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                  <text>fl,
A~o XI.

MÉXICO, DOMINGO

=================================

NuM. 24.

11 DE J UNIO DE 1911.

L ====
SE:&amp;ORA DOÑA SARA P. DE .MADER0,
QUE, A.BNEGADAMENTE 1 HA ACOMPAÑADO Á SU ESPOSO DON FRANCISCO I. MADERO,
DURANTE TODO EL '.ljEMPO QUE HA DURADO LA REVOLUCIÓN.

.

.

�"

- ·- --· =
-·=·=======-----------------========----'~----¡
AGTUAulOAOBS

~NfiTA5 VE LA SEf\ANA
Por cierto que en la
pasada sí se pudieron re·
gistrar algunas verdaderamente sensacionales.
El miércoleR, en la madrugada, los habitantes de esta metrópoli fuimos sobrecogidos por un terremoto, que causó innumerables de$gracias de las cuales ya tienen conocimiento nuestros
lectores.
Ante fenómenos de e~ta clase, el hombre .e considera impotente. La ciencia, apenaR si llega á explica rFe su origen; pero
detener su efecto, ha.tita ahora lo ha viEto como imposible.
Ha llegado á domfoar el rayo, qne es un enemigo formidable
y hasta este dominio t-S puramente relativo puesto que abarca
un reducido e~pacio; pero en cuanto á los terremotos nada ha
podido hacer.
La tierra se balan,~ea. se sacude,
oscila. con vntie;inosa rapidez y el
científico soberbio se queda anonadado. Su ciencia es nada en los
insta nteR en que crepitan l•Js techo::i,
se desgajan las paredes, se Fepultan
bajo e~combros multitud de séres
viviente:l.
¡Ah! ¡Cuán pobre es la ciencia
humana!
Por e~o los que la estudian, teniendo fija la mirada en Dios, en
los momentos de impotencia ¿qué
hacen?
Postrarse ante Aquél que dió vida á todos los séres: suplicar, orar.
El miércoles, más de cuatro que,
dfa por día, proclaman á voz en
cuello su fingido ateísmo, se arrodillaban implorando la mi.ericordia divina
NosotroF, los caté,licos, sin necesidad de estt1s terribles amenazas,
lo hacemos diariamente.
Sí. :3omos imperfecto!!; pAro re,peta.mos al Autor y Creador del
Un i ver.w.

vida privada, permaneciese en el pafs, donde sería respetado y
considerado.
El General Díaz no aceptó é hizo muy bien.
En el' día en que fué recibido el señor Madero con tanto aplau
so ¿como resonarían en ~ u oído los «vivas» que antes á él se dirigían? ¿qué olor tendrían para él las flores que .~ntes se arrojaban
á su paso y hoy sólo eran para el que lo venc10?
Hay qué ser justos.
En estos momentos el papel del General Díaz en el país, y
máR aún en la metrópoli snía triste y desairado.
Que allá en el extranjero se arrepienta de los errores que cometió y que los mexicanos recordemos muchos de los bienes
que le debíamos.

***

Puesto que ya contamos con el
advenimiento de la paz, todavía
interrumpida, por desgracia en algunos lugares, es fuerza que nos
esmeremos por lograrla completamente,
Lo pasado, pasado.
Nos encontramos en momentos
tan plausibles para México, que si
se sostuvieran constituirían la verdadera felicidad de nuestra nación.
Se habla en estos momentos del
establecimiento de nuevos partidos
y los partidos siempre engendran
la división.
Unos pertenecerán al cot6lico,
otros al liberal, los de más allá al
democrático, éstos al reeleccionista,
aquéllos al antirreeleccionista y resultará como siempre la divi1dón,
e:ia di visión que siempre ha perdido
á las naciones.
¿Cómo no hemos de desear los
católicos que triunfe nuestra causa?
Pero esa causa ha de triunfar sin
necesidad de formar centros óclubs,
que tengan algún viso de políticm1.
***
En buena hora que cada quien
Llegó, por fin, á esta capital el
luche por las ideas que profesa; en
señor don FranciEco I. Madero, jefe
buena hora que se forme un grupo
de la revolución que en unoA cuanpara ayudarse en el triunfo de sus
tos instantes ha hecho cambiar la
aspiraciones; pero en opinión del
fez del país.
que escribe estas notas es el moEra esperado con ansia y nuesmento más inoportuno, para estatra m€trópoli se engalanó para recibirlo.
blecer partidos de distintos colores.
Estos podrán venir más tarde;
Se ha exagerado algo, al decirse
Señor Ingeniero Gilberto Crespo y Martínez.
pero en la actualidad, después de
que ni Iturbi&lt;le recibió á la entrada
del Ejército Trigarante tanto¡, ho- Nombrado últin:amente Embajador de México en Washington. la sangre que se ha derramado en
nuestres campos, creemos que el
mc:naje3 de admiración y aprecio
único
fin de todos los mexicanos
como el señor Madero; pero el hecho es que puede asegurarse debía ser la consecución
del verdadero restablecimiento de la
que casi todo México acudió á presenciar la llegada del huésped paz.
distinguido que hoy nos visita.
Y ¿de qué manera se puede conseguir ésto?
Desde las nueve de la mañana, ya ni quien se acordará del terreNo
principiando, como ya se está haciendo, luchando de mamoto· todos querían contemplar la figura del hombre que en
la ley, unos partidos con otros por medio de la prema 6 del dismeno~ de un año ha hecho una verdadera transformación en la curso
procaz .
República.
En las calles principales y aun en los barrios se veían adornos . ,En estos momentos los llamados partidos, todos, sin excepalusivos á la fiesta y es preciso hacer co:istar que todos fueron c1?n debían pens~r en que ya comienza la era de paz, y e~a
misma paz aconsPJa que todo se haga pacíficamente.
hechos espontáneamente.
Vendrán las elecciones y acudiremos todos á las urnas elPcEs cierto que el bajo pueblo, como siempre, abusó y so pretextorales,
juzgando que se respetará nuestro voto. Pero ¡por Dioo!
to de un mal entendido patriotismo, asaltó los trenes urbanos y
que
no
se
comience con las diatribas y el insulto que no se lan·
otros vehículos ; pero la «turba multa,1 siempre ha de ser así.
cen
á la luz pública tantos programas.
'
¡Ojalá y el sefior Madero, si llega á ser Presidente de la ReObre cada q~ien en ~l ?~?1¡.,limienio de la ley, y procure anpública1 como es casi seguro, se fije, llegado el caso, en que el
tes que tod? evitar la &lt;l1v1s1on e.n estos instantes de prueba.
principal deber del Jefe de una nación es educar al pueblo!
Los partidos, como hemos dicho, engendran la división· esa
Con ello se consigue la tranquilidad y el progreso verdadero.
división
á veces es provechosísima. En estos momentos ~ería
¡Venga la paz, en buena hora; pero esa paz debe ser sosteni- perjudicial
en alto grado.
da y man~enida por medio de la educación de las masas!
De otra manera será ur,a paz verdaderamente ficticia.
EL CRONISTA.
¿Por qcé no hacer un recuerdo del caído?
El se, or Madero deseaba que el General Díaz, de.:licado á la

tie,ted uua rubia que te uisLra,?
'
.
-¡Que
no muJer.,
.
-Tu padre,queestaen gloria,
me lo ha revelado.
-Mi buen padre me daba un
excelente consejo y nada más;
pero yo te aseguro que á la rubia esa no la veré más.
-¿Luego la has querido mucho?
-¡Y que importa! Lo que_ no
fué en tu año, no f ué en tu dan o..
- ¡No importa!, es indud~bl;
que hay en tí una tendencia a
volverá quererla; un padre nun·
ca se engaña.
- ¡Dale!
- ¡ Dime quién es!
-¡Ah! Eso no.
-¡Dios mío, Dios mío!
Y vuelta á mortificarle, á roa rearle, y á no dejarle vivir,
echándole constantemente una
albarda que el hombre no quiere nevar, pero su mujer se la
echaba á diario.
Por fin un día Camilo que estaba de buen humor, viéndose
&lt;le nuevo acoE!ado por las pre·
()'untas de su mujer, celosa del
pasado, le dijo :
-Pue3 .. .. .. sí. lo confieso, por
esa rubia he hecho muchas locuras.
Señor don M. Cárdenas y señora
-¿De verai:,?
-Muchas. Con decirte que
me ha costado más de treinta mil duros ....
- ¡Treinta mil duros! Razón tenía tu padre al temer que te
O'astaras con ella el dinero que nos ha dejado. y te lo gastarás,
presiento que te lo gastarás.
-No hay cuidado.
-Dime de una vez quién es ella; ¿la conozco yo.9

'

-Mucho.
-- ¿Es alguna amiga mía? ~e
seguro es, siempre son las amigas......
P.-q
- -No sé si es: pero que la'.ves
con frecuencia, no lo dudes.
- ¿Dónde? ¿En la vecindad?
¿En el teatro? ¿Viene aquí? ¡No
faltaba más!
Camilo reía de muy buena
gana.
- Oye María, te juro que no
be de verla más; pero á fuer de
hombre honrado, debo declarar·
te que he conservado su retrato...
-- ¡Oh, que infame!
-No infamia no. En memoria de lo' que aquella picara me
comió ....
- ¿Cómo se llama?
.
-Mi padre la llamaba rubia:
no tiene' otro nombre.
- -¡ D;me ese retrato!
- ¿Lo quieres?
-En seguida.
-Bueno, pues~ en el segundo
cajón de mi escri'torio hay un
sobre, y en el sobre dice Ella.
- ¡Ella! ¡y has guardado su
efigie todo el tiempo que llevamos de casados!
- Y le guardaré siempre y tú
también.
-Dame las llaves.
Ana María Lebrija de Cárdenas.
-T6malas.
Y María ech6 á correr, y
Camilo la oyó abrir el cajón, y luego ... luego la vió venir entre
avergonzada y risueña, con la ?arta en la mano ..... .
Porque lo t1ue creyó fotografia no lo er~.
Era una carta de la baraja, que le h1zo comprender todo el
alcance de la recomendación del testador ......
La. rubia era ...... ¡la sota de oros!
EUSEBIO BLASCO.

Viendo Elio á uno de sus esclavos, que se p~seaba _entre d?!'I
cenadores, vengó la dignidad dE:l sen:1-do y c~stigó la rns~lenma
del orgulloso esclavo, enviando á qmen le diese un bofeton Y le
dijese: ccGuárdate de volver á pasearte entre aquellos, cuyo esclavo puedes ser todavía. »

,·
Señora Mari:: Mendía dt' Castelló,
Señor Arquitecto don Enrique Fernández Castelló,
.
que contr.,¡eron matrimonio ayer sábadJ.

�ACTUAitIO.R.OES

El Té en Ghapaltepee
El sábado último
tuvo lugar en el magnífico alcázar de Chapultepec la primera
:fiesta oficial ofrecida
por el Presidente Interino de la República. La fiesta consi6ti6
en un té exquisitamente servido en la
terraza superior del
castillo, y se significó
por una democrática
cordialidad en todos
los detalles.
Los elementos oficial y dipolmático,
más que el de la alta
sociedad mexicana,
se vieron casi totalmente representado¡¡,
Fué de notar.se la
fina galantería que
durante las dos horas
de la fiesta, desplegaron los esposos de
la Barra,multiplicándorn para atender y
cortejará sus invitados.

ltOS PE~SONAJSS 08 ltR. POLllTICA .R.~TURlt

...=====================---~ción actualmente triunfante. Don Francitco
se distinguió en las gestione!'! diplomáticas
Je la revolución cerca del gobierno de
Washington, y don Emilio por su noble y
tenaz campaüa en la prensa y la tribuna
en favor de las nuevas ideas.

Señor Licenciadu Manuel Cédero
Ministro de Fomento.

Entre Jos personajes de la política actual, figuran en prominente lugar las personas cuyos retratos publicamos ahora.
Don Manuel Calero, nombrado Ministro de Fomento, es un inteligente abogado que goza de gran prestigio. En el últiSeñor General don Eugenio Rascón,
mo período de sesiones de la cámara de
Ministro de la Guerra.
Diputados sostuvo con mucho éxito varias
iniciativas importantes relacionadas con
Don Bernardo Reyes, ausente del país
la situación política actual.
durante dos largos año~, vuelve, lleno de
Don Eugenio Rascón, antiguo coman- bríos, al campo político del país. Sus indante militar del Distrito, es un amerita- tenciones, según sus propias derlaraciodo militar y su nombramiento como Ministro de la guerra ha sido bien recibido.
Don Francisco y clon Emilio Vázquez
Gómez, ministros de Instrucción Pública
Y Gobernación, respectivamente, fueron
dos de las principales figuras de la revolu-

411

Señor Doctor don Francisco Vázquez Gómez
Ministro de Instrucción Pública.
'

bierno debe ser aplaudido por todos, cualquiera que sea su credo político, porque
su honradez, su pureza de ideas, su firmeza de ronvicciones y sus altas cualidades
intelectuales y morales, son una garantía
de su gestión administrativa.
Debe esperarse, pues, que si estos hombres y los demás que se hallan agrupados
en torno del leader revolucionario no en.
'
cuentran serios obstáculos para dtsarrollar
su cometido ó si los encuentran, fep11n
arrollarlos, contando para esta árdua tarea con su gran patriotismo y alteza de
miras, la vida nacional se encauce en los
senderos del verdadero progreso de una
manera dPfinitira y segura.

.EL MADRIGAL DE LAS VIOLETAS
Entre la grama de la orilla abi.ertas,
viendo las aguas resbalar tranqmlae,
nos recuerdan á veces las pupilas
y las ojeras de las novias muertas.
¡Oh, mi prime~ amor!.. .... Melancolías
futuras que tus OJOS me auguraron ......
¡ Cogiendo una violeta se encontraron
tus manos temblorosas con las mías!
¿No te evoca, J?Oeta, su. fraga1;1cia
á la primera novia de tu 10fancia,
cuyas cartas conservas bajo ilaves,
con el primer soneto 011 sus gavetas,
y de la que ahora eólo sabes
que eran sus ojos como dos violetas?
FRANCISCO

El meníi, contenido en elegantes
cartulinas modernistas, coneistió en
delicadas y sabrosas viandas y en
espumosos caldos.
La nota saliente del té presidencial, es el contraste ofrecido por la
elegante sencillez cuando no se borra el recuerdo de otras fiestas de e,a
índole que en todos sus aspectos da·
han un claro sabor monárquico en
pasadas administraciones.

Señor General don Bernard" Reyes.

Señor Licen~ia~o ctf\11 E:nilio Vazquez G~mez.
Mm1stro de f1oberr,ación.

nee, estarán encaminadas á restablecer la
paz, en colaboración del gobierno provisional de la República.
Don Manuel Urquidi, es uno de los más
jóvenes, inteligentes y activos de los homhrPs de la revolución. Su ingreso en el go-

Señor lngeni~ro don Manuel Urq:.iidi
Sub,ecret, rio de Comunicaciones. '

)

1

VILLAESPESA.

�El Genetral Sutriano Juan Andtreo Almazán.
ACTUAl.lIDADBS

LA MUERTE DEL SEÑ0R DIPUTADO DON DIODORO BATALLA

Los pe1ió&lt;licos diarios han dado con to·
da:oporlunidad la noticia de la inminen·
te entrada á la capital de la República de
las fuerzas revolucionarias del sur, al man·
do del General Juan Andreo Almazán.
Dicha entrada fué impedida por las disposiciones dictadas por don Emilio Váz.
quez, secretario de Gobernación, y que si
b0 hubiera permitido, hubiera prQvocado
alguna fricción con las fuerzas federales.~
~Este jefe revoluciouario se ha dístinguido durante todo el tiempo que ha durado
la revuelta por el gran espíritu de justicia
que lo anima y por la perfecta disciplina
que ha dado á sus tropas.
Las presentes fotografías representan
la entrada del General Andreo Almazán á
Chilapa, Estado de Guerrero, y al mismo
jefe acompañado de su Estado Mayor. ...

CONFESARSE A MENUDO
LA CAMISA.

Los revolucionarios aristócratas.- 1 J. Guadalupe González -2 Manuel Ri'nco'n G ¡¡ d
L · 111
.
. se tomó el día en que fué
· ocupada Ag a . a t ar 0. - 3 f ms anes Blanco · - 4 J ose' v·1ctor R'10s, se·
cretano.-Esta
fotog!af1a
1
u sea 1en es por Ia~ uerzas mandadas por estos jefes.

1
·._i; '

A menudo acontece oír esta objeci6n
muy tribial: «Yo no me confieso sino de
tarde en tarde; ¿para qué confesarse tan
4..&gt;i
á menudo?)&gt;
Y bien: responded á lo que un buen cu- ,
rafdijo á un pobre diablo, que no quería :
confesarse porque decía que su alma
estaba limpia:
;:- &lt;(Es~muy. difícil, !hermano mío, conser·
var por largo tiempo la gracia de Dios sin
confesarse. Probad á no cambiaros la camisa por más de un mes, y ya veréis, ¡qué
lindura y q,1é perfumeti!

�ACTUAI.tlDADES

.ACTUAuIDADES

EL VIAJE DE DON FRANCISCO J. MADERO.-Las multitudes esperando la llegada del tren .
Grupo de revolucionarios.
El señor don Francisco Madero, sr. y la señora doña Mercedes González Treviño, rod~ados de todos sus hijos.
En el fondo, de pie, se ve á don Francisco l. Madero, jr.

LA RUBIA DE MARRAS

:l

CUENTO

«Este es mi testamento y última voluntad,,, decía en el sobre
del pliego, lo cual era albarda sobre albarda, porque la declara·
ci6n de la última voluntad y el testamento, todo es uno; pero
don Mateo Loriga no asvir6 nunca á ser académico, y al morir
dej6 su voluntad postrera en pliego cerrado que abrieron sus herederC*:I únicos;
quiero decir, su hi·
·, jo y su nuera, Cami·
Jo y María. El testamento no era largo,
porque todo él se
red ucía á un párrafo Pn el que dejaba
toda ~u fortuna á
María y á Camilo,
cqn gran desconsuelo de unos parientes
lPjanos, que aunque
nada esperaban heredar, vinieron al
pueblo al entierro
y quisieron presen·
ciar la apertura del
tei,.tamento, porque
entr~ amigos con
verlo basta.
Se quedaron al·
piste y se volvieron
á su pueblo, y los
dos herederos hubieran sido muy felicec! con el mill6n
que se les entr6 por
Señor don Mariano de Carciu y Disdier que la puerta, si en el
párrafo único en
contraerá matrimonio próximamente co~ la
señorita doña Elena Pasquel.
que don Mateo les

hacía poseedo_r~a de todo3 sus biene:1 no hubiera una fme que
á María le qmto el suefio muchos días.
Y la frase era éata:
((Declaro heredero de todos mis bienea á mi hijo don Camilo
r~comendándole mucho que no vuelva á las andadas con la ru~
b1a de marras».
. Ja~~s h~bo e~tre los dichosos c6nyuges el menor motivo de
d1sens1on m de disgusto; pero lo que no sucede en un año suce·
de en un rato, y aquella frasecilla levantó en el tranquilo hogar
una nube de celos.
¿Quién era aquella rubia?
¿Por qué el padre
al morir, recomen·
daba al hijo quA no
volviese á verla?
Indudablemente
porque temía,según
BU propia fra~e, q11e
volviese á lns andn.·
das j Qué más q ui¡;:o
saber María! Y;1 le
importaba poco la
herencia y cuanto
la rodeaba, y comenzó á fastidiar á
BU marido con preguntas de mujer ce·
losa, con espionajt&gt;s
ridículos; en una pa·
labra, que la felici&lt;lad que debía ha·
her en la casa con
el dinero adquirido
y llovido del cielo,
se convirti6 en gue·
rra intestina.
Y había aquello
S~ñorti~ doíi~ ~lena Pasquel, que contraerá
de:
mat1~momo
prox1mamente con el señor don Ma.
-¿Tu has tenido,
nano de Carcer y Disdier.

de que el tiempo se va á tle·cum ·
¡.&gt;oner.&gt;&gt;
Os ruego, lectores rníos, no os
turbéis nunca.
No se diga de vosotros lo que
Fe decía de un maestro muy eno·
jón. Cuando éste entraba ~n la cla~e por la mañana., los discípulos
( unos pícaros rematados) leían e~
el rostro del maestro su buen o
mal humor; y luego guiñaban el
ojo y se decían: ((Hoy el bar6metro
marca buen tiempo 6 tempestad.»
Tened siempre un caráter igual:
~abed moderar los arranques de
111. alearía
y sojuzgar los ímpetus
0
de la ira. Sólo así mereceréis que
OH llame: ¡Es todo un hombre
dueño de sí mismo!
El carácter es el distintivo de
una alma grande.

El viaje de D. francisco l. Madero
y su entrada triunfal
ála capital de la República.
Con toda clase de pormenoreR,
la prensa diaria de la capital ha
relatado el viaje del señor Made·
ro. Desde su salida de ciudad
Porfirio Díaz, el jefe de la revolución fué continuamente acla·
mado en todas las grandes y pP·
queñaA ciudades en donde se detuvo el convoy. El señor Mader,&gt;
dirigió la palabra á las multi~udes
que frenéticamente lo ova?1onaban en veinte distintas oc11s10ne
Su ~ritrada á la capital fué verda·
rleramente triunfal y las genteR
que peinan canas no recuerdan u~
enk~ia~mo popular mayor, ni
más ruidoso y e&amp;pontáneo ni cuan·
do efectu6 su entrada á México +-1
vencedor del 5 de Mayo, don Ignacio Zaragoza.
0

•

~~_....,_

Levantaba el codo. - Poco vino.

~~@9..1\o/v

SIGNOS DE TEMPESTAD.
EL CARACTER
Un. sabio. «Usted que ha pasad,i
su vicia navllgando, 8abrá Fegura·
mPnte cuáles son los signos precur,oreR rle una tempestad. ,,
El vi~jo marino. «Ciertamente
que los conozco. Cuando se ve al
capitán que salta acÁ y acullá é
imparte diez órdenes á la vez, jun·
tamente con otros tantos gritos
desaforarlo~, podéis eFtar seguros

Napoleón I, habiendo sabido
un coronel levantaba d1-ma~iatlo el codo y que muchas veces
~e le veía alegre, le hizo llamar á
~u presencia y ledijo:
«~,Ji querido coronel, usted be·
bti OPmasiado. »
«Majestad, yo bebo siempre por
vuestra salud, y por vuestra salud
nunca se hará lo bastante.»
He aquí unas sentencias {del
Eclesiá~t1co:
Poco vino es muy suficiente par1.1 un hombre bien educado.
.
El vino ha causado la ruina de
muchos.
Grabadlas bien en vuestra ment'l y traducidlas en la práctica.
C)lltl

TEATRO LIRICO.-'' Los perros de presa."
María Cone!&gt;a y Manuel Noriega.
Esta obra, representada con algún éxito en otros teatros,
constituyó todo un acontecimiento en éste,
merced á los méritos de la popular
María Conesa.

�~~A

'

JUAN og LA BRETE

LAS//

MI PARROCO Y MI TIO

DAMAS'

Novela premiada por la Academia Francesa

----~-··~
Pur &lt;le prouto que&lt;lóee el ju'!en ui.......

1EUENA NOVI.l\!
La noticia cundió rápidamente por tona la población, com.o
un SPcreto en boca de muchos.
Todo el mundo sabía que don Homobono tenía guardadas nada menos que c;,w rnil pesetas para dote de su hijfl.
D&lt;'sde aquel día la casa de don Homobono era extraordinariamente frer.ue11tada. Aquella joven atraía los cariños de todos
los mozoi del pueblo. Don Homobono observaba aquella nube
&lt;le p-e:enciientes y sus afectuosos apresuramientos con una risa
sigrnficativa, al fin como sonri"a de viejo, y sin precipitación
t&gt;xaminaba. y esperaba.
Entre los más asíduoE. pretendiente~ notó á un joven que le
partció menos entusiasta y aun menos fatuo que los otros, por
lo que Sfl llegó á ,iecir muchas veces, hallándose á sus solas y
muy bajito: Onalquiera diría que ese rnozo no carece de bnen sentido.
Se trataba de un comerciante activo, laborioso, inteligente.
Un día, ' recibiéndole en su cafa el padre á quien me refiero,
le dijo:
--¿ Desea usted quizá que hablemo3 íntimamente del dote de
mi hija?
--Pero no corre prisa-dijo
emocionado y lleno de dicha el
joven.
-Ko importa. Así sabrá usted
mejor lo que hace. Tome usted,
aquí e~tán todos los datos.
Y el papel que le enseñó contenía las siguientes líneas, que d
padre leyó acentuándolas:
Pesetas.

Educación vigilada, ánimo justo y recto sentido .. ......... ........ . 20.000
Nada d e coquetería,
gusto delicado n o
exento de severidad
y muy distante de
fantasía y de entusiasmo en el adorno
exterior de su per·
son a......... .. . .. .. .. .. 20. COO
Regularidad enlas práct i e a s religiosas. Economía, orden. Mujer de su casa, que
dirigirá por sí misma. 30. OLO
fünguna afición á bailes ni espectáculos-Prudente para ceder
á las conveniencias,
sin jamás entregarse
á esa vida de fuera
de la casa............... 10. 000
Diestra y laborioFa, ca,
paz de pasar sin costurera ni modi1;:ta y
de dirigirlas Ei fuese
menester.. . . . . . . . . . . .. 10. 000
Y, por último, t"Il metálico. ... . . . . .. ... .. . . . .. 10. 000
-Pero estas 10.000 ~esetas
valen más que u na nqueza
acompañada de los defectos
contrarios á las cualidades que
garantizo en mi hija. De su cariño absténgome de hablar, por·
que sobrt&gt; eso un padre siempre
se forja ilusiones ; pero sé que
0onsidera el m:itrimon;o coino

Jiviun. eu cierto mo&lt;lo.
go contrarirHlu: pero como era juicioso, entendió la lección de
aquel padre y se casó con su hija.
E¡:o hace ya años.
El tiempo ha justificado cumplidamente los cálculos de nuestro Homobono. Mt~chas veces el yerno agradecido le recordó el
chocante suceso, y en una de ellas el. buen viejo le refirió ?Sta
otra 1rnécdota que él había oído de mño, y es la que había mspiraclo e! ingenioso estratagema que queda relatado:
-Seíior, en vista de las circunstancias que me rodean-decía un joven á un discreto sacerdote,-he resuelto tomar estado.
¿Aprueba usted mi pensamiento?
-¿Por qué no? El matrimonio es un gran Sacramento, como
dice 8an Pablo. Mas lo difícil en él es la elección de consorte.
-¡Ah! La mujer que yo he elegido reune cualidades excelen ·
tes: voy á frselas enumerando.
-Me parece bien: así yo podré escribirlas.
Y el sacerdote tomó el lapicero y extendió un papel sobre la
mesa.
--Es rica, dijo el joven.
El sacerdote, como si no hubiera.oído, escribió un cero grande.
-Eg muy hermosa.
El sacerdote escribió otro cero.
-Es joven-añadió con entuF.iasmo.
El sacerdote escribió o t r o
cero y lo miró con lástima.
- Es noble, de muy noble
e-tirpe.
Mostró el sacerdote cierto disgusto y añadió otro cero á los
anteriores.
El joven confuso y aturdido,
no comprendiendo el valor de
aquella fila de ceros, añadió:
Es virtuosa.
Entonces el sacerdote escribió
una unidad delante de los ceros
y, volviéndose al joven, le dijo
sonriendo:
-Hae acertado: la riqueza se
ga&amp;ta; la hermosura se marchi·
ta; la juventud desaparece; la
nobleza. quese hereda no da bienestar ni dicha; pero la virtud es
una cualidad meritoria por sí,
que da valor á las demás. Sin la
virtud, la riqueza es altanera;
la h~rmosura fatua; la juventud
caprichosa, y la nobleza insu·
frible. En fin, son cualidades co·
mo ceros, que por si solas nada
valen: la virtud es la unidad que
lea da mérito.
CJS!.l

~~

PENSAMIENTOS

La ilustre novelista Myriam Harry, cuya última obra "La divina
canción" está siendo muy celebraJa en Eur0pJ.

Para ser felice1:1, perfeccionemos ñuestras cualidades y ate·
nuemos nuestros defectos.
Goethe.
-Hagamos nuestra felicidad
haciendo la de los otros.
Bernardino de Saint Pierre.
La verdad es la primera nece·
sidad del hombre.
Segur.
- La perseverancia suele superar al ingenio.

Levis.

Traciucción autorizada, hecha sobre la 166~ edicion, por Juan Meteos, Presbítero. Ilustraciones
de E, Vulliemin. Con licencit:t,
(CONTINUA}

Por más dolororn que fuera este pemamiento, me aferré á él ba una espesa guarnición alrededor del hueco de la ventana Y
con ardor, y lo meditaba y lo acariciaba con morbosa compla- vi á mi párroco.
.
.
..
fütaba en la me~a comiendo con ane triste; sus meJillas hacencia. Conste, sin embargo de eso, y lo aseguro con todas las
veras, que nunca me oc~rrió . asfixiarme ó tomar un veneno, bían perdido una buena parte de la rubicundez y redondeada
medios de acabar con las situac10nee desesperadas, tan de moda forma de otros días· los abundantes cabellos blancos de su cabe·
por dei::gracia en 1.,1,l tiempos que corren. Pero, habiendo leído za no aparecían despeluzados como otras vecee, sino caídos con
en no Fé qué libro la historia de una joven que murió de ¡·ena indtscriptible aspecto de desolación.
-¡Ah, mi pobre y buenísimo párroco!
con ocasión de un amor contrariado, determiné seguir rn ejemplo.
Salté del tronco en que me había encaramado y corrí á la
Abrazada esta resolución, y confirmándome en tan lúguhreH
puerta
perdiendo el sombrero en el camino y colándome como
de~ianios las alteracbnes que advertía en mi rnstro, creí cc,rtf!!
y co~veniente conferir el asunto con mi pár_roco, á quien en todo un torbellino en el recibimiento.
El cura se levantó azorado; su afable y excelente rostro res·
ca.fl&lt;&gt; quería 1:.,,lrechar la. mano antes de morir.
Así pue~, cuando lo hube pensado bien, e~t:é u~a mañ~na,en plandPció de alegría al diviearme; y entonces no para ~omper
el gabinete de mi tío y le pedí que me perm1t1era ir al Buisson. ron las tradiciones de la etiqueta, sino en un impulso de viva ternura, me arrojé conmovida en loe brazos del anciano sacerdote Y
-Mejor se;á escribir al cura rogándole que venga.
]]nré ror largo tiPn,ro np0pila &lt;'n cu rerhO.
-No podrá., tío; nunca tiene un céntiino disponible.
-Put&gt;s me hace poquísima gracia tener que llevarte allá, F(l..
brina.
-No hace falta que me acompañe usted, tío; antes bien 1&lt;:
i,uplico que no lo haga. porque me serviría de gran estorbo. St
me da usted permiso desearía ir con el ama de llaves.
-Bueno; haz lo q~e quieras. ,E_l coche de ca~a o~ llevará ~asta C ..... donde podréis hallar fac1lmente un ~arruaJe cualquiera
con que llegar al Buissón. ¿Cuándo vas á s~hr?
.
-Mafiana por la mañana, temprano; quiero coger de improviso al cura, y dormiré en la cas~ rectoral.
.
-Concedido· dos días despues volveré á envrnros el coche
para el regreso.' De modo que habeis de estar en C...... pasado
mañana á eso de las tres.
Dicho lo cual, me miró fijamente al amparo de sus peludas
cejas y se rascó la barba con aire inquieto y pensativo.
-¿~:stás enferma, sobrina?
-No, tío.
-Vamos hija. mía-dijo atrayéndome hacia sí,-casi casi
dei:;paría qu~ no se realizasen mis planes.
Le miré con el mayor asombro, porque creía firmemente que
no había visto nada.
Luego respondí impasible, que no entendía. sus últimas palabras. puesto que eslaba ~onteota y muy ganosa ,de v~r- cum¡.,l1d,1!ó1 todos sus a.obelos. 1\11 tío entonces me abrazo carmosamente y me despidió.
.
_,
Al día siguiente partí, sm querer aceptar la compama de Bla1.ca. que mostró de~eos de i,r conm)go.
Eu el camino me puse a reflexionar sobre las palabras de nJl
tío.
d
«Lo sabe todo-pensé.- 1Dios mío, qué torpe ~oy con to as
mis pu,sunciones ele lista! Pero a1;1nque no se verifique el casamiento de Juno. ¿de qué me servuá, estand? Pablo ena~orado
de ella'? ¿Cómo es posible que ahora vaya a querer á nmguna
otra'? La verdad es que no entiendo á mi tío.»
Porque es de saber que á. l_a sazón, no c~eía Y&lt;' como anteriormente que se pudiera amar a muchas muJeres. Juzgando por.lo
Bien conozco que no hay nada tan impropio como el llorar en
que experimentaba, me parecía absurdo que un hombre pudieesa
postura; tampoco se me oculta que mi tío Juno y todas lati
ra amar dos veces en la vida, sin dar al mundo eEe espectáculo
respetables
señoras que ponen sobre su ca~eza los usos ~e la bue·
de una monstruosidad inexplicable.
na
sociedad
se habrían tapado la cara, a pesar de mis nobles
Después de regular así loe sentimientos amorosos de la gent_e
antepasado;
para
no presenciar tan esc~odaloso esper~~culo; pede barbas, mis pensamientos tomaron _ot~o rumbo y ~e reg0c1ro
el
escaso
tiempo
que llevaba aprendiendo. moderac1~n no hajé con la idea de saludar de nuevo á mi parroco. Lo pnmero que
bía
sido
rarle
á
del:'pojarme
de la espontaneidad de mi naturahabía de hacer á mi llegada era arrojarme á s;u cuello, cuando
leza.
Fuera
de
eso,
tengo
JJOr
indudable que únicamente los ton·
no por impulso de cariñoso afecto,. al menos Pª:ª dar pruebas
tos,
l0s
afectarlos
y
las
personas
sin corazón pueden sostener que
de mi independencia y del desprecio con que muaba los nspeno deben sacrificarse nunca las leyes de la costumbre á las natos sociales.
En llegando á la casa rectoral, no entré en ella por la punta, turales expansiones de un sentimiento vivo y prof~n~o.
- La vida es un trapo vil, señor cura, un prngaJo indecente!
sino por la abertura de un seto que yo conocía de mu! _atr_ás, Y
exclamé
sollozando.
me cleslicé cautelosamente hacia la ventana del rec1b1miento,
-¿Ahí
estamos
todavía, Reina? ¿De veras seguimos con erns?
donde el cura debía de estar en dispo~ición de tomar rn d~sayuNo.
no,
no
es
posible.
no. Dicha ventana era muy baja, pero con ~odo. tso, m1 corta
Y el bondadoso anciano, que reía y lloraba á un tiempo, me
estatura no me permitía alcanzar á ver en el mter10~ de la sala,
miraba
con ternura acariciaba mi cabeza y me hablaba como
por lo que hube de subirme á un tronco apoyado a un muro á
á
un
pajarito
herid~, cuya ala rota hubiera deseado curar con
guisa de banco.
.
mimos
y
buenas
palabras. --(Continuará.)
Alargué la cabeza con cuidado por entre la hiedra que forma·
\

�VIAJES

Una

POR

LA

ACTUAI.dOAOES

REPUBLICA

.
excurs1on
a H.uatusco
/

EL

(CONTINUA)

Tal me p!lreció Huatusco deEde que le
ví semejante n una isla en un mar de verdura; mirando siempre á sus plantas el
mar inqnieto, imagen del corazón que,
juguete de las pafiiones, nunca tiene un
momento de repo,o; mirando siempre sobre su cabeza el Citlaltepetl, que, de~de
~u cim~ serena y majestuoea mira cómo á
sus plantas rujen los huracanes y se desatan las tormt&gt;ntas, fiel irpagen del alma
que, libre del pern de los negocios mundano~, se remonta á las alturas de la perfección cristiana, donde no azotan las
tempestades, ni rujen los huracanes.
Ni Córdoba, ni Huatueco, ni, á lo que
eren, parte alguna de esta feracísima regi6n, se distingue por esconder en su seno
lo:3 metales que la codicia humana llama
preciosofil, y acaso esto sea parte á que los
hijoR de esta región sean de caracter blando, de corazón generoso y abiert?. Porque
el mismo Dios que mand6 á la tierra producir yerba verde y plantas fructíferas,
para alimento y regalo del ?ombre, escondió en las entrafü1s de la tierra el oro, )a
plata y los diamantes, y los aprisionó con
cadenas &lt;le rocas formanas por rn mano
poderosa, como si quisiera en?eñarnos que
llt agricultura debe ser la primera profeFi6n del hombre, justamente condenado
á ganaroe el pan con el sudor de su frente y la minería la reserva destinada á ser·
vi~ cuando se hayan agotado los recursos
de la superficie terrestre; pero l~ codicia
humana ha dado en menospreciar estas
riquezas, y busca con ansia los tesoros que
guarda la tierra en sus entrañas, y los
arranca, no para satisface~ sus n~cesidades, sino p~ra dar ~ábulo a su l~J?,Y vanidad, y Dios caEt1ga esa amb1c1on de
manera terrible.
Porque en las regiones en que la agricultura es una de las fuentes de riqueza,
el suelo simula ora mares de esmeralda,ora
lagos de oro fundirlo; tiene bosques en
cuyas frondas anidan pájaros cantores,
ríos de agua cristalina que los alegran y
fecundan, y los hijos d~l suelo pa~·ticipan
de estas inocentes alegr1as que la tierra les
ofrece, y como ésta es con ellos genero~a,
lo son ellos con los extraño~. En cambio,
las regiones mineras suelen ser áridas; no
hay en ellas ríos que las riegen y refresquen, bosques que brinden fresca sombra,
ni pájaros que aniden en la enramada, y
como el avaro que, por no tocará sus tesoros no echa un remiendo á las raídas y
'
..
de3trozadas
ropas, por entre cuyos Jirones
asoman los huesos, mal encubiertos por
piel amarillenta, la tierra qu~ guarda ~ro
en sus entrañas ofrece á la vista del viajero montañas mal cubiertas por raquítica
vegetación, que deja asomar aquí y allá
rocas peladas, que simulan osamenta de
gigantesco cadáver; y los buscadores de
oro suelen Fer de r.oraz6n duro como las
rocas, estéril de buenas obrae, cerrado á la
caridad.
Huiit u~co es uno. poblaci6n de 8000 hahit11nte,:, situada al pie de un cerro de
forma trape:toidal, cercada por tres lados
de eminencill:, y barrancas, y abierta por
el oriente hasta las playas veracruzanas,
que, Cl~:1.ndo no hay nubes que cierren el
horizuate, n: ;;olinas que enturbien la at-

m6sfera, se divisan en el lejano horizonte.
Su clima es más suave que el de Córdoba,
á lo cual contribuye mucho la brisa que
mitiga la fuerza del calor; sus calles son
rectas y llaman la atención por lo bien
orientadas; sus &lt;'asas: con excepci6n de
cuatro ó cinco, son bajas y cubiertas de
teja; caRi todas tienen el patio principal
convertido en jardín y las ventanas de la
sala abiertas á la calle, y, á las horas en
que es más fuerte el calor, las familias pa·
san las horas de la tertulia 6 en los corredores que cercan el jardín 6 en las ventanas, donde la temperatura es más suave.
Cuenta la población con un teatro, una
plaza de toros y un jardín público, que,
aunque no es muy gran de, pero de ordi·
nario está con tanto esmero cultivado~ que
parece, en todo tit!rnpo, una canastilla de
flores.
La tierra es fértil, y produce en abundancia flores de hermosa vista y muy
agradable aroma, maderas finas, plátano,
café qu:) goza de muy justa y merecida
fama, y muy ricas naranjas. En cuanto á
las naranjas, es aigno de ser especialmente mencionado un plantío de 5000 naranjos finos que tiene el señor licenciado don
Filiberto Muñoz en las cercanías &lt;le Huatusco, y produce unas naranjas csjelas tan
ricas, que con haber yo comido muchas:
durante mi excursión, porque es fruta que
en aquella regi6n se produce en abundancia y la hay muy fina, y porque el calor
y la fatiga me la hacían apetecible, ninguna comí tan rica, ni sabrosa como las
de esa plantaci6n.
Los alrededores de Huatusco son muy
pintorescos, y hay lugare9 cercanos, corno
la colina rnbre !a 1mal está la capilla de la
Virgen de Guadalupe, desde los cuales se
admiran panoramas hermosísimos, ee disfrutan crepúsculos encantadores.
El hflcho de que no haya tren que llegue
hasta Huatusco hace que la población no
sea tan visitada como merece, y que el
comercio y la agricultura no tengan el desarrollo que pudieran y debieran, porque
lo? 20 kilórnttros que hay de Coscomatepec
á Huatusco, y, más que todo, la barranca
de Jamapa, retraen á muchos visitantes,
dificultan la exportaci6n de frutas y la
importaci6n de artículos de comercio, que
resultan c1:1ros por las tarifas del ferrocarril de Córdoba á Hu'.\tusco y los fletes de
Coscm.natepec á Huatusco. El día que el
ferrocarril salve la barranca, de Jamapa Fe
abrirán para Huatusco nuevos horizontes,
porque con las facilidades de la exportación, aumentará el cultivo del café, el
plátano y la naranja, y la poblaci6n se
verá, durante el verano, muy visitada por
las familias ricas que salen en busca de cli mas templados y de panoramas hermosos.
Y acaso ese dfa no esté lejano, porque
quien hizo el puente de Tomatlán, bien
puede hacer otro sobre el Jamapa , tanto
más cuanto que esa barranca tiene pasos
más .estrechos que aquel sobre el que está
tendido el puente de Tomatlán, ni es difí·
cil c?municar Huatusco con Jalapa, por
medio de otro ferrocarril que no tendrá las
dificultades del de C6rdoba á Huatusco.
Hasta hoy no se han extendido las redeR
ferrocarrileras cuanto es necesario para el

completo desarrollo &lt;lel ¡i~ís, pero n 0 cabe
durla que se ext.enderáu, y l'ntot1Ct'S t•ll'a·
rá. su turnu á Hua tu~co.
Vll

°

EL POZO DE TECOAPA
Hay hacia la parte oriental de Huatusco una ladera que Fe ll11ma &lt;le Tecoapa. y
como á la mitad de e;a ladna un manantial de agua cristalina que brota de entre
las junturas de .unas lJtfiaP, á l&gt;1. rnmbra
de floripondios, nogales y liquidámba rtP,
y en otro tiempo corría µor entre c~fttos y
platanare~, hasta juntar sus aguas con las
del arroyo que corre por el fondo. Hoy ~1
agua es aprisionada en el Iugar mismo
donde brota, y llevada por cañería de fie
rro hasta un establecimiento de baños. no
lejano, y apenas si queda libre un débil
chorro en el que llenan sus cántaros muchas mujeres de los parajes vecinos.
Por la frescura deliciosa del sitio y por
la vista incomparable que desde allí se
disfruta, el pozo de Tecoapa, que es el
nombre de aquel rinc6n encantador, es
uno de los paseos favoritos de las familias
de Huatusco y uno de los prirnews adonde llevan á los forasteros, dándoles con
ello delicadísima prutba de cariño, porque dicen los huatusqueños que no deja
de volverá visitarlos el forastero que bebe
de esa agua en el sitio mi~mo donde bro·
ta. Allá me llev6, una fresca mañana, mi
tierna amiguita de diez años que hizo tan
grata mi estancia en Huatusco, y d, sem do sin duda qlle efia mi primera visita no
fuera también la última, me b1ind6, con
gracia infantil, un vaso de agua de 1 pozo,
por ella misma recogida en las junturat:i
de las peñas, y esa agua me supo tan ea·
brosa como sin duda ne supo á Eleazar la
que, en ocasión solemne, le ofreció la gentil Rebeca.
Luego, mientras la niña corrtteaba por
aquellos sitios, con otras comp11ñeras de
su edad, yo me recosté á la sombra de los
copudos árboles, tendí la mirada por el
espacio ilimitado que ante ella se extendía, y se escapó de mis labios un suspi ro
que hasta ellos subi6 de lo hon&lt;lo de mi
alma. Así es el ccAguR bendita, ,&gt; rincón
inolvidable de mi pueblo natal, que llevo.
hace muchos años, grabado en el coraz6n
con el burí] del amor, a8Í brotaba ante:i eJ
agua de entre las junturas de las peñas, y
así corre ahora aprisionada deEde su nacimiento en cañería de fierro; Jo~ que 11quí
son cafeto¡::, liquidámbares, floripondios y
nogales, son allá encina!', oyameles y mirtos; aunque menos fértil que eEta tierra ,
así es la que muchas veces, Pn tiempo:!
más felices, miré extenderse á mis pies,
cortada en dos mitades por el río que snpentea entre los sauces; allá también con,o
aquí, se escalonan las colinas del rn, lo
ondulado, como ~i fuer11n olas pftrdicadas de un mar de esmeralda, y ha sta la
vista de esta tierna niña que hai,ta 11quí
me gui6 y corretea descuid-a&lt;la, muy ajena
de lo que pasa por mi alma, ¡cuál me recuerda los Eéres quericlo~ cuyos corazones
laten al unísono con el mío!
HERMOG ENES.
( Continúri.)

ESPECTRO

sus ojos en cuya vidriosidad la Parca sólo había pintad? á. medias el luego de la peste, parecían animarse por un m.ovimiento
de atención. El cadáver semejaba experimentar tanto ~nterés por
Los que leéis, moráis todavía entre lo~ vivos; pero yo habré nuestra alegría como les es posible á los mu.ertos mt&lt;::re~:r!!
por el gozo de los que deben morir. Comp~end1endo yo q
I artido mucho tie!ll~º ante~ para.las regiones de la sombra~ pues
i,ucederán acontecimrnnt?s mauditos, .muchos secretos seran re- expresión triste de aquellos ojos helaría m1 bu~n humor, sepa~é
levados, transcurrirán siglos y eras sm que estas palabras sean de ellos los míos, y fijándolos en las profund1d~de'! del es~eJo
aún conocidas por los hombres. Cuando las cono~ca~, mue?ºª de fb::mo canté con voz tonante y alegre la~ canciones báqmca.s
no las creerán; otros, des~ués d.e conocerlas: se .!Jmaran dubita- del poeta' de Teos. Pero ineensiblemen~e! m1 canto fu~ amortif 08 y muy pocos hallaran obJetos de mectitac10n en los car.ac- guándose, y sus ecos, después de deb1htar:5e Y langu.1decer, se
t~~es\ue voy á trazar con mi estilo de hierro sobre esta tablilla desvanecieron entre las negtas colgaduras de la esta~ciad f é á
Pero he aquí que rlel fondo de ~quell:i, colgadura, .,on e u
encnada.
,
d
El año había sido un año de terror, lleno de la mas profun a expirar el sonido d'l mi canci6n, maudttamente surg10 una ~ mbra que temblando y osc11andesgracia, para cuya expre¡:i6n
do
~obre' el cortinaje, se desliz6,
fiel no exi~teconcepto adecuado.
apareciendo, al fin, visible en la
Habíame sucedido en la tinra
superficie de la puerta de bron·
y en la mar muchos prodigios y
ce. Era una sombra idefinida,
muchos sucesos agoreros. Desobscura, semejante á la proyec·
plec,ó sus fatídicas alas negras la
tada por un ser extraño cuando
peste, y los conocedores de las
la luna está baja en el firmamenestrella.,; no ignoraban que .el 11sto. Pero su vaguedad, la imprti·
pecto del cielo era ~nunc10. &lt;le
sión de sus contornoe, s6lo nos
desventuras. Para mi-el gnego
dejaba comprender que no era la
de Oinos- era evidente que
somt&gt;ra de un hombre, y, aunque
aquel año, el setecientos nove.uta
por su soberana majestad pema·
y cuatro, á la entrada de Aries,
mos que pudiera ser la de un
el planeta Júpiter s~. halla.ría en
dios, comprendimo~ que no era
conjunci6n con el roJ1zo am llo de
la efigie de Zeúe, m la de A~raSaturno. Esta maléfica influencadabra ni la de Saturno, m la
cia no s6lo pesaba sobre la parde ning6.n otro Dios de Egipto
te 'material de la Tierra, sino
ni de Caldea.
también sobre los oráculos y los
La sombra erguida y mavestávaticinios de los astrólogos y
tica reposaba sobre la gran puereobre las meditaciones de la huta de bronce. Su cabeza llegaba
manidad.
hasta los arcaicos capiteles. La
Una noche nos encontramos
puerta en que reposaba inm6vil,
siete amigos en una est~ncia del
muda pero acentuándose cada
viejo pabcio de Tolema1da, s~nvez ~ás la sombra, se hallaba
tadoe alrededor de alguna1:1 anfrente al nicho de Zoilo.
foras de vino de Chio. Para olNosotros los siete compañevidarlo todo, departíamos sobre
ros,
que habíamos vis~o surgir la
la suprema maestría del artí~ce
aparici6n de entre el ignoto f.onCorinno, quien había , e~culp1do
do de los cortinajes, aterroriza·
la puerta de bronce umca que
do!!, no n6s atrevimos á mirarla,
daba acceso á la sala donde nos
fijamos los ojos en la profuny
hallábamos. Aunque encerradog
did11.1l del espejo de ébano, code esta suerte, no veíamos el asmo si pretendiéramos hallar en
pecto lúgubre de las estrefüs y
él
la clave de aquel hórriclo y
de las calles solitarias, el presenenigmático
sucern. Por fin, yo.timiento y el recuerdo del azotH
Oinos-me
atreví á pronuuciar
par~istían en nosotros.
.,n voz baja algunas palabraQ,
A nuestro alrededor. las cosas
interrogando á la sombra sobre
materiales é inmateriales pre·
cuáles
eran su morada y su nomsentaban una anormalidad de
ure.
Y
la sombra me i•.spondió:
que no me puedo dar exacta
-!Yo soy EL ETEl!NO EScuenta: notábase fuerte pesa~,ez
PECTRO! y mi mora&lt;..l\ está
en la atm6sfera, cierta sensac1on
Seiior don Alberto García Granado5, nuevo gobernador
cercana
á las catacumbas de Tode angustia, y, sobre todo, ese
del Distrito Federal.
lemaida!
Habito al lado de liH:
especial estado que gufren las perlandas
sombrías
por cuyasígueas
sona11 histéricas, cuando los sen.
.
.
. .d
é
impuras
aguas
se
desliza
la
barca
de
Caronte.
tidos están cruelmente despiertos y la rnte.l1genc1a entr~steci ª Y
Los siete nos levantamos de nuestros asientos tembloro3oll,
atontada. Un hálito inmortal pesaba sobre nuestros mrn:bros Y
horripilados
y convulsos, pues el timbre de la voz ~e la sombr.a
se extendía sobré los muebles y sobre las copas donde be ;mos.
Todo parecía oprimido por una pesadumbre letal, postra o en no era el de un solo individuo, sino el de una multitud ?~,sére~.
Aquella voz que cambiaba de inflexi6n á cada sílaba, ~~r10 con· un abatimiento inexplicable.
.
, S
fusamente
nuestroll oídos, imitando los acentos fam1l!ar~~ .de
Siete lámparas de. hierro alumbraban nuestra triste org1a. u
cuantos
eéres
amados nos había arrebatado la muerte. Solo Zoilo
pálida luz abrillantaba la superficie bruñida de la mesa de éb~no en rededor de la cual estábamos sentados, Y e~ ~que1 eepeJO continuaba tranquilo en su tumba.-EDGAR ALLAN POE.
negro cada uno de los invitados contemplaba la lmdez ~asi ca'lJl'""'!Jl'""'!Jl'""'!Jl'""'lJl'""'!Jl'""'!Jl'""'lJl'""'!Jl'""'!Jl'""'lJl'"""Jll1"
rlavérica de su rostro y el inquieto brillo de todas las miradae.
Salida para todo. --Un megü,trado de alguna ed~d, y recién caNo ob:3tante fingiendo estar alegres, reíamos, pero ~~ ,un\ manera histéri~a y hasta hubo alguno que se atrev1,o ~ en onar sado por cierto, no pudo resistir e8tando en el tr1b~nal, la ten'
·
que taci6n de dormir¡ Flaquezas humanas! Los abogados rnfor~aron,
canciones de Acreonte
prntando
una f e1·1c1'd ad. geo rg1ca ' b'é
'
·
· bl e quimera
resc.naban en nuestros oídos
como 1mposi
.
· Tamd I bn la sala se despej6, y el juez dormía que se las pelaba como s1 fuera
se bebía mucho, aun cuando la -púrpura del VJn? nos recor ª ª un lir6n.
¡
'd t
El negocio se die:cutía entre los compañeros, y e prest en e,
la de la sangre. Tal vez en aquella pena latente rnflu~era la extraña actitud de nuestros compañeros, porque en la camara ha- tocando en el hombro de nue~tro magietrado le, pidió. s11 v~~º:
Entonces, despertándose sobresaltado, se restrego los UJJBV di, ,.
bía un octavo personaje: el joven Zoilo.
. í
.
-¡Que le ahorquen! ¡que le ahorq~~n!
.
Muerto y sepultado hacía algún tiempo, constitu ª ed1. ge~io
-Ved
que
se
trata
de
un
campo;
d1Jo
el
1;&gt;res1dente.
del mal de aquella escena. Aunque él no tomaba parte iref a·
¿Sí? contest6 sin inmutarse, pues que lo sieguen.
mente en nue~tra orgía, su rostro, cl escompneRto por el ma , Y

/

__________________ -·------ --

,__

- - - -- - - --·--.-. :-:.. 1

/

�UN CAMBIO
equitativo. Incuestionablements
se realizan fuertes sumas de dinero por las especulaciones más
sencilJas; pero las grandes fortunas proceden de los negocios
legítimos y de buena fé, en
que los efectos proporcionados
valen el precio pagado. Ciertos
afamados hombres de negocios
han acumulado sus millones enteramente de esta manera. Exactos y fieles en todo contrato ó
comproP.liso, gozan de la confianza del público y dominan
un comercio que no pueden alcanzar los competidores tramposos y de mala fl. A lo largo no
paga engafiar á otros. 1Jn fars'.tnte puede anunciarse con un
ruido semejante al Gonido de mil
cornetas, pero pron, o se le Jleg:.
á conocer. Los fabricantes do b.
PREPARACKON de WAMºOi~~

siempre han obrado bajo principios muy distintos. Antes de
ofrecerla al público, se cercioraron perfectamente de sus méritos
y solo entonces permitieron que
~n nombre se diera á la estampa.
Al ptí.blico se le aseguraron los
resultados, y encontró que lo dicho era la verdad. Hoy la gente
le tiene fé como la tiene en la
palabra de un amigo probado y
de toda confianza. Es tan sabrosa como la miel y contiene todos
los principios nutritivos y cura·
tivos del Aceite de Hígado de
Bacalao Pnro, con Jarabe de Hipofosfitos, Extractos de }falta y
Cerezo Silvestre. Ayuda á la digestión, arroja las Impurezas de
la Sangre y cura la Anemia, Escrófula, Debilidad, Lir.fatismo,
Tísis, y todas las Enfermedades
Demacrantes. "El Dr. Ramon
Macias, Profesor en la Escuela
Nacional de }Iedicina de México,
dice: He usado la Preparación de
Wampole con buenos resultados
y la seguiré aplicando conH' eficaz para enfermedades del pecho
y de los nervio:;." El &lt;lesenga.
no es imposible. En las Boticas.

...

niferentes aspectos del viaje de don Francisco J. Madero,

~---··.------- - - - ----:-------__;:.::::::===================
--======================-------_J
.--... .--·--

A FALTA DE AZOTES NO ES
MALO EL REMEDIO
Dieron los muchachos de un pueblo en
la manía de correr é insultar á un pobre
hombre, llamándole borracho. Debía ser
astuto y de energía, porque pensando en
aquella situaci6n ridícula y penosa formó
el prop6sito de salir de ella á toda costa, y
lo consigui6.
Al efecto recogi6 abundantes monedas
de á cuarto, sale á la calle, se va derecho
á busca;r á los muchachos, y les dice:
-Mirad, hermosos, lo que me estáis diciendo, me da un gusto que ya, ya; y así,
á todos los que queráis repetírmelo muchas veces, gritando tras mí les daré un
cuarto á cada uno y diciendo y haciendo
se llen6 las manos, y los principi6 á repartir.
Los muchachos aquel dfa creyeron vol·
verse locos y la mitad se quedaron roncos.
Al día siguiente la misma distribuci6n y
los mismos gritos, al tercero igual.
Al día cuarto sali6 á la calle á buscar
á los muchachos, y les dijo:
;-Vamos: hoy no tengo cuartos, pero
so~s tan buenos que me fiaréis y seguiréis
gritando lo mismo.
-Ah! es9 r¡.o, contestaron los muchachos,

-¿Pensáis que so·
mos tan bobos? dijo
uno; si no hay cuartos, no hay gritos.

***

LA INOCENCIA
DISCRETA
Un caballero joven, galante y decidor, yendo de viaje,
encontr6 á una pre
ciosa labradora, &lt;le
16 años que caminaba detrás de una
borrica en direcci6n
de su pueblo. Verla
tan linda y entrar
en conversaci6n con
..
ella, foé por supuesVint\
fortt"fiéante,
digestivo,
tónico,
reconstit~;vente,
de sabor
to, cosa de un seoxcelerite,
mas
eficaz
para
las
personas
deb1htadas
. que los
gundo.
ferruginosos y us quinas. Conservad? por el ~etodo de
- ¡Qué hermosa
bf. Pasteur. Prescribes,} en las molestias del estomago, la
eres, niña!
cbrosis, la anemia y las con!alece~cias ; ~~te vino. se J!CO•
:nienda álas personal! de edad, alaamuJeres,Jovenes y a losninos.
-Per eso no somos hermanos. ,
AVISO MUY IMPORTANí - El único VINO auténtioo de
-¿Discreta, tamR'APHAF,el solo que tiene el derecho .~e llamarse así, e~ solo
que es legitimo y de que se hace mena.ron en el formulario del
bién?
Profesor BOUCHAROAT es P.l de M" CLEMENT y C'•, de ~alenae
-Con los tontos.
(Dr6me Francia). - Cada Botella lleva la marca de la Unión di
-Vamo~, nOH'M,
Los Fá /Jrlcontes y gn el pe~ ;uezo un me~allón &amp;nll1!aian10 el
esquiva. ¿De dónde
,,
CLETE.A.8 ''. - !ios demas son groseras y peligrosas fals1t1caa101Jes.
eres.
--De mi lugar.
-¿Cuántos años
tiene8?
- Q u i te usted
ochenta delos suyo1o
Pilules Orientales
y cuente.
-Dime, al meÚnicas que en dos meses dan graciosa lozanía al busto de fa
nos, ¿cómo te lla- mujer, sin perjudicar la salud ni ensanchar la cintura. Aprobada~
mas?
por celebridades médicas. - Fama universal.
-..Comomisant&lt;'.
J. RATIÉ, farmacéutico, 5, Pas.sage Verdeau, Paris.
-Ven acá, herFrasco con instrucciones en Paris, fr. 6.50.
mosa, dame siquie.
,
ra el gusto de llevar Depllsito en Mexico : JuLJo LABADIE, Suoesores y 01ª, y todas dro6uer1as y boticas.

..

.. T-~..RAPHAEL
.

Is.

BELLEZA IDEAL

de mi parte á tu•*•*•*•*•*•*
madre este beso.
Pero la joven, lista como una ardilla,
evita el encuentro, y dando un bofetón
mayúsculo el enamorado caballero le dijo:
-Déle usted el beso á mi burra, si tanta prisa tiene, porque le aseguro llegará
antes que yo.
El lacedemonio Androcilo, siendo cojo,
sentó plaza de soldado, y cuando sus amigos le decían, que tendría que pelear con
gentes ágiles y fuertes les replicó:
-Para pelear no se necesita correr, sino
estar narado.

••o•o•o•o•~•o-+@&lt;:&gt;~· f;p '-«
¿Desea Vd. entablar corres pon·
dencia con comerciantes en los países de habla española?
¿Desea Vd. cambiar algunos de
sus productos por otros Ge países
extranjeros?

***

Dos síntomas característicos

ARTERIO-ESCLEROSIS
Wl
•

*+
*
+
~

(1 ) Vaso saliente y sinuoso al nivel de las sienes.
(2) Barras condilatación delos pequeooa vasos delsemblante.

\ln. remedio, un. solo

LA

~

ASCLERINE

Tomar todos los meses dos píldoras despues
de cada comida, durante diez dias.

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sranPremio en la Exposición de Hruxellas 1910.

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*+

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~
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•

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oto en las oolmnnas de A.M ERfCA, Seroi6n
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anuncio por menos de 5G ctvs. oro . Los ra·
go• serán mensu almente por adelantad&lt;',
y aoeptar1'moJ los mismos en giro postU &lt;,
bancario, moneda de los E. t.:-., 6 en l&gt;•ll,.
tes rle c ualquier ban co.
Dirijase á

The America Gt'mpany.
(Editores de AMERICA E . "r~lfº
1; BATTER'l 1&gt;1..

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�EL HOMBRE VIEJO,i-HA Y QUE MATARLO!
El célebre Olier, antes de fundar en París el Seminario de San
Sulpicio, habitaba con sus sacerdotes en Vaugirard, en una casa
á la cual había anexo un pequ9ño jardín. En el fondo del jardín
se levantaba una pobre chocita, morada de dos viejos: el buen
Tomás y su mujer. Tomás cuidaba como mejor podía, del jardín y la mujer atendía á los quehaceres de la casa.
El viejo jardinero había visto que todas las tardes Mr. Olier
se reunía con sus compañeros en un salón, y le vino la c-c.riosidad de E1aber qué cosa harían y dirían allá. Manifestó esto á su
mujer, la cual más curiosa aún que su marido, acrecentó en él
el deseo de satisfacer su curiosidad. Trasaron planes..... y al fin,
Tomás dijo rtsueltamente: «Estoy &lt;l.ecidido: iré despacito y de
puntillas á poner mi oído á las ventanas.»
Llega la tarde: Mr. Olier y sus compañeros se retiran al salón,
y el jardinero 1,e escabulle detrás de ellos y se queda escuchando
á la puerta ..... Parecía que no respiraba. De pronto oye la voz
de Olier, que estalla en acentos. Tomás aguza los oídos.
((Mis hermano11, ¿qué más esperamos? E~ tiempo de hacer morir al hombre viejo, ein lo cual no podemos vivir en paz, es nuestro enemigo, y sin embargo, vive siempre con nosotros; si no lo
matnmos, él nos perderá.»
El pobre viejo se crey6 perdido; el corazón le latía cnn violencia, las piernas le temblequeaban, y le castañeteaban los dien·
tes. Pero no quiso huír: quería conocer hasta dónde habría ido
á parar esa horrible trama.
Olier seguía hablando, y su voz metálica, cadencio~a, parecía
tajar como bisturí el alma de Tomás. Decía y volvía á repetir
que era necesario dar muerte al hombre viejo .... Entendía decir. á
las melas inclinacione@, á loe vicios, á los pecados .... Explicaba
probablemente el texto de San Pablo, en que el Apóstol habla
de hacer guerra á la concupiscencia.
Tomás no hilaba delgado, se dió por aludido en el hombre viejo, lanzó hondos suspiros y cayó desolado, pálido como un cadáver, á contar á su mujer las cosas que había oído:
«¡E!!tamos perdidos] ¡perdidos! huyamos pronto, pronto; pues
si nos matan! ..... ¡Ah! ¡quién jamás lo hubiera sospechado! Estos sacerdotes que se hacen unos santos, y son unos .....
La buena mujer se avispó, se estremeció ..... y arremetió contra todos los trastos de su casa. Ya estaban los dos á punto de
huír Jleváodose sus bagajes, cuando apareció en el dintel de la
paerta Mr. Olier, y no sospech6 nada de lo ocurrido; con su acos·
tubrada bondad dice á Tomás:
,c¡Hola Tomás, ¿cómo estáis?&gt;i ....... Y viendo los fardos de los
dos prófugmi: ,,¿Pero qué es esto? ¿Adónde os váis? .....
El viejo Tomás se P.stremece de pie3 á cabeza: cree que ha llegado su última hora .. ... y grita:
,c¡Traidores! ¡Ahl ¡quién lo hubiera jamás pemadol. .... ¡Me
quieren matar!
Mr. Olier retrocede dos pasos y dice:
,,¿Qué estáis loco? ¡qué os paea! Hablad.
,,¡Matarme! Vos lo habéis dicho momentos ha; ¿y qué mal os
he hecho? ¡Así recompensáis mis trabajos. yo, que os quería
tanto!. .... »
«Pero ...... ¡c6mol Estáis sin duda sofiando ...... »
No; no : vos mismo habéis dicho hace poco: ,,Matemosalhom·
bre viejo, es necesario matarlo. cueste lo que costare ...... ,,
Mr. Olier al oír esto, soltó el trapo á todo reír ..... y con las
ri!las en la hoca, fué á contarlo á sus compañeros.
Todos se desternillaron de rifa, v tuvieron mucho que hacer
para persuadir al buen Tomás que'no se trataba de él, sino del
hombre viejo que cada uno lleva en sus adentros.
.,
No quiso creer t11.n pronto Tomás, pero al fin ee persuad10.

Iba después el buen anciano diciendo y repitiendo: "i Maldita
curiosidad!»
¡Ah! mis amados lectores, ¿os ha gustado el hecho? Venga·
mo~ ahora á la m~raleja.
Permitid que yo tome la palabra de Mr. Olier y os diga con
sinceridad:
Abrigáis en vuestro pecho un hotnbre de mala catadura, el
hombre de la concupiRcencia, del orgullo, de la ira, de la pereza.
Matadlr, matadlQ, antes que él dé muerte á vuestra alma.
Al hombre de la concupiscencia,'matadle á golpes de mortific1ción; al hombre del orgullo, matadle con actos de humildad;
al hombre de la ira, ahogadle con el silencio y la represión; 111
hombre de la pereza., desbaratadle con la poderosa descarga de
la,¡ verdades eternas ......
Y si otros genios maléficos intentaran germinar en vuestro seno, tomad luego un antídoto que les dé la muerte ......
Ciertos pecados son como viboreznos que se alimentan en el
Reno; si no los matáis pronto, algún día os atosigarán y os perélerán pna siempre. Conque muera el hombre viejo.

=- -.:.::..:CZ.:::

*•*•*•*•*•*•*•*•*••*•*•*•*•*·~~©·*~*•*•*~*~*•*•*•*~*•*•*•*•*
i
LOTERIA NACIONAL
:
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~
--*
•
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X

:

Sortto mayor núm. 85 dt $50,000$ para ti miércoles Z3 de Agosto dt 1911.

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--(o)--

~

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~
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+
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•

*

DISTRIBUCION.-1 premio de $50,000, $50,000; 1 premio de $10,000, 810,000; 1 premio de S5 000 ~.í.000· 5 ¡irf'!1•ios ele $1,000, $5,000; 170 premios de S200, $H4,000; 199 premios de $100, $19,üOO; D9 aproximaciones ála ~entena del número que ohtenga el p:-emio de $50,000, á $30 cada una, 82,970; 99 aproximaciones á la centena del núme10 que obtenga el
. ··,mio de $10,000, á $30 cada una, $2,970. 575 premios y aproximaciones, que importan $129,840.
Los lunes y vitrnes, INVt\RIABLEMENTE, sorteos con premio mayor de $1,000.
\.
ati'*I~' ?C. ~T ANTE.-Se pon~ en conocimien~o del p~blico, q~e ~i el ~úmero que ob!enga ~l premio principal de $50,000, en este Sorteo,
20 premios de a $2 1500 cada uno, para todos los billetes cuyas
rre,; · 'timas l ·• a., sel!n iguales a las tres ultimas del numero que obtenga el citado premio mayor.
Administrador, PEDRO SAN DO VAL Y GUAL.
Oficir&lt;ts: ;!). de Donceles núm. 121.
Teléfono 2247.
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·l'•t ·iare en alt'', • b1!.de.que no _FUERE Y~NDIDO, ~1cha cantidad sera rap_art1da en

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              <text>Agüeros, Victoriano, 1854-1911</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Excursión a Huatusco</name>
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      <name>Francisco I. Madero en la capital de la República</name>
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