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                  <text>A~o VI.

NuM. 3L

MARGARITA.
D(la colección Pellandini. Sao Francisco n.

�-403-

E/:

_IN QUE LLORA
Y EL

VIOLlN QUE RIE

Asociaciones caritativas.

Ko fué sób la fiesta qu,e en Tlalpat:
hicieron las señoras á los pobres, y á la
qu.e la semana 'pasada me referí, la única
qu.e se efectuó el día del caritativo santo Yic-ente de Paul. .
Entrie nosotros, á Dios gracias, no es·
oa_sean las asociaciones de caridad, ,. 110
es .en :\[éxico, á fa verdad, donde reali1
za n menos prodigios.
Esto C'vnsuda en parte .de los mudhos
y gray.es contrastes qu,e la Religión ex·perimenta en sus más caros ideales; 'porque es .permitido e.slperar que Dios se
a•piadam ele nu·estro ipaís y no dejará per.ecer ,en él la lf e. en vista· de 1o generosa
y activa que e~ la caridad en s u suelo.
Si un vaso ck agua, dado en su nombrie, vale un cieh tantas v tan multiformes obras de miserrcordiá, hay que es·
perlo. no dejarán de tener aparejada una
recompensa proporcionada en el orden
de los mismos intereses espirituales. á
que e1!:as aspiran exc1u:5ivam.ente en la
tierra.
.
Las asociaciones caritativas 1qu,e tie·
ne11 un carácter francamente cristiano,
son unos de los frutos más bellos ele la
relúg,ión, qu.e las ha inspirad.:&gt;. las vivifica y las ·ennoblece.
EÍlas tienen; por ,el mero hecho ele
constitufrse, perf.ecto dereoho á las simpatías el.e los católicos. y éstos. en la me·
elida de sus fuerzas, están en el debLr ele
ayudarlas y iproteigerlas.
La formación de esas asociacione~ es
por ~í sola un esfu.erzo y un triunfo.
Y cuando en ellas reina lueg::&gt; un es·píritr, de ,conco rdia. d'e abnegación, de
gen.erosa emulación en la ,disoensación de
la caridad en nombre ele Cristo á aquellos que la imploran 'Ó la necesitan, .ienen
asegurada la b.enevolencia y aún el favor
d'e los indiferentes. con sólo recabarlo.
El aroma de las virtudes cristianas y
singularmente de la caridad. está dotado de mágica efic,acia á este respecto.
Al buen ejemplo &lt;l'e las ::&gt;bras caritati·
vas pocos coraz,ones se resisten.
El egoísmo más e5tredho les rinde ho·
mtenaje. porque el desinterés y la abnegación que las acomp,añan. las ponen á
culbierto á .segundas miras y cá:lculos
rastr.eros.
Por eso la Relig-ión la~ fomenta, las
hendirc~ y las 0st,enta á la :flaz clel mund.:&gt;.
Las fiestas en San Angel.

Con poca animación han estado celebrándose las fiestas del Carmen en el
inmediato pueblo ele San Angel. donde
los Reverendos Padres ele esa antiquisima Orden tuvieron un gran co1wenro.
v al lado de ést~ una huerta, cuyas frutas famosísimas eran muy apreciada~
de los gastrónomos de la capital.
Este año no hubo, como era cos~uni·
bre. Exposición de frutas.
}Ioy habrá t1na ja:maica t n la pl"ra

del Carmen, y San Angel se 'íerá, s~ ..
gura.mente, atestado de pasea.ntes, q:.ic
lo~ tranvías eléctricos conducirán po!"
millares al pu·eblo; y corrno quiera qne
ya está lleino de familias distirn:~1idas,
por ser la estación de veranear · bien
.
'
ammados estarán los festejos y se comlerá,n frutas por quintales, se tomará
cerv~za por barriles y se .. .. espachurraran las gentes al regresar á esta ciudad, luego que el sol ha'.)'a traspasado
las altas serranías del Oocidente del
Valle.

pretenda en él excitar pasiones bajas é
1nnobl.es d_el eSl])ect.aidor, é inducirle I
menosprecio ,ele c:osas s•antas ó sagra~
creo. que es de recomenda:rse con ~fe.
1~ene;ia á otros engendros ,soporíferos v
realistas,. que se od're-cen en los teatros.
Oual1qmera persona de .medianoe iBB
!into.s, ! esto es indu&lt;lable, reeibe me
JOll' lecc1ÓIIl coo. una reproducción plistica; '.de lo que la justicia de Dioe 6 PI
Oódi.g-0, res-e.rva para los espíritus ]ll'rvertidos, que con lais gros,eria.s de ''En·
señanza Lib1'r." "Ye1;uH -Ri:tlón'' ,v tantos
otl'o·, e,spPctiár,u los {·hotarreros.

Melodramas en Hidalgo.
Nuevo libro de un poeta.

El tea.tro de la calle de Corcher-0 .se
Ye lleno en todas ,sus fundone:-1 de 'ese
l&gt;nen púhfüo, qn P l101·a ·~· 1ít· eu l'I ü•a
tro üOill toda su fuerza, como si lo qtw
OCUI'1'e en el P~·cenario fup1·an reali·daidt&gt;:,.;
.v ;io ficdones.
~u.c.ho se dhmute HobrP si el nwlod~·a
ma PS produdo de un ai'tP d1·amático
inferim.·; ,c;;e &lt;lk(' qnP f'S u.n t~s.prt·tú&lt;·ulo
para gentes1 inculta,s y se le encuentran
mucho~ dPff'etos; ¡}ero, oemTe ,pregun
la1·. ¿s1 un nwlo,dranut f'Ktá bien hre&lt;."ho
qué moth-o,.s tendremos p,a;·a ,!les·pl;f':
¡·iarlo?
El públil:o tiene sus gustos. y una
g~1·a:n masa de él, prescindien.do bonita
me-nte clP los sar.ca,smo~ quP mer('ce el
melodtraillla á ciertas ge;:ites, que pl'esu men de e1•í.ti cos. s,uele lle nar los tl·'a tro,
en que :,.;e sil'TP ('! génP'l'O, coirno si uo Kt'
dije1·a nada eontra ~l.
Quien ha~·;a ido á Hidalgo á n•1· algunas de las obra,.il ,que allí se reoresentan. 1habrá ob&amp;errndo ,que lo único que
Pxige ese públioo, es q11&lt;' la obra no Je
aburra por falta de aBción ó de in tNés,
peTo ,supuesto esto, la gente sr Pnti·-:·ga, y ll01rt1, cu,ando los pa1da·es eucu·,:itra n á los hijos, c·o1mo s uc,e,de en ·'Lr,:clos, pilletes," y se conmtwve mlte 1ll N,peeráieulo de los saJcrificios. que ~u&lt;'J.·11
i mponeirsie 1os per,sonajes "buenos." &lt;:{)rmo el suicida de "El Estigma,'' y se al{&gt;
gra ,ta,mbién ouando el "trai,dor'' caé en
las garras de lia policia, y ha3ta algunas veces· (cOIJilo realmente ocurrió en
el Hidalgo uo ha mucho) diría á grito~.
si. la emoción no se lo vedara, que Pi
que va á ser castigado r,:i,o es el ,erdadero culp~ble. y avi,sarfa al "Conde,'' ~'le
la citada obra de Decourcelle,;, que rn
.á oaer en el lazo que le ti•'nd¡•.11 los ladrones ....
Contéstese: ¿ no es sano este &lt;'SiJ1Ntrtl'U
lo?, ¿.no s-0n preferibles los melorlrnmas
á las indecentes chulaiperias, que h&gt;nto
eontl'ibuy,en .íl la i:1,e·duea,rión ambientr.
y que, sin C'mbargo, s011 tenid~ nor mu
chos po::• ~rn.rio 0 ()oS y agra·d'a blC's ?
"Xaturnlmente. en el melodrama ha _v,
romo en todo, buPno. malo y peor. ~ por
ello es que estas líneas no deben tomarse por una 1-e,cO'Illerndadón del me1odrama. en cuanto mlf'lo,drama. Df&gt; ni.ngún
modo.
Pero mientra!'\ ,sea honrado y uo ¡;p

De España nos llega la noticia de que
el ilustre poeta mexicano Dpn Francisco
A. de foaza, que actualmente representa
Él nuestro Gobierno en el LmJperio altmán
·:.: on el carácter de 11inistro P1enipote,iciario, acabá de publkar un nuevo tomo
de v,erso.;.
lcaza ts reputado en la patria d~ Qlltvedo y de Lope como uno de los mejores
poetas hisvano-americanos. Maneja eon
gran ele,gancia el idioma de Castilla, v su
estro 1Vigor030 le ha 'Valido ala·banzas de
varias eminencias en literatura. ·
"La Canci'Ó11 del !Camino" se llama el
nuevo .libro del ilustre ¡poeta-diplomático
autor de ''Effun.eras y Lejanías." En
como en las poe~ías que componen los volúmenes nombrados, resiplandece suavt
~erfume de verdadera poesía, realzada por
una fomna irreproohable.
Y, "como para muestra ibasta un botón," aUá va esa que el autor llama: "P('emas sin ·palabras :"

:QJando Ole Bull, joven d\'sconociclo
se hubo marchado de Parí.s, donde le 1i/
~~ roba?º. todo lo ,que po$eÍ:i, induso el
VM?bn, fue a parar a B0!or¡ue. don-le \'ino del producto de alg1..!Pa, lecciones.
Afgunos días no comíc.1., y una n')che,
,.¡irtm1ado por el lhannbre, buscó vanamtnte en su pabre huh·i.-dill.t un menclrug•) de p~n que ::reía h;i.h:&gt;,· puesto !t t11t
!ado E-1 d1a anterior.
&amp;tonces, cogió su violin, que era un
m~tru~ento bastante o;·dinario, y lt:
a,ranco melodía~ ora tierna; y q~ieium
brosa~: ora salva1 es, ·expresando su desesptrttJon.
i os transeuntes se pir:tban . maravillado.-i de~ extraño poder de aquel!'l música;
pero nmguno .de ellos tt1, 0 la idea de infonnarse de st el artista había comicio
Ole L Bull
~a.bía oesaclo de tocar el ·.
l) 'b
VIO,
1m '! ~•ª a ase entregado á un profundo
sueno, cuando se despertó oyendo llamar

El~cuerpo:de Genda.rmes de á pie pasando revista.

la quel expresó en melodías que deso-a·r ra
o
l&gt;anL e a lnn a, t od a la tristeza de la suya.
os orentes, con el corazón oprü11ido
renas Sl O~aban respirar bajo la ll?'resió,;
edsta (JUeJa, qllle terminó por un trozo
e e .ttlce mela'llcolia, que aipla,có las angustias del ,prirrcipio.
El artista se detuvo. una verdadera
,

t

,r:-----=-:":'-::------::~---:o~--~~,,__--=----:-====
11

VIDA Y MUERfE
E N'lació en Oriente un sol esplencl¿roso.
n ª.vende arboleda un ruiseñor
.
En v1bradora cítara un sonido '
Y tú en mi corazón! '

Y á veces su ipot,SÍa.
ni iplásüca ni sonor'l
riebelde a la · melodía,
se evapora.

Yo la aspiro y la 1.0nsumo
en esipirales de ensueño,
y en fa1bricar no me 0mpeño
con el hulmo.
Oigo su música ignuta.

Es la canción de mi vida
una fuente que borbota
escondida.
Y soñador inactivo,
dejo que floten dispersus
en la atmósfera, mis versos,
y los vivo."

(M.urió el aistro en la sombra de la tarde
En Jaula de oro el aVJe pereció
,
la melodiosa nota en el silencio'
Y yo en tu corazón ! ·

. ~-;~
w-

.

L! ULTIIIA REVISTA DE GENDARMEs.-E~ Coronel Díaz en la tienda de campaña donde se

adi'.su
puerta.
eron
que 1Entraron·
h' · tres señores "~ le p:..
•
t d
~s te1era el favor de ir den..~. e me&lt;l1a. hora á de1'arse oir en el
....,.....1erto d
.\
. y I e 1a .' cadenüa filarmónica.

°

1

N~uega. J:rU€ un enca.nto de otro ,g énero
.1. entusia~o del público casi rayó e~
delmo. El Joven artista se desvaneció
pero _esta vez doblegado por la alegría
su tn unfo.
Al otro día era icélebre.

d;

revista mensualmente.

"Otro más hábil r activo
con los asuntos diipersos
en los Ji1bros, ha~a versos ;
yo los vivo.

Comió ' y .á Pº~.0 se repuso y se sinti,j·
eno de a111ma.c1on y confianza.
d La ~eg~~da parte del Concierto había da.. ~ r~~~pl~. OJe ~ull ejecutó un segund,)
o- o o, . a,c1endo o1r esta vez los más alefes ~ tierno.s acentos: se creía transpora.d_o. a los d1as de su infancia y ante )·,
PfeUoa. natu~a.leza de las montañas d;

11

t 71
.-exclamó en el ·colmo de la exh~-za :--yo t?car al lado de 1-Ime. Mali·
de Benot !. . . .

\ .r

-l.i."1

·atJosic~ --&lt;:ontest~ uno ;-Beriot se ha
Mali&gt; o y nos mega su wncurso; ),Imc.
~rr:,n, s_e halla indis¡puesta: la reembran t a .1~stancias nuestras, ;M.me. Coly iJ.hne
.'~ero no _tenemos violinista,
ta
oss1111, que vive enfrente de es'teces .• que os ha oí&lt;lo tocar mucha!.
to· !,S·~ots_ ha ihab.lado de vuestro mér·i·- 1 iene 'Valor d
;el .i&gt;úbr
. e ipresentarse ante
bito." ~,-nos ha dtcho,- respondo d"..'I
llletido á s of:ocemos l? que estaba proBenot: la 1:mtad exada de Jo!prod,.,,.
=LOS. . A'C tá' . ;,
.
Ya á p · . ¿. ep is · · · · · El concierto
f\1_. nnc1p1ar.
· · · creyendose
,
devte
alguBull los· _s1gu10
víctima
COtnplttana alucmación. El salón esta·b1
RoasinJ mente lleno y aplaudían á Mm ~l'lnia ' que _acababa ele cantar. El proBtt e ~~nciab_a un solo ele violín. Olf'
lbiente~: ¡51' mst:~1mento, y sin para,
'8c:arnecia , a atcnc1on del público, ·que le·
~a~sa de su traje nada eleoviso una dolorosa elegía, en

imt.

~

INVIERNO Y VERANO

pasa

t empestad d e aplausos estalló· los · "'b
"
b
'
ravos no c,esa an. El director hizo descen~e~ el telon,. y todos se apr,esuraron á felicitar_ ~1 artista, que cavó ieasi &lt;lesfall.ec,·d d
d
J
o, 1c1en o en voz baja :
- ¡ Pan, ,por el él!111or de Dios. nn pedazo
de pan!
·
Condújosele inmediatamente á una sala, ~n donde. se le sirvieron platos s1ubstanc10sos y vmo geNeroso.

Hoy el ver.ano oo tu mejilla pura
Sus ftu,Jgores ostenta
y del invierno la estació~ obscura
En tu pecho se asienta.
Eso, alma ~e mi alma, no es eterno,
Y un-~'ª no.'1ejano,
En tu meJ1lla remará el invierno
Y en tu pecho el verano.

cas,; v

•nnpt

Pasando revista,

�-404-

ENTRE PAYASOS
El uno la agilidad, el otro la fuerza y ambos la gracia, eran los dos artistas más queridos del público y sus excentricidades de
clown-~ acrobáticos eran tan arriesgadas, que
casi más que ellas mismas maraYillaba y sorprendía la indiferencia con que las ejecutaban
los payasos.
Elerhs era inglés, y como los Hanlon-Lee,
sabía desentrañar lo verdaderamente estético
de su profesión, la tragedia que palpitaba
latente en cada una de sus paya.sadas gigantes. ~entía gran áfición hacia las be1las letras, y como buen britáiúco, sabía su Shakespeare y su Byron casi de memoria. " 'ils,
en cambio, era romano, y ni siquiera á su
Carmen Silva conocía. Simbolizaba la fuerza,
la superioridad física nada más, y todo su
orgullo estab:.c. largamflnte satisfaecho cuando,
después de levantar con facilidad asombrosa
pesas de centenares de libras, mostraba á la
concurrencia absorta su biceps poderoso que,

Los dos payasos habían puesto su amor_e!1
una mujer misma; y no era ésta la eqmhhrista griega de belleza maravillosa; ni la
morena elesia de cabellos ensortijados como
enroscadas serpientes de acero; ni la holandesa rubia que bailaba graciosa y ágilmente
las danzas zíngaras, haciendo destacar con
las piruetas vertiginosas, sus prominencias
delicadas é incitantes; ni lí\ hermosa argentina icarista y saltadora; ni la bonita jónica;
ni la misteriosa israelita; ni la malabar ebúrnea, espléndidamente gallarda sobre las
trompas juntas de sus diez elefantes; ni aun
siquiera la egipcia, aquella egipcia soberana,
que al levantar los brazos para equilibrar el
balancín al subirse en el alambre flojo, desarrollaba la línea suave de su cuerpo de diosa, que se adivinaba, desde las axilas, á través de la túnica azul, majestuoso, celestial,
eurítmico, ondulando serenamente, y dejando como estela aérea, id deslizarse veloz por
el filamento metálico, las crenchas abundosas
de sus cabellos, que brillaban mordorados,
sueltos y undívagos, en el aire reposado y

veía este terro 'Íiieo apara to e
· embarnzoiO, 11 eno de a. .ad yJ nn
s1·1enc10
da
~mor. Tacteando se asía del extremo fiJO del madero, y en un n 1 1ento &lt;lP pront
dejándose deslizar velozmente, d~scendía n,
y al llegar al extremo, quedaba sujeto por·~··
alarde sobrehumano de cálculo y de pulson
Y cuando todo el mundo presentía verlo y~
despedazado y e11tre los aceros filosos él se
desnudaba la venda y saludaba con u~a sonrisa unifon~rn y pasmosa, mientras que la
concurrencia, placenteramente aterrorizada
e~ta~a enmudecida de emocióu, gozáado~
aun mfamemente en aquella extraña y maquiavélica sensación de miedo.
Entonces, al quitarse la venda, fué cuando
la conoció Eler~s. Vió su silu~ta alargarse
sobre la baranchlla del palco, y a sus ojos de
clorótica, negros y luminosos, agrandarse
aún más bajo el arco perfecto de las pestañas
larguísimas, para enviarle una mirada intensa y excesiva de admiración.
Apenas si representaría dieciocho años lo
que de su cuerpo grácil, impelido de una

•
-405-

1

(jO:NCURSO LITERARIO DE LA

SOCIEDAD MUTUAIASTA " EMPLEAD0S DE COMERCIO. "

EL NUEVO TEATRO NACIONAL DE MEXICO.

S&amp;. MANUEL H. s~N Jurn
que obtuvo el primer premio en el ~oncurso

Stt. Jo,-E M . GuTIERR¡z FERNANDEZ
que obbuvo segundo premio en el conc~rso .

dilla del palco, en nn movimiento irreflexivo
de atenci?n esforzada, el perfil gracioso de
BU figura mteresante.
¡Oh! si (·l hubiera sospechado que su compañer:o \\'ils, el atleta grosero, se transfiguritba ulealmente y guardaba también como
él sus más valiosos ejercicios para cunsao-rarlos en ofrenda de amor ú la adorJble figura
del palco doce ...... !
Fué una noche y á la sazón de ejecutar los
dos payasos un trabajo combinado de doble
t~pecio! )Yils, colgado por las corvas ue uno
fijo, ~eci?i_a á E~erhs, quien después de hacer e3erc1c10s pnmorosos en el columpio largo Yvolante que tardaba casi un minuto en
d'!3'-rroJ1ar su recorrido, se lanzaba, al ter~mar PSte, al espacio, en el cual era recogido par los brazos musculosos y fuertes del

romenzado á definir su trayectoria, v (.1
ruando ya _estaba_ (.sta. más mediada, despu(.~
de unn. lucid~ sene_ de :ilardes gimnásticos,
se puso en pie, y sm detenerse, sin casi nec~sitarse n paren te esfuerzo, por una flexión
'".1gorosa de f-\•·~ m~sculos inn1ensamente elásti~os, se lanzo al a_ire en una voltereta triple
mientras el trapecio seguía matemáticamen .
te su camino para coincidir con su tripulante en el punto de la caída y continuar juntos
la a~rea carrera. El concurso entusiasta sugestw~ado, pron:umpió en un aplauso r~idoso, t~mform::_y ª. \\ ils, el que nunca había
sentido emri~ha 111 celos de los ajenos triunfos, ~¡ que si~mprr se había congratulado de
los aJenos éxito:;;, al vei allá en el fondo del
palco núm~ro doce. ;mas manecitas ducales
q_ue_ a~lau~ian -. qmen sabe si por involuntana nmtac10n-;--se l\nubló la vista, se le agarrotaron en cnspacion convulsiva los receptores brazos, Y. el cuerpo de Elerhs al no ser
~o~· ellos recogido, describió con rapidez vertigm?s~ una. rama de parábola, cuyo viviente movi l policromo, después de rodar sobre
la arena de la pista, mostró al público absorto, un color nuevo: el de la cara ensangrentada.
Y en.la oquedad róncava del circo resonó
un, alando de e;o::pnnto, m~entrns el cuerpo drl
ca:do se revolvia conn1b1rnmente con movin:1;entos gemebundos...... Fué una impres1011 t~n brutal, tan honda, tan dulorosa, que
las mas de las damas abandonaron indii,;puestas el espectáculo.

atleta.

· Comenzó el espectáculo; Wils veía desde
su. trapecio,
frente á sí el l)alco de ella y
.
~!18 OJOS, me~io entornados por la concentraC16~ de la mirada, daban un aspecto repulsia su r?s~;º co~gestionado por la violencia
tle la pos1c1on. El columpio de Elerhs había
)

)

"º

Vt,;,ta lateral del edificio, tor:nada:del proyecto.

reflexionar el braZo,re recÓgfa en ~1ismo
como para mejor mostrar sus musrolosidades
aecias.
Hacía mucho tiempo que, por sucesivas
coincidencias profesionales, trabajaban recorriendo juntos las más importantes poblaciones y á diferencia de los demás artistas, jamá~ habíase suscitado entre ellos rivalidad
alguna que tuYiese por ori¡¡:en la competencia ó i~stintos de supremacía en la ejecuci6n
de sus análogos trabajos. Y aquellos dos
hombres, ajenos á los sentimientos triv_iales,
aquellos dos artistas en cuyas almas Jamás
habían germinado los celos de la profesión,
eran ahora inconscientemente, sin saberlo,
feroces enemigos. Elerbs hubiera puesto en
juego todas las _agr_esiva,s sa~acidade? de su
astucia para amqmlar a qmen le disputase
lo que él t~mpoco poseía, y Wils1 ¡ah! Wils,
hubiera deJado caer su pesa de cien kilos sobre el cráneo de quien osara poner el deseo
en aquella mujer, en la cual había él puesto
todo el no sospechado cariño, dormido en el
fondo de su sensibilidad, exaltada y poderosa, como sus puños.

luminoso, '"cayendo, al deten~rs.e ,ten:cascáda
crepitante sobre sus hombros.
Se habían enamorado tan idealmente como
hubiera podido hacerlo un cloim de Banville,
y cuando Elerhs debutó, ya hacía tiempo
que Wils estaba cautivo de la dolorosa alegría de aquel amor misterioso. Era el trabajo del payaEo ágil, un ejercicio arriesgado y
emocionante. Después de una escena, en la
cual se hablaba de la competencia de dos empresarios de acróbatas. y de haber ejecutado
uno el exprrimento preventivamente sujeto
á la cintura y aun defendido por una red, objetaba el otro tener un artista que hacía aquello mismo, pero suelto, vendado y colocando
una tabla con pun zantes hojas de acero en
lugar de red protectora; µoníalo el otro en duda y entonces salía el de la mano de su ficticio empresario; saludaba con una genuflexión, que, aunque querfaparecer grotesca, no
podía dejar de ser elegante, y por una cuerda se encaramaba basta la cúspide altísima
del circo, de la que pendía un largo cilindro
de madera, bajo el cual, en el suelo, se ponían
los amenazantes puñales, mientras el público

extraña:continua movilidad, se veía: era e~i·
ouo de carnes, pero de redondeces proporcio·
~adas · en la cara pálida de alargado 6valoP,
expre~ión inteligente, 'brillaban como 108
bordes de una herida, los labios purpúttis.
1
Y el marfilino cuello ' cuando ·á P·l set lleva
1
ue
en uno de sus frecuentes mov1m1en osq a
08
acreditaban de mujer nervio~a, las m~r :
parecía ~dornado con el col_Iar de sus
tes Y. rosaceas uñas, que ~ el le pa~ecw rlas
preciado que aquel magmfico, cu) a~ pe al
de_ lunar oriente ~alidecían de enYi~1a, DJ•
muar la blancura rncomparable del meo
paral&gt;le soberano cuello de Artartea. _ rita
Poco tardó en saber que era una seno
aristócrata abonada al palco en donde,_~
'
1 .
~ Dei;ue
primera vez, la viera, todos os JUCV~-· io·
aquella noche las semanas le parecie; ah!
terminables pero cuando llegaba el a .1 te&amp;
entonces se ~reía feliz el payas?, Y sus eJ~iopiruetas, sus saltos más atrevido~, las eeraD
nes más incomprensibles y peh_gro8Tncont
para que ella las viese_ y le enviara dnrlrl·
ciente, en pago, su muada llena de a baraD"
ción y de temor, prolongando sobre h

SR. M ANUEL ALVAR&amp;Z DE L A CADENA )

que obtuvo segundo premio en el concurso

?iadora, v0luptuosamente agradable, semeJante al ronroneo de los felinos cuando están
contentos.
Y subió por la cuerda, y se asió al extrem,o del madero, y ejecutó el ejercido y estallo el a~lauso, y se quitó la venda para dar
las grae1as...... Entonces sucedió una cosa
extraña y horrible.
Re le Yió un momento conr,entrar lá mirada_en un punto determinado, palidecer, enro¡ecer de nuevo, desde la altura........ .
, Y el cuerpo del paraso cayó, casi despedazandose con su prop10 peso, sobre las acemdas hojas, mientras que una parte del públiro, _m_e~os clamoroso y más compasivo, se
precipito tumult~wsamentc á la pü,ta, saltando, para consegmrlo, por el palco número doce que estaba desierto.
ALFONSO

HERNAXDEZ CATA.

. Por medio del trabajo ha sido sometida la
tierra, y redimido el hombre de la barbarie·
Y. ~in él, ni un solo paso ha dado la civiliza~
cion.

.. ):~~-;~l;~~~i6~·,.. ~-~· l~~g~ii~~i~~t¿··,~~d·:;
0

~~1:ás

6

que

SR. JosE L. VnAsco,
obtuvo mención honorífica en el concurso.

mas, del q\1e ~u cuerpo, ya á ellos avezado,
se fortalec~o bien pronto. Decididamente, en
a~uella m1sm_a semana debutaría; pero babia de ser el JUeve~, precisamente el juevef;
en eso n?, estaba dispuesto á transigir.
'
. Acced10 el empresario y los carteles anunciaron c~n caracteres de gigantesca talla y
colores vivos, la reaparición de Frank .John
El~rhs, que se p~·esentaría al público con su
arriesgado expernnento del madero C'ilíndrico. Aquella noche resplandecía el circo como un aseua fulgente de oro.
Desde las lunetas hasta las graderías, sr
elevaba un murmullo tenue de impaciencia
Y cuanfo, despué~ de la inocente far;::a qu¿
precedia al e~permiento, salió Elerhs vendado, el J?~bhco, por no interrumpir la re~rese~~acion, no prorrumpió en la ovación
s!mpatica que a1:n en el silencio se exterionzaba por un rmdo vago, como onda acari-

SR. JOAQUIN DE MIER y TERAN

,

que obtuvo mención honorífica en ei c~ncurso.

�-4o6-

Hojas de Margarita
Sobre un cielo lila y suave como color de
plúmbago, brillaban las estrellas.
Dulce paz celeste, consolaci6n venida de
lo alto, cay6 sobre mi espíritu.
Y volví á evocar el pasado, cuando te conocí por la vera; del camino.
Te amé desde entonces y reímos sin saber
que el dolor existía .. .. .... .
Tú eres hella, marfilina, como una estatua
pensativa de los tiempos de Praxiteles.
Corrieron los años. Y hoy que vivimos la
edad núbil, has olvida-Jo nuestros felices
tiempos tornándote desdeñosa.
Y al fin, nguijonea&lt;lo por mi pasi6n, te he
dicho mi cariño que antaño puso en mi alma
con tu imagen.
¿Por qué recelas de un amor que ha perfumado nuestros días y que te ha rendido como la única v;rgen de mi culto'?
¿Por qué no escuchas la súplica infinita
que clama mi adolorido coraz6n?
En vano me brindas amistad ; yo no comprendo la amistad , cuando sobre el ara dejé
las flores de mi ruego, de mi cariño, de mi
adoraci6n ......
Y hoy la esperanza, esa diosa de los vencidos, ya era tiempo queme mostrara el alba
del milagro!
Porque después de sufrir el desacierto el&lt;'
tantas desilusiones, me h e convencido que
nadie te quiso como yo!
Porque mi amor fué la flor de tu earnino
que embalsam6 el cielo de tu inocencia ..... .
¡la única flor!
Amor silencioso, pero ardiente, como las
estrellas de las noches sin nublados .. ....
Amor humilde, nacido en las reconditeces
de mi ser, como el perfume suaYc de las violetas ......

-407nia vi,1cit y rrL:1 11cha e- morimiento y 1

LA REVOLUCION

movimiento produce luz.,&gt;
e
P ublicamos hoy los retratos de los autorea
de los trabajos premiarlos.

( FRAG )! E~TO)

Ya con sordo fragor se precipita
Y mueve á Dios desesµerada guerra,
La santa cru 1, de los sepulcros quitn,
Yuelca las aras y los templos cierra:
Ya con furor satánicn medita
No sólo echar á Cristo de la tierra
Sino dejar en sn ü1sern:ato nn helo'
Mudo y vacío y solitario el cielo.

Recosta.do en su noble lecho l a•dolescente trató de reconstruir Í e . . ,
pálida é intensa de su , lf . a vis1C?D
de aimor.
u imo ensueno

FOTOG RAFICO.

1

11 en

K. Vinaver, diputado por San Petersburgo.

Id Y traedme á Haikottna

El profesor Kar€ief, diputado por San Peters-

Ta de ardientes ojos ne&lt;Yros. '

en.tre las h ijas de Zara, 1:,
1t11el, ·perfume. flor , lucero.y apareció la doncella
la de ~rdien!es ojos negros.
Ycanto el hmnno de Iliria
con heridores acentos.
a1 pa~ &lt;¡t!e ond:ila,nte y lán~tticla,
con n tmicos pies ligeros
sobre el afelpado césped
iba una. danza tejiendo.
Rodo1t.za a:bri&lt;'&gt; los O jos.
ele entusiasmo y júbilo ebrios:
mas al verle Haikoun.a
rápic!amente hizo un ·g~sto.
·" asi al desviar las mirarlas
de aquellos verdugos fieros.
ron la túnica flotante
~ubrió &lt;le! c~udillo el cuerpo.
.\ de. esta guisa salvó
.
•la vrcla al 'D uque impertérrito,
al que h1chó contra el turco
corno bravo y como bueno.
Y desde entonces el 1himno
de Hiria, lo llama el ipuehlo.
el canto de Radoitza
de tal acción en recuerdo.

Xalapn, Estío de 1906.

De "Gotas de ajenjo' '

Eras ayer tan pura
Como la blanca aurora
Que entre cortinas de zafir fulgura
Y heladas perlas en los prados llora.
Eras ayer tan bella
Como la obscura noche
Que prende, triste, la convulsa estrella
En el cresp6n de su enlutado coche.
Eras ayer altiva
Como la palma verde,
Que al lanzar su plumaje tan arriba
En el vapor del nu barr6n se pierde.
Mas ¡ay! ... ¡fué un sueño todo!
Pues parece imposible
Que hoy te rías y cantes entre el lodo,
Y que tengas el alma tan horrible!

,, ·t.
.Let parecía
esrar en llll".... sala- --x
d
r111.;1e b'a ornada ' entre J.'O'&gt;'enes
,
marquese~ cu' iertos de emblen1\as antiguoc: y
pnncesas .: oron•adas &lt;le flores colo; dr
ros 1.

Rodoitza, noble ilirio.
ele valientes claro ejemplo,
tras agria pugna, del turco
por huir del coraje ciego:
de enem iga sangt e rojo
el ágil tajante acero.
al contemplarse vencido
con ast ucia se hizo el muer1 e,.
-¡ Oh, torpe Duque, aún a)i-enta~.
vano es. pues. tu fingimi,ento,
y por Alá. haré qne vibren
otra vez tt·s flojos ntrvios !-

ORIC.

Niña: ese pelo se cae,
Y es~s pupilas se enturbian ,
Y ews labios palidecen
Y esas mejillas se arrugan ;
Esos dientes se carÍ&amp;.n,
Ese albo seno se enjuta,
Y esas espaldas se encorvan ,
Y esa frente se deslustra.
Por eso nunca te alegres
De sr.r bella, porque nunca
Las hermosas han dejado
De tornarse al fin ...... en brujas;
Y además, de una vez sabe
Que toda humana hermosura
No es más, no es más que un bocado
Que va al vientre de las tumbas.

ª• mandada d i sol V e t&lt; eonfottm e u n ' 'úkasse''
i mpettia l de los ú lti mos d ías .

UN SUEÑO

BALADA

¡Inútil presunción! Cuando mn iiana
Se ago3te, como yerba, el poderío
De esta generaci6n soberbfa y vana
Que lanza á Dios su imbécil desafio;
Cuando &lt;le su grandeza sobera na
Queda el pol vo, no más, úridr) y frío,
¡Tú, redento ra aruz! ¡Tú, santo leii o,
Sobre las tumbas guardaríu, su suef11&gt;.

E ST U DIO

llos ex~mi einbttos de 1&amp; Du1n

burgo,

Las notas de la orquesta venían de la
sala, Y en el aire flotaba un aroma pen~tra nte ele i¡&gt;olvos de arroz ,. ele cabelieras femeninas.
·
. Sentados en un banco de mármol
Junto al zócalo frío de un fauno entr~
los árboles, el ad~lescen.te 'Y la 'virgen
se ~ontemplaban, s111 hablarse, sin verse
casi, envueltos en el velo de los deseos
\l. lbtcherkine, di¡:.u tado por Odesea.
Y de las esperanzas.
:'\.sí pasairon un~ hora, hasta que de. Todos hablaban de los asuntos de la t~as de .ellos un r_u1do de •besos y de sust_rerra como de a,suntos aintiguos " le- piros h1:20 ruborizarse á la virgen ¡ ah,
Janos.
ta~ riubia ! Y al ~dolescente ¡ oh, tan tí.L; na mujer decía á los deimás su his mido!. .. .
tona, de ~anera tan serena, i:111e naidie
El mlarqués, empolvado, volvió á deparaba ~uentcs en lo que á s'u :; torttt- te~erse ante el adolescente y completó
ra:. hornbles se referÍ;l.
as1 su frase:
De pronto, un marqués se detuvo ante
. .. . tr?s para ser amados, pero sólo
el ~dolescente y exclamó: "Unos han los que tienen el alma virgen."
nacido para a.mar; otros para :,er amaEntonces los enamorados se soltairon
l~s manos y se alejaron, temerosos del
zocalo blanco sobre el cual sonreía un
fauno de mármol.
1

J

" o

E. GOMEZ CARRILLO.

- --- ~--

Ramón :\ldana Y Sá&lt;enz de Santa \faría.

'
Ut'l

Estudio d e l a

Mérida de Yu cat.án.- iqo6.

El
.
) :o :(-· - rlct.etremio Y.la gloria de .la vida es el ca. d' : Es el 01den moral rncorporado en el
In 1v1duo.

"Gua exposición de timbres postales, abierta ha~e ~ocos d~as en Londres, está asegurada en,.&lt;]umce millones. Es curioso el hecho
de que un mont6n de esos papelillos postal~s, de todas partes del mundo, alcance
solo de seguro, una cantidad tan elevada. '

Fot o gra f: a Alem ana.

Concurso literario de la Sociedad Mutualista
"Empleados de Comercio. "

La Sociedad Mutualista " Emplt&gt;ados de
Comercio" abrió un concurso literario relativo al ahorro y su mejor inversi6n.
Fueron presentados varios trabajos y el Jurado respectivo, otorgó los siguientes premios:
Obtuvo el primer premio de cien pesos el
trabajo encabezado cou este lema: 1lf am1.~ ru1 /(')Jl fodiwn dii:itia.~ p1uat. _
ELsegundo premio de 50. pesos lo obtuvieron cae.a uno, las composiciones marcadas
con los lemas: 11Pegaso&gt;1 y 11El ahorro es la
fo rtuna del pobre, y la salvaguardia del rico. ,,
Fueron acreedores á una menci6n honorífica, las amparadas con los lemas: Labor om-

Dijo el ven::cdo r, y al pun:o
mandó se diese tormento
al engañoso cadáver
ele aquel ilustre guerrero.
Igneos oarlbones con saüa
colooáronl·e en el peoho ;
011as con estoica entereza.
mudo quedó el héroe, y quicr,1
una sierpe venenosa
ciñéronle al h.1erte cuello.
Y le horadaron las uñas
éon ppnzones t ruculento~:
é i11SensibJ.c cual la ¡peña,
é impasible como el hierr,1.
ni un ¡a\' ! doliente exh&lt;' l,'.,
el gran caudillo impertérrito.
-¡ P-0r la espalda ele ~lahoma
yo te juro que al momento
has de hablar y has de moverte
como pide mi dese-O !

El conde Heyden, diputa~o por Pskov.

?os.'' Los hombr es sonriero~; las muJeres se pusieron pálidas.
¿ Qué más, Dios mío? El adole.;cen te
veía, las sonrisas, oía los s·uspiros y se
perd1a en la ceguedad de su ens11e1ío
cuando una visión preciosa apareció am,;
su recwerdo, en la decoraJCión brumosa
de un jardincillo mal alumbra.do.
. .... ~ub,ia, . sí, muy ~ubia la virg1c11
iba haic1a el; iba despacio por temor de
que la,s dos lágrimas que temblaban en
sus parpados resbalairan por sus meji llas.
El adolescente tímido salió á su encuentro.

M . Nabokof, diputado por San Pet.ersburgo ,

�-4o8-

..

-409-

ALREDEDORES DE LA CAPITAL,

·La "Casa Chata."

TLALPAN,- El Zócalo.

EL TORNEO
Celebrabáse la fiesta de Pentecostés.
Frente á la gótica ciudad cuyas mil flecl~as
hendían la atmósfera elevándose hasta las
alturas del águila-como suprema aspiración
de aquellos tiempos de misticismo-): en un,
extenso campo propiedad del «ConceJo,n_levantábanse espléndidos pabellones, que 1walizaban en riqueza, rematados por banderolas
de una infinita variedad de colores.
Tiendas y barracas se hallaban e~parcidas
aquí y allá á distancia de la empalizada, en
cuyo interior iba á verificarse el torneo. El
bullicioso pueblo, después de la «mesa franca» en que había saciado su hambre y apagado su sed, discurría tumultuosamente por
doquiera, siendo detenido por escuderos y siervos cuando en confuso tropel intentaba penetrar al
recinto de la fiesta.
Dando la espalda al occidente
se elevaba un inmenso tablado,
•
cubiertos~de inmensa tapicería los
cinco pisos en que se asentaban
la flor y nata de la nobleza comarcana. Eran de verse aquellas altivas bellezas ataviadas con lujosísimas telad de oriental tejido, que
lucían en sus desnudos cuellos,
albos y lánguidos como dti cisne,
pedrerías de cambiantes radiaciones ó perlas engarzadas en hilillos
de oro; y en los brazos desnudos
también y níveos como el turgente y elevado seno, áureos brazaletes en que los rubíes, las esme~·aldas los topacios, granates y zafiros
rob~ban la luz amhiente, arrojándola luego al espacio convertida
en una irisación pétrea. Y lo,
caballeros con la suprema sonrisa
de aquell~ exquisi_ta galanterfo ya
inusitada los paJeS bellos como
mujeres, '1os magistrados graves
y solemneE:, los trovadores melancólicos los bufones deformes y
burles~os los juglares y saltimbanquis, 'toda aquella multitud,

con sus abigarrados tr.,jes, :formaba el mús
variado E-spectáculo, ndmirablernente pintoresco, desconocido del todo para nuestras
modernas civilizaciones.
Este hermoso conjunto humano se hallaba
encuadrado por el bullicioso oleaje ele las
cortinas de damasco orladas con flores &lt;le oro,
por palcos regiamente tapizados en que ondeaban al viento banderolas, flámulas, pendoncillos y fei-tones de flores de embriagador
aroma.
La inmensa variedad ele telas-se agitaba al
alecrre
movimiento de la muchedumbre, que
t,
ansiosa esperaba la hora del combate; y er_a
. un himno cantado á la luz todo aquel hacinamiento de matices, de gradaciones atrevidas, de resplandores súbitos, que arrojaban
joyas, escudos, armaduras, lanzas)' espadas,

---------------r- , _

-

como fug:1cc:4 relámpagos, y todo entre ei
clamoreo de un pueblo ávido de placer, excitado por sendos vasos de "hidromiel,J, y rodeado por una atmósfera de fuego, en la que
cernía el incomprensible espíritu que anima·
b:. ar¡uellas generaciones de los tiempos de
hierro.
Los Mariscales de campo ocupaban puestos desde donde podían apreciar los menores
mo vimientos ele los eombatientes, &lt;"omo encargados de hacer guarrlar las leyes de la
caballería v lai- damas habían nombrado ya
en alto co'nsejo al Juez de Paz, que po~~a
la pica de madera coronada por la tradicional cofia .
Apenas, de cuando en cuando, penetraba
alguna hechicera castellana, arrastrando con
señoril donaire riquísima falda de enormes
dimensiones, dejando ver la lechosa blancura de su pecho, que
~~.
brotaba -del ajustado corpifío como una flor exúbera, y los bra.1.0II
torneados y mórbidos, mal cubiertos por las enormes mangas que
graciosamente besaban la cenefa
del vestido· el tocado se levantaba airoso 'sobre la adorable ca·
beza r¡ue apenas podía sostenerlo,
¡tal era su magnitud!, y para dar
mayor realce á la esplendente belleza de aquellos tiempos muertos
para s i e m p r e, tres caballeros
amantes de la sin par hermosura,
mnrchaban en pos de ella,
con cadenillas de oro, suspiran.
por verse dignos de una sonl'IEI
de la ingrata beldad. A veces se
presentaba, radiante como u na
aparición celeste, alguna dam!it
cu)·o ropaje de joyante ~n ~
Yeíarn,e pintadas notas musi_cal
que cantaban pajecillos rubios Y
sonrosados corno doncellas, codn
v o e es aflautadas, acompana.
por cítaras ó laúdes )" saltenOP,
deslumbrantes de oro Y pe~r::
El sol, que apenas decl~n aoesparcía sus ardorosos eflnvio:au.
bre la ciudad, la.llanura Yaq , bl
policroma multitud; se refle)S

~tadd:

-

TLALPAN .-Detalle panorámico.

..

v¡vísimamente en armaduras bruñidas como
espejos y levantaba por el insondable eE:pacio un' polvillo dorado que en vol vía en la
atinll.,fera i;cmidivina i't aquel pueblo desbordante de alegría.
y tras los cab:1 lleros r¡ne en brioso;:; corceles e-pañoles. penetraban ú la liza, preci pi tAbasc la multitud , t,rdenacla Ít duras ponas
Por palaíreneros y escuderos, que hacían uso
m'8 de una vez del regatón de sus pcE:a.das
lan1.88 contra las arremetidas ele la inclóm it::i.
plebe.
Entre tanto, en medió c1d polífono &lt;'S ·
truendo de las cornetas, se adelanta el lucido
escuadrón de los adalides españoles, frnnce~ é italianos, que olvidando sus rencillas
de 'tamilia ó los antiguos odios nacionalei-,
ih:in á cruzar aquella tarde sus «espadas ele
oortesfa» ó quebrar lanzas embotadas, no aspirando sino al renombre del triunfo canta- .
1lu por trovadores y á la sonris:t de
alguna encantadora castellana.
Sobre cabalgadura ele riquísimos jaeces un adalid penetra. el primero, cubiert.n la cabeza con el cloraclo yelmo,
ruyos brillantísimos reflejos envuelv{'n
su eabeza en vivos resplandor('s; Fil
blanra garzota ondea al viPnto y :igiganta su estatura; de su loriga de anillos parten mil rayos que ofuscan, y en
su es&lt;'Udo acorazonado se puede leer d
mA:1 ilustre blasón; el emblema flordelL.:ado y el dorado ca¡::co acusan su estirpe real. La multitud aplaude e¡::trepitosamente, y las damas todas se despojan de cintas, rizos y brazaletes, ú fin
de adornar con ellos p:na la lid al regio
caballero, á quien la fo rtuna hizo nacer
en las gradas de un trono. Lot, demás
licitantes, calada la visera, lo rodean,
S11ludan á las damas, á los Mariscales....... luego, entre el piafar de los corceles y la grita popular, resuena la trompeta heráldica; ordénase la noble turbas
)' pueden ya fácil mm te distinguirse la,
ricas sobrevestas, las rodelas, las banderolas de variados colores que flotan
en las picas. Qui én luce bruñido casquete terminando en brillantísima punta, cual apenas cubre su pecho con la
rodela de aguda broca; y quién arrogantemente lleva en su casco las dos alas
simb61icasdelaalondra gala. Allí pasan, anunciados por el heraldo, los Vitelleschi, los Cornossi, los Porcellati, los
Teuffel y los Fougers, de extrañas divisas, en que se mezcla la historia á la
prodigiosa leyenda.
. Suena el clarín, dando señal para la
•Justa,» y entre el clamoreo ululante de
aquel pueblo nutrido con la sangre del
etemo:comhate medioeval, &lt;los campeones se embisten. deseosos de obtener cada uno para sí la palma de la victoria.
Lanza en ristre precifJÍlanse fnriosamento
uno hacia el otro, y al esrantoso encuentro
vuelan como pajas las astillns de las lanzas;
caen los caballos arrastrando á sus jinett..·s,
cuy~s.armaduras resuenan c"n estrépito; y
~ d1S1parse la dem:a nube de polvo que por
l~stantes envuelve á l,JR campeones, la multi~ud vocifera, aulla y aplaude. mira al
tr1.unfador que se levanta, espada en mano,
nuentras el segundo &lt;aballero desmayado,
muerto quizá, con los brazos 'abiertos· y la
ca~ vuelta : l rnl, es magullado, aplasta.do
Ypisoteado por su propio corcel.
La gritería aumenta, ¡es el océano popular
que se desborda.!; suenan de nuevo los clarines~· entre las exclamaciones de &lt;e¡ honor r11
~1altd!» «¡honor al adali&lt;l!i, el vencedor snhl'
~~palcos á recibir de la dama de sus pen!ntentos el beso en la frente, que es el prcIllIO mayor de su victoria.
JESl1S ({A.LLO.
'bPalra un corazón valeroso, nada hay impo-

Bl

e.

EI cansancio intelectual

ejemplo, esa disfáncia suele ser de cinco milímetros cuando se está descansando, de nueve después de un trabajo en matemáticas.
El trabajo mental gasta mucho más y más
La influencia del trabajo cerebral sobre la
pronto al hombre, que el trabajo corpo al.
sensibilidad cutánea, es la mejor prueba de
Es qne, entre otras cosas, PI can!-ancio de que ese trabajo gasta y cansa más que el
los músculos avisa siempre que se abusa del mu5cular, y el último de los mPdios indiraesfuerzo corporal; mientras que es más difí- dos parn mitigar la fatiga inteh•ctual, servirá,
cil enterarse del abuso del esfuerzo cerebral, en todo caso, para dar la señal de descanso
y cuando se le quiere moderar, es ya. tarde y á, un cerebro cansado.
•
el organismo se resiente ele todo.
Los hombres de ciencia á quienes interesa.
personalmente el asurrto, han buscado y haLa Muerte de un Justo
llaclo la manera de saber el tiempo durnntr
el cual cada in&lt;liviJuo puede dedicarse á un
tra bajc;i mPntal sin llegará la fatiga.
Una noche m11gnítica extendíase sobre la
Los ¡:istemas que preconizan, son trei-:
tierra; el ~acerdote se durmi6 en una apacil'no consiste en hacer sumas durante rin- ble po3traeión.
co minutos antes de trabajar: y durante otros
¡'\ n volv('rá en sí!-dijo Jos~.-¡Pobre
cinco minutos al cabo de cierto tiempo de j,J\•,·n! ¡Treinta. niios apenas!
- ¡Se extinguirá en nuestros brazos;
Datnas dis t ingui das de San llu is Potosí.
i-u res1 ,i ración, tan débil ya, se debilita
111:1s cada vez y nada puedo harer para
,nlrnrlo!-diJ'o el doctor con desespeia•
ciún.
J1
El cielo le da una hermosísima noche,
.f op(,, su última noche quizás. Ya sufrir(L ¡,oco y su muerte no será mns que un
:1 p:t('ible sueiio.
El moribundo pronunció algunas pa1:i bras entrecortadas; el doctor se acercó;
la respiración del enfermo se hacía em1 barazosa; pcclía air~. Quitáron~e, com;,
p 1eta.mente 1as cortmas y aspll'o con
delicia ]03 ligeros hálitos de la noche
trnnsparente.
Las cstr¿llas le dirigían su trémula
luz ,, la luna lo envolvía ('11 el blanco
rnclario de sus rayos,
-¡Amigos míos dijo· con voz débil
-ni c voy! ¡Que el Dios que recompensa
os conduzca nl puerto! ¡(~ue os pague
por mí mi deuda de gratitud!
¡Tenga usted esperanza!-le l:Onte~tó Kennedy-esto no es más r¡ue una,
clehiliclad pnrnjera. ¡Xo morirá usted!
¿Puede morirse, a('aso, en esta espl&lt;!ndida ncche de estío?
- ¡La muerte está aquí, bien lo sé!contestó el misionero.-¡ Dejádmela mirar frente á frente! La muerte, principio ele las cosas eternas, no es mns que
el fin ele la11 penas terrenales. ¡Arrodilláoi-, hermanos míos, os lo ruego!
Kennedy se levantó, daba compasión
ver cómo se le doblaban los miembros
sin fuerz:1s.,
- ¡Dios mío, Dios mío!- exclamó el
apóstol, tened piedad ele mí!
Sn rostro resplandeció. LE'jos de estn
tiena, cuyas alegrías no había conocido
nunca, en medio de aquella noche que
Señoi&lt;ita Eula lia A11éehega .
le lanzaba sus mfü, dulces claridades,
en camino de aquel cielo á que se e!P trabajar; si durante los segundos cinco mi- vaba como en milagrosa ascensión, parecí:t
nutos se hacen mucho menos sumas quedu- r~vi vir ya con la nueva existencia.
rante los primeros, 6 si salen varias de ellas
Ru postrer ademán fué una bendición suequivocadas, es Hefial evidente que hay can- prema ú sus amigos de un día. Y volvió á
i:ancio mental y de que conviene interrum - caer en brazos de Kennedy, cuyo rostro espir más f_recnentemente, con intervalos de taba inundado de gruesas lágrimas.
descanso, los períodos de trabajo.
-¡:\1uerto! - dijo el doctrn·, inclinándose
Otro sistema se reduce á medir cada mesobre
él- ¡muerto!
din hora la fuerza muscular durante el trabaY
Jo~
tres amigos, como de común acuerjo mental, pues sabido es que el cansancio
do, se arrodillaron para orar en silencio.
del cerebro lleva aparejada la fatiga física.
-::\fañana tempmno,- dijo en seguida
Por último, el tercer sistema, el más curioso, está basado eh la teoría de r¡ue el can - Fcrgnsrnn-lo enterraremos en esta tierra de
sancio del cerebro, embota la sen sibil idad de Africa regada con su sangre.
la piel.
Todo el resto de la noche, el cadáver fué
Re oprimen las puntas de un compás de velado por los tres viajeros, que se turnaban,
\r1•ber ( c~te3iómetro ), sobre la frentP 6 sobre y nada turbó el religioso sile11cio. ToJos
la punta &lt;le la nariz ó sobre cualquiera otra llornban.
pa,t~ del tegumento y se va crrrando el comA1 día siguiente, el viento soplaba dPl Sur,
pás hasta que no se sienta más que una de ~- el \'ictoria marchaba con bastante lentitud
las puntas, aun cuando ambas ¡::e encuentren sobre un vasto macizo de montañas· aquí
apoyadas en la piel; la distancia que media cráteres apagados; allí, incultos bar:ancos~
entre las dos puntas, indicará el grado de fa- 111. una gota. de agua sobre aquellas áridas'
tiga mental del individuo. En la frente, por crestas; rocas amontonadas, bloques erráti-

~

�-

4ro - ·

El Segundo Enemigo

éOs, margales blanquecinos, *ldo ~enotaba
profunda esterilidad.
Cerca de medio día, y para proceder á la
DE LA MUJER
sepultura del cadáver, el doctor resolvi6 bajar en un barranco, entre rocas plut6nicas de
formación primitiva. Las 1r.ontañas circunY o no puedo, ni creo poder
cbntes debían abrigarlo y permitirle hacer transigir nunca, con lo qne ha
llegar la barquilla hasta el suelo, porque no dicho una ilustre escritora del
existía árbol alguno que le ofreciese donde próximo pasado siglo, de que
asegurarse .....
las palabr~s ,&lt;&lt;orgullo y digni En cuanto la barquilla toc6 en tierra, el
cladu son smonimas.
doctor cerr6 la válvula. José salt6 al sucio·
¿Por qué? Fácil me ser:1 deteniéndose con una mano a1 borde exterior' mostrarlo.
con la otra recogi6 cierto número de piedra~
El orgullo es un sentimiento
que no tardaron en reem¡.,lazar stt propio pe- exagerado de superioridad y de
so; entonces pudo emplear ambas mano:; y c~timación propia Y por con.
,.'
pronto amonton6 en la barquilla más d.e s1.gu1ente,
un vicio detestable;
quinientas libras de piedra, con lo cual el la dignidad, por elcontrario, PS
doctor y Kennedy pudieron bajar á su vez
la gravedad y circunspecei6n
pues el Victoria quedaba
'
equilibrado y su fuerza
ascensional no bastaba
para arrastrarlo.
Por otra parte, no se
nect'sitaron muchas pie.\...
dras, porque los pedazos
recogidos por .Josr eran
lle una pc:::adez extrema,
cosa que despert6 por un
•
instante la atención de
Fergur,:so11. · El suelo estaba :::emurado de cuarzo y
de rocas porfirito:::as.
-He aquí un singuhn
de,cu brimiento- se dijo
el cloclor.
Mientras tanto, Kennedy y .José habían ido á alguno 4 pasos de allí, busca ndo un sitio para h
tumba. Hacía muchísimo calor. y aquel barrnnco encajonado par e e í a
una especie de hornalln.
El sol de mediodía hacfa
caer á plomo sobre él sus
rayos abrasadores.
Primero fué necesario
despejar el terreno de los
fragmentos de roca que lo
llenaban; luego se cav6
una fosa bastante pr0funda para que las fieras no
pudieran desenterrar e l
cadáver.
El cuerpo de 1 mártir
fué depositado en ella con
respeto.
La tierra volvió á caer
sobre sus despojos mortales, y encima disp u si ?&gt;:ronse grandes trozos de
roca, en forma de túmulo.
El doctor, entre tanto, 1
permanecía inmóvil y sumergido en sus reflexiones. No oía el llamado ele
sus compañeros, no se
acercaba á ellos buscando
abrigo contra el calor del
sol.
Los REYES DE ESPA~A. EXCURSJONANDo.-En pleno desierto.- ¿ En qué estás pen ·
Ascendiendo por un paso difícil, en la sierra de Guadarrama.
sando, Samuel?-le pre-Tomando el desayuno cerca de la margen de un río.
gunt6 Kennedy.
.
-En un extraño contraste de la :;aturale- de la persona, el modo de decir y hacer las
za en un efecto curioso de la casualidad. cosas, sin rayar en orgullo ni pasar los lími¿S~bes en qué tierra ha sido enterrado ese tes del decoro que le cumple ostentar parn
ocupar su puesto en la socie&lt;la&lt;l, P infundir
hombre de abnegaci6n, esa noble alma:?
('l
respeto que le sirva de punto de apoyo en
-¿.Qué quieres decir'?
-¡Ese ¡;;acerdote, que había hecho voto de las circunstancias difíciles de la vida, y ei;
pobrezn, descansa a hora en una mina de una virtud noble y apreciabilísima. ¿Quién
no apunta con el dedo, quién no desprecia, .
oro!
quién no procura huir de una mujer orgulloJULIO YERNE.
sa? ¿Quién, por el contrario, no aprecia, no
ama, no admira y no respeta á una mujer
digna?
Desgraciadamente, muchos confunden la
dignidad con el orgullo y están en un gran -

AR'l'ISTAS DEI~ TEATRO ARBEU.

llUfUI. 0:S l\'IIElt ~EAll.

Luna de Miel Real

las calles, pa~aba por su lado indiferente,
111ira11do á los soberanos con la curiosidad
que podía inspirar cualquier matrimonio forastero.
En nuestra edición diaria heDon Alfonso y Doiia \'ictoria se dirigieron
mos estado dando muchas curio- al Tiro de Pich6n, donde se encontraban al8as informaciones sobre la luna guno::: trabajadores. Estos tampoco los recode miel de los j6vencs i::obern.- nociero11, tomán&lt;lolos por turistas.
nos. espa ñoler,:, qui, nes, como es
Cotinuaron los Reyes ppr la c.irretera de
!!ab1do, han rnboreado sns deli- Sego\'ia, y se diriginon al antiguo hotel del
cias y dulzuras en medio de la Duque de la Torre, perteneciente en la actranquilidad v solemnidad de J a tualidad nl Real Patrimonio.
(-i ranja.
·
.
Quisieron entrar en éste para vhitarlo, y
Allí, en aquellos jardinC's del· pidieron la llave á los jardineros.
.
c.prtit \'ersailles," con o llaman
Pero éstos, que no conocían á los sobera- .
á La Crranja, donde su augui:;to nos, ~e negaion á abrir la puerta, pretc•xtanfundador pensú imitar la vida do r¡ue no tenían la llave.
cenob!tica de Felipe Il, y dL'Don Alfonso y su esposa, conteniendo la
mostro haber sido educado en risa, no insistieron con los celosos guarclianrs
la fastuosa corte de Luis XIY y Sto nlcjaron de allí sin ver su pose:;i6n.
ln. vida se ha deslizado dulce'
t1anquila, exenta ae preocup/
eion, s y de inquietudci,; para lo~
Salutación á la Bandera ( ;,)
júwnes espo,ofl.
Durnnte su estancia ('11 ese
Heal sitio, el Rey v la Reina han
('StndO haciendo excursiones Ít
¡Salve, bandera de mi Patrin, s:ilrP!
pie, ácaballo y en automóvil por y en alto siempre &lt;le~afia al viento,
los nlrededores, vi8i tan do torio tal romo en triunfo ele la tierra toda
lo que las guías aconsejan {i los te llcv &gt;1·011 indómitos guerreros.
101,,-i¡¡fas que visiten : El ) IonasTú eres, España, en lns desdichas grande~.
tc1.·io tle El Paular, antigua cary
en
tí palpita con latido eterno
tuJ,t convrrtida en fábrica; el
el
aUent-0
inmortal de los soldados
\'allc de Lozoya, la Penalera y
que.
á
tu
sombra,
adorándote, murieron.
\'alsain, que fné la casa de can1po del taciturno Felipe II.
Cubres el templo en que mi madrn reza 1
Casi todas las maiinnas han las chozas ele los míseros lnhrier,o!:!,
e~tatlo Raliendo los flobcranos á dar paseos. l11s cunas donde duermrn mis hernianof',
La gentil figura de l:t Reina ha. llamado mu- la tierra en que descansan mis abuelos.
cho la atcnciún . Es una amnzona tan &lt;;h•Por eso eres sagrada. En torno tuyo,
gante como húhil. Ella monta una .re"ua
de
o
al tmYés d·el espacio y de lo!i tiempo;,;,
el t·co de las glorias españolas
vibra y retum ha con ruarcial estruendo.
0

La Tiple Pilar Garda.

dísimo error. A veces, la rnni&lt;lad suele acom·
µaña_rse con el orgullo: pero no hay que ron·
fundulos, porque nada, absolutamente nada,
tielle de común con la dignidad.
La mujer orgullosa PS soberbia; la mujer
digna es modesta y humilde. A la primera
la desesperan, la atormentan y la !meen SU·
frir mucho los percances de la vida. ro cam
bio de situaci6n, un paso de la opulencia á
la pobreza, la conducr. algunas veces hasta
la locura del suicidio, tan com(rn en estos
tiempos en que la incredu;idad y el escepti·
cismo ofuscan aun á las inteligencias más
pri vilf'giadas.
La mujer digna, la que permanece fi!me
e!1 sus creencias religiorns, sufre con pac1~n·
c1a las penalidades de la vida &gt;' los cn111b1of
y eventualidades de la fortuna, 'y parn ella h
mismo es vivir en la opulencia que rn la pe·
breza.
Los socialistas, los impíos, como ])urnftl7
Eugenio Sué y otros, dicen que el orgullo et
una virtud. Dios os libre, amables lecto
de creer semejantes blasfemias; entre el
cio orgullo y la verdadera dignidad, hay

dÍferencia enorme, hay un abismo infran4\'leali1 t••
L&amp; dignidad conduce corno por la mnno Í1
Ji.mujer á ejercitar todas las virtndes. Una
mujer digna, y no orgu llo~n, como la quieren
loe socialista:;, cuida mucho su reputaci6n y
procura, por cuantos rnctlios están á su alcance, que nadie tenga nada que reprocharle.
Dela mujt:r que tiene dignidad y no orgullo, las acciones son siempre nobles, siempre
leales r puras, siempre buenas. La envidia
no tiene entrada en su coraz6n; á todos ama,
6todos respeta, con todos es tolerante y com ·
padece á los desdichados.
El carácter de la mujer digna es dulce, ei,;
afable, es tolerante; el de la mujer orgullosa,
por el contrario, es vano, superficial é intolerante; de todo se disgusta, nada le agrada
Yr.ree que todas las demás mujeres, aunque
~~ozca en ellas muchas virtudes, le son
rnfertores en todo, y esto es debido á que el
orgu]I? la ofusca y envanece.
La Joven que 11ma y aprecia en 1•&gt; que rnle su dignidad, jamás se casa con una persona á quien comprenda que no puede an ar,
ya por alguna deformidad 6 defecto físico, ó
yn por cualq~ier otro motivo, aunque la ro dee de atenciones y la colme de riquezas:
prefiere la pobreza, prefiere quedarse sin casar á exponer su honra.
La mujer digna es mártir de su deber y
~o la asustan ni amedrentan las penalidades de la existencia. Por eso la mujer
~erdaderamente digna, siempre es buena hiJa,fa ~celente esposa é intachable madre de

miba.

~rocurad , pues, queridas amigm, mfa;:,

abngar en vuestro coraz6n como en un re1.'rado relicario, la amabilísima y noble vir~d.de la dignidad, y huid con horror de la
lllldad Y del orgullo.

En Londres hay varios 11silos para perros
ti?fundos. ro policía que acaba de ser jno, recogi6, durante su carrera 142 976
canes La sociedad
·
· de animales
'
' le
protectora
~ o una simpática demostraci6n de gra-

lll1*b

¡Salre, bandera de mi Patria, sal~e!
y en alto siempre desafía al viento

manchada con el nolvo de las tumbil,.;
. de los muertos. ''
ttüida con la 1,angre
SrNEsro Dl~UlA DO.
(*I EsJa poes'a, original del antiguo director de .1/adrM Cti1111co, tue premiada rn un concurso. Le dió 1ec1ura D. Jacinto
&lt;?ctavio Picón y formaron ti Jurado que otorfÓ el premio D. Jose Ec~egarav, D. Eugenio Sellés. D. Jacinto Octavo Picón y D.
Federico Madariaga,

llos gttandes eompositottes.

LOS NUEVOS REYES DE !iO,WEGA. -El M.in:stro de f ranc:a
en Crlstlaola, M.. Delavand, desembarca eo Troodbjem para asistir
á las fiestas de la torooaci6o.

raza inglesa, que posee desde soltera y que
mucho quiere. En un paseo que hicieron á
\' alsain les sorprendi6 á su regreso un fuerte
aguacero, ilegando completamente calados.
Por supuesto que en la mayoría de las veces no podían escapar de las ceremonias del
protocolo y al paso de la Reina y el Rey dejábanfe oir los clarines y los soldados presentaban armas.
Nuestros grabados representan unas escenas de una ascensi6n que hicieron á un monte completamente despoblado, árido y lleno
de rocas calcinadas. Cuanclo llegaron á la
cúspide, se deEayunaron frugalmente, al aire
libre, sin tender siquiera una tienda de campa fa. En esos momentos, Alfonso XIII y
\'ictoria-Eugenia permitieron á un indiscreto fot6grafo que los seguía, que tomase algu·
nas negativas.
Otro día salieron los Reyesmuy temprano
á dar un paseo á pie, completamente solos,
y sin que los acompañaran siquiera sus ayudantes. Atravesaron una parte de la poblaci6n y llegaron á las afueras, sin ser reconocidos por nadie.
La gente del pueblo, escasa á esa hora en

GOETHE,
(De la colección de pcstales de la "Mercería del Coliseo,")

�LOS

-412 -

413 -

ACONTECIMIENTOS

DE

RUSIA.

PAGINA ARTISTIOA.

•( l.,._1/Jv.,Jt 1,.¿,¡ft,

___.,__ _

ALo111'108 M IEMBR~S DE LA EXTl~GU!D~ DUMA QUE REPRESENTABAN LOS DlFEREN'l'I!S COLORES DEL P ARLfMENTO .-El Padre P oyarkorff, Diputado

que

fue por Vorone¡e.-D1putado Joseph Ostrewsky.-Un v~jo servidor del Imperio: J. Strelzof, Diputado por Kharkoff.
Joseph2Nakoneischny, Diputado de Lioubline.-E. Bachmach, Delegado por Bielotserkow.

EN LA SIEGA
lp~AO f,'I E flTO DE U f'I POEjYIR.)

El sol me hace cantar.
FEDERICO

Al pie de la pesada serranía
Tímida esconde la casita blanca,
El techo entre naranjos; leve arranca
El humo; empieza á clarear el día.
Abajo se divisa la llanura
Que corta el río; se ven los ondulantes
Visos de luz de trémulos cambiantes
Quevan huyendo sobre la mies madtrra ......
Ya con el segador, la segadora
Bajan uno tras otro la vereda,
Y se escucha al través de la arboleda
Su riea melancólica y sonora.

rn

viento frío

DYCK

RETRATANDO

A

LOS

H I JOS

DE

CARLOS I.

Cuadro de B. Ginliano.

EL SAPO

PELEA DE GALLOS

LA MUERTE DEL GALLO
\

,

Piedra con vida, que al saltar con tino
del negro monte por el seco tajo,
vas á caer en el obscuro y bajo,
claro,-espejo de todo lo mezquino.
¡Qué pequeño y qué torpe es tu destino!
¡Qué torpe y qué pequeño es tu trabajo!
S6lo vives así como estropajo
para limpiar el lodo del camino.
Tú, el bui6n de los campos si te irritas,
como un puño apretado en la maleza,
muestras al cielo tu joroba y gritas ...
Hundir debieras la aplastada frente;
que así chato, pareces la cabeza
rebanada de golpe á una serpiP.nte!

El marcial, el valiente, el altanero
gallo que al despuntar el alba incierta,
centinela entusiasta con su alerta,
en anunciar la luz, es el primero;
el que se abriga bajo tosco alero
y con su alegre canto nos despierta,
guardián que cuida del corral la puerta
y couvierte en serrallo el gallinero;
hoy va á morir, miradlo: se pasea
luciendo la navaja en su acicate,
-y en las gradas el pueblo palmotea.y resuelto á matar 6 á que lo mate,
se lanza á su adverrnrio en la pelea
y nwda moribundo en el combate!

.Ju¡,; B. DELGA DO.

Jos~; ~- CHOCANO.

Nervioso, esbelto, la actitud apt1esta,
fino plumaje y tornasol golilla,
altivo como un rey de horca y ruchilla
el noble gallo á combatir se apresta.
Llega el rival, y su arrogante cresta
--que nunca el miedo en el combate humillaorgulloso levanta: mientras brilla
curva navaja entre sus patas puesta.
1\Iíranse de hito en hito los campeonell,
y esgrimen con fu ror sus f'Spoloncs
hasta que alguno á su enemigo hiere;
porque de pronto, en púrpura tefiido,
á uno de ellos se vé, que, al fin vencido,
vacila, canta, se desploma .. . y muere.
RAllL AR\íANOO

Es hora &lt;le] calor: los Kegaclores
Descansan á la sombra v con desvío
)Iiran correr el perezoso río
Que brilla al sol, y enjugan los sudores.

«Adi6s, mujeres, flores y sonrisas
Adi6s, sonido, músicas suaves;
'
Ecos que se despiertan con las brisas
, oces que se aJormecen con las aves.,

J. B. CAMAfüW.

El último pensamiento de ¡.1ebber

Que cuelga de las ramas el rocío.

Por el pie del trigal los stga !ores
AFoman ya ...... Comienza la faena:
El rit1110 lento dfl la hoz rewena
Y l5C ruba b brisa los rumore,-.

Su fin presiente y trémula su mano
Como las rosas que arrebata el viento
Esparce melancólica en el piano
'
El último divino pensamiento.

. Ata la segadora las gavill:1s
que va dejando el segador regadas,
~ vuelan Alas ramas , n bandadas
Del fondo del trigal las a\'ccilla8.

ccCuán triste es ver paRar m1estra existencia
( \&gt;mo el aroma de la Jlor querida
' 1111 rayo de luz volar la esenci.t
'
l1,11
Y en un 'golpe de tos volar la vida.

• «Cíñeme, mu~rte, ya tu mustia palma,
~acer para mom iué mi delito
Y ya siento en los poros de n1i' alma
Ese frío sutil ele lo infinito ...... ))
, Dice, y á Dios su espíritu ha entregado,
Y como vaga en el altar perdido
El incienso fugaz, sobre el teclado
(iueda Yagan do huérfano el sonido ......
l\f. SANCIIEZ PESQl'ERA.

- - - -- ---· --A MOR
Desmayarse, atrever:;:e estar furio&lt;o
'
t'ierno, liberal, ecqui
'
' )
aspero,
\'O,
alentado, mortal difunto vivo
)
)
'
eal , tra1'd or, cobarde
y animorn.

ESTEYA•

Xo hallar fuera d.el bien, centro y reposo,
mo~tr~rse al~gre, tnste, humilde, altivo,
enoJaou, valiente fugitivo
. fecho, ofendido,
'
'
satis
receloso.

LA ADULAOION
Retiérc.,e que un ciudadano de.Roma enseñú á un cuervo á que
dijera: c,Ave, César,i, y que una ocasi6n que el dueño del mnndo recibía los honores del triunfo, aquel ciudadano iué á ver entrar en
Roma al César, é intencionalmente llev6 el ave negra, la t1ue, :t lo
mejor de lapora, dijo: cc¡Ave, Crsar!» Agrad6 á Augusto la ocurrencia.
y dió una cantidad de dinero por aquel animal.
Otro romano que vió lo que podía valer un cuervo que agradara
al Emperador, enseñó á otra de aquellas mismas aves que dijera:
c,Ave, César Augusto,» y cuando de nuevo entraba en Roma el Emperador, el cuervo dijo: ce Ave, César Augusto.&gt;i El Soberano pag6 mejor
J:&gt;recio por aquel cuervo que por el primero.
Un zapatero que había presenciado estos casos, se propuso hacer

~·

Ya no crnzan las nubes por el cielo
Y s6lo en el confín sobre el poniente'
Los cu~rvos entretejen muellemente
La red enmarañada de su vuP.lo.

Yírgenes, escuchad, aquel que era
Orgullo de la Patria de Beethoven,
Cantan cual cisne por la vez postrera
1n::ipirad_o, feliz, artista y joven.

Hace temblar los lánguidos pinares
Y riega entre la yerba los collares
YAN

;c¿,Y porqué ha de durar sólo una hora
La inspiraci6n que en mi CPrebro arde
l
1V,ac1'ela con los rayos de la aurora
Y muerta con los rayos de la tarde'?

MISTRAL

I

De.spierta la Natura ......

Las espigaH se inclinan fatigadas
Y rntre débiles tallos suspendiclo:a,
Cómo se mecen los calientes nidos
Donde brillan dos perlas delicadas!

un buen negocio y se dedicó Ít enseñar á otro cuervo esta salutacped
ión:
«Ave, Céf'lar Augusto lmperator et Víctor,» pero el testarudo bf . 0
no podía aprenderla, por lo que su duefió se daba {t todos los dia·
hlos y repetía: ¡Tiempo perdido!
Un día pasó Au~usto por la carn del zapatero y el currvo e.spct6 la salutaci6n dicha, y Augusto elijo: ya te 1go f'Il cam murh~
adularlores, y el cuervo repiti6: ¡Tiempo pPrdido!
El Emperador sonrió irónicamente é bizo una tercera compra,

- -- - - -- - - -Las maldiciones que arroja uno se semejan á las procesiolJS!
vuelven al sitio mismo de donde partieron.

lI uir el rostro al elaro desenoaño
O
beber veneno por licor süa ve
'
olvidar el provecho amar el daño

'

)

c!~er que un cielo en un infierno cabe,
y v1cta y alma dar por un engálio:

LA DmIA.-Sala de sesiones durante la suspensión de una de éstas. En el grabado se ven varias
mujeres, pues como se sabe, á las sesiones del Parlamento concurría el elemento femenino,
que se dedicaba á la estenografía.

ei-to es amor, quien lo probó lo sabe.
LOPE

DE VEGA.

�-414-

EL VIENTO

latidos apasionados
cual de jaurías de 1perros,
respiración de fantasmas,
broncos crujidos de huesos,
rachas que cruzan contando
cuentos de brujas y muertos;
y el oido re.oeloso
que oye tan raro concierto.
sugestionado recibe
la poesía del viento.
Tras de las. velas scwlando,
él lleva .la nave al 'puerto,
y escondido en las banderas
les 1presta su movimiento.
El riza y peina las plumas
de los pájaros del cielo,
trenza el arroyo saltante
y arruga el lago risueño.
Por las neg,ras chimeneas
sdpla la lengua de fuego
que en el hogar encendido
alza Ja leña, crujiendo.
De la selva rumorosa
estreinece todo el templo
y sa:cude las arcadas
que los árboles fingieron.

Cual los con(lo,es altivo,
cual las culebras rastrero,
más fugitivo que el rayo,
más sutil que el pensamiento,
en las fantásticas noche,,
que dan •crespón al invienll),
truena, silba, canta ó gime
por todas partes el viento.
Sublime trom,petería
que arroja acordes inrnenso.:
lleva, en andar invisil;le,
por los espacios desiertos.
Cuando las trompas df-stapa
el rudo fhuraoán soberbio
en náifagas cabalgai1tb
van quejumbrosos lament(,-;.
En el ''teclado'' flotante
de tantos sones diversos
hay cometas y darines
como relinohos de fuego,
detonaciones medrosas
de fingidos bombardeos,

Voces de cínife imita
en cada resquicio estrecho
y por cada oerradura
'
pasa furioso gimiendo.
Del órgano poderoso
· alza los cantos sobertbios
que las audaces trompeta~
lainzan rozando los techos.
El está lleno de manos
que rasgan fúnebres lienzos.
que sacuden las veleta~
en las torres de lo~ templo 3,
que el arco •le 1(•5 t'.&gt;n-ente,
derraman en pali0 inmc·11so,
y que tuercen de la tro1~1ha
el caracol giganl.l~,ro
Ya modulando plt:,\·aria ;,
ya magnífico rugiendo,
no hay poesía que ten?:t
mlás poesía que el viento.
Y como más iá mi mente
pla'Ce su blárbaro estruendo.
es saicudiendo las chispas
en ~I crestón de un incenc.lio.

-

Versos dtl ~. p. ¡4arlín, Gtneral dt la Compañía dt Jesús, falltcido tn ~o~a rtcitnte11e1t1
Si aún la sangre en ntestras venas late.
Si hay almas ele infelices que salvar,
.\1 combate miemos. al combate,
¡ .\hora á combatir, Juego á gozar!
¿ Qué importa al fin que la tormenta insana
De\'aste el suelo que nos Yió nacer,
Si la pompa que al árbol engalana,
Sabe so la segur retoñecer?
¿ Qué importa si la J.beria se estremece
Y ,se ove en Cácliz el cañón tronar,
Si al fragor del cañón el ánbol crece
Y su sombra se extiende tntelar?
¿ Qué importa si renue,,an los ti ranos

Liey,es inicuas que el rencor dictó;

Y se afila el puñal que á mis hermlanos
Sacrílego en Madrid asesinó?
La senda misma que sus pies corrieron
Nuestras huellas también sabrán correr,

REVISTA DE POLICIA
~1uestra policía ¡progresa lá. grandes pasos. Ocupa actualmente puesto de Íúniportancia entre las Corporaciones sim;!ar, s
del mundo, 1por su buena organización y
por los trabajos de verdadero b:n.érito ,que
ha venido efectuando.
Así lo reconooen nacionales y extranjeros, y solament,e falta 'á la Corporación
seleccionar en lo posible su per,sonal de
gendanmes. en el sentido de la educación
soeia,l, pues aún existen agentes de~ orden. faltos absolutamente de las noc1on,e1;
más rudimentarias de edltcación. y ~¡tte
vienen á constituir un lunar rn el gr,•rnio.
Esto, por otra parte, no será fácil en
los momentos actuales, pues no pued e
exigirse corrección absoluta. buenas ma ·
neras v conduct:1 irreprochable . á personas de" cierta clase social, &lt;1ue por circunstancias ,es¡peciales no han recibido

Y si ellos por su Dios mártires fueron
})so sabremos sus hermanos ser.

,A 1 nuevo continente vola:emos
Donde su diestra enarboló la cruz
Y á torrentes en él ·derramaremos
Del ,Evangelio la ignorada luz.
Y el trono á Je.sucristo levantado
Que. intenta allí el impío derribar,
Varáse en ,nuestJros hombros sustentado.
De polo á polo sin rival reinar.
Que .si del mundo sobre el haz, naciones
En la ignorancia sepulta&lt;lais ,hay,
Nuestra voz del erial de esas regiones
De nuevo hará brotar urn Paraguay.
Y honrar sabremos los laureles bellos
Que el paiterno heroísmb nos legó ;
Y si grandes y heroicos fueron ellos
No serán menos sus hermanos, . no

buenos ejemplos de forma social ni de
moralidad, si á esas personas ,se les remunera su trabajo, como al gendarme.
con un peso cincuenta centav JS cliario ~.
Cuando la retribución del agente de
policía 'SOO buena, ingresará:n iá. la Cor:poración ¡perisonas que reunan los riequisito~
indispensables en todos sentidos.
lúas circunstancias de-sfavoralb.le.s cjttl'
señalamos en nada afectan los buenos
servicios generales de ·la policía. Los jefes ,de ella son personas de vol,uITTtad y ap·
ti tu des.
El señor Coronel Díaz ha. d-~clicado todos sus esfuerzos, sus fawlt::i.cle s inlt•lcctuales y sus disposiciones d:: organilación
al Cuerpo de que es dig1;0 _Teft\ y lo se
cundan el señor Se,crct;uio &lt;le la 1nsp~c·
ción, ·Capitán D. Acosta y al~unc, , otros
de los empleados snperiorcs cid Departc1·
mento.
!Los señores Dí.iz y Acos.:a lnn sab1d•J
pr9seguir la labor iniciada por !-US ante-

cesores Jos señores Coronel \"ilkgas Y
D. Francisco A.hedo, r ~spectivam;~nte, J
naturalmente, la rpolicía mcior,t &lt;le dia en
día, y no está '1ejana, seguran:~ute. la época en qiue pueda servir la Corporación !1t
modelo, entre las mejor·es del extraniero.
.
Puhlic.-runos hoy tres grabados que re
presentan el acto de la revista de tos
Ouerpos de ,á pie y á caballo.
En uno de los clichés aparece el C.oronel D. Félix Díaz bajo la tienda ~e campañia que . para eJ acto de la revista. se
instafa mensualmente en la Refoflll3.
:\.icompañan al jefe de la policía. a:tgunos
ele los Comisarios y el Sr. Acosta.
el
Los otros dos grabados reproducen p
momento en que la fuerza desfila freok
á sus su¡periores.
~~~~~--, ~~~~-

Todo hombre está obligado á 8J!.Pirar '!
posesi6n de un buen nombre, co~o·unow
los más elevados prop6sitos de la vida.

Flores cobre los sombreros, hasta el pun».que se parec~n á cestas de flores, lin6n
IM)r,tado, combmado de u1,a manera graciOfia
.fjOD puntilla y entre&lt;l6s Valenciennes, tafetaDIS suaves con incrustaciones c1 jou,-, Í:lmnine1S
i cuadros apenq.s jndicados, fáciles de llevar
ett ta&lt;lo tiempo, esto es lo que caracteriza la
moda actual. Se vé el blanco, el rosa, el azul
pllido; pero sobre todo, el blanco; porque el
ad no puede ejercer su fuerza destructora sollseeste color. Las j6venes señoritas, especialmente, llevan estos ligeros tejidos como
ellas solas entienden prei-entarlos, p{1eR co-

cuand~ el a&lt;lere~ que los sostiene haya &lt;lesapa~ec1do y las piezas asrguradas caen hacia
abaJO de una manera dPplorable, siendo algunas veces más largas que las de encima.
Yo pr~feriría aún lo qne antes se llamaba
percalina, pero esta es fea y ya no viene bien.
Entre las tel~s. de \'erano, la mayor parte
se _lavan a&lt;lm1rablementc y son, por consigmente, de larga duración. No se debe vacilar, pue~, en gastar algunos centavos de más
para ohte1:er una tela de buena calidad que
se lava bien. Sobre los vestidos enteramente blancos se llrvan largos cinturones de cin-

Estos pequeños detalles completan lindamente toda toilftte.
Ya que estamos habiando de los pormenores que completan nuestros trajes, añadiremos q_ue las -mangas cortas nos obligan á gastar mas por los guantes. Es verdad que se
pueden lle:7ar guantes de hilo; pero los guantes de Suecia, de tono natural son mucho más
preferibles, más s6lidos y r~sguardan mejor
las manos y los brazos contra la polvareda.
Para el calzado blanco, el cutí es más aaradable para la estación calurosa v más fftcil
de limpiarse que la piel. Los botines y zapatos de cutí se enjabonan
como ropa b 1a n ca
mientras que el cabriti~
llo se arruga y se encoge después de un lavado.
Se nos puede hacer
j u s tas reconvenciones
de ocuparnos siempre de
las j6venes sei1oritas y
de la~ j6venes seiioras v
de descuidará las 8eñÓras quienes ya no son
jóvenes y á las que son
ya enteramente viejas.
:,.(e puPde cont .:lstar que
las últimas aperas salen
de casa y que las otras
se visten como las jó,·enes, porque nadie con...:·,
fiesa que envejece. Sin
,. ~~11r:1, embargo, a u n q u e las
¿l." ;l!~ i a ,~ ·,·i:
modas sean las mismas,
para todas existen pequeilas diferencias poco pronunciadas t~caná los
te á la forma
colores. Así es que la
toca de clin ó de paja
suave, aunque de forma
juvenil, sienta admirablemente también á las
señoras formales, quienes no desean tener una
docena de sombreros
para. cada estación. De
paja p a r d a adornada
con tul "Ilusión &gt;&gt; ó con
un ramillete de' fa 1s O
ébano ó de alelíes así
corno de paja azul neg_ra, guarnecida con glicmas, la to c a , ligeramente levantada á la derecha en forma de birrete, constituye un sombrero elegante y práctico para llevarse todos
Oipa de cort'.&gt; talle para jovencitas de 12-14 añoa.-V~stido para niñas de 8-10 años.-Capa de% de largo, para niñas
los días. Para traje elede 3-4 años.-Vestido con redondo cuello guarnición, para niñas ae 4-6 años
gante aconsejaría yo á
.
las se~oras, quienes ya
!fe8I&gt;onden, en efecto, sólo á la frescura de la ta de fondo blanco, crema, azulado ó rosa á son de Cierta edad, que escoJan como sombreJuventud.
grandes flores estampadas. Delante, la cinta ro una forma-capelina de paja de arroz 6 de
~ señoras realzan los vestidos blancos está fruncida-sobre una úorta ballena y for- paja de Italia, negra, blanca ó de color, adorpo~ ?Ddos de color y con cintas de corres- ma en el dorso un gran nudo ó un repollo nada con tul en lo alto y con un hermoso
d~entes tonos. Recomendamos á nueEtras apretado, del cual parten dos largas caídas. grupo de plumas de avestruz negras y blanPrectables lectoras que no empleen sino seda Estos cinturones convienen tanto á las seilo- cas. La paja de Italia, con ~lumas negras y
~ rtos fondos de falda, destinados á ves- ras, como á las señoritas.
blancas, ofrece la gran ventaJa de venir bien
08 igeros. Esto ya no es un gasto ahora
Mencionamos aquí, también, la bonita con todos los trajes.
se compra tafetán ya á 75 centavo~ moda que manda á las señoras y señoritas el
~ara v~stidos de yerano recomendamos las
un 1 . por menos. Esto ha &lt;"esado de ser colocar sobre el talle un· bonito ramillete de batistas listadas, adornadas con vistoso en~ o Yesos de bajos de seda son ahora una flores naturales, en reemplazo del ramillete caje de hi lo, l?s fulares á _florecitas y sobre
llegan~' pues los tejidos llamados simili de rosas artificiales, del cual se ha abusado todo, las etamine1S. En vestidos muy elegantes
tener un aspecto poco favorable, tanto en el pasado invierno sobre la peletería. predomina el tafetán de tonos obscuros, ani1

y

6

r

r~

1

�-416-

Blusa con:manga moderna.

Blusa-camisa con canesú.

Blusa con dobl •dillos.

mado por incrustaciones bordadas sobre b 1tista cruda. Otra bonita guarnición se c-ompone de estrechas puntillas Valenl'i&lt;11111e,\ lk
un centímetro de ancho, adaptadas, fruncidas ó aplegadilladas al borde de ,·ol:rntitos
que adornan 1a falda. Esto es muy lindo sobre
negro: azul-marino y sobre color de tabaco
claro. Para las señoras algo gruesas, aconsejamos la falda llana por delante y sobre las
caderas, pero formando un pliegue por detrás y el cuerpo con cortns aldetas de faldón
ó entrando en la falda, abriéndose en el alto
sobre un plastrón, en. armonía con 1a guarnición.
Y.R.

Al "Palais Longcha.mp"

}Jan llamado poderosamente la atención
de las &lt;lamas elegantes de la capital. lus úl timos lwrmosos modelos de sombreros que
se exhiben en los aparadores del important&lt;·
estnbleci miento "A u Palais Longchamp,"
ubieado en la segunda de Plateros número 10.
Con justicia se ha producido este movimiento tl1{ entusiasmo femenino, pues realmente son notab1es por sn confección de exqui:::ito gusto los sombreros del aristocrático
almacén.
Hay una yariedad de f1rmas y todas ellas
safofacen las prescripciones dr la nloda y
contcntnn al más exigente y refinado gusto.
r~to no es una noverlad , porque siempre
lm ofrecido á su clientela el "Palais Longchnuip'' lo mejor en S';l clas~, en este ~mport;111tt• ramo del comercio) as1 como siempre
ha 11 ~ido preferidos de las &lt;lamas elegantes
los :1 rtículu::- de alta eonfe1·ción de ese al
lllfit"(ll.

J,;o vacilamos en recomendar á 11\ll'Stnu,
estinwbl , ¡; lectoras los rnmbreros del ''l'~la is Longd1amp,' · como unos de los que ~1as
demanda han tenido en la actual estac1on ,
pues de ellos hemos oído· hacer elogios~ dnmas de reconocido buen gusto y aun exigentes muchas de ellas) en asuntos de este género.

Explicación de los grabados
Blusa con manga moderna. -El lindo modelo de tafetán á listas blancas y negras va
enriquecido con tafet:ín y soutachc, ambos
de color verde y con botoncitos de oro. Antes de cortar se pespuntea la ropa) &lt;)esrle el
borde longitudinal, á cada lado) en estrechísimos y aproximados dobla1lillos, en 9 c. de
ancho; á éstos siguen cuatro dobladillos, q
c. anchos, pespunteados en 7 c. de ancho.
Un grupo de dobladillos, en 4~ c. de ancho,
se halla en el medio del dorso; se bordea este último) á lo largo de la costura de hombro, con pestalia, y se le pespuntea sobre el
delantero. Re cubre el fondo de lino para el
canesú, desde el borde exterior, con rop:1 en
21 c. de ancho, orilla. de pt,staña verde. Por
encima pasa un sesgo igu,d de ropa con p,·staña y la tercera pieza estú formada de tafetán verde con pestaña de ropa. .Ju 11ta&lt;lo

u:'i@~~~~

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lt(@J{~ij©) ~l!Ar\~©
~T~~IÓ)~ij~~~O@

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~@ ~ c2)~f?'iíD~fi ij~l

'

°'\,

el canesú al cuerpo) se prende el borde longitudinal de la derecha eu una tira asesgada
de ropa, 2 c. ancha, embastando la ropa ,
así prepamda, sobre el cuerpo del forro, ,, ntcs acnbado con la abrochaclura :-interior. Al
borde izquierdo se agrega una tira &lt;le clchaju, J c. a11C:ha, por e11cimndc Jacm1,heabro·
chan los bordes de una manera invii;iblc.
Tres lazos, G c. grandes, de una tira asesgada, 4: c. ancha, sostenida por diminutas
hebillas, marcan el cierre del canesú. Para
la manga, se cubre, primero, la manga de

Blusa con c;nesú de sesgos.

fu rro con el puño de tafetán Yerde, 6. c. alto,
guarnecido con soutache. Re eorta una lu·n·
didurn en el medio de la pieza de nrriba,
pespunteando el borde anterior lisu de L,
hendidura, con pestalia Yerde. sobre el iz.
quierdo. Pe1:Ctaña orilla también los IH1rdes
inferiores arqueados, ¡,espnnteados sobre la
Jlicza-puño y sostenidos por medio &lt;le oorchetes de f-:Outache, 4 c. largos, que pasan
por encima de botones. El enello recto se
eompone, abajo, en mitad, de tafetán rnJe
con soutache y arriba de do:; ¡.csgos ele roiy sontache. Cierre en el medio posterior.
Blusa-camisa con canesú.-En el modelo de
lino, color crudo, están dispuestas las pinJS
de blusa, á intei-valos de 6 c., en plicgUf.&amp;
planos, 2 c. anchos, entre los cualt'S se ha·
llan cosidos cada vez seis estrechísimos doblad illos que se abren á la altura de pecho.
J~n el pliegue de cierre, cortado juntamente
(t la derecha) están festoneados los o~le,¡
pasa por encima de los bordes antertnre,
longitudinales del canesú, adorna.do con un
estrecho calado, á 1 c. desde su borde. ])o;
pliegues planos abiertos á altura de codo,
entre los cuales se encuentra un grupo de
dobladillo::; cosidos, re&lt;l ucen en el bajo la
am µlitud del abofellado de mang., que M·
mina co11 una vuelta reforzada, 8 c. nlta,
adornada con @alado. Bordado "Modera''
adorna el cuello recto, vuelto, abotonodoá
la tirilla de la blusa en el escote. Nudo de
corbata ele seda á muestras. .
Blusa con dobladillos.-1\loaré de color tornasolado, gris, azulado y verde, galón d¡.tono adecuado, f&gt; c. y 8 c. ancho, y muse 1111
de serla. blanca y de color crema se bailan
reunidos en el elegante modelo. La ro~
apoyada por un cuerpo de forro. cerra
:-ttrás, está pespunteada, delante en forma:
canesú, en 22 c. á 27 c. de largo, Y
trás hasta 12 c. desde la cintura. en cst
simos dobladillos. Estrecho galón gu~
la ropa en forma de canesú y de chaquche
ta como se vé en los graba&lt;lo:o-, Y110 .
'
galón
forma el motivo en el rnel1·10 an,tenor
doy adorna el cuello recto, hecho &lt;l? ropll eslJ
bladillos. La manga-maza medio-largaen el
estrechamente fruncida por dent,o Yti! c.
alto y termina con un puño _refor1.11.do _.
(t 8 c. alto, de ropa. á dobladillos co~
cho galón y con dos volantes de ~ oride seda aplegadillada) 110 c. amplios, cllt
llados de ruchecita, sobrepuestos, de los

PoJ
ª

�</text>
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      <name>Concurso literario de la Sociedad Mutualista "Empleados de Comercio"</name>
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