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                  <text>fl
Aso XII.

MÉXICO, l&gt;uMIN1.&gt;0 ]

J DE Fi,;tt 1rn1w DE 191 ~-

ARTE FOTOGRAFIOO.

Convento de ~an Francisco: Querétaro
Estudio fotográfico por· A, Carrillo,

NuM. 6.

�De soeiedad.

UN RETRATO AL CARBON.
(I-I istorieta).

...

~

.

Y volviendo al punto á la orilla del río, con el retrato en la
El joven pintor Emilio X*** salió de su casa en una hermano,
contemplándole satisfecha la aldeana continuó, lavando
mosa mafiana de Agosto, con el álbum bajo el brazo y la caja
la ropa, y se retiró con el lío después de concluida su faena.
de lápices y carbones en la mano.
,
-Adiós, caballero, y otra vez gracias,-dijo al marcharee.
Era en Oviedo, la bi~tórica ciudad de :Fruela y Alfonso II el
-Adiós, mi lindo modelo-conteetóla el pintor.
Casto, vagaba ·al acaso por el cámino de Mieres, sabiendo que
pronto encontraría en la comarca algúri lindo paisaje ó ruinas
célebres, puntos de vista encantadores para estudiarlos y copiarlos' en su álbum.
Al cabo de una hora de camino, á traves de un bosque de enEra mediodía cuando Emilio pensó en que, si podía beber
cinas y castaños, llegó á la orilla de un río qu·e descendía ru- agua fresca y cristalina del río, no contaba con un pedazo de
moroso por estrecho valle, describiendo en aquel sitio un!l curva pan que llevarse á la boca.
entre arbm,tos y espadañas, una de esas graciosas curvas que
-- ¡Diantrel-murmuraba.-Si pudiese encontrar por: estos
tanto regocijan á los paisaji,tas.
alrededores, un mal almuerzo, para no volver á Oviedo ha~ta la
-¡Dt:ilicioso!-exclamó Emilio, contemplando el paisaje.- noche ..... . Porque esta vista es deliciosa, y no quisiera dtjarla
¡Delicioso! Aquí tengo soberbio estudio, mullida alfombra de 1,in terminar mi estudio......
'
césped si quiero de3cansar, y agua cristalina que convida á beY al llegar á este pupto de su monólogo, sintió detrás de él
heria ...... á falta de un vaso de sidra ..... . ¡ Lástima que no baya una voz que decía: • .,
podido eucontrar el hotelito donde habita mi maestro!
-Que sea en hora buena, joven; le felicito muy de veras,porSentóse el joven en la fresca hierba, frente al río, y los rayos que está 'muy bieh, hecho ese bo~quejo.
del sol, e~cudriñando el e~peso follaje de encinas y castaños, y
-¿Le parece bien?-conte~tó el artista i;in dejar el trabajo,
paRando por los huecos que trazaba en las copas el vientecillo suponiendo que le hablaba algún transeunte inoportuno.
de la mañana, caían de soslayo sobre la corriente límpida de
--No sólo me parece bien, sino que le admiro.
las aguas, que resplandecían y centelleaban.
-¿Es usted aficionado á la pintura?-preguntó Emilio sin
Emilio abrió im caja y su álbum, tomó un carbón y empezó volver la cabeza.
á dibujar, cuando vió á una aldeana que llevaba un lío de ropa,
-Un poco-le respondió su interlocutor-un poco ..... .
y la cual, sin preocuparse del artisra, arrodillóse en la misma
Y soltó una sonora carcajada. ·
ribera del riachuelo, dejó la carga en el césped, levantóse las
Emilio se volvió airado para contestar severamente á aquel
mangas del vestido hasta el codo, sacó un pedazo de jabón mo- atrevido, y dejó caer el lápiz y el álbum al reconocerle.
reno y comenzó á lavar una camiea.
¡Mi maestro!-exclamó.- ¡Mi querido maestro!
I Aquella muchacha, vista de perfil, como entonces podía verla
-Abrázame, hombre: abrázame.
Y maestro y discípulo se abrazaron carinosamente.
Emilio, ostentaba facr.ioties muy regulares, y además tenía blancos y redondos brazos, bien torneada garganta y talle esbelto y
-¡Oh, querido profesor! ¿Y usted me dirige esos elogios? ¿A
flexible, á juzgar por sus movimientos: era, en suma, una figu- quién debo sino á usted miE,mo, sólo á usted, mis progresos en
ra 'excelente para el cuadr'ito que el pintor empEzaba á bosque- · el artt?
jar en una boja de su álbum.
·
- No es eso, Emilio: si debes algo á mis lecciones, debP-s más
-¡ Hola, ntfia !- se atrevió á decir Emilio, sin moverse de su á tu aplicación. ¡No he tenido, no, muchos discípulos como tú !
asi'ento--¿Quiere úst&lt;Jd ·volver lá cabeza· para mirarme?......
-!Maestro, por Diosl-intequmpió Emilio, más ruborizado
.:_¿Para mirarle, caballero?... ... ¿Por qué?
que una doncella al oír la primera declaración de amor.-Pero
--Porque voy á hacer su retrato.
¿cómo le encuentro aquí, habiéndole buscado varias veces y
- -Pues no, señor, no quiero-respondió i,onriendo la aldeana. siempre en vano, en la capital?
'
-¿Pues no ve usted que tengo mucha ropa'. que hivar, y es im-Porque habito cerca de aquí, en mi casita de campo .... ..
posible perder un minúto? ¡Me reñirían·en casa si tardase en · La casualidad, amigo mío, la casualidad, que eabe hacer bien
volver.
las cosas ..... Vamos, sigue tu estudio ......
- - ¡Yo se lo ruego por favor, hermosa nifíal ¡No rehuse usted
-No, maestro: le seguiré otro día, pues ahora tengo la dicha
e~a gracia á un paisano!. ..... P0rque supongo que usted será de da estar hablando con usted......
·
As.turias, á juzgar por su gracioso dengue 'y sus frese.as mejiY mientras Emilio sacaba la petaca y ofrecía un excelente
llaEt, ¿eh?
!,
habano á su antiguo profesor, éste hojeaba pausadamente el ál.'..-);H, señor: soy de Oviedo.
bum artístico de su discípulo.
-¡Qué veo!-exclamó de repente el maéstro.-¿Quién te ha
- ¡Ah! P~es. ju¡;to; paisana mía; porque también yo soy de
Oviedo'. .... .: Va:triol'l;:"¿consiente usted? , i,
permitido hacer este retrato?
-¿Y me dará 'el retfato? · ·
'),
El retrato que entonces contemplaba el maestro era el de la
.:.-¡Prometido!
. . .
.
gentil lavandera.
· - Bueno, consiento -:'-resiw:ndió la muchacha.
-Pues el mismo original.
Y Emilio se mordi6 los bi'bfos,· porque aquella promesa se le
-¿Te burlas, Emilio?
había escapado demasiad1:i'pfo'nto ...... Mas como poseía en alto . · --¡Nunca rria!;lstro! ¿La conoce usted? Es una muchacha ling~ado el arte especial envidiable del retratista, con pocos ras- dí.:,ima, ¿verdad?
go~ da lápiz.t.rnz6 en ~l papel, con habilidad y exactitud prodi- . -¿Te-parece así?-:--preguntóel mael;ltro qonextraño acento.
giqsas,· las lmdas facciones de la muchach~.
· :i' --¡Ya ló ·creo! ¡Enca1itadoral Apenas hace veinte minutos
Y en seguida, sin que ésta lo observase, copió el retrato en eEtaba ahí, en la orilla del río, lavando ropa. ¡Me lo pregunta
otra hoja, le arrancó del álbum, y se presentó á la aldeana, di- usted de un modo tan extraño!. ....... .
ciéhdola:
-¡Cuando pienso en ello, mi querido Emilio! .. . :..... En fin,
-Se ~cabó, niña ...... Ahí está lo prometido.
¿has almorzado?
-¿Y~?- lijo la muchacha con algún pei,ar, levantándose y
- Ah, qu.erido maestrol-exclamó el joven con regocijo. Precorritndo hacia Emilio. - ¡Pues si apenas Ra tardado usted me- Jisamente cuando usted ha llegado aquí estaba yo pemando en
dia hor:1! ,. ¡ A. ve~, á ver l ¡Oh, Dios mfo_l ¡Qué bieQ está! ¡Si soy que el cielo me enviase un par de perdices e~tofadaP ......
la mismá1 · ¡Gracias, caba.ilero, gracias! · .
- -Pues te ha enviado á mí- contest6 eonriendo el maestro. 1

y

¿Quiéres acompañarme? No te daré perdices estofadaF
EL COLOR DE LOS SENTIMIENTOS
pero no te quejarás. ¿Vamos?
... ..... .
- Vamoe, maestro, vamos.
I Es locución ésta al parecer fan anómala como d ·.
·aos
' bores melod.iosos. y sin embargo muchas
ecu:veces
somexY el profesor y su discípulo, cogidos del brazo, se dirigieron calientes o.sa
con paso rápido á presamos!(n uestra
'
una·casita cercana, opini6n calificando
oculta entre los ár- un objeto con epíteboles del bosque.
tos tomados de coeas diversísimaP ,
que de ningún mo'.
do le convienen pe--¡C atalina !ro
que declaran bien
gritG el maestro
nuestro
pensamiencuando hubieron'
to:
así
decimos
dullegado á una plara
á
una
fotografía
zoleta de rosales que
servía de atrio y chillona á una pintu~
vestíbulo á la ca- ra, pesada á una música, etc.
sita.
Recuerdo que un
-Voy, papacontest6 en el inte- ciego de nacimienrior de la caea una to manifestaba por
medio de sonidos
voz argentina.
.,Y á poco apare- varios el concepto
c10 en el umbral la que había formado
gentil figura de Ca· de algun9s colore;,.
talina. ¡Era la her- El rojo vivo, por
mosa lavandera re- ejemplo, le parecía
tratada por Emilio! una cosa así como
¡Qué encarnado UO Sunido de cornese pueo su lindo ros- tín, y así de 1los de'
tro cuando la joven más.
reconoció
al
pintor!
·
~~ñorita Margarita Santín,
Podrá parecer ~1C. C arneiro de Fontoura
que se umra_en matrimonio próximamente en
-- Pon un cubier- go singular, jugue- que se Señor
unirá ~n matrimonio próximam~nte en .
esta ca_p1tal con :el señor de Fontoura.
to .... para este con. tón ó francéi,, si se
esta capital con la señorita Santín.
vid1do ......
qui.ere, que son muy
- ¿$abes,·p_apá? ...... -murmuró la niña.
amigos de_novedades y paradojas los franceses pere or otra
p T.Sí, ya sé~ ¿pues no h~ de saber que es inútil presentártele? parte /'xpl1c.able perfectamente el atrib',uir colores'á los se~timien/r~ e~ camb)º. ignoras que tu retrato es obra de mi predilecto tos. ~s lo ?1erto que no es eso cosa nueva y en prueba de el! '
1~c1 pulo E.m1ho ~***, uno de nuestros pintores más distin- ¡ay ~ cop,1ar par~. diver~ión de mis ledtoreg un párrafo d~i
~mdos.-~;lro, q_u.endo ma~stro, no exagere usted, por favor ... _
rance~ ~P?n Gozlan, ee_cnto el 9 de Mayo de 1841, sobre eso dé
rnt~r:r~mp10 ]¡_~1li?·:-El .retrato de esta señ.orita es un bos' ut O los sent1m1e~tos colo~eados ? los colores de los sentimientos
. pun crogms, un sencillo croquis sinimportanciade ninguna cfa~; ' q~!:l .~S lo mismo. Dice así: «Co:mo soy algo loco, siempre hó
erodís1 ._:u.sted lo permite, volveré
' .. · ,.
.
.
refen~o, no sé por qué, á un color
un a ~rox1mo
' · ......... y entonces
''
·
ó
matiz los afectos que experime"nerpp~zare un retrato de verdud..... .
to. Así para mí la piedad es un
··., ,(~J, papá, síl- grit? Catali_na.
color az~l celeste; la resignaci6n,
~ ¿~~e6esitas acaso m1 permiso,
de un grni perla; la alegría de un
Emrh_c{ ---:-respondió el maestro. verde manzana; la satisfacción de
Aquí s~r~~ bien recibido siempre.
café
con leche; el placer de c~lor
Y Em1ho, en la época que :fijade
rosa
afelpado; el suefio, de huron, los tres de común acuerdo em mo
_de
tabaco;
la reflexión, de anapezó el retrato de Catalina. '
ranJado;
el.
~olor,
de color de ho¡Qué feliz era el joven artista
llín i el fa~t1d10, color de chocolate·
contemplando á su gusto á la herel pensamiento de tener que pa.1a:
mosa aldeanital y no se apresurauna
letr~, gris plomizo; el recu~rba, en verdad, para concluír su
d~
del
dmero que se ha de cobrar
ob~a: habitualmente empleaba diez
ro~o escarlata.. ....... Acudir á un~
sesiones en hacer un buen retrato
pr1~e:a i.nvitación, color flojo ; á
al óleo; pero en aquella ocasión
una v1g~s1ma, de té cargado. En
pasaron do?e, quince, veinte sesiocuanto
a la dicha es un color
nes, Y el prntor no concluía el reque no conozco.» Ni yo tampotrato de Catalina .
co, P.ero espero conocerlo en día
Siempre tenía que hacer algún
no leJano.
!etoq_ue, dar nuevas pinceladas,
ilummar un poco más la mirada
~~
dulcificar más todavía la sonrisa ... '.
buscar pretextos, en fin para perPensamientos
manecer días y días en ;quella casa, donde su maestro le trataba
. Pa!a algunas mujeres, la concomo á hijo querido y la hija de su
?1enc1a es un ~orsé que se ensancha
maestro le inspiraba una pasión
o se estrecha a gusto.-Liserol.
avaRalladora.
Y s~~edió lo que debfa. euceder:
U~ pré8tamo pequeño puede prode ses1on en sesión y de ret oqu e
porcionarnos un amigo agradecido .
e? ~etoque, el joven artista empeun préstamo de consideraci6n es se~
zo ª ~acer el retrato de la señorita
g~ro que nos proporcione un eneCatalina, Y terminó el de la semigo. - Syrus.
ñora _D~ Catalina de X*** esposa
del pmtor Emilio de X***·
!1'uir por cobardía es vergonzoso ·
d' . .
. . Señor don José Porrúa,
evitar un peligro
J ULTÁN G. DE ÜMAÑA.
. . es pr ueba depru-'
1st1ngu1do penod1sta esp,, ñol fo llecido t n Madrid recientemente. d entes. - Grnsti.

�Página atTtístiea.

Aetualidades
Fiesta en la Escuela Normal f- ara Profesoras.

Expo~ición de trabajos
ma nuales.

Aspecto dd _patio durant~ 1
la tiesta.

El público y la

ver~a~

Una noche hallábase reu1;ida
una tertulia de señores americanos en torno de una mesa en
un restaurant de Wáshingtou.
Terminada la comida, no que·
daron sobre la mesa más que
los últimos dobles de cerveza. .
Los comensales, invadidos
de aquella alegría, que es el
premio otorgado á los que ~an
comido mucho y han bebido
con mayor abundancia aún,
charlaron á más y mejor, de
todos los sutiles argumentos
en torno de los que puede el
espíritu hacer ejercicios gimnásticos sin perjudicarse de·
masiado.
.
De pronto, no sé.á prop6sito
de qué 1 uno de ellos dijo que el
público.si~mpre está ávi~~ de
la verdad, y que es un pes1mo
sistema el de ocultarla á la muchedumbre.
- Que el sistema sea horri·
ble, no lo discuto; pero que el
público esté ávido de verdad,
eso lo pongo en dudl\, respon·
di6 otro comemal.
Como es natural, la contestaci6n dió motivo á otra contestación y prosiguió la charla,
sobre el tema mencionado, durante algunos minutos, sin
que ninguno de ambos interlo·
cutores se mostraee dispuesto
á ceder ni un ápice en su opinión respectiva .
Finalmente, el segundo interlocutor propúsose demostrar
con los hechos, que no era tan
fácil fiarse de la verdad.
· -Pues entonces, ya que sostiene usted eso, ¿quiere demostrarlo?1 dijeron los reuni·
dos.
-Estén todos usted&lt; s mañana á las diez en la plaza del
Parlameñto: lo verán.
Naturalmente, apenas reunidos los amigos, vieron al cl,s·
cutidor, el cual llevaba colgado

El señor Subsecretario de Instrucción Púb:ica
presidiendo la tic::.ta.

Banquete en X :ichin1ilco .

al cuello una, gran~bulsa reple·
ta de dinero.
Acto seguido hizo éste seña
á sus amigos para que se acer·
casen, y colocando precisamen·
te en el punto de mayor trán.'
sito de público abrió la bolsa,
sacó un puñado de dollars nue·
vos y relucientes, y alzando la
voz púsose á gritar:
-ce¡Dollars nuevos, salidos
hace poco de la casa de la Moneneda, á diez sueldos uno!»
El pregón hizo reunir mucha
gente en torno al c(cbarlatán. »
Algunos, oída la proposición,
limitáronse. á sonreír y se marcharon; otros, más curiosos,
se llegaron á decidir á palr,ar
y examinar las preciosas monedas.
Todos reconocieron que el
trabajo era perfecto, y que has·
ta el precio parecía justo; pe·
ro, en general, nadie estimó
que el pequeño objeto valiese
diez sueldos.
Cón todo, un cintero compró
una de las monedas.
- ¡Bah!, dijo riéndose; le
daré un bromazo á mi mujer.
Finalmente, comparecieron
dos guardias, los cuales, despué~ de haber examinado bien
las monedas, y considerándolas extraordinariamente bien
imitadas, detuvieron al vendedor por expendición de mo·
neda falsa en público! ... .

"La primera pipa."

El aria final

1

D~talle del banquete ofrecido por los empleados al J efr del 11uevo

Departamento de Agricultura del Ministerio de Fomento.

U o célebre cantante se ha·
liaba gravemente enfermo. Fué
á verle un amigo momentos
notes de expirar y le dijo:
- cc¿Cómo esiás?i&gt;
- ,cVoy á cantar el aria fi.
nali&gt;, contestó el artista.
¡Siempre la muerte!
¡ Es tan útil pensar algún
tantico en ella I

"La trampa de los dad0s. " - Cuadro de Woodville.

�IJa IJeyenda de la Hietrba Santa

Ca J:tytnda. 4t la fiitrba Sa~~a.
,,

(C UENTO ARABE)
Maestro, la hora del nwghreb ha pasado. Tus ojos ciegos, no del sol, pintaba en el aire sus espejismos; brillaba la arena como
ven como mis ojos; en cambio, mi torpe corazón no siente como mont6n de polvo de oro, y las siluetas de las duna.a recortándose sobre el fondo azul, deslumbraba con su blancura de sal.
tu corazón santificado.
Allá, bajo las tres palmeras que retorcieron los vendavalee y
-¡S6lo Dios es grande, s6lo Dios es vencedor y poderoso!
_'._Señalaste este día y esta hora, oh Maestro, para iniciarme tostaron los rayos del sol du_rante muchos siglos, brota escaso
1-:
en el gran misterio que ha de dar luz á tus ojos i,ecos, y forta- ma.nantial de agua fresca y apetecible.
Al
pie·de
aquella
vena
rota,
bajo
el
toldo
ondu]ante
y rumoleza y sabiduría á mi coraz6n y á mi entendimiento. He aquí
que la hora llegó, y tiemblo cual si cayera ~obre mi frente la .roso de las palmeras, se alzan las tiendas de lino dé la caravana.
mirada divina de Mohamed.
¡El sea loado!
-Ya la neblina, flotando como el Jaique vaporoso de una
virgen, álzase en el río y extiende sus trémulos velos en el.feE&lt;pa~~ ,·
cio. La brisa columpia el fuste de las palmeras y hace sonar las
hojas con vibraciones de guzlas: los picos del Atlas ciñen su turbante de sombras, y la estrella de Occidente se"eleva, triste co-·
mo el amor, intangible como la dicha .... '.. Maes~ro, mi corazón
está puro ¡Dios lo sabe! • Pon tu mano sobre mi cabeza y háblame.
El viejo Hach Sliman-Elarbi hundi6 su barba de nieve en el
hueco sombrío de la capucha azul: movió los labios que agitaba
el rezo, y elevando las ésferas turbias de sus ojos sin luz hacia
el firmamento,· invocaba un destello de la suprema sabiduría.
-Lo que ha de ser, está escrito.
•·.
,
Y colocando la mano diestra sobre la frente' calenturienta de
su discípulo amado, aquel santón que muchas generaciones conocieron viejo y respetaron como sabio, h» bl6 con el acento grave y el EOlemne ademán de los patria'rcas bíblicos. ·
.
.'._Corrían las lunas en que Mobained ·¡él sea loádó ! vivía entre los mortales. El gran destino no se ho bía cumplido: el Pro- ~i r
Los camellos pacen de las escasas gramíneas verdes, con el
feta luchaba con el espíritu del mal en este mundo. Hombres
vientre
en el suelo: tendidos también, y encadenados, descansan
de nuestra propia raza, aconsejados por aquel eRpiritu, decidielos esclavos.
ron ¡él los perdone! dar muerte violenta al enviado de Dios.
Los árabes, envueltos en grandes albornoces, discurren, esMahomed·lo supo ¿qué cosa escapará á su sabiduría? .y cuanpingarda
al bombro, 6 aparecen sentados libando el cahuach
do protegido por las sorobraEI cayeron sobre él para herirle, la
arbmático
en vasos de cristal labrado, y fumando el delicioso
sola mirada de aquellos ojos acostumbrados á ver en todo lo\fro.
.
fuodo, anoriad6 á los pervereo~. Mohamed cóntinu6 su oración, tumbok en larguísimas pipas.
A la lu,z delicada ·y· rbs~cea del crepúscuio; ven !lf•gar el especy los agresores, cargados de cadenas, esperaban con !as' priroeluces del día los primeros dolores del suplicio. El santo oró y tro vacilante de un mendigo moribundo. Tendi6 sus brazos con
lloró mucho aquella noche, y cuando el alba comenzó á teñir suplicante ademán aquella especie de sombra, y pidiendo hoscori fajas blanquecinas el horizonte, salió de su tienda, dispues- pitalidad con voz emonquecida, desplomóse en el suelo.
El jefe de la caravana tendió la mano al caído y lo condujo
..to á perdonar á los miserables. Los miserables habían sido~deá
rn
ti~nda, para compartir la sal de la amistad y el agua de la
gollados por la guardia del Profeta. Los cuerpos amontonados
.
···, .~ · ·
protección·
llamaban á los buitres del aire y á las fiera"l del desierto. Afli-!Dios es grande! Hermano, te debo la vida.
gi6se Mohamed ante aquel grupo de inertes cabezas, y proster-¡Dios es justo! Herin.ano, la vida ea de Dios: El la dá y El
nándose hacia el Oriente donde se anunciaba con luces áur~as
la
quit.a, según está escrito en el gran libro,. , ,
.
y franjas de púrpura la salida del sol majeftuoso, lloró sobre
-Vengo
de
allá,
l.lll_lY
lejos,
de
las
regiones
donde
el sol se
aquella tierra enrojecida, porque no había podido perdonar.
oculta:
he
c~minado
varios
años
por
el
de1:1iérto,
registrando
to¿Comprendes la santidad de este llanto?
En aquel mismo sitio humedecido por sus lágrimas, brotó una dos los ~epltegues de la llanura y tod0s los hueco's de la montaplanta extrafia y de-conocida que cada cien años cúbrese de flo- ña: Sorprendí el misterio de la existencia de muchos pueblos
res azuladas y olorosas. El que coja estas flores, llevando el co- que la humanidad n~ conoce, perdidos en el seno ignorado de
razón limpio de impurezas, será justo, será grande y sabio y ca- esta tierra; dejé pedazo's de mi vida y sangre de mis venas en
una peregrinación que espanta ...... Mi cuerpo se rinde, se insi inmortal como el Profeta.
clina
como la palma vieja, az.otado por las fatigas del hambre y
-Maestro, tn palabra me extremece ...... El que no está puro
calcinado
por el deseo ...... ¡No quiero vivir! La noche, la ineral recoger la plti,nta ¿qué clase de castigo sufre?
cia,
el
descanso,
.todo lo que 'sea reposo me subyuga:
- Sfl queda ciego.
-Hermano,
hablas
como los sabios, y te quejas como los in-¡Dioses grande!
-Yo ví la flor, toqué la hierba, sentí el perfume santo pene- fieles. Lo que ha de ser, será.
-He pa,ado mi vida buscando las enseñanzas del Profeta (El
trar hasta mis entrañas como efluvio del paraíso, y, como estasea
bendito en la plenitud de los tiempos); he ocupado mi inteba impuro, me hundieron en noche eterna y aprisionaron mi
vida con cadenas de sombras que tú solo has de romper, si pue- ligencia en descifrar las eternas verdades bajo la dirección ·de
un justo, que allá me espera en su lecho de muerte; he negado
des ...... Allá en el desie1·to se encuentra la «hierba santa,,.
todos
los goces á la Naturaleza y todos los apetitos á la carne,
-Deja que bese tu rodilla ...... bendíceme, Maestro: dame tu
buscando
la perfecci6n para encontrar la «hierba santa» que se
báculo para que me apoye en él, como he apoyado mi entendimiento en tu sabiduría ...... ¡ Dios me gqíe y Mohamed me am- esconde y me evita cuanto más le busco .... .. Hermano, lavopare! Adiós, Maestro; el desierto me llama, ¡qué oscuro está! luntad se rinde, el coraz6n se desespera.
-¡Quién puede conocer los pensamientos de D_ios! ¡El s6lo
Y es allí donde voy por luz para tus ojos y santidad para mi eses
grande! Tú 1 que has pisado mucha tierra, y has examinado
píritu ..... :
.
Declina bit f.l clía: el desierto iluminado coh los últimos rayos muchas µlan taP, y pasando muchas lunae estudiando los libro

santos, y acostumbraste la vista á leer en esa página del cielo bia suelt~ sus velos ...... Allá quedan solitarias las tres palmed?nde l_os· ast:os ~scriben cosas que yo no conozco, ¿has. apren- ras, meciendo sus ramas sobre el manantial y sobre el cuerpo
J1do, di, lá ciencia de infundir salud y vida en los cuerpos?
-Muchos hombres he salvado, cuando ya tenían eh rostro
vuelto hacia: el Oriente.
-Entonces, ¡Dios es poderoso! no busques esa hierba feliz
cuya posesi6n te enloquece. Quédate en el desierto. Yo te dar é
mi hija Sida, que es embeleso de mi alma. Ahuyenta su ehfermedad, y te la entrego: y tuyos serán mis tesoros y mis esclavos
Y.el marfil ~ el oro y las plumas y las pieles y el ámbar y las
piedras premoslls......
-~alvaré ~ tu h.i)a si su muerte no está decretada. No quiero
tus bienes, m tu hiJa tampoco ...... ¡La hierba santa 6 la muerte en el desierto!
'
Y~asiend~ del~ mano al peregrino, entraron en la blanca tien- •
da, forrada mterwrmente de damasco rojo y adornada con tapices, alfombras persas, pebeteros de Stam bul, bandejas cinceladas y ebúrneas lámparas de huevos de avestruz.
Bronceadas esclavas .sirven de rodillas á una~figura pálida y
vaporJsa que yace reclinada i;obre un mont6n de cojines.
El ara be l~v,ant6 aq~ella figura bla~ca, arranc6le el jaque· que
parecía un giron de mebla y descubri6 el rostro ideal de la niña abandonado de un árabe 'ciego tendido en la arena abrasadora..... .
'
'
enferma.
Ya las prime~as ráfa~as sacuden el ramaje y pasan silbando
- ;Mohamed me guarde! Tu hija es co.mo el sol de lo&amp; desiercomo vanguardia de sierpe: el ímpetu acrecienta, y el Smun
tos: deslumbra y mata.
Y ante aquella mujer pálida que vestía kaftán celeste y ceñía grande y magnífico, levanta y deshace montes de arena 1 arranuna corona de flores azuladas envolviendo las sienes en nimbo ca palmeras seculares, vuelca gigantes rocas, abre surcos inmende ~uz div~na, el pereg~ino tem~laba ...... La sangre que en el sos, y pasa barriendo la extensión bravía con formidable fuerza
de la Naturaleza irritada.
des1er,to hierve desperto su espíritu con fieros latigazos.
. -El ave de la muerte-decía el padre-se ha posado en esta ... . . .. .. . .. .. . . ... .... .. ' . .. .. . . ... ...... .. . ....... .
.b,; J vit·jv H11d1-S l11nau .ElaJül yc.1 l:c, t u :,u l~~i;~·;j~ ..
tienda.. Alguna sierpe pic6 en sus labios y en su corazón, por~eado de ?eudos y amigos, De todos rn despide con la tranquique m1 pobre gacela sueña y soñando dá besos en el aire.
--:-Tu hija me ha mirado, ¡Dios es grande! Su enfermedad es lidad de~ Justo y la alegría del creyente. Su discípulo amado ha
mucho tiempo que p·artió, y no vuelve ..... ¡quién sabe! la cehierterrible ..... . es amor.
Y abriendo l9s tostados brazos, como si fuese á cojer un mun- ba ~anta,, se esconde á la mirada impura.
Vuelta la faz al Oriente, el anciano Sant6n murmura el credo
do, e,trechó aquella cabecita pálida con ansia de condenado
C?n afán de calenturiento. Un grito' de espanto llen6 la estan~ musulmán; ¡Dios es Dios! y Mohamed único profeta de Dios ...
Y cortando su despedida el hipo de la muerte cay6 en e! poscia. La corona de flores, dePprendida de las sienes vírgenes rot~er leta~g? de su agonía, aquel que muchas generaciones cono·
d6 por el suelo y se deshizo en la alfombra.....
'
i Luz, luz! pedía el ena~orado caminante: ¡luz! hasta que to- meron VIeJO y respetaron como sahio.
Un hombre entró con pasos vacilantes y avanz6 hasta tocar
cando las flores con los piés, compren'di6 el árabe infeliz la. enorel rostro cadavériéo.
'
me magnitud de su desgracia.
- ¡Maestro mío, no mueras!
- ¡La hierba santa!. ... .. ¡Ciego para siempre ... ... maldito sea
AJ so~ido de esa voz abri6 el moribufido sus ojos sin luz y
yo. que la toqué impuro!
reconociendo
al discípulo, pareci6 revivir en un relámpago'de
Y t~~diendo _sus manos, !rémulo, ébrio; desesperado y rugienvolnntad.
tt&gt;, salio de la tienda y cayo de bruces en la arena.
- -¡Tú, - dijo. - ¡Tan tarde!
i El Smi~n, el Smun! gritan. los árabes. Ese grito hace temblar
-;
La. noche .eterna está ?onmigo . .. mis ojos, como los tuyos,
,
en los desiertos: es el anuncio de la muerte que llega sobre las
ciegos ¡ci~gos para siempre! Bendíceme, Maestro.
estan
alas negras del huracán.
-Estaba
escrito.. ... ¡Dios es grande!
Con loca rapidez des~rman las tiendas, recogen lo~ esclavos,
Y
en
aquel
punto expiró el Hach Sliman Elarbi uno de los
ciir~an los camellos, y a todo -el correr de las asusta&lt;!as bestias
srntones más queridos en todo el Moghreb al-aksa. '
aleJose la caravana.
El horizonte Ee enrojece; los astros se nublan; la sombra turJo~É NOGALES.

;;i·~~i¡~·;¿:

~

~ -======='=====-ººº===========--~~
IL USION DE OFTIOA

1.-H~ ahí una personad~ extraña apJriencia en un grn n coche . .

2 . - . . . . pero

las apariencias enp;añan.

--~~~~~===~~==============================~

-·'

�88

CARLOS

Rritistas mexie:inos

DTCKENS.

7 DE FEBRERO DE 1812

Señora María M. de la Fraga, sopr:rno ligero que debdó con gran éxito en el Teatro Colón.

UNA PROFETA EN SU TIERRA

AUDICION DE CONRADO TOVAR

MARI ."'. M. DE LA FRAGA

UNA LISONJERA ESPERANZA.

Con asistrncia de muchas damas y cab~l~eros_y de no pocos
El vulgar proloquio «Nadie es profeta en ~u tierru,,, tantas
veces confirmado entre nosotros más que en nmgu~a otr~ ¡,arte, representantes de la prensa, á quiene_s ded1c,c ~l Joven Tovar la
ha sufrido una feliz fxcepción en el caso de una ~1~pát1ca me- audición verificóse ésta la tarde dP.l Jueves ultimo en el elegan~
, .
xicana, la Sra. María M. de la Fraga, de cuyos ex1tos dn~a,nte te rnlón de conciertos de la Sala Wagn_er:,
La ú!tima de "Aida,, con que se dt'sp1d10 la companía ?e opera
la última temporada de 6pera hemos dado cuenta en Er, 11rn·
en Col6n y el recital de Tuvar, constituyeron
PO diario y de quien publicamos hoy dos
laR dos únicas notas artí~ticas de la. semana.
retratos ~no de ellos en traje de carácter.
El predilecto discípulo de Moctezuma, cu·
'
La nueva soprano comienza apenas rn ca·
yas
cualidades salientes hasta ahora , .s~n la
rrera artística. Nacida en una de las más pinpr eci~i6n y el vigor, más que la emot1V1dad
torescas poblaciones del Estado de Veray ln, delicadeza, rn va i-evelando acelerada·
cruz, Huatusco: sus primero~ trinos se conmente
una personalidad por I~ pureza y l_a
fundieron con los de los páJaros, entre las
exactitud. A decir verdad-y sm que ello s1flores de nieve de ·los cafetos y á la sombra
o· ni6que un reproche- Tovar debe luchar
de los platanares; pero una voz como la.suya
;nucho todavía p:ira afinar su tempera·
no podía paear inadvertida, y pronto la Joven
mento. Obra c;erá é,ta del tiempo y de sus
María --casada desde los quince años con un
consign ientes enseñanzas, sobre todo d_e
apreci~ble caballero,-se r~~olvi6 á ve_ni.r á
:1quellas c¡ue ofrfcen el dolor y los eacud1México, y confiar la educac1on de su prmle- ·
m1entos de la gran entraña.
giada garganta al empeñoso y competente
Hasta ahora Conrado Tovar-cuya brava
maestro Pizzorni. Tres afios fueron más que
melem1,
aunque demodé, nos recuerda al &amp;esuficientes para adaptar aquellas facultades
ni:d
Paden:w~ki-es
una promesa que cris·
naturales á la buena escuela de emi~ión, Y
tal izará en pocos años; su asid.ui?ad.;n el esde ésto dan fe todos los diletanlli que la ha n
tud io y sus facultade3 de as1m1lac1on, que
escuchado últimamente en Lucía, en SGnámsu
rnae¿tro y compañ~ros recon?cen, le prebula y en Rigoletto.
paran
un amplio camrno de realidad y de no
Su voz es fresca, de timbre de cristal y de
e~casos
triunfos.
gran extensión. En la Gil~a la hemos oído
En
cuanto
á la audición, compuesta de n(1dar un limpio mí bemol, sm el menor eduermeros Hquisitos, especialmente del incom zo. Canta á fiare di lavro. Agreguemos que
rarn ble y doliente Cbopin, apuntamos por
frasea primorosamente y á cada_ palabra le
1:-i
fi el interpretación su Nocturno N? 13, y
da la inflexión debida , porque siente lo que
...
1
3er.
Scherzo, una pá gina dulcíEima de los
canta. La sinceridad es lo mejor de su ta·
Señor Conrado Tovar,
dw·pciona&lt;los.
aventajado pianista mexic;mc.
lento.

El mundo literario de Inglaterra y de los
gran sentimiento de rns adoradore9, en Junio
Estados Unidos celebra el miércolee, el cende 1870.
tenario de Carlos Dickene, el.novefüta insigLas obras de este popular escritor están
ne, el periodista que empezó como simple
revestidas de un mér¡to singular, y todos i;us
taquígrafo del True Sun y lleg6 á fundador
adornos son tan sencillos como agradables:
del Daily News, el prodigio de actividad lite·
el estilo es pintoresco y seductor: fácil, ameraria que, hijo de un modesto empleado,
no, variado; y los sucet1os naturales y en
supo con su laborioEidad crearse una renta
extremo interesantes. Jamás podré yo olvianual de diez mil libras esterlinas.
dar los gratos momentos que me proporcioCon motivo de la celebración de este cennaron la Historia de David Copperfield y algu·
tenario, nos ha parecido oportuuo reprodunos de los Cuentos de Navidad. En estas precir hoy el siguiente artículo de nuestro finaciosas joyas de la literatura inglesa contemdo é inolvidable Director, el señor Lic. don
poránea, encanto y deleite de los amantes
Victoriano Agüeros. Dicho artículo fué pude las Mrae, dá Dickens pruebas admirables '
blicado por el año de 1877 en ((El Siglo XIX",
de rn talento de narrador elfgante y a meno,
cuando el señor Agüeros era folletinista de
así como también de su fina y profunda obaquel diario:
servaci6n.
ccNaci6 este famoso novelista inglés en
David Copperfield es una historia intereEañPortsmouth, cond~do de Hamsphire, en fo.
tí&amp;ima y conmovedora. En la primera parte,
glaterra, el 7 de Febrero de 1812. Así que
((Recuerdos de mi niñez," un niño inocente
tuvo algunos conocimientos elementale~,
Anternece los corazones con los sufrimientos
Ultimo retr.1to de Dickens.
su padre lo coloc6 en clase de escribiente
injustos que padece. Viviendo en el hogar
en el estudio de un procurapatt&gt;rno, al lado de ese sér eterdor, y allí comenzó á escribir
namente adorable que se Hama
artículos de co~tumbres, cr6·
madre, recibe humillaciones
nicas de teatro, etc., que se
y maJos tratamientos de perpublicaban en los periódicos
sonas extrañas, Ein que ¡ay!
con el seudónimo de Boz. Esle sea permitido quejHrse, ni
tos ensayos, notables por su
recibir la s caricias maternales
originalidad y aguda sátira,
como en otro tiempo, ni ir á
obtuvieron en general muy
visitar la tumba de su padre
buena acogida; lo que animó
en el vecino cementerio. El
al joven Carlos á tscribir novepobre niño parte désterrado á
las. Dió, pues, á luz, [,os Paun colegio, y sufre allí los ho·
peles del Club Pickwick, obra lle·
rrores de la soledad. P ero
na de novedad y de interés que
aquellos 11ñbS' de ~3:margura y
reveló desde luego el talento
de penas borran en el infeliz
distinguido de su autor. La .
David la inexperiencia infaninmensa ropularidad y el extil, y le hacen comprender su
traordinario éxito de su prideEamparo y su situación tris·
mera novela, hicieron que los
Cas:i de curiosidades, en Londres, que inmortalizó
tí~ima. Meditando en su poreditores pidiesen á Dickens
Dickens en sus obras.
venir, adopta la resignaci6n y
empeñosamente nuevas proel trabajo como los únicos meducciones, y así, sucesivamente, di6 á luz: Obiverio Twist, Nico- dios para hacérEelo dichoso. Ya en la segunda parte del libro,
lás Nickleby, El Almacén de Antigiiedades, Barnaby Rudge y otras. ccRecuerdos de mi juventud,» Daniel es un hombre juicioso que
En í844 hizo Dickens un viaje á Italia, del cual public6 des- piensa y se deja guiar por la rtfl.exión, com.iguiendo de este
pués una interesante relaci6n. Continuó la serie, comenzada el modo labrarEe por sí mismo un bienestar dichoso. ¡Cuántos
afio anterior, de sus célebres y bellísimos
infortunioe, cuántos desengaños. y qué amar·
CuE~TOS DE NAVIDAD: El Canto de Navidad,
gos días antes de unirse á la amada de su
Las Campanas, El Grillo del Hogar, La Batalla
coraz6n ! Antes de llegar al puerto, ¡qué tfmde la Vida, El I'o,qeído, La ,.,asa de Alquiler y
pestades tan furio¡:ap, qué golpes tan rnnos
El Velo Negro. Hizo también algunos viajes
en el océano de la vida práctica! Muchos
á los Estados Unidos, en donde fué siempre
afirman que la vida de David Copperfield
recibido con entusiasmo, pues no s6lo era
es la vida de Carlos Dickens; y si esto es así,
allí querido y admirado, sino que su presenhonran ciertamente al gran novelista inglés
cia proporcionaba á innumerables perEonM,
todos los r11sgos y epiEodioe, todas las luc-ba s
el interesante y agradable espectáculo de las
y ~acrificios consignadas en eeas páginas.
lecturas que hacía él públicame~te de sus
Los Cuentos de Navidad se distinguen prin·
obras, según acostumbraba hacerlo en Ingla ·
cipalmente por sus tendencias á predicar la
terra. El natural atractivo dP. estas fiestas
virtud y el amor al trabajo, á corregir los
literariae, la voz varonil de Dickens, sus mo·
vicios y las malas inclinaciones del pueblo,
dales finos y elegantes, su porte majestuorn,
poniendo á su vista ejemplos de bondad y
noble y simpático, y las magníficas dotes de
de honradez dignos de imitarse. Hay en
actor y orador que le ador11aban, atraían cer·
estas candorosas narraciones mucho ingeca de él un concurso numerosísimo y e!conio, notable originalidad y una gracia exgido.
traordinaria.
La venta de sus obras y estas lecturas dieTal es, en pocas palabras, el juicio que he
r:&gt;n al popular noveli;;;ta una fortuna crecida ;
podido formarme de las obras y del carácter
fortuna que él siempre dividió con los pobre~1,
de Carlos Dickens, uno de los escritores con·
los huérfanos y los ancianos desvalido'!. Estemporáneos que más honran á Inglaterra.
te raego de su vida acredita bien la bondad
de su corazón; y su generoso desprendimienVICTORIANO AGOEROS».
to se explica por el amor que en todo tiempo
- - - profesó á los de~graciados. Sin. embargo de
En el estudio de un pintor.
esto, Dickens pudo dejar á rn .muerte á sus .Sr. do.n Francisc~ del Paso y Troncoso. .
El retrato do.-Todos di:)en que. mi retraherederos la enorme suma de 80 000 libras rnbi~ mexicano qu~ vive en Europa hace vemte to tiene una expresi6n bestial
~t 1·
(800 000
, ) .'T '
,
anos y que ha sido nombrado Delegado de
.
·
e, er mas
'
pe,os . ¡ afito as1 le
México al Congreso de Americanistas
El pintor.-No ee culpa mía. ¿No me ha
de Londres.
exigido usted un parecido perfecto?
produjeron sus obras! Bajó al sepulcro con

�90

e rrónie&amp; Extrr&amp;njerra.

Crróniea Extrranjerra.

EL I~CRNDIO pE .. LA EQUITATIVA" RN NUEVA YORK.

.IJ..R CHGBI\IH 08 tJO~GB V EN LIA If-lOJH .

El edificio de " La Equitativa," de N,,eva York, transformado en
''palais de glace," por el aguJ que arrojaban las bombas.

Las bombas de vapor c..1bierté1S de nkve, lo que h;.1cía
muy difícil las rnan1o brJs.
El lunch en la selva.

UN INCENDIO BAJO LA NlEVE

UN PUESTO COMUN

Murió un ambicioso qne siempre importunaba á los ministros
El martes 9 de enero, el grandioso edificio de la Compañía de
Seguros &lt;1La Equitativa» de Nueva York, situado en la Aveni- con la petición de todo género de destinos, y SU3 amigos le puda Broadway, fué destruido casi totalmente por utl terrible in- sieron en la tumba el siguiente epitafio:
cendio que causó una docena de víctimas.
Aquí y((.ce R. M.
Los bomberos tuvieron grandes y penosas dificultades para
en el único puesto que nunca solicitó.
combatir el :fuego debido al exct&gt;sivo frío que ese día hubo en
Y á ese puesto todos hemos de llegar: es el escollo á donde
Nueva York; el agua que se arroj~ba profusamentealedificiose
van á estrellarse todas las ambiciones de eEte mundo.......
congelaba rápidamente, á pesar del calor de las llamas.
No fuéramos tan ávidos de honore3 si tuviéramos á la vista el
Esto parecería increíble si no lo atestiguaran las fotografías
que publicamos en esta plana.
S"pulcro.
EL NUEVO GA.BlNETE FRANCES.

Detalle de la cacería: cuatro tigres y una gacela.

Jorge V en la India
De conformidad con el programa arreglado de antemano para
el viaje á las Indias, el Rey Jorge
V salió de Delhi algunos días después de la solemne coronación,
para ir á cazar el tígre y el rinoceronte en Nepal, mientras la reina María permanecía en la Rajputana descansando de las fatigas de la expedición.
.Para recibirá su huésped imperial y su comitiva. el Mabarajah de Nepal, Cbanqra Sbam~ker
J ang, hizo construir en pleno bosque dos campamen_tos, ~istantes
el uno del otro diez kil6metros.
El Rey es un cazador consumado y quedó muy satisfecho del
resultado de su expedición.
Se cobraron treinta y nueve tigres, de los cuales veinticuatro
fueron muertos por el Rey, dieciocho rinocerontes y cuatro osof:l.
La hazaña más notable del Rey
fué cuando mat6 sucesivamente
con las dos balas de su rifle á un
tígre y á un oso.

Doctrinast
rancias'
.

r

Plat6n, el gran filósofo, había
cometido el dislate de definir al
hombre: un bípedo implume.
Diógenes, el cínico, queriendo
dar una buena lección á Platón,
desplumó un pollo y fué á arrojarlo en el lugar donde este filó·
sofo daba cla1&lt;e, y dijo con sumo
desprecio: «He aquí el hombre de
Platón».
.
A lo cual respondió éste muy
s 1lfnrado: «Eres un Sócrates loco».
En suma, á Platón, que no te·
nía el dón de la fe, se le podrían
perdonar esos dislates; pero que
en pleno siglo XX haya hombres
que patrocinen doctrinas rancias
y heréticas, esos sí que han de
ser unos locos de atar.
Esas doctrinas, mil veces convencidas de error y condenadas
por la Iglesia, 6rgano infalihle de
verdad, son : el liberaliFmo, el socialismo, el materialismo, etc. .
A buen entendedor, breve ha·
blador.
1

S. M. el Rey Jorge V en su elefante de caza.

Los miem bros del G:ibinete Poincaré reunidos en consejo en un salón del Ministerio de Marina.

Dos tigres abatidos frente á la línea Je caz:1dores.

El soberano, en su ele'tante de caza, cargando su rifle.

�'

~~A

LAS//

OAMAs··.

PASATIENIPOS

La misión de la mujer.
JEROGLIFICO COMPRIMIDO.

PEONZA NUMERICA

LOGOGRIFO NUMERICO

por llfassanet.

FRE

100

T

U
M

9. 6

12

PLANTA

12 3 4 56
3 42 2 6

CHARADAS

1

5 162
315
51

Nota musical.
Artículo.
Nombre de mujer.
Apellido.
Moneda.
Verbo.
Nota musical.
Vocal.

por Betella.

I

Primera, segunda-tercia
árbol que en montes abunda;
poblaci6n es muy nombrada
la cuarta tras la segunda;
parte de _nuestro organismo
son los segunda-primera,
y es el todo un apellido.
¡Si esto lo acierta cualquiera.!
II
Mi amigo segunda tercia,
que trabaja de una-tres,
es un primera-dos-dos,
más borracho y todo que
er mismo vino que bebe,
todo, por cierto, también.

LETRA NUMERICA
por Gallo.

45131&gt;47 Verbo.

4217347 Idem.
En el campo.
174
7l 5
Aparejo.
71o
Culpable.
2 1 !1 1 7
Verbo.
Idem.
23 747
Tiempo de ver,Q9.
474
Verbo.
547
Apellido.
764
2675176 Animal.
1234567 Estado de América.

¡por Senesenin.

5
62
496
6249
4 5 623
426426
9642682
45357849
1234.56789
1 2623862
4562382
685427
96849
3849
4 15

35
8

Vocal.
Negaci6n.
Adverbio.
En música.
En el teatro.
Aumentativo.
Nombre de varón.
Diminutivo.
Nombre de mujer.
Idem íd. var6n.
Drama de Echegaray.
Parentesco.
Diminutivo.
Nombre de mujer.
En la China.
Nota musical.
Número romano.

Las soluciones en el próximo número.

· Soluciones á los pasatien ¿os insertos en
el número anterior:
Al rompe cahezai::
1 2 3 4 5 (i
7 89
A PALA

R

RAS

L OCASO REJAS SOR DAS

A la Combinaci6n
SARTO.
ASTRO.
RATOS.
TARSO.
OSTRA.

A la K numérica
RICARDO.
Al acr6stico personal
ANICETO.
ANTOLIN.
SATURIO.
TIMOTlW.
EUGENIO.
HILARIO.
LORENZO.

Estos siete fragmentos constituyen un jeroglífico, pero hay que acertar de qué circunfe.
renda se empieza para que, dando la vuelta hasta tomarlas todas, se pueda leer un refrán
muy conocido.

Al acr6stico gráfico
1.-LOcomotora.
2. - QUEso.
3. --TElescopio.
4. -- HAda.
5.- TOmo.
6. - CAdúceo.
7.-DOmir.6.
8. - PORdiosero.
9. -SUma.
10. - ERmita.
11. - TEla.
12.-NOvela.
13.-LOro.
14. - TENdido.
15.-GAStador.
15.-PORtal.
17. - FUERza.
18. -TEjado.
Lo que te ha tocado por suerte no lo
tengas por fuerte.

Acerca de este asunto, quP- adquiere cada día mayor importancia, y que es y será ohjeto de discusi6n en todos los países
civilizados, escribe una señorita norteamei-icana á un peri6dico,
las siguientee líneas:
"En sus descripciones de los Estados Unidos dedica usted
algunos párrafos á la mujer yarikee, tratándola quizá con harto
rigor: dice usted que el hombre rasg6 el velo que ocultaba las
perfecciones de la mujer, y escribió sobre nuestra frente lapalabra libertad, sin saber
que era nuestro martirio
lo que escribía; dice usted que nos han hecho
libres para .no cuidarse
de norntras, y cita usted
ejemplos y saca consecuencias que nosfavore·
cen muy poco, á pesar ·
de que atenúa sus juicios con galantería y
re e o no ce al mii:imo
tiempo que no nos faltan virtudes. Agradeciendo los l ama b 1es ·
.elogios y perdonando
las censuras, me determino á diri~írme á UR·
ted, exponiéndole mis
razones: quiero persuadirle de qne la mayoría
de nosotras no piensa
como juzga usted que
pensamos; quiero con·
vencerle de que la mujer
norteamericana s a b e
comprender sus deberes, y no aspira, en ge·
ner!\I, á confundirse con
los hombres; quiero que
distinga usted entre la
gran masa femenina y
las oradoras de club que
han perdido la cabeza.
"Antes de que usted
y otros e1,critores se di·
viertan en comentar los
discursos oídos á las su·
fragistas de Nueva York
y Chicago, deseo hablar
como representante del
vulgo de las mujeres, co·
roo una de las infinitas
que pagan culpas ajenas
y no quieren ser responsables de los ca pricbos
Modelo de abrigo de casimir. ·
de ciertas minorías osadas y tumultuosae. ·,
."Caei todas nosotras despreciamos en absoluto esos prlvile·
gios del hombre que piden algunas. Pedir nuevos derechos pa·
ra influir política y socialmente, sería por nuestra parte decla·
ración vergonzosa de ineptitud y de impotencia. ¡Pues qué! ¿No
influimos? ¿No podPmos influir de una manera decisiva' en los
asuntos de la naci6n? La mujer honrada, la mujer de su casa,
tiene en su bogar la primer tribuna del mundo ; tiene en su vir·
tudel ejemplo más admirable; tiene en sus lágrimas, en su resignaci6n y en su silencio el lenguaje más elocuente.
"Vedla, rica 6 pobre, recogida en su domicilio: no viste dura
cota ni empuña fiamígera espada; no pretende disputar al hom bre los tesoros del saber y los encantos del arte; ni en el revuel·
to golfo de la política lanza su bajel desafiando á las tormentas.

Pero ¿qué importa? En el fondo dei hogar apacible elogia á los
buenus, compadece á los malos, ora por todos; coadyuva silenciosamente á la obra de la civilización, mantiene unidos los la·
zos de la familia, forma mujeres que llevarán á otros hogares la
ventura, y hombres que serán los soldados, los artistas, los obreros de lo porvenir: anima al esposo que vuelve al puerto huyendo de la tempestad, fortalece su abatido espíritu y renueva la
savia de su cerebro, para que torne al campo de la lucha vigoroso y alentado. Y detrás del esposo, más tarde, irá también el
hijo¡ el hijo, preparado por la madre á la batalla de la vida.
¿Qué
aprende el niño en las escuelas? La moral escrita' la reli.,
g1on en preguntas y respuestas, el derecho impreso en un pedazo de papel, lo que ense·
ñan los libros y lo que
explican los profesores;
enseñanzas incompletas
y frías que pueden llenar la cabeza, pero que
no tocan al coraz6n, que
hablan al raciocinio y
no despiertan el sentimiento; castillos de nai·
pes que el infortunio de·
rribará de un soplo; ar·
madura de cart6n que
no resiste á loe golpes
de la desgracia: es la
teoría de _la existencia,
no la práctica útil y con·
veniente, no lo que en·
señan las madres, por·
que s6lo ellas saben enseñarlo. ¡Infeliz del que
no tenga por primer
maestro á la que le di6
el ser! Porque la madre,
después de nutrirle en
seno pr6vido y cariñoso, después de embalsamarle la atmósfera que
respira con el tibio aro·
ma de los más codiciados besos, después de
1efrescarle la tez con
raudales de dulcísimas
lágrimas, después de
eneancharle el ánimo
con las más suaves cari·
cias, después. de rodear
su infancia de las más

~~¿~~. 1~~aª;Ji1:ict~ee~
8

li'

J

un regazo amante, deleitoso abrigo en unos
brazos siempre avaros
del ser amado y la más
pura luz en una mirada
inefable, le da lo que la
ciencia no puede otorTraje de paseo.
gar al hombre, la edu·
caci6n del alma; le ensrña lo que no Ee aprende en los colegios,
el temor de Dios, el respeto al prójimo, la religi6n, la benevo·
lencia, la virtud, el culto del honor, la estimación de sí mismo
y el amor á la patria. Todo esto sin libros, ni horas de clase, ni
enfadosas obligaciones, por medici · dE&gt;l ejPmplo, de la palabra
persuasiva que brota de los labios maternales como brota el
cristalino arroyo en la risueña cumbre de la montaña. ¡Ay!
Los que no conocieron á su madre, los que en la niñez se vieron
privados de esta segunda vida que se llama. cariño maternal
entran en el mundo atemorizados por la deF&gt;ronfianza, recelosos'.
tristes, eom bríos; marchan cual nave Ein tim6n, caen t&gt;n brazos
de la casualidad, y s6lo se libran del peligro y se salvan de los
escollos cuando les acude misericordiosa la Providencia. En

�Patra las Damas.

94
1

'

cambio, ¡qué animoso el hijo que dió los primeros ¡mo~ rnste· e~, para él, ángel en la niñez, musa en la juventud, prototipo de
nido por su madre, que iluminó sus primeros pensamientoa en sus ensuefios, faro, norte, estímulo perenne de sus obras, re·
la radiosa claridad de sencillas explicaciones inspiradas por la compensa digna de sus afanes, gloria de su edad viril y refugio
más tierna solicitud! Sabe, siente, puede pisar con firmeza el de su vejez. No mira el hombre al horizonte sin verá una muáspero sendero. y la memoria del ángel tutelar que le guió le jer en los celajes de lo porvenir: ¡es la imagen de su esperanza!
"Continuamente se refleja en el carácter del hombre el espísirve de estímulo y de alivio en los amargos trances de la jornada. Es hambre do3 veces: una, porque ha nacido; otra, porque ritu de la madre que le &lt;lió vida, de la esposa que le ayuda y le
ha visto los primeros relámpagos del firmamento tempestuoso fortalece, de la hija que le seduce y le cubre de flores el camino.
"¿Qué privilegio puede ambicionar la mujer que sea superior
cobijado en el materno seguro; porque úna mano siempre leal
y una inteligencia nunca obscureci&lt;la le mostraron el horizonte, á este derecho propio, indiscutible, único, debido á la omnipo·
le abrieron las puertas del misterio y le dieron las armas de más tente voluntad del Hacedor Supremo?
''Y si la mujer quiere ampliar con la instrucción la red forfino temple, la confianza en sí propio y la fe imperecedera.
midable
de su influencia, ¿quién se lo prohibe en los pueblos
''Quitad hoy á las madres el instinto supnior, la percepción
sublime q·ue emplean en beneficio de i:; us hijos, y veréis, á pesar cultos? Abiertas tiene á su curiosidad y á sus ambiciones aulas,
de los libros y de los maestros, qué sociedad tan perver,a, tan biblioteca¡:, museos, carreras independientes y empleos oficiales.
"¿Qué más necesita? ¿Qué más puede necesitar?
ignorante y tan cobarde conl:ltituye la generación futura .
"La
que exige nuevos derechos, prueba que no sabe utilizar
"Diréis que omito la influencia del padre: no la omito, pero
la pongo en segundo término. El padre, con innata rudeza y los que tiene; indica que tampoco sabria eervirse de los que la
otorgaran.
~ ·
·
varonil empuje, impone su voluntad al ni"Si Ja mujer no hace uso del privilegio
fio, le manda, le am.,drenta, y no cuida de
natural que Dios le ha concedido, no será
convencerle por medio de halagos; le dice:
digna de lástima por los efectos de su indi"Devuelve golpe por ·golpe, mata al que
ferencia. Pero no debe salir á la calle á
''te hiera, estudia aunque no te guste, se
competir con .el hombre cuando posee bas"bueno para evitar el castigo." Y la matantes medios para dominarlo en la sasa.
dre no impulsa al nifio á la lucha, no le
"La mujer que huye del hogar y de la
obliga al .. studio, no le apremia ni le amefamilia en pos de los derechos reservados
naza; pero á la vez, con el delicado tacto,
al hombre1 sólo aspira á ser un hombre
con la rara maestría de que ha dotado el
más. Esto es absurdo y resulta irreverente,
cielo á la mujer, y sólo á ella, hace comporque
demuestra pretensiones de enmenprender al nifio que la cobardía es vergon- .
dar una obra divina.' ·
zo3a, que la bondad es loable, y que el es"La mujer, dentro de su esfera., puede y
tudio es necesario, citándole oportunainen- .
debe
alcanzar el reFpeto, el auxilio y las
te los hechos de los buenos, de los sabios y
consideraciones
que merece. BaEta que se
de los héroes, y el premio que les concede
proponga obtener lo razonable y lo útil con
el mundo y el que les reserva Dios. Y así,
el mismo tesón que emplea en algunos de
evitando el rigor y salvando el fastidio, le.
sus caprichos.
hace despreciar el miedo, aborrecer el mal
''Quizá no falte quien imagine que doy
y sonrojarse de su ignorancia; y de los bra·
importancia á la influencia de la mujer sozos femeniles, incapaces de herir, sale el
bre el hombre. ¡Error será el imaginarlo
hombre honrado, batallador, estudioso, a~No hay más limitación de la influencia fe.
tes de que el padre lo imagine ni lo commenina que la distancia moral ó material,
prenda. ¡Gloriosa conquista del santo amor
cuando ésta separa mucho á la mujer del
maternal!
·~
objeto de sus pretensiones. Pero dentro de
"Pero ¿qué mucho, si el hombre ya cursu radio de acción, toda mujer que ee retido por la experiencia cae también bajo el
suelve á conseguir algo de un hombre que
soberano dominio de la mujer, y no logra
se halla á su alca'nce, rara vez deja de conquebrantar el bienhechor influjo de la tímiseguirlo. Es cuestión de tiempo, de pasida esposa, de la débil criatura que apenas
vismo y de oportunidad. Casi todas las mupuede y apenas sabe? Si el hombre es virjeres lo saben; y las que no lo saben lo sostuoso, acendrará sus virtudes; si es ate&lt;.&gt; y
pechan.
libertino, al volverá su morada sabrá re"A menudo, hombres que no retroceden
portarae, ocultar sus defectos, esconder en
ante ningún riesgo ni coneideración, se delo íntimo del corazón las viles pasiones que
tienen ante la terquedad de una mujer.
le destrozan; y á la vez escuchará con resEntre mil ejemplos históricos que podría
peto supersticioso las plegarias de su comcitar, elijo el siguiente: Napoleón I, en lupañera, dejándola libre para educar á los
cha implacable con lo Gran Bretafia, prohijos, reconociendo tácita~ente la superiohibió, bajo los penas más duras, la introridad de la madre y admirando la abnegaducción y el uso en Francia de las telas
ción de la víctima, aunque él no sepa coinglesas. Tres razones abonaban la orden
rregirse.
.
del Emperador: el patriotismo, la conve"¡Cuántos hombres que hacen gala de su
niencia de favorecer la industria nacional,
impudencia en .público moderan sus accioy la neceaidad de mermar los recursos del
nes y sus palabras al verse delante de la
enemigo más peligroso. Pero estas razones
resignada es posa! ¡Cuántos, después de una
Otro modelo de abrigo de casimir.
fueron nulas para las mujeres: todas las
noche de orgía, entran silenciosos en su alelegantes,
todas las damas de la corte, y á
coba para no turbar el euefio de la inocente
compañera! ¡Cuántos insensatos declamadores que blasfeman su cabeza la emperatriz Josefina, vistieron telas inglesas de con·
por hipocresía y niegan la existencia de todo lo grande y de to- tínuo, burlándose del Emperador. Y Napoleón I tuvo que toledo lo puro, hacen en la hora de la,muerte, cont1itos y arrepen- rarlo.
''Yo creo, firmenente, que si las mujeres se coligaran para
tidos, la conieeión de q~e se burlaron, sólo porque la esposa lo
quiere-, s6lo,porque el remordimiento entra en su alma impelido obligar á los hombres á cometer el mayor disparate, se rnldria n
con la suya.
por una mujer!
" La suerte de loe hombres consiste en que la mujer no ama
"Y ¿qué no podrá decirse de los milagros del amor, del sentimiento celoso que tran~forma á los ignorantes en sabios, y el esfuerzo colectivo: se satisface con el individual, y prefiere las
convierte á los cobardes en héroes, y hace brotar la eantidad en pequefias victorias, porque puede alcanzarlas sin auxilio ajeno.
i,Mas en las luchas parciales que la mujer sostiene contra el
el Jnismd seno del crimen?
'U~n todos. los grandes actos de~ ~on:ibre interviene siempre la hombre, no ha menester ningún apoyo; le basta su natural pemujer ;,tant&lt;;&gt; en el deseo de adqumr, que lanza al aventurero á ricia y su intuición maravillosa.
»¿Por qué no aprovecha estos recursos en beneficio de la hulas más arie~gadas empresas, como en la sublime locura del
pa,~~ioti~J;l}o1 que arroja .al anciano contra las bayonetas enemi- manidad? ¿Por qué no procura la reforma de las malas costum.
. \ gas. En ella encuentra él á todas ho:'.ls un poder regulador; ella
Concluye en la página 96.

ANECDOTAS Y CURIOSIDADES
¡Ea!-gritó el inspector-¿qué manera
de arrojar los baúles es esa?
El cargRdor se quedó perplejo y varios
de los viajeros volvieron la cara al oír los
gritos del inspector, esperando la disculpa
del cargador.
-No ve usted-añadió el inspectorque se está rompiendo el cemento de este
andén.
.

El parroquiano al mesno.-No puedo
tomar esta sopa.
E: mesero se la lleva y trae otra di~tint.a.
El parroquiano.-Le he dicho á usted
que no puedo tomar esta sora.
El mesero furioso llama al propietari0.
El propietario viene y dice aI parroquiano: ¿Por qué es que no puede usted tomar
esta sopa?
El parroquiaño. trr.n quilamente: -Porque no tengo cuchars.

***

ANTES DE PODER

utilizarlos, c~i menester extraer el
hierrJ ú oro de la piedra mineral.
Lo mismo puede decirse del aceite de hígado de bacalao puro.
Sus virtudes no se encuentran en
sus materias grasosas y mucho
ménos en . su asqueroso sabor y
olor. Sus efectos sobre los nervios y la repugnancia con que lo
recibe el estómago, son más que
suficientes para contrarestar, en
la :oiayoría de las gentes, sus
butnos efectos como medicina, y
eso sin tomar en cuenta que es
de dificil digestión. Sin embargo, siempre hemos tenido motivo para creer, que envuelto en
los elementos que componen el.
aceite de bacalao, se encontraban
propiedades curativas del más alto valor. Pero fué necesario separarlas de su nauseabunda matriz
en que estaban combinados, y esto es lo que con grán éxito se ha
efectuado en la elaboración de la
PREPARACION de WAMPOLE

en cuyo eflcaz remedio, tan s:&gt;.
broso como la miel, tenemos to&amp;,\
la esencia del Aceite de Bacalao
puro, combinada con Jarabe de
Hipofosfitos Compuesto, Extractos de Malta y Uerezo Silvestre.
Estos ingredientes, constituyen
un reconstructor de tejidos, un
purificador de la sangre, y un reconstituyente general incomparable. Ante este remedio, la enfermedad se retira con una eficacia
y rapidez, que asombra i los facultativos tanto como deleita á
los enfermos. En los casos de
Escrófula, Diarrea Crónica yAfecciones Pulmonares, jamás deja de
proporcionar un alivio y curar.
"El Sr. Dr. N. Ramirez Arellano
Prnfesor en la Escuela Nacional
de Medicina de México, dice: La
Preparación d_e Wampole es doblemente eficaz en las Afecciones Pulmonares, por la acción de .
los principi0s nutritivos del aceite de hígado de bacalao." Nadíe sufre un desenga:ño con, esta. ,
. De venta en todas las Boticas.

Hacían notar á Gedeón que sus niños
tenían una apariencia triste y dolorids.
-Es verdad-respondió Gedeón;-yo
los castigo todo el día para que pierdan
ese carácter, y no puedo conseguirlo.

Entre ama y criada:
,, ,i
-¿Es cierto que quie1es a·bandonarme
Catalina?
- , ;'r:
'
¿Por qué? ¿Qué móvil te obliga, á ello?
-No es de los móviles, Sffiorita; es un
sargento de caballería.

***

Una rnñora, acabando de pedir informes
sobre una criada.
·,, ,
-¿ Y discreta?
-¡Como la tumba!. ........ Es ,ea paz de
romper toda la vajilla y no decir 'ni una
palabra.

***

Los caprichos de Jo~ ricos s~n,los vicios
de los pobres.-Margueritte. . ,: .

***

Antes del baile. -Agustir,a, ¿ha traído
nsted las flores que debo llevar en los cabellos esta noche para el baile?
-Sí. señora, pero ..... .
-¿,Pero qué?
- Que he perdido los cabellos.

MAÑAN14 •.••,.,,••
Es el grito, esperanza .Y· refugio de los débiles. Es bandera
de los que nunca tienen ,·éxito.
Es el manto con que se cubre la
cobard~a, la impotencia ,y :la ignorancia.
, ..
Tristes hogares donde imper~
esa palabra! Infelices seres aquellos que tienen que esperar la
nueva aurora para calmar su s
angustias y dolores!
Hombre, mujer ó niño en cuyo
cerebro germinen las ideas de
éxito, salud y felicidad, deben
olvidar esa palabra para los actos que dependan de su voluntad.
Cuantas vidas segadas por esperar á mañana! Entre noso-·
tros es muy común tratándose
de negocios y sobre todo de la
salud. decir: mañana haré esto,
mañana me curo, etc., etc. Se
comienza. por ejemplo, con un
simple catarro, nos viene en seguida una bronquitis y .... . no
hacemos caso, mañana me curo;
luego una laringitis y ... . mañana me .curo. Despues viene la calentura: ,~h la tarde, la tos muy se·
ca, los imsomnios y sudores nocturnos; vemos á un médico, nos
examina, se pone serio y frunce
el entrecejo porque comprende
que la Tisis ha comenzado su
obra. Entonces nos receta lo
mejor que todo médico honrado
conoce parala Tuberculosis:
''Creosofosfatina. '' Es cierto
que con ésto nos vamos á curar ·
pero en un tiempo mucho mayo;
que el empleado si desde que comenzó el eatarro hubiéramos
usado esta medicina; con- ella se
de~truirían los gérmenes del ca~
tarro, -,haciéndonos al mi s mo
tiempo inmunes para la Tuberculosis ( tísis. )
Maña na... Mañana... Maíiana.. .
..;., :

. ..

~,..,,. .

' -~ ...

~ .... .:.. ·• ', -i,'),.

, ...... .:,.. &gt;

�L.f\ MISION DE LA MUJER
Concluye de la página 94.

bres? ¿Por qué no trata de corregir lo qne nunca se torregirá expontáneamente?
»Den el ejemplo las ilustres, las ricas y las sabias. Déjense de
perseguir derechos ilusorioH y de aquilatar deberes imaginarioe.
La misi6n de la mujer civilizada, al principio del siglo XX, ea
una misi6n de paz, de caridad y de progreso. Yo me determino
á exponerla en lo, términoE siguientes:
i&gt;Redenci6n de la mujer pobre, que vive más 6 menos esclava
en todos los pueblos de la tierra. Necesita educarse, instruirse,
tener un trabajo propio de sus fuerzas y de su sexo. Debe ocupar detrás del mostrador el sitio que hoy ocupa el hombre. Debe emplear su minuciosidad y su constancia en tareas de orden
más superior que las que hoy absorven su cúidado.
11Re&lt;lenci6n del niño pobre, que con peligro de su vida y menoscabo de su salud, es víctima de la necesidad, de la codicia y
de la infamia. Una ley severa debe prohibir el trabajo de los
niños.
)1Redenci6n del criminal, que, aunque haya delinquido por
arrebato, por ignorancia 6 por miseria, queda eternamente sujeto á la falta que cometi6, sin que le sea dable regenerarse. Hay
que distinguir en los grados de criminalidad, y no confundir al
de,graciado con el asesino incorregible.
»Castigo enérgico de la blasfemia y grosería, vicios estúpidos
generalizados por el indiferentismo que nos abruma.
»Suprésión de ciertas noticias que publica la prensa peri6dica y que causan evidente p13rjuicio: tales como los relatos de crímenes, de suicidios y de robos ingeniosos, y los ataques á la vida privada.
»Supresión de las corridas de caballos y de toros, luchas de
gallos, de fieras y de púgiles, y todo eF&gt;pectáculo en que pueda
peligrar la vida de una persona, 6 se busque el martirio de los
animales.
»Supresi6n del duelo, co,tumbre bárbara que se sostiene en
parte por culpa de la mujer.
»Propaganda contra la guerra, y proclamaci6n del arbitraje
como medio único de arreglo y como sentencia definitiva.
»Probibici6n absoluta del uso de armas, cauea principal de la
mayoría de los crímenes.
»Apelaci6n constante á los principios del honor, de la forma-

lidad y de la hiJalguía, ú fin de cúmeguir que desaparezca el es- ,
píritu del robo, extendido por todas partes bajo diverEas formas
y á fin de lograr qu., la palabra del hombre vuelva á tener cré.
dito y valor, como en los tiempos legendarios.
»Guerra perenne á la inmorulidad en todas sus manifestaciones, hasta conseguir arrojarla de los lugares donde se exhiba..
»Guerra sin cuartel á las bebidas alcoh61icas, origrn de multitud de catástrofes, asesinatos, locuras y pérdidas.
»Guerra á la falsedad, al cinismo, á la política viciosa y especuladora, y á la desmedida ambici6n de los agiotistas en todas
las eaferas sociales.
i&gt;Supresiéin de las pompae fúnebres, resabio del gentilismo que
ya debiera estar enterrado.
i&gt;Liga internacional contra la mendicidad, la ignorancia y la
holgazanería.
l&gt;Reglamentaci6n prudente del juego, ya que este vicio universal resiste con fuerza in quebranta ble á todas las prohibiciones.
i&gt;Estudio perenne y ordenado de los grandes problemas sociales que preocupan á la humanidad, inspirándose en la vida real
y en las necesidades presentes, hasta desterrar las corruptelas,
utopiae y rutinas que imposibilitan el progreso.
»E,;tudio profundo de los elementos adversos 6 favorables que
nos rodean, para evitar que continúe la decadencia moral y el
empobrecimiento físico de las actuales razas.
)&gt;Propaganda activa y tenaz en pro del matrimonio, procuran·
do á la vez la emancipaci6n de la mujer por medio del trabajo.
Es preciso que .el ca~amiento llegue á ser el fruto del cariño y
&lt;le la discri&gt;ci6n, no de la necesidad 6 del cálculo egoísta. Es
indispensable que la mujer se haga re!!petar, y que no crea el
hombre que la salva con el matrimonio. Es necesario que desaparezca la fábula de la inferioridad di:i la mujer: la mujer no es
inferior al hombre más que cuando se propone serlo.
)&gt;Apunto las anteriores ideas, no porque juzgue imposible su
desarrollo simultáneo, eino para que vean las mujeres que tienen materia á su dispoeici6n. Procurar que llegue á realizarse
algo de lo que indico, será obra mfü, meritoria que la rebusca de
un título de académica f, de una cédula electoral.
))Hoy la misi6n de la mujer es amplia y geneross, por lo mismo que ya no debe PXifltir la hembra ignorante arrinconada en
un ángulo del hogar, sin aspiraciones, iniciativas ni conocimientos. La mujer de nuestra época circula con libertad por el

Concluye en la última página de ávisos.

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              <text>Agüeros, Victoriano, 1854-1911</text>
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              <text>Literatura mexicana</text>
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          <name>Description</name>
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              <text>Semanario ilustrado de literatura, historia, bellas artes y variedades. Dedicado a informar las noticias más relevantes de México y el mundo, además era escaparate de todo tipo de comercios, banca e industria pues en él se anunciaban sus servicios.</text>
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              <text>Talleres Tipográficos de El Tiempo</text>
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              <text>1912-02-11</text>
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          <name>Identifier</name>
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          <name>Source</name>
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              <text>Fondo Hemeroteca</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Charles Dickens</name>
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      <name>Cuento árabe</name>
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      <name>Jorge V</name>
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