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MÉ:noo,

DOMINGO

3

DE

Jmno

DE

19ó6.

NUM, 23.

SS. MM . ALFONSO XIII Y VICTORIA-EUGENIA,
REY KS

DE ESPAÑA

De fotografía directa hecha en San Sebastián el 11 de Mayo último por el fotógrafo B. Resines.

Don Alfonso XIII, hi¡o de Don Alfonso XII Y d e Doña f«a1&lt;Ía C1&lt;istina, JH•ebiduquesa de Au11t1&lt;ia, naeió en el Palaeio ~eal de fil a
dr&lt;id el 17 de f,'layo de 1886. ¡::ué pr&lt;oelamado ~ey bajo la ~egeneia de su rnad1&lt;e, el mismo día de su naeimiento. Entt&lt;Ó á 1&lt;eina1&lt; e l
17 de ?,'layo de 1904, al eumpli!&lt; la mayot&lt; e d a d , cesand o po1&lt; eonsiguiente ese dí&amp; le ~egeneia de Doña f,'la1&lt;Ía Ct&lt;istlna.
Do ñ a Vietor&lt;ia~Eugenia de Battenbe1&lt;g, hi!a de la P1&lt;lneesa Beatt&lt;iz (oetava Y Última hi!a de la ~eina Vietol'ia, de Inglate1&lt;1&lt;a) y
d.t P1&lt;í n eipe En1&lt;ique de Battenb e1&lt;g.

f'laeió en el Palacio de Balmol'al el 24 de OetubJ:fe; de 1887.

�La boda del Rey Alfonso.

Es~añoles por sangre, y si hubiere equivocación en esto, por simpatías, como dijo
el otro, no podíamos mirar con indiferencia
el suceso, memorable para la historia ibérica, ocurrido el. día último del mes pasado, y
por eso le deuicamos esta edición. Nos referimos al enlace del joven monarca español
Don Alfonso XIII con la Princesa incrlesa
0
Doña Vic0ria _Eugenia de Battenberg.
La;, pn·ipecias del noviazgo del Rey de

bañas, tienen su interés para todas las naturalezas humanas.
En realidad, si se han referido tantos detalles del idilio real, si se ha hablado tal vez
con exceso de la mutua inclinación del Rey
y la Princesa y de las galanterías del joven
soberano, ha sido porque esa boda, aprobada por la política, es, en suma, un matrimonio por amor, y tal cosa es, ciertamente,
bastante extraña, pues, por lo regular, aquellos que ciñen una corona y que tienen derechos de soberanos, no pueden seguir las

¡l.

' f

'

;i

.

:El matrimonio del Rey de Espafia.- Salón del Trono del Real Palacio de Madrid.

España con la Princesa Ena, han sido seguidas con apasionado interés por las jóvenes
solteras de Europa y América. Los idilios
de :Mour·scout y Biarritz, las poéticas excursiones por las verdes praderas andaluzas, la
tierna entrevista de \Yight y, en una palabra la linda novela &lt;lel Rey y la Princesa,
despertaron amables sentimientos por todas
partes y en todos los corazones. .
Todo hacía pensar que ese noviazgo se debía á un verdadero amor, y estos noviazgos
amorosos, verifíquense en palacios 6 en ca-

inspiraciones de su corazón y casarse con
quien les de la gana. Su carácter de jefes de
un Estado les quita en absoluto la libertad
en lo que concierne [i &lt;:uestión tan íntima y
sentimental.
·
Europa cuenta desde el día primero del
mes que comienza con una Reina más, con
una joven Reina, en la q,.;e, al hacer la felicidad de su real esposo, se espera haga también la de su nueva patria, España, y la de
sus súbditos, que ya la quieren y la aman
por sus gracias y por sus bondades, los espa-

ñoles, nuestros dominadores de antes y nuei.tros hermanos de ahora.
Matrimonios por amor.

Decíamos que era extraño que el matrimonio de un soberano se hiciera por amor·
sin embargo, se han dado varios casos e~
que dicha!:! altas personas se han enlazado
siguiendo sólo sus inclinaciones. Un ejemplo nos lo dn, precisamente, el Rey Don Alfonso XII, padre del &lt;]Ue en 11adrid acaba
de unirse con Ena de Battenberg.
Alfonso XII, como se sabe, casó dos veces, estando su primer matrimonio lleno de
detalles novelescos. El padre del actual Rey
de España estaba enamorado de su prima, la
Princesa Mercedes, hija del Duque de Montpensier. Pero la ~eina madre, Isabel, se
opuso terminantemente á la boda de aquellos jóvenes que casi estaban h, chos un Romeo y una J ulieta modernos. La pasión del
Rey triunfó al fin, pero la Reina Mercedes,
que se había hecho muy popular por sus
amores, murió prematmamente.
Otro matrimonio rPgio, por amor, fué el
del Czar Nicolás II, quien no se preocupó
de que por política hubiera al principio oposición á su alianza, con la Princesa Alicia de
Hesse. Entre paréntesis, diremos, que ninguna Princesa ha sido educada con más 8encillez que esa qüe llegó á 1,er Emperatriz de
RuFia. Su educación foé la de una simple
bur~uesa.
.
El matrimonio del Emperador de Austria,
,~se decano de los soberanos, que ha experimentado durante su larga vida tantas desgracias y dolores, fué también un matrimonio por amor. Hallábanse los jóvenes Príncipes de Baviera en Ischi, á donde fué á saludarlos Francisco José, que contaba entonces veintitrés años de edad. l'on ese motivo
se improvisó un baile en su honor, y suceilió que durante un mise, bailado con la
Princesa Isabel, narió su amor por ella.
Toda la fiesta estuvieron bailando juntos.
En un momento de descanso, encontrándose
Francisco José cerca de una mesa con la
Princesa, tomó un álbum donde estaban representados los escudos de las diversas pro·
.
vincias de Austria, y le dijo:
"He ahí donde yo mando. Pronunciad
una palabra y reinar~is también sobre ellos."
A la mañana siguiente, á temprana hora,
enviaba á la Princesa Isabel un gran ramo
de flores de los Alpes. Después, sin poder
reprimir su impaciencia, se presentó en casa
del Duque Max de Baviera y, sin consultar
Íl ningún Ministro, le pidió la mano de su
hija. Todo se arregló satisfactoria y prontamente y á eso del medio día celebráronse las
bodas en la Parroquia Ischi ante multitud
abigar1·ada y compacta. )' la misma tarde un
poeta local cantaba {t la «pequeña rosa ~orada, ante la cual Austria se inclinaba.'&gt;
El del Príncipe real de Prusia fué otro ma-.
trimonio de amor. Cuando el Príncipe Federico vi6 por vez primera á la que más tarde
había de ser su mujer, rsta no tenía más q~e
once:años; pero su carita graciosa y expresiva, causóle una impresión profunda-«¡qu_é
deliciosa esposa haría esta encantadora mña!&gt;i-exclamaba. Cuatro años más tarde, ha-

la capital, guiados por los de_la Escuela de
.Jurisprudencia, estaban organ~zando un fe~. tival magno con el noble o~Je~o de acudu
con los rendimientos pecumarios de él, e~1
auxilio de los mexicanos que fueron víctimas de la catástrofe de California, muchos
creímos que una corriente ele simpatía c~rcularía en todos los corazones y que la sociedad entera respon&lt;lería á tan simpática y
elevada idea prestándoles su valiosa ayuda.
)las, acas~, ¿no sucedió así'? :Xo: séam_os
francos. Pocos fueron los ojos que se volvieron á ese puñado lle jóvenes llenos de esperanzas en su fiei-ta. El éxito, si lo hubo, fué
muy inferior á sus deseos.
En la mañana del primer día hubo bien
poca concurrencia, no obsta1~te que se sabía
la asistencia del señor Presidente de la República, de su distinguida esposa, bajo cuya
protección se puso la fiesta, y &lt;l_e otras conocidas elegantes damas v prommentes caballeros corno Ministros' diplomáticos, etc.
Otro grupo fotográfico de SS. MM. los Reyes de España.
Por l~ tarde la concurre~1cia fué bien escasa.
No sucedió así el domingo, pues tal día el
liándose en Inglaterra, enco~tró de nuevo á con su prima, la hermosa Margarita de ~a- número de personas que circularon por el
la jovencita; y un día, ~aseandose. con ella boya.
Xotable matrimonio &lt;le amor fué asimis- Tívoli ' rué tan grande' que en algunos luga'
por las alamedas, arranco una ramita de U?
res era difícil abrirse paso. Pero, por ~as
arbusto y se la ofreció como. emblema _de di- mo el de la Reina Victoria de Inglaterra. De que en esa ocasión los ingres_os h~y an s1d_o
cha, y de esta manera, sencilla y poética, se tiempo atrás había mostrado marcado afecto cuantim,os no llegaron, se dice, m a cubnr
por el Príncipe Alberto, y á su tío el Rey de
los gastos de los tres días .. El último, las gaenamoraron.
Otro matrimonio a~í, aunque menos es- los belgas, su indulgente y bondadoso con- nancias fueron nulas, y s1 hubo gente y alpontímeo fué el del Rey Humberto, en la fidente le escribía: ccAlberto es tan guapo Y go de animación fué 'porque habían dado
época en que era Príncipe herede~o de la cor~- tan am:'able, que se ha apoderado por corr:ple- muchos 11ase-~, y ~n una fiesta, si hay alegría,
nade Italia. Siempre, en presencia de su pn- to de mi corazón. n La historia no registra es precisamente entre los que no gastan, enma Margarita de Saboya, poníase pálido y matrimonio más unido que el que form6 esa tre aquellos que llamamos uon·o11e;s. .
turbado, pues la amaba, pero como la. po- simpática pareja.
Hánse buscado causas á tan poco satisfacMas, desgraciadamente, la mue,rte acech~?ª torio resultado y parece que no se encuentra
lítica exigía que se casase con una archiduquesa austriaca, habíase ya resign~~o á ~llo, y no tardó en arrebatar un Rey a una nacio1!- ninguna que explique lo suficie~te. .
cuando la joven prometida s':lcumbio v~ctima y un compañero á una esposa y un padre a
Las fiestas estudiantiles han sido siempre
ele un accidente. En/ tales cucunstanc1as, el sus hijos.
atendidas con entusiasmo y con ca~iño Y,dePríncipe manifestó que no se casar!a jamás
ploramos que hoy no lo hubiesen sido as1.
si no se le dejaba el derecho de elegir esposa. Las fiestas de los estudiantes.
Y así fué c6mo, al fin, contrajo matrimonio
Agustin Agüer os.:,:.,
Cuando se anunció que los estudiantes de
1

Don Alfonso XIII portando uniforme del Ejército Alemán.-S. M. en traje de Caza.

�tiene poca historia, es nueva relativamente
entre las potencias, en tanto que España ha
sido, no s6lo una vez, sino frecuentemente,
el árbitro de los destinos de Europa.&gt;&gt;
-

-

-

)o{- - --

EI señor de Romero Dusmet
Y SU SEÑORA ESPOSA
melifique los labios y cante en las canciones
de diez y ocho Repúblicas y cincuenta millones
de seres;' mientras rija las almas y la mano
el ideal austero del honor castellano.

I

~eñor, todos los cuentos cuya ingenua fragancia
perfum6 los tranquilos senderos de mi infancia,
contaban de las bodas de un Rey adolescente,
noble como una espada, como un Abril riente,
con la bella Princesa de una isla lejana,
cándida y rubia como la luz de la mañana.
Y estampas lumi nosas, mostraban ya á los do:-;
recibiendo en el templo la bendici6n de Dios,
ya, en una perspectiva ele ensuefio, á los fulgores
del sol, los milagrosos cortejos de colores:
Infantas de pureza lilial y ojos azules,
cu biertas de brocados, de joyas y de tules,
Abades, con su adusta comunidad, Yestida
de blanco y negro (sombras y luz ...... ¡como la vida!),
Señores y Em bajadas, radiantes de oro y plata,
morados Arzobispos 6 nuncios ei:carlata.
Los cuentos terminaban con frases siempre iguales,
siempre de esta manera: ccY hubo fiestas reales;
· vinieren muchos Príncipes de países extraños,
trayendo cada uno magnífico presente,
y la Princesa ru bia y el Rey adolescente
vi vieron muy felices y reinaron cien años.»

II
Señor, Rey de una tierra de clásica hidalgufa,
en donde, en otros tiempos el sol no se ponía,
Rey de esta madre Patria que miran como hijos
innumerables pueblos, los cuales tienen fijos
hoy en ella sus ojos obscuros, con amor,
nieto de cien monarcas preclaros, oh Señor,
en vos miramos todos los hijos de la Grey
hispana al joven símbolo de la raza. Sois Rey
aún, en cierto modo, de América, como antes:
Rey, mientras que el idioma divino de Cervantes

Hemos procurado dar á nuestra información gráfica referente al matrimonio del Rey
de España toda la amplitud posible, y al
efecto publicamos una serie de grabados, reproducci6n ele fotografías de personajes que
mús ó menos directamente se relacionan con
el acontecimiento que acaba de celebrarse con
tanta pompa y entusiasmo en la capital Ibé1·ica, así como vistas de sitios y edificios también en relación con el mismo ¡,uceso.
Hemos creído, por lo tanto, oportuno publicar los retratos del señor Don José de Romero Dusmet, Primer Secretario de la Legación española en l\Iéxico y Encargado de negocios ad iote,·im por ausencia del señor Ministro español, el Marqués de Prat.
Publicamos tan,bién el retrato ele la distinguida v hermosa señora Doña Ana M. de
Rome1:o Dusmet, esposa del caballero arriba
mencionado.

Rey, mientras que las vírgenes de esa América mía
lleven en sus miradas el sol de Andalucía;
Rey, mientras que una boca con celeste reclamo
pronuncie en nuestra lengua sin par un ccYo te amo!,
Rey, mientras de tlnos ojos 6 de unos labios brote
ya el llanto, ya la risa, leyend_o á Don Quijote;
Rey, mientras que 110 olviden al palpitar las olas
el 1itmo que mecía las náos españolas;
Rey, mientras hay¡¡. un héroe que oponga el firme pecho
Como un baluarte para defender el derecho;
Rey, como cuando el manto de torres y leones
cobijaba dos mundos con,o dos corazones;
Rey, en fin, en las vastas mitades del planeta,
mientras haya un hidalgo y un santo y un poeta.

***

lH
Señor, aquetita rima que os trae rni labio ufano,
que siempre se gloría de hablar el castellano,
es de mi bella patria la ofrenda perfumada,
el lírico homenaje de mi México amada,
de aquella noble México que en dos nrnres se baña,
y á quien nue~tros abuelos llamaron Sacm E.~paíía,
lJOrque en ella encontraron la imagen de este suelo,
la mirnia tierra ardiente y el mismo azul del cielo!

Seliora Doña Ana M. de Romero Dusmet, esposa del actual representante de Espafía
en México .
Fot. Clarke, San

LA BU ENA ESTRELLA
DE LOS

'

Príncipes de Battenberg

lY
~eñor, como en los cuentos cuya ingenua fragancia
perfumó los tranquilos tenderos de mi infancia ,
celebráis vuestras bodas, YOS Rey adolescente,
noble como una espada, como un Abril riente,
&lt;'On la bella Princesa de una isla lejana
cándida y rubia eomo la luz de la maiiana.
¿.Qué desear ahora para vuestro contento
sino que todo acabe también como en un cuento;
y pueda repetirse con las sacramentales
palabras de los cuentos: ccY hubo fiestas reales;
vinieron muchos Príncipes de países extraños
trayendo cada uno magnífico presente,
y la Princesa rubia y el Rey adolescente
vivieron muy felices y reinaron cien años!,,
A:'1IADO

:KERYO.

Los cronistas sociales europeos dicen que el
Emperador Guillermo no ve con huenos ojos
el matrimonio de la Princesa Ena de Bat~nberg y Alfonso XIII, aunque, como buen
diplomático, no ha manifestado ni manifestará absolutamente sus sentimientos sobre
esa cuesti6n.
El Kaiser ha mirado siempre á los Príuci~ de Battenberg, según los aludidos cronist.as, como pan-enu.g de la jerarquía real
de Europa y ciertamente han sido afortuna-

dos.

·

Los_Príncipes de Battenherg gozaron en
todo ti~mpo fama por su elegancia, y se puede, decir que esta elegancia ha sido lo que
mas ha contribuído á su buena fortuna.
.Dur~nte las fiestas que precedieron al matnmomo del Príncipe Luis de Battenberg
Hn la hija mayor de la Princesa Alicia de
~ ~n, segunda hija de la Reina Yictoria, el
~nc~pe Enrique de Battenberg y la Princesa
. ~tr1z se vieron por primera vez. Las conf1c1o~es personales del primero cautivaron á
da ~rmcesa y poco después se anunci6 la bo.ª e ambos. No se puede afirmar que la
de un matrimonio entre una Princesa de
f ,ran Bretaña y un Príncipe alemán fuese
avorableme~te acogida por el público inglés;
~lio el Príncipe, que además de ser mny inta gente, era muy hábil en su manera de pores~e con las gentes, hizo cuanto en su mano
h.. uvo para conquistarse las simpatías de los
lJOs ~e su nuevo país. Se hizo naturalizar
COEo mglés é ingres6 en el ejército británico.
n cuanto á la Princesa Beatriz: es muy

~i

Diego, ,.

En otro lugar publicamos el retrato del señor Don Francisco de Icaza, l\Iinü,tro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de
l\Iéxico ante el Rey ele Bélgica, y á quien comisionó nuestro Gobierno para que lo represe11tara en las reales bodas de Su 1fajestad, el Soberano de España.
Grandes son los méritos del señor de Icaza
como Diplomático. En Europa se le estima
en lo que vale, razón por la que el Ejecutivo
de la 1:Jni6n se fij6 en él para la honrosa comisión que le encomendara.
El señor de Icaza llegó á Madrid á fines
del pasado Mayo y fué recibido por Su Majestad el día en que lo fueron los demás representantes extranjeros, comisiona&lt;los para
asistir á las nupcias del Rey.

popular, y como el matrimonio fué muy dichoso, perdon6 al Príncipe que no fuera hijo
de un monarca y no poseyese una gran fortuna. Demostró gran valor como soldado.
Durante la expedici6n contra los achantis,
al Oeste de Africa, murió el Príncipe á cau~a
de unas fiebres.
El Príncipe Luis, su hermano, ingresó cm
la marina real británica y se distinguió en
Egipto en la guerra de 1882. Su grado de
\'icealmirante lo ha ganado del modo más
honroso. Ha inventado varios objetos que se
usan en la marina y ha sido durante algunos
años subdirector naval en el Almirantazgo.
Mandó una escuadra en el Mediterráneo Y
hoy ejerce el mando de la primera escuadra
de cruci&gt;.ros acorazados del Atlántico. Es un
buen marino, á quien profesan gran cariño
sus subordinados.
Los ingleses entienden que la Princesa Ena
ha sido muy nfortunada al verse elegida por
el Rey de España, para que con él comparta
el trono de esa naci6n. Comparando este enlace con el de la Princesa ~Iaud y el actual
Rey de Noruega. y con el de la Princesa ~Iargarita de Connaught y el presunto heredero
de la rorona de Suecia, consideran muchas
gentes de Inglaterra que será el más brillante ele la familia el matrimonio de la Prineesa Ena.
ccEspaña, dice un periodista inglés, es una
de las grandes potencias; ha tenido en feudo
el Occidente suntuoso; ha sido el país descubridor v colonizador de la Edad :Media, y
aún ahora, sin que goce de un primer puesto en Europa, contiene todos los gérmenes
de una futura grandeza.
El mismo título de Czarina, que lleva una
Sefl.or Don JoRé de Romero Dusmet,
sobrina del Rey Eduardo, no es más espléndi- Primer Secretario de la Legación de Espafl.a en
Encargado de Negocios "ad interim,"
do que el que llevará la hija de la Princesa México,
por ausencia del sefíor Marqués de Prat.
Beatriz, puesto que Rusia, después de todo,
Fot. Clarke, San Diego, 6.

�LA REINA DE ESPAÑA
La Princesa · Vitloria- Eugenia de Battenberg
Todos los grandes acontevimicntos merecen ser comentados y tratados por la prensa.
Hoy, con motivo del casamiento real en Espafia, no hay periódico que no comente ni .clf
noticias del suceso; y nuestro semanano,
atento como siempre á los asuntos del dín,
ofrece á sus lectores en esta edición, la siguiente amplia información sobre la personalidad que hact dos días subió al tr,rno ele
Espafia, al lado del joven Rey Don AHonso
XIII, y es desde entonces Reina de ese bel lo
país, donde las tradiciones han guardado fuerza de ley, y donde las ceremonias oficiales
han conservado ese carácter de grandeza que
recuerda sus glorias.
La Princesa Yictoria-Eugenia-.J ulia-Ena de
Battenberg, nació el 24 de Octubre 1le 1887,
en el castillo de Balmoral, en Escocia.
Es la hija única de la Princesa Beatriz y
del difunto Príncipe Enrique de Battenberg.
~o obstante que cuenta con parientes en
las más ilustres cortes de Europa, la Princesa Eugenia y los suyos se encontraban hasta
ha poco en una situación un tanto delicada
con relación á las familias reinantes. Para la
corte alemana, por ejemplo, los Príncipes ~e
Battenberg no han ,wrido tales, en el sentido estricto que le dan á esa palabra.
Sin embargo, los Príncipes ele ,Ba~tenberg
descienden, en realidad, de un Pnnc1pe, Alejandro de Hesse-Darmstadt, el cual estaba
casado morganáticamente con la Condesa Julia de Hauke. Poco después fué · hecha esta
dama Condesa de Battenberg, y por último
elevada á la dignidad de Princesa de Hesse.
La boda de la Princesa EugP-nia con Alfonso
XIII, ha sido para la familia de Rattenberg
una consagración definitiva.
Ena es huérfana de padre desde la edad de
nueve años; el Príncipe Enrique de Battenberg murió á bordo de un navío, de una fi~bre perniciosa contraída durante 1a expedición inglesa contra los Achantis, ele la que él
formó parte.
Educada principalmente por su m~dre, la
nueva Soberana española no ha depd? de
sentir también la influencia de su madrma,
la ex-Emperatriz Eugenia. Cuando su bautizo, que se celebró con gran po~pa en _el
castillo de Balmoral, justamente el mismo ano
que el jubileo de la Reina Victoria, la ~x-Emperatriz Eugenia, retenida eJ?- el cout1~1ente,
no pudo asistir á.la ceremoma y se hizo representar por la Princesa Federico de Hanovre. Pero más tarde se satis.fizo con creces de
lo que entonces no µudo hacer. La ex-E~peratriz Eugenia intimó mucho con su ah1, jada, de la que lleg6 á ser su confidente y á
quien colmó de regalos, prueba patente de su

cariiío y afedo. Dícl'!'e que In exle dejará una grnn pnr'c de sul
Parece ~er un hecho yue ln que
&lt;le Napoleón III ha ejercido Eobtla
da, la hoy Reina de España, una
C'ia en el i:en6do del catolicismo, 7
nia de Battenberg abjuró sin muela
la religión en que se le había e
¡.:in duda, por aquella influencia
ella ejerci6 H1 madrina.
No men&lt; s que la ex-Emperabis
quelÍa á Ena su abuela la Reinafi
Windsor como en Osborne, pa,alt
las temr,oradas tratada y acomie'
fnmentc por sus parientes.
l'na persona de confianza dela
p,esaba en los siguientes términ
lla época, en una carta en que se
la Princesa y de eus tres he
decía, siguen una vida muy
forme á lns reglas que se obse
jos de la Reina Yictoria, pues
crupulos~mente alejadoH de las
tuosidadee mundanas de la corlt
mite que traten con ellos sino
timos y los miembros de la fa
detalle muy significath'o es elf
ordenado terminantemente á J&lt;,
tienen á su servicio que al diri '
1o hagan rn otra lengua rná:s que
La Pr:inceBa y sus tres he
relaciones con los parientes de,it;
cuanto á la Princesa Beatriz, es
adicta v afectuosa con sus d; ,:..í'.i.,
:-u hermana la Condesa de F..?Jl'W:

Su educaci6n.
Como todo inglés de ra1~, la
Ena es aficionada con paSI?fli
los ejercicios fí¡;!cos Y l~ vida
aire libre. La etiqueta r1gu
es odiosa y seguramente que
va á costarle acomodarse al •
que tendrá que vivir en :Mad
bable es que la nueva Sobe
me toda la parte que le sea .
tas deportivas de tod~ especie
do es también, por c1ert?, ID
La equitación, el ya.rhtvig y
mo constituyen se dice, los
' ESPª?ª·.
~
tos 'de la Reina de
Debido á la vida higiéi;nca
llevó en su juventud, la e:x·
&lt;le com,tituci6n ro~usta. Ylés
ble salud. Un escritor mg
se á ella, que tenía «un mara
mento de sol. JI Semejante
muy felizmente la persona 1
ral de la Reina Ena.
Su fisonomía revela un
de hermoso cabello blondo,
muy graciosa y bondadosa,
Aunque sus gustos pe
siempre más por los depürteS

r,

cia' Ena no. ha dejado
. .por esto de adquirir
los necesanos.conoc1mientos. Con ¡?ran dedicaci6n ha hecho estudios de música y de
lenguas extranjeras, de las cuales conoce muchas. Ultimamente, y con notable aprovechamiento, emprendió el aprendizaje del espafiol.

El idilio.
Fué, como se sabe, en el palacio de Kensington, en Londres, durante una recepción
que honraban con su presencia el Rey Eduardo y el Príncipe de Gales, donde la Princesa
Ena se encon:ró por la vez primera en presencia de Alfonso XIII. Hasta eutonces Ena
no había salido al mundo.
Llevaba la vida retirada y tranquila que
hemos dicho, ya en el palacio de Kensington,
en Londres, ya en Osborne, en la isla de
Wight.
La recepción de Kensington, donde conquistó el corazón del Rey de Espafia, era su
primera salida, su presentación en sociedad,
que acostumbramos decir. Y allí fué donde
dió principio el idilio real que había de continuar en Biarritz y en las praderas asturianas ...... en automóvil, y, más tarde, en la
isla de \Vight.
En efecto, fué en uno de esos modernísimos vehículos en donde el Soberano de España hizo que recibiera su novia los primeros honores de su reino. Durante su estancia
en Biarritz, emprendieron varias excursiones
franqueando la frontera española Varios periódicos enviaron á aquellos lugares una pléyade de listos repórters que·habían de informar á sus lectores con toda exactitud de
aquellos paseos históricos.
A ellos debemos el no ignorar que la Princesa acostumbraba llevar falda de paño azul,
blusa blanca y sombrero canotiet; que Miss
Cochrane le servía muy á menudo de capirote, y que, algunas veces, otro miembro de la
familia de Battenberg tomaba lugar en el automóvil al lado de los novios.
Así visitaron, siempre en esos coches, Cambo, Bayona y San Rebastián, donde se encontraron á la Reina madre de España. En
Cambo los novios escribieron una prodigiosa
cantidad de tarjetas postales ilustradas; y el
Rey, que tenía deseos de reir, interpeló á un
campesino que se hallaba al borde del camino, diciéndole:
-¿Ha visto usted al Rey de España, amigo mío?, dícese que debe venir hoy á Cambo
en automóvil.
A lo que el campesino respondió:
-No, mi buen señor, no le he visto, y sin
embargo, tengo el gusto de ver hoy, por primera vez en mi vida, á un Rey.
Las excursiones repetíanse diariamente,
así como las aventuras, los descubrimientos
Y algunas veces también, por parte de Alfonso XIII, 1rnevas travesuras.

El 29 de Enero, la Reina María Cristina
fué á hacer una visita á su ciudad á la Princesa inglesa.
A su llegada, abrazando con su mirada al
país de su nuera, exclamó:
lt is very p,·etty here. Después, al despedirse, escogió una flor de un ramillete qu,1 Bevaba en las manos y se la ofreció á la Princesa
Ena. Esta, por toda manifestación de agradecimiento, tomó en sus brazos silenciosamente á la Reina María Cristina.
La continuación del idilio en Mouriscout
y en Biarritz, fué una poética entrevista en
la isla &lt;le Wigbt.
La isla de Wight es considerada como el
jardín florido de Inglatena, es una tierra de
verdes praderas, en que se alzan las bellas y
confortables viviendas de los que se apartan
del mundanal ruido, para gozar en medio de
los campos de la dulce tranquilidad de la vida, desligada de las pasiones que ensalzaron
Horacio y Fray Luis de León.
Bajo aquel cielo purísimo, y entre los ramilletes de árboles siempre verdes, escribió
el noble y delicado Tennyson sus «Idilios del
Rey,,&gt;heroicos poemas, en los que se reunen
de un modo admirable la delicadeza y la armonía.
Todas las casas que se encuentran al paso
tienen jardín, todos los jardines están admirablementP- cuidados, y los caminos que unen
á los pueblecitos de la isla parecen paseos.
To&lt;lo resplandece allí de limpio; no se encuentran pordioseros, ni gente mal vestida.
Las jóvenes que se ven á través de las verjas
que rodean los hotelitos, son bellas, y los niños que juegan en las enarenadas plazoletas,
festoneadas de flores, presentan en sus mejillas sonrosadas el aspecto gratísimo de la salud y de la alegría.
Allí continuaron las agradables excursiones en automóvil y hubo otras en ~·ate. Poesí~, lujo, liJIOd; un Príncipe thnona,1t, que
fmt de la i:it1's.~1·; una abjuración en San Sebastián ¡ una canastilla de boda. espléndida: basta con eso para hacer soñar deliciosamente á todas las jóvenes modernas.
El Rey Alfonso ha siclo considerado como
un enamorado modelo.
Las circunstancias de su cortejo- que se
ha efectuado ante las miradas de todo el
mundo-han sido tales, que habrían desconcertado á un Príncipe de impulsos menos
generosos y naturales. Nada ha logrado interrumpir la expresión de sus emociones.
Por ello es que se dice, que los amores del
Roberano español han tenido más de idilio
que de negociación diplomática.

Según los datos de un estadista parisiense,
hay en Inglaterra 60,000 mujeres que viven
del periodismo, 12,000 en Alemania y 2,193
en los Estados Unidos.

�so con su prometida, respecto á la estancia de
Ena de Battenberg en Osborne. El Nwvo
Mundo, de Madrid, de fecha 2 de Mayo, de~·
cía:
''La vida de S. 1\1. en la isla de Wight ha
rontinuado deslizándose tranquila y sencilla
en la misma forma que en nuestra informaeión de la última semana dijimos. Esos días
I
consagrados al amor, han de quedar grabados, sin duda, en la memoria de Don Alfonso. entre los más felices de su vida.
l'no de loa .~port.s en que entretienen su
tiempo el Rey y la Princesa, es el jm;go del
.&lt;Jolf, que ésta enseña á S. M.
En las excursiones que hace el Rey en automóvil á diferentes pueblos de la isla, es cariñosamente aclamado por los habitantes.
Con frecuencia, lo mismo en ellos que en
Cowes, entra en las tiendas y compra. regalos
para su futura esposa.
Los palaciegos que acompañaban á Don
Alfonso, se muestran á veces intranquilos al
vérle salir solo por las calles y camino~; pero
la prensa inglesa está acorde en asegurar que
la persona del Rey de España no corre en estas excursiones el menor peligro.
Además, agentes de la policía espaflola (,.
inglesa velan por la seguridad de nuestro Soberano.
Por su parte, el pueblo inglés se muestra
f
encantado de que Don Alfonso haya ido á
.i
hacer el amor á su prometida, según las costumbres británicas; y Don Alfonso procura
!
ada ptarse á ellas como muestra de cariño ú
la Princesa. Los periódicos han anunciado,
entre otrai;: cosas, que ha cambiado su desayuno habitual por lmal~fn.,t, al uso británico. En cuanto á las excursiones hechas por
el Rey y la futura Reina, he aquí algunas:
S.M. eon uniforme de Capitán General de la
El día 21 recibió el Rey en el c&lt;Giralda» á
guardia del Rey
las Princesas \'ictoria ltugenia y Beatriz.
Estns llegaron al yacht á las once y cuarto.
IDILIO REGIO Don Alfonso lal:l aguardaba allí vestido de
Almirante. :El &lt;,Giralda" estaba empavesado
y arbolaba la insignia real, f,;f\, AA. fueron
EL REY Y LA PRINCESA ENA
recibidas con salvas. Les fué pre.sentada la
oficialidad
y visitaron detenidamente el buLos periódicos dieron en llam:ir idilio reque.
gio á las primeras entrevistas de Don AlfonCuando tomaron la chalul a para rrgresar
á tierra, fueron nuevamente saludadas con
salvas y aclamadas por la tripulación.
El mismo día visitó Don Alfonso el ,&lt;Club
Royal," que le había nombrado miembro suyo, y fué cumplimentado allí por multitud
de personas de la más alta aristocracia inglesa.
La Princesa Yictoria volvió al yacht «Giralda" el día siguiente, domingo, acompañada, por una dama, y oyó la misa en él.
Más tarde, el Rey almorzó con la Princesa
Victoria y Beatriz, en Osborne, y por la tarde fueron á visitar las ruinas del histórico
rastillo de Carls-Vrooke.
El lunes, Don Alfonso fué con el «Giralda» á Portsmouth. Recorrió la ciudad é hizo luego una detenida visita á los astilleros.
Lo examinó todo con niucho detalle, enterándose minuciosamente de los trabajos que
allí se hacían. El alto personal de los astilleros que le acompañó en la vísita, quedó
admirado de los grandes conocimientos de
marina que Don Alfonso posee.
El miércoles hubo en Osborne una gran
recepción en honor de Don Alfonso XIII,
ofrecida por la Princesa Henry. Fueron invitadas al acto las guarniciones de Portsmouth y las principales familias de la isla de
\\'ight; entre todos cuatrocientas personas.
El jueves, los Príncipes Leopoldo y Mauricio de Battenb1irg acompañaron á Don Alfonso á visitar el cuartel del primer batallón
de fusileros de Park-Hunt. El Rey, que vestía traje de calle, fué recibido con los más
altos honores militares y á los sones de la
Marcha Real. En el patio estaba formado el
batallón. El Rey vió luego á los soldados
practicar ejercicios gimnásticos. Le causaron
tan
excelente impresión, que manifestó su
S. M. con uniforme de la Marina Alemana

(

"LUCIANO," DE JOAQUIN DICENTA

No ha muchos días que Re eRtrenó en el
Renacimiento esta Yieja obra, nueYa para
nosotros. Asistimos á ia representación, el'l céptiros y desconfiados. pues, salvo el«.Juan
José,)) creíamos que Dicenta no tenía otrn
producción teatral que se elevase á la altura
de éste. Así es que fué grande mi sorpresa,
\'uando desde las primeras escenas i-e esbozó
un hondo sentimiento ele Yerdad y de belleza que impresiona y que conmuevP. Se me
as~ra .que Dicenta llevó un episodio de su
existencia y esto)' dispuesto á creerlo, porque hay en esta labor un natnraliRmo sinrero y vívido.

\

ciano y entonce~ ella le arrnja á la cara stis
dicterios inflamados de cólera .,· de despecho.
Le acu::a ele proceder ai-í para lograr su¡; propósitos amornsos cerca ele usu amiga, de e:m
extrn.v.,gante duque·a.i, Luciano no se &lt;lefiende, ¿,para qué? es verdad que la ama. que
se aman, pero ella es bon rada .v ¡;us cspíri tu;:
solamente han eelebr,1do las nupcias &lt;le ¡:us
anhelos hl,tncos..folia se retira y vuelve en
seguida, y al encontrará la ri mi' rn l,ra.zos de
la madre ele su esposo y llorando por la renuncia que hace de su felicidad y de su cariño,
pero que ella interpreta de diferente modo, se
indigna, acrecienta la maldad de su ser v en
torrentes de anatemHR punzantes C01110 afilados dardos, increpa, insulta y mata, sí, mata
á la madre de Luciano, c¡ue enferma df'l corazón, la ahoga la congoja y aplasta el C'ho-

'

f

~P.'Mli"'"/

~us fuerz,1s. lo agobiaron casi ya en la cmnbre
susµirada. El dl'~Pnlare, ele corte romancesco, aunque vi~lnmhraclo allá por los comien zos del clram:i. deja hond,, y persistente im}Jl'l'8ión. Sin Rer un proclip;io de análi:;is, se.
nota en la procluc&lt;·ión de Dicenta un algo de
anatomía soc-iológica -:,' otro algo de psiquis,
que, eomo (lecimos, muestran observación y
e:::tud io.
Yi rginia e;;tuvo ad mi.rabie en ~us cortaR
e8cena8, sobre~aliendo en la del estudio, entre elln y Cardona. En el segundo acto lucic'.i
un hermosísimo traje y un &lt;'oqueto sombrero, que alborotaron, es la palabra, á todo el
bello sexo. Yo tuve que cambiar de lugar y
pasarme {t 1,tra luneta, porque unas señoritas
que se hallaban dctr(1s de mí, no me dejaban
escuchar palabra de Jo que se decía en esqeni:i, comentando el lindo atavío que exhibi6
\'i,ginia .
La Sri ta. Luj.'tn, «.Jul ia," comprendió bien
su anti p(,t i('() papel, su brn yúndolo perfectanwntr. t:1ntn por HU talento artístico euanto
porque lo hizo mohina.
La :-3ra. ?l[onreal, y l'nrdona y Solares,
cum¡,liemn dcbid:uhente.
R.D1ó:,.;

S. M. con uniforme de Corenel del Ejército
alemán

---):o:(---

propósito de hacer introducir la gimnasia
estilo británico en los cuarteles españoles.
El viernes, Don Alfonso y las Prin
Victoria Eugenia y Beatriz realizaron
excursión á Southampton, haciendo la
veHía en un destróyer.' '

!

RJ\'EROLL.

COSAS OELl 1Y!Uf&gt;IOO

IIay seres que nacieron
pnra hacer daño,
y otros que ¡;úio existen
para ,iguantarlo~.
.\sí ancla el mundo :
unos haren la:- ~ogas
y otros los nudos.

,'

lI LWIBElt'fO

)llRA \'ALI ES.

- - - ) : o :( - Don Joaquín Dicenta, alto dramaturgo español.

S. M. con uniforme de Capitán General
de infanteria,

La historia es tri~te y, por lo mismo, real:
yo creo que la tristeza es la vida, y apoyo mi
1d~a en c¡ue siempre las obras de sufrimiento,
mientras más intenso es é5te, son más perdurables: Don Quijote es mns doloroso qu(\
el \\'erther. El dolor, desde que la humanid~d es humanidad, siempre ha sido, es y sera, el dolor, en tanto que los goces rambian
&lt;le aspecto como la serpentina de coloret'.
l~n.artista, de modesta cuna, pero de eleva&lt;lo intelecto, se casa con una mujer rica,
que no. comprende el arte y que desprecia
cualqmera manifestación de éste. Poco á po('O ~ va formando en el alma de la espom un
sedimento de rencores, que al estallar hieren
cruelmente al mari o en suf'l afectos más puros, en su devociéin: el amor á su madrn y el
am?r al arte. rna amiga de la infancia, una
ª.1!11ga suya, mujer dotada de alta compren81.0n, de levantado sentimiento estético, es la
piedra que da la chispa. La vanidad, los celos,
1mpul~n al carácter indomable é impetuoso
de Julia á extremas resoluciones. Desprecio
sobre d.esprecio que acumula rnbre la mttdre
de Luc1ano, precipitan á éste á la separación;
mas la esposa lo sigue hasta la nueva casa y
~ítende que vivan juntos, por temor al riculo, á lo que diga el mundo. Se niega Lu-

que. Luciano llega á recoger el último 8uspiro de su madre, y en furioso paroxismo arroja
á su esposa y clama desesperado: estoy solo;
solo para la vida; solo para e] llanto; solo
para el dolor. ((Estoy t'ontigo, -arguye dulcemente la amada, -ven, Ynrnos á rezar sobre
el cadáver de tu madre.n
La obra c&lt;prcndió,» romo se dice en jerga
ele bastidores. Tiene suficientes elementos
para ello, y el principal es E'l amor filial que
palpita en toda la pieza.
La acción se desenvuehe con suma naturalidad, esbozándose de cuando en ruando
uno que otro efectism o, no muy ligero por
cierto. La exposición, que está hecha de mano maestra, no és lfoguicla, sino animada,
contra lo que generalmente acaece. El enredo,
concentrado en el segundo acto, es en verdad
bello y emucionante. Se respira en todo él la
pasión en diversas formas, ) sus situaciones,
bien buscadas y sin amaneramientos, son, en
su contraste, conmovedoras. Hay aquí un
símbolo: una escultura que representa á un
hombre animoso y joven, que marchaba hacia
la cima, cuando se sentó á deEcansar, con tan
mala suerte, que lo hizo cerca de 1111 vivero
de reptiles, que uno á uno fuéronse anudando
á su cuerpo de púgil y en la multiplicidad de

DE LA CIMA A LA SIMA
\'eces hay que nuestro orgullo
nos alza y clevit tanto,
que el mundo cntno noi- llama,
primero que amigos, E"abios;
y por la misma razón,
clespt1és de vernos muy altoR,
nos baja de u1, golpe solo
ele ¡;a bios á menteralo~.
H EHinERTO )lIHA\' ALLE:-\.

- - -):o:(--EP I GR AMA

Y tú, ilustre Baltasar,
digno (·mulo ele l'i,/IN,
que has empezado{¡ creer
cuando empezaste {l dudar,
¿,cómo pretendes probar,
en tu ciego frenesí,
que todo termina allí
donde la vida termina,
si el juicio que te ilumina
no sabes si es juicio en tí?
HERIBEU'fO )IIRAVALLES.

�LA lNF,1,NTA MARIA TERESA,

balón: Cuartelad o; primero y cuarto
jo, tres leopardos de oro, que son •
terras segundo, en oro, un lc6n rojoa
ble trechor del mismo color de ~
tercero, en azul, un aspa de oro que
Jrlauda. En eecus6n, cinco faj~ de
cinco negras, cargado de un clarelfn6
Yerde, puesta en banda, qutJ recue
jonia. Y por último, corona de Printa
glesa, con cuatro cruces abiertas y
rones.
ltste escudo de armas de S. A. R. k
cesa Victoria Eugenia .Julia Eva Malia
tina de Batte11berg, ha sido revisadoJ
hado por S. M. el Rey Eduardo de
rm en Febrero de este año.
La divisa del escudo es: «In t.e,
spero. J&gt;
En las banderas, el escudo de · '
colocado sobre las armas peculiarede
terra, y la bordura general flobre Jil
&lt;+ran Bretafia.

Hermana de Don Alfonso XIII.

CASA BATTENBERG

El escudo de la Princesa
Se compone ele cuatro &lt; 1iartele¡;. En azu
un k•ón burelado ele plata ·" rojo, coronado
de oro, borJura mu,v estrecha de estos esmaltes; plata y rojo (. por lit taRa clu los Landgraves de HesRe ). Segundo y tercero, en plata,
dos palos dr sable negros, rle la casa Battenberg, y bordura general roja con ocho leopardos de oro, concedidos recientemente para
su escudo á la futura Reina de España por
Eduardo VII de Inglaterra.
Sostienen el escudo dos leones de oro, cada
uno con unn. bandera. Este tiene el Riguiente
0

•

------

-t-

fllp!!JjQ §CA •

EL PRINCIPE LEOPOLDO,

Hermano ·de la Reina Victoria·

F.L

PRINCIPE MAURICIO,

Hermano de la Reina Victoria-Eugenia.

Plaza de toros donde se verificó la corrida en honor de SS • .MM,-El Palacio de El Pardo.- Prado, donde será el combate floral.- Real Palacio de Ma:rid.
'
-San Sebastián, Playa de Bafioe,-San Ildefonso (La Granja),-M.onasterio del Escorial.

�I

Vengo al solar ilustre de tus abuelos
hoy tan rico en blasones como en anheios
¡ oh Rey! cuando en la fiesta de tus amor¡s
la ventura derrama todas sus flores.
Vengo del continente donde en un día
probaron tus mPsnadas su valentía·
donde llegó, pujante como una ola '
la fuerza de la hidalga sangre esp~ñola ·
donde Cortés sus naves hizo pavesas '
en la menor grandeza de sus grandezas
donde sonrió Cuauhtemoc sobre labras~
como 3:1tanero símbolo de su gran raza,
donde Junto á sus lagos, limpios y tersos
vivió Netzahualcoyotl pensando versos!
Veng0 de allí, de aquellos vírgenes lares
donde suena el rugido de.los jaguares,
á que celebre el e::o de mis canciones
el despertar glorioso de tus leones.
Traigo 1:1na lira~ cuestas, ruda y salvaje,
como m1 mar, mis llanos y mi boscaje·
traigo mi amor inmenso por esa Españ~
que llena cada siglo con una hazaña ....
Traigo una piel de tigre y una rodela
para tí, y en el fondo de mi escarcela
un rubí tan enorme que ya me agobia:
¡ ~ un beso de América para tu novia!
Se lo traigo desde esas tierras lejanas
con un ramo d ~ rosas americanas.
II
¡ Oh mancebo monarca! Va mi saludo
hasta tí en mi leng_uaje sencillo y rudo;
hablo como un cacique de mis montañas
hablar~ al Soberano de las Españas,
y en m1 lengua en que vibra la frase fiera
del indio y la gallarda dicción ibera,
te diré unificando mis fuerzas todas
lo que pienso en tu alegre fiesta de bodas .
Ella es como una fiesta de la Esperanza
'
es una aurora mvea
que á ver se alcanza'
desde la erguida torre de tu ca~tillo,
en que ya las espadas duermen sin brillo,
en que las armaduras se han oxidado
y donde en un obscuro desván, cerrado
está un libro famoso, libro de acero,
constelado de hazañas: el Romancero.
Hay en tí una promesa, Rey en capullo:
todo lo espera España del amor tuyo ... .
Tienes savia de ensueño, tienes el ansia
del porvenir .. .. Volaron desde tu infancia
sobre tí, incertidumbres y profecías
de futuros alientos y nuevos días ....
Y al despertar al mundo, joven y fuerte,
con desdén de monarca viste á la suerte,
y fuiste como un brote de vida sana
ceñido por la vieja·corona hispana.
En deliciosa frase de sabor ático
te llamó Amado N ervo: "El Rey Simpático."
Dijo bien el po~ta: simpático eres
así, lleno de amores y de poderes
como un David que canta mientras gobierna
soñando en una dulce sonrisa eterna ....
David eres, Alfonso .... Guarda tu honda,
y besa á tu adorada Princesa blonda!
Tu vigoroso aliento de primavera
te empuja hacia la lumbre de la Quimera;
sientes en tus arterias hervir el brote
de la noble locura de Don Quijote,

y vas á donde quiera la voz te llama
a.e Dios, de tus banderas ó de tu dama,
¡ l'u dama! Tu cariño caballeresco
·
tu anhelo siempre virgen y siempre fres •
¡ cuántas veces soñaste con el destello co,
deslumbran te y dorado de su cabello!
¡ cuántas veces soñaste con sus pupilas
azules, muy azules y muy tranquilas!
Sabes amar y sueñas ¡ oh Soberano!
y en esto, Rey Alfonso, yo soy tu hermano
Bajo el oro bruñido de tu corona
'
un ideal celeste no te abandona
y hay un n_ombre divino que adoras: ¡ Enal
como el Cid ~mó el i:ombre' de su Jimena. ...
-¡ Oh ~nsuenos lummosos de ansia infinita,
románticas locuras .... ¡ Oh Marr;rarita
Beatriz, Ofelia loca, dulce Eloí~a .... '
todas pasáis cantando como la brisa !... .
Dulcinea, Leonora, Noemí, Roxana ... .
todas sois como un cielo por la mañana!Sabes am~r, Alfonso: Tu primavera
florece baJo el oro de una quimera ....

rn
Hoy tu.España, señora de horca y cuchillo,
baja el puente en su viejo feudal castillo,
lleno de muertas glorias y tradiciones
que guardan dormitando sus dos leones.
Suena un clarín el toque de vasallaje
desde la altiva torre del homenaje ....
¡ Vienen la castellana y el caballero!. ...
¡ Abre sus viejas páginas el romancero !
Brillan las fuertes hojas de las espadas
y fulgen las cimeras empenachadas.
El obscuro castillo de sol se llena
con la duke mirada, clara y serena
dela Reina consorte que flor parece
prendida al regio brazo de Alfonso trece ....
¡ Oh feliz Rey Alfonso! Bien haya el día
en que á su amor rindióse tu bizarría!
Es rubia como el oro de los trigales,
es rubia como todos 108 ideales ....
-- Greatchen espera á Siébel en la ventana
y es rubia, como es rubia también Roxana
y Beatriz y Eleonora, Laura y Julieta,
¡ todas las que son rsueño de algún poeta!··
Haces bien en amarla. Su sangre viene
de la sangre de Shakespeare y Mil ton. Tiene
la romántica cuna de Lanzarote,
el caballero primo de Don Quijote.
Es el sol de su larga guedeja blonda
el sol de la intachable "Tabla redonda;"
Merlín la trajo al mundo por rara senda,
y hay en sus ojos vagos una leyenda!
Cuando tu mano enlaces con la pureza
de la mano de lirio de tu P rincesa,
cuando juntas tu sangre noble y bravía
y su sangre, prolonguen tu dinastía,
irá el leopardo insigne de los britanos
al par que los gloriosos leones hispanos
y dirán asombrándose las naeiones:
Han unido dos razas dos corazones;
dos pueblos han unido sus esperanzas,
en la alianza más firme de las alianzas:
¡ los ha unido con lazo fuerte y fecundo
el amor, soberano dueño del mundo!
.A~'l'OXTO

.:\IEXDTZ EOLIO.

Mérida de Yucatán, 1906.

�~7
pre~iones de una visita hecha á la e -E
ratnz en la «villa" Cyrnos, llena de\io~~e~
perfumes, pe~·o llena también de los recue~~lj,c:
profundos é imponentes de una vid t . .
ten~a como ha sido la de la Ernpe ªt :i,n
O'ema l fi
, .
ra riz üll:
r' ~ gura mas Y1brante de mujer del r:;ibl lod~hIX, la (jlle gufitú las embriaguereR clt&gt;
a 1c a y del dolor.
' ·
.Matilcle oerao fué recibida por la F
.
tr1z
Eugenia
ton
el
eariño
de
un
"t°:'1pernl l
·
a an 1gua y
e~'l andstad, Y ambas hablaron largas hora~&lt;:
"~n o recuerdos y páginas de su e ...
tencrn .
XIH.Y der:;pul:S de los recuerdos la ae .. 1 .
1•ntora qmso
· conocer la opinión
' de la
n m,1 CBe re ia
~cerca ~e acontecimientos y suce!os~¡~
.ic ua1I ad, siendo uno de éstos el enlace de
Don A_lfonso XIII con la Princesa Victorh
Eugen,1,3 • rnbrina de la Emperatriz.
'
-d.'.cH1 .... Estoy contenta ...... Contentí,.ima
-, · !JO
· con su voz cristalina
~
. 1a ex · Eropera t nz
el• ~nstmulanltI;·-1\Ie llena de alegría este 'ras;IT·ucn "&lt; e
· da ....
, , :1.('y de EsJ)aiia' con m1· a h'JJa
,:m1&lt;; lll;t~, cuanto que es un acontecimiento
singu :m::;1mo. ¡Quién me hal,ía de d ,. .
h~?e c1nc~1enta años~ á n1í, espaliola, qu(; el~;~~
~1 ~ncesa .rnglesa sena un día Reina de Es pan~ .. Y, ::;m .em~)argo, esto, que entonces hul~1eia paree do imposible, va á realizarse hoy
rnusando el hecho tanta alcO"rÍa e11 )l'c·pa.:. '
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•"&lt;&gt; mo en I nglakrra.

T;n-

~ªtª

::}Júiia, ~~ ~ , u 4 ~ ,
~t/dd%,

Anécdotas de actualidad
,\ lgún tiempo antes de que ,\lfonso XfTI
crnprendiera su viaje á Inglaterra, se encontró una tarde con una vieja que le intereRÚ
por sus modales y su fisonomía. Como quisiera regnlarle algunos duros, ella contestó
con desdén, rehusándolos :
-Rey, guarda tu dinero. Mi raza es mús
antigua que la tuya, pues soy la última descendiente de los almoravides que reinaron en
Marruecos y en el Sur de España, durante
l0s siglos XI y XII. Yo soy quien te voy :l
rep:nlar una moneda de oro.
Y diciendo y haciendo, la mujer dP.slizó
en la mano del joven Rey un zpquí que tenía grabada la efigie de Isban, hijo de Tache:fiu, último Rey de los almora vides, muerto en 1747 por los almoades.
-Conserva toda la vida este talismán ,
~gregó, pues te preservará de los mayores-peligros. No existe más que otra moneda igual
á ésta. La he dado á una joven admirablemente hermosa que pasó por estos lugares á
caballo, cierto día. Yo había caído á un
Ya11ado y me había herido la cabeza. La
hermosa ·joven, á quien llamaban Alteza sus
acompañantes, bajó del caballo y me vendó
la frente con su pafiuelo. Rey, si alguna vez
hai,; dr. casarte, no lo hagas más que con esta joven, pues sólo ella te hará feliz.
Este suceso corre en Madrid de boca en
boca. f-\e asegura que Alfonso XIII mostraba
al Presidente Lou bet la moneda de oro relatando su historia, cuando ocurrió la explosión de la bomba en la calle de Roban, en
París cerca del uoche que montaba el Soberano ,y e1 primer Magistrado de la Rep6blira franr.esa. Dkese también que el Rey Alfonso supo en Londres quién era el poseedor

c1el otro zequí. La joven admirable
hermosa, y admirablemente buena, que
dó á la \'irja con su pañuelo, no es otn
la Princesa Ena de Batt~nberg.
Y de allí las actuales bodas real~.

- - ---Según la leyenda, Júpiter envió á
teo, en hono1· de su libertad por H
un anillo en el cual estaba engarzado unPf
dazo de la piedra á la que Prometeo habfa tf,
tado anteriormente encadenado.
En la mitología del Norte, el anillo-.
boliza el puente de éste al otro mundo, 6
S. M. con unifo rme de Capitán General
gún otra idea, el arco-iris, símbolo de
de caballería
nidad. De aquí, es claro que desde los ·
pos 1ds remotos el anillo ha sido el sím
~t
de eterno recuerdo. Desde los primeros
con la Princesa Victoria
del Cristianismo, el anillo ba sido un&amp;
según la Emperatriz Eugenia
ciosa promesa de fidelidad, el talism'dos almas formando una sagrada vida. •;n ~l perió~ic~ el Uivrno, de8cril,c l,1 gca escritora italiana Matilcle Serao, las im.
unión.
La costumbre de usar el anillo de
el cuarto ~edo de la mano izquierda,
su origen en el Egipto, de donde lo
los griegos, y de éstos los romanos. ~
cuarto estaba dedicado á Apolo, el Di
Rol, y el oro era un símbolo adicional
Además, se creía que el dedo d~ Apow
ba en conexión directa por medio d~
\1
vio con el corazón, y era muy propio
emblema de una unión de amor desean
este dedo. Otra teoría es que el anillo
signo de esclavitud; y por Jo tanto.
do en la mano izquierda, como la m
débil. En Alemania, el anlllo de
miso á menudo sirrn para el de bod
do u~ado en la mano derecha hasta el
monio v entonces en la izquierda.

PENSAMIENTO

,Lo::; culpable~ por amor, siempre están
mas ce:ca de alcanzar de Dios el perdón que
l~s deh?cuentes ~mpulsarlos por otras c;usas
aJenas a este sentuniento.

ro•

'

.

EL PRINCIPE ENRIQUE DE BA

Padre de la Reina Victoria-Eug8
DON ALFONSO XII,
Padre del actual Rey de España,

S. ~1. con uniforme de Capitán de Marina
y banda.

utrimoaio Jon Alfonso Xlll

\

S. M., con uniform d
. ,
To· ,e e Cap1tan General y
ison de oro,

1

DoN FRANCISCO DE !CAZA

Ministro de Méxino en Alemania y Enviado Extraordinario de nue tro Gobierno
para representarlo en las bodas reales de S.M.
Don Alfonso XIII.

.-Y ¿es verdad-preguntó la curiosa e,cntora-9ue Vuestra Majestad ha tomado
parte activa en las negociaciones preliminares de esa boda, como se asegura?
-¡Bah! Lo dicen, pero .... .. no es verdad
-excl~m6 la Emperatriz vivamente. -Y ¡:;i
fuera cierto, no cabe duda que me vanagloriaría de ell.~...... Pero no es verdad ...... ¿Sabe
uste~ qm,ei:i ha combinado este matrimonio
tan s1mpallco? Alfonso vino á la Corte de Inglaterra quizá porque se trataba de ver si f:e
podía cm~c~rtar su matrimonio con la 1'1 inc~sa Patricia de Connaught. Los jóvenes se
vier?n·····: pero no simpatizaron. Pol'el contr.~no, el J?ven Rey, vehemente (, inquieto.
fiJo. sus miradas en una arrogante doncella
r~ ~rn, elegante, rosada, que le sonreía: la
I rrncesa de B~ttenherg. ~e conoeiero11. bt'
bu~~aron, Yolv1eron ú verse, hablaron .... . )1 i
ah1Jada e~ mujer !llªY inteligente..... El amor
b~o~? de 11n~1;ov1so y en el joven Rev se conVll'tJO en paston arrolladora, loca .. .'... Ya lo
v~ ustc~. ~o soy yo quien ha hecho esk matr1m,c~1~ .. ... . ¡Ha sido el amor!. ..... La Reina Cnstma está complacida del enlace y los
grandes de España, á pesar de su e~píritu
conservador, se dejarán convencer por la belleza Y vivacidad de la futura Soberana. ,i

S. M.~con uniforme de Hú1ar.

�.

Real Palacio del Pardo.-Salón donde tuvo lugar el solemne acto de las capitulaciones de SS. MM.

Hombres de empresa, y de espíritu sano
de es1)('culnción, c:onstruyen á gran prisn fueSOLUCIO~ DE UN SERIO PROBLEMA
ra de la ciuda&lt;l, habila&lt;:iones cómodas, de
renta económica ó de reducidos precios de
venta, poniéndolas al alcance de las clases
Los propietarios de finca:; urbanas han he- media y menl-'sterot'a.
Xaturalmente, el yecindario dt&gt;l México
cho &lt;le uua e,peculaóó11 lícita, co1110 es el
\'it-jo
y aun el de la parte nueva de la capital,
arrendamiento &lt;le habitaciqncf'.', un &lt;lesenfrenado me&lt;ltu para extorsionar al i11qui- empieza á emigrar &lt;lispen,ándose por los alred, dom,, fijando su re¡,.idencia en los pueJino.
El problema parecía ele dific.:ilíéma i-olu- blos del Distrito, en donde Fe han formado
1.:ión, puc::; se hu vi~to &lt;Jlll', mie11tn1i-: 111:'1¡.; in- centro.,; de pohlaci(m con amplias ,v cómoda,
crl'ml•nto torna el l·~pírit u de con.-t1 t1t&lt;.:iú11 y habitac.:in11e:,; y al alcance de toda8 las f:1mireeJifü-ación, al grado de que la tiud:id i:;c l11t Jias que hai:,ta la frthn hal,í:rn sufrido , J nrnrextend ido últi11rn111u1te c11 todas dirccc·io11e~ tirio de lwhitnr las rnal a&lt;"ondie;io11ad:1s vcy li:L ts('alado la n lturn c1Jll su¡; cdi licios de cinclaclcs de la ciudad, YiYienclo entre cuatro
vario:; piHof'.', los precios d1• arrenda111it'11lo ¡,:,redes el)tt echai-:, cumo ot-lioncs en su conhan suui&lt;lo al par (JUC )ns hauitUCÍOllC:, Ull - cita, rct&lt;piran&lt;lo aire impuro y Ein luz, sin
n:1,ti laciún sufiri&lt;'nte y pagn ndo por arrenda111c11ta n.
El problema 11arccía insoluble, pero cmpic- 111ie11to sumas que ~ig11ifk111 {t Yecc~ la mit}1d
ó poco mús de Jo:; presupuestos &lt;le entradas.
ia {t resol ver:-e.
De ()~to, een tros de
r==~===;::~~==;==r=~~·~··~-~---.. - '."", - ~ población, uno de los
nüs i 111 portan tr~, es
la colonia tic 1cEI Impareial» por sus magll íficas condiciones.
Es propietario y
fu ndador de la colonia, el Lic. Rafael
Reyes Spíndola, editor de los peri6dicos
de las Damas, y á eso
se debe que lleve el
nombre de uno de estos diarios aquel centro de poblaci6n.
La colonia cuenta
con saneamiento, pozos artesianos q u e
producen agua en
abundancia y una fila de jardines, á uno
y otro lado de la calzada por donde cirIglesia de San Jerónimo, donde se verificó el matrimonio de SS. MM.

Las nuevas colonias de los alrededores

,

culan los trenes eléctrico~. La
situada en el punto más sano del
Federal.
El silencio es l:i elocuencia del
que su lengeaje es el alma.

�</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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