cómo la invisibilización
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del trabajo y los conocimientos de las mujeres tiene su génesis en
los sesgos de género, mismos que han impedido una valoración
real de sus aportaciones. Además, y a decir de Mies y Shiva
(1998), tienen también su origen en los enfoques científicos y de
desarrollo fragmentados y reduccionistas que ven las selvas, los
bosques, la flora y la fauna como entes independientes y no como
un todo que interactúa entre sí. Así, el enfoque de las etnografías
feministas permite destacar a las mujeres como actores
importantes en los diferentes flujos ecológicos, especialmente en
momentos de escasez de recursos, lo que afecta la productividad,
la sostenibilidad y la estabilidad del medioambiente.
Las etnografías feministas son entonces un método para
analizar, comprender y erradicar las desigualdades que ocasionan
las dinámicas de poder, así como un conjunto de estrategias que
buscan transformar a la sociedad. En el caso de México y otras
latitudes de América Latina han posibilitado comprender las
problemáticas de las mujeres en asuntos que competen al ámbito
ambiental como han sido los megaproyectos, el extractivismo,
el aumento de las emisiones de los gases de efecto invernadero,
la participación femenina en la sustentabilidad energética, las
migraciones y desplazamientos forzados a causa de los grupos de la
delincuencia organizada por la apropiación de recursos naturales,
resaltado el como un sistema patriarcal capitalista ha hecho
del feminicidio, la violencia sexual y de género y otras presiones
estructurales sus principales dispositivos (Ruiz-Trejo, 2022).
Con todo lo expuesto y una vez planteada la posibilidad
teórica y epistémica de una etnografía feminista, los principales
aportes de esta alternativa metodológica al estudio del papel
de las mujeres ante la actual coyuntura socioecológica serían
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el brindar una perspectiva de investigación holística. En otras
palabras, no solo posibilita centrarse en los aspectos ambientales
de un problema, sino que también permite conjuntar los aspectos
sociales, culturales y económicos que influyen en el problema en
cuestión. Es decir, permite una comprensión más compleja de la
temática estudiada y también vislumbrar sus posibles soluciones.
Como ya se ha reiterado, la investigación etnográfica
se sustenta en el trabajo de campo, lo que permite a la persona
investigadora convivir directamente con los grupos sociales
que son afectados por el problema ambiental. A partir de la
década de los noventa del siglo pasado, muchas etnógrafas
feministas indígenas y afrodescendientes rechazaron la idea de
ser vistas como el “objeto” de investigación de la mirada científica
androcéntrica y etnocéntrica. Optaron por ser ellas quienes
documentaran los efectos ambientales que la polución ambiental,
el extractivismo hídrico y minero, así como otros megaproyectos,
tenían en sus propias comunidades (Ruiz-Trejo, 2022). Así, esta
cercanía le dio acceso privilegiado al conocimiento local, las
costumbres culturales y las opiniones de la comunidad sobre
el medioambiente y sus cambios, además de poner en duda los
métodos de investigación de la ciencia dominante.
A su vez, las etnografías feministas permiten examinar
las complejas relaciones que los seres humanos tienen con su
entorno. Entre ellas destacan el uso de los recursos naturales,
las relaciones de poder, los conflictos sociales por el acceso a los
bienes comunes (bosques, cuerpos de agua, tierras fértiles, etc.).
También abordan las conductas y respuestas sociales ante las
problemáticas ambientales. Dicho de otro modo, las etnografías
feministas evidencian cómo las relaciones que hombres y mujeres
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establecen con la naturaleza están imbricadas en su realidad
material, social y cultural. Además, el entender que la función
y situación social de uno y otro es diferente. En la mayoría de
las culturas y bajo el sistema patriarcal, los hombres tienen un
acceso privilegiado, así como una gestión y uso preferente de
los recursos naturales. Por otro lado, las mujeres se encuentran
alineadas en un orden androcéntrico que limita su potencial en
todas las esferas de la actividad humana (Rivera-Ramírez, 2020).
En esta dirección, las etnografías feministas centran su
atención en la interseccionalidad, considerando cómo el género,
la raza, el origen étnico y la clase social se cruzan y repercuten en
la experiencia de los grupos sociales. Al margen de los problemas
ecológicos, esta ruta metodológica ayuda a comprender cómo
las mujeres y otros grupos marginados se afectan de manera
diferenciada por problemáticas ambientales como el cambio
climático, la contaminación del aire, la degradación del suelo, el
uso excesivo de plaguicidas, entre otros. De igual forma, las voces
de las mujeres, particularmente las de comunidades rurales,
indígenas o afrodescendientes, se ignoran en la toma de decisiones
comunitarias o en los debates sobre políticas medioambientales.
Por lo tanto, la etnografía feminista busca dar cabida a sus
conocimientos y prácticas ecológicas que en la mayoría de las
ocasiones son compatibles con los ciclos de la naturaleza.
También la etnografía feminista permite explicar cómo
la responsabilidad ambiental se distribuye de forma desigual
entre mujeres y hombres. En diversos espacios, las mujeres son
las principales encargadas del transporte y gestión del agua
(Francis, 2003), la seguridad alimentaria y diversas actividades
agropecuarias, lo que las hace potencialmente vulnerables a los
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problemas ambientales y, a su vez, sujetas centrales al momento
de buscar e implementar soluciones sustentables. De esta
manera, las mujeres y las infancias suelen ser las más afectadas
por los desastres naturales y ecológicos; en este sentido, los
planteamientos de la etnografía feminista posibilitan documentar
cómo las desigualdades de género acrecientan la vulnerabilidad
en caso de sequías, inundaciones, temporada de huracanes, entre
otros.
Por otro lado, los movimientos de procuración de justicia
ambiental surgen para hacer valer la aplicación del derecho a la
salud y a un medioambiente sano para la población. También hay
una necesidad en la sociedad de un nuevo modelo que explique de
manera clara y equilibrada cómo se reparten las responsabilidades
y los efectos ambientales, tanto los buenos como los malos, en
un área específica (Ramírez-Guevara, Galindo-Mendoza y
Contreras-Servín, 2015). En relación a ello, la etnografía feminista
contribuye al ámbito de la justicia ambiental. Resalta cómo las
luchas por el medioambiente están íntimamente relacionadas con
las batallas feministas que buscan erradicar cualquier forma de
opresión patriarcal. Se pueden referir como casos paradigmáticos
los distintos ejemplos de resistencia y movilización de mujeres a
lo largo del planeta en contra de prácticas y políticas ambientales
injustas.
Como ejemplo de lo anterior, podríamos citar el trabajo
de Ruiz-Ballesteros y Valcuende del Río (2020). A través de
diversas experiencias vividas en su quehacer antropológico en
España y Perú, resaltan la importancia de la percepción en el
contexto de la etnografía aplicada al estudio de los problemas
ambientales. También resaltan las vinculaciones y prácticas
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que las personas tienen con el entorno que habitan. En tanto, la
investigación de Yanniello (2024) ahonda en las imbricaciones
entre los movimientos ecologistas y feministas en los Encuentros
Plurinacionales de mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales,
intersexuales y no binarias, que se realizan de manera anual
en Argentina. Concluyendo que dichos encuentros muestran
una tendencia cada vez mayor al diálogo ambientalista y a la
instauración de prácticas en pro del medioambiente.
Casi para cerrar, por medio de las herramientas teóricas y
metodológicas que proporciona la etnografía feminista, se puede
indagar en el valor de los conocimientos locales y las prácticas
tradicionales de manejo de recursos naturales que las mujeres
han transmitido de generación en generación. A menudo, estos
son esenciales para el manejo sustentable de los elementos de sus
entornos inmediatos, así como para la procuración de soluciones
eficientes a las problemáticas ambientales. Finalmente, el estudio
de los repertorios de lucha, la movilización sociopolítica y la
toma de decisiones sobre temas ambientales es otra área donde la
etnografía feminista podría hacer aportes importantes. Entender
de qué formas las mujeres participan o se excluyen en los procesos
políticos puede develar aquellas estructuras sociales que impiden
su pleno ejercicio político y proponer formas diversas que
promuevan una mayor inclusión y equidad.
Conclusiones
En ciencias sociales, la etnografía es una forma de investigación
de campo y también el producto final de la investigación. En otras
palabras, es un método que se vale de diferentes técnicas como
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la observación, las entrevistas, algunas técnicas audiovisuales,
entre otras. Asimismo, proporciona una perspectiva amplia que
va más allá de las meras observaciones. Permite a la persona
investigadora comprender en profundidad las estructuras de la
vida cotidiana, las prácticas culturales y diversas expresiones de
la interacción humana al enfocarse en el “cómo” y el “por qué”
de los acontecimientos estudiados. Esto exige para ello una
inmersión profunda en el ambiente de los sujetos.
Por eso, desde los años 70 del siglo XX, varias teóricas
propusieron la idea de una etnografía feminista. Esta etnografía,
basada en los principios de los movimientos feministas, buscaría
incluir a los grupos que no se escuchan. Este momento fue
importante porque conectó las ideas del feminismo con las
perspectivas académicas de la antropología social, al cuestionar
el enfoque masculino, el sexismo, el clasismo, el racismo y el
colonialismo presentes en las ciencias sociales establecidas
de la época. Con ello se ha contribuido de manera significativa
al desarrollo de la etnografía al otorgar un espacio para que
las antropólogas feministas discurran sobre sus técnicas de
investigación y escritura. Esto ha ampliado el debate en torno a
cómo se entrelazan el sexo, el género, la raza, la clase social y otras
identidades en la construcción de las experiencias personales y
sociales, particularmente de las mujeres y otras voces silenciadas.
Con todo ello, la etnografía feminista es entonces la
elaboración, explicación e interpretación de la cultura a partir
de las vivencias, expresiones y apreciaciones de las mujeres. Se
diferencia de otras estrategias antropológicas porque cuestiona
la posición social de las mujeres: dejan de ser exclusivamente
“objetos” de investigación para ser consideradas creadoras de
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cultura y para analizar las diversas desigualdades de género
que las sitúan, frente a los hombres, en posiciones sociales
desiguales.
En esta dirección, los movimientos ecologistas y
feministas convergen en el hecho de que la crisis ecológica actual
y la subordinación de las mujeres se encuentran ligadas. Son
ellas las que en su mayoría desempeñan trabajos extenuantes
para sostener a la familia, sus vidas, la tierra y preservar la
biodiversidad de sus comunidades. Esto sopesa las evidentes
consecuencias del sistema económico actual que únicamente
pretende la ganancia. De esta forma, en concreto, la etnografía
feminista pudiese constituir una herramienta esencial para el
estudio de la coyuntura socioambiental. Esto se logra al permitir
una comprensión profunda de las interacciones entre las
comunidades y su entorno natural. Además, busca rescatar las
experiencias, movilizaciones y conjunto de conocimientos de las
mujeres por medio de los cuales enfrentan la crisis socioecológica
que padece el planeta.
Los beneficios que esta alternativa de método ofrece
para estudiar el papel de las mujeres en la situación social y
ecológica actual son dar una visión completa, lo que permite
entender mejor el tema. Así también, el proporcionar un acceso
más próximo al conocimiento local, las prácticas culturales y las
percepciones comunitarias en relación al entorno ecológico y sus
cambios, evidenciando de esta forma las conexiones que hombres
y mujeres establecen en el acceso, gestión y uso de los recursos
naturales.
A su vez, esta ruta metodológica pretende explicar cómo
la responsabilidad y procuración de justicia ambiental está
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estrechamente relacionada con los movimientos feministas y las
movilizaciones de mujeres en defensa de la tierra y los recursos
naturales en todo el planeta. Para concluir, la etnografía feminista
ha logrado generar múltiples e importantes vínculos entre las
investigadoras y los grupos sociales estudiados, coadyuvando
en la generación de estrategias de resistencia contra el ecocidio,
el genocidio, las distintas expresiones de violencia sexual y
de género, los megaproyectos extractivistas capitalistas y las
diversas estrategias de dominación patriarcal que atentan contra
el pleno desarrollo de las mujeres y la naturaleza.

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Aportes, mitos e imaginarios de la formación
general universitaria de la UANL: Percepción de
los estudiantes de la carrera de médico cirujano y
partero
Contributions, myths and imaginaries of
the General University Education of the
UANL:Perception of the students of the
Medical School

Eduardo Loredo Guzmán
Roelof Bergstra

Resumen: Esta investigación cualitativa aborda la percepción de
los estudiantes de medicina sobre la Educación General (EG) de la
Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL). Si bien la EG ha sido
parte del plan de estudios de medicina durante más de dos décadas,
su objetivo principal es preparar a los estudiantes para sus futuras
carreras médicas. Además, busca abogar por un desarrollo integral y
crear conciencia sobre los problemas sociales que afectan sus vidas
personales y profesionales. A pesar de los imaginarios sociales y los
mitos, esta investigación revela que los estudiantes no solo se benefician
de los EG, sino que también se convierten en médicos competentes en

111

�Loredo Guzmán y Bergstra / Aportes de la formación general universitaria

todos los aspectos. Por medio de encuestas y una serie de entrevistas
se identifica un recopilatorio de beneficios rodeados por tres pilares:
Cultura general, valores y comunicación. Cada categoría contribuye de
manera única y colabora, permitiendo un enfoque transdisciplinario de
los problemas científicos médicos.
Palabras clave: Imaginarios sociales,
Universitaria, Medicina Humanista, Ética.

Percepción,

Formación

Abstract: This qualitative research addresses medical students'
perception regarding General Education (GE) at the Autonomous
University of Nuevo León (UANL). While GE has been part of the
medical degree curriculum for more than two decades, its primary
goal is to prepare students for their future medical careers, advocate
for comprehensive development, and raise awareness about social
issues that impact their personal and professional lives. Despite social
imageries and myths, this research reveals that students not only gain
from GE but also develop into all-around competent physicians. Through
questionnaires and a series of interviews, a compilation of benefits has
been identified surrounded by three pillars: General Culture, Values, and
Communication. Each category contributes uniquely and collaborates,
allowing a transdisciplinary approach to medical scientific problems.
Key words:Social Imaginaries, Perception, General Culture,
Humanistic Medicine, Ethics.

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-196

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Introducción
Los EG se pueden definir como el conjunto de cursos que
fundamentan la formación universitaria, basados en perspectivas
humanistas y en el desarrollo de pensamiento crítico. Se orientan
de manera que el estudiante pudiera acceder a una formación
más integral, abierta a un espectro de saberes más amplio, con
mayores y más amplias posibilidades de desarrollo personal y
laboral. Conectar contenidos entre diversas disciplinas ayuda a
desarrollar un aprendizaje más sólido y significativo. Se trata de
un aprendizaje más parecido a la vida real, donde los contenidos
están, de alguna manera, siempre relacionados entre sí. En otras
palabras, a pesar de que no estén directamente relacionados con
una carrera, los EG enseñan habilidades fundamentales para la
vida profesional y personal de un egresado de universidad.
Los EG también se conocen como educación general,
educación liberal o, como en Europa, estudios prospectivos
(Bourdieu, 2005). A pesar de las diferentes definiciones, la literatura
especializada refiere una educación de validez universal. La idea
elemental de que un profesional competente es aquel que posee
los conocimientos y habilidades que le posibilitan desempeñarse
con éxito en una profesión específica ha quedado atrás, sustituida
por la comprensión de la competencia profesional como fenómeno
complejo, que expresa las potencialidades de la persona para
orientar su actuación en el ejercicio de la profesión con iniciativa,
flexibilidad y autonomía, en escenarios heterogéneos y diversos,
a partir de la integración de conocimientos, habilidades, motivos
y valores que se expresan en un desempeño profesional eficiente,
ético y de compromiso social. Algo similar dice Peñaloza (2016):
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-196

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�Loredo Guzmán y Bergstra / Aportes de la formación general universitaria

a la universidad le corresponde enseñar al joven a leer y escuchar
analítica y críticamente y es posesionarse del vocabulario
académico y su atmósfera. El no hacerlo priva a los alumnos de
las antenas que les hacen posible captar lo que existe y discurre
en el mundo de las disciplinas científicas.
En la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL)
se conocen los EG como Formación General Universitaria
(FOGU) en todos los programas de licenciatura. La Facultad
de Medicina de UANL incluye en el currículum las siguientes
unidades de aprendizaje (UA) de FOGU: en primer semestre
se cursa: Liderazgo, Emprendimiento e Innovación; Habilidades
de Comunicación; Aplicación de las Tecnologías; Estrategias
y Hábitos de Estudio de Ciencias de la Salud; en segundo
semestre, Responsabilidad Social; en tercer semestre, Inglés;
Inglés Técnico; Ética y Cultura de Legalidad; en cuarto semestre,
Cultura de Paz. El punto de partida para implementar una
relación entre los conocimientos y habilidades que se estipulan
en una enseñanza profesional como ejercicio cabal de reflexión
gira en torno a las problemáticas de una ciencia médica. Esta
ciencia tiene una visión humanista y está comprometida con
la mejora de los estándares de vida de la población. Durante
dos décadas, los programas académicos de licenciatura han
incorporado una selección de UA con un enfoque prospectivo
que busca fomentar en el estudiante la conciencia sobre las
cuestiones sociales que afectan su quehacer profesional y
personal.
La tarea humanista en la formación universitaria exige definiciones cuidadosas. En primer lugar, todo proceso educativo

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-196

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

tiende a desbordar los límites de sus objetivos programáticos
directos, dado que inevitablemente se vincula con todas las dimensiones de la existencia del individuo. No solo las conductas
del profesional se expresan en aquellas cuestiones educativas
intencionalmente declaradas, sino también se escenifican las
propias significaciones y subjetivaciones junto a su permanente relación con la experiencia vital. (Saavedra Campos y López
Pérez, 2022, p. 285).

Si bien este proyecto pedagógico adoptado por la
UANL configura una propuesta que involucra el compromiso
institucional, no solo ofrece una oferta educativa de calidad y
acorde a las realidades actuales. También una oferta educativa
de calidad y acorde a las realidades actuales, sino que se suma
a las diatribas que se concatenan en los aspectos sociales de un
mundo globalizado, en el cual se requiere una mayor aportación
científica que cumpla con una perspectiva ética y sustentable. Por
lo anterior, se estipulan una serie de habilidades que el estudiante
debe adquirir y desarrollar para sumar a los conocimientos
propios de cada área de las ciencias. Dichas habilidades, lejos de
ser una constante repetición, refieren a la constitución de un perfil
del egresado universitario de corte analítico, con pensamiento
crítico y sensible a las desigualdades estructurales del sistema
social. Esto es necesario para no solo aportar conocimientos,
sino acciones puntuales que favorezcan la calidad de vida de la
sociedad.
El objetivo principal de la presente investigación es
analizar la percepción de los estudiantes universitarios de la
Facultad de Medicina [UANL] acerca de los aportes de las
UA de Formación General Universitaria y su relación con su
vida cotidiana y la práctica médica. Así mismo, categorizar los
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-196

115

�Loredo Guzmán y Bergstra / Aportes de la formación general universitaria

aportes y habilidades que derivan de los programas de FOGU
según la experiencia de los estudiantes de sexto año de la carrera
de MCP. Al mismo tiempo que considera los aspectos societales
globales en los que se encuentra la práctica médica, es decir, un
entorno de innovación científica desde la sustentabilidad y que
permite identificar y consolidar las habilidades del estudiante en
beneficio de la calidad de vida de sus pacientes.
Métodos
El abordaje metodológico consiste en emplear diversas
herramientas para generar un análisis con un enfoque cualitativo
y cuantitativo. Se empleará la aplicación de una encuesta a la
población del alumnado de la carrera de MCP de la UANL que
actualmente [semestre enero-junio 2023] cursa el sexto año. Con
los datos obtenidos se generará una clasificación y categorización
para realizar la interpretación sobre las percepciones de los
aportes de las UA.
La encuesta está diseñada con el fin de explorar, describir
y comprender las experiencias del estudiante universitario
con respecto al imaginario social en la práctica médica y los
conocimientos y saberes adquiridos en las UA de FOGU. Las
encuestas se aplicaron en los auditorios donde se imparten las
asignaturas de la Facultad de Medicina. Por medio de un código
QR se compartió con los estudiantes el enlace a la plataforma
de Google Forms para contestar una encuesta donde se hacen
referencias a los conocimientos de las Unidades de Aprendizaje
de Formación General Universitaria y sus implicaciones en su
práctica médica.
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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

El empleo de un cuestionario contempló las conjeturas
acerca de las diversas UA que cursaron los estudiantes del sexto
año de la carrera de Médico Cirujano y Partero (MCP). Es así
como se delimita el universo de estudio a este grupo que se
encuentra matriculado en este nivel para así evitar una dispersión
de datos que puede ocasionar una distorsión en los resultados.
Esto se debe a que otros grupos de estudiantes cursaron parte de
su formación general en la modalidad en línea como consecuencia
de las restricciones que se efectuaron durante el tiempo más
crítico de la pandemia de COVID-19. Las medidas dispuestas a
nivel internacional dictaron una nueva realidad para los espacios
académicos. Además, ¿a qué otros grupos de estudiantes cursaron
parte de su formación general en la modalidad en línea como
consecuencia de las restricciones que se efectuaron durante el
tiempo más crítico de la pandemia de COVID-19? Las medidas
dispuestas a nivel internacional dictaron una nueva realidad
para los espacios académicos. Además, la dinámica pedagógica
nos enfrentó a dispersar la enseñanza de forma presencial. ¿Las
medidas dispuestas a nivel internacional dictaron una nueva
realidad para los espacios académicos y la dinámica pedagógica
nos enfrentó a dispersar la enseñanza de forma presencial?
Para el análisis de los datos obtenidos de la encuesta, se
utilizó la recopilación de datos en una hoja de cálculo a modo
de organización de la información. Se emplearon métodos de
compilación gráfica con la finalidad de sintetizar los resultados.
Además, al contar con una serie de preguntas abiertas, esto con el
propósito de no limitar las explicaciones, evitar el sesgo y ampliar
la confiabilidad de la información, se realizaron categorías de
análisis para describir los detalles de los datos obtenidos.
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�Loredo Guzmán y Bergstra / Aportes de la formación general universitaria

Marco conceptual
La conformación histórica de la enseñanza académica considera
lineamientos de diferenciación entre las temáticas que se
imparten. Es decir, se ha simplificado en una versión de ciencia
parcelada donde los aspectos sociales, técnicos y contextuales
se presentan aislados y, en el peor de los escenarios, resultan
contradictorios debido a sus constituciones yuxtapuestas. Por lo
tanto, la pugna entre las ciencias sociales y las ciencias exactas
no deja margen para llevar a cabo un análisis transdisciplinario
de la realidad concreta, sino que se simulan aspectos categóricos
donde dicha incompatibilidad tiene efectos negativos al momento
de ejercer una praxis científica.
Conforme a lo anterior, las percepciones que se presentan
de las UA de corte humanista se enfrascan en alegatos poco
propositivos, pero, según los hallazgos de esta aproximación
analítica, se deben emplear los conocimientos para lograr
dimensionarlos en su contexto. Es decir, lo primero que nos
arroja este estudio es precisamente el imaginario social que se
manifiesta sobre las UA y temáticas relacionadas con los ámbitos
humanistas y sociales dentro de la formación de la carrera de
MCP. Dicho imaginario social es el resultado de todo un proceso
de la formación académica; es como una conjetura insondable
que repele el sentido de las aportaciones de las ciencias sociales
en el ámbito de la medicina.
Así mismo, derivado de este primer ejercicio de
investigación, se dota de una visión pragmática donde el
pensamiento humanista deja de tener cabida en la formación
universitaria para encumbrar una visión mecanicista que, a
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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

su vez, capitula la diferenciación desde un punto de partida
contradictorio. Aunque es de puntual señalar que el enfoque,
tanto en el diseño como en la implementación, de un programa
académico transdisciplinario se cristaliza por medio de la
incorporación del debate crítico, así como la reflexión humanista
de las problemáticas concretas del contexto social.
Por eso, se observa que las UA de Formación General
Universitaria en la carrera de MCP contribuyen a entender los
problemas de salud desde un enfoque sistémico. Además, sus
aportes implican el uso del pensamiento crítico para configurar
una perspectiva humanista. Donde este enfoque humanista
sobrepase las fronteras disciplinarias para que así sus campos de
acción permitan a los futuros profesionistas de la salud mejorar
su experiencia y desarrollo de habilidades en aras de favorecer a
la comunidad.
La frontera disciplinaria, su lenguaje y sus conceptos propios
aíslan la disciplina con relación a otras y con relación a los
problemas que cabalgan las disciplinas. El espíritu hiperdisciplinario se arriesga entonces a formarse como un espíritu de
propiedad que prohíbe toda circulación extraña dentro de la
parcela del saber. (Morin, 2006, p. 21).

Es así como el estudio de la percepción retoma un primer
espacio de debate que se explora a partir del análisis conceptual
de los imaginarios sociales, pues es parte de la memoria colectiva
que construye a su vez identidad, mitos y tradiciones. (Vázquez
Rodríguez, 2016, p. 71) El concepto de imaginario social es empleado
en este trabajo siguiendo la aportación de Charles Taylor (2006,
p. 36), que señala “la forma en la que las personas comunes
«imaginan» su entorno social, algo que la mayoría de las veces no
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�Loredo Guzmán y Bergstra / Aportes de la formación general universitaria

se expresa en términos teóricos, sino que se manifiesta a través
de imágenes, historias y leyendas”. De esta manera, el enlace para
llegar a la percepción acerca de los aportes de las UA de FOGU
requiere previamente describir los imaginarios sociales que de
estas se contemplan.
Para Baeza (2008), el imaginario social es un locus de sentido,
instituido hegemónicamente e impuesto al sujeto como metarrelato de la vida. Claro está que los imaginarios se transforman
a la par que las condiciones sociales, razón por la cual existen
imaginarios instituidos e instituyentes, lo que representa la
lucha constante de imposición de una visión hegemónica del
mundo para hacerla parecer natural, frente a un movimiento
emergente e instituyente de la realidad. (García-Muñoz, Gómez-Gallego, 2021, p. 222).

Es importante reconocer que las ideas sociales sobre
las UA de FOGU están relacionadas con aspectos negativos.
Sin embargo, eso es solo la primera parte para entender la
importancia y las aportaciones que brindan los contenidos de
las llamadas “materias de relleno”. Por cierto, este mote es un
ejemplo del carácter desdeñoso con el cual se hace referencia
a este tipo de UA universitarias. Sin embargo, en términos de
análisis lingüístico, trasciende que esa idea del “relleno” es
precisamente parte de la metáfora que alude a complementar
sus conocimientos lejos de los temarios estructurados
estrictamente desde su disciplina. Es posible que en otras
universidades se tilde a las UA que añaden contenido de corte
humanista a la formación universitaria de diferentes formas; esa
función polisémica también suma a la propuesta que deriva en
la presente exploración.
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Es quizá por lo anterior que esta investigación resulta
propositiva ante las prenociones que arrastran hacia las “ideas
normativas más profundas que subyacen a estas expectativas”
(Taylor, 2006, p. 36), las cuales se contraponen con la percepción
desde un proceso que enlaza “la experiencia de la vida social [que]
es una experiencia de significaciones válidas a nivel colectivo”
(Baeza, 2011, p. 33).
El interés de profundizar en la categoría de imaginarios sociales como mediadores de conocimiento social, implica abordarla
como constructo explicativo de los fenómenos sociales y también como herramienta hermenéutica para interpretar los sentidos que los sujetos experiencian (sic). (García-Muñoz, Gómez-Gallego, 2021, p. 220).

Es decir, el arraigo a las preconcepciones de forma
colectiva crea una barrera de ideas complicada de penetrar y da
por hecho el sentido de que las “materias de relleno” no son sino
UA de baja escala en el nivel de importancia de la carrera de MCP.
Sin embargo, esencialmente, esta argumentación se cuestiona al
momento de analizar a detalle las percepciones de los estudiantes
que ya han cumplido con los cursos de las UA de FOGU. Además,
han logrado llevar estos conocimientos a la práctica en el área de
la medicina.
Al parecer, según la revisión de la literatura especializada,
la visión con aspectos adversos sobre las temáticas vinculadas
a las humanidades es un fenómeno que rompe fronteras; su
carácter internacional, quizá hasta de nivel global, apremia una
exploración exhaustiva para, no solo señalar la tecnificación
de las universidades, sino que surjan propuestas para
mejorar los escenarios académicos en aras de una educación
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transdisciplinaria que reconozca los problemas como
transversales, multidimensionales y de carácter global (Morin,
2006).
Para cumplir con estas formulaciones teórico-prácticas,
es necesario considerar las percepciones provenientes de la práctica
de la investigación educativa. En este proceso, se examina la
idea de que el reconocimiento se basa en experiencias y su
transformación en conocimiento. Esto facilita la interacción
con el entorno, promoviendo la adaptabilidad y la generación de
nuevas dinámicas. Por lo tanto, según Luz María Vargas (1998):
La percepción no es un proceso lineal de estímulo y respuesta
sobre un sujeto pasivo, sino que, por el contrario, están de
por medio una serie de procesos en constante interacción y
donde el individuo y la sociedad tienen un papel activo en la
conformación de percepciones particulares a cada grupo social. (p. 48).

Se puede ver la naturaleza fenomenológica del concepto
de percepción porque la experiencia une el sentido y la esencia.
Esto ayuda a que la estructura significativa tenga referencias
para crear un sistema cultural que surge de la dinámica social.
Por consiguiente, se retoman las aportaciones de Merleau-Ponty
que precisan la conceptualización de la percepción y señalan que:
Percibir no es experimentar una multitud de impresiones que
conllevarían a unos recuerdos capaces de complementarlas; es
ver cómo surge, de una constelación de datos, un sentido inmanente sin el cual no es posible hacer invocación ninguna de los
recuerdos. Recordar no es poner de nuevo bajo la mirada de la
conciencia un cuadro del pasado y desarrollar progresivamente
sus perspectivas encapsuladas hasta que las experiencias que

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aquél resume sean cual vividas nuevamente en su situación
temporal. Percibir no es recordar. (Merleau-Ponty, 1994, p. 44).

En este caso se considera la percepción, a modo de un
concepto operativo, como un proceso de observación lenta
que se sustenta con la experiencia, en el cual la experiencia es
también un ritual para categorizar las interacciones con la
realidad (Han, 2022). Al mismo tiempo, se reconfiguran los
juicios, las prenociones y los imaginarios sociales para constatar,
a partir de la formulación de variables puntuales que permitan
a los sujetos participantes de este estudio reflexionar acerca de
las contribuciones de las UA de FOGU en su formación como
médicos.
Propuesta metodológica
El abordaje metodológico consiste en emplear diversas
herramientas para generar un análisis con un enfoque cualitativo.
Se decidió aplicar una encuesta a la población del alumnado de la
carrera de MCP de la UANL que actualmente [semestre enerojunio 2023] cursan el sexto año. Con los datos obtenidos se generó
una clasificación y categorización para realizar la interpretación
sobre las percepciones de los aportes de las UA.
El cuestionario está diseñado con el fin de explorar,
describir y comprender las experiencias del estudiante
universitario con respecto al imaginario social en la práctica
médica y los conocimientos y saberes adquiridos en las UA
de FOGU. Así mismo, la percepción de los estudiantes se
obtiene de la información arrojada por las encuestas que
perfilan una evaluación de forma contingente para construir
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una visión detallada sobre la apreciación que se tiene acerca de
conocimientos aportados por las UA de FOGU.
El empleo de un cuestionario contempla las conjeturas
acerca de las diversas UA que cursaron los estudiantes del sexto
año de la carrera de MCP. Es así que se delimita el universo de
estudio a este grupo que se encuentra matriculado en este nivel
para así evitar una dispersión de datos que puede ocasionar
una distorsión en los resultados, debido a que otros grupos
de estudiantes cursaron parte de su formación general en la
modalidad en línea como consecuencia de las restricciones que
se efectuaron durante el tiempo más crítico de la pandemia de
COVID-19, con lo cual las medidas dispuestas a nivel internacional
dictaron una nueva realidad para los espacios académicos y la
dinámica pedagógica nos enfrentó a dispersar la enseñanza de
forma presencial.
Para la obtención de datos, se realizaron una serie de
cuestionarios a los estudiantes de sexto año de la carrera de
MCP de la UANL. El formato digital de la encuesta agilizó
el procedimiento y la posibilidad de apoyar la investigación
por parte del estudiantado. Con el apoyo de los diferentes
departamentos de la Facultad de Medicina, se facilitó el tiempo
para interactuar con los alumnos que en su mayoría cumplían
con los criterios de inclusión para efectuar el cuestionario. Los
criterios de inclusión para validar las respuestas de la encuesta
eran que los estudiantes hayan cursado todas las UA de
Formación General Universitaria y, al momento de la encuesta,
cumplieran con la mayoría de edad [+18 años]. La aplicación de
las encuestas se realizó en los auditorios donde se imparten las
UA de pediatría y obstetricia.
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Se utilizaron técnicas metodológicamente no
estructuradas, como un cuestionario que incluye preguntas
abiertas en su mayoría, así como algunas charlas informales que
complementan los apuntes sobre el objeto de estudio. También se
contemplaron algunos cuestionamientos más estructurados que
exploran los ajustes y permuta de algunas actitudes, imaginarios
y percepciones de las UA de FOGU (Bericat, 1998, pág. 134).
Podremos avanzar en la comprensión de las respuestas realizando una investigación cualitativa, basada en cuestionarios
individuales, que tengan por objeto, no extraer correlaciones
estadísticas entre elementos de la comunicación y las respuestas emotivas, sino establecer desde la perspectiva de los sujetos
las conexiones de sentido que han dado lugar a esas respuestas.
(Bericat, 1998, p. 105).

El cuestionario se aplicó a 242 estudiantes, de los
cuales solo se validaron 234 que cumplieron cabalmente con
las instrucciones y peticiones del proceso. Se evitaron algunas
identificaciones personales para evitar sesgos. El cuestionario
se dividía en tres aspectos que hacían referencia a la percepción
de los estudiantes acerca de las UA de la FOGU. Por un lado,
conocer las percepciones sobre los aportes de las UA. Por otro
lado, explicar cómo se relacionan los conocimientos adquiridos
en los programas de la UA de FOGU a partir de preguntas
abiertas. Estas preguntas permiten explicar cómo se relacionan
los conocimientos adquiridos en los programas de la UA de
FOGU. A partir de ellas, se puede explicar cómo se relacionan los
conocimientos adquiridos en los programas de la UA de FOGU
mediante preguntas abiertas. Estas preguntas permiten llevar
a cabo un análisis de contenido que ofrece hallazgos relevantes
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sobre sus contribuciones. Todo este proceso fue avalado por el
Comité de Investigación de la Facultad de Medicina mediante la
aprobación de un protocolo de investigación que se rige por las
normas de ética médica y los lineamientos de investigación con
individuos mediante un consentimiento informado.
Para validar los datos obtenidos, se realizan cruces
entre algunas preguntas que favorecen la categorización
para interpretar las percepciones desde una mayor amplitud
epistemológica. Se contempla la dinámica y la flexibilidad propia
de un estudio sobre percepciones, pues esto incluye la perspectiva
desde un enfoque diacrónico y sincrónico (Bericat, 1998). La
conceptualización para este estudio acota una intencionalidad a
modo de profundizar en aspectos que son descriptivos, pero el
objetivo es el estudio relacional de los componentes a modo de
favorecer el análisis de las percepciones de los estudiantes.
Hallazgos/análisis de los datos
En una investigación con estas características que refieren al
análisis del imaginario social y las percepciones, la interpelación
de carácter nominal es una conjetura que requiere diversas aristas
para configurar un análisis a modo de síntesis de un fenómeno
de carácter societal. Por lo cual, el intentar ajustar elementos a
ciertas correlaciones podría disipar las intenciones ulteriores de
la interpretación. Es decir, algunos otros parámetros podrían ser
útiles para efectuar el estudio, tales como los promedios de cada
UA de la FOGU. Sin embargo, decir, algunos otros parámetros
podrían ser útiles para efectuar el estudio, tales como los
promedios de cada UA de la FOGU, pero ese recurso condiciona
una perspectiva pragmática que solo daría sentido a los resultados
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en sí mismos y deja de lado la comprensión de un fenómeno que
compendia las experiencias de los estudiantes dentro y fuera del
espacio académico.
Es así como los objetivos del abordaje metodológico
desde las perspectivas de los estudiantes son parte de la narrativa
condicionada a un tiempo y espacio específico; lejos está de
contemplarse como un absoluto o respuesta categórica. Con lo
cual se demarca la idea de la flexibilidad de los hallazgos en un
orden complejo bajo la cautela de ciertas pautas pertinentes para
el análisis. Así mismo, los resultados se derivan de las experiencias
y conocimientos aplicados que trascendieron en algunos rasgos
prácticos de la formación especializada en medicina.
La oposición entre las “letras” y las “ciencias” que domina todavía hoy la organización de la enseñanza y las mentalidades
de los maestros, de los estudiantes y de los padres de los estudiantes, puede y debe ser superada por una enseñanza capaz de
profesar a la vez la ciencia y la historia de las ciencias o la epistemología, de iniciarse tanto en el arte o en la literatura como
en la reflexión estética o lógica de los objetos; de enseñar no
solamente el dominio de la lengua y de los discursos literario,
filosófico y científicos, sino también el dominio activo de los
métodos y de los procedimientos lógicos y retóricos que están
en ellos implicados. (Bourdieu, 2005, p. 143).

En ciertas circunspecciones antagónicas entre teoría y
práctica se manifiestan elementos a favor de los contenidos de
FOGU. Por ejemplo, cuando solo se contempla la parte teórica,
es inexorable la vinculación de un imaginario social de las UA
de FOGU con la denotación de un halo de negatividad no solo
en la comunidad estudiantil, sino que, al parecer, se comparte
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con otras áreas de especialidades médicas. Sin embargo, es en la
práctica donde emanan las percepciones concomitantes. No solo
se inscriben los conocimientos de corte humanista al quehacer
especializado de la medicina, sino que se configuran los rasgos
del pensamiento crítico, el análisis de los contextos y el empleo
de los saberes comunicativos factibles para la resolución de
problemas.
Son precisamente estas tres tipologías las que trascienden
en el análisis de los datos: Cultura general, valores y comunicación.
Conforme a las aportaciones de las diversas preguntas del
cuestionario realizado a los estudiantes de 6.o año de la carrera
de MCP de la UANL, fue plausible categorizar y esquematizar en
tres pilares. Cada uno aborda un año de la carrera de MCP de la
UANL; fue plausible categorizar y esquematizar en tres pilares
que abordan cada uno una serie de respuestas que fructifican las
nociones de percepción en términos prácticos.
En este mismo sentido, las ideas se sintetizan con fines
de concatenar los rendimientos y hacer frente a una primera
interpelación que no es sino, en ocasiones, una contradicción.
Aunque poco más del 75% del total de los entrevistados refirió
de modo positivo las contribuciones de los contenidos de las UA
de FOGU, sucede que en el resto de los alumnos su impresión
era negativa en un primer cuestionamiento. Poco más del
75% del total de los entrevistados refirió de modo positivo las
contribuciones de los contenidos de las UA de FOGU; sucede que
en el resto de los alumnos su impresión era negativa en un primer
cuestionamiento; poco después, cuando se les solicita detallar los
aportes y la relevancia en su práctica clínica, enlistan una serie
de conocimientos que han aplicado en sus dinámicas cotidianas.
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Por lo cual, lejos de argumentar en términos numéricos la
aprobación de las UA que les fueron impartidas, esta investigación
busca sacudir un poco las diatribas y conjeturas que pactan con
una desorientación en un marco de referencia que recapitula un
imaginario social hasta el nivel de mito. Sin embargo, en este caso,
se debe advertir al lector que la compilación de los beneficios es
el mayor hallazgo por la sincronía y el efecto dialéctico que logra
converger en las instancias analíticas de corte cualitativo. (Ver
figura 1)
Figura 1
Aportaciones de la Formación General Universitaria

Nota: Elaborado por Emiliano Loredo Cuellar a partir de los datos obtenidos.
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La primera tipología que condensa los aportes de las
UA de la FOGU es la apreciación de la cultura general. Es decir,
esta categoría de análisis se construye a partir de respuestas con
semántica similar. Sin embargo, en las exposiciones de motivos, se
hace hincapié en la suma de conocimiento que está al margen de
los postulados especializados de la medicina y su práctica clínica.
Esto decir, esta categoría de análisis se construye a partir de
respuestas con semántica similar. Sin embargo, en las exposiciones
de motivos, se hace hincapié en la suma de conocimiento que
está al margen de los postulados especializados de la medicina
y su práctica clínica. En las exposiciones de motivos, se destaca
la importancia del conocimiento que está fuera de los principios
específicos de la medicina y su práctica clínica, lo cual ayuda a
una formación completa como profesionales universitarios. Este
rubro se destaca particularmente porque, según lo cotejado por
los estudiantes, se debe en considerable medida al compromiso
del profesorado. Este cumple con un perfil humanista y una
visión transdisciplinaria. Con esto se logran sumar al debate
científico datos históricos, conceptos sociológicos, enfoques
antropológicos, entre otras variables. Los propios estudiantes
reflejan esto: se logran sumar al debate científico datos históricos,
conceptos sociológicos, enfoques antropológicos, entre otras
variables. Los propios estudiantes reflejan que esto cumple con
un perfil humanista y una visión transdisciplinaria. Con esto
se logran sumar al debate científico datos históricos, conceptos
sociológicos, enfoques antropológicos, entre otras variables.
Los propios estudiantes reflejan esto: se logran sumar al debate
científico datos históricos, conceptos sociológicos, enfoques
antropológicos, entre otras variables que los propios estudiantes
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-196

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

reflejan como positivo en su afán de comprender la complejidad
de la ciencia médica.
La categoría de Cultura general es un amplio esquema que
representa el espíritu de la Formación General Universitaria,
el cual dota de características que compilan perspectivas y
diferentes miradas en apego a los fines ulteriores de la medicina
moderna. El ejercicio de sistematización de las categorías se
realizó mediante un procesamiento de los datos obtenidos para
efectuar, por medio de redes semánticas, una tipología que logre
describir la percepción de los estudiantes y proporcione un nivel
de abstracción para formalizar el análisis a profundidad. (Ver
figura 2).
Figura 2
Tipologías y redes semánticas

Nota: Elaborado por Emiliano Loredo Cuellar a partir de los datos obtenidos.
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Vale aclarar que el concepto operativo de cultura no solo
está ligado a la acumulación de conocimientos o un simple cúmulo
de datos aislados; tampoco los procesos evaluativos se rigen por
la memorización y el desgaste de un guion dado por la ejecución
de preguntas y respuestas absolutas, sino que es posible redimir
estas posiciones para enfocarse en un sentido más amplio, con
perspectiva sistémica que discurre en una versión donde la
cultura es un medio y no un fin; así también la cultura es una
herramienta transformadora que implica el dinamismo entre la
doxa y la praxis.
En este punto se debe señalar que la clasificación de
cultura general no implica clasificar y diferenciar conocimientos,
ni es simple acumulación de datos aislados que desentonan
con los argumentos; es sencilla acumulación de insumos que,
apartados, reflejan un despropósito frente a las argumentaciones
que concatenan las otras categorías de análisis. “La masa
de conocimiento acumulado ha llegado a ser el epítome
contemporáneo del desorden y el caos” (Bauman, 2019, pág. 44).
En este sentido, la percepción de los estudiantes entrevistados
acerca de la cultura general, como aporte de la UA, es extrañamente
el mismo argumento que aparece como un imaginario negativo.
Se dice que las “materias de relleno” no aportan nada a su
formación. Sin embargo, dice que las “materias de relleno” no
aportan nada a su formación, pero su respuesta es exactamente
lo contrario cuando ya han logrado compaginar la teoría y la
práctica en una rama del conocimiento tan compleja como la
medicina.
Por lo tanto, para evitar el equívoco de afrontar la noción
desde la amplitud antropológica que le asigna una totalidad de
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acciones y prácticas sociales, se recapitula el sentido en una
función categórica mediante los postulados de Y. Lotman. Él
considera el concepto de semiosfera, donde la cultura es un campo
de reflexión y acción.
La cultura es inseparable de los actos de conciencia y de autoconciencia. La autoevaluación es un elemento indispensable de
la misma. Por eso en ella el papel de los procesos conscientes
aumenta bruscamente. El acto de conciencia puede ser definido
como la capacidad de elegir una de por lo menos dos alternativas en condiciones en que está excluida la predecibilidad automática de la elección. […] El que en la esfera de la cultura los hechos únicos puedan generar avalanchas de consecuencias, crea
una situación especial: estamos ante acontecimientos casuales
que, sin embargo, no se prestan a los métodos estadísticos ni al
tratamiento probabilístico. (Lotman, 1996, p. 161).

Las nociones referentes a la cultura general son, según los
estudiantes, la posibilidad de una disciplina reflexiva donde se
suman factores como el desarrollo humano. Es decir, se expresa
una suma de saberes que no interfieren con la lógica utilitarista
en la que se esquematiza la tecnificación de ciertos juicios.
Las temáticas abordadas en las UA de FOGU circunscriben
la introspección como eje de motivación para comprender la
especialidad médica desde el asombro, donde el conocimiento
es motivo de aliciente para la inquietud científica a término
prospectivo (Cobo, 2023).
En los rubros relacionados con los valores y la ética
se entretejen diversos condicionantes que abordan desde las
categorías axiológicas como el respeto, la honestidad y la empatía.
Esto no puede resultar un hallazgo menor, pues sucede que es
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el quid de los propósitos y motivos por los cuales se imparten
las UA de FOGU en la UANL. Por lo tanto, este dato, además
de subrayarse como algo detonante para amparar la presencia de
este tipo de contenidos humanistas en las áreas de la educación
médica, refleja la conexión en la formación transdisciplinaria. Los
estudiantes exponen que, debido a los contenidos de la UA de
FOGU, les es plausible aterrizar temáticas de corte ético aplicado
a sus campos de experiencia.
En la tipología de valores se asocian los aspectos éticos y
bioéticos que acaparan una perspectiva incluyente. Los debates
en torno a esta sección de la ética son variopintos. No solo se
aterrizan las conjeturas como en escenarios ficticios, sino que el
docente busca actualizarse mediante los tópicos que son parte de
la coyuntura social. Los valores como la honestidad y la empatía
les facultan para fortalecer su formación como profesional de la
salud y constatar su compromiso con los otros, de forma que se
involucran activamente -cada vez más- en los procesos de toma
de decisiones.
Por lo tanto, es claro que, desde el punto de vista de la
ética y los valores, las UA de FOGU ayudan a fortalecer ambos.
Se vislumbra una aportación puntual de las UA de FOGU para
robustecer las cualidades del perfil del egresado en la Facultad de
Medicina. Si bien estos lineamientos de carácter ético también
se fomentan en los demás contenidos referentes a la formación
médica, no es sino en las áreas de las humanidades donde la
discusión se enriquece. Esto se debe tanto a la construcción de
un ambiente en el aula que se perfila para el ejercicio mayéutico,
así como a las habilidades y conocimientos de los docentes que
imparten las UA de FOGU. Con esto, tanto por la construcción de
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un ambiente en el aula que se perfila para el ejercicio mayéutico,
así como por las habilidades y conocimientos de los docentes
que imparten las UA de FOGU, con lo cual se da ese punto extra
para abonar en la crítica y el juicio ético acerca de las decisiones
relacionadas con los problemas médicos.
Entre los ejes del pensamiento ético, este rubro destaca
la percepción de los valores como fuente de unión entre la
experiencia y la subjetividad de las condiciones prácticas del
dinamismo en la formación médica. De esta forma, este aspecto
resuelve un proceso intermediario que compila las acciones y
las aproximaciones a una atmósfera donde no se ubica la idea
vaga de la ética, sino que se estriba en hipótesis para precisar los
fenómenos éticos de forma estructurada. Por consiguiente, los
propósitos deterministas dejan de ser un factor para el análisis. Se
estipulan condiciones para organizar una panorámica de mayor
profundidad hacia los objetos de estudio y moderar la reflexión
a partir de las causas. Esto se hace estipulando condiciones
para organizar una panorámica de mayor profundidad hacia los
objetos de estudio y moderar la reflexión a partir de las causas
con la convicción de que la comprensión de las problemáticas
sociales y médicas es de carácter transdisciplinario.
Por consiguiente, se incorpora el título de Comunicación
como parte de una categoría transversal para este análisis de
las percepciones. En el caso de la comunicación, se legitima la
continuidad de los argumentos de las anteriores categorías, pues
es un componente que concatena las perspectivas de los intereses
de los estudiantes en un sentido práctico. La comunicación es una
categorización que se desprende de un pragmatismo funcional
dentro de los aportes de la UA de FOGU. (Ver Figura 3).
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-196

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Figura 3
Nube de palabras. Resultados de la pregunta “¿Qué habilidades
extra-clínicas son útiles para profesionales de la salud?”

Nota: Elaboración propia a partir de los datos obtenidos.

Será necesario examinar cómo el amplio sentido de la
comunicación es un sector del conocimiento que estimula el
pensamiento y es un incentivo para la adquisición del contenido
mediante el ejercicio práctico. Es decir que, en las diferentes
disciplinas que conforman las especialidades médicas, el proceso
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de aprendizaje es, sin duda, la comprensión de la lectura a un nivel
interpretativo y correlacionado con la suma de saberes previos.
Para nada se adjunta una lógica señera. Este nada se adjunta una
lógica señera, sino que este nivel de lectura debe apuntalar la
capacidad crítica y el sentido de perspicacia para equilibrar un
razonamiento abstracto y contextualizar los conocimientos en las
pruebas prácticas que se enfrentan en su formación profesional.
En los cuestionamientos relativos a las aportaciones
por parte de las UA de FOGU, los estudiantes refieren a la
comunicación efectiva como un componente gradual, dado en los
diversos contenidos de las clases, que les facilita la interacción
entre colegas y principalmente en la relación médico-paciente.
Conforme avanzan en su carrera, los estudiantes desmitifican
la condición sesgada de la importancia de la comunicación. El
presente estudio confirma la notable recurrencia a señalar la
comunicación (en su amplio sentido) como una habilidad que
constriñe el sentido práctico para cubrir los intereses ulteriores
en el proceso de la enseñanza-aprendizaje.
La formación comunicativa es un pilar en el desarrollo
profesional, pues se agrupan los saberes y destrezas para
formalizar el conocimiento mediante técnicas de estudio y así
mismo transmitir la información a los demás mediante un ejercicio
comunicativo que sobrepasa las características pragmáticas.
Según el esquema, este ejercicio interpretativo se realiza de la
siguiente manera. Los señalamientos de los estudiantes sobre
el lenguaje y la comunicación son un factor importante que se
transmite en los contenidos de las UA de FOGU. No solo se
examinan los artilugios comunicativos como algo exigido a título
de un sentido utilitarista, sino que el lenguaje se convierte en un
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medio virtuoso para establecer el diálogo entre iguales y fortificar
la práctica de valores como la igualdad y la inclusión.
Figura 4
Hallazgos. Intersecciones entre tipologías

Nota: Elaborado por Emiliano Loredo Cuellar a partir de los datos obtenidos.

Este aspecto concerniente a la comunicación incluye la
enseñanza de otros idiomas, en particular el inglés. El idioma
inglés tiene presencia en las UA de FOGU como parte de la
carga académica. La certificación que avala el conocimiento de
la lengua inglesa es un requisito para la obtención del grado
académico. Además, el idioma inglés es una herramienta para
la actualización de los temas médicos en boga, debido a que las
temáticas más relevantes y los debates principales se publican en
revistas científicas que favorecen la publicación en inglés. Es así
como el inglés es una moneda de cambio, una especie de esperanto,
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pues las universidades de alto prestigio a nivel mundial y no solo
del territorio de habla anglosajona difunden sus innovaciones
médicas en ese lenguaje.
Todos los contenidos de enseñanza tienen el doble significado
de que, por un lado, deben ser conocidos como contenidos, sin
más. Que como tales sirvan aún a un objetivo ulterior es decisivo sí (los idiomas extranjeros, en la práctica; la historia en
la comparación política del presente), puede ser determinante
para su aprensión, pero el saber del contenido objetivo continúa siendo siempre la última estación relativa del proceso de la
lección. Luego, no obstante, ello sirve funcionalmente al fortalecimiento, refinamiento, a la manera de oscilar el espíritu, a su
elevación moral-estética, a la direccionalidad del alma hacia lo
espiritual y lo pleno de valor. Formación es la síntesis de esos
objetivos, de ambos. (Simmel, 2018, p. 52).

La cultura general, los valores y la comunicación son los
hallazgos que circundan esta investigación. Con ellos se
operativiza el radar de las percepciones de los estudiantes con
relación a las UA de FOGU. Se pone énfasis en que se articulan
algunos imaginarios sociales que distan de vislumbrar aspectos
positivos de los contenidos de corte humanista. Sin embargo,
se operativiza el radar de las percepciones de los estudiantes
en relación con las UA de FOGU, dando como énfasis que se
articulan algunos imaginarios sociales que distan de vislumbrar
aspectos positivos de los contenidos de corte humanista, pero
el acierto de este estudio se refleja en los resultados al momento
de cuestionar acerca de las aportaciones de la formación general.
Por lo anterior, para concatenar los esfuerzos institucionales con
los objetivos de la formación médica, se adjuntan a los saberes
teóricos y prácticos de la actividad clínica los aportes de las
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humanidades como bastión que articula el contrapeso ante una
tecnificación del conocimiento a un nivel instrumental. Con esto,
se advierte que la medicina no es solo una ciencia humanista, es
la más humanista de las ciencias (Morales, 2018).  
Reflexiones finales
A modo de debate final, se estipula un orden de ideas que de
forma conveniente apoya las primeras especulaciones en torno a
las percepciones de los estudiantes de la Facultad de Medicina de
la UANL. Dichas ideas, acompañadas del trabajo de campo y la
aplicación del instrumento para la obtención de datos, fueron de
interés puntual para formalizar una investigación que diera luz
a los procesos educativos que de forma paralela han sumado a la
formación universitaria a un nivel en el que se cumplen cabalmente
los postulados de la universalidad de las ideas y el abordaje de los
problemas científicos desde una visión transdisciplinaria.
Si bien no son estos los corolarios que dan por concluida
una investigación que de manera gratificante ha arrojado datos
interesantes para describir y analizar el umbral donde se compagina
la teoría y la práctica en la formación general universitaria, son
estos resultados esencialmente la antesala de un acercamiento
a la comprensión de una dinámica educativa a nivel superior
(pregrado). Esto consolida los principios pedagógicos y éticos
de la igualdad de oportunidades a través de un modelo que dota
a los egresados universitarios con un estándar de conocimientos
y habilidades tanto científicas como humanísticas. Es así que
se dejan de lado las conjeturas impuestas por la parcialización
de los conocimientos como si fuesen estos ajenos entre sí, para
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entonces configurar un pensamiento sistémico de la realidad y
generar propuestas a las problemáticas sociales no solo desde las
soluciones tecnificadas, sino incluyendo una implementación de
valores que dimensionan la calidad humana.
Es importante sustituir la enseñanza actual, enciclopédica, aditiva y cerrada, por un dispositivo que articule las enseñanzas
obligatorias, encargadas de asegurar la asimilación reflexiva de
un mínimo común de conocimientos, de enseñanzas opcionales, directamente adaptadas a las orientaciones intelectuales y
al nivel de los alumnos, y de enseñanzas facultativas e interdisciplinarias provenientes de la iniciativa de los profesores.
(Bourdieu, 2005, p. 138).

Como se mencionan en líneas más arriba, los hallazgos
no son ejes inconexos. Son recurrencias que, si bien eran datos
con cierta noción evidente, en los imaginarios acerca de la UA
de FOGU se mostraba una contradicción categórica frente
a las percepciones y las dinámicas ya situadas en el terreno de
la práctica clínica, en el caso de nuestro grupo de estudio. Por
lo tanto, de manera estructural se asume una pauta donde los
egresados universitarios, sin hacer distingo del área científica,
ni qué carrera se haya elegido, deben adquirir habilidades de
comprensión lectora, tanto en el idioma español como en el
inglés. Además, deben contar con conocimientos técnicos en
computación, así también en aspectos generales acerca de
sustentabilidad, liderazgo, ética. Como con conocimientos
técnicos en computación, así también en aspectos generales
acerca de sustentabilidad, liderazgo, ética y, como punto nodal,
se deben desarrollar las habilidades comunicativas pertinentes
para la exposición de las ideas.
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In other words, there is a counterfactual element in the emotions triggered by other people´s experiences. For the thought
experiment to have an emotional impact, one must not be too
different from the other person. (Elster, 1999, p. 64).

Algo a destacar es que los imaginarios sobre la UA suelen
estar en un rango negativo; los aspectos simbólicos como la
acuñación del apodo de “materias de relleno” son ejemplo de
esta interpelación analítica. Aunque esa elección de palabras no
es casualidad, en términos semánticos, se puede vislumbrar un
sentido de complemento. De acuerdo con las premisas iniciales,
estas son alegorías negativas. Esa veta inexorable que se abre al
afirmar, según los resultados de la presente investigación, refleja
que estas temáticas no son relevantes a primera vista, pero sin
duda aportan muchos conocimientos útiles en la práctica médica.  
Lo anterior es un ejemplo contundente de que para los
estudiantes las UA de FOGU son parte de su formación universitaria
desde una configuración de saberes prospectivos. Conforme a lo
investigado, los resultados son alentadores y confirman que la
misión de la Facultad de Medicina de “formar profesionales de
la salud con excelencia académica” cumple cabalmente con la
visión de una educación incluyente que asume el reto de preparar
generaciones “fortaleciendo su desarrollo integral”.

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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Estudiantes e inteligencia artificial: Perspectiva
desde la interacción social, ocio y entretenimiento
Students and artificial intelligence: Perspective
from social interaction, leisure and entertainment
Ricardo Alberto Reza Flores
Citlali Michélle Reza Flores
Alejandra Zamudio Palomar

Resumen: La investigación exploró transdisciplinariamente cómo
los estudiantes de secundaria en la capital de México vislumbran la
inteligencia artificial (IA) en sus dinámicas de interrelación social,
actividades de ocio y entretenimiento. Se empleó una metodología
cuantitativa descriptiva, con una muestra de estudiantes del sector
público y privado; fue empleado un instrumento ad hoc de escala
Likert (coeficiente de confiabilidad de 0.77). Los principales hallazgos
indicaron que el estudiantado considera que la IA puede mantener la
humanización de la interacción interpersonal. Sin embargo, no saben
si esta tecnología favorece estrechar nuevos lazos humanos. Les agrada
usar la IA para entretenerse y tener momentos de esparcimiento al
generar contenido con ella, pero no la utilizan para divulgar información.
Se concluye que la IA puede crear nuevas maneras de diálogo entre
diferentes disciplinas en las interacciones sociales y culturales que
ayuden a construir una identidad diferente.
Palabras clave: Inteligencia artificial, relaciones sociales, ocio,
entretenimiento, estudiantes.

145

�Reza Flores, Reza Flores y Zamudio Paloma / Estudiantes e inteligencia artificial

Abstract: The research explored transdisciplinarily how high school
students in the capital of Mexico see artificial intelligence (AI) in their
social interrelation dynamics, leisure activities and entertainment. A
descriptive quantitative methodology was used, with a sample of students
from the public and private sectors; an ad hoc Likert scale instrument
was used (reliability coefficient of 0.77). The main findings indicated
that students consider that AI does not necessarily have to dehumanize
interpersonal interaction. They do not know if this technology favors the
creation of new human ties. They like to use AI to entertain themselves
and have moments of leisure by generating content with it, but they do
not use it to disseminate information. It is concluded that AI can create
new ways of mixed conversations across different fields in social and
cultural interactions, which help provide a unique sense of identity.
Key words: Social Imaginaries, Artificial intelligence, social
relationships, leisure, entertainment, students.

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-188

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Introducción
La comunicación en la sociedad, a través de interacciones
interpersonales, constituye un elemento fundamental para
compartir información, expresar emociones y construir
relaciones. Este proceso es clave para fomentar la comprensión y
la colaboración entre personas, ya que permite el intercambio de
ideas y puntos de vista en una sociedad con personas de diversos
orígenes y culturas.
Abordar habilidades de comunicación efectivas, como la
escucha activa y la empatía, mejora estas interacciones, llevando
a conexiones más fuertes y a una comunidad globalizada más
cohesiva (Malinetsky &amp; Smolin, 2021). Estas habilidades no
solo fortalecen las relaciones personales, sino que también
desempeñan un papel clave en la configuración de dinámicas
sociales, relaciones interpersonales e incluso en los procesos de
toma de decisiones colectivas.
Desde otro punto de vista, el ser humano, tanto
individualmente como en grupo, ha mostrado a lo largo del tiempo
la necesidad de llevar a cabo actividades adicionales que no solo
mejoran su bienestar total, sino que también ayudan al crecimiento
cultural, social y emocional (Pedreschi et al., 2023). Estas prácticas,
englobadas en el ámbito del ocio y entretenimiento, no son una
limitante para escapar de las responsabilidades cotidianas, sino
que se configuran como espacios significativos para la construcción
de la identidad. La participación en actividades recreativas y
culturales permite a las personas conectar con sus raíces, explorar
nuevas perspectivas y crear lazos que son esenciales para el
progreso de cualquier comunidad.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-188

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�Reza Flores, Reza Flores y Zamudio Paloma / Estudiantes e inteligencia artificial

Estas interacciones de comunicación y de esparcimiento
pueden manifestarse de diversas formas, incluyendo encuentros
físicos y a través de entornos digitales. Los estudiantes centennials,
como nativos digitales, han crecido en un entorno donde la
tecnología y las plataformas digitales son parte integral de su
vida cotidiana. Esto influye en la manera de socializar y en la
forma en la que gestionan sus momentos de esparcimiento y
ocio (André, 2021). Este fenómeno no solo ha modificado los
patrones tradicionales de interacción, sino que también redefine
las dinámicas de aprendizaje, de comunicación interpersonal,
adaptándose continuamente a las innovaciones tecnológicas.
En este sentido, la vertiginosa evolución e integración
de la inteligencia artificial (IA) ha transformado de manera
transversal diversos aspectos de la vida cotidiana, incluidas las
interacciones sociales y las actividades de esparcimiento y ocio
de los estudiantes. Estos cambios han permitido la creación de
nuevas oportunidades para el aprendizaje colaborativo, así como
el acceso a recursos y experiencias que enriquecen su desarrollo
personal y académico. En este contexto, los estudiantes reconocen
que la IA no solo actúa como herramienta de aprendizaje, sino
que también tiene un impacto considerable en sus relaciones
sociales, actividades de ocio y formas de entretenimiento (Sethi
et al., 2020).
Esta influencia puede fomentar una conectividad
más sólida entre los estudiantes, facilitando la formación de
comunidades virtuales donde pueden compartir intereses y
colaborar en proyectos, lo que fortalece tanto su red social como
sus habilidades interpersonales y emocionales. No obstante,
pueden existir diversas problemáticas cuando los estudiantes
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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

no son plenamente conscientes del uso de la IA en el contexto
de las interacciones sociales y actividades recreativas, lo que
podría afectar su desarrollo emocional y social de manera
inadvertida.
Por otro lado, la dependencia excesiva de las plataformas
digitales en el estudiantado podría afectar la capacidad para
establecer conexiones significativas en el mundo físico real y
desarrollar habilidades esenciales de comunicación presencial
(Troncoso et al., 2019); asimismo, es fundamental analizar
el impacto de la interacción mediada por la tecnología en el
desarrollo emocional, ya que las relaciones virtuales muchas
veces carecen de profundidad y autenticidad, características
de las interacciones personales (Vasco et al., 2020). Cabe hacer
mención de que no existe suficiente evidencia científica que
revele los paradigmas de los estudiantes sobre cómo conciben a la
IA para establecer relaciones interpersonales y su participación
en actividades de ocio y entretenimiento.
A través de un enfoque transdisciplinario, se busca
comprender las implicaciones de la IA en la construcción de
relaciones interpersonales, el desarrollo de habilidades sociales y
la redefinición del ocio y el entretenimiento en la era de la IA (Lai
et al., 2023). Este análisis es clave para ver y planear estrategias
que fomenten un uso responsable y beneficioso de la inteligencia
artificial entre los estudiantes. Esto se debe a que ellos pueden
ser, además de usuarios de tecnología, participantes activos en su
desarrollo social y personal.
Considerando los elementos previos, el propósito de la
presente investigación fue evaluar el uso de la IA en estudiantes de
secundaria en la Ciudad de México, a través de sus interacciones
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-188

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�Reza Flores, Reza Flores y Zamudio Paloma / Estudiantes e inteligencia artificial

sociales y actividades de ocio y entretenimiento, para identificar
el impacto en su vida escolar y cotidiana.
Metodología
Enfoque metodológico
La base de esta investigación es cuantitativa, ya que permite
identificar tendencias, comparar grupos, relacionar variables y
responder preguntas sobre una situación específica, importante
y contextualizada (Cárdenas, 2018). En este hilo conductor, es
crucial subrayar que se adoptó una metodología transeccional
descriptiva, de la cual Moreno (2008) destaca que “se caracteriza
por recolectar información mediante la observación… referida a
un solo momento, en un tiempo único; su propósito es describir
variables y analizar su incidencia e interrelación en un momento
dado” (p. 54).
Muestra
La importancia de la selección muestral radica en tener un
segmento de la población que sea representativo en un contexto
determinado, del cual se recuperen datos veraces y controlables
(Ruiz, 2008). En consecuencia, el criterio de intencionalidad fue
el que orientó el curso de la muestra para que fuera asequible y
heterogénea. Esta decisión metodológica se fundamenta en que el
muestreo no probabilístico resulta pertinente en estudios de esta
naturaleza. Esto es más cierto cuando no se tienen las condiciones
necesarias para acceder a un número representativo dentro del
universo poblacional (Tejeda, 1997). Cabe destacar que los datos
de este estudio no pretenden generalizar a los estudiantes de
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-188

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

secundaria de la Ciudad de México (por el tipo de muestreo
empleado) cuando interactúan con la IA desde lo que enfoca el
objeto de estudio.
La población muestral estuvo compuesta por 576
estudiantes de secundaria de la Ciudad de México pertenecientes
a Escuelas Públicas (E. PU.) y Escuelas Privadas (E. PR.); se
incluyó alumnado de ambos sexos, con edades que oscilaron
entre los 12 y 14 años (Figura 1).
Los participantes estuvieron protegidos bajo una política
de privacidad de datos, y debido a ser menores de edad, no se
recabó información personal o datos de contacto.
Figura 1
Características generales de la muestra

Nota: Elaboración propia
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-188

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�Reza Flores, Reza Flores y Zamudio Paloma / Estudiantes e inteligencia artificial

Dimensiones de análisis
El objeto de estudio, entendido como un todo, se encuentra
potencialmente compuesto por sus partes, en concordancia con el
principio hologramático de Edgar Morin, “que hacen posible que
las inclusiones tengan valía a la luz metacognitiva profunda de
la vida, del pensar y andar complejo que nos dignifica en nuestra
esencia” (Rodríguez, 2024, p. 62). En este contexto, el fenómeno
estudiado se puede entender mejor dividiéndolo en partes más
específicas, lo que facilita una mejor comprensión y un análisis
más detallado de la información. En este sentido, Batthyány, et al.
(2011) afirman que:
Cuando tenemos conceptos teóricos que resumen o integran
una multiplicidad de aspectos, debemos descomponerlos en
las principales cualidades que lo integran. Cada uno de estos
aspectos relevantes son las denominadas dimensiones. Las dimensiones (o subconceptos) son propiedades latentes del concepto no observables empíricamente aún. (p. 56)

A continuación, se presenta el desglose descriptivo de las
dimensiones clave para subdividir y analizar las cualidades que
conforman el eje medular de estudio:
a. Interacción

social:

Al

considerar

las

subjetividades

individuales de los estudiantes de secundaria, se pretende
conocer de qué manera la utilización de la IA impacta en
los lazos humanos; tal como acontece con la comunicación
y las maneras de interactuar con la sociedad en un mundo
circundante (Sanabria et al., 2023), también es importante
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-188

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

comprender del estudiantado, si pueden recodificar las
dinámicas de interacción en el tejido social con base en lo que
tradicionalmente ha sido desarrollado.
b. Ocio y entretenimiento. Visualizar el papel de los
estudiantes sobre la IA al consumir, crear o difundir
información, especialmente en actividades relacionadas con
el entretenimiento y esparcimiento, debido a que la IA ha
evolucionado drásticamente la comunicación y contenido, así
como su impacto social (Nautiyal et al., 2023). Es por esto,
que resulta prioritario comprender las preferencias de uso,
experiencias, percepciones tanto del sujeto individual como
del sujeto colectivo.
Instrumento de obtención de datos
El instrumento utilizado para recolectar información precisa
fue diseñado específicamente para la presente investigación;
y así, desentrañar las subjetividades del sujeto de estudio con
relación al objeto investigado. Es fundamental destacar que
este instrumento cuenta con una adecuada consistencia para
garantizar su confiabilidad. En este sentido, “para obtener
las observaciones y mediciones de las variables se aplica un
instrumento de medición que debe ser válido y confiable”
(Malinowski, 2006, p. 205). Lo anterior cobró forma mediante la
técnica de encuesta multidimensional para recopilar información
sustantiva de los sujetos de estudio.
Las preguntas se diseñaron para generar respuestas
asimétricas, por lo que la escala Likert cumple con este
requerimiento

para

las

dos

dimensiones

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de

análisis.
153

�Reza Flores, Reza Flores y Zamudio Paloma / Estudiantes e inteligencia artificial

Operacionalmente, Romero y Álvarez (2022) proponen que,
“se realiza un análisis por cada ítem por separado y, en general,
no se trata a los datos en su naturaleza ordinal, sino como
pertenecientes a la escala de intervalos” (p. 55). Este tratamiento
escalar de información es el mayormente empleado en estudios
de ciencias sociales, por brindar credibilidad en los resultados.
El espectro de valores de Likert comprendió: Totalmente en
desacuerdo/1, En desacuerdo/2, Indeciso/3, De acuerdo/4,
Totalmente de acuerdo/5.
Análisis de datos
En el análisis estadístico de datos que se encuentra en el campo
de las ciencias sociales, se empleó el programa SPSS Statics
v25. Fue necesario conocer la fiabilidad del instrumento. Esta
obtuvo un valor de 0.77 para él en general, 0.71 en la dimensión
de Interacción Social y 0.68 en la de Ocio y Entretenimiento. Los
valores de alfa de Cronbach entre 0.7 y 0.9 revelan una buena
consistencia interna (Oviedo y Campos, 2005). Los valores
superiores a 0.6 son aceptables. Sin embargo, no se aconseja
que el alfa sea inferior a esa cifra (Cho y Kim, 2015). La prueba
de normalidad de Kolmogorov-Smirnov brindó resultados
que indicaron que se continuara con pruebas estadísticas no
paramétricas (p &lt; .000).
Resultados
Las dos dimensiones de análisis mediante los estadísticos de
χ² de Pearson y la U de Mann-Whitney, indicaron ausencia
de significancia estadística entre las muestras independientes
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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

(escuelas públicas y privadas), lo cual está representado en
la tabla 1. Este descubrimiento, por ser un fenómeno social, es
complejo, igual que el ser humano, que interpreta desde su propia
perspectiva y no de manera objetiva, como sucede en las ciencias
naturales.
Es por esto, que es relevante comprender qué acontece
cuando no son encontradas diferencias significativas en las
ciencias sociales; en este sentido, Global (2019), que pertenece a
la segunda más prestigiosa institución de educación superior de
Latinoamérica (la Universidad Nacional Autónoma de México),
afirma que “el mal uso de la significación estadística ha hecho
mucho daño a la comunidad científica y a quienes confían en el
asesoramiento científico. Los valores de P, los intervalos y otras
medidas estadísticas tienen su lugar, pero es hora de que la
significación estadística desaparezca” (párr. 15).
A tal efecto, fue necesario entender que los resultados
comparativos entre los centros académicos pueden tener un
valor crucial que va más allá de las fronteras de los valores p.
Por lo cual, se tienen que presentar cada una de las dimensiones
de análisis de manera independiente con base en paradigmas:
tecnológicos-utilitaristas, socio-cognitivos, pensar-crítico, e
inclusión tecnológica-brecha digital de los sujetos de estudio,
para interpretar su realidad mediante preguntas previamente
definidas, lo cual es un desafío para la investigación educativa
que enfrenta a las sociedades cambiantes (Miranda &amp; Ortiz,
2020), como es el caso cuando se considera analizar a la IA en los
espacios formativos.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-188

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�Reza Flores, Reza Flores y Zamudio Paloma / Estudiantes e inteligencia artificial

Tabla 1
Comparativa en las dimensiones Interacción Social, Ocio
y Entretenimiento

Nota: Elaboración propia.

En los resultados del análisis de interacción social, se
pueden observar en los estudiantes de secundaria, mediante
frecuencias y porcentajes, las siguientes opiniones (Figura 2):
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-188

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

El estudiantado de E. PU (131, 34.0%) como en E. PR
(67, 35.1%) tiene indecisión de usar la IA para establecer una
interconexión con más personas; están en desacuerdo en E. PU
(133, 34.5%) y totalmente en desacuerdo en E. PR (69, 36.1%) en que
tienen la intención de alejarse de las relaciones sociales por utilizar
la IA; en los dos sectores educativos (E. PU [136, 35.3%] y E. PR [70,
36.6%]) están totalmente en desacuerdo en que emplear la IA sea
un acto que deshumaniza el contacto humano; en los dos tipos de
escuela (E. PU [125, 32.5%] y E. PR [63, 33.1%]) tienen indecisión
si usar la IA genera nuevas interacciones entre el ser humano y
las máquinas (digitales) y no se crea daño en la sociedad; como
último punto en esta dimensión, de igual manera en estos centros
educativos (E. PU [126, 32.7%] y E. PR [67, 35.1%]) consideran que
este tipo de tecnología ha llegado para mejorar a la humanidad.
Figura 2
Frecuencias y porcentajes en la dimensión interacción social

Nota: Elaboración propia.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-188

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�Reza Flores, Reza Flores y Zamudio Paloma / Estudiantes e inteligencia artificial

Figura 3
Frecuencias y porcentajes de la dimensión Ocio
y Entretenimiento

Nota. Elaboración propia

Tanto en las E. PU (120, 31.2%) como en las E. PR (65,
34.0%) están de acuerdo en usar la IA para construir contenido
de ocio y entretenimiento. En los dos sectores educativos (E. PU
[120, 31.2%] y E. PR [63, 33.1%]) muestran indecisión respecto a si
les agrada manejar esta tecnología para difundir dicho contenido
en la web. Reportan que sí les gusta recibir información de ocio
y entretenimiento al usar la IA (E. PU [126, 32.7%] y E. PR [70,
36.6%]); tanto en E. PU (131, 34.0%) como en E. PR (67, 35.1%)
tienen indecisión si manejar este tipo de redes neuronales les
resulta divertido (E. PU [119, 30.9%] y E. PR [74, 29.3%]); de
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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

igual manera, en las E. PU (119, 30.9%) como en las E. PR (74,
38.5%) están con indecisión si prefieren usar la IA de manera
individual; para finalizar esta dimensión de análisis, también se
observa incertidumbre en los dos sectores educativos si prefieren
manejar la IA de manera colectiva (E. PU [144, 37.4%] y E. PR [65,
34.0%]).
Discusión
El impacto de la IA sobre los futuros ciudadanos digitales es un
tema crucial que merece un análisis riguroso, dado que incide
en las formas en las que las nuevas generaciones interactúan
en el ciberespacio como en sus relaciones interpersonales. La
incorporación de la IA a las dinámicas sociales tiene el potencial
de incrementar la colaboración o, por el contrario, propiciar
o aumentar el aislamiento, dependiendo del modo en que se
implemente y se enseñe a los estudiantes a interactuar con estas
herramientas tecnológicas. Educar sobre el uso ético de la IA
se vuelve esencial, ya que los prepara no solo para ser usuarios
responsables, sino también para participar activamente en la
creación de un futuro digital más inclusivo, ético y equitativo
(Williams, 2022).
La incertidumbre del alumnado de utilizar la IA como
medio para establecer conexiones con un mayor número de
personas es un tanto compleja, ya que plantea cuestionamientos
sobre su autenticidad, y la posibilidad de que las relaciones
humanas puedan verse afectadas por el uso desmedido de esta
tecnología; por consiguiente, realizar una revisión profunda de
cómo lograr un punto de equilibrio ante la necesidad inminente
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-188

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�Reza Flores, Reza Flores y Zamudio Paloma / Estudiantes e inteligencia artificial

de mantener interacciones genuinas y significativas en un
mundo cada vez más digitalizado resulta fundamental (Xie et
al., 2022).
Teniendo en cuenta lo que se ha mencionado antes, es
sensato buscar un equilibrio que combine el uso de la tecnología y
el desarrollo de habilidades para trabajar con otros. Este enfoque
no solo permite establecer mejores habilidades comunicativas
entre el estudiantado, sino que también contribuye a fortalecer
competencias transversales en diversos ámbitos de la vida;
además, promueve un aprendizaje más integral y adaptativo,
puesto que la tecnología no sustituye las relaciones humanas.
Cabe señalar que la IA puede ser utilizada como una
herramienta para enriquecer las conexiones entre los seres
humanos, pero también entre el hombre y la máquina, generando
ambientes donde ambas partes puedan aprender y crecer juntas.
Esto podría llevar a la creación de experiencias sociales más
específicas, donde la IA funcione como un apoyo que ayude y
mejore las habilidades mentales y emocionales, promoviendo un
nuevo ambiente integral y eficaz (Alam et al., 2022).
La IA manejada por los centennials (y por los diferentes
estratos generacionales) no tiene que verse como un acto que
deshumaniza el contacto humano, porque podría ayudar a
edificar un puente que fomenta la comprensión, permitiendo
que las personas interactúen de manera más significativa gracias
a la creación de nuevos recursos; claro está que es fundamental
establecer límites y regulación precisas para asegurar que la
tecnología se utilice de manera ética y responsable (Quraishi et
al., 2017), priorizando siempre el bienestar humano y la conexión
genuina entre los individuos.
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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

En este entramado de ideas, incorporar nuevas
tecnologías digitales puede verse como una oportunidad para
enriquecer la comunicación y fortalecer lazos sociales, al
favorecer el conocimiento, respeto y empatía ante la diversidad
y multiculturalidad. También, podría mejorar de manera
multivariada a la humanidad, debido a que la colaboración y el
intercambio de ideas cobran mayor relevancia y se transforman
en pilares fundamentales para enfrentar los retos globales;
favoreciendo el desarrollo creativo, soluciones innovadoras,
sustentables y sostenibles enmarcadas en el humanismo y que
coexistan de manera homeostática.
Al ver y analizar los paradigmas de la concepción y el
uso de la IA para la recreación y el entretenimiento, existe un
abanico inmenso con lo que el ser humano puede ocupar su
tiempo para construir una identidad asistida de la tecnología
(Chuaca, 2022). Al mismo tiempo, puede redefinir su relación
con el ocio y la creatividad, haciendo que las experiencias sean
más personalizadas y enriquecedoras.
Establecer si al estudiantado le resulta atractivo el uso
de la IA, para difundir contenido de ocio y entretenimiento en la
web, es un tema que invita a reflexionar sobre sus motivaciones
y preferencias en la adopción de estas herramientas, así como
la forma de consumo y creación de contenido. Sin embargo,
existe consenso pleno de que la IA resulta ser favorable para
recibir información de ocio y entretenimiento. Este fenómeno
pone de manifiesto que, a medida que avanza la tecnología,
también incrementan las expectativas de los usuarios, que
buscan experiencias más interactivas y adaptadas a sus gustos
particulares (Sankaran &amp; Markopoulos, 2021).
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�Reza Flores, Reza Flores y Zamudio Paloma / Estudiantes e inteligencia artificial

Esto plantea un gran desafío para los creadores de
contenido, ya que deben adaptarse rápidamente a estas
demandas emergentes utilizando la IA, no solo para personalizar
la experiencia del usuario, sino también en la presentación,
producción y distribución, del entretenimiento digital. La
implementación de la IA en este contexto debe considerar en
todo momento los aspectos éticos, asegurando que los contenidos
generados sean socialmente responsables.
Asimismo, se ha identificado que el uso de redes neuronales
basadas en IA presenta una dualidad en su percepción. Por un
lado, resulta atractivo por generar resultados sorprendentes y
altamente personalizados, tanto para la interacción como en el
entretenimiento. Por otro lado, suscita preocupaciones sobre la
privacidad de los datos y el control sobre el contenido consumido.
De igual forma, la alfabetización sobre la IA puede desempeñar un
papel crucial para que los estudiantes perciban en ella un espacio
de confort e interés significativo.
El uso de la IA puede ser incentivado tanto a nivel
individual como colectivo; las preferencias en su utilización
constituyen un aspecto que solo puede ser comprendido a
través de la experiencia subjetiva de quienes experimentan esta
tecnología. La IA está revolucionando radicalmente la modalidad
de interacción entre los individuos y las entidades tecnológicas,
propiciando una nueva dinámica relacional que trasciende los
paradigmas convencionales (Moura, 2023).
La conexión entre los agentes humanos y la IA, no solo
renueva los intercambios comunicativos y fortalece los esfuerzos
de colaboración, sino que, al mismo tiempo, plantea interrogantes
sobre la autenticidad de estas interacciones y las implicaciones
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de la mediación tecnológica, en la construcción de relaciones
significativas. Más allá de desempeñar un papel de facilitador, la
IA se posiciona como una entidad proactiva, capaz de adaptar
y personalizar las experiencias, y contribuir a la creación de un
contexto innovador que fomente el compromiso interpersonal y
una nueva cohesión social.
Los nuevos paradigmas relacionales en el ámbito del
ocio y entretenimiento llaman de manera particular la atención.
La personalización que proporciona la IA permite ajustar
el contenido a las preferencias individuales de los usuarios,
potenciando las experiencias recreativas y fortaleciendo el
vínculo emocional con las interfaces tecnológicas. Este fenómeno
propicia una reconfiguración del consumo cultural, en la que
los usuarios trascienden la recepción pasiva de información o
entretenimiento, y se involucran activamente en un proceso
de co-creación. Es así donde, las experiencias personales se
transforman, estableciendo nuevos paradigmas existenciales que
redefinen la interacción humano-tecnología (Prins, 2022).
A pesar de las aparentes ventajas, esta transformación
también presenta desafíos significativos. El potencial de los
algoritmos para estandarizar el contenido o perpetuar sesgos
culturales específicos, plantea preocupaciones relevantes
respecto a la diversidad, y la equidad en el acceso a las experiencias
recreativas. Asimismo, la creciente dependencia de la IA podría
disminuir la espontaneidad y la riqueza de las interacciones
humanas. Esto resalta la importancia de educar a los más jóvenes
en el uso crítico y ético de estas tecnologías.
La incorporación de la IA no solo satisface las
necesidades recreativas, sino que también fomenta la mejora de
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las competencias cognitivas y sociales. Ante esto, los usuarios
tienen la oportunidad de cultivar su creatividad, razonamiento
crítico y capacidad de resolución de problemas. Esto subraya la
necesidad de propiciar en los estudiantes la percepción de estas
herramientas tecnológicas como facilitadoras del desarrollo
humano, que pueden trascender cuestiones materiales.
En última instancia, el desafío reside en garantizar que
la IA no sustituya a las interacciones humanas auténticas, sino
que complemente las relaciones sociales, las enriquezca y amplíe
las vías de conectividad. Este esfuerzo necesita un compromiso
consciente y en equipo entre los desarrolladores de tecnología,
educadores y usuarios. Se busca encontrar un balance donde la
tecnología y los valores humanistas puedan vivir juntos, para que
el entretenimiento y el ocio sean accesibles, transformadores y
con significado.
Conclusiones
La IA se ha convertido en un elemento fundamental en
la reconfiguración de las modalidades de interacción
contemporáneas, que contemplan tanto las conexiones
interpersonales como aquellas entre humano-máquina. De igual
manera, entre sus ramificaciones revela una evolución en cómo
pueden desarrollarse las actividades de ocio y entretenimiento.
Esto deja en manifiesto que este tipo de inteligencia digital es
adaptativa y propicia nuevas experiencias en el ser humano. Esto
la sitúa como un instrumento formidable en la era moderna, más
puntualmente en la era de la IA. Sin embargo, el reconocer su
propósito y manejar asertivamente resulta complejo.
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Este tipo de tecnología digital puede transformar las
interacciones humanas al mediar y, en ciertos casos, intensificar
la comunicación y la colaboración. No obstante, esta mediación
tecnológica suscita dudas sobre la autenticidad y la profundidad
de las relaciones que cultiva. Si bien algunas personas pueden
considerar la IA como un conducto hacia conexiones más
sustanciales, otras pueden verla como un obstáculo que disminuye
la esencia de la interacción directa entre el humano y el humanohumano. Este dilema acentúa la necesidad de aplicar un enfoque
reflexivo y ético a la hora de aplicarla, para garantizar (hasta cierto
punto) que su utilización nutra las relaciones interpersonales.
Con relación al terreno del esparcimiento (ocio y
entretenimiento), la IA ha evolucionado las experiencias
inmersivas de una manera personalizada. Cataliza servicios
acordes a las preferencias de los usuarios, para que puedan
acceder fácilmente al contenido que resulte de su agrado. Aunque
también existe la posibilidad de crear material con este tipo de
tecnología para uso personal o para divulgar en diferentes medios
gracias a la red de navegación de internet (páginas web, blogs,
redes sociales, etc.).
Este tipo de redes neuronales tiene la ventaja de ayudar
a edificar y nutrir las capacidades humanas como la creatividad,
el pensamiento crítico y la resolución de problemas, lo cual no es
exclusivo para los espacios áulicos. Esto acentúa la importancia
de integrar este tipo de recursos digitales para fomentar la
ciudadanía digital, tal como marca la UNESCO, debido a que
el ser humano tiene que ser pleno en los diferentes campos
que envuelven su vida: formación educativa, familia, cultura,
recreación, etc.
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No obstante, persisten desafíos en el uso ético de la IA por
parte del estudiantado y la población en general, como la posible
dependencia tecno-digital, el fácil acceso a contenidos no aptos
para ciertos usuarios, y el aprovechamiento académico que puede
derivar en procrastinación, entre otros. Este panorama invita a
las autoridades, a los padres de familia, docentes y estudiantado
a hacer uso de la IA con atributos axiológicos, debido a que esta
ha llegado a la humanidad drásticamente para revolucionar
sus interacciones y actividades. Esto invita a una gestión
tecnoemocional intra e interpersonal prudente. Es imperativo que
el uso de la IA sea promovido por personas con las competencias
necesarias para sus fines y que, en ese proceso, se ponga el énfasis
en el humanismo.

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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

El formador autónomo a partir de la lectura
de realidad
The autonomous trainer based on reading reality
Rocío Aletse Sereno Rodríguez

Resumen: El presente artículo da cuenta de la polisemia de la
palabra utopía, y de cómo esta forma parte de la visión de futuro que
se plantea en una investigación dialéctica transdisciplinar basada
en el paradigma de la complejidad, el cual acepta a la realidad como
inacabada, multidimensional e integradora, con una perspectiva de
transformación y de cambios. La utopía que aquí se presenta se elaboró
a raíz de un método de escenarios. En este método se plantea un sujeto
formador autónomo que cumpla con las demandas de su realidad, que
conozca sus potencialidades y las utilice en el camino de su docencia y
de su vida en sociedad.
Palabras clave: Utopía, visión de futuro, esperanza, sujeto, realidad,
complejidad, transdisciplina.
Abstract: This article gives an account of the polysemy of the word
utopia, and how it is part of the vision of the future that is proposed
in transdisciplinary dialectical research based on the paradigm of
complexity, which accepts reality as unfinished, multidimensional, and
integrative, with a perspective of transformation and change. The utopia
that is presented here was developed because of a scenario method, in
which an autonomous formative subject proposed that accomplishes the
demands of his reality, that knows his potential and uses them in the
path of his teaching and his life in society.
Key words: Social Utopia, vision of the future, hope, subject, reality,
complexity, transdisciplinary.

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�Sereno Rodríguez / El formador autónomo

Introducción
El presente artículo se elabora a partir del momento de visión de
futuro, en el marco de la investigación dialéctica transdisciplinar
bajo un paradigma de complejidad. Para este tipo de pensamiento,
el proceso del conocimiento consiste en la retroalimentación, esto
es, en conocer cómo estamos conociendo nuestro conocimiento
del mundo, y conocer hace referencia a ser observadores,
conceptuadores y actores. Este paradigma invita a no buscar una
lógica de investigación científica y replantea la idea del método,
visto como el complemento de una estrategia que interviene en el
sujeto y no solo como un programa.
Verneaux (1989) explica que el punto de partida para una
epistemología compleja es el conocimiento del conocimiento o
una segunda instancia de reflexividad; esto es cuando el sujeto
trata de conocer su conocimiento. Para ello se coloca a distancia
de él y así puede conocer su relación con otros, realizando una
autoorganización epistemológica, y es en este punto cuando se
puede llamar epistemología completa.
En esta estrategia se articulan puntos de vista diferentes sobre el
conocimiento y se establece un sistema no jerárquico, donde el
conocimiento del conocimiento depende de múltiples y dispersos
saberes científicos, pero la validez de esos conocimientos múltiples
y dispersos depende del conocimiento del conocimiento.
Morín (1983) explica que en una epistemología compleja existe una
pluralidad de instancias, cada una de ellas decisiva e insuficiente,
y cada una comporta su principio de incertidumbre. Es aquí
donde entra en juego la epistemología compleja; debe hacer que
se comuniquen estas instancias separadas, es realizar un circuito
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articulado, acabado y dinámico para llegar al conocimiento del
conocimiento.
Sin duda alguna, hablar de complejidad es hablar de sujetos activos:
Humanos dotados de consciencia, de lenguaje y de cultura, somos
individuos-sujetos computantes/cogitantes (pensantes) capaces
de decisión, de lección, de estrategia, de libertad, de invención, de
creación. Pero quizá sea este su único elemento en común. No en
vano, en el país de las maravillas, hasta las constricciones de las
leyes físicas han desaparecido. Universo sin dejar de ser animales,
sin dejar de ser seres-máquina”. (Morín, 1983, p. 270).
Se puede observar un sujeto complejo que en este paradigma
interviene en la construcción de su realidad, es capaz de tomar
decisiones, no es un sujeto reproductor, pasivo, obediente,
intermediario o vulgarizador. Es por su parte consciente;
se requiere de conciencia para el conocimiento en vías de
transformación; el conocimiento se transforma en conciencia,
al servicio del sujeto (Zemelman, 2002). Construir la realidad
desde su lectura es el momento en el que el investigador se sitúa
en ella, para identificar lo que sucede en sus distintos niveles,
macroestructural, mesoestructural y microestructural, y así
formar una visión de futuro, establecer una utopía con la que se
trabaja. Este término hace referencia a una negación en general,
y latinizado en u, o sea, en ninguna parte. En ese contexto, es
dinámica y tiene posibilidades de realización.
Trayecto a una utopía
En su estudio se han hecho distinciones y características; la
utopía es un término polisémico que se remonta a los inicios de
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la humanidad. La utopía se vio preñada de distintos significados
a medida que pasaban las épocas: género literario, constitución
de un Estado perfectamente estructurado, una disposición de la
mente y los fundamentos religiosos o científicos de una república
universal.
Moro (1516) fue el primero en hablar del término utopía
como aquello que no está en ningún lugar, del griego ou, que hace
referencia a una negación en general, y latinizado en u, o sea, en
ninguna parte, donde hace una descripción de una sociedad que
se supone perfecta en todos los sentidos y es inalcanzable. La obra
se creó en el año de 1516; sin embargo, desde toda la historia, el ser
humano ha mostrado un deseo por mejorar y formar sociedades
organizadas y completas que cumplan con las necesidades y
expectativas de los sujetos.
Desde tiempos pasados y con todos los males que han
aquejado al mundo, siempre ha existido la esperanza dentro de
la capacidad del hombre. Esta se ha ido interpretando a lo largo
de la historia por distintos autores, y ha influido en distintos
ámbitos como el del pensamiento utópico. La esperanza es
la disposición antropológica que le abre al ser humano su
temporalidad al porvenir. El ser humano no está acabado; es
un ser en devenir, que existe en el mundo con posibilidades y,
por tanto, todavía por ser. “El ser y la realidad de la existencia
humana no se encuentran simplemente determinados por
un pasado o atados a un presente; sino que se desbordan a sí
mismos en posibilidades, tienen al porvenir, están ligados a un
tiempo aún-no-presente, con las cualidades de lo real preñadas
de futuro” (Zecchi, 1978, p. 81).
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Esa disposición de esperanza se manifiesta en la acción
orientada a la transformación del mundo, como algo conscientesabido, como función utópica y no como un mero movimiento
circunstancial del ánimo. A partir de la función utópica,
comienza a existir con posibilidades de germinar; como una
semilla posible, en cuanto entra en contacto con las condiciones
existentes, comienza a manifestarse como realidad en la acción
transformadora que logra crear. (Mondragón, 2005).
Literalmente, utópico significa lo que no está en ningún
lugar (topos). Se llama utopía a toda descripción de una sociedad
que se supone perfecta en todos los sentidos. La sociedad misma
descrita se califica de utopía. Se llama utópico a todo ideal —
especialmente, a todo ideal de sociedad humana— que se supone
máximamente deseable, pero que muchas veces se considera
inalcanzable. Utópico equivale, en muchos casos, a modélico y
a perfecto”. (Ferrater, 1980, p. 3363). A continuación, se explican
brevemente algunas utopías que han formado parte de la historia.
Cappelletti (1966) habla de cómo fueron evolucionando
las utopías, que dejaron de ser un simple mito y se convirtieron,
sobre todo en la parte de Occidente, en mitos elaborados, a partir
del raciocinio y de la voluntad humana como nuevo modelo de
convivencia. Él hace una recopilación en la que regresa al año
478 y habla de Hipodamo de Mileto, que junto con Tales de
Calcedonia fueron predecesores de la utopía platónica. Mileto
hizo una divulgación en el mundo griego del sistema urbanístico,
del barrio comercial y de delinear el régimen ideal al que debían
sujetarse. Por su parte, Fales de Calcedonia hablaba ya de una
repartición igualitaria de la tierra con la finalidad de evitar la
lucha de clases.
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Años más adelante, entre el 387 y el 366, se encuentra
Platón, que planteó una sociedad estructurada, como un
todo orgánico con un individuo subordinado y clases sociales
jerarquizadas. Estas, como muchas otras, son ejemplos claros
de utopías que han surgido a lo largo del tiempo; sin embargo,
existen géneros distintos que, aunque presentan similitudes, no
deben confundirse con la utopía por tener un trasfondo diferente.
Utopía versus tierra de jauja. La tierra de Jauja es aquella
que provee de lo necesario sin necesidad de trabajo como elemento
mediador. Se constituye así en un sueño compensatorio bien
diferenciado de la utopía; la tierra de Jauja, fundamentalmente
materialista y anárquica está muy alejada, en realidad, de la
utopía, centrípeta y ascética. (Trousson, 1995).
Utopía versus Arcadia: Procedente de la Edad de Oro y
típica del Renacimiento y del Barroco, la arcadia es un locus
amoenus, un lugar delicioso, en el que, como en la tierra de Jauja
y a diferencia de la utopía, hay un rechazo de la organización
social; el ideal consiste en vivir cerca de la naturaleza, y en torno
a este objetivo se articulan los sueños de este género. (Trousson,
1995).
Utopía versus país de las maravillas. El país de
las maravillas, al igual que la utopía, nace de la necesidad
compensatoria del hombre de escapar de la realidad mediante la
imaginación, pero quizá sea este su único elemento en común; no
en vano, en el país de las maravillas, hasta las constricciones de
las leyes físicas han desaparecido, universo de los encantadores y
las hadas, más cuento que historia. (Trousson, 1995).
Utopía versus milenarismo. En oposición con la utopía,
inmutable en un eterno presente, los movimientos milenaristas se
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caracterizan por una repetición obsesiva de la aventura del padre:
el pueblo judío y su busca de la tierra de promisión o el apocalipsis
tal como pueden concebirlo los hombres rudos y sencillos. La
promesa de una felicidad infinita en los milenarismos, con el
consecuente goce de todos los bienes de este mundo. La utopía
es moderación, vida estrictamente reglamentada, en la que las
ciudades se descubren o se fundan en el curso de un proceso
histórico, sin el cumplimiento de una promesa divina. (Servier,
1969).
Es crucial conocer y mencionar estos tipos literarios
de utopía, para no excluir la posibilidad de que coincidan en
alguna o varias de sus características. Sin embargo, Ayala (2000)
sostiene que la utopía no es solo una forma de conocimiento, sino
también una actitud ante la vida. No conduce directamente a la
acción, pero da un primer paso al posibilitar la capacidad racional
del ser humano —la planificación o prospectiva—. Conduce
directamente a la acción, pero da un primer paso al posibilitar
la capacidad racional del ser humano —la planificación o
prospectiva— y, en tanto tal, posee su propio discurso, el de
la posibilidad. Es, por tanto, un producto exclusivamente
humano, donde este construye su paraíso terrestre sin recurrir
a la beneficencia y a la divinidad; es redención del hombre por el
hombre, nacida de un sentimiento trágico de la historia y de una
voluntad de dirigir su curso.
La historia es fundamental para la utopía; es un
pensamiento que siempre surge en un momento de crisis, de
tensión. Throusson (1995) afirma que, en un periodo de transición
histórica, de crisis, de decadencia de una situación, con profundas
conmociones sociales y políticas, es donde surge la utopía. Fue
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precisamente en el paso del Renacimiento a la Reforma cuando
Tomás Moro creó su obra. La utopía del Renacimiento y la de
la Ilustración son el ejemplo de esto; ambas caracterizan la
expresión de capas sociales desesperadas.
“El pensamiento utópico es la capacidad de pensar de
manera inédita, osada, crítica y comprometida” (De Alba, 1991,
p. 31). Esta aportación coincide con la de Calentano (2005). Él
afirma que la utopía salta por encima del tiempo y del espacio.
Sin embargo, esta ignorancia de las condiciones concretas del
desarrollo histórico-social revela su inmadurez. Su afirmación
de que la utopía trasciende el tiempo y el espacio muestra una
falta de comprensión de las condiciones específicas del desarrollo
histórico-social, lo que indica su inmadurez. Conocer y entender
bien estas condiciones es esencial si se quiere lograr algo.
El vínculo concreto entre las utopías y la realidad se
hace efectivo en cuanto los seres humanos actúan con el fin de
satisfacer esa necesidad utópica. Es también esta relación la que
nos permite distinguir las utopías abstractas, como aquellas que
no tienen ningún vínculo con la realidad, de las utopías concretas,
aquellas que mantienen un vínculo de latencia o anhelo necesario
y de tendencia o posibilidades reales objetivas” (Mondragón,
2005, p. 49).
La utopía es una visión de la realidad desde un contexto
social particular, que trasciende el presente mediante un modelo
ideal de futuro; por el contrario, una ideología se inspira en el
pasado como referencia para su crítica de la realidad presente.
Además, las utopías representan la crítica de lo existente y la
propuesta de aquello que debería existir. (Calentano, 2005).
Así, “Al estar en contacto con representaciones de lo ideal, debe
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actuar como una especie de provocación y estar siempre animado
de un querer propio y una dinámica renovadora que vaya más allá
de toda retórica cristalizadora” (Ainsa, 1997, p. 60).
González (1994) describe tres fases de la utopía. En idea,
cuando es solo deseo (del utopista o del movimiento), planteada
en un tiempo puramente futuro. En la fase de realización, se
explicita la contradicción entre los movimientos revolucionarios
o reformistas y la práctica. Esta práctica modifica el proyecto y
se centra en el tiempo presente. Y la utopía cumplida, que es el
resultado si se logra construir algo.
3. La realidad como un proceso en desarrollo.
Hasta este momento del texto, se han mencionado algunas de
las conceptualizaciones que se le han dado a la utopía, e incluso
denominaciones diferentes que no dejan de ser lo mismo. Se
hace principal énfasis en la visión de futuro, que en el proceso
tiene el mismo significado, aunque se plantea así para no tener
confusiones con definiciones pasadas de utopía, donde esta se
muestra como algo imposible de realizar. Para este momento, se
entiende que no es así y que, por supuesto, la utopía debe ser algo
viable a construir. Cabe aclarar que en este momento se tomará a
la utopía y a la visión de futuro como un sinónimo.
En un momento donde la globalización ha alcanzado todo
a su paso, resulta evidente cuestionarse lo que sucede alrededor
o en el otro lado del mundo, para aprender de ello y considerar
situaciones que respondan a las demandas que el mundo aqueja,
sin olvidar que en cada lugar, momento y persona suceden cosas
distintas, es decir, existen diversas realidades que conviven y
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�Sereno Rodríguez / El formador autónomo

se movilizan de acuerdo incluso a la perspectiva de cada sujeto
que la vive. De ahí, la pertinencia de entender la realidad social
como un dándose, como una que está en perpetua configuración
y reconfiguración, asignada por el movimiento intrínseco de la
vida social en su propio devenir histórico y cotidiano. A partir
de ello es posible advertir lo que se trunca desde la concepción
positivista (método hipotético-deductivo) y subjetivista (método
hermenéutico) en la investigación social.
La realidad se construye, exige ser repensada
constantemente, incorporándose dimensiones que no están
estructuradas, como todo aquello que emerge y que no
necesariamente se reproduce con certeza, pero que conforma
el contenido de esa materia con la que se pretenden plasmar
sentidos de historia. El esfuerzo por abordar el problema de la
realidad desde el compromiso del sujeto con sus valores y las
posibilidades y limitaciones de su contexto supone privilegiar
los espacios de realidad según cómo estos son acotados por los
proyectos que asumen los individuos, o de los que son parte”
(Zemelman, 1992, p. 06).
Es esencial que, al hacer una investigación dialéctica que
involucra a diferentes personas, se consideren sus creencias,
valores y actitudes. Eso es lo que forma la realidad donde se
encuentra establecida la investigación, una realidad que es
dinámica y construida. Por el contrario, es lo que forma la realidad
donde se encuentra establecida la investigación, una realidad que
es dinámica y construida, por el contrario de otras corrientes,
como el positivismo, donde no hay cabida a la subjetividad del
individuo o de la realidad, y donde todo debe ser objetivado y
comprobable para su validez.
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La realidad social cambia y lo hace constantemente;
constantemente somos testigos de las resistencias al orden
establecido, de las fintas y los vericuetos de la acción, de la
transformación de los modos de pensar y de actuar, etc. Es esto,
a grandes rasgos, lo que describe la esencia del dinamismo de la
realidad social. De manera que esta se constituye en un perpetuo
movimiento, un dándose que se activa precisamente gracias a la
insoslayable acción humana (potencialmente imprevisible por
naturaleza) que la constituye” (Romeu, 2019, p. 34).
4. Lectura de realidad
En una investigación de tipo dialéctica transdisciplinar, se realiza
una lectura de realidad. La primera función del conocimiento social
es reconocer a la objetividad histórico-concreta como contorno
de objetos potenciales de una práctica social” (Luminato, 1994,
p. 03). La primera función del conocimiento social es reconocer
a la objetividad histórico-concreta como contorno de objetos
potenciales de una práctica social” (Luminato, 1994, p. 03). Es
decir, observar y conocer lo que ocurre en distintas realidades
para identificar situaciones que permitan crear una práctica
en determinada circunstancia y, con ello, generar un nuevo
conocimiento.
La estructura discontinua de los niveles de realidad
determina la del espacio transdisciplinario que, a su vez, explica
por qué la investigación transdisciplinaria es radicalmente
diferente de la investigación disciplinaria, siendo a su vez
complementarias. La investigación disciplinaria concierne,
a lo sumo, a un solo y mismo nivel de realidad; de hecho, en la
mayoría de los casos, solo comprende fragmentos de un único y
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�Sereno Rodríguez / El formador autónomo

mismo nivel de realidad. En cambio, la transdisciplinariedad se
interesa por la dinámica generada por la acción de varios niveles
de realidad simultáneamente” (Nicolescu, 1996, p. 38).
La acción de varios niveles de realidad corresponde a la
integración de distintas situaciones que acontecen en el mundo,
es decir, se consideran multidimensiones, que intervienen,
influyen, modifican distintas realidades, por lo cual no se pueden
excluir del movimiento, pues forman una red compleja de
relaciones. Nicoluescu (1996) señala que la realidad, según este
modelo, comprende cierto número de niveles; es decir, un nivel
de realidad es lo que es porque todos los demás niveles existen
simultáneamente.
Los niveles de realidad abordados son el macroestructural
(la economía, política y cultura de diversos países), el
mesoestructural (las políticas educativas de algunos países) y el
microestructural (la formación de formadores en algunos lugares
del mundo). Los países elegidos para analizar sus diferentes
niveles fueron México, Finlandia, España, Chile, Japón, Estados
Unidos y Canadá.
En esta lectura de realidad se identificaron algunos
indicadores de la situación económica, cultural, política y
educativa, que intervienen para la construcción de una realidad,
que afectan el desarrollo de la sociedad, de sus individuos y del
contexto; sin embargo, para este trabajo se han elegido solo
algunos indicadores que se apegan al sujeto que se desea formar
de acuerdo con las necesidades observadas y a su relación con la
educación, que es el eje central del tema.
Las categorías que se desglosan en el nivel macro son el
Producto Interno Bruto (PIB), la participación de los países en
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organismos o alianzas internacionales, el lugar que ocupa en la
economía mundial, la población, el tipo de gobierno, el nivel de
desarrollo y bienestar, el presupuesto que destinan a educación, los
idiomas, la religión, el nivel educativo de la población en general,
la cultura, así como su ubicación y delimitación geográfica. Los
insumos potenciales que arroja este nivel estructural se muestran
en el siguiente gráfico.
Figura 1
Insumos potenciales, nivel macroestructural

Nota: Elaboración propia.

En la dimensión mesoestructural, se profundiza en el
ámbito educativo de los países seleccionados, como es su política
educativa, enfoques y niveles educativos, el número de profesores
por nivel, el salario con el que cuentan, el tiempo que asignan a su
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�Sereno Rodríguez / El formador autónomo

jornada laboral y la participación de sindicatos. Con la finalidad
de identificar los rasgos más relevantes que tiene cada uno de
ellos en la educación, que es el eje central de la investigación.
Los insumos potenciales que arrojó este nivel se encuentran en el
siguiente gráfico.
Figura 2
Insumos potenciales, dimensión mesoestructural

Nota: Elaboración propia.

En la dimensión microestructural, los indicadores en los que
se centra la lectura son la formación docente, el tipo de formador, los
perfiles profesionales, el desarrollo de investigación, la formación
obligatoria, la capacitación y la evaluación. La formación docente
comienza desde la educación inicial; es una de las bases de las
políticas educativas, constituyendo el primer filtro de selección de
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los aspirantes a docentes y proporcionando el conocimiento base
(pedagógico y especializado) de los futuros educadores. La calidad
de esta formación condiciona notablemente el funcionamiento de
otras áreas, como la formación continua (Medina, 2020, p. 04). Los
insumos potenciales se encuentran en la siguiente figura.
Figura 3
Insumos potenciales, dimensión microestructural

Nota: Elaboración propia.

Es importante tener una visión del futuro en un contexto
complejo y lleno de incertidumbre. Debemos crear una estrategia
que contemple todas las posibles situaciones y registrar desde el
inicio qué decisiones se tomarán para cada una de ellas (Ossorio,
1966). De nada sirve tener una visión de futuro si no se puede
incidir en la realidad. Así que estos escenarios activarán el plan de
acción que deberá seguirse para construir lo que se desea.
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�Sereno Rodríguez / El formador autónomo

El método de escenarios parte de la descripción de
secuencias de eventos o procesos, para mostrar cómo, asentándose
en una situación del presente, se puede intuir una situación del
futuro. Los escenarios marcan horizontes históricos o líneas del
tiempo a corto, mediano o largo plazos, en visiones alternativas”
(Saavedra, 2014, p. 68).
Situar la mirada en los diversos países analizados permite
identificar competencias, habilidades, rasgos, necesidades que
requieren los sujetos de la sociedad actual y del futuro que viene.
Algunos de estos rasgos, que ya son existentes, deben potenciarse
para lograr la visión de futuro, que se representa en un sujeto formador
de formadores. Saavedra (2014) señala que un sujeto visualizado
es la visión de futuro, punto de partida y de llegada del proceso
metodológico de la investigación dialéctica transdisciplinaria. El
sujeto que se espera formar se encuentra en el siguiente gráfico.
Figura 4
Propuesta de formador de formadores.

Nota: Elaboración propia.

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5. Conclusiones
Pensar la realidad como dinámica e inacabada permite
establecer una visión de futuro como en este caso, un
sujeto formador autónomo con los rasgos de participativo,
intercultural, creativo y crítico. Es decir, un formador que es
consciente de las cualidades que posee, que tiene los recursos
para regularse y llevar lo mejor de sí en cada momento, que
además es participativo con la realidad de la que forma parte, es
intercultural porque acepta las diversidades de pensamientos y
busca la manera de integrarlas, es también creativo al encontrar
diversas soluciones que den respuesta a las problemáticas que
se presentan, y es crítico para identificar y transformar con
consciencia su entorno.
Esta lectura de realidad es un momento para identificar
las necesidades de los sujetos y también las opciones de objeto
para llegar a ellos. En otro momento se establece el objeto, es
decir, la forma para trabajar con los rasgos identificados para
que realmente puedan ser potenciados y así se maneje una
utopía posible. Es importante mencionar que los rasgos son
planteados en una primera propuesta que puede ser modificada
a lo largo de la investigación, en las problematizaciones teóricas
y prácticas, así como en la aplicación de la propuesta en el
universo de estudio.

Referencias
Ainsa, F. (1999). La reconstrucción de la utopía. El Correo de la
UNESCO.
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�Sereno Rodríguez / El formador autónomo

Ayala, P. (2000). Introducción a los conceptos de utopía y utopismo: el papel de la educación en el pensamiento utópico. Anales de pedagogía.
Calentano, A. (2005). Utopía: historia, concepto y política. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación Universidad Nacional de La Plata.
Cappelletti, J. (1966). Utopías antiguas y modernas. Omegalfa.
De alba, A. (1991). El currículum universitario de cara al nuevo
milenio. Universidad de Guadalajara. UNAM.
Ferrater, M, (1994). Diccionario de filosofía. Ariel.
Ferrater, M. (1980). Diccionario de filosofía. Alianza editorial.
González, M, (1994). Utopías sociales contemporáneas. Algazara.
Luminato, S. (1998). Epistemología crítica. Escuela Normal Superior de Michoacán.
Mondragón, G. (2005). Ernst Bloch. El peregrino de la esperanza.
Redalyc.
Morin, E. (1983). El método II. La vida de la vida. Cátedra.
Morin, E. (1995). Introducción al pensamiento complejo. Gedisa.
Moro, T. (1998). Un hombre para todas las horas. La correspondencia de Tomás Moro. (1499-1534). Rialp.
Nicolescu, B. (1996). La transdisciplina. Manifiesto. 7 saberes.
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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Romeu, V. (2019). La comunicación viva. Reflexiones desde y para
las ciencias sociales. La comunicación viva. Reflexiones
desde y para las ciencias sociales.
Saavedra, R. (2014). Formación docente eficaz. Estrategia de investigación dialéctica transdisciplinaria. Pax.
Servier, J. (1969). Historia de la utopía. Monte Ávila Editores.
Trousson, R. (1995). Historia de la literatura utópica. Viajes a
países inexistentes. Península.
Verneaux, R. (1989). Epistemología general o crítica del conocimiento. Herder.
Zecchi, E. (1978). Utopía y esperanza en el comunismo. Ediciones
Península.
Zemelman, H. (1992). Los horizontes de la razón. Editorial Anthropos.
Zemelman, H. (2002). Necesidad de conciencia Un modo de
construir conocimiento. Editorial Anthropos.

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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

La evaluación en educación superior: tendencias
en las prácticas de evaluación de los docentes
universitarios de la Universidad Autónoma de
Nuevo León
Assessment in Higher Education: Trends in the
Assessment Practices of University Professors at
the Universidad Autónoma de Nuevo León
Víctor Manuel Zamora García
Reyna Susana Martínez Quiroz

Resumen: El objetivo de este estudio es identificar las tendencias en
las prácticas de evaluación educativa de los docentes de educación
superior de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).
La metodología empleada fue descriptiva, exploratoria y cuasi
experimental. Para la recolección de datos se utilizó un cuestionario
en escala de Likert; la aplicación fue de manera directa y a través de
Google Forms. La muestra estuvo conformada por 224 docentes de
educación superior de la UANL, 109 de género masculino (48.7%) y 115
de género femenino (51.3%). Los resultados muestran que el enfoque
formativo es en mayor medida determinante para la evaluación de los
estudiantes, principalmente en las áreas de humanidades y ciencias
sociales. Para los docentes del campo de las ciencias exactas, el enfoque
formativo es fundamental, mas no determinante; para ellos, en cambio,
la evaluación cuantitativa tiene mayor peso para determinar el progreso
de los estudiantes.

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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Palabras clave: Evaluación, educación superior, evaluación formativa,
evaluación sumativa.
Abstract: The objective of this study is to identify trends in the assessment
practices of higher education professors at the Universidad Autónoma
de Nuevo León (UANL), located in northern Mexico. The methodology
employed was descriptive, exploratory, and quasi-experimental,
utilizing both qualitative and quantitative research methods. A Likert
scale questionnaire was used for data collection, administered both
directly and through Google Forms. The sample consisted of 224 UANL
higher education professors, including 109 men (48.7%) and 115 women
(51.3%). The results indicate that the formative approach plays a more
significant role in assessing students, particularly in the humanities and
social sciences. For instructors in the field of exact sciences, while the
formative approach is important, it is not decisive; rather, quantitative
assessment is viewed as more effective in gauging student progress.
Teaching experience and educational level significantly influence
assessment practices among university professors.
Key words: Assessment, higher education, formative assessment,
summative assessment.

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-194

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�Zamora y Martínez Quiroz / Evaluación de la educación

Introducción
El objetivo de este estudio es identificar las tendencias en las
prácticas de evaluación educativa de los docentes de educación
superior de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).
En la educación superior, los estudiantes, docentes y directivos
obtienen información valiosa al diseñar, implementar y evaluar
los planes y programas de estudio. Esto les ayuda, después de un
diagnóstico y la aplicación de estrategias de mejora, a alcanzar sus
objetivos. Contar con información disponible, confiable y clara
acerca de los contenidos, propósitos, aprendizajes esperados y
de la evaluación de cada asignatura ofrece a los estudiantes
certidumbre en su proceso de enseñanza-aprendizaje. Sin
embargo, la realidad del aula, debido a la propia dinámica
cambiante del quehacer educativo, presenta un panorama que
se distancia, por momentos, del estricto protocolo académico.
Cuando la práctica del aula se aparta enteramente de los programas
y planes de estudio correspondientes, se pone en riesgo el logro
de los objetivos programados y, con ello, como en este caso, la
misión y visión de la UANL, la cual se orienta a la formación de “…
bachilleres, técnicos y profesionales competentes, competitivos
e innovadores, socialmente responsables, con plena conciencia
del entorno regional, nacional y mundial, con principios y
valores, comprometidos con el desarrollo sustentable, científico,
tecnológico y cultural” (UANL, 2024, párr. 1).
Uno de los elementos del proceso educativo que varía
con la práctica es, precisamente, la evaluación. Esta se lleva a
cabo por los docentes de acuerdo con su contexto académico,
su formación, sus características, perspectiva y experiencia.
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-194

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Ello permite que el proceso de evaluación sea de un modo o de
otro dependiendo de la valoración que los profesores realicen al
respecto. La divergencia que existe en las prácticas de evaluación
en educación superior genera confusión, estrés, ansiedad y, con
ello, bajo rendimiento entre los estudiantes universitarios; estos
enfrentan, en un mismo programa y semestre académico, distintas
formas de ser evaluados.
Cuando los docentes evalúan a sus estudiantes, al
mismo tiempo están evaluando la eficacia y efectividad del
programa educativo, así como su propio método de enseñanza.
La retroalimentación que se obtiene del proceso de evaluación es
valiosa y sirve para conocer las fortalezas y áreas de oportunidad
de todo el aparato académico en su conjunto. Es cierto que las
prácticas en el salón de clases son tan variadas como lo son las
particularidades de los docentes y sus estudiantes; no se espera
que el trabajo en el aula sea homogéneo. La evaluación, al igual que
todos los componentes del proceso de enseñanza-aprendizaje,
estará supeditada a las características y necesidades de los
involucrados. Sin embargo, existen elementos que son ineludibles
y que, llevados a cabo, proveen de información significativa. Sin
embargo, existen elementos ineludibles que, al llevarse a cabo,
proveen información significativa. Esta información conduce
a la reflexión sobre el impacto de las prácticas de enseñanzaaprendizaje y a la eventual mejora del programa educativo.
Las prácticas de evaluación pueden ser plurales; lo más
naturalmente académico es que así lo sean; no pueden ser,
sin embargo, un ejercicio soterrado, oculto a los ojos de los
estudiantes. La transparencia, la claridad de criterios, la equidad,
la intención de mejora, así como la estructura formativa de la
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-194

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�Zamora y Martínez Quiroz / Evaluación de la educación

que se compone, son características ineludibles que hacen de
la evaluación educativa una herramienta irremplazable en el
proceso de enseñanza-aprendizaje.
Antecedentes
En el Sistema Educativo Mexicano (SEM), la educación superior
(nivel educativo al que se accede después de los estudios de
preparatoria) para la mayoría de los estudiantes representa uno
de los desafíos más complejos. Estos se deben enfrentar en su
trayecto por las aulas de ese peldaño académico. Según datos de
la Secretaría de Educación Pública (SEP, 2024), de cada 100 niños
que se integran a la educación primaria, solo 39 lograrán pisar
las aulas en alguna licenciatura del país. El dato más lapidario,
sin embargo, es que únicamente 28 de ellos, producto de superar
las adversidades que se les presentan, consiguen alcanzar su
título universitario. De este modo, en México, 72% de los jóvenes
estudiantes, por distintos factores externos o internos, verán
frustradas, de manera involuntaria, sus expectativas educativas.
Uno de los elementos del proceso de enseñanzaaprendizaje que por muchas generaciones ha desafiado la
permanencia de los estudiantes universitarios en la educación
superior es la evaluación educativa. Aquellos estudiantes que,
de acuerdo con el juicio de los evaluadores, no cumplen de
manera satisfactoria con los objetivos de aprendizaje de los
programas educativos, estarán en riesgo de perder su lugar en
la educación superior. Se espera que, con el diagnóstico y con
la retroalimentación adecuada, los alumnos puedan, de manera
progresiva, superar las dificultades que se les presenten en su
trayecto académico. En este sentido, la evaluación educativa
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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

cobra una importancia significativa en el proceso de enseñanzaaprendizaje. Será a través de esta herramienta que los estudiantes
conozcan sus fortalezas y áreas de oportunidad. Esto es a través
de esta herramienta que los estudiantes conozcan sus fortalezas y
áreas de oportunidad, siempre y cuando el diagnóstico realizado
sea lo más cercano posible a lo que sucede en las aulas. En palabras
de Zamora (2022):
La intervención docente y la evaluación se convierten en los
insumos más importantes en el avance educativo de los alumnos, esto debido a que la labor de los educadores en esta etapa
desencadenará en los estudiantes una serie de fenómenos de
aprendizaje que serán en lo sucesivo identificados por los docentes al realizar el proceso de evaluación pertinente (Zamora,
2022, p. 142).

La evaluación es el preámbulo a la gradual mejora de las
prácticas de enseñanza-aprendizaje de docentes y estudiantes.
Cada paso que se sigue para llevar a cabo un diagnóstico más preciso
acerca del desempeño de los estudiantes es fundamental en la
construcción de modelos formativos. Estos modelos contribuyen
a identificar las rutas más convenientes, de acuerdo con cada
contexto en el que se desarrolla nuestra práctica educativa, para
mejorar la forma en la que aprenden los estudiantes. La evaluación
educativa, en este sentido, ha sido una firme aliada del proceso
educativo institucional; contribuye en mucha medida a conocer
los avances progresivos de los estudiantes en su tránsito por la
academia.
El propósito de la evaluación educativa no es la
estricta exactitud; por ahora, no podemos determinar con
tanta fidelidad el grado en el que el proceso de enseñanza ha
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�Zamora y Martínez Quiroz / Evaluación de la educación

alcanzado los aprendizajes esperados. Las situaciones únicas
y las características personales de los agentes que se están
evaluando son factores que hacen imposible conocer de manera
precisa e infalible el proceso de evaluación. A lo que se aspira,
entonces, es a una aproximación intencionada y genuina a la
realidad de la evaluación educativa; porque la realidad del aula
es ineludible, no se puede evadir ni ignorar, hay que ceñirse a
ella. Lenin solía repetir que: “Los hechos son testarudos” (1985,
p. 412).
Definición de evaluación
La definición del concepto de evaluación pedagógica o educativa
ha originado una variedad abundante de bibliografía. Esta
pretende dar luz acerca de lo que significa en realidad esta
práctica, de su impacto en el aprendizaje de los estudiantes, en
la enseñanza de los docentes y en el mismo programa educativo.
El concepto es claro: la evaluación educativa es el proceso
cualitativo y cuantitativo por medio del cual los estudiantes,
docentes, directivos y el mismo programa académico, a través de
quienes lo operan, reconocen de manera intencional sus fortalezas
y áreas de mejora. Este conocimiento, cuando se acerca lo más
posible a la realidad, ayuda a los involucrados a tomar decisiones
encaminadas a la mejora continua del proceso de enseñanzaaprendizaje. Debido a que la práctica educativa es dinámica, la
evaluación también lo es; una vez que algo cambia o se modifica
en el proceso de enseñanza-aprendizaje, se reinicia el ciclo para
conocer el impacto de los ajustes realizados. La evaluación
educativa es un proceso inagotable.
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La práctica educativa, cuando carece de un proceso de
evaluación confiable, permanece estática; no hay oportunidad
de avance, ni existe camino que conduzca a la mejora de los
aprendizajes, del quehacer docente o del mismo programa
educativo. Si bien es cierto que, según Miralles, Molina y
Santiesteban (2011), “la evaluación es un reflejo del estilo de
enseñanza” (p. 13), también lo es la puesta en práctica del
programa educativo en todos sus ángulos. Así, al evaluar el
aprendizaje, se estará, al mismo tiempo, evaluando la enseñanza
y el propio programa educativo. Por lo tanto, “La evaluación es
un acto profesional con intención de mejora” (López, 1999, p. 22).
La mejora continua es el fundamento en el que descansa
el proceso de evaluación educativa; responde, desde el aula, a la
transformación gradual de todos los elementos que intervienen en
el proceso de enseñanza-aprendizaje. A través de ella se reconocen
las fortalezas y las áreas de oportunidad tanto de docentes y
estudiantes como del programa educativo correspondiente.
Ralph Tyler, el padre de la evaluación moderna, a quien debemos
el método sistemático para evaluar a los estudiantes desde una
perspectiva más amplia que la de solo el rendimiento objetivo e
inflexible, afirma que:
El proceso de evaluación significa, fundamentalmente, determinar en qué medida el currículo y la enseñanza satisfacen
realmente los objetivos de la educación. Puesto que los fines
educativos consisten esencialmente en cambios que se operan
en los seres humanos, es decir, transformaciones positivas en
las formas de conducta del estudiante, la evaluación es el proceso de determinar en qué medida se consiguen esos cambios
(Tyler, 1998, p.109).
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�Zamora y Martínez Quiroz / Evaluación de la educación

Tipos de evaluación educativa
Con el avance de las investigaciones en el campo de la educación,
se reconoce al estudiante no solo como un individuo que asiste y
aprende de manera automática y mecanizada dentro del aula. Sino
como aquella persona que vive y siente el proceso educativo que lo
ha de envolver, cuestionar, condicionar y transformar. “Los seres
humanos no somos solo conductas, sino también pensamiento y
afectividad” (Miralles, Molina y Santiesteban, 2011, p. 20).
Las investigaciones en educación, entre otros avances,
han dado luz acerca de los factores que impactan y determinan
la enseñanza y el aprendizaje en el aula. Estos factores internos
y externos que condicionan el aprendizaje en los estudiantes
son de diferente índole (económicos, culturales, geográficos,
sociales, familiares, emocionales y personales). No todos ellos
afectarán de la misma manera a un individuo. Es por eso que, en el
proceso de enseñanza y aprendizaje, se han de considerar dichos
condicionantes como posibles barreras para el aprendizaje.
Además, habrán de ser tomados en cuenta para evitar la emisión
adelantada de juicios de valor.
La emisión de juicios de valor sobre los alumnos y sobre la calidad de sus tareas se suele basar en una información elemental o
en una percepción muy genérica sobre su personalidad; es decir, se critica la tendencia en la práctica evaluadora a reducir
el espectro de informaciones y, por lo tanto, a simplificar los
juicios de valor (Rodríguez, 2001, p. 15).

Debido al conocimiento que hoy se tiene acerca de la
diversidad de elementos que intervienen en el proceso educativo,
la evaluación no podía permanecer inmutable; esta ha transitado
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de un enfoque cuantitativo al predominantemente cualitativo.
No obstante que, según House (2001), el enfoque más popular de
la evaluación es el cuantitativo, “el salto cualitativo se produce
cuando a la evaluación se le asigna, o se le reconoce, la función de
mejora” (Pérez-Juste, 2014, p. 24). La integración del concepto de
mejora al de la evaluación educativa significó un cambio radical
en el proceso, que lo llevó a transformar no solo la manera, sino el
fundamento con el que hoy se realiza.
Para entender mejor cuánto han aprendido los estudiantes,
teniendo en cuenta todas las diferencias, antecedentes, obstáculos
y factores que influyen, la evaluación educativa se divide en varias
categorías. En este estudio, se tratarán las tres siguientes:
Evaluación diagnóstica: Con este tipo de evaluación, los
docentes (o quien pretenda evaluar) se enfocan en conocer los
antecedentes de sus alumnos; sus intereses; estilos de aprendizaje;
conocimientos previos; habilidades; actitudes; así como su
contexto social, cultural, económico, familiar y emocional. El
propósito de este tipo de evaluación es (como en todo proceso
evaluativo) fortalecer y enriquecer el conocimiento acerca de los
factores que pueden contribuir o interferir en el aprendizaje de
los estudiantes y, de ese modo, orientarse a la mejora del proceso.
Evaluación formativa: La evaluación formativa busca
retroalimentar de manera continua, a lo largo de todo el proceso
educativo, el desempeño de los estudiantes. Con este enfoque de
la evaluación, existe un seguimiento real, verificable y constante
de la manera en la que cada alumno produce, desarrolla y aplica
sus conocimientos, habilidades, valores y actitudes en el aula. El
acompañamiento que ofrece la evaluación formativa permite a
los estudiantes tener más oportunidades de rectificar su trabajo
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-194

199

�Zamora y Martínez Quiroz / Evaluación de la educación

académico. El propósito de la evaluación formativa es la mejora
continua de los aprendizajes.
Evaluación sumativa: La evaluación sumativa es aquella
que se realiza para medir de manera numérica el cumplimiento de
ciertos objetivos de un programa académico, de un plan periódico
de clase, de los aprendizajes esperados o del resultado del proceso
de enseñanza-aprendizaje desarrollado. Este tipo de evaluación
se enfoca en el uso de instrumentos más objetivos para recolectar
información acerca del desempeño de los estudiantes para dar
mayor certeza al proceso. De manera general, la sumativa se lleva
a cabo al final del proceso educativo y se asigna, según el grado
de cumplimiento, una calificación final al estudiante. Debido a
la temporalidad en la que se lleva a cabo, este tipo de evaluación
ofrece pocas oportunidades para reorientar, en tiempo real,
la práctica educativa de los alumnos, por lo que la mejora del
proceso no se advierte a primera vista en el proceso sumativo.
Como se puede observar, las características de estos tipos
de evaluación pueden aprovecharse en conjunto. Es decir, tanto
la evaluación diagnóstica, formativa y sumativa ofrecen ventajas
cualitativas y cuantitativas, que permiten enriquecer y mejorar
la práctica en el aula. Resulta conveniente, entonces, que en
todo proceso educativo se utilicen los tres tipos de evaluación
descritos. Así, cualitativas y cuantitativas, que permiten
enriquecer y mejorar la práctica en el aula. Resulta conveniente,
entonces, que en todo proceso educativo se utilicen los tres
tipos de evaluación descritos. Así decir, tanto la evaluación
diagnóstica, formativa y sumativa ofrecen ventajas cualitativas
y cuantitativas, que permiten enriquecer y mejorar la práctica
en el aula. Resulta conveniente, entonces, que en todo proceso
200

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-194

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

educativo se utilicen los tres tipos de evaluación descritos. Así,
cualitativas y cuantitativas, que permiten enriquecer y mejorar
la práctica en el aula. Resulta conveniente, entonces, que en
todo proceso educativo se utilicen los tres tipos de evaluación
descritos. Así conveniente, entonces, que en todo proceso
educativo se utilicen los tres tipos de evaluación descritos;
así, los docentes podrán tomar ventaja de los elementos más
relevantes de cada enfoque, que proporcionen información
veraz, pertinente y oportuna para evaluar a los estudiantes. En
este sentido, Tyler sostiene que:
La evaluación no deberá limitarse a realizar esa valoración en
un determinado momento puesto que, a los fines de comprobar
la existencia de posibles cambios, es imprescindible realizar las
estimaciones al principio y al final del proceso, con el objeto
de identificar y medir los que en ese momento pudieren estar
produciéndose (Tyler, 1998, p. 109).

Cuando se abordan componentes inherentes a la conducta
de las personas, resulta complejo percatarse de los cambios que
ocurren, sin la ayuda de instrumentos de evaluación apropiados
y diversos. El uso de diferentes métodos efectivos para recolectar
información sobre cómo avanza el proceso de enseñanzaaprendizaje permitirá al evaluador, desde varios aspectos de la
práctica educativa, notar los cambios en el comportamiento de
sus estudiantes. Con relación a esto último, Tyler (1998) afirma
que “la modificación en las pautas de conducta es precisamente
uno de los fines que la educación persigue” (p.109).
Es preciso, con el objetivo de subrayar la importancia
de la evaluación educativa, citar las palabras de López (1999):
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-194

201

�Zamora y Martínez Quiroz / Evaluación de la educación

“…una evaluación tiene sentido en la medida en la que satisface
cada una de las cuatro cualidades: idoneidad, eficacia, fiabilidad y
generadora de plan de mejora” (p. 40).
Instrumentos de evaluación
Por instrumento de evaluación se entiende el mecanismo del
proceso educativo que permite obtener, de manera gradual,
información y datos que dan muestra del avance de los estudiantes
en el proceso de enseñanza-aprendizaje, así como de la efectividad
de los programas educativos.
Los instrumentos de evaluación, debido a que las
estrategias de enseñanza varían de acuerdo con las características
de los estudiantes y del programa de estudios, responden a
diferentes situaciones y momentos del proceso del aprendizaje.
La subjetividad de los implicados en el proceso de enseñanzaaprendizaje permite que los instrumentos de evaluación, entre
otros recursos, se adapten a las necesidades de la práctica educativa.
Para el propósito de este estudio, se describen los
siguientes instrumentos de evaluación:
La rúbrica: En el contexto educativo, es un mecanismo
cualitativo que mide el nivel de avance de los estudiantes por
medio de criterios específicos elaborados por los evaluadores,
casi de manera artesanal, en correspondencia con los objetivos
del programa de estudios. El propósito de este instrumento
es evaluar, desde una posición imparcial, justa y objetiva, la
producción académica y conductual de los estudiantes.
Lista de cotejo: Es un instrumento que, como su nombre
lo indica, es una lista que se emplea para cotejar la omisión o
cumplimiento de ciertas tareas, acciones, objetivos, conductas,
202

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-194

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

habilidades y comportamientos que se desarrollan en la práctica
educativa. La lista de cotejo tiene el propósito de verificar la
existencia o ausencia (objetivas) de elementos que contribuyen a
la mejora del proceso de enseñanza-aprendizaje, en concordancia
con los objetivos del programa de estudios.
Exámenes: Son pruebas estandarizadas que miden, de
manera cuantitativa, por medio de preguntas abiertas o cerradas,
el grado en el que los estudiantes dominan cierto contenido del
curso. En palabras de Tyler (1998), “…permiten conocer el grado de
capacitación de los estudiantes para analizar y resolver problemas
verbales, de vocabulario, de lectura y muchos tipos de destrezas y
habilidades fáciles de expresar de manera verbal” (p.110).
Guía de observación: Es un instrumento cualitativo
que permite al observador, por medio de una guía previamente
elaborada, registrar los fenómenos que se desarrollan durante
la práctica educativa. El propósito de esta guía es acercarse a la
realidad del proceso de enseñanza-aprendizaje para comprender,
analizar, describir, explicar, retroalimentar y evaluar el desempeño
de los estudiantes desde una perspectiva contextualizada y más
cercana a la naturaleza del proceso.
Metodología
La metodología empleada para este estudio fue de carácter
descriptivo, exploratorio y cuasi experimental. Se aprovecharon,
en este sentido, las ventajas de los enfoques cuantitativo y
cualitativo en investigación. Las características cuantitativas
se describen en los datos estadísticos y numéricos recabados;
mientras que las cualitativas se presentan en el análisis e
interpretación de los resultados y conclusiones.
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�Zamora y Martínez Quiroz / Evaluación de la educación

Para la recolección de datos, se diseñó un cuestionario de
20 preguntas en escala de Likert, dividido en cuatro secciones:
a. Declaración de confidencialidad: En este segmento se
manifiesta: el objetivo de este estudio; la confidencialidad de
los participantes; que el uso de los datos recabados será solo
para los fines exclusivos de esta investigación.
b. Datos del participante: En esta sección, se recoge información
como: género, grado de estudios, años de experiencia docente,
facultad en la que se encuentra adscrito, carrera en la que
desempeña la labor docente.
c. Sección de preguntas: 20 preguntas en escala de Likert.
d. Sección de comentarios y recomendaciones.
Con el propósito de refinar la estructura y contenido del
cuestionario, se realizó una prueba piloto en la que participaron
20 docentes universitarios (los cuales quedaron excluidos de la
muestra final); con este ejercicio, se lograron identificar y ajustar
algunas preguntas ambiguas que presentaban dificultades
conceptuales. Se pudo determinar, asimismo, la posibilidad de
replicar el cuestionario a una escala mayor. La aplicación del
cuestionario fue de manera directa en las instalaciones externas
de cada facultad ubicada en el campus de Ciudad Universitaria,
situada en San Nicolás de los Garza, Nuevo León. Para aquellos
docentes cuyo centro de trabajo se encuentra fuera de este
campus, se empleó un formulario de Google Forms que fue enviado
por mensaje directo a través de su cuenta institucional en la
plataforma Teams, durante los meses de julio y agosto de 2024. El
universo de este estudio fue de 4682 docentes de nivel superior
de la UANL (UANL, 2024); el muestreo fue no probabilístico
204

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-194

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

por conveniencia. El total de cuestionarios recabados, tanto de
manera directa como a través de Google Forms, fue de 224, de los
cuales 109 corresponden al género masculino (48.7%) y 115 al
género femenino (51.3%). Los datos se procesaron en el programa
Statistical Package for Social Sciences (SPSS).
Para el tratamiento de los datos, se llevó a cabo un análisis
descriptivo y correlacional de la información recopilada; esto
permitió ordenarla y clasificarla por medio de tablas estadísticas.
Con esto, se identificaron las variables y tendencias que se
relacionan con las prácticas de evaluación educativa, como el
grado de estudios, la experiencia docente, tipos de evaluación, los
instrumentos que se emplean y la frecuencia en la que se utilizan.
Los resultados se muestran a continuación en diez tablas
representativas, con la descripción correspondiente.
Resultados
En este segmento, se presentan los resultados del cuestionario
aplicado a docentes de educación superior.
Tabla 1
Tipo de evaluación con mayor peso

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

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�Zamora y Martínez Quiroz / Evaluación de la educación

En la pregunta relacionada con el tipo de evaluación
que tiene mayor peso en la práctica educativa de los docentes,
los resultados muestran que el 49.1% de los participantes
asigna mayor peso a la formativa. El 34.8% apunta que ambos
procesos (formativo y sumativo) tienen el mismo valor al
momento de evaluar; mientras que el 16.1% considera que la
evaluación sumativa es de mayor importancia (ver tabla 1).
Los docentes de las áreas de humanidades y ciencias sociales
tienden, en mayor medida, a asignar más valor a la evaluación
formativa, en comparación con aquellos que se ocupan de las
ciencias exactas.
Tabla 2
La evaluación diagnóstica a los estudiantes

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

En esta pregunta, ¿con qué frecuencia, al iniciar el
semestre o al introducir un nuevo tema en la clase, lleva a cabo
una evaluación diagnóstica a sus estudiantes?, el 38.8% de los
participantes declara que casi a menudo lleva a cabo una evaluación
diagnóstica al iniciar el semestre o al introducir un nuevo tema
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-194

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

en la clase. El 21% tiende a siempre hacer un diagnóstico inicial;
el 20.5% de los docentes apunta que a veces, el 2.1% afirma que
casi nunca, mientras que el 7.6% de los participantes declara que
nunca realiza este tipo de evaluación (ver tabla 2).
Tabla 3
Instrumento empleado con mayor frecuencia para evaluar
a los estudiantes

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

Esta pregunta hace énfasis en los instrumentos que los
docentes emplean con mayor frecuencia para la evaluación de los
estudiantes. De acuerdo con las respuestas: el 71% de los docentes
evalúa con mayor frecuencia por medio de la producción de sus
estudiantes. El 14.3% con los exámenes, el 8% utiliza las listas
de cotejo y el 6.7% restante, las rúbricas. La guía de observación,
en este segmento, no obtuvo menciones (ver tabla 3). Los datos
muestran que la producción de los estudiantes es el instrumento
que los docentes emplean con mayor frecuencia en el proceso de
evaluación educativa. Los exámenes, aunque en menor medida,
son el segundo más utilizado.  
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207

�Zamora y Martínez Quiroz / Evaluación de la educación

Tabla 4
Instrumentos empleados con menor frecuencia para evaluar
a los estudiantes

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

De acuerdo con los resultados (como se muestra en la
tabla 4), los instrumentos menos utilizados por los docentes para
evaluar a los estudiantes son los exámenes (50.4%), seguido por
la guía de observación (33%) y las listas de cotejo (9.8%). Los
datos revelan que los docentes que forman parte del universo
de las ciencias exactas tienden en mayor medida a emplear los
exámenes para evaluar a sus estudiantes; aquellos profesores
insertos en el campo de las humanidades y ciencias sociales los
utilizan con menor frecuencia.
Tabla 5
Instrumento más efectivo para evaluar a los estudiantes

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

208

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-194

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

De acuerdo con los datos, el 68.3% de los participantes
considera que el instrumento más efectivo para evaluar es la
producción generada por los estudiantes (actividades de clase,
tareas, proyectos, debates, ensayos, reflexiones, trabajos finales,
entre otros) en el proceso de enseñanza-aprendizaje. El 15.2%
sostiene que las rúbricas son efectivas; el 13.4% afirma que los
exámenes; mientras que el 3.1% se inclina por las listas de cotejo
(véase tabla 5).
Tabla 6
Instrumento menos efectivo para evaluar a los estudiantes

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

De acuerdo con los resultados, los participantes afirman
que los exámenes (53.1%) y la guía de observación (30.4%)
son los instrumentos menos efectivos para la evaluación de los
estudiantes (ver tabla 6). Los resultados indican que un amplio
sector de los docentes de las áreas de humanidades y ciencias
sociales toma distancia del uso de los exámenes para evaluar a
los alumnos. Estos datos son consistentes con los mostrados en
la tabla 4, en la que los exámenes aparecen como el instrumento
que se emplea con menor frecuencia.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-194

209

�Zamora y Martínez Quiroz / Evaluación de la educación

Tabla 7
Elementos cualitativos en el proceso de evaluación

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

Con relación al nivel en el que los elementos cualitativos
(emociones, motivación, grado de interés en los contenidos,
participaciones, valores, particularidades de los alumnos) se
toman en cuenta para evaluar al estudiante: el 35.3% afirma que
mucho. El 30.4% declara que suficiente, el 28.1% sostiene que
regular y el 6.3% que poco. El rubro asignado a la respuesta:
nada, no obtuvo menciones (así se muestra en la tabla 7). Los
resultados sugieren que los elementos cualitativos son en mayor
grado considerados en el proceso de evaluación, en aquellas áreas
afines a las humanidades y ciencias sociales.
Tabla 8
Elementos cuantitativos en el proceso de evaluación

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Los datos muestran que en la práctica educativa del 59.4%
de los participantes, los elementos cuantitativos (calificaciones
numéricas y objetivas) son en gran medida tomados en cuenta
para la evaluación de los estudiantes. El 32.6% considera que
lo son en suficiente medida, mientras que el 8% declara que la
evaluación cuantitativa es en regular escala relevante. Los rubros
poco y nada, no recibieron menciones (ver tabla 8). Los elementos
cuantitativos, según los datos, tienen mayor presencia entre
los docentes de las áreas afines a las matemáticas, ingenierías,
química y biología.
Tabla 9
La participación de los estudiantes en el diseño de los
criterios de evaluación

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

Con relación a la frecuencia en la que los estudiantes
forman parte del diseño de los criterios de evaluación del curso,
los resultados son los siguientes: el 40% de los docentes afirma
que a veces, el 20.5% que casi siempre, el 19.2% casi nunca, 14.7%
nunca y 5.4% siempre (véase tabla 9). Los datos demuestran que
los estudiantes, no en todos los casos participan del diseño de los
criterios de evaluación. La tendencia es irregular y muestra poca
uniformidad en esta práctica.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-194

211

�Zamora y Martínez Quiroz / Evaluación de la educación

Tabla 10
Manera en la que se determina la evaluación de los estudiantes

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

En la pregunta: ¿Cuál de las siguientes opciones se acerca más a
la manera en la que se determina la evaluación de sus estudiantes
al final del curso? Los resultados muestran que el 64.3% de
los docentes toma en cuenta las características formativas y
sumativas, combinando valores numéricos y objetivos con las
particularidades, valores y actitudes de los estudiantes. El 28.1%
se inclina por emplear valores numéricos y objetivos para medir
el desempeño de los estudiantes; solo el 7.6% toma únicamente
en cuenta las características y particularidades de los alumnos, su
contexto, los valores y actitudes mostrados en clase para evaluar
a sus estudiantes (ver tabla 10).
Conclusiones
Según los resultados de esta investigación, se concluye que la
evaluación formativa, que considera el rendimiento académico,
las características de los estudiantes y su entorno, así como
sus valores y actitudes, es la más utilizada por los profesores
universitarios. La evaluación sumativa, en cambio, tiene un
peso no determinante para la evaluación de los estudiantes,
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-194

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

principalmente en el campo de conocimiento correspondiente a
las humanidades y las ciencias sociales.
Al iniciar el semestre o al introducir un nuevo tema,
algunos docentes no llevan a cabo una evaluación diagnóstica;
sin embargo, muchos educadores sí lo hacen, aunque no de
forma habitual en la práctica educativa. Los docentes con
menor experiencia realizan, en grado más bajo, la evaluación
diagnóstica al inicio de un curso o en la introducción de un
nuevo tema. En contraste con aquellos que cuentan más años
de experiencia, estos últimos muestran mayor regularidad en
el empleo de este tipo de evaluación. La experiencia docente
impacta, de manera significativa, en el empleo de la evaluación
diagnóstica.
La producción de los estudiantes (actividades de clase,
tareas, proyectos, debates, ensayos, reflexiones, trabajos finales,
entre otros) es el instrumento por medio del cual los docentes
evalúan con mayor frecuencia a sus estudiantes. Los docentes, en
su mayoría, consideran que aquel es el instrumento más efectivo
a la hora de evaluar. Las rúbricas, a su vez, son el instrumento en
el que los docentes se apoyan para evaluar el desempeño de los
estudiantes en dicha producción.
Los exámenes, por su parte, son usados en menor medida.
Este instrumento es, en grado mayor, empleado entre los
docentes de las áreas de ingeniería, química, biología, economía,
arquitectura, matemáticas, administración y contabilidad. La
naturaleza de las carreras pertenecientes a esas áreas parece un
factor que permite el uso de este instrumento de evaluación. Las
carreras orientadas a las humanidades y ciencias sociales tienden
a usar el examen en muy poca medida. Las listas de cotejo y la
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-194

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�Zamora y Martínez Quiroz / Evaluación de la educación

guía de observación son instrumentos que, en general, son poco
utilizados por los docentes universitarios.
Aunque los exámenes son los instrumentos que requieren
menos tiempo y esfuerzo para su elaboración, no son el mecanismo
más popular entre los docentes universitarios. La producción de
los estudiantes y las rúbricas son los instrumentos que requieren
de mayor tiempo y esfuerzo para su diseño e implementación; sin
embargo, son los más utilizados por los docentes universitarios.
La efectividad de dichas herramientas a la hora de evaluar es el
factor principal para promover su uso.
Los elementos cualitativos (emociones, motivación,
grado de interés en los contenidos, participaciones, valores,
particularidades de los alumnos) son, en notable medida, tomados
en cuenta para la evaluación de los estudiantes, principalmente
en las áreas de humanidades y ciencias sociales. Para los docentes
cuyo campo del conocimiento son las ciencias exactas, aquellos
elementos son importantes, mas no determinantes; la evaluación
cuantitativa, en este caso, tiene mayor peso.
Con el propósito de que el proceso de evaluación
educativa adquiera legitimidad, los estudiantes deben ser
llamados a enriquecer, con sus características, particularidades
y necesidades académicas, este elemento formativo. Sin embargo,
los resultados de este estudio muestran que la participación de
los alumnos en el diseño de los criterios de evaluación del curso
es irregular. Sin embargo, los resultados de este estudio muestran
que la participación de los alumnos en el diseño de los criterios
de evaluación del curso es irregular; no siempre los docentes los
hacen partícipes en este ejercicio. Esto puede contribuir a que
los estudiantes se perciban ajenos al proceso y lo consideren
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-194

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

un desafío o un obstáculo en su práctica educativa, y no una
herramienta para la mejora de los aprendizajes. Los docentes
se inclinan, en mayor medida, por conservar la autonomía en
términos de evaluación educativa.
Los profesores universitarios suelen considerar tanto
aspectos numéricos como cualitativos al evaluar a los estudiantes.
Esto significa que combinan datos numéricos y objetivos con las
características, valores y actitudes de los alumnos. Los docentes
de las ciencias exactas se inclinan por la evaluación cuantitativa,
tomando también en cuenta el aspecto cualitativo, sin que este
último sea determinante.
Los docentes que cuentan con doctorado tienden a
utilizar mayor variedad de instrumentos de evaluación. En gran
medida, combinan la evaluación cuantitativa y cualitativa para
diagnosticar a sus estudiantes. Esto es la evaluación cuantitativa
y cualitativa para diagnosticar a sus estudiantes; en comparación
con aquellos con nivel de maestría, quienes se inclinan por
emplear solo la producción de los estudiantes y las rúbricas para
este propósito. El grado de estudio es un factor que influye de
manera significativa en la tendencia de evaluación de los docentes
universitarios.

Referencias
House, E. (2001). Evaluación, ética y poder. Ediciones Morata.
Lenin, V. I. (1985). Obras completas (Tomo 34). Editorial Progreso.
López, M. (1999). A la calidad por la evaluación. Editorial Escuela
Española.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-194

215

�Zamora y Martínez Quiroz / Evaluación de la educación

Miralles, P., Molina, S., &amp; Santiesteban, A. (2011). La evaluación
en el proceso de enseñanza y aprendizaje de las ciencias
sociales. Universidad de Murcia.
Pérez-Juste, R. (2014). Evaluación de programas educativos. Editorial La Muralla.
Rodríguez, N. (2001). La evaluación en el aula. Editorial Nobel.
Secretaría de Educación Pública. (2024). Principales cifras del
Sistema Educativo Nacional 2023-2024. http://www.
planeacion.sep.gob.mx/Doc/estadistica_e_indicadores/
principales_cifras/principales_cifras_2023_2024_bolsillo.pdf
Tyler, R. (1998). Principios básicos del currículo. Editorial Troquel.
Universidad Autónoma de Nuevo León. (2024). Tercer informe
de actividades 2024. https://uanl.mx/utilerias/descargas/informe_uanl_2024.pdf
Universidad Autónoma de Nuevo León. (2025). Misión y visión.
https://www.uanl.mx/mision-y-vision/
Zamora, V. (2022). La evaluación en educación preescolar: El
dilema docente. Transdisciplinar, Revista de Ciencias
Sociales, 1(2). https://transdisciplinar.uanl.mx

216

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-194

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Nutrición crítica para un mundo en policrisis:
reflexiones, desafíos y posibles caminos
Towards a critical nutrition for a world in
polycrisis: reflections and possible avenues
Natalia Tumas
Laila Vivas

Resumen:
La nutrición y la alimentación son fenómenos
multidimensionales que trascienden el campo de la salud, vinculándose
profundamente con dimensiones biológicas, ecológicas, sociales y
políticas. Sin embargo, identificamos que tradicionalmente se la ha
abordado de manera fragmentada. Argumentamos que superar ello
requiere un compromiso con estrategias integradoras y críticas que
promuevan la justicia social y ambiental. En este trabajo, analizamos
y reflexionamos críticamente sobre la alimentación y nutrición como
fenómenos complejos, proponiendo una nutrición crítica como marco
integral para los múltiples e interconectados desafíos contemporáneos
(policrisis). El enfoque de la “nutrición crítica” está basado en la
complejidad, promoviendo una mirada transdisciplinaria que conecta
saberes diversos, incluyendo perspectivas socioecológicas y de género.
Asimismo, identifica potenciales caminos para su implementación,
incluyendo la soberanía alimentaria y los ecofeminismos. Una nutrición
crítica propone un conocimiento emancipador y reflexivo, capaz de
responder a la complejidad de los sistemas alimentarios y nutricionales
en el Antropoceno.
Palabras clave:
transdisciplina.

Nutrición,

ecología,

género,

complejidad,

217

�Tumas y Vivas / Nutrición crítica

Abstract: Nutrition and food are multidimensional phenomena that
transcend the field of health, deeply intertwining with biological,
ecological, social, and political dimensions. However, we identify
that it has traditionally been addressed in a fragmented manner. We
argue that overcoming this requires a commitment to integrative and
critical strategies that promote social and environmental justice. In
this work, we critically analyse and reflect on food and nutrition as
complex phenomena, proposing a critical nutrition framework as an
integral approach to the multiple and interconnected contemporary
challenges (polycrisis). The "critical nutrition" approach is based on
complexity, promoting a transdisciplinary perspective that connects
diverse knowledge, including socio-ecological and gender perspectives.
It also identifies potential pathways for its implementation, including
food sovereignty and ecofeminism. Critical nutrition advocates for
emancipatory and reflective knowledge, capable of addressing the
complexity of food systems in the Anthropocene.
Key words: Nutrition, ecology, gender, complexity, transdisciplinarity.

218

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-195

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Introducción
La nutrición es un componente esencial de la salud, que puede
entenderse tanto como un determinante como un resultado de esta
(Raiten et al., 2021). Está influida por factores internos y externos
que van desde la biología humana hasta el entorno, abarcando no
solo la selección, el consumo, la digestión y el metabolismo de los
alimentos, sino también el contexto social y ambiental en el que
vivimos (Agurs-Collins et al., 2024; Bremer et al., 2024). Por ello,
la nutrición y la alimentación constituyen enlaces clave entre las
dimensiones biológicas y sociales, entre los niveles individual
y contextual y entre la salud humana y ambiental (Bremer et al.,
2024; Agurs-Collins et al., 2024; Willet et al., 2019).
Dado que la nutrición y la salud están sujetas a factores
sociales, culturales y ambientales, sus significados y enfoques han
variado a lo largo del tiempo. En el caso de las visiones occidentales
hegemónicas, antes de la Revolución Científica (siglos XV-XVII)
predominaban las perspectivas hipocráticas y galénicas, que
concebían la salud como el equilibrio de los humores corporales,
en estrecha interacción con el entorno natural. En este marco,
la alimentación ocupaba un papel central para preservar ese
equilibrio y garantizar una vida saludable (Cannon, 2005).
Este enfoque comenzó a transformarse con la Revolución
Científica y, más tarde, con la Ilustración (siglos XVII-XVIII),
cuando emergió un enfoque fisiológico y anatómico (Conti Andrea,
2018). Este periodo estuvo marcado por el racionalismo cartesiano
y el mecanicismo newtoniano, separando progresivamente el
cuerpo humano de su contexto ecológico y social (Horkheimer y
Adorno, 1992; Merchant, 1980).
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-195

219

�Tumas y Vivas / Nutrición crítica

La Revolución Industrial (siglos XVIII-XIX) reforzó este
paradigma, al tiempo que introdujo la epidemiología moderna y
una visión higienista enfocada en entornos urbanos (Kurtz et al.,
2013; Lorimer, 2017). La nutrición se consolidó como disciplina
científica a principios del siglo XIX, con una perspectiva
cuantitativa centrada en nutrientes y energía (Corio Andújar
y Arbonés Fincias, 2009; Cannon y Leitzmann, 2022; Fardet y
Rock, 2018).
En el siglo XX y, especialmente, tras la Segunda Guerra
Mundial, los avances tecnológicos y biomédicos favorecieron
el desarrollo de nuevos tratamientos y técnicas diagnósticas,
consolidando una visión mecanicista del cuerpo humano (Weisz,
2006). Mientras, la salud pública se expandió a nivel internacional
con la creación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en
1948, que amplió la definición de salud hacia el bienestar integral
(OMS, 1946). Jean Trémolières (Francia, 1913-1976) fue clave a
nivel europeo en el desarrollo de las ciencias de la nutrición tras la
Segunda Guerra Mundial. Su enfoque cabal, que incluye aspectos
biológicos, psicológicos y sociológicos, sigue siendo una referencia
fundamental para nutricionistas, sociólogos y demás expertos en
alimentación y nutrición (Depecker y Lhuissier, 2015).
Entre los años 60 y 90, aunque se incorporaron
modelos multicausales que consideraban la interacción con la
naturaleza, la nutrición se inclinó más hacia lógicas biomédicas
y comerciales. La agroindustria y la industria farmacéutica
promovieron la idea de “nutrientes funcionales” y la genómica
reforzó una mirada reduccionista centrada en predisposiciones
genéticas, mientras que el neoliberalismo mercantilizó la salud,
enfatizando la responsabilidad individual y el consumo como
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caminos hacia el bienestar (Biehl y Petryna, 2013; Cash-Gibson
et al., 2020; Choi y Friso, 2010; Fardet y Rock, 2018; Jha et al.,
2021).
Ya en el siglo XXI, la emergencia climática, las crisis
ecosociales y las pandemias han impulsado el desarrollo y la
revalorización de marcos como One Health, Salud Planetaria,
EcoHealth y los determinantes ecosociales de la salud. Estos sitúan
a esta en la intersección entre lo social, ecológico y biológico
(Borowy y Aillon, 2017; Davis y Sharp, 2020; Mallee, 2017; Nading,
2013). No obstante, persiste la hegemonía del prisma biomédico
y el dualismo sociedad/naturaleza que limita la comprensión
integral de la nutrición.
Frente a estas tensiones, resulta imprescindible repensar
la nutrición desde una perspectiva crítica, que reconozca su
complejidad y sus dimensiones biológicas, socioeconómicas,
ecológicas y políticas. Este trabajo propone avanzar hacia una
nutrición crítica, capaz de abordar los múltiples y entrelazados
desafíos contemporáneos (policrisis) (Morin y Kern, 1996),
superando los enfoques fragmentados y reduccionistas. Para
ello, planteamos los siguientes interrogantes: ¿Por qué es necesario
entender la nutrición como un fenómeno complejo? ¿Por qué es necesario
integrar una perspectiva socioecológica? ¿Por qué es necesaria incorporar una
perspectiva social y de género? Estos interrogantes no pretenden hallar
todas las respuestas, sino estimular un posicionamiento crítico
y nuevas miradas. Asimismo, partimos de nuestra experiencia
como nutricionistas, habiendo identificado en nuestras vivencias
estudiantiles y profesionales en distintos contextos (Argentina y
España) lagunas significativas en el abordaje de la nutrición como
fenómeno complejo, atravesado por inequidades socioeconómicas
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y de género, así como por crisis ecosociales.1 ¿Cómo cambiaría la
formación en nutrición si también compartiese un vínculo estrecho con
facultades de sociología, ciencias ambientales, agronomía o política?
Planteamos un problema situado en las fronteras entre
disciplinas y espacios de pensamiento y acción, buscando
trascender los silos tradicionales. Partimos de un enfoque
relacional (Andrade Salazar, 2023) entre la nutrición (proceso
interno biológico que implica cómo el cuerpo utiliza los nutrientes)
y la alimentación (proceso externo sociocultural que abarca qué
y cómo comemos) (Corio Andújar y Arbonés Fincias, 2009),
incorporando también condicionantes ecosociales, sistémicos y
políticos. Consideramos que la nutrición y la alimentación son
campos estratégicos para promover una apertura relacional, dada
su intersticialidad con otras ciencias y saberes diversos, como la
sociología, la medicina o la ecología, entre otros. Esta perspectiva
permite expandir su significado y utilidad en contextos marcados
por el cambio, la crisis y el caos, invitando a repensar sus
fundamentos desde una posición más amplia, ética y crítica.
El artículo se estructura de la siguiente manera: primero,
exploramos la idea de “complejidad” aplicada a la nutrición. Luego,
desarrollamos dos ejes transversales que consideramos fundamentales para una nutrición crítica: la perspectiva socioecológica y la
perspectiva social y de género. Finalmente, en la conclusión sintetizamos estos pilares y compartimos algunas reflexiones sobre
posibles estrategias para su implementación y fortalecimiento.
1 A modo de ejemplo, simbólicamente, el Grado de Nutrición Humana
y Dietética en la Universidad de Barcelona (España) está inscrito en la
Facultad de Farmacia (Facultad de Farmacia y Ciencias de la Alimentación),
enfatizando su enfoque biomédico y alejándose de la nutrición como fenómeno
complejo atravesado por dinámicas de poder y relaciones ecológicas.

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Figura 1
Esquema conceptual de los ejes abordados y sus interconexiones
en la construcción de una nutrición crítica

Nota: Elaboración propia

¿Por qué es necesario entender la nutrición como un
fenómeno complejo?
La alimentación y la nutrición son tanto fenómenos biológicos
como expresiones socioculturales, ya que las decisiones
alimentarias de las personas comensales están influenciadas por
el contexto ecológico y sociocultural, económico y político en el
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que viven (Aguirre, 2017). Por ello, deben ser entendidas como
procesos multidimensionales, entrelazados con aspectos sociales,
culturales, económicos y ecológicos (Filho et al., 2022).
Sin embargo, la alimentación y la nutrición tradicionalmente
han sido abordadas de manera compartimentalizada y
reduccionista. A modo de ejemplo, Patricia Aguirre (2017)
identifica tres reduccionismos que distorsionan el componente
social de la alimentación. La reducción naturalista (limitar el
acto alimentario a su dimensión biológica, tratándolo como un
mero resultado del metabolismo humano o de la composición
química de los alimentos). El reduccionismo ahistórico (concebir
la alimentación como algo invariable, sin reconocer su historia
y evolución). Finalmente, reducción naturalista (limitar el acto
alimentario a su dimensión biológica, tratándolo como un mero
resultado del metabolismo humano o de la composición química
de los alimentos). El reduccionismo ahistórico (concebir la
alimentación como algo invariable, sin reconocer su historia y
evolución). Y reduccionismo ahistórico (concebir la alimentación
como algo invariable, sin reconocer su historia y evolución) y la
reducción individualista (asumir que las elecciones alimentarias son
libres y reflejan únicamente el deseo por parte de los individuos,
desconociendo la influencia del grupo social y de las condiciones
de acceso). Estos reduccionismos, sumados a la fragmentación
disciplinaria, impiden un enfoque integral, imprescindible para
abordar los desafíos contemporáneos.
Una vía clave para superar estas fragmentaciones es
el paradigma de la complejidad, que facilita la comprensión
del comportamiento de sistemas y agentes diversos —desde

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bacterias y células hasta sociedades y ecosistemas— (Chu,
2003; Churruca et al., 2019). Un problema complejo puede
considerarse como un sistema compuesto por totalidades
parciales con múltiples relaciones (Almeida-Filho, 2006). No
se explica con modelos lineales, pues implica comportamientos
contingentes y emergentes difíciles de predecir (Byrne, 2002;
Churruca et al., 2019). Además, abarca distintos niveles de la
realidad interconectados (individual, comunitario, ecosistémico)
y requiere abordajes transdisciplinarios (Almeida-Filho, 2006;
Edmonds, 1996; Max-Neef, 2005; Morin, 2008; Tumas, 2018).
Figura 2
Representación gráfica de las dimensiones analíticas
de la complejidad

Nota: Elaboración propia en base a la propuesta de Naomar Almeida-Filho
(2006).
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La transdisciplinariedad no solo ayuda a unir distintas
disciplinas, sino que también promueve el intercambio entre
diferentes teorías, métodos, formas de aprender y conocimientos no
académicos, superando la división tradicional de un conocimiento
fragmentado. Implica también cuestionar jerarquías epistémicas,
como la primacía biomédica, e integrar otras categorías de manera
crítica y equitativa. De esta manera, se amplía la comprensión de
los problemas en nutrición e identifican nuevas problemáticas
(Elixhauser et al., 2024; Max-Neef, 2005). La Figura 2 muestra
una representación gráfica de estas dimensiones analíticas de la
complejidad
Siguiendo estas premisas, en la nutrición y la alimentación
la complejidad puede identificarse de varias maneras. Primero,
como uno o varios sistemas, donde cada elemento (nutrientes,
microorganismos, cultura, determinantes sociales y políticos)
interactúa dinámicamente. Segundo, la nutrición y la
alimentación no pueden ser entendidas a través de modelos
lineales; por ejemplo, estudios recientes muestran que la relación
de las dietas con la salud y el medioambiente presenta tendencias
no lineales, emergentes y difíciles de predecir (He et al., 2024).
En tercer lugar, las decisiones sobre comida están afectadas por
procesos que incluyen interacciones en diferentes niveles, desde
el individuo hasta las poblaciones y el entorno global. Por último,
los fenómenos alimentario-nutricionales comprenden diversas
disciplinas (García Arnais, 2000).
De manera más reciente, Rod et al. (2023) han propuesto un
marco para conceptualizar los sistemas complejos a partir de tres
dimensiones fundamentales: patrones, mecanismos y dinámicas.
Estas dimensiones integran siete características: emergencia,
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interacciones, no linealidad, interferencias, retroalimentación,
adaptación y evolución. Tomando este marco como referencia, un
ejemplo destacado en nutrición es el eje intestino-cerebro, que
señala la comunicación neurohumoral entre el sistema digestivo
y el sistema nervioso central. En él, la microbiota intestinal —el
conjunto de microorganismos en el intestino— opera como un
influyente modulador neuroendocrino, con efectos en condiciones
psicológicas como la ansiedad y la depresión (Mayer et al., 2014).
Estos efectos surgen de interacciones entre la dieta y la microbiota,
influenciada a su vez por determinantes estructurales como la
precariedad económica o el impacto cultural y publicitario de
la agroindustria. Esta interconexión social y biológica da lugar a
procesos emergentes en el eje intestino-cerebro que reflejan una
no linealidad inherente. Por ejemplo, pequeñas variaciones en
la dieta pueden generar efectos amplificados en la salud mental.
Además, factores externos, como el estrés o el uso de antibióticos,
actúan como interferencias que alteran la microbiota intestinal,
afectando la comunicación con el cerebro y modulando el estado
emocional. La comunicación entre el intestino y el cerebro
también opera a través de ciclos de retroalimentación: una
microbiota desequilibrada influye negativamente en el estado
de ánimo, lo que puede llevar a elecciones alimentarias menos
saludables, perpetuando un ciclo de disfunción. Al mismo tiempo,
la microbiota demuestra una notable capacidad de adaptación.
Los cambios en la dieta, como la inclusión de alimentos ricos en
fibra, pueden remodelar su composición y mejorar su función
neuroendocrina. Este es un proceso dinámico y evolutivo,
marcado por las condiciones socioeconómicas, la alimentación
y la microbiota, con implicaciones en la salud mental. Entender
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el eje intestino-cerebro bajo el paradigma de la complejidad
subraya la importancia de abordajes integrales que consideren las
múltiples dimensiones y factores que moldean la relación entre
dieta, microbiota y salud mental.
Aunque es creciente el consenso sobre la importancia de
abordar la complejidad en el campo de la salud y de la nutrición
y alimentación, los ejemplos concretos de esta perspectiva siguen
siendo escasos en la práctica (Carey et al., 2015; Fardet y Rock, 2018;
Pescud et al., 2023). Esta laguna adquiere particular significado
en un contexto global atravesado por crisis interconectadas,
tales como la coexistencia de crisis ecosociales (calentamiento
global, desigualdades sociales) y nutricionales (desnutrición y
pandemia de obesidad) (Swinburn et al., 2019; Fardet y Rock,
2018; Linseisen et al., 2022).
Reconocer la complejidad del fenómeno alimentarionutricional exige visibilizar sus intersecciones con otros
sistemas. Como plantea Morin (2003): “Necesitamos concebir la
insustentable complejidad del mundo en el sentido de que es preciso considerar
en un solo tiempo la unidad y la diversidad de los procesos planetarios,
sus complementariedades al mismo tiempo que sus antagonismos”. En
este sentido, proponemos que la nutrición se entienda desde
lo micro hasta lo macro y viceversa, atendiendo a las complejas
articulaciones y tensiones entre disciplinas, dimensiones,
elementos y procesos.
¿Por qué es necesario integrar una perspectiva socioecológica
en la nutrición?
La nutrición humana es irreductible al ser humano como ente
aislado. Nuestros cuerpos y metabolismos forman parte de
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la “trama relacional de la vida” (Capra, 2006), una red donde
convergen lo biológico, lo material-ecológico y lo sociocultural
y económico. Somos el resultado de interacciones tanto internas
como externas: procesos que ocurren en los suelos, el agua, el aire,
las prácticas agrícolas y nuestros cuerpos (Bookchin, 2022). Estas
conexiones destacan nuestras dependencias ecológicas (ecodependencias), situándonos en una posición de vulnerabilidad y
conexión con el entorno (Bhuvaneswari, 2018; Herrero Cabrejas,
2017; Mies y Shiva, 2014).
A nivel biológico, el cuerpo humano es un ecosistema
multiespecie. Alberga microorganismos esenciales para
funciones fisiológicas y anatómicas; la microbiota intestinal, ya
mencionada, interviene en procesos que van desde lo digestivo
hasta lo inmune. Se estima que las células no humanas superan
en número a las humanas (aunque no en masa) (Sender et al.,
2016). Estas comunidades bacterianas y fúngicas nos convierten
en seres multiespecie (Haraway, 2019) u “holobiontes”: cuerpos
que conviven simbióticamente con otros organismos (Margulis
y Fester, 1991; Meyer-Abich, 1943). En términos de nutrición,
esta visión pluralista amplía nuestra comprensión al conectar la
nutrición con lo que nos atraviesa (medio) y rodea (ambiente).
A nivel material-ecológico, la nutrición no se limita a la
transformación de los nutrientes en componentes bioquímicos
y energía. La nutrición, como parte de un sistema abierto,
depende de los contextos ecológicos y energéticos que hacen
posible la producción de alimentos (Madison, 1997; Odum,
1953). Además, ha acelerado la producción de alimentos fósiles,
que requieren cuantiosas cantidades de combustibles fósiles
para su elaboración y transporte. Además, así como de factores
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epigenéticos que influyen en la salud. La crisis ecosocial ha
intensificado la presencia de sustancias químicas derivadas de
procesos industriales (Benach y Muntané, 2024; Hendlin, 2021).
Además, ha acelerado la producción de alimentos fósiles, que
requieren cuantiosas cantidades de combustibles fósiles para su
elaboración y transporte. Además, ha acelerado la producción
de alimentos fósiles (que requieren cuantiosas cantidades de
combustibles fósiles para su elaboración y transporte) y ha
alterado los sistemas climáticos, afectando a las cosechas y
variedades.
Un ejemplo es los disruptores endocrinos, compuestos
presentes en plásticos, pesticidas, cosméticos y otros productos
industriales que pueden interferir con el sistema hormonal.
Estos alteran procesos fisiológicos clave, como la producción de
hormonas sexuales, y aumentan el riesgo de desarrollar ciertas
enfermedades no transmisibles, como algunos tipos de cáncer
(Corbett et al., 2022; Melough et al., 2022). Al modificar funciones
corporales, también transforman la forma en que los alimentos
interactúan con nuestro organismo. Sin embargo, algunas dietas
pueden desempeñar un papel protector, ya sea mitigando los
efectos negativos de los disruptores o reduciendo la exposición
a ellos. A nivel comunitario y en políticas públicas, priorizar
productos agroecológicos u orgánicos, libres de contaminantes,
es una de las estrategias más reconocidas (Corbett et al., 2022;
Melough et al., 2022).
A nivel sociocultural y económico, es necesario
reflexionar de forma integrada sobre nuestras creencias
alimentarias, la industria alimentaria y el sistema capitalista,
considerando sus efectos ecosociales. Según Schnel (2014), las
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creencias alimentarias son premisas que configuran convicciones
personales y sociales, influyendo directamente en la conducta
alimentaria. “Las creencias se organizan y forman un sistema donde se
apoya el pensamiento, las experiencias y las expectativas, por lo cual son la
base de la planificación y la conducta e intervienen en la alimentación” (p.
91). Estas creencias no existen de manera aislada, sino que se
inscriben en imaginarios ecosociales más amplios que moldean la
relación entre alimentación, salud y entorno (Castoriadis, 1998).
Figura 3
Relación entre las creencias alimentarias y los imaginarios
ecosociales antropocéntricos

Nota: Elaboración propia

En la actualidad, muchas creencias sobre dietas “saludables”
o “adecuadas” reproducen imaginarios antropocéntricos, que
sitúan la naturaleza como un recurso al servicio de las supuestas
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necesidades humanas (Biehl y Petryna, 2013; Herrero, 2011;
Latour, 1993). En este marco, la alimentación se concibe de
manera fragmentada, reducida al bienestar humano, sin reconocer
las interdependencias entre los cuerpos y los ecosistemas. Las
dinámicas de producción alimentaria se separan de procesos
reproductivos como la regeneración del suelo (erosionado por
pesticidas y monocultivos) o la reproducción social (la cocina,
por ejemplo, se mercantiliza con fenómenos como el “delivery”)
(D’Allens, 2025).
Estas creencias e imaginarios dominantes priorizan
el valor nutricional en términos estrictamente fisiológicos,
desconectándolo de impactos ecológicos y sociales. Así, un
alimento promovido como “saludable” puede ser, a la vez,
extractivista (provocando estrés hídrico, deforestación,
acaparamiento de tierras o grandes emisiones por transporte) y
contribuir a las policrisis.
Herrero (2022) describe “ausencias” modernas —
como gravedad, miedo, límites físicos, vínculos, memoria y
responsabilidad— que, al diluirse, erosionan la convivencia
socioecológica. Por ejemplo, el desarraigo respecto a la tierra
(ausencia de gravedad) fomenta negligencias como la contaminación
y el extractivismo. En nutrición, la desconexión entre el efecto
fisiológico e impactos socioambientales distorsiona el sentido
mismo de “nutrición” y, como advierte Holt (2017), permite que
“el capitalismo nos entre por la boca”, ocultando las consecuencias
ecosociales de lo que se come.
Estas creencias no son neutrales: están moldeadas por la
cultura dominante, la industria agroalimentaria y otros centros
de poder capitalistas. Desde las multinacionales hasta los grandes
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supermercados y cadenas de restauración, el sistema hegemónico
de producción-consumo responde a intereses económicos que
determinan qué y cómo comemos. La publicidad, los sistemas de
información, el comercio y la abundancia inducen necesidades
y creencias, al tiempo que despolitizan la alimentación. Este
poder refuerza la visión antropocéntrica propia del capitalismo,
subordinando interdependencias ecosociales a la rentabilidad
y promoviendo modos de vida acelerados y extractivos,
transformando la relación entre el cuerpo y el entorno (Krieger,
2001; Kurtz et al., 2013; Foucault, 1979).
En la esfera productiva, la lógica mercantilista de la
industria agroalimentaria —orientada a maximizar beneficios—
se articula a través de grandes conglomerados multinacionales
que especulan con la tierra, fomentan monocultivos y practican
agricultura intensiva (Bonanno, 2003; Gutiérrez Vilchis y Karam
Calderón, 2024). Esta lógica tiene consecuencias devastadoras
tanto para la Tierra como para las comunidades, como demuestra
la creciente degradación de los suelos, la pérdida de biodiversidad
(incluida la agrícola) y la contribución al cambio climático. En
España, la huella de carbono alimentaria se multiplicó por 3,9
entre 1960 y 2010, y las emisiones de la producción vegetal se
quintuplicaron en el último siglo (Aguilera et al., 2000). Además,
la agroindustria genera profundas desigualdades sociales:
concentra tierras, explota laboralmente y mantiene el hambre y
la desnutrición en un contexto de abundancia (Patel, 2012; Shiva,
2016; Soler y Fernández, 2015).
Superar estas desconexiones y desigualdades requiere
abandonar la visión dualista y antropocéntrica que separa cuerpos
y entornos, economía y ecología, lo vivo y lo no vivo. Igual que
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-195

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otras dicotomías modernas (razón/emoción, cultura/naturaleza
o salud/enfermedad), la división nutrición/ecología es artificial
y limita la comprensión de los procesos interdependientes que
sostienen la vida.
Figura 4
Nutrición y su entrelazado socioecológico

Nota: Elaboración propia.

En este sentido, la pregunta central es: ¿por qué se debe adoptar
una comprensión socioecológica de la nutrición? Una representación
gráfica con los entrelazados socioecológicos de la nutrición (y
posibles respuestas a esta pregunta) se presenta en la Figura
4. Esta perspectiva entiende la nutrición no solamente como la
transformación de nutrientes en el cuerpo, sino como parte de
un metabolismo más amplio. Una visión menos antropocéntrica
y más relacional inclina la nutrición hacia lógicas ecologistas,
desjerarquizando lo humano frente a lo no humano (Bookchin,
2022); evitando el deterioro y la simplificación biológica que
caracterizan la crisis civilizatoria y planetaria sin precedentes.
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Una nutrición crítica y ecológicamente sustentable debe adoptar
una orientación sistémica que contemple los impactos de las
elecciones alimentarias en consonancia con los límites planetarios
y las necesidades de justicia ambiental, revisando profundamente
sus principios, escalas de análisis y planteamientos. Debe dirigirse
hacia una ética terrestre, que expanda su alcance para abarcar
otros organismos y ecosistemas (Leopold, 1949).
¿Por qué es necesario incorporar una perspectiva social y de
género en la nutrición?
El género constituye un factor que influye de manera diferenciada
en las oportunidades económicas de las personas, en el acceso
a los alimentos, en su distribución dentro del hogar y en las
responsabilidades vinculadas a la alimentación. Así, en el campo de
la alimentación y la nutrición se observan numerosas disparidades
de género, presentes tanto en las esferas públicas como privadas
de la organización social (Villagómez, 2018). Tradicionalmente,
a los hombres se les ha asignado un “rol productivo” y a las
mujeres un “rol reproductivo” (Ferguson, 2013). En la práctica,
esto se manifiesta en que, dentro de las familias, los hombres
suelen encargarse de garantizar el acceso a los alimentos (ya sea
en especies o mediante la provisión de dinero para comprarlos),
mientras que las mujeres asumen la preparación, el servido y otras
tareas asociadas a la alimentación cotidiana.
Estas dinámicas se intersectan con inequidades sociales.
Son las mujeres de menor posición social quienes dedican mayor
tiempo al trabajo doméstico relacionado con la alimentación,
tanto en sus propios hogares como en el mercado laboral,
donde hacen trabajo doméstico remunerado en hogares de
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�Tumas y Vivas / Nutrición crítica

terceros (Bartolomé et al., 2022). Por otra parte, la mayoría
de las personas que trabajan en el ámbito de la alimentación y
nutrición son mujeres, ya sea como cocineras, nutricionistas o
profesiones afines. A pesar de ser mayoría en el sector, las figuras
más reconocidas en el ámbito de la nutrición suelen ser hombres,
reflejando un desequilibrio en el reconocimiento y la visibilidad
de las contribuciones de mujeres.
Las considerables brechas de género en la distribución de
la (mal)nutrición constituyen otro signo de inequidad de género
en el ámbito alimentario y nutricional (Kanter y Caballero, 2012).
A escala global, se han descrito diferencias sustanciales en la
dinámica de la doble carga de malnutrición y sus componentes.
En los últimos 30 años, la proporción de países que muestran un
aumento en la prevalencia combinada de malnutrición por déficit
y exceso en adultos es mayor en mujeres (80%) que en hombres
(70%). Esto es en comparación con la de los países que muestran
una disminución (6% para mujeres y 9% para hombres) (NCDRisC, 2024).
Las normas y roles de género influencian los patrones
de alimentación y el estado nutricional (Masella y Malorni,
2017; Kanter y Caballero, 2012). En contextos de pobreza, las
mujeres suelen ser las más desfavorecidas en la distribución de
alimentos, accediendo con mayor frecuencia a las denominadas
“sobras” de baja calidad nutricional y alto contenido calórico
(Villagómez, 2018). En tanto, las mujeres de mayor posición
social enfrentan numerosas presiones para alinearse a un ideal
corporal hegemónico y delgado (Costa-Font, 2020). Otros
estudios muestran que, en los estratos sociales medios y altos,
las mujeres adhieren en mayor medida que los varones a hábitos
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alimentarios saludables (Masella y Malorni, 2017; Bärebring et al.,
2020) y a una alimentación más sostenible, como la basada en
plantas (De Backer et al., 2020).
Cabe destacar que la mayoría de los estudios de género
en el campo de la alimentación y la nutrición tienen un enfoque
binario, considerando únicamente a hombres y mujeres cis. Las
trayectorias de vida de las personas transgénero y no binarias
afectan directa o indirectamente las relaciones entre cuerpo,
alimentación y nutrición, desafiando las recomendaciones
construidas desde el sistema binario de género. Esto subraya
la necesidad de una comprensión más amplia que contemple la
diversidad de experiencias de género, superando los enfoques
tradicionales limitados (Gomes et al., 2021; Linsenmeyer et al.,
2020).
Las normas y roles de género determinan la distribución
de alimentos dentro del hogar, el acceso a recursos económicos y
las responsabilidades de producción y preparación de alimentos,
generando significativas inequidades. Estas inequidades se
intersectan con otros determinantes sociales —como la etnia, la
clase social y el lugar de residencia—, complejizando la matriz
de inequidades en el campo alimentario-nutricional (Fivian et
al., 2024). Así, integrar una perspectiva social y de género en
nutrición es esencial para comprender y abordar las sinérgicas
inequidades que afectan el acceso a los alimentos, las prácticas
alimentarias y el estado nutricional.
Posibilidades y avenidas hacia una nutrición crítica
En este artículo hemos señalado la importancia de ampliar la
perspectiva sobre la nutrición y la alimentación, fomentando
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un paradigma de la complejidad que incorpora como elementos
clave las perspectivas ecológica, social y de género. Enmarcamos
esta propuesta en lo que denominamos una nutrición crítica:
un enfoque que analiza de manera crítica y situada los procesos
alimentario-nutricionales, para enfrentar los desafíos de un mundo
en policrisis (Morin y Kern, 1996).
Desde una visión estructural y sistémica, la nutrición se
inserta en estructuras marcadas por densas relaciones de poder
e intereses hegemónicos. El neoliberalismo —con su dominación
mercantil y empresarial, el estilo de vida individualista y
la alienación de la naturaleza— limita las posibilidades de
alcanzar una nutrición óptima. En sentido inverso, la dimensión
relacional de la nutrición une lo micro y lo macro y brinda mayor
comprensión sobre los seres vivos y sus contextos. Esto une lo
micro y lo macro y que brinda mayor comprensión sobre los
seres vivos y sus contextos, ofrece herramientas para desmontar
mitos neoliberales como la simplificación de la vida o la falsa
predictibilidad de todos los procesos bióticos y sociales.
Hemos señalado que la fragmentación disciplinar en
nutrición (tanto dentro de la disciplina como en su diálogo
con otros saberes) es contraproducente. El conocimiento se
ve atrapado en segmentaciones y estandarizaciones nocivas,
con ciencias que no se comunican entre sí y que se investigan
bajo criterios homogéneos y reduccionistas (Garcés, 2020). La
nutrición se reduce muchas veces a un enfoque biomédico que
ignora su naturaleza compleja, atravesada por factores biológicos,
ecológicos, socioculturales, económicos y políticos.
En sintonía con lo anterior, identificamos la necesidad
de ampliar los límites del campo de la nutrición, superando el
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análisis fragmentado y basado en factores aislados. Reconocemos
la urgente necesidad de fomentar conexiones que cohesionen
saberes y prácticas. Esto implica entrelazar “hilos” que tejan una
trama enriquecida por la complejidad, la transdisciplinariedad,
la perspectiva ecológica y la atención a las inequidades sociales
y de género. En este sentido, reconocemos el potencial integrador
y crítico que revisten la soberanía alimentaria y el ecofeminismo
como “avenidas” estratégicas en nutrición (Cuadros 1 y 2).
Tabla 1
Potencialidades de la soberanía alimentaria como avenida
para una nutrición crítica
El concepto de soberanía alimentaria surgió en 1996, impulsado por el movimiento campesino global La Vía Campesina,
como alternativa al enfoque hegemónico de seguridad alimentaria (Beuchelt y Virchow, 2012; Rey et al., 2021). Según la
FAO (1996), la seguridad alimentaria existe cuando todas las
personas, en todo momento, tienen acceso físico y económico
a alimentos suficientes, seguros y nutritivos, que respondan a
sus necesidades y preferencias, permitiéndoles llevar una vida
activa y sana. En los últimos años, ha cobrado relevancia el
componente de sostenibilidad, reconociendo que la producción
y el consumo de alimentos no deben comprometer la disponibilidad y el acceso para las generaciones presentes y futuras
(Berry et al., 2015). Desde esta óptica, sólo los sistemas alimentarios que integran la sostenibilidad pueden considerarse verdaderamente seguros (Lang y Barling, 2012; Rey et al., 2021).

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Sin embargo, este enfoque ha sido cuestionado por centrarse en
la producción y la escalabilidad agrícola, sin abordar con suficiente profundidad las problemáticas del modelo industrial y
neoliberal, ni las transformaciones estructurales necesarias para
garantizar justicia global (Gutiérrez Escobar, 2019). La soberanía alimentaria plantea el derecho de los pueblos a decidir sus
propias políticas y sistemas alimentarios, priorizando la producción agroecológica, el acceso a la tierra y el respeto a la diversidad
cultural. Busca reconectar la tierra, las personas y la alimentación bajo principios de justicia social y ambiental. En este sentido, constituye una herramienta estratégica para la nutrición crítica, pues desplaza el foco de la salud individual hacia un marco
más amplio de derechos, equidad y sostenibilidad (Collart et al.,
2014; Declaración de Nyéléni, 2007; La Vía Campesina, 2003).
Una de las bases de la soberanía alimentaria es la promoción
de la diversidad agrícola. Históricamente, los seres humanos
hemos cultivado hasta 6000 especies diferentes (FAO, 2019),
pero la agricultura industrial ha reducido drásticamente esta
diversidad, imponiendo monocultivos y favoreciendo un número muy limitado de especies. Entre 1900 y 2000, este proceso
provocó la pérdida del 75% de la diversidad genética cultivada (FAO, 2010), creando un sistema alimentario homogéneo
y, por tanto, vulnerable. Desde la perspectiva de la nutrición,
la diversidad en la dieta es clave para una buena salud. Pero
¿cómo garantizar la diversidad nutricional sin una correspondiente diversidad agrícola? Esta interrelación es esencial y
muestra cómo la soberanía alimentaria abre caminos para vincular la salud de las personas con la salud de los ecosistemas.
Nota: Elaboración propia.

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Tabla 2
Potencialidades del ecofeminismo como avenida para
una nutrición crítica
Cuadro 2. Potencialidades del ecofeminismo como avenida
para una nutrición crítica
El ecofeminismo es un movimiento político e intelectual que
combina el feminismo y el ecologismo, sosteniendo que la opresión de las mujeres, de los animales y del medio ambiente están
interconectadas y son resultado de sistemas patriarcales, coloniales y capitalistas. Así, el ecofeminismo visibiliza estas interrelaciones y también ofrece un marco para analizarlas y enfrentar las intersecciones de opresión. Aboga por un cambio en los
valores hacia el cuidado y la cooperación, reorientando las lógicas productivas en función de las necesidades reproductivas,
buscando beneficiar tanto a los humanos como a otras especies
y al medio ambiente (Buckingham, 2015; Svampa, 2021). De este
modo, se configura como un valioso espacio de confluencia y
articulación, con un gran potencial para conectar las distintas
piezas que habitualmente se abordan como problemas aislados.
En este marco, una noción clave que permite articular de forma concreta la relación entre nutrición, género y ecología es el
concepto ecofeminista de cuerpo-territorio. Este concepto, con
fuerte presencia en el Sur Global y particularmente en América Latina (Iconoclasistas, 2021; Svampa, 2021), conecta la defensa de los cuerpos (especialmente de mujeres y comunidades
indígenas) con la defensa de los territorios, ambos atravesados
por procesos de explotación y colonialismo. En la región, el territorio se interpreta frecuentemente en estrecha relación con
los movimientos sociales, como parte constitutiva de las identidades colectivas y como herramienta fundamental de lucha y
transformación social (Haesbaert, 2020).
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Esta mirada subraya que la forma en que alimentamos nuestros
cuerpos está unida a la forma en la que cuidamos o, contrariamente, dañamos nuestros territorios. Para avanzar hacia una
nutrición crítica es esencial visibilizar este vínculo y el ecofeminismo se presenta como uno de los principales puentes para
lograrlo.
Nota: Elaboración propia.

En línea con lo anterior, proponemos una serie de
estrategias, sin ánimo de exhaustividad, que consideramos
fundamentales para fomentar esta integración:
Ū

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Ū

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Incorporar transversalmente las perspectivas ecológicas,
social y de género en los espacios de formación en nutrición
en grado y posgrado, así como también en la investigación y
práctica clínica en nutrición.
Promover la incorporación de perspectivas o enfoques
integradores en la investigación en nutrición (especialmente el
de la complejidad, el del ciclo de vida, enfoque interseccional,
enfoque transdisciplinario, enfoque sindémico, enfoque
sistémico, enfoque multinivel, entre otros).
Fomentar la implementación de cátedras de soberanía
alimentaria en las universidades, que tengan perspectiva
ecofeminista y que permitan asociar el conocimiento
nutricional con la producción de alimentos y su acceso, con
una significativa vinculación con la sociedad. La Red de
Cátedras Libres de Soberanía Alimentaria y colectivos afines
(Red CALISAS), en Argentina, es un ejemplo de ello.
Impulsar talleres y programas de sensibilización con
participación ciudadana, fomentando la conciencia sobre el
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origen de los alimentos y promoviendo hábitos alimentarios
justos y sostenibles (justicia social y ecológica en el plato).
Cuestionar la producción e industrialización alimentaria y la
hegemonía de las multinacionales en espacios de formación
y acción en nutrición para repensar y rediseñar sistemas
alimentarios más equitativos y sostenibles. Indagar en la
influencia de las multinacionales en las creencias alimentarias,
incluyendo la politización de los procesos de producción de
alimentos en clave ecosocial.
Cuestionar también la desigual distribución y acceso a los
alimentos, visibilizando cómo los sistemas económicos y
políticos perpetúan disparidades que afectan a los grupos
sociales más desfavorecidos.
Fomentar espacios de activismo en defensa de la tierra y su
acceso, como punto de partida fundamental de la nutrición.
Integrar la nutrición con la salud mental y otras áreas de la
salud, tanto en espacios de formación como en investigación
y atención de la salud.
Abordar la (mal)nutrición en su conjunto, superando la
separación entre malnutrición déficit y exceso, e incorporando
esta perspectiva en la formación, atención sanitaria y
definición de políticas para prevenir y reducir problemáticas
nutricionales.

La nutrición crítica se aleja de una visión reduccionista,
fragmentada y estandarizada, sino que aboga por la creatividad,
la politización, la perspectiva ecológica, social y de género de la
nutrición y la alimentación. Todo ello en un pensamiento crítico y
reflexivo que promueva variaciones ontológicas y epistemológicas.
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Esta mirada abierta sobre la nutrición se orienta hacia una
transdisciplinariedad emancipadora que permite cuestionar las
narrativas homogeneizantes dominantes (Tsing, 2015) y adoptar
miradas que enlacen la nutrición con otros procesos. Además, en
una nutrición crítica, el detalle y el rigor complementan la mirada
integral y contingente. Siguiendo a Angela Davis (2024): “only by
thinking critically and raising questions do we arrive at a way of thinking,
a way of understanding, a way of being that is very different from what is
encouraged by the prevailing knowledge”.
Figura 5
Elementos clave para avanzar hacia una nutrición crítica

Nota: Elaboración propia.

Avanzar hacia esta perspectiva nutricional requiere
un compromiso con la complejidad y la transdisciplinariedad,
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priorizando estrategias que conecten saberes, sectores y
perspectivas diversas, tales como la ecológica, social y de género.
Estos enfoques pueden mejorar la comprensión de la alimentación
y la nutrición, en tanto permiten integrar diversas dimensiones
y disciplinas, respetando su naturaleza multifacética e
interdependiente. Una visión crítica de la nutrición no solo amplía
la mirada hacia los desafíos actuales, sino que también fomenta un
paradigma alimentario-nutricional que responde a las necesidades
de un mundo en policrisis, priorizando la justicia social y ambiental.
Agradecimientos
Agradecemos a Aline Chiabai, Josep Maria Caroz y Lucinda
Cash-Gibson por su valiosa colaboración en la revisión de este
manuscrito.

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Acumulación originaria y gobierno de la pobreza.
Los cruces entre el marxismo y el giro foucaultiano
Originary accumulation and poverty governance.
Intersections between marxism and the
foucauldian turn
Andreas Portillo

Resumen: Este artículo pretende hacer una revisión teórica de las
principales corrientes que nos permiten comprender a la pobreza como
objeto de estudio complejo, desde Marx, Silvia Federici y Mike Davis
a Foucault y Mark Neocleous, Bronislaw Geremek, Robert Castel a
Alessandro Di Giorgi y otros autores y sus conceptos de acumulación
originaria, acumulación por desposesión, cuestión social. Así, se
propondrá la pobreza como algo más que un agregado de carencias,
con su dimensión histórica, características heterogéneas y parte de
una realidad relacional y estructural que distribuye capitales políticos,
económicos y sociales. Se explorará la constitución de la marginación
social como fenómeno a partir de procesos de expulsión, desposesión,
explotación, discriminación, estigmatización y criminalización
selectiva. A través del diálogo de estos autores se explorará la pobreza
como algo producido y gobernado que resulta fundamental para la
reproducción de las relaciones de producción y la expansión cíclica del
capital.
Palabras clave: Acumulación originaria, pobreza, poder, dispositivos,
control social.

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Abstract: This article aims to provide a theoretical review of the main
currents that allow us to understand poverty as a complex subject of
study, from Marx, Silvia Federici, and Mike Davis to Foucault, Mark
Neocleous, Bronislaw Geremek, Robert Castel, Alesandro Di Giorgi,
and other authors and their concepts of primitive accumulation,
accumulation by dispossession, and the social question. Thus, poverty
will be proposed as more than just an aggregate of deficiencies, with
its historical dimension, heterogeneous characteristics, and part of a
relational and structural reality that distributes political, economic,
and social capital. The constitution of social marginalization as
a phenomenon will be explored based on processes of expulsion,
dispossession, exploitation, discrimination, stigmatization, and
selective criminalization. Through the dialogue between these authors,
poverty will be explored as something produced and governed that is
fundamental to the reproduction of production relations and the cyclical
expansion of capital.
Key words: Original accumulation, poverty, power, dispositif, social
control.

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-199

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�Portillo / Acumulación originaria y pobreza

Moloch whose mind is pure machinery! Moloch whose blood is
running money! Moloch whose
fingers are ten armies! Moloch
whose breast is a cannibal dynamo! Moloch whose ear is a
smoking tomb!
Allen Ginsberg, Howl

Introducción
La pobreza es un objeto de estudio complejo. Para poder hablar de
ella. También de la acumulación por desposesión, tanto de tierras
como de trabajo no pagado que sostiene la reproducción de las
relaciones de producción. Esto implica abordar su dimensión
histórica y su existencia en el seno de una sociedad relacional,
dentro de una formación social determinada, en última instancia,
por el modo de producción. Se tiene que hablar entonces de la
génesis del capitalismo moderno. También de la acumulación
por desposesión, tanto de tierras como de trabajo no pagado
que sostiene la reproducción de las relaciones de producción.
Esto incluye la acumulación por desposesión, tanto de tierras
como de trabajo no pagado que sostiene la reproducción de
las relaciones de producción, como la devaluación del trabajo
femenino, la degradación ambiental y la expropiación de bienes
culturales comunes. Autores como Nancy Fraser (2022), John
Bellamy Foster y Brett Clark (2020), Alyssa Battistoni (2025)
y Andreas Malm (2016) han explorado esa relación entre esos
factores heterogéneos de la acumulación por desposesión y la
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-199

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degradación ambiental. La pobreza, a su vez, como objeto de
estudio en Latinoamérica, como sintetiza Carlos Barba Solano
(2009), se ha abordado desde paradigmas conservadores, como
el de la modernización (Rostow, 1971; Hirschman, 1980), el que
surgió en el seno de la CEPAL (Faria, 1978; Rodríguez, 1984), el
paradigma residual, el de la privación de capacidades (Sen, 2000),
y algunos críticos o alternativos que toman en cuenta los sistemas
de protección social, las desigualdades estructurales (Figueroa,
2001; Gutierrez, 2007; Freyre, 2012), y al empobrecimiento como
algo procesual en vez de pobreza como algo fijo (Salama, 1999;
Valencia et al., 2003).
Este artículo busca caracterizar aportes teóricos que
permitan analizar la desposesión, la pobreza y el disciplinamiento
y control de la clase trabajadora, considerando la totalidad social
y las relaciones estructurales. A partir del desarrollo de sus
diálogos conceptuales se mostrará su potencia crítica para la
sociología. Se seguirá entonces en la primera parte la siguiente
ruta: en referente a la desposesión y acumulación originaria,
empezaremos con Marx (1990), para seguir con los de Silvia
Federici (2015) y finalizar con los de David Harvey (2005).
En la segunda sección, a través de Mark Neocleous (2010),
Bronislaw Geremek (1989), Robert Castel (1995) y Jacques
Donzelot (2008), se analizará la evolución de la policía como
una herramienta para crear y mantener el orden social burgués
mediante el control de la pobreza. Se explorará cómo estos autores
proponen que desde el siglo XVI al XIX la policía pasó de ser
una respuesta reactiva a las crisis. Se convirtió en un mecanismo
activo de regulación social, ligado al Estado y eventualmente al
mercado. Este mecanismo es un sistema activo de regulación
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-199

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�Portillo / Acumulación originaria y pobreza

social, ligado al Estado y eventualmente al mercado, que funcionó
fundamentalmente clasificando a la población en merecedores o no
de la asistencia social y reprimiendo. Se hará un trazo de cómo estos
mecanismos funcionan para la integración de fuerza de trabajo,
combinando asistencia, filantropía, moralización y vigilancia.
En la tercera sección, se abordará de manera sintética el
significativo aporte de Michel Foucault (1976, 1991, 2001) en el
estudio del control social, el disciplinamiento de las poblaciones y
la transformación-producción de sujetos. Esto significa desplazar
la mirada del Estado y poner el foco en procedimientos y técnicas al
interior de estructuras políticas donde el poder se ejerce de manera
difusa. Es ahí donde también se pueden observar las resistencias
que están siempre presentes. La propuesta teórica de Foucault
sobre el poder y el gobierno de las poblaciones se describirá, así
como sus conexiones con autores anteriores, utilizando conceptos
como dispositivo, gobierno y orientación estratégica, entre otros.
Finalmente, se caracterizan las mutaciones del liberalismo al
neoliberalismo de la mano de Castel (2009), Foucault (2001) y
Alessandro Di Giorgi (2006). Ellos proponen una transformación en
los dispositivos y una reorientación estratégica a la neutralización
selectiva de poblaciones consistente en la vigilancia, limitación de
acceso a espacios y contención preventiva. Se explora la posibilidad
del abandono de las pretensiones de transformación subjetiva
por la de la minimización del riesgo y la represión preventiva de
poblaciones.
Se esbozarán cruces entre los autores, puntos de contacto,
modos de complementación teórica y tensiones irresolubles
cuando existan. Este trabajo pretende fijar la atención en una
mirada histórica, relacional y que tome en cuenta la totalidad
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social. Esta propuesta se aleja así de las concepciones de la pobreza
que se concentran en estratos, carencias y diferencias salariales.
No cuestionará la génesis del concepto de pobreza mismo, la
historicidad del fenómeno y el prerrequisito fundamental del
sistema capitalista para su funcionamiento. Este es la génesis
del concepto de pobreza mismo, la historicidad del fenómeno
y el prerrequisito fundamental del sistema capitalista para su
funcionamiento: que existan grandes masas de población en la
miseria, controladas y neutralizadas para que la producción de
valor exista. Algunas de estas conexiones han sido ya exploradas
por autores como Carlos Motto (2005), Alcira Daroqui y Ana
Laura López (2012) y Ornela Calcagno (2020). Otros autores
destacados son Javier Auyero (2001), Sonia Álvarez (2011), Gabriel
Kessler (2014) y Agustín Salvia (2011). Sus contribuciones teóricas
y prácticas ayudan a entender el manejo de la pobreza, las normas
sobre el territorio y el deterioro, la asistencia a la marginalidad y
las formas actuales de crear cohesión social. También abordan las
formas actuales de crear cohesión social, el tema de las cárceles, el
sistema punitivo y sus discursos y acciones, la desigualdad social y
los fracasos en la integración social. Además, las transformaciones
en la producción y regulación de poblaciones empobrecidas, las
articulaciones con el sistema político en el caso latinoamericano
y, en especial, argentino, resultan fundamentales.
Chorreando sangre y mugre
En el capítulo veinticuatro de El Capital (1990), Karl Marx
introduce la noción de acumulación originaria, que refiere a
un proceso que funciona como el punto de partida del modo
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�Portillo / Acumulación originaria y pobreza

de producción capitalista y no el resultado de este, como lo
planteaban autores como Adam Smith. Es que la acumulación
del capital, tal como la describe en otros capítulos, implica la
preexistencia de cuantiosas masas de capital en las manos de
los productores de mercancías. El dinero y las mercancías, por lo
tanto, requieren ser transformados en capital, pero para que esto
suceda es necesario que los propietarios de dinero y mercancías
se enfrenten en el mercado a los trabajadores libres, dueños y
vendedores de su fuerza laboral. Solo de esta forma es que puede
funcionar el proceso de valorización mediante la fuerza de trabajo
ajena; por otra parte, Marx plantea que los trabajadores son libres
en un doble sentido:
ni están incluidos directamente entre los medios de producción como sí lo están los esclavos, siervos de la gleba, etcétera,
ni tampoco les pertenecen a ellos los medios de producción a la
inversa de lo que ocurre con el campesino que trabaja su propia
tierra, etcétera, hallándose, por el contrario, libres y desembarazados de esos medios de producción (Marx, 1990, pp. 2-3).

La acumulación originaria es entonces este proceso de
escisión, de separación de los trabajadores de sus medios de
producción, pero, además, la transformación misma del capital en
medios de producción y la del capital en asalariados. Se trata de un
proceso histórico y se denomina como “originario” porque, según
Marx (1990): “configura la prehistoria del capital y del modo de
producción correspondiente al mismo” (p. 3). Y este proceso se
puede encontrar en toda la historia del desarrollo de la moderna
sociedad burguesa. Marx expone el caso británico para ilustrar una
serie de elementos puntuales que se suceden: la expropiación de
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la población rural, la legislación sanguinaria, el surgimiento de las
leyes reductoras del salario y la génesis del capitalismo industrial.
Sobre la expropiación de la población rural, Marx
plantea que fue un proceso de expropiación violenta a las masas
populares. Propone que en Inglaterra comenzó en el siglo XVI
y que se terminó de consolidar en el XIX, con la expoliación
de bienes eclesiásticos, el robo de la propiedad comunal y
la transformación usurpatoria. Dichos procesos allanaron el
camino para que el campo se convirtiera en capital y surgiera
la agricultura capitalista, además de crear un proletariado libre
para la industria urbana. Sobre la legislación sanguinaria dirá
que los expulsados por la disolución de la propiedad feudal y
la expropiación violenta de las tierras no podían ser absorbidos
con suficiente rapidez por la manufactura, y tampoco adaptarse
súbitamente a la disciplina de su nueva condición. Es así,
de manera forzosa, por las nuevas circunstancias a las que
son lanzados, que surge un vasto contingente de mendigos,
vagabundos, ladrones que son castigados sanguinariamente:
“A los padres de la clase obrera se los castigó, en un principio,
por su transformación forzada en vagabundos e indigentes”
(Marx, 1990, p. 12). El aspecto estructural es ignorado por la
legislación y son considerados como si fueran delincuentes o
mendigos por voluntad propia, aunque sus antiguas condiciones
de trabajo fueran inexistentes. “La población rural, expropiada
por violencia, expulsada de sus tierras y reducida al vagabundaje,
se redujo a someterse bajo una legislación terrorista y grotesca
y, a fuerza de latigazos, hierros candentes y tormentos, a la
disciplina que requería el trabajo asalariado” (Marx, 1990, p. 13).
La legislación también es sanguinaria porque, además, regula el
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salario, prolonga la jornada laboral y mantiene al trabajador en
el “grado normal de dependencia”; en otras palabras, lo somete
a la explotación capitalista. Por último, la génesis del capitalista
industrial está ligada al saqueo colonial, la guerra comercial entre
las naciones europeas, la deuda pública en el sistema impositivo
y el sistema proteccionista –a su vez conectado a la expropiación
de productores autónomos y la opresión de los asalariados-.
Todo esto se funda sobre una violencia organizada y brutal que
funciona ella misma como “una potencia económica”.
Silvia Federici (2015), en Calibán y la bruja, coincide con
Marx en la caracterización de la violencia como un aspecto
fundamental de la acumulación originaria. Considera a esta
última categoría como un concepto útil que permite identificar las
condiciones lógicas e históricas para el desarrollo del capitalismo.
La acumulación originaria se trata de una precondición para la
existencia de las relaciones sociales capitalistas que se enmarcan
en una temporalidad específica. Sin embargo, Federici realiza una
serie de críticas a Marx. Fundamentalmente, que este se concentró
en la caracterización de dicho proceso casi exclusivamente
desde el punto de vista del proletariado industrial asalariado
y omitió los cambios y transformaciones que el capitalismo
introdujo en la posición social de las mujeres y en su fuerza de
trabajo. También, que omitió la extensiva caza de brujas que
fue impulsada por el Estado y que, para la autora, fue algo que
resultó fundamental para derrotar al campesinado europeo y que
facilitó la expulsión de estos de las tierras comunales. De esta
manera, Federici pone en discusión la explicación de Marx sin
rechazarla del todo; la amplía ahí donde este parecería haberse
quedado corto. Propone que la expropiación de los medios de
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subsistencia de los trabajadores europeos y la esclavización de
los pueblos originarios de América no fueron las únicas vías para
la producción y formación del proletariado a nivel global. Marx
hace énfasis en esto cuando explica la génesis del capitalista
industrial. También lo fueron la transformación del cuerpo en
una máquina de trabajo y el sometimiento de las mujeres a la
reproducción de la fuerza de trabajo. Además, la destrucción de
un poder previo que habrían... En este poder, la caza de brujas
jugó un papel fundamental tanto en Europa como en América.
Además, la persecución febril de presuntas brujas jugó un papel
fundamental tanto en Europa como en América. También fue la
destrucción de un poder previo que habrían detentado, en el que
la caza de brujas jugó un papel fundamental tanto en Europa como
en América, la acumulación no solo de capital y de trabajadores
a ser explotados, sino también de diferencias y divisiones dentro
de la clase trabajadora: jerarquías de género, raza y edad. Federici
argumenta que dichas divisiones impuestas por el capitalismo –
especialmente las de género– siguen vigentes, como un proceso
que se relanza una y otra vez.
Federici destaca la devaluación del trabajo de las mujeres,
el surgimiento de una nueva división sexual del trabajo y la
invisibilización de las tareas femeninas bajo la idea de que son
naturalmente inferiores; es decir, un nuevo “contrato sexual”
que
definía a las mujeres- madres, esposas, hijas, viudas – en términos que ocultaban su condición de trabajadoras mientras daba
a los hombres libre acceso a los cuerpos de las mujeres, a su
trabajo y a los cuerpos y el trabajo de sus hijos (Federici, 2015,
p.147).
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Así, las mujeres se convirtieron en un bien comunal, del
que cualquiera podía apropiarse. La autora lo piensa como un
proceso análogo al de la apropiación primitiva: el trabajo de
las mujeres se convirtió en un recurso natural que ahora estaba
disponible para todos; su trabajo quedó fuera de la esfera de las
relaciones del mercado.
Si seguimos el argumento, encontraremos que Federici
también encuentra el surgimiento de la familia en el periodo de
acumulación primitiva como la institución para la ya mencionada
apropiación y ocultamiento del trabajo de las mujeres. Si en
la clase alta las mujeres estaban excluidas de la propiedad –
residiendo de esta forma el poder en el marido-, en la clase
trabajadora la exclusión de las mujeres del salario daba ese poder
a los trabajadores sobre ellas. Es así como, haciendo énfasis
en este despojo de las mujeres y de sujeción a los hombres y la
apropiación del trabajo femenino por los trabajadores varones,
llegamos al concepto de “patriarcado del salario”. La lógica sería
la siguiente: el capitalismo, mediante la ya mencionada ocultación
del trabajo de las mujeres y su naturalización como trabajo no
pago, utiliza al salario masculino para acumular trabajo femenino
y, a la vez, puede desviar el antagonismo de clase a uno entre
hombres y mujeres.
En definitiva, la construcción de este nuevo orden patriarcal
fue fundamental para el desarrollo del capitalismo; además de la
división internacional del trabajo, como ya había señalado Marx,
Federici (2015) propone que fue de igual importancia la división
sexual del trabajo: “fue, sobre todo, una relación de poder, una
división dentro de la fuerza de trabajo, al mismo tiempo que un
inmenso impulso a la acumulación capitalista” (p.176).
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David Harvey (2005), por otra parte, señala que el
concepto de acumulación originaria es problemático, ya que
los supuestos de los que parte Marx para su concepción del
proceso –la acumulación originaria como ya efectuada y la
subsecuente acumulación como reproducción ampliada,
mercados competitivos que funcionan libremente gracias a la
garantía institucional de la propiedad privada, individualismo
jurídico, el dinero como reserva de valor y medio de circulación,
la estructura del libre mercado asegurada por el Estado que
facilita el proceso– relegan la acumulación que va de la mano de
la violencia, la depredación y el fraude a una etapa originaria, ya
pasada, o que incluso puede ser considerada como algo exterior
al sistema capitalista –según el autor, un ejemplo de esto sería el
análisis que hace Rosa Luxemburgo en La acumulación de capital–.
En cambio, si miramos con atención, encontraremos que estas
prácticas depredadoras, violentas y fraudulentas son un proceso
en curso. En consecuencia, propone el concepto de “acumulación
por desposesión” como más adecuado.
Es que, para Harvey, la mercantilización y la privatización
de la tierra, la expulsión forzosa de poblaciones campesinas, la
anulación del derecho de propiedad colectivo, la supresión
de bienes comunes, los procesos imperiales de colonización,
el tráfico de esclavos, la deuda pública y el sistema de crédito
son todos ellos procesos en curso. Según el autor, estos viejos
métodos de acumulación por desposesión se combinan con otros
nuevos mecanismos donde el rol del Estado y la política juegan
un rol clave. Entre estos nuevos mecanismos están los derechos
de propiedad intelectual –patentes y licencias de materiales
genéticos que “pueden ser usados contra poblaciones enteras”
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(Harvey, 2005, p. 114)–, la depredación de bienes ambientales
globales, la degradación ambiental, la intensificación de la
producción agrícola que transforma la naturaleza en mercancía, la
expropiación de expresiones culturales creativas, la privatización
de activos públicos y el cercamiento de bienes comunes como el
agua y servicios públicos a nivel global.
Para Harvey, la acumulación por desposesión se
ha diversificado, y se relanza por la necesidad estructural
del capitalismo –la ley de la tendencia decreciente de la
tasa de ganancia– y su problema crónico y duradero de la
sobreacumulación en la reproducción ampliada. La solución
histórica a este problema ha sido la práctica imperialista de
los ajustes espacio-temporales, pero también la desposesión al
interior de los países de mayor poder capitalista. Es un proceso
que no se efectúa sin encontrar resistencias y que implica una cada
vez mayor profundización –de la acumulación por desposesión–
para el funcionamiento del sistema global.
En conclusión, la acumulación por desposesión es
estructural y estructuradora del capitalismo. Implicó e implica
separación de los trabajadores de los medios de producción y
bienes comunes, disciplinamiento y producción de los asalariados,
degradación de las mujeres y acumulación de diferencias al
interior de la clase trabajadora. Además, hay e implica separación
de los trabajadores de los medios de producción y bienes comunes,
disciplinamiento y producción de los asalariados, degradación
de las mujeres y acumulación de diferencias al interior de la
clase trabajadora, expansión y ajustes espacio-temporales e
intervención violenta de los poderes estatales.
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Fabricando el orden
Mark Neocleous (2010) en La fabricación del orden social periodiza
la ciencia de la policía —hay que entenderla más como una
actividad que como una institución— en tres etapas. Estas serían
tanto las de la formación del Estado moderno inicial, absolutista y
representativo, como las de la consolidación del régimen burgués,
donde la policía como fuerza productiva resulta fundamental. La
primera y la segunda etapa estarían enmarcadas entre el siglo XVI
y el siglo XVIII, y la última, de finales del siglo XVIII hasta el siglo
XIX. Lo que permanece constante, sin embargo, es la función de
la policía no solo como mantenedora o reproductora del orden,
sino como creadora de este a partir de la producción del trabajo
y el trabajador asalariado y a través de la pobreza: “el proyecto
policial está íntimamente vinculado con la creación de un orden
cada vez más burgués, logrado mediante el ejercicio del poder del
Estado” (Neocleous, p. 30, 2010).
La primera etapa es caracterizada por Neocleous como
una donde el proyecto policial funcionaba como medida reactiva
ante las crisis y problemas sociales y que funciona sin usurpar
poder de ningún estrato social: “se le puede considerar una
forma de legislación de emergencia, aprobada sin romper con la
tradición legal” (Neocleous, p. 30, 2010). En esta primera etapa,
se presenta una policía cuyo objetivo es reformar el cuerpo social
mediante la regulación de las masas. El argumento de Bronislaw
Geremek (1989) en La piedad y la horca coincide bastante con el
de Neocleous. Geremek plantea que las transformaciones de la
economía europea desde el siglo XVI paulatinamente fueron
produciendo una miseria sin precedentes. Las masas expropiadas
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de sus tierras afluyeron a las ciudades y los centros urbanos
en condiciones paupérrimas. Aunado a esto, malas cosechas,
expansión demográfica, especulaciones en el mercado de
alimentos, depresión económica y aumento masivo de la mano
de obra que no pudieron ser absorbidas por el mercado. Es ante
esta crisis que reaccionaron las autoridades. Es ante esta masa de
pobres y míseros hambrientos que se enfrentaron las ciudades, y
es ante este problema que también se organizó la asistencia social
al interior de ellas:
se plantea la necesidad de poner orden en la organización de la
asistencia social: lo exigía la situación interna de las ciudades,
pero cabe atribuir un peso considerable en ello a la tendencia a
reducir la atracción de la ciudad como lugar de abundancia de
limosnas, donde cada uno puede contar con una ayuda. (Geremek, 1989, p. 140).

En esta primera etapa, entonces, surgen respuestas por
parte de instituciones religiosas y laicas en las que se empieza a
hacer una distinción de los que son merecedores de la asistencia;
se clasifica en pobres hábiles, pobres inhábiles, pobres foráneos,
mendicantes y vagabundos. Las ciudades empiezan a expulsar a
los pobres extranjeros. Se prohíbe mendigar. Se instaura el trabajo
forzoso para los pobres hábiles y la reclusión para los pobres
inhábiles. Surge e instaura el trabajo forzoso para los pobres
hábiles y la reclusión para los pobres inhábiles; surge la escuela
forzada y la colocación como personal doméstico o ayudantes,
en especial para los huérfanos e hijos de pobres. Este proceso,
esta forma de abordar la pobreza, es lo que Robert Castel (1995)
enmarca a partir de la desafiliación que se produce cuando hay
rupturas en las redes de integración primaria de sociabilidad.
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Castel coincide con Geremek en que existió una caracterización
y clasificación de los pobres, por ejemplo, la figura del vagabundo,
desocializado, sin aprendizaje ni acceso al trabajo, siempre
errático:
se comprende entonces que la represión del vagabundeo haya
consistido en lo esencial en una legislación sanguinaria, según
la clasificación con la que Marx estigmatizó las leyes inglesas
sobre el tema: si el vagabundo está fuera de la ley de los intercambios sociales, no puede esperar misericordia, y debe ser
combatido como un malhechor (Castel, 1995, p.77).

El destierro, el trabajo forzado, la deportación a las
colonias, la labor obligatoria durante el encierro que administraba
las condiciones de vida para “los más miserables de los miserables”
–viejos, locos, desviados, reprobados, niños abandonados– son
parte de las medidas que Castel rastrea en esta primera etapa.
Entre esta y la segunda etapa podríamos ubicar la agudización de
la persecución a los vagabundos y mendigos válidos.
La segunda etapa (desde el siglo XVI a fines del XVIII)
que encuentra Neocleous ya no se caracteriza por un sistema
de policía que da respuestas de emergencia, sino por una forma
intervencionista más activa que busca la regulación social
siguiendo el principio del buen orden: “la policía se preocupaba
menos por reformar el cuerpo social de estratos cada vez más
obsoletos, y más por forjar activamente el cuerpo social con ciertos
fines: el fin del Estado y de la producción de la riqueza” (Neocleous,
2010, p. 32). Se trata, ahora, ya no de un orden regido por el poder
divino, sino por un poder soberano: “de allí en más, las ordenanzas
policiales crearon una nueva ley sancionada por un poder soberano
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como actos deliberados de voluntad y razón” (Neocleous, 2010, p.
32). En la segunda etapa se va abandonando, entonces, el orden
social teológico socavado por el absolutismo y el incipiente poder
económico capitalista. Se consolidó la idea de que el Estado tenía
el poder de generar orden y de legitimar a la policía como agente
creador de ese orden. Esta se volvió más abarcativa y concebida
de manera positiva. La se volvió más abarcativa y concebida de
manera positiva; la riqueza y su producción se trataron como un
objetivo para el bien común. Por lo tanto, para la producción de
riqueza se necesitaba construir una fuerza de trabajo y el control
de la clase pobre –son estos quienes pueden invadir y amenazar
la propiedad privada-. Podemos argumentar, siguiendo a Castel,
y en correspondencia más o menos coincidente con este período
demarcado por Neocleous, que es aquí cuando la categoría de
vagabundo como un ente asocial y peligroso se construye. Es
en este período donde las workhouses, rasphouses, como lugares
de disciplinamiento, y hospitales generales, como lugares de
patologización, encuentran su apogeo.
Cercano a este proceso es que podemos encontrar la
tercera etapa (desde finales del siglo XVIII a inicios del siglo
XIX), la razón de Estado, donde:
...el Estado de orden que debía mantener la policía era el orden
del Estado. […] sistema de policía se refiere, entonces, a todas
aquellas áreas en donde, por decirlo de alguna manera, el poder
del Estado ingresa a la vida social. (Neocleous, 2010, p.34).

Cabe mencionar que Neocleous encuentra una fecha de
inicio significativa para esta nueva etapa: 1776. Se trata del año
de la publicación de La riqueza de las naciones de Adam Smith, que
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coincidiría con el auge del liberalismo. Lo importante es que,
para Neocleous, dicha obra representa la conclusión lógica de
los argumentos formulados en los siglos XVII y XVIII, según
los cuales el bien común de la nación —la riqueza— solo podía
ser defendido por los funcionarios y soberanos. En cambio,
ahora se plantea una nueva concepción, en la que el mecanismo
fundamental de la sociedad es el mercado, considerado el motor
de su desarrollo. Por lo tanto, se requiere un régimen jurídico que
garantice la libertad comercial y la independencia individual de
cada ciudadano.
Orden, ordenar, ahora significa garantizar la independencia
de la población que se presenta ligada al trabajo asalariado: “La
verdadera dependencia de los pobres parecía consistir en la
ausencia de trabajo asalariado; de allí la condición de los pobres
o los vagabundos” (Neocleous, 2010, p. 82). Surgen así una nueva
ley de la policía y otra de los pobres para dar respuesta conjunta al
problema de la pobreza. Se combinan en una política de seguridad
social y control de mendigos, vagabundos y trabajadores que se
resisten a la lógica del trabajo asalariado. Nos encontramos ante
otro intento de demarcación entre pobres, mendigos e indigentes,
pero ahora es la policía la que se encarga de identificar y juzgar
quién puede ser beneficiario de la asistencia. Es que, en definitiva,
con la nueva ley de pobres se trata de eliminar el pauperismo,
“despauperizar a los físicamente aptos”, dice Neocleous (2010, p.
146). No se trata de eliminar la pobreza, porque en última instancia
es la pobreza la que mueve a los trabajadores a laborar y así es
como se produce la riqueza. El objetivo último, como ya hemos
mencionado, es formar una clase de trabajadores asalariados.
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Castel coincidiría con Neocleous, pero encontrando
incluso desde el siglo XVII un nuevo discurso sobre la
indigencia. Especialmente consternado por su masividad, de la
que surgen los términos de mendigo y vagabundo para marcar
la marginalidad de los que estaban fuera incluso del régimen de
la pobreza. O consternado por su masividad, del que surgen los
términos de mendigo y vagabundo para marcar la marginalidad
de los que estaban fuera incluso del régimen de la pobreza, o
sea, quienes alteraban el frágil equilibrio social. La indigencia
total y absoluta podía dar paso a la violencia. La línea era tenue
debido a los bajos salarios, la inestabilidad del empleo y la
intermitencia de los tiempos de trabajo. “A los responsables del
orden público ya no les inquietaba solo –como siempre lo había
hecho– la proliferación de quienes no trabajaban (los vagabundos
y los mendigos asistidos), sino la precariedad de la situación de
los que sí tenían trabajo” (Castel, 1995, p.166). Además de esta
vulnerabilidad, Castel identifica algo que es central también
para Neocleous: la transformación de la concepción del trabajo
como fuente de riqueza social. Lo que tiene como consecuencia el
requerimiento de una doble condición para ser beneficiado por la
asistencia: ser incapaz de trabajar y tener domicilio. A esto último
Castel lo denomina principio de territorialización: excluye a los
extranjeros y vagabundos, pero admite a los indigentes válidos, a
quienes se les brinda la “oportunidad” de trabajar.
Jacques Donzelot (2008) en La policía de las familias nos
permite explorar otros aspectos de esta etapa con relación a
las formas de abordar la pobreza. En el siglo XVIII, argumenta,
surgen críticas a la derrochadora e irracional administración de
los hospicios. Sus habitantes mueren antes de que puedan ser
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redituables para el Estado. Los gastos no se pueden reintegrar –
recordemos que la acumulación de riqueza pasa a ser postulada
como un bien común–. Además, habitantes mueren antes de que
puedan ser redituables para el Estado. Los gastos no se pueden
reintegrar –recordemos que la acumulación de riqueza pasa a
ser postulada como un bien común–. No se pueden recuperar
los gastos. Debemos recordar que acumular riqueza se considera
un bien común. Además, la filantropía está tomando el lugar
del Estado como forma de intervención, siendo “una posición
equidistante de la iniciativa privada y la iniciativa estatal”
(Donzelot, 2008, p. 59). La filantropía está alineada con los
fundamentos del liberalismo y hace énfasis en el eje moralizante
y despolitizante. En otras palabras, eso que Donzelot (2008)
agrupa bajo el nombre de economía social:
todas las formas de dirección de la vida de los pobres con vistas
a disminuir el costo social de su reproducción y obtener una
cantidad deseable de trabajadores con mínimo de gasto público, en síntesis, aquello que se ha dado en llamar “filantropía”
(p. 26)

Donzelot propone dos polos de esta filantropía, uno
asistencial y otro médico-higienista. El asistencialismo tiene como
efecto la transformación de todo lo que pueda llegar a formularse
como demanda, como una cuestión de derecho político, a una
cuestión de moralidad económica. El polo médico-higienista, por el
contrario, interviene sobre las demandas directas al Estado; lo hace
de modo que provoca una adaptación positiva al nuevo régimen
liberal con medidas de higiene pública y privada, educación, etc.
La asistencia filantrópica encauza, guía, pretende transformar a
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los sujetos con el consejo; se trata de una asistencia condicionada,
interviene queriendo una transformación moral de las prácticas,
a diferencia del modelo de la caridad de los períodos precedentes.
Y ahí donde no hace efecto, donde la norma no es respetada,
aparece el tutelaje. Este procedimiento reduce la autonomía
familiar y “combina los objetivos sanitarios y educativos con los
métodos de vigilancia económica y moral” (Donzelot, 1995, p. 89).
Asistencia y represión ahora están unidas, en un continuum entre
psiquiatría, medicina, justicia y asistencia pública. La familia ya
no es una institución porque deja de ser una red de pertenencia y
dependencias; se convierte en un nexo de aparatos exteriores, en
un mecanismo de dispositivos que actúan sobre ella. El ahorro,
la higiene, la medicina, la escuela, todo ello forma parte de esta
inculcación de hábitos, valores, prácticas. La familia acopla,
favorece la renuncia al derecho público y la integración positiva,
promueve que sea el bienestar privado lo que se busque.
El giro foucaultiano
No creemos exagerar si decimos que la producción de Michel
Foucault implicó una especie de giro copernicano en la teoría
y las ciencias sociales. Sin embargo, tampoco pretendemos
ignorar las corrientes subterráneas, al decir de Althusser, que ya
nos permitían dilucidar una concepción del poder productiva
y el sujeto como algo a construirse (el mismo Marx, Gramsci,
Althusser, Balibar e integrantes de la Escuela de Frankfurt
trabajaron en esta línea).
Lo importante es que el legado de Foucault es vasto, y
que, en definitiva, nos brinda herramientas útiles para abordar el
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gobierno de la pobreza y el control social, en otras palabras, cómo
es que dominan las clases dominantes, y cómo es que funciona
el poder —cuáles son sus sujetos, qué relaciones se ponen en
juego —ante todo, el poder es una relación y no una sustancia—
y cuáles son las posibles rupturas.
Es precisamente la conexión de poder y sujeto, que
Foucault, de manera retrospectiva, empieza desarrollando en
El sujeto y el poder (2001). Lo primero que dirá, y que nosotros
resaltaremos, es que el sujeto humano se encuentra inmerso en
relaciones de producción, significación y de poder complejas.
Los primeros dos tipos de relaciones habrían sido ampliamente
estudiados por la historia y la teoría económica y la segunda,
por la semiótica; sin embargo, hasta entonces, pareciera que no
contábamos con herramientas adecuadas para el estudio del
poder. Foucault piensa que el estudio de los modelos legales e
institucionales no es suficiente. También critica los enfoques que
solo miran la relación entre la racionalización —Foucault dice
que se deben analizar racionalidades específicas— y los abusos
del poder político.
En consecuencia, Foucault propone una nueva economía
de las relaciones de poder. Esto significa investigar a partir de
las resistencias al poder, analizar las relaciones de poder a través
del enfrentamiento de sus estrategias. De lo que se trata es de
ver cómo esas resistencias nos permiten ver las relaciones de
poder, ponerlas en evidencia, “ver dónde se inscriben, descubrir
sus puntos de aplicación y los métodos que utilizan”. (Foucault,
2001, p. 5) Arribaríamos de esta manera al espinoso problema
del Estado. Si Foucault no quiere partir del Estado para efectuar
su análisis del poder, ¿cuál es el lugar que le asigna? ¿Qué nos
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puede decir de las relaciones de poder y su relación con él? La
respuesta es que se trata de una combinación de técnicas de
individualización y procedimientos de totalización al interior
de las estructuras políticas. La potencia del Estado moderno
occidental radica en la integración de otro tipo de poder antiguo
que incluso lo precede: el poder pastoral. Consiste en un poder
que ordena y que está dispuesto a sacrificarse por la vida y la
salvación de los creyentes y de la comunidad. Es un poder que se
preocupa por cada individuo por toda su vida; es alcanzativo, le
compete toda vida interior. Esta forma de poder no puede ejercerse
sin conocer el pensamiento interior de la gente, sin explorar sus
almas, sin hacerlos revelar sus secretos más íntimos. Ello implica
el conocimiento de la conciencia y la habilidad de guiarla”
(Foucault, 2001, p. 9). La conclusión es clara: el Estado moderno
es una estructura donde pueden integrarse los individuos, pero
donde la individualidad se produce y adquiere una forma nueva
que se somete a mecanismos específicos. Fueron las relaciones de
poder las que se “gubernamentalizaron” progresivamente y no al
contrario.
Ahora bien, la pregunta que nos interesa es la de cómo
se ejerce el poder. Foucault va a decir que el poder proporciona
la capacidad de modificar, utilizar o destruir y que se inscribe
sobre las cosas: “un poder que surge de aptitudes directamente
en el cuerpo o que se transmite mediante instrumentos externos”
(Foucault, 2001, p.12). El poder es capacidad. Capacidad de
poner en juego relaciones entre grupos, capacidad de ejercer
poder sobre otras personas. Pero hay que tener cuidado. Llegados
a este punto, hay que hacer énfasis en que para Foucault el poder
no se trata de algo que existe con mayúsculas, universalmente,
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de forma masiva, ya se concentre o distribuya. Existe solo y en
tanto relación que ejercen unos sobre otros, solo en acto, lo que
no significa que pueda pasar cualquier cosa: “se inscribe en un
campo de posibilidades dispersas, apoyándose sobre estructuras
permanentes” (Foucault, 2001, p.14).
Entendido así, el poder es acción sobre otros, pero no es
una acción inmediata; es una acción sobre las acciones de los
otros, ya sean presentes o futuras. El poder no es mera violencia,
porque para el teórico la violencia es sinónimo de sometimiento,
fuerza y destrucción. En cambio, una relación de poder, tal y
como él la concibe, implica una articulación entre quien lo ejerce
y aquel sobre quien se ejerce: el otro, quien debe ser capaz de dar
respuestas, reaccionar, de ser sujeto de efectos. El poder tampoco
es consenso. Implica a la violencia y al consenso, pero no se puede
reducir a ninguna de las dos cosas. El poder conduce conductas,
arregla posibilidades; no se trata de confrontación:
es un conjunto de acciones sobre acciones posibles; opera sobre
el campo de posibilidad o se inscribe en el comportamiento de
los sujetos actuantes: incita, induce, seduce, facilita o dificulta; amplía o limita, vuelve más o menos probable; de manera
extrema, constriñe o prohíbe de modo absoluto; con todo, es
siempre una manera de actuar sobre un sujeto actuante […]
(Foucault, 2001, p.15).

Conducir es llevar, guiar a través de mecanismos con un
cierto nivel de coerción a ciertos comportamientos en un campo
específico; conducir conductas es arreglar probabilidades, y en
este hecho se enfrentan dos adversarios, donde uno gobierna a otro.
Pero hay más. Para que una relación de poder exista, Foucault
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asegura que tienen que existir sujetos libres. ¿En qué sentido?
En el que puedan enfrentarse en un campo de posibilidades y
tener distintas reacciones, respuestas, comportamientos: “Ahí
donde las determinaciones están saturadas, no hay relación de
poder” (Foucault, 2001, p. 16). Hay poder cuando puede haber
resistencia; la ya mencionada libertad es precondición de su
existencia, por eso más que del tradicional antagonismo, el
teórico habla de agonismo, esto es, una incitación recíproca, una
lucha, una provocación permanente.
En Historia de la sexualidad (1991), Foucault delinea otras
proposiciones sobre el poder que nos pueden ayudar a terminar
de esclarecer su concepción de este. El poder se ejerce a partir
de puntos innumerables en un juego de relaciones móviles. Las
relaciones de poder no son exteriores a otros tipos de relaciones,
como las de conocimiento, sexuales, de producción económica;
son inmanentes a estas relaciones. El poder no se encuentra en la
superestructura prohibiendo o reconduciendo; este tiene un papel
de productor. El poder viene de abajo —no exclusivamente—
y las dominaciones son “los efectos hegemónicos sostenidos
continuamente por la intensidad de todos esos enfrentamientos”
(Foucault, 1991, p. 56). La racionalidad del poder no se tiene que
buscar arriba. Existen tácticas explícitas que se encadenan unas
a otras y se acoplan en dispositivos de conjunto, pero que no son
concebidas por alguien; son estrategias anónimas, contingentes
e indeterminadas. Las resistencias al poder son múltiples y
están presentes en toda la red de poder; no hay un gran lugar del
rechazo, y el rechazo a menudo aparece.
Por último, la noción de estrategia nos permite terminar de
entender la concepción de poder foucaultiana. Para este se puede
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hablar de estrategias de poder cuando se mencionan medios
para hacer funcionar un dispositivo de poder, de las relaciones
de poder, ya que estas “constituyen modos de acción sobre la
posible, eventual, supuesta acción de los otros” (Foucault, 2001,
p.19). Y también la estrategia como enfrentamiento que se nombra
recíprocamente en la relación de poder: “Toda estrategia de
enfrentamiento sueña con convertirse en una relación de poder,
y toda relación de poder se inclina a convertirse en una estrategia
victoriosa” (Foucault, 2001, p. 20). Sin embargo, el desenlace está
abierto, los mecanismos del poder son inestables, la dominación
nunca es total; esta es tan solo una situación estratégica más o
menos solidificada, un resultado histórico de largo plazo de
enfrentamiento entre adversarios.
Así, podemos ver que, mientras con Marx, Federici y
Harvey entendemos la violencia y la brutalidad del origen del
capitalismo y sus procesos de acumulación por desposesión,
con Foucault podemos entender una forma más común, amplia
y efectiva del poder. Es necesario entender que el capitalismo
despoja violentamente a unos sujetos para convertirlos en
fuerza de trabajo, y que luego no requiere de toda esta fuerza
para la producción de valor. No basta tener claro que las masas
excedentes se reprimen si se juzgan peligrosas, ni que el Estado
es violencia organizada y que, siguiendo la formulación clásica
de Marx y Engels, representa los intereses comunes de la clase
dominante. Las clases dominantes tienen que gobernar y eso
implica una intervención diferencial sobre las acciones de las
clases dominantes sobre las dominadas. Los sujetos por intervenir,
como sabemos, no son siempre los mismos; parte del despliegue
de poder radica en la clasificación misma, en la producción de
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distintos sujetos sobre los que se aplican distintas técnicas. No
es lo mismo el trabajador ya inserto en el mercado laboral que
el pobre (currante y pobre en algunos períodos son sinónimos,
no opciones distintas necesariamente) o vagabundo o a quien se
juzga digno de la asistencia.
Para la reproducción del modo de producción se tiene que
gobernar a varios grupos de personas, como ya adelantamos. Se
tiene que gobernar a los trabajadores, a los niños, a comunidades,
a familias, a los enfermos, a los locos, a los vagabundos, a los
excedentes, a los supernumerarios, etc. La propuesta de Foucault
es en parte la de desentrañar estas formas de gobierno que se
superponen, se entrecruzan, se limitan, se refuerzan o se anulan.
Ahora bien, para afianzar la pertinencia de la propuesta
foucaultiana en el estudio de la pobreza y su gobierno por
las clases dominantes, es necesario desarrollar la noción de
dispositivo. En Seguridad, territorio, población (2006) desarrolla
el siguiente argumento: si gobernar es conducir las conductas
con una finalidad, para alcanzarlas hay que disponer de las
cosas, con tácticas, con técnicas de gobierno, con dispositivos.
Un dispositivo se articula alrededor de un sistema de reglas que
definen lo prohibido y lo permitido, lo prescrito y lo ilícito, y
posee una orientación estratégica. La sexualidad, por ejemplo,
como argumenta en Historia de la sexualidad, como dispositivo está
ligada con la intensificación del cuerpo, con su constitución como
objeto de saber, con “penetrar los cuerpos de una manera cada
vez más detallada y controlar las poblaciones de manera cada vez
más global” (Foucault, 1991, p. 64). El dispositivo, como aclarará
Foucault más adelante, involucra una conexión entre discursos,
instituciones, normas, leyes, ciencia y acciones administrativas,
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pero también incluye lo que no se dice, lo que se omite y lo que
se oculta. Se puede pensar como una red de conocimientos,
controles y las resistencias mismas de los sujetos encadenadas
según ciertas estrategias de poder que a su vez existen en un
momento histórico (Foucault, 1991).
Un dispositivo es, por tanto, una mediación: el vínculo
entre sujetos y discursos e instituciones; es el requisito previo
para que el poder funcione. En el dispositivo se da un juego de
visibilidad e invisibilidad. Hace visible la arquitectura del poder
y oculta otras. Se puede pensar como una red entre elementos
heterogéneos: leyes, reglas, normativas, discursos, proposiciones
morales, científicas, instituciones. Se puede pensar como una
retícula o una red de representación y a la vez de ordenación del
espacio social. Un conjunto de rutinas de los actores sociales
donde se interiorizan, fijan y condicionan acciones y formas de
comportamiento que responden a una orientación estratégica.
Según Nicolas Dallorso (2012), un dispositivo es la combinación
de muchas partes que están en constante cambio, lo que implica
un sistema que es flexible y no está definido de manera estricta.
El dispositivo articula elementos de manera contingente, sin un
centro de donde emana el poder, y debe pensarse más como una
constelación de poderes que se articulan, hibridan y sedimentan.
Vigilar y castigar (1976) es un ejemplo de cómo esta noción
de poder, y de dispositivo, nos puede ser útil para el estudio de
cómo las clases dominantes abordan la pobreza. La idea principal
de este libro es que la prisión es un sistema. Es un conjunto de
discursos, estructuras, reglas, ideas científicas y normas morales
que sirve para identificar delitos, gestionar actos ilegales,
organizarlos y definir un tipo de crimen que justifica la vigilancia
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y el control constante sobre la gente. De esta manera, a partir de
este ilegalismo cerrado sobre la delincuencia, los ilegalismos de
las clases dominantes se ignoran y las fuentes de poder ilícito de
las que estas se nutren.
Sin las nociones de poder, dispositivo, gobierno y orientación
estratégica de Foucault, nos sería mucho más complicado pensar
en los modos en los que se aborda el tratamiento de la pobreza.
Estas nos permiten preguntarnos cuáles son los elementos
heterogéneos que se ensamblan, qué elementos están dispuestos
y orientados estratégicamente, qué relaciones de fuerza producen
una distribución y tratan de establecer una verdad. También nos
sería más complicado pensar en cómo se consolidó el capitalismo.
Foucault nos permite pensar los modos de intervención sobre
poblaciones enteras (y sobre sujetos individuales) y la producción
de disciplina, moralidad, sexualidad. También nos permite
considerar los cambios que se han producido en los últimos
tiempos en la etapa neoliberal, que se puede pensar a través de la
noción de gubernamentalidad.
4. Las mutaciones de la cuestión social
Parte de lo que se caracteriza anteriormente se puede considerar
como una descripción de la cuestión social en el arte del gobierno
liberal. Pero veamos en detalle qué es un arte de gobierno y cuál
sería la especificidad del liberalismo.
En El nacimiento de la biopolítica (2006), Foucault nos aclara
que un arte de gobierno no es otra cosa más que las prácticas de
gubernamentalidad que se solidifican en una situación estratégica
compleja en la que hay orientaciones, y existe en un momento
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y tiempo histórico delimitado. Es que esto está estrechamente
ligado con la analítica del poder de Foucault que ya hemos descrito:
su propuesta de definir dominios específicos e instrumentos que
permitan analizarlos, el abandono del modelo jurídico, represivo
y racionalista, el foco en la positividad del poder, en su dimensión
productiva y el poder como acción sobre las conductas de otros
que implica a la libertad como precondición, ya que no existe
poder donde hay saturación y determinación absoluta.
Así, podemos argumentar que un arte de gobierno –
liberalismo o neoliberalismo, por ejemplo, y como explicaremos
en este apartado– es esa compleja conexión entre las relaciones
de poder. Estas se dan por abajo y por toda la sociedad, los focos
locales y su encadenamiento en una estrategia de conjunto.
Dicha estrategia no viene desde arriba; que quede claro: no
hay un elemento maquiavélico ni un interés transparente
que corresponda meramente a la voluntad de una clase. Hay
discontinuidad entre niveles, hay heterogeneidad, relaciones de
fuerza y luchas, y una estrategia que, si tiene efectos globales, es
porque se apoya en toda esa miríada de relaciones de poder que le
sirven de soporte y anclaje.
El liberalismo, si recordamos nuestro desarrollo de la
tercera etapa periodizada por Neocleous (2001), tiene como
motor y valor fundamental el mercado. ¿En qué se traduce esto
con relación al modo en que se problematiza la cuestión social,
la delimitación de la pobreza, la clasificación de la población,
que fue aplicarle una pena proporcional al daño causado y, en
el siglo XIX, encarcelarlo para corregirlo e intervenir sobre sus
conductas y objetivo de la asistencia y de la pena? Se traduce en
la problematización del pauperismo como cuestión central: la
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pobreza en sí no es algo que se quiere eliminar; de ella es que nace
la riqueza, ya que la pobreza es la que mueve a las poblaciones a
trabajar. El pauperismo, en cambio, es indeseado, porque se sale
de la nueva lógica de la riqueza como bien común y de la necesidad
de una clase trabajadora asalariada. Además, el pauperismo se
vincula con la delincuencia; es su condición de posibilidad, y
la delincuencia se define principalmente por atentar contra la
propiedad privada.
En suma, la nueva ley de pobres y una nueva policía son
clave en el liberalismo. Están estrechamente vinculadas; quien
no sea clasificado como apto para la asistencia será penado. El
vagabundeo se convierte en algo a eliminar. La educación de los
niños pobres se vinculó estrechamente con esto; se los definió
(incidentalmente) como vagabundos junto a todo aquel que
cazara en lugares públicos. Así, se aprecia cómo las formas de
control contribuyen a crear la clase trabajadora y al proyecto
—o, siguiendo a Foucault, a la orientación estratégica— que
consolida la forma de trabajo asalariado del mercado. En este
sentido, la transformación de la asistencia pública es parte del
arte de gobierno del liberalismo. Se despoja de ella a todos salvo
a “los verdaderos desposeídos”; se vuelve un objetivo distinguir
entre pobres trabajadores e indigentes. A su vez, se eliminan las
formas de trabajo no asalariadas, se sancionan y se interviene
en esas prácticas consuetudinarias reguladas por el derecho
consuetudinario. Se criminalizan las actividades recreativas
tradicionales del proletariado, su esfera pública.
Esto es en parte lo que Foucault describe en Vigilar y castigar
(1976). Es lo que denomina sociedad disciplinaria; esta es una en
la que se construye al “criminal” como enemigo de la sociedad. La
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respuesta política a ese enemigo en el siglo XVIII será aplicarle una
pena proporcional al daño causado y en el siglo XIX, se encarcela al
criminal para corregirlo, para intervenir sobre él y sus conductas,
su virtualidad: Si hiciéramos una historia del control social del
cuerpo, podríamos mostrar que incluso hasta el siglo XVIII el
cuerpo de los individuos es fundamentalmente la superficie
de inscripción de suplicios y penas; el cuerpo había sido hecho
para ser atormentado y castigado. Ya en las instancias de control
que surgen en el siglo XIX, el cuerpo adquiere una significación
totalmente diferente y deja de ser aquello (…) para convertirse en
algo que debe ser reformado, corregido, en un cuerpo que debe
adquirir aptitudes, recibir ciertas cualidades, calificarse como
cuerpo capaz de trabajar” (Foucault en De Giorgi, 2006, p. 133).
Lo que describe Donzelot en La policía de las familias también
se puede ubicar en el plano del arte de gobierno liberal. Es que
la filantropía, como forma de control para las clases populares,
y como cuestión que está al centro de la problematización de
la pobreza –el debate consistía en que se malgastaban recursos
del Estado, que la asistencia no era redituable, etc.– no es otra
cosa que un dispositivo, complejo, incluso con sus dos polos:
asistencial y médico higienista, pero que fundamentalmente
pretende transformar a los sujetos, encauzar, guiar, que
internalicen normas morales y la familia el mecanismo donde
estos dispositivos intervienen. Y para los casos en los que ello
fracase, se disponen de las tecnologías de tutela (en tanto relación
de subordinación) como mecanismo de intervención sobre lo que
escapa a la normalización.
También, es en el liberalismo que podemos enmarcar lo
que Castel describe en El orden psiquiátrico (2009). El tratamiento
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y la conceptualización de la locura forman parte de un dispositivo
que además tiene su espacio puntual, el asilo, y sus funcionarios
(médicos), que detentan ese saber especial. El modo en el que
se problematiza la locura estuvo ligado a la pobreza y el trabajo
asalariado: la locura se juzga como improductiva, peligrosa,
indecente. Los fundamentos del liberalismo se ponen en juego. El
Estado garantiza la propiedad privada, la circulación de bienes,
respeta la libertad de los ciudadanos. Sin embargo, el Estado
garantiza la propiedad privada, la circulación de bienes, respeta la
libertad de los ciudadanos. Sin embargo, interviene sobre grupos
que se constituyen como problemáticos. Sobre los criminales –el
crimen se explica como producto de un cálculo donde se elige
el interés personal contra el del resto–, sobre los mendigos,
vagabundos, los miembros de la familia que perturban su dinámica
–aquí entra el tutelaje y la psiquiatrización–, el proletariado
y, finalmente, sobre el loco asocial: es su figura por excelencia.
Al loco se lo incapacita, se lo interviene silenciosamente, se le
pretende realizar un control interior, una inspección permanente
de su conducta moral.
El liberalismo se puede caracterizar, entonces, como la
libertad de mercado guiando la gubernamentalidad (libertad
teórica, pero que encuentra su límite empírico en el desarrollo
de la filantropía y la tutela). Pero, el neoliberalismo ¿qué
es? Si seguimos a Foucault, en el neoliberalismo existe un
desplazamiento del intercambio hacia la competencia como lo
que rige en el mercado (Foucault, 2006). El neoliberalismo dice:
solo la competencia puede asegurar la racionalidad económica –se
descarta que esta responda a una formalización– y hay que vigilar,
intervenir para asegurarla. En materia de política social, Foucault
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encuentra que, en el neoliberalismo, la figura del desocupado ya
no se concibe como un problema, porque el pleno empleo deja
de ser un objetivo. Es que el desempleo mismo puede ser, en el
neoliberalismo, una necesidad para la economía. El mercado es
el gran regulador económico y social, y la gubernamentalidad
interviene en función de que nada lo perturbe. Al contrario de
lo que sucedía en el Estado de bienestar liberal, que “se fija como
objetivo una distribución relativamente equitativa en el acceso
de cada uno a los bienes consumibles” (Foucault, 2006, p. 175),
en el neoliberalismo, la igualdad no se fija como objetivo; la
desigualdad como regulador general de la sociedad debe dejarse
seguir su curso. No existe ya la transferencia de ingresos; es más,
resulta peligrosa, ya que afecta al ahorro y la inversión:
La política social deberá ser una política cuyo instrumento no
será la transferencia de una parte de los ingresos de un sector a
otro, sino la capitalización más generalizada posible para todas
las clases sociales, cuyo instrumento será el seguro individual
y mutuo y, por último, la propiedad privada (Foucault, 2006,
p. 177).

En este sentido, la intervención gubernamental tiene como
objetivo que los mecanismos competitivos puedan funcionar
como reguladores. La dinámica competitiva, la sociedad empresa,
necesita ser multiplicada y difundida en el cuerpo social.
Alessandro De Giorgi en El gobierno de la excedencia (2006)
explica cómo esto se traduce en una transformación (tendencial)
de las políticas penales y asistenciales. En el posfordismo,
argumenta, hay transformaciones significativas en la racionalidad
gubernamental y sus dispositivos que se deben, en parte, al
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debilitamiento de la posibilidad de extraer un saber-poder, en el
que se fundamentaba el control disciplinario, sobre la multitud.
Es que para De Giorgi la multitud en su excedencia, tanto positiva
–excedencia de actividad de la multitud respecto al trabajo como
producción de plusvalor: producción inmaterial difusa– como
negativa –desocupación, marginalidad– escapa a la categorización
de los aparatos de control. Esto tiene como consecuencia la
transformación de los dispositivos y su orientación a una función
de vigilancia, limitación de acceso, neutralización y contención
preventiva.
Encuentra que la población problemática, el excedente de
fuerza de trabajo que surge por la reestructuración posfordista,
se administra cada vez más por dispositivos de represión penal
y cada vez menos por instrumentos de regulación social. La
racionalidad económica posfordista penetra en este sentido las
tecnologías disciplinarias y ya no se busca la transformación de los
sujetos, sino la minimización del riesgo, la represión preventiva
de poblaciones que se consideran como portadoras de riesgo:
No se trata de encarcelar criminales peligrosos, esto es, de neutralizar factores individuales de riesgo, sino más bien de administrar a nivel de poblaciones enteras una carga de riesgo que
no se puede (y no se pretende) reducir. La racionalidad que
estamos describiendo no es disciplinaria sino actuarial. (De
Giorgi, 2006, p. 129).

Pertenecer virtualmente a una clase peligrosa se transforma
en el propio crimen. Se trata de una racionalidad actuarial,
gerencialista, que funciona por representaciones probabilísticas.
Ya no importan los individuos particulares; la transformación del
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sujeto ahora se reduce al mínimo lo que no se puede controlar: se
neutralizan, limitan y desestructuran interacciones sociales que
se perciben como portadoras de riesgo. Se alimenta el imaginario
de la inseguridad, se encarcela masivamente y se desocializa
a la multitud y sus posibles cooperaciones, instaurando la
desconfianza universal. Aquí hay puntos de contacto con lo que
Loïc Wacquant argumenta en Forjando el Estado neoliberal (2011).
Para este, el neoliberalismo instala un Estado centauro que es
liberal hacia arriba, hacia las clases medias y altas, y paternalista y
represivo hacia abajo. Wacquant encuentra que el ala asistencial
se ha vuelto punitiva. La misma lógica de disuasión y vigilancia
funciona en la asistencia y en las políticas penales. La asistencia
y la cárcel sin pretensiones rehabilitadoras forman una sola red,
un continuum que invisibiliza a la población con problemas,
“forzándola a salir de la ayuda pública, por un lado, y, por otro,
manteniéndola encerrada” (Wacquant, 2011, p. 2). Se trata,
en definitiva, de un giro punitivo que penaliza la asistencia; se
despliega masivamente policía y cárcel para los estratos más bajos
de la sociedad; se trata de dos caras de una misma moneda donde la
contención punitiva es la técnica gubernamental por excelencia.
Gobernar la pobreza significa contención de los pobres: “hacer
desaparecer por la fuerza a los menos sumisos de las listas de
beneficiarios de la asistencia” y contener en la cárcel, que apunta
a la neutralización y al “almacenamiento por defecto”, donde
encuentra, al igual que hace De Giorgi, un marcado componente
de selectividad social y etno-racial. A esto le podríamos añadir la
espera como técnica de control de la pobreza (Auyero, 2016). La
espera ligada a la asistencia social tendría efectos productivos:
enseñaría a los pobres a cumplir pacientemente los requisitos
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arbitrarios y ambiguos de la asistencia, a ser pacientes del Estado,
a reconocer el orden político establecido. La espera se vuelve
parte fundamental del ala de la asistencia que describe Waqcant,
en una cara punitiva sutil, pero punitiva, al cabo de todo.
Conclusiones
El presente artículo buscó indagar en las principales corrientes
teóricas y autores que exploran dos prerrequisitos básicos para
la reproducción de las relaciones de producción bajo el modo
de producción capitalista: la acumulación por desposesión y el
control social.
Tenemos así que la acumulación originaria, tal como la
entendió Marx, es una noción problemática por varias razones.
1) Remite a una idea de génesis acotada a un momento histórico
determinado y no a una lógica de funcionamiento estructural
del capitalismo que sucede en distintos momentos del mundo.
2) No a una idea de génesis acotada a un momento histórico
determinado y no a una lógica de funcionamiento estructural
del capitalismo que sucede en distintos momentos del mundo;
2) no hace suficiente énfasis en los cambios y transformaciones
que el capitalismo introdujo en la posición social de las mujeres
y en su fuerza de trabajo y la doble e incluso triple opresión.
Esto permite concebirlo no como una fotografía del pasado, sino
como algo en proceso. Además, efectúan trabajos de cuidado
no remunerado, a los que se someten y que simultáneamente
permiten la reproducción social. Esta limitación del desarrollo de
Marx se soluciona desde el marxismo mismo con el concepto de
Harvey de acumulación por desposesión. Esto permite concebirlo
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no como una fotografía del pasado, sino como algo en proceso.
Además, permite concebirlo no como una fotografía del pasado,
sino como algo en proceso, que además adquiere distintas
formas: desposesión de tierras, recursos comunes y naturales y
conocimiento que se crea colectivamente.
A su vez, con autores que parten de los resultados de
este proceso de desposesión, como Neocleous, Castel, Geremel
y Donzelot, se caracterizó cómo este procedimiento se vio
íntimamente ligado con el surgimiento de la ciencia de la policía,
el control social, de la categorización de las masas desposeídas
para la mantención y reproducción del orden. También se hizo
una exploración de la necesidad, no solo de orden, sino de la
producción de sujetos productivos para el capital mediante una
serie de leyes, instituciones, acciones, dispositivos y estrategias
desde abajo, que se insertaron en todo el cuerpo social.
Por otra parte, se ha demostrado la mutación de la cuestión
social del liberalismo al neoliberalismo mediante los conceptos
principales de autores como Foucault, Castel y Di Giorgi. Se buscó
reponer la concepción del poder como algo que se ejerce y que
implica una relación de discursos, leyes, instituciones, ciencia y
medidas administrativas que la orientan con un fin determinado,
pero que no responde a un plan que se impone desde arriba. Se
caracterizó la pobreza en el liberalismo como algo que el sistema
necesita para su funcionamiento normal, y al pauperismo y la
locura como algo indeseado, sujeto a control y a inspección
permanente. Se ahondó en el cambio de paradigma que supuso
el neoliberalismo: el abandono de la pretensión de eliminar la
desigualdad y una manera bifronte de abordar el problema de la
pobreza: con una cara punitiva y otra asistencial.
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Este artículo ha puesto en evidencia lo útil que resulta la
concepción del poder y el control social como un proceso y una
racionalidad siempre en construcción. De la mano del examen
de los autores más contemporáneos como Di Giorgi y Castel,
se ahondó en el funcionamiento del ala punitiva y asistencial
y el tratamiento de la multitud con una racionalidad actuarial.
En esta racionalidad, prima la vigilancia, la neutralización y la
contención preventiva mediante la represión de poblaciones que
se consideran peligrosas. Se caracterizó como el ala asistencial
y mecanismos como el de la espera forman parte de la misma
estrategia de control de la pobreza.
La utilización de estas nociones teóricas tiene
consecuencias directas a la hora de llevar a cabo estudios empíricos.
Como lo demuestran algunos trabajos aquí mencionados, Historia
de la sexualidad o Vigilar y castigar dan cuenta de fenómenos situados
históricamente. En esta línea se inscribe la obra reciente de David
Harvey, de Javier Auyero (2003), Alcira Daroqui (2014), Denis
Merklen (2003, 2023) y Agustín Salvia (2011). De los estudios
empíricos se desprenden diagnósticos que, a su vez, guían
políticas públicas, reformas, planes de gobierno y horizontes
para la transformación social. Tener una mirada crítica sobre la
cualidad sistémica de la acumulación por desposesión, la pobreza
y las formas históricas de gobernarla resulta fundamental ante
cualquier intento de desentrañar el fenómeno y actuar sobre él.

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La evolución de los sistemas de valoración
probatoria: un análisis desde los Derechos Humanos
The evolution of evidentiary assessment systems: an
analysis from the perspective of human rights
Mercedes Citlaly Martínez Villegas
Luis Alonso Hagelsieb Dórame

Resumen: En México, dos reformas transformaron el sistema de
administración de justicia: la de justicia penal y seguridad pública
(2008) y la de derechos humanos (2011). Antes de 2011, la Constitución
no protegía, explícitamente, los derechos humanos, sino que se
refería a “garantías individuales”, entendidas como aquellos medios
e instrumentos concretos para proteger derechos, principalmente
procesales. La reforma de 2011 obligó al Estado a respetar y garantizar
la protección de los derechos humanos, creando leyes protectoras,
especialmente en materia penal. En el juicio penal, el juez valora pruebas
presentadas por el ministerio público y la defensa para dictar una
sentencia absolutoria o condenatoria. Esta valoración debe ajustarse
conforme a los principios de protección de los derechos humanos,
asegurando sentencias justas. Existen tres sistemas de valoración de
la prueba: prueba tasada, donde el valor está predeterminado; íntima
convicción, basada en creencias; y libre valoración, donde el juez
evalúa las pruebas de manera autónoma. Este artículo de investigación
tiene como finalidad abordar la importancia que tienen los derechos
humanos al momento de ser analizadas las pruebas en los diferentes
sistemas de valoración probatoria con los que se cuenta.

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Palabras clave: Prueba, sana crítica, íntima convicción, sistema
procesal, Derechos humanos.
Abstract: In Mexico, two reforms transformed the justice system: the
Criminal Justice and Public Security Reform (2008) and the Human
Rights Reform (2011). Before 2011, the Constitution did not explicitly
protect human rights, but instead referred to "individual guarantees,"
understood as concrete means and instruments for protecting rights,
primarily procedural rights. The 2011 reform obliged the State to
respect and guarantee the protection of human rights by creating
protective laws, especially in criminal matters. In a criminal trial, the
judge evaluates the evidence presented by the prosecution and the
defense to issue a judgment of acquittal or conviction. This evaluation
must be in accordance with the principles of human rights protection,
ensuring fair sentences. There are three systems for evaluating evidence:
predetermined evidence; intimate conviction, based on beliefs; and free
evaluation, where the judge evaluates the evidence independently. This
research paper aims to study the importance of human rights when
analyzing evidence across the different available systems of evidentiary
assessment.
Key words: Proof, healthy criticism, intimate conviction, procedural
system, Human Rightsl.

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Introducción
Antes de la reforma en materia penal de 2008, se contaba con un
sistema mixto. Este incluía elementos de los sistemas inquisitivo
y acusatorio. Todo incluía partes de los sistemas inquisitivo
y acusatorio, ya que este último se diferenciaba por tener una
acusación penal pública, una investigación previa escrita y secreta,
y una audiencia de juicio con funciones distintas para cada parte. A
raíz de la reforma de 2008 y de las múltiples violaciones de derechos
humanos, se tuvo que trabajar para darles fin a las mismas, pues el
Estado mexicano había sido condenado por la Corte Interamericana
de Derechos Humanos. Tal es el caso de Radilla Pacheco vs.
Estados Unidos Mexicanos, la tercera sentencia que condenó al
Estado mexicano por la violación de los derechos consagrados
en los artículos 3, 4, 5, 7, 8 y 25 de la Convención Americana de
Derechos Humanos —respectivamente: el reconocimiento de la
personalidad jurídica, la vida, la integridad personal, la libertad
individual, las garantías y la protección judiciales— en perjuicio
de Rosendo Radilla Pacheco. En este sentido, la Suprema Corte
de Justicia de la Nación comenzó a trabajar en la protección de
derechos humanos; es así que este fue uno de los motivos que
impulsó en el año 2011 la reforma en materia de derechos humanos,
y se obliga a la protección por parte del Estado mexicano (Rosendo
Radilla Pacheco vs. México, 2009). A partir de la reforma de 2011, el
Estado mexicano se encuentra obligado a garantizar la protección
de los derechos humanos, tal como se encuentra señalado:
En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán
de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y
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�Martínez y Hagelsieb / Derechos humanos

en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano
sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo
ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los
casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece.
(C.P.E.U.M., 1917, artículo 1).

Por tal motivo, este trabajo de investigación tiene como
finalidad estudiar la importancia que tienen los derechos humanos
al momento de ser analizadas las pruebas en los diferentes
sistemas de valoración probatoria con los que se cuentan, tal es
el caso del sistema tasado, el de íntima convicción y el de sana
crítica, y así ver de qué forma se pueden fortalecer o se violentan
los derechos humanos en la impartición de justicia.
Metodología
La presente investigación se realizó utilizando una metodología
cualitativa, mediante un análisis documental que permitió
identificar las formas en las que se pueden analizar las pruebas.
Con ello, se profundizó en las características de cada uno de los
sistemas de valoración de la prueba, lo que facilitó la identificación
de los contextos procesales en los que se aplican.
Por otro lado, se fundamenta epistemológicamente en el
paradigma histórico hermenéutico, ya que tiene como objetivo
interpretar y comprender el fenómeno analizado, el cual busca
identificar cuáles han sido los diferentes sistemas de valoración
de la prueba a través de la historia.
Sistemas de valoración probatoria
Para entender cuáles son los sistemas de valoración probatoria, es
esencial comenzar hablando de lo que es la prueba. En este contexto,
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podemos decir que la prueba es una herramienta que busca
convencer al juez. Esto se puede lograr a través de documentos,
testimonios u otros medios que nos ayuden a descubrir la verdad.
La verdad es que se trata de una concordancia que existe entre
lo que se dice, piensa o cree con lo que efectivamente es real. No
podemos afirmar que existe una verdad absoluta, sino que eso es lo
que siempre se busca a través de las pruebas que se puedan llegar
a presentar. Sin embargo, es crucial señalar que cada una de las
partes en el proceso contará su propia verdad (verdad relativa). La
misma, sin embargo, es fundamental señalar que cada una de las
partes en el proceso contará su propia verdad (verdad relativa), la
misma que se encuentra apegada a su realidad. Es ahí donde radica
la labor del juzgador: establecer cuál es la verdad.
La prueba se trata de uno de los principales eslabones en
la búsqueda de la verdad; con ella se busca revelar la existencia y
circunstancias de los hechos delictivos, así como todas aquellas
circunstancias que agraven, justifiquen, califiquen o atenúen.
Además, tiene como objetivo generar convicción al juzgador de
un hecho, ya sea de forma positiva o negativa; estas tienen un
atributo de contradicción, ya que permiten que las partes tengan
la oportunidad de defenderse.
De acuerdo con Salcedo (2004), la verdad procesal
(judicial) es la que busca y encuentra el juez en un procedimiento
en el que se enfrentan dos discursos contradictorios (o verdades
rivales): a) del reclamante y b) del demandado. El primero afirma
que el derecho lo autoriza a recibir del segundo un pago: dar,
hacer, no hacer; mientras que el segundo se resiste, sosteniendo
un argumento contrario: niega los hechos, el derecho o la
procedencia del reclamo. (p. 282)
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Podemos decir que existe una verdad formal o procesal que
se basa en lo que el juez penal verifica y declara como verdadero,
a través del análisis de los hechos y las pruebas que muestran las
partes.
En ese sentido, el juez busca una verdad histórica, que
se establece y legitima desde la perspectiva de las víctimas. Para
llegar a esta verdad, es fundamental que se revisen todas las
pruebas presentadas por la defensa y el ministerio público. Esto
permitirá al juez evaluarlas correctamente y dar una sentencia
bien fundamentada.
La prueba, sin duda alguna, es relevante en el proceso
penal, porque gracias a ella se puede tener la seguridad de que
se ha cometido un delito. Es crucial recordar que en el sistema
de justicia actual, es trabajo del Ministerio Público contar con la
carga de la prueba. Es decir, es él el órgano encargado de recabar
cada uno de los indicios. Los mismos deberán ser suficientes para
la acreditación de un delito. Es decir, es él el órgano encargado
de recabar cada uno de los indicios. Los mismos deberán ser
suficientes para la acreditación de un delito. Ya deberán ser
suficientes para la acreditación de un delito, ya que, en caso de
no hacerlo, lo más probable es que el juez dicte una sentencia
absolutoria por la falta de elementos.
Al principio, Dellepiane (2009) menciona que la prueba
significa ensayo, experimentación o revisión, que se hacen para
evaluar la calidad, eficacia o precisión de algo; puede referirse a
un objeto físico o a un proceso mental que se expresa en acciones
o resultados. (p.8)
En este sentido, la prueba se trata de un medio que ayudará
al juez a comprender mejor lo sucedido y así poder emitir un fallo
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judicial, pues deberá comparar dos afirmaciones que se vierten
sobre un mismo hecho, pero que han surgido de distinta fuente, y
deberá decidirse solamente por una.
De acuerdo con Carnelutti (1982, citado en Contreras
Rojas, 2015), señala que la prueba extraprocesal:
Consiste en la comprobación de la verdad de una proposición,
de modo que para que la prueba opere en este ámbito siempre requiere la preexistencia de una afirmación cuya exactitud
debe ser confirmada o verificada, no constituyendo un acto
probatorio la investigación o el descubrimiento de una verdad
que no ha sido previamente afirmada […] El estándar probatorio en el sistema penal acusatorio en México se basa en obtener el esclarecimiento de los hechos, lo que significa llegar a la
verdad objetiva es por esa razón que el desahogo de las pruebas
presentadas en la audiencia le permitirá crear una objetiva convicción al juez. (p. 27).

El papel del juez es realizar la correcta administración
de justicia. Se trata de un actor clave en el sistema de justicia
penal, debiendo asegurar que se aplique la ley de manera justa
y transparente; esto lo logrará con las pruebas aportadas por el
ministerio público o por la defensa, ya que le servirán al momento
de realizar la valoración de la prueba, que se trata de una operación
trascendental en todo proceso y, más aún en el proceso penal,
pues de esto dependerá que el juez llegue a una certeza para
determinar si una persona es inocente o culpable al momento de
emitir su sentencia.
Para llegar a una convicción, el juez deberá valorar cada
una de las pruebas desahogadas en el juicio; la valoración de la
prueba sería el examen crítico de los medios de prueba, siempre
con máximas de experiencia, impuestas por la ley o deducidas por
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el juez. Ese es justamente el momento del iter probatorio objeto
de nuestro estudio. (Nieva y Taruffo, 2010, p. 28)
Existen otro tipo de pruebas, y son aquellas pruebas
ilícitas, las cuales han sido obtenidas con violación de derechos
fundamentales. Por lo tanto, podemos decir que la prueba
ilícita es la que se lleva a cabo al violar un derecho o libertad
fundamental. La expresión “prueba ilegal” es poco útil, pues no
protege los derechos fundamentales que están en documentos
internacionales. (Alfonzo Rodríguez, 2004, p. 20) Por ese motivo,
cuando una prueba se considera ilícita, se puede solicitar que se
excluya del proceso. Es fundamental señalar que, si de una prueba
ilícita derivan otras, estas tampoco tendrán valor probatorio,
siempre y cuando sean consecuencia directa de la prueba ilícita
y se haya obtenido vulnerando los derechos humanos. A esto se
le conoce también como la teoría del fruto del árbol envenenado,
adoptada en México a partir del derecho anglosajón.
La teoría del fruto del árbol envenenado se creó con
la finalidad de impedir que ingresen al juicio evidencias que
se obtuvieron de forma ilícita, es decir, no se hizo el correcto
procedimiento para su obtención y, de llegar al juez, este podrá
valorarlas; por esa razón es importante evitar que estas evidencias
lleguen al juez.
Esta teoría proviene de la decisión Mapp vs. Ohio, 367
U.S. 643 (1961), donde se quería que el juez evaluara libros e
imágenes que habían sido confiscados ilegalmente durante un
registro en la casa de la acusada. Ya que los agentes de la policía
no se presentaron con una orden de registro para ingresar al
domicilio de (Mapp) a realizar una incautación. La Corte resolvió
esta sentencia señalando que el uso de la evidencia incautada
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sería declarado “inconstitucional”. Afirmando que se debió
aplicar la cuarta enmienda. Esta resolución fue un parteaguas,
ya que ha servido como referente en otros países, como es el
caso de México.
En México se adoptó la teoría del fruto del árbol
envenenado; por esa razón, en nuestro ordenamiento interno
podemos encontrar en el artículo 20, inciso a, fracción IX, su
regulación, por medio de la cual establece: “Cualquier prueba obtenida
con violación de derechos fundamentales será nula.” (C.P.E.U.M., 1917,
artículo 20). Así mismo, en el Código Nacional de Procedimientos
Penales, que señala: “La prueba no tendrá valor si ha sido obtenida por
medio de actos violatorios de derechos fundamentales, o si no se incorporó al
proceso conforme a las disposiciones de este Código.” (C. N. P. P., 2014,
artículo 357)
El primer tribunal colegiado en temas penales y
administrativos del décimo séptimo circuito ha publicado la
tesis aislada con el número de registro digital 20117774, donde
indica: Conforme al sistema procesal penal, las pruebas serán
valoradas por los jueces según la sana crítica, observando las
reglas de la lógica, los conocimientos científicos y las máximas
de la experiencia. Una regla de la lógica lo constituye el que,
si la fuente de la prueba se corrompe, entonces cualquier dato
obtenido de esta también lo está, por tratarse de evidencias
logradas con ayuda de información conseguida ilegalmente. Este
supuesto es el que la teoría del derecho probatorio llama “fruto
del árbol envenenado”, refiriéndose a los efectos dañinos que
causa en otras pruebas. Según la interpretación de Hernández
Basualto (2005, citada en Guillén López, 2017), esta teoría se
centra en las actuaciones relacionadas con la obtención del
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material probatorio para el proceso penal. Desde este enfoque,
se interpreta que las indagaciones e investigaciones en materia
procesal penal que incurren -o inciden- en ilegalidad pueden dar
origen al hallazgo de pruebas objetivas o pruebas derivadas que,
por la impureza en su producción, deben ser excluidas al igual
que la prueba principal calificada de ilícita.
La teoría del fruto del árbol envenenado sin duda alguna
obliga a los agentes del ministerio público a realizar todos los
actos de investigación con apego a la ley, respetando los derechos
humanos del indiciado y de la víctima. Respetando los derechos
humanos del indiciado y de la víctima, se podrá utilizar solo
los indicios obtenidos de forma legal y las pruebas lícitas, pues
se considera que sus frutos son legales. Fonseca Luján (2017)
menciona que el fruto del árbol envenenado es una imagen
retórica eficaz. El texto muestra de manera clara lo que significa
la extensión de la exclusión: la ilegalidad es como un veneno que
se pasa del tronco (prueba ilícita original) a todo lo que cuelga de
las ramas (pruebas ilícitas derivadas) (p. 35).
En ese sentido, el objetivo es brindar la protección más
amplia al indiciado de que la investigación se realizará de acuerdo
con los lineamientos establecidos en la ley. Los agentes del
ministerio público, al llevar a cabo sus labores de investigación,
deberán agotar todos los elementos probatorios y abstenerse de
solicitar la incorporación de cualquier dato de prueba obtenido
con vulneración de los derechos humanos. De lo contrario, se
podrá solicitar su exclusión del proceso. Si no se excluyen, el
juez podrá valorarlos y esto inevitablemente se reflejará en su
sentencia.
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El sistema de la prueba legal o tasada
Este sistema de valoración normalmente se encuentra en el sistema
inquisitivo. Tiene como finalidad que el juez le otorgue un valor
a cada una de las pruebas según lo establecido por la legislación.
Previamente, como finalidad, que el juez le otorgue un valor a
cada una de las pruebas según lo establecido por la legislación,
pues previamente el legislador le ha proporcionado un valor a
cada una de las pruebas y el mismo se encuentra regulado en la
ley. En este sistema de valoración, el juez se encuentra limitado a
darle un valor que no corresponda a cada una de las pruebas.
En otras palabras, es la ley la que le otorga el valor a cada
una de las pruebas. En ese sentido, si dos testigos declaran de
la misma manera sobre un hecho, ese hecho se tendrá como
verdadero, sin poder llegar a pensar que declararon de igual
manera porque previamente se pusieron de acuerdo con su
testimonio por tener un interés en común.
En este sistema podremos advertir que la misma ley
impone una serie de restricciones a los juzgadores para que
ciertos hechos se prueben únicamente de un modo y no de otro.
En este sentido, Bovino (1996) señala:
El sistema de prueba legal o tasada representa, sin duda
alguna, una intromisión indebida del legislador en un ámbito que sólo corresponde a quien aprecia directa y personalmente los elementos de prueba, y actúa en el procedimiento en el ejercicio del poder jurisdiccional. (p. 173).
El tener este sistema de valoración puede traer como
consecuencias sentencias que vulneren los derechos de los
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acusados. El legislador, al momento de crear nuevas leyes, pudo
dejar pasar muchas cosas que en la audiencia se pueden presentar.
El legislador, al crear nuevas leyes, pudo dejar pasar muchas
cosas que pueden presentarse en la audiencia. Por ello, el juez
debe ser quien decida si se le otorga valor probatorio o no a algún
elemento de este tipo, pues está presente en la audiencia y ha
observado el desahogo de las pruebas exhibidas en la misma. En
este sentido, de acuerdo con Galindo (2010, citado en De la Rosa,
2018), indica: “Las pruebas presentadas por el órgano acusador —
llamado Ministerio Público en algunos países— tienen fe pública
y el juzgador no tendrá que hacer ningún razonamiento respecto
a la admisibilidad de las mismas”. (p. 207)
De acuerdo con lo anterior, el legislador da un valor
probatorio de prueba plena a los documentos públicos. Resulta
entonces que estos son la inspección judicial, los cateos, las
visitas domiciliarias, escrituras o cualquier otro documento
expedido por un funcionario que cuente con fe pública. Así
mismo, entonces, que estos son la inspección judicial, los cateos,
las visitas domiciliarias, escrituras o cualquier otro documento
expedido por un funcionario que cuente con fe pública. Así
mismo, se señala que la copia no autenticada de un documento
carece de validez, salvo que sea reconocida por el suscriptor y que
las primeras declaraciones subsisten sobre las anteriores.
Por ejemplo, en el anterior sistema mexicano se
mencionaba: “Los documentos públicos harán prueba plena,
salvo el derecho de las partes para redargüirlos de falsedad y para
pedir su cotejo con los protocolos o con los originales existentes
en los archivos”. (C.F.P.P., 1934, art. 280)
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Este sistema de valoración representó un problema, pues
no se promovía la igualdad procesal debido a que la defensa no
puede presentar elementos que contravengan lo manifestado
por el órgano acusador, al intentar restar valor al elemento de
convicción presentado por la parte contraria.
Se puede concluir que en este sistema el juez únicamente
se limita a verificar la legalidad y correlación que tiene la prueba
con la ley, y eso le permitirá dictar una sentencia.
Libre valoración o crítica sana
Al sistema de libre valoración de la prueba también se le conoce
como sana crítica. Se trata de que una persona ajena a la litis, es
decir, el juez, deberá valorar las pruebas en apoyo a su leal saber y
entender. Además, hay que destacar que una persona que no esté
involucrada en el asunto, como el juez, debe evaluar las pruebas
basándose en su propio conocimiento y criterio, dando más
credibilidad a la parte que más le convenza.
La libre valoración de la prueba implica que el juez
es independiente y soberano para decidir a cuál de todos los
medios de prueba le va a reconocer mayor mérito, sin que la
ley le pueda limitar ese enjuiciamiento o indicar el valor que
debe darle. Ello no se opone a la formulación de diversos
límites, como son las máximas de la experiencia, las leyes del
razonamiento lógico y el conocimiento científico. (Baytelman
Aronowsky, 2004, p. 54)
Se debe entender, a las máximas de la experiencia, como
todos aquellos conocimientos, pensamientos, valores, sistemas
de creencias y acciones que lo definen como juzgador.
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Así mismo, podemos entender por leyes del razonamiento
lógico toda aquella reflexión que realiza el juez con la finalidad de
entender mejor cada una de las pruebas ofrecidas por las partes, y
que le ayude a entender, a través de la ciencia y su conocimiento, el
valor que deberá darle a cada una de las pruebas. En ese sentido, se
entiende que el juez lleva a cabo un análisis minucioso, detallado
de cada una de las pruebas desahogadas en el juicio.
En otras palabras, la lógica se entiende como la ciencia
que estudia los pensamientos en cuanto a sus formas mentales
para facilitar el raciocinio correcto y verdadero. Esto ayuda al
juez a entender correctamente los hechos y las pruebas que tiene,
para tomar una decisión clara y ordenada, evitando errores en su
razonamiento. (Magos Morales, 2015, p. 124)
En cuanto al conocimiento científico, están constituidos
por el saber humano que proporcionan las ciencias, por lo que
se trata de conocimientos científicos y técnicos, más o menos
generalizados, que simultáneamente son comunes y compartidos
como verdaderos por la mayoría de las personas. (Magos Morales,
2015, p. 125)
Es fundamental señalar que los avances de la ciencia y la
tecnología permiten al juzgador llegar al descubrimiento de la
verdad histórica. El apoyo de diversas periciales, como las pruebas
de ADN, balística, dactiloscópicas y psiquiátricas, ayudará al juez
a tomar una decisión más objetiva y lógica.
Nieva y Taruffo (2010) indican que los jueces deberían
haber evaluado la evidencia sin restricciones desde el inicio.
Solo después de que hubo demasiada libertad en esta valoración,
aparecieron las normas de prueba legal y otros métodos que, de
alguna manera, limitan la libertad de decisión de los jueces. (p. 28)
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En este sistema, el juez forma su opinión basándose en
cómo vio el desarrollo de las pruebas, su experiencia, las reglas
de la lógica y sus conocimientos científicos. Por lo cual, podemos
decir que el juez tiene absoluta libertad de decidir la inocencia o
culpabilidad de una persona, usando la ayuda de otras ciencias,
leyes o aplicando su lógica; así mismo, también tendría que
apoyarse en juzgar con perspectiva de género. En ese sentido,
es crucial señalar que la Suprema Corte de Justicia de la Nación
(SCJN) ha emitido protocolos para juzgar con perspectiva de
género, los cuales tienen como finalidad que los juzgadores
apliquen siempre en cada una de sus resoluciones la perspectiva
de género.
La perspectiva de género se refiere a una herramienta o
mecanismo que permite identificar las diferencias entre mujeres
y hombres en el ámbito laboral, biológico, político y/o cultural,
esto con la finalidad de tomarlo en cuenta al momento de dictar
una sentencia judicial.
Para que los jueces sean capaces de darle un valor a cada una
de las pruebas desahogadas, deberán estar presentes en el juicio
oral, tal como lo señala el principio de inmediación establecido
en el artículo 4.º del Código Nacional de Procedimientos Penales
y el numeral 20 de la Constitución; es fundamental para que se
pueda justificar adecuadamente el valor otorgado a cada una de
las pruebas.
En este sistema no existen reglas legales que regulen
el valor probatorio que el juez deba considerar al momento de
analizar cada uno de los medios de prueba, con la finalidad de
dictar una sentencia, pero sí se exige al juez que funde y motive su
resolución para darle también mayor seguridad a la ciudadanía,
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misma confianza que fue perdida en otros sistemas de valoración.
Por esta razón es importante que el juez se encuentre presente
en la audiencia de juicio oral, para que pueda escuchar, conocer,
pueda ser persuadido por algunas de las partes y así pueda
valorar, construir y justificar su resolución judicial. En México,
a partir de la reforma de 2008, contamos con un sistema de
valoración de sana crítica, tal como lo señala el Código Nacional
de Procedimientos Penales (2014), que a la letra nos indica:
El Órgano jurisdiccional asignará libremente el valor correspondiente a cada uno de los datos y pruebas, de manera libre y
lógica, debiendo justificar adecuadamente el valor otorgado a
las pruebas y explicará y justificará su valoración con base en la
apreciación conjunta, integral y armónica de todos los elementos probatorios. (art. 265).

La sana crítica deja al juez con la libertad de poder valorar
la prueba según su criterio y experiencia, con la intención de que
pueda emitir una sentencia de forma lógica y razonada. En ese
sentido, el juez debe ser una persona preparada con un amplio
caudal de conocimientos y experiencia que le permita contar con
una mayor comprensión y respaldo jurídico a las resoluciones del
juzgador.
El juez necesita analizar cada prueba presentada en el
juicio. En este proceso, emplea inferencias lógicas, lo que significa
que debe establecer premisas para llegar a una conclusión. Las
premisas y las conclusiones se tratan de enunciados de hechos.
En este punto, el juez debe construir una premisa mayor, seguida
de una premisa menor, lo que lo llevará a llegar a una conclusión.
Estas premisas las podrá realizar contando con conocimientos
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previos sobre el caso, ya que el juez necesitará utilizar la razón
para construir estas premisas. (Martínez Villegas, 2023, p. 121)
Sistema de íntima convicción
Según Nieva y Taruffo (2010), la íntima convicción aparece
con los movimientos de Italia e Inglaterra como respuesta a las
exigencias de las pruebas legales que vienen del derecho romano.
(p.72) La íntima convicción tiene sus raíces en la Antigua Grecia y
Roma, en donde el desahogo de las pruebas se daba en un sistema
oral y público, y el juez debía tomar su decisión basándose en su
propia convicción.
De acuerdo con Rodríguez y Tuirán (2011), en este tipo
de valoración de la prueba, el juez tiene plenas facultades para
evaluar el material probatorio de acuerdo a su conciencia, a su
conocimiento técnico, a sus principios, a su leal entender. Esto
es sin que el sistema jurídico y, en particular, el legislador, le
establezcan límites a su arbitrio sobre los medios de prueba. (p.
197)
El sistema de valoración probatoria de íntima convicción
es propio de los juicios por jurados. En donde el juez pasa a tener
un papel secundario, pues no cuenta con la función de emitir una
sentencia judicial. Sino que únicamente su tarea es la de dirigir
las audiencias. Mientras el juez tiene un papel secundario, ya
que no emite una sentencia judicial. Sino que únicamente su
tarea es la de dirigir las audiencias. Mientras que únicamente su
tarea es la de dirigir las audiencias, mientras que el trabajo del
jurado será el de valorar cada una de las pruebas presentadas
en la audiencia de juicio. El jurado deberá estar conformado
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por ciudadanos previamente elegidos por las partes (defensorministerio público).
A este proceso de selección del jurado se le conoce como
boarding, en el cual el juez determina la hora, el día y el lugar del
proceso de selección del jurado. Las personas que están registradas
para votar son las personas que podrán ser elegidas como jurados
y deberán responder a preguntas estandarizadas realizadas por
el juez y posteriormente por los abogados. El jurado se deberá
integrar por doce personas. Es crucial recalcar que se trata de
un proceso de selección un poco negativo más que positivo. Es
crucial recalcar que se trata de un proceso de selección un poco
negativo más que positivo porque las partes buscan eliminar a
los miembros del jurado que no podrán convencer y se quieren
quedar con los que sí podrán persuadir.
Uno de los problemas que surgen en este tipo de sistemas
es que el juez o los jurados únicamente emitirán su fallo judicial
con la apreciación que tengan de la valoración de cada una de
las pruebas que se desahogaron en el juicio por las partes del
proceso; sin embargo, no darán ninguna explicación del porqué
llegaron a esa resolución, pues al ser personas que pueden tener o
no conocimiento del derecho, tomarán una decisión con base en
su propia conciencia y de acuerdo con su conocimiento.
Otro problema que se presenta en este tipo de sistema
de valoración es que, al ser ciudadanos los que deberán tomar la
decisión de si una persona es inocente o culpable, pueden verse
parcializados con mayor facilidad. Muchas veces podrían estarse
guiando por sus prejuicios, y se estaría vulnerando el principio de
presunción de inocencia.
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Rodríguez Lozano (2012) menciona que la ‘presunción
de inocencia’ tiene el reconocimiento universal como derecho
humano; a la vez, es un principio básico de primera importancia
para la buena administración de justicia, de manera particular
para la justicia penal. De esta manera, la presunción de inocencia
es la base para un juicio justo, que busca evitar que los agentes del
Estado interfieran de manera injusta en la vida de una persona. (p.
35) De acuerdo con González Nazario (2002, citado en Sánchez
Sifrano, 2018), señala que:
La protección de los Derechos Humanos a nivel internacional
surge como reacción a las violaciones extremas que se dieron a
la dignidad humana con el Holocausto realizado por el Estado
nacionalsocialista alemán; delimitado así su estudio al derecho
internacional público, De tal suerte que abarca toda una serie
de antecedentes filosóficos e históricos, que le dieron un sustento, debiéndose resaltar diversas declaraciones de derechos
inglesas y estadounidenses, lo mismo que la Declaración Francesa de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 y las
enmiendas a la Constitución de los Estados Unidos de América. Lo anterior provocó que, en el siglo XIX en diversas constituciones, entre ellas las latinoamericanas, se fueron regulando
derechos de la persona humana constitucionalmente, lo mismo
que el derecho a la resistencia frente al Poder en el caso de que
no fueran reconocidos. (p. 16).

En este sentido, al hablar de presunción de inocencia,
nos referimos a un derecho humano. Este se encuentra protegido
por el artículo 11.1 de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos, el artículo 14 del Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos y el artículo 9 de la Declaración de los Derechos
Humanos del Hombre y del Ciudadano. En cada uno de estos
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321

�Martínez y Hagelsieb / Derechos humanos

ordenamientos se señala que cualquier hombre será considerado
inocente hasta no ser declarado culpable, esto tal como se señala
en nuestra Constitución en su artículo 20, apartado B, fracción I.
Otro punto por considerar en este sistema de valoración
probatoria es que el jurado, al no tener que estar obligado a contar
con conocimientos en leyes, podría estar permitiendo desahogar
alguna prueba que sea violatoria de derechos humanos.
Conclusiones
Podemos concluir que los sistemas de valoración probatoria han
evolucionado constantemente, y en la actualidad, se permite al
juez apreciar directamente el desahogo de las pruebas a través de
sus sentidos y realizar una actividad intelectual para descubrir
la verdad, pues se trata de una función de valoración lógica, que
implica que se debe llevar a cabo un análisis razonado de los
hechos y las pruebas, para darles a estas últimas un valor adecuado,
observando las reglas de la lógica, los conocimientos científicos,
que son aquel conjunto de hechos que pueden ser sustentados
por las diversas teorías científicas, así como de las máximas de
la experiencia. Esto hace que otros métodos, como analizar un
expediente y seguir lo que dice la ley, queden atrás. Esto significa
que se toman decisiones basadas en pruebas evaluadas, incluso si
no se está completamente seguro de que son verdad en el juicio.
La libre valoración de la prueba ha sido un significativo
avance en el derecho. Contempla que todos aquellos medios de
prueba que se hayan obtenido a través de una vulneración de
derechos humanos no deberán ser admitidos. Se contempla que
todos aquellos medios de prueba que se hayan obtenido a través de
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una vulneración de derechos humanos no deberán ser admitidos.
Sin embargo, también podrá aplicar alguna de las excepciones
a las reglas de exclusión, admitiendo un medio de prueba aun
siendo ilícito, siempre que considere su pertinencia. Así mismo,
se procura respetar el principio de presunción de inocencia.
El trabajo de un juzgador hoy en día no se debe limitar
únicamente a conocer del derecho, sino que también deben tener
conocimiento en otras ciencias, pues se tratan de disciplinas que
pueden ayudar a la determinación de la verdad de los hechos
en el proceso. Así como de sus máximas de la experiencia, que
las podemos definir como el conjunto de conclusiones que se
obtienen a través de la práctica o de la observación de lo que ocurre
comúnmente y son susceptibles de adquirir validez general para
valorar las pruebas desahogadas en el juicio. En este sentido, el
juez también deberá tener un mayor conocimiento en materia de
derechos humanos, los mismos que deberá aplicar al momento de
dictar sus sentencias judiciales, pues se debe respetar el principio
pro persona, así como la convencionalidad.
Por ello, se alude a que el sistema que protege de una
manera más adecuada es el de la libre valoración probatoria,
porque permite al juzgador tomar en cuenta lo que percibe en
el juicio al momento de desahogar las pruebas, apoyándose
también en sus conocimientos, sus máximas de la experiencia
y sus conocimientos en los derechos humanos, para dictar una
sentencia que, de acuerdo a él, no será violatoria de derechos
humanos porque se estaría respetando el principio pro persona,
a diferencia de los otros sistemas donde el mismo código les
asigna el valor que debe darle a cada una de las pruebas. Además,
los juzgadores deberán valorar cada una de las pruebas con
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-191

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perspectiva de género. A raíz de algunas sentencias de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), como el caso
González y otras (Campo algodonero), Fernández Ortega y
otros, y Rosendo Cantú y otra, México se vio obligado a emitir un
protocolo para juzgar con perspectiva de género. Este protocolo
raíz de algunas sentencias de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos (CIDH), como lo son el caso González y otras (Campo
algodonero), Fernández Ortega y otros, y Rosendo Cantú y otra,
todos contra México, se vio obligado a emitir un protocolo para
juzgar con perspectiva de género, el cual es obligatorio para todos
los juzgadores al momento de dictar una sentencia.
Podemos decir que hoy en día tenemos un sistema de
evaluación de la prueba que permite al juez usar su lógica y su
conocimiento, así como su experiencia, para dar una sentencia
que respete mejor los derechos humanos. Esto contrasta con el
sistema de valoración anterior, utilizado en el sistema mixto,
donde el juez se limitaba a emitir su criterio según lo dispuesto
por la ley.

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-191

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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Dificultades académicas que enfrentan los
estudiantes de la Facultad de Ingeniería Mecánica y
Eléctrica de la UANL
Academic difficulties faced by students at the
UANL Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica
Tomás Norberto Martínez García

Resumen: Este estudio tiene por objetivo identificar las dificultades
académicas que enfrentan los estudiantes de ingeniería de la FIME
de la UANL. Como herramientas de recolección de datos, se empleó
un cuestionario en escala de Likert con 11 preguntas y una entrevista
semiestructurada. Los datos recabados se analizaron con el programa
Statistical Package for Social Sciences (SPSS). La muestra estuvo
conformada por 130 estudiantes de distintos programas educativos de
la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (FIME) de la UANL.
Los resultados muestran que las dificultades más frecuentes de los
estudiantes de ingeniería de la FIME están relacionadas con los
métodos de enseñanza y autorregulación para el estudio.
Palabras clave: Ingeniería, Autorregulación, Rendimiento académico,
UANL, FIME.
Abstract: The objective of this study was to identify the academic
difficulties faced by engineering students at FIME, UANL. A Likert scale
questionnaire with 11 questions and a semi-structured interview were
used as data collection tools. The data collected were analyzed with

328

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

the Statistical Package for Social Sciences (SPSS) program. The sample
consisted of 130 students from different educational programs of the
School of Mechanical and Electrical Engineering (FIME) of the UANL.
The results show that the most frequent difficulties of FIME engineering
students are related to teaching methods and self-regulation for study.
Key words: Engineering, Self-regulation, Academic achievement,
UANL, FIME.

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-205

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�Martínez García / Dificultades académicas

Introducción
El objetivo de este estudio es identificar las dificultades
académicas que enfrentan los estudiantes de ingeniería de
la FIME de la UANL. El estudio de la carrera de ingeniería –
con sus diferentes enfoques– representa un desafío para los
estudiantes que se inclinan por este campo. Conocer y estudiar
las dificultades que enfrentan los aspirantes a ingenieros en el
transcurso de su carrera permite a los estudiantes, docentes y
autoridades educativas diseñar estrategias que contribuyan a
mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje. La búsqueda de la
mejora académica es el fundamento de la práctica educativa.
Para abordar el tema de la ingeniería, es necesario e
ineludible dirigir la mirada a la prehistoria. El ser humano, con su
deseo innato de supervivencia, empleó el privilegio de la razón para
solucionar las múltiples problemáticas a las que se enfrentaba.
Es el ingenio humano el que ha llevado a los seres humanos a
transformar su entorno primario, para convertirlo en un medio
para el ‘bien vivir’. Con el avance de la ciencia y la tecnología,
la ingeniería se ha mejorado y adaptado a la complejidad de las
sociedades y sus crecientes necesidades.
La Revolución Industrial —la cual tuvo su origen en
Inglaterra entre 1760 y 1840— fue el inicio de un irreversible
e inminente cambio en las condiciones de vida de las personas.
La forma en la que se manufacturaban los productos se había
transformado; la integración de las primeras máquinas en
la industria aceleró la producción, así como la demanda. Se
movilizó el capital económico y con ello la búsqueda de un
mejor nivel de vida. A ese respecto, Feliu y Sudriá mencionan
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-205

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

que la revolución de la industria se caracterizó por el uso de
“…nuevas materias primas y nuevas formas de energía y de la
aplicación de innovaciones técnicas y organizativas en todos los
sectores económicos, desde la agricultura hasta los productos
manufacturados, el transporte, el comercio y las finanzas” (Feliú
y Sudriá, 2007, p. 971).
La ingeniería ha evolucionado continuamente. Las
necesidades y el desarrollo de la civilización continúan, al igual
que el avance de las ciencias y el de la técnica. El ingenio humano
ha sido fundamental para consolidar y construir las bases del
progreso. El campo de la ingeniería tiene sus cimientos en
la necesidad del ser humano por mejorar la forma en la que se
instala y desarrolla en el mundo social. Gracias a la ciencia y la
técnica avanzada, se han construido grandes obras que permiten
a las personas confirmar su posición privilegiada entre los demás
seres de la naturaleza.
La importancia de la ingeniería
La ingeniería permite, en los distintos campos en los que se aplica,
innovar y mejorar procesos, productos y servicios que impactan
en el modo de vida de las personas. De este modo, el campo de
la salud, la tecnología, la industria alimenticia, el transporte, el
sistema educativo y el de la construcción, entre otros, progresan;
esto permite, a su vez, que los usuarios gocen de los innegables
beneficios que trae consigo la ingeniería aplicada en esas áreas. La
ingeniería es el producto de la mente humana. Sin aquella, el ser
humano está indefenso.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-205

331

�Martínez García / Dificultades académicas

Henry Petrovsky (1985), en su obra “To Engineer is Human:
“The Role of Failure in Successful Design” sostiene que los grandes
avances en la ingeniería a menudo han sido impulsados por el
análisis minucioso de aquellos eventos trágicos que han puesto
a prueba la ciencia y la técnica empleadas en la construcción de
las grandes obras, o en el diseño y operación de procesos que
impactan en la vida de los individuos. Cuando un ingeniero
estudia de cerca las fallas en los objetos o procesos, puede
identificarlas, comprenderlas y mejorarlas, para, de esa manera,
evitar o reducir la frecuencia con la que se presentan. Como
ejemplos podemos citar el colapso de estructuras, puentes,
aviones o embarcaciones.
Petrovsky (1985) explica, además, que todo ingeniero
trabaja con modelos y suposiciones sobre el comportamiento
de materiales y procesos, por lo que todo diseño de ingeniería
implica un grado de incertidumbre y riesgo. De esta manera, el
potencial de fallo es latente. La ingeniería no se enfoca en buscar
culpables, sino en comprender las causas del problema, analizar
e identificar toda la información referente a lo que ocasionó el
problema y aplicar ese conocimiento para favorecer y mejorar los
próximos diseños.
Los factores humanos y sociales también pueden afectar
mucho el error en los procesos de ingeniería, como la falta de
atención, errores de cálculo, presión económica y decisiones
políticas. La ética profesional y la responsabilidad son ineludibles
en la práctica de la ingeniería. El éxito de la ingeniería no es la
mera ausencia de problemas, sino la capacidad de preverlos,
diseñar con márgenes de seguridad y aprender continuamente
332

DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-205

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

de la experiencia (Petrovsky, 1985). Si las obras humanas no
son puestas a prueba o cuestionadas, no habrá oportunidad de
mejora.
Por otra parte, Florman (1976), en su obra “The Existential
Pleasures of Engineering”, describe a la ingeniería como una actividad
humana fundamental y profundamente satisfactoria. Argumenta
que la ingeniería ofrece beneficios irremplazables que con mucha
frecuencia se soslayan, ignorados o malinterpretados por los
individuos. Para Florman, la ingeniería es mucho más que cálculos
y planos; es una vocación humana esencial que nos vincula con la
satisfacción de construir y crear soluciones para los desafíos del
mundo. Los ingenieros encuentran belleza en la funcionalidad de
sus diseños, lo que les produce un placer intrínseco al ver sus ideas
materializarse. El mismo autor subraya la crucial importancia
de la ética y la responsabilidad en una profesión que transforma
constantemente el entorno y a la sociedad.
La versatilidad de la ingeniería permite un amplio
campo de aplicaciones en prácticamente todos los aspectos de
la vida, tales como la construcción, la energía, la tecnología y
comunicación, el área médica, la industria y manufactura, gestión
y finanzas, militar, forense, mejorar la calidad de vida, etc. Además,
es esencial para la innovación, el progreso y el funcionamiento
de la sociedad. Un ingeniero es creador. También busca evaluar
tecnología hospitalaria, uso de software, la implementación de
normativas vigentes en laboratorios especializados en análisis
clínicos y hospitales. Además, se busca solucionador de problemas
e impulsor del cambio en un mundo en transformación continua.
En la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica
(FIME), de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL),
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-205

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�Martínez García / Dificultades académicas

se cuenta con 14 Programas Educativos de Ingeniería. Estos
incluyen ingeniería aeronáutica, ingeniería biomédica,
ingeniería mecánica y administración, ingeniería mecánica y
administración empresarial, ingeniería mecánica y eléctrica,
ingeniería mecatrónica, ingeniería de manufactura, ingeniería
de materiales, ingeniería en administración y sistemas. También
incluyen ingeniería en automatización y sistemas inteligentes,
ingeniería en electromovilidad, ingeniería en inteligencia
artificial, ingeniería en tecnología de software e ingeniería en
telecomunicaciones y sistemas electrónicos. Cada una de estas
ingenierías contribuye al mejoramiento de la sociedad de manera
distinta. A continuación, se describirán algunas de ellas:
La ingeniería aeronáutica tiene como propósito
la formación de profesionistas capacitados en diseño de
componentes, sistemas de aeronaves, administración de
mantenimiento y red de transporte aéreo. Mediante la
simulación y validación, se busca el desarrollo de productos
seguros y sustentables que contribuyan al desarrollo y a la
competitividad de la industria aeronáutica.
En la ingeniería biomédica, el propósito es formar
profesionistas cuyas habilidades en la investigación les permitan
colaborar en instancias de salud públicas y privadas, evaluar
tecnología hospitalaria, uso de software, la implementación de
normativas vigentes en laboratorios especializados en análisis
clínicos y hospitales, elaborar propuestas innovadoras inter-,
multi- y transdisciplinarias en áreas como la ingeniería clínica, de
tejidos o la neuroingeniería.
Estudiar ingeniería no solo le da solidez a los conocimientos
técnicos o la habilidad para analizar y resolver problemas, sino
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-205

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

que también te permite tener un impacto significativo en la
sociedad. Es una carrera con muchos desafíos, pero te brinda
también muchas satisfacciones, principalmente a aquellos que
disfrutan resolver problemas, ser creativos y curiosos en temas
relacionados con los campos de aplicación.
Perfil de ingreso para estudiantes de ingeniería
El perfil deseable de ingreso para un estudiante de ingeniería
implica tener una mezcla de habilidades, aptitudes e intereses.
Las características específicas de ingreso varían de acuerdo a la
rama de la ingeniería que se pretenda estudiar, pero habrá algunas
que son comunes a todas. Esto incluye la importancia de las bases
sólidas en asignaturas de matemáticas, física y química. Sin estas
bases sólidas en matemáticas, física y química, ya que sin ellas
los ingenieros no podrían diseñar, construir ni innovar de manera
efectiva y segura.
Por una parte, la física permitirá conocer, describir o
interpretar los fenómenos naturales, ya que proporciona leyes y
principios que permiten comprender cómo funciona el universo
que nos rodea. Permite también analizar la energía y, en ese
sentido, modelar el comportamiento de los sistemas de ingeniería.
Los descubrimientos físicos también han influido en muchos de
los avances en ingeniería en áreas como la electrónica, la mecánica
de fluidos o el estudio de los materiales.
La asignatura de química permite comprender las
propiedades de la materia, las estructuras moleculares y su
comportamiento a nivel atómico y molecular, lo que facilita
seleccionar o diseñar materiales que cumplan requisitos
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�Martínez García / Dificultades académicas

específicos para su uso en áreas de ingeniería, como procesos
industriales más eficientes o sostenibles. La comprensión de esta
rama de la ingeniería permitirá abordar problemas relacionados
con la contaminación, el correcto manejo de residuos peligrosos,
así como el desarrollo de tecnologías limpias.
Las matemáticas tienen una importancia similar, ya que
reflejan la parte cuantitativa resultante de plantear y resolver los
problemas que surgen en cualquier campo de la ingeniería. La
creación de modelos matemáticos y su simulación, para el análisis
y la mejora de los diseños. Los resultados experimentales pueden
emplearse de manera estadística para identificar tendencias;
de acuerdo a la información documentada, ayudan a la correcta
toma de decisiones.
Algunas otras características que pudieran considerarse
como parte del perfil de ingreso para estudios de ingeniería
podrían ser: la capacidad de razonamiento lógico, pensamiento
analítico, trabajo en equipo, comunicación, pensamiento crítico,
ética profesional y, esencialmente, la capacidad para la resolución
de problemas.
Suazo-Shwencke et al. (2022), en su publicación
“Definición de perfiles de ingreso en ingeniería a partir de características
estudiantiles”, analizan las competencias y características de
ingreso propias de cada estudiante, la existencia de semejanzas
o diferencias y la relación de las particularidades de la carrera
en cuestión. Su metodología consistió en la recolección de
información mediante una encuesta de caracterización, la
cual incluía preguntas asociadas a las características comunes
iniciales que presentan los estudiantes que ingresan a las
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-205

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

carreras de ingeniería, la homogeneidad o heterogeneidad
de los estudiantes, la identificación de grupos de diferentes
características dentro de una misma carrera, la diferencia entre
los perfiles de ingreso de las diferentes carreras de ingeniería,
la conexión que existe entre las características iniciales con las
competencias que se necesitan desarrollar en un estudiante de
ingeniería y la relación entre las competencias genéricas de la
universidad y las características de los estudiantes que ingresan
a las carreras de ingeniería.
En sus conclusiones, dicen que los perfiles creados a partir
de la descripción de los estudiantes ayudan a adaptar estrategias
específicas para cada grupo, lo que asegura que se logre el perfil
de egreso. Sin embargo, a pesar de las diferentes razones, todas
las carreras tienen en común que muchos estudiantes eligen su
profesión por vocación y habilidades académicas, además de
aquellos que valoran la variedad y oportunidades en el mercado
laboral.
Petrovsky (1985) destaca que “la ingeniería exitosa se
trata de entender cómo las cosas se rompen o fallan”; no menciona
de manera específica cualidades que deban tener los estudiantes
que estudiarán ingeniería; no obstante, enfatiza la importancia
de aprender del fracaso en la ingeniería, lo que lo lleva a sugerir
a los estudiantes que son curiosos, resilientes y dispuestos a
analizar los errores como oportunidades de aprendizaje en lugar
de desistir de ellos.
En la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica
(FIME) de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL),
las características que convergen en la mayoría de los perfiles
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337

�Martínez García / Dificultades académicas

de ingreso de las diferentes carreras de ingeniería de su oferta
educativa son las siguientes:
1. Como características evaluables:
Ū

Contar con habilidades de razonamiento lógico-matemático.

Ū

Habilidades para la solución de problemas mediante el uso de
ciencias exactas, álgebra, probabilidad y estadística, así como
aritmética.

Ū

Contar con capacidades de comprensión lectora.

2. Como características deseables:
Ū

El gusto y la aptitud por las ciencias exactas.

Ū

Tener curiosidad científica e interés tecnológico.

Ū

Comunicación oral y escrita.

Ū

Fomento de la creatividad y la innovación.

Ū

Habilidades comunicativas en un segundo idioma.

Ū

Capacidad de discusión en temas afines al tópico.

Ū

Trabajo en equipos multidisciplinarios.

Ū

Sentido humanista y compromiso con el cuidado del
medioambiente.

Ū

Curiosidad e interés en entender cómo funcionan las cosas.

Ū

Integridad y ética profesional.

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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Metodología
Este estudio es descriptivo y exploratorio, presenta un enfoque
cuantitativo y cualitativo de investigación. Las características
de ambos enfoques se consideran pertinentes y convenientes
para el tratamiento de la información recabada. En el caso de
los elementos cuantitativos, se emplearon para el análisis de los
aspectos numéricos y estadísticos recabados; en el caso de los
cualitativos, fueron de utilidad para el abordaje interpretativo
realizado.
Los instrumentos de recolección de datos utilizados en este
estudio fueron el cuestionario y la entrevista semiestructurada.
Con ellos, se obtuvo información relacionada con las dificultades
que presentan los estudiantes de ingeniería de la FIME en su
trayecto educativo. Los tres instrumentos permiten contrastar la
información e identificar aquellos aspectos que se relacionan
con las problemáticas que experimentan los alumnos durante su
carrera profesional.
El cuestionario se diseñó en escala de Likert; estuvo
conformado por 11 preguntas relacionadas con las dificultades
que experimentan los estudiantes en su carrera de ingeniería en la
FIME de la UANL. Con este instrumento, en su primera sección,
además de presentar la declaración de confidencialidad y su
objetivo, se obtuvieron datos como: la edad, semestre que cursa,
carrera, género, trabajo, municipio de residencia, procedencia
(foráneo o local).   En la segunda sección del cuestionario, se
integraron las 11 preguntas realizadas; estas se presentan a
continuación en la tabla 1:
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-205

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�Martínez García / Dificultades académicas

Tabla 1
Cuestionario.

Nota: Elaboración propia.

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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Tabla 2
Entrevista semiestructurada

Nota: Elaboración propia.

La población para este estudio fueron los estudiantes
de tercer semestre de la carrera de Ingeniería de los siguientes
programas educativos:
Ū

Ingeniero Mecánico Administrador (IMA)

Ū
Ū
Ū

Ingeniero mecánico electricista (IME)
Ingeniero en Manufactura (IMF)
Ingeniero en aeronáutica (IAER)

La elección de estas carreras se debió a la facilidad que
existe para interactuar con los estudiantes de esos programas
educativos. Se eligió el tercer semestre, debido a que se considera
un semestre bisagra, en el que se define la situación académica
de los alumnos. En los dos primeros semestres, se presentan
fenómenos en los que algunos estudiantes, por distintas razones,
deciden abandonar la carrera. Por lo que es en el tercer semestre
cuando los estudiantes se han consolidado en su respectivo
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341

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programa educativo. La población de estudiantes fue de 322, y se
lograron recolectar 130 cuestionarios.
Para el análisis estadístico de las respuestas del
cuestionario, se empleó el programa Statistical Package for Social
Sciences (SPSS). Este programa permitió la elaboración de tablas
de contenido en las que se presentan los porcentajes y tendencias
de este estudio. También se describieron e identificaron, lo que
permitió la elaboración de tablas de contenido en las que se
presentan los porcentajes y tendencias de este estudio; también
se describieron e identificaron los elementos que se relacionan
con las dificultades académicas de los estudiantes. Los datos
recabados en el cuestionario se contrastaron con los hallazgos en
las entrevistas. Los resultados se presentan a continuación.
Resultados
Los resultados de la aplicación del cuestionario y de las entrevistas
se presentan a continuación:
Tabla 3
Conocimientos de matemáticas

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

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Con relación a los conocimientos previos en matemáticas,
el 38% de los participantes respondió que en regular medida
estos les causan dificultades para comprender los contenidos de
las asignaturas de ingeniería. 21.5% indicó que: en poca medida;
16.9% expresó que: suficiente; 16.2% afirmó que: mucho; mientras
que el 6.9% declaró que: “nada”.
La información recabada en las entrevistas mostró que las
matemáticas son importantes para comprender los contenidos
de la mayoría de las asignaturas de la carrera de ingeniería. No
importantes para comprender los contenidos de la mayoría de las
asignaturas de la carrera de ingeniería; no contar con bases para
desarrollar operaciones matemáticas puede ser un factor que
obstaculice el éxito de los estudiantes en su trayecto educativo
en la FIME.
Al realizar el cruce de información con las preguntas dos
y tres del cuestionario, las cuales se orientan a conocer en qué
medida la falta de conocimientos previos de física y química,
respectivamente, causa dificultad en las carreras de ingeniería,
la tendencia fue de regular (41.5%) a poco (28.5%) en el área
de física. En química se muestra una línea similar, pasando de
regular, con 36.9%, a poco en 25.4%.
La entrevista, en ese sentido, apuntó que conocer acerca
de los contenidos en física y química es relevante; pueden, si no
se comprenden con claridad, dificultar la permanencia de los
estudiantes en la carrera; sin embargo, tener conocimientos de
matemáticas es más significativo y puede ser más determinante
que los dos primeros.
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343

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Tabla 4
Dificultades económicas

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

La pregunta cuatro se relaciona con las dificultades
económicas que pueden poner en riesgo la permanencia de
los estudiantes en la carrera de Ingeniería. Los participantes
mencionaron que el 28.5% considera que esto es poco, el 26.2%
concluyó que nada, el 23.8% expresó que es regular, el 16.2%
afirmó que es suficiente y el 5.4% declaró que es mucho. Los datos
apuntan a que, para la mayoría de los estudiantes, los recursos
económicos no son un factor que ponga en riesgo su permanencia
en la carrera de ingeniería. Un dato relevante es que el 46% de los
encuestados afirma tener un trabajo, de lo que se deduce que la
cuestión de los recursos puede ser solucionada con la integración
de los estudiantes al mercado laboral.
Las entrevistas mostraron una tendencia similar: los
estudiantes afirman contar con apoyos como becas, otros más
de sus familiares y otros más declaran disponer de un trabajo
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de medio tiempo para solventar los gastos relacionados con sus
estudios universitarios.
Tabla 5
Dificultades más frecuentes.

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

En la pregunta cinco, sobre las dificultades que los
estudiantes enfrentan con más frecuencia, el 36% declaró que el
método de enseñanza de los docentes es el más común, seguido por
las estrategias de autorregulación y la disciplina para el estudio
con 33.1%; el 23.8% percibe que son los contenidos, mientras que
el 6.9% atribuye la dificultad al horario. Los datos sugieren que
el método de enseñanza de los docentes y la disciplina para el
estudio son las dificultades más frecuentes.
La entrevista, en este rubro, destacó que los docentes
tienen una amplia área de oportunidad en cuanto al método de
enseñanza, la empatía y la evaluación. Los estudiantes perciben
que su disciplina académica es una dificultad que se agrava en las
aulas cuando los docentes presentan dificultades para explicar
los contenidos.
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Tabla 6
Dificultades con los contenidos de la clase

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

La pregunta 6 se centra en conocer más específicamente
en qué medida los estudiantes presentan dificultades con los
contenidos de las asignaturas de la carrera de ingeniería. El
41.5% mencionó que: regular; el 27.7% afirmó que: suficiente; los
rubros de mucho y poco obtuvieron por igual 14.6%, mientras
que el 1.5% afirmó que: nada. Los datos muestran una tendencia
ascendente en lo que se refiere a las problemáticas relacionadas
con los contenidos de las clases.
Tabla 7
Métodos de enseñanza

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

346

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Con relación a la pregunta 7, orientada a conocer las
dificultades con el método de enseñanza de los docentes, el
36.9% de los participantes afirmaron que en suficiente medida
presentan problemáticas en ese rubro. El 33.8% indicó que es
suficiente; el 16.2% declaró que mucho, mientras que el 13.1%
expresó que poco. La tendencia es ascendente; la mayoría de los
estudiantes perciben que los métodos de enseñanza representan
una dificultad en el desarrollo de su carrera de ingeniería.
Tabla 8
Disciplina de los estudiantes en el estudio.

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

La pregunta 9 se centra en identificar en qué medida la
disciplina de los estudiantes es un factor que les afecta de manera
negativa en su rendimiento académico. El 34.6% expresó que: en
regular medida; 21.5% indicó que: suficiente; 20.8% declaró que:
poco; y 6.2% afirmó que: nada. La tendencia es ascendente; la
mayoría de los estudiantes se autoperciben con dificultades para
regular su disciplina académica.
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�Martínez García / Dificultades académicas

En este rubro, la entrevista reveló que la mayoría de
los estudiantes tienen dificultades para organizar sus tareas
académicas y las lecturas de textos, así como para preparar sus
exámenes, en parte debido a la sobrecarga de actividades propias
de la carrera.
Tabla 9
Problemas personales

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

De acuerdo con las respuestas a la pregunta 10, relacionada
con los problemas personales y su impacto en el rendimiento
académico de los estudiantes, el 31.5% afirmó que le afecta en
regular medida. El 25.4% indicó que poco, el 16.9% expresó
que nada, el 15.4% afirmó que suficiente, mientras el 10.8%
declaró que mucho. En este rubro, la tendencia es descendente;
los resultados muestran que los estudiantes perciben que los
problemas personales son significativos, mas no determinantes
en su rendimiento académico.
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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Tabla 10
Rendimiento académico

Nota: Elaboración propia con datos obtenidos en campo.

Con relación al rendimiento académico de los estudiantes,
el 51.5% expresó que se encuentra en un promedio de 80 a 89;
el 34.6% comentó que es regular, es decir, se encuentra entre
70 y 79; el 10% mencionó que es alto (90 a 94); el 2.3% declaró
que es muy alto (95 a 100); y el 1.5% afirmó tener un desempeño
bajo (inferior a 70). Los datos apuntan a que la mayoría de los
estudiantes presentan un rendimiento académico promedio;
aquellos con alto y muy alto rendimiento representan una
minoría de la población.
Conclusiones
De acuerdo con los resultados de este estudio, se presentan las
siguientes conclusiones:
Es más significativo para estudiar alguna carrera de
ingeniería contar con conocimientos previos de matemáticas. Con
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�Martínez García / Dificultades académicas

respecto a aquellos de física y química, estos son relevantes; sin
embargo, los estudiantes consideran que las matemáticas son más
relevantes para comprender los contenidos de las asignaturas en
las carreras de ingeniería. En este sentido, los alumnos perciben
que las matemáticas son más relevantes debido a que el trabajo
operativo y en aula se basa principalmente en ese campo, y es
a través de las matemáticas que se transita a los trabajos con la
física y química.
Los estudiantes no perciben que las dificultades
económicas sean un factor que determine su permanencia en
alguna carrera de ingeniería de la FIME, esto, debido a que la
mayoría cuenta con el respaldo de sus padres o de programas de
apoyo al estudiante (becas por escasos recursos, por participar
en deportes, por promedio y por ser hijos de trabajadores
universitarios). De acuerdo con lo anterior, ser de escasos recursos
no limita a los estudiantes para ingresar, mantenerse y egresar de
alguna ingeniería.
Los estudiantes de algún programa de ingeniería de la
FIME en la UANL perciben que los métodos de enseñanza y los
problemas para comprender los contenidos de las asignaturas
son las dificultades más frecuentes que enfrentan en su trayecto
educativo. Esto apunta a que aquellos docentes que no han tenido
una formación pedagógica son más propensos, de acuerdo con la
visión de los alumnos, a presentar problemas para desarrollar
estrategias de enseñanza que permitan a sus estudiantes, con sus
particularidades, comprender y aprender los contenidos de las
clases de ingeniería.
En relación con lo anterior, los estudiantes presentan
dificultades para autorregular su disciplina para el estudio y,
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-205

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

por asociación, para el aprendizaje. Los alumnos consideran
que es complicado converger entre sus intereses personales, la
administración de su tiempo, sus tareas académicas, actividades
laborales o de relaciones interpersonales. Es evidente, de acuerdo
con los resultados, que los estudiantes necesitan madurez para
comprender la importancia de aprender los contenidos de
sus asignaturas, debido al impacto que esto tendrá en su vida
laboral.
No obstante que los problemas personales pueden afectar
de manera negativa el rendimiento académico de los estudiantes,
estos no determinan su permanencia en algún programa
educativo de la FIME de la UANL. Se deduce que los estudiantes
de ingeniería tienden a regular sus emociones de manera que estas
no afecten sus objetivos académicos. Sin embargo, no se puede
descartar que la magnitud de algún evento personal adverso
pueda influir en su trayectoria educativa.
Muy pocos estudiantes presentan un rendimiento
académico alto o muy alto; la mayoría tiene un desempeño
promedio (80-89). Esto indica que estudiar un programa
educativo de ingeniería en la FIME de la UANL tiene un
grado de dificultad significativo. Los estudiantes, para cursar
con éxito estos programas, necesitan conocimientos previos,
especialmente de matemáticas avanzadas (sin descartar
aquellos en física y química) y autorregulación para el estudio;
por su parte, los métodos de enseñanza pueden ser un factor
que dificulta el aprendizaje de los estudiantes en las carreras de
ingeniería.
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-205

351

�Martínez García / Dificultades académicas

Referencias
Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica. (2025). Programas
educativos. Universidad Autónoma de Nuevo León.
http://www.fime.uanl.mx
Feliú Montfort, G., &amp; Sudria Trieay, C. (2007). Introducción a la
historia económica mundial. Publicacions de la Universitat de València.
Florman, S. C. (1976). The existential pleasures of engineering.
St. Martin’s Press.
Petroski, H. (1985). To engineer is human: The role of failure in
successful design. Vintage Books.
Suazo-Schwencke, A., Blanc, P., &amp; Salgado, F. (2022). Definición de perfiles de ingreso en ingeniería a partir de características estudiantiles. Ingeniare. Revista Chilena de
Ingeniería, 30(4), 803–820. https://dx.doi.org/10.4067/
S0718-33052022000400803

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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-205

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Yo estudio niños que se mueven de un lugar para
otro: Entrevista con el Doctor Víctor Zúñiga
I study children who move from one place to another:
Interview with Dr. Víctor Zúñiga
Juan Sánchez García

Juan Sánchez García (JS). Víctor Aurelio Zúñiga González es
doctor en Sociología por la Universidad de París VIII y profesor
de la Facultad de Derecho y Criminología de la Universidad
Autónoma de Nuevo León. En 2023 recibió la distinción
como investigador nacional emérito del Sistema Nacional de
Investigadoras e Investigadores. Desde 2012, funge como director
de la revista TRACE del Centro de Estudios Mexicanos y
Centroamericanos de Francia. En 2018, recibió el Premio Henry
T. Trueba por su contribución a la transformación del contexto
social en la educación, por parte de la Asociación Americana de
Investigación Educativa (AERA, por sus siglas en inglés). En
2021, fue elegido miembro del capítulo de los 100 galardonados de
la asociación global de profesores e investigadores en educación
Kappa Delta Pi (KDP) por sus aportaciones a la inclusión
educativa en el mundo.
353

�Sánchez García / Entrevista

Vamos a tener un diálogo académico para comprender su
trayectoria como docente e investigador, para dimensionar sus
aportaciones en ciencias sociales y en educación. En primer lugar,
nos gustaría conocer más a detalle su trayectoria académica:
¿cuáles son algunas de las experiencias como docente que ha
tenido en distintas instituciones donde ha colaborado?
Víctor Zúñiga (VZ): He sido profesor toda mi vida y sigo
siendo, cada vez menos, porque la docencia es una actividad muy
exigente. Desde que estaba estudiando la licenciatura, ya estaba
ejerciendo la docencia; inclusive en secundaria estuve un año;
en preparatoria estuve otro semestre con muy mala experiencia
porque no supe trabajar con adolescentes y, así sucesivamente;
pero las actividades docentes más importantes han sido en
posgrado de ciencias de la educación y en ciencias sociales; en
posgrado de demografía del Colegio de la Frontera Norte y
actualmente en el Doctorado en Criminología de la Universidad
Autónoma de Nuevo León.
He sido profesor de muchas instituciones. Voy a platicar de
las principales. Sin duda alguna, la Universidad Autónoma de
Nuevo León, donde actualmente me encuentro como profesor,
investigador de la Facultad de Derecho y Criminología. Además,
en la Universidad de Monterrey. También en el Tecnológico de
Monterrey, en el Colegio de Sonora, en la Universidad Pontificia
Católica de Chile, en la Universidad de Quebec. Tres semestres
en la Universidad de Versalles en la zona metropolitana de
París. Uno en la Universidad de Marsella. Un en el Tecnológico
de Monterrey, en el Colegio de Sonora, en la Universidad
Pontificia Católica de Chile, en la Universidad de Quebec. Tres,
en la Universidad de Monterrey; también en el Tecnológico de
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DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-233

�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

Monterrey, en el Colegio de Sonora, en la Universidad Pontificia
Católica de Chile, en la Universidad de Quebec; tres semestres
en la Universidad de Versalles en la zona metropolitana de París;
uno en la Universidad de Marsella; un semestre en la Universidad
de Texas en Austin como profesor visitante y así, sucesivamente.
Si alguien me pregunta: “¿Qué ha sido tu vida?” Pues, sigo como
profesor, básicamente de posgrado, de licenciatura y en maestría.
(JS): Ahora vamos a continuar con el aspecto relacionado con las
ciencias sociales, donde ha formado muchos investigadores, tanto
a nivel nacional como a nivel internacional. ¿Cuáles son algunos
retos y dificultades que se han enfrentado en la formación de
talento humano?
(VZ): Bueno, una cosa es mi trabajo de investigación, Dr. Sánchez,
y otra es formar investigadores jóvenes. Tengo la fortuna de que
recibí una invitación de colegas de la Universidad de Tlaxcala, que
están muy avanzados en la publicación de un libro que se llevará
por título Travesuras de la ciencia. No sé a cuántos investigadores
mexicanos nos invitaron de ciencias sociales, probablemente
veinte o treinta o cuarenta investigadores con larga trayectoria, y
nos piden que cada uno escriba una carta (no más de dos páginas)
a los niños para que se animen y brote la vocación científica.
Para responder esa pregunta -ya en términos de investigación-,
narré de una manera lo más cercana al lenguaje de niños de
educación primaria, diciendo que para poder irme a estudiar el
doctorado me exigían que hiciera un proyectito de investigación.
Entonces, propuse el estudio de niños que emigran del campo a
la ciudad, especialmente en esa época en la que Monterrey era,
entre otras ciudades de México, un atractivo muy grande para
DOI: https://doi.org/10.29105/transdisciplinar6.11-233

355

�Sánchez García / Entrevista

los campesinos para moverse a la ciudad. Como alguna vez lo
dijo don Luis González y González, en los años 70 y 80 del siglo
pasado, el campo invadió a las ciudades y eso los regiomontanos,
los habitantes jóvenes de la zona metropolitana de Monterrey no
tienen ni idea de qué sucedió, porque Ciudad Guadalupe tenía
crecimientos del 16% anual promedio entre 1975 y 1985, y las
colonias eran lodazales. Las escuelas tenían que construirse a unas
velocidades inusitadas, porque crecía la ciudad en esa época de
los Fomerreyes y carecían hasta de electricidad y agua potable. Es
el crecimiento increíble de la zona metropolitana de Monterrey
y otras ciudades: Chihuahua, Guadalajara, la Ciudad de México.
Lo que me interesaba eran los niños, hijos de campesinos que
llegaban a las ciudades. Mi tesis de doctorado son niños en la
migración rural-urbana. Fue sobre eso, una sociología de los que
son niños campesinos, rural urbanos, pero llegando a la ciudad
se convierten en marginados urbanos. A mí me dolió mucho
porque en muchas escuelas, inclusive en la colonia Revolución
Proletaria, encontré a directivos y maestros que despreciaban a
estos niños con expresiones muy lamentables, que no es propio
de los docentes. Los urbanos despreciaban con frecuencia a los
rurales en cualquier parte del mundo. No es que el magisterio sea
particularmente así, sino que los urbanos permiten humillar a los
campesinos, considerándolos como ignorantes y como personas
de menor valía.
En el caso de las escuelas, decía una directora: “Pero, es que no
saben ni hacer pipí”, una directora de una escuela de la colonia Pío
X. Yo le dije: “Si no saben hacer pipí, maestra, pues ya hubieran
reventado, ¿verdad?”. En la entrevista realizada, expresó: “No
quería decir eso”. Yo contesté: “Es que no saben usar el sanitario,
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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

pues enséñeles, maestra, porque vienen de ranchitos donde no hay
sanitario; hay que decirles cómo es. Pero no los humille diciendo:
“No saben hacer pipí, andan buscando un arbolito”. Obviamente,
en la escuela siguen siendo niños hijos de campesinos. Bueno,
para el caso, yo me quedé como picado de víbora con el asunto de la
migración de niños.
Luego, tuve la fortuna de participar en un proyecto binacional
en el que académicos mexicanos estábamos ayudando a enfrentar
retos a distintos escolares del estado de Georgia —iba a decir
de Estados Unidos—, pero realmente son distritos escolares
que experimentaron un cambio drástico de la matrícula escolar.
Digamos, de cero niños de origen latinoamericano pasaron a
cuarenta, cuarenta y cinco, cincuenta por ciento de niños de
origen latinoamericano, principalmente de México. Muchos
de esos niños habían nacido en México; otros habían nacido en
Georgia. El problema para los académicos de Estados Unidos
sigue siendo así: “Es que no hablaban inglés”, no tenían maestros
bilingües. Nosotros tratamos de convencerlos de que el problema
de la lengua es un problema que se resuelve con el tiempo porque
los niños aprenden lenguas; pero las diferencias y la dominación
curricular, eso no se resuelve con el tiempo. Muchos de los
maestros y directores no estaban abiertos; es decir, en las escuelas
de Estados Unidos, estos niños van a doblegarse y hacerse como
nosotros queremos que sea: fue muy triste.
Actualmente, en esos distritos escolares, sí hay algunos aliados de
lo que llaman en Estados Unidos bilingual education, pero bilingual,
hay que pasar a bicultural education y otras cosas; para el caso, sigue
siendo el punto. Vuelvo al asunto de niños que emigran, ya no
a nivel de migración interna, sino de migración internacional.
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357

�Sánchez García / Entrevista

Mientras estábamos allá con un colega que usted y yo apreciamos
mucho, llamado Edmund T. Hamann (“Ted”), él tuvo una
intuición. Estoy hablando de 1990 y 2002, una intuición de él,
de por qué los directores de las escuelas del estado de Georgia,
cuando les preguntábamos sobre estos niños, que allá les dicen
latinos o como les llamen. Estos niños de origen latinoamericano
—diríamos nosotros—, pues, ¿cómo son? Muchos directores,
pues, contestaron que “desaparecen”. Es decir, que a mitad de año
escolar ya no estaban, o pasando el año escolar ya no regresan.
Obviamente, como lo hemos publicado de manera muy jocosa,
Ted Hamann y yo, diciendo “suponemos que desaparecen,
no quiere decir que se esfuman” (risas). Quiere decir que se
fueron a otra parte. Y esa otra parte era México. Ahí empieza
usted a participar, Dr. Sánchez, ya en el 2004, cuando los niños
desaparecidos aparecen en escuelas de México en: Nuevo
León, Zacatecas, Puebla, Jalisco, Morelos, ahí estaban (Zúñiga,
Hamann y Sánchez, 2010). Entonces, empieza otro proyecto —el
más largo de mi vida— que es el referido a los niños que se mudan
de Estados Unidos a México y las transiciones escolares, también
curriculares y sociales.
Actualmente estoy dirigiendo una tesis muy simpática,
diríamos innovadora, creativa, que aborda las transiciones
emocionales, por primera vez. No conozco ningún estudio así;
lo está haciendo una estudiante de doctorado en educación de
la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, que es una
alumna transnacional. Ella nació en Estados Unidos, empezó su
educación allá y luego se vino para acá. Poco a poco empezamos
a pensar: “Pues ya no haga lo que ya se ha hecho, haga algo que
no tengamos en la literatura sobre migración de niños que se
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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

mudan”. Ahora, ya estamos empezando a hablar de niños que
circulan entre México y Estados Unidos. No es nada más que se
mudan de Estados Unidos a México; están circulando porque
tienen las dos nacionalidades. Esta estudiante propone que hay
transiciones emocionales muy fuertes y todas las entrevistas
tratan sobre: ¿qué emociones, sentimientos, aspectos de carácter
psíquico están implicados en el proceso migratorio? Bueno, es
una muy bonita forma de continuar. Siempre han sido niños que
emigran. Y yo les dije en esa cartita a los niños: “Yo estudio niños
que se mueven de un lugar a otro”. Toda mi vida ha sido eso.
(JS): Muy bien, continuando con este tema de la migración
escolar transnacional. Pero ahora pensando en las instituciones
formadoras de docentes, en las escuelas normales de México:
¿Qué les recomendaría a quienes se forman para ser maestros de
educación básica, cuando enseñarán en entornos cada vez más
complejos y diversos, tanto en ciudades como en zonas rurales?
(VZ): A estas alturas, treinta y tantos años dedicado a esto o
más. Bueno, si me la agarro desde el doctorado, cuarenta años.
A los maestros tenemos que decir que la clave para servir bien,
ciudadana y comprometidamente a sus alumnos, no a los alumnos
del mundo, a los veintiocho que tiene ahí en la escuela primaria,
en la secundaria, en el preescolar. Para realmente ser responsable
con la vida de ellos, necesita interesarse en sus biografías. Si no
los conoce, entonces, aunque no quiera, el maestro o la maestra
los van a atropellar. Y ahí sí hay un discurso muy enredoso.
El discurso enredoso viene desde la reforma del presidente de
México Luis Echeverría. Todos los discursos en torno a las
reformas educativas de México son tan enredosos que incluyen
la contextualización, la pluralidad, la multiculturalidad y quién sabe
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�Sánchez García / Entrevista

cuánta cosa más. Yo creo que los profesores lo repiten, como
los curas católicos repiten parte de un discurso. Considero
que esto que estoy diciendo no es tan complicado: “Conozca a
sus alumnos; muestre interés por ellos”. ¿Qué es lo que hemos
aprendido estando en el salón? La niña estuvo estudiando toda
su primaria en Kansas y la maestra no lo sabía. Su primera
lengua es el inglés y la maestra no lo sabía. Tiene dificultades
para leer español porque lee inglés; no porque lea inglés puede
leer español. Hay una transición compleja. No sé, si alguien
me invita, diría: “Maestros, muestren interés en lo que son sus
alumnos”. Bueno, si hay algo un poquito más, si se interesa
usted en conocer las biografías, las trayectorias de sus alumnos,
pues respételas; ese es un segundo paso. Respeten, no hay
ninguna trayectoria que sea digna de desprecio. Un tercer paso,
que no sea mucho pedir al magisterio, ya que la respete, pues
aprovéchenla en el aprendizaje, úsela.
El salón de clases, como parte del aprendizaje, es una ventaja
(pedagógica); es lo que nuestra querida Norma González de la
Universidad de Arizona llamó los fondos del conocimiento (Gonzalez,
Moll &amp; Amanti, 2005). Los niños saben cosas; muchas cosas.
Entonces, vamos a aprovechar lo que saben en el salón de clases.
No vamos a partir de la idea de que están rezagados, que no
saben, que no cumplen con los objetivos; ustedes saben muchas
cosas que las vamos a aprovechar aquí. Y luego, un cuarto paso —
quizás mucho pedir—: el aprecio. Entonces: “Conozca, respete,
aproveche y aprecie”. No sé, hasta ahí. Eso vale para niños
migrantes o niños no migrantes; niños de la clase baja, niños de la
clase alta; para todo aquel que sea niño. A ver si me invitan algún
día a decir esto.
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�Transdisciplinar, vol. 6, núm. 11, julio-diciembre, 2026

(JS): Definitivamente, siguiendo estas recomendaciones, en primer
lugar, si cambian los maestros, cambian los alumnos. Entonces,
tendríamos una mejor educación. Continuando con otro tema
que puede ser de interés, sobre todo para los investigadores que
se están formando. Siempre me he preguntado: ¿cómo hace usted
para combinar la docencia, la investigación, la gestión? Porque
estuvo al frente de instituciones educativas muy importantes,
¿cómo podía desarrollar trabajo de campo y atender a la familia?
¿Cómo combinar todo esto en una sola persona para tratar de
continuar con la misión de contribuir a la educación?
(VZ): Voy a empezar con la última parte de su pregunta. La
familia estaba conmigo en el trabajo de campo; parte de mi familia
iba conmigo a Francia cuando trabajaba de profesor visitante,
parte de la familia estuvo conmigo hace poco en la Universidad
de Texas en Austin cuando fui profesor. Mi familia forma parte
de este viaje. Nunca lo he hecho yo solo. La otra parte es que
espero haberlo transmitido en la cartita que va a aparecer en el
libro Travesuras de la Ciencia. Es una cosa de hacer lo que a uno le
apasiona. Entonces uno hace circo, maroma y teatro para sacar
la publicación, para coordinar el trabajo de campo, para invitar
a la gente a que participe, para crear grupos que se sientan
comprometidos con el proyecto. Si es algo que forma parte de la
pasión, ya no es una obligación.
¿Qué es lo que sí me estorbó? La gestión en instituciones muy
importantes. Yo fui director general de la región noreste del
Colegio de la Frontera Norte. También fui director de división en
la Universidad de Monterrey, que en aquella época le llamaban
escuela, que es lo mismo. Eso sí estorba enormemente. ¿Por qué
estorba mucho la gestión? Porque la gestión de las instituciones
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—cualquiera— no son las educativas solamente; implica
muchos problemas entre las personas; los humanos somos muy
problemáticos. Cuando uno es director de algo, pues hay que
estar peleándose y hay que tomar decisiones que son incómodas.
Hay que asistir a reuniones estúpidas de pérdida de tiempo. Eso
sí, estorbó mi actividad como investigador, pero no lo impidió,
ya que supe negociar y supe navegar en medio de eso. Tengo que
reconocer que en algunas de estas experiencias laborales tuve
jefes muy buenos que me apoyaron y en otras tuve jefes muy
malos que no me apoyaron. Pero eso es parte de la historia, creo
que de todos en la vida laboral.
(JS): Otra parte de su actividad es la promoción de una ciudadanía
democrática. Hay algo dentro de usted que lo hacía participar
en organismos, por ejemplo, el Instituto Estatal Electoral. Trató
algo dentro de usted que lo hacía participar en organismos,
por ejemplo, el Instituto Estatal Electoral, y tratar de impulsar
cambios desde la participación de la sociedad civil para intentar
mejorar las condiciones, no tan solo de Nuevo León, sino también
de México. Esa parte, ¿nos puede comentar un poco?
(VZ): Pues sí, con todo gusto, brevemente, porque no ha sido
una faceta muy importante de mi trayectoria. Yo sigo convencido
de que la democracia liberal es el menos malo de los sistemas
políticos. Creo que los que estamos convencidos de eso en este
momento estamos fuera del discurso, porque ahora “es el pueblo
el que decide” y no los individuos ciudadanos según sus propias
convicciones, respetando el voto secreto y todas las cosas que
decimos. Con la democracia liberal, sigo creyendo que es el
menos malo de los sistemas políticos. Bueno, Winston Churchill
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lo decía de una manera más elegante: “La democracia es el peor de
los sistemas políticos, después de todos los demás”.
En este momento, hay un desencanto tan grande de las
experiencias democráticas en casi todo el mundo. Vamos a
estar un poco como ermitaños diciendo: la democracia liberal
de los votos, elecciones confiables, es el mejor de los sistemas
políticos que conocemos, el menos malo de todos. Vamos a pasar
décadas donde la gente quiere que un grupo tome las decisiones
por todos los demás y que resuelva los problemas cotidianos y
que den lo que se necesita. Eso está pasando en tantas partes,
no solamente en México; hay un descrédito de la democracia y
quizás se lo merece; pero yo sigo convencido. Por eso, participé
como consejero electoral del Estado de Nuevo León durante seis
años. Fue una experiencia, -como diríamos-, de servicio social
que tenía que pasar; eso lo pagué. La relación con los partidos
políticos y con los políticos es muy frustrante, la verdad, nunca lo
volvería a hacer. Hay quienes les gusta hacer eso, pero para mí fue
muy frustrante. La política es el campo de la mentira; para mí fue
muy difícil combinar una vocación científica con el ámbito de la
mentira. Eso es lo que son. Bueno, Maquiavelo lo dijo: “La política
es el cielo de los mentirosos”.
(JS): Usted tiene un reconocimiento nacional como investigador
emérito, como una persona que ha trabajado en el campo y con
una producción importante en México y en el mundo, sobre todo
en sociología, y podemos precisar de sociología de la educación.
Pocos investigadores en México realmente han llegado a ser
trascendentes por su producción académica. ¿Cuál es el proceso
para escribir académicamente? Quizás sea de utilidad una
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anécdota del sociólogo francés Pierre Tripier que le he escuchado
en ocasiones y creo que sería importante retomar la cuestión de la
experiencia del tiempo y su relación con la producción académica.
(VZ): Agradezco mucho la pregunta. Porque, en primer lugar,
Pierre Tripier es uno de mis más grandes amigos; falleció ahora
en abril de 2025, lo pude visitar en febrero. Ya era un hombre
de 92 años con problemas cardíacos. El reconocimiento está
publicado en la página principal de la Asociación de Profesores
de Sociología. No es la Asociación Francesa de Sociología, y tuve
la fortuna de que publicaran mi homenaje. Voy a extenderme
tantito con el homenaje, porque lo que planteo al principio. No
conozco en mi vida a alguien más luminoso que Pierre Tripier
y, para que los lectores puedan aquilatar esa luminosidad, voy a
compartir tres experiencias que tuve con él.
Va la primera. Yo lo conozco en 1994 en Monterrey. Él vino a
supervisar a una doctorante —toda su vida como sociólogo de
la industria y del empleo— y le dije: Vamos a hacer un recorrido
por las antiguas zonas industriales de Monterrey, pues para un
sociólogo de la industria es algo interesantísimo. Hacemos el
recorrido y le iba platicando: Es que arranca la industrialización
aquí en serio, ya con la industria del acero; pero esta era una
región de vaqueros. ¿De dónde sacaban ingenieros y obreros para
la producción de acero? Pues tuvieron que traerlos de Bélgica,
Italia, España, Francia y así”. Y le dije: “Lo que pasa es que, si
quiere uno clase obrera, uno tiene que tener cerveza; si no, no hay
clase obrera”. Y pues pusieron la Cervecería y luego se necesitan
corcholatas y pusieron Hojalata y lámina y luego las botellas y
aparece Vitro. Le platiqué todo el tinglado; en muy poquito tiempo,
se armó una ecología industrial en esta ciudad. Entonces, terminó
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diciendo Pierre Tripier que todas las explicaciones sociológicas
debieran ser como esa. Si quieres clase obrera, pon cerveza. Esa es
la primera anécdota.
La segunda experiencia es que me invita la esposa de Pierre
Tripier en París VII, se llama la Universidad Diderot, a dar una
charla a su grupo de migración. Y al terminar la charla, Pierre me
invita a comer. Y cuando íbamos entrando al restaurante, estaban
cuatro de los super sociólogos famosísimos y filósofos franceses
en una mesa. Se conocían. Pierre los saluda y me presenta muy
brevemente, y nos vamos a una mesa alejados de ellos. No voy a
decir sus nombres. Dice Pierre: Se me está ocurriendo proponer
una ley universal que prohíba a cualquiera publicar algo antes
de los 60 años. Porque mira, lo que están escribiendo estos
sociólogos y filósofos que están allá contradice lo que escribieron
antes, pero la gente sigue leyendo las cosas que publicaron antes.
Entonces: “La ley universal sería: prohibido publicar antes de
los 60 años, porque entre los 20 y los 40 la gente cree que es
inteligente; pero los demás saben que son estúpidos. Entre 40 y
60, empiezan a darse cuenta de que sí es inteligente y la gente cree
que es inteligente; coinciden. Pero, después de los 60, uno ya sabe
que es un estúpido, pero los demás creen que eres inteligente”.
Entonces empieza a publicar después de los 60. Está muy buena
la propuesta de la ley y muestra quién era Pierre Tripier y su
luminosidad.
Y la última es muy bonita y tierna, porque le llevó un libro de
regalo al hospital donde estaba recluido antes de su muerte.
Estuvo todo el tiempo ahí, casi un año. El libro que compila todas
las canciones, composiciones de Julián Garza (Berrones, 2006).
Entonces, mi esposa Patricia me comentó que: “Va a estar difícil
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que comprenda el significado”. Pierre sabía bien el español, pero el
español hablado en Argentina: “Va a estar difícil que comprenda
los corridos, son un lenguaje muy rural, del noreste de México”;
pero se lo regalé. Vuelvo al día siguiente a visitarlo al hospital y ya
llevaba treinta y tantas páginas y me comenta: “Oye, Víctor, estas
historias hay que seguirlas contando”. Y le dije: “¿Me permites
leerte? Una de mis favoritas es Tres tumbas, que termina así: un
viejito solitario/ sin esperanza ninguna/ cuida el rancho y tres caballos/ como
toda su fortuna/ va al panteón de vez en cuando/ a visitar las tres tumbas”.
Entonces, Pierre lloró y dijo: “Son historias hermosísimas”. Fue la
última vez que lo vi. Fui el último colega amigo que lo vio. Tengo
la foto que tuve con él; ya tenía 92 años. Esa es la luminosidad
de Pierre Tripier. Estas historias hay que seguirlas compartiendo
con las personas.
(JS): Una genialidad realmente y qué bueno que tenemos al Dr.
Víctor Zúñiga que nos platique también de todas estas historias.
Muy bien, ya casi para terminar. Gran parte de su preocupación
y ocupación de los últimos años ha sido las escuelas incluyentes
y justas; de hecho, hay un libro publicado por el Fondo Editorial
Nuevo León (Zúñiga, 2011), pero también hay otro libro de la
UNESCO (Zúñiga, 2020) donde hace sus planteamientos. ¿Qué
podemos hacer?, ¿qué podemos aspirar para tener realmente
inclusión? Sé que esto es muy general, ¿cómo podemos
alcanzar sociedades y escuelas más incluyentes y justas?
(VZ): Yo estoy muy complacido de ver que esa antología, la
primera, la han descargado muchas personas, más de 7,000
descargas. Es una cosa muy rara; nunca lo han citado los
investigadores. Queremos que nos citen, pero también que nos
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lean. Pienso que los que descargan lo están usando como un libro,
parte de un curso, o sea, son alumnos que descargan también el
de la UNESCO que lleva por título Inclusión educativa.
Creo que hay un interés por ese tema; el punto está en que he
llegado a la conclusión actualmente —ya ahora que estoy
viejo— de que hay un elemento de carácter ético-político, sin el
cual los planteamientos de la inclusión educativa no se pueden
operar. Si la persona docente o no docente no está plenamente
convencida de que todos los humanos, todos tenemos derecho a
ser respetados, ser promovidos y recibir las condiciones para el
crecimiento, todos por igual, no hay un humano que sea menos
que otro. Si ese convencimiento no está verdaderamente, el alma
de una persona no puede compartir los ideales de la inclusión
educativa; es imposible.
Entonces, si hay muchos estadounidenses que consideran que
los que no son euroamericanos, que provienen de los países
europeos, merecen las mismas oportunidades que los demás,
puede ser que la mitad de los estadounidenses piensen eso. Pensar
la inclusión educativa porque son inferiores, si en México hay
muchos mexicanos que consideran que los mexicanos indígenas
que hablan una lengua diferente al español son inferiores y no
merecen respeto por los demás.
Realmente, el discurso de la inclusión educativa es político, ético
y luego es técnico y pedagógico, pero primero es político. He
platicado con colegas que participaron conmigo en la Comisión
Estatal Electoral, que tienen profundas raíces clasistas, que
tienen convicciones de que hay humanos que somos mejores que
otros, que son verdaderamente posiciones aristocráticas. Platicar
con ellos de que todos los humanos somos iguales, todos, no hay
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uno superior a otro, es hablar en el desierto. Entonces, ahí está la
inclusión educativa; requiere de una conversión ética, no nada
más de un estudio académico.
(JS): Muy interesante, no me queda más que hacer un
reconocimiento, pero también quiero decirle algo: “Me siento muy
honrado de ser parte de un equipo de personas que lo apreciamos
como nuestro tutor en investigación; a lo mejor no lo hicimos tan
bien o lo estamos haciendo regular, pero también en la docencia
y, sobre todo, como un ser humano extraordinario”.
(VZ): Gracias, Dr. Sánchez.
(JSG): Pues nos despedimos en este conversatorio, pero el diálogo
académico y la amistad siguen con el Dr. Víctor Zúñiga, que
es realmente un placer aprender y convivir con usted. Muchas
gracias y hasta pronto.
Monterrey, Nuevo León. 30 de agosto 2025

Referencias:
Berrones, G. (Compilador) (2006). El viejo Paulino. Poética popular de Julián Garza. Fondo Editorial Nuevo León y
Universidad de Monterrey. https://fondoeditorialnl.gob.
mx/pdfs/JulianGarza.pdf
Gonzalez, N., Moll, L. &amp; Amanti, C. (2005). Funds of knowledge: theorising practices in households, communities,
and classrooms. Mahwah, NJ, Lawrence Erlbaum Associates.
Zúñiga, V. (Compilación de textos, traducción y comentarios)
(2011). La escuela incluyente y justa. Antología comen368

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tada al servicio de los maestros de México. Fondo Editorial Nuevo León y Universidad de Monterrey. https://
www.fondoeditorialnl.gob.mx/pdfs/Laescuela.pdf
Zúñiga González, V. A. (2020). Inclusión, reconocimiento y justicia en la escuela: una tarea docente. Secretaría de Educación Pública y Organización de Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). https://
www.researchgate.net/publication/350620220_2021_
INCLUSION_escolar_SEP_UNESCO#fullTextFileContent
Zúñiga, V.; Hamann, E. T. &amp; Sánchez, J. (2011). Alumnos transnacionales. Escuelas mexicanas frente a la globalización.
Gobierno Federal y Secretaría de Educación Pública. https://digitalcommons.unl.edu/cgi/viewcontent.cgi?params=/context/teachlearnfacpub/article/1095/&amp;path_
info=Alumnos_transnacionales_5Dic.pdf

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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