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.

ARO VI.

...

······ ~¡
!

~'
11 -

MÉXICO, DOMINGO

24

DE

Juxro

DE

1906.

DANTE ENAMORADO
Cuadro de Bernardo Celentano.

�-

Comienzan las lluvias.

so, sobre todo por las tardes, cuando las nubes
se dignan regar la~ calles y las casas.

323 -

jaudo caer sus miradas á uno y otro ladoQI::
infantil orgullo, como si quisieran decir¡
todos los transeuntes: ¡Miradme, coneltiem;
po llegaré á ser un ~apoleón! ...... Loe 1111chachos, por legiones, invadían las~
ocupahan las plazas, dominaban las al~
y, formando bandos y nombrando cau ·
se daban acciones terrible\ á pedradas,'•
rrotazos, resultando no pocos heridos.

A riesgo de que se me compare con aque- ¡San Juan!
llos que no sabiendo de qué conversar comiem:an hablando del bueno y mal tiempo,
M.o iíanit" de Sa,i Juaa,
"ºY á dar hoy pri9cipio á esta cróni~ con
,iifla te1nprano,
ilfCldruya,
semeianfo asunto, pues cuestión de tanta imPnra
darle
el col'azón
portancia y de tan vital trascendencia como
Al
galán
que
pw,o el ,·rtmo.
es la de que haya llovido, merece que se le
copsagren unas cuantas líneas.
_
Este conocido cantar español era antes
El combado cielo diáfano y puro, con el asobedecido
al pie de la letra, siguiendo una
pecto de una gnm bóveda de cobre; cruzado
por un sol abras¡idor que todo lo quemaba y piadosa costumbre. Levantábanse las muenvolvía todo en su ígnea capa, coNOTA DE ARTE.
mo desafiando con su magno poder
á los buenos habitantes de esta metrópoli: Tal era la situación.
Pero he aqu.í que cuando menos
se esperaba, nPgras nubes comienzan
á cernirse en el espacio, opacan la luz
del medio día, cubren con su negro
manto al poderoso Febo sin dejarle
resquicio alguno para lanzar sus rayos quemantes, resuenan los primeros truenos, 'y. ..... un torrente de llu- .
via benéfica cae Robre la tierra sedienta.
El bienhechor Estío vuelve, como
todos los aiíos, á proteger la fecundación de las plantas. Yuelve como
siempre, con sus mañanas calurosas
y con sus tardes nubladas, sombrías;
con sus aguaceros abundantes y con
sus noches húmedas y negras.
¡Con qué ansiedad se le esperaba!
El ardiente sol de Mayo tenía casi
tostadas las praderas, los arbustos de
las tlorestas languidecían scdi~nt9s, las plantas se marchitaban, y los
ríos, penosamente, se arrástraban por
sus lechos de arena, agotados casi por
el quemante sol que parecía querer
concluir con la obra. üe Primavera.
Mas, las primeras lluvias han caído y todo vuelve á animarse,
El Estío, la estación de los claveles y de las frutas maduras que con
él comienzan ít deleitar con sus sabores exquisitos, tiene también sus
encantos. Como la Primavera, tiene
sus plantas, sus flores, sus aves.
En los jardines, vénse brotará la entrada de la estación estival y eon ma- COf'4.CIEillTOS OllGAfi.lZAOOS POll Eil.l faAESTllOll'IIBfi.ESES,
seño:t&lt;a Antonia Oeboa de l'l!i:t&lt;allda, quien ha obtenido
yor espontaneidad que en la Primauo nuevo t:t&lt;iunfo en las p:t&lt;itne:t&lt;as g:t&lt;atas veladas
vera, olorosas flores que, como lamadel Teat:t&lt;o:At&lt;beu.
dreselva y las mosquetas embalsaman deliciosamente el ambiente, impregnado de lluvia y por el que revolotean in- chachas á la hora del alba é iLan á recoger
de sus puertas las flores que sus amantes
sectos de formas extrafias y diversas.
Son los mensajeros del Estío, los que en ponían en la velada, como lo dice el cantar
Abril eran larvas, en Mayo ninfas y que el copiado.
Hoy, de eso ni quien se acuerde.
soplo ardiente del mes de Junio ha transLas antiguas costumbres se pierden, la ley
formado en voladores desarrollando sus alas.
Otros insectos, las luciérnagas, que pue- eterna de los tiempos todo va cambiando,
No ignoran los lectores de estos pe
blan y se rebullen por el aire formando las ¡hasta nuestra afición á jugar á los soldadi- · que el esforzado maestro Don Carlosf
figuras más fantásticas y caprichosas, hacen tos va desapareciendo!
neses, á quien tanto debe el arte m·"a1
La fiesta de ~an .Juan, no es ya la bélica
que, por las noches, las llanuras y hls fronMéxico, organizó este año, com~ alié •
dosas copas de los árboles, parezcan regados fiesta de otros años; pocos son hoy los niños sado, una serie de conciertos v dal88
que
sueñan
desde
una
semana
antes
con
el
de fino polvo de oro que brilla por intervalos.
trumentales que han comenzado á .. ::..1
Y así, el hombre, para quien son las ga]as traje militar que han de ponerse en esa fe- el teatro Arbeu nuestro coliseo OJllil9'
de la naturaleza, saca fruto y deleite de todo cha, y en nada se parecen á aquellos que
'
hoy.
..._
eso, marchándose al campo, en tanto que los aún ven la memoria de algunos, alborotanEllos han alcanzado, artísticamon..,
do
las
calles
con
trompetas
y
tambores,
paque no pueden se aburren en la ciudad,
gran éxito, pero, vistos desde otro
donde el tiempo de aguas es triste y fastidio- seándose arrogantes y con aire marcial, de-

I

-

.. -.. ·1:·

..... :;
.. ..
,.
.·~
• ···J,

.....

.,.

t

,

'!,,OS Co·~CIERTOS ÜRGANI~ADOS POR !L MAESTRO MEN!SRS.
• Setl.onta Bofia Camacho, qme~ ha sabido conquistar merecidos
aplausos en las dos pnmeras veladas de Arbeu.

vista, .sus res?ltados han sido poco, muy pooo satisfactorios.

En México, aunque la población cuenta
con más de trescientos cincuenta mil babi·
tantea, y aunque los que tienen posibilidad
de concurrir sean muchos, el hecho es que
llO ~ n de proteger el teatro, ni de gastar
• en el, y por eso · el número de concurrentes
es pequeñísimo, increíble, atendido el censo
de la poblaci6n.
Ademáli, la circunstancia de ser nuestra
eapital una ciudad, aunque populosa relativamente, incapaz de poseer una cantidad de
~~~rrentes á_ los espectáculos, que pudiera
dmdllSe en diversas, fracciones á cada una
de las cuales debiert atribuirse una inclina.ci6n dominante, hace que no pueda conside~ á su púb]i~o sino como muy pequefio y s1empre el mismo.
, Patente es que la clase rica de nuestra sociedad no gusta de concurrir al teatro, sea
el que sea el espectáculo que en él se le ofrezea Ypor bien montado que se le presente.
.Y como aqllí no sucede, cual en Buenos
Aires, por ejemplo, que una población flotaate, numero~a, sostenga los teatros, resul-

..

..
'

\,

~

'('·

"•

""'
.... r.,"1".

,·

EL MAESTRO, ~ENESEs, 9rganizador de los conciertos que con tau' r
grande exito se están verificando en el Coliseo de la calle
de San Felipe Neri. '
.
~· i

ta que sólo queda la clase media para mantener los espectáculos públicos.
Esta, como es natural, forma un conjunto
heterogéneo en que hay unos cuantos sólo
unos cuantos, propietarios, muchos en~pleados ,pocos comerciantes, algunos artistas uno
que otro escritor y ningún artesano á do ser
los domingos, en que concurren m~chos aficionados de esa clase simpática,
Ahora bien, en tal conjunto, hay que notar una cosa, y es que, su gusto no es único
aún no está formado y su inclinación es co:
roo su gusto, versátil y poco profunda.
Porque es natural: ayer Fuentesibacreando con sus trabajos la afición á la comedia·
pero se va y viene Meneses que hace com~
prender las be1lezas del arte sinfónico· mañana vendrá Novelli y adrdrarem~s las
grandezas de la tragedia y las gracias de la
cum~dia de costumbres. Resuitado: que ese
pú~hco peque~o r heterogéneo á que nos refenmos no se mclma con prefere11cia á nada.
De allí, á nuestro modo de ver, la poca
concurrencia á. los teatros.
El público ha estado esquivo con Meneses.
Semejante conducta causa pena, y tiempo es

.... .~·

!ª

de que no ~ontinúe, ,pue~_o que ha ·•Ílei:,ado pata México una epoca de µiayor cbl:ura, Y p~es~~ qt1e lo.s artistas tienen derefaho
a la adm1rac1on de sus conciudadanos.
{or qué, pues, no acudir alllamamieilto
de, 1~aestro Meneses y ·no estimularle:en sus
trabaJOS en pro del arte?
,
"C'n hombre con el empeño que tiene el hirector de la Orquesta del Conservatorio por
hacer adel~ntar el ar~ musical, hubiera sido
:n cualquier otr~ pau~ ayudado pot todos.
¿Por que en México no ha de ser lo mismo
cuan~o Meneses, como á. todos nos con ta'
venciendo terribles obstáculos ha llegad~ {
fuerza d; perseverancia á sost~ner la Soéi;.
cl_ad Ar~stlca de la Orquesta del Conserv-atono Nac10nal de Música y á dar anualmente
los magníficos conciertos vocales é instrumentales que ofrece?

,·¡

La feria de Tlalpan.

•i

El domingo hubo alguna animación en
TI alpan: la feria que parecía haber acabado
pues d~r~,nte los &lt;lías anteriores no hubo gen:
te, rev1v10 algo.
Hubo unas lucidas carreras de caballos
por la mañana, que organizaron los oficiales
Y alumnos de la Escuela Militar de Aspimntes, de San !ernando, las cuales se vieron
muy concurndas.
Hoy, probablemente, será un buen día pa~a l~ fena, pues se preparan muchos á irá
pasar el día á Tlalpan; la Banda de Policía
dará,en la Plaza Principal una audición
po~ la, n,oche habr~ baile J fuegos d&amp; artificiJ.
~era este el últuuo d1a de la tradicional
feria de la Pascua del Espíritu Santo, vergonzosa sucesora de aquellas famosísimas que se
celebrabaa en la antigua Ran Agustín de las
Cuevas.
Agustín Agüeros.

-. ----

1

~•

•

~

El mejor ele los hombres es el que hace bien ú los ha1111bres.
X o debe uno avergonzarse de preguntar lo que ignore.
El _sabi? ·conoce al ignorante, porque él
1
siclo, 1gn~rante; pero éste no p1nede
Juzgar a aquel, porque nunca ha sido sabio.

;1a

CHAPULTEPEO,-El Lago.-(Fot. de "EL TIEMPO ILUSTRADO,")

•

�-

La Venganza de un Santo
I

Saliendo del pueblo por el lado del Mediodía, se encuentra una casita de modesta apariencia y rodeada de un huerto.
Habitábanla por los años de 1836 dos
hombres.
Uno de ellos vestía el tosco sayal de los
Hijos de San Francisco de Asís.
El otro llevaba el traje típico del país, y no
. costaba mucho trabajo á cualquiera qne con
alguna atenci6n le mirase, hallar en toda su
persona un no sé qué de modestia y reco.gimiento, que daban á entender bien á las claras
que no siempre había sido aquel su modo de
vivir.
Así era, en efecto: ambos eran dos pobres
exclaustrados, dos víctimas de la bárbara re-.

324-

aparecer luego de la patria de San Fernando,
quedaban almas piadosas que, llevadas en
alas de la caridad y aun á riesgo de incurrir
en las iras sectarias, procuraban hacer todo
el bien posible á aquellos mismos á quienes se perseguía por el solo crimen de amar
la virtud y perseguir el vicio.
II

En una calurosa tarde del mes de Agosto,
estaba Fr. Manuel sentado á la sombra de
uno de los árboles del hm:rto.
Leía en un libro que tenía abierto sobre
las rodillas .
Algunas veces apartaba de él la ,·ista, y
entonces, apoyando la frente en las manos,
quedaba como sumido en profunda meditaci6n durante algunos minutos.
El Hermano illartín, entregado á sus tareas agrícolas, ora removía la tierra en derredor dé una planta, ora rc:gaba otra.

KERMESSE

DE BE~EFICENCIA EN SAN

LUIS

-Est~ uste~ °:;lY _d~bil y enfermo, si no
me en_gano-s1gu10_ diciendo el caritativo lego, mientras exammaba de pies á cabe1.a ,
su interlocutor.-¿.Quiere usted tomar algú
alimento?
n
-¡Gracias, no quiero nada ...... s6lc, deseo
descansar! ..... .
-En ese &lt;:aso, puede usted entrar en el
huerto y sentarse á la sombra de los árboles
pues el sol le debe de hacer mucho daño. '
El desconocido ni respondi6 ni se mo,·ió
del sitio en que estaba.
-Pern ...... ¿de veras no quiere usted nada
hermano?
·
-Sí-contest6, dando una patada en el
suelo y mirando por vez primera al lego _
¡quiero que ust.ed se calle y me deje en ¡~z!
En este momento termin6 Fr. Manuel su
lectura, y al advertir que el Hermano Martín J..ablaba con una persona extraña, se dirigi6 á aquel sitio, llegando á tiempo en que

ª

~·OTOS !,

-

El mendigo, junt~pdo las manos e~ a_ctitud suplicante--:,· deJandosc caer de hmoJos:
- ¡Perdón, Rodrigo!- balbuceó. - ¡Perdón!...... ¡Hace tanto tiempo que d~seaba
verte para.que me perdonaras!. .....
~ntes que las rodi llns del pobre viejo hubi;ran tocado en tierra , ya Fr. llanuel le habla cogido por un brnzo, y alzándole: ~
- ¡\'en!.:_le dijo.-¡Has sufrido mucho! ...
¿no t&gt;s verdad"? ... ... ¡rlesdichado!. ...... Pero
no temas .... .. yo te perdono ...... y Dios también perdona n los arrepentidos...... ¡Xo he
resado de pedirle que me otorgara la gracia
Je verte arrepentido antes de morir ...... y
hoy me la ha concedido!.. .... ¡Cuán bueno
es nuestro Dios! ..... .
- ¡Ah!-exclamó el clesp;rnciado.-¡EreR
un ángel!. ... .. ¿.Así te vengas de las injurias
que te hP- hecho?
- ¡Psch!-interrumpió el fraile!-¡Eso ya
pas6 y hace mucho tiempo que lo he ol,·idado!......
·
-Sí; ¡nsí es como se vengan los santos!~igui6 murmurando el mendigo, mientras se
dejaba caer en una silla y tomaba una taza
de caldo, que le había ofrecido el Hermano

325 INFORl\lIACIO N

SOCIAL.

Martín.
III
¿Quién era el desconocido y cuál era la

amsa de su sorpresa y de la del fraile al enoontrarse?
Hijos :6nicos de dos de las familias más ricas de la provincia, habían nacido en el mismo pueblo y en el mismo año; juntos habían
pando la niñez, juntos habían asistido á la
e.scuela, habían pasado los años de su carre-

"Kermesse":de Beneficencia en San Luis Potosí, á favor de la "Escuela de Artes Católica "
de aquella localidad.
'
En esta fie~t~ toro.aron parte señoras y seiioritas de la elegante sociedad potosina.
_D;stingu1das damas y caballeros concurrieron á la "kermesse."
Puesto de cc1tJ.fetb1, a cargo de la sefl.ora Pilar Agüero de Inurrigarro. Acompañaron á la distinguida
dama, varias hermosas señoritas potosinas.

NOTA:soCIAL.

.......
Puesto de helados de las señoritas del Hoyo

Puesto de pasteles, á cargo de la señora María G. de Cosío de Soberón.
Fot. de A. Váz,uez. San Luis Potosí.

•

volución iniciada en Madrid en 1834, imitada después en varias ciudades y que tanta
sangre inocente cost6.
Llamábase el primero Fr. l\Ianuel, y había sido guardián del convento de Z... hasta
que los revolucionarios lo arrojaron de él; el
segundo, que había sido lego del mismo convento, y que se llamaba el Hermano Martín,
nunca había querido separarse de su aniado
padre, nombre que solía dar á Fr. Manuel.
La casita en que los encontramos era de
un tan rico cuanto piadoso propietario, que,
al verlos pobres y desamparados, la había
puesto á su disposici6n, sin exigirles más que
sus oraciones, pues, gracias á Dios, aun en
aque!;.os días de llanto, en que parecía que
las furias del infierno se habían apoderado
del espíritu de una gran parte de los españoles, y que la fe cristiana se agitaba en las postreras convulsiones de su agonía, para des-

Cerca de una hora se habría parndo así,
cuando el lego vi6 llegará la puerta del huerto y sentarse en un poyo de piedra que allí
había, á un hombre míseramente vestido,
apoyado en un palo y llevando un saquito á
la espalda: era un pobre anciano á quien la
excesiva miseria había reducido al lamentable estado en que se encontraba; su rostro
estaba tostado por el sol; llevaba la cabeza
descubierta; el pelo, que era bastante largo,
estaba en completo desorden; la barba erizada; iba descalzo y apenas si un pantal6n y
una chaqueta muy rotos y más sucios todavía, cubrían á medias su demacrado cuerpo.
-¡Oh! ¡pobre anciano!-exclamó el Hermano Martín al verlo, y dejando su obra se
dirigi6 á la puerta, diciendo al desconocido:
-¡Buenas tardes, hermano!
-¡Buenas tardes!-contest6 el pordiosero
sin levantar la vista del suelo.

el pobre lego escuchaba medio asustado. las
duras palabras que le dirigiera el anciano
con quien hablaba.
-¿Qué es eso?-pregunt6.
.
-Este pobre viejo que, enfermo y débil
como está, no quiere tomar ningún alimento.
Al oír la voz de Fr. Manuel, el pordio!!ero
se había puesto en pie y empez6 á mirarle
con mucha atenci6n.
También el fraile le miraba, pasándose repetidas veces las manos por los ojos, com_o
si quisiera quitar un obstáculo que le impidiera verlo á su gusto.
Así transcurri6 algún tiempo, sin que nin·
guno de los dos osara hablar.
Por fin, Fr. Manuel di6 un paso hacia el
desconocido, y extendiendo los brazos, ex·
clam6:
-¡Antonio!

Fot, de A. V:izquez. San Lu's Potosí.

ra en el mismo colegio, y en un mismo año
habían quedado huérfanolil, pareciendo que
un misterioso destino los había querido unir
hasta. entonces por la igualdad de la fortuna
y la comunidad de la desgracia.
Sólo al quedar sin padres se separaron: Rodrigo, que más tarde se había de llamar Fr.
Manuel, obedeciendo los preceptos evangélicos, vendió sus bienes, los di6 á los pobres y
abrazó la vida religiosa; mientras que Antonio_ se translad6 á Z.... .. , donde, después de
olvidar poco á poco sus creencias religiosas,
f~1é t-1 judío de aquel país, hacieudo desgraciadas á muchas familias con la usura.
Pocos años después, fué nombrado guardián del convento de Z...... nuestro Fr. Manuel, al saber los desafueros de su amigo de la niñez, trat6 de corregirlos, valiéndose de su antigua amistad; pero lejos de consegqirlo, s6lo obtuvo que un día lo pusiera
Antonio {¡ la puerta de la calle.
Algún tiempo después predic6 Fr. l\Ianuel
u_n serm?n, _en que impugn6 la usura; pero
sm aludir 111 remotamente á la conducta de
Antonio. Lo supo éste y jur6 vengarse de lo
que él llamaba desve,-giienza8 de los fi·oileis en
la primera ocasi6n favorable.
·
'
Poco tardó ésta en presentársele con la
r~volución del afio 1834, y entonces, poméndose al frente de algunos forajidos y
después de echar á tierra las puertas del ¡onvento, se lanz6 puiial en mano en busca de
los inocentes frailes, que, atemorizados por
el peligro que los amenazaba, se habían refugiado en el coro de la iglesia.
Allí lo:-. ha116 Antonio, y buscando á la
débil luz de la lámpara al que él llamaba su
enemigo, le clav6 el puñal en el pecho, á la
vez que le decía: vueli'e á predica,·; y huyó
apresuradamente de aquel lugar, no sin antes escuchar estas palabras, que con voz ahogada pronunció Fr. Manuel: u¡Dios mío, perdonadle, pues no sabe lo que ha hecho!,,
e11:Tr:tes nupc~as en San Luis Potosí.-Los despo&gt;Jados, señorita María de la Luz Cabrera
Pero la hora de la muerte no había sonado
deu~o Mart1, pertenecientes á distinguidas famili:is de aquella localidad, salen del Templo aún para la inocente víctima del furor de
ª~ Agustín, donde se verificó la ceremonia; la novia va del brazo del padrino
Antonio, y aunque la gran pérdida de sanUn
e matrimonio, Dr. Vázquez Gómez; el novio acompaiia á la madrina.
gre y los agudos dolores de la herida le pua doble fila de personas de todas las clases sociales presencian el desfile nupcial.
El matrimonio Martí·Cabrera, tué un acontecimiento en San Luis.
sieron al borde del sepulcro su robusta naFot. de A. Vázquez. San Luis Potosi.
turaleza luch6 á brazo parti~o con la muerte

�·,

- 327
-

~

326de tu coraz6n como las hojas secas en las cisternas calladas. Sin embargo, te amaba,
Sentía por tí una obscura ~asión, una pasi6n
doloro~a como ?~ª gema cie~a, ávida de biill~r baJO _l~ ca_ncia de tus o¡os in.dife~
Tu tam bien me amabas ( tal vez intensa.mea,.
te), pero tu amor, oculto en lo más rec(md\.
to de tu ·alma, siempre me fué descon~
Lo escondías sigilosamente como un ~
to peligroso y fatal. Mis ternuras de en&amp;m11rado lograban s6lo '.le tí respuestas pueri!fl
frases incoherentes, breves palabras. Un41i
no lejano, el fastidio entr6 de improviso,
mi coraz6n; el fastidio del minero que
peña en perseguir una veta de oro
y al fin, perdido el júbilo, sale de la o
dad de las minas, con las fatigadas
vacía,. El olvido vino luego. Dejé ae
algún tiempo, y como de cualquier otro.
río triv~al, C?i~servo única~ente de tu alllllf
memorias triviales. Mernonas que vienebl
acaso, en la vana corriente de mis clías1iituales, al escuchar una media noche, en 111
piano distante, una música llena de ovaciones; 6 bien, en la mañana de un domingo
cuando de visita al cementerio donde du~
men unos huesos queridos, me pongo á contemplar cierto mármol muy pálido, símbolo
de la muerte, que permanece bajo el ir6nico
cielo azul, en una sombría ltctitud impasible.

ÓALLES DE LA CAPITAL_

imse-.?i

NUESTROS GRABADOS

Lt&amp; ''toilette" de desposada, de la Reina Vietotti a ...eugenia.-Vattias eseenas de la llegada

del ttten que eondu!o á la ~eina, al Sobettano y á la familia Battenbettg,
á 'f,'lad ttid, en víspctttas de la boda.

y al cabo de dos meses, eskba completamente restablecido, gracias á los cuidados del
Hermano Martín.
:Poco tiempo después conoci6 al caritativo
señor que le di6 la casita en que vivía á la
sazón, acompañado ele su fiel lego, y en donde era feliz rogando á Dios por su protector
y por su verdugo.
No era poca, ciertamente, la necesidad
que éste último tenía. de las oraciones del pobre exclaustrado, pues desde el momento en
que manchara sus manos con la sangret de
un inocente, no había vuelto á tener un instante de calma.
¡Desgraciado! .. .... En poco más de un mes
vi6 morir á su esposa y á sus hijos. ..... ¡El
castigo de Dios había empezado!. .....
Pero no era esto lo peor; el grito aterrador
de la conciencia no Je dejaba un momento
de reposo, y para hacerlo callar, se entreg6
desenfrenadamente á todos los vicios, dila·
pidando en pocos meses su fortuna y viéndose obligado á mendigar una limosna.
La idea del suicidio le perseguía 1án cesar,
y tal vez la hubiera abrazado á no saber un
día que Fr. Manuel.no había muerto, y entonces Dios le concedi6 la gracia del arrepentimiento y un vivo de::eo de obtener antes de
la muerte el perdón de su víctima, y ya hemos visto c6mo lo consigui6.

I\'
Dos meses después, bajabaá la tumba Antonio no tardando en seguirle Fr. Manuel,
que ~and6 se le enterrase en la misma sepultura que guardaba los restos de su amigo
de la infancia.
Aún hoy existe en el cementerio una lápida con la inscripci6n siguiente, debida á la
musa del Hermano Martín:

R. I. P.
Por sabios decretos plugo
al Dios que habita en la altura,
juntar en la sepultura
la víctima y el verdugo.
EPIFAXIO FERREIRO.

La Duma y sus "leaders."-Hay expectaci6n
en el mundo entero á causa de los acontecimientos sensacionales que ocurren en Rusia,
en estos momentos.'
Entre el Gobierno y la Duma existe una
absoluta desavenencia, un total desacuerdo,
y los que están bien enterados de la situaci6n interior del Imperio Moscovita, presagian para un futuro pr6ximo, una terrible
crisis política.
En el grabado que ocupa toda una plana,
reproducimos el acto de apertura del Parla·
mento.
En otra µlana, verán nuestros lectores le»
retratos de los leádets de la representaci6n na·
cional.
· Estos diputados, son el alma del Parla·
mento y en ellos cifra el pueblo ruso sus 81peranzas.

PORTAL DE

CADENA, donde vive el seiíor Presidente de la República.

MERCADERES.

lllltro taller de Grabado. - Durante dos semanas sufrimos algunos trastornos en nues-

Ala bella f inteligente Gracia Peia

io taller de grabado, debido á que el señor

EN SUS BODAS

Armando Salcedo,.á cuyo cargo estuvo por
mucho tiempo el departamento, se separ6
wnporalmente de esta casa con objeto de
~ ·al frente del taller similar de la Escuela-de Artes y Oficios de· San Luis Potosí.
Nuestro taller qued6 acéfalo y así estuvo
por algunos días, raz6n por la cual se resintieron lOi trabajos de fotograbado; y si para
el público no se hizo seneible esta circunstancia, debido á los grandes esfuerzos que nos vimos precisadoi:i á hacer en bien del semanario
yde S11s -favorecedores, nosotros nos dimos

Te ví creoer, corno tentil capullo
De nítida azucena,
Y al verte de bondad y encanto llena
Por cariño á tu padre. sentí orgullo.

A la izquierda, el atrio de Catedral.

y oigo á lo lejos unas canciones
gemir repletas de languidez ... .. .
De una invisible g6ndola errante
siento los remos somorgujar ..... .
¡hagamos seúas! ¡dejad que cante!
que algo la muerte busca en el mar.
CoNsTAN'rINO CABAL.
EXPOSICION DE OBRAS DE ARTE MEXICANO
ENJ.PARIS.

i,

Ví que tu virgen &lt;eorazón se abría
Al casto amor, icual se abre de las flores
El cáliz, desbordante de ambrosí,a,
Del sol primaveral á los fulgores.
Y ho.r que nimba tu frente el nupcial
( velo.
¡ Oh Gracia! reinen en tu hogar felice
Amor y didha y paz ... ¡,Plázcale aJ Cielo
Esrnchar á quien te ama y te bendice! ... .

TGN!AlCIO PER1EZ SAL:\ZAR.
20

ele Junio ele

1gó6.

Al )tífico CoTazon dt ltsús
MADRIGAL

PAGINA
M l parecía en una actitud
enigmática. que podía supo .
nerse ca,i hostil, infundién .
dome un malestar semejante
á aquel que dan los presentiin ientos funestos •..•.
GABRIEL

D'ANNUNZIO.

Calles de la Capitat.-Nuestros subscriptores
de la Capital conocen perfectamente ·las calles de la ciudad, y para ellos, nada tien~de
nuevo la reproducci6n de las vías públ1(18
que, desde los anteriores números, hemos venido publicando, entre los grabados del 88mario,
No están en las mismas condiciones k1
subscriptores foráneos: una gran parte.J
ellos, probablemente, no conoce la Ca~'¡
y no dudamos que sea de su agrado ver
esta manera, algunas de las principales calRI
y sitios de la metr6poli.
En este ·número publicamos la ~le •
Cadena, en la .cual está ubicada la ~es1d
del señor Presidente de la República, Yti-Portal de :Mercaderes, notable por su 111
güedad, ya que no por su arquitectura
francamente, es bien pobre.

Ante un recuerdo como antP. un féretro,
permaneceré breves instantes en aparente actitud piadosa. Inútilmente procuré descubrir,
durante largas noches, en el misterio de tus
ojos, una sola mirada elocuente. Inm6vil y
silenciosa como un mármol, pa$abai:i las horas muertas fijos los ojos en un solo punto
del aire, como si contemplaras en él el continuo caer de una flor invisible. Jamás en la ·
quietud de tu vida vibr6 siquiera el más fugaz trino de risas. De la alegría, como de un
rostro visto en sueños, tenías apenas vagas
rnspechas. En tu adolescencia quizásfuif:ltc
alegre,. quizás reíste con fresca risa infantil;
El lago de Chapultepec.-Entre las m~
y acaso, desde entonces, una rigidez miste1-iosa cay6 en tu rostro. En vano, muchas que últimamente han sido hechas al
vecP.s quise explicarme el motivo de tus días Bosque de Chapultepec, para su embe
severo~. A este. fin, labré en el silencio yerda- miento, una ele las principales es el henJllllt
lago del cual damos una reproducción en ril
d~ras joyas de astucia, sin éxito.
,
wdoi
Siempre fuiste impenetrable á mis suspi- numero.
En el grabado respectivo se ve, si no 11#
cacias, hermética y fría. Sólo la música poblaba el silencio de tus noches. Mis súplicas una gran parte del lago. que es de los
fueron también inútiles. Caían en d silencio bellos ornatos del Bosque.

an:

LICENCIADO RAMON RABASA,

,._.

Hevo lic • :rnador de Chiapas.
,....._ •el Ooblerno de aquella Entidad Federativa,
el dfa 20 del acfual.

cuenta exacta de la deficiencia y nos apresu-

Quién me diera ¡ oh Jesús! que fuese 111:
(alma
Dámpara qlte tü amor arder hiciera.
Para alumbrar constante tu Sagrario,
Hasta que allí, feliz, se consumiera;
Y que tornara á arder ante tu Trono
Con mayor brillo y ,claridad fulgente,
Sin ,que el viento del mal su luz matara.
En icelestial delicia dernamente.

ru:ioe á corregirla.
al heefecto, prncura.mos reorganizar el taller
. n~ d~l cual ha quedado Manuel Lagu~
: aven!,aJado grabador, lle quien son todoi:i
eatetrabaJos de ese género que publicamos en
rem número y los que en lo sucesivo publica-

Puebla.

p!;!•tros pension~dos en el extranjero. -En
acaba de venficarse una exposici6n de
f!!\~n la cual. exhibieron sus mejores obras
Go~ie;nes. artistas mexicanos que nuestro
clonen tiene P.ensionados para que perfecPubl~us estud10s en Europa.
R6n icamos hoy una de dichas obras se1 virán nuestros lectores en el grabado
de estº
uno
ana. Es del joven Enrique Guerra
t.eneme os más aventajados escultores qu~
pubr«:i en la actualidad y de quien hemos
ba~. 0 en otras ocasiones diferentes tra-

Soy una nave de desengaúos,
que tras la dicha corriendo fuí;
crucé los mares de algunos años,
pasé entre brumas y me perdí.
A mis clamores nadie responde,
y aún mi existencia bogando va;
únicamente Dios sabe d6nde
la pobre nave se estrellará.

oe.

°

tf

IGNhCIO PiER•EZ SALAZ.\R.
21

de Junio de 19o6.

BARCAROLAS

MENDIGA.

Duermen las nubes entre cresponef:,
llena las aguas de lobreguez;

Escultura del aventajado Joven mexicano Enrique Guerra,
pensionado por nuestro Ooblerao para que perf1telone sus estudios
en Europ1.

�-

329 -

fáciles todas las damas, miró á las flores con el
mayor desprecio, y hasta le parecieron inclignas de sus favores.
1 3. l'Of'a, por demasiado erguida, la azucena
por cá_ndid._1, la siemprevirn por fúnebre, y
la pas10nar1a por triste, no lo¡¡:rnron sino de:,;&lt;lenes ú can, bio de sus hal::igos v ('a riein!'.
l'asi n1ustias, ¡;e consu.mfan · ¡;in lograr :ilguna In. preferencia desu rivnlidad a1 11oros·•.
&lt;'liando de pronto brotó en el verjel una pla11t:t dc:;:conocida.
El jardincl'lJ había traído l:l ¡;;emi lla d1•
muy lejos, y desde que la pu:-;o &lt;'n la til'l'I n
dedicó :'t ~u cultivo desvelos y cnidn&lt;lo~.
\'i~ital&gt;a con asiduidau el· sitio c11 que l.t
s,•m bró, y cuando aparecieron los pri 111eros
brote,;, todo fu( atención y egm('J'O par., diri~irlos y &lt;le~anollarlos.
Creció el robusto tallo mús, mucho 111:'1,quc el de hl:; otras flores: aquella si11 dud:t
il&gt;a (i ser una buena moza.
Ya e:-per(indnla así, complacía~e el clavel
en contemplarla, st&gt;guro de encontrar en ella
unn nueva adoradora, y satisfecho de anteLos "LEADERS" n~ L.!. DUMA .-M. Petrounkevitch, mano con su conquista, observaba el crecidiputado por San Petersburgo.
miento rápido de las hermosas hojas, entre

LAS DALIAS

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La prirp.avera parecía haberse complacido,
prodigando en aquP,l jardín pintoresco sus
más lozanas flores.
Entre todas ellas, erguido sobre su fresco
,tallo, se alzaba el clavel rojo, em ba~rnmando
con su aroma penetrante á la bnsa que le
acariciaba.
Abríase el verde cáliz; los pétalos encendidos como llamas, formabari espléndida corola, y las flores del pensil, llenas de asombro,
le contemplaban con delicia. Todas, todas se
inclinaban humildes y le amaron en cuanto
le vieron.
Las azucenas candorosas, con sus hojas de
nácar y sus pistillos de oro, le ofrecieron las
primicias de su pureza Yirginal, homenaje á
la hermosura deslumbradora de la tlor encendida; las violetas, tímidas, temblaban entre la hierba con el dulce estremecimiento
de la pasi6n; las margaritas, inocentes, sinceras coiuo campesinas, no disimularon su
asombro; las siemprevivas le brindaron su
amor P-terno; las pasionarias trepadoras le
oprimieron con amoroso abrazo, y hasta las
rosas, antes tan soberbias, mostráronse rendidas como si fueran esclavas.
Los lirios romátJticos y los alegres alhelíes
palidecieron á la vista de aquel poderoso rival, que nacía para arrebatarles el amor de
las otras flores.
Así, halagado por su necio orgullo, crcci6
el clavel, hinch6se poco á poco, y de puro
vanidoso y satisfecho hízose insoportable.
Como presumido galán, para quien son

M. Vinaver, diputado por San Petereburgo.

Ell conde Heyden, diputado por Pskov.

las cuales brot6 un capullo tierno, verde,
que se convirti6 bien pronto en flor arrogante de matices diverEos y colores vivísimos.
El clavel la mir6 con encanto y se prend6
de ella; las otras flores sintieron envidia,
porque, en realidad, aquella ex6tiC{l, compañera sobrepujaba á todas en hermosu ra y gallardía .
-¿C6mo te llamas?-le pregunt6 el clavel.
-Me llamo Dalia-contest6 con meloso
acento americano.
-¿ De dónde te han traído?
-De )léxico.
-Eres muy hermosa ..... muy hermo~a .....
muy hermosa.
Xo supo decir más; toda la arrogancia rlel

M. Chtchepkine, diputado por Odessa .

El profesor Kareief,diputado por San Petersburgo

clavel trocúse de pronto en timidez y cobardía.
La dalia miró á su, adorador con desdeñosa indiferencia; y como si qu isina estimular
aquella pasi6n que se manifestaba humilde
y apocada, demostr6 al punto su preferencia
por el jazmín de hojas de nieve, por el heliotropo de suave aroma, por el nardo frngante y por el poético don diego, que se abría de
noche para contemplarla.
Así, concediendo su favor pasajero á unos
y á otros, encendi6 más y más el amor del
clavel hasta enloquece.de.
En vano, amantes siempre, y siempre conpasivas, procuraban embriagarle con sus aromas la rorn y la violeta, y atraerle con sus
encantos la margarita, la perpetua y lapasionaria; mustio y rendido, id6latra ciego, de
la flor veleidosa, el clavel mendigaba humilde algunos de los favores que tan fácil mente concedía á otros amantes.
Y sobre el tallo verde y erguido, el clavel
desmay6 poco á poco, y su corola se deshizo,
y las hojas secas desprendiéronse del cáliz y
eayeron en tierra.
·Que asi como para los galanes presuntuosos hay mujeres coquetas, vengadoras ele las
apasionadas, para los claveles vanidosos hay
dalias insensibles, flores sin aroma, seres sin
alma.

Tanto he querido y con pasi6n tan loca,
Que dejé, 'sin sentirlo, en mi f m bel eso,
Un poco ele mi vida en cada boca,
Un pedazo ele mi alma en cada beso. .
~[A~TEI,

M. FLOR!~:-;.

M. Nabokof, diputado por San Petersburgo.

�- 33ó -

República Mexicana
TARJETA POSTAL

~~

-.J}.;r
{_Cl.,v~a Áwre{ ¿')
En este lado soto C1ebe ! ! CTlbirse la dlreccton

(/

/

"
ln t.erro41ac1on perpetua

-

FLORES SILVESTRES
Amo las flores que la tierra cría
con su propia virtud por jardinero·
esas flores que esmaltan el se,idero'
Y en el prado son notas de alegría
Ellas rompen la audaz monotonía
del campo! entre ias mieses prisionero;
ellas también, como el amor pricr.ero
brotan hu~ildes á la luz del día ......
i Flores silvestres! Si troncharlas pudo
con s~ p~e fatigado el hombre rudo
que, md1ferente, en su labor se afana
del ensueño feliz en horas bellas '
las recoge una virgen y con ellas
se alegra, se perfuma y se engalana ..... .

___

ANTONIO

_____

PALOMERO.

Re. oye en tono menor, lento ,v lejano,
~l hmmo de ~a tarde, que se aleja,
r en un suspHo de profunda queja
Mezcla su nota el coraz6n humano.
:Mientras. la hoguera occidental aún arde,
El pensamiento vuela y se difunde
En la vaga tristeza de la tarde.
Y la neblina en que se envuelve gunio
Como en un manto sefíorial, se funde
Al plateado fulgor del plenilunio.
DIEGO

URIBE.

EL ENCUENTRO
De la vetusta iglesia castellana
por la puerta encendida tras la djiva
en.traste aquella vez muy pensativa '
mientras llamaba á muerto la campana.

Y al r egresar del templo esa mañana
supe que una sonrisa fugitiva
'
puede a~ lirio tornar en rosa esquiva
Y á ~a meve poner color de grana.

-----+--- ------, - -

DOS CELOS

Nos ?allamos de pronto en la escalera
ql'.e baJa desde el atrio hasta el retiro
m1 rostro se tornó con'lo la cera.J
'

,

-. - - .

PAISAJE
En el monte, en la siena y en el llano
La luz a.el sol, crepuscular, refleja
'
El amanllo que en el verde deja
El ósculo candente del verano.

En impetuoso arrebato
su mano estreché con ira
Y. ronco
le diJ. e: Mira
,
' '
s1 tu me engañas .. .... ¡te mato!
Ella, con dolor sincero
inclinó Su frente pura, '
Y murmuró con ternura·
Si tú me engai'ias ...... ¡~e muero!

BExrro STELES.

Tu p echo ~é agitó bajo el retiro.
Y con u~~ rrnrada mensajera
nos lo d1J1mos todo en un suspiro.
MANUEI,

UGARTE.

- - - ----- - - - DOS FEMINISMOS
(tDIAIWGO.)
Personas: Ida (hija de Eva).--Luz (hija de María).

NUESTRO PAIS.-"E.1 Portezuelo." Camino de Totuca al Valle de Bravos.

Ida.-¡ Luz!
Luz.-¡ Ida! i T ú por aquí!
Jcla.- ·"'ué
senCJ·11 a Y qUJe, modesta!
1,¿,
Luz.~Tu, en cambio, vienes de fiesta.
iMas · · . ¿1por qué vienes así?
1
, da.--'Porq11e no ando con ambarges
Y soy de parecer
'
que entre .el ihomlbre y la mujer
no haya chstinción de trajes.
Luz.-:-Pues asi, querida mía,
s1 no sac~s p rivilegio,
no te recfüe el Colegio ...
1da. -De veras lo sentiría
'
porque en ¡punto á edutcación
no se andan, no, ·p or las ramas,
Y no hay damas, cual las Damas
del Sagrado Corazón.
L uz.-¡ Dannas l i Tienes unas ·cosas !
J da.-¡ Hasta mi Jenguaj,e extraña!
Luz.-Esas damas en España
prefieren ser religiosas,
~· prefieren, no te asounhre.
a pesar ele su saber.
,q~1e no tenga la m uj~r
m aun la apariencia ele hombre.
l cla.-Y ¿¡por qué no?
Luz.
Porque sí.
I da.-Ha,y que ir ele lo nuevo en pos.

lda.-¡ Eres ctuel l
Luz.-,Lo que pronuncian tus labios
1,uz.-Y enmendar la,plana á Dios.
Luz.
Porque te quieró
no es de quien algo se estima ... .
Jda.-Eso te parece a ti,
y
te
quiero
ele
verdad . ..
[cla.--'Aún no es bastante esgrima
· tímida y casta paloma,
El
culto
á
la
vanidad
para vengar mis agravios,
que sólo aspira á anidar
mundanal es lo primero
que si no . . . . (Amenazándole.)
en prosaico palomar,
_que has de abolir, si deseas,
Luz.
t\o hables así,
v que mmca vinelo toma
au,al la santa de tu nombre,
hablas
de corazón;
que
no
hacia el espacio infinito,
akanzar ,con gran renombre,
mis brazos las armas son
en donde, cual reina, impera
ele la virtud las preseas ..
con que te venzo yo á tí. (La abraza. l
sie1m1pre el águila altanera
lcla.-'Pero, ¿ quién 1fué?
Loquilla, mariposilla
que mira al sol de hito en hito.
Luz.
¿ Quién fué lela?
que la luz ciega y seduce,
Luz.-Emlbebecida te escucho,
Aunque te cause sorpresa.
¿ no ves á dónde conduce
mas. . . me pareces, muchacha,
lela fué una gran condesa
tu engañosa luz, loquilla?
al verte con esa faoha,
ele los pueblos bendecida.
Ese feminismo wpaidho
no un águila, un aguilucho.
En tiempo de los Cruzados,
me causa, te hablo formal,
sus ¡palacios y castillos
Ida.-¡ Burlona l . ..
nada hay más ideal
Luz.
¿ No lo he de ser
*.
nunca alzaron los rastrillos
que el tipo del marimacho.
ail ver q1ue tomas· en serio? ...
á los ,pobres desgraciados.
lela.-¿ Yo marimaoho?
Icla.-La defensa del im¡perio
Goz.ó con ipiedad -preelar;i
Luz.·
¿ No quieres
que se deibe á la m1t1jer:
ele los divinos Misterios,
el nombre? ....
criatura desheredada,
y edificó monasterios
lela.
~,A qué me importunas?
la mujer ha sido, en suma,
donde á }esús se alabara.
Luz. -Esas mujeres hombrunas
ave de vistosa pluma,
Hizo milagros en vida ...
no debieran ser mujeres.
si, pero. siempre enjart.tla&lt;la ...
¡11nila1gro su vida hté,
iMas quien se precia de Hija
Cese ya el hado inclement-e,
ipor su acrisolada fe
de María, ni en el traje
suene la guerrera tromtpa,
y su oración encendida!
debe prestar homenaje
tiempo es que la jaula rompa
Penitente, limosnera,
al f emini8-mO, que fija
y que vuele libremente.
y como ·1a tierra, hiurrnilde,
leyes que hay que suprimir .. ...
no puso en su fama tilde
Luz.-¿Pero á dónde?
Tú 11as nacido. . . . . . . para ;imar
lda.
A donde el hombre
nadie que la conociera.
y no para cabalgar
vuela en alas de su genio,
Aunque nuestra devoción
-:: las armas esgrimir.
á lograr en el proscenio
no era iconocida aún,
Desengáñate, hija mía,
del mundo gloria y renombre.
Ida fiué mujeir, según
es cosa fe.i, muy fea
\En tiempos más favorables
el Sagrado iCorazón.
pretender que un ángel sea ....
Supo vencer las pasiones.
las mujeres llegarán
¡ coronel de artillerí.a !
á serlo todo . . . Tendrán
y, con cuidados prolijos,
Deja. deja ese sombrero
derechos inalienables ... .
educar á sus tres hijos,
ele siete pisos .. ...
LU1Z.-¡iCulánto disparate enristras!
¡ tres famosos caimpeones !
lela.
Por darte
Ida.-¡Serláin juezas, abogadas.
Ella formó el corazón
gusto.
(Se
lo quita.)
médicas y diputadas,
para la virtud y el bien
Luz.
Y por señalarte
generalas y ministras !
del Rey de Jerusalén,
en
el
gusto
verdadero.
Ha v ,q ue salir del atraso ...
Godoifre&lt;lo ele Buillón.
Sin duela el mismo demonio
Contra la antigua 1corriente.
El héroe de las cruzadas
cla esas trazas tan feísimas.. ... .
á ella debió su heroísmo .. .
el vestir. . . varonilmente,
¿ comprendes tú las Purísimas
Ese es el !buen feminismo
ya es un gran paso ...
de 11nrillo con tricornio?
Luz.
l:n gran paso
ele las madres esforzadas.
Pero el traje es lo de menos,
¿ A qué ir de un mito en pos
haoia el ridí,culo, que es·
lo demás es el querer
sin a1'oonzarlo jainms?
el inevitable a:bismo,
1qtie
se interne la mujer
¿ En dónde valdremos más
donde vuestro feminismo
por los vedados terrenos,
qitte en donele nos puso Dios?
irá á estrellarse.
por donde jamás lha ido
Lo que en la cristiana casa
Ida.
Al revés ;
más que alguna. . . . . excepcional.
m!ás encunnibra á la 1!11ujer
así el mundo nos respeta ...
Tcla.-Pero dime; Luz, ¿qué mal
es inmolarse, es saber
Y o así más ágil m.e hallo
ihaY en saber?
amar y sufrir sin tasa.
,para montar á caballo
Luz. ·
¡ Convenido !
Ese es el saber profundo.
ó regir. la bicicleta.
En sa.ber lo que conviene
no esos delirios que sueñas:
Luz.-¡ Qué horr0r ! ¡Bicicleta .. . t{r!
ninguno: mas la manía
Ida.-Y hay más: aunque te dé grill11a, .
asi seremos las dueñas
de tanta ''Sociología"
ele los hombres " del munúo.
tomo lecciones de esgrima.
,. "Bio1ogía" ... ¿,A qué viene
,Cumpliendo nuestro destino
Luz.-Estás dada á Belzebú !
tanta ciencia? Pues á nada·
santo, el éxito es seguro ;
Ida.-¡ N o me pierdas el respeto,
¿ qué falta te haice á tí , rica.
hay un femünismo puro.
Luz!
si no has de poner botica.
u11 lfem.inismo divino:
Luz. Luz que está en tí extinguida;
la Qu;¡mica comparada?
el que hacia los cielos guía
¡ tú eres la Ida y estás ida,
Tda.-; Sabes que tienes razón?
y lleva allá. á las alturac;.
por completo, por completo!
Luz.-Y luego, ¿ no es gran simpleza
coros de vírgenes puras
lda.-Tus asombros m,e !hacen gracia.
dando tanto á la cabeza
,. allí reina por ~Iaría ...
pues sabe, por si lo ignoras,
dar tan poco al corazón?
En el Corazón Sagrado
que por ahí van las señoras
Así no nos han for'mado
ponga su amor la mujer,
todas ele la aristocracia .....
en el Cole!!io.
y logrará al mundo ver
Xo podrás Q)onerle peros,
Tda.
'Es verdad.
á su influjo subyugado.
que no es una institutriz,
Lt1z.-El amor, la caridad.
Huya del horrendo abismo
á una egregia emperatriz,
1aue del divino dechado
hada
donde la cles¡p-eña
coronel de Coraceros.
ele Jesús ropiar debemos.
el error. según lo enseña
Luz.---;· Tendrán que ver las acciones
ftié siem'l)re la base fija
el n11oc\erno fenninismo.
que lleve á cabo en la guerra!
ele tu eclncacíón; pues, hija.
Y hahrá 1paz y salya'Ción,
lda.-Y la r eina de Inglaterra
no llegues á esos extremos
sí, habrá salvación aún.
es coronel de Dragones.
ele~ feminisimo, que. os lanza
por la nnujer. mas . .. según
Ya los hombres, enervados
por órbitas harto ... nuevas:
el Sa•grado Corazón.
por deleites traicioneros,
el mismo 110111 bre c¡ue llevas
lela.- ¡ Luz. tu victoria es completa! . ...
se espantan de los aceros.
te ha el&lt;" servir de enseñanza,
Pues que nne has ,puesto en un brete.
no sirven para soldados.
¿ipues tú sa:bros quién fué Ida?
voy
á romper el florete
Por eso la ihumaniclad
1da.-·Pt1es .. . no lo sé. mira tú.
y á quemar la bicicleta.
ve surgir en varias zonas
l,117..-)f ,;¡g sahtás si el "canesú"
ejércitos ele amazonas.
ó si la "berta'' es "fruncida:"
SAJ.
que salvan la sociedad.
y sabrás. seguramente,
¡·A trás el hombre, ese ser
·si el color ''gris elefante"
cobarde y de-generado! ....
es el gris más elegante
i Ya se acabó su reinado
ó bien el "verde serpiente" . ..
Y empieza el de la mujer!

�~o te vayas ¡por bios!

Que el espíritu siente cruel desmayo
Al com prender qne en el postrer adiós
Por fin r;e extinguirá el último rayo
I h-1 ~o l &lt;le tu exi:::tencia
·
.
'
¡) l:s Rom bras caerán en la eonciencia !
¿.~ o sabes que ate,;orn
,\ 1.nor y gratitud para tí el pecho·?
¿,\ o veR que el alma sollozante ll01a
.\ 1 contemplarte en el bajel estrecho?
;.~o miras que aquí &lt;'Starnos
r,os que atentos tus voces escuchamos·?
:\[ns ..... . no responde ya.
·
Porque el alma tendió su raudo \'Ue)o
l &gt;&lt;'ja ndo el cuerpo abandonado neft
IPam perderse en el azul del cielo·
'
¡El cuerpo, do imperaba
fü genio excelso que· fulgor nos daba!
Sus ojos ya Yelados
Por la tlern,a tinieLla están sombrío:-;
Del peC'ho los latidos, apagados,
Y los mie1nbros ya rígidos y fríos·
¡Y C'n In serena frente
'
Del saber se extinguió la I uz fulgente!
· Están muelos sus labios,
: Los labios que vertieran la palabra
j Envidia de los grandes y los sabio;,
Edlon utilizando SN catrtdt campaña para un descanso tn la ladna, trca dt tmt,urg, Virginia.
Diamantino cincel que firme labra
::loberbios pedestales
CANCION DE LA LIMOSNA ha estado estudiando durante tanto tiempo, Donde brillan talentos inmortales.
y que, se cree, redundará en beneficio del ··· ··························· ······ ........ .
uso comercial de la electricidad. Mr. Edison
Todq en calma reposa
viajó de su residencia en Orange, New .Jer- Y raudo Febo en su carrera avanza;
( DE RUDYARD KIPLING)
sey, á North Carolina, en automóvil; sus Abierta está la solitaria fosa
Cantad, valientes, guerra y victoria·
acompañantes, su hijo Carlos y sub dos ayu- Y no brilla ni un rayo de esperanza;
Para la Reina, pedid la gloria,
'
dantes de laboratorio, hicieron el viaje en ¡Y de dolor el grito
Y, tras el canto, con noble afán
dos automóviles de vapor, uno de los cuales Se pierde en la extensión de lo infinito!
Dad, compasivos y emocionado;
sirvió de laboratorio, perfectamente bien equil\Ias en lenguaje mudo ·
Una limosna: ¡por los soldados '
pado, á cargo de expertos químicos.
No sé lo que nos dice allí encerrado:
Que por la Patria luchando están!
Algo nos habla del destino rudo
Son infelices, que sus hogares
Y de un vivir por todos ignorado,
Dejan expuestos á mil azares ·
ANTE EL SEPULCRO
¡Tal vez que en la serena
Y á los combates, bizarros van.
no olvidará nuestra honda pena!
Mansión
DEL I LUSTRE SABIO
Hijos de obreros ó potentados
No olvides sí, que encierra
Una limosna: ¡por los soldado~
El pecho amigo sinsabor profundo;
Que por la Patria luchando están!
Justo '7arón en la desierta tierra,
Composición
leida
por
su
autor,
el
Sr,
D.
l!.afael
Sierra,
Aquí dejaron humildes seres
el dfa del enflerro del maestro.
Hermoso faro en el revuelto mundo,
Sus prometidas y sus mujeres '
Tú dejas en la Escuela,
Y sus hijuelos que piden pan.
De saber y bondad límpida estela!
Para esos tristes desventurados
Yenimos aquí á darte
Mi patria á sus guerreros
Una limosna: ¡por los soldado~
Nuestra triste y doliente despedida ;
Tributa honores y entreteje palmas:
Que por la Patria luchando están!
Venimos nuestro llanto aquí á mostrarte
Pa ra buenos y sabios, pebeteros
Falta el salario de los obreros·
En el solemne adiós de la partida:
Con perfumes de amor son nuestras almas;
Todos se han ido como guerrero~·
¡ Por siempre ya te alejas
¡Tu ciencia y tus virtudes
Muchos que fueron ...... ¡no volv~rán!
Y en angustiosa soledad nos deja:-!
Akanzaron del genio excelsitudes!
Ricos, plebeyos y afortunados
La eternidad obscura
No olYides ...... mas el viento
Una limosna: ¡por los soldadds
Fatídica á los ojos se presenta,
'( a encrespa de la muerte el mar sombrío;
Que por la Patria luchando están!
Y la mente inundada en amargura
¡Las velas se hinchan! ¡oh fatal momento!
Es el trabajo ley de la tierra
Ante sus negras sombras Re amedrenta;
¡Se mueve ya el bajel! ¡destino impío!
en los talleres, como en la g~err:i,
¡Y en grande desaliento
¡Adiós, mi acli6s postrero,
Siempre los buenos los cumplirán.
Las alas pliega el cóndor pensamiento!
Rabio, y amigo y noble compañero!
Gna limosna, duques y lores:
¡Para los bravos trabajadores
Que por la Patria luchando están!
Que, en los hogares, la triste amen&lt;"ia
Nunca se note por la indigencia.
Los que su sangre pródigos dan
Tienen derecho, por abnegados'
A una limosna: ¡son los solclad~s
Que por la Patria luchando est{111!
A hijos y madres dad alimentos
Y, mientr,i s tornan los regimiento~
Y mientras vuelren los que se v ,111
Con noble empeño tended las ma1i'os
,\ las familias de esos hermanos
¡Que por la Patria luchando estím!

'ª'

El Sr. p. atl Angel de la Peña

X

M. H. BLANCO-BEIJ!O~TI-:.

- - - - -EDISON
8amuel Alba Edison l1a ido {t Charlotk.
.North Carolina, con el fin de estudiar algu~
nos reputados descubrimientos de cobalto
metal que, se dice, es esencial para el perfec~
cionamiento de la nueva batería que Edison

Edison Ym acompañantts sol,rt ti ebain Brldgt salltndo at Wasblngton para Cttsbllr9, Ulrglnia1 Edlson tn ti ce1tro1
á •• dcrtcba •• hilo ear1os vá •• l&gt;:qMitrda m dds ayudantes dt taboratorlo.

333 -

ban recelosas. -¿Habéis oído'? Nuestra madre no .~e litrere á gastar ese dinero sin qne ...
Y rompió en copioso llanto, que brotó formando un solo cuerpo, que se deshizo en un
centenar de lágrimas al chocar contra las solapas del descolorido gabán.
-¿Habéis oído?
Y el llanto ahog6 su voz, enronquecida por
la emoción del ultraje.
- ¡Tranquilízate, por Dios, vida mía!&lt;lijeron sus hermanas, mientras la madre,
abtumada por el peso de sus id eas, miraba
á su hijo y entornaba sus párpados para recoger y (,cuitar las negruras de sus pensa miento~.-¡Tranquilízate. por Dios! - repetían las hnmanas, que, temerosas, hablaban
bajo adivinando algo que ya disculpaban .
-'Hí, ya lo estoy- dijo Alfredo, levantándose de súbito y limpiando á restrE-gón liinpio i::us ojos con la manga.
Se oyó un timbre.
- \'e, mamá- dijo una de lasmuchachas;
- llamará J ulita para que la ayudemos á bajar á papá de la cama.
Púsose en pie la madre y Alfredo la detuvo.
- ~o- dijo im peri0so-:illamá necesita
oírme, y tú no has de busear pretextos para
echarla- &lt;lijo recakando. - \' e tú, y manda
volando á la formacia, porque ese dinero es
vuestro.
Tan gallardo, t:rn resuelto habló el chiquillo, que se impuso.
- Puesto que soy hombre dudoso, os haré
con detalles la historia, y os explicaréi::; 111 i
tmbación. Viendo la situación de casa, he lucbado mucho conmigo mismo. ¡i\lns de unn.
vez he deplorado no ser ya un bonibrn pam
po&lt;ler hacer cualquiera cosa de las que hacen
los hombreF! l\le acuesto, y ...... mi eterna
pesadilla es seros útil, ay udaros, 1rotegl'ru¡;;
que rui madre !lo sufra, que tenga cuanto 11ecesita por cualquier medio.
- ¡Hijo, por Dios!- interrurnpió la 1nallre.
- He buscado pliegos qué -copi~r en los
Juzgados; he recorrido mil tiendas y almacenes, siempre lleno de ilusiones, y creyendo
que esos trabajos eran pequeños para mí, ¡ni
eso he encontrado! Siento aquí- decía golpeándose In frente- un mundo de cosas que
me halagan y me esclavizan. Hoy- continu6, -cuando al levantarme YÍ vuestrns caras tan sombrías, y miré á mamá contemplando con aire de vaguedad dolorosa ef:'as
recetas, pensé llevar baúles, ananear con
mis uiias montañas de granito ...... servir ft
cualquiera; todo, mientras mi talento no me
e:onvierta en amo ...... y siempre con estas
f'{iño uuis P li ego y de la Oattza.
fantasías.
¡~J i talento! ...... ¡Empeñado en
fa llecido últimamente.
reducirá ptsetas mi talento! Me &lt;le,;esperé;
Alft lre(I aios de edad cuando la vida un acababa de acariciarlo con los hálitos de la adolescencia, d~jó de existir el ~:~~:::~
relrato
nada concreto me ocurrió hacer, y en ese es•ae publksmos ;parece el jovencito Pliego arrodillado, sos::nieo~r
l:d:c!~:a ::rl~u:ea:!:t::';adres en el
'
tado
de locura en que me pongo cuando tenbabia llevado al Te!llplo el dfa de su pri mera Comun °· toda satlslacclón y usto las prescripciones cristianas.
0
0
go la malhadada idea de cerrar los ojos desllawla
~~~:a~e~~~~ : :h~~':::::
si la muerte no le tu hiera sorprendido en tan temprana edad.
pierto, empecé cumo siempre ele una en otra
(~uizá Yiera la. rna&lt;lre enturbiado el orgu~I? idea, á &amp;oñar con mi talento. Yeía mil cuaEL PRIMER ARTICULO
dros hermosos: primero una casa llena de luz
('011 la duda, y la eluda con la pena; qmza
midió de una sola ojeada el temperamento y y rica en artísticos objetos; papá sentado en
la edad de Alfredo y las penalidades que am- su poltrona; mamá, en medio de aquella luz,
bos atravesaban, y concibió el peligro ..... . cercada de luz más viva aún, de luz esplén¡Cómo llegaba Alfredo! J adeante, sudoro- Ello es que, al tomar las monedas, hubo &lt;le dida, que hacía resaltar su figura con su liso
so, balbuciente la frase de emociórf ..... .
traje negro, y vo~otras, radiantes de hermopreo-untarle alarmada:
A los diecisfis años todas las sensaciones,
sura y envu .!ltas en encajes que presentaban ,
~ ¿-C6mo? (_.· De qué'?
.
en fuerza de expresarse con absoluta sincerino sé cómo, entre las enmarañadas vueltar;
- y a te lo contaré despac10respon d''
10
dad, son impetuosas, dominantes; se atrope- ('011 su habitual intrepidez;- ahora, dame las de sus hilos, vuestra bondad ...... Yeía, oía
llan la.~ unas á las otras y se expresan cla- recetas que es lo urgente. ·····
preguntar por el señor ingeniero, por mí, y
.
ras, perfectamente contorneadas, en el gesto
- Xo· es absolutamente preciso que me me traían un plano muy largo, envuelto,
como en la frase en el ademán como en los justifiq1~es la adquisi~~ón de e?te dinero.
arrollado, lleno de dificultades vencidas .. .. ..
.
'
OJos. Los de Alfredo aquel atardecer, parey ...... en fin, ¡tanto, tanto sotié! ...... ¡como
El
muchacho
almo
los
OJOS des~~sura,
'
c1an un calidoscopio que presentara una tras damente, ante los que pasaron verbgmosos siempre!
otra, multitud de impresiones vivísimas.
mil pensamientos, grandes todos. El orgul)o
Al entrar en la alcoba de papá cayeron en--:~·engo- dijo orgulloso- á salv~r la si· se apoderó del camp.o, y con la cabeza hacia
tuac1on. Toma, madrecita, estos seis duros. atrás, el cuerpo ~rgmdo, presentando aq~ella cajes, aureolas, planos, poltronas, y todo,
Y se quedó entristecido como por el re· frente ancha y bien cortada,, que ~nunciaba ¡menos la silueta de mamá, que estaba allí,
una dignidad inmensa, clavo su vista en la radiante, espléndida, no en adornado salón,
cuerdo de una escena.
de
su madre con un ademán de reto que sino al lado de la cama, con las manos de
-Toma-continuó,-madrecita.
.
mi padre entre las suyas .. .... y el mismo cerY sus ojazos negros anunciaron impresio· asombró á todos.
¿.Habéis
oído?dijo
luego
en
su
actit~d,
co de luz y de santidad! l a figura mejor de
nes mal definidas de esperanza de dudas Y
asombrando á sus dos hermanas qne le mira- mi creación existía; ¡esa no me la podían
orgullo.
'

.f.:

:~!:::~ ~ri~~:!b:i,~;~.

:rñ~t~r:'::é

;:t&lt;
~

1

...

�- 334quitar! La realidad ...... la realidad que todo
me lo negaba, me dejaba á ella· allí la tenía
c?n la majestuosidad queimpri~e la desgracia en l~ matrona hermosa y respetable por
tantas virtudes .... . .
Miraba alternativamente á mi padre y
:tquellos papelotes que escribió el médico· su
1~tirada era triste y cavilosa ó brillante y ¡ pai:nonada. Yo estaba en el quicio de la puerta
leyendo en los ojos de papá todo· un mundo
d_e gratitud .Y amor; aquellos dos seres quen~o~ d~ mt alma se comprendían: ma111á
muo tnsteme_nte las recetas, y papá, apartand_o convuls1vamente sus manos, le dió las
gracias.

UNA NOCHE DE ANIMAS

···c~·l:l:¡ i ·~-¡ ·~~;~~-t;;,· ·-~~~¡·üi ·i~ ··;l·l~~· ·¡;;¡;í·;
visto y me fu í á la ilustración X.
El director me recibió con mucho agrado,
y notando mi turbació11, me dijo cariiíostLmente: ·
-Serénese; ¿dice usted que me trae su
primer artículo y que necesitaría cobrarlo en
seguida? Pues, lea, amigo mío.
Este «amigo mío,, y su afabilidad me dieron ánimo, y yo leí mi artículo, que t itulaba: Bodas de plata.
¡Todo es tuyo, madre mía!, ¡hasta la fecha
de hoy te he robado!-dijo el muchacho
abrazando á la madre, que parecía despertar
en un mundo de venturas inefables.-1Todo
es tuyo! repito.
Mi prímer artículo...... no era más que lo
que hoy hemos vivido en esta casa .. .....
El director se entusiasmó, me abrazó y me
encargó que volviera mañana; al darme el
dinero, me preguntó por qué me urgía tanto,
y lo hizo con una buena fe y un interés .. ... .
que hube de serle franco. Le conté todo. le
dije mi situación y el por qué de la mgencia.
-¿Y?... -rlijo encantada la madre.
- ¿Y entonces? ... me abrazó mucho más
fuerte, insistió en darme mayor cantidad y
·
me dijo casi llorando:
- ¡Bravo, bravo! Siga usted por ese camino; venga usted á verme. Su primer artículo
es ¡:nuy bueno, notable; ¡pero los lleva usted
mejores en el alma!
JUAN PLO.

,

LA ALOND RA

llOS ~BYBS DE ESPAfiÍ.R..- 1.ta f u t u i&lt;a i&lt;eina asom ánd ose á la ven t ani lla del ti&lt;en q ue 11

eond ujo á E s pañ a .

·

monioso ritmo, más que todos los tesoros
contenidos en libros, sería tu inspiración para el poeta.
Enséñame algunos de tus dulces cantos
para que-al brotar de mis labios el mundo
admirado, los escuche como te 'escucho yo'.

De Shelley,
Por la lraducción.

Salve, ave ó espíritu, que desde el cielo
derramas tu corazón en profusas melodías
impremeditarlas.
Tú elevas más y más de la tierra y cruzas
el profundo azul sin que tu canto ~ese.
En la luz dorada del poniente sol, flotas
como el emblema de la felicidad terrestre.
El púrpura pálido de la tarde se desvanece y aún flotas en los cielos y aún se escucha
tu canto. Tn voz inunda el espacio como
inunuan los rayos de la luna los cielos y la
tierra.
Las gotas del arco-iris no son tan brillantes como la lluvia melodiosa de tus notas.
Enséñame, ave ó espíritu, tu dulce inspiración, tus rapsodias divinas.
La canción nupcial, el himno del triunfo,
son vacíos é incoloros junto á tus acentos.
¿Cuál es el objeto de tu inspiración? ¿Los
campos, las ondas, las montañas? ¿El amor
6 la pena? ......
Tú 'a,mas; pero no conoces el hastío del
amor, sus dudas, ni sus celos.
Nosotros miramos lo pasado y lo futuro y
suspiramos por lo que no existe.
A nuestra&amp; risas más sinceras se mezcla alguna pena, nuestras más dulces canciones
son las que hablan de pensamientos tristes.
Y auri si pudiéramos odiar, olvidar y despreciar, aun si pudiéramos vivir sin llorar,
no igualaría nuestra dicha á tu dicha.
Más preciosa que todas las cadencias de ar-

)L\Rrn

MADELEINK

ROSAURA
Risuefla, ufana, sobre el l'ésped blando
De Abril en tarde plácida y serena
'
Está'Rosaura en la floresta, amena '
Al son de alegre tamboril bailando.
Rosas, jazmines, á su paso echando
Aplaude el pueblo y la comarca atruena
'
Y va la niña de donaire llena
Rosas, jazmines con su plant~ hollando.
¿Pero, y mañana'? ... Al despuntar la aurora
Y no bien aparezca su lucero
'
ra ya esposo, que en el 'alma adora.
'I' end'
Y si la dice su señor, «no quiero "
Por más que gima la gentil pastor~
Será este baile su bailar postrero.
ALEJA~DRO

ARA NGO y ESCAXDON.
( ..Iexicano.)

aquellos _cantos qu~ hablan de rubias mujer
re~, cautivas en fortalezas obscuras, y de gamdos donceles que, al pie de la ventana ojival, cantan sus amores al son del laúd. Vibraba en nuestros corazones la primavera de
la vida, y la brisa llegaba á nosotros llena de
aromas cantando la primavera de la natura·
leza tropical. A los naranjos en flor del parque, empezaban á llegar las ayes de plumas
doradas y en el azul del cielo brotaban las
primeras estrellas, en tanto que á lo lejos, sobre el lago dormido, resplandecía la última
llamada del sol.
Con sus ojos grandes y azules clavados en
mí, y 0011 sus rubios cabellos regados por b
hombros de nieve y rosa allí á mi lado, me
, una de aquellas 'hermosas
'
parecia
cautivas ,
quienes cantaban los garridos donceles al son
del laúd de oro, al pie de la ventana ojival.
Cogí en mis manos trémulas sus manosde
alabastro, ? con timidez llevé á sus labiour-'
dientes los labios míoi:; donde dormían los
hesos. •
'
La noche empezó á cubrirnos con sus alas
de sombras y no me pidió más cantos la adorada de mi corazón.
lS:\!AEL E:--RIQl'E ARCINIEGAS.

DE CHISPAS

Vítores de la turba callejera;
censuras rle una prensa sin virtud·
que hasta discuta nuestro honor ~ualquiera
EL MEJ OR CANTO
¿y eres la gloria tú?
La gloria es reclinar en la almohada
una co~ciencia libre de inquietud,
U~a vez me dijo la amada de mi c~razón: y doquier que volvamos la mirada,
-Dime, ~no de aquellos cantos que tú sabes, aún en la noche horrible, ver la luz.
poeta pahdo del país de la nieve, uno &lt;le
J. N. ARAMBURU.

I
Dejando á un lado la carretera que conduce á ~ladrid, y tomando la calzada que lleva
al convento, se encuentra á los pol'OS pasos
una cruz de hierro sobre una pequeña columna de piedra. A la cruz la llaman lct cruz clel
muerto, y al pasar los campesinos junto á ella
· salúdanla con extraño respeto, balbuceando
una oración.
El pueblo ha perpetuado la historia de la
cruz del muerto con
una de tantas poéticas leyendas, que las
madres recitan á sus
hiios para ir formando sus tiernos
corazones en el odio
il&amp;maldad y el santo temor de Dios.
Hace muchísimos
años dominaba en
toda la comarca un
conde, señor de vastos territorios, que
olvidando el glorioso origen de su sefiorio y las hidalgas
virtudes de sus antepasados, se entregaba á toda clase de
crueldades.
Un día apareció
al borde del camino
que conduce al convento el cadáver de
un hombre atravesado de una estocada; nad ie dudó
quién fuera el matador; pero todos los
labios se sellaron
ante el temor d e
pronunciar su nombre, y el cadáver hubiera permanec id o
insepulto, s i en do
pasto de las aves, á
no ser por la caridad de los monjes
que, recogiéndolo ,
le dieron cristiana
sepultura en la iglesia, levantando después esa cruz, que
al mismo ti e m p o
que recordaba una
muerte, pedía una
oración.
Desde entonces
comenzó á circular
el rumor de que á
media noche se sentía en la proximidad de la cruz una
·voz muy lastimPra,
como de alma que
yace en pena, y en
cuanto las sombras
de la noche extendían su manto sobre
la vega, n in g u n o
osaba trasponer los
umbrales de su casa
por temor á oir
aquel lúgubre ge -

•

\.
.\

mido. Una tarde deEapareció el conde, sin el diablo en persona había llevado á los misque jamás se hubiera vuelto á saber de él, y mísimos infiernos.
con su desaparición coincidió la de aquella
rr
voz tristísima que tanto temor infundía, aun
El tiempo, que es gran esclarecedor de veren los ánimos más esforzados, y nadie en la
comarca dudó que el diablo había cargado dades y misterios, vino no hace mucho á
en cuerpo y alma con aquel tira110, del que · completar la historia de ln cruz del ,n 11erlo.
Encontróla, en un Yiejo legajo dE' la biblioteaún conserva memoria el pueblo.
Esta historia, que oí contar de noche con ca del convento, uno de los frailes que han
lujo de terroríficos detalles siendo muy niño, substituído á los antiguos monjes, y tuvo la
me impresionó vivamente, y durante mucho amabilidad de referírnosla.
En una tarde de otoño lleg6 á la puerta
tiempo fué 111i pesadilla aquel conde, á quien
del conY e n to un
hombre que, procurando ocultar su faz
con el subido embozo de una larga capa, demostraba bien
á las claras su impaciencia en las repetidas veces que
dió al fuerte aldabón.
No bien un monje hizo girar la pesada puerta, cuan do el e m b o za do,
adelantando un paso, sin previo saludo preguntó:
-¿Se puede ver
al abacl?
- Xoes hora, contestó el lego, vol ved
mañana.
- ¡Imposible! replicó el embozado:
entrad y decidle que
un gran pecador necesita hablar con él.
l\Iucho extrañó al
lego esta manera de
mandar; pero jamás
aquella puerta se
había cerrado á la
desgracia, y las del
alma tenían franca
entrada, pues dentro se encontraba el
remedio.
Poco después subían el lego y el embozado á la celda
del abad. Hallábase éste enfrascado
en la lectura de un
inmenso injolio, y al
sentir pasos dentro
ya de su habitación,
levant6 la cabeza y
no pudo ocultar un
involuntario movimiento de sorpresa
al enctmtrarse cara á
cara con el temido
señor de la comarc:i..
Advirtiólo el recién
llegado y arrodillándose á sus pies, dijo:
-~o temáis, padre; ya no soy el
bandido q u e i m punemente rob a,
ni el asesino q u e
mata sin que la justicia humana llegue
á él: siento dentro
Traje de reuniones para seflorita ó señora joven.

�•
- 336de mí no sé qué, algo que jamás sentí, y
vengo á pediros me oigáis en confesi6n, pues
mis nímenes me oprimen.
-Alzad y no temáis, dijo el abad, admirado de ver aquel porte humilde y oir aquel
lenguaje extraño en boca de quien lo usaba;
por mucho que hayáis pecado, mayor es la
misericordia de Dios y l~I os perdonará.
-¡Ah! Lo deseo vivamente. Ha~e eerca
y,t &lt;le un año, dí muerte en el lug.1r en que
hoy se levanta la cruz de hierro que vos, padre pusísteis para mi remordimiento, á un
ho~bre que &lt;JUiso oponerse á 11110 de n1i:;
mnlvaclos planes: matéle yo ~· matéle
casi á traici6n, pues no le dí ape11ns
fo.impo á requerir su espada. Desde c11tonce:;, no encuentro ui paz ni descanso,
y de mis preocupaciones no me distraen ni la caza ni la guerra. Cada Ycz
que di viso la cruz de hierro, ó en las
solrdades de la noche oigo ese lúgubre
gemido que llega hasta las torres de mi
eai-;tillo, siento un estremecimiento que
me sobrecoge, llenándome de extra íin
parnr: no he temido ni á las fieras 11i
[t niis enemigos, que á veces eran ¡ ,eores que lac; fieras, y tiemblo al oir es&lt;'
lamento: no encuentro, pa&lt;lre. la ra~
que busco, y vengo á ver si ,·oz me la
propc,rcionáis.
-La hallaréis, hijo mío, con scgnri&lt;la&lt;l: esos temores son el eco de \'llei,trn
ronciencin, son los llam:11nie11to,- d,·
Dios que quiere premiaros por alguna::buenas obras ......
-No recuerdo haberla:; hecho jn111Í1:,:.
-O tal vez las oraciones de ,·uc"trn
buena madre.
-E!-o será, pu€s ella fné tan santa como yo he sido malvado.
Levant6se entonces el abad,.y apoyando cariñosamente los brazos en L'i
temido conde, proEiguió:
-Hov seréis nuestro huéspl'd, pues
no es hora de que VOl\'Úisú vuestro castillo. Retiraos tranquilo y cscudrifiacl
sin temor vuestra conciencia, que mafü111a os oiré en confesión, y recibiréis
al Reíior, que da la paz á los que de
buena voluntad la buscan. Dei:;cansacl,
y 110 os alarméis ni temáis nunque de
noche sintiérais pasos en los claustros;
e:; la comunidad que baja al roro ú rezar maitines. Hoy, víspera ele difunt,,i::,
van á orar por los muertos, y si á esa
hora c:;tuviéreis despierto, podríais tnrnbién bajar á la iglesia á ornr por t'sa
víctima á qui.en matústeis, y por todos
vuestros antepasados, algunos de los
cuales yacen bajo nuestras bóvedas por
beneficios que hicieron á nuestro eonvento.
El lego condujo al hué.;pecl á la habitaci6n que le habían preparado, y el
santo abad fué á postrarse ante el Hefior
de las misericordias, para orar por aquella alma que Dios llama con su di\'ina
á los senderos del bien.
oracia
o

tales: aplic6 atento el oído, y no le cupo &lt;luda, los monjes se disciplinaban, y este hecho
común r ordinario en la vida religiosa, le sobrecogió. Según iba avanzando el canto, iban
arreciando los golpes, é iba el pobre conde
encogiéndose, como si todos ellos hubieran
de caer sobre sµs espaldas. El coro llegó al versíc.ulo .lu.ditui meo dabis ,qrwrliu,11 etlaetitiam;
et exultob1mt o.~.~ahwniliata, y se sintió un ruido extraño como de crnjido de huesos, y una
luz fo -forescente vino á despejar las tinieblas;
alz6 el conde lil cabeza y se qued6 aterrado:
uno ú uno fué viendo pasar ante sí, en orde-

falo canto de penitencia del Rey profeta Al
fi n call6 el coro de los vivos y ces6 tambié
el rumor de laR disciplina,,.
n
(n monje volvi6 á entrar en la iglesia encendi6 de nuevo los cirios del altar. ar;egló
la lámp~ra y se retiró después de besar el
sue~o, sm .darse, al parecer, cuenta del ext~·ano, conJunto,de fieles que llenaba la iglesrn. J~ntonces, estos entonaron un nuevo cántic~, que ~1ás que cántico de penitencia, parec,a un hmrno de alabanza. 1'e Dfum lauda//l 11~; te l!ollli,u//n c01ifitem11,., y según iban
rn11tando, iba a.u mentando la claridad. Cuando llegnron al Afi.~uere 1w.~1,.¡, Dom i11 e.
11nsererc 1w:5tri, se incorpora ron todo~
y al entonar el siguiente versículo, F'iai
miserico,.di(I, tua, IJ_om i,ie, su11e,· 110.s; qurmadmoclum 8pfrrtvmw.~ in te, comemaron con gran asombro del conde á ascen~er, has~. que &lt;lesa¡ areci~ron por
1~ bol'eda, d.1c1endo.: In te Domzne .gpm,rt, ,wn ro11.f11ndar III aeter1111m. Entonces se cl)lató su pecho .en un prolongado suspiro: la te, Domwe, .~perari: 11011
c1111fu,11lar il! oetenwm, repitió y eayó
dl:'svanecido.
Cunmlo al día ¡:iguiente el sacri~tírn
entró en la iglesia, se encontró tendido
!-Obre el pavimepto un h&lt;,mbre, al parecer cadárer, di6 parte al abnd, ~· entre
los dos condujeron casi cx,ínimc á'8u
habitación al pobre conde, c¡uien á ft~~rza de cuidados logrórestablecer13r, y refirió al abad cuanto hemos dicho.
[V

Desde aquel día no fué r¡]ro \'eral pie
&lt;le la l'rnz del 111uerto ú un monje, oculto
el rostro uajo la capucha, en postura &lt;le
profund·t n1editación. Ninguno de los
muchos campesino¡; que al pasar ~aludaban con respeto á la cruz y al monje,
pudo sospechar jamás que bajo aquel
sayal Re ocultaba el terrible Reñor de la
comarca.
A.M. DE M.

,

EL PAJARO

ITI
Haría próximamente un3: hor~ que,
-:.
arrodillado en el fondo ele la 1gles1a, oía
el r.onde el grave canto de los monjes,
cuando á la última oraci6n sigui.6 un siTraje de calle.
lencio profundo, interrumpido por la entrada de uno de los religiosos, que después de nada procesión, los esqueletos de monjes, &lt;lahacer profunda reverencia ante el sagrario y mas y caballeros, cubiertos con i:;us humilbesar el suelo, fué uno á uno npagando los seis des hítl..1itos, sus ricas falda:; ó RUS férre,is ar·
cirios que ardían en e~ a.ltar, dejando la igle- maduras, y cerrando aquel fúm:bre cortejo
sia sumida en densas tinieblas. De pronto, el iba él, Ja víctima, á quien mató, que, al pasar
conde experimentó como una eacndida eléc- á su lado le la11z6 una mirada terrible con lai;
trica: había entonado el coro, pausado, so- vacías /,rbitas de su descarnada calavera; pelemne como deprecación hecha al altísimo, gada la lengua al paladar, dilatados los ojos,
el con~ovedor salmo Jliserere rnei, Deus, se- erizado el cabello y comprimiendo el aliento,
rnndun rnagnam músl!Ticordimn tuam, y al mis- presenciaba aquel extraño espectáculo. Arromo tiempo vino á 'oírse un ruido extraño dillados los esqueletos ante el altar, iban
como de granizada que azota galería de cris- contestando con voces de ultratumba al sen;.;.

\'olvía yo de caznr é iba avanzando
por una avenida de mi jardín. Mi pe1To i ha delante, corriendo. De súbito
veo &lt;¡ue modera su carrera y a\'anza con
prerauci6n como si olfatease caza dehwte de él.
l•:xtiendo la mirada por la nvenida ~·
yeo un pajarillo casi implume, de pico
amarilll'nto y con la cabeza cubierta aún
de pelusilla.,
Había caído del nido el viento balanceaba con fuerza las acacias de¡ jardín-y estaba encogido, extendiendo
lastin1osamente sus alitas implumes.
Mi perro avanzaba y temblándole las
patas, @uando de pronto, desprendiéndos: ele un árbol inmediato, un pájaro
viejo, de plumaje negro, cayó como una
piedra ante la misma boca del peno, ."
crispado, loco, boqueando desesper!d~,
lanzando un pi ... pío ... que daba lasti·
ma saltó dos veces delante de aqnella
bo~a abierta ele afilados dientes.
Se había lanzado á defender á su hijo; quería servirle de m.uralla. Pe)'º la pobn'.
avecilla temblaba ele miedo; su grito era ronco y salvaje; moriría, sacrificaría su vida.
•\ suR ojos, el perro ¡qué gran monstruo
parecía!, y no obstante: el pájaro no había
podido quedarse arriba, en aquella rama tan
alta y segura. l:na fuerza más podero1-1a que
su voluntad lo había lanzado de allí.
El perro se paró, retrocedi6. Diríase que
hasta él había reconocido aquella fuerza. Le
llamé aturdido y me fuí poseído de un santo
respeto.

•

�</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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