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                  <text>A~o XI.

MÉXICO, DoMINllO

=======================aa==a:===a;=;:

23

-·
DE JULIO DE

1911.

El señor Presidente de la República y los miembros de la junta francesa del 14 de julio,
en el Tívoli del Eliseo.

NuM. 30.

�ACTUAllIOAOES

EL CENTRO ANTI-REELECCIONISTA.-LABOR ANTI-PATRIOTICA DE LA PRENSA
Los señores que componen el c&lt;Centro Anti-releccionsta» no
han entendido ó no quieren entender el papel que han desempeñado en los últimos meses. Estos Reñores han creído que componen un partido político nacional de una organización perfecta y,
tal motivo, acman con notoria injusticia al señor Madero de
inconsecuencia.
Voy á suponer que los antiguos antireeleccionistas de la Re·
pública se ha~lan todos estrechamente unidos; que los clubes fo.
ráneos son muy numerosos y disciplinados y que obran enteramente de acuerdo con la junta central; en suma, que constituyen un particlo político importante por su organización. Pero la
labor de@arrollada por este partido en la época de su fundación,
fructífera y patriótica no sigue teniendo la misma eficacia y oportunidad. Los partidos políticos no son eternos y Fon esencialmente mudables, supuesto que su creación obedece á satiFfacer
las necesidade!! actuales de un pueblo, influyendo en los gobiernos. Siempre existen causas de variación, su naturaleza cambia
profundamente en un momento dado y su poder y las ideas que
lo hicieron germinar les imprimen á cada instante nuevas orientaciones. Pocos casos ofrece la historia de un rambio fa.n rápi&lt;lo
de gobierno, de ideas, de aspiraciones, como el que ofrece México actualmente y si el partido antireeleccionista naci6 en una
época distinta á la actual ¿qué tiene de extraño que su jefe por
derecho, D. Francisco I. Madero, quiera reorganizarlo, disciplinándolo y abriéndole horizontes más vai!tos? En todas partes se
ven casos de esta naturaleza, porque son lógicos y Jí&gt;erfectamen·
te naturales. Esta reorganización del partido se impone, porque
los partidos políticos se crean para satisfacer las necesidades de
gobierno en un período histórico breve y si el partido futuro se
guiara por el credo un tanto rígido y estrecho del antiguo antireeleccionista, tendría que ser un partido pequeño, condenado á
la impotencia y á ejercer ufi influjo muy secund11rio. Por lo
tanto, si los antireeleccioniistas quieren seguir siendo útiles á rn
causa, dehen evolucionar ó de lo contrario tendrán que !)Hecer.
El credo de un partido es una fórmula histórica: la convicción
de que el estado social de un país requiere determinada política
en un momento determinado.
La idea Je! Peñor Madero no puede ser mejor: la creación de
un comité ( que lástima es que sea tan numeroso y no suficientemente seleccionado) director del partido y en el que ha hecho
figurará los presidentes de los clubes antireeleccionistas. La introducción de estos últimcs elementos es verdaderamente feliz,
porque entre ellos habrá algunos discrepantes que E:e aparten de
la orientación general del partido, en un sentido evolutivo, manteniendo una nota progresiva, un elemento de variación, constituyendo las avanzadas hacia lo porvenir.
Pero esto no lo han comprendido los miembros del comité directivo del Centro Antireeleccionista y se han lanzado francamente al terreno de las protestas, de las cartas abiertas, sin comprender, no solamente que no les aeiste la razón, sino que su
conducta es altamente perjudicial para la causa común por lo
disolvente y desmoralizadora. Déjense de obrar impulsados
por un despecho injustificado y por bajas pasiones y vean que
en estos momentos deberi estar estrechamente unidos, en estas
críticas circunstancias en que la única inspiración debe BP.r un
patriotismo bien entendido, para alcanzar el logro definitivo de
sus ideales.

estado envenenada por
bajas pasiones. Privarlos como estaban de
toda clas6 de libertades, les estaba vedado por la más extricta censura,ocuparse de
los problemas políticos
por sencillos que fueran, originando esta ~ituación odios de la prensa pseudo - in de-pendiente hacia la vrn·
dida y oficiosa.
Ahora las circun~tancias han variado y los procedimientos de
los periódicos también. Los que antiguamente eran afectos á la
administración pasada-en este caso y en ios demás, no es ne,
cesario citar nombres-se visten ahora de una túnica de pureza
y alardean de una independencia absoluta; los otros, los que sufrieron persecuciones, los oprimidos, proclaman ser los defensores de los intereses del pueblo, los insospechables, los puros.
No hay que dudar un momento del inmenso poder que tiene la
letra impresa. La mayoria, la masa del pueblo, se deslumbra con
una frase más ó menos brillante y sus afectos íntimos se desmoronan poco á poco al choque del sarcasmo, del dicterio disfrazado. Y
la gente que casi es semiata y consciente y que constituye lo que se
ha dado en llamar la opinión pública, también se ve arrastrada por
las opiniones de las bojas impresas, que contrariamente á lo que
fuera de desear, no son el portavoz de la pública opinión, sino los
que la crean,siguiendo sus propios impulsos é intereses.Los perió·
dicos Jo saben; al dedillo conocen cómo, aparentando un aire de
inocencia y honradez,se tuercen las convicciones,se minan los pe·
de,taleR, se apagan los entusiasmos del público. ¿Para qué citar
casos? Todos los periódicos. con algunas excepciones, repito, se
hallan ahora unidos estrechamente por un mismo interés; todos1
franca ó embozadamente, tratan de desprestigiar la revolución,
la. obra toda de Madero-y no digo de la opinión pública, por·
que los periódicos no tienen el valor de atacarla directamente,
sino á su repreEentante- publicando artículos, editoriales y caricaturas, que toda persona sensata rechaza por lo injustoe, lo
inconsistentes y anti-patrióticos.
De~graciadamente no todos juzgan con la suficiente serenidad
y sólo una pequeña parte es la que se detiene á analizar. El pue·
blo, de suyo voluble ¿ inconstante, se deja engañar inocente·
mente, sin que por asomo se le ocurra examinar la perfidia de
toda esa gente de pluma. Por eso es antipatriótica la. labor ac·
tual de la prensa, que lejos de resolver un problema. práctico de
patriotismo-á lo que e~tá obligada- no se cansa de sembrar la
desconfianza, el desorden, la alarma, para satisfacer sus sentimientos personales, sus intereses particulares, de clase ó loca·
lidad , tomando la. cómoda advocación del patriotismo.
Todos los pueblo~ que presumen de civilizados adoptan en
sus constituciones el derecho de la libre emieión del pensamiento, pero no todos tienen igual capacidad para el libre ejercicio
de ese derecho. Se necesita de un largo aprendizaje para dominar los impulsos primitivos y las bajas pasiones. El lenguaje de
los periódicos respira violencia unas veces, otras perfidia. Todos
ellos desconfían de la eficacia de la razón -y ese es el caso más
favorable-si no va acompañada del sarcasmo y la injuria, más
ó menos encubinta.
Un poco de buena fe: señores periodistae, no fingida y apa·
Los periódicos nacionales y muy particularmante los de la rente, sino real y po&amp;itiva; un poco de serenidad en vuestros juicapital, nunca 'le han caracterizado por lo desapasionados y, cios; un poco de honradez 01). vuestros procedimientos.
sa.lvo algunas excepciones muy contadas, su labor siempre ha
LUIS ZAMORA PLOWES.

***

Señor Ingeniero Leopoldo Palacios, designado por
el Gotierno para resolver el problema
de la irrigación.

A

Señor General don Rodrigo Valdés, nuevo
Inspector general de Policía.

NINON

Si el amor que arde en las entrañas mías
dijérate afrontando tus enojos,
¿quién ~abe lo que tú respo~derías,
gentil morana de cerúleos OJos?
Comprendes que el amor es un tormento,
deploras sus quimeras;.
.
mas ¡ay,! al conocer m1 pe~samiento
enojada quizás me rep!end1.eras.
Si te dijera que en silencio mudo
el torcedor agudo
.
sufro ha dos meses, de inquietud impía,
tú, q~e quizá.a dis?reta,
adivinaste mi ansiedad secreta,
puede que contestases: «Lo sabía.»
Si te dijera que locura grata
tras de tí me arrebata
y encadena á tus pasos mi deseo,
tú sabes-¡inocente coqueteo!- .
que una sombra de duda y de tristeza
realza tu belleza,
y quizás replicases: &lt;'.¡No lo creo!»
Si te dije yo que bien guardada
llevo en el alma mía cada noche
tu plática feliz de la velada,
.
tú sabes que en relámpagos convierte
tus ojos el reproche,
v airada acaso me vedaras verte.
· Si te dijeese que en fatal desvelo
paso las noches con ansioso anhelo
y llorando todos los días,
tú sabes que, al reir, l~ mariposa
toma tus labios por abierta rosa,
y acaso reitías.
Mas no te lo diré. Vendré constante,
me sentaré á tu hogar, oiré tu acento,
contemplaré dichoso tu semblante,
re3piraré tu aliento:
.
.
Adivinar podrás m1 pensamiento,
pero razón de agravios
.
no les daré á tus ajos ni á tus labios.
En jardín de fa_más~icos amore~
cojo en secreto mistenosas flores,
oigo á tu lado el armonioso ~Ja~e
cuando despierta su sonoro timbre
tu mano blanca -y su&amp;.ve;
.
y cuando el raudo vals se arremolm~, b
se cimbrea en mis brazos, cual un m1m re,
tu cintura divina.

Señor doctor don Genaro Alcorta, muerto
la semana pasada.

Luego de ti sin murmúrar me aparto;
enciérrome en mi cuarto
con mil recuerdos en la mente inquieta;
y por gozar mi gloria,
abro, como el avaro su gabeta, .
!Ili corazón que llena tu memoria.
Amo y ~e contestarte indiferente;
,
amo, y' HÓlo lo sabe el alma mrn;
mi secreto me halaga dulcemente,
y su penar mi coraz6n ansía.
He jurado y cien veces juraría,
amar sin esperanza á mi deseo;
pero no sin ventura, pues le veo.
No nací, no, para el celeste goce
de vivir á tu lado
y morir á tus pies enamorado.
En mi mismo tormento se conoce.
Ma~, si las ansias mías
dijérate, afrontando tus enojos,
¿quién sabe lo que t~ respo?derfas,
gentil morena de ceruleos OJOS?
ALFREDO DE MUSSET.

wwwwwwwwwwww

EL BU CARO ROTO
El búcaro en que muere esa flor pura,
un golpe de abanico lo quebró;
y tan ligera fué la ro~adura, . . ,
que ni el más leve ruido se advirtio.
Pero la breve, inperceptible grieta,
con marcha lenta y preci8i6n. fatal,
prosiguiendo tena~ su obra. secreta
rodó todo el circmto del cristal.
El agua fué cayendo g0~ á go~a,
y la espléndida flor ma~cb1ta veis;
aunque nadie lo sabe m lo nota,
roto el búcaro está: ¡no lo toquéis!
Así á vecee la mano más querida
' sutilmente
'
,
nos roza
el corazon,
y lenta se abre su secreta. be~~da,
y se mustia la flor de su ilusion.
Todos lo juzgamos sano, entero, fuerte;
más la oculta leü6n creciendo va.
Nadie su mal deeconocido adviute;
pero no lo toquéis: ¡roto está ya!
SULLY

PRUDHOMME.

�508

AC TU A llI DAD E S

A CTU A ll IDA DES

-- -¡Y bien grande! cor;no que no sabe dónde
ha echado el m€dio duro que le diste esta ma·
ñana para que se comprase el laz'.&gt; de rnda que
tanto te gusta.
-Vaya si lo Eé; á tí no te lo quiero decir
porque me reñirías, á papá se lo contaré y verá~
como no se incomoda.
-Ven, María, siéntate á mi lado y cuéntamelo todo.
Pues verás. Tú sabes perfectamente que en
el escaparate de la tienda de modas de la eequina hay un lazo de seda que me g11sta mu0ho· tú
ine diste ePla mllñana medio duro para qu~ Jo
c 1mprase. Yo loca de contento, salí á la calle pa·

ra ir á la tienda; pero al llegar al almacén de juguetes, vi á un pobre nHio, que
parado delante de un caballo de cartón
que babia en un escaparate lloraba para
que su madre se lo comprase. La pobre
mujer que llevaba otro niño en brazoe,
tiraba lle él con dulzura y le decía:
-Vamos, hijo.
Pero ¡cal ni Jesús pasó de la cru z ni
11quel diablillo pasaba del caballo y llorando como un desesperado decía:
•
-Caba ...... llo, caba .... .. llo yo quiero
caha ...... llo!
La infeliz madre trataba de convencer·
le reflejándose en rn cara una horrible
pena.
-¡Hijo mío, esos juguetes no rn han
hecho para los pobres; no los tendrás
nunca!
¿Cómo nunca?-dije yo para mí-y ...
de un brinco entré en el almacén.
-¿Cuánto vale ese caballo?
-U na peseta.
--Tome, venga; se lo dí al chiquillo,
que abrió unos ojazos . . .... La madre al
darse cuenta de lo que pasaba, me cogió
de la mano, y aprentándomela con fuerza me dijo:
- - Hija mía, Dios te pague la caridad
que acabas de hacer. Gracias á tí, hoy,

Banquete ofrecido por el Club "Ejército Libertador" á los señores Madero y Vázquez Gómez,
que estuvieron representados por los señores Sánchez Azcona
y López Portillo y Rojas, respectivamente .

quillo me cogió de la mano y apretándomela
con fuerza me dijo:
- Chacha, ¿me das un beso?
Y se lo dí, por sefias que me ensució la cara.
Al cabo me fui, pero al volver la cara vi que
el pequeñuelo me estaba tirando besos, diciéndome:
-Chacha, Chacha!
Vamos que me oprimió el coraz6n I
-Bien, dijo el padre de María-muy bien
hecho; por esa acción te voy á dar cinco duros
¡·ara que te compres diez lazos.
-¡Cinco duros!- repuso ~faría-con cinco
duros se pueden comprar diez cabat:os para
otras tirntas familias ..... Vengan.
- ¿Y para tí, hija mía?
-Para mí, para mí, el placer de la caridad
y de que me 1lamen «Ch&amp;cha» los chiquitines.
EMILIO MARIO (hijo)

. Kermesse popular de obreros en Tacubaya.Una batalla de confetti.-Uno de los puestos
mejor adornados.

CU ENTO CORTO
-Ven, pícara, ven á con tar á tu padre
ya q ue á mí no quieres, lo q ue has hecho'
con -~l medio du ro que te di6 esta mañan~
-dlJO doña Robustiana trayendo de la
oreja á su nietecita Maria.
-¡Que me lastimas, abuelita!
- Vamos, ¿qué ocurrt?-dijo el padrr
-h:ls hecho alguna diablura?
'

Un aspecto del tivoli del Eliseo durante la Kermesse dd 14 de julio.
no habrá pan en
mi casa; pero en
c11mbio habrá ale·
gria.
Yo sentí dos gotas de fuego que
cayeron sobre mis
mejillas. Er.an dos
lágrimas despren·
didas de los ojos
de aquella madre;
á su contacto abrí
mi mano, y depositando en la suya
el resto del medio
duro le dije:
-Tome usted
para que el día sea
J
completo.
'--- -- - ...::i
Después de esto
eché á andar, pero
Heridos de Puebla, trasladados á México, y que ei;tán siendo atendidos
el pícaro del chipor 13 "Cruz Roja Mexicana."
Mesa directiva del club ''Ejército Libertador," que ofreció el banquete ' ¡0 ~~ sen- ores Madero Y Vazquez
,
,
Gomez,
en el local de la Lonja Mercantil.

.

ª

Extranjeros heridos de la fábrica "Covadonga,''
durante los sangrientos sucesos de Puebla.

�1..1 os

FRANCISCO l. MADERO
Estudio psicológico por José Vasconcelos
E~ muy aventurado adelantar juicios sobre la conducta de un hombre vivo,
no t:tn solo por el peligro de incurrir en
parcialidades ni porque no tengan los
que son contemporáneos visión clara de
su mútua conducta en el medio, sino
principalmente porque la vida de cada
hombre siempre puede reservar sorpresas hasta el instante de su muerte.
Por eso el observador prudente debiera limitarse á contemplar y nunca fallar en los asuntos de los vivos. Esta sería. la
manera de proceder rigurosamente acertada, mas como no solamente buscamos en la vida el acierto, sino principalmente,
el ejercbio del poder que la constituye, es preciso que sin temor
á las rectificaciones del tiempo, afirmemos de buena fé lo que
de las acciones de los hombres nos parezca laudable. Ya se
comprende que cuanto decimos y pensamos, es á manera de
hipótesis provisional sujeta á corrección, como es también ensayo nuestra vida personal y como es todo en el universo, incompieto. Mas la función de la vida es precisamente tender hacia
un fin y nunca alcanzarlo. De manera que legítimamente nos
debemos ocupar de las cosas y de los hombres aun antes de que
terminen su desenvolvimiento con tal de que nos guie en nuestras suposiciones una prudente desconfianza.
Es un misterio, cómo los hombres llegan á encontrar la
orientación que hace de sus destinos un alto valor, y es un hecho singular, muy explotado por todos los biógrafos, que quienes alcanzan una significación importante, muestran desde el
principio de su vida rasgos de predestinación que no siempre
anticipan la obra futura ...... pero que si anuncian un brillo, un
poder nuevo que viene á realizar una entidad, un valor, un
ejemplo ó una representación.
Es propio del temperamento apostólico dedicar la juventud
al e,üudio y la meditación, con tanto empefio y alejamiento de
las distracciones ordinarias, que después, cuando llega el período de la virilidad y las energías acumuladas, se dirigen á la
acción, las gentes se sorprenden y consideran que se ha verificado una transformación inexplicable en esos espíritus.
Don Francisco I. Madero, comenzó á vivir como un contemplativo, desde muy joven, desatendió los goces de la riqueza,
para entregarse al estudio de las teorías filosóficas, no de las
graves y preci1&lt;as cuestiones de lógica ó de método, sino de las
más interes11.ntes, que constituyen la obsesión de los espíritus
escogidos, de las que se refieren al destino de la vida humana y
su relación con todo aquello cuya superioridad el alma siente
como presencia real. Junto con tantas almas frívolas, vienen á
la vida en menor número, espíritus serios para quienes las cosB s
externas son ilusión y sueño, y solo encuentra realidad en una
impresión como de fuerza, como de pensamiento, que no solo es
interno, sino también universal y dominante de todo.
Entre los muchos buenos hailazgos del psic6logo William
James, recuerdo á este próposito, que escribiendo sobre las emociones religiosaf.l, declara que la mayor parte de los místicos experi:nentan en ocasiones lo que llama ((sensación de presencia,»
es decir que aunque nada vea, ni nada palpe, en un momento
dado sienten, que enfrente de ellos cerca del espacio que ocupan, está presente un ser desconocido y misterioso, cuya realidad les es evidente.
Pues bien, esta especial sensibilidad que James define en términos tan precisos, es, únicamente, una de las manifestaciones

de la conciencia espiritual, clistinta de la raciocinante, que dirije
á lo~ hombrt's en todal:! bus deci sioneF, y en el camino que cada
uno persigue. Otros experimentan que una fuerza invencible los
impulsa en una obrJ. y caminan confiados, y no imp0rta que esta sensación &lt;le poder psíquico se aplique en una ú otra direc·
ción, lo interesante es conservar ese poder y ejercitarlo, porque
si esto hacemos, aunque muchas veces vayamos errados, los
acontecimientos en cierta manera dependen de nosotros y pode·
mos constantemente reformarnos.
Alma que guarda este vital poder de marchar por su propia
ruta, es la de Madero, y así lo mostró desde la juventud, educandose en la meditación y en el conocimier:.to y disgusto de los
placeres, hasta alcanzar un refinamiento por medio del que se
llega al amor de la vida sobria. Sano y fortificante vivir de donde
ha brotado la fuerza de los héroes, al mi~mo tiempo que aparta
al cuerpo de la molicie y el goce, dá á los musculos dureza y á
los nervio~ la firme cualidad de ser trasmisores fieles de todas
las emociones y de todos los propósitos.
Naturalmente un organismo de·esta suerte preparado, es la
mejor base del equilibrio mental. Pero para lograr la mayor suma de éxito no basta el equilibrio sino que es necei:ario también
la capacidad para abarcar los grandes propósitos y en Madero,
en lo que escribe y en lo que hace, se observa la facultad de
abrazar rápidamente y de una ojeada. los lineamientos generales
y lo que es esencial en las cuestiones. Esta facultad de entender
rápidamente que es tan peculiar de la raza mestiza mexicana,
esta acompañada en Madero de la facultad correspondiente de
resolver con presteza. Esto explica su infatigable capacidad de
trabajo puesta á prueba en los días agitados del ataque y toma
de J uárez durante los cuales, á la vez que disentía y resolvía
los más dificiles asuntos, daba entrevistas y despachaba con una
actividad que bastaba para fatigará taquígrafos y secretarios.
Cuando se estudia el temperamento de un hombre que dirije al
pueblo, lo más interesante que puede observarse es el funcionamiento de su voluntad. Los hombres de decisiones tardías 6 vacilantes, jamás alcanzan éxito en la política ó los negocios de estado, mucho menos en los períodos críticos en que los pueblos
se transforman aceleradamente. En estos casos triunfa el hombre que procede por intuiciones más bien que por raciocinioe
y que sabe de antemano á donde va y no se deja arrastrar por
los acontecimit:ntos. Porque su voluntad funciona realizando
un plan determinado, Madero ha logrado hasta ahora servirse de
las circunstancias para sus propósitos y aunque es un idealista
de intencion es puras, sabe aprovechar la realidad para sus fines
y convertir el obstáculo en arma de victoria.
Un hombre que ha revelado estos dotes necesariamente inspira confianza y se atrae la adhesión de todos los que juzgan su
obra sin pasiones.
El que está preparado para obrar, el que anda entre iropiezos,
e3 el director de los pueblos, lo mismo en épocas de guerra que
en épocas de paz. El que se preocupa demasiado por los detalles
y vacila en sus determinaciones aun cuando esta vacilación
obedezca al deseo de tomar acuerdos razonados, s1:rá pensador
sutil, ó sabio prudente, pero las necesidades de la acción en ge·
neral y muy especialmente las necesidades políticas, compelen
en muchos casos á obrar prontawente, por eso el gobernante ne·
cesita esa audacia que solo pueden practicar los caracteres unificados y resueltos, que para lograr un sano propósito sacrifican
las consideraciones menores y afrontan las censuras con una se·
guridad que sólo dá el saber hacía dofide se camina.
En México predomina aun, el concepto absurdo de que el go-

hombtres de 1&amp; ~evolueión

bernante apto debe ser ufia especie de fiera sanguinaria que oprime sin compasión y mata sin piedad; pero en los países civilizados la única recomendación que puede hacerse de los hombres
que pretenden gobernar es la de que son fuertes con generosidad y la mejor defefisa que un célebre Ministro francés de estos
últi~os añ.os, hizo ante sus
enemigos que lo acusaban
de tirano, fué levantar las
manos y decir: vedlas, están limpias, no las mancha
ninguna gota de sangre. ¡Con
que orgu1lo podem~s los ~e·
xicanos de hoy demr lo m1sm o de nuestro caudillo y
cuantos afios hacia que no
mirábamos al frente de nuestros destinos un hombre puro, un hombre sin la sombra de Caín en e 1 semblante!
Yo creo sinceramente que
hemos encontrado en Madero
al hombre fuerte que ha de
encauzar nuestras heterogéneas manifestaciones de vida
social, no con la fuerza falsa
de los crueles y los malvados,
sino con esa fuerza que organiza y construye, que vivifica y estimula el progreso
de los pueblos, no la que
los degrada y;contiene en sus
anhel-Os, si no la fuerza serena del justo, que si es freno,
es tambien impulso.
Casi todos los hombres tenemos más 6 menos vaga la
visión de cuál ha de ser nuestro papel en la vida y cómo
hemos de?ir ordenando nuestras acciones según cierto prop6sito fundamental; pero son
rnlamente unos cuantos los
que logran adivinar cual debe ser la conducta de los acontecimientos sociales y cual es
la. aspiración de la gran masa
de los habitantes de un pueblo. El hombre que contra
todas las apariencias y desatendiendo todos los pronósticos, congrega al pueblo y no
solo le marca la ruta sino que
se adelanta con él en la pe·
nosa marcha y lo lleva al
triunfo, es capaz también de dirigir. á un p~ebl~ en las cuestiones de menor importancia del gobierno ordmano.
En estos tiempos que, principalmente en nuestro país, pueden
justamente calificarse de vulgares y timoratoe, es muy común
desconfiar de los hombres que han sido capaces de a~ciones extraordinarias. Cree la burguesía ignorante que sl!s rntereses y
egoísmos solo los garantiza el gobernante med10cre, esclavo
de las cGnvenciones y los prejuicio~ .g~nerales, pero e.s ~aso
común en la historia que los grandes m1ciadores de mov1m1en-

51

tos sociales, son así mismo grandes organizadores y prácticos
administradores.
Esta dualidad del sofiador y del hombre práctico es mucho
más frecuente de lo que se cree, pese á los que solo gozan con
censurar los actos de los demás y casi puede decirse que
no hay idealista verdaderamente grande, que haya carecido de las dotes necesarias
para poner en obra sus ideales hasta donde éllo es po·
sible.
La mediocridad está siempre ansiosa de reservarse algo
para sí y por eso niega á los
hombres que se distinguen en
cierto genero de acciones la
capacidad indispensable para
ejecutar otras que se pretende
son di versas, pero los acontecimientos se encargan siempre de desmentir estas apreciaciones falsas. Sepan estos
teóricos de mala fé que el
idealista se convierte en hom·
breprácticodesde el momento
en que se pone á eecribir, ó
á predicar, desde el momento
en que comunica sus ideales
á los demás y desde q1:e empieza á hacer obra, y es preciso juzgar esa obra antes de
decidir de la aptitud práctica
del hombre que se estudia.
En la vida corta pero ya
rica en frutos de Francisco I.
Madero, se nota la aplicación
temprana de la teoría á la
práctica del sueño á la realidad. Solo que hay muchas
maneras de ser práctico, él
pudo haber hecho obra práctica en la agricultura ó la industria, obra que le habría
beneficiado y que habría beneficiado á otros muchos, pero había en su pueblo y en
su estado y en su país otra
obra práctica más importante
que cumplir, la de regenera·
ción política, la de reforma
de la moralidad social. Esto
lo comprendió el estudiante
recién venido de Europa y,
sacrificando las ambiciones
de la riqueza, congregó á sus
amigos y vecinos para discutir la situación política local, que
allí como en todo el rnsto del país era contraria no solamente
á los principios de la justicia y á los ideales de un gobierno mediano, sino á la misma dignidad humana. Pero como pronto
viera que una de las causas principales de la vergonzosa fiituación social era la ignorancia y pobreza de las masas, se dedicó
á fundar escuelae granjas donde los humildes encontraran educación y trabajo.
( Continnará en el próximo número.)

.,

�JUANA DE ARCO.
-~~-

sus

ADMIRADORES Y

Hay fil la h:storia evangélica una palabra misteriosa cuya
ipli&lt;-aci611 á la vida de J nana de Arco es singularmente gráfica.
Díjose de J esós: «Hé ahí este pequeñuelo es puesto para caí« da y levantamiento de muchos ...... y para señal á la que será
ce contradicho.,, (Luc. II. 34. )
Bastante cor.ocida e:1 en el mundo la historia de Juana de
Arco para que nos abstengamos de demostrar detalladamente
su perfecta concordancia con la citada profecía de Sime6n. En vicia y después de muerta, la «Bnena Hija de Lorena» provoc6
lamentabies caídas y suscit6 maravillosos resurgimientos. Hoy
mism(), cuando ya muy cerca de quinientos años nos separan
del año 1431 en que muri6 en la hoguera de Rouen, Juana es
siempre en Francia y fuera de ella ccuna señal á que es contradicho."
Sabemos, por los cablegramas y diario:c1, la agitación provocada en París por las lecciones de un
profesor de la Sorbona en quien los
estudiante:1 cat6licos de la gran Universidad francesa persiguen al insultador de Juana de Arco. Vemos, por
otra parte, que la beatificaci6n de la
martir de Rouen, á la vez que exalta
103 sentimiento¡¡ de los cat6licos fornceses, exaspera la incredulidad de t ()dos aquellos que quieren ver en ella
una víctima del fanati smo religioso de
la e lad medio-eval.
Es á la vez delicado y difícil terciar
en un debate como este en que los :1d versarios carecen igualmente de sangre fría y justicia, sobre todo si se ad vierte que tanto los amigos como lo ,
adversarios de Juana obedecen á odio~
políticos y religiosos. Aunque el p11pel de tercero en discordia sea peligro·
so é ingrato, es preciso que alguien Fe
atreva á asumirlo. Si, para desempeñar!o con éxito, bastare igual amor á
la heroína francesa y á la verdad, po·
driamos, sino asumirlo, al menos esbozar aquí los resultados prácticos á
que aparentemente habría de llegar un
árbitro de buena fe.
Protestan hoy en día los cat6licos
contra la calumnia de que, según t-ltos,
1:e hacen reos los anti-católicos al eni:eñar en colegios y universidades, que
J uana de Arco cayó víctima del fan atisrM religioso y que quien puso fuego á la hoguera de Rouen foé la iglesia cat6lica.-Si hemos de atenernos á la regla prescrita por
Le6n XIII, en memorable encíclica, segú n la cuaf «la primna
lq &lt;le la historia es no osar mentir; la segunda, no temer deci r
verdad y la tercera, no dejarse sospechar fundadamente ni de
liRonja ni de animosidad, &gt;, la verdad , es que la iglesia del siglo
XV no ee inocente de la sangre de nuestra Santa.
RPconocida esta lamentable verdad preciso es, empero, agre·
gn.r, en homenaje á la exa ctitud hist6rica, que la iglesia univer~al, y en particular su jefe de entonces, no pudo ser respomable de un crimen cuya preparaci6n y ejecución, ignoradas de él,
se debieron exclusivamente á las iglesias francesa é inglesa to·
mada~. no en su totalidad, sino en algunos de sus jefes.
En realidad, Ei fu ese lícito distinguir dos lados cuando Rouen
e-taba sujeta á la dominaci6n del rey de Inglaterra, ¡,odríamos
dici r que los únicos culpables fueron, del lado inglés, el cardenal de Winchester, y del lado francés, el Vicario de la Inqusici6n, el arzobispo de Reíros y el famoso é innoble obispo de
Beau vais, Pedro Cauchón. Estos cuatro hombres asumieron rn·
bre sí una respon5abilidad que bien puede ser inglesa y frances L. pero que nunca será «católica" en el sentido propio de la palabra.
Basta, por otril. parte, recordar, una vez debidamente inform uia, la StJde Apostólica mand6 hacer una revisi6n dél proceso
de Rouen y que, en la conciencia de los católico3 .Juana de Arco, aunque declarada oficialmente «hereje, relapsa, apóstota,
id6latra)) y como tal, «relajada al brazo seglar,&gt; por la inquisici6n, dejó el recuerdo de una Santa y de una martir. En suma

·---- - --

------

SUS

ADVERSARIOS

la hoguera de Rouen, con sus resplandores siciestro3, ha sido el
primer acto de la «apoteosis» gloriosa que terminaría en la beatificación de 1909.
La iglesia de Francia puede á la vez reprochar á los adversarios de Juana un encono superior, si cabe al odio, de Cauchón.
Justo es, en efecto, tener en cuenta la época en que Juaua vivió y muri6, época de ignorancia crasa en que la luz intelectual
de la Edad Media iba cada día vacilando más para apagarse
pronto, época de pasiones y odios fomenlado3 por rivalidades y
guerras. Difícil era que obispos ineEcru pulosos y vendidos al inglés no se cegaran con las teorías entonces corrientes en los
ce Man ua I es del Inquisidor."
Pero hoy en día ¿á qué obedecen las dudas propaladas por
cierta prensa sobre la virtud ele la Doncella-mártir, cuando su
pureza fu é admitida por sus mismos verdngos9 ¿Por qué se pro·
longa en Francia, país libPrtado y col. mado de gloria~ por Juan a, esa tradición de burla pornográfica inaugurada por Voltaire en su infame y , en verdad, estúpida «Pucelle. ?,&gt; Es curio~o
adverLir que el odio á la Doncella de
Domremy. recrudece á medida que
cunden en Francia las teorías antipatri6ticas. Hecho muy lógico es este,
sise considera que quien inicióenFrancia la empre¡:a de deshonrar á la virgen lorenense fu é Voltaire, el mas antipatriota de todos los franceses, el
único á quien pudo venirle en mien·
tes felicitar á Federico II, rey de Pru·
i,;ia, por «la fam eui; e rossée de Rosbach · .. .. .. ,&gt; en que Francia lo perdi6
todo, hasta la honra.
Entiéndern fácilm ente que 6emejantes hombres no puedan creer ni en la
virtt~d de una doncella ni en la inter·
venci6n de Dios en los negocios hu·
manoti. No puede parecerles verosímil
que en el plano providencial, Francia
hubiese de desempeñar cierto papel
especial en el mundo y que Juana,
campesina humilde, haya podido ser
ini,trumento divino en la preparación
hist6rica de la Francia moderna.
Todo se reduce, en efecto, bh n lo
queramos f&gt; no, á un problema filos6·
tico religiorn.
La vida y la actuación de Juana rnn
más que maravillosas: luego todo lo
q U':l á ella se refiere es, á priori, legen·
dario, falso, inadmisible. He aquí el compendio de toda la di~·
cusión y el resorte fundamental á que obedece la lu cha. Por.no
admitir la posibilidad de un milagro, aun para la conservac16n
de la independencia de una nación como es Francia. prefiérese
negar 6 falsear los hechos más evidentes de la historia.
Puede ser que tal 6 cual particularidad de la vida de Juana
carezca del sello sobrenatural que le atribuyeron los viejos ero·
nicone3 ó que reivindican lo~ apologistas de hoy día. Empero,
el conjunto de esa vida, su resultado inmenso puesto en par11ngón con la humildad de sus principios y la escaséz de sus me
dios, es por sí solo un milagro.
.
Para negarlo se necesita no creer en Dios pertlonal y prescin·
dir de las reglas, hoy universalmente admitidas, del método
hist6rico.
En un admirable artículo editorial, el diario inglé:1 c,T~e
Times,, decía últimamente, aludiendo á Anatole France y demas
historiadores adverso¡¡ al carácter sobrenatural de Juana de Arco:
((Sólo por ser maravillosa, esa historia despierta en esos historiadores una prevenci6n muy ajena á la ciencia. Creen que ~ l
prevención es científica porque está, según ellos, en cooform1·
dad con su propia teoría de la vida. Mas esa teoría es á su v, z
ajena á la cienci porque está en contradicci6n con toda expe·
riencia. La teoría de esos hii;toriadores consiste en sostener que
ñunca suceden cosa¡; maravillosS1s. Todos, empero, sabem?s que
tales cosas suceden : que nacen en el~mundo gentes marav1llotillS
cuyos poderes y facultades parecen diferenciarse no solo en gra.·
do sino en naturaleza específica de los poderes y facultades de la

Juana de

Atreo

gran masa de los hombres, y que e3os seres excepcionales produ. igualmente importantes parecen desprenderse, siendo la primera
ceo re:!Ultados iguales á sus poderes. ~s indudable que Juana de que la buena fe hiot6rica es aún hoy (y quizá hoy más que nunArco fué mira.da por una multitud de testigos visuales como uno ca) , un mito, cuando median cuestiones religiosas; y la segunda,
de ews seres maravillosos; y e3 así mismo inadmisible que, por que l0s grandes crímenes históricos tardan siglos en hallar la
el solo hecho de no penetrar la naturaleza. d~ los medios que le debida reparaci6n ...... cuando la hallan.
.
sirvieron para obrar eficazmente sobre los hombres, tengan los
En todo caso, si hemos de ser francos, encontramos part1cu ·
historiadores científicos raz6n alguna para negar, en obedeci- larrnente noble la conducta actual de la iglesia. Mientras la Sor

Juana de Arco ante el tribunal de la Inquisisión. Cuadro de J. P. Laurens.

miento á sus prevenciones, la comproba?a acción de Juana sobre
sus contemporáneos. El genio, con sus rncalcu_labl~s resultados,
es un .hecho sólidamente fundado en la exper1enc1a humana Y
el argumento de Hume contra los milagros no puede aplicársele
sino por una pura perversidad.,,
( The T'!}mes, Mondo y, december 28).
En rernmen de la Historia de Juana ... de·Arco, dos lecciones

'

-

bona del siglo XX permanece fiel á una tradición inaugurada
por la Sor bona «inglesa,, del siglo XV y persigue con sus críticas
á la Santa que su predecesora juzg6 digna de la hoguera, la iglesia de hoy sustituye la ignominia del injusto suplicio de Rouen
por inmerables altares levantados en sus templos y en los corazones de sus hijos.
OMER

EMETH.

"

EL CONGRESO EUCARISTJCO DE MADRID.--El cardenal Aguirre, legado pontificio.--La Procesión de la Eucaristía.

�VIDA .·TEATRAL

T8.AT~OS

.......................... ············
.......::................................···························· ..······«SArrnRE Y ARENA»,

en el Principal.

«FLoRoDORA»

en el Lírico.

ras plastas, sin duda alguna, porque
oyeron hab!ar de la
plasticidad de la
obra; siendo el único que merece mención el señor Seraz·
zi, de voz pasto~a,
caliente, llena, aunque.un poco rígid a
y falta de ductili ·
dad.
CROAC-CROAC.

en su casa y mandó ........ su instrumento.
Gottsc ha 1t, otro
célebre músico, cada vez que recibía
una invitación para
comer preguntaba
Ri había que tocar.
Si le contestaban
que sí, le1,1 ponía en
cuenta 125 francos.
Ha.y quien hace
_............. ~ · - · · · ·······..
un favor y pide en
retor no cien. Esta
¡IMPORTUNOS!
fórmula:
No hagaias á los otros... ..
1= 1CO,
uno igual á ciento,
Chopin fué en
e~ la fórmula del
cierta ocasión hu ésegoísmo.
ped en casa de un
Y no hay que ser
rico zapatero. Conmolestos en demacluído el almuerzo,
sía. El importuno
el rústico anfitrión
es como esas moscas
le pidió se sentase
ávidas é impertial pi ano. Chopin
nentes, tormento
trntó de excusarse,
eterno de las cabediciendo que había
zas calvas .... O coTEATRO LÍRICO.-"Florodora, primer a:to. Dolores, señori t:i Garrido; Mauricio , señor Serazzi
comido muy poco;
y Leandro, señor Arroyo Gil.
mo ese pobre orgasin embargo, semenista á quien tuviejante flechazo, lanzado á boca de jarro, no llegó á herir la piel al- ron que dar una p~seta para que empezara á tocar; pero tuviego ruda al zapatero, que añadió insistiendo: ((,Oh! sentaos, sen- ron que darle cinco para que acabara sus eternas y monótonas
taos y tocad alguna co3ita, para que yo vea cómo se hace.» Cho- melodías.
pin tuvo que acceder.
Recordad esta máxima escrita por el dedo de Dios en los
Unos días después el gran músico invitó á un almuerzo al za- Evangelios: ccNo hagas á otros lo que no quieras que se te baga
patero. En lo mejor de la comida, Cbopin hizo colocar un banco á tí. ))
en medio de la sala, y le rogó le cosiera una suela de un zapato.
Esto aausó grande asombro al rico negociante, pero el célebre
¡HE ENCLAVADO A MI DIO~!
compositor añadió socarronamente: ,,¡Oh! no seáis malo; para
que yo vea cómo se hace. &gt;,
Lloraba amargamente el pobre niño, á los pies de un cruci fijo.
Esteban Forter, célebre flautista, fué un día. invitado por una
- Por qué lloras, niño amado?
t!a suya para que la acompañn.ra á cenar, rogándole ál mismo
- ¡He enclavado en la cruz á mi Dios!
tiempo que llevara su flauta. Forter tragó la píldora, se encerró
¡Cuánto, podríamos decir lo mismo!

TEATRO LIRJCO .-"Fl.:irodora," sext~to del segun1o acto.

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�JUAN DE LA BRETE

MI PARROCO Y MI TIO
-_,.,..,~~-

Novela premiada por la Academia Francesa
Traciucción autorizada, hecha sobre la 1661/, edicion, por Juan Mateo~. Presbitero. Ilustraciones
de K, Vulliemin. Con licencit:2,
(CONCLUYE)

I

.De, egta suerte, no obstan~e la alegría de tener en el Pavo} á
m1 liª' roco, y á pesar de m1 tío y de todos los que me rodeaban
me entristecía sobremanera.
'
Comencé á sentirme inclinada á paFear sola por los rnncleros
del ~osque, y á permanecer largas horas cerca de la cascada,
med1ta11do en los porm~nores de nuestra última entrevista. Allí
me da~a á imaginar l? q~e h~ria, .~i le viera aparecer alegre,
guapeton y c~n _los C-JOS 1lum10ados por aquella expreEiva y
af~ctuosa cord1~hdad que tanto me había agradado en nuestra
primera entrevista y que posteriormente no había vuelto á ver
en Bus pupilas, al menos, cuando me miraban á mí.
Este amor de la soledad se acrecentaba de día en día· y C(·n
él .Y á pniporción del mismo, la tristt-za se fué apodera~do de
n:11 alma. En resolución, perdí mi alegre y expiinsivo humor, y
sL el señor de Pavol no hubiera tomado con fleriedad el asufi10
de mi enamoramiento desde hacía varios mesPs este solo hecho
le hubiera probado las hondas raíces que babí~ echado en mi
corazón.
Así se pasó medio año.
Un día, presisamente el aniveuario de mi llegada al P1:1vol,
me hallaba sentada en el jardín de la casa rectoral. Dos horas
antes, un tempestuoso aguacero había refrescado la atmósfera y
regado las flores del párroco. Mieotra9 él se entretenía en coger
c_arn.~oles, daba yo rienda suelta á pensamientos y esperanzas
li-onJeros, con la cabeza apoyada en el muro inmediato al banr.o clonde estaba sentada. Las gotas de lluvia que con su peso
inclinaba las hojas turbaban, al golpear el suelo de cuando en
cu11.ndo, la tranquila paz de mis rflflexiones, y el olor de tierra
mojada me recordaba las mejorea horas de mi vida.
A veces el párroco exclamal)a, hablando conmigo:
- ¡Qué atrocidad! ¡ Qué plaga de caracoles! ¿Creerá usted,
Reina, que he cogido ya más de quinientos?
Entonces levantaba yo la cabeza con deFgano y sonreía al
buen señor que proseguía asiduamente su tarea. LuPgo me enfra -qué otra vez en mis ensueño¡¡ y al fin me quedé medio dormida.
De aquel sopor vino á sacarme el chirrido de la puerta que
cerraba el seto del jardín y el sonido &lt;le una voz que me hizo
estremecer con grandísimo sobresalto.
-Muy buenos días, señor cura, ¿cómo sigue usted? ¡Cuánto
me 11legro de verle! ¿Y R&lt;Jina? ¿Dónde está?
Reina permanecía inmóvil sin poder articular una palabra.
-¡Ah! ¡Mírela usted!-exclamó Pablo acercándose á grandPs
z:rncad11~.-¡ Primita del alma! ¡qué dicha, santo Dios, 1:ue dicha la de volverla á verá usted!
Después de lo cual, tomó mi mano y la besó.
Con las mayores veras te certifico, lector benévolo y timorato,
que lo que entonces sentí fué independiente de mi voluntad, y
que de consiguiente, no debe dar margen á torcidas interpretac:iones.
Cuando comprendí que el agasajo de mi primo no ern. un acto
de mera cortesía, i;:ino el de~ah')go natural de un sentimiento rnfls
profundo; cuando le ví inclinarse sobre mí y contemplarme cnn
la expre~ión de un acto especial, mil veces r,oás lll'diente que rl
que hasta entonces había yo observado en él, perdí dt'l todo el
dominio de mi misma y rompí á llorar, arrebatada de un SPntirnientn, mtzcla de amor, &lt;le alegría, de vergüenza y &lt;le despe~ho
por no poder reprimir la emoción que me embargaba.
-¡Reina querida! - -murmuró Pablo en v0z baja, -á serme
c mocido su secreto antes de ahora, hubiera regre~ado sin 1.guardll r
un solo instante.
No pude re!lponder porque el llanto me lo impedía.
Tomó por fuerza mi mano y la retuvo en tre las rnya'\ miPn·
trn s acometida yo de una extra fía é irresistible timidez, volví la
ca ueza. á un lado .Y pugné por desasirme.
-Déjeme usted e1:,ta manecita tan preciorn; iihora me perte·
nece. VuélvaFe usted hacia mí, Reina. ¡Necio de mí! ¡Haber
andado tan ciego, que no he visto en mt&lt;i&lt;l mái,i que sus genialidades y travPsura~ de niña! L-i amo á usted, Reina, con todo
mi cot·,1zón, como no he amado nunca hasta ahora.
Contemplé frente á frente aquellos dulces y nobl€s ojos que
me sonreían, y exclamé:

- ·¡Bendito SPa Dios! ¡Qué razón tenía mi tfo, al decir que no
ern usted ningún mirlo blanco!
-¡,Ningún mi:rlo blanco?-preguntó él con extrañeza.
- Sí, mi tfo sostenía ...... pero ¡no importa! Y ¿quién le ha
dicho á ueted lo que ignoraba al partir?

-Mi padre, ~1 rnñor de Pavo! y una infinidad de cosas que
he venido recordando por espacio &lt;le dos mesei;:.
-¿Es verdad , pues, que el amor atrae al amor?
-Ciertísimo, novia idolatrada.
¡Oh, nombre dulcísimo! Sí; éramos novios y rnboreábamos fln
~ilencio esta dicha, mientras el cura lloraba de gozo, y los goI riones chirriaban con estruendosa algarabía en el tejado de la
c:isa rectoral, y los caracoles se escapaban de la prisión en que
t- 1 cura los había metido derramándose pc;ir todas partee.
Sin duda el gorrión no es un ave merecedora de grandes simpatías; su plumaje es ordinariote y feo; RU canto duro y desa·
pacible, y aun hay perl'onas que le acusan de hdrón é inmoral,
á mi juicio sin razón; no Eé tampoco que los caracoles hayan
pasado nunca por animales poético¡,.; con todo eso, es bien cier·
to que desde el instante de que acabo de hablar, adoro á los go·
rriones y á los caracoles.
Yo estaba enajenada de alegría; creí estar rnñando ...... No
dejaba de mirarle, de escuchar BU voz, para mí tan dulcP, y de
Fentir mi mano ei,trechada por las suyas. Sin embargo de eso,
rl recuerdo de la mujer que le había sido tan amada reaparecía
á menudo en mi eEpíritu, sin poder yo evitarlo, y turbaba un
tanto mi contento, pero no tuve ánimo para hablarle de este
asunto.
- -¿Sabe ya mi tío que está usted aquí, Pablo?
.
-Sí, vengo del Pavol y he puesto empeño especial fil venir
solo á verla á mted. ¿No le recuerda á usted nada este jardín
empapado en lluvia, Reina?
No re1::pondí directamente á su pregunta, sino que le dije:
-Pero usted ...... usted conservaba un ingrato recuerdo del
Buissón, ¿no es así?
-¿Yo? ¡Qué disparate! En mi vida be pasado una tarde más
delicioea.

NOV8L!A

-¡Oh!-repuse mirándole con fingido desdén.-¿Y la horrible figura de mi tía?
-No, no tan horrible. Un poco ordinariota quizá, pero e•o
mismo la hacía parecer á usted más fida.
_ y ¡la mesa tan mal presentada! ¡Todo sin orden ni concierto!
-Nunca he comido tan á mi gusto. Aquel desarreglo contribuía á realzar su valor de usted, Reina; al modo que una flor
p8.1ece más linda y delicada, cuando el terreno en que ha crecido es feo é inculto.
-¿Se ha hecho usted poeta en el viaje?-pregunté rnnriendo.
-Nada menos que eso, Reinecita.
En diciendo esto, me tomó del brazo y me llevó aparte.
-Poeta, no ; lo que he hecho es enamorarme de usted, prima.
Oigalo usted bien, querida: la amo con toda mi alma.
Saborée con fruición la dulzura de estas razones y de la mira·
da que las acompañaba, diciéndome entre mí que era una cofa
excelente y deseable como pocas la inconstancia de los hombre11.
Con todo eso, una mudanza tan repentina me parecía inaudita, y no pude menos de murmurar:
-¿Pero verdaderamente no la amaba usted del todo, del todo?
-Permita usted que la pregunte á mi vez-replicó muy serio:-¿concibe usted que la hablara como ahora lo estoy haciendo, si hubiere otra cosa? ¿No tiene usted confianza en mi l&amp;al tad?
-¡Oh! sí -contesté cruzando las manos sobre su brazo en un
impulso de cariño.
Y lo dijo sinceramente, porque, despué: de oír la anterior rPs·
puPsta, no volvió á turbar mi e~píritu la imagen de Blanca. Le
amé sin segunda intención, sin celos ni desconfianzas, y Pablo
dió muestras de merecerlo.
-¡Calla! Aquí tenemos á mi padre y al señor de Pavol.
-Y ahora bien, sobrina, ¿qué le pareceá usted de mi vaticinio?
-¡Qué poco callado es usted, tfo!-dije ruborízándomEl.
-El comandante es quien ha revelado el secreto, Reina; lo
sabía todo hace mucho tiempo.
-¡Oh! no; desde hace ocho meses tan sólo.
-Desde el primer día que la ví á usted, hija
mía.
-¿Es posible?
- Y no hubo necesidad de que Pablo fuera al
paÍA de los esquimales-repuso mi tío riendo.
¡Qué dicha la de vivir entre personas de tan noble!I y honrados sentimientos! Profundamente
gocé de esa felicidad, viendo cuán de corazón par·
ticipaban todos de mi alegría, con qué delicadeza
y cariño bromeaban con motivo del famoso Fecn to que, sin la menor vacilación, había yo lanzado á todos los vientos.
Entonces comenzó la deliciosa época de nms·
tro noviazgo, época exqnisita y sin semejante en·
la vida. Nada es capaz de reemplazar ese período

de amor ingenuo, de amor, de fe, de ilusiones completas, y de
encantadoras puerilidades. ¡Ah! ¡Cuánto compadezco á los que
nunca han amado así! ¡Qué lástima tengo á los infelices arrastrados por una ambición loca lejoP, muy lejos del ambiente en
que se criaron y de rns legítima~ afecciones! Aparte esto, nunca1
aunque me lo prediquen frailes deecalzos, crteré que pueda exis·
tir amor verdadero si no se funda ante todo en la estimación
mutua.
Los días más deliciosos se nos pasaron en la casa rectoral, gozando de la benévola compafiía del párroco. Veíamosle trajinar
en su jardín, apoyar las plantas en rodrigones, arrancar lae malas yerbas y deteneree en su trabajo para echanos una mirada
escudriñadora y severa.
A veces nos mirábamos sonriendo porque conocíamos la terrible y rigurosa condición de nuestro bienaventurado guardián.
Una vez me llegué á su lado para extasiarme en su coUJpañía
contemplando una flor, y le dije:
-Mi querido párroco, ¿se acuerda usted de cuando quería convencerme de que el amor no es lo más delicioso del mundo?
-¡At, hija mía! Ni el mismo Bossuet hubiera podido convencerla á usted.
-Pero vamos á ver: ¿no tehía razón?
-Comienzo á crP.er que sí, respondió con su afable y bondadosa sonrisa.
El día de boda amaneció tan brillante y espléndido, que ni
soñado. Nunca me pareció más grandioso y pura la bóveda celeste. Posteriormente me han aeegurado que ei cielo estaba cubierto, pero no lo puedo creer.
Una mt1chedumbre amistosa y de agradable aspecto llenaba
el templo de hote en bote. A mis oídos llegaban cuchicheos tan
gratos como el siguiente:
-¡Qué guapa es la novia! ¡Y vaya si parece contenta y eosegada ! .
Cierto era, mas ¿por qué había de inquietarme? Veía realizii·
do mi sueño dorado y abrírseme una época de ventura para In
p0rvenir, sin que la más leve nubecilla empañara el cielo de mi
fPlicidad.
Las armonías del órgano resonaban tan dulces
y alegres que al menos por entónces, olvidé un
poco mi aversión á la música. El altar, cuBjado
de flores, brillaba como un aecua de oro, con las
luce3 innumerab]e3 que en él ardían. Mi consorte
me puso el anillo nupcial con mano trémula,
mordiéndose el bigote para disimular el temblor
de sus labios.
EstB.ba más conmovido que yo, y su mirada
me decía, lo que me bab1ía gustado oírle repetir
eternamente.
¿,Y mi párroco? Había que verle; inútilmente
se hubiera bm;cado entonces en la tierra y en todo3los planetas del uoi verso un rostro más radiante de alPgría que el suyo.

FIN

'

�I

LA CORONAClON DE LOS REYES DE INGLATERRA

EL ·ZAPATERO
Había en Ley un zapatero, que cuando se disputaba sobre alguna tesis en Ja universidad, jamás dejaba de asistir al acto.
Cierta persona que lo conocía, le pregunt6 si sabía el latín.
«NO)), contest6, &lt;cni trato tampoco de aprenderlo.&gt;&gt;
&lt;&lt;¿Por qué venís, pues, tan á menudo á estos actos, donde se
habla o6lo el latín?,)
rrEs que gozo en juzgar de los lances de la discusi6n. &gt;)
«¿Y c6mo juzgáis sin saber lo que se dice?)) .
, «Porque tengo un medio seguro para saber qmén lleva la razon.i¡
«¿Cuál es?,i
«Vedlo aquí. Cuando noto en el semblante de alguno que se
enfada y monta en c6lera, juzgo que le faltan las razones.&gt;&gt;
1Hola! hasta los remendones nos vienen á dar lección de lógica y buen sentido.
La verdad se asemeja á un cielo límpido y despejado: los enfados con que se la defiende son como esas nubes que empañan
la tersura del horizonte.
Decía un buen viejo-y las lecciones de los viejos eon fruto
de grande experiencia-á un nietezuelo muy hablador:
rr¡C!alma, calma, que no ee ha de caer el mundo!»

~~-

Una caja y una pendiente resbaladiza.

S. ,\t Jorje V.-Los conductores del palío real bajo el cual fué
conducido el Rey.

El heredero del trono de la Gran Bretaña en traje de cadete naval, Príncipe de Gales.

S. M. La Reina Maria.--Los arzobispos de Caterbury y York Y otros
prelados prominentes.

_..

El Rey en los tres trajes qu_e usó en la ce:emonia de la coronación en la
Abad1a de Westmmster.

__

- pintoresca fotografía de la ceremoma
. d"~ 1a coronación: tos
Una
oficiales de los heraldos.

El Rey Mariscal de Campo y los regimientos británicos de los que es Coronel.

Estaba cierto día Federico II de Prusia asomado á uno de los
balcones &lt;le su palacio,
pero no tan distraido que
&amp;JU
no advirtiese que uno de
sus pajes tomaba un polNO SCRA USTED
vo de tabaco de una caengafl.ado. Que siempre hay fu.
ja que había sobre una
fü•rias y fraudes en abundancia,
mesa. No se lo impidió;
es cosa que todo el mundo sabe;
pero volviendo al i:alón
pero rara vez ó nunca se enc!len!e dijo.
tra que una importante casa
r&lt;¿Te gusta esa caja?»
comercial los cometa, sea cual
El paje, sorprendido fuere la clase de su giro. No
y asustado, nada con·
puede haber éxito permanente de
testó.
alguna clase, cuando esté basado en la mala f é ó engafl.o. Los
«¿Te gusta esa caja?&gt;)
repitió Federico con voz que intenten los fraudes, son
sencillamente tontos y pronto
imperiosa.
sufren el castigo que se mereEl paje contest6, temcen. Sin embargo, hay muchas
blando, que era muy
linda.
personas que temen comprar
ciertos artículos anunciados por
«Pues entonces, quédate con ella, porque para temo!' de ser embaucados y e:t).dos es pequeña.))
gañados; especialmente se resisNo os permitáis nunca t en á dar confianza á las manifestaciones que se publican sobre
tomar lo ajeno, ni l:!iquielos méritos de ciertas medicinas.
ra un alfiler.
El eficaz remedio denominado la
Quien empieza á robar
lo poco, robará más tarde
PREPARACION de WAMPOLE
lo mucho.
es un artículo .que se puede comAsí pas6 á un pobre prar con tanta seguridad y garancampesino. Se cuenta de
tía como la harina, artefactos de
él que un día robó á su
seda ó algodón, siempre que provecino una coyunda; más
cedan de una fábrica con reconotarde un yugo; otro día cida reputación. No nos convenlos bueyes, y finalmente
dría exagerar de manera alguna
la carreta ........ Pero fué sus buenas cualidades 6 repreprendido y enjaulado.
sentarla, como con las que no le
Quien empieza por rocorrespondan; pel'o tampoco nebar fruslerías, se pone en
cesitamos de tal ardid. Es tan
una pendiente tan resba- sabrosa como la miel y contiene
ladiza, que casi sin darse todos los pl'incipios nutritivos y
cuenta caerá en el abiscurativos del Aceite de Hígado
mo del deshonor, de la
de Bacalao Puro, combinados con
cárcel y del infierno.
Jarabe de Hipofosfitos Compuesto, Extractos de Malta y Cerezo
Un hombre muy eré,
Silvestre,
y cuan valiosa debe ser
dulo decía que no tenía
tal
combinación
de estos imporfé en la vacuna.
tantes
reactivos
medicinales, es
-¿Para qué sirve? decosa patente á todo el mundo.
cía muy formal; yo conoEs de inapreciable valor en casos
cí á un niño muy hermode
Anemia, Insomnio, Mala Di·
so, á quien su familia higestión,
Afecciones de la Sangre
zo vacunar, y dos días
y los Pulmones.. "El Dr. Femandespues se muri6.
do López, de México, dice: Tengo
- ¡Cómo! ¿dos días desel
gusto de decirles, que considepués? le replicaron.
ro
la Preparación de Wampole de
-Sí, señor; dos días
mucha utilidad, para restaurar
después S6 cay6 de un árel organismo por su fácil asimilabol y qut:d6 muerto en el
ción."
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acto. ¡Haga usted vacu nar á los chiquillos después de ver eso!

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Dice el "Loka.l An©eiger" que all 1legan: á
!Madrid el aivia.dor V~ílmi.nes, "l,a;s darrnas

maid~i.1.eñas de la mejor socie¡da.dl estUJVieron
á p\JIIlJto die asfiriamlo á abrazos y á besos."
llimaginemoo u~ffi tia 6soom:L, ilma1gínrensela, porique de s ~ no la han vi~tn
lma,gí,nen,se ust.edes á. tres ó cuatrocienta1'1
dwqoosas, CO!llidesas y IOOJrques.as de Castl1,la oorrien.do desola¡das por las 11:a.nuras del
Sur de iM*iid, d~Iiás cLe un aeroplano,
aJCooh.ainido láJ caj)da oiel ap,ara"bo, sal baM('

lui."go por en,cLma del motor, .de lais v.e:las

de las cuerdas, die los ,. toonos y dii.sputándose e1 cueripo de Ve&lt;kines.

MAÑANA ....... .

•La notiioia del "Lokail Anrei.g,er" proC*-"dla
de Patis, y eLlo lo e}Ol)lica todo. lD1 perlo··
dista ,paris iense que a-e.daictó el telegrama
aI1JW1ciaJdtor de la llegaida. de V,eJrines w
!ig.u~·ó al instante que las dia.ma:s ma&lt;lrileñas debforoni de aibrou,aa'lle. ¿No es lo uaturall? Es¡paña,, mujeres oo fuego, "La marquesiita," Mruur.i~ Bairrés, volu¡ptu1osidaid y
muem.e . ... Y sin erucomendai!'Se á otras autoridml.es estannJ.)6 lo l&lt;le los aibraizos y los
besos coo l a¡ mdsimai sl'guTi&gt;d.a.d ,con que
Ga;mbetfa vera. .patlrrnera;s en Ma:drid; Dérou•led'e, nair amjos de Sam .~ bastián, y Gastón Déchrum¡ps vió á don José y á OaT'Illen
•h ace vooos años erutre los abru¡ptos doofilail!eros de fos P.irim.e'os navaxrO!'-.
D.ífíchl va á serle á Bergis011 la tarea &lt;le
en~üar á los tran~ á ver cosas. MuQ:l os 1Lb.ros um:dJ!1á qoo eoorfüir an,tes doe
n.ue ren:wmten a. enco!llt.ra:rlas y descri.bi r 1as oomo se las figuran de amoomano. Cuando 'l a flilOISO!Ia. runteintel ectuaJista de Ber,g0011 ruuya .rormaido toda una genJeradón de
escr ftoreL'l lnitu1'tiJVUs y esos escritores vía·
~oo, es m11y posiiblle que se en tlere.n &lt;l P.
aqul á d~ O tres siglos de .que Ei;waña no
es unl !I)ueb'lo tro¡piica,l y de que en las mic·
w déc~ partes dre s:u territorio haoe 1m
frfo cons!Jdierable d•uramte los inviernos.
i Que rn.'ás quisiiérrurnoo los españoles sT

que la llegada de un aviador á Mi\,Mi.a
de¡,¡.1ei1a&lt;se en,tre las mujeres de buena sodbdaKl 1m entttsiasmo desboJ1diante!
:Por
'1esbordatlo y caipric:hosu que fuera ese entusioaiEimo. 'inid icaitia cuamr.lo menos la poslñhlidad d.e ,que 1as mujer-es y los ho.mbr~

110

rt~ España oo en.tusiasanaFen IJ)Dr las ml,s-

-mas cosas. Pero ern posdhUidad, hoy tu,-

.posib,Je, ¡,.n.o &lt;-'On'Stituye priecisamente uno d.e
3os gr.andes p,mblemas de Tumaiña?

I

Departamento
de contratos I
2a. de Victoria 53155.
APARTADO 1396

TELEFONO 682

1

Es el grito, esperanza y refugio de los débiles. Es bandera
de los que nunca tienen éxito.
Es el manto con que se cubre la
cobard~a, la impotencia y la ignorancia.
Tristes hogares donde impera
esa palabra! Infelices seres aquellos que tienen que esperar la
nueva aurora para calmar sus
angustias y dolores!
Hombre, mujer ó niño en cuyo
cerebro germinen las ideas de
éxito, salud y felicidad, deben
olvidar esa palabra para los actos que dependan de su voluntad.
Cuantas vidas segadas por esperar á mañana! Entre nosotros es muy común tratándose
de negocios y sobre todo de la
salud, decir: mañana haré esto,
mañana me curo, etc., etc. Se
comienza. por ejemplo, con un
simple catarro, nos viene en seguida una bronquitis y. . . . . no
hacemos caso, mañana me curo;
luego una laringitis y .... mañana me curo. Despues viene la calentura en la tarde, la tos muy se·
ca, los imsomnios y sudores nocturnos; vemos á un médico, nos
examina, se pone serio y frunce
el entrecejo porque comprende
que la Tisis ha comenzado su
obra. Entonces nos receta lo
mejor que todo médico honrado
conoce para la Tu b er e ulo sis:
"Creosofosfatina." Es cierto
que con ésto nos vamos á curar;
pero en un tiempo mucho mayor
que el empleado si desde que comenzó el cat arr o hubiéramos
usado esta medicina; con ella se
destruirían los gérmenes del catarro, haciéndonos al mi smo
tiempo inmunes para la Tuberculosis ( tísis.)
Ma ñ ana... Mañ ana .. . Mañana...
Un extranjero no COltn¡prende que en ~ 11ia.ua haya dos España,s, uina España Jtge-

J·a, .cttrLcsa, veirsátil. la E~aña de los hOlllbr-es, y una España .p nllfunda, segura de si
misma é in1II1utable, la España femen1na.
Los hombres so,moo 1a po.Jítica, la nove·
dad . la CihaJJ'lla, la ca,He; las mujer€S son la.
Taza, la casa, fa faimilia y la i~Jesia. Des
mundos d istÍ'ntos, en que do1mdsna el de las
,m ujeres, l)Orqu\; sm1 mia.s frias en lo físico
y l11ás andoresas en io espkituail.
Los erlrnmjero,s dii,yi,den las mujeres en

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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