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                  <text>~

¿ !&amp;A l f l /

EL
A~&lt;&gt; XI.

M ÉXI CO, D OMINGO

16

DE ABRI L DE

1911.

NuM. 16.

ENLACE ARISTOORATIOO .

.. .

¡

- -'

1

SRA. AMPARO CORRAL DE OBREGON Y SR. LIC. DON GUILLERMO OBREGON, jr,
(.1.l'O'l'. T0~1ADA DESPUES lJEL 11ATRD10NIO DE LA HIJA DEL SEÑOR -VICEPRESIDENTE DE LA REPUBLIC.A,
DO~ RAMON UOHRAL, EN SU CASA IIABI'l'ACION, DONDE SE CELEBR6 LA CEREMONIA. )

�l.J a ternpottada teatttal de

Por de~gracia en México la Semana Santa se celebra con mucha frialdad en cuanto al culto exterior, á lo ostensivo, á lo
que revela que Dios reina y ha de reinar en todas partes.
¿Habéis recorrido en estos días las calles de esta populosa ca~~

Paseua

Nn(\ional Mexicanoii que fu é saludado con nutridus- .aptaü~o~.
Una pluma de oro y objeto artístico fueron obseqma&lt;J.o~ a la
pareja que más se distinguió en Pl «minuetto. &gt;&gt;
La fiesta se prolongó hasta horas avanza&lt;bs de la noche.

h

Es cierto que el movimiento mercantil, las necesidades de
Sin duda que una de las notas soci~les más notables de la Fe
la vida. hacen que las grandes ciudades se vean recorridas por mana fu é el matrimonio de la señonta Amparo. Corral con el
la muchedumbre y · qufn10 ee observe en todos los lugares de Fefíor don Guillermo Obregón [jr.] .
.
.
La desposada efl hija d~l eeñor don Ramón Corral, V1cepres1ellas, la seriedad que debía acompañar al recuerdo de la época
más triste para la humanidad, triste aunque gloriosa después: la dente de la República.
.
.
..
Pasión del Salvador del Mundo.
El salón principal de la elegante residencia de la familia CoDios no exige tanto; quiere que en el recuerdo de su cruento rral fué tramformado en una elegante capilla.
En¡,] fonoo ee levantó un altar sobre el cual fué colocada una
sacrificio se guarde el recogimiento indispensable; pero entre
hellí~ima imagen de la Inmaculada Concepción. El adorno flo,
nosotros ese recogimiento es apenas relativo.
Los teatro~, abiertos de par en par, todo centro de diver~ión , ral fué exquisito
·
.
aunquenosesalgadeloslímitesdelamoralesfrecuentadoy re11lDióla bendición nupcial el Ilmo. señor doctor don Jos" Mora
mente hemos de decir la verdad. La divery del Río.
sión honesta es lícita en todo tiempo; pero
Termina&lt;lo el acto el Ilmo. doctor don José Ridolfi, Delegado Apostólico, dió lectura
esa djversión, por honesta que sea, debe
..........
á un cablegrama en el cual S S Pío X ensusperideree en días de duelo.
¿Qué os parece que al recuerdo de un paviaba la bendici6n nupcial á los deeporn·
dre, ó de una madre que fallecieron, en el
dos.
día del aniversario de su muerte los miemEstoe partieron con 'dirección á Europa.
bros de su familia se entregaran á diversione~. por honestas que fuesen?
Aunque en realidad no todos nue~tros
Y ¿qué aniversario más luctuoso que la
teatros cerraron etB puertas durante la Semuerte del Hijo de Dios? Pero ... ¡así somos!
mana Santa como antaño se acosturn brara, sí debemos hacer constar, en honor de
Hay que observar, sin embargo, que no
obstante este frío glacial que no.s invade tola justicia, que la maymJa de' las familias
oavía, aunque relativam ente en',escaso núcatólicas se abstuvieron de asistirá loe que
mero, hay almas por cuyas venas· circula
continuaron dando espectáculo!'.
la Ravia ardiente del amor divino.
En teatrucho, de cierta clase no falt6
gente perdida que en cualquier tiempo sirNuestros templos, como de costumbre, el
ve al diablo, a~í fuera en el día más saJ ueves Santo fueron muy visitados.
L1 mayor parte de loe visitantes irían por
grado.
Vuelven á dar principio las temporadas
simple curiosidad ó por rutina; pero todavía
teatrales y entre ellas citaremos como prinhay séres que van con un espíritu límpido á
cipal la de la compañía Balaguer, que acrecordar y.. agrad¡¡cer la inmensa bundad de
Jesucdsto, g,uien quiso quedarse con nosotuará en el Teatro Arbeu.
Antiguamente el teatro tenía por lema
tros en el admirable Sacramento de la Euaquel hermoso apotegma: «Canendo et recaristía. También en varios templos el Viernes Santo se dió el «pésamei&gt; á la Santísima
dendo corrigo mores. i&gt; Hoy, ea1vo ra1ísiVirgeu. Estos son los momentos en que demas excepciones, las obras dramáticas que
~emos pedirle que sus hijos, que son nues¡:,e ponen en escena ó son inmorales ó por
lo menos son frívolas.
tros hermanos, no rieguen con su sangre
' nuestro euelo, que puede ser fecundizado
Señor~ doña Am~li~ F. de ?merdou, .
En el repertorio de la compañía Balacon la sangre de verdaderos patriotas, de esposa del Consul de Mexicn en Tneste, [Austria. 1guer, por fortuna, observamos que la ma·
yoría son obras de mérito.
verdaderos mártires y no con la de ambiciosos que n~ comprenden lo que es el verdadero patriotiemo,
~o que es digno de lamentars.ei desde otro punto de vista,
lo ,que es.el verdadero heroísmo.
es que nuestros teatros, en la parte puramente material no reunan_ las debidas condiciones.
-~
'
Nuestro. «.Teatro Arbeu,, donde actúan las me3ores compañía'!!
Pasada la Semana Santa podemos dar sin escrúpulo esta nota
social extranjera:
, .
que nos v1sitafi, n.o corresponde á la altura ' que ha llegado la
..
··
En Trieste el &lt;&lt;Club del Mardeti,J&gt; presidido por la. sefiora metrópoli.
¿Cu~ndo queda~á termmado el Gran Teatro Nacional, que
Amalia:F;. de Smerdon, esposa del estimable c6nsul de México,
invitórá- la mejor sociedad de aquel lugar á un baile que se efe&lt;;i:· .ree~plazft,rá al antiguo, que todavía extrañamos los que lo cotuó en la sala del teatro «Fenice.i&gt; Dicha invitación tuvo muy nocm10s?- ,
·
buena acogida.
.
.
.
~s .verd,adera1:1ent&amp; una vergüenza que los t~atros que aquí
Tratábase de acudir á una de las bnllantes reumones 8ema- estu:namos de primera clase, en Europa podrían llg¡urar como de
nales qué se han estado celebrando en la sala D' Aquino.
tercera ó cuarta.
Aun en los Estados, tales como Guanajuato, San Luis, JalisEl baile tuvo un brillante éxito. Acudieron á él multitud,de
invitados y tanto los caballeros como las .qamas lucieron elegan- co, etc., etc., se cuenta con mejores lugares de espectáculo.
tísimos trajes.
El magni~co ~rogr.ama .del baile se desar~olló en medio de ~-La soeiedad mexicana ha tenido la gran pena de ver morir,
una ex,traord.mana ammación, por P.arte de la JUven~ud á la qual 1rá~ grandes padeci~ientos, á una dama distinguidísima, muy
se babia_dedicado la fiesta. Era el triunfo de la gentil adolescen- estimada por sus vntudes y emparentada con varias familias
cia, cuyos pttdres y madres participaban de su ingenua alegría. de representación social: la señora doña Guadalupe Pliego
La nota característica de la fiesta fué el c&lt;minuettoi&gt; ejecutado de Gómez.
La señora Guadalupe Pliego de Gómez muri6 á consecuencia
· con g~acia y galanura por · veinticinco · j6vepes parejas, bajo la
. direcqón del maestr? Sr. An~ibale D' Aquino, á quien se tribu- de una afección cardíaca, que se agravó á consecuencia de una
. delicada operación quirúrgica, que días antes se había prac·
t6 una caluroi:ia,ovaci~~ termma~o. este número.
Después de el, los Jovenes· qms-ieron demostrar su reconoci- ticado con felicidad.
La dolorosa nueva ha causado impresión no sólo en México
· miento á l_a distinguida Presid~nta del Club, señ~ra de Smerdou, ofreciéndole como homenaJe un he~moso ram1Ilete con la- sino también en Toluca, Morelia y otras poblaciones de la Re·
zos de l~s colores de lae banderas aust~1aca y mexicana y una pública, donde la señora Pliego era bien conocida y tenía varios parientes.
palma gigante colocada sobre un artístico trípode.
A~ presentarse el obsequio, la orquesta ejecut6 el " Himno
EL CRONISTA.

Co:-icepción Catalá.

L'ril'llera aotriz de lll Corupaíiía Cómica
Española del A1·b1"1t.

*"'*

***

***

Juan Balaguer.

Director y primer actor ele la
('Om{&gt;Aflía. del .lrbru .

Amparo Romo.

Primera ti1&gt;le cl11.la Compaüfa de opereta
y zar2Uela del P,íbrer¡as.

•

Prudencia Griffel.

Primera aotriz ele la Compaf,fa
Cómicn del C'n/611.

Adelina Vehi.

Primera tiple de la Compaiila de opereta
y zarzuela del Print'ipal.

Consuelo Abad.

Primera dama de Ja('om11afifa
Ców iuadel l'ol ón.

,

· Amparo Garrido.

P rimera tiple de la Compaüfa de
zarzuela. del T,íriro.

Señor don Daniel Garrido.

Co-empresario y actor del Teatro
Lfrico.

María Conesa.

Primera. tiple de la. Compaüfa do
Zkrzuela del Lfrico.

�r

DB llA ~B'\/OllU CION.
DE IJR ~BVOuUCIOf{

Grupo de revolucionarios hechos prisioneros por las fuerzas federales.

Las fuerzas del jefe insurgente d_on Francisco l. Madero,
que tomaron parte en la batalla de
Casa~ Grandes.

El ejército del jefe in5urgente don José de la Luz Blanco,
que se ha unido á las fuerzas
de Madero.

El jefe revolucionario Orozco y el doctor Busch, d:! la Cruz
Roja americana.

El cabecilla Fran'cisco Portillo, uno de los
más hábiles de los guerrille;os insurgentes.
Fotografía hecha momentos antes de la ba·
talla en que perdió la vida.

Los cadáveres de los jefes insurgentes Francisco y José Portillo, después del combate de
Villa Aldama, donde fueron derrotadas sus
fuerzas.

Grupo de federales ante los cadáveres de los Portillo. Ala izquierda
con uniforme claro el Mayor de voluntarios sinaloenses
'
señor Rivero, quien personalmente mató á más de quince revolucio·
narios en el combate de Aldama.

Cuartel de las fuerzas del Gobierno en Ciudad Juárez, Chih.

El cabecilla Julio Corral. E.n esta fotografía se puede advertir la indumentaria
qut usan los revolucionarios, semejante á
la de los rurales.

Jefes revolucinnarios en un consejo de guerra. De frente se ve
:á }osé Garibaldi titulado Teniente Coronel, y al
Ingeniero don Eduardo F. Hay, preso actualmente y que
se titulaba Mayor.

Je'fes revolucionarios entrevistados por un periodista
en el campo de operaciones.

El jefe revolucionario Pascual Orozco y rn Estado Mayor, en el
que figuran buenos tiradores y tácticos.

Jefes revolucionarios en el campamento de Pascual Orozco.

El doctor Wilson, médico de Madero, que sirve desinteresada
y valientemente atendiendo á los heridos, en plenos
con:bates, gonde ha realizado verdaderos actos de heroismo.

"Los jefes revolucionarios que tomaron la plaza de Guadalupe de los Re·
yes, Sinaloa. ,Juan Banderas, 2 Antonio M. Franco, 3 Ascensión Za·
gueta y 4 Agustín Beltrán.

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·o e s o e i e d a d
ACTUALllt&gt;ADES

Señora doíia Dolores Pliego de Gómez,
distin¡uida dama fallecida el 7 del corríente en
esta capital.

NECROLOGIA
=

El señor don Agustín Gómez.
Cuántas vidas hay consagradas por completo al trabajo honrado y legítimo por el
bienestar de los suyos y el bien general de
nuestro:1 semejantes, y que, sin embargo,
nunca se ven loadas y se extinguen sin ese
ruído y e~os coros de alabanzas, que siguen á la desaparici6n de los seres que en
vida hacen saber y conocer cuanto de bueno hacen, olvidando aquel precepto del
Evangelio que dice: ceno sepa tu roano iz·
quierda lo que hace tu derecha .

¿Y c6tno- no ha de ser consolador por
demás, el saber de la existencia de esoR
seres anónimos que hacen el bien por el
bien y no por los elogios, beneficios 6 correspondencia que puedan proporcionarles
c,us actos? Para mayor satisfacci6n de ellos,
esas vidas pa8an ignoradas y sus nombreR
no se ven confundidos co.n los de aquellos
que de las apariencias forman reputacio·
nes. 8610 uno que otro de esos buenos des·
ronocidos, al bajar al Sf pulcro, se ve seguido por el agradecimiento (no siempre
el debido, puesto que la ingratitud es característica de la bumaNidad) y entonces
conecemos lo que de fructuoso tuvo aquella vida, al parecer estéril para la sociedad.
;: Hacemos estas reflexiones con motivo
de la 5entida muerte de un industrial octogenario que siempre se distinguió por
sus' altas dotes de hombre caritativo y tra·
bajador: don Agustín G6mez, que falleci6
en esta capital el 20 del próximo pa sado á
las 3 p. m.

Señor don Agustín Gómez,
laborLoso industrial fallecido recientemente
en esta capital.

El señor don Agustín G6mez, nació en
México el 28 de agosto de 18~9. De3de su
más tierna: edad se dedic6 al trabajo, io·
mando como ·norma una honradez acrisolada que había de caracterizar su vida de
incansable luchador. Esa vida de labor
con stante, las múltiples atencione~ gue
demandaban los trabajos con que él i::e labraba holgada posici6n, no le impidieron
b'lcer el hien á cuantos á él se acercaban
!'Olicitándolo; y como la bondad di5tinguía
PO todo al señor G6mez, todos sus empleados y cuantos en su establecimiento figuraban como trabajadores eran siempre fa.
vorecidos con la mlís exquisita considera

ci ón y colmados de atenciones y beneficios
sin cuento.
Treinta afios de no interrumpida labor
permitieron á don Agustín G6mez, como
justa recompensa á su vida de trabajador
in cesante, establecer el año de 1359 el
Molino de Aceite3 del Tornito dij Regina,
acreditado establecimiento de su propiedad, que fué teatro de las generosas acciones que impartió durante más de cincuenta años á todos los que en él trabajaron.
Don Agustin Gómez ha. bajado al sepulcro amado y bendecido. Feliz él que hizo
de la Caridad y del 'fra bajo el objeto único de su existencia.

EN HONOR DE LA SEÑORA VIRGINIA FABREGAS DE CARDONA

;,,Á \ \.ºt~

•,

,

,. 't ~señora Fábregas la noche del banquete. ~ a mesa durante la cena ofrecida 13.or varios de los ¡1migos de la conocida actriz.

...

Casa ocupad3 por la fa mi lia del señor V:icepresider.~e Co.rral,
Altar impro_visa~o.en la casa del señor ~icepresidente Corral, para la
en la calle de las Artes, donde se veri ficó el matnmomo
ceremoma religiosa del enlace Obregon- Corral verificada
de su hija primogénita.
Fot. de "El Tiem pollu.strado,"
el 8 del corriente.
'

Gn.¡;:,o general de concurr.entes al banquete ofrecido en honor de I~ a;triz seffora Virginia Fábregas por varios de sus amigos.
Fot de «EL TI E MPO ILU STRA.DO.»

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81 Tiempo I1usttrado
81 Tiempo Ilusttr&amp;do

El Cirio ·de Arroba (i)
I
Todo el pueblo estaba horrorizado. Jamás, decían los ancia·
nos, ha sucedido co~a semejante en Trasmoz. Un tiro, una cuchillada en una reyerta, una garrotazo por la espal&lt;la, sí que se
ha visto, pero un crimen tan criminal, no.
Y ciertamente que, el estado como habían sido encontrados
los dos pastores asesinados, revelaba una alma en el asesino,
cruel si las había. Con la cabeza completamente machacada y separada del tronco, abiertos los pechos y el coraz6n
fuera &lt;le su sitio, con innumerables tajos por todo el cuerpo ha·
bían sido hallados los pastores de doña Rita Benito .en el fon-

mujeres lo confirmaron y el grave y respetuoso silencio de los
hombres lo admiró.
Después fueron retirándose todos de la ErmJta, y la n?c~e
descendiendo de las cimas del Moncayo se abrazo con las tlmeblas que subían de los valles de Tarazona y Borja.
El día sigqiente amaneció triste y desapacible. Las nubes
condensadas en la cumbre del Moncayo se hicieron jirooes y cayeron convertidas .en agua tormentosa sobre los ~amp0:9. , Los
campesinos estuvieron encerrados todo e! dia, sm s~l!r a sus
faenas, agrupados junto al hogar oyendo a los má~, vieJos contar historias de crímenes. Y la luz del sol no se deJo ver en toda la mañana, y vino luego la tarde, también . sombría, y volvió á subir del valle la noche envuelta en su manto tenebroso.
Doña Rita Benito dormía algo intranquila. El regafi:ón se habí~ de~eficadenado y colocándose por las rendijas de las ventanas producía ruidos semejantes á ayes lastime.ros; los árboles
del huerto se agitaban furiosamente; en las desiertas ca.Hes del
pueblo aullaban los perros ... ···,¡ y la pobre s~ñora no podía olvidal'.se de sus pastores tan bárbaramente asesinados.
De pronto oyó que todos los perrós del pueblo, los de s1: mi~ma casa ladraban violentamente. ¿Qué sería aquello? Dona R1t1 se se~tó en el lecho. En aquel momento la pei:ada aldaba caía
repetidas veces sobre el portalón de ·su casa produciendo un sonído lúgubre que heló de espanto su corazón.
Doña Rita se vistió rápidamente.y bajó pronta al portal. Pero éste ya estaba abierto: su hijo único, Tomás, había ~~jado
antes que ella. Doña Rita vió á la luz del farol, que su h1Jo tenía en la ml!,no, las severaa figuras de dos.altos civiles. Después,
apenas si daba crédito á su vista, vió al alguacil del pueblo que
Fl03tenía amarrado con una fuerte cadena al sultán, el perro de
los pastores asesinados, y al sultán abalanzarse loco sobre su hijo Tomás.
.
., ,
Este le dió un tremendo puntapié1 pero el perro volv10 a su
acometida. Entonces el guardia civil más viejo ordenó á Tomás
Re diese preso ... Tomás palideció, rugi~, blasfe~ó; y el guardia
lo sujetó con unas esposas ... Y Dofia Rita loca, sm darse cuenta
cte lo que sucedía, siguió al otro guardia, al alguacil y al s~ltán.
Llegado el perro 'á la cuadra, escarbó con fuerza el estiércol,
ladrando, y nullitnno .. . El alguacil tomó una azada y cavó un
rato ... ; pronto ?i.ó ?.ºº un lío de ropas ensangrentadaR, un

ningún hijo de Trasmo~, había. cometido .semeja;1te villanJa: el
Cristo saldría en proceswn y todos los habitantes irían detras con
candelas encendidas y aquel acto exterior sería una manifesta,
ci6n del exterior de las conciencias ......
Y el Cristo salió y resonaron, por las enhiestas y tortuosas calles del pueblo, los gozos que un ignorado poeta popular compuso en su loor, acompañados de eee canto mon6tono y melancólico del alto Aragón, donde el oído menos experto percibe cadencias moras ......
II
La procesi6n di6 la vuelta entera al pueblo) y luego volvi6 á

hacha y un cuchillo. Y Doña Rita no vió más, porque al reco·.
nocer las ropas de su hijo todo lo conprendió, y cayó desmayadn ...

III
Pasaron unos me3es, Y: después ~e _la primera y honda impresión que t1l descubrimiento del cnmmal había causado, ya no
se hablaba en el pueblo del suceso, cuando la proximida~ de la
fiesta del Santo Cristo renovó todos- los pasados comentario•.
Desde la noche anterior, un sinnú:mero de personas habfan
acudido á la ermita para tomar buen s~tio. Entre ~a gente, allí
congregada. veíatmelos montaraces habitantes de Lltago, los altaneros mo~adores de Afión 1 lo!!' cultos vecinos de Vera y aun
muchos otros curioso!!' que de pueblos y villas más qist-antes
acudían en expectativa de presenciar Qna cosa nunca vista. No
faltaban, entre aquellas gentes, personas· que, haciendo de un
acto tan serio motivo de juego, apostaban entre sí grandes cantidades sobre si Doña Rita cumpliría su voto ó no.
Bien pronto, empero, al despuntar el alba, salieron de dudas.
Un robusto gañán apareció cargado aon urr pesado candelero de
bronce empavonado y llegando. ante }a irr:iagen del Crist-o, lo
puso en el suelo. D~spues ,ae retfró, y antes de que la banda
del pueblo tocase la alegre diana po~ la~ call.es, Doñ3: Rita, cubierta con un manto negro, apareció s1Ienc1osa y tnste ..... El
murmullo dela gente cesó; toda!f las cabezas se levantaron, los
cuellos se alargaron para ~co~tar distancias á l.os ojos. ~e 1epente un murmullo de- admiraci6n, luego un grito de láshmu, exclamaciones, llantos, compasión, agitaron aquella ola huma.na ......
Doña Rita sacando de debajo su manto un grueso cirio, lo po·
nía en el pes~do candelabro que ante'3 había. l~evado el gañán_.
Después se arrodilló.: .. , y la. m~ltitud, ad1v;manclo Jos sentimientos de .aquella anciana y desd1chad~ ma~re, calmo las m~nifestaciones exteriores y se prosternó stlenc1osa.
Aquel día, y todos los años sigui~nteir, cuando .al llegar la
fiesta del Santo Cristo se repetía la misma escena, mientras Doña Rits.. oraba. y el pueblo arrodillado la ·acompa.fiab~ en su ~olor en torno de la ermita reinaba µn profufido stlenc10, sólo mter;um pido por el chisporroteo del ci~io de arroba.
J. PÉREZ HERVAS.'

..................:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::.:::::..··:·······"''''"''"00•00-....,.......'......:::.~::.:::.........'..::::.... :::.:::.......::::;;;;"' ............

LA MEJOR COPLA

Y el Cristo sé\lió y resonaror. por las calles del pueblo los gozos que ur. ignorado poeta popular compuso.

do de un barranco adonde miraba uno de los apriscos que dicha
señora tenía en las faldas del Moncayo. Aquello demostraba una
crueldad horrible. Nadie podía sospechar quién habría sido el
asesino y menos aun los móviles bajo cuyo impulso habría obrado tamafias atrocidades. Desde luego, el juez indic6 se trataba
de alguna venganza; mas nadie supo señalar un enemigo de los
pastores ni en el pueblo ni fuera de él. La misma guardia civil,
otras veces tan afortunada en descubrir los crímenes rurales, se
daba ahora por vencida. .... .. ; el crimen no había dejado rastro
de sí. A la crueldad del crimen había unido el talento de quedar impune, gracias á una habilidad nada común. Sin embargo,
no podía quedar así; la honra del pueblo estaba en que se descubriesen los autores 6 el autor, y una comisión de ancianos se
present6 al pánoco pidiéndole sacara al Santo Cri1:sto en procesión, para que el pueblo, rogando públicamente, demo8trase no
haber tenido parte en aquella fechoría.
El señor cura no se pudo negar. El Santo Cristo no salía de
su capilla sino cuando una grave calamidad afligía al pueblo, y
aquella ocasión los ancianos juzgaban debía salir porque aquello era una terrible desgracia. No era posible se dudase de que
( 1)

Histórico.

la Ermita del Santo Cristo, donde, colocada la imagen en su al·
tar, el párroco dirigió Ja palabra á los feligreses. «De vuestrá parte, hijos míos,-les dijo-habéis hecho cuanto podíais. Habéis
prestado vuestro concurso á las autoridades para el descubri·
miento de ese criminal misterioso, habéis protestado pública y solemnemente ante Dios y ante los hombres no tener parte en ese
nefando a~to de salvajismo y de barbarie. Podéis, pues, regre·
sar tranquilos á vuestros hogares, volverá vuestro trabajo, per·
suadidos, sí, de nuestra impotencia, pero sin desconfiar en
Dios ...... »
Pero aquello no era bastante. Doña Rita Benito sentía en el
alma la muerte de sus pastores. Desde que supo el crimen no
omitió ninguna diligencia para descubrir al criminal y había ayudado á la justicia en lo que estaba en su mano, aunque sin resrrltado. No, ella no podía resignarse á ver que la justicia no repa·
raba en lo posible aquel crimen, y vislumbrando una esperanza
en las palab~as del pá,rroco, llena de dolor, abriéndose paso por
entre sus vecmos, llego has-ta los pies del Santo Cristo y, cayendo de rodillas y juntando las manos, exclamó: rc¡Santo Cristo,
que parezca el criminal! ¡Si lo hacéis así, Jesús mío, os prometo ponero3 cada año, el día de vuestra fiesta, un cirio de arroba t.'."
El voto fué solemne; el párroco lo aprobó, las lágrimas de las
\

1

1 .

1

1

1

En el descanso de una jornada ,
que sifué dura, sifué sangrienta ,
por la victoria fué enronada,
junto á la hoguera que los calienta,
enardecidos y decidores,
con fe en la vida y alma contenta
varios soldados tantan amores,
como quien quiere buscan~o flores
borrar el daño de la tormenta.
Harto seguro·de su donaire,
toca uno de ellos una guitarra,
y una garganta que se desgarra
lanza esta copla que roba el aire:
La heridita que me han hecho
es chiquititá y es roja:
¡ bendiga 'Dios esta herida
que me recuerda tu boca!
Con recios gritos y ¡t&gt;les ! ardientes
al qu.e ha cantado premia el corrillo:
porque la copla lleva á las frentes
en su lenguaje puro y sencillo,
la imagen viva de las ausentes
cuyos retratos guarda el hatillo.
Y aún no repuestos los campeones
de esta alegría, que en sentimiento
tiene anegados los corazones,
cuando quejosa cómo un lamP.nto,
de la vihuela siempre á lrs sones
salta otra copla, que roba el viento:
Aquel beso de mi madre
medió miedo de la guerra,
y en l.r guerra soy valiente
por devolvérselo á ella.
!Amor de madre! Rico tesoro
que late dentro de las entrañas,

corno en el centro :le la, montañas.
oculto el oro;
al evocarte con voz dolida,
sienten los héroes como encendida
sqbre su rostro, la intensa huella
de aquellos besos de despedidll
que da tan sólo la boca de ella.
En algún pecho brota un sollozo;
algunos ojos anubla el llanto;
y al advertirlo sagaz el mozo
de los cantares, por el quebranto
volver en gozo,
para la Patria tiene este canto:
Que cuál patria era su patria
le preguntaron á Dios,
y sin pararse á pensario,
El dijo que era español.
Estallan risas frescas y locas
de honda alegría;
gritan á un tiempo todas las bocas,
y amortiguando la algarabía
con su apostura serena y pía ,
pasa una virgen de blancas tcrns.
Lleva en sus ojos, dulces y bellos,
por el insomnio martirizados,
de amor cristiano claros destellos;
lleva sus dedos ensangrentados,
porque amorosos tocaron ellos
en las heridas de los soldados.
i Amor de todos! Este es.su ernblell)a,
este su norte y este su aliento,
y amando á todos vive el poema
de la tern•ira y el sufrimiento.
l .a mira el ruozo, su ardor extrema,
y con el alma puesta en su acento,
canta esta copla, que luego él viento
Jle~a á más alta región suprenrn:

La caridad no pregunta
ni lós hombres ni las tierras:
CClmo la mar llama al río
el llanto la llama á ella.
Canto de penas del mundó ent, rn,
por--generoso, por lastimero,
conmueve á tqdos ... , Nobl~ y augusta
sigue la hermana por el sendero.
Y otro muchacho dice al coplero
con voz helada pero robusta:,
-Tengo hna patria, po·r· la que muero:
tengo un~ novia que es un lucero;
tengo ui:ia madre cristiana y justa,
y, sin embargo, mi compañero
ese es el canto que yo prefiero,
¡Esa es la copla que más me gusta!
s. y J. AL\.'AREZ QUINTERO.
~~

OH MUERTE
¡ Amad la muerte! amadla.. . . Ella procura
el supremo descanso, ella nos guía
en el camino del silencio, es fría
pero buena . . . . ella mata la energía!
Ella es la maga de la sombra .., es pura
y eterna ... y todos la llaman impía!
¿por qué? por que nos besa en la agonía
y un tálamo nos da en la sepultura.
La muerte es la ceniza de la llama.
es el "no ser" de lo que vibra, muda
ante el placer ó el infortunio ama:
el sueño matador de los d'llores:
la calma que del daño nos escuda,
y la tierra . . . . que es madre de las flores!
JULIO

FLOREZ.

�Patra

.
li.L 'POEMA DEL
· DULOR
f
(

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1

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1

'

Y el cielo pareció crugir y abrirse P.ara dar paso á, las furiatl
del hu:¡acán que avanzaba ; y avll,nzaba ,prefiado de amenazas y
mascullando soberbias; y avanzaba descargando ~us silbidos cortantes y profµndo s, comQ si sus silbidos fueran látigos, como si
en el 'huraqán SP, retorciese una infinidad de víboras ..... . Empu- ,
jaba y cortaba las. tinieblas: aplastaba la llanada ...... Los árbo- '·
les saltaban, .se rompían, árrastraban sus rafoe~ al caer; el río,
turbio y violento, batiase con 111 rabia que destrozaba la noche, '
y abandonaba su cauce ...... Y alrededor de la choza se juntaban '
la~vo~ de la llan¡i.da, del río, de los árbole,, del viento ......
El ángel de la muerte nada oyó; entró en la cho~a y se ac~rc6
á la cuna; P'3ro sintió que una madre .le cogía, que una ma,dre
le empujaba, que una madre le impedía llevarse al niño, y sa~. ;
lió de la.casa y volvió á Dios: · ··
-Arrancadme el corazón ..... .
No os lo he traído aún, porque. ,
sentí......
·
El ángt:l no ¡;fotió más. ,. . '.~·

Por Constantino1 Cabal.
,,·1
'
Ln.s estrellas sonrefan ...... , El sol había pasado por el-cielo corno una' ola de luz, ·y había·dejad_o .eobre é4 sus bu:b~j~os de espum~: !,as estr~llas-. Yi la nocbe, 1t,1b1a? suav~, con t1b1d1ades v~rnales y suavidadee IJ'.llor~osas, p~r~cía, dorm~r sobre el regazo mmenso de la tierra'y baJO la•caricra de .los cielos.
El ángel crúzo el espacio .....·.
:
·_,
.
La llanada apar~ció ...... 'I'endíase al socaire de una:s lomas
encadenadas, sombrías......
·
·
Mostraba la llanada la opulencia de sus flores y el esplendor
de su fronda, y las flores parecían '
extremeéerse y la ' fronda parecía canturrear :cada :'vez q'ue
·dél :alto 'de la loma •descendía,
como un beso, la sutileza y alma de la brisa. · ta cábafia:era
' Apareció un sol espléndido,.y
·u n manchón en ~l paisaje : un
el mundo se embriagó de luz y
manchón gris y ·deforme; ... .. un
vida.
,
viejo catlavérico; har~pmb, que
El ángel llegó á la cuna, cqgió
se ¡;entía abrumado por aquella
el nifio, y fuese á Dios: él niño
majest:i.d y por aquella grandesonreía, como en sus horas pl~za, y se' éhcogía .... se encogía
cidas sonriera en el regazo de la
·deseand'o ocultarse ó pPrecer, de- · 1
madre eanta. ·
:
seando hundirse eh: el río que
pasaba frente á él, severo·y dul- 1 '
.El ángi!l cruzó el espacio ......
ce como repletQ de luna.
,Vió los ojos de Dios que le ser
La noche y las estrellas son·
guían, y calló de rodillas ante
ellos:
reían : la llanada respiraba una
- 1.. .. .... ¡Me vuelvo a'
plenitud de vida ...... Y dentro de
-1·Senor
la choza había upa cuna en q'te
la choza! Voy á llorar con la
madre .....
se moría un nifio y una rq¡i.dre
que velaba, con el dolor sobre Ft ·.·.
El ángel se acercó ...... 8rbtió.,
--\1---r:I-la puerta ...... y vió unoR ojns
CARIDAD
grandes y llorosos, unoa ojos·ge-.,~
mujer que eran P,Oemas de am;qguras ¡;anta~: vió unos ojos .de
¡Oh!, ricos, que en un caprimujer que lo e$cudriñaban todo,
que se volvían á él _llenos de d1 ·
cho gastais lo que sería suficienplicas, y salió..... y dejó el ~la ·
te para salvar de la más triste
miseria un hogar de obreros,
no ...... cruzó el cielo y llegó á
imitad á la señora de Lores, á la
Dios.
-¡Señor! ...... no. os traigo al
arr0gante María Car 1o ta, de
¡ En b orf.rnJ:id ... . !
nifio porque he visto á su maquien á diario se oyen alabandre y sentí pena . .'.. Arrancad·
zas mil que parten de modestíme los ojo~; voiveré.... .. . El ángel de la muerte quedó -:i1·go.
simos hogares ha-ta donde hace llegar su caridad ilimitada.
'
.
No crE&gt;ais que María Carlota es una matorna austera, alejada
del ruido mundanal: es una mujer joven, gallarda y por añadiEl espacio se llenó de obscuridad; parecía una masa de ti 11 ie- dura, viuda. Por un capricho de su carácter no .quería volverá
blas apretadas Y mac.iza~, que caían sobre el llano, encerrándolo casarse, diciendo que esos bellos ensuefios son difíciles de reaen su garra. Las eatrellas se habían muerto.......
nudar.
El aire ee retorcía gemebundo: Y arrastrábase Y hundíase en
Cuando la turba de adoradores é imitadores se alejaba de su
la masa de tinieblas, Y hacfala revolverse, Y echábase rnbre el lado, c.orría fastidiada á los brazos de su vieja nodriza y la decía:
-¡Qué dicha, solas!
llano para elevarla después. El aire se quejaba, sollozaba, y junOtras veces, contemplando con cariño el rostro bondadoso de
taba bramidos ·con. eollozos . . Y ·la llanada encogíase, Y humillabala grandeza de su fronda Y dejaba que sus frutos Y Bus flores la anciana que la enseñó á amar el bien, la interrogaba,
fueran. llevados Y deshechos en el ímpetu del aire; el río salta- ¿Qué pasará en el alma de esas elegantes cuando á su paso
ba, loco, soportando sobre sí toda la noche y la choza tembleel infortunio?
queaba aterida de frío y de pavor.
· : · se,,presenta R'
· b
El ángel del~ muerte no veía; sintióse al pié de la choza~ y
La vieja ita suspua a.
-No ven n~da ...... porque no.quieren .ver. Admiran tus tratacteó ...... Estaba junto á la puerta; y escuchó y oyó gemir:
-¡Ay hijo 'µiío .'del alinal
'
..
jes, tus joyas, no. pierden un sarao; pe.ro visitar al enfermo, al
El ángel ,plegó. la13 alas y apart6se de la choza lentamente; lle- al hambriento,. ~l triste; repartir con equidad riquezas, consejos,
vaha. el coraz6n' harto de pena. Cruz6 el cielo otra vez, y llegó á. qulces palabras ... ·..
.
, . .
Dios.
.
.
, · -¡Eso es difícil para esas pobres y -débiles almas!
-¡Sefj.orl.... :.: no os traigo al niño porque he oído el lam~n--¡Nifí.a ~í~l-y Ja anciana besaba las,lindas manos que se
tarse de sú madre. Que yo no oiga más, Señor, y volveré... ,.... extendían q11,c1a .ella. Eres tan buena qomq hei;m.q~a y. .])ios te
El ángel ·de la muerte no oyó más.
da.riquezas para hacer el bieñ. ¡Ben~ta,seas!. .
~
1

.

t ...',, ~. .

las

Damas

-¡Mamaíta, mamá!-gritó entonces un ángel de i::eis años escasos, buscando á María Carlota que
charlaba con Rita.
La nifia apareció á la vista de
la anciana, y la joven tiranrlo del
brazo de una mujer modestamente vestida, muy pálida y delgada,
que sonreía feliz ante la alegría de
la niña.
Aro has en presencia de María
Carlota, la mujer besó la blanca
mano q1:1e ésta le tendía.
:-iAh! mamáíta y mamá-exclamó la niña- ¿se quedará con
nosotral-?
-Sí, sí, Francina - contestó
María. Carlota.-¡Qué loca eres!
.La obrera y la gran señora se
sentaron juntas, unidas por la
hermosa niña que las llamaba
mamaíta y mamá.
Muchos criticaron á. María Carlota cuando llevó á su hogar aquella florecilla, como decían, &lt;&lt;Bacada del arroyo. &gt;J Francina tenía en
su corazoncito un mundo de amor
¡,ara su mamaíta y otro mundo
para su mamá.

bada bienhechora que D:os le enviaba.
De su buena obra María Carlota había recogido toda la gratitud
de aquella madre y el purísimo
amor de Francina; del juicio de
sus amigas, sonreía desdefio~a.
Hay recompensas que muchas
almas no pueden apreciar. Para
la hermosa señora de Lores valía
más un «¡Mamaíta!&gt;) de Francina
que todos los elogios de sus admiradoree.

LAS BODAS EN BRETAÑA.
En la región francesa de Breta·
ña existen costumbres muy origi·
nales. Una de ellas es la que se
observa en el pueblo de Plongastel-Daoulas, donde los vecinos
Ee casan sólo en dos fechas del
afio: durante la semaña de Reyes
y durante la de Pascuas. El próximo pasado día 11 de enero se verificaron al mismo tiempo 27 bo·
das, y excusado e3 decir cuál sería
el regocijo que con este motivo
hubo durante todo el día y los
siguientes en Plongastel.
Las novias, agrupadas en un
lado de la plaza del pueblo y
acompañadas por sus madres, es
peraron á sus prometidos, y y·
t0dos juntos fueron á la iglesia. a

***

Una obrer~ infeliz morfa sin
luz, con hambre y frío, cuando
nn ángel del bien acudió á ella .
Acababa de ser madre y su pequeña criatura no tenía ni el alimento necesario. Sus pechos secos, sus brazos débiles y su cuer po sin calor, recobraron poco á
poro la vida con los cuidJldos del

Santa Isabel Rein:i de Hungria.

LEYENDA

111

~(I~ ~
Venia me dan de cantar,
mas no me atrevo á romper
Einte vosotros á hablar
c0n el temor de acabar
sin que os logre entretener.
Porque no os cause fatiga,
mandaré á mi pensamiento
que, en todo aquello que os diga,
guarde, tenga, acate y 1-iga
la~ leyes del sentimiento.
PueE1, si s6lo de emociones
hablo, no habrá en mis canciones,
Pquívoco, merma ó mPngua;
que todos los carazones
tienPn una misma lengua.
Junto al fuego, imaginad
que, formando corro, estamos,
y es imaginar verdad:
que e~ fupgo la Caridad
al que todos nos llegamos .... ..
Muere. el sol; queda, en ofrenda,
su san gr e' en la lejanía
y fleta. un dejo en la senda
de un canto de romería .....
Se hace un silencio ; porfía
la llama , á esperar, que prenda
fuego, en la leña baldía,
y yo oe cuento esta leyenda
dti Santa Isabel de Hugría.
En el sacro esplendor de un Jueves Santo

baja de su castillo á la hurgada ·

(l, Composioi6n lefda en una función de oarftfad'
celebrada en el Teatro Real de Madrid, á benet.elo del
dispensarlo antituberculoso •'Victoria Enge11i41r. " Ji.
I&amp; tiesta &amp;81st16 la familia real española.

i::ocl)rrer la turba desolada.,
Isabel reiña, de corona y manto.
Resplandeciente va de pedrerías.
que, aunque buscando viene al pordiosero,
sabe, según la fe de aquellos días,
que cada pobre es cristo verdadero.
Avanza sola y avanzando en la hord&lt;t
que le tiende las manos amarillas,
su caridad es río que desborda
para sembrar de lirios las orillas.
Opalos, perlas, amatistas, oro,
zarcillos de coral, gemas extrañas
todo lo da á sabor; nada conserva
de su real tesoro:
¡sólo el rubí que lleva en las entrañas
-su coraz6n-á Dios se lo reserva!
Y, seg6n anda, crece el clamareo;
y deja el paralítico su casa,
y al ciego, de mirarla en el deseo,
le abre el llanto los ojos, cuando pasa.
La romería de piedad termina,
y ella vuelve al castillo entre oraciones;
y da gracias á Dios mientras camina,
¡porque, si va sin joyas, imagina
que resplandecen m6s las bendiciones!
Pero, en esto, un anciano
que tiene humilde y lejos la vivienda,
abrazando sus pies, tiende su mano
y le pide una ofr1inda.
Y ella al verle delante,
enfermo, viejo, pobre y sin abrigo,
ya sin joyas que dar, descalza el guante
y lo deja en la mano del mendigo.
-Llega, con él, mañana,
hasta mi camarín resplandeciente;
iÍ

que no ha de haber quien no haga, entre mi gente,

honor al guante de la Soberana.
No fué µreciso. -Estaba un cab'tllero
á admirar á su Reina detenid11.
y, pidiéndole el guante al pordiosero,
le cambió por el cinto de su acero,
todo él, oro y carbunclos embutido.
Y el caballero se botó á Cruzada:
y, ardiendo todo ea ideal quimera,
¡al casco le arrancó la penachada
y plantó en la celada,
el guante de su reina por cimera!
Y es fama quci, en un día de victoria
cuando en Jerusalen entr6 el primero
con la espada en la mano un caballero
envuelto ya en los nimbos de la Historia,
no llevaba otro signo, otra bander11,
que un guante de mujer en la cimera:
-¡de él sea dicho y de su reina en glor:a!"
Si tiene ó no sentido en este día
e;ta leyenda de Isabel de Hungría,
vosotros lo diréis .. ..... .
Si, á la par que consuela corazones,
la piedad de una reina hace leones,
vosotros lo diréis ....... ..
Si, en manos del enfermo y &lt;le,valido
otro guante de reina hoy ha caído,
vosotros lo diréis ... ..... .
Si, ardiendo Espafia en idt:a! quimera
caballeresca á un tiempo y justicina,
puede llevar, como en la antigua Era,
el guante de Reina en la cimera,
vosotros españoles, lo diréis!
EDUARDO

MARQUINA.

�'

JUAN DE LA BRETE

293

NOVELtA

MI PARROCO Y MI TIO
Novela premiada por la Academia Francesa
Traaucción autorizada, hecha sobre la 166~ edicion, por Juan Mateos, Presbítero. ll~stracfones
.,
de E, Vulliemin, Con licencitt,
(CONTINUA)

-;~, faltaba más! Precisamentlil doy quinGe y raya al más pare usted un poco en las heroínas de W,dter Scott que sólo vi.
pi atado en materia de discusión; ya verás. De buenas á prime· vían amando y siendo amadas.
rlls me tiraré á fondo, porque á mí me gusta llevar las cosas de
-¡Hola! ¿De modo que el cura tP ha permitido leer novelas?
frente.
-¡Pobre cura querido! ¡Si supiera usted cuánto le he hecho
En efecto, durante ·1a comida estuve guiñando el ojo á mi pri· rabia.r á propósito de eso! No quería dárme\ae, y hasta secuestró
ma, indicándole que me ttpercibía al combate. Mi tío, que al la llave de la biblioteca, pero yo logré entrar por la ventana
parecer olfateaba el peligro, nos flechaba miradas oblicuas al rompiendo un cristal.
amparo de sus peludas cejas; y Blanca, del todo trastornada por
- ¡He aquí una chica que promete! Y, es claro, luego te hael miedo, me instó por señas á no tocar el asunto. Pero yo, por brás dado en cuerpo y alma á ensueños y divagaciones amorotoda contestación, dí un par de castañetas, tosí con fuerza y me sas, ¿no es eso?
lancé resueltamente al campo.
-Yo no divago nunca, y menos en materia de amor, porque
-Oiga usted, tío; ¿se puede tener hijos sin casarse?
conozco á fondo el asunto.
-No, evidentemente,-respondió el interpelado, á quien la
-¡Diablo!-exclamó mi tío riendo.-Pues ¿no acabas de deanterior pregunta pareció sobresaltar un poco.
cirnos que no amabas á nadie?
-Y ¿no eería una desgracia que el género humanoºdesapare-Es verdad,-repliqué con viveza, algo turbada por el trasciera?
·
piés que acababa de dar. -Pero ¿no cree utited, tío, que la refle-¡Hum! He ahí una pregunta harto grave. Los filántropos xión puede suplirá la experiencia?
responderían que sí, y los misántropos responderían que no.
- ¡Indudablemente! Estoy convencido de ello, sobre todo en
-Pero usted ¿qué opina?
tu caso; porque no parece ler&lt;la.
-No lo he pensado madura.mente. Con todo, teniendo en
-Soy sencillamente un poco lógica, tío. Y, dígame usted:
cuenta que el Creador ha hecho bien sus cosas, voto por la per- ¿nunca se ama á un hombre distinto del propio marido?
petuación de la especie humana.
-No, jamás-respondió sonriendo el señor de Pavol.
-Entonces, tío, no es usted consecuente al echar pestes con-Ahora bien; puesto que 'sólo se aína al marido y no á otro
tra el matrimonio.
distinto de él, puesto que se le ama naturalmente con verdadero
-¿Hola?-repuso mi contrincante.
amor, y que además no se puede vivir sin amar, concluyo de
- Puesto que no se puede tener hijos sin estar casado y que aquí que es nesesario casarse.
usted vota por la propagación del género humano, se sigue que
-Sí, pero después de haber cumplido los veintiún años, señousted debe aprobar el matrimonio para todos.
ritas.
-¡Re...... caspitina!-repuso el señor dePavol alzando el la·
-Eso me da lo mismo,-respondió Blanca.
bio con expresión tan sarcástica, que Blanca, desmintiendo su
-¡Ohl pero á mí no. Por nada del mundo quiero aguardar
nombre, se puso roja como una amapola.-¡Eso se llama razo- cinco años.
nar! Y bien: ¿que idea tienes del matrimonio, sobrina?
-Pues no tendrás más remedio que aguardarlos, á no presen-¡Oh! ¡El matrimonio!-exclamé con énfasis.-¡La más exce- tarse un caso excepcional.
lente de todas las instituciones humanas! ¿Qué dicha más cum-¿A qué llama usted caso excepcional, tío?
plida puede haber que la de vivir perpetuamente con el elegido
-A una coyuntura de matrimonio, tan ventajosa por todos
de su corazón? Allí del cantar, del bailar juntos, del charlar y conceptos, que fuera absurdo rehusarla.
reír hasta hartarse ...... ¡Magnífico, arrebatador, inefable!
Esta modificación introducida por mi tío en su programa, de
-¿Conque cosa de bailes, cantos y charloteos, eh? Pues has tal suerte me regocijó, que me levanté del asiento y comencé á
de saber, sobrinita, que el matrimonio es algo muy serio y tris· dar volteretas.
te, algo muy semejante á un sacrificio donde intervienen una
-Si es así, nada tengo que temer respecto del pronto arreglo
víctima y un verdugo.
de mi boda,- &lt;lije alborozada, y sa!í del comedor.
--¡Ah!!!
Busqué refugió en mi cuarto, donde se presentó muy luego ·
Juno y yo protestamos con gran vehemencia.
Juno, luciendo su garbo majestuoso.
,
-¿Quién es la vfotima, padre?
-¡Qué desvergonzada eres, Reina!
·
-¿Quién ha de ser? El hombre, ¡voto al chápiro!
--¡Desvergonzada! ¿De ese modo me agradeces el haberte ¡
-Peor para los hombres,-repliqué éon tono resuelto_;-¡que · complacido en lo que deseabas?
se defiendan! Por lo que á. mí hace, estoy pronta á convertirme
-Sí, pero empleas un lenguaje tan crudo....
en verdugo.
-Es mi genio, á mí me gusta las cosas muy claras.
--Pero ¿adónde quieren ustedes ir á parar con todo esto, se-Además, cualquiera diría que te habías empeñado en mo· ·
ñoritas?
}estar á mi padre.
,
-A lo siguiente, tío: Blanca y yo somos partidarias acérri-Te aseguro que sentiría en el alma darle un disgusto; me
mas del matrimonio, y hemos determinado poner en práctica ha caído en gracia su cara burlona y le he cobrado ya un cari- ,
nuestras teorías. ~i deseo es no perder tiempo.
ño apasiona?º· Pero no mudemos de asunto, Blanca; él es quien
-¡Reina! -exclamó mi prima asustada de mi atrevimiento. nos ha mortificado protestando contra el matrimonio, y, en fin,
-Digo la pura verdad, Blanca; aguarda tú si quieres, pero ahora ya sabes lo que qnerlas.
,
yo no tengo pacieºcfa.
-Así es,-respondió Blanca con aire distraído.
-Muy bien, sobrina; pero supongo que todavía no habrás . El señor de Pavol aprendió en breve á su costa que si las mu· .
J~res no valen dos cominos, las muchachas valen menos aún y ,
puesto los ojos en nadie.
-¡Naturalmentel-repuso Blanca riendo,-¡como que no co- pisotean con la mayor frescura las ideas de un padre y de un I
noca á un alma!
tío.
Desde que llegué al Pavol había pensado mucho en el amor
que tenía al señor de Conprat, preguntándome varias veces si
X
debería revelar á mi prima el secreto íntimo de mi corazón. Perc:1,\ bien ponderado todo, me resolví á romper. con mis princiEl lunes por la mañana me levanté poseída de un sentimien·
pios, ateniéndome al proverbio árabe: «el silencio es oro». Sin to de regocijo. La noche anterior había soñado !Con Pablo de
embargo de eso, al oír la rotunda 11firmaci6n de Blanca sobre Conprat y lo prirµero que hice al despertar fué prorrumpir en
mi absoluta carencia de relaciones, me asaltaron vehementes una exclamación de júbilo.
deseos de contar la historia de mi enamoramiento, pero conseguí
El placer de estrenar un vestido, cual no lo había llevado
sobrepouerme íí ra tentación.
nunca hasta entonces, acrecentó aún más mi alegría y cuando
-Como quiera que sea;-repuse,-llegará día en que ame á t?ve ~uesto ~l º?,evo traje, me contemplé por largo tiempo en
alguno, porque, á mi.juicio, no se puede vivir sin amar.
silencia admuac1on. ,Luego comencé á saltar dando vueltas á la
-Tal vez; pero ¿quién te ha enseñado esas cosas, Reina?
vez, en un transporte de exuberante alborozo y faltó poco para
--¡Bah! Esa es la vida, tío, --respondí tranquilamente.-Re· no derribar á mi tío con quien choqué en un~ galería.

•

van tamos para pasará la sala donde nos aguardaba la mesa, ya
--¿A. dónde vas corriendo de ese modo, muchacha?
-A los dormitorios, tío, para verme en todos los espejos. Mi- había recobrado mi buen humor.
Colocada entre el cura y Conprat, la emprendí al punto con
re usted qué guapa estoy ahora.
ébte.
--Cierto que no haces mala figura.
- ¿C6mo no ha vuelto usted por el Buissón?-le pregunté.
-¿No es verdad que se luce mi palmito con un vestido bien
-No me ha sido posible, prima mía,
hecho? ¿No estoy linda, tío?
-Y ni siquiera lo habrá sentido usted, ¿verdad?
-¡Primorosa!-respondió el señor de Pavol, que arrebatado
-Oh, muchísimo: lo he lamentado en el alma, señorita.
de gozo al verme tan contenta, me besó en las dos mejillas.
-Y entonces ¿por qué no me ha dado usted la mano al llega1?
-¡Qué dichosa me siento! Me páece, como decía Petra, que el
-Pero, señorita, no es á mí á quien correspondía hacerlo,
caso excepcional se presentará muy e:n breve.
Y desaparecí sin aguardar respuesta para precipitarme como según la etiqueta.
- ¡Ah! ¡La etiqueta! ¡Qué poco caso hicimos de ella en el
una tromba en la habitación de Juno.
¡Mira, miral-exclamé, girando con tal rapidez sobre mis ta- Buis&amp;ótt!
Allí estábamos en circunstanciae especiales, y por cierto bien
lones, que Blanca sólo podía ver un remolino de faldas.
-Pero, criatura, no hagas e&amp;o,-me dijo con su calma acos· apartados de la sociedad,-repuso con ufia sonrisa.
- ¿De modo que la sociedad prohibe ser afable?
tumbrada.-¿Cuándo vas á tener un poco de formalidad? Sí, te
-No
es eso, precisamente, sino que los miramientos debidos
cae muy bien el traje.
á los demás reprimen á menudo los impulsos del cariño,
-Oye, qué piececito, ¿eh?-dije mostrándole uno.
-Todo eso es bien tonto,-contesté secamente.
- ¡ Ah, van.idosilla !-exclamó Blanca, riendo. -¿Quién había
Pero la explicación me satisfizo, y así recobré mi acostumde pensar que una salvaje lugarefia como tú llegara tan preeto
brada
jovialidad. Con todo, advertí al conversar con él, que no
á ese grado de coquetería?
-Pues.voy á decirte una cosa-respondí gravemente;-has daba tanta. importancia como yo á las palabras que me había
de saber que la coquetería es una gran cualidad, una importan- dicho en el Buissón. Pero me sentía tan dichosa de verle y hablarle, que esa molesta observaci6n resbaló sobre mi alma sin
te cualidad. Me consta con entera certeza, con que ya vez.
'
-En mi vida lo he oído decir hasta 11hora. ¿Quién te lo ha menosc11bar mi confianza.
El señor de Conprat nos dió la noticia de que habría varios
enseñado? Supongo que no habrá sido tu cura.
-No, peroJme lo ha asegurado.qu_ien lo sabe bien. Dí, Blanca, baile, en el mes de Octubre.
-Lo celebro infinito,-contestó Juno.
¿tendremos otros convidados ademas de los Cronprat?
-Tienes que enseñarme á bailar,-dije saltando ya en mi silla.
-Sí, el párroco de aquí y dos ·amigos de mi padre.
-Solicito el cargo de profesor. - pi:opuso Pablo de Conprat.
Después de esto, sentamos nuestros reales en espera de nuesPablo es un valsador de mérito,-11ñadió el comandante,tros invitados, y de allí á poco llegó mi tío, acompañado del
las mujeres se lo disputan para valsar.
todas
comandante Conprat, á quien me present6.
--Y
además es un chico muy simpático, -repliqué con acen¡Qué nobilísima figura la del comandante!
,
Tení11¡ los ojos límpidos como los de un niño, y 1ms bigotes y to de minosa ternura.
El comandante y su hijo se echaron á reír; el cura y los dos
cabellos blanqueaban con el albor de la nieve; el semblante reamigos
de mi tío me miraron sonriendo y moviendo la cabeza
i , flpjaha una bondad y benevolencia que me recordaron á mi párroco, sin embargo de no con aire de cbnmiseración paternal. Pero el semblante de mi tío
existir entre ellos ninguna se puso serio y hosco, y mi prima arqueó las CPjas con un gesto
semejanza propiamente di- que le era peculiar cuando le desagra'daba alguna cosa, y tan
cha. Al punto me sentí desdeño o, que no pude menos de experimentar la sensación
atraída hacia él, y pude mortificante de habPr di cho una s11ndez.
Terminando 1:'l almuerzo, nos fuimos~ dar un paseo por el
observar que la simpatía
era recíproca.
¡Vaya! ¿Conque es usted
la parientita, de quien me
han contado tantas coeas?
-me dijo tomándome las
manos.-Permítame usted
que le dé un abrazo, hija
mía; he sido grande amigo
de su padre.
Dejéme abrazar de buen
grado, no sin decirme muy
quedo que hubiera preferido ver al venerable comandante substituído por
..,:~.....
su hijo en operación tan
delicada. Al cabo entró el último en el recibimiento ...... y confieso que hubiera cambiado mi dote entera y mi elegante vestido, por e} gusto de salir á su encuentro y estrecharle entre mis
brazos.
,
Dió un apretón de mano á mi prima y me saludó tan cere·
moniosamente, que permanecí un momento desconcertada y sin
eaber qué hacer.
•
-¿Por qué no me da usted también á mí la mano?-pregunté con tono resuelto.--De sobra sabe usted que nos conocemos.
-Aguardaba que usted 110 dignara pirmitírmelo, señorita.
-¡Qué tontería!
-¡Reina!-gruño mi tío.
- Una flor un poco salvaje,-dijo el comandante mirándome
con ternura,-pero una linda flor, sin disputa .
Estas palabras no consiguieron disipar el despecho que experimentaba sin saber bien la causa, y continué un rato silenciosa
en mi rincón observando al joven Conprat que platicaba jovialmente con Blanca. ¿Cuánto me deleitaba en mirarle, y cómo latía mi corazón al hallar de nuevo en él aquella sonrisa bona.cho·
na, aquellos dientes tan blancos y aquellos ojos de mirar tan
honradote con los que había SJñado en el infame y viejo carnrónl Y entretanto, desfilaban como sombras fugitivas por el cam- bosque; pero entonces había yo .recobrado mi alegría y charlaba
po de mis recuerdos, el bendito párroco, Susana, el jadín empa· sin ceE-ar, solazándome en remedar el porte y acento de uno de
nuestros invitados, cuyos modales ridículos me habían caído en
paclo de lluvia y el cerezo á que él había trepado ...
(Continuará. )
Poco después intervine en la conversación, y cuando nos le· gracia.
0

•

..

�DE TODO

,LA ESCUELA DEL . PERIODISMO
J

'&lt;',.

;~ ; "

•
Una "e nq Lt ete" curiosa.
- -- : (o):-- -

Un colega extr.1r,jero ha tenido la original idea de hacer una ((enquele)l entre sus lectores de ambos sexo~, y ,iirigir á. ellas y)
clio.1 ¡.,regunt11s aná]ogas inquiriendo qué virtud preferirían hallar en el esposo ó la espo5a, respectivamente. Dichas preguntaA ha'n
da.do origen á dive1 sas contestaciones curiosas é ingeniosas, de las que nos proponemos reproduci r algunas, bajo los siguientes rpígrnfo•, que corres¡.,&lt; ,nden á las respuestas.

COMO PIENSAN "ELLAS"

COMO PIENSAN "ELLOS''

PREGUN'fA
¡Qué virtud preferfría usted que poseyera el hornbre que es si¿ es·
poso ó el que usted deseara que lo fuese?

PREGUNTA
¿Qué virtud preferiría usted que poseyera la m11jer que es su eryosci
ó la que usted deseara qi¿e lo fuese?

·1

RESPUESTAS
RESPUESTAS
Para marido quiero un hombre que no eea egoísta, por ser ésQue tenga una barbaridad de dinero para con él comprarle
ta la pasión que más male:, acarrea.
cu~nto se le antoje, hasta que rn, faEtid)e completamente; que
El egoísmo da origen á los celos, á la envidia y al endurecí. odie á todos los hombree, menos a mí, s1 tuviera la ~esgracia de
miento del corazón.
:easarme con ella.
Maldito sea el egoís·
CUARTELERIAS
'
PEPE.
mol. .....
La mujer que tiene
. Pues desearía, me
un marido egoíeta es
~mas~
hasta el sacrifiun ser desgraciado,
icio,
que
á la par que
porque el egoísta ~s
culta
fuese
modesta y
ciego, no vé los sufn·
cuidadosa
de
su ho·
mientm, que por su falgar, en donde encerra·
ta de caridad moral y
se todo su cariño.
material, hace sentirá
F. EBOEY.
su compañera.
1 .
L__
El egofamo es un
d~fecto despreciable ;
En mi esposa depasión devoradora que
searía primeramente
corroe las entrañas,
que me amase, luego
cual cáncer maligno.
que tuviera un buen
El egoísta es peor
corazón, porque de él
que el bruto, que obra
nacen todas las virtu·
por instinto. Este, con
des.
un refinamiento de
También deseo que
malicia felina, acecha
sea educada. y posea
la ocasión de echar las
alguna ilustraci6n, y
garra!', para destrozar
si unido á ésto, es her·
los más caros afectos.
moRa y elegante, com·
pletaría
mi ideal.
BLANCA ROSA.
SALVADOR.
-Vamoe, ~r hombre,¿qo,! te p1111a con ese'bnzo? ...

T

PRI~ER ACTO

EL JEFE DE INFORMACIONES, á un joven
repóiter.-Mi querido amigo, usted siempre t:rae latas intermkables. No se trata
de eso. El verdadero periodismo se define
en tres palabras: claridad, concisión, sen·
'cillez. ¿Sabe usted cuál es el más admirable modelo de reportage que se ha hecho?
Lea en las cartas de Mme. de Sevigné, la
muerte de M. de Turenne. ¡Es maravilloso! Allí está todo en diez líneas: el pro·
yectil, el héroe, el brazo, la mano y hasta
el sombrero de Mr. de Saint Hilaire. El
día que usted me traiga un (cchef d' reuvre»
análogo le proclamaré el rey de los repór·
' ters.
EL REPORTE&amp;, tímidamente. -Los Turennes son escasos .....
E:.. .J E.b'E DE INFORMACIONES, olímpico.
-¡Tamblén los Sevignés!
No'fA.-Este acto se representa tres veces
por wn-ina en diez periódicos.
SEGUNDO ACTO
EL REPORTE.K 1 llegando todo radiante, con
1m papel en la mano, al despache, de su jefe.
-Creo que esta vez estará usted contento
de mi. He aprovechado la ocasi6n. No me
ii trevo á decir que he hecho algo á la

l

UN POCO

Sevignék' porque.'~oy monesto; pero usted
verá si 11,0 me he ac~rcadl! á esa empera·
triz del teportage. ( P;,esertta un papel. ;
E., JEI¡E DE lNFORMAqIONEs.-¿De qué
se trata? •
, .:
EL REPORT.l!:R.-Se han hecho unos
disparos de revólver en la Cámar11. M.
Mirrnan ha sido herido ..... .
EL JEFE DE I NFORMACIONES. - Ya sé.
Veamos eso. ( Despliega el papel. Dejar¡.do
cner los brazos). ¡Ocho líneas! ¿Está usted
loco?
'
EL REPORTER.-Por mucho que be con·
densado, no he podido hacer menos.
EL JEFE DE INFORMACIONES.-¡ Ocho lí .
neas para un acontecimiento como ese!
Er, REPORTER.-Evidentemente, mon·
sieur Mirman no es un Turenne; pero he
creído guardar la prQporción ...... aproximadamente, al Dl!lnos.
EL JEFE DE lNFOR'SIACIONES, estallando.
-Pero, ¿está usted completamente idiota?
Usted quiere que lo haga plantar. en la
puerta por imbécil. .....
EL REPORTER.-Es que ......
EL JEI&lt;'E DE lN~'ORMACIONEs.-¡O es que
usted se burla de reí!
EL REPORTER.-¡Oh!Cómo puede usted
creer eso ...... He pensado que nunca se
había presentado más bella oQasi6n de
imitar á Mme. de Sevigné ......
EL JEFE DE INFOltMACIONES, esvmneante.

295
-Mme. de Sevigné era una avestruz, ¿oye
usted? y si hoy me trajera su muerte de
Turenne, con que nos han molestado lc·s
oídos en el colegio, rogaría á esa mariFabidilla insípida que aprendiera á iurcir
calcetines: -FANEY.

•*+w:+w:•······~···
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•
+' La nueva Agencia de Mensajeros •*
o•

DEL D. F. •

4~ TACUBA NUM. 30

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Te!Uono Erlcsion
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J. R. GUADARRAMA Y Cía.

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+
Necesita Ud. mandar una carta, 'un +
O paquete urgente, repartir ~que'as m~r· O
+
tuor\as, invitaciones de bautizo, de ma- +
é . trimoniq, folletos. periódicos, anuncjos O
+ de mano, etc., etc.,
+
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w) riódicos, precios convencion¡,les.
•

+

+

+
+:

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•••••••~••••••••+te,

'
LOS CABALLEROS
DE HOY

I

1,:.. -Cuan.do un caQallero da áotro una bofetada
)A este

otro tiene su concepto del honor aunque parezca m~ntira, lo primero que hace es quedarse
cpn la bofetada.
,-.

· , ,-.. Y lo segundo dar á dos amigos el ~ncargo de
que se entiendan con tos que su adversario desig·
ne.

' --Tratado el asunto con ,la ·celé_riélaél y energía
'que la ofensaJ~quiere y co¡u:ertado el lance,

I•

-Poes 1111111!, yo creo que mella ,olio ona angina

----:----------::------------..........
-::.~-=-....-A .anteDesearía
que fuera,
¿Que cuál virtud
·
todo, discreta v
preferiría que pos~yera el hombre que llegu? á ser mi esposo? de nobles sentimientos y sobre todo que poseyera Ja nobleza
¡Virtudes, cualidades buenas! ...... ¡Imposible concretarlas en ?el alma que para mí es el mejor don que debe poseer la mu·
una!
Jer.
· Por sí sola, ninguna virtud, absolutamente ninguna, es capaz . De físi~o no deseo que sea ninguna Venus de Milo, y sí un
de idealizar al esposo de mis aspiraciones. Ambiciono, ante to- tipo paE'aJero que tan solo agradara á mi persona.
do que el hombre que llegue á ser mi esposo, me quiera muchí·
P.:n lo que á la edad ee refiere la preferiría más bien de veir,te
si~o me ame verdaderamente. Del cariño verdadero, de la que de quince, por ser edad de más juicio en la mujer.
delic~deza y bondad de sentimientos se desprende indiEcutiblemflnte la felicidad .:natrimonial.
)f. VILLA.
Un esposo digno, bueno, cariñoso y fiel es· mi supremo ideal.
JACINTA BOR.
La virtud que deseo tuviera el hombre que llegara á ser mi
esposo, es la nobleza de corazón ; pues es mi creencia que en ésta
se compendian todas las demás grandes virtudes que, como es
natural, desearía poseyera.
•

· D~se.aría que la mujer iu~ haya .dé ser mi espoE'a, albergue
se~tlmientos altat?ente cristianos, siendo sincera, buena y rari·
tativa ; y en lo ~ís1co, quesea esbelta y elegante; pero, svbre t(,·
do, que tenga siempre en sus la'bios una ingenua sonrisa pará'
"U esposo.
,
1

1

ANA MARIA.

w. SAN MARTIN. ·

•

salen todos al campo "á probar unas pisto·
las.'' .

I

-Y después de hacerse dos disparos con pól·
vora sola "sin consecuencias desagradables,' '

con los irreconciliabzés enemigos, junt~men'te
los padrinos, .entran en el café :nás próximo y
toman.cruda tan morr.ocotuda, que acaban¡ hasta por tocarse las narices!

�::Hl L

-V- I. El

~

'T'

C)

:O El

.A ::E3 R.,

:r ..C...

...

..

~·

}¡¡;._.....,..,.;,_,

~

EL sE:-ioR SANCIIEZ.-Rtteno está mi pa.seíto ele hoy. Con tal que no haya viento!

Empieza ya el Ylento á darse guno y

EL ROl'A ,· 11:J ~:uo . - Buena eue1·te la d e h oy. He a q u í que acl q ule ro u na
magnl ttea. chistera sin gasto al g uno.

Er,SEÑOR 8ANCIUJZ -Pues, me he luoltto . .. . ! 8Pguramente ruó á dar
al otro lado tlé la barda; ¡no va á ser mala plancha la qne voy á hacer,
no llahlPndo por aqu( ninguna sombrererf,.!

EL IJlllÑ••R,8ANC1uez.-Pues menoa malo. (~uizás entre esto s sombreros
viejos hay a. alguno que nb me qu.,de mal, y así eiquie1 a. padró llgar ti.
casa . Vea.moa.

EL SEÑO K S,\.NCHKZ, en rasa..-Mira, Maufa., qué enerte lle tenido. El
viento me llevó el sombrero y se perdió. pero encontró un ro¡,avejero y
me dtó por tres pesos este magnfttco sorbete del Duque de Montpeusler.

LA ssÑC)RA D.E s.uwm, z, euojándose.--¡Qué Montpe:Qsier nt qué ocho
cuartos.... Te han eog•fi1tdo como á un PllP&amp;natas ... . Este solnbre:¡-o
es J tuyq y, si no, mira. a.qui en el forro t us mtsmfaimas inlclale11.

EL S"-ÑOR 8ANCttJs&gt;:.-¡\'aya...
acabará con el rufo.

r:._-

EL ROPA vi,:JKRO .-Cubriendo lo asi, ni 1u dneiío lo conoce
EL ll&amp;ÑOR 8ANCIIEZ.-Maldlto viento . . .. ! iD6nde se llevaría. mi sol\1brero1

EL ROPAVEJERO . -l'reclsament'I aquf hay uno que ni mandado lla.cet·.
Y su clase es lnmejorablt&gt;; figúrese usted que lo dejó el Duque de Montpensler en su últl ma. vieita. Me le vendió su cochero.

.&amp;· ··· ····· ··········'

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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