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'

(/

I

ARo VI.

MÉXICO, DOMINGO

27

DE ~(A YO DE

1906.

Don Rafael Angelíde la Peña, fallecido el día 21 del actual.

Nm.,-. 22.

�&lt;

El mes de las flores.
Mayo, el poético mes de las flores, llega ya
á su término, dejando buenos recuerdos á
los habitantes de esta alegre capital.
Durante él, ise celebró la hermosa fiesta
del concurso floral, en la cual lucieron su
hermosura y su elegancia las damas mexicanas.
En los templos se contaron por miles 1-as
niñas que fueron á ofrecer fl.orei:-: á la Virgen,
siguiendo una hermosísima práctica que forma y1 parte en todo el mundo de las costumbres del pueblo cristiano.
Los huertos y jardines del Valle han sido
pródigos en rosas, claveles, azucenas, margaritas, etc., y aunque ha sido inmenso el
consumo que se ha hecho, lejos de faltar,
han sobrado flores para todo lo que se ha ne·
cesitado.
¡Con razón los extranjeros que nos visitan
se admiran de esa profusión de flores que
por todf partes se ve, y no sólo en la estación propicia, sino aun en los inviernos más
rigurosos.
Ya en los pueblos de los alrededores, la
animaci6n es grande, habiendo comenzado
en algunos de ellos las fiestas de todos los
años.
olixcoac ha quedado bien con su kerme.~se.
Seguirá Tlálpam, en donde se prepara una
feria, que no dudamos estará muy animada.
Entre otras cosas se proyecta una novillada de aficionados, en la cual tomarán parte
los jóvenes pertenecientes á las familias que
se encuentran veraneando en la pintoresca
ciudad de San Agustín de las Cuevas.
La temporada promete estar muy animada y es probable que para entonces esté ya
en uso la doble vía de México á Churubusco.
Esta 11.breviará la distancia, y hará que
asista mayor í1úmero de concurrentes á las
· fiestas de Tlálpam.

El señor Don Rafael A. de la Peña.
Xo llegué á escuchar en las aulas su voz,
ni la elocuencia que, inagotable, fluía de
sus labios llegó á cautivar mis oídos y mi alroa; pero, cuando hace algunos años, por los
amplioE conedores 6 escaleras de la Escuela
Preparatoria, pasaba junto á mí, advertía en
su mirada el brillo del talento, é inconscientemente, mi alma se recogía en profunda veneración. Lo admiraba yo por intuición.
Muchas veces observé en sus discípulos,
mis compañeros de otros cursos, palpables
muestras del profundo cariño que todos los
de su cátedra le profesaban; cariño que en
sus variadas manifestaciones era siempre un
elogio espontáneo, tri?uto de aquellos j6venes corazones á su canñoso empeño en transmitirles la luz de su ciencia.
Don Rafael Angel de la Peña poseía en
alto grado las preciosas cualidades de un verdadero mentor de la juventud, y, además,
la de hacerse amar por sus discípulos; esto,
á pesar de su carácter incompatible con todo
género de adulación.
Antes de ser profesor de la Escuela Nacional Preparatoria, formó parte del profesorado del~ Nacional y Pontificia Universidad
de México, donde había hecho, con aprovechamiento notable, sus primeros estudios se-

ríos. Estaba á punto de ceñir la borla en esta Facultad, cuando 1a Universidad fué suprimida por el Gobierno. Tuvo también á su
cargo el erudito señor de la Peña el dP-sempeño de dos cátedras en el extinto colegio de
San Juan de Letrán; la de Latín y la de Literatura.
En 1868 fué nombrado Profesor de Lógica
en la Escuela Nacional Preparatoria y poco
después de Gramática Castellana en la misma. Cambió la cátedra de Lógica por la de ·
primer curso de matemáticas, y pasado algún tiempo se quedó con la del segundo y la
de Gramática; en ambas continuó hasta su
muerte. ·
Hablando de esta época de su vida, dice
uno de sus biógrafos:
''El esmerado cultivo que en las aulas hizo
el señor Peña de la lengua latina y de su literatura clásica, no menos que su ardiente
afición y amor á ellas, le condujeron fácilmente á los estudios literarios, gramaticales
y filológicos sin abandonar por eso los que
hicieron siempre las delicias de su vida, que
fueron principalmente los filosóficos y religiosos. En cierta ocasión acometió la empresa de aprender el griego por sí solo, y debido
á su perseverancia y esfuerzos, obtuvo satisfactorios resultados. ''
Como humanista fué Don Rafael Angel de la
Peña verdaderamente notable, pues conocía
á fondo la literatura latina, la española ,v la
.
mexicana.
Escribió numerosas obras sobre puntos &lt;le
filología, gramática, crítica y filosofía; contribuyendo ú difundir sanas emeñanzas con
las que enriqueció nuestra literatura.
Fué el señor Peña desde 1893, Secretario
de la Academia :Mexicana de la Lengua,· correspondiente de la Real Española, y perteneció, además, á otras muchísimas sociedadei:;
científicas y literarias.
Hoy, una familia desolada llora en la orfandad; más lejos. un grupo de discípulos,
que, como en el cuadro de la muerte de Sócrates, uiran al maestro; más allá, los anti. guos amigos recuerdan sus hechos, exaltan
sus virtudes y proclaman que de haberse
prolongado esa vida hubiera recibido mucho
bien la juventud, ávida siempre de ciencia y
buenos ejemplos.
Pero, es Dios quien dispone las cosas; y
al creyente sólo le toca inclinar la cabeza como á Isaac, para recibir el golpe mortal, sin
discutir los altos designios de Aquel de quien
dependen el ser y no ser, la vida y la muerte, el tiempo y la eternidad; de Aquel de
quien debemos creer que todo lo que hace,
es siempre lo mejor que debe hacerse.
El pájaro, al volar de su nido, no deja
hu~lla alguna en ~l espacio; ~ª. luz, extingmendo el foco, deJa que las trn1eblas se enseñoreen de lo mismo que ocupaban las brillantes ráfagas; sólo el hombre de ciencia deja al morir, un rastro brillante en el mundo, algo como una estela perpetua que lo hace vivir en la memoria de los pósteros.
Lloremos al que ha partido, pero no dejemos de recordar con Daniel que en la suprema nox de la humanidad los que hubiesen 1;ido sabios brillarán com.-0 la luz del firmamento.
La boda del Rey Alfonso.

- - - ( : o: - - -

•

El Sr. Lic. D. Manuel Osi~

El señor Licenciado Don l\Ianuel Osit
Caballero, de familia distinguidísimn, n •
el 18 de Junio de 1840.
Fueron sus padres el señor Don An
Osio, ya difunto, y la señora Dofia DolOltl
Caballero, venerable dama, que vive toda
cargada de años y de virtudes.
Hizo sus estudios, con fxito brillante,
el antiguo Reminario Conciliar de México,
la época más floreciente de ese estab
miento, cuando lo dirigía el señor Doctor
1Iaestro Don José María Díez de Sol
Obispo, después, de León, de gloriol:!a y
ta memoria.
·
Concluida su carrera, en aquel plantel,
donde era, entonces, crecido el núme
alumnos de clara inteligencia y en donde
fttndían la luz insignes profesores, llen
humildad y saoiduría, prepar6se para las
das labonis del Foro, en el bufete del señor
cenciado Don Rafael Martínez de la Torre,
tingui&lt;lo jurisconsulto, y recibi6, por fin,
tulo para ejercer la profesión de Abogado
los Tribunales de la República, el día 8
Diciembre de 1867.
En los primeros años de su vida prof
nal, tuvo á su cargo el Juzgado de Pri
Instancia de la Paz, en la Baja Califo
que desempeíi.ó con notable acierto y ap
so de todos, revelando, desde entonces,
más valiosas prendas, que debían hacer
él, más tarde, un juez incorruptible, un
gistrado sin mancha .
Cuando volvi6 á la Capítal, el señor Li
ciado Don Ignacio Mariscal, Ministro, e~
ces, de Justicia, é Instrucción Púbsica, l
apreciador de sus dotes, lo llevó á la Secre
ríade su cargo en donde desempeñó la
importantísim~s.
Poco tiempo después, en los años
1882, ejerci6 el cargo de Agente del Mi
río ~úblico, substituyendo, no poca:, v
con igual competencia, al íntegro é.1lu .
Procurador de Justicia, señor L1cenC1
Don José María Lozano.
.
De allí pasó á la Primera Sala del Tri
El cable ha comenzado á transmitir las nal Superior en calidad de Magistrado Y

;s.

Señor Magistrado Lic. D. Manuel Osio, fallecido el día

dezTacrisoladaJ y/ muy especialmente, su
independencia de todo elemento, que no
fuera la santidad de la ley, el estricto cumplimiento de sus deoeres y el deseo vivísimo de
hacer, sin compromisos y sin afectos, cum plida justicia.
El rudo tmbajo que hoy abruma á la Corte Suprema de Justicia, acabó de minar
su interesante vida, consagrada casi exclusiYamente, para estar á la altura de su misión,
á continuadas meditaciones, á estudios serios
y profundos y á la lectura atenta y escrupu·
losa, que él mismo hacía, de autos y procesos á su revisión sometidos.
Fué el señor Osio un caballero cumplido,
de educación finísima y esmerada, de puras
.Refléjanse en ellas sus vastísimos conoci- é irreprochables costumbres.
Venerói hasta los últimos momentos de su
mtent_os en la ciencia de lo justo, su honra-

elegido, por último, Ministro de la Suprema
Corte de Justicia de la Naci6n.
~n ~ as partes dej6 huellas luminosas de
su inteligencia y ele su probidad sin sombra.
Prest6 á la Patria, al prestarlo á la ciencia
Yal Foro, un servicio de valor subidísimo
creando nuestra jurisprudencia de Casación'.
glorificar su nombre y su labor de
vem~ años, guarda el Anuario de Legislación
YJu1;spru.dencia, obra magistral de los señores L1cenc1ados Don Pablo y Don )liguel Maced~, el tesoro ?e las ejecutorias de la Primera Sala del Tnbunal Superior del Distrito,
red~ctadas ~ uchas y discutidas todas por el
sabio Magistrado, que acaba de bajar al sepulcro.

rara

zz del actual.

vida, á su santa y anciana madre y extendió constantemente sobre los suyo~, 'con ternuras de padre, todo el prestigio de su posici6n v su nombre.
Ft1é un amigo fiel, sincero y perseverante.
Pueden aplicúrsele, sin hipérbole, estas
palabras:
YI'l'AE SUAE YJA \"IRTUS

Cat6lico ilustrado, sin fingimientos ni oste1;1tayiones, vivi6 sujeh&gt;, siempre, á la ley
cristiana.
Sobrellevó con adnúrahle paciencia su últi.ma enfermedad, larga y penosa, y, fortalecon los sacramentos de la Iglesia, mur10, en el 6sculo del Señor, el domingo 20
de los ronientes 1 á las 8 y 10 minutos de la
noche.
El Señor le conceda eterno descanso

C!?º

�LA SOLTERONA

RUINAS DE SAN FRANCISCO CALIFORNIA.-Efectos de los temblores. Hundimiento
de una c1.1lle.

Ruinas del edificio Flood en Nob Hill. El único edificio que queda en Nob Hill.

Muchas personas preguntaban por qué la señorita
gela }!ajolín permanecía soltera, á pesar de ser en
dora, con su aspecto modesto, sus rizos, y sus he
ojos negros que miraban con tanta dulzura y resign
Vivía en un cuarto piso de la q_alle Boursault en Boti
les, sola con su madre ciega, la que no abando
ni un n¡.omento, no recibían á nadie, y aunque qu~
pasar inadvertida'!, más de alguien pensaba que un ·
terio doloroso sin duda, hacía de esa dolorosa cria
joven todavía, una simple hermana de caridad que
renunciado á todos los placeres de la tierrn.
La familia Majolín era, hace unos ::;o años, una de
más estimadas y ricas de la Provenza.
Desgraciadamente, el señor ~Iajolín era jugador·
recuperar la plata que perdía, se empeñ6 en negoci~
graciados, y cuando vió que la ruina era eminente,,
quitó la vida.
La señora }!ajolín sufrió un doble µolpe con la
de su fortuna y la muerte violenta ele ese ser que labef4
hecho sufrir; pero al que amaba, sin embargo. ¡Ayl
desgracias continuaron. Su hijo mayor siguió el ej
de su padre; concluyó por irse á las colonias, y no se
hablar más de él, y el hijo menor pereció en un accideií
de caza.
La pobre mujer quedó sola con su hija Angela, su
co consuelo, viYiendo en una casa arrendada del an ·
Castillo vendido; las dos se instalaron modestame
viv~eron del producto de algunas propiedades y de
restos de su fortuna. Las penas y las lágrimas bici
perder pronto el uso de sus ojos á la señora ::\Iajolfu,
vista fu é obscureciendo día á día, hasta que quedó
pletamente ciega.
Rin embargo, á pesar de su ai:;lamiento voluntario
de la tristeza, la belleza nn poco seria de Angela y el
plendor de sus veinte años, no tardaron en atraerá
nos jóvenes amigos de la familia; uno fué parti(mlum
más asiduo, su primo Máximo de Grandlieu, que
todo el aire de un gentil hombre lugarefio: robusto,
gre y bien musculado; recién terminados sus
brillantes, de~camal&gt;a en el campo esperando inau
una existencia más agitada y tan fastuo~a como se
permitía su gran fortuna.
Se amaron.
El ingenuo y tierno corazón &lt;le Angela se aLriú á
afección leal; una turbación misteriosa la invadía cu
después de un vals, embriagada de música y de felici
conversaban algunos instantes apoyados en una ven
y cambiaban ahí las flores,que ella llevaba en sn co
y él en su ojal. Tenía además otras alegrías, los l
paseos al través de los campos que el sol bañaba de
silenciosa: y cuando la fatiga y el deseo de considerar
atentamente el paisaje los convidaba á tomar algún
canso, se detenían á la sombra, al pie de los grandes
boles, y como sus almas eran sencillas y unidas, h
han poco.
Cuando la enferma se quejaba tiernamente de q
abandonaban muy á menudo, permanecían los tres
claro salón donde los majestuosos retratos de los an
sados los miraban con una especie de suave indulge
Si Máximo demoraba mucho en llegar, la joven a
zaba hasta el pie de la escalinata, llevando en su .
un ramo de rosas blancas; y mientras él subía, desh
ella de lo alto los pétalos inmaculados; illáximo so
bajo esa preciosa lluvia, como un novio triunfante.
Sin embargo: una sombra invisible para Angela
nazaba su felicidad y su noviazgo. Máximo, alegre Y
vividor, sentía una especie de espanto al lado de I
iiora Majolín; esa efigie de la desgracia le quita ha ,
alegría. Era de esos hombres que hu.ren ele los demál
mo de un peligroso contagio. La joven, muy preoc.
de su amor, no había notado el di~gusto que c.xperi
taba Máximo al lado de la pobre ciega, ó bien ~o
huía ella á los sentimientos ardientes y contemd
su futuro esposo.
·
La explicación tuvo lugar una hermorn tarde en 1
rraza. De Grandlieu tomó las manos de Angefo, Y
primera Yez las besó muy lentamente eon pasión.
- '')Ii amiga querida, le dijo, es tiempo de (¡uc nu .
destinos se unan, puesto que nuestros corazones son
parables. ¿Queréis aceptar mi nombre y mi fo~tuna?
jaremos; tal vez,rolvidaréis vuestra infancia tr1ste YI
de duelos, si mi cariño es bastante poderoso.para ha
agradable la vida.
ILNos iremos al travé¡¡ del mundo, felices de ama

de considerar desde lo alto de nuestro amor diferentes
pueblos y deslumbradoras ciudades.
Yivircmos después en París; vuestra madre se quedará aquí en sn propie~ad y velaremos porque no le falte
nada· creo que estana fuera de su lugar, en medio de
nuestra vida elegante y feliz, donde su enfermedad sería
una nota triste y sombría ...... El mundo no quiere más
que á,·os ...... serhs feliz y festejada y os amaré siempre.''
Muy emociónada, Angela guardaba silencio, la hora le
pareció solemne. Al fin levantó la cabeza y respondi6 á
media voz:
-"Máximo, e&amp;ta noche reflexionaré sobre lo que me
habéis dic:ho y os contestaré mañana ...... Adiós.''
La señorita ~Iajolín pasó una noche dolorosa; cuando su
madre ,ie hubo dormido, r.on esa respiraci6n regular de
Jo~ ancianos que se parece tanto á la de los niilos, la joven se fué Íl su pieza y prorrumpió en sollozos; era para
ella demasiado fnertt' y espantosa prueba para que la soportara sin gritar.
Delante de sus ojos se desgarró el velo, ese velo que
hasta los veinte aiios llevamos delante de nuestros corazoni&gt;s inexperimentados; y el egoísmo humano se le apareció en todo su horror universal.
¡A.Y! su hermoso sueño de niña, c6mo se despedazaba
entre' las garras atroces de la vida; además, era pobre,
bien lo había sentido la tarde anterior en el tono con
que su novio le habl6 de las riquezas; hasta ese momento no había pensado en ellas, ni las había necesitado,
porque el bienestar del campo, con su cielo, sus árboles,
&amp;us flores y su aire, le habían bastado. Veía las obligaciones claras y duras del matrimonio ...... si se casaba, seguiría como mujer obediente la vida agitada de ese hombre; además, le sería necesario dejar á su pobre madre
enfem1a, Yíctima de tantos infortunios y que no podía
pasarse sin sus cuidados diarios ..... .
Su amor propio íntimo se rebelaba también, ¡cuántas
dificultades no sobrevendrían más tarde en su casal ¿no
sentiría pesar sobre sí la vergüe~a de deberle todo, lujo,
carruajes, y hasta sus diamantM y sus vestido.:, á ese
hombre que de este modo sería para ella, no ya un ma~ido, sino un bienhechor? Abandonada y miís desgraciada
todavía, su madre terminaría sus días al lado de alguna
enfermera asalariada, que no reemplazaría nunca á la hija.
Angela lloró durante largas horas; y muchas veces en
medio de sus lágrimas se le apareci6 el aspecto de su alotado padre. ¡Ah! todos los hombres se parecían tal vez y
todos eran los verdugos de sus esposas. Desgraciadas
aquellas que ambicionan las alegrías del himeneo; el
b~en destino de las mujeres es vivir solas y abnegadas,
le¡os de los hombres.
.La aurora la encontr6 presa de estos atroces pensamientos: la calma volvió, sin embargo, lenta y espantosa: Angela había tomado una resólución definitiva; no
se ~aría jamás, permanecería soltera sin más que un so~o º?Jeto: el deber filial cumplido hasta el fin; no dejaría
¡amas á su querida enferma ciega; viviría pacientement~, con la al1Jgría interior de ser profundamente caritahYa.
Al fin se cnraría tal vez la herida de su corazón, y no
echaría de menos nada y podría una noche, después de
hacer su oraci6n, dormirse con sus cabellos blancos
agradeciendo al cielo el haberle concedido la paz del cuerpo Y del alma ..... .
d rro~to e~cribi~ algunas palabras rehusando l~ petició!1
e senor Grandheu. El tono de su carta no admitía réph~¡-~~ seguida realizó los bienes que le quedaban y dccic 10' a su madre que se fuera á vivir á París·, no' no
qu:ria v~lver Ít ver esos paisajes donde tanto había sufri'.lo. la senora ~!ajolín creyó que 0ra un caoricho di\ su hiY8~ confor.mó siu quejarse demasido. ¡Ah! ella jgnoraa 1nmens1dad del sacrificio!
l or eso, esa joven cruelmente herida cerró para siempre su corazón á las cosas del rnundo· su primero ,, (mi1·0 a1
· · manor. es el sello ele esta voluntaria' ~oledad. Su
'.1rer., sola. obtendrá su carifio · su madre á la que no de¡ara
· ' Y a, la que cerrara
' los ojos,' esos pobres ojos
ri . Jamas
~ vados d~ luz desde tan largo tiempo. DespuÍ's, cuanla últuna tarea v el dt'her filial est(,n cnterame11te
1 111
·~ • ~lidos, .\ngcla llaJ'olín, irreconriliahle eon el amor,
' \'l\'I •• '
'ª :::iempre como solterona.

RUINAS DE SAN FRANCISCO CALIFORNIA.-Edificio del Banco Central, Oakland,
California .

Ruinas del edificio de una de las más importantes instituciones bancarias de
San Francisco.

r· !ª
º

Ricof! y pobres unidos en la desgracia.

t_ ·"'·

�NUESTROS GRABADOS
Vistas de San Francisco California.--Enorme
pareció la catástrofe cuando el cable nos
transmitió los detalles del terremoto é incendio que redujeron á cenizas y ruinas gran
parte del floreciente puerto de San Francisco
California, detalles que al principio juzgamos exagerados. Pero ahora, cada vez que
recibimos nuevas informaciones, comprendemos que no ha habido exageración en la relación de esos horrores ,¡ que cuanto se ha dicho es poco.
Lo que más contrista el ánimo es la relación de los sufrimientos y de las privaciones
que hoy mismo, un mes después de aquel desastre, siguen agobiando á la mayoría de los
habitantes.
El General Greely anuncia que lejos de
disminuir, aumenta de día en día el ejército
de personas desvalidas á quienes sustenta la
caridad de todo el país. Su número se estimaba el 6 de Mayo, en 1~1 ,600 en San Fran~isco exclusivamente. En Oakland y Berkeley pasan de 40,000. El General dice que el
problema es enorme y seria la situación. Parece imposible seguir alimentando á tamaña
multitud sin grandes sufrimientos, por parte
de muchos de los que la forman.
En cuanto á los estragos materiales, lo que
expresan las fotografías que reproducimos dicen bastante.
• Se organiza ya en Nueva York una Compafiía con capital de Sl00.000,000 co n el
propósito de construir la nueva ciudaJ de San
Francisco. No es éste un proyecto que se relacione con objetos caritativo~, sino entera-

mente mercantiles; y á la cabeza de él figuran los principales millonarios de \Yall Street
y de California. La nueva ciudad será edi~cada en secciones, según lo ordena la comisión que tiene á su cargo la dirección de lor,.
trabajos generales de reconstrucción. Para el
caso de que un nuevo terremoto pueda afectar la ciudad, los edificios llenarán los requisitos necesarios para hacerlos menos expuestos á las conmociones subterráneas y separados por anchas avenidas, de manera que en
caso de incendio exista suficiente separación
entre ellos, á fin de impedir que las llamas
se propaguen.
Nuestro país. -Prosiguiendo en la tarea de
dar á conocer todo lo notable que, en distintos géneros, hay en nuestra República, así
como tipos y escenas genéricas, ofrecemos hoy
varias reproducciones fotográficas de Tlaxcala, que esperamos agraden á los lectores.
Como se ve, muy típico es el grupo de los
indígenas comerciantes que representa una
de nuestras vistas.
Proceden de fotografbs tomadas por el
señor Juan Ríos.
El señor Senador Don Rafael A. de la Peña.
- En la revista hebdomadaria que aparece
en este número, nos ocupamos de la sentida
muerte del sabio lingüista, profesor y Senador Don Rafael A. de la Peña, y por lo tanto, creemos innecesario hablar de él aquí,
tanto más cuanto que en nuestra edición
diaria se ha hecho también con extensión y
publicado una biografía del ilustre muerto .
El Congreso Médic~ de Lisboa.-Como es sa·
bido, úllimamente se verificó en Lisboa un
Congreso Médico, al cual fué invitado Méxko.

Nuestro Gobierno nombr6 como
á dicho Congreso á los Doctores Jes6í
zález Urueña, Ricardo Suárez Gam
que Macouzet, Porfirio Parra ( p ........·........ ,,.
Francisco Valenzuela .v Salvador Q
Zubieta.
Según las noticias que hemos pub·
nuestro diario, el Congreso citado lletf(
bo sus trabajos con el mayor brillo y
habiendo concurrido delegados de
las naciones de Europa y América.
Los Congresistas fueron objeto de,
rosos obsequios por parte del Gohi~
milia Real portuguesa. En su honor
braron diversas fiestas, como represen
teatrales, banquetes recepciones, etc.
De los delegados mexicanos, ha
ya á México el señor Doctor Don RogiJ
cou. .et, á cuya galantería debemos
grafías que publicamos en nuestro n6m!Q;
hoy.
El señor Maconzet es un notable
vo, joven aún y que promete mue
vía. Podrá llegar á ser en no lejana
una gloria nacional.
- - ) :o:{-- -

LA ESTETICA FEME
¿Cuál es la mujer que gusta míat....
El sahio profesor americano Ra. .
acaba de publicar un curioso estudioii
las mujeres que gustan más á los
El asunto podrá parecer trivial y h1an•1
tará quie11"responda cou toda la se •

I

/

/~~

"'~·,°\

I

\

El Congreso Médico de Lisboa.-El Rey~Don Carlos de Portugal, la Reina. Amelia. y sus dos hijos.

que ha resuelto el interesante problema: «Sobre gustos no hay discusión. &gt;1
Y, sin embargo, nada menos cierto que
esa vieja afirmación, que nada soluciona, que
nada dice. La prueba evidente de que se escribe y se discute sobre gustos, es que el libro
del profesor Rafford no sólo lo ha traducido
el académico francés M. Taguet, sino hasta
lo comenta y lo analiza.
Oíd las opiniones del sabio y los comentarios del académico.
«La mujer que gusta más no es la mujer
bella, dice Mr. Rafford. La belleza de la mujer
no ejerce influencia en t-1 amor del hombre.Ji
Y M. Taguet agrega: uSoy &lt;le la misma
opinión de Mr. Rafford, pero haciendo constar que este punto es muy difícil de resolverlo
por una estadístic,1, puest&lt;? que el número de
las mujeres bellas es sumamente limitado, y en
cambio, las bonitas abundan. Siendo las bellas
excepciones raras, no hay medio de establecer una equitativa proporción. ¿Existen mujeres bellas sin adoradores?...... No lo sabemos. Si encontramos alguna belleza que esté
«abandonada al aislamiento," puede ser muy
bien por puro azar, y el caso único no nos
probaría nada. Además, la belleza es un punto muy c1mcreto para ser discutido.»
Mr. Rafford opina que la mujer graciosa
gusta al hombre más que la mujer bella. &lt;&lt;La
gracia del rostro, dicP,, y de los movimientos
del cuerpo son los atractivos más poderosos
y duraderos que puede poseer la mujer para
inspirar amor al hombre.»
. Y aquí vemos que el sabio profesor, sin
citar á Schopenhauer, abunda en sús ideas.
El h~~bre eternamente desgarbado, feo, de
o:iov1m1entos rudos y pesados, am11 por contraste las esbelteces y gracias del cuerpo femenino que Diderot definía así: ((La riguro-

=1

Suele respondernos:
-Horrible.
- ¿Por qué? ..... .
- No lo sé; no es una mujer elegante. En
sn casa se respira el mal gusto; sus cuadros,
sus muebles, sus bibelots son cursis .... .. Ya lo
veis, una mujer puede ser guapa, y sin embargo, si no es elego:nte, si no sabes' cand,.er,
no agrada.
Otra mujer que gusta- según Mr. Rafford
- es la &lt;(mujer franca, absolutamente franca.»
Sobre este punto, el sabio americano llega
hasta el lirismo. Y tal vez recordando las
palabras de Plat6n, nos habla del 1&lt;esplendor
de la sinceridad,» con lo que, á creer al sabio, la belleza de la mujer sería la vei;dad
en las bocas femeninas.
Pero, fáltanos saber á qué llama sinceridad
Mr. Rafford . El no la define, y, sin embargo, ahí está el verdadero problema; pues esa
palabra, en mi opini6n, no designa jamás la
misma QOSa. Entre la mujer no embustera y
la absolutamente franca hay un abismo. A una
dama discreta que he preguntado qué enten·
Dr. Roque Macouzet.
día por mujer franca, me ha respondido: ·
Uno de los representantes de México en el
«La mujer que no miente si no tiene inteCongreso Médico de Lisboa.
rés en mentir.)&gt;
Después de esta sincerá contestación, vaya
sa y precisa conformidad de los movimientos
usted á buscar el uesplendor de la verdad,
del cuerpo es la naturaleza en acción.)&gt;
También opina el profesor yanqui que ula que es lo bello, ,1 distinguido sabio.
mujer que gusta, es la mujer elegante, la que
F. MORA.
viste con gusto-y para vestir bien no creo
necesario deciros que saber escoger y adap- -):o:(- tarse los colores es lo principal,-y la mujer
que sait s' encadre-,·, la que da á su salón, ó á
CANTA RCI LLO
su boudoir, un gusto puramente personal, co¿Dices que dicen que ocultos
mo si esas dependencias del hogar fueran
~mstras ternezas atisban?
necesarias de la misma persona."
¡Así es bueno que se escondan
En efecto,cuando preguntamos á un amigo:
Los que temen porque en\'idian!
-¿.Qué fal encuentra usted á la señora X? ..

El CJ1gtdD Méiic, de Ltsboi.- Suión inaugural]presidida por los Reyes de Portugal.

�.7 :'J'lir!1
.
t'.IL1liii
.
'

Palac· SAN FRANCISCO CALIFORNIA, DEBTRUIDO.-El centro de la ciudad destruida. Fotografía tomada desde un edificio c-n ruinas del barrio.Nob Hill.
iode! Ar untamiento. El fuego no llegó á este edificio .- Efectos del terremoto en los pavimentos de las calles.- Ruinas en Van Ness' Avenida. RuiDas de
i uiun ed1fi.010 volado con dinamita.- La Universidad de Stanford. Ruinas de la famosa Biblioteca.-Resultados del temblor en las calles. El edific:o de la
zq erda se hundió hasta quedar sepultado su piso bajo.- Vista de la calle de Calüornia. El Merchants Exchange building á la izquierda y el Hayward building
enfrente.

�- 2b6- 267

--·------·-----..-- - --

- - - ) : o : ( --

....._

________

._.._

.•

.

La mujer hispano-americana
- •·

NUESTRO PAIS.-Tlaxcala. El mercador

NAPOLEON, INTIMO

Los pueblos hispano-americanos. ~
ron un día con la madre pa~ria, ol&gt;eclécjea;
do á la ley imperiosa de mayoridad. Un'-'
de sangre preciosísima inundó por el n•
conti~~nte en la lucha. heroica de aquelláa.
parac1on; sangre americana y sangre~
la, que al fin orearon las auras de la Jllj
honraron los duelos de la mutua a •
Mientras dur6 la enemistad de u1101•
pueblo, la pasi6n lo desfigur6 todo, hia(a¡.
verdad histórica, hasta el sentimiento de
ticia. Mas sobrevino el reposo de los
y comenzó el reinado de la imparcia
precedido por la historia. España
nuestro heroísmo, reconoci6 nuestro d
y nosotros volvimos á llamar madre á ]&amp;,
habíamos repudiado como tal. Revivi6
amerioanos la gratitud, sobrevino el
de los beneficios paternales, y hoy l)Odflllifl!I
decir con orgullo que España nos dej6
tesoros que se disputan la veneraci6n
versal, á saber: la. Religión y ln familia.
Religión y familia, : es decir, robusta,
lumnas en que se apoya el edificio social lit
paña nos ensefió á Dios, con toda la subliíl
sencillez de una verdad inmutable; f~ i
corazón en su amor, y grab6 eternamenü
nueRtra conciencia su nombre inmort&amp;l! ll
familia formada bajo semejante base,
ser fuente fecundísima de virtud v de
nes grandiosas; y en su eeno debía descoJlir
como centro de pureza la mujer, símbolo,t'
tísimo de la gracia celestial derramada ••
la tierra. Así, la mujer de estos
mujer de nuestra sociedad, es gloria
da de nuestros mayores; tesoro siemp
tacto que generaciones que son ya ¡.,ol
jaron confiado á la inmutabilidad de 1
fecto.
La mujer hispano-americana es la
de ayer, como será la misma de lo veni

po armado de 80,000 hombres. ¡Señor Goethe!
-¡Señor!
-¿Qué le parece á usted Talma?
-Es un artista sublime; es la tragedia en
Nos hallamos en Septiembre de 1808.
El Emperador, de regreso de una gran re persona.
-¿Quiere usted. conocerle?
vista, ha sido escoltado, hasta el ingreso en
-Tendré un verdadero placer. .
el castillo de Erfurt, por el 103? regimiento
-Aguarde, pues. Talma debe venir ahora,
de infantería.
de comer.
después
Al subir la escalera de honor le acompaEntra en aquel instante Talleyrand.
ñan el Emperador Alejandro, con el cual se
- ¡Ah! Venid acá, Talleyrand. He recibí- ha aliado; el Rey de Sajonia, el Rey de Wurtemberg, el Gran Duque Const.antino y el do de Touché una información que no le es
nada favorable.
Príncipe Guillermo de Prusia.
El Emperador se levanta y se dirige con
Entre la multitud de oficiales superiores
que le siguen llama la atenci6n un hombre Talleyrand hacia un ángulo del sal6n. Allí
de unos cincuenta años, con traje de paisa- hablan con gran animación.
1:n chambelán anuncia:
no, que discurre con el Mariscal Lannes.
En el último rellan, de la escalera y mien-¡Su Majestad el Rey de '\\'urtemberg!
tras el Emperador penetra en sus habitacioEl Emperador vuelve la cabeza y con senes, Lannes presenta á su compañero al quedad contesta:
chambelán de servicio.
- Estoy muy ocupado ahora. Tendré el
-De orden del Emperador-dice-M. de gusto de recibir á Su Majestad esta noche
Goethe.
en el teatro.
Goethe es introducido en un gran sal6n.
Sale el chambelán. ReanUL!a el EmperaSu ~Iajestad se halla ya sentado á la mesa dor su conversaci6n, pert' le interrumpe otra
comiendo. Detrás de fl los Ministros y miem - vez el chambelán anunciando:
bros de la casa imperial h., blan en voz baja.
-¡Señor, el actor Talma!
-¿Se llama usted Goethe?-pregnnta brnR-Que pase-exclama Xapoleón.-¡Lancamente el Emperador.
nes! Oiga. )lañana revistaré el 44? y 103? de
-Sí, Majestad.
línea. Colocad en primera fila al soldado Gi-¿Qué edad tiene usted'?
-Sesenta años, señor.
-¿Cuáles tragedias ha escrito?
-{figenia Egmont, 1brcualo 1ltsso.
-¿.Ha visto usted mi teatro? ¿Qué le parecbn mis actores?
--Me han parecido perfectos, sclior.
-l\Ie satisface que mis cómicos .gusten rn
Alemania. Malwmet. ha sido muy bien representado; pero la obra es mala.
- Yo la he trad uciclo, ~Iajf'stad.
-¿De veras'? Esto prueba que vue::-trn erít.ica es distinta ele la mía. He leído HI ll'Ntl,er. l'sted e:-; el clirretor del t&lt;&gt;ntro d&lt;• \\'&lt;·imar, ¿no t'S c·iertn'!
-Sí, hl:1jci-tad.
-)le gui-taría n·r rcpn·~e11tar :1 los a ·10res alemanci-. l'a1-ado 111alinna in'.· /1 \ i.-it.1r l'i
C"ampo de batal la ele .Jrna con el E11q .&lt;·r.1&lt;l&lt;,r
de Rusia y desde allí 111&lt;· diri!ór{, :1 \\'cini:n.
Oiga ustccl al ( 1r:tll Duque qt;C quit·J'() \'('I' ~u
tea~ro. Talma" Du:-:clwf-noi~ ,·rncldrn también. ¡Duror! · .
El Mariscal Duroc i-:c adelnnta.
-¿C6mo ,·a lo de Polonia'! ~o he recibido
noticias de Sonlt. Hacedme un cstndo comparativo de la poblaci6n de aquel paí~, dt&gt;
sus recursos financieros, de sus cosechas y
el e sus subsistencias para soste11er un CuerNUESTRO PAIB.-TlaxcalaL Palaoio Legislativo.

$1

ALREDEDORES DE LA CAPITAL.- Guadalupe Hidalgo.

La Colegiata.
l-01. de "EL TlE~IPO ILUSTRADO. '

Tiene su modelo en un tipo eterno, que es la
mujer cristiana; es hija de las creencias, de
las costumbres que éstas amoldan, de los hábitos que éstas producen.
¿Cambiarán algún día nuestra~ creencias?
¿Sufrirán modificación nuestras costumbres?
lA moderna civilización nos envía sus temas
filosóficos, y su fuerza de artificio se estrella
ante la granítica fortaleza de nuestra fe; nos
arroja sus reformas en la moral, y el absurdo
en que se basan cae deshecho ante la inquebrantable virtud de nuestras doctrinas. Nos
apropiamos lo que es verdadero, lo que es
bue1ao, y desechamos lo pernicioso y falso.
Avanzamos con la ciencia, que es avanzar con
la vei dad y con Dios¡ pero nos clavamos sobre la huella de nuestros antel'asados, cuando se nos manda á que marchemos al impulao de ideas erróneas en religión y de ideas
inmorales en cuanto á la familia.
La mujer hispano-americana pertenece toda al hogar. Del dintel de su casa para afuera no tiene jurisdicción alguna; pero del
umbral para dentro, es soberana. Allí tiene
su reinado de amor, en que el primer súbdito, que es el esposo, tiene ante ella altares
como un dios. Desconocido como es entre
nosotro:-i el consorcio de los intereses, que en
otras partes suplantan á los afectos, la mujer
no va jamás sino llevada ·de la mano por la
simpatía. Allí la instala ésta y á la mañana
siguiente de las nupcias, lo que se muestra en
aquel hogar es un sol de dicha y esperanzas,
cuyos rayos iluminan todo á su derredor, de~de e\ coraz6n del marido, hasta la rucla fatiga del último servidor doméstico.
La mujer así preparada, es esposa incomparable; y cuando el cielo la prerni~, con el
dulce don de la maternidad, no es smo para
rnaltecer más v más ese misterio de la naturitleza, cuyo principal encanto y más grande fuerza es el sacrificio. ¡Qué de transportrr. de cariño y de embeleso con el hijo de sus
t•ntralias! ¡Cuánto orgullo en su alma de ma&lt;lre! ¡Qué de esperanzas en su coraz6n de csl&gt;osa! El h ijo es todo i-,ara ella; un cslah6n
inquebran table en la cadena de u mor que une
á sus padres; asunto diario é inagotable ,P~rn soliar juntos la dieha perenne; es dehc1a
para el presente, apoyo para el mañana,. y
traimnto siempre á la vista del ser con qme!i
!&lt;e comparte una existencia llena de atracti,·oR.
Nuestras madres nos han nutrido ú sus
propios pechos, de los cuales no hay podl'r
humano que nos haya podido separar; ellas
nos han enReñado á buscar á ))ios entre la¡:
innumerable:- t1stre1Jas del firmamento, hal'iéndonos comprcndrr de una yez rl infinito
Y su Crmdor; Pilas nos han puc~to en lamano el µii mcr libro v nos han hecho hn.lbu'.
cear la primcrn plegaria;
rllas, .en fin, nos ha.n
dado á conocer 1::11 toda su magnitud, la misericordia de Dios v nos han acostum hrado
á buscarle como g~ía, como apoyo, como esperanza en las vicisitudes de la suerte y en
las tormentas del espíritu.

Xo ob:-lanle su eon&lt;lición puramente doméstica, influye todo lo que abarca nuestra
existencia. La sociedad no tiene otros fundamentos sino los que ella ha formado; la
religi6n no tiene más s6lida base que el ardoroso culto que ella le rinde; la familia, tal
como está constituída, como un nido de almas que se estrechan íntimament&lt;:J, como una
asociación para la fortuna y para la !!dversidad, es obra exclusiva suya; la política misma, la cual no lleva sino sus lágrimas y súplicas, y de la cual no recoge sino angustias
y dolores indefinibles, sufre las modificaciones saludables de su influencia.
Compasiva en extremo, caritativa hasta lo
~ublime, no hay dolor ajeno que noºhaga suyo propio; no hay miseria con que no comparta su pan; y á la cabecera de todo paciente se la encontrará, haciendo así inútil el
hospital, que casi no existe entre nosotros.
Busquen otros para la mujer de sus respecÜ\•as naciones, derechos y progresos: nosotros no pediremos para la nuestra sino altares, como para uña divinidad doméstica.
Otros quieren la mujer del .siglo; nosotros nos
conformamos con lo m1~jer cristia,w.
)11cA~OR

ROLET PERAZA.

Sinfon~to
mutstramt 1oh nocht ntgrat tu tmro
Dt utrdla$ y Ut sombras, pára d llUdo
V ábrttt antt mis otos tn d cldo••.•.
6ranada lnmtnsa dt azabacht V oro.
tu sllmlo u un cántico sonoro,
Qut. al agitar tas alas dt mi anhdo
fim qut mt alct dtl Inmundo sudo
€n dondt gimo, mt rttutrzo y lloro.
€n tu obscura bocaza vibra ti coro
Dt tos ángdts tristts•••• dt tu lltlo
t udga como alba túnica dt hldo
ta nube. 10h noche ntgra, yo tt adoro1
Sólo tú sabes mi dolor, conom
tú sotamtnte mi amargoso llanto,
tu sombra ts luz que tn mi Interior dtsHllas.
Soy tuvo y tuyos son mis llanos goces,
Escucha 1oh noche! mi amoroso canto,
v ya que m de mi ptsar tas huellas,
tonllltrttmt en un eco de tus llOm,
€n un glrón de sombra de tu manto,
€n una de tus pálidas tstrtllas1
.Jruo FLOREZ.
----)o(----

Tan hecho estoy á mis pena~.
(JUe ruando más fuerte río
&lt;'~ cuando más pienso en ella:-.

Me matas las alegría;:·
porque son aves de paso,
y sólo me c4Jjas penas
que aves son de todo rl alio.
Cn.ntando, cantando
me p:iso la Yida,
mi. bo&lt;'a. cantando disfraza la:- pena;:
que más &lt;lcntro habitan.
Quise alcanzar una ro::,a
,. me hiri6 con sus espinas,
·me hirieron los desengaños
l'llando c¡ui~e hallar la r]irhn.

La. eau-a. del ll!!nto
que vierten mii-: ojo,:,
no la saben los ~abios 111.'is i-a.hio:;,
su cietH-i:i e;; muy ·poC'n.
El c·amino del n mor
c11 bierto está de rm:ales
de grat·&gt;color y aroma,
pero de espinas muy grandes.
ALREDEDORES DE LA ÜAPITAL.-Entrada á la calzada de la Viga.

RICARDO

F. BLANCO.

�[

•

RUINAS DE SAN FRANCISCO CALIFORNIA.-Lo que fué la calle de Battery con grandes
edificios comerciales á loR lados.

EL COMPARSA
Troncin es un n1odesto ccrrajclro fl quien
conocí tiempo atrí1s como sargento ele cor~ce·
ros en Yersalle,;.
·
La casualidad de mi reciente encuentro fué
causa &lt;le que le diera· algún trabajo en mi
casa.
La co1H'erRación de Troncin es muy amena
y variada, puesto que, si por la mañana ejer·
ce su oficio, por la noche figura como comparsa en la Porte Saint-Martin, donde, según las necesidades del servicio, es marinero,
gran señor de la época de Luis XIV, romano
de la decadencia, ó forma parte de una multitud cualquiera.
En la actualidad es spahis enviado á la conquista del Dahomey por orden del generalísimo M. Rochard, director ele la Porte SaintMartiu, y en recuerdo de su antiguo empleo
y de sus aptitudes para el servicio de exploraciones, le han devuelto el grado de sargento.
-No pude ocultar mi satisfacción-me dijo
un día-cuando me ví á caballo con mis ga·
lones de lana en las mangas.
Ayer se presentó Troncin en mi casa, rn.&lt;liante de alegría.
-¡Soy un hombre muy afortunado!-exclarnó mientras trabajaba.-En primer lugar,
me han designado para que acompañe al comisario Roufiard en sus pesquisas relativas ú
la cuestión del Panamá, y después creo que
Berta no tendrá inconveniente en otorgarme
RU mano.

-¿Y quién es esa Berta'?
-Gna costurera encantadora que me ha
sorbido el seso. La conocí en ~u casa {¡ don&lt;le fuí llamado para que le arregl;ra una
cí,moda, cuyas cerraduras estaban descom-

-Buena, ¿y l1ué·?
-Pedí al secretario del teatro, M. Blonnet
una bu~c~ de la segunda galería para ~
noch~, d1~1éndo~e qu_e de esa concesión de.
pencha m1 matmnomo con la mujer á quien
amaba. M. Blonnet se echó á reir y accedió
en seguida ÍI mis deseos. Y ahora me vo
porque M. Rouflard me espera para reali,!;
un registro. Yolveré mañana á terminar annl
mi trabajo. •
lr.'"
- Al díasiguicnte volvió Tronein triste
cariacontecido á pr0segu ir su faena.
y
-¿Y Berta"?-le pregunt-é.
- ¡Todo ha concluido entre nosotros! ·)•'
sa
1
mujer no tiene corazón!
"'
-Pero la impreRión debió ser excelente.
El pobre hombre mr miró con loa ojos inunclados de lúgrimas.
- ¡Ri supiera usted lo que me ha pasado!
-Ct1énteme ustecl eso, Tronein. (}uizás
pueda yo poner remedio á su desdicha.
-Haría usted una obra de justicia, porque
yo no tengo la culpa de uada. Como Yasabe
usted, 1\1. Rouflard necesitó ayer mis servicios. El registro que practicó duró mucho
tiempo, tanto tiempo que no 111é ví libre has,.
ta las siete, cuando debemos estar en la Por·
. te Raint-~Iartin á las seis y media para vestirnos. Llego sin aliento, y encuentro al
inspector M. Paricand rugiendo de ira.
-¡Ah!- exclamó el condenado.- ¡Tres
cuartos de hora de retraso! Le impongo i

~ - -·-

-------~- 1.

...

t. •

\~·

SAN FRANCISCO CALIFORNIA.- La bahía antes :'!el siniestro.

Me vestí y me pint{· ú toda priH1. ~' cntr(·
en esc&lt;•na con mis compaiieros. ¡(tu{· noelw,
Dios mío, qué noche! Xo 1rn¡·dc uste,l figurarse !ns golpes '/ los puntapiés que recibí,
C'ln aplauso clel público. Desde las ocho haRta laf; •1oce y media, :fuí profanado por el enrmigo vencedor, mientraR Breclrnt se paYoncaba en mi caballo con mi brillante• uniforme,
dándome terribles sablaws en tollo el cuerpo.
Y lo peor del caso es que en la segunda
galerín estaha Berta, que me había reconocido perf&lt;·ctnmcnk .,· qul' Re rl'Ía c0mo una lo·
&lt;'n á cada golpe que yo reeihín. Y (•sttt niaiiana me ha escrito nna cartn (licifoclomc
qnr le había pareddo 1111 ente ridículo _v qne
todo había terminado entre 110,:otro¡:. ¡.\h.
seiior, este desaire me ocac;ionnr(t la muerte!
-¡Ya Yeré yo de arreglar el asunto 1-contc:sté al infeliz comp:irsa, -tratando de· consolarle&gt;.
.\1 día siguientu referí el caso al &lt;lirector
de la Porte ~aint-)lartin.
-¡Xopuedeusted figurarse dijcál\J. Rochard-cuán grande es el dolor de ese drsdichado! ¡Es preciso buscar el medio ele devolver sus galones de sargento al pobre Troncin, dispuesto á batirse todas las noches por
Dios, por la patria ~' por la encantadora
Berta!
R1c.rnno O' ~JONROY.

Este edificio no sufrió con el temblor, pero lo destruyó el fuego.

LOS TRES CAJONES
('on a.rlcm(in re1mello eomo una per,ona
qttl' no camhiarú jamns de ,·oluntacl-la c·oncie!'a t]¡, ~Ingclalcna &lt;lrsi~n(i el mueble jnpo·
nés de tres cajones, en que la luz de lns lúmpara~ hacía temblar In lacn rn¡:a y oro, y dijo
gravemente:
-.\ hrid uno de esos tres cnjones y elegi&lt;l
ron cuidado, Valentín, pues en cada uno&lt;lc
ellos he colocado nna respuesta (t la pregun·
ta que no cesáis el e dirigirme hace seis meses.
~i ponéis la mano sobre la contestación rnús
du lce-sobre la que dice: ¡~í!-será ne('esnrio que yo consienta en desposarme con YOS,
pero cuidúos de encontrar una mala respuesta porque no volv1:réis á verme.
-¡Ah! elijo-llevo una probabilidad con·
tra dos. ¿Por qué os ha ocurrido tan cruel
pemamiento'?
- Así me quedaría el consuelo tle achacar
mi falta aracaso.
Entre los tres cajones vaciló él largo tiem·
po; su mano, trémula, iba del uno al otro
lado, no osando tirar de las asas doradai'l.
¡~entía oprimírsele el corazón ante el miedo
ele una m al elección. ,\1 fin, decidió cerrar
los ojos yconatar con la diYina misericordia

tlv la l'rovidentia ... ... ¡Oh, gow, oh infinita
clefüia ! la rrspue8ta-u na hoja de pnpcl rosa
--contenía la adornblc palabra: ¡~í!
Xo ob,-ürntc, \'alentín no t&gt;,;taba clel todo
~atisfecho; después de experimentar un éxta·
si:-, no i-é qué tristeza !e nubló h frente ? los
ojos.
-¡Cúmo!-cxclarnó ella asombra&lt;la-¿,qu(·
te hace- falta y de &lt;1ué te queja:::, querido in·
grato'?
Tengo una pena-rcpnf'O \':tlcntín.
-¡Tú. eercn. ele nií! ¿Cnn l e:,;'?
-Os he debido al acaso y no(¡ lllÍ mi-1110
Y continuó pensativo .... :. Ella. entom., "·
esta! In ndo en ;;onoras rii,as, le g-ri tó:
¡Tonto! .. .... ¡Si era ln rnisma respw·,-.ta
la que había colocado en los tn's eaj0nc,-!
( 'A'lTLL E

.MEN l&gt;E~.

- - - ) :,o :( -CANT AR

Es una sola la vicla
,\' una sola mi desgracia:
una tan sólo la muerte ......
y una sola mi esperanzn !

Edificios de la calle Van Ness, centro aristocrático, volado con dinamita.

puestas. Indudablemente, mi traje de trabajo
uo tiene nada de seductor, y pensé que si me
veía á caba1lo, vestido de sargento de spahis,
lograría hacerme d neño absoluto de su corazón

usted &lt;los jornales de multa, y además, no
faltará quien mande esta noche á los spahis.
-¿Quién"ª á mandarlos·?
-¡Su subordinado Brechut! ¡Esto le en·
señará á usted á cumplir en lo sucesivo con,
su deber! ¡\'a)·a usted á vestirse al 8 y noal 6!
Crní que el castigo se limitaba ú quitarme
los ga.loncs; pero no sospechaba todavía la
l'Xtcnsiún el&lt;• mi infortunio. Llego al núme·
1·0 ¡.;' y allí me encuentro con un grupo de
indígcnns qtw rstaban emhadurnándose el
rostro ro n jugo de rPgaliz.
-¡ \':uno,;-mc el ijo el sastre-despache
11stecl pronto! ¡.\ hí tiene usted traje!
Y me entrega ima enmaraflada peluca, uní
esp&lt;•cic de faldellín un collar de cuentas de
vidrio y nn t•asco c~n plumas.
.
Xo srilo había cambiado yo de cuerpo.. si·
no que me habían hecho pasar al enem1io,
De jinete franc{•¡:; me había eu1wertido en ~ol·
dndo ele (t pie del Dahomey. ¡Qu{· ver·
giiema!
En el µrimer momento pensé echar ú &lt;'&lt;;
1Ter abn.nclonnnclo mi puesto; pero desp1ws
rnmbié de propósitos, teniendo e~1 cuenta
que la plaza es buena y que constitu}'c un
modo honroso de aumentar las ganancias que
me produce mi oficio. Supuse, además, que
Berta no me reconocería con mi disfraz.

Grupo de personas sin hogar dirigiéndose al embarcadero.
Efectos del temblor en los pavimentos de las calles .

A la izquierda el edificio .,!onadnook que fué volado con
dinamita. El "Examiner Building" completamente
en ruinas y el "Call Building," quemado.

�Siendo muy rico daba para ser

'
. pan y amor á 'los pobres·
f el 1z,
sien-

CRONICA DE LA MODA
La moda de esta primavera no •trae consigo transformaciones radicales: se conserva en
ella ] a silueta ajustada á que nos,hemos h~bituado sin mezclar en ella las lineas flexibles y o~dulosas de las modas del Directorio y Jel Imperio. En los detalles es ea do11de hay que buscar lo inédito, lo nuevo; ese
no sé qué que distingue la última 1~oda..
Se yen muchas faldas-corseletes o vestido;.:
Princesa casi iguales á los del pasa&lt;lo invierno : si se' trata de descubrir en ellos algu~;1
evoluci6n s6lo se encuentra en la tendencia
'
.
á una mayor
sencillez.
Pocos acl or·
nos, y, sobre todo, adornos lis~s en
la pai:te inferior de la fal?a: bieses,
trencillas, galones, volanbtos corta·
dos en forma, vivos de otra tela; á
menudo el ; cierre es al costado con
botones '6 con presillas. Estos vesti·
dos exigen un cuerpo esbelto, porque modelan completamente el busto, y una ejecuci6n perfecta, porque
no disimulan el menor defecto, condiciones ambas muy difíciles de reunir. Las chaquetitas que con frecuencia completan estas faldas, tienen la ventaja de envolver el cuerpo
y disimular las ligeras imperfe?ciones de hechuras, que aun las me¡ores
modistas no llegan siempre á evitar;
permiten además, cambiar facilmente el ~specto del traje, puesto que
sobre una falda de paño flexible podréis poner unaR veces una chaqueta
de tafetán adornada de franjas y de
anchos terciopelos fruncidos, formando curvas, bucles 6 espirales; en
otras ocasiones, una chaqueta de
O'tüpur del mismo color que el vesl"&gt;
'
•
tido hecha
con pieza
cortada for·
mando volantitos, cubierta de estre·
chos valenciennes 6 rayada con adornos lisos como bieses de paño 6 de
tafetán 6con bullonados de terciopelo 6 de muselina brillante; otros
días os servirá una cbaquet formada
con entredoses alternados de guipur 6
de encaje 6 con entredoses y franjas
de gasa con pliegues de lenc~r.ía. Todos los caprichos son admisibles.
Se presentan con timidez algunaH
faldas de túnica, manifestando la
tendencia de invertir la acostumbrada aplicaci6n de las tel~s., Ya ~o
forman la túnica el enca¡e o el gmpur, sino que ondulan ~n la parte
jnferior en volantes flexibles, sobre
los cuales, en cambio, ,se extiende,
una túnica plegada sol,!y un canesu
que ajuste completamente desde el
talle hasta las caderaE:.
Algunas faldas-corseletes son variantes de las antiguas faldas de ca·
nesú prolongado en el paño de delante· tienen estrechos delnntales que
'
se continúan
en corseletes altos, drapeados con frunces y pliegues irregulares que los ajustan. Parece que
esta nueva disposici6n ha de tener
algún éxito· los costados y la parte
de atrás del vestido se cortan como
de ordinario· el delantero y el corselete son la ú~ica complicaci6n de es·
tas faldas, pero piden pruebas mi-

11uciosas. ~e hacen también corseletes seva·
rado:- lisos, tendidos por medio de ballenas v
terminados en un pespunte que aplasta el
borde. \'istos de lejos, parecen continuación
de la falda, ~, su uni6n, asegurada por corseletes 6 por botones de presi6n: es poco visible.
También se ven faldas lisas con mucho
Las manq;as, que Rufriernn gran tra~
vuelo por abajo; otras adornadas con aplica- maci6n rl año último, apenas se han m~
ciones tleJormas diferentes ó conslraps 6 ga- cado ahorn. P01: otra parte, hay tal vari~
lones; otras adornadas á mitad de su altura c¡~1e no se expenmenta la necesidad de¡~
como si ocultaran la uni6n de un volante
gmar nuevas formas para huir de la vulM
forma.
dad. En'- su mayor part~ rnn cortas
R:1 carácter común í1 todas estas formas ck l!Pgando s6lo [i la altura del codo ó '
d
falLlas es el vuelo flexible de la parte inferior prolongfrndose algunos c~ntímetros
qne se extiend&lt;• en 011duladonei; encañonada~ JO rh- él. He !:Jan suprimido ya por compliff
los volantes de cn~aje y de gnsa, )\
cual es muy de lamentar y acaso ff:'
remedie. cuando aparezca'n- los tra
de tela ligera.
Si,,insistís en usar mangas laJ."glllf
podeB componerlas con la ma
corta .que os agrade y un puiio
que modele el brazo.
S.e ven muchos puños de lence
de entredoses de encaje transpa
con franjas mate de lin6n ó de
s6s rayadas, con plieguecitos y
un volantito plegado que las te
y cae sobre la mano; estos puñ
suelen hacer postizos, con lo
basta un lavado para devolverles
limpieza y frescura primitivas.
Existen modelos iguales de gua
encaje ligero, pero su limpieza
más dispendiosa, porque hay qt!(
confiarle á un tinte. Se llevan p~
de guipur, sin viso, 6 forrados
gasa, que bajan en punta sobre
mano 6 se prolongan como miton
Otros puños son de seda 6 de 1
del mismo color que el cuerpo,
pliegueis, galones ó .straps, como
del ado1'no del vestido. Fácilm
se ajustan estos puños debajo de
mangas de cartera, que son la m
ría. Esas carteras, y lo mismo
brazales, son casi siempre aju
al brazo en la parte inferior, y
sanchan hacia arriba para recib'
vuelo de la manga y sus frun
pliegues. · Como la longitud de
manga queda á gusto de cada
á su capricho queda también la
rª á que han de colocarse esas
ras 6 brazales.
Hay mangas que no tienen
unas ni otros, sino que terminan
tadas, disposici6n que conviene i
trajes sencillos y sin pretensionP&amp;
os desagrada la' termtnaci6n tan
tada, es fácil corregir su sequedad
un puño de lencería finamente
dado y orlado con valenciennes
cid o.
Aun cuando sean cortados de
sola pieza los pocos modelos de
gas largas que se ven, tienen
bién la forma de un bullón
acabado en un puño alto.
El hombro de las mangas es
variable: algunos modistos con""'"_.l"JI
la línea 1830, y pegan las
bastante abajo: otros, y son la
yoría, las pegan en el boro bro
recortado y remontando el vuelo.
~ Antes (de adoptar una forma
manga. procurad daros ctwnta
Traje de calle para verano.

do muy bueno, tenía también do;.:
encantos á quienes amar dos niñas, Takara y María, tan bellas como ángeles, y tan rubias, tan rubias
que cuando les daba el sol dudábase si era éste el que dorab¡ sus trenzas 6 eran sus rubias trenzas las que
doraban al sol. Sueltos sus finos cabellos, diríase que podían derretir
toda la nieve que estaba p. r aquellos lugares; que eran de ~aft6n las
blancas cordilleras del Olmakto' las
lomas siempre blancas del ~eir~stof
y las lagunas plomizas del Eifkarlt.
II

ei;

por

'

.

. ''Sombrero de primavera para señorita.

Un día, el venerable anciano lla•mó á sus hijas, las rubias angelicales ) Iaría y Takara' v. abriendo un
aposento, dentro del cual bril]aban
innumerables joyas, de manera que
el obscuro fondo parecía un estuche
amplio 6 un nicho iluminado por
lamparitas, brindó á las doncellas
con aquel fausto esplender te.
Takara di6 un grito y se entró en
el aposento, ávida de poseer sus brillantes y ricas iluminaciones de fina
pedrería.
María permaneci6 muda y aguard6 á que su padre le destinase la
ofrenda de su cariño.

Traje de casa.
manos míos: Mi ex:istencia es de nieve. Aunque vivo en la dulce dsueña Italia,.s miro ante mis ~jos un
v~rde campo, que el sol dora y enciende, estoy triste, ¡tan triste!. .....
.Tengo hiedra en mi huerto flores
en mis jardines, alondras y jilgueros
en. la enra~ada, oro en la vajilla de
mi casa; y sm embargo, estoy harta de
g?ces ajustados, respiro a'lmizcle y
siento el alma fría como mis joyas.
¡Cuán hela ias las pied:as de mis anillos, cuán heladas las fibras &lt;lel sentimiento!ii

efectc que producirá; si tenéis los hombros alj.os, el busto desarrollado y el
cuehg~orto renunciad á L'\S m.angas de
ho~brera y preferidlas pegadas muy
abaJO; por el contrario, un busto grácil
con hombros caídos y cuello largo'
11erá muy favorecido con mangas d~
hombrera.

...
*1"*
. E~tre los abrigos de fantasía que se
&lt;hstr1buyen los favores de la moda,
~ay que señalar las blusas rusas de
la~ aldeta ajustada con un cintur6n ·
~~ todas tienen pliegues, que se con~
h~uan en la aldeta, y claro es que esos
p~eg~es se cortan en el talle para dismmmr su grueso. Estas blusas cie~ran al costado 6 en medio del delanY, en este último caso, les sirven
e adorno chalecos 6 estolas.
~ adornos más de moda para los
abngos son las franjas de terciopelo
~ uadradas con trencillas, y los canes 8.Y c~alecos de . guipur grueso con
ap~caciones de bordado.
"e ven blusas rusas muy sencillas
Blusa de t.ela búlgara.
cerradas al costado, sin más adorn¿
El anciano mir6la dulcemente, y alJrieufa.u~un grupo de pliegues á cada lado del defi~ Yla aldeta cortada en forma; descon- do una gran ventana, le mostr6 con la mano
. e las aldetas cortadas de una sola pieza las inmensas llanuras de nieve, recortadas all:'.t
:;i.¡stura en medio de la espalda, porque en lontananza por la niebla azulada de un
10 recto que en ellas es inevitable y que monte, que ofrecían los contornos del palacio.
reempl
'
María reflexion6 breves instantes y murh
aza a' 1a costura, aplasta la silueta
y
dace la aldeta tan poco graciosa como las fal- m ur6 después:
d~ que llevan también hilo re~to en medio . -Me gustan, padre mío, esos paisajes·
6 espalda. Es preferible la costura al bies
amo en ellos á Dios, creador de la nieve
~1anchada Y aplastada por medio de do~ del fuego, del olvido y del amor- de la muei:.
t:untes qu~ la rect~adran, ó bien la cos- te que es hielo y perd6n; de la 'vida que e;.:
'
recue~~tt~ ba¡~ dos ,P~~egues en abanico, que fuego y es sacrificio.
cierta fanld ª dispos1cion muy conocida de
111
s a as 1&lt;sastrei1
):o:(-Tr~s los , idrios del palacio e~pañados por
la meve que caía y golpeaba sm ruido coEL PREMIO MAYOR
mo si f~ese ~ímbolo de la muerte que t~·ajina en silencio y ~e filtra en todas partes sigilosamente, platicaba Kititi, ya caduco con
l
'
se !U:~erable Kititi .era 1;111 ancian? en quien su hija predilecta.
Tenía entre sus manos un papel donde esla felicid!/ºdas las h.son¡eras apanencias de
taban escritos estos conceptos: ,&lt; Padre y her-

:ro,

J°

ª

y

-

- (o)- -

VA~IEDAOES
El último cumpleaños del Rey
Eduardo ha dado oc~si6n á grandes
expensas de numerario. Cumple 65
años, y, de acuerdo con la costumbre
es~blecida por la Reina Victoria se
eligen t5 po~res ancianos, é igual ~úmero de ancianas, pobres también. Cada .hombre recibió $29.00; y cada
mu¡er $22.50. Además á cada uno
de los agraciados, se Íes regala una
escarce~a con sesen!a y cinco piezas de plata,
nueyec1tas, de á seis peniques, para conmemorar la edad del Soberano.

*·*

El primer piano-forte fué inventado por un
aleI?án llamado Backers, por el año 1767. Tovi.a se ?onse.rv3: una tapa del piano con la
s1gmentemscnpc1on: Americus Backers invento, Jermyn Street, Londres, 1767. '

ª·ª

1

***

::ie asegu:·a que el gran pianista polaco
Paderewsk~, puede tocar de memoria sobr¿
d~ unas qmmentas composiciones. A dicho
virtuos? le basta solamente dos lecturas d
cualqm.er composici6n musical, para rete~
nerl~ bien grabad~ en ~u memoria y reprod uc1rla después sm nmguna equiYocaci6n.

�~
~

No tiene competencia ni en clase ni, en precio. Es superior á todas
las marcas modernas conocidas hasta hoy.
El que desee poseer un verdadero instrumento artístico, de mag01fica
pulsación y de sonido lo más fino que pueda desearse, que compre el
famoso

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pues no obstante de ser el má_s reputado en Europa y América, no admittendo competen cia con ninguna otra marca, tampoco en precio, á pesar de su
bondad no tiene competidor. Por combinación especial- los podemos dar
á los siguientes precios.
Piano vertical, tres pedales ( el tercer pedal de percusión) sistema de
cuerdas (negro), $900.00 al contado, y $950.00 á plazos.

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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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