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                  <text>fl,
..
\ ~11 \

1

~IÉx11;0 . DoMINBO

==========================================

4 DE

Jux10 u 1&lt;.: J}JJ

NuM. 23.

l.

EL HOMBRE DEL DIA

11
11

= = = = = = = = = = = = = = ·,= =

SEÑOR DON FRANCISCO I. MAD~RO,
OANDIDATO DEL PAR'rIDO AN1'fRREELECCION1.~'l'A PA R A LA PR.l&lt;;UOENCIA. DE LA REPÚBLICA
EN LAS Ú.L'rIMAS ..~LECCIONE~ Y CAUDILW UF. LA REYOLUCié l7" QUE A.CA.B·'1 CON EL
\.NTIGUO RÉGIMEN, Y '10N l' •· GOBIF1{NO D% GENEI!A.L DON "fl\RFIRIO DÍA.Z.

'

11

�FotogPafías liistótrieas.

~NfiTA~ VE LA S[f\ANA
Terminó el mes de María, terminó con todas
sus belleza~ espirituales; pero que dejan una huella precio~ítirr.ia en los ~ternos corazones de los niños, cuyas almas purísimaP,
s~ acaso mas. tarde se ven contaminadas por el mal, pueden punficarse al simple recuerdo de la época en que iban á reverer.ciar á la reina de la pureza.
¡Ah, sí!
Nadie, nadie, puede olvidará la Madre Santísima, que ha sido la corredentora de nuestra salvación. Cuando ya estamos
cansados de la vida, cuando vemos que se acerca nuestro último fin, recordamos aquellas ocasiones que con nuestros labios
mfantiles la elebamos constantemente.
Hasta el vicioso, hasta el criminal, acude á Ella en sus aflicciones.
¡Qué hermoso sería conservar perpetuamente la inocencia!
¡Esas nifias que en el mes que acaba de pasar, llevando aro·
máticas flores á la Virgen Pura, quizá má8 tarde la perderán!
El mundo está pleno de escollos, por todas partes existen los
peligros; pero la inocencia perdida ~e recobra por medio del
arrepentimiento ó sea la penitencia.
¡Ah! Frescos botones que comenzáis á lanzar vuestros perfumes, pedid que se os aumenten con el de la virtud. Alejáos de
la atmósfera mefítica que nos rodea y llegaréis á ser flor( s encaptadoras cuyos aromas se expandan por vuestro hogar.
Más tarde, si Dios así lo dispone, seréis un trasunto, aunque
muy ligero, de Aquella á quien fuísh·is á ofrecer las flons que
tnmbolizan nuestra ;nocencia.

**'*

Prr,l ...... en estos momentos no queremos hablar de nuestra
pa!'ada hi.-toria. Queremos hablar de lo que en estos instantes
paFa en.nuestra patria. .
. ,
¿Sabéis lo que es la vamdad? ¿Sabéis a qué se reducs la gloria mundana? Ahí tenéis como ejemplo de lo que vale el mundo,
al general don Porfirio Díaz.
.
.
.,
Repleto su pecho de condecorac10nes, unas merecidas; qmza
otras no, f'in embargo en estos momentos tal vez sea uno de los
seres más infelices del mundo.
¿De qué le sirven los honores de que fué objeto, si á esta hora lo vemos caído, casi un desterrado que va á Europa á distraerse de sus penas hondísimas que ha de tener y á procurar
no acordarse de la ingratitud de muchos á quiene~ protegió?
Se ha asegurado que el General Díaz, al alejarse de su patria,
lloró. Algunos lo ridiculizan por ello; pero nosotros, sin ser sus
partidarios, quisiéramos que álguien se pusiera en su caso.
¡Ah l Perder las comodidades físicas es lo de menos. El Gral.
Díaz las tuvo y grandes. En el alcázar de Chapultepec existe un
verdadero lujo asiático; nada falta ahí para el «conforti&gt;. En la
misma ca~a, propiedad del ex-presidente, se disfrutaba de relativo lujo; en el Palacio Nacional cada uno de aquellos salones
riqufa.iroamente arternnados se respiraba el vaho de lo valioso,
de lo espléndido.
Pero no; no es esto lo que más ha de extrañar al General Díaz.
Lo que más ha de hacer que su corazón se comprima y que las
lágrimas se agolpen á sus ojos, sin duda que ha de ser el desen·
canto de verse desamparado de los falsos y de los verdaderos
amigos.
Los falsos lo adularon, lo arrojaron hacia el precipicio; los
verdaderos fueron (perdónese la comparación) algo semejantes
á los apóstoles de Nuestro Señor Jesucristo.
Tuvieron miedo y el miedo hace correr y abandonar al amigo más cariñoso.
No es cuestión política la que tratamos aquí. Es simplemente una cuestión moral.
E!l cierto que quien siembra recoge y por cierto que así como
sembró el General Díaz muy buenas semillas, también eembr6
mue.has malas; pero en el mundo hay muchos ingmtos y esto lo
estamos viendo palpablemente.
.

Partió el General Díaz á Europa, cttei como un desterrado.
«Sie transit gloria mundi. »
¡Quién dijera que en tan corto tiempo habríamos tenido tantos cambios en el país!
Se marcha el General Díaz con sus cualidades y defectos que
tuvo como gobernante; pero se marcha con la espina más punzante que se puede recibir en el corazón: la ingratitud.
No hablamos de la ingratitud de la nación á la cual hizo in·
contables bienes y males. Hablamos &lt;le aquellos qu~ lo adulaban, que no supieron aconsejarlo y lo derrumbaron al precipicio.
Aquel famoso &lt;&lt;CÍRCl.:LO DE AMIGOSll no dispuso de un ¡u,ñuelo
***
para enjugar las lágrimas del anciano que durante tanto Lit&gt;mpo
Don Francisco l\Iadero, animado de muy buenas intenciones,
les hubiera dado una sopa del pan dtl presupuesto.
trata de regenerar nuestro pais.
Huy se alE&gt;ja el General Díaz, Ain duda, con el corazón rebosnn·
¿Lo logrará?
te de amargura. Ya no e~cuchará en ceremonias oficiales laE
Tal vez; pero es necesario que tome ejemplo; que se fije en Jo
vib1antn notas de nuestro grandioso «Himno Nacional;» ya no que son los falsos amigos y loe que siendo verdaderos al princiserá aclamado por el pueblo, como en otras ocasiones.
pio, después se convierten en ingratos.
Va á Europa. Sus antiguos gobernante~, amigos en los primeDeseamos verdaderamente que subsista la paz· que todos caros días, lo recibirán como á un huésped ilustre y hasta lo aga- minemos por el sendero del verdadero progreso. '
sajarán.
Poco importa el nombre del gobernante con tal que cumpla
Más tarde ...... más tarde ...... ni quiPn ce acuerde del General con su deber.
Díaz, de aquel á quien se llamó el ((héroe de la paz» y por último llegó á ser el derrotado por la guerra.
***
En la Historia se han regiétrado heche,s ~emejante@, princiEn la mayoría de los templos de esta capital se está celebran·
palmente en la antigua; pero en la moderna, es dignísimo de do el mes del Sagrado Corazón de Jesús.
llamar la atención el hecho de que el hombrn que gobernó al
E,e divino Corazón es todo amor y siempre se encuentra dis·
puesto á consolar al que sufre, á reanimar al decaído á alentar
país más de treinta años haya caído en unos seis meses.
'
al que sigue el buen camino.
Mé_x!co en ~etos último~_tiempos ha atrayesado por una tremenA rey muerto, rey puesto. ***
Es cierto que ni el General Díaz ha munto en el f entido lato da cnsu,. Var10sde sus h1Jos han sucumbido en guerra fratricida
de la palabra, ni don Francisco Madero ocupa todavía el pt..esto que por todas partes sembrara el luto y la desolación. Pero Dios
de la Primna Magistratura de la Nación; pero el hecho es que es E'iempre piadoso. Su corazón que es fuente de amor oyó las
el primero es un hombre muerto, moralmente hahlando, y el se- súplicas de los que le pedían el reinado de la paz y ésta se está
gundo es cai,i sPguro que llegará á ser el Presidente de la Re- lo¡zrando cada día más.
pública.
Y e~ta paz no sólo nos ha venido ain traernos consigo algún
En estos últimos tiempos hemos visto en México cornR que beneficio.
verdaderamente m•s dejan como alelados, porque quizá en po- . ~os trae el reinado del or?en; el reinado de la justicia. A las
cos países del mundo se había visto una trañsformación tan rá- t1meblas que nos rodearan sigue una luz indeficiente- al fragor
de las armas sigue el cántico del triunfo.
'
pidl'. como la presente.
Es.
prec~so,
y~es,
que
en
este
mee,
los
que
tenemos
fe en la
Ta guerra de Independencia fué lenta, costó infinidad de sac,.1:·c10s. Ella produjo héroes gloriosos, cuyas efigies todavía se Pro vhlenc1a D1vma ~cud~mos al te~plo para dar gracias al Covenet·1m en lo mundano.
r&lt;1zon deífico que f'e na dignado :iprndime de nue,tra patria.
¡Ah! Parece &lt;]~e renacemos á la viday vemos no muy en lonVinieron después otras clases de guerras también pasmosas
en cuanto al número de adictos de uno y otro lado, y tamhién tananza al risueño porvenir quP. nos esr,era.
Hagámonos dignos de este favor diviro.
esa lucha fué larga, larguísima.
Libe!ales y conservadores nunca llegaron á entenderse.
,
EL CRONISTA.

395

((Puea es preciso re,tituírla. ii
((¿La quiere Usted, Padre?i,
(( Yo no, » respondió el confesor.
Replicó el gitano: &lt;cLa he ofrecido á su
dueño y no la quiere. i&gt;
Pue3 entonces quédate con ella.i,
Ved ahí lo que hacen los que no se confiesan con la debida sinceridad. Siempre
van con enredos, excusas atenuantes, y lo
cierto es que se confiesan mal.
No tengáis vergü enza en el acto de conft:,;aros: ter,edla, sí, cuando cometéis el
pecado.

Grupo de manifestantes antirreeleccionistas, el día
de la Convención en que fué proclamado
candidato don Francisco l. Madero.

El candidato don Francisco l. Madero, al dirigirse á hacer propaganda en 105 Estados
en pro de su candidatura (año 1910.)

CONFESION DEL GITANO

¿No sabéis que es al mismo Dios al cual
os confesáis y á quien el confesor representa?
¿No sabéis que sella los labios del con.: .
fesor el Espíritu Santo?
.
¿Desconfiáis tal vez de la bondad y misericordia de Jeeús?

SIXCERIDA U.

Fué á con[e;:ar.;e un gitano, y mientras
se confesaba echó de ver una cajita de metal blanco, que le pareció de plata, en la
manga del fraile ( era la caja de tomar rapé) y se la robó.
((Acúsome. Padre», dijo luego, &lt;cde ha·
her robado una cajita de plata.. »

4--~
Un mitin maderista el .i iio 1910.

Todo camino tiene espinas. Avanzad,
sin embargo; retroceder es cobardía. Sólo
el que persevera llega.

1

ti

f

·~~~~~.-.;'.~~~~~~~~~·

Gru po de los princi pales concurrentes á la Convención Antirreelc~cionista 9e 1909, en que fueron proclamados candidatos los·señQres
Madero y Vazquez Gomez.

�ACTURuIOADES
ACTUAuIDADES

Llegada á México, el mes de abril último, del señor Licenciado
don Francisco L. de la Barra,
ex-Embajador de los Estados Unidos, después Secretario de Relacio·
nes y hoy Presidente interino de la República.

Llegada á México de los nuevos Secretarios de Estado. 1 Lic. dory Ra·
fael Hernández, Secretario de Justicia¡ 2. Señor Senador don Antonio V.
Hernández, padre del anterior; 3 Don Ernesto Madero, Secretario de Hacienda y Crédito Público.

397

El :,eñur Lic. de la BJrra, Presidente inteiino dé la R~públi~:i, acomp::iiiaJo del~~ Se~rtLrio~.Y S~bs_ecrebrios de Est::ido, intnino~, en el :icto
de la protesta de los nuevos Secretarios de Gobernac1on, lnstrucc1on Pubhca y Fomento.

Llega,~;¡ á México de los leadei·s antirreeleccionistas, don Francisco y don Emilio Vázquez Gómez, nombrados Secretarios de Instrucción
Pública y Gobernación, respectivamente, del Gobierno interino de la República.
El Cu rpo Diplomá'.ico Extranjero, después de p:·e.;entar su5 felicitaciones al señor Presidente interino de la República.

\

�ACTUAlllt&gt;At&gt;ES

PAZ
Francisco Villaespesa.
. Este cuarto pequeño y misterioso
Tiene algo de silencio funerario
y es una tumba el le~ho hospitalario
'
Donde ª.1 fin mi dolor halla reposo.
. Oormir en paz, en un sofi.ar interno
S,1n CJU~ nadie á la vida me despierte.
Ji.! sueno es el ensuefio de la muerte
Como la muerte en un sofiar eterno. '
Cerrar á piedra y lodo las ventanas
Para que no entre el sol en las mafianas
Y olvidando miserias y quebrantos
'
Dormir eternamente en este lech¿
Con las manos cruzadas rnbre el pecho
Como duermen los niños y los santos. '

~'*'~~

't:f-:..
FAS.A .ALTIVA ......

ACTU Alllt&gt;A t&gt;BS

EL MAL DEL SJGLO

Elt lYIEOICO

Es cuesti6n de régimen; camine
de mañanita; duerma largo, báñese;
beba bien; coma bien; cuidese mucho:
lo que usted tiene es hambre.
SJLYA.

·~~

AL ENTRAR EN ACCION
Guillermo de Montagu.
Pasa altiva la fúlgida hermosura
como impetuoso río amenazante '
que se arroja espumoso y deslu:nbrante
desde la erguida peña á la llanura
'
La pálida belleza, casta y pura ·
como el límpido arroyo susurrante
lleva oculto en su risa el eco amante
de un arrullo de paz y de ventura ......
Tal te presiento yo. No en el torrente
~u rl~~eL~~~e ~!l~!_v~ airado
n.aqta arroJarse en el abismo 1ñgmrte;
s1110 e~ el dul.ce y tímido arroyuelo
~ .. .que discurre impasible por el prado
Y en cuyo fondo se refleja el cielo! ......

UNA FOTOGRA.FIA HISTOl.c,IOA

Pet&lt;donad,

Elt VACIEJIITB.

-Doctor, un desaliento de la vida
que en lo intimo de mí se arraiga y nacP.,
el mal del Siglo .... . el mismo mal de \\'erther,
de Rolla,de Manfredo y de Leopardi.
Un cansancio de todo, un absoluto
desprecio de lo humano ...... un incernnte
renegar de lo vil de la existencia
digno de mi maestro Schopenhauer,
un malestar profundo que se aumenta
con todas las torturas del análisis .....

JOSÉ ASVNcrGr,

Bellos ejem~los.

399

Sucumbir en la lucha generosa
no es perecer, es comenzar la vida·
como al ser la crisálida extinguid¡
brota de ella una luz, la mariposa.
Luchando el cuerpo rodará á la fo1a
con su miseria en polvo convertida·
pero ahí donde encuentra su caída '
lo cubrirá la fama e!?plendorosa. '
Nadie s:enta rendir en la pelea
de la materia la mundanalescoria
para alcanzar el triunfo de su idea.
Más que el cuerpo mortal v11le su hütoria
J..iª que ~s polvc,, ·qtie á fü-n.ienos sea
'
¡polvo á los cuatro vientos de la gloria!
SAT.VADOR RUEDA.

Tito, emperador ro·
mano, benéfico conio
pocos, supo que dos
senadores, á los que
prodigaba su afecto,
conspiraban por am·
bici6n para apoderarse de su trono. Mandóles presentarse á él,
y les habl6 bondadosamente en estos términos: «Confesad vuestra
falta á Tito, y el em perador no sabrá nada.,&gt;
Y no contento con
perdonarles, les invit6
á cenar con él aquella
noche.
No menos magnánimo era Luis XII, uno
de los mejores soberanos que han reinado
en Francia. Cuando
era solo duque de Orleane, disputaba la re~encia de la hija de
Luis XI, y fué venci ·
do y hecho prisionero
eu una batalla po; La
Tremouille. Cuando,
pasado3 algunos años,
ocupaba el trono, no
falt6 quien le exhorta·
ra á vengarse de La
Tremouille, y entonces
di6 esta bella respues·
ta: «No corresponde al
rey de Francia vengar
las injurias hechas al
duque de Orleans. »
Y llam6 á su ladb á
La Tremouille, dándo·
le señaladas muestras
de aprecio.
~. . ·· 4·"1.
Por aquel tiempo •
•1 1,
·~·
mand6 formar una lis- ¡_____
ta de lo'I principalt&gt;s
personajes de su cortP,
Los señores don Francisco l. Madero y d~ctor _don Francis~o .Vázquez · Gómez, procla~ados
y en dicha li sta marcó
.:andidato 5 á la P_res.idencia '.f Vicepres1de~oa de la Reoubhca, ~n..i la g~an Convenoón.
con su mano una cruz Nacion;!l Antirreelemonista, verificada en abril de 1910, en el T1voll ... el Ehseo de esta capital.

roja al lado de varios
nombres de algunos
cortesanos de quienes
tenía motivos fundados dt queja.
Sabedores aquéllos
del caso, estaban poseídos de viva inquietud;
é informado de ellz
Luis XII: dijo: «Que
cese su temor, la cruzo
que he puesto al lado
de sus nombres es pa·
ra acordarme de que
debo perdonarlos.»
Y en efecto los per·
don 6.
¡Bellos ejemplos que
nos ensefian c6mo de·
bemos perdonar!
Jesús desde la cruz
perdonaba á sus verdugos: y vosotros ¿no
perdonaríais á los que
os han ofendido?
Perdonad, si queréis
que Dios os perdone
las inmensas deudas
que habéis contraído
para con él.

Falsa verguenza.
¡A WANTOS!
Cierto cristiano se
avergonzaba de hacer
la señal de la cruz en
presencia do un foras·
tero. Lo vi6 un amigo
sincero y leal, el cual
le dijo: «¡C6mo! Jesu·
cristo no se avergonz6
de morir en la cruz pa·
ra redimirte, ¿y tú te
avergüenzas de hacer
la eefial de nuestra re·
denci6n?» ¡A cuántos
deberíamos decir lo
mismo! ¡Se avergüen·
zan de mostrarse cris·
tianos! Pero sabed que
también Dios se avergonzará de vosotros en
el dia de las cuentas.

Una distracción.- Otra distracción.
Pai,eándoee Beethoven por las cafüe dP. U1 a.
población de Alemania, sinti6se acometido por
el hambre. Llegóse á un restaurant y pi&lt;lió el
men{l. En el momento de tomarlo en sus manos ,intióse inspirado, y, sin fij ime en nada,
PmpPZÓ á escribir en el douo del papel una sin·
f,,nía distrayéndoi,e de tal modo que, cuando
vol vi6 en sí, llam6 al mozo y le dijo:
((¿Cuánto debo?,&gt;
«Nada¡ porque no ha almorzado usted aún. "
«¿,Estás seguro de que no he comido nada?»
«Y tan seguro .. ... ,,
&lt;cPues entonces, sírvame, por si no he almor, zado.1&gt;
¡Estupenda dietracci6n!
Pero hay otra distracci6n más grande, que
es común á la mayor parte de los hombres ; y
e11 ésta: ooa encontramos en peligro de muerte,
y sin embargo pecamos y v~lvemos á pecar,
sin caer en la cuenta de que bien podemos con·
denarnos.
¡Nos tienen tan distraídos los negocios de es·
Señnr Lic. don José López-Portillo y Rojas, tn tiPTTll, tan h chizadAR las vPleirl:ine!'I clP la
11.,m~r ,do t!111os .. ,retado de Tn~ t n wci6u
V·icla !
1

Los nuevo~ mini:-tros de Gobernación é Instrucción Pública momentos después de pre~tar la prote~fa de ley.

0

Pí1hlica y Re ,Jas Artes .

Señor Lic. don Fr.1nci,co Diaz LomJ11Tdo

lI

No111 11rndo Snh~e ,· rt&lt;b1·io &lt;le l' omeut o
Colo1Jizuci6u é Tudu, t ria.
___

�yor parte, re.;ervándose aquella que haL;a e~ta lo en contacto con la espalda ensangrentacla
c1 el Redentor, y que se venera hoy en la antigua
Basílica de Santa Cruz de Jerusalen.

***

La cruz, palabra rncratísima Eantificada con
la san~re del Divino Maestro; instrumento for.
mado de dos leños cruzados en ángulos rectos·
patíbulo de d!'lincuentes, escándalo para lo~
gentiles, hace veintt&gt; siglos que es el punto fijo
y luminoso en torno del cual giran los de:;tinos
de la humanidarl, y bajo cuyos brazos se con.
gregan y seguirán congregándose al correr de
las centurias ~ucesivas, las edades y las razas·
las ciudarles y los pueblos, así del mundo an~
t:guo como del mundo nuevo, y á los cuales ha
~al vado, al uno por medio de la esperanza y al
otro por medio de la fe, civilizándde.
A su amparo march6 Europa á la conquista
U no tradición p:)pular que r.lf'sapürece.
delos Santos Lugares, invadi6 provincias, &lt;lobleg6 gooiernos y monarquías, destruy6 cadalsos
y verdugos y atrajo á si á sabios y ricos, á granl.J&amp; Ct&lt;uz Y Santa Blons.-(,i1ué es la Ct&lt;uz y patra qué sitrve.-Suplioio de
des
y á pequeños, á pobres é ignorantes; sepaCt&lt;uz.-Lla foi&lt;ma de la Ci&lt;uz,-,..1.aa fiesta poputa1&lt; de la Ci&lt;uz.
se6 triunfante desde la ciudad de los Césares á
la célebre Bisancio, cruz6 el Mediterráneo, se
Con e@caso y reducido ejército iba el emperador Constantino pos6 en las almenas de la antigua Cartago, quedó inmortal en
á. entrar en la ~a.talla C?ntra el tirano Majencio, que le tenía 8i- los concilios africanos y dej6se ver en loil pueblos más apartados
t1~~0 con .d?scien~os mil hombres, y convencido de su derrota de uno y otro confin de la tierra, brillando sobre nuestros alta.
p1di6 aux1ho á Dios, que oyend61e le hizo ver una Cruz t&gt;ntre res, intacta como el disco del sol, esbelta como la palma de Ca.n?bEB, allá en los cielos orlada con esta inscripci6n: Vencerá.~ en, dés, fresca como la flor de Jericó, suave como los lirios del Carvirtud de esta señal.
melo, benéfica como la lluvia de otoño y amorosa como las briPor o~den de Cr!sto hizo el emperador una Cruz como la que sal'I de la mafiana.
había visto, y llevandola como bandera de nuestra Redenció11
Derramando tesoroe con sus brazos extendidos y abrazando á
al combate, no solo pele6 y venci6 con escaso número de sold11- todos los hombres y á todos los siglos, está enhiesta en lo alto
d?s. á. Majenci.o, junto á l~~ orillas del Tiber, sino que derrot6 á de las torres, sobre las atrevidas y asombrosas naves, en las chi·
L1cm10 en Onente, y haciendose Señor absoluto de ambos im m~neas de las fábricas, en la cúpula de los palacios, en el huperios, confundi6 el paganismo y declar6 religi6n dei Estado la. m1l~e lecho del pobre, á la entrada de la ciudad y del solitario
religi6n de Cristo, única y verdadera.
cam1no de la aldea, en la corona de los reye\ en la tiara del
.Consuma~o el deicidio en el G6lgota, los judíos, según pres. Pontífice, en el pecho y en la espada del soldado, en el sello de
cnbían los ritos de su ley, y según sus deseos de extinguir pron- las monedas, al abrazar el Bautismo y demás Sacramentoi'l al
to los recuerdos de la Pasi6n, se dispmiieron á hacer deeapare- humillarnos en la Confesi6n, al empezar cualquier obra bue~a
cer los cuerpos de los ajusticiados y los instrumentos y seüalei- en la tentaci6n, en la necesidad y en el peligro.
'
del suplici~. No P?dieron hacerlo con el cuerpo del Salvador,
Los reyes-dice el cris6stomo-al despojarse de sus diademas
porque Jose de Arimatea se había adelantado y obtenido de Pi- toman la Cruz, símbolo de la muerte del Salvador. Sobre la púrlatos el permiso de recoger los sagrados restos y de enterrarlos pura, la Cruz; en las oraciones, la Cruz; en las armas, la Cruz;
en el sepulcro que poseía en el jardín del Calvario á unos cua- en la mesa sagrada, la Cruz, y la Cruz brilla más que sol en t&gt;I
renta y cinco metros del lugar mismo en que fué' enclavada la Universo.
Cruz.
En todas partes está y Sfl ve una Cruz· nadie vive sin ella y
Pero lo hicieron la noche misma del Viernes Santo con las tres
'
' '
cruces, la inscripci6n, los clavos y los cadáveres ele losladrone·
arrojándolos á una excavaci6n muy profunda que ha muy poco~
metros del Calvario, pr6xima á la puerta de Efraín, servía de
r~ceptáculo á las inmundicias y detritus de aquella parte de la
cmdad.
~levaron á cabo esta operaci6n los judíos con tal sigilo y misterio, que los discípulos mismos de Jesús ignoraron siempre el
paradero de la Cruz, limitándose los cristianos de Jerusalen á
venerar el Santo sepulcro, hasta que cinco años más tarde el
emperador Adriano al edificar sobr; los fundamentos de la ~ntigua J er~salen la Élia Capitolina pagana, destruy6 y profanó
aquellos Santos Lugares, construyendo un jardín y levantando
una estátua á Júpiter sobre el mismo Santo sepulcro y erio-ien0
&lt;lo un t.em plo y una estatua á Y enus.
'
En este estado de cosas, en el sio-Jo rv el año 326 la Emperatriz Santa Elena, madre de Conetanti¿o, en la gr~ndeza y en
el ardor de su fe, avivada por recientee desgracias de familia,
deseosa de encontrar el sagrado madero donde muri6 el Hombre
J?ios, visit6 aquellos Santos Lugares, subi6 al monte G6lgota y
srn 1eparar e~ dificultades ni sacrificios, destruy6 los templos de
Venus y Jú.piter y desenterr6 la preciosa Cruz del Salvador, con
las otras dos Je los ladrones ajusticiados, levantando en las mismas excavaciones una capilla que aun se llama de S11.nta Elena.
S~a porque la inscripci6n de que habla el Evangelio aparecie·
se fiJa en una de las cruces y desde luego demostrase esto cuál
e~a la verdadera Cruz del Salvador; sea poque, aplicadas inme·
dtatamente las tres cruces á una mujer moribunda llamada Li·
bania, recobr6 públicamente Ja salud al contacto de la Cruz ver·
&lt;ladera, hecho comprobado por los más autorizados testimonios·
.
.
'
sea por estas aos circunstancias reunidas1 la Cruz del Nazareno
fué, desde lu~go distinguida de las otras do!!, y deepué3 de hab.e,r permenectdo por espacio de tres siglos oculta con la inecripc1on Y los clavos ehtre escombros é inmundicias, fué triunfalmente con~u~ida la noche del 13 de Septifimbre del 337, día de
FIH &lt;lescub·in~H~nto, nl oratoric• de! 0en(1cülo ~· ilP allí rPp1r1irl:t
entre la 1gl~s1a de J erusalen, á la q~e la emperatriz &lt;lej6 Ja ma-

IJa Ctruz

de mayo

401

¡cui::a. rnra! para aquel que lleva ,
.,! parecer, una Cruz grande .Y
la toma con resignaci6n y f ·

ella al condenad l y ens, gui,Ja
era clavado.
Este punto, lo miFmo que la
cri,tia1111, es muy ligera y fác I
forma de la Cruz que hubo de
.i .. llevar; pero agobia en cam ·
tf'ner aquella en que fué clavado
b'o con su pern, á los que la
Jesús, así como la madera de
a rroj;tn lejo3 de sí.
que estuvo construída, ef' muy
Hé aquí el milagro, si tH 1
controvertido, con gran varied11t1
pu~de llamarse: c(Quiim toma l11.
de opiniones de los escritore1&lt; y
Omz y me bigue, estnrá conmigo y
arque6logos; pero las dimensio·
~erá d1gno de mi... ....
nes de este artfoulo no no3 conL:i Cruz era el suplicio má"l
~ienten detenernos en esta cnn:.
r·om ún entre los pueblos anti ·
tión. La opini6n más apoyada
guos y especialmente entre lo•
por autores eclesiástic&lt;'s y máR
rumanos.
conforme con la tradici6n, es
Fué también empleada por
de que la forma de la Cruz del
los sirios, peroas, indios, carta·
Salvadt&gt;r no fué en esta forma i'
gineses y egipcios, quedando en
tan romún, sino el de una te,
la época de los erodianos como
así T: 6 Fea la letra tau que en
pena reservada á los eeclavo?, á
el alfabeto simb6lico de los grie·
los salteadores, á los asesinof:,
gos era la última, cruz semejante
á los viles y á los sedidoso8,
á la del Buen L1dr6n, que se
hasta Constantino el Grande que,
romerva en la Iglesia de Santa
¡,or respeto á Cristo, la aboli6
Cruz de J erusalen.
en el año 13 de su reinado. El
El origen del apéndice supecapricho de los tiranos impuso
rior de las modernas cruces, &lt;leesta pena no solo á los malvadoi::,
he de 1,er, que en los pueblos
sino también á infelicea mujeorientales tenínn la costumbre dA
res y á santos y J.iiadosos cr1~·
!'lavar la sentencin t&gt;ncirna del
tianos, que llenos de fe confesii&gt;tjusticia&lt;lo y en el in:mumento
ron á Jesucristo. Alejandro d
d~ rn martirio; en 111 trni, sin du·
Grande, dt'spués ele la conqui-da tuvieron qut&gt; añadir un a1 éntit de Tiro, mand6 crucificará
dice Fuficiente á contener dicha
dos mil habitantes, y Alejandr",
Pentencia, que en Nuet-tro Rerey de los judíos, Xerxes, Audentor se torn6 ¡·01 el conocido
gu1-to, Tiberio y rleroá11 verdn·
r6tub INRI, anagrama de su
go.¡ de aquella Roma pagana,
La fiesta de la Cruz de .~byo en los b:mios bJjos de ,\\JJriJ,
nombre eEcrito en varios idio·
á me-di:1dos del siglo último.
ma!l.
emplearon este suplicio, que 110
fué propio del pueblo judáico,
Reftrirtambién las obrasplásel cual solo conorfa el apedrea.rni,nto. la extrn.1 gulacióu y ra- tiea~ y gráficas que representtln con a:guna exactitud la CrucirdS ve ·es ln. crl'm:ici6n y la &lt;IPra¡,itadón.
fixi6n de Cristo, no tS co~a fácil ni de un momento, ni tampoco
del objeto de este nuestro trabajo; su rnumernción sería interLa forma de la Ctuz fué por mucho tiempo motivo de graves minable siendo las más famosas y las más notables, las de Cicuestione1,1, y como resultado de profundos estudios se sabe que mabué Giotto y Fra-Angélico en Santa Cruz de Florencia; R1 este instrumento de martirio era de va, fael en la colecci6n de Ward; Brueghel y
rías especies.
de Martín Roa, en M6dena; Veroné\ en el
En la antigüedad ya se conocían vaLouvre, Venecia, Florencia, y Dresde; Tintorias cruces. La Cruz simple, un árbol,
retto en Mnnich y Venecia; Rubens, en Amal cual sujetaban á los delincuentes con
beres, y el de Joanes en :a Sacra Familia....
cuerdas 6 clavos, 6 un palo puntiagudo
Parece ser que entre las fiestas populares,
con el cual clavaban á los reos por la
que llegaron antiguamente á estar muy geCruz "commis· espalda. La cruz composita 6 percha, Crnz "Grceca" neralizadas en nuestra España una de las
horrible instrumento de muerte que to·
más famosas y acaso la que más se ha aproCruz
sa" 6
"pati bulatta." davía se usa en pueb!os bárbaros. La
ximado á nuestros días, es la Cruz de Ma- "f rea ,,
cruz decusdata 6 Cruz de San Andrés, en forma yo que se celebraba en Madrid. Ko hay que decir
u ·
de X, compuesta de dos maderos de igual longitud cruzados por que las primeras rosas y las flores más bellas de ese meR ernn 111~
el medio. La cruz commi.sa 6 pntibulata en forma de una T, he· preferidas y las destinadas para esmaltar, á modo de pie&lt;lras
cha de dos palos, uno largo y otro más corto puesto encima del preciosas, el árbol santo de la cruz, para fe3tonear el ara. ¡.ianta v
primero, formando un ángulo completamente recto. La cruz la- cubrir el suelo que habfa sido elegido como lugar piadoso de fa
tina inmisa 6 capita, que es, por lo común, la que prest"ntan en fiesta popular. No se mostraron indiferentes á esta fiesta nue:-i·
sue obraR los artistae cristianos 1 formada de dos palos desiguales tros Reyes cristianísimos; antes, al contrario, contrihuyeron no
atravesados el más corto en uno de los extremos del más lar- poco á fomrntarla, y la prueba es que ya Carlos V orden6 ~e
go, á una ;ltura de dos tercios del tronco, sobresaliendo un po- sacase en este día la Flor de Us, 6 eea el santo clavo que se conco de aquél. La Cruz grmca, dos maderos cuya traviesa era á la serva hoy en la Real Capilla y el que antes estaba encerrado en
niitad de la altura del tronco; y la cruz furca que tenía la forma un relicario de eóta forma, y que a&lt;lemá~ hubiese Flerm6n 1· y no
de una Y, y la de Lorena 6 Patriarcal ó de J erusalen, que tenía solo en esta Corte, sino en otras muchas capitales de Espa ña Fe
improvisaban por todas las calles altares, con más 6 ~edos traviesas.
Toda cruz e3tudiada antes de su comnos gusto adornados, y la gracia con que las bijas del pueposic;ón aparece en forma de te romana,
blo de Madrid, ataviadas con sus mejores galas, pedían
una moneda á los transeuntes para ln
con ligerísimo apéndice; corno en el
Mufieo de Pinturas del Prado, el Cristo
Cruz ele Mayo. Esta costumbre popu·
lar, tan española y madrileña, fué
de \' elázquez, uno de los que más se han
suprimida porque había abusos ......
acercado en todo á la verdad, y que es
ornamento y gloria de nuestros pintorei,.
Lo más natural hubiera sido cortar
los abusos y dejar la fiesta; y de eRe
Los condenados á muerte de cruz,
era costumbre de aquella época que la
modo Ee hubiera idu perpetuando el
buen ejemplo de verse adorar en las
llevasen al hombro basta el sitio de su
suplicio donde la víctima era muchas
calles la sacrQsanta cruz de nuestra
'
redenci6n.
.
veces cl~vada estando la cruz tendida en
Cruz Iatma
,
"in misa"
ó "ca- el .Fne ,o, y l tlPgo es1a
se )eYan t n~ia en n1,·
R ~TEKD EZ G.UTE. Cr• 1z "decussat1.1:' ó
pita."
to y otra se plantaba fo cruz y se ataba á Cruz pontificia.
Presbítero.
d~ Svn Andrés.

***

_.,

1

�T EA.T~OS

rubia como un ángel, me ofreció un ramo de flores blancas, la
di un beso, y salí.··...
1
Algunos grupos en la puerta murmuraron al_go a pasar ... ..
oí mi nombre y escuché un aplauso ...... me hizo dano .... ..
Al ri&gt;verendo padre Manuel
Díaz Rayón, con respeto.
Salí en el a~tomóvil, y al. desembocar ep la Pl~za d_e armas~
uoa tristeza profunda, infimta, se apodero de m1 ...... ¡_Sentias
·.. .. · ... · ...... ·· · ·· · ...... · · .... · .... ·........ .. .. .. . .. .... .. .. .. .. .. . ... .. . .. el hálito de muerte que pocas horas antes, pa~ó segand?,vidast · .. ·
... .... "Jii·~~-id~ ·at~~~~d-~~-d~-~~~-d~~~~;g~'ii~g6·h~~t~--~i--~~~~:
Por fin llegué á carn. ¡Qué largo el cammo! Abno el c au~
...... ·..
ffeur ]a portezuela y bojé; al hacerlo, sentí que algo caíabal su~,
nario......
.
io
Un clamoreo mmenso
se e1evo, en segm'da. ¡El r·ug1'do de cen- lo·, cerca de la rueda dela11tera ec;taba el ramo
la q':1~
nmame
de ocasbeqlul
e os
tenares de pechos!
de oro ...... Lo tomé
Terminé el priy ..... la sangre se
mer acto .. .. .. Mi
me heló en las vecamerino se llenó de
nas...... La yanta
estaba roja!. ... ..
amigos ...... Unos,
todavía con el hoAl día siguiente
rror retratado en
mi cabeza daba
sus rostros, contavueltas ...... pasé la
ban en confuso tronoche soñando horrores. La recámara
pel de palabras lo
ocurrido ...... Otros,
en vuelta en s o ro más conmovidos, fi .
bras me parecía una
jaban en mi sus
tumba .. .... Entreaojos, en los que ~e
brí la puertecita
Ma el espanto, sm
que comunicaba
pronunciarpalabra.
con el patio y peMil comentarios
netró un rayo de
después .. .... relatos
sol....... ¡Era ale ·
mil.. .... Su imagigrel...... Lo seguí
nación¡, terribleansiosa... .. Algo,
mente impresionailuminado por él
da, los hacía ver
había en la alfomaún más trágicos.....
bra..... ¡El ramo de
No sé cómo trabajé
flores blancas! Me
esa noche ... .. Anacordé de la precioh I ba Por Prl·mera
"o·
1
,,
sa niña y mib'
espíriea ,
FABREGAS.-Final de la nueva operd..1
ia Ynoc ie.
vez en mi vida de
tu se ensanc o..... .
artista, terminar la
i Era !a Yidal Aproximé el ramo á m_is Ju bios, y en una d~ sus
farza escénica que representaba.
.
hojas blancas había una mancha ro¡a ...... ¡Era la muerte .._. ....
Los aplausoi me ~onaban huecos, fúnebre,, con frialdad de
La arranqu'é de la flor, 'y la puse entre las págin~s _de un hbro
cementerio ...... Mi alma, toda triste esa noche, pasaba por un_a que siempre está á la cabec~ra de mi lecho. ~i m1 libro san,to~
crisis dolorosa ...... ¡Eran mis hermanos!.. .... ¡Como yo, mexiEn la página se marco una huella parecida á un corazon,
canos! ...... ¡Como los otros! ¡Era mi pueblo que derramaba d·;i;~jo Jeíanse estas palabra¡.¡: 111 A.maos los unos á loR otrosi&gt;!
sangre!......
FABREGAS •
Terminó el espectáculo ...... El teatro estaba ~ar.1. 11 Pno .... ··
VIRGINIA
Tomé mi chal, y seguida de mi h rmano y cle m1 clon~e\la, -~P.dirigí á la pu«&gt;rta ...... Al cruzar t-1 vestíbulo, una preuoen mn:i,

"AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS"

,

C01'LHA CA'LHÁ.

VIDA T E ATRAL
--------LA COMPAÑÍA RALAGl'ER, EN "EL ADVERSARIO"

l •1 • J

L'l. funciór:i de gracia de la gentil primera actriz Concha Cll.ta- lo que parece, le resultan cort:.s, y, ademáe, sufre el horrible marlá ofreció al público la oportunidarl de juzgará la compañia del tirio de un cuello de puntas torturan tes. M Lancirene, en la eleAHn~=u desde un punto de vista di1erente. Las donosuras y chis- gante fiegt.a de iifadanie Breautín, recuésta~e en un sillón y parece
pn:~ &lt;le los amables personajei de lo; Alvarez Quintero y el gradormitar beatíficamente, como si se hallara en su alcoba, desceJo de lo~ muñecos cómicos de Blasco1 Vital Aza y Pina Domín- pués de un spiendicle repas, mientras revolotea á su derredor la
guez, cedieron su preeminencia por un momento á las amar- señorita Paulina Henon, ataviada con un vestido verde de difogur~s ~atrimoniales de los Darlay, de "El Advers((.rio."
rentes tonos, que no habla muy alto del chic de los contertulios
. Lastima gra_nde es que Balaguer ofrezca al público pocas oca- de la señora Breautín .......
s10nes de admtrarlo en obras de esta índole; su Chantraine, de la
Un aplauso á Dolores E~trada, Clotilde Féros y Díaz Adame.
o_bra de Alfredo Capus, no desmerece un ápicP. de las otras creaciones esencialmente cfimicaq. L1s desvc!nturas del pobre GhanLa función siguiente á la que motiva la presente crónica, se
tmine, mueven á ricubrió con la genial
Fa, primero; dl!sobra de Jacinto Bepués, á compasión
navente, Losintereses
un tanto irónica.
creados,
cuya interEste sujet'&gt;, que enpretación me rece
cuentra sus µrimeque se la juzgue con
ras de,gracias en
al~ún
detenimiento.
los arrebatos de su
Exl:ortamos
á la
impul,ivisrno, y al
empreEa
de
este
tea·
que las circunstantro á que haga figucias con vierten ~u
rar obras de este gécarácter en otro más
nero
en sus prograsereno y filosófico,
mas
alternándolas
h~lló en Balagu~r
con las demás del géun inteligente innero cómico. El éxitérprete, graciaA á
to alcanzado por« El
la lillll'avillo~a faciAdvers«rio» ha sido
lidad que pO$ee pH·
suficientemente hara ''rnetP-rl'e en el
lagador para justifipellPjo" de los ¡,ercar esta petición.
son!ljPS.
Mauricio Darlay,
Después de una
en la ¡wrsona de
temporada claudiAntonio Tnrner, P.1-'cante y deslucida, la
tn vo elocue11te f
empr€sa del Teatro
inspirado en las a.nColón se ha visto
guetiosas entreYisVirginia Fábregas y los estudi&lt;1ntes de Guada!Jjara.
precisada á suspentas que sostiene con
.
der sus funciones, á
su espo~a en los dos últimos actos de la obra. Smi impreca- 0'.1 ,lti _reo rgn n1.z1: rltb1damente
el pereonal de la compaciones, sus ruegos, sus sollozo\ fueron verdadt&gt;roea. ¡Si e-te Dnr 11J:l•• h c1en&lt;lo acopio de elementos nuevos y valiosos, para emlay, y todos los demás personaje;-1 qne de.-empefla este actor,
prender una ~egunda _campafia. Pero, de~graciadamente, y 6,
abandonaran ese airecillo de desgaire, de negligencia, no sé si ¡nzgnr por la ~1sta ~ubhcad~ por la empreR:t no parece que hanatural ó efectuado!
ya empleado esta bien su tiempo durante e~e armi~ticio forzoso.
De la interpretación, en conjunto, de El Adtersnrio, ro · l~n ella, desde l_nego, ap~re,ce que Prud encia Grifell ha dejado
dríaee anotar más de un puntillo negro, producido, quizá, por el rn puesto de primera atnz a Consuelo Abad, artista muy aprepoco hábito que tiene la compañía de moverse en el ambiente 1·1aule en algunos papeles, pero cuyos méritos son menores indramático. fo.nglade, en la eecena del ARBJm, carece de la desen&lt;li,,cu~iblemente,_ á ~os del~ Bf?!ora Griffell. Por este detalle,' que
voltu~a del )iom bre de mun~o, y demueE.tra una timidez que c 1mt1tuye la pr1nc1pal variac1on de la compañía podrá juzgarhace mexphcables sus conqmstas de amor. El señor de Linceray se del éxito de la pr6xima temporada.
'
se esfuerza ert ,'xhibir los pnfi·s rfo h c1mirn cnrs mnrg's, {t
1 urs ZAMORA PLmrJ~S.
•

1

,

***

0

***

LIRlCO. -"La Princesa del Dollar."-Acto JI. Grupo de los
principales per~on~jes.

LJRICO.-"La Piincesa del Dol:ar."-Acto II. Señoras Conesa
y G1rrU0. Señores Servín y Suá·ez.

�VIAJES

POR

LA

'

JUAN DE LA BRETE

REPUBLlCA

.,
Una excurs1on

MI PARROCO Y MI TIO

/

a H.uatusco

Novela premiada por la Academia Francesa

(CONTINUA)

Contando con las rurn1s, que no i:on
Y.
de las vertientes circunvecina@, ruje amepocas, tiene la vía ~3 kilómt-tros de exnazador y se hace temible á lo~ viajero!l.
tensión; no emplea, p,rd recorrerlos, más
LA BARRANCA DE JAMAPA.
E~a barranca hay que pasará caballo,
que 3 horas y media, 1,i hace más que
Cua ndo t&gt;l tren lo deja á uno maltred 10 por una camino que los huatusquefios han
cinco rstaciones, ni le cobran á uno, µor y &lt;lt'iTengado, á las puertas de San .J ua11
viajar en un coche que, siend·i de prime- Coscomatepec, todavía, para ir ha~la abierto entre rocas y malezae, y si e~a trara, tiet e más de estuche que ele codw, Huu tusco, quena el rabo por desollar, y vesía 0$ fatigosa, y en tiempo de lluvias
más que la friolera de $2.50 ¿En qué fe- el rnh,, tiene 20 kilómetros de no muy no exenta de peligros, es en todo tiempo,
rrocarril del mundo brindan al viajero con buen .camino y una barranca qu~ basta para el pintor y el poeta, uno de los en·
cantos del viaje.
1
sem .. jantes gangas?
por sí sola para que se chupe uno los de¿Quién podrá describir los pai~ajes que
¿Que por qué tarda tanto en el camino? doR.
se
contemplan, las emociones que se exPuP.s porque, además que de las máquiLa barranca de Jamapa, que recibe el perimentan? Unas veces se abre el camino
nas apenas si tienen la fuerza de dos bu- nombre del rfo que corre por su fondo,
rro; y medio, los trenes trasportan junta- nace en las falclas del Citlaltepetl y deE- al borde de honda. sima, y espanta entonmente pasajeros, plátanos, café, naranjas emboca cerca da Medellín, á 75 kilóme- ces ver, hacia arriba, rocas in meneas y desy otras mercancías. A este propóoito re· tros de distancia. Acaso eea barranca Cle· nudas de toda vegetación, hacia abajo la
cuerdo que hice el viaje de Huatusco á bi6 su origen á alguno de Jos muchos es- sima con las fauces abiertas para devorar
Córdoba en compañía de un alemán mny tremecimientos de cólera que eacuden es- al incauto que en ellas caiga, y en el fonflemático, cariredondo y colora dote y que, tas regione~; acaso, en siglos anteriores, do, el río dispuesto á borrar, con su rápicomo después de mP.dia hora de espera en abrieron su cauce y por el corrieron las da corriente, cualquiera huella delatora;
la estación de Chacomán, lA preguntara yo ardientes lavas que, en su cólera, arrojara pero otras veces se eBconde entre dos muros tapizados de mil flores silvestres á que
si sabía la causa de tanta demo·
clan fresca sombra la encina, el
ra, me respondió con toda su te·
liquidambar, el nogal cimarrón
riedad germana:
y aun el plátano y el cafeto, y
-Está la máquina tomando
ent
•nces se olvida el peligro ancafé.
te
los
encantos del paisaje; á treBajéme al empe,lrado que bach· s se oyen loa mugidos amece h1s veces de andén, y me ennawdores de la corriente, y encontré con que esperábamos que
tonce~
el corazón se oprime y se
d,1s mozos de cordel acabaran de
11,
na
de
pavor, pero pronto la
llenar un furgónconsacos de café
espesura
del
boscaje apaga esos
que había que llevar á Córdob~.
rugidos y levantan el ~nimo y
Y gracias á que no fué más que
alegran el corazón los trinos de
un furgón, y que en otras estalos cl11rines y jilgueros que aniciones no hubo necesidad de l:edan
en la enramada.
nar otros furgones.
Y si se hace la travesía de
¿Que por qué cobran esos paHuatusco á Qornomatepec, aun
sajes tan caros?
~on mayores los encantvs, porPues entiendo que porque los
coches de sitio no cobran por ki- Ferrocarril Córdoba á Huatusco. Puente d~ Tomatlán ( Alto 83 me tros.) que sucede con frecuencia que,
después de un rato de caminar
lómetros, sino por horas, y ese
. entre rocas y arboleda, se abre
ferrocarril modelo es un coche de sitio que el extinguido volcán: aca"o las agtrn.R ele
el camino y Re mira en el fondo la cumbre
anda sobre rieles.
Jo~ de~hielos han ido lenta pero gratJ, atnevada del Citlaltepetl, como aparece un
¡Qué movimientos los suyosl No hay menle, ahondando su cauce, y i,ucesivos rayo de esperanza en medio de las tristeempacho que resista los 33 kilómetros de clerrumbamiento~ lo han ido ensan('hando zas de la vida.
z:1randeo, y tengo para mí que, si no fuera hasta darle la~ dimenEiones que ahora
Una hora exacta se emplea, yendo á buen
porque en Jas estaciones entra uno en re- tiene.
paso, para atravesar la barranca del uno
I o·o, llegaba al tfrmino del viaje desar¡Quién sabe! CuestioneR son éstas á que al o~ro borde, y si bien es cierto que se
mado en tantas partes cuantas son las que Rolainente un geólogo pudiera responder respira con Batisfacción cuando mioa uno
e imponen el cuerpo hulil'Jano.
&lt;le maneu satisfactoria, y yo, que he de á su frente la llanura bañada por el sol y
En cambio de estas molestias, ¡qué her- hundirme en las 1,r,,fnndidades de su se- en el fondo de los montes azulados, pero
mosura la del camino! Aquello es un jar- no, no quiero hundirme en las áridas y al ver como el camino más fácil entonces,
dín no interrumpido, en que se suceden más peligro,as cueFtiones científicas deque ha perdido buena parte de sus pasados enlos plantíos de caña de azúcar, de plátano en Yano acertaré á salir, por lo cual me c11ntos, vuelve uno atrás el rostro y lameny café y las casitas que apenad asoman EU3 contento con apuntar lo que á la vista es- ta que no sea más extensa la barranca.
tHjizos techos por entre matas de rosae, tá y nadie pt~ede desmentir, y es que, por
floripondios, gardenias, tulipanes y mil la parte por donde hoy se pasa, tiene de
VI.
otra variedad de flores que allí nacen sin profundidad más de 200 metros y muy crrt,
,,
cultivo y florecen ein estima. Y ya cerca ca ,ie un kilómPtro del uno al otro
~,'
HUATUSCO.
&lt;le Coscomatepec tien!j un puente que e@, borde.
sin género de duda, el más grande y el más
A primera vistá, más que barranca, paHuyendo, quizás, de las furias del mar
alto de todos los de la línea del Ferrocarril rere fértil cañada. El tiempo ha cubierto
embravecido,
dej6 un viajero las inhospil\Hicano. Está tendido sobre la barranca sus paredes con riquísimo manto de vertalaria'l
playas
veracruzanas y comenzó á
clH Tomatlán; tiene 13T&gt; metros de largo por &lt;lllrn en que anidan mil pájaros cantores,
H3 de altura, y como el tren lo pasa des- como la generosidarl cristiana cubre u11a trepar por las estribaciones de Cltlaltepetl,
pacio y con todo género de precauciones, ofensa con el manto del olvido y paga c, n con ánimo de ganar la cumbre y encontrar
f'S dado contemplar desde las ventanillas
hrneficios los daños que recibe; pero 11sí f'll ella refugio y abrigo. Cerróle el paso la
lag laderas cubiertas de verdura; asoman- como el corazón del rencoroso no perdona barr~nca de Jamapa, Céres le brindó con
do entre la maleza, las cabezas de los c:1- del todo la ofensa recibida, sino que coi,· i:;us neos tesoros, y no pudiendo continuar
l&gt;allos y los bueyes que ramonean bn l11 s Re, va su recuerdo, que, á las veces, hace su fuga, y agradecido á la tierra que, prótrochas, en el fondo del río corriendo en- asomar á los ojos las llamaradas de la irn, di_ga, le hrinda las flores y sus frutos, retre peñascos y unas figuras minú~culae, :i,í el C,tlaltepetl hace correr todavía, por chnose á descansar á la mitad de la pen'lue apenas se alcanza á ver que son mu- el fondo de la barranca, un río de rápida diente.
j ·res inclin,tJas Ja\'anclo ropa. en la n•- &lt;'111ric:ntP que, cuando la aumcnta11, en el
HERMOGENES.
rriente.
tiempo de las lluvias, las aguas que h11j·111
( Contimiará.)

Trauucción autorizada, hecha sobre la 16611&gt; edicion, por Juan Mateo~. Pre~uítero, llustracione8
de 17

,

Vulliemin, Con licencit:t,
(CON T l N U A )

-Pne4, señor, confieso que no me había ~currido f:emE&gt;jante
m11.nera de con~iderar la ar'l uitectura de lo~ s1glos medios,-re-

-

1,u,o mi tío riendo.
.
.
Luego recorrimoe algunos pasadizos obscuros que me d1uon
mí~do.
,
.
-¡Nos vamos á romper la cabeza!-germ~ mientras me agarraba con fuerza al brazo del comandante, a la vez que Pablu
ofrEcÍll el suyo á Blanca.
- ¿E-tamos de murria. Reinecita?-me preguntó muy quedo
el comandante.
.
-Habla u::ted como mi párroco,-le respondí conmovida.
.-Veamos, niña: ¿no querría usted tener confianza en mí?
' --No estoy de murria--conttsté con aceD:~º de mal bumorni tampoco me fío de nadie. Susana me d1Jo que los hombres
igual modo.
. ,
eran cualquier cosa; y opino
--JCómo! ¿Es posible?-diJo el co~andante m1rand~me con
expresión tan bondado!!a, que tuve miedo de prorrumpu en so·
llozos. -¡Tanta misantropía e~, tan pocos años!
,
,
No repliqué á esta obaervac1on, y como entonces lleg:ar~mos a
una especie de terra.za que se extendía á l~ largo del ed1~e10, me
e3capé por ella comando á ocultarme detras d~ una eno,I?e ar·
cada. Apoyé la cabeza sobre una de aquellas piedras, vanas veced seculares y me eché á llorar.
(c¡Ah, ! 1qué razón tenía e~ sefior cura, al _decir~e hace tiempo,
mucho tiempo, que no se discute con la vida, Erno q~e se las~frel Toda mi lógica es en balde para luchar con las cucunslancias. Qué triste es, Dios mío, qué triste, veroe tratada como una
chicuela sin seso!
Y por entre mis lágrimas, contemplaba aquel~?ª escudos y
armaduras que me parecían símbolos de. d~solac1on y no atributos de ilustre linaje, aquel vet~sto ed_1fic10, cuya altu~a me
producía vértigo; pero á la vez é rnc~nscient.em~nte ~xpen~entaha una especie de consüelo, produculo por la 1~fimda~ misteriosa de la naturaleza triste que me rodeaba y mis prop10s pensamientos como si éstos se fundieran con las tétricas sombrai,
proyectad~s sobre la tierra y con la imagen ele lo pasado que se
me representaba en aquellos melancólicos murallone~:
Al regresar de nuestra excursión, y cuando estuvimos en el
tr'en, me preguntó mi ~ío:
,.
.,
-En resolución, Rema, ¿que 1mpres1on has meado del monte
Saint-Michel?
.
-Pues sencillamente que es un lugar magnífico para momse
de miedo y coger reumatismos.
Durante el trayecto que hay desde la esta~i?n de\' .......111
Pavo!, fuí reflexionando en la menguada estab1hdad de los ~le·
nee de este mundo. Apenas hacía tres meses que babi~ r~corndo
aquel camino, dominada por suefios de ventura embriagan~ome
de las imaginarias alegrías que esper~ba gozar en_ Jo porvemr...,
y ahora en esa misma ruta me parec1a ver esparcidos aquí y alla
,
jirones de mi deshecha felicidad.
Llegamos á casa bastan~e t~~de; ?º.n todo eso, mi tío se l~e~o
consi~o á Blanca á su hab1tac1on diciendo que deseaba confenr
aquella misma noche con ella un a~unto de gravedad ..
Yo me acosté llorando de hondísima pt;na, conveuc1da de tener pendiente sobre mí la espada de Damocles. .
Hacía largo tiempo que Juno se había hu1!3an!za&lt;lo m1:cho
conmigo. Todas las mafianas venía á F~nta.rse_a m1 c,ama, YJUn·
tas platicábamos largo y tendido. Al 11a s1g~11ente, a eso de las
fliete, entr6 en mi cuarto con su pecuhar sosiego Y la dulr:e sonrisa que transfi~uraba su altivo semblante y que acaso nadie más
que yo conocía bien.
.
.
-Reina-me dijo &lt;le sopet6n,-Pablo ha pedido mi man?.
Rompi 6se el hilo de que pendía la espada, y ésta c11yo &lt;le
punta sobre mi corazón, atraveeándole de parte a parte. 81~ duda aguardaba yo que había de llegar el momen~o d: s~1;1eJante
conferencia, pero basta que el hecho no rn realiza, ¿quien es }a
criatura ~umana que deja de albergar en el fo~~o de su corazon
un poco de espnanza? Me puse pálida, tan paltda, que, Blanca
lo echó de verá pPsar de la semiobscuridad en que estabamos.
- ¿Qué tienes, Reina? ¿Te sientes mal?
-Un desmayo-murmuré con voz débi l. .
-Voy por éter-dijo levantándose á toda pnsa.

?e

- No, no--repuse con un esfuerzo desesperado para sm,t~111:r
mi valor, que se escapaba por instantes. -Ya pasó, t stoy bien.
-¿Sientes Íl menudo esa molestia?
- No ..... Sólo alguna vez que otra. No es nada; dejémc,slo.
Bla11ca se pa~ó la mano por la frente como lli desea1a 011~cargarla de un pensamiento importuno. Pero yo contin11é la.
convercación con voz tan firme y entera, q 1e mi prima se trnnq uiliz6 del tocio.
-Y bien, Juno, ¿qué piensas hacer?
-Mi padre me dice que ese matrimonio le safüface entera·
mente.
- ¿Y á tí te agrada?
-El matrimonio, sí, no hay duda, re6ne las condiciones 1:ue
pueden exigirse en cuanto á la categoría social de familias y contrayentes; :pero hasta la fecha no le quiero á Pablo más que como
primo.
- ¿Qué defectos le encuentras?
.
-Ninguno, fuera de que no me gusta para marido. Es un
excelente muchacho, pero de un tipo incapaz de enamorarme.
desde luego no me parece bastante guapo, y además, chica, ese
apftito normando que padece, convendrás conmigo en que no
tiene nada de poético.
--Pero, ¿qué cosa más natural que comer cuando se füne
hambre? -repliqué saltándoseme (ll\Bi las lágrimas.
- ¿Qué quieres, Reina? Yo creo que ni él me conviene á mí
ni yo tampoco á él.
- ¿De modo que le darás calabazae, Juno?
-He pedido un mes de tregua para pensarlo, querida. Estoy
perpleja, porque temo dar á mi padre un diegusto. Fuera de
eso mirado ese enlace á cierta luz, ofrece ventajas nada despreciables; en fin, no es un pretendiente vulgar.
-Sí, pero eu realidad no le amas, Blanca.
-Dice mi padre que eso vendrá después y que, ademáe, el
amor no es necesario para casarse y vivir felices.
- •Horror! Y ¿cómo puedes creer en semejante enormidad?repu~e temblando de indignación. - Dispensa, prima, pero mi
tío profesa doctrinas verdaderamente abominables.
Blanca me respondió tranquilamente que su padre era hombre de gran cordura. que se equivocaba rara vez en sus juicio?,
por lo cual ella estaba dispuesta á seguir fiUS consejos.
- ¿Y Pablo está muy enamorado de tí?- susurré con la punta
de los labios.
-Sí; hace mucho tiempo.
- ¿Lo sabíat&gt;?
-¡Vayal Una mujer no ignora nunca esas corns. ¿No lo has
visto t6 misma?
- Sí ...... un poco-respondí, dedicando á mi ceguedad una
melancólica ,onri,a.
Blanca rne &lt;lejó, después de explicarme que Pablo habfa tardado en presentar su petición, temiendo verla desai1ada. ¡Justo
y cabal Jo qufl yo me había figurado! 'Me vestí febrilmente pen·
sando ~n que Blanca, obedeciendo á las instigaciones de rn padrP daría 111 fin su consentimiento.
En su cai;o, yo lo habría hecho iin vacilar un instante, y á
los quince día:; me hubiera casado.
¡Ay de mi! Se acer~aba la mu_erte de mis soñada~, ilusione!' ...
y esta idea me Eepulto en un ab1smo de desesperac10n.
1

XVI
Convíoose en que Pablo permaneciera algún tiempo sin viei·
tnr el Pavo], y-¡fatalidad que me parecía increíble, absurdalBlanca, deEde el primer día que pasó sin verle, se mostró rasi
resueltll. al matrimonio. De ello hablábamos comtantemente;
basta discutíamos los vestidos de boda, tenienclo yo que da r
pruebas de una ettoica resignación, digna de los famosrshéroes
griegos y romano~.
.
,
.
Pero ¡;:em1- ja1,tH rouformulad no era mas que aparenle. M1
desaliento aumentaba; comencé á tener ojna!', y conc!uí diciéndome que no pudiendo soportar la vida l~os del objeto de mi
amor, lo más ~encillo era largarme al otro mundo.
( Continuará )

'•

�~"'A

LAS//

DAMAS'

LA CARIDAD DE

UNA h:EJNA

La Reina Doña Victoria había cosido 77 prendas y entregaba
con las que bahía recibido ya he0ha1,1, 141; la Reina Doña María
El. HOPERO DE SANTA VICTORIA
Cristina Fe había dignan o confeccionar 87 entregando 107; la
Inf1rnta Dofü1. María T~resa, entreg6 147; la Infanta Doña IsaLa cortesanía palatina pone muchas veces vendas en los ojos bel, 232; la Infanta Doña Luisa, 280; las presidentas, las vicede los reyes para que no. puedan apreciar las miseri11s de la vi- pre!'irle11t11s, todas las damas, en fin, enviahan centenares de
da. Pero los reyes experimentan también la Fen!"ación &lt;le cnri· ciimiFa~, de mantafl, de pantalones, de todas esas ropas qu~ andad y .d~ nada sirve el jervor de los que les rode11n ante la lectura teriormente aparecen clasificadas.
C, mo mu stra del entmfasmo que la Reina ha demostrado en
de noticias como la que antes he
mencionado.
esta caritativa labor, hay el detallA de que en la Exposici6n del
Así ocurri6 que un día y otro
año 1910 el número de prendas
la Reina de España ley6 en lo~
periódicos esa triste página d11
confeccionadas por S. M. ha simendicidad y en su coraz6n bondo mucho mayor que en el de
dadoso y caritativo encontró eco
1909, y en esto han imitado á la
inmediato e3e grito anónimo que
Soberana todas las damas, hasta
el pueblo de que no solo han
pedía socorro para los pobres.
Doña Victoria Eugenia consideró
sido socorridoB los pobres, sino
que no eran suficientes lo~ donaque se han puesto á disposici6n
tivos establecidos por la Real fadel Gobernador civil ropae sobranmilia para los menesterosos y quites para los dispensarios antituberculosos.
so hacer más; quiso vestirá los
vagabundos que exhiben forzaEn todo momento libre, S. M.
damente su cuerpo medio envuelno ee preocupa más que de hacer
to en hilachas. . . .
•
veetidos á los pobres y su emulaUn día dijo la Reina á la dama
ción llega al extrem.&gt; de querer
que acompañaba á S. M. en aquel
confeccionar mayor número que
momento:
cualquiera otra dama.
-En Madrid hay mucha cariUna de las señoras más signifidad pero hay muchos pobres tamcadas en esta institución me decía
bién. La preocupación general
hace algunas tardes:
tiende á proporcionarles alimen·
-No he visto entusiasmo mato,, no vestidos, y yo ·deseo que
yor que el de S. M. La obse~ión
i-1 día de mi eantolos mendigos no
,le la Reina son los infortun11dos.
Hientan el frío de las noches inTrabaja COIJ verdadero deleite.
vernales.
Otro día la Rt·ina al ver lJPgar
Esta frase de S. M. fué la iniá su augusta hija la infantita BPaciadora de una empresa que á po·
triz llevada de la mano por su
aya, exclam6:
1:0 tom6 cuerpo. De entonces sur¡r,ó el Ropero de Caridad ele Santa
-Tengo deseos de que sea maYictoria que á tantos pobres ha
yor para que aprenda á coser y
}Hoporcionado abrigo.
me ayude en Illi tarea. Así uno
de HUS ¡,rimeros sentimie,Jtos ~ePens6 S. M. con el entusiasmo
rá el amor á Jo¡¡ infelices y dará
de su juventud y de su amor al
,,_demás
ejemplo de caridad ciisprójimo y su pensamiento se tra11una.
dujo! en un plan metódico, orLa emulaci6n que esta incan!a·
denado, de verdadera y práctica
b_le labor de la Reina ha produutilidad. Convocó á las Infantas
Cido es tal, que muchas veces ha
D. l_L María Teresa, D. '~ Isabel y
tenido
ocai:ión S. M. de obserD_ l_L Luisa y á casi todas las da·
S. M. la Reina de_ Es~aña Victoria Eugenia, fundadora del Ropero
varla.
mas de la aristrocracia y la Reina
de Santa V1ctor1a, trabajando para los menesterosos.
Una de ellas ocurri6 en el año
expuso á las reunidas su plan que,
último.
concretamente, tendía á realizar una de las más hermosas obras
La au~usta so?eran~ recibe con mucha frecuencia visíh.s de
de misericordia: ccVestir al desnudo".
sus sobrmos los mfant1tos Alfonso é Isabel, hijos del infante don
¿Procedimiento? Muy sencillo. Cada una de las damas ads- Carlos.
critas al Ropero de Caridad se encontraría en el deber de conCi_e1:to día la .i~fantita Isabe_l puso en manoa de la Reina tres
feccionar prendas para los pobres y recoger y entregar á la iuscam1s1llas de mno que ella misma había cosido baJ·o la d'
tituci6n los donativos y ropas que para ésta se hiciesen.
ci6n de la Iofanta D. l_L Luiea de Orleans.
irecFué acogida la idea con verdadero júbilo. Se procedió en
1
En
s
1
alegre
media
charla
expuso
á
la
Reina
la
forma
y
tiemi:eguida al nombramiento de Juntas de damas por parroquias
al de presidentas de estas Juntas y una vez constituido Re pro'. po empl;ados para la confecci6n de aquellas ropitas y di6 cuen·
puso por ac1amaci6n que se denominaee ccRopero de Caridad de ta ademas _de que su herman? el infantito Alfonso había comprado varias. cosas con destmo
Santa Victoria," en atenci6n á su fundadora.
. al Ropero , utilizando para eu
1 d mero que para Juguetes
compra
e
le había dado su au ust
• Corría el año de 1909 cuando se instituyó este Ropero, y en tl parlre.
g o
mes de Noviembre de dicho año se organizó la primera Expo~i. Unos cuantos be~os muy fuertes y algunas lágrimas qu .. se
ción de ropas para los pobres en el Colegio del Sagrado Corazón
escaparon de los OJOS de la soberana, formaron 11 epílo O de
de Jesúei, establecido en la calle del Caballero de Gracia.
aquella adorable escena .
g
;,Cuál ha.bía sido el resultado de la labor anual? 41. 949 prenda.
obra
de
la
Reina
á
tenido
un
felicfaimo
eco
en
el
extrnn·
.
La
La m~yor parte ~e ellas, pues claro es que_ hay .alg~nas cuyas
en aquellos apartados países unidos al nuestro por cad nas
factura ':º es propia de ~as .manos de la . muJer, amo que tienen Jeru,
de recuerdos.
e
11ue vemr hechas d&amp; la fabrica, habían sido confeccionadas por
"~ d,t"'las del Ropero.

COMO PIENSAN ''ELLAS"

CONSEJOS PARA MI HfJ A

PREGUNTA

PREGUNTA

I

0

¡__
l _ _ __ _ __

( Concluye en la pág. 408).

COMO PIENSAN "El.LOS"

¿Qué virtud preferiría usted que poseyera
el hombre que es su esposo 6 el que usted de·
:uiara que lo juese?
MAS RESPUES'fAS

Pregunta usted qué virtud deseo en el
que va á ser mi esposo; le contestaré al
punto: yo deseo que pi.i esposo tenga 1.a
virtud del buen corazon y buenos sent1 ·
mientoe ¿le parece á usted bien? porque
importa muy poco que sea buen mozo,
simpático, rico, si es un egoísta y de mal
coraz6n.
De lo bueno se saca todo; delo malo no
se saca nada; así es que yo no deseo ninguna de esas cuali~ades de. gue se vanaglorian muchas muJeres: m1 ideal es que
mi esposo sea bueno y bueno¡ aunque sea
feo!
Arnelia del Campo.
Bizarro, e3pléndido, de inteligencia poco vulgar, alma grande, delicadas maneras, etc., son las virtudes que en mi futuro
anl:lío; pues por lo que se ve las de mi sexo
pluralizan la virtud de la pregunta.
Pero si es una sola, como especifica la
c&lt;enquete, &gt;&gt; entonces prefiero una inteligencia brillante, que lo saque del montón de
loA imbéciles, una inteligencia superior.
Una esposa que encuentre á su eeposo
palurdo, no puede amarlo.
Avergonzarse de él, temer que todos
abusen de su ignorancia y lo ridiculizen ,
e:i gran calamidad á la que no quiero exponerme; ¡quiero sentirme orgullosa de
mi esposo!
Y conste que quisiera otras muchas virtudes para el que sea mi esposo, pero puesto que es menester escoger una, me quedo
con la inteligencia ¡lo malo es que el día
que me enamore no piense igual!
Carmel-inn Pallares.
¿Una sola virtud? eso sería muy p0co
pedir; nosotras, por muy pocas virtudee1
que tengamos, tenemos muchas y merecemos que el compañero que ~lijamos tenga
más de una.
La primera que pediría quien esto escribe, sería ...... sentido común (llamado por
algunos, sentido poco común) que no sé si
es una virtud, pero que es una necesidad,
sin la cual considero á cualquiera insopor·
table. Después pediría que fuese discreto,
justo, honrado, valiente, activo y digno.
¿Me he excedido en la respuesta? Lo sé,
pero de no contestar así, no contestaría,
pues aun teniendo todas esas virtudes,
creo que sería capaz de hacerme rabiar.
Te6.fila.

LA ALEGRIA

¿Qué virtud pre[eriría usted que poseyera la
mvjer que es s1i esposa 6 la que usted deseara
que lo fuese?

~o detengas la dicha. Si la úentes

La debes transmitir.
Ese l&gt;iei: que te alegra no fué dado
Tan solo para tí.
Mensajera del cielo es la alegría,
Que tras los tristes de la tierra va,
¡ Dejémosla que enjugue muchas lágrimas!
¡Dejémosla volar!
II

EL DOLOR
No temas al dolor. Calma el ajeno
Sin combatirle con tenaz porfía.
Guarda el tuyo en tu seno,
Porque el dolor es bueno,
Como es amable y dulce la alegría.
Sólo ese triste y noble compañero
Nos puede dar de la virtud la palma,
Y un carácter magnánimo y entero
¡ Al choque del dolor se templa el alma!
¡Cual se te1bpla en contrastes el acero!
MANUEL

FERNANDEZ Jl:NCO.

~~ffi~~

EL BESO DE UNA MADRE
Niño, tJ madre te be¡:a
y tú, tranquilo durmiendo,
con la sonrisa respondeB
de tu inocencia reflejo.
Es que un rayo de la gloria
ha deRcendido á tu seno;
es que acarician tu frente
las puras auras del cielo.
Tu madre, al ver tu sonrisa,
vuelve á regalarte un beso,
y una lágrima en sus ojos,
mensajera del contento,
e3 la divisa amorosa
que ofrece por tí al Eterno.
Tú, entre tanto con los ángeles,
vagas en plácidos sueños,
lejos del mortal bullicio
y á la desventura ajeno.
Que los besos de una madre
son cele,tiales misterios
que el alma del niño elevan
á un mundo de flores lleno,
dando á las madres el aroma
de su inefable consuelo.

***

b
Niño, tu madre te esa,

y al besarte, con su aliento

te da el alma entre sus labios
con suspiw' de su pecho.

MAS RESPUESTAS

Deseo para compañera de mi vida una
mujer inteligente y virtuosa, que procurando adivinar mis deseos, armonice nuestros caracteres cual si fuésemos una sola
persona, que no vea en su esposo defectos
y sí virtudes; y por último, que sepa bien
los deberes que contrae con su esposo al
darle el nombre de tal; es decir, que aun
siendo de posición más elevada, no lo considere inferior; así es como la deseo y
amaría toda mi vida.
Cándido.

~

Deseo para mi esposa una joven de 20
á 26 años, regular estatura, trigueña, que
sea laboriosa é inteligente, que me quiera
mucho, así como yo á eUa.
La quiero que sea española y si es po·
sible asturiana.
Primero. Que cifre su dicha en el hogar, de manera que todo lo que no está
dentro de él sea para ella secundario.
Segundo. Que nunca baya amado á
otro hombre, y que no crea en la posibilidad de que yo puedli algún día ser sustituido, ni aun muriéndome: ella &lt;lt&gt;be
amarme más, después de muerto, eiquiern respetando que no puedo protestar.
Tercero. Que me ame deveras y no
piense nunct1 que soy su ingenio ó su finca, es decir, elemento de producción, que
de esto ha.y muchísimo.
E. Lázaro.
Yo quisiera una mujer cuya virtud ce
i;intetizara en estas pocas palabras: muy
buena madre. Pues entiendo que una
madre así, como yo la imagino, encierra
la wayor suma de feliciclad á que puede
aspirarse en este mundo.
T1mgo la seguridad de que me entenderán muy poqufaimas mujeres
Alguna me objetará diciendo que la
que no tiene hijos.
¡Ese es el quid ...... !
Mariposa.
Primero: que sea fiel y honrada.
8egunda : que sea hermoea.
Tercera: que sepa tocar el piano, cantar
y pintar.
Cuarta: que sepa administrar bien los
bienes matrimoniales.
Quinta y última, que sea amable y delicada con todas las personas. Después de
todo lo e:x ¡··ue:;to ¿quién no es feliz?
Aren.

'.__---- -- - -- -- -- ---================.I
. ..,
\

.,

'

�*•*•*•*•*•*•*•*•*•t+
*+
*+
*+

LAS MADRES
debieran saber. Con la mayor
narte de las nil'i.as, sus tribulaciones proceden de la falta de nutrición, tanto en caEdad como en
cantidad. Hoy dia se denomina
esta condición por el término de
Anemia; pero las pajabras no al teran los hechos. Existen miles
de nifias en esta condición ; algunas de ellas están en la edad
ele los misteriosos cambios que
conducen al completo desarrollo
y necesitan especial cuidado.
Muchas sucumben en este periodo tan crítico y la historia
de tales pérdidas es la más triste en el curso de la vida. Un
tratamiento conveniente podría
haber sal vado á la mayor parte
de estos tesoros de sus padres, si
las madres hubieren sabido de la
PREPARACION de WAMPOLE
y la hubieren administrado á sus
hijas, con el resultado de que habrían llegado á ser mujeres fuertes y sanas. Es tan sabrosa como
la miel y contien~ todos los principios nutritivos y curativos del
Aceite de Hígado de Bacalao
Ptiro, que extraemos de los hígados frescos del bacalao, combinados con Jarabe de IIipofosfitos
Compuesto, Extractos de Malta
y Cerezo Silvestre. Para lograr
el desarrollo de nifios pálidos,
raquíticos y demacrados y ¡specialmente aquellos que pa~en
Anemia, Escrófula, Raquitismo
ó Enfermedades de los Huesos y
la Sangre, no tiene igual, pues
sus propriedades tónicas son excelentes. "El Sr. Dr. José M.
Guijosa, de México, dice : He
empleado su Preparación de
Wampole en una Señorita que
presentaba algunos síntomas inquietantes en el aparato respiratorio y desde el primer frasco
comenzó á notarse ali vio marcado, habiendo desaparecido toda
huella de enfermedad al terminar el sexto frasco." N adíe
sufre un desengaño con esta.
De venta en todas las Boticas.

LA CARIDAD DE UNA REINA
( Concluye de la pág. 400)

Al abrir una mañana la corresponden·
cia de S. M. en la secretaría particular, se
encontró un cheque de mil pesrs que en
viaban á la Reifia para el Ropero de Cari&lt;lad los españoles residente:i en l\Iéxico.
Recientemente los opulentos seüores de
Bary, que viven en la Argentina y que no
hace mucho tiempo vinieron á Madrid ,
entregaron á la Infanta Dolia Isabel una
cantidad para el mencionado Ropero.
Ofrecimientos, telegramas, cartas de fe.
licitación por su benéfica obra, han sido
111uchos los que la Reina Doñn Victoria ha
recibido, que unidos á las misivas de los
menester.'.)sos agradecidos, forman la co·
rrespondencia. más preciada para la Rei ·
na; en esos ofrecimientos, en esos telegramas, en esas cartas de folicitación, encuentra la egregia dama auras de alei;ría,
brisas vivifi.cad0ras que encierran jironC's
del alma e~pañola, noble sieillpr(; y siem·
pre caritativr, ......

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•

Señ·ir don Fernando G. Padilla,
que obtuvo e::l diploma de la carrera de En pleado de Comercio, en la Escuela
Mercantil "Doctor Mora."

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•

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*+
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ANEUU011.!S Y CURIOSIDADES.

~

Un comisionista de lanas, que recorría
lns pueblos de la Sierra, tuvo la desgracia
de perder en el camino t;U reloj de plata,
que era por cierto de la pomposa. magni·
tud de una cebolla.
Echólo de menos, quizá por el peso, y
resolvió volver pies atrás para buscarlo,
pero sin ningún resultado.
· En el camino encontró á un pastor y le
dijo:
-Buen hombre, ¿ba visto usted por casualidad un reloj de plata, que acabo de
perder?
-¡ Reloj l ¿como el de la torn:? no, seño1,
no lo he visto.
-No era como el de la torre, ~ino mucho .más pequeño, y lo he debido perdt&gt;r
por aqtú.
-¿Sabe cantar?
-Hombre, qué ha de
Paber cantar, no; lo que
hace es señalar las hor11s.
- ¡Toma! lo digo porque
lo he que encontrado ei::
una cosa hlanca, blanca, y
redonda, redonda.
-¡Mi reloj! sí, mi r~loj.
- Cál no señor, e,a u11
gusano que hacía cla, cla,
cl11, y tenía una cola .....
qué cola!!!
-La cadena. ¿Y qué
has hecho de él?
- ¡Toma! he cogido una
piedra de media arroba y
¡plafl lo he muerto.
- ¡Ah, imbécil! un duro
tt! has perdido que te hubiera dado de hallazgo.
- -¡Quiá!

'+;'.

•

@
+

•
Wl
~¡
•

¿O~s(la Vd. entablar
dencia con comerciantes
ses de habla española?
¿Desea Vd. cambíar
sus productos por otros
extranJ'eros?

corresponen los paí-

algunos de
Ge países

Ningún otromtdlo que emplee le dará re~nltados tan satlstaotorlos corno un anuuoto en las columnas de AMERICA, Sección
de Aauncios Clasificados.
La Importancia que ha adquirt,lo AMERCCA. dura.ate los últimos años y, sobr•
todo, su vastísima ciroulaci6n, garantizRn
el éxi10 de sus anuncios. Si Ud. desea vender 6 comprar algo, auunotar rn casa de
comoroio ó sus meroancfas, orrecer sus
servkios, etc., ninguna p,ublicación espaiiula ¡;odrá llevar su anuncio á oonooimlento ele tantas personas de buena posioi6n y
á un costo tan insigulflcante, como .AMERICA.
L?s seüores Abogados, Médicos, Denttst11s, eto., que deseenanunoiarsus ~enioios
prnfesionales, encontrarán en .Á.MERICA
un excelente medio para ello.
A fin de poner nuestras columnM al al·
oanoe de todos nuestros lectores, hemos
fijado los precios más b11jos posibles. Hélos aquí:
Para susoritores, 5 centavos oro cada palabra.. Para el públtco en general, 8 ctvs.
oro cada palabra. No se aoeptará ningún
anuncio por menos de 56 ctvs. oro. Los pago• serán mensualmente por adelantado
y aceptar~mos los mismos en giro postal ó
bancario, moneda de los E. U., 6 en billetes oe cualquier banco.
Dirijase á

The America Company.
(Editores de AMERICA E INGENIERIA)
17 BATTERY PL.

Nl!W YO~K, E. U A.

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*•*•*•*•*•*•**·~·~
ró, examin6 de arriba á abajo el ca ba llero1 qufl no era mal mozo, y le dijo después:
-¡ Pues no ha de entrar usted, señor!
Fi la puerta es tan grande, que entra desahogaiiamente un carro de paja.

***

Viajaba un &lt;'aliallero en
dirección &lt;le Madrid, dando ei:puela á ~u caballo,
porque era tarde, temía
llegar cuando estuviesen
cerradas las puertae.
En el camino encontró
un paisanc, que rnlía de la
corte, y de!'eando sabar á
qué atenerse sobre es te
particular, le preguntó:
- Díga.me usted, amigo ; ¿podré yo entrar en
Madrid?
- -El interpelado se pa-

•

JLlan Abarca y Señorita M11ría Paredes,
ront :eron matrimoni0 el 14 de M-YO en esta capital,

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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