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A~oXL

MÉXICO, DOMINGO

====================~======

e8

Nmr1. 27. -

9 DE JULIO DE 1911.

EL VIAJE PRESIDENCIAL A QUERETARO

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EL SE:&amp;OR DE-L~A-BA-RRA-DESGENDIENDO DEL TREN A-SU-LLEGADA A QUERETARO,-- - -

�El viaje prresidenei&amp;l á &lt;ic.tetrétatro

475

-------Los pitos de las fábricas daban el toque de entrada; el rata- te ya se sabía la tácti·
plán en los parches de los soldados que han venido á pasar re- ca: aguantar hasta lo
vista á la Plaza de Armas, se oye cada vez más lejano; los vape- indecible las ordinarieleros, todavía irritados por los piquetes de las chinches del mes6n, ces de S. M. el Conservocean los peri6dicos; en el portal de Mercaderes se preparan .los je, alevosamente reírvenenos diarios, haciendo refrescos con aguas sucias y separan- le sus chistes, llevando
do las pastillas pintadas con todos los colores del arco iri8, y las anteojos negros para
vetustas puertas del Palacio Nacional tragan empleados de todas que no conociera Ja
categorías y clases.
traición en la mirada,
En las oficinas, de ocho á diez de la mañana, los empleados
llevarle
suscigarros Pari~iense~, boquilla de corcho, y sus al·
están en jolgorio, en una juerga pacífica, comentando los sucemendras
garapiñada~, decirle que su abuelo había sido amigo
sos del ayer, hablando de parrandas nocturnas unos, y otros con
del
nuestro,
así hubiera estado en la cárcel, reg¿¡larle juguetes
las piernas extendidas cuan largas son, los ojos semidormidos y
para
sus
hijos,
biberones, tabaqueras, especies, caricias y entonlas narices hechas una remolacha, y el cuello sucio y desabro- ces.... . .
chado, dormitan sobre sus mesas de trabajo, babeando los exEntonces tampoco lo recibía, porque el Ministro había estado
pedientes sin concluir (¿hasta cuándo?) que ostentan títulof' como
conferenciando
interesantementé, como decía el conserje, Clln el
éste: ccExpediente relativo á la petici6n de doña Resignaci6n PaIngeniero
X,
medio
pariente del Ministro, contratista de los
cífica sobre la propiedad de los terrenos, etc., etc. Comenzó el
edificios
para
viudas
desvali..
.... jadas, que se debería inaugurar
15 de enero de 1850. Concluirá..... .. ,&gt; La campana del·reloj de en el próximo centenario.
Catedral da solemnemente las diez. Entonces la decoraci6n camAnte tal verdadera hecatombe no había más remedio que inbia por completo: en las oficinas hay un inusitado tragín, los
clinar
sumiso la cabeza como caballo de coche de sitio ante el
empleados pasan los montones de expedientes, de una mesa á
chicotazo
del auriga 6 lanzar los ap6strofes más tétricos de los
una silla y viceversa, requieren la pluma y encorvan las espaldas, se quitan los puños, se deaafían con las máquinas de escri- clásicos griegos y latinos. Y tanto más cuanto que á traves de
bir mientras el conserje cepilla con la mano su traje azul y, las rendijas de la muralla verde que servía de fortaleza al Mi·
asperezándose, se dispone para las carava.nas cuo,tidianas.. Es qu~ nistro se oían estas palabras que eran como dardos que se ve·
el señor ministro llega. Núnca da éste vistazos a las oficmas, m nían á clavar en el pecho del peticionario.
-Ese es muy bueno, compadrito.
conoce á sus empleados; siempre sube por el elevador de su uso
;.A
ver cuente usted otro.
exclusivo y palila altanero, frío como el grado ~ero, ante la doble
-Pues
bien era un muerto que se disfrazó de vivo ..... .
fila de empleados superiores, que hacen ante el toscas genufleRi5as,
murmullos,
leperadaE&gt;.
xiones mirándolo de reojo, siendo el único que se atreve á hacerlo f;ente á frente el conserje, hombre de las confianzas de su
***
excelencia el cual lo llama por su nombre, le da palmaditas t:n
los hombr~s y le dice dos 6 tres picardías de su?ido color en las
Ahora han cambiado las cosas para plácemes de todos. Los
que á veces va envuelto el nombre de ~a pro~~mtora de sus días; Ministros son dem6cratas acabados; caminan en coches de sitio
pero siempre en tono chancero. El senor mm1stro es tan ama- y van á las bizcocherías á comprar su pan para la merienda, reble ..... .
ciben á cualquier ~ijo de vecino á t??ª h0ra y por su 6rden, y
Pero si al sefior Ministro se le ocurriese entrar á las oficinas finalmente, cualquier día oe encontra1s por la calle con un indiun día de esos en que se ha encontrado en la taza del chocolate viduo astroso, y, movidoa por la compasión, le dais rns dos cenuna mosca desmembrada, todos los empleados serían capaces de tavos para escamocha y humildementP, quitándose el sombrero
meterse en un sobre de oficio, desde el jefe de secci6n (trescien- hasta los pies, os contestará: Perdonad señor: soy el ministro z.
tos del ala, entrada y salida libre y dev~raci?n de .tre~ nove)as
Y no podía ser menos, porque con esto de ccla no reelección
diarias del gabinete de lectura) hasta el mfehz mentono (trem- predicada
por Madero (hagan favor de quitarse el sombrero)
ta morlacos entrada á las siete de la mañana y salida á las doe vamos á tener ministros por carretadas. En 24 años podemos tede la tarde,' prohibici?n de fum~r, cartas á l.~ ñovia_ Y, ensayos ner unos 60 ministros contando con los que rn pueden morir de
líricos) y entonces ¡ad16s sueños nermorns, ad1os dommo, draks, gusto al ser nomhrados y _l~s dimite;Dtes, que serán pocos, pues
chorritos, tortas compuestas! ¡ «Tres Mosqueteros,, y ccSherlock como lo del Rey que Rabio, están dispuestos á todo, menos á diHolmes,» adi6sl
mitir. Se necesita ser burri- ciago, esto es, burro y ciego, para no
Los conserges eran una muralla china; todo era que uno le ' adivinar lo que pasará. Tendremos ministros como aquel á quien
fuera antipatico, para que se pasara luengos años en espera de le proponían que escogiera entre las carteras de Guerra Justicia
una audiencia· nada valía que se prernntara á las dos de la tar- Comunicaciones y Hacienda, y decía: La de Guerra ~o, porqu~
de ma"cando todavía un pedazo de tortilla y con la fruta en la todo se reduce á tratar con cascos y sablazos; tampoco la de JusboÍsa, que gastara en carreras toda la Zapatería de! Elefante, ticia, porque nada más son puras recomendaciones; en cuanto á
quedarse en til Ministerio hasta oír _el canto de los grillos, ~odo la de Comunicaciones, si no he podido arreglar las vías de mi
inútil, la voz inflexible del ConserJe rn oía hasta entre suenos: familia, ni encarrilarla como se debe ¿para que ~e meto con las
El señor Ministro no recibe; suplica á las personas que vuelvan ajenas? Por todo lo cual me quedo con la de Hacienda, porque
mañana ..... .
en esto de las cuentas, con uno que te doy y dos que te apunto
Y todo acompañado por una mirada verdaderamen~e científi. todo esta arreglado.
ca. Rayos, ¿para cufodo soís? ¿Por qué no te,abres, ~ier~a? _venenos, pistolas, cañones, poetas, ¿de qué servia? Al día s1gmenCROAC-CROAC.

El señor Presidente de la República y _e( s~ñor,Gober~ador
Septien al salir de la estación para dmg1rse a Palacio.

El señor de la Barra al descender del tren presidencial.

�El viaje pt1esideneial á 2uet1éta1:10
El viaje prresideneial á 2uerr?tarro

.....

477

==-

El viaje del señor Presidente á Querétaro
La brilante idea de un hijo de Querétaro, el señor don Domingo Barrios Gómez· de que el señor licencia.do don Francisco L. de la Barra, ~re3idente interino de la República, visitara
su tierra natal. la ciudad de Querétaro, ha sido realizada y seguramente habrá dejado memorables y gratísimos recuerdos en
todos lo3 que tuvieron el placer de acompanar al señor de la
Barra en su viaje triunfal, que en nada se pareció á las excureiones presidenciales de otros tiempos.
El viaje fué de lo más democrático que se pueda imaginar.
Todas las recepciones J manifestaciones organizadas en honor
del señor de la Barra, estuvieron exentas de todo formulismo y
se caracterizaron por una cordialidad y simpatía admirables.
En todas las estacinnes en que el convoy se detu;vo, la gente,
que en gran cantidad lo esperaba, manifestó elocuentemente su
re.•peto y adhesión por el primer magistrado-. En San Juan del

Un rincón del p:itio de San Agustín (hoy Palacio Federal).

res del Estado, de.,filaron ante él aclamándolo y vitoreándolo.
Terminado el de,file, el señor Presidente, acompañado del
señor gobernador, visitó algunos edificios notables de Querétaro,
como el Palacio Federal, cuyo patio es una joya arquitectónica
de inestimable valor, y que se com1erva admirablemente, lo que
habla muy alto de la cultura del pueblo queretano; los templos
de San Agustín, de Santa Rosa y de Santa Clara, que son una
joya, y alguuos otros edificios y lugares público~.
A las doce de ese día la comitiva se dirigió al callejón del Ciego, donrle se encuentra la caFa en que nació el actual Presidente de México. En la fachada de esta casa el senor licenciado don
.D.omingo Barrios Gómez hizo colocar una he1mosa lápida de
mármol blanco con una inscripción muy cariñosa para el ilustre
ciuriadano que rije los destinos de México.
En eeguicla el señor de la Barra visitó la caea en compañía de
la familia Castillo. que la ocupa.
E~te número del programa. fué seguramente el más hermoso y
dejó gratísimos recuerdos al señor de la Barra, á quien vimos

El Stñor de la B:1rra y su comitiva durante la serenata en el jardín Zenea. ·

El señor de b Bma presenci:m:lo el desfile desde uno de los b:ilcones de Pal:lcio.

La multitt..d aclamando al señor de la Barra frente
~

4ealacií).
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Río, cuya estación estaba profusamente adornada, e5tuvieron á
saludarlo las autoridades y, después de un suculento almuerzo,
asistió á la misa celebrada en la parroquia de San Juan del Río,
en compañía de sus ministros y miembros de la comitiva. Este
~echo, del señor Presidente, aunque verificado con cara cler particular, ha sido muy favorablemente comentado.
Después de una pequeña permanencia en este lugar, empleado en recorrer en carruaje los sitios más interesantes de la población, se reanudó el viaje á Querétaro.
La capital del Estado estaba lista para recibir á su hijo predilecto; en los balcones y puertas ha bia cortinajes y sobre las azot~as ondeaban banderolas y gallardetes. Adornos todos sencilloe,
sm presunciofies: populares y democráticos.
El Gobernador del Estado señor Septien, comisiones del.Congreso Local, del Tribunal Superior del Estado, del comercio, de
la bii,nca y de todas las clases sociales, se apresuraron d~~de el
mo~ento de la llegada del señor de la. Barra y su com1t1va, á
feste.Jarlos y gbsequiarlos.
. Eeta~do en el balcóp principal del palacio de gobierno, más de
diez mil personas,·que para ese objeto viniEiron de todos los luga-

conmovido sinceiamente al verse honraJo y aclamado en la
misma humilde casa donde se habían refugiado sus padres por
cuestiones políticas.
Los números que completaron el programa comistierón en un
EOberbio banquete ofrecido por el gobierno del Esta&lt;lo; la visita
á la fábrica de H ércules, importante negociación industrial que
da trabajo á miles de obreros; la serenata en el jardín Zenea y
un magnífico concierto en el teatro Iturbide, que se hallaba
primorosa y artísticamente adornado, y en el que fi guraron solamente artistas queretanos.
Sin el ánimo de educar, sin el deseo de aparecer gratoe á nadie, sin la intención de incurrir en una falta de lesa dignidad,
sin faltar á la más pura expresión de la verdad, podemo:¡ decir
que el viaje del Primer Magistrado, desde el Valle de México
hasta. la zona central del país, ha sido un triunfo, popularmente hablando.
La popularidad del licenciado de la Barra se ha traducido, al
paso del tren á cuyo bordo viajó, en una ovación espontánea, en
la que la:s manot se agitaron aplaudiendo ·y las bocas vitoreando.

�81 viaje ptresideneial á 2uetrétatro·

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1/

El viaje ptresidenei&amp;l á 2uetrétatro

Casa en que nació el señor de la Barra, en el callejón del Ciego, donde se colocó una lápida conmemorativa.
El señor de la Barra en· el te que se le ofreció en la fábri~a de " Hércules," a~~mP.añ~do de !?s s~ñore~ doctor Vázquez Gómez, Gobernador Septién,
Lerdo de Tejada, Presidente de la Compania Hercules y licenciado Calero.

El señor de la Barra, sus ministros y principales invitados en el Patio de Palacio. Grupo tomado antes del banquete.
Aspecto del Teatro Iturbide durante el concierto.

94

�eeí'íora' Beatriz González de Hernáode~. e11poA1&gt; d .. t adiar Sec rf!&gt;terlt, de Fomento,
Señora Leonor O, de Madero, eapoaa del ~·eí\or Secretario de Ha~ende,

ti g•i'ícr P

8et'íore Refu¡cto Borncque d~. de Je JI'

residente de la Repúblfce,

~ef'íore s oledad Norma de vltzquez Gómez, e&amp;pcs a del S ecretario de Gobarna ción,

Señora Gu&lt;t&lt;Jalupe Norma

·de

YA•ciu•a Góme~ espoea del seí\or Se&lt;;.'retario d e Instrucción

F Úblice y Bellas A rtie • .

�Ell ABAN,DB~ADO

EL ABANDERADO
-·..············:·:::::::::::::::::::::::::::::::::::.:·.::·.::·:::::.:::·:.::::::::::::::c:·. 00•00::::::::·.:·.c:·:.:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::=· ................

I
El regimiento estaba en batalla sobre un repecho de la vía
férrea, f:lirviendo de blanco á todo el ejército prusiano amontonad0 en frente, bajo el bosque. Se fusilaban á ochenta metro!l.
Los oficiales no cesaban de gritar: «¡acostaos!» pero niogún
soldado quería obedecer y el fiero regimiento seguía de pie, agrupado al rededor de una bandera. En ese gran horizonte de sol
poniente, de trigos en espiga y de pastos de ganado, aquella
masa de hombres, atormentados y envue:tos en el manto inmenso de la humareda confusa, tenía el aspecto de un rebaño sorprendido á campo raso en el primer torbellino de un huracán
formidable.
El hierro caía como una lluvia rnbre el repecho en donde n')
se oía sino la crepitaci6n de la
fu ,ilería, el ruido sordo de las
gábatas rodando entre la fosa y
las balas que vibraban eternamente de un extremo á otro &lt;lel
campo de batalla, como las cuerda~ tendidas de un intrumento
siniestro y retumbante. De tiem1'º en tiempo la bandera que se
alz, ba sobre las cabezas, agitá11dos~ al viento de la metralla, perdíase entre el humo; y uca voz
grnvd y fiera hacía oír, dominamlo el estrépito de las armas
y las quejas y juramentos de los
heridos, estas breves palabras:
«A la bandera, hijos míos, á la
han el era,, ..... . Entonces un oficial,
vago como una sombra, ágil como
una flecha., desaparecía un inR·
tan te eotre la niebla roja; y la
her0ica enseña volvía á desenvolver sus pliegues por encima de la
batalla.
Veintid6s veces había caído....
Veintid6s veces su asta, tibia aún,
fué heredada de la mano de un
moribundo por uo valiente que
volvía á levantarla. Y cuando,
ya por la noche, lo que quedaba
del regimiento-un puñado de
hombres apenas-se bati6 lentamente en retirada, aquel pabellón ya no era eino un andraj11
glorioso en manos del sargent11
Hormus, vigésimo tercio abanderado de la jornada.
lI
El tal sargento Horrnus era un viejo t nnto que casi no sabía
ni escribir su nombre y que había empleado veinte años en ganar los galones que adornaban la manga de su casaca. Todas
las miserias del expósito y todos los atontamiento8 del cuarttil
se rc:flejaban en su frente baja, en su espalda abovedada por el
saco, en su rosti:o inconsciente de soldado humilde. Además te·
nía el defecto de ser algo tartamudo; mas para ser abanderad!l
no se necesita gran elocuencia y la misma tarde de la batalla '&gt;U
coronel le dijo: ccTú tienes la bandera, mi bravo sargento; guárdala.» Y sobre su viejo uniforme de campaña, bim pasado ya á
causa de la lluvia y el fuego, la cantinera sobrecosi6, al instante, un cordoncillo dorado de subteniente.
Ese orgullo, único en su vida de humildad, irgui6 el cuerpo
del viejo militar; y la costumbre de caminar encorvado, con los
ojos bajos, se cambi6 desde entonces en el hábito de marchar
orgullosamente, con la mirada en alto para ver flotar el fragmento de tela que se mantenía en sus manos, siempre derecho, sien1pre fiero, por encima de la muerte, por encima de la traici6n y
por encima de la derrota.
Nadie ha visto, en época alguna, un hombre tan dichoso como Hormus cuando en 103 días de batalla. tenía el asta ent, e las
mano!', afirmán.fola en su estuche de cuero negro. Ni hablaba,
ni Fe movía; y serio como un sacerdote, tenía el aRprcto de guardar una cosa sagrada. Toda su vida y toda su fuerza estaban
concentradas en esos dedos que se crispaban al rededor de un
harapo glorioso sobre el cual rodaban las balae. Sus ojos, llenos
de fiereza, miraban de frente á los prusianos, y parecían decir·
ccAtreveos, pues; ensayad siquiera de venir á robármela!. ..... »

P.-ro nadie ni aun la misma muerte, lo ensayaba. Despu és de
Borny desp~és de Gravelotte, después de las batallas más terribles 1~ bandera contin'.laba su camino, deshecha, a~ugArearl11,
tran~parente, llena de heridas; mas era eiempre el viejo Hormus
quien la llevaba.

III
Después ...... lleg6 septiembre, el ejército en Metz, el bloqueo,
y esa larga parada en el fango donde rodaban los cañones sin
direcci6n y donde las primeras tropas del mundo desmornlizáhanse por el ocio y por la falta de víveres y de noticias, muriendo de fiebre y de fastidio al pie de sus fusiles.
Ni 103 jefes ni los soldados creiRn ya en cosa alguna; s61o Hormns guardaba aún la confianza. Su harapo tricolor le hacía creer
en todo; y mientras él lo sentía á
su lado, estaba seguro de que nada !'e había perdido. De~graciadamente, como ya nadie rn ha tía,
el coronel guarrlaba las b:rnderas en m casa misma, en el b11rrio de Metz¡ y el bravo subteniente vivía como una madre
que tuviese á su hijo en nodriza.
pensando en él sin cesar. CuanJo
el fastidio le atormentaba, hacía
un viaje á Metz, de donde regresaba contento después de mirar
su banderá en el mismo sitio,
siempre tranquila,'.siémpre recortada majestuosamente contra el
muro. Esos viajes que él verifira ha en una sola jornada, hacían
nacer en su alma el valor y la
paciencia; hacíanle soñar con
campos de batalla, con marchas
glorioE'aS y con las grandes emeñas tricolores flotando á lo lejos
sobre las trincheras prusianas ....
La orden del día del mariscal
Baza in e hizo rodar por tierra las
bellas ilmiones. Una mañana,
Hormus vi6, al despertarse, mucha agitaci6n en el campamento.
Los soldados, reuniéndose en
grupos, murmuraban, animándoee y excitándo¡;;e con gritos de
rabia; levantando los puños ha·
cía un punto de !a ciudad, como
si sus cóleras designasen á un cul·
p·ible ... ccAtrap:i.dle!. .. Fusilémosle»...... Y los oficiales guardaban silencio, apartándose del bullicio, avergonzados ...... avergonzados de haber leído á cincuenta mil valientes, bien armndos aún, vigorosos aún, la orden del mariscal que los entregaba sin combate al enemigo .....
-c1¿Y las banderas?» pregunt6 Hormus palideciendo ...... Las
banderas también habían sido entregadas con los fusiles, r,on el
resto de los equipajes, con todo ......
-cc¡Ra...... Ra ...... Rayo de Dios!. ..... »-balbuce6 el pobre
hombre--...... «En todo caso aún Do tendrán la mía .... ..»Y, ligero comp una bala, se ech6 á correr hacia la ciudad.

\

IV

También. en Metz la agitaci6n era inmensa. Los guardias na·
cionales, lo's guardias m6viles y los burgueses se agitaban gri·
tan do:. ~a~ ~puta~iones recorrían. l~s calles vibrantes y precisa·
das, dmg1éndose a la casa del mariscal. Hormus nn veía nada,
no oía una paJabra; hablando consigo mismo, subía á grandes
pasos la calle del Fitubourg.
- cc¡ Robarmé mi bandera!. ..... ¡Pues no faltaba más!. .....
¡Acaso es posibJe. robar una bandera! . .. .. ¡ Acaso tiene dere·
cho!.. ... . 81 les q1.uere dar algo á los prusianos, que les dé lo 1m·
Y?· ..... SUR carro~ps dor~das, su vajilla magnífica traída de Mé·
x~co ...... _Pe~·o m1 p~bellon ...... El pabe116n e3 mío ...... EI pabellones an dicha, m1 fortuna .... Y yo prohibo terminamemente
que lo toquen!»
Todas e,tas frases incompletas estaban cortadas por la mar·
cha y por la tartamudez. Pero, en el fondo él tenía su idea:
una idea bien firme, bien precisa: tomar l~ bandera llevarla
flotante _al seno del regimiento y pasar luego sobre el ;ientre de
los prus1anoe con todos los que quisieran seguirle.

Cuando lleg6 al fin de su camino, ni siquiera le dejlll'on en· de &amp;u regimit1lto, pronunciado en alta voz, ca.da ab_anderado
trar. El coronel, furioso también, DO quería recibirá nadie ..... se acercaba para recoger un recibo. Derechos é 1mpas1bles, dos
Pero el viejo Hormus no entendía así el asunto y jurando, gri- oficiales prusiirnos vigilaban el cargame_nto.
.
tando y empujando al plant6n:-«Mi bandera, decía. Dadme
¡Y vosotros os ibais así! ¡oh santos g1rones glor1o~os! des ple·
mi bandera .. .... !,,
gaudo vuestros agujeros y barriendo tristemente la tierra, como
Al fin se abri6 una ventana:
bandada de pájaros que tu viese11 las alas rotas ....... ¡Vosotros os
-· cc¿Eres tú, Horm us?»
ibais con la vergüenza de las grandes cosas humilladas ...... Y ca- Sí, mi coronel, yo ......
da uno de vosotros se llevaba un pedazo de la Francia! ..... E l
-Todos los pabellones están en el Arsenal.. .. .. no tienes ne- rnl de las largas jornadas dej6 su eello entre vuestras arrugas
cesidad sino de presentarte ahí para que te den un recibo..... .
marchitas .... .. ¡Vosotros guardais, en las marcas de las balae,
-¿Un recibo? ...... Para qué? ... .. .
el recuerdo de muchos héroes deeconocidos gue cayeron muertos
-Es la orden del mariscal... ...
al azar baJ· o vuestras fran jas tricolores!. ... ..
,
-Pero ... coronel. ...
- «Ya llego tu tur -¡Déjame en paz t...
- o -.· ·
no, Hormus .... .. Ahí
Y la ventana se cete llaman .... . . Ve á
rr6 ......
buscar tu recibo» ..... .
El viejo Hormus vaSe trataba de un re·
eil6 como ei estuvie¡;;e
cibo
cuando una banborracho y repiti6 enfrancern, la más
dera
tre dientes:
bella,
la má.s mutila-cc¡ Un recibo !......
da, la suya, estaba deUn recibo!. ..... »
la ntP, de eus ojos? ......
Al fin púsose en
El viejo sargento 80
marcha por segunda
figuraba
estar aún allá
,·ez, no pensando sino
arri ba, de pie sobre el
en que su bandera esrepecho de la vía fét~ ba en el Arsenal y
rrea ..... Su ilusión le
c¡uo na necesario volhacía oir de nuevo el
verla á ver, .tcostara lo
can lo de las balas, el
que costara.
ruido de las gábatas
V
que rodaban y la voz
Las puertas -del Arrvbusta del coronel : ce A
senal estaban complela bandera, hijos míos,
tamente abiertas para
á la bandera ...,1 Luedejar el paso libre á los
go, sus veintiJ6s cacarros prusianos que
maradas muertos y él,
e3peraban su carga·
vigésimo tercio abanmento en el patio inderado, precipitándose
menso. Hormus siná su vez para levantar
ti6, al entrar, que un
y so,tener el pobrll pa·
escalufrío agitaba sus
bell6n que vacilaba
nervios. Todos loe de· ,.-=-~~ ~:._::f§l~:.:__.:..;.,d;~[!l!!!!!l:::!.:........:::;...;~ ,::-~:..::!:::..::=...._:~.2_...:::.i falto de brazo ...... ¡ Ah!
ese día había jurado
más a banderados, .
.
.
. ,
cincuenta 6 sesenta oficiales s1lenc10,os é md1gnados ei,taban dtfenderlo, guarJarlo hasla fa muPrle ... ... Y ahora .... .
allí. ..... Y todos aquellos hombrP.s tristes, con las cabeza!! desS6lo de penFarlo, toda la sa,,g,e del coraz6n le su_bia á l~ cam~das, agrupándose detrás de los enormes carros sombríos da- beza ..... .. Ebrio, sin sentido, lanzóse sobre el oficial prusiano
ban á la escena un aspecto de entierro. La lluvia aumentaba la arrancándol9 su enseña idolatrad a para agitarla de nuevo entre
emoci6n de la tristeza ....
sus mano;,, para levantarla aún, bien alta, bien recta y para gri·
Los pabellotes del ejército de Bazaine estaban amontonad~s tar:-(&lt;A la han ..... ((Pero su grito fué cortado entre su gargan·
en un rinc6n confundiéndose sobre el suelo fangoso. Nada mas ta .... y sinti6 temblar el asta, que se escapaba de sus !llanos....
terri ble que e'l espectáculo de esos frag~ entos de rica sed~, /e· En ese aire malsano, en ese aire de muerte que peea terriblemente
&lt;lazo3 de franjas de oro y de astas trabaJados, arreos glor10~~s, E:Ol&gt;re las ciudades rendidas, la bandera no podía flotar ..... ~~­
echarlos por tierra y manchados de lluvia y de lodo- Un oficial da de orgulloso, nada de fiero podía vivir ahí...... Y el VlPJO
de administraci6n los iba éogi'¡md&lt;.', uno por uno ; y al nombre Hormus cay6 fu lminado .. ... .-A. DAUDET.
)

I

MEXIOO
A LA MEMORIA DE HIDALGO.
Dedicada al Sr. Coronel Dr. luciaao Boaavldes.

Oraba el 5acerdote de rodillas
Ante el símbolo santo
De la cruz redentora; su5 n:iejillas.
Quemaba ardiente llanto,
Y con trémul;i acento
T~iste como el lamento
Q ue lanza el ave cuando muere el día,
A Dios, el Soberar.o
Que los mundos gobierna le pedía
L·, redención del pueblo mexicano.
De la dulce plegaria llegó al cielo
El eco fervo:oso
L'évadó en alas de vehemente anhelo;
Uri himno melodioso
'
En;tonaron alegres los querubes,
Y divinos fulgores
Tiñeron cielo y nubes
Con los bellos colores
De l.:! g!oriosa enseña, que la brisa
Agita con orgullo: una sonrisa
Brotó en sus labios ante aquella escena,
Y ccn el alma de ventura llena
Y lleno el corazón cie alentadora
Fé, que no merma mundanal quebranto,
Arenga al pueblo que abatido llora

Las amnrg.,s durez:is de la suerte,
Y con la heroica abneg:ición de un santo
Ya casi en los umbrales de la muerte,
La libertad proclama,
Y al escuchar lo que á su patria dice,
Su nombre el mundo con orgullo aclama
Y Dios desd~ su trono lo bendice.
Herido por la mano
Del sórdido tirano
Muere el apóstol; su cadáver fria
Asi lo encuentra en ignorada fosa,
Y el agresor impío
En un momento de fatal locura,
Celebra con pom posa
Y alegre fiesta la cobarde hazaña:
Mancha· que con amor y con ternura
Borró más tarde de su frente España,
E~ueblo enardecido
Por I viril palabra del patriota Des sperada nota
o~· n ave sin amores y sin nido,
Al ombate se lanza,
T iunfa. y rasgado el tenebroso velo,
V.e surgi r en el cielo
lfa encantadora luz de la esperanza,
Como en el ancho espacie,
Y entre tintes de ópalo y topacio
La blonda cabellera
Del sol que arriba en su dorado coche
A la oscura frontera
Del imperio sombrío de la no che.

Mitntrns viva en l:i mente
De:: mexicana gente
Un recuerdo siquiera
Del sacerdote y sus gloriosos hechos,
No habrá quien atropelle sus derechos
Ni quien profane su gentil bandera.
Con espíritu osado
Lucha el pueblo abnegado
Que su decoro y que su honor estima
Para alcanzar la libertad soñada :
Que no triunfa la espada
.
Si no hay mano valiente que la esgnmJ,
Mientras moren las aves cadenciosas
En sus selvas, y corra un arroyuelo
Sobre lecho de rosas
Cantando sus amores,
Mientras vibren las notas placenteras
Que las olas, más blancas que el armiño,
Preludian con cariño
Al llegar á sus plácidas riberas, . .
Mientras quede en el alma un sent1m1ento
De ternura y poesía,
Una cuerda sonora al arpa mía,
Y vuelo al pensamiento,
Habrá quien haga eterna su memoria
Y con amor profundo
Pregone por el mundo
Lc,s inmortales ti rnbres de su gl0ria.
GONZALO

O'NEILL.

�A CTU A

u IDA DES

ACTUAuIOAOES

'

~~·

...

--

1
\•

~/

!:leiior llon J n~ó l\f!Q'nel Rou 1·li::uez y Cos,
.nuevo d1recto1· genel'al de In strucción Priwaria .

Seiior don J esíis Sánrhez,
ilustre sabio nat uralista muerto eu la semana paEada.

BUENA LECCION
Cuéntase que cierto literato recibió la
visita de una Sfñora que se preciaba de
fil ówfa.
El literato acaba"'a de llegar de paseo,
cuando i,:e presentó la mujer en su gabinete de estudio, dandose aires de libre·
pensadora.
Comenzó ésta á desarrollar sus teoría:,;:
«La región es buena, no se puede negar;
pero ¿para qué la práctica? y ¿para qué
el culto exterior?...... ¿para qué las ce·
remonias de la Iglesia? ¡ Dios es espíritu , no necesita de cosas materiales l ¿Acaso
Dios es más honrado porque le queman
incienso, ó le encienden velas,cantan him·
nos y hacen genuflexiones?))
Y patín y patán ...... seguía su tema,
sin parar.
El literato, fastidiado de tanto palique,
le quiso dar uoa buena lección.
Sin hacer caso de lo que decía ni contestarle pa labra ee quitó la levita, quedán -

Seiior don Filnmrno J\fat~.. l )'r~ · or del ''Diario
del Rugar; • !allet1tlo el 2 ,te los oorriente.i.

J

l

Señor don Miguel A. Cosío,
nuevo director general de Telégrafos.

dose en mangas &lt;le camisa; 1uego quitóse
la:i botaR y pusóse las zapatillas.
La señora le miru ha de mala cara, y con
todo !--eguía su charla.
El literato tomó una pipa, la llenó de
tabaco y le prendió fuego; despu ~s se recostó en una butaca y se puso á fumar sin
ha~er caso de la doctora.
Esta, indignada al ver sus modales, se
levantó furiosa y le dijo:
«¿Qué es eso, señor? usted me está inmltando. No tiene usted la menor educación. ¡Cómo se puede usted portar tan
grusnamente delante de una señora resµ_et::i ble?»
,e Dispense usted, señora mía», contestó
el literato. ,,Yo la aprecio á usted, aunque
hfl Cr€íclo excusado tiibutarle culto exterior;
bR~ta el re~peto inter:or que le profern.»
Figúrense ustedesJ qué cara pondría
nuestra gran ...... filósofa.
¿Puerle haber argumentos más llanos
para demostrar la necesidad del culto ext.-rior?

El señor Licenciado don Genaro García y el personal del Museo Nacional, el . día que dicho señor dejó la dirección de ese Establecimiento.

•

"

{J

En la fiesta aqif.ri~ana del 4 ~f Julio.- EI señor,f'.re~idente, el señor: Madero y el embajador americano.

-

--

-

-- ·

'

r·-......--1--,..-T"'"'

�~~A

JUAN DE LA BRETE

LAS/./

MI PARROCO Y MI TIO

DAMAS\

-~~~-

Novela premiada por la Academia Francesa
Traoucción autorizada, hecha sobre lu 1661) edicion, por Juan Mateas, Presbitero. Ilustraciones

DE SOERE~ES.A

sinúmero de utensilios de diferente forma indispensables en toda mesa de buen tono. Pinzas. garfios, tijeras, cuchillos de mil
formas;
unos para comer los espárragos con pulcritud, otros paDespués de leer el libro «L'art de bien tenir ea mairnn » pura
triturar
con gracia les cangrejos; un chisme para cada cos11
blicado en París por la biblioteca ,,Fémina,, cae uno en la'cueny
viceversa.
¡ El ideal feminietal Una mesa moderna parece e'!
ta de c6mo es preciFo renovarse 6 morir 'Eegún la fra6e de Gaaparador
de
un
dentista, con su imponente colecci6n de instrubriel D 'Annunzio. Hay que renovar n ue;tra educaci6n cada diez
mentos
relucientes.
Y ya i!e estila adornar la mesa; ya es de mal
años por lo menos, ei no quiere uno caer en graves faltas de
gusto
recargarla
de
adornos;
y hoy no es de buen gusto comer
tacto y d.e buen gusto. Parece que esto de la urbanidad y del
mucho
pan;
y
mafiana
se
debe
comer tostado ...... Hay para lle·
trato social debiera estar sujeto á leyes más permanente~·· na&lt;la
nar
una
existencia
con
el
estudio
de estas que nn pueden conside eso; lo que ayer era exquisita cortei,ía, hoy es ordi!iariez· lo
derarse
menud,rncia$,
pero
que
á
la mejor deciden de nuestra
que ayer acreditaba á cualquiera como hombre dceociedacl hoy
1,uerte en la vida.--Ji\CINTO BEN AVENTE.
le pondría en el más lastimoso ridículo.
'
Laexacta o~u~ci6nde lufumoMs ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
máximas del bar6n de Andilla prodrá
hacer del más zafio patán el más cumplido cortesano. ¡Eran lan claras,
tan r.lencillas, tan implacable~! Ya por
los tiempos de su publicaci6n empe·
zaba á desecharse tradicionales reglas
de buena crianza. Dice el bar6n:
ccHoy, en la mesa principal, es uso
servir trinchando ya: sistema ruso. ,i
Nadie ignora que allá en los años en
que Larra eEcribía su «Castelllano viejo,» nada acreditaba tanto á una peroo·
na de finura y cortesanía como su habilidad en el arte cisoria, mostrada al
trinchar un ave entre la admiracifm y
el aplauso de los comensales...... Arte
y habilidad perdidos, cuya tradici6n
s6lo conservan algunos cirujanos, tal
vez porque consideren, como el fil 6sofo, que e} hombre es un ave sin plumas.
Lo cierto es que ha de estar uno
siempre pendiente de estos ultilísimos
Códigos de la buena crianza, que, con
los títulos de c&lt;El mono de vivir en
'-'«
1
. sociedad,» c&lt;El perfecto caballero, ,, &lt;cLa
-~
verdadera gran dama,,&gt; El arte de servir la mesa,,, ·&lt;La educaci6n y las buenas maneras en sociedad ;i&gt; ((Las bue6
nas formas en el cine,» y otros por el
esLilo, más 6 menos afrancesados, co~
/
mo á toda fiel traducci6n corresponde,
'
nos impide estar en ridículo ante las
nuevas generaciones. Ya debe uno entrar con los guantes puestos en un sa!'Una mujer á la última moda", estudio por·E. Drian.
lón, ya debe uno quitar~elos;yadebeuno
besar la mano á la sefiura de la casa: ya no debe be~arse nada;
Gt&lt;ANDH.S BESTIAS
ya. está bien ofrecer el brazo á las señoras, ya es una iiclicult-z
de mal t?no; ya deben ,presentarse unas á otras todas las ¡.iersonas reunidas en un salon, ya no debe presentarEe á nadie para
no imponer nuestras rela ciones, aunque el Eistema de la abstenLa Fontaine, el gran fabulista, tenía la dtsdicha de rnr peco
tenci6n es muy peligroso. ¡Cualquiera empieza á murmurar de
adicto
á las prácticas de la religi6n.
nadie en nna reuni6n donde la mayoría de las personas nos rnn
La, s~ñora Sabliére. q~e le .había recibid&lt;' en su cai:a, dijo á
d_f'SCO~ocidasl_ A lo °!ejor suelt~ su murmuraci6n y ée hace uµ
.s:1lenc10 de hielo; mira usted a su alrededor y todo rnn ri~itas proµo s1to de eso: ccHe licenciado á todos mis domésticos: hA
queda?º Eola con mis tres bestias: el gato, el perro y La
mordidas para no soltarlas; s6lo ve usted dos caras muy serias: Fontarne.
»
la de I~ señora de la casa y la de otra señora. No ha y duda, rn
Y des~ués? vuelta al mismo escritor, dijo: c&lt;Mi caro La Fontaiha metido la pata. Y si la murmuraci6n se dificulta ¿de qué ~e
ne, seríais sin duda una gian bestia, si no fuerais un gran
habla en socied~d? El tema teatral se agota pronto.' ¿De toros? gen
10. »
No es conversa&lt;'16n para señoras y pueden hallar ilusiones mo·
~?}ª?emos qué otro nombre puede merecer el que no tiene
le:it11.s en lo más inocente. Yo creo que, no s61o se debía pre1:enrelig1on
o n? cumple co.n los de~eres que ella impone.
tar á todo el mundo, sino que todos debiéramos llevar colgado
Un día mientras Racme y Bo1leau exhortaban á La Fontaine
un.P.equeño cu~~ro de nuestra genealogía: profesi6n, opiniones
re!Jg10sas Y. poht1cas, asuntos de que Ee puede hablar en nues- á qua pensase un. poco en su a~ma, la Eiirvienta de casa dijo con
tra ¡.,resenc1a y asuntos que no deben mentarse. En toda reu- P?.cantadora senc1ll.ez y buen trno: cc¡Eb, déjadlol no leatormen·
ni6n está siempre pendiente la ccplancl:.a,, de Damoc\es, pronta te1s; él es más bestia que malo: Dios no tendrá ánimo de condenar á un tonto de ese jaez.»
á caer sobre la cabeza del primer indiscreto
Sin .duda estas palabras eran muy sarcásticas, pero ¡cuán bien
¿Y 18:s comidas? Cualquiera se sienta hay á una mern de etiqueta sm llevarse muy aprendido el destino y la aplicación del se aphcan á los mo?ernes despr~ocupadoí!, que por olvidarse
completamente de Dios corren peligro de volverse bestias!

"

de E, Vulliemin, Con licencitt,
(CONTINUA)

Al verle entrar, adivit1é que traía algún oculto designio, adiviné también que le gustaría á Blanca, porque tiene todas las
cualidades que ella soñaba en el que hubiera de ser su esposo.
El stñor de Kerveloch ha puesto los 0jos en mi prima, como
persoua entendida en achaques de belleza, y á los pocos días ha
solicitado el honor de desposaree con ella, como dicen mi tío y
la etiqueta.
&lt;cJ uno ha Ealido de su habitual indiferencia para declarar en
términos calurosos y expresivos que nunca había tropezado con
un caballero tan de su gusto y que rehusaba en definitiva las
pretensiones de Pablo.
1c¡ Ya ve usted, mi amado preceptor! El hecho es claro, sencillo, neto, y desde que ha ocurrido, he vuelto á mis sueños de
color de rosa; suelto las riendas á mi imaginaci6n y la dejo trotar y precipitarse á todo galope, hasta que se canse; además bailo como una loca, en mi cuarto cuando estoy sola. ¡Ah mi querido cural no sé por qué le quiero á usted hoy diez vecea más
que de ordinario. Su bondadosa cara me parece más risueña
que nunca; su carifio más conmovedor, más tierno; sus cabellos
blancos, más respetables.
((Esta mafiana be contemplado los bosques desnudos, que me
par1 cían verdes y frondosos, el cielo gris que se me antoja ha
límpido y azul, y de pronto he hecho paces con mi imaginación.
Durante toda mi vida me arrepentiré de haberla denigrado tan
vilmente el otro día. Es un hada, señor cura, un hada llena de
encantmi, de poder, de poesía, que, al tocar con su varilla mágica, las cosas más feas, las dora y esmalta, revistiénclolas de
singular hermosura.
,c¡Qué mudable es la bestezuela humanal Insisto en ello. ¡De
qué poca cosa dependen la esperanza y la alegría! Y ¿de qué i::irve afligirsEi, cuando las cosas se disponen tan bien por sí mismas, independientemente de nuestra intervenci6o? Pero ¿por qué
estoy tan alegre, cuando todavía no hay nada rtasuelto respecto
de mi suerte futura, y cuando sigo creyendo que no es posible
amar dos VP.cee en la vida? ¡Qué confusi6n, mi amado maestro!
En el mundo no hay más que misterioP, y el alma es un abismo
insondable. Este pensamiento debo de haberlo leido hace muy
poco, pero ayer se me ofreci6 ocasi6n de repetirlo.
ccNo obstante todo esto, en los rieríodos de calma, al plegar
sus alas la imaginación, se apodera de mi pensamiento un pánico irresistible; mis ideai, huyen, vuelan, desaparecen, sin poder á meuudo recogerlas. Porque, ai fin, señor cura, ¡él la ama!
¡Horrible palabra, aplicada como la aplico en este momento!
«Me dijo usted que no era raro enamorarse dos vecPs en la vida; ¿está usted seguro de haber dicho una verdad? ¿Verdaderamente lo crea usted a1.-í? ce El amor atrae el amor» reza un adagio.
¿~fe amaría él acaso, si tuviera noticia de mi secreto? Ueted, que
es persona sesuda, mi amado preceptor, ¿no halla mted que
ciertos respetos sociales son disparatadoe, tontos mejor dicho?
Probablemente bastaría declararle de algún modo el estado de
mi alma, para labrar la dicha de toda mi vida; pero tmpiezo
con eeas leyes inventadas por algún insensato, que me prohiben
seguir mi inclinaci6n, revelar mis secretos pesares y manifestar
lo que siento. A decir verdad, hay en el fondo de mi conciencia un no sé qué misterioso que me impondría silencio de igual
modo y.. . nada. ¡Cuando yo le decía á usted que la naturaleza
humana e3 un abismo insondable'. .. raz6n tenía! Mi querido párroco, veo como una fúnebre proceei6n de ideas enlutadas que
avanzan hacia mí. Dios mío ¡qué condici6n la nueEtra tan desequilibrada!
'
"Sin duda las circunstancias hacen mudar de opini6n. Mi tío
no tiene reparo en sostener hoy que únicamente los necios perseyeran en error conocido; pero ¿puede decirse del coraz6n lo
mismo que de la cabeza?
ccinstrúyame usted, mi bondadoso maestro.,)
Una vez tomada cualquiera resoluci6n, no le gustaba á mi tío
andar en rodeos para ponerla por obra. Asi pues, determin6 que
el matrimonio de Blanca se celebrase el 15 de Enero.
L~ decepci6n sufrida había sido ruda, pero nunca tuvo el pensamiento de openerse á los deseos de su bija; cuanto menos que
le era bien conocido mi amor, y su genio franco, leal y sensato,

no l~ permi.tía obslin~r~e en Eacar adelante un proyecto en el que
cornera peligro la feltc1dad de su éObrina.
En c::anto á Pablo debo decir que soportaba E.U desgracia con
gran fo1 t~leza. A ejemplo dA la chicuela. que tan tiernamente le
amaba, sin que él tuviera la menor noticia de ello,· no sentía
rastro alguno de odio 6 deseo de vengarse. Puedo asegurar que
nunc1 tuvo el pem:amiento de envenenará su rival 6 de coitar·
le bonitamente el cuelio en algún ric6n solitario y poético del
bO~(lU!'.

Cuando vió del todo deshechas sus esneranzae vino á vernos
con el comandante. Alarg6 la mano á Blanca y' le dijo en tono
frt1nco y natural:
·
- Lo único que te deseo, prima, es que seas feliz, y espero que
hemos de co:.:tinuar tan amigos como siempre.
Sin embargo de este comportamiento, propio de los héroes de
melodrama, sinti6 á par de muerte el desaire recibido, que destruía cruelmente las ilusiones más caras de rn vida. Desde entonces dej6 de venir al Pavo! con la acostumbrada frecuencia de
otras veces; las contadas que le vi le hallé bastante mudado moral y físicamente.
Entretanto yo lloraba en secreto, indignándome contra él.
¡Tan l6gico hubiera sido que me amara! ¡Tan fácil echar de ver
el enorme parecido de nuestros genios y ei intensí~imo amor que
le tenía!
A la verdad, si los hombres fueran siempre racionales, no an ·
daría tan mal el mundo ni tan perdida la moral de los que lo
habitan.
XVIII
El día 1.5 de enero teníamos un tiempo magnífico para lo que
podía esperarse de la estaci6n, pero hacía un frío que cortaba.
La campiña,
cubierta de escarcha, ofrecía
un aspecto
fantástico ..Juno, extrema-

~)

damentr pálida, estab.1 tan
hermosa con
su inmaculado traje de ho·
da, que yo no
mecarniabade
mirarla, comparándola. fl la
natura leznfría
,,
y espléndida
que se nos
mostraba veRtida ele una blancura. de:Slumbradora. No parteía sino que el
paieaje se habfa atavia&lt;lo de ese modo para ponerse al unírnno
con la belleza de la joven dt&gt;Fpo~ada.
Después del almuerzo, subi6 á sus habitaciorm: para mudarSP, y volvi6 á bajar muy conmovida. Nos despedimos abrazándono~ con gran lujo de patéticas demostraciones y .... ¡en camino
para Italia!
Había llegado el feliz momento- decía yo entre mí. - ¡Qué
dicha!
Fatigada por múltiples sentimien tos, me acomeli6 una comez6n irresistible de estar sola. Dejé, pues, á mi tío que se las com·
pusiera como Dios le diera á ente11rler con los convidados, echéme sobre los hombros un manto de pieles y enderece mis paeos
á cierto sitio retirado del ¡.iarque, objeto especial de mi predilecci6n.
Atravesaba el parque mencionado, un río de cauce angosto,
cuya corriente ensanchándose daba origen á una yisto~a caECada,
embellecida por algunas rocas hábilmente dispuestae. A pocos
pasos, los cierzos invernales . b~bían tumbado un árbol, dejándolo con las raíces prendidas en uno de los márgenet1 y la punta
de la copa en la otra.
(Continuará,)

�lo difícil que es medrar,
porque no hace más que hallar
espinas en su carrera.

ANECDO'l1AS Y UURIOSIDADES
En un peri6dico de bs E11tados Uñidos
Fe insertaba hace poco el siguiente anuncio:
Ha tomado las de Villadiego, 6 me ha
F&lt;ido robada mi mujer Fanny. Tenga entendido, el que piense devolvérmela, que
le 10mperé las piernas.
--En cuanto á sus deudas, de.jo á carla acreedor rn derecho, porque no habiendo

NO SB DESCUIDE UD.

Los varios síntomas de una
condición debilitada que toda
pcrson:1 reconoce en si misma, es
·,mn. advertencia que por ningun
concepto debería pasar desapercibida, pues de otl'a manera los
15érmenes de enfermedad tomarán mcrE)mento con gran peliisro de fatale8 consecuencias.
Los gérmenes de la tísis pueden ser absorvidos por los pulmones á cualquiera hora echando raices y multiplicándose, á no
ser que el sistema sea alimentado hasta cierto punto que le
facilite resistir sus ataques. La
PREPARACION de W AMPOLE

que es tan sabrosa como la miel
y contiene los principios nutritivos y curativos del Aceite d.e
Hígado de Bacalao Puro, que extraemos directamente de los hígados frescos del bacalao, combin::dos con Jarabe de Hipofosfi.tos
Compuesto, Extractos de Malta y
Cerezo Silvestre, fortifica el sistema contra todos los cambios de
temperatura, que producen invariablemente Tos, Catarro, Asma,
Gripa, Tísis y todas las enfermedades em:madas por debilidad de
los pulmones y constitución raquítica. Tomada á ~iempo evita h tbis ; tomada á tiempo la
cura. " .El Sr. Profesor Bernardo
U rueta, de la Bot ica Frizac en la
Ciudad de México, dice: Por la
prc::;cnte tengo el gusto de p:irticip'.l.r á Uds. que he usado en mi
hijo, enfermo de )fal de Pott y
por bdicación del Sr. Dr. Rafael
Lavi:~:1 la Preparación de Wampolc, y : -,demás de que le ha hecho
mucho bien, su estómago la tolera
muchíúmo mejor que las otra'3
preparaciones de aceite de bacalao. Igual cosa ha pasado con
algunos otros niños á quienes
les he recomendado que usen la
medicina de Uds." Basta unv,
botella para convencerse. Eficaz
desde la primera dósis. "Nadie
sufre •un desengailo ·con esta."
De venta en yod.as las Boticas.

¿QUIEN ES ~L MOZO DE CORDEL?

Un atleta vagabundo
que tanto al s~blista inmundo
como al reloj ~os recuerda,
pues se echa á la espalda el mundo
y no anda nunca sin cuerda.
¿QUIEN Es EL JARDINERO?

Este es un hombre, detrás
del cual se ve al. usurero
y si así lo considero,
es porque no tiene más
que hacer que dejar dinero.

- Pero, chucho, no muerdas. ¿No sabes que
hoy es vie~nes de Cuaresma?

¿QUIEN ES LA ENCAJER.&lt;\.?

pagado jamás las mías, mal podría satisfacer las suyas.

Una distinguida obrera
que, sin ver que le rebaja,
de la puntilla á cualquiera
y en todas partes se encaja.
¡Al fin y al cabo encajera!

OFICIOS DIVERSOS
Potr t1uan Pétrez Zúñiga.

.

¿QUIEN ES EL BOMBERO?

¿QUIEN ES EL ZAPATERO?

'

Hombre grande en ocasione~,
que no sé; en sus condiciones,
cómo hace nada á derechas,
pues entra siempre en funcione3
con mangas largas y estrechas.

E3 un simpático obrero
que por todo se desvela;
al menos yo así lo infiero,
porq1w trabaja con cuero
y al mismo tiempo con suela.
¿QUIEN ES EL SASTRE?

Industrial en quien no hallamos
co~a que hacer no sepamos,
pues, según dice .ruan Lastretl,
cuando de malas estamo11,
todos hacemos desastres.
¿QUIEN ES EL ALFARERO?

Con las manos en la masa,
es de todos los obreros
el más tristón en su carn,
¡JUesto que es hombre que pasa
la vida haciendo pucheros.
¿QUIE~ ES EL PESCADERO?

Un hombre que ve á cualquiera
con etcama y considera

Un remedio her6ico contra la debilidad
general, la depresión nerviosa, el raquitismo, es la verdadera Neurosine Prunier
que nunca recomendaremos demasi.:ldo á
nuestros lectores. La Neurosine Prunier es
muy agradable de tomar, no cansa el estónrngo, excita el apetito y hace renacer
laH fuerzas.
Véndese en todas las farmacias.

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              <text>Semanario ilustrado de literatura, historia, bellas artes y variedades. Dedicado a informar las noticias más relevantes de México y el mundo, además era escaparate de todo tipo de comercios, banca e industria pues en él se anunciaban sus servicios.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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