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                  <text>fL
A~o XL

MÉXICO DOMINGO

==============='="=======================

10

DE Ü ICJEMBRE DE

1911.

Nux. 50.

=========================================-

ARTE FOTOGRÁFICO

I

'"?..

....

1

Retrato del distinguido artist(pintor señor don Félix Parra.
Estud i o p ot&lt; A, Ca1&lt;1&lt;iUo, f Qtbgnfo de «Bl T i e m po I1u st1&lt;1do,&gt;

�Aetualidades.-ltos p.tremios del Colegio lVJilitarr.

NUESTRA OA~ARA

Si usted lector amable, no ha podido asistirá las sesiones efectuad!ls últimamente en la Cámara de Diputados, en virtud de
sus ocupaciones, 6 no ha querido ir á contemplar á nuestros
Padres Conecriptos arrellenados en sus curules, por ser de usted
t1geno á la política 6 ya sea porque por más argucias que haya
empleado no la podido hacerse del boletito verdb que da acceso
á las galerias del mismo color, si al día siguiente de una sesi6n,
toma ueted los peri6dicos del día y lee una cr6nica parlamentaria, seguramente Ee verá transportado al templo de la Vfotoria
de la Roma antigua 6 á una asamblea de fil6sofos discutiendo
en los bancos del Are6pago. Y si acaso esta idt&gt;a 1mbeiste y no
quiere volar con las menudencias del día y Fe hincha usted de
sano ardor patri6tico, jamás vaya al blanco palscio legislativo 6
de lo contrario tendrá usted que confeEar, que su imaginación
es bastante desordenada y que la literatura reporteril, de suyo
fantaseadora y cada vez más, es vanidoea, hipócrita é ignorante
y pomposa por afiadidura.
Los sucesos políticos, st&gt;gún viejas reflexiones, deben verse
como las decoraciones de los teatros: desde lejos. De cerca son
manchas borrosas, pinturas de brocha gorda, líneas indefinidas,
barbaramente trazadas.
Allí está, si no nuestra Cámara de Diputados. Para el que no
sepa su formaci6n, para el que ignora que alH se sientan (salvo
honrosas excepciones) con el ceremonial parlamentario y la parsimonia correspondiente á un padre de la patria, el amigo del
Dictador, el hermano del Ministro, el suegro de su hijo, el re·
comandado del Subsecretario y finalmente como en la adivi·
nanza familiar el compadre de un amigo del primo del cufiado
del exgobernador X, t&gt;sta Cámara vista á través de las informaciones periodísticas y teniendo en cuenta los arrestos juveniles
de sus miembros, parece que tiene teóricamente la representa.,
ción genuina del pueblo mexicano. Y qué delirante entusiasmo
y cuánto fervoroso agradecimiento, producirán al ne6fito esos
discursos virtuosos, calonianos, erúditos, llenos de celo patriótico y altamente edificantes y moralizadores, propios para levantar el decaído espíritu público.
Pero la verdad es, dicho sea con toda la libertad de pensamiento y de imprenta que sean poeibles, que algunos de esos
sefiores han tomado á la patria y á la ley, como á impúdicas
terceras, y que esos torneos oratorios, glorias de vanidad y de
intereses particulares y aún duefios de la espectación pública,
pronto pasarán desapercibidos, olvidados, nulificados, indife·
rentes ante el criterio pmificador de la opinión. Porque ¿qué
capacidad moral tiene esta Cámara, á la que falta la sanción del
pueblo y por ende la fuerza suficiente, el poder bastante para
ejercer libremente sus funciones? 8u actitud debía ser sería, mesurada, pasiva y no de mera obstrucción, burlesca y de una actividad hnsta cierto punto alocada. Allí están sus desordenados
debatee, que más bien parecen escenas de género chico, las bur-

letas del público tan de ·
primontes para el civismo y el cúmulo de iniciativas, las más de fá·
rrago,presentadas en este período de sesiones, todo ello verdaderamente deeesperante para los que queremos tener UIJa República seria, sana y vigorosa.
Fuera del señor Bulnes, ante cuyos divertidos discursos, ta·
lento é ilustración rendimos parias, no hay en la Cámara de
Diputados, lo que se llama grandes y buenos oradoree. Después
siguen las medianías, los que preparan arduamente sus ditcursos, ostentan grande documentaci6n, pretenden dar cátedra imitando á Bulnes, de quien no apartan la mirada desde la tri.
buna como buscando ó su aprobaci6n 6 su indulgencia, y que
terminan sus peroraciobes, después de vistosos lugares comunes
y de pe8a'1os circunloquios, sin haber entrado al fondo del
asunto debatido, logrando de cuando en cuando, arrancar un
frenético aplauso á las galerías, con el relumbr6n de una expre·
sién huera y el oropel de una frase chabacana. Y finalmente
vienen los que representan el papel, que hacen las margaritas
en manos de los enamorados.
Hace pocos días nos encontramos con un altligo nuestro que
no tiene que comer por ociosidad patriótica. Concurre tod8s las
tardes á la Cámara de Diputados, conoce á tvdos ellos y hasta
se dá el lujo de contar chascarrillos eobre sus vidas. Venía radiant&lt;&gt;, agitando los brazos en alto, en actitud mahometana y
en la profundidad de sus ojos, brillaba la chispa del fanafümo
patri6tico.
Vengo de la Cámara, - nos dijo resplandeciente y agitadoAhora si ya podemos decir que tenemos representación nacional. Los diputados hacen gala de independencia y nuestra Cá
mara se parece á los parlamentos extranjeros. Los diputados se
insultan ......
Sí- le respondimos- se parece á ~os parlamentos en que tiene
su Palacio Legislatin, bien acondicionado, EUS ujieres propia y
elegantemente uniformados, sus oradores del pró y del contra,
sus sesiones l,orrascosas y hasta si se quiere los insultos entre
los diputados, por más que en ultramar se llegue á las ví11s de
hecho y se resuelvan esta suerte de conflictos por medio del
duelo ó de tribunales de honor 6 cuando menos por sonoras bo.
fetadas. !Aquí ni siquiera tenemos esto!. ....... En lo que real.
mente no nos parecemos á los parlamentos, es en que los miembros de estos son legitimos representantes del pueblo. Y p:ua
terminar te diré,· que aunque repugne con nuestras ideas, ante
estos des6rdenes é inconsecuencias camarista1.1, á veces echamos
de menos, la mano de hierro del dictador ¡Necesitamos urgen·
temente en nuestra Cámara un Maese Pedro, el titiritero de que
.nos habla Cervantes!
LEOPOLDO ZAMORA.

El señor Presidente de la República rodeado de su gabinete y de altas personalidades en la. Tribuna Monumental de Chapultepec durante
la ceremonia de la repartición de.premios á :os cadetes.

Aspecto de la concurrencia que asistió á la repartición de premios.

�.R.etualidades

LOS FUNERALES DE PABLO ESCANDON

Matrimonio Bravo Betancourt-Llílmosa.--La novia firmando
el acta matrimonial.

Señor Alfredo bias y señorita Boney, que contrajeron
matrimonio últimamente en Santa Brígida.

LAS ELECCIONES MUNJCIPALES.···Un ciudadano depositando su voto en la casilla electoral instalada en la calle del Havre.

La salida del cortejo.

Los dolientes en el ranteón.

Ceremonia religiosa efectuada momentos antes de depositar el féretro en la fosa.·· Retr:ito de Pablo Escandón.

�R etu &amp;ti d ade s.-Bx ttT &amp;nietro

Todo se interpreta

Aetualid&amp;des.

dará diez realee. Acepto, dijo el chalán, porque el precio de lae
dos cosas juntas me conviene, y sea la tasaci6n de una maner
ú otra, á mí me es igual.
De eBte modo, la buena mujer, tan escrupuloBa en el cumplimiento de la última voluntad de su marido, di6 á los parientes de é~te los diez
reales que rnc6 del
caballo, y se qued6
con la concienci11
tranquila, conservando los cien duros que le dieron
por el perro.

Un lugareño, poco antes d(morir, llam6 á)u mujer, y la
dij():
--He hecho testamento, y para pagar d(alguna manera el
cariño que me has
tenido, no te he olvidado en él; antes
por el contrario, te
be dejado alguna
cosa que puede rnr·
virte de mucho.
-Yo apreciaré tu
recuerdo, marido
M. L. Y ORTIZ.
mío, dijo la mujer
fingiendo que llo~~
raba.
-Escúchame,
continu6 el marido.
Ya sabes que tengo un ca b a 11 o;
cuando me haya
muerto lo venderás
tú mi!lma , y entreAunque á primegarás á mis parienra vista parezca
tes el dinero que sa11,¡;omhroso que un
ques de él.
Lápiz sea la cau0 a
ele la muerte de una
-¿Qué lo entrepersona, ha ocurrí·
garé dices?
do,
en efecto, que
-Sí; pno espe·
tan inofensivo objera. También sabes
to hA. privado á la
Grupo de concurrentes al banquete ofrecido en Chapultepec,
que tengo un perro;
~ ;f ciencia de uno de
en
honor
del
señor
Ingeniero
don
José
Cobarrubias,
director
general
de
Correos.
pues bien, te lo resus miembros.
glllo generosamente
Viajando por el interior de Africa el sabio alemán Vogel, 1leg6
para que lo vendas si quieres, y retengas su im:r,orte, 6 _lo
conserves para que te guarde la casa; y te aseguro que te servirá á un Estado cuyosa.lva.je jefe, 'al ver que el viajero se negaba á
entregarle su magnífico caballo, ~motin6 co~tra él á los indJgede gran consuelo, y que sales bien librada.
El lugareño se muri6; y la mujer, queriendo obedecer á&gt; su nas, presentándo~e c?mo un peligroso hechicero «que escribfa
marido y cumplir con su deber, cogi6 una mafiana el cab11llo y con una pluma sm tmta.&gt;i
Excitada la imaginaci6n del populaC'ho, se lanz6 sobre el po·
el perro y los llev6 á la feria.
-¿Cuánto quiere usted por ese caballo? pregunt6 un chalán. bre viajero y lo mataron con la mayor crueldad. He aquí, pues,
-Quiero vender, re3pondi6 la mujer, el caballo y el pe~ro c6mo un inocente lápiz ocssion6 la pérdida de una persono.
juntamente, y si á usted le conviene, me dará por el perro cien
duros, y por el caballo .... .. ¡qué diablo! no hemos de reñir, me

l~Ué viajero
célebremurió
por un lápit!

•

I

B'\lena parte del parlamento alem{ln ha mostrado su hostilidad al;Can·
ciller Imperial con motivo de la celebrac;ión del .tratado franco-alrman.
En una t1e la; sesiones del Parlamento, hizo el Príncipe he~e~ero '¡ªusa
común de una manera ostensible, con los amigos de la polltica dd goÍ
. bierno,' lo que le valiq una $everél tepri111enda de su augusto pa re e
Emperador Guillermo.

LO QUE SE SIENTE EN LA GUERRA

Cuando volví en mí me estaban vendando la pierna, y una
voz decía:
-¡ Ya se fueron I Esos pícaros se han retirado cuando se han
cansado de matarnos gente.»

He aquí las impresiones que se experimentan en el campo de
batalla, según las ha referido un militar ha·
- - -"&gt;&lt;.c-"-blando de su primera. acci6n de guerra:
La
petulancia
da un sabio.
,,Tendido en el suelo, con la culata del
fusil contra el hombro, ví por primera vez
la brutalidad de la guerra, una matanza
Un matemático célebre, que fué á tomar
en la que mis compafieros iban cayendo
aires por algunos días á su pueblo, por pura
sin poder hacer ninguna baja al enemiéleferencia se encarg6 de formar los presugo, oculto tras de sus trincheras. La expuestos y arreglar las cuentas de algunas
citación de los primeros momentos me
obras que tenía el Ayuntamiento. Asistía
abandonaba poco á poco. Hasta entonces
generalmente á toda11 las sesiones del cuerpo
no había disparado ni un solo tiro y em·
municipal para tratar de los asuntos que le
pezaba á sentirme malo. Un gemidode
habían encomendado; pero como desde la
uno de mis compañeros, á unos cuantos
altura científica en que se creía colocado
metros á mi izquierda, me hizo volverá la
veía muy bajos á los vecinos lugareños,
realidad. Vi que su cabeza caía contra el
trataba á los pobrts regidores con cierta
suelo y quedaba enterrada entre la hierba
insolencia y con cierto desprecio intolera·
seca. Sentí que la sangre circulaba velozbles.
mente por mis venas y que el cerebro me
Esta cotidu.cta lleg6 á irritarlos tanto, que
hervía. Una nubecilla de humo se present6
un día, uno de los regidores y no el más
ante mi vista y disparé contra ella mi pridespejado, le dijo:
mer tiro con un deseo inexplicable de ma- Tanto es el orgullo que tiene usted,
tar. El malestar había d68aparecido. Ahora
señor don Anacleto, con sus cuentas ó con
rechinaba los dientes ansiando venganza.
sus cuentos, que algunas veces he llegado
Una saguoda nubecilla. Casi simultáneaá creer si sería usted de otra masa que los
mente contest6 mi fusil y vi rodar un bulto
demás hombres. ¿Cree usted, desde luego,
desde lo alto de la colina. Acababa de maque nadie hay que le gane en las cuentas,
tar un hombre, con tan poca emoción como
Señor don José L. Couto,
y que no hay una sola que usted no sepa
cuyo matrimonio con la señorita Genoveva sacar?
si hubiera encendido una pipa.
Fortuño se verificó la pasada semana.
Una bala silb6 junto á mi cabeza y ví que
-Veo que estas enojado Gervasio, dijo
en seguida un hombre había estado tendido
el mateDJático; pero desde luego te aseguro,
á mi derecha se levant6, se agit6 convulsivamente y después que efectivamente no hay cuenta, por difícil que sea, que no la
volvi6 á caer. Aquello era horrible. Morir en medio del fuego y saque.
el e3truendo de la batalla parecía más agradable que perma·
- Yo apuesto cualquier cosa, á que no saca usted la que yo le
necer tendido esperando inmóvil el momento de detener con el eche, y ahora mismo podemos hacer la prueba entrando en el
propio cuerpo uno de aquellos mensajeros de muerte. Otra bala corral, para que no se traten estas cosas en la sala del consejo.
me arranc6 un botón de la homFueron todos efectivamente, y
brera, pero ni siquiera temblé.
Gervasio el regidor cogi6 una
¿Qué importa un bot6n cuando se
cuenta de su rosario, la ech6 al
tiene la muerte tan cerca?
pozo, y dijo:
Cinco veces disparé contra la
-Sáquela usted.
trinchera. Aquello parecía inter-Todo el ayuntamiento en pleminable; pero en un claro de
no prorrumpi6 en una carcajada,
aquel chaparrón de balas ví que
que sac6 al rostro los colorea del
un bulto se separaba de la trinmatemático.
chera y se arrastraba dolorosa·
-¡Val s6lo de esa manera me
mente hacia un punto donde
podías haber vencido, dijo des·
parecía bailarse el grueso de las
pués de haberse serenado algún
fuerzas enemigas. Aquel hombre
tanto.
dt!bía Fer un herido, acaso un mo-Eso está por ver, contest6 el
ri hundo; pero nosotros también tealcalde, y si no veamos si lo venzo
níamos nuestros heridos y nues·
á uated, aturdiéndolo completa·
tro3 muertos. Antes de que pudiemente con una cuenta formal y
ra alejarse mucho, una docena de
tan eencilla como las verdades de
disparos detuvo aquella sombra
· Pero-Grullo.
que se arrllstraba y la dt&gt;j6 en el
-Véamoil.
flitio. Cuando hay balas volando
-¿Cuánto valen cien huevos á
por todas partes, la. sed de sangre
doce cuartob la docena?
no cleja lugar á la compasi6n.
-Señores, dijo el matemático,
Otra bala desvi6 mi fusil y se
necesito pluma, papel y tinta, pa·
perdi6 en. el aire. En aquel mo·
ra averiguar el número de docemento no me ·ocurri6 considerar
nas, y luego, multiplicando las
lo cerca que había estado de mí.
docenas por el precio, y dividían·
S6lo miré el arma para ver si
do este por doce, para saber el
babia sufrido algún desperfecto
valor del pico, y uniendo este va·
antes de volverá emplearla para
lor al que resulte de la multipli·
matar.
cación de las docenas, procederé
Al cabo de un rato noté que
á una simple suma y les daré á
se me turbaba la vista y se me
ustedes la contestaci6n que me
iba la cabeza. Me llevé una mano
piden en media hora.
á la pierna al sentir en ella un
Señora Genoveva Fortuño de Couto.
-Pues nada de eso es necesaescozor que podía ser debido á
rio, dijo el alcalde, porque cien
alguna rozadura, y sintiendo que la ropa -estaba mojada com- huevos, ·á doce cuartos la docena, es lo mismo que cien huevos
prendí que me habían herido. Cuando se piensa en acribillar á á cuarto el huevo; esto es, valen cien cuartos.
balazos al pr6jimo, es difícil notar el dolor físico.
-¿Quién sabe más? dijo un regidor.
Poco á poco me eentía más débil. Oía los tiros como en un
. El matemático se cubri6 la cara con su pafiuelo, tom6 el somsueño, y el horror de toda aquella escena f ué desvaneciéndose brero, y se march6 tropezando en los muebles y en las paredes.
poco á poco....
Ya no ha vuelto á la casa del ayuntamiento.

�tas obras yfaltas dt la btrmana laica
(CONCL UYlt)

«Muy apreciable señorita: Doy contestación á su cartita, que
hac~ días rec~b~. Me preg~nta usted si me acm,6 recibo por la
centirlad remitida: debo mformarla de que lo hizo usted habién~olo yo recibido con mucha oportunidad y apruebo s'u invars1ón. Re3pecto á los proyectos de sus enemigos no se fije
'
ueted en eso; siempre que alguna
persona pone en práetica sus
ideae, tratan de perjudicarla; esto no es raro; por lo tanto debo
confesar que en mi concepto, usted fué el ángel protector de los
lib~~tadores de nuestra Patria y
felicito á usted por sus accione¡¡
tan nobles.
Perdonará las faltas de ésta
pero deseo salga en este Correo
dispongo de poco tiempo.
Sin otro asunto por ahora, quedo de usted S. S.-FirmadoEmilfa Me. Williams. (La carta
original obra en mi poder.)
Lo:1 señores galenos murmura·
han porque la señorita Arizmen ·
di no rendía cuentas; pero obser·
ve el lector que la señorita Arizmendi no recibía dinero de la eo·
ciedad y que tampoco lo recaudaba por virtud de que represen·
tara á la sociedad en ninguna
forma sino por su prestigio perso·
nal; porque ella era la popular,
la simpática, la amada, la feste·
jada, la que lograba acceso en
todas partes, y ablandaba 'todas
las codicias. No llevó una conta·
bilidad en forma porque sus atenciones eran más urgentes, su pre·
eencia por doquiera útil. Preocupado por socorrer, su amor no
hacía cuentas; élla abría las bellas manoó por donde pasaba el
río de la caridad, y los necesita·
dos la bendecían. No existen li·
broa de contabilidad, pero sí co·
mprobantes que puede ver el pú ·
blico, pues pua ello están en mi
poder, y testimonios de personas.
encumbradas por sus _méritos y
honorables por su conducta, quie·
nea me han expresado su admiración y gratitud por la obra de
la señorita Arizmendi. Porque
es curioso que sólo ha encontrado
censores mi defensa entre algunos
de sus jefes y entre personas que
no presenciaron su labor. Mieri·
tras aquí en la capital se lacen·
suraba y se la destituía, en la ciudad americana de El Paso se le
daban banquetes cuyas crónicas
guardo también á disposición del
público. Mostraré .esos.documen·
tos para que se vea cuán triste es
que aquí en su patria la señorita
Arizmendi haya encontrado indi·
ferencia y hostilidad.-Tan importantes y notorios fueron los
servicios de la señorita Arizmendi, que merecieron el reconocí·
misnto oficial; para comprobarlo y por la simpa.tia que merecen
los actos de los gobiernos provisionales, siempre generosos y superiore~ á todo gobierno real, copio con la ternura que esta cla~e
,l e dJcumentos me inspira, el decreto siguiente:"

y

·,

ACUERDO

En atenci6n á los grandes eervicios prestados á la nación du·
rante la lucha actual por la Sociedad Filantr6pica denominada
«La Cruz Blanca Mexicana», el Presidente Provisional de la República, C. Francisco I. Madero, en acuerdo de hoy, ha tenido
á bien decretar que dicha instituci6n quede reconoci.ia como nacional con todas las franquiciaP,
derechos y obligaciones que tie·
nen las asociaciones Eimilares en
el país, disponiendo que i:;e le
guarden la protecci6n y comideraciones que á su mny elevada y
patri6tica misión se deben.
Comuníquese á la Presidenta
de la Asociación denominada «La
Cruz Blanca Mexicana». Publíquese y cúmpla8e.
Dado en el Palacio Nacional
nel Gobierno Provisional de la
Repúbliaa en Ciudad Juárez, á
los veinticinco días del mEs de
Mayo de mil novecientos once.El Pre8idente Provisional de la
República Mexicana.-Jihmcisco
L Madero.-(Firmado. )-El Secretario General. -J. Sánchez Azcona. - (Firmado. )-Al margen,
un sello que dice: Gobierno Provisiona! dela República Mexicana.
Otro incidente vino á precipitar la ruptura entre la muy dig,na. Mesa Directiva y la rebelde
señorita Arizmendi. Encontrán·
&lt;lose ésta en el Hospital de la Cruz
ijlanca conversando con un rep6rter y con la eepoea de un doctor americano, llegaron dos enfer·
mos devueltos del hospitel de en·
fermedades infeccioeae, donde no
,les correspondía estar, y el doc·
tor encargado del hospital de la
_Cruz Blanca se neg6 á recibirlos
porque los señores alópatas de su
mando se traían sus rencillas con
los homeópatas que tenían á su
cargo el hospital de infecciosoe.
,La señorita Arizmendi cometió
'la insubordinaci6n de nclamar
'contra tan poc;a falta ya no de ca·
ridad, eino de sentido común, y
recibi6 la respue·ta de que élla
no tenía autoridad ni yoz ni voto
;.n el asunto. porque la honorable
M:ern Directiva no le habfa dado
f.acu)ta-des para resolver esas cues·
,tiones. Soport6 con pacienci_a es·
tas groserías pero llevó su msu·
bordinación hasta el grado de
comunicarse con los homeópatas
y 'ayudarlos en sus trabajos.
Su incansable afán de complacer á los demás la hizo cometer
nna nueva falta, una grave falta
contra la letra misma de los
texlos de la venera.b_le institución de la Cruz Blanca, porque de·
· be tener muy presente el lfctor, que la Cruz Blanca es ?eutral¡
neutral como balanza para aparrotes¡ como. ag~~ hervid~; &lt;_:&lt;&gt;·
mo sopa sin sal. Si los neutrales persegmdores de la sen.onta
Arizmendi hubieran dej11do ~u-s irnportante.s Jabores de oficma Y
su3 c.lcb.ites ac.dém:co 3 subr~ lab respoornb11LJa&lt;les agenas, l a~a

Eltna Jlrizmendí me¡ia,

Por el tic. '.Jost Uasconcdos.

trasladarse al lugar donde el sufrimiento
reclamaba manos pia&lt;losas maoos, parciales, manos amigas del sufrimiento y no
las frías de la neutralidad, Eegurame~te que
al encontrar3e ante dos heridos abandonados, uno inrnrgente y otro federal, no habrían levantado á ninguno de los dos, temerosos de violar la neutralidad si atendían
primero á uno que á otro. Por fortuna hubo persona..s que como la señorita Arizmen·
di renunciaron á los estatutos de la sociedad ante el dolor que gemfa y aliviaron el
sufrimiento con deepilfarro fervoroso, con
esa eeguridad que lleva siempre el amor, de
que basta para todo y para todos, porque á
medida que se da, lejos de amenguar se
agranda. Y como no s6lo es de atenderse
el dolor de la carne, eino que existe tam·
bién el dolor y el amor de los símbolos, los
cuales las almas femeninas comprenden
como si su ternura fuera un perfume tibio
que rodea cuanto contempla, un día la se·
fiorita Arizmendi recogi6 una canana abandonada, y con gracia festiva se la cruzo al
pecho y un fotógrafo fij6 el instante. Nunca lo hiciera, porque los neutrales de la
ciudad de México miraron la fotografía cen indignación, ¿cómo,
pues no era la sociedad, neutral? ¿qué diría de esto la Cruz Ruja; qué pensaría el sefior Gene·
ral Díaz? ¿qué iba á decir de la
descarada, la buena sociedad?
Queden los galenos y la buena sociedad con su asombro y su
opini6n¡ Elenita en ese instante
fué un símbolo y es curioso
pensar que gracias á ese arran·
que, su figura de bailadora de
sal6n pasará á la leyenda mexicana con la canana cruzada al
pecho. Y bien está con tal insignia porque también su bon.
dad fué una fuerza. la más po·
sitiva de las fuerzas y aumentan·
do en símbolo el poder de su co·
raz6n con la fuerza material de
la p6lvora de los cartuchos, signific6 sin proponérselo la reducci6n á unidad de esfuerzos dispersos, el poder ciego sumiso
al poder noble. El ímpetu reivindicador, el rayo justiciero de
la canana insurgente lleg6 al
término de su objeto transmutándose en el amor de la caritativa joven ; por eso la fotogra·
fía que di~gustara á los neutrales, pasaba de mano en mano bajo la mirada satisfecha de
los combatientes redimidos por
el esfuerzo de la rebeli6n y la
generosidad. Era necesario pa·
ra la consumaci6n ideal del
conflicto que una mexicana,
una mujer de la misma eangre
que manch6 las campiñas desoladas, revistiera la canana, ya
no con la actitud fiera del coro·
bate sino con la serena alegría
del triunfo, era necesario que
esa fotografía recorriera el paía
confirmando á todos en una
11nunciaci6n: ya vienen los fru·

tos del fatal desastre. La humorada de re·
tratarse con canana le conquistó mayore3
simpatías entre el pueblo y los insurgentes;
desde entonces cuanto ella pedía quedaba
de,de luego concedido, los auxilios abundaban y comez6 á reinar la alegría de la
cordialidad. La señora Arizmendi fué lazo
de uni6n entre los home6patas y los al6r,ata&lt;&gt;, entre mex:canos y americanos, federa·
le~ é insurgentec1; la jefe moral de todas las
rnfermera!:', la amiga Estimada de la he1óica f~milia Madero, la mimada de todo el
público, como lo prueban las cartas dtl
Gral. Vi ljoen, de los Dres. Yard Lyrrch y
Ander~on y el testimonio de todos los me xicanos que se encontraban en Ciudad J uárez. Despert6 entusiasmo, reuni6 dinero, lo
gastó bien. Sofiando con la ampliación in·
drfinida de su obra, pasó con ese objeto á
Chihuahua, donde organiz6 también los tra·
hajos &lt;le la Cruz Blanca. Eo esto se ocupaba cuando supo lo que pasaba en México.
Lleg6 entonces por primera vez á rns oídos
el coro de lamentaciones y de censuras de
la envidia: esa música dal triunfo que co·
nocen cuantos han ascendido á alguna cumbre .humana. -Er, México se la expulsó de la sociedad que organizara, s~gún el texto de la comuninaci6n relativa, porque de·
seaban procurar: el mayor res·
peto y decoro para el Santo
Principio de NEUTRALIDAD
que le sirvi6 de LEMA á nuestra INSTITUCION, gue le sirvi6 de PEDESTAL y le di6
NOMBRE, VIDA, pues no en
valde es conocida en todas partes con la muy significativa denominaci6n de «CRUZ BLAN·
CA NEUTRAL MEXICANA&gt;,.

/

'

Jtsta expulfión y las seaiones
acaloradas que la precedieron
exitaron la maledicencia que se
dt-jó oir hasta en las columnas
ele los peri6dicos, la belleza de
la heroina realzada por lo~ azares ele su campaña humanita·
ria di6 pávulo á fantasías complttamente desprovistas de fun·
da mento. Pero supongamos ror
el gusto de hacer teorfa, que la
hermana lafoa no mio reparte la
dá&lt;li va de la caridad, sino tam.
bi én el amor de su corazón ¿que
proba1ían tales excesos sino que
sn alma desconfiada del de,tino, se detiene á veces en lo efímero y pone en ello el amor que
bu,ca empleo aunque sepa que
se ¡,quivocará una vez más?
C: ua pa señora, 6 más bien como me gusta llamaros: rnñorila ·
quizás alguna vez, justament~
ofendida babeis pensado abandonar la tarea penosa que ini·
ciasteis; pero ya que os han retenido los sufrimientos que reclaman alivio, quedaos también
por la admiración llena dg afecto que en tantos habeis merecido
&lt;lespertar. Almas como la vuestra dejan en el ambiente frescura
Concluye en la página :834,

�VIDA TEATRAL
La Opem.-Po1· el Principal.-Mola8so.
Tenemos que confesar que los brillos de nuestra actual temporada de 6pera, se han empafiado ligeramente. «Manon" la delicada y poética ópera de Massenet, puesta en escena esta semana
dejó mucho que desear, á pesar de los esfuerzos del brufiidor
maestro Castillo, quien hasta el presente ha hecho por que sea
esta una temporada brillantísima. Cierto que la Frery es deleitosa en cualquier papel que se le eonfié, como cierto es que el tenor Battain tiene
una hermosa voz en
el registro agudo ;
pero la «Manan»
más bien que por
voces sonoras y hermo&lt;ae, necesita rnr
cante.da por voce3
perfectamente educadas. Y no quere·
mos decir con rsto
•
que los estimables
arli-tas precitados
no posean escuela
de canto, sino que
sus facultades no se
ciñen á la partitura
de 1':Iassenet. Y no
h&lt;ty que querer can·
tar todo, porque el
proteísmo, si en po·
litíca es profocti vo,
en el canto puede
ser p~rjudicial.

***

: 1

1

1,

1

'1

ne este espetaculo de perlas. Dígalo sino, la gentil, bella y habilidosa bailarina Ana Kramsler que acaba de debutar y que
trae locos á más de cinco petimetres d1, la «creme» por las caricias de sus ojos. Y no le va en zaga la otra debutante, Cristina
Peredo, bailarina del genero espafiol y andaluza por la car!\ y
por la gracia y por haber nacido en la Andalucía Mexicana.
Sería injusto no consagrará la bella sefi.ora Scozzi unas cuantas lineas, pues no
por haber hechoelogio de au encantadora m a n e r a d e
cantar, en otras
ocasiones, nos vie.
ramos p ri v II dos
ahora de volver á
hacerlos. Esas bar·
carolas de ardiente
Pabor napolitano,
fogoi;a¡1 1 y calientes;
las suaves y tiernas
romanzas de Tosti
cantadas á flor de
labio y su figura
eimpática y hermosn, son otros tant0s
encantamientos de
Ja Scozzi, á la que
no deben dejar de
oir los amantes del
bel canto. Bien hace
Molasso en conser·
varia en su compa·
ñía, pues es u ·1
atracti vomásquesu·
ficiente para agotar
las localidades del
modernismo Teatro
Colón, en[donde
muy pronto, dicho
sea de paso, vere·
mos á los activos
empresarios Sigaldi
y Alva, regentear la
compañía. que hoy
actua. en Arb e u,
aunque algo sanea·
da (poca cosa en
verdad) yaumenta·
da con 'cuatro artistas delfbuene. cepa·
Como que no han
sido contratados á
humo de pajas, sino
con el ojo conoce·
dor del señor Sigal·
di, tenor y empre·
eario, viejo conoci·
do nuestro.

«El Monaguillo
de las Descalzaen se
llama el estreno ea·
batiao del Teatro
Principal. Y en ver·
dadquepor lo que vimos en el primer ac·
to, (porqueelsegun·
do nos di6 miedo)
hubimos de creer
que estabamos en
el Teatro Hidalgo ó
leyendo une. novela
de nuestro venerado
compatriota D o n
Juan A. Mateos.
Estocadas por doquiera, crímenes de
encrucijada, viejas
zahories y cataclismos como en la Ca·
baña de Tom. La
música c o m o 1a
tempera tura de estaEl
noehes: l.,ajo cero.
Sfn embargo la galería como siempre
z.
estuvo en su papel.
Aplaudió á rabiar.
Y si la EmpreAnna Kresnser de la Compañía Molasso.
sa que regentea el
caballtlroso señor
del Villar no quiere pedtlr su dinero 1 haga auto ?e fe con las
y
obras que le lleguen de esa calaña ó s1 no que despida á sus cos·
tosas tiples y contrate á Pedrito Servín, que nos parece anda
coneluye de la pág, 833
por ahi bebiendo los vientos de la cesantía.
de flores. Dejaros partir de nuevo al destierro sería e0;pobrecernos: lirio de la revolución, último deseo de los combatie~te~ mo·
ribundos consuelo suave de los heridos, luz de las med1tac1ones
Molas!'o con su compafiía, ofrec~ todas l~s noches al pú?lico sombrías'· realidad de todos los amores; cuando paeais, muchas
metropolitano, un caiiente y regociJado abr1g?. Sus pantomu~.as nostalgia~ se alivian con la paz de vuestra generosidad. Quedaos
grotescas unas y otras delicadas, son.aplaud~das por. el púbheo aquí porque sois, no como la Elena de Esquilo, r?sa de amor que
hurgues, avido de soltar el trapo á r~1r y fehz y ~a~1sfecho con punza los carazones, sino la fuente donde se satisfacen.
las cabriola'! de los payasos y los bailes de rara agi61dad de Mo·
.Agente exclusivo de «El Tiempo Ilustrado~ ~n SalUllo,
lasso.
Y aún para los que gustan de la belleza plástica, les vie- Coahulla, eeñor Francisco A, Medrana,

Las bbras

***

faltas de la hermana laica.

CRONICA DE LA MODA

MUNDO FEMENINO
AB~IGOS Y VBSTIDOS.~·LllNER.S GEf,IB~RllBS DB LIA

f,'IOOR..~~sif'l.fOf'I.U:¡s Bf'I. BLaR.f,lCO.-·IlR.BO~BS DB AGUtJA.
Aublicamos una concreta explicación rnbre las pieles que se
usarán en el próximo invierno, reproducimos en obsequio de
nuestras estimables lectoras las últimas novedades que van á
La. necesidar:l de los abrigos apremia. Es la preocupación de
imponerse en la estación próxima, todas ellas
las mujeres que desean unirá la elegancia la
de muy buen gusto y de gran atracción.
economía. En puridad, para vestir bien hacen
Pieles y terciopelos. He aquí lo que ven
falta tres abrigos de invierno. El de mañana,
nuestros ojos ávidos de belleza y majestad en
el de tarde y la salida de baile ó teatro. A ve·
la moda deteniéndoee pasmados al contero·
ces puede suprimirse el último de modo que
piar esa; ricas confecciones de pieles finísimas
sirva uno mismo de tarde y noche. Tal vez por
donde los dedos resbalan con suavidad de seda
eso tienen preferencia los abrigos de terciopelo,
y que tienen precios yerdaderament~ 1·egios.
de ese terciopelo especial que se parece al peluL·1s mujeres nos entusiasmamos precisamente
che, .sin ningún adorno y con un gran cuello
µor las pieles porque son rica!', elegantes, cos&lt;le piel 6 con bordados de excelente aspecto so·
tosas; y cada vez que admiramos en las vitrinas
bre las telas espon jo~as. Algunos, muy lindos,
esas pieles e,pléndidas, no podemos menos de
llevan una amplia pelerina rodeada de fleco.
recordar los peligros á que se aventuraron los
Las que no puedan tener más que un abrigo,
cazadores en los deslertos heladosdeAlaska, en
harán bien en elegirlo de terciopelo de color
las estepas de Siberia, parajes todos de desola·
Bombrío, forrado de liberty, con un gran cueci6n donde esos pobres séres sufren el hambre
llo oria do de fleco 6 de skungs. Se hacen tam·
y la 'sed lejos del mundo, acechando noches y
bién forrados de muselinas de seda superpuesnoches la fiera que he de contribuir más tarde
tas, de colores diferentes y veladas por una ga·
sa oscura.
con su piel al principal adcrno de la dama ~e
sociedad. Cuando se considera, puP.s, los pel!·
Las salidas de teatro son amplias y cómodas:
gros que cada piel significan, ha.y que conve~ir
de seda y terciopelo guarnecidas de pieles, bor·
en que no es exajerado el precio que se pide
dados y flecos, con forro de brocado antiguo.
por ellas.
Por lo general, para las que pueden permitirse
La combinación, por ejemplo, que se ve en
todos los lujos, la piel preferida en las salidas
este grabado, :que es de piel
de teatro y abrigos de no·
legítima de armifio y que
che es el armifio; en la ca·
•
consiste en estola, manguito f
lle, á no ser que se vaya
y bolsa de mano, costar!i. á
en coche, se prefiere la mar·
quien quiera poseerla algu ·
ta, tan elegante con sus to·
nos cientos de dollars, pues ,
nos rojizos, y la nutria como
I
que sólo la bolsa cuesta 12f ,
más señas y poco llamatidollara, si bien tiene la mon·
vsa, porque la mujer ele·
tura de plata. Antes la piel
gante, aunque persiga la
de armifio se consideraba
originalidad, ha de buscar·
exclusiva de las per~onas
la Ein abusar de los brurnos.
reales, pero ya ahora se ha
Necesita ocultarse, perder·
democratizado algo y basta
se con cierto pudor de las
tener la bol.8a bien repleta
promiscuaciones con la mu 1ti tud. En los abrigos de
para adquirirla.
mañana imperan los pafios
El modelo primero de e'3inglerns y los ratines de dos
ta misma página, es de zo·
caras, que se vulgarizan derra negra muy 9oa, de pelo
masiado rápidamente.
largo y sedoso. La estola es
El rQtine se emplea tam·
de nuevo modelo y de gran·
bién
en los vestidos trotleur
des dimensiones el manguide mañana. Es un lindo moto. La tercera figura de es· '
delo el traje de esta tela cote grupo ostenta una va.rie·
lor azul rey con revés de radad que destaca muy v1goyas
blancas, sin más ador·
rosa!llente. La parte del cenno que unos botones del
tro se compone de tiras de
mismo color.
pief de foca, siendo los bor·
:
Para tarde se sustituye
ues de zorrro blanco. El in·
este
vestido por el de terciogenio puede suplir el costo
pelo, con gruesos encajes
exagerado de ese juego de
blancos y ligeros toques ce·
pieles con material€s menos
reza. Se admiten este año
costoeos, usándose para el
en ellos largas mangas, que
centro género imitando piel,
nos libran sufrir las crude·
de los que hay una gran va·
zas del invierno.
riedacl y piel blanca en los
En las horas de intimidad se prefiere un deshabillé de lana
bordes'. La estola y el manguito son lisos comp1etamentey se
azul pálido ó rojo en forma de kimono, con un galón Pompa·
forran de satín muy fino.
dour 6 bizantino.
Y por último, para la noche se llevan deliciosas sinfonías de
Cuando Platón veía á alguno cometer una mala acción, no teles blancas y oro bordadas de franja de perlas. Se cubren con
se metía. en afeársela, eino que entraba en sí mismo, y se pre- el abrigo también blanco y le. echarpa bayadera en encaje y armiño. Una ligera nota negra ó azul caracteriza el gusto persoguntaba:
-¿Has hecho tú otra cosa semejante?
nal, y nada hay más bello y más sencillo para soiré y el teatro.

á

•

I

�Atrque1ogía

Aetualida des.
-Alt·je erns ideas fatídicas de su mente.
-E-toy cierto, clentro de un mes el dolor volverá, aseiuró el
extraño con acento de abatimiento. -Más á pesar de todo que
venga. ¡E8toy en manos de la suerte! ¡Adiós!
El ciruj11.o refirió á otros médicos acerca de la enfermedad

L A HERIDA INVISIBLE
POR MAURICIO JOKAI

(Continúa. )
No es necesario, yo indicaré á usted que tan profun·
do debe cortarme, contestó el extraño.
Y presenció la operación con perfecta calma; su ma·
no·no ge movía sobre la del cirujano. Cuando se concluyó
de cortar en derredor del círculo marcaio, suspiró como sintiéndose aliviado.
¿Nada molesta á usted ya?
-Toda la pena ha cesado, dijo el extraño sonriente.
El dolor de la herida es insignificante comparado con
el dolor primitivo. Como un soplo de brisa después de
un calor sofocante. La sangre supura. Déjela usted correr. ¡Me siento muy bien, muy bien!
En tanto que rrn colocaban laA vendas, la cara del
extraño cambi6 por completo. Un semblante halagiHio sonreía al cirujano. Parecía un hombrn vuelto
á la vida; en su rostro no existía ya la menor huella de
angustia ó desesperación. También volvieron los colores
á rns mejillas.
-Acepte mis más sincfl'as gracias por el gran favor
que usteJ me ha hecho. La recompensa que le ofrezco
no está en proporción con sus servicios.
Mas la opinión del cirujano fué contraria. No quiso
aceptar 103 mil florines; entonces este sugiri6 que dicha
suma se donara á un hospital.
El cirujano visitaba al extraño en su hotel, donde
permaneci6 hasta que la herida cicatriz6. Durante este
tiempo tu \'O oportunidad de convencerse de que trataba con un hombre inteligente, de alta cultura y de
posición distinguida. Después de ser operado no traslucía la menor traza de poseer trastornos mentales ó indisposiciones físicas. Luego regres6 á su residencia en
el campo.
Tres semanas habían transcurrido, cuando una mañana, á la hora temprana usual, fué anunciado el mismo hombre extraño por el sirviente del cirujano.
Su mano estaba cubierta con un pañuelo como anteriormente, su rostro tan destruido por el dolor que con
dificultad se le conocía. Se dej6 caer sobre un ei116n
mostrando su mano al cirujano.
- ¿Qué á sucedido?
-No cortamos bastante la última vez,-dijo el en·
fermo con voz hueca. El dolor ha vuelto, quema con
más crueldad; tengo el brazo dolorido. No quiero moh·starlo á usted otra vez; sufro y espero que este dolor

Mas no se qué demonio murmuró en mis oídos: ((Todo es para
hacerte cree.rii,
El hombre es tan necio que cuando es más felíz, busca la desventura cobardemente.
)Ii esporn maba una peqmña me 8a para surcir, cuyo cajoncito siempre estaba cerrado. Noté que nunca dejaba
la llavecita en la chapa ni
mucho menos el cvjóu
abierto.
Es t o comenzó á atormentarme atrozmente,
¿Qué tenía allí guardado
que ocultaba de mi? Yo
me torné sombrío. No creí
más en su cara inocente,
en rns caricias. en sus ojos
claros, ni en sus besos.
Un día vino la conde~a
y la llevó en su compañía.
Nu stras residencias estaban situadas á corta distancia una de otra. Doc:il
aceptó la invitaci6n de su
antigua ama, porque la
prometió ir en seguida.
Cuando el c1muaje se
h ,bía alejado, busqué pre·
suroso todas las llaves del
c:istillo y con una de ellas
ab1í el cajoncito.
Quedé suspenso y asu~tado por un momento. Era
Con motivo de la celebración del onomástico del señor don Cecilio A. Rovelo, Director del Museo de Arqueolo·
un ladrón, un ladrón forgía é Historia, un grupo de sus amigos y subordinados_organizó una a_gradable yelada en aquel establecimiento. Es· zador de cerrujos que pre
ta fotografia representa una de las escenas de la comedia que desempenaron vanos aficionados.
tendía robar los secretos
de una mujer indefensa.
misteriosa, quienes dieron sus opiniones sin llegar á una r.on· ¡Mis manos temblaban! Uno por uno saqué todos los objetos
clusión.
del cajón. En el fondo encontré un paquete de cartas que pude
El mes tran.currió presto y el extraño m;sterioso no volvió. reconocer á primera vista. Eran cartas de amor!
Semanas más tarde se recibió una carta de él, y esto es lo que
El paquete permanecía atado con un listón color de rosa de
el &lt;'Íruj1no pudo leer con me:cado asombro;
.
.
orillas plateadas. Cuando le desate supuse que podrían conte((Querid,) profesor:-No quiero que usted y otros médico¡-:, lD· ner secretos de mi espOEa, que databan desde su infancia. Y
vestigadorrs científicofl, vivan dudandó acerca de mi fxlrañ.a me pregunté á mi mismo. ¿Puede ser ella responsable de cosas
dolencia, que quizá muy pronto me llevará á la tumba. E·cn- que sucedieron antes que fuera mía ...... Justo es que pudo tebiré la historia ele mi horrible enfermedad. Hace una semana ner caprichos inocentes antes de conc,cerme. Quién podía acuque me volvió por tercera vez y ya no he pretendido luchar con· sarla de pecadora? Y sin embargo yo estaba foto á acmarla.
tra ella en vano. Escribo estas linea colocando yesca ardiente Leí las cartas una tras otra, hasta el fin ..... .
Fubre la herida invisible; en tanto que la yesca arde qut-mándo¿Qué había en esas cartas..... ? La maldad más espantosa que
me no siento tl terrible dolor.
se haya intentado contra un hombre. ¡Un amigo mío las había
Hlice seis meees yo era un homure feliz. Vivía de mis rentas eecrito y en que lenguaje y con que pasión tan autorizada! ¡E~sin preocuparme de nada. Era amigo &lt;le todo el mundo y podía cribía sobre el disímulo, sobre los maridos estúpidos! ¡Aconee·
gozar de todo lo que no hombre encuentra en el placer. Hrce j11ndo á la mujer el medio de burlarlos!-( Concluirá).
un iiño contraje matrimonio con
una hermosa joven bien educada
y rle sentimientos nobles, aya &lt;le
una condesa del lugar. Mi esposa
era pobre más no solo por gratitud á que la hice gran sefi.ora, sino
también por su amor ingenuo, me
amaba profundamente. Medio año
había transcurrido desde entonces
y éramos muy felices. Si dejaba
mi residencia por algún tiempo
para ir á la ciudad, ella estaba
impaciente durante mi ausencia.
Solía caminar media milla á encontrarme en el camino. Me , aperaba, y si sufría algún retardo,
no anhelaba entregarse al rep&lt; so
en toda la noche. A veces la cond~sa, después de mu~ho.s~plicarla, lograba la fuera a v1S1tar, regresando el mismo día, estando
1,aparada de mí solo pocas horas.
Su afección á mí era tanta, que
en las reuniones no prdería más
compañero que yo, y lloraba si
sl!gún jóven la cumplimentaba.
En breves fraces: tenía por esposa
á una niña inocente y pura cuyo
único pensamiento era yo.
La concurrencia que asistió á la fiesta organiwda en honor del señor Rovelo.
0

-

"Miquixtli," la diosa de la muert~. Her~oso ídolo encontrado la seman11 p~sada en las excavaciones que se estan p~act1cand~,en las cal.les de Santa Mana
la Redonda con motivo de las obras de mtro duwon de ;:,guas.

'

Las famosas ruinas de "La pírámide del Tepoxteco," cercanas á Cuernavaca,
y que fueron visitadas hace días por los alumnos de arqueologí:I del Mu!&gt;eo Nacional.

En la fotografía puede observarse un característico vestigio de "Miquixtli" diosa de la muerte.

-

se esparcirá poco á poco: hnsla !.legar s.l
corazón y pondrá fin á esta miserable
exi~tencia. Pero esto no sucede Pl dolor
no se esparce, ni pasa más all(i del ~írculo indicado. ¡Es ufi dolor mexphca·
ble! Mire usted mi cara y rn convencerá.
ILa cara del extraño parecía de cera l
El cirujano quitó las vendas. El lug11 r
de la herida estaba completamente res·
taurado· una epidermis nueva y ~ana lo
cubría·1 las arterías funcionaban sin ce·
sar; el pulso latía, pero sus músculos todos temblaban.
-¡Esto es maravilloso! Este ~aso .superaá todas mis pasadas experiencias,
exclamó el cirujano estupefacto.
-¡ Es una mara villa que tortura, doc·
tor! ¡No busque ...... ¿Para.q~é investigar
la ca usa? Alivie este sufrimiento; tome
sus instrumentos y corte más profun·
do ...... ¡Esa es mi suerte!
El cirujano oper6 por seg~nda vez,
haciendo penetrar más la navaJ~· Y o~ra
vez percibi6 en la cara del paciente ~1g·
nos de alivio y raptos de placer al muar
brotar su sangre en abundancia. Pero
en e3ta vez no torn6 la sonrisa en el ros·
tro cadavérico del paciente.
-Gracias doctor. Todo dolor ha ce·
sado· en corto tiempo cicatrizará la he·
rida.' No obstante, no se enfade si regreso
dentro de un mes.

�De todo un poeo

Los botes automotores.

NEUROSINE·PRUNIER
RECONSTITUYENTE GENERAL

Mr- G. B. Eggert al final de su artículo
ilustrado, que bajo el título de ((Varios tipos de botes automotores», publica en el
número correspondiente á julio, de la revista ((América» que se edita en la ciudad
Buffalo, N. Y., E. U. A., prP.dice elfuturo de esta embarcaci6n, en los términos
siguientes:
En todos los casos en que se ha ensayado en el bote automotor, ha probado su
eficacia para competir con el vapor, aun
cuando puede decirse que su deearrollo
acaba de empezar.
¿Quién puede asegurar lo que será el
resultado final? Ya nuestros ingenieros
navales han ofrecido construir para el gobierno de los Estados Unidos un cazatorpedero equipado con un motor de gas.
El gobierno ruso tiene en uso un número

1 :

SIEMPRE LA VERDAD,
"Cuando est(i Ud. en duda diga la verdad." Fué un experimentado y viejo diplomático el
que así dijo á un principiante en
la carrera. La mentira puede
pasar en algunas cosas pero no
en los negocios. El fraude y engaño á menudo son ventajosos
mientras se ocultan; pero tarde
ó temprano se descubrirán, y entonces viene el frae;aso, y el castigo. Lo mejor y más seguro es
el decir la verdad en todo tiempo, pues de esta manera se
hace uno de amigos constantes
y de una l'eputación que siempre vale cien centavos por peso,
donde quiera que uno ofrezca efectos en venta. Estamos en situación de afirmar modestamente, que sobre esta base descansa la universal popularidad de la
PR.EPAR.ACION de WAMPOLE
El público ha descubierto que
esta medicina es exactamente lo
que pretende ser, y que produce
los resultados que siempre hemos
pretendido. Con toda franqueza
se ha dado á conocer su naturaleza. Es tan sabrosa como la
miel y contiene todos los principios nutritivos y curativos del
Aceite de Hígado de Bacalao
Puro, combinados con Jarabe de
Hipofosfitos Compuesto, Extractos de Malta y Cerezo Silvestre.
Estos elementos forman una combinación de suprema excelencia
y méritos medicinales. Ningun
remedio ha tenido tal éxito en
los casos de Influenza, Pérdida
de Carnes, Debilidad y Mal Estado de los :X ervios, asi como todas las afecciones que pl'Oceden
de Sangre Impura. "El Sr. Dr.
Porfirio Parra, Profesor de Medicina en México, dice: La Preparación de Wampole está compuesta de los principios nutritivos del Aceite de Bacalao, Malta,
Hipofosfitos y Cerezo Silvestre.
En las personas debilitadas esta
medicina me ha servido perfectamente." En todas las Boticas.

-¿Por qué escribe usted calor con acento?
-Porque ile oído decir á papá que desde hace
unos días "el calor se acentúa.

de lanchas pequeñas de gasolina como botes correos, los cuales son capacea de cruzar el Atlántico. Todos los pescadores del
mundo y especialmente loa que residen en
las co2tas dei Atlántico. han demostrado
la superiodidad del motor gasolina sobre
los botes de vela 6 remo. Todos los días
encontramos botes automotores prestando
sus servicios en nuevas empresas y su tamaño aumentando de una manara permanente. Cuando finalmente sean vencidas
del todo la tradici6n del vapor y la duda
respeto de la seguridad del motor de combustión interna, llegará el día en que máquinas de miles de caballos de fuerza hagan funcionar buques de carga y paf8jeros
á traves de los mares.

Nuestros RETRATOS

de hom-

bres son varoniles.

Muestran 1a fuerza, energía y carácter del modelo.

Son

RETRATOS que reflejan ~a
impresión que deja un hombres sin la

FOTOGHAFIA j j

MARST''

1:~ de Nuevo México, número 6.
MEXICO, D. F.
Teléfonos: Mexicana 1034, Neri.
Ericsson 2995.

.L .
1

"

Sírvase tomar el Elevador.

..JI

Botes salvavidas de mimbre.
Se ha inventado un nuevo bote salvavi.
das en Holanda que promete dar resultados no obtenidos hasta ahora con loa modelos conocidos. La novedad conE:iste en
el material de que el bote está construido
que. no es otro que el mimbre. Un bote
de estos es realmente inrrompible, como
ee ha demostrado en un choque recientemente ocurrido entre un yate y una lancha autómovil. La violencia del choque
qued6 mitigada por un bote de :mimbres
que pasaba entre ambas embarcaciones y
que 1,ali6 de la aventura con el mástil y
las cuerdas destrozados, pero con el casco intacto y sin sumergirse.
Añádese á estas ventajas que el bote
salvavidas de mimbre, por ser de un material que no se pudre, no necesita pintura. Además no se agrieta, es mucho más
ligero que los botes ordinarios de madera,
y con mlsmo peso que éstos, puede ser
más grande y tener cabidad para más
proviciones. Su baratura es otra candi,
ción que lo hace muy recomendable·

J. OLLIVIER Y CIA.
~

m

1
~

-~

~
iJlfltl

Pobres Niños.....

ta.

MEXICO, D. F.

•

Un sargento econ6mico hasta la exageración, convidó á sus amigos cierto día, y
les dijo: Cuidado, señores; sintiera que por
mi prodigalidad de un día, padeciera algu·
no de una indigestión.
-No tal: podéis estar tranquilo, pues
una comida semejante es imposible digerirla.

Es común que los matrimonios
se verifiquen por la sola voluntad de los contrayentes, sin tomar para nada en consideración
las dotes físicas ni el estado de
salud.
Esta última condición debiera
ser de grande importancia y hasta de ley. Figúrese el lector, á
quien suponemos padre, que uno
de sus hijos (hombreó mujer, )
va á contraer matrimonio con
un ser enfermo de tuberculosis,
que por desgracia abunda tanto.
Toda la descendencia tiene que
ser tuberculosa y servir de vehículo al contagio de millares de
seres. Los niños de ese matrimonio son anémicos, delgados y
no pocas veces nacen con defectos orgánicos: jorobados, tuertos, cojos, etc. , etc., y todo por
una complacenda ó amor culpables. Debían antes los padres ó
los mismos novios hacer que se
curara el enfermo, pues afortunadamente la ciencia cuenta hoy
con una medicina maravillosa
para combatir ese mal: la "Creosofosfatina;" con ella en p_oco
tiempo pueden contraer matnmo
nio seguros de que sus pulmones
han sanado, de que su sangre
está pura y de que su generación será sana y robusta.
Si no&lt;tubiera tanto egoísmo,
todos nuestros lectores recome~darían por humanidadala m_ed1cina que dejamos nombrada a los
débiles, anémicos y á los enfermos del pulmón, pecho y gargan-

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•

Admin istrador. PEDRO SANDOVAL Y GUAL

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Análisis de orinas, esputos, pus, etc. §
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Juan B. Calderón, ·
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g de la Facultad de México, Químico g
g del Instituto Médico Nacional. R

Departamento
de contratos I 8
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POR EL PROFESOR

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PRECIOS COMODOS

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:ITUD
2a. de Victoria 53155. § HIGU:::.R
APARTADO 1396

TELEFONO682

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1

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8.

B OTICA O B S AJ'i JI GU.STI J'i

g 3a. del 5 de Febrero núm. 25.- MEXICO, O. F. §.

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(ANTE!\ BAJOS DE SAN AOUSTIN, 6)

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FRANCISCO ZUCCOLI, gereat,.

MEXICO, D. F.

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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