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                  <text>fL
Ato XI.

MÉXICO, DOMINGO

-==========================-========

27

DE A GOSTO DE

1911.

Nmr1. 35.

=== ================================================.
·1..

• .

=

11

Aspecto del monumento de la Independencia durante la manifestación maderista el último domingo.
Fots. de Et Ti empo lltutrado

�Cerremonia patrriótiea en honorr de auauhtemoe.

El señor Madero en Morelos.-¿Zapata jefe de asesinos?
La única salvación posible.

,,
•·

A los que solemos emborronar cuartillas hablando de política, no nos puede acontecer lo que á los cronistas hebdomadarios que curaimente insisten de contínuo en el t6pico de que no
hay a¡:,unto que tratar. Contrariamente á lo que á esos señores
lel! sucede, no tenemos sino essucbar algunos interesantes comentario., que sobre el asunto de actualidad "ª hacen por esas
calles, para mal surcir nuestros artículos, 1-in vernos obligado~
á espigar en los peri6dicos del día. Y esto que á prb:iera vi~ta
parece torpeza en arbitrarse una suficiente documentaci6n, produce 6pimos resultados, toda vez que quien lea los perió_dicos
diarios, -tales son las patrañas que cuentan-se verá obligado
á creer que no vivimos en una democrática República, sino en
plena cafrería y que no tienen más remedio que liar las maletas en busca de mejores vientos, temerosos de verse despojados
hasta del pensamiento.
.
Asf la cuestión del Estado de Morelos, muy delicada de suyo,
ha Te~ido haciéndose más y más grave, gracias á los noticieros
vestidos histrionescarnenle de ((corresponsales de guerra)) y de
1&lt;enviados especiales,&gt;1 al grado de que algunos ccpatriotas&gt;1 que
tenían las caras hoscas por los efectos de la revolución, se han
tornado en alegres y regocijados, hechos unas pascuas, con la
esperanza legítima d~ ver al país _sumid? en l_a anarquía, hech_a
la democracia un añico, las t&gt;lecciones sm verificarse y en el ámmo de todas las crentes de paz y de orden el pensamiento de lo
conveniente que ~ería el regreso del cclpiranga,1 ó del ((Príncipe
Bismarck,&gt;1 trayendo á aquel otro llorobo _príncipe de hierro, que
hubo de derretirse al calor de la revoluc1on, para descargar después descomunal paliza, para que no vuelva á enseñar al pueblt)
á ser libre sobre los hombros del señor Madero, ~l caudillo de
la Revolu~i6n, quien sin faramalla~, _ni aparatosos embelecos,. ni
máquinas de guerra y tchombría m1htar,»-esa plaga extend1~a
entre nuestros conspicuos militares y que es el más alto ménto
de ellos-y sí con un gran valor personal, un patriotismo puro
y una lealtad suma, ha 1:mlucionado el conflcto, de una manera
pacífica, diplomática, hábil y honrada.
.
.
.,
Y aquí en la capital, en donde los med10s de mformac1on
abundan 'en donde la opinión pública cuenta ó debería contar,
á lo men~s con elementos de recta orientación, ¿quién habla de
la cuestión' morelense con conocimiento de causa? ¿quién obsE:r·
va sin apasionamientos y quién pronuncia su fallo tras de madura y serena reflexi6n?
·
Los hombres sesudos, cortados. según rl patrón porfirista, reclaman ante todo, el respeto incondicional al principio de autoridad, ~plaudiendo de antemano las me~i~as represi!as, ené~gicas, ciegas y crueles~ aunque su cumplimiento e.ntrane. el _am·
quilamiento de millares de hombres,. que po.r ser mcend1arios y
asesinos y salteadores, no merecen piedad smo 1~ ~orca.
.
Con ese criterio de burgueses egoístas 6 de pohticastros traidores, un cuerpo seleccionado de las tres armas, comanda~? por
el am1:ritado señor general Huerta-q~e esta~do al. serv1c10 ~e
un gobierno emanado de la revoluc16n gnta ,c¡V1va Porfir10
Díazb-y por el sefior general Bl&amp;nquet,-que en los sucesos de
Puebla se port6 con extraordinario valor sin importársele un
ardite las consecuencias que pudo haber traído su tchombrfa
militar » tan humana y racional-march6 á la. región suriana
dispue~to á hacer volver l~ tranq~ilidad y la paz al ánimo aterro·
rizado de los antes tranqmlos vecmos.
No haré un elogio de Emiliano Zapata, seguramente. En la
historia de este jefe hay más de una página sangrienta. Ni disculparé el ataque á los vecinos honrados que vieron sus personas amenazadas y sus propiedades incendiadas. Al hablar de Zapa.ta, entiéndase que me refiero á los intereses de las huestes Za-

patistas, á los intereses
que representan, á los
idea.Je¡:¡ que encarnan.
El estado de Morelo¡:,,
uno de los más prósperos, más ricos, más florecientes, ha estado, desde hace tiempo inmemorial en una situación tan a~6mala y extraordinaria,
que este conflcto, que había de produclr!!e tarde 6 temprano, no
e~ sino !a consecuencia lógica de las condiciones que hasta ahora allí tan prevalecido. La total extensi6n del Estado se baila
dividida en veinticinco 6 treinta grandes propiedades. Las riquezas naturales se las reparte únicamente un pequeñíeimo grupo,
no existiendo los pequeños terratenientes, ni división territorial
de ninguna e~pecie. ll:n la mayor parte de las entidades federativaS:existe semejante auomalfa, y en todas ellas, en diferentesépo·
cal', i;e han producido conflictos más 6 menos serios, muy significativoe. Pero en Morelos la situaci6n había llegado á un limite muy pPligroso. La. masa general del pueblo no ha podido
ealir, desde la época de la conquista, de su triste condición de
paria. Todo contribuía á aumentar sus dolores y la opresión á
que estaba sujeto. La gente de campo, que compone la total población de esas comarcas, nunca llega á ser propieta1fo, desde
luego, por el acaparamiento de las tierras; además, los explotadores de la gente trabajadora, sin conciencia ni escrúpulos, han
creado una situación peligrosa, exacervando los odios del pueblo. Las tiendas de raya, esos instrumentos de una explotación
inícua. ahonditron el abismo que separa á los ricos de los po·
bres. Basta hacer notar . cómo los Zapatistae, al asaltar los trenes, asE&gt;guran á los pasajaros que no tienen ningún sentimiento
hostil hacia ellos, reduciéndose sus esfuerzos á buscar con ahinco á los pachupines, como ellos dicen, por estar en sus manos
las tiendas de raya de las haciendas. ¡Dignos sucesores de los
señores encomenderos!
En Cuautla, en Cuernavaca, en J ojutla, la plebe enfurecida
ha saqueado algunos establecimientos comerciales y residencias
particulares, incendiándolos después é insultando á sus moradores. Pero el hecho de que esos ataques no hayan sido dirigí·
dos á todos los establecimientos y á todos los vecinos pacíficos
y honrados, sino que el blanco de las iras populares lo constituyen detenninadas personas, hacen pensar muy seriamente en
el caso. Los odios deseneadenados del populacho casi nunca son
gratuitos. Claro es que gente desalmada, bandidos profesionales,
asesinos y ladrones, se han mezclado á ias turbas; que mucha
gente inocente ha perdido la vida ó sufrido en sus intereses, pero ésto no quiere decir qne la situación creada en esa regi6n, se
remedie aniquilando, fusilando, destruyendo.
Bueno es que se haga respetar y mantener el principio de au·
toridad, que se fusile á Zapata, si es verdaJ.eramente culpable y
á los instigadores del pillaje. Pero las altas autoridades de la
Naci6n deben e1-tudiar el poblema con más cuidado y mesura,
nombrando una comisi6n, compuesta de hombres inteligentes,
honorables é independientes que investigue el caso. Y, sobre to·
do, delegando sus facultades en jefes que tengan más conciencia
y patriotismo, que sean elementos de progreso y no de obstruc·
ci6n.
LUIS

Oyendo los discursos.

MORTANDAD.

El público al pié de la esbtua.

Una pobre mujer preguntaba si habría mucha mortantad en
un pueblo en el cual debía parar.
&lt;,Consuélese,» le contest6 un socarr6n: ceno se muere allí más
que una vez.,,
Yo creo que si pudieramos morir y volver á la vida muchos
que fueron necios serían sabios.
Porque con la muerte se aprenden muchas cosas.

ZAMORA PLOWES.

Sociedades que concurrieron.

Fots. de El Tiempo nustmd-0.

�En honotr de tos defensotres de Chutrubuseo

El quid pro quo-Del pobre lego

.

Vava un cuento de un escritor muy genial.
Allá en los tiempos de Maricaetafia, cuando no había telégrafo, ni ferrocarriles, un lego de la orden de San Francisco, de
aquellos que, alforja al hombro, recorren los polvorientos caminos y las pob!aciones implorando la caridad, quiso un día meterse á predicar en un pueblo cuyo nombre acaso no se encuentra l ;,;-;:- ~ ,,en ningún mapa.
De pie sobre una piedra y ro· r!·~~-·
deado de sencillos campesinos, f"
comenz6 el lego su serm6n de r,..
esta manera: «Hermanos mío&lt;i, • i ,
«Haced míos, haced todo lo malo
y huíd de todo lo bueno ..... 1&gt;
Al oír la gente tan estupenda
"1!]11"',¡¡11"'V"1Jll""
herejía alborot6se de tal manera
contra el lego, y aun poco falt6
EL LIBRE PENSAMIENTO.
para que le apedreasen.
La presencia del alcalde evitó
Un ladr6n es conducido á la
un conflicto, y calmados los ánidel juez por haber ropresencia
mos determin6 la autoridad dar
bado
en
una
tierda varias mercacuenta al Prior de San Francisco
derías.
para que ajustase las cuenta¡:, al
c1¿C6mo te llamas?» le pregunta
indiscreto lego.
el juez.
Al tener noticia de lo ocurrido,
11Pancracio, señor.&gt;1
el Padre Prior determin6 presen&lt;1¿Qué profesi6n tienes?])
tarse en el escandalizado pueblo
«Soy
librepensador.»
para reparar el daño que pudie((Pero
eso no es profesión ninse haber ocasionado el predicador
guna.,,
de alforja.
11¿Profesi6n ninguna, dice su seFué cosa de ver el entusiaemo
ñoría?
Pues sepa que esta es la
con que los sencillos aldeano~
mía,
y á no ser esta malhadada
recibieron á su Reverencia, an~iojusticia y la policía, me iría á pe·
sos de saber como el pobre lego,
dir de boca, porque quien tiene
había tao de improviso perdido
derecho
de pensar, lo tiene tamla cabeza.
bién para obrar según le plazca.
El Padre Prior subi6 á la piPYo pienso que todos los comer&lt;I ra del e3cándalo, y con su V(IZ
ciantes
son unos ladrones, así es
autorizada comenzó diciendo:
que el' robarles no es un delito
&lt;1Hermanos, no penséis que yo
sino una restituci6n que hacen.
vengo á desdecir el serm6n del
¡Cuanto le habrán robado á su seHermano lego; antes vengo á exñoría cuatdo le ha tocado complicar el quid pro quo en que ha
prar algo en las tiendas, y sin emLos supervivientes del 47.
incurrido, para que le devolváis
bargo
estos ladrones reconocidos
la fama.»
no van á presidio !i,
Aquellas gentes á quienes el quid ¡ro quo hizo ab1ir la boca un
Quedo atónito con tal discurso el juez, que á la vez cojeaba
palmo, se miraban asombradas y corno ei dudaran haber oído por los mismas ideas, es decir, era un librepensador furibundo,
bien.
y se dijo para sí: c1En resumidas cuentaH, según el libre pensa«Sí, sí, hermanos míos11, continu6 diciendo el padre Prior: miento, este pillo tiene raz6n para robar, porque piensa que el
c1haced todo lo malo y huíd de todo lo bueno: esto os decía el robo es una restituci6n.
lego, y esto os repito yo. Malo es para el mundo servirá Dios,
Hay muchos liprepensadores que están vaciados en ese mismo
malos el ayuno y la penitencia, malo santificar las fiestas y re- molde: quieren libertad de pensar lo que se les antoja y de obrar
zar el rosario, malo obedecerá los padres y superiores, malo y lo que les conviene. Y no piensan que Dios ha puesto á. la }i.
rematadamente malo confesarse y comulgar; malos, en fin, los bertad humana un límite, que no se puede traspasar sin quemadamientos de la ley de Dios y de la Iglesia. Pues bien, todo brantar las reglas de la pecencia y justicia.

•.:t-i: ~·

Mitin en honor de:Madero organizado por el Club "Aquiles Serdán" y la agrupajón dtlestuJiantes.-~Llegada de la columna, en la que
figuraron más de diez mil ¡:t1sv1:as;al n:tr.Ln.lnlu de la lnc.'.e¡;:tnc.tnua.

esto que el mundo califica de malo, ep bueno para Dios y para
los que le sirven, y debéis hacerlo para salvar vuestras almas.
En cambio, y por un quid pro quo, bueno es para el mundo el
vicio y la embriaguez, 'buenos los placeres y el juego, buenas la
murmuraci6n, la mentira, buenos los espectáculos deshonestos y
las diversiones peligrosas; y todo esto que el mundo llama bueno, es malo para Dios, el cual castiga á los que lo hacen. 1i
No tuvo tiempo para concluir el reverendo Prior pues le interrumpi6 un a tempestad de
aplausos que fueron seguidos de
vivas al lego del quíd pro quo y!f\
la religi6n !!eráfica que tales hijos
criaba.
Todas los circunstantes habían
entendido el serm6n del lego, y
sin saber latín siempre se acordaron del quid pro quo.

.1

~.

.

. ., .

•i;
..

o'

.

.

11\,

._ '°' l

1

Delegaciones del Ejército, de sociedades obreras, de Clubes políticos Yde la clase estudiantil, que concurrieron á la ceremonia.
La multitud dirigiéndose á Chapultepec.-Fots. de El. Tit~~po Ilustrado.

Fots. de El Tiempo Ilustrado.

�A etttalidades. -1.litetratotra

llos fonetrales del seño.tr Genetral José fila.tría Pétrez

CURIOSOS CALCULOS
Un tal Alfredo Arkos hizo el
cálculo de que en un afio el
hombre profiere 11.800.000 pa·
labras. Cálculo en término me·
dio que da l. 200 apretones de
mano, desarrollando la fuerzal
suficiente para evantar una lo·
comotora de ochenta toneladas.
Y calculó que aúre los párpados
94.600.000 veces, desarrollando
en esto una energía capaz de le·
vantar un pei!ode 25 kilogramos.
Otro, el sefior P. W. Everett,
calculó que una vida de 60 aiios
se divide así: Sueño: 24 años 9
meses y medio. Diversio nes: 11
afios y ocho meses. Alimenta·

Kermesst! celebrada en honor de la directora de la escuela
."Víctor María Flores."

ción 5 afios y 2 mesee. \l'iajes: 7
afios y cuatro meses. Toilette: 2
afios y 11 meses. Pereza 1 afio
y 5 meses y medio. Reflexiones: 1 año y 5 meses y meJio.
Tiempo perdido: 1 año y 5 meses.
Juzgad vosotros si este cálcu.
lo está conforme con vuestra vida. Pero notad que la estadística no está completa: para un
cristiano hay que afiadir á esto
el tiempo que él ha de emplear
en rezar, dando gracias á Dios
y pidiéndole mercedes. Y en esto por lo menos el cristiano
debería emplear media hora al
día. ¿Qué tal? ¿Corresponde es·
te nuevo cálculo á vue~tra vida
práctica?

La capilla ardiente,

Salida del féretro.

UN GITANO

· ~.:1

IGNORANCIA.

iA TU SALUD POETA!

ansío alzarla pronunciando un brindis
en loor de tu ingenio.

EL HIPOPOTAMO

PAR.A. GUlLLERMO PRIETO Y M,

Para EL TIEMPO ILUSTRADO.

Pues he gustaáo en la corintia copa
de tu verso,
el mosto que en los odres ha dormido
la beodez de Anacreón el viejo;

1

• 1

Pues aun galopan en tropel equino
por el campo sin luz de mi cerebro,
tus líricas imagines
en el brioso palafrén del metro;
Pues turbaste la paz de mi Tebaída
con el sonoro estruendo
de las orquestaciones polifónicas
del ponto de tu astro;
Pues me ofreciste en comunión sagrada,
del Arte bajo el templo,
la carne y sangre de la Poesia
en el pan y en el vino de tus versos,
Vuelve á escanciar en la corintia copa
más falerno;

¡Oh poeta, oh artista,
poliforme, proteico,
pálido por los besos de Selene
y de neurosis y nostalgia en'fermo !
Brindo porque conoces de la lira
los secretos;
porque untas en el dorso á tus estrofas
leoninos tuétanos;
Porque prendes dos alas condorescas
en cada verso,
y conoces-eximio anatemistasu descoyuntamiento;
Porque montas en oro cada gema
del castellano léxico
y abominas de música monótona
de uniformes acentos;
Porque en tu obra, inaccesible 'al vulgo,
á gl.iisa de blasón pones tu Ego;
&lt;. . .. odias á Sancho por grosero y torpe

Habita en los mortíferos pantanos
de Java el hipopótamo panzudo;
viven juntos con él, fieros y ufanos,
cuantos monstruos el hombre soñar pudo.
El indómito búfalo allí muge.
silba y se desenrosca la serpiente,
el carnicero tigre feroz ruge .. . .
El duerme y ronca sosegadamente.
Nunca flechas ni dardos ha temido;
la vista de los hombres no le altera;
rebota en su pellejo endurecido
la bala del cipayo más certera.
Yo soy cual él: la convicción segura
es cota que mi espíritu ha cubierto;
como es invulnerable mi armadura,
voy sin ningún temor por el desierto.

y amas á don Quijote por excelso!)
Porque al chocar mi copa con la tuya,
dos campanas de argento
anuncien repicando en son de triunfo
la gloria de tus sueños!
JUAN B. DELGADO.
México, á 26.de agosto de 1911.

TEOFILO GAUTIER.

«¿Cuántos dioses hay?»
"Yare, éza es una pregunta mu
honda. »
«¿En dónde está Dios?»
«¡Qué zé yo! Paece que ze em·
peii&amp; zu mercé en preguntar lo
más difícil.,&gt;
«¿Quién es Jesucristo?,,
«Pero Pare, ¡no conoce que me
paso la vida por ezos caminos y
no conozco á naide?»
((Pues entoncta, ¿qué es lo que
sabes?"
«La Letanía."
«¡Hombre! ¿Sólo la Letanía? En
fin, dila.,&gt;
,cA za mercé le toca comenzar,
que yo diré: Ora pro nobi~.1&gt;
Los que declaman contra la re·
ligión, no creas tú que sepan más
que ese pobre gitano.
Si quieres hacer una obra de
caridad, aconséjales que estudien
bien el OateciMno.
Si parecen hombres de letras,
diles despacio al oído, que estudien bien los Los fundamentos de
la fé.

~~
1

,~1

.. ~e.A

NOBLE CONTESTACION

~~

Un joven de la universidad fre·
cuentaba muy amenudo la jglesia

ARREPENTIMIENTO

y una vez al mes se acercaba á los
santos sacramentos. Sus compa·
fieros empezaron á reírse de él y á
llamarle con títulos que sólo se
encuentran ' en el diccionario de
la gente soez y mal criada.
Pero el joven con noble altivez
contestó:
cc¡ Vaya una ridiculez! ¡Os reís
de mí porque voy á la iglesia! Y
bien: para daros más materia p11·
ra risas, os prometo que iré á la
iglesia todos los días y comulgaré
por lo menos una vez en la se·
mana"
Todos admiraron la franqueza
del joven, que cumplió al pie de
la tetra cuanto prometió, pero
pocos tuvieron el coraje de imitarle.
Las almas grandes no conocen
los respetos humanos; las almas
apocadas están siempre prontas á
renegar del Divino Maestro, co·
mo Pedro ó á venderle como Ju.
das.
En cuanto á vosotros, confesad
varonilmente delante de los hombres á Jesucristo si queréis que él
un día os reconozca por cristianos
leales delante de su Padre.

Señor General don José Maria Pérez,
fallecido el día 2r del corriente.

Un escla.vo que iba á ser cas·
tigado por su sefior, se excusaba
diciendo, que había cometido el
delito sin querer.
Su señor le contestó:
- Pues bien, sin querer vas
también á ser caetigado.

SONETO
Rl ~- P. tTaeobo ~ainí11ez S, tJ.

I
I

J

Señor don Juan La b;,t,
quien junto con el señor Lic. don Victoriano Agüe·
ros fundó ''EL TIEMPO" en 1883 y que acaba
de fallecer en la ciudad de Guadalajara.

Al mirarte ¡oh Jesús! así enclavado
sufriendo en una Cruz cruel agonía,
se parte de dolor el alma mía
y te pide perdón porque ha pecado.
El corazón contrito y desolado
do antaño la maldad vivir solía,
implora tu piedad y en ti confía
que tu sangre por él has derramado.
Su culpa es infinita, mas tú Señor,
que la Muerte y Pasión, siendo inocente,
por los hombres sufriste con amor,
concédeme el perdón y se clemente;
que á tus plantas gimiendo de dolor
Sus culpas llora mi alma humildemente.
México, agosto de 1911.
MARIANO LEON

·--------~--------- --- - ~- --- --~

Señor Dr. Antonio F. López,
distinguido facu ltativo potosino director del !ns·
tituto de San Luis y colaborador de "EL TIEM·
PO", fallecido en San Luis ultimamente.

Paso del cortejo por la Avenida Juárez.
Fots, de "EL TIEMPO ILUSTRADO,"

Por las calles de Revillagigedo.

�DE

SOCIEDAD

LAS JOVENES EN EL JARDIN ra continuar más tiempo en un paraje tan hermoeo. Se derra-

maban por los cuadros de flores, bajo el borque de limoneros
tras de los arcos de enredaderas floridas. Inclinábase al bord~
de pozos sin uso tan apacibles que extremecían ...... Volvían
palpitantes y Amocionodas en busca de la señora de Salenque y
MARTA, Lucila y María escalaron el sendero, de áspera pen- del novio de María, obstinado en no poner sordina á su voz padiente, que se desprendía del camino pa1a penetrar de soslayo ra exponer á su futura suegra las peripecias de una carrera de
en la villa Mazarini. Tan feliz como alegre,
«cruisers» de M6naco, en la cual había todada á locuras, María solt6 de repente el bra·
mado parte.
zo de sus amigas y volvi6 sobre sus pasoe,
-Por favor, mi querido Roberto, dijo
para ver c6mo su nombre y su novio salían
Marta un tanto molesta, cuéntenos más tarde
de un apuro en el sendero. Del brazo de Ro·
sus hazafi.as, pero ahora cállese íÍ. lo menos
berto, quién no hubiera traspasado abismos.
por unos cinco minutos.
Pero la Eefiora de Salenque se dejaba casi
En efecto, la hora era particularmente de.
arrastrar por su futuro yerno, gruñendo un
liciosa en aquel lugar privilegiado. Declina,
poco en contra de las fantasías incorregiba el día, la cima dentellada de la gran mubles de su hija, más feliz, en el fondo, al
ralla de dpresee se aguzaba finamente sobre
pensar que su querida nifia sería pronto la
el cielo del crepúsculo. Contra el fondo sommujer de un muchacho tan sano, tan herbreado de verduras, algunos restos de mármoso y tan robusto, tan bueno también,
moles, una Flora, una Pomona, un Perseo,
porque parecía, que lo tuviera todo en favor
se sumían en vida recogida, secreta y consuyo el tal Roberto. María, de lo alto del
movedora. Los matorrales exhalaban olor
sendero, le contemplaba con admiraci6n, y
áspero y fuerte y de todos los techos visibles
cuando le di6 las gracias por haber arrastrado
de la ciudad dominados desde allí, las hutan gentilmente á su pobre mamá que casi
maredas de la cena de la tarde subían en esno respiraba, había en su sonrisa y en su
pirales ligeras por el aire completamente
tono una felicidad sana, un desborde natu·
inm6vil. Una campana reson6 en un conral y sin reticencias.
vento de la ciudad, y todo el dilatado arraHallábanla generalmente más bonita cuan·
bal de techos de color de rosa parecía sacudo estaba cerca de su bello atleta, porque Señor Licenciado don Justino Fernández, dir sus campaniles. De súbito por un instante
parecía. comunicarle su bello equilibrio y su distinguido jurisconsulto y ex-ministro de todo se call6. Sobre la cresta de una mujusticia, muerto esta semana.
fuerza tranquila, su «serenidadi&gt;, agregaban
ralla festoneada de yedra s.delantaba un
con malicia sus dos amigas, Marta y Lucila,
gato, una en pos de otra, sin meter ruido,
que acaso se sentían celosas....... Porque el bello Roberto no sus patitas de suave terciopelo.
era un tonto, sino sencillamente, un hombre de sport que no
En aquel instante apareció por el extremo de la avenida ceniría por cierto, como los j6venes á extasiarse en la avenida de tral, un joven que apuraba el paso. Llevaba el sombrero en la
cipreces de la villa Mazarini, y en la cúpula de Colonia. los B6- mano, no era ni feo ni hermoso; aquellas señoras no lo habían
boli, 6 la villa de Este; n6, Roberto, de una sola ojeada había visto nunca. Dirigíase hacia ellas porque las había notado en la
medido el largo de la avenida, su grado de bclinad6n y deplo- «villai&gt; y las creía extraviadas. Explic6 la cosa rápidamente y
raba que, hallándose tan bien plantada,
luego, en un momento de embarazo, pro·
no sirviese, á causa de su pendiente exce·
nunci6 una palabra cualquiera más por
siva, para el tráfico de autom6viles.
casualidad feliz, y que cay6 sobre el espÍ·
ritu preparado de las niñas como cae una
-Apuesto á que subo por aquí con una
cucharada de incienso sobre un brasero:
máquina de cincuenta y dos caballos, dijo,
siempre que me corten una hilera de ár- La hora es tan bella...... dijo.
-¡Ay, señor! exclam6 María juntando
boles á la izquierda! ..... .
A la sola idea de ver derribar sémejanlas manos.
Y las tres nifi.as se agruparon en torno
tes árboles, las niñas y la señora de Sade ese joven como si le conociesen desde
lenque arrojaron un grito de horror.
bacía mucho tiempo. Por él dijeron adi6s
Roberto las había chocado sin quei,in sentirlo al paisaje, á los perfumes, á
rerlo.
la hora tan bella. Con aquel que había
Halláronse al pie de los jardines que se
tenido la suerie de presentarse en el mo·
escalonaban formando una terraza á la
mefito favorable y de balagar con u~a
italiana. Un plano inclinado, suavemente
palabra sus almas ya encantadas, subte·
pavimentado, se ofrecía á su vista, cortado,
ron hacia la Villa de Mazarini sin volver
en varias partes, por gradas que parecían
ni siquiera la cabeza.
conducir á una gruta rústica, bajo un ceEl hermoso Roberto seguía flemá~idro majestuoso, altivo, un poco teatral,
camente en pos de ellas revolviendo, em
que alargaba sus brazos como el Apolo de
duda, en su imaginaci6n la carrera de los
Belvedere.
«Cruisers,i&gt; ciego ante el pequefio drama
Ese hermoso camino estaba bordado de
inaparente que acababa de representarse
iris en flor. El perfume lo embalsamaba,
á la vista de Ja señora de Salen que, la cual
bosques de naranjos profundos odoríferos
había sorprendido el movimiento inquiey mudos, atraían á derecha y á izquierda.
tante y espontsneo de su hija. Al tomar el
Un bosque de bambúes susurraba mistebrazo de su futuro yerno, le dijo:
riosamente movido por la brisa. l\Iaría,
-Sue buques, sus buques, Roberto son
siempre la más sensible, se extasiaba.
cosa muy bonita ... Pero ¿sabe usted c6~o
El milagro de aquellos jardines levan·
se dirige la imaginaci6n de una muJer'f
taba poco á poco, por hábil gradaci6n de
actractivos, por encima del plan ordinaSeñor don Enrique Rosete,
rio de fa vida, y mostraba de sorpresa, quien contraerá matrimonio el mes entrante con
Cómo se guardan los secretos
la señorita Mercedes Mac Gregor.
esos paieajes súbitamente ampliados en
Fot. PucA'.
los cuales engendramos la ilusi6n de un
Una persona indiscreta confió un ~engrandecimiento de nosotros mismos, de
una embriagaaora qilatación del aima, del corazón, de los sen- creto á un amigo suyo, rogándole con mucha instancia que Ja·
más lo descubriese á nadie.
.
tidos.
&lt;&lt;No tenga usted cuidado," le dijo el amigo, «seré tan discreto
Las tres jóvenes maravilladas corrían hacía adelante, poníane
ae de codos sobre las murallas derruídas guarnecidas de muzgo. como usted. »
No confiéis jamás secretos de ninguna clase á persona ~el
Sus cabezM graciosas se recortaban sobre el horizonte purísimo.
Luego se volvían, con el dedo ·én la boca, haciendo gestos á la habla mucho. No hay cosa tan reebaladiza como la lengua
sefiora de Salenque y á Roberto para que hablasen quedo, pa· charlatán.
POR R&amp;NE BOYLESVE

.1

.....,.............

Señorita Mercedes Mac. Gregor, cuyo matrimonio con el señor Rosete tend rá lugar el mes entrante, y que con!&gt;tituirá una brillant'sima nota social.
Fot, Pack.

...._____...... ...

_ ,.

��FLORES DE LAS SELVAS.
En un rincón del terruño amado, allá donde el hondo impe- dos, semejan blancas alas de gaviotas errabundas flotando sobre
rial perturba el silencio solemne de perfumadas montañas de el seno de adormecido mar.
roble, lingue y laurel y el Llaima majestuoso levanta. el titánico
Murmuran los bosques lejanos; murmuran los prados el lago
seno laberíntico al beso del sol de la mañana, dormita, en un y los ríos y de maitenes y coihues gigantes, de aromas, de lumas
recodo del río y á la sombra de informe aglomeración de ternos y litres, de yerbas plumosas sacándose en lomas distantes de
añosos, humilde cabaña de labrador.
pardos papeles y áureos trigales despojados, llegan y pasan' raEs la puebla. de Nicasio, fiel inquilino de enorme estancia chRs de rico y acre olor.
'
abandonada que ostenta al cielo azul de aquellas regioMs casi
Y sobre el seno turgente de la excelsa madre, creadora eterna
inexploradas todavía, el rico tesoro de sus bosques tupidoe de incansable, á la sombra de la choza idolatrada, la enferma mu~
maderas preciosas y aterciopelados dorsos de valle, prado y co- jer que semeja una gran flor de las selvas, muriéndose en su
lina de esmeralda. sembrados de rústicas rocas, bajo cuyos te- albor.
chos pajizos palpita la vida pastoril, libre de las convenciones y
Ella lo sabe y por su cerebro no)diestrado al raciocinio, pacábalas sociales que estrechan la vida de los grandes centros so- san y repasan en lento desorden las escenas de su vida pasada:
ciales, irresponsable y pacífica de los fornidos hijos de los cam- es la chinita mimada de una patrona amable que le hace dos
pos del sur.
trenzae largas por la mana.na, la conversa, manda y acaricia to-

Et! una tarde tibia del mes de Abril. Lenta, imperceptiblemente, agoniza la luz.
Del sol moribundo, vagan los rayoe postreros por los largos
tallos de las secas totoras del techo amarillen•o ; besan las pardas
hojas marchitas y quebrajadas de la ramada, abriéndose paso
por entre las grietas de los pobres tallos calcinados por los colores de un estio de excesivo color y van á caer lentamente, suavemente, sobre el rostro etéreo y formas dramaticas de una cam·
pesina joven y bella todavía á pesar de los estragos de la calen·
turas que la consume, tendida sobre un montón de mantas y
chales de vivos colores, á la puerta de la pobre habitación.
Brisa lijera se levanta entre los viejos troncos nudosos de los
ternos protectores arrastrando consigo silente nevada de albos pétalos que forman sobre las secas quinchas del huerto y verde
gama de los campos circundantes, perfumado tapiz. En onda
nívea surcan la dura tierra del patio, se alejan, vienE:n y van y
entre loa múltiples pliegues de Ja diáfana falda de percal azul.
sobre el nimbo ébúrneo de la cabeza inclinada, la tosca piedra
de moler y altos de aperos amontonados en apartado rinc6n, se
viene á prender, y en espumosa marejadas, vagando:por los pra·

do el día y enseña á leer y á rezar en el tranquilo Ail1&gt;ncio de
tardes primaverales, ó á orillas del brasero en las C?rtas noches
frías del invierno cuando rujan los vientos y la lluvia azota las
anchas ventanas de la enorme casa solitaria de donde el Señor
ha sacado uno tras uno, los hijos bien amados: de la noble da·
ma que tan buena con ella fué.
¿Donde pasó todo esto? Ligera sombra de mistificación nubla
los ojos fatigados de la campesina; quiere recordar pero no puede. De su memoria han huído los nombres de personas Y luga·
res, s6lo guarda el coraz6n agradecido _el recuerdo de ~n rostf.
dulce y delicado y el eco de la voz dohente que le ense)16 á ba.
bucear el «Santa María, Madre de Dios...... » y los la?10s '!1acI•
lentos de la tísica modulan la oración que ama la muJer chile~
y del obscuro fleco de sus párpados pesados, destilan sin ataJ0
las lágrimas que aborta el corazón.
.
Un largo vacio y luego ...... la escala interminable, el mterminable quehacer; baldes de tazas y de copas que lav~r en agua
fría mañana, tarde y á media noche, en toda est~m6n; re~
gritos estridentes de cuatro colegiales pedantes; pellizcos, e~~u
no satisfechas, suefios de precipicios y de fantasmas hom es

flotres de las Selvas.
interrumpidos por la voz chillona de la campanilla despiadada
de aquel hogar en apariencia tan opulento y tan tranquilo, en
realidad tan lleno de miseria, de hipocrecía y mezquindad.
Ligero estremecimiento recorre el cuerpo debilitado y una
oleada de carmín baña el rostro exangüe al recordar la última
noche pasada en aquella casa hostil: los besos del patrón bebido,
los gritos y golpes de la esposa que se considera ultrajada, las
bromas groseras de los demás sirvientes y después...... la fuga á
media noche, el viaje á traves de valles, ciudades y ríos en compafifa de la buena mujer que se apiad6 de ella en la estación y
luego la vida de campo en aquella agreste estancia, trabajo, paz,
Nicasio y días felices y más tarde el patrón ...... ¿y qué más?
· Loa labios tiemblan. mueca de horrible sufrimiento contrae
las facciones pulimentadas y transparentes hasta el idealismo
·'1'88 dos años de sufrimiento físico y moral; sudor de muerte
humedece la sien, dos manos liliales aletean en la penumbra de
la tarde que se aleja y un gemido lastimero, vano lamento de su
corazón consumido en amargo remordimiento, va á perderse entre las voces pliiñideras de la noche que se acerca.
Todo es calma en derredor; la única llaga de aquel perfecto
remedo de paraíso ee la pobre enferma, por cuyo nacarado rostro bañado en llanto amargo, vagan las sombras de la guadaña
del Gran Segador.
De súbito suspenden sus arrullos dos palomas que entre las
totoras del techo enamoran con afán; cloquea el pavo acurrucado
en la cumbre de la choza, ladra el quiltro .que todo el día ha pa·
sado echado á los pies de su ama: fru-fru de ojota sobre el rastrojo vecino; acompasado y rápido, acusa la ansiedad del que se
acerca.
Un instante después asoma la figura varonil de un campesino
de tez tostada y pardos ojos fulgurantes, en cuyas pupila11 dilatadas anidan las sombras de un gran temor.
.Jadeante se inclina sobre la inquieta figura reclinada en el
umbral y del pecho tumultuoso arranca sorda queja. al coutacto
de las manos casi frías y frente sudorosa de esta mujer que á su
manera de hijo de las selvas1 amaba con sin par ternura..
,
Sin hablar, la alza suavemente en sus brazos nervudos y va a
tenderla sobre el lecho humilde colocado en uno de loe rincones
de la desmantelada habitación. Y luego enciende el fuego, sienta la olla de substancia gelatinosa guisada por la mañana., la
tetera ennegrecida, el tacho de leche. Con tino maternal prepara y lleva á los labios de la enferma la toma comprada en el
pueblo vecino aquel día, dándosela á beber como á un nifio, y
máe tarde, cuando el fuego esparce su tibia lumbre por el cuarto y las paredes empiezan á reflejar fantásticas imágenes indeci·
118.81 se arrodilla junto al lecho y empieza á friccionar los pobres
miembros entumecidos y tullidos tras dos afios de inacción obligada. Por los pies delicados de empeine elevado y combas uñas
rosadas, por el pecho y espalda lacerados por terrible tos, se desliz• la tosca mano del labriego, suave y ágil en su tarea. de amor.
Al rece acariciador, se calman los dolores de la enferm~ y
suefio sin sueños ni delaciones traidoras, profundo y tranquilo,
no tarda en visitar sus párpados pesados.
El día de angustia y de abstinencia, había agotado las fuerzaa de Nicasio, empieza á marearle la atmósfera cálida, cargada
del aroma enervante de las bebidas recomendadas por la médica
del lugar, de la alcoba diminuta; siente la. necesidad de respirar
el aire puro de la noche. Con paso silencioso abandona la caba·
fia y va á sentarse al pie de los temoa murmurantes. Tras breve
instante brilla un punto luminoso en la obscuridad de la nocht:
misteriosa y débil columnilla de humo azulino asciende en espirales al mudo domo gris.
Vaga en torno de la choza solitaria el viento gemidor; lanzan
sobre lllla s11s formas fantasmales los ternos temblorosos; vocee
amigas, sombras queridas que al corazón atribulado del labriego
traen la confianza de los campos adormecidos, la calma del lago
consolador.
No así aquella otra figurita alada que cr.uza e! P!tio prE:9uroea
Yen el alto umbral de la cocina lanza al aue su gnto estndente,
amenazador. Uno ...... do&amp; ... ... tres. Nicasio cuenta horrorizado
los retos del cuncho temido, fatal agorero de mina y mue1te.

,97

«Fidela,n murmura con ternura y va á doblarse junto á la cabecera, diciéndose que esa n@che no dormirá.
Apoya la frente fatigada sobre la frazada burda de ancha franja roja, fija los ojos en la llama parpadeante del lamparín que
arde frente á una imagen ne Nuestra Señora, colocada en un
marco de flores de papel sobre la mesa vecina.
¡Qué parecido encuentra el rostro resignado de la Mater Dolorosa á aquel otro que languidece sobre la almohada! Cierra
los ojos para no verlo ~· di visa allá á los lejos, tras la niebla de
los años, bajo un cielo de turquí sembrado de girones vagabundos de albo tul, un rebaño de ovejillas custodiadas por un can,
y sobre la verde y blanca alfombra, á la sombra de un maitén
coposo, un muchacho andrajoso que charla y ríe con una niña
pequefiísima sentada cerca de él. ,cMariquita)), murmuran loe
labios inconscientes y una sonrisa de dulzura inefable irradia el
rostro del campesino al contemplar á la hermanita amada que
treinta años antes había seguido sollozando al campo eauto de
Imperial; extiende la diestra para tocar la negra cabellera enmarañada y el frío madero del catre con que tropieza, ahuyenta
la visión.
Ahora, es- una noche destemplada de un invierno crudo. Dos
jinetes: un mocetón fornido de unos veinte años y un viejo vigoroso vestido con la alta rodillera, el poncho corto y el sombrero de anchas a.las del vaquero chileno, atraviesan la desolada
pampa argentina en rápido galope, al boliche donde han tenido
noticias que se trata de ultimará su patrón. Ya se acercan sigilosos, ya divisan al través de las endrijas lcs!rmitros feroces de
lo~ jugadore!I, el mont5n de oro frente al sentenciado y n. su es·
palda el gaucho ruin que levanta la corva cuchilla fratricida.
Lanza tremenda imprecación el viejo capataz, abalánzanse al
interior los dos, trábase terrible lucha de siete contra tres, que
termina con la fuga de los gauchos, no antes de haber undido
el pufial en el pecho del viejo fiel, y él, el mocetón de ,aquellos
tiempos, ha cumplido la promesa hecha á su padre moribundo
aquella noche de pavor; ha servido con fidelidad y perdonado
muchas veces la vida al nuevo amo, á ese que ha poco le robara
el amor de su Fidela. Ronca queja hincha el pecho hirsuto,·crujen los nervios de acero del soñador que casi despierta en su acceso de cólera.
Por sus párpados entreabiertos divisa la llama mortecina del
lamparín que crece, enrojece y se dilata hasta envolver al mundo en un fuego ardiente, rugidor. Blancas nubes de humo se
desprenden de la inmensa hoguera atronadora, salvan el horizonte ensangrentado y hienden las nubes en vertiginoso ascenso
al cenit lejano, arrastrando entre sus pliegues las quejai, lastimeras de millares de gargantas sufrientes,
Alza Ja frente el campet,ino y sus labios temblorosos murmuran: «Misericordia, Sefior.,1.
Como si el Eterno respondiera á su plegaria, calma el fragor
y lluvia benéfica desciende eobre los mundos encendidos; dividense los cielos de la ancha brecha azul, bajan lentamente millares de espíritus alados que circundan la cabaña y penetran
á su interior. 'Gno de ellos, el más hermoso, se inclina blandamente Eobre el lecho de la enferma, y, los brazos extendidos,
modula á sus oídos palabras de consuelo y de perd6n ......... ..
.................... . ............ .Ni casio, Benito era del patrón . .. .
Las palabras apenas pronunciadas. de111bastan las huestes celestiales y despiertan al labriego que ha oído esta confesi6n acon·
gojada noche tras noche, desde el día en que abrió un instante
y cerró para no abrirlos más sus ojo&amp; acusadores, el niño hermoso que tan caro había costado á esta mujer, y sin embargo no
tuvo para ella una sola palabra de reproche ni desden. ,,Sí, hijita, ya lo sé)), fué todo lo que dijo, envolviéndola en sus brazos, y ahí, sobre el corazón que había herido, la estrechó con
amor.
Así los encuentran los rayos pálidoe del naciente día, la médica, el compadre, los vecinos: á ella, yerta; á él, tranquilo y sereno, fuerte en la certeza de que el secreto doloroso de sus vidas
irá á la tumba que le oculte la forma frágil de la mujer amada.

WINf.

''

�-~"A. 'LAS//
,1

. DAMAS\

EL

LLANTO

tros y estigmas de su primitiva animalidad· el hombre es un 1
bo para el hombre,. y su .instinto y ley es la'guerra de todos
tra to.dos por la ex1~te-?cia. El hombre natural y verdadero es el'
salvaJe, una fiera cnmrnal.
.
-El hombre:-opin6 el profesor. de Sociolcgía-·se encuentra
a~n en los com1ensos de su evolum6n, lenta y trahajosísima, hacia un ~stado menos .i~perfec!o que el acual. Lo que se hace
por meJorar su cond1mon equivale á soltar ,m chorrillo de agua
dulc.e en las olas del Océano para desamargarlas. Transformaciones mcalculables, la acci6n de siglos sin cuento requeriría la
o~ra de .remediar en parte l:3-5 deficiencias de n~estra organizacion social presente. Y ¿qmén sabe si.muchas de estas deficiencias .son irremediables? La ciencia verdadera teme afirmar demasiado.
-El hombre-opinó el profesor de Psicología y Moral-pa~;.

co:.

Q.ué hermosa era la princesita! Robadle á la primavera los
matices de sus roses pálidas, y tendréis su cutis· al mar meridional su azur líquido, y tendréis rns pupilas· á'la seda nativa
eu. áure~ y fino tusón, y tendréis su mata d; pelo. Y tomad,
( s1 sabéis donde encontrarlas), las virtudes dulces y frescas de
?n alma ?e flor¡ la piedad, la ternura, la generosidad, el amor
ideal hacia todos los humanos-y tendréis el espíritu celeste de
la princesita hermosa.
,
Esta perfección era justamente lo 4ue traía muy inquieto al
r~): su padre. No tenía otra hija si~o aquella, y habíala conseguido tarde ya, cuando llegaba al limite que sep~ra la madurez
de la vejez; por lo cual hubiese anhelado resguardar con un fa.

CASOS DE MEMORIA NOTABLES.
El emperador Adriano tenía tan gran
memoria que hacía le leyeran un libro
que jamás hubiera visto ni oído, y almomento lo repetía palabra por palabra.
Nunca perdi6 la idea del sujeto que una
vez hubiera hablado con él.
Mitrídates, rey del Ponto, tuvo tan feliz
memoria, que estando bajo su dominio
veintidós diferentes naciones, aprendió
perfectamente sus idiomas, y respondía á

LAS MADRES
debieran saber. Con la mayor
parte de las ni11as, sus tribulaciones proceden de la falta de nutri·
ción, tanto en calidad como en
cantidad. Hoy dia se denomina
esta condición por el término de
Anemia; pero las palabras no alteran los hechos. Existen miles
de ni11as en esta condición ; algunas de ellas están en la edad
de los misteriosos cambios que
conducen al completo desarrollo
y necesitan especial cuidado.
Muchas sucumben en este pe·
riodo tan crítico y la historia
de tales pérdidas es la más triste en el curso de la vida. Un
tratamiento conveniente podría
haber sal vado á la mayor parte
de estos tesoros de sus padres, si
las madres hubieren sabido de la
PREPARACION de W AMPOLE

.
Sombreros de última moda.

nal á la princesita, elever alrededor suyo paredes de actro, y
sobre todo, recubrir su corazón tierno, palpitante de presentimientos y de emociones sagrad~s, con la triple coraza del cuero
batido del egoísmo, la indiferencia y la soberbia.
-Padre y señor-dijo un día la princesita, colgándose del
cuello del Rey.-Si es verdad que me quieres, que deseas complacerme y hacerme la vida dichosa, permíteme que la dedique
á consolar tanta deegracia como debe existir en el mundo. No
las he visto. porque tú me rodeas de esplendor y alegría y á mi
alrededor se alza el bullicio de las risas y las canciones, pero yo
adivino que lo habitual por ahí fuera será la desgracia, y que
yci podría mitigarla qui.zás acercándome á ella.
-Ni lo imagines-grit6 el rey con violencia amante.-Nada
remediarías, y sufrirías en cambio infinito dolor. Cree en mi
experiencia y vive por encima de la muchedumbre mi¡:erable;
vive alta, vive lejos; ni la mires ni la oigas. ¿No tienes fe en tu
padre? Pues ahora mismo van á venir los sabios para que les
consultes; ¡ya verás si su consejo está de acuerdo con el mío!
Llegaron, en efecto, los sabios, y se formaron en semicírculo
ante 111 princ~sita, que contemplaba con cierto asombro sus caras
marchitas por el estudio, sus barbas desaliñadas y grises, sus
ojos hundidos, de párpados abolsados protegidos por las gafas
de plata, y sus frentes rugosas, que la calvicie hacía vastas y claras como lunas.
-El hombre-opinó el profesor de Antropología-no merece
que nadie se moleste por él. Al hombre le quedan multiples ras-

con ingratitud y á veces hasta con odio el bien que se intenta
hacerle. Su instinto, en este particular muchas veces acertado,
le dicta que es rarísimo el interés, y que la beneficencia se ejerce,
por lo general, con algún fin útil al mismo bienhechor. Y i los
bienhechores del todo altruistas, les desprecia en el fondo de so
alma, porque la razón le grita: ((No serías tú tan inocente.,
-El hombre-opin6 el profesor de Higiene.-esunacloacay
una sentina. Para guardar la salud, nuestra época adelantada
no ha sabido discurrir cosa mejor que lo discurrido por nue1·
tros abuelos: el aislamiento. Feliz el que puede, como nuestra
encantadora princesita, hs bitar lejos de toda infecci6n y de todo
contagio, respirando aire á torrentes embalsamado y puro, bebiendo agua de roca que conducen cañerias de cristal. Donde se
reune gente pobre, acecha el germen maléfico, el mortal·bacilo:
-El hombre-opinó el profesor de Estética.--es la cosa mie
repulsiva que imaginarse puede, si le faltan condiciones para
hermosear y robustecer su organismo desde la niñez. La educa·
ci6n griega era la única racional. La muchedumbre menesterosa
causaría horror á la divina princesa si á ella tuviese el malgosto
de aproximarse. Que se recree en el arte, en la belleza eterna,
noble y pura de los cuadros y lafl estatuas, en la armonía de los
instrumentos, en la cadencia de los versos que se enlazan y se
huyen como parejas de diestros danzadores ...... Que no profane
sus ojos posándolos en la ruindad y degradaci6n de las formas.
en la fealdad, en la desproporción, en la chusma.
Sigue en la pág. 599,

y la hubieren administrado á sus
hijas, con el resultado de que habrían llegado á ser mujeres fuertes y sanas. Es tan sabrosa como
la miel y contiene todos los principios nutritivos y curativos del
Aceite de Hígado de Bacalao
Puro, que extraemos de los hígados frescos del bacalao, combinados con Jarabe de Hipofosfitos
Compuesto, Extractos de )falta
y Cerezo Silvestre. Para lograr
el desarrollo de nin.os pálidos,
raquíticos y demacrados y especialmente aquellos que padecen
Anemia, Escrófula, Raquitismo
6 Enfermedades de los Huesos y
la Sangre, no tiene igual, pues
sus propriedades tónicas son excelentes. "El Sr. Dr. José M.
Guijosa, de México, dice : He
empleado su Prepraci(m de
Wampole en una ~ei1orita que
presentaba a~gunos síntomas inquietantes en i:l aparato respiratorio y ciesde el primer frasco
comenzó á notarse ali vio marcado, habiendo desaparecido toda
huella de enfermedad al terminar el sexto frasco." Nadie
sufre un desengafio con esta.
De venta en todas las Boticas.

todos sus embajadores en la misma lengua
en que le habían hablado.
Cineo, embaja&lt;lor en Roma del rey de
los Partos, al día siguiente de su llegada
saludó á todos los señores y caballeros romanos, cada uno por su nombre sin haberlos conocido antes.
Publio Craso escuchaba y entendía lo
que se hablaba, al mismo tiempo, en cinco lenguas distintas, respondiendo en el
acto en las mismas, á todo lo que se le había dicho.
Julio César dictaba á la vez á cuatro diversos secretarios diferentes asuntos, leyendo además en un libro, y oyendo y
oyendo y contestando á los que le preguntaban, con la misma facilidad que si estuviera ocupado de una sola cosa.
Sénecarepiti6 dos mil nombres, habiéndoselos dicho una vez sola; en el mismo
orden que se los habían referido.
Cuenta Tritemio que el año 1444 se vi6
en la UniverRidad de París, un español
llamado D. Fernando de Córdova, so!dado
de tan maravilloso ingenio y literatura;
que asombr6 á aquella Univereidad, pues
no teniendo más que veinte años de edad,
sabía de memoria toda la Sagrada Escritura, los libros de ambos derechos, los libroR de Arist6teles, Hip6crates y Galeno;
los Santos Padres y sus principales comentadores, y en todas las facultades los doctorPs de más especial nota.
Hablaba con perfección las lenguas hebrea, griega, latina, arábiga y caldea, y
di6 que hacer á loe primeros ingenios de
Franci, causándoles admiraci6n.

EL LLANTO
Bi,gue de la pág. ,198.

-¿Has oído?-advirtió el Rey á su hija, la cual, con los ojos bajos las manos
oprimiendo el agitado seno, los labios cerrados, eecuchaba la sentencia silenciosamente.
Aquella misma noche la anciana nodriza
de la princesita, al acercarse á su cama
para arreglarle la ropa, aclvirtió que por
las mejillae tersas de la virgen corrian lágrimas abundantes, un río de llanto.
-¡,Quién te ha hecho mal, niña?-preguntó la viejezuela cariñosamente.
-Nadie..... Nadie ha querido hacerme
mal.. ....
-Pues tú lloras ..... Es la primera vez
que te veo llorar asf.
-Es que estoy infinitamente triste,
amo ...... -contest6 la princesita.-Y lloro
por loe malos, por los feoil, por los sucios
por los que no tienen qué comer.
'
Y sin reprimir las lágrimas, añadió:
-También lloro por los sabios ..... Y
todas las noches, ama, he de llorar así.
No puedo hacer otra cosa: no me dejan
asomarme de otro modo al dolor ..... ~adie puede impedirme que llore.
Y la Princesita, en efecto, llor6 sin tregua, ya apoyada en el barandal de eu

balcón cuando salía la luna, ya escondiendo el rostro en la almohada de encajes, ya arrodillada en su reclinatorio para
la plegaria nocturna. Nadie pudo explicarse en la corte del Rey la enfermedad
misteriosa que consumió en un año á la
princesita, demacrado su cuerpo y eetando
su sangre. Los sabios, consultados diariamente, amontonaron los remedios sobre
remedioe: sin ningún fruto. La vida de la
Princesita se fundió, se derriti6 en el hilo
de SUB lágrimas de amor ideal y de piedad
suprema, y hoy enseñan en los reales jardines una fuente que dicen formada con
ese llanto precioso. Los que beben de ella
contr"en la loc~ra de hacer el bien.
EMILIA PARDO BAZAN.

-

MANAN A...... ..
Es el grito, esperanza y refu.
gio de los débiles. Es bandera
de los que nunca tienen éxito.
Es el manto con que se cubre la
cobardía, la impotencia y la ignorancia.
Tristes hogares donde impera
esa palabra! Infelices seres aquellos que tienen que esperar la
nueva aurora para calmar sus
angustias y dolores!
Hombre, mujer ó niño en cuyo
cerebro germinen las ideas de
éxito, salud y felicidad, deben
olvidar esa palabra para los actos que dependan de su volunt.ad.
Cuantas vidas segadas por esperar á mañana! Entre nosotros es muy común tratándose
de negocios y sobre todo de la
salud, decir: mañana haré esto,
mañana me curo, etc., etc. Se
comienza. por ejemplo, con un
simple catarro, nos viene en seguida una bronquitis y. . . . . no
hacemos caso, mafiana me curo;
luego una laringitis y .... maña·
na me curo. Despues viene la calentura en la tarde, la tos muy seca, los imsomnios y sudores nocturnos; vemos á un médico, nos
examina, se pone serio y frunce
el entrecejo porque comprende
que la Tisis ha comenzado su
obra. Entonces nos receta lo
mejor que todo médico honrado
conoce para la Tu berc ulosi s:
"Creosofosfatina." Es cierto
que con ésto nos vamos á curar;
pero en un tiempo mucho mayor
que el empleado si desde que comenzó el catarro hubiéramos
usado esta medicina; con ella se
destruirían los gérmenes del catarro, haciéndonos al mi s mo
'tiempo inmunes para la Tuberculosis (tisis.)
Mañana... Mañana... Mañana...

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EL PERDON (
DE LAS INJURIAS

DE

., ·

No hagas álos otros
lo que no
qu leres se te hae;a á U

El barón SigifreUna vez un clerÓ·
do, grande avarienfobo dió un bofetón
to, fué un día insulá un cura. Como el
tado gravemente.
cura pidiese u n a
«¿Qué haré á ese
explicación, recibió
otro en la otra megranujaqu~ ~e l.anzó tantas IDJurias,
jilla. Entonces el
más hirientes que
cura, que era hompedradas?,, pregunbre de armas totó á los ámigos.
m a r, echándosela
«¿C6mo alcanzar de
encima, le di6 una
aquél una reparabuena revolcada de
ción que me compuñetazos.
pense de las injuAl levantarse dijo
rias?,&gt;
el clerófobo muy
Un a~igo qne
,orprendido: «Yo
p~ni:aba que los cumo~traba no conora~ ponían la izcer bien la ley crisq 11 ierda al que les
tiana del perd6n. le
I u·ga ba en la deredijo con la mayor
cha, como les man·
naturalidad: «Dale
un par de bofetadas»
J
I
da Jeisucristo, y mi-~
- ~ ren ustedei: .... .. »
El avaro barón al
«Sí; hijo,,, le dijo
oír la palabra dale,
el cura ; «pero acacomo si esa palabra
fuera á sacarle los =-~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~---~~~------- bando Jesucristo,
entro yo. Los vacuartos del bolsillo,
Grupo de-papeleros con todos los principales periódicos que se vocean en México.
lientes oo!no usted,
se apresuró á conno deberían olvidar
testar: «No me pn·
que cuando ordenan á un sacerdote, no le paran la circulación de
rece bien dárselas, porque de seguro no me las va á restituir.,,
Amigos míos, cuando se os insulte y agravie pensad en esto: la sangre, ni le quitan el derecho de defenderse; y que «tal va por
mi Señor también fué insultado ...... y él perdonó. Y tras el lana, que vuelve trasquilado.,&gt; Aun Jesucristo, cansado de la inejemplo del divino Maestro perdonad vosotros también. Solo así solencia de los vendedores del templo, les sacudió el polvo de las
podéis decir con toda verdad las palabras del Padre nuestro : costillas.» Lectores míos, aprended: no hagáis á los otros lo que
Perdóna.nos, Señor, nuestras deudas, asi como nosotros perdonamos no queréis que se os haga á vosotros mismos. Es una verdad muy
trillada ésta, de que se os pagará con vuestra misma mo~eda.
á nuestros deudores.

-

!

b

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Me~a directiva de la Convención del Partido Constitucional PrQgresista.
De izquierda á derecha: señor Carballo, s_ecretario; señor Sá~chez A;cona, pr:esiden~e; licenciado Jo.sé Vas_concelos, primer vicepresidente;
licenciado Serap10 Rendón, secretario, y senor Camilo Amaga, segundo v1cepres1dente.
Fot. de Et Tiempo nustrado

•

�lla Conveneión del PatrHdo- Constitoeional Ptrogtresista
Gtran manifestaeión en honotr de don ftraneiseo l. lYiadetro

El MENTIROSO

•

605

lo haya tragado
puede ser q u. e
muera á las veinticuatro horas, he
aquí mi temor.»
Vicente palideció y gritó: c&lt;No
yo he tirado el
hueso por la ventana.,)

Una madre había
comprado ciruelas, y
con el decidido pro·
pósito de distribuirlas
entre sus hijos las colocó sobre un frutero.
Vicente nunca había
comido ciruelas, y por
esta razón aquella fruta era para él muy tenUN ,fUMADOR
tadora. Ardía en de·
seo de probarla, y
(
Cierto fumador,
aprovechando u n a
cuando se iba á
ocasión en que lo dedormir, acostumjaron solo, cogió una
bra ha tirar el .ciga.
de la1:1 ciruelas y se la
rro por la ventana,
comió.
y después se acosAntes del almuerzo·
taba. Un día hizo
la madre de Vicente
por distracción las
contó las ciruelas y
cosas al r e v és :
notó con rnrpresa que
acostó ~1 cigarro y
faltaba una. En seguiluego se echó boni·
da puso el hurto en cotamente él por la
nocimiento de su e.3·
ventana. ¡E~tuposo.
penda distracción!
((A la mesa, niños,,)
dirás tú riéndote,
gritó éste.
porque te parece
Y cuando todos estan. original como
taban presentes dijo La junta directiva del Comité del Partido, que ha cesado de funcionar. Sentados se ven á los señores increíble. ¡Ah! secon la mayor naturali- Sanchez Azcona, Gustavo Madero, y Díaz Lombardo, de pié á los señores Urueta, Cabrera y Hay. pas bien que hay
dad: ((¿Entre vosotros
distracciones muhay alguno que s-e· haya comido una ciruela?,,
cho más estrafalarias, descuiqos más desastrosos. ¡CuáBtos cris· Todos respondieron á un mismo tiempo: «No,,, y Vicente rojo tianos viven tan fatalmente distraídos, que s,in darse cuenta se
como una amapola, dijo: «Yo no me la he comiio.,,
precipitan, fio ·á la calle, sino al fondo , del infierno!
((No es lo peor,,, repuso el padre, «que cualquiera de vosotros
No seas tú tan-torpe. Dedica pues cada día .algún rato á tu
se la haya comido, aunque no está bien que tal cosa hubiera he- alma, y cada noche unos minutos á la meditación de las verda·
cho. La desgracia es que las ciruelas tienen huesos, y el que se des eternas.

Aspecto del Teatro Hidalgo durante la convención:á la que han asistido más(de:mil delegados.
P~ts, de "l!L Tll!MPO ILUSTRADO,"

Estas fotografías, tomadas durante el mitin maderista, demuestran el enorme entusíasmo popular
que caracterizó la manifestación
Fots·. de El Tiempo Ilust1·ado,

�606

.RCTU .Rltlt&gt;.Rt&gt;BS

ACTU g Lllt&gt; A DES

EL MATRIMONIO DE TELEMACO

- Pero, ¿si mi marido equipara sus naves para ir á reco- ¡Ah, se dijo, qué apariencia de juventud! Helena sola, enbrarme?
tre las mortales, tiene este andar de diosa.
-No se renovará la guerra de Troya. Por lo demás, ¿qué im.Vino hacía ella, Ella puso un dedo sobre sus labios, por enporta?
'.
.
cima del velo. Ayud6la él, silenciosamente, á embarcarse con
-Me importa á mí, que deseo morir tranquila. Vamos, deja su criada, y la condujo al puente, donde un suntuoso lecho esen paz á la que harto viajó ya. Nausicaa está intacta ......
taba preparado.
-No me gusta.
Alej6se el barco de la playa. Telémaco intent6 alzarle el velo
-Se consume de tristeza.
de la viajera. Le rechaz6 ella dulcemente, murmurando: ce¡ Ma-Es necia.
ñana!»
-¡Ay, hijo mío, bien reconozco que es el duro amor, el dios
Comprendi6 él semejantei pudor, y fué á tenderse cerca de posiniestro el que te posee, porque te has vuelto malvado! ¡Vete! pa, donde durmi6 mal, bajo las estrellas indiferentes.
.
¡Vete! Cansad·a estoy de hacer brotar el criA la aurora torn6 al puente para espiar
men en el coraz6n de los hombres.
el despertar de Helena; y reconoci6 á NausiY Helena, al decir esto, le dej6, yendo á
caa y á su nodriza Eurymeduza.
meditar en los vastos jardines del rey MeLa moza, sentada en el lecho, le miraba
nelao.
con un poco de temor, queriendo sonreír
é implorando con sus ojos húmedos.
Allí encontró llorando á Nausicaa, en un
Sobrecogi6 á Telémaco violenta c6lera:
apartado montecillo. La joven se ech6 en
-¡ Ah, exclamaba, buena broma para un
sus brazos.
ingenuo! No sabía yo que en tu país fuese
-Reina, gimió, es por tí por quien yo
costumbre que las doncellas honestas cosufro, y por ello recurro á tí, que eres bon·
rrieran tras los hombres y les tomaran por
dadosa y prudente.
sorpresa. Yo no te amaba, Nausicaa; más
Narró, con entrecortadas palabras, su
ahora, ¿qué sentimientos pueden moverme
amor por Telémaco, y como el ingrato enhacía ti?
cantador la parecía no obstante su desdfo,
Nausicaa estall6 en lágrimas.
y el ensueño que concibiera de una vida di·
- No fuí yo, balbuceaba, fué Helena
chosa y bella cor, él, allá, en la isla clemenquien así lo quiso. Fué ella qufon me asete de Faecia, ccdonde ya me veía, suspiraba
gur6 que era necesario y que todo conesposa amada y madre fecunda, y toda en·
cluía bien. Y mucho tiempo resistí antes
tera consagrado á él á quien yo amaría con
que obedecer.
el primero y único amor de mi vida.»
- -¿Helena dices? ¿Helena! Pero, entonAl escuchar tales palabras, arrugóse el ences .....
trecejo de Helena, y hubo de ensombrecer·
La c6lera de Te1émaco se volvi6 subitase su pura fr~nte. Mas todo fué cuestión
mente contra Helena.. Más como la divina
de un instante.
hija de Leda se encontraba lejos y no podía
Ambas pasearon largo rato por el jardín:
pegarla,
dirigi6se de nuevo á Nausicaa.
y era ahora Helena la que hablaba ......
Doctor Francisco Vázquez Gómez,
-La aver.tura es estúpida, dijo. Porque
Candidato á la Vicepresidencia de la República. en resumen, ¿qué voy á hacer de tí?
Por la noche busc6 Helena la manera de
- No lo sé.
hallarse á solas con Telémaco en un rinc6n del p6rtico.
-¿Y si te tratase como cautiva, puesto que así te has ofre-Mentí, le dijo eñ voz baja. Te amo. Ráptame.
cido?
- Lo esperaba, respondió simplemente Telémaco, y to~o seNo.lo harás, porque no eres vil. Además, mi nodriza sabría
rá arreglado para el caso. Retuve, en Pylos, un navío equipado defenderme.
para la partida. Te aguardaré mañana en el puerto á la hora
-¿Y si tornase á Pylos y te dejara en tierra para que fueras
del cre¡.,úsculo.
befa de las gentes?
-Allá iré, dijo Helena, con una de mis siervas.
Nausicaa llev6se la mano al corazón, y llamando; cc¡Nodriza!
¡No driza! se desvaneci6. »
En tanto que Eurymeduza la prodigaba sus cuidados. Telé... ... Caía la noche. Telémaco, de pie en el muelle, vi6 apro- maco examinaba á la j6ven. Se apercibi6, por la vez primera,
ximarse á dos mujeres encubiertas, de las cuales una parecía jo- de que, shmdo menos bella quizás que Helena, era, sin embarven y esbelta y marchaba con ligero paso.
Conduye en la pág. 61 5.

***

\

\

***

Lic. Pino Suárez.

Don 'Fernando Iglesias Calderón .
Candidatos á la Vicepresidencia de la República.

Ingeniero Alfredo Robles Domínguez.

�608

lYlitin ~eyista en el lYI&amp;tría Goetrtretro.

Una manzana-Un demonio

DE

SOCIEDAD

Buena edueación-Casos prácticos

Decía un padre á su hijo ya gandulón:
Entre amo y criado. &lt;CBartolo, ¿llevaste mi carta al marqués?
«No te juntes con malos 'compañeros, porque, si una manza- «Sí, señor; pero dudo mucho que pueda leerla.,, «¿,Por qué?,,
na buena se junta con otras podridae, se pudre como ellas.,,
ccPorque se me figura que el sefior marqués es ciego.,, Cuando
«No teng~is mieentré en la sala, hado," respondió el
bía mucha gente y
chico, ((que yo no
el marqué~ me dijo:
soy ninguna manza¿Y el sombrero?,,
na, y si n&lt;&gt; quiero
«Bueno, ¿y qué?»
«¡Toma!» añade
podrirme no me puBartolo, soltando
driré, que al fin el
la carcajada·; ccque
hombrees libre para
no veía mi sombrehacer lo que quiere,
ro, eso que yo-lo te,,
y nadie puede doblegar su voluntad.,,
nía puesto en la cabeza.»
«¡Muchacho!» re¿Hace viRtojamás
puso el padre, «ya
patán tan grosero?
veo que no erts ninguna manzana; peCuando entréig en
ro te aseguro que
casa ajena ó en el
has discurrido coaposento de alguna
mo un melón.
persona de respeto,
os debéis quitar el
Y vióse después
sombrero. Idem,
que había discurridebéis quitarlo al
do como un melón,
entrar ó al pasar deporque, no recatánlante de una iglesia,
dose de los malos
diciendo por lo baamigos, se pudrió
jo: ccAlabado sea el
como una manzana.
Santísimo SacraBiendiceel refrán:
mento del Altar.,,
Personas que presidieron el Mitin.
Dime con quién andas y te diré quién
Idem, al pasar deeres.-Un mal compañero es un demonio.
lante de una cruz ó de algunas imágenes piadosas.
Recuerdo que nos decía un santo frailecito: «Cuando al de·
Idem , al encontrar á sacerdotes ó religiorns ó dignatarios.
Si no lo hicieráis en todos estos casos-entendedlo bien-me·
monio le han fallido todos los medios para corromper á un alma, se encarna en un escandaloso. ,,
receríais la nota de groseros y de malcriados.

Aquí yace en «posición
zontal» el cadáver del reloje
R. del R.
La honra fué el «muelle real
su vida, y la prudencia el &lt;Creg
&lt;lor» de sus acciones.
((Sus movimientos sabiame
regulados, y el temor de Di.os
el cariño del prójimo fueron sie
pre la «llave,, de s~ proced~r.
Disponía también del t1emp
que las «horas,, se le deslizaban '
una «ancha esfera» de ventur
hasta que se le acabó la cuerd
la edad de sesenta y siete a
c.on la esperanza de aparecer_¡
pioi&gt; de culpas ante el Su~
Regulador &lt;le la gran mÍli
del mundo.
¿Podéis lectores, ajustf
modelo el reloj de vuestr'

.:::~5f{lz::

Señor Carlos del Castillo,

Señora Josefina Pellicer de del Castillo,
que contrajeron matrimonio la pasada semana.

EOSBURROS

NO BURLARSE DEL PROJIMO

En el pequeño teatro "María Guerrero" tuvo lugar el pasado domingo una mar,ifestación de simpatía hacia el general Reyes; dicha manifesta·
ción tuvo una importancia muY. relativa •.--Fots. de El Tiempo Ilustrado,

Habiendo entrado en cierta
ocasión el implo Federico II de
Prusia, con su hermano E~rique, en un convento de Padres
franciscanos de Silesia, ante~ de
de~pedirse de la comunidad, preguntó al Padre Guardián si tenía
alguna gracia que pedirle.
. «Sí, señor;,, respondió el religioso: ((ruego á Vuestra Majestad
que me permita recibir dos novicios cada año, á pesar de la ley
que lo prohibe.,,
«O/Jo concedo,» respondió el
sobe~ano; «y qesde lpego, por esta primera vez, quiero yo mismo
mand_aros los dos novicios que
de~eá1s admitir. »,
Y volviéndose entonces á su
hnmano, le dijo en francés, creyen&lt;lo que el reliofoso no le entendería: ce Le m:ndaré dos asnoR á este inocente. ,,
Pero el Guardián, que había
e~_tendido pe}!fectamente lo que
d1¡0 el monarca, añadió : ((Puesto
que Vuestra Majestad ha eido
tan generoso, me atrevo á pedirle todaví.a otra gracia; y es que
me permita poner á los novicios
que ha de mandarme al uno el
nombre de Su Majest¡d y al otro
el de su real hermano. ,,
El rey no contestó; y cuando

estuvieron fuera del conventodijo á Enrique: «Fuimos por la
na, y hemos salido trasquiladoe. »
No os burléis nunca del prójimo, porque-aparte la falta de
· caridad-tardeó temprano otros
se burlarán de vosotros. Dios no
paga el sábado, pero paga _sin
duda.
0000000

ÍIIALOS PRESAGIOS
Un hombre fué llorando á
buscará Catón, uno de los hombres más eabios de la república
romana, y le dijo que estaba aterrado por una aventura que le
parecía de muy mal au!!urio.
cc¿De qué se trata?,, le preguntó Catón.
«De que los ratones han roído
e3ta noche mis sandalias," respon&lt;lió el hombre.
ccTranquilízate», le respondió
Catón; «el mal no es muy grande. ¿Sabes lo que hubiera ~ido
verdaderamente .terrible y lo que
hubiera podido inquietarte, caS() de haber ocurrido? Hubiera
Hido ..... »
((¿Qué?»
ccEl que tu zapato se hubiera
comido los ratones.,,
! Nuestro hombre se fué aver( gonzado, viendo que se burlaban de su superstición.
Señor don Miguel Covarrubias,
Santo remedio para curar á los
distinguido diplomático, que pasará de Londres á Viena, como repre· que padecen achaques de superstición.
.sentante plenipotenciario d(la:República.

¡

�6IO

TEA.T~OS

EL PAS,i\ ~()P.T.Q_l\lJ-A_S--....NECESAR[O

El enciclopedista conde de Fressán se confes6 ocho días antes
&lt;le su muerte. Súpolo D' Alembert, corri6 junto al lecho de su
amigo, diciéndole que circulaban voces que le deshonraban. El
Era muy c01..1re á su hijo ya gandu16n:
, leno el cual aun- conde le mand6 salir de su aposento, llam6 de nuevo al sacerque cumplía:es con malos 'comp~ñeros, porque,'1f~rmo~ habían dot~ ~ estuvo entregado á las más dev~tas prácticas hasta que
.
de rdcibir 1~..Junta. con otras podndae, se pudre co él se muriese
expiro. Todo el mundo conoce la horrible relaci6n de los últino conse,gáis m1e.
mos momentos de Voltaire. Llaentrase rPOndió el
m6 con gran prisa un sacerdote
ro llegfque yo no
pero los amigos del impío rodearo~
por url~unama~zasu lecho y no dejaron entrar al mi·
él mi· s1 n0 qmero
nistro de Dios.
ra ar'rme no me puMuri6 entre los remordimientos
reci~, que al fin el
más espantosos. La misericordia
pbreeslibre para
divina fué aquí sin duda vencida
de er lo que quiere
por la divina justicia. Las iniquindofadie puede do~
\ d a d e s d e Voltaire ha b í a n
ci~ar su 'Voluntad. »
c o 1m a do la
po'IMuchacho!» remedida.
enw el padre, «ya
Napole6n
I que no eres ninque en los prireE1a manzanai pemero~ años de
tlióte aseguro que
su vida fué un
qui discurrido coencjolope.diüa
desim melón.
y revolucionario, y 4ue lueme 1vi6se después
go consider6 á
pt1mi.abía discurrila religi6n covieje ilO un melón,
mo un instrunidad no recatánmento polítiofrecer los malos
co,
haciendo
la n c e ~e pudri6
consistir
el
otro algun1.anzana.
curnplimien·
á la verdatefrán:
to de los debe·
hien mirada&amp; anres religiosos
y remiradas :4n
en
tener un"
las cosas, he '
en su
capilla
juzgado que lo
palacio y asis·
mPjor de todo
tir los dominy lo más segugos
á una miro era tomar
s
a
solemne,
pasaporte.»
ven
cid o en
Muchos son
Warteloo y
los despreocucautivo en
pados que en
Santa
Elena,
la hora de la
a
bri6
su
coramuerte han
z 6 n á senticaído en la
mientos más
misma loable
serios,
medi-.
inconsecuent6
sobre
la nacia ; y te citaré
da
de
1as
aquí, amado
grandezas
hulector, un a
manas de cuporción de los
ya verdad era
más remataél tan cumplidos.
do
testimonio,
y
elev6
á Dios sus
Toussaint, el primer escritor
pensamientos
dejándose
dominar
que se atrevió á proponer una mopor
completo
por
la
verdad
y be·
ral independiente de la Iglesia, no
lleza
de
la
religi6n
cat6lica.
s6lo se confesó efi su última hora
Ley6 con gran atenci6n el FJnsa·
con gran fervor, sino que llam6 á
yo
sobre la Divinidad del Nuevo Tes·
su hijo, y en presencia de muchas
tamento,
de David Bogne, y esta
personas le hizo arrodillarse junto
obra
le
produjo una impresi6n
á eu lecho y le dirigi6 un patético
profunda.
Hizo llamar de Italia al
diecurso, que la historia ha conserpresbítero
Bonaviso. Recibi6 los
vado. Le dijo entre otras cosas:
santos
rncramentos
y después dijo
«Pongo por testigo á Dios que voy
·
al
general
Monthol6n,
testigo de su
á recibir y delante del cual compaagonía: «Soy feliz, porque he cumr~ceré en breve, que si me he ma·
~erminia Qu_iles, ~graciada t_ipl~ del Principal, que _se ha con·
mfes~ado poco cristiano en mis quistado las s1mpat1as del publico que concurre a ese teatro. plido con mi deber. General, á la
hora de la muerte os deseo ·una diacciones, diecursos y escritos,
cha
igual
á
la
mía
...
Y
o
nece6ita
ba e~ to.. En el trono descuidé mis
no ha sido por convicción, sino únicamente por m :peto11 humadeberes
religiosos;
pero
en
el
fondo
yo siempre tuve fe. El tafii·
nos, por vanidad y para complacer á ciertas perwnas. Ponte de
rodillas, hijo mío, une tus súplicas á lae de las personas que nos do de las campanas me daba un gusto singular, y la vi~ta de ~n
oyen y promete á Dios que te aprovecharás de estas mis 6Jtimas sacerdote me ha conmovido siempre. Y o quiero dar gloria á D.1os
Dad orden, general, que levanten un altar en el aposento ve~mo
lecciones y ruégale que me perdone. i&gt;
El gran geómetra Bouguer, del cual dijo D' Alembert que era y que expongan al Santísimo Sacramento. Dudo de que .quiera
la mejor cabeza de la Academia Francesa, cayó .;n la inci:edu- Dios devolverme la salud, pero, sin embargo, quiero pednle es·
lidad; pero en el último período de su vida llamó al Padre ta gracia. Disponed que se hagan las rogativas de las cuarenta
.
Lambertoine, religioso domínico, y le dijo: «No he sido incré- horas.»
pae6
de
esta
vida
el
mayor
genio
militar
que
han
conomAsí
dulo, sino por haber sido corrompido.»
·
Su conversión fu é tan sincera como s61ida. Muri6 edificando do los hombres después de Alejandro y de César.
Sabidas son sus discusiones con el médico materialista que le
á sus amigos y á todo París, en el mes de agosto de 1758.

TBAT~OS
asisti6 en su enfermedad y aquella finísima ironía con que le dijo: «Usted, joven, tiene sin duda
demasiado talento para creer en
Dios; re3pete Usted las creencias
de los que no tenemos el genio
de Usted.,&gt;
Ya ven, pues, mis leclores que
aun los más despreocupados se
apresuran en tomar un seguro
pasaporte cuando les llega la ho,ra de partir para la eternidad.

jor modo de emplear los bienes
que I)ios os ha dado.

EPITAFIO DE UN RELOJERO
Aquí yace en «posición horizontali&gt;el cadáver del relojero E.
R. del R.
La honra fué el «muelle real» de
su vida, y la prudencia el «regulador)) de sus acciones.
ccSus movimientos sabiamente
regulados, y el temor de Dios y
el cariño del pr6jimo fueron siem·
pre la ccllave,&gt; de su proceder.
Disponía también del tiempo,
que las &lt;choras,&gt;se le deslizaban en
una ccancha esfera» de ventura~,
hasta que se le acab6 la cuerda, á
la edad de sesenta y siete afios,
con la esperanza de aparecer «limpio" de culpas ante el Supremo
Regulador rle la gran máquina
del mundo.
¿Podéis lectores, ajustar á este
modelo el reloj de vuestra vida?

UNA DEUDA Y UNA CUENTA
Uo sujeto corre á toda pri~a ll~va ndo en la . mano una caja pifa
sombrero.
Lo encuentra un amigo y le dice: «¿A d6nde vas tan listo?»
ccCorro á la casa á llevar r-á mi
mujer este sombrero nuevo.,&gt;
«Mas ¿para qué correr así?Ji
ccPara llegar á tiempo, antes
que cambie esta maldita mqda.»
¡Abl ¡la modal Es ésta .· una
befiora muy quisquillosa, mny
antojadiza, madre de la miseria,
hermana de la vanidad, bi3a. de
la injuria.
Dios os pedirá cuenta del diner&lt;,&gt; que gastáis en aderezos frí.
volos.
Bossuet lamentaba en sus tiempos que hubiese señoras que llevasen ~obre sí el alimento de mu·
chos pobres y el patrimonio de
muchas familias.
Ahorrad ese dinero que debería s
gastar en el objeto de vanidad, y
dadlo á los pobres. Este es el me·

--~

611

~~

TEATRO PRINCIPAL.-María Cones:i en "La Morucha."

Dos jóvenes, bebiendo juntos,
habían hablado mal y temerariamente de Pirro, rey: de los Epirotas.
Envi6los á llamar, y con tono
amenazador les preguntó si era
cierto; á lo que contestaron: cierto es, señor, y hubiéramos dicho
más, á no habernos faltado el
vino.
Rióse mucha Pirro de la respuesta, y los perdon6.

Fiesta ofrecida en Chapultepec á nue~tra Insigne Virginia Fábregas, por su simpática compañia.

-~·-·--~~
~~~_J
'~·- ---~
---~~-~--=..:::..--=-~=:..::::::::::::::::::::::====================:--~~~~~~~~~~~~~-- ~~---·. . . .----------·-------~----.......,...---,....-======-

�Sl Plato de Ptrarnbuesa.s.

EL PL.ATO DE FRAMBUESAS.
Era la mafi.ana del día en que se dió la batalla de Magenta.
una fuente de frambuesas, cuya roja pirámide, apenas estuvo
Engañado por el éxito de la víspera e~ Tu.rbigo, y po~ las no- entre ellos, perfumó el ambiente. Los pequeños frutos, gr.anuticias de los espías, que daban como hmp1a de austnacoe la jientoe y jugosos, acabados de coger, conservan su aterciopegran carretera de Milán y por libre el paso de Tessino, Napo- lado.
león III no creía en una batalla.
-Para usted, Chavert-dijo Saint-Frieux.
Fué preciso limitarse aquel día, 4 de Julio, á restablecer el
Clavó la cuchara en el montón, sirvi6 cumplidamente á su
puente de San Martino por medio del cual la guardia se daría compafi.ero, y, á su vez, llenó para sí el plato ...... Tenía aún
la mano con Mac-Mahdn, quien con Víctor Manuel había baja· 111 fuente asida, cuando se advirtió un ruido de pasos acelerados.
do de Turbigo, yendo hacia Magenta. Con lo cual, al siguiente Apareció un húsar lleno de polvo. Era éste uno de los ordenandía el rey µodía enzas del general.
trar tranquilamente
-Germán, ¿qué es
en Milán.
lo que ocurre?-preSolos, puea, el ejérguntó el capitán Chacito sardo, el Fegunvert con la boca llena.
do cuerpo y la guar-Orden de mondia levantan sus camtará caballo, mi capamentos alrededor
pitán. La división lede Novara, los cuervanta el campo. Papos de Niel y de Barece que marchamos
raguay de Hillier1:1,
hacia el Tessino.
permanecen inmóvi-¡Bueno! ¡bueno!
les ó dibujan apenas ·
-murmuró Chavert
cortos movimientqs.
-Vamos allá.
Se encienden 1o s
Sin el menor indifuegos de las cocinas.
cio de sorpresa, pauLos de los vivaques
sadamente continuó
se apagan. Los homtragando sin prisa el
bres no acuden á los '
boca.do y tomando
trabajos y huelgan á
otro. Saint-Frieux,
los cuidados de la
con brusquedad malimpieza. Los oficiaquinal, había rechales duermen, paséanzado el plato y estaba
se ó almuerzan.
ya en pie. Poníase feEn un pequeño mebrilmente el cintusón de las cercanías
rón. Con sus movide Novara, debajo del
mientos impacientes,
emparrado en el cual
el sable le golpeaba
van dorándose los raen las piernas. Chacimos de uvas, dos
vert, que le miraba,
capitanes, ambos ofino sin malicia, dijo' le con voz sosegada:
ciales de ordena11za
-Es usted joven,
del general B...... se
Saint-Frieux,y no ha.
hallan sentados á ' la
hecho aún las campamesa .
ñas que yo. Fié usted
El sol cae á plomo
en
mi antigua ei.peen la llana campifia
riencia. Tómese usted
cuyas mieses están
algunos minutos paya segadas y en la
ra vaciar conmigo eeque, á lo largo de los
ta fuente deframbuearroyos, vides polvosas
exquisitas. ¡Quizá
rientas penden en fes·
sean las últimas que
tone11 trepando de un
usted coma!
olmo á otro. Del fran·
Saint-Frieux se enco cubierto de :mimcogió
de homb!.ºª·
bres cae á los vasos un
- 1No! - dtJO. vino amarillo y licoConciuya . usted con
roso. Un a sirvienta
ellas, si es que para
retira un plato vacío :
hacerlo le quedan ga- Era buono habac·
nas.
chio?-dice:
Chavert a ñ ad i_6
Los OrJen;mzas.--E I Mdssonier.
- ¿Si el corde-ro esriendo:
taba sabroso? ¡Pues
.
.
.
-¡ Pardiez! ... . Vaya usted, querido amigo; no ,tardaré en
ya lo creo!-dijo, atusándose el bigote el más Joven de los cap1alcanzarle.
. ..
tan~.
.
Y metódicamente á fuer dA.hombre hecho á toda!! :las yic1s1Y pre3entaba por testigos ambos platos completamente limtudes del oficio y á todos los azares fatídicos de la vida, el capios.
,
á su
-Convengamos, Chavert, en que, pese a todo, tene1:11os glo- pitán ffüavert vació la fuente.
Cuando, cinco minutos después, . Chavert fué á.buscar
riosas jornadas. ¡ Por más que el sacro sol de ~llas ca.hente, se
I
·
respira! ¡Es magnífica esta existE'Ilcia de cosas 1mprev1stas, res- caballo Saint-Friux acababa de partir.
-·C~anta
prisa trael--pensaba.- ¡No quiera Dios que unaá
balando entre buenas y malas fortunas! A ?1Í me ~usta muc~o.
1
•
·pero, ¡caracoles'· ..,·e3t
bala le haga retrasar en su cammo......
·Si al menos á nuestra vez nos tocara batimos bien pronto.
1
usted
loco
Dumblain?-añadía,
levantando
la voz.-¿No ve.us·
-¡Bah!-dijo Chavert don filosofía .-Eso llega cuando uno
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menos piensa.
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PaiÓla mano por el cuello del alazán, el cual alargo la ca ,
que se posaba ob~tinadamente en su mano seca.
. .
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y frunció las narices, como si~~pre que ~e daba~ un ter~~!
-Es verdad-afirmó Saint-Frieux;-en la guerra es mútil
de
azúcar ó era objeto de una canc1a. El ammal le mterrogd
que se trate de comprendel"llas cosas. ¡Ah! Vea usted. ¡Bravo!
0,
· de expresrnn
.,. suave. El as1' ~tente, ·ata.rea
con sus grandes OJOS
En to
¡Esto es magnífico! ¡Un verdadero festín!. .....
.
.
Acababa de ver que la novaresa · traía con gentil solemmdad descinchaba, ponía bien la manta y volvía á cmchat. " es
11

se habían perdido tres minutos. - Sin embargo, Chavert pudo
alcanzar todavía al general B.. ... en el momento en que iba á
montar á caballo. Buscó á SaintFrieux con la mirada ...... Estaba. a.usen te.
- ¿Y Saint-Frieux?-preguntó á un compañero.
-Partió-contestaba el comandante.-El general ha mandado'llamar á usted para llevar una orden ...... «Es el turno de
cuávert, ha dicho. ¿Dónde está Chavert?» Entonces SaintFrieux que llegaba, ha contestado: «Viene ya, mi general.»
Y, c~mo la orden llevaba prisa, á él se la ha encargado en vez
de usted.
El general picó espuelas. El Estado Mayor se puso en movimiento. Ajeno á todo cuidado, Chavert'.fuése trotando á su fila.
Ni por espacio de un segundo al fatalista oficial le vino en mientes que su retraso pudiera alterar en nada la misteriosa trabazón
de las combinaciones del destino, que aquel transcurso de minutos pudiese trabucar su vida, asi como la de Saint· Frieux, y
desencadenar para cada uno de ellos, nuevos é inevitables engranajes de actos.
El sol, en el cenit, brillaba sobre los pueblecillos blanqueados. Las tejas de las cubiertas de los edificios matizaban de escarlata el verde obscuro de los morales y el negro verde de los
tfljos. Brama b~ leja~o el. cafiófl. Y por l~s ~arreteras, obstruidas con un batibumllo sm nombre de regimientos andando, de
convoyes al pairo, de un inextricable remolino de infantes, de
cañones, de soldados de caballería, de carruajes; entre el confuso rumor del ejército en marcha, oíanse retumbar por los ecos
las descargas cerradas.
En aquella jornada de victo¡ia que hasta hacerse de noche
por poco llega á ser el más sangriento desastre; durante aquellas
horas, por encima de los desdichados que combatían y morían
sin saber nada, entre un huracán de rayos y humareda, osciló
el rayo incierto de las batallas con un flujo y reflujo de acontecimientos; el puente de Sm Martino reparado desde la mañana,
la guardia echándose demasiado pronto hacia la otra parte del
Tessino y aun allí atacada y aplastada por los austriacos, corriendo los demás cuerpos á un nuevo ataque. Mac-Mahon,

6q

hasta aquella hora invisible, apareciendo, finalmente, como ealvador retrasado.
Aquello fué para el general B...... , para Saint-Frieux y para
Chavert, la habitual pesadilla. el desfile de incoherentes vision~s, de actos automáticos entre el ruido y la bruma de la pólvora, una extraña. insensibildad de alma, una loca sobreexcitación de los nervios.
Con embriaguez, como en los combates de la conquista de
Argelia, como en los memorables días de Crimea, vivió Chavert
aquella existeneia., en la cual la acción participa del sueño.
Galopó por caminos en los cuales hormigueban tropas azoradas; metióse en el torbellifi.o de las luchas cuerpo á cuerpo; su
alazán saltó por los rieles de un puente de ferrocarril, donde se
hacinaban muertos y moribundos.
En un bosque de morales y acacias, se encontró un momento
detras del general B. ..... Estrech6 la mano á Saint-Frieux.
«Saint- Frieuxl- gritó la voz del general. - ¡Ah! ¡no! A usted
Chavert.i&gt; Volvi6 Chavert á marchar. Carquois pasó relinchando por unas tablas vacilantes puestas sobre un canal profundo.
Luego una compañía de zuavos, oculta entre unas vides gigantescas, le detuvo. Fuéle preciso dar un rodflo y topóse con
un regate de húsares de chaqueta blanca. Creyó mconocer el uniforme. ¡Una multitud de austriacos! ... .. Y Chavert, herido de
un fuerte sablazo en el pecho, caía boca arriba sobre el arzón traPero de la silla, viendo en un torbellino rojo y azul huir el cielo
y extenderse una tétrica sombra. Su cabeza azota la grupa del
alazán, que salta y corre; Jª su cuerpo es tan sólo una cosa inerte que se balancea por un momento, y, por fin, cae en un surco.
Cerrada ya la noche, al contar.se los sobrevivientes en torno
del general B ... . , Saint- Frieux reconoci6 un alazán bañado en
espuma que volvía con los estribos colgantes.
- ¡El caballo de Chavert!-exclamaba.
Y con el corazón oprimido, pareciólo oír de nuevo la profecía
socarrona, y ver otra vez la posada bañándola el sol matutino,
y en ella los brazos desnudos de la italiana poniendo en la mesa
el plato de frambuesas de color de sangre, de las cuales no comería ya Chavert. - PABLO Y VICTOR MARGUERITTE.

= = = = = = = = =~
VIRGINIA FAEREGAR
El b eneficio de la primera actriz mexicana, c elebrado la semana pasada,
fué todo un acontecimiento.

�Con seguridad habremos experimentado una sensación desa·
gradable el día que por casualidad hemo3 salino á la call~ con
unos zapatos algo eetropeados por el uso, ó faltándoles el lustre
«El hábito no hace al monje» ...... pero contribuye á hacerlo. de una limpieza reciente. Uno quisiera esconderse los pies· se
Que nos demos cuenta de ello ó no, la clarn de ropa que u&lt;amos siente cohibido, avergonzado ; y si la mala suerte nos hace
y la manera como la llevamos nos afecta sensiblemente é influ- pezar con un amigo de etiqueta, (lo más probable, en tales cirye en la formación del carácler y en la orientación de la vida. cunstancias) quisiéramos que en aquel instante nos tragase la
El vestir con propiedad no es sólo un arte; es también una tierra.
Todos podemos dar fa de haber alguna vez sentido malestar,
ciencia que no desdeñan los pensadores y que uno de estos días
dPpresión
6 irritabilidad nerviosa á consecuencia de algún adserá reducida á principios exactos é inq11ebrnntables. Aun hoy
minículo del vestido, que por un
es posible formular algm1os que
motivo manifiesto ú oculto nos
porlrían emplearse con ventaja por
causaba una indefinida molestia.
torio aquel que quiera demostrar
\
Lo que sintió Diderot al sustila influencia psíquica de la ind11tu.ir
una bata vieja y r3:ída por una
mentaria. La base de esta cien(·ia
nueva
y flamante es una sensadescaneia en la ley de la adapt:1·
ción
bien
humana, no »jena á la
c ón: uno debe conformar su tn1jc
rx ¡.,eriencia de muchos.
con los requisitos de la ocasión, dt1
Decía el famoso enciclopedista
la edad, del estado. No es ni 11apropósito
de esta bata: ¿Por qué
á
tural ni oportuno vestirse de g,da
me
habré
separado·
de ella? Estapara trabajar en la casa, en el taba hecha para mí y yo pttra ella.
ller ó en la oficina, como no lo es
Sd amoldaba á todas la2 vueltas
el presentarse en una reunión, en
de mi cuerpo sin .incomodarme.
la iglesia ó en el teatro con el traEra pintoresca y bella. No había
jfl sencillo de las faenas diarias.
necesidad á la cual no se prestaba
Pero hay más. Es preciso tener en
complaciente, porque la indigencuenta otros muchos factores; el
cia es obseqaiosa. Si un libro se
medio, el estado de ánimo, la luz,
hallaba cubierto de polvo, uno de
el tiempo, nos afectarán de modo
sus
faldones está pronto á servir
diverao según la manera de que
de
paño
de limpieza.»
estemos vestidos.
Por
otra
parte ¿quién no recuer·
Sabido de sobra es que el sentir, -- - ~lnnn• la ov.11ltJ1P.ión el re\ vnn-uoianuuise1o'S"f'.l::
.
en las piernas. Üba·
I
cimos de uvas, dos
vert, que le miraba,
capitanes, ambos ofino sin malicia, dijociales de ordena1Jza
' le con voz sosegada:
del general B...... se
-Es usted joven,
hallan sentados á ·1a
Saint-Frieux,y no ha.
mesa.
hecho aún las campa·
ñas que yo. Fié usted
El sol cae á plomo
en la llana campifia
en mi antigua e1periencia. Tómese usted
cuyas mieses están
algunos minutos pa·
ya segadas y en la
ra vaciar conmigo eeque, á lo largo de los
1a fuente deframbue·
arroyos, vides polvosas exquisitas. ¡Quizá
rientas penden en fes·
sean las últimas que
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Saint-Frieux se en·
co cubierto de :mimcogi6
de hombros.
bres cae á los vasos un
- ¡No! - dijo. vi no amarillo y licoConcluya . usted con
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ellas, si es que para
retira un plato vacío:
hacerlo le quedan ga·
- Era buono habac ·
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chio?-dice:
Chavert a ñ ad i_6
-¿Si el cordero esLos OrJen:rnzas.--El Meissonier.
riendo:
taba sabroso? ¡Pues
-¡Pardiez! ... . Vaya usted, querido amigo; no . tardaré en
ya lo creol-dijo, atusándose el bigote el más joven de los capitane,i.
alcanzarle.
Y metódicamente, á fuer dA hombre hecho á toda!! ·las vicisi. Y pre3entaba por testigos ambos platos completamente lim·
tudes del oficio y á todos los azares fatídicos de la vida, el ca·
p1os .
. -C~nvengamos, Chavert, en que, pese á todo, tenemos glo- pitán C:bavert vaci6 la fuente.
Cuando, cinco minutos después, Chavert fué á buscar á su
rios~s Jornadas. ¡ Por más que el sa·cro sol de ellas caliente, se
'.
respira! ¡Es magnífica esta existencia de cosas imprevistas, res- caballo, Saint-Friux acababa de partir.
-¡Cuanta prisa trael--pensaba.-¡No quiera Dios que una
ba_lando entre buenas y malas fortunas! A mí me gusta mucho.
bala le haga retrasar en su camino ...... Pero. ¡caracoles! ¿está
¡81 al menos, á nuestra vez, nos tocara batirnos bien pronto!
-¡Ba~!-dijo Chavert con filosofía.-Eso llega cuando uno usted loco, Dumblain?-añadía, levantando la voz.- ¿No ve_us·
ted que la manta está replegada debajo de la silla?......,¿Qmere
menos piensa.
\
Y, pausadamente, de un papirotazo, ahuyentó á una mosca usted que lastime á ese pobre Carquois?
Pai6 la mano por el cuello del alazán, el cual alargó la ca~eque se posaba ob~tinadamente en su mano seca.
-Es verdad-afirmó Saint-Frieux;-en la guerra es inútil za y frunció las narices, como siempre que le daban un terron
que se trate de comprenderlas cosas. ¡Ah! Vea usted. ¡Bravo! de azúcar ó era objeto de una caricia. El animal le interrogaba
con sus grandes ojos de expresión suave. El asistente,·atareado,
¡Esto es magnífico! 1Dn verdadero festín!. ... ..
Acababa de ver que la novaresa · traía con gentil solemnidad descinchaba, ponía bien la manta y volvía á cinchar. En esto

INFLUENCIA MORAL DEL VESTIDO.

tro-

1

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Francisco I. Madero en Morelos</name>
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