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                  <text>fh

fl,
A&amp;o XI.

MÉXICO, DOMINGO

===========================~=========~

I

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l

16

DE

Juuo DE 1911.

EL SEÑOR DE LA BARRA .A.CO:YP.AÑADO DE LOS SEÑORES MADERO, MINISTRO DE ESPAÑA,
8 .ANCHEZ GAVITO Y OTRAS PERSONAS,
EN EL BANQUETE OFRECIDO AL PRIMERO, POR LA COLONIA ESPAÑOLA DE LA CAPITAL•.

Nuu:. 29.

�CONSPIRACIONES.-EL PARTIDO POPULAR EVOLUCIONÍSTA.

l.1

1

. . ..

¡1

,,,.
1,
l.

La. semana pasada fué pr6diga en acontecimientos interesantes, y á la cabeza de éstos, como un pregón de ignominia, el que
se refiere á un descubrimiento de una supuesta conspiración y,
consecuentemente. la aprehe11si6n, con todo lujo de autoridad,
de los presuntos delincuentes, entre los que figura algún dipu·
tado al Congreso de la Uni6n. Esto ha levantado, como es natural, una alharaca Eln la que todos gritan y ninguno se entifln·
de, cosa muy corriente en estos tiempos semi-revolucio·
narios; babilonias y galimatías que siempre van á pesar sobre la apost61ica y resignada cabeza del señor Madero. Todos
estos desbarajustes, cambios de poderes, refriegas, aprehensiones injustificadas y disposiciones de fárrago, son podridos frutos de toda revolución, pero, cuando ésta está en manos de los
pretendidos y prP.tendientes revolucionarios que nos invaden,con algunas muy honrosas excepcion.es,--los frutos que recojemos
parecen haber sido germinados en un estercolero. Porque, á decir verdad, no se necesita ser muy ducho en ciencias políticas,
ni poseer grandeR dotes de perspicacia para saber que no son estas épocas propicias al atentado á mano armada, ni mucho menos fraguado éste por el zarandeado grupo científico, y los ardientes partidarios del antiguo régimen. Para fraguar una cons·
piraci6n de esa índole es necesario, ante todo, un gran valor
personal, estoico, casi fanático, cuando menos la teme~aria am·
bici6n que juega en un albur, 6 su fortuna ó su prosperidad. En
los hombres del pasado, 6 mejor dicho, en los hombres pasados,
se atrofi6 el valor personal, si alguna vez lo tuvieron, viviendo
en una atm6sfera dictatorial, perdiendo la conciencia de hombres libres, como perdieron nuestros indígenas la de humanos,
después de larga servidumbre; la opresi6n, la consigna, el obe·
decimiento incondicional y ciego, las concusiones y la e6r?ida
avaricia, alentada por el mal _ejemplo de los directores polít1coe,
fueron factorfs más que suficientes para que aquellos hombres
arrojaran todo lo que tenían de dignidad, de decoro y de valor
civil y además, como su único objetivo y finalidad fué el oro y
com~ el logro de sus afanes fué cumplido, no es crefble que
quieran exponer sus bienes tan preciados y su tranquilidad eco·
n6mica en una aventura problemática. Si de algunos hay que
temer es de aquellos afiliados últimamente al p~rtido &lt;:8Ído que
han sido arrojados de sus empleos y que no tuvieron tiempo de
medrar.
Las conspiraciones que se fraguan actullmente distan -::nucho
de tener el cariz novelesco que le quieren dar los reporteros ávidos de ganarse un aplat~so y un ~ume~to de sueldo; na~a de
pufiales, ni venenos, bombas de dinamita y ~ev6lveres; si h~y
algo de florentino en las actuales circun~tanc1ae, es el m~qmavelismo apagado desde que huyó de México su mefistofélico representante, pero cuyos rescol_dos puedtm adq~irir proporci~nes
de un incendio desvastador, s1 antes no se dictan las medidas
precautorias _que corresponden, porque ya coll!ie~zan. las pérfidas insinuaciones al oído del pueblo, las recnmmac1ones sotto
voce y los frecuentes busca-pies arrojados al caudillo de la revoluci6n para ver de desprestigiarlo y todo ello con la careta de
la sumisi6n y )a docilidad, pero en el fondo con las protervas
biprocresías de Yago.
La frase tan duramente criticada por los espíritus que se paean
de listos: «la revoluci6n es la revoluci6n,i, del zum bon y franco es·
critor Lic. Blas Urrea, ahora un poco escurrido dentro del nuevo
régimen y por lotanto más silencioso en sus arrestos periodíRt~cos,
no ha tenido todo el efecto deseado, seguramente por lo especiosa,
porque, parad?jicament~ habla~do, la revoluci6~ no ha sidol!3' re·
voluci6n propiamente dicha, smo una batahola rncomprens1ble,
una verdadera cena de negros, en la que por un lado se respetan
con austeridad catonia.aa, las leyes de la dictadura, y por el otro
las pisotean con desprecio olímpico; algunos hombrea sefialados
por la opini6n pública como depredadores de la propiedad, se les
admite en las antesalas de los ministerios consua cartapacios repletos de peticiones leoninas y otros, que están en las mismas condiciones son tratados'con demaeiado cruelsafí.a. Esta falta de finalidad y de principioá, esta notoria anbigüedad, ha hecho que los

hombresdelgobibrno derrocado, medrosos al
principio porque creían
queibaáseréstauna verdadera revoluci6n, to·
men nuevae fuerzas y.
audazmente, con afiagazas y perfidias, l!e escurran unos dentro del
gobierno y otros se enfrenten con él en traidoras actitudes. Cuando todo el mundo se esperaba la f-j1-cu·
ción de responsabilidades para. con los que despojaron al putblo,
no como venganza y odio, sino como ejemplaridad; cuando el
elemento pensante, independiente, sano, aplaudía los principios
tan hermosos de la revoluci6n, aprestándose con febril ardor
patri6tico para la lucha electoral, cuando se fundaron clubes y
partidos políticos, como verdadero y único camino para. la viabilidad de la democracia; despues de la entrada triunfal del caudillo, en que las gargantas de tanto gritar vivas, loores y ho11anas á la libertad, pedían los eminentes servicios del doctor Váz.
quez G6mez, la revoluci6n se concr~ta á un cambio de determinadas personas en los elevados puestos de la administraci611 y
la gleba despojada, !os que tienen hambre y sed de justicia, loe
que sofí.aron con la posesión de todos sus derechos cívicos, se
entretienen ahora pasivamente en entretejer sus sueños demo·
cráticos con la esperanza-que es la. última. posesión del hom·
bre, despues de la vida-de que alguna vez será una realidad.
Lo que no se haya hecho sobre la. caliente sangre vertida y antes
de que se restafien las heridas causadas por la. revcluci6n, no 1e
hará jamás, si no es por una contra-revoluci6n. Nosotros no somos partidarios de un radicalismo rojo, como es el que predica
Jesús Urueta, quien se olvida sin duda de algunos de sus amigos, por los peligros anárquicos que entrafia, pero sí de que los
principios proclamados no se reduzcan á pura. teoría, y que la
revolución sea la revoluci6n.

Personas que tomaron parte en el programa de la velada en el Arbeu en honor de Aquiles Serdán.
De izquierda á derecha: seilores Altonso Cravloto, Licenciado Jesús Ur11eta, Reilora Antonia Ochoa de:Mlranda, Fernando Iglesias Calderón, C11rlosLozano
y Llcenclndo Marcellno Dávalos.

1

!1

***

El partido popular evolucionista se constituyó el pasado do·
min~o y ésto ha bastado para que los oradores, desde la. tribu·
na, los peri6dicos intransigentes é inconsecuentes con ellos mismos, desaten sus lenguas y escupan denuestos y diatribas al
fundador del mencionado partido, licenciado Vera Estañol. Es·
to demuestra que no salimos aún de la atm6sfera ·pestilente del
personalismo porque esos ataques no van enderezados contra tales y cuales cuestiones fundamentales, sino que se dirigen,
directamente, contra una personalidad, que habrá tenido sus
yerros, pero que no se le puede tachar, en estos críticos momen·
tos, de mala. fé, ni de torcidas intenciones. El mismo general
Díaz, en su entrevista con Creelma.n, manifest6 que deseaba
ardientemente, la formaci6n de partidos opoeicionistas. ¿Porqué
los partidarios del sefior Madero los atacan tan rudament.e
cuando ellos seran la salvaci6n de la Patria, el dique que con·
tendrá la invaci6n de posibles dictaduras y que serán, por en·
de, la salvaguardia del mismo sefior Madero?
Madero, ante los ataques de los oposicionistas, las mordentes
caricaturas y los artículos subv~rsivos, debe contestar, no·con
palabras vanas ni entrevistas huecas, en las que se neceEita una
gran experiencia para no caer en indiscreciones, sino con obras
de finalidad práctica, francas y sinceras, así como debe huír de
serviles adulaciones, porque tenemos gran experiencia de que
los aduladores &lt;&lt;abogan entre rosas.»
LEOPOLDO

1

ZAMORA.
La distinguida profesora de Canto doña Guadalupe Unda de Saenz, rodeada de un grupo de señoritas de nuestra buena Sociedad que forman
parte de su academia de Canto.

�492
RIAAS Y SU
REMEDIO

.R. C TO .R.Ltl D .R. DES

.R. CTO .R. Lt ID .R. D B S
((Pues, mujer,, le
dijo entonces, ((·ábete que esa agua
no es otra que t 1
11gua misma de la
llave; sino que teniéndola en la boca
te hace callar y tú
no respondes, y por
e!:O tu marido se
sosiega y calla.,,
Si os encontráis
amigos mios, en caso s semejantes ¡que Dios no lo permita!-usad de efa
r('ceta.
El agua del ~ile11rin :1 pllga el fmgo
de la ira.

Reñía muy á me·
nudo un a pobre
mujer con su marido. Despechada la
infeliz mujer, fué
un·día á aconsE&gt;jarse
con un var6n de
Dios muy chistoso
y muycuerdo.Comprendi6 éste que la
causa principal de
las riñas eran las
muchas palabras
que ella alegaba,
cuando é 1 estaba
enfadado.
Entonces le dijo:
«Hija, tengo un agua
muy eficaz; bastará
que tomes una boDOBLE EScanada de ella y la
TIPENDIO
guardes en la boca
hai,ta que tu mariKL SILENCI O
do esté apaciguado.
Fué3e la mujer
con su frasquito de
A un fi16sofo se
agua, y la primera
present6 un hom·
Grupo de militares á quienes se procesó por el complot de Tacucaya,
noche no le fué tan
bre muy hablador
. l Capjtán de artillería lg1Jaoto Flores. deolarado Indigno de pertenecer al ejército. 2 Mayor médloo mi·
mal: la siguiente, htar Jesus Florea 3 Teniente Salvador González. declar.. do indigno por la Junta dtl Honor., Llllij Breña, para ser aceptado
hermano del dootor. 5 Capitán segundo Luis J1ménez, Seilor José Sinrob, (sentado . La otra persona senmucho mejor. Ech6 tada
en su escuela.
es el representante de EL Trt:ll!PO que asistió á nn banquete ofrecido á los militares el día en que tué
ella de ver el efecto tomada la totogratfa.
El maeatro le pique hacía aquella
de doble estipendio.
agua tan milagrosa, pues su marido no era ya tan terrible.
«¿Por qué me pides el doble que á los demás?,,
«¡Ay! tal agua,,, rlecía, ((es agua de milagro.,,
«Porque á los demá debo enseñarles s6lo á hablar, y á ti te
Volvi6 después al buen hombre: «Señor, ¡qué agua.es ésta tan debo enseñar también á callar.»
linda! ¿D6nde la hallaré para comprarla, aunque me cueste lo
Xó os canséis de repetir á los j6vene~ que el silencio es de oro
que mti costare? Que me va, sin duda, mejorando á mi marido ,, y la palabra de plata, según dice el refrán.

493

YO NO CREO SINO LO QUE COMPRENDO

ce¡ Ca! ¡Cal&gt;&gt; repetfa meneando la cabeza nuestro Sancho .Panza,
((no me la pegan á mí:. Eso no puede ser. Yo no creo más que
~
lo que veo.,,
Arrogante hombrada, amigo mío,y que por sí sola te coloca ála
Y cuando po00 tiempo después tuvo precisi6n de ir á la ciu·
altura de .....lo más ignorante y majadero qua existe bajo el sol. dad y vi6 con sus propios ojos el tren arrastrad? por l~ locomo:
¿Te sorprende la respuesta? Pues, óyeme un cuento que te voy tora, tampoco pudo dársele á entender que hub1ése alh fuego m
á contar, y acabarás
vapor que obrase la
por hallarle muy á
maravilla. Sonreíapelo, por más que
se él con aire de sate piqu~.
füfacción, compaErase un hombre
decía á los circunsde aldea tan tosco y
tantes, y rascándose
tan villano y tan
la oreja repetía de
grosera me:'1 te deBregreso á su lugar:
confiado, corno sue·
ce¡ Bah! ¡Bah! Lo
len serlo los ignoque es á mí, no me
rantes, que cuanla han de pegar. Esto se le refería, fu"lto anda, es verrlad,
sa cual fuese la perpero los caballos
van dentro.,,
sona que se lo refiriese, á poco que i:o ¿No es verdad,
brepujase la cosa
amigos míos, que
era asaz majadero
sus mezquinas entendederas, conteRél tal indiYiduo?
Yo le habría ditaba siempre muy
cho sin más ni más:
desdeñoso y satiefe«Váyase en hora
cho: ccNo, señor, no;
mala, y trate usted
á mí no me la peGrupo de con.:urrentes al banquete ofreciJo al señor Coronel Eguía Lis.
únicamente con
gan; yo no creo más
quien pueda aguanque lo que veo.,,
,:\sí cuando po~ vez primera se vieron en füpaña ferrocarriJe,., tarle ms patochada!l.))-Los hombres de seso y razón se fían de
hablábase por todas partes de lo extraordinario de la invenci6n, los ojo:. y conocimientos ajenos.
de su rapidez, como,lidad y b11ratura; leíase la relaci6n de los
Y cuando se trata de verdade3 de fe, entonces hay que creerlá
festejos con que fué inaugurado el trayecto de Barcelona á 1fa· ojos cerrados cuando la Iglesia ensefia.
.
tar6, y so trasladaron muchos de la aldea de nuestro hombre á
Porque es el mismo Dios el que ha confiado á la Iglesia el dela capital, s6lo para ver la novedad, y volvieron á casa hacién- p6~ito de verdades que debíamo~ creer.
dose lenguas da ella, .....
Dios no puede engañarse ni e11gafiarnos.

,.

Don Francisco I. Madero y el señor Embajador Wilson, e'n el banquete ofrecido al leader de la revolución por la " University Club."
•

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1

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�494

A GT U Al.t 10 .A.OS S

UN JOROBADO. - CIERTOS FULANITOS
Pasaba un joroba~o por junto á un corro de holgazanes, de
los que por no trabaJar se pasan el día hablando de política y
tratando de arreglar el mundo, cuando tienen su casa por arregl~r. Así que le vieron los políticos holgazanes principiaron á
reirá carcajada!:1, diciéndose unos á otros:
'
!;«¡Tiene de renta un peso diario!»
&lt;&lt;No tal,,, decía otro, «es que lleva la merienda á las espaldas.,,
Uno más desvergonzado ee lleg6 á él y le dijo:
1(«Compadre, ¿me haría usted el favor de decirme en qué se
parece usted al poeta Esopo?" (Este poeta fué jorobado y autor
de fábulas).
Nuestro .jorobado sin desconcertarse por tan grosera pregun·
ta, se volv16 al que se la dirigía, y le dijo sonriendo con aire
burl6n:
«Mire usted, amiguito. Esopo y yo nos parecemos principal-

DEI SOGIBOAO

495'

¡Ay de aquellos
que se ríen de los an·
cianos, de los jorobados, cojos, tartamudos, y de todo aquel
que adolezca de algún
defecto físico!
Dios muchas veces
caEtiga con la misma
6 muy parecida dolencia.
Si no lo hace luego,
será máe tarde...... .
Pero, creed firmemente que Dios castiga, aunque no fuera
sino·en la otra vida.

••

El mejor adorno
«Usted que está
obligado á tener buen
gusto, dígame lo que
le parece de aquella
&lt;lama," preguntaba
Señor don Pedro Fernández Somellera,
un sujeto á un indifallecido últimamente.
viduo de la Academia de Bellas Artes.
«Para formar concepto debe usted consultar 2 algún individuo
de la sección de pintura."
No hay mejor adorno que la modestia y el recato.
El excesivo adorno hace caer en el ridículo.

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Señora Esther Soldevila ~e García,
cuyo matri:nonio se verificó el sábado anterior.

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1

mente en una cosa, y es que él hacía hablar á las bestias y yo
la:1 hago reir.,,
·
¡Ja! ¡jal ¡ja! c6mo supo contestará tono el jorobado ern.
Por otra parte, ¡cuánta indignaci6n causa el ver c6mo ciertos
fulanitos se ríen de los defectos físicos ajenos!
El burlarse de los ciegos, cojos, jorobados, raquíticos y demás que tienen imperfecciones naturales, indica grosería y mala
educa.ci6n en quien tal hace, falta de caridad y sobre todo mal
coraz6n. Lo natural es decir uno interiormente á vista de ellos:
Dios podía haberme hecho cojo, manco, ciego, jorobado, contrahecho: á pe~ar de eso me ha dado todos mis miembros y sentidos perfectos y completos. ¿Debe ser esto un motivo para que
me hurle yo de los desgraciados á quienes no ha favorecido tanto? Si yo fuera jorobado, ¿me gustaría que otros se burlasen de
mí? ¿No debo temer que Dios me castigue, haciendo que yo me
quede ciego 6 cojo, por haber abu1:1ado.de sus dones, burlándome de los desgraciados?
Recordad ese ejemplo terrible de la Sagrada E~critura:
Cuando el profeta Elíseo' subía al monte, unos niños Sll atrevieron á decirle: «Sube, calvo." Bast6 esto para que Dios hiciera aparecer de pronto dos osos que despedazaron á cuarenta y
dos de esos desgraciados muchachos.
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Sra. doña Teresa D. de Cussi, fallecida la pasada semana.

Señor don Mariano de Cárcer y Disdier y señora doña Elena ~asque) d.e Cárcer, que se unieron en matrimonio en el templo de.Santa Brígida, el 29
de Junto ulbmo.-Foto Pach.

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�I.t ITE~.R.TtJ~R.

lllTE~ATtJ~A.-El Ctristo Negtro

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A

La ciudad destacándme confusamente de un fondo gris, cielo
de invierno, era como extensa masa uniforme, cuya monotonía
se rompía por la silueta de sus torres; las murallas que la circundaban semejaban enormee alas de un inmenso pájaro nocturno, abarcándola totalmente, como para así defenderla de algún
enemigo inesperado.
A un cuarto de milla, dirigiéndose en derechura á un pilar algo velado por las capas de la noche, un gineta, oculta la cara por
el chambergo que se unía casi al embozo de su tabardo, apreta·
bacon furia los ijares de 8U caballo, ra~gando con las enormes
espuelas la carne del pobre bruto, que lanzando resoplidos pa·
saba como un rayo por encima de los espeS'os matorrales que tapizaban por completo el camino.
De pronto volvi6se con rapidez que demostraba el dominio del
ginete, é irguiéndose éste sobre los estribos clav6 su mirada en·
tre la espesura de árboles que á derecha é izquierda crecían entrelazándose y agitándose con áspero chirrido como si hablasen
entre ellos. Breves momentos dur6 el examen 6 la muda interrogaci6n; torció la brida y el caballo emprendió veloz carrera
salpicando de espuma la capa del jinete.
Muy poco faltaba J a, par6 de pronto á pocos pasos del pilar
en el que parecía iba á estrellarse y se ape6 con la agilidad y ga·
llardía de un capitán de los Tercios.
Amarr6 el brioso corcel al tronco de un arbol, de~dobl6 una
manta que traía plegada á la silla abrigándole con ella, acarici6
con sonoras palmadas el robusto cuello y vino á sentarse en el

primer escalón que servía de base al pequeño pedestal en el
cual se elevaba un Cristo de piedra, blanco y resplandeciente al
reflejo de la luna.
Era una maravilla eecu1tórica: Con los brazos extendidos, la
cabeza caída sobre el hombre izquierdo y la dolorosa expresi6n
de sus ojo:i impregnados de infinita dulzura. Era el redentor del
mundo exhalando su alma en sacrificio de la humanidad! Una
quietud absoluta reinaba en derredor, en armonía con la subli·
midad de la escultura.
La pálida luz, bañándola como una suave caricia de Cielo ve·
nía á morir en los últimos escalones, en tanto la sombra por el
lado opuesto dibujaba la silueta del Cristo prolongándola y re·
produciéndola con exactitud de recorte.
El caballero, con un solo movimiento se desembaraz6 de la
capa, que arrojó al suelo; quitóse el chambergo y pas6 141 enguantada mano por sus negros y abundantes cabellos. Tostada
tez, ojoe grandes y soñadores, nariz aguilena, boca firme, algo
graode y de labios gruesos; era un rostro varonil en extremo.
Su traje, rico en detalle y severo en conjunto.

497

maban tal expresión de ferocidad que stmejaban los del tfgre puesto en acecho. r
¡Por fin! exclam6 ¡Ya viene!
1
Efectivamente á muy poca distancia una blanca sombra aparecía y desaparecía ocul- :
tándose tras los arbustos.
Corrió el caballero en su direccifm y tomándola en sus brazos vino á depositarla al
¡,ie del Cristo. Era una mujer, con cara de ángel, blanca y rubia¡ sus bellos ojos cerrados denotaban un cansancio físico y moral muy grandes. Contempl6la el caballero largo tiempo. Algo satánico liabía en su rostro. Abri6 la joven por fin los ojos, mir6
al hombre y rompi6 en sollozos. ¡Don Fernando! ¡Cuánto be sufrido! Estoy á vue.;tro
lado, pero ¡cuanto me ha costado! Huí del convento. ¿C6mo? no lo sé. He paFado
largas horas oculta en el huerto; la circunstancia de estar fuera de murallas facilit6 mi
evasi6n. ¡Tengo miedo! Por amarte me encerraron mis padres y yo no puedo resistir
á tu llamamiento. ¡Te amo tanto! Estoy rendida¡ muerta, tengo remordimientos.
¡Blancal Pronto acabarán tus temores. Bridon ágil como es el viento, dentro de poco
estaremos en el castillo de mi hermano. ¡Ven! dijo, y la tom6 en sus brazos.
Al ser suspendida, sus ojos se clavaron en la imagen, di6 un grito ¿,qué pas6 por
su alma? ¡Quién lo sabe! Lo cierto es que deslizose rápidamente de los brazos de su
raptor ¡Nó! repetía, no iré, vuelvo al convento! Pasado el primer momento de estupor, el galán di6se cuenta exacta de lo ocurrido; una blasfemia escap6 de su pecho y
tratando de tomarla de nuevo ...... ¡Serás mía! ¡mía! dijo con ronco acento!. ...... Una
lllcha desigual y desesperada sigui6. La luna ocultándose tras una nube sumió en la
obscuridad aquel paraje. De pronto, en el silencio de la noche, se oyó una carcajada
feroz y casi seguido el galopar de un caballo que se alejaba. .. .. .. .. .. .. . .. . . ... , •. .. · .. ·
••••••••••••••••••••••••••••••••••••

00000000

010000000000000000

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Al despuntar el alba los aldeanos que antes de comenzar sus rudas tareas, elevaban
al Cristo sus preces, ;ieron con asombro y horror dos cosas: una figura pálida de
mujer con loe rubios cabellos flotando al aire; al Cristo, el Cristo blanco y resplan·
deciente, ahora negro y opaco. Pero la expresi6n de sus ojos era la misma; impregnada
de dulzura infinita, exhalando el alma en sacrificio á la humanidad. ·
Han pasado afios, muchos afias y cuentan las almas sencillas que en las noches de
luna se oye una carcajada estridente que repite el eco entre los, árboles que, entrela·
zados, se mueven con áspero chirrido como si hablasen entre ellos.
GERARDO DE ~IEVA.

Pas6 un largo espacio sin moverse; de súbito se apart6 del pi·
lar unos veinte pasos y escudriñ6 la ciudad, el camino y los
matorrales, su~ bruscos movimientos indicaban la impaciencia
en que estaba¡ á veces sus ojos tenían tan intensa emoci6n que
diríase iba á llor11r, otras su boca se contraía, sus pobladas ce.
jas bajaban sobre sus ojos que se hundían en sus cuencas y fo.

LA VISION DE LOS HELENOS.
-~Vagaban una vez los más gloriorns
rautoreR de la GreciA, por l1t margen
del nativo Archipiélago. Llovían
· del cielo, sobre el monte y Eobre el agua,
vivas rosas de luz. Se recogieron
los mancebos febriles á la sombra
ele una vifla en sazón, y con las uyas
refrescaron los labios. La suprema
Eerenidad del dfa, los temblores
del seno de la tierra, recibidos
de la frescura. de la vid, tocaron
el fondo de sus almas, y entre todos,
el más fuerte, el más bello, Anacreonte,
vibrador como un arpa, irguió la diestra

y un dón precioso demancló al Olimpo:

crla posei::i6n del Ideal,,.
Subía
la súplica á los dioses, corno ascien&lt;len
las palomas al nido .... .,
Libre y ca¡¡to,
Fencilla y formid" ble en In fre~curil
inmortal ae su sér, Anadiomena
surgi6 del mar entonces. Y los grirgl)s
gozaron sobre el seno de la Diosa,
de un sueño en que rodaban, por sue frentes
musicales, los pajaros azuJeq
del Arte, del Amor y de la Vida.
FRANCISCO VALEN CIA.

·'1

�.,

MANSlON HEROICA
- ...........::cc:._..,..c..•.•_

(i)

......:::.....::-,,···:-:-::::.---,,:····:.7._QO•OO·······-····..·········---··- ··········--···-········ ..···-.....·- ········

Era una l:.umilde mansión·
un ignorado recinto
'
que ~ejó con sangre tinto
la primera crucifixión·
truéquese mi admonición
en sacrosantas piedades;
Yen la futuras edades
quede por siempre escul¡:'ida
que de la eangre vertida
enfloraron libertades.

y cuando asientan los pies
en alto, asombrados vieron
que los qne les resistieron,
eran, si acaso ¡unos diez!
Fama es que entre aquellos leones,
invocando altos deberes,
combatieron las mujeres
consagrando sus blasones;
Walkiries de los campeones
les decían:-Seré tu egida;
mi suerte está defendida:
¿luchas tú? ¡pues lucharemos!
á nuestra causa ofrendemos
el óbolo de una vida.

En eleteo rumoroso
se esparce la grata nueva
Y oid lo que al alma llev~
ese aluvión clamoroso:

AMPARO GARRIDO,

, ,

-

""&lt;

. .. "'·

cuyo beneficio se verificó el miércoles 12 del actual.

Y es fama que aun las criaturas
que aquel recinto alegraron,
en tal ocasión, ¡jugaron
á cargar las armasl ¡puras
manecitasl donosuras
dignas de mirra. de armiños,
de sacrosantos carifi.os .. ....
Lo dijo alguien: Bajo el cielo,
sólo el mexicano suelo
tiene héroes ¡hasta en sus nifíos!

VIDA TEATRAL
····-··--·-········-·.. ···..·· ·

UNA SEMANA DESANIMADA.

Los que antes sufrían, despiertos
aprendieron, pero altivos,
que á veces pasa á los vivos
el ánimo. de los muertos·,
que urgieron jefes expertos·
cañones. bombas. fusiles '
y combatientes á miles,
para comprar gota á gota
la sangre de aquel patriota.....
¡por algo se llamó Aquiles!

AQUILES SERDAN,
en cuyo honor se verificó tina solemne velada el último Martes
en el Teatro Arbeu.
ce Deja

de estar lacrimosa;
torna tus·ojos al puerto;
torna al redentor concierto
el espíritu levanta
'
y escucha la nueva santa:
¡no ha muerto el pueblo! ¡no ha muerto!
¿Quién inspiraba el denuedo
de aquella heroica defensa?
un alma de talla inmensa
un prócer ajeno al miedo·'
apóstol de altivo credo '
que cristaliza rencores
en flagelar opresores;
no fueron latrofacciosos ·
fueron gigantes, colosos:
y se llaman: ¡Redentores[

No bien su sangre se riega,
surge tanto pal&amp;dín,
que de uno al otro confín
un cantón bélico llega·
la Patria sus alas pleg~
al ver caído al león·,
ruge la revolución
Aquiles Serdán d;stella,
·:, aquella sangre, aquella,
¡se transforma en redención!

.
l

~

¡Oh qué triunfo más completo!
no hay ya enemigos; hermanos
que al entrelazar las manos
'
saben despreciar el reto
del que viviendo sujeto
al ayer, con rostro flavo
conspira aún en menoscabo
dfl nuestro honor y prestigio ......
¡pesa mucho un gorro frigio
en la frente del esclavo!
¡Ojal~ Y nu.nca la guerra
en atavismos msanos,
con sangre de mis hermanos
vuelva á enrojecer la tierra·
¡ no más la lucha que aterr~.
. , se coneolirle '
nuest ra umon
Y q1rn el vencedor no olvide
que hay ª!Jsiedad de consuelos.
1No más sangre! no más duelo•
'
qne la sangre, sangre pide!

.

La fuerza pensó:-N~s bate
la multitud atrevida·
' ,
nos vende cara su vida
pues que sufra nuestro embak »
Tres horas dura el combate·
'
viene el asalto después;

.

(1)--C?mposición poética leída por su autor en la velada y que fué
muy aplaudida.

:\!ARCELTNO

Malo~ vientos soplan por los teatros metropoli1Mos. En esta procedimientos, serán poco felices. Se nos dice que la mayor
semana que está por terminar nada ha ocurrido en ellos digno parte de las empresas que explotan los teatros de la capital, apede mención, fuera de la clausura, que era de preeverse, del tea- nas cubren sus presupuestos con los mezquinos ingresos que actualmente tienen. Para remediar esta grave situación, uno de
tro Colón, y algún otro incidente de poca monta.
los
remedios más eficaces es el de ofrecer al público, si no estreEn el Arbeu la compañía de Virginia Fábregas, obligada por
llas
auténticas, si artistas aceptables, y renovarlos con la mayor
ciertos compromisos especiales á llevará escena El apóstc,l de la
República, no ofreció al público, como tiene por coetumbre todas frecuencia posible. Pero sufrir años enteros á un Pastor, á un
las 11emanas, algu1Ja cosa de importancia. Es posiblo que la obra Otero y á un Arroyo Gil, es, francamente, bastante duro. Y en
,le Loyeon hubiera tenido algún éxito, si hubiera sido traducida cambio una artista discreta, que posee buena voz, como Acacia
lll castellano con algún esmero, pero el traductor no solamente Guerra, no llega á terminar su contrato, si las noticias llegadas
tradujo desastrosamente, sino aún truncó y suprimió e5cenas,des- á nuestros oídos son verdaderas.
En el li'ábregas, tampoco encuentra el público ninguna no\'evirtuando totalmente el carácter de los personajes.
dad. Balaguer, cuyos méritos no hemos
En el Principal, después de los
aplaudido
suficientemente, y eu homogeéxitos merecidos de La tierra del sol
nea y aceptalilísima compañía, siguen ex·
y Gente menuda, vino un fracaso muy
plotando el repertorio que nos dió á cono·
justificado por cierto. La Princesa de
cer en el Arbeu. Si Balaguer, como lo
los Balkanes, es una opereta de argu.
anuncia
ya en sus carteles, pienea prolon·
mPnto insípido y mueicarla sin ninsu estancia entre nosotros in,
gar
gún talento. Agrégúese á esto que
definidamente,
debe cuidar de ha·
los artistas de este teatro la des·
cernos
conocer algunas
,•
,
empeñaron bastante mal y se
descoobras
modernas
comprenderá que el estreno re·
nocidas
de
nosotros.
glamentario fué verdadera menL. Z. P.
te desgraciado.
L&lt;\ empresa del Prin ·
- -- - - - cipal y la del Líric0
Ha biendo pedido un
parece que están sosJ
libro para leer el rey
teniendo un activo indon Alonso V, de Ara·
tercambio de artü,taB.
gón, se encontr6 la liSe dice que la Conesa
brería cerrada y fuera
hará su tercera ó cuarde palacio el que tenía
ta reaparición en el
la llave.· El rey, que
coliseo primeramente
á toda costa quería
citados, en donde de·
leer, se dirigió á la
butará Amparo Garripuerta y con sus prodo, emigrando, en
pias manos se puso á
cambio al Lírico el badesclavar la cerradura.
rítono Sarasi y algún
Se hallaba presente su
otro artista dei teatro
capellán Mateo Sículo,
de las sefíoras Moriohombre de mucha prunes. No discutiremos
dencia y santidad, y
en esta ocasión los méviendo al rey en tal
ritos de estos artista~,
ocupación le dijo:
ya que lo estár. sufi-¿Es posible, se·
cientemente aquilnta·
ñor, que un rey tan poderoso,
dos. Pero, la verdad es
como vos lo mis, se ponga á
que el público, sin re·
hacer con sus manos una obra
chazarlos, desea el insemejante?-Pero el rey, songreeo de artistas nueriendo, dijo:-Decídme, padre
vos.
honrado: ¿por ventura, Dios y
C.uan tas combinala naturaleza dieron en valde
ciones hagan las em. TEATRO ARBEU.-''El apóstol de la Repúb(ica."-Clotilde, señora Fábregas, las manos á los reyes?
Octavio, señor G. Nieva, y Baudouin, señor García Leonardo,
presas siguiendo estos

DAVA LOS.

!

1

1

�LAS MUJERES DEL PRIMER IMPERIO.
EN ninguna época, las evocaciones del pasado han tenido tanta boga como en esta aurora eombría del siglo veinte.. . . Pobres
seredmpulsados por el torbellino enloquecedor de la vida contemporánea, nos acercamos al recuerdo de los desaparecidos como náufrago á la ribera!......
'
Pero entre todas esas sombraei, á las cuales pedimos el olvido
paeajero de las triste~as ó frivolidades de la hora presente, las
q11e nos atraen y cautivan más, son las sombras femeninas· ellas
1
surgen de lat1 bru~as lejanas de los días d~saparecidos p&amp;ra siem.
pre en eternos ab1emos, rodeadas de misterioso encanto. Los
hombres pertenecen á la hhtoria, las mujeres más bien á la leyerJda y poseen el eterno atractivo: la belleza la gracia el espi. ' el amor!
'
'
n't u, Ia abne5ac10n,
En la p~numbra de la g~an figura de .Napoleón pintada por
tafitos eeer1tores, ¡cuántos rnteresantes siluetas femeninas hay
para bosquejar!
Entre ellas, descuella Josefina, cuya dramática existencia
d.escrita por Pierre D' Ozon, ,·oy á tradu'

Nobleza, clero, pueblo, todos esperimentan su encanto inda.
cible · ella es como la egida del general Yde su ejército, deteniendo con su bondad sonriente las revueltas populares.
De ree1reso á París gozará durante algunos meses todos loe encantos. Vive en una especie de apotéosis, embriagada con la
gloria de su marido .Y l.os. homenaj.es que recibe. Más !ay! en
este cielo tan azul, prmc1p1an á surgir sombrías nubes. El gene,
ral Bonaparte ha tomado el mando de la expedición á Eaipto.
Entre los amigos de Josefina que le son personalmente adictps
ebtá madame Tallieu y el secretario de Barras Charles.
'
Esta intimidad será un pretexto de venenosas habladurías
que llegarán hasta Oriente á exaspera~ los ~elos d~ Napuleón, y
vuelve á Francia con amenazas de d1vormo. Felizmente para
Josefü1a, sus hijos decidieron al esposo á verla y oirla y la irres;stible sirena pronto lo reconquistó. Reconciliada la pareja. se
instaló en Malmaison, donde el futuro dictador dejará el primer
puesto á la e,pos:1. La seductora tiene promesas para todas laa
ambiciones; aliento para todas las espe·
Cll':
ranzas.
LA E)IPERATRIZ JOSEFIXA.
Tres días autes del 18 Brumario, cuan&lt;&lt; La vida de Josefinaºee la más inverodo está pronto para el golpe de Estado que
&lt;c símil, la más palpitante de las novela@.
abrirá el camino del trono al pobre gentil
&lt;&lt; Vino al mundo en esai; maravillosas
hombre cor-,o, Josefina, con su gracia ha« Antillas, joya de esmeralda arrojada sobitual, hace los honores de una gran re·
(( bre el gran Océano de olas deslumbradocepci6n en el hotel de la calle de la Victoria.
Será la última.
&lt;c ra.s donde las mujeres tienen la gracia
(( flexible de las enredaderas y la seductoBonaparte, proclamado primer c6nsul,
&lt;c ra belleza de las grandes flores tropicava á instalarse al Luxemburgo; pero pron&lt;c les de embriagadores verfumes.... Y hé
to, encontrando estrecho el palacio &lt;le Ma·
&lt;&lt; aquí que una vieja mulata, que decía la
ría de Médicis, se translada á las Tullerías,
« bnena ventura, dijo á la pequeña Jornfidonde, á pesar suyo, Josefina ocupa Ju
« na Tascher de la Pagérie:
habitaciones de María Antonieta.
--« Tú serás más que Reinar,,
La criolla. es más que reina. Yo gano las
La niña rió ..... No era una corona, era
batallas, le decía Napoleón, pero tú me
el amor con el que soñaba sobre el navío
ganas corazones.
que la llevaba lejos, hacia la tierra franceDespués de la victoria de Marengo la lle·
sa ..... Pero ese sueño que ella creyó realivó á Normandía, y al año siguiente lo sizar caeándose con el brillante vizconde de
gue en su viaje triurifal á Bélgica, exitanB auharnais, se había disipado como un
do á lo menos tanto entusiasmo como Namirage engañador. Ella es coqueta, él inpole6n.
co,tante, ambos celosos y dan escenas que
Despuée llegarán las horas som brfas.
hacen tan insoportable la vida común, que
R nacen las conspiraciones; ella vive en
madame Beauharnais deja á su hijo Eugeperpetua angustia y, á pesar de sus éÚ¡,li·
nio con su marido y parte ella con su hija
cas no logra impedir que Bonaparte, irriHortencia para la Martinica. ¡Pobre avetado, ensangriente sus glorias con la bútil
cilla herida que retorna al nido!
muerte del duque de Enghien.
Principiaba á recobrar esa dulce indoA fines de este año trágico, Pío VII ven·
lencia de las lánguidas criollas, de la cual
.
dráá París á consagrar al nuevo Carlomag·
nuestra vida afiebrada ignora el encanto,
La Emperatriz Josefina.
no. Bajo las bóvedas seculares de Nuestra
cuando súbitamente estalló la revolución
Señora, Napoleón colocará )Ji. corona im·
de los negros. Loca de terror, Josefina se embarcó en el primn perial sobre los hermcsos cabellos negros de la criolla.
buque GUe partía, sin equipaje, casi sin dinero. Encontr6 una
Es tan pesada esta resplandeciente corona, que hiere su deli·
acop:ida afectuosa en la familia de su marido y i:e reconcilió con ca la frente, pero su corazón e~tá aún más lastimado por croe·
él, puni no hay lugar para el rencor en e.e corazón de mujer.
les aprehensiones. Sus enemigos ganan terreno y, en Milán, ella
El vizconde de Beanlrnrn11is ha llegado á i-P.r ge·1ernl ciudada- asistirá á la ceremonia como simple espectadora: es ~la primera
no; pero esa renegación del pasado 110 lo sal va del cadalso..Jo- eta.pa en la vía del divorcio.
sefina, viuda y pri,iunera, aguardaba con espanto el siniestro
Las ovaciories de Mayencia no la tranquilizan y la entrevista
llamamiento.
del czar Alejandro la espanta ..... Austerlitz, Jena, todas esas
El 9 Termictor la quita al verdugo; pero la deja en las arigus· victorias que llevan á su apojeo el poder de Napole6n, aumen·
tias de la miseria.
tan en él el pesar de no tener herederns de su imperio. Los golLa amistad de la bella con,iesa de Fontenay, entonces ciuda· pe, de cañón de Essling y Wagran disiparán los últimos escrú·
dana Tallien, le sirvió de ayuda y pronto las des se disputaron pulos del dueño del mundo y el 15 de Diciembre &lt;le lg09, Jo·
el cetro de la mo&lt;la. Ellas ~on l11s reinas de esas maravillosas eefina oirá pronunciar su di~orcio. Malmaison y el castillo de
que iban al Pa.lais Royal, al Luxemburgo, de8lumbrante de alha- Navarra servirán de a~ilu á la abandonada que llora y per·
jas, cubiertae con una trasparente túnica· plegada á la griega.
dona!. .......
La coqueta viuda criolla fascina á un general muy joven. Se
L'l muerte de J 03efina tiP.ne algo de miEterioso.
llama Bona.parte, es pobre. i stá en desgracia; pero tiene un
¿Faé una súbita enfermedad de garganta 6 un ramillete envefuego en los ojo,1, un irresistible poder en el alma, y, casi á nenado lo que puso fin al largo romance comenzado bajo el cielo
pe~ar suyo, .Josefina llega á iaer la ciudadana de Bona.parte.
1le los trópicos? .....
Los parisienses luego lallam:non "Nue.;tra Señora de las VicNadie lo sabrá jamás, y la incertillumbre de esta muerte sñá·
toria!&gt;".
de un atractvo supremo á la seductora figura de esta mujPr, que
En 179(i, Napoléon, com:rndante en jde del Ejército de Ita· fué á uormir el eterno sueño en la pequefia iglesia de Ruril, á
lia, llama á Josefina á 1Iilán, donrle conquista todos los corazo· través de los senderos floridos y sombríos. mientra'! resonaba el
nes su gracia seductora.
dolororn estrépito de la innsión.-PIF.RRE D'OZON.
0

~"'A
LAS//
-D AMAS '
CRONICA DE PARIS
1Iiércoles 21 de .Junio.

La presente estación, hasta ahora, no h&amp; p_roducido mud1~s

Exceptuando esta ventaja, merecen, por todos estilos la má9
cruel oposición.
'
Son antiestéticos y obstruyen por completo la circulación
aun en los salones espaciosos, y no digo nada cuando en i;enti~
do inverao se encuentran doR ~ombreros en una ¡rnerta. El conflctu es irremediable.

novedades en general; pero en detalles ba sido· b11~tante pro·
diga.
Las sombrillas son las que más variedades nos ofrec.n.
LA Co.'.DES,\ D' ARJIO ~TI ~,LE.
En los primeroB días de la esta~
1-.,ll,ñ::,C&amp;ci6n trataron de volver á lanzar
las de terciopelos que conocimos
LA MURMURACION.
el afio pasado; empeño inútil,
porgue nunca fueron, b_ien recibiU.'-I A PENITENCIA
das. Me parece muy logico, porque
i:u aspecto es extraordmariamente
Acusábase una mujer de hn.lourd. En cambio, lae que tiene'n I
lLase demasiado inclinada á la
terciopelo solo como adorno, son
maledicencia; y el confe~or le pre·
muy bonitas.
gunt6:-¿Y esa falta es habitual
Algunas de las más originales
en ustf"d?-¡Ay, sí! Todos los días
merecen ser descritas. L' ombrelley con frecuencia varias veces en
dome, de seda blanca, cubierta de
un mismo día.
gaea negra con un borde ancho
En presencia de una confesión
de terciopelo negro, es elegantísitan sincera y tan pronta el rncerma. Este mismo modelo, hecho
dote comprendió que en el cul·
con tulle p(IT'lé encadré, de musepable hábito de aquella cristiana
lina de seda, resulta también muy
había más atolondramiento y libonito.
gereza que perver,;idad.
«Hija mía,u dijo, ((por penitenTenemos además la sombrilla ,
cia hará mted lo siguiente: To1830 de se.da negra y gasa blanca
mará un canastillo de plumas, ~e
pleg~da. Otra de voil formando
encaminará hacia las afueras de
grandes jaretas, la eombrilla clasla capital, dando varios rodeos y
sique con liséré de terciopelo negro
desparramando las plumas que
rematado en un lazo y, por últillevará en sus manos hasta que
mo, la s0mbrilla blanca con aplidure el paseo. Acabada la carrera
caciones de terciopelo formando
y desparramadas las plumai-, vol·
fantásticas silhouettes de pájaros é
I
verá usted á verme para darme
insl'ctos.
cuenta de su puntualidad en ejaEstas seguramente se~án las
cu~·ir mis órdenes.&gt;&gt;
preferidas durante una qmncena,
Imagínese el asombro de la
hasta. que se generalicen y se bamujer al oír este lenguaje tan exgan imitaciones de poco costo.
tr ,ño.-Obedtceré, Padre mío,Si las sombrillas, con alguna
d1jo humildemente, á pesar de hs
modificación, se limitan á reproobjeciones
que i:urgían f'n su e-píducir lo mismo que se nos of1ece
ritu.
Al
pnnto
se dirigió al lugar
desde hace dos años, los pufios,
determinado. y al paso que ii-.a capor el contrario, tienen una origiin inan&lt;lo, fué de~parra111ando las
nalidad de muy buen gusto, y replumae;, Cl&gt;mo se le había c-rdeflejan, como todo, la predilecci6n
na.do. Dt'sparrama ba la última
por lo blauco y negro. He visto
pluma, voh·i6 á su confesor con
uno, cuyo mango P.S de una blanun
apre,uramier.to no exento quicura inmaculada, coronado por
zá
de
c1aioi-idad.
voluminosa bola negra. :Muchas
«¡.\h!))
dijo él, ((está bien. Ah"·
tienen el palo todo forrado de terra vut'lva mted á los lugares &lt;¡U"
ciopelo ó de rezo negro con el puño
ha recorrido, y pa~ando por el
de plata. Dicen que es el colmo I
miamo camino recnj1t una á una
de lo elegante, y yo m.e atreveré
plu'l1as sembradis á su pa~o.&gt;&gt;
las
á decir lo cvntrario; pero las en·
«¡E,o es impoúble, Padre mío,
cuentro dos grande:1 inconvenienimposible!,&gt; exclamó la mujer, en
tes: primero, que con el contact~
el
colmo de la sorpresa. «Dejé caer
de ln. mano el terciopelo se rozara [!IIJ!;....-- - - - - . . ; . . ; . ; ~ ~ ~ ~
esas plumas al acaso á lo largo del
muy pronto, y segundo, que los
Retrato de u~a mujer :lt&gt;gante, por E. Drian.
camino, y el viento ha debido lleguantes se ensuciarán á los cinco
vár:;elas en varias direcciones. ¿Có·
mi1sutos de coger la sombrilla.
Pre,cindiendo de esto, puedo asegurar que me han gustado. mo quiere usted que yo pueda encontrarlai,?
«Pues bien, bija mía; las maledicencias, las calumnias, son
Despué3 de ernritas estas líneas, se me ocurre que torio ~I
tiempo perdido, porque realmente este afio van á engrosar el nu · c,nno esas plumas que renuncia usted á recoger una Yez que el •
viento las hacfüpen,ado. Susfune¡.t,nsp:ilabras han caído enun
merode las inutilidades.
.
de oídos y corazónes, muchosdeellos desconocidos pasinnúmero
Los sombreros, cada vez mayores y encajados hasta las ceJas,
ra usted ¡Cuántos de sus oyentes no se habrán apresurado á esconstituyen el mejor preservativo contra el so~.
Alguna ventaja había de tener ya que quitan esbeltez á la parcirlas por todos lados! Rec6ja1as ahora, Ei puede.»
oc¡Ah Padre mío, cuan cierto e3 eso!,, dijo la penitente, como
figura y ocultan el pelo, uno de l~s más bonitos adornos de la
alumbrada
por una súbita luz.
mujer, al menos preservan su cutiR de los estragos del rey de
((Vaya nsted, hija mía, y no vuelva á pecar. u
los astros.

¡'
1: · 1
1 1
1
' 1 1

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1

1,

�JUAN DE LA BRETE

MI PARROCO Y MI
--....-~~-

TI()

Novela premiada por la Academia Francesa
Trauucción autorizada hecha sob
J· 6.
•
'
re et 1 6~ ed1cion, por Juan :\Jateo!'!, Presbítero, Ilustraclunea
de E, Vulliemin. Con licencit:t,
(CONTINUA)

1·

1

¡

1.

, Días y mes~3 yaci6 olvidado en esa postura hasta que ít mi
t10 se Je ocurn6 man~ar levantarlo, pero entonces advirtió que
la sa!1a lo había vestido de brotes vigorosos en toda su longitud
En vista de eso, orden6 abatir otro árbol al lado del primero.
enlazar las ramas unas con otras, poner enredaderas y guiar su~
tallos por en,tr~ los tr?ncos; de !Il?do que con el tiempo 86 formó
un pue?-te rustico y s1~gular, fac!l de ser recorrido, 1,in otro ¡11 .
convemente que el peligro de enredarse los pies en el camino y
caer de cabeza al agua.
Este lug~r solitario y bastante alejado de la quinta era el quo
yo había disputado para teatro de mis meditaciones.
Detúveme cerca del puente, recubierto á la saz6n de escarcha
á fin de meditar en lo porvenir y de entretenerme en contempla~
loR enormes carámbanos que pendían de la cascada
·
. Ign?ro el tiempo que permanecí abismada en mi~ reflexione,;
1;i_n cm~arme del frío que me congelaba el rostro, cuando ví venir hama mí al causante de mis pesadumbres.
En su andar y semblante era fácil descubrir la melancolía y
mal humor .que le dominaban. Con el bastón de mi tío en la
mano, que sm duda había cogido distraídamente, atizaba recio,,
garrotazos ~ los arbustos puestos á su alcance, llenándorn la ro
pa del polv1llo blanco de la escarcha.
Aunque yo est~b~ medio vuelta de espaldae, no perdía nin
guno de sus mov1m1entos, porque ya se sabe que las mujeres e11
casos rnmejantes gozamos de doble vista.
En_ lleg,;1~do junto á mí, cruzó los brazos!. contempl6 la casc!da rnmov1l, el puente, los árboles, y no d1Jo una palabra. Fingiendo yo estar entretenida con una rama de abeto que acababa
de tronchar, contuve el aliento y me puse á espiar á mi hombre
con 61 rabillo del ojo sin que él lo notase.
-¡Hola, primita! ¿Usted por aquí?
-Sí, primo.
Aguardé algunos segundos á ver si continuaba· pero como permane~iera callado, me digné volverme un poco' para alentar su
oratoria.
Pablo frunció las cejas y exclamó en un rapto de desesperación:
-¡Me dan ganas de levants¡me la tapa de los sesos!
-Muy bien-repliqué con tono serio¡-puede usted estar seguro de que asistiré al entierro.
'
Esta respuesta le cogi6 tan de sopetón, que dejó caer los brazos
y se qued6 mirándome de hito en hito.
-¿De modo que usted no haría nada para estorbar la ejecución de mi proyecto?
-No, seguramente,-respondí con gran calma. - ¿Por qué
había de meterme en lo que no me incumbe? Yo amo ante todo
la libertad, y si á usted se le antoja salir de ese pícaro mundo ..
¡va! no moveré una paja piara impedírselo. ¡Cada cuál es muy
dueño de hacer lo que le parezca!
·
Tras esto, me puse á examinar la rama de abeto mientras el
aspiran~e á suicida, descon?ertado por la man.era liberal con que
yo consideraba su lúgubre rntento, tom6 una expresi6n de recelosa desconfianza.
-Imaginaba que me tenía usted al~ún cariño, ssñora prim1
mía y de todo m1 respeto. Como la primera vez que nos vimoF,
le parecí á usted tan agradable ......
·-Señor primo mío y de mi mayor veneración, extraño mucho que atribuya usted tanta importancia á las irreflexivas demo~traciones de una pobre lugareña, habituada á la menguada
sociedad de un cura rural, de una tía huraña y de una tosca
cocinera.
-Lo cual significa que usted me otorg6 aquellos obsequios
por el mero hecho de no ser yo cura, ni tener un i::.ostro tan avio Jado como el de la señora de Lavalle; ¿no es eso?
- Exactamente, primito.
Me mir6 furioso,. retorcióse los bigotes con rabia, y tomando
el sombrero .en un 1mpul~o de c6lera. lo a~roj6 en el puente.
¡Oh! ¡Qué bien comprend1a yo su estado de animo! Se alegraba
de. hallar un pretexto para mostrar su enojo. y desahogaba conID1go el despecho que le atormentaba, al modo que yo había
descargado mi indignación en los monigotes de loza y en el infortunado bar6n de Le Maltour.

La verdad es, señorita -me dijo con enconada intenci6n-que
tenía usted una tía monstruornmente fea.
-Y ¿qué le habíamos de hacer, caballero? Quizá hu hiera algun~ compent-ación en el hecho de no serlo tanto su Eobrinarephq ué en el mismo tono que mi contrincante.
-Y ¡vaya una mesa aristocrática! ¡Y una vajilla elegante!
¡Todo sin pies ni cabeza!
--:: ¡vaya un pavo sabroso! ¿C6mo no muri6 usted de indi·
p;E&gt;st1on? De veras no las tuve todas conmigo, hasta. que le volví
á verá usted aquí, ¡Virgen Santal. .. vivo y sano todavía con
todas las apariencias de repetir la suerte en la primera oc;ai6o.
·-Ya sé que no suele usted darse por vencida y que no hay
moclo de tomar con seriedad su~ palabras; pero no creo haberme
portarlo tan mal. ¿Qué le he hecho á usted?
-Ab,olutamente mda. Buena prueba de ello es mi promPBa
de ncrnnp11ñar tl cadáver de usted al camro santo.

\

' "' •.

-- ¡:\li c:dá~er!- exclam6 estremeciéndose.- No estoy muer·
to a~n, senont~; y sepa usted que en Yt z de matarme pienso
partir para Ru~1a.
- ¡Buen viaje. reñor primo!
Cuando ~e ,al!'j6 y creí que se nu5entnrí., por una larga tem·
P?rada. cruce lus mimo, con cle,;eR¡..,ernc1ón v brotaron de mi~
o¡os abundantes lágrimns. Pero nl poco tiempo Je ví roh·er
a pre-u rada mente.
- Vamos. Reina, separémonoR como huenoR amigo·. ¿Qu~
motivo, liny pura re ....? ¿Cómo e, eso? ¿Llora mted'?
- ~Ie acordal,i ~e Juno-dije logrando reprimir la emoción.
_ - Ls Vl'rcla'.l: P:;rmta, que se queda mt~d bie11 rnla. ~~n tu'·
na! d.i reconc1hac1on, deme usted la mano; ¿quiere usle,l?
- Con mucho gu-to, Pablo.
I Pobre de mí! Se content6 con e,trrchnrla tri·ternente, pen·
sano.o en una mano más hermosa que había 8 oñado poseer.
Y partió difinitiYamente.
Sin cu_ida~me del frío, me senté llorando cerca del puente, Y
estan.do rnchnada sobre el río, veía caer mis lágrimas encima
del hielo.

.¡Hablar de pegaree un tiro! Por fuerza. la ama con locura.
-Comandante, un caballero no deja de cumplir su palabra
Cierta estoy de que no lo hará, pero tan prendado debe estar de por nada del mundo; guarde usted la que acaba de darme.
Blanca como yo ele él, y claramente veo que no ha de poder olSubí luego á mi cuarto con la convicción amarguísima de havidarla. ¡Qué aberraci6n tan incomprensible la de enamorarse ber seguido ampliamente el ejemplo de nuestros gobernante~,
de una mujer enteramente opuesta á su genio, teniendo á su la- pisoteando todos los principios de la dignidad.
Pero ¡ha! á no ayudarse una un poco en la vida ¿c6mo se
do una ....
-¿Qué haces aquí, 'Rein~?-oí de re~ente preguntará mi tío, podría salir adelante?
Esta reflexi6n acall6 mis remordimientos. Me senté, por tanque se me había acercado sm yo advertirlo.
Me levanté nerviosa y avergonzada de no poder disimular mi to, á mi escritorio y tracé los siguientes renglones:
«Todo se acab6, señor cura. Están casados, han emprendido
dolor.
·
su viaje de novios, felices, locos de alegría; diE;z años de vida
-¡Calla! ¿Estás llorando?
hubiera dado por hallarme en lugar de Juno respecto de su pri-¡Qué bestias son los hombres, tío!
-Profunda verdad, sobrina. Y ¿por eso te afliges de- ese mer pretendiente. ¿Cuándo seré tan venturosa?
«¿Sabe usted lo que me ha dicho mi tío? Según él, los hommodo?
--Pablo quiere levantarse la tapa de los sesos-dije sollo- bres que han amado una sola vez escasean más que los mirlos
blancos. Amado párroco, cura mío querido, le ruego encareci. zando.
damente que aplique usted mañana la misa porque el señor de
-¿Le crees capaz de llegará semejante extremo?
-No-respondí eonriendo á pesar de mis lágrimas.-La vio- Conprat no sea uno de esos mirlos.
«Hasta la vista, señor cura, porque espero que venga usted en
lencia es ciertamente incompatible con su temperamento, pero
breve al c:.:rato del Pavo!.»
la idea de suicidarse prueba. que ...
-Si, lo sé, querida ... prueba que está verdaderamente ena.
morado de mi hija; pero créeme, no tardará en olvidarla 1 y
. cuando así suceda, dispondremos las cosas de modo que su corazón no vuelva á extraviarse.
-¿Cree usted, pues, que un hombrepueda amar dos veces en
su vida sin 8er un monstruo?
El señor de Pavol me acarici6 la majilla con expreai6nde.
cumpadecerse de mi inexperiencia no menos que de mi dolor.
-¡Pobre sobrinita! Los hombres que aman una sola vez en la
vida abundan menos que los mirlos de plumaje blanco.
-En ese caso, tío, hay que reconocer que el hombre es una
bestia vil-repuse con acento convencido.
Pero, en realidad, mi indignación iba acompañada de un i:ecreto gozo, y lo que deseaba era. aprovecharme de la vileza in·
herente á la naturaleza. humana.
-Con todo eso -a:fiadí-no ha de ser tan fácil olvidar una
belleza como la de Juno.
--¿Ves elle puente que tanto te gusta, Reina? A~tes de reverdecer las ramas y plantas que le cubren, _Pablo deJa.rá de acordar~e de Blanca; antes que el follaje haya. tenido tiempo de
amarillear y caer, el desdeñado amante habrá vuelto otra vez al
Pavol, y......
.
Sonri6 de una. manera expresiva, después se fué sin terminar
XIX
la sentencia, mientras yo, enteramente sobrecogida, le miraba
En efecto, el único acontecimiento de fines de invierno fué la
alejarse, pensando en lo estramb6ticos que son los tíos como el
señor de Pavo), metidos á vaticinar con tanta frescura lo por· toma de posesi6n que hizo el cura de la parroquia del Pavo], y
no insistiré en la alegría que tuvimos al volver á encontrarnos
venir.
«Todo esto está muy bien, me dije volviendo á emprender con sin el temor de una SAparaci6n pr6xima.
Nada tan delicioso para mí como verle subir al púlpito y precachaza el regreso, pero si su corazón se muda, quizá se enamore
en sus viajes de cualquiera otra mujet. A bien que, según cuen· dicar con el fervor acostumbrado sobre la iuiquidad y malicia de
tan, las mujeres rusas son bellísimas...... Es necesario enviarle los hombres. Después rnHa lll'gar á la quinta, como al Buissón
en otro tiempo, con lá sotana recogida, el sombrero debajo del
al país de los esquimales.»
Eché á correr con teclas mis fuerzas y llegué á la puerta de la brazo y los cabellos en desorden.
Volvimos á nuestras pláticas, discusiones y disputas. El
quinta precisamente cuando el comandante subía al coche.
Tiempo
se me hacía largo y las cartas de Juno que indicaban la
Le tomé del brazo y le llevé aparte.
cumplida felicidad de su autora no servían para consola1me ni
-Comandante, ¿es verdad que Pablo se marcha á Rusia?
siquiera para moverme á tener pasiencia. Aeí pues, iba cons-Sí, es cosa resuelta.
-Me ha ocurrido ...... si usted quisiera que ...... En fin, sería tantemente á buscar al cura para conferir con él miR cuidadoe:,
inquietudes, esperanzas y mi rebelión contra el periodo de es·
mejor ......
Sin duda mi pensamiento era más difícil de expresar de lo pera que me veía obligada á sufrir.
Sabía que el caui:ante de mis males no había hecho por desque me había figurado. El orgullo oponía un obstáculo insupegracia, el menor caso clel proyecto de ir al país de los e~quimarable, trabándome la lengua.
-¿Qué es ello, hija mía? Hable usted pronto, que hace aquí les. Paseábase tranquilamente por San Petersburgo, y las hermosas damas e~lavas me daban un miedo terrible.
un frío insoportable.
-¿Está usted cierto de que no se enamorará de una ruea, se-¡La suerte está echada!-exclamé golpeando el suelo con
ñor cura?
el pie.
-ERperémoslo, Reinecita.
Mi orgullo y yo pasamos el Rubic6n y dije bajando los ojos:
-¡ Esperémoslel... Responda usted de una manera más. ter-Querido comandante, suplico á usted que envié á P:tblo al
minante, señor cura. ¿Qué opina usted? ¡Veamos! No es posipaís de los esquimales.
ble que se enamore de una extranjera; dígame usted que no es
-¿Por qué ha de ser precisamente á tan ingrata región?
-Porque las mujeres de esa. tierra son horribles,-balbuceé, posible y que me amará algún &lt;lía.
-Así lo de~eo con toda mi alma, pobre niña., pero más val-y al contrario, las rusas tienen fama de hermosísimaa.
El buen comandante me mir6 á la cara que se me había. puesto dría suponer lo contrario y poceder con arreglo á ese hip6tesi8.
-Usted va á matarme de impaciencia con sus resignaci6n,
roja de vergüenza y respondió sencillamente:
.
sefiór
cura.
-Bien, le aconsejaré que vaya al norte de Groenlandia.
-¡Qué poco prudente es usted, Reina.!
-¡Cuánto se lo agradezco!-afiadí con lágrimas en los ojos
-La prudencia, á mi juicio, consiste en querer la felicidad.
estrechándole la mano. -Pero dígale usted que no prolongue
mucho su estancia en las cabañas de esas buenas gentes, no sea Dígame usted que Pablo me amará, señor curn, se lo suplico.
-¡Qué más quisiera yo, hijita !-replicaba el cura, que á true·
que coja alguna enfermedad¡ además parece qua apeetan de mal
que de verme feliz hubiera seguido el ejemplo de Mucio Scévola,
olor.
quemándose la mano ?ererha. -(Concluirá).
En este momento llegaba mi tío, y al verle, huí diciendo:

,,'

¡·

1

�ANECD011AS Y UURIOSIDADES
CREENCIAS DE LOS MOROS
Cuenta Albufeda, que una vieja preguntaba á Mahoma lo que se necesitaba
hacer para ganar el Paraíso. El f11lso profeta respondi6:
-Amiga mía, el Paraíso no se ha hecho para las viejas.
Oyendo esto la del cuento, principió á
llorar con la mayor ansiedad; pero Mahoma la conso16 diciendo:
-Tranquilizate, no entran las vi('jas en
Pl Paraíso, pero es porque rejuvenecen
tndas al llegará la puerta y se quedan de
quinc11 años.
,
-¡ Lnado sea Dios y su profeta! exclamó la viPja retirándose.

Fíense ustedes en los at1uncios
l

~

*!*

,..

..

UN DEUDOR PARECIDO
Un estudiante debía 200 reales vellón al
hijo de un comerciante, su amigo. Un día
el estudiante,· sin duda en un momento de
distracción. sac6 del bolsillo diez realea en
presencia de su acreedor.
-Pepe, le dijo éste; ya sabes que me
debes diez realee y si quisieras volvermelos te lo agradecería.
- Y tú sabes, querido, que lo que te debo i:on doscientos.
-Digo que son diez.
- Y yo digo que son doscientos.
-Yamos á cuentas, Pepe; si me das los
diez, te perdono la deuda.
- No, no, amigo mío, quiero más tener
los diez, y deberte los doscientoE.

***

Registrando un amigo nuestro los papeles viejos de sus abuelos, halló entre ellos
uno, escrito con muy buena letra, el cual
tenía las dos misivas siguientes, cuya fecha se remonta á la guerra de la lndepen- .
dencia. Nuestros lectores juzgarán por rn
cont1mido:
Adjunto remito á V. S. veinticuatro bu·
rroq, incluso el oficial Sáncbez, con veinte hombres de su compañía, los cuales
van todos cargados de armas.-Adjnnto
incluyo á V. S. cuatro granaderos, que
van en piernas porque tienen el calzado
roto.

***
TRES SUSPIROS.

Doña Restituta leyendo:

"Se scesita una señora viuda, para cuidar de
una pequeña familia."
-Voy corriendo eso me conviene.

''Soy suspiro que errante
''la Fe me guía,
''ella alumbra constante
''la senda mía.
"¡No me abandones,
"soy feliz en el cielo
"de tus prisiones!
-''Yo dejaba á la tierra
•'también llorando,
"sumida en triste guerra ......
"¡Ay Patria, cuando
''podré yo verte
"sin que tu suelo cubra
"llanto de muerte!
-"De la familia encierro
"del amor la llama,
"salgo de mi destierro,
"que me reclama
''un sér querido
''que muriendo en la cuna
''lloré perdido.''
l'n eco sobrehumano
se oye que dice:
•·¡ V1 nid, daos la mano,
II

Tr1&gt;R suspiros s11 hallaron

cerca del cielo,
allí ~e interrogaron,
con dulce anhelo
Fe respondían
y los ecos refieren
que así decían:
- '' Del amor á Dios sigo
''sublime huella,
"la Cruz llevo conmigo,
''la sola estr€11a
"que en lontananza
"puede dar á los tristes
"una esperanza.

"Dios os bendice!
"¡Bellos amores,
"el trono de mi gloria
"cubrid de flores!"
............ .. ........ ........ .. .
Los suspiros marcharon.
en raudo vuelo,
pero no se ocultaron.
Ved en el cielo
resplandeciente!!,
tre3 luceros que brillan
rnbre sus frer,te3.

. -Aquí tien~ usted, señora, mis nueve hijos.
-¡Santo Dios! ¿Y esta es la pequeña familia?
-· -¿Cómo no, si todos mis vástagos son peque·
nitos?

.

~

LAS CRIATURAS
deberian esta;· mediauamente gor.
das y criar grasa {J. medida que la
consumen ; pues la grasa es un
combustible y su consumo produce fuerzas. Las criaturas delgadas, aun cuando lleguen á la edad de 18 6 20 aflos, corren peligro de contraer la tísis ú otra enfermedad agotante. Es una cosa.
c3pantosa cuando reflexionamos
cebre el número de criaturas de
ambos s~x?s, q~ienes mueren por
mala as1mllac10n de sus alimentos. El alimento, aunque se tome en abundancia, no los nutre,
no cría grasa ni imp:.trte fuerzas.
Pam evita.i: este mal, para curarlo, para salvar las criatllras que
las madres acarician, y los simpáticos muchachos y muchachas
que principian á mirar al mundo con ojos llenos de esperanzao
• y ambición, debe emplearse la
PREPARACION de WAMPOLE
Su exito, es cosa decidida y resuelta. )files de personas le deben su vida y salud. Es tan sabr:isa como la miel y contiene
t-::dos los principios curatívos
tlcl Aceite de Hígado de Bacalao puro, comhinados con J arabe de Hipofosfitos Compuesto, Extractos de }falta y Cerezo
,',ilvestre. Para la reposición de
r.iiios pálidos, que sufren de Ane~1b, Escrófula, Raquitismo y En
1ermedades de los Huesos y la
G2.ngre, nada hay tan bueno cono nuestra preparación. "El Sr.
Dn. M. Sánchez Rodríguez, Dif:)ctor de la Casa Amiga de la
Obrera do 1Iéxico, dice: La Preparacíon de Wampole me ha dad? los mejores resultados en los
míios {t quienes la apliqué, á
pernr de lo arnnzado de su enfermedad estún ya perfectamente
curados, habiendo desaparecido
la~ escrófulas que la terrible anemia les produjera y su estado general es de lo más satisfactorio."
~ficaz desde la primera dósis.
Nadie sufre un desengafio con
esta. De venta en las Boticas.

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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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