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                  <text>•

.

1

A~o YT.

MÉXICO, DOMINGO

5

DE AGOSTO DE

,

1906.

,
-~

,.

--

E L"-AEANDERA:00

NuM. 32.

�- 4r9 MANIFESTACION EN HONOR

Tema de crónica viejo y cursi.

y ésta se le escapa, como una maripo-

Quéjanse cons~antemente los croni:::tas, gente que vive de contar ;1 los .len ús lo que no les importa un b1'edo. ó
lo que han Yisto por sus pro,pics ojos
antes de q,•e e'. c,or.ista se toll'c el trabajo de narrársel0 en letr.:s de molde.
quéjanse, digo, dt t,lta de acontecimientos digno-; de efímera remembranza en
las deleznables 1 ojas de los periódicos.
nlnchas veces he ;e:&lt;lo dete11io'.l111e:1tc
mis escritos, los releo, vuelvo á leerlos
y. . . francamente, no me gustan. Entonces rn¡e pregu¡1to la razón de este disgusto y en seguida se me ocurre este pensamiento: Esto que leo es cosa vieja.
¿ Sabéis rn:il c.s el m:ivil que hz,:r qt:c
los desocupados bus1t.1en con a l'Íllc.t á
determi nadas horas del día el pe, :ódicn? 1\;-es este : bnscar J.::1s últimas notici~~cs decir. la novedad.
¿ Por qué las señoritas cuando van de
paseo, vuelven 111 uchas veces la vista
atrás, cuando acaba de pasar alguna de
sus compañeras? Pues para fi jarse en
los menores detalles del vestido de su
contri ncante en lujo. Pa:ra ver la última novedad.
¡ Oh, la novedad, la noveda•d !
P,ero s ucede qtN! tl. cronista no la encuentra y por eso las más de las veces
se ve en gran compro¡:niso al tener que
llenar tres ó cuatro columnas de charla
insub:.ta1:,:ial •( 1·e entretengan al lect'1r
sin que arroje. lejos de sí el periódico,
ó lo lean con acompañamñento de cabezadas, como oven los chicos de la escuela el sermón ·ele las tres horas.
¡ Cu-ínto os cEría, apreóatks lectores.
si tuviera comú otros esa asombrosa inventiva, esa fecu ndidad ele imaginación
que concede desarrollar "naderías'' en
lar:pas ·¡,jginas. sin fondo. ~·~ro ele bri::ar.te forma !
Veces hay en que el cronista se sienta con gusto á la mesa : parécele ver en
ella sinnúmero ele platos sabrosos que
ofrecer á su lector y no tiene más que
extender la mano. tomar de aquí y de
allá y presentar s,in temor su hebdomadario; pero ocasiones llegan tamibién en
que halla la mesa vacía, se siente con la
imaginación cansada y pensando con
tris: ~za en s11 e:,:asn cand,•1 quéd1se ,,,._
go rato con la mirada perdida, recorriendo con los ojos los adornos del papel
tapiz y esperando encontrar en ellos lo
que en vano busca en su recuerdo.
Y esa pared permanece muela ante la
ardiente súplica del acongojado cronista que hubiera querido algo nuevo, salirse de la rütina, en una ,palabra, hacerse digno de distraer por un momento la atención del público.
Unas "cuartillas" en blanco y una pluma. enmohecida la punta, abandonados,
wbre una mesa desordenada, llena de un
.ejército de diarios y revistas, y sentado cabe á ella, un homibre que se desespera, que busca la nota para sus notas,

tu cronista.

~a . .. . He aquí, lector, la situación de
Luego: el formador, en mangas de
camisa, con el lápiz en la oreja y las
pinzas en la mano, que reclama material.
¡ Oh Dios! ¡ Qué hacer !
¡ La somana pasó y nada de m··::rn
deja!
Paisó ante ¡ní como pasa
Un silfo, u.n hada, algo leve .. ..
Que dijo el poeta. Aisí. Pero la aburrida semana ,que ,ha termincl!do hoy. no
fué ni hada, ni silfo, 111i "algo leve;" fueron siete días aburridos, horribles, de
sol, de niebla, de hastío; siete días en
que nada de novedad ocurrió. nada digno ele ser escrito y publicado.
¡ Oh Dios ! ¡ Qué hacer! . . .

Criminales precoces.
H e acudido á r.n café. Fumo un cigarrillo, senta:do junto á la mesilla de m.ármol v observo, á través del humo, á los
parrÓquianos. Sigu,e preocupándome la
falta de asunto .para la crónica. _ .
AfortunadaJ111ente ha llegado un golfo
v me lo da al ofrecerme "El Mundo;''
su primera página ostenta un cliché .
que representa. una tragedia popular.
Dos muohachos de diez años riñen á
navajazos por t11Ja ella.
Y rienso. Esl1)S oriminales precoces
que hoy están 'Yª encerrados en la cárcel saldrán pronto, y sal&lt;lrán con miejores v más numerosas armas !. }ara proseguir el mal, pues con el vacío que se
observa en nuestras prácticas sobre la
cr imnafühd. ese ma1l, no pocas vece$
reip,etido. se a.grava en proporciones inoalculables.
,Ciertamente; hoy esos niños culpables
son encerr.ad0s en las cár.ce,:,es. en perniciosa promiscui&lt;h:'l rt.n crimin:des a,·ezaclos en la cairren. y allí acaban &lt;le corromperse y Lle r:::1·nc,rar:'e.
Si por medio de l;.u p:·áctica-, qu&lt;' tan
buenos resultados dan en otras parte.~.
se habría podido esperar algun;i, e11rniencla ó reforma, entre nosotros se aipaga
to,do resto ele germen benéfico con la
mezcla absurda que se hace en las cárceles ele' los reoc; de todas las edades .Y
con cliciones.
Por eso se el ice /1 11 enuclo qne las cárceles son escuelas de criminales, sosten,idas por el Estado.
M. :\lbanel, iuez de instrucción en
París. en una "~ f emoria sobre las causas de la criminalidad de la infancia,"
presentada hace algún tiempo, dice:
"Durante los diez ó doce años. que yo
me he ocupado ele niños delincuentes.
han .oasado por mi ga:binete más de tres
mil ele éstos.. . . . La mitad eran degeneirados y algunos mostraban ·señales
de hallarse bajo el influjo de una mala
h erencia inelu&lt;lihle.''

en

M. Leroy, en su libro "La Proteooión
de la infancia en Bélgica," asegura que
casi todos los jóvenes delincuentes tQI
deg.enenados, víctimas de los vicioJ J
males de sus padres, y otros ele 'ellos 'son
anormales que es preciso tratar de un
:nodo especial.''
Obro profesor distinguido afü,ma que
todos estos asertos son sin duda graYCS, ··pero que están basados en la experiencia y no los desmentirá ningún
hombre práictico en estos estudios."
Eln los Estados U nidos se han creado
tribunales especiales para los nfüos·; 'Y
de ahí ha, partiido la iniciativa para má6
de cien país.es. A los jóvenes se les recluY'e, no para hacerlos sufri r y causarles daños, sino como requisito externo
indispensable para procurar su transformació n interna. Los establecimientos dedicados á este fin, han · perdido
tocio el aspecto exterior de lugares ,k
pena, ,revistiendo el de sitios alegres y
agiraclahles ele co,nstmcción hi~iéntea.
Con el aspecto exterior han ido c1u11biando de nombre: empezaron · por llamarise ,refor m~torios ó casas de corree,
ción; mas, pareciendo que estas designaciones e1wolvían aún un cierto sabor
carcelanio, se les suhstituy,e ahora -por
el de "escttelas,'' Oll'a de preservación,
ora de benefircencia, or,a industrialas,
cte.
Los datos a.puntados clan ligera pero
exada idea de las nuevas concepcwnes
pcmiles en lo que res.pecta á la niñez
y aplicadas con fruto en otros pa'Íies.
Tentar algo parecido enitre noso~ros.
sería una obra de ju1Sticia, á la vez que
de salvación social.

--

EN EL CAM PO
(A Jesús Gallo.)
Se aspiira un suave aroma. de 1~ tierra
recién imojada por la alegre lluvia; ,
en el orto sus grises pabellones
·
fija con da.vos Je oro la penumbra
y las postrera,s luces del c repúsculo
en el Ocaso lentamente esfuma,
mientras la brisa susurrante ensaya
entre las frondas su canoión nocturna.

1

la ga.rrocha al
(hombro,
y conduciendo la cansada y,imta,
al hllimiLde bohío, donde espera
hallar con su familia la ventura,
á la choza que alegran los chicuelos
y las ,pa'fleras aives .con su música,
que la deshecha tempestad azota
p que las auras del Abril arrullan.
Vuelve

el laibriego,

Del campanario azul de la caipilla
se escapa la plegaria taciturna
del Angelus sonoro; se difunde

DE

H IDALGo,

·

EL DTA DEL ANIVERSARIO DE SU MUERTE.

Desfile de los alumnes de las escuelas oficiales

por la campiña y la montaña .mudas·
el céfiro ,repítela en las frondas,
'

Desfile de los miembros de las diferentes comisiones.

.,,'!

el anciano de frente luminosa,
I•_1Ja en el bu.sto Ja mirada ansiosa;
\ e aquella frente limpia, sin el rastl':.&gt;
De .1 11anch~ m~s leve, y lentamente
Se mchna y Junta ,la nevada frent-e
Con la frente gloriosa de alabastro

donde sus quejas de pasión modula
y deja en el espírJtu que sueña
'
no sé ,qué melancólica tristura ....

ª~

El ganado retorna á los corrales
por una raim¡pa de la S!.mda abrupta,

H[ERAGLIO ORTIZ SAENZ.

los tomos se despiden de la tarde ·

con su &lt;:fiarla alegranldo la espesura,
'! deshdjando va la noche regia,

JObre el moaré de la extensión cerúlea

mpuñaklo de

estrellas sin fulgores

~ pétalos de anémonas difuntas'.

'

DE MI KODAK

l.&amp; sombra i,rnJpera;

,el viento de la
.
(noahe
las hojas lacias de la milpa estruja
~ el saigrario agreste de la selv;
a Dios .eleva unn. oración augiu,sta,
que repiten, el rio que á lo lejos
su sonata monótona murmura
los astros que _abren sus pistil~s de oro,
la flor que melca su fragante urna . ..

Ent_ré en aquel gabinete de un fotógrafo. an:1 1~?, ,no me. recuerdo c?n _qué ob_ieto,
prmcnp1~ a admirar los pa1saJes vivos v
los honz~1!tes enfermos que copiara e~
horas ~e mspiración el renombrado a:rtis·
ta. MuJ·e,res llenas de grada y sal coloc'•·
das en _posición fa ~ora ble; grupos' d.e cal;_
veras Jugando naipes, seis ó siete beldades en una góndola, opriimiendo, unas la
f.,11a.rganta y los flancos de b sonora o-uiEl campo duerme ya; de tiempo en tar:a, y otras con un .ademán épicoe, en
•
(tiempo actitud de entonar 1un himno; en un r~codo del gabinete, un joven poeta macilos perros lackan y, el ,coyote aúlla,
1Jent?, vestido de negro, sujetand_o con
Yson esos los úuicos ruidos
la diestra la ~olaipa de _su levita du~lista y
CJUC el gran silencio de la noche turban ·
semiran á lo lejos las fogatas
' el ala del cubilete, mechtaba hundiendo su
que encienden los pastores, y en la altura ,pensamiento como sobre un dolor· acá
una chiquiLla !hacia mil pedazos un ~,;pc3ll&lt;lna erwuelto, entre 1igeras nubes,
jo;
y más allá un matrimonio de casi un
su rostro de clorótica la luna.
siglo de edad, rodeado de hijos y nietos
T¡(»i plácida e~istencia la del campo! los cuales hacían un total de aniás d~
cuarenta vivientes.
u faz excelsa m1s ensueños buscan
De súbito me quedé camo suspenso.
te a:mp que con gusto fuer¡
,\prisionacla
en wn óvalo regularmente
átomo del sol que te fecunda
,

r

!n~

:a

asu:o de la 11oche que te e~vudve,

ó el h~J~ &lt;le la flor qne te perfuma.
y

el vte,o _tro~1co que el Abril reviste
cruel 111v1erno con rigor desnuda.
E duardo

--- --

J.

Correa.

ANTE UNA ESTATUA
De ·

.

Por epie, .~on la n11racla hurneelecicla
mocion inevitable ). ~anta
Descubr
~1
b
'
Con 1 ~
ca eza guarnecida
a nieve del tiempo.
•
Un
Se levanta ,
·
monumen t o a, 1a gran&lt;leza ida : •
Surge
y el Yerso
en su honor la frase que agi'= nta
qu , ¡
e,-·
Canta la
~
a vez solbza y canta.
gloria Y llora la partida. .

ª

ª

. prol~ngado apareció á mis ojos "ella:."
surgia de:! fondo que protegíia el conjunt~ como un. lirio -recto, blanco, que todavia no hub1era publicado la bondad de
s~ perftlllTie; 1levaba saya negra, y el princ1p10 del seno venusino como la longitud
de aqueLlos lbrazos domadores, estaban
amparados ipor ea pudor &lt;le un velo; por
entre . C! colado de este velo importuno
se ad1vmaha su carne misericordiosa conno 1u111 cirio votiv?. ~que! cue,rpecito doloro~o y fino, opn11111do por la fuerza del
&lt;:orse moderno, aparecí.a admiirable en
la gravedad de la dínea, y el talle deve menudo, arqueado y como una plum~ lo
abrnza,ba un trozo de gró, á ,cuyo e¡tre~no ':'eta un broche lujoso y un poco á la
1zqmerda ~se saluclab.:1.11 Jos sarta.les efe!
po_rlla-reloJ, orlado á trechos por globos
bnl_lantes que daJban ai &lt;;ontraste un.a tonalidad alegiremente recabada. Ceñía la
garganta '.'1n. collar con una cruz que eswnd~a. relhg1osame?te el encaje del 'Velo;
debaJo de fa -colm~sura de los 11,abios, el
hoy1uelo ~e Jia. ~arba conta~a el prorl:gio
de J~s v.emte anos, y sus OJOS vibradores
de gitana rompían la samlbra de la copia
como, dos rayos surgentes. Yo lo he visto mas de una vez. En veoes su rostro
ll_ev.a un~ expresión ~e indifer,encia ajpac1ble y smce:r1a, como si ;ocalbaira de oí.r una
frase cansada por lo l'lepetiida; ,en otras
es ail,egre sin ?on11eírise; ailguna ivez· aquel!~ lineas copian el iasottnbro del 111iño trav17so que r a1111pe un lrnueblie útil;- y las
n_11as veces e~ su r?stro, una gracia pensativa y sus OJOS miran .como heohos pasados,. desengaños recientes ó días trans:
cumdos ya y que sólo dejaron iJa estela
de un recuerdo, persistente tal vez en su
memoria; pero allí, en aJquel óvafo estrecho
Y ahumado, aillí, aparecía como ~s como
110. puede dejar de ser; aparecía' como
q~1en_se expone y no se da .cuenta de que
nul OJOS la contemplan ó como si ,el ''trist ra.s'' del aparato fotográfico ,la hubiera
copiado medio segundo antes de sorprenderla en una posidón hierática; aJ.1~ ya no
era ],a que decía una fu-a.se infame como
u~a caricia mala; a,llí ya no era' la dommadona de un balcón, ni la despreciativa de un •rato de la tarde, ni la desdeñosa persistente de las noclies 'de invierno; allí, ,su rosfu'o adquiría IU111a gravedad
per.fecta, una serenidad natural; ~lli, tal
ve_z, en aquel cuadro, sin sobresaltos có~cos, ni posiciones estudiadas, es · d"lndi'
11111s_ ojos ih:n ap:rieciado '1o que He~ P.sa
mu1er en s1, y lo que vale su gracia .. . ..
1

LA MANIFESTAOION EN HONOR DE HIDALGO,- Un

detalle del desfile.

GA•B RIIEiL iD'QIN!AILE.

�-420-

Recuerdos de un Misionero
Una mañana fuí llamado á casa de un enfermo, en un rico barrio de la ciudad de ..... .
Todo en aquella casa era elegancia, lujo y
opulencia. Estab?, el enfermo sentado en un
sill6n: rodeábanle varios amigos. Era un
hombre de alta estatura, de facciones nobles,
pero descarnado, y sus prematuras canas revelaban que había tenido hartos desengaño&amp;.
Le saludé y me tendi6 la mano, diciéndome: «Sea usted bienvenido, señor.&gt;,
Para dar principio á la conversaci6n, le dije: «Se diría, señor, que usted ha tenido mucho qué sufrir.&gt;) «Sí, contestó, y lo peor es que
yo tengo la culpa.i,
Y me cont6 su historia.

zó por eocavar el antemural, es decir, su fe y
su piedad.
Se reía de sus prácticas piadosas, hacía
chacota de sus confesiones mensuales v de
su devoci6n á la Yirgen Santísima, del· rezo
del Rosario ...... Diciendo que todo ello Eabía
á superstici6n. Yo lo ayudaba en esu. guerra
que hncía á la piednd de mi mujer. ¡Necio
de mí!, no sospechaba la desgracia que se me
venía encima. Ella, poco á poco, abandon6
sus prácticas religiosas; dej6 de rezar y confesarse y se entregó al lujo y á todos los devaneos.
Mi amigo le prestaba libros perniciosos, y,
sin saberlo yo, le hacía la corte ..... .
Tuve que emprender un largo viaje, para
recoger la herencia de uno de mis tíos. «No
te detengas, me dijo mi amigo; cuidaré de

pensaba en vengarme de mi infame am'
matándole. Fuí en busca de él en todas igo,
tes. Gasté sumas enormes en los princi
hoteles de Londres, de París de Berlín~
Italia. Mandé un criado ha:ta Amérka A1
cabo de tres años de inútiles Jlesqui~ ·d
esperé hallarlos. Mi felicidad estaba paessiempre jamás perdida.
ra
Circo años después, pasando una noche
por un~ de los arrabalf:s de Londri&gt;.s_di.famino á m1 casa, se me acerca una pohré mnjer
y tendiéndome ~u mano descarnada, n1e 1¡¡'.
de con voz lastimera una limosna. Me estremecí: creí reconocerá Emilia. Era i;u voz, su
andar, su rostro, aunque desfigurado. Todo
me decía que era mi mujer. Le dí una rica lj.
mosna, y la seguí de lejos, á una &lt;lesmanw}Hda
choza donde entró. Llamé: la puerta seabre,

-

421 -

i¡·

d

\

Atacando á la presa.

¡Ah, padre mío, yo no podía vengarme de
ella..E.l asesino de mi mujer, de su alma, de
la fehOldad de e1la y de la mía, era yo! ¡Oh!
¡qué de veces he maldecido mi locura mi
impiedad y las artimafi.as de que me valí para hacerla dejar las tan consoladoras y confortan.tes prácticas de la religión católica! Su
dev0016n de buena hy la hacía buena hu~de, jovial, valiente y nada gast;dora.
¡Mientras era piadosa, me quería tanto! y yo
be envenr.nado ·su existencia...... Admití ú
mi~ á un J ~das; le tenía abierta de par en
par m1 casa, 1:m bolsa y mi corazón: ¡y él, el
mcrédulo, el unpío, me ha traicionado!
Co!oqu(, á Emilia en casa de unas santas
v,ligiosas, donde hace penitencia y salvará
so alma. Es un lenitivo para mis amargu-

Un león viejo de caza.

Como el sol entre las nubes
Que ilumina las alturas. '

A las flores el rocío
Las refresca y engalana:
El llanto del corazón
Limpia y enriquece el alma.

Son tus ojos como conchas,
Que guardan muy ricas perlas:
No las vendas,. ni regales,
Que valen la vida eterna.

Las aguas, que por los ojos
Del puente corren, son turbias:
Las que de los tuyos brotan
Esas sí son aguas puras. '

En el seno de la nube
El fúlgido rayo brilla:
Como á través de tu llanto
La lumbre de tus pupilas.

i Cóm0 brillaban las perlas
De tu collar en el baile!
Y ¡cómo lloraban tristes
Tus ojos, al acostarte!

¿Recuerdas cuando, postrada
Rega~te la humilde tierra
'
Con lágrimas? Pues allí
Brotaron las viole.tas.

De la flor sale el perfume
Del manantial frp,scas aguas'
Dulces notas de la lira,
'
Pero de los ojos lágrimas.

1'88.»

- - - -- CANTARES DE LAGRIMAS
A los corazones que sufren.

. Hácia el mar corren los ríos
Y en él encuentran reposo. '
¿En dónde hallarán consuelo
Las lágrimas de mis ojos?
Cual la benéfica lluvia
Hace germinar las plantas
Cuando llora el corazón '
¡C6mo se hermosea el alma!
Llora, si quieres tener
Gozo en tus amargas penas:
Que de las nubes el llanto
Alegría es de la tierra.
Hiena acechando á un asno.- Becerro atado para atraer las fieras. -Un rinoceronte.-Leopardo en un abrevadero.- Una familia de leones.Una m~nada de zebras.-Mr. Schillings.

-Soy de una de las principales familias tus intereses y de tu mujer.,, Partí, y al cabo
de ...... hice mis estudios en la lJniversidad de un mes estaba de vuelta. Al acercarme :i
de Oxford. No tenía ni fe ni ley; era libre- mi casa, la YÍ cerrada, corridas las persianas
pensador y librevividor. Me entregué á todos y atrancadas las puertas .. .... Llamé, volví á
los vicios; caí por mis excesos gravemente llamar. Al fin, Jnana, mi vieja ama de llaenfermo, pero, merced á mi robusta consti- ves, me abrió la puerta. Grité: Emilia, ¿dóntución, no sucumbí. No tardé en reponerme, de está Emilia? ¡Ah, señor, contestó ella lloy para no recaer en mis vicios, me casé con rando, Emilia no está ya aquí!- Dime, ¿se
una joven cumplida. Se llamaba Emilia; era muri6?
Sentía escalofríos, y tomándola. del brazo,
rica, bella y bien educada, católica y piadosa: un ángel, en una palabra. Con ella en- la dije: ccJuana, ¿qué se ha hecho mi mujer?,,
traron en mi casa la paz, el orden, la econo- «Señor, se ha ido con el amigo de usted, hace
siete dfas. ,,
mía y la felicidad. La idolatraba.
Dí un rugido, caí en el suelo como herido
Varios amigos comíaná menudo conmigo;
uno de ellos, aquel que precisamente quería del rayo. Perdí la cabeza y mi delirio duró
más miró á mi mujer con ojos de apasiona- unos seis meses. Los cuidados de un célebre
do, no pudiendo derrocar su virtud, empe- doctor me devolvieron, al fin, la salud. Sólo

y

y veo tendido en un miserable lecho á un indi·
viduo de duras y repugnantesfaccione.s. Tenia
cara de borracho. Emilia le daba bizcochos
mojados en vino. El miserable hizo, al verme, un esfuerzo para levantarse, y Vlego se
cayó en el lecho, ·a.iuerto.
Gritf entonces: «Emilia, Emilia, soy En·
rique ...... &gt;,
La pobrecita se desmayó.
Corrí por un médico y la mandé llevará
un hotel.
Me cóntó á su vez lo que le había sucedido,
Quint:e días después de su huída con ese
infame, éste la dej6 abandonada, sola en
Dou vres. Avergonzada, desesperada, ~~ 1111
atrevió á volver á mi casa, ni á su familia, Y
se lanzó á la vida airada.

¡Qué triste es la vida!
¡Qué amarga la muerte!
~~cor&lt;lando el se{)ulcro, no tengo
~ 1 un momento alegre.
Después de la lluvia luce
Con más brillo el firm~mento.
L1orn: que, llorando, queda
E1corazón como el cielo.
Aquellas preciosas perlas,
Q~e adornaron tus mejillas,
. ..ReMas que los astros brillantes
splandecerán un día.
En noche serena
~s astros ¡qué hermosos!
Eero, son más hermosas las lágrimas
n tus negros ojos.
¡Oh, qué bellos son los ojos

Cuando el llanto los anubla! '

"Cnos centavos dí á un pobre
, Para aliviar su miseria·
Mas, él me besó la m¡no,
Que adorn6 con ricas perlas.

¿q_uién ~ndul,zará mis penas?
¿Qmén enJugara mi llanto?
La Virgen de los Dolores
Y Cristo Crucificado.

No vayas, nifia, á bañarte
A las agua~ del arroyo:
Lávate con esas lágrimas
Que vierten tus bellos oj~s.

México, Julio de 1906.
JosE UGARRIZA, Pbro.

Veo tus ojos, -azules
Como el cielo,-conturbados:
Xo llames al oculista,
Que eso se cura con llanto

FALIDA

Es el lloro al corazón
Lo que la lluvia es al cielo.
¿,Llueve? El cielo sonríe.
¿Lloras? Se alegra tu ~echo.

La encuentro por las calles muchas veces
siempre igual, con igual melancolía
'
'
muy pálida, con esas palideces
r~ue revelan del alma la agonía.

Si lloramos al nacer,
Sin gustar los desengaños,
¿C6mo no hemos de llorar
Despu~s de habP-rlos gustado?

No calla su tristeza, nunca vela
con fingida sonrisa lo que siente·
. el dolor en sus ojos se revela '
el él.olor es el sello él.e su frente.

Cuando ha cesado la lluvia,
Se oye en la selva un concierto:
Como en el fondo del alma
Al llanto sigue el consuelo.

Camina poco:á poco; su infinita
trist~za deja un intangible rastro;
erguida y muda, en su dolor, imita
una estatua vi viente de alabastro.

Así como hácia la playa
Las ondas se precipitan
Buscando paz, de mi pecho
Sube el llanto á mis pupilas.
Después de un fuerte aguacero
Luce el iris de la alianza:
Cuando el llanto es abundante,
Brilla en los ojos el alma.
Si quieres saber, estudia:
Si quieres perderte, roba;
Y si quieres ser feliz
En este destierro, llora.

•

La estatua que, en el mundo delos muertos
velando ante una losa funeraria
'
con loa pálidos labios entreabie;tos
murmura levemente una plegaria.
Así· es como la encuentro muchas veces
y así vive en mi vaga fantasía:
'
muy pálida, con esas palideces
que descubren del alma la agonía.
CRESCENCIO GALVAN y GONZALEZ.

�-~-

-422-

sionaron grandes trabajos al explorador Jfl}
siendo ya grandes cuando las capturl) es
mostraban ariscas y rechazaban todo am:. 86
~~,siendo ne?esario forzarlas á comer, sit!::
cion que duro algunas semanas. Termina.ro
las cigüe~a~ por alimentarse volunt.ariamen:
y por recibir con gusto las caricias de su do.
mador. Se encuentran hoy con el rin~ron
te antes citado, en el jardín zoológico ~
Berlín, y muestran gran regocijo cuando )a8
visita el explorador.
El Sr. Schillings. puede mo~trarse orgullo. so de haberse granJeado el cariño de algo~
de los animales :iue iba á cazar, y decimos
r&lt;algunos, » porque, como veremos deapu&amp;,
en alguna ocasi6n le fué provechoso el tener
1111 buen fusil)' certera puntería.
Pero, repetimos, no guiaba al expli&gt;rador
el deseo de matar por matar, y si alguna vez
experiment6 gran alegría con la captura de
un ejemplar curioso, esta alegría desbordaba
cuando conseguía fotografiarlo.
¡U'otografiar fieras! Tal era en r&lt;·alida&lt;l el
sueño del Sr. Schillings y el objeto princii-1
que motivó la expedición tenwrarin que llevó á cabo hace nueve aiios. Era más bien
un sueii.o de sabio y artista, que un provecto
cinegético.
·
Sería curioso, en efecto, conocer las costum breR, las actitudes, los gestos originales
de las fieras en la selva virgen, sin trabas ni
artificios. Cosa imposible hasta hoy. con las
fieras de menageti.e y de jardines zool6gicoe,
por las condic)iones de embrutecimiento y
apatía en que se encuentran.
Las dificultades de empresa eran grandes:
la fiera, durante el día, permanece en su CU·
bil, siendo en la noche cuando efectúa BUB
com!rías. Durante la noche, pues, serla necesario proceder, haciéndose indispensableel
uso de luz de magnesio y el conocimiento
preciso de las guaridas y senderos recorridos
por la fiera, y si aún no bastaba esto, seria
necesario colocar en las cercanías del apara·
to fotográfico un reclamo que contribuyera á
atraer al animal.
Fácilmente se concibe el valor y sangre
fría que se necesita, para fotografiar fieras en
plena selva, con el eminente peligro de ser
destrozado por ellas.
RESUR.REOOION DEL TEATRO GALO·ROMANO.-El Subsecretario de Bellas Artes, de Francia, estrechando
En el año de 1896, había hecho· el Sr.
la mano de Silvain, actor francés, en el papel de la obra "G'yclope."
Schillings un viaje al interior del Africa, na·
datos. Nos relata, por ejemplo, las experien- ciendo, durante él, la idea que motiv6 las
AVENTURAS
.
cias hechas á ese respecto por el Príncipe de subsecuentes expediciones.
DE UX
El
explorador,
en
colaboraci6n
con
su
ami·
Pless, que viajando por la India, pudo con·
vencerse de que los elefantes no solamente go el Sr. Ludwig Heck y contando con la
Cazador-fotógrafo en Africa llegan á comprender el lenguaje de sus ma- valiosa ayuda del célebre 6ptico Goertz de
houts 6 guardianes, sino que aun entre sí Friedenau, form6 un escogido equipo f(lf.opractican una verdadera lengua, formada de gráfico y parti6 al Africa.
Regres6 á Alemania para perfecci?n.ar sus
El alemán C. G. Schillings, qu~ acaba de cerca de «cien articulaciones distintas,» que á
aparatos
y emprendi6 de nuevo el viaJe con
su
vez
llegan
á
comprender
los
rnahouts.
publicar en dos tomos ilustrados la relaci6n
su
amigo
el Doctor Hünster y un acoro~·
Las experiencias que ha hecho este cazade siete años de aventuras cinegéticas en el
miento
de
ciento treinta hombrei, tomando
Africa Ecuatorial, puede con justicia ser con- dor, son más interesantes todaYía, pues son
la
ruta
de
Tanga
para dirigirse al inrerlor.
siderado como el más atrevido y original ca· netamente personales. Desde hace veinte
Dur6 tres meses esta expedici6n, que era la
años,
ningún
explorador
había
conseguido
zador que haya existido.
El Sr. Schillings ha ido á estudiar sobre el llevará Europa un rinoceronte vivo, de corta tercera: pues enferm6 Schillings y sus aparaterreno «la vida de las fieras," distinguiéndo- edad, pues separado .de la madre, moría ca- tos no eran del todo perfectos.
Se dirigi6 á Alemania, y después de curarsi siempre. El Sr. Schillings captur6 uno y
se así del cazador ordinario.
se
y de perfecr.ionar aún más los aparato&amp;,
lo
puso
bajo
la
tutela·de
una
cabra.
Aunque
Antes de que el Sr. Schillings publicara su
emprendi6
la cuarta expedici6n,. que 1'5 la
ésta
no
lo
amamantaba,
le
tom6
el
animalito
narraci6n, habíamos leído otra, llena de epi·
más
importante
de las que ha venficado,. CO'
sodios dramáticos y pintorescos; pero traslu- gran cariño y jamás se separaba de ella. Acmo
lo
demuestran
las fotografías que ~dJ~
ciéndose en todas la misma psicología: Un tualmente se encuentra el rinoceronte, ya
tamos
y la originalidad, variedad é 1nre ,
bien
grande,
en
el
jardín
zool6gico
de
Berlín,
aventurero, un hombre de acci6n á la VE'Z
de los documentos que en tal ocasi6n Uev6
que soñador, se dirige al país más lejano y en compañía de la cabra y de un cabrito,
salvaje, obsesionado por sus ideas, á «matar siendo perfecta la armonía entre los tres Alemania.
El profesor Lambert de Stuttgactdice, con
muchas fieras» primero y adquirir gloria des- animales. No ha olvidado al explorador, pues
justicia:
«Estas imágenes tiene~ un~ ~
cuando
éste
va
á
Berlín,
lo
visita
y
son
nopués, rodearse de la aureola que rodea á los
importancia desde el punto de y1sta cien .
tables
las
muestras
de
carifio
que
le
ofrece,
Gerard y á los Bompland. Estos ideales vul·
gares, tal vez, no fueron los que guiaron al distinguiéndolo entre ciento&amp; de espectadores. co. Mucho tiempo después de qu_e l ~
El Sr. Schillings tuvo en el desierto okos males salvajes del A.frica hayan sido . 'lila·
Sr. Schillings. Este explorador ama apasiocados á las necesidades de nuestra c1V1
nadamente á las bestias, y desde las primeras amigos: un elefante, que dice le adqraba «con. ci(m vivirán todavía con una vida verd;::
una
simplicidad
infantil
¡n
un
mono,
de
quien
páginas de 1:1u libro se adivina que i:nás le
en l~s fobgrafías que nos ha traído
·
mueve el estudio de sus costumbres, que la se había hecho querer tanto, que cuando relings.
,,
.
ti,,a,
adquisici6n de sus pieles. Sobre la inteligen- gresaba al campamento de una de sus excur·
Para obtener el explorador una nega .
cia sobre la variedad y viveza de sentimien- siones, el animal se volvía loco de gozo; en
procede, como ya dijimos, á b.uscar un ~
fin,
unas
«cigüeñas
morabouts,»
que
eran
tan
·tos: de que los animales más salvajes son ca6 sendero frecnentudo por tigres, leone&amp;
paces, nos suministra el explorador curiosos cariñosas como inteligentes. Estas aves oca·

ARTISTAS MEXICANOS,

Cbamplieu, en la campii'la de Compi~gne,
Francia, se ha inaugurado uo teatro galo·
romano, que al decir de algunos s6lo ostenta
vagos vestigios de lo que. eran esos antiguos
monumentos.
Las representaciones se hacen al aire libre,
los concurrentes tienen por techo el azul del
cielo y sirven de decoraciones los árboles,
arbustos y demás vegetaci6n natural de la
campiña.
Las obras que se han representado allí por
artistas como Coquclín, Silvain y Lambert
:,:on del repertorio clásico. Ultimamente se
exhumó la obra Ciclope, en la que el actor Sil·
va.in tuvo á su cargo el papel de ese lejendario ¡::a]vaje personaje de solo un ojo.
Nuestro grabado representa una escena «de
entre bastidores," pudiera decirse, desarrollada en el escena·io del extraño teatro.

***

Sairítono sir. uoaé Seirvín, venido últimamente de I~elie, donde peirfeeeionó
sus estudios y ol&gt;tuvo girandes tiriunfoa.

- . Hace más de una centuria,
que del tiempo á la honda injuria,
está,, tus bronces sonando,
y á los fieles convocando
hace más de una centuria.
En sus solemnes clamores
hay como vagos rumores
del bullicio de otros días.
Hay tristezas y alegrías
en sus solemnes clamores.
De sus voces al concierto,
ora van tocando á muerto,
ora van, con voz amante,
celebrando algún infante,
de sus voces al concierto.
Al escuchar sus sonidos,
cuántos recuerdos queridos
llegan volando á mi mente! ......
Aún lloro á mi padre ausente
al escuchar sus sonidos.
Juan Murillo, campanero;
tú serás mi cancionero
cuando en la tierra sucumba.
Tú doblarás en mi tumba
Juan Murillo, campanero'.
ABRAHAif

SOSA.

Zacapoaxtla, Junio de 1906.

Don Mariano Díez de Bonilla
doPublicamos hoy el retrato del Administra·
r de la Sucursal núm. 3 del Nacional
Mr6on~ de Piedad, que falleci6 el 10 de Julio
P lln10 pasado.
lit~sefior Díez de Bonilla naci6 en México el
O e 1862 y pertenecía á distinguida famiia, pues su padre era hermano de uno de los
lDás famosos Ministros del Gobierno del (-le1 Santa Anna. Ingres6 al Monte Pío en
rnie7, Y por sus aptitudes y buen comporta·
~to fué ascendiendo en rigurosa escala
le alcanzar el puesto de confianza en que
re :rprendi6 la muerte á la edad de cuan
cuatro años.
Fu persona muy afable y servicial y cum-

r

IB7

l,

p1ida en sus deberes, y ha muerto sin legar
bienes de fortuna, dejando en la ·orfandad á
numerosa familia. Sus hijos heredarán su
hon~a~-ez, ~~l b_uen nombre y la piedad que
lo d1stmgu10 siempre y que fué tradicional
en sus maYores.
El inteligente Director tlel l\Ionte de Piedad, Don Manuel.Campos, nombr6 para substituir al señor Díez de Bonilla al señor Don
Narciso del Castillo, muy conocedor del ramo
y que tiene como Jefe de Almoneda á Don
Manuel G6mez Gallardo, empleado también
antiguo y apto.

NUESTROS GRABADOS
eanquete al limo. y Rmo. señor Arzobispo de
México.- El domingo pasado, cumpleaños
del Ilmo. y Rmo. señor Arzobispo de México, Dr. y Maestro Don Pr6epero María Alarc6n y Sánchez de la Barquera, fué servido en
el Palacio Arzobispal un banquete, habiéndose sentado á la ~esa, á más del Dignísimo
Prelado, numerosos señores secerdotes y distinguidas pnsonas.
En nuestra edici6n diaria dimos cr6nica
de este banquete y ahora nos concretamos á
completarla con mi grabado, que reproduce la
mesa en que fué servida la comida. El cliché
está tomado de fotografía que expresamente
se hizo para este semanario, por uno de los
fot6grafos que trabajan para la casa.

***

Aniversario de la muerte de Hidalgo. -El día
del aniversario del fusilamiento del iniciador
de la Independencia, hubo una manifestaci6n
patri6ticJ. organizad~ por el elemento obrero
preferentemente y en ella tomaron participio
los alumnos de las Escuelas Oficiales.
Dimos también cr6nica de este acto en
EL TIEMPO diario y en el semanario publicamos hoy tres reproducciones de fotografías
tomadas par~ el mismo periódico y que representan vanos detalles de la manifestaci6n.

***

Resurrección del teatro galo-romano. - En

la Cruz Roja de Génova.--Acaba de reunirse
(•n Génova una conferencia cuyo objetn fu(.
p] de revisar y dü:cutir las decisiones de la
Convenci6n de 1864, que establecieron y reglamentnron los tratumientos, cuidados y so&lt;"orros que se habían de impartir E'n tiempo
de guerra á los heridos y enfermos.
Esa Convenci6n necesit6 dPsde luego algunas reformas, que le fueron hechas en 1868.
De:,:pués han seguido haciéndosele modificaciones y adiciones en .variail épocas, pero á
pesar de todo esto se imponía una reforma
general.
Este objeto tuvo la conferencia reunida en
Génova, ála que acudieron los representantes
de todos los países adheridos á la benéfica
instituci6n de la Cruz Roja. Fué nombrado
por unanimidad presidente de la conferencia el
señor Odier, Ministro de Suiza en San Petersburgo y representante de su patria en la reu·
ni6n de Génova.
Los trabajos de ésta terminaron el 6 de Julio, firmando los delegados un nuevo texto
compuesto de ocho capítulos, en que se perfecciona y ponen en claro muchos puntos
apuntados en la acta de 1864. Todo ha sido
hecho conforme á las condiciones de las guerras modernas, teniendo en cuenta los armamentos nuevos que hoy se usan en ellas.
)k

*'*

El Rey de Cambodja en Nancy.-Ha hablado
ya este peri6dico del Rey de Cambodja de
manera que Sisowath no es persona desc~nocida para los lectores del semanario.
Ultimamente este ya célebre soberano fué
á Nency, siendo allí recibido con gran pompa
por las autoridades y poblaci6n que le dispensaron la más simpática acogida. Desde la
mañana siguiente al día de su llegada, el soberano cambodlijiano recorri6, acompañado
del prefecto de Meurth-et-Moselle, Luneville, Pon-a-Mousson, San Nicolás, etc. Asisti6
á una revh,fo. militar del 2? cuerpo de ejército, que le dedic6 el comandante de éste.
Presenciando la revista lo representa nuestro grabado.
Los aficionados á la filatelia tuvieron ocasión de extasiarse en la reciente Exbihici6n
de t-stampillas postales, abierta en Londres.
El Príncipe de Gales, que posee la colecci6n
más valiosa del mundo, mand6la á la Expo·
sici6n. En ella se pudo conocer la famosa es~mpilla,de_Isla Mauricio, por la que el Príncipe pago S, ,000, oro. Otras colecciones importantes exhibidas son la del Conde de
Crawford, que contiene de todas las estampillas emitidas por el Reino Unido; la del Bar6n de '\\'orms, la del Príncipe Eduardo de
Gales, etc. En la colecci6n enviada por 'l\Ir.
Craker, se ve una estampilla Hawaiana comprada en dos centavos y que ahora se estima
en $6,00),. oró. El .valor !º~l de las estampillas exh1b1das, asciende a cinco millones de
d6lares.

�- ~ 9-

- 428 PAG.IN A

ARTISTICA_

L A P A G A DE LOS SEGADOR ES,

LA MUJER QUE SUEÑA sus ojos negi·os se agrandaron de tanto inte- cordándoos y soñando con vosotros. Lu
.... S oñem1s, alma soñemos.
ÜALDERON.

/

¿No habéis visitado nunca una de esas
ocultas ciudades de provincias, que tienen
un castillo ruinoso bordeado de viejos murallones, y una fuente seca en la plaza? Y si
por casualidad habéis atravesado sus solitarias calles, ¿no habéis sentido la infinita.melancolía que produce el ambiente polvoriento de aquella mansión muerta? Y luegc,,
cuando hayáis pasado por delante de alguna
antigua casa señorial, habréis visto asomar
tras los barrotes de una reja ornada de claveles, una cara marfilefia de mujer, que os habrá mirado un instante con curiosidad triste ......
Es un rostro pálido el que habéis visto,
con unos ojos negros, de mirar profundo, que
parece que imploran. La visión ha durado
un momento, ocultándose después tras las
matas de claveles floridos.
Aquella mujer, que ha sonreído un segundo á vuestrQ paso, es la provinciana que
sueíia. Nada habréis notado en su insignificante rostro que os impresione, y, sin embargo, es muy digna de estudio. Nació en
allnel pueblo¡ cuando era niña se extasiaba
horas y horas, mirando al .infinito desde la
misma reja en que la vísteis. Luego, más
tarde, su vida se ha deslizado mansamente,
con lentitud monót@a; muchas noches se
las pasó mirando al cielo, queriendo preguntar· el porvenir á las estrellas mudas, titilantes ...... Su pobre rostro tomó aquel color pajizo, de muchacha anémica, que os chocó al
pasar¡ su cuerpo, de delgado que era, tornóse
frágil como el tallo de una flor de estufa¡

rrogar á las estrellas ..... .
Rólo una vez, durante el transcurso de su
corta vida, sufrió una emoción ligera, que
impresionó su alma: vió á un hombre. ¿Qué
os importa quién era este mancebo, ni cómo
se llamaba? Quizá fuese un joven diputado
que acampó allí tres días durante la época
de elecciones; quizá un ingeniero rubio que
fué al pueblo para explotar un negocio de
minas, y sonrió al mirarla. El caso es que
la virgen hizo tomar otro rumbo á sus ensueños vagos de la niñez, convirtiéndolos en
plácidas quimeras de adolescente. Aquel
hombre, que turbó el hastío de sus horas,
marchóse del pueblo para no volver, pero,
¿qué importaba? La virgen aún le esperaba,
sumergiéndose dichosa en el divino vacío de
los ideales; aún suefia y evoca la riente imagen del príncipe audaz, que vendráá buscarla desde remotas tierras, cabalgando sobre un
rayo de luna ..... .
Y pasa tiempo. Su vida florece tranquila
"Omo los claveles que adornan st1 ventana.
De tanto esperar al príncipe soñado, se torn~ más pálido su rostro, más enfermizo su
muar.
E Lpríncipe no llega; nada, puede distraer
el hastío de la virgen, que se emborracha de
quimeras, encerrándose en el palacio de lo
absurdo. Ya están lejos las horas de la niíiez, pasadas en éxtasis ante la luz de las estrellas mudas; ya no tiene alientos ni aun
para vivir, pero sueña siempre.
Cuando habéis pasado por delante de su
reja, os ha mirado y se ocultó en seguida,
pero no se borrarán de su mente en mucho
tiempo lQs rasgos de vuestro rostro; y en las
noches interminables del invierno, cuando
la nieYe azote con terquedad monótona la
ventana -:le su cuarto, no podrá dormir, re-

con el tiempo, vuestra imagen se bor
su memoria, y otro hombr~, como v
ha de pasar por delante de su reja, sie~de
te el preferido, el amante ideal que U
sus horas con nuevas esperanzas y con e
ños nuevos.
Pero los años pasan y la virgen se haoo
vieja. Otros hombres, siempre iguales, ~
cruzando ante su vista, sucediéndose sin m·
terrupción en sus anhelos amorosos y alime~
tando el fuego de sus quimeras. Desde aquel
rincón oculto, á donde no llega el poderosb
hálito de las grandes ciudades, ella se e~·
sía ante el último hombre que sus ojos '!eron; y mirando eternamente COI). estos OJOS
hacia la inmensidad de lo invisible, va des·
bojando con tristeza las rosas de su juven·
tud, que se marchitan ......
Y luego, en el crepúsculo de s? her~OBU•
ra, cuando la vida no tenga ningun ahc1ent.e
para ella, soñará como antes, evocan~o du·
rante el hastío mortal de sus horas sm fin,
la riente imagen del príncipe audaz, queven•
drá á buscarla desue remotas tierras, caba1•
gando sohre un rayo de luna .. .. ..
(tER)IÁN

GO)IEZ DE LA :MATA.

_____,___ _
El ya célebre lago Titicaca, de An_irril'!'
del Sur ofrece una l)articularidad crtnosÍ~l·
, ob'Jeto ue •
ma: la ' de no enmohecer ningun
metal que se eche en sus aauas. Una cadena,
º de hierro,
.
un ancla, cualquier artículo
Puede
tenerse sumergido allí durante semanas Y
meses enteros sin ningún. cui_dado, po~
todas las piezas salen tan limpias como SI
acabaran de fundir.

A VENTURAS DE UN EXCURSIONISTA EN

AFRIOA,-~istas fotogríificas tomadas por él mismo, durante la noche, en el coraión de la srlrn,
ayudado con luz de magnesio.-Véase el artículo respectivo.

EL REBOZO MEXICANO
. Una de las prendas de indumentaria me~cana que ha resistido 1a invasión extransin p~rder un átomo de su aspecto y
0
~a nacionales, es el rebozo. No ha con~ntido ni las reformas del sombrero ancho
dillla a~ericanización del calzado, ni las mo~
el cac1ones del charro. Ha conservado su
egante figura, sus colores hermosos y el
O1
Elpeculiar de su procedencia de fábrica .
rebozo es la prenda que más servicios
á la mexicana. Se divide, como las sot6e esta, en clase popular, clase media y aris-

rra

tta

ra .

enPringoso Y mugriento, es la amorosa cuna
p 1ue ~ma el licor maternal el heredero del
,:i~tario; es e~ v~hfoulo en que viaja la
ptbli ra. gue ~a md1gena pregona en la vía
la .ca, limpio sobre la falda de percal de
darada pizpireta, cubre la canasta del manindiº' j es el signo que marca el paso de la
al &amp;ea .e.la aldea á la ciudad. Cuando entra
ja ell'Vlcio de su _amo, la criada indígena debre •quexquém1li&gt; y el «chinceutei, y se cuci~~ el ~e??zo como primer signo de emanEl on civilizadora.
rebozo cubre á maravilla lo que la mu-

jer desea ocultar: la alegría ó el dolor¡ la ira
ó la vergüenza; el desaseo ó la misPria, ó
descubre con insinuaciones atractivas lo &lt;]lle
su dueña desea lucir. rna ligera compostura del chal sobre la cabeza, basta para demostrar, con encantadora viveza, las blondas, los encajes, el escote, la garganta, los
brazos, el buato y hasta el talle que quiere
presentar al espectador. En este verdadero
arte, es una consumada maestra la mujer
mexicana.
El chal mexicano, de seda, aéreo y vapo·
roso ó el de bolita, de Tenancingo 6 del Yalle, que trasciende ~ distancia, son los confidentes de la dama elegante en su quinta de
campo, de los habitantes de buena posición
de los alrededores de México y de las ci uda ·
des metropolitanas y en el seno del hogar.
El rebozo hecho ele telas finísimas emigra
á Yankilandia, donde los primos le ' colocan en el lugar de honor de sus salones; va
también allende los mares, á los palacios de
los próceres, á provocar un aplauso para el
arte y la industria nacional.
Pero el rebozo mexicano tiene, sobre todo,
un mérito excepcional:. no se ha alojado jamás en ningún vestuario extránjero; es la
feliz prenda de ropa que ha estrechado siempre entre sus mallas el busto de sus compa-

triotas. El ha proclam:1&lt;lo en el país la má 8
legal de las doctrinas ~Ionroe: "El rebozo
mexicano para las mexicanas.''

A~OR
La más ardiente y la más secreta de las
aspirac~ones del alma, es la de conquistar
para m1 nombre un recuerdo en tu pernmmiento, un sitio en tu corazón.
.cua~?º estoy en tu presencia, temo que
m1 pas10n se delate, que una mirada ingenua
te bable más que mi silencio· que al aspirar
la esencia de las flores que t~ regalo encuentres en ella el calor de mis labios. ' Cuando
tu mirada inocente se fija en mí, siento latir
más apresurado el corazón. Este cobarde
siempre tiembla al temor de que s~ descubr~
su secreto: el infeliz ignora que mi silencio
habla un lenguaje incomprensible á tu inocencia. Pero ¿será verdad que mi pasión es
un secreto para tí? quantas veces me hago
esta pre~unta, no atma con la respuesta el
pensarmento, absorto de mi candidez y de la
tuya, oscilando entre el abatimiento y la es.peranza.

•

�-430 -

Las Serpientes y los Niños
A11geles de pura frente
De sonrofados colorei;:,
El mundo es jardín riente
Donde el vicio 1•s la ~erpiente
Escondida entre las florer-.
Escuclrnd {\ la experit'ncia,
Que o:; da una hermo,a lección
Bajo 1•sta vieja se,. tencia :
La serpiente es la ficción,
Y vosotros la inocencin. ·
Y pues ya que el cielo qui,o
que fuéscis el nuevo l:'ncanto
De este nue\'O paraíso,
Mirad que estéis sobr" aviso
Para no trocarle en llanto.
Hay en él prados amenos
De verdor y sombras llenos,
Hay en él gratos pensiles;
Pero también hay reptiles
Que escupen sucios venenos.
Y váis vosotros andando
Por un camino florido,
Lirios y rosas pisando,
Y á vuestros pies, sin rüido,
Se ,·a una sierpe enroscando.
Ved, cuitados, que el verjel
Que á beber hoy os convida
Copa de néctar y miel,
Tiene en la. hierba escondida

Serpiente de cascabel.
Fingiendo luces y espejos
Una ilusión hechicera
Os fascina desde lejos,
Y no son sino reflejos
De un áspid que allí os espera.
No fiéis del resplandor
Que el aire en visos retrata;
A veces, bajo la flor
De más vistoso color
Está el aguijón que mata.
Dulce, plácido, sereno,
Un amigo os sale al paso,
Y le estrecháis contra el seno ...
¡Y es una víbora acaso
Que os verterá su veneno!
Y si del alma la puerta
Por una amistad menguada
Le dejáis un punto abierta,
Apenas le dáis entrada
Sentréis el alma muerta.
En medio del muu'.lo vano
Crece el árbol de la gloria
Rico, pomposo y ufano:

Crónica de la moda
•

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MOTIVO DB

La Mesa de honor.

Un árbol dice la historia,
Que perdió al linaje humano.
A él sedientos de fama
Alzaréis el corazón .. . .. .
Y hallará vuestra ilusión
Enroscada en una rama
La boa de la ambición.
¡Ay! no os aten las prisiones
Y los anillos pujantes
Con que enlazan las pasiones,
Que son pitones gigantes
Que estrangulan corazoneD.
Angeles de pura frente,
De sonrosado color;
El mundo es jardín riente,
Mas ved que hay una serpiente
Debajo de cada flor.
E STEBAN

MOREl''

s. J.

INOCENCIA
( DE MIS HOJ AS)

E ncontra&lt;la la causa ipor la cual las
flor es llo ran p erlas ,á los ¡pri meros besos
ele la aur~ra, no pudo menos Rafael q t~;:,
comprender la razón 1por la que su rubia
adorada, por la que su amada D olor.es,
t,odas .Jas mañanas, al despertar y desde su lecho ·blanco como el de las nubes
de las tardes estivales, ha,sta su huerto
her moso ¡poblado por mudhas plantas de
Hor ecitas multicolor;es, iba dierram:a.ndo
copiosas 1á~rianas, las qu~ _guar1aba en
un pequeño pañuel&lt;? de 'fints1mo lmo.
-.JH e adiyinado la causa, Dolor e,s de
mi a.lma, por la ,cua,l todaJS _i~s mañanas
tus ojos ma nan perolas taimb1~n COf!lO las
flor es- Le decía R afael :-mIB OJOS t e
ha n 'Vist o muchas veces en la huerta: 'tú
te acerca s, confundes tus liabios c.:&gt;n las
w rolas de flores rojas, y en esos momentos la caída de las _lágrimas ºde los ojos
y las de las flor es, se acrecienta. Yo t,e
he visto. ;iEs verdad que a,sí sucede?
L a rubia ni ña, en una m&amp;raida virginal,
iparece decir á su aJ111ante : "Tú. t,e enga·
ñas· e.sas lá[Yrimas que has visto caer
son ' t oda,s de r--las fl .:&gt;res."
_.No m.e engaño. Y o lo he visto y sé
la causa mrnbién. Son las flore,s, 0011110
las niñas, 'linda mía. Nacen con la aurora abriendo su broche, pido de perfumes
v de amo r · reciben á poco los ardi'ent es
besos de s~ amfante .el Sol-tú debes saber que las flores altnan a·l Sol. ¿No es
verdad ?- Y en m1edio de su fiebre amo-

su

DIA DB DIAi.

.

r·::&gt;1sa, la que bien -pront o les consooie
dej an escaJpar sus perfumes .con los
· les se saturan l1as b ri,sa s de las tarde,
pr1maveral'es, y su a mor se muere coa
los ttltimos des tellos de la luz, y al mori r ésta, la flor se mu·ere también, por·
q ue "vivir sin amor, no · es vivir," coma
han dioho los poetas. Y por la tarde, en
fúnebre cürtejo y entre las ondas (fel
viento, van amo rtajaidas, camino á la Ne-:
crópolis, .la frescura y -el amma, la belleza .Y el amor de esa s inocent~ flores.
- ¿ Es verd/ad que p or e·sto es por lo que
tú llo ras .con ellas? ¿¡Es verdad q* el
pensar ,en la seiparación que se hace entr.e las niñas y las flores, es la causa de
tu llanto ?
'
-1S1, amado m ío, J)J rqu1e e,s
vida tan efrmera e-orno .fa de· eHas, y á fl
caída de la tarde de nuestra ex1st-enc{a,
t od0 m uere. .......
i
-P.ero, ;escúdhame antes. mi Dolore1:
Las flores de Tas alm as no mueren jJ•
más; sus per fumes .Y su ait11or son per~
raboles.- No fl ores más.

cu,.;

·n•sbf

. Los a~ule_tos reaparecen y las paris!enses, rm?i~~do homenaje á la poética supersticion, llevan hojas de tré·
bol, escambajos, elefantes y otros
animales en los colgajos que ahora
vuelven en collares, porta-monedas,
etc.
Dícese que las turquesas son emblema de las ilusiones, las esmeraldas de
la esperanza, y sigue la historia del
Pomlll(ionr. Ligero bordado
significado de las piedras preciosas.
a&amp;oro .Y de perlas.
Los cinturones de cuero claveteado
de oro y cerrados por un broche del mismo metal representando un
iD8eofA&gt;,

Ul8 collares de tres hileras de menudas perlas combinadas con
eadlqperlas de gran tamaii.o, están de última novedad, y las bolsitadt met.al guarnecidas con piedras preciosas lucen muy elegantes.
Hay infinidad de accesorios para la toilette, á cual más capricho• y originales.
li coquetería es innata en toda joven elegante y bonita.
El peinado se hace ahuecando el cabello
ea gtJndes ondas acentuadas, y luego se
hace el moño en la parte superior, e~!tilo
, que no quede muy alto ni muy bajo.
IA preciosa toilette que ostenta estilo Di'o, lo constituye un corpiüo ceñido al
.:_en forma puntiaguda por delante y por

Otras hny que su glori:t es tener dos
{, mús novios; pero esto, además de
inmoral, es feo.
Hay niñas mal educadas que le otorgan el «sín á, un hombre por puro capricho, sin reflexionar que el corazón
no es un juguete.
Después de comprometida la mujer, debe pensar en la responsabilidad
r¡ue ha contraído.
La mujer por sí misma ha de educarse para llenar sus deberes de espofa.
El conocimiento de los quehaceres
Cubre- blusa.
domésticos es la mitad de la felicidad
para una dueña de casa.
La novia debe realzar las buen~ cualidades de su prometido, y
demostrarle que lo ama y respeta por ellas.
Debe animarlo para que sea industrioso y honrado; ayudarle á
ahorrar, no exigiendo regalos extravagantes, y menos verlo como un
tipo que no sirve más que para darle gusto, sino como el futuro esposo, el hombre que se quiere y se honra.
Todo ~sto parece largo y pesad?. como un contrato, niñas; pero es
pura y simplemente por lo que vais á responde.r cuando aceptéis el
cariño de un gal:'tn.
Y sea que la aceptación esté simbolizada por un anillo ó no, la
obligación existe de igual modo.

,,
'

Una guarnición de encajes bordados de hik, de plat.a adorna el escote todo ¡¡}rededor,

7las mangas son cortas y todas ele encaje.

una vez formado el buen propósito, debe
llevarse adelante con prontitud y sin desviarse. Con una alma fuerte y un noble propósito, puede uno hacer lo que quiera, moralmente hablando.
En la escuela del trabajo se enseña la mejor sabiduría práctica¡ y una vida de ocupación manual no es tampoco incompatible
con la más elevada cultura intelectual.

DIANIEL GILS. ·

•
Al Corazón de Jesús
Anhelo.
Yo quisiera vivir enamo rado
de un solo Corazón, á quien adoro,
y unir mi voz á la del sacro coro
por legiones de arcángeles formado.
De dulzura y amor esre dechado
yo quiero pregonar ; ,que es mi decoro
quien abrió de sus .gracias el tesoro
quedándose en la Hostia consagrado.
Q ue conozcan los hombres es mi anhe\a.,
al que es R ey eternal d•e tierra y cielo;
a,l Coraz&amp;n qu e puso s us amores
e,n el hombre, gu sano, vil criatuira,
y por salvarle vino de la altu.ra
al mundo de miserias y dolores.

Refajo con volante en forma.

La falda ceüida á las caderas abre hacia
abajo y lleva por toda guarnición una gran
fran ja bordada con hilo de plata y lentejuela.
Otro modelo :
Elegantísima princesa, ceñida al busto y de
estilo completamente liso. ~Ionte-Carlo, guarnecido de trencilla de seda que va abierto
sobre su pechera ó canesú de broderí gruern.
l\Iangas de broderí con volante de encajes
y doble manga unida al Monte-Carlo.
~ombrero redondo, adornado con vistosas
plumas.

Daniel Aguilera.

1

Señor Don Mariano.DÍllz de Bonilla,
fallecido últimamente.

Para las novias.
La mujer es 13.; perla de la perfecció~
por eso cuestan caras y algunas son f
~s.
}o$
-La fal,sa mo&lt;lestia es el peor de
orgullos.
r·
-1N o hay más que una el.ase de amo •
pero hay mil diferentes ·cdpias.

Tra1e par:i. niños de 4-5 años.

rna niiía enamorada no- debe jurar fe á un
hombre si no está cierta de que sin él no
puede vivir.
Hay jóvenes que dan calabazas y se quedan tan frescas como si• hubieran rehusado
ir al teatro.

Blusa. Labor de encaje irlandés. Imitación
de encaJe "Brúges."

�-

432 reprend~ ó le impida sus malos pasos. A
~:
que·es. cierto
, ·que hay
, '.por desgracia, muclllll!
muJeres a qmenes a pnmera vista se les d
cubren los cuernos, pero.... ..
es,
-¡Si será mi hija de esas! le interru .,
azorad~ o~ro de los oyentes: se llena lampio
tle 111e1~1u,;¡~s Y, se _hace luego un peinaJ:
que._. .. .. m mas m menos, parecen d .,
tonc1tos.
os PI·
-Bien pudiera suceder, le contest'
. · .·
d'
o, que
esos rn~~JU1.Je1S que, ices, . y ese peinadi
sean senal de que a la muJer que los u ~l
.
se.' e
Imyan salI.d·o ya, o, 1e,qmeran
. salir lo~cuern?s, es &lt;l ec1r, que este perdiendo ó haya
d1do el candor y sencillez de los ángeles
aunque
los cuernos se les han de busc,¡
es
,
ar en
1•1 a~ma y no en el cuerpo, pudiera caber
aqut aquello de que: lo ,1ue en {a ollll ,·~tá
lii cuchrmi sale.
, ei,
-Pues
entonces.
,
1
· dijo el obrero , lo in&lt;'J.Or
~era arra.ncar e esas señales, ¿no le parece .
''!e
nor cura?
. -Y si las seii~les,, P?r desgracia, fueran
ciertas! dale gracias a Dios que hay tod"vía
remedio par:1 que le arranques 1:11nliién los
cuernos. l\ltren ustedes qué dif11rcncia ha
entre los ángeles diablos y las muj~rt&gt;s
l.,l~s; aquellos, una ."ez arrojadu:s. del rielo
al rnfiernn )' convertido~ en demonioi-:, no tienen remedio alguno; mientras é:st:is sí lo tie11en! y aunque el mejor de todos está en preVl.lntrlas para que no lleguen á serlo lo cual
tl .1 se~uro, se consigue a.marrá.ndolc~ mac·~
la,, ah tas del candor y la inocencia, dtsde nifl:is, con una educación y una instrucción
piadosas; hay también otros remedins para
c11antlo se le~ llegan á caer ó á aflojar. Pues
es del todo cierto, que si el corazón de la
mujer se forma, según el Evangelio, no puede menos
que ser un
verdadero ánael
y MÍ.
.
~
o '
preeisamente, es como, por lo general, se han
formado tantas madres, tanta..c; esposaq tan·
tas hijas y tantas vírp;enes, como hay ¿n·Jos
hogar0.:; y en los claustros, que son venlade1\).:i fogeles de sus hijos, de sus marido;i, de
su·· padres y aun de los extraños. No niego
que a.un de las asi formadas haya algunas
que lleg,rn to&lt;lavfa á perverti r.-;e, convirtién·
do.:;e, pL&gt;r sus co.,tun1hres, en dt!monios; p Jl'fl
est~s pobre.s, al fin y al cabo, rcndidas porla
fatiga que mdefectiblemente producen en el
alma los cami nos del mal y recoidardo las

:r·

,li!.

Ve3t. de ro¡:&gt;3. aplegidilladi -Ve~~- ~on guarnición de piezas-tira.ntes.-Vest. con dobles solapas.

q.

ANGELES Y DEMONIOS
ÉL \'ElW.\DERO FE)flNIS)íO

•
J
1

1

1\Iovido por su celo el buen párroco, hauía
e1-ta.blecido en su curato unas que él 11ama·
ha conferencias uopulares. Reunía, los domingos ¡)Or la tarde, el mayor número que
podía de artesanos, comerciantes, etc., y les
hablaba luego, con lenguaje sencillo, sobre
algún punto que de antemano él designaba.
A una de esas conferencias tocóme la buena
suerte de asistir i de ella intento ahora contar algo. Reunidos los asistentes, después de
unas breves'·.-oraciones, principió la conferencia.
-Yamos, señores, dijo el cura, ¿quién me
dice qué es la mujer'?
-¡Las mujeres son el diablo, señor cura!
contestó uno de los obreros.
- ¡.Mentira, señor!, saltó otro; las mujeres
son los ángeles de la tierra; yo tengo una
madre y una esposa que son ángeles de mi
guarda; e1las oran por mí, por mí se desvelan y me cuidan como verdaderos ángeles.
- Y yo unas hijas, señor cura, que más qne
ángeles debo decir que son querubines, ¡oh,
mis hijas hacen de mi casa el paraíso a•1ní
en la tierra! ......
-Pero las mía~ y mi mujer la convierten
en un infierno, le interrumpió el primero de
los opinantes, soltando luego su primera
aserción, dicho de que las mujeres son el
diablo.

~ ¡Qué antítesis!, d i jo
entonces el cura, y pretendiendo servir de árbitro y
dar soluoión á la cuestión,
prosiguió: no obstante, ú
ninguno le falta razón; lo
cierto, pues, debe ser (JUe
entre las mujeres hay de
todo, unas serán ángeles v
otrn8'diablos; pero lo qtie
yo encuentro de curioso en
estas opiniones que se han
emitido, es que no obstante que parecen tan contrarias, al fin vienen á convenir mu cho en una co~a,
y es en que las dos bacm
de la mujer un ángel, pues
los diablos no son sino ángeles caídos; unas, sin embargo, tienen ala::,, mientras las otras sus currnitos.
- ¡Eso sí, señor!, saltó Blusa, corbata, chaleco y pantalón con cierre de patas, para el traje:
otro; mi mujer tiene alas y
de nifío.
mi suegra cuernos.
No pudo menos que sonreírse el buen pá- dulzuras y la paz de los del bien, vuelven
fácilmente á éstos, ya con un sermón, con
rroco, y luego continuó:
- Pero deben ustedes comprender que pa· unos ejercicios, con el buen ejemplo, lográn·
raque una mujer sea realmente ángel ó dia- dose así, por lo menos, que si no fueron in·
blo, realmente también debe de tener sus alas geles en la tierra, lo sean en el cielo. .
Y IJOr el contrario, las que desde. nlii88,
ó sus cuernos, y esto no depende de la suerte
que con ellas le haya corrido al que intente con una educación vacía de toda piedad Y
juzgarlas, pues también los ángeles pueden una educación enteramente profana, llegan
dar alazos, y así yo les aseguro, que un hijo á perder su::; alitas de ángeles, ya no pued;
perdulario, por ejemplo; le ha de ver cuernos volar, y, salvas sus excepciones, es muy •
y no alas á su buena madre cuando ésta lo fícil que puedan ser ángeles verdaderos. lA&gt;

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