<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="3207" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/3207?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-18T20:33:26-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="1636">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/20/3207/El_Tiempo_ilustrado._1911._Vol._11_No._18._Abril._2000200391ocr.pdf</src>
      <authentication>7856420c6423622e772b953f1158c90b</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="115455">
                  <text>~

EL
A&amp;o XI.

MÉXICO, DOMINGO

========================================

30 DE

A BRIL DE

Nm.r. 18,

1911.

LAS CARRERAS DE PRIMA VERA

¡J :i LSü

iil tL ta:.:;;'

I'
l

•

'

~===========·================================================~ ========UN GRUPO DE CONCURRENTES AL HIPODROMO DE LA CONDESA EL DOMINGO ULTIMO.
(LAS DO::i SE:&amp;ORI'tAS DE LOS EXTREMOS VISTEN TRAJE DE FALDA-PANTAL6N).

Fot. de «El:Tiempo Ilustrado, ,1

�Aetualidad po1ítiea
LOS DEBATES EN EL PARLAMENTO
~~~

«RIRA ;urnux QUI RIRA LE DERNIElU&gt;
¡Qué cosas tan bellas hemos observado en estos dfas!
En la Cámira de Diputados encontramos tantas opiniones,
tantas idiosincracias, que finalmente, no sabremos quién será el
último que ria después de esta farsa.
Hemos dicho en multitud de ocasiones que EL TIBMPO Iws·
TRADO no se dedica á la política. La política corresponde á los
diarios ó semanarios políticos pero, á veces, corno lo hemos advertido en otras ocasiones, tenemos imprescindible necesidad de
dar no un reportazgo, no una nota editorial; sino simples observaciones de lo que nos pasa en la actualidad.
¿Qué es la paz?
Insistimos en decir que la paz se basa en el Decálogo; la paz
es la tranquilidad del alma y por consiguiente de la familia, de
la sociedad y de la patria.
Alguno de los oradores de dicha Cámara, llegó al grado de
afirmar que en México existía el partido católico.
¡Qué equivocado estuvo en sus apreciaciones!
Los católicos no constituímos un partido; somos simplemen·
te los miembros, no de un partido, repetimos, no de una secta,
sino hijos obedientes de la Iglesia y del Papa, representante de
Jesucristo.
¡Queremos la paz, sí, sin introducirnoj en cuestiones políticas! ¡Queremos, sí, que no se nos ataquen tantas de nueotras
justas libertades de que debiéramos disfrutar! ¡Queremos los
católicos que en las escuelas: ya qua no se enseñan, conforme
á nuestras aspiraciones, siquiera no se ataquen nuestras creen·
cías! ¡Queremos aún más! Que no simplemente se nos baga creer
que gozamos de amplias libertades!¡ Nó; no existen tan amplias!
Desearíamos ver en la Cámara de Diputados un verdadero
católico.
¿Lo hay ahí?
Contadlos; examinadlos uno por uno y excepto alguna hon·
rosa excepción veréis que los demócratas, los reeleccionietas, los
antireeleccionistas, los neo-conservadores, los ...... ¡no sabemos
ya ni nombrar tantos falsos partidos!, los católicos son nones y
no llegan á tres.
El católico está en el ostracismo, y al decir el católico, habla·
mos del que lo es de buE1na fe.
Ahí apenas tiene cabida.
En algunas naciones europeas los sacerdotes pueden ser diputados.
¡Aquí se les excluye!
¡RIRA MIEUX QUI JURA LE DERNIERf

***

El f'eñor Gobernador del Distrito don Guillermo de Landa y
Escandón trata de moralizar á la clase obrera y, al efecto, ha
patrocinado una asociación, que más tarde, puede producir ópimos frutos.
El obrero en México, todavía no era comprendido por los go·
biernos que habían tenido en sus manos la dirección del pueblo.
Nue3tros obreros son dóciles, cuando se les guía de una maner11, conveniente y también saben reclamar sus derechos cuando
lo consideran justo.
Es cierto que los hay viciosos; es cierto también que muchos
de ellos se dedican á vivir con el día, á no ahorrar, á despilfarrar lo poco que ganan; pero casualmente ahí está el quid: en·
señar al obrero á trabajitr con verdadero vigor, apartarlo del vi·
cio y enseñarlo á ser el sostén de su familia.
Hay patrones que abusan; hay obreros que también abman.
¿Cómo debe salvarse la situación?
Comprendiendo unos y otros sus deberes y sus derechoe. ¡ No
existe otro medio!
El obrero humillado, sojuzgado, convertido casi en una bes·
tia de carga, tiene el más perfecto derecho, no para robar ó aEe·
sinar á su patrón, sino para separarse pacíficamente y después
presentar sus quejas ante la autoridad competente. Las huelgas
violentas, generalmente dan pésimos resultados.
Los patrones tendrán así que ceder por fuerza , pues la falta
de brazos constituye indudablemente su ruina.
De una manera notabilísima lo explicó esto S. S. León XIII
en su encíclica «De conditione opificum.J&gt;
En ella se condensan con admirable maestría los deberes y
derechos de los obreros.
Esto lo decimos, á propósito de la fiesta que en el «Teatro Hidalgo,, celebró dicha sociedad. Cualquiera habría desconocido
aquel local, en donde se representan dramas espeluznantes y á
donde asisten las familias de la clase llamada media, ó quizá un
poco más abajo que ella.
El «Teatro Hidalgo,&gt; estaba caü inconocible: sus adornos, la
limpieza que ahí poco ~e acostumbra y la iluminaci6n, le dieron
bellísimo aspecto.
Tratábase de una fiesta humilde; pero grandiosa en su fondo.
El señor Presidente de la República que, rarísima vez asiste á
alguna de estas fiestas, se presentó á ella y fu é recibido con
aplausos.
•
Estamos en estos momentos en una situación verdaderamente
aflictiva; todavia ignoramos en estos momenfo3 á qué conducirá
el armisticio, cuáles serán las condiciones de la paz· pero de to·
dos modos, EIS necesario fijarse en qub algunos de n~estro~ obre·
ros todavia respetan las autoridades constituídas y tienen fija
su mirada en la felicidad de la Patria.
Se ha dicho en estos últimos tiempol:l, que más vale la política que la administración.
T~nto pue.de s~rvir una co~o otra, para la felicidad de un país.
81 la politica tiene por obJeto hacer la feli cidad de los ciuda·
danos, venga &amp;n buena hora.
Si la administración bien entendida nos trae la dicha venga
también.
'
¡Qué amargura nos causa hablar en estas notas de la triste·
za que nos invade!
Quisiéramos llenarlas de luz, de perfumee de algo vigorizan·
te, algo sublime que nos elevara sobre este 'mundo terráqueo
'
donde todo es miseria y desgracia.

¿Habéis visto alguna vez el momento solemne en que un moribundo va á recibir el pan celestial? ¿Habéis contemplado sus
ojos empañados, sus labios amoratados, cárdenos, sus ester·
tores?
Pues el sacerdote cuando lleva en sus manos la hostia sacro·
santa sólo lo invita á la paz, á la paz del alma.
Y ahí veréis que aquel hombre que tanto luchó en la vida;
que tanto sufrió por tantos y tantos malestares, voluntarios ó
involuntarios, se siente fortificado, se siente casi restablecido,
aunque después fallezca.
¡Ah, síl Porque la paz consiste antes que todo en el cumplí·
miento del deber. Esa paz es tan sublime rara. el individuo
como para las naeiones.
Debemos desearla, debemos pedírsela á Dios con insistencia.
Allá se las avengan los que obran de mala :fe; pero es necesa***
rio comprender que la paz trae beneficios por doquiera.
En los templos se ora _POr la paz_, por esa paz que todos anbe·
Es el momento solemne. Es el momento en que teMmos que lamos y que hoy vemos rntenump1da. El verdadero patriotismo
decir á todos:
consiste en el amor mutuo que hace que desaparezcan las ren·
¿Para qué hemos venido al mundo?
cillas, los rencores y todo aquello que pueda detener el progreso
«Sólo para hacer el bien. i&gt;
en el lugar que nos ha visto nacer.
Lo demás no es más que engafiarnos á nosotros mismos.
Sí,. en estos mom~ntos no~ hallamos en tal situación que se
¡La Patria!. .....
necesita n.o ser patriotas teóricos, sino prácticos. Debemos pen·
¿De qué sirve la Patria si sólo es el escalón de las ambiciones? sar en que la paz reina en las naciones cuando el corazón de to·
¡La Patria!. ... ..
dos sus hijos está libre de toda mancha.
¿De qué sirve si flo hay igualdad y fraternidad?
¡Levantémonos!
¡ La Patria!.. ....
Ejerzamos nuestros derechos; pero también cumplamos con
¿De qué sirve si los de ayer son los mismos de hoy?
nuestros deberes.
¡Esperemos! .. ..
No nos limitemos á una hueca palabrería.
Acordémonos
de Aquél que es el Rey de los pueblos.
***
En medio de todas estas calamidades, tenemos algo consolador.
EL CRONISTA.

~eada, juegan el todo por el todo, y han
maugurado una nueva era parlamentaria
que hará época en nuestros anales políti:
cos, y en la cual se están diciendo gran·
des verdades y se proponen t rascendentales reformas. El elemento viejo de la Cámara, aquel que se había fosilizado y que
sólo dejaban escuchar su voz cascada cuan·
do se trataba de fundar algún proyecto
de ley, ha compren dido que su época ya
pasó, y prudentemente se ha retirado de
la discusión, teniendo apenas una que
otra manifestación en D. J uan A. Mateo?,
que ya no es sombra de lo que fné ó en

Diputado don Francisco Bulnes,
autor de la iniciativa de la no reelección ,
que ha pronunciado brillantes discursos en
apoyo de aquel principio y en discusión con
sus impugnadores.

Diputado don Manuel Calero,
orador que ha alcanzado legítimos triunfos,
por el fondo y forma de sus serenos y bien
intencionados discursos parlamentarios.

al Vicepresidente saliente para el puesto
de Presidente eu el sexenio inmediato siguiente.
Para la conquista de ese principio hubo necesidad de derramar más sangre, á
pfsar de la mucha que ya se había derramado en 1871 y en 1876, y fu é indispen·
sable alterar la paz lustral que disfrutábamos. Nuestros descendientes tendrán en
cuenta los sacrificios hechos y las convul!1iones sufridas para respetar el nuevo
precepto constitucional, y no poner mano
en él, por muchos años siquiera, y cuando la reelección no sea una amenaza para
:Méxi co, ni una arma liberticida de que
haga uso el poder.

LOS DEBATES EN EL CONGRESO
Con motivo de haberse discutido la iniciativa presentada por el diputado por la
Baja California, Ing. D. Francisco Bulnes, ha salido la Cámara de Diputados
del mutismo que babia guardado durante largos años y del programa de dieeu·
siones convencionalea, que periódicamente tenía para llenar alguna fórmula.
Los señores diputados han quemado
sus naves, y comprendiendo que las eleccionetl venideras no se harán según el car·
tabóu de antaño, Eino de una manera des·

Diputado don Diódoro Batalla,
orador de filiación "élehesista," que ha
pronunciado valientes discursos formulando
tremendos cargos contra los miembros del
partido reeleccionista y partícularmente contra 1011 llamados "científicos."

Diputado don Ignacio Bravo Betancourt,
que se ha hehco notar por su faci lidad de palabra, al pronunciar un discurso en que con
entereza y francamente expresó su opinión
sobre la situación política actual, á propósito
de la no reelección.

D. Francisco Bulnes, que de los viejos
parlamentarios es el único que parece haber evolucionado ó que no se resuelve á
eaer con los suyos, sin antes haberse hecho escuchar de la nueva generación.
El elemento joven domina hoy en el
Congreso, y es él el que ha inaugurado
Pl actua.l período al empezar por tratar
tlel asunto de la no-reelección. En la Cámara popular se ha gando esa batalla contra la antigua t radición, y hoy, como sucedió en 1877 el principio de la alterna·
bilidad forzosa de los mandatarios del
pueblo ha quedado inscrito efi la Constitución de la República y héchose extensivo no sólo al Preoidente, sino también
al Vicepresidente, á pesar de las fundadas
y atinadas obsevaeiones del diputado Ca·
lero, que quería se hiciera la correspotl·
diente aclaración para que si los electores
lo creían conveniente, pudiesen designar

..

•

1

Diputado don Miguel Lanz Duret,
antiguo miembro del partido reelecionista, que
se ha revelado como un orador elocuente y de
pujanza, distinguiéndose por el valor y sin ·
ceridad al expresar sus actuales convicciones.

�08 LIA REVOIJUCION.

De Soeiedad

ANGELUS
LO QUE ES EL AMOR
Eran trece los hombres, trece valientes cl\rtidos en el peli- ojos, la mano derecha en el remo que h~cía de timón, miraba
to y avezados á luchas del mar. Con ellos iba una mujer: la impasible al mar. Un per,ro de ~guas, suc1?~ sentado en un .ba~,el patrón.
co de popa, junto al patron, m:i¡aba tambien al mar, tan indiLos trece, hombres de la co.,ta, tenía11 el sello cmcterístico ferente como los hombres.
mmi iba poniéndose..... Arriba., rojos de llama, rojos code la raza vacas; cabeza ancha, perfil aguileño, la pupila muerta
por la constante conbrizos, colores ce ni .
templación de la mar,
cientos, nubes de plola gran devora&lt;lora de
mo, enormes bailenas·
hombres.
abajo, la piel verde del
El Cantábrico 1es
mar, con tonos rojizos,
conocía; el!os conocían
escarlatas y moradoR
las olas y el viento.
De cuando en CJando
La trainera, larga.,
el estremecimiento rít·
ealrecha, pintada de
mico de las olas ......
negro, se 11 a m a b a
La trainera se enArantza, que en vasco ntraba frente íi
cuence significa es¡.,i ·
Icar. El viento era
na. Tenía un palo corde tierra, lleno de olo
to, plantado junto·á la
res de monte; la costa
proa con una vela pe
se dibujaba todos su,
quefia ......
riscos y sus penas.
La tarde era de oto·
De repente, en la
ño, el viento flojo, las
agonía de la tarde, soolas redondas, mannaron las horas en el
sas, tranquilas. La ve·
reloj de la iglesia de
la apenas se hinchaba
Icar y luego las campor la brisa y la traipanadas del Angelus
nera se deslizaba su11.
se extendieron por el
vemente dejando una
Francisco Villa y su Estado Mayor.-Unic, fotogr¿,fia del cabecilla, tomada
mar como voces lentas,
estela de plata an el
por nuestro corresponsal.
majestuoeas y ~ubli·
mar verdoso.
mes.
Habían salido de Motiico y marchaban á la pesca con la'l
El patrón se quitó la boina y los demá~ hicieron lo mis·
redes preparadas, á rrnnirEe con otras lanchas para el día de mo. La mujer abandonó su traba jo y todos rezaron, gra·
Santa Catalina. En aquel momento pasaban por delante de ves, sombríoi,;, mirando al mar tranq:uilo y de redor.deadas
Deva.
olas.
El cielo estaba lleno de nubes algodonosas y plomizas Por
Cuando empezó á hacerse de noche, el viento sopló y11 con
entre sus jirone:::, trozos &lt;le un azul pál;do. El sol salía en rayos fuerza, la vela se redon deó con las ráfagas de aire y la tr11 iner11
brillantes por la abertura de una nube, cuya boca enrojecida Ee se hundió en la sombra, dejando una estela de plata sob·e la
reflejaba temblando sobre el mar.
negrnzca superficie del agua ..... .
Los trECe hombres, serios é impasibles, hablan poco; la
Ernn trece los hombres, trece valienteg, curtidos en el ptligro
mujer, vieja, hacía media con gruesas agujas y un ovillo dt&gt; la- y avez11dos á las luchas del mar.
na azul. El p11trón grave y tri~tP, con la boina calarla haF-ta los
PIO BAROJA.

El Jefe de la Revolución, don Francisco l. ~adero, rodeado de Abraham González Gobernador Provisional de Chihuahua (z Pascual
Orozco, padre (3,) Pascual Orozco, hr¡o (4,) y otros cabecillas.-,Fot. del s~ñor Herrerías, correspon~al de EL TIEMPb.)

..

Hija mía, el[amor es un espejo
&lt;I,, la coqueta busca su reflejo.
llena &lt;le vanidad.
Más tarde al corazón da grata calma
é inoculando la virtud en su alma,
llL empapa en castidad.
También es un abismo en que la mano
un borde de que asirse busca en vano
y resbalan los pies,
C'Otno el incauto niño que inocente
i-e contempla y s~ baña en una fuente
y c;e ahoga despué~.
BA.RTOLOME

MITRE.
Si:ñor Joctor Jon José Rivera Río,
que contraerá matrimonio con la señorita Prida.

Señorita Leonor Prida Santacilia,
que contraerá m:1trimonio con el doctor Rivera.

LA VENTANA
PO k

ANDRES MAR.

Es una calle espaciosa, derecha
y larga como un inmenso paralelógramo .....
Unos grandes foc()S luminoso3
desparraman grande3 chorros ele
luz blanca, iluminando las lo3as dt'l
suelo y las multicolores fachadas de
los edificios y los rostro3 morenos ó
blancos de los tramenntes.
Todos los que están en el secreto
de aquel tesoro e,condido, escudriñan al parnr por entre los hierro~
de una ventana entreabierta.
¿Qué miran? Nada: Una vii-ja
ventana entreabierta. ¿Quéquieren
ver? ¡ Ah, mucho!
Quieren ver por entre los toscos
hierros de la vieja ventana el rost.ro
angelical y delicioso de una criatura encantadora ......
Pero hay que pasar muchas, muchás veces, por aquella calle larga
y e3paciosa, mirando siempre á la
ventana, para poder contemplar un
in,itaote, un instante tan sólo, nque1la preciosa carita que muy raras
veces se recuesta, besándolo,, en
aquellos toscos hierros de la ,·ieja
ventana entreabierta ......
Torlos1losque la han vi~to una vez
han que&lt;laciQ encantados.
Todos han querido volverla á ver.
To&lt;los han sn•pinido después de
verl11.

¿Cómo sitndo tan bella esa criatura á to&lt;loa hace suspiiar?
Precisamente porque es tan bella ..
Precisamente porque es tan linda, todos anhelan volverla á ver.
¿Quién que anhele mirar algo hermnso, sin suspirar, podrá vivir?
Yo ví una vez el rostro angtlical
ele aquella criatura encantadora.
¡Ko pidáis que no suspire! Yo ví
que sus ojos me miraron y sentí mi
corazón latir descompasadamente.
Y o quise retener y agrandar aquella mirada, yo ambicioné llevar
11quellos ojos eternamente delante
de !os míos. ¿Dónde están que no
los veo? Sin embargo, yo los pre~ iento á través de un odioso velo
que en vano trato de rasgar. ¡Oh,
vieja ventana! ¿No tienes poderpara
tt marrar ante tus hierros eternamente á esa criatura; aunque sólo sea
lo3 ojns de esa criatura? Yo ya no
veo la calle espaciosa y larga; yo ya
no veo los grandes focos luminosos,
ni las fachadas de los modernos
t-dificios, ni los rostros blancos ó
morenos de los transeunte.,.
Ya yo no veo nada más que la
vieja ventana. entreabierta, cuyos
toscos hierros besa tan de tarde en
tarde su rostro angelical.
Ya yo no ansío nada más que
e•a, la dulce mirada de tus negros
ojos, que busco ardientemente por
entre los hierros de tu vieja venta·
Un grup i de jóvenes conocidus.- Fot. de '·El Tiempo liustrado.': na solamente eiitreabierta . .....
HN EL H I P C' Dl·H.&gt;MO

Miembros de la Sojedaj M11tuali.;ta .'.\oralizadora de Obrerc.s
del Distrito Federal.

La sala del T &lt;!Jtro Hidalgo, en la fiesta de inauguración de la
Sociedad Moralizadora de Obreros.

Fols al 111ag11r.~io ele " El Tiempo Jl11slmdo.''

�TEA.T~OS
' )

catura de brocha gorda, sino la fina, la delicada,-alguna cos- se de.;envuelve bit1 tropiezo,:¡ ni incongruencias, sencillamente;
tumbre social, 6 alguna idea, 6 alguna tendencia viciosa, son pero)a segunda, la de las rencillas é incompatibilidades, no se
los que encajan mejor en su temperamento, y cuyo desempeño encuentran caracteres verdaderamente naturales y humanos. En
inmejorable hace que ostente el buen don Juan con tanta justi- En rosas de Otoño, del genial Benavente, figuran dos esposos se·
cia el título de «el mejor actor c6mico de habla española.»
parados moral é intelectualmente-aunque por diversos motivos
que en Primavera en Otoño-y cuya reconciliaci6n difinitiva se
produce, como en esta obra, cuando se apuntan las primeras
canas. Pero en la obra benaventina esas separaci6n y reconciliaEl público, un poco reacio en un principio, ee anima y acude ci6n obedecen al desarrollo natural de las ideas del matrimonio,
numeroso al afónico ARBEU, a.unque no en masa, como debiera á los acontecimientos, á 16gicos procesos biol6gicos y psicol6gihacerlo en vista de. los precios ínfimos-á aplaudirá la compa· cos, cosa que no sucede en la obra de Martínez Sierra. Nada más
ñía en Amore&amp; y Amoríos, El libre cambio, El doctor Jiménez y Za- absurdo que un hombre, como don Enrique, que por sus ideas,
ragiieta. Justo es consignar que toda la compañía que se agrupa educaci6n, especial manera de ser se halla separado de su mu·
en torno de Balaguer se ha portado bizarramente, mereciendo la jer,-Elena-de una manera definitiva á causa de ser ésta frí·
entusiasta aprobaci6n del público, cuyos mejores aplausos se los vola y exigente y con una cabeza á pájaros, poco apasionada y
llevan Conchita Catalá-que en Amores y Amoríos, su labor al- cuyo amor maternal es ahora intenso, ahora indiferente-y éste
canza las proporciones de un snccés, sobre todo, cuando, atina- es otro de los rasgos característicos y poco humanos del personadamente, dice y no decl,ama los versos del tercer acto-y Ja en- je-mantenga por ella no salamente un amor vivísimo sino una
c&amp;ntadora Carmina Catalá.
estimaci6n estúpida-ella es una mujer de teatro poco escruJUAN BALAGUER.

VIDA
Don Jnan Balagum' y la dramática rnode1'na.-La compañía española de come~fo triunfa
en el Arbe4.-' 'PRIMAVERA EN 0·1·0Ño." de Ma rMnez Sienct, en el Colon.
1

Si algo hay en la vida triste, E:fímero y deleznable, es la gloria cuando personifica las modernas creaciones de la comedia. ~n
del artista dramático; su fama, la más brillante, la más subyu· ambos casos se manifiesta, no solamente el excelente actor, Hno
gadora, es un meteoro inflamado cuyo vivísimo destello cruza el verdadero innovador, cuyas tendencias y e~f~erzos--gue en la
como un relámpago por el cielo del arte, flÍn dejar más huella que actualidad han llegado á ser hermoEas y po~1t1vas reahdadesuna estela luminosa, sutil y transitoria. Todos los artistas, todos están encaminados á italianizrtr la antigua escuela española, á la
los poetas del color, de la línea, de la forma; los supremos arti- creaci6n de un teatro moderno cuyo supremo ideal es reducir al
fices de la lírica; todos dejan marca de su paso por el mundo en mínimo la ficci6n escénica. Pero Balaguer es, en mi concepto,
nun más notable en el primer aspecto apuntado. La mayor parte
alguna obra de belleza suprema, mP.nos los artistas dramáticos.
.Y nada más injusto, ni más cruel; la memoria de don Emi- de los actores c6mico!! encuentran el secreto del éxito en la ex·
plotaci6n de ciertos recursos clási·
lio Mario se va borrando á tra·
cos y en la explotaci6n de una via
véa de ios años con todo y haber
c6mica congénita. Son esta clase
sido este insigne actor el verdadede artistas, generalmente, gente
ro creador de la moderna e,cuela
ineducada especialmente para e~
española; el que le di6 nuev&lt;'B
profeei6n y cuya cualidad dom1·
alientos y cuya obra hizo perdu·
nante, que forma parte de e_llos
rar con Ja trilogía formada por
de~de su organizaci6n priminva,
María Guerrero, Emilio Thuillier
es lo que se ha dado en llamar bue·
y Juan Balaguer.
1!ft sombra 6 ángel; es el patrimo·
Doña Marfo. Guerrero i;igui6
nio de los actores, que, como al
por nuevos derroteros y su obra,
antiguo
compañero de Balaguer,
aunque apartándose algún tanto
Mariano
Larra, merecen, en rigor,
de la de Mario, fué fructífera: á
ser
llamados
«actores chistosos»
ella se debe el resurgimiento, con
en
vez
de
actores
c6micos.
más esplendor que nunca, de las
Balaguer es propiamente ,~n
incomparables joyas del siglo de
actor comico, en la más ampl~11
oro. Thuillier, no pudo ó no suacepci6n del vocablo, porque re~po mantener el estandarte: más
drclamador que actor, conEerva
ne en su persona todas las con?1·
ciones y circunstancias nece~ar1as
rastros del antiguo y amanerado
para serlo. Dotado naturalmente
Pstilo español, aunq 1e su talento
de la vis c6mica necesaria, encar·
lo:i encubra y ios disfrace. Es,
pues, don Juan Balaguer el conna los diferentes personajes, ~eme·
tinuador de la obra modernizadote en su pell~jo, con tan pasmosa
•
ra. El público de México que ha
facilidad que no parece sino que
tenido oportunidad de admirar á
,ll"jl\ en el camerino el otro, t:l pemagníficos artistas de la escuela
füjo propio, para no acordarse
italiana como Novelli, el maestro
mss que del personaje que repre·
de la comedia, á Ruggieri y á False'.lta. Y si á ésto se agrega que
coni y tantos otros, e:itá ya lo sufisu m~vilidad facial- es un verda·
cientemente preparado para apredero mimo - es sorprendente Y
ciar, en todo su valor, las facultaque su dicci6n -como buen roa·
des y tendencias de Balaguer. En
yorquino - es pura y que su ta·
la actual tenporada, aunque apelento para caracterizarse es gran·
nas iniciada, nos ha probado que
de, se comprenderá fácilmente
más que un actor español-y eete
por qué comprende y desem~efia
es el mejor elogio que puede haá maravilla todo lo que le viene
céraele-es un actor italiano.
en gana; pero si se observa que la
vis c6mica forma el fondo de sus
Tiene el arte de Balaguer, en
tendencias nerviosas, Ee explicari
mi opini6n, dos aspectos diferente3. Aquel en que el actor español
también que los tipos en que~
Soledad Alvarez, celebrada tiple del Principal, vistiendo la típica
ridiculiza :finamente-no la cari·
indumentaria nacional del pueblo.
se cala la careta de Dem6crito y

"Primavera en Otoño."-Acto 11. -Juan Manuel, señor Mart.nez
y Agustina señora Abad.

"Primavera en Oto1io." - Acto 111. - Elc:na, señur..i GnMl , y don
'
Enrique señor Coss.

1

***

El triunfo sonado y merecido que en México alcanz6 &lt;lon
Gregorio Martíuez Sierra con sus últimas obras estrena.fas en el
Co10N, La sombra del padre y Canción de cuna, hacía preveer que
Primavera en Otoño, había de correr igual fortuna y de cuyos
méritos se hacen lenguas los cronistas iberos. Y aunque realmente esta nueva producción de Martínez Sierra mereci6 una
amplia aprobaci6n del público mexicano, no alcanz6 el extraordinario éxito de sus hermanas.
En puridad de verdad, Primavera en Otofw no creo que merezcan los rimbombantes elogios que se le han prodigado. Esta
nueva obra, sin merecer ser calificada tampoco de mediocre, carece de la sobriedad de La sombra del padre y del exquisito gusto
y delicadeza de la magnífica Canción de cuna. Parece que esta
vez el autor, en la concepción, se ha querido despojar de la poética frescura, de la finura que caracterizan la mayor parte de sus
producciones. Y no es ésto solo: en Primavera en Otoño no se
encuentra ninguna idea nueva, ninguna originalidad.
De las dos acciones que á través de la obra se desarrollan, la
primera, en la que intervienen los amores de la hija disputada,

pulo~a, como lo prut:ban sus relaciones en el tercer acto con el
segundo novio de su hija -y provoque una reconciliaci6n des·
pué'3 de dieciséis años de separación con una vacilación, que no
es causa de una desconfianza que encontraríamos natural, verdaderamente absurda.
No se necesita hacer hincapié en algunas otras cosillas poco
comprensibles, como esos amores tan precipitadoe de Juan Ma·
nuel y Agustina, para comprender que Primavera en Otoíío nada
tiene de extraordinario. Por otra parte, 1m algunas escenas ver·
da.deramente hermosas y en lo fácil y bellamente que está dialogada, se reconoce todo el talento poético y técnico del supremo
artista Martínez Sierra.
Muy discretamente fué desempeñada por la señora Grifell y
por la señora Abad, quien tuvo que luchar, esta última, con las
dificultades naturales que ofrece un papel que requiere una da·
ma joven; la señora Abad, aun con muy buena voluntad, no
parece hija de la señora Griffell. Discretos estuvieron, también,
los señores Coss y Martínez.
LUIS

ZAMORA PLOWES.

�LA ROSA DE PASION
Por Gustavo

~na tarde _de v~rano, y en un jardín de Toledo, me refirió esta s1~gular historia ~na much~cha_ muy buena y muy bonita.
Mientr~s me explicaba el misterio de su forma especial besaba las hoJas y los pistilos que iba arrancando uno á un~ de la
flor.que da su nombre á esta leyenda.
81 yo la pudiera referir con bl suave encanto y la tierna senci11~,z que .tení~ en su boca, os conmovería como á mí me conmovio la historia de la infeliz Sara.
Ya que esto no es posible, ahí va lo que de esa tradición se me
acuerda en este intante.
I

Á ,

Becquer,

trechos vanos de aquel ajimez, único abierto en el musgoso y
grieteado paredón de la calleja, habitaba Sara, la hija predilecta
de Daniel
Cuando los vecinos de barrio pasaban por delante de tienda
del judío y veían por casualidad á Sara tras de las celosías de su
ajimez mcrisco y á Dan~el acurrucado junto á su yunque, exclamaban en alta voz admirados de las perfecciones de la hebrea:
¡Parece mentira que tan ruín tronco haya dado de sí tan hermoso vástago!
Porque, en efecto, Sara era un prodigio de belleza. Tenía
los ojos grandes y rodeados de un sombrío cerco de pestañas negras, en cuyo fondo brillaba el punto de luz de su ardiente pu~n una de las callejas obscuras y tortuosas de la ciudad im- pila, como una estrella en el cielo de una noche obscura. Sus
perial, e~po~rada y casi escondida entre la alta torre morisca de labios, encendidos y rojos, parecían recortados hábilmente de un
ur..a antigua parroquia muzárabe
paño de púrpura por las invisibles
y los sombríos y blasonados mumanos de una hada. Su tez era
ros de una casa solariega, tenía hablanca, pálida y trasparente como
ce muchos afios su habitación rael
alabastro de la estatua de un
quítica, tenebrosa y miserabl~ cosepulcro.
Contaba apenas diecimo su duefio, un judío llamado
séis años, y ya se veía grabada en
Daniel Leví.
su rostro esa dulce tristeza de las
Era este judío rencoroso y ~eninteligencias precoces, y ya hingativo como
todos
los de su raza 1
,
•
chaban
su seno y se escapaban de
pero mas que nmguno engañador
su
boca
esos suspiros que anuné hipócrita.
cian
el
vago
~espertar del deseo.
Dueño, según los rumores del
Los
judíos
más poderosos de la
vulgo, de una inmensa fortuna
ciudad,
prendados
de su maraviveíasele, no obstante, todo el dí~
llosa
hermosura,
la
habían solici·
acurruc~d? en el sombrío portal
tado
para
esposa;
pero
la hebrea
de su vivienda, componiendo y
insensible
á
los
homenajes
de su~
aderezando cadenillas de metal
adoradores
y
á
los
consejos
de su
cintos viejos 6 guarniciones rotas'
p~dre, que la instaba. para que elicon las que traía un gran tráfic¿
g1E'se un compañero antes de queentre los trua.nea del Zocodover
dar sola en el mundo, se mante·
las revendedoras del Postigo y lo~
nía
encerrada en un profundo si·
escuderos pobres.
lencio,
sin dar más razón de su ex.A~orrecedor implacable de los
traña
conducta
que el capricho de
c~1stlanos y de cuanto á ellos pupermanecer libre. Al fin u11 día,
diera pertenecer, jamás pasó juncansado de sufrir los desdenes de
to á, u.n caballero principal ó un
S~ra
y Rospechando que su eterna
canomgo de la Primada, sin quitnsteza
era indicio cierto de que
tarse una y hasta diez veces el mu~u
corazón
abrigaba algún secreto
griento bonetillo que cubría su ca1m portante, uno de sul:l adoradobeza calva y amarillenta, ni acogió
res se acercó á Daniel y le dijo.
en su tenducho á uno de sus ha-¿Sabes, Daniel, que entre
bituales parroquianos sin agobiarnuestros
hermanos se murmurade
le á fuerza de humildes salutaciotu
hija?
\.
nes acompañadas de aduladoras
El judío levantó un instante los
sonrisas.
ojos de su yunque, suspendió su
La sonrisa de Daniel había llecontinuo martilleo, y sin mostrar
gado á hacerse proverbial er. todo
)a menor emoción, preguntó á su
Toledo, y su mansedumbre á
mterpelante:
prueba de las jugarretas más pe¿Y qué dicen de ella?
sadas Y. las burlas y rechiflas de
c
. .
-Dicen, prosiguió su interlo·
sus vecmos, no conocía límites.
t
ut~!!
dicen
..
···
qué
se
yo
.....
muchas
cosas ... Entre otras, que
Inútilm~nte los muchacho~, ~ara desesperarle, tiraban piedras
1Jª está enamorada de un cristiano ... Al liegar á este punto
á su tugunJ; .en vano l?s paJec1llos y hasta los hombres de ardesdeñado amante de Sara se detuvo para ver el efecto que sus
mas ~e_l proximo palacio pretendían aburrirle con los nombres epalabras
hacían en Daniel.
más mJuriosos, 6 las. viejas devotas de la feligresía se :santigua.
Dani~l
leventó de nuevo sus ojos, le miró un rato fijamente
ban .al pasar por el dmtel de su puerta como si viesen al mismo
sin
deci~
palabra,
bajando otra vez la vista para seguir su in·
~uc1fer en persona. Daniel sonreía eternamente con una son- terrump1da tarea, Y
exclamó:
r~sa extrafí.a é indescriptible. Sus labios delgado; y hundidos se
-¿Y .quién dice ~ue eeo no es una calumnia?
d:lataban á la ~ombra de su nariz desmesurada y corva como el
-Qu~en
los ha visto conversar más de una vez en esta misma
pico de un agm~ucho; y aunque de sus ojos pequeños, verdes,
?ªl~e,.
~rne~tras
tú asistes al culto sanhedrfo de nuestros rabinos
re~ondos Y casi ocultos entre las espesas cejas brotaban una
chispa ~e mal r~primida cólera, seguía impasible' golpeando con rns1st10 el ¡oven hebre~ admirado de que sus sospechas primer~
de~pués sus afirmaciones no hiciesen mella en el ánimo de
~u martillo de hierro el yunque donde aderezaba las mil bMati- YDamel.
Jas mohosas y al parecer sin aplicación alguna de que se com·
Este, sin abandonar su ocupación, fija la mirada .en el yun·
ponía su tráfico.
Sobre la _Puerta .de la casucha del judío y dentro de un mar- qub, sobre e~ ~::e después de dejar á un lado el martillo se ocu·
a ~n b:umr el broche de metal de una guarnición con una
co de azul.eJos de vivos colores, se abría un ajimez árabe, resto
qu~na
h~a, comenzó á hablar en voz baja y entrecortada co·
P
de las antiguas construcciones de los moros toledanos. Alrede·
81 maqmnalmente fuese repitiendo su labio las ideas que'crumbo
dor d~ las caladas faanjas del ajimez, y enredándose fpor la co- za an por su mente.
lummlla .de mármol que lo partía en dos huecos iguales subía
-¡Jél .. ,, . 'él d í 'é d
· ¡Je 1J ec a ri n ose de una manera extraña y dia·
de0 de el mterior de la vivienda una de esas plantas trepadoras b'J'
O Ica; ¿conque á mi Sara, al orgullo de la tribu al báculo en
que .se mecen verdes y llenas de savia y lozanía sobre los enne- que se apoy b · ·
·
?
a a m1 veJez, piensa
arrebatármela un' perro cristia·
grecidos muros de los edificios ruinosos.
En la parte de la casa, que recibía una dudosa luz por log es- no ... ¿Y vosotros creéisquelohará? ¡Jé! ¡jé!continuabasiem·
pre hablando para sí Y siempre riéndose, mientras la lima chi·

f

P:

llA ~OSA t&gt;E PASION,

rriaba cada vez con máR fuerza, mordiendo el metal con sus dientes de acero. ¡Jé! ¡jé! pobre Daniel, dirán los míos, ¡ay chochea!
¿Para qué quiere ese viejo moribundo y decrépito esa hija tan
hermosa y tan joven, si no sabe guardarla de los codiciosos ojos
de nuestros enemigos'? ... ¡Jét ¡jé! ¡jé! ¿Crees tú, por ventura, que
Daniel duerme, crees tú por ventura que si mi hija tiene un
amante ... que bien puede ser, y ese ::imante es cristiano y procura seducirla, y la seduce, todo es posible, y proyecta huír con
ella, que también es fáril, y huye mañana por ejemplo, lo cual
cabe dentro de lo humano, crees tú que Daniel se dejará así
arrebatar su tesoro, crees tú que no sabrá vengarse?
-Pero, exclamó interrumpiéndole el joven, ¿sabéis acaso?
--Sé, ctijo Daniel levantándose y dándole un golpecito en la
e3palda, sé más que tú, que nada sabes ni!nada sabrías si no hubiese llegado la hora de decirlo todo ... Adiós; avisa á nuestros
hermanos para que cuanto antes se reunan. Esta ;noche, dentro
de una ó dos horas, yo estaré con ellos. ¡Adiós!
Y esto diciendo, Daniel empujó suavemente á su interlocutor
hacia la calle, recogió sus trebejos muy despacio, y comenzó á
cerrar con dobles cerrojos y aldabas la puerta. de la tiendecilla.
El ruido que pr0dujo ésta al encajarse rechinando sobre sus
premiosos goznes, impidió al que se alejaba oír el rumor de las
celosías del ajimez, que en aquel punto cayeron de golpe, como
si la judía acabara de retirarse de su alféizar.
II

Era noche de Viernes Santo, y los habitantes de Toledo, después de haber asistido á las tinieblas en su magnífica catedral,
acababan de entregarse al sueño, ó referían al amor de la lumbre consejas parecidas á la del Cristo de la Luz, que robado por
unos judíos, dejó un rastro de sangre por el cual se descubrió el
crimen, ó la historia del Santo Niño de la Guarda, en quien los
implacables enemigos de nuestra fe renovaron la cruel Pasión de
Jesús. Reinaba en la ciudad un silencio profundo: interrumpido á intervalos ya por las lejanas voces de los guardias noturnrn
que en aquella época velaban en derredor del alcázar, ya por los
gemidos del viento que hacía girar las veletas de las torre3 ó zumbaba entre las torcidas revueltas de las calles, cuando el dueño
de un barquichuelo que se mecía amarrado á un poste cerca de
los molinos, que parecen como incrustados al pie de las rocas
que bafia el Tejo, y sobre las que se asienta la ciudad, vió aproximarse á la orilla, bajando trabajosamente por uno de los estrechos senderos que desde lo alto de los muros conducen al río,
una persona que al parecer aguardaba con impaciencia.
--¡ Ella es! murmuró entre dientes el barquero. ¿No parece
sino que esta noche anda revuelta toda esa endiablada raza de
judíos!. ..... ¿Dónde diantres se tendrán dada cita con Satanás,
que todos acuden á mi barca teniendo tan cerca el puente?. ..... .
No, no irán á nada bueno, cuando así evitan toparse de manos
á boca con los hombres de armas de San Servando .. .... pero en
fin, ello es que me dan buenos dineros á ganar, y á su alma su
palma, que yo en nada entro ni salgo.
Esto diciendo el buen hombre, sentándose en su ha.rea aparejó
los remos, y cuando Sara, que no era otra la persona á quien al
parecer había aguardado hasta entonces, hubo saltado al barquichuelo, soltó la amarra que lo sujetaba y comenz6 á bogar
ea dirección á la orilla opuesta.
-¿Cuántos han pasado esta noche? preguntó Sara apenas se
hubieron alejado de los molinos y como refiriéndose á algo de
que ya habían tratado a'nteriormente.
-Ni los he podido contar, respondió el interpelado; ¡un enjambre! ..... Parece que esta noche será la última que se reunen.
-¿Y sabes de qué tratan y con qué objeto abandonan la ciudad á estas horas?
--Lo ignoro ... pero ello es que aguardan á alguien que debe
llegar esta noche ... yo no sé para qué le aguardarán, aunque
presumo que para nada bueno.
Después de este breve diálogo, Sara se mantuvo algunos instantes sumida en un profundo silencio y como tratando de coordinar sus ideas.-No hay duda, pensaba entre sí; mi padre ha
sorprendido nuestro amor, y preparaba alguna venganza horrible. Es preciso que yo sepa á dónde van, qué hacen, qué intentan. Un momento de vacilación podría perderle.
Cuando Sara se puso un instante de pie, y como para alejar
las horribles dudas que la preocupaban, se pasó l11 mano por la
frente que la angustia había cubierto de un sudor glacial, la
barca toca ha á la orilla opuesta.
-Buen hombre, ex.clamó la hermosa hebrea arrojando algu·
nas monedas á su conductor y señalando un camino estrecho y
tortuoso que subía serpenteando por entre las rocas, ¿es ese el
camino que siguen?

321

-Ese es, y cuando llegan á la Cabeza del Moro, desaparecen
por la izquierda, Después el diablo y ellos sabrán á dónde se
dirigen, respondió el barquero.
Sara se alejó en la dirección que éete le había. indicado. Durante algunos minutos se la vió aparecer y desaparecer alternativamentente entre aquel obscuro laberinto de rocas obscuras
y cortadas á pico; después, y cuando hubo llegado á la cima
llamada la Cabeza del Moro, su negra silueta se dibujó un instante sobre el fondo azul del cielo, y por último desapareció entre
las sombras de la noche.
III
Siguiendo el 0amino donde hoy se encuentra la pintoresca ermita de la Virgen del Valle, y como á dos tiros de ballesta del
picacho que el vulgo conoce en Toledo por la Cabeza di!l Moro,
existían aún en aquella época los ruinosos restos de una iglesia
bizantina, anterior á la conquista de los árabes.
En el átrio que dibujaban algunos pedruscos diseminados por
el suelo, crecían zarzales y hierbas parásitas; entre los que yacía
medio oculto, ya el destrozado capitel de una columna, ya un
sillar groseramente esculpido con hojas entrelazadas, endriagos
horribles ó grotescos é informes figuras humanas. Del templo
sólo quedaban en pie los muros laterales y algunos arcos rotos
y cubiertos de hiedra.
Sara, á quien parecía guiar un sobrenatural presentimiento,
al llegar al punto que le había señalado su conductor, vaciló
algunos instantes, indecisa acerc&gt;a del camino que debía seguir;
pero por último, se dirigió con paso firme y resuelto hacia las
abandonadas ruinas de la iglesia.
En efecto, su instinto no la había engañado. Daniel, que ya
no sonreía; Daniel, que no era ya til viejo débil y humilde, sino
que antes bien, respirando ~6lera de sus pequeños y redondos
ojos, parecía animado del espíritu de la venganza, rodeado de
una multitud, como él, ávida de saciar su sed de odio en uno de
los enemigos de su religión, estaba allí y parecía multiplicarse
dando órdenes á los unos, animando en el trabajo á los otros,
disponiendo, en fin, con una horrible solicitud los aprestos necesarios para la consumación de la espantosa obra que había estado meditando días y días mientras golpeaba impaaible el yunque en su cobacha de Toledo.
Sara, que á favor de la obscuridad había logrado llegar basta
el átrio de la iglesia, tuvo que hacer un esfuerzo supremo para
no arrojar un grito de horror al penetrar en su interior con la
mirada. Al rojizo resplandor de una fogata que proyectaba la
forma de aquel círculo infernal en los muros del templo, había
creído ver que algunos hacían esfuerzos por levantar en alto una
pesada cruz, mientras otros tejían una corona con las ramas de
los zarzales, ó aplastaban sobrE' una piedra las puntas de enormes clavos de hierro. Una ide!!. espa.utosa cruzó por su mente;
recordó que á los de su raza los habían acusa.do más' de una vez
de misteriosos crímenes; recordó vagamente la aterradora historia del Nifío Crucificado, que ella hasta entonces había creído una
grosera calumnia, inventada por el vulgo para apostrofar y zaherir á los hebreos.
Pero ya no le cabía duda alguna: allí, delante de sus ojos,
estaban aquellos terribles instrumentos de martirio, y loa feroces verdugos sólo aguardaban la víctima.
Sara, llena de una santa indignacióti, rebosando en generosa
ira y animada de esa fe inquebrantable en el verdadero Dios
que su amante le había revelado, no pudo contenerse á la vista
de aquel espectáculo, y rompiendo por entre la maleza que la
ocultaba, presentóse de improviso en el dintel del templo.
Al verla aparecer, los judíos arrojaron un grito de sorpresa; y
Daniel, dando un paso hacia su hija en ademán amenazante la
preguntó con voz ronca:-¿Qué buscas aquí, desdichada?
- Vengo á arrojar sobre vuestras frente3, dijo Sara con voz
firme y resuelta, todo el baldón de vuestra infame obra, y vengo
á deciros que en vano esperáis la víctima para el sacrificio, si ya
no es que intentáis cebar en mí vuestra sed de sangre; porque
el cristiano á quien aguardáis no vendrá, porque yo le he prevenido de vuestras asechanzas.
·
-¡Sara! exclamó el judío rugiendo de cólera: Sara, eso no es
verdad; tú no puedes habernos hecho traición hasta el punto de
revelar nuestros misteriosos ritos; y si es verdad que los has
revelado, tú no eres mi hija.....
·
-No; ya no lo soy : he encontrado otro padre, un padre todo
amor para los suyos, un padre á quien vosotros enclavásteis en
una afrentosa cruz, y que murió en ella por redimirnos, abriéndonos pua una eternidad las puertas del cielo. No ; ya no soy
vuestra hija, porque soy cristiana y me avergiienzo de mi origen.
Al oír estas pa,labras, pronunciadas con esa enérgica entereza

•

�Lt I T E ~ A T U ~- A

322

que sólo pone el cielo en boca de los mártires, Daniel, ciego de
furor, se arrojó sobre la hermosa hebrea, y derribándola en tierra y asiéndola por los cabellos, la arra!ltr6 como poseído de un
espíritu infernal hasta el pie de la cruz, que parecía abrir sus
deacarnados brazos para recibirla, exclamando al dirigirse á los
que la rodeaban:
-Ahí os la entrego; haced vosotros justicia de esa infame,
que ha vendido su honra, su religión y sus hermanos.

VI

l

Al día siguiente, cuando las campanas de la catedral atrona·
han los aires tocando á gloria, y los honrados vecinos de Toledo
se entretenían en tirar ballestazos á los judas de paja, ni más ni
menos que como todavía lo hacen en algunas de nuestras poblaciones. Daniel abrió la puerta de su tenducho, como tenía de
costumbre, y con su eterna sonrisa eo ]03 labios comenzó á ealudar á los que pasaban, sin dejar por eso de golpear en el yun-

"LA VUELTA AL REDIL''
--

•

lit.-.

Desazonada y triste
no hallo ventura,
y cuanto más la pena
el aln:a abruma,
oigo los silbos
con que amante me llamas
al du Ice aprisco.
Mi corazón conmueven,
lucho un momento,
y tú, Pastor celoso,
silbas de nuevo.
Llegas triscando
de mi cerca, muy cerca,
y tiemblo y callo.
Tu voz á sonar vuelve
junto á mi oído;
no puedo más, venciste,
dulce amor mío,
al hijo ingrato
y en lágrimas deshecho

éorro á tus brazos.
¡Con cuánto amor me oprimes
contra tu pecho!
á tu redil me llevas
plá;:ido y tierno,
y me regalas
con el manjar más rico
de tu majada.
Y sacas las espinas
que me atormentan;
para limpiar el fango
¡ay! que me afea,
tu sangre ofreces
y quedo pura y blanca
como la nieve.
Para ceñir mí frente
tejes coronas
de nardos olorosos,
de gayas rosas,
y me sustenta
de tus panales ricos
la miel hiblea.
Me llevas en tus brazos
al prado alegre,
hasta lo más oculto
de tus vergeles,
en donde reina
siempe con sus encantos
la primavera.
Entre escondidas rosas
de amor emblema,
se abren las blancas, símbolo
de la pureza;

que con su martillo de hierro; pero las celosías del morisco ajimez de Sara no volvieron á abrirse, ni nadie vió más á la hermosa hebrea recostada en su alféizar de azulejos de colores ..... .

."¿j~~·~t¡~· q~~· ~lg~~~~ ·~fi~~ i~~p~·¿~ ·~~· ·p~~t¿~· i~;j~ ·~¡· ~~¡¿¡;¡~:
po una flor hasta entonces nunca vista, en la cual se veían figurados todos los atributos del misterio del Salvador; flor extraña
y misteriosa que había crecido y enredado sus tallos por entre los
ruinosos muros de la derruida iglesia.
Cavando en aquel lugar y tratando de inquirir el origen de
aquella maravilla, afí.aden que se halló el esqueleto de una mujer, y enterrados con ella otros tantos atributos divinos como la
flor tenía.
El cadáver, auuque nunca se pudo averiguar de quién era, se
conservó por largos afí.os con veneración especial en la ermita
de t,an Pedro el Verde, y la flor, que hoy se ha hecho bastante
común, se llama Rosa de Pasi6n.

préstale abrigo
á la violeta humilde
césped florido.
Amor firme y pureza
guardan tu huerto,
y humildad que es la llave
de oro de cielo.
¡ Cuán suav~s brisas
á mis miembros cansados
dan nueva vida!
La limpia y clara fuente
de tus bondades,
mi corazón fecunda,
cura mis males:
las puras linfas
con su frescura sacian
mi sed de dicha.
Cuando á tus pies echada
libre de penas
á tu ovejuela miras
de tí muy cerca,
¡con qué cariño
su ingratitud reprendes
su necio olvido!
Tu corazón le ofreces
lleno de fuego
de amor inextingible,
muy grande, intenso,
y le recuerdas
cuanto sufriste amante
sólo por ella .
Padre ¿por qué á mi pobre
frágil y malo
sino porque eres bueno
me quieres tanto?
y ¿por qué busco
devaneos efímeros
si me amas mucho?
No más ingratitud,
no más olvido,
¡cuánta paz, cuánta dicha
hay en tu aprisco!
Quiero por siempre
en él vivir, y nunca
nunca perderte.
La tempestad bravía
lejos retumba,
y lancen sus flamígeros
rayos las nubes!
los altos pinos
del viento á los embates
caigan destruídos.
Arrolle la corriente
la sementera;
las hojas y los frutos
de la arboleda

tumbe el granizo,
fuera de su hondo cauce
muja el río:
De rica presa ávidas
en sus cavernas
con espantosos gritos
rujan las fieras,
que yo entretanto
seguro y sin recelos
de tí me abrazo.
Siempre á tu lado, siempre
mi amor, mi vida;
cabe tus pies echada,
siempre h misma,
muy zalamera,
mirándose en tus ojos
tu fiel oveja.

P~?

.

RAFAEL CENICEROS y VILLARREAL.
~~~

CRISTO Y EL ALMA
- DIÁLOGO Y LF.TRILLA-

ALh\A.

Heridas tenéis, mi vida,
y duélennos.
¡Tuviéralas yo, y no Vos!
¿Quién os puso de esa suerte,
Mi Jesús enamorado?
CRISTO. ¡Ay, qué caro me ha costado,
alma, buscarte y quererte!
Mis heridas son de muerk,
aunque dadas por tu amor.
ALMA.
Heridas tenéis, mi vida,
y duélenhos.
iTuviéralas yo, y no Vos!
Fuera yo, Señor, la herida ,
si son de muerte las vuestras.
CRISTO. Pues que pesar de ellas muestras,
alma, llámalas de vida;
que no verás en mi herida
donde vida no te doy,
ALMA,
Heridas tenéis, mi vida,
y duélennos.
¡Tuviéralas yo, y no Vos!
¡Ay, cómo me han lastimado
las heridas que en Vos veo!
CRISTO. Para lo que yo deseo,
pocas son las que me han dado;
que no es buen enamorado
el que no muere de amor.
ALMA.
Heridas tenéis, mi vida,
y duélennos:
¡Tuviéralas yo, y no Vos!
DEL MAESTRO VALDIVIESO,

~

nparejado á su ta 1 ento, é hicieron tal impresión estas rxcla:~
ciones, que no dfljó de pen~ar en ellas el re~to de la tarde. Da an
las ¡.iete y el niño Fe durmió sobre las rodillas de su ~~~re...
1Ó
La siguiente mañana despertó alegre y apena~ se v1st1~.
En la bonita villa de Salzbourg, no lejos de. los hermo~os bo~- permiso á su madre para pasear con su hermantlii. Consrntlo la
Je Bohemia en una modesta casa, quiso la Prov1denc1a mudre y pronto se encontraron fuera. los dos hermanos.
¿~1:scar la cuna d~l que ha sido y seguirá siendo e~ maestro de
- ¿Te acuerdac;:
_
la música. Era una querida mis, de la
fría tarde del mes exclamación de
de diciembre, y la ayer tarde de papá?
familia Moza,rt se ¿Te acuerdas que
hallaba reunida en
rnspiraba por ~er
una pobre habita- tan pobre?
ción de la humilde
-Bien que me
casa mencionalda, acuerdo, pero ¿qué
cuyo mueblaje es· hacerle? Cuando
taha constituídopor seamos mayores yit
cuatro sillas mal ganaremos dinrro.
avenidas y una tem-No se puede es·
blona mesa.
perar; yo so~ y~ tr, n
-Yo tengo ham· alto como m1 pian" ,
bre, mamá, mucha y tú eresmuchomá,
hambre, -decía un alta que yo. Acomniño como de seis páñame, que &gt;·o
años, aproximán- quiero dar leccio dose A su madre.
nes; prflguntare~o,
-Toma ese peda- á todos los mñoR
zo de pan, hijo mío, que encontremos i,;i
-le respondi6 una quieren aprender
mujer de triste y música, ¿eh? ¡esto
miserable actitud; es muy bonito!
-no tengo hoy otra
-Bonita idea;
co•!I. que darte.
:tRt traeremos dine·
Y no era así, r,, ¡lllra comer.
pues depositó un
-Mira, ya viene
he~n i-nbre la frente por'9llí un chiquide la inocente cría· 110' voy á hablarle.
tnra.
- 'y poniéndosele
-Invoquemos al delante: ¿ Quierf'R
gran Nepomuceno, saber tocar el piano?
hijoRmÍOs,-añadi.ó le dijo.
su~pirando el ant1-Sí. dijo el in·
gno maestro de C,t- t .. rpelado; enseñapi lla ele Praga; nte en Feguida qué
que tnl vez pueda p, f'SO. ¿Hacen falta
1,~cer ¡ ea otra vez (Chilla~» para esto?
11,rjor vuestra cena.
-¡Cá, hombre!se
-Si este pan es sienta uno en un ta·
1111:y hueno :-dijo: burete muy alto,
Wo'fgrnng Mozart, delante d~ un ins·
i 11 terrumpién do] e: trumento que tiene
- · toma la mitad II n teclado, se po·
querida Federica.
nPn los dedos en
Devoraron los ni- él...... y se tocan
fi , ,s con gran apeti- unas cosas más boI o el para ellos sa ·
nilafi!
hr,1:;íúmo corrusco
- ¡Toma! pu es
\
y: apercibié~d~se el entonces esto debe
!.!!!!:!:::::==5::====:....----.;;;;.==;;;.;.-·-~- niño de las lagrimas Eer una cosa muy
La falda pantalón por el modbto
que
nublaban los difícil.
L:1 LIJa p:intalón por d moJblo
Bourniche.
ojos de sus padre?,
Bourniche.
-Sí, pero te d~ré
acercóse al instru- lecciones si tú qme·
á
mento que constituía toda su dicha, y deslizando sus dimindutos re.•, y tú me darás un poco de dinero cada vez, porque m1 pap
dedos de seis añoe por el teclado, bmcó consolar á su~ P~ rts. es mu v pobre.
d
_. Chiquillo! ¿dinero? Pues si apenas toI?o un~ mone a, voy
¡Pobres! Pronto se trocaron en alegría sus am~rgas 1, gnf~s,
pareciéndoles que era autor de aquellas melod1as un ange a- y cn~pro juguetes. Adiós, adiós ..Y se aleJÓ cor:ieodo.
Mozart y su hermana, poco satJE,fechos del pnmer encuentro,
jado del cielo.
..
iban á continuar su paseo.
Pero por dicha suya, el ángel era terreno, Y era su hi¡o. -¿Qué hacéis ahí, pequeños? oyer0n les pregu~taba dulc~Abrázame, hijo querido, gritaba el padre, i tú eres un gran comment~
una señora desde una ventana de casa sefional-¿No sois
positor! Dios, ¡qué pena ser tan pobres!
vosotros
los hijos de Mozart?
No teniendo Wolfgrang más que seis años, tenía un corazón

UNA PAGINA DE Li\ INFANCIA DE MOZART

,,

e:: "'-::::
~

---

--~

'

�JUAN DE LA BRETE
324

Parra.

las

Da.mas

queño. María Teresa y su nija Autonitta le colmaron &lt;le elugios
-Sí. señora, respondió con calma el niño.
-¡Cómo, chiquitín! ¿eres tú el que tocas tan bien el piano? y de caricias.
. .,
A los ocho años era Wolfgang en Versalles la adamac1on de
-Para servir á usted.
toda la ciudad· á los doce el autor de la ópera bufa c&lt;La Fi11ta
-Anda, ven, y toca aquí alguna cosa.
Wolfgang no se hizo de rogar. No le asustó lo más mínimo el Semplice,» á l~s catorce c;mponia «~ithridate,)) y dPsp1;1é::; de
mag~ífico piano de la dama, y tocó con tantísimo gusto y ex- recorrer triunfalmente Suiza Alemarna, Inglntnra é Italia, fué
pre~1ón, que no pudiendo la señora contener su admiración á París en donde perdió á s~ madre. Volvió á Viena, yde~pués
.,
'
'
de una vida la boriognto:
rifiiiilii~r.iiiº~P==;~:;:::==57-:;;~¡:r.¡¡.¡¿::=;r
sí,ima murió á los
-¡Niño encantatrei11ta y St&gt;is años,
lur! ...... ¡Qué fdiz
[ vuestro padre teapenas acabado su
célebre ccRequiem,J&gt;
niéndoos por hijo!
que ~e estrenó en
-¡Oh, señora!
rns funerales. Ma'l
¡cuán al contrario
perdurará su me·
es! mi pa&lt;lre es muy
moría mientrassean
desgraciado y llora
sus obras: «LucíaSi·
cm frecuencia, solla,» ccLe Songe de
bre todo cuando le
Scipion, J) cddomédecimos que tene·
nee, J) ccLes Noces
mos hambre.
de Fígaro,) y cien
Estas palabr11s
composiciones más
arrasaron de lágrilas que bagan de
mas los ojos de la
Mozart el genio indama, y de~pués &lt;le
mortal del di vino
abrazar al niño, le
arte.
dió una bolsita llena de brillantes moneda~ de oro, diEN HONOR DE LA VIRGEN
ciéndole: Toma ,
DE LOUROES.
joven ccvirtuoso!n
cuando seas mayor
Por decreto Urbu
te acordarás del pa·
et
orbis del Sumo
lacio de Salzbourg.
Pontífice
Pío X
Aldrmadoa los pa(G. D. F.) fecha 13
dre; por la prolonde noviero bre de. ...
gada ausencia de los
1907, Qispuso Su
niños, salieron en
~antidad,
accediensu busca, sin que
En c11sci de los graneles mocl·i~tos parisienses. Uno de los salune~ de venta de la casa Br:mdt,
do
gur,toso
á las sú·
tuviesen mucho
de la calle de la Paz.
plicas de muchos
que andar, pues saCarilenale3 y Obispos de tonas las religiones del mundo, que la
ltóles al encuentro su querido hijo que les gritaba:
-Papá, querida mamá, ¡mira qué hermosa bol::a! y está lle- fiesta de la Aparición de la Bienaventur¡¡da Virgen Ma1ía, vulgo
&lt;I~ Lourdes, concedida por el Papa Leóñ XIII, !í. varias igle,ias
na, casi llena.
y comunidades religiosas, sea celebrada en todo el orbe católico
Y los niños contaron al unísono lo que les babfa sucedido.
c11n Oficio y Misa propios y rito doble mayor del día 11 de febrero
Poco tiempo después se celebraba un gran concierto t'll los rltl cad laño, á partir de 1909, ei.guiente al quincuagf,11110 ani·
salones de la emperatriz, en Viena, y allí fué presentado el pe- ver:1ario de tan memorable Aparición.

Ultimas toilettes de Redfern.

MI PARROCO Y MI TIO
Novela premiada por la Academia Francesa
Trauucción autorizada, hecha sobre 11:1 166~ edición, por Juan Mateo~. Presbítero, Ilustraciones
de f-l, Vulliemin. Con licencitt,
(CONTINUA )

en una sociedad de que tan alejada había vivido poco antes, me
veía va.l~a11do con Pablo de Conpr1t. Aquello era la realización
de mi~ acariciados f'nsueños y el mejor desquite que podía tomar dtl los malos ratos pasados en el Buissón.
Emb,iagada de alegría y desvanecida con los elogios que oía
sonará mi alrededor, dije todas las impertinencias imagi1 ablei;
y no i111nginable~; pero fui el ídolo de todos los hombres y la
desespernción de todas las mujere~.
El cotillón acabó de enloquecerme, y cuando mi tío, que lo
ob,ervaba torlo de3de su asiento con el aspecto resignado de un
mártir, nos hizo st ñas de que era hora de partir, exclamé en v0z
alta que se oyó de un extremo á otro del salón:
-¡De aquí no saldré sino por la fuerza de las bayonetas!
Pero no hubo más remedio que prescindir de la intervención
armada y seguirá Juno que, hermosa y digna como siempre,
obedeció sin demora á su padre, á pesar de mis recriminaciones
y protestas.
De vuelta ya en mi habitación, me desnudé con gran calma;
¡Jero cuando estuve en traje de noche y á punto de acostarme,
i;e apoderó de mí una comezón irresistible. Tomé tl almohadón
y me puse á valear con él, cantando á todo pulmón.
Blanca, que tenía su cuarto cerca del mío, entr6 con aire de
sobres::tlto.
-¿Qué haces, Reina?
= Ya lo ves, valear.
-Pero mujer, ¡por Dio~! ¿Eetás en tu juicio?
-Si el género humano lo tuviera, no haría otra coEa que val·
sar día y noche.
-Oye, oye, criatura, que hace frío y vas á coger una pulmo
nía. Haz el favor de acostarte.
Arrojé con fuerza el almohadóu á un ángulo de la pieza y me
rleslicé entre las sábanas. Blanca se sentó á los ries de mi cama
XII
1
é improvisó una perorata, intentando probarme que la calmll,
Aseguro, con toda formalidad, que en en todos los actos de la vida, es una gran cualidad; que cada
el primer baile no ejercité, poco ni mu- cosa debe hacerse en su tiempo y lugar, y que, al fin, un al·
cho, mi espíritu de observación. De este moha.dón no le parecía muy agradable pareja de baile .....
-Conformes respecto de este último punto,-la dije interrumsarao no conservo otro recuerdo que el
de haberme divertido en grande y el de piéndola vivamente.-Prefiero los de carne y hueso.
En estos dimes y diretes me quedé dormida y no despené
haber dicho una sarta de despropósitos
que me costaron al día siguiente una bue- hasta las tres &lt;le la tarde.
Cuando estuve vestida el señor de Pavo\ me rogó que pasara
na 1:eermonata.
De cuando en cuando Juno me daba golpecitos en el brazo á su despacho. Obedecí al instante, pensando que el c.::rebro de
con su abanico y me soplaba al oído que me estab~ haciendo mi tío habría incubado un buen sermón. De la austera gravedad
ridícula· pero se afanaba inútilmente en azotar el viento, y yo con que me recibió, colegí que mis conjeturas nan fundadas; y,
St&gt;guía ha.ilando Pn brazos de mi pareja sin pensar en otra co,a como siempre n.e ha guslado estar con comodidad, tanto durnnte los sermones como en otras circunstanciae de la vid1t.
que en lucir mis habilidades coreográfic~s.
.
A Vf'Cf'S el caballero que bailaba conmigo creía del caso mter- 11rrastré una but:ica. y me tendí en ella á mi fabor; luego eruté
las !llanos eobre Ja., rodillas y cené los ojos, quedando en un11
calar 1111 rato de conversación.
¡ o~tura de profundo recogimiento.
-¿Hace mucho tiempo que reside usted aquí, señorita?
Tramcurriendo algunos eegundos, y no oyendo nada al cabo
-No, señor; unas i:eis semanas.
- ¿DóndP. vivía usted antes de venir al Pavol?
de elloi;:, dije:
-¿Qué, no comienza usted, tío?
- li;11 el Bui~són, deFdichada casa de campo, en la que mP.
acompañaba una tía horrible, que gracias á Dios se fué al otro
-Sírvase u¡.tt-d, Rtiua, enderezarse en su asiento, dej:u.do ern
mundo.
postura tan irref:petuosa.
-Con to&lt;lo ern, rn apellido de usted es ilustre, st·ñorita; la
- Pero tío-dije abriendo los ojos asombrarla - nunca tuve
hi,toria habla de un caballero de Lavalle que se di~tingui6 en intención de faltarle á usted al respeto: ei me he colocado deei:e
Mont Saint-Michel á p1incipios del siglo XV.
modo ha sido para oírle mejor.
-¿,Dri verai-? Y ¿qué hacía allí e~e caballero?
-¿Se ha propuesto usted hacerme perder e! juicio?
- Dtfender aquella posición, combatida por los ingleses.
- Es muy pmible, tío- re¡,use tranquilamente;- mi párroco
-F.11 vez de bailar? ¡Qué gran badulaque!
me dijo mu chas vtcces que iba á matarle á di~gustoi;i.
-¿E, PSa la estimación que concede mted á sus antepasados
-¡Está usted muy equi~ocada, .si cr~e que tengo ganas de
y al heroí,mo, señorita?
darme al diablo por una chicuela sm enanza e&lt; mo usted!
- -¡ Mis antepaeados! No me acuei:do de ellos nunca. Y en
-¡Oh! No lo quin·a DiM. Espero no tener ti ~entimiento de
('Uantn el he1oí~mo le tengo verdadera inquina.
verle á usted en poder de Belctbú, á pesar de las simpatías que
- ¿Qu é le ha hecho á usttd ese pobre heroísmo?
semejante pers~naje pueda ~erecerle. De veras me dolería per-Según parece, los romanos eran gente boroica y yo detesto der un tío á quien tanto quiero.
á los romanos. Pero valrnmos en vez de charlar.
- ¡Hum !...... ¡No fuera malo! Y bien, ¿puedes decirme ahora
Y al punto obligaba á mi interlocutor á bailar sin deécanso por qué después de mis lecciones y consejos te portaste anoche
basta echar los bofes.
'
·
de un modo tan indecoroso?
~i felicidad tocaba á su apogeo, cuando en aquel salón i~un·
- Puntualice usted las acusacionee, tío.
dado de luz, rodeada de tantas mujeres elegantemente vestidas,

En re~olución. mitín, que no había seguido uinguna carrera,
que no tenía el título de médico, de abogado, ni de ingrnitro;
que no habfa s:clo militar, ni diplomático, ni siquiera mi11i.·tro,
desempeñaha, Fin tmbargo, su papel en la vida conservancl11 las
tradiciones ~annP, resp, tando lo que es respetable, no dejándose
dominar por las divagaciones de la época y valiéndose de FU in·
fluencia para dirigirá sus conocidos hacia lo que es bueno y justo. Para 0Pncluir, mi tío era hombre de entendimiento, h&lt;&gt;mbre
dP. coraz6n, hombre honrado á carta cabal. Yo le amaba entrañablemente, y si no hubiera hablado nunca de política, le hubiera creído intachable. En la vida privada, era sencillo y bondadoso; adoraba á su hija, y á mí me cobró en breve, rnutho
cariño.
-¡ Qué espanto~a calamidad son los dichosoR ~istemas ele gobierno!-decía yo al rnñor de Conprat. -Si hemos de vivir en
paz, nece~itumos proscribir dos cosas: el piano y la política.
- A buen ~eguro re3pondió Pablo riéndose.
-¡Ah!. ... ¿Con que tampoco á usted le gusta el piano? Pues
bien contento parece e,tar oyendo á Blanca.
-E~ que mi prima tiene \·erdadero talento a1tístico.
Esta f'XplicaciGn me causó la sensación enervante y molesta
que produc:i el zumbido de los mosquitos, cuanJo una Be dispo1,e á dor.uir; no quita el sueño, pero intranq1iiliza. Evidente·
mt&gt;nte lanzón alegada era poco satiEfactoria vara mí, que aborrecía Pl pianu. ¡Mczart ó Beetboven eran un par de prójimos
que podrían ufanarse de haber aburrido al linaje humano!
Y a~í llegamos á fines de septiembre.
El señor de Pavol, con el semblante fúnebre del hombre que se encamina al
patíbulo, se preparó á presentarnos en
los saraos anunciados por Conprat.

�326

NOVEl.tA

-El arnnto sería largo ele contar, porque no hiciste co!!a á
deree;~as ..... parecías un caballo salvajP. Entre otros des11tinos
com~t1ste el d~ llamará. Pablo de Conprat por su nombre de pi·
la, sin tratamiento de ninguna claEe. Preri~amente estabas cerca
de mí y pude observar la extrañeza del interesado á vista de
semejante modo de proceder.
-Le creo muy capaz de cometer esa tontería. Ahora recuerdo que se quedó hecho un ganso.
- Yo no lo soy, Reina, y te aseguro que tu conducta no era
correcta.
- Pero, señor, ¿no es primo nue~tro y no le estamos viendo
todos los días? Blanca y yo le llamamos Eiempre Pablo en nuestras conversaciones y cuando hablamos con él.
. -:·En casa, ~l tratarle en confianza, no lo vitupera; mas es
distinto en sociedad, donde no todos tienen la obligación de conocer el parentesco y relaciones de cada uno.
¿De modo que una cosa es el trato en casa y otro en sociedad?
-Yo me canso de repetirte que sí sobrina.
-¡Eso es hipocre3ía; ni más ni menos!
-:Pue3 te ruego encarecidamente que seas hipócrita en ern
sentido. Además creo que has dicho á cinco 6 seis jóvenes que
te gustaban mucho.
-¡Claro que si! Porque era verdad ... ¡Tan simpáticos tan
corteses, tan finos! Y luego, me había embrollado en mi¡ pro·
mesas y recelaba haberlos desairado.
. - A quien e3t6s desairando no poco es á mí, Reina. Cerca de
~iete semanas ll~~amo~ Blanca y yo procur~ndo inculcarte que
la buena educamon exige moderar la expresión de los sentimientos; y con todo esto, tú no pierdes ocasión de hacer ó de decir
despropósitos. Tienes ingenio, donaire, y por desaracia
para
0
mí una cara demasia.do bonita, y..
--¡ Enhorabuena!-interrumpí.-Así es como me gustan los
sermone8.
-· -No me interrumpas, Reina, hablo con toda formalidad.
- Vamos, tío, razonemos ufi poco. La primera vez que usted
me vió, se dejó decir: ((Eres una criatura prel'iosa »
-Y ¿á qué viene eso, sobriIJa?
:-A que no siempre se pue len reprimir los primeros movim1ent0s.
- Es posible, pero hRy qu e procurarlo; y, sobre todo, debes
atenerte á mis canse·
j•lS, A pesar de tus pocos años y reducida estatura, tienes todo el
aspecto de una mujer;
conviene, pues, que
aprendas á tener dignidad.
-¡Dignidad!-dije
yo a!:jombrJda. - Y
¿para qué?
-¿Cómo que para
qué?
-No lo comprendo,
tío. Ahí tiene usted el
gobierno quP, según
uRted se ríe de la dig ·
nidad.
- ¡ Qué tiene que ver
ahora aquí el gobier·
no?
--Pero usted sostiene que nuestros gobernantes pasan el tiempo jugando á la raqueta, ocupación no muy
respetable quA digamos. ¿Por 'lué á las
muchachas de mi edad
. .
ha de exigír.;elas lo que
le" falta á los ministros y senadore~? A mi tío le cayó en gracia
la comparación y se echó á reír.
-No hay manera de habéreelas con este diablejo que se escurre de entre lo.s dedo~ como una anguila. En fin , lo que te
aseguro .~s que, s1 no quieres escucharme, no volverás á ningu .
na reumon.
-¡Oh tío! Si cometiera usted semejante crueldad merecería
usted los tormentos inquisitoriales.
'
-Pero, como no hay inquisición, yo me quedaré sin h s tor-

mantos y tú tendrás que obedecerme; dalo por seguro. No pue·
do consentir que mi sobrina adquiera costumbres y maneras que,
tal vez tolerables á su edad, más adelante la bagan pasar por ...
¡hum!
-¿Por qué tío?
Al señor de Pavol le E.obrevino un violento golpe d(l tos.
¡Hum! Por una ... mujer criada en los bosques, ó cosa parecida.
-No iría muy descaminado tal modo de ver, porque la campiña donde he vivido hasta hace poco y los bosques, se parecen
ba1:,tante.
-Para concluir, sobrina, convéncete de que hablo seriamente. Puedes retirarte á meditar sobre lo que acabo de decirte.
Por esta conclusión comprendí que era necesario nJ echar á
broma la anterior reprimenda. Encerréme en mi cuarto y estuve de murria veinticinco minutos y medio, sintiendo germinar
en mi corazón el deseo laudable de trabar relaciones con la formalidad.

COMO PIENSAN ,''ELLAS"

ANECDOTAS Y CURIOSIDADES.

PREGUNTA

RECETA PARA ENFLAQUECER

¿Qué virtud preferiría usted que poseyera
el hombre que es su esposo ó el qile usted deseara que lo fuese?
MAS RESPUESTAS

XIII
No tar lé en persuadirme de que los proverbios encierran su
c?rrespoudiente fondo de verdad. «Quere~ es poder» me dije, y
vi que un poco de buena voluntad podria poner por obra lo,¡
consejos de mi tío. No quiero decir con Esto que no volviera á
cometer más chiquilladas. ¡Oh! No, por desgracia se repitieron
todavía con frecuencia, pero conseguí dominar mis irreflexivos
impulsos y entrar en posesión de una rai onable calma.
Fuera de eso, si mi tío me habla reñido, era, según sus mismas palabra!!, en P!evisión de lo ~orvenir; porque de presto, me
hallaba en un ambiente en que mis actos y palabras eran juzgados con la mayor indulgencia. Ambiente empapado de amenidad, de buena crianza, de corteses agaeajos, en el que, sin género alguno de duda, tenía de mi parte á numerosos parientes y
allegados.
Gracias á mi nombre, á mi belleza, á mi dote se me perdo.
naron muchas d~]as f~ltas cometidas contra el' decoro y bien
parecer. Era la nma m1mada,de las señoras viudas de calidad
'lile hallaban gusto en referir anécdoctas de mis abuelos biea'.
huelas y de ciertos ascendientes, cuyos hechos y mane;as de ·
bierr.n de ser harto ilustres, cuando aquellas venerables matro·
n:is hablaban de ell?s con tanto encomio. Entonces averigüe
con ~ran r.omplacen~1a que l.os antepasados sirven á veces para
cubrir con su polvonenta egida los atrevimientos y caprichos de
su~ jóve1:1es d~scendientes, s~l~da~ del fondo de los bosquf&gt;s.
También disfrutaba de la ilimitada estimación de los maridos
ª1:1 perspectiva, que efi mis bellos ojos veían brillar una dote
b10n sanead~¡ y no era menor el aprecio que merecía á los jóvenes lechugumos de nuestras tertulias víctimas á veces-lo con·
~e30 aquí muy ha.jito-de, mis coqu;terfos y maligna afición á
J11g11 r con los corazones y a trastornar las cabezas.
¿Oh, coquetería! 1Cuántos perversos y deliciosos secretos guard~s en cada letra de tu nombre!
( Continuará).

.i*·~·*·~·~·~·~·~·~·~·©•*•*·~·
5 DE M1\YE, !

Desearía que el hombre que fuera mi
esporn, poseyera ante todo un alto concepto del honor, de ese honor que da valor al
hombre para que, sin duda ni vacilaciones sepa sacrificar todo cuanto posee, riquezas, felicirlad, y basta la vida si necesario fuese, con tal de que éste brille siempre sin mácula alguna.
Y le doy preferencia á esta cualidad,
por que fácilmente se comprende que el
hombre que en tan alto grado posee el
sentimiento del honor, ha de tener también otras cualidades indispensables para
la virdadera felicidad del matrimonio.
Ha de tener también como complemento de todas estas cualidades1 una gran inteligencia, sin la cual no he podido nunca imaginarme al hombre que me esté destinado para esposo.
Ahora bien, creo que la mujer que tenga la dicha de encontrar reunidas en el
sér á quien ama y del cual ee amada, las
cualidades por mí deseadas, puede comi·
derarse verdaderamente afortunada, porque aquél que las posea ha de ser sin duda alguna un esposo digno de ser amado.
Lucie Grevilk.
¿La virtud que preferiría en mi futuro
esposo? Un noble y valiente corazón, y
que me quiera muchísimo, tanto como yo
á él, con profundo y eterno amor.
Pues no existen defectos en el objeto
amado.
Cosetle.

~

*++*
+

*
*

•
•

.t:.t
~

!

~
+
~

•

W,

+
~ .
+

-

(o)-

*

Con motivo de las GRANDES Y SUNTUOSAS fiestas
q~_e han de celeb_rarse en toda la República en conmemorac1.on d~ esta g!o_r10sa fecha, una de las más brillantes de la
historia de Mtmco,

••

Los Ferrocarriles Nacionales de México

:

han au torizado un~ . VENTA ESPEC IAL DE BOLETOS DE
EXCURSION para viaJe redondo, en primera. y segunda clase, entre todos .los puntos q~e abarcan sus líneas, á piecios
sumam~nte ba¡os, estando a la venta del 3 al 5 de Mayo
C')n limite final hasta el 7 del mismo mes.
'
2
Viaje redondo desde
Guadalajara. · · · ·· · .$ 5 oo
Puebla . . .. . . .. . s.50
San Luis Potosí... 2o.55
la CIUDAD DE MEXICO a Aguascalientes.... 2 3.95
N·Veracruz . .. .
19 20
1nos entre 3 y 7 años, medio pasaje.
·

,

Precios en proporoión para les demás puntos.
Para mayores informes y precios de pasaje, ocúrrase á la
Ofici na de B,oletos de los F &amp;~ROCARRILE~ NACJONALESD! MEx1co, 2~ Bolivar, núm. 19.

~
~

+
~
+
~
+
ft
+

~

~
+
~
+
o
+
o

++@+o+@•~•*•*•*•*•~•o•~•*•i•
w)

Quisiera para esporn un hombre que no
sea viejo¡ solo quisiera poseyera es~a bella cualidad: el que me quisiera muchísimo como yo le querré á él ; siendo así no
me importan los demás defectos, porque
el amor es lo más grande de! mundo.
Rosa.
Deseo para esposo un hombre honrado,
noble y generoso; no me importa su aspecto físico; sólo tomaré en cuenta el concepto moral que de él se tenga formado,
según su conducta y procedimientos ; pues
seria para mi motivo de pesadumbre que
al ir en su compafifa hubiere quien con
justicia pudiera señalarlo con el dedo por
haber cometido actos impropios de personas cultas y educadas.
Si hay algo digno de admiración en el
hombre es la honradez, la generosidad y
la nobleza.
América Talbot.

-No sé si conocéis á doña Ceroma la
co~ercianta de vinos de la calle de ......
(Ahora, como hemos adelantado tanto, los
que se dedican á este honroso comercio,
ya no se llaman taberneros.) Como digo
de mi cuento, creo que la debéis conocer,
porque es una especie de cuba de dos mil
arrobas, que suele arrastrarse por las calles con unas magníficas cocas, en lo que
debía ser cabeza, y unas botas de punta
de charol en lo que antes fué piés. Claro es que no gasta miriñaque.
Yo la conozco y la quiero mucho, porque habiéndome propinado los médicos el
que viajase para perder carnes, me encontré con ella en el interior de la diligencia,
y le debo el haberme quedado como un
espadín. Estaban á nuestra disposición los
seis asientos; ella principió por ocupar
cinco. ¡Dios mío! qué mole aquella. A
11oco rato se fué ensanchando; yo conoci
que me faltaba el terreno, la diligencia
se iba llenando, llenando, llenando, yo estaba pegado á la pared, á guisa de un cuadro de medio relieve; iba poco á poco perdiendo mis formas y convirtiéndome en
tortilla de lego franciscano, ¡Qué situación
aquella! Principié á no ver, después á no
oír: me faltó la respiración y perdí el sentido. Cuando ee concluyó el viaje, me buscaron con una luz en un ángulo del coche,
me sacaron desmayado en una bandeja y
me llevaron á la cama.
Mi curación era completa; al salir de
Madrid pesaba yo nueve arrobas. Al concluir el viaje ..... una cuartilla. Es verdad
que no estaba completa.

***

COMO PIENSAN "ELLOS'
PREGUNTA

Qué virtud preferiría usted que poseyera la
mujer que es su esposa ó la que usted deseara
que lo ji¿ese?
MAS RESPUESTAS

Allá va: desearía, en primer término,
una mujer amante de su esposo hasta el
heroísmo; después, como complemento
que fuera hermosa, inteligente, fina, deli~
cada, cuidadosa del hogar y que pusiese
por encima de todas las cosas el amor y
la felicidad á su esposo. He dicho también que la preferiría hermosa, como es
natural; pero en este particular, antes que
la belleza física, preferiría la belleza espiritual, la belleza del alma.
Cuando tenga la dicha de encontrar la
que reuna todas esaR virtudes, me rendiré fervorosamente á sus piée. Mientras esto no suceda permaneceré soltero.
A. G.

La mujer que haya de ser mi compañera de toda la vida-si no se establece el
divorcio antes--deberá poseer estas cualidades: ante todo, la de que tenga bien
arraigado el concepto de su deber esto es
. d per5onificada 1 que sea'
que sea 1a vutu
lo bastante inteligente p,ara co~prenderme; que .sea buena, delicada de trato culta é ilustrada para que pueda inspir~rme
ideas elevadas, y que aunque no sea un
prototipo de belleza pueda uno ir á su lado orgulloso, relativamente, á la vista del
mundo.
Bel D. A.

¿Qué virtudes prefiero en la mujer?
Helas aquí:
Primero. - Honradez.
Segundo.-Instrucción.
Tercero.-Amor al hogar.
Cuarto. - Que sepa ó conozca los trabajos domésticos.
Quinto. - Que tenga cariño y respeto á
su esposo.
Sexlo.-Que no tenga muchas amistades ni que le guste el baile.
¿Pido mucho?
Javier L. Egorza.

Acostumbraba á exagerar de una manera tan extraordinaria un estudiante andaluz, que sus compañeros viéndolo expuesto á perder su reputación, convinieron
con él en pisarle el pie cuando lo vieran
dispuesto á disparatar.
Un día, en que por acaso se hablaba entre varios compañeros de la suntuosidad
de los templos de España, tocó la palabra á nuestro joven andaluz, que ponderando la ostentación de la catedral de Sevilla, dijo:
Es mi ideal que la que ha de ser mi es-Señores es tan notable, que sólo de posa, además de estar en relación con mi
anchura tiene trescientad mil varas caste- edad, tuviese el verdadero temor de Dios.
llanas.
Creo que unido con una compañera así
- ¿Y su longitud? ¿y su longitud? ex· podríamos los dos cumplir debidamente
clamaron en coro todos los oyentell.
nuestra misión.-Julio Piqué.
En aquel momento, sintió la brusca
presiófi del pie de su compañero; J proPara mi esposa deseo una mujer instruicurando enmendarse, continuó:
da,
amante del hogar y capaz de haeer con
-Su longitud es de tres varas y media
su
presencia
en mi mansión. mi felicidad ·
escasas.
Corrido por las riEas de los circunstan- ella me ayudaría de este modo á hacerla l~
más feliz de las mujeres y sabríamos hacer
te1,11 decía en voz baja á su compañero:
de
nuestros hijos unos nuevos ideales.
- ¡Caramba! A ti te debe el no ser cuadrada.
C. A.

�l ..J NA.

.IN G

ENIOSA.

ESTRAT A G

Elv.l. A
¡........;;;..

2. La i,c17.vra de Rodríguez Me ha ocurrido una magnHlca idea;
oreo que la estratagema me ba de resultar. Brfgido, mi sombrero
yml abrjgo.

1. La sefio,·a ele llod1·íf{uez. Seguramente que maiiana qne le traigan á Ricardo mi mari o, la euenta de ochenta pesos de mi nuevo
sombrero se va á enojar . iQuó hacer1

'1. Lct sc;¡o,·ade Rodríu,w:: ( tres hora~ despuéR) . .Ahora veamos: ya
habló con el sastre, con el zapatero, con el s ombrerero, voy ahora
á donñe compra s ns cigarros y toma s us copas, ,te esta manera recibirá maüana todaP. sus cuentas.

3. 1En ca•a del sastl'e). Seiior Martfnez; ~egiÍn enüendo, mi marido
tiene pendiente de pago una cuenta &lt;&gt;on nstecl por la ropa que se
b •zo pnra I as flestRs del Centenario ¡ Puede u s ted wandarle la cuen·
ta maiiaua 1rnr la maíiaua1

ó, Et se,101· Rodríguez, (en la mesa; Muc·ba J1a s ido la corre~¡,ondenolacle hoy.
La se17.orct &lt;le Rod1·íu11ez. 'i :'uos te ayudaré; roy á abrir las cartas y
tú las vas leyendo .

G. El .~c,101· Rod1·íg11e::, ( después ele leer la primera) jC6mo es esto!
( Has gastado ocbeuta pesos en un s omtirero1 1.EnojáncloseJ María,
e~to es dc~pilf•rrar el ctinero; tus FXtravaganclas va n á arruinarm e. No pair;aró esto, ¿sa be•1-L&lt;tse,101·a lle Rodrfgue::, (sin hacer ca~OJ. De eso h~blaremos despuée; lée primero las otras cartas.

8 Lit seíi01·a de Roclrfgue::. (Sorprendida). Dios santo! .Aquí tienes
una cuenta ele! cantiue, o,-leyendo-"Por eopas y cigarros para el
seiior ROdrfguez y sus amigo!!, en el presente mes $116.5(1.'' Y aquí
otra del wismo por $i0.00 de saldo del mes pasado, y aquí otra .... !

9. l!Jt sefio1· R&lt;&gt;&lt;l1·íu11e::. Ob, (]Uerida, no te s igas calentando tu linda
cabecita Cfln estas cot111s de dinero; yo lo arreglaró en m1 despecho,
cte,pués • .A.qui tienes los $80 00 para pagar tu sombrero; y mle11tra.s
voy á revisar estas cuentas, puedes arreglarte para que te lleve á
Arben á verá Balaguer

ID

7. La seií.ora de Rodríuue::. Mira, pr cisam~ote aquí está una cuenta.
de tusa• tre por $250.00, otra del zapatero por $46 00 y otra más de
$30.00 por tres sombreros que te compraste para. las tiesta.e del Cente:.1arlo.
-

.................. l

\
~
;•

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="20">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="2949">
                <text>El Tiempo ilustrado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3358">
                <text>Semanario ilustrado de literatura, historia, bellas artes y variedades. Dedicado a informar las noticias más relevantes de México y el mundo, además era escaparate de todo tipo de comercios, banca e industria pues en él se anunciaban sus servicios.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83948">
            <text>El Tiempo Ilustrado</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83950">
            <text>1911</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="53">
        <name>Año</name>
        <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83951">
            <text>11</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83952">
            <text>18</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83953">
            <text> Abril</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83954">
            <text>30</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83968">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752901&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83949">
              <text>El Tiempo Ilustrado,  1911. Año 11. No. 18. Abril</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="89">
          <name>Accrual Periodicity</name>
          <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83955">
              <text>Semanal</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83956">
              <text>Agüeros, Victoriano, 1854-1911</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83957">
              <text>Publicaciones periódicas</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="83958">
              <text>México</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="83959">
              <text>Literatura mexicana</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83960">
              <text>Semanario ilustrado de literatura, historia, bellas artes y variedades. Dedicado a informar las noticias más relevantes de México y el mundo, además era escaparate de todo tipo de comercios, banca e industria pues en él se anunciaban sus servicios.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83961">
              <text>Talleres Tipográficos de El Tiempo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83962">
              <text>1911-04-30</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83963">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83964">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83965">
              <text>2000200391</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83966">
              <text>Fondo Hemeroteca</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83967">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="38">
          <name>Coverage</name>
          <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83969">
              <text>México)</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83970">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83971">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="11000">
      <name>Debates en el Congreso</name>
    </tag>
    <tag tagId="11001">
      <name>La rosa de pasión</name>
    </tag>
    <tag tagId="11002">
      <name>Mi Barroco y mi tío</name>
    </tag>
    <tag tagId="3071">
      <name>Poesía</name>
    </tag>
    <tag tagId="10995">
      <name>Revolución mexicana</name>
    </tag>
    <tag tagId="98">
      <name>Teatro</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
