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                  <text>Ato VI.

MÉXICO, D OMINGO

14 DE

Ü CTUBRE DE

1906.

NuM. 42

SEÑOR DON JUAN DE DIOS PEZA,
DISTI N GU IDO POE TA MEXICANO,

Ultima fotografía de los Sres. Valleto.

�EN LA "PLAZA D"'El TOROS

"Lira Libre."

cautela, pero jamás sin fundamento. Padece una neurosis cuya
patogenia hay que buscar es la hiper-agudeza de su ingenio; que lo
come vivo y no le deja momento de reposo, y como consecuencia
de esto, en sus desencantos mismos, mantiene un solc odio: el odio
á lo ridículo, así esté manifiesto en la mala literatura ó en cualquiera otra forma de ese Proteo del desdén.

En magnífico papel, con profusión de grabados, retratos, máscaras, paisajes, alegorías, viñetas, etc., y en una impresión irreprochable, acaba de aparecer el segundo libro de versos del querido
poeta chihuahuense Jesús E. Valenzuela, director fundador de la
"Revista Moderna."
Esmeralaa Cervantes, née Clotilde Cerda.
En consonancia con el mérito de la obra, debo ante todo decir
que la mayor parte de las composiciones en ella consignadas, se
Con la Compañía de Opera "Ma,rra Barrientos," ha llegado á es
produjeron durante la larga y dolorosa enfermedad que viene pata capital una insigne artista de fama europea, que visitó nuestro
deciendo el inspirado vate. No parecen, estudiadas con atención,
país el año de 1878. Era entonces una adolescente, casi una niil.a,
sino la reconcentración de mucho"s duelos avivados por el recuerdo
pero ya había conquistado en el mundo del arte una extraordinaria
en los momentos patológicos, transladados á la poética sinfonía en
reputación para el de la música, que ha cultivado desde la edad de
estilo cadencioso y vibrante á veces, en forma sin amaneramientos,
cuatro años, dedicada á arrancar del arpa acordes que hacen vibrar
tan espontánea y natural que equivale el procedimiento retrospeclos corazones á unison del sentimiento y de la idea. Por aquel tiemtivo á un estereotipo de la primera idea, del primordial pensamienpo, el espiritual escritor argenti~o D. Bartolomé Mitre, escribió,
to ó emoción.
poseído de admiración, algo parecido á esto :. ''.Esmeral~a, arpa eó·
Podrá notarse por aquellas dos circunstancias-el decaimiento
lica ella misma, estremecida por el soplo divmo de la mspiración,
f isico y el poco atino en ocasiones como su derivan te-que alhace brotar de sus manos efluvios que dan vida al sonido, alma á
gunos versos de Valenzuela aparezcan
.
la música y lenguaje universal á la
r-- ------------------. melodía, transformando un instrumento
cacofónicos, quebradizos, descuidados,
como hijos á quienes sólo se vió al nainerte en un organismo que habla, BUS·
cer; pero examinada la obra en conjunpira y llora, haciendo pensar y haciendo
to, se cqmprueba el justo prestigio del
sentir.''
artista~ el hondo sentir del poeta, su
Así fué, con sus portentosas faculreputación como hombre pensador de
tades, como hizo una jira triunfal por
altos vuelos, que sin esfuerzo nos soParís, Viena, Londres, Barcelona, BU
mete á. la preocupación de los probletierra natal; Madrid, Lisboa, la Argen·
mas que abaten á la humanidad, dántina y el Uruguay, Estados Unidos del
donos en ellos mismos la consoladora
Norte, Habana, México, Berlín, Itaide 1 del bien.
lia, Rumanía, Grecia, Egipto, etc.,
Altísima labor implica la suya por
etc., recibiendo en todas partes home·
el arte, porque desdeñando los ropajes
najes de valía y adulaciones de emi·
de oropel conque tantos poetastros vis nentes próceres, d~ grandes maestros,
ten el esqueleto de un tema pueril y
de literatos insignes.
vulgar, se ha preocupado hondamente
Hojeando su álbum, he visto aude poner en su lírica asuntos transcentóg rafo:;; de personajes de fama uni·
dentales, y ha conseguido de ahí hacer
versal, como los de la Reina Isabel
pensar y hacer sentir, atributos del verII, de Franz Lizst, de S. S. León XIIT,
dadero poeta.
de Alfonso XII, de D. Juan de Montal·
Valenzuela, que es de corazón sano
vo, autor de los Siete Tratado,, de los
como un albaricoque en Agosto y que
Duques de Saxe Ooburg Gotha, que
tiene el entendimiento agudo como una
la tuvieron en su palacio nombrándola
aguja, es de los pocos hombres comKammer Virtuosin; de Carmen Sylva,
pletos que ?º~ozco. La _lect~ra del dela Reina de Rumanía; de Mr. Grover
licioso prelmunar de "Lira Libre" y de
Gleveland, de la Duquesa Constantino
tres composiciones que no debo señade Rusia y de muchos más. No ~lar, hace saber que tiene su alma en su
do resistir á la tentación de copiar
almario y sitio para querer y cosa con
aquí uno de los pensamientos de más
que aborrec~r, p~ro con ese aborr~ci_mérito, de orgullo envidiable, para
miento pasivo, mcapaz de dafío, limiEsmeralda.Cervantes.
quien fué dedicado.
.
tado sólo á no elogiar por debilidad ó
Reza así: "Mademoiselle: Vous
conveniencia lo que no le es simpático. Más que á hombres, abo- avez un beau talent, vous en faites un noble usage, vous etes en·
rrece sistemas y comuniones, y su constante amor á la razón no le core un eafant et vous etes déJ. a une renommé je vous envoie tous mes
roba nada de esa ductibilidad que, sin perjudicar á la firmeza, debe aplaudissements el tous mes homagges.-Víctor Hugo.- Fi rm ad
• o. "
tener el buen acero. Se refleja su anhelante palpitar de las cosas
Cuando estuvo en México fué objeto de ruidosas ovac1on~
idas, de los séres amados, en esta. conceptuosa exclamación, que en los conciertos en q~ tomó parte, no menos que de la ~ sirve de epígrafe al tomo de versos :
ración de la sociedad por sus sentimientos píos y de la gratitud
imperecedera de la familia de un condenado á muerte. .
¡Dios niío! Consérvame mis recuerdos,
Para terminar esta nota referiremos su generosa acción.
aitnque me quites la esperanza.
Era en el segundo año de gobierno del señor Gene.ral Díu,
Tal parece que ya pasaron para él las benditas horas aquellas
en que la mente soñadora volaba rauda por las regiones del éter, y cuando al llegar Esmeralda á la capital de la República supo
ajena á las desventuras de la vida, se embriagaba de luz y de aro- que el reo José María Téllez se encontraba en capilla para ser
.
ma de besos, de caricias y de .... champagne; y que hoy, conoce- fusilado al día siguiente.
Ella, en uno de esos arranques de sublime . decisión, propios
dor' de los hombres, experto en las batallas del mundo, camina con
de las almas nobles, sin pérdida de tiempo corrió ac~mpailadade
paso de augusta tristeza, desmayado, á los lugares donde
su madre al Palacio Nacional, y arrojándose á los pies del Cau¡
. ... tout palpite et frisonne
dillo impetró con lágrimas de verdadera pena el perdó~ de aq~
Dans les jardins silencieux . ... !
desgraciado que vanamente habían pedido gentes de pro é tnfluen!l'8·
y también va más allá, camino á la verdad, dulcemente empu- Se alteró la firmeza del señor Presidente ante acto tan magnáJl!IDº
jado por el afecto inalterable y hondo de sus hijos, por el cariño y concedió el indulto, haciéndolo saber á la simpática ext~~
inmenso de sus amigos, sociedad íntima, parentesco del alma .... pocos momentos después, en la siguiente carta, que he tem O e
Los que de veras lo somos, cuantos hemos disfru~a~o ?e su tra- mis manos:
~
"Correspondencia particular del Ministro de Justicia é ¡,
Pre~
to ameníi.imo, de sus modales cultos, de su lenguaJe msmuante y
persuasivo, de su bondad y franqueza atrayentes, sabemos que el -México, Abril 9 de 1878.-Señorita Esmm·alda Cervantes.- sido
poeta lo es en todo, que lo es siempre y, alegre ó acongojado, sente.- Muy apreciable sefíorita: El reo José María Téllez ha
muéstrase sensible ante lo noble y lo bello, ostentando ese delica- indultado de la pena capital : mañana se exte.nd_erán las órde~:n:
do matiz de aurora, que mana de las almas infantiles con la misma rrespondientes . Satisfaciendo usted sus sentt~1entos humam digO
naturalidad que brota de las flores el perfume; pero. s~ revela tam- puede desde hoy comunicar esta noticia á los mteresadcs. Lo,tuni•
bién entusiasta y fuerte, con la fortaleza de la convicción que dá el á usted por encargo del señor Pr~sidente, y apr~vecho l~ º1:to Igsaber. Cierto también, que su causerie clara, sincera, pintoresca, de dad para ofrecerme como su servidor afectuo1:1ísuno.-F~tfRA '
FRANCISCO GAN
'
caudalosa expresión, pica con frecuencia en cáustica, á veces sin nacio Ramírez.

El aspecto que el ~omingo pasado guardaban las graderías de
la Plaza de Toros crMéx1co,,1 es imposible de ser descrito.
. Desd~ mucho antes.de la hora señalada para que diese principio la novillada que vanos jóvenes de la hige-lij'e organizaron para
esa tarde, empezó el constante llegar de concurrentes, entre los que
se veían mychos grupos de mujeres bellas que iban á colocarse,
¡qué temeridad! en las barreras ........ .
El murmullo que brotaba de aquel recinto &lt;le pintarrajeados
tablones! era nuevo, raro para escucharse en una plaza de toros.
En medio del conve:sar de l~s concurrentes masculinos, muy moderados en ~sta ocasión, perc1bíanse el ligero crugir de los vestidos
el cuchicheo de decenas de beldades que se hablaban, algunas e~
secreto, creyendo tal vez que en un circo taurino es de mal tono hablar en alta voz, y el timbre momentáneo de ri~as cristalinas algunas que iban á estallar y se conumían y otras que estallaba; franC.'tmente.
Bien pron~o las tre~ filas de barreras quedaron ocupadas por
esa concurrencia femenina que después había de infundir con su
cercana presencia, ánimo y aun valor t'!merario á los jóvenes lidiadores.
·
Y sucedió que cual si se tratase de un concurso empezóse á
discutir por los pollos, cuál era más hermosa cuál ~ás elegante
cuál más distinguida.
'
'
A alguno que se hallaba cerca de mí oí decir: «Esto es el torneo
d_e los ojos azules, celestiales, con los ojos negros, llenos de misterio; el color de la :::osa con el de la azucena y la canela.11 Y á otro:
rc¿E~ qué redes q~edarán má2 almas prisioneras?- ¿en los cabellos
Alberto Braniff entrando á matar el toro tercero.
rubios, con suc; hilos de oro, ó en las opulentas cabelleras negras
del color de la noche?
'
Estaban allí las García Pimentel, rosas en que hallara la brisa mil aromas· Lorenza
Braniff, creación del sueño del artista escultor; Natalia Garay y Juanitalbáñe~ que tiesal de Andalucía; Luz y Paz Cortina que llevan en los ojos el fuego de nueskas vasa11111.revolu~ione~; las Méndez Armendáriz; Con~epción Suinaga, las Corral, las Núñez,
l,Jia y Lmsa Sierra, las Domínguez, las Horcas1tas, Luz Franyutti y otras muchas belentre quienes no habría votado aquel inolvidable galante «Duque Job,,1 en un con"180 de belleza, por dar á todas la victoria; Amalia Monteverde, ante la cual el alma enun ¡Salve! hechicera con su boca de gloria y sus ojos divinos, en que juega la luz;
es ~IcGreg.or y Lupe Peón, que ensayan ~ descuido las flechas de .sus ojos; y es·
también Cat1ta Escand6n, bella como las VlSlOnes que preceden al despertllmiento
ilel amor, con sus pupilas húmedas y castas, y su boca de virgen que murmura oraciones,
J BU fl'l:nte de diosa ...... Pero, ¿cómo seguir en el número incontable de esas hadas que allí
• reunieron, como en tarde encantada, ante los ojos atónitos del deslumbrado admirador?
Comp?nían la cuadrilla, como espadas, Alberto Branifi y Pedro Dueñas; fungían como !&gt;a,nderilleros Fernando Colín, Eduardo Watson, Pedro Méndez, Enrique ,Lascuráin,
lario Búln~s, Dionis~o Marrón, Carlos Sá~c~ez Navarro, como D. Tancredo, y como pitado.res, vanos profesionales. El ganado lidiado fué bravo y corpulento. El primer toro
mnn6 á manos de Alberto Braniff. En el segundo lució Pedro Dueñas gran habilidad y
llO pocos conocimientos. La salida del tercer toro produjo mucho entusiasmo en el público y...... gran pánico entre los lidiadores. Era un gran toro. Braniff, mostrando gran va- Mario Búlnes saliendo de la suerte de banderillas
lor, le paró los pies con dos lances, siguiendo Colín, que dió también algunos capotazos.
en el segundo toro.

!!1

i4es,

Banderilleáronlo los diestros que dirigían, pues los
aficionados no pudieron hacerlo. Alberto Braniff quiso matarlo y le dió un buen
número de pinchazos. Osear, su hermano, saltó á la
arena y tomando los trastos, se fué hacia el toro
completando 31 pinchazos'
estoconazos, metisacas, etc.'
que al fin hicieron doblar aÍ
toro. Al último de la tarde
lo mat6 Colín 'de un pinchazo, una honda y un descabello, haciéndolo todo
muy bien. De los banderilleros, debemos mencionar
á Búlnes, Colín, Méndez y
Marrón, que se hicieron
acreedores al a plauso.
Como es de suponerse el
público recibió algunoss~stos; per?, no es verdad que,
como dicen algunos mal intencionados, haya habido
desmayos de algunas sefioritas sensibles. Sólo hubo
de lamentar.se que la del
domingo no fuera una tarrle de toros; fué una tarde
de ojos grises, según la fraLA cuAnRtLLA.-Carlos s. Navarro, D. Tancredo; Dionisio Marrón, banderillero; Enrique de Lascuráin, sobresaliente; se·~~- srakespear~, y ~Jto
Alberto Braniff, primer espada; Eduardo Watson, banderillero; Pedro Dueflas, se~undo espada; Fernando Colín, qm O a go de ammac1on.
banderillero; Pedro Méndez, banderillero; idario Búlnes, banderillero; "El Chno," aiestro que dirigió.
Le Chroniqueur.

�•

- 588 _ '

El viaje del bohemio
.•·

•

.....

El códtgc dt la amabilidad cristiana

Por un sendero escabroso, apartado del camino lleno de exuberantes floraciones. avanzaba perezosamente un viajero jov-en aún,
vestido de ásperos harapos.
El sol, remedando una inmensa pupila
enrojecida, pan~cía deleitarse derramando
sangre en sus quebradas flechas ele oro y fuego, y teñía todo de púrpura: el camino, los
árboles, el cielo .....
El viajero seguía, seguía lentamente su
marcha, solitario, mudo, dejando sobre las
hojas seGaS y amarillentas que pisaba, una
huella rojiza, y viendo fijamente la proyección de su sombra que se extendía delante ele
éi, negra y enorme, como si fuera un guía fantástico, intangible.
Así le sorprendió la noche ...... Los astros
le negaron la mezquina irradiación de sus
fulgores, y el cielo convirtióse en escenario
de la nada.
Cuando todo fué sombra para él, se tendió
en el suelo y entonó una car1ción profundamente triste ...... ¡Era, tal vez, la historia de
su paso por el mundo!
Una voz de mujer interrumpió su alegría.
-¿A dónde vas? le dijo.
ESCUELA. M. DE MARJSCALES,-Fachada del edificio que ocupa.
El quiso en vano penetrar las tinieblas; no
vió nada. Se limitó á murmurar:
-A la región del Olvido.
Cuando el Rol del nuevo día difundió claridad re5plandfscicnte,
- No avances más; la senda que recorres es muy larga y la muer- aun estaba el bohemio tendido en el sendero esrabroso y apartado,
te está á su fin.
con su gran alforja de ilusiones, ideas y esperanzas muertas, amoro-Retroceder no puedo. Llevo á cue,tas una alforja henchida de samente estrechada junto á su pecho, y sonriendo con dulzura.
ilusiones y esperanzas que murieron hace mucho, y sólo al llegar al
Había llegado, por fin, al término anhelado de su viaje: al OlviOlvido podré dejarlas. Ya he querido hacerlo antes. He arrojado
eterno.
uno á uno esos cuerpos sin vida en diferentes puntos del camino y doLa
Muerte, compadecida de tanto penar, le había ahorrado la
no sé cómo han vuelto á mi alforja: aquí los llevo.
mitad
de su camino.
-¿Y qué te hizo emprender el viaje?
Lurs DEL CASTILLO NEGRETE.
-¡Todo! Era yo dichoso porque era indiferente. Enjambres bulliciosos de risueñas quimeras me tejían una alfombra de venturas
y la juventud me brindaba amor, amor vibrante, a.mor infinito,
amor incomprensible ...... y respondiendo al poderoso reclamo de
OONFESION
mi sangre ardiente, amé, y aun amo con locura, con delirio, como
nadie ha sabido amar ...... ¡Ay!. .. ¿paraquéamaría? ... Mi amor fué
un desdichado huérfano...... El alma de mi amada no era herma- Padre, quiero confesarlo todo. Nada hay en mi concienci~ que
na de mi alma; y no quiso, ó no supo, corresponderla ... abrumado pueda avergonzarme; mi frente aun no está m~rcada co;1 ~l estig~a
por el dolor, herido por la cruel desesperanza, me alejé de ccella)) y de la traición..... ¡Y se me cree culpabl~! Dios es el ~m.co test1~
desde entonces recorro ese camino. He tenido punzantes horas de de mis actos. Mas él, que no puede adiv1?ar los sa?nfic10s de mI
hambre y angustiosas noches de frío.. frío glacial en el cuerpo ... alma, dmla de mí y se r:iiega á oírme. Dice que mis palabr~s s01:
frío mortal en el alma ... pero pronto llegará el Olvido, no lo dudes. estudiadas para encubrir una falta que no he cometido. No SO)
-¿Es muy grande tu anhtlo?
culpable; se lo juro á usted por ......
-¡Inquebrantable!
-Es pecado jurar.
.
.
-Sigue, pues, ya estás cerca. Dios te guíe.
-Pocos días ha al penetrará mi casa, hallé col.énco á m1 espoCalló la voz y ¡,} infeliz viajero, rendido por el sueño y el can- so quien se abala~zó ámí con la iujuria en los labios y la amenaza
'
en los ademanes: me preguntaba por ~ sancio, se durmió profundamente.
sas horribles; yo, naturalmente, tuve ~1edo· y aturdida y trémula no supe decirle
la ~erdad ni defender mi honor. ~h6se
sobre mí, lanzó sus manos sobre m1 garganta y ......... no supe más.
.
El sacerdote no parecía comprender ni
una palabra.
Hubo una pausa dolorosamente prolon~ada.
.
f 1.
La joven, arrodJ!lada ~l pie_ del con es ::
nario interrump10 el s1lenc10 con un g
1
mido profundo, queja del alma.
-¿Y qué mái,? dijo el confesor.
Ella no contesto.
-¿Has concluido, hija mía?
-No, padre-dijo sollozando.
J
-Entonces ..... ··..
- Siento que me voy á morir, teng? e1
' m1 a·
corazón despedazado, parece que.ª
se
rededor hay mil seres que me miran Y
burlan de mi dolor. Soy inocente; le amo
ron todas las fuerzas de mi alma. ¡Oh, padre sufro como una condenada!
'd ?
~Pero ·por qué duda de tí tu man o.
9
&lt;· . le has dado.···
¿algún motivo
......
-'N'o, padre.........
·No
- IIáblame con absoluta f~anque«f' 83"les
me has dicho que al caer)a tar e
siempre sin compañía?
-Sí, padre.
, quie-¿Y por quélo haces?;¿Por que no
1

LA ESCUELA M. n(MARISCALES.-Clase de Anatomía.

Las bases del Código de la atnabilidad
son bien sencillas.
Obligarse: ~ sonreír habitualmente para que la sonnsa de benevolencia ee acli~1ate en los labios. Basta para esto traba¡ar y orar bajo la mirada de Jesíis Niño
que nos sonríe desde los brazos de su Ma~
dn'. Jesús Niño sonríe siempre aun al
alma culpable, si vuelve á El. '
A no decir jamás no á una orden dada
por u.n superior, ni á un servicio que se
nos pida.
A ahorrar á l?s demás todo el trabajo
que nos sea posible, sin perjuicio de nuestros deberes.
A no mostrarse ni contrariado ni burlado, ni descontento.
'
A reprimir, desde q-ae lo advertimos
todo gesto que indique impaciencia.
'
A bu_scar cada mañana, delante de Dios,
el .med10 de agradar á tal persona con
quien te~emos que vivir, á tal otra á quien
se teme o que no nos es simpática.
_A :no mandar jamás á un inferior sin
anadir al~una palabra de cortesía y de benevolencia.
A emplear siempre esas pequeñas f6rLA. ESCUELA M. DE MARJSCAL!s.-Clase de operaciones.
mul.as de urbanidad, que sólo parecen mi,
numosas á los corazones secos duros y
r~s qu~ te aco~pañen ...... ? ¡Oh, no temas, dime la verdad! La mise- egois~s, á sa.ber: B1wn~s días, á la mañana; Buenasno~hes, al fin
r1cord1a de Dios es tan grande, que todas tus culpas serán perdo- del dia; Gracias, á la menor muestra de atención· Tened la bondad·
nadas. V~mos, déjate de lágrimas y habla. ¿Es que positivamente Sed bastante buena; Si me hiciéseis el +'a-vo·· á todo 1f
,z l
·
.1•
',
avor que se pi·da·'
has com,etido una falta? Resp~nde: ¿quién es el otro que vive en e1 ~a
11c o gracioso, con una sonrisa á lo menos cada vez que no~
tu corazon? Le amas, ¿no es as1? Dime la verdad
encontramos con alguno.
'
·
- ¡Por Dios, padre!
. f A .estudiar los g~stos de aquellos con quienes se vive, y á sa-Dime la verdad.
t 1s acer
que nos sea posible·, á no impugnar
·
' 1os, en lad medida
á
sus
-Padre no me atormente usted.
ma.nias y a no . ar conocer sus extravagancias.
. - i Dime la verdad !- insistió con imperio el sacerdote.- · A· d _A no dar Jamás un consejo ni hacer una reconvenci6n sin ser
quién vas á ver todas las tardes?
¿
ueno completam~nte de sí ~ismo, y sin acompañar con buenas
. -¡O~! ~ijo irónicamente el sacerdote...... ¡Cuánto le amas.... . palabras los conse¡os que pudieran lastimar ......
¡Qué h1pocnta eres! ......
., El silencio ~.iue reinaba en el templo hacia más solemne la con, En los .salones de las escuelas públicas de niñas1 en Indiana
fes1on de la muJer.
Estados umqos, se l~a, ~jado el siguiente aviso: ccN0 beséis á nadi~
El sacerdote insistía en saber lo que no le quería revelar.
De vez en cuan~o una son~~sa contyaía. sus labios y algo que en la boSª· No perm1tius que alguien os bese en la boca. Los profen.1ás parecía blasfemia que ornc1on, hacia vibrar las sonrisas del re- sore~ es~n encargados de la ejecución del presente reglamento y
?~stigaran seve~amente todas las infracciones. &gt;&gt; Se rice que á los
cmto sacrosanto.
Jovenes
de Indiana no les ha hecho mucho gracia la prohibición.
--Padre, "º} á d~cirle la última palabra: es cierto que salgo
todas las tarde'&gt; a ver a un hombre ; pero ese hombre ......
-¡Acaba!-dijo impaciente el confesor.
. La bande1:a del crisantemo del Japón es tal vez la enseña na-Ese hombre es s.agrado r.ara mí: es un infeliz que agoniza cional máe ant!gua del mundor En Europa, la bandera más anti.de d?lor por el desp~·ec10 del h1¡0 que tanto ama; un viejo caduco gua es la de Dmamarca.
Y, miserable, que vive abandonado y solo
sm poder recu~rir á la caridad como antes';
su mano, anqmlosada y exangüe, ya no pued.~ recoger los mendrngos que la conmiser:1c10n. l» daba. Ese hombre es el padre de mi
mando; por amor de él le cuido y socorro v
~r no avergonzarle ni humillarle le gua;d~i
m1 secreto .....
Algo así como r.l golpe de un martillo en
~·l fu1~do de una caja hueca dejóse oír en el
tntcr1or del confe3ionario.
Rl sncerdote, electrizado, vacilante, trémulo, ~urgi6 de improviso como un muerto que·
hulnera oído el bíblico: ce¡ Levántate y anda!,,
Con los dientes castañeteándole Pl cabc111~~ &lt;lrsronipuesto y ahogíindose d~ cm0riú11,
1

***

( IJO:

-¡C'ómo! ¿,Es cierto'? ¿Mi padre se mucre'
1
«Phambre?¿ytú
... ? ¡Oh ...... !
. Y una exhalación dolorosa se escnpú dvl
pcc-!_10 del sarerdote apócrifo-mezcla dr
1
IIICJ~~, sollozos, tenH•zas é imprecacione:::il 11~1smo tiemuo que flaqueaban sus piernm,
Y(·a1a de bruces con talfnerza sobre el pa\'imcnto, que al chocar de su c•r{meo resonó
&lt;:on ecos fantásticos en las bóvedas del santllario.

.JosÉ LOPEZ DONES.
LA. ESCUELA M. DE MA._RJSOALES.-El herraje.

�- 591 -

" LA CONDENACION DE FAUSTO," DE H. BERLIOZ.

Para anoche estaba anunciado en el Teatro Arbeu el estreno atentar á la paciencia del lector, realizaron, con más 6 menos fortude la obra La Condenación de Fausto, del insigne compositor Héctor na, adaptaciones dramático- musicales de Fausto , entre las cuales
han sobresalido notablemente las composiciones escénicas de GouBerlioz, obra que recientemente ha adaptado Raul Gunsbourg á la nod, Berlioz y Schumann, no terminada, desgraciadamente la de
escena, dándole forma de ópera fantástica.
este último genio eminentemente poético. El maestro é inspirado
A Aldo Barilli, empresario de Arbeu, es á quien debemos el
que se nos haya pre- poeta italiano Arrigo Boito es también autor de un Mefiswfek re·
sentado esa concepci6n cientemente vuelto á representar en Madrid, del cual, aunque 'breverdaderamente gran- vemente, me he ocupado en mi última crónica.
El drama Fausto ha inspirado asimismo gran número de sindiosa del genio francés.
fonías
y otras diversas composiciones orquestales, en las cuales
Hasta hoy pocos teaafamados
maestros, como Schulz, Hiller, Ricardo Wagner y Fran~
tros de primer orden
Liszt,
han
procurado condensar el hermosísimo poema de Goethe.
han tenido el lujo de
Las
grandes
abstracciones, así como los desarrollos estéticos de
un espectá_cmlo tan costoso como La Condena- Fausto, han dificultado su interpretaci6n musical, tal como el inspirado autor lo concibi6, y los compositores eligieron distintos asción de Fausto.
Para su estreno en pectos del poema, interpretándolo cada uno á su manera. Gounod,
México se han reunido por ejemplo, prefiri6 el elemento plácido y romántico, que tradujo
valiosos elementos, por en elegantes y agradables melodías, salvo en dos 6 tres escenas, colo que no creemos equi- mola de la iglesia y la de la muerte de Valentín, en las cualesapa·
vocarnos al decir que rece el drama; y Berlioz, en cambio, seducido por la parte pinoola e j e c u c i 6 n de tan resca y fantástica del poema, ~ejó volar su rica fantasía y encontr6
gran composici6n mu- poderosa inspiraci6n en el sombrio laboratorio de Fausto la víspesical es un verdadero ra de la Pascua, en la bodega de Auerbach, en las danzaa volup"
acontecimiento artísti- tuosas de las sílfides y ne los gnomos; y en la nocturna cabalgata
co. Barilli obtuvo eje de Fausto y de Mefist6feles.
Berlioz fué agrupando estos episodios al gusto de su brillante
la Direcci6n del Teaimaginación,
modific6, aument6, suprimi6, transformó los suoesoe
tro de la Scala, el perá
su
antojo,
y lleg6 á crear una serie de escenas 6 cuadros quecon·
Héctor Berlioz.
miso de una reproducción exactísima de las ducen constantemente el pensamiento del espectador de un asunto
á otro, sin ilaci6n ni correspondencia. Así y todo, la obra. de Ber·
once decoraciones que se necesitan para presentar La Condenación lioz se acomoda mejor al Fausto de Goethe que la composici6n de
de Fausto; y en cuanto al atrezzo, el vestu~rio, el mecanismo y todos los detalles~ en su~a, ha~ sido cuidados con el mayor empeño. Gounod.
Luis Héctor Berlioz public6 en París, el año de 1829, bajo el
Respecto a los artistas rntérpretes de la obra, bastará citar título de OchtJ escenas de Fausto, una partitura inspirada en la tra·
nombres, muy aplaudidos del público mexicano· el célebre baríto- ducci6n francesa del poema alemán, hecha por Nerval, y diez Y
no, Magini C?letti, que forma parte de la compafií¡, y al presente, el siete afios más tarde, el 6 de Diciembre de 1846, se estrenaba. en la
mas grande rntérprete del papel de Me.fistófeles, tendrá éste á su cargo. misma capital, en e.l teatro de la Opera C6mica, La condenaci.ón de
La Sra. Ferraris y el tenor Pintucci, artistas que ya se han Fait,Sto, especie de oratorio fantástico, en el que Berlioz aprovech6
granjeado todas las simpatías de los asiduos concurrentes de Arbeu, antiguos versos del mismo N~rval, algunos de Gandonniere Yot~
desempeñarán los papeles de Margarita y Fausto, respectivamente. suyos escritos con arreglo á las exigencias de la partitura, .á med!·
La concertación de la magnífica obra de Berlioz requería no da que acudían á su mente las ideas musicales. El público~s6lo un exl?erto y hábil director de orquesta, sino también un pro· siense ·escuch6 la obra con marca.da hostilidad, y la. crítica mUS1cal
fundo músico, como es el maestro Mingardi, el cual dirigi6 y con- la acogi6 con injustificado menosprecio, dedicando á su autor frases
cert6 la obra en Trieste, y quien tendría para ayudarlo en el palco
en extremo mortificantes.
escénico á los maestros Vertova, Garibotti y Dominici.
Se estren6 después en Viena y en San Petersburgo, Y en ~m·
A reserva de que en nuestra edici6n diaria demos un juicio so- has capitales gust6 de manera extraordinaria, mereciendo entusl88·
bre La Condenación de Fausto, vamos aquí á reproducir algunos da-. tas elogios, y luego, merced á los éxitos ohtenidos en países e~n·
tos sobre ella, que hemos encontrado en un artículo del escritor jeros, la recibieron los franceses con mayor y cada día.más creci~·
español D. Antonio Garrido, de la RP,al Academia de Bellas Artes te benevolencia, figurando hace ya años esta hermos~s1~acomPf·
08
de San Fernando:
ci6n en forma de poema, tal como Berlioz la concibiera, en.
c&lt;El ilustre music6grafo Adolfo Julien, en su interesante libro programas de los conciertos, rindiendo así, aunque fuera. _de
Goethe y la música, dice que de todas las creacione~ del espíritu hu- po, la debida justicia al portentoso genio del gran compositor.
mano, ninguna como el Fausto ha tenido el don de atraer ni de tarde Raoul Gunsbourg adaptó esta obra al teatro.
fascinar las almas generosas, ni tampoco el peligroso honor de insLa obra se halla dividida en cinco actos y once cuadros, con
pirar á tantos artistas para traducir su pensamiento creador en el
los siguientes títulos:
..
la
mármol, en el lienzo 6 en el pentagrama.
Acto primero: La Gloria.-Acto segundo: La Fe, Visión decto
La primera parte de la gran creación del poeta alemán publi- catedral, El juego y el vinu. - Acto tercero: El amor sens.ual.-A .
c6~e el afio de 1807, y ya en 1814 apareci6 en la escena una 6pera cuarto: El amor ideal.-Acto quinto: Cámara de Margarita, !::
titulada La vie et l,es actions de Faust, del violinista y compositor ción á la Naturaleza, Lci carrera hacia el abismo, El infierno, Enb en:
Joseph Strauss, director de orquesta en el teatro de Mannheim. En
Fausto, en las llanuras de Hungría, atormentado de ve em tu·
Viena, un año después, se represent6 La vie, les action.s et la decente te ansia de felicidad, contempla extasiado el despertar ~e la~
de Faust aux enfers, dP-1 maestro Lickl. Una de las diez 6peras raleza, y entona un himno á la primavera: unos campeSIDOS es de
compuestas por el notable virtuoso Luis Spohr, titúlase Fausto, y se al compás de sus canciones y Fausto mira desde los v~n~nald }&amp;
oy6 por primera vez en el teatro de Praga el primero de Septiembre su fantástica mansi6n el ejfacito húngaro, que descien e e
de 18 l 6. Con el mismo título de Fausto, se represent6 en la capital
tiado de
de Austria un melodrama musical, cuya partitura había escrito colina.
Luego se ve á Faust&lt;? en su laboratorio, cuando, ~as copa
Seyfried, compositor tan fecundo como desprovisto de originalidad, la vida, piensa en darse muerte, y al acercar á sus labios la lebl'I
y en años sucesivos Bishop, en Londres; Eberwein, en Weimar; que contiene un veneno, oye conmovido el canto con que ceal fa·
Béancourt, en el teatro de Nouveautés, en París; la señorita Bertin, -~l _pueb!o la fiesta de la Pasci:a, Mefist6feles apa~ece; 0 ~
que
también en París, en la Opera Italiana; Lindpaintner, en Stuttgart; moso doctor cuanto pueda sonar el deseo á cambio de su . . n á
en Berlín, el príncipe Radziwill; en Düsseldorf, .Julio Rietz; Fausto no vacila en prometerle, y una vez convenidos, se dirige
Kreutzer, en Viena; Gordigiani, en el teatro de la Pergola, de Flo- la taberna de Auerbach, en Leipzig. ·
rencia; Gregoir, en Amberes, y algunos más que omito, por no

ti:;

En el acto tercero, hállase Fausto ya re.juvenecido, durmiendo
recostado sobre un banco de rosas, y, á la invocación de Mefistófeles, se :prese~tan gnomos y sílfides, que rodean y bailan en torno
del sabio, mientras ve en sueños la imagen de Margarita cuyo nombre murmura.
'
. El diablo conduce á Fausto entre soldados y estudiantes que
mvaden la calle ent~nando cantos á la guerra y al amorymdéstra1~ la casa de Mar~arita, cuya bella imagen no se borra. delamemona del d?ctor, quien, empujado por Mefist6feles, penetra en lacasta estancia, donde s~ extasía. A la aproximación de Margarita se
oculta Fausto en el Jªr?ín y márchase Mefist6feles. Margarita entona
d entonces
.d b . lla .conocida
fl
. ((canci6n
. del Rey de Thulé,» y quéd ase
f ormi a ªlº a rn uenc1a del diablo, quien hace danzar los fuegos
atu~s 9ue revolotean por_la escena, evoca duendes, y, pasado el
fantástico cuadro del sueno de Margarita canta una serenata coread~ por los duendes. Al despertar Margarita, encúentrase ed presen?ia de Fausto, y su dúo amoroso vése interrumpido por los
vecmos .que rodean la casa de la encantadora joven, escandalizados
de su ~ige~3: cond~cta. Ante el alboroto producido, huyen Fausto
Y su diabol!co amigo, y termina el cuarto acto.
Margarita llora la ause.ncia del doctor, á quien espera en vano.
En otro cuadro, Fausto, disgustado de la vida, invoca á la Naturalra, Y al enterarse por Mefistófeles de que su amada se encuentra
en a cárcel, C??denada á ~uerte, acusada de parricidio, corre á
salvad~ e,n um~n}e Mefistofeles, quien promete auxiliarle en su
empresa ª, co?dic1on de que le firme un pergamino en virtud del
cual podra disponer de él al día siguiente. Mefist6feles llama á los
negroo corc~les Vo~tex y Giaur, y montados en ellos emprenden la
carrera hacia el abismo.
'
.Llega el doctor al infierno, donde es entregado á las llamas en
medi~ ~e una orgía. de los condenados y termina la obra con la
ª P?teosis de Margarita, que sube al cielo conducida por los ángeles
qmeneds, al re~ontarse len~ameute, entonan cantos suplicantes e¿
favor e la mUJP.r arrepentida y perdonada.

d EL T~~Mro, en su edic~ón del martes, dará completa crónica
e la fu!l~~on de estreno y dirá qué opinión, !Í su juicio, merecen la
•
ct ~posic10n, los artistas intérpretes, los encargados de la parte ese mea Y la Empresa, á la que desde ahora debemos dedicar ala- Sr. D. Vicente Sánchez Gavi~, y su espoe~ Dofla María Piña y Aguayo
de ::;anchez Gav1to
banzas por habernos hecho oír e~s páginas musicales producidas
[Contrajeron
matrimonio
el lunes enla Capilla Arzobispal.J i
por el portentoso talento de ~erhoz y que han sido, donde quiera
que se han hecho oír deleite del público y admiración de los ·
en Chile
maestros.
• que en Uruguay, lo mismo
.
. que la Argentina. el Perú
y todos los países sud-americanos.
'
Al citar el nombre de este ilustre poeta mexicano no es nece·
A g u stin A g ü eros.
sario agregar ningún elogio.
'
Peza es una gloria mexicana, y de ella nos sentimos ufanos to·
dos, porque ha llevado el nombre de México á los más dilatados y
l~janos paí~es de la tierra, ¡ aun al Japón, donde sus poesías han
JUAN DE DIOS PEZA
sido traducidas y puestas en manos de los niños en las escuelas! ...
Al publicar hoy su retrato, nos complacemos en repetir una
t Hacemos hoy á nuestros lectores el obsequio del último retra· vez más que Peza es de aquellos poetas que simbolizan á un pue·
b~/el popular_y f.amoso poeta mexicano D. Juan de Dios Peza, de· blo, y cuyas obras figuran como el más rico florón de la corona li·
. ~ á lo.s hab11ísm~os fotógrafos Sres. Valleto, que siempre se han teraria de un pueblo culto.
d1s~mgmdo por su irreprochable buen gusto y por lo acabado y ar·
t ístico de todos sas trabajos.
Nada necesitamos decir de los méritos literarios del ilustre poe·
tf que, entre nosotros y ::tun en el extranjero ha logrado que se le
ame por anto??masia EL CANTOR DEL HOGAR, pues realmen·
POSTA L
te sus composiciones son de aquellas que más hondamente con·
mueven el alma de las madres y de todos los corazones sensibles
cadpaces de com~r~nder las más íntimas ternuras y los afectos má~
De joven que anhelaba ventura y gloria
ulces de la fam1ha.
Amé más la esperanza que la memoria; '
Pez~ na?ió p~e~a, y desde muy joven se dió á conocer por su
xti:aordmar1a fac1hdad, su alto y delicado estro 1 la propiedad de
Hoy que á la eterna sombra mi paso avanza
as !mágenes, no menos que por su rica, variada ycorrecta versifi·
Amo más la memoria que la esperanza.
'
camón.
Su lir.a tiene todas las cuerdas, y lo mismo canta co~ inspirado
J UAN DE DIOS PEZA.
rento épico las glorias de la patria, que los paisajes de la natura·
eza, los encantos del hogar y las apasionadas manifestaciones del
12 de Octubre de 1906.
amor.
e . H~ cul~ivado también el género narrativo, y sus leyendas y
1so~10~ tie~en to4~ el sabor ~e los ~oetas castellanos que más se
an distmgmdo refi.r1endo poéticas é mteresantes tradiciones.
Pétalo suelto
Y no sólo escribe en verso con inspiración y propiedad si
que también maneja la prosa con aquella "difícil facilidad" que
muy pocos suelen alcanzar.
Lo azul es lo insondable y lo infinito,
do Per? lo que más lo ha hecho famoso, y lo que le ha conquista·
d /ªs simpatías de todos los corazones femeninos, son sus Cantos
dice así una balada;
ee Hogar, en los cuales ha retr~ta~o c&lt;:&gt;~ fácil y delicado pincel,
Son azules los cielos, y los mares
sos cuadros de ternura, de grama mfanbl de ingenuidad amable
Ese azul lo retratan en sus aguas.
cfndorosa, que á todos nos conmueven nos arrancan lágrimas
De ahí el azul-marino que la moda
dedo más ho?d'.&gt; del alma,.porque en elles están expresadas la ver·
color1do,,la expresión, en fin, de todos los sentimientos de
sabe elegir con gracia
1 nmos, en una edad en que todo lo que sale de sus labios nos enpara la veste de las niñas rubias
cant a y enternece.
de ojos serenos y de faz nevada.
bl Peza es conocido y ensalzado en todos los países clonde se ha·
a castellano. Su fama hace mucho tiempo que pasó las fronte·
R. MAYORGA RIVAS.
as, Y su nombre es pronunciado con cariño, lo mismo en Colombia

f

l

I
:S, ~:

y

�No resisto á la tentación de transladar al papel las frases pasionales de una mujer, que como blanco y puro botón de azucena, dejó
en mi memoria recuerdo grato y en torno mío suave aro.ma de virgen
castísima en los albores de la vida.
Son y serán siempre emblema de ternura infinita, las múltiples
manifestaciones que la mujer nos brinda en cada uno de los variados actos de su vida. ¿Es acaso que voy á referir los locos devaneos de una enamorada que emocionalmente se entrega á los quiméricos ensuefios de una pasión?
No; el amor que sorprendí en aquella virgen, es el amor de los
amores, el amor de madre presentido por la doncella que guarda sin
saberlo en el santuario de sus más bellos ensueños, el sacrosanto cariño á los seres débiles, inocentes y puros que merecieron ser llamados con aquellas palabras de sin igual ternura: '' ..... ... .Dejad á los
niños que vengan á mí' ' ... ...... Es la expresión del amor que, imposible ya de estar aprisionado por más tiempo, estalla en un beso
sobre los rosados labios de un bebé 6 se deleita inconsciente en acariciar los rizos que caen desordenados sobre la frente de un niño,
nimbándola como con una aurora de suave luz estelar.
¿Qué dijo aquella jove:a.?......... No lo recuerdo precisamente;
la expresión elocuente de sus ojos, velados á veces por una lágrima,
y el ligero temblor de sus labios al referirme la enfermedad y muerte de un niño, han quedado mejor grabados en mi memoria, que
sus propias palabras; poco más ó menos expres6se ai:í:
-Bu mamá guiso llevárselo y nosotros, creyendo que sólo se
trataba de una calentura pasajera, no opusimos resistencia. ¡Cómo
me be reprochado después no haberlo cuidado en toda su breve enfermedad!
·
-¿Lo quería usted mucho, según eso?

-Tauto como una madre puede querer á su hijo; no encontraría palabras que interpretaran fielmente mi amor á Napoleón. ¿Cree
usted, señor, q~e. sin serlo, se pueda querer con _la v~hemenc!a,
ternura y exclus1v1smo de una madre~......... Su silencio me d_1ce
que acaso estima usted exageradas mis palabras; pero he sentido
tan grande ese cariño, lo sentía nacer de tan adentro, era tan elocuente el sentimiento de mi ternura por.aquel nifio, que por él hubiera llegado gustosa hasta el sacrificio. ¿Al sacrificio de qu"é?- diní
usted, por tra~rse de mí que nada. poseo sino la ternura de mis
padres y, gramas á ella, el don prec1oso de desco~oc~r el a1:1argo
sabor de la existencia en este mundo; pues el sacnfic1~ de mis honestos placeres de mis pequeñas alegrías, del dulce bienestar que
se saborea en ~n hogar tranquilo ... ...... Pasaron algunos días y Napoleón se empeoró, al grado de temerse por su vida; los médicos
recomendaron que se le atendiera con mucha eficacia y que no dejara ni una sola vez de tomar sus medidnas, haciéndose im~ispensable velarlo todas las noches. Desde ese momento me constituí su
enfermera. ¡Cuántas angustias, cuántas zozobras y cuántos tormentos tuve que apurar en aquellos eternos días que se seguían con
imperturbable calma! Poco á poco, aquella mirada inteligente fuese
apagando· y aun cuando yo, con el afanoso deseo de mi amor me
abismaba 'en su pupila ob~cura, _busca~do aq~ellos escarceos de luz
que solían bañar de alegria sus Juegos mfantiles, no encontraba ya

aquella risa auroral que parecía retozar en su mirada y que tantas
veces me había hecho feliz cuando me recibía palmotrando sus manitas y gritando alborozado: Pamen, ahí está Pamen, ¡qué bueno!¡Cuántas veces después, en la soledad de mis recuerdos, he creído
escuchar ese grito festejoso que hacía brincar el corazón alegremente dentro de mi pecbo!-Pamen, Carmen quería decir el niñoPamen, y gritando Pamen corría á encontrarme, tendiéndome sus
bracitos y carcajeándose de contento. ¡Cuán presto, ay de mí debía perderte para siempre, fugaz delicia de mi vida, niño qu~rido
de mi alma!.. .. ..... Escuchaba yo su respiraci6n fatigosa, lenta á
veces intermitente, mientras que con dolorrsa ansiedad contaba Ías
repetidas pulsaciones de sus arterias. ¡Con qué cariñosa solicitud
tomaba entre las mías aquellas manecitas que se agitaban convulsas, indicándome los supremos dolores de que era presa mi precioso
enfermito!-La meningitis me lo arrebataba, y con él, á jirones el
alm a. ¡Ay! amigo mío; dicen que no duele el corazón; pues yo ~seguro á usted que cada quejido de Napoleón repercutía atrozmente
en mi pecho y que un estremecimiento dolorosísimo me estropeaba
horriblemente aquella entrafia. Sus labios, secos y cárdenos, que
tantas veces había yo besado con fruición, los mojaba entonces con
mis lágrimas y hubiera querido volverles, al precio de mi vida, la
frescura y suavidad de otros días. Agrietados y tumefactos, parecían hojas de rosa quemadas por recio frío invernal y su contacto
hería como los duros pliegues de seco pergamiuo. Con qué calma
pasan las horas cuando el alma, asida á una esperanza, aguarda
un nuevo día y con él el rayito de luz crepuscular que se filtrará.
por las mal unidas maderas de una ventana; el rayito de sol matinal que nos saluda y ofrece alientos nuevos para sufrir, el hacesillo
de luz temprana que reflejándose en los obstáculos que halla á su
paso, llega hasta nosotros, alejando por igual la obscuridad de la
noche y las negruras del espíritu abatido por el sufrimiento. Mi
cerebro, empobrecido por el dolor, no encontraba ya ni un punto
en que detener sus pensamientos nara meditar y obstinadamente,
con una terquedad horrorosa, vo, ía siempre á la tremenda y espantable idea de la muerte; mis ojos entonces, desmesuradamente
abiertos por el espanto, como queriendo encontrar en derredor la
vida que iba faltando á mi nene, sólo percibían con pasmosa envidia, en la soledad de aquella alcoba, imágenes reco.1:datorias de
otros niños que apenas ayer había visto jugar con él, con la_feste·
josa alegría de la inocencia en sus caritas, con la suprema risa de
la felicidad en los labios, con esa variedad de formas que toma la
infantil holganza en los juegos de los niños..... .... ¡Mi Napol.eón. ~e
moría y yo no podía salnrlo!-¡Cuántas veces, Señora, rema rnmaculada de los hombres, volví á Tí mi pensamiento atribulado,
pidiéndote la vida del niño! ¡Cuántas sú¡.,licas te dirigí, con l~ vehemencia de la fe y de uh amor inmenso! Súplicas pronunciadas
muy poco á poco, lentamente, para que fueran bien oídas por Tí,
con los ojos fijos en un punto del espacio á donde mi fantasía creía
encontrarte, cor el alma rendida por el dolor, con el corazón temblando temeroso de conocer el fallo inapelable!. ........ Han pasado
mucho~ días y aun siento estremecerse el corazón al recordar el
desenlace fatal que tuvieron mis afanes. ¡Qué poco es b9:stant~ para guardar tantos tesoros de gracias y de amor! .... ..... l n pu nado
de tierra solamente!- Ahí, á ese lugar del suelo que guard~ .t~s
dcspl,jos de mi niño, imborrable amor de mi alma, ·tan hoy d1r1g1dos mis pensamientos; y si es cierto, como creo, que las almas sobreviven á los cuerpos, Napoleón estará satisfecho de su Pamen,
porq·:e mis suspiros, como albísimas palomas, tienden las alas e~
torno á su sepultura y lo acompafian cantándole los arrullos de mi
recuerdo cariñoso.
JUA.N BEGO\'[C'H.

EN EL CAMPO.
Cuadro ele Souza Plnto.

�- 595-

- 594-

Nuestros· grabados

planas de esta edici6n, en las que se ven algunos de sus departa
mentos, al director, profesores y alumnos, y puede advertirse t.am.
bién la .clase de instrucci6n que se imparte en esa Escuela Mili~
' En el Parque de Peterhof. - Reproduce hoy EL TIEMPO lLus·rRA- de Manscales.
Ocupa ésta el edificio que reproduce uno de nuestros grabados
oo una muy curiosa ilustración que encontramos en un periódico
·extranjero. Se ven en ella, en intimidad completa, á la Emperatriz y que, como se ve en éste, es de construcci6n sencilla.
. Dirige la Escuela el 1:&gt;efi.or Teniente Coronel Octaviano Velasco
de Rusia y á sus pequeños hijos, que juegan con UD caballo lilipuquien se repart~ l~s labores co_n,los s~ñores Mayor D. Manuel Gra~
tiense en el parque de Peterhof.
Los hijos de los soberanos rusos aparecen en nuestro grabado nados ~ ~l admm1strador Capitán pnmero Elias G. Arista. A estos
en este orden, comenzando por donde la Czarina se ve vuelta de es- tres militares los representa una de nuestras ilustracionee en un
paldas. Son las grandes duquesas Olgit [11 años], Anastasia [5 grupo con tres de los alumnos más distinguidos del establecimiento.
Este está dotado con todo lo indispensable
para la enseñanza de la veterinaria. Así por
ejemplo, la clase de operaciones á cargo del
profesor Capitán Arista, y reproducida en un
grabado, tiene los útiles más modernos para
practicar toda clase de operaciones. En el
botiquín hállase lo más necesario para hacer
curaciones á los animales.
El Mayor señor Manuel Granados da la clase de anatomía, en la que reciben instrucci6n
buen número de alumnos mariscales veterinarios, que en grupo aparecen en otro grabado.
Por último, damos también una reproduc,
ci6n fotográfica de la clase de mariscales práci
tica [herrajeJ en que se ve á los alumnos
desempeñando sus labores.
En el campo, cuadro de Souza Pinto.-En
el inagotable manantial de composiciones artísticas, en las sencillas costumbres campesi nas, ha inspirado el pintor portugués Souza
Pinto su cuadro En el campo, que reproducimos.
Lejos de la aldea, que allá en el fondo se
di visa al otro lado 'del río, dos nifios se entretienen en adornar con silvestres flores un
sombrero de paja. Con gran esmero procura
el muchacho ir colocando las amapolas y margaritas¡ pero, como es natural, subordina su
criterio en cuesti6n de galas !emeniles al superior instinto de su compañera, que es la
que dirige la importante labor.
La obra está en sus comienzos; pero á juzgar por el número de floies que tienen prepa·
radas de primera intenci6n, parece que es·
tos niños presienten la gran moda que coloca
en los sombreros de señora, los famosos pensiles de Babilonia.
El matrimonio Sánchez Gavito-Piña y Aguayo.
-La nota social de la semana fué la boda del
joven abogado y doctor en me~icina D. ~icente Sáochez Gavito con la Snta María Pma
v Aguayo.
· El contrayente pertenece á la familia del
honorable y eminente jurisconsulto Indalecio Sánchez Gavito una de las fam11iaPmás
prominentes de la o;lonia Española, Yl~ 1º"
ven y bella desposada á una de las fa~ihas
más distinguidas de la sociedad mexicana.
El enlace de tan estimables personas se
realiz6 á las diez de la mañana del lunes en
la Capilla particular del Ilustrísimo sefior
Bft Bl.l P.R.~2US DS PST:S~¡,{Of!.-1.la Stnpettati&lt;iz de ~usia 'l sus biios.
Arzobispo de México, venerable prelad~ que
fué
quien
les
di6
la
bendici6n
nupcial. Actuaron como padnFt
años] Tatiana [9 años] y María [7 afios] . Después, en actitud
de
manos,
el
Sr.
Lic.
Indalecio
8ánchez Gavito y la Sra. ~~fía
gracidsa, sigue el Czarewitch Alexis, de s6lo dos años de edad, hena
Aguayo
V.
de
Piña;
y de velaci6n el Sr. D. Manuel Pina Y •
redero del trono.
y la Sra. Concepci6n Bustillo Y. de Gavito.
.
El nuevo «Papa Negro)). - Como saben n~e~~ros lectores, ~l c6n- viñón
Al acto, que como antes decimos, constituyó la más bnll~nte nota
clave de los jesuitas, reunido en Roma, ehg10 el.~ de Septi.embre social de la semana concurrió lo más selecto de la Coloma Espa·
al sucesor del P. Martin, general de esa congregac10n y á qmen c~- ñola é innumerabl~s honorabilísimas familias de la ~cieda_ddm:
munmente se designa con el nombre de &lt;cEl Papa Negro.i&gt; El elegi- xicana. Asisti6 también el Sr. D. Ram6n Corral, VicepreBl en
do fué un alemán, el P. Francisco Javier Wernz.
•
EL TIEMPO ILUSTRADO public6 ya, junto con algunos datos de la República.
Terminada la misa que celebr6 el Sr. Pbro. Gadea, los novios~
biográficos, el retrato de éste y cree que sus lectores verán con agraal Salón Biblioteca del Palacio Arzobispal, donde
dirigieron
do la reproducci6n que hacemos d~l grupo fotográfic? en 9ue aparece
bieron
las
felicitaciones
de sus numerosas amistades, Y á cuya. 08
el P. Wernz enmedio de los miembros de la Umversidad Greg~da
fué
tomada
por
nuestro
fot6grafo la fotografía que reproducu:,._
riana de Roma, de la que fué uno de los profesores y en cuyo edien
este
número
como
un
homenaje á los honorables con
fi.cio residi6 desde 1882.
yentes.
La·Eacuela Militar de Mariscales.-No pocas personas ignoran la
La Sra. Elolsa Ossorio.-En otra plana de esta ~dición publirm:.
existencia de la Escuela Militar de Mariscales, que bajo la dependencia de la Secretaría de Guerra&gt; se halla establecida en un edifi- el retrato de la actriz española Sra. Eloísa Ossono, que actuEa ff:lq\e
cio que con su fachada hacia; la calle de los Arcos de Belem ocu_Pa te figura como primera actriz en la Compañía de la empresa nn
d'6
parte del grupo de edificios militares de la Plaza de Armas [Cm- Font, que trabaja en el Teatro Hidalgo.
1 á )a
El público de este teatro, que idolatró á Montoy~ Yaplau 1ácito
dadela] .
.
Tanto por ser este establecimiento de instrucci6n poco conoci- L6pez de Solano, ha otorgado justamente á la Ossono el benep cia
do como por no ser escaso el interés que ofrece, da hoy este sema- de su simpatía. Ello es premio merecido para el talento, la gra
nario á sus lectores las reproducciones fotográficas que ocupan otras y el buen deseo de la aplaudida artista.

PRELUDIO
Par1 Jes6s Uruet,.

Cuando tomé tú mano entre la mía
y el rubor encendió tu rostro, y luego

mis labios puse en el bot6n de fuego
de tu boca hecha un cáliz de ambrosía;
cuando á la luz del muribundo día,
de la tarde en el lánguido sosiego,
sediento de placer, de amores ciego,
te estreché sobre el césped de la umbría;
bien miraste á las rosas sus botones
abrir calladamente; en el follaje,
la neblina colgando sus crespones
y la luna surgir entre el celaje,
mientras sonaba ·el toque de oraciones
como un adi6s al comenzar el viaje.

DURA LEX
A R.oseado Pineda

JESUS E, VALENZUELA,

CARMEN

EN LA COSTA

Para Clearco Meoalo.

Y o tengo un verso pala tí escondido
del corazón en el sutil secreto,
donde jamás alcanzará el olvido,
en UD mar de esperanza inmenso y quieto.

Nunca, nunca jamás, llegó á tu oído
un verso más hermoso, más discreto,
y es en mi alma oculta violeta
que perfuma mis horas de poeta.
Cuando pasas se mece en el ensuefio
delegará tu oído levemente;
quiere volar hacia su dulce dueño,
en nuestras almas levantar un puente
de casto amor, con inocente empeño;
pero al mirar tu faz resplandeciente,
se funde en el candor de tu mirada ... .. .
porque el verso eres tú, lo demás, nada!

A Alberto ltuarle,

Entre el ramaje de mi bohío,
baja una parra,
canta incansable todo el estío
una cigarra.
Gaya doncella
prepara alegre frugal comida,
escucha ella
la voz aquella
y canta, canta toda la vida.
Cuando regreso de mis labores,
la azada al hombro,
y miro abiertas todas las flores,
siempre me asombro
de aquellos seres tan bulliciosos y tan alegres;
de mis fatigas huyen las fiebres,
sonrío, en tanto.... .... .
me uno á ellos .......... Y también canto!

:u:

MELANCOLIA
A Maauel Puia y Acal.

Me gusta ver surgir la luna llena
en una noche límpida y serena.
Olvido el sol y todo su cortejo;
pero al mirarme Yiejo,
levanto al cielo la cabeza cana,
y digo: Luna, ¿te veré mañana?

:LAS TORRES

P:

S:

Un hombre
fué á la guerra,
su nombre
no sonó sobre la tierra.
Murió como valiente
y la bandera rota
fué mortaja clemente
en la derrota.
Muchos años después
tendi6seme una mano macilenta:
la de su madre, pues
el galard6n ganado era la afrenta.
En tanto voceaban
los papeleros, con robusto pecho,
cómo al cabo triunfaban
el orden,. la justicia y el derecho.

A José María Lujáa.

Me entusiasman las torres, esbeltas y orgullosas 1
porque alzan al cielo sobre todas las cosas;
porque abrigan, feudales, la voz de las campanas
que entristece las tardes y alegra las mañanas;
porque sobre los techos :iue remueve el Cojuelo,
índices me parecen que señalan al cielo
y repican y doblan con resonante nota;
cantan la venturanza 6 lloran la derrota;
anuncia.o los incendios; y en instantes fatales,
como las plañideras de viejos funerales,
gimen y gritan, llaman al pueblo á la oraci6n
y tienen pensamientos y tienen coraz6n.
Oh torres y pirámides de todos los apriscos!
os amo como amo también los obeliscos,
os admiro de hinojos, mi alma os idolatra ;
el egregio de Lucsor, la aguja de Cleopatra.
Y o sueño eu una tierra de santa poesía
con su Menfis, su Tebas, su gaya Alejandría;
y vislumbro en mis sueños, con profunda emoci6n,
el atalaya griego que espera á Agamemn6n.
Oigo al muezín que aauncia las horas misteriosas
en el silencio enorme de almas y de cosas;

y veo los miDaretes, alti\'os y gentiles,
como tallos exóticos de secretos Abriles,
ceñidos por el bosque de verdes sicomoros.
Las clásicas columnas de los antiguos foros.
Y al paso de la heroica, triunfante procesión,
oigo sonar el bronce de la antigua legión.
Las vírgenes invocan postradas en el suelo,
mientras las flechas crugen erguidas en el cielo,
contestando al graznido de las aves nocturnas
que se aman en los nichos y anidan en las urnas
y desatan siniestras el satánico broche
de su lúgubre canto, en medio de la noche,
bajando entre las sombras, con pavoroso son,
•á posaree en las cruces del roto panteón.
¡Oh torres! como estelas de todas las edades,
sois las edades únicas de aquestas soledades
que cruza el hombre efímero, doliente y errabundo,
(sonámbulo del cielo y beodo del mundo),
levantando á lo ignoto (artística oblaci6n)
las torres como emblema de su fe y su oración. ·

J ESUS E. VALENZUELA.

�- 5.9b -

- 597dores, ante aquella magistral interpretacibn
se revuelven confusos en sus asientos, sin~
tiendo &lt;;amo los personajes de la obra.
Pero ¡ah! este acto es de alegría·1 en e~te
acto á la infélit ~Q.ndesa la llevan su hija ..'...
En la cq,ja en qut:: yo me encuentro oiao
hablar al traspunte can el director de e;cen~.
- La pequPña que.hacía el papel de María, está enferma; su madre me lo araba. de
decir.
'
.-Pronto, en_ s~guida, una chica-grita
el d1rector-cualqmera ...... ¡Esta misma!
Y nerviosamente d&amp;.. un empujón á una
rnijchachilla que estaba á mi lado, que ::;ale á
escena en el preciso momento en que el barón decía:
-Ved ...... ¡Aquí está!
La actriz mira á la pequeñuela; no es la de
otras noches, El apuntador sigue indicando
á la condesa:
.
.. 1 ¡.,' 1º1 hIJa
.. 1....... ¡Ven a' 1111. 1a- ((¡u111·1 hlJª·

LA

EXPOSICION DE SAN

LUIS

du!. ..... ,&gt;

La artista la arrastra hasta sí; la mira recio, refleja sus ojos en los de la niña; ve que
son iguales á los suyos; le pasa la mano por
el cráneo, reconoce su mismo pelo; la mira
más ...... la besa.muchas veces y dice quedo:
- ¿Tienes madre?
-Xo la he conocido-responde avergonzada la chiquilla.
LA~CUELAM. DE MARlSCALEs.-Grupo de profesores y alumnos distinguidos.
Y alto, gritando con todas su fuerzas, dice
la actriz:
-¡Es· mi hija! ..... ¡Mi hija!. ..... ¡La vida de mi vida!. .....
LA ])l.[ANOHA
¡Qué dicha ... ... ! ¡Mi ...... !
Y lanza una carcajada histérica, infernal, prorrumpiendo á
El camarín de la artista, de tonos rosaicos, está tibiamente ilu- llorar en la loca excitación que la acongoja ... .. .
El público, en pie, aplaude más que 11unca.; parece que el tedminado; de las paredes tapizadaa cuelgan retratos de poetas, de
dramaturgos, de políticos, y amigos, y admiradores de la excelen- tro se viene abajo; la gente de las galerías se enloquece; las sefioras
te actriz, que languidece escuchando las frases que, en holocausto gimen; los hombres se miran los unos á otros ..... .
¡Es una escena de verdad!
de su labor, la dirigen sus acompafiantes, mientrassu doncella la
adorn t la cabeza eon diamantinas piedras que resaltan más junto al
azabache de sus sedosos cabellos. Ella coloca en sus dedos sortijas
de rubíes- su piedra favorita-y luego alarga su mano, estrecha y
...... Después sé que un tramoyista recogió de caridad y ali:
delicada, en la que percibimos las venas, por las que corre sangre mentó á la pobre criatura á quien sus abuelos negaban el derecho
azul-la sangre noble de sus antepasados,-i un nuevo amigo, pre- á la vida para lava:r con su inocente s¡¡,ngre:una mancha en sus essidente de la Cámara popular, que ha levantado el portier, mur- cudos......
eLl!a
murando:
FRANCISCO GONGORA.
-¡Deliciosa ...... 1 ¡Admirable ...... !
• ' r
•1,¡
Yo os diré que esta actriz es de ilustre abolengo ; que la añeja
\. '°·
nobleza de su casa procede de la Edad Media; que es sucesora de
UN POETA NEGRo.-Recientemente ha fallecido Paul Laurence
reyes, que lo fueron de vasallos, como ella es reina de los públicos
que la aplauden y del teatro que la concede la primacía entre las Den bar, autor de Lyric.~ of Loil'ly-Places ( Poesías de las humildes mo:
radas), el primer poeta negro que ha interpretado, de una manera
primeras, porque Talía la dijo al comenzar su vida dramática :
lírica y estética, las aspiraciones espirituales de los hombres ?e su
- ¡Haz arte!
Y os añadiré que esta mujer noble, altiva y distinguida, quü;o raza. Sus padres fueron esclavos. Sin ser un gran poet~, logro mehechizar á las gentes en escena, no por conquistar su aplauso, ni su recer un puesto distinguido en la_literatura. norte-americana.
dinero, sino por respirar fuera de las amplias
habitaciones del seíi.orial castillo, que- según decía su viejo padre-manchaba al cruzarlas porque llevaba un estigma terrible: el
de haber satisfecho su loco devaneo de adolescente, un deseo de amor con un hombre
que no llevaba en la portezuela de sus carruajes ningún escudo de nobleza, ni contabn con
carruajes, porque era modes'o y porque ('fa
pintor.
Y aquellos dos viejecillos achacorns que se
llamaban sus padres y que consideraban unn.
wrgüenza la unión de su sucesora con un plebeyo, no dudaron el comPter el más infaman te crimen, queriendo lavar su deshonra con
un acto de barbarie, que el más horripilante
macho sin sesos sería incapaz de real izar.
La artista busca algo que necesita para. ser
feliz: un algo que llama continuamente, como llamn l.t clueca á sus polluelos. y que no
rc:spon&lt;le; pero que en sus nostalgia_s ve á :,n
lado saliendo P.otonces de la hornble zozo' atormenta su v1.d a ..... .
brn que
El avisador pregunta respetuoso si puedl·ll
comenzar el tercer acto; la actriz se levanta.
Va pausadamente al escenario; las candilejas
arden; el telón se alza; á poco penetra en t-scena ; es un drama nuevo el que serepresenüi,
que ha sido un éxito e1;1orme; un drama que
se parece mucho á la vida de la creado!·ª &lt;lt:
la protagonista, un drama en que ella siente,
ESCUELA M. DE MARISCALES.-Grupo de mariscales veterinarios.
en que llora de verdad y que los especta-

**

El Salón de Pinturas.

CUENTOS Y NARRACIONES
POR

ALFONSO M. MALDONADO
TLAXCALA

EL AGUA SAN TA
II

EL RAPTO .
Inés, al ma de mi alma- decía e! en_-:1 morado caballero á la io\·en,-concluciéndola ins·ensibl emente fi · la r::iñada del rMlnantial, ~¡ caer de una hermosa ta,dc Lle
otoño.-Inés. allá en mi pat1 i;q, 11111.v iejos de aquí, tei1 go numerosos vasallos.
tú i,rás á ser su reina, te obedecerán sumisos, v el menor de tu:; &lt;1eseos s~rá una
orden que tocios se apre,:,·,rar:,n i Cl1lnplir, y yo el primero. Vivirás siempre
á mñ lacio en suntuosos palacio~. servida por numerosos esclavos y oh·irkrás
muy pronto la mist.rab!e casa _r111e aqui
&lt;lejas. ]\] ir.a. 111 ira cómo resa Ita tu soberana hermosura con el h,i'.lo rle r:-tas
joyas.-Y .al decir esto, ponía. en !a garganta de Inés .un rico collar de br:11,rnte,:;
en subs.tiitución de la cruz dr oro que
usaba, y qut fue arrojada al suelo sin
que lo notara la &lt;lon cella.
-Ven ,-continnab.a el caballero, pa·
sando el brazo por la cintura de Tnés
Y estrechándola contra su corazón.Ven; en el .bosque del manantial espera
impaciente mi caballo. que nos conducirá
muy pronto lejos ele estos sitios.
-No, Arnulfo, no.-conte.stab.a la
doncella.-vo no abandonaré así á mi padre; espera unos días más. permíteme
que le confiese nuestro amor, que aprobará sin duela, y entonces partiremos llevando con nosotras la bendición de Dios.
Un relámpago de cóler.a salvaje :iluminó los ojos del caballero ; yaciló un instante v continuó con enamorado acento:
-Eso no es posible, Inés; yo no puedo
Por ahora darme á conocer v debo partir
esta noche . . . . Partiré sólo: como vine;
tu amor ha sido 1.111 sueño cuyo recuerdo

irá conmigo á todas partes!.. . . . Pero
no, ¡ tú me seguir.ás ! ¿ Quién podrá arrancarte de mis brazos?
-¡Déjame! replicaba Inés;- tengo
miedo, es ya de noche, y mis hermanos,
á quienes llama la atenaión desde hace
días mi prolongada estancia en el manantial, no dilatarán en buscarme ... ..
l\ o me veas, no me toques ; yo no sé por
qué me hacen hoy daño tus miradas y me
quema t11 mano . . . . Quiero rezar y no
puedo, quiero huir y me retiene á tu lado
una fascinación extraña .... ¡ Y te amo,
te a1110 más que nunca, y si te vas, se irá
cont1go mi alma! pero yo no puedo seguirte, me espera mi pobre padre, y, si
lo clej ara, mi maidre, que me está mirando ,desde el cielo, me malclecirí.a.

-¡ Basta ya! e_res mía y me seguir.is
de grado ó por fuerza !- elijo el caballero. Y tomando á Inés entre sus brazos,
la levantó como si fuera una pluma.
.\1 sentirse arreb.ata&lt;la por su amante,
la Joven exclamó, presa de indescriptible
terror :
- ¡ :\Iaría. Virgen Santísima, ampárame !
-¡ :\falclita seas !~ rngñó el desconocido ; y, levantando á Inés por los aires,
clesap.areció. dej.ándola caer en el centro
del . n:anantial: que abrió sus aguas para
rec1 b1 ria, cerrandolas en el acto.
:\1 icntra.s esto pasaba, los hermanos ele
Tnés . .alarmados por la ausencia de ésta
se dirigieron en su busca al manantial'
donde se encontraba también Felipe, lle~
vado allí por an,álogos motivos, y que.
oc~ti'to entre los árboles, había visto llegar á Inés sin explicarse eón quién ha. bla b.a . pues el cleisconocido caballero no
era visible para él.
El grito desgarrador de la doncella ftté
oído al mismo tiempo por sus hermanos
y por Felipe, quien se precipitó, puñal
en mano, á defenderla; pero al llegar al
lugar en que había visto á Inés, sólo encontró á los hermanos de ésta, que cerrar~m contra él, pues conocían sus prete111.s10nes, y crey,eron, con razón, que era
el raptor de la joven.
Siguieron unos momentos de lucha, y,
poco después, la luna iluminab.a con .su
tr,iste y pálida luz el manantial que encerraba el cu.erpo de I nés y los cadáveres ele sus •hermanos, muertos por el puñal ele Felipe al defenderse de su ataque.
~ c~n~o desapar.ecieron Inés y Felipe,
la Justtc1a, que tiene en tocio tiempo la
misma perspicacia, explicando á su manera los hec.hos, declaró al segundo, reo
de homicidio Y' de rapto; no nudienclo
. , 1
•
ap l1car.e a pena de muerte que merecía
porque nadie volvdó á tene·r noticias suyas.
Desde I.a noche en que se verificaron
los acontecimientos que acab.amos de. referi r, las aguas del manantial, antes tan
puras y cristalinas, se convirtiéron en
turbias y s.alobires. con gr.an asombro de
todos los vecinos del barrio, algunos de

�-598los cuales contaban haber visto., al pasar
por alli á las altas -horas de la noche, un
blanco fantasma que, .saliendo del manantial, se elevaba al cielo, al mismo
tiempo que cruzaba los aires la negra
sombra de un jinete ,que i,b a á perderse
en las aguas ·del Zahuapam.
El padre de Inés murió, y su sofüaria
casa comenzó á detrrumbar.se poco á poco, sin que nadie ,quisiera habitarla por
el pavor que infundían las extrañas cosas
que en ella pasaban.

continuó diciendo Felipe, pues ya si1bemos que él en.-A,quí ha,bita.ba Inés,
á quien tanto amé, á ,quiien amo todavía
como en los felices tiem.pos de mi juventud, y á quien he buscado en vano
tantos a.:ños.
Y al decir esto, se levantó y comenzó á recorrer á grandes pasos los ruinosos aiposen tos.
-¿ Qué pa:só a¡quella terrible ,noc1tE',
Dios mío? . ... La desaparición de Inés,
aquel grito auyo acento desigarra.dor resuena aiún en mis oidos. . . . Y luego la
III
lucha, e'l \'iérügo inexplicable que se
a:poderó de mí, y la, fuerza sobrehu~ana
QUINOE AROS DESPUES
que guiaba mi brazo y que me hizo heCorría el año ·del Señor de 1595. Los rir contra mi. voluntad y sin misE&gt;rkorbuenos habitantes de la muy .nobJ.e ·Y dia. . . . todo, todo pasa an1e mis ojos,
leal ciudatd de Tlaxcala estaiban ·profundamente conmovidos por .Ja peste asolaT &amp; ATRO HIDALGO
dora que los afligía, ha,ciendo diariamente numerosas víctimas, sin que ·hubiera si,do posihle encontrar r,emedio
que tuviera foerza edicaiz para oont enier
el mal.
Tocaba á su fin el glorioso, pero sombrío ,einado de Don F.elipe el segundo,
,y goberrraba en su, .nombre á. la Nue,va
España, oon el camcter
V1rr.ef, .Don
L uiis de V.elasco. A el se dmg1eron
los tlaxcaltecas en demanda de au.xilio3,
y, sobre todo, de fisicos iinteligent;s•. com,o entonces se llamaba á los med1cos,
siquiera .para que los apes~ados n&lt;_&gt; murieran, como estaba su1ced1,endo, sm los
socorros de la ciencia. (1)
Por a,qiuellos días acabaiba d,e .recorrer
las Américas el famo30 Dr. Hemández,
aue de España J,abía venido, por or·d.e.n
del mismo Re.y, á estudiar las propiedades curativas de nuestras plantas; y
en México se 11a.bía queda.do uno de los
que lo a,com:pañaron en su ;Xpedidó~,
que pasaba por ~er de los mla3 entendidos en el arte de curar, y, como tal, uno
d·e los que env.ió el Virr·ey en auxilio de
la, consternada .poblaciót;i. (2)
.
Por un extraíio caprioho, el r,ecién
venido se hospedó e.n la antigua y ya
ruinosa casa en que había vivido la familia de Inés; no obstante lo que deSra. Eloiea Oeeorio,
cían los pocos vecinos que afrn recor,daban los sttcesos acaecidos hacía ya tanPrimera actriz.
tos años, y que llama,b a,n "La. casa de
los ,espantOiS" á las vetustas rurnas.
,En un apartado aposento .q~e, por y lo veo con la mi·s ma c!arica:~l que en
rara cas,ualidad se conserva:ba 111tacto, aquellos momentos,.. . . He querido olestaba una n~C!he el afamado físico, vidar y no pu.edo, y aqui me traen mi
sentado en un sillón, .con los codos aipo- amor y mis remordimient0s. Una voz
yados en una mesa y la frente entre las secreta me ha impulsado á volver, aun
manos. Sus oaibellas blancos y las P;º- á r,iesgo de mi vida, y m.e ha ac;e~ttrado
fundas arru()'as
de su • rostro, lo hac1an que aquí erri.contraré el término de m:s
1:,
apar,ecer á .primer.a vista como. un an- desdichas. Pero Inés no está, no ha
ciano· ,pero el brillo de sus OJOS y la. vuelto; su casa, antes tan alegre y feliz,
soltu;a de sus mmimientos, revela'ban está hoy, como mi coraizón, heoha peque era un hombr,e en, toda la fu~rza de dazos, fría ,como una tumba, solitaria y
su edad, joven todav1a, y qu:' a todo triste . ...
Los sollozos ahogaron la voz de Ferigor, ,podría tener cuarenta anos.
.
lipe,
y durante largo rato peu-manec10
-¿ Quién ha de sospechar que. Iba Jo
en
silencio,
atpoyado en la puerta de la
el nombre de Don .Alvaro de Espinosa
se oculta Felipe, el proscrito, el asesi- estancia, de donde poco antes haibía sano ?-decía el recién llegado, levan,tan- lido.
De prooto, una voz que parecía salir
do. su pálido semblante, que Jlu~inó de
del
centro mismo &lt;lel aposento. articul0
lleno la luz· de u111a pequena la,mpara
estas
palélibras:
que estaba sob;.e ~ª. mesa.-¡ :"l fin he
-"Felipe,
mañana á las doce de la
podido volver. a v1s1tar . esto:, .l.ugar,es,
noche
te
esperamQs
,en el manantial."
testigos de m1 amor y mis desd1ohas .Felipe se estremeció de espanto y cayó desplomado, como si un rayo le hubiera herido de muerte.
(1) l!:n realidad, esta epidemia afligió á Tlaxca·
-¡ No puede ser!-decía Felipe al día
la por los aflos de 1545, y no en 1595, como yo supongo, para hacerla coincidir con los sucesos de siguiente.-He sido víctima de una honrible alucinación. Y, sin embargo, esla leyenda..
. d
h"
(2) El Dr. Hernández, aeo.mpaflaao e un lJO ta noche iré a:l manantial; así quedaré
suyo, llegó á Mb:ico en Septiembre de 1570 y reente.ramente tranquHo.
gresó á Europa. en 1577.

?e

A la me.día !1()~he, Felipe se dirigió
al ma.nant1a,l, cuyas aguas nadie usa.b
ya, por lo a.ma:rgas y, dañosas. Ali lle~
gar, dos sombras se levanta.ron d.e entre
los espesos matorrales, y se fueron a-cerca;1do á Fel~pe lentamente y con adc·
m0ll1 aJ111enazador.
-:-Muchos añO's t; hemos esperado,
Felipe; pero ya estás aiquí, y nuestra
venganza será cumplida, y los tormentos qu•e ipor tu caiusa p,aidecemos lo.
stt!nirá~ ~ tu vez. ¡ Ven, ven, a.se; ino!
¡1 us victimas te llaman y te esperan!
Al decir esto, las ,sombras se acercaron á Felipe, quien reconoció en ellas
á los -hermanos de Inés.
- ¡ ¡1Perdón, perdón! !-,exclamó cayendo
de rodillas y en el paroxismo del terror.
- ¡·Perdón! ¡ Yo no quería mataros y
a·cu,dí solamente al socorro de Inés! '
--'En vano te discuLpas--dijo á sus
,e51palda,s una voz, al mismo tiempo q41e
.i¡pa:recía el. neg.ro .caballero que había
pretendido robar á Inés. ¡ Ya eres mío!
Y se acercó para a,poderarse de Felipe. lanzando una estridente carcaja'.da.
Pero etn· aquellos momentos se levantó del centro del maitorral la forma blanca de Inés, y tocando con su 111Q,no la
p0,lida frente de Felipe:
-¡ Ya Dios nos perdonó,-dijo-y te
salvarás co111llligo !
Todo desapar.eció, y al día siguiente
se encontró á orillas del manantial el
cuerpo inanim.iido de Don A.lvaro Espinosa, que ha1bía muerto fa noahe ante·
rior, vÍ!ctima de la .peste, y flotaba sobre
las agu:as eil cadáver de una hermosísima
joven, á quien nacli.e conocía.
El' aigua del manan:tial volvió á recobl"a·r su primitiva pureza, cuando algu·
nos días despUJés santificó aquellos lugares la Santa Virgen de Ocotlán, al a,parecérsele á Juan Diego; y .es fama que
no volv,em Tlaxcala á sufrir el azote de
la peste, mientras no vuelva á entur·
biarse y á s.er salobre el manantial de
"La Agua Santa,." (1)

EL E N CAJE
El reinado del encaje está más triunfante que nunca. En efecto, no hay arte más delicado, no hay cosa más frágil, más linda y
más esencialmente femenina que el encaje, y, por otra parte, más
útil, porque constituye por sí solo, casi la mayor parte de los adornos. Se ve en la ropa blanca, en los abrigos de noche, en los vestidos; forma blusas y túnicas enteras y hasta entra en la ornamentación de las habitaciónes y está en todas partes su caricia ligera y
sutil y su armonía de blancura.
Tan verdad es esto, que, para hacerlo accesible á. todos los bolsillos, se han ingeniado muy lindas labores que, sin tener el valor
de las que formaban los ajuares de nuestras abuelas, son muy bellos aún, porque todas las artes, todos los tratados son consultados
para proporcionar los dibujos. Se copia lu antiguo con entusiasmo.
la mano de obra se perfecciona de día en día y la imitación, entre otras, ha obtenido efectos triunfantes.
·
Las mujeres que adoran los hermosos encajeEJ, los llevan poco.
/

.,..~

--:·:::'',..

Su conservación es costosa y hay que notar que entre las modistas
hay siempre alguna dificulta'.! en emplearlos. La anchura no con:ie;1e bien la longitud es insuficiente. Se os presentan entonces
1mitac1ones ta~ tentadoras por su aspecto, que no se vacila en
ac~ptarlas considerando que el arreglo de loe verdaderos encajes es
mas costoso hoy que la compra de esas imitaciones. Se emplean á
oleadas y sin contar, y se llevan sin el menor escrúpulo.
.Para los trajes Imperio, que están tan á la orden del día, se
f~bncan virns de. guipure de Irlanda, de Cluny, de encaje de Cbantilly y de Luxeml. Se colocan esos visos 6 estuches rnbre un forro
ajustado. Se ve de ese modo la belleza del talle transparente á través del encaje. Se mezcla un poco de piel á esos encajes y el efecto
es encantador. He aquí, por ejemplo, un traje Imperio de tela de
Alen~on. Tres intervalos de tul Malines rodeando la falda en la
parte inferior. Entre cada intervalo una orla de bisonte. Una misma tira contornea el escote y viene á posar la cabeza misma del
animal, muy aplastada, sobre el lado delantero, en medio de un
grupo de rosas muy pálidas.
Se l'laboran actualmente encajes de color, rosados, azules, ma-

?

-

-. -

( Omtinuará.)
(1) En Tlaxca.la no se ha dado un solo caso de
cólera morbo en las dos , eces que llegó á :Mélieo
la terrible epidemia. Esto, probablemente, ae de·
be á que el agua. que se toma en Tlucala ea toda
de manntiales alimentados por las filtracionN
de la Malintzi.

. EL BOGA
Como sobre el caimán y la culebra,
Eterno huésped de la playa ardiente,
En su espalda de bronce reluciente
El sol sus rayos cenitales quiebra..
Corre en el bósque, cual ligera zebra,
Corta su remo la tenaz corriente,
Y el sudor._ moja la tostada frente
Y el negro pelo de encrespada hebra.
Y allá en la tarde, que tristeza infundé,
Cantando va sus íntimos pesares
De su piragua en la movible proa.

•

Mientras el sol en el Ocaso se hunde,
Y se llevan los vientos sus cantares
Y la turbia corriente su canoa.
DIEGO

URIBE.

------ ----En los Estados Unidos se han fabn'cadoen
el último año económico nada menos que
10,811.000,000 de cigarrillos de papel.

Traje hechura Imperio, conftúnica.

Traje de paflo.

�- - ·6 oorr6n, verdes; trajes enteros de encaje de
color, forman muy hermosas combin::1.ciones, puestas solJre una falda de terciopelo.
He aquí un vestido de terciopelo marr6n con gran vista en armonía, de encaje.' El sombrero será de lo mismo,
una inmema capelina de terciopelo
marr6n guarnecida de capuchinas. Estola de cabellina.
Para los trajes de baile se hace también, nada más que el bolero 6 el empiecement de encaje. Falda Imperio orlada
de piel.
Encajes de oro ó de plata ponen ~u
nota más rica y, sobre todo, 'más vistosa, sobre muchos trajes. Es una moda
nueva que me parece tener muchos votos. Pero hay que desconfiar de la baratur¡¡. de estos encajes, porque los que
no son de oro 6 de plata fina se ennegrecen rápidamente y entonces tienen
muy mal aspecto.
Se pueden utilizar entredoses alternándose con cintas de terciopelo. Se reservan estas cintas para el talle como
para formar un corselete. Se ensanchan
á partir de las caderas y encima. del
talle.
Es muy lindo un traje de esta clase,
de terciopelo negro y encajes rojizos.
Los encajes violeta sientan muy bien.
Se ponen sobre transparente lila, de muselina de seda, que á su vez se pone sobre raso blanco: Esto forma una gradaci6n de colores del más artístico
efecto. Continúa usándose mucho el
bolero de guipure de Irlanda que se
puede poner sobre todas las blusas. Pero hay que ser muy delgada para que
siente bien. Para las señoras de edad

I

se hacen encantadoras prendas de Chantilly con guarniciones de blondas amarillas.
Para conseguir el color de los antiguos encajes, se sumergen en agua caliente, en la cual se diluye una cucharada de ocre. El ocre es un polvo amarillo que se vende en todas las tintorerías.
Se deja el encaje en el agua cinco
minutos, se seca y .se plancha en seguida.
Para las guarniciones de los alzacuellos, de los pañuelos, de los camisolines, se emplea mucho el Brujas. Para
la ropa blanca el valencirnnes. Para las
blusas la puntilla de Irlanda y de
Luxeuil. El laize de mlencienne1S está
muy de moda para las chemisettes algo
de vestir; se guarnece con motivos de
guipure de Irlanda 6 de bordado que
se recorta y se coloca en incrustataci6n.
Los empiecements del cuello continúan
usándose; pero no encajan ya sobre la
espalda; en cambio, la manga está bastante fruncida en la parte superior y
forma hombrera algo cuadrada; como
es de suponer, está abierta y sobresale
apenas del codo. '
En las habitaciones, el encaje tiene
también su amplia parte: cortinas,
bri.se-bise, cojines cuadrados, tapetes de
mesa, se hacen de renacimiento, de Cluny, de guipure, alternando con el bordado inglés, que es su indispensable
acompañamiento. Muchos cojines pequeños en formas alargadas, en formas
de traveseros (almohadones largos) 6
en formas de coraz6n, se esparcen un
poco por todas partes, sobre las caR1as,
las chaises longues, los canapés de tocador. Para poner sobre los lechos, se

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