<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="3208" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/3208?output=omeka-xml" accessDate="2026-06-10T17:50:33-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="1637">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/20/3208/El_Tiempo_ilustrado._1911._Vol._11_No._19._Mayo._2000200375ocr.pdf</src>
      <authentication>a7884a020f873ceaa4a0805bac381f21</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="115456">
                  <text>A~o XI.

MÉXICO, DOMINGO

---------================-==========

7 DE

MAYO DE

1911.

NuM. 19,

.,

SENORI'rA CARMEN CATALA,
APLAUDIDA

DA.MA JOVEN

DE

LA COMPAÑIA BALAGUER.

�•\

DE llA ~EVOllUCION.
¡.
;

PAISAJES HECHOS EN CASA

Este mes debería ser llamado el mes de la inocencia. Sí: es el
mes en que los puros corazones de las niñas van al templo á
rendir sus homenajes á la más hermosa de las criaturas, la Virgen María, que es el modelo de la pmeza.
Las inocentes niñas llevan en sus manos florei:, que arroban
con su perfume. Ellas, educadas por sus madres, saben aunque
sea en e~a edad, casi inconsciente que no ha habirlo una mujer
igual á María Santísima.
Ella ea modelo de madre~, de esposas y de bijas.
Aun escritores liberales, como Gutiérrez Nájera, que por cierto se reconcilió al fin de su vida con Dios, mucho antes decía
hablando de las niñas que iban con sus albo$ trajes á inclinarse
ante la Reina de las Reinas:
"¡Palomitas blancas no sois mías!,,
Quería indudablemente decir que envidiaba f'U inocencia.
¡Ah, sí! La inocencia es la más bdla de las flores y his flores
sí111bolo de la inocencia se llevan hoy á los templo.; de la capital, porque todavía contamos con campos no arrasados.
Pero, figuraos lo que puede pasar en algunos pueblo~ á donde
ha avanzado la insurrección.
Ahí el pobre cura ya 1:0 tiene ni siquiera sus emolumentos.
¿Cómo puede conseguir el gasto para el adorno del alta,? ¿Cómo
puede arreglar siquiera un «Mes de l\Iaríai, humilde, si «ya no
hay frutoei, ya no hay fiorPs ..... .i,
¡ La revolución es verdaderamente e~pantosa!
Este mes, tan hermoso en que los rnmpos podrían estar Fembrados; en que el arado podría abrir surcos fructíferos es un
mes de tristeza para nuestra república.
¿Qué flores simbólicas, podemos ofrecer á la Reina de los Cielo~, i.;i lo estamos palpando, lo estamos viendo, que ei,as flores
simbólicas quizá no pueden nacer ni crecer, en medio del humo de la pólvora?
¡Ah! Contamos con flores más preciosas. Esas flores son la
oración, la acción y el eacrificio.
Llevémoslo sí; la oración tiene perfumes indefinibles: la acción es una flor que parece no tener perfume, pero que Ee expande por todas partes; el sacrificio ... .. ¡ah! es la flor que á poco da el permufe; á algunes basta les hiede.
¡Deµositemos estas flores á los pies de la Virgen María.
Que nuestra sociedad Ee encuentra triste, á nadie cabe duda
de ello.

***

En otras épocas el ,::, de Mayo, si no fastuoso, como en los
días 15 y 16 de septiembre, se hacfa una fiestecita por lo menos
pasadera.
Pero hoy ¿cómo podría arreglarse eso? Nuestros soldados en
batalli,; los insurrectos reclamando sus derechos, según dicen.
Así e3 que por lo mismo la fiesta del 5 de Mayo tuvo que ser
desairada.
Estando, como estamos en esta situación, ¿podremos tener
motivos para estar contentos?

***

Celebróse el día 3 la fiesta de la invención de la Santa Cruz.
Esta fiesta en la parte sagrada se celebró como siempre, conforme al ritual en todos los templos de la ciudad. En la parte
semi-profana también se celebró, como de costumbre.
Desde tiempo inmemorial los albañiles colocan en la par~e
más elevada de las obras en construcción una cruz. Esa cruz es
una oración muda, mejor dicho una invocación por medio de
una enseña santa. ¡Cuántos de esos trabajadores temen y con
razón el que á ciertas alturas, con andamios mal fijados, 6 por
cualquier circunstancias puedan caer y perder la vida en el pa~m~~l
·
Por eeo el día de la fiesta dejan sus labores como un descanso, para dar gracias, aunque á su manera, por no haber perecido víctimas dE&gt;l trabajo. Los cohetes hienden los aires, las cruces son enfloradas y en los semblantes de aquellos trabajadores
se retrata una indefinible alegría.
Es ciei:to que ya hemos perdido mucho de nuestras -antiguas
tradiciones y costumbres típicas; pero ésta todavía se conserva ,
aunque no con el antiguo entusiasmo.
Nuestro pueblo va perdiendo la fe, por las doctrinas disolventes, que por todas partes se propagan y, aunque todavía por
fortuna no ha llegado á perderla por completo, mucho se ha
amortiguado.

•

Antes la mayoría del gremio de albañiles, en. el día de la ~a_nta Cruz se cotizaban para celebrar una esplendida fiesta rehg10sa. Hoy, es cierto que tienen todavía devo?ión al s~gra?o madero; pero la principal parte de}ª fiesta consiste en hbac10nes que
terminan en escandalo~as orgias.
¡ Pobre pueblo! ¿A quién debes acudir para que recibas una
verciadera educación moral?
Tú, sin darte cuenta perfecta de ello lo comprendes.

***

En estas épocas de revueltas ni nos acordamos de las bellsis
artes las bellas artes como son entre tantas la literatura, la música y' la pintura.
Lleoa en estos momentos aflictivos un joven que fué rensionado por nue~tro gobierno, para perfeccionarse en el arte pictórico en Paris. Ignacio Rosas es su nombre y revela en sus obras
q~e no fué un simple paseante, que estudió con los mejores
maestros, y hoy exhibe pinturas originales y copias de bastante
mérito.
Sus cuadros religiosos rnn de atildada ejecución; en caro bio
las escenas parisienses nos parecen demasiado vulgares.
Es cierto que un artista debe tener ideas especiales y copiar
las de otros, pero nos parece que el artista debe elevarse muy por
encima del vulgo.
En &lt;:uestión musical contamos con asuntos verdaderamente
levantados. Todos los autores musicales pidieron á los libretistas que se inspiraran en las tragedias de los clásicos, en algo que
levantara el ánimo y después vino la corrupción 6fi el arte.
¿Quién no conoce la ópera &lt;cCarmenn de Bizet? ¿Habéis escuchado su música que tanto se ha popularizado? ¿Ko hahéis escuchado la marcha de los toreros? Pues bien, Bizet escribió una
6pera y como ópera no da resultado. Aquí mismo, en México,
más nos agrada verla representada por una compañía de zarzuela.
Y ¿por qué?
Porque en la &lt;cCarmencc de Bizet, á pesar de su inspirada música, no hay ideas que eleven el ánimo.
A penas si puede compadecerse al infeliz que se enamoró de
una mujer perdida.
Lo mismo pasa en el arte pictórico.
Hemos tenido en México admirables paisajistas; pero ellos
apenas pueden esbozar las bellezas de la naturaleza. Los grandes pintores se elevan muchos más alto.
No queremos con esto atacar la labor del Eeñor Rosas.
Muy al contrario. Lo dijimos de~de el principio.
Revela grande inspiración; pero desearíamos que se dedicase
á lo más elevado del arte.

***

Hénnos aquí en una situación verdaderamente dificultosa.
¿Notas de la semana?
Pero si ellas apenas se concretan en la revolución.
No hay recepciones en las caeas llamadas aristocráticas· no
hay otras conversaciones serias sobre si el armiaticio dará r~sul dado para el arreglo de la paz.
Aun en el mismo hogar, á la hora del de,canso, 6 á la hora
de me~a, la e~posa, el ~sposo, los niños, las niñas preguntan
qu e ha dicho «El Imparc1ahii que ha dicho «El Heraldo Mexi.
cono,i, que ha dic~o &lt;cEL T1E:11Pon, etc. etc., y ellhecho es que todos estamos pend10ntes de como y cuando terminarátt las re·
vueltas.
Ya no se puede hablar de otra cosa.
No deja de ser ésto demasiado penoso.
¿Vais á un teatro?
Os deleitáis con el acto que acaba de terminar. :En el intermedio salís á fumar vuestro cigarro y no ofa otra cosa que comentarios sobre esto de la revolución. Ni quien se acuerde de la co·
media ó la zarzuela.
Todo es la cuestión de guerra.
Veremos si las condiciones de paz llegan á admitirse por amba¡, pa~tes, á fin de qu~ renazca la tranquilidad y volvamos á
encarrilarnos en el camrno del pr?greso material y á comenzar
en el moral , en el que por desgracia nos hemos encontrado en estos último~ tiPmpoR tan atraoados.
¿Será el sol de _Mayo el que comienza á iluminar nuestros
campos ya no cubiertos de eangrE.&gt;?
Ojalá que así sea.

!ª

EL CRONISTA.

venientemente modelados mientras aun están calientes y colocados sobre un espejo, constituyen un grupo de témpanos de
hielo, entre los cuales puede colocar~e un barquito recortado
La frase tan corrient~ de que la fotografía dice siempre ia ver- en papel negro, de modo que se destaque sobre el reflejo de uno
dad. resulta algunas ve- de los falsos icebergs.
,,,_ -,=·~~ ·] ces falsa. Aparte de cierSi ce quiere obtener la
l tas escenas de actuali- fotografía de un rayo, ~e
.l
dad tomadas Ein salir de ahuma bien una lámina
la galería fotográfica, y de vidrio, y en ella con
t ele las fotografías carica- la punta de un lápiz muy
turesca¡, y de magia de afilado se marca el trc,zo
que eu otras ocasiones de la exhalación copiánhemos hablado, hay los dola, para más exactitud,
pasajes caserPs, que con- de una fotografía auténsisten en vi~tas panorá- tica. Disponiendo encima
micas de países árticos y á los lado~ del vidrio
ó tropicales, de bosques tres cajas para que hagn n
, y de montañas, tomadas de pantallas, sólo resta
sencillamente encima de tomar la fotografía encenLt mesa.
diendo una luz ele magn~El fotografiar paisajes sio detrás del vidrio a.hu·
carnros coni;:tituye un ar- mado. La luz transparente, y un arte que no se tándose por las rayas hellega á dominar sino con chas con el lápiz prod u
cierta práctica; pero antes cirán un efecto ro uy rea 1.
de adquirir ésta hay que
El ingenio suplirá lo
conocer 1os principio;i que aquí se omite. No
fundamentales de dicha hay l!Ue decir que lo~
' rama de la fotografía, y asuntos pueden variar.;:e
eso es lo que vamos á ex- hasta lo infinito,aoimán ·
plicar.
dolos con ramitas que ha·
Ante todo hay que dis- gan las veces de árboleF',
poner de un fondo movi- trozos de musgos y hai-bt
ble, de un metro por lo figuras de personas y ani ·
menos, cobre el cual pue- males rerortadas de bul'dan rnj~tqrse con chin- nos fotograbados ó fotoches de distintos colores grafías
ó masas de algodón en
~~
rama, según el aspecto
Exceso de propinas
que se quiere dar al cielo
El jefe de la revolución Francisco l. Made- en la fotografía. Un buen
Ramón Purtillo, joven de 17 aíios que se
ro, con su brazo en cabrestillo, á causa de la grabado ó cuadro repreUn ba1bero francés, acaba de lanzar á :a revolución para vengar
herida que recibió en Casas Grandes y de la SPntando un paisaje con torpe hasta dejarlo de so- á sus hermanos muertos en Villa Aldama.
que ya está restablecido.
mucho cielo, consiituye bra, afeitando á un caalgunas veces un exce- ballero español, que nada le parece bueno, sino lo que viene de
lente fondo. Colócase éste al extiemo de una mesa delante de extrangis, le dió una cortada en la mejilla dE:recha, de marca
ella se sitúa el aparato, que deberá llevar un obji,tivo e.le ángulo más que regular. El caballero, que no se apercibió de ello, le
muy abierto. Para los
dió cuatro realei:1, pero
fines de la iluminación
mirándose al momento
conviene colocar á cada
al e5pejo, y viendo la
lado de la especie de escortada, lo volvió á llacenario así formado un
mar, le dió cuatro reacartóo, tabla ó cortina
Je¡,, y le dijo:
que sirva de pantalla.
- Sólo os había paDos cosas indispern:a·
gado la barba, y ahobles se requieren para
ra conozco que es justo
e,te género de fotograos pague la sangría.
fías: una larga expo~i- Señor, dijo el franción y la absoluta incés excusándose, es que
movilidad de la mesa.
tenéisen la cara un botón
Los curiosísimos efec·
(divieso), y la navaja
tos que pueden obtenerha tropezado en él.
8e dependen de la ha- Ahora lo comprenbilidad é ingenio del
do, respondió el eabaoperador. Cuando se
llero; habéis encontrado
trata de representar
un botón y no habéis
cumbres nevadas se imiquerido que se quedase
tan con sal 6 alumbre
sin ojal. Tomad otros
en poi vo, y se hace la
cuatro reales porvuestra
fotografía de noche, con
paga de sastre, y creo
luz de magnesio. Si las
debéis ir contento pormontañas han de verse
que si sois torpe en
desde una base, se sim utodo, al menos tenéis
lan con pedruzco 6 metres oficios.
jor todavía con pedazos de carbón, convePara abrillantar los
nientemente coronados
anteojos pueden 1i m .
de polvo de alumbre.
piarse los cristales con
Algunos trozos de espapel de China. No hay
En el campo revolucionario de Chihuahua, el 6 de abril.-Señor Ignacio Herrerías, coperma de los que chorresponsal de EL TIEMPO ILUSTRADO; señor Francisco l. Madero, y
cosa mejor para este
rrean de las bujías,conMr. Sanmerfild, periodista americano.
fin.

-.....~

�Bellas

t&gt;B l.tA ~EVOI.tUCIOf'{

332

LA ARTILLERIA DE LOS ..1.NSURGENTES

A.rrtes

333

LA EXPOSIOION ROSAS EN LA ACADEMIA

_......,,...~~-

(SEGUN L'ILLUSTRACION DE PARIS,)

EN

la Academia Nacio.nal de Bellas
Artes, se exhiben actualmente
varias pinturas de un joYeo arti~ta
mexicano, don Ignacio Rosas que
iicaba de rrgre"ar de París donde
estuYo pensionado por nue;tro Gobierno.
La apertura de la Exposición Rosas la hizo el domingo último el señor
Lic. don Jorge Vera Estañol Secretario de Instrucción Pública Edilas
Artes, y asistió al acto el señor Ing.
don Antonio Rivas Mercado, Director
de la Academia, ocurriendo, además,
muchoi,; jóvenes pintores, dibujantes
y e~tudiantes.
Entre los cuadros expuestoR por
Rosas escogimos una reproducción del
cuadro de Rembrandt «Los discípulos de Emaus, ,, 1&lt;De vuelta del mercarlon, escena de un tranvía y el titulado 1cEscena Parisiensen, para dar á
conocer á nuestros lectores el estilo y
caracter de la obra pictórica del joven
artista mexicano.

y

Cargamento de un cañón, en medio de un grupo de curiosos.

El disparo; todo el mundo ha huido inclusive los artilleros.

LA REVOLUCION MEXICANA
EN EL EXTRANJERO

~

...1

Reproducimos en esta página
unosgrabadospublicadosen «L'Illustration,, de París; y que se dicen
han sido tomadosdefotografíashechas en el teatro de la revolución
mexicana. El periódico francés los
acompaña de las siguientes líneas:
"Parece que la insurrección
mexicana toca ya á su fin; el gabinete que ayudaba al General
Díaz, cuando comenzó la revuelta y que había emprendido la lucha contra los insurgentes ha di mítido, con objeto de contribuír
á la paz. Se ha formado un nuevo gabinete, bajo la presidencia
de señor Ives Límantour, quien
desde hace varios años ha sido
Ministro de Hacienda y ha tenido el gran talento de agrupar á su
alrededor, hombres populares 1antº en el t-jército como en el pue-

Dos reclut:1s del ejército insurrecto.

blo. Se cree que se va á inaugurar una política más liberal y que
los insurgentes no podrán menos
que deponer las armas, no obstante que su jefe, don Francisco
)ladero, anuncia que continuará
la lucha mientras que el General
Díaz no haga dimisión de su puesto, como Presidente de la República. Ya se habla de las conferencias que se tratan de emprender entre los rebeldes y el nuevo
gabinete y es de creerse que muy
pronto cesarán las hostilidades.
Las hermosas damas americanas: todala ';gentry" que en elegantes automóviles iba diariamente á situarse en la frontera d1; los
Estados Unidos ó á instalarse permanentemente en el Paso, para
a~istir á las batallas ( !,) todo este mundo desequilibrado quizá va
á extrafi.ar que se acaben las revueltas. ¡Es una diversión que )Pi::
va á f.tltar!

Los discípulos de Emaus,
(Copia de Rembrandt. J

¡Era tan pintores00 aquello de contemplar la gu~rrita! Una multitud desgrefiada,
á pie, tambien acudía á divertirse, á mezclarse con los hombres del pueblo que forma han
parte de la revolución. También los mu·
chachos disparaban sus fusiles ultra modernos, sus cañoncitos de juguete, todo por
entrar en la diversión.
Se llevaban cámaras fotográficas y por
eso uno de nuestros corresponsales pudo
seguir, teniendo en sus manos el objetivo,
muchos de los episodios que ahí se han
registrado.
Se acabará la diversión para muchos.

ARTES Y Of ICIOS DE PRINCIPES
La mayor parte de los príncipes reinantes saben un oficio 6 se dedican á alguna ra ma del arte 6 de la ciencia. El duque Carlos
Teodoro de Baviera, jefe de la familia
Witl elsbach es un oculista notable. La ex-

En Santa: María,"(?) Chihuahua.- Salida de tropasirevolucionarias al encuentro!de tropas.federales avistadas cerca de la ciudad.

"De vuelta del Mercado."

El Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes, Lic. don Jorge Vera Estaño!, en
la apertura de la Exposición del pintor Me·
xicano Rosas (á su derecha) que viene de
París, á donde estuvo pensionado.

Retr:i to del vi0lini~t:1 rnexicrno
Miguel Galindo.

reina Amelia de Portugal dedica sus ratos
libres al estudio de la tuberculosis. La condesa Lonyay, hija del difunto rey Leopol&lt;lo, posee privilegio de invención por un
aparato para conservar caliente la vajilla
en la me!:a. El príncipe Enrique de Prusia
tiene patente por un sistema para conservar limpios lo&amp; cristales de los automóviles.
E_l rey de Bulgaria es un experto maquirnsta y cofiduce la locomotora de su tren
real. El príncipe heredero de Alemania sabe el oficio de platero y trabaja muy bien
en metales finos. El príncipe Joachim se
dedica á la herrería; el príncipe Federico
Segismundo es un buen carpintero y su
hermano tiene gran afición á la cerrajería.
El emperador Guillermo de Alemania e~cribe versos y dramas, pinta, cría ganado,
entiende mucho de jardinería y posee una
fábrica de ceramica. El príncipe Eugenio
de Suecia es paisajista; la archiduqueí'a María Teresa de Austria se dedica á la música, la duquesa de Argyle e3 escultora y el
difunto rey Eduardo de Inglaterra era un
ganadero muy entandido. El ex-sultán de
Turquía Adbul Hamid es un buen carpintero.

"Escena Parisiense.''

�334

TEAT~OS

TEAT~OS

335'

Jo.; señore.; Bieníait, Joroain, Car I o t, Poulachon, Labois, Ju melle,
etc.
Suceüvamente el sefior Grautalot les va
ofreciendo tres francos
{L carla uno, con la con~abida sóplica de comprar un metro de sarga
gris en casa de Charpiat
y volver ......
Y sucesivamente hace. constar ante ellos
que !'l género adquirido
mide noventa y eiete
c!'ntímetros.

sé por qué cama, ha resultado muy brillante.
¡Gracias mi querido
Grautalot, muchas gracias!

VIDA TEATRAL

Debido al escaso espacio de que dispongo,
pocas líneas comagraré
al estreno de La flor de
ln vida, de Joaquín y
Serafín Alvarez Quintero, en el teatro CoLÓN.
La flor de la vida, de·
be considerarse como
Al cerrar su tienda; á
una verdadera calaverala ~iete y media, el seda de los autores sevi1 •
ñor Grautalot está enllauos, muy peligrosa
cantado. Ha enviado sepor cierto, pues va en
~enta y dos compradoello el grafi prestigio de
res de sarga gris á la
que gozan. Apartándose
"Aires de primavrra.''-11 :icto.·· Grupo de socias del Club de las divorciadas.
tienda de Charpiat.
de su propia naturaleza,
Es cierto que ha inescogieron para su poevertido en ello una suma respetable; pero también lo es que estas ma un asunto esencialmente poético y en cuyo o.esarrollo interviesesenta y dos personas se guardarán muy bien de ha~er sus com- nen solamente dos personajes. Para l\farquina ó Martínez Sierra,
pras en casa de Charpiat. ¿Y por ventura esos sesenta y dos com- poétas verdaderos, hubiera sido esta labor harto pesada; con
pradores no se apresurarán á contar á sus amigos y conocidos la mayor razón lo ha sido para los Quintero, quienes, en este géaventura de que han sido testigos?
nero, han eufrido ya algunos otros fracasos; basta recordar La
A paso más ligero que de costumbre se dirige por la noche al Rima eterna.
café de las Artes. Estrecha la mano á muchos concurrent!'s, y
acaba de pedir un café frío cuando se presenta el sefior Charpiat,
La graciosa María Conesa, muy gustada y aplaudida en el géquien, al advertir al señor Grautalot, se dirige rerneltamente á él. nero chico, se ha lanzado resueltamente en el género de la opere-Buenas noches, señor Grautalot. Al fin será menester darle ta. En «Aires de Primaverai&gt;obra escogida para su debut en el Líá usted !11s gracias: no soy ingrato.
rico, desempeña su papel con gracia inimitable y las ruidosas
-¡Gracias! ¿Por qué?
muestras de aprobación que recibió del público, alentadoras y
-¿Cómo por qué? ¿No ha tenido usted la bondad de propor- carifiosas, debe considerarlas como un estímulo.
cionarme esta mañana un metro de cinta?
Y en presencia de los rnñores Collery, Chaumette, Bienfait,
Al soez y necio ataque que tiene á bien dedicarme un semanaJousain, Carlot, Poulachon, Lebois, Ju melle, Plumandais, Mé- rio, que no se distingue precisamente por lo decoroso, contestagaud, etc., sin cuidarse de la turbación del eeñor Grautalot, ré solamente con estas citas del Diccionario de la Real Acadeañade:
mia:
--Figuraos señores, que esta mañana, 1:11 abrir el negocio, me
AGALLA ...... Tener muchas agallas; ee ser arrojado, intrépido;
hll sido imposible recordar en dónde había puesto mi metro. no reparar en los inconvenientee.
Durante un cuarto de hora lo he registrado todo, sin poder enDESENVUELTo.-Despejado, listo, expedito. Y por respeto á
contrarlo. ¿Cómo reemplazar una co1,a tan indispemablt? Y he mí mismo y á este periódico, á cuya redacción me honro en pertenido una verdadera inspiración, mi caro Grautalot, al enviar- tenecer, no cito los demás gazapos y no devuelvo las torpes inle un dependiente para pedir un metro de cinta. Este pPdazo de jurias que me dedica.
cinta me ha rnrvido de metro durante toda la mañana, que no
LUIS ZAMORA PLO"\YES.
1

***

***

María Conesa en el papel de la criada Hanni,
"Aires de Privamera."--111, acto HJnni, María Conesa,
de " Aires de Prrimavera."
Fot. de El Tiempo llustmdo.
é Hildebrando, señor Suárez.

LOS DO~ TENDEROS

-Salud, señor Collery. ¿No necesita usted algo hoy?
-No, gracias.
El sefior Grnutalot es el duefío de la tienda de géneros de la
--T,rnto peor. Pero si nece3itase algo, le c.mvendría á u.;ten,
plaz:1 X, á quien una parroquiana dice al pasar:
surtirse en mi casa con preferencia á. la del señor Cbarpiat. No
-Buenos días, señor Grautalot; necesito un metro de sarga crea usted que se lo advierta únicamente por razones de compegrii&gt;, que recojeré á mi vuelta. ¡Hasta la vista!
tencia. Torne usted: ahí tiene tres francos; no me pida explicaEntre muchas piezas, está el señor Grautalot buscando la de ciones; tómese la molestia de atrave$ar la plaza, entre en la
R:nga gris, sin encontrarla en parte alguna , hasta que se le ad- tienda del señor Charpiat y pida un metro de sarga gri@. Tenga
vierte que no queda en la tienda ni un rela bondad de volver y se enterará de algo
tazo de aquel color.
que no dejará de ser edificante.
A saberlo antes, se habría dicho: ¿No
No tardó eñ volver con un paquete el
tengo earga gris? 1-ues con rogará mi paseñor Collery.
rroquiana que tenga la bondad de esperar
-¿Es un metro lo que u~terl ha pagaveinticuatro horas y telegrafiará mi proI
do, señor Collery? ¿Verdad'? Y ¿,cuántos
reedor de Roubaix, estábamos al cabo de
centímetros tiene un metro? ¿Ciento, no es
la calle. Pero aquella mañana su comcierto? Sírvase medir ...... ¿Noventa y ¡:iepetidor, señor Charpiat, dueño d€ la tiente centímetros? ¡Perfectamente! E,¡ cuan&lt;la de enfrente, le ha hecho pedir un meto dese¡¡.ba que usted pudiese notar. ¡Buetro de cinta, y no hallaba motivo para no
11as tardes, señor Collery !
hacer ahora con él una cosa análoga.
A la una y cuarto, como de coi,tumbre,
Después de reflexionar un momento,
pasa el preceptor señor Chaumette delanllama á su dependiente.
te de la tienda del señor Grautalot.
- Oye, muchacho. AtraYiesa la plaza,
-Mis respetos, sefior Chatimette· ¿ney pid€ al señor Charpiat que nos venda un
ce3ita usted algo, esta tarde? Cuand~ nemetro de sarga gris á tres francos.
c.esite usted algo, sírvase proveerse en mi
-Una vez en su poder el género pedido,
11enda y no en la del señor Charpiat. Es
se dispone á envolverlo para servirlo á su
de interés para usted.
parroquiana.
El ~eñor Grautalot, qui'! había. ofrecido
Maquinalmente mide la earga.
anteriormente tres francos al sefior Golle-¡Hola! exclama. No, no estoy soñanry_para com~rarun metro de sargagris1:1.l
do. Este pedazo;mide noventa y siete cen~enor
Charp1t, hace lo propio con el setímetros.
nor Chaumette, rogándole asimismo que
¿Conque, sefior Charpiat, cuando se
tenga la bondad de volver, y que mida el
os pide unimetro dais noventa y siete cengénero á su regreso.
tímetros? Me alegro de saberlo.
- -¿Noventa y siete centímetros señor
Todas las tardes, á la una,suele pasar el
Chau,mette? Muy bien, muy bien . .AgradeAc.
cio
Guerrn.
profesor señor Collery, al volver de la es- aplaudida tiple del "Principal," cuya presenta- ceré a usted que lo tenga presente.
cuela.
ción ha sido un éxito.
De una y media á siete, suelen pasar

•

0

LIRICO.-" Aires de Primavera." Conjunto de personajes en el cuadro final de la obra.

Fct. de ((El Tiempo Ilustrado.,,

�BIE I - L O L O

JWusa Castellana.

¿POR QUE?
¿Por qué á la alegría sentida
sucede la adversidad,
y va la contrariedad
siguiendo ~iempre á la vida?
¿Por qué á tantas ilusiones
sigue siempre el desaliento,
helando el puro contento
de felices corazones?
¿Por qué el niño saltador,
que de flor en flor camina,
aprende que hay una espina,
si no más en cada flor?
¿Por qué el que aprendiera á dar
sin interés ni reserva,
sus piés y manos preserva
por miedo de tropezar?
¿Por qué el que fingió la vida
de aromas y encantos llena,
para abreviar tanta pena
quiere abreviar la partida?
¿Por qué la felicidad
á Dios nos hace olvidar,
teniéndolo que buscar
Por Padre en la adversidad?
Porque las cosas mudables
no dar. sino lo que son,
y del hombre el corazón
tiene abismos insondables.
Abismos que son mayores
á las pasiones siguiendo,
y que se llenan huyendo
de sus lazos tentadores.
La voz de las defecciones;
unas tras otras sentidas,
cubriendo va con heridas
los sensibles corazones.
Y en lucha cruel y ruda
con tanta contrariedad.
sólo queda una verdad:
¡Que sólo Dios no se muda!
Dios, que un dilema sombrío
puso á cada corazón;
ó rendirse á la razón,
ó volver por el hastío.
Las sendas sólo son dos,
alumbrada:; por sus luz;
Dios que nos lleva á la Cruz;
la Cruz que nos lleva á Dios.
FR, SEBASTIÁN DE UBRIQUE.
~~~

LOS PENSAMIENTOS
Esas que besan los vientos
agrupadas florecillas,
que en sus dulcfls movimientos
nos parecen tan ser.cillas,
son hermosos pensamientos.
El sol todas las colora;
prendada de su belleza,
dl!!císimas perlas llora;
y ellos alzan la cabeza
para mirar á la aurora.
Hácenles múltiples flores
cariñosas confianzas,
para calmar sus dolores,
para fingir esperanzas,
para alimentar amores.
Con su siempre tierno acento,
canta la blanca paloma
en el bosque macilento,
que es el más precioso aroma
el de un tierno pensarr.iento.
A ellos deben su armonía,
y deben sus alas suaves,
su inocente lozanía
su atrayente melodía,
fuentes, auras, flores y aves.

Consuelan á los que lloran;
nacen cándidos, contentos,
¡cuánta riqueza atesoran
en el jardín en que moran
los her:nosos pensamientos!
JOSÉ SELGAS.

LA MONJA EN ORACION
A Teresa (Teté.)
Detrás del coro del templo,
pegada á la celosía,
en oración se contempla
á la monja Sor Lucila.
De su rosario dt nácar,
que entre sus dedos desliza,
en cada cuenta se nota
el juego alegre de un prisma.
Enlazadas cuenta y cuenta
por hilo de plata rica,
parece el collar sagrado
un collar de blancas rimas.
Susurrando sus estrofas
de monótona armonía,
la pura monja dirije
hacia el cielo sus pupilas;
y tan extáticas quedan,
que pintadas se diría
en un cuadro religioso
por una paleta antigua.
El largo sayal la envuelve
como en aérea neblina.
y le da apecto la toca
de una vi~ión indecisa.
La oración es un perfume
que cuanto toca idealiza,
y la carne trasparenta
y la hace casi divina.
Ved de la escuálida monja
las dos pálidas mejillas
como un mármol trasparente
en donde el llanto ruti la.
Ved sus labios amorosos,
en que la rosa apenas brilla,
como fresas p~rfumadas
que nacieron en la umbría.
Ved sus manos, ved sus manos
que á los jazmines imitan ,
cual capullos de azucenas
no entreabiertos todavía.
Ved el cristal de su cuello,
blanco cristal donde finas
corren las venas azules
hechas con mágica tinta.
Ved los nimbos de sus ojos,
cual iris en que palpita
con el azul y el morado
celeste luz nunca vista.
Ved su frente, es ala comba
de puro cisne caída,
como una felpa suave,
dulce como una caricia.
Dotada de trasparencia
su forma es ágata tibia,
es un traslúcido jaspe,
es una piedra opalina.
Idealidades de luna
entre sus ropas se filtran,
y brill,;1 detrás del coro
como una lámpara mística.
Mira muy lejos, muy lejos,
mira arriba, muy arriba,
mira algo grande, muy grande,
¡ mira á la Patria divina!
SALVADOR RUEDA.

EL IDILIO DEL SUSPIRO
-¿Por qué toco la amargura,
de tu espíritu al acecho?
-Porque guardo una ternura
que no me cabe en el pecho.
-Suspira; que si en el alma
crece una flor de congoja,
el suspiro es todo calma,
y la calma la deshoja;
suspira, que el cielo mismo
si está agobiado de estrellas.
lanza un suspiro al abismo
y hace caer una de ellas .. ..
Snspira ... .
- Ya suspiré.
-¿Y huyó la amargura?
-Sí ....
Y cuando la pregunté
por qué suspiraba así,
de intensos colores rojos
sus mejillas se llenaron,
y sonrieron sus ojos;
y sus labios tremularon ....
Y cuando la ví tan brlla
hízome pensar mi anhelo,
que se cayera una estrella
porque suspirara el cielo.
11

-Entrad, seíiorae y caballeros; venir á ver el espectáculo más
sorprendente, maravilloso y estupenJo que haya podido presenciarse bajo la bóve~a de los cielos.
En b. barraca de Bibi-Lolo nó anidan el charlatanismo ni la
superchería; no ~e exhiben fenómenos de dos cabezas, una de
carne y otra de carlón; no hay gigantes ni enanos simulados ni
,
albinos blanqueados, ni negros con una capa de betún.
Aquí, stfioras y caballeros, todo es natural. Soy yo. Bibi-Lolo
en persona y su com parsa, sin otros medios ni auxilios que la
fuerza, la destreza, la ligereza y la paciencia que noR han conquistado reputación y fama universaleR.
A ver, tengan la bondad de indicar un trozo de mú~ica. Ese
soldado que tiene aspecto de listo ...... ¿ccLa Favorita» ha dicho
usted? Vaya por ccLa Favorita». ¡Atención, Grigouillard! A la
una, á las dos, á las tres .....
Y moviendo labios, manos y pies, imitando el clarinete, el violín, el cornetín, Bibi-Lolo y su acompañante ejecutaron la piezJ
señalada con seguridad y perfección verdaderamente notable3.
La muchedumbre aplaudió estrepitosamente y muchos se

cárdeno3 y entreabiertos, exhalándose por ellos un hálito febril.
- ¿Ha llorado, María?
-No. ¡ No tiene ya aliento para llorar! respondió aquélla entre sollozos desconsoladoree.
- ¡Vaya, no desesperes, no te desazones así; vamos á tener
dinero, mucho dinero y podremos comprarle algo bueno. La
barraca está llena, la corn promete...... Pero no podemos per·
manecer aquí junt0s. Ve tú la gentil bailarina. Yo te reem plazar~ VP.lando á nuestro pobre pequeñín ... ..
-Tienes razón. La barraca me e,pera .... .
Uoa ,·ez solo Bibi-Lolo volvió li contemplar con ansias de padre al enfermito que exhal6, estremeciéndose, un débil suApiro.
-Hijo mfo ¿no me vez? ¿no me conoces? Soy papá, papft Bibi
c¡ne te trae bombones, dulces, muy dulce!'! ...... Mírame, hábla1t1e, abre los ojos.... ¿nada me dices, monín de mi alma? . . ¡Cielos!
¿'lue tiene?¡ No respira! ¡No se mueve¡ Dios mío!¡ Dios mío!
En Pste momento la puerta dPl carrna je·vivienda Ee abrió y
entró Grigouillard clamanélo:

r~~~

t

t

f

.,..

. ... Y dijo á Dios el querube:
-Traigo un suspiro, Señor;
lo he encontrado en una nube,
y es un suspiro de amor ....
Y Dios del suspiro aquel
tocó la ansiedad secreta,
y puso un beso sobre él,
y Jo convirtió en violeta ....
IJI
Pensaba en una mañana
en que llegó á su deseo
de una música lejana
el rr.elancólico oreo;
pensaba en aquel suspiro
que hizo caer-tiernamenteen la locura del giro
de la música doliente;
y pensaba que al temblar
de aquella sombra de un beso,
pasó la ansiedad de amar
y hasta ella me llevó preso . ...
Y cuando así caminaba
de su pensamiento en pos,
la pregunté en qué pensaba:
-¿En qué pensaba? . ...
-En Dios.
IV
No te rías... no te rías,
que son esos tus hoyuelos
para mis melanco!ías
dos abismos ó dos cielos;
y aun no he podido saber
qué quisiera yo poner
en ellos-cuando los miro;
porque si pongo un suspiro,
es que está un beso al caer ... .
. ................. . ... ... .

LJs flores :im:in.
- Las flores
fut:ron un tiempo princesas
que en la red de unos amores
las almas dejaron presas.
Las flores aman: por eso
cuando en tus labios Ja·s miro,
si en ellas no pongo un beso,
al menos pongo un suspiro.
CONSTATINO CABAL.

1)1ecipiLaro11 en tropel Je11tro &lt;le lll barraca, incitán&lt;loles á BibiLolo con chistosas ocurrencias, y Grigouillard y la joven Biboquet con pantomimas y danzas burlescas.
En tanto Bibi-Lolo, viendo que la entrada no decaía, se acer..
có al payaso y le dijo en voz baja.
- ¡Sigue tú animando al público ...... mientras voy á ver al
pequefiuelo !
.b;n cuatro zancadas ganó la distancia que le seraraba de su
vivienda portátil, abrió la puerta y cambiando súbitamente su
füonornía y su voz, qt'le se hicieron cuasi lúgubres, preguntó á
una mujer vE-stida de colorines y abrigada con un viejo casquín:
-¿Cómo sigue?
La mujer nada re:,pondió, pero la expresión de tristeza de sus
ojos era asaz elocuente, y lo éran más las lágrimas que abrían
surcos entre la capa de colorete de su rostro. Era, si se quiere,
grotesco su aspecto, pero nadie habría osado reírse ante la an·
gustia que rebosaba de aqudla pobre mujer; el dolor de las madres no puede ocultarse é impone siempre. El saltimbanqui
entendió perfectamente aquel mudo lenguaje, y avanzando de
puntillas hasta una camita, se inclinó silenciosamente. Allí yacía un pobre nifio, dd semblante pálido y desencajado, hundidos
los ojos entre los párpados rodeados de azulado cerco,los labios

/

- ¡Albricias, amo mío! la bariaca está atestada voy á dar 111.
señal ......
Sin decir palabra y con los ojos extraviados Bibi-Lolv se precipitó en e! escenario de la barraca corno un loco, delante del
tel6n no corrido todavía, y grit6 con voz balbucien te y expresión hondamente trágica:
-Señoras, no hay representación esta noche. Mi hijo ha
muerto. Se devolverá el dinero á todos.
Hubo un momento de silencio que interrumpieron en seguida ruidosas y francas carcajadas. Creía el público que se trataba de un nuevo n6mero del progama.
-¡Es la. verdad, la verdad horrible! ¡Mi hijo acaba de morir!
clamaba el desgraciado padre una y otra vez, al verse aplaudido
y festejado ...... Y cuanto más gemía mayores eran el entusiasmo
y las palmadas.
Entonces ébrio de dolor, corrió al lecho de su hijo, besó el
tibio cadáver, lo tom6 en brazos y lo present6 con ademán descompuesto á los espectadores, sin pronunciar una sola palabra.
A la mañana siguiente el cadáver de la infeliz criatura ltenía
caja y nicho, cubiertos de flores.
Los concurrentes no habían querido.recuperar su dinero y con
él pudieron los desgraciados saltimbanquis evitar que el fruto de
sus entrañas cayera en la fosa común.-A. A.

�EL EJERCITO YANQUI EN LA. FRONTERA MEXICANA.

CORAZON DE MADR~:

-¿A quién, pues?
-A tu hermano. l\Ie hace falta uno de los tuyos.
- ¿Por qué 6 él má; que á otro?
(CUENTO.)
-No tengo preferencia y si tú quieres seguirme, él se salvará.
En el deparlamento de Finistért&gt;, no lejos del hermoso l~¡¡:o ,le
La hnmana nmaha á su hermano. que representaba la famiHuelgoat, cuyas aguas clarns se escapa.n borbotando al través ne lia y siem prr. se ha hfa mostrado para ella tierno y cariñoso ..... .
nn mont6n de rocaF:, en el castillo del conde Kermendy, el hijo ¡ Pero también ella amaba tanto la existencia! ..... Sin contestar
primogénito, heredero del nomhre, agoniz~ba.
.Y dejando escapar un profundo suepiro, ganó la cámara clPl en·
Con la cabeza caída sobre la almoh~da. los ojos hun,lidos. pá- fermo.
lido, consumido por el mal, con la mirada vaga, el pul:,:o de Juan
Apenas Fe imtaló ele nuevo á la cabecnJ del enfermo, su herne Kermendy llegaba á ser camana menor, I vonne rie Kerda vez más lento y el momenMODAS PAHJSIRNSES,
mendy. muy conmovida, se
to rn premo se acercaba.
levant6 para hufr un momPn Incapaz de soportar por
to del enternecedor esrecmás tiempo esa larga agonía.
táculó.
·
dejando el enfermo bajo el
En el umbral de la puerta
cuidado de sus dos hermanas
que ciaba al patio ella aperci,. de su madre, el conde de
bió el e:-pectro.
Kermendy descendi6 al jar·
Como se detuvo sorprendidín.
da, la muerte le dijo:
-No se trata de tí, sino de
La Ji.ma brillaba en un cietu hermano .....
Io sin nubes y el aire fresco
-¿Mi hermano? respondió
1le la noche refrescando su
ella.
frente por un instante, im-Sí, ámenos que tú quieprimi6 otro curso á sus penoras substituírle.
sos pensamientos.
De repente, una mujer, en-¿Quién sois vo~?
vuelta en un largo velo se pre·
El espectro contei,tó:
sentó ante él y con voz caver-¡La Muerte!. ....
nosa exclamó:
I vonne respondió en se·
- ¿Me conoces?
guida:
-No.
-No quiero morir tan
-Yo soy la Muerte y venpronto .... . Entro apenas en la
go á buscar á alguno de tu
vida .... Tengo quince año
casa.
Espero el porvenir.... .. A ca-¿Mi hijo?
&lt;la uno su tarea sohre la tie-El ó algún otro, poco me
rra; dejadme cumplir c,,11 la
importa.
mía.
-¿Una eola víctima te bas·
-Entoncee, ¿rehusas?
tnrá?
--Rehuso, dijo Ivonne
-Sí.
simplemente, y entró en la
Espontáneamente el conde
casa.
de Kermendy exclamó:
La madre hacía muchas
- En ese caso, tómame á
noches velaba á su hijo, y hamí.
bía perdido toda esperanza
Como la muerte extendía
ante l0s constantes progresos
ya su mano encorvada para
&lt;!el mal, pero á pesar de la
apoderarse de él, el conde re·
tristeza de su corazón angus·
trocedió: un pensamiento acatiado, conservaba asimi!,mo
baba de operarse en su espíun roi:~ro sereno á fin de oculritu.
tar todas sus inquietudes. Sin
¿Por qué, lieno de ealud y
embargó, hubo un momento
de fuerza, sacrificaría él su
en que sintiendv que los Eovida por su hijo, minado por
llozos le subían á la gargan1a
la enfermedad, en adelante
prontos á sofocarla, llegó por
imposibilitado de tener vásun esfuerzo supremo á disiVcstido de Mde.
tagos sanos y robustos? ....
mularlos y, después de conPor otra parte, ¿quién sabe si
templar al moribundo, se di·
Dios no le re~ervaría á él otro heredero cie su nombre?
rigió á la escalera del jardín. - Una vez afuera, el aire puro de
Entonces la Muerte se dirigió al castillo y subió al cuarto del la noche refrescó su frente calenturienta y experimentó una esenfermo.
pecie de calma.
Alrededor del lecho de .Juan de Kermendy estaban la madre
Algunos metros antes de la arboleda del parque, derecha é inY las dos hihas.
·
móvil se le apareció una forma blanca que atrajo su atención .
. La mayor de éstas, no pudiendo retener sus lágrimas por más
Valiente la condesa de Kermendy se encaminó resueltamente
tiempo. abandonó la habitación.
hacia ella, y cuando eshn·o á poca distancia, como los raE-gos de
La Muerte se presentó ante ella.
la desconocida no designaban claramente, le dijo:
Espantada por esa aparición, la seiiorita Marivonick de Ker-¿Quién sois?
n~endy permaneció inmóvil, cuando la forma blanca se adelan-¡La que e3pera!
to con paso automático:
---¿.Vuestro nombre?
--No temas, no es á tí á quien busco.
-¡ La Mnerte !
0 ....

El campo de San Antonio, donde han acampado las tropas yanquis, visto desde un aeroplano.-El aeroplano pasando sobre el campamento.

�340

P alfa

La madre se estremeció y recordó á su hijo.
-¡ Pobre Juan! murmuró ella.
--TCi puedes ealvarlo .....
-¿Cómo?
- ~Iuriendo en su lugar .....
l','-.' .

-------~

las

Damas

- ¡Ah! ¡Coµ todu mi coraz6u! exclamó la madre llena de entusiasmo.
-En ese c~i:o, apróntate á seguirme.
¿Y mi hijo vivirá?
-Te lo prometo ............ Puedes creerme, mi palabra nunca ha faltado.
-Acepto .....
Pero concédeme veinte mi11utos para despedirme de los
míos.
--Más, si así
lo quiereil.
·-No .. . e~peradme aquí...
-Anda ......
Como librada de un peso
enorme, con los
ojos radiosos de
contento, el rostro transfigurado, la condesa
penetró en la

to de espanto recorrió la epidermis
del padre .Y de las dos hijas. A los
tres .lei! había venido el mismo pen11am1ento: entre esa afirmación y el
fantasma del jardín, ¿no existiría
una correlación?
Entonces, ¿la madre había aceptado la proposición de la Muerte y
substituiría á su hijo? A menos que
su c.onfianza en la Virgen tantas veces invocada, no le dictase sus pa·
labras.

cámara de rn hijo y, una vez cerca
tlel lPcho, exclamó con voz dulce:
-Valor, mi Juan, el tiempo de
lds pruebas ha termiuado .. .. Tu cura edtá cercana y pronto recobrarás
la salud ......
Al ver la ansiedad del enfermo la
condesa añadió:
'
-Xo diría nada si no estuviese segura. Acabo de saber la seguridad
dPl hecho.
A esta&lt;, palabras un estremecimien-

Los 11uevos sombreros p:ir.1 la est.1ción, según m~dc:los
parisienses.

JUAN DE LA BRETE

Y l.t conde,,a
de Kermendy,
i;iem pre con calma y con la sonrisa en los labios, exclamó:
-Abrazadme, hijo mfo,
y ten buena esperanza.
- Abrazadme vosotros
también y tened con fianza:
el Señor es poderoso.
Después de
verlos á los tres
en i,us brazo$,
tranquila y con
el rostro sereno,
la conde~a de
Kermendy volvió á tomar el
camino del par-

El f
qua
... ,itnta~m~ e3taba siern~re en el mi~n:1º sitio; la condesa se
dtr1g10 ha?_Lª el, pero á su vista la aparición le salió al encuentro y le d1Jo:

Los nuevos sombreros· p:tr~ J.1 es'. ación, según mo :.los
parrsrenses.

-1\Ii hermana no acepta vuestro rncrificio.
- ¡Ah! exclamó la madre repentinamente confundida ......
(Concluye en la página 844.)

MI PARROCO Y MI TIO
Novela premiada por la Academia Francesa
Trauucci6n autorizada, hecha sobre lu 166~ edicion, por Juan Mateo~, Presbítero, Ilustraciones
de F., Vu!Jiemin. Con licencit:i.
(CONTINUA)

Por fuerza este sentimiento ó lo que sea debió de nacPr conmigo, pon¡ue á las dos ó tres veces de asistirá los tarao~, conocía todas' sus mañas, tretas y artificios.
C.impadezco á los hombre.; que por imbecilidad ó faltos de
entendimiento se resignan á servir de juguete á las exquisitas
cr11Aldades de una mujer coqueta.
Mientras yo me entregaba á tan sabroso entretenimiento, Blanca pasaba á mi lado luciendo su altiva belleza, tan poseída de
su valer, que no se dignaba soltar ninguna prenda, tan digna,
que no ee rebajaba á los arrumacos y gitanadas que eran mis delicias.
Pero, calmados los primeros fervores, observé muy luego que
mi primo P11.blo tardaba una eternidad en prendarse de mí. Ya
había tenido ocasión de contemplarme en todas las fases quepodía ofrecerle: de gran gala, de media gala, coqueta, formal, melancólica alguna vez, aunque rara, debo confesarlo; y, á pesar
de esa variedad de aspectos que alejaban de mi persona el fastidio de la monotonía, no solamente no se declaraba, sino que en
realidad parecía tratarme como á una niña. El dicho de mi párroco: ((Tenga usted la seguridad de que la ha tomado por una
loquilla», comenzaba á inquietamie profundamente.
A pe:ar de mis veleidades, diversiones y pasatiempoí?, el amor
qne le tenía no ee alteró ni por un instante. Sin duda el género
Je vida que llevaba se oponía á que tuviera siempre fijo en él
mi pensamiento, lo cual explica la prolongada ceguera que padecí; pero nunca acerté á tropezar con un hombre más de mi
gusto que Pabl0 de Conprat.
Sin embargo de eso, en la corte de adoradores que me rodeaba, varios galanes ofrecían una verdadera semejanza con los personajes del novelii,ta escocés, objeto de mi incondicional admiración. Muchas vecf's me he preguntado cómo pudo mi héroe
predilecto, el hombre de cara risueña y apetito maravilloso,
cautivarme de aquella manera irresistible, precisamente cuando
yo soñaba con caballeros imaginarios que apenas se le parecían.
He ahí una cueatión psicológica que entrego á las meditaciones
&lt;le los filósofos, porque no tengo tiempo de detenerme á dilucidarla;ºregiE&gt;tro aquí el hecho, saludo á la filosofía y paso adelante.
El 25 de octubre asistimos por última vez á un sarao que se
dió en una quinta cercana á la nuestra. Me vestí de azul claro
y adorné mi cabeza con dos ó tres aderezos prendidos en el peí·
nado y que caían sobre el ángulo de las orejas. Vestido y adorno3 me eentaban primorosamente realzando mi belleza, de modo
que logré un triunfo señaladísimo. Tan señalado, que á la se·
mana siguiente recibió mi tío cinco cartas pidiendo mi mano.
Pero me s~ntía inquieta, febril, descontenta, y, contra mi costumbre, no gozaba del atortolamiento causado por mi belleza.
Aguudé impaciente á Pablo para escudriñarle con ojos que
corue1,zaban á ver claro. De c,rdinario llegaba muy tarde, acom·
pañaciu de tres ó cuatro jóvenes que formaban la sociedad elega11te de la localidad. Estos estimables señoritos, estragados
&lt;lesde la arfoh·scencia, hallaban en extremo pesado, fatigo~o y
enerrante valsar e.in mujereb bonitas, y las pocas veces que in·
vitaban á bailar lo hcían con aire aburrido. desganado y hasta
impertinente. Al revés de Pablo, que bailaba siempre con la
animación y garbo que las circunstancias requerían. Pero debo
ciecir que mi viven,. y jovialidad disipaban el fastidio de aque·
llas víctimas infortunadas, como el sol de estío disipa la neblí·
na matinal. Tal maña me daba para sacarlo8 de su indiferencia,
regocijandolos y haciéndolos girar á todos los vientos de mis fanta'lías. que el señor de Pavol hubo de exclamar efl más de una
ocasión: «¡Esta mu:::hacha tiene el diablo en e! cuerpo!»
&lt;e¡ Por vil éea tenido el que mal piense!&gt;i
Observaba con despecho que Pablo bailab \ á menudo con
Blanca, y las pocas veces que lo hacía conmigo no demostraba
en. ell0 el menor interés. En vano puse en juego todos los artificios de la coquetería para conmoverle; su corazón y su cabeza
estaban lejos de mí; con lo que, desesperada y confma, concluía
refugiándome en un rincón apartado y r.egándome á bailar.
Pocos instantes llevaba oculta entre las cortinas del boudoir
donde estaban sentadas varias señoras, cuando llegó á mis oído9

la conversación de dos respetables viudas, cuya estimación me
había. yo conquistado.
-~eina ~~tá monísima esta noche; como siempre, se lleva
tras s1 los OJ03 y los corazones de la concurrencia.
-Con todo. Blanca de Pavol es más be1mosa.
.-Pero no tiene la viveza y gracia de su prima: Blanca es¡rna
rema desdefi.osa, y la seiiorita de Lavalle una deliciosa princesita de los cuentos de hadas.
-«Princesa)) es la palabra propia; tiene todo el aíre cie tal, y
lo q~e parecería extraño en otras, á ella le da una gracia que
cautiva.
-Cuentan que es una cosa resuelta el matrimonio de su prima con el señor de Conprat.
-Así lo he oído decir.
Durante algun0s seguodos, orquesta, señoras y baila dore:, t-je·
cutaron ante mí una danza ein nombre, y para no caer desplumada, tuve quti asirme á las colgaduras.
~uando volví en mí del accidente, el brillante salón me pa rPciéi
tapizado de negro, y, con no pequeño asombro de Juno: len gué
que partiéramos inmediatamente sin agu3rdar al cotillón.
Mientras regresábamos al Pavo], me decía á mí misma: «Pa·
rece una peEadilla; ¿Estaré eoñando? ¿De dónde puede nauer e:,;ta cong0ja?,)
El hecho es que me desnudé llorando, con el presentimiento
de que iba á sobrevenirme una inmema deegracia.
Mas como la volubilidad de una muchacha de diez y seis años
supera á todo lo imaginable, al día Aiguiente recobré mis espe·
ranzas y motejé de charlatanas sin juicio á las buenas señoras
que daban por concertada la boda de Pablo. Resolví observar
cuidadosamente al señor de Conprat, y entré t&gt;n tal e~tado de
ánimo que, con cualquier motivo, atribuía gran importancia a un
á l11s impresiones pasadas y fugitivae.
Al comenzar la tarde de este día nefaóto, 1105 hallábamos reunido,; en el ~alón.
El comandante y
mi tíojugabanunn
partida de ajedrez;
Blanca tocaba u11n
sonata de Beeth, , , ven, y yo tendida.
en u na pen·r.osa,
examinaba, con
los párpados medio cerra&lt;lus, la
,~
posluraysembl»n·
,
te dri Pablo de
Conprat. Sentado
~junto al piano. 110
poco más atrás que Juno, la oía muy serio sin cesar de mirnrla.
A mí se me antojaba que á Pablo no le caía bien aquella seriedad, y que se aburría extraordinariamente. Y me confirmaba
en mi opinión al descubrir que pu~naba por ahogar algunos bostezos intempestivos. Entonces reflexioné sobre el placer que
sentía cuando él tocaba piezas bailables, y caí en la cuenta de
que no me gustaban las piezae, sino el intérprete de las mismas.
Otro tanto, sin duda, le sucedía á Pablo; no le decía nada
Beethoven, pero estaba prendado de Blanca, y las coma antipáticas á su naturaleza le parecían delicioi,as en la mujer amada.
Juno termin6 eu horrible souata y Pablo le dijo con un alborozo cuya secreta causa me era bien conocida.
-¡Qué maestrazo es Beethoven! Y tú le interpretas admirablemente, prima.
-Lo cual no obsta para que haya usted bostezado,-repuse
poniéndome de pie tan bruscamente, que los jugadores de ajedrez prorrumpieron en furiosos garraspeoe.
- Creí que dormías. Reina
-No dormía, no, y te aaeguro que Pablo ha bostezado mientras tocabas tu malhadado Beetboven.
-Reina detesta &lt;le tal wodo la música, - observó mi tío que atribuye á los demás sus opiniones personales.
'

·-·-·.

(j

�34 2

J
;¡.¡

1

,fiO\IEI.tA

-Sí, pero esas opiniones me han conducido á preciosos de3cubrimientos,-repliqué con voz temblorosa.
-¿Qué te pasa, Reina? Sin duda P&amp;tás de mal h~mor á causa
de no haber dormido bastante la noche pasada.
-No estoy de mal humor, Juno pero aborrezco la hipocresía
y repito una y cien veces y lo repetiré hasta la muerte, ._que Pablo ha bostezado; sí, bostezado.
Des¡.més de este desahogo, huí como un torbelliuo, dejando
mudos de asombro á los moradores del salón.
Me encerré en mi cuarto y allí comencé á pasear &lt;le un extremo á otro, reneganrlo de mi ofusc:tción y dándome puñadas en
la cabeza, á ejemplo de Petrilla cuando se veía en algún apuro.
Pero los golpes en la cabeza, además de exponer á una conmoción cerebral, no han servido nunca de remedio á un amor desgraciado y casi falto de esperanza, por lo que me dejé caer en
una poltrona y allí permanecí largo tiempo consumiéndome de
tri~eza.
En tales circunstancias me venían á la memoria palabras y
gestos, que, según yo me decía, debieran haberme abierto los
ojos una infinidad de veces. A todos los sentimientos se sobrepuso el de la cólera; y el orgullo, despertándose poderoso é indignado, me hizo jurar que á nadie dejaría traslucir el despecho
que me embargaba. Con toda sinceridad creía que había de serme fácil disimular mis hopresiones, á pesar de mi co5tumbre
de eepetárselas á todo el mundo con la mayor frescura.
Pasé entonces por uno de esos trances de rabia, en que la persona de más apaciblé condición Fb siente acometida de un deseo
violento de estrangular á la primera que Fe preseste ó de hacer
añicos lo primero que le caiga en la mano Los nervios, que en
esos casos se resisten al poder sedativo de las lágrimas, necesitan un desahogo cualquiera, y en aquel momento lot! míos la
emprendieron con los monigotes de loza, cuyas muecas y sonrisas me parecieron del todo en todo abominables y estrafalarias.
Sin di !ación, pues, los arrojé por la ven taña, experimentando
un extraño placer en oír el ruido que hacían al estrellarse contra la arena de la avenida.
Pero mi tío, que acertó á pasar por allí, recibió uno sobre su
venerable cabeza, por fortuna provista de sombrero; y, hallando
mi procedimiento harto ajeno á las leyes de la buena crianza,
prorrumpió en una exclamación tan enérgica como expresiva.
- ... ¿Qué diablos haces ahí, Reina?
-Tirar mis monigotes por la ventana. tío, ... responQÍ acercándome al hueco de la misma, del que estaba algo distante para lanzar los proyectiles con mayor fuerza.
-Y ¿es ese motivo para descalabrarme?
-Perdone usted, tío; no le había visto.
-Pero ¿te has vuelto loca, muchacha? ¿Por qué rompes así
tus bibelots?
-Es que me fastidian; les he tomado ojeriza, asco..
Vaya, ahí van los
últimos.
Y disparé cinco á
la vez; luego cerré
brm,camente la ventana y dejé al señor
de Pavol echar pestes contra las sobrinas, sus caprichos y
monigotes rotos que
ensuciaban á la sa·
zón el camino de la
casa.
Por la tarde me
endügó una austera
sermonata, que yo
escuché con la mayor impasibilidad,
pues dominada como estaba por más
graves inquietudes,
me hizo e1 efecto de
una burbuja de jabón que estallara sobre mi cabeza.
Después de comer fuí á contemplar á mis víctimas, que yacían destrozadas en la avenida. ¡Rotas! ¡Pulverizadas! ... Ni más
ni menos que mis ilusiones y ventura, perdidas para siempre,
según me lo parecía entonces.
. ;if,..

XIV
Tal vez extrañe alguno mi !alt~ de pe~spic_acia, pero ¿quién,
aun sin tener la excusa de mis diez y seis anos, n~ h~ dado, al
menos una vez en la vida, pruebas de una ofuscac10n increíble?
De veras querrfa saber si existe un solo hombre que no se haya
motejado á sí mismo de mentecato, al caer en la cuenta de un
pormenor que se le venía ocultando por largo ~iempo, sin embargo de tenerle diari~mente encima de sus nrnces. ¡Ah! ¡Qué
fácil es 1lam11rse perspicaz! Y cuán poco cuesta el serlo, cuando
se nos muestran por sí mismas las CJsas que debíamos descubrir!
Era para mí un verdadero suplic~o ~bservar las delicada~
atenciones con que Pablo trataba á m1 pnma, y saber perfectamente cuál era el fin á que se enderezaban. ¡Cuánto lloré á escondidas! Pero, con todo eso, nunca creo haber sentido celos de
Juno. Dios mío, no; yo era una chicuela que amaba sincera y
profundamente, pero sin la menor sombra de perveraidad en mi
afecto. Lo único que me atormentaba era una constante indignación contra Pablo de Conprat, cabeza de turc:&gt; en quien descargaba mi mal humor, mis tristezas y mis secretas amargura~.
Así pues no cesaba de molestHle con pullas agridulces; y después
me refugiaba en mi habitación, paseándola de arriba abajo entre
apasionados soliloquios.
cc¡Qué ocJrrencia! ¡Irá enamorarse de una mujer cuya índole
se parece tan poco á la suya! El, tan alegre, tan charlatán, lo
mismo que yo seguramente; y ella, grave, callada, idólatra de
los respetos y miramientos sociales. ¿Qué ha de suceder? Bien
claro lo veo: que se aburre el pobre hombre ...... ¡Tan á maravilla como habíamos de entendernos los dos! ¡ Parece mentira que
no haya caído en la cuenta de ello!. ..... Pero no debo olvidar que
Blanca es tan buena como hermosa; él la conoce desde hace tiempo ...... y el a.mor no obedece á las conveniencias, ..... n
Estas consideraciones no me procuraban gran consuelo.
Pasaba la mayoría de las tardes sollozando en la cama¡ á veces me sucedía lo mismo por las noches; y no obstante la re~olución que tomé de ocultar mis impresiones, al cabo de quince
días, los moradores y visitantes del Pavol ~e asombraban de mi
extravagante conportamiento. Por la mañana rnlía levantarme
tan alegre, que reía durante horas enteras; por la tarde me sen·
taba á la mesa con aire sombrío y no despegaba los labios en
toda la comida.
•
Este silencio, tan contrario á mis hábitos, daba mucho que
pensar al señor de Pavol.
-¿Qué pasa en esa cabecita, Reina?
-Nada, tío:
-¿Te aburres? ¿Quieres hacer un viaje?
-¡Oh! De ningunamanera;sentiría enelalmasalirdelPavo1.
-Si tienes gran empeño en casarte, sobrina, eres libre; tu tío
no es ningún tirano. ¿No estarás quizá pesarosa de las repuleas
dadas á las peticiones que se han sucedido desde hace algún
tiempo?
-No, tío; he mudado de opinión, no quiero casarme.
Esas desdichadas peticiones solo servían para acrecentar más
mi enojo. No podía oír hablar de matrimonio sin sentir ganas
de llorar. El señor de Pavo! no me metía prisa para que acep·
tara, pero me exponía las diversas ventajas de los pretendientes
é insistía algún tanto á fin de moverme á conocerlos. Hasta creo
que sin dificultad él los hubiera calificado de casos extraordinario~; y entre los numerosos descubrimientos que yo hacía diariamente, la inconsecuencia de mi tío no es lo que menor asom·
bro me caueaba. Allá para sus adentros debía sentirse algo molestado por la responsabilidad que le cabía en el asunto de mi
casamiento; pero me dejaba en completa libertad y se contenta·
ba con rechazar algunas proposiciones mías que no tenían pies
ni cabeza.
- ¿Por qué repetías tanto que tenías prisa por casarte, Reina?
- me preguntó Blanca.
.-No.lo ~aré hasta haber encontrado el hombre que rnfüfaga
mis aspirac1onel'I.
-¡Ah!. ..... Y ¿cuáles son tus aspiraciones?
-No las puedo definir aún con precisión, - repuse con voz
ahogada.
Blanca tomó mi rostro entre sus manos y me miró fijamente.
-Desearía poder penetrar tu pensamiento, Reina querida,
¿Amas á alguno? ¿Es á Pablo?
- Te juro que nó,--dije desasiéndome de ella -no amo á nadie. Cuando tal suceda, lo sabrás todo al instante.
Si la muerte no fuera tan terrible, seguramente me habría
dejado matar 011 aquel momento antes que confesar á la fuerza
mi amor á un hombre prendado de otra mujer, siendo ésta mi
prima.
( C,ontinuará).

COMO PIENSAN ''ELLAS"

COMO PIENSAN ''ELLOS'

PREGUNTA

PREGUNTA

¿ Qué virtud preferiría usted que poseyera
el hombre que es 1;u esposo ó el que usted desPara qne lu fuese?

Qué virtud preferiría usted que poseyera [r,
mi,jer r¡ue es su esposa ó la que usted de¡;earn
qu~ lo fuese'?
MAS RKSPUESTAS

MAS RESPUESTAS

Quiero que el hombre que me lleve al
altar ten¡ra muchas y muy buenas cualidades; pero la que más deseo, la que no
debe faltar para que yo ame verdaderamente al que ha de unirse á mi vida ei-:
que posea una instrucción en extre~~ sólida, que por lo mucho que haya vrnJado
tenga conocimientos muy profundos de
todos los países. Que sepa dos ó tres idiomas; pero que no hag,a nunca ll.larde ~e su
sabiduría. Se me hana en extremo odioso,
llegará aborrecerá mi marido si tuvie·
ra este defecto, pára mí garrafal.
Por último, quiero que me ame muchí8imo, que le guste viajar, para poder acompañarle y que su único vicio sea ir al tea·
tro diariamente ó por lo menos muy á menudo.
Prometo hacer feliz, muy feliz, al hombre que reuna estas virtudes. ¿Lo en con·
traré así como lo btJ soñado?
Margotta.
El Jesús misterioso de Lóndrrs, visto de dfa.

Yo deseo que él eaposo que la suerte me
depare sea intruído, que tenga buen carácter y nobles sentimientos.
¡Ah, se me olvidaba! No quiero que sea
orgulloso.

Elisa Rorn.
Todas las aspiraciones de toda mujer
tienden hacia el matrimonio: yo desearía
que el compañero de mi vi~a fuese honrado, cariñoso, y condescendiente, y para
ser más breve, ya que no pueda reunir las
cualidades que propongo y que rara vez
se encuentran en un mismo carácter, deseo al meños conocer si sus sentimientos
se parecen á los míos para luego conge·
niar y componer un hogar de dicha y felicidad'.
Cruz Cifuentes.
La virtud que prefiero en el hombre que
sea ó vaya á ser mi esposo, es la siguiente:
trabajador y honrad::,.
Además que también posea las cualidades de dulce y cariñoso, sin ser empalagoso; que sea sincero en todas sus cosas y que
odie la hipocresía.
Y aparte de todo esto que ya es más de
una virtud: que me quiera por siempre á
mí rnlita, mucho.
Buen hijo antes que nada; porque el que
es buen hijo tiene todo lo bueno, y por
consiguiente será un buen esposo.
Y que no me dé jamás ocasi6n para dudar de sus palabras.
Si lo encuentro con estos requisitos seré muy feliz.
Zoila Violeta L.

La mujer que yo deseo para esposa, no
ha de ser manca, tullida ni coja. En cuanto á Jo físico no exijo más que lo dicho.
Ahora en cuanto á le moral; mis mayores
deseos eon encontrar uoa mujer que esté
perfectamente educada y que m~ quitra
mucho tamo como sea necesano, para
que si llevando relacione~ yo muriede.', hiciera vo~os de eterna castidad. Que.m.por
casualidad lleve sucio el vuelo del vestido,
ni sueltos los cordones de su calzado, ni
cruce las piernas al sentarse. Deseo más
aún. y es que no le guste registrarme _los
bolsillos bastándole con que yo le diga
que na&lt;fa de lo que en ellos exis~a le puede interesar. Parece que al ,lec1r que la
deseo educada no había necesidad de se·
ñalar detalles, pero como que conozco mujereR educadas que en la intimidad del ~ogar se p~rmiten quebrantar la educac1on
con esos señalados detalles, por eso debo
. .
consignarlos así.
Respecto á mi suegra, me es rnd1ferent(que sea de cualquier m~do! pues_ te~go
la facilidad de poner en practica la rnd1fere;cia para todo aquello que me repugna,
y el caso de que la suegra fuera repugnan·
te por sus ridiculeces ó carácter, que cuente con mi máti lJIOfundo y acentuado desprecio. Tanto ..J.Ue si delante la tuviera. re!!Ultaría un cuerpo transparente, porque
mi mirada lo traspasaría para fijarse en lo
que después de ella estuviera.
Pedro Luis.
Deseo que la mujer que ha de ser mi esposa sea sumament_e cariñ~sa; n~ alta ni
chiquita, ( un térmmo ~ed10); OJOS gra~des, pie criollo, y rubia; pue3 para trigueño y patón basto yo.
.
Vivo en Monte número 31, por 81 hay
alguna que reuna estas condiciones.
E. P. A.
Quiero una vieja muy fea, que todo el
que l!i vea se esconda para no asustarse.
A mí las jóvenes ya no me resultan. He
tenido muchas novias y todas á cual peor.
¿Hay alguno que quiera deshacerse de
la suegra?
Ka- ri-ka-to.

El Jesús misterioso de Lóodres, visto de noche,
.A.ctaalmente está llamando poderos~mente la
atemión en Lóndres, una pintura de Jesucristo.
que ofrece una particularidad extraña. Visto el
cuadro de dfa. no sead vierte nada de particul 11r; pero
apenas empieza á Hnochecer la figura de Jesús se ve
como una. somllra.,rodeadaporunnlmbode luz,y en
el tondo medio borrosa, se destaca. la flgara de la
Cruz. NÍldie hasalJijo explicar este misterioso e~ecto, que, como antesdecim?s, h_a.llamado muchfs1mo
la atención en la gran oa.p1tal 10glesa.

Para esposa desearía una mujer que primera::r}ente poseyera una cabal y vasta
educación, que fuera recatada, laboriosa
y amante á su esposo, y cuyo_s actos fueran imbuidos de la mas estricta moral,
que creo es la primer base para formar un
hogar feliz.
Geelsa.

..

�OE TOOO UN POCO

344

tra1'ajar para tenerlo todo sin hacer. He
CONTRIBUCIONES PAGADAS EN
Alejandro el grande, cuando daba auaquí el diálogo que entre los tres, amo y
ANIMALES.
diencia, acostumbraba, mientras hablaba
Los indígenas del Congo pagan sus con- criados, pasó antes de ayer:
el acusador, taparse una oreja con la mano, tribuciones en especie, como es natural en
-¿Estás ahí, Pedro?
y preguntado ¿por qué lo hacía?--' 'Es, res- un territorio que empieza á civilizarse.
-Sí, señor.
pondió, porque guardo la otra para el
-¿,Qué haces?
Los animales domésticos alcanzan preacusado. "
-Nada, señor.
cios que, por lo bajos, ya los quisiéramos
PARA DAR FAMA BASTA
-¿Estás ahí, Juan?
nosotros los europeos para nuestros met·
LA CASUALIDAU.
-Sí, seflor.
catlus. El animal que más cuesta es el ca-·· ¿Qué haceE-?
Un licenciado del ejército, que se retira. mello, y su valor no pasa de veinte duros.
-Ayudar á Pedro.
ba á su casa sin oficio ni beneficio halló Un buey cuesta veinticinco pesetas ,una va..:-Pues
bien, cuamlo concluya¡:, entraá
ca
cincuenta
y
un
caballo
oetenta
y
cinco.
por casualidad la receta de unas píldoras
La coEtumbre de pagar en e:;pecie no e; darme las botas.
para curar todas las enfermedades habidas
y por haber, y que i,e le había perdido á tnn rt'mota como pudiera creerée. Todavía
.
***
Se confesaba uu hablador de halwr
un charlatán. Como no lo era él poco, se en muchos pueblos de España se paga al
presentó en el µueblo , diciendo que había 111édico, al boticario y al cura con ¡.,arte de murmurado en público de una respetable
estudiado medicina, y como le creye2e11 la cosecha de cereales, y en algunos puu- persona.
-Es necesario, le dijo el conf,-,sor, que
buenamente sus paisanos, principió á ejt&gt;r· lO.:l de I•1glaterra existe igual costumbre.
en público también se desdiga usted de
cer la profesión con todo descaro, propi***
esa falsedad.
nando siempre la misma medicina para
Un
eolterón
rico,
por e3tar bien servido,
--Padre, replicó el penitente; el caso es,
todaR las enfermedades, aun que la causa
ha tomado dos criados, que se matan de que como ~aben que miento tanto, n0 me
de ellas fuese contraria. Las píldoras obran
creerán.
á las mil maravillas, algunos enfermos se
- Si ern es así, dijo el prudente confecuraron, otros se murieron, pero la8 pílsor. puedo absolverle, porque tampoco
doras no desmerecían por esto, y el charhabrán creído su murmuración.
latán menos.
Un día se le acercó un paisano y le dijo:
~ª~º~~~
¿Las píldoras de usted curan todas las enfermedades? ¿Podrán también curar la mía'?
MADRE
-De seguro, repuso nue¡::tro hombre,
(CUENTO.)
con el aplomo de un charlatán.-¿Pero,
qué enfermedad es?
(Sigue de ta página 340.)
-Mi enfermedad, señor, es que se me
ha perdido una burra, y por más diligen·
- Sí, ella me t.a enviado para preveni·
cias que practico no puedo encontrarla.
rOfo&lt;.
-El médico se turbó con esta contestaNo reconociendo el rostro de e~a mujer
ción, pero luego sacó media docena de pílcuya juvP.ntud hacía contraste con la otra,
doras. y le dijo con bastante seguridad:
la condesa de Kermendy preguntó:
La señora de Gedeón,- ¡¡ ¡Brígida!!! El
señor se fué á la oficina sin paraguas y ya
-¿Quién ,a,i~?
-- Tómelas usted buen hombre, y verá
comienza á llover; cc,ja este otro y corra á al,
prodigios.
- ¡Soy la Vida l
canzarlo; no Jebe ir muy lejos.
-El paisano las tomó con fe, y se rnli6 al
Y drf-¡inés de un silencio la aparición
campo¡ y como la meexclamó:
-~li h(lrmana la
dicina le obligase á separarse del camino; se
l\1uerte, conmovida de
llcerc6 á un esper,,o caa&lt;lrniraci6n por vuesñaveral. .... y, ved aquí
tro gran valor y vuesnnacoincidenciaextri1.tra sublime abnega·
ña, estaba allí su burra
ción, renuncia á 11.po·
&lt;lerarse ele vuestro hiEsta cura prodigiosa, ha sido la base de
jQ..... En recompensa
pnr v u es t r a beroica.
la fortuna del curandero, porque el camabnegación, yo os traipesino principió á pugo la cura dei primogéblicar que aquel médinito, para largos días
co, no sólo curaba la-1
de salud .....
enfermedades, sin o
Y en seguida el fanBrígida. - Pues !,Í que va lejos; ya
El seño1· Gedeón. - ¡Diablo!, olvidé mi ta sma de~a pareció soque daba recE:tas pnra
paraguas y ya se viene •in aguacerito. Creo
no se levé. . . Y llueve fuerte; lo mejor
encontrar las burras
será ir á la ofici na y esperarlo en la puerque en vez de seguir á la oficina, debo vol- bre la cima de los árperdidas, que por ci erver á casa á recogerlo. Levantando el cuello holrs iluminado por la
ta para cuando salga.
to no es poco.
daridad de la luna.
y corriendo .....

***

***

CORAZON DE

..

El señor Gedeón. - ¿Dónde está mi para·

guas?

La seño1·a de Gedeón.- ¡Cómo!¿note encontró Brígida?, la he mandado de tras de tí
con tu paraguas.
El seño1· Gedeón. - Pues corro á alcanzarla.

Et señor Gedeón.-Diablo! ! Ya me cala
la agüita, he dado vueltas por todos lados y
esa malvada no parece por ninguna parte; me
iré mejor á la oficina.

.Bríf¿ida.- (Al señor que llega empapado.)
S1, senor, la señora me mandó á que lo alcanzara.con su parnguas; pero como no lo
encontre en el camino . . . . . . . . . .... . . . .. . . .

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="20">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="2949">
                <text>El Tiempo ilustrado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3358">
                <text>Semanario ilustrado de literatura, historia, bellas artes y variedades. Dedicado a informar las noticias más relevantes de México y el mundo, además era escaparate de todo tipo de comercios, banca e industria pues en él se anunciaban sus servicios.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83972">
            <text>El Tiempo Ilustrado</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83974">
            <text>1911</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="53">
        <name>Año</name>
        <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83975">
            <text>11</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83976">
            <text>19</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83977">
            <text> Mayo</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83978">
            <text>7</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="83992">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752901&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83973">
              <text>El Tiempo Ilustrado,  1911. Año 11. No. 19. Mayo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="89">
          <name>Accrual Periodicity</name>
          <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83979">
              <text>Semanal</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83980">
              <text>Agüeros, Victoriano, 1854-1911</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83981">
              <text>Publicaciones periódicas</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="83982">
              <text>México</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="83983">
              <text>Literatura mexicana</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83984">
              <text>Semanario ilustrado de literatura, historia, bellas artes y variedades. Dedicado a informar las noticias más relevantes de México y el mundo, además era escaparate de todo tipo de comercios, banca e industria pues en él se anunciaban sus servicios.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83985">
              <text>Talleres Tipográficos de El Tiempo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83986">
              <text>1911-05-07</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83987">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83988">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83989">
              <text>2000200375</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83990">
              <text>Fondo Hemeroteca</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83991">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="38">
          <name>Coverage</name>
          <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83993">
              <text>México)</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83994">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="83995">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="11004">
      <name>Artes y oficios de príncipes</name>
    </tag>
    <tag tagId="11003">
      <name>Ignacio Rosas en Bellas Artes</name>
    </tag>
    <tag tagId="10991">
      <name>Mi parroco y mi tío</name>
    </tag>
    <tag tagId="3071">
      <name>Poesía</name>
    </tag>
    <tag tagId="10995">
      <name>Revolución mexicana</name>
    </tag>
    <tag tagId="98">
      <name>Teatro</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
