<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="3171" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/3171?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-18T20:09:06-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="1600">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/20/3171/El_Tiempo_ilustrado._1906._Vol._6_No._45._Noviembre._2000200333ocr.pdf</src>
      <authentication>618c46ef160ed9c70cf92469070ebc81</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="115419">
                  <text>.~· .

.. '"'·

...--

,

., ~

,

AÑO

.

.

YI. .,.,••
7"'1-l:"::=

MÉXICO, DO?iHNGO

4 DE N0"\TE:MBRE

DE

1906.

NuM. 45

..

. ..

,:,a:.

.....
r

El Angel de la 1az de los Sepulcros.
Escultura de P. Muller.

~·.·:
.

~

�-634 - 635 -

DOS DE NOVIEMBRE.

de ignorantes, de paralíticos que no saben quela muerte es la vida
que el descanso es la paz, que el olvido es la dicha y ni ven !
.
.
h
.
'
'm
oye~, m co~oce~, m marc an, m laboran por llegará ese oriente
Iummoso é mfimto de la verdad!. ........

---,·---

Vengo de la fiesta oficial de los difuntos, de la macabra romería anual á los panteones, que las multitudes practican en este día,
consagrado por la Iglesia para orar por el eterno reposo de los que
fueron. Es una fúnebre exhibici6n de vanidad, un alarde de hipocresía, una gran mascarada en la mansi6n de la paz y de la verdad,
pues que cuantos discurren por las callejuelas del cementerio, van
por paseo, por moda, porque allí se dan cita todos los despreocupados y los indiferentes para pasar revista á las tumbas, admirar el
adorno y leer las inscripciones, como se va á ver los aparadores, sin
que del labio surja una plegaria, ni el vaho de las lágrimas enturbie las pupilas, ni un recuerdo doloroso se esperece en los limbos
del olvido á donde se le rezagara, ni de la conciencia se alce un clamor de verdad.
He visto desde lejos á la muchedumbre, invadiendo la vasta
amplitud de la necr6polis, y aquel hacinamiento de figuras humanas, moviéndose rítmicamente como en el fondo de un escenario
escueto y triste, limitado por el manto azul del cielo, roto en pedazos por la perforaci6n obscura de una fronda vigorosa? to_davía sin
los pincelazos áureos que deja el Otoño, me ha parecido un montón de aut6matas, semihemiplégicos, con un mismo ridículo y
acor'de movimiento, manejados con los ocultos hilos de una sola pasión· 0 como una inmensa procesi6n de gusanos, que asistieran al
festí~ de la carne en descomposición, copiando la asquerosa 'labor
de las lar\ras tierra abajo, 6 la suprema demencia del mundo suelo
arriba.
Era repugnante aquel contraste enti:e la muerte y l~ vida, entre la quietud y el estruendo, entre la verdad y la mentira; aquella
manifestación de dolor hipócrita, hecha sólo por ser día de duelo
oficial como si el corazón fuera un duro altar de granito, don de el
calendario, á manera de severo sacristán, pudiera ir encendiendo los
cirios del recuerdo y colgando )aj ofrendas del afecto á las adoradas
imágenes caídas y á los cariños muertos, para quitarlas y apagarlas una vez concluida la fiesta, volviendo á quedar vacía el ara y
desnudo el altar como en los santuarios abandonados, donde las
cornejas y los b~bos hacen sus habitaciones. Si el sarcasmo pudiera personificarse, sin vacilaci6n lo habría representado en aquella
feria de la tristeza á donde se iba á buscar el dolor, como una
mercancía para r~cibirlo rn casa por unos instantes, mientras no
se franqu:aba la puerta de salida y se volvía al bullicio del mundo,
en donde el placer alza su~ báqu~cos cantares Y.~frece sus insanos
deleites, como una recompensa a la ¡,rofanacrnn consumada en
aquel sitio de retiro y de paz.
Entré al cementerio para confundirme con toda .aquella multitud abigarrada y jubilosa como si se encontrara en un sarao, como si se deslizara sobre suave alfombra á los voluptuosos compases
de una danza, sin pensar q;1e h?lla~a la tierra q_ue había brindado
cariñoso lecho á deudos y a amigos ido~ para siempr~, y en vano
busqué en los rostros una sombra de tr1~tez~J en los OJOS el rastro
de una lágrima, en los.pechos ,una palp1~c10~ de pena, en ~os cerebros una seria reflexion filosofica. La msíp1da charla social, la
misma que mariposea_in9uieta eB calles y salones, que revo~otea al
rededor de insubstancialidades, hablando de modas y espec~culos,
de asuntos pasionales y rumores que desgarran honras, tn~:mfab~
allí como única soberana rolando sobre el adorno de las cnptas o
lo numeroso de la concu;rencia, y lamentándose sólo alguna dama
romántica de que la Naturaleza no hubiera tomado parte en el duelo del día, pues que e.n los cerca~os maizales el ci~rzo no hacía crugir las panojas con el lúgubre chis- cbás de un baile de ~squele_tos,
la montaña vecina no.parecía un túm~lo con u~ sudano _de n/eve
y el cielo estaba tan. diáfano que semeJaba un cristal que 1ba a ,reflejar en su superfic1P. aquel cuadro carnavalesco, que era un grafico diseño de la locura.

mo ofreciéndose un abrazo que entibie las asperezas del frío· la tierra, rociada con lágrimas, se abre en flores tristes; el m~sgo se
agarra con sus sedosos é invisibles tentáculos á las modestas losas·
las lianas trepan y se enroscan á los monumentos; los cipreses'
siempre de pie, en constante guardia, semejan índices que indica~
la región del divino cornmelo, y cuando la pica del sepulturero cava una nueva mami6n, parece que los demás sepulcros, conmovidos, corean el fúnebre eco con voces dolorosas y extrañas ... .. .
Graves y austeras enseñanzas da el camposanto en la soledad
con el lenguaje mudo de sus fosas y sus osarios; es un convencedor
filósofo que analiza los oropeles del mundo, las ilusiones, l~s riquezas la gloria, y nos las muestra como un puñado de arcilla, corno
alg~ sin coexistencia ni resistencia, fugaz y deleznable, que se disipa y se derrumba con el beso de la muerte. Nos enseña lo que somos, mostrándonos lo que fuimos y lo que seremos: tierra animada
por divino soplo, que debe volverá su origen para estrecharse con
el limo en largo abrazo, hasta el día de las reparaciones y de las
justicins inmutables ..... .
Dukes ronsuelos ofrece también cuando el coraz6n se desahoga vertiendo llanto sobre la tumba que guarda despojos queridos,
y el labio murmura oraciones nunca aprendidafl, y que no son sino
nuevas promesas de amor, protestas de fidelidad, anhelos de vida
mejor, efusiones todas que demuestran que. el cariño !es!de en algo
inmaterial que no acaba con la muerte, smo que hbrandose del
olvido entra en inefables deliquios ultracelestes. Allí se llega con
las heridas sangrantes; allí se va á completar la última sílaba de
un adi6s que se principió en el lecho ?'lortu~r!o, se continúa día á
día y se te~mina. ?asta ~u~ Re ~a ~l mismo s1t1? de r~poso; al!í se
tiene la satisfaccrnn de u a decn a una memoria quenda: ¡aqm estoy, no te hP dejado sola!; y de .allí se vuelve con la melanc6lica
resignación del convencido y la rnefable espera1'.za del creyente.
Pero esas enseñanzas y esos consuelos se reciben en la soledad,
cuando la razón reflexiona y el alma siente, no cuando el estruendo loco del mundano bullicio ahoga con rl mido de sus cascabeles
el acento de la ,·erdad; se aproVfichan en el silencio, reconcentrándose en espíritu, que si el placr.r es amigo de la expansió~ y de In
jovialidad, la. pena es retraída y calh,da, y busca la qmetud del
retiro, pues mientras el júbilo sale á la calle, el dolor se queda en
~a.

'

De aquí que en la mascararla de este día, las tumbas q_u~ mas
. lástima me inspiren sean las más suntuosas, donde arden cmos en
profusión v cuelgan por doquie~a listones ne~;ºª· .Allí duermen
los olvidados los que nunca reciben una oracion m un recuerdo
de sus deudo~, los que sólo tienen ~erecho al homenaje anual que
la moda previene y el cariño repudia; los que en el hogar son una
carga porque aún demandan pequeño. ,gasto en el presup~esto de
egresos. Se les otorga la conmemorac1on, no por amor, smo .Pª~
que el mundo la vea; es el sacrificio de la vanidad, un sacr1fic10
del alma.
** *
Por fortuna los dolientes han empezado á desfilar ; se ~espoja
á los túmulos de los adornos· la cenagosa ola humana comienza á
' de la vec1~a
. montarni ?º arran~a
retirarse á su sentina; al cuarzo
fulgores ('] ámbar del ocaso, y la blanca \ enus y el roJo Anta.res:
corno una gentil pareja de enamorados, marchan por el azul empalidecido de los cielos.
. .
Poco á poco el cementerio va cobrando su augusto s1lenc10, la
soledad y la noche lo van cobijando con su impalpable ma?to, Yla
turba humana vuelve á la ciudad, arrastrada por el vértigo de ~a
locura, sin ~acar un anhelo de vida de sn visita á los mue~s, sm
un 1,11J.l udable proyecto de cambiar el placer deleznable y ehmero
por él sacrificio heroico, de inmolar el egoísmo que mata por la caridad que salva.
.
"'
La
necrópolis
ha
quedado
sola
con
sus
difuntos,
con los ,que
La dureza de la piedra y el mármol parece in_dica1'.}a Pstabilieternamente
viven;
s~
han
ido
los
vivos,
los
?ementes,
~da;edad del recuerdo; ei ciprés representa la persomficac1on de u?a res amhulantes. ¡Cuanta paz en el cementerio! ¡Cuánta~osagita.el
n
plegaria que tiende al azul; la cr~z es un símbolo de amor del cieen
el
mundo!
lo puesto en la tierra, como una idea de esperanz~; el dolor es lo
Me acuerdo del poeta sevillano:
único que perdura en la vida, es un perpet~o grito de la verdad
que oímos en el alma cuando el placer quiere ~bogamos en sus
«¡Qué tristes y solos
brazos y la locura invade el cerebro ... :.. Y todo esto h~ _bus~ado
se quedan los muertosli,
su asilo lejos del mundo donde las pasrnnes braman y el vic10 triun· · da · los
fa · en el reposo de la casa de la muerte, puesta como un puerto y no puedo menos que protestar contra esa mentua rima ,
p;ra los náufragos de la existencia, .como un ampa_ro para los re- muertos no se quedan tristes, que en sus albergues no ~ay I&gt;E:na,
chazados del placer, corno un r~fug10 pa~a los vencidos de la amar- sino paz inefable y divina paz, que es ventura y es vida ; se
gura. Ahí se duerme sin inquietud.es m sobresal~s; en aquellos quedan ~olos, pues ron ellos estáo memorias y esperanzas, Pega'6n
muros se estrella el oleaje de las pas10nes; hasta all~ no _llegan las r ias y anhelos.
Solos y tristes esos cadáveres ambulantes que llaman mansi
vauidades de la envidia; en aquel reposo 1!0 clama el 0~10. Es lugar de paz y de ensueño, no de_ lucha m de desasosiego; en el de dolor al que es asilo de ventura, y en perpetuo carnava~ bu~
ambiente flota siempre algo &lt;le piedad y _de amor; lns tumbas están la dicha en la sensaci6n fugaz, cuando no se encuentra smo 1 ~
muy cerca, pegaditas unas á ot~as, l? mismo la que ostenta fino bajo aquellas losas en· siete palmos de tierra amparados pordO~
encaje de mármol, que la que solo tiene tosca cruz de madera1 co- brazos abiertos de lacruz. Ejército de ciegos, de sordos, de rnu '

-

*** saboreando amargas filosofías
He vuelto tambié~ á la ciudad,
y pensando en cosas tnste~. Y he ll~gado á comprender por qué la
amargura es _un grato manJ_ar _Para ciertos paladares.
. He meditado en lo~ d1~r1os contrastes de la vida, que he admirado hasta e?tre el roJOvivo de Antarés y el blanco purísimo de
Venus, cot?o s1 con sus fulgores personificaran el deseo y el amor
lo que demgra y lo que eleva.
'

PROMESA C U MPLIDA
¡Tan! ¡tan! .... .. ¡Tan! ¡tan! ...... ¡Tan! ¡tan!......
Los ecos de la camp~na del monasterio brotaban desde la alta
torre; sosegados y angust10sos, en aquella soberana mañana de primavera1 subían m?ntañas arriba como bus&lt;',ando el agudo perfume
de los limoneros silvestres, y descendían á mezclarse con el ruído
de las olas del mar.
Porque aquel afamado cenobio, cuna de sabios, verjel de santos. varon~s, descansaba allá arriba, suspendido del monte. Sobre
la m~ens1dad azul del Mediterráneo. Y aquellos monjes blancos
traba_Jando y orando en aquell.as alt?ras s~lenciosas, semejaban J
cándidas palomas prontas á hmr hacia regiones siempre floridas.
En aquella soberana mañana de primavera se preparaba uno
de ellos á emprender su postrer viaje. La vida de un pobre lego
de un hermano, ignorante y simple, se apagaba al soplo de l~
muerte.
¡Tan! ¡tan! ...... ¡Tan! ¡tan!. .. ... ¡Tan! ¡tan!......
Por los ~nchurosos claustros va en dos largas filas la comuni~ad toda hae1a la pobre cel~a del enfermo. Las luces que los monJes llevan en sus manos palidecen envueltas en los efluvios del E-ol
qu_e entra á raudales por anchas ventanas. El canto mortesino del
M1serere contr~sta fuertemente co~ los cantos de vida de los pájaros.
con el ruído nente de las fuentec1llas de los patios floridos con ei
rumor cercano de las olas del mar.
'
Las mano~ venerables ~el Abad llevan el Pan inmaculado de
las almas, sostienen la Hostia Santa, que quiere darse al simplecillo lego como prenda de seguridad para la marcha eterna
. Y la bocanada s.aiina de los mares, el aroma delmonte, el olor
mtenso de los naranJos y de todos los árboles en flor era el incienso que ettvolvía aquella última comunión, era el latido de la Naturaleza que alababa á su Creador en aquellas amables soledades.

***

La tarde va cayendo.
En la diminuta y au~tera cel~a- ~in más adornos que una cruz
de palo y una ventan~ abierta hacia la mmensidad~n humilde cama de tablas y de pieles, espera el enfermo su postrer instante.

un Las testrellas . hablan, Y como. reza el cantar que su charla e 8
'd perpe duo mentir, creo lo contrario, pues los poetas siempre han
si o gran es embusteros.
entreL~ ~srllas p~rece que con s~s hilos de luz tienden una red
. eh cie OY la tierra, una vía luminosa para que viajen las mi
::~:s um~nas al .Pª1s azul del ensueño. Y pensando en esto he tra:
lt estas lmeas, smtiendo un extraño afán de volver al panteón en
noche, pleno reposo, para ver si puedo sorprender un diálogo
~n re esos uc~ros. del .zafir y los difuntos en este día de muertos.
¿t~ué no habra m1ster10sas relaciones entre los fuegos fatuos de la
1erra y 1os del firmamento?.........
EDUARDO J. CORREA.

ªf

t

Cerca de él, sentado en silla de esparto, opilado y triste lo
contempla con mirada de lástima el Hermano enfermero.
'
El mori~un~o, de vez en cuando, con el rostro alegre, interrumpe el silenc10 de la celda, y su voz, ya débil, trata de cantar
salmos de esperanza y resurrecci6n. La impaciencia ·se muestra en
sus cantares.
La tarde va adelantando más.
De pronto, el enfermero lleno de dudas ante aquel morir tranquilo, temblando ante el misterio de aquella vida que huye, pregunta pausadamente:
- Hermano Agatón, ¿cómo estás tan contento?
- ¿No lo be de estar? ¡Si muero!
-Pues por eso mismo, Hermano.
-¡ Ah! ¡Ya comprendo!- exclama el enfermo con una de esas
intuiciones repentinas que alumbran el espíritu á punto de partir·
- ¡ya comprendo! Es verdad que mi vida monástica ha sido floja
remisa, que mis penitencias no han sido grandes, que he faltado
muchas veces á los actos de comunidad, que he cuidado tal vez de
mi flaca salud.
- Eso, eso, - murmuró el otro.
-Pero oíd, Hermano. El Señor es misericordioso, y esta mañana, cuando ha venido á mí, cuando me he quedado á solas con
El, me ha dicho que me salvaré, porque El cumplirá su palabra,
la promesa que nos da en su Evangelio: «No queráis juzgar, y no
seréis juzgados; perdonad y seréis verdonados.n
Yaunque es verdad que no he serYido á Dios como r1ebía, sufría siempre con paciencia los desvíos que por esa causa me mostraban los demás religiosos, perdonaba de corazón sus palabras duras, excusaba sus actos ... ... por todo eso puedo ahora estar alegre,
el Señor me lo ha dicho, el Reñor que es bueno.
En sus ojos comenzaba á brillar el día de la inmortalidad.
Por la abierta ventana de la celda entraba la última palpitación
del crepúsculo.
Allá lejos, donde el mar y los cielos se besan, tremolaba la
blanca vela de un navío que tal vez volvía á la patria.
En la montaña, las aves regresaban á sus nidos.
El Hermano Agat6n volaba al cielo.
F. LE BRUN

*'*

r

Adela,ida Ristori, Marquesa Oapranica del Grillo, en 1868, en 1902 y en 1906.~

y

�--037 , . rea
. 1mente, d011 .Juan de 1\Iaíi . ? F , ,·
.".Jtxistió
- , de ,erns,
os ensenaran su enterramiento y os
t .: . ~1a. . ,n Se, illa por.rom~nticismo, por poftica efusión del alma vale má~ que Te
sin emb.'lrgo, en guardia contra la co~1 _aian ,.su h1stona. ~oneos, nono caiga á los _Pies del capitán Centellas que ie da mue;te segú. ude don Juan de Mañara hay dud patr~na. Stn negar la existencia nos asegura Zornlla
y sus vicios. Ni un solo' docu.menri s°, re su carácter, sus virtudes
á la puerta de su casa
lo ha retratado Tirso de Molina
dcml uestra que fuese como nos
, como o vemos en la ob d Z
mora 1 mucho menos como nos le pintan Al . d.
ra e :;a- \ cuando, por lo vi~to, el intrépido hidalgo se disponia á acostarse
1
y Zornlla. La tradición aprovechada p 1, l e~an. ro Dumas, padi:e,
nuestro lad? la vida le sería imposible.
·
Téllez, debió haber llegado á él por 1° , ; insigne. Fray (J"abriel
Don .J ose Zorrilla, nuestro gran poeta nacional, el más elo01
ningún otro testimonio En
'ia, :a Y sm el apoyo de cu~~te eyocador del pasado. e~pafiol, amaba entrañablemente á Te1
Eht Barla1do1· de Sevill~, ~s deci~~ de ~::u~º::~av~~:t~~i:~:ni~,, Y de nouo ~ ~ sus. hermanos espmtuales el Capitán don César Monto a
an nutn o los demas escritores em
d
tr::;o, se
Cjidan ~1ego_ Martínez de :4, buen juez mejor testigo y al Capi~~
yendo e~ Zorrilla, Juego de hab~r pa:~~npir rir~a:ora y C()n~l~on e ro Saldana de Matganla la Tornera todos tres a uestos a1enmée, _)dlozl~rt y ~fusset.. Cl:3-ro está que es freci:~~ ;¡ºeuJ·!~: l~ardr, ena~orados, pendencieros y todos r~ndidos en lis postr~er ?s de su vida á la mano inexorable de dios Zorrilla que no comP O e una v1 a 1cenc10sa red1m1da por el
· ·
pw!o existir Maíiara y que á la vuelta de e darrepe~t1miento, que p1en e que las cosas de. amor. y de espada tengan un' desenlace naT
·
ª a esquma nos halla- ~ural. ~ humano. Necesita la mtervención divina la tercería provirtamo:i un. enono. Lo que no se ve sino muy rara vez-i mis o·
ene.:ª que la res?elva. Su romanticismo ~s profundamente
no l~s ha stdo de~arada esa fortuna-es el portento de audacia f~~
:.spanol
p01:que asocia ~ los triunfos de la pasión un elemento cris~:,~d~z, /~se3faJ~· nobleza y coraje que nos d:1 el bello sed~ctor
, ona n ~ e. oa. ¿ Dón&lt;;le está?_¿Quién le ha visto? y sin em- ~a~o,. místtco, qu~ pm:ifica y ennoblece los desafueros de la carne
o os sus personaJes viven desenfrenadamente pecan á, mansalva.
br~o, e~te tip? 1d~al, fantástico, quimérico, fascina á nuestras mutodo: el candor de las doncellas, ~l decoro de los ma~
l?datropellan
e e um , res, mquieta á las mujeres y sobrecooe á los hombres
sagrado
del hogar, las canas de los ancianos y sin embargo
:\cabo d0 verlo en el Te~~ro Español. Mientras d°on .Juan de hino~
os de os, des~ués de darse al diablo cien veces en los trance~
~ods ante hla hermo~a.nov1cia, ~e dispara aquellas décimas e~ las que
ª espec o de su línea sonondad no la' apura os, se redimen y se salvan.
~e la menor ternura, los ojos de las mu¡eres lla~eaban de emoción. ¿Y el desJumbramiento de los hombres cuando
el_ héroe mata al Comendador de un
pis~oleta~~ Y da muerte en duelo á don
~ms M~¡ia? Todos, aun los más escéptt_cos, vibraban al compás de a que 1
e¡,en~plo de osadía vigorosa é intrépida.
¿Sera que el valor, el riesgo afrontado
serenamente, despierta admiración en
todos los hombre~, hasta en los que rep_ugnan la tragedia y las heroicas efusiones de Eangre? ¡Oh, sí! Es evidente
que el nervio guerrero v,1le tanto como
la facultaJ filosófica, que un héroe de
las arma~, un gran soldado, equivale y
t&gt;Upera °;uc!-i:~s :eces á un eximio pensador y a un rni:;igne artista. Un pensado~· conduce y mueve ideas, un artista
anima sueño~. rn gran capitán es un
amasador de realidades. m fija y encauza el destino de un pueblo de él
pende la eficacia de las propagnddas intelectuales, y su espada victoriosa abre
en el Mar Rojo de la esperanza una senda á los pueblos en su marcha hacia la
Israel de promisión ......

Estado para que esté seguro. Las manos de
un particular, industrial ó comerciante le inspiran desconfianza y temores. A los tr~inta y
cinco años, nuestro Tenorio, harto de boetezar
entr~ los brazos de J?Ujeres que l_e aman por
su dmero y de aburruse entre amigos sin graIgnoro si los españoles de la generación ancia que se arruinan con estúpida terquedad
terior se tendrían por parientes de Tenorio y
sobre
el ta pete verde, contrae matrinionio; un
si se consideraban ligados á él por esa obscumatrimonio sin etapas de romantirisn,o, cll lra trabazón espiritual que suele revelarse.
culado, meditado, y meditado sobre todo liantes que en la fisonomía y antes que en
naje de garantías morales y pecuniarias.
identidades y pormenores físicos, en semejante es don Juan. Así le he conocido ,o. A~i
zas pasionales y en paralelismos del tempele tratáis \'OSotros. A~í, en tal gui~a, como
ramento y del caráctbr. De los viejos que codiría un clásico, le honra la gente de su tiemnozco y trato, no be podido colegir, aun c,,n
po. Es un egoísta vulgar, sin pcesfa ni grnnla mayor voluntad, que fuesen en sus verdes
deza; un sensual adocenado, incapaz &lt;le o~ar
años bellos de apostura, desenfadados de
nada
difícil y de ries¡!;O; refractario á bs nogesto, airosos de talante, nobles, intrépidos y
bles y heroicas temeridades en qur. vemos
bizarros, como dicen que fué el audaz amanmetido al don Juan, de Zorrilla; tairnado,
te de doña Inés de Ulloa. Y sin embargo, alcuco y el fondo mezqtJino. ¿lrreligioso? ¿Crego debe de haberse trasmitido del espíritu de
yente? Ni lo uno ni lo otro. Su alma es un
Tenorio á estos ancianos venerables que ahopáramo. lJe niño, nuestro Tenorio cree porra pasean sus canas, sus pesadumbres, sus
que el fuego maternal conforta su fe, y de
ateridos desencantos y su miedo á la muerte,
adolescente practica porque en el colegio se
por la Puerta del Sol y la Castellana, cuando
lo imponen. En el mundo es un dPspegado,
el crítico don Manuel Revilla, contemporáneo
un escéptico manso, un indiferente. No tiene
suyo, nos advierte ccque es Tenorio la persodistinción de alma bastante p!tra que su connificación acabada del carácter español y sinciencia le inquiete con interrogaciones mudas
gularmente del andaluz, por · 1a indefinible
sobre nuestro origen y nuestro destino; no ha
mezcla de altivez romana, fiereza goda y getJosé Zot&lt;t&lt;illa.
pensado en el hilo que ata las existencias de
nerosidad árabe que en las alturas del bien
produce los Cides y los Guzmanes y en las profundidades del mal todos los séres, ni se ha detenido, en una hora de melancolía, á
considerar las diversas doctrinas metafísicas con que pretende exlos Tenorios y los Corrientes.»
¿Qu~ pensar frente á esa afirmación tan categórica? Yo he procu- plicarse el hombre su advenimiento á la tierra y su disolución en
rado dar con 'el rastro de Tenorio entre los hombres de mi tiempo la eternidad. En una palabra, ¿lo digo? el Tenorio moderno es un
y confieso que aun no he logrado mi intento. La personalidad de elegante bruto, un sensual que se sacia pronto, que se arrepiente al
don Juan no aparece, pero en desquite nos i3ale al encuentro su ca- morir de sus culpas.
¿Ha existido Tenorio? Si visitáis á Sevilla os mostrarán un hosricatura. El Tenorio moderno es rico, porque para emprender avenpital
fundado por don Juan de ~fañara, caballero que se pasó la
turas amorosas es indispensable dinero; frecuenta la mejor sociedad,
flor
de
la vida co1 tejando doncellas, al acoso de damas y poniendo
curteja á las mujeres hermosas con vario éxito, bebe, juega en el
casino por la noche, va á los teatros, contrae deudas, pero todo sin en ridículo á los maridos. Fué, según cuenta la leyenda, atreYido,
alam1ar á nadie, sin escándalo, á cencerros tapados. Con precau- seductor y bravo, y por encima de todo, de todo, infatigable en .el
ción enamora, con cautela juega y con el mismo sigilo se emborra- mal. Luego el andar de los años lo transformó. La avidez de la vircha. Reñir no riñe nunca.; cuando el azar le depara una pendencia, tud le gustó más que la dulcedumbre del placer, y las asperezas de
dos amigos se la resuelven con un acta, ó un aprieto muy grave:: con la penitencia más que las victorias mundanas. ¿A qué edad se conun lance á sable ..... . sin punta, ó con un duelo á pistola ...... sin virtió? Se ignora. Lo más verosímil es que al peinar canrs, cuando
ni vigor cu
o
, aliento en el espíritu
•
bala. El Tenorio moderno no es manirroto y ostentoso como el Ya no queda fuego en la sanore
el
brazo,
á
esa
edad
ei~
que
según
la
frase
de
Lucrec10
burlador de Tirso de Molina, ni como el don Juan de Zonilla. De
cien casos en noventa y nueve recata su bolsa á las necesidades de
clelirat linyuaque men15que..... .
sus amigos, mal paga á las .mujeres y pone su dinero en papel del

zorrilla y ti "Ctnorio''

ª

t

~=~-

nr,
'

n

~a°s, ~\

El i-cnliJo heroico cle!:-aparece de
11ue~tro vivir. Somos a paciblefl, url&gt;anos
EL TERREM,,To DE VALPARAISo.-El Cementerio Central después del temblor, los féretros arr · d
.Y en el fondo algo cobardes. Un homfuera de los nichos.
OJa os
~re d:l temple de don, Juan ':f'enorio tendría hoy q ne emigrar de
E ta rt
1
Es~ana. T?do le se:ia ho~til: leyes, costumbre~. sentimientos, d
s
eratura ,~rro~ante, ,emi-bárbara Y cristiana arranca
amistades. ~u alma drnmantma despertaría envidias cdos odios
.el Romancero d~l C1~, nega y fertiliza las obras de nue;tros clárencores S l d 1 '
l
· ,
¡l
'
'
' sicos Y muer~ en Zornlla. Después acá nadie la cultiva E 11
;
. ' e e a u ana y se e agasa¡ana por ( e ante pero por de- exaltan tres ideales: el honor Ja. mu¡'er y Dios Flota e. n el. a se
tras todos seríamos enemigos suyos. Temblaríamos 'por J.L paz de tura u a
· . ·,
.
. '·
'·
n esa 1teranues_tr_os h,ogares y ba!·runtaríamos v.agamcnte el rid1'culo qt1e va
nl asp1~ac1on anstocrat1ca, feudal, que se concreta á la larga
en este iecho. solamente el soldado el noble l h b d
,
, e om re e guerra
apareJa do ::t _todo enga!10 ?º.nyugal. Sm embargo, yo creo que don pued
I t d S
Jua!1 T~nor10 no podna v1v1r entre nosotros. Si por un milao-ro de
,. e osar o o o. 'o1amente él tiene fueros para todo ·Com
'
la c1enc1a ó de Dios el héroe de Zorrilla resucitase, me inc"'11· 1,o ,-" deis. ~or qué las obras
Zorrilla no reSf)onden al espítitu
" crát1co, llano y clemente de nuestro tiempo? H 1
d
creer que ?uestras costumbres1 nuestras ideas y nuestr¡1s leyes da- un te t'
· d ·
'd
· oy a espa a no es
ríanle. tedio y h?rror. El vestir moderno, estai; prendas ridículas
. s imom.o. ~ rntrep1 ez, sino el símbolo de una clase social que
,
p1esta un se1v1c10 al E::;tado que vela por el ma t . . t el 1
que a¡us tamos a nuestro cu~rpo, la chaqueta, la levita, el pantalón de i11 t ·10
t . d '
n emm1en o e ory el fra0 parecerían le abommables y odiosos. El habituado á lucir
r) ex}nord
_e/a nación. En épocas de conquista se ex1
la gentil ropilla de tisú, las calzas de ante el ai;oso ferreruelo con
ic~1de que e mi :r is rute de privilegios, porque al fin arriesga
la ,cruz de Santiago bordada; él, hecho á t~ner la diestra en el acero su ". ª. por ensanc ar las fronteras de la patria por incorporarla
y
b
b
I h
. terntor10s; p~ro hoy~ cuando el ejército es casi u¿a policía en ran·bª ;1er S? re su ca eza e e ~mbergo fa,nfarrón y plumeado, ¿cómo de,éufn serv1c_10 del Estado retribuido con hurgues" punttiali'dagd ·á
1 a a resignarse ~ 1:sar !ª levita, el baston y el wmbrero de copa?
t
d
"
¿
y cuando se decidiese.ª. rmprender una conquista amorosa, ¿créeis qu ueros iene erecho la espada?......
' .
qu: s~ avendría á eser.bu· una carta en estos vulgares términos:Zorrilla es un wan p~e~, un fiel evocador de nuestro asado.
Senor1ta: desde que la ví á usted en la calle mi corazón se sintió En su pluma resucita la VleJa alma espáñola tono idealism~ a
!traído_ por su bella persona?-¿Créeis que se prestaría á acompa- turei:o, osadía Y coraje. Atended á e~tos ver~os marciales y d:c1~narla, ¡unto á la madrci , por calles, paseos y tienda15? Luego este re s~ al~ún poeta contemporáneo podría, ya no superarlos igualar~
hombre extraordinario veríase obligado á tomar el tranvía á pro- os siqwera:
'
veerse de cédula personal y á votar en la época de las elecciones, á
habla~ con el sereno de casa de su novia, pues todo intento de esMuerta la lumbre solar
calamiento de balcones sa·ía una locura expuesta á castigos treiba la noche cerrando
men~o~. Conociendo á Te~orio, ¿quién se atreve á suponer que él
y dos jinetes cruzando
transigiera con tales vulgandades? No, no; que no resucite. Ya que
á caballo un olivar.
en España se ha p~rdido el gusto de l? heroico, ya que todos soCrujen sus largas espadas
mos unos pobres diablos adocenados, rncapaces de arriesgar nada
al trotar de los bridones

de

p/ t

LAS RUINAS DE

VALPAltAISo.-Aspecto de la plaza de la Victoria Y: del teatro del mismo nombre después del terremoto del 17 de Agos

t0
•

:it.

J

d~:~:

�-638y vénse. por los arzones
las pistolas asomadas.
Calados anchos sombreros,
en sendas capas ocultos,
alguien tomará los bultos
lo menos por bandoleros.
Llevan, porque se presuma
cuál de los dos vale más,
castor de cinta el de atrás
y el de delante con pluma.

1\Iugía en las cañas huecas
en són temeroso el viento
rasgándose turbulento
por entre las ramas secas,
y en los desiguales hoyos
con las lluvias socavados
hervían encenagados .
sin cauce ya, los arroyos .

decanta su victoria y cunde p9r doquier y yergue ahiva su fre
es cuando el Eterno suscita loe hombres por El destinados á. 1
fenea de su causa. Esos son los humildes y rectos de corazt
ésta parece haber sido la señal de vocación característica del gran.
Obispo de Tuy.
n
Humilde al grado de desconocer él mismo las relevantes ren
das de su talento extraordiQ.ario, radiante con los fulgores del femo.
reyeló.se tal p. Valeriano Menéndez Conde, desde que, simple 8~
mmansta, dióse á. conocer con as?n:bro de cu~ntos le trataron, como un portento en el vasto domm10 de la ciencia. A pesar de eu
origen humilde, fué J:&gt;recoz y muy sonora la fama de hombre de
t~lento· con que, 1!1UY Jº".'en todavía, era ya conocido en la provincia d~ Asturia~. Siendo si':11-ple alumno del SeminaTio, obtuvo el honor smgularísimo de predicar en solemne día de Corpus en la Santa Iglesia Catedral ante un Cabildo que en aquel entonces era tenido
con justicia como lo más selecto y prestigiado entre los Cabildos de
España. Ordenado sacerdote, fué designado para desempeiiar una
cátedra en el Seminario de Valdediós, donde aún perdura la fama
del ilustre catedrático. En esa época se dió á conocer como orador
sagrado en el Concejo de Villaviciosa, donde desde entonces es objeto de veneración el nombre de D. Valeriano Menéndez Conde.
Poco tiempo fungió el joven sacerdote la misión del profesorado,

1ª'y

En el curso del poema 6 leyenda se cuenta lo de siempre: un
militar que asalta un convento para raptar una monja; Dios que
interviene sumiendo al capitán en un sueño alucinatorio poblado
de visiones siniestras y tétricas, arrepentimiento del galán é ingreso
á perpetuidad en un claustro. La inYentiva de Zorrilla es corta.
La base de sus obras está en la tradición 6 en la conseja, y casi
siempre esas historias se reducen á lo mismo: á la redenci6n del pecador por la penitencia. Menos mal : que de la monotonía del fondo de esta literatura nos compensa la galana y deslumbradora frondósidad de la forma. De Zorrilla puede decirae que fué un español
rezagado del siglo de oro, un superviviente de los tiempos inolvidables en que una mueca del monarca español hacía temblar á
Europa. Una sola vez tuve la fortuna de ver al gran poeta en casa
de Valera, y os aseguro que -pm: su tipo y por su porte estaba pidiendo la ropilla, el ferreruelo, la tizona y ser retratado por Pantoja......... •
MANUEL BtENO.

SII~UETA S DE A CTUALIDAD

EL -OBISPO DE TUY .
Entre las glorias que abrillantan los anales del episcopado español, cu ya historia es un poema heroico por la elevación de sentimiento é inquebrantable energía en la defensa de la verdad, figura
hoy en lugar prominente la ilustre persoualidad del Reverendísimo
Prelado de la Diócesis de Tuy, con cuyo preclaro nombre encabezamos estas líneas. L ~ profunda y transcendental resonancia con
que en todo el orbe católico se repite hoy el nombre y las glorias
del Obispo de Tuy, nos exime de entrar en consideraciones políticoreligiosas sobre la grande significación que entraña su valiente actitud enfrente de los enemigos de la Iglesia, y el aliente y esfuerzo
qu e esta digna y apostólica entereza infunde en los abatidos pechos de cuantos simpatizan con la causa de la verdad, que es la
causa de la Religión y de la Iglesia. Acrece sobremanera la importancia de la situación en que hoy resalta esplendente la personalidad ilustre del Obispo Tudense, el estado de postración y abatimiento en que aparecían las falanges católico-españolas al apun tar los primeros amagos de esta campal batalla, provocada co~ aleve
premeditación y preparad~ con todo el cálculo de la p~rfid1~ maquiavélica por los sectanos encumbrados sobre la emmencia del
poder constituído.
Porque, fuera por la fal~a de avenencia que P.ºr añeja! diferencias reinaba entre los paladmes de la causa catóhca espanola.; fuera por ese principio de humana prudencia y cobarde ~olerancia que
de hace años imperaba en las filas del campo católico por obra y
gracia de hábiles arterías y amaños insidiosos que con certera habilidad supo manejar el elemento sectario; fuera, en fin, por otra
causa que todavía no nos es lí.cito explanar,. lo cierto es que el ataque disparado contra la Igl~sia por el Gabmete .López- J:?omínguez
era á modo de tiro de gracia con que los sectarios, alumnados con
el falso brillo de las novedades ultrapirenaicas, pensaron acabar coD¡
la dominación y con el nombre del catolicismo en España.
En tales circunstancias, que no eran del momento, se hacía
desear con vivas instancias una voz autorizada cuya enérgica protesta resonando en las -alturas del poder constituido, fuera bastante
pode~osa para dar al traste C?n la eat~nica maquinació~ ~ue amagaba con inminente y gran peligro á los mtereses de la religión católica en España. Y no se hizo esperar voz tan deseada, eco ~el del abolengo secular cristiano de su vital energía, de su apostólica entereza voz de los heraldos' de la verdad constituidos por Dios sobre el
Athalaya de Sión para edificar y destruir, plantar y arrancar sobre
los reinos é impe11ios de la tierra.
.
.
La protesta del Obispo de T.uy contra _los ataq~es del hber~lismo sectario fué la voz del enviado de Dios en qmen ~alló fehz
cumplimiento '1a promesa del Divino .Fundad?r d~ la Iglesia. Y con
los reyes y los magistrados os af-ront;ar~ en testimonw á mí Y para confirmación de mi doctrina. (1) Porque precisamente cuando el error
(1)

San 'Math.

Don 1/a lettia n o ¡',ienéndez Conde, Obispo de Tuy.

pues bien pronto se le vió figurar con la suprema nota e~ el concurso general de Oviedo en el año de 1880, y con tal motiv? se le
vió desempeñar importantes curatos de la Diócesis con universal
beneplácito de sus muchos admiradores.
.
En tales circunstancias ocurriósele obtener los grados de licenciado y doctor en teología y se fué á Santiago de Galicia, á do~·
de tras brillantes ejercicios, que hacen fec~a en a9uel centro unr
versitario, no sólo obtuvo los grados académicos, smo q:iie, estan
vacante entonces la Canongía Magistral, fué compelido .P?r sus
muchos admiradores á tomar parte en el certamen de opos1Ci~n en
el que el desconocido y obscuro contrincante alcanzó trae reruda Y
brillante oposición, el lauro triunfal ele aquel t?rneo, proclamad~
Canónigo Magistral de la Metropolitana de Santiago. A esta rara •
insólita, cuanto inmerecida elevación, sucedió otra mayo! Y más se_
ñalada todavía, porque á poco de lucir como astro de primera mag.
nitud en aquel cielo del saber, que no otracosaera entonces el/!a
pítulo Compostelano, fué designado i~esperada:II:1ente Y fu:era e de
previsión de los cálculos políticos, Obispo Auxiliar del Primado
las Españas.
·
. rt d ste·
Desempefió el Ministerio Episcopal con grande ame .º' e ue
liando entre sus dotes relevantes la más profunda humilda.d qx•
como discreto velo ocultaba siempre los fulgores de s.u gedio
traordinario. En esa época memorable revelóse el Obispo e el
como dechado eminente de perféeción evangélic~. Si.n duda
carácter d~ Obispo Titul~r, sin juris~icción ordmari~, conste
una situación no muy lucida en el Episcopado, especial1;11en eldO
en España, donde atenido el Obispo.,iuxiliar al mezqu.m.o sudi •
del Gobierno, no puede atender, como se debe, al prest~i -?°pofe
nidad de su elevada gerarquía. Sin embargo, el actua . i á to·
Tuy, mostróse entonces muy contento con su suerte Y aJeno
da mira de ambición, á toda aspiración de ascenso.
ede dejar
Mas como la candela puesta sobre el candelero no pu
·

°

.:Uy

ü':Ji:
:

-639de irradiar los destellos de su luz esplendorosa los destell
f~lguran~e~ de a9.uel genio, brillaban en medio del~ obscuridad os
m la envidia conJurada en contra suya, ni la intriga de los ambicio:
sos, anhelante~ de .los altos puestos de la Iglesia, ni el vacío, en fin
que manos no hmpias creyeran hacer en torno del ilustre Oliispo d~
Tamaso, logr~ron obs~urecer su prec.laro talento y prendas rele·
!antes d~ gemo! pues sm que se sepa cómo, ni por cuáles vías el
Joven Obispo Ti~?lar era proclamado Obispo de Tuy con unive;sal
aplauso y regociJo de los buenos.
'
L a e!evació.n del joven prelado parecía obstará los impulsos de
su vocación_ nativa y al logro de sus brillantes destinos, pues la vida seden~aria .Y retraída que necesariamente ha de hacer el Obispo
de un~ diócesis como la de Tuy, donde ni el trato social, ni lamonotoma del despach~ d~ asuntos ordinarios, ni otra circunstancia
algun3: pueden co~tribuir á _la sonoridad y resonancia del nombre.
de.l Obispo! .Parem~ presagiar con intuición clarividente el acaba miento ~ol.it1co- somal. del grande Obispo, cuya humildad, rayana en
el retraimiento., contribuía en mucho á ocultar las relevantes dotes
de su personahdad extraordinaria.
No fué así, afortunadamente, pues la Providencia de Dios le
tenía reservado para más altos destinos. Por eso tras una época de
• dur3: prueba, porque prueba es, sin duda y durísima la de estar
sumido en la obscuridad silenciosa del ol;ido el homb~e de acción
en cuya mente destel.l an fulgores de genio, surgió como por ensal mo la figura ~sefarecida del humilde Obispo de Tuy, cuyo nombre
repe~cute hoy con universal apJauso en los ámbitos del mundo
cristia.no, como fiel trasunto y digno descendiente de aquella mitrada estirp.e que con los nom_bres de los Valerios, Vicentes, Isidoros,
Fu~genc10s Y.Leandros, brilla como esplendente y gloriosa constelación en el melo de la Iglesia Española.
. .El Obis~o ~e Tuy, según cuenta Juan de Manzanares en un peri?d1co madri!eno, del c.ual tomamos los datos que siguen, dedica su
vida al e~tudio. No reside en el palacio episcopal, sino en una pousa
que la mitra tudense pase á un kilómetro de la Sede en el camino
'
de Tuy á Bayona de Galicia.
. El aspecto, algo rudo, del prelado conviene con el marco en que
reside y con la vida que practica.
Es hombre frugal, madrugador : coge con su propia mano la fruta ó la legumbre que han de formar parte de sus comidas ó colaciones. Gusta de dar grand.es paseos á pie-no ha usado ni usa carruaje
- por las hermosas avemdas de la pousa, cuyas rentas son cuantiosas.
.El prelado de Tuy viste casi siempre la negra sotana de simple
clérigo.
Su aventajada estatura, y su andar, entre marcial y rústico
le d.enuncian pronto á los ojos del que acude á la finca con el pro~
P?Sito d~ ver al señor Obispo. Pocos son loe que tal hacen: pues es
b!en sabido allí que el prelado no gusta de perder el tiempo en visitas, que r~ra vez hace por su parte. El trato de gentes roba el tiempo Y el Obispo de Tuy estudia mucho. Es un teólogo y un filóso fo formidable.
L a rudeza d~ su a~pecto da una idt1a de la inflexible rigidez de
su ~a!ácte.r. Es. imposible hacer abandonar al Obispo de Tuy una
posición dialéctic~ ó una .acti.t~d de conciencia, si la estima justa.
No se p~ede, e~ rigor de Justicia, Jlamar sectario al Obispo de Tuy.
. · N'.1'die ')la dicho crudezas semejantes á las que ha dedicado á loS"
mt~gristas y ~ los carlist~s en su famoso d!scurso del Congreso catóhco de Santiago. La misma prensa catóhca ha oído de sus labios
verdades muy desagradables.
En Tuy se le tiene por hombre muy justiciero y enemigo de
componendas.
Predica mucho, y predica bien. A pesar del tono, un tanto fatigoso, de sus diseursos sagrados, y de la sencillez de su acción en
la que no emplea sino el brazo derecho, sus sermones son sie~pre
notables.
9omo escrito~, su.s características son la facilidad y la espontaneidad. No corrige Jamás sus cuartillas. Vuelca en ellas un estado de alma, y así quedan.
A propósito de esta materia, recuérdase una frase del Obispo
de Tuy, g ran amigo del Arzobispo de Valencia, Sr. Guisasola.
"Yo no sé cómo se las arregla Victoriano-decía en cierta ocasión e.l prelado tudense :-cuando escribe, dice todo lo que quiere,
Y nadie se molesta. ¡ Yo no pongo en mis escritos ni la mitad de lo
que siento, y siempre tengo gente ofendida conmigo!"
He aquí una imperfectísima silueta del 8eñor Obispo de Tuy,
que á estas fechas esperará tranquilamente, paseando á grandes
t~ancoe, baja la cabeza, encorvada la alta y seca figura, por las avemdas, bordeadas de hortensias gigantes, en la pousa de que salieron
las dos últimas Pastorales, y donde ¡ quién sabe si estará incubándose alguna otra!
·
-...iw~¡a....

RALON DE MODA
El día 1'? del mes que comienza se inauguró en la calle de San
,José el Real, números 10, 11 y 12, un salón de Cinemat6grafo-Teatro y Variedades, elegantemente amueblado y donde pueden caber
cómodamente quinientas personas.
Está provisto, además, de un amplio salón para exhibiciones
bonito teatro donde se dal'l esp~ctáculos por la mejor compañía d~
aut6matas que existe en la República.
Este será el Centro de recreo de la buena sociedad de México,
donde encontrará todo el confort, comodidad y elegancia que pueda
desear. En el Teatro infantil funciona la gran Compañía de aut6matas del Sr. Espinal, única en su género, la novedad del siglo, 1,500

~uras en acción, notab~e cuad.ro de movilistas y repetidores, así coo muy bellas decoraciones pmtadas por un reputado escen6grafo.
está ~01:i.tado con gran perfección y elegancia.
Sr. A. Nonega, representante de la E mpresa no descansa
~n m~mento, á fin de hacer de este Centro de Recreo: un verdade10 8alon de moda para todas las familias de la Capital.

irªº

Mr. Charles E. Magoon, Gobernador provisional ele Uuba.

POEMITA TRISTE
(Un pan~ano sombrío, de donde emerge un lirio blanco .... . . , So-

bre el fondo.gris de.l cielo se destaca una garza que mancha. con su triste
blancura la mmens1dad del horizonte. Uri hombre pasa y se detiene á orillas del agua, que duerme el suefio de la muerte. Empieza á morir la
tarde .. . . )

EL HOMIBRE

¡Un pantano .... .. ! ¡una vida!
¡Cn lirio blanco ...... ! ¡un alma entristecida
q ue ~ntre el cieno _m odula su congoja
l al impulso del viento se deshoja ...... !
La tristeza es hermana de la noche
Pero el lirio que brota en la lagun¡
Y entre lo negro su blancura engarza
Es hermano del niño y de la garza '
Y del rayo doliente de la luna... ...
EL

LIRIO

Yo sobre el fango trémulo y sombrío

Rimo una estrofa vaporosa y blanca
Y la empapo en gotitas de rocío;
Y cuando el viento mi corola arranca

O el otoño m is pétalos consume,
A sus cálidos 6sculos despierto
Y en el instante mismo me convierto
En el alma impalpable de un perfume .... ..
¡Oh, déjame soñar! .. .. . .
LA

GARZA

.... .. Yo soy un ramo
Blanco, con alas blancas ... .. . ..)lensajera
De una reina encantada : la Quimera,
Y en el gris pensativo de los cielos
Soy un µunto perdido .... .. un punto errante,
Ascender y soñar son mis anheloR,
·
¡ Adi6s, hombre! ¡adiós, flor ! Voy adelante.
EL HOMBRE

El lirio es muy feliz; la garza errante
Es más feliz aún . ¿El hombre acaso .. .. .. ?
VOCES

LEJANAS

¡Calla! ¡Calla !.. ... .
(Pausada, t ristemente
Va muriendo la tarde en el ocaso . . . . )
RrcARDO

NIETO

[ Colombiano.]

�CUENTOS Y NARRACIONES
POR

ALFONSO M. MALDONADO
TLAXCALA

LA ERMITA DE SAN LORENZO
II
HOR·AS DE AINGGSTIA
En .Ja tlaricle de ese misimo dia, y en fa
sa!la de una ,antigua casa de la dudad de
TJaxioala, se encontraban un anciano y 11.111a
Joven.
El p6merio ,era un hombre como ele s,etenta años, ricamente vestido, ele ram pura española, se fü1111aiba D. ,Pedro Cabrera,
y 1estaba sentado en un iaruoho sillón d e
cedro talla,clo y fon;a¡do ,con ,cuero de Córdoba.
La fisonomía del anciano revelaba la
bonclaid de su .carácter, á ,la vez que !a
nolbleza de ·su orig.en .
La joven tieuní,a á Jia peregrina belJ.ez:1
de su rostro, un tinte de inefable dulzura, como cl q,ue se desprende ele la~
VÍ&lt;rgenes &lt;le M11.1rillo.
-Hoy debe Jliegar D. Lorenzo de Espi ·
nosa, según nos at1Junció ay,er el criad ·
que 1S1e 1e !adelantó una jornada ,en Segnra
de la Frontet1a---dijo el anciano.
--iSí, abuelito-contestó la joven-y ya
todo está preparado ,para recibirlo.
~9t~ hJ.egaida viene á libranme ,ele ,las serias ipreocnpadon.es que .amai:gabatn estos
mis últimos años ele, vicia; temí¡a que la
muerte viniera á sorprende11111e antes de
dejar asegiuratdo tu ,p orveni·r , y si_n qu·:
ht~biera ailguno de nue·stra familia tá qniet,
confiar tu persona y el ou.ida.do ele tus bienes. 1Por eso escribi á Lorenzo que a.nticipara su regr.eso, y ,c on él ila cel,etbrélición
deJ concertlaido matrimonio ,qué, supongo.
será hoy tan &lt;le tu agrado como ,l o .f11t
cuando me pidió tu mano antes de ma·rchair ;á 1Espia,ña lá recoger la 1herencia de mi
buen annigo Juan.
-Hoy, como entonces, abuelo y señor,
estoy dis.puesta á obe,clecer tus órden.es.
El r,ubor !que coloreaiba las meji11as de
la joven, :ponía de manifiesto que, en aque
1la vez, la obediencia esta!ba al servicio
de Jos deseos el.e su corazón. En efecto.
Lorenzo y Catarina, .que así se Jla,maba la
donceJ.la, se amaban desde niños, y, después de una ausencia de dos años , iban
á reunil'Se ia,qu,el día para no volver f,
sepair.arse m'ás.
1Pasó ,con mu abo fa hora en que el' via ·
_i ero deibfa llegar· á la ciudad, y cerró la.
noclhe. y comenzó tJa t empestad &lt;le qtu:
antes ha1Watt11os; y ya entonces ,)a jnquietud ele la joven, inquietud que había icb
cr,ecienelo por momentos, fu é tanta, que
pidió ,con i,nsistencta á su a.bue.Jo enviara
gente en busca de D. Lorenzo, que no
halbía de estar lejos· de la ciudad. Pcrn
D. Bedro, sin c\e;conocer eil riesgo q11e
corrfa ,rnal,q~ier via,jeiro que, .en. una noche como aquella, estt11Viera internado en
el bosque cercano á Tla.x,cala, conOCÍé!también, y así ,s,e lo dijo á su atribula.ida
nueita, ique ena in1jposibil:e prest.ar ; n aq~eUos mdmerntos socorro alguno ,a qmen
estuviera en el ,casQ ide necesiitarilo.
· INo quedó á doña Catarina más rernr·
so por entonoes que encerrarse en su !habitaóón y pa'Sar el resto de Ja noche ¡presa de ~ ln11a¡yor angustia ,por ilos temore:,
á ,ca.ida in'Stante .miáis fundados , de ,que alguna doog,nacia hu bie:a acontecido á sn
e$perado amante. Umcaimente dabai tregua á los ·sollozos para pedir lá tl a Santa

Virgen de los Dolores que tomara bajo su
poderosa peotección á D . Lorenzo y ,Jo sacara con bien. si ¡por aicaso se encontraba.
como era ,ele temir, en apurado t•ranc.e.
Aimaneció el día siguiente: ele la pasada tempestad no quedaban ya vestigios y
D. ·P,edro resol'Vió ienviar á su ma\'ordomo . acompañado de varios mozos·, para
que ,buscaran las hueLlas de 1Jos · viajeros,
por si s·e !habian extraviado en el bos~tue.
D.oña 1Cata,rina ,quiso sa1li,r ella miSfma al
enou1enbro de su prometido, y. {)0\110 fa expedición no ofrecía 1pe1ligro, ni era, á esas

¿Que no ha muerto decís, porque la Fama
Labra su busto sobre mármol frío?
Decídlo así á la esposa que lo lla~a
lnconsolable en el hogar vacío.
Que ~o ha muerto, clamáis entusiasmados
Y á . quien muerto lo llora hacéis repro ch ?
Dec1dlo así á los niños enlutados
e.
Que lo extrañan llorando en cada noche.
¿Que no h_a muerto afirmais porque está llena
De su luz mmortal nuestra memoria'&gt;
Decidlo así_ á la. madre que de pena .'
Cerró los OJOS y voló á la gloria.

•

\.í
\j

\/

Sr . D. Adolio Toussaint (jr.) y su hoy esposa Doña Luz Blázquez de Toussaint.
(Contrajeron matrimonio el 2-1 del pasado mes de Octubre.)

horas, más que un verdadero paseo por ei
bosque. obtuvo fáci,Um,ente ila liciencia de.
su abuelo. ,· acoinpañaida de una dueña_
montó tatrnibién á 1ca!ba1llo y todos pa.rticron en lbmca de D. LoPenzo.

( Contin!tará.")

Pensando en Gutifrrez ~ájera
¡Oh-artista! ¡ Oh pensador!¡ Oh gran poeta!
¡ Oh inmenso corazón de bondad lleno!
Fuiste una dualidad que se respeta,
Un egregio e~ritor y un hombre bueno.
Amabas y te amaban; no hubo sombra
Que obscureciese tu alma sana y pura,
Por eso el labio con amor te nombra,
Tu genio esplende y tu memoria dura.
Tu espíritu y tu amor están dispersos
Como tú lo anunciabas con tu lira
En tus alados y divinos versos
Que el mundo aplaude y que tu patria admira.
Duerme tranquilo; de laurel y palma
Es la guirnalda para tí tejida;
Es muy triste á tu edad soltar el alma,
Cerrar los ojos y dejar la vida I

Los aplausos del mu~do aleve_ y vano
Que sólo arrastran vamdad consigo,
Consolar pue~en al orgul~o hu~ano,
No al hogar sm amor Y sm abrigo.
¡Ay! ¡los huérfanos! pobres serafines
Que el mundo á sus embates abandona;
No desfloréis ante ellos los jardines
Cuando es sólo de espinas su corona.

•

Honrad al pensador, honrad al Genio
Que todo lo merece su grandeza :
.
Pero entrad á su hogar, ancho proscemo
De soledad, de llanto y de tristeza.
Allí dejad ternuras y cariños
A los que el padre amante no recobr~n
Y haced algo en su bien· ante esos 01ños
Las vanas pompas mundanales
'
sob ran ·'
J uAN DE

Drns PEZA.

México, Febrero de 1896.

-&amp;f9.llli
•

LA TUMBA DEL SER QUERIDO.
(Ct1ad1&lt;0 de Se1&lt;geJ1.)

•

�EL

ROSARIO

CUENTO PARA EL DIA DE DIFUNTOS

~~-=========•i==========-~-

Platicando hace algunos días, en una reunión de amigos, del
culto á los muertos, tan fielmente practicado en esta época de incredulidad, he aquí lo que nos contó un médico joven que, por dicha suya, no está muy inficionado del orgullo intelectual y de la
intolerancia científica de que la sociedad moderna nos ofrece tan
numerosos t&gt;jemplos.
-Supongo que todos ustedes han leído la novela de Balzac,
La misa del Ateo. Es una delicada obra maestra. Recordarán ustedes á Despleim, el empecatado materialista que personalmente
asiste á la misa fúnebre que él manda celebrar cuatro veces al afio,
en una capilla de la iglesia de San Sulpicio, por el descanso del alma del acarreador de agua andengués, que fué el bienhechor de su
juventud, cuando el ilustre cirujano no era todavía más que un pobre estudiante.
ccfü jo ese nombre, muy poco alterado, de Despleim, Balzac_introdujo al famoso Dupuytren en su Comedia Humana, -Dupuytren que á propósito del alma decía: «Más de treinta afios hace que
ccdiseco y aun no he podido atrapar la punta de la oreja de eseaniccmal.&gt;, Lo que no era óbice para que el autor de este vulgarísim.o
chiste, digno de un sirviente de anfiteatro, ~ejase caer de su bolsillo su librito de oraciones en el enceradu piso de los salones de las
Tullerías en los momentos en que presentaba sus cortesanos homenajes ;l Rey Carlos X. Conócense, además, del mismo Dupuytren 1 admirables rasgos de beneficencia y de generosidad.
ccTal es el hombre á la vez bueno y malo. Unicamente en las
novelas y en los dram~s, se ven car~cteres de una sola pi~za.
.
ccMi maestro, el profesor Saba~ier, que ocupa preemmente sitio en el mundo quirúrgico y á qmen ayudo, como ustedes lo sa·
ben, en sus operaciones, es la antítesis más marcada del espiritualista, pero su incredulidad nada
tiene de agresiva. A uno de sus
practicantes, católico sincero, díjole un día en mi presencia: ccCáu«same envidia vuestra fe, y la duccda, por más que Mointagne lo
«pretenda, no es almohadón muy
«blando y mullido ...... Pero ¿y
ccqué? La sinceridad ante todo ....
«En nada creo yo, y en nada espe·
cero ...... Peor para mí. Yo no tenccgo la culpa.,,

vitó que lo acompañara á su dormitorio y allí á la vez que se preparaba á acostarse, me hizo varias recomendaciones sobre el modo
de aplicar el cloroformo al paciente, á quien él había auscultado
con detenimiento, encontrándole cierta debilitación en los movimientos cardíacos.
«Al tiempo mismo que él me hablaba, quitándose la levita y
el chaleco, el doctor hundió la mano en la bolsa de su pantalón
sacó de ella en un solo pufiado diversos ohjetos minúsculos, los pu~
so maquinalmente en el mármol de la mesa de noche, y entonces
ví,-¡y cuál no sería mi asombro!-junto al portamonedas y enredándose con el manojo de llaves, un rosario, ¡sí! un preciosísimo
rosario de mujer, con cuentas de concha de nácar y engarces de oro.
«No tardó el doctor en percatarse de que yo no lo oía con atención y, siguiendo la dirección de mi mirada, adivinó la causa de
mi divagación. Interrumpió entonces con brusquedad, en medio
de una frase, las instrucciones que se disponía á darme, y su semblante, que ustedes conocen muy bien-su rostro sin belleza alguna cubierto todo por una profusa madeja de barbas, pero en el que
la frente despejada y poderosa, y los ojos claros tan serenos y enérgicos, expresan á un tiempo mismo, la benignidad y la resolución
-velóse repentinamente por una bruma de melancolía.

ccSí, esto le llama á usted la atención-dijome con su afectuosa voz, después de algunos instantes de silencio,-¡este rosario en el
bolsillo de un descreído! ...... ... Sin embargo, nunca se separa de
mí y aumentará la estupefacción de usted ...... Pero tenga usted en-

ccPor otra parte, este escéptico es el más caritativo y el mejor
de los hombres. Viudo v sin hijos, gasta sin llevar cuenta los líos
de billetes de banco que su bisturí
le procura, y la mayor parte la
destina á obras buenas muy discreta y atinadamente distribuidas.
Con frecuencia encontrarán ustedes su automóvil detenido á la
puerta de una casa de miserables.
A prodigar á éstos su asi&amp;tencia
y á sacrificarles su precioso tiempo, se le encuentra siempre listo.
Hábito suyo es cuando visita á enfermos pobres, envolver uno ó
dos luises con el papel de la receta. ¡Y á cuántos de sus c?legas ha tendido que ahora mismo, antes de que concilie el su~ño, ?ªré paauxiliado en necesidades apremiantes! ¡Y á cuántos estudiantes ha sar por mis dedos sus menudas cuentas, como en la 1gles1a lo ,haprestado su protección para que prosigan sus es~udiosl, En b!eve cen las buenas mujeres y que recitaré una docena de Aves Martad.
resumen es un corazón de oro. El doctor Sabatier, filosofo pirro- Y así lo hago noche pdr' noche ...... Pero ya que una casualidad le
nico, vi;e, para decirlo de una vez, conforme á la doctrina del ha revelado á usted, mi querido amigo, todo esto .. ·; ..... Va)'.'a, vaEvangelio.
mos á sentarnos al calor de la chimenea......... Arropome m~ baU!-,
y voy á decirle á usted cómo yo, el viejo escéptico en matena r~hgiosa practico á diario esta costumbre que no me causa sonroJo,
«Pues bien, -sorpréndanse ustedes-ese libre-pen.Ba~or, ese pued~ asegurárselo, y la que, por otra parte, no hay razón alguna
descreído lleva á cabo diariamente,-síganlo ustedes diariamente para que la mantenga oculta.
,
-un act~ de devoción comparable al de Despleim, en la narr~ción
«Me casé tardíamente, á los cuarenta años, y despues de hade Balzac. Voy á revelar c6mo pude conocer un pormenor smgu- ber resentido las asperezas de mi noviciado profesi?~al. Pero dularmente tierno de su vida familiar.
rante cinco años-¡únicamente cinco afios!-fuí deliciosamente !e«En el pasado invierno el profesor Sabatier fué llamado á To· liz. Virtud, hermosura, exquisita gracia, inalterable benevolencia,
losa para un caso en que e;·a urgente su in.tervención y me llevó ~nc.an~dora sencillez, en la frase. más vulgar, en el. adem.án ~~
consigo, como casi siempre lo hace, porque tiene en mí much~,con- msígmficante, todo esto poseía mi amabJe espo.sa, m1 quendí1:11m _
fiar1za por lo cual me siento orgulloso. Llegamos á la estac10n á Enriqueta ......... Y siempre igual á si misma, siempre buena Y
las on'ce de la noche y nos encaminamos directamente á la casa del riñosa un día con otro y hasta una hora con otra. En una pa a
' una perfección.'
enfermo. Se resolvió que la operación se hiciera al día siguiente en bra, era
.
t'la mañana, y era media noche cuando entramos al hotel en donde
«Mi mujer era piadosa, y á. escrúpulo tuve st.emp~e no l~ ~
marla ni aun por asomo en sus creencias. Los rac1onahsU1.S d 1
debíamos hospedarnos.
. .
.
.
ccEl doctor sentíase cansado por el viaJe. Sm embargo, me m- época'actual, son faná.tic¿s al revés y me son repulsivos. En la con-

•

***

f_

•

ciencia, ó por mejor decir, en el corazón de mi esposa residían,
Dios en primer lugar, y en segundo yo. Pero ¿qué cosa es Dios?
Una hipótesis, según los filósofos modernos; un espíritu puro, según el Catecismo. A menos de caer en el absurdo, no podría yo haberme encelado de un espíritu puro ó de una hipótesis, y me sentía perfectamente dichoso.
cclndudablemente que mucho, cuando otros carecen de ventura. En estos casos: el dtstino, el fatum, se encarga de restablecer
el equilibrio.
ccTenía yo un hijo, un hermoso muchachito de cuatro años.
Mi cariñosa mujer, al asistirlo en un croup, contrajo la enfermedad, y en pocos días..a...quince afios han pasado, y ya lo ve usted,
las lágrimas nublan mis ojos-en poquísimos días, la madre y el
hijo dejaron este mundo.
«¡Oh! ¡qué dolor tan atroz! ¡y cuánto habría deseado entonces
creer, como la pobre muerta, en un mundo mejor en donde vuelve
¡_mo á verá los que tanto amó! No pudo ser así. Para distraer mi
pesar, para anestesiarlo en cierto modo, me eché de bruces en el
trabajo y- ¡qué ironía!-solamente entonces, en ese período de mi
vida, c@nquisté, sin regocijo, con absoluta indiferencia, la fama y
la fortuna, justamente cuando ya no estaba al lado mío la que hubiera disfrutado de todos estos bienes.
. «En aquellas circunstancias, algunos amigos pretendieron que
yo volviera á casarme, porque efectivamente, era un soberbio partido. Horrorizado rechacé la idea. Como no creía yo en otra existencia, quería yo, por lo menos en ésta, permanecer fiel á una ~ola re:
ligión á la memoria de mi muy amada esposa. He cumplido m1
palab:a.. Pronto seré un sexagenario, y desde hace quinc~ añ.os,
querido amigo mio, no me he acercado al cuerpo de una muJer smo
para aplicarle el bisturí.

éstos la trataran como si fuera parienta mía. La buena anciana me
dió las gracias, pero sin rr.uchas palabras, porque seguramente parecíale muy natural mi conducta. Claro es que había comprendido cuán grato me era que me amase, dado que tanto había amado
á mi mujer.
«Así terminó c,n vida muy suavemente. Cuando se enfermó,
hace tres aiios; y hubo de guardar cama para morir, pasé como usted lo comprenderá, muchas horas á su cabecera...... Entonces fué
cuando cierto día, sacó este pequeño rosario de debajo de su almohada y me dijo, con la voz trémula por la emoción:
cc- Sefior Pablo,-había tomado la costumbre de llamarme por
mi nombre de pila, y esto me conmovía- usted no tiene religión y
es una lástima .... .. Pero he aquí un rosario, con el cual nuestra
Enriqueta decía cotidianamente diez A ves por usted, y que ella me
regaló antes de morir, haciendo que le prometiera hacer lo mismo,
mientras viviese y siempre para usted ... ... ... ¡Puntuallliente he obedecido á nuestra bien amada! ......... Y son tantos los Pater y las
Glorias que por su alma he rezado! ...... Pero no tenga usted c1:1idado, usted ha tenido siempre su decena, y esas Aves las he r~c1tado
pensando en usted, como ella lo deseaba ...... ... Ahora, nadie volverá á rezar á la Virgen por Enriqueta y por usted, supuesto que
usted no cree ..... . Pero cuarn;lo yo muera, siquiera haga usted lo que
yo ...... Prométalo usted, sefior Pablo, y me iré muy contenta.

«¿Necesitaré decir á usted que prometí á Rosalía todo lo que
me exigió y que desde entonces, el rosario jamás se ha separado de
mí? Pero cuand¿ Rosalía ya no estaba allí, se sucedió á me~udo,
al contemplar este rosario pensar en mi mujer, en aquella watura
que tanto había rezado p~r mí, que había legado á la v~eja br~tona el encargo de continuar sus oraciones, y para que nadie volviera
«De todos los recuerdos que de mi Enriqueta conservaba, uno á emprenderlas ...... Y un día-por mi parte, esto no tiene sentido
había que para mí tenía extraor~inario. valor, porq~1e, g~zab.a de yi- común ya lo sé- traté de recordar el Ate, lo conseguí, y, diariada. Era sencillamente una anciana cna.da que cmdo a m1 muJer mente dije mi decena ......... Yo no rezo, claro está. Enriqueta. na.
, que en m1. recuerdo......... ¡,'i7amas
desde que ésta era nifia. Rosalía, bretona del Finisterre, que siem- da sabe de esto ya no existe
pre había conservado la cofia de ~u país natal, se ~abía encariña- ya! ¡cuántas ve~es me ha oído usted repetir que de los muertos no
do conmirro nada más porque veia que yo hacía feliz á la que ella queda más que fosfato de cal! . .. . . . . .. Pero vamos, en esto he enllamaba ~u amita y á quien adoraba como si hubiese sido su hija. contrado un medio excelente, pensando en ella .profun.damente.
cc¡Ah! ¡bien sé que muchos de nuestros amigos reirán de bueUnicamente en el pueblo se hallan estas abnegaciones completas,
estos sencillos corazones que íntegramente se entregan á un afecto na gana cuando sepan que ~ste c~ntumaz descreído de Saba~i~r, re:
za el tosario como la más imbécil de las beatas. ¿Y qué dman si
profundo.
.
«A la muerte de mi mujer, como era natural, aseguré la situa- supieran que hay mome~tos ~n que, á la vez qu~_recito mis A~~ y
ción á Rosalía, cuyo dolor visiblemente, hacía comprender que ella evoco la imagen de m1 muJer, con nuestro nmo en las rodillas,
permanecería para siempre conmigo. Hicele esta promesa, y ella la la confundo con la Yirgen María sosteniendo al nifio Jesús? ........ .
aceptó con una reserva y hasta con una especie de frial?ad que no Sea de ello lo que fuere, esta idea ?e la Yirgen Ma.ría, es pura y dedejaron de sorprenderme. Pero, al cabo de algunos anos,. cuando liciosa ... ... ... Yo no rezo. No. Es imposible. Soy mcapaz de orar. ..
y quizás
se convenci6 de que seguiría yo siendo viu~o y realme~te mco~so- Sin embargo' creí en todo eso, cuando era pequefiuelo,
.
'iT
•
lable, pude comprobar, por su comporta.miento, por ciertas mi:a· quede dentro de mí un germen ~e aque~l,a creenma...... , amos, m1
das, por señales ingenuas pero evidentes,. que me profesaba 1:1na m- querido amigo, le haré á usted mi c?nfeswn hasta elfin: ....... . A~gufinita gratitud por haber &amp;uardado fideh?ad á la.muy quenda au- nas veces, contemplando este rosano ~n el hueco de nu man~, piensente y que por este motivo, hacía aflmr en m1 persona toda su so en esos granos de trigo que han ~ido hallad.os en los hipogeos
de Egipto, en donde por muchos s1g~os estuv~eron .encerrados, y
terndra qu; se había quedado sin objeto á que aplicarla.
ccR~salía estaba muy entrada en años y era de endeble sal~d. que cuando !e siembran, pueden todavia producir espigas.»
Yo le exigía que no trabajase ya ffi:ás, y P?r la. respetuosa cordiaFRANgOIS COPPEE.
lidad que le manifes~ba en presencia de mis criados, conseguí que
(De la Academia Francesa,;

1rnumm1111111111 111f!'l111111m1rm111111111ltr 111111111M-11 rn 11111.1111111111111111111 M 111111111111111: 111111~ 111111111111111111111~111
El hijo suspirando, cogió el.corazón de cera, llevólo. suspirando ante la sacra imagen: las lágmnas brotaron de sus OJos; brota·
ron de su corazón estas palabras:
.
.
I
"Gloriosa María, sierva inmaculada y madre de Dws, rema
La madre está en la ventana: yace el hijo en el lecho.- "Willdel cielo, oye mi queja.
.
.
.
. , ?''
helm, ¿quieres levantarte para ver 1a proces10_n.
. .
.
"Yo vivía con mi madre en la cmdad de Coloma, la cmdad
"Estoy tan enfermo, madre mía, que m veo, n~,mgo: pienso que cuenta por centenares l.o~ tem~los y las capillas.
en mi adorada muerta y esto me desgarra el corazon.
.
''Y cerca de nosotros v1 via la tierna Margaretha, que ha muer_ "Levántate iremos á Keylaar, toma tus Horas y tu rosario, to no ha mucho: María, te ofrezco un corazón de cera, sana la he, dolon'do. "
la Yirgen sanará tu' corazon
.
, .
rida de mi corazón.
Ondean al viento los estandartes de la cruz, suena el cantico sa"Sana mi corazón dolorido, y diré y cantaré á mañana y tarrado la procesión corre por Colonia junto al Rhin.
de con fervor: ¡Gloria á tí, oh María!"
g La madre y el hijo van siguiendo á la muchedumbre, cantando los dos á coro: "¡Gloria á tí, oh María!"
III
II
El hijo enfermo y la madre dormían en su chiribitil: la madre
Nuestra Señora de Keylaar viste hoy su mejor traje; anda hoy de Dios entró de puntillas.
, .
sumamente atareada· acósala una turbamulta de enfermos.
Inclinóse hacia el enfermo, apoyo ligeramente su mano sobre
Los enfermos le 'ofrecen en ex-voto miembros de cera, muchos su corazón sonri6se dulcemente y desapareció.
pies y muchas manos de cera.
La m~dre lo vió todo y aun algo más, como en un sueño: des-_
El que ofrece una mano de cera, ve san'.1- su mano enferma, Y pertó: ¡los perros ladraban tan fuertemen~e en el pa.tio!
.
el que ofrece un pie de cera, ve curado su pie.
Allí estaba su hijo, tendido en su Jergón Y.. difunto: los l'OJOS
Tales y no pocos, fueron á Keylaa~ con muletas, que luego sal- destellos del alba jugueteaban en sus blancas 1íneJ1ll~s..
tan la cuerda. tales y no pocos fueron sm poder menear un solo de.Junt6 la madre piadosamente las manos y canto piadosamente
do que pronto tocan el violín.
en voz baja: "¡Gloria á tí, oh María!"
' La madre tomó un sirio é hizo con él un coraz6n. - ''Llérnle
ENnIQUE HEINE.
eso á la Virgen; ella curará tu ma1.''

iGLORIA A TI, OH MARIA!

•

�LO DE CUDA.

Tropas americanas deEembarcando en Cuba.

U.'o:

CONVlOADO TIM l OO.

LA LUCHA POR LA VIDA
Contaba don Toribio diez y nueve años y pico de casado, y
tenía diez y nueve hijos, sanos y rollizos para gloria de Dios y bien
&lt;le la Patria. Por dicha de los cónyuges todos vivían, y por su desgracia todos vestían y comían, lo cual era una. calamidad para el
pobre de don Toribio, que una oreja se agarraba y la otra no se alcanzaba para mantener a()uella caterva de deRcendientes, de estatura riguro.-amente progresiva, que puestos en fila, parecían pitos de
órg,rno, desde el menor que ya mordía con el primer colmillo, hasta
el mayor que empezaba á atusar el finísimo vello del primer bigotr.
Además, pronto vendría á este mundo, de mucha bambolla y poco
seso, el vigésimo heredero de don Toribio Salazar y Briones, corredor titulado, que, en efecto, corría de crepúsculo á crepúsculo por
esas calles de Dios, buscando en la populm:a y bella ciudad de )léxico, cómo sostener en pie 'aquella cadena de oro, como él llamaba á
los hijos de su alma, de la cual, por divina misericordia, no faltaba ui un eslabón. El futuro heredero probablemente sería hombre, pueE Salustia, la esposa de Toribio, había acreditado con la
experiencia-que ya sr• ve si era larga-que no sabía dará luz sino
varones. Y para maravilla de los pusilánimes y desconfiados &lt;le la
Providencia, aquel Toribio, víctima de la paternidad, era un hombre alegre y locuaz como pocos: gustábale luchar por la vida, y luchaba á brazo partido. Cuando alguien lamentaba la precinia situación del corredor de número, sonriente respondía:
-Hay que tener pacienr.ia, amigo¡ es la lucha por la vida.
Era don Toribio bajito de cuerpo, regordete, chato, carirredondo y con unos ojazos cafés llenos de luz; en ocasiones chancista con
personas de confianza, siempre atento y respetuoso con los superiores y con los inferiores cuando eran clientes, y comunicativo y
alegre con todos. Salustia estaba orgullosa de su brillante hoja de
maternidad y sonreía satisfecha cuando alguno le decía:
-Usted, doña Salustia, podría irse á poblar un desierto.
Era la paciencia personificada, y algunas veces, cuando reñían
los chicos, emprendíanla á mojicones por encima de la mamá,
quien con admirable calma los separaba, si no estaba muy fatigada ;
de lo contrario, los reprendía con mucha mesura; aun para azotarlos cuando las diabluras de los chicuelos merecían tal pena, era
di;creta y sosegada: caía la cuarta lentamente sobre las frescas y
suaves carnes de los bebés, quienes también por intervalos lanzaban
agudos gritos. Eso sí, cuando Morfeo echaba la garra á Salustia, no

(Cuadro de J, Coruha.)

había poder humano que la despertase, así fueran capaces los niños de disparar un cañón á los oídos de la mamá. También la pobre trajinaba sin cesar y bien merecido tenía el profundo descan¡:o
á que se entregaba.
Don Toribio, con heroicas economías, compraba mensualmenLA EXPOSICION DE BUCARRST.

Visita. oficial de los soberanos rümanos.- -La Reina Isabel
[Carmen Sylva] saluda al célebre astrónomo Camilo Flammarion.

te su pedacito &lt;le bi"llete. ele ce La Nacional. l&gt; Ua bíasele nietidu en lrc
ceja y ceja que la caprichosa '&gt;llerte íbale á sacar de n¡,uraciones &gt;.
á darle algún desn hogo, aunque fnese por corto tienipo: .Y héle ahí
sacrificando en aras de una esperanza hasta el vicio de fumar;
mientras no se completaban los centavos destinados á la fracción
de billete que debía meter la fortuna en carn, remolineaba en la boca un puro apagado, forjándose la ilusión de que estaba tan encendido como su fantasía, y lo sabore,1ba como si de verdad funiai;:.e.
Allá va, por esns calles de Dios, saludando á todos, pues tiene más
amigos y conocidos que necesidades, con ser éstas tantas y mostrando aquella cara de PaFcua que á leguas revela la bondad y la
honradez. Ya camino &lt;lel despacho de ccLa :Xacional» con su fracción
de billete r.n la diestra: le ha dado la corazonada de que al fin la
rebelde fortuna se ha condolido de lns cuitas que hoy más que mmca le abruman, y á paso ve1oz anda calles y más calles. Sudoroso,
jadeante, llega al despacho: allí está colgada &lt;le un gancho la lista
de premios. Don Toribio, después &lt;le media docena de resoplidos,
se quita el sombrero, saca el pafiuelo, fingiendo calma, pues le
brinca el corazón, se limpia el sudor que empupa su frrnte, ve por
la milésima vez su billetito y elava los ojos centellantes en la lista.
Aquellos ojos de por sí grandes, parecen crecer: van por varias veces del billete á la lista v de la lista al billete. Don Toribio está
pálido, la emoción prívale por un instante del Ut:iO de la palabra,
motivo por el cual no habla, pero sí piensa:
-Bien me lo decía mi. corazón; no cabe duda, es el número
i5,213; preparémonos para recibir dignamente á la diosa fortuna.
Volvió á &lt;lar otra media docena de resoplido:::, sacó su cartera,
guHdó el billete con sumo cuidado y abroch6se todos los botones
del saco. Por primera vez en su vida pensó en los rateros. ¡Ay,
qué hombres tan malos! Indudablemente la autoridad era benig11a, muy benigna con ellos mandándolos á Yucatán.
De paso para su easa. llegóse á una elegante cantina, l'I duefio
de la cual era cliente suyo.
-Vamos, amigo don Bonifacio, dijo don Toribio &lt;:on visible
rf&gt;gocijo, vengo á ech;mne una droguita, por :.:nas cuantas hora;:,
pues la pagaré hoy mismo.
- Lo que usted guste, don Toribio.
Don Toribio remolineó el apagado puro y recordando que hoy
por hoy podía holgadamente consumirlo y hasta fumar otro, pidió
un fósforo á don Bonifacio, y luego arrojando uocanadas de humo,
díjole con un tonillo raro para su habitual humilde modo de hablar:
-Una media caja de champnfia y pastelillos &lt;le los mejore¡;
para una veintena de bocas que í'O~~n ~ reventar. ,
. .
-¿Tiene usted boda, don Tonb10, o va usted a rcc1b1r algún
e111Lajador?
-Algo mejor, amigo, algo mejor¡ ya le contaré á usted: con
que se sirve usted mandar todo á su casa.
- En el acto.
-Pagaré hoy mismo, no lo olvide usted.
-Conozco á usted, don Toribio, no hay cuidado.
El corredor de númno continuó su camino habland,&gt; v ha ciendo cuentas sin ce::;ar; iba tan preocupado que no saludú á rnu chí:;imos de sus amigos, cosa en verdarl muy nna en un homhrtl
tan cortés y tan saludador como don Toribio, pero la fortuna empezaba á sacarle de quicio. De pronto fíjase en_un rotul6n c~lgaclo
sobre el dintel de una puerta. ce ~lúsica para bmle.,, La necesito, la
necesito pensó " sin vacilación entró en el rlespacho.
'
' J
1
-¿Puede
usted,
dijo á un hombre larg?, _seco, pa, 1·d
1 o y , n~a
encarado que parecía la antítesis ele don Tonb10, llevar su mus1rn
un par de horas á la calle de Chiconautla?
- ¿Nada más llevarla? repuso el i?terpelado.
- Y tocar lo mejor de su repertono. ¿Me conoce usted?
- ¿Quién en México no conoce á usted, don Toribio?

Don Toribio sonrióse satisfecho de su popularidad, y
agregó:
-Con que cuento eón usted.
-Sí, señor, ¿á qué hora"?
-Luego, voy andando, espcrn á u;;tcd.
Don Toribio apretó el paso y saborea.ha eu11 in111t&gt;nso regocijo la sorpresa que pensaba dar :t su Salustia. y á ~u batallón
de infantería.
Llegó á su casa resollando recio y llamando a ¡r t • ú ,u
esposa.
-¿Qué tienes, Toribio? preguntó la diez y nuevt vect·t&gt;
madre, sin alterarse en lo más mínimo.
-Ahí es nada, contestóle Toribio, que hoy vienen á casa dos sefioronas muy buenai;:, pero mucho muy buenas, y
quiero que las recibamos como se merecen. Dnn l{onifacio
mandará dentro de algun," rw ,mentos chamr11ñ·· ,.
t lillos,
y vendrá la música el(· 11 •'. Tú dif&lt;ponlo t
ro
vuelvo con las visita:,;; al , tante que me , a
:; s
,¡ue la
guapas señoras, que la rnú::;i, a toque ¿eh? l"
pieza mfü:; alegre ¿lo oye:--?
-¿Te has vuelto loco, Torihio?
-Ya no tenyo c¡ue d, cirte Hasta luego.
Y allá va Toribio corriendo de nuevo á cobra el gran premio: rns cuentas eran exa, tas; tocábanle á la fractión del billete dos mil pesos del águila, dos talegas bien llenas¡ esas eran las
guapas señor.u, que irfo.n á su h()gar para alivio de tantas nece1-idadcs. Y don Toribio, que no era malicioso, reí ase ~olo de su ingeniosa travesura y de Lt alegría que iba á dar á su familia. Ya le
parecía verá las diez y nueve ediciones ue su estampa dar brineui;,
gritar, meter mano á las talegas y caer al suelo en argentinos chorws,
con deleitoso sonido, las monedas, resvlandecientes de puro nuevas.
Así, riendo y meneando satisfecho la cabeza, llegó al despacho de
ce La Nacional.»
-¡Señor AJ ministrador, dijo con garbo¡ los dos mil duros que
corresponden ú este número! Y tendió d brazo con donaire, mustrft.ndole el billete.
El Administrador quedósele viendo de hito en hito, mientras
don Tori bio repetía:
-¡ Dos mil duros, pronto que estoy de prisa!
-8i no conociera á usted, respondió tranquilamente el Administrador, diría que se burlaba usted de mí.
-¡Cómo! dijo azorado don Toribio: mire usted mi billete,
mire usted la lista.
-Ese billete es de la lotería de hoy, y la lista es de la del mes
pasado¡ aun no se fija la del día¡ aquí la tiene usted ...... 5,2rn.
No tiene nada, ni siquiera aproximación.
Don Toribio casi se desmayó, estnvo como un mjnuto sin moverse y luego con voz desfallecida dijo al Administrador:
-Adiós, seüor, usted dispense.
¿Cómo volveré á mi caia? pensaba, y luego la droga. Hay que
devolver todo en. el acto y echar fuera á los filarmónicos; que · i::e
vayan con su música á otra parte. Volvió á correr en dirección de
la calle de Cbiconahutla.
La puerta de su casa eftaba abierta, don Toribio se precipitó
por ella: apenas le vieron entrar, los músicos que ya tenían afinados los instrumentos, lanzaron en rai.:dal de harmonías los primeros compases de un two-step.
- ¿Y las señoras'? preguntó Salustia á su esposo.
-¡Oh! Salustia, calla esa música. Ya te contaré. ¿Y la champafía'? ¿Y los pastelillos?
--Todo está en la mern.
- Que lo empaquen.
:Xu, ya no está en la mesa, gritaron los hijos ele don Toribio
que en tropel. bailando two- step, acudieron al zaguán atraídos por
In música; nos lo comimos todo, todo y ¡qu{ bueno estaba!
Don Toribio acabó por reírse.
-Ea, \'alor, exclamó. Dios me quiere para la lucha por la
,·ida¡ pues á luchar y ......... adelante.
RAFAEL CENICEROH y YILLARREAL.

EJERCITO

CUBANO.-Los oficiales de la guarnición de Pinar del Río,
con su jefe el Capitán Pujol.

•

�"OFERTAR"
La tienda y la cantina formaban un solo e::.tablecimiento; la
oportuna disposición del gobierno del Distrito, que previene la completa separación de estos dos comercios, no se había puesto todavía
en vigor.
"Tienda y Cantina," se leía en casi todas las esquinas de la
metrópoli, y al entrar á comprar algún artículo de abarrotes, forzosamente debía uno percibir el típico y acre olor de la piquera y de
los distintos alcoholados de muitle, ruda, hítamo, huaco y de qué sé
yo cuántas yerbas más y cáscaras de frutas.
Allí estaban de pie, apoyándose algunos en el m'Jstrador, el
.:argador de la esquina, el mecapa·
lero, el vago mandadero clandestino
ó el cochero, que ofertaban una de
jerecito ó de membrillo á la gatita
que iba á la tienda á comprar un
centavo de arroz con garbanzos. En
el rincón más sombrío del local ó
cubriéndose á medias tras una hoja
de la puerta, estaban también tres
ó cuatro obreros, de esos que no
son vendidos y que echándose á las
espaldas, tanto sus deberes domésticos como su compromiso con el
patrón, se toman cualquier día de
la semana y á c01·rerla que soy muy
liebre; van de taberna en taberna
hasta concluir en las pulquerías
cuando ya les quedan muy pocos
níqueles para encachársela de lo fin-o

Y estas palabras las acompañó el charro con todo el contenido
de la copa arrojado al rostro de Emilio, quien ya no pu diendo ccntenerse se abalanzó con los puños levantados sobre su agresor en
e.l mom~nto en que la niña, habién~ose. acercado á la puerta d; la
tienda v16 á su padre en aquella s1tuac1ón y corriendo hácia él le
gritó llorando: "No, papá .... papacito."
'
Emilio,temeroso tal vez de que lastimaran á su hija y hablando en él más su amor de padre que el quebranto por la ofensa recibida, se inclinó para tomarla entre sus brazos; el desconocido
entonces, aprovechando cobardemente aquella postura de Emilio'
le dió con todo el peso de su cuerpo un fuerte empellón que lo hi~
zo caer de espaldas, sin defensa posible, porque tenía la niña entre sus brazos.
Como una masa inerte cayó aquel
hombre, azotando la cabeza en el sardinel de la puerta.
Larga y profunda herida en el cráneo, gritos de la niña, la e aposa llorando y procurando restañar la sangre
que brota abundante de aquella cabeza querida; el dependiente de la tienda
que ha saltado el mostrador para llamar al gendarme y el charro valiente y
victorioso que ha huido, esquivándose á
favor del montón de gente que rodea
al herido . ....... son el final de esta
escena y principio de una série de desgracias que callaremos, pero cuyo epílogo vamos á referir, procurando con·
servar en la narración la tristeza infinita de aquel cuadro.

"

* * años. Estamos
Han pasado diez
en una humilde vivienda de casa de vecindad en la que sobre los muebles muy
pobres se ven recortes y pedazos de
manta, carretes vacíos aquí y acullá,
calzones y blusas nuevas, y por todas
partes deseches de género y el olor especial de los tejidos nuevos, algo así
como aceite rancio, como olor á fábrica de hilados.
La luz del día ha declinado casi
enteramente y comienzan á escucharse esos misteriosos pequeños ruidos
que brotan de los rincones á medida
que las sombras los invaden, los mos·
quitos zumban en el aire y una oleada
de frío húmedo sube lentamente del
podrido entarimado. U na mujer de cabellos enteramente blancos está sen*
CosAs DE LOS YANKEES.-Los agentes del Servicio Sanitario
tada junto á una vidriera, único punto
E T
**
·-·t
neoyorkino,examinan~oálosinmigrantesdesegunpor donde pueden entrar las últimas
m1 10, su esposa y una nm1 a
da clase de Elhs Island, New York.
'd d d d'
á
·es sobre
de negros bucles caídos sobre 1os
e1ar1 a es e1 1a, y sus p1 ,
hombros y de mirar alegre como un rayito de sol, se detuvieron en la cubierta de una máquina de coser, está una joven delgada, oje·
su paseo para que el papá entrara á la tienda á comprar unas ga- rosa, con los ojos entrecerrados y descansando la c~beza sobre
lletas para la nena. Desgraciadamente, para hacer un pedido al rodillas de la anciana. Un poco más lejos, en un sillón, la ~eJor
tendero, tuvo que acercarse á un grupo de bebedores; el dependien- pieza de aquel menaje, está reposando un hombre con las ~1er~as
te sirvió las galletas y mientras buscaba en el cajón del dinero el envueltas en un sarape desgarrado en varias partes; su respiración
cambio de un billete de cinco pesos que le había dado Emilio para es tranquila y se adivina por su inmovilidad, moralmen te, l a auque cobrara el precio, uno de los bebedores se acercó á él con una sencia de las aspiraciones que engendra una esperanza, Y fisícacopa en la mano y lo invitó á beberla con estas palabras: "A su sa- mente, el movimiento de su cuerpo por alguna enfermedad paralud, amigo."
lizado.
Emilio, que no esperaba tal invitación de aquel extraño, no suEnfermedad y miseria, dos palabras que son la síntesis de la
po de pronto qué contestar, y le dijo, retirando suavemente la copa absoluta desgracia; sentencia tremenda que pesa s~bre aq~ellas
con la mano: dfi
·!,~~
"':'::,-'
tres criaturas que viven haciendo rostro á todos los mfortu~1os Y
· .. gramas,
· senor,..
que tienen porsacrosantaensena
- Gramas,
d 1
í 9.ue
mo
los alienta y guía en su
no acostumbro .. ·.\!¡¡}.
b o oros
d l s1an
- Andele, amigo,tómesela, es
calvario, la blanca ca eza e a :
coñaquito,- f u é la contestación
ciana, única altivez en aquellas ru!t'
t
nas, que destacándose de la semi·
'd ·
del desconoc1 o imper men e que
obscuridad refleja y reparte so br e
no se conformó ya con brindarle
aquellos dos séres queridos para ella
la copa, sino que se acere~ y barriendo soezmente con la mirada á
la escasa luz que penetra por 1a puerta vidriera.
Emilio, agregó:
Hablan en voz baja la anciana. y
- Si no semos y nos conocela J·oven haciendo ansiosas cuentas
mos, lo seremos dende hoy . ... yo
'
1 falta
sobre la obra de costura que es
le oferto esta copa amigo, b é base 1a.
E m ¡ 1¡ o, obedeciendo á un
para concluir la tarea; pas_an unos
minutos más que han servido para
d d
movimiento instintivo e e ucadescansar sus cuerpos fatigados y la
ción, á la cortesía, que á v~ces es
anciana, levantando cariñosamente
más fuerte que nosotros mismos,
la cabeza de la joven, después de
quiso tomarla; pero recordó que
darle un beso en la frente, se levanta
su esposa y su hijita estaban esy enciende una lámpara de petróleo
perándolo y para abreviar repitió
B hl . H ll
que alumbra con su luz aquellos tres
las graciail y volvió la espalda
Berta Krupp Y su esposo o em a ac.
séres á quienes sostiene solamente la
para retirarse, cuando una mano
· d
brutal lo detuvo asiéndolo fuertemente del brazo. . . .
vida materia1 e1 cuerpo.
- Oiga, no se vaya, nos~ haga, ¿por qué no quere versar con
¡ Emilio es el paralítico! ¡ Su esposa es la mujer de cab~llos
nosotros? articuló el desconocido con un gesto de burla en los la- blancos Y es aquella joven flaca y ojerosa la nena qua ya no tiene
bios netamente marcado y echándose el jarano para atrás; movi- negros bucles caídos sobre los hombros, ni el mirar alegre como
mie~to que en el hombre inculto equivale á una grosera provoca- un rayito de s0l !
ción y á esta frase presuntuosa: ''Véame bien y tiemble."
JUAN BEGOVICH.
Emilio, rojo de coraje y retirando bruscamente su brazo le con ·
testó con firme acento :
-Son famosos los negros por la dureza de sus cráneos. Los úni·
-Porque no quiero ....
cos que pudieron y pueden aún rivalizar con ellos, son los mores
-Pos hora)e la bebe por el cuero, catrín.
Se dice que desde pequeños se les. rapa y les engruesa el cráneo.
y brillarla bien.

A estos concurrentes cotidianos
de la cantina, solían agregarse charros de pistola al cinto y espuela
escandalosa, de esos que escupen
por el colmillo y que ven á la humanidad según su género, al femenino siempre con aire de conquistadores afortunados, y al masculino
por sobre el hombro y midiéndole
de arriba abajo.
Uno de estos super-hombtes fué
el que queriendo ser galante y obsequioso, en la forma brusca acostumbrada por nuestro pueblo, mo·
tivó la desgracia de una familia y
da origen á este cuento, cuyo argumento ha sido muchas veces histórico.

!as

Psicología de la Joya
El simbolismo de la joy~ está terminando de morir, según
a.firma en la Revue Bleue Camilo Mauclair. Antes de ser un adorno, las alhajas han sido un símbolo; ya se sabe esto y así se
explica la profunda decadencia del arte.
'
La joya, que hoy sólo en forma de sortija y de alfileres usa
el hombre, fué antiguamente común á los dos sexos, sin la
prevención con que hoy se mira como ridículos á los hombres
que llevJin alhajas. Eran entonces símbolos de magia, de oración, de poder social, de ciencia y de fuerza, imitando y sintetiza~do las fuerzas primordiales y cósmicas. El anillo, el collar,
la diadema, expresaban el concentrismo universal: cada piedra
tenía su raz6n misteriosa, y sus engarces tenían todo un motivo, habiéndose escrito numerosas obras en la antigüedad y en
la Edad Media para fijar las leyes y las costumbres de este simbolismo, que formaban como una metafísica de las piedras preciosa1:1, una ciencia hermética del lapidario, de la que se conSf\rvan huellas en las alhajas sacerdotales, con su significación
ritual, y en las condecoraciones.
Este antiquísimo carácter simbólico hacía que los hombres
jefes, sacerdotes ó magos, tuvieran más razones que las mujere~
para llevar alhajas. Para la mujer sólo se trataba de realzar
su belleza; para el hombre, de ostentar su poder ó su dignidad.
Los motivos de los dibujos estaban tomados menos de formas
naturales que de signos herméticos. Había que estudiar las
analogías de las alhajas primitivas con la geometría y la alquimía; las relaciones entre los eslabones de una cadena y el
signo del in.finito [ oo]; el empleo de la serpiente mordiéndose
la cola; el hieratismo de las imágenes rituales, como el triángulo, la elipse, el falo, el escarabajo, el loto, etc., que hacían
de cada joya una especie de diploma sagrado. ·Paralelamente á
este lenguaje obscuro y exotérico, el instinto de la coquetería
desarrollaba el gusto de adornarse con objetos decorativos que
sentaran bien, realzando la belleza; era la escuela exotérica de
la joya la segunda serie de las alhajas: la primera iba desde la
tiara del mago y el aniJlo del rey, hasta la sortija de nuestros
Obispos y la placa de nuestros digr.atarios; la segunda va desde
el collar de dientes de tigre del salvaje, hasta los colgantes del
joyero Lalique.
Como los egipcios tenían dos clases de escritura, hierática
y dem6tica, así las alhajas aon de dos especies: las hieráticas
eran de materias preciosas, pero su valor no se lo daba la materia, sino el símbolo; las dem6ticas eran también de materias
preciosas, pero su valor estaba en esa materia y en el arte con

E1palda de la blusa de franela.-Blusa de lau escocesa.
y blusa de franela.

Chaqueta ajusta.da.

Paletó Imperio para otoño.

que estuviera trabajada. Así llegó poco á poco á. olvidarse el origen simbólico del deseo de llevar encima un signo precioso, y se llevaron alhajas exclusivamente por ostentación. La alhaja perdió su qarácter ritual y se hizo
una cosa frívola, sujeta á los caprichos de la moda, y la imitaci6n ornamental fué toda su estética.
La Edad Media hizo en este sentido maravillas exquisitas; pero de la
especialización de la alhaja como puro adorno, vino la gradual privación
de las alhajas al hombre, habiéndose convertido el antiguo símbolo en un
accernrio del tocado. El traje mismo de bOl'dados, encajes y terciopelo excluía el empleo de las joyas, fuera de la sortija y de los collares de las diversas 6rdenes; el damasquinado de las armas y la orfebrería de las empuñaduras es lo que ha sobrevivido á las alhajas. J:foy se tolera el alfiler de
corbata, discreto, y el anillo de boda guarda toda"ía ~u sentido místico; pero
otras sortijas, sobre todo si van adornadas de mtlY neas piedras, se consideran de mal gusto; si una cadena de oro tiene la disc~pa de sujetar nuestros
relojes, preferimos que se vea poco. El ciclo ha termmado, y la joya ha concluido para el sexo masculino.
La joyería moderna se inspira en la imitaci6n de las formas exteriores
de la Naturaleza, copiando serpientes, lagartos, corazones, estrellas, cabezas ne pnros y de gatos, de un modo pueril, cre~ndo esa cosa sin nombre
que es la joya de la burguesía advenediza, la albD-Jª que se lleva para anunciar que se tiene dinero, y que no puede volverse .á vender sin mucha pérdida. Algunos joyistas han tratado de sacar á la Joya de tales vergüenzas1
buscando un principio natural en la interpretación ornamental de motivos
sacados de la flora, y han comprendido que el valor hay que sacarlo, más
que del precio de la materia empleada, del arte con que se ~aya ejecutado la
joya; por eso han vuelto á emplearse piedras antes ~esprec1adas, cuyo colorido y limpidez nada tiene que envidiar al de ]as piedras más costosas. La
deformación razonada de las plantas, acentuando su carácter decorativo, es
la base del moderno estilo; á veces aciertan, pero. muc~as veces se equivo
can. Algunos, sin pensarlo siquiera, vuelven al su~bohsmo por medio de
combinaciones lineales más ó menos ingeniosas. Quizás volvamos á la edad

�,,
1.

• • 'JI

requiere co1~o~_imi~n.tos de la higiene para
que un~ pos1c!º!1 v1c10sa nci deforme el tierno
cuerpec1to, ongme una desviaci6n de la co1,umna vertebral 6 sea causa de congestiones
u otros desarreglos del organismo.
Es una obra hermosa la de Ana Fischer
Di.ickelmann, que se dedica á vulgarizar entre
las mujereii los conocimientos médicos.
Hija del célebre dc,ctor Federico Diickelroan11, Ana Fischer demostr6 de,de su infanda que se hallaba dotada de superior talento; su espíri~u fluctuaba inquieto entre el
.Arte? C1enc1~, tan pronto ~olicitada ¡,or
la Mus1ca y la Pmtura como por los sevno:;
y profundos estud ios. '
Casada y madre á los veinte años el
an?or_ á sus hijos y los cuidados del hogar impnm1eron la direcci6n á sus facultadei,. \'iú
que eran grandes las cosas que parecen pe. queíi.as y escribió interesantes folletos sobre
'· La reforma de los trajes femeninos" ,.
''Xuestra cocina actual," hasta que en 1880
fundó una revista semannl, dedicada á il ustrar al mundo femenino á propósito de l,&gt;:;
cuidados que reclama su salud.
Trabajando sin descanso, ha obtenido en
brilhntes exámenes el doctorado en la Academia de Medicina de Zurich, y sigue dedicando su existencia á la ilustraci6n de las
mujeres, á quienes consagra sus hermosos y
fecundos estudios.
Será de desear que las muje:tes secunden
b labor de este apóstol de la cienc·a, á la cual
deben un verdadero agradecimiento.

.1~

1

• ,.

COLOMBI~E.

ta ~ermana de la Caridad

Traje de reuniones para señora de edad.

Traje de recepción

psicol6gica de la alhaja; l~ misma moda femenina, excluyendo cada vez más el _uso de las Joyas· fuera del interior, parece evolucionar en el sentido de esta nueva significaci6n hierática resucitada.
El hecho es digno de ser consignado en medio de una civilización
en que todo, hasta el lujo, es cada vez más dem6tico.

LA MEDICINA EN EL HOGAR

·..

Oigo con frecuencia la proteRta de las damas cuando se dice
que el puesto de la mujer está en el hogar, como si considerasen que
tal afirmación limita sus facultades intelectuales y que se pregona
con ella la creencia de que In. instrucción no es necesaria á la mujer.
Ningún error más funesto; educación, cultura superior, inst1 ucción profunda, todos los couocimientos más varios son precisos
á la esposa, madre y educadora del hogar.
La ignornncia de la mujer, que tiene Ít su cuidatlo, no s6lo la
guarda de los intereses materiales, sino también el bienestar y salud
de los su.vos y hasta el de la dirección de sus espíritus, causa graves
males, cuyas consecuencias es luego la primera en lamentar.
¡Cuúnto hogar infeliz ó destruido por una pobre mujer ignorante, cuya bondad no fué suficiente á consen'arlo! De la enorme
cifra que alcanza en España la mortalidad infantil, uno de los más
tri~tes factores es la ignorancia de la mujer.
Recorriendo las páginas del libro La 17U(jer rnédico del hogat,
que ha escrito la doctora alemana Ana Fischer Dückelmann, se ve
la importancia que los conocimientos de higiene y medicina tienen
para la mujer.
Hasta el hecho sencillo de sostener un niño entre los brazos

La Hermana de la Caridad es un fruto
c¡ue no puede madurar más que bajo la influencia benéfica del Catolicismo. Ella es, en
efecto, el prototipo ele la fe, de la abnegación,
de la humildad y del sacrificio, virtudes todas solamente inspiradas por la Religi6n católica.
Un gran personaje decía un día:
1&lt;Encuentro en esta sierva &lt;le los pobres,
en este bálsamo de totlos los dolores, de todas
las miserias, un carácter tal de grandeza, que
no me inclino ante ninguna de las grandezas
de la tierra tan profundamente, como ante la
para señora joven.
Hermana de la Caridad.»
El protestantismo, en !-U :ifún de no aparecer inferior al Catolicismo, trat6 de crear Lis hermanas hospitalarias, para oponerlas á nuestras Hermanas de la Caridad.
En efecto, durante la guerra de Crimca ·algunas seiioras pi 1closas se fueron al campo de batalla y á las ambulancia~. llevando con
ellas algunas criadas; pero, ¿cu:í.l fué el resultado de esta tentativa"?
El Times, periódico prote~tantr, nos responderá:
((El ensayo que se ha hecho de solicitar el auxilio de alguna-s
señoras protestantes para cuidar á nuestros soldados herido:;, ha
fracasado completamente, y es forzoso confesar que la Inglaterra
protestante no puede ni podrá nunca crear ei:-a mujer que, según
una expresión popular, llena de poesía, es un ángel que vela á la cabecera del enfermo.i, (Núruero del 27 de Diciembre de 185.J..)
F.sta confesión nada deja que desear, pues no sale de labios de
ningún clerical; por eso Mons. Gerbert, Obispo de Perpiñán, de~Íá
á los ministros anglicanos: «Me haría protestante si el protestantismo fuese capaz de crear una mujer que pudiese rivalizar en ~elo Y
abnegaci6n con la enfermera cat61 ica, con la Hermana de la Candad."
«Si vo viese resucitar un muerto decía un notable escritor, su
resunección me parecería un milagrd muy inferior á la abnegación
de esta crecida falange de mujeres, que abandonando hermosura,
posición social, elevado rango, en una palabra, cuanto el mundo
podía brindarles de lisonjer(I y halai¡;tieño, se sepu~tan el!- ~a sal,a de
un hospital, curan las sangrientas llagas del herido, v1~1tan a los
indigentes en su desmantelada bohardilla, educan á los mños desde
la cuna hasta el obrador, y mendigan de puerta en puerta lo gue
sobra á los ricos, para alimentar ~·los ancianos que han recogido
del arroyo, para endulzar el ocaso de su vida.»

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="20">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="2949">
                <text>El Tiempo ilustrado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3358">
                <text>Semanario ilustrado de literatura, historia, bellas artes y variedades. Dedicado a informar las noticias más relevantes de México y el mundo, además era escaparate de todo tipo de comercios, banca e industria pues en él se anunciaban sus servicios.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83084">
            <text>El Tiempo Ilustrado</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83086">
            <text>1906</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="53">
        <name>Año</name>
        <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83087">
            <text>6</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83088">
            <text>45</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83089">
            <text>Noviembre</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83090">
            <text>4</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83104">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752901&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83085">
              <text>El Tiempo Ilustrado,  1906. Año 6. No. 45. Noviembre</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="89">
          <name>Accrual Periodicity</name>
          <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83091">
              <text>Semanal</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83092">
              <text>Agüeros, Victoriano, 1854-1911</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83093">
              <text>Publicaciones periódicas</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="83094">
              <text>México</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="83095">
              <text>Literatura mexicana</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83096">
              <text>Semanario ilustrado de literatura, historia, bellas artes y variedades. Dedicado a informar las noticias más relevantes de México y el mundo, además era escaparate de todo tipo de comercios, banca e industria pues en él se anunciaban sus servicios.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83097">
              <text>Talleres Tipográficos de El Tiempo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83098">
              <text>1906-11-04</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83099">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83100">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83101">
              <text>2000200333</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83102">
              <text>Fondo Hemeroteca</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83103">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="38">
          <name>Coverage</name>
          <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83105">
              <text>México)</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83106">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83107">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="10894">
      <name>Dos de noviembre</name>
    </tag>
    <tag tagId="10895">
      <name>José Zorrilla</name>
    </tag>
    <tag tagId="10898">
      <name>Medicina en el Hogar</name>
    </tag>
    <tag tagId="10896">
      <name>Obispo de Tuy</name>
    </tag>
    <tag tagId="3071">
      <name>Poesía</name>
    </tag>
    <tag tagId="10897">
      <name>Psicología de la joya</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
