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                  <text>RESPYN
Revista Salud
Pública y Nutrición

Vol. 25 Núm. 2 Abril – junio 2026
ISSN: 1870-0160

�Equipo editorial
Editor Responsable
Dra. Sonia Leticia Ramírez Garza, Universidad Autónoma de Nuevo León, México.
Editor Técnico
MGS. Alejandra Berenice Rocha Flores, Universidad Autónoma de Nuevo León, México.
Editores de Sección
 Dra. Georgina Mayela Núñez Rocha, Universidad Autónoma de Nuevo León, México.
 Dr. Erik Ramirez López, Universidad Autónoma de Nuevo León, México.
 Dra. Aurora de Jesús Garza Juárez, Universidad Autónoma de Nuevo León, México.
 MES. Clemente Carmen Gaitán Vigil, Universidad Autónoma de Nuevo León, México.
Comité Científico
 Dr. Josep Antoni Tur Mari, Universidad de las Islas Baleares, España, Spain
 Dra. Ana María López Sobaler, Universidad Complutense de Madrid, Spain
 Dra. Liliana Guadalupe González Rodríguez, Universidad Complutense de Madrid, Spain
 Dr. Patricio Sebastián Oliva Moresco, Universidad del Bío Bío Chillán - Chile, Chile
 Dr. José Alex Leiva Caro, Universidad del Bío Bío, Chile
 Dra. Alejandra Donají Benítez Arciniega, Universidad Autónoma del Estado de México,
México
 Dr. Edgar C. Jarillo Soto, Universidad Autónoma Metropolitana, México
 Dr. José Alberto Rivera Márquez, Universidad Autónoma Metropolitana Unidad
Xochimilco, México
 Dr. Francisco Domingo Vázquez Martínez, Universidad Veracruzana, México
 Dr. Noe Alfaro Alfaro, Universidad de Guadalajara, México
 Dra. Alicia Álvarez Aguirre, Universidad de Guanajuato, México
 Dr. Heberto Romeo Priego Álvarez, Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, México
 PhD Rosa Margarita Duran García, Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, México
 Dr. Fernando Guerrero Romero, Instituto Mexicano del Seguro Social, México

RESPYN, Revista Salud Pública y Nutrición, es una revista electrónica, con periodicidad trimestral,
editada y publicada por la Universidad Autónoma de Nuevo León a través de la Facultad de Salud
Pública y Nutrición. Domicilio de la Publicación: Aguirre Pequeño y Yuriria, Col. Mitras Centro,
Monterrey, N.L., México CP 64460. Teléfono: (81) 13 40 48 90 y 8348 60 80 (en fax). E-mail:
respyn.faspyn@uanl.mx, URL: https://respyn.uanl.mx/. Editor Responsable: Dra. Sonia Leticia
Ramírez Garza. Reserva de derechos al uso exclusivo No. 04-2014-102111594800-203, de fecha 21
de octubre de 2014. ISSN 1870-0160 (https://portal.issn.org/resource/ISSN/1870-0160). Ambos
otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Registro de marca ante el Instituto
Mexicano de la Propiedad Industrial: No. 1,183,059. Responsable de la última actualización de este
número Dra. Sonia Leticia Ramírez Garza, Cd. Universitaria, San Nicolás de los Garza, N.L., México.

�TABLA DE CONTENIDOS
ARTICULO ORIGINAL


Alimentos no consumidos por niños según reporte materno: estudio exploratorio en
municipios de Jalisco, México
DOI: https://doi.org/10.29105/respyn25.2-892
Minerva Saraí Santillán Rivera, Ana Malintzin González Martin, Ana Patricia Zepeda
Salvador, Nicoletta Righini



Determinantes sociales de salud y adherencia al tratamiento de la Diabetes tipo 2 en
pueblo Qom
DOI: https://doi.org/10.29105/respyn25.2-946
Sofia Irene Olmedo



Relación entre estrés académico y síntomas gastrointestinales en estudiantes
universitarios
DOI: https://doi.org/10.29105/respyn25.2-967
Ericka Yamilex Espinoza-Maldonado, Ana Lidia Arellano-Ortiz, Linda Selen
Valenzuela-Calvillo

�Alimentos no consumidos por niños según reporte materno: estudio exploratorio en
municipios de Jalisco, México
Foods not consumed by children according to maternal report: exploratory study in regions of Jalisco, Mexico

Santillán-Rivera Minerva Saraí1, González-Martin Ana Malintzin2, Zepeda-Salvador Ana Patricia2, Righini
Nicoletta2
1 Universidad de Guadalajara, Departamento de Ciencias Clínicas, México. 2 Universidad de Guadalajara, Instituto de Investigaciones en Comportamiento
Alimentario y Nutrición (IICAN), México.

RESUMEN
Introducción: Una dieta limitada en la infancia se manifiesta como una preferencia por un repertorio reducido o bajo consumo
de ciertos alimentos. El no consumir alimentos saludables puede comprometer el estado nutricional y contribuir a deficiencias
nutricionales, bajo peso, y episodios estresantes entre el niño y sus cuidadores. Objetivo: Identificar los alimentos no
consumidos por niñas y niños de distintos municipios de Jalisco, México, a partir de la información reportada por sus madres.
Material y método: Estudio exploratorio, transversal. La muestra fue no probabilística por conveniencia, integrada por 200
madres de niños de 2 a 8 años que respondieron voluntariamente un cuestionario ad hoc en línea. Resultados: El grupo de
alimentos con mayor frecuencia de no consumo fueron las verduras, seguido por huevo, carnes y pescado. Los alimentos
específicos con mayor frecuencia de no consumo fueron el garbanzo, la coliflor, la calabaza y el atún. Conclusión: Existe un
patrón consistente de no consumo de ciertos alimentos en la dieta infantil, particularmente verduras y leguminosas, lo que
sugiere una limitada diversidad dietética. Estos hallazgos resaltan la necesidad de desarrollar intervenciones nutricionales y
conductuales dirigidas a mejorar la aceptación de alimentos con alto valor nutricional.
Palabras Clave: Dieta, conducta alimentaria, infancia.

ABSTRACT
Introduction: A limited diet in childhood manifests as a preference for a reduced repertoire or low consumption of some
foods. Failure to consume healthy foods can compromise nutritional status and contribute to nutritional deficiencies,
underweight, and stressful episodes between children and their caregivers. Objective: To identify foods not consumed by girls
and boys from different municipalities in Jalisco, Mexico, based on information reported by their mothers. Material and
method: Exploratory, cross-sectional study. The sample was non-probabilistic for convenience, consisting of 200 mothers of
children aged 2 to 8 years who voluntarily completed an ad hoc online questionnaire. Results: The food group with the
highest frequency of non-consumption was vegetables, followed by egg, meat, and fish. The specific foods with the highest
frequency of non-consumption were chickpeas, cauliflower, squash, and tuna. Conclusion: A consistent pattern of nonconsumption of certain foods in children’s diets was identified, particularly vegetables and legumes, suggesting limited dietary
diversity. These findings highlight the need for targeted nutritional and behavioral interventions to improve the acceptance
of foods with high nutritional value.
Keywords: Diet, feeding behavior, childhood.
Correspondencia: Nicoletta Righini
nicoletta.righini@cusur.udg.mx
Recibido: 30 de junio 2025, aceptado: 25 de mayo 2026
©Autor2026
Citar como: Santillán-Rivera M.S., González-Martin A.M., Zepeda-Salvador A.P., Righini N. (2026) Alimentos no consumidos
por niños según reporte materno: estudio exploratorio en municipios de Jalisco, México, RESPYN Revista Salud Pública y
Nutrición, 25 (2), 1-10. https://doi.org/10.29105/respyn25.2-892

RESPYN Revista Salud Pública y Nutrición, ISSN:1870-0160/ Vol. 25 No.2 abril - junio, 2026.

1

�Significancia
La omisión o el bajo consumo de alimentos
saludables en la infancia puede derivar en
consecuencias nutricionales significativas, afectando
la salud en la adolescencia e incluso adultez. Por
tanto, la identificación temprana de alimentos no
consumidos resulta fundamental en el ámbito de la
nutrición y la salud, ya que permite comprender
patrones de consumo infantil y orientar futuras
investigaciones sobre los factores que influyen en la
aceptación o evitación de determinados alimentos.
Esta información es clave para la implementación de
estrategias efectivas orientadas a promover una
mayor diversidad de ingesta de alimentos con alto
valor nutricional.
Introducción
La malnutrición infantil representa una de las
principales causas de morbilidad a nivel mundial y
persiste en un contexto de elevada prevalencia de
dietas inadecuadas (Kupka et al., 2020; TubónMalusin &amp; Arráiz-De Fernández, 2025). En esta
etapa, alimentarse equilibradamente favorece el
crecimiento, la maduración neuromotora y el
bienestar psicológico, previniendo deficiencias
nutricionales (Calceto-Garavito et al., 2019;
Morales-Cauja et al., 2023; Saavedra &amp; Prentice,
2023). Asimismo, es un periodo crítico para el
establecimiento de hábitos, preferencias y aversiones
alimentarias, en el que influyen factores biológicos,
psicológicos y socioculturales (Bin Quej, 2025;
García Grau &amp; Bach Juncadella, 1999; Maiz Aldalur
et al., 2014).
No consumir alimentos saludables en la infancia
puede asociarse a problemáticas como la selectividad
alimentaria o al rechazo alimentario (Bryant-Waugh
et al., 2010; Williams &amp; Seiverling, 2010), cuyo
origen, al descartar causas fisiológicas o anatómicas,
suele relacionarse con contingencias ambientales que
mantienen estos patrones de consumo (Piazza et al.,
2003). Su prevalencia oscila entre 25% y 45% en
niños con desarrollo típico y entre 33% y 80% en
niños con discapacidad del desarrollo (Bachmeyer,
2009; Sdravou et al., 2021). También puede
explicarse por una aversión condicionada tras
experiencias alimentarias desagradables como
náuseas o vómitos (Field et al., 2003; Santillán
Rivera et al., 2024), por el reforzamiento accidental
de la conducta de rechazo cuando el alimento es
retirado tras negarse a consumirlo (Hernández Eslava

et al., 2016), o por neofobia alimentaria (Cooke
et al., 2007; Torres et al., 2021). Otros motivos son
las alergias alimentarias (Maidana et al., 2024), las
prácticas parentales o la cultura alimentaria
(Dominguez-Lara, 2018). Aunque este tipo de
conductas no comprometen la salud inmediata del
niño, puede aumentar el estrés familiar y el riesgo de
obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y
cáncer (Maddaleno et al., 2003; Ortiz-Hernández &amp;
Ramos-Ibáñez, 2008).
En el sur de Jalisco, se reportó que en niños de 8-10
años, el 46% consume frutas con frecuencia de 5 a 7
veces por semana, el 52.8% ingiere jugos o bebidas
azucaradas hasta 7 veces por semana entre comidas
(Sánchez Caballero et al., 2022). Otro estudio
reportó que en niños preescolares (1-4 años) el 57.1%
consume lácteos, el 53.8% frutas y el 82.6% bebidas
endulzadas, mientras que en escolares (5-11 años) el
63.1% consume lácteos, el 49.6% frutas y el 93.6%
bebidas endulzadas (Gaona-Pineda et al., 2023). De
manera similar con otros estudios se evidencia un
patrón de consumo alto en bebidas endulzadas y un
consumo bajo de alimentos saludables, sugiriendo
una alimentación de baja calidad asociada tanto con
deficiencias nutricionales como con exceso de peso
en la población infantil (Jiménez-Davila et al., 2023;
Shamah-Levy et al., 2023). Sin embargo, en México
aún existe información limitada sobre los alimentos
saludables o los grupos que no se consumen como las
leguminosas, carnes, pescado o huevos, por lo que
identificar ciertos alimentos con alto valor
nutricional ayudaría a reintegrarlos a la dieta,
mejorando el bienestar del niño y el contexto
familiar.
El presente estudio tiene como objetivo identificar
los alimentos no consumidos por niñas y niños de
distintos municipios de Jalisco, México, a partir de la
información reportada por sus madres en una muestra
exploratoria. Cabe señalar que esta investigación no
evalúa conductas de rechazo, sino que se centra en
identificar los alimentos no consumidos,
reconociendo que una de sus posibles causas puede
ser la selectividad alimentaria o el rechazo
alimentario. Esta distinción conceptual resulta
fundamental para evitar interpretaciones erróneas.

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2

�Metodología
Población y tipo de estudio
Estudio exploratorio con muestreo no probabilístico
por conveniencia. La muestra fueron madres que
respondieron un cuestionario durante el periodo de
mayo a septiembre de 2022. Con un total de 200
respuestas de madres de niñas y niños de 2 a 8 años,
de municipios del estado de Jalisco, México como:
Ameca (n = 74), Guadalajara (n = 32), Ciudad
Guzmán (n = 21), San Miguel el Alto (n = 19),
Tlaquepaque (n = 9), Tlajomulco de Zúñiga (n = 7) y
Tonalá (n = 2). Este muestreo se seleccionó debido a
la naturaleza exploratoria del estudio y a la
accesibilidad a distintos municipios.
Procedimiento
El reclutamiento se llevó a cabo mediante la
colaboración de directoras y docentes de
instituciones educativas, quienes compartieron el
cuestionario a las madres, así como en redes sociales,
lo que permitió incluir a niños que no asistían a una
institución. La selección del rango de edad respondió
a la accesibilidad a estas instituciones educativas y al
hecho de que corresponde a una etapa relevante en la
formación de hábitos alimentarios.
Para recolectar la información se diseñó un
cuestionario autoaplicado utilizando Google Forms.
Si bien no corresponde a una escala validada, ya que
fue diseñado ad hoc y con fines exploratorios, fue
revisado por expertos en nutrición y psicología
alimentaria evaluando claridad, pertinencia y
congruencia de los ítems.
El cuestionario se estructuró en dos apartados. El
primero recopiló información sociodemográfica,
como edad de la madre y del niño, sexo del menor,
nivel educativo de ambos, lugar de residencia y
medidas autorreportadas de talla y peso del niño. Este
tipo de información autorreportada ha sido utilizada
en estudios poblacionales cuando no es posible
realizar mediciones directas, especialmente en
estudios que buscan incluir participantes de distintas
localidades geográficas (Reales Chacón et al., 2022;
Sharma, 2017). Con el objetivo de tener una
estimación antropométrica de las niñas y niños, se
calculó el Índice de Masa Corporal (IMC) utilizando
la fórmula: IMC = peso (kg) / talla² (m²), y se
clasificó el estado nutricional con base en las tablas
de percentiles de IMC para edad y sexo de la OMS
(2007): bajo peso (percentil &lt;3), peso saludable

(percentil ≥3 y &lt;85), sobrepeso (percentil ≥85 y
&lt;97), obesidad (percentil ≥97). El segundo abordó el
consumo y no consumo de alimentos. La lista de
alimentos fue elaborada con base en los patrones de
consumo reportados por Shamah-Levy et al. (2023)
y en alimentos de consumo frecuente en Jalisco. Este
apartado constó de 12 preguntas, con distintas
opciones de respuesta y posibilidad de seleccionar
múltiples alimentos, así como de añadir una
respuesta adicional. Las dos primeras preguntas
fueron sobre los grupos de alimentos que los hijos
consumían con mayor y menor frecuencia (frutas,
cereales, verduras, lácteos, huevo, carnes, pescado y
leguminosas). Las siguientes preguntas indicaron los
alimentos no consumidos por cada grupo (ejemplo,
verduras: zanahoria, calabaza, brócoli, lechuga,
pepino, jitomate, coliflor y chayote).
Finalmente, se agregaron dos preguntas abiertas: una
sobre los platillos favoritos del niño y otra sobre los
motivos percibidos para el no consumo de ciertos
alimentos.
El análisis de los datos fue descriptivo, mediante el
cálculo de frecuencias, porcentajes y medidas de
tendencia central.
Aspectos éticos
El proyecto fue aprobado por el Comité de Bioética
del Centro de Estudios e Investigaciones en
Comportamiento (CEIC) de la Universidad de
Guadalajara (registro CUCBA/CEIC/CE/006/2021).
Todas las madres fueron informadas sobre los
objetivos y procedimientos del estudio. El
consentimiento informado fue obtenido mediante el
formulario antes del inicio de la participación.
Resultados
Características sociodemográficas
La edad promedio de las madres fue de 31.2 años
(DE= 5.17), cuyos hijos tenían entre 2 y 8 años. Del
total, 105 (52.5%) fueron niños y 95 (47.5%) niñas.
La distribución por edad mostró que el grupo más
numeroso fue el de 5 años, con 64 participantes
(32%), seguido por el de 6 años con 44 (22%) y el de
4 años con 29 (15%). Los grupos de 2 y 7 años
representaron cada uno el 10% de la muestra (n=20
y n=19, respectivamente), mientras que los de 3 y 8
años constituyeron el 9% (n=17) cada uno. En cuanto
a la distribución por sexo dentro de cada grupo etario,
se observó una mayor proporción de niños en los

RESPYN Revista Salud Pública y Nutrición, ISSN:1870-0160 / Vol. 25 No.2 abril - junio, 2026.

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�grupos de 2 años (12 niños vs. 8 niñas) y 5 años (39
niños vs. 25 niñas). En los grupos de 6 y 7 años la
distribución fue relativamente equilibrada. En
general, la muestra presentó una ligera
predominancia del sexo masculino, especialmente en
el grupo de 5 años, que concentró la mayor
proporción tanto de niños (37% del total) como de
niñas (26% del total).
Respecto al nivel educativo de las madres, el 23%
contaba con secundaria, el 36% con preparatoria
concluida, el 33% con licenciatura terminada. En
cuanto a los niños, el 57% cursaba preescolar y el
33% primaria (Tabla 1).

Tabla 1. Nivel de escolaridad de las madres y de los niñas y niños
Escolaridad
Primaria
Secundaria
Preparatoria
Carrera técnica
Licenciatura
Maestría
Doctorado
Total

Madres
n
9
46
70
6
65
2
2
200

%
5
23
36
3
33
1
1
100

Escolaridad
Sin escuela
Guardería
Preescolar
Primaria
Total

Niñas y Niños
n
7
15
113
65
200

%
4
8
57
33
100

Fuente: Elaboración propia

Medidas antropométricas
En las niñas, el IMC osciló entre 13.5 kg/m² (2 años)
y 17.2 kg/m² (8 años). En los niños, el IMC varió
entre 13.8 kg/m² (2 años) y 15.6 kg/m² (7 años), con
una ligera disminución a los 8 años (15.1 kg/m²). En
edades de 7 y 8 años, las niñas mostraron valores
promedio de IMC superiores a los de los niños.
Respecto a la distribución por percentiles, destaca
una elevada proporción de niños y niñas de dos años
en el percentil &lt;3 (66.67% niños y 50% niñas), lo que
sugiere posible déficit nutricional. En edades
posteriores, se observa una redistribución hacia
percentiles intermedios, especialmente en los grupos
de 5 y 7 años. También se identifican percentiles
elevados (≥85), principalmente entre los 5 y 6 años,
lo que indica coexistencia de desnutrición y exceso
de peso (Tabla 2).

Tabla 2. Peso corporal, talla, IMC (media ± desviación estándar) y distribución del
estado nutricional según percentiles de IMC en niñas (a) y niños (b)
a)

Edad

n

Peso (kg) Talla (cm) IMC (kg/m²)

2 años
3 años
4 años
5 años
6 años
7 años
8 años

8
11
15
25
21
10
5

13.0 ± 3.0
17.2 ± 4.8
17.2 ± 2.8
20.6 ± 6.2
23.4 ± 4.6
25.4 ± 3.5
30.3 ± 5.7

Edad

n

Peso (kg) Talla (cm) IMC (kg/m²)

2 años
3 años
4 años
5 años
6 años
7 años
8 años

12
6
14
39
23
9
2

11.9 ± 1.8
17.2 ± 3.9
17.1 ± 5.3
18.8 ± 1.9
21.2 ± 5.0
24.1 ± 1.8
24.5 ± 3.5

99.3 ± 17.3
105.2 ± 7.1
109.8 ± 5.5
114.6 ± 7.0
122.7 ± 5.4
124 ± 3.3
132.6 ± 3.3

13.5 ± 3.7
15.9 ± 6.2
14.2 ± 2.3
15.4 ± 3.9
15.5 ± 2.6
16.4 ± 2.0
17.2 ± 3.1

&lt;3
n (%)
4(50.0)
3(27.27)
6(40.0)
6(24.0)
3(23.81)
0
1(20.0)

Percentiles
≥3 y &lt;85 ≥85 y &lt;97
n (%)
n (%)
3(37.5)
0
6(54.55)
0
7(46.67) 1(6.67)
13(52.0) 1(4.0)
14(66.67) 2(9.52)
8(80.0)
0
2(40.0) 1(20.0)

≥97
n (%)
1(12.5)
2(18.18)
1(6.67)
5(20.0)
2(9.52)
2(20.0)
1(20.0)

&lt;3
n (%)
8(66.67)
2(33.33)
7(50.0)
10(25.64)
10(43.48)
0
1(50)

Percentiles
≥3 y &lt;85 ≥85 y &lt;97
n (%)
n (%)
2(16.67)
0
2(33.33) 1(16.67)
5(35.71) 1(7.14)
24(61.54) 4(10.26)
5(21.74) 4(17.39)
8(88.89) 1(11.11)
1(50)
0

≥97
n (%)
2(16.67)
1(16.67)
1(7.14)
1(2.56)
4(17.39)
0
0

b)

93.9 ± 10.3
107.8 ± 7.4
109.9 ± 6.6
114.1 ± 6.6
117.4 ± 5.9
124.1 ± 2.4
127.5 ± 3.5

13.8 ± 3.0
15.1 ± 4.9
13.9 ± 2.5
14.5 ± 1.9
15.4 ± 3.8
15.6 ±1.0
15.1 ± 3.0

Fuente: Elaboración propia.
IMC: índice de masa corporal; Percentil según referencias de la OMS (2007): bajo peso (&lt;3), peso
saludable (≥3 y &lt;85), sobrepeso (≥85 y &lt;97), obesidad (≥97).

Grupos de alimentos consumidos y no consumidos
En los niños de 2 años, el 75% consumía frutas; en
los de 3 años, el 70% consumía frutas y lácteos. En
los de 4 años, el 66% consumía leguminosas, lácteos
y frutas; en los de 5 años, el 76% consumía frutas y
lácteos; y en los de 6 años, la ingesta fue de 64% con
los mismos grupos de alimentos. En los de 7 años, el
64% consumía frutas y huevo; mientras que en los de
8 años esta proporción aumentó a 85% para los
mencionados grupos de alimentos. Respecto al grupo
de alimentos menos consumidos, el 27.2% fueron las
verduras, seguido por el grupo de huevo, carnes y
pescado (18.5%); frutas (16.2%); cereales (14%);
leguminosas (13.5%); y lácteos (10.4%).
Entre las frutas, la piña mostró la mayor frecuencia
de no consumo (26.4%), mientras que la guayaba y
el plátano presentaron las menores frecuencias. En
los cereales, la avena mostró la mayor frecuencia de
no consumo (39.4%). En las verduras, el alimento
con mayor frecuencia de no consumo fue la coliflor
(23.3%). En el grupo de leguminosas, el garbanzo
presentó la mayor frecuencia de no consumo
(67.9%). En el grupo de huevo, carnes y pescado, el
atún (27.7%) y el pescado (24.3%) destacaron como
los alimentos más frecuentemente reportados como
no consumidos. Finalmente, en los lácteos, el queso
panela tuvo la mayor frecuencia de no consumo
(55.1%), más detalles puedes ser vistos en la Tabla 3.

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�Tabla 3. Frecuencia y porcentaje de alimentos reportados
como no consumidos por grupo de alimentos
Grupo de alimentos

f (%)
Frutas

Piña
Mango
Fresa
Papaya
Naranja
Limón
Manzana
Plátano
Guayaba

76 (26.4)
42 (14.6)
30 (10.4)
30 (10.4)
28 (9.7)
28 (9.7)
26 (9.0)
23 (8.0)
5 (1.7)

En todas las edades, el garbanzo fue el alimento con
mayor frecuencia de no consumo. Esta tendencia fue
evidente en los niños de 5 años. Incluso en el grupo
de 8 años, en el cual casi todas las madres reportaron
su no consumo. Otros alimentos que aparecieron
entre los primeros lugares fueron la coliflor, presente
en cinco de los siete grupos de edad, el atún, el queso
panela y la avena, que también se ubicaron entre en
varios grupos etarios (Tabla 4).
Tabla 4. Principales alimentos con mayor frecuencia de no
consumo según la edad

Cereales
Avena
Papa
Bolillo
Arroz
Pasta
Pan dulce o salado
Elote

98 (39.4)
41 (16.5)
34 (13.7)
24 (9.6)
20 (8.0)
19 (7.6)
13 (5.2)
Verduras

Coliflor
Calabaza
Brócoli
Lechuga
Jitomate
Zanahoria
Pepino
Chayote

113 (23.3)
95 (19.4)
74 (15.3)
70 (14.0)
59 (12.2)
36 (7.4)
33 (6.8)
7 (1.4)
Leguminosas

Garbanzo
Lenteja
Frijol

163 (67.9)
59 (24.6)
18 (7.5)

Huevo, carne y pescado
Atún
Pescado
Carne de puerco
Carne de res
Jamón
Huevo
Pollo

91 (27.7)
80 (24.3)
67 (20.4)
33 (10.0)
27 (8.2)
19 (5.8)
12 (3.6)

Lácteos
Queso panela
102 (55.1)
Queso
43 (23.2)
Yogur
28 (15.1)
Leche
12 (6.5)
Fuente: Elaboración propia.
Nota: f = frecuencia de respuestas en las que el alimento fue
reportado como no consumido. Cada una de las madres pudo
seleccionar uno o más alimentos por grupo, por lo que las
frecuencias no son mutuamente excluyentes. Los
porcentajes se calcularon con base en el total de madres (n =
200). Los alimentos se presentan en orden descendente
según la frecuencia de no consumo.

Edad n

Alimento
1er lugar

f

Alimento
2do lugar

f

2

20

Garbanzo

14

Coliflor

13

3
4
5
6

17
29
64
44

Garbanzo
Garbanzo
Garbanzo
Garbanzo

13
21
53
38

Atún, calabaza
Coliflor
Atún, coliflor
Coliflor

10
17
37
25

7

19

Garbanzo

18

Queso panela

12

8

7

Garbanzo

6

Coliflor, avena,
queso panela

5

Alimento
3er lugar
Piña, calabaza,
lechuga, atún,
queso panela
Lechuga, avena
Avena
Queso panela
Queso panela
Coliflor, calabaza,
atún, avena
Brócoli, carne de
puerco

f
10
9
16
33
23
9
3

Fuente: Elaboración propia.
Nota: n = número de niños por edad; f = frecuencia de respuestas del alimento
reportado como no consumido

Platillos favoritos
Se reportaron las sopas caseras (e.g., sopa de fideo y
caldos) con el 9% del total de menciones, el
espagueti con el 8% y el pollo en sus diversas
preparaciones con el 8%. Posteriormente, los frijoles
(e.g., guisados, fritos, o de la olla) con el 7%,
seguidos del huevo en distintas presentaciones (6%).
Otros platillos fueron la pizza, diferentes tipos de
pastas (e.g., macarrones y codito), y tacos en sus
diversas variedades, cada uno con una frecuencia del
5%. Platillos tradicionales como pozole, enchiladas
y sopes fueron mencionados en proporciones
menores.
Motivos de no consumo
El sabor fue el principal motivo de no consumo
(37%), seguido de la textura (28%), el olor (21%), y
el color del alimento (4%). El 10% de las madres
reportó otros motivos, como la apariencia del
alimento, la novedad, la imitación de conductas de
terceros, la asociación con experiencias aversivas
previas (por ejemplo, episodios de vómito), así como
el desconocimiento de motivo específico del rechazo.
También se registraron respuestas textuales como:

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�“no se los acostumbré a dar”, “come todo”, “no
quiere probar”, “en casa no se comen” (Figura 1).
Figura 1. Motivos de no consumo según la edad

Fuente: Elaboración propia.
Discusión
El presente estudio identificó los alimentos
reportados como no consumidos por niñas y niños de
2 a 8 años en varios municipios del sur de Jalisco. En
términos generales, las verduras constituyeron el
grupo con mayor frecuencia de no consumo,
seguidas por el grupo de huevo, carnes y pescado,
mientras que frutas y lácteos presentaron mayor
aceptación. Particularmente, el garbanzo, la coliflor,
la avena, el atún y el queso panela destacaron entre
los alimentos con mayor frecuencia de no consumo
en distintos grupos etarios.
Respecto a las características sociodemográficas, la
mayoría de mamás contaba con secundaria,
bachillerato y licenciatura. Estudios previos han
asociado que el nivel educativo influye en las
prácticas alimentarias del hogar, especialmente,
niveles educativos bajos o medios pueden asociarse
con un menor consumo de frutas y verduras (Saxton
et al., 2009; Vereecken et al., 2009). Aunque no se
analizó esta asociación, se sugiere pertinente
considerarla en futuras investigaciones con diseños
analíticos que permitan explorar su influencia en la
alimentación infantil.
Con relación a los datos antropométricos
autorreportados, a partir de los seis años las niñas
presentaron valores promedio ligeramente mayores
de talla, peso e IMC respecto a los niños. Esto podría
reflejar diferencias en el ritmo de crecimiento entre
ambos sexos durante etapas específicas del
desarrollo infantil. En general, la mayoría de los
participantes se ubicó en rangos normopeso según los
percentiles de IMC para la edad. No obstante, se

identificó una alta proporción de niños de 2 años en
percentiles bajos (&lt;p3) lo que podría sugerir posibles
deficiencias en el estado nutricional en este grupo
etario. En edades posteriores, se observó una mayor
concentración
en
percentiles
intermedios,
particularmente en los grupos de 5 y 7 años. Sin
embargo, también se registraron casos en percentiles
elevados (≥p85), principalmente entre los 5 y 6 años,
lo que evidencia la coexistencia de bajo peso y
exceso de peso en la población estudiada. En este
contexto, Ávila-Ortiz et al. (2022) encontraron que
los niños de 7 a 11 años con bajo peso o peso normal
presentaban mayor consumo de verduras, mientras
que con sobrepeso u obesidad tendían a rechazarlas
con mayor frecuencia. De manera similar, Sánchez
Caballero et al. (2022) reportaron que el 93.5% de los
niños con normopeso y el 68.5% con sobrepeso
consumían frutas y verduras entre cinco y siete veces
por semana. Estos resultados sugieren que el
consumo de frutas y verduras podría asociarse con un
mejor estado nutricional, pero es necesario realizar
más investigaciones para confirmar esta relación.
Acerca de los alimentos reportados, se identificó una
elevada frecuencia de no consumo del garbanzo,
ocupando el primer lugar en todas las edades. Esto
podría estar relacionado con una menor integración
de esta leguminosa en la dieta cotidiana en
comparación con otros alimentos del mismo grupo,
como el frijol, que presentó una frecuencia de no
consumo considerablemente menor. Respecto a los
grupos, las verduras constituyeron el grupo de
alimentos con mayor frecuencia de no consumo,
destacando coliflor, calabaza y brócoli. En México,
Pérez Pedraza &amp; Laviada de la Garza (2023)
reportaron en escolares de Coahuila de entre 6 a 12
años, hábitos alimentarios poco saludables,
caracterizados por un consumo insuficiente de
verduras, leguminosas y grasas, y un consumo
elevado de cereales, alimentos de origen animal,
lácteos y azúcares; Sánchez-García et al. (2014)
identificaron que verduras como el nopal, brócoli y
calabaza se encuentran entre los alimentos menos
aceptados por los niños; y Campos Rivera &amp; Reyes
Lagunes (2014) indicaron que en preescolares, el
brócoli, la coliflor, el jitomate, los nopales, la cebolla
y lechuga se encuentran entre las verduras menos
consumidas. No obstante, en Reynosa, Tamaulipas,
con niños de 4 a 6 años, se han encontrado resultados
distintos, reportando que las verduras más
consumidas fueron la zanahoria, la lechuga, la

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�calabaza, el repollo y el chayote (Castillo-Ruiz et al.,
2012). Aunque este estudio no evaluó la frecuencia
de consumo, los reportes maternos sugieren una
posible baja ingesta de verduras. Dado su aporte de
vitaminas, minerales y fibra, promover su consumo
en la infancia es fundamental para prevenir
problemas de salud a largo plazo (Kalmpourtzidou
et al., 2020; Ramya &amp; Patel, 2019).
Este estudio exploró grupos alimenticios como
lácteos, leguminosas y cereales, los cuales no
siempre son considerados en investigaciones
similares, y se observó que el atún, el pescado y el
queso panela mostraron mayores frecuencias de no
consumo en comparación con el pollo, el huevo o la
leche. En contraste, Shamah-Levy et al. (2023) han
documentado una disminución en el cumplimiento
de las recomendaciones alimentarias en alimentación
infantil
mexicana,
destacando
reducciones
importantes en el consumo de huevo, lácteos y
leguminosas entre preescolares y escolares (GaonaPineda et al., 2023).
Referente a los platillos favoritos, se observó una
preferencia predominante por los preparados en casa
o que forman parte de la dieta tradicional mexicana.
Este patrón sugiere que el contexto cultural y la
exposición repetida a determinados alimentos
influyen de manera importante en las preferencias
alimentarias infantiles. Sin embargo, las verduras
tuvieron una presencia limitada dentro de los platillos
preferidos. El entorno alimentario del hogar puede
influir significativamente tanto en la disponibilidad
de alimentos como en la formación de hábitos
alimentarios saludables (Arredondo et al., 2006). Un
aspecto interesante fue que los alimentos con alta
densidad calórica fueron poco mencionados, como la
pizza, y aunque no fue el objetivo del estudio, su
elevada popularidad entre los niños continúa siendo
motivo de preocupación en términos de salud pública
(Lou Arnal et al., 2021; Marti et al., 2021).

disponibilidad, la preparación, el costo, la
familiaridad y las prácticas de presión de los padres,
son aspectos que también influyen en la aceptación
de alimentos (Busdiecker et al., 2000; Sherry et al.,
2004; Sick et al., 2019).
Este estudio presenta limitaciones. El tamaño de
muestra y el muestreo no probabilístico restringen la
representatividad y generalización de los hallazgos,
aunque este tipo de muestreo resultó útil para
seleccionar casos con información relevante en
contextos con limitaciones de tiempo y recursos
(Reales Chacón et al., 2022; Sharma, 2017).
Asimismo,
las
medidas
antropométricas
autorreportadas pudieron generar errores en los
registros; sin embargo, este método es de fácil
aplicación, bajo costo y amplio alcance, y en
población infantil ha mostrado correlaciones
aceptables con mediciones objetivas (Connor Gorber
et al., 2007; Rios-Leyvraz et al., 2023). Finalmente,
la muestra se concentró principalmente en niños de 4
a 6 años, lo que podría sesgar los resultados hacia las
características alimentarias de esta etapa, mientras
que la baja representación de niños de 8 años limita
la generalización de los hallazgos a este grupo etario.
Conclusiones
Se identificó un patrón de no consumo mayormente
de garbanzo, coliflor y calabaza en las niñas y niños.
Este estudio aporta evidencia preliminar sobre la
diversidad de la dieta, resaltando la necesidad de
desarrollar
intervenciones
nutricionales
y
conductuales para promover la exposición repetida a
alimentos menos aceptados, preparaciones que
favorezcan su aceptación sensorial y el
fortalecimiento de prácticas parentales en el hogar o
en la escuela. Asimismo, se recomienda integrar en
futuras investigaciones diseños analíticos e
instrumentos validados que profundicen este
fenómeno.
Bibliografía

Los motivos de no consumo se relacionaron con
características organolépticas como sabor, textura y
olor, lo que podría explicar el menor consumo de
alimentos como coliflor, calabaza, brócoli, atún,
pescado y piña. Estudios previos señalan que estos
factores influyen significativamente, destacando que
la textura afecta más que el color o el sabor (AguayoMendoza et al., 2017; Werthmann et al., 2015).
Además, la curiosidad, la apariencia, la

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�Determinantes sociales de salud y adherencia al tratamiento de la Diabetes tipo 2 en
pueblo Qom
Social determinants of health and adherence to treatment of type 2 diabetes in Qom people

Olmedo Sofia Irene*
* 1Instituto de Investigaciones sobre Lenguaje, Sociedad y Territorio (INILSyT), Universidad Nacional de Formosa, CONICET. Argentina.

RESUMEN
Introducción: Se ha observado una alta prevalencia de Diabetes Mellitus tipo 2 entre las poblaciones indígenas, con peores
tasas de morbilidad y mortalidad que sus homólogas no originarias. Objetivo: Analizar las tensiones entre la adherencia al
tratamiento de la Diabetes Mellitus tipo 2 y determinantes sociales de la salud en una comunidad Qom. Material y método:
Estudio exploratorio, cuanti-cualitativo realizado en 2024, muestreo por bola de nieve en adultos conformada por 47% de
hombres y 53% mujeres, con un promedio de edad 52 años (±9.5). Se realizó en 40 hogares: Test de Morisky- Green,
suplementado por entrevistas e intervención para responder a las preguntas de los participantes. Resultados: El 15,4% de los
participantes adhería al tratamiento, siendo los hombres más cumplidores (p&lt;0.005). La prescripción del medicamento está
muy extendida pero su uso es inconsistente debido a determinantes estructurales, socioculturales y biológicos. Los
participantes no realizan todas las comidas diarias, dependen de la disponibilidad de alimentos. Se compartieron estrategias
alimentarias adaptadas a los alimentos que los participantes refirieron consumir habitualmente. Conclusión: La adherencia
no puede comprenderse individualmente, sino como el resultado de un entramado de factores estructurales y simbólicos que
configuran los itinerarios terapéuticos de los pacientes qom con DM2.
Palabras Clave: Adherencia al tratamiento, determinantes sociales de la salud, comunidad indígena.

ABSTRACT
Introduction: A high prevalence of type 2 diabetes mellitus has been observed among indigenous populations, worse
morbidity and mortality rates than their non-native counterparts. Objective: To analyze the tensions between adherence to
type 2 diabetes mellitus treatment and social determinants of health in a Qom community. Material and method:
Exploratory, quantitative-qualitative study carried out in 2024, snowball sampling in adults made up of 47% men and 53%
women, with an average age of 52 years (±9.5). It was carried out in 40 households: Morisky-Green test, supplemented by
interviews and intervention to answer the participants' questions. Results: 15.4% of the participants adhered to the
treatment, with men being more compliant (p&lt;0.005). The prescription of the drug is widespread, but its use is inconsistent
due to structural, sociocultural and biological determinants. The participants do not eat all the daily meals; they depend on
the availability of food. Dietary strategies adapted to the foods that the participants reported consuming regularly were
shared. Conclusion: Adherence cannot be understood individually, but as a result of a network of structural and symbolic
factors that shape the therapeutic itineraries of qom patients with DM2.
Keywords: Adherence to treatment, social determinants of health, indigenous community.
Correspondencia: Sofia Irene Olmedo sofiaolmedo@conicet.gov.ar
Recibido: 23 de diciembre 2025, aceptado: 11 de mayo 2026
©Autor2026
Citar como: Olmedo S.I. (2026) Determinantes sociales de salud y adherencia al tratamiento de la Diabetes tipo 2 en pueblo
Qom, RESPYN Revista Salud Pública y Nutrición, 25 (2), 11-20. https://doi.org/10.29105/respyn25.2-946

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�Significancia
Este estudio aporta evidencia sobre como los DSS
condicionan la adherencia al tratamiento de la DM2,
revelando que las recomendaciones clínicas no
pueden desvincularse de las condiciones de vida. Los
hallazgos subrayan la necesidad de políticas públicas
que integren enfoques interculturales. Asimismo,
evidencian que los modelos de atención centrados en
la responsabilidad individual resultan insuficientes.
Este trabajo contribuye a visibilizar brechas
estructurales en el manejo de enfermedades crónicas
en poblaciones indígenas.
Introducción
La Diabetes Mellitus (DM) es una enfermedad
crónica no transmisible cuya prevalencia está
aumentando a nivel mundial. Según el último Atlas
de la Diabetes de la Federación Internacional de
Diabetes (FID, 2025), el 11.1% de la población
mundial de 20 a 79 años vive con diabetes, y más del
40% desconoce su diagnóstico. Las proyecciones
para 2050 indican que 1 de cada 8 adultos tendrá
diabetes, lo que representa un incremento del 46%
respecto a las estimaciones actuales (FID, 2025).
Argentina sigue esta tendencia creciente. Según la
Encuesta Nacional de Factores de Riesgo del
Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC),
la prevalencia nacional de diabetes alcanza el 12.7%,
mientras que, en Formosa, provincia norteña y
contexto de este estudio, se estimó una prevalencia
del 12.1% (INDEC, 2019).
Para comprender la complejidad que adquiere esta
enfermedad en poblaciones indígenas, es necesario
situar el análisis dentro del marco de los
Determinantes Sociales de la Salud (DSS). Estas
comunidades suelen sostener una concepción
holística de la salud, donde las dimensiones
espiritual, comunitaria y territorial constituyen
componentes inseparables del bienestar (Olmedo et
al., 2018; Stivanello, 2015). Desde esta perspectiva,
la salud no se reduce a parámetros biomédicos, sino
que emerge del acceso efectivo a los elementos que
posibilitan el buen vivir: tierra, participación social,
autodeterminación cultural, idioma, alimentación,
vivienda, trabajo, educación y atención sanitaria
(Ibacache, 1997; Stivanello, 2015). En consecuencia,
cualquier estrategia terapéutica que aspire a ser
eficaz debe considerar dimensiones que exceden lo
estrictamente biológico.

Desde un punto de vista epidemiológico, se ha
observado una prevalencia desproporcionadamente
alta de Diabetes Mellitus tipo 2 (DM2) entre las
poblaciones indígenas de todo el mundo, y las
comunidades originarias presentan una mayor
frecuencia de DM2 y peores tasas de morbilidad y
mortalidad que sus homólogas no originarias
(Gracey, 2007; Sinclaire et al., 2023; Weisman et al.,
2018; Yusuf et al., 2004). La persistencia de estas
tendencias en grupos cultural y geográficamente
diversos sugiere la influencia de determinantes
estructurales compartidos, entre ellos procesos
históricos de colonización, despojo territorial,
marginalización económica y exclusión de los
sistemas de salud (Agardh et al., 2011).
En este marco, los DSS permiten comprender cómo
las condiciones en que las personas nacen crecen,
viven, trabajan y envejecen, así como las fuerzas
políticas, económicas y culturales que las configuran,
moldean de manera sistemática las oportunidades de
salud (OMS, 2025). Estos determinantes incluyen
factores estructurales (posición socioeconómica,
políticas públicas, distribución del poder y los
recursos) e intermedios (condiciones materiales de
vida, redes sociales, prácticas culturales, acceso a
servicios, factores psicosociales y biológicos). Las
desigualdades en la distribución de estos
determinantes generan inequidades en salud,
entendidas como diferencias injustas y evitables que
afectan de manera sistemática a los grupos
socialmente desaventajados, entre ellos los pueblos
originarios.
La evidencia indica que, en el caso de la DM2,
factores como la situación económica, las
condiciones de vida y los entornos sociales
vulnerables influyen de manera decisiva en la
adherencia al tratamiento (Cardona Arias et al., 2012;
Cruz-Sánchez &amp; Arceo, 2020; Hernández-Teixidó et
al., 2023). Sin embargo, muchos programas de salud
continúan centrados en intervenciones individuales y
biomédicas, sin integrar los determinantes sociocontextuales que condicionan la posibilidad real de
sostener un tratamiento, limitando la efectividad y
sostenibilidad en su aplicación (Ministerio de Salud
Argentina, 2023). La adherencia al tratamiento se
entiende como “la participación y comprensión del
tratamiento por parte del paciente, así como del plan
para su realización, junto con el profesional de la
salud, y la consiguiente respuesta obtenida por una

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�búsqueda activa y consciente de recursos para
lograr el resultado esperado” (Albuquerque et al.,
2016). La Organización Mundial de la Salud (OMS,
2025) reconoce la magnitud de las deficiencias en la
adherencia terapéutica y sus repercusiones para la
salud de la población, considerando que su abordaje
debe ser una estrategia prioritaria para los sistemas
sanitarios y para la investigación en Ciencias de la
Salud.

La muestra estuvo conformada por 40 personas
adultas qom diagnosticados con DM2 se trató de un
muestreo no probabilístico, por conveniencia. El
reclutamiento de participantes se hizo mediante el
método de bola de nieve.

Las inequidades derivadas de los DSS se manifiestan
con especial intensidad en poblaciones como las
comunidades indígenas, que enfrentan una mayor
vulnerabilidad al desarrollo de DM2, con
consecuencias directas sobre su salud y bienestar. En
este marco, la adecuada adherencia al tratamiento de
la DM2 constituye un factor crucial, no solo por su
elevada prevalencia en la población, sino también
por el impacto que tendría en la reducción del gasto
público y en la mejora de los indicadores de salud a
largo plazo. Considerando la influencia de los
determinantes sociales de la salud, este trabajo tiene
como objetivo analizar las tensiones entre la
adherencia al tratamiento de la DM2 y los DSS en un
pueblo Qom, con el fin de aportar evidencia que
permita orientar intervenciones más equitativas,
culturalmente adecuadas y sostenibles.

Criterios de exclusión: tener esquema de
insulinoterapia, padecer complicaciones graves de
DM2, existencia de una demencia avanzada o
problemas de comunicación.

Material y método
Este estudio se corresponde con un diseño mixto de
tipo exploratorio secuencial, en el cual una fase
cualitativa inicial orientó el desarrollo de la fase
cuantitativa transversal, permitiendo integrar la
comprensión de los determinantes sociales de la
salud y la DM2, el mismo se llevó a cabo entre julio
y agosto de 2024. En cuanto a ámbito de estudio, se
trató de una comunidad peri-urbana Qom (Barrio
Namqom) ubicada al este de la provincia de
Formosa, Argentina, ubicada a 11 km de la capital de
Formosa. El tamaño poblacional es de
aproximadamente 3000 habitantes (Figura 1). Los
qom son uno de los grupos indígenas más numerosos
de la región del Gran Chaco, en Sudamérica. En
mayor o menor medida sufrieron un proceso de
occidentalización, caracterizada por un cambio de las
prácticas tradicionales de subsistencia tradicionales
de agricultura o forrajeo a la participación en el
mercado y una mayor urbanización (Lagranja et al.,
2014)

Criterios de inclusión: personas de ambos sexos
diagnosticadas con DM2, que acepten participar,
mayores de 18 años.

Figura 1. Ubicación de la provincia de Formosa (1), del
Barrio Namqom (2) y de las personas qom con diabetes
tipo 2 residentes en el Barrio Namqom (3)

Fuente: Elaboración propia a partir de información del
Instituto Geográfico Nacional (2025).

La recolección de datos se realizó en las casas de los
participantes y constó de dos fases: 1) Test de
Morisky- Green, suplementado por entrevistas en
profundidad, y 2) Intervención para responder a las
preguntas de los participantes. El Test de MoriskyGreen es un cuestionario que evalúa el cumplimiento
terapéutico en diferentes enfermedades. Consiste en
una serie de 4 preguntas de contraste con respuesta
dicotómica sí/no, que refleja la conducta del paciente
respecto al cumplimiento. Presenta la ventaja de que
proporciona información sobre las causas del
incumplimiento. Las preguntas, que se deben realizar
entremezcladas con la conversación y de forma
cordial, son las siguientes: i). ¿Olvida alguna vez
tomar los medicamentos para tratar su enfermedad?
ii). ¿Toma los medicamentos a las horas indicadas?
iii). Cuando se encuentra bien, ¿deja de tomar la
medicación? iv). Si alguna vez le sienta mal, ¿deja
usted de tomarla? El paciente es considerado como
cumplidor si se responde de forma correcta a las 4

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�preguntas, es decir, No/Sí/No/No (PagèsPuigdemont &amp; Valverde-Merino, 2018; Rodríguez
Chamorro et al., 2008). Las entrevistas en
profundidad abordaron los siguientes temas:
antecedentes familiares de diabetes, años de
evolución de la enfermedad, presencia de
comorbilidades, tabaquismo, alimentos que
consume, alimentos prohibidos, factor económico.
Después de cada día de trabajo de campo, se
transcribieron y analizaron las entrevistas para
determinar cuándo se había alcanzado la saturación
de información.
La fase de intervención se ejecutó para responder a
la necesidad de respuestas de los pacientes con DM2
y a la reportada falta de información sobre el
esquema de tratamiento de la metformina combinada
con su dieta habitual. En esta parte, la función de la
metformina y la alimentación a través del grafico de
la curva de glucemia (Figura 2), resaltando la
importancia de consumir alimentos varias veces al
día. Las visitas duraron entre 45 a 60 minutos.

flexible, permitiendo incorporar nuevos códigos y
categorías emergentes a partir de los aportes de las y
los participantes. Los resultados cualitativos se
presentan en un mapa conceptual elaborado en Lucid
chart, donde se organizaron los conceptos
emergentes del análisis cualitativo sobre los factores
asociados a la baja adherencia al tratamiento en
personas qom con DM2 y en un gráfico de similitud
de palabras, generado con el software IRaMuTeQ 0.8
alpha 0.7.
Consideraciones éticas
Se explicó de manera clara de qué trataba el estudio:
objetivos, descripción de la investigación y su
participación, confidencialidad, duración del estudio,
beneficios, información de contacto de la
investigadora responsable. El consentimiento
informado se realizó de forma verbal, siguiendo
todos los lineamientos del código de Helsinki, la
firma tiene una connotación negativa en la cultura
qom y la palabra tiene más valor. El protocolo fue
aprobado por el Comité de Ética de la Universidad de
Yale (protocolo #14456).

Figura 2. Curva de glucemia

Resultados
Fase 1
La muestra estuvo conformada por 47% de hombres
y 53% mujeres, con un promedio de edad 52 años
(±9.5). Un poco más de la mitad de las personas
fueron diagnosticado con DM2 en los últimos 5 años
(Tabla 1).

Fuente: Elaboración propia

Análisis estadístico
Para el análisis de las variables cuantitativas, los
resultados se expresan como medias y desviaciones
estándar, mientras que las variables categóricas se
presentan como porcentajes. Para los contrastes de
hipótesis basados en proporciones se empleó la
prueba χ² de Pearson. Todos los análisis
cuantitativos se realizaron con el software Stata v.14.
En cuanto a los datos cualitativos, las entrevistas
fueron analizadas mediante un análisis de contenido
utilizando códigos preestablecidos vinculados al
tratamiento, uso de medicamentos, complicaciones y
otros aspectos relevantes. El proceso fue abierto y

En relación con las comorbilidades, el 41.4 % de los
encuestados reportó antecedentes de tabaquismo,
aunque únicamente el 7 % mantiene el hábito en la
actualidad, correspondiendo como en el pasado,
exclusivamente a participantes de sexo masculino.
Adherencia al tratamiento de la diabetes tipo 2
Se encontró que solo el 15.4% de los participantes
adhería al tratamiento, siendo los hombres más
cumplidores que las mujeres (χ² (1) = 4.04; p=0.04),
con una asociación de magnitud moderada (V de
Cramer= 0.38). La prescripción del medicamento
(metformina) está muy extendida, todos los pacientes
de este estudio lo recibieron, pero su uso es
inconsistente. Los participantes señalaron que la falta
de adherencia no se debía al olvido, sino a diversas
razones que motivaban la omisión de la toma del
medicamento (Figura 3):

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�a) la asintomatología de la diabetes, que favorece la
percepción un falso estado de bienestar y dificulta, en
primera instancia, la continuidad del tratamiento a lo
largo del tiempo y, en segunda instancia, la
aceptación del carácter crónico de la enfermedad.
“no quiero tomar la pastilla porque no sé, porque
estoy bien de salud. Así, con mucha fuerza, camino,
empiezo a comer, tengo ahí guardada a las pastillas,
pero no las tomo” (hombre, 40 años).
b) falta de comprensión y aceptación de la cronicidad
de la enfermedad, observada en la expectativa de los
participantes de alcanzar una cura mediante el
tratamiento. Esta percepción generó frustración al no
obtener los resultados esperados en el corto plazo, lo
que derivó en el abandono del tratamiento y de los
controles médicos.
“Él pensaba que se iba a curar, hasta que un día la
doctora le dijo que la DBT no tiene cura, que el
tratamiento es para vivir bien, que puede llegar a la
longevidad. Él se deprimió por 3-4 meses, dejo de
tomar las pastillas. Comenta que pensaba, para que
vaya a cuidar si la enfermedad no tiene cura” (nota
de campo),
c) síntomas de hipoglucemia que se relaciona con la
toma de medicamentos de manera inapropiada. Entre
las causas más frecuentes se encuentran la
administración de fármacos en ayunas, el uso de
dosis inadecuadas y los desórdenes alimentarios, ya
sea por omisión de comidas o por el consumo
excesivo de alimentos con alto índice glucémico. Si
bien algunas personas logran establecer una relación
entre estos factores y los síntomas experimentados,
en otros casos dicha asociación no es percibida.
“Yo no sé, pero la pastilla que cuando nosotros
tomamos, también te hacen mal porque cuando uno
come un poquito y está pasando(paso) la hora que
vos tenés que estar comiendo, te hace temblar todo
el cuerpo (la metformina)” (mujer, 30 años);
“cuando tomo la pastilla esos me sacan la fuerza”
(hombre, 60 años).

medicamentos: “dejo de tomar 2 o 3 días hasta que
se me vaya el sabor agrio de la boca y luego vuelvo
a tomar” (mujer, 60 años),
No obstante, esta sintomatología pudo estar
vinculada a complicaciones propias de la
enfermedad, como la xerostomía, que reduce la
producción de saliva con función protectora, o a
niveles elevados de glucosa en sangre, que favorecen
el crecimiento bacteriano. Asimismo, es posible que
estos malestares se podrían haberse relacionado con
episodios de cetoacidosis diabética, en los que la
acumulación de cetonas genera un sabor afrutado o
amargo, o con hipoglucemia.
e) El desconocimiento sobre la función de la
metformina: a pesar de que los participantes
conocían los medicamentos prescritos, sus dosis y
horarios de administración, se evidenció un
desconocimiento respecto a la función de la
metformina. En particular, no comprendían la
importancia de seguir el esquema terapéutico de
forma continua ni el impacto que este tiene sobre la
curva de glucemia y la prevención de complicaciones
asociadas.
“si nosotros tenemos que comer primero o si tomar
primero la pastilla no entiendo tampoco” (mujer, 57
años).

La gestión inadecuada del tratamiento contribuye a
generar desconfianza hacia la medicación y, por
extensión, hacia la biomedicina. Esta percepción se
ve reforzada cuando los efectos esperados no se
alcanzan o cuando surgen malestares que los
participantes atribuyen directamente a los fármacos,
sin una comprensión integral del proceso terapéutico.
d) malestares por la toma prolongada de
medicamentos, los participantes mencionan síntomas
de gastritis que le atribuyen a la toma de los

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�Figura 3. Factores relacionados a la baja adherencia
al tratamiento de personas qom con DM2, Lucid
chart

frutas, verduras o productos integrales, algunos optan
por no ingerir alimentos. En estas circunstancias,
consumen metformina en ayunas, lo que ocasiona
una disminución de la glucemia y la aparición de
síntomas de hipoglucemia, generando desconfianza
hacia el tratamiento farmacológico. Esta situación
configura un círculo vicioso complejo y difícil de
revertir.
Figura 4. Palabras relacionadas con la diabetes en el
pueblo Qom (IRaMuTeQ, versión 0.7, alpha 2)

Fuente: Elaboración propia

Red socio-comunitaria en el pueblo Qom
Para las personas con la enfermedad, la red social de
apoyo es un factor determinante a la adherencia al
tratamiento. Los participantes mencionaron a
personas de cuidados, esposas e hijas, que se
encargan de la alimentación, toma de medicamentos
y control.
Un espacio importante para las personas qom y de
masivo acceso es la Iglesia, es un lugar de bienestar
espiritual donde circula información sobre diabetes.
“Una hermana de la Iglesia me comento que deje de
tomar el medicamento para la DBT porque me va a
dejar ciego” (hombre, 44 años)”
Fase 2
Características de la alimentación de personas con
DM2
En relación con la alimentación, las personas qom
con DM2 refirieron un consumo habitual de fideos,
arroz, sopas, torta frita, pollo, hígado y, dentro de las
verduras, únicamente papa y tomate, y mate amargo.
En cuanto a las frutas, mencionaron exclusivamente
la banana. Respecto a los alimentos que consideran
prohibidos para la diabetes, señalaron las frituras, las
bebidas gaseosas, las comidas con salsa y el azúcar
(Figura 4).
Los participantes señalaron que no realizan todas las
comidas diarias, ya que dependen de la
disponibilidad
de
alimentos.
Manifestaron
dificultades para sostener una dieta considerada
“saludable”, principalmente debido a limitaciones
económicas. Ante la imposibilidad de acceder a

Fuente: Elaboración propia

Frente a esta situación, durante la visita se
compartieron estrategias alimentarias adaptadas a los
alimentos que los participantes refirieron consumir
habitualmente. Las recomendaciones brindadas en el
marco de la intervención fueron las siguientes:
1.
Dado el hábito de consumir únicamente
mate amargo en la mañana, se sugirió acompañarlo
con una pequeña porción de torta parrilla, la
elaborada para toda la familia, antes de la
administración de metformina. En caso de no
disponer de ella, se recomendó ingerir pan
(previamente congelado si se cuenta con freezer),
enfatizando la importancia de consumir algún
alimento previo a la medicación.
2.
Los participantes señalaron que su dieta se
compone principalmente de “comida”, entendida
como guisos o sopas de arroz. Se aconsejó cocinar el
arroz al dente y dejar enfriar la preparación antes de
consumirla, con el objetivo de disminuir su índice
glucémico.

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�3.
Manifestaron que “comen cuando hay”, lo
que refleja la ausencia de horarios definidos. Por
ejemplo, pueden ingerir dos platos de comida a las
17 horas ante la incertidumbre de cuándo volverán a
disponer de alimentos. En este contexto, se propuso
racionar la comida disponible: consumir una porción
y reservar la otra para 3 o 4 horas más tarde.
4.
Se recomendó incorporar frutas accesibles
en la comunidad y de estación, como el pomelo,
preferentemente con su pulpa.
5.
Algunos
participantes
mencionaron
sustituir las gaseosas por “aguas saborizadas” o
jugos; se sugirió, en cambio, priorizar el consumo de
agua.
6.
Se explicó el contenido de sodio y azúcar
presente en alimentos industrializados que los
participantes consideraban “saludables”, como queso
untable, aguas saborizadas, agua tónica y galletitas
“light”, con el fin de promover una alimentación
menos dependiente de productos ultraprocesados.
Discusión
Los resultados de este estudio muestran que la
adherencia al tratamiento de la DM2 en la comunidad
qom está profundamente atravesada por DSS, tanto
estructurales como intermedios, que condicionan la
posibilidad real de sostener las recomendaciones
biomédicas. Las tensiones observadas no responden
únicamente a decisiones individuales, sino a un
entramado de desigualdades históricas, económicas,
culturales y de acceso a servicios de salud, basados
en recomendaciones médicas y nutricionales que
presuponen condiciones de vida estables y recursos
disponibles, mientras que los pacientes enfrentan
realidades de vulnerabilidad que dificultan sostener
esas prácticas. Teniendo en cuenta el marco
conceptual propuesto por Solar e Irwin (2010), las
tensiones observadas se explican por la interacción
entre determinantes estructurales, que configuran la
posición social de los grupos y determinantes
intermedios, que median sus efectos sobre las
condiciones de vida, los comportamientos y la
exposición diferencial a riesgos.
Determinantes
estructurales:
desigualdad
socioeconómica y vulnerabilidad histórica
La dimensión económica emergió como uno de los
determinantes más relevantes. Esta condición limita
el acceso a alimentos saludables y a recursos
materiales constituyendo una barrera en la
continuidad terapéutica. Estos hallazgos se inscriben

en lo que la OMS define como determinantes
estructurales,
es
decir,
las
condiciones
socioeconómicas y la distribución desigual de
recursos que generan posiciones sociales
diferenciadas. Nacer y crecer en un contexto
socioeconómico desfavorable influye directamente
en la generación de desigualdades en salud, cuyas
consecuencias se manifiestan desde edades
tempranas, se reproducen en la vida adulta y se
transmiten
intergeneracionalmente.
Estas
inequidades, derivadas de una distribución
heterogénea de los recursos y de la persistencia de
barreras en el acceso a derechos fundamentales,
afectan de manera desproporcionada a las
poblaciones más vulnerables (Hernández-Teixidó et
al., 2023). En poblaciones indígenas, estas
desigualdades se ven reforzadas por procesos de
colonización, desplazamiento territorial y exclusión
de los sistemas de salud, lo que contribuye a mayores
prevalencias de DM2 y a menores niveles de
adherencia terapéutica.
Determinantes intermedios: género, roles de cuidado
y condiciones de vida
Entre los determinantes intermedios, el género ocupa
un lugar central. Aunque en la población general el
sexo masculino suele asociarse a mayor riesgo de
DM2, en comunidades indígenas latinoamericanas se
observa un patrón inverso: las mujeres presentan
mayor riesgo debido a mayores índices de IMC y a
la triple carga de vulnerabilidad: ser mujer, indígena
y pobre (Bermedo, 2015; Cardona Arias et al., 2012;
Cruz-Sánchez &amp; Arceo, 2020)
En este estudio, la adherencia fue mayor en hombres,
lo que se vincula con los roles de cuidado: cuando el
hombre enferma, la preparación de alimentos y la
gestión de la medicación suelen ser asumidas por
mujeres (esposas o hijas). En cambio, cuando la
mujer es la paciente, no siempre existe una figura que
asuma ese rol, lo que repercute negativamente en su
adherencia. Este hallazgo evidencia cómo los
mandatos de género operan como determinantes
intermedios que modulan la capacidad de seguir un
tratamiento.
Transición alimentaria y pérdida de la dieta
tradicional
Se ha demostrado que la dieta tradicional indígena
tiene un efecto protector frente a enfermedades
crónicas como la diabetes (Hernández-Torres &amp;

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�Hernández-Nava, 2019). Sin embargo, los procesos
de urbanización forzadas y la inserción en economías
capitalistas han promovido la incorporación de
prácticas alimentarias nocivas, con mayor consumo
de ultraprocesados y menor acceso a alimentos
frescos (Hernández-Torres &amp; Hernández-Nava,
2019; Hirsch &amp; Alonso, 2020).
En este contexto, las mujeres, principales
responsables de las prácticas de cuidado tanto del
paciente con DM2 como de sí mismas, deben
sostener dietas específicas en condiciones de
carencia y dentro de grupos familiares con diversidad
etaria, lo que complejiza aún más la adherencia
terapéutica (Hirsch &amp; Alonso, 2020). Esta situación
muestra como los determinantes de la vida cotidiana
(ingresos, disponibilidad de alimentos, organización
domestica) influyen en la posibilidad de cumplir con
las recomendaciones nutricionales.
Determinantes relacionados con el sistema de salud:
barreras lingüísticas, culturales y comunicacionales
Otro conjunto de tensiones se vincula con los
determinantes intermedios relacionados con el
sistema de salud. La falta de interculturalidad, el uso
de un lenguaje técnico poco comprensible y la escasa
consideración de las prácticas y tiempos
comunitarios dificultan la comprensión del
tratamiento (Hernández-Torres &amp; Hernández-Nava,
2019). La adherencia depende en gran medida de la
capacidad de leer, interpretar y seguir la prescripción
médica (Albuquerque et al., 2016), pero estas
habilidades se ven afectadas cuando la comunicación
no es clara o no se ajusta a la cosmovisión local.
Estudios en otras poblaciones indígenas, como
Samoa, muestran que el desconocimiento de los
síntomas y de la medicación genera desconfianza y
abandono del tratamiento (Hardin et al., 2025). En la
comunidad qom, esta situación se agrava por la
ausencia de un término equivalente a “crónico”, lo
que dificulta transmitir la idea de una enfermedad de
por vida. La asintomatología inicial y la falta de
comprensión de la fisiopatología también favorecen
la discontinuidad terapéutica.
Sumado a lo anterior, la falta de noción de cronicidad
observada en esta comunidad como en otras como la
tapieté de Salta (Hirsch &amp; Alonso, 2020), evidencia
la necesidad de una educación diabetológica
intercultural, orientada no solo a que las personas

pertenecientes a comunidades indígenas comprendan
la magnitud de la DM2, sino también a que el
personal de salud conozca en profundidad a la
población con la que trabaja: su lengua, su cultura,
sus tiempos y su concepción de salud.
Conclusiones
Desde la perspectiva de los determinantes sociales de
la salud, las tensiones más relevantes identificadas en
este estudio corresponden al ámbito socioeconómico,
sanitario y sociocultural.
Se observó que los determinantes estructurales,
como la posición socioeconómica, la desigualdad de
género y las formas persistentes de colonialidad que
atraviesan la vida cotidiana de la comunidad qom,
generan determinantes intermedios, que limitan la
adherencia al tratamiento de la diabetes. Entre ellas
destacan la alimentación limitada y deficitaria en
nutrientes, la sobrecarga de roles de cuidado
asignados a las mujeres, la información incompleta
sobre la enfermedad y la ausencia de educación
diabetológica intercultural.
Estos hallazgos muestran que la adherencia no puede
comprenderse únicamente como una conducta
individual, sino como el resultado de un entramado
de factores estructurales y simbólicos que configuran
los itinerarios terapéuticos de los pacientes qom con
DM2. En este sentido, se vuelve necesario
profundizar en el análisis de los procesos
socioculturales que median la relación con el sistema
de salud, las estrategias comunitarias de
afrontamiento y las tensiones derivadas de vivir y
padecer la enfermedad en contextos de
vulnerabilidad histórica.
Finalmente, los resultados subrayan la urgencia de
diseñar intervenciones que integren la perspectiva
intercultural, fortalezcan la educación en diabetes y
aborden las barreras materiales y simbólicas que
condicionan la continuidad del tratamiento. Avanzar
en esta dirección no solo contribuiría a mejorar la
adherencia terapéutica, sino también a reducir
inequidades en salud que afectan de manera
desproporcionada a los pueblos indígenas.
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�Relación entre estrés académico y síntomas gastrointestinales en estudiantes universitarios
Relationship between academic stress and gastrointestinal symptoms in university students

Espinoza-Maldonado Ericka Yamilex*, Arellano-Ortiz Ana Lidia*, Valenzuela-Calvillo Linda Selen*
* Departamento de Ciencias de la Salud. Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Campus Ciudad Universitaria. Ciudad Juárez, México.

RESUMEN
Introducción: El estrés académico constituye una problemática común en la población estudiantil, que afecta tanto su
bienestar psicológico y físico como la función gastrointestinal. Objetivo: Evaluar la asociación entre los niveles de estrés
académico y la presencia de síntomas gastrointestinales en estudiantes universitarios. Material y método: Se realizó un
estudio observacional transversal analítico en 224 estudiantes universitarios, quienes respondieron el Inventario SISCO de
Estrés Académico, de gastritis y función gastrointestinal. Se efectuó un análisis de asociación y de regresión logística
multinomial ajustado a edad y sexo. Resultados: El 48.2% presentó estrés severo, con mayor prevalencia en mujeres
(p&lt;0.001). Los síntomas más frecuentes con estrés severo fueron flatulencias, inflamación abdominal, acidez y alteraciones
del apetito (p&lt;0.050). Los estudiantes con estrés severo tuvieron 2.98 veces más probabilidad de presentar inflamación
abdominal, 2.63 veces más de reportar alteraciones del apetito, y las mujeres 3.65 veces más probabilidad de estrés severo
que los hombres. Conclusión: Estos hallazgos evidencian la relación entre el estrés académico y la salud gastrointestinal,
destacando la necesidad de estrategias de prevención y manejo temprano del estrés, así como la promoción de hábitos de
alimentación y bienestar emocional en la población universitaria.
Palabras Clave: estrés académico, síntomas gastrointestinales, universitarios, salud escolar.

ABSTRACT
Introduction: Academic stress is a common issue among the student population that affects both their psychological and
physical well-being, as well as gastrointestinal function. Objective: To evaluate the association between levels of academic
stress and the presence of gastrointestinal symptoms among university students. Material and method: A analytical crosssectional study was conducted in 224 university students who completed the SISCO Academic Stress Inventory, as well as
questionnaires on gastritis and gastrointestinal function. Association analyses and multinomial logistic regression adjusted for
age and sex were performed. Results: Severe stress was present in 48.2% of participants, with a higher prevalence among
women (p&lt;0.001). The most frequent symptoms associated with severe stress were flatulence, abdominal bloating, heartburn,
and appetite disturbances (p&lt;0.050). Students with severe stress were 2.98 times more likely to present abdominal bloating
and 2.63 times more likely to report appetite disturbances; additionally, women had 3.65 times higher odds of severe stress
compared with men. Conclusion: These findings evidence a relationship between academic stress and gastrointestinal
health, highlighting the need for early prevention and management of stress, as well as the promotion of healthy eating habits
and emotional well-being among university students.
Keywords: academic stress, gastrointestinal symptoms, university students, school health.
Correspondencia: Ana Lidia Arellano-Ortiz
ana.arellano@uacj.mx
Recibido: 17 de marzo 2026, aceptado: 12 de junio 2026
©Autor2026
Citar como: Espinoza-Maldonado E.Y., Arellano-Ortiz A.L., Valenzuela-Calvillo L.S. (2026) Relación entre estrés académico y
síntomas gastrointestinales en estudiantes universitarios, RESPYN Revista Salud Pública y Nutrición, 25 (2), 21-30.
https://doi.org/10.29105/respyn25.2-967

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�Significancia
Este estudio evidencia una alta prevalencia de estrés
académico severo en estudiantes universitarios y su
asociación con diversos síntomas gastrointestinales.
Los hallazgos contribuyen a comprender la relación
entre el estrés académico y la salud digestiva en la
población universitaria, lo que representa un
problema relevante para la salud pública y el
bienestar estudiantil. Esta información puede apoyar
el diseño de estrategias institucionales orientadas a la
detección temprana, prevención y manejo del estrés
académico, con el fin de reducir sus posibles
repercusiones sobre la salud física y el desempeño
académico.
Introducción
El estrés es un problema de salud que ha ido en
aumento a nivel mundial y puede presentarse en
cualquier persona independientemente de la edad y
el género. Es un estado caracterizado por una tensión
nerviosa que puede mantenerse por un periodo
prolongado (Ávila, 2014). Esta condición puede
desarrollarse por la suma de factores inespecíficos
que intervienen en las actividades cotidianas y
generan efectos negativos, como malos hábitos
alimentarios, agentes productores de enfermedades y
cambios en los entornos laboral, familiar y
académico (Berrio García &amp; Zea, 2011).
El estrés académico es un problema frecuente entre
los estudiantes, impactando significativamente su
bienestar mental y físico, rendimiento académico y
calidad de vida. Desde el ingreso a la universidad,
que puede ser una experiencia estresante, se
enfrentan a cambios importantes en el estudio y
aprendizaje, al requerir mayor autonomía, además de
adaptarse a nuevos entornos sociales (García Ros
et al., 2012).
El estrés derivado de la carga académica se ha
identificado como un factor influyente en el
rendimiento (Suárez &amp; Ramírez-Díaz, 2020) . Se ha
reportado que en actividades como los exámenes los
estudiantes presentan mayor tensión psicológica
(Dominguez-Lara, 2018). Altos niveles de estrés
académico se correlacionan con menores logros
académicos y conductas desadaptativas, como la
renuencia a completar tareas (Demuner Flores et al.,
2025).

Una de las razones más comunes del estrés es la falta
de buenos hábitos de estudio. El 41% de los
estudiantes no sabe planificar correctamente su
método, estudiando de forma insuficiente o a última
hora
(Zárate-Depraect
et al.,
2018).
Los
universitarios con altos niveles de estrés suelen
presentar nerviosismo, tensión, cansancio, agobio e
inquietud (Silva-Sánchez, 2015).
El aumento del estrés se ha relacionado con un
incremento de síntomas gastrointestinales. El tracto
gastrointestinal presenta receptores de la hormona
liberadora de corticotropina (CRH, por sus siglas en
inglés), lo que lo hace particularmente sensible a los
factores estresantes, afectando funciones como la
permeabilidad, motilidad y barrera intestinal
(Moloney et al., 2016). El estrés académico, sumado
al de la vida diaria, puede exacerbar estas
alteraciones y aumentar la susceptibilidad de
desarrollar enfermedades gastrointestinales (Coriat B
et al., 2017). Las patologías asociadas al eje cerebrointestino incluyen síndrome de intestino irritable,
enfermedad inflamatoria intestinal, úlceras pépticas
y reflujo gastroesofágico (Huerta-Franco et al.,
2013).
Se estima que al menos el 24% de los estudiantes
presentan desórdenes gastrointestinales como el
síndrome de intestino irritable (Bautista Cerecedo
et al., 2011), con síntomas como meteorismo,
flatulencias, dolor abdominal, inflamación, diarrea y
estreñimiento. Asimismo, la prevalencia de síntomas
como estreñimiento, dolor abdominal, diarrea y
gastritis aumenta por efecto del estrés psicológico
(Greenwood-Van Meerveld &amp; Johnson, 2018).
El incremento de síntomas gastrointestinales por
estrés académico ha generado discusión, ya que su
prevalencia varía entre poblaciones. Lee et al.(2011).
reportaron que el 75% de los estudiantes presentó
síntomas gastrointestinales en los tres meses previos
a evaluaciones, de los cuales el 31.1% manifestó tres
o más síntomas como diarrea, hinchazón y dolor
abdominal, además de sentirse estresados (Lee et al.,
2011). Estos trastornos pueden disminuir la calidad
de vida, aumentar el absentismo escolar y las
consultas médicas, así como la probabilidad de
enfermedades gastrointestinales en la adultez
(Sohrabi et al., 2010).

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�Aunque diversos estudios han documentado la
relación entre el estrés académico y algunos síntomas
gastrointestinales, la evidencia en población
universitaria mexicana y latinoamericana continúa
siendo limitada y heterogénea (Rosas-González
et al., 2017; Suárez &amp; Ramírez-Díaz, 2020).
Además, algunos estudios se han enfocado
únicamente
en
trastornos
gastrointestinales
específicos o en poblaciones del área de la salud, sin
evaluar de manera integral los síntomas del tracto
gastrointestinal superior e inferior ni considerar
distintos niveles de estrés académico (Bautista
Cerecedo et al., 2011; Greenwood-Van Meerveld &amp;
Johnson, 2018).
Debido al impacto del estrés académico sobre la
salud digestiva y a la diversidad de manifestaciones
clínicas asociadas, resulta necesario identificar los
síntomas gastrointestinales más frecuentes en
estudiantes universitarios. Esta información puede
contribuir al desarrollo de estrategias de intervención
nutricional y psicológica orientadas a mejorar el
bienestar y el rendimiento académico. Por ello, el
objetivo de este estudio fue evaluar la asociación
entre los niveles de estrés académico y la presencia
de síntomas gastrointestinales en estudiantes
universitarios, planteando la hipótesis de que
mayores niveles de estrés se asocian con una mayor
probabilidad
de
presentar
síntomas
gastrointestinales.
Materiales y métodos
Se realizó un estudio observacional de tipo
transversal con enfoque correlacional para evaluar la
asociación entre el nivel de estrés académico y la
presencia de síntomas gastrointestinales en
estudiantes universitarios. La población de referencia
estuvo constituida por estudiantes de licenciatura
inscritos en la Universidad Autónoma de Ciudad
Juárez (campus norte y campus sur).
Debido al carácter exploratorio del estudio y a las
condiciones de acceso a la población universitaria, se
empleó un muestreo no probabilístico por
conveniencia. Los participantes fueron reclutados
mediante una convocatoria digital difundida a través
de redes sociales no oficiales de los institutos de la
universidad, las cuales concentran una amplia
proporción de estudiantes. La recolección de datos se
llevó a cabo mediante un cuestionario
autoadministrado en línea a través de la plataforma

Microsoft Forms®, entre los meses de marzo a mayo
del 2022. Se incluyeron estudiantes universitarios
activos que aceptaron participar voluntariamente en
el estudio y que completaron de manera íntegra el
cuestionario digital. Con el fin de minimizar posibles
sesgos de información, se utilizaron cuestionarios
previamente validados y estructurados en un formato
digital uniforme. La participación fue voluntaria y
anónima para los investigadores, lo que favoreció
respuestas más honestas por parte de los
participantes. Asimismo, el acceso al cuestionario se
realizó mediante el correo institucional universitario,
permitiendo un solo registro por estudiante y
evitando respuestas duplicadas. Finalmente, se
eliminaron del análisis los cuestionarios incompletos
con el propósito de asegurar la consistencia y calidad
de la información recolectada. Se excluyeron
aquellos participantes que no aceptaron el
consentimiento informado. En total, se obtuvo una
muestra final de 224.
El estudio fue evaluado y aprobado por el Comité de
Ética en Investigación de la Universidad Autónoma
de Ciudad Juárez (folio CEI-2021-2-103). Todos los
participantes aceptaron participar de manera
voluntaria mediante la firma de un consentimiento
informado digital incluido en el cuestionario. La
información fue recolectada de forma anónima y
confidencial, respetando los principios éticos
establecidos en la Declaración de Helsinki.
El cuestionario aplicado estuvo dividido en
secciones. En la primera se recabó información
sociodemográfica de los participantes, incluyendo
edad, sexo, semestre académico y campus de
procedencia.
En la segunda sección se evaluó el estrés académico
y síntomas gastrointestinales. Para determinar la
presencia de estrés académico se utilizó el
cuestionario validado Inventario SISCO (Sistémico
Cognoscitivista para el estudio del estrés académico)
de 21 preguntas de opción múltiple (Barraza-Macías,
2018), validado con un alfa de Cronbach global de
0.85. El nivel de estrés se obtuvo por medio de
percentiles con tres puntos de corte estipulados por el
autor del cuestionario. Se determinaron las medias de
los resultados obtenidos y se transformaron en
porcentajes estableciendo el nivel de estrés
académico en el que se encontraba el alumno: leve
(0-48%), moderado (49-60%) y severo (61-100%).

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�Para evaluar la presencia de síntomas
gastrointestinales se utilizaron dos cuestionarios
estructurados previamente publicados. Se incluyeron
siete preguntas dicotómicas (sí/no) sobre síntomas
del tracto gastrointestinal superior asociados con
gastritis, basadas en el instrumento descrito por
Tirado Cusma (2018), el cual reporta una
consistencia interna con un alfa de Cronbach de 0.85.
Cuando los participantes presentaban ≥50% de
respuestas “Sí”, se consideraba presencia de
síntomas de gastritis. Asimismo, se incluyeron nueve
preguntas sobre síntomas del tracto gastrointestinal
inferior derivadas del cuestionario de función
gastrointestinal validado por Beltrán Cháidez et al.
(2020), con un alfa de Cronbach de 0.84. La función
gastrointestinal se clasificó en cuatro categorías:
normal (0–5 puntos), disfunción leve (6–11 puntos),
disfunción moderada (12–20 puntos) y disfunción
severa (≥21 puntos) (Beltrán Cháidez et al., 2020).
Las preguntas fueron adaptadas para su aplicación en
formato digital.
Las variables cuantitativas se describieron con
medias y desviación estándar, mientras que las
variables categóricas se presentaron en frecuencias y
porcentajes. En los análisis de estadística inferencial,
se utilizó la prueba Chi2 para asociar las variables
categóricas (nivel de estrés con las características de
los participantes y síntomas gastrointestinales).
Posteriormente, se realizaron modelos de regresión
logística con el propósito de estimar la probabilidad
de presentar cada síntoma gastrointestinal en función
del nivel de estrés académico, ajustando por edad y
sexo como posibles variables confusoras. El nivel de
estrés se trató como una variable categórica, tomando
como categoría de referencia el estrés leve. En la
primera etapa, se efectuaron modelos univariados
para cada síntoma gastrointestinal codificados
mediante variables “dummy”, donde se incluyó la
variable de nivel de estrés. Aquellas variables con un
nivel de significancia de p ≤ 0.25 en el análisis
univariado, fueron consideradas para el modelo
multinomial de acuerdo con las recomendaciones de
Hosmer Jr et al. (2013), siguiendo un procedimiento
de pasos hacia atrás (backward stepwise). Este
enfoque se empleó con fines exploratorios para
identificar posibles síntomas asociados al estrés
severo. El ajuste global de cada modelo se evaluó
mediante los coeficientes R² de Cox y Snell y R² de
Nagelkerke, que representan la proporción de
varianza explicada por el modelo.

Resultados
Participaron 224 estudiantes, de los cuales el 62.5%
eran mujeres y 37.5% hombres. La edad promedio de
los encuestados fue de 20.9 ± 2.2 años. El nivel
académico más presentado en la encuesta fue el
principiante (41.1%), seguido del avanzado (31.7%)
y el intermedio (27.2%). Los institutos que más
participaron en la encuesta fueron del Instituto de
Ciencias Biomédicas y de Ingeniería y Tecnología
(34.8% y 31.3%, respectivamente), seguido del
Instituto de Ciencias Sociales y Administrativas
(21.0%) y por último el Instituto de Arquitectura
Diseño y Arte (12.9%).
El nivel de estrés académico más frecuente en los
universitarios fue el severo (48.2%) (Tabla 1).
Algunos de los factores con una mayor puntuación
fueron: la sobrecarga de tareas (3.5 ± 1.2) y el tiempo
limitado de entrega de trabajos (3.4 ± 1.4). En cuanto
a reacciones ante el estrés, presentaron problemas de
concentración (3.7 ± 1.2) y sensación de ansiedad,
angustia o desesperación (3.5 ± 1.4). Las estrategias
de enfrentamiento ante el estrés fueron:
“concentrarme en resolver la situación que me
preocupa” (3.1 ± 1.2), “establecer soluciones
concretas para resolver la situación que me
preocupa” (3.1 ± 1.1) y “recordar situaciones
similares ocurridas anteriormente y pensar en cómo
las solucioné” (3.1 ± 1.3).
De acuerdo con las características personales de los
estudiantes, las mujeres presentaron un mayor estrés
académico (p&lt;0.001) que los hombres. No hubo
diferencias en la prevalencia de estrés según la edad,
el nivel de escolaridad o el instituto de procedencia
(Tabla 2).
Los estudiantes presentaron diversos síntomas
gastrointestinales. En el tracto inferior, los más
frecuentes fueron los ruidos (80.8%), flatulencias
(76.8%) e inflamación abdominal (67.4%), mientras
que en tracto superior fueron la falta o exceso de
apetito (54.9%) y acidez o reflujo (43.8%), más
detalles en tabla 3.
Se encontró una asociación entre el nivel de estrés
académico y la presencia de síntomas
gastrointestinales, con una mayor prevalencia de
flatulencias
(82.9%,
p=0.014),
inflamación
abdominal (79.3%, p=0.002), dolor abdominal
(52.3%, p=0.012), acidez o reflujo (50.5%, p=0.043),

RESPYN Revista Salud Pública y Nutrición / Vol. 25 No.2 abril - junio, 2026.

24

�malestar después de comer (27.9%, p=0.029) y falta
o exceso de apetito (67.6%, p=0.006), en
comparación con los estudiantes con estrés leve o
moderado (tabla 3).

Tabla 2. Características de la población de estudio según el nivel de estrés
académico
Total
No. %

Leve
No. %

Componentes
Estresores
La sobrecarga de tareas y trabajos escolares que
tengo que realizar todos los días
La personalidad y el carácter de los/as profesores/as
que me imparten clases
La forma de evaluación de mis profesores/as (a través
de ensayos, trabajos de investigación, búsquedas en
Internet, etc.)
El nivel de exigencia de mis profesores/as
El tipo de trabajo que me piden los profesores
(consulta de temas, fichas de trabajo, ensayos, mapas
conceptuales, etc.)
Tener tiempo limitado para hacer el trabajo que me
encargan los/as profesores/as
La poca claridad que tengo sobre lo que quieren los/as
profesores/as
Reacciones físicas, psicológicas y comportamiento

Media DE

3.5

1.2

2.8

1.1

3.2

1.1

3.0

1.1

3.0

1.2

3.4

1.4

3.0

1.3

Fatiga crónica (cansancio permanente)

3.0

1.4

Sentimientos de depresión y tristeza (decaído)

3.2

1.5

Ansiedad, angustia o desesperación

3.5

1.4

Problemas de concentración

3.7

1.2

Sentimiento de agresividad o aumento de irritabilidad

2.7

1.4

Conflictos o tendencia para polemizar o discutir

2.2

1.5

Desgano para realizar las labores escolares

3.4

1.2

3.1

1.2

3.1

1.1

2.9

1.3

Estrategias de afrontamiento
Concentrarse en resolver la situación que me
preocupa
Establecer soluciones concretas para resolver la
situación que me preocupa
Analizar lo positivo y negativo de las soluciones
pensadas para solucionar la situación que me
preocupa
Mantener el control sobre mis emociones para que no
me afecte lo que me estresa
Recordar situaciones similares ocurridas anteriormente
y pensar en cómo las solucione
Elaboración de un plan para enfrentar lo que me
estresa y ejecución de sus tareas
Fijarse o tratar de obtener lo positivo de la situación
que preocupa
Nivel de estrés académico n (%)
Leve

3.0

1.3

3.1

1.3

2.9

1.3

2.9

1.3

40 (17.9)

Moderado

76 (33.9)

Severo

108 (48.2)

Fuente: Elaboración propia

Valor p

Sexo
Hombre 84 37.5 25
Mujer 140 62.5 12

Tabla 1. Distribución de las puntuaciones del Inventario SISCO
de estrés académico (n=224)

Moderado Severo
No.
%
No. %

29.8 27
8.6 49

32.1
35.0

32
79

38.1 &lt;0.001
56.4

41.1 19
27.2 8
31.7 10

20.7 32
13.1 24
14.1 20

34.8
39.3
28.2

41
29
41

44.6
47.5 0.361
57.7

29

12.9

4

13.8 13

44.8

12

41.4

78

34.8

9

11.5 25

32.1

44

56.4

47

21.0

5

10.6 19

40.4

23

48.9

70

31.3 19

27.1 19

27.1

32

45.7

Nivel
Principiante 92
Intermedio 61
Avanzado 71
Instituto
Arquitectura,
diseño y arte
Ciencias
biomédicas
Ciencias sociales
y administrativas
Ingeniería y
Tecnología

Edad (años): Media ± DE
20.9 ± 2.2 21.0 ± 2.2
Fuente: Elaboración propia

20.9 ± 2.3

0.87

0.86

20.9 ± 2.2

Tabla 3. Asociación de la sintomatología gastrointestinal con los
diferentes niveles de estrés
Sintomatología
Tracto gastrointestinal
inferior
Flatulencias
Inflamación abdominal
Ruidos intestinales
Dolor abdominal
Molestia en el recto al
evacuar
Consistencia de las
evacuaciones*
Evacuaciones anormales
(&gt; 3 veces/día)
Urgencia por evacuar
Estreñimiento**
Tracto gastrointestinal
superior
Acidez o reflujo

Total

Leve

%

n

%

n

%

n

%

n

76.8
67.4
80.8
42.4

172
151
181
95

59.5
45.9
75.7
29.7

22
17
28
11

76.3
60.5
77.6
34.2

58
46
59
26

82.9
79.3
84.7
52.3

92
88
94
58

17.0 38

8.1

3 14.5 11 21.6 24 0.128

54.9 123

45.9

17 60.5 46 54.1 60 0.333

21.9 49

27.0

10 23.7 18 18.9 21 0.525

38.8 87
13.8 31

29.7
8.1

11 36.8 28 43.2 48 0.312
3 10.5 8 18.0 20 0.188

Moderado Severo valor p

0.014
&lt;0.001
0.333
0.012

43.8 98

27.0

10 42.1 32 50.5 56 0.043

Falta o exceso de apetito 58.9 132

37.8

14 56.6 43 67.6 75 0.006

23.7 53

13.5

5 19.7 15 29.7 33 0.081

21.4 48

8.1

3 18.4 14 27.9 31 0.029

33.0 74

18.9

7 31.6 24 38.7 43 0.081

42.0 94

35.1

13 42.1 32 44.1 49 0.629

Dolor o ardor gástrico
Malestar después de
comer
Nauseas o vómito
Heces color marrón
oscuro

Análisis de asociación por Chi 2 .
*Consistencia de evacuaciones no sólidas: evacuaciones sólidas y blandas,
blandas o líquidas.
** Presencia de estreñimiento: molestia al evacuar y 0-2 disposiciones al día
Fuente: Elaboración propia

Respecto a la disfunción gastrointestinal del tracto
inferior, el 44.6% de los estudiantes presentaron
síntomas relacionados con una disfunción
gastrointestinal leve y solo el 3.6% una disfunción
moderada (48.2% disfunción leve-moderada). No se

RESPYN Revista Salud Pública y Nutrición / Vol. 25 No.2 abril - junio, 2026.

25

�reportaron estudiantes con síntomas de una
disfunción severa. Por otra parte, el 17.9 %
presentaron síntomas de gastritis y el 51.8 %
presentaron ambos problemas a la vez: disfunción
gastrointestinal leve-moderada y gastritis. Al
analizar la relación entre la disfunción
gastrointestinal y gastritis con los diferentes grados
de estrés académico, los estudiantes con estrés severo
presentaron una mayor frecuencia de disfunción
gastrointestinal (p&lt;0.001) y gastritis (p=0.022) de
manera individual, así como la presencia concurrente
de ambos problemas (p&lt;0.001), más detalles en
Tabla 4.
Tabla 4. Asociación de la disfunción gastrointestinal y
la gastritis con los diferentes niveles de estrés
Clasificación estrés
Leve Moderado Severo
Disfunción
gastrointestinal
inferior*
Ausencia
Presencia
Gastritis
Ausencia
Presencia
Ambos**
Ausencia
Presencia

%

n

%

n

%

valor p
n

78.4 29 60.5
21.6 8 39.5

46
30

36.9 41 &lt;0.001
63.1 70

94.6 35 85.5
5.4 2 14.5

65
11

75.7 84
24.3 27

73.0 27 56.6
27.0 10 43.4

43
33

0.022

34.2 38 &lt;0.001
65.8 73

* Presencia disfunción Leve o Moderada
** Presentar disfunción leve-moderada y gastritis
Fuente: Elaboración propia

En el análisis de modelo de regresión univariado, al
comparar la sintomatología gastrointestinal entre
categorías de estrés académico leve vs. moderado, no
se observaron asociaciones. Sin embargo, al
comparar entre estrés severo vs. leve, se observó una
mayor frecuencia de inflamación, flatulencias y falta
o exceso de apetito, (p&lt;0.050). Al realizar el modelo
de regresión multinomial, los estudiantes con estrés
académico severo presentaron 2.98 veces más
probabilidad de presentar inflamación, 2.63 veces
más de tener falta o exceso de apetito y 3.65 ser mujer
comparado con estudiantes con estrés leve
(p&lt;0.050).
El modelo multinomial fue
estadísticamente significativo (Chi² = 33.97, p
&lt;0.001). Los coeficientes de Pseudo R² mostraron
valores de Cox &amp; Snell = 0.141 y Nagelkerke =
0.162, lo que muestra un ajuste global moderado y
aceptable para este tipo de análisis donde el estrés es
una variable multifactorial.

Tabla 5. Modelo de regresión logística de los síntomas
gastrointestinales y el grado de estrés
B

Error
valor p
estándar

Odds
Radio

IC 95%
Límite Límite
inferior superior

Modelo univariado
Estrés moderado vs leve
0.290
Inflamación
0.793
Flatulencias
-0.055
Ruidos
Dolor
-0.139
abdominal
0.444
Dolor evacuar
Evaluaciones
-0.355
anormales
0.557
Consistencia
0.280
Urgencias
0.113
Estreñimiento
0.425
Acidez reflujo
Falta o exceso
0.622
de apetito
0.159
Dolor gástrico
Malestar
después de
0.561
comer
Nausea o
0.392
vómito
Heces color
0.309
obscuro
Estrés severo vs leve
1.183
Inflamación
1.200
Flatulencias
0.377
Ruidos
Dolor
0.580
abdominal
0.907
Dolor evacuar
Evacuaciones
-0.677
anormales
0.280
Consistencia
0.540
Urgencias
0.718
Estreñimiento
0.718
Acidez reflujo
Falta o exceso
1.067
de apetito
0.659
Dolor gástrico
Malestar
después de
1.052
comer
Nausea o
0.656
vómito
Heces color
0.394
obscuro

0.43
0.45
0.49

0.500
0.078
0.910

1.34
2.2
0.95

0.58
0.92
0.36

3.10
5.33
2.46

0.46

0.762

0.87

0.35

2.14

0.71

0.529

1.56

0.39

6.20

0.48

0.457

0.7

0.28

1.79

0.42
0.44
0.73
0.46

0.185
0.528
0.877
0.350

1.75
1.32
1.12
1.53

0.77
0.55
0.27
0.63

3.97
3.16
4.67
3.73

0.42

0.141

1.86

0.81

4.26

0.58

0.785

1.17

0.38

3.66

0.69

0.417

1.75

0.45

6.80

0.51

0.438

1.48

0.55

3.98

0.43

0.470

1.36

0.59

3.15

0.430
0.450
0.490

0.006
0.007
0.437

3.26
3.3
1.46

1.41
1.39
0.56

7.55
7.94
3.78

0.430

0.181

1.79

0.76

4.18

0.670

0.175

2.48

0.67

9.18

0.470

0.149

0.51

0.2

1.27

0.400
0.430
0.680
0.440

0.486
0.205
0.288
0.100

1.32
1.72
2.05
2.05

0.6
0.75
0.55
0.87

2.91
3.95
7.71
4.82

0.410

0.009

2.91

1.3

6.49

0.550

0.227

1.93

0.66

5.64

0.660

0.111

2.86

0.79

10.44

0.480

0.175

1.93

0.75

4..970

0.410

0.338

1.48

0.66

3.32

Modelo multinomial*
Estrés moderado vs leve
0.248
Inflamación
Falta o exceso
0.615
apetito
Genero (mujer)

1.213

Estrés severo vs leve
1.092
Inflamación
Falta o exceso
0.967
de apetito
Genero (mujer)

1.295

0.428

0.562

1.28

0.55

2.97

0.424

0.147

1.85

0.81

4.24

0.438

0.006

3.37

1.43

7.94

0.428

0.011

2.98

1.29

6.9

0.416

0.020

2.63

1.16

5.95

0.429

0.003

3.65

1.58

8.46

Pseudo R2 = 0.141 (Cox y Snell), 0.162 (Nagelkerke).
Modelo Chi 2 = 33.97, p&lt;0.001).
*El modelo fue realizado con el método de inclusión de pasos hacia atrás.
Fuente: Elaboración propia

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26

�Discusión
El estrés académico se presenta en los estudiantes por
factores físicos o emocionales, en donde son
sometidos a presión, afectando principalmente su
rendimiento académico (Zárate-Depraect et al.,
2018). En esta investigación, el nivel de estrés
académico más predominante en los universitarios
fue el severo (48.2%), a diferencia de lo reportado
previamente en estudiantes de enfermería, donde se
encontró mayormente un nivel de estrés moderado
(46%) (Rivas Acuña et al., 2014). La alta prevalencia
de estrés académico severo observada en los
estudiantes podría relacionarse con las demandas
académicas como la carga de trabajo y la
competencia, los factores emocionales como la baja
autoeficacia y las presiones sociales, así como las
expectativas familiares que contribuyen a respuestas
persistentes al estrés (Hadi et al., 2025). Se ha
observado que la presencia de estrés moderadosevero afecta la salud de los universitarios, causando
nerviosismo, tensión, cansancio, agobio, inquietud,
además de afecciones a nivel intestinal (SilvaSánchez, 2015).
En este estudio, las reacciones que presentaron los
estudiantes cuando se encontraban estresados fueron
problemas de concentración, ansiedad, angustia o
desesperación, resultados similares a los reportados
por Jerez-Mendoza &amp; Oyarzo-Barría (2015) en
universitarios chilenos en situación de estrés. Esta
falta de concentración derivada del estrés académico
puede afectar el rendimiento escolar (Silva-Sánchez,
2015). La activación sostenida del eje hipotálamopituitario-suprarrenal (HPA) durante el estrés
académico puede conducir a niveles elevados de
cortisol, lo que puede exacerbar la ansiedad y la
angustia en los estudiantes. Esta hiperactivación
puede alterar su concentración y estado emocional,
afectando el rendimiento académico y su percepción
general del bienestar físico y emocional (Hinds &amp;
Sanchez, 2022).
Una de las consecuencias de tener altos niveles de
estrés
es
la
presencia
de
desórdenes
gastrointestinales (Morales-Fernández &amp; Ortiz,
2020). El cerebro se comunica con el intestino a
través del eje HPA, al liberar el cortisol (Moloney
et al., 2016). El cortisol elevado puede aumentar la
permeabilidad y la inflamación intestinal, además de
alterar la microbiota. Estas alteraciones, en conjunto
con una dieta inadecuada, pueden generar un

ambiente negativo para los enterocitos, aumentando
la sintomatología gastrointestinal. Aunque en este
estudio no se evaluó el nivel de cortisol, se observó
que el 66.1% reportó sintomatología gastrointestinal,
similar a lo encontrado por Rojas et al.(2014) Haga
clic o pulse aquí para escribir texto. donde el 59% de
los universitarios refirió presentar algún malestar
intestinal.
En los universitarios con un nivel de estrés severo, el
60.4% presentaron problemas gastrointestinales.
Esto coincide con Rosas-González et al.(2017)Haga
clic o pulse aquí para escribir texto., quienes
señalaron mayor prevalencia de desórdenes en el
tracto gastrointestinal, como dolor abdominal,
diarrea o estreñimiento en estudiantes sometidos a
estrés. La mayor frecuencia de síntomas
gastrointestinales en estudiantes con estrés severo
respalda la participación del eje intestino-cerebro en
condiciones de estrés psicológico prolongado. El
estrés puede alterar la motilidad intestinal,
incrementar la permeabilidad de la mucosa y
modificar la microbiota intestinal, favoreciendo la
aparición de síntomas digestivos funcionales
(Peñafiel &amp; Pinos, 2023).
El tracto gastrointestinal es particularmente sensible
a los factores estresantes (Konturek et al., 2011),
provocando efectos negativos a nivel intestinal,
como alteraciones en la motilidad y en la función de
la barrera intestinal (Moloney et al., 2016). De
acuerdo con los resultados, los síntomas más
frecuentes en los universitarios severamente
estresados fueron flatulencia, inflamación, dolor
abdominal, acidez o reflujo, malestar después de
comer y alteraciones del apetito. Los periodos de alta
demanda académica, como los exámenes, podrían
actuar como factores desencadenantes de síntomas
gastrointestinales debido al aumento prolongado de
mediadores del estrés y a cambios en los hábitos de
alimentación, sueño y descanso de los estudiantes
universitarios (Balmus et al., 2019). Asimismo, la
gastritis por estrés es uno de los problemas más
frecuentes. En los universitarios del presente estudio,
aquellos con estrés severo refirieron padecer
gastritis. El estrés sostenido puede favorecer un
incremento en la secreción de ácido gástrico y alterar
los mecanismos de protección de la mucosa
gastrointestinal, lo que podría contribuir al desarrollo
de síntomas compatibles con gastritis en estudiantes

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27

�con elevados niveles de estrés académico (Ochoa
Bustamante et al., 2020).
Entre las limitaciones del presente estudio se
reconoce que no se recabó información sobre
antecedentes gastrointestinales previos, lo que
impide diferenciar si los síntomas reportados se
relacionan exclusivamente con el estrés académico o
con condiciones preexistentes. Por ello, futuros
estudios deberían considerar este factor para un
análisis más preciso de la relación entre el estrés
académico y la salud digestiva.
Los resultados del modelo de regresión logística
multinomial confirmaron que algunos síntomas
gastrointestinales se asocian significativamente con
el nivel de estrés académico. En particular, los
estudiantes que reportaron inflamación abdominal y
falta o exceso de apetito presentaron estrés
académico severo. Estos resultados respaldan la
relación entre la exposición al estrés y las
alteraciones del eje intestino-cerebro. Además, el
análisis reveló que el sexo femenino se asoció con
una mayor probabilidad de estrés tanto moderado
como severo en comparación con el masculino. Las
mujeres son más susceptibles al estrés debido a
diferencias biológicas y neurohormonales, como
mayor activación del eje HPA, cambios en la
actividad serotoninérgica y dopaminérgica, y una
respuesta inmunitaria más inflamatoria modulada
por los estrógenos (Hodes et al., 2023). Otros
estudios han mostrado que el estrés académico se
presenta con mayor frecuencia en estudiantes
universitarias, correlacionándose con factores
emocionales y de afrontamiento, destacando la
necesidad de intervenciones con perspectiva de
género (Brambila-Tapia et al., 2025).
Existen probióticos específicos que producen
beneficios a nivel cerebral, llamados psicobióticos.
Una adecuada ingestión de estos microorganismos
puede ayudar a mantener el equilibrio en la salud
mental (Sharma et al., 2021). Por el contrario, la
alteración de la microbiota intestinal puede generar
síntomas como flatulencias, inflamación y dolor
abdominal. Se ha sugerido administrar probióticos y
prebióticos como parte del tratamiento terapéutico,
debido a sus actividades antimicrobianas y
antiinflamatorias, ayudando a recuperar la disbiosis
(Kim et al., 2019; Valdovinos-García et al., 2019).

Es importante enfatizar los buenos hábitos de
alimentación, ya que la dieta contribuye al
mejoramiento o empeoramiento de la salud
intestinal. Las personas que presentan síntomas
como diarrea, dolor abdominal y disminución de
apetito pueden recaer si consumen alimentos de bajo
valor nutricional (Tumani et al., 2020). Es
fundamental reconocer la sintomatología digestiva
en estudiantes con estrés para brindar
recomendaciones nutricionales más adecuadas, con
el fin de disminuir el impacto del estrés académico
sobre la salud gastrointestinal.
Conclusiones
Los estudiantes universitarios mostraron una alta
prevalencia de estrés académico severo, el cual se
asoció con una mayor probabilidad de presentar
diversos síntomas gastrointestinales. Entre los
síntomas más frecuentes se observaron inflamación
abdominal y alteraciones del apetito, con mayor
presencia en estudiantes de sexo femenino. Estos
hallazgos evidencian la relación entre el estrés
académico y la salud gastrointestinal en la población
universitaria, lo que resalta la importancia de
implementar estrategias institucionales orientadas a
la prevención y manejo del estrés académico y a la
promoción del bienestar estudiantil.
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