<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<item xmlns="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5" itemId="3220" public="1" featured="1" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" xsi:schemaLocation="http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5 http://omeka.org/schemas/omeka-xml/v5/omeka-xml-5-0.xsd" uri="https://hemerotecadigital.uanl.mx/items/show/3220?output=omeka-xml" accessDate="2026-05-18T02:36:53-05:00">
  <fileContainer>
    <file fileId="1649">
      <src>https://hemerotecadigital.uanl.mx/files/original/20/3220/El_Tiempo_ilustrado._1911._Vol._11_No._34._Agoto._2000200385ocr.pdf</src>
      <authentication>0afd0fccaf677dcd0d46591917a68a07</authentication>
      <elementSetContainer>
        <elementSet elementSetId="4">
          <name>PDF Text</name>
          <description/>
          <elementContainer>
            <element elementId="56">
              <name>Text</name>
              <description/>
              <elementTextContainer>
                <elementText elementTextId="115468">
                  <text>fL
Ato XI.

MÉXICO, DOMINGO

--================~=;;:;;;=-==~

20 DE

AGOSTO DE

1911.

NuM. 34.

·--11

-

===================================================~=============
UN A

TARDE DE PRIMA VERA
Estudi o de nuestro F otógrafo, señor Víctor O, León,

�El prrimetr dí&amp; da 1&amp; Conveneión del Petrtldo aetólieo

PARTIDOS POLITIOOS
No bien nuestra incipiente democracia ha dado los primeros
é inseguros pasos, cuando ya comienza á tropezar con los estorbos que le ponen en su camino sus jurados enemigos; traspiés
que pueden dar lugar á una caída definitiva ó á la prosecución
de una lucha más efectiva y eficaz, porque el pueblo nunca cede en sus antojos y quiere verla implantada de una manera definitiva en nuestro país. Y es legítimo este antojo, porque implica el reinado de la paz y el orden y por ende la terminación
de las guerras intestinas y la grandeza de la Naci6n.
Los que creímos en el advenimiento de una nueva era para
la patria adolorida, los que ansiosamente esperamos el florecimiento de nuestra República, con su acompañamiento de vigor,
potencia, riquezas múltiples, poder público y magníficos palacios y soberbios monumentos, extremeciéndose al ruido de las
locomotoras y de las fábricas y las artes y las ciencias creciendo
al mismo tiempo dentro de. un ambiente de justicia y de líber·
tad, por que cuando ésta falta, aquéllas vegetan anémica~, vamos perdiendo la esperanza de ver algún día esas maravillas, y
al mismo tiempo nos confesamos culpables de no haber sabido
aprovechar la oportunidad (rara avis) que se noB presentaba
para hacer este pueblo, próspero y feliz; porque del numeroso
grupo de la clase dirigente, en la que el pueblo tiene fijos los
ojos, unos por apatía, no se dignan mirar la cosa pública y otros,
ya por espíritu de contradicción, ya por refinada maldad, ora
por desmedido personalismo ó por ~dios de bandería, se entretienen en minar la obra revolucionaria y en poner trabas á la
consecución de nuestras libertades políticas. ¿Qué más? El Partido Anti-reeleccionista, partidario acérrimo de la revolución,
aunque de una manera pacífica, levanta su tienda, coge sus penates y se pasa al campo enemigo, sembrando á su paso las calumnias más protervas, para hacer menos sensible su defección.
Cierto que á los actuales corifeos de ese partido no podríamos
llamarlos de la clase dirigente, en el plausible sentido de la palabra.
Entretanto la democracia, que no podemos decir que esté ni
aún en el período de aclimatación, duerme á pierna suelta, y si
por acaso se habla de ella, es para encubrir reyertas personalee
ó sórdidos apetitos, y el pueblo, que es un niño, se ocupa en
chupar las pintadas golosinas de los periódicos y pasquines procaces, golosinas que al fin y al cabo serán un veneno sutil que
le intoxique el alma, mientras no llegue la voluntad redentora
de un buen gobernante, que lo conduzca de la mano al logro de
sus aspiraciones.
Realmente, si nos ponemos á examiflar concienzudamente á
los diversos partidos; que últimamente se han formado, no encontraremos nada que nos obligue á decir que merecen el dictado de demócratas; pero si escarbamos un poco más, penetramos
á las interioridades y husmeamos pormenorizadamente, volve·
remos con las manos sucias, destruido el nervio olfativo y la
cara cubierta de rubor.
El Partido Evolucionista, el Centro Antirreeleccionista y otros
entes colectivos que escapan á nuestra memoria, por más qu~ lo
nieguen con toda la energía de que son capacea, no son srno
instituciones puramente personalistas, de intenciones bastardas
algunas veces y otras, las más, tontas y que no tienen ninguna
fuerza moral, á pesar de lo que en contrario digan las informaciones de los periódicos diarios. Y la razón es obvia, porque
fundar partidos políticos de principios y conseguirse adeptos
numerosos, no es obra de un momento y para ell@ son necesarios una larga preparación, un s6lido prestigio de los «leaders, »
pur~za de intenciones y principios prácticos y positivos. El pueblo en general tiene una maravillosa intuición para discernir lo
falso de lo verdadero y es afecto á los actos positivos, reales, verosímiles, no aparentes y para conquistarlo huelgan los discursos las sutilezas, los editoriales más 6 menos bien escritos, y
las'¡nsinuaciones de esos patriotas, cuyo patriotismo consiste en
hacer de la política un jeroglífico indescifrable: un maremagnum
babilonico.

Por eso el Partido Católico tiene cierta fuerza
moral, en virtud de que
es un partido reorganizado, de principios sanos y nacionales; pero
no así en lo que se re·
fiere al prestigio de sus
conductores, reconocidos por su notoria inexperiencia. Y de la misma manera el Evolu.
cionista para atraerse algunos adeptos del antiguo régimen, que
son los únicos que podrían agregársele, aparta, por supuesto, de
los idealietas que son pocos, ha tenido que hacerse esencialmente antimaderista, relegando los principios á segundo término y tr~bajando porque se retarden las elecciones, porque no
está organizado suficientemente.
Cuando la revolución acaudillada por el señor Madero triunfó, los ciudadanos de todos los colores y matices, se aprestaron
afanosos á la lucha democrática, organizaron partidos y club"s
políticos, trataron en fin de adquirir hábitos de vida ciudada·
na, aceptando los principios r~volucionarios y aún más la fór·
mula Madero-Vázquez Gómez; pero la generosidad de la revolución, nunca tan lamentada como ahora, hizo que los enemigos
de ella comenzaran á alimentar y llevar á cabo propósitos siniestros y el resultado ha sido la pasmosa desorientación política que existe en los partidos. Nunca habíamos creído tener
tantos candidatos para la Primera Magistratura y muchos más
para la Vice-Presidencia, prostituyéndose las funciones de ésta,
pues hemos llegado al grado de que se postule para la misma á
Perico el de los palotes.
El último golpe (y creemos que será el último, pues si así no
fuera quién sabe á donde llegaríamos) se acaba de asentar á la
Revolución. Los Partidos Evolucionista y Liberal Radical,
lanzan la candidatura del Presidente interino señor de la Barra,
para la Presidencia definitiva de la República. Esta postulación
es incongruente á todas luces, con la esencia del principio de
no·reelección, sobradamente discutido en la Cámara de Diputados y aceptado como conveniente para evitar que el Presidente
saliente se elija, ya que tiene en sus manos el poder suficiente
para hacerlo. Es inútil que se diga que ese principio no reza con
los Presidente interinos y que se alegue la honradez del señor
de la Barra.
La probidad y la justicia del señor de la Barra está fuera de
toda sospecha; pero el principio que fué la diviea de la pasada
revolución queda roto, á los tres meses de haber triunfado aque·
lla. El pueblo podría aceptar á éste 6 á aquel candidato, siempre
que garantice el orden y la prosperidad de la República, pero l~
que no quiere es volver al régimen anterior, lo que será efectivo s1
se viola el principio de la no-reelección. El régimeh pasado, ha
jugado en nuestra actual política el papel de los traidores de
comedia, que ernondidos tras los bastidores, sacan sigilosamente, primero un pié, después el brazo armado y al fin la cabeza
repugnante.
Y no hay que olvidar que estos principios tienen tras de ellos un
periodo de guerras, de persecusiones, de luchas [raticidas,. que po~rá
estar muerto, pero cuya sombra vaga todavía sobre la. tierra recien
apisonada del enterramiento.
LEOPOLDO

ZAMORA.
r
'

Los miembros de la Junta Directiva. De izquierda ( derecha: don Luis García fimentel, don Manuel Amor, don Gabriel Fernández
Somellera Licenciado don Manuel F. de la Hoz, Licenciado don Carlos Diez de Sollano y don Rafael Martínez del Campo.
'

Fots. de "El TleMPO ILUSTRADO...

�572

.R. C TU .R. IJID .R. D ES

Presbítero Lic. Pablo Ortiz,
Cura del Sagrario Metropolitano de Yucatán, candidato al Obispado de Campeehe.
Sacerdote ilustrado y virtuoso á quien pi·
den para obispo todos los buenos campe·
ch anos.

L YS
Para EL TIEMPO IL' STR ADO.

Como una flor sagrada en el templo de !sis;
Como una virgen clásica, primitiva y pagana;
Con alma de Madona y con rostro de Krysis;
Te he visto de rodillas·en la Iglesia cristiana.
Tus labios deshojaban una dulce plegaria,
Cuyos pétalos eran tus piadosos anhelos,
Q ue subían en alas de los ritmos de una aria
A los pies torturados del Señor de los cielos.
En tus ojos había muy extraños fulgores,
Que á tu rostro prestaban imprevista rareza,
Algo como el destello de supremos amores
Energía triunfante de tu casta belleza.
Silenjoso miraba tu palidez de lirio
Y la arn.onía frágil de tu adorable cuello,
Que parece formado para dar al martirio
De ldS hachas paganas, el presente más bello.
Y sentí que en mi espíritu aleteaba el deseo
De saber lo que entonces tu corazón sentía,
Para ver si era solo místico devaneo
O si era la unción misma de la Virgen María.
LUIS

El nuevo Ministro del Uruguay, acompañado de los introductores de embajadores·

Sociedad organizadora de los festejos del próximo 16 de septiembre.

México,

LAGOS Y LAGOS.

191 t.

Alumnos de la Escuela de Bellas Artes practicando en los jardínes públicos.

FOTS. DE "El TIEMPO ILUSTRADO."

COLOCACION DE LA PRIMERA PIEDRA DEL BDIPICIO DE LA UNION CATOLICA OBRERA. -..:..r. El señor Gobernador con un grupo de los hijos de los obreros.-2. El señor Arzobispo presidiendo la fiesta.-3. Grupo de distinguidas damas que amadrinaron el acto.-4. Señor Tamariz, quien cedió los terrenos en que
se constituirá el Centro Católico.-5. El señor Gobernador colocando la primera piedra.-6, El señor Arznbispo en el asilo de Ancianos. Fots.cle EtTiem, o 81,.,11, 0

n,,

�574

llos nttevos Sttbseetretatrios

llos nttevos Sttbseetretatrios.-Ltitetrattttr&amp;.

,,I

LA P AS ION DEL JUEGO

Se juega dinero-el dinero-esto es la posibilidad inmediata,
infinita.
Posible es que la carta que se va á tirar, la bola que rueda,
conceda al jugador parques y jardines, campos y bosques, cas, LOS jugadores juegan como los enamorados aman, como los tilios que erijan al cielo sus torrecillas puntiagudas.
borrachos beben; necesaria, ciegamente, bajo el imperio de una
Sí, esa. bolita. rodadora contiene muchas hectáreas de rica
fuerza irresistible. Hay seres consagrados
tierra, tejados pizarreños de esculpidas
al juego, como hay seres consagrados al
chimeneas, que se reflejan en las ondas del
amor.
claro río; tesoros ar•ísticos, maravi!las del
-¿Quién, pues, ha inventado la histogusto,
alhajas prodigiosas, los cuerpos más
ria de eso!! dus marineros poseídos de la
hermosos
del mundo, hasta las almas que
locura del juego?
nadie
creía
venales; todas las condecoraNaufragan después de terribles aventuciones,
todos
los hombres, toda la gracia
ras, y s61o pueden escapar á la muerte saly
todo
el
poder
de la tierra.
tando sobre el torso de una ballena. In¿Qué
digo?
Resume
mucho más que eso:
mediatamente sacan del bolsillo los dados
todo
lo
encierra
el
ensuefio.
y los cubiletes y se ponen á jugar.
¿Y queréis que no eie juege? Si el juego
He aquí un cuento más verdadero que
no
hiciese más que conceder esperanzas
la verdad. Cada jugador es uno de estos
infinitas;
si solo mostrara la sonrisa de sus
marineros.
ojos
verdes,
se le amaría con menos rabia.
Tentar la suerte no es voluptuosidad
Pero
tiene
ufias
de diamante: es terrible ;
mediocre. No es un placer 11i una embriácuando
le
place,
da la miseria y la ver·
guez gustar en nn segundo meses, años,
por
eso
se
le adora.
güenza;
toda una vida de temor y de esperanza.
La
atenci6n
del
peligro
radica en el fon·
Aún no tenía yo diez años, cuando el
do
de
todas
las
grandes
pasiones.
Su vo·
profesor M. Grepinet nos leyó en clase la
luptuosidad produce vértigo.
·fábula de &lt;(El hombre y el genio.,, A peEl placer, mezclado de temor, embriaga.
sar del tiempo, recuérdola mejor que si la
¿Habrá
algo más terrible que el juego?
hubiese escuchado ayer mismo. El genio
No;
el
juego
da y toma: sus razones no
le entrega al niño un ovillo de hilo y le
son
nuestros
corazones. Es mudo, ciego,
dice: ((Este hilo es el de tus días". Tósordo.
malo. Cuando quieras que el tiempo se
Lo puede todo. Es un Dios.
te deslice, tira del hilo: tus días circulaLicenciado Bartolomé Carbajal y Rosas,
Es un dios. Tiene 1ms devotos y sus sanrán rápidos ó lentos, según hallas desaSub-·secretario de Relaciones.
tos
que lo aman por él mismo y que lo
rrollado el ovillo, presto ó remisamente.
ador¡in cuando les hiere.
' Mientras no toques el hilo, perman&lt;:cerás en la misma hora y
Si los despoja rruelmente, impúta11se la falta á sí mismo@,
estado de tu existencia.
no se la imputan á él.
El niño tomó el hilo; en seguída tiró de él para convertirse
-He jugado mal,-dicen.
en hombre, luego para casarse con la novia amada, después paSe acusan y no blasfeman.
ra ver crecerá sus hijos. para obtener empleos, dinero, honores, para. o! vidar los cuidados, evitar sufrimientos, enfermedades
ANATOLE FRANCE.
sobrevenidas con la edad, ¡en fin! para terminar la vejez importuna.
Vivió cuatro meses y seis días después que le visitó el genio.
Y bien, ¿qué es el juego si no el arte de experimentar en un
Un a comparación del tío Bartola
segundo las mudanzas que el destino necesita de ordinario, muchas horas y aún muchos anos para producir: el arte de sentir
en un solo instante las emociones dispersas en el lento vivir de
El tío Bartola ( q. e. p. d.) tenía comparacioneil muy curiolos otros hombres; el secreto de vivir toda una vida en algunos sas. Un día , por ejemplo, que se encontraba con personas algo
minutos; en suma, el ovillo del hilo del genio?
sueltas de lengua, dijo: ccAsí como el burro se divierte mucho
Et juego es la lucha cuerpo á cuerpo con el destino. Es el rascando la sarna de otro burro, así los murmuradores de todas
combate de Jacob con el ángel. El pacto
clases hallan todo su placer mascando las
del doctor Fausto con el diablo.
faltas de sus prójimos.,,

ELEVAClON
Sobre valles, vergeles y praderas,
sobre las escarpadas cordilleras,
sobre los lagos, sobre el mar sonoro,
sobre las nubes y los astros de oro,
más allá de los límites del cielo,
más allá de las últimas esferas,
extiende audaz mi espíritu su vuelo.
Ycual buen nadador, qt.e sin recelo
se abandona al vaivén que lo acaricia,
· surca tranqu.ilamente
la inmensidad con varonil delicia.
Alma mía doliente,

Licenciado Federicn Ü)nzález Garza,
Sub-secretario de Gobernación.

Licenciado Francisco Díaz Lombardo,
Sub-secretario de Fomento.

Sé de una capilla pulcra y elegante
donde é media noche, feliz y t.iunfante,
yo la condujera, trémulo de amor.
Luciría el ara transparentes blondas;
el incienso, al cielo snbiría eR ondas;
cubriría el piso deshojada flor.
Sobre fondo de oro, las Madonas puras
alzarían pálidas hacia las alturas
la mirada, en extasis de fe y de piedad;
los parpadeantes, pequeñuelos ojos
de los blancos cirios, titilando rojos,
resplandecerían en la obscuridad.

Cuando, como una espléndida envoltura,
lo ciñe el sol con su esplendor vibrante,
brilla irisado y vívido fulgura,
como un enorme y diáfano diamante.
Pero tropieza, cuando flota henchido,
con una mosca en su camino adverso,
y estalla y cae, en lodo convertido,
el globo en que esplendía el universo.
¡Soñar! ... . ¡Supremo bien, pero tan breve!
i Placer fugaz, que la razón condena!

¡Burbuja de jabón vistosa y leve,
que en el labio infantil un soplo llena!
SULLI·PRUDHOMME .

Resplandecerían ent~e las guirnaldas
que vistiendo el coru con flotantes faldas,
gruta fingirían de fresco verdor;
seto de azaleas y de rosal blanco
á los dos consortes dieran paso franco
formando un florido y amplio corredor.
·serían las flores todas olorosas,
nardos y violetas, jazmines y rosas,
muchas azucenas, mimosas también.
Seguiría el órgano, sonando muy piano,
cual soplo de brisa que se oye lejano,
de los incensarios el blando vaivén.
Un coro invisible lento eantaría
una religiosa, dulce melodía
que llegase apenas al sagrado altar;
mezclando el incienso su esencia á las flores,
perfumes nos diera tan embriagadores
que nos causarían tierno desmayar.

Ing. Manuel Urquidí Subsecretario de
Comunicaciones y Obras Públicas.
deja detrás el corrompido ambiente,
sube á purificarte á las alturas;
bebe la luz, en elias extendida,
cual divino licor de linfas puras.
¡'Feliz aquel que, de la triste vida,
de brumas siempre llena,
con las alas del ágila atrevida,
logra volar á la región serena!
¡Feliz quien su ex:áltado pensamiento
todos los días; al brillar la aurora,
eleva al fümamento,
cual matinal alondra voladora,
Yal cernerse entre claros resplandores,
comprende sin esfuerzos y sin dudas
el misterioso idioma de la~ flores
y de las cosas mudas!
CARLOS BAUDELAlRE.

El retrato de Cervantes.

Licenciado José López Portillo y Rojas,
Sub·secret.ario de Instrución Pública y Bellas Artes.

LA CAPILLA

575

Pálido el rostru noble y aguileño,
amplia la frente. tersa y despejada;
pelo castaño, barba plateada
tristes los ojos, pensativo el ceño,
el mostacho colgante y no pequeño,
chica la boca y la nariz curvada,
por la gorguera nítica y rizada
asómase el hidalgo del ensueño,
Sufrió cautivo, combatió en Lepanto
Yá su "Quijote" se parece tanto,
que malandanzas, cuitas y reveses
siempre arrostró con ánimo risueño:
fueron odios y envidias sus yanguenses
fué la imaginación su "Chavileño".
EMILIO FERRAZ REVENGA.

Ella ostentaría, como nupcial velo,
dando marco de oro á su faz de cielo,
sue!tos los cabellos, que yo aún no besé.
Para que se cumplan mis votos de amante,
sé de una capilla, pulcra y elegante . ..
pero de la esposa que amo, nada sé.
Porque es un soñado país fabuloso
donde mi adorada luce el rostro hermoso
de celeste Virgen entre olas de tul;
el país lejano de la Fantasía,
al cual no ha llegado nadie todavía,
y en donde florece la camelia azul.
EDMUNDO ROSTAND.

¡SOÑAR!
¡Soñar!.,, , ¡Supremo bien, pero tan breve!
¡ Placer falaz, que la razón condena!
¡Burbuja de javón vistosa y leve
que en el labio infantil un soplo llena!
Surge el extremo de menuda paja;
hinchase, aumenta, y se desprende y sube;
va con el viento, y se remonta y baja:
y es émula del ave y de la nube.
Vuela (también los sueños van volando)
sin más fin que dejar el bajo suelo;
la impulsa y guía el hálito más blando;
cualquier contrariedad le para el vuelo.
Hija del aire, pero más ligera,
halla siempre delicia soberana
en recorrer veloz la azul esfera
y hallar apoyo en su materia vana.
Espejo volador, todas las cosas
pintadas mira en su cristal hermoso,
lejanos montes y cercanas rosas,
la tierra obscura, el cielo luminoso.

Lic. Jesús Flores Magon, Subsecretario de
Justicia.

LA VIA LACTEA
Una noche, mirando las estrellas,
así les pregunté:-·¿No sois dichosas?
Vuestras límpidas luces son muy bellas;
pero tienen ternuras dolorosas.
Sois para mí, poeta visionario,
vírgenes puras como blancos lirios,
que forman un cortejo funerario
en procesión de innumerables cirios.
¿Orando vais por la extensión vacía?
¿Os aquejan afanes y dolores?
No son vivos destellos de alegría,
son lágrimas de luz vuestros fulgores.
Abuelas sois de todas las criaturas
y de los dioses, pálidas estrellas;
¿por qué sufrís tristeza y amarguras?
- Estamos solas, contestaron ellas.
Vogamos unas de otras muy lejanas,
aunque brillemos juntas á tu vista.
¿De qué nos vale ser todas hermanas?
La soledad odiosa nos contrista.
La llama en la que estamos siempre ardiendo
se pierde en nuest~s órbitas distantes.
Y yo les dije l!ntónces: -Os comprendo,
porque sois á las almas semejantes.
Lejos de sus hermanas, sola y triste,
nuestra alma, cual vosotras, vive ansiosa;
y el fuego abrasador que en ella existe
arde infecundo en noches tenebrosa."
SULL Y PRUDHOMME.

1

• '

�tiombrres de bi ~evolueión

DON ABRAHAM GONZALEZ
Hacer el es- de la famosa novela de Voltaire, «En el mejor de l(ls mundos
tudio psicoló- · habitadoe. »
gico de un individuo ee una
Don Abraham, como muchos de aquellos buenos iluso1:1, di6
de las tareas más arduas y cabida en su espíritu con toda fe y con todo cariño á la 'espedifíciles, pues pocas veces ranza lejanísima y brumosa de ver caer un día hecha ceniza tose plH:den recoger los datos da la grandeza de la autocracia porfiriana.
psíquicos bastantes para poHabía nacido pobre y el problema de la vida no se presentaner en claro y hacer desta- ba para él enteramente accesible, pero su carácter decidido, su
car en todo su valer una per- temperamento sosegado y sus sentimientos de benevolencia, le
sonalidad. Sin embargo, co- abrieron con relativa facilidad el camino. Pamba entre 11ua commo qui.era que en ocasiones pañeros por un muchacho bueno, pero bueno con esa b()ndad
se presentan en la vida cir- de los fuertes y de lo'! vencedores, porque cuando se trataba de
cumtancias especiales que revelan por volver por los fueros de su dignidad infantil ultrajada, sabía
su importancia el carácter y los méritos desplegar la suficiente fuerza y la suficiente energía para hacerde un hombre, basta con atender im- ee temido y respetado.
parcialmentP. á ellas para poder forUn sentimiento muy marcado de la rligni,la&lt;l personal sebosmarse de él una idea, si no exacta, por quejó en él desde temprano, y algun:i. vez que hubo lugar para
lo menos muy aproximada.
que se manifestare, Je vali6 de algún pariente suyo esta reconE~te e, el caso por 10 que se nfiere al señor D. Abraham Gon- venci6n entre severa. y cariño~a: "Tú. Abrahiim, eres un rebe1dP,
zález, uno de los per,.onajei más con,picuos de la revolución pa· eres un revolucionario, » y 11quellas palabraR dichas con la incon··
sada. El señor González no tenía una hiA·
ciencia de la hipérbole al tratar de reprentoria de grandes h, chos ni había exhiliiderá un muchacho, fueron una profecía.
do ante la notoriedad pública talentos ó
Abraham era bueno, era. 11.pac;bJe, era
habilidades extraordinarias que lo hubietranquilo; ¡.,ero en aquel mucbachorleconran hecho llegar al éxito político, al éxito
tinente Fiimpático, &lt;le mirada rismñA, de
financiero ó al éxito intelectual. Hahía vicom plexi6n recia y fu erte,defrPnte deepeja·
vido casi apartado de los asuntos de la co·
da y de labio callado, alentaba todo un casa pública, ajeno é independiente, al prt·
rácter. Dando pruebas constantes de la firrecer, rle las cuestiones políticas, no 1,am¡,za de e3e carácter cruzó la etapa más peliendo nunca de esa riureo mediocritas que
ligrosa del&amp;. vida del hombre; su juventud
le permite al hombre ver sin ser visto. vifué reposada y fué sana; tuvo alegrías que
vir sin grandee sobre.,altos y desarrollar
no llegaron jamás al exceso y tuvo sinsa·
ideas firmes y nobles sobre la dignidad
bares que jamás tocaron el e!lcepticismo.
personal y sobre el propio valimiento, coComo hombre maduro fué trabajador
sas que desconocen con frecuencia y que
y laborio~o. pero jam~s lo inquietaron los
violentan y menoscaban aquellos indivirobresaltos del dinero y de la posición.
duos á quien les urge triunfar en la lucha
En donde quiera y en todos sus tratos,
por la vida, sin importarles otra cosa que
dejó fama de íntegro y honrado; por donsu particular provecho y su egoí:,,mo atende quiera y en todas sus relaciones dej6
tatorio.
i: iempre f'impatías y carifio; pero el fondo
El primer ra@go característico de la per·
de rn vida íntima, el centro todo de sus
sonalidad de Abraham González lo forma
energías y rns tendencias, estaba ocupado
precü1amente la circunstancia de haber
por una nspiración infinita y parecía co~eludido por completo la influencia tentaRumirlo un eterno desvelo que muy antidora del favor, medio por el cual otros concipadamente iba blanqueando su cabt&gt;za.
temporáneos suyos llegaron en poco tiemY esta ARpiración que fué primero un
po á formarse una posición y una fortuna.
Señor don Abraham González, Gobernador
sueño. que der:pué~ fué una idea, y que,
El e!lpectáculo dolorosísimo que preseninterino de Chihuahua.
por último constituyó u:1 principio. una
tó d orante tantos afios nuestro pais para
norma de conducta y un supremo definilos observadores un poco más profundos y un poco más impa r- tivo criterio dfl la vida, no fué otro que la de hacer la libertad
cialee y patriotas, que no se limitaban á ver la costra dorada de de México y la democracia de la R'lpública.
aquella situación, acab6 por determinar en el ánimo del señor
Don Abraham González es dem6crat11. por convicción y su
González toda una norma de conducta que debería i;er más ta1 · concepto sobre la democracia no es una fantasía ni un imposi·
de el desideratum de su vida futura.
ble. Sus ideas no han sido el producto exclusivo de lecturas ni
Desde que tuvo velnticinco años cristaliz6 en su cerebro una de influencias trastornadoras y perniciosaP, sino que han sido
idea y se arraigó en su coraz6n un sentimiento : OPONERSE A vivida!'!, sentidas y modificadas al través de una expnienciasse·
LA TIRANIA Y VENCER A LA TIRANIA . .
ria y profunda de las cosas y de los hombre!l.
Eotonces aquello era una pretensión más que inaudit_a, tenía
El señor Ganzález ha conocido al pueblo íntimamente porque
la inconsistencia de un 1msueño y las incoherencias de ~r.1 deli- ha vivido con el pueblo, porque se ha hecho conocer y querer
rio. Sin embargo, de aquellas fantasías y de esas concepciones del pueblo, y porque su índole natural io ha lleva do s1e.mpre á
delirantes participaban muchos hombres en México, muy á pe· la contemp laci6n de los problema s más hondos de la vida del
sarde ver que cada día iban siendo wayores y más grandes .los pueblo. El conoce mi&gt;jor que muchos las necesidade3 del Esta·
fueros del tirano; que de período en período aumentaba su re- do de Chihuahua; conocs mejor que muchos también á Joq hom·
presentación y poderío; se colmaban sus arcas de din ero; su pe· bres que han tenido la más grande preponderancia en el Estado,
cho se cubría de cruces, con~oracione~ y medallas hasta el y conociendo como conoció hasta lo más íntimo _los defectos ~d·
puuto de comtituir un abigarramiento de megalómano ó de ministrativos y la corrupción del Gobierno se filió con to.da srn·
exhibicionista; y muy á pesar todavía más de que la corrupcjón ceridad. con toda fe y con la más grande firmeza al partido a~moral iba cundiend9 de generación en generación y de que un tireeleccionista el dia en que dió el primer vegido de vida la h·
buen día llegaron á considerarse los mexicanos como el héroe bertad de la República.

577

Don Abraham se ec'J6 sobre los hombros la pe -adí~ima tarea día ~iguiente don Abraham comenzó á trabRjar, y la gente to IA
de ir á despertar las conciencias dormida~, de llevar la buena vió con grandísima eorpresa que sin variar en un ápice Je ~u
nueva á todos los e~píritus y de reunir en comuni6o de ideas á porr.e exterior, González era el mismo que siete meses antes di:i·
todas las almae de los postergados y de las víctimas de un go. corría solitario y pensativo por las calles de la ciudad,· sienrlo
bierno esencialmente financiero y de una plutocracia formiua- seña.lado ya por meciio mundo como un iluso y tmído entre ojos
blemsnte acaparadora y rapaz. Y los humildes y los postergados por las autoridadeH GU':l ,·eían en él un hombre peligroso, y e1:1ta
sa le acercaron y se le unieron: se le acercaron sin descontianza. Rola circunstancia l~s hizo comprenderá todos los que no se dey se lé unieron con lealtad, porque él, como Arístides, solo turo jan de,lumbrar por la apariencia de las cosas, que Ja humildad
como arrimo para los corazones, una voz franca y libre con que de don Abraham era una cualidad innata y sincera de eu natusostener y hacer triunfar lo justo. Aquel hombre que era por raleza.
naturaleza callado, hizo suya la palabra y pllrsuadió; exalt6 la
Grandísimll. responsabilidad y serias consecuencias tiene siempotencia de su verbo y sembr6 el entusiasmo fascinando á sui pre para un hombre honrado el hecho de exponer ~us idPas y
correligionario~ ha1:1ta el gr.ido de comprometerlos en una em- sus juicios cen respecto de todo gobernante, máxime aún cuanpresa en la que iban de por medio el honor y la vida.
do ese gobernante es ya un injividuo que se ha hecho acreedor
Don Abraham se lo entregó todo á la Revolución: energías y al r¿speto y la gratitud de un pueblo. El Estado de Chihuahua
espíritu, alma y cuerpo; y el 1:1acrificio de la vida lo tom6 cou10 tiene una enorme deuda con don Abraham González; pero don
una consecuencia lógica y natural, con la sonrisa de siempre, Abra.hum González no podría, sin empañar sus glorias, valer.,e
con su bondad inalterable y con su firmeza inconmovible se lan- de €~a deuda para que le sirviera de disculpa ó pndiera protez6 á la lucha ; lo que él significa en la historia de la Revoluei6n, gerle arbitrariedades ó actos que no eetuviesen ajui:tados á la
el papel que desempefi6, su personalidad y los trabajos á que -ley. Don Abraham González no tendría nunca justificaci6n . si
dieron cima sus esfuerzos y super·
por el hecho de haber contribuido al
eeverancia, no son para ponerrn en
triunfo de las idea srevoluc.ionarias
claro todavía en los momentos acy al derrocamiento de la tirunía,
tuales ni bastarían unas cuanta e Jí.
quisiese encubrir ambiciones, sola·
neas para dilucidarlos; pero si Chipar tendencias ventajosas y miras
huahua fué el centro culminante de
egoístas al tomará su cargo los des·
la Revolución, si en Chihuahua el
tinos del pueblo chihoahueuse. El
partido anti- reeleccioni~ta arraigó
1,eñor González notendría calificahasta en lo más íntimo del corazón
tivo, ~ialentado por la confianza y el
del pueblo y pudo dar una legi6n ~
c1triño de sus conciudadanos, quide soldados invictos, fué dPbido á
KÍPse Rer el Primer Magistrado JJOr
la labor incesante del señor Gonzá.
1-l solo hecho de tener el pomµorn
lez que no descane6 un día ni flatítulo de Gobernador yocuperse más
que6 un solo momento en la tarea
&lt;le los intereses propios que de los
paciente y pertinaz de mantener freR·
extrafios. Pero si don Abraham ha
coy activo en todos los catecúme~ido durante toda su vida un homnos el ideal revolucionario. Y la
bre honrado, ei en los instantes de
influencia de don Abraham Gonprueba y en losmomentosde peligro
zález fué un poco más allá, porque
fué capaz de desarrollar una enorhechura suya Y pensamiento suyo
Sres. don Abraham González y don Braulio Hernández,
me energía y una grandísima volunfué también Luis Moya, aquel jefe
Gobernador interino y Secretario de Gobierno del
tad, justo y necesario es pemar, esEstado de Chihuahua, respectivamente.
insurrecto que á las fac-cltades de
perar y creer que durante su paso
organizador y á los méritos de vapor.el Gobierno ocupando el primeliente unió también las cualidades de ap6stol y de propaga ndis- ro de los puestos públicos del fütado, sabrá conservar intactas
ta, porque Luis Moya fué el autor material y espiritual de la Re- aquella honradez, aquella voluntad y esa energía que han sido
volución en los Estados de centro de la República.
las características de su personalidad moral.
Don Abraham González fu~ bl primero en creer sinceramente en
Don Abrabam González, sin poseer una verdadera educación
Francisco I. Madero como Leader del movimiento revolucionario, científica ni una vasta instrucción, tiene los conocimientos basy él se empeñ6 y trabajó activamente hasta hacer surgir la perso · tantes y el criterio suficiente para estar á la altura del promedio
nalidad de Madero como el hombre necesario para veriticar la de los habitantes instruídos de Chihuahua y demasiado por enconmoción social _que puso término á la tiranía de Porfirio Díaz. cima de las tendencias de la generalidad de estos mismos habiDesde el 20 de noviembre, día en que estalló el preludio de esa tante3. Hay en este hombre la capacidad necesaria para abarcar
tragedia heroica y memorable, don Abraham no se seper6 un ins- y para atender á una multitud de circunstancias y detalles. Hay
tante de la Revolución, y su calma, su tranquilidad, su firmeza y una tendencia íntima en su naturaleza que lo inclina hacia las
su fe fueron inalterablee. Mientras todos titubeaban, él creía; cue'!tiones políticas. Don Abraham es uno de esos hombre~ que
cuando casi tc,dos desesperaban, él veía más cercano el triunfo; naci6 para político porq_ue sus disposiciones naturales supiero,1
cuando muchos temieron y se apartaron por precauci6n ó cobar· sobreponerse sobradamente á las circunstancias, y sólo cuando
día él resistió todo el embate de las circunstancias y asumió todaR se tienen facultadef.! excepcionales é ingénita@, Ee puéde contrilas responeabilidades; fuéuno de los pocos que no se impacienta- buir de una manera tan amplia y tan eficaz á la transformación
ron por el éxito; estuvo en el cortísimo número de aquello'! que de•una época histórica. Don Abrabam no i,Ólo ha sido político,
le permanecieron fieles á la Revoluci6n, sin mediaciones sin tan- sino que ha tenido el mérito apreciabilísimo de despertar el espíteos, sin complacencias y sin miras egoístas ó has-tardas.
ritu y las inclinaciones políticas en una sociedad postergada y
Abrabam González había tenido en la Revoluci6n el carácter abúlica que por indolencia ·6 por pereza había abdicado de sus
de Gobernador provisional del Estado de Chihuahua y desde el deberes cívicos.
momento en que se inici6 la lucha, tom6 á conciencia su papel
No bastan ni han bastado nunca los estudios teóricos para
Y estuvo desempefiando con acierto aquel cargo que hizo rr&gt;ir á formará los verdaderos hombres públicos, ni se es polttico por
tantos incrédulos que miraban con sarcasmo y con befa los nom· el s61o deseo 6 por el sólo prop6sito de 11erlo; pues la única mabramientos ridículos y pretencio'!oe de provisionales. Pero Abra- nera de no fracarmr en esta senda tentadora y abrupta., es la,. de
ham González sabía de antemano, por que aei se lo había hecho haber nacido por naturaleza político; nosotros en México estaconocer la voluntad del pueblo Chihuahuenee, que, al triunfar mos acostumbrados á dernonocer á los hombres políticos porque
la Revoluci6n, él sería uno de los candidatos más viables al go- la tiranía es precisitmente la surresi6n de la verdadera política
biern? de esta entidad federativa, y jamás se alter6 ni sufri6. el y entre los pocos hombres que ha hecho surgir la Revoluci6n
más ligero envanecimiento cuando vino á ser un hecho efectivo con inclinaciones y con méritos para el ejercicio de esta faculsu presencia en el gobierno de Chihuahua.
tad , podemos contar seguramente con Don Abraham González.
Los detalles de su entrada á la cipital &lt;l e! E~tado pusieron de Todos sus antecedentes auguran que sabrá cumpfir con d+c1ro
manifie,ito los lazos tan íntimos y el afecto tan hondo que el y con honra el puesto para el que por una inmema mayoria lo
pueblo le profesa á este hombr3 modesto sin afectaci6n y de tra- elegirán los chihuahueases.
to sencillo y fácil. Se le recibió en medio de las aclamaciones
Sobre la firme base de antecedentes tan esclarecidos, se puede
de un tumulto regocijado que invadía por completo la estación esperar con el mayor número de probabilidades una labor honde_l ~~rrocarril y la multitud en masa lo acompafi6 basta su do- rada y progresista en el futuro gobierno del señor González.
m1ml10. Aquella noche fué una noche de triunfo; pero desde el Identificado como está este hombre con las nece3idades más ur-

•

�I.tos hombtres de la trevolueión-Teattros
gentes y con los defectos é imperfecciones
de que adolece el medio en que va á gobernar, sabrá cuanto antes llenar aquéllas y
corregir éstas, de manera que en un plazo
muy corto se pueda ver surgir con todo su
vigor y su empuje á un pueblo que, como
el chihuahuense, está perfectamente dispuesto para la democracia.
DOCTOR RAMÓN PUENTE.

HISTORIA TRAGICA.

Es un deber, mis amados lectores, el
dar gracias á Dios por los ojos que os ha
dado. ¡Cuántos hay que han nacido ciegos
ó han perdido la vista! Y si vosotros podéis
contemplar á vuestras anchas las bellezas
de la naturaleza y admirar los objetos de
arte ¿no lo debéis todo á Dios?
Dadle, pues, gra.cias por el ~entido de la
vieta qu~ os ha dispensado sm merecerlo
vosotros· y procurad no abusar jamás de
ese don para ofender al Criador.
¡Qué ingratitud monstruosa sería ésa,
la de ofender á Dios con los mismos dones
que él os ha dispensado!

~

Consuelos y motivos de agradecimiento
Un tuerto se dolía
De su desdicha con amarga queja,

Bartolomé .Juan Salviati, marqu~s de Spoleto y duque de Vintimille, cuya familia pr?veyó de varios d~xes á Venecia y de gobernadores á Florencia, contaba ya cmcuenta años y hacía
quince que era viudo de María Lucrecia Belleverani, de los BeJleverani de Napoleón, aliados de las familias ducales d~ Módena y de Parma, como asimismo de la casa de lo~ Médicis, cuando se desposó en segundas nupcias con Simona Fo:cari, hermosa niña de veinte años apenas, en todo el esplendor de una juventud deslumbrante.
Simona, florentina de raza y por instinto, de la sangre de los
antiguos Foscari fatal!)s á su patria, los Foscari de las asonadas,
de las conspiraciones, de los idilios trágicos y la traición, progenie de criminales y voluptuosos, los hombres hermosos como las
mujeres, y las mujeres, bellas como arcángeles, no desmentían,
por cierto un proverbio popular en Italia, sobre la inso~ente belleza de lo, hombres y muJeres de su casa: Los Foscari son tan
hermosos que tentarían á Dios&gt;&gt;, blasfemábase ent')ncee, blasfémase todavía en la llanura lombarda.
Una figura anónima de un discípulo de Li:ionardo y que bien
pmliera ser la Foscari de esta historia, ya que en los catálogos
se la intitula retrato de la «Marquesa de Spoletoi&gt;, ha trasmitido
hasta nosotros su peligrosa hermosura. Relegada en una pequeña sala obscura del museo, solamente el azar ó el intento premeditado de hacerlo pueden descubrirnos la preciosa tela; pero
quien quiera que haya contemplado en una ocasión sola esa cabecita rubia, no la olvida jamás. Según la curbatura que va
desde el fondo á la nuca, es una cabeza chica, voluntariosa, obstinada, que sería malévola sin la languidez de los ojoe, def~ndidos por párpados de demasiado peso; dos largos ojos sombríos,
cuyas pupilas extrafiamente alejadas bajo los arcos superciliares,
tienen rojizos resplandores de terciopelo abrasado. La boca es
sinuosa, como de Jabios cincelados; la nariz recta y corta, de
aletas dilatadas; los semiplanos del rostro definidos y fijos como
esculpidos en piedra; mascara imperiosa de joven aventurera y
de princesa, cabeza en fin, de juventud y ardor pavoroso en su
intensi.,dad. El peinado está hecho de macizos bucles estrelazados con perlas y piedras verdes, formando según la u!anza toscana, un casco sobre la frente; el cuello es femenil, viperino casi por lo grácil y por lo largo, y surge cómo un tallo de un cuerpo de vestido ampliamente escotRdo, de un damasco azafranado
que se adapta admirablemente al tono herrumbrado de la cabellera y los ojos. La carnadura mate, que b11jo la influencia de
la luz adquiere transparencias verdosas, evoca á un tiempo mismo la blandura de la cera y la dureza del metal.

wwwwww

-~~---,

Pascual Orozco (padre), Abraham Gonzáleo·
y Francisco J. Madl!ro.

Esteban Blanco,
de la compañía Virginia Fábregas.

Y un ciego le decía:
.
&lt;&lt;Da mil gracias á Dios porque te deJa
Un ojo todavía.»
·En una clíriica.
El enfer~o: 1eSe.ñor doctor, estoy muy
mal de los ojos.» ,
El médico: «¡Vaya! consuélese; peor
estaría si no los tuviera.
. .
Dé usted gracias á Dios que algo siquiera
puede ver.»
·- --

Concepción Blanco,
de la compañía Virginia Fábregas.

***

Simona, casada en virtud de su real belleza y juventud triunfante, trajo á la ruda y pequeña corte de Vintimille las refinadas elegancias, las costumbres cómodas y las suntuosidades de
las princesas florentinas.
Era en una pequeña ciudad de la frontera. más acostumbrada
hasta entonces á la soldadesca de la guarnición que á la retahíla de los poetas juglares y los músicos, todo un séquito de artif;tas iluminadores de misales, modeladores en cera y recitadores
de sonetos y baladas1 que polulaban entonces en Lombardía y
Toscana, á sueldo de los ricos y poderosos; y qne se lanzaban
ahora e.n pos de la duquesa, esclavos de su fortuna; encantados
los unos de su hermosura y los demás de su generosidad.
. fa vieja fortaleza se pobló con el ruído de las voces y de las
nsa¡¡, roces de sedas é instrumentos murmuradores, cuando antes sólo se oía el crujido de los vasos y el golpe de las alabardas,
Y, en las veladas de ar'mas, el choque de los dados y los cubile~0 · Durante todo el día y particularmente desde las primeras
rae de la noche hasta las últimas del al ba, sucediéronse en
~elante los pizicatos de los mandolinas, el estertor sollozante
e las guitarras y los versos de los poetas, tan pronto bien acen:~d~s como balbucidos en éxtasis por voces acariciadoras, des,~ .ecientes de amor. Así se convirtieron en salones galantes las
i8Jas t1alas bajas, reservadas hasta entonces para los soldados
e la guardia. Las paredes, antes denudas, fueron adornadas
con frescos. La joven duquesa hizo venir pintores de .Fiesole y
desenltores de la Rumaña y su imagen lo mismo bajo la figura
· fa que bajo la' de una santa
' conomza
· da, embe11 ecio
·'
108e una nin
corredores y p~tio del pala~io.

,.
TEATRO LIRICO.-"EI Tenorio M:iderlsta." - El pueblo,, señorita Quinta.na; don Francisco l. Valero, señor G~leno, Yel General F~eyes,
señor Pardave.-Fot. de El Tiempo Ilustrado.

***

,

ra!ndrés SalvJati, hijo d.el duque y de María Lucrecia Bellevete d' abandono despechado el hogar paterno. Era un adolecene,aspecto miserable, ruín y magro y de carácter taciturno,
.
'

heredado de su madre. Tdnía bellos ojos de color verde obscuro,
que comtituían el único encanto de su rostro de aborto. Eran
eatos ojos los que la altanera y plácida Simona encont~f&gt; en
Vintimille el día mismo de su arribo. La(florentina y el h1Jo de
la. napolitana cruzaron sus miradas como dos aceros; pero del
choque no brotó chispa alguna. Política como todos l.~s de su
raza, la duquesita se esforz6 en atraer á su causa al h1Jo de la
extranjera. Hízose maternal, zamalera y hasta esbozó algo así
como una vaga promesa, sin conseguir, á pesar de todo, vencer
la hostilidad creciente del mancebo.
Cansóse al fin de sostener una lucha inútil, y deedeñando es' esquiva,
'
ta conquista
regres6 de nuevo a' sns p1aceres. .E n medio de una corte de músicos, pintores y poetas, constituyó el
imperio absoluto dulcemente Jesp6tico, de una reina de amor.
El duque, enam~rado, la dejaba hacer. Sordo~ toda.a las obser·
vaciones, ciego do pasi6n, respondía á la maledicencia con estas
solas palabras: «Es una Foscari». Verdad es que todos aqellos
hermosos jóvenes florentinos como ella, eran más bien que séres
de su raza animales familiares, juguetes y bufones. Su orgullo
la defendí~ de sí misma, y, por otra parte, sus cap~ichos se s~cedían sin interrupción, de tal modo, que el favonto de la víspera estaba hoy, inviariablemente, en desgracia. Cuando uno
de ellos dejaba de agradarla, le alejaba y le casaba con alg:Jna de
sus criadas. Guillermo de Borre, trovador provenzal, sucedido por
el esplendor de Vintimille, donde durante dos meses se vió colmado de honores, debi6 huirá favor de las sombras de la noche
y ganar la frontera á marchas forzadas, para no casarse ~on una
vieja piamontesa, empleada en las cocinas, que un capricho de
la duquesa le impuso de repente.

***

El viejo duque, subyugado cada vez más por filU joven ~sposa,
vivía, entre tanto, confinado en la parte antigua del castillo, en
la compañía de aetr6logos y alquimistas, amigos de la duquesa.
entregados á ella en cuerpo y alma, y que, segú~ el rumor~blico, extraviaban la raz6n del noble señor en peligrosos experimentos de las ciencias malditas. Hacían bien, sin embargo, en
distraer la atención de Bartolomé, ocultándole el comportamiento de la Perra Galga, como llamaban en Vinti~ille· á la fina y
flexible hija de los Foscari, rodeada de su jauna de dogos florentinos y de galgos toscanos.
El escándalo era ya público; franqueando las fronteras, h~cía
entonces la alegría de Italia y de Proveuza. Entre una multitud
de favoritos-menuda morralla de la que daba cuenta seID:ana~mente el lazo de los estranguladores ó el veneno de los alquimistas agregados al palacio- h~bía tres ita~ianos unidos po~ el
interés común de su conservacion y su crédito, que se repartia~
el favor ducal: Beppo Nardi, poeta formado en la corte de Aviñón y compositor de sonetos de la escuela de Petrarca, esbel~o y
fino caballero de un perfil de camafeo, rostro grave y enérgico,
encapuchado siempre de terciopelo escarlata, y cuya musa féstejaba todas las mañanas la juventud gloriosa de Simona; Angel Barda, músico mandolinista, compositor á ratos pe~didos de
lánguidas canciones, napolitano de origen, moreno aceitunado,
con los ojos blancos azulados, de ardientes labios a.ecos, violáceos como ciruelas, y Pedro D' Arlaoi, pintor y escultor á lamanera de Miguel Angel, tipo soberbio, musculoso como un atleta,
de negros cabellos espesos y encrespados sobre una peqmña ca·
beza de Antinoo.
Aires de guitarra, poemas, soneto'! y bustos de pintada cera
formaban la atmósfera de voluptuosidad intelectual y de languidez dichosa de la corte, en las riberas del mar azul, reverberante
y undoso, entre los laureles, rosas y palmeras de la playa y ante
la solemne y vaporosa clecoraci6n del valle.

*"'*

Y Bartolomé Salviati lo permitió todo. Los alquimistas acaparaban al duque, y de esta hermosa inteligencia., de esta voluntad segura y rápida, de este carácter decidido y audaz de viejo
capitán, terror en otro tiempo de los enemigos de Italia, sólo
quedaba un anciano encerrado en el más peligroso de los círculos.
Así lo había querido la duquesa; diez años le habían bastado
para aprisoiñar el águila y convertirla en un viejo hubo de laboratorio. Salvitian dejaba ya los hornillos yo retortas en emdio de los cuales la bella Foscari lo había confinado. y cuando
por casualidad salía fuera de la parte alta del palacio donde se
había refugiado, era para asistir, á ruegos de su esposa, á alguna fiesta, comedia ó baile organizado por ella, coneagrando aeí,

~----~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

�,so

B.istorria T:ttágiea.

con su venerable presencia, el lujo y la licencia instalados en su
corte.
.-· y segur~e de su impunidad, los favorito3 se alentaron y la
audacia de'Ja duqnePa se atrevi6 á cosas m:1yores todavía. Per·
diendo toda prudencia, aconsejada quién sabe porqué genio maléfico, la aventurera resolvió aparecer personalmente en las tablas, delante de la corte y al lado de tres amigos, que tendrían
un papel cerca de ella, en una comedia ó baile de circunstancias, donde cada uno confirmaría su talento.
·
TratábaRe, como se ve, de una valentonada de mujer ebria de
fuerza, desposeída de orgullo, vibrante de pasión¡ con todo se
resolvió llevar á cabo el proyecto, dándose comienzo á los preparativos con la anticipaci6n necesaria, La duquesa de Vintimille enc:&gt;mend6 el libreto á Nardi, Ja múeica á Barda y las decoraciones á: Pedro. imponiendo á todos el asunto y dirigiendo
en persona los trabajos. Y cuando Nardi y Barda le presentaron,
terminada al fih, la "Mutrte·de San.Juan Bautista" , que ella
les había confiado, Simona halló que la obra era maestra, por·
que á travé:1 de los conceptos de poesía de asonancias y preciosidades, reconoció la idea que los había sugerido, sin que las
insípidas melodías
del napolitano alteraran gran cosa el
bello horror del drama escogido por su
mala trágica. La
muerte de San J uen
Bautista,· la degollaci6n del Precuraor,
la leyenda de san·
gre que obsedía en·
tonccs á todo el
Renacimjento ita1-iano, Herode~ y
Salomé, los dos terribles personajes
que han tratado to·
dos los pintores de '
aquella época y cuyos cuadroP nos han
legado el tipo de la
Salomé que nos es
hoy familiar, la había atraído en primer término. Y á
ella, princesadeFlo.rencia, marquesa de
Soltepo y duquesa
de Vintimille, era
la doncella que le
placía evocar, encarnar, vivir durante una tarde delante
-de' todo un pueblo.
!'

B.isto:ttia T:ttágiea

Oriente y terciopelos preciosos. Se dirigieron pedidos á Venecia y se enviaron mercaderes judíos á Génova para que eligieran
allí tapice3 de Damasco y sederías de Tiro. Hiciéronrn venir
también, á precio de oro, bailarinas de Bérgamo que rt&gt;gularían
los tiempos del baile de Salomé y ensP.ñarían á la duquesa todos
los recur3os de la danza, para que apareciera en las tablas como
una almea de 103 países berberisco¡¡. La orquesta del palacio fué
reforzada con quince músicos y las viejaA tapicerias de la familia Salviati, repreeentando la vida de la Virgen, fuP.ron sacadas
de sus cofres de madera de alcanfor, donde se las guardaba por
ser tenidas en un preci() inestimable, sin ueárlas más que en las
grandes fiestas, en ocasi6n de los casamientos de los duques y
los bautismos de los niños varonee. Convirtió el patio del castillo en sala de espectáculos, y, talando los antemuros de la fortaleza, hizo demoler veinte metros de murallas de las que daban
al mar. Los picos y los azadones hicieron presa en las piedras
de granito colocadas por Humberto el Fuerte, formándose así
una bahía luminosa y azul, á diez metros de altura, Eobre el infini to del golfo, á través del muro.
Si mona había elegido precisamente para el fastuoso escándalo
el ani verrario de sus
bodas. Lleg6 este
por fin, y la ma1avillosa tapicería de
los Salviati fué extendida en los estrados del patio, á la
sombra de los torreones y atalaya@.

."'··i.AJ»,..t'""•'·.. •·

***

Un dosel de brocado con los colores
del ducado ~e erguía
al frente de la escena, en el medio.mismo de las hileras de
asiento", rese1vado
para el viejo Bartolomé y su l'-équito de
sabios. El espectáculo esbba anunciado para las tres
de la tarde, y cuando llegó la hora, la
multitud, amonto·
nada en las grades,
daba visibles muestras de impaciencia
ante la ausencia del
duque.
Después de una
espera de tres cuar·
tos de hora, la or·
questa entabló un
concierto de flautas
Salviati no dejaba ya los hornillos y retortas en medio de los cuales la bella Foscari lo había
***
y violines, y los ta·
confinado
...
.
· La duquesa había
pices que ocultaban
dividido el drama
en dos cuadros: el encuentro de Salomé con el Precursor en los la bahía se descorrieron. El duque hacía saber á la duquesa
corredores del palado el santo preso entre dos guardias; la prin- que no debía esperarlo por el momento, y que pod.ía _com~n~ar
cesa, tal vez menos apiadada que curiosa, ofreciéndole pri~er? de la fiesta sin él· habiendo sido víctima de una rnd1spos1e16n
beber y tendiéQdole luego una flor¡ el desdén del santo, la ms1st~- pasajera al aba~donar sus habitaciones, pedíales diez minutos
ncia de Salomé, él furor profético y el anatema del asceta, pt· para reponerse, en la seguridad que antes de un cuarto de
·diendo el fueao del cielo para la tentadora. En el segundo cuadro hora vendría á presenciar la danza de Salomé, en la cual de·
se veía á He;odes en 1,u trono, en medio de los dignatarios de su seaba ardientemente admirar y aplaudir á la duquern.
Y el espectáculo comenz6, en una atmósfera de vaga angue·
corte, la entrada de Salomé y el einieetro convenio discut\do
~ntre la princesa y tl rey ; después, una vez efectuada la fatídica tia, porque, verdaderamente, no se había sospec~ado que la au·
.
danza, Herodes mantenía la promesa y el verdugo traía la ca· dacia de la hermosa Simofia llegara nunca tan leJoe.
La figura ondulan.te y fina de la duquesa, convertida en prm·
b~za de San Juan.
La Foscari distribuy6 lo·s papeles: Beppo Nardi, el poeta ocu- cesa de .Judea se destacaba sobre la escena, envuelta en pesadas
paría á eu lado el sitial de Herodes ; Angel de Nápoles, con su telas asiáticas ' frente á un antiguo tapiz flamimco, que simulaba
ardiente cabeza demacrada sería el Precursor¡ su flacura y sus los frescos de'un corredor. Una después de otra, tendía á San
ojos brillantes le indicabad como á prop6sito para enc~rnar ~l Juan-Barda-una rosa, luego una copa, despué3 los brazos.
Bartolomé no aparecía.
huraño devorador de langostas. En cuanto á Pedro D Arlam,
El
primer cuadro había terminado, y se comentaban en lasa·
su gigant9sca talla y su enorme musculatura le señalaban el pa·
pel de verdugo¡ permanecería inmóvil, cimitarra en mano, de- la las novedades que se reservaba el segundo. La principal ~re
trás del santo, arrodillado durante toda la danza; luego, toman· una espantosa cabeza de Barda, modelada en cera por D' r a·
do al profeta por la espalda, le arra¡itraría fuera de la escena, ni, y que á la lividez de la muerte sumaba el horror de la fan·
.·
para volver al cabo de un momento con su cabez,\ en un plato. gre del suplicio, que le bañaba el rostro.
Descorrióse nuevamente el tel6n, y, sobre el azul del cielo
Con una alegría infantil y la cien cia de detalles que l~s mu ·
jeres aplican en estos casss, la duquesa se ocupaba también de del golfo, que llenaba de claridad el patio del castillo, se dest~dO
los trajes y la decoración de la sala, buscando para ello telas de Nardi- Herodes-rodeado de dignatarios y esclavos, venci

A sus pies yacían en ur. plato las tres cabezas ensangrentadas .. ..

por el pe~o de la púrpura y la mitra. Próximo á él estaba
el escultor D' Arlani, dominando á todos con la estatura,
soberbio en la ostentación de sus músculos y el torso ceñido por
una estola blanc11. Y entre los pizicatos de las mandolinas y un
ritmo ligero y saltarín como un tintineo de campanillafl, música
Pxtraña, por cierto, á la que se unían de vez en cuando voces
débiles de flautas y lánguidas evocaciones de guzla, apareció Simona, fina como una aguja. enfundada en un medio traje de
seda verde, mordorada y reluciente como la piel de una culebra,
interrumpida aquí y ali~. con grandes rosetones de azabache.
Avanzaba radiosa y como embebida en su atavío, pálida ba jo
los afeites, agrandados los ojo3 por el Kohl y eEtrecbada la frente por el peinado de tiara, como un firmamento comtelado de
e1trellas. Pesados arambeles pesaban sobre sa frente, y suspendido al extremo de una.hilera de perlas descansaba un 6pal o en
su seno.

***
Bailaba, y en sus grandes ojos y en la sonrisa de sus labios
apareció de pronto una sombra de espanto. El duque acababa
de tomar a.siento en su trono y, cerca de él, de pie y en actitud
re~petuoell, pero con los ojos llenos de amenazas, estaba Andrés
Salviati, el proscripto, el desterrado, el hijo caído en de1,gracia,
el enemigo de Simona, que había regresado.
Era á él á quien miraba la duquesa, sin ocuparse casi de Herodes, de San Juan arrodillado detrás de ella, ni del verdugo en
pie junto á su víctima. Con la mirada fija como la de un alucinado, Simona bailaba¡ pero cuando la danza terminó y ella se
volTió hacia Herodes para pedirle la cabeza del blasfemador, un
grito horrible brot6 de todos los pechos. La duquesa, con la bo-

ca enormemente abierta, no pudo hallar un solo sonido en su
garganta apretada. ·
·
·
El duque acababa de levantr.rse, apoyándose cnu una mano
en la espalda de su hijo, mientras que con la otra hada un i;igno, antA el cual cayeron á los µiFs de Simona tres cabezas cor·
tadas. Verdugos situados entre los :figurantes habían ejecutado
estrictamente la orden. Un tripie golpe de hacha había decap-·
~ado á San Juan, á Herodes y al verdugo: un mismo castigo había c~ído sobre Nardi, D' Arlani y Barda.
· - Han paga do-fueron las únicas palabras del duque al rei
tirarse.
A la tarde de ese mismo día, una mujn volvfo en ~í en medio
de las tinieblas vacilantes de una celda iluminada con cirios, como una capilla ardiente, y cuya puerta y vrntana habían sino
tapiadas, porque la condenada no debfa salir jamás. A sus pie,i
yacían en 'Jn plato tres cabezas ensangrentada!": jóvenei,, lívi das, de pupilas convulsas y cabellos herizados todavía de horror. La mujer, centellante aún de joyas y de sedas, retrocedi6
imtinlivamente, y al hacerlo se deslizó de sus ropas un perg11 mino sellado con las armas de Sa!viati. Simona lo recogi6 del
suelo, y, desdoblándolo, leyó este adiós de un anciano:
((Vo3 que los amásteis vivos, alliadlos muerto¡¡, señora. Os ha
placido vivir con ellos y por ello1,, y os será du lce morir tam·
bién con ellos, que murieron·por vos. •&gt;
Y dando vuelta á la hoja, la duquesa halló estas líneas consoladoras:
·
((Pero yo también os he amado, Simona¡ lo recuerdo y tengo
go piedad: sus labios están envenenados... ii
JUAN

LORRAIN. .

¡

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~---:==----=-====:========----,

�~~A LAS//
DAMAS'
LOS CELOS

yo me consideraba en ridículo. Para colmo de mi desventura
un autor me tendi6 la mano y mostr6 deseos de charlar un rat¿
conmigo. Iba á comenzar el acto y tuve que retirarme para diri-Hay hombres y mujeres de los que puede decirse que son girme á un descansillo. Allí estaba, cuando un bulto envuelto
celosos de profesi6n. Para algunos de ellos, la pasi6n de los ce· en blancas gasas baj6 pricipitadamente la eECalera.
los no deja de estar relacionada en cierto modo con la envidia;
Reconocí á Nellis, á quien traté de seguir sin lograr mi prop6para otros es como un río en nuestras venas, como una fuerza sito por haberlo impedido otras mujeres que encontré al paso.
de la. Naturaleza, como una embriaguez irresistible.
Cuando llegué á los bastidores acababa Nellis d6 entrar en esAsí hablaba. Sam6n, fil6sofo de entre bar,tidores, aleccionado cena. Estaba Joco de indignaci6n como si me hubieran cruzado Ja
por l,a.s muchas aventuras que había corrido en los teatros de cara con un látigo. El furor se acrecentó de un modo terrible
Boulevard.
cuando ví tras de mí al teniente de dregonos. Noté que no anNegandec interrumpi6 á Sam6n. diciendole:
daba por allí Laura Violette, la cual debía tardar en bajar siete
-Cuando se desea contar una historia se cuenta sin ningún ú ocho minutos. ¿Cómo podía yo sospechar que aquel hombre
género de preámbulos; enojosos ¡·;;:;:-,;:--::...:::~.¡;¡¡.;::-=--:::::;--=----------, no aprovechara este tiempo para
siempre al final de una comida ""' :~./
j
charlar con su amiga?
de solteros.
"l.é '!11
,
Sentía ya en la palma de mi
-No me interrumpáis. Todo
' mano la bofetada que iba á dar
relato es una cosa peligrosa. que
al oficial cuando Nellis !alió de
merece respeto y atenci6n.
la escena, eo la que no debía ya
-Te escuchamos, dijo Julio
presentarse hasta el acto siValor, hombre muy aficionado
guiente.
Me precipité sobre ella y le
á callarse fumando un buen ciga·
rro después de la comida.
dije e'!l voz baja:
-Pues empiezo. Amal',a yo
)
-¡Miserable!
con delirio á la hermosa Nellis,
Nellis se qued6 sorpreod ida y
á la que diariamente visitaba en
su asombro aumentó mi indigsu camerino.
%:;
naci6n. La así del brazo y eché
Me sería muy dificil explicar
~
,
á correr con ella. Los corredores
la raz6n de mis celos con res·
f'~...
estaban vacíos Metí á Nellis en
pecto á aquel!a criatura. Creo
~~
su cuarto, exclamando al en·
que su e~bed~tez yí su t1alle de
- · .·~
trar: T d h
í
bailarina m 1a ten an a go que
-¡ o o a concIu do entre
ver en el asunto. En verdad, no
nosotros!
me daba. motivo alguno que me
-¿Qué es lo que ha concluíindujera á dudar de su virtud;
do?..... me dijo sonriendo.
pesaba lo que una pluma, y yo
-¡Me has engañado vilmente!
veía siempre esa pluma en el
Nellis lanzó una estrepitosa
aire. La fidelidad de Nellis tenía
carcajada.
Levanté la mano y ella no se
para mi un valor puramente físico. No me llegaba al alma lo que
movió de su sitio.
ella pudiera pensar, quizás porIba á pegarle y á cometer una
que pensaba poco, y suplía las
salvajada, cuando al mirar en
ideas por los gestos.
torno mío me sorprendió sobre·
No quedaba más remedio que
manera el aspecto del cuarto.
ejercer una vigilancia continua.
-¿Pero, dije, no estamos en
En cierta ocaci6n tuve momentu camerino?
tos de terrible y avasalladora
-Nó, contest6 Nellis; esta
angustia. Un teniente de dranoche he prestado el mío á Laugones, hombre elegante y de
ra Violette, que necesitaba un
muy buena figura, se enamor6
espejo de gran tamaño.
de Nellis. Durante algunos días
Traje de tarde.
La pobre Nellis ee ech6 á llole encontraba sin cesar no lejos
rar como un niño.
-¡ Ya no me quieres: excl9.m6 ella con dulce voz.
de ella. Como era natural, yo no la abandonaba ni un ins·
tanta. Al salir de la. escena me daba el brazo y la acompaPero su dolor fué combatido por el abrazo que le dí. La infe·
ñaba á su cuuto.
liz quedó presa en él como un pobre pajarillo asaltado por una
El teniente era muy joven, y desengañado, al parecer, se pu· inmensa ola. -J. H. ROSNY.
so á revolotear en torno de ia graciosa Laura Violette, que no
dejó de acogerle con cierta benevolencia.
·~~
Me había tranquilizado por completo cuando una noche, al
UNA LECCION DE URBANIDAD
llegar, como de costumbre2 antes de levantarse el telón, encon·
tré sentada en el corredor á la encargada de la sastrería, una tal
«María», dice la señora en el almuerzo, ccpásame pan.»
Victoria. La saludé distraído y me dirigí al cuarto número 6,
La sirvienta toma un pan con la mano y se lo pasa con la
en el cual debía estar mi encantadora Nellis. La llave no se hamayor
desenvoltura.
.
llaba en la cerradura. Llamé con la mano y nadie me contest6.
«¡ Qué modo de servir! para otra vez pásame lo que te pido en
Oí ruido de risas y después...... nada más. Volví á llamar inu.
tilmente. Silencio absoluto. Los latidos de mi corazón podían un plato; no se s~rv~ nunca con las manos.,,
A
la
mañana
s1gmente,
al
levantarse
la
señora
pide
las zapa·
oírse á través de la puerta. Ciego de ira, me dirigí al sitio don·
tillas,
y
la
buena
de
la
sirvienta
se
las
pasa
en
un
plato.
de estaba Victoria, á la que pregunté:
-¿Ha llegado la señorita Nellis?
***
-Sí, señor. No le falta más que un cuarto de hora para salir
Hay una regla de urbanidad que á menudo se de~cui~a; Y es
á escena.
la de quitarse el sombrero al pasar delante de una 1gles1a, que
Ya lo sabía yo. La Vil!atenense había cruzado ya el corredor, es el alcázar del rey de los cielos, 6 al encontrarse con los sacer·
chocando conmigo á su paso. La Trulet hablaba con Victoria y dotes, que son los representantes de Dios.

~===========================================================-~~~~~~~~~~~~----

ESPANT.OSA A VENTURA.
Caminaba un sastre de pueblo llamado
Pechicay con intenci6n de amanecer en
otro cercano del suyo, en el cual pensaba
ganar el jornal del lunes. Era una noche
triste y obECura, y apenas había andado
media legua , cuando lleg6 á lo más espeso de un largo bosque que debía precisamente a.travesar.
El canto lúgubre del hubo, Al ladrido
de los perros de ganado y elfamélico ahullido de los lejanos lobos, apenas dejaban
aliento para respirar, pero mucho menos.
valor ·al sastre sin ventura, para dar utÍ
paso. El miedo se apoderó de Au coraz6n
y puso grillos á sus pies, y en cada sombra, en cada bulto que distinguían sus
ojos de gato, se le figuraba ver un espectro amenazador 6 un ladr6n cubierto de
sangre. '
·
,
De repente se oy6 un ruido extraño y
el pobre hombre se encuentra detenido y
sujeta. su capa por una fuerza invisible.
¡Oh Dios mío! ¡qué horror! un sudor frío
cae por eu frente, las manos le tiemblan,
sue piernas se estremecen y en sus mandíbulas crispadas se deshacen sus dientes
chocando unos con otros.
-Señor, dice á poco rato, si es usted
una alma del purgatorio, suélteme por
Dios, y yo rezaré·y mandaré decir cuantas misas pueda1 aunque no beba más
vino. Señor, decía: después, yo soy un
pobre sastre que va á ganar su vida, y mis
hijos se morirán de hambre, si estoy aquí
preeo tres ó cuatro años más,
Pero el que lo tenía preso se hacía el
sordo y no lo quería soltar á pesar de su
llanto y de su desesperaci6n.
No ~ebe ser alma, pensaba el sastre,
cuando no se contenta con oraciones y se
empeña en tener agarrada la capa ... y luego continu'aba: ·
-Sefi.or ladr6n, déjeme U'3ted marchar
por su vida, así Dios le dé bolsillos de
oro en vez de capas· viejas, que soy un po·
bre ·sastre que va á ganar el pan de sus
hijos.
'
En este espantoso estado quiso Dios
que pasara la noche y que llegase la luz
del nuevo día. 'á iluminar aquella escena.
El sastre levanta la cabeza, tiene miedo
de mirar atrás porque piensa ver la boca
de mi fusil que le está 'amenazando. Poco
á poco y con el mayor disimulo posible
va volviendo la cara. ¡ Dios mío! ¿quien
será el que lo tiene preso? ¿lo matará? Con
el rabo del ojo principia á ver á su espalda, adelanta más la vista, ya ve por com·
pl~to, ¡ah! el espectro, el fantasma, elladron,:es ... una zarzalll
..Da el sastre un salto de euatro varas y,
t1Jera en ristre, acomete á la zarza con el
valor de Aquiles, y exclama lleno de noble y valerosa indignaci6n:
-¿Tú eras? ¡ah maldita! vil y cobarde;
yo te juro que si como eres zarza fueras
h?~bre, había de beber de tu sangre. Y
diciendo y haciendo, principia á dar man·
dobles tijeriles sobre la 'zarza infeliz, que
en un santiamén se vi6 yacer postrada en
el suelo.
Y luego dirán que era cobarde el sastre.

***

-Decía un médicÓ.-Nosotros somos
considerados primer~ como dioses,' luego

como hombres y después como demonios.
Decía un fil6sofo.-Dios ama á todas
sui, criticas, pero cuesta trabajo el convencerse de que awe á los necios.

***

Cierto filósofo Pitag6rico, tom6 al fiado
un par de zapatos; cuando fué á pagarlo
encontró cerrada. la tienda, por muerte
del zapatero. Tuvo una secreta complacencia de gnardarse el dinero y los zapatos ·
pero á ello Fe le siguieron punzantes re~
mordimientos. Reflexionó sobre sd injusticia, y vuelto á la tienda, meti6 el dinero por debajo de la puerta diciendo: &lt;(Este
hombre, muerto para los demás, vive todavía para mb

ANTES DE PODER

utilizarlos, es menester extraer el
hierro ú oro de la piedra mineral.
Lo mismo puede decirse del aceite de hígado de bacalao puro.
Sus virtudes no se encuentran en ·
sus materias grasosas y mucho
ménos en su asqueroso sabor y
olor. Sus efectos sobre los nervios y la repugnancia con que lo
recibe el estómago, son más que
suficientes para contrarestar, en·
la mayoría de las gentes, sus
buenos efectos como medicina, y
eso sin tomar en cuenta que es
de dificil digestión. Sin embargo, siempre hemos tenido motivo para creer, que envuelto en
los elementos que componen el
aceite de bacalao, se encontraban
propiedades curativas del más alto valor. Pero fué necesario separarlas de su nauseabunda matriz
en que estaban combinados, y esto es lo que con grán éxito se ha
efectuado en la elaboración de la
PREPARACION de W AMPOLE

en cuyo eficaz remedio, tan sa·
broso como la miel, tenemos toda
la esencia del Aceite de Bacalao
puro, combinada con Jarabe de
Hipofosfitos Compuesto, Extractos de Malta y Cerezo Silvestre.
Estos ingredientes, constituyen
un reconstructor de tejidos, un
purificador de la sangre, y un reconstituyente general incomparable. Ante este remedio, la enfermedad se retira con una eficacia
y rapidez, que asombra á los fa.
cultativos tanto como deleita á
los enfermos. En los casos de
Escrófula,Diarrea Crónica y Afecciones Pulmonares, jamás deja de
proporcionar un alivio y curar.
"El Sr. Dr. N. Ramirez Arellano
Profesor en la Escuela Nacional
de Medicina de México, dice: La
Preparación de Wampole es doblemente eficaz en las Afecciones Pulmonares, por la acción de
los principins nutritivos del aceite de hígado de bacalao." Nadíe sufre un desengafl.o con esta.
De venta en todas las Boticas.

***

Uno, al parecer caballero, entró eo una
de l_a~principales zapaterías de la. capital
y p1d10 unas botas de las mejoree. El
mae3tro le sirvi6 acto contínuo sacándole
~n par, mientras el parroquiano sentado
Junto á la puerta de la tienda, quitándose
unos malos zapatos que llevaba y.colocándolos al dintel de ella, dió principio á probáraelas con la mayor gravedad, resultando al fin de la operacifm que le estaban
perfectamente. Puesto de pie y dando sus
dos correspondientes patadas en el suelo,
como para amoldarlas, pregunt6:
-¿Cuánto valen, maestro?
A este tiempo otro ciudadano llegó á la
· puerta del almacén, ech6 mano á los zapatos que el otro había puesto para eso
cerca de la vidriera, y di6 á correr con
ellos, que ni el viento iba más listo.
-¡Ah tunante, ladrón! exclamó el de
las botas, corriendo detrás del que se llevaba los zapatos.
El mAestro, saliendo entoncee á la puerta, decía con calma:
-¡Cá! ¡no le aleanza, no le alcanza!
En efecto, ambos parroquianos volvieron la esquina, y esta es la hora en que el
inocente almacenista no comprende lama·
ña con que aqutl brib6n le rob6 las botas.

***

Un joven tan opulento como excéntrico
llevaba en su casa un libro registro donde
apuntaba todas las necedades que en ella
ocurrían, ya proviniesen de él ó de sus
criados.
El máe atrevido de estos, que se llamaba Severo, le dijo un día:
-=-Señor, ¿no di6 usted mil duros para
la ~omp!a de un caballo á un chalán á
quien usted no ha visto media docena de
veces?
-Aeí es la verdad.
-Pues entonces voy á hacer este asiento en el libro verde.
-Escucha, borrico. ¿Y si me trae el caballo 6 el dinero?
-Ento~ces, repuso el ayuda de cámara, el necio será él, y haremos el asiento
á su nombre.

***

. Un insolente dió á S6crates un puntapié. y el fil?sofo sufrió con paciencia el ultra.Je. Echaronle en cara su insensibilidad
y dijo:
-¿9,ué queríais que hiciese?
-Citará ese hombre en justicia le replicaron y pedirle satisfacción del i~sulto.
-¿.Con que según eso, pregunt6 S6cratee, s1 un mulo al pasar me diese una coz
tendría también que citarlo en justicia? '

***

.un embajador extranjero visit6 la bibl~oteca ~el Escorial y conoció que el bibhotecar10 era un ignorante. Habl6 despué~ con el rey de la magnificencia del
edificio, y dijo á S. M.
-El encargado de la biblioteca es un
ho,mbre singularísi.m?, y tanto, que podna ser un gran mm1stro de hacienda.
- ¿P~es, por qué~ , le pregunt6 el rey.
-Senor, respond10 el embajador, porque nada toma.ría de vuestras rentas, · así
c?m? nada ha tomado de lo&amp; libros de su
b1bhoteca.

�CADA UNO EN SU OFICIO.
¡A ese! ¡á eee! gritaba ufi paisano contra. un ratero que rob6 la ' bolea á cierta
stñora que compraba melocotones.
Cor.rieron hacia él, y diciéndole un guardia municipal, dáte, pedazo de ladrón
contesto' éste: yo no soy pedazo de ladr6n,'
yo soy un ladrón completo.

***
UN JUEZ SABIO. -Un pobre aldeano, yendo un día al monte por una carga de leña
p:ua venderla y comprar con su producto
pan para alimentar á sus hijos, se encontró en el camino una bolsa, y dentro de
ella cien monedas de oro, cuya vi~ta alegraba el corazón.
El aldeano las contaba con placer, form6 proyectos, y ech6 cálculos admirablei:i,
deeeubrieodo delante de sí un porvenir de
abundacia y felicidad. Después reflexion6
que aquel dinero tenía dueño, se avergonzó de sus proyectos, y escondiendo la bolsa i,e march6 al campo á su trabajo.
Por la noche, la leña no se había podido vender, y el aldeano y su familia no
tenían pan.
-Terrible es la tentación, decía el pobre hombre, pero este dinero no es mío y
debo gastarlo. Dios, que cuida de los iueertos, cuidará de mi y de mis hijos.
Por la mañana se pregon6 por las calleB,
como era coetumbre en aquellos tiempoe,
el nombre del que había perdido la bolsa,
ofreciendo de hallazgo veinte pesos al que
la i-ntregase.
--Aquí la tenéis, presentándola al dueño, que era un comerciante de Florencia.
Pero éste, por librarse de pa6ar la oferta, examin6 la bolsa, cont6 el dinero, y dijo fingiendo enojo:
-Mi bolea, buen hombre, es esta, pero
el dinero no está completo, porque yo tenía. en ella ciento treinta modedas de oro
y s6lo ºme traeis ciento, y como es claro
que me habéis robado lo demás, voy á pedir que se os castiguen por ladrón.
-Dios es juPto, dijo el aldeano, y cabe
que digo verdad.
Los dos contendientes fueron condncidos á la presencia del gran duque AlPjandro de Médicis, que hacía por sí mismo
justicia á su pueblo.
-Hazme dijo al aldeano, una relación
sencilla y verdadera. de este suceso.
-Yo, señor, he encontrado la bolsa yendo al monte; he contado el dinero y sólo
contenía cien monedas.
-¿Y no has pensado en que con ese dinero podías ser feliz?
-Tenia en mi casa una mujer y seis
hijos esperando la leña que había de llevar para venderla y comprar pan. Perdonadme, señor, si en esta situación he pen·
sado en servirme del oro, porque efectivamente ha habido un momento en que lo
he mirado con codicia. Después he reflexionado q11e tendría dueño, tal vez con
más obligacionea que yo, la he escondido,

y en vez de volverme á casa me he ido á
trabajar.
-¿Has dado cuenta á tu mujer del hallazgo?
-He temido su codicia y me he callado.
-¿Y nada, absolutamente nada has tomado de la bolsa?
-Señor, mi familia, mis pobres hijos f.e
han quedado sin cenar, porque la leña no
se vende.
-Señor, que todo lo que dice este hom.
brees falso, porque mi bolsa tenía ciento
treinta monedas, y s6lo él se ha podido
quedar con las que faltan.
-Por ninguna hay pruebas, dijo el gran
duque, pero sin embargo, creo que este
pleito es fácil de sentenciar.
--Tú, pobre aldeano, refieres el hecho
con tal naturalidad, que no es posible du-

¡Oh !os Valientes!
No se crea que vamos á trJ.tar
de aquellos que luchan en el campo de batalla, no, vamos á tratar de tipos que, por desgracia,
abundan mucho en los dos sexos.
Llega Ud. á una casa en la que
el jefe de familia se encuentra
con un fuerte catarro y un poco
de calentura; al preguntárselc
qué ha hecho para combatir su
enfermedad, contestará: Nada,
yo nunca me curo, no tengo miedo á las enfermedades. Y nuestro hombre se queda tan satisfecho como si tal cosa.
Quince días más tarde nuestro
héroe no tiene catarro; solo le
ha quedado una tosecilla seca,
no puede dormir, ha perdido el
apetito y se va adelgazando á
gran prisa; pero como es valiente, no quiere curarse. Llega el
día en que nota su esputo con algunos rasgos de sangre y entonces se preocupa algo, llama al
médico y éste le dice con mucha
política que su estado es delicado, que necesita cuidarse y tomar luego la "Creosofosfatina"
líquida.
Es querido lector, que el valiente, por sus tontas ideas, se
ha vuelto tísico. Si hubiera tomado la misma medicina cuando
comenzó con el catarro, se hubiera curado con menos de un
pomo, mientras que hoy tendrá
que tomarse varios y está expuesto á contagiar á toda su familia.
Los catarros y las toses nunca son inocentes; deben cuidarse
tomando la admirable medicina
que dejamos nombrada; con ella
se evita y ,cura la Tuberculosis y
todas las enfermedades del pulmón, pecho y garganta. Tambien la hay en pastillas_

dar de lo que dices, mucho más cuando
has podido quedarte con todo, lo mismo
que son una pequeña parte. Tú comerciantP, gozas de buena posición y de mucho
crédito para que podamos presumir de tí
un engaño. Diciendo los dos verdad es
claro que el bolsillo que se ha hallado ~te
hombre con cien monedas es otro distinto
del tuyo, que tiene ciento treinta.
Recoge, puee, el bolsillo, buen hombre
dijo sl leñador, y llévalo á tu casa bast~
que parezca su dueño, y si por casualidad
te vuelves á encontrar otro con ciento treinta, llévalo á este honrado comerciante, que
entonces como será el suyo te cumplirá su
palabra dándote los veinte pesos que ofre·
ci6. Entre tanto, como premio de la honradez con que te has portado presenta fido
el bolsillo, siendo tan pobre, señalo para
tí y tu familia treinta pesos al año sobre
mis rentas.

***
En el Boletín Oficial de una provincia,
se leía. el tSiguiente anuncio judicial:
Con objeto de averiguar la muerte de un
cadáver que se encontr6 difunto en el pueblo de ...... se ponen á continuación las señas del presunto muerto, para que puedan
compararse con las del matador, antes de
encontrarlo, para ver si por casualidad son
uno mismo.

***

UN ACREEDOR DELO QUE NO HAY.
Figuráos si tendría mala memoria un
zapatero, llamado Pedro Díaz, que olvidó
nada menos que el nombre de su acreedor
á quien había prestado un duro. Dábal~
tanta pena este olvido, que no pudo men?s de confiarlo á su mujer, y ella que se
pmtaba sola para sacar dinero, le di6 un
buen consejo, reducido á contestará todos
los que les saludasen en la calle, diciendo:
-Mejor me vendría mi duro.
De esta manera, añadía la mujer, cuan·
do saludes á quien nada te debll, pasará
adelante sin hacer caso, y cuando tropieces con el verdadero deudor, no podrá
menos de dar sus excusas.
El marido sigui6 el consejo al pie de la
letra, y á tantas personas saludó de este
modo, quA al fin tropez6 con su deudor,
que le dijo:
-Hombre, yo te daré tu duro sin tan ·
tos rodeos.

***

QUIEN LO DIRIA.
Un aguador encontró pocos días hace á
una joven su paisana, á quien al parecer
no había visto en mucho tiempo, y dejando la cuba en el suelo y santiguándose
varias veces con muestras de admiración,
dijo:
-¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡pobre hija
mía! ¿eres tú la que se ha muerto, 6 tn
hermana?
-Mi hermana es, según creo, laque ha
muerto, dice la joven, pero yo he sido la
que ha estado más mala.

�</text>
                </elementText>
              </elementTextContainer>
            </element>
          </elementContainer>
        </elementSet>
      </elementSetContainer>
    </file>
  </fileContainer>
  <collection collectionId="20">
    <elementSetContainer>
      <elementSet elementSetId="1">
        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
        <elementContainer>
          <element elementId="50">
            <name>Title</name>
            <description>A name given to the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="2949">
                <text>El Tiempo ilustrado</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
          <element elementId="41">
            <name>Description</name>
            <description>An account of the resource</description>
            <elementTextContainer>
              <elementText elementTextId="3358">
                <text>Semanario ilustrado de literatura, historia, bellas artes y variedades. Dedicado a informar las noticias más relevantes de México y el mundo, además era escaparate de todo tipo de comercios, banca e industria pues en él se anunciaban sus servicios.</text>
              </elementText>
            </elementTextContainer>
          </element>
        </elementContainer>
      </elementSet>
    </elementSetContainer>
  </collection>
  <itemType itemTypeId="1">
    <name>Text</name>
    <description>A resource consisting primarily of words for reading. Examples include books, letters, dissertations, poems, newspapers, articles, archives of mailing lists. Note that facsimiles or images of texts are still of the genre Text.</description>
    <elementContainer>
      <element elementId="102">
        <name>Título Uniforme</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="84260">
            <text>El Tiempo Ilustrado</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="97">
        <name>Año de publicación</name>
        <description>El año cuando se publico</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="84262">
            <text>1911</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="53">
        <name>Año</name>
        <description>Año de la revista (Año 1, Año 2) No es es año de publicación.</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="84263">
            <text>11</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="54">
        <name>Número</name>
        <description>Número de la revista</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="84264">
            <text>34</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="98">
        <name>Mes de publicación</name>
        <description>Mes cuando se publicó</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="84265">
            <text> Agosto</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="101">
        <name>Día</name>
        <description>Día del mes de la publicación</description>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="84266">
            <text>20</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
      <element elementId="103">
        <name>Relación OPAC</name>
        <description/>
        <elementTextContainer>
          <elementText elementTextId="84280">
            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752901&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
          </elementText>
        </elementTextContainer>
      </element>
    </elementContainer>
  </itemType>
  <elementSetContainer>
    <elementSet elementSetId="1">
      <name>Dublin Core</name>
      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
      <elementContainer>
        <element elementId="50">
          <name>Title</name>
          <description>A name given to the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="84261">
              <text>El Tiempo Ilustrado,  1911. Año 11. No. 34. Agosto</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="89">
          <name>Accrual Periodicity</name>
          <description>The frequency with which items are added to a collection.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="84267">
              <text>Semanal</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="39">
          <name>Creator</name>
          <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="84268">
              <text>Agüeros, Victoriano, 1854-1911</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="49">
          <name>Subject</name>
          <description>The topic of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="84269">
              <text>Publicaciones periódicas</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="84270">
              <text>México</text>
            </elementText>
            <elementText elementTextId="84271">
              <text>Literatura mexicana</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="41">
          <name>Description</name>
          <description>An account of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="84272">
              <text>Semanario ilustrado de literatura, historia, bellas artes y variedades. Dedicado a informar las noticias más relevantes de México y el mundo, además era escaparate de todo tipo de comercios, banca e industria pues en él se anunciaban sus servicios.</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="45">
          <name>Publisher</name>
          <description>An entity responsible for making the resource available</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="84273">
              <text>Talleres Tipográficos de El Tiempo</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="40">
          <name>Date</name>
          <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="84274">
              <text>1911-08-20</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="51">
          <name>Type</name>
          <description>The nature or genre of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="84275">
              <text>Revista</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="42">
          <name>Format</name>
          <description>The file format, physical medium, or dimensions of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="84276">
              <text>text/pdf</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="43">
          <name>Identifier</name>
          <description>An unambiguous reference to the resource within a given context</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="84277">
              <text>2000200385</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="48">
          <name>Source</name>
          <description>A related resource from which the described resource is derived</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="84278">
              <text>Fondo Hemeroteca</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="44">
          <name>Language</name>
          <description>A language of the resource</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="84279">
              <text>spa</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="38">
          <name>Coverage</name>
          <description>The spatial or temporal topic of the resource, the spatial applicability of the resource, or the jurisdiction under which the resource is relevant</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="84281">
              <text>México)</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="96">
          <name>Rights Holder</name>
          <description>A person or organization owning or managing rights over the resource.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="84282">
              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
        <element elementId="68">
          <name>Access Rights</name>
          <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
          <elementTextContainer>
            <elementText elementTextId="84283">
              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
            </elementText>
          </elementTextContainer>
        </element>
      </elementContainer>
    </elementSet>
  </elementSetContainer>
  <tagContainer>
    <tag tagId="11028">
      <name>Abraham González</name>
    </tag>
    <tag tagId="295">
      <name>Cuentos</name>
    </tag>
    <tag tagId="3071">
      <name>Poesía</name>
    </tag>
    <tag tagId="494">
      <name>Política</name>
    </tag>
    <tag tagId="98">
      <name>Teatro</name>
    </tag>
  </tagContainer>
</item>
