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                  <text>EL
Aao XI.

1

.'

·1 = =========

Sli~ÑOB LICENCIADO D. FRANCISCO LEON DE L! BARRA , ~

..n'-

--

NUEVQ SEORETJ. IUO D~; :n~LA CW ,, ., .1&lt;:X'l'ERLOJ',ES
~

'G

r .J Eli'l•: DEL GABINETE DEL

•

SEÑOR J&gt;RP; 'IDRN'l'E DE LA REPUJ3LI OA

�.RCTlJ.Rult&gt;At&gt;ES

_¿

35

LOS NUEVOS MINISTROS

-..

B. . Sabéis lo que es la paz?

{{(

,a paz es la tranquilidad del coraz6n, en el hogar, en la
\c,f · viedad ó en cualquiera nación.
. .
~
La paz significa nada menos que el precepto pn~c1pal de las
~yes que Dios nos ha impu.esto: «~ma~s los unos a los. otros.»
Pero f'l espíritu rebelde, siempre. mfic10nado con el virus rnniclo dice: ¡non serviam!
•Sí· esta es llf. i'dea de los ambiciosos en todos los lugares del
:::..rnndo. Poco les~porta la felicidad de lo que llaman su patria; todo ·sJ lMti~e á miras no muy aceptables.
.,
En estos momentos nos repugna más la llamada revoluc1on
y nos repugna porque después de nuestras alegr~s, de ~uett.r,&amp;s
grandiosas fiestas del Centenario, nos vemos en una situac1on
verdadera.mente aflictiva.
¿Por qué esos revolucionarios no meditaron en que se debe
, á nue~tr~s propios
. rn
. t ereses.?
sacrificar por la paz lo que convenga
¿Que hay entre ellos bienintencionadoo? Qmzás, pero norntros
creemoe que en su mayor parte sólo merecen el calificati.vo de
ambiciosos.
El hecho es que sin hacer política debemos hablar con entera
franqueza.
.
E8 verdad que había ciertv descontento, respecto de c_iertos
miembros del Gabinete¡ es cierto que muchos de los salientes
nada 6 muy poco hicieron en favor de nuestro progreso; pero
este es el momento en que los nuevos se esfuercen, por coadyuvar al renacimiento de la paz.
Verdaderamente en esta eección quizá no debía caber esta no·
ta; pero sea como fuere, es nota de la semana.

uJ

***

Esta cuestión de la paz preocupa, y con raz6n, á las almas
buenas, á las que piern,an tan sólo en la felicidad eterna.
En el colPgio ccMedalla Milagrosa» situado en Tacubaya (Artilleros 1227) fe ha rezado un triduo al Sagrado Corazón de Jesús, para alcanzar de su divina misericordia unión y paz para
la República.
No faltará quien ría al lP.er esto.
Hay quien crea que 0011 sólo los medios naturales se arreglan
los conflictos, de cualquier naturaleza que sean.
Desgra~iadamente en estos tiempo~, casi no se cree en lo sobrenatural.
¡Esperemos, esperemos!
Todavía podremos ver que la paz renazca en nuestra naci ón.

***

Contamos en nuestro país con elementos preciosísimos para
pasar la existencia, si no en completa felicidad , por lq menos de
la manera más tranquila posible. La paz que hasta hace poco se
ha visto interrumpida nos mostró lo que ella vale para las naciones.
NuPstros campos pueden, siendo cultivados, producir ópimos frutos; en nuestros bosquts, en nuestras selvas, existen
plantas: arbustos, árboles que pueden proporcionar maderas ó
sustancias utilísimas las primeras para la industria y las artes y
las segundas tanto para ellas como para la medicina. La guerra
destruye todos estos elementos de riqueza.
Y ¿qué solaooente trabajando podemos pasar la vida con tran·
quilidad? Es clerto que el trabajo, ca~tigo del pecado después
P.or la piedad divin~ ha. venido á ser más tarde hasta t;n placer,
s1~mpre .que no se eJercite con exceso. El padre de familia al
~msmo .tiempo que gana el pan con el sudor de su rostro, siente
llldefinible complacencia al pensar que al final de sus tareas, lo
esperan ~n.su hogar los seres más queiidos de su alma .
El tr~b?Jº, que es un castigo, se convierte en un estimulo para la feltc1dad, por más que sea relativa.
¿Cóm? no debe ser la paz una bafe de dicha en todas partes?
Las naciones, cuyos hijos son laboriosos no andan sino ra·
ritiimas ocasiones, en revueltas.
'
'
Y no sólo el trabajo material pudiera hacernos felices.
Tenemos di1:1posic~ones admirabJlísimas para lss bellas artes, y
l~ bellas artes dom1man el corazon y de tal manera distraen el
án1m~ que. éste se abstrae con Ja belleza y sus pasionee, toman
una d1recc1ó:r~:\cia buenos fines.
De todos ios encantos de las bellas artes podríamos disfrutar
en v~z de emprender luchas sangrientas en las que se derram~
inútilmente la sangre de nuestros hermanos.

Pero sobre todo, el mejor medio de que (lisponemos para lo·
grar que en nuestra patria reine la prosperid:1d, no es otro que el
cumplimiento del deber.
.
Eso basta para tener la paz en sus namonce.

***
Con esto de las revueltas el cronista tieM que «restrPgarse el
intelecto,,, como dijera un decadentista, para encontrar asuntos
más agradables de qué hablar.
De teatros nos está vedado ha cerlo, primfJram ente p~~que nos
encontramos en tiempo de Cuaresma que todos 1os cato11cos respetamos y después, porque aunque no estuv1é~emoe en él, nuestra publicaci6n cuenta con un entendido crombta en asuntos de
ese género.
¿ De qué hablar, pues?
·
Inútil es decir que los ejercicios cuaresm lPs rn ven muy concurridos como todos los años¡ nuestros tem los se ven llenos de
fieles que van á oír la divina palabra, para cuando ee acerca la
Semana Santa descargarse del fardo de sus ulpas y proponene
la enmienda que, por dei,gracia, 1tts más v~ces no se lleva á cabo, porque somos tibios é imperfectoi;:.
¡
· La Iglesia es la más sabia de las educadotaE?.
.
En nuE&gt;stros templos hay ejercicios pan1 las dmrsas cloi:Pi:
sociales. Los hay vara niños, y estos ~jercf.·cios s~n s?mamrnte
tiernos. El sacerdote, con suma sencillez, explica a aquellas
tiernas almas los deberea con que deben cu plir al comt'Ilzar á
recorrer el sendero de este valle de miseria y la manei a de ro
rregir sus pequeñas imperfecciones.
Los hay especiales para señoras y señ.orit, s á las cuaJe¡;¡, dado
el catolicismo práctico de nuestras dams.13¡ Jo¡¡ sacerdotes m.ás
bien la.s impulEan á perseverar, por más q~e traten de corrPgir·
les algunos de sus defectos.
En los ejercicios para caballeroe es otro régimen.
Son católicos, sí, puesto que asisten al t(lmplo; pero cuán de,viados de la práctica de la virtud. Igual~iente asisten á una
tanda de Pjercicios, que á una tanda de gélnero chico. A elios
los eace~dotes les explican ese contrasentido y á fe que lo es en
gran manera enérgico.
'
Hay también ejercicios cuaret1mal ,, p~A los sirvientes; en
ellos se les habla sin tantas doctrinas so ·ialistas, como hoy pu
lulan, del respeto que el criado debe tener á su amo; de la consideración que ese mismo amo debe ten r á su eirviente.
Todo lo ejecuta admirablemente la Ig esia Católica.
Pero lo que es verdaderamente notabl , lo que pasma, eR que
se haya llegado al grado superior en est s~ntido. ¡Qué piedad
tan notable, qué estudio tan profundo! ¡
Los sordo-mudos, aquellos que, aunq(le lo hlf,yan sido de na·
cimiento, los que ¡:,or una enfermedad 1ayan perdido el habla
y el oido, caben también en este admir ble deseo de la Iglesia
de que todos nos salvemos.
El eacerdote, instruído indudablemen e en los métodos edu
cativos, para los que padecen el rnrdo 11\ismo ya usando dt-1
alfabeto digital,_ya con las expresiones ~ se~blante, con mi·
radas, con gesto¡,, ó con cualquier otro de án explican á esos
pobres seres que carecen de los más pre ,ios e n'iedios de comunicación, todo lo que constituye la mor .11. la Religi6n.
¿No es ésto para pasmar á cualquie 1a

***

•

. !Ion N_orbe•t9 Domlugnei_. ~ 1·c ..d°n, J?'1,,eTi!po
, v ra Est!lilol
don Demetrio Sodi, nombrados respeetivamen}e St1cre~arios de
Los
Reüores Ingemero
Itusti·a'ct!•..Liu.
tomada después de la aolemne protesta ante el senor !:'residente.
Comunioaoiones,
Instrucción Pnhl1ca y J u8tl&lt;'1a. 1 o1. i e

1 ' '¡
1

Co~o º?tas sociales ~odremos apun ar el contrato civil de
mat~1momo de la señor_ita Amparq Cor t1l, hija del actual vicf'pres1dente de la República, con el seño licenciado don Guillermo Ohrf'gón, (jr.)
. Po~as recepci?nes fammares hemos e~~o e'n eFtos díai::, debido a que taro b1én la gripa ya comienza hacer algunos estragos.
Ya fe Fabe que en México varía el ~lima constantfmente y
que no sabemos á qué atenernos respecto dq las enfermedade!?
sean endémicas ó epidémicas.
'
De todos modos, no andamos nada bien .
Existe alarma, existe tristeza y ¡qLién sabe cuántas cosas
más!
¡Que todo se calme y que México v elva á disfrutar de tranquilidad, siquier sea relatJa !

EL CRONISTA. .

afiado de los subseeretal'ios salie11tts de Gohernaei6u, Lit·. don l\Iiguel
s etai·io (l., 1&lt;'011wnto Tugeni oro dou Manut:!Marroquín 1ce1ntrol ªt~?q111Jlei·da)
Fot de "El l 'iempo rtu$1:t'll&lt;lo" tomada de8pnés de la protesta.
s. Macedo
Y
· c ·_::d.::_
El nu11vo
eer l de rtJCll• )~~d~~R
:el: a.:ci:ue=s~L=i=
on~ Vi:.:_
ct:.:_o_r1_an_o_s _
a _1o_do_ A=v=a1=·e=
z = =z==·==·= = =====:==:::=:;::::::::::::=:;::::::;:;:::;,::;:::,:= : =
~

- ~·- --···-

�ACTO AllIDADES

Los periódicos y fotógrafos.

De 1&amp; ~evolaeión

S. M. la Reina de la Risa.

Pott GuiUetttno Adarns.
Llamamo1t la atención de nuestros lectores, acerca de los r~,ratos de personajes de actualidad que publicamos en esta ediEs una figulina encantadora que j~más deja de reír, capaz .de
ción. Siempre ha sido uoa de
dominar el mundo con su risa
nuestras mirae proporcionar á
angélica!. Posee todos los encanlos lectores de ccEL TIEMPO ILUS ·
tos de las vírgenes que pintara
TRADO,l&gt; la más exacta y oportuRafael.
na información gráfica; de allí
La conocí una noche en que
el personal de activos repórters
la mar rugía salvajemente como
fotógrafos que tenemos exclusimooetruo que se revuelve en r,u
vamente al servicio de esta revislecho de dolor. Ella es reina del
ta. Pero hay una parte, en la
mar.
labor generadora de publicacioY mientras al J;tfr enseña la
nes de esta naturaleza, que es
doble fila blanquísima, de sus
bien difícil, por más que á pridiminutos dientes, orlados por
mera vista no lo parezca y que
la grana de sus húmedos labio!l,
sólo los que experimentamos rns
la mar, celoi:a de tanta belleza,
dificultades podemos c0mpren·
envidiosa y brutal, eleva millader. Es ella la adquisición de
res de olas coronadas de espuretratos de personajes de actua
ma
que se me figuran enormes
lidad.
br¡zos
dA ese monstruo de enviEl lector que pasa de corrido
dia
que
extendiéndose rnbre la
la vista por las páginas del petierra,
hace
esfuerzos inauditos
riódico ilustrado, no puede siµor
alcanzarla
inútilmente.
quiera imaginar los trabajos que
La noche que la conocí se ense pasan para adquirir un retracontraba nerviosa, pronunciaba
to. Y en México más que en ninpalabras
incoherentes, de cuanguna parte, pues como aquí aun
do
en
cuando
elevaba su mirada
no se comprende la labor del peá
lo
alto
pura
perderse
en la obsriodista, lejos de allanarle dificuridad del firmamento, pero á
cultades se le acrecientan. A es·
µesar de todo, ella reía; porque
to han contribuído ciertos indi ·
1tsi
como el sol alumbra con su
viduos que piden retratos á n01r.luz,
porque así como no podebre de los periódicos, y guarmo,
concebir al sol, sino deFdándoselos para sí perjudican
pidiendo luz, así también ella
el prestigio de la prensa.
tiene que reír; la risa es de la
Por parle de los fotógrafos, nos
esencia de sus labios .. ....
encontramos con que hay desconfianza en algunos y discolerfa
·············· .... .. ···· ········ · ····· ·
Siempre fueron rivales la mar
por parte de otros; de allí que no
y ella. Envidiosa la mar, quiso
encontremos mucho auxilio en
II rrebatarla su cetro de reina, y
ellos. Debemos hacer una. ex111. fuerza no pudo con la espiricepción, la de los distinguidos y
tual y augusta soberana de la
S~ñor ~on M.a~uel de Zamacona é l_nclán,
caballerosos artistas hermanos
Valleto, que regentean la más Nombrado Emba¡ador_de Mex1coen los Estados Umdos-Fot. Valleto. risa.
acreditada fotografía de México.
Ella ha triunfado, ha rendido
á
esa gigante acostumbrada á
Y como habrán podido comprobarlo nueétros constantes lectores,
las mejores fotografías que reproducimo~ provienen deeiws acre- las lisonjas de los poetaEl. Y el amar no encrespa su melena, ni
ditados y caballerosos artistas. La casa Valleto no necesita de re- extiende sus brazos por la tierra, ni entona sus canciones de
triunfo, como en pasados días. Ahora la ve vasar con envidia
clamo, de rAcomendación ninguna, pero
todas las tardes y ve cómo el sol, r;nnuestro agradecimiento debe traducirse de
diendo pl eito homenaje á tanta grandeza,
alguna manera, y por eso hemos hecho
lentamente desciende á besar la tierra en
esta mención tan justificada como justa. y
merecida.
que vive «Su Majestad la Reina de la
Risa.»

Señor Lic. Guillermo Obregón, jr.
que contraerá matrimonio con la señorita Corral, hija primogénita del señor Vicepresidente
de la República.

Señor Lic. don Julio García,
nombrado Subsecretariode Instrucción Pública
y Bellas Artes

Señorita Amparo Corral,
hija del señor Vicepresidentede la República,
que contraerá matrimonio con el Lic. Obregón.

Los seiiores don Abraham González y don Braul10 Herná~dez,.
El piimero firma como Secretario los decretos del jefe revoluc1o~a.no
don Francisco l. Madero, y se titula, adem~s, Gobern!l~or Prov1s1_0nal del Estado de Chihuahua, de cuyo Gobierno prov1s1onal se dice
Secretario el segundo.

El cabecilla José de la Cruz Blanco y su Estado Mayor.

Raul Madero y J . Garibaldi, jefes
revolucionarios.
_¡

El cabecilla filibusterc, Simón Berthold,
que se dice murió en Ensen_ada des·
pués de un combate eld1a 22.

El filibustero Pat Ruland, Capitán
revolucionario.

El cabecilla

Abraham Oros, jefe
de rebeldes.

�R'i'fi'

1,

'

. . . r:

s: - .

238

-

ACTUAl.lIDADBS

..

ACTU ,All'. I°D ADES

1

1
1

El Monumento de los Cristianos Nestorianos en El señor F1its v. Holm , explorodor danés miembro
Siai,-fu [China) que data del año 1781.
de la Real Sociedad Asiática de Londres, que
ha dado una conferencia en el Museo Na,
,.. cional sobre el Monumento de los Cristianos
Nestorianos en Sian,fu rChina.J

La lápida facsimilar del Mcriumento Nestcriano frente á la estación del ferro·
carril en Hankow.

-----,--------- - --·--..·~ - T·--·..,.......,
CHJNS HUA
if"

&lt;~
-GrnpoA ele alun,uos clel Cole¡rio Mlli'ar, que hAn AOltritni!o pasar 111 Ejé rcito par11 prestar eu~ servicios eo :io oflcialeR en laF tropu qne combaten contr11 los revolnelonal'iOS - (Fots. de El T iempo //11s/rndo.1

El bote·casa chino en que el explorador recorrió
500 millas del Gran Canal.

Véase la págin&lt;t 2-13.

La guar Jia de honor del explorador Jané3,
en Ching Hwa .

'

El Doctor don José Terr(,A, rodeado de algunos faonltatlvos y dlsotpuJo

r

·

e que 1e o re01eron un banquete oo
t'
d J
•
plata profesionales,- Fots. de Et TIEMPO ILUSrRADo.
n mo ivo e a celebra016n de 8Ue bodaA de

La pagoda del perro en Peking.

Ruinas de la pagoda de Houau-fu.

Uno de los criados del explorador Ho · m.

�ACTUAI..tIDADBS

ACTU Al.lIDADES
EL N
EL

GABINETE

DIMITENTE

Señor don Enrique C. Creel,

Señor don Ram ón Corral,

.Señor Lic. don Justino Fernández,

Relaciones.

Gobernación.

Justicia.

Señor Lic. don Francisco L. de la Barra,
Relaciones.

~

Señor Lic. don Justo Sierra ,

CJ"EVO GABINETE

LA dimisión presentada á fines de la semana pasada por los miembros del
gabinete del señor Presidente de la República, ha sido el.~contecimiento que más .
llamara la atenc10n en estos últimos día8
pues much?s _años llevaban, la mayor pa/
te de los mm1stros, de pertenecer al gabin0te del Gral. Díaz. El decano ha sido el
G_ra!. González Cosío, que ha tenido e11
d1stmtas fechas las carteras de Comunica' ciones, Fumento, Gobernación y Guerra
I ei~ la que seguirá aún, por ahora. El Lic'.
1.1mantour lleva dieciocho años con la de
H~c~enda, y con .ella seguirá. Los demás
m1mstros tenían como tales: Don Justino
Fernández en Justicia diez años; ocho Don
Ramón Corral en Gobernación y Don
Leandro Fernández en Comunicaciones·
seis Don Justo Sierra en Instrucción Pú '.
blica; Don Olegario Molina cuatro en Fo·
mento, y, por último, Don Enrique Cree!
unos ocho meses en Relaciones.

Instrucción Pública y Bell?.s Artes.

-.

\

La consecuencia inmediata de !a renun·
r.ia del gabinete, fué la deeignación,
hecha por el señor Presidente, de las personas que habían de componer el nuevo. Los nombramientos recayeron en la s
siguientes personas: Relaciones, don Francisco L. de la Barra, diplomático de muy
meritoria carrera; Justicia, Lic. don De·
metrio Sodi, abogado prominente; Jns·
trucción Pública y Bella-a Artes, Lic. .Jor·
ge Vera Estaño!, abogado de talento que
había perma.necido alejado de la política;
Fomento, Ing. don Manuel Marroquín ,
hombre de trabajo de muy honrosos an·
tecedentes; Comunicaciones,Ing. don Nor·
berto Domínguez, funcionario de iniciativa y gran laboriosidad; Hacienda, el anti·
guo minietro dimitente Lic. don José l.
Limantour, y, Guerra, el Gral. don Ma·
nuel González Cosfo, á quien, como al
sefior Limantour, no le fué admitida su
renuncia.
Hasta los momentos de entrar en prensa la presente edición, aun no había hecho
el señor Presidente el nombramiento de
la persona que ha de euceder al señor don
Ramón Corral, como secretario de Gober·
nación. Muchos nombres se han venido
citando como probables de encargarse de
esa cartera. Ya se habla de don Teodoro
A. Dehesa, actual Gobernador del E4ado
de Veracruz. ya del Coronel don Miguel
Ahumada, Gobernador de Chihuahua, ó
del Lic. don Rafael Rebollar, Procurador
General de la República, y aun se dicE:
que tal nombram!lento recaerá en el Gral.
don Manuel Gonzál~z Cosio, actual secretario de Guerra y Marina, que dejará su
cartera al Gral. don Bernardo Reyes, que
al efecto vendrá de Europa. Sin embargo,
nada de esto parece confirmarse, aunque
tal 6 cual rumor se acentúe.
Habrá, pues, que esperar algunos días
para saber algo de cierto y definitivo.

Señor ºLic. don Demetrio Sodi,
Justicia.
Fot. Clarke.

/

1

tl•

I

(

\

Señor Lic. don Olegario Molin~,
Fomento, Colonización é Industria.

'~-

Señor lng. don Man ue\ Marroquín Rivera.
Fomento.

Señor Lic. dC1n Jorge Vera Estaño!,
· Instrucción Pública y Bellas Artrs.

I

í
r

Señor lng. don Leandro Fernández ,

Señor ~ic. don José lves Limantour,

Comunicaciones YObras Públicas.

Hacienda.

Señor Gral.
don Manuel González. C OSICI:
.
.
Guerra y Ma~ina. ·

Séiior lngeni~ro don Norberto Domínguet,
Comunicaciones.
Fot. Olarke.

Séiior Lk. dLn Jo~é lv~s Li111:i:1tour
Hacienda. 1
'
\ Fot. VaUeto.

Señor Gral. don Manuel González Cosío
Guerra y Marina.
'
Fot. Valleto.

t

�tléxieo en el Bxttranjetro

lYIUSR CA._STEI.tllANA

I

i
.

.

EL HEROE DE LA

SELVA

UNA CONFERENCIA SOBRE EL MONUMENTO
NESTORIANO

---:(o):-LEYENDA

Véase iapág. 239.

Un distinguido explorador dané~, el sefi.or Frits V. Holm,
miembro de la Real Sociedad Asiática de Londres, ha dado una
ronferencia en el Muse:&gt; Nacional sobre el antiguo monumento
l
de los cristiano~ nesturiano3 en Sian-Fú.
EL CURSO DE SONRISAS
El señor Holm ha Jbsequiado óficialmente al gobierno una
copia bcsimilar de dicho monumento.
Recientemente s3 ha instituido un fiuevo curso en las escue·
El joven explorador e3 miembro de una familia honorable y
las de Nueva York
aristocrática de Diun cursodesonrisas.
na marra, nació en
-¿Hay algo más
Copenhague, el día
útil para el comer-¡
23 de Julio de 1~81.
cio dicen los uni
Su educación la reversitarios amerh :i.- .
c, l&gt;ió en la g,.&lt;·nelit
nos, que el saber
de la Real Marina
EOnrefr agrariableDanesa.
mente, á -tiempo J
En enero de 1901
voluntad? Sonrieupartió para el A -1a
do á ll's clientes lie
Orienta!, pasa nd ,,
dá impulso ála ventres años y merlio
ta. Nada paraliza
en China, dond e
tanto los negocios
trabajó la may,,r
como una expresión
parte de ese tienq,o
avinagrada. ¡ Para
en calidad de p1 triunfar ha y que
riod1sta.
sonreír!
Tres meFes dt sEste razonamienpnés de que comento parece justo. El
zó la guerra entre
aire amable es una
Ru,ia y el Japón,
gran fuerza no s6lo
en Mayo de 1904,
en los negocios, sidejó el Asia Orirnno también en la
tal y e:e dirigió á 1, s
vida. Ved si no es
ICsta&lt;l os Unirlos á
política. ¿Es acaeo
visitar la Expo,isin sonreír en todos
ci6n &lt;le Saint Loui~
los despachos, triMi;FOuri, y de allí
bunas y ventanillas
fu é á Londres y á
como i,e continúa
. Vista sacada en el acto dd almuerzo que dió el Emb:1jador especial de México señor Casasús,
Copenhague. Desal
señor
Knox,
secretario
de
Estado
de
los
Estados
Unidos.
i,iéndolo? M. Brispués de una corta
Unade la s funciones agradables del Emhajador espeoial de México, señor don J oaqufn D. Casasús, du·
son, el prPsidente
permanencia en su rante su permanenoia. en esta ('apita!, en Misión Especial. rué el almuerzo que dió en honor del Hon. d F
· h
Philaoder C. Knox. secr etarlo de r;stado de los E,tados Unidos. el marte~ 31 de enero fl.el911, en Al magnifico
e rancia a per·
ciudad natal, hizo salón
de las Repú hlicasde la Unión Pan-Aruerioaua. A este acto cooounleron unos sesenta. con vidafl.os de los
ditl 0 )a pr id ncia
un viaje por Holan- cfrculos otlcialPs y diplomáticos de Wa~ilington, y en él estaban dignamente representadas casi todas las d 1
úeb~l. e
e a reµ
1ca por
da, Bélgica, Ingla- naciones d I mundo.
ignorar Pl precioso
terra y Alemania, y
en E ·iero de 1907 hizo por esgunda vez un viaje al Asia Orien- arte de dirigir s0nri~a!' á dererha é izquierda.
E, de lamentar sin duda, que e~ta agradable mueca, que se ha
tRI. De esta remota región parti6 p~ra su famosa «Exposición
rnstraído
hasta ahora á la enseñanz':t univeroitaria, sea á su turNt'Sloriana Holm,i&gt; á Sian-Fú, China. ·~Después de más de un me3
no
objeto
de un curso pedagógico.
qUti duró su viaje de exploraci6n, al fin logró llegar al monuEstá
cercano
el dfa en que, cuando el poeta cante la sonri sa
mento Nestoriano en Sain-Fú: monumento quizael más antiguo
ideal
de
su
adorada
é-ta le contestará prosaicamente:
de China y ahí pudo obtener una copia del monolito, que pesa
-¿Cómo no? ei obtuvo el primer premio de sonrisas en la PS·
dos mil doscientos veinticinco kilos.
La copia original Re halla en el Museo Metropolitano de Ar- cuela de superior comercio....
La sonrisa entreabre poco á poco todas las puertas y todos lo~
tPs PD la ciudad dfl Nueva York, y pesa tanto como el auténtico;
el señor Holm lo ha pre,tado á ese Instituto para que se exhiba. corazones. Con todo, á menudo no es i,ino una máscara : los verEl arque61ogo á que nos referimos ha dado conferencias en las daderos psicólogos desconfían de la sonrisa fácil, de la rnnrifa
principales Universidades y sociedades geográficas de los Esta- de los aspirl\ ntes y de los cortesanos. Pero esos psicólogos son
raros .... y ellos también son «farreados como los demás.»
•tos Unidoe.

HISTOHICA (1588).

......,,...,..,,.._.~

1

1

11

En el verano de 1910 visitó Dinamarca, siendo recibido co~ \
gran entusiasmo por las diferentes sociedades cientifir,as de es
ta nación, y honrado con distinciones especiales por parte de lo
ministros del Gobierno dinamarqués. En Agosto del mismo afio
regresó á Nueva York, donde continu6 su serie de Co?ferf.ncias.
Otra copia que ha hecho del monumento Nestoriano, es la
que ahora ofrece á núestro Gobierno.
'·

A

MI FRATERNAL AMIGO, EL ILUSTRE POETA BOEHNCANO FERDINAND R, CE~TERO.

Coloso, en tu seno ingente,
ardido por torpes manos,
á los míseros humanos
albergas piadosamente.
Mudo testigo elocuente
de luchas mil en la historia
aun de tu tronco la escoria'
resiste las tempestades;
tú, de las muertas edades,
eres heraldo de gloria.
Entre tus ramas heridas
que el triste polvo ha cubierto
aun no se extinguen, no hanm'uerto
esas tus fragancias ídas,
'
Aun guardas allí prendidas,
como un mechón de cabello
hebras del follaje bello '
que tu gala y pompa fué,
y de tu esplendor se ve
como el último destello.
Pareces un gladiador
mutilado de los brazos,
que rodara hecho pedazos
en el campo del honor.
Oh, venerable señor
de las selvas milenarias!
en las playas solitarias
del lago, tu planta mojas,
Y habla el rumor de tus hojas,
de las eras legendarias.
¿Qué escucho en tu hendido tronco
que agobia la senectud?
'
¿En qué soberbio laúd
modulas tu canto ronco?
¿De qué pueblo altivo y bronco
la grande epopeya dices?
¿De qué testas y cervices
nunca rendidas al yugo?
¿De dónde tomaste el jugo
que alimentó tus raíces ......?
Allá, en siglos muy distantes
queda tu origen secreto·
'
mas dicen que eres el nieto
de una razn de gigantes:
que recuerdos palpitantes
guardas de una tradición
Y de perdurable acción '
no hay quien
cual tú glorifique,
.
Ia de1valiente cacique,
el famoso ANTÓN TROMPÓN,
Yuririhapúndaro hermosa
en otros tiempos vivía
sujeta á la lid braví:i '
de una raza belicc.sa·
Y don Alonso de So;a
noble señor de esa tier~a
que en su cráter-lago en~ierra
I~ h_lstori,: de aquella raza,
v1v16 blandiendo su maza
contra el enemigo en guerra.
Sobre la cúspide andina
plantóse el cetro español,
Y con l0s hijos del sol
vi no la Grey Agustina.

Y del TEOCALI en la ruin:1,
cerca del cráter sangriento.
un religi0so, portento
de saber y de altruismo,
alzó con fe y heroísmo
los muros de su convento.
Ese claustro colosal.
que en las ondas se refleja,
y, más que templo, semeja
alcazaba medioeval,
es n:onumento inmortal,
cuyo soberbio esplendor,
puede admirarse mejor
de los siglos á distancia:
es ejemplo de constancia,
de genio, empuje y labor.
De potentes energías
muestra los rasgos seguros;
fuertes y almenados muros
sustentan naves sombrías;
por las desit'rtas crujías
créese ver ante una cruz,
y envueltos en ~u capuz
en meditaciones graves,
al gran Fray Diego de Chávez
y Alonso de Veracruz.
Crece el musgo macilento
en las paredt:s leprosas
y en las juntas de las losas
del gastado pavimento.
En el tosco basamento
medra el triste jaramago,
y confuso, débil, vago,
como si fuera un arrullo,
llega el lejano murmullo
de los rumores del Lago.
En polvoso pergamino
que carcomió la polilla,
encontré, en forma sencilla
un relato peregrino.
'
Cuenta el cronista, que vino
una indígena legión,
cuando estaba á la sazón ,
de los cristianos al frente,
en Yuriria, el muy valiente ·
y bravo cacique Ant6n.
Quiso el pueblo, la fiereza
esquivar del enemigo
Y buscó seguro abrigo
del claustro en la fortaleza·
pero cedió á la rudeza
'
del ataque destructor
Yel desdichado cant~r
del templo, llegó á perder
á su hija y su mujer,
presas del vil in vasor.
Cerraba la noche en t,rnto
la desierta laguna, '
desgarrando iba la luna
los encajes de su manto.
Más alarido que canto,
la hueste triunfante lanza
sacrificar sin tardanza '
á las víctimas espera,
Y en

y, en torno de ardiente hoguera,
gira en frenética dan.za.

1

Baña con tintes cobrizo,,
de las víctimas la tez,
la pálida lividez
de los fulgor~s rojizos.
,. Flotant.!s nubes, cual rizos
,de blanca melena, esplenden
sobre los cielos. se extienden
por la incierta Jejan ía
y en la abrupta serranía
girones de gasa prenden.
Mientras ajenos están
á toda persecución
lo~ vencedores, Antón
forja un atrevido plan:
los suyos rescatarán
del enemigo ruín,
á las cautivas, al fin,
y antes del amanecer,
sobre ellos han de caer
cuando se escuche un clarín .
Ya la luz de la alborada
iba á romper en Oriente
y estaba toda la gente
á la lucha preparada,
cuando fuerte clarinada
surge de pronto inaudita
las ondas del viento agit~
como en señal de refriega,
y de Antón, en ruda brega,
la hueste se precipita.
Mas el invasor artero
la fuga emprende al instante
porque piensa estar delante '
de Alonso, el soldado fiero.
Antón se arroja el primero
la vir chusma desbarata '
Y á las cautivas rescata
.
.
'
mientras alla en la laguna,
hunde la pálida luna
su hermoso disco de plata.
Y los indios, que admiraron
tal hazaña, satisfechos,
en memoria de esos hechos
tres ahuehuetes plantaron.'
De los siglos que pasaron
refiere la tradición
que uno de ellos es' Antón
Y los otros, las cautivas '
que al hogar volvieron vivas
merced á tan/noble acción .'

I

, ..
"t

Pudo la nefanda mano
de la maldad ignorante,
. quemar hoy á ese gigante
de las selvas ~oberaro.
Pudo algún cerebro insano
tal grandeza destrui r·
. extinguir
'
mas no la podrá
de la ingratitud la llama·
porque su historia y su f~ma
par:i ~iempre han dt vivir.
AGUSTIN LANUZA.
Guanajuato, To de marzo de 191 f .

. r

La señora de Gamboa del brazo dd.Ministro de Estadú
señor García Prieto.

�lYiéxieo en el Extrraniet.To

2t1.f

eb

q

LA FUENTE DE JUVENCIO
(CUENTO JAPONES)

El Emb.ijador especial de México y su comitiva s,tliendo
del Palacio Real de Madrid, después de la
solemne recepción.

.....

Parque y entrada de la casa que ocupa en MadiiJ en el Paseo de la Castellana, el señor don ~llan A. de Béistegui, Ministro
Plenipotenciario de México.

................,..:.......................................................................00•00·::::::::;::::::::.::::::::::::::::::::::;;:;;;;;;;;;;;;;;·;

00 • 0000

""''""''º"''""'º

'CASA DEL MINISTRO DE · MEXIOO EN M A DRID

Comedor.

Séila de confianza.

Salón de Música.

Despacho del Ministro, señor Béistegui.
-Gran salón.

Eranse un ancia::io leñador muy viejo, y su anciana esposa,
también muy vieja. El se !lam~ba Yochida y ella Fumi. Habitaban la isla sagrada de Miya J~ma, en donde eran po_r todos respetados y queridos . Todos elo~1ab_an la dulzura resignada con
que hablan sabido aceptar los mevitables males de
la vida ensalzaban la fidelidad afectuosa que se
habfan' guardado uno á otro durante los sesenta
años de su unión.
Apenas se conocían cuando sus padres habfan
decidido casarlos. Yochida no había nunca hablado
á Fumi pero la seguía con los ojos ,cuando la encontrab'a en la playa. Ella andaba ~on lige!'ez~, inclinada hacia adelante, como conviene á las Jóve·
nea bien educadas. Los días de fiesta, él gustaba
de descubrir entre la multitud el rostro ovalado y
las mejillas color de flor de durazno de, Fumi, así
como su kimono gris perla y su obi de seda obscuro sobre cuyo fondo estaban bordados bla?cos
crlsantemos. Fumi, sin desear mucho el matrimonio, sabia que había de casarse, porq.ue hací!l' varios meses llevaba el chimada, es decir, el pemado
de las muchachas casaderas. Muy dulce de carácter, temla de antemano las severidades y las in·
constancias posibles de su esposo; porque un pro·
verbio le había dicho que , el corazón del hombre
es variable como un cielo de otoñ'o. • Pero estaba
resuelta á conquistar el cariño de su marido, por
medio de una dulzura pacient~, de una te~nura si·
lenciosa, porque otro proverbio le había dicho q_ue
«si se permanece tres años sentado sobre una piedra, la piedra acaba por calentarse:•
.
Y resultó que la unión de Yoch1da y d~ Fum1,
resuelta por sus padres,,conforme á los usos tradi·
cionales del antiguo Japón, fué fecunda en goces
duraderos para los esposos. Yochida amó i_nmediatamente á Fumi con todo el ardor de una Juven.tud
floreciente, y Fumi, apasionadamente _agradecida,
le tuvo una humilde y ferviente adoración. Du·
rante largos años fueron amantes ardorosos; to·
da la vida fueron amigos leales.
Conocieron las grandes alegrías Y un gra_n
dolor. Sus grandes alegrías fueron los nac1·
mi en tos sucesivos de tres hermosos muchachos;
su gran dolor, la muerte simultánea
de esos tres adorados séres, que,
habiéndose hecho pescadores, fue·
ron tragados por el mar una noche
de tempestad. Yochida y Fumi, con
el corazón hecho pedazos, trataron
de conservar ante sus amigos la faz
sonriente y tranquila. Pero cuando
estaban solos, lloraban largamente.
Las mangas de su kimono. se empa·
paban enjugando sus lágrimas. En i.;
la pieza más bella de la casa, en el ,
lugar consagrado, en la grader!a .de
madera pulida del tokonoma, er1g1e·
,.
.
ron un altar en recuerdo de sus hi· Señora de Be1stegu1, esposa del
jos, y ah{ dep?~itaban diariament~
.
_·
manjares exquisitos sobre una mesita de laca y encen:ifan van·
tas de incienso, permaneciendo muchas horas en conversación
1 con las almitas de sus muertos .
Ahora, solos en el mundo, habían encontrado en su amor recíproco el mejor consuelo. Cada uno de ellos, para hacer que el
otro sintiera. menos el dolor, trataba de rodearlo con el afecto
más vivo y más tierno. Poco á poco había vuelto la calma á los
r,orazones y se habían resignado á lo inevitable. , Cuando las
flores del cerezo, dice el proverbio, han crecido, no serán nues'tros lamentos los que podrán hacerlo reflorecer. •
Y ya estaban viejos, muy viejos, como dos venerables tortue-as. Yochida, arrugado, seco, con los miembros temblorosos.
Fumi, con los cabellos y cejas rasuradas. Se les encontraba pasean do juntos, con un paso muy lento, ella detrás de él, como lo

exigen las c0nveniencias. De tiempo en tiempo iban hast:
templo admirable que ha hecho célebre, de un cabo al otro
Japón, á la isla de Miya Jima. Frecuentemente permanecía1 .i
su casa, ocupados en el cuidado y limpiez_a de todo. Ella gi; &gt;
ba de la blancura de las paredes de papel y del brillo de lar ;·
teras nuevas¡ y con un sentimiento muy delicado de la arn fa
de los coldres, cambiaba de vez en cuando, según la estac· , y
el estado de su espíritu, las pinturas sobre seda y el kak' ono
que decoraba el tokonoma. En un jarrón de bronce tenía sit.npre
t¡es ramas en flor, y al lado del ja·
rrón una eetatua de laca del dios que
prefería; un dios extraño, de larga
barba, que llevaba en la cabeza una
enorme mitra, en una mano un bastón de viaje y un libro de oraciones
en otra. Ese dios se llamaba Fukuroku: es uno de los siete dioses de la
felicidad, el dios de la felicidad el .
dios de los ancianos dichosos. '
'(' 1
Eran en suma, dos ancianos di •
chosos Yochida y Fumi, porque ha:- ,
bían guardado al través de la mi r eria inevitable de la vida, la paz , el
corazón y su cariño mutuo. Sin e nbargo, la melancolía les asaltaba
ahora que eran muy viejos. Echaban
de menos su juventud lozana., porque
cada uno pensaba que cuando el otro
muriera se quedaría muy triste y
muy solo. Y habrían querido ser jóvenes todavía para tener delante una
larga vida que vivir junto@. Hermoso sueño! y cómo su vida habría si·
do grata si lo imposible hubiera po·
dido realizarse! ....

*

* *á la clara luz del
.
Un día de otoño,
sol, Yochida, presa de una alegría
misteriosa, se dirigió hacia el posque, en que habfa en otro tiempo
ejercido bravam,mte su oficio de leñador: antes de morir quería ver los
árboles en medio de los cuales había
pasado su juventud y su edad ma·
dura.
~er_o no reconoció al llegar ' los
pa1saJes de otros días. En cierto lu·
gar del bosque no había visto nunca
un_ m.agn!fico arce cuyas hojas, enroJecidas por la estación, ponían una
mancha luminosa en el verde obscuro de los pinos. Sobre todo, no había
nunca visto una fuente de agua clara, de una limpidez azul, que encontró al pie del arce.·
Estaba cansado y sintió sed. Tomó agua en el hueco de su mano y
la saboreó lentamente.
¡ Oh milagro! En el espejo de la
fuente se vió completamente cambiado. Sus cabellos se habían vuelto
negros, su faz ya no tenía arrugas
. .
, .
_
ministro de Mex1co en Espana. sintió en sus músculos una fuerz~'
nueva. ¡ Se habla vuelto joven! ¡ Te·
nía veinte años! Habla bebido, sin saberlo, el agua de la fuente
de Juvencio !
Robusto y scnriente, dichoso de vivir, se dirigió con paso rá·
pido hacia su chsa. La vieja Fumi vió entrar en ella á un hermoso joven. Lanzó un grito de sorpresa: después una inmensa
estupefacción la inmovilizó, la clavó en el suelo. Y una inmen·
sa in1uietud infinitamente dolorosa invadió su espíritu hasta hacerla sentir que se volvía loca.
'.
Pero Yochita la tr~n9uilizó y ªD:Ibo.s se pusieron á llorar y á
reír de alegría. F umi iría al día s•gmente á beber también .el
agua de la fuente milagrosa y cuando volviera traería la gracia
y la frescura de sus veinte años. ¡ Qué hermosa vida iban á vivir ambos mezclando á las sensaciones vivas delos ardores de la
juventud el dulce encanto del recuerdo de su vejez pasada! ...

�Parra las

'
JUAN DE LA BRB:TE

Damas

1

volvió á su casa meláncólico, pensando que tenía de;halH en adeAl día siguiente desde que una claridad color de rosa se ex· lante queeducar y proteger como un padre á la que era todavía
CHALLAYE ,
tendió por la atmósfera transparente Fumi se · dirigió hacia la la víspera su compañera.
FELICIANO
fuente de aguas azules.
, Yochida se quedó guardando la casa f esperando sin inquie·
I tud primeramente. Pero bien pronto
POR QUE ES CUADRADO U PA¡· sin
embargo, se admiró de que su
- - -· ·
mujer tardase tanto tiempo en volver
ÑUELO.
.fe la fuente. Y mientras más el tiem
&gt;O transcurría más crecía su impa~iencia.
Nuestros antepasados usaron paLas horas se sucedían cruelmente
ñuelos cuya forma fué dictada 1•or
entas. ¿Qué había sucedido? Yochida no podía dominar el obscuro tela fant~sía y el capricho; lleváronse
mor que iba invadiendo su pecho.
pañuelos redondos, o.valados, trian~r~ró la casa y corrió al bosque.
gulares 6 de cualquier otra forma que
I-•ronto llegó junto á la fuente mil-Jluguiera á su dueña. Han pas11do
lar·rosa. Oyó el canto del agua mez·
efitos
tiempos, en vano se buscaría
clt do con el murmurio de las ramas.
ahora en el mundo civilizado pafiueSus sentidos sobreexitados por la
lo~ que ofreciesen otra forma que la
espera, exploraba el espacio sin en&lt;M cuadrado. ¿C6mo y cuándo se
contrará la que buscaba. Un inmenso desaliento le asaltó.
impuEo esta ley?
Srtbitamente un rumor singular
Hace 125 afios, cuenta el ((Goullamó su atención: era una queja
lns~, » que en un sal6n del palacio de
vaga quizá de un animal herido. Yo·
Trianon se hal16 reunida una a!Pgre
chida yendo á la orilla de la fuente
comitiva alrededor de la Reina María
se detuvo estupefacto. Acababa de
Antonieta.
divisar entre las altas yerbas á una
~~n el transcurso de la conversaniña pequeñita., tan pequeñita que
rión la reina sostuvo que sería más
apenas tendría algunos meses y que
como no podía hablar tendía los bra
práctico y de mejor gusto que los
zos hacia él con ademán desesperado
pañuelos tuviesen la forma cuadraYochida tomóá la niñaen sus mada en lugar de tantas formas de fan·
nos y clavó su mfrada en sus dimita~Íll.
nutas pupilas. ¡ Qué ojos tan extraLuis XVI encontró tan acertada
ños! Parecían expresar una lenta
n,ta
(¡bservaci6n que pocos días de,experiencia; habrfase dicho que tra·
pué:.:, en 2 de enero de 1785, disputaban de revelar todos los recuerdos
de una larga vida.
"º, por un real decreto qne c&lt;los pa·
Y, Yochida sintió que conocía
ii t1Plos que en lo sucesivo hubieEen
otros ojos iguales á aquéllos! Ojos
d n fabricar.'e en el reino habian de
que habían llorado en sus dolores y
teüer igual largo que ancho.&gt;&gt;
sonreído con sus alegrías! Una emo
Al es1allar la revolución, que se
ción sobrehumana se apoderó de él.
f'tnpefi6
en de~truír todo lo que po·
Pero de improviso lo comprendió
Sefíor.1 dofía:Marí(Sagaceta:de:Gamboa.
tl :a recordar la monarquía , se olvidó
todo. Aquella niña pequeñita era su
anciana esposa, su pobre Fumi, re[De una fotografía hecha en Madrid, durante la misión de sin embargo el pañuelo.
juvenecida, demasiado rejuveneci- cortesia llevada á la Corte española por su esposo el EmbaNo se present6 ningún terrori~ta
da; porque, temiendo sin duda no jador especiai'.de México don Federico Gamboa].
que propuFiese aniquilar la form,i
poder apagar su sed de eterna juccmonárquica» del pañuelo para inR·
ventud, había bebido tanta agua de la fuente de Juvencíón que tituír otra «&lt;republicana. » Así es que sobrevivi6 la forma cuase había convertido en una niñita de pocos meses.
'
Y Yochida, su~pirando, se ec~? á la niñita á la espalda, suje· drada del pafiuelo, ideada por la Reina María Antonieta, y
tándola como BUJentan á sus h1Jos las madres joponesas; y se á cuya ocnrrencia se ha acomodado el munrlo civilizadu
entero.
1

••

*

-

-

. MODAS PA HJSIENSES

MI PARROCO Y MI

Mlle. Sylvie, con un vestiJo de despo- ·
sada, creación de Paquin.

Vestido de comida, creación
de Rondeau.

1

Novela premiada por la Academia F'rancesA

: 1
1

Traaucci6n autorizada, hecha sobre lu 166~ edicion, por J ut:1n Mateo:-1, Presbítero. Ilustraciones
de E , Vulliemin. Con licencit:1,

r

(CONTINUAJ

Yo escuché la perorata con aspecto contrito y humillado, pero al final-que por cierto estaba muy bien- mi rebelde fantasía se empefí.6 en representará la razón en forma de un cuerpo
contrahecho, con narices largae y aduncatl, casi romanas, ridículamente erguidas sobre un rostro seco y ceñudo; y e~ta figura
se parecía de tal modo á la señora de Lavalle, que al punto le
cobré una ojeriza irresistible. Tal ha sido el fruto de la elocuencia de mi tío. Entretanto conservo mis cuarenta y dos monigotes que lloran, sonríen y hacen mueca!:', dirnminados en mi habitaci6n; con lo cual eeitoy tan contenta.
«Ayer tarde conversé con Blanca acerca del amor. ¿C6mo me
decía mted que 110 existía más que en los libros y que nada
tt&gt;nía que ver con las j6vene,? ¡Ah. mi querido párroco! ¡Cuán
chro veo ahora su empeño de ocultarme la verdad por el temor
de que pudiera perjudicarme! Cuando hRyan pasado las primeras semanas de duelo, volveremos á anudar nuestras relaciones
con el mundo. A mi tío le parezco demasiado joven; pero yo no
111e resigno á quedar sola en el Pavo! mientras los demás ee divierten. Si asi sucediera, comprenderá usted, señor cura, que
tendría que elegir entre estos dos extremos: 6 tirarme por la
ventana 6 pegar fuego á la quinta.
«Al par&lt;cer me sobran motivos para esperar un gran triunfo,
porque. arlemás de ser bonita, cuento con una dote muy respetable. Blanca me ha dicho que una bonita figura sin dote vale
µoca cosa, pero que ambas condiciones reunidas forman un conjunto perfecto y un plato nada común. De modo, mi querido
párroco, que soy un manjar sabroso, delicado. suculento, en fin,
con todas las condiciones para ser codiciado, buscado y devorado en un abrir y cerrar de ojos ...... .
e, Ahora, Eeñor cura, aguardo con impacitncia la llegada dt" 1
lunes; pero no le diré á usted por qué. Ese día. ocurrirá un su·
ceso que hará pal{Jitar mi coraz6n, un suceso que me pone en
ganas de comenzar á dar volteretas hasta perder el aliento, de
tirar el som brer0 al aire, de bailar, de hacer locura~. ¡Bendito
sea Dioe, qué hermosa es la vida!
((Pero no hay gozo cumplido en este mundo, porque mted no
está aquí y el echarle menos me da pena. ¡Oh, si viera usted
cuánto me duele su ausencia! Gozaría tanto haciéndole admirar
la quinta y sus jardines, esmeradamente cuidados y que nadit
se parecen al BuisE6n ...... Aquí todo está en orden hasta en FU;
pormenores de menor cuantía, y ¡la verdad! me creo en un P11raíso. A cada instante tropiezo con un nuevo motivo de placf'r
y de admiraci6n; á cada instante taro bién querría hacerle á u, ted partícipe de mis gratas impresiones; le bUEco á usted, le llamo á veces, pero los ecos de este hermoso parque permanec1 n
mudos.
((Adi6s, mi querido y bondadoso ¡:,árroco, no le ehvío á mted
un abrazo, porque no se acostumbra á demostrar a~í el cariño {1
los curaei (no sé por qué razón), pero le envío toda la ternurn
con que le ama y adora, su antigua discípula,
REINA. »

Mlle. Jeanne Dirys, con un vestido
de Orion-Regnier.

I

Verdad es que yo me habitué inmediatamente á la atm6sfera
de lujo y elt·gancia á que había sido transportada tan de repente.
También es cierto que, aunque Blanca me tratara con mucha
amabilidad y se hubiera avenido desde luego á que fios tuteáramos, sin embargo, le tuYe algún miedo durante los primeros días
que siguieron á mi Jlpgada al Pavol. Su a~pecto de diosa, su aire
un poco altanero, la creencia que yo tenía de que me aventajaba
en experiencia, todo me camaba cierto encogimiento impidiéndome hablarla con libertad. Pero esta impnsi6n clur6 lo que la
escarcha herida porlos rayos del sol de abril; y, de resultas de
una convrn;aci6n que sostuvimos un domingo por la mafiana en
mi alcoba, Re di~i p6 enteramente la fascinación que en mí t&gt;jercía.
Continuaba aún en la cama, no del todo de¡.;pierta, regodeándome con el calorcillo de las Eábanas. abriendo de cuando en
cuando un ojo para contemplar exta~isida mi al, gre y c6modo
aposento, mis muñequitos de pasta y los árboles que se dernubrían desde mi ventana, cuando entr6 Bla11ca envuelta en luengo
peinador, con los cabellos tendidos á la espalda y la frente sur·
cada. por pliegues indicadores de algún cuidado grave.

-¡Bellísima como la que más entre las heroínas de Walter
Scott!--exclamé mirándola maravillada.
1 1
--Reina, - me dijo sentándo~e al pie de la cama, - ver~o á j :
conversar contigo.
e.J
-Mt&gt;jor que mejor. Pero estoy medio dormida y I o re 0 po·11l« 1
de poder atar cabos.
-¿Aunque hablemos del matrimonio?
\. 1
1
- rep?so BJ an~a qu.e
l
·
.
.
-~
,
.
conoc1a ya mt op11
1
11i6n sobre tan deli· f!
1
cado asunto.
•1 1
¡
- ¿Del matrimo11
nio? Ya me tienes
¡
dPspierta, - dije incorporándome súbitamente.
-¿Tú deseas casa rte, Reina?
,
-¡Que oi deseo ca-,
sanne! ¡Qué pregunta! Ya lo crPo, y
cuanto antes. ¿Dónde
puede haber mayor
'
dicha que vivir en la
Cllsita propia con el
¡, \
idolo de sus amore~?
Porque yo he de idolatrar á mi esposo,
que ha de SPr, por
supuesto, un hombre
adorable, si los hay. Y ¡vaya si los hay! ¿No te parecen á tí
adorables muchos hombres?
-No debes decir que los hombres parecen adorables,-repuso
Blanca con rostro severo.
-¿Por qué?
-No te sabría dar raz6n sati8factoria; con todo, te aEeguro
qu e suenan mal esas palabras en boca de una joven.
-¡Lo lamento muy de veras!. ..... Pero he dicho lo que shnto, -respondí sepultándome entre las ropas de la cama.
-¡Oye, criatura!-dijo Blanca mirándome con cierta lástima
que me pareci6 ofensiva.-He venido para h1.tblarte de mi padre, R~ina.
- ¿Qué hay?
- Lo que vae á oír. Como tú, quiero carnrme un día ú otro·
mi padre ha reusado ya varias ocasiones que se le han ofrecidc;
de darme e: tado, P?rº me i1!1porta_ poco,,porque ~o tengo prisa.
Aguarrfaré a cumplir los vemte anos; solo quema sa her si Fe
opondrá siempre á mi matrimonio.
--Pues hay qua preguntárselo.
-:-Sí, pero ahí está la d_ificultad.-repus? Blan,ra un poco perplt&gt;Ja, - te confiern que m1 padre me da miedo, o mPjor dicho,
me acobarda.
Maravillada de esta declaraci6n me recosté rnbre el codo y
eché á. lüs ludos los cabellos que me cubrían la cara, para VH
mt&gt;jor á mi prima. En aquel momento, Blanca descendió de Jai-;
nubes olímpicae en que rui imaginaci6n la habíaencararuadc · y
det1ás de la espléndida belleza de Juno, deEcubrí la muchachi1
tímida que no volvería á infundirme respeto.
- ¡ A mí no me acobarda nadie! - exclamé tomando Ja almohada y lanzándola al centro de la pieza.
Blanca me mir6 at6nita.
- ¿Qu é haces, Reina?
-¡Ah! Es una costumbre que tengo .... .. Cuando e~taria en el
Buis~6n, ?rrojaba Eiem~re 1~ almohada á cualquier parte por
ha~e.r rabrnr á SUEana, a qmen eeta travernra sacaba siempre de
qmc10.
- Como Susana no está ahora aquí, te acomejo que renuncies á ese capricho. Volviendo á nuestro asunto, ¿te sientes con
ánimo para sostener con mi padre una discusión acerca del matrimonio, que parece ser su pesadilla?-( ( ontinuará. )

¡

I

'

�¡~AYA UN HEROE DE NOVELA!

Cayóse en el río una jóv.en li!nld.tsim.a, Y
sin otro defecto que s.er muiy arficiona:d,a á
las novelas romámrtrlica,s. El peli,gro de abo·
gar,se que corrió fUlé muy gra.n.lde, porque
su IDaJlllá, como es de suponer, no sabía
nadar; pero por fortWllll, se enoontró un
liibertatlor y lué conducifüt á su. oasa fuera
de pel1gro, pero desmruyada..
Ourudo recdbr(, el senitiMo, forj 6 en su
fu:nag:inaoioo una novela de que ella se deolarió .heroína, oreá'llidosc p:al!'a sí 'l1ll héroe
11.&gt;recio:SO y na.dador, que }nduld.aiblem-em,te
la debía, llevair al altar.
tMal!llá, ddtlo á la s,~a. que esitaJba sentada á su ,c,rubocer:1, tú saibes que soy rica;
IJ)ues bien, de.dlairo que quforo c11,san,ne con
el que me ha salvado.
- ¡Hd~a mia! il()O!'bre hida mía! es impo-

ce aquellas que en, Amgón acootumbran
tQdos los años á devaistar los Ollillllp,Os Y reducir los pueblos á la miseria.. iRawoo "!
oontellas oruzaiban la. a.1Im6.sfera. Y el convoy de muniiolone,s 'Y todo el puebio oorr-ia

1

mam[,

piues

que,

¿está

desde luego alguna dis¡poStición saftlvatlora..

íEJ ooananxl.ante p€1!16Ó un momento lo
que deibta. haoor, y dd)jo al sangento:
¿Oufultos oontinelru; cufüan de la J.)61vor,a¡?
- Seis, mr ooma.nda.nte.
,
~ utS bien, mamkl,arl poner doce, Y dadles de con\Stigna:. pena .de la 'Vida, q,ue no
dejen lli)roximar 1111ingún rayo á veinte varas de distam.clia.

Yenldo de via¡je U1DJ amfgo nuestro, !Lewaba: á. su selWiiclo ,un croado, que no era par
riente d,e Sailoanón, pero que, sin e!lll!bargo,
eni las aildeas le senvra. allll.que malo, de

tJe?

eooin.ero.

-¡Ay! hija mía, rno es ese.
-¿,Pues quién, mrumá?

-Un pe.r,r o de Terra.nava

m~Mo de las municiones Y ·mi·

antes de Jesuorísto.

-&lt;No, mo es eso. Es todavía, peor.
- ¡,Peor!! ¡Oh Dios mio! ¿M,e espera alguna desgr9'Cia?
- ¡A¡y! ¿no s.rubes quién es ?
-¿ Es el ca.ballero de la r.asa de entren·

- !!!

ein.

P,reg,unta¡l&gt;an aJ,g,unos amigos á. Ana.X'ágorM. de Cl.aoo:mem.e, sL no le _pe,salba mol'lir
fuera de J U patl11a, y si quería que llevasen
á. ella su cuer,po.
-¿ Qué me importa? les oos¡ponfüó ; el
C3J1Illino para la. atra vida) es lo mi!JIIlo 'desde tadas partes.
,mste girailide hombre, mur,ió 42'8 añoc

siil&gt;le.
-Iim¡posLblc! !
oasado?

oa.er otro

les de hombres pe11~ran, Sti no se toma.

¡Qué teliz seria yo con una mujer, que ama
tanto á los animales.

un peligro e&amp;_panwso, si estallaba la ele(:tri!aild ad en aiqu.el sitia.
Sitiaban los rranceses á Zaragoza, y e,n
Un sa.rgem,to de la guaroia entró á hala magnifica es.planada que siJwe: d&lt;:: rr.árblar al coonain.dan,te del punto, para ex,pligen. al canal €!Il. el monte de Torrero, acacn,rJe el peligro que se cowia y ver ki,s
baJbain de des.cargar un grande convc,y de·
¡preoaiudones que se poij,i an tomar.
'Pólvora y municion ~s. tr:itdo de Villa-feli~u1111 r:a¡yo, dijo, aoaiba d,e hendJr un á,rche. Era verano, y á eso de las dos de la
bc
l prótimo; aihora miS11Do, en este i~tanta,rde se levantó un:i horrorosa lempesrad.
te. ó dent,l'o de aJguno-s segm1dos puede

¡BUENA P.REOAUCION !

El extrmljero.-Sirvase demme, buen hombre, ¿donde queda la
calle de ,\1esones donde está "El Tiempo"?

Un dfa com,pró una perdiz, y para que
no equi1vooase el g,wiso, tomó un Ji,bro de
ooc'.ala,, y le daY&gt; por eoorito la. receta..
Poco déSpUés, um, gaito más despejaJd.o
que el cooi,ner-0, s,hl oudida,1,se de li&amp;ros de
cooina, ni de N!Oetas de guisos, atra¡p,6 la
pe.rd¡i~, y se subió á a&gt;Ja:normrsefa. a.! tejaido, con wta des.ernvoitu,r a pasmosa..
Vió el orihl!o al gato que huta, ooho corriendo la mano al bdlsi11lo, hailló en é,l la
reeeta, y fü~o satisfecho - Buen ch~ te
llevais, gaito. ponq:ue la r&lt;&amp;oota queijra. en
mi poder y no sé cómo te va.s á. gobernair
para guisa.ria.

El buen hombre,- Con mucho gusto: camina Ud. dos calles y
dá,vuelta á la izquierda.

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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