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                  <text>(

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A la Ciudad Luz, por el Lic. Eduardo J. Co··
rrea. ( 3 grabados.)
Dos brillantes notas de arte. (2 grabados.)
El arte en España. (3 grabados.) ·
Benavente, por Manuel S. Cuesta. (1 grabado.)
Sport, por A. Garrido Al faro. ( 3 grabados.)
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El Camino Triste, por Eduardo J. Cor.rea.
La Vida en los Campos, por Pepe Ro;as. (3
grabados.)
Obras Sociales por M. S. C. ( r grabado.)
México Moder~o. El Palacio Legislativo en
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Oro Tropical, por Bernardo Mallen (2 gra·
bados.)
Sección de artes gráficas, por Eduardo L .
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Sección Histórica. De la Crónica del Rey
Teodoro. (x grabado.)
Don Pedro de Al varado. ( r grabado.)
Siguiendo. las huellas de Guillermo Tell, por
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.
Teodora, por el Marqués de San Francisco.
[6 grabados.]
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.
El Proscrito, por D. José Lopez Portillo y Ro·
jas. [3 grabados.]
La Cirujía en la Guerra.
PácSina Festiva. [6 grabados.)
Se;ción Científica. Electricidad, por San·
tiago López Tapi_as . [8 gra~ados.]
Elegancias Femeniles. ~rómca de la moda,
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Dentro de Casa. [3 grabados.l
.
Para los Agricultores, por H. R. Lew1s. (4
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Entre los millares de testimonios de
aprobación con que á diario se ve honrada y favorecida la QUINA LAROCHE, y
que nos sería imposible reproducir aquí,
citaremos el siguiente:

"Si el médico que os asiste es también amigo
vuestro, lo primero que hará es recomendaros la
QUINA-LAROCHE". -PoLAlRE, del Teatro
des Folies-Bergeres.
EXIJASE EN LAS FARMACIAS
LA VERDADERA

.QUINA LAROCHE
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APAR'!'ADO 605. MEXICO
DEPOSITO GENERAL:

20 RUE DES FOSSES ST. JACQUES,
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Favor de mencionar COSMOS al hacer 1us pedido,.

Manuel Le~n Sánc~ez
ADllINISTH..&amp;.DOB1

tJRGRZJN( Me:NSURL
Registrado como artículo de

A!lo II.-N9 19

11

Mtx1co, D. F.,

2'1-

clase el 9 de Febrero de

SEPTIEMBRE DE

1912

A, Esteban Abella,

't-=====~

1913

ToMo IV

MUIC01 Año, $6,00¡ Semestre, $3,00J NOmero suelto, $0,50, - HlflANJfA01 Año, 24 francos¡ Semestre, 12 francos¡ Homero suelto, 2f¡anm

LA ·POLITICA DEL DOLLAR
OTRA DERROTA DEL DOLLAR.-DOCUMENTO HISTORICO.
PODRA PERDERSE TODO MENOS EL HONOR.
VISITA INOPORTUNA.
Por Manuel León Sánchez.

1

dos meses, cuando uos ocupamos del empréstito subscrito
en Europa entre banqueros franceses é ingleses, consideramos
aquella operación como la primera derrota del dollar por la libra esterlina:
Algún buen amigo nos dijo que era un
sueño nuestro, pero los acontecimientos
que se están desarrollando creo que aca·
barán por darnos la razón.
La influencia de los Estados Unidos
ha sufrido el primer golpe en México,
donde primero se ha hecho una operación
de crédito importante sin tomar para nada en cuenta la simpatía ó antipatía del
Gobierno de Washington, y sin esperar
el reconocimiento del actual Gobierno
por el de los Estados Unidos.
Los americanos, que todavía aspiran á
la conquista ó absorción de las repúblicas latinas, presentaban hasta hace poco
el siguiente dilema:
&lt;Sin empréstito no dominará el gobierno la revolución.
El empréstito no se hará sin que el Go·
bierno del General H ue1 ta sea reconocí·
do por el de Washington .
&lt;Luego la paz y el mismo Gobierno
actual de México están á discreción de
los Estados Unidos.&gt;
ACE

Pero el empréstito se hizo, los compromisos apremiantes del Gobierno de Méxi·
co fueron cubiertos con la primera emisión, los ingresos normales de la República han permitido al Gobierno cubrir
sus compromisos, y organizar un ejército
numeroso que ha dado rudos golpes á la
revolución en el Norte y al zapatismo en
Morelos, donde los últimos restos del
bandidaje se baten á la desesperada en
los límites del Estado de Guerrero, acorralados por numerosas fuerzas federales.
Estos hechos debieron convencer al
Presidente Wilson de que con su recono ·
cimiento y sin él, México seguirá su labor pacificadora, acabará con la revolución y restableterá sus comunicaciones
en todo el país, y podrá explotar sus ri·
quezas como se hacía antes de que esta·
liara el movimiento revolucionario que
encabezó el Sr. Madero, y que sostuvie·
ron los trust y los agiotistas americanos,
pero con una terquedad impropia de los
hombres de estado, sigue dando largas al
asunto, provocando ir:cidentes enojosos.
De la' política ambigua que se viene siguiendo con México, dará una idea clarí·
sima el hecho de que el embajador Wil·
son, al que la prensa ha criticado más de
una vez por su poco afecto hacia México,

�LA POLITICA DEL DOLLAR
COSMOS

ha acabado por merecer las felicitaciones
del primer Magistrado de la República
por su actitud ante el gobierno de \Vas·
hington, á donde fué llamado para que
informara sobre la situación de la República.
Es decir, que mientras ni los informes
del Embajador logran convencer al Presidente \Vilson de la conveniencia de reconocer al gobierno actual, aquél envía
primero á un Sr. del Valle, cuya antipatía por México es sobradamente conocida, para que lo informe, y quizá para que
celebrara alguna conferencia con el Ge·
ne.ral Huerta, que tuvo el talento de no
recibirlo, y recientemente, y ya con ca·
rácter casi oficial, al ex-Gobernador del
Estado de Minessota, Mr. J. Lind, obligando al Sr. Presidente de la República
á hacer una declaración oficial cuyo texto
la historia se encargará de grabar con letras de oro.
Toda la prensa la ha reproducido comentándola con grandes elogios para el
General Huerta y deseamos que quede
honrando las páginas de Cosr.rns.
La declaración fué hecha la noche del
6 del pasado y entregada en la Embajada de los Estados Unidos aquella misma
noche, comunicándola á la vez á toda la
prensa que la publicó el día 7 y que dice así:
\

&lt;Por orden del señor Presidente de la República, declaro como
encargado ad interim de la Secretaría de Relaciones Exteriores,
que si el ex-Gobernador Lind, en·
viado del señor Presidente Wil·
son, no trae sus credenciales en
debida forma y con ellas el reconocimiento del Gobierno de la
República Mexicana, no será grata su presencia en el país.
El Secretario de Relacion~s,
.A[anuel Garza Aldape.&gt;

Después de contratado el empréstito
en Europa, operación que calificamos como la primera derrota del dollar en México, se impone llamará esta declaración
la segunda derrota pero no en el campo
financiero sino en el diplomático.
La nota de la Secretaría de Relacio-

nes de México dice claramente cuál es la
política que se propone seguir el General Huerta,
México hará todo lo posible por evitar un rompimiento con los Estados Unidos, dará á todos sus actos el sello de la
legalidad y el tono que exigen las relaciones internacionales, pero defenderá su
dignidad, rechazará la tutela vergonzosa
que ha pesado hasta ahora sobre México
y que tan desastrosos resultados ha dado en Guatemala y Nicaragua.
No nos hacemos ilusiones sobre el apoyo efectivo ni siquiP-ra moral que puedan
prestar á México los demás países latí·
nos, y menos el Japón, con cuya ayuda
sueñan algunos mexicanos con la mayor
buena fe. La pasividad con que vieron
las repúblicas sudamericanas el atropello y de!&gt;pojo de Colombia no nos permite esperar otra cosa de la política suici •
da que pueden seguir en el &lt;caso de México&gt;. En cuanto al Japón, aunque la lucha entre el Imperio dtl Sol Naciente y
la Unión Americana sigue encarnizada
en el terreno de la diplomacia, y no tiene
otra solución que la guerra, para determinar quién se lleva la supremacía so·
bre el Océano Pacífico, ese rompimiento
no se ve próximo. Los dos colosos temen las consecuencias de una ruptura,
antes de estar seguros de su victoria.
Los Estados U nidos tienen antes que
resolver graves asuntos interiores, que
aún no ha planteado el partido demócra·
ta, y que han de causar serios trastornos
en su régimen interior; el Japón, á pe- •
sar de su triunfo sobre la poderosa Ru·
sia, no obtuvo los beneficios «pecuniarios&gt; á que tenía derecho, precisamente
por la intromisión de los Estados Unidos, que se abrogaron una intervención
interesada para evitar que su futuro enemigo se hiciera del nervio de la guerra,
El dinero, y el Japón, con la tenacidad
de los pueblos asiáticos aceptó la paz,
que le era ya casi necesaria, pero sigue
su trabajo para hacerse tanto ó más fuerte que su enemigo. Cuando lo sea, y lo
será sin duda, a bordará el problema pa •
ra expulsar de Asia y Oceanía á los americanos y hacerse dueño absoluto de los
destinos de Oriente, pero hasta entonces
no se aventurará en una alianza con Mé·
xico ni con ninguna otra potencia.
Las simpatías de México por el pueblo

japonés son evidentes. En la lucha inevitable que han de sostener el Japón y
los Estados Unidos, México ha de jugar
un papel muy importante, y así lo decíamos hace más de un año, pidiendo
entonces á los político&lt;; mexicanos que se
previnieran á tiempo para no hacer en
esa guerra el triste&gt; papel que tocó á
Corea en la del Japón con Rusia; la situación no ha cambiado, ha adelantado
algo y se han estrechado las distancias
entre los dos pueblos rivales, pero todas
las simpatías de México por el Japón y todas las manifestaciones de los japoneses
para precipitar la guerra con los Estados
Unidos, no sacarán al Mikado de su camino por el que va á la guerra, pero cuan·
do sea tiempo y esté en condiciones de
aplastar á su rival.
En estos momentos, si México se viera arrastrado a la guerra con los Esta·
dos U nidos, se vería solo, tan solo como
se~ió Colombia despojada del Estado
de Panamá; el Japón vería desde sus lejanas playas la lucha de un pueblo
heróico con su futuro enemigo, se aprovecharía de esta ocasión para estudiar á
su rival, para medir sus elementos de
guerra, y sus simpatías estarían con los
mexicanos, pero sus barcos y sus tropas
no vendrían á apoyar al débil contra el
fuerte. Eso no se hace en política, porque la política no tiene entrañas y el
egoísmo más absoluto es la norma de las
relaciones internacionales.
Sin embargo, con todos estos antece·
dentes, á conciencia de que una guerra
de México con el coloso del Norte sería
desastrosa para México: llegando hasta
á aceptar la posibilidad de que algunos
malos mexicanos se aprovecharan de esta guerra inícua para lograr su triunfo
sobre el actual Gobierno, por patriotismo, por decoro, por la honra de la raza
es preciso sostener la actitud del General Huerta, dejando á un lado todo lo
que haya sido, todo lo que sea, todo lo
que pueda ser como soldado, como político, como hombre, para no mirar en él
en estos momentos supremos sino la en·
carnación de la nacionalidad, de la patria y hasta de la raza.
CosMos no ha sido ni ha de ser un ma·
gazine político, y por esta razón no tratamos este asunto relacionándolo con el
viaje del General Félix Díaz al Japón, ni

77r

con la conveniencia ó inconveniencia de
efectuar las elecciones presidenciales en
la fecha de la convocatoria; todo esto es
secundario ante el problema planteado
por la actitud de los Estados U nido~ ha
cia México, y debemos confesar con sinceridad que la del General Huerta es
todo lo correcta, todo lo viril y todo lo
enérgica que exigen las circunstancias.
Las luchas civiles, las diferencias de
criterio en los programas políticos, las
ambiciones de todos y cada uno de los
políticos, tienen que callar ante el peligro común, porque la agresión, si viniera de los Estados Unidos, no sería contra el General Huerta ni contra otro
cualquiera que ocupara la Presidencia
de la República, sería cont, a la nación,
contra la patria, contra la integridad na·
cional, y para defenderla, todos los mexicanos, todos los que conserven una gota
de sangre latina, tienen el deber de ofre·
cerla para el sacrificio ó para la victoria.
Los que no lo hicieran serían se&gt;ñalados
por la posteridad con el infamante nombre de traidores á su patria, á su !&gt;angre
y á su raza.
Todavía quisiéramos creer que el inoportuno viaje del último emisario del
Presidente \i\Tilson, en vez de precipitar
la ruptura de México con los Estados
Unidos pudiera evitar la lucha. Nos
consta que en la Unión Americana los
que desean y provocan esta lucha son
una minoría miserable é interesada que
aspira á hacer negocios durante la guerra, y á la que no conviene que se termine la actual, y que verían con gusto que
se llegara á la de los Estados Unidos
con México, pero aunque en pequeño número son por desgracia poderosos; son los
malditos Trust, con los que todavía no
se ha enfrentado el actual Presidente de
los Estados U nidos, y que dueños de los
altos cargos en la política americana durante veinte años poseen todavía grandes
influencias en los directores de la política de Washington.
De todos modos, la situación ha llegado
á un punto en que no es posible que se
prolongue más y esperamos que para el
próximo artículo sobre este tf'ma se habrá
despejado la incógnita que envuelve la
visita del emisario del Presidente Wilson.
México, Agosto de r9r3.
MANUEL LEÓN SÁNCHEZ.

�CUESTIONES SOCIALES

DESDE ESPAÑA
EL SOCIALISMO ESPAÑOL GOBIERNA EN ESPARA.

SU BRAZO EJECUTOR ES EL PROPIO GOBIERNO.

MADRID, 27 DE JUNIO DE 1913.
CORRESPONDENCIA ESPECIAL PARA "COSMOS."

en México comien- cabeza,-clases medias, -el tronco, -y .
ce á apasionar el impul· clases populares-los pies.
Suprimid éstos y no podrá moverse,
so que pueda tener la
oropaganda societaria, de cortar la cabeza y no podrá pensar; la
que fué precursor el pro- igualdad es imposible, y de todos es nepio Madero ( q. e. p. d.) cesario el orden y el consuno para la vi·
con las predicas iones hechas al pueblo en da y propiedad de la república.
Los socialistas de entonces congregasu propaganda revolucionaria, puede ir
de España , el ejemplo práctico de lo que dos en aquel mitin del Foro, parecieron
el socialismo persigue y significa y de la quedar convencidos, pero los de hoy no
honda perturbación que puede causar en entienden de tales razonamientos y con
un país el ideal societario de un iguali- sus anhelos de reivindicación lo pertur·
ban todo.
tarismo utópico y absurdo.
Tal sucede en España donde el sociaNo es nuevo el socialismo, Con este
nombre aparecido en la corriente de la vi- lismo es de lo menos razonable que existe.
Bebe! en Alemania, en el famoso conda moderna, traía consigo la vejez de siglos, y fué en la Roma republicana mode- greso del socialismo internacional, decla·
lo de las sociedades del mundo con sus ex- ró que los socialistas alemanes aun haplendores y con su ruina, donde hizo su ciendo profesión de pacifismo, no impeaparición encarnando en las aspiracio- dirían jamás que el país alemán defennes de la gleba á quien el :filósofo colmó diera sus derechos y prerrogativas por
y aplacó con aquel su razonar gráfica- las armas. Los socialistas españoles ante la guerra actual que se realiza en Mamente expuesto.
¿ Creéis vosotros que sería posible la rruecos,-buena ó mala-pero guerra que
existencia de un hombre, que no tuviera hay que seguir porque una vez empezada
más que cabeza? ¿Creéis que sería posi- es preciso terminarla con prestigio, no
ble la vida de un sér que sólo tuviera cesan de crear dificultades y poner obs·
tronco? ¿ Creeriáis fácil la concepción de táculos al gobiernó para desenvolverla.
¿Es que se van á repetir las vergüenun hombre que no tuviera más que pies?
Pues así son los pueblos. Para vivir zas de 1909? ¿ Es que se ha de hacer co·
precisa de tener cabeza, tronco y pies, y mo ocurre, que salgan los soldados deasí la sociedad tiene siempre de estar , primidos y vitoreando á la República porcompuesta de clases aristocráticas - la que es la monarquía la que existe en es·
U ANDO

te momento en que se ventila la guerra?
¿ Es que puede ser tolerable una campaña
francamente hostil á la acción militar?
Los elementos de orden de España, á
quienes disgusta también y apena la san·
gre y el oro que el país derrama en Ma •
rruecos, claman contra la acción socialista que amenazando con disturbios, no
deja que de una vez salga de la metrópoli el contingente militar de fuerzas con
que sería fácil emprender una acción decisiva, eficaz, entre otras cosas porque acabaría la sangría suelta, y es lo más doloroso que el gobierno aun á vuelta de
anunciar la necesidad de enviar al Riff
20.000 hombres más que son precisos,
los tenga que enviar con cuentagotas para
que los señores socialistas no se alteren.
¿Quién gobierna? Al parecer el Conde
d_e Romanones; en realidad Pablo Iglesias.
En otro pueblo ~el gobierno empeñado
en una acción militar, ante todo y sobre
todo liquidaría como fuere la campaña
sin temor á nada. Aquí salen los batallones a escondidas, embarcando en estaciones cercanas á Madrid en vez de hacerlo en Madrid mismo, por lo cual la
prensa radical le pregunta todos los días
¿Hay pánico?
·
En otro país la acción persistente y el
mitin constante.contra la'guerra quedaría
prohibido. Aquí ¿cómo se ha de impedir
la libre emisión del pensamiento y la li·
bre definición de las ideas?
Y se cometen injusticias. Porque los
socialistas piden que vayan á la guerra
todos, van hasta los que pagaron sus redención militar con el nombre de cuota.
De lo que resulta que siendo preciso
para la campaña hombres y dinero, hay
ciudadanos que sólo ponen una cosa y
otros que ponen las do5.
Y el socialismo avanza. Huelgas que
mataa la industria; revueltas que parali
zan la vida de las ciudades, con el pan
nuestro de cada día.
Esta, esa ciudad de Barcelona que ni
un solo día en el año deja de haber alguna huelga en pie.
Los centros mineros pasan por la misma calamidad que mata las explotaciones. Y en tanto el gobierno-que confie·
saque las propagandas son anarquistas
Y sindicalistas-los tolera y permite en

773

nombre de una libertad insensata. !Bien ·
la paga!
Y eso ahora, que el día en que estallen
las huelgas agrarias como la planteada
há poco en Jerez, y el socialismo exten·
dido por los campos se insurreccione y
provoque ¿qué va á ocurrir?
Porque aquí, con un grado de cultura
-cultura negativa pero cultura al finmayor que el de México, un plante general desencadenaría una revolución hon •
rosa. Es hoy, y la vida de los gobiernos
está dedicada á legislar para las clases
proletarias y á satisfacer todas sus aspiraciones .
Hay que hacer tal cosa, dicen los socialistas. Y el gobierno legisla; no lo
concede todo, pero sí algo.
Hay que derogar tal ley. Y el gobierno la deroga. No totalmente pero sí en
parte. Y de concesión en concesión y to·
do esto en nombre de la libertad y de la
democracia, va paso á paso el socialismo
haciendo su voluntad, como si en Espa·
ña nó hubiera más clases que las obreras
á quienes atender en sus justas reclama·
ciones.
Hay latente en España, de un modo
permanente y visible, una indisciplina á
cuya contención tienen que dedicar los
gobiernos toda su atención con necesaria
preferencia. Y este estado latente de indisciplina le ha traído á la vida pública
el socialismo.
¿ Cuáles son sus aspiraciones concre·
tas? Pues sencillamente, mandar igual
que el patrono. Constituír una hurgue·
sía nacional íntegra. Suprimir las clases.
Hay obreros en los grandes centros fa.
briles, que no tienen para el patrono ni
el menor asomo de respeto ni la más leve
consideración.
En una fábrica presencié yo este hecho pequeño, pero bien significativo.
Llegó el dueño, y nadie le saludó.
Acostumbrado yo á otros procederes,
dije á un obrero c3n quien estaba:
-Aquí viene el patrono.
-Déjele Ud , que ya saludará si quiere. A él que es el que viene es al que le
toca saludar.
Esto que es una minucia, como sínto·
ma, es grave. Todos iguales-quiere decir-y nosotros los obreros más fuertes
que el amo. Lo he de confesar. Parte de
culpa la tienen las clases directoras, que

�COSMOS

774

Y no hay que dejar tampoco que pase
no cumplen en España con su ve~dadera
el tiempo. La defensa se ha d: hacer con
misión. Lejos de ejercer una acción prooportunidad. Un día que se pierda pue·
tectora Y tutelar sobre sus obreros, s_e han
de ser fatal para el futuro.
limitado á practicar el bárbaro aforismo:
Y es cuestión de patriotismo. Porque
«Me sirves, te pago, y estamos en paz.»
así como en la sociedad industrial es la
A lo que el obrero contesta:
empresa la que de director.a p_asa á ~er
«Tu capital. está comprometido Y de- dirigicla, cuando la organización sociapende de mi trabajo; pues ó me _das lo lista está hecha en otro orden más amque yo pida, ó te fracaso el negocio con plio en el orden de la sociedad civil, es
un paro cuando me parezca opo~tuno.»
el Estado el que de director pasa á s~r
y el patrono vive es~lav~, y tiene, .que juguete del socialismo, cuando la orgamsaludar á sus obreros s1 quiere que estos zación societaria se extiende en forma de
le dirijan la palabra.
poder ejercer su tiranía.
.
Y si la tiranía Je los cultos es insopor·
Hace poco leía yo unas hojitas que se
editan en México exhortan~o á las cla~es table si la tiranía de la levita abruma
directoras á ejercer y practicar la acción aun l imada por el trato social, iqué no
abrumará la tiranía de la blusa!
social.
Es oportuno el consejo, y hay que aproA. DE MIRABAL.
vecharle.

......

DON MIGUEL HIDALGO Y COSTILLA

1

BI BLIOGRAFIA
Rev

ista Bimestre Cubana.-Con g~sto acus~~os recib~ de! núme-

.. te á Mayo Junio de esta 1mportant1s1ma publicación que
ro correspona1en
· C b
El '
d'ri en los stñores don Fernando Ortiz y don Ramiro a rer~.
numer~ a1udido trae interesantes trabajos originales de don Andr~s G onzf~z
Ortiz y on 1ose ,
n Vida! Morales y Morales, don Fernando
,
Bl aneo, do
de la Torre. Agradecemos sinceramente e1 env10.

·,

' lI

0

AGRADECl MIENTO.

A nuestros colegas: La ~atria y L' Echo Francaise, de Méxi:::o; El Herald;,
de Monterrey, N. L.; El Regional, de Guad~laiara, Jal:; ~a !;e,~a,X e
Monterre ' N. L.; El Heraldo, de Morelia, M1ch .; El' Bien octa ' e a~
la a, ve7.; El Grito del Pueblo, de Orizaba, Ve'..; El Dia, de Irapuato, Gto. ·
Ei Cosmopolita, de Al ice, Tex.; y La Vanguardia, de Ce~aya, Gto., les damos
las más cumplidas gracias por la atención que ?ªn tenido para con nosotros,
reproduciendo el sumario de COSMOS del numero de Agosto.

I

pueblo se dispone á conmemo·
rar el aniversario de nuestra independencia con el entusiasmo
grande que únicamente reserva
para desahogarlo en esta su festividad
favorita.
Es, en efecto, nuestro pueblo, poco
dado á ruidosas manifestaciones tan co·
munes en otros pueblos que aprovechan
cualquier motivo para la algazara populachera. En los últimos tiempos hemos
tenido oportunidad de observarlo con
más detenimiento á propósito de la in·
tensa lucha política que viene desarro·
liándose. Las promesas de los partidos
ó personas que se disputan el poder y
que frecuentemente organizan manifes·
taciones públicas no han logrado sacudirlo en la medida que todos esperábamos; más que un pueblo joven, sin experiencia, fácilmente alucinable, parece un
pueblo agobiado por los desengaños, un
pueblo convencido de que no vale soñar
en la vida, porque ésta impone irreme·
diables límites á todo lo que se aventura
á salir del reino de la quimera para moverse en la realidad.
Pero llega la gloriosa fecha en que
Hidalgo y Allende, de común acuerdo,
juzgaron llegada la hora de emancipar á
la colonia de la metrópoli, y todos sus
dormidos entusiasmos é indomables energías, despiertan vigorosas. Y vemos, entonces, nuestras avenidas principales,
~ongestionadas de una multitud que arde
en patrio entusiasmo y lo desahoga con
entusiastas vivas á sus héroes.
La figura más amada de nuestro pueb_lo es el Cura Hidalgo, el hombre glorioso que, á la edad en que todos procu·
L

ramos el descanso, se lanza á la pelea,
sin importarle las molestias ni los peligros, por conducir á su pueblo á la conquista de la independencia.
Don Miguel Hidalgo y Costilla, el modesto Cura de Dolores, no pudo gozar
en vida el triunfo de sus ideales amados,
pero su alma buena, su alma grande, de
creyente y de patriota, ha de sentirse satisfecha ante las muestras de gratitud de
su pueblo muy amado.
No fué el caudillo de la guerra de
nuestra independencia un caudillo vul •
gar á quien la ocasión, más que los pro·
pios méritos, sirviera para encumbrarlo,
En la tranquila vida de pastor de almas
que llevava en Dolores, &lt;lió palpables
muestras de su claro talento y exquisitez
de sentimientos. Las horas que dejábanle libres su sagrado ministerio supo siempre aprovecharlas en bien de su rebaño
procurando instruirlo en varias indus·
trias como las de fabricar loza, ladrillo,
tejidos¡ estableció curtidurías, extendió
el cultivo de la vid, propagó el de las
moreras para la alimentación de los gu •
sanos de seda; enseñó á los indios á tocar diversos instrumentos de cuerda y
viento llegando á organizar una aceptable
orquesta, é hizo, en fin, otras muchas
cosas que dicen mucho en favor de su
cultura y de su amor al pueblo por cuya
emancipación soñaba.
Bien merece, pues, quien dedicó su
talento, sus energías y su vida al pueblo, que éste Je guarde predilecto y fervoroso culto, reservándole todos sus entusiasmos para demostrarle que la gratitud germina potente en nuestros corazones.

�COSMOS

l

DON AGUSTIN I)E ITURBIDE
JUSTISIMA REPARACION
Por el Lic. FRANCISCO TRASLOSHEROS.

1

de poco, dentro de ocho
años solamente, el tiempo, en
su rápida carrera, nos traerá
la aurora centenaria de aquella
otra gloriosísima en que todo un pueblo,
ébrio de entusiasmo, recibió en la capi·
tal, entre vítores y aclamaciones, al in·
mortal libertador Iturbide, que a la cabeza del Ejército Trigarante y después
de una rápida y felicísima campaña,
acababa no de romper, sino de desatar
los lazos que unieran al Virreinato con
la Metrópoli.
Pero itriste y doloroso es decirlo!, cien
años parece que no han bastado todavía
para calmar las rasiones, para desbara·
tar los torpes prejuicios acumulados, para sosegar las conciencias conturbadas,
y para hacer que el sol de la verdad,
rompiendo las nieblas del error, nimbe
con su imperecedora lumbre las sienes
del héroe y del mártir que nos dió libertad e independencia.
En esos cien años hemos labrado mu·
chas dudosas reputaciones, hemos levantado sobre el pedestal de mármol o de
b.ronce muchos falsos ídolos, hemos quemado ante ellos mucho incienso: sólo la
ilustre víctima de Padilla no tiene un
monumento que perpetúe su gloria y su
recuerdo; sólo Iturbide permanece olvidado merced a una ingratitud que nos
degrada y nos afrenta ante los pueblos
cultos y atrae sobre nosotros la cólera de
Dios.
Porque, si como dijo Riva Palacio, &lt;el
pueblo que pone las manos sobre la ca·
beza de su libertador, es taR culpable
como el hijo que atenta contra la vida de
su padre, porque hay sobre los ir.tereses
políticos de las r.aciones una virtud que
es superior a todas las virtude8-, que es
la gratitud&gt; ¿ cuánto más culpable será
el pueblo que no trata de reparar en
cuanto cabe el crímen cometido por me·

El confesionario y algunos objetos usados por el cura Hidalgo.

ENTRO

dio de un solemne homenaje de amor y
de agradecimiento?
Iturbide fué un arrojado y valiente
militar; Iturbide fué un hábil político
que supo llevar a término, con beneplácito general y sin efusión casi de sangre,
la ya comprometida causa de la independencia; Iturbide fué un corazón noble y
generoso que supo sacrificar sus justas y
legítimas ambiciones en aras de lapa·
tría, pero Iturbide tuvo un mérito superior a todos los o_tros méritos, el de ha·
ber dado a México libertad y vida soberana.
Ante ese mérito, que nadie ni nada
podrá jamás arrebatarle, deben callar la
envidia y la maledicencia, deben guardar
silencio las pasiones de partido, debemos
disculpar nosotros las faltas en que como hombre ha·y a podido incurrir, porque
es nuestro padre y los defectos de los
padres se cubren con el manto de la más
tierna y más piadosa veneración filial.
Pocos serán los héroes y los libertado·
res de que las naciones suelen ufanar·
se, que no los hayan tenido, pero a la
luz de su gloria desaparecen como las
manchas del sol, y en nada amenguan el
fervoroso entusiasmo que por ellos se
experimenta, ni entibian ni disminuyen
_las alabanzas y loores que se les tri bman.
Bien está que veneremos y ensalcemos
la memoria de Hidalgo, Morelos y Matamoros, y de los demás heróicos paladines de la patria, pero saquemos también
de la tumba del olvido el nombre de Iturbide, rehabilitemos su memoria, pues
mientras eso no sea, mientras no le ha·
gamos la justicia que merece, subsistirá
un hueco en el libro de oro de la independencia nacional, que nadie puede lle·
nar sino quien fué el verdadero consumador de ella.
Ningún tiempo más a propósito que el
presente para llevar a cabo esa grande

�COSMOS

Jh ~ 1f)CQJ ~ ~ ®f?) C~Y~
~ @~

Don Agustín de Iturbide.

obra de reparación, tanto porque se halla tan cercana la fecha memorable, cuanto por las terribles amenazas que pesan
hoy sobre nuestra vacilante nacionali,
dad .
Fortalezcamos el amor a la libertad y

a la patria, con el glorioso ejemplo de
los que sacrificaron el bienestar y la vid
por ella. Si tenemos hambre y sed d
justicia, como a diario proclamamos,
hagámosla ante todo al consumador d
la independencia nacional.

©~IP1IlIEinl~~~

La gloriosa defensa del Castillo de que no pierde de vista su pasado en gran
Chapultepec, atacada en 1847 por lastro· parte legendario. Tal vez no esté muy
pas del general Scott, será conmemo· lejano el día en que Francia vuelva de
rada este año con mayor estusiasmo si nuevo á luchar con los teutones, segura,
~unque la derroten, de su victoria, porcabe que en años anteriores.
El monumen to levantado á la memo- que vive fresco en ella el recuerdo de sus
ria de los niños que supieron con gesto preclaros hijos.
Cuando Napoleón era el terror de Euheróico desprenderse de la vida, cuando
ropa,
España se atrevió con él, no conmás risueña, cuando más amable se nos
tando
para combatirlo con más poderío
muestra, para ofrendársela á la Patria,
se verá cubierto por las flores que la gra- que la conciencia de sus energías aprentitud nacional se encarga de renovar dido en el ejemplo de sus antepasados
que jamás se entretuvieron, para acome·
anualmente.
ter una empresa, en medir los peligros .
El culto por los héroes es una de las
Hay que mirar hacia atrás para darmanifes taciones más vigorosas de la vitanos cuenta de quiénes somos .
lidad de un pueblo.
La historia es maestra de grandes enSi llegáis á saber de algún país que señanzas. Por ella sabemos que otra ra carezca de figuras heróicas, aunque sean za superior á la nuestra en elementos
legendarias, bien podéis asegurar que es materiales, pudo llegar hasta el corazón
un pueblo moribund o.
de nuestra Patria; pero sabemos también
Algunos pensadores modernos, influen- que el camino que recorrió no fué de
ciados por el materialismo aue caracteriza flores; que debió su triunfo más que
á nues tro siglo, han llegado á afirmar que iil esfuerzo de su brazo, á las miserias de
los pueblos deben caminar con la vista fija la política. Sabemos que en el Molino del
en el porvenir, despreciando el pasado, Rey un puñado de patriotas detuvo el
cuyas deslumbrantes glorias suelen de- impetuoso avance de los invasores sobre
tenerlos en el cami.no del progreso.
el Castillo de Cbapultepec, y que éste
El consejo nos parece pésimo . Borrar aunque fué tomado, sólo sirvió al enemide nuestra memoria los episodios en que go para que admirase en sus ruinas el
tesón heróico de un pueblo que se muesnuestros antepasados tomaron parte de
mostrando al ejecutarlos las virtudes de tra dispuesto á vender muy cara su inla raza, equivale á pretender que no nos dependencia.
La memoría de aquellos niños que no
conozcamos, que anulemos por completo
midieron el peligro, que no escucharon
nuestra personalidad.
Si Grecia no supiera su historia no se otra voz que la del deber, precisamente
hubiera enfrentado en nuestros días con aprendido en el ejemplo de nuestros an·
Turquía. En el mismo caso se encuentra tepasados, deb~ confortarnos, debe ani marnos á esperar con serena confianza
ltalia.
Alemania se atrevió con Francia por- los sucesos que el porvenir nos reserve.

�FIESTAS ESPANOLAS

I·

Presidente: don J acinro Alvarez.
Como en años anteriores, los españo·
les se proponen conmemorar solemne·
Vicepresidente: don Severo Sobrino.
mente la gloriosa epopeya de Covadon·
Secretario: don Mariano Fernández.
ga, considerada muy justamente por to·
Tesorero: don Arsenio Fernández.
Lamentamos no publicar los nombres
dos los historiadores como el principio
del fin del dominio musulmán en la Pe- del resto de los miembros que la constituyen, pero la índole de nuestro magazi·
nínsula Ibérica.
En la madre patria no goza esta festi- ne nos lo impide por la falta de espacio.
vidad histórico-religiosa de la populaEntre los festejos acordados para este
ridad· que entre nosotros. Casi puede año figuran como los más interesantes:
asegurarse que con excepción de Astu- una gran función de teatro; una fiesta de
rias, el resto de las provincias no la ce· sport vasco en el Frontón Nacional; una
lebra. Débese este lamentable olvido, solemne festividad religiosa en Santo_
más que a otra cosa a lo lejano que que· Domingo, ocupando la cátedra sagrada
da el episodio de la victoria de don Pe- el Padre don Basilio Laca; una corrid~
layo, con relación al otro, no menos glo- de toros; las típicas romerías y los jue·
rioso de la rendición de Granada, pues gos florales. Estos últimos serán presidisabido es que del primero al segundo, dos por el señor Ministro de Fomento don
mediaron' ocho siglos de contínuo bata- Manuel Garza Aldape, y fungirá como
llar, y ocurrieron durante el transcurso mantenedor el Sr. Lic. Ramos Pedrueza.
Un número hay que no es repetición
de los mismos tales y tan heróicos he·
chos que en realidad apurado había de de los llevados á cabo en años anterioverse quien tratase de avalorarlos para res. Nos referimos á la romería interna·
decidir cuál debía señalarse como el más · cional que tienen en proyecto los orgaá propósito para encarnar el titánico es· nizadores, y en la que tomarán parte ele·
fuerzo llevado á cabo por los españoles mentos de todas las colonias extranjeras,
en pró de la independencia y la religión. repartiéndose los fondos que se recauden
Un reducido número de astures tuvo por partes iguales entre las distintas cahace algunos años la feliz idea de con- sas de beneficencia establecidas en la
gregarse para celebrar familiarmente el Capital, incluyendo las mexicanas.
aniversario de la Batalla de Covadonga.
La Colonia Española no ha de ver deComo la región dominante entre la Co· fraudadas las esperanzas depositadas en
lonia Española es la Asturiana, la fiesta los· miembros que actualmente constituaquélla, en un principio familiar, fué ad- yen la Junta Española de Covadonga.
quiriendo enormes proporciones acaban- La preside un hombre joven que tiene
do por adjudicársela la Colonia toda, sobcadamente acreditada su Jaboriosi·
quitándola el sello de regionalismo que dad, inteligencia y honndez logrando
la distinguía para español izarla.
en poco tiempo, relativamente, conquisTodas las juntas nombradas anual· tar un puesto distinguido entre sus conmente para la organización de los feste- nacionales. Y como en el mismo caso se
jos de Covadonga, han procurado riva- encuentran los que colaboran con él, nalizar en iniciativas que contribuyaq al da extraño sería que el óvolo de los que
mayor explendor de las mismas. La de se divierten sirva para remediar necesieste año, nombrada por absoluta unani- dades y enjugar lágrimas, en mayor
midad, quedó constituída como sigue:
proporción que otros años. Así sea.

DIRECTIVA DE LA JÜNTA ESPAÑOLA

•

·~R.LIC..

MANUElGARZA ALDA~E

DE COVADON6A

�LA FIESTA DE SAN IGNACIO

1

1

* LOS f~ST~JOS VASGOS /*
Como en años anteriores, los vascos
han conmemorado solemnemente la festividad de su santo patrón, el ilustre
fundador dt la preclara Compañía de Jesús, San Ignacio de Loyola.
Organizáronse con dicho objeto festejos religiosos y profanos que fueron presenciados por le, más selecto de la culta
Colonia Española y de nuestra distinguida sociedad.
La función religiosa celebróse en San
Francisco, luciendo este hermoso templo
una severa y artística decoración de flores y cortinajes. Ofició el señor Presbítero D. Luis Sánchez, á quien ayudaron
en las ceremonias del altar varios alum nos del Seminario Conciliar.
'El sermón estuvo á cargo del Reverendo Padre Jesuita D. Ricardo Cardón,
quien con elocuente y fácil palabra hizo
el panegírico del santo Fundador exponiendo en galanoS' períodos, llenos de
color y de luz, la vida azarosa de aquel
aguerrido soldado que comenzó dedican·
, do su esfuerzo á la defensa de bienes terrenos para acabar por divitJa inspira·
ción, dedicándolos al servicio de Dios.
El Padre Carrión fué merecidamente
felicitado por su brillante pieza de oratoria sagrada.
Como en años anteriores, la parte mu
sical estuvo á cargo del Reverendo Padre D. Liborio Barandica, cuya compe·
tencia es sobradamente conocida entre
nosotros. El conjunto coral y musical
logrado, fué sencillamente admirable. Se
cantó la misa de Rousseau, intercalán ·
dose en los Kiries y en el Gloria un ad·
mirable é inspiradísimo trozo de Saint
Saenz.
La orquesta se componía de los mejo·
res elementos del Conservatorio, estando
el órgano á cargo del maestro J ordá.
Entre los cantantes se encontraban los
señores Arturo Roldán, José Torres
Ovando, Castañeda, Eduardo Lejarazo,
Anastasia Guerrero, Adalberto Vera,

Juan González Becerra, López Gontis,
Mondragón, Daniel García.
Entre los filarmónicos estaban los señores Salcedo, Vélez, Porfirio Rocha,
Arturo Rocha, Marcos Rocha y Marino
Hernández.
Se oyeron también las armonías del
arpa tocada por la señora Esmeralda
Cervantes de Grossman.
El señor Torres Ovando cantó nn «O
Salutaris», de Rousseau.
Asistieron á esta memorable solemnidad, entre otras distinguidas personas
que recordamos, el limo, Señor Arzobispo, doctor don José Mora y del Río; el
Excelentísimo señor Ministro de España, señor Cólogan y Cólogan; la esposa del señor Ministro de Francia, y las
familias Córdoba, Costes, Silveti, lrigoyen, Zavaleta, Mendizábal, Astivia,
Castaño, Elcoro, E tchegaray, Arcaraz,
Redondo, Salles, Magdalena, Sordo Noriega, Aguilar Candás, Ortiz, Ortiz
Córdoba, de la Borbolla, de la Portilla, Lesama, Pedregal, del Villar, Rivera, Reguera.
Atentamente recibían á las personas
invitadas, los ~eñores Víctor Magdalena,
Silvestre Silveti, Alfonso Solsaya, Juan
lrigoyen, José Castaño, Vicente Pérez
Abascal y algunos otros señores.
La romería organizada por los vascos,
resultó animada, siendo también muy
selectas las personas invitadas que concurrieron.
Ofrecemos á nuestros lectores algunas
ilustraciones de la función celebrada en
San Francisco, y los retratos de D. F lorencia Córdoba, D. José Arteche, y don
Víctor Magdalena, á quienes se debe en
gran parte el esplendor alcanzado este
año en los festejos organizados por la
digna, laboriosa é inteligente Colonia
Vascongada que tan alto sabe poner en·
tre nosotros el nombre de la Madre Pa-

tria.

Don Víctor Magdaleno, Don :e:1orencio Córdoba y Don ~osé Arteche,
miembros promrnentes del Centro Vasco. ,.

�I

J

784

COSMOS

l

1 1

.-

CRONICA LOCAL

1
Las fiestas en el Santuario
de Nuestra Sefiora
de los Angeles.
La tradicional verbena de los Angeles
celebrose este año con manifiesta desani·
mación. No falta quien discurra que dlo
se debe á que estas fiestas eminentemen·

clases sociales están afectadas por los
estragos de la guerra fraticida y ya sea
porque hayan perdido un deudo, ya porque lo tengan en el campo de fa lucha, ó
ya porque la miseria anda en vísperas
de llamar á nuestras puertas, lo cierto
es, repito, que todos tenemos algún motivo que nos mueva más al retiro que al
bullicio.
No obstante, algo se vió en la verbena
que sirviera, cuando menos, para reme•
morar el dichoso pasado.

U no de los tí picos puestos de la verbena.

Salida de la concurrencia que asistió á la fiesta de los vascos en San Francisco
·
Interior del Templo.

te populares están llamadas á des¡3.parecer. El cronista no abunda en esa opinión, y si bien reconoce que la concurrrencia de puestos y curiosos no ha correspondido á las esperanz.as, achácalo
más que á decadencia á las anormales
circunstancias porque atraviesa el país,
que no deja en los espíritus mucho lugar
para albergue del contento. Todas las

L o que faltó de animación á la fiesta
profana tuvo de explendorosa la solemnidad religiosa efectuada en honor de
Nuestra Señora de los Angeles en el
Santuario dedicado á ella en esta ciu dad.
Para dar una idea de la enorme cantidad de fieles que acudieron á rendir tributo de amante devoción, baste saber

�-

COSMOS

786

que comulgaron algo
más de dos mil personas.
En la misa solemne
ofició el canónigo
Lic. don José G . Huitrón, estando el sermón á cargo del padre
jesuita Francisco Bei·
ras, que desempeñó
admirablemente su
cometido en la cátedra
sagrada.
El éxito de la festividad religiosa débese
en gran parte al H.everendo Padre Garcidueñas, encargado del
Santuario, quien ha
trabajado con verdadero celo apostólico
por mantener vivo el
fervor de los feligreses
que radican por las
cercanías del simpático templo.

CRONICA LOCAL

.,

La Militarización

bierno implantando el
descanso dominical
obligatorio .
Los grabados con
que ilustramos esta
página muestran dos
curiosas escenas de
instrucción militar
sorprendida'&gt; oportu·
namen te por nuestro
fotógrafo.
No es el cronista
partidario de militarizaciones de ninguna
clase; pero en tanto
que la humanidad no
progrese lo suficiente
oara aue todos los
pueblos abandonen el
fusil para empuñar el
timón del redentor
arado, forzoso es prepararse para repeler
á la fuerza con la
fuerza.

Simpático pelotón de traviesos muchachos recibiendo instrucción militar.

de México.

La lucha incesante
sostenida entre hermanos de distintos cre·
dos políticos que se
empeñan en dilucidar
con las armas la fuerza de razón que los
mantiene alejados de
Altar mayor del Santuario de Nuestra Señora de los Angeles.
la deseada fraterni • ·
dad, y, sobre todo, el
Todas las escuelas dependientes de las
temor nada infundado de un probable
esferas
oficiales han sido sometidas al réatentado contra nuestra amada independencia, está haciendo indiscutiblemente gimen militar, y aunque la medida ennecesaria la militarización de la Repú- contró alguna oposición en un principio,
fué tan débi l, dicho sea en honor de
blica .
El gobierno es tá preparando poco á nuestro patriotismo, que bien pronto
poco al pueblo para en un momento quedó regularizada la instrucción militar
dado disponer de los elementos necesa- en los planteles educativos.
No bastando esto, se invitó á in struirrios para la defensa del territorio ó de
nuestros amados hogares, ya que, á se en el ejercicio de las armas al pueblo
la sombra de todas las revoluciones, en en general, respondiendo con entusiasmo
todos los países se desarrolla d han· al llamamiento los obreros y los dependidaje, que acecha la oportunidad para dientes de comercio, demostrando con
lesionar intereses y ultrajar reputacio· ello estos últimos su gratitud por la humanitaria medida adoptada por el go·
nes,
Un grupo de futuros gener a l~s .

�-

U¡

CRONICA EXTRANJERA
La bélica, continúa siendo la nota do·
minan te.
Cierto que los cables de última hora
nos anuncian que ha sido firmada la paz
entre los pueblos balkánicos, pero en los
momentos de dar al taller estas cuartillas, el cronista no ve claro en este embrollado asunto, entre otras razones,
porque estima que es una paz prendida
con alfileres, y porque,· Turquía, que no
se resigna á la pérdida total de los territorios que ante la fuerza cedió á los aliados contra ella, aprovechándose del desorden, se apoderó, sin resistencia, de
Adrianópolis, negándose ahora á devol·
verla.
En el tratado de paz que Grecia y Rumanía firmaron con Bulgaria, hay una
cláusula por medio de la cual ésta última nación se compromete á reconquistar
á Adrianópolis poniendo para ello en
pie de guerra un ejército compuesto de
cinco divisiones. Las potencias, por su
parte, han notificado ya al gobierno de
la Sublime Puerta, que debe respetar lo
estipulado en Londres, evacuando cuanto antes los territorios que han sido nuevamente invadidos por sus tropas . Co·
nocedora Turqúía del miedo que entre
sí se tienen las potencias, lo más seguro será .q ue acoja la petición con el más
turco de los desdenes, quedándose due·
ña y señora de los territorios ocupados,
si llega á serle propicia la suerte de· las
armas.

***

En orden de importancia sigue la debatida cuestión de Marruecos, en cuya
solución se hallan muy empeñadas Francia y España.

***

Las huelgas constituyen otro asunto
de capital interés para las naciones de

CRONICA EXTRANJERA

Europa. No pasa día sin que el problema social provoque huelgas colosales,
que, por regla general, degeneran en
sangrientas colisiones entre los huelguistas y los encargados de mantener el orden público .. Barcelona es en estos momentos teatro de una de esas huelgas cuya magnitud llevan la zozobra y el es·
panto al ánimo mejor templado. La bella capital del industrioso Condado, en·
cuéntrase, quizás, en vísperas de volver
á sufrir todos los horrores de la semana
trágica de infeliz recordación, por los
actos de salvajismo durante ella registrados y por las fatales consecuencias
que trajo. Quiera Dios iluminar á patro"
nos y obreros para que, cétiiendo ambos
algo de lo que aquéllos niegan y éstos
piden, se resuelva pacíficamente este r
problema que amenaza con la miseria y
el luto en multitud de hogares , que esperan la felicidad del trabajo.

***
Ha vuelto á ser de actualidad la simpática figura del ex· Rey de Portugal, Don
Manuel.
Dos hechos contribuyen á ello pode·
rosamente. El primero es la revuelta que
acaba de estallar en Lisboa y algunos
otros puntos de Portugal, promovida,
según se asegura, por sus partidarios
que desean instaurarlo en el trono.
Las noticias que se reciben indican
que el movimiento tiene grandes ramificaciones no siendo difícil que la flamante
república sea derrocada _por los monárquicos antes de que pueda celebrar su
tercer aniversario de implantada.
Nuestra misión no es la de juzgar, pero no podemos por me.nos de llamar la
atención sobre el actual movimiento mo·
nárquico porque, dadas las simpatías con
que cuenta en todas las clases sociales

El Príncipe Guillermo de Hohenzollern, padre de la novia .- La ex-Reina Amelía, madre del novio.
Princesa Augusta Victoria de Hohenzollern -Ex-Rey Manuel.

de Portugal, indica claramente que no
gobernaron tan mal los reyes cuando tres
años de república sólo han servido para
desprestigiar á ésta .
El otro hecho se refiere al concertado
enlace de D. Manuel con la Princesa Au-

gusta Victoria de Hohenzollern Sigma·
ringen.
Nació la princesa en Potsdam, el 19
de Octubre de 1890. La rama, de familia
á que pertenece es católica y está empa·
rentada con la casa real de Alemania,

�790

COSMOS

con la de Murat, de Francia, con las casas reinantes de Bélgica y Rumania y
con la del gran ducado de Baden.
Es hija del Príncipe Guillermo y de
la Princesa María Teresa de BorbónCicilia, y nieta del Príncipe Leopoldo y
de la Princesa Antonia, infantes de Portugal.
El ex· Rey D. Manuel, pJr su parte,
nada tiene que envidiarle en abolengo á
su prometida. Es hijo del Rey D. Car·
los y de la Reina Doña Amelía, estando
emparentado con las familias reinantes
en Italia, Austria, España, Dinamarca,
etcétera.
Con motivo de tanto parentesco se rP.·
cuerda la frase del Rry Christian de Dinamarca, quien afirmab2. que él era el
suegro de toda Europa, para aplicarla á
don Manuel, de quien se:puede afirmar

que, con su matrimonio, vendrá á ser el
sobrino de toda Europa.
El matrimonio civil y religioso ha debido efectuarse en los primeros días del
mes en curso, no revistiendo gran explendor por el luto que la tragedia de
Lisboa dejó eternamente en las almas de
don Manuel y de su augusta madre.

**•

Por:e1 Lic. EDUARDO J. CORREA.

Cerramos estas volanderas impresiones con una breve alusión al solemne ceremonial celebrado bajo la presidencia
del Zar de Rusia, con motivo de la inauguración de un suntuoso templo cons·
truído en Cronstant á iniciativa y expensas de la marina rusa.
Como podrán ver nuestros lectores, el
templo es una verdadera joya del arte
arquitectónico moscovita.

DE UN LIBRO EN PREPARACIÓN.

Nueva iglesia que la marina ha hecho construir en Cronstadt, y ha inaugurado recientemente
el Z;.r. Es uno de los templos más suntuosos de Rusia y una verdadera joya
de arte moscovita.

pareja la que hacían, en el grupo de acólitos del Colegio del Sagrado Corazón, Luis y
Marcelo, rubio, pálido,
de grandes ojos azules
que parecían desmayarse en la sombra
violada de las oieras, el primero, y moreno, fuerte, con dos ascuas en las pupilas y dos cerezas en los carrillos, el se·
gundo, Físicamente formaban un c.ontraste, y, sin embargo, constituían un
hermoso par de monagos, con sus sotanas rojas y los roquetes encarrujados y
albeantes, recogidos por la banda de seda, y ostentando sobre el pecho el escapulario del Apostolado, un escudo de
llamas como coraza contra el incendio de
las pasiones mundanas.
Luis tenía la distinción de la elegancia, el sello de su aristocrático abolengo,
cierta displicencia que parecía reflejar
un cansancio hereditario y reclamar los
blandos asientos del automóvil para
arrastrar una vida inútil. Era rico, y por
moda, por excentricidades, había sido
puesto de interno, porque a los potentados a menudo les estorbau los hijos en la·
casa.
Marcelo debía su plaza en el Colegio a
la caridad de una beca, con que quisieron
premiar el talento clarísimo y el tesón
notorio del muchacho, que sano y activo
conquistaba medallas y diplomas, en tanto su joven madre, viuda, se consolaba
en la soledad de la vivienda-mientras
la máquina de coser cantaba la canción
de la miseria, al hacer la obra de munición para la fábrica-recordando al hijo
ALLARDA

adorado que le prometía risueños m1rajes de bienestar en lo futuro.
A pesar de la diferencia de clases, que
suele ser obstáculo para la fraternidad
infantil, Luis y Marcelo se querían, como si la debilidad del primero hubiese
bmcado la fuerza del segundo contra las
malas pasadas de los compañeros de clase o de división, que gustaban de ensañarse en la enfermiza flaqueza del aristócrata alumno, cuya pulcritud y distinción se veían en aprietos ante el empuje
brutal de las diabluras de los escolares.
Así fué cómo cada día estrechóse más el
.afecto entre uno y otro, y la amistad que
naciera al pie del altar, entre las volutas
del incienso y los cánticos sagrados, ante el Padre común que lo mismo estre·
cha contra su corazón al prócer de la riqueza que al desheredado de la fortuna,
se robusteció en el aula y el patio de
juegos, dándose el ejemplo qe que.el pobre diera al rico algo que no podía obtener con su dinero: la protección de la
fuerza y la destreza.
Una vez Luis quiso retratarse con
Marcelo, originando, por distintas consideraciones, un conflicto en los hogares
de ambos, pues mientras los padres del
primero no dejaron de experimentar cierta repugnancia por Jo que creyeron insensato capricho de su hijo, fruto aquélla de los prejuicios de clase, para la
pobre viuda fué un.a.hago, al pensar en
el deslucido papel que Marcelo haría con
su trajecito humilde, que en cada pes·
punte llevaba un sacrificio y en cada zurcido una lágrima, junto a las elegancias
de Luis. Si por una parte experimentab;i

�COSMOS

792

A LA CIUDAD LUZ

·,'

-¿ Sabes ?-le dijo-me voy á Europa.
-¿Allá vas á pasar tus vacaciones?

el halago de la distinción concedida a su
hijo, por otra sentía la resign_ada, pero
dolorosa humillación del amor 1mpt tente
ante la tiranía de la pobreza.
El caso fué a dar hasta el recibidor
del Colegio, sometido al sabio consejo
del P. Rector, quien con su prudencia
supo insensiblemente calmar los repar_os
del orgullo linajudo de la madre de Luis,
y las resistencias del humilde orgullo de
la de Marcelo, conformando las dos vanidades, la activa y la pasiva, con una fácil conciliación.
-Se retratarán los niños con sus vestiduras de acólitos, -dijo el Padre Ricardo.-iForman tan encantadora pareja
y da tal gusto mirarlos en la capilla!.. ..

Y así se hizo, yendo la fotografía a
perderse o a rodar por el palacio donde
vivían los fastuosos señores Díez de Yelasco mientras que en la vivienda de la
viud; de Pérez fué adorno y reliquia,co-.
locada en modesto cuadro, y afianzada
con el lujo de unos viejos listones deslavados, al pie de la imagen de la Inmacu·
lada, patrona de aquel hogar.

II
Un día todo era agitación y alborozo
en el Colegio, donde sólo la campanita
del Padre vigilante lograba poner silen·
cio en aquel rumor de colmena en maña·

na de septiembre. Era la fiesta de premios
y la salida a vacaciones, de manera que
en tanto los alumnos aprovechados sentían el placer del triunfo y charlaban sobre el número y la calidad de las recompensas que esperaban recibir, todos son·
reían ante la cercana promesa del holgar
dP. unos días, el regreso de muchos a la
provinciana casa solariega, y la visión
luminosa de correrías por el campo lleno
de sol, donde el otoño comenzaría a hacer rodar las hojas secas.
Pasó la fiesta con sus deslumbramientos; la despedida, recitada por Marcelo
con avasalladora emoción, puso lágrimas
en muchos ojos, principalmente en los de
aquellos que no volverían, como charla·
tanas golondrinas, al viejo y amado plantel de amplios corredores y patios ll1mos
de luz; se renovaron las protestas de fidelidad á la Virgen Madre, al pie de su
imagen colmada de flores en los cultos
de mayo y alumbrada con lámparas vo·
tivas en los días de exámenes, y vino el
instante de la salida, la ruidosa algara·
bía en que se mezclaban las felicitacio·
nes afectuosas y las invitaciones cordiales, los gritos de júbilo y las promesas
epis.tolares, las paternales recomendaciones de los mae:;tros y la tristeza de los
sollozos .... Una explosión de vida que
haría pocos momentos después más hondas la quietud y soledad del Cole?;io.
En un ángulo de la portería, Marcelo
arreglaba el cargamento de sus premios,
cuando Luis llegó radiante de alegría,
con un extraño fulgor de gloria en la meláncolía de sus ojos azules. .
· -¿ Sabes ?-le dijo-me voy a Europa.
- ¿Allá vas a pasar tus vacaciones?
-No; madre me acaba de decir que en
París continuaré mis estudios.
-¿De modo que no nos volveremos a
ver?
En la voz de Marcelo, entrecortada,
palpitaba un gran dolor.
-Puede ser que dentro de algunos años
cuando vuelva de la ciudad luz,-le con testó Luis, con la frívola alegría del viaje, que ahogaba todo impulso de pena.
-Pues ..... adiós ... , .. No olvides a
nuestra Madre, ni nuestra c;ipilla, ni a
mí ....
Y estrechó en un abrazo fuerte y sincero al camarada, como si quisiera li •
brarlo de probables peligros, detenerlo

793

unos momentos más en aquel ambiente,
de paz defendiéndolo del mundo, mien·
tras el llanto le ponía un nudo en la garganta y una cortina de niebla en las pupilas.
Luis, impaciente; se deshizo de los
brazos que habían sido su defensa y su
amparo, y contento, regocijado, repartiendo sonrisas y prodigando despedidas,
se dirigió a su auto.
Soñaba ya ir rumbo a la ciudad luz, a
la sentina inmunda apostrofada por Nú·
ñez de Arce.
Marcelo, con la intensa amargura del
primer desengaño, acudió a su madre, y
con ella salió para atravesar la angelo·
politana ciudad, a llegar hasta la vivienda destartalada y ruinosa, perdida
en el lejano arrabal, pensando en París,
en Luis, y sintiendo más honda la melancolía de los versos de despedida a la
Santisima Virgen, que casi inconsciente·
mente modificaba:
4:iOh Madre del amor y la pureza,
acuérdate .... de Luis!&gt;

III
Han pasado veinte años.
Marcelo es un triunfador. Concluída
su instrucción preparatoria en el Colegio
del Sagrado Corazón, vino a Méjico a
hacer los cursos de medicina, coronando
su carrera con un examen brillan te, que
le abrió las puertas del magisterio y lo
llevó a los sillones de las academias. Al
lado de las eminencias del día, entró en
el rifión de la sociedad metropolitana,
adquiriendo bien pronto reputación por
lo firme de su pulso en la cirugía, y lo
certero de su observación para el diag •
nóstico.
Cuando ya su nombre se mecía dulcemente en alas de la fama, viajó por el extranjero, dedicado por completo a la cien·
cia, visitando hospitales, asistiendo a las
clínicas de los profesores más eminentes
y reforzando su práctica en los grandes
sanatorios. Y al volver al país, más apto
para la lucha, los éxitos profesionales,
por un fenómeno de frecuente, de casi indispensable repetición en nuestra sociología, lo llevaron a los encumbramientos
políticos que no buscaba, dando a su
nombre aureola más brillante.

�795

A LA CIUDAD LUZ

7~4

COSMOS

Julia, la abnegada y virtuosa costure·
ra de Puebla, es ya la distinguida seña·
ra viuda de Pérez, que habita en un palacio, gasta lujoso tren y .... prodiga
caridades recordando lejanos infortunios.
En el estudio de Marcelo, encuadrada
ahora en rico marco, se ve la Inmacula da que en la mísera vivienda fuera consuelo y esperanza; y en la alcoba de la
cristiana madre luce, sin los listones deslavados, la fotografía de los monaguillos,
de su hijo y de Luis, de aquel Luis pálido y el,-,gante a quien no han vuelto a ver.
Es una mañana acuosa de junio y la
gran urbe está envuelta en cortinas de
canutillo bajo la campana de cristal de
un cielo opaco. Desde la terraza del consultorio de Marcelo se ve que un blanquísimo turbante cubre las crestas del Ajusco, como si hubiese desaparecido de los
límites del valle a fuerza de alzarse al
cielo. De la calle llegan los rumores de la
ciudad perezosa que despierta, mezclándose al ruido de los caminones, el silbato
de los trenes eléctricos y el tiple ar,udo
de los papeleros que venden los diarios
matutinos.
El portero anuncia que en la calle se
ha registrado un accidente. Un ebrio que
sale de la cantina cercana, resbala y cae
en los momentos en que un carro de
transportes pasa, dejando en el arroyo,
sobre el fango, un hilo de sangre que se
mezcla en el agua que corre, y un hom·
bre agonizante.
Julia inquiere si aun vive, y sale desalada a buscarle los remedios espirituales,
en tanto que Marcelo se apresura a cerciorarse la gravedad del caso.
A pocos momentos, previo aviso y Ji·
cencia de la comisaría, el herido entra
en el sanatorio de Marce lo. ¿ Quién será
el infeliz? Nadie pudo identificarlo en la
calle; en la taberna no lo conocían. Un
desconocido a quien se le acabó el dinero y se le subió el vino y hubo de echársele a empellones al hacer la limpieza del
día.
El estado de inconsciencia del enfermo impidió los servicios del sacerdote.
Después de aseado y puesto en el le·
cho, libre del traje harapiento y sucio,
sin la sangre de las heridas ni el lodo de
la calle, parecía el herido adquirir un
aire de señorial porte. La epidermis sua,·e, el blanco color y el cabello sedoso

de un oro pálido parecían denunciar el
blasón de un origen distinguido.
IV
El machacamiento había sido brutal,
y aunque la gTavedad no desaparecía, al
quinto día el paciente pareció salir de la
inconsciencia en que estaba. Abrió los
ojos, recorrió con ellos todo el aposento, y como si hallara grata la sensa·
ción de la luz que entra:ba a raudales,
los cerró como para abismarse en una
contemplación interior de lo blanco, para volver a abrirlos y entregarse al mis
mo solaz.
l\1arcelo se sintió complacido de aquel
síntoma de mejoría, que era augurio de
victoria, y en los ojos azules del herido,
en aquella mirada lánguida de suaves
desfallecimientos, creyó sorprender la
huella de otras pupilas claras, vistas no
sabía dónde; pero que aun parecían bri·
llar entre la niebla de sus recuerdos.
Díjolo así a su madre, y ésta redobló
sus atenciones por el paciente y puso mayor fervor en sus oraciones, pidiéndole a
Dios, no la salud de aquél, que eso no
demanda obstinadamente un cristiano,
sino la vida espiritual de aq•1ella alma
en peligro.
Una tarde el herido salió del sopor de
muerte en que había yacido. Pidió algo
a su enfermera y de su garganta podían
salir ya las que;as del dolor o el suspiro
dulcísimo del bienestar. Súpolo Julia, y
a la mañana siguiente constituyóse jun·
to al lecho del enfermo, esperando con
solicitud de hermana la ocasión de llevarle al sacerdote. Cuando aquél, después de algunas horas de sueño reparador, abrió los ojos volviéndolos en su
derredor, Julia experimentó la misma
sorpresa de su hijo. Ella había visto
también aquellas pupilas, y, rápida como el rayo, hilando ideas, una dolorosa
sospecha se prendió en su espíritu.
Dirigió algunas frases de consuelo al
herido; le ofreció la pócima y el alimento; le hizo cambiar de postura en el lecho para proporcionarle descanso; lo confortó hablándole de esperanzas y dejó
caer en el desierto de aquella alma, como frescuras de oasis, los nombres de
Dios y de la Virgen santa.

El enfermo respondió algo, con reticencias en que, sin embargo, palpitaba
la emoción, y como Julia temiese fatigarlo y deseara, por otra parte, ir a su
alcoba a robustecer la sospecha que co·
mo relámpago había surgido e iluminado con fulgores cárdenos los limbos de
su memoria, lo dejó reposar un poco, dirigiéndose a sus habitaciones.
Tomó la vieja fotografía que en la cabecera de su lecho ocupaba el sitio de
honor. Se fijó con detenimiento en Luis,
observólo con minuciosidad, hizo una
comparación de rasgos fisonómicos ....
y la sospecha tomó cuerpo.
Acudió con Marcelo luego, llevando
consigo el retrato.
- Si vieras lo que pienso ... .
- ¿Qué, madre?
-Que el herido es Luis, tu condiscíp ulo de Puebla.
- No es posible,-dijo soltando el li·
bro que tenía en la mano.
-iVaya que lo esl Mira ....
Y le mostró el retrato.
Marcelo lo examinó con la misma fijeza que gu madre, y después de un momento, haciendo un signo negativo con
la cabeza, aunque también la sospecha
había germinado en su alma, lo volvió a
su madre.
-No; son suposiciones de usted; poco
queda en el hombre de los lineamientos
del niño y aun del adolescente. El enfermo no es un desconocido para mí; ¿ pero
Luis? .... En tal estado .... No, no
-Es sencillo aclararlo; le pregunta·
remos su nombre.
Está bien; pero hágalo con discreción,
procurando evitar una emoción que le
sería perjudicial, porque determinaría
un choque en su cerebro lesionado.
Y después, como reflexiQnando un poco, agregó:
-Mejor lo intentaré yo en la visita.
Cerró el libro, de1ándolo sobre la mesa atestada de revistas y folletos, dirigiéndose hacia el enfermo.
Al acncarse á la cama experimentó
una extraña emoción. iSi su madre estaría en lo cierto! Porque aquel joven prematuramente viejo, en cuyo organismo
los vicios habían dejado todos los estig·
mas, podía ser Luis. A pesar del abandono, aquel enfermo era persona distinguida.

Examinólo con mayor esmero, y como
su lucidez fuera notoria, aunque la gra •
vedad subsistía, comenzó a practicar un
sondeo hábil en i:.quel espíritu, poniendo
las mieles de la insinuación en la frase.

V
De nada recordaba ni sabía el herido
dónde se encontraba. Vaga, confusamente, tenía memoria de haber sentido
un dolor muy agudo en la cabeza, como
si se la hubiesen abierto en dos con un
estilete. Después se vió en aquel salón
tan blanco y tan luminoso.
Marcelo le preguntó si abusaba del
alcohol.
-Sí,-le contestó con amargo dejo de
tristeza.-No puedo dejar de beber·, de
aturdirme. iEl ajenjo!. .. Maldito ajen·
jo! Pero no puedo.. . . En París contraje el hábito. París .... -repitió a media voz, como abismándose en un ensueño.
_¿ En París ?-recalcó Marcelo-co·
mo si no hubiese oído bien.
-Sí, fuí muy joven, me mandaron a
estudiar. iNo lo hubieran hecho! ....
No cabía duda; Julia tenía razón. Sin
poderse dominar ya, el doctor le preguntó yendo al fondo de su investigación:
_¿No estuvo usted en Puebla en el Co·
legio de los Padres Jesuítas? ¿No se
acuerda de mí?
El herido abrió los ojos con asombro,
clavándolos en su interlocutor fijamente,
mientras se llevaba la mano derecha a la
cabeza y con la otra se apretaba el corazón.
- Sí, sí. ... Pero ¿quién es usted? .. .
En el Sagrado Corazón ... allá estuve .. .
hace mucho, mucho .... cuando era rico
y bueno . . ... .
Y los ojos azules se le llenaron de lá •
grimas.
-iLuis! iLuisl-le gritó Marcelo¿ Te acuerdas de nuestra última despedida?
«iOh Madre del amor y la pureza,
acuérdate de mí!&gt;
-Sí .... , sí ... . , ¿tú? . . . ¿tú? ..... .
-iMarcelo!
-iMarcelol
Y haciendo un supremo, un inaudito
esfuerzo, quiso incorporarse para echar-

�A LA CIUDAD LUZ

COSMOS

•
/

·run
[.J

confortarlo; pero Luis se exaltaba más
en el ansia de un desbordamiento fraternal que le permitiera, por el caude de las
lágrimas, el desahogo de la des,rracia
que lo mataba.
1 -Agoté todos los placeres-decía;manché los lirios de mi pureza; arrastré
' por el fango el nombre de mis padres;
I
me olvidé de Dios ....
La ocasión era p'ropicia.
-Pero Dios no se olvida de tí-le
contestó Marcelo;- cálmate, no te fati·
gues, no ahondes tus heridas.. . . ¿ Te
acuerdas del Padre Ricardo, del Padre
Rector? Pues aquí está, hecho un viejecito, consumido en su labor evangélica.
IY tanto que te quería!. . .. ¿Quieres
verlo? Lo mandaré llamar. Y le dará
gran gusto volverte a ver, y le contarás
todo, y te confortará con su virtud y su
experiencia.
En las pupilas opacas de Luis, donde
la muerte iba poniendo sus sombras, hubo un resplandor de alegría.
-Sí, ruégale que venga; dile que estoy arrepentido .... , que me voy a mo·
rir .. .. , que quiero que me perdone .. , .
-Está bien; pero antes tomas tu me·
dicina y descansas un poco para que te
repongas.
-No, que venga pronto.
-Vendrá luego; pero toma, que te hará provecho. Anda, por nuestros anti·
guos tiempos de colegiales.
Dócilmente apuró la tizana, un sedante
que lo tranquilizó, permitiéndole, a poco
tiempo, el bienhechor reposo del sueño.

No pudo enderezarse; pero Marcelo, echándose al lecho, Jo estrechó en un abrazo intensísimo y...•

se en brazos del amigo de la infancia, de
su defensor de otros tiempos, que ahora
lo defendía también disputándoselo a la
muerte.
No pudo enderezarse; pero Marcelo,
echándose al lecho, lo estrechó en un
abrazo intensísimo y fraternal, abrazo
de reconquista, de salvamento, en tanto
que los sollozos, mezcla indefinible de
pena y júbilo, turbaban en la amplia sala
el silencio de la mañana lluviosa y triste.

VI
El enfermo fué cambiado a las habitaciones de doíla Julia, que le cedió su cama, en cuya cabecera el retrato de Luis

y Marcelo ocupaba otra vez el sitio de .
honor.
La emoción había hecho daño a Luis,
quien después de una breve postración
quería hablar, desahogarse con Marcelo,
desalojar un poco el fardo de sus triste·
zas.
-Soy muy desgraciado .... -empeza·
ha queriendo relatar la historia de sus
desventuras.
Pero su amigo le imponía silencio, temiendo otra crisis nerviosa.
-i Oh!, si yo te contara .... Y quiero
contarte. . . . parn que me desprecies ....
como me desprecian todos .... iSoy un
perdido!
Marcelo volvía a tratar de callarlo y

VII
Las últimas luces de la tarde, que moría envuelta en nieblas, sin dejar un ocre
en el ocaso ni encender una estrella en el
oriente, arrebujada en un manto de infinita melancolía, tendía sus tapices leonados en el aposento, reflejando en la pared
los follajes del jardín, cuando el Padre
Ricardo entraba a la pieza del enfermo.
Estaba muy grave; pero la excitación
nerviosa lo sacudía y parecía sostenerle
la vida. Confundiéronse por un momen·
to la cabeza blanca del anciano sacerdote Y un mechón rubio de la del hnido,
e.scapado de entre el vendaje, y por algún
tiempo no se escucharon sino el rumor
de la voz vacilante del penitente, que so-

797

Hozaba mucho, y el de la unciosa del Padre Rector, derramando sobre el alma de
Luis las inefables dulzuras del consuelo.
Los instantes eran preciosos; el enfermo se agravaba.
Bien pronto en la alcoba se improvisó
un altar; se trajeron rosas en abundancia; se colocó la imagen del Divino Crucificado y las argentinas vibraciones de
la campanilla anunciaban poco después
la visita del Rey de reyes, del misericordioso Señor que venía a rescatar el alma
del joven colegial que tantas veces en su
infancia lo había aposentado en su cora'""
zón, donde después crecieran las ortigas
de los vicios.
-Sí creo . ... , sí creo .... , sí creo. . ,
-clamaba Luis lloroso, con voz donde
palpitaba el arrepentimiento.
La hostia santa fué puesta en sus labios ....
Por breves instantes quedóse sumergido en una paz inefable; sus ojos eran
ríos de lágrimas, que corrían silenciosas,
plácidas ....
Entonces Marcelo, arn,dillado junto a
la cama, se puso a ofrecerle la comunión, repitiéndole .con emoción hondfsi·
ma las oraciones del devocionario que en
el Colegio rezaban; las mismas que con
el amor y la felicidad más grandes reci·
taran en una florida mañana de mayo,
en la fiesta inolvidable de la primera re·
cepción del Pan eucarístico ....
Luis y todos lloraban tranquilamente,
con ese l'lanto de gloria que es trasunto
de la eterna dicha.
Repentinamente Luis quiso incorporarse.
"-Me muero-dijo;-perdónenme
perdón ....
No acabó de pronunciar la frase.
El P. Rector se puso a encomendarle
el alma.
Marcelo le cerró piadosamente los ojos;
puso en sus manos el Cristo, que se le había soltado de ellas en el último instante,
y las flores que habían perfumad0 el altar
sirvieron de ofrenda al difunto ....
Marcelo sentía un gran dolor; pero no
tan hondo ni tan dilacerante como el de
la despedida en el Colegio del Sagrado
Corazón ....
Ahora el viaje de Luis no era a París.,,
Era a la única, a la verdadera Ciudad
Lus.

�Dos brillantes notas de arte
CARLOS LOZANO

I

UANDO en nuestro ambiente, tan
poco propicio en la actualidad
~\J.)',1
para el florecimiento del arte,
' &gt; ~ hay una nota de poesía, natural es que despierte en nosotros el adormecido entusiasmo y que nos apresure·
mos á as!l)irar el perfume de belleza.
Estas ideas han acudido á mi mente
en los días en que Carlos Lozano, el eximio pianista, dijo su «adiós~ á la sociedad mexicana, ofreciéndole en delicadí ·
simo concierto admirables interpretaciones de las más hermosas obras de
Rubinstein, Tschikowsky, Chopin y de·
más maestros de inmortal renombre.
El concierto de despedida de Lozano
mereció con justicia calurosos elogios no
sólo de los apasionados de la buena mú·
sica, sino de toda la selecta concurrencia
que asistió á la velada.
Cada uno de los números del .progra·
ma obtuvo nutridos aplausos, especialmente los estudios y nocturnos en do
menor de Chopin y la encantadora Balada de la Rosa, del proµio autor, obras de
indescriptible belleza, que interpretó Lo
zano de manera exquisita, haciendo gustar á la concurrencia entera de la dulce
poesía de esa música sublime, que fué
escuchada con arrobamiento.
Con notable habilidad ejecutó el estu •
dioso artista algunos números de Bach y
Rubinstein, los que cito de manera esµecial, porque permitieron aureciar la amplia instrucción musical de Lozano, que
venció con faci-lidad grande, los difíciles

escollos de que esas creaciones están
bordadas.

•

* *saturado de armoEn aquel ambiente
nías que flotaban como un delicioso per·
fume, , se escucharon los bellísimos ver·
sos de Urbina, llenos de inspiración,
pletóricos de sentimiento, encantadora
forma de poesía que se unió dulcemente
á la que habían evocado las delicadas
obras musicales. Urbina escuchó una vez
más los aplausos que arranca el entusiasmo sincero, aplausos espontáneos, los
más gratos, los más nobles.
ALBA HERRERA Y OGAZON
Cuando aún estaba fresco en nuestra
memoria el recuerdo de la despedida de
Lozano, llegó á nuestra mesa de redac·
ción la nota del concierto preparado por
la distinguida pianista mexicana señorita
Alba Herrera y Ogazón.
Es muy probable que, cuando el presente número de CGSMOS esté circulando,
el recital pianístico á que aludimos se
haya verificado y en él haya obtenido la
señorita Ogazón un nuevo éxito. Sufi·
cientemente conocida es la expresada señorita entre los amantes de la buena
mus1ca, quienes en diversas ocasio·
nes han tenido oportunidad de aplaudir y elogiar con toda justicia á la aven·
tajada ejecutante.
El programa elegido por la señorita
Ogazón para el recital á que nos referimos, fué formado con verdadero tino,
pues se eligieron obras de autores que
armonizan admirablemente. ·

�&gt;

800

COSMOS

5RITA. ALBA HERRERA yOGAZON
I lllllllllllllll\llllllllllllllllllllllllllllllllllllllllll\111111111111111111111Tllllllllllilllll\

EL ARTE EN ESI?AÑA

I

Fernández Arias, que
ha logrado hacer popular su
seudónimo «El Duende de la
Colegiata&gt;, empleado pa·
ra calzar sus brillantes trabajos reporteriles, ha estrenado en Buenos Aires
una comedia titulada Cuando se Ama,que
BELARDO

seos, parece ser que al triunfo del infatigable abogado, diplomático, dramaturgo
y periodista, contribuyó en gran parte la
admirable labor artística de una genial
artista muy querida del culto público que
á diario llena las localidades del Teatro
Odeón.

Margarita Xirgú, genial actriz que ha estrenado con éxito clamoroso en el
teatro Odeón, de Buenos Aires, una hermosa comedia titulada «Cuand0
se ama ... &gt;, original del ilustre abogado y periodista don Adelardo
Fernández Arias, «Duende de la Colegiata&gt;.

si hemos de creer las crónicas que de
aquellas lejanas tierras hermana!' nos
llegan, ha obtenido un éxito envidiable.
Prescindiendo de los méritos de la
O~ra, que esto algún día hemos de apreciarlo por nosotros mismos, viéndola en
la escena de algunos de nuestros coli-

Llámase ella Margarita Xirgú. A juzgar por el retrato que con gusto publica·
mos á su gran talento artístico, prego·
nado por los críticos en la materia, une
los encantos de un rostro apaciblemente
bello,
, y un cuerpo de hermosura po~o comun.
2

�COSMOS

802

Encuéntrase en España, donde se propone reverdecer los laureles conquista- ,.
dos en las repúblicas latino-americanas,
la notable y bella actriz Josefina Roca.
Inaugurará su tarea escénica en cuanto
descanse de la ruda lahor llevada á cabo
recientemente. Ignórase si ingresará en
alguna de las compañíás que actúan en
los primeros coliseos de la Villa y Cor~e,
ó si emprenderá. una tourné por las pnncipales capitales de provincias.

I'
11

11

1~

BENAVENTE
Srita. Filomena Manzanedo y García
Que ha obtenido Diploma de hono: en la clase
de arpa del Conservatorio.

\

1,

'\
Josefina Roca
Actriz que ha regresado á España después de una
brillante campaña artística por América,

Entre las alumnas de la clase de arpa
del Conservatorio de Madrid, ha logrado
obtener el diploma de honor la bellísi~a
señorita Filomena Manzanedo y Garc1a,
quien posee un exquisito temperame1_1t~
artístico, y un dominio supremo del d~fr
cil instrumento á que dedica sus energias
y talento.
La señorita Manzanedo lleva camino
de llegar á ser una verdadera estrella de
su arte.

I

ilustre periodista alemán que
hace pocos días descansaba en
Madrid del viaje'que por España
había hecho, me decía con un tono de profunda lástima por nuestro país:
-Lo que más me ha extrañado es que
España es el pueblo que menos se honra
á sí mismo.
En todos los países se dá el easo lógico y natural de que los ciudadanos crean
que lo suyo es lo mejor y lo defiendan á
capa y espada. En España por el contrario; la mayoría de las gentes se dedica á
la murmuración de lo español y hace la
apología del extranjero. lEs carácter?
Pues si es carácter bien puede decirse
que es un carácter desgraciado, y puede
afirmarse que los que así obran son injustos además, porque en España fuera de
su administración y de sus gobiernos, todo es bueno y algunas cosas mejores que
en las demás partes.
Y como este periodista alemán, como
este redactor de La Gaceta de Culonia es
literato, me habló de literatura para decirme que ni en la novela, ni en el periodismo, ni en el teatro, tenemos nada que
envidiará los que gozan de fama mundial
Por obras á las que igualan muchas de
las que en España se editan, publican y
represen tan.
N

Yo me acordé de Benavente, cuyo teatro es el teatro más nuevo de la Europa
actual y me acordé de Benavente que es
el autor mod'erno más genial y más completo de cuantos se asoman á la escena
para llevar á ella la crítica social mejor
hecha de cuantas se conocen, aun cuando alguna vez haya descendido al halago
de las masas olvidando momentáneamente los prestigios del arte.
Desde los tiempos de Arist6faness acá
-dijo una vez Galdós-pocos han igualado á Benavente en gracia dialogal: pocos como él poseen el secreto de infiltrar
en las cosas dulces, el amargor fino y tónico: y el de combinar con hábil alquimia
la miel y el veneno de la palabra humana.
No hace mucho visitaba yo en su casa
á Benavente para charlar con él de sus
principios teatrales, de sus inspiraciones
y de su técnica.
_¿Me quiere Ud. confesar hoy?-me
dijo.-Pues bien, no me niego. Como los
penitentes jóvenes que tienen cierto te·
mor vergonzoso de declarar un pecado,
yo le diré á Ud. &lt;t"Sonsáqueme padre&gt;.
No hay para q,ué decir que yo le sonsaqué cuanto pude, para formar idea de
la idiosincracia del literato. Y la idiosin •
cracia de Benavente que tantos críticos
han buscado, sondeando sus obras, com-

�T EN EL EXTRANJERO

COSMOS

'1

I~
1

1

1.

l

parándolas con todo lo conservado en las
bibliotecas, y tirando de erudición en per·
secusión de analogías me· la expuso él en
dos palabras.
Principio teatral de una obra: la sinceridad, que es el principio á juicio único
para obrar con toda moral y con toda
verdad.
Inspiraciones: las que le ofrece la rea·
lidad social con todos sus vicios y todas
sus virtudes porque la virtud existe, aunque sea como las violetas, escondidas y
tapadas por los macizos de las flores del
mal, egregias de color, exuberantes de
pétalos; perversamente y puramente aromadas.
Técnica de su t=atro: la naturalidad;
la exacta copia de la vida; sin falsear su
carácter, sin violentar una situación, dejando que las cosas sean como son y como existen.
Y de hoy el triunfo del escritor y ' del
analista, porque es el teatro de Benavente équé se ve que no nos sea conocido y
familiar aunque en ello no hayamos la
atención hasta que al verlo en la escena
no vayamos evocando sucesos y episodios
que son nuestra vida misma?
Frecuentáis el gran mundo y véis su
fotografía en el teatro de Benavente.
Presenciáis la representación de Lo cursi, conocéis los personajes de uno de
Vliestro trato y admiráis la fidelidad de
la pintura.
Eso sí, es la vida real, es la murmura1
ción despiadada, el colofón que ponéis á
las observaciones hechas porque la flor
del mal os ocultó-poco analistas-el per·
fume de la violeta escondida. Al terminar la farsa benaventiana se os queda
impresa la moraleja final del artista: &lt;Lo
bueno, nunca es cursi&gt;.
Y no digamos de la convicción que se
saca después de escuchar Los Intereses
Creados.
¿ Cómo no? ¿ Por qué no ha de existir
la poesía aun en medio de la vil impure·
za del positivismo social?
&lt;Crea intereses y no amistades&gt;, dice
Crispín sentenciosamente .
&lt;Hi dinero, mi dinero&gt;, clama el usurero.
&lt;Cambiemos la coma en el párrafo y
todo quedará expresado á satisfacción&gt;,
dice el representante de la justicia, venal é indigno.

Pero cuando el ambiente ahoga, el epi,
sodio del amor arrullándose en el jardín
lo purifica todo.
Es lo que reúne en Por las nubes, esa
frívolamente expresada tragedia de la
clase media.
Privaciones, anhelos, miseria disfraza
da, todo lo malo en fin, desaparece
conjuro del amor maternal, el más pur
de los amores.
-¿y por qué escribió Ud. esa diatrib
que se titula Los malhechores del bien?
hube de preguntarle á Benavente.
Es éste, en efecto, á mi juicio, el ma
yor lunar de su obra literaria. Zaherir
damas que ejercen la caridad exagerand
sus fines espirituales en términos en qu
quedan convertidos en atropellos á 1
conciencia individual.
Ben:1.vente me dijo: &lt;Yo no he querid
zaherir más que á esas personas que
título de hacer obras caritativas quiere
dirigir hasta los impulsos del corazón d
los que socorren.
La explicación no fué satisfactoria
Porque yo me pregu11to á mí mismo: lN
es natural que el que socorra, ansíe so,
correr de modo preferente á los suyos,
los que como él sientan y piensen?
Esta obra fué la obra brindada p
Benavente á la galería que recibe el bi
de manos de justos y asociaciones, á 1
que criticó el dramaturgo quizás llevad
de una impresión pasional inspirada
una excepción única.
lPor qué, cómo si nó, pudo hablar a
quien después tan hermosamente escri
bió ese poema maravilloso de La Fuer
Bruta, para demostrar que sólo los fu
tes de espíritu, los que por amor á Di
y á su prójimo se sacrifican son los fuer
tes de la vida?
Pero en fin, Benavente bien puede s
objeto de disculpa. ¿Porqué no? Su te
dencia general es la inclinación al bie
Es artista y como artista le enamora
bien y la belleza. Ha perseguido la v
dad y á través de los años la ha encon
trado en la fe de los débiles, que tien
la fortaleza del amor, como la herma
de la caridad, que conforta al hercúl
Freg cuando maltrecho y roto y venci
llora en el hospital la pérdida de su fue
za bruta.
MANUEL

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EDUCACION FISICA DE LA MUJER EN ALEMANIA.

Di versos ejercicios practicados en el real gimnasio · de Spandau.

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Principio teatral de una obra: la since- frívolamente expresada tr,
ridad, que es el principio á juicio único clase media.
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para obrar con toda moral y con toda
Privaciones,
anhelos,
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Inspiraciones: las que le ofrece la rea- conjuro del amor maternal,ecta escuela p
lidad social con todos sus vicios y todas de los amores.
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mal, egregias de color, exuberantes de
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la exacta copia de la vida; sin falsear su quedan convertidos en atropellos á
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jando que las cosas sean como son y coBen:ivente me dijo: &lt;Yo no he querido
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zaherir más que á esas personas que á .
Y de hoy el triunfo del escritor y · del título de hacer obras caritativas quieren
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te ¿qué se ve que no nos sea conocido y los que socorren.
familiar aunque en ello no hayamos la
La explicación no fué satisfactori
atención hasta que al verlo en la escena Porque yo me pregunto á mí mismo: l N
no vayamos evocando sucesos y episodios es natural que el que socorra, ansíe s
que son nuestra vida misma?
correr de modo preferente á los suyos
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fotografía en el teatro de Benavente.
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EDUCACION FISICA DE LA MUJER EN ALEMANIA.

Dil'ersos ejercicios practicados en el real gimnasio · de Spandau.

�EL
CAMINO
Par PEPE ROJAS.

RESUMEN DE LAS CARTAS ANTERIORES

Caminito triste, caminito largo,
camino que todos habremos de hacer,
icómo á recorrerte
se niegan mis pies!
Ahora marchamos tras la pobre caja
donde va el amigo que se adelantó,
y del camposanto de volver tenemos
al dejarlo solo, al decirle adiós.
Pero aunque volvamos, nos duele el alma
pensar en que nunca lo veremos ya,
que se queda solo, metido en la tierra,
bajo del olvido v en la soledad.
Y así meditamo; que mañana iremos
dentro de una caja, rumbo al panteón,
y nos sobresalta, como un calosfrío,
el pensar cada uno: fru ándo seré yo? ..

Primera carta. "Pepe Rojas" es un luchador que ha logrado con su perseverancia é inteli·
gencia poseer una hacienda denominada Las Tres Estrellas, la que por efecto de las luchas intes·
tinas de Venezuela, país donde radicaba, fué destruída. Pepe Rojas hace con vivos colores el
relato del combate que originó su ruina, decidiéndolo á abandonar aquel país tan querido para él,
viniendo á radicarse á la República Mexicana, que por entonces gozaba fama de ser una de las na·
ciones más prósperas de América. Con los restos que pudo salvar de su capital, compró algunos te·
rrenos en el Estado de Veracruz, á los que, en recuerdo del feliz pasado bautizó con el nombre de su
hacienda primitiva.
Segunda carta. -Se hace el relato de los trabajos emprendidos así en la casa-hacienda, como
en los plantíos y trapiche. Se menciona el efecto producido en los pacíficos campesinos por las prédicas socialistas de Madero, cuyo hecho sugiere á Pepe Rojas el propósito de hacer un ensayo de
socialismo en Las Tres Estrellas. Ruega á los "cabecillas" que le alborotan su gente que estudien
y le presenten un pr:&gt;yecto; pero como pasados algunos días lo único que parece claro es que ninguno
logra ponerse de acuerdo en traducir lo que pretenden, Pepe Rojas se compromete á presentar un
proyecto de ensayo de socialismo. promesa que cumple, sometiendo sus ideas á la aprobación del Pre·
fecto y del cura . Al primero pareciole el proyecto una locura; al segundo le agradó, quedando acor·
dado que con ligeras modificaciones se presente el documento á la consideración de los peones que
para el efecto debían reunirse en el salón de la escuela.
Tercera carta-Ante escasa concurrencia de peones, pues la mayor parte optó por asistir á
una exhibición cinematográfica, leyó "Pepe Rojas " su proyecto de colonización. dirigiéndoles después la palabra para aclarar conceptos y recomendarles que meditasen lo que les brindaba, por en·
tender él que los ponía en el camino de la prosperidad. Los peones se reservaron opinar hasta con·
sultar con el barbero del lugar. que, entre ellos, gozaba de algún prestigio como hombre leído y
entendido en materias de redención social. Pepe Rojas celebra también una entrevista con el
barbero, quedando penosamente impresionado de las ideas disolventes de aquél. En apoyo de su des·
cabellada tesis el barbero citaba la autorizada opinión de un catalán que había pasado por la Hacienda, envenenando con sus prédicas el espíritu sencillc de los campesinos.

¿ Cuándo en el olvido de la casa grande,
pasto de las larvas, me abandonarán,
para que los ojos que por mí lloraron
á los pocos meses no me lloren ya? .•.
Caminito triste, caminito largo,
camino que todos habremos de hacer,
aunque triste, siempre
que te bagan mis pies!
Que serás más triste, que serás más largo,
cuando ya me vaya para no volver,
cuando para hacerte
no sirvan mis pies!

J.

EDUARDO~

CORREA.

Carta cuarta (1)

LA MALA SEMILLA.-EL PLAN DE UN APOSTOL ANARQUISTA.FUGA DEL BARBERO.-REUNION TUMULTUOSA.LOS PROCEDIMIENTOS DEL PREFECTO.
Hacienda de Las Tres Estrellas, Agosto 1913.
Cuando salimos de la escuela todavía
estaba funcionando el cinematógrafo en
la explanada y nos fuímos José y yo en
busca de las Rosas que, rodeadas de al-

gunas amigas y un enjambre de chiquillos, se di vertían con las aventuras de Max
Linder.
La luna vino á terminar antes de tiem·

Véanse las anteriores públicadas en los números de Mayo, Junio y Julio de 1913.

�8r2

COSMOS

LA VIDA EN LOS CAMPOS

Hallamos al barbero tendido en un camastro, con la cabeza entrapajada y la ropa en desorden .

po el espectáculo, y ios peones y sus fa.
milias fueron desfilando mientras nosotros llegábamos á la casa morisca don·
de nos esperaba la cenacompuesta de tamales y nuestro sabroso gazpacho.
Sin duda en el camino hacia la casa
José impuso á su madre y á Rosita de lo
sucedido en la escuela, con motivo de la
lectura de mi proyecto de colonización,
porque noté cierta tristeza en toda la fa.
milia y creí que debía darles alguna ex
plicación que volviera la alegría á sus
rostros.
Tuve que referirles en detalle lo ocu·
rrido; el temor ó la desconfianza de los
peones para emprender el cultivo por su
cuenta; la salida de tono de Moisés y sus
descabelladas teorías anarquistas; la fu.
ga del apóstol Paul con los fondos del
Club socialista de C. y el arranque del
P. Rafael iniciando la futura colonia con
la subcripción de un lote para la escuela
y otro para la familia del tío Oceguera.
Cuando nos disponíamos á retirarnos
á descansar llamaron á la puerta y entró
desolada la mujer del barbero Moisés, que
entre lágrimas y sollozos nos dijo que su
marido había qegado á la casa con la cabeza chorreando sangre, que lo había cu-

rado como podía pero que se había priva·
do y temía que se muriera.

En el acto salimos para la barbería Jo·
sé y yo mientras las Rosas le buscaban á
la pobre mujer vendas y algunas medi·
cinas del caso.
Hallamos al barbero tendido en un ca·
mastro, con la cabeza entrapajada y la
ropa en desorden. Había recobrado el
conocimiento y se quejaba llevándose las
man?s á la cabeza y á las espaldas, en
medio de grandes lamentos.
Cuando nos vió entrar se tapó la cabeza con la frazada y cesó de quejarse.
Antes de que pudiéramos int~rrogar al
herido llegó su mujer con las vendas y
medicamentos que le habían dado en la
casa, y nos habló así:
-Señor, esto lo esperaba yo cualquier
día. Moisés es bueno, toda la peonáda
lo quería, pero desde que estuvo aquí
ese demonio de Sr. Paul y se apuntó él y
algunos peones en lo del Club, adonde
iban por las noches á oir los sermones
del Paul y otros, que luego se escaparon
con los centavos de los socios, la maldición de Dios cayó sobre este jacal y los
peones le tomaron ojeriza á Moisés por

-Don José, aquí nos tiene Ud., sin más amparo que el de Dios y su merced.

que el Paul se llevó el dinero y no han
conseg-uido nada.
-Mira Remedios-dijo el barbero pre·
tendiej.do incorporarse en el lecho,-no
le ecltes al Sr. Paul porque aquél era un
hombre, y la culpa de lo que pasa la tienen otros que no han cumplido su pa·
labra.
- Bueno-dije yo para cortar aquella
discusión inútil y abreviar la curación
del pobre hombre.-¿ Qué ha pasado?
¿Quién te ha herido?
-Pues nada, D. José, que cuando salimos de la escuela nos pusimos de pa·
lal;iras con Perico, José Luz, y otros; que
el Sr. Anastasia quiso mediar; que yo le
dije que era un tal y que aquí lo que ha·
cía falta era un hombre como el Sr. Paul
para arreglar eso del reparto de las tie·
rras. Y por esto no más Perico me arreó
con un palo, yo contesté, pero todos cayeron sobre mí y me han molido á palos

y patadas. Sin Anastasia y su hijo creo
que me rematan.
José, mientras tanto, lo reconocía con
cuidado ; le lavaba un pitJ.u'ete que tenía
en la frente, y salvo alguna complicación
interna que no esperaba, se convencía de
que no tenía sino una paliza soberana,
las narices como un ji tomate y aquel rasguño en la frente que no era cosa de cui •
dado.
Quise que se avisara por teléfono á la
cabecera del cantón , pero Moisés se opu·
so tenazmente, diciendo que eso no era de
hombres, que él vería lo que tenía que hacer cuando se levantara y que por todos
los Santos no dijéramos al Prefecto lo
que había pasado.
Un antiespamódico lo calmó y lavada
y curada la herida de la frente lo dejamos
con su mujer y sus hijos, que lloraban en
un rincón.
Yo salí muy preocupado y abatido. El

�COSMOS
LA VIDA EN LOS CAMPOS

primer fruto de mi ensayo social había
sido aquella riña y quizá el comienzo de
una serie de otras semejantes.
Antes de llegar á la casa oímos voces
y ruido hacia el jacal del barbero pero
cesaron muy pronto y supusimos alguna
reyerta doméstica entre Moisés y su mujer por habernos llamado.
Hablé por teléfono con el Prefecto dándole cuenta de lo sucedido, aunque quitándole importancia á lo de la riña y éste me ofreció venir al siguiente día, aunque á mis ru~gos accedió á no mandar en
el acto por los rijosos y el her ido.
Pasé la noche inquieto y desvelado.
Antes de que saliera el sol bajé á la plazoleta y lo primero que ví fué á la mujer del barbero acurrucada junto á la
puerta y rodeada de sus pequeñuelos.
Apenas me vió vino á mi encuentro y
mostrándome á sus hijitos me dijo:
-D. José, aquí nos tiene Ud, sin más
amparo que el de Dios y su merced.
-Vamos, Hemedios,-dije á la pobre
mujer haciéndola pasará la cocina de la
hacienda,-cálmate y dí qué ocurre.
-Pues, qué quiere su merced, que apenitas salió U d. anoche con el niño José,
Moisés se levantó, tiró de la frasada y
cogiendo la bolsa de las navajas y la escopeta se fué para el monte diciéndome
que ~o lo veríamos hasta que triunfara
la revolución. Ni mis lágrimas, ni las de
estos hijos de Dios lo ablandaron y allá
se fué quejándose y echando contra todos
por lo que él dice que es servilismo.
Aquella fuga me preocupó mucho. Hacía días que se hablaba de la partida de
un tal C. M. que andaba por los alrede·
dores del cerro de la Malinche y procuré
saber si Moisés estaría de acuerdo con
los alzados.
Pronto salí de dudas. La infeliz Remedios entre las explicaciones e:¡ue me
daba sobre la fuga de Moisés me dijo que
hacía pocas noches había estado en la
hacienda, y en su jacal, un hombre que
habló mucho con el barbero y que á ella
y á los cliamacos los habían enviado á la
tienda por papel y sobres, pero que cuando volvieron ya se había marchado el
forastero.
María Rosa y Rosita habían bajado ya
de sus habitaciones y consolaron á Re·
medios llevándola para las dependencias interiores. Muy preocupado con aque·

llos incidentes me dirigí en busca del
P. Rafael, mi auxiliar y consejero, al
que no hallé en la escuela, pero la maestra me dijo que había venido en su busca el viejo Anastasio y se habían marchado con dirección á la tienda.
Allá me encaminé, y antes de entrar oí
ruido de voces. Al presentarme en la
puerta del salón de la panadería, anexa
á la tienda, callaron todos y ví al P. Rafael y al viejo Anastasia rodeados de vein·
te ó treinta peones que yo suponía que
estarían en el campo ó en el trapiche.
En pocas palabras me enteró el P. Ra·
fael de Jo que sucedía. La noche pasa·
da, y al salir de la reunión en la escuela,
el barbero había expuesto á los peones
su plan de reparto de la hacienda, según
las teorías del apóstol Paul, el catalán
que se fugó con los reales del Club de C.
y en el que se asignaba á cada cual su
misión, no de trabajar la tierra, sino de
inspectores, capataces, guardas, etc. Al
Administrador lo substituiría el famoso
Paul; de la tienda se haría cargo el barbe·
ro que fiaría todo lo que pt'dieran los asociados y yo con la familia nos podíamos irá
donde quisiéramos para que los asociados
(¿ ?) nos enviaran cada año la parte del
producto de la hacienda, como uno de
tantos socios.
Hay que hacer la justicia de que el
discurso del barbero fué acogido con bro·
mas y cuchufletas por la mayoría de los
peones aunque algunos permanecieron ca·
liados y cuatro ó cinco hallaron la cosa
muy bien y se postularon en el acto pa·
ra capataces é inspectores.
Moisés llamó serviles á los que A,rie·
ron de sus teorías; se agr ió la cuestión y
acabó en una zambra de palos cuyos re·
sultados vimos en las costillas y la cabe·
za del Moisés socialista.
Pero la semilla del catalán, sembrada
por el barbero, había fructificado en una
sola noche y á los cuatro ó cinco que se
adhirieron á las teorías del rapabarbas
se habían sumado ya los indiferentes de
la noche anterior y éstos eran ya los que
en la mañana se habían congregado en
la tienda, en vez de ir al trabajo, para
ponerse de acuerdo en la forma de pe·
dirme la ejecución del proyecto del señor
Paul.
El viejo Anastasia supo lo que sucedía
y avisó al P . Rafael que se presentó en

la reunión y que hacía rato procuraba
hacer comprender á aquellos infelices lo
disparatado de aquel plan de rapiña.
Hasta algunos que habían ido en busca
d:-1 barbero, y no lo hallaron en su jacal
íll encontraron por ninguna parte á su
mujer ni los chiqBillos, habían supuesto
ya que por orden mía ó de acuerdo con
el Prefecto los habían llevado presos á
la cabecera del cantón.
El P. Rafael tenía esperanzas de con·
vencer á los peones, pero antes de bajar
á la tienda con el viejo Anastasia había
avisado al Prefecto por teléfono y éste le
había dicho qúe en el acto salía para Las
Tres Estrdlas con algunos rurales.
·Est? aca~ó p~r consternarme porque
conocia á m1 amigo el Prefecto de C. y
me espantaba la idea de que hallara á
aquellos infelices en abierta rebelión é
hicier~ alguna de las suyas, como había
sucedido pocos meses antes en la cabecera del Distrito.
Aunque Anastasio, con su garrote en
la mano no quería separarse de mi lado
lo obligué á que subiera á la casa y re~
gresara trayendo á la mujer y á los hijos
del barbero y yo les dije á los peones
que nombraran una comisión de dos ó
tr~s de ellos y me dijeran qué deseaban.
Tiempo perdido. Aunque me alejé del
salón y esperé en el pórtico de la tienda
largo rato, ni salía la comisión ni cesaba
el murmullo de la discusión con el P. Rafael, al que yo veía agotando su oratoria
rodeado de los peones.
'

Laó en esto Anastasio con la mujer
Yl~ijos del barbero y entré con ellos
al salón.
. La presencia de la mujer y los chiquitines de Moisés desconcertó á aquella
gente.
.-Vamos, Remedios,-dije á ésta,di á los amigos de tu marido qué ha sido
de Moisés.
. -Y que quiere su merced que yo les
diga, pues que el niño José Jo curó, que
YO le estaba preparando las hojas con las
got~s que me envió señá Rosa cuando
~01sés tiró de la frazada y escapó deJándonos en un mar de llanto.
:-Ya estáis viendo,-les dije.-Anoche no quise que se avisara al Prefecto·
esperaba que hoy haríais las paces pe:
ro MOISés
·
'
se ha fugado sin razón algu-

815

na, y Dios quiera que acabe aquí esta
algarada.
Lo urgente ahora es que acabemos
pronto, porque pudiera llegar el Prefecto, como otras veces, y no quisiera que
se (mterara de lo sucedido.
-Tiene razón el señor José,-dijo un
mocetón de seis pies, llamado Cristóbal
Narro-y dirigiéndose al P. Rafael agregó:-El. padre sabe lo que aquí pasa, y ya
que M01sés nos deja, después de habernos hecho perder el día, lo que queremos
es que no se hable más del reparto, y su
merced verá lo que puede hacer por nos·
otros, porque cualquier día vuelve Moi·
sés con sus amigotes los de C. y nos da
un mal rato.
~a mayoría asintió á la proposición de
Cristóbal y sin esperar las explicaciones
del P. Rafael les dije que volvieran en
el acto al trabajo, que no había descuen·
to por el medio día perdido y que tampoco abandonaba el proyecto del reparto,
que estudiaríamos mejor. Lo urgente para mí era que se disolviera la reunión
antes que llegara el Prefecto con sus rurales.
-Bueno,,- dijo Cristóbal, - pues el
padre nos dirá luego lo que disponga su
merced y yo me voy á la umbría donde
dejé el ganado y pueden haberse corrido á la milpa; y aprPtándose el jarano de
un manazo salió á largas zancadas de la
tienda.
En pocos momentos se desocupó lasala Y.qued~mos sólo el P. Rafael y yo con
la vista fiJa en el camino por el que avanzaba ya una nube de polvo de la que se
destacó pronto un pelotón de rurales rodeando al Prefecto.
-Por Dios, padre,-dije al venerable
sacerdote antes que llegaran los ruralesni una palabra que pueda perjudicar á
los peones. Moisés se fué, nosotros no
sabemos quién lo maltrató y pelillos á la
mar,-y sin cambiar una oalabra más salimos al camino y al encuentro del Prefecto.
-Buenos días,-nos dijo éste apeáod?~~ del caballo;-con que su ensayo sociahs~a le &lt;lió el primer disgusto. ¿Qué
ledecia yo, D. José, ?-agregó,-que usted no conoce á mi gente, pero ahorita
me llevo al raspabarbas y los rijosos para que con su maüsser ayuden al Gobierno á acabar con otros léperos como ellos.

�.
'

8r6

COSMOS
LA VIDA EN LOS CAMPOS

..

lo pasará mal de barbero en un batallón,
y cuando vean qué éste y media docena
más los consignamss á las armas, los demás entrarán en razón y para el otro centenario tendrá U d. acasión de hacer su
famoso reparto de tierras.
Caminando hacia la hacienda procuré
convencer al Prefecto de que yo ignoraba dónde se habría refugiado el barbero
después que lo dejamos. curado, así co·
mo quienes .lo habrían golpeado, y por todos los medios procuré disuadirlo de su
propósito de llevarse consignados á los
de la riña.
La frente del Prefecto se iba arrugando Y aunque al llegar á Las Tres Estrellas, saludó muy afectuoso á María Rosa Y á mi hija Rosita, en cuanto queda·
mos solos y apercibió á la mujer del barbero en la explanada, regando unas ma·
cetas, me dijo bruscamente:
-No perdamos el tiempo, allí veo á la
mujer de Moisés y ésta nos va á decir
dónde está su hombre,-y dirigiéndose á

817

la infeliz mujer le dijo sin rodeos: -Me
vas á decir ahorita á donde se fué anoche
t~ hombr~, por que si lo encuentro sin que
tu me lo digas lo pasará peor,-y sin espe.
rar la re~puesta .de Remedios dijo al viejo .
Anastas10, que nos había seguido á al·
guna distancia.
-Favor de llegarse al molino y decir
al cabo que venga aquí con dos rurales
más.
La pobre mujer se esforzaba por convencer al Prefecto de que no sabía la
dirección que hubiera tomado su marido
pero el Prefecto insistía y en cuanto lle-'
~aron los rural~s les ordenó que acampanaran á Remed10s al jacal del barbero é
hicieran un cateo minucioso.
En mi próxima te diré el resultado de
aquel cateo_y los sucesos que se desarro·
llaron en la hacienda poco después.
Tuyo siempre.
PEPE ROJAS.

l
1

_. ._J
-Y sin cambiar uua palabra, nos salimos al camino y al encuentro del Prefecto.

-Nada de eso, D. Miguel,-dije al
Prefecto,-Moisés parece 1ue riñó con
algunos por copas más ó menos de chin·
,rre pero anoche mismo se fué de la hacienda, quizá á recorrer su clientela, y
nadie sabe quiénes fueron los agresores.
Dado el carácter impulsivo del Prefecto temí que conociera mi intención de
salvar de la consignación con que amenazaba á los rijosos, se expresara como
solía hacerlo y acabara por llevarse al
primero que cogiera, si no le entregaban
á los de la riña, pero por primera vez lo
ví prudente y volviéndose á los seis rurales que lo acompañaban les dijo:
-Esperarme en el molino: pedir una

pastura para los animales y allí os buscaré pronto.
Cuando quedamos solos con el P. Ra·
fael me habló así:
-Don José, ha hecho Ud. una tonte·
ría, que puede costarle muy cara, y toda·
vía quiere evitarme el que lo ayude á en·
mendarla.
El barbero está de acuerdo con la ga·
villa de C. M.; les sirve de espía por es·
tos rumbos y si no le saneo á Ud. su
peonada, llevándomelo con los cuatro lé•
peros que se ha conquistado, el día me·
nos pensado se le levanta toda la peona-.
da y nadie evita aquí una mala obra.
Entrégueme, pues, á Moisés, que no

�OBRAS SOCJALES
;.2)=,,'.."?0~~1

piritual, el punto de parada clel j0rnalero?
Y como no está fuera de lo posible, lo
han procurado y lo están consiguiendo á
'uerza de voluntad, de sacrificio y de cons-

j¿

~:'.~f,

19\~;;:ité Femenino de Higiene Popular
constituyó y al constituírse fundó varios
remios anuales, por «iistritos, para preiar á las mujeres de obreros que más limia tengan su casa; á los que mejor aseaos tengan sus hijos; á los que con más inerés cuiden de su propia persona, y como
ujeres que conocen bien los modos de
gradar con la sencillez y la limpieza, el
xito fué inmediato al esfuerzo hecho para
onseguirle.
Todos los años y cada año con mayor soemnidad se hace el reparto de profusión
e premios, no pequeños en la cuantía, y
,
.
mo la emulación es contagfosa, y más paOR el entusiasmo y por la firmeza
en que com;1~t~ .esta, lab,or que pu la virtud entre estas mujeres del pueblo
en sus ideales, de la notable es- d~¿Qu.e.
c~!Jf1car~e .de I?}tnotica, a mas de hum pañol tan buenas, el ejemplo de las precritora española D~ Sofía Casa.
.
iadas cunde por los bar;rios, tanto más
nova-cuyo retrato en justo ho- mtaria Y cr1süana.
E~ ~enc1llo, en p~em1ar con d?nahvos .uanto que va aparejado con la fama de
menaje acompaña á estas líneas de admira- metahco
1
y ob~eq!-110s de otra 1:dole e mpias y de mujeres de su casa, que lleción-viene funci0nando en Wadrid, una en- nentemente
practica, todas l~s v1rtudes van las que obtienen los premios.
tidad altamente sim·
la muJer cas~ra? q El refrán tan español de que «la mujer
pática que se titula
al embellecimien mpuesta quita al marids&gt; de otra puerta»
« Comité Femenino
de! hogar obrero coda un resultado positivo, y esto se ve en el
de Higiene Popular»
~as vol.untad se d rrepentimiento de los muchos que antes
y en el cual figuran
d1q~e. e'.Ver?dad q ran visita de confianza en las pulquerías
numerosas damas de
es Erboso.
. lo dejan de ser. Y es consolador oír á las
la aristocracia maO
rero, .sumh..1 mas del Comité Femenino de Higiene
drileña que colaboen la pen~na, 1 Popular dar cuenta de sus inspecciones.
ran fervientemente
del ~sca~o Jorna , r Están satisfechísimas: Las señoras visiá los fines que tal
duc1d~ a la falta tan respectivamente la demarcación que
institución se proatracciones que 'enen asignada. Entran en las casas de los
pone.
cen d~l abandono obreros, fraternizan con sus mujeres, obLa obra, como
la mh~J~r, de la es . sequian á los niños, y durante la visita se
obra social, es digna
s~ igiene en 1 enteran de todo.
'
de los mayores enrend~d ~el
lec
Com&lt;j
para
recibir
á
tales
amigas,
tan elecemios, y por estar
es~mSUCIO
ª .0
gantes,
no
se
puede
presentar
la
casa
de
dedicada al elemendec1r
1
to proletario excluhijos, el obrero,
sivamente, es digna
fin, á quien ni el e
también de las macanto de la vida
yores alabanzas.
familia parece que
Estas damas maes dado; huye de
drilefias, que entre
casa, le hastía el b
sus grandes y bellas
gar y busca en
cualidades, ponen la
taberna-lo que
de ser altamente case llama pulquería
ritativas y bondadoó en el club soci
sas, están realizando
D~ Sofía Casanova
tario, la expansi'
con el sostenimiento Alma del Comité Femenino de Higiene Popular. que de otra sue
de dicha entidad una
pudiera hallar en
labor en extremo meritoria, y están lo- seno de la pequeña sociedad doméstica.
grando poco á poco una honda modifica¿No habría medio de evitar esto? se b
ción en las costumbres populares, con preguntado las damas madrileñas. ¿No
palpable ventaja para la vida del trabajador podría lograr el estíinulo en la mujer ~
y, lo que es más hermoso, para la salud de trabajador para hacer del hogar proletal'l
los hijos del trabajador.
el lugar de descanso, el sitio de refugio
1

EL COMITE FEMENINO DE HIGIENE POPULAR

1

ª

819

cualquier modo, las mujeres obreras se esmeran en la presentación de sus hijos que
han de ser besados y acariciados por las visitantes, y se esmeran en su propia persona. Todo este ambiente grato de aseo y de
pulcritud, lo halla el obrero al regreso de
su trabajo, y como el tener sobre las rodillas á un niño y más siendo hijo, tan lavado, tan peinadito, tan limpio, y como el estar en la casa tan enjabelgada, tan fresca, y
como el tener ante sí á la compañera de la
vida, tan cuidada y tan pulcra, halaga, el
hombre se recrea en su hogar y en el hogar se queda.
¿Quién lo duda?
Pero hay otro beneficio más: otro beneficio trascendental. Y es que con esto, ¡cómo se achican y se anulan las diferencias
de clase!
La mujer del obrero, no es la inferior,
es la amiga de las señoras que la visitan.
Con ellas departe, con ellas trata, con ellas
habla, y de ellas va tomando poco á poco
los modales, las palabras, el arte de conversar con amabilidad, operándose al propio tiempo que un cambio en la educación,
otro cambio en los sentimientos, porque de
cerca, ino son orgullosas las dainas que lo
parecen cuando se las ve lejos y en coche!
¡Y cuánto conviene esta fraternidad para
anular la bárbara lucha de clases que al
obrero se le infiltra en nombre de un socialismo utópico!
Es simpática como véis esta institución
de higiene popular. Simpática y meritoria.
Y es una obra de caridad, aunque no sea
más que el afecto y el amor que crea en el
ánimo del proletario, que al recibir la visita de quienes tienen superior categoría social, se ve tratado con respeto, con cariño,
con fraternidad, co;no lo que es, como hermano y como amigo.
M.S. C.

�MEXICO MODERNO

PALACIO LEGISLATIVO fEDERA L

MEXICO MODERNO
EL PALACIO LEGISLATIVO EN CONSTRUCION

A los muchos grandiosos edificios, así
En los trabajos de construcción ha tooficiales como particulares, que ya cuen- mado gran parte, distinguiéndose por su
ta nuestra metrópoli, habrá que agregar, celo en que se activasen lo más posible,el
en su día, uno más que,
Inspector General de
Obras Públicas, Sr. D.
por su magnificencia, ha
de 'llamar poderosamente
Gilberto Montiel Estrala atención de propios y
da.
La mayoría de los inextraños. Nos referimos
al futuro Palacio Legisgenieros que han interlativo, cuyas obras covenido en las obras efectuadas hasta el presente
menzadas en el año fiscal
de 1899 á 1900, sé hallan
momento, son extr:1njeros, entre los que recordesgraciadamente en
suspenso, debido á las
damos á los señores Joranormales circun~tange Wolff, Herri Toullon
cias porque atraviesa la
y c;iilberto Begene, quienes especificaron por
República.
medio de contratos los
A la exquisita amabitrabajos que habían de
lidad del Sr. D. Rafael
ejecutar.
Vázq uez, subsecretario
· En calidad de ayudande la Dirección de Obras
tes de la Inspección GePúblicas, debemos los
neral de Obras Púi;.¡cas,
datos que ofrecemos á
prestaron también exce·
nuestros lectores para
documentar los grabalentes servicios los sedos, que también publiñores Ingenieros Abracamos, dando así una
ham Chávez, Manuel
Galindo, Arquitecto R.
idea bastante aproximada de lo que será el
Roques de Lara y dibuPalacio cuando pueda
jantes Adolfo Amezcua
ser inaugurado.
y Emilio Llanote.
Actualmente, lo mismo
El autor del proyecto
que en el Teatro Nacioy director de las obras,
es el Sr. Ingeniero Don
nal, sólo se llevan á cabo
Emilio Benard, quien
obras de constrvación,
encontró un inteligente
estando encargado de
y activo colaborador en
dirigirlas, el señor Ingeel subdirector señor
niero D. Arturo Pani.
E-1 costo total de las
Arquitecto D · Maixime Cariátide ele! entablamento del piristilo
Roisin.
La Elocuenda
obras está presupuesta·

Plano del primer piFo.

821

�822

COSMOS

MEXICO MODERNO

Fachada principal.

Perspectiva de la fachada principal.

Vista de la parte Central de la fachada principal.

Perspectiva de la esquina Sureste.

�COSMOS

MEXICO MODERNO

Vista general en perspectiva.

Detalle de la Cqpula.

Fragmento del Frontón de la fachada principal.

�COSMOS
MEXICO MODERNO

Esquinas dt las fachadas lateral-norte y posterior
Detalle del Vestíbulo,

�COSMOS

Gran· Escalera.

MEXICO MODERNO

Sala de los pasos perdidos y cúpula.

�COSMOS

MEXICO MODERNO

831

do en la suma de diez y ocho
millones de pesos. Lo gastado
hasta ahora importa precisamente la mitad de lo calculado.
Como verán nuestros lectores por los frabados adjuntos,
la fachada principal y la pers·
pecti va de la esquina sureste,
son de una belleza arquitectó·
nica admirable, así en el con·
junto como en el detalle.
Corona al suntuoso edificio
una hermosa cúpula decorada
en su interior y exterior con
irreprochable gusto artístico,
y rematada por un águila de
grandes proporciones.
En general, la decoración
del edificio puede calificarse
de admirable. Entre otros detalles, decorativos merecen á
nuestro juicio, particular mención el vestíbulo, el frontón
de la fachada principal, un
grupo del ático la juventud,
otro del de la edad viril y las
cariátides de los entablamentos
de los peristilos . El Trabajo,
La Paz, La Ley, La Elocuencia, La Fuerza y La Verdad .
El conjunto logrado en el
salón de sesiones es digno de
toda ponderación, mereciendo
también consignarse el paso
cubierto para coches, la gran
escalera, la sala de pasos per·
didos y el vestíbulo de la misma; el Pórtico Jónico y el
balcón de la gran escalera.
Cerramos estas breves lí-neas descriptivas, confiando
en que la voz del patriotismo
llegará á imponerse trayéndonos la anhelada paz, y con
ella los elementos necesarios
para que puedan reanudarse
las obras de este palacio que
ha de ser uno de los que con
más legítimo orgullo mostremos al curioso viajero.

Interior de la Cámara ele Diputados.

Cariátide del entablamento del piristilo, La Paz.

�ORO TROPICAL

\'

ORo TRoPICA'. L.
.

RIQUEZAS DE MEXICO
Por BERNARDO MALLEN.
( CONTINUACIÓN),

He tomado como punto de partida, pa·
ra comparar, un lugar céntrico de p1 oducción de plátano en nuestro país, y
este lugar puede ser la Estación del Hu·
le, del ferrocarril de Veracruz al Istmo,
que se halla entre Córdoba y Santa Lu·
crecía .
¿No resultan verdaderamente monstruosas las cuotas que cobran nuestros
ferrocarriles ante las que cobran los fe.
rrocarriles americanos, según lo demues·
tran las cifras comparativas expuestas?
Y todavía más injustific"adas tendrán
que parecer e~as cuotas, si se reflexiona
que ellas gravitan sobre un producto ali·
menticio necesario á nuestro pueblo; so·
bre un pro:lucto alimenticio que puede
llegar á prestar los más útiles servicios
l á la nación salvando en todo tiempo al
pueblo del hambre, vocablo fatídico que
jamás ·v olverá á oírse pronunciar en Mé·
xico si ese fruto providencial se pone al
!( alcance de nuestras clases desheredadas
.,... de la gran Mtsa Central; donde habitan
más de 10.000.000 de seres humanos que

tienen derecho á que se atienda á su subsistencia por virtud de esa suprema ley
de conservación, que es la primera ley
que conoció el hombre al aparecer éste
sobre la tierra.
&lt;Primero ~s comer que ser cristiano~,
dice un proloquio antiguo. Demos de comer al pueblo primero y antes qne todo,
y habremos cumplido la más ingente ley
de la naturaleza.
Y sobre todo, sacudámonos de la tutela afrentosa que nos hemos impuesto de
importar maíz del extranjero cuando, como ya lo he dicho, tenemos en la propia
casa un producto para llenar sobrada·
mente las necesidades de nuestra población.
Por ahí han debido empezar nuestros
anhelos de libertad y ·soberanía; por ahí
ha debido manifestarse el patriotismo
verdadero.
Bastarse á sí mismo es el orgullo del
hombre libre.
Tal orgullo s'erá digno de un pueblo
que se sienta suficiente para depender de
sus propias aptitudes.
La independencia económica trae aparejada la independencia política.
, Es irrisorio pensar que un pueblo sea
libre y árbitro único de sus destinos, si
ese pueblo no dispone siquiera de lo indispensable' para atender á la vida de
sus ciudadanos.

***
Jalisco tiene en su propio suelo una
magnífica región para el cultivo del banano, la que se encuentra entre Manzanillo y San Bias.
El que traza estas notas visitó hace
tres años el Valle de Banderas, en don·
d~ una Compañía Americana está hac~endo grandes siembras y quedó mara·
v11Iado del vigor y lozanía que presen·
taban los platanares que vió cerca de las
Peñas; un puerto de excelente fondeadero Y en cuyas aguas profundas podrían
anclar las escuadras de todas las naciones. Jalis-::o, sin embargo, nada ha hecho para desarrollar ese cultivo en sus
reg!ones costeñas que tiene relegadas ·al
olvido, existiendo, como existe allí, una
gran riqueza que explotar.
CUn ferrocarril entre Guadalajara y
hamela 6 las Peñas sacaría del olvido

833

aquellas regiones y ] alisco tendría un
magnífico puerto propio para su comercio exterior.

Et plátano considerado como artículo
de exportación.
He tratado hasta aquí del plátano como producto alimenticio llamado á ren·
dir grandes servicios á la Nación substituyendo oportunamente al maíz, cuando
este grano no sea suficiente para llenar
las exigencias nacionales; y aun en todo
tiempo si se logra hacerlo de uso pppular.
Ahora trataré la cuestión bajo el pun·
to de vista comercial.

***
México tiene á sus puertas el mercado
más grande del mundo para la venta de
ese valioso producto del trópico.
Los Estados Unidos del· Norte ha sido la nación que ha comprendido antes
que ninguna otra, sus altas propiedades,
y, práctico por excelencia como es el
norteamericano, lo ha adaptado importándolo á su país en tan grandes cantidades como la producción de los países
exportadores lo permite.
•
Inglaterra ha seguido en ese moví·
miento á los Estados Unidos importándolo de sus Colonias, y ahora Alemani~
está tratando de importarlo del Africa y
de los países del Sur. Francia se mueve
en igual sentido. Holanda rebaja los impuestos aduanales de tres florines que
tenía impuestos sobre el banano á un
florín; las Cámaras Comerciales de Holanda no quedan conformes con esa re·
ducción y piden al Gobierno que lo declare libre de todo impuesto de importación, alegando que debe ser considerado
como producto alimenticio popular de primera clase.
Nd tardarán las demás naciones de
Europa, Austria· Hungría, Rusia, Italia, Bélgica, Suiza, Suecia, Noruega, etcétera, en imitar el ejemplo de aquellas
naciones, y 600 . 000.000 de habitantes
que pueblan el continente europeo serán
consumidores de un artículo que México
puede producir y exportar en muchos millones de toneladas.
3

�COSMOS
ORO TROPICAL

Pero México si quiere ser práctico ene! desarrollo de su comercio internacional debe comenzar por atender el mer·
cad'o que tiene á su lado, el vecino; _allí
donde se consume el banano en cantt~ades enormes; allí donde el cons_u~o 1rá
creciendo coino crece y se multiplica la
población de esa nación gigante, los E~tados Unidos, que hace na?a más un siglo tenía 5 .000 .000 de habitantes y ahora cifra en los 100.000.000.
.
Andando el tiempo los Estados U ntdos se verán habitados por una pobla •
ción igual á la de E~ropa'. pues el
Terr'itorio de los Estados Umdos es solamente 500 .ooo kilómetros cuadrados
menor que el de Europa, que mide una
extensión superficial de ro. ooo. ooo de
kilómetros cuadrados.
Y si tendemos la mirada más allá, al
, Dominio del Canadá, cuyo territorio es
casi tan extenso como el de los Estados
Unidos, la población que habitará esas
dos naciones será superior en mucho á la
que actualmente puebla el antiguo continente.
iQué porvenir más brillan~e para los
productos tropicales de Méx1~0 que _se
halla en la vecindad de esas dos naciones, ya grandes en el presente y colosa·
les en el futuro!

Países

Belice ....• , ... .
Canadá (1), . . . . . . . . .. •
Costa Rica .......... ,,
Guatemala ..... .
Honduras ..... . , ..• , ..
Nicaragua .... .
Panamá ........... .
México ....... , · ... · · ·
Jamaica ... . ... · ·····
Barbados ........... .
Trinidad . . , ....... .
Tobago...... ···: .. ··)
Otras islas ........ .
Cuba ............ ,. , ·
Islas Danesas ..... , , · ·
,, Francesas .... • ...
Santo Domingo ... , ... .
Colombia ........... .
G~ Danesa . . .......• ,

1

TOTALES.,, ·.

(,) Reimportación á los E. U. A.

El consumo del banano en los Esta·
dos Unidos ha sido en 1911, esto es, ha:
ce un año, de 44.699.222 racimos que
representan un valor de $14.375.075 6
sean$ 28.750. 150 plata.
El Canadá consumió por valor oro
$ 1 .409.095. en 1910, ó sean$ 2.998.790
plata.
Las dos naciones de la América del
Norte consumieron en ·junto cerca de
$ 32.000.000 que fueron á compr~r á l~s
países del Sur pasand? por alt? a Méx~co, el vecino, que pudiera sentirse lastl·
mado en su orgullo y en sus intereses y
decir á esas dos naciones: No vayáis á
los países del Sur á comprar un artículo
que México, vuestro vecino, puede vende·
ros de me;or calidad y más barato. Com·
pradlo á México. Os ahorráis lo. mitad del
camino. El flete os costará muclio menos.
Economizaréis tiempo y dinero. ·
Así debiera hablar el patriotismo me·
xicano y $ 30.000.000 anuales nos ven·
drían de ese comercio que nos hemos de·
jado arrebatar por los países del Sur que
han sabido aprovecharse de nuestra negligencia para hacerlo en beneficio de su
riqueza.
Véanse las importaciones que han he·
cho los Estados U nidos en 1908 y 19u:
19()8

1911

19()8

1911

Racimos

Racim0s

Dólares

Dólares

703.600
1.595
7.872 ,000
679.000
5.337 .240
944 .ooo
3.269 .246
120 .219

549.060
9.626
7.387 .700
1.458 .500
6.901 .895
.z. 139. 732
4.043 .000
584 842

177.775
2.353
2.910.332
172.080
1,647. 540
200.8Bo
836.312
19 .4II

137.495
7.660
2.785.758
363.690
2.039.472
395.612
1.784.495
II6.700

13.189 .840

15. 322 . 867

3.750.098

4.564.68c

2.477 .543

636
2.670.200
17.000

875.272

II7
897.314
5.100

637. 328
1.729. 070
42.707

509.308
2.540.583
564.273

313.908
468.199
17.051

252.928
887.928
136. 126

-----

- - -

-----

37.003.388

44.699.222

II.391. 2II

14. 375.075

En mi libro intittJlado En dónde está
nuestra riqueza, publicado el año de
1908, apareció México con sólo $ 10,884
dólare,;; en la importación de los Estados
Unidos correspondientes al año anterior.
De 1907 á 19n esa cantidad hl.crecido
á $116. 700 dólares, y en el año corriente excederá de $ 750.000 dólares exportados casi en su totalidad de Tabasco,
si la exportacion es de 3.000.000 de racimos, como se calcula.
Si Campeche, Veracruz, Tamaulipas,
Chiapas, Michoacán, Oaxaca, Guerrero,
Puertos de México á N. Orleans

Tampico .. . ........ 1. 281
Tuxpan .. ., ........ 1. 335
Veracruz ....•••.•••• 1.401
Al varado............ 1. 416
Puerto México ...... 1 . 410
Frontera. . . . . . . . . . I. 30 5
Laguna del Carmen .. r .281

kms.
..
,,
,,
,,
,,
,,

kms.
,,
,,
,,

Diferencia á fa·
vor de México

Puertos del Sur á N. Orleans

Livingston, Gua t. ......... 1. 680
Puerto Cortés, Hond ....... 1. 650
Puerto Limón, C. R ........ 2 . 295
Colón, Pan .............. .. 2. 400
Cartagena, Col. ........... 2. 550
Barranquilla, Col..... . . . . 2. 550
Santa Marta, Col.., •...... 2.565

Puertos de México á Galveston

Tampico.... . ....... 825
Tuxpan...... .. • .. .. 930
Veracruz. .. .. .. . .. . 1 095
Al varado ........... I. 125
Puerto México ... . .. 1. 194
Frontera ........... 1. 158
Laguna del Carmen .. r 675

Colima, Jalisco, Tepic y Sinaloa se hubieran movido como Tabasco, México
aparecería en las estadísticas americanas
de 19u con algunos millones de ciólares,
rivalizando con los países lejanos del Sur.
Pero veamos á qué distancia se encuentran esos países de Nueva Orleans
y Galveston, por ejemplo, y los nuestros
del Golfo (distancia en kilómetros), para que se comprenda la ventajosa situación geográfica en que nos hallamos colocados para disputarles ese comercio.

kms,
399
,,
315
,,
894
,,
984
,,
r. 140
,,
l , 245
r.283

He citado únicamente los puertos del
Seno Mexicano que pueden ser exportad?res de banano y algunos de los principales del Sur, pero con estos ejemplos
Queda demostrado que estamos en mejores condiciones geográficas que aquellos
países para hacer ese comercio con los
Estados U nidos.

***
Una zona de las más feraces que existe P.n México, en la que se encuentran
comprendidas las Huastecas Veracruza·
na, la Hidalguense, la Potosina y la de
Tamaulipas, al Sur de Tampico, queda
todavía á menes tiempo de la frontera
d~l Norte para hacer nuestras exporta·
c1ones de plátano á la nación vecina, una
Vez que sea terminada la vía férrea que
se construye entre Veracruz y Matamoros, En menos de 24 horas los productos de esa riquísima región podrán ser
transportados al mercado consumidor .

.,
,,

Diferencia á fa·
vor de México

Puertos del Sur á Galveston

Livingston ............... . I. 8 r 5
Puerto Cortés . .. . . ....... 1. 785
Puerto Limón. . . .. ... .. . 2. 44.5
Colón . . . . . . . . . . . . . .. . .•.. 2 . 580
Cartagena. . . . . . . •.... . ... 2 . 760
Barranquilla .......•• . .. • •2. 760
Santa Marta ..•.......•. 2.790

kms.
"
,,
,,

kms.
,,
,,
,,
,,
,,

990
855
r . 355
1 . 455
1.566
1.602
1.614

kms.
,,
,,
,,
,,
,,
,,

¿ No se ocurre á cualquiera la idea de
que, si en México cosecháramos el banano para venderlo á nuestros vecinos, éstos no irían á los lejanos países del Sur
á proveerse de él? éSerían nuestros ve·
cinos tan candorosos, tan niños, de andar más camino y hacer mayores gastos,
pudiendo abastecerse de él en nuestros
puertos del Golfo que sólo se hallan á
unas cuantas horas de los suyos?
Evidentemente que no.
Ellos son buenos calculadores, ellos
son buenos comerciantes y donde pue·
den ahorrar un centavo, donde pueden
ec~nomizar tiempo y obtener ventajas,
ah1 van.
Por otra parte, nuestro producto será
estimado y será mejor pagado en los Estados Unidos que el de los países del
Sur, por estas razones:
1~ Porque la distancia es menor ;
2~ Porque tendrá me:iores gastos de
transporte; y
3~ Porque, estando más cerca del !ller-

�cos~os

ORO TROPICAL

cado consumidor, podrá ser cortado en
estado de sazón completa, casi maduro,
lo que le dará mejor sabor; sabor que no
puede tener el cortado verde, como tiene
que serlo el que importan de los países
del Sur por razón de la distancüt de 5 y
7 días que tardan los vapores en su travesía á los puertos americanos citados.
!Qué facil sería para nosotros, en México, disputar á los países del Sur ese
comercio! 30.000.000 de pesos se derra·
marían anualmente en nuestros Estados
del litoral del Golfo y del Pacífico.
El Oeste ameri~ano, California, Nevada, Oregón, Arizona, Nuevo México,
Colorado, Ydaho, Dacota, Montana y
Territorio de \i\T ashington son abastecidos por los países del Sur, necesitando 5
y 7 días para transportar el banano á
Nueva Orleans desde Honduras, Nicaragua ó Costa Rica. En Nueva Orleans
lo toman los ferrocarriles que lo llevan á
los Estados del lejano Oeste, empleando
8 y 10 días más, de manera que no menos
de 15 ó 20 días demora en el viaje; mientras que de nuestros puertos del Pacífico,
Acapulco, Manzanillo, Las Peñas, Cha·
mela, San Bias y Mazatlán, en travesía
directa, no había más de 5 y 7 días á San
Francisco, Cal., y unos cinco más de
vía férrea á los Estados del Oeste citados.
De Las Peñas, hermoso puerto que
tiene Jalisco abandonado, relegado al olvido más completo, y de San Bias, per·
teneciente al Territorio de Tepic, se están haciendo algunas exportaciones por
Cllmpañías americanas para .San Pedro,
puerto inmediato á los Angeles, Cal., población de 400. ooo almas que como to·
das las del Oeste, van á los países del
Sur á proveerse de un artículo que la
costa mexicana del Pacífico pudiera venderles en toda la cantidad que la demanda lo exigiera.

Descargando un carro en el mercado.

El año de 1909, cuándo el que escribe
estas notas recorría los Estados de la
República laborando en la campaña que
todavía hoy viene haciendo, gestionó del
Ministerio de Fomento que ayudara á los
Gobiernos de Colima y Sinaloa con el
Pago de fletes de vapores y ferrocarriles
de 50.000 vástagos de plátano &lt;Roatan»
Que aquellos Gobiernos comprarían en
Tabasco para propagar su cultivo en dichos Estados, logrando que sus gestio-

837

nes fueran atendidas. Cuatro años han
pasado y ya deberían Colima y Sinaloa
estar exportando esa fruta para pagar
las manzanas, las peras, los duraznos,
las uvas, las ciruelas, las cerezas, las
nueces y demás frutas que reciben de California. No la exportan y pagan en buen
oro lo que deberían pagar con otras fru·
tas, porque oro es lo que oro vale. ¿Es
por ventura inferior nuestro plátano,
nuestra piña, nuestro aguacate, nuestro
mamey, el mango de Manila, el chico·
zapote, la chirimoya, la anona y tantas
frutas que se cosechan en nuestros cli·
mas tropicales, á las que nos vienen de
la América del Norte? ¿ Por qué no pa·
gar mercancía con mercancía, si tan buena es la nuestra como la de ellos? ¿Por
qué no hacer valer nuestros productos,
por qué no darles la estimación que merecen?

***
El plátano para la exportación es in·
cuestionablemente el &lt;Roatan». Esta es
la variedad que tiene puerta abierta en
los mercados de América y Europa.
¿Por qué se da la preferencia á esa
variedad?
1;¡. Porque la experiencia ha demostrado que es la más resistente para madurar y, por lo tanto, la que soporta más
tiempo los viajes.
2;¡. Porque, por lo mismo que dilata
bastantes días para madurar, da tiempo
á los detallistas para realizarla; y
3l). Porque los racimos son más grandes y contienen mayor número de plátanos que cualquiera otra clase, con excepción del &lt;Manzano», del &lt;Enano» y
quizá de alguna otra, pero cuyas clases
no tienen aceptación comercial, aunque
sean de gusto más delicado, como efectivamente lo tienen, á no dudarlo.
He podido comprobar la resistencia
del «Roatán», antes de llegar á su total
madurez, de la siguiente manera:
El Dr. D. Nicandro L. Melo, que tiene una de las más extensas plantaciones
de «Roatán» en Tabasco, en su hacienda «Malulco~, hizo venir á la ca pital de
México un racimo empacado en un huacal de madera ( que no es necesario).
Ese racimo fué c;:ortado el 16 de Septiembre de 1912 y llegó á México el día 22

�COSMOS

del propio mes. Estuvo en el huacal hasta el día 29, de donde fué sacado para
exhibirlo en uno de los aparadores de la
Droguería de la Palma, de los señores
Johanssen Félix y Cía., situada en el número 39 de la esquina de la Avenida de
San Francisco y Calle 3~ de Motolinía.
Ahí permaneció orho días, despertando
la curiosidad de los millares de transeun·
tes que recorren á diario la aristocrática
avenida. Después lo tuve en observación hasta el 13 de Octubre en que llegó
á su completa madurez. De manera que
duró en perfecto estado desde el 16 de
Septiembre en que fué cortado en la ha·
cienda de«Maluco&gt;hasta el 13 de Octubre
siguiente, esto es, 28 días; tiempo suficiente para, que pudiera dar la vuelta al
mundo.

***
Para que haya exportación de plátano
mexicano y que éste alcance altos pre·
cios, es i'ndispensable que haya una gran
producción. Que un solo individuo ó una
sola compañía cosechen bastante fruta
para dar carga completa á un vapor que
contenga capacidad para 15.000 racimos,
mínimum de carga que transportan las
embarcaciones fruteras.
Si un solo individuo 6 compañía no
pueden cosechar ese número de racimos
en determinado paraje, será necesaria la

cooperación de varios plantadores que
reunan entre todos la cantidad suficien,
te para abarrotar un vapor entero, pues
de otra manera no habrá compradores,
no habrá lugar á la exportación . Así han
logrado. los cosecheros de Tabasco esta·
blecer ese comercio con los Estados U ni·
dos, comenzando hace seis años por car·
gar un pequeño vapor frutero, hasta lle·
gar á darla á diez y seis que ahora están
haciendo el tráfico mensualmente entre
Frontera y Nueva Orlean~. Principiaron
los tabasqueños por vender el racimo á
30 centavos y hoy lo venden á 60.
Dentro de muy poco tiempo el racimo
de plátano en Tabasco no se venderá
menos de 75 y 80 centavos, cuando los
cosecheros cancelen sus contratos con las
compañías americanas y la producción
haya aumentado para que las compañías
alemanas y francesas, que están deseosas de establecer ese comercio con nues·
tro país, manden sus vapores á cargarlo.
En Costa Rica el racimo de &lt;Roatán&gt;se
paga' desde hace muchos años á 75 cen·
tavbs. ¿Porqué en nuestros puertos del
Golfo que se hallan más cerca del mer·
cado consumidor, los Estados Unidos,
no ha de alcanzar ese precio?
Ese mismo precio alcanzará el que se
exporte de Puerto México, de Veracruz,
de Tuxpan, de Tampico y de todos los
demás sitios en que se hagan embarques.

(Continuará).

Ivo

PASCUAL .

Rebaño al sol.

SECCION DE ARTES GR~L\FICAS
Deseando publicar en esta sección las
notas de arte de mayor interés que llegan
h.asta n~s?tros, reproducimos .;.quí una fini~1ma critica sobre dos exposiciones espanolas.

./

BARCELONA.

E

J ·~ ~ N el S~l6n Parés ah.rió la . tanda de
. . expos1ones don Dommgo Soler y Gi~· qu~en. expuso u~a colección muy nutrida
e pa1saJes y de vistas ciudadanas. En to~os esto~ ~uadros al óleo hacía el artista gade facilidad en el mecanismo y de frescura ~n el colorido. Es la producción de un
estudioso que brinda la esoontaneidad de
una paleta jugosa. Coincidió con esa en
di propio local, la exhibición de caricat~ras
el senor Grau, quien reunió una serie de

ellas, donde el in~~nio trav~eso que retozab~ en las compos1c10nes tema siempre público agolpado contemplándolas.
~xpuso después don Julio Moisés, joven
art1~ta natura! ~e Tortosa, pero que ha estu~1ado en Cad1z. Los retratos que constituian lo más sobresaliente de su exhibición
!lam~ron poderos;,imente la atención de los
mtehg-entes y artistas por las condiciones
extraordinarias que revelaban: sÓlidez en la
for~a, buen gusto, una paleta rica, una ejecuc1on honrada.
También hizo una exposición en el Salón.

�COSMOS

Ivo

SECCION DE ARTES GRAFICAS

Ivo PASCUAL .
PASCUAL

Parés don Alejandro de Riquer. Reunió un
buen contingente de pinturas al óleo, amables, pintorescas, halagadoras de la mirada.
Entre ellas. sobresalían varios paisajes anegados en una atmósfera diáfana.
En el Fayans Catalá una paisista poseedor de una personalidad bien definida, don
Enrique Galwey, organizó una exposición
de las que forman época. Junto á obras recientes expuso otras de fecha anterior, con
lo que permitía formarse concepto de la
evolución sufrid~ por el artista desde la época en que, estando en boga la escuela olotina, atraían de modo especial Vayreda á los
que se dedicaban á la pinturade paisaje . El
logro de sí mismo, exento de toda suerte de
influencias, dió por consecuencia multitud
de obras en las cuales se nos presenta el señor Galwey con vigorosa individualidad como pintor de la Naturaleza. Pasa largas
temporadas en el campo y su estudio constante del n~tural le ha dotado de una gran
solidez y le priva de caer en la manera.
Lucha -descontento de sí mismo; insiste una
y otra vez hasta que halla que la obra responde por entero á lo que pretendió evocar.
Así se deja arrastrar por la facilidad de eje-

Verano.

cución, y con estar adueñado del procedí·
miento como pocos, no es por éste con lo
que desea vencer, sino con la impresión qué
sus cuadros produzcan en el ánimo del espectador. Encinares y robledales, llanos
alfombrados de verdura y canteras mostrando sus destrozadas entrañas eran temas
abundantes en la actual exposición. Mas lo
que en ella despertaba el entusiasmo hacia
el artista era la elocuencia de sus cielos,
donde esponjábanse nubes rotundas, ma·
gestuosas, principales, magníficas. La vi·
sión del cielo era en esos paisajes tan im·
portante, que puede decirse que constituía
lo sustantivo.
Pla de Llerona y Nubols tempesta acreditan ese particular. En el primero, el cielo es de una verdad sorprendente: las nubes
tamizan la luz del sol y dejan en penumb~
trechos de la planicie salpicada de arboll'
llos. En el otro paisaje, aparece la tierra et
ponjosa de humedad, después de una teDI'
pestad violenta; mientras arriba las nubes
empujadas por el viento corren velozmente.
Este interés por los espectáculos celestes Jo
sienten también algunos pintores escandint
vos; pero en nuestro artista adquieren ta

Día gris.

~reeminencia, que se diría que hablan para t~r~,mos Rech Moxina. En suma: una expoe.1con un vigor por otros no advertido. El s1c10n
que ~evesña doble interés: acreditar
cielo, cuanto esto ocurre, es el tema el pro- la personalidad
artística del autor, y ver el
tagonista
'
camino por
ante el cual fi.'ir'P·""',=""·".'.".""t;""""~ -........,...........~ -.......~"",......"""'"!"'""--.....,. él
recorrido
lo demás se
desde gu~
nos antoja ' •
comenzos1muy secunguiendo las
dario. De
huellas de
e~~ exposiJoaquín
c1on menVayreda, el
cionarepaisista
olomos, adetino, de que
más, Efecte
en breve va
de !luna.
á ser coloTrussols
cado el busentrada de
to en márfosch, Nomol en el
vembr.e,Cajardín del
mí de Sant
Palacio de
Roch y PeBellas Ar.drera Gates. Ahora
rriga. Por
que se gloel conjunto
rificaal preaterciopela- ·
cusor, era
una oportudo de su
nidad enarmonía ci- ANTONIO DE FERRATER,
En e::l taller.
contrarse
0•

�COSMOS

con el resultado conseguido por quien,
partiendo de la escuela de la que aquél
era el maestro por todos respetado, se ha
colocado en primera línea entre los paisistas, llegando á la consecución de una
personalidad bien definida. En su día dedicaremos al señor Galwey un estudio detenido de su ~ roducción, por todos conceptos digna de ser conocida. En el mismo Fayans Catalá tuvo expuestos don Ivo Pascual veinticuatro telas, algunas de las cuales reproducimos acompañando estas líneas.
Estas pinturas, de
colorido algo sordo por lo general,
se muestran con
esa patina que
avejenta les cuadros antes de lo
que fuera de desear. Esto ofrece
el ineonveniente
de alcanzar que
los espectácculos
naturales se nos
presenten en esos
lienzos tal cual
por los ojos nos
entran en la realidad, y, también
opone· la dificultad de establecer
entre ellos el contrastre correspondiente á la hora del día que se
pretende evocar.
De ahí que entre
todos los cuadros
que el autor exhibía se destacara
Rebaño al sol, el
de más sabor de
impresion del natural, el más expon táneo y vibrante.
A este movimiento de pro- JuLio MoisÉS.
ducción que se
nota en Barcelona, corresponde también el
del mercado, pues se advierte un aumento de
adquisiciones, de lo que hay que felicitdrse,
pues redundará, sin duda alguna, en mayores alientos en los artistas para emprender
obras de importancia.
Terminada esa exposición celebró la suya
el señor Andreu, donde cabían admirar esmaltes, acuarelas, aguadas y dibujos. Entre
los primeros figuraba una obra en sus comienzos: parte de un inmenso relieve repujado en cobre para más tarde esmaltarlo.

Las acuarelas y aguadas en su mayoría estaban pintadas arbitrariamente y sólo con
el propósito de obtener un efecto de color
que cautivara. En una ejecución desenvuelta y en la evocación de seres y ambientes
donde lo pintoresco y la nota de elegancia
triunfaban, estribaba lo singular de estas
pinturas.
En la Casa Esteva don Antonio de Ferra·
ter reunió varias pinturas suyas, las más de
ellas estudios de paisaje, ejecutados dentro
de la manera peculiar de este artista.
Se anuncian
otras exposiciones: una de pin·
turas de don Juan
Llimona, y otras
del señor Aragay.
En el Museo de
Reproducciones
y de Arte decora·
tivo ha sido reu·
nida la colección
de tejidos que
pertenece á los
herederos de don
José Paseó y Mensa, la cual inventariada por laJun·
ta de Museos,
propone ésta que
sea adquirida por
la ciudad de Bar·
celo na, dado el in·
terés de consulta
que reviste para
la industria textil
La colección áque
nos referimos
consta de tejidos.
damascos, terciopelo, brocateles.
estampados, a~
fombras y bordados, ascendiendo
á mil ciento el nú·
mero de ejempl~·
res. El grupo mas
Retrato.
nutrido es el de
los tejidos, pues
la forman unos seiscientos ejemplares; el de
damascos lo constituyen ciento veintitre~
el de terciopelos contiene sólo de los siglos
XV y XVI, sesenta y seis; el de brocateles.
setenta y cuatro¡ el de estampados se red.
ce á treinta y ocho¡ el de alfombras se Jim~
ta á nueve ejemplares, y el de bordado
innegablemente el de mayor importancia,
cuarenta y ocho. La Junta de Museos
recabado de los herederos del señor Pa
el derecho de opción, por el término
cuatro meses, y ha expuesto esa colecciÓII

SECCION DE ARTES GRAFICAS

di".'ersas tendencias que en un principio so·hc!taron su atención. Tal es el caso de Valls.
fnmeramente ofrecía el artista gran seme
Janza con la manera de Sorolla· era natural·
Valls fué discípulo de aquel m~estro. Aho:
ra no falta quien vea en el nuevo estilo de
Valls cierta tendencia al de Anglada. Pero
es e~ caso que Valls apenas ha salido de Val~nc,a y no ha .estudiado á Anglada. Lo que
SI hay de positivo en estas pinturas que nos
ocupan es un profundo sentimiento levantino, un alma val~ncfana sincera, presentada
c_on una gallard1a mcompatible, por un artista que es sumamente joven, casi un muchacho. Y es natural que así suceda: Valls
es un temperamento de poeta, y es un enamorado de su país. Por eso sus cuadros no
~p~recen. como un alarde de virtuosismo co10nst,a, smo como un acto de amor.
As1 se nos presenta el sugestivo Flor de
tarongers, en donde no vemos esa «llauraora» convencional que pintaron tantos· artistas Y 9ue ha ido á decorar todos los cromos
de C~J,as de nar:anja,,sino que vemos una imP:es1on valenciana a la vez delicadísima y
v•gorosa: es aquell':l flor, ciertamente, la

]ULIO MOISÉS.

Retrato,

P~ra ver si Barcelona LC0nsideraba de interes para su industria retenerla.
Se está, pues, en un momento en que nada puede aventurarse. Sólo la Cámara industrial ha tomado el acuerdo de dar cuan}º e~, sus facultades esté para que dicha co~cc1on no salga de Barcelona. Algunos parrculares han anunciado que contribuirán á
a sub~c~ipción. Falta ver lo que resuelven
e~ defm1hva la Diputación y el Ayuntamiento.

VALENCIA
t Un joven artista,. trabajador si los hay, un
bÍmperamento refinado, un colorista notae de veras, es el pintor valenciano Er~ebto Valls, ya conocido en Barcelona por
a er celebrado una ~,xposi~ión en el Sa16, ~ Pa_rés, que le vaho elog10s de artistas
e inteligentes. Sus admirables cualidades
~parecen cada vez más acusadas, más indiviuales, Yello es la mejor prueba de su valer:
:es reJ!res~nta la evolución sincera, lógid ' en virtud de la cual un joven pintor va
estacando su propia personalidad entre las

E.

VALLS.

Flor del naranjo.

muter que viv~ en nuestros huertos de naranJos:. Valls dice que se han de pintar así
las ffi}!Jeres de la. Ribera florida Oa Ribera
del J u~ar), pue~ viven entre azahar y jazmín,
es decir, que viven en «huertos», no en «jar-

�COSMOS

dines». Y este ma- ,-·
tiz de las palabras ( .
es el que nos explica el por qué del
alma valenciana, y
nos hace ver cómo
la ha sabido sentir
Valls, expresándola á maravilla en
los lienzos que ha
pintado. Los títulos de los cuadros
indican expresivamente lo que sintiera el artista al
concebirlos, y
muestran el sentimiento poético con
que los realizó.
Puede afirmarse
que entre los jóvenes artistas de Valencia, nadie ha sabido encontrar la
sonrisa de nuestr~
huerta como la encuentra Valls en
sus cuadros de mujeres: así el sugestivo título Colomes
de l'horta nos hace
ver las muchachas
E v ALLs.
que llevan flores
acaso para ofrendarlas á la Virgen de Valencia (aquí la llaman «Mare deis Desamparats»), y sin duda van á juntarse en las
Clavariesas las que cuidan cada año la
Virgen en sus modestas casas, entre flores
y suavidades del corazón. Dos contrastes
vigorosos hay en un mismo asunto presentado de muy diferente modo: el admirable
cuadro La f ont del escut, una valiente nota

l

de color, verdadera sorpresa de técnica colorista, y la
alegre, «bien valenciana», escena de

La f ont de les doncelles, cuyo am-

biente de huerta,
cuyo espíritu popular (en la acepción
más noble) aparece
interpretado con
absoluta felicidad
pol" el artista.
Así, Valls, lo mismo en esta clase de
obras que en los
cuadros de naturaleza, presenta una
versión de nuestro
país absolutamente
sentida, con pode·
rosa poesía y con
(¡I
;
gran sinceridad.
Además, sor·
prende esta expo·
sición .de obras de
Valls por sus acuarelas, género de I
que no había dado
á conocer hasta hoy
Colomes de L'Horta.
ninguna muestra,
y en donde se presenta mostrándonos una manera francaf'y
una intensidad luminosa extraordinarias.
Las escenas de nuestro puerto revelan la
exquisita sensibilidad de retina de Valls,
y constituyen un nuevo testimonio de
su temperamento, cada vez más emanci·
pado.
EDUARDO L. CHÁVARRI.

SECCION HISTORICA

DE LA CRONICA DEL REY TEODORO
I

la crónica del Rey
Teodoro,que en el quinto año de su reinado, se
vió la tierra asolada por
las mayores desgracias.
No sólo los campos,fértiles hasta entonces, dejaron de rendir
sus frutos, sino que se sintieron fuertes
terremotos, y se manifestaron otros fenómenos aterradores. Los pájaros huyeron
de sus nidos, y perecieron las flores de
los jardines.
Todo esto se tuvo por castigo del cie·
lo, y el Rey Teodoro expidió una proclama en que exhortaba á todos sus súbdi •
tos á que impetraran la divina clemencia
para apartar tan terribles males; pero el
castigo siguió por mucho tiempo. La
gente se moría á centenares, víctima del
hambre y de la sed, y se desarrolló es·
pantosa peste.
Vivía á la sazón, retirado de la Ciudad, en un paraje solitario, cierto ermi·
taño tenido por santo, tal era la austeridad de su vida y tal el número de mila·
gros que, aseguraban todos, se hacían
por su intercesión.
Determinó el Rey Teodoro consultar
al santo varón, y se encaminó solo y sin
ceremonia alguna, á la cueva en donde
moraba el ermitaño.
-iSalve, oh Rey!-exclamó éste al
verlo.
- l Cómo sabéis que soy el Rey?- pre·
guntó el monarca asombrado.
ARRA

-Yo todo lo sé,-dijo el ermitaño.
- Pues si todo lo sabéis, decidme por
qué nos envía el cielo castigo tan horrendo. ¿Qué pecado ha cometido mi pueblo
que es visitado por males tan terribles?
-¿Qué mayor pecado que la ingrati·
tud ?-exclamó el sa.n to.-Hace siglos
que Dios envía sus beneficios sobre la
tierra, y ¿qué hemos hecho en agradecí·
miento? . ... iOfenderle! ..... Por eso y
con justicia nos castiga . Mas hacedle una
ofrenda digna de él, oh Rey, y todos estos males desaparecerán.
- Así será,-aseguró el monarca, y expidió otra proclama, en la cual exhortaba á cada uno de sus súbditos á que hi·
cíera una ofrenda.

II
Beatríz, hija única del Rey Teodoro,
era tan linda como virtuosa. Se asemejaba su tez á la camelia, y sus ojos al nítido azul del cielo de primavera. Oro parecía su cabello y sus dientes perlas. ] amás se había visto en el mundo mujer más
hermosa ni más buena. Cuando nació,
(cuenta la crónica), se oyeron en el espacio ciertos aleteos como de ángeles, y
voces que en dulce armonía entonaban el
«Gloria in Excelsis&gt;.
Idolatraba el Rey á su hija, viendo en
ella la imagen de la reina, que había fa.
llecido al darla á luz, y á quien había
amado tiernamente. Cuando las desgracias sobrevinieron, entristecióse la prin •
cesa, pues dolíale el alma ver tanta gente morir y tanta sufrir cosas tan penosas.

�COSMOS

SECCION HISTORICA

Además, los pájaros y las flores eran su
encanto, y ya no las había. Los prados
y jardines estaban desnudos y silencio·
sos.

Pero tampoco se alejaron los males, y
dijo el santo:
-No habéis ofrecido lo suficiente.
-¿ Qué más que mi vida ?-preguntó
el monarca.
III
-Bien sabéis que hay algo que vale
más.
Al publicarse la proclama del Rey TeoY el Rey Teodoro, arrodillándose, exdoro, reuniose una gran suma de dinero,y
determinó el Rey erigir con ella un sun- clamó:
-iDios mío, os ofrezco la vida de mi
tuoso templo expiatorio, mas el ermitaño
hija! La amo con el amor más grande
le dijo:
-No queráis comprar á Dios con di- que puede haber en el mundo; por eso mi
sacrificio es grande y digno de vuestra
nero. Ofrecedle más aún .
divina clemencia.
Y el Rey exclamó:
Y Dios oyó su oración y llevó á Bea·
-iDios mío, tomad todos mis bienes!
Pero prosiguió el castigo, y el ermita· tríz á su seno. La muerte de la princesa
ño dijo:
fué como un sueño. Inmediatamente se
retiró el castigo que había asolado al rei-Ofrecedle más aún.
-Señor, os ofrezco mi corona. Con· no; la tierra &lt;lió una vez más sus preciotiene las siete esmeraldas más grandes sos frutos, el cielo su rocío; los jardines
del mundo, miles de peri, s las circundan se cuajaron de las más lindas flores, y
los pájaros cantaron alegremente entre
y sus rubíes no tienen tasa.
los árboles.
Pero el ermitaño le dijo:
:;-No queráis comprar á Dios con joMientas el Rey Teodoro oraba al lado
yas. Ofrecedle más aún.
del cuerpo de su hija, el alma de la prinY viendo que el casti~o en vez de dis- cesa voló al cielo, y (cuenta la crónica)
minuír, aumentaba cada día, exclamó el se oyeron en el espacio aleteos de ángeRey, lleno de amargura:
les y voces armoniosas que cantaban dul
- iSeñor, tomad mi vida!
cemente: &lt;Gloria in Excelsis».

Mientras el Rey Teodoro oraba ....

. ·!

�DON ·PEDRO DE ALVARADO
/

~ON

Pedro de Alvarado es una de

liJi..s las figuras más salientes de la con-

quista de México.
Formando parte de la expedición de
] uan Grijalba descubrió la península Yucateca, cuya costa siguieron explorando
así como las de Tabasco hasta llegar á
Veracruz, desde cuyo punto fué comisio·
nado para dar cuenta á Vélez de '!os descubrimientos hechos.
Encargado Cortés de organizar una
expedición que completase los descubrimientos y llevara á cabo la conquista de
las nuevas tierras encontradas, Don Pedro de Alvarado fué de los primeros en
alistarse bajo las órdenes del famoso conquistador extremeño.
Al varado se adelantó al resta de la le·
· gión de Cortés, desembarcando en Cozumel dos días antes. En este punto, des·
obedeciendo las órdenes que tenía recibidas de tratar con dulzura á los habi·
tantes, respetáttdoles sus vidaséintereses.
Alvarado permitió que sus hombres se
apoderasen de algunos valiosos objetos
del templo, haciendo prisioneros, además,
á los dos únicos indios que encontró en el
pueblo, pues el resto se retiró á los bos •
ques cercanos en espera de la actitud que
determinasen tomar los españoles.
Al llegar Cortés y enterarse de lo su cedido, reprendió duramente ante toda la
tropa á su capitán, devolviendo en el acto la libertad á los prisioneros, quienes
fueron comisionados para llevar á sus
compañoros no sólo los objetos robados
al templo sino otros ricos presentes que
Cortés enviaba á los caciques como prueba de sus sentimientos de amistad para
con los naturales del país, acto que le
grangeó el amor de aquellos sencillos indios.
No fué ésta la única ocasión en que
Al varado mereció ser duramente amonestado por Cortés. Su carácter violento y
en absoluto falto de prudencia le obligaron á cometer actos de crueldad que es·

torbaron en mucho la obra de pacífica
conquista puesta en práctica por Cortés.
De no haber sido por el temerario va·
lor de que &lt;lió constantes prue1&gt;as y por
la lealtad sin tacha con que sirvió á Cortés, seguramente éste hubiese procurado
alejarlo de su lado. En gran parte, si no
en toda, á él debió Cortés las amarguras
de la Noche Triste, pues su bárbara disposición de asesinar á la nobleza azteca
creyéndola complicada en una conspiración, los mexicanos no se hubiesen le·
ventado en armas contra los españoles.
Al enterarse Cortés de aquel infausto su·
ceso, dijo á Pedro de Alvarado estas palabras textuales:
&lt;Habéis obrado muy mal; vuestro proceder ha estado en pugna con la justicia,
y habéis procedido en todo con inconcebible ligereza&gt;, Después le volvió airado
la espalda alejándose sin esperar la ré·
plica.
En los terribles y angustiosos días de
continuo combatir que antecedieron á la
retirada de Cortés, fué cuando se registró el salto famoso que dió su nombre á
una calle de la metrópoli. En efecto, viendose Alvarado perdido, á punto de caer
prisionero, sirviéndose de la lanza como
garrocha, sal"vó la orilla del canal que le
interceptaba el paso, logrando ponerse á
salvo en mfdio de la admiración que su
agilidad produjo en sus enemigos, quie·
nes lo llamaron el hijo del Sol.
Alvarado conquistó á Guatemala siendo el fundador de esta ciudad.
Murió Alvarado al pretender sofocar
una sublevación de los indios, no herido
en combate, sino aplastado por el caballo despeñado de uno de sus soldados,
que se desbarrancó arras tan do en su caída al intrépido capitán de los aguerridos
conquistadores.
La esposa de Alvarado, tardó poco en
seguirlo á la tumba víctima de un gran
terremoto registrado en Venezuela donde
residía.

Don Pedro de Alvarado
Caballero de Santiago, uno de los esforzados conquistadores de México y fundador
de Guatemala. Su retrato se conserva en la capital de aquella nación
'
habiendo sido renovado en 1854.

�SIGUIENDO LAS HUELLAS DE GUILLERMO TELL

y rocalla, en medio de un bosque tupido
y enmarañado, hasta llegar á la solitaria
capilla, situada en la orilla del lago co
mo un asilo contra las tormentas de éste
Y las del alma.

SIGUIENDO LAS HUELLAS DE GUILLERMO TELL
Un sol de verano, ardiente y luminoso, baña esplendorosamente
el lago de los Cuatro Cantones; sus aguas adquieren
una tonalidad verde, intensa como
la de los mares bulliciosos de Bockli n; en cambio el verdor de las
montañas parece tenue y risueño.
Las faldas de los cerros, sembradas
de pasto y cruzadas por caminos
rectes perfectamente trazados, se
ven cual un campo de terciopelo
verde aprisionado con cintas de
raso blanco. Desde la hermosa terraza del Gran Hotel de Brunnen contem·
piamos este paisaje delicioso y emocionante de color y de vida.
Bajando por un bosquecillo de pinos
que embalsama el aire ligero y tenue, que
aspiramos con delicia, llegamos al camino
que conduce á la capilla de Guillermo
Tell, llamado Axenstrasse. Un coche nos
lleva á todo correr; pronto nos encontramos en el gran túnel abierto en la roca;
no es el túnel lóbrego que solemos
ver en las vías que atraviesan los trenes, en los cuales es necesario cerrar las
ventanillas del coche para no asfixiarse con el humo de la locomotora; el de
Axeneck no se parece al famoso del Simplón que maravilla á los viajeros, pero
que á nosotros, con su obscuridad sofocante, nos hace pensar en un .camino infernal conducente á las entrañas de la
tierra, en pos del fuego perpetuo. Y mientras recorremos este agujero sofocante,

perdemos la no·
ción del aire, de
la luz, de la vida,
y sentimos una
muerte anticipada
dentro de una fosa . iCuán distinto
es el túnel de la Axenstrasse, blanco é inmaculado, en el que la fuerza motriz de los ferrocariles no ha
dejado su rastro pestilente y sucio!
Grandes boquerones abiertos á cortas distancias permiten que penetre
la luz, diríanse las entradas de
grutas naturales del monte que conducen á un claustro medioeval, solemne, pero sin tristeza. Desde estas grandes ventanas sin hojas, abiertas
en la roca del cerro, se contempla el lago,
que expira no muy lejos, y en la orilla
opuesta los pintorescos pueblecitos de
Bauen é Isleten. El hermoso valle de
Uri se abre delante de Axenstrasse, cé·
lebre porque fué el teatro del heroísmo
de Guillermo Tell, el famoso tirador, al
que Schiller ha hecho popular. Este be·
llo camino, abierto en la falda de la mon·
taña, conduce á Fluelen, puerto del Can·
tón de U ri, y mide tres leguas de ex·
tensión. U na muralla cortada como las
que' coronan las fortalezas lo protege de
la pendiente. Visto de lejos diríase una
faja de acero que aprisionase la mon·
taña.
Entre Brunnen y Fluelen se encuentra
la Tellsplatte, capilla erigida á la memo·
ria del valiente ballestero.
Desde el Axenstrasse se desciende por
una rústica escalera formada con troncos

Cuentan que en ese lugar escapó Gui
llermo Tell de la barca de Guessler un
día en que la tempestad se había desen·
cadenado con tal ímpetu, que sus ondas,
generalmente suaves, se levantaban fu.
riosas como las del mar.
Aún se ignora si Guillermo Tell salvó
milagrosamente de la barca debido á una
oleada que lo arrojó á la orilla ó á su estrategia de piloto, pues que logró, engañando á la tripulación, dirigirla hacia

tierra . Es lo cierto que cuando Guessler
or~enó á uno de sus marinos que persiguiese al prófugo, éste ya había desaparecido en la espesura del monte.
Uno de los hijos del sabio Mateo publicó en 1760 un extracto de un escritor
danés del siglo XII, llamado Saxo Gramaticus, el cual contaba la historia de la
manzana Y de la flecha, atribuyéndola á
un Rey de Dinamarca; no obstante esta
publicación, jamás en Suiza se ha puesto
en duda la existencia del héroe montañés
á cuya historia se liga estrechamente ei
rayo más ~rillante de la libertad de su
patria.
EVANGELINA.

�TEODORA
Por EL MARQUES DE SAN FRANCISCO.

m

UINIENTOS años después de la En-

carnación del Salvador del Mundo, presentaba la capital del Imperio de Oriente, Constantinopla,
el espectáculo más extraño que pueda imaginarse, abigarrado conjunto de las ideas y
razas más opuestas: el lujo asiático con la
barbarie, el poder absoluto con la anarquía.
Siendo una de las características de aquella
extraña sociedad la pasión desmedida por
los espectáculos del circo, patricios y plebeyos, sacerdotes y civiles, -todo Bizancio, en una palabra-acudían al coliseo y
hacían de los guiadores de carros sus ídolos favoritos. Con este motivo formáronse
acérrimos partidos, divididos en Verdes y
Azules, según el color de la túnica de sus ·
ídolos cirquenses y disputábase á menudo
acaloradamente sobre los repectivos méritos de los artistas. Tanta importancia tenía
el hipódromo, que hallábase unido al palacio imperial por una galería para que el
Emperador, sin salir de éste, pudiera acudir á la tribuna regia de aquél.
Uno de los domadores de osos del coliseo, llamado Acacios, fué padre de Teodora, cuya fortuna fué una de las más prodigiosas de que la historia hace mérito, llegando á ser Emperatriz de Oriente, célebre
tanto por su belleza cuanto por, su energía
y valor, mayores en cierta ocasión que los
de los hombres. Su vida, que parece más
bien novela que historia, ha originado notables obras en la pintura y en el teatro,

habiendo sido un sorprendente conjunto de
los mayores contrastes de la humana naturaleza; miserias y grandezas, intrigas y revoluciones, dramas y venganzas sucediéndose en ella con extraña rapidez.
Cuando Acacios murió, su viuda, mujer
práctica, educó á sus tres hijas, Comito,
Teodosia y Anastasia, para el teatro, y al
ver que la mayor obtenía grandes triunfos,
quiso la segunda seguir el ejemplo de su
hermana.
A juzgar por lo que de ella ha guardado
la tradición, era Teodora baja de cuerpo,
graciosa, de suma palidez y aspecto melancólico, pero lo que más atraía de su rostro
eran las dos ascuas que tenía por ojos. Además de su belleza, poseía Teodora una rara
inteligencia y un atractivo personal como
pocas figuras de la historia.
Fué, pues, actriz, ó mejor dicho danzante, porque era su papel principal tomar parte en las pantomimas y cuadros plásticos
del hipódromo. Después de no pocas peri·
pecias, pasó á Africa en condiciones nada
halagüeñas, dP.sprovista de todo lo necesario, y con grandes fatigas y miserias llegó á
Alejandría, el primer puerto del mundo de
entonces y al mismo tiempo la ciudad mística por excelencia. Rodeada del desierto,
mansión de ascetas y ermitas, influyó tan·
to aquel ambiente en el ánimo de Teodora,
que arrepintióse de sus devaneos y decidió
abrazar una vida más cristiana. Poco duró,
sin embargo, su conversión, puesto que,

Teodora, Emperatriz de Bizancio,
Cuadro de Benjamín Constand1.

�854

COSMLS

impulsada pJr su alma apasionada, abandonóJel Eaipto y encaminóse á Antioquía, en
donde alcanzó nuevos triunfos en el teatro,
llevando una vida nada ejemplar, por cierto. Parece que con el éxito obtenido en la
escena alentó su espíritu grandes ambicio·
nes, co:no si el destino le dejara entrever el
grandioso porvenir que había de ser suyo.
Regresó á Bizancio y, cansada una vez
más de su vida errante, establecióse tranquilamente en una modesta casa, ocupándose preferentemente en hilar en la rueca.
Contaba enton~es solamente veintidós años
de edad, y sus atractivos e:,taban en suma-

dióle el título de Basileus y dispuso que
fuese ungido con toda pompa en la Basílica
de Santa 8ofía. A su lado recibió Teodora
la unción sagrada, vestida de púrpura con
un manto bordado de oro, el cabello entremezclado con hilos de perlas y piedras preciosas, la diadema infperial resplandeciendo
sobre sus sienes. Después de la solemne coronación, salieron de la iglesia los emperadores y dirigiéronse con pompa bizantina
al hipódromo para recibir el homenaje de
sus súbditos. Entonces sí fué completo
el triunfo de Teodora, al ver postrados á
sus plantas de reina á todos aquellos que

"Entonces sí fué completo el triunfo de Teodora ... .

yor apogeo.. Un día a.c~rtó á pasar por la
modesta vivienda Justmiano, heredero presunto del trono, sobrino del Emperador
Justino. Prendóse el Príncipe de Teodora
de tal manera, que al esp~rcirse la nueva
por toda la Capital, asegurose que era debido á sortilegio, sin comprenderse que no
era más que efecto del atractivo y grande
voluntad de la actriz. Perdidamente enamorado consiguió Justiniano que se derogaran::iÍas leyes que impedían su casamiento
con 'una comedianta y desposóse con Teodora.
Poco después, el viejo soberano, cansado
de ceñir él sólo la corona, decidió asociarse
con su sobrino en el gobierno y al efecto

antaño sólo la aplaudieran como comedianta.
El 19 de Agosto de 527 falleció Justino, y
al ascender el trono de Constantino con su
esposo, Teodora hallóse dueña del más bello y poderoso imperio de la tierra.
El palacio imperial de Bizancio era una
masa enorme y espléndida. Situado sobre
una colina, entre el hipódromo y el mar,
comprendía en su vasto recinto una multitud de construcciones diversas: salones inmensos, baños, circos y hasta cuarteles y
conventos, con hermosas terrazas, desde
las cuales se divisaba el más bello panorama que imaginarse pueda, con la Iglesia de
Santa Sofía, el mar y la costa de Asia, el

TEODORA

cuerno de oro y los mil atractivos de aquella encantada comarca. Era este palacio como una ciudad aparte, uniéndose los diverS?S edifici~s de que se componía, por med10 de patios, terrazas, galerías, arcadas y
escalinatas,
con
marmóreos
pavimentos'
.
.,.
.
con neos mosaicos y pinturas, con todo
aquel lujo, en fin, que se ha hecho proverbial; sus bosquecillos de limoneros y cipreses y sus floridos jardines se extendían hasta la orilla del mar. Habitábanlo más de diez
mil personas, entre gentileshombres de la
cámara imperial, cubicularios, encargados

agradáronle siempre las ceremonias intrincadas, é hizo las de la corte más solenmei¡ y
aparatosas que antes, sintiendo viva exultación, seguramente, al ver á todos aquellos que antaño la contemplaran con desdén, pcstrarse humildes á sus plantas. Delante de ella, como delante de Justiniano
los personajes de la más elevada alcurni~
tenían q1;1e prostern~r~e ha~ta el suelo y besar la orilla de las tumcas imperiales. Teodora gozaba en recibir á los reyes bárbaros, á los iberos y á los hunos con aparatosas ceremomas, colmarlos de obsequios y

El Palacio Imperial de Bizancio.

de la mesa y del guardarropa, silenciarios
para i~poner silencio en la regia mansión,
guardias, heraldos, soldados, ujieres, damas .... un mundo.
. En el centro de este laberinto, yacía el
gmeceo, entre cipreses y rosas, peiblado de
damas y servidoras; y en él disfrutaba Teodora de todo el lujo y del enorme poder con
que estaba investida. Gran atención prestaba la Emperatriz á su belleza, y procuraba
conservar la frescura de su rostro, prolongando su sueño en interminables siestas;
yestía t~ajes magníficos y adornábase con
Inapreciables joyas; su mesa estaba servida
exquisitamente, numerosas esclavas obe·
decían su menor antojo ....
Quizá debido á su antigua vida de teatro,

855

I

demostrarles de mil maneras cuán grande
era su poder.
. Y no se crea que por su bajo origen era
mcapaz de desempeñar su importante papel.
Al contrario, mil circunstancias difíciles
s~po vencer y prestar importantes servicios al Imper10. Cuando estalló un motín
llamado en la historia la Sedición de Nika'
cuyo origen tuvo lu~ar en el Circo pero qu~
pronto se extendió a toda la Ciudad el trono de Justiniano hubiérase derru~bado á
no ser por la Emperatriz que en esa ocasión, . más que en ninguna otra, demostró
ser digna de la corona que ceñía. El domingo 11 de Enero de 532, asistía el Emperador, como de costumbre, á los juegos del

�COSMOS

TEODORA
voraba el incendio era objeto del más desen- abrían sangrientas brechas entre la masa de
frenado saqueo. Seis días llevaba la sedi- los alzados. E_stos, aturdidos, espantados,
ción, cuando Justiniano intentó poner coto
P~9curaban hmr, !?ero. la misma aglomeraal desastre y, al efecto, ordenó que se abrie- c10n de sus parbdar10s se lo impedía, de
sen las grandes puertas de bronce que da- manera que en el circo reinó una escena de
ban acceso al hipódromo, y haciendo uso sangre y muerte que sólo terminó cuando
de la galería secreta, presentóse en la tri- el sol bajó á su sepulcro rojo, y las sombras
buna imperial con los Evangelios en la ma- de la noche tendieron un velo sobre los
no y juró perdonar á los sediciosos si depo- cincuenta mil cadáveres que yacían en la
nían su bélica actitud. Pero fué recibido con arena del circo.
denuestos y burlas, llamándosele «mentiroY así fué que pudo dominarse la insuso, perjuro, ladrón». Cayó una lluvia de rrección, gracias á la decisión y arrojo de
piedras sobre los Emperadores y no hubo Teodora, cuya opinión desde ese momento
más remedio que efectuar una retirada. Con dominó en
co~sej?· Justiniano, po,r su
toda prisa, por los jardines que se exten- parte, le ced10, mas bien que compartio las
dían hasta el mar, se alistaron unos barco~, riendas del gobierno, y como estaba dotada
cargándolos
de una clara incon el tesoro
teligencia y
imperial y J usdon de mando
tiniano resolá la vez que de
vió emprender
una fuerza de
la fuga, pero
voluntad inantes de hacerquebrantable,
lo quiso celeel gobierno de
brar un último
Teodora
fué
consejo,al cual
fuerte y eficaz.
asistieron sus
Durante veinfieles Mundo,
tiún años, rigió
Belisario,
los
destinos de
Constanciolo,
Bizancio á su
algunos chamantojo, domibelanes y sernando en todos
vidores y tamlos ramos: en
bién Teodora.
la iglesia, en la
Sólo ella perpolítica, en la
maneciera indiplomacia. A
mutable dusu capricho harante esta trácía y deshacía
gica jornada.
patriarcas y
Justiniano y su corte.
No había proministros, geferido palabra,
Mosaico que se conserva en Constantinopla
nerales y cory de repente,
tesanos,
venen medio del silencio, púsose de pie, é indignada con la cobardía del Emperador y c!en?o á sus _enemigos á la vez que favoresus Ministros, los apostrofó con las siguien- ~ia a ~us adictos. pesgraciado aquel que
1~cuma en su en9Jo; s~ vengaba de él sin
tes palabras:
piedad. Boutzes fue arroJado á un calabozo
«Aun cuando no hubiera más remedio que en donde padeció por el resto de su misehuir, yo no huiría. Los que han ceñido la rable vida¡ Teodosio, un Senador fué atado
corona no deben sobrevivir su pérdida. á. una escalera, siéndole imposible el camMientras viva, se me llamará Emperatriz. biar de postura, hasta que enloqueció ....
Si tú quieres huír, César, puedes hacerlo:
Teeidora, Empetatriz de Bizancio murió
tienes barcos, dinero, todo preparado; el el 29 de Junio de 548, víctima d; cáncer
mar es tuyo. Yo no huiré, pues tengo para Parecía que dormía, revestida con su man~
mí que la púrpura es muy bella mortaja».
to de púrpura, sobre un lecho dorado en
Al oír tan fogosas palabras, volvieron en me?io_de numeroJa~ antorchas, y de n~bes
sí Justiniano y sus consejeros, y decidieron de mcienso. Por ultnna vez desfiló todo Biemprender de nuevo la lucha por encima de zancio ante la Emperatriz muerta, y al últilos escombros de la ciudad. Empezó la ba- mo, los prínciJ?e~ y Justiniano, éste anegado
talla en el Hipódromo, desde cuyas alturas, en lla~to, opr1m1do por el dolor. Traía para
do111:inadas por Belisario y Mundo, cayó una
la muJer que tant? am~ra una túnica de púrlluvia de flechas sobre la plebe, mientras pura y oro y ricas Joyas para adornarla
otros fieles, con sus enormes espadas, en su postrer sueño. Y el cadáver de Jp

~!

...... agradáronle siempre las ceremonias .....

hipódromo; la plebe estaba excitada, p1:1es
en los días anteriores habíanse cometido
varios asesinatos y los Verdes culpaban á
Calopodios, Gran Chambelán de Palacio.
Al o::upar éste su sitio en el circo, dejó oí~;
se un murmullo de descontento que crec10
hasta convertirse en rugido de amenazas, y
el Emperador ordenó á un heraldo que impusiera silencio é invitara al pueblo á exponer su queja. Al principio respetaron
bastante al Monarca, pero, cobrando confiaaza, empezaron á lanzar cargos contra
grandes personajes de la Corte, por haberlos excluído de los cargos palatinos y del
gobierno. En esto los Azules excitáronse
también, y entablóse una escandalosa b::italla de denuestos é" insultos que no pudo
contener la presencia del monarca, llegando
á grado tal que decidieron los Verdes abandonar el hipódromo en presencia de J ustiniano, el mayor desacato á la 'imperial majestad. Las autoridad~s, queriendo rep~imir
el motín en sus comienzos, aprehendieron
á varios y los ahorcaron ó degollaron, pero
con tan poco acierto, que uno de los ajusti-

ciados pertenecía al partido de los Azules,
y esto ocasionó que ambas facciones se alzaran en contra del gobierno.
El Emperador, queriendo-demostrar energía, ordeRÓ el día 15 á los soldados bárbaros de su guardia, bajo el mando de Belisario, que se arrojasen sobre los sediciosos,
pero, desgraciadamente, encontráronse los
feroces mercenarios con los sacerdotes que
salían de Santa Soña portando las Sagradas
Reliquias con el objeto de apaciguar los ánimos, y arrojáronse sobre ellos. El pueblo
de Bizancio juró vengar tan grande sacrilegio. Azoteas y ventanas llenáronse de gente,
y cayó una lluvia de piedras y tejas sobre
los soldados, quienes se vieron obligados á
replegarse hacia Palacio.
Ebrio con su terri,ble victoria,el pueblo incendió los edificios públicos y el voraz elemento devastó durante tres días la populosa
ciudad, reduciendoá cenizas más dela cuarta parte, y quedando amontonados por todos
lados numerosos cadáveres y heridos. Mas
no por eso cesaba la batalla, sino que seguía
tan encarnizada como antes y lo que no de-

�COSMOS

antigua comedianta ostentó en su lecho
de muerte soberbias galas, que eran c~1;10
un reflejo de aquel lujo que fuera su pas10n.
Cuando los Chambelanes levantaro11: el
féretro, el Gran Maestro d,e Qeremomas,
con solemne acento, exclamo:
«¡Salid, Basilisa, el Rey de los reyes, el
Señor de los señores te llama!» .
y se organizó el fúneb~~ corteJo; atravesó el palacio de oro y salto al grande espacio fuera de sus muros, en donde un gentío 'enorme lo esperaba, anegado en llanto.
Los cánticos sagrados se entremezclaron

con los ayes de dolor, los sollozos de la
multitud con el son d~ las t_rompas de plata, mientras los despoJos enJoya~os de Te?dora caminaban lentamente hac1~ la Iglesia
de los Santos Apóstoles, cuyas bo_vedas habían de cobijar el lecho de su sueno postrero: digno sepulcro, en verdad,. para aquel)~
mujer que del tablado de un c1r~o ascen~w
á los dorados salones d~l Palacio Im~ena!
de Bizancio, de los desie~tos del Afl'!Ca
los jardines de cipreses y limoneros q~e se
extendían hasta beber las aguas del Bosforo dorado.

Por D. José López Portillo y Rojas.

ª

Dibujos de J. Olvera .

comido opíparamente y estábamos en la
hora del café. Saboreábamos el néctar delicioso
en diáfanas tacitas de
China, y tomábamos á
pequeños sorbos el coñac servido en copas de fino cristal. Feliciano, mi amigo
y anfitrión, había libado con alguna
abundancia los ricos vinos de su mesa, é
íbase tornando á cada instante más lo·
cuaz y comunicativo, La volubilidad y
falta de reserva de su lenguaje me hubieran sorprendido en cualquiera otra ocasión, pues mi obsequioso comensal era
de suyo silenciorn y huraño; pero no me
causaron entonces la menor extrañeza, por
ABIAMOS

que yo también sentía la cabeza algo mareada por las diversas excelencias, ya sólidas, ya líquidas del banquete.
Fné el matrimonio el tema principal
de nuestra conversación.
Defendía yo la venerable institución,
&lt;magnum sacramentum&gt;, pintando sus
inefable~ ternuras. sus tranquilos goces
y sus glorias purísimas; y con igual arrebato combatía la él, solterón empederni •
do, que había pasado la edad de los
treinta y cinco sin. haber llevado á su
opulenta mansión una dulce compañera
que la llenase con su encanto, con su
voz, con el exquisito y embriagador perfume de su alma.
Feliciano se había reído á mandíbula

...... Estábamos en la hora del café . ..•. .

�860

,

COSMOS

batiente de lo que llamaba &lt;mi romanticismo y mi poesía&gt;; había descrito con
horripilantes y negros rasgos diferentes
escenas de infidelidad conyugal por él
mismo presenciadas, y había conclui~o
por decirme que hablaba yo con encom10
del asunto, porque me había tocado en
suerte una excelente esposa; pero que
era el mío un caso excepcional que no
podía establecer regla, supuesto que por
un matrimonio dichoso, había centena·
res de uniones desventuradas. Por de
contado que, al tiempo de exponer tales
teorías, ensalzaba hiperbólicamente las
ventajas del celibato, engreído con la
plena libertad que le proporcionaba .Y
con la falta de penas y el perfecto eq m •
librio de espíritu en que le permitía vivir sin enfermedades de la esposa ni de
los' hijos, ni llanto de chicuelos, ni estré:
pito de juegos infantiles en la casa, m
libros rotos, ni tinteros volcados en el
escritorio, ni otros muchos inconvenientes, que afeaba y abultaba su exaltada
imaginación de viejo egoísta. Sobre to·
dos estos puntos se había empeñado el
debate, que había sido reñidísimo, y al
fin de tres horas de certamen, cada cual
había quedado en sus posiciones respec·
tivas, sin ceder un solo palmo de terre·
no como sucede á la contínua en tales
'
.
casos. iCuál no sería, por tanto, m1 sor·
presa cuando, después de un rato de silencio, le oí exclamar suspirando:
-Y sin embargo, hubiera podido ser
tan dichoso!
-Cómo!-le dije,-¿ pues no lo eres,
no dices que lo eres?
-Hombre,-repuso,-no eches á perder mi confidencia, ni pretendas cantar
victoria sobre mí porque te revelo uno de
los secretos de mi corazón. El debate
está cerrado, y conste que no he llevado
en él la peor parte. Ahora se trata de
otra cosa. Calla el filósofo y habla el
hombre.
-Ni una palabra, pues, sobre el in·
victo filósofo, -agregué riendo, - y tome
la palabra el hombre, fuera de toda discusión.
Bebió Feliciano de un sorbo la henchida copa que tenía delante, y repitió la
misma frase que tanto me había sorprendido.
-iHubiera podido ser tan dichoso!
-Me tienes en ascuas por saber cuál

EL PROSCRITO

fué el obstáculo que te impidió llegar
hasta la dicha.
-¡cuál había de ser sino yo mismo!
-No comprendo.
-Voy á explicártelo.

lI
_¿Conoces á mi prima Sara?-conti·
nuó después de un momento de vacila·
ción.
_¿ La esposa de Manuel?
-La misma, ¿qué te parece?
-Encantadora.
-Pues esa mujer pudo ser mía; me
quiso con delirio.
-iEs pos.ible!-exclamé estupefact?·
-Sara y yo crecimos juntos, pros1·
guió. La frecuencia del trato, nuestro parentesco, y acaso su buen corazón, la inclinaron á ser tierna y bondadosa con·
migo desde la niñez. Por .mi debi!idad
física y por el escaso atractivo de m1 per·
sona, me hicieron sufrir mucho mis com·
pañeros de infancia: me mal!ratab~n, ~e
pegaban y se burlaban de m1 con mcre1 •
ble ferocidad. Sara me defendía de ellos
en todas ocasiones, y con el poder que le
daban la robustez de su salud, la exube·
rancia de su belleza y el esplendor de su
gracia, me cubría con égida invulnerable.
Así pasamos la infancia: yo acostumbrado á su cariño y á su protección, y hecha ella á quererme y á cuidarme por
costumbre inmemorial. Llegó la juventud, y con ella la embriaguez de la vida,
el deseo de lo desconocido, la sed de goces, el vago ensueño de la felicidad: ~o·
do contenido y sintetizado en el suspiro
amoroso, que hondo y prolongado se es·
capaba de mi pecho.
Como las mariposas se lanzan tras la
llama, así voló mi corazón tras la hermo·
sura y lleno de emoción caí de rodillas
ante' diferentes beldades pidiéndoles mer·
cedes de amor, caridad de miradas Y
sonrisas; pero ellas no se apiadaban de
mis ruegos, desoían mis quejas, y se
reían de mis actitudes reverentes, que
deben haberles parecido cómicas. Fui en
mi juventud el galán más desventura~o
de que puedes tener noticia. El traba¡o
fué que se propagase la de mis malas
fortunas: el conocimiento de mi mala es·
trella amorosa acabó de echar á perder
mis empresas . No hay cosa que incite

86r

más á las hermosas á menospreciar á un Sara más dulce y compasiva, más cari·
galán, que el saber ha sido desdeñado ñosa y buena para mí, como si hubiera
por las otras señoras de sus pensamien· querido á fuerza de finezas hacerme
tos. Ellas, que son tan dulces y tan echar en olvido tantas humillaciones.
buenas, gozan aumentando la aflicción Era la confidente de mis desventuras, á
del afligido, contra lo' que sería de justi- ella se lo comunicaba todo, ante ella excia; mientras que, por el contrario, se halaba mis quejas y me plañía amargadejan avasallar por el hombre feliz en mente de mis infortunios; y Sara, grave
lides galantes. Basta un guiño de los y pensativa, prestaba oído á mis diarias
ojos de Don Juan, para que se consuman elegías, y me consolaba haciéndome conde amor y
cebri risue·
vayan tras
ñas espe·
su carro,
ranzas
de
como hu·
felicidad.
mildes esY solía terclavas.
minar
sus
Observa·
consejos
baSaramis·
con el si·
penas y
guiente esmis derrotribillo:
tas y se do-Ya velía de ellas
rás
cómo
muy de vecualquier
ras. Cada
día descuvez que llebres á la
gaba a sus
mujer
que
oídos algute
quiere.
nos de mis
Tanto refrecuentes
pitió
lafrafracasos,
se,queaca·
enardecí abó por pise su áni·
car m1 cumo, defenriosidad.
día mi cau--¿Quién
sa con vees
ella?hemencia,
le preguny afeaba
taba con
por todo
frecuencia.
extremo la
- Bús·
conducta
cala y la
de las jóvehallarásnes que no
me
responme habían
día.
amado. En
-Creo
su concep"Era Sara una joven deliciosa, llena de vida y alegría ..... . "
quenoexis·
to, era mi
te, he naalma tan noble y tan generoso mi corazón, cido con mal sino, nadie me quiereque merecía yo, no el amor de cualquie· replicaba desconsolado.
ra rapazuela del lugar, sino el de una
-Eres tonto, tonto de remate,-concluía:
encopetada princesa ó el de una reina -ibúscala y verás cómo la encuentras!
coronada; y sólo explicaba el desvío fe-Caí al fin en la cuenta de que era ella
menil que me petseguía, por la frivolidad quien me amaba, y á poco de preguntár·
increíble de los caracteres y la ligereza selo, me lo confesó sin reticencias. ¿ Creeincalificable de los pensamientos en la ras acaso que me sentí satisfecho de mi
sociedad contemporánea. A medida que conquista? Pues no señor, no quedé sase m~Jtiplicaban mis fiascos, tornábase tisfecho.

1

�862

COS:MOS

iQué cosa más natural, que el que me enamorado en escena, me desdeñara y
quisiera mi primai Eramos casi herma- me echaría en olvido. Eran tales y de nanos, y tenía por obligación el quererme. turaleza tan extravagante mis penas,que
Obtener la correspondencia amorosa de hubiera sujetado de buen agrado á Sara
una persona de mi familia y de mi casa, á la prueba de la tentación, como el «Cu·
no tenía nada de extraordinario, iAllí sí rioso Impertinente&gt;, si hubiera podido
que podía hacer de las mías; pero, lo que hacerlo; pero como no alcanzaba á din·
era más lejos, fuera de las paredes do· poner de los medios nectsarios para so·
mésticas, eso sí que no! No podía sertir· meterla á un crisol tan poderoso, propúme orgulloso de la aventura. Por otra seme observar una línea de conducta que
parte, los amores caseros carecían de diese á conocer á las claras, que no era
atractivos para mí. A la hora que se me para mí aquella ventura una cosa del
antojaba veía á Sara y hablaba con ella; otro mundo. ¿ Penetraba Sara mis pen·
no tenía para qué rondar su casa, ni era samientos, y todo lo sufría por exceso de
racional pelar la pava por la ventana. De abnegación; ó bien no comprendía la ruineste modo, resultaban deslucidos mis dad de mis ideas y por eso continuaba
amores, sin notoriedad ni resonancia, y queriéndome? No sabré decirlo eón cer·
yo necesitaba la ostentación exterior, tPza, pues lo que pasaba en su alma por
grande y ruidosa, para que viesen las aquel entonces, ha seguido siendo un
necias que me habían desairado, que sin misterio para mí; pero se me antoja que
su pan se hacían las migas, y que no las miraba claramente las crisis de mi men·
necesitaba para nada.
guado amor propio, y que por exceso de
No me permitía mi obcecación reparar bondad, de compasión mejor dicho, paen la inmensidad de mi victoria. Era Sa· saba por alto mis miserias psicológicas.
ra por entonces una joven deliciosa, lle· Nadie me quita de la cabeza que se ha·
na de vida y alegría. Tenía unos ojazos bía propuesto redimirme de ellas á fuer·
de pestañas rizadas y negras que daban za de generosidad y de cariño.
Hallábanse así las cosas, cuando vino
miedo, unas mejillas tan lozanas como
rosas que acabasen de romper el botón, un acontecimiento ines¡.Jerado á poner
y una boquita primorosa, semejante á punto á situación tan anómala. Dióse
granada entreabierta. Su gracia y su una tertulia por aquellos días en la casa
agudeza eran proverbiales; la seriedad de de unos parientes, y Sara y yo concurrí·
su carácter y la solidez de su juicio ha- mos á la fiesta, Nunca olvidaré la belleza
bíanle valido la reputación de discreta; de mi prima aquella noche desventurada.
era celebrada por todas partes; volvían· Cubierta de blondas y encajes y adorna·
se á ella todas las miradas; imponía si· da con flores, no parecía una mujer, sino
lencio, respeto y admiración por donde una visión del cielo.
-Todo lo hago por tí-me había dicho
quiera que aparecía. Pero siendo tan leal
y sincera, no daba ocasión para que na- antes de la fiesta: -por tí quiero ser her·
die la requiriese de amores. Vivía con- masa, sólo por tí deseo todas las perfec·
sagrada al afecto que me tenía y al tier· ciones. Mi mayor anhelo es que me quie·
no afán de envolverme en los esplendo- ras y estés satisfecho de tu Sara.
res de su aureola. Pero ese mismo res·
-Cuando lo recuerdo-gimió Feliciano
peto con que era vista, esa como venera· llevándose á los ojos el pañuelo-siento
ción que la rodeaba, me sonrojaba en que me ahogan los sollozos. Entonces
vez de halagarme, porque me hacían estaba ciego de vanidad y de soberbia, y
pensar que era tan ruín y desdichada mi no pude apreciar la infinita dulzura de
suerte, que sólo me había otorgad© el aquel corazón. iQuién me diera remon·
amor de una mujer olvidada de todos, tar el curso de los años y volver á tejer
poco solicitada y disputada por los otros con mano hábil y experta la tela de mi
. hombres. No tenía rivales, y me decía vida.
en mi insensatez, que Sara, se había co·
Bajó por un momento la frente, y pa·
gido á mí como al único asidero que le reció abismarse en los recuerdos de su
quedaba: y que á no ser por esa circuns- juventud.
tancia, acaso no me hubiera aceptado ó
-El genio maléfico que me dominaba
bien que, en presentándose algún otro -continuó á poco-hízome ver con irri·

EL PROSCRITO

863

"Lo dicho: la cedo al que la quiera",

tación aquellos espler,dores. Humillábame pensar que. mi prima me amase por
lástima, y sentirme como protegido por
ella; y me ,venían ímpetus de decirle que
no la quena y que para nada necesitaba
s_us_ favores. Sin atreverme á tanto, me
limité á darme humos de indiferente durante aquella noche, bailando poco con
e_lla, é invirtiendo la mayor parte del
hempo en vagar por los salones charlar
con los amigos y tomar copa;, Entre
tanto, me seguía ella con los ojos por tod~s partes, y solía aparecérseme en la
misma sala del refresco con diferentes
prete~tos para verme é impedir que me
excediese en la bebida. Su solicitud bas·
tó para que me empeñase en hacer más
frecuentes libaciones, á manera de los
niños mimados á quienes la prohibición
de hacer alguna cosa, les sirve de espue~a para poner por obra lo vedado. Y acaé por perder el seso, y por entregarme
al torren te de torpe:. deseos.
R~c;uerdo confusamente que, como á la
media noche, estando sentado ante una
mesa. carg~da de botellas, en compañía
de mis amigos, movieron éstos conversa-

ci6n acerca de mi prima, y me felicitaron
por ha her obtenido su amor tesoro el
más codiciado de los que pudiera apetecer el hombre más soñador y romántico.
-A este Feliciano-dijo uno de ellos
-le ha s~cedido lo que le hubiese pasado al cam1.na~te que habiendo pedido en
vano hospitalidad á las chozas, hubiese
acabado por ser recibido en un palacio
donde se le hubiese sentado en el trono;
se le hubiese puesto un cetro en las manos. No lo quisieron las feas, y le ha dado su corazón la mujer más encantadora
que se ha conocido.
-~ombre,-salt6 otro,-¿de qué arte
te vahste para seducirla? Ha de haberte
costado mucho trabajo. Es seguro que
?ªs hecho uso de algún sortilegio, Dime,
lhas firmado algún pacto con el diablo?
Me estremecí de eólera al oír aquellas
fr~se~, que manifestaban á las claras ia
rum idea que de mí tenían mis amigos y
la pobre figura que hacía yo junto á mi
pnma. Enloquecí, no supe lo que hice·
sólo recuer&lt;lo que descorrí ante aquello~
pr~fanos ~l velo de mi vida, y tomé empeno en prntar á Sara como la primera·

�COSMOS

mente enamorada de mí, solicitadora de
mis atenciones, y anhelosa de que mis
ojos se fijasen en ella. Se me figuraba
que de ese modo adquiría á los de mis
amigos las grandiosas proporciones de un
conquistador, amado sin esperanza, inspirador de pasiones gratuitas, y capaz de
causar tempestades y terremotos en el
mundo femenino. Recuerdo también confusamente que mi auditorio, que comen·
zó por mostrarse asombrado, gustó · sobremanera de mi confidencia. Algunos
de los oyentes se rieron so pretexto de
que les hacían gracias mis donaires, y
otros me dirigieron preguntas arteras,
con el objeto de obligarme á llevar el re·
lato hasta su término. Empero ninguna
frase, m la más atrevida de todas las
que declamé durante aquella larga peroración, causó el efecto de mis palabras
finales, que fueron como el &lt;clou d'or»
de mi discurso. Para articularlas levanté
· la cabeza, ahuequé la voz, y dirigí en
torno una mirada soberbia:
-La caballerosidad,-dije,-me obliga á sostener mis amores; pero maldito
lo que me preocupo por Sara.
-Eso no··-exclamó uno de los circunstantes:-te tiene sorbido el seso.
-Mentira,- repliqué;-la cedería al
que la quisiera.
_¿ De verás ?-preguntaron v¡¡.rias voces.
-Lo dicho; la cedo al que la quiera.
No bien hube pronunciado estas palabras, oí cerca de mí el &lt;frú frú» de un
traje de seda. Volví la cabeza, y alcancé
á ver por la puerta una forma femenil
que se alejaba á toda prisa. ¿Era mi
prima? ¿ Me había oído?
Como si se hubiera desgarrado un velo que hubiese tenido en los ojos, adquirí en aquel instante la clara percepción
de lo mucho que valía Sara, y de la grandeza de mi desolación en el caso de que
ella me abandonara, La torpeza de mi
cerebro desapareció como por encanto, y
con extraña lucidez comprendí lo vergonzoso de mi proceder. Sentí que el corazón
se me desgarraba, que me saltaban las sienes y que una angustia horrible se apoderaba de mi pecho. Me levanté bruscamente y corrí desalado en busca de Sara. Iba
dispuesto á darle una satisfacción pú •
blica, á caer de rodillas ante ella y á besarle, si era preciso, los pies para obte

EL PROSCRITO

ner su perdón: pero no pude hallarla en
ninguna parte. En vano crucé por los
salones y por las alcobas y escudriñé los
rincones todos de la casa. Al cabo de in·
quirir largo tiempo, díjome el portero
que la había visto salir sola, tomar asiento en su coche y alejarse de la casa.
No dormí toda esa noche pensando en
lo que había pasado, y penetrado de la
convicción de que había abierto entre
Sara y yo un abismo insondable. A ratos me serenaba, imaginándome que tal
vez no me hubiera oído mi prima; y me
decía á mí mismo que no había razón pa·
ra apenarme de aquel modo, y que mis
sobresaltos no reconocían más origen que
el de mis vanas aprensiones.
Pero al día siguiente, cuando ví á Sa·
ra, me convencí de que todo estaba per·
dido. Aunque triste, ojerosa y con visibles muestras de haber llorado, me reci·
bió con glacial indiferencia, y no profirió una sola queja.
_¿Que tienes?-le dije-¿por qué me
tratas con tanta frialdad?
-N ada,-repuso, -no tengo nada.
_¿Acaso no me quieres ya ?-insistí.
-Nunca te he querido,-repuso.-Lo
que he sentido y siento por tí, es ... lástima ...

111
Hondamente penetraron en mi corazón
aquellas palabras, y guardé por varios
días vivo en el pecho el rencor que me
produjeron; pero al fin perdieron gradualmente su fuerza, y acabé por persua·
dirme de que habían sido dictadas por el
enojo, y de que no eran más que el velo
doloroso de una herida profunda. Alimenté algún tiempo la ilusión de vencer
aquella resistencia por medio de ruego3,
pues reputaba imposible que la mujer
que me había querido tanto, pudies;e
apartarse de mí para siempre. Como de
continuo sucede en tales casos, mi afecto
por mi prima había ido creciendo á com·
pás de su desvío, y había acabado por
tornarse en la adversidad una especie de
delirio, una pasión desbordada, una obsesión de todos los momentos. Pno no
hubo querella, ni plegaria, ni postración
suplicatoria que la moviesen á compa·
sión: inflexible y altiva, soberbia y ren·
corosa, no volvió á oírme, ni á verme, ni

á cur_ar de mí en lo más mínimo. Alma
d~ hierro en cuerpo de mujer, fué para
mi tan dura como la roca.
Los años pasaron de esta suerte rog~ndo Y~ Y resistien~o ella, basta' que
fui adqumendo la tnste convicción de
que su desamor era irrevocable, eterno
su abandono. Desde nuestra ruptura comenzaron á arremolinarse en torno de
ella entusiastas adoradores, que le formaba_n corte humilde Y devotísima. Mucho t1ei:npo fué indiferente á tan rendidos
obsequios, pero al cabo recibió con agrado los corteses homenajes del más fino Y
ª_Pues~o d: sus caballeros. y devoré en
sile.nc10 m1 despecho, Y ví con desespe·
ración que .º~ro mortal dichoso llegase á
ocupar el sitio que ella me había destinad? en su corazón. Sin derecho para exi·
g!r c?sa alguna, vime relegado al último
~eri:1mo del cuadro, como los sacerdotes
indignos, que son lanzados de los altares
donde c~lebraban sacros misterios, para
confunchrse con la multitud de los espectadores. . ..
•
y recibí de su mano el golpe mortal
cuando. coronada de azahares Y vestida
con traJe tan blanco como su pureza, dió
á su amado la mano de esposa bajo el
~urea cúpula del templo, en medio de
imponentes ceremonias, y de una atmósfera .saturada de perfumes, armonías Y
sus~1ros. Desde entonces sentí que me
~ona, que acababa para mí la verdadera
vida, y .que el resto de mi peregrinación
por la tierra, no era más que un viaje
penoso á trav~s de la obscuridad, de la
soledad y del s11en 7i~ .. En vano he procurado renovar el 1d1ho de mis amores
consa~rando mi adoración á otras muje·
res; nt me ha sido posible quererlas ni
encontrar otra que me quiera como aq'uélla, Y me comprenda, Y me perdone. Todo concluyó para mí de$de entonces.

865

La tri~teza de mis pensamientos Y el
~partam1ento_de mi vida me han conver·
t1do en un miserable misántropo. En nada creo, nada aguardo Y me río de todo;
pero cuando veo á Sara al lado de su esposo, Y presencio el cuadro de su ventura conyu~al, me siento acometido de mortales conJogas, pensando que tanta paz
t~nta belleza y tanta dicha habían sido des:
tinadas para que yo las disfrutase. i Cuántas veces de pie en el umbral de su puerta, ~e derramado llanto, al oir su acento
musical elevarse como canto en medio del
co.ro de las voces ·de sus hijos, Y oprimiéndome ~l corazón con ambas manos
me he sentido el más infeliz de los hom:
b~e.s! Me figuro semejante á Otelo, que
v1eJo y negro, fué amado por Desdémona, Y la m~tS, destruyendo su felicidad
con mano insensata.
P7ro,-concluyó Feliciano-estoy bien
castigado.
y ocultó la cara entre las manos, lleno de dolor.
IV

Cuan~o terminó la narración, sentí que
me asfixiaba en aquel palacio. Me dí pri~a para.volver~ mi hogar, Y al llegará
el, respiré con inmensa delicia. Es verdad qu_e no había en mi casa ricos tapices, l~¡osos artesonados, cuadros preciosos, n1 muebles Luis XV; pero irradiaba
luz de contento Y estaba llena de risas y alegres voces. Necesitaba descanso, Y: lo hallé al lado. de los seres más
q~en~os de !!1¡ corazón. El acento de
mis ~1ernos h1¡os sonó en mis oídos como
un himno celestial; fueron para mí sus
besos aquella noche más dulces que nunca, ~ ~uando sus manitas sonrosadas me
acan~1aron! me pareció que la bendición
de D~os ba¡aba sobre mi frente.

4

�LA CIRUGIA EN LA GUERRA

LA CIRUGIA EN LA GUERRA
Dada la importancia del estudio que sobre la
cirugía en el campo de hatcalla. ~~i!ei'i~fé!'f~
Monprofit encargado por 1a ruz
. 1
d d' . ''r la organización de sus hospt!a es
~~ S~ló,~i~~. el Sr. D. Luis L~dert y ~ul. m1e.mbro prominente de la Cruz Ro1a ~ex,c_a a, hbj?
traducir el artículo que á contt_nuad, P\rl'

61

camos con el ánimo de qu_e,, en vista . e os

•

llantes resultados obtemdos ~n One{!te. se¡
adoptado.por el valeroso .E1ércu_o. MeJUcano e
u~o del paquete de curación md1v1dual.

I

Modo de emplear el paquete
puede afirmar una vez más,
de curación individual.
después de la experiencia que
acaba de hacerse en los Balka·
Nunca se puede dar dema_siada imp?r·
nes que con una buena orga •
nización, co~ una' preparación cuid~dosa tancia á la rápida protección aséph~a
y metódica, los ejércitos pueden evitar~ que puede y debe ser hecha en los :pn·
meros momentos que siguen á la hen~a,
sus heridos la mayor parte de las com
plicaciones que han sid~ la causa de la por la aplicaci_ón. c~idadosa Y metód1c~
muerte de tantos desgraciados en las an- de la curación md1v1dual, que cada sol
dado lleva conszio en un ejército nzodern~.
tiguas guerras.
.
Es muy importante hacer. que el pu
Es perfectamente posible reducir la
mortalidad de los heridos de guerra en blico mz'htar, se penetre de_ la idea de que
una proporción considera):&gt;le. Para est~ el soldado que descuida, p1~r~e ó destru·
ye su curación individual, imita exacta·
se necesita ciertamente dmer? y mate
rial, pero antes que nada precisa un per- mente al pasajero que, encontrando en
sonal instruido exactame?te sobre lo que su camarote un cinturón salva-vzdas lo
debe hacer, personal bien ensayado Y col{iera y tirara al mar.
El número de las heridas que en_ la remuy dedicado á sus deberes.
ciente
guerra balkánica han debido _la
El primero y principal elemen~o de los
progresos actnales en el tratam1e~to de conservación de un miemb~-o ~ ~a sal7•aci~n
los heridos de guerra, es la curac!ón de de la vida á la curación mdzvzdual, es inla herida lucha lo, más pronto p~szble so- calculable.
No se sabe con certeza Jo que pasó
bre el campo de batalla ó no le!os, curación tan rigurosamente aséptica como del lado turco, pero según Jo que pude
sea posible, por medio del paquete d~ cu- averiguar, visitando cierto número de es·
ración individual, llevado por el mismo tos heridos en Salónica, Y otros puntos,
herido, acompañado del empleo pruden- leyendo las relaciones de nuestro.5 cole·
gas que ejercieron en Constantmopla,
·
te de la tintura de yodo.
E

867

sobre todo, por la carta que recibí del
doctor Depage, quien dirigía allí la Cruz res, heridas transversales ó antero·pos·
Roja Belga, me parece que el empleo de teriores, el tórax, con perforación de los
la curación individual ha sido en el lado pulmones, perforaciones del abdómen,
otomano, ó reducido ó defectuoso, pues con heridas del estómago, del intestino,
el resultado de las heridas en Constanti· de la vejiga, heridas transversales del
heridas transversales del cráneo,
nopla no fué nada parecido al que se ob- cuello,
etc., etc.
servó del lado de los aliados. Del lado
U na condición esencial para la curade los griegos y servios he aquí lo que
ración, es la abstención completa de tohe visto:
Esta curación estaba en buen estado da maniobra de exploración, de busca de
catheterismo, y con mayor razón de taal momento de necesita-rse.
ponamie.nto en los trayectos de los pro·
Todos los soldados habían sido ins- yectiles.
truidos sobre la necesidad de emplearla
Toda operación que no es absolutaen caso de caer heridos
mente
necesaria está contraindicada so·
El empleo y la utilidad de la curación
bre el campo de batalla.
individual hablan sido enseñados á lastro·
Como dijo Rapp con tanta razón, hace
Pas por el cuerpo de sanidad.
ya
mucho tiempo: &lt;el puesto de socorros
Durante las marchas, los médicos y ofi.
debe
ser un taller de embalaje aséptico y
ciales habían instruído sobre el punto á
una oficina de expediciones hacia la relos reclutas y reservistas.
taguardia&gt;.
A la hora del combate, el empleo de la
La cirugía militar moderna debe ser,
curación individual fué absolutamente
sobre todo, una cirugía de vigilancia y
general.
Los que se abstuvieron 'de hacerlo fue- expectativa. Los felices resultados de la
ron excepciones. Los heridos, contra lo abstención se han mostrado claramente
que se había temido, se curaron ellos en esta guerra, y han confinado los principios que fueron tan bien expuestos por
mismos en muchos casos.
En el resto, la curación fué aplicada Mr. Delorne, en su discurso de apertura
por los médicos, los camilleros, algún del último Congreso Francés de Cirugía.
vecino ó el oficial que se encontraba más Todos deben persuadirse que los ejérci·
cerca del herido. La aplicación de la tin- tos modernos pueden &lt;con una buena
tura de yodo fué general y &lt;lió los mejo- preparación&gt;, disminuir en considerables
proporciones la mortalidad de los herires resultados, salvo en algunos casos dos.
en que causó eritema.
La asepsia, aplicada sobre el campo
En un encuentro que tuvo lugar cerca de batalla por medio de la curación in·
de Bitolj (Monastir), un cirujano servio dividua!, ha dado sus pruebas una vez
dice haber recibido 800 heridos, todos más. Las heridas, bien protegidas desde
los cuales, ó casi todos, habían sido cu- el principio, se curan fácil y rápidarados sobre el lugar mismo del combate mente.
y al muy poco tiempo de recibir las heEl paquete de la curación individual
ridas. Los hombres sabían que con la
francés
ha dado muy buenos resultados
curación individual no se hacían un ven- con los griegos.
daje como el que se practica frecuente·
Con los servios y búlgaros, la curamente con un pañuelo más ó menos sución
holandesa de Vtermohlen ha dado
cio. Comprendían, por el contrario, que
pruebas
de sus excelentes cualidades:
se hacían una curación que podía salvarasepsia, aplicación simple y fácil.
les la vida, como se las salvó efectiva·
&lt;Entre menos se hace, mejor se hace&gt;,
mente en la inmensa mayoría de los caha dicho con toda razón el médico milisos.
tar Tavel.
Hemos visto, en efecto, bajo la in·
fluencia de la curación individual, efecLa Tintura de Yodo.
tuarse curaciones increíbles.
Largos trayectos á través de los miemEste antiséptico ha representado un
bros, perforaciones de las grandes copapel
principal en la guerra balkánica, y
yunturas ó de las extremidades articula•
el doctor La Fort, á su vuelta á Servia,

�868

COSMOS

pudo afirmar que la abstención en presencia del proyectil y la aplicaciórt de
tintura de yodo sobre las heridas, han
procurado un verdadero triunfo á la cirugía militar. Algunas veces, sin embargo, se ha observado la aparición de pústulas después de aplicar el yodo. Esto
tiene por causa dos razones diferentes,
fáciles de remediar aun en el campo de
batalla.
En primer lugar, se necesita tener
&lt;tintura de yodo fresca&gt;. Esto es esen •
cial; pues en cuanto el yodo entra en
contacto con el alcohol comienzan las
reacciones y se forman ácidos cáusticos,
que son la causa de la pustulaci6n. Podría ser también que hubiera otros ácidos, debidos á la mala calidad de ciertos
alcoholes. El remedio es muy sencillo.
El alcohol será de buena calidad, y sólo
se utilizará tintura reciente. Los médi •
cos y enfermeros militares han encontrado, como sus compañeros civiles, los medios que permiten prepararla instantáneamente.
Basta para esto tener el yodo finamente pulverizado, que se disuelva rápidamente en el alcohol. Este se obtiene
también por medio del agua que precipi ·

ta al yodo disuelto en las tintur~s, procedimiento que permite utilizar el yodo
de las tinturas viejas
Hay una precaución esmcial que no
debe olvidarse. La tintura de yodo del
nuevo codex es realmente demasiado
enérgica, está al décimo y esto es exagerado. La del antiguo codex está todavía
demasiado cargada; nuestra tintura de
yodo hecha cada mañana en el Hotel
Dieu para las necesidades diarias, con·
tiene un gramo de yodo para quince centímetros cúbicos de alcohol á 95 grados.
Es suficiente y en estas condiciones po·
demos afirmar por experiencia que ni las
epidermis más delicadas sufrirán. Sin
embargo, no hay que olvidar que en es·
tas tinturas el alcohol y el yodo se evaporan en proporciones desiguales de manera que una tintura inocente puede,
después de algunas horas de haberse
concentrado, volverse peligrosa.
Hago presente que el número de complicaciones graves ha sido muy reducido,
á tal punto que se han podido contar los
casos de tétanos, erisipela é infecciones
purulentas, y el resumen oficial ha pro·
hado en definitiva una proporción de
mortalidad relativamen~e baja.

UNA PLANCHA

Don Jacobo Tordesillas
es el rey de las anillas.

Una en seguida la atrapa,
pero la otra se le escapa.

1
Hace diversas flexiones
para ensanchar los pulmones.

Después se esponja y se ensancha
á fin de hacer una plancha.

Y trabajos muy flor idos
con los brazos extendidos.

Se equivoca de repente,
Y la hace divinamente.

�SECCION CIENTIFICA
@:l

SECCION CIENTIFICA
- DI""-=---===--

ELECTRICIDAD
IMANES DE CAMPO DE DINAMOS Y MOTORES
Por SANTIAGO LOPEZ TAPIAS.

I

las lecciones elementales de flujo se divide también en dos mitades,
electricidad se supone, en ge· pasando cada una por una de las dos sec·
1,.~
neral, para mayor claridad, que ciones del yugo: y como que cada mitad
c....~
el imán de campo de un dina - de este yugo dividido lleva solamente la
mo ó de un motor tiene solamente dos mitad del flujo, en sección transversal no
polos. Sin embargo, en la práctica todos es sino la mitad de la del yugo sencillo
los motores y dinamos de moderna cons- de los tipos 1 y 2.
Si entre los dos polos del imán bipolar
trucción, salvo las máquinas de reducidas dimensiones y algunos modelos es· y á igual distancia de cada uno, se añapedales, apropiados ádeterminadas con- den dos nuevos polos con los núcleos codiciones, son del tipo «multipolar&gt;, ósea rrespondientes, se obtiene el imán de
de más de dos polos.
En realidad, un imán no puede nunca
tener más de dos polos propiamente dichos; pero pueden combinarse varios imanes para formar un conjunto que obre como un solo imán con cuatro, seis, ocho
ó cualquier otro número par de polos.
Los esquemas 2 á 5 inclusive mues·
tran el desarrollo del moderno imán de
cuatro polos, cuyo origen fué el primiti·
vo tipo de imán de forma de herradura
(fig. 1). La única diferencia que existe
entre el tipo r y el tipo 2, consiste en que
las partes del imán alrededor de las cua·
les están desarrollados los hilos de las
Fig. 1-lmán de campo bipolar con núcleos
bobinas, ó sea los núcleos del imán, esverticales.
tán en posición vertical en el uno y horizontal en el otro. Si se di vide el yugo
'del imán 2 en dos partes, quedando la cuatro polos que representa la figura 4.
una por encima del devanador y la otra En este tipo el yugo constituído por el
marco exterior debe ser cuadrado, para
por debajo, se obtiene el tipo 3.
que,
enfrente de cada uno de sus lados,
En estos tres tipos de imanes, el centro del paso del flujo magnético, ó de las pueda colocarse uno de los cuatro polos.
líneas de fuerza, está indicado por las lí- Por el examen del imán cuadripolar, es·
quema 4, puede observarse que el yugo y
neas punteadas.
Es de notar que, en tod0s los casos, el los núcleos de cada uno de los imanes
flujo que atraviesa el núcleo de la arma- son mucho más delgados que en el imán
dura se divide en dos corrientes, separa- bipolar. Lo mismo ocurre con el núcleo
das por el orificio del eje. En el tipo 3 el de la armadura. La reducción del espeN

sor ~e los núcleos de los imanes no lleva
consigo la reducción correspondiente en
el peso total del aparato, porque el número de estos núcleos es doble. Pero la

sección del núcleo de cada imán deberá
ser doble, ó sea de 1 5 pulgadas cuadradas
Y la del núcleo del devanado que ha d;
llevar 600:ºº? líneas, con la densidad
, - - - - - - - - - - - ; ; - - - - - - - - md1cada, será de 7 pulgadas
Y media: (Es de notar que, en
'
........
la ~ráchca, la densidad magnética no suele ser la misma
en todas las partes del circuit~, aunque en el presente
eJemplo se supone que lo es
para mayor sencillez).
'
En la máquina de cuatro
polos, con un flujo total de
.
,
1,200!000 líneas, el flujo qne
F1g. z.-Imán de campo bipolar con núcleos horizont I
atraviesa caaa espacio de aire
a es.
y cada par de imanes será de
, 600.000 líneas. Este 'flujo de
reducción del espesor del yugod Y el núc!eo del devanado resulta de una diminu- 600.000 !meas se divide en dos corrientes
líneas cada una en el yugo Y
c1_ón casi proporcional del peso de estas de
en el nucleo del devanado
p_iezas, lo que constituye una de las prinEn la máquina bipolar el flujo en el yucipales ventajas de la
construcción multipolar.

,,,--------------------- --

3ºº·?ºº

Relacz'ón entre d número
de Polos y la sección
transversal.

Un razonamiento sencillo permite comprender
por qué el aumento del
'-- ---------------"'¡
número de polos hac~
,_ - - - - --·- &gt;..._._ - - - - - - .
posible la reducción del
espesor del yugo y de
Fig. 3.-Imán bipolar con juego
Fig. 4. - Desarrollo cuadripolar
los núcleos de los imaurdido.
del imán, fig. 3.
nes.
Supongamos que el flujo magnético to·
tal que pas~ por el núcleo de cada imán go Y en l?s cauces del devanado era de
600.000 !!neas; en el caso presente es de
de la máqu~na multipolar (fig. 3) sea de
lmeas; por consiguiente la sec·
1?200.000 !meas de fuerza Y que la dencrón
transversal
del yugo podrá reducirsidad magnética sea de
--se á 3%' pulgadas en vez de
80. ooo líneas por pulgada
7 ~; la sección del devana.
cuadrada (6 cm.2 25) en el
do
podr~ quedar igualmen!ugo, en los núcleos de los
te_
reducida
á la mitad. Lo
imanes Y en el núcleo del
mismo ocurre con los núdevanado. El flujo se divicleos de los imanes, que
de en el yugo en dos collevan 600.000 líneas en vez
rrientes, llevando cada
de I, 200.000: la sección de
una, de un polo al otro
cad~ uno de ellos podrá re600.?ºº líneas de fu~rza: l~
ducirse á 7 ~ pulgadas, en
sección transversal del yu.
vez
de 15.
go. deberá ser, por consiEl esquema 4, trazado
gmen te, de 7 ~ pulgadas
cuadradas ( 46 cm.2 S8). La Fig. 5.-T!po moderno, con yu· para hacer aparecer con ma.
go circular.
yor claridad la transición de

3?º·ººº

�872

COSMOS

la·máquina bipolar á la máquina cuadri· porciones con que aparecen los esque·
polar, no representa un tipo de construc- mas.
ción hábilmente adaptado; en efecto, en
Dada la reducción de las secciones
la práctica las máquinas cuadripolares se transversales y, por consiguiente, del
construyen generalmente con yu!l;o de peso de las máquinas al aumentar el número de polos, parece que debería resul·
forma circular (fig. 5).
El razonamiento anterior sobre la re· tar ventajoso construir todos los motores
lación que existe entre el número de po- y dinamos con gran número de polos, á
fin de ahorrar ma·
los y la sección de
terial. Hay, sin
los cauces magembargo, otras
néticos, se aplica
circunstancias
igualmente á los
que
deben ser te·
dinamos y á los
nidas
en cuenta,
motores que tie·
aparte del peso,
nen más de cuatro
y éstas hacen que
polos. Siendo
el
tipo bipolar ó
iguales las condicuadripolar
sea,
ciones de rendi •
miento, velocidad Fig. 6.-Máquina de seis Fig. 7.-Máquina de ocho en general, prepolos, equivalente al
polos, equivalente al ferible al tipo muly densidad magimán
fig.
5.
imán fig. 6.
tipolar cuando la
nética, las seccio
ligereza es una
nes de una máquina de seis polos son la tercera parte de las condición esencial del aparato, para realide una máquina bipolar, ó las dos terceras zar una conmutación más perfecta ó para
partes de las de una máquina de ~uatro obtener mayores facilidades en el montaje
polos; las secciones de una máquma de y repar;aciones del devanado. Por una ú
ocho polos son equivalen tes á la cuarta otra de estas razones, fas máquinas de
parte de las de una máquina. bipolar, ó grandes dimen· iones se construyen en
á la mitad de las de una máquma de cua· general con seis ú ocho polos.
tro polos, ó finalmente, á las tres cu~rtas
Distribución de las .fuerzas de mag-ne·
partes de las de una máquina de seis po·
los. Los esquemas 6 y 7, trazados á la
tización.
misma escala que los anteriores, permi·
El modo más sencillo de hacer com·
ten una exacta comparación de las pro·
prender
las relaciones magnéticas que
porciones de los yugos de los imanes !
de los núcleos de los devanados con d1· existen entre los varios núcleos de una
ferentes números de polos. En todos es- máquina de varios polos, consiste, sin
tos esquemas, las diferencias de sección duda, en decir que el devanado de cada
transversal se hallan representadas por imán desarrolla un flujo en el núcleo que
el mayor 6 menor espesor visible de las rodea el t:spacio de aire correspondiente,
piezas. Por ejemplo, en la figura 4 el yu· el yugo, hacia la izquierda y la derecha,
hasta la mitad del intervalo
go aparece dos veces más
que
lo separa del núcleo
estrecho que en la figura 3,
inmediato
y la parte corres·
para indicar que su sección
pondiente
del núcleo del
transversal es . dos veces
devanado.
Por
ejemplo, pa·
menor. Sin embargo, no
ra hacerse cargo de la dissuele ser así en la realidad;
tribución de las fuerzas
cuanto mayor es el número
magnéticas en una máquina
de polos, más corta es la
cuadripolar, deberá uno
máquina, medida en el senimaginarse este aparato
tido del eje, sin que las
cortado
en cuatro porciones
diferencias en el espesor del
iguales
(fig.
8), magnetizayugo, del núcleo del deva·
das
cada
una
por el imán
nado y de los núcleos de los Fig 8.-Distribucióo de las
que
forma
parte
de ella.
imanes, alcancen las profuerzas magnéticas.

CRONICA DE LA MODA
Por «La Marquesa Rosalinda&gt;

·-

·'

á su fin la encantado- "seíioritas de nuestra buena sociedad no
ra estación de las flores, los han admitido. Mucho nos presumi·
y muy &lt;'p ronto el otoño mos· que la tal moda corra la misma suerpondrá' sus amarillentos te que cupo á la famosa &lt;falda pantalón&gt;,
matices en nuestros cam- que rechazada de plano por la sociedad
pos y jardines. La nue- honorable, sólo sirvió para tema de burva estación nos traerá sin duda nuevas las.
formas de elegancias en los trajes femeniles y podremos comentar una vez más
***
el arte de los modistos parisienses que,
de seguro, estarán ya trabajando activaHabíamos escrito las anteriores líneas,
mente, buscando innovaciones, cambian- cuando, al buscar asuntos que comunicar
do ideas, trazando dibujos y eligiendo á nuestras lectoras, encontramos en una
colores á fin de lanzar modelos más 6 me· notable _rev_ista parisiense algo que conno:; atrevidos.
~rma, s1qu1era sea en parte, nuestras
Los de fin de estación, pecan en mu· idea!'.
cho por ese atrevimiento, especialmente
&lt;Los ~onfeccionadores, dice esa revisaquellos en que la nota dominante apa- ~a, se d:Jan ar:astrar por la fiebre de la
r7ce en la forma de la falda que, reco- mnovac1ón, é mcurren en exageraciones
gida~ un lado y por la parte inferior, que nos cho&lt;;an. Pero pronto vuelven las
permite ver algo más que el calzado. Muy cosas á su mvel normal, se corrigen los
pocos modelos hemos visto de esa forma e_rrores, Y buen gusto de la mujer rea·
y celebramos infinito que hasta ahora no liza una cuidadosa selección entre los mo·
hayan sido aceptados. En nuestro con- d_elos qu~ se le ofrecen, dan&lt;lo carta de
cepto, la elegancia femenina no debe cmdada~ia tan sólo á los que merecen la
traspasar nunca los límites de la decen • aprobación general.
cía y sobre todo de lo que la moralidad ............................. . .....
permite. Enhorabuena que se creen fi.
Como era de esperar, no nos hemos ligurines que permitan á las damas ves- brado este año de tales equivocaciones
tir elegantemente, pero, por ningún conY e~ las carreras de primavera, hemo~
cepto debe admitirse que, en el afán de po~1do contemplar modelos que sólo mebuscar originalidad y atractivo, se recu· rec1an un completo é inmediato olvido
rra á la implantación de modas indeco~n, efecto, aparecieron excentricidade~
rosas. A este género pertenece la que hendiculasi capaces tan sólo de descompomos indicado antes, y repetimos, la hener la &lt;silueta&gt; y de perjudicar la figura
mos visto en contados modelos de los más perfecta&gt;.
que traen algunos periódicos de modas
Tiene razón la cronista. Ridículas son
francesas, pero las respetables señoras y
muchas de esas modas, y algunas de ellas .
OCA

:1

�ELEGANCIAS FEMENINAS

COSMOS

no solamente pecan de ridículas, sino que
lo que es peor, resultan inmorales y por
lo tanto, son totalmente
inadmisibles.

* **
Entre los figurines que
ofrecemos hoy á nuestras
lectoras, aparece un grupo
de modelos de «cinturas»,
tomados con cuidadosa selección entre aquellos que
más predominan y que son
de mejor gusto.
La forma de la cintura ha
sido motivo de especial estudio de las casas creadoras de modas, y como puede verse en los modelos que
publicamos, las ideas son
muy variadas y hay para
todos los gustos.
Estas formas de cinturas
son perfectamente aplica bles á blusas y «levitas»,
habiendo para estas últimas
verdaderas novedades.

***
No nos hemos olvidado
en esta vez de los trabajos
para bebés. Los niñ:&gt;s tienen derecho también á su
nota de elegancia, siempré
que ésta no se exagere al
grado de causar molestia á
los pequeños. Presentamos
hoy algunos figurincitos
entre los cuales, las mamás
encontrarán sin duda algunos que han de gustarles,
Los trajecitos para los
niños 5e distinguen, como es natural, por su
sencillez y sobre todo
por los cortesquepermiten la
suficiente
holgura para que los
bebés se
sientan cómodos y no
Traje de calle, creación parisiense.

Elegante traje de noche.

se les prive de la conveniente libertad en
sus movimirntos. Esto, ante todo, es un
precepto de higiene, y ya se
sabe que la higiene en los
niños es algo que las señoras mamás no deben descuidar nunca.

***
Iba á dar por terminada
esta crónica sin hablar nada respecto á los sombreros. Pido excusas por este
olvido, y aunque sea sólo
brevemente, diré algo de lo
que sé á propósito de tan
interesante prenda feme·
nin a.
Sigue predominando la
forma pequeña y las variaciones introducidas por la
moda no modifican sino las
líneas, que demasiado indecisas y @n extremo variadas, no permiten fijar regla
alguna.
En cuanto á los adornos,
se llevan todos los que son
compatibles con la estación, entre los que son de
notar por su exquisita elegancia, los «paraísos&gt; y
I JS «airones&gt; que, según
afirma una escritora de modas, dan la nota de la elegancia colocándose en lo
alto del sombrero, cayendo
hacia atrás y sujetándose
al borde vuelto del ala.
Esta idea tiene gran
aceptación por que sienta
muy bien á toda clase de
caras y armoniza con la
mayor parte de trajes de
calle.

•

**
seleccionado

Hemos
con
gran cuidado los figurines
de modas y modelos de sombreros que á continuación
presentamos á nuestras lec·
toras, y estamos seguros
que todos y cada uno de
ellos serán de su agrado.

�876

COSMOS

Modelos de cinturas.

ELEGANCIAS FEME:NINAS

�878

COSMOS

ELEGANCIAS FEME NIN AS

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•¿ • • • . •

.

�una habitación. Nos parece oportuno reproducir en este número de COSMOS un
modelo de comedor moderno, cuyos muebles, al estilo alemán, son de gran senci·
llez y elegancia. Nuestros lectores verán
en él seguramente todo lo que el gusto
más refinado puede exigir.

Uno de los principales factores para el
buen aspecto de una casa, es la sencillez.
Cada día van simplificándose los motivos
&lt;lecorativos en todos los estilos, y es señal de burn gusto el suprimir la mayor
parte de los intrincados adornos que antiguamente se creían indispensables en

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,
Don Pedro de Alvarado
Caballero de Santiago, uno de los esforzados
.
de Guatemala. Su retrato se conserva e~ºfqu1st~d~r~s de México y fundador
habiendo sido renovado enª tsap1ta e aquella nación,
54.

�PARA LOS AGRICULTORES

•I

. 1es para 1a producción
Factores esencia
lucrativa de huevos
Por H. R. LEWIS.

D
í que se debe continuar con cualsiguiente sistema de alie aqu . •
té dando buenos re·
mentación para la pro· quier ración que es
da probarse al.
1 sultados, hasta que pue
.
tal
ducción de huevos es e
una otra de un modo exl:&gt;~nmen •
resultado de experimen· g El siguiente es el amas110 seco quei5e
tos llevados á ca~o en la
I Estado de New J erser, )'. as
Estación Experimental usa en e
. que se md1can
d New Jersey. En el uso de raciones s.uplemeJ?,ótana~pleta de las ga·
d I E t do e
a la ahmentac1 n co
. .
.
~as ponedoras durante el mv1erno, 1un:
e s a
. ó debe entenderse que
estab úyotra
ra~,ó nn,me1. ~r ' pues con
tal rae,
· razas to co n las mod'1ficaciones que son nece
no
a
.
ondiciones
diversas,
. para la alimentación de verano.
diferent~s Y baJ~
den la alimentación. sanas
se necesitará vane a
SIJO SECO
L

fif

duos de semillas gelatinosas por el glu·
ten en la misma proporción, para apre·
surar el desarrollo de plumas. Tan pronto como las aves se pongan en pasto
verde, se puede omitir gradualmente la
alfalfa; también se reducen poco á poco
los desperdicios de carne, cuando las
aves estén en campo libre, pues entonces
pueden encontrar insectos y larvas. La
cantidad en que pueda disminuirse el anterior amasijo durante el verano, dependerá del carácter y extensión del campo
que las aves tengan durante ese tiempo.
El anterior amasijo seco está indicado
especialmente para la alimentación de
Wbite Leghorns. En donde se tienen razas más grandes tales como Plymouth,
Rocks ó Wyandottes, especialmente ga·
llinas de uno ó dos años, la tendencia será criar un exceso de gordura. Bajo estas condiciones es mejor disminuir la
cantidad de amasijo que coman, dejando
abierta la tolva sólo durante la tarde,
obligando á las aves de este modo, á tra-

Clase de Alimento

Salvado de tri~o...
Acemite de trigo.· · · ·
Avena molida. · · · · ·
Harina de maíz .•...
Harina de gluten .. · ·
Desperdicios de carne.
Alfalfa picada.· · · · · ·
Total.········
Promedio por libra ..

Cantidad Cantidad por
Medida
P
por
Lbs,eso Cuartillos

200
200
200
100
roo
roo

roo
I,000

380
240
200
95
So
86
200
r.381
1.38

Materia
Seca

176.0
176.0
178.0
89.0
92.0
89.3
92.0
892.3
.892

Ceniza 6
Matería
Mineral

Proteína

u.6

24.2
25.6
18.4
7.9
25.8
66.2
n.o

n.6

6.o
1.5

.8
4.1
7.4
39.o
.039

Re,aci6n Nutritiva, 1-3.02

.
'ó
Téngase siempre
este a masii'
. o delante
tolvas de ahmentac1 n
de lasáat~es, t:s tolvas usadas deben ser
d á fin de que una
autom ,ca.
lo suficiente gran es

r79.r
.179

Hidrocarbonatos Más
Grasa x 2%

Cantidad Cantidad por
por Peso
Medida
Lbs.
Cuartillos

90.6
121.4
u3.6
7t1.4
65.6
31.r
42.3
541.0
.54r

Ceaiza 6
Materia
Mineral

176.0
88.o
89 .0
46.0
22.3

lI.6
3.8
3.0
.4

200
100
100
50
25

380
120
roo
40
22

Total. ...... .
Promedio por libra ..

475

661
421.3
19.8
r. 18
.887
.04
Relación Nutritiva, 1-3.22

I.O

Proteína

Hidrocarbo.
natos Más
Grasa x 23{

24.2
12.8
9.2
12.9
16.5

90.6
6o .7
56.8
32.8
&amp;.o

$3.20
1.75
I.65
.85
·75

75.6
.158

243 .9
.5c3

$8.20
$ .017

Costo

TABLA No. J. MEZCLA No. 2. Ración para escarbar

Trigo ............ .
Avena cortada ..... .

$3.20
3,50
Total. ... . ... .
3.3o Promedio por libra ..
1.65
1.70
3,oO
1.60

-$17.95

!\'latería
Seca

Sall'ado de trigo .. .
Acemite de trigo .. .
Avena molida ...... .
Harina de gluten ... .
Desperdicios de carne

Clase de alimento
Costo

bajar más en la busca del grano tritura·
do que se le echa entre la paja.
La modificación del anterior amasijo,
(Véase Tabla No. 2) es muy económica
para la alimentación de verano, el cam·
bio de una á otra se hace gradualmente,
tan pronto como las aves estén en cam·
po libre con bastante forraje natural.
Como suplemento al amasijo seco, se
da la siguiente ración entre la paja, de
todo el grano, todas las mañanas, tánto
en verano como en invierno, á las nueve.
(Véase Tabla No. 3) . Su objeto princi·
pal, además de su valor nutritivo, es inducir al ejercicio. Como unas cinco libras
de esta ración se dan á cada cien aves en
el suelo del gallinero ó bajo algún cobertizo, en donde la paja esté seca y haya
protección de los vientos fríos.
A las 4 ó 5 de la tarde, dependiendo
de la estación, se da una ración de noche,
compuesta de granos enteros y granos
triturados, á razón de ro libras por cada
100 aves. (Véase Tabla No. 4.)

TABLA No. 2. MEZCLA No.•. A. Amasijo seco para Verano
Clase de alimento

J

.
MEZCLA No. l. AMA
TABLA No. l.

883

Cantidad Cantidad por
por Peso
Medida
Lbs.
Cuartillos

·roo
100

53
98

200

15r

Materia
Seca

90
89

Cenfaa 6
Materia
Mineral

I.8
3.0

179
4.8
.755
.839
.024
Relación Nutritfra, 1-6.6

proteína

Hidrocarbonatos más
Grasa x 2X

10.2
9.2

73.0
56.8

$2 . 20
r.93

19.4

129.8
·49

$4.13
$ .0206

.097

Costo

TABLA No. 4. MEZCLA .No. J. Ración para la noche

Cfase de alimento

$ .018

Maíz triturado ..... .
Trigo ............ ..
Avena cortada ..... .
Alforfón ...... . .... .

vez llenas, dure n por lo menos de una á
dos semanas.
d es
Total ....... .
Durante la estación de l~ mu a, si· Promedio por libra ..
. nte sustituír la harma de r~
convente

Cantidad Cantitlad Por
por Peso
Medida
Lbs.
Cuartillos

200

roo
roo

100

500

120
53
98
66

Materia
Seca

Ceniza 6
Materia
Mineral

Proteína

178
90
89
87

Hidrocarbo,
natos Más
-Grasa x 2X

• 3.0
r.8
3 o
2,0

15.8
10.2
9.2
7.7

152.8
73.0
56 .3
53.3

$3.30
2.20
2,00
2 .00

42.9
.085

335.9
.671

$9. 43
$ .018

337
444
9 8
.674
.888
.019
Relación Nutritiva, 14.8,

Costo

�COSMOS

PARA LOS AGRICULTORES

na germinada en las bandejas, ó lo
que ellas puedan comer rápidamente. La
avena no se puede dar con exceso, pues
es laxante y causaría diarrea.

Alimento suculento para el
Verano

La conservación de las aves en un estado sano, es lo más importante de todo.

Se notará que esta manera de alimen •
tar da á las a ves los materiales con ve·
nientes para suministrar calor al cuerpo
durante la noche. La anterior ración está
indicada para aves White Leghorns;
cuando se alimentan aves más grandes,
es conveniente quitar la mitad del maíz
triturado y substituír la cebada en vez
del alforfón. Durante los meses de verano, una ración de noche, de partes
iguales de maíz triturado, trigo, avena y
cebada suministrarán los elementos necesitados; las cantidades que se han de
dar, dependen de la extensión del campo
y condición en que se encuentre.
U na regla buena en la alimentación de
la ración de noche es dar todo lo que las
aves puedan comer, ó algo más á fin de
que quede un poco para por la mañana.
Un buen alimentador de aves irá de vez
en cuando á ver las aves por la noche,
cuando están en las
perchas, y tocará sus
buches. Si éstos no están llenos en las prime·
ras horas de la noche,
debe deducir ó quP. las
gallinas ponedoras no
obtienen bastante alimento, ó que ellas han
perdido su apetito. En
uno ú otro caso hay
que corregir inmediatamente el defecto.
Una ventaja especial
del sistema de amasijo
seco descrito anterior,
mente, es qtie á cada
ave se le deja que pro·
porcione su ración se ·
gún sus necesidades
particulares y gustos.
Si á veinte aves de
Leghorn
peso medio se les da

la anterior ración, recibirán durante
los meses de invierno las siguientes substancias nutritivas por día:
Lbs.

Proteína

8.o

I.I

Hidrocarbonatos
Más Grasa x 2~

Costo

Para el avicultor que se ve obligado
por falta de espacio ú otras causas á tener confinadas sus aves durante el verano, se verá que es muy conveniente dividir en dos el corral que se les da y hacer
la rotación de plantas, dejando que las
aves se alimenten primero en un corral y
después en el otro. Sembrando plantas
convenientes, como guisantes y avena,

885

Venta de Huevos
A fin de obtener el mayor lucro por su
producto, es esencial que el avicultor es tudie las condiciones y exigencias del
mercado. Casi todos los mercados lo
mismo la venta al por menor que al por
mayor, pagarán un premio por un artículo garantizado como extrictamente fres·
co, t~mbién por productos que están clasificados según el tamaño y color, y son
de figura uniforme. En algunos casos es
conveniente usar las cajas de una do~ena, y clasificando y garantizando los huevos en donde se producen, el avicultor,
con una extensa producción puede crear
pronto una demanda por esta marca par1

$0.14

La alimentación de algún material susuculento, además de esta ración, nunca
será recomendada con exceso.
Se ha visto que el siguiente método de
avena germinada da los mejores resultados. La avena se debe remojar en agua
á una tempera tura de 60 á 70° F. por 48
horas, en cubos ó tinas de hierro gal va·
nizado, y durante este procedimiento de
remojo, se le añadirá de cinco á diez gotas de formalina para matar las esporas
de mohos y asegurar un alimento limpio
y dulce. Después de remojarla se extiende, como una pulgada
de espesor, en bandejas, las cuales se colo·
can en una percha de
germinar, siete en cada
una, estando las ban·
dejas diez pulgadas
aparte, y se conservan
á una temperatura de
60 á 80 grados.
A los siete ó diez
días, dependiendo de la
temperatura,habrá desarrollado brotes de
unas tres ó cuatro pul·
g:idas de largo y una
raíz abultada, siendo
todo muy tierno y su·
culento. Las aves la
comerán con a videz. A
cada ave se da diariamente como una pulga·
da cuadrada de la ave·
blanca.

Grupo de Buff Plymouth Rocks.

guisantes y cebada, alforfón, mijo, cow ticular, que le asegurará un buen mercapeas, y á fin de verano, plantas tales co- do á precios relativamente altos, compamo el yero, trebo! rojo y trigo ó centeno, rados con las cotizaciones generales del
las aves tendrán un suministro de ali· mercado.
mento verde, durante el verano y en la
Sumario
primavera. Si se deja que estas plantas
se desarrollen de cuatro á seis pulgadas
La producción de huevos para el merantes que se deje entrar á las aves, no cado, está alcanzando constantemente
se endurecerán ni las aves se las come- mayores proporciones cada año. Los facrán en un día, sino que suministrarán el tores que deben recibir consideración en
mejor alimento verde por unas cuatro se· esta rama de la industria de aves y ayumanas ó mientras se está desarrollando dar á o~tener una producción mayor en
otr8. planta. Este método no sólo sumi · la estación del año en que hay mejores
nistra el alimento verde en la forma más precios.
barata y mejor, sino también purifica el
La selección dE: una raza buena, la que
corral y conserva á las gallinas en una sea más á propósito para las exigencias
~ondición limpia y sana, lo que es muy del °;lercado, la cual en plantas de pro·
importante cuando se da á un lote de ducc1ón grande debe ser Leghorns Blanaves un terreno limitado.
cas de una sola cresta.

�886

COSMOS

La práctica de un cuidadoso aparea·
miento Y cría cada año para obtener un
producto sano y vigoroso para futuras
ponedoras.
La constante selección por vigor desde
el nacimiento al desarrollo comple_to y la
eliminación de todas las aves débiles .
La conservación de las aves en un es·
tado sano, fomentando un desarrollo contínuo, dándoles bastante tecre~o, sombra
y alimento ve~de en abundancia..
_
La incubación de los pollos baio con
diciones apro{liadas y la cría de ellos en
grandes grupos.
.
Proveer un gallinero conveniente, ~l
que debe ser del tipo de frente. de corh·
na abierto, con bastante luz, aire, espacio para ejercicio, prote~ción contra el
frío y:los vientos, carencia de hum~dad,
y al mismo tiempo qu~ sea económ.i coen
construcción y convenieute para el que
cuida)as aves.

La práctica de medid~s ~igiénicas, es·
pecialmente durante el invierno, c~ando
las aves están más encerradas, rociando
el interior del gallinero de vez en cuando
con una solución desinfectante com·
pleta.
.
Suministrar á las aves una suficiente
cantidad de alimento apropiado. El mejor sistema de alimentación es el de ama·
sijo seco en tolva, con grano entero Y
triturado, echado en la paja que está en
el suelo.
.
Proveer un suministro continuo de ah:
mento suculento (remolachas, coles o
avena germinada).
. .
El estudio de las condiciones del mercado á fin de obtener los mejores precios
para los huevos pr~ducidos.
.
El hacer un continuo y detenido estudio del negocio como negocio, é inte~tar
poner en práctica el mét.odo n:ás eficiente y económico de maneJo posible .

LOS DINAMITEROS RUSOS

AVENTURAS DE JOSÉ ROULETABILLE

NOVELA DE GASTON LEROUX
Traducción especial para "COSMOS", de María L. Tapia.

( CONTINUACIÓN)
\

/

Gallinero para

200

gallinas.

Desde que había salvado á las granduquesitas, la policía tenía orden de dejarla
hacer en libertad . Tenía conceptos terribles en contra del gobierno, Aquellos que
reían de sus propósitos anti-gobiernistas
y que no eran de la policía desaparecían
de la circulación. Ni aun sus mismos
amigos osaban pedir noticias de ellas; se
sospechaba tan sólo que estuvieran trabajando en algún lugar cercano á las mi·
nas, al otro lado de los Urales. Anno·
uchka tenía, cuando la revolución, un
hermano que era mecánico del ferrocarril de Kazan-Moscow. El tal Volkous·
ki era uno de los más temibles trabajadores del comité de las huelgas; se le vigilaba. Estalló la revolución y llevó á
cabo, ayudado por su hermana, uno de
esos hechos formidables que hacen pasar
como héroes á la memoria de la más le·
iana posteridad á sus actores. Terminada su obra maestra fueron aprehendidos
por I.os soldados de Trebassof y fueron
condenados á muerte los dos. Ejecutaron primero á Volkouski, la hermana espera ya su turno cuando llegó un oficial,

al galope de su caballo é hizo que se levantaran los fusiles. El czar, informado, acababa de enviar telegráficamente
la orden de gracia. Tras de esta historia
ella desapareció . Se creyó que había partido para alguna gira á través de Euro·
pa, tal como acostumbraba hacerlas,
puesto que además de que hablaba todas
las lenguas europeas, era una verdadera
bohemia. Y después, he aquí que reapa.
recía radiante de gloria y explendor en
Krestowsky. Sin embargo era seguro que
no olvidaba á su hermano. Los maliciosos pensaban que si el gobierno y la policía se mostraban tan magnánimos con
ella era porque teníales buena cuenta.
La vida de Annouchka á la luz del día
les enseñaba más que sus peregrinaciones
ocultas. En este orden de ideas los bajos policías de que se rodeaba el jefe de la Okrana de San Petersburgo,
el famoso Gonsowski, cambiaban entre
ellos sonrisas de inteligencia y pusieron
á Annouchka el poco noble sobrenombre
de papel mata-nu;scas.
Rouletabille debía estar muy al co-

�888

COSMOS

. t e de todas esas particularidades
rnen
no le
concernientes á Annochka, po~que
asombraban absolutamente. nt la gran
curiosidad y la fuerte emoción que ella
ocasionaba. Desde el lugar en que. él es·
taba colocado no se veía sino un rinconcito de la escena, y se paraba so?r7 la
punta de los pies para poder perc~b1r a
la cantante cuando sintió que alguien le
tiraba del ~aco. Se volvió y ha!Jó que
era el jocoso abogado, muy co.noc1do por
su expléndido apetito, Atanas10 Geo~gevitch, en compañía del al:gre con~eJero
del imperio, I van Petrov1t~h, quien le
hizo la ~eña de que descendiera:
-Venid. Tenemos un palco.
Rouletabille no se hizó de rogar, )'. poco después estaha instalado en la pnm;·
ra fila df' un palco, desde do,nd~ pod1a
ver á la vez la escena Y el P1:bhco. En
aquel momento acababa de ba¡arse el t;·
Ión después de la primera parte del m1mero de Annouchka. U nos segundo~ de~pués venía á reunírseles Tadeo Tch1chm·
kof, ~l robusto comercian~e en maderas,
ue llegaba de entre bastidores.
q -Acabo de estar con la b~lla Onoto
que se estaba poniendo las m~d1as, ~nun'6 1 Lituano con una ampha son'.tsa de
c1 'sfacción.
e
·
piernast.
iy vaya s1. tiene
t
sa
t
'
?
L
¿Qué me contáis de nuevo
o q.ue es la
muchacha está que salta con motivo del
éxito de Annoucka.
d
_¿y quién te hizo entrar al cua.rto e
1 bella Onoto ?-preguntó Atanas10.
a -Pues Gounsowski mismo. Le es muy
adicto ya lo sabes.
-iCómo! Pues que tú tratas á Goun·
sowski?
,
•
-Palabra, amigos mios, que me pa
· ·
un mal conoc1m1ento
.. · · Me hapres·
;:~~ un pequeño servicio e_l ~ño pasado
a fé,
en B a kou.... Buen conoc1m1ento,
.
ú
para los momentos de perturbaciones p •
blicas. · · ·
61
h
-Trabajas, pues, en el petr eo a O·
ra?-Un
· · · · poco de todo· · · · para g ª narse la
'd
tengo un ,pequeño pozo allá .. ·:
v1
· una gran cosa .... Y u na .cas10h at no· · es
t a, .una casa muy pequeñita para m1 co·
mercio. · · ·
d
-Qué acaparador es este Tadeo,-;- eclaró Atanasio Georgevitch, al mismo
.
o que le hacía sonar el muslo pore
t.1emp
un formidable golpe dado con su enorm

mano.-Gounsowski ha venido en persona á vigilar el debut de Annouc.hka, ver·
dad? Solamente que para despistar_, e~tra al cuarto de la Onoto, el muy pillo.
-iVamos! Si tú crees que se preocupa
esta
por eso .. . , ¿sabes con quién cena
.
noche? .... Con Annouchka, amigo, y estamos invitados.
_¿ Cómo es eso ?-preguntó el alegre
. ., . .
consejero del imperio.
-Parece que fué Gounsows~1 qu~en
hizo al Ministro que tomara la dec1s16n
de permitir el &lt;número&gt; de Annouchka,
afirmándole que él respondía de todo;
nada más que ha exigido de Annouchka,
como recompensa, que acep~ara cenar
con él la noche de su reapanc1_6n.~
-¿ y Annoucka, ha consentido.
-Era la condición, según parece ....
Por lo demás, se asegura que Annou~hka Y él r,ongenian mal . . .. Gounsowsk1 le
ha prestado buenos servicios á ella. Se
asegura que está enamorado.
.
-Pues tiene todo el aspecto de. un ven
dedor de paraguas, -dijo Atanas10 Geor·
gevitch.
.
- Tan de cerca así le has visto, pues?
-preguntó I van.
-Sí, he comido en su cas~, Y conste
que no lo digo por vanagloriarme, pa·
Jabra.
., á
-Es lo que me ha dicho,-volv10
decir Tadeo.-Cuando supo que estába·
'untos me dijo: &lt;Llevadle, es un
mos J
'
•
simpático
muchacho
que tiene
un sober:
bio apetito. Llevad a~emás, á ese quendo señor Ivan Petrov1tch y a todos vuestros amigos, Mientras más locos haya,
nos reiremos más.&gt;
-Oh! Yo no he comido en su cas~,
gruñó Atanasio, sino .P?rque él ha quen·
do prestarme un serv1c10.
-Pero por lo visto á ese hombre Je
gusta prestar servicios á tod~ el mundo.
-hizo observar I van Petrov1tch.
-Mi palabra que sí. ¡y tieae que s:r
así!-añadió Atanasi?.-Cómo queréis
que pueda existir un Jefe de la Okrana,
si no presta servicios á todo el mundo ...
á todo el mundo, amigos míos, creedme·
lo Y además &lt;con el vaso en la mano.~
Es preciso que un jefe de la Okrana este
bien con todo el mundo y s1;1 padre, c~·
mo dijo el alegre. La Fon~ame (conocia
á sus autores), si es que tiene en algo su

LOS DINAMITEROS RUSOS

889

puesto sobre esta tierra. Me habéis comagregó Ivan.-Tenía un deseo tal, que
prendido, cverdad? iJa,ja!
valió la cólera de Feodor Feodorovitch
le
Enorme risa de Atanasio encantado de
y
las
rudas represiones de Matrena en
su &lt;esprit&gt; muy francés, miraba á Rou·
mi
presencia
. Pero lo que una hija quieletabille para saber si es que el joven
re
lo
quiere
Dios.
Y así sea.
apreciaba toda la sal de la conversación
-Realmente,-se
ve que Ivan Petro·
de Atanasio Georgevitch; pero Rouletavitch
tiene
razón.-dijo
Atana,io.-La
bille estaba ocupadísimo en descubrir
muchacha
ha
estado
muy
inquieta desde
allá abajo, en el fondo de una platea, un
que
leyó
que
Annouchka
iba á debutar
perfil muy envuelto en una mantilla de
en
Krestowsky,
y
recuerdo
que dijo que
encaje negro, á la española, y ni siquiemorirc;e
sin
antes
volver á
no
había
de
ra con una sonrisa conciente, contestó á
ver á esta gran artista.
las gracias de Atanasio,
-Su padre se ha visto obligado casi
-Vaya, vaya! sois unos niños .... sí,
golpearla,-afirmó
Ivan,-y creo que
á
unos niños .... Creéis que un jefe de la
ha
hecho
bien.
Es
seguro
que ella se ha
policía secreta,-agregó el abogado baentendido
con
Boris
y con los padres de
jando la cabeza en medio de sus amigos, él.
-debe ser un ogro .... Pues bien, no ...
-Oh! Es indudable que Feodor igno·
Hace falta en ese caro puesto de confiaii.
ra
que su hija ha venido á aplaudir á la
za, un cordero. Me entendéis bien, un
cordero. . . . Gounsowski es tierno como heroina de la estación de Kazan. Sin em·
bargo, es feo, á fe míal-dijo aún Ataun cordero. He comido con él una vez, y nasio.
.
es un cordero muy lleno de grasa; y tie-Hay que recordar que Natacha es
ne un aspecto grasoso. Estoy seguro de
que si lo abrieran no encontrarían más una estudiante,-insinuó Tadeo movienque grasa. Cuando se le da la mano, se do la cabeza. -U na verdadera estudiansiente la misma impresión que si se to- te; y desgracias semejantes hay en la accara sebo. iPalabraJ Y cuando come, tualidad en casi todas las familias. Re·
mueve sus grandes mofletes grasosos. Es cuerdo precisamento ahora, á propósito
{:alvo y su cráneo parece de manteca. de lo que dijo I van hace poco, que ella
Habla con mucha dulzura y mirándoos suplicó delante de mí á Miguel Korsa con ojos de carnero que pidiera la ubre kof que no dejara de informarla del día
en que cantara Annouchka. Mejor dicho,
de su madre.
le dijo que ella quería hablar con esta
-Pero, qué veo J. ... Si es Natacha,- artista, si era posible; le hizo burla
murmuraron los labios del joven repor- delante c'e mí, pero Miguel como to·
ter.
dos, no sabe oponerse á nada de lo que
-De veras, es Natacha. Natacha mis- ella quiere y es él quien mejor colocado
ma,-exclamó Ivan Petrovitch, quien se está que nadie para acercarse áAnnouchhabía calado sus espejuelos de oro para ka. No hay que olvidar que fué él quien
ver mejor lo que miraba el joven perio- llegó á tiempo trayendo el perdón pan,.
dista francés .-iAh! tan bella joven, ha- esa 111ujer· demonio; ella no puede habercía mucho tiempo que tenía ganas de ver lo olvidado naturalmente, si es que ama
á su Annouchka.
la vida.
-Cómo, Natacha? .... Pues sí Nata·
-Quien conozca á Miguel Nikolaie·
cha ... Natacha en persona,-dijeron los
vitch
sabe que no ha hecho más que cumdemás.-Viene con los padres de Boris
plir con su deber, opinó doctoralmente
Mourazof.
-Pero Boris no viene con ello&amp;, -dijo Atanasia Georgevitch. No hubiera dado
un paso de más para salvar á Annouchburlón Tadeo Tchichnikof.
ka.
Y ahora, no compremetería su carre-Eh! Ko debe andar lejos. Si estu·
ra
exhibiéndose
en la casa de una mujer
viera aquí,hubiera visto ya á Miguel Korá
quien
no
cesan
de vigilar los agentes
sakof, pues parece que se vigilan el uno
de Gounsowski y que por algo ha adquial otro ... .
rido el sobre-nombre de papel mata-mos_¿Cómo ha abandonado al General? cas.
Ella decía que no quería salir más.
-De modo que esta noche vamos á ce-Excepto para ver á Annouchka,nar con la Annouchka?-dijo Ivan.

�.Sgo

COSMOS

Pero no es lo mismo .... No es lo mismo .... A nosotros nos ha invitado el pro·
pio Gounsowski; no hay que olvidarlo
por si algún día nos envuelven en cuen·
tos, viejecitos,-dijo Tadeo.
-En verdad, Tadeo, yo acepto la invitación del hoF10rable jefe de nuestra
admirable Okrana porque no quiero ha·
cerle una ofensa .... Antes, ya he comido con él .... Con sentarme frente á él
en su mesa, hago de cuenta que le correspondo á su cortesía. ¿Qué opinas tú
de eso?
-Puesto que ya has comido tú en su
casa. dinos qué clase de persona es,aparte de lo de la grasa,-interrogó el curiosísimo consejero del imperio. Se han di·
cho de él tantas cqsas; pero tantas!. ...
Es en verdad un hombre con quien es
preferible estar bien que mal. Yo también acepto su invitación, ¿cómo la he de
rehusar?
En cuanto á mí, -explicó el abogado,
-cuando quiso prestarme un servicio no
lo conocía aún . ... Jamás me había acercado á él. Un agente de la policía secreta vino por orden suya á invitarme y me
pareció que hacía mal no aceptando, tal
como acabas de opinar, I van Petrovitch.
Cuando llegué á su casa, me pareció que
entraba yo en una fortaleza. Pero qué,
si aquello parecía la casa de un comerciante en paraguas .... En aquella antecámara había por todas partes paraguas
y zaJ!)atos de hule. Cierto que era un día
lluviosísimo. Lo que me admiró fué que
no hubiera ni nn gardavoi provisto de
un buen revólver en aquella antesala. No
había más que un pequeño y tímido
schwitzar que me quitó el paraguas mur·
murando muchos &lt;bariuo~ (señor)., y ha·
-ciendo mil i::iclinaciones. Me hizo atrá •
vesar en muchas piezas sin hallar en todo el trayecto ni un solo guarda, formando todas ellas la casa habitación de
un buen burgués sencillo y tranquilo.
Comimos con la señora Gounsowski quien
parece de sebo también, y con tres ó cua ·
tro caballeros más á quienes no había
visto jamás por parte alguna. Nos sirvió
un solo criado. Al llegar á los postres,
Gounsowski me llamó aparte para decir·
me que hacía yo mal, pero muy mal en
lt'ti!{ar de ese modo. Quise que me expli·
cara lo que él entendía por eso, y tomándome la mano entre las suyas muy sua·

LOS DINAMITEROS RUSOS

891

ves, me repitió: No, no, es preciso no
de buscarles ningún perjuicio, y siempre
u~os se fi!furan que han sido mt'}or ser- de su coche. Me detuve y me explicó que
lz'ti!{ar así; y no le pude sacar ni una pa·
labra más. Por lo demás, yo había corovzdos qu_e los ~11-os. Todo el secreto de su cochero era tártaro Y que habiendo
prendido y os juro que desde ese día,
ésto, amigos mios, todo el secreto reside notado éste que en el camino allá adelante_ estaba un Armenio no se le había ocuprocuré deshacerme de ciertas digresioen esto. éQué opináis?
·
rn1o
nada mejor que lanzar á toda venes inútiles en los litigios que yo seguía
-Los demás respondieron:
locidad el carruaje contra el A
.
. ;-Vaya, vaya! con este buen Gou~ows. H b'
rmemo.
y que no habían hecho más que formara ia pasado encima de él y Je h b'
me una reputación de hombre de ideas
k1 ..... Con que la conoce
Ah
debemos aceptar su cena. Asistiendo
· · · · · • pues
An- aplastado los riñones pero había ~o;~
lI'bres en 1os pen'ód'icos. E sto no se que·
daba para mi edad. Vaya con este amigo
n.ouchka no ha de dejar de tener sus atrac- una rueda del coche. ( Roul~tabille se extreme~e po!que ac¡aba de notar una miraGounsowski! Mientras tomábamos el cati vos la reunión.
~ Seño~es, - preguntó Rouletabille ~ª de rntehgencia entre el príncipe Gafé, me atreví a preguntarle que si no le
quien continuaba haciendo descubrimien- litch Y Natacha que está inclinada sobre
parecfa que el país atravesaba por tiem·
tos ~ntre los asister.tes,-conocéis á aquel e( a~tepecho del palco) ... Así vues, ofrepos muy rudos. Me respondió que había
o~cial que está sentado allá en la extre- ~1 m1 coche á Gounsowsky Y. llegamos
tenido, en efecto, un poco de trabajo (según dijo textualmente), y que esperaba
m1dad de aquella fila de lunetas. Mirad, Juntos á Bakou, no sin que antes Gouns~wsky, q.ue. como dice Atanasia Georgeel que se levanta.
con impaciencia el mes de Mayo para ir
m~}'. bien, gusta siempre de presv1tch
á descansar á una modesta propiedad
-Ese! Es el p~íncipe Galitch, uno que
tar
serv1c1os
á todo el mundo reco
que rodeada de un jardincito tenía en los
fué de los más neos señores de Tierra dara á
h
'
mensu
coc
e~o tártaro que dejara ya
alrededores de Asnieres, cerca de París.
Negra. A_ctualmente está casi arruinado.
-Grac1.~s, señores, basta ya, ¡0 co· en paz al Armenio. (El príncipe Galitch
!Ah! Cómo nos reímos los caballeros des·
el momento en que la orquesta ataca
conocidos y yo cuando nos dijo con sus nazco, -dl]o Rouletabille sentándose Y en
l a entrada del número que va á
.
labios de grasa: &lt;he tenido un poco de Ira· tratando _de dominar su emoción.
tamb', d A
segmr,
ien
e
nnouchka,
aprovechando
e}
bajo&gt; . Pero él se quedó imposible. Cuan·
-Se dice que es gran admirador de
due
todas
las
miradas
están
concentrado habló de su casa de campo, la Señora Annouchka, se atrevió á decir Tadeo.
as en el telón que no tarda en levartarde Gounsowski suspiró ante la idea de Hace un r_no~ento salía de su camarino.
una próxima felicidad campestre. Pensar
-:-El p~mc1pe se ha arruinado con las se, se para Y pasa cerca de la platea de
en el mes de Mayo equivalía á que aflu· mu3eres! mformó Atanasia Georgevitch Natacha. Esta vez, ni siquiera ha visto á
yeran á sus ojos las lágrimas. El marido que presumía de no ignorar nada de la Natacha, pero Rouletabille está seguro
de que sus· labios han proferido algunas
y la mujer se miraron con verdadera ter· crónica galante del imperio.
palabras
~n el preciso momento en
nura. Ni siquiera pareció pasarles por
- Ha salud
.
a do t am b'é
I n á Gounsowspasaba baJo la platea) ,
que
la imaginación el que mañana ó pas¡¡,do, ky,-contrnuó Tadeo.
Tadeo continúa:
antes de que pudieran disfrutar de la so-Pasa en toda la corte como una ma~Habéis de saber que en Bakou mi
ñada felicidad campestre, podía encon- la cab_eza. Creo que ya ha ido á hacer
casita es una de las primeras, antes de
trárseles medio muertos en su propia ca· ·una gira por las tierras de Tolstoi.
llegar
al muelle. Tengo en ella algunos
sa. No, indudablemente que no. Estaban
-; Bah? Gounsowsky debe haber hecho
e~pleados
armenios. Al llegar frente á
seguros de que iban á pasar sus buenas algu~ s~ñalado servicio á este imprudenvacaciones, y nada parecía inquietarles, t~ pr~nc1pe!-concluyó Atanasio. Pues ni mi casa me sorprende grandemente lo
Gounsowski ha hecho tantas y tan bue• tu ~1smo, Tadeo, nos has dicho lo que que v:oó. Una¡ tropa con un cañón, sícon
nas obras, que no tiene malquerientes el hacia_s con Gounsowsky en Bakou! (Rou- un can _n, pa abra! dirigido hacia mi cab
pobre Por lo demás, habréis obsevado letab11le no pierde una sola palabra de sa, oficiales Y un fmsta.f que ord
mis viejos y buenos amigos, que nunca lo que se ~abla en derredor suyo, pero c(on to'1a tranquilidad: &lt;Apunten! Fuee~:,!
Roulet:i,b!lle hace en ese momento ot;o
se hace ningún daño á los señores jefes tal!1poco pierde de vista el perfil oculto
descubn~iento,
dos, tres descubrimiende la policía secreta? i Nunca! Asesinan ~aJo I~ m_antilla ?egra á la española ni á
á los policías, á los prefectos de policía, se pnnc1pe Gahtch, su enemigo perso· tos. De pié, detrás del palco que acupa
á los ministros, á los grandes-duques, Y nal (Perfume de la dama de ne!{ro). que Natacha está una persona que no le
rece
desconocida
al
joven
repórter
pa
aun á personalidades de más alcurnia, reaparece, según su opinión, en un · moallá, en las lunetas de cerca de la 0
pero nunca, jamás se ataca á los jefes de mento de lo más crítico).
ta,
un poco m~s atrás de la platea, otras
la policía secreta ... . Pueden pasearse -Regresaba yo de Balakani en d ·•
dos caras que reconoce por haberlas vis.·
con toda tranquilidad por las calles ó en· ky, refería Tadeo Tchichnikof y estro~
to en'Llas escaleras al irá ver á K oupna.
tre bastidores en _Krestowsky, ó respir~r Ya m~y cerca de Bakou, despu,és de ~/
ne.
'
o
que
sirv;
tener
buena
memoria
en santa paz el aire puro del campo su1 her visto los restos de mi pozo incend'
zo, finlandés ó hasta parisiense .... Aq do por los Tártaros cuando me en •a· para las fisonomias ! Rouletabille no ig ,
1 té
.
'
,con- nora ya que cuando menos aquella no•
como allt, á los unos como á los otros,
r en el camino á Gounsowsky q ·
· ·
,
co
d
.
men
h an prestad o tantos serv1c10s que ios u
n os amigos suyos estaba muy apu· che, no es él el único que vigila á Natacomo los otros, aquí y allá, no se ocup rado por la ruptura de una de las ruedas cha): Al escuchar lo que decía el Pristaf
termrnaba rápidamente Tadeo , ya po d e1s
,. '

·;q~;{

�cos~os
figuraros que salté del droj~i. Recurrí al
comisario de policía. Me hizo breve~en·
te una explicación que yo ~ompren_d1 con
igual brevedad: durante m1 ausencia_, uno
de mis empleados armenios había t1ra~o
sobre un tártaro que pasaba Y lo babia
matado. Informado del hecho, el ~ober·
nador dió órdenes al pristaf de c~nonear
mi casa, caramba! como ya hab1an p~ocedido con algunas otras. Me precipité
hacia mi coche donde Sf' encontraba Go·
unsowskv y le dije en dos palabras de lo
se trataba. Me respondió ~ue no era de
su incumbencia el intervenir en esa eno·
josa historia Y que no m~ quedaba más
que entenderme con el przsta.f_: &lt;Dadle un
buen nachai, cien rublos y deJará vuest~a
casa tranquila!&gt; Fuí á hablar con el pns
ta.f llamándolo aparte; y el hombre me
respondió que tenía vo~untad e~ serme
agradable pero que debta cumphr ab~olutamente' la orden recibida de cañonear
mi casa. Fuí á contará Gounsowsk~_lo
que se me había respondido, Y me d:Jo:
Decidle que haga girar la boca del canó~
de modo que cañonéen la casa del bo~1·
cario de enfrente y podrá. dar como disculpa la de que se haequ1vocado. Yo hablaré esta tarde con el gobe,rnador. Regresé á ver al prista.f y logre que v~ltea·
ran el cañón; cañonearon la cas~ de. far:
macéutico Y me salvé de la ruma de m1
casa por medio de cien rublos ...... Go·
unsowsky' este buen señor que parece
ser todo de grasa y que se as~meJ~ á un
comerciante en paraguas, me rnsp1ró to·
do el agradecimiento que l~ reservo en el
fondo del corazón, me entiendes, Atanasia Georgevitch?
-Y qué reputación tiene en la corte el
tal príncipe Galitch,-preguntó Ro~letabille.,
- ·Oh!-dijeron todos riendo,_-desde
que se supo que había ido á las tierras de
Tolstoi, no se le recibe más en, la c?r~e!
__ y sus opiniones?·· · · · · Que opmiones tienes? ... · · ·
-Pues cualquiera las conece, hoy que
las opiniones de todo el mundo so~ tan
confusas que nada se sabe! Nadie las
d ..
sabe!
-Ivan Petrovitch 110:
-Ante algunos pasa por ser _muy atrevido .... y .... muy compr~m~tido · · · •
_y no le inquieta?-ms1stió Rouleta
hille.

-Bah!-dijo el alegre consej:ro del
imperio. Es él el que causa in9U1etud ...
-Tadeo se agachó para decirle:
-Se cuenta que no puede tocársele por·
que lo apoyan; Y que lo apoyan porq~e
conoce los secretos de un gran personaJe
de la corte y ... sería un escándalo! ....
un verdadero escándal?! · · · · · · .
-Calla, Tadeo! ~ mte~rump16 rudamente Atanasio Georgev1t~h.: .. Cómo
se conoce que llegas de provmc1a,. pues~o
que eres tan charlatán .... pero s1 continúas yo te abandono .. · , · ·
.
-Tienes razón Atanasio Geor~evltch,
cállate la boca, Tadeo, -aconse16 lvan
Petrovitch.
Los charlatanes guardaron silencio,
pues el telón se elevó. Entre l~s c~ncurrentes parece que se hablaba m~stenosa·
mente de la segunda parte del nume!o de
Annouchka, pero nadie podía decu d~
qué se iba á componer y, de hecho, fue
muy sencillo. Tras el torbellino de danzas Y de coros y de todo el_ esplendor de
que estaba rodeada, apareció Annouchka
vestida con el traje de una pobre aldeana
rusa en una decoración de e~tepa Y de
miseria Y no hizo más que vem_r con toda
sencillez á arrodillarse en medio de la es·
cena, juntar las manos Y cantar su o~a.ón de la tarde. Annouchka estab.a sin·
~~larmente bella. Su aguileña n~nz cu·
yas ventanas se agitab~n po.r S? Jadean·
te respiración, el atrevido d1bu1~ ds sus.
negras cejas, su mirada _alternativam:n·
te tierna, amenazante, siempre extrana,
la palidez de sus mejillas muy contorne~·
das Y toda la expre~ión de su fi_sonomia
hacían traición á la mdependen9a de ~us
ideas, á la espontaneidad, la resoluc!ón
y sobre todo la pasión suya. S_u oración
fué apasionada. Tenía una adm1rab~e ~oz
de contralto que levantaba al publico
desde las primeras notas. Tuvo una m~·
nera de pedir á Dios el pan dE: cada ~ta
para todos aquellos que hab1t~n. la m·
mensa tierra rusa .... el pan ~uotid1ano de
la carne y del espíritu; que h~zo brotarlas
lágrimas á los ojos de los &lt;;1rcunstant:~'.
cualquiera que fuese el partido á que p
terrecieran. 'Í cuando su última nota vo·
16 sobre la estepa infinita, . y se levant~
para entrar á su miserable ~sba, los br~.
vos interminables le trad~J~ron frenétla
camente la emoción prod1g1osa de un
concurrencia delirante. El pequeño Rou·

LOS DINAMITEROS RUSOS

letabille que si es verdad que no entendía
las palabras, comprendía muy bien el
sentido de aquella súplica, lloraba. Todo
el mundo hacía lo mismo. l van Petro·
vitch, Atanasio Georgevitch y Tadeo
Tchichnikof estabad de pie y aplaudían
con pies y manos como lo hubieran hecho
los más entusiastas jóvenes . Los estudiantes, cuyo grupo se reconocía desde
luego por el uniforme obscuro orlado de
verde, lanzabafl gritos de loco. Y de
pronto se elevaron los primeros ritmos
del himno nacional. Hubo al principio
cierta vacilación, una fluctuación; pero
duró muy poco tiempo. Aquellos que habían temido una contra manifestación
compreadieron que podían fundirse las
esperanzas de todos en una oración por
el czar y todos se pusieron de pie con las
cabezas descubiertas y el Rod/e Tsara
Krari subi6, unánime, hasta las estrellas.

su cabeza, puesto que no se veía nada
más de su rostro; además, este lugar del
jardín era bastante sombrío. Los guardianes vigilaban estrictamente. No pudo
acercarse á Natacha todo lo que él hubiera querido, y sin embargo se deslizaba
como una serpiente entre los grupos. Ya
no le separaban de Natacha más que
cuatro 6 cinco personas, cuando se produjo una oleada. Era Annouchka al salir la que la ocasionaba. La aclamaron á
grandes voces: «Annouchka! Annouchka ! .... &gt; Rouletabille se arrodilló y en
cuatro pies llegó á meter la cabeza. en el
espacio reservado á los agentes á la salida de Annouchka. Esta cubierta por
una regia capa roja, se precipitó tomada
del brazo de un hombre, á quien Rouletabille reconoció inmediatamente; era el
príncipe Galitch. Se les conocía los deseos que tenían de escapar á los estrujones de la multitud. Ello no obstó para
Aun á través de sus lágrimas, el joven que Annouchka al pasar cerca de Nata·
repórter no había cesado de observar á cha suspendiese su marcha un momento
Natacha. Esta se había medio levanta· -movimiento que no pasó desapercihÍdo
do y desfalleciente se apoyaba sobre el para Rouletabille-y volviéndose hacia
borde del antepecho. Su boca entreabier- ella le dijese esta sola palabra: Carac/10.
ta repetía interminable un nombre que Luego continuó su camino. Rouletabille
Rouletabille no entendía, pero que adi- se estiró, atropelló á algunas personas al
vinaba, era: Annouchka! Annouchka . ... notar que había perdido á Natacha. La
&lt;D~sdichada&gt;, murmuró Rouletabille, y buscó aún, corrió á la salida y llegó al
aprovechándose del enternecimiento ge· tiempo en que subía al coche con la fa·
neral salió de su palco sin que nadie lo milia Mourazof. El carruaje se 2.lejó ránotara. Dió la vuelta al público y se di- pidamente por el lado de Elaguin, hacia
rigió á donde estaba Natacha, á quien la datcha de las Islas. El joven permatanto buscaba desde por la mañana. El neció allí reflexionando durante breves
público, que pedía en vano que Annoch- instantes. Tuvo un ademán que pareció
ka repitiera su oración, comenzaba á significar que abandonaba al destino el
dispersarse, y el repórter, durante algu- curso de las cosas. &lt;En el fondo, dijo,
nos instantes á pesar suyo, fué arrastra· puede que sea mejor así&gt;. Y luego hado por aquella oleada humana. Cuando blándose á sí mismo añadió: «Ahora, mulleg6 hasta el palco no hizo más que no- chacho, vamos á cenar! ....
tar la desaparición de Natacha y de la
Volvió sobre sus pasos y se halló bien
familia' que la acompañaba. Volvió la
pronto
ante la deslumbrante luz del rescara á todos lados sin hallar lo que busLa más cordial alegría era la
taurant.
caba, y como un insensato salió y se puso á correr por todas las callecillas, reina de la reunión, ya que por todas
cuando una idea le devolvió repentina- partes se bebía champagne. Los oficiales
mente toda su sangre fría. Preguntó por de pie y con un vaso en la mano se saludónde estaba la salida de los cuartos de daban de mesa á mesa, enviándose mil
los artistas, y apenas se la hubieron se- cumplidos con una gracia casi femenil.
Se escuchó el alegre rumor de una voz
ñalado, á ella se dirigió precipitadamenque
reconoció como la de I van Petrote. No se había equivocado. En la primera fila del público todo, que esperaba vitch. Los tres camaradas estaban sen·
la salida de Annouchka, reconoció á Na- tados ante una botella de champagne que
tacha en la mantilla negra que envolvía '&gt;e enfriaba dentro de la heladera y to·
maban unos pastelillos en tanto llegaba

�COSMOS

la hora de cenar, para Jo cual no faltaba
mucho.
. .
¡ ·
Rouletabille aceptó Jovialmente a .mvitación y los siguió, cu~ndo un &lt;ma,tre
d'hotel&gt; vino á advertir á Tadeo qu.e
preguntaban por los señores e~ un ga?1·
nete particular. Subieron al p~n~1er pis~
y se les hizo entrar á un amphs1mo ga
binete cuyo gran balcón daba á la sal~
del te~tro de invierno, vacío en aque.
momento. Pero había ya personas .dentro del gabinete; ante una mesa cubierta
de un servicio deslumbrador, Gounsowski hacía todos los honores ..
Los recibió como un cna1o, c?n ~~
frente baja, la sonrisa obseqmosa, mch
nándose repetidas veces ~ cad~ pres~ntación. Atanasio Jo babia casi descrito
modelándolo en sebo; pero este sebo estaba aún amarillo. Bajo la ~ncha frente
apenas si se percibían los OJOS qué ªPª:
redan y desaparecían de pronto como s1
se les cogiera incurriendo. en algu~a falta
tras los anteojos negros siemp~e d_1spu_estos á caerse á causa de la mc!mac1ó.n
muy acentuada de esta cabeza vil de liberto tímido, pero todo poderoso,.
Cuando hablaba con su .voces11la de
falsete, con un pliegue deba¡o de la ba~ba cayendo sobre el plastrón que cubn.a
la 'camisa, tenía continuamente un movimiento de la mano derecha: el pulgar y
el índice separados para re.tener á cada
momento sus gruesos anteo¡os á lo largo
de su nariz breve Y tosca; y este ademán
contribuía á ocultarle.
Tras de él se destacaba la . alta Y delgada silueta del príncipe Gahtch. Gounsowski parecía ser el mayordomo vergonzoso, lleno de vicio.s,. rufián y ladr~n,
criado apropiado á rec1b1~ lo.s punta~1és
de esta señoría. El prmc1pe Gahtch
asistía como invitado de A~nouchka,
'en no había aceptado el arriesgarse á
qui
.
-ada
entrar en esta guarida sm? acompa~
de tres ó cuatro de su~ a_m1gos, ofic.1ale!
que no necesitaban asistirá esta &lt;soirée
para ser vigilados por la Okrana, á. pesar de su alta alcurnia. Gouns?ws~1 .les
h bía visto llegar con una sonnsa s1mest:a Y les había prodigado tod~s las a.tenciones ·de su cortesía sin lím_1tes, m1en •
tras podía ofrecerles algo me1or.
.
Amaba á Annouchka; era suficiente
haber descubierto la fealdad glauca. de
su mirada por encima de sus anteo¡os,

LOS DINAMITEROS RUSOS

ando contemplaba á la artista,, pa~a
~~~prender los sentimientos qu~ le agt•
taban cuando estaba en presencia de a
fo:ida hija de la Tiera Negra.
.
Annouchka estaba sentada al estilo
oriental sobre el can~pé que estab\~o;·
tra el muro detrás de la mesa. No ¡a a
su atención en nadie. Su rostro expresaba muy alto desprecio, se ost~ntaba hos·
til. Se dejaba acariciar indiferente }os
maravillosos cabellos negros que caian
en dos trenzas sobre sus hombros, por
las perfumadas manos de la bella O_noto,
quien al oírla aquella noch~ por pnmer~
vez entusiasmada, no babia podido me
nos' de ir y arrojarse en sus brazcs, den·
tro de su camerino. La bella Onoto era
también una artista y el mal h~m~r. que
le hu hiera ocasionado en u~ prmc1p10 el
éxito de Annouchka lo babia ven~1do la
emoción que le produjera la oración de
la tarde ante la pobre Isba.
..
-Ven á cenar conmigo-le d110 An·
nouchka.
,
t d
_¿ Con quién ?-le hab1a pregun a o
la artista española. .
-Con Gounsowski.
-Jamás!
·
-Ven, anda; me ayudarás á pagar m1
deuda Y quizá te sea útil. Gusta de ser
útil á todo el mundo.
,
Decididamente no comprendia nada la
bella Onoto en este p~ís en donde. lo~
más encarnizados enemigos cen~ban ¡un
tos Se decidió al fin á acompana.rla I?ás
qu~ por nada, porque nunca babia visto
en el mundo trenzas más bellas que las
de Annouchka y era adoradora de las
lindas cabelleras·
.
Rouletabille había sido acaparado. in·
mediatamente por el prín~ipe Gahtch~
quien conduciéndolo á un nncón le ha
bía dicho:
Qué es lo que hacéis aquí?
el
-Qué, os molesto ?-le preguntó
joven.
.
d
•
El otro tuvo una sonrisa e gran se
ñor que se divertía:
.
-Como todavía juzgo que es tiempo:agregó éste-crnédmelo, deberíais partir,
abandonar este país. Qué no os lo han
advertido ya?
-Sí-responaió el repÓr t er.-Y ta m·
bién vos podíais eludir vuestra recomen·
dación. ·
.
Id
y diciendo esto le volvió la espa a.

-'¿

-Pero, qué veo! Es el francesito de
la villa Trebassof-comenzó á decir la iréis á parar vos mismo? Os deseo sinvoz de falsete de Gounsowski, tendiéndo- ceramente buena suerte; pero la espero
le una silla al joven y suplicándole que poco para vos. Tened presente que si estomara asiento entre él y Atanasio Geor- tá en mi mano. el ayudaros, lo he de hagevitch, quien estaba haciendo ya los cer con toda buena voluntad. Me encanta ser. servicial y no querría ni por un
honores á los zakouskis.
-Buenas noches, señor Rouletabille, momento que la fueseis á pasar mal!
-Sois muy amable, señor mío, se li-dijo con hermosa y grave voz Annouchka.
mitó á contestarle Rouletabille y pidió
más champagne.
Rouletabille respondió al saludo:
Repetidas ocasiones había dirigido la
-Me felicito de estar entre conocidos
palabra Gounsowski á Annouchka que
-dijo sin desconcertarse.
Y dirigió un muy simpático cumplido apenas si probaba lo que le servían y
á Annouchka, quien lo correspondió en- apenas si contestaba con monosílabos.
El le dijo brusca-mente:
viándole un beso.
-Sabéis quién ha sido la que más os
-Rouletabille!-exclamó la bella Onoto;-pero es este pequeño el del Misterio aplaudió ésta noche?
-IItol-dijo con indiferencia Annoudel Cu.ir/o Amarz'l/o/
chka.
-En persona.
-La hija del General Trebassof!
· _¿ Qué viene á hacer aquí?
-Hombre,
es verdad, palabral-ex-Ha venido para salvar la vida al clamó Ivan Petrovitch.
General Trebassof, -dijo conteniendo la
-Sí! Sí! Natacha estaba allí!-añarisa GouJ.ilsowski.-A juzgar por ello es
dieron los comensales de la villa de Treun jovencito que vale lo que pesa.
bassof.
-La policía lo sabe todo-replicó
-A mí me ha parecido verla llorar,
fríamente RouletabiJie, que escuchara lo
-dijo
anterior. Y pidió que se le sirviera cham- chka. Rouletabille fijándose en Annoupagne, él, que no bebía en la vida.
-Pero Annouchka contestó en tono
Y el champagne comenzó á hacer sus glacial:
efectos. Mientras Tadeo y los oficiales
-No la conozco.
se referían historias de Bakou ó cumpli-Es
una lástima que tehga padre...
mentaban con las damas, Gounsowski,
-dijo
entre
dientes el príncipe Galitch.
que había agotado su buen humor, se
-Príncipe,
no tratemos de política! ó
inclinaba hacia Rouletabille y le daba,
permitidme
al
menos que vaya á entrecasi con unción, consejos paternales:
gar mi renuncia,-dijo Goun¡,owski ....
-Os habéis metido, jovencito, en una á vuestra salud Annouchka.
noble tarea, que es tanto más difícil
-A la vuestra, Gounsowski! Pero no
cuanto que el' General Trebassof está vayáis
á hacer tal cosa.
condenado no solamente por sus enemi-Por
qué?--preguntó Tadeo Tchichgos, sino además y sobre todo por la z'g-.
nikof con acentuada mala intención.
ñorancia de Koupriane. Me comprendéis
-Pues porque es muy útil al gobierbien? Koupriane es un buen amigo y es no!exclamo I van Petrovitch.
persona á quien estimo bastante: es bue-No
l-replicó Annouchka ... , -será
no, valiente en la guerra, pero no daría á los revolucionarios
.
yo por él un kopeck como policía. Se
Todos prorrumpieron en sonoras cármezcla, desde hace alg-ún tiempo, en los
asuntos de la policía secreta, tiene su cajadas. Gounsowski tuvo que detener
okrana de la cual no quiero expresarme con ademán precipitado sus anteojos que
le deslizaban al reír con todas sus gamal. Nos· divierte. Por otra parte, pare- se
nas.
ce ser una moda nueva; cada quien y to-Eso dicen! Y ello ccnstituye mi
do el mundo quiere ahora tener su poli- fuerza!
cía secreta. Y como prueba: vos mismo,
-Es su propio agente provocadorliovencito, qué hacéis aquí? Venís como
declaró Atanasio con una enorme carca·
repórter? No: como policía! A dónde va- jada.
tnos á parar con todo ésto y á dónde
-Su sistema es excelente,-gruñó el

�ANUNCIOS

896

COSMOS

príncipe. -Como está bien con todo el
mundo. todo el mundo es de la policía
sin saberlo.
-Se aice .... ah! ah! ... se dice ....
ah! ah! (Atanasio iba á ahogarse con un
pedazo de pan que mojaba en su sopa)
.... se dice que hizo instrumentos suyos
á todos los bribones y hasta los mendi·
gos que merodeaban por la Iglesia de
Kasan .... se dice! . , ..
Y por ese tema, se lanzaron en historias de kouliganes ( pillos) y ladrones
callejeros que después de las perturbaciones políticas, habían invadido San
Petersburgo y de los cuales no se podían
deshacer sino con generosidad.
Atanasio Georgevitch decía:
-Hay kouliganes qce deberíaii inven·
tarse si no existieran. Uno de ellos detuvo á una joven delante de la estación
de Varsovia. La joven asustada no hizo
más que tenderle su porta- monedas conteniendo dos rublos y medio. El kouligane se limitó á tomar todo el dinero:
«Dios mío,-exclamó la joven,-no voy
á poder tomar mi tren!-Cuánto os hace
falta ?-preguntó el kouligane.-Sesenta
kopecks! Sesenta kopecksl-Y por qué
no me lo decíais! .... &gt; Y el bandido
guardóse los dos rublos, tomó la pieza
de cincuenta kopecks, añadió diez kopecks que sacó de su bolsa y tendió los
sesent.J. kopecks á la joven.
-A mí me' ha pasado algo mejor todavía, hace dos inviernos; en Moscow
-dijo la bella Onoto.-Al salir de pati~
nar fuí detenida por un pillo que me dijo: &lt;Dadme veinte kopecks.&gt; Estaba de
tal modo asustada que no acertaba yo á
abrir mi bolsa de manó: «Más aprisa&gt;
-exclamó.-Por fin le dí los veinte kopecks y dije: &lt;Ahora besadme la mano.&gt;
Y no tuve más remedio que besársela
porque en la otra tenía listo un puñal.
-Oh! se sienten más fuertes con su
cuchillo!-dijoTadeo.-Una noche al sa·
lir de Gastini Dvor me detiene uno de
ellos y me pone en la punta de la nariz
un magnífico cuchillo de cocina. «Es
vuestro por un rublo cincuenta!&gt; Ya podéis figuraros que se lo compré inmediatamente! E hice un brillante negocio
porque valía lo menos tres rublos. A
vuestra salud, bella Onoto!
-Lo que es yo no salgo sin mi revól-

ver ,-dijo Atanasio. - Es lo más prudente. Lo digo delante de la policía. Prefiero ser detenido por los gardavois que
desplumado por los rateros.
-Si no encuentra uno en donde comprar un revólver,-declaró Iván Petro·
vitch.-No existen los armeros, según
1
parece.
Gounsowki aseguró sus anteojos sobre
la naríz, se frotó sus gordas manos y
dijo:
-Sí hay, en la casa de mi cerrajero.
La prueba es que ayer en la pequeña
Kanioucbe, mi cerrajero, que se llama
Schmidt entró al almacén de la esquina
y propuso un revólver al patrón. Lesa-·
có una &lt;Browning&gt;: «Es una arma de
completa seguridad, que es muy certera
y cuyo funcionamiento es de los más
sencillos&gt;. Y al decir ésto el cerrajer.o
hizo funcionar el revólver y le metió una
bala en el vientre al pobre dueño del al·
macén. Este murió pero no sin antes
comprar el revólver y decirle al bandido:
&lt;Teníais razón. Es una arma terrible!&gt;
Y después de eso, expiró.
Todos los demás rieron. Hallaron buena su historia. Decididamente este condenado de Gounsowski tiene algo siempre con que hacer reír. ¿ Cómo no ha de
ser uno su amigo? Annouchka se había
dignado sonreír, y Gounsowski, agra·
decido, le tendía la mano como un pordiosero. La joven le tocó con la punta
de los dedos como si hubiera depositado una moneda de veinte kopeks en la
mano de un pilluelo, casi con asco. De
pronto se abrieron las puertas dando
acceso á !as bohemias. Todo aquel moreno tropel invadió la pieza. Todas las no·
ches, hombres y mujeres, con sus trajes
populares venían del viejo Derevnia don·
de vivían todos en una antigua comuni·
dad patriarcal, !&gt;egún las costumbres in·
variables de muchos siglos ha; se dise·
minaban por los centros de placer, los
restaurants de moda, de donde sacaban
buen botín, pues era considerado como
un lujo más el hacerlos cantar al final de
las cenas, y no dejaban nunca de darles
dinero, por poco que se considerase uno
de la sociedad rica y poco que estimase
uno su reputación.

de bienestar
. indecible pue&lt;len proporc·1onarse aquell
que aO
dquieren
DO L la costumbre de en¡' uagarse 1a bocaos
co;l ODOL~or las noches al tiempo de acostarse.
impreg~a las membranas mucosas
de la boca. Al respirar pasa el aire sobre estas membranas odolizadas Y adquiere
una frescura a~radable que produce
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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