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                  <text>~~ I
J ~.
f

EL
A~o XI.

MÉXICO, DOMINGO

====================================~
·

23

DE ABRIL DE

1911.

NUM.

17,

========================================

lf

L

_J
CUNCEPClON

,

CATALA,

Primera actriz de la Compañía Cómico-Española que actúa en Arbeu.

�O e Soeiedad

2 99

",

)

,,

\
\

\

11

1,

\

Así hemos denominado esta secc.i6n porque á veces la atención
pública se distrae con diversos acontecimiento~, ya polític~s, ya
sociales, ya piadosos; pero en es~os momentos cas\podnamos
decir que s6lo hay una nota culmmante: la revoluc1on.
¿Qué pasa con nosotrcs?
.
El hecho es triste y todos debemos lamentarlo. Es cierto que
á veces en algunos países existe una paz ficticia; pero esta paz
ficticia es preferible á la guerra.
.,
Hablaremos con mayor gusto en esta secc1on á las nobles damas mexicanas que~ l?s varones. ¡Sí, á vosotro~piadosísim~s
señoras os toca lo pnnc1pal: P.ducar á vuestros h1JOS en la rehgi6n que prohibe la guerra injusta, y enseñarles lo que es el verdad;ro patriotismo!
Vosotras mismas sentís pena hondíeima en vuestras almas
cuando alguno de los seres más queridos de nuestras entrafias
se aleja para pelear ya sea con los federales, ya sea con los revoltosos; pero el hecho es que quizá vosotras mismas habréis
tenido gran culpa en ello.
Enseñad á vuestros hijos, desde niño@, á no tener rencores, á
no tener odios: enseñadles antes todo lo que es la paz: la
paz salva á las naciones.
.
Se habla del heroísmo de las mujeres espartanas; se habla de
Guzmán el Bueno que prefiri6 que sacrificaran á su hijo, á rendirse.
DudoRo es en nuestro concepto el mérito intrínseco de estos
rasgos llamados heroicos; pero en todo caso, nuestras revueltas
actuales no se asemejan á aquellas luchas que nos refiere la Historia.
Ahí siquiera había, en medio de sus errores, algún principio
noble:' lo que nos esta, pasan do a, nosotros no es otra cosa que
existe un poco de ambiciones exacerbadas.
Se dice, á voz en cuello, que es de lamentaree que la actual
contienda sea entre hermanos. Pero ¿acaso no todos lo somos?
Se habla de que la obligación &lt;le los mexicanos sería inmiscuirse en las actuales circunstancias, tan sólo en el caso de una
guerra internacional.
Estamos conformes.
Era obrar en legítima defema; pero tan hermanos nuestros
serían los anglo-americanos 6 cuale:quiera de los miembros ele
otra naci6n que quisiesen atacarnos.
S. S. Le6n XIII fué uno de los que más procuraron lograr el
desarme universal.
Pero ¡quién iba á hacerle ca.sol
Las naciones, lo mismo que los individuos, por lo general,
respiran hiel, tienen envidias, tienen ambiciones y mientras no
se cumpla con la ley del Decálogo tendremos que lamentar la falta de paz en los corazones, la intranquilidad en las almaQ.
¡Ah l Pare~e un ideal; pero no lo es ..
Tarde que temprauo ha de triunfar la divina doctrina. Aquél
que predicara en la Montaña las «Bienaventuranzas)) dijo: ccBiena·
venturados los pacíficos,,. Con ello di6 á entender, ún duda, que
la paz es el elemento principal para conseguir el bien, no sólo
terrenal, sino eterno.
¿Por qué en esta nota nos dirijimos especialmente á las damas?
¡Ah! Ellas bien lo saben.
Oran, educan á sus niños, ruegan por los descarriados. La
mujer mexicana, aun en la clase más humilde, es admirable por
su piedad. Ella nos Falvará. Ella enseñará á sus hijos lo que es
la v~rdadera patria. No el pedazo de tierra, que nos tocara en
suerte, sino el lugar, donde preside la verdadera religi6n y donde el habla y las costumbres están c~si identificadas.
¡Esperemos!

Querían proponer á sus profe11ores los métodos de enseñan·
za ( !!!)

***

Dejemos estos asuntos casi enojosos y hablemos de algo agradable algo que nos haga aspirar el aire que no huele á p6lvora, q~e no huele á descontento. En ~urna, hablemos del México tranquilo, del que lamenta los últimos sucesos; pero desea la
paz, ante:1 que todo en el hogar, en la sociedad, en la familia.
Recorred las calles de esta capital y oiréis hablar de si Madero triunfará, de si la democracia llegaría á ser efectiva.
Muy justo es pensar en lo aflictivo de nuestra situación; pero
también e3 necesa1io dar siquiera un momento de tregua á las
penas. Es preciso que como dijera Esopo la cuerda no 13iempre
esté tirante. ¡Puede romperrn!
Si en nuestro hogar, si en nuestras ocupaciones cotidianas, no
nos falta diariamente una espina que lastime nuestro coraz6n, en
estos momentos en que nuestra patria está aflijida con una de
las peores de las calamidades, no debemos amilanarnos por completo, pues el amilanamiento puede deja ro os inertes.
En buena hora que todos hablemos á nuebtros compatriotas
de lo preciso que es terminar con el actual estado de cosas; en
buena hora también que muchos tomen las armas en pro de
una causa Justa; pero también es justo que en medio de la lucha por la vida, en medio de la lucha por el bien social, en medio de tantas calamidade3 teogamos algunos momentos de distracci6n.
¡México está triste; pero por ahora no debe cubrir.-e de luto
profundo! Por eso no reprochamos á nadie rorque acuda. á diver.:1iones lícita&lt;,. Quizá &amp;n estos casos la moderada expansi6n del
ánimo da más vigor.

***

Decíamog lo anterior, á propósito del ccsport,» que en México
cada día está tomando mayor auge. Hay distintas clases de
ccsporte,, en su mayoría no s61o deleitables, sino hasta beneficioso~ para la salud.
El domingo pr6ximo pasado en el parque del ccJ unior Club,,&gt;
situado en la Calzada de la Reforma, ee efectu6 la inauguraci6n
de los cccourte» de cclawn-tennis. ,&gt; Fueron madrinas de la inaugu·
raci6n las Sritas. Alejandra Amezcua, Luz Amezcua, Enriqueta
Carstenseu, Josefina Horcasitas, Mercedes Maza, María Elena.
Obregón, Dolores Orvañanos y Luz Zavalza. Efectuaron las
madrinas la inauguraci6n en compañía de varios socios del Club.
En seguida se hicieron los juegos de exhibición entre los
miembros del Junior Club contra dos parejas de jugadores de los
Clubs de P0potla y Mixcoac.
Para ter:ninar se hizo la exhibici6n del juego· de basket-hall
por los Eocios del e&lt;Junior Club.•&gt;
La mañana se pas6 muy divertida.
En esos momentos, ni quien se acordara de la revoluci6n.

Señor William Hack Prestinary, Cón·
Señorita Cármen Aguirre
sul de Costárica en México, que contraerán matrimonio próximamente.

Señorita Beatriz Goetting,
Señor Doctor Ricardo Rivera
que contraerán matrimonio próximamente.
'

PARAE::JLA
Al doctor Rafael Calvo C.

Eran muchas las cuadrillP.s que espigaban en el mismo tiigal.
Unas, las más, tomaron el trabajo al de;ipuntar el sol y allí van: sudororns, cama·
dos, reclinándose uno á uno bajo los árboles seculares y adormeciéndose allí 111 susurro de las hojas, al trinar de los pájaros
y del trabajo ... -Otras, en que había bastantes hombres, grandes y chicos, ricos y
pobres, discutían la mejor manera de espi·
gar pronto, y allí era de ver qué discursos
tan hermosos; qué sabias palabras; y el día
huyendo y el trigo meciéndose en el trigal.
¿Y del trabajo? ¡Nada!
Las mujeres, más trabajadoras 6 má-S decididas ... no hablaban, no discutían, no
descansaban, iban muy despacio pero espigaban, una espiga. aquí y otra allá, y
aprisa que el sol va bajando....
Lleg6 la tarde ... y con ella el dueño del
trabajo. -¿Y el trigal? Aun duermen los
unos; disputan los más ¿y las mujeres? presentan las espigas recogidas una aquí y
Señora Clotilde Bros de García,
Señor don Manuel Mendez y Méndez,
distinguida dama que ha fallecido en esta capital. otra allá ... No podfa hacer más.
Conocido caballero que ha fallecido en esta ca(De un retrato antiguo.)

Mary FAITH

pital ( De un retrato antiguo.)

***

La temporada hípica de Primavera se ha inaugurado con muy
buen éxito.
El hip6dromo de la Condesa presentaba u~ bellísimo aspecto.
A él acudi6 lo mejor de nuestra sociedad, altos funcionarios del
Gobierno, entre ellos el Sr. Ministro Limantour, personas de la
Banca, en suma lo más escogido, lo más brillante.
Las damas lucían vistosísimos trajes y todo present:J.ba un
conjunto encantador.
En esta secci6n no hacemos reportazgos, pues para ello está
nueetra edición diaria.
Simplemente diremos que las cinco carreras efectuadas des·
pertaron sumo interés entre los asistentes.
Hoy se efectuarán carreras, que según se nos asegura prome***
ten estar más lucida.e.
.
Cuando el río está revuelto se alborotan hasta los pececillo@.
¡Todo sea para bien!
Ya tenemos en la Escuela de Agricultura unos jovenzuelos que
Ojalá y dentro de poco vuelva á reinar la paz en nuestra
quieren imp·onerse á su Director y que aseguran que no sirve naci6n y podamos entregarnos á la diverei6n á las fiestas no
para el caso. Ya quieren en ,ez de ser educan.os, ser educado- para hacer un paréntesis á nuestras angustia~ y dudas acerca
res; en vez de instruidos, instructores.
del porvenir, sino para celebrar nueetra dicha, dicha que s6lo
¿Qué pas6 con .aquel famoso Congreso de Estudiantes, en la puede proporcionar la paz.
época del Centenario?
¡ Qué curioso!
El CRONISTA.

En memoria de don Ignacio Mariscal.

La tumb:i del ex-Secretari0 de .Rc!laciones .en el p~imer aniversario de su falle~imiento. y grupo de manifestantes encabezado por el actual Secret~no de Relaciones Ltc. don Francisco L. de la Barra.-Fots. de El Tiempo Ilustrado.

�OEPO~TSS

t&gt;E ltA ~EVOltUGIOfi

EN EL PARQUE DEL JUN.LOR CLUB

NU&amp;STRO CORRESPONSAL EN EL CAMPO REVOLUCIONARIO

30 1

í

....

..

.,

La inauguración de los "courts" de lawn-tennis.

El público en el Parque del "Junior. "

NUEVOS CONCURSOS DE FUMADORES

con voz alta los segundos y los miñ..::tos que van transcurriendo,
y antes de tres minutos no queda una pipa con tabaco. El tiempo que cada cual ha tr1rdado en fumar su raci6n se anota cuidad9samente en un papel,
con el cual entra la pipa
y la8 cenizas, que son
examinadas co11 gran
dttenimiento para. comprobar que, efecliva·
mente no queda ni una
pizca de tabaco.
Los premios consis·
ten, generalmente, en
jarros para cerveza, pi·
pas y petacas. La música desempeña un pa·
pel importante en estos
concurrns.

Alemania es el país de Jo3 clubs de fumadores. Hasta en los
pueblos pequeños hay
sociedades que se reúnen todas las Eemanas
en la taberna para fu.
mar muchas batallas.
Deteniéndose frtnte á
mí.
Pero lo más interes11nte de los referido3 clubs,
es un festival que se ctlebra todos los años, y
en el que toman parte
los fumadores de la localidad que se someten
á las condiciones del
,,.i,
concurso. Los contenl....,;,&gt;
dientes se dividen en
Creso, más rico que
dos bandos de á diez
•
fumadores cada uno, y
Rockefeller.
se sientan en torno de
una mesa. El presidenEl escritor americano
te pesa con gran exac.J. Scott, en un artículo
titud, cinco gramos de
publicado en el ulode·
tabaco para cada uno de
pmdent,n a :6. rm a que
los socios y éstos cargan
Creso, Rey de Lidia, fué
Señoritas Mercedes Maza, Luz Zavalza, María y Dolores Orvañanos, María Elena
Obregón, Alejandra Amézcua y Enriqueta Carstenseu,
su correspondiente pi·
más rico que el multique apadrinaron el acto.
pa, que para la solemmillonario Rockefeller.
nidad, es siempre nueva.
J. Scott basa su afirmaA una señal todoE encienden una cerilla como desesperados, ción en las descri1 ciones que hace Erodoto de los dones ofrecidos
y dando tales fumadas. que á los pocos instantes queoan envuel· por CreFo al templo de Delfos.
tos en densas nubes de humo. MiAntrl\s tanto el juez, cuenta
En efecto, Erodoto, en su historia, hace la enumn11ci6n oet11.

Grupo de jugadoras y jugadores de lawn-tennis
del Junior Club.

Jugadores de los clubs de Popotla y Mixcoac que jugaron contra
los del Junior.

Don Ignacio Herrerías, corresponsal de EL TIEMPO y EL TIEMPO ILUSTRADO. 2 El cabecilla Juan Dozal. 31 El jefe Pascual Orozco.
4 El secretario de Madero. 5 Mr. Steep, de la Prensa Asodada. 6 Capitán del Río.
Hada de aquellos dodollars, 6 sea 1. 000
nativos entre los que
millones de francos.
figuran barras de
Ahora bien, el toplata y 360 vasos de
tal de las fundacio·
nes y de los donatiun metal precioso
, . &gt; • vos hechos por el millenos de oro puro,
todo lo cual reprellonario americano
senta una suma equialcanza á cerca de ...
750 millones de franvalente, cuando menos, á 50 millones
cos nada más, ~de
de francos.
donde se deduce-6
Teniendo en cuenmejor dicho, de donde deduce J. Scoitta que el valor del
oro es hoy consideque el Rey del petróleosequedamuypor
rablemente menor
bajo del Rey de Lique en tiempo de
Creso, los dones ofredia, y que Creso ha
sido el hombre más
cidos por éste al teroplo de Delfos reprerico del mundo, títu·
lo que se atribuye
sentarían en la actualidad ~na suma
Llegada de nuesfro co1·r. sp. nsal al ca 11,pamento del cabecilla Villa.- r Capitán González·-- injustamente al sede 200 millones de Garza.-2 Don Ignacio Herrerías, Corresponsal:de EL TIEMP0.-3 Mr. Steep de la Prensa Asociada. ñor Rockefeller.
1

1

'

. El Corresponsal de EL TIEMPO desciende dd tren con el jefe r.!volucionario Pascual Orozco.

Una avanzada revolucionaria, formada por tiradores de la fuerza de
Pascual Orozco.

#,

�================================--~~~~~~~~~~-~-

VIDA TEATRAL

TSATJlOS

La com_paiíía córnico-española en el Arbeu.-Buenos vientos por el Principal.La ope1·eta sigue privando.
El señor don J ua11 Balaguer es el actor cómico más desenvuelUn hálito purificador parece surgir &lt;lel clásico coliseo de la
to, de más seso y de más agallas que yo jllmás ví, entre los de
su género, de habla hispana. Y no se crea que este ilustre don tanda y parece que arremeterá dbspiadadamente contr.t tangos
Juan ha alcanzado tanto renombre merced á su extraordif.laria sicalí pticos, coplillas indecentes y piruetas trubanescafl. Este
vis c6mica ni á su simpatfa ni á su ángel; desde el primer mo- cambio -debido al poco ingenio de las últimas producciones del
mento en que se le ve, subyuga su aplomo, su grahdísima ex· género chico y la influencia bienhechor~ de la mod~rna opere1a
perit'ncia escénica, sus facultades poco comúnes para encarnar los· -se ha iniciado ya con algunas zarzuehtas de mérito y con los
difaentes perwnajes. Pero es después que se le ha aplaudido en prop6sitos plausibles de la empresa de seleccionar el pPrsonal ele
cinco 6 seis obras cuando se comprendrn todos sus méritoi:i. Pri· la Compañía.- Y digo prop6sitos porque los rambios efectuad,,s
en él y las adquisiciones últim~s
mero es el viejo centenario, luego el bar6n de Tronco-Verde.
s0n aún demasiado mf'zquinos
más tarde el Pepito Jiménez y el
para poder llamará PE-1a comµn1-1-ñor Caín; nnca es B alagun.
ñía, «Compañfa de opereta de
Y, después, un modo de caracteprimer 6rden. »
rizarde tan especial, tan perfec10,
Pero la verdad es que est11mos
que &amp;i no fuera por su cuerpo re·
enfrentp de otro pPligro. La ore·
choncho, in\lonfundible, vería•e
reta es un género muy gustado
uno tentado á desconocerlo.
en este México, en donde i-1 pú·
Conchita Catalá fS la primehlico conoce basta la saciedad
ra actriz de la compañía. Figu·
las obras d'e último éxito y ya
raos uua mujer alta, de arro·
e,tá cansado de Viudas, de encangantísima presencia, vestida con
tns, de princesas y de condes.
verdadero chic y con una rara
Quiere algo nuevo, algo que no
tan lind:i.-sus ojos ~on hr-chi ·
sean tampoco esas zarzuelitas
ceros y saladísima su boca---que
A&lt;,sas y aburridas en que los auant6jaee un cromo, así es de he
tores que la dan de sentimentalla. Pero no se crea que su beles pretenden moralizar, digniti ·
lleza es el más grande desui. mécar y ennoblecer el género y que
ritos, pues la señorita Catal:'t
no consiguen, con eeas cursilereúne todas las necesarias con·
rías de tan mal gusto, sino pro·
diciones para ser toda una Eeñovocar una insuperable sensaci6n
ra actriz: discreci6n suma, muy
de hastío.
buena dicci6n, movimientos perPero hay un recurso poderoso
fectamente naturales, gran exy seguramente oportuM. Que se
presi6n facial. ¿Qué más podría
haga la empresa de inteligentes
desearse?
traductores y hábiles arregladoBien se conoce que Balagu¡,:r
res que le proporcionen obras de
no es solamente el famoso acese género y que existen en abuntor, sino también un director
d~ncia. Aquí en México y en el
artístico de indiscutible mérimismo Principal hemos guAtado
to. El conjunto de su compañía,
ele una deliciosa Florodora, de
de gran homogeneidad, ee dis·
una Idol's eye, de una The Silver
tingue por una gran cohesión y
slipper y de otras encantadoras
disciplina. Merecen justos elooperetas que COQstituirian un ri·
gios todas las partes integrante¡¡,
co filón para la empresa.
especialmente la señorita CárPero el público debe confiaren
men Catalá, muy simpática y
la hábil direcci6n del Lic. Pedro
muy discreta, el galán Agustín
del Villar, cuya compete.ncia 1-n
Torner y el señor Díaz Adame.
achaques teatralee es una ganm·
La sefiora Dolores Estrada es
tía inapreciable.
nna excelente actriz de carácter.
Es, pues, una compañía muy
Cuantas nuevas emprerns 1e
aceptable, en lo general, sin lle.
Carmen Catalá,
forman para la explotaci6n rle
gar á ser excelente, como lo
Pnmera dama joven de la Compañía de Arbeu.
]os teatros metropolitanos acopru~ba algún defectillo de ella,
meten con la opereta. No cabe
que he de apuntar, á fuer de cronista imp~rcial. Y e, que en la género de duda que el público eale ganando con ésto en cuttnto
mayor parte de los artistas de la trouppe, incluyendo al mis111u que á los espectác!llos de esta naturaleza educan su gusto Y
Balaguer y con exclusión de las hermanas Catalá, h1blan más tilevan su nivel moral, ya que su inmediata consecuencia educa·
rápidamente que como fuera de de~earse y como lo hacen con dora es desterrar la pornografía de los escenarios.
voz recia, resultan las articulaciones un poco aho11adas y la di cEn el «Virginia Fábregas ,» Amparo Romo, la tiple que tan·
ción defectuosa. Hace ocho años, cuando vi~it6 p~r primera vt&gt;z tos aplausos conquistó en ~u larga campaña en el Principal
nuestra capital, ocup6 el antiguo Renacimiento y no recuerdo con "Geisha," "fo Buena Sombra," "El amo de la. calle" .Y
que haya tenido tal defecto, por lo que es posible que coni;ista tantas otras, sigue siendo aplaudida, y en el último estreno '' El
tal apreciaci6n en los defectos de construcci6n del vetusto Arb~u, capitán Fracassa," alcanz6 rn labor justas alabanzas, á peear
cuyas condiciones acústicas son poco propicias para la comedia. de Fer uua obra de e!caso mérito.
De cualquier modo, lo cierto es que el público colocado en la
Un aplauso sincero merece el señor Montagno, barítono que
Aegun¡la mitad de las butacas, pierde con frecuencia palabras hace algunos días hizo su debut en este coliseo. Este arti~ta,
del diálo~o. El que está en las regiones elevadas me parece que cuyos antecedentes deben buscarse en las aulas preparatoria.·
le ha de 1r peor. Defecto es este de poca monta y fácil remedio, nas, posee buenas aptitudes para el teatro: tiene buena i-s·
sin embargo, dadas las buenas condiciones y aptitudes de la cuela de canto y una agradable voz. Es de desearse que no ve_a
compañía para poder remediarlo en las subsecuentes fun- en su aceptaci6n por la empresa y por el público el límite máx1·
ciones.
mo de sus aspiraciones y acepte los primeros aplausos alcanza¿Los precios? La butaca en el teatro Arbeu vale tanto como Pn dos como un'estímulo. Estudie, pues el joven artista para alcancualquier teatrillo de segundo 6rden y, no obstantP, el público zar, en no lejana época, la deseada 'meta.
has·.a ahora se ha resistido á ir á admirar, á tan escarn precio
al más grande de los artistas cómicos españoles.
'
Nuevamente ha abierto sus puertas el coliseo de la calle de

***

11

r

/

FABREGAS. -Ei 0,1,pitán Fl'acassa.-E~cena del duelo entre el barón de Sicognac (señor Sut(\)

y

el duque de Valombrosa (señor Cavero.)

y de talento ó quien se había ofrecido la

Aguila, con gran gusto del público especial que ha favorecido á ese teatro desde
las anteriores representaciones. Y mientras
cumple sus prop6sitos de ofrecer alguna
novedad á sus favorece:lores, como es la
de presentar á María Conesa en Air~s de
Primavera, se ha reducido á resucitar la
vieja Mascota y otras piezas del mismo
jaez. Esperemo~, por consiguiente, la organizaci6n definitiva de la compañía y espere el público-como es de justicia, por-

mano de otra joven mucho menos bella
pero extraordinariamente más rica.
El caballero, que conocía este deseo, pe·
ro que no podía satisfacerlo por escrito,
tomó una caja, puso en ella un espejo, y
10 envi6 á la dama.
La joven abrió la caja, vi6 el espejo, y
dijo sonriendo de amor:
-Ama á una hermosa.

***

***

LIRICO.-"EI rapto de Soledad" Acto III.
Escena entre Soledad (señorita Garrido) y el
Tonelero (señor Balmaceda.)
que las localidades en el lírico son tan ca·
ras, poco más 6 menos, como en otro teatro cualquiera-á que la P.mpresa presente
las obras con toda la propiedad po:'ible en
cuanto á atrezzo y personal.
LUIS ZAMORA PLOWES.

•

FABREGAS,- "El Capitán Fracassa" Acto lll.
Escena entre la ingenua Isabel &lt;señora
Una joven, elegante y hermosa, desea·
Romo) y el duque de Valombrosa tseñorCavero.) ba. saber si era amada de un caballero fino

LIRICO.- "El rapto de Soledad" Escena entre
Soledad (señorita Garrido) y don
Pepe (señor Avila.)

�¡¡EL BAR QUI L L E R . O!!
··················.=.=.=.=.=.=.=, .=.=.=.: _:_:_:_:_:_:::.=::.:.:_:::,.=.:.:.:_:_:_:_:_:_:_:,:.:.,:.:_:,:_:_:_:_:_:_:::=.=.:::::::::,:::·00-00:,:::::::::::::;:::::::::::::::".:,::,:.::.:¡,:,,:::::::::::·.::=.=
.:::~.:.:::=::·················

Luego los pequefiuelos jugaron ; hicieron rodar el eje de la ruedecilla y vibrar la espigueta
de 118ta pJr los clavos ..... ¡Uno! !Vaya una ganancia!¡ Cinco, diez!¡ VeintP, veinte de una jugada!. ..
¡Brava pHtida de jugadores!. ..... Gorrilla Fe
arruinsbo, no había remediP. Cada pPqueñuelo
tenía en su mano una larga vara de barquillos,
pue~toq unos en otro!". El niño reía á má1-1 reír,
las niñas reían también ébrias de gozo. Todas
la1-1 tardeR, cuanrlo mil luces rojizas y mil deRteI los de oro iluminaban el cielo por cima de las
á~pPras lorrrns de la siPrr11, y los verdes campos
recibían de la luz del poniente visos de grnna y
torna,mles brillantes, los niño~, cuyas rubias
r.abecitas se doraban como las espigas á los reI
flejos Jel e,¡ :wio, saltaban llenos de rPgoeijo al oír cada vpz más
Este era un grito alegre que cerca la podnosa y 11legre voz de su amigo.
-¡El barqnilleeroo! ..... . 1Bilrquillos de canela, barquillos!
animaba, á la caída de la tarJI
\
&lt;le, fa. barriada de las Eras.
Aqu~llo se hizo una inrnrillble costumbre; Gorrilla, antes de
Llegaba Gorrilla, cargado con
un peaado cilindro &lt;le metal, aceptar su profesi6n ele barquillero, había pululado por las caen cuya tapa se veía la ruletita lle;; solitari o, tal Yez ocupado e11 ignorados y no muy honrorns
trabajo~ ...... 1\ ntes de volar y cant11r por cima de los tallos de
para loR jugadores.
Difícil, si no imposible nos yerba, muchos insectos sufren un largo período de larva, gusaserá pintar á Gorrilla. E;a un nos royrndo bajo tierra las profundas y am11rgas raíces; después
chicuelo alto, espigado, de cara hasta les e, dado gustar el azúcar de las flores .. .... En las ciumorenucba y fea, con cabeza dades se ofrecen también graduales progresos en la vida de mudesgreñada, mal cubierta por chos seres.
III
una e~pecie de gorra, 6 cosa
Sí, una familia pobre; mil y mil vecfs hubo de repetíraelo á
así, abierta en jirones y por
ellos Raliendo á pedazos el mu- sí mismo el barquillero, cierto día en que se hallaba mordido
lli&lt;lo &lt;ltJ algodón que tenía en el forro. Una blusa raída, unos cal- por las dudas, afanoRo é inquieto.
Sí, él lo había sabido; una de las muchas mujeres que se sienzones rotos y ~nas botas viejas, .formaban el atavío del barquillero. Era un pillete, estaba cuasi desdentado, porque sin duda á tan á parlotear de t0do y á coser al sol, hubo de decir que el
:fuerza de mentir y de jurar, con mentira~ y blasfemias se había" marido de la ~eñora habia sido inmensamente rico, y todo, todo
desempedrado la boca.
lo había perdido en el juego... .. . ¡Aquello era un dolor! Si huTenía un ~odo mur singular de poner en pregón su mercan- biera sido rica la tal señora ...... puede que el bárquillero cedie·
cía, era su grito un grito de voz aguda y vigorosa, y se anuncia- se á la tentaci6n que entonces le acometía ... ... resabios, sin duba c?n ella ~eade m.uy lejos, diciendo: 1&lt;¡ El Barquilleeroo!,, como
da, de raterillo de las calles....
hubiera podido decu: el rey de España y de sus Indias.
Pero, no; bien claro lo había
Cuando Gorrilla llegaba al barrio, una muchedumbre de nioído decir Gorrilla .. " ...
ños le_aclamaba poseída del mayor regocijo: ¡el barquillero, el
La eeñora de los niño~ ..... .
barquillero!
Y una sonrisa de diablejo triufifante, que brinda á la casualidad y á la codici~ con teeor?s, cebo de las almas, aparecía en la
feucba cara del pillete Gorrilla ... .. ¡primer emisario de la gula
y del juego, trampa del infierno!
A veces, no hay siempre fortuna para los seductores: Gorrilla
~acorría en vano todo el barrio; nadie fijaba en él su atenci6n,
a no ser algún perro descarado que le acometía ladrando furiosame~te, y Gorrilla, sintiendo más que el peso de su caj6n de
b~rqmllos, la pernntez del hastío que suele producir á los que
eJ2rcen su oficio de perezoso pe8cante, su ir y venir y estar ociosos,. se aburría en grande caneado de vocear y sin haber hallado
afic10nado alguno á la fútil golosina que expenrlía.
Una tarde, una señora joven, de rubios cabellos blanca como
la leche y bonita como una eanta del altar llam6 ¡l barquillero·
rodeaban á aquella señora cuatro 6 cinco' niñol!! píando pedi~
güeñas como pollitos de clueca.
'
- ¿Lleva usted harquillofl, barquillero?
-¿Chillaría yo tanto, señorita, ti no los llevara?
Era verd~d. A la señora Je pareció el barquillero un pillete de
los más l~dmos; el mozo dej6 en el suelo su cajoncillo cilíndrico,
que los mños rodearon agarrándose con rn1-1 rnan ecitas al :.1rete
de la ruleta, y como la señora intentara arartar de allí á los pe
queñuelos, el barquillero dijo algo que á la señora le pareció
otra frase propia de un pilluelo redomado.
- - Déjelos usted, eeñorita; así hacen público, y la gente llama
gente; - -y al decir eeto el muy pillo mmba con sonrifa carmosa las cuatro cabecitas &lt;le oro que se apiñaban en torno del
barrilete de los barqnillos.
Había cuatro, cuatro preciosas criatura,: la ma yor de la s
cuatro no(, tendría •seis1 años seguramente· no 'no los tendría. no
hbí
a a mas que mirar a. ¡\iaya! era una bonita niña aquella mayor.cita, según dijo con sonrisa que á la madre debe haberle pa·
rec1do aduladora, el barquillero, el pillo del barquillero.
-- Es un niño ..... . - replic6 la señora.
- ¡Anda, y lleva faidillines entoavía!- exclam6 el barquillero
y se echó á reír.

á.!ª

T

)

)

)

Ello era, en fin, que el barquillero se hallaba en una de esas
peligrosísimas crisis de conciencia, por las cuales se expone á
ruda prueba, sin duda, la honra de un hombre; no babia más
que mirarle para. comprenderlo; se hallaba agitado, y camin11 ha
apresuradamente olvidsndose basta de pregonar su mercancía,
y una vez que lanz6 su grito de costumbre, pudo notarse que tenía la voz enronquecida.
No era difícil que en su ánimo se dieran las guirneraR de la
fiebre de todo miserable que llena su cabeza con el humo de loR
sueños vagarosos y pertinaces de la codicia; al fin y al cabo él
llevaba sobre los hombros un remedo pueril, pero remerlo fiel de
la fortuna; puede que aquella ruedecilla volante de la ruleta diera movimiento rotatorio á ese vertiginoso vuelo del espíritu embriagado por las audacias de la imaginaci6n . ... . y se viern ¡ phsl
por capricho del acaso, por un buen número dando en FUe,tP,
convertido de andrajoso en magnífico, de pobrete cargado ron
su industria como un caracol con su concha, en Feñor de alg6n
palacio ...... ¿No había sido el banquero tal un cargador, y el
capitalista cual un pe6n tritura-terrones? De menos bacía Dios
á las gentes del dinero ..... .
Y puede que esto empezara por un hallazgo fútil. .... .
-¡Ah! pero, no,-se decía de:ipué~,-estit cruz y e..ta cacli,na
&lt;le oro que yo acabo de encontrarme, puede que sean de la señora.... Sí, deben de ser de la señora; ella fe hallaba. sentada á
no mucha distancia... Además, que yo creo habéreela vi,to colgada al cuello.
Puede que no, ¡qué diablo! ella no había de tener estas riquezas ..... No; puede que h~ga una tontería... ... ¡ésto! ¡Y más que

La Oración
Oye la voz con que á los cielos llama
el universo que en la tarde gime,
y alza al Creador sublime
la oración que en tu labio se derrama:
siente la estrofa que la mar murmura,
contempla el sol que su corona humilla,
¡oh mortal criatura.
y dobla sobre el polvo la rodilla!
Madre Naturaleza,
¡cómo se templa enternecida el alma
en tu hora de calma
al eco universal de tu tristeza!
¡ Cómo en el hondo anhelo
que el inmortal espíritu remueve
que en tu misterio la esperanza bebe
la majestad que le sublima al cielo!
¡ Todo er. la tarde á la oración levanta,

todo en el alma •mivesal se anida,
y la creación en ·éxtasis caída
como arpa eólea su plegaria canta!
Rueda la mar sus gigantescas olas
con manso y perezoso movimiento
hasta el desierto de las playas solas
donde dormita el viento.
El último crepúsculo que baña
con el color de fúnebre desmayo
la inmensidad. del infinito ambiente,
apaga el tornasol de la montaña
que levanta la frente
para mirar el rayo, último rayo,
del sol que se derrumba al occidente!
El desierto sereno
tiembla al paso del bruto que se abriga
entre la selva amiga,
de extraño afán y mansedu¡nbre lleno;
el bosque bullicioso
repliega en el sílencio su follaje

fuera de ella! ¿qué había de perder?........ Cuando más ....... .
Y al pensar esto, el barquillero ee disponía á proseguir alPjándose del barrio; mas luego se detenía penQativo, intentaba retroceder y deshaciendo lo andado, vol vía á su camino.
En una de estas vacilaciones se detuvo y le pareci6 ver ante sí
á Manolín, el pequefiuelo, y á las tres niñas, y le pareci6 que le
tendían !ns brazot1 y le mira bon con loe ojos brillantes de alegría
y llamándole como todas las tardes ..... .
-¡ Bnquillerol ¡barquillero!. .....
Y retrocedi6, se &lt;lirigi6 al pelot6n de obscuras casas, por entre las cuales brillaban las mortecinas luces de petr6leo del alumbrado de l0s arrabales, y habiendo hallado el portal, penetr6 en
él, subi6 la estrechísima escalera, y ee halló ante la ~eñora rubi11, blirnca como la leche, bonita como una santa del altar, y
ante los cuatro niños ....
Era de ella la cruz; Gorrilla se oy6 llamar muchacho honrado,
sinti6 que una mano blanca y suave estrechaba la suya, y que
los pequeñuelos le besaban, y sali6 de allí con este extraño pen·
samiento:
-¡Así verá que yo no soy como su marido con eeas criaturas!
Y luego gritó con más alegría que nunca:
--¡De canela, barquillos, el barquilleeroo! ...
¡Quién i;abe i;:i oiremos en este vocear de los vPndedores ambulantes más .que el pregón de una mercancía, gritos del alma,
gritos triunfales, como el que se escap6 aquella noche del pecho
de Gorrilla!

sobre el ave salvaje
y el pájaro medroso;
y como un alma tímida y errante
la sombra sale que en la selva e~pía
el último crepúsculo del día
para tender su ala vacilante.
¡Soledad, soledad! sobre tu mundo
cruza veloz la brisa pasajera,
leve como el aliento estremecido
que arranca el estertor al moribundo :
parece que dijera
"¡silencio!" á la creación con su gemido.
Entonces e11 la bóveda azulada
abre como las flores el lucero
y allá, sobre su límpida mirada,
en el zenit del orbe,
vaga armonía suena
que el espíritu absorbe
y con sublime adoración le llena I
Alza la frente que la angustia vana
abisma en el infierno de tu duelo,
oh criatura humana,
y oye ese canto que te llama al cielo!
¡Oh tarde majestuosa,
cómo murstras á Dios en:tu grandeza,
cómo brota la vida misteriosa
bajo tu aliento de inmortal tristeza!
En el eco lejano
habla una voz que al corazón halaga
como la voz del padre y del hermano,
y en el suspiro de la b,risa vaga
que entre el cabello de la frente anida
su secreto murmullo,
¡oh! ¡de la madre el cariñoso arrullo
parece hablar al alma conmovida!
Sobre la cuenca lóbrega retumba
el salvaje alarido del torrer.te
que cuelga en la pendiente
y al antro pavoroso se derrumba,
brama y se precipita,
su golpe tiembla en el abismo hueco,

JOSÉ

ZAHONERO.

y horrorizado el eco
se asoma á las vorágines y grita!
La hoja que se mueve
hace temblar al corazón con ella;
parece el rumor leve
de una sombra evocada,
y en la luz temblorosa de la estrella
hay alguien que nos manda una mirada.
Hay una planta que se tuerce y gi111e
y la piedad invoca
bajo el pie cauteloso que la oprime;
hay una rama que al pasar nos tnca,
una tímida rama;
hay una flor que se abre con delicia
y su lluvia de pétalos derrama
bajo el ojo mortal que la acaricia;
en las quimeras de la errante sombra
se borra y se diseña
una pálida mano que hace seña
y un labio sonriente que nos nombra., ..
S0bre el mundo desierto
la soledad como un fantasma mira
y resucita y se estremece y gira
la vida de lo muerto!
¡Oh mortal criatura!
¿no siente á Dios la esencia de tu vida?
Es que en el alma universal fundida
aspira á El tu alma con tristeza;
es que la majestad de la grandeza
el corazón inunda de ternura!
¡Oh tarde, tarde bella,
que vuelcas sobre el mundo el firmamento
en el fulgor de tu primer estrella,
tú me templas el alma solitaria:
siento en su seno una armonía, siento
como un ángel que llora!
¡Oh Dios! es la plegaria
con que en la tarde la Creación te adora!
RICARDO GUTIERREZ,
Argentino.

1.

�LtITE~ATU~A

BAlADA DEL REY AUSENTE
Tiene la reina un tesoro
que nunca se ha visto igual:
unas rubias trenzas de oro
~obre su blanco brial.
S. is doncellas, como estrellas,
la suelen acompañar,
y tañen las seis doncellas
músicas para la holgar,
De súbito, sollozando,
cruza el áureo camarín:
-¡ Mi esposo me está llamando
en la s&lt;'mbra del jardín!Nada se oye. Tañe un lento
monorritmo en el vitral
la voz espectral del viento ....
Sólo el viento en el cristal.

11
Nada á la reina doliente
cura de melancolía.
Sueña en el amor ausente,
que partió á la morería.
-¡Presto tornará el guerrero
á tus prisiones de amor;
el más florido trovero,
el más galano amador!C.dlan las damas. Un lento
clamor suena en lejanía.
-¡ Es su voz; es el lamento
de una infinita agoníal Nada se oye. Sólo una
racha deshoja un jazmín
sobre la muerta laguna.
Sólo el viento en el jardín.

Parra

SONETOS GALANTES

lll
Plañendo cuitas de ausencia,
la reina siente en su mal
como la vaga presencia
de algo sobrenatural.
Las azafatas, á coro,
cantan con voz musical;
las unas hilan doro.
las otras tejen cendal.
La reina pálida y yerta,
á su trovar pone fin.
-¿Quién es el que abre la puerta
de mi regio camarín?Nada se ve. Con un lento
crujido bate á compás
la puerta sola. Es el viento ......
Es el viento y nada más.

IV
Silencio ..... La reina siente
rondarle extraña emoción:
late en el parque la fuente
lo mismo que un corazón.
Aulla un can, y su gemido
tiene vaga agorería;
las doncellas se han dormido
sobre sus ruecas, la umbría
se extremece..... Algo espectral
ha pasado ..... En su demencia,
ella siente la presencia
de alguien tras de su sitial,
Y al tomar el demudado,
divino semblante yerto,
ve á un mensajero enlutado
que murmura: -¡El rey ha muerto!

Damas

UN CONCURSO DE SIMPATIA, EN TOLUCA.

A UNA RUBIA
Tisúes y satines soberanos
Se unen para formar tu blondo pelo,
Y se antoja de suave terciopelo,
Según es fino el dorso de tus manos.
Tus pestañas hilaron los gusanos
De seda, con solícito desvelq,
Y son tus ojos zarcos como el cielo,
Cual los montes cerúleos y lejanos.
La inefable sonrisa de Gioconda
Se dibuja en tu labio, hay una honda
Dulzura en tus pupilas nazarenas,
Finge un toque de luz tu ceja flava
Y siendo del país de las morenas,
Pareces una diosa escandinava.

DE GOYA
Tú debes ser, morena, de Sevilla,
Bailar jotas al ritmo del pandero
Y ser la maja novia de un torero
Que busque en el tendido tu mantilla.
Debes mojar en rubia manzanilla
Tu labio mentiroso y hechicero,
Y hacer ostentación de tu salero
Entonando la alegre seguidilla.
Debes oír, si sales á tu reja,
El són de la guitarra que se queja
De desdén en idioma de sollozos,
Y terciando el mantón crugiente y rico,
Pasar sobre las capas que los mozos
Extienden á tus pies, en abanico.

E!t\lLIO CARRERE·

Señorita Carmen Cincunegui, premiada.

Señoritl Ernestinl González,
Señorita Isabel Rodríguez, premiada.
que obtuvCI el primer premio en el Concurso de simpatía,
abierto por" El Heraldo de Toluca," en la capital del Estado de México.

EFRÉN REBOLLEDO.
CONCURSO DE SIMPATIA
==

EL MEDIO DURO
-~¡I
-Ven, pícara, ven á contar á tu pedre, ya que á mí no quie·
re.s, lo que has hecho con el medio duro que te dió esta mañana, dijo Robustiana, trayendo de la oreja á su nietecita María.
- Que me lasti mas, abuelita! ........
-Vamos, ¿qué ocurre?-dijo el padre- ¿has hecho 3.lguna
diablura?
- ¡Y grande! Como que no sabe d6nde ha echado el medio
duro que le diste esta mañana para que comprara el lazo de rnda
que tanto le gust6.
-¡ Vaya si lo Fé! Pero que á. tí no te lo quiero decir, porque
me rt-ñirás; á Papá se lo contaré y verás como no se incomoda .
..:_Ven, María, siéntate á mi lado y cuéntame todo.
-Pues verás. Tú sabes papaito, que en el ernaparate de la
tienda de modas hay un lazo de seda que me gusta mucho; tú
me diste esta mañana medio duro para que lo comprase. Y0 1
loca de contenta, salí á la calle para ir á la tienda; pero al llegar
al almacén de muebles que hay antes, ví á un pobre niño que,
parado delante de un caballo de cart6n, lloraba amargamente
para que su madre se lo comprase. La pobre mujer, que llevaba
también otro niño en sus brazos, tiraba de él con dulzura y le
decía:
-Vamos, hijo.
Pero ¡quiá! ni Jesús pas6 de la cruz, ni aquel diablillo pasaba
del caballo; y llorando como un desesperado, decfo.:
- ¡Caba ... allo, caba .. .llo, yo quiero ca ... ba .. llo!
La infeliz madre trataba de convencerle reflejándose en su cara una horrible pepa,
- Hijo mío, esos juguetes no se han hecho para los pobres;
¡no los tendrás nunca!
- ¿C6mo nunca?- dije yo para mí, y .... , ¡zás! de un brinco
me entré en el almacén.
- ¿Cuánto vale ese cabailo?

las

--Una peseta.
-Tome, venga, y tararín tararán, se lo dí al chiquillo; por
cierto que abrió unos ojazos! ......
La madre, al darse cuenta de lo que pasaba, me cogi6 la ma·
no, y apretándomela con fuerza me dijo:
·
--Hija mía. Dios te pague la caridad que acabas de hacer.
¡Gracias á tí, hoy no habrá pan en mi casa, pero en cambio
habrá alegría!
Yo sentí dos gotas de agua que cayeron sobre mii:1 mejillas.
Eran dos lágrimas de los ojos de aquella madre; á su conta::to
abrí mi mano, y, depositando en la suya la vuelta del medio
duro, la dije:
-Tome usted, para que el día sea completo: comed y reíd.
Despué!:1 de esto, eché á andar; pero el pícaro muchacho me
cogi6 del vestido y ma dijo:
-Chacha, ¿me das un beso?
Y se lo dí; por más señas que me ensuci6 la cara.
Al cabo me fuí; pero al volver la cabeza ví que el pequeñuelo
me estaba tirando besos y diciéndome:
-¡Chacha, chacha!
-¡Vamos, que nos oprimi6 el coraz6n!-dijo la abuelita.
-Bie.n-dijo el padre de María-muy bien hecho; por esa
acci6n te voy á dar cinco duros para que te compres diez la·

Hace poco, un peri6dicc que se publica en Toluca, la veci ·
na capital del Estado de México, abri6 un concurso de simpatía entre las sefioritas de la localidad. La idea de ccEI Heraldo de
Toluca» - este es el título del colega -despert6 interés y alcanzó un resultado bastante satisfactorio para los iniciadores. Result6 triunfadora, romo Reina de la Simpatía en Toluca, la distinguida sefiorita Ernestina González, distribuyéndose los demás
premios entre otras que alcanzaron diE-tintos números de votos.
Dehido á ::na amabilidad del distinguido fot6grafo don Manuel Torres publicamos hoy los rAtratos de las agraciadas, los
cuales fueron hechos por él con la hahi\idad que lo ha caracteri·
zado como uno de
loR más hábiles re·
t,atistas que tenemo~.

CONTRASTE

Padecía un millonario americano dispep~ia tal que pasába,e
los días-á pesar del cuotidiano ayuno - sin experimentar ia más
leve sensaci6n de hambre.
Encontrándose un día en su coche, esperando que prosiguh·ra
su camino un carro que había interrumpido el tráfico, acercóse·
le un mendigo y en tono balbuciente le dijo:
-Señor: deme una limosna por amor de Dios que tengo hambre ......
Y el rir.acho, acordándose tal vez de que él, no oustaute
su inmensa fortuna carecía de lo que al pobrete le sobraba,
exclamó con a&lt;imiraci6n inaudita:- ¡Con hambre y Fe queja usted hombre feliz!
Dolores M. y del Cutfllo,
Msrzo 1•11.

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,,,.' - ~
"

•

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.-~..*- .'

ZOS,

-¡¡Cinco duros!! ...... repuso María-Con cinco duros se pue·
den comprar diez caballos y dar pan y alegría á otras tantas
familias ..... Vengan los cinco duros, que voy á comprar los ca·
ballos.
-¿Y para tí hija mía?
-Para mL .... para mí el placer de que me llamen chacha
los chiquitines.
·
EMILIO MARIO.

~~~~~~~~~~~----:-~~~~~~~~~~~-~~--~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~---·

\

Señorita Paz Berumen, premiada.

Señorita Guadalupe Ferrat, premiada.

Señorita Esperanza Mendieta, premiada.

�'
JUAN DE LA BRETE

1

11
1

. l

1

MI PARROCO Y MI TIO

11

Novela premiada por ta Academia Francesa

1¡

-.,

Trauucción autorizada, hecha sobre la 166~ edicion, por Juan Mateo!'!, Presbítero, Ilustraciones
de E, Vulliemin. Con licencitt,
(C ONTINUA)

PARA LAS MADRES

lr
l1
1

una raza privilegiada, tle uua esencia superior1 enco11t1ará muy
natural al verá sus pies gente creada y puesta en el mundo para
ELI l'llfiO Y SU CR~ACTE~
servirle. No se extrañ~rá que haya un pueblo de varnllos condenados á una labor srn descanso y á una existencia sin a'Jegría
Hablando Eobre el nifio y su edúcaci6n, el rnbio sacerdote pua p~oveer su indolencia de todo lo que hace la dulzura de
M. Thelbier de Ponv1v1r. ~e costará compre~der el.fentido pleno de la palabra
cheville, pronunció,
fratern1da~; se es~~ndahzará s1 ha?lan de justicia. y ya,
entre otras las sien sus l_a~1~s de nmo, de ~equeño mocente, pervertido por
guientes elocuentes
esos preJmc1os q~e su ambiente ha consagrado, sorprende,á
palabras, á raíz del
tal vez la homble frase de ese niño que un consejo del
congreso católico de
sacer~ote b!bí~ turbado, al prepararlo para la primera coLille, recién clausumumon. ¿Es icierto, mamá, que, en el cielo los niños ri rado.
cos deberán abrazará los niños pobres?
'
Son los cons~jos es. Si _esta atm6sfera perniciosa de costumbres y de ideas anclarecidos, dirtados
tisociales ahoga en muchos hogares toda vocaci6n g
.
._ d
, d
'é
enero
por un verdadero co·
S a en el coraz_
o~, e1 nmo, e qm n es la culpa?
raz6n de ap6stol. Los
¿No P.!l la m1s1on de .la madre, su primera salvadora, el
presentamos á nuesdesarrollar con las lecmone~ del evangelio el sentido d I
tras lectoras con la
fraternidad, el arrancar Ja ~aí~
seguridad que enconenvenenada del e g O í 8 m O que
trarán en ellos una
echará~ perder las flores y los frurecta orientaci6n patos del.arbolen plena eavia?
ra la educación viril
Haciéndole estremecerse con el
de sus hijos.
rela!o ~e los sufrimiP.ntos y de los
Dice M. Thelbier
sacnfic10s de su :prójimo, ella prode Poncheville:
voca en él arro3os de compasión
«Esa edad no tiene
que ~~ queda~ como una simple
compasión. Su m11.lemomon pasa3era, sin influencia
dad inconsciente se
en su conduc~a, ~in prolongación
complace en hacer
en su porvemr, smo que hace na·
sufrir á un insecto, á
cer con ellos ese sentimiento proun criado, á los enfun~o que se cambia en fuerza de
cargados de vigilarlo,
sacrificio Y se traduce en actos de
en burlarse de un inbondad.
válido, en perseguirá
con e~fuerzoe
un compañero de clagraduados,
ella le
se enfermo. Si ninayuda
á
rnlir
de
guna man o firme
su odiorn pequecomprime esa proño &lt;(yo,» á despopensión, ¿qué comjarse de las malas
padecimientos y qué
inclinaciones
ya
indignaciones harán
en
un
tan
tenaces
estremecer más tarde
&lt;cbebéi&gt; de tres
su coraz6n, frente á
años 6 de preoculos rnfrimientos y á
parse de sí mismo
las crueldades bajo
para pensar en los
cuyo peEo gime Ja
demás. Diciéndomuchedumbre hu .
selo ella, para ha·
mana?
cerla el gusto, para
E:i altivo, de una.
imitarla, ó tam·
altivez c6mica y fe·
bién de su propia
roz, cuando empieza
voluntad
que tal
á comprender su rnvez s6lo pedía un
perioridad social. suademán, comparperioridad que su fa.
te el bizcocho con
milia le inculca con
su
hermana, sus
esmero digno de meMODAS PA RISJENSES.-Ultimos modelos de sombreros para la estación.
juegos con sus her·
jor causa. Comparan. .
manos, presta un
do su vestid/), su género de vida, sus criados, qeclara con altaneservicio
á
un.
enfermo,
~ª.
un
centésimo
á
un
pobre, se muestra
rfa á .sus peque~oS:amigos : &lt;cMi papá es más rico que el tuyo.»
con
tod?s
.
d
elica?o,
.servicial.
atento.
Se
priva
para que tengan
Humilla a los mfios menos encumbrados, diciendo : «Eu mi casa los demas. Se eJerc1ta en la bondad.
hay dos mucamos». Entre tanto rn hermanita va deElumbrando
á sus compafieras cle pupilage en la enumeraci6n de sus C&lt;toilettes» Y con la ?eEcripción de las fiestas á las que concurre sumamá. Le per~nte al ~iño esas cándidas vanidades, se divierten
coi:, eeo~, primeros Juegos de coquetería; no se preguntan qu é
Una s~~?ra, cuyo traje era más lujoso de lo que correspondía
est1mac1~n tendrá mañana para sus hermanos, los pequeñoe a, su
p_o~ic1on rnc1al, contestaba á las reprension d
f •
los trabaJadore~, _los que piden limosna, qué respeto de sus de: sor, &lt;l1ciendo:
es e su con e
rech.~s, que solicitud para su rnerte, que está confiada á la pro-Padre, es el uso.
tecmon de los grandes.
lo es el irse al infierno hi¡'a le replic' 1 d .
Convencido, desde su cuna, que es de una especie aparte, de te -~ambién
fraile.
'
'
o e pru en

-¡Qué mal educada estás, Reinal-me dijo Blanca
-Mira cómo hab la, - respondí apretándome la nariz para
imitar tl tono ganguso de mi víctima.
El s. .ñor de Cunprat se reía; pero Juno se pavoneaba en una
austera dignidad que por cierto me importaba un bledo.
Llegó u11 momento en que vine á hallarme al lado de mi primo, mientras Blanca iba delante de nosotros con su habitual ai ·
re de majestuosa indolencia. Entonces eché de ver que él la miraba mucho.
-¡Qué hermosa es! ¿Verdad?-le dije con toda la inocencia
de mi coraz6o.
~¡Hermosa, hermosísima!- contestó con acento tan conmovido, que me hizo estremecer.
Sentí mi espíritu traspailado por una duda y un presentimiento; pero á los diez y seis años, impresiones de esa naturaleza
vuelan y desaparecen como las mariposas que giraban en torno
nuestro; y volví á entregarme á una loca alegría hasta el momento en que nuestros convidados se despidieron del señor de
Pavol.
Cuando se hubieron marchado, mi tío se retiró á su gabinete
y me llam6 para hablarme á solas.
--Has estado ridícula, Reina.
-¿Por qué, tío?
-A un joven no se le dice nunca que es muy simpático.
-Pero á mi me lo parece así, tfo.
-Un motivo más para ocultarlo.
-¡Cómol-repuse cofi extrafieza.-Entonces ¿debí decir que
me parecía antipátiC\o?
-Lo que debiste hacer es no tocar este asunto. Puedes tener
la opini6n que quieras, pero guárdatela. para ti.
-Pero es muy natural decir lo que·se siente, tío.
- No en sociedad, sobrina. La mitad de las veces hay que decir lo que no se siente y callar lo que se siente.
-¡ Espantosa máxima!-dije horrorizada. -Nunca podré atenerme á ella.
-Y a lo conseguirás con el tiempo; pero entre tanto tendrás
que conformarte con lo que pide la etiqueta.
-¡ Dale con la etiquetal-respondí alejándome de mal humcr.
Por la noche, mientras fantaseaba un rato á la ventana, según
mi costumbre, turb6 mis imaginaciones una sorda inquietud que
no logré definir con claridad. Meditaba en las aventuras é incidentes del día, con tanta impaciencia aguardado, y no pude dejar de ver que las cosas habían sucedido de muy distinta mane·
ra. de lo que esperaba. ¿Qué era esto? No lo sabía, pero hilvané
largos razonamientos para convencerme de que el sefior de Con·
prat estaba enamorado de mí, terminando con una peroración
sentimenta! de mal agüero. A pesar de eso, al día siguiente habíanse disipado mis inquietudes; y al comenzar la tarde, recibí
una larga misiva de mi párroco, llena de buenos consejos, y que
terminaba así:
«Reinecita, su carta ha venido á llenarme de consuelo y regocijo en mi soledad; no deje usted de escribirme, se lo ruego. No
Fé qué va á ser de mí sin usted; ya ni siquiera me atrevo á ir al
Buisson porque temo echarme á llorar como un niño. A menudo reconozco mi egoísmo y me reprendo por ello, porque ahora
es usted feliz, como dice la Escritura, la carne es débil, y ni I1Ji
ca~ita rectoral, ni mis obligaciones, ni mi breviario han podido
consolarme del todo.
«Adiós, hija querida; no terminaré sin repetir á una &lt;le miR
últimas recomendaciones: Desconfíe usted de la imagin11ci6n, é
implore usted á menudo la protecci6n de la Virgen Santísima.i&gt;
Esta última frase me impresionó desagradablemente; tan trastornados estaban mis sentidos morale:i.

XI
A las tres semanas de residir en Pavol, aseguraba mi buen tío
que si el cura me viera no me reconocería., según lo hermosa que
me había puesto. Comparábame á una planta vivaz que crece
lozana en terreno ingrato porque su condición así lo pi9e, pero
cuya hermosura se desenvuelve en un instante y de un modo

increíble cuando se la trasplanta al suelo y clima conve1iientes.
Al mirarme tn despejo, comprobé que mis ojo~ garzos &lt;leF·
pedían un brillo singular, que mi boca era más fresca y que
mi color meridional adquiría tonos rorndos y finoe, muy de
mi gusto.
Algunos días después del almuerzo antes referido, averigüé
con entera seguridad qu~ me había engañado mieerablemeute
á causa de mi candidez é inexperiencia, al creer que Pablo d~
Conprat estuviera enamorado de mí. Con todo eso, como nunca
he sido pesimista, sin dilaci6n busqué algunas consideraciones
que me consolaran. Díjeme que no todos los corazones sienten
las cosas de igu::i.l modo; que unos se rinden á las primeras embestidas, y otros necesitan meditar y estudiar ante&amp; de cederá
los arrebatos de la pasi6n; que, aunque el señor de Conprat no
estuviera enamorado de mí, llegaría tiempo en que lo estuviera
dada la manifiesta semejanza que existía entre nuestros gusto~
y temperamentos. De modo que, no obstant'e el gran desengaño
sufrido, mi tranquilidad no se alter6 notablemente en muchos
días. Y, entretanto, me expansionaba á mi sabor en un ambiente favorable á mis aficiones, y abría los senos de mi alma al de·
liciorn calor de la felicidad, como la rosa abre su cáliz para
recibir los primeros rayos del sol.
Mi prima era muy entendida y hábil en música. El comandante, que gustaba con delirio de oír buenas composiciones venía al Pavol varios días de la semana y su hijo 1€ acompañaba
indefectiblemente. Fuera de eso, Pablo tenía franca entrada en
caEa de nti tío, merced al trato amietoso que desde la niñez había t.enido con Blanca y á los lazos de parentesco existente entre
las dos familias. Además mi tío veía con gusto aquella intimidad, porque de acuerdo con el comandante y á pesar de sus paradojas sobre el matrimonio, deseaba muy de veras casar á ~ u
hija con Pablo, rareciéndole, con harta raz6n, que era un candidato de excepcionales condicionee.
De este proyecto me enteré con posterioridad, así como de
otros hechos que, con un poco más de experiencia, me hubiera
sido fácil descubrir.
De ordinario los Conprat llegaban á la hora del almuerzo.
Pablo, dotado del apetito que ya conocemos, lucía sus poderosas facultades gastronómicas, y luego, á eso de las tres volvía
á tomar una exquisita y sólida merienda. A continu~ción, si
estábamos solos, Blanca me daba una lecci6n de baile, mientras
él tocaba con brío un vals de que era autor. En ocasiones se
convertía en mi maestro de baile; mi prima se ponía al piano
e~_coman~ante y mi tJo nos contemplaban con semblante rego~
c1¡ado, nnentras yo guaba en brazos del señor de Conprat poseída ?e u~ gozo inex~lica~l,e. ¡Ah! ¡Qué felices días aquellos!
No 1magmábamos divers1on alguna en la que él no interviniera. Su alegría comunicativa, su genio conciliador, su gran
talento para disponer y ordenar lo conveniente ó para diecurrir
mil _gr~ciosas invenciones, hacía.~ de Pablo u~ compañero agradab1lísn;no que llenaba de regocIJO nuestra existencia y se adue·
ñaba de mi cor~z6n con dominio cada día más poderoso. Hábil
mañoso, complaciente, para todo servía y todo lo sabía hacer'.
Cuando se nos desarreglaba el reloj, un brazalete 6 cualquier
otro objeto, Blanca y yo solíamos decir: «Si viene hov Pablo lo
compondrá.i&gt;
•
·'
Cultivaba la pintura, y nos traía sus obras para que las viéramos. Este es el único punto en que nunca pude entenderme
con él. Yo sentía una inveterada aversión á las artes, y mayormente á la música, porque la maldita etiqueta prohibe taparse
los oídos; mas para librarme de la molestia de contemplar un
cuadro me era muy fáci! torcer la cara á otro lado ó volverle la
espalda. Sin embargo de esto, cuando Conprat tocaba piezas
bailable~, yo le escuchaba con gusto y por largo tiempo· pero lo
que á mí gustaba entonces era él y no sus piezas. Anoto'de paso
esta observaci6n, porque un día la analicé llegando á efectuar
un terrihle descubrimiento.
- Yo no eé por qué se molesta usted en pintar árboles le dije
en cierta ocasi6n.-El más feo de los que nos ofrece la n;turaleza está mejor que esos manchones verdes que usted pone en su
lienzo.

jl

�.fiOVEll.R.

~10

-¿ F.s así como entiende rnited el arte, primita?
-P&lt;lro ¿no cree usted que Juno e:i mil veces más hermoea en
a realidad que en su retrato?
-Claro que sí.
1
-Y esas florecitas azules que aparecen entre el ramaje ¿qué
significan?
-Pero si es un trozo de cielo, prima.
Entonces daba vueltas sobre mí misma y exclamaba en tono
patético:
«¡Oh cielos, oh árboles, oh nuturaleza, cuántos crímenes se
cometen en vuestro nombre!»
Mi tío tenía numerosos amigos en V...... ; estaba relacionado
con la mayoría de las familias de la región, y á su mesa se ~entaban con frecuencia personas conocidas. Raro era el día que no
teníamos algunos convidados á almorzar ó á comer. Esta circumtancia me ofrecía el medio de familiarizarme con las COI!·
tumbres de la buena sociedad y de aprenderá equilibrar mis
sentimientos, según la expresión de mi párroco. Pero debo decir
que no 11.delantaba mucho que digamos en materia de equilibrios
morales, y que difícilmente conseguía disimular impresiones y
pens.1mientos, á veces no menos desatinados que inoportunos.
Mi tío y Blanca, inexorables en cuanto á los miramientos de
buena crianza, me echaban duras reprimendas que yo oía como
quien oye llover. Con tenacidad verdaderamente desconsoladora
no perdía coyuntura de cometer una de11atenció.u ó de soltar un
despropósito.
-Has andado muy descortés con la aefiora de tal, Reina.
-¿Por qué, Juno hipócrita? Sencillamente le he dado á entender que me desagradaba; ni más ni menos.
- Pero ahí está precisamente la falta, aobrina.
- Ya ve usted, tío, no puedo sufrir á las personas feas, y además no me siento atraída hacia las mujeres; son burlonas, maligna~, y la curiosean á una de pies á cabeza, como si fuera un
bicho raro.
-¿Y te atreves á motejarlas de burlonas, Reina, cuando te
pasas las horas buscando el lado ridículo de los demás y remedando sus defectos?
-Sí, pero yo soy bonita, y de consiguiente todo me está permitido. Aeí me lo ha dicho días pasados el señor de C..... .
-Pues no veo la consecuencia...... Además ¿crees que los
hombres no te someten á un examen parecido?
-Seguramente, pero es para admirarme; al contrario de las
mujeres, que sólo se entretienen en descubrir los defectos de mi
figura 6 en colgarme los que le vienen en gana. No creas que se
me paFan inadvertidas ciertas cosas.
-Ya lo sabemos, pero no olvides que el guardar comedimiento
en flOCit&gt;dad es un requisito indispensable.
Cuando nuestros convidados masculinos eran jóvenes, nos
hacían la corte á Blanca y á mí, procurándonos ratos delicioFo~;
pero cuando eran viejos. .. ... ¡Dios bendito! ¡qué calamidad!

dos los republicanos, pa.ra ver si de ese modo escarmentaban.
La candidez desatinada de la frase bacía reír; pero e~a imaginaria hecatombe era la seña1'de zafarrancho para disparar contra
los poderes públicos toda la ~etralla de improperios y baldones,
ncumulada por el odio político de tantos años. Mientras se trataba de maldecirá la república y á los republicanos todo iha en
grande; ahora, cuando cada convidado sacaba de ~u bolsi~lo el
Ristema especial de gobierno que había traído consigo, no tardaba en desen0adenarse una tempestad de mutuas y enconadas invectivas que ponían los semblantes rojos como tomates, iluminándolos con relámpagos Je miradas furibundas ..
El legitimista se escuchaba en la dignidad de sus tradicioneii,
respetos é infortunios y motejaba al imperialista de revolucionario· éste en su fuero interno calificaba al legitimista de tonto de
capirote, pero la cortesía le vedaba manifestar con entera crudeza su sentir, y se desahogaba vociferando como un energúmeno.
Luego volvían á caer todos sobre los republicanos, y allí era el
abrumarlos á dicterios, el deportarlos, fusilarlos, decapitarlos y
ponerlos en conserva, uniéndose, al efecto, bonapartistas y legi·
timistas en un odio común para barrer de la sobrehaz de la tierra bípedos tan venenoBos. Se peroraba. apasionadamente, se
gesticulaba can gran acaloramiento, se llegaba á los arrebatos.de
ira hasta tocar los límites de la congestión cerebral.. ... lo que,
por cierto, en nada entorpecía la marcha de los acontecimientos.
Mi tío la.nzaba, en lo más ardoroso de la contienda, una sentencia ingenio11a. ó intencionada que levantara la discusión por
encima de los intereses per@onales y de las aficiones particularistas. Aunque no era partidario de la monHquía tradicional,
· ni tampoco tenía opinión alguna determinada, no dejaba. de penHar que Francia, desde bacía un siglo, venía avanzando cabizbaja, y en postura tan anormal, que acabaría perdiendo el
equilibrio y precipitándose en una ruina inevitable.
Reíase de las mezquindades y torpeza~ de los diversos partirlos, y experimentaba con frecuencia desalientos que se mar.ifestaban por algún dicho humorístico. Nunca le ví alborotarse;
conservaba su calma habitual entre las violentas disputas de los
convidados, enteramente seguro de zanjar las discusioneE', por·
que apreciaba. la situación con exactitud y á fondo. Con todo
eso, era vehemente en sus odios y excecraba á los republicanos.
Pero no se dejaba. arrastrar por la pasión de tal modo qm: rebasara los límites del justo medio; hubiera aceptado una república, en el caso de creerla posible, y se inclinaba respetuoso ante
la honradez de ciertos hombres que luchaban de buena fe por
una utopía.
A veces le oía designar á nuestros gobernantes con el título de
jugadores de raqueta, comparando las leyes que las dos Cáma·
ras se enviaban mutuamente á volantes que los franceses con·
templaban, mirando al cielo con aire beatífico, hasta el momen·
to rn que caían sobre el respetable cartílago de sus narices y las
aplastaban bonita y vigorosamente. De donde yo sacaba para
mi uso particular algunas deducciolles que referiré en tiempo
y sazón oportunos.
Al se~or de Pavol le gustaba el palique y aun la discusión.
Aunque hablaba poco, escuchaba con interés. Debajo de su interior rúsiico ocultaba conocimientos generales, un gusto sóliclo,
culto, delicado y exquisito tacto unido á un talento que Fabía.
0()nsiderar las cosas con elevación. No era un santo, ni siquiera
He distiguía por su piedad. Supongo que, como la mayoría de los
hombres, había tenido sus debilidades y caídas, pero creía en
D"os, en el alma, en la virtud, y no miraba la incredulidad, el
r.rgotismo y el espíritu de difamación como señ.ales de virilidad
é inteligencia. Le gu~taba oír á los materialistas y librepensado·
rts desenvolver sus sistemas, pero el que en tales ocasiones le oh·
servara, descubriría fácilmente en 108 movimientos dé 1011 labios
y en el significativo fruncir de sus peludas cejas la burlona acogicla que en su entendimiento hallaban ciertae ideas. Después
rt spondía lentamente y con el mayor sosiego:
«Caramba., sefíor, le admiro á usted, porque casi puede decir·
R•i que h~ lle~ado usted á la perfecta. humildad predicada en t-1
Evangelio. Me confunde verme tan incapaz de seguir su ejem·
plo, pero no puedo con el maldito orgullo que me impedirá siem·
pre compararme á la oruga que se arrastra á mis pies ói al puerro
&lt;prn se revuelca en las inmundicias de la pocilga. »
En perpetua. guerra con el ayuntamiento de la localidad abo·
rrecí~ á l~s lugareños y a,eguraba que no hay en el mund~ gen·
Ca~i nunca dejaban de darme jaqueca con sus discusiones po· tll mas ta1~ad~ y astuta. De modo que, !lunque gozara de res·
líticas.
peto y t-st1mac16n, pero no se le amaba. Sin embargo de eso,
S?lían llegar á casa furioso~ contra algún desaguisado del mostraba genero8idad y largueza.en remediar las miserias de los
gobierno ! lo comentaba~, más o menos duramente, pero siem- nece?itados y se ofrecía gustoso á prestar un servicio· cuando la
., 110 prese?taba, aunque sin dejarse engafiar por
' las ma·
pre ~on discreta moderac1on, basta que un bonapartista fogoso ocas1on
mamfestaba, con voces destempladas: su de!leo de fusilará to- rrullerias y trapisondas de los colonoe.-( Continuará).
I

COMO PIENSAN ''ELLAS"
PREGUNTA

¿Qué virtud preferiría usted que poseyera
el hombre que es su esposo 6 el que ttsted de·
seara que lo fuese?
MAS RESPUESTAS

¡Talento, ingenualidad, dulzura! Tales
eon los preciadoR dones que des':larían en:
contrar en el hombre que ha de ser mt
compañero.
Un sér capaz de comprE:n~erme;, con
inteligencia suficiente para discernir lo
conveniente de lo que 110 lo es; que sepa
portarse debi&lt;lamente con todos; y en todos los momentos di,creto, lejos siempre
del ridículo y la pedantería, que jamás
pretenda asombrar á i::us oyentes demos·
trando su aptitud, su astucia, etc., para
cualquier co~a. ¡Cómo me avergonzaría
yo de mi e~poso si fuese, desgraciadamente, tonto y pedante!
.
.
Deseo que 1&lt;ea eincero, que odie la traición y la falsía, que no me dé el más leve
motivo para dudar de rns palabras y......
sobre todo que sea dulce, cariñoso y
amable; qu~ nunca se ponga .fu~ioso; que
prefiera siempre el convenc1m10.nto ~or
medio de la bondad y no por la v10lenc~a;
que jamás quiera demostrarme su superioridad; que me quiera y se deje querer; y
que, aparte del afecto con que debe tratarmA, á causa del lazo que nos une, sea
conmigo todo lo respetuoso que debe ser
un caballero para con las damas.
Así quiero yo que sea "mi muchacho."
Si desµ;raciadamente no me resulta como
lo suefio, lamentaré toda mi vida la equivocación y jamás seré todo lo feliz que yo
me imagino. -T. B. S.
Deseo para esposo un hombre que no
es halle dominado por el vergonzoso y degradante vicio del alcohol; soy viuda y la
experiencia me ha hecho ver lo que es el
alcoholist:1 ..... .
Por ern ante la idea de unas se.gundas
nupcias, disimularía en mi elegido cual·
quier otro.defecto y ~e~hazaría con bo!ror
al desgraciado alcohohco ...... -Na11ci.

ANECDO'rAS YCURIOSID10ES.

COMO PIENSAN ''El.LOS"

-A ese le ha curado mi padre.decía ayer
el hijo de un célebre médico al ver pasar
un entierro por la calle de Fuencarral.
-Sí; y por completo, le contestó uno
de rns amigo?.

Qué virtud preferiría usted que posfyera ln.
mujer que es su e¡posa ó la que usted deseara
que lo fuese'?

PREGUNTA

***

Estando el ejército de .A. lejandro orde·
nado en batalla. Je preguntaron sus gene·
rales Fi que&lt;laba 11lguna cosa más que
hacer Na&lt;la, lbs dijo, sino que ee corten
la barba los macedonioF.
Maravillándose Par..oenion de tal orden,
le afiadió Alejandro: ¿No sabes que pe·
leando de cerca no h11v cosa máR c6morla
que la barba, para i.sirae de ella?

***

L&lt;ie teólogo3 son los que pueden y deben hablar de religión, los abogados de
derecho los rofdicos de medicina, y las
mujeres' de la eronomía y buen orden de
una casa y de la felicidad tranquila de
una familia; lo demás es exponerse todos
á disparatar.
.
.
Discutían P.n una tertuha. eobre los pnn·
cipios má!! difíciles de la filosofía. Una
joven de unos treinta año~ llevaba la pa·
labra. La filosofía alemana, dijo, va á
perder la sociedad. Conozco todos los Fistemas filosóficos y puedo apreciar el mé·
rito de todos los filósofos; pero los ele la
escuela moderna son los que tienden á relajar los lazos de la familia y á ridiculizar
el matrimonio.
Un lugareño, que se encont,aba allí por
carnalidad, le dijo:
-Admiro mucho la rabiduría de usted,
pero quisiera hacerle una pregunta.
-Con mucho gusto la contestaré: respondió la joven, creyendo que le iba á
hablar de Kant, ó alguna cosa por el es·
tilo.
-Dígame usted: sabiendo tanto, ¿sabrá
usted lo que vale en el mercado una libra
de carne?
-¡Yo!!! exclamó la joven irritada, no
señor.
-Pues entonces, si usted es rnltera no
se queje de la filosofía.

Yo creo que para poder casarme tendría
***
que venir al mundo un hombre especial,
Ha116
füco
la
parra
provecho~a,
de una grandeza de alma 1:1in límites y que
Céw,
el
trigo,
Glauco
el
hieno duro:
supiera cumplir como un caballero sus deLos
de
Lidia
el
dinero
mal
seguro,
beres del matrimonio re~pecto á su fideli·
Casio
la
estatua
en
ocasión
famosa,
dad conyugal.
¡Es tan imposible en estos tifmpos enApis la medicina provechosa,
contrar un t,ombre que comprenda el da- Marte las armai,. y Nernbrot el muro ;
ñ.o que le causa á su mujer con sus infi· Citia el cristal, Galacia el ámbar puro,
Y Polinoto la pintura he1mcsa ,
delidades!. .....
A8Í es que para poder caearme tendría
Triunfos Libero, 11nillos PromE-teo,
que acomodarme á la vida del moderniF- Alejandro el papel, llaves Teodoro,
mo en la que todo se le importa á uno Radamanto la ley, Roma el gobierno,
podo con tal de estar dándose buena vida,
Palas vestidos, carros Ericteo,
ó esperar ese dificilísimo tipo de un hombre digno y fiel compañero de una mvjer pa· La plata halló Mercurio, Cadmo el oro,
Amor el fuego, y Celos el infierno .
ra toda la vida. - Violeta.

MAS RKSPUESTAS

Para ingresar en la cofradía de San Marcos, sól0 defleo ballar una mujer que poeea
estas dos virtudes: educación H,meraJa y
un amor acendrado.
En el hogar que falten estas dos virtudes
no puede haber ni un átomo de fdicidad.
Santa Teresa define así el infierno: «Lugar donde no se ama.,,
La muj~r mal educada es la peor ele las
fieras y el amor egoísta siempre es infiel.
Excepto la dignidad y la virtud, el 11mor
no se re,erva nada, es gratuito, pobre y
desinteresado.
Así, puefl, l'i el destino me depara una
mujer bien educada y amorMai ttmgo por
bien seguro d~ poder ratiticar e-te ¡.,rovtr·
bio de Zoroa~tro: «El matrimonio es un
puente que conduce al cielo. »
Por mi causa, jamás mi futura co~tilla
tendrá que añarlir un dolor má~, ni una
lágrima más, ni una tristeza más que pueda amargar su vida.
¡Y nadie puede dudar de la ventura y
dicha de los que acaban ante Dios jurándose amor eterno!. .. -D. Tacovio.
La de ser condeecendiente con mis defectos- que no son cosa del otro mundo,
deApués de todo. - Y en verbo pedir, la
qui!,iera adornada de las siguientes cualidades: joven, honesta, laboriosa, educada sin exageraciones, dr. elegimcia natural
y sobre todo muy limpia .... y bonita.
Pero no pretendería que fuera una ~elleze.-J. P. y A.
La mujer que prefiero para mi compafiera debe de ser carifiosa, de buen corazón, graciosa, inteligente, fina, de temperamento un poco romántico, que no eea
coqu~ta Que sea tan amante de su e!lposu
que ese amor lo anteponga á todas las demás cosas de este munrlo.
En cuanto á la belleza füica, dernaría
que no fuese muy alta ni muy grue~a, de
cabellos rubio~, nariz recta y delgada, tersa tez, nireo ro~tro y lindas manos.-E.
P. Carv(ljal.
La viitud que yo prt'fiero en la que ¡,u.
diera ser mi ~spos11 es fidelirlad. Claro está quf, 1á qui,iera joven, bella, simpática,
hacrndoea., que me quiFiera tanto como yo
á ell11, y un fin fin de cualidadi,s máfl. pe·
ro é-tas ni son todas virtudrs, ni aunque
lo fue~en pocirían preferirse todas juntas
ya que la «Enquete» á una rnla se refiere.
Esto, pues, por la primna. Ya que es á lo
primero que debe aspirar un hombre honrado que se decidaá matrimoniarse.-·E. P.

�EL · LADRON ROBADO O UN INVENTO MARAVILLOSO

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t. HluginliR/a. · Oyendo que algnieu lle¡ra á la ]luertal ¡Qnirn e•1 Otra
virtima. ¡Va,•! LM negocios marchan: debe PH al•tÍJJ infeliz á qnieu le
pueda saoar el treinta por ciento mensual. Aclelante!

s. El ctgiolista. Comprendo . URted q11il1re 11uele pre•te &lt;linero para 111.
patenw y •l 11e;;,,cio: pero nRtertes losinventorf's que creeu h•Y furtnnaR
en ~ns aparatoR pnedeu eq11ivo1m rRe y exponer el dinero. Sin 11inhar"º• al
tre1ot11 por ciento .... quizá. Veamo~ antes el tuocionamieuto de los aparatos.

r. Letvídima Ahora R11¡1011ga1110~ {lll ll P.f n~ted un ¡¡rsn &lt;'orreilorlÍ un rl'in1i11:t.l 11~li¡r11,~u. , 11a1u ent11, qu.. e"1·11pa, en 111euus de otro fe¡,nndo le cu• ln,·u lnA grillos auto ,11i1L1cns ru tos pits Asl!

7. La ·víctima. Con estos inventos no es e n vano creer que cada aparato nos
puede proporcionar una fortuna. Si el funclo11amiento es senoillfslmo, Jo
demás no lo es menos.

2 La víctimct rtfmidam~nteJ. Seiior; traigo aqtú un Invento antom.ltico
rle ¡rrlllo~ y "PposaR para Jo~ Ja~rones y quiero patentarlo. Es 111111. im·enoión 111aravillosu.. Soy tamln~n mrentor de una mordarn auto111á.tioa.

4.. La _víctima. Essencili!simo, verlÍ ustrd: supongamos qne, oy un a11ente
&lt;le J•ollcfu y usted un urh111 nul. Me o, Joco rlPtrás y ¡zás! En menos de un
Segundo qutdan sus tnauos pres11s en las esposas.

6. Ln víctima. Voy á ensPiisr á nstM dP ''°ª vez e1 runoionamientn de rni
n,or&lt;la•~ &gt;11tn111át1c» Par11. que PI cr111,¡11;1l 110 ¡1trtn a} ncln á los suyos ae
pasa el br;,zo por el cuello y ¡zás! Q11efü1, tJU ¡,nsiloi litado para. gritar.
'

8. Ltt víelima. Y a. comprenderá usted · h
aparatos y su~ aplicaciones N 1
• mi uen sAnor, la utilidad de los
ble mente e~tén patentados 6tnl, ! pahrece á usted que ~unoionan admira'
i , a ora, hasta otra vista!

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              <text>Semanario ilustrado de literatura, historia, bellas artes y variedades. Dedicado a informar las noticias más relevantes de México y el mundo, además era escaparate de todo tipo de comercios, banca e industria pues en él se anunciaban sus servicios.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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