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                  <text>]V

AJa VI.

:MÉxrco, DOMINGO 30 DE SEPTIEMBRE-í)E 1906.

Km. 40

----===·~f==========================================
{

_./----.,,

EN EL C ALABOZO_
CUA DRO DE

J.

N . SYLVESTRE.

�-555 -

labra, la directa eficacia del ejemplo. Y así
fué un poderoso imán de simpatías engastado en el oro sencillo de la humildad.
En el seno de su hoga.r fué todas las veces
hija llena de celo y obediencia; P-sposamodelo rebosante de ternura; madre. amantísi.ma
ej~mplar, anhelosa de transmitir multiplicada toda su heredad de bienes terrenos y ce- .
lestiales, á los pedazos de su corazón.
Dedicada á ]a beneficencia y á la plegaria
como criatura pía inundada de mansedumbre, de perd6n y de cariño, el sér de Lolitacomo afablemente se la llamaba-era como
una ánfora cincelada de rodillas por Fray
Juan de Segovia, en la que derramaron las
virtudes su bálsamo y su mirra.
Parecía una reina, pero una reina de aquellas compasivas, sensibles, santas, cantadas
por los poetas místicos. De ella se reconocía
con agradecimiento, el mérito de ejercitar sus
dones con sencillez y discreci6n; y así se la
veía acudir á curar solícita á los enfermoe del
cuerpo y del eepíritu, repartiendo callad~menté ]a limosna de pan á los vobres, la dadi va ·de consejO' á los descarriados. Su amor
al pr6jimo la hacía abrir los brazos .delante
de la miseria y el dolor, en las capillas de
adobe en los santuarios de mármol ó sola e'n
su est~ncia, á la al ta noche, frente á la Virgen
de los Desamparados. .. . . ...
.
Yo no sé especifiar su virtud, sm~ con la
f'xclamaci6n de Tobías: ((Hay un angel l'll
medio de la sombra."
¿Qué oyó ella al morir? La bendición,del
cielo en el coro, en el himno y en el.salmo,
porque en el más p~·ofundo río .~usical t&gt;X·
tinguió su sed angu¡itJosa de lo Dmno .........
y aun vire y vivirá con los suy~~ la adorada ausente, en el bogar donde deJo. su pa·
labra amable, su aroma, su sonrisa, .su
arrullo.
.
Su tránsito por la tierra fué·ilummado P''.r
un apretado haz de bendiciones. y pudo dec•~
moribunda como Santa Catalma ?e ~na.
«Consolaos conmigo, vosotros todo~ a qu;ne&amp;
amo y tanto me amáis, porque s1 aba.o ono
este valle de lágrimas es para ir al remo de
Dios.»

-,

l

!::.----- --:---

Á.
'
1

--1

El último jurado

,,
St&lt;a. Doña Dolot&lt;es Carnaeho, viuda de ltanda.

Fallecida el 22 del actual.

El ldolor cristiano, el dolor que llora,-el
dolor.que espera, debe llenarse en esta ocaonda consternaci6n, íntimo y justo due- si6n solemne de una dulce melancolía, comantiene en ºestos momentos la sociedad ronarse de una plácida resignaci6n y-según
m~xicana por la pérdida-que nada hoy po- el verbo del Petrarca-curvarse bnjo el yugo
drá reparar-de una de sus más amadas y 'de los designios providenciales.
Su misi6n fué cumplida ampliamente: en
legítimas preseas: la dignísima dama Do~a
la
sociedad del mundo con su atrayente culDolores Camacho, viu~a ~e Landa y E~candon
El luctuoso acontec1m1ento sobrevmo á laa tura.. su ingénita elegancia, discrec.i6n y mo6 y 30 minutos del -sábado 22 del actual, d~s- destia; conversadora 11ena de gracia y ~traGpués de cruentas penalidades, que ~;1 d1~z tivo habituada al trato con personaJeS de
días consumieron ~quel sér que reumo vah- ]os :Oás eleva-dos rangos en la política, en la
·mientos raros en extremo, por altos y abun- diplomacia, en el arte y ~n el ~ngenio, prefiri6 constantemente á la virtualidad de la padantes.

Con ]a sentencia de cuatro y la. absoluciód
de once de los individuos comphc~dos ~JD·
ruidoso asunto de los fraudes á varias fin-el
pafiías de Seguros de Viqa, ha dado
proceso que el vulgo di6 _en la flor de 1lam81
de celos peleles.»
.
.
n11rA muchas y serias cqns1derac1ones por rte de abogados distinguidos, han d.ado.:~
los incidente&amp; ocurridos en las aute:1tes un
que figur6 como presidente de los e
el
abogado novato, quien más de una vez~6curso de aquéllas, :pretendió, com ~u ue sin
nimo, ((quebrarse sm doblarse,''. s
ener1
lograrlo y haciend~ alard~ de sm~n el energía y rectitud, llego á. olv1~~r, seg x resa&amp; ó
e P Po de defensores' d1spos1c10nes
., n pugna'"
di6les peregrina interpretac1on
e
cional con la divisa de don ~~elch~~e queBueno pero esta incu]pacion P ta que el
! d
dar exphca
a s1. se t'ien~ en cuen '6n que
Sr. Lic. Ocampo es la. pnm~ra.
manda en jefe batallas tan difícil~, los ;ura·
plicadas y tan absurdas como la e

61 J

oca:n-

al ~}vac ~m,mazado del asalto y de la desol~cion, sino que eran trasunto del hogar fehz, con paz, con pan, con amor .... ..
A dos Secretarios de Estado los más populares, se les ha visto en la fiesta procomu- nal, confundidos con la turba en franca comunión patriética para contradecir coú su
seren~ actitt~d y ~u elocuente regocijo, la calumma arroJada a los mexicanos por el descontento_ de un «troglodita,, maquinista de
ferrocaml, por la ambición sin escrúpu~os de una empresa norte-americana y por ]a
1mpote?t~ desvergüenza especuladora de
cua~ro o cmco renegados que en la actualidad,
com~os por el hambre y perseguidos por las
autondades de St. Louis Missouri á causa
de sus estafas y desellfreno1 huyen al Canadá
~ms.cando abrigo ·como los lobos que en los
inviernos muy crudos asoman sus fauces en
los suburbios de Moscou.
T,os rumores, pues, .de la asonada anti-extranjera atribuida al 'laborioso pueblo mexicano, han sido de tanta significaci6n como
la que disfrutan quienes los propalaron, enteramente nula.
El escándalo.ha te~minad? sin dejar huellas, y pronto sm deJar casi memoria. Por
eso, guardadas las conveniencias de nombres
y de hechos, me ocurre ponerá dicho escándalo el epitafio ideado por Antipater para la
tumba de Orfeo:

Ci-gít le bruit clu i-ent.

Nota íntima.

LA(ULTIMAS MANIOBRAs:DEL EJERCITO FRANCES,- Un

~ Tambi én, y por las mismas razones de
mexperiencia y de juventud, es de entendertala vacilante posición en que se colocaron
el Sr. Marmolejo, representante de la socieW, y el Sr. Lomelí. de ]a parte civil.
que sí es inexplicable. y aun intolera·
Ne, es la actitud asumida por la mayoría de
lae~iiores defensores, muy dignos de estillleion por cuanto á la noble labor que te;1fan encomendada, más en extremo acreeá censura por los medios reprobados
llll6 J)usie1on en juego para sacar bien librab á sus cliente!'l.
·
Los diarios han citado actos y. expresiones
ecuadas al lugar en qtrn la augusta made la ley debe resplandecer. Se han
~ en las audiencias auto-apologías. de~as. de delito¡;¡ improbables y ataques á
tuc1ones ele bien cimentado crédito.
se representado escenas de sainete y de
se dijeron alabanzas mutuas cas'i reos profesionales, á razón de ..... '. hoy por
Y mafiana por mí, ~· hubo «plétora» de
rtesías y burlas cotizables á la par.
~mprobad? cada.vez lo ilógico é incon1ente del s1stem~ de sentencia en vigor,
acuerdo con tmteza de los pobrecitos
d6n to honorables jueces populares y acordome de Pelletan quiero que cele monde
;::he,» pero m?y aprisa, para que esos cadel traba30 sean dados de baja como
os rasos en achaques de criminalogía.

w

:a;

callón sistema Rimailho.

ritus especuladores y torpes, desamorados de
la verdad y de la raz6n y amigos de la deshonra y el escándalo.
Por el contrario, sin ostentar las lenguas
de .fuego la famosa divisa romana ' ccültima
ratio regum,,1 á la del alba á la meridiana
y a' la 110ra del crimen de' l,1 tarde-como'
llama Hugo al crepúsculo vespertino--las
tonantes voces .de la pólvora despertaron en
til alma-patria afioranzas queridas y benditas, recuerdos invfritos de gratitud á nuestros bravos libertadores, los que realizaron
épicas hazañas para convertir en hombres
libres á los párias ..... .
Ahora los fogonazos no alumbraron séres
de rostros demacrados y sudorosos, sino de
bocas risueñas y ojos brillantes de júbilo.
Los penachos de humo no representaban

La exaltaci6n del alma más allá de la8 consuetudi~arias luchas humanas, parece ya no
poder dilatarse en un supremo cielo de belleza soñado tantas veces.
Iluminadas por la inteligencia y transfiguradas por el deseo, ya no vuelan hacía mí
las ilusiones, trayendo sus alas tintas en pólen de oro que á mi frente rozaban con dulce
tibieza.
Cuando se cree llevar en pos el cuerpo de
la enfermedad y la sombra de la muerte
cuán crudo es el contraste entre mis anima~
dones impetuosas y las necesidades miserables., Cae ent~nces desalentado el fervor y
suben a los lab10s palabras temerarias que
pueden de improviso abrir mi corazón cerrado y sorprender la pena más oculta y obligarlo á confesarse.
Y al bendecir, triste y tarde, el rigor de
una prolongada disciplina, busco alivio y
consuelo en el consejo del tiernísimo poeta:
«¡Apresuraos, apresuraos! Tejed en guirnaldas las rosas más bellas, para cefiirlas á
las horas que pasan.»
•
FRANCISCO

GANDARA.

toldad

a.lRlnlfestaci6n anti-extranjera
y el epitafio de Orfeo.

J~ve desencanto par~ los que viven de
~~ sensacionales, ha sido la última ce~ 16n de las fiestas patrias en medio del
1lle dumbrado entusiasmo y esplendo.r y sin
dei espués de muchos días del tradscurso
fa ~uiia~, ni uno solo de los habitantes de
lica se_ ~aya apre~tado. á encender
'-loe hade~ canon revoluc1onano ccdirigido»
extranJeros, por obra y gracia de espí-

1a¿

•
LAS ULTIMAS MANIOBRAS DEL EJERCITO F.RANCES.-M • .l!ltienne, llinistro de la Guerra1
en un glebo cautivo.

�- 556 - -

- 557 -

LAS FIESTAS DE COVADONGA EN MERIDA.

CUENTOS Y NARRACIONES

uapa,m. La afligida. madre se preci• ~obre su hija,· la cual abrió los ojos
se leYan tó alegremente, com10 s·i ·- de
-pro\'iso despertara ele profundo sue-

POR

ALFONSO M. MALDONADO

'\,'-

perr-

LAS F'IESTAS DErrVA~ONGA

EN MERIDA .

io,Doña El vira.
.
. ' a1gunas h opermanecic

TLAXCALA
EL SANTUARIO DE LA DEFENSA.

(UO~'l'I~~A)
lI
LA INUNDACION.

:-\kunos afios después .dtl matrirnomo
que tstuvo á punto ele conclu(r de la manera trágica que hemos referido, comenzó á extenderse por toda !a comarca de
Tlax.-~ala la fama de los milagros que
obraba Dios poir las súplicas_ d~ u~ san- to anacoreta, á .~uien 11actie conoc1a, no
olbstante que habitaba en uno de los
montes próximos á la ciudad.
Juan de Alvara~lo había muerto, dejando á Doña Elv1_r:, como fruto de su
matrimonio, una nma que aun no salta
de la infancia.
Un día el cielo se cubrió ele nubes negr:as que obscurecieron por completo la
ciuda.·l al extenderse sobre ella; gruesas
gotas ele agu~ l.'.omenzaron á caer, conYirtiéndose bien pronto en verclad~ras ,
cataratas que se precipitaba~1, del ci~lo
sobre la conster!:'.acla poblac10.n, al. mismo tiempo que el Zahu_apam, _sal'.endo
de su cauce, con nunca vista funa: mundó la ciudad. Por r:nomentos subian las
aguas a111enazand0 llegar ha~ta el centr_o
de la poblaci ón; los at_erronzados habitantes se habían refugiado en las altu-

I

1,

LA "KERMESSE. "-Estación de policía, servida por distinguidas seií.oritas.

ras ·; desde .alli esp~raban ver desploma;·s~ sus ha-hitaciones a l choque de los
torrentes que bajaban ele las mo~~añas
vecin as, cuando ele pronto aparec10 sobre la cima del Cerro Blanco el s:a,nto
solitario, quien al extender los brazos
sobre el \'all e, detuvo las aguas que ame-

nazaban destruirlo todo completamente,
como habían arrasado ya el barrio de
Thxioca. El río yolvió á su cauce, las
nubec:; se rasgaron y el sol iluminó de
nuevo los afligidos semblantes de los ~ecinos, que no se cansaban de dar grac~as
á Dios por haberlos salvado de tan m·
minente riesgo.
Do:fa .Elvira se dirigía á la iglesia. al
comenzar la inundadón y no pudo 1~pedir que las revueltas aguas ~el .r!o
arrastraran consigo á 1~ p~quen.~ nma
que la acompaiñaba y a quien vio desapa·recer entre las espumosas ondas.
Loca de dolor,- al día siguiente se propuso encontrar a l . misterioso anacoreta
que tenía el poder de dominar las agt~as'.
. para pedirle que obrara un nuevo rr,11la
&lt;Yro devolviéndole al menos el cadaver
de ~u hija. Partió acompañacia de t~a
anciana dueña. ínternándose en la_ can;;
da en ,que hoy se encuentra el molino
la Defensa.
,El camino serpentea á la falda de ~n
monte y va elevándose g_ra_d?alme;
ro clea•do de peña scos ·y prectpici?s, ~an_
fónclo de los cuales, ora se desltza
samente ora se precipita bramando en
tre las ~ocas, el ríü" de Totol:ac.
la en·
•En lo más alto del monte, Y ' ba
el
tracia ele una gruta, se encontra I de
solitario, vestido con el tosco 5ª~¡ te
.
f ranw=
. canos .' .su . semuelan la
los frailes
casi desaparecía entre los pliegues e . en t rei:,aac
capucha y esta?;~
. lo .por com
Llepl eto á sus a•sceticas _i71ed1 tac1~nes.cle su
gó Doña Elvira, refino el motivf habí:a
viaje v el santo anacoreta, que ~. dose
escucl{ado en silencio . estre mecien !leIi aeramente al oír aquella voz que tter·
i:,
· s rec
gaba
hasta él como los u• 1timo
, mudos de un mundo abain do nado hacia
. t ca·
chos años, se le,·antó de su asien ~~nto
lóse aún más ·1a ca pucha, .Y· co~ duepaso, seguido de Doña E.lvira Yca~a,· en
. . . . , na enmta cer
'
ña, se dm gio a u
~ estatua
ella á los pi es de una pequenall ha co
de I~ ~fadre de Dios. que se 1,abª ten..1
t o alta·r. . esta
a de
locada- sobre moues
·mado,
elido .el cuerpo, al par·ecer 111 ª11 ~as del
MERIDA.-Grupo de señoritas concurrentes á la "Kermesse"~organizada;por la J.unta de Covadonga. la niña que arrebataron las a.1:,

;¡

ª

..

ras en la ermita, sin que haya podido
averiguarse qué tué lo que habló con el
jrmitaiño, pues 1:::t dueña y la niña, únitoS testigos de aiquella C&lt;?nversación, muneron sin revelarla. Sólo se sabe que
Doña Elvira. aca-bó sus días retirada en
un convento de Puebla, y que la niña
tan milagrosamente salvada, mandó edikar más tarde lln santuario con el 11 0111·
bre de "La Defensa," en el mismo Juque ocupaba la Ermita de! anacoreta.
cual murió en olor ele santidad.
El ermitaño no .era otro que un pride Doña Elvira, 11.!rnado Diego de
dova, que ciegamente enamorado de
, hab~a parti do mucho tiempo arntes
que su prima se casara, en busca de
ana fortuna que le permitiera solicitar
la mlno de la clo,1cella, y que ha,bía vuelto tan pobre como se fué, en los momentos en qu e se celebraba el matrimonio de Doña ,Elvira. la que nunca llegó
a saber que había insipirado á su primo
1que! talH profundo amor. Diego de Córdova fué el que intentó asesinarla en el
templo: y habiendo huí.do, se refugió en
los claustros del convento, donde, presa de agudos remordimientos. se arrojó
Grupo de concurrentes.
los pies del Padre Prior. quien, después de oírlo en confesión, le impuso la
mino del v1a,Je, tanto así se angosta la
itencia ele pasar el resto de sus días,
sen tan al,g unos de los sucesos que h·emos
cafia•
da, tan altos son los montes, que narrado.
ejado del mundo. vistiendo el hábito
mlllciscano y !haciendo austera peniten- por toda·s pa rtes parecen cerrar el paso ;
pero el camino continúa siguiendo las
cia
( Contimtal'á.)
caprichosas curvas del tenreno, y elevándose gradualmente hasta ser en e~tremo
III
pendiente y fatigosa. la s ubida, después
ele pasar los dos c:ntiguos molinos que se
EL SANTUARIO.
A UNA ROSA
mueven con la,s agu·ai.s del riachuelo.
La i,glesia de la Defensa está situada
A la izquierda ·limita el camino la ináunos seis kilómetros ele la ciudad, rum- franqueable altura del cerro, y á la dereSONETO
bo al Noroeste.
cha la profunda cañacLa, con su vigorosa
Nada tan pintoresco en unas partes y veo-etación v sus rocas en forma de antan agreste en otras, como el camino fit;atro, qué semejan las ruinas de antiGuardo en sitio recóndito y arcano
que hay ique recor.rer para !legar al San- auas ,._. titánicas construcciones.
Una soberbia y purpurina rosa,
tuario.
Que de su linda cabellera undosa
, h De 'pronto, y al clo1::i1air uno de los inDespués ele atravesar el río Zahuapam finitos recodos del camino. se encuentra Rondando vino hasta besar mi mano .
Es ella la que á impulso soberano
~el hermoso puente de fierro que man- uno a&lt;Yraclablem ente sorprendido con la
~
.
Su
imagen, ante mí, pone radiosa,
:4ó construir el señor Gobernador Don repentina
aparición del Santuario, que
Próspero Cahuantzi, y sobre un túnel pa·rece surgir del centro de la montaña iiientras que yo, por fuerza misteriosa,
!lle hizo no sabemos qu ién, allá en la al golpe de 1111:a, vara m:áigica. Aquello es Soñando voy con alcanzarla ufano.
Mas si es mentida su ideal presencia,
tpoca ele la dominación española, se si- un oásis que recrea el ánim o del can saRosa
gentil y bondadosa y pía
;llle durante un corto t-recho el ca,mino do viajeiro.
Cesa
por
siempre de exhalar tu esencia,
carretero que co.ncluce á San Martín TexLa iglesia es chi ca, pero muy as·e~c)a
Si no podré jamás, ¡oh suerte impía!
melucan, sepa rándose de él poco después y cuidadosam ente servi cia. por 1~ fa,mi.lta
Ytomando á la der echa otro camino ele que ha,bita en la casa del ( apellan, edifi- Yo que en ello cifrara mi existencia,
herradura, que se interna en e1 ·laberinto cio que parece ser bastante exten so y Con todo el corazón, llamarla mfa..
de montañas, cuya s principa•les altu ras del cua•I se ve ttn ancho corredor con
n el Cuatzi v e,l Cerero Dlan,co. .A pt,
po·rtal , y al frente un jardincito sombreato andar, mi entras por un lacio se ven á
do por naranj os cuyas blancas 'r perftt: lejo~ sobre el fondo azu l del cielo las ma·das flores dominan la, tapia que los
DIONYSOS
ancas torres de .Ja iglesia de Panotla, cerca.
~ el otro se i mpresion:a1 tri;;temen te el
·A la derech a. ele la iglesia hay un he1rarumo al contemplar las solitarias ro- mosísi1110 bos,que. su mamen l'e pintoresMénades blancas, descubierto el seno,
tas c~lisais que forman las últimas on - co por lo accidentado del terreno en que
Rientes avanzan por el lindo prado,
du)ac1ones de los cerros, á cuyo pie está e.stá :.itua·do. y al cual concurren con
Llevando soore el hombre sonrosado
abierto el camino. La s herraduras ele los frecu encia h s familias de Tlaxcala en
El ánfora de miel ó el fruto ameno.
t:ab_allos resuenan lúgubremente en el te- bu sca ele los sencillos rla:.-e:·e!-i C¡': e proCs.ntan con verso plácido y sereno
~tate, y no hay temor de que huellen porci ona e: campo.
l'n himno á la afrodita consagrado,
,
,
n~nguna flor silves tre, ni musgo, ,que
Mientras mueve su pelo ensortijado
Tal es el San tuario constn11clo a exSensual el aire de perfumes lleno.
:;llguna ~e,~etaci~n pu ede , producir el p ensas ele la hij a ele Doña E h·ira,. y en
aneo y ando penasco. As1 se llega has- el cual se veneró durante nw cho ti empo
He allí la estatua de Dionysos bella;
ta el riachuelo ele Totolac, manso arro- la im:a,'.)°en el e la Santa Yirgen que acomYasos le ofrendan que el artista labra
Con oro que fulgura y que destella;
~o que se convi erte en furioso torrente pa,ñó ~ 1 su soledad á Di ego ele CórcloAl Dios ensalzan con gentil palabra;
ah[ªnte _la estación de las lluvias; desde va. Esa imagen está hoy colocada en el
Y el sacerdote, ante su altar, degüella ·
,1Comienza á caminarse por entre las Juga·r preiferente del ailtar de Los Reyes
De cuernos de oro una soberbia cabra.
llas que forman el pueblo ele Los en la Catedral de Pu ebla.
.,es, disemínada..s en una gran extenPara conservair en parte tan antig-uos
.J. SORONDO.
; :· de terreno y cercada s de árboles y recuerdos, qu edan en la iglesia del Sanes: ta,! parece que aquel es el tér- tuario unos g randes retablos que. repre}léxico, Septiembre 12 de 1906.

:S

�_:__ S59 -

- 558-

ARTISTAS MEXICANOS

CAUS~- IOUAL...... eFEctos DIFERENTES.

•
''Trina la prodigiosa nena Barrientos y
llueven sobre ella como bendición los aplausos, las flores, los laureles, las joyas1 las contrata ¡l, la admiración universal y, claro es
¡no ha de trinar!...... ...
'
Trinamos nosotros y llega el espantoso
chaparrón de recaudadores de contribuciones, comisionados de apremio, investigadores, prestamistas voraces, endiablados ingleses, suegras fantásticas, agentes de seguros
que son hombres pesados; autores en ciernes
que tampoco son ligeros á pesar de tener pluma; amigos sablistas, desconocidos íden1,
amigas viejas con facciones de murciélago
alevoso, la cuenta del sastre, del zapatero, del
camisero, del sombrerero, los correligionarios, los anticorreligioriarios, los pobres de
solemnidad, los ricos insoportables é inaccesi bles, el petrificado cesante, el que no pide,
ni habla, ni se aleja nunca, los brutos incondicionales, los graciosos de profesión, el portugués con los perdigones, la dueña, el veterano mendigo de nacimiento, el organiliero
desafinado, el orador barato, el maestro olímpico el que pide un beneficio, una contrata.
un puro, una cerilla, el vendedor de décimos,
la canción de Ja pulga y . .. .. ¡qué sé yol¿no hemos de trinar?
Queda demostrado que causas iguales procl ucen efectos distintos."

-----

S.Ul'i'f-Al:B! N.

( Del Jfrmldo de Mndl'frl. )
~j .

A MARli. BARRIE NTOS.
f,UH~Ia BR.~~IEl'i TOS,

Célebre diva que próximamente se presentará en el Teatro Principal.

MARIA BARRIENTOS
Saben los lectores de EL TIE MPO, q1w
próximamente &lt;lebutará en el Teatro Princi·
pal la eminente cantante e~pañola María B~rrientos cuyo retrato publicamos en esta pa·
.
gina de·'nuestro semanario.
No es la Barrientos una de esas cantantes
que, dotadas por la naturaleza de grandes fa.
cultades, se limita á emitir la voz con más ó
menos habilidad. María Barrientos es, además una inimitable artista, de sólida ilus·
tración , de prof.undo talento, d.e viv~ percepción y que siente con honda mtens1dad lo
bello. He aquí por qué la genial cantante no
ha necesitado realizar grandes sacrificios para.
conquistarse ei primer puesto entre las tip!es
de nuestra época; y es que el arte, el gemo,
que es en ella una manifestación espontánea
del sér, está en su alma.
Véase si no en prueba de nuestros asertos,
la rapidez con que se ahno paso en su carrera, según los s~mero~, datos biográficos que
copiamos á contmuac10n:
"María Barrientos nació en Barcelona el
año de 1884. Apenas ha cumplido :l2 añ.~s;
desde niña se reveló en ella una gran pasion
por el arte del canto y dotes no comun~s. y
privilegiados, tanto que sus padres dec1d1e11m que estudiara con el reputad.~ maest~o
Francisco Bonet, el cual le pred1JO ';11) br1llfili.te porvenir y que sería una excepc10nal y
a•ciosa cantante.
Y así sucedió · aun no había cumplido catorce años, la p~rtentosa joven.cita obtenía ~l
primer diploma de honor del importante ~1ceo Musical de Barcelona. Después de solo
dos años de estudio, la jovencita fenóJ:?eno
se presentaba al juicio de sus compatnotas
en el Gran Teatro del Liceo, cantando la parte de Inés en la Africana. Su debut fué una
gran sorpresa. Las excepcional~s cualidades
de su garganta, de la. cual saltan notas ma)

•

'I

ravillosn~. "ágiles y argentinas, produjeron en
el público gran admiración. Desde entonces
i-e delineó la artista insigne destinada á, alcanzar un gran nombre.
El eco de este espléndido debüt se su po
también en Milán, taflto que el reputado editor Eduardo .Sonzogno la esc;rit~ró en seguida
para su Teatro Lfrir.o para cantar Barbero,
Sonámbula y Lakmé.
Aquí la revelación fué completa y el éxito
grandioso. Fué entonces cuand? lo~ p~incipales y más reputados empresarios italianos
empezaron á disputarse la nueva estrella que
surgía, halagados también de la .crítica unánime que ensalzaba á María Bamentos.
En Génova, Turín, Roma, Florencia, se
renovaron las unánimes y espontáneas afirmacioMs de éxitos, tan justificados que la
condujeron al triunfo difícil del Teatro Real
de Madrid.
Habiendo obtenido de este dificilísimo públic0 el bautizo de celebridad, fué contratada
para la América &lt;lel Sud con una paga extraordinaria, y también allí su triunfo fué tan
grande, que recordó los tiempos. felices de
Adelina Patti y de las otras celebridades que
le habían precedido.
A su vuelta para· Europa, y ya en el verdadero camino triunfal, cantó en Londres,
Od&lt;lesa y Varsovia é hizo conocer los tesoros
prodigio~os de su arte.
. ·
Ninguna artista ha podido hacer una carrera tan rápida, ni ceñirse la corona de celebridad en tan breve tiempo como María
Barrientos, la cual al exquisito arte queposee, lleva unida ~a nobleza del alma , de la
mente y del corazon.
Damos á continuación las copias de algunos de los pensamientos que figuran en el ál bum de la eminente diva española, y qnc,
como se verá por las firmas, débense á eminentes críticos y escritores de prosa y verso
ventajosamente conocidos.
Hélos aquí:

Con los ojos en tu cuerpo
y con el alma en tu voz,
por la escala de un suspiro
fué hacia tí mi corazón.
Fué hacia tí negro y amargo
y de tí hacia mí volvi6
más blanco que una paloma,
más dulce que una oración.
Milagros que nadie alcan1.a;
que no hace la religión i
que no consigue la glona
y que no puede el amor,
los alcanzas tú, María,
con la magia de tu voz,
trovadora de ideales
que llegan al corazón.
CRISTOBAL DE CASTRO.
( De El Evangelio.)

A MARIA BARRIENTOS

Son tales.y son tantas
las maravillas que haces cuando cantas.
que con nadie se acie:ta á compararte
ni en la naturaleza m en el arte.
Si el brillante de vivos resplandores,
la rica variedad de sus colores
convirtiera en sonora melodía,
símil, entonces, de tu voz sería.
CARLOS LUIS DE CUENCA.
(De fo Correspondencia Militar. )

***

INTIMIDAD

Siendo estudiante, empeñé una vez la capa
por oír cantar á la Pat~i.
_
tra ¡ez
Si hoy fuera necernrJo, empenaríaí Ocantar
la capa ( estamos en Febrero) por O r
á la Barrientos.
HEZ FANO,
FELIPE SANC
d,lo)
(Por La Publicidad Y El Pit ·

l!
1

estudio, del Contrapunl? y de 1
-Fu~
; pero
bir lecciones cte Fiscber, tuvo la satü,facci6n
'a de de confirmar su creencia sobre la posición de
que creia que.en poco tiempo las
aprender. «D10s le ha dado (le
, rin- la mano que le enseñó su maestro Vicente
ANUE L MARIA PONCE, c1
pal, que es la inspiración é inte~. éia. ,,
Mañas. c&lt;¡fo me corrigió nada,,, dice. En el
Dall' Olio era el profesor del
des- Conservatorio Stern'scher fué Ponce compaPianista y compositor aguascalentense
pués de que Bossi escribió la tarje d~ pre- ñero del famoso Pepito Arriola y otras notasentación, dijo á Ponce: «Ud. e ontrará en bilidades.
Publicamos en esta edición el retrato del este maestro un guía seguro qu le conduciEl Sr. Ponce se ha distinguido principal:,ei1tajado pianista y compositor mexicano rá á l~ mayor perfección. en la Fuga. Yo be mente en la interpretación de las obras de
, Manuel M~ Ponce, que actualmente se depositado en él toda m1 con'" anza. Es ne- Bacb; recientemente, el 22 de Marzo del coéuentra en Europa estudiando composición cesa~io tener una base sólida y saber las le- rriente año, tocó en un concierto la difícil
perfeccionando sus conocimientos en el yes mmutaples de la música! que están en el Partita núm. 5, con mucho éxito:
Contrapunto, aunque despu~ indudablemende tocar el piano.
Ultimamente ha obtenido otro brillante
Manuel M~ Ponce es natural de Agriasca- te se debe componer, según las exigepcias triunfo, ejecutando una difícil obra de J. S.
tefl, hizo sus primeros estudios en el Con- de la época; en 1905 se debe componer mú- Bach er· la Sala Beetboven de Berlín, dontorio Nacional de Música de esta caµi- sica del 1905 ó tal vez del 1920, pero no del de fué aclamado y aplaudido la noche del
18301n Palabras que expr€.san claramente el 18 de Junio próximo pasado.
I en 1901, recibiendo clase de piano del
t ,do profesor español D. Vicente Mañas. estilo de Bossi. Como compositor, ha producido numeroiéndose. presentado á examen en Octubre
Dall' Olio es un veterano del arte. Hace sas obras para piano solo, canto, violín, etc.,
dicho año, obtuvo muy buenas califica- treinta años que emeña e) ContrapuntQ y. la contándose entre otras, una romanza ccSpe.. nes: la de tres votos de P. B. en primer Fuga, y fué maestro de Puccini cuancI~,'~te ..!'ªndo Sognando, ,, «J eunnese)) para violín y
o de F\olfeo, en primer año de Gráfica Mn- bacía sus primeros estudios en el «Liceo piaño; 1ie un~ ÍilSJ&gt;iración y frescura encanta1y en primer año de Teoría Musical; y Rossini.,,
---- - doras.
d~-P. B. y un M. B. en Eiegundo año de
Terminados sus estudios de Fuga rConTambién en el estilo religioso se ha dib°ti'i1Ueo.
trapunto, pasó el joven Ponce al «Stern'sches guido con su c&lt;Ave gratia plena,, para órgano
y voces, y su «Bendita sea tu pureza, " para
Algún tiempo después se dedicó en su
cuatro voces y órgano.
'udad natal á la enseñanza del piano y teoEn cuanto á música de cámara ha produrqusical, ·con el fin de arbitrarse recursos
cido un Trío para violín, violoncello y piano,
11. nacer nn viaje á Europa, á donde quede un estilo muy original.
J{a irá continuar su carrera artística.
A últimas fer.has hemos sabido que una
El joven Ponce tocó con gran éxito en el
casa
editora de Leipzig, la Breitkopf y HarJeatro Degollado de Guadalajara y en el de
cel,
está
imprimiendo un gran número de
d.a Paz» de San Luis Potosí. En 1904 emsus obras; entre ellas, una ce Fuga)) á tres voe,,rendió la marcha á Europa, y al pasar por
ces; cinco ccHojas &lt;le Albúm;" c&lt;Bersagliera;,1
;Jos Estados Unidos hizo escala en Saint Louis
cuatro Mazurkas; once «Miniaturas¡,, «Legen·
uri, donde á la saz6n se celebraba la Exda;,, c&lt;Bendita sea tu pureza,,, y un c&lt;Not'ción Universal. Dió allí un recital de piaturno. ,,
-00 ante el Club Hispano Americano en el
Tiene asimismo concluídos el joven Pon:«A.rea.de-Hall» de dicha ciudad, alcanzando
ce
un :eEstudio de Concierto&gt;&gt; y un ccimpron'Qn gran éxito. Con este motivo y el de halu,,,
que probablemente serán pronto editados
l,er dado el joven pianista mexicano varias
también.
audiciones particulares, el periódico The St.
A. A.
/Jmis Republic publicó en s·:: edición del 11
de Diciembre de 1906, el retrato de Mnnuel
11~ Ponce, acompañándolo de frases enco·
miásticas y-muy alentadoras.
De Nueva York se dirigió al Viejo Mundo
KECTI F ICACION.
en el vapor c&lt;Hchenzollern,,, á bordo del cual
se di6 el 25 de Noviembre de 1904 una gran
audición musical, en la que tomaron parte
distinguidos músicos, y entre ellos el joven·
Por una errata que lamentamos, el retrato
Ponce, que triunfó una vez más, ante un
de la preciosa niñita que aparece en la página
grupo de personas de alta cultura y educainfantil, tiene ~quivocado el nombre. El que
ción artística de primer orden, como era la
le corresponde es: Conchita Traslosheros y
SR. M ANUEL M, PONCE,
ID&amp;yor parte de los pasajeros del «HohenPianista y composit.or.
Rivadeneyra, linda hijita de nuestro apreciaaollern. ,,
•
ble 3:migo el Sr. D. Carlos Traslosheros y de
Llegado á Italia, dirigióse Ponce á Roma, Konservatorium)) de Berlín, el más reputado su digna esposa la Sra. Concepción Rivadeneyra.
donde asistió á las fiestas del 50? aniversario de la capital alemana.
de la Inmaculada Concepción, en el VaticaHe aquí cómo nos refiere Manuel Ponce su
no. Pasó después á Bologna, Italia, donde ingreso á ese gran establecimiento:
Cl1l'86 el contrapunto y-fuga bajo la dirección
ccMe presenté con el director, el Sr. Fieltz
ELTELON
del reputado profesor Dall' Olio, maestro de ( director de orquesta y compositor distin·
Puccini.
guido) . A pocos momentos llegó el profesor
Cuando Manuel Ponce llegó á Bologna. se Martín Krause, discípulo del gran Liszt. Es
Por decreto soberano
dirigi6 inmediatamente á ver al genial Bossi, de estatura regular, lleva la harba á la franDe
la suerte fementida,
con quien quería estudiar la composición. césa · después de las presentaciones, toqué la
En este mundo tirano
Pero el maestro manifestó al joven mexicano Son~ta de Hummel y mi estudio; llamaron
Una comedia es la vida
~e no tenía ningún discípulo particula~ de- la atención á Krause los ritmos impares que
Que vive el linaje humano.
b~do al mucho trabajo que le daba la duec~ tiene y me suplicó tocarlo otra vez. Yo com~6~ del ccLiceo Rossini" y por los repetidos prendí inmediatamente de qué se trataba y
Y en el placer ó en el duelo,
TiaJes que tenía que hacer.
lo repetí marcando la primera nota de cada
Con tristeza y con horror,
•Mafiana, le dijo, según contaba. el mismo compás. En efecto, estuve contando los comMirando el telón del cielo
Ponce en carta particular-salgo para Flo-· pases. El director, con una sonrisa irónica,
Chocan con brutal anhelo
Jencia á inspeccionar el Conservatorio de dijo en alemán: el estilo italiano .... .. En esta
Orgullo, Envidia y Amor.
aquella ciudad¡ después voy á Dinamarca frase entendí todo el orgullo de los alemanes
Todos, con ansia constante,
(Copenbague) para dirigir mi poema or- victoriosos, musicalmen!e, de los italianos,
Temen que empiece el gigante
(JU,estral c&lt;El Ciego,, y luego debo ir á Berlín pues todos los compositores morlernos de
Drama verdadero y fuerte,
Ya Londres para dirigir mi oratorio «El Pa- esta nacionalidad, siguen más ó menos el
Cuando ese telón levante
~ Perdido;,, pero, añadió, vd. puede estu- camino trazado por el coloso alemán, agEl
tramoyista: la muerte.
diar bajo la dirección del maestro de Contra- ner.,,
,Punto y Fuga del Liceo. Yo le daré un billeKrause aceptó en su clase á Ponce, lo cual
¿Todos? . . .. ¡No! Por excepción,
te de presentación. ,,
mucho satisfizo á éste, pues aquel maestro
El que vive siendo bueno,
A petición de Bossi, Ponce tocó algunas es muy severo en la elección de ·discípulos.
Con honrado corazón,
de Bus composiciones (Tercer estudio. Im- Sí tuvo antes que ponerse á recibir lecciones
Aguarda siempre sereno
i-ntu, Bagatelas y la Bersagliera, que enton- de Edwiu Fischer, quien lo preparó para enQue se levante el telón.
~ la llamaba ceAlba MarciR") y cuando ter- trar á la clase del Conservatorio. Dice Mallin6, el maestro le dijo que le hacía falta el nuel Ponce que habiendo comenzado á reciM. R. BLANCO-BELMONTE.

1-\fo·

"T

-- -

�- 56oNUESTR O

la arrogante hidalgfa castellana
'
la oración de la Virgen
y el adiós de la esposa idolatrada!
Todo un mundo de amores sacrosantos
que animó una esperanza;
toda una idea que trocó en acero
la fe transportadora de moñtañas.
No importa que el castillo en la alta roca
quede inmóvil, sin hombres y sin armas·
la sierra inaccesible le defiende
'
y el Dios de los Ejércitos le guarda.&gt;&gt;
Subió el rayo de sol. Bañó un momento
las grecas y molduras cincelada¡:
atravesó jugando
'
fei-tone2 de pulida filigrana,
se quebró en los salientes del granito
tomando vagas formas alargadas,
y el pecho del guerrero
cruzó por fin con luminosa banda.
((¡Sed de amor, sed de gloria,
f'xpa nsiones gigantes de las alma~!
No basta el corazón á conteneros:
es débil, es mortal. Que nunra 11:u,ta
nido frágil de humilde golonuri n:i
para m:• nsión de voladoras iÍgltila~.
Si buscáis del laurel Je la victoria
la perenne guirnalda,
necesitáb el luchador ambic!nte
del rampo de batalla,
el acento viril de Godofredo
llamando á las Cruzada!:l ....
Si amáis, no es vuestro amor por gra11dc y
digno de vuestra dama,
(noble
mientras no pueda el héroe
con laurel inmortal de cien batallas
ceñir en los altares
la frente de la joven desposada .. ..
Si créeis .... ¡Si créeis como el cristiano,
levantaréis la Catedral gallarda,
la Cat::dral de líneai. de ternura
y ambiente de plegaria,
la Catedral con vida,
la Catedral con alma ... .
y el corazón descansará tranquilo
viendo cómo la tierra rn levanta
cual otro corazón lleno &lt;le vida,
lleno de fe, de amor y de esperanza.i,

- Muy blen- respondi6 el patrono; te con1nueva.
y en efecto, en la primera bastería que
blJkron al pasó compró una albarda magníb y se la puso al burro, que al estrenarla
"dij(!:
- F.sta sí que no me molerá los huesos.
y se continuó el viaje, pero ron las fatigas
de siempre, hasta que exclamó la pobre besüa eon rebuzno lastimero:
- ¡Mi amo, no puedo más! ¡Detengámo~ aquí!
- ¡Impo~ible!- dijo el amo.-Tengo un
asunto importante y se hace tarde ya. Haz
un f'.Sfuerzo y, en llegando, te prometo piena, doble.
Halagado por tan seductora promesa, el
burro continuó su camino hasta que, agota·
1las sus fuerzas, cayó para no levantarse ja.

EL RAYO DE SOL
En ei claustro ojival de muros grises,
muda reliquia de la edad pasada,
hay un rincón tranquilo y olvidado
donde en solemne, misteriosa calma,
palpita la leyenda
en páginas de mármol cincelada¡
donde hasta el eco de pisar sonoro
parece que se amengua y que se apaga;
donde tan sólo vespertino rayo
de luz doliente y pálida,
en atmósfera triste y soñolienta
las piedras rojas rr.oribundo baJi.a.
Allí en ambiente silencioso y muerto,
allí al abrigo de bramante ráfaga,
en gótico sepulcro de granito,
tendido sobre un ara
cuyos viejos sillares aun conserv:an
huellas caducas de inscripción borrada,
grande con la grandeza de la muerte,
muda con el silencio de la ei::tatua,
quieta con las quietudes del granito,
sola con soledades de fantasma,
la escultura yacente de un guerrero
su mole colosal tiende y descansa.
Puso el cincel en el dormido rostro
toda una vida espiritual y extraña:
En los ojos sin órbitas ni luces
serenidades plásticas,
en las manos que extiende aquel atleta
sobre el pecho cruzadas,
palpitación de fe que purifica
y ambiente de esperanza.;
y en la impasible rigidez que ostenta
la mole solitaria,

en el contorno audaz que la define
y en el bloque animado que la encarna,
glaciál indiferencia, que respira
soledad indefinible y trágica ....
"Cu torre6n vetusto
que frente á frente de la tumba se alza
con alhelí silvestre en sus ¡·aredes
y salvajes ortigas á su planta,
deja paso á la luz por una estrecha
hendidura alargada,
por detrás 'de la cual muestran los cielos
su uniforme infinito panorama.
Y entró el rayo de sol. El rayo puro
que por la tarde silenciosa baja
vertiendo sobre el claustro
dorada lluvia de tristezas pálidas¡
y cruzando el espacio én marcha oblicua
pintó en los aires rutilante franja.
Hizo un zigzag extraño sobre el muro,
y tras lenta ascensión acompasada,
en el cóncavo nicho
besó los pies de la yacente estatua ....
los pies de piedra ctel coloso fuerte,
cuya blancura, desigual y opaca,
brilló por un momento
intensa, deslumbrante, casi diáfana ....
«¡Allá van, allá van los campeones
cruzando la llanura solitaria
que hacen vibrar los varoniles pasos
y estremecen los ecos de las armas!
Solos se quedan el castillo enhiesto,
señor de la montaña,
la aldea silenciosa,
la gigante fortísima muralla.
¡Allá van los valientes luchailores,
el alma palpitante de la Patria,
la paz risueña del hogar creyente,

Se hundió el sol moribundo en Occidente;
avanzó en claroscuras oleadas
un crepúsculo triste, mensajero
de una noche que avanza:
hálitoe de humedad, frío de muerte
cobró de nuevo la olYidada estancia ;
mientras que quieta con inquietud de esfinge,
inerte con inercia de montaña,
en silencio letal siguió durmiendo
sueño de piedra la gigante estatua.
ALBERTO L. ARGÜELLO.

EL ASNO Y SU DUEÑO
Caminaba un pobre burro bajo el peso de
su amo. La carga era incómoda y pesada, po1que la albarda era vieja y el hombre &amp;ordo Y
rechoncho, de aquellos que comen bien, no
pa¡:an penas y trabajan poco.
.
-¡ Arre, burro!- dijo el de arriba picando
con los talones al de abajo.
,
-Mi amo- dijo el burro con un cortes rebúzno - si'tuviera usted la bondad de echarse un poco hacia adelante creo que iría mejor.
· -Con mucho gusto- respondió el. hombre
para no ser menos cortés que el pollmo. . ., ·
Pocos momentos después el burro se smtio
tan cansado como antes, y dijo tímidamente:
-La albarda me lastima; me parece que
la cincha está floja. ¿Quiere usted arreglar!~?
El amo, reconociendo el derecho de peticióR, satisfizo la demanda; pero el burr,) continuó cansado.
- Me parece que esta albarda ?º .está hecha á mi medida-se atrevió á msmuar el
asno.

NUESTRO PAIS.

~ una

...

Así hacen los hombres; en Yez de quitarse
de encima la carga y el amo, consolidan ó
cambian la una y suplican al otro y al fin
eumben como burros.
- ¿H:1sta cuándo durará eso?
HOJ\IH.

• LI MOSNERA

•

Camino de Zamora á Jacona.

56! -

Sofía salía por la mañana, después de baflme, á ver los campos; se detenía un ratito

en el jardín, viendo si florecían las violetas,
ise abría el botón de rosa, si daba simiente
4l mirto ó reventaban las granadai;:, esas fruamables que la sonreían mostrando diende rubí entre labios de marfil pulimenta·
. Daba vueltas al parque y saliendo por
de la alquería demoraba en los trapicharlando un poco con los jornaleros,
la miraban como á señora absoluta y
ydiosa tutelar de la comarca. En seguida
~ba la vereda de piso seco y aire aromalilldo, por cuya derechera, bajo frondas de
lerdura, se encaminaba á la cabaña de los
pobres. Entrábase por cada choza como Pedro por su casa, callandito, para sorprender
ila que se oculta, miseria desnuda; á la que
IO se aqueja, hambre macilenta. Y cuando
00 veía adivin~ba las necesidades e.el hogar
que ahí luego satisfacía con mano pródiga y
'!J&amp;Ve, que ponía alivio en las llagai,; ajenas,
lll lastimarlas ni escarnecerlas jamás. Salendo de allí echaba á andar despacio por el
llldero asoleado que empinándose conducía
t ~ co de Buenavista, donde Reencontra• con Aco, la muchacha boba y muda que
'1erla á Sofía con amor de perro. En la
bre &lt;lel cerrico se sentaba un rato á milar el paisaje: todo un valle lindísimo y culdo, bajo la benigna égida de un cielo a pa, cristalino, con mucho aire que ensanba el espíritu y daba encanto á la vista.
cerca los plantíos de caña, más cerca
les Y. flores, y allá á lo lejos la verdura
llll!!Vb~1da y los boscajes risueños dd manrio. Aco tomaba asiento á los pies de So. xalt.ii.da por el terreno-y se quedaba
. do á ésta como lela, con sus ojazos hn~ es Y agradecidos. Aunque bacía grandes
l'Z08 como queriendo hablar, la pobre
"~ sólo acertaba con la monótona exclat 6n de ¡Aco, aco, aco! cual grito desapaci·
ta e un pájaro montés; en su rostro de idiono había ninguna parte de belleza si no
dulzura melancólica de los ojos, la cual,
-io que de belleza, tenía de abatimiento y de
II r. Sof~~' á su vez, la miraba con amoro·
~ pas1on, con aquel sublime afecto al .
.::, á que los latinos dieron el nombre de
~ que vale tanto como caridad, amor,
la~ Ydulzura, todo junto. En ocasiones
f.lba á n~r~ Sofía, enterneciéndose, se acer,ie· la 1d1ota.y la acariciaba en la cabeza,
Aco ~umillaba con transporte, como los
lllUnados. Sofía estaba dando la li-

JJQUILPAN

(Michoacá.n).-&lt;..:alle de Ortiz.
'\

musna mayor, la que no tiene análoO'a limo.ma espiritual, rara y sin igual li~dsna·
en tanto los ojos de la idiota se humedecían'
formándose sobre sus pestañas como aderezo~
preciosos de diamantes que irisaban al sol.
Este iba ascendiendo en el cielo. Aco seguía rebajada mirando á la joven caritativa
con ojos suplicantes, mientras que los de Sofía, con vaguedad melancólica, se fijaban en
la lejanía. De pronto, como presa de un
arranque impulsivo, se levantó la mendiga
diciendo: Aco, aco, aco, y tirándose á los bajos de Sofía le besó los pies con arrebato. Esta tomando un ramilletito de flores que al
salir del jardín se prendió en el pecho, se lo
abandonó á la idiota, quien· recogiéndolo, besó lo y lo guardó entre los andrajos que malamente le cubrían el seno. Sofía. se puso de
pie, y para arreglarse el cabello todavía húmedo, que le estaba invadiendo el rostro
ech6 la cabeza atrás dejando destacado oblí~

cuamente el perfil de cara y garganta sobre
el fondo azul de un cielo luminoso: era un
perfil correcto, era una garganta deleitosn, á
los cuales el esmalte del cielo les formaba
como aureola de luz divina.
Sofía tomó la vuelta de la alquería seo u ida
á distancia de la muda, que iba arr~jando al
aire su insufrible cantinela: ¡Aco, aco, aco! •
ANTONIO JosÉ MONTOYA.

------

- -- - -

PEr-.SAMIENTO

- En el fondo, el éxtasis es igual; la idea
de lo infinito se desprende de la belleza co~o l_a idea de la belleza se desprende de Jo
rnfimto: La belleza no es más que lo infinito
contenida en un"'contorno.

:ala

JIQUILPAN

(Michoacán). - Plaza "Colón."

�- 562 cuyo motivo su sentidanrnerte ha sido caufill de un luto general en aquella población.
,k

*'*

El atentado contra M. Stolypin.-.Ampliainente hemos informado en la edición diaria
de nuebtro periódico, del terrible atentado
anarquista contra M. Stolypin, de cuyos efectos dan idea las fotografías que hoy publicamos y que sirven de complemento á aquella
información.
El atentado se hizo el 25 de Agosto último
y de él salieron ilesos tanto el Ministro
Stolypin como su mujer. Cuando estalló la
bomba anarquista él se encontraba en su estudio y ella en un salón que daba al jardín.
8us hijos, que se hallaban en un balcón, RÍ
quedaron gravemente heridos, pero su estado es hoy mucho mejor.
t.;'no
nuestros grabados representa el PStado en que quedó: después de la explosión,
. un landeau que condujo á los asesinos y que
se hallaba estacionado frente á la puerta de
la· casa del Ministro.
En otro vénse los efectos de la explosión en
la antecámara d~ M. Stolypin y en las piezas adyacentes; y en otro, por último, puede advertirse el destrozo de la bomba en una
parte de la casa vista desde el primer patio.

mero se refieren á las grandes maniobras de
1906 del ejército francés, las cuales, más que
los pasados años, llamaron poderosamente la
atención del público de París, .tan afecto á
los espectá&lt;mlos militares.
El actual Ministro de la Guerra, M. Etienne
mostró gran interés por las maniobras y es~
tuvo presenciando todas las operaciones, ya
sirviéndose del caballo, del automóvil y aun
del globo, como lo representa una de nuestras ilustraciones. En otra referente á este
asunto, representamos una éscena de las maniobras, en la que se ve un cañón 155 [sistema Rimailho) detrás del cual aparece á cabttllo su inventor, el comandante Rimailho.

El eco jamás se une ála voz que lo produjo.
Y las lágrimas· que yo he derramado por
él, jamás volverán á mis ojos, lacios ya de
mirar por el camino donde partió. Yete, peregrino, tú no eres él.
-Abreme, Berta, porque el frío me con. sume. La nieve no ha enfriado tanto mi cuerpo como las in¡müitudes el alma.
Quienes más penetraron en lo íntimo para.
probarme y aniquilar el amor qne aún con~crvaba para tí, me pagaron con el desdfo y
('011 el olvido.
Pasaron como crepúsculos del verano, como la sombra del ave fugitiva.
-Tú me engañas: no~ eres el que partió
parn no volver, ts.n sólo para castigar mi
constancia v mis desvelos. Sigue tu camino,
tú no eres él
- El perfume no vuelveá la flor; el eco no
se une á la voz; las lágrimas no tornan á su
fnentc; pero el ave herida sí vuelve á su ni do para abrigar á sus polluelos. como yo
vurlvo para abrigar á nuestro amor.
- ¿Pero á qué vuelves? ¡El hogar está frío
clesde que tl\ partiste! las flores del huerto se
~ecaron con el frío del olvido y las palomal
del hogar volaron á las montañas ; y hasta es
perro que guardaba la puerta enmudeció para siempre, como mis labios para pronunciar
tu nombre. ¿A qué vuelves?
- ¡Oye, esperanza mía! Los horizontes se
cerraron en torno de mi vida, y hoy 11ego de
nuevo á tu hogar, con las entrañas atravesadas por el hierro ele la ingratitud, con el co~
razón lacerado por el desdén y el alma convul~a por los golpes de quienes me ofrendaron
RU amor. Perdóname y abre.
Las tardes pacíficas volverán para nosotroi,,
en la noche el rnído de los árboles que cubren nuestra choza, arrullará nuestro sueilo;
y la,, frescas brisas de la mañana abrirán de
nuero las flores de nuestro huerto. ¡Abrethe
que me muero de frío!
- Cuando partiste en busca de nuevas feli ci&lt;lade:&gt;, cerré mi puerta, y enmudecí miR
labios; hoy que vuelves cargado de desengaños, entra ele nuevo .
-¡Bendita seas, imagen de Dios, que perllona:s! Déjame que derrame mi llanto en tu
fcno. Abre tus brazos, ya que he de morir en
&lt;' !los.
,J. DAVID GUARIN .

**'*

La Roca de " Los Cardos."-Entre las no pocas curiosidades que la naturaleza ostenta en
nuestro país, figura la roca representada por
uno de nuestros grabados.
.
Esta curiosidad geológica fué descubierta
hace poco .por el Sr. Ing. D. Ambrosio Romo quien le puso el nombre de«Roca Aguiler~» como un honor que :iuiso tributar al
actual Director del Instituto Geológico.
La «Roca Aguilera» se encuentra en una
cañada de la sierra de «Los Cardos,» en el
Partido de .Jerez, Estado de Zacatecas. Es
un bloc de granito de 8 metros por 6 Y. por
4, y pesa, apróximadame~te, 400_,?00 kilos.
r Las grandes maniobras del ejército francés. Como se ve en nuestra ilustrac10n es esta
Dos dé los grabados que damos en este nú-

de

: SR. PBRO. DR. I&gt;. JOSE MARIA BETANCOURT,
Cura que fué de Jlqullpan, Mlcboacán, fallecido recientemente.

NUESTROS GRABADOS

El Sr. Cura D. José Maria Betancourt.-Rste
virtuoso sacerJote que recientemente falleció
en Jiquilpan, estando al frente de su parroquia nació en el mismo lugar el 1:3 de Marzo d¿ 1869. Fueron sus padres el Sr. Lic. O.
Amadeo Betancourt y la Sra. Margarita _Villaseñor. Recibió el P. Betancourt su pnm~ra educación en la misma Jiquilpan, pasando más tarde alJ Seminario de Zamor!, al
~ual ingresó por el afio de 1880. El 1'!, de
Octubre dA 1881, varios aprovechados Jovenes de brillante porvenir, eran transladados ú
Roma por el Sr. Pbro. D. José· Antonio
Planearle á la sazón párroco de la villa de
' el objeto de que mg~esar,an,
.
.Jacona, con
p·~ra concluir sus estudios, al Coleg10 P10 Latino Americano. Entre esos jóvenes estaba don
José María Betancourt.
En ese coleoio se encontró éste con su hermano D. Luí~ abogado muy conocido ~el
.foro mexicano, y con su primo el actual Pre~bítero D. Enrique Villaseñor1 notable latinista.
El 19 de Diciembre de 1891, terminados
sus estudios, el joven Be~nc?urt vió re_al~zados sus más grandes asp1rac10nes al re~1b1r
la ~nsagraci,.ón sacerdotal de mano~ de_l Ca~denal Arzobispo Lúcido María Parcch1, Vicegerente del gran ~o~tífi.ce León _X~II.
Queriendo hacer más solidos sus conoc1m1entos decidió permanecer otros do¡:: años en
Ro~a para cursar el Derecho Canónico en la
misma Universidad.
El 7 de Marzo de 1893 se dirigió por fin á
México, y después de visitar varias ci~dades
europeas, se embarcó ~n playas mex1ca_nas
el 11 de Abril. Al año s1gmente se encargo de
una cátedra de latinidad en -el Seminario de
Zamora, la que desempeñó ~or un ~ño,. pasando por·motivos de salud a _la U~1Vers1da&lt;l
de México. como profesor de F1losofia. Al~~n
tiempo después volvi~ al seno efe su fam1l!ª•
fundando en compafüa de otras personas, un
establecit~iento de instrucción secundaria.
En 1903 fué llamado el Sr. Betancourt
por el Ilmo. Sr. Fernánde_z, coadjutor, del
Ilmo. Sr. Cázares, pues quiso tenerlo a su
lado como secretario particular y para que
desempeñara la cátedra d~ Es~ritura Sagra~a
y lengua griega en el Semmano d~ Zam01~.
A solicitud suya, para n.t~nder a su ~1.m1lia fué nombrado Vicario de la Parroqurn de
Jiquilpan, y el 22 de Febrero de 1905 se le
nombró cura párroco.
. .
M-uchos7 muy importantes serv1c10s prestó á su ciudad natal el P. Betancourt, por

***

EL ATENTADO ooNTRA M. STOLYP,N.-Los daf'los causados por la bomba, vislo E desde uno de los patios.

roca una verdadera curiosidad geológica,
pues la gran masa tlsj;µ sostenida solamente
por una no muy gruesa columna de 4.60 m.
de altura, enteramente aislada.
La fotografía que reproduce nuestro grabado fué tomada por dos inteligentes «amateurs, ,i el Sr. Enrique Espino~a y el Sr. Luis
M. Flores y Cía., de, Zacatecas, y á •quien
debemos el poder dar á conocer á nuestros
lectores la curiosa «Roca Aguilera. » Esta, según se nos informa, es conocida entre los naturales con el nombre de ,&lt;Piedra Púlpito&gt;,.
No deja de darle cierui. oportunidad á
nuestro grabado la reciente reunión del Congreso Geológico.

vuelve, como el ave herida, á calentar su nido. ¡Abre, Berta mía!
-No, tú no eres él. El perfume que se escapa, nunca vuelve al seno de la flor que lo
exhaló

En una de las puertas de entrada á la ciudadela de El Cairo, hay una silla que colocó
un portero fallecido á los ciento veinticinco
años de edad. La silla ost~nta fa siguiente
inscripción: "Sólo podrá sentarse aquí aquel
á quien Dios haya concedido el favor de vivir
cien años.''

.

¡A BREME !

-

.

....

EL ATENTADO CONTRA M. STOLYPllf,-La. antecámara de la casa del Ministro y las piezas aayacen

- ¡Berta! ¡Berta! soy yo. 1Iira que la nie\•e ya ha cubierto mis vestidos, porque el inviernc¡ me sigue desde que trasmonté lus se·
l'J'nnías para llegar hasta aquí.
-¿,Quién eres? Aquí no se abre la puerta
(i nadie desde qne el amado dejó apagar la
!uz de este hogar, y partió para no volver
Jamál:l.
- ¡Cómo no has de abrir, alma mía! Soy
)'o, el peregrino tanto tiempo ausente, que

EL ATENT ~oo ooNrRA M. STOaYPIN.-Efectos de la e;plosión sobre el coche de los anarquistas.

�.t
. ¿De qué tratábais? preguntó el joven es-

poso con afectuosa familiaridad .

BEBÉ
¡La pobre se moría ...... ! Bien 1,1 rompr,·11día Carlos, que Rin separar~e de su alcobn,
seguía ¡ aso :'t paso los estragos de la erncl
enfermedad.
¡Qué pena tan grande ver aquellos ojos
azules, tan azules corno el cie1o donde pronto volaría su alma, errar vagamente, sin fi.
jarse en nada, como desprendiéndo,:e de torio
y abiertos, muy abiertos, como usornurado~
al ver por el suelo todos sus castillos, todas sus ilusiones de mujer enamorada, arrancadas por
la ir6nica fatalidad!
Ya bacía dos días que no hablaba, ni siquiera veía á su Carlos, ni al bebé rubio de carnecita
rosa, que, cuando lograba escabu11irse de su institutriz, entraba
muy despacito en el gabinete
azul y asomaba su cabeza de ángel por entre los cortinones de la
a1coba, viendo siempre lo mis:..
mo: muy triste á su padre y muy
enferma á su mamita.
,...
El médico se marcbab_a, nada
ter1'ía que hacer; en el vestíbulo
del hotel sali61e al encuentro Teresa, la vieja nodriza de. Irene,
y con ansiedades de mujer cariñosa, le pregunt6:
-Se va-dijo el doctor;-es
horrible, pero imposible de evitar.
La mujer lloriqueaba, el méd;co añadió señalando un árbol
amarillento y seco del jardín:
-Antes que caígr.n esas hojas ...... se habrá ido.
Bebé lo escuch6. ¡La vida de
su madre pendiente ele esas hojas! El iría á cuidar que no cayeran. La miss estaba arriba,
en su cuarto leyendo aquellos
peri6dicos, tan grandes y de letra
tan menudita, que le mandaban
de su país. Los demás en los quehaceres de la casa. Nadie se
acordaua de él. Por la puerta
entr,eabierta corri6 al jardín.
Un día trist6n de Noviembre
reinaba fuera. Las nubes grises
ocultaban el sol.
Bebé mir6 al cielo y sintió
miedo ; nubarrones de formas extraftas corrían impelidos por el viento, abalanzándose
los unos sobre los otros, deshaciéndosP en
mil jirones como en lucha titánica.
-¿Si serán,-pensó Bebé, - gigantes que
vienen á llevarse á mamá?
Corrió hacia el árbol que señalara el médico v trató de subir; no podía. Volvió á
correÍ:, bUEcando á alguien, y al correr ondulaban, movidos por el viento, el delantalito
tan blanco como su alma y su melena rubia,
tan rubia y tan hermosa como el cabello de
la mujer que en la tristona alcoba se moría.
Encontr6 á Juan, y sin decirle para qué, le
ordenó llevar la escalera junto al árbol. El
jardinero dudó, pero al fin obedeció al niño.
Bebé se encaramó y montándose sobre una
rama, con la carita muy seria y los ojos muy
tristes, cuidó que no cayera ninguna hoja.

El vit nto otnfüil rnplnbn, siempre, sic·m pr&lt;' ;
la copa del árbol Fe balanceaba .v algunas
hoja¡.: de la r,, ma el onde estaba Bebf parecieron querer desprenderse.
-¡Eso no!-&lt;lijo el niño,-y alargando el
brazo quiso sujetarlas.
Perdi6 el equilibrio y se fué á tierrn , al
mismo tiempo que un aire más fuerte hn cía
que cayeran, sobre su cuerpecito, las hojas
secas.
Bebé no se levantó y al sentirrn cubierto
por las hojM, recordó á su mnrlre, rompien-

•

\

,..,

I
La gotn de rocío y el rayo de luz que penetra para formar el iris, se aman menos que
Maruca y Cleto.
Los dos niños nacieron en un rni~rno día.
Cuentan siete afios de edad.
Nunca se separan.
Los alrededores de ·1a casa en que habitan
son el teatro de sus juegos y de sus correrías.
Nunca riíien, se adivinan l0s antojos y es
dicha inmema para uno y otra
el complacerse mutuamente.
J UPgan á todos los juegos.
Una tarde jugaban á casarse.
D6nde y cuándo habían visto
las nupciales ceremonias, no se
sabe.
Acaso lo adivinaron.

II
El cielo estaba azul, la brisa
muy blanda y el sol muy bajo ya.
Cleto teji6 una corona de buenas tardes y clavellinas y adornó ron ella la frente de la tierna
novia. Después la besó mucho,
cogidas con ambas manos las me·
jillas de rosa.
Ella reclinó tiernamente la
a.ngelical cabeza sobre el pecho
&lt;lel inocente ef!poso y ambos cerraron los ojos fingiendo que dormían.
El sol se puso; el crepúsculo
tembló sobre el follaje de la selva y el ruiseñor cercano trinó
p lácidamente, pero no buscó su
nido.

.

.

IDILIOS

III

f{iña 11.ngeli na ¡wenoeal y ~ubio, de Puebla .

do á llomr. Mientras que allá arriba se oye·
ron los sollozos de Carlos que más que llanto
parecían rugidos de rabia y de impotencia.
Un rayo de rnl, rompiendo los jirones de
n~bes negras, ilumin6 la cabeza del pobre
Bebé, que, al contacto del sol, aún más de
oro pare_rfa.
Era un beso, una caricia, que desde el cie"Jo le enviaba la madrecita de los ojos azules.
FRANCISCO

DE ARCE.

------

Las dos únicas grandes capitales europeas
que nunca han sido ocupadas por un ejército
enemigo,· son Londres y San Petersbu:rgo.

Han transcurrido a l gu nos
años.
Maruca y Cleto no se separan,
aunque ya son grandes. S~s gus·
tos y sus amores rnn los mismos.
Se necesitan como el cuerpo
y el espíritu.
· Son dos flores recíprocamente
parásitas.
IV
Han transcurrido más afios
a.ún.
Se abrió la flor hermosa. Su
perfume delicado embalsama el
ambiente.
Se casa Maruca.
Cleto es feliz, empero, porque el amor de
su Maruca no ha disminuido ni tanto así
(coni.o la yema del meñique).
,
Un poquito de separaci6n y nada mas. ,
Una tarde de la luna de miel los enc.ontr.o
el esposo en el jardín, sentados muy 1unt1·
tos. Ella jugando con los cabellos de Cleto,
él acariciando una mano de Maruca.
No hubo sorpresa, ni palidez, ni turba·
ción.
No
El esposo no se encendió en cólera.
sintió la mordedura triturante de los cel~s.
· t''
fehz•
Se acercó sonriente al grupo y se sm
10
Maruca y Cleto eran hermanos gemelos.
V
El cielo estaba muv azul, la brisa muy
blanda y el sol muy baJo yá.

- 565 J:,IOTA S OCIAL DE MERIUA.

- Recordábamos los días de nuestra venturosa infancia, respondió Maruca. Ojalá que
t6 tmnbién hubieras estado con nosotros desde entonces. Mira, allí, á la sombra &lt;le aquel
níspero, nos casamos Cleto y yo una tarde
como esta.
- ¿Que os c~Fásteis, pícaros?-dijo el esposo entre carcaJadas alegres y francas. ¿Co11
que así me habéis engañado? Pues no os
perdono si no me referís cómo fueron l '8:t~
hodui-.
. ~Que te lo_cue~;e Maruca-clijo Clcto pomendosc de pie. 1engo que hacer y os ch·jn
por algunos rnstantes. Hasta l11rgo.
Y eFtrech ó con sencillo afeC'to la mnn o de
FUS jóvenes hermano¡,,

\'I
- A ver,. ct_1éntame_, cuéntame-d ijo rn11
amante cuno~1dac..l el JOV, 11 espo~o n Marn(·:1
cuando quedaron solos. ¿Cómo os casúi:tl-'i~?
- Así-respondió Marnca, estrechando con
pasión la mano ele su marid ito. - Cleto tvjiú
tina corona de buenas tardes y clavellina,- ;
me la puso en la frente, me besó, y yo recliné la cabeza sobre su pecho ... .. . así. .....

VII
Calló la hermosa, se oyó resonar un beso
se puso el sol, el crepúsculo tembló sobre el
follaje de la sel va y el ruiseñor cercano trinó
plácidamente, abrió las alas, voló contento y
se posó en su nido.

Banquete dado al Sr. Lic. Juan J. Molina, por sus discípulos.

ora á la derecha, ora á la izquierda y que Lt
obedecía involuntariamente.
Sin embargo, continué mi camino ..... . y
LA VIEJA
he aquí que de improviso observé delante de
mí una cosa negra que se ensanC'haba y se
abría
como un agujero en la tierra.
Yo caminaba solo por una llanura.
- ¡Es la tumba!
Y de repente p1recióme oir pasos ligeros y
Esta idea penetró en mi ser con la r&lt;1 piclez
furtivos detrás de mí.
·
del
rayo.
Volví la cabeza y me encontré frente á
Me
empujaba hacia la fosa.
frente de una :vieja de poca estatura, encogiVolvíme bruscamenttj. La vieja estaba
da y completamente cubierta de harapos
grises que s6lo dejaban á la vista su rostro allí.. .... ¡y no estaba. ciega! l\Ie miraba, sí,
sombrío, sin dientes y con una nariz excesi- me miraba con grandes ojos de rapiña. Me
incliné hacia su fisonomía, me acerqué á sus
vamente puntiaguda.
ojos.
Y ví de nuevo la misma capa ciega y
Dí unos pasos en dirección suya. Ella se
obtusa.
detuvo.
-¡Ah!-pensé. - Esta v,ieja es mi desti-¿Quién eres? ¿Qué deseas? ¿lfres una
no
...... ese destino al cual ningún hombre
mendiga? ¿Esperas que te dé una limosna?
puede
substraerse ...... Pero no, no ... ... ¡qué
La vieja no contestó. Me acerqué más á
ella y no1é que sus ojos estaban cubiertos de cobardía! ¡Es preciso intentar algo!
Y eché á. andar en otra dirección.
esas membranas blanquecinas que tienen
Marché rápidamente ...... Pero oí de nuevo
ciertos pájaros y con las cuales se preservan
sus pasos ligeros .... cerca ..... mny cerca .....
del mismo resplandor del sol.
Pero las membranas de la vieja no tenían y adelante, en el camino, el agujero negro
movimiento ni dejaban al descubierto las que se hacía cada vez más profundo.
Yolví á cambiar de direcci6n ...... Y siempupilas.
pre
el mismo roce apagado y furtivo detrás
Esto me indicó que estaba ciega.
- ¿Quieres una limosna?-repetí.-¿Por de mí. ..... y siempre la misma mancha negra por delante.
qué me sigues?
En vano hacía zig zag como una liebre que
. La. vieja se mantuvo callada como antes:
huye
de los perros ..... ¡Siempre la misma
81n hacer otra cosa que encogerse cada vez
cosa!
más visiblemente.
-¡Espérame un poco! ¡Yo te arreglaré!
.Separé, pues, la mirada de· ella y seguí
¡
No
voy á ir á esperarte!
nu camino.
Y
me senté en el suelo.
Pero á µoco tiempo escuch é suavemente
La vit!ja hallábase detrás, á dos parns de
d~trás de mí aquellos pasos ligeros, cadenmí. No la oía; pero estaba convencido de que
ctosos, furtivos.
allí
se encontraba.
- ¡Todavía esa mujer!- pensé. - ¿Qué inMas
de repente ...... ¿qué es lo que ví? La
terés puede tener en seguir mis huellas de
mancha
negra se me fué acercando, deslizáneste modo?
dose
por
el suelo ..... .
Pero en seguida afiadí mentalmemte:
cabeza, miré . . . . . La vieja tenía
Volví
la
did-Probablemente está ciega ...... Habrá perfijos
en mí y con maligna ronrisa,
sus
ojos
o el. camino, y seguirá mis pasos al oído,
su
boca, parecía decirme:
que
torcía
con obJeto de llegar detrás de mí á algún lu-¡No
te
escaparás
...... ! ¡No te escaparás!
gar habitado. ¡Sí, sí; eso será!

* apoderándose de mi
f~/
fiBpúitu una inquietud extraña. Parechme
re en re~lidad la vieja no iba en seguimienM~ poco á poco

rnío, smo que me dirigía, me empujaba

En cinco millones se calcula el número de
las mujems que viven de su trabajo en las I slas Británicas, percibiendo todas ellas sueldos regulares.

Esposas creyentes
y esposos incrédulos .
El día del nacimiento de su hija, Littré el
grande incrédulo Littré. dijo á su esp~sa.:
Querida mía: tú eres católica ferviente y
práct!ca_. Educ~, pues, á nuestra hija en estos hab1tos de piedad que tienes. Tan sólo
pongo una condición, y es que cuando cump la quince años la traigas á mi presencia: yo
la expondré entonces mis ideas y ella esco' ·
gerá lo mejor.
La madre aceptó : transcurrieron los años
seíialados por el padre, y una maiiana entró
en el gabinete de su marido.
- Veng_~-le ,dijo-á cumplir mi promesa:
nuestra h1Ja está pronto á escucharte con todo respeto y la confianza que le inspira un
padre á quien ama. y venera de corazón.
¿~uieres que entre? Ciertamente, respondió
L1ttré; pero ......... ¿con qué objeto? Si es para, que le exponga mis ideas ¡mil veces no!
Tu has hecho de ella una criatura bondadosa, tierna, sencilla, recta, ilustrada y feliz.
¿Y crees que yo tendría valor para lanzar
1;1i_s id~as al_ ti:avés de esa pureza y de esa fe1
licidad. ¡Mis ideas .........
.
Pueden parecerme buenas por mí mismo:
pero, ¿quién me garantiza que con tales ideas
no se corre peligro de destruir, ó de perturbar
al menos, la obra de educación que en ella
has concluído con tanta perfección? «Ha zla
venir, sí, pero será para bendecirte en 8 u
presencia y bendecir asimismo todo lo que
en su bien has hecho, para que de este modo
te ame y te venere más que antes».
Es de advertirse que Littré murió dentro
d~ l~ Iglesia catf&gt;lica. A última hora se convutio.
. ,Legouvé que narra esto, termina su narrac1on con estas palabras:
«Yo tam~ién he tenido y tengo en mi hogar domésti~o almas creyentes, y del mismo
modo. que ~1ttré, me tendría por criminal si
alguna vez mtentase turbar con mis dudas ú
ofender con mis argumentos esas convicciones religiosas, de donde las personas que amo
con tanta ternura sacan constantemente su
consuelo y su virtudi,.

�- 566iA D I OS!
( VERSION DE M. DE LA PE~A. )

Tal vez mi perro gima, y gima en vano,
Hasta comer d.e algún extraño el pan;
Y, aunque yo vuelva en día no lejano,
Sus dientes c-0n furor me morderán.

I

X

Por Lord Byron.

¡ Adiós, adiós !-El .húme'do element-0
Mi ribera ,natal oculta ya;
Mu gen las olas y sus.pira el viento,
Mientrais chillando la. gaviota va.
;E·l sol, que :;e ave'Cina al Occi'dente,
Nuestra fija mirada lleva en posA:diós, natal ribera, sol fulgente,
Adiós, te dligo, patria m¡Ía, adiós!
II
Pronto ese sol alumbrará otro -día
Con sus raiyos de orn y carmesí.
Y veré mar y cielo todaivía,
Mas no vere la tierra .en que naci.
Solitario mi alcázar ,me figuro,
Frío el hogar, y la tristeza en él;
Silvestre yerba crece por el muro,
Quizá mi perro aúlla en su dintel.
. ILI
Ven, pajecillo, ven; ¿-por qué tus ojo:::.
Arrasados en lágrimas están?
¿Temes del mar los fáciles enojos,
O cansa tu temor el huraoán?
Eth, cesa de llora-r; . ve cuán velera
Es nuestra nav.e, y sólida á la ·vez;
Ni el más ágil halcón volar pudiera
Con ma.yor gallardía, y altivez.
IV
Silben los vientos, hínchense las ola.s
En ·buen hora: temibles no m'e son;
Mas no extrañéis, Señor, que acá á mis
(solas
Sienta el alma transida de aflicción.
Que i ,mi padre dejé, y estoy: ausente
De mi madre, la ma.dr.e de mi amor,
Y tengo dos amigos solamente:
Vos, aquí, y en los cielos el Señor!

Contigo iré corriend-0, barco mío,
Por este inmenso, líqui.do cristal,
Dejándome lleva!· á tu albedrío,
Como no sea á mi región na,tal.
¡,Salud, on'&lt;ias azules y espttmosas !. ...
Y, cuando ya distante esté de vos,
¡Salud. desicrt-0s, cuev.as tenebrosas!. . .
Y adiós de nue\'O, patria mía, a·diós !
CURIOSIDADES

Al vals "Loin du pays"
¡Sublime y grandioso vals!. .. ...
Con su ritmo ca?encioso, cual gemido de
alma enferma; traJo ensueños de ventura ·
añoranzas de otros días; y en sus noch~
a~ormidas, hay suspiros y sollozos, de algo
triste que se envuelve con el manto del recuerdo ...... y que llora sin consuelo allá lejos.... .. allá lejos...... en la playa donde
mueren los oleajes del océano. · '
Y sus "fuertes» y sus ((pianos,1 que remedan
las co_ngojas del que sufre y del que espera,

DE NUESTRO

"'
PARA LAS SKNORITAS

PAIS.

La prudencia y la tolerancia, he ahí, mis queridas lectoras 1 las dos grandes vir-

wdes las dos más hermosas cualidades que deben adol'nar á una mujer verdaderamen~ piadosa y bien educada. .
La prudencia y ]a tolerancia hacen que ]as personas .de nuestro sexo procure.n
eonocer sus defectos y tolerar los ajenos.
La mujer á la que falta la prudencia y que es intolerante con los demás, me
atrevo á decir que no puede ser buena hija, ni buena esposa, ni buena madre de familia, ni mucho menos buena amiga.
La hija imprudénte que no tiene paciencia para tolerar los defectos de las per:;.oBllll á quienes debe la vida; la que por todo ~e enf~da con su madre, por v.1ás virtuosa que aparente ser, por más que sus labios repitan que ama con t~rnura á los
-autores de sus días,. no es ni pued~ ser b_uena hija, y~¡ hogar ~~mésti~o, .en lugar
de ser para ella un santuario es un contiuuo purgatono, un anticipado mfierno.
Apenas habla la madre, a~nque sus reprensiones sean justas, aunque ten~a sobrada razón para disgustarse 1 la hija le replica con altaner!a.yen muc~asocas1onescon
palabras insolentes. De ahí viene que continuamente vivan en contmuo desacuerdo,
en eterna contradicción y se amarguen, sin que ellas lo piensen, los días de su
existencia.
¿Y qué debe esperarse de una joven que hª sido intolerante é imprudente con
la persona á quien más debía respetar y guardarle toda clase de consideraciones? ¿Podrá ser
buena esposa y buena madre de familia? La
respuesta es obvia: no, y mil veces no.
Desgraciado el hombre que, al jugar el arriesgado albur del matrimonio, le. toca la mala
suerte de casarse con una mujer imprudente.
Todo lo que haga por labrar la felioidad de la
compañera de su vida; todo lo que procure hacer porque el ángel de la paz y de la ventura
cubra con sus blancas alas el hogar en que iha
áencontrar la dicha, será por demás, será inútil.
la discordia reinará continuam .mte entre los
aos y el horrible demonio de 1\ desobediencia
acibarará los cortos ó largos días de sn pe110sa
existencia.
¿Y qué diré de las amigas? Que todas huirán
de ella como de una persona que padece de una
enfermedad contagiosa, todas procurarán alejarse, todas le tendrán compasión y lástima, pero
~ as procurarán no mancharse con su con -

V
;111i padre con ternm '.l me be:1rE.;o,
Empern, no con íntin·o pesa,,
~las mi madre, vi ,-;u1,io sin s t1 li ijo
~o deja,rá, lo sé, de sus(rar.
-Basta. ba.sta, sensible pajecillo.
Bien sientan esas lágrimas en t;;
Y á tener yo tu cor,1z0n sencillo.
Nunca cesara de llr,rar así.
VI
Ven, acércate aquí, braivo escudero,
¿Qué indica, dí, tu palidez mortal ?
¿Temes las iras del .franoés guerrero,
O te infunde ·pavor el temporail ?
- ¿ Y -piensas tú que tema por mi vida ?
No : tan débil, sir Ohilde. no puede ser;
Ma.s reC-Ordar á un a muj er qu erida
Hace al esposo fiel palidecer.

VII
Ella y mis hijos pequ eñ\1elos, moran
Junto á tu alcázar. qu e hacia el lago da ;
Y s,; por mí los inocentes llora:n , ·
¿tCómo acallarlos ella logrará?
~Basta. buen servidm. No sin mtotivo
Padece ·así tu cony,u,gal virtud,
Y en tanto yo. con 'ánimo más vivo,
:.íe alejo. ·y río. libre. de inquietud.

LA FR UDE NCIA Y L A T O LERANCIA

1

taéto.
Roea ce granito que se encuentra en la Sierra de los Cardos (Partido de Jerez, Zacatecas).

LOS TRES FAROS
Para darnos la etern;i vfn · urnnza
Tres luminosos faros no~ alu 11bra n ;
¡ T res luminosos fa ros que deslumbran:
La Fe, la Caridad y la f :;pera:1za !
0

v nI
Por ellos, en serena !ontan111z~,
¿ Quién fí a de la es'posa ó de La aman- Globos de i.n tensa clari dad relümbran :
( t~, Y de Dios hasta el solio noa en::,.in1hran
P or más que llore, vi,énd011-0s partir ?
Y tmnan los ciclones en bonanza.
Otros habrá qu e enjuguen al instante
Sus oeregrinos ojos de zafir.
Sin elfos ¡ aiy ! la .huma.ni·dad entera
No 1;e a,flige la dicha· ya pasada,
En el fún ebre campo de la vida
:Xi dd peligro próximo la faz; .
Absurdo vil é inconcebible fu era.
Lo más cruel es que yo no deJo nada
De arrancar me i;na lágrima capaz.
Si faltara su lumbre bendecida . .. .
IX
¡ Como Luzb el, iél humanidad cayera
y ahora estoy aquí, sol? en _el ?1undo, E n abismos sin fin. envilecida !
· El mar el ancho mar baJó m1 pie ;
· Y en quién pen!-ar con interés prnfun· Manuel García Rojas.
¿
(do,
.
d b ''j)
Julio 9 de 1900.
Cuando á nadie un sus,p1ro
e ere .

han calmado de.mis penas sus acerbos pade
ceres.
. ·
¡Dulce y hermoso «valsii! Tus caden~ias
van tejiendo, en las cuerdas del ' .neur6ti~ 11
instrumento, suaves nidos de avecillas voci~gleras, que al patir sus leves alas, alzan. tri·
nos que mitigan del sufrir mis horas crueles.
Poesía, ternura, amor este. ((vals» sublime
encierra; que gimiendo apasionado, me e~belesa, me subyuga con su rítmica cadencia.

VIOLETA.
Jalapa, 8-9-1906.

Mientras estaban en conversaci~n el Gobe!'°!;
dor de Virginia y cierto comerc1a!lte, P38~udo
negro, que saludó al Gobernador, y a cuyo sa
contestó éste muy afablement.e.
,
?
-Pero ¿V. E. se rebaja á saludar a un negro
- le dijo el comerciante.
, Gober·
- ,¡ Pues no faltaba más- le contesto .~l
r un
nador- que me dejase ganar en educac1on Po
negro!

TrajecitQ para .niño de 2 á 4 años.

Chaqueta. de verano.

ta bendición de la mesa

Era un día apacible de fines
de Mayo ó principios de Junio.
Las praderas hallábanse en ¡¡alanadas con vistosas flores y
frondosos árboles, de los que
colgaban numerosos nidos de
alegres pajarillos. En los sembrados &lt;le Ola-Alde ostentábanse hermosos y dorados trigales y el mismo maíz principiaba ya á mostrar sus brotes
rnbre la superficie.
Detrás del caEerío veíase un
espeso bosque de casfaños, en
el que millares de avecillas se
cobijaban al abrigo desu apacible sombra.
Un poco más abajo corrían
las aguas crist~linas de un arroyo juguetón y encantador, cuyas márgenes veíanse adornadas por gallardos álamos y
nogales, como centinelas vigilantes de las risueñas pr:.ideras.
donde crecían abundantes pastos.
José María de Ola- Alde, venerable abuelo, acompañado
de su hijo Francisco y de su
nuera Ignacia, salió de madruTrajecitos para:niños de corta edad.
gada á cultivar sus sembrados,
quedándose en casa su esposa Catalina y su cuflada Antonia, .al cuidado de un nietecito,
hijo de Francisco á la vez que encargadas de preparar la comida.
.José María Fr;ncisco é Ignacia habían trabajado toda la mañana al rayo del sol, derramando abundantes gotas de sudor sin desmayar en lo más mínim9, porque comprendían
que la pereza es la raíz .de todos los males.
En los momentos en que los rayos del sol caían más perpendicularmente sobre sus cabezas veíase á José María en una laderilla rodeada de cinco ó seis casas de alegre aspecto,
quie1; al pPI'cibir los doce campanillazos de la iglesia inmediata, descu brióse la cabeza y
recitó las alabanzas dirigidas por el ru·cángel San Gabriel á la Madre de Dios, las que fueron conteRtadaR por su hijo y nuera. En seguida emprendieron todos el camino hacia su
casa donde los eflperaba la noble y anciana Catalina, con una modesta pero abundante comid~. que había de servirles para .recuperar sus fuerzas agotadas en parte por las fatigas de
aquella ruda tarea.
Llegados á Ola- Alde, diéronle amorosos besos al hijo de Francisco, á aquel ángel sin

�- 568 .alas que era la delicia de todos; y mientras Catalina preparaba los
talos ( tortai:s de maíz), tomaron descanso, sentándose alrededor de la
mesa.
'
En Ola- Alde, como en todos los caseríos de la Euskaria, la cocina
se h.illaba inmediata á la cuadra de vacas, cuyas cabezas veíanse desde la mesa donde estaban. Hacia el lado opuesto de la cocina había
una ventanita que daba vista á un hermoso y corpulento cerezo, que
en aquel momento había sido invadido por toda clase de pájaros, ansiosos de saciar su gula privilegiada con los primeros frutos de aquel
árbol.
Era la época en que la naturaleza se presenta adornada de todas
sus galas.
Cuando Catalina hubo preparado los talos y levantábase su hermana Antonia á .bajar un plato de la. alacena, el venerable José María
persign6se con devoci6n y di6 principio á la bendici6n de la mesa,
de la manera siguiente:
«Dios y Señor mío: en Tí depositarnos toda nuestra esperanza; Tú
11os das el pan de cada día. Extiende tu benéfica. mano hacia nos y
1,endícenos á todos. Padteniiestro, etc.!&gt; Viejos y jóvenes hicieron coro
ele todo corazón en este acto al anciano José María. Era tan sublime aquel cuadro, que hasta la criatura que estaba mamando abanI lonó su dulce natural tarea, como demostrando tomar una parte
muy especial en ella; el perro que se hallaba debajo de la mesn, las
vacas y te1;neras que comían en sus pesebres levantaban las cabezas,
demostrando su admiración; y hasta los alegres y bulliciosos pajarillos que trinaban saltando de rama en rama sobre el gran cerezo
que se hallaba frente á la ventana, caJJáronse en aquel momento.
¿Sería algún ángel del cielo quien les advirti6 en su. lenguaje mii;:terioso que debían obrar así? ¡Quién i:abel ......
Lo único que yo sé·es que son bienaventurados todos aquenos que
al ir á saciar su hambre con el pan adquirid0 á cambio del honrado
trabajo, se acuerdan de dar gracias á Dios por los beneficios que
siguen recibiendo.
¡Benditas sean para siempre las santas y queridas costumbres de
nuestros antepasados!
CARMELO DE ECHEGARAY.

AMISTAD DE LO FINO
¿Quién se interesa por el alma de su amigo? Nos interesamos por
sus negocios, por su fortuna; rogamos á Dios á fin de que aleje de él
las desgracias y los contratiempos;

Traje de paseo para señorita.
Buscamos cómo hacerle brillar en el mundo, hacerle valer, procurarle lo que pensamos le es agradable;
Sacrificamos, por ahorrarle una petla, nuestro miRmo reposo par·
ticular, el bienestar de que podríamos disfrutar.
¡Oh, todo está muy bien! pero por el alma de ese amigo, ¿qué ha·
cemos? .
¿Pedimos á'Dios todos los días, que esa alma sea más humilde,
más pura, más atenta al cumplimiento de su deber?
¿Le procuramos, con la misma delicadeza con que lo haríamos
para darle una alegría, el libro piadoso que realmente le aprovechará
la ocasión de adquirir algunos 11:éritos, proponiénJole sencillamente
que dé una limosna, procurándole, sin que él lo sepa, un acto de abnegaci6n ó una ligera humillaci6n?
¿Tenemos el valor de no alejar de esa alma una pena que, por otra
partt&gt;, le fuera muy útjl á su santificación? ¡Oh! eso es duro, decís.
¡Ah! entonces no sabéis lo que es amistad. ¿Acaso Dios no nos
ama? Y sin embargo, nos deja sufrir, y aun hace más: nos e.nvía las
penas. La amistad es la unión de dos almas, no para gozar, smo para
perfeccionarse y remontarse hacia Dios; y á medida que á El se elevan
es cuando sienten la dicha de amarse.
J ,a esencia de la amistad no es la ternura, sino el valor, la abne·
gación, el tacto, la pureza y el desprendimiento.
Lo que nos engaña sobre la naturaleza de la amistad, es que más
queremos ser amados que amar.
.
Lo que nos hace cobardes, es el temor de que nos amen menos.
No lo olvidemos jamás: un coraz6n egoísta ama para ser.arnaclo; un
coraz6n cristiano ama sin deseo de verse correspondido.- [PepitcU3 de oro. ]

Abrigo fin de estación.

En el Brasil se han puesto en uso tarjetas postales que impide~
que el público pueda leer el contenido de lo escrito en ellas. Para e
efecto, van provistas de una cubierta de papel ob~curo ~ue se ~
por las orillas, al lado de la tarjeta en donde va el mensaJe. Dese~
peñan el papel de una carta, con la ventaja de que sólo pagan la mi·
tad del porte ordinario de correo.

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