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                  <text>(

A~o VI.

MÉXICO, DOJ\1INGO

21

DE ÜCTUBRE DE

1906.

NuM. 43

limo. Sr. Lic. D. Andrés Segura y Domínguez,
Segundo Obispo de Tepic, consa"redo en León el 16 de Septien:ibre último,

(Fot, para EL TIEMPO lLU&amp;TaADo, por el joven artista Ca.ndelario Rivas,)

�...
.-

(Jo3 -

CRONICA TEATRAL
El estreno de "La Condenación de Fausto," en Arbeu.
Como se pr~veía, fué el estreno de "La Condenación de FausH. Berhoz, todo un acontecimiento.
EL T IEMPO ILUSTRA.D01 que publicó en su edición pasada curiolOB datos sobr~ el COIJ?,PO.s1tor y su obra: completa su información
auido hoy c.abida al si~mente análisis crítico de tan gustada obra.
Da comie1:1zo el primer acto con una introducción que el auto
)lama La Gloria.
'
r
El tema, ~e belleza y tranquilidad exquisitas, preséntanlo las
Yiolas, y contmúanlo después en forma de canón los demás instrumentos; am~ne~e : la orqu~sta, con una variedad de ritmos y una
riqueza admirabi~ de coloridos, hace oír los. ruidos confusos del
amanecer ; á me~ida que el día avanza, la sonoridad aumenta, hasla hacerse g randiosa, comenzando á mezclarse con el tema princi-·
pal los te~ as de la marcha y de la ronda de campesinos. En esta
esr,en~, qmzás una de _la~ mejores de la obra, sobresalen el estilo
melódico y los proced1m1entos de orquestación empleados por el
maestro francés. Ya se ha llenado el escenario de campesinos que
bail~n y cantan, formando un ~ua~ro en extremo pintoresco,' y la
~úsica, en este momen~o, es r1tmic~. y de gran originalidad; un recüado de Faul'lto anu~cia que !os hiJos del Danubio se aprestan á
la lucha, y al dar comienzo el desfile de las tropas, principia á sonar la famosa Marcha Húngara, desarrollada sobre el tema de Rackoc!T,. cant~ guerrero de reconocida hermosura y orquestado con
prod_!giosa riqueza.
En el segundo acto aparece Fausto en su laboratorio cuando
hastiado de la vida, piensa darse muerte. Comienza est'e cuadr~
con una melodía lenta y grave, confiada á los violoncellos · un coro
iaterior entona el himno de la Pascua, que se eleva majest~osamente. Prodúcese una nota aguda en la orquesta, y aparece Mefistófelell acompañado de un trémolo de violines.
En el segundo cuadro de este acto, nos hallamos en la taberna
de Auerbacihen Leipzig, que está llena de bebedores, que cantan
ana fugad ·nsiderable valor musical. Resaltan también en este
cuadro la e ión de Brander, llamada de "la rata," hermosísimo
trozo realista, y el "canto de la pulga," entonado por Mefistófeles,
acompañado por la cuerda, de extraordinari~ orignalidad.
En el tercer cuadro, encontramos á Fausto ya rejuvenecido,
tendido sobre florido lecho y adormecido por el canto de las sílfides.
La música·es en esta parte, una maravilla de inspiración, y delicio11.el cuadro escénico. El bailable de las sílfides, ejecutado por los
pnmeros violines con acompañamiento en extremo delicado de los
aeg,indos, los sonidos armónicos de las arpas y el acorde de las
llautas y la invocación de Mefistófeles, son siempre escuchados con
'8ldadero encanto, y el público los hace repetir, entre estruendo808 aplausos.

to," de

Necesaria obra de caridad.

La murmuración del día.

Varios gobernadores de los Estados, pero especialmente el de
Chihuahua, vienen preocupándose de algún tiempo acá, de mejorar
la infausta condición de la clase indígena, abriendo escuelas, instituyendo autoridades de gente de avanzados principios moralizadores y haciendo el reparto equitativo de las tierras-una. de las columnas que debe sostener el edificio suntuoso de la riqueza agrícola
y el principal cimiento de la pacificación de la raza india en nuestro
país.
Tales medidas y otras de carácter humanitario que aseguran la
posesión de la propiedad y lo que vale tanto como eso, el derecho
á la instrucción otorga4o manifiestamente, son timbres más que suficientes para alcanzar el dictado de benefactor de esa clase que representa una colectividad mayor que la tercera parte de los habitantes de la República, y que aletargada y somnolienta, abre los
brazos al cielo en una vida de desdicha.
Hay á la verdad en la suerte de estos desgraciados mucho que
escita nuestra simpatía y turba la calma de nuestros juicios, mucho que puede contribuirá hacer disculpables sus propias atrocidades, mucho en sus hecbos que nos arranca una admiración involuntaria.
¿Qué puede haber más melancólico que su historia? Parecen
destinados por una ley de la naturaleza á una extinción lenta pero
segura. Llega á nuestros oídos el ruido de sus pasos como el de
las hojas marchitas del otofío que pasan tristemente á nuestro lado y desaparecen sin volver jamás.
Parece que esperan resignados el momento de ir á descansar
bien pronto á regiones más hermosas, donde el Sereno Espíritu les
prepara una morada, más allá de las nubes del Ocaso ........
Story, el eminente sociólogo norteamericano, ha bosquejado
con mano.maestra el injusto cuadro de los blancos frente á los indios, abominados, pisoteados por los blancos, y en mínima proporción que en México se les ve pereciendo y anonadados en el N Jrte coloso.
Aquí, aun no ha consumado esta obra de desolación ni el hambre ni la peste antes, ni la guerra después, y hoy todavía. Pero
tiene la pobre raza aquí el mismo enemigo: el blanco que ha sido
su más pesado y flexible azote.
En los terrenos destinados para cementerio de esa raza, debe
sembrarse la simiente de la instrucción, regada con el agua pura
de la caridad, porque son nuestros iguales y tienen derecho á vivir
como nosotros ....... ¡ ellos, que entre sí guardan menos distinciones
que las que se realizan en nuestra mal llamada democracia! .... .. .
¡ Ch, N atura.leza ! Con distintos remedios curas tú al hijo extraviado y enfermo, sobre él derramas tus suaves influencias, tus
rayos de sol, tus esbeltas formas y tu dulce calma, la melodía de
tus bosques, vientos y aguas.
¡ Oh sociedad, oh Gobierno! También tú puedes hacer que
ceda la ignorancia, la miseria y la ignominia de esos "viandantes"
hermanos nuestros á los que ahoga en secreto la desesperación.
Edúcalos, y más tarde consentirán en no ~e~ ~na."cosa" anómala y discordante en la armonía de nuestra civilización.
Edúcalos, y los verás, deshechos en lágrimas, que vuelven sobre sus pasos, con fuerzas para contribuír al preciado bien común
y con el corazón enfermo curado y apacible al benéfico influjo de
la caridad.

Continúan los diarios ocupándose con insistencia, y poca cordura algunos, de la muerte de una señora, á quien un conocido y
reputado cirujano practicó operaeión en el hospital de la Beneficencia Francesa.
El señor Encargado de Negocios de Francia. ha intervenido en
éste,. y en su intervención se ~~ encontrado el principal apoyo para
considerar alguna responsabilidad de parte del médico operador.
Es obvia razón que la indiscreta publicidad de las constancias
procesales determinarán no poca mengua en el prestigio de uno de
loe profesionistas más entendidos y dedicados del país- conste que
no bago récZame--aunque á la postre resulte de la averiguación ju·
dicial que "no hay delito que perseguir."
Haciendo de paso hincapié en la manifiesta desobediencia de
algunos periódicos á la circular de la Secretaría de Justicia que
prohibe referir detalles de autos en el curso de averiguaciones del
orden penal, sobre todo, como cuando en ésta se impone ,reser·
va, yo estimo oportuno, además, hacer dos observaciones
¿Es posible deslindar la respon.3abilidad de un opera
científico en un caso en que la desgracia de una grave enfermedad, más
que la imprevisión, interviene?
¿Podrá examinars~ en lo sucesivo la legalidad en los certificados de defunción que se expiden cuando se trata de los que ocurren despuéi:; de una intervención quirúrgica?

Un loco que degüella
En la capital de San Luis Potosí acaba.de ocurrir un tremendo
acontecimiento: un hombre de la clase media, en estado de locura,
, .
degolló á su padre, anciano de ~chenta años.
Un ameritado general, parien~e del actor y de _la victima del
drama, asegura que internado el PM?l?r? en un hospital de locos, á
rafz de an reciente atentado de hom1cid10 en la persona de la autora de sus infortunados días, los facultativos diéronlo de alta en corto tiempo.
Claro está que ese desdichado no es un criminal, por más que
suele haber agentes del ministerio público, representantes de la sociedad ó pretores de la vindicta popular-de muchos modos se les
llama-que afirmarían lo con~rario.
..
Yo no sé si se hará efectiva alguna responsabilidad á los mencionados facultativos. Creo que no. Pero también sospecho que
apuntada esta triste nota, pueden emplearse. más escrúpulos ~a~a
la confinación de los discípulos de Orates, temen do con ellos lo unico que puede tenerse: conmiseración.

El estud io ele Gedovius.
Germán Gedovius, compatriota nuestro y artista de buena cepa, educado en las academias europeas de pintura, ha concluido de
instalar en un rinconcito lleno de luz de la p,imera calle de P inamar·
ca, un verdadero museo de preciosid~des. La semana próxima ya
quedará abierto, para que los inteligentes acudan á recrearse y á
fortalecer su cultura.
El lugar es el mismo donde el malogrado escultor Jesús F.
Contreras pasó entregado al estudio los últimos amaneceres de su
vida de artista, entre un a.rsenal de armas japonesas y egipcias, de
valiosas y raras pinturas, esculturas y muebles exóticos, que ad·
quirió en sus viajes á Oriente, y cien y cien cosas curiosas en que
la mano artificiosa pudo ser intérprete de bellas concepciones.
En ese museo, en euyo salóD principal se ostenta el grandioso
proyecto de una fuente monumental ideada por Contreras, vénse al
lado de los cuadros llenos de colorido, de intención, de tintes me·
lancólicos algunos, y expresivos intensamente de Gedovius, dos
"Bouguereau" auténticos, un cuadro de Rubens que represent~ la
Adoración de los Reyes, una copia de La A scensióu, d~ Peru~ no,
un Moisés de Giordano admirable y, en fin, más de trescientos ben•
zos hermosísimos todos, que desarrollan distintos asuntos.
El señor del suntuoso castillo ya ha mandado tender el pu~nte levadizo para que pasen sus amigos, que lo son todos los art1s·
tas, y aunque él pronuncie pocas palab.cas cuando os guíe por el
sendero de las galerías que hablan y que cantan en sus muros, no
lo creáis hosco, es amable, y tanto, que á cada momento saca para
que la veamos, la rica alhaja de su buen corazón.

Una deseable sustitución.
Decididamente el espectáculo tandófilo va de .c~pa caída-si
bien nunca ha tenido capa, ni camisa, ni nada, ha vIVido ~n desnu•
do-y en cambio, un buen cambio, el público llena las ~~emta y dos
salas de cinematógrafo abiertas en la- actualidad, regoc1Já!1~ose con
las amenísimas escenas de mágia,. de cos.tumbres de. viaJe, etcd.,
etc., "acompañadas" con una música no siempre de mrt!'osos Y e
los ruidos onomotopéyicos que tanto ayudan á la impresión. .
Ya no se oyen en la calle con la frecuencia de ante_s los aires
de la tanda pornográfica, silbados por el payo, por el pilluelo ó.el
entendido aficionado; tampoco el revendedor realiza sus ganancias
de quinientos por ciento á la hora del estreno, ni se oyen en la c::
versación vulgar, los calembourgs y retruécanos, más vulgares to
vía.
Pero .el món;truo. es veleidoso y cede al engaño, ahora se rec~
y aprende geografía física. No es difícil que mañana vuelva al es
tercoléro y 'se -dedique al estudio de otras geografías.
Que no vuelva, Señor, que no vuelva.
FRANCISCO GANDARA,

Teresina Ferraris, en el papel de Margarita.

El barítono Magini Coletti, en el papel de Mefistófeles.
El tercer ac.to comienza con un coro de soldados y estudiantes,
en el que l~s primeros entonan un estribillo militar que se une á
una oda latina cantada por los segundos. Llega Margarita á su casa y_canta entonces la "Canción del Rey de Thule," en Fá, vag3,
poética, encantadora y revestida del calor arcáico que el autor se
propuso imprimirle.
Mefistófeles. entona ~n~ serenata, muy rítmica y muy original,
con acompañamiento "pizz1cato," que merece también los honores
de ser aplau~ida y _repetida. El sueño de Margarita es también un
número musical primoroso, que une á la novedad el ritmo el carácter y una brillante y bien combinada instrumentación. 'Sucede
aquí una cosa, que se ha hecho notar: esta parte musical pierde al
ser puesta. en _escena. el inte~és que está llamada á despertar, porque las bailarinas, con sus piruetas, sólo logran aminorar el efecto
que la hermosa composición debe producir en el público.
. El puarto y último acto, comienza con una romanza de Margarita, qu~ es, en nuest~o concepto, una de las joyas de esa admira. ble partitura. Margarita llora_ la ausencia del sér amado, y admiran
las frases orquestales, tradumdas en verdaderos gemidos que producen los violines.
'
Al. llegar á este punto, y á causa de la dificultad de la adaptación
escémca, decae notablemente la ópera. La invocación de Fausto á
la Naturaleza, cuyo preludio es una serie de acordes largos y solemnes, de carácter sombrío, y la melodía vocal que expresa la
inexti.nguible sed de fuerza y de alegría que ato~menta al doctor
constituye uno de los episodi?s más interesantes del final, al qu~
llegamos después de la emocionante "Carrera al Abismo " hermoso número de música descriptiva que nos conduce al Infierno en
dond~ un coro ~e condenados celebran la llegada de Fausto al ~eno
maldito. Termma la óper~ ce°: la ª\'.&gt;ºt~ósis ~e Mar~arita y un coro
de ángeles, que cantan la mfimta m1Sericord1a de DJos, quien redime
y_ llama á aí á la pe;iadora, que ha conocido sus yerros y se arrepiente.
La ejecución ha sid~ m~y buena. Corresponde el primer lugar
á la orquesta que con el ms1gne maestro Mingardi á la cabeza contribuyó 'lficazmente al éxito de la ópera.
'
Teresina Ferraris, sobria y sin afectación, desempeña muy
acertadamente la parte de Margarita. Magini Coletti, el gran barítono, merece alabanzas como actor y como cantante. Pintucci ha
repr~sentado con bastante fortuna el papel de Fausto; Giacomello
es digno de aplausos en la "canción de la rata," y los coros ensayados por Vertova, son también acreedores á los más entusiastas
plácemes.
En cuanto .á la mise en scene, basta decir que no hemos visto
nunca obra meJor montada.
Agustín Agüeros.

�-6os ,

ECOS DE LA RXPOSICION

POTOSIN A

gura, quien, educada bajo los sanos p · ·
· d.e ~uest ra Sant a Rehg1on,
· ·' supo rmcip10s
educar cnstlanamente á su numerosa famili
la parte que le correspondía como maªden
· do el pnmog
·
é'
re.
s1~n
mto d~ tan feliz matrimo'
1110 el.hoy Il~,º· Sr. Ob1.spo de Tepic.
La mstrucc1on pr1rnana del niño Kegu
.
ra
f ue, encomend
a ad
a 'su·mismo
padre, y después al notable P;ofesor D. Donaciano Pedraza, que tei:i~a a su cargo la Escuela del
Estado para nmos.
En 1865 el Sr. Segura fué matriculado en
el Colegio Seminario de León, que acababa
de fundar Il~o. y Rmo. .s r. Dr. y Maestro D. Jose M·. de Jesús Diez de Sollano y
Díivalos, Digmo. primer Obispo de León.
. ~abido es que este gran prelado comprend10 desde luego los talentos y la rncaci6n ~acerdotal tle su ?isc~pulo Sr. Segura y, desde
luego, se constituyo su paternal director.
Los cursos de Latín, Filosofía, Humanidades, Teología Dogmática y Moral Historia Eclesiástica y Disciplina, los hizd con un
aprovechamiento verdaderamente notable.
Conquistó u1a Beca de Honor en un:l oposición tan lucida. que mereci6 las calurosas
felicitaciones del Prelado, de sus catedráticos
y sus comp~ñeros. Iniciándose desde aqud
momento en el sendero de la gloria, que más
tarde debía conquistar por completo con la
f ucrza de su palabra en la Cátedra Sagrada.
El 20 de Diciembre de 1873 recibió las
6rdenes del Presbiterado, en cuyo acto solemne predicó el Ilmo. Sr. Soj¡no, estando
en el sermón muy edificante .locuente y
oportuno. ¡Como que se trataba de uno de
los discípulos más queridos!
· Sus triunfos en la Cátedra Sagrada se su·
cedían uno tras otro y desde luego se con·
quistó el puesto de uno de los primeros oradores de la Diócesis.
A raíz de su ordenaci6n f ué nc,mbrado
catedrático de Latín y, puede decirse, después fué recorriendo todas las clases como
maestro, hasta la de Teología Dogmática y
Escolar que desempeñaba en los momentos
de ser ¿ombrado Obispo de Tepic.
Obtuvo por una oposici6n brillante, el
Curato del Barrio del Coecillo de Leó•, que
desempeñó siete ú ocho meses solamente,
porque esta ocupación era in?ompati~le can
sus trabajos escolares del Semmano, de cuyo
establecimiento ya era Vice-Rector desde el
30 de Enero de 1880.
En 25 de Agosto de 1890 fué nombrado
Rector posesi6n que conservó con beneplácito d~l Prelado, catedráticos y alumnos del
plantel.
De manera que en los 17 ailos que lo v~
mos figurar en el Seminario como catedrático, Yice-Rector y Rector, tuvo, como era natural, multitud de discípulos que hoy figu·
ran en los diversos ramos del saber humano,
descollando entre todos el eminente orador
sagrado Sr. Pbro. D. Espiridión Gaon.a, que
también figura como uno de los primeros
predicadores de la Di6cesis leonesa; el sefior
Cura de San Francisco del Rincón: ~b~- D~
Bonifacio Sandoval, que tanto se d1stin~
por sus virtudes apostólicas; el M. R. _P. ·
Jesús M~ González, que hiw, tan bnllante
supropapel en la Compañía de J esus por Ji
funda y variada instrucci6n Y el gran ta ento que poseía; el Presbítero, Doctor
tro D. Jesús Ríos, que se encuentra ~n inllamando la atención con su excepcio¡aIRizo
teligencia; el Rr. Pbro. Dr. D. ~la?ue Rany Oláez el Sr. Pbro. Lic. D. Apolinar Mr
e·
gel· , notable poeta·' Sres. Manuel'dL6pez
y muy
cado y Teódulo Torres, conoci os ilustre
a ventajados periodistas leoneses; e!icro O
abogado D. José .Jimén~z Y el Sr. D r e
medicina D. Ignacio Prieto. .
s,.tisfacTodo esto debe ser un motivo .d\e ¡ ueción para el Príncipe de la Igl~sia ru~era
ña porque su enseñanza ha sido f as tan
'
, 1os a, person
y ci1enta
entre sus d'1smpu

:l

"La Redoma," vaca holande.sa nacida en el país.-Hacienda de Gogorrón .

EL ILMO. Y RMO. SR. DR. D. ANDRES SEGURA Y DOMINGUEZ
(Apuntes biográficos tomados de los que publicó "El Heraldo," de León.)

Un grande honor y una satisfacción cristiana, perfectamente justificada, han
recibido la sociedad leonesa, el Colegio Seminario y el Honorable Cabi.ldo de León con el
acertado nombramiento que el Jefe Supremo de la Iglesia t'niven,al ba hecho en honor
del Sr. Arcediano Lic. D. Andrés Segura y Domínguez, como Segundo Obispo de Tepic.
Nació en León el 28 de Noviembre &lt;lel año de 1850, siendo su padre el Sr. D. .José Cruz Segura, notable pedagogo guanajuatense, que siempre tuvo á su cargo las principales escur.las del Municipio de León,. distinguiéndose entre sus compaiieros por su
modestia, sus conocimientos, sus hábitos morales-y su eterna dedicación al trabajo.
La madre del Mitrado Tepiqueño lo fné la señora Doña Josefa Domínguez de Re-

Y=

,_tajadas como las que acabamos de men·
,íOD8r.
. ., 1
Obtuvo por opos1c1on a Canongía l\Iagis1111 de cuyo honroso puesto tomó posesión
d31 de Diciembre de 1891.
Al Ilmo. Sr. Ruiz le tocó nombrarlo Ar.tiano del Cabildo de la Catedral de Le6n,
,i cuyo puesto le sorprendió el nombrn, iento de Obispo de Tepic, á propuesta del
llr, Arzobispo de Todi, D. José Ridolfi, que
conoció y trató al Sr. Segura en la visita que
hlso á esta Diócesis en 1904.
El 8r. Segura es uno de los uradores más
eminentes que ha tenido León, y por eso brll08 visto yue con frecuencia se le encome1:daban por Ju Mitra los trabajos oratorios más
delicados.
Con motivo de la Coronación de Nuestr.t
Pitrona Xacional la Yirgen del Tep,,yac·, le
fu~ encomendado el sermón que le tocó á l:t
llitra &lt;le León, el cual fué predicado en la
Cowgiata el día 4 de Diciembre de 1894 figunmdo esa pieza oratoria en el AIbum Guadalupano qne con lujo extraordinario publi-

ECOS DE L A

EXPO SIC I ON

POTOSIN A

eó E1. TIEMPO.
~;1 Concilio Provincial de Michoacán al

ruill concurrió como Delegado lo norr:br6
Ju!'z Conciliar.
'
Tomó parte en la última peregrinación ú
Roma , en donde algunos Obispos y sus com!lfieros de romería leoneses lo nombraron
orador el 12 de Diciembre para que predicaII un serm6n en honor de nuestra Madre
l 1ría &lt;le Guatlalupe en S. Pedro.
Volvió el ir. Seguraá León, y, como siempre, se •mca1'gó de sus trabajos ordinarios,
llnto e,·colares como los del Arcedianato que
tenía á su cargo en el Cabildo Diocesano
IBÍ ~mo los de ~uez Hacedor, cargo qu~
también desempeño hasta los momentos de
aer nombrado Príncipe de la Iglesia de Tepic.
Como se ve, el Sr. Segura ha hecho una
~~ brillante, recorriendo por grados los
pnnc1pales. puestos q~e ha conquistado, sin
que esta cu cunstancia lo haya envanecido
Nació pobre, ha vivido pobre y morirá
pobre, estamos seguros, porque es de los
poc_os, muy pocos sacerdotes, que en materia
de intereses son verdaderos Apóstoles.
La Consagración del Sr. Segura fué en un
dfa célebre para la Patria, el 16 de Septiemlre del presente año.
Tuvo la alta honra de que el mismo señor
~~gado Apostólico Dr. Don José Ridolfi,
nn1era. personalmente de la Capital de la
Repúbh~a á consagrarlo y que apadrinaran
ceremoma tan solemne, el Venerable Cabildo
de esta Diócesis, la Diócesis de Tepic, repre1enta.da por dos de sus más ilustres y honoiables sacerdotes; la Compañía de Jesús, representada por los RR. PP. D. Ramón Prat
1D. Víctor Redondo y los Sres. Lic. D. Juan
Torres Septién, Martín J uanchuto, Manuel
tdrazo Arcocba, Carlos Portillo, Joaquín
. rdoa, Dr. Jesús D. !barra, José Isusi, Ennque Esquive!, Jesús González Romo Lorenzo y Camilo Segura.
'
El sabio sacerdote D. Secundino Briseño
klvo á su cargo la direcci6n del Orfeón que
acompañó los cantos litúrgicos de tan 0crrande
-,1emnidad.
El Il~o. Sr. Dr. Don Leopoldo Ruiz Florea, Obispo de León, obsequió al nuevo conl!lgrado con un banquete en el Palacio Epis:pal, al que concurrieron el Ilmo. Sr. Rilfi, el Ilmo. Sr. Rivera, Ilmos. Sres. Ruiz
YSegura, los padrinos del consagrado algunos otros eclesiásticos y otras person~s honorables de esa ciudad.
Jn esta convivialidad hablaron los l lus1mos señores Ruiz, para ofrecer el banquete, y Segura para dar las gracias.
Otro día el Sr. Don Camilo Segura· her~o ~el n~evo Mitrado, le preparó uda Yecu .Lit.erario-Musical, que estuvo muy conlTJ.da, y los números de que estuvo comtuesta, muy bien desempeñados y estrepitomente aplaudidos.

Cría de tres meses de toro "Dnshan" y va.ca corriente. Hacienda de la Mula.

Dos días después, el Sr. Canónigo Don Miguel M. Arizmendi y Herrera le dió un día
de camp? en la pintores?ª Congregación de los Castillos, en el Qolegio Josefino, que con
sus propios recursos sostiene en aquel lugar.
El Ilmo. Sr. Segura aparte de otras muchas manifestaciones de cariño de que está
siendo objeto de parte de la sociedad leonesa, recibió los siguientes obsequios el día de su
Congregación:
Del Ilmo. y Rvmo. Sr. Dr. D. Leopoldo Ruiz y Flores, un Pectoral y un Pastoral
con ricas piedras; del Ilmo. Sr. Dr. Lic. D. Maximiano Reyn.oso y rlel Corral, un Báculo;
del l\I. R. P. D. Ramón Prat, un Pastoral; de los Sres. Martín .Jua.nchuto, Rafael Portillo, Carlos Portillo, .Joaquín Gordoa, Dr. Jesús D. I barra, José Isusi y Manuel Madraza
Arcocha, un rico Cáliz, un Pectoral y un Pastoral, tod·o esto muy artístico y de gran valor; del Sr. Lic. Juan Torres Septién, un Pastoral de rica montadura; del Sr. Enrique Esquive!, una Mitra de ricos y artísticos bordados, hecha por la señora su P,Sposa; el señor
Jesús González Romoi un reloj; del Sr. Lorenzo Segura, una elegante petaca de viaje con
su estuche correspondiente; de las Conferencias, un hermoso lavabo; de la Srita. Isabel
Fernández, unas chinelas; de la Srita. María de la Luz Segura, un cojín, y del~Sr. Camilo 8egma, unas chinelas y un Pontifical.
JUAN GUERRA y CARPIO.

Cría de cinco meses de toro 11 Hereford' 1 y vaoa. corriente. Hacienda de la Mula.

�- oov. - ·

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1

LJA

. éJk_~~·
---;¡~

Vista de la bahía de la Habana.

LA REPT.TBL I CA CUBANA HA MUERTO
La República de la Estrella Solitaria, nacida á la vida inde- seguirán 15, 000 soldados. Se ha nombrado una comisi6n pre.idida
pendiente en virtud de circunstancias por más de un concepto pe- por el General Funston, que tendrá la peliaguda misi6n de visitar
ligrosas y an6malas, ha quedado borrada, transitoria 6 permanen- todos los campamentos insurrectos y desarmará éstos. A la comitemente, del mapa de las entidades aut6nomas. El gobierno de si6n acompafiará un oficial pagador «que entregará á cada insurrecWashington, alarmado ante el progreso decidido de la revoluci6n, to dinero suficiente para los gastos de viaje, desde el campamento
crey6 necesario intervEinir; y á la hora presente las tropas america- hasta su casa,iJ los que la tengan.
nas se acuartelan en la Habana; los acorazados yankees dominan
Hace dos meses justos, decía en Río Janeiro el señor de Quelas aguas antillanas, y después de que el Secretario de Guerra de zada, Ministro cubano en Estados Unidos y Delegado al Congreso
los Estados Unidos, por breves días asumi6 el mando, el voto om· Pan- Americano: ((En Cuba véis una prueba yexpresión delagrannipotente de Mr. Roosevelt proclama á Mr. J. Magoon, Gobernador deza y el honor norteamericanos. Muchos profetizaban engrandecidel territorio que hasta hace unos días se creía daba asilo á ciuda- miento y ved c6mo se han equivocado todos esos ignora.ptee. Honramos, sí, honramos y alabamos á nuestro protector y á nuestro
danos libres.
Y el duelo, como dice César Zumeta, no es s6lo de la América, bienhechor.iJ ¿Y ahora? ..... .
La República cubana ha desaparecido y la isla ha cesado de
es de la dignidad humana. La América espafiola pierde un domifigurar en el número de las naciones independien·
nio predilecto; pero el decoro universal queda abates. Habrá también elecciones ( aunque no de Pre·
jado en su nivel por el espectáculo de esa traici6n
si dente) y gobierno definitivo y bandera cubana.
á cuanto hay de supremo en la conciencia de los
Habrá también, y para siempre, intervenci6n, prohombres. La degradación del carácter ha llegado
tectorado y predominio supremo de los Estados
eu ese hecho á una profundidad abismal desconoUnidos en Cuba.
cida á la moral y á la historia. Esos hombres han
Tal ha sido la manera como ha empezado la
inventado un crimen nuevo, un nuevo oprobio y
representaci6n del que parece acto final en el dra·
una nueva perversidad.
ma de Cuba.
•
El verdadero pueblo cubano, el que con Martí, G6mez y Maceo hizo la independencia de Cuba
con su sallgre y con su haber, á despecpo de esos
Publicamos hoy en estas páginas varias ilus·
que hoy la deshacen, 6 arrastrándolos á cooperar
traciones referentes á esas actualidades políticas de
en la labor épica en la que éstos no vieron sir.o
la Perla Antillana. Sefiálase entre ellas, una que ,
ocasi6rí de medro; el heroico pueblo cubano, gehemos tomado del último número de El .Figaro,
nuino libertador de Cuba, es hoy victima propiciade la Habana, y en la que aparecen Mrs. Taft y Ba·
da por esos hombres ante el d6lar omnipotente,
con, instalados en el despacho que ocupaba el Presi·
que es ante todo lo que se han prostituido.
dente Estrada Palma en el Palacio Presidencial.
Los asesinos de la naci6n cubana no han teniEn otra aparece el General insurgente Loynaz
do en cuenta, un instante siquiera. la patria, el de·
del
Castillo,
caudillo revolucionario de Pinar del
her., la a~negaci6~, el ho~or cubano; ¿á qué ocupar- El insurgente Quintín Banderas.
Río, acom pafiado de su Estado l\fayor. En el cen·
se de fútiles sentimentalismos? De lo que se trataba era de azúcar y tabaco, y aranceles y empréstitos, y eran esas tro puede vérsele; está con la cabeza vendada á causa de que, ha·
realidades prácticas las que dE'bían ser atendidas de u~ ~uodo agra- biendi:&gt; sido tomado por un soldado del Gobierno, fué herido por
uno de sus hombres en un encuentro nocturno. Como se ve en ese
dable á los sindicatos azucareros, tabacaleros y financieros.
Mr. Taft, en su proclama dirigida al pueblo de Cuba, hace grabado, los insurgentes están bien montados y bien armados ~on
constar que ésta qued6 sin gobierno en momentos críticos, cuando rifles y machetes. En cuanto al aspecto de los soldados del Gob1er·
el Qongreso·ni resolvi6 sobre la dimisión presentada por el Sr. Estra- no, puede éste advertirse bien en el grupo que en otro grabadoapa·
da Palma ni le nombr6 sucesor- por lo cual ((y de acuerdo con la rece y que forman los oficiales de las fuerzas del Gobierno que en
solicitud del Sr. Palma,i, se hizo' necesario proteger las vidas y ha- Pinar del Río están bajo las 6rdimes del Capitán Pujol. . .
Los insurgentes, con la esperanza de impedir el movu~nento
ciendas en Cuba, y en las islas y los cayos á ella contig_uos, estableciendo un gobierno provisional, en nombre y por autoridad del Pre· de trenes llevando tropas del Gobierno, hicieron cuanto dano pu·
dieron. En la estaci6n de Calabazar del Ferrocarril Occidental de
sidente Roosevelt.
Encargado del Cuba, destruye·
Gobierno provi- ron un gran esvisional, Mr. Taft tanque de agua,
dispuso maI1dará dejándolo en el
sus casas á todos estado que reprelos voluntarios senta n u es t r a
cubanos «porque ilustraci6n r es era un gasto in- pectiva.
Por su parte,
necesario en las
presentes pacífi· las tropas &lt;lel Gocas circunstan · bierno también
cias. i&gt; Y de que hacían algo para
son pacíficas res- impedir el avan-ponden dos do- ce de los rebeldes
cenas de barcos y defenderse de
de guerra y 5,000 sus ataques. En
las calles, como
Destro.zos de los insurgent¡es en la Estación de Ca- marinos ameri- en
la ,Je Guimes,
Barricada en la calle de Guimes, en la HabaD•·
.
canos,
á
·los
que
labazar, ·del Ferrocarril Occidental.
··

El general insurgente Loynaz del Castillo herido - Los comandant d
marinos llegados á la Cabaña.-Senador Alfr~do za;as Emb . d _es e los buques de guerra americanos "Louisiana" y " Denver," primeros
,
ªJª or insurgente que representa los intereses de los insurgentes ante Mr. Taft.
de la Habana levantaban barricadas de
H.IMNO DE ARMODIO
piedras tal como lo representamos gráfica.
mente.
En otros lugares aparecen también los
Yo ocultaré mi espada bajo ramas de mirto
retratos de Loynaz del Castillo herido· el
como Harmodio en el tiempo de las Panateneas
de
Faustino
Pino
Guerra
el
l,eader
de'
la
.
'
cua;1do su hierro fértil, en su justicia parco, '
msurrecc1on, y el de Quintín Banderas.
sego con noble gesto la cabeza de Hiparco.
~
Yo ocultaré mi espada bajo ramas de mirto
como Harmodio en el tiempo de las Panateneas.
Nuest ros grabados
Tú no has muerto ¡dichoso libertador de Atenas!
pues se dice que habitas, libre de nuestras penas
En oración, por Ripari.-La religiosa
'
las Islas donde moran los bienaventurados
que á la vista de las flores recuerda otro~
donde vibra la lira deleitosa de Orfeo
'
tiempos, quizás con íntima alegría busca Fauetino Pino Guerra
don?,ª aun vive Aquiles, el de pr6spe~os Hados,
en 18: ,oraci6n _el olvido de lo 9ue ai' pasar el umbral de su reclusi6n
y Diomedes, el fuerte vástago de Tideo!
pe~d10 para sie,mpre, y arrodillada ora fervorosamente pidiendo, á
Yo ocultaré mi espada bajo ramas de mirto
quien puede darselas, fuerzas para borrar de su memoria los recuercomo Harmodio en el tiempo de las Panateneas.
dos que quizás _la asal~n. El art~sta ha sabido interpretar maraviPor tu eterna memoria ¡oh ilustre ciudadano!
llosamente el mstanláneo desaliento de la religiosa en el cuJ.dro
quemarán nuestras piras cien descornados bueyes
que publicamos en otra página ...... , y que seguramente será del
porque tu brazo pudo degollar al tirano
'
agrado de nuestros lectores.
y fundar en A?Jn~s la igualdad de las leyes.
federico Rodr!guez M.-Publicamos el retrato de este distinguiYo ocultaré m1 espada bajo ramas de mirto
do pmtor colombiano, que se ha formado en nuestra Academia de
como Harmodio en el tiempo de las Panateneas.
Bellas Arte~. Es hermano del lit~r~!º Le6nidas Rodríguez, cuyo reISMAEL LOPEZ,
trato también aparece en esta ed1cion de nuestro semanario.
Federico Rodríguez nació en Zipaquirá (Cundinamarca) en
(Colombiano) .
1872.
•_/

~a hecho una carrera brillante y su biografía, escrita por Juan
de Dios Peza, pueden verla nuestros lectores en EL TIE)n&gt;O diario,
de esta fecha.
. Leónidas Rodriguez M.-El día 5 del actual falleció en Bogotá
:--La gloria. de l_os antepasados arroja tal caridad sobre sus desel Joven y disLinguido literato y periodista cuyo nombre encabeza c_end1entes, que 1mpiden pasen desapercibidos sus defectos y cuaestas línea¡; y cuyo retrato aparece en nuestro semanario.
lidades.
Era hermano del afamado pintor colombiano D. Federico Ro-El amor se demuestra no vacilando ante el peligro· la rectidríguez M., educado en nuestra Academia de Bellas Artes y que tud, no dudando ante el cumplimiento del deber.
'
tanto se ha hecho estimar por su intachable conducta como profe- A veces tene1:11?s queagradecer á Dios que no haya accedido
sor y como caballero.
á todas nuestras petic10nes.
Le6nidas naci6 en Zipaquirá, depart~mento de Cundinamarca (Colombia) en 1874. Allí hizo sus primeros
est~dios en el colegio particular de D.
Juhán de Mendoza y pas6 á la Universidad de Nuestra Sefiora del Rosario en Bogotá, donde obtuvo el grádo
de Doctor en Filospfía y Letras.
. Pr~nto entr6 á la vida pública, dist1Rgméndose como Director de la Revista Colombiana y como autor de interesantísimos artículos de crítica
l~ter~ria que aparecieron en varios pe·
n6d1cos.
De ideas firmes, muy joven dejó la
pluma por la espada, y á las órdene:;;;
del general Jorge Holguín hizo la camP!lfia del Norte, en defensa del Gobierno legislativo constituido, sufriendo grandes y espantosas calamidades.
Su muerte ha 1:1ido muy sentida y á
causa de ella su hermano Federico
Pronto saldrá para Colombia.
El general insurgente Loynaz del Castillo y su Estado Mayor.

�- 6o8-_
igle~ia por, eil re~peto á su antigiie.dad y
mem to. .Alsi lo dice un letrero que se ve
al entrar en el tern,p-lo; Y' por cierto que
en cuanto á mérito artístico, lo tiene ;
muy g,r.an.de el antiguo crUJCero, de estilo churrigueresco, que es iigual sin duda
en hermosma, ya que no puede ser su~erior, á Oa, famosa capilla del Rosario de
Santo Doimi·rrgo, -de Puebla. Pero 1a 1-eyeinda po,pu'lar explica, como hemos visto, de &lt;lis.tinta manera el por qué se han
reuniido e~ la, iglesia, de Ocotláin dos géneros de ar_quitectma tan di1stintos, que
no -parece sino que dos siglos, sepair.aidos
entre sí por otros mU1oho.s, se han citaido
aJilí .parao icornfundirse en un estreoho y
prolongado abra120, oomo se ha•n fundido
e,n una sola las dos principalleis ramas
que J)O'blalban esta 'Pa,rte del muin1do hace
tres.cientos años.
Antes de bajiar de lai colina, en que se
asi·enta la iglesia, reco,j,aJmos una antigua historia que se remonta á la época
en que S.a¡n Lorenzo ·era el pa'1:rón de la
ermlit1a qu·e existía donde hoy se levanta
el célebre Sa·ntuario.

( Continuar6.)

EL REGRESO
Cobré impaciente mi valor perdido
Porque espantoso el porvenir tenía;
El zaguán traspasé, grité ¡María!
Y despechado, y loco, deismonté.
Boté la brida, me lancé á la sala,
Una joven me vi6, sali6 lloranrio,
Asi6me al cuello, la miré temblando
Y en mi seno ocult6 su helada sien.

DOf'l f-'IR.fiUBll llEOfi y oofiA f-1.Bl\ lllfiD R D E uA V E GA.
Contrajeron matrimonio recieatemente en Santa Teresa.

ñom que qti,ería rrnani-festar1le su re.conocimiento.
POR
La obra comenzó .á la vista de lai Marque quiso, con su preserucia, actiquesa,
ALFONSO M. MALDONADO
var los traibaijos.
L:a nave de la iglesfa estaha ya conTLAXCAL.A.
cluída, con sus eleganüsirnos altares, sus
ricos adornos y sus blaincas estaituais. HaEL SANTUARIO DE OCOTLAN
bíase d.e propósito dejado para lo úlbimo el crucero, 1por ser el lugar en que la
¡ El Santuario de Ocotlán ! ... Ta,mbién Martquesa qu1ería, dermmando ell oro, hatiene, com,o e:1 de la Defensa, su ley1enda, cer un ve.rdaidero prodigio de a-r te; pero
aull!que &lt;le distinto género.
aunque se trabajaba con extraordinario
AiJlí no son las pasiones humanas, ni la afán, la .obra no aivanzaba, y mil contra- .
penitenJCiai .austera -de un cenobita, las tiempos impedían que se llevara a•del,anque d·an orig.en a1 belilísimo temtplo, or- te, hasta llegar un día en que, con as{)llhgullo de TlaxicaJa y admiraioión de .cuan- bro, por no de.cir espanto, de cuantos estos contemplan sus aJiligmnados arabes- taban ·prese1ntes, se vió ,que el traJb.ajo d,e
cos. Allí la sencilila devoción de los indios la víspera ha:bía, sido deshecho durante
y 1.as cailamidades que sufría la: ipoblaición la, noche, lo que siguió repitiiéndose vadeterminaron que se construyera el san- rios días.
tuario.
La Marquesa, profundamente af.ectáda
La historiai de la aparkión de la Vir- y hondamente entri,steoi·da por semejangen de Ocotlán es tan sabida, ,que no me tes señales que malflife.st,aban, en su condetendré á narrarla, y únicaimente men- cepto, no ser grata á lai Virg,en la obra
oioo:aré el por qué se restauró el tem- que con tan sincera &lt;leivoción había emplo y cómo se exiµlica que se reunieran prendido, redobló su,s oraciones haciendo
en ~1 los dos tan di,stintos géneros de a~m más austera su vida, hiasta conseiguir
.anqui,toctura á 1qu,e pertenecen la nave y al1' fin que 1.a, misma Virgen le manifese1L crUJCero &lt;le la iglesia.
tara que quería conservar en su SantuaResidía en México, á principios del pa- rio unai parte de la obra antigua, como resado sig¡lo, la noble sooor.a Miar.quesa d'e cuerdo de la sen.cilla devoción de los inZab.a.lza; y en acción ide .graicias iá la San- dios, al fado ,de los suntuosos a,ltares edita¡ Virgen de Ocotl'án, á quien debía no ficados por la Marquesa, r epresentante
saibemos ,qué especia.! favor, mandó res- d,e las úHim3Js familiiais espaiñolas.
taura.r el Saintuario, no &lt;)miti.endo gasto
-E:iocusado es deci,r que desde a.quel moalguno para q11e la obra fuer.a tari sun- mento se suspendió definitivamente [ia
tuosa -cuail -convenía á la Santa Vi.r gen obra., daindo para ello 00tt110 razón, que no
• á quien estaba dedicarlo, Y' á lai noble Se- se había querido t~ar el cruioeto de la

CUENTOS ·y NARRACIONES ·

Ansioso la abracé, lanz6 un gemido ...
-¡Te vuelvo á ver, angelical María!
-Pobre de tí- exclam6 la hermana mía-¡Emma!-la dije-y á mis pies cay6.
Salió mi madre al fin. corri6 á abrazarme
-¡Hijo de mi alrna!-dijo sollozando-¿Do está María?-pregunté temblando-¡En el cielo!-mi ma&lt;lre murmur6.
.JonGB IRA AC8.

PENSATIVA
JI [ . .. ..

¿Qué piensas, melanc6lica hermosura,
cuando fijas absorta tu mirada
t0 esa margarita deshojada,
imagen de un amor que fué locura?
¿Qué piensas, cuando besas con ternura
sus hojas, y febril y apasionada
encierras en su cáliz, congelada,
de tu vida la lágrima más pura?
¿Qué esperas? ¿Pero á qué te lo demando,
si tu frente se dobla pensativa
al peso de recuerdos opresores?
¿Si encadenada estás, si estás llorando,
y en brazos del dolor te ves cautiva

sin porvenir, sin patria y sin amores?

-Trabajemos ahora, para que no llegue el
día en que veamos que nada hemos hecho
para ganar el Cielo.
-Siempre existe un secreto amargo en el
fondo de toda alegría mundana.
-Un solo acto de caridad vale más que todos los sentimientos abstractos del mundo.

EN 0RAOION
P or Riparo,

�-610-

-6H

El En ti erro de un Violín
CUENTO INVERG&gt;SIMlL

All~ por los años ~é 185 ... recorría las principales ciudades de y plafiideras que brotaban de su instrumento, melodías hijas del
Alemama, dando co.nciertos con buena fortuna, un joven violinista coraz6n, que el mundo no debía conocer. Y cuando alguna vez por
que se hacía anunciar con el nombre de Martín Bogen, á quien efecto de un fen6meno nervioso raro, la niña se acuitaba y afligía
~uchos empezaban.á ~eñalar como el inmediato sucesor de Pagani- al oír los so.nidos del violín, Bogen se pasaba días enteros sin estum. Su sola presencia mteresaba en alto grado al auditorio: era su diar, embebecido y absorto en esa adoraci6n sin límites.
Carlotita tendría ya siete ú ocho meses, y los asuntos de Bogen
figura alta y escurrida; veíasele de ordinario envuelto en un palet6
seguían
al par de sus deseos. Pero ese período de calma no debía
pardusco, nada garboso, pero admirablemente dominada toda su
ele
ser
duradero:
la niña enferm6, primero levemente, después aorapersona pm: una testa romántica, angulosa, de intenso y osado mirar, osc':1'ecida por ':1na cabellera aborrascada y rebosante; y así por vándose hasta llegar á inspirar serios temores. Es imposible deslo ~xtrano y llamativo de su facha, como por su estilo fogoso y cribir la desesperaci6n, 6 más bien la rabia que se apoder6 de Bodesigual,. pre.sentaba algunos puntos de semejanza con aquel artista gen á la idea de perder el último puñado de dicha que en e&amp;te
extraordmano que, cual un duende de la música había cruzado mundo le quedaba. Y ¿quién iría á quitársela,? ¿Con qué derecho?
la Eur?Pª, poniendo en conmoci6n á los espíritu~ algo dados á lo .A Carlota, al fin y al cabo, la había recibido del mundo, y éste
excepcional y maravilloso, y aun infundiendo pavor á las gentes podía reclamársela; pero aquella niña, aquel ángel inocente era suyo, le pertenecía desde que naci6, era el fruto de un amor santo y
timoratas y meticulosas.
¿c6mo privarle de su único tesoro?
desventurado;
Yª, queda. di?~º que ~Bogen era joven, muy joven: no contaba
Más
de
un
mes estuvo la niña luchando entre la vida y la
más alla de vemticmco anos. A esta edad cuesta poco ser feliz, sobre todo cuando la suerte empieza á mostrarse propicia. Bogen, que muerte. Tuvo unos días de mejoría. Bogen, que se aferraba á la
en s_us moceda~es había conocido todo linaje de privaciones y pe- esperanza como á su única salvaci6n, vi6 el cielo abierto, y con el
n:mas, se consideraba .Yª completamente dichoso, y el mudable fin de ir allegando resurf:os, anunci6 un concierto para la pr6xima
viento de la fortuna, vuelto ahora en su favor, se complacía en lle- semana en el Teatro Gran-Ducal, con asistencia de la Corte.
Pero la niña tuvo una recaída, y la víspera del mismo día del
narl~ las velas del deseo. Casado hacía pocob meses con una mujer
concierto,
en medio de un acceso de fiebre devoradora vol6 á la reque ie. adoraba tanto col?~ él á ella, mujer guardosa y diligente en
gi6n
luminosa
donde viven los ángeles. Bogen qued6 esta vez como
el ~&lt;:&gt;bierno del hogar, v1V1an contentos, aun enmedio de esas peentontecido:
s6lo
cuando al caer de la tarde se presentaron el emnalidades que suelen acompañará los artistas en sus primeros papresario
y
un
gentil-hombre
de palacio para ultimar algunos detasos, y muchas VP.ces en los primeros· y en los últimos. Ganar gloria
y ·laureles no es ganar dinero, y como el porvenir de nuestro novel lles referentes á la funci6n, volvi6 á la realidad de la vida. Entonconcertista se cifraba en sus correrías artistíticas la continua necesi- ces le encontraron junto al lecho de su hija, tocando, poseído de
?ªd de viajar consumía una buena parte del p~oducto de su traba- un arrebato de insensatez, arpegios y acordes estridentes, como si
JO.-&lt;cPero, qué diantrel-solía decir á su mujer.-En el poco tiem- quisiera galvanizar con ellos aquel cadáver adorado. En la estancia
po que llevo de vida artística no puedo quejarme de mi fortuna. reinaba el mayor des6rden; sobre una silla un ataud de madera
No bien me veo libre de una contrata, se me ofrece otra; mi nom- sencillísimo, y en el suelo, entre un revoltijo de papeles de música,
bre empieza á correr en boca de todos, y á este andar antes de al- la ~aja-estuche del violín, una de esas cajas que, por una coincidengunos años podré imponer condiciones, en vez de aceptar las que cia singular, semejan con tanta :verdad en forma y dimensiones un
ataud de niño.
,
me propongan. Lo primero es darse á conocer.»
Bogen contestó resueltamente que no daba el concierto. Pero
Un día, una niña rubia como las mieses que dora el sol del
Med~odía, vino á iluminar con los angelicales destellos de su ino- había gravísimas dificultades para suspenderlo: de una parte la
cencia aquel hogar venturoso. Pero la salud de la joven madre etiqueta rígida é inflexible de las cortes alemanas; de otra el públi·
quedó de las resultas tan hondamente quebrantada, que la pobre co ya prevenido que había tomado casi todos los billetes. Tanto
tuvo que guardar cama por espacio de algunos días. Bogen no se insistieron y tanto porfiaron los dos interlocutores, que Bogen ceseparaba un momento de la cabecera de su esposa, pasando días y di6; no sabemos si por un impulso de energía 6 por un acto de denoches sin plegar los ojos; y tuvo que rehusar proposiciones muy bilidad· cedió tal vez con resignación suicida, resuelto á presentarse
ventajosas que se le hicieron para presentarse en una importante ca- en el te~tro, y aceptar el reto que el mundo le dirigía, para legar á
pital. .La enferma iba empeorando rápidamente, y el artista, al fin ese mundo sin entrañas con las postreras inspirac;ones de su genio,
y al cabo, no podía dejar de subvenir á sus crecientes necesidades. el testamento Jesgarrador de sus ilusiones perdidas.
El primer cuidado del empresario fué llevarse á Bogen á su
Reaolvi6 dar un concierto. Precisamente el día anunciado, Carlota
propia
casa, situada no lejos del teatro. Importaba en gran manera
estaba, al parecer, algo aliviada. Bogen se dirigi6 al teatro con el coevitar
que
el atribulado artista presenciase las últimas tar~as de los
raz6n lleno de ansiedad: e~taba nervioso, y de su violín saltaban
operarios de la muerte: Bogen no tenía ya voluntad propia y se denotas acres y enérgicas como chispas inflamadas. El público se sintió fascinado por aquella ejecución nueva y subyugadora; y acaba- jó llevar como un nifío.
do que fué el concierto, aguard6 al artista
á la salida del teatro, para acompañarle con
vítores y aplausos hasta su morada. Pero
Bogen no veía nada, y así como llegaron á
su casa, se desprendi6 de sus admiradores y
subió desalado al cuarto de su mujer... Carlota estaba agonizando: habíale sobrevenido
una crísis funesta, y pocos momentos después
expiraba en los brazos de Bogen. Y en aquel
trance supremo de dolor, cuando el artista
sin ventura se abrazaba frenético á aquel
cuerpo tibio aún, y lo besaba locamente en
los labios, como para recoger el último hálito
de vida, hasta aquella modesta alcoba: apenas alumbrada por la claridad mortesina de
una. vela, llegaba como un eco 1'-jano el clamoreo entusiasta de la muchedumbre, que
desde la calle quería saludar al nu-vo artista.
Este quedó al pronto sumido en un dolor
paroxístico que le mantuvo alejado por algún
tiempo del teatro y de los salones. Pero había
un sér que aun le encadenaba á la existencia: aquella nií1a rubia y
pálida· que había recibido el mismo nombre de su madre, y que
presentaba con ella, á lo menos se lo figuraba así el bueno de Bogen, una semejanza
física prodigiosa. El, que había venido al mundo sin padres conocidos, que acababa de
perder en su esposa el amor único de toda su vida, concentr6 en la tierna niña una ado
ración desatentada, ciega y exclusiva.
Tomó una buena nodriza, y á pesar de que esto encarecía y complicaba su vida,
hizo que ama y niña le siguieran á todas partes. Volvió á exhibirse, y á recoger aplausos y á presentar su fama. Nada quería para sí de las glorias del mundo; todo había
de ~er para la nifia idolatrada. A veces se encerraba á solas con su·carlotilla para llorar
con el recuerdo de su esposa; otras trataba de adormecerla con improvisaciones tristes

A9ue.l!a mi~ma noche unas piadosa
.
.
la habitacion, vistieron el cuerpecito h ~u~res pusieron en orden
en el ataud, y á la mllñana siguiente do~ O e Carlo~, colocáronle
se llevaron la eorporal enrnltura de
l ~mbrr vestidos de negro
s~ pa~re debía presentarse á un aud~i~: nge .. .. .. P~r la noche,
tiene a menudo ocurrencias inhumanas. nuevo. La vida pública

!
t

~~~·~~~~iiiiii~i!:~I~f~i::~'1i~

el cuerpo inanim~do de la niña rubia, con su vestido blanco y algunas flores mustrns ya y sin aroma.
. quella~ buenas m~jeres encargadas de vestir á la niña y arreg1.a1 a cámarn mortuoria, colocaron, por un error deplorable el
v10tín e~ el a~ud destinado á Carlota, encerrando el cadáver de ésta
en a caJa del mstrum.ento. Des~e ese día, Bogen no empuñ6 el
reo una S?la vez; Y 81 alguno le mstaba para que volviese á la vida
e concertista, contestaba con amarga sonrisa:- No puede ser . No
ve Ud. que han enterrado mi violín?
· ¿

f

~ª~· ~P~ji ~~ ·~·~~·i¿~~ ·~;:;g~ij¿:

csinco . minutos, pasan diez, todo elgmu~d ora, anunciada; pasan
us asientos y nada parece indicar que d¡ es~ ~a .acomoda~o en
¿Qué ocurría? En el momento de si: prmc1pio al concierto.
el empresario que con el agobio de 1 úl ~ comenzar, e?hó de ver
se había acordado de traer el violín ~s 1 timos .Preparativos nadie
seguida un mozo á la casa de éste e condcertista. Despach6 en
instrumento.
' con or en de traer volando el
Pero los espectadores empiezan , ·
.
te se escandaliza d~ aquella tardanz:.muarse sorpre!1dido~: la Coranales del Teatro Gran-Ducal
p' 1ª un caso maudito en los
1
sobre una mesa, está, metido·~~· ·~u c~ja : 1s~i;l~anta, e! tel6n; allí,
se presenta con ese aire arrogante y confiado d
magico. Bo~en
nada del mundo: el público á su vez 1
'be que ya no qmere
mullo de mal contenida impaciencia 'q~/!f~r~i~f: un so.rd~ murtarse. Se ace~ca con paso firme á la mesa abr
oy~ sm mmum?mento, al Ir á sacar de ella el violín le~antael la cabJa, y en este
m1rada extraviada d
é d
' .
a ca eza con una
desplomado a~ suei!, c;:u h~ri~;ª:1:~:ª~:~t~f1:ves1rguni?s, cae
sur?~ºª~~ asistentes de la escena, mientras unos ;uxili:~uá i:Écf;: ~
acci en o, reparan otros con horror que lo que encierra la caja es

.}OAQUIX

l\IARSI LLACH.

i1°

Ultima Ofrenda.
[Inédita. ]

Cuando muera, poned sobre mi fosa
C~mo una ofrenda de piedad bendita
Mi símbolo y divisa más hermosa: '
Una blanca y humilde margarita.
Que ella le diga al que á pasar acierte
Frent~ á. la tumba que mi cuerpo encierra,
Qu~ m siendo despojo de la muerte
Olvido al ángel que adoré en la tierra.
¿Qué me importa una tumba olvidada?
Todo es vano y fagaz en este suelo:
¡Margarita! me basta tu plegaria
Para alcanzar perdón y entrar al cielo.

L~uros, aplausos, fama ......... son escoria
~adie á lo vano l~ ventura exija;
'
¡Oh Margot!.. . ¡mi Margot!.. . mi única gloria
Es haber sido padre de tal hija.
Por ella callo, espero, sufro, aliento,
~le ha enseñado á ~ndulzar toda amargura;
¿No he de volverla a ver? !Por ella siento
Que hay otra vida, etern~, santa y pura!
J UAN DE DIOS

PEZA.

18 de Octubre de 1906.

PAISAJES
"NECAXA "

Como una cinta blanca y ondulante
como un ágil r~p~il. nervioso y fino, '
b?rdeando prec1pic10s, el camino
vase á perder en el confín distante.
Es el ocaso. Ya oculta el sol brillante
tras de los montes su fulgor divino,
y da un beso de luz al que vecino·
levanta altivo su crest6n gigante. '
Va tendiendo doquier enamorada
sutil neblina sus ligeros chales·
se aquieta todo en la gentil cafiada ·
Y .s6lo allá en el fondo, entre br~iiales,
se desprende rugiendo la cascada
en un salto de luz hecho cristales'.

za.

una Hecha, clavó sus garras en la man
na y remontó su vuelo .exclaméllfldo :
- ¡ Es paira mí !
·
Entonces un hombre, que se declícaba {t
cazar ¡p~r aquellos .parajes, se e·chó fa e:,la cara y icon certera puntería
copeta
atrav~so ele un balazo al ave, que ca ,·ó a
sus pies reYoloteando .
·
- Soy el primero entre todos los sére!-&gt;.
Y.?º;, ,aJg~ me denomino ''Rey de la crea·
c1on, - diJo el hombre, apocleránclo::.e di.:
la manzana.
- ¡ Es para rmíi!
Le echó el cliente ; pero el fruto es·
la'ba casi lrne&lt;:o, 'Y del centro salió un
gusano que elijo al hombre:
- ¡ Es para mí!
R.\MíRO BLAt~CO.

.ª

J . SOROXD&lt; &gt;.

EL PRIMERO Y EL ULTIMO

--,&gt;

LEO~IOAS R&lt;.D.UGU EZ M. 1

Literato colombiano fallecido el 5 del actual.

ABOIJOGO
U na rata ,campesina asomó Ja ica:b('z;,,
por la entrada de su cu.ev.a y vió no lejos
ele aiJaí,. una hermosa manzana. '
-¡ Es para mí !- chilló, 01poder1.:mdor
el.e la fruta.
Pero un unono, descendiendo rápidamente &lt;le un árbol, aproximóse &lt;le un ipar
el.e saltos á la rata. le arrebató la ,manzam
y ganó de nuevo la •copa del áiibol gri
tan do con tono triunfante :
'
- ¡ Es para mí !
Un águila, 'que presenciaba la escena
cerniéndose maj estuosamente en ef .esp/
cio, no ~ejó .tiempo
mono para gozar
de s.u v1ctona; arro1ose sobre él 'Como

~!

DON FEDBRICO RODRIGUF.Z M.,

Pintor colombiano.

�..__ 61:2 ~

Kl nuevo Prepósito General de la Compafiía de Jesús, K P. Francisco Xavier Wernz, rodeado del claustro de profesores de la Universi~d Gregoriana
de Roma, de que era Rector.

1.TN LEGAJ O

'

El caso no es nuevo. Desgraciadamente la Sra. ne Lestailleurs,
hermana del difunto, i:;e sin·e de ese argumento contra usted ..Ella
pre~en&lt;le que ou hermano se había vuelto, desde bacía muc~o bern;
po, maniático, misántropo, huraño. Se encerraba, no quena ver a
nadie. Es como si la acusara á usted de haberle secuestrado. ~lla
se queja de que él no le escribía ya á ~u familia: Todo eso, repito,
puede perjudicarla á usted en el es~ír~Ju de los Jueces. ¿De ~ué fecha es la última carta que él le escnbio á usted antes del accidente?
-¡Dios mío! .....·. no recuerdo precisamente. Sin embargo ......
sí ...... aguarde usted.
-1!.:l había ido á pasar tres días en casa de un coleg~, M. J ouvelin con la colaboración del cual quería escribir un libro. Era
uno de los proyectos que Ínáo le halagaban, señor. Much.as veces,
con la cabeza colocada en mi hombro me habló de esa idea: un
libro sobre la Revolución; lleno de p~ntos de vista origina.lísimos,
y con documentos nuevos que M. Jom-elin ~fbía. descubierto. en
los archivos de su ciudad natal. «La Revoluc10n vista por de.baJO, "
decía él. Y bien: durante esos tres días de ausencia-ausencia que
empezó el 14 de Julio-me escribió tres cartas. A pesar de sus tra;
bajos, á pesar de la fiebre de sus estudios y de sus esperanzas, a
pesar de los mil cuidados de que era objeto en casa de s.~ colega,
ni un solo día dejó de enviarme sus expresiones de cani:o. Tres
cartas largas, sei'ior .... .. Yo se las mostraré á uste.d. ¡Cua:1to me
amaba! ¡Ay d.! mí! El 27, tres días antes de termmar el ano escolar lo llevaron á la casa inanimado. Yo pude retardar su fin, vero
no'pude impedir q11e perdiera la razón.
._
María Luisa se puso á llorar romo un rnno.
,
-Señorita-dijo el abogado.-Creo que esas cartas nos seran
útiles. Muéstremelas usted.

El abooado reflexionó un instante.
Delant~ de él María Luisa aguard.aba ansios.amente, con ~u
vestido negro, muy pálida, y con los OJOS encendidos por las lagrimas.
-Señorita, dijo al fin M. Lecornil. Su asunto se presentaba~tante mal. Sin embargo, espero que podremos encon~rar el me~IO
de que le hagan justicia. Estoy seguro-¿t_engo neces~dad de decuselo?- de la sinceridad de usted. Sus lágnmas, no mienten. Usted
no es una aventurera. M. Chastelet la amaba a usted y era correspondido, y fué en pleno uso de ra~ón como él. le hizo á uste_d ese
leg,tdo. Yo quisiera poder comumcar esa certid?m br~ á los Jueces
ante los cuales defenderé su causa. Pero ahí está la dificultad. Las
pruebas morales no bastan. Las apariencias están en contra de usted y esté segura de que el ab?gado de 1:1-uestra contraparte sabrá
sacar partido de las menores c1rcunstanc~as. La muer~e de M. Chastelet en una casa de locos, la fecha relativamente reciente de la donación testamentaria, todo, la juven.tud 'de u~ted, su belleza, ~u
inteligencia, cualidades que en las .c1rc.unstancias actu~les ayudaran
á hacerla pasará usted como una rntngante;_t??º, repito, todo.puede servirles á sus enemigos y pesar en la dec1s10n de los Mag1strados y a prevenidos contra usted en favor de los herederos naturales
por' el espíritu mismo de los textos.
. .
-¡Oh! - exclamó María Luisa. - La ley es rnJUS~a..
Ella
-No sefi.orita-contestó el abogado.-La ley es JUSta.
proteae lo~ derechos á condición de que se hallen netament~ establecidos. Este es el punto á donde yo quería lle~ar. Necesitamos
una prueba material de la perfecta salud de espíritu de ~~. ~ba~t~¡ Pobres cartas de amor!
.
let el día en que hizo el testamento. ~sa prueba debe ex1st1r. ¿No
Dormían en el fondo de una gaveta bien cerrada, y María L~11tiene usted documentos, cartas del d1funto?
,
,
-¿Cartas? Sí, yo las tengo todas: desd; el dia ~u~ lo ~ono~1 sa las releía furtivamente cuando Jorge no estaba en casa.. Yariai;
hasta las últimas semanas que precedieron a su mueite, pob1esca.- veces él le había aconsejado que las destruyera, pero la Joven ~e
·
.
,
. No
tas locas, en que él me reiter~ba sus pr~t~stas de amor 9ue ~ra lo había negado á ello.
-No las destruyo porque eso es de malauguno-dec1a. - ¿•.
único que lo sostenía en me?10 de las v1s10nes de su razon, ) a alt da ·Quién hubiera podido creer que un hombre de tanto mé- está en ella la historia de nuestro amor'? Todo está en esas. quert·,
co·m~ él acabara así? Y sin embargo, hasta el ~ía en que lo das páginas: nuestro primer encuentro, las primeras confe~ione~e\
ri
t'
"ª fata'l congestión , hace cinco
me:,es, á lablsahda
del concur- hasta esos sentimientos graves y dulces que nos atan para siemp ·
ma o e~
.
I
b,
Ahora esas cartas le eran más preciadas que nunca.
so su conversación era tan apacible, tan razona~ e,.
'los días desde la muerte de Jorge, i,i.ana
AK'L'
ana
Todos
uJSa
' - La naturaleza tiene de esas sorpresas, senorita. M. Chaste'
·
t ' d qued con1 t era un hombre de trabajo, un pensad?r; un ho~bre, en fin, el escritorio de molduras de cobre y de forma an 1cua a,
e
tado por la meditación y el estudio; fué suficiente un cam- tenía el precioso paquete. Una por una, tomaba las cartas e
muy gas
d 1 b • . t
amado y las releía con lágrimas en los ojos. Cada frase se hun
bio de temperatura para anona ar o rusca.men e.

~:i

dí~

en su corazón como un puñal; cada sílaba
SS. f,'lf,'I, ALIFOfiSO XIII Y VICTO~IA Bl.JGEfiIA.
avivaba su dolor. Aun las palabras más
dulces tomaban ahora un sentido trágico.
Durante seis meses, el idilio se desenvolvía desde el día de lluvia en que se vieron
por primera vez en casa de una amiga de
la familia de. J orge que había sido compa11era de coleg10 de la madre de Marfa Luisa. Las primeras cartas eran muy corteses. Comenzaban invariablemente por
un ccseñorita. ,i Luego venían cartas íntimas
más familiares. Al tono reservado de los
primeros días sucedía un abandol)o cordial. Jorge osaba dará la joven el encantador nombre &lt;le amiga. ccEnrantadora
am iga- decía-usted se ha insinuado poeo á poco en mi s_oledad. Me asombro al
notar el puesto que usted tiene en mi~
pemamientos ... ... »
Las cartas estaban llenas de una ternurn
más ardiente. .Jorge decía qu·' una presenci&amp;. in visible velaba sobre sus trabajos y
le mostraba á la joven las heridas de su
alma buena y desengañada.
ce l a vida es una cosa triste. ¿,Qué hacer·?
Sería preciso amar .. .&gt;,
Era la priml'ra vez que ese verbo de fuego brotaba de su pluma tímida. María
Luisa recordaba la emoción que había experimentado al leer esa carta que le había
turbado el corazón.
H uérfana desde muy nifia, ella había
te.nido que trabajar para vivir y se había
deegarrado el alma contra todas las dificultades de la existencia. Daba lecciones
de piano, y, como buena artista, ella se
había encantado con Jorge, un día qne éste habló delante de ella de los maestros en
ese arte. Aquel trabajador era un sensitivo. Cuando María Luisa tocaba á Beethoven ó á Schumann, se le escapaban, á pesar de él, copiosas lágrimas. Un día de
primavera, una sonata de Mozart, un motivo fácil, risuefio como una mañana, suave como un perfume de lilas, un motivo
que cantaba sobre las teclas altas del clavicordio ron una ligereza encantadora.
Aquel era un recuerdo querido entre todos:
Jorge le había besado la mano c0n un gesto
dP colegial, y el corazón de la joven había
saltado de gozo. Varias cartas recordaban
aquel momento delicioso ......
U1tltno ttetttato de l os Sobettanos de España.
M. Lecornil leía esas cartas, una á una,
con ademanes de satisfacción.
María Luisa estaba pensativa. Desde hacía una hora la atorAl decir esto, &lt;lió un golpe con el puño cerrado sobre el paquementaba un escrúpulo. Había entrado en casa del abogado con las te de cartas. María Luisa sintió el gclpe en el corazón y tuvo un
cartas de Jorge, cuidadosamente, arreglad~s en una cartera, como deseo violento de gritar.
movida por una fuerza extraña a su propia volu~t:i~· y ahora l.e
-El asunto es muy sencillo. Esos document&lt;Ys facilitarán exparecía que lo que hacía era vergonzoso. Su.sensib1hdad enfermitraordinariamente mi tarea. Debemos estar seguros de nuestros reza sobreexcitada con las angustias de los últimos meses, se asorr.cursos. ¿Y qué es lo que nos hace falta, al fin y al cabo? Probar
br~ba dolórosamente con el aspecto host~l de los pesado,s .muebles
que
M. Chastelet la amaba á usted desde hacía mucho tiempo, no
de ese gabinete de consulta, con las cortinas verdes y ng1das 9ue
con un amor ligero, sin importancia, sino con una pasión profunocultaban á medias el dorso de los libros severos arreglados en fila.
da, cl.urable; pasión que necesariamente hubiera sido al fin- sin la
Todo daba ú la joven la sensación de una fuerz3: misteriosa y a,me- terrible muerte de M. Chastelet-santificada al pie de los altares.
nazante presta á anonadarla. Hasta M. Lecorml, con su monocu- J~s preciso mostrar el principio de las relaciones de usted con él. v
lo, sus pati llaR y sus gestos de comediante, le causaba miedo ahora.
el clesem·olvimiento de su carifi.o para usted, carifi.o que necesaria¿Por qué había venido? ¿Por qué aquel e~t~ai10 osab.a poner mente tuvo que sugerirá M. Chastelet, desde que recibió la herensus manos sus manos indiferentes sobre las pagmas preciosas en cia de su padre, la idea de disponer de sus bienes en favor de usted
que Jorge i1abía vertido para .ella ~ola, ~n días mil veces bendeci- para asegurarle el modo de vivir en caso de una desgracia. Todo eso
dos, el perfume de su aln,a amante y smcera? Los ded?s secos.Y es claro, gracias á. esas cartas. Usted era para todo para él de cuja&amp;:
blancos de 1\1. Lecornil, jugaban sobre el papel, lo maneJaban.s111 he aquí por qué es muy natural que él pensara en legarle su fortuprecaución, lo volvían de un lado ~ otro, lig~rame~te, eo~no s1 ~e na. Una vez aceptado ese punto, es fá?il demostrar, por medio de
se tratara de un d1Jcumento cualqmera. Mana Luisa sufna al on algunas fochas, que el testamento se hizo oportunamente sin que
el crujido doliente de esas hojas entre .las manos del ahogado: le 11inguna presión hubiera influido en el espíritu del don~dor. Yo
parecía que su corazón dolorido era el Juguete de esas manos brus- creo, señorita, que r.uestra causa está asegurada. La señora de Lescas, que sin cuidarse de ello lo herían, lo desgarraban, lo tortur&lt;Á - taillcurs no sab~ que poseemos gran cantidad de pruebas para ven.
.,
ban sin piedad.
cerla. Pruebas irrecusables: no se trata de un escrito aislado que
Cuando llegó á las últin!as p~ inas, l\~. Lecorml deJo ver en podría haber sido dictado bajo la influencia de un estado de' espí9 Evidentemente, había ,des- ritu accidental y pasajero; demostraremos que el testamento atacalos labios una sonrisa de sat1sfacc10n.
cubierto lo que deseaba. Cuando hubo acabado de leer se froto las do no es más. q~e un episodio de la historia sentimental de M.
manos y mir:...ndo á María Luisa, exclamó ale~remente:.
Chastelet; asistuemos, con la ayuda de estas cartas á la evolución
-Estamos salvados, señorita. Este legaJO no deJa duda al- psicológica del difunto, y llevaremos en apoyo de ;uestras asercioguna.
nes ?º sólo u.u testimonio? sino diez, veinte, cien testimonios au- ¡Este legajo! {)ensó María Luisa. Para él, en efecto, esas ho- ténticos, escntos por la misma mano que firmó el testamento· añajas no son más que un legajo.
da usted á eso q~ nuestros jueces parisienses no son insensibles {t
- Nos será facilísimo-añadió el abogado-demostrar con es- los casos romántwos, y qlle la lectura de esas cartas vibrantes de
tos papeles el derecho que l!l asiste á usted.
pasión, no dejará de interesarlos en favor de usted. Hágame usted

�-614el favor, pues, de confiarme esos papeles, que le serán devueltos el
día en que termine el pleito.
María Luisa se levantó, llena de dolor y de indignación.
-No señor. .Jamás consentiré en dejar pasar las cartas de mi
pobre Jorge de mano en mano, en uua sala de tribunal. Esas cartas son mías, sólo mías. Así, pues, las guardo.
- Eso es una locura- exclamó M. Lecornil. El éxito de usted
depende de ellas. Con las cartas, el triunfo es seguro. Sin ellas ......

-Prefiero perder el pleito-dijo la joven.-Y levantándose
tomó de sobre la mesa las cartas e&amp;parcidas que el abogado trataba d~
retener, y murmuró con voz decidida:
-Guardo e~te tesoro, .señor. .Yo me hab~a engañado, pero usted acaba de abrirme los OJOS. La sola herencia que estimo nadie
podrá arrebatármela: es el recuerdo de nuestro amor ... .. . ~ demás
no me importa. ¡Soy rica!
GUSTAVO TREJAVILLE.

-615 -

Accidente ferroiiario en ti Ferrocarril Nacional
EL TIEMPO informó, en su oportunidad de la catástrofe que
ocurrió eL día 8 del corriente en una barranc~ del Cerro Colorado
frente á la Hacienda de Zirimicuaro, en la vía del Ferrocarril Na~
cional de México.
Las fotografías que áparecen en esta plana dan idea de la maan.itu? del terrible accidente. Como hast.a la fecha no ha habido p~r1f&gt;?,1co que relate. la verdad lo ocurrido, damos en seguida la relac1on de ~n testigo presenc1~l, el Sr. Joaquín López, que nos la
ha proporcionado, y la cual, Junto con nuestras ilustraciones aerá
. la informa0ión más verídica y completa que se haya dado d¿ tan
terrible accidente:
Sonaban las doce de la noche del día 3 del actual cuando terminó la fiesta que el Casino de. üruápan dió en honor del sefíur
Dr. D. Edu~rdo Licéaga y de su respetable familia, quienes estaban en esa cmdad de paseo, y después de despedir á tan distinguidos viajeros en el "Hotel Unión,'! me dirigí ácasa· á causa de una •
torrencial lluvia hube de· guarecerme en el portal de la Casa Consistorial.
Poco después de la una de la mañana, encontré al señor Doctor D. Jesús Silva, quien tocaba la puerta de la botica de San José, segunda al carro de pri~era, y bajando á tierra los Sres. Villegas,
para que se le ministrasen los medicamentos necesarios para salir Paltz y Arauz, emprendieron luego su marcha para esta población
luego al lugar donde se encontraban varios heridos con motivo del distante del punto del suceso 13 kilómetros.
.
'
descarrilamiento del tren de pasajeros que debía haber llegado á
El Sr. Broocks, el Sr. Duvallon y los demás pasajeros ilesos,
esta población la tarde de ese día, á las 6. 30.
emprendieron desde luego el trabajo de ayudar á salir ó sacar del
El Beñor doctor me informó de lo que él sabía, y acto conti- carro de tercera, del de express y correo, á los heridos y quemados,
nuo me puse á su disposici6n para acompañarlo al lugar del suce- pues hubo de lamentarse la salida de vapor de la máquina, vapor
que penetró al carro de tercera, quemando completamente á los
pasajeros.
Prestados los primeros auxilios por el Sr. Broocks, éste emprendió la marcha á pie hasta "La Leñera," y de aquí en un armón hasta Uruápan.
Algunos de los heridos y quemados se refugiaron en el carro
de primera que estaba aún inclinado únicamente, y pocos momentos después, este carro se volcaba por completo, causando por segunda vez varios golpes á sus ocupantes.
Llegamos al lugar de la catástrofe y uesde luego, bajo la fuerte lluvia y atravesando por la corriente de agua y lodo que rodeaba el tren, empezamos, dirigidos por el Sr. Broocks y el Prefecto, á
recoger los heridos, que diseminados y sumergidos en el fango se
encontraban. Levantamos al maquinista Sr. Smith, al fogonero
Pablo Flores, á éste ya en estado agónico; después á un pasajero
npellidBdo Olivos, de Yuriria, y á uno de los rurales de la escolta.
A estos cuatro heridos les empezaron á prestar los señores médicos
los primeros auxilios. Con el maquinista se hubo de luchar mucho,
pues no permitió de ninguna manera que se le curase, diciéndonos
algunas malcriadeces. Este individuo sólo resultó con un ligero
golpe en la pierna. Continuamos repogiendo más heridos y colocamos en un carro á Luis Miranda, Justo Magaña, á dos rurales, el
cabo y un soldado. El Sr. Silva hizo la curación de estos heridos.
. Provistos de hachas formadas con estopa de las chumaceras de los
carros de primera y segunda, continuamos buscando más heridos,
y s6lo no encontramos á dos mujeres y un hombre que según el
tficho de algunos pasajeros, venían en tercera clase, ignorándose
!lasta hoy su paradero. Principiaba á amanecer cuando se terminó
la faena de levantar heridos, y en estos momentos, 6 a. m,, expiró
so y servirle en algo. En seguida ocurrimos al .Jefe Político, señor el fogonero Flores. Los empleados del express y del correo tamDon Luis G. Córdova, quien se encontraba listo ya para la mar- bién resultaron heridos, aunque no de gravedad. Durante las pricha, y después se presentó el Sr. D. Emiliano Torres. El señor meras horas dela tarde, murió Justo Magaña y porlamañana, MiPrefecto recibió en esos momentos respuesta del Sr. Dr. D. Euti- randa. El domingo murió Olivos y el lunes el cabo de rurales, esmio Pérez, médico del Hospital Civil de la ciudad, diciendo que no tando en estado grave los restantP-s.
Tal es la verídica relación del de8graciado accidente.
podía levantarse, y también del señor .J~ez Letrado, quien contest6
J. L.
que ya iría; á estos señores fué á hablarles el joven conductor
de los tranvías, José Bárcena. Los constantes silbidos de la máquina de un tren de carga que se encontraba en la estación, lista para
marchar al lugar de la catástrofe, hizo que tomáramos el tranvía
que nos esperaba; y sin aguardar más tiempo, nos dirijimos á tomar dicho tren.
En la estación nos esperaba el conductor del tren descarrilado,
Sr. Broocks, quien fué el que vino á participar el hecho á las autoridades y á pedir los auxilios necesarios.
Cerca de las dos de la mañana marchamos bajo una lluvia torrencial, y con una marcha prudente y lenta, llegamos al kilómetro
504, y 250 metros adelante encontramos el tren caído.
La catástrofe ocurrió como á las 10.45 de la noche del día 3,
en. una barranca del Cerro Colorado, frente á la hacienda de Zirim1cuaro.
Nos dijo el Sr. Broocks que el desgraciado accidente sobrevino
de la manera más violenta é inesperada, hundiéndose la locomotora Y arrastrando consigo todo el tren y quedando sólo sobre la vía,
algo inclinado, el carro de primera.
Los 'pasajeros de esta clase, sefiores ingeniero Duvallon, Ricardo Palt~, Jesús Villegas y Francisco Arauz, y los de segunda clase,
Sra. Ra1munda Cerda Emilio Pérez Gregorio Linares y su esposa
Trinidad Cerda, el c~nductor Broo~ks, que entonces ve~ía en tal
carro, resultaron ilesos1 pasándose con bastantes trabaJos los de

?e

EL GENERAL POETA JUAN J. CAÑAS
Este ilustre centro-americano nació en f:an ::\figuel, RepúbliEn el Salvador tr:itar~n de coronarlo con un laurel de oro, peca del Salvador, el año de 1826. Comenzó sus estudios profesiona- ro se desataron las ammos1dades, y en la Academia literaria se disles en Nicaragua, en la Universidad de León; después fué á Gua- cutió el proyecto.
temala, de donde regresó al Salvador y á su lugar nativo en 1848 á
El General Cañas, que sabe bien á sus años que esas coronas
causa de la revolución formi 11 able llamada de «los Lucios i&gt; A prin- ~ienen ~ás es~inas que hojas y que no son las que una posteridad
cipios de 1849 fué á Califomia, y á su regreso se sintié impulsado 1mparc1al y fna otorga á los elegidos, renunció á tal honra muy á
de una manera irresistible á escribir versos, de los cuales fué pu- tiempo, y según vemos en «La Estrella del Salvador,&gt; del 15 de Ocblicando con timidez los que eran fruto de sus peregrinaciones.
tubre del año próximo pasado, concluvó la cuestión sin que hayan
Conquistó en breve tiempo fama y renombre de poeta, pero no vuelto á tratarla.
·
ha querido coleccionar sus obras, por más que se le ofreció hacerle
Los que nos interesamos en que no se desconozcan los méritos
en Europa una edición lujosa y esmerada
de los buenos hijos de América, agradeque no le habría costado nada de su proceremos siempre á J ulián López Pineda
pio peculio.
José Dolores Corpeño y Alberto Oroz~
A él se deben el himno nacional del
Piche su voto en favor de que se premiara
.f
Salvador, el escudo y la bandera de tan
al que con su talento, su espada, su lira y
simpática República, tal cual al presente se
su honradez intachable ha enaltecido á su
enarbola.
patria.
El General Cañas dice que al crear el
Los poetas que no·le apluden están en
pabellón de su patria no quiso imitar sersu derecho, pero también en la obligación
vilmente el de los Estados Unidos de Améde imitarlo como ciudadano y de resperica, sino que se propuso simbolizar los
tarlo como ilustre y ejemplar salvadorefio.
cinco Estados de Centro-América en igual
~
número de fajas azules [como reminiscencia de la derogada que los cubría á todos]
DEL PASADO
ligadas por vínculos de paz, con el cuadro
rojo en el árgulo superior pegado al asta,
con sus catorce estrellas representando
Con su clámide negra la noche cubre
otros tantos Departamentos, en recuerdo
al mundo. Las rompiente::-: impiden llegar
de que el Salvador no tiene una sola pulal muro del castillo; mas ...... ¡nada imgada de su territorio que no esté tinto en
porta! en él está su amada.
su propia sangre por defender la Unión
- ¡Altol- dice á los remeros, y éstos
Centro- Americana ósea el régimen federalevantan las palas de los remos .....
tivo disuelto en 1840.
La escala hiende el aire, y prende en
El sistema de estampillas postales, lo
la pared robusta sus potentes garfios acemismo que el telégrafo, se implantaron
rados.
en el Salvador por iniciativa del General
El mancebo asciende, pasa el muro
Cañas, así como el cambio del antiguo ary abre las puertas de la prisión de su adomamento de piedra de chispa en et Ejérrada ... .. .
La gallarda pareja escala el paredón
cito, por el Remington.
Dichas mejoras se verificaron en 1865
y allá en lo alto se detiene. El, robustl)
en la administración vrogresista del Dr.
y elegante; ella, hermosa como una iluJUAN J. CA~AB,
sión.
D. Francisco Dueñas.
Distinguido militar y escritor salvadoreiío.
Ata el mancebo las manos de su amaHabiendo curs tdo gran parte de la
carrera de medicina, y habiendo luchado
da, entre los brazos de ella pasa la cabem,
en California en la explotación &lt;le placeres de oro, aparece en 1835 tiende la bella y amorosa carga en sus espaldas y empieza el pelial frente de una compañía de guardia nacional, desempeñando el groso y admirable descenso .... . .
cargo de jefe de las armas en La UHión, y á fines de 1857 emprende
Ya pisa el último escalón ...... se detiene ...... la barquilla no
la campaña contra el filibustero Walker á las 6rdenes del General está allí ..... .
Llama, pero nadie le responde .. .... ¡Le han traicionado los reBelloso.
Viajó más tarde por la América del Sur, desempeñó en su país meros!
grandes é importantes comisiones, ascendió en el Ejército por su
·Pequeña es la isla, y castillo é isla domina su feroz enemigo... .. ·
valor y sus conocimientos y vino á México representando á su pa· La salvadora tierra muy distante .. ... .
Ronco gemido se escapa de su pecho y emprende de nuevo la
tria hace pocos años.
Como poeta, ha brillado mucho; sus composiciones «Quejas ascensión ..... .
íntimas » «El Niño y la Golondrina» [traducción del francés] y su
Llegan á la base superior del muro: ella, bellísima, pero llena
hermosísima versión de c&lt;El Naufragio del Hesperus» ·de Longfellow, de terror; él, sereno y arrogante ......
son muy conocidas y tienen tanto mérito como inspiración y galaNumerosos soldados con teas en' lae manos recorren la muralla
.....
se abalanzan furiosos sobre ellos ... .. .
no estilo.
Cafias se ha hecho querer en todos los puestos que ha ocupado,
En manos de un jefe que comanda tal canalla les aguarda una
ya como Comandante del puerto de la Libertad, ya como soldad9 muerte vergonzosa.
desde 18,59 hasta 1872, llomo ,Jefe de Sección en los Ministeri0s;
Los amantes lo comprenden ...... retroceden, llegan al ~rde
como Gobernador político de San Salvador, como diputado á las del empinado muro, juntan sus corazones y sus rostros y, dom.ma·
Asambleas Constituyentes de 1872 y 1880i siendo miembro de la dos por un mismo y supremo sentimiento, se empujan hacia el
comisión encargada de redactar el proyecto de la Carta J?~ndamen- mar ..... .
RA:rtllRO NAVA.
tal · como comisionado de la Exposición Internacion.al e? ~antiago
de 'chile donde se le hicieron grandes honores, y últimamente como
Subsecr~tario de Relaciones Exteriores al lado del Doctor Don Manuel Delgado.
•
.
- Sed fieles á vuestros amigos, recordando los beneficios que
La Real Academia de la Lengua lo cuenta entre sus socios code
ellos
habéis recibido.
.
rrespondientes, lo mismo que la de B~llas Le~ras ~e Santiag? de
-El que quiera ser rico, no necesita aumentar su fortuna. siChile, la Colombiana, el Ateneo Mexicano Literano y Artístico y
no disminuir sus necesidades.
.
otras muchas:
-Qué insensatez es ser negligente en lo tocante á la eternidad
El inspirado poeta 'f~e?dore Dwigth tradujo al inglés una de
por las pasajeras cosas del tiempo.
sus más hermosas compos1c1ones.

�LAS DALIAS

hermos~s ~oj3:s, entre las cuales br?tó un capullo _tierno, verde, que
Fe con~u;J? bien pronto en flor arrogante de matices diversos y colorea v1v1s1mos.
.
~l .clavel la ?'l~ró con encanto y ~e prendó de ella; las otras flo·
res smtieron env1d1a, porque, en realidad, aquella exótica compa·
fiera sobrepujaba á todas en hermosura y gallardía.
-¿Cómo te llamas?-le preguntó el clavel.
-Me llamo Dalia-- contestó con meloso acento nmcrira no
·-¿De dónde te han traído?
·
-De México.
-Eres muy hermo~a ...
nrny hermosa ... mu y hermosa ....
No supo decir más· toda la arrogancia del cl~vel
trocóse de pronto en timidez ·
. !.'y cobardía,
La dalia miró á su aclorador con· desdeño!'a. indiferencia; y · como si quisiera
estimular aquella pasi6n que
se manifestaba humilde y
apocada, demostró al punto
su preferencia por el jazmín
de hojas de nieve, por el heliotropo de suave aroma, por
el nardo fragante y por el
poético don Diego, que 80
abría de noche para contemplarla.
Así, concediendo su favor p as aj e r o á unos y á
otros, encendió más y más
el amor del clavel hasta enloquecerle.
En vano, amantes siempre, y siempre compasivas,
procuraban embriagarle con
sus aromas la rosa v la violeta, y atraerle con· bUS encantos la margarita, la perpetua y la pasionaria; mustio y rendido, idólatra ciego
de la flor veleido~a, el clavel
mendigaba humilde algunos
de los favores que tan fácilmente concP.día á otros
amantes.
Y sobre el tallo verde y
erguido, el clavel desmayó
poco á poco, y su corola se
deshizo, y las bojas s~cas
desprendiéronse del cáhz Y
cayeron en tierra.
Que así como para los
galanes presuntuosos ha Y
mujeres coquetas, vengadoras de las apasionadas, para
los claveles vanidosos hay
dalias insensibles, flores sin
aroma, séres sin alma.

La PrimaYern parecía haberse complacido prodigando en aquel
j:irdÍn pintoref'CO SUS más loza.nas flores.
Entre todas ella&lt;;, erguido sobr~ su fresco tallo, se alzaba el
clavel rojo, embalsamando con su aroma penetrante á la brisa que
le acaricia ha.
Abríase el verde cáliz; los pétalos encendidos como llamas,
formaban !'Spléndicta corola, y las flores del pensil, llenas de asombro, le contemplaban con deli1·i:1. Todaf', todas se inclinahnn humil&lt;its y le amaron en
cuanto le Yieron.
Las az11cenas candorosas,
con sus hojns de nácar y sus
pistilM ele oro, le ofrecieron
las primicias de su pureza
virginal, homenaje á la hernv·sura deslumhraclora de la
flor rncendirljl; las violetas tímidas temblaban en t re la
hierba con el dulce estremecí. miento de la pasión; las margaritas, inocentes, sinceras
como campesinas, no disimularon su asombro; las siemprevivas le brindaron su amor
eterno; las pasionarias trepadoras le oprimieron con amoroso abrazo, y hasta las rosas,
antrs tan soberbias, mostráronse rendidas como si-fueran
esclavas.
Los lirios románticos y
los alegres al~líes palidecieron
á la vista de aquel poderoso
rival, que nacía para arrebatarles el amor de. las otras
flores.
Así, halagado por su necio orgullo, creció el clavel,
hinchóse poco á poco, y de
puro vanidoso y satisfecho bízose insoport.,ble.
.
Como µresumido galán,
para quien son fáciles todas
las damas, miró á las flores
con el mayor desprecio, y hasta le parecieron indignas de
sus favoref'.
La rosa ' por demasiado
,
erguida, la azucena por candida ' la, 8iempreviva
.
.por fúnebre, v 1a pas10nana por
triste.' n.o lograron sino desdenPF á rambio de sns halagosy
caricias,
Casi. mustias, se consumían sin lograr alguna la preferencia clP. su rivalidad amo~~
rosa, cuando de pronto brotó
en el verjel una· planta descoBlanca y Negro.
nocida.
El jardinero había traído
Un negro estaba medio
la semilla de muy lejos, y desagazapado en el mue)le de
Toilette de reuniones, propia para señor~ de edad.
de que la puso en la tierra
la Barceloneta. Las ¡)lemas
dedicó á su cultivo desvelos y
le pendían al ras del agua, la cabeza la tenía apoyada en un~ gran
cuidados.
Visitaba con asiduidad el sitio en que la sembró, y cuando argolla, y al costado tenía un cubo todo lleno de carb6n de piedra.
Era un negro, negrísimo, largo como un día negro: flac? Y hueaparecieron los primeros brotes, todo fué atenci6n y esmero para
sudo, y por toda vestimenta llevaba unos pantalones de hilo Y~
dirigirlos y desarrollarlos.
chamarreta azul que, abierta por el pecho, dejaba ver las costillas
Creció el robusto tallo más, mucho más que el de las otras tJ-ouna por una.
res: aquélla sin duda iba á ser una buena moza.
Los que van á menudo al muelle veían todo el día al ne~ro
Ya esperándola así, complacíase el clavel en contemplarla, sedando por entre medio de los fardos, de. las pacas de algodon,
guro de encontrar en ella una nueva adoradora, y satisfecho de an( Concluye en la página 618.)
temano con su conquista, observaba el crecimiento rápido de las
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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