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                  <text>�REVISTA
MEXICANA
Semanario Ilustrado.
Entered as second class matter, October 25, 1915 at the Post Office of SanAntonio, Texas, under the Act. ofMarch 31 1879.

Año l.

San Antonio, Texas, Octubre 31 de 1915.

POR ·LOS MUERTOS

--

El dos de Noviembre está ya prox1mo: pasemos revista a los muertos de nuestra Patria.
¡ Cuanta desolación en cinco años! Pocas son las madres que no lloran la desaparición de un hijo en los campos de batalla; muy contadas son las esposas q11e no esconden su tristeza inconsolable bajo el tocado negro de
la viurlez; raras, las creaturas que no sufren los tormentos
inacabables de la orfandad. El territorio mexicano, como las
orillas del viejo Rhin, ostenta las ruinas de una colosal hecatombe; parece un cementerio desolado, un camposanto
trágico como el de Eylau, en donde los hombres siguieron
lt.!chando bárbaramente sobre las tumbas, que la nieve, en
vano procuraba protejer con su blancura ..... .
Pensando en la tragedia mexicana, nos figuramos un
enorme ponteón, en donde reposan los restos de medio millón de cadáveres, sacrificados en los últimos cinco años. En
la rotonda principal contemplamos las tumbas de Porfirio
Díaz, Bernardo Reyes, Ramón Corral, Rosendo Pineda,
Francisco MaJero y Pascual Orozco. Fueron los representativos de las ideas en derredor de las cuales giraron los
ensueños y las ambiciones, las esperanzas y los ide14es de
la República entera. Hoy todos han· desaparecido del mundo de los vivos, y esperan en s&lt;!s lechos de piedra el fa.
llo de la P.osteridad. El General Díaz, nostálgico y atormentado, pasó sus últimos años, lamentando acaso que su
vida hubiese sido respetada por los proyectiles de Miahuatlan y la Carbonera; murió quizás pensando como Escipión el africano que su país no era digno de conservar sus
restos.
El General General Reyes cayó dolorosamente, como el
mosquetero de Dumas, en el momento triunfal en que acariciaba una ilusión qre había llenado su existencia. Don
Ram5n Corral se hunJió con la sombría desilusión de un sacrificio estéril. El señor Matlero se alejó de la vida palpando, como Massianelo el frío desencanto que siempre
proporcionan las volubles y locas rnuched•:rnbres. El licenciado Pineda rnl'rió lamentando en sí mismo, los errores
de toda una generación. Y finalmente, el más dolorido, el
más trágico, el esqt"iiiano General Orozco cayó en tierra
ingrata con la -:lesesperación tremenda de un Jaures apuñaleado en el momento pavoroso en que su Patria necesitaba más ayuda ::le s , s hijos . . ... .. .
Detrás de la rotonda, donde reposan los muertos que
llenaron el alma nacional de 1910, hay dos sarcófagos de
mármol cubiertos siempre de rosas, dos tumbas blancas,
que como la de Orfeo, son gratas a las alondras y a los
ruiseñores: son los monumentos que tienen en todos los
corazones, Justo Sierra y Jesús E. Velanzuela, aquellas dos
almas luminosas, para quienes el Destino no tuvo la misericordia q1.,e prodig5 al poeta Lamartine, al arrancarlo de la vida, unos cuantos meses antes de que se desplomase sobre su Patria el drama pavoroso de la g1.1erra
franco-prusiana. No los mató la Revolución; pero hizo algo más que arrebatar1es· la existenc:a: les llenó de amargura una agonía que pudo haber sido tan plácida como la
de Platón o Anacreonte.
Al lado de estas tumbas gloriosas hay dos tristes se-

Número 8.

.-

de José González Salas y Rubén Valentí, víctimas de la
misma desesperación.
Y luego, en una callejuela del Panteón, vemos levan.
tarse una serie de tumbas de hierro: allí reposan los hom~
bres de acero, (file cayeron luchando en la pelea, y que sin
una lamentación, sin un reproche siquiera, entraron a la
eternidaJ con la misma sonrisa de Leónidas en las Termópi}as: son Gregario Ruíz, Felipe Alvírez, Jesús Garza
González, Luis G. Morelos, Miguel Quiroga, Jacinto Guerra, Ignacio Muñoz, Reyna, Antonio Rojas, y el más bra·
vo de todos, Ricardo Peña. Al lado de estos muertos de hierro, descansan los atridas que murieron sin luchar, porque
la ancianidad había paralizado ya sus formidables musculaturas, los campeones de antaño, como Gerónimo Treviño,
que cayeron víctimas de la tristeza de no poder ya combatir. El Destino, que }os había coronado en la j11ventud con
los laureles de la victoria, no los quiso dejar morir sin ungirlos con las espinas del martirio!
Finalmente, vemos en el Pante5n, el lugar en donde
están enterrados los propios revoh:cionarios, aquellos, a
quienes la Revolución misma ha sacrificado. Son las tumbas
de Jesús Cananza, Maclovio Herrera, Tomás Urbina, Da·
vid Betlanga, Atilano Barrera, lldefonso Vázquez y tantos más, que fueron barridos por el mismo torrente que procuraban encauzar. Todos furon antiporfiristas y renovadores, y en todos ellos se cumplió fielmente la tremenda frase
del convencional francés: "La Revol1..1ción como Saturno,
devora a sus propios hijos." En medio de estas tumbas reposa el Ingeniero Alberto García Granados, que fué enemigo de la Dictadura, que sirvió al primer Gobierno revolucionario, y que a pesar de sus dolencias físicas y su ancianidad, pudo incorporarse en su lecho Ue muerte, para
ir al patíbulo con la resignación de los mártires, y qae sin
dolerse de su suerte ni quejarse de sus verdugos, tuvo la
gloriosa actittd de un Condorcet, Q'lle todavía enfrente del
Cadalso, señalaba a sus compatriotas el camino luminoso
de la concordia y la fraternidad.
Y después, las tumbas de los an5nimos, los que no dejaron nombre en la Historia, pero sí dejaron hogares vacíos y niños huérfanos; los que no imprimieron otras huellas que las q.:e el dolor marca en las arrugas de las madres;
los que no encendieron otro resplandor que el de la mira.ia
vidriosa de una· viuda sobre una tumba. Este es el lugar
más conmovedor del Cementerio: en las otras tumbas se
adyierte gloria y tragedia, ensueño y desencanto, victoria o
derrota; aquí, como en el poema de Othón sólo queda
"el desierto, el desierto y el desierto."
Dice Víctor Hugo que cuando fueron desenterrados los
cuerpos de Voltaire y de Rousseau, para ser traídos al Panteón Nacional, füeron puestos en contacto; y que al chocar los cráneos de los dos pensadores, brot•.S la chispa de
la reconciliación. En estos momentos pavorosos para la
Patria, sería digno desear q"e un terremoto formidable sacpdiera este trágico Panteón, donde reposan las víctimas
revolucionar:as, y que al chocar todos los muertos, los del
antiguo Régimen y los de la Revol'llción, surgiese otra
chispa que si~ificase la reconciliación nacional.

�.l

·I

'

1

Bellezas infantiles

l

Niño Carlos Martínez, hijo de don José Martínez, miembro prominente
de la colonia mexicana en Brownsville, Tex.

. - Lihros y Magazines - rAl derredor de la polémica Mobeno Cerna.)
\

Señor Lic. Don
X,!tne5io C,uc1a Xaranjc, Directcr
&lt;le ·'Revista :.Iexicana .
Presente.
Muy estimado :;cñor y distinguido
amigo:
Interesado en cuc~tiones de . irte,
tanto que por conocer me desvivo '!
en conociendo me alegro, me permito hacer algunas cándida~ pregunta~
Y obseryaciones para me¡or conoce1
los achaques literarios a que tan eruditamente atiende el Sr. Dr. Cerna en
Revista )Iexicana.
.
Con su permiso, paso a rnformarme:
.
Dice el Sr. Dr. que aunque ¡oven, la
literatura anglo-americana ya se destaca imponente y se distingue P?r. su
belleza Y sobre todo, por su ongmalidad, entre las 'literaturas de la vetusta Europa, no obsta~te que ella,
la literatura anglo-amenc:1-na, se h~lla "es verdad, no perfeccionad~. poi que aún se encuentran los habit~ntes
de esta gran República estudiando
problemas políticos sociales que les
'carse a estudios abstrae·

tos con mayor detenimiento; pero que,
a pesar de todo, este gran pueblo tiene su literatura propia, literatura que.
desde varios puntos de vista, es supe·
rior a las del resto del Continente".
Sin objetar que sea un gran pueblo
ni que tenga grandes ai:tores y sólo
refiriéndome a lo dicho por el Sr.
Dr. Cerna, la primera pregunta que
ocurre es la siguiente: ¿Opina el Sr.
Dr. Cerna que el pueblo es el que va
a dedicarse a hacer literatura, como
hoy se dedica a resolver problemas
políticos? porque de ser así n? 11;gan mis entendederas a concebir como puede el pueblo dedicarse a la fabricación literaria, de la misma manera que a la de automóviles, proyectiles, carnes frías, jamón sal~do y
demás productos de este admirable
país industrial. Y en ese caso. nada
más exacto que la opinión del Sr.
Lic. Moheno en su artículo: "Cocina
y Literatura."
¿ Con ayuda del tiempo augura el
Sr. Dr. Cerna para la literatura angloamericana la producción correspon. diente al siglo de Pericles en Grecia,
al de Luis XIV en Francia, al siglo
XIX en Alemania? Está bien, pero el
señor doctor olvlda , y esto causa mi
desconcierto que justamente al surgir
las nuevas nacionalidades y al fijarse el
idioma, es cuando han aparecido las

más grandes obras de la humanidad
literaria. De la ingenuidad del contact~ directo con la natural~za y con
la vida; de la fuerza espiritual que
~odeló siglos enteros y que aun preside sobre el arte actual, del genio
y del alma de los griegos primitivos
surgieron La Illiada y La Odisea, cuyos fr11to~ v;,,;Prnn " producir los más
grandes poemas latinos. Al pr 11
de la lite1 au.. r a alemana está la Biblia de Lutero, que fijó el alemán
contemporáneo; al principio de la literatura italiana está la Divina Comedia, que fijó el toscano, el italiano
puro; al principio de la literatura francesa están los trovadores, y al principio de la len gua y de la poesía castellanas, están las diversas vidas de
los Santos y el Poema del Cid y el
primer Romancero.
Posteriormente, al tiempo de la hegemonía de los pueblos; después del
esplendor primitivo que r evela el genio de la raza, han venido los s iglos
de oro y para la literatura inglesa, o
sea en inglés, y para la literatura castellana; ese siglo fué el siglo XVI;
por lo que no alcanzo a comprender
cómo un escritor tan erudito como el
Sr. Dr. Cerna, puede hacer de la ~abaña del Tío Tom algo como la Vita
Nuova y de Hiawatha el poema de
los Nibelungos.

--

Augura el Dr. Cerna para la literatura: anglo-americana los esplendores de
SotocJes, de V irgilio, de Lope: no lo
dt:d~; pero do~de están los puntos de
partida, el origen popular nacional
heroico, distintivo de la nueva literatu'.
ra sino ~n .1:1- literatura inglesa, de la
que supnm10 el Dr .Cerna a Byron a
Shelle)'. y a Swinburne, que son, los
d?s ~nm.eros, quienes mayor influencia eJerc1eron sobre la literatura anglo-americana según sus mismos autores? Y cómo entonces puede hablarse de juventud, si la edad de una
literatura es la de la lengua y no la
política de una nación? Y en ese
punto es inadmisible comparar a unos
Y a otros, porque tiene )léxico sus re
presentantcs no sólo en la época con·
temporánea, sino en la más. brillante
&lt;le las épocas literarias: en pleno siglo de oro.
: debo confesar también que por
mas que busco no hallo ni retórica. ni
füosofia ni crítica que pueda hacame
admitir que la Iliada y la Odisea puedan ser citadas como los "palotes" de
la escritura, como el silabario com(,
los primeros ·'pinitos" de la' litera·
tura, cuando aparecieron al mundo
ª!1tiguo, ~o~~ la misma ,\tenea, para
eJemplo m11111tablc y para rnaravilia
del tiempo. Cuando no ha habido
de ellas acá un escritor de genio que
no las admire, y los tres colosos de
la literatura moderna:
CerYantes.
Shakespearc y Goethe, despué~ de I
Dante, se arrodillaron suspensos a
escuchar las insuperables estancias de
los homéridas divinos, en quienes todos los poetas han aprendido.
¡{ o cree Ud. señor Director que la
erudición del Dr. Cerna la llevó muy
lejos y muy alto y desde las cimas del
Parnaso nos dejó caer sobre una pantalla de cinematógrafo?
Pero hay otra cosa: el Dr. Cen;:i
habla de una literatura anglo-america
na propia, "autóctona, naciopa_l, cimcn
tada en los hábitos, en las costumbres. en las instituciones, en las idea~.
en los pensamientos peculiares a ellos
mismos; literatura embellecida por la
salvaje virginidad de sus campos, lcJ
imponente de sus selvas la grandeza de sus valles, el perfome de sus
flores ____ invitando todo este maraYilloso conjunto de elementos inexhaustos a la evolución de una sociedad
potente, vigorosa, etc., invitando todo
en fin, a la meditación seria y profonda de espíritus que, colocados frente a nuevos y gloriosos horizontes
anhelan su propio desarrollo político, físico, moral e intelectual". Y
en seguida añade: "A lo qt:e tenemos
asentado podemos agregar que en los
estudios teológicos cuenta la literatura norte-americana con A. B. C., en
la hi5toria con D. E. F_____ en las
ciencias naturales con H. l. J.---- en
las ciencias físicas y "en la invención",
N. O. p ____ __ en la medicina con X.

Y. Z,------"

•

Confio a su discrec1on Sr. Director
que aqu\ me dieron vértigos: ¿ se tra:
ta de literatura. como parte de las
Bellas ..\rtes, como "poesía" según la
expresión &lt;le Shelley, o de literatura en el :;cntido bibliográfüo de "literatura jurídica, Ji teratura médica Jiteratu ra farmacéutica" etc.?
'
Po~que en este último caso, nada
he dicho; pero si :;e trata de litera.
tura literaria, ¿ por qué vienen a Cue11to Kant y Fichte y Hegel y la medicina, la mecánica, la zoología la l,otánica y la invención? y si s~ habla
&lt;le arte. ¿ es admisible el criterio cient1iico y lo es la tesi:- spenceriana dei
progreso, y la tesis dt::I Dr. Cerna de
que el arte pertenece a los estudios
abstractos? Goethe dice que no y :it
burla de los ''enchire,,is naturae" en el
¡.,rimer Fausto r yo me Yuelvo loco.
Purqt:c no hallo el logaritmo que
pueda c.larme el cociente de dividir a
Quinto Horacio Flaco por la invenció11 e.le la manteca ni la rdación este
tica entre Sófocles y la apendicitis.
Pero tampoco he podido dar con lo
c¡uc el Sr. Dr. Cerna ofreció darnos:
la prueba de que la litlratura anglo;unericana ts supaior o cuales sea,1
lo:; puntos de vista desde los cuáles
put:da apreciarse esa superioridad. sobre la &lt;le los demh países del Continente, donde también hay bosque,
\'alles. lagos, montaña~. a\'es. sül
luna y floreo.
Si cnti,mdo por Jitcr,1tura nacio1rn\
la tíµica, la &lt;1t1e currespondc a la
mayoría del µúl.Jlicu; en los Estados
Unidos, como en todas partes. lo
µcor es Jo más bueno, como sabe el
Sr. Dr. Cerna: los libros que se ven
deu pur millares, los q11e busca la
ma\.·oría, nunc;• son los más exouisitos
y aquí e:.os libros, también lo :.ab~
el Dr. Cerna, 110 son los libros: son
los ·'maga7ines"; y entre los mairazines dedicado~ a la literatura exclusi
vamente "to fiction". según ellos
mismos, no a ciencias abstractas o concretas, es donde puede enc1mtrar
todo bt11'11 lector la literatrra a
que se refiere el ag-11cl;•i•llo Tic. ~fobe110 al relatar la actividacl del periodista que yende yersos a tanto nor mes·
V tan t;oica es que do11rle ouiera nuc,
&lt;len encontrarse anuncios de of:cin"-"·
estahlecidas en todos los Estarlos Unir"• """" "º"Pto• rlp f--t,nn . short stories, moving picture stories, etc.. etc.,
tal y como lo pinta el Lic ·v ohcnu
SPñor Director: ~o cree Ud. oue el
Sr. nr C'Prna tan d11c:ho en crítica filosófiro-literari:i. al hacernos la des·
crincinn oue llevo cit;irla en parte
de la literatura característica v anóctona. y al en11Merar tlesde Homero
hasta el paisa ii~ta 'l'urner. pasando
por f'i ilustre Doctl)r Peooer. y si¡z11iendo su m~xima de C111e "na&lt;lie puede aoreciar t1na expresión artlstica si
no está apto para percihir lo invi•ible"
dejó de ver la importancia de Edgar

Allen Poe, y a los dos más grandes
poetas contemporáneos : J. Whitcomb
Riley y R. Le Gallienne, y se lanzó,
pluma ~1,1 ristre, sobre lo invisible, y
se perdio, como el erudito de La Isla
de los Piuguinos, bajo un diluvio de
fichas y de catálogos, desde ci:yas proil:ndidades sólo una cosa olvidó
decirnos: Si desde el punto de vista
literario, no puede decirse que la literatura anglo-americaua sea superior ni a las europeas ni a las del continente, porque en todas ellas encontramos autores excelsos y poetas admirables, podremos decir que el Sr
Dr. Cerna ha juzgado únicamente de~dc el punto de vista de la medicina y
de las ciencias aplicadas?
Y dígame Ud.; puede el Sr. Dr.
Cerna creer qi:e la obra de arte es
obra del pueblo, en el drama y en la
poesía, o en la medicina y en la terapéutica? porot:e el pueblo, que pue
dt resolver los problemas poi' tic os
y los resuelve por el ejercicio de las
mayorías, "jamás podrá ser el que
decida de las instituciones de ct:ltura'' &lt;lice el sociólogo americano Franklin H. Giddings, a quien no cita el
Sr. Dr. Cerna, y otro crítico también
filisófico literario, como el Dr.: .\rturo
Schopcnhacer,
opina
que
"El hombre vulgar, ese producto de
fabricación al por mayor de la naturaleza, que lo•crea por millares todos
los días, no puede dirigir su atención
hacia las cosas mas que en cuanto tienen alguna relación aunque sea indi
recta, con su voluntad ____ busca su
:amino a través de la vida ____ recog•:
nociones topográficas. En cuanto a la
contemplación de la vida misma, no
pierde su tiempo en ella. Por el contrario, el hombre de genio se detiene en esa contemplación: mientras
que para el hombre vulgar el conocimiento es la linterna que alumbra su
camino, para el genio es el sol que
le ilumina el mundo y se lo descubre."
p¡ r e-o. C'l más grande de los poetas anglo-americanos, Edgar Poe, ha
vivido ya, y vivió en la miseria. porque
sus obras eran demasiado perfectas, y
murió, intoxicado por propagandistas
políticos en un día de actividad electoral.
Pero como el Sr Dr. Cerna opina
en contra de todo lo que he acabado
de citar y en c:1mbio, he oído a estimables profesionistas, que opinan como él no acabo de saber qué pasa;
Quier~ Ud. Sr. Director, hacerme 1.a
merced de librarme de esta tortura, diciéndome quién tiene razón?
Con las más rendidas gracias, crea·
me Ud. su más atto S. S. y amigo,

R. GOMEZ ROBELO,

�virgen augusta de las pálidas visiones
polares ¡a la viajera inmóvil y como
suspendida en las claras y largas noches de invierno, ¡la Reina de las Nieves con su trineo de bruma espectral!
µ veía pasar en la imaginación espaptada, muy alta por el cielo impasible, en medio de un blanco torbellino de abejas como grumos; grandes
cuervos negros revoloteaban a su alrededor graznando el hambre y el invierno; en sus hombros flotaba 1.:n
manto de rayos de luna desmesuradan,~nte prolongado en la noche, y en
las fuertes nevadas me parecía que
ella era aún la que venía a dibujar con
la p1.1nta de sus dedos rígidos, sobre
los vidrios de las ventanas, las grandes flores fantásticas y las arborescencias de la escarcha; y siempre temía yo, a media noche, ver surgir en
los cristales de mi balcón sus apagados ojos y su frente luminosa, porque conocía su leyenda y sabía que
cuando nos mira la Reina de las Nieves. su alma está en en otra parte y
sus ojos también; allá, lejos, más allá
qel océano ártico, en los bancos del
polo; muy lejana, sí, más allá de los
estrechos y de los mares.

• •

lo~ (uento~

i:.'n .. J Miado eterno de la nieve
donde duermen los futuros inviernos.

• •

Después, con la adolescencia, s~
despertó mi curiosidad por las princesas de los cuentos; la curiosidad igualmente que el amor: un amor piadoso. un poco tímido, de niño de coro por la Madona, una especie de ado-

•
Bajo el mojado cielo de diciembre,
mientras los transeuntes mordidos
por el frío se apresuran atropellándose en los ángulos de las aceras, y el
invierno atormenta con ferocidades
' de gato a los mendigos que ruedan
sobre el st:elo fangoso de las rutas,
qué dulce es remontar el pasado, y en
la tibieza de las alcobas cerradas,
con la ingenuidad de la niñez junto a
las brasas rojas de la chimenea, qué
reposo para los ojos irritados por el
polvo de la vida, descansar otra vez
como en la serena infancia, en la con·
templación llena de encanto de los
antiguos libros esmaltados de figuras
fantásticas, los viejos libros ilustrados de antaño y volver a creer en los
cuentos aún!
¡ En qué ambiente de magia y de
sueño, en qué arrobamiento de almit_a
deslumbrada y temblorosa han mecido los años primeros de mi vida es' tos cuentos de hadas, reemplazados
ahora por historias de viajes y descubrimientos científicos; las leyendas
maravillosas que habl~n a la ima~inación y preparan la piedad . ;ºn mg~
niosos motivos de compas1on hacia
princesas quiméricas; y cómo se duele mi alma de los niños de esta generación, que leen a Julio Vern~, en lu
gar de Perrault y a Flammarton en
vez de Andersen Las prácticas familias de estos bambinos ignoran la
juventud que preparan a·esos futuros
corredores de bicicleta.
:-lo existe en el mundo emoción de·
licada que no se relacione de .algún
modo con el amor por lo maravilloso;
el alma de un paisaje está toda entera en la memoria más o menos poblada de recuerdos del viajero que
lo atraviesa, y no hay montañas, selvas nacimientos de auroras sobre los
hieios o crepúsculos sobre . los lagosdonde no se crea ver surgir, con un
sentimiento de deseo y temor a la vez,
a Oriana en la linde de un bosque, a
Tifaína en medio de los tréboles Y a

I
I

I

•

•

"""'"••""-"

,1),.4

\~C

Cuando se ignora a Homero, a Teó
crito y a Sófocles, ¿se puede desear
de corazón visitar la Grecia o la Sicilia? Y para amar esa copa enor. me de líquido zafiro qL e es el Mediterráneo con el delicado sentimiento de Paul Aréne, ¿no es preciso ha··
ber oído algo más que el canto de las
cigarras alrededor de los macizos de
olivares, y que los gritos de los marinos de Provenza sobre los mástiles?
Si es embriagante la bahía de 1\'apoles, es por el recuerdo de Parténope; y si el Mediterráneo mira todos
los inviernos frecuentadas sus playas
por indiferentes y escépticos, es porque el azul transparente de sus ondas
ha ceñido y acariciado antaño la desnudez de nácar y alga de las Sirenas.
Así pues es menester amar los
cuent~s y los lugares de donde vienen: Grecia o 1\' orLega, Suecia o España, Bretaña o el Orient~. S?n ~os
almendros en flor de las 1maP-tnac10nes juveniles; el yicnto arrastra _los
pétalos; la vida dispersa los suenos,
pero queda algo que, a pesar de todo,
dará frt to, y ese fruto ~erfumar~- el
otoño. Quien no ha cre:do ~e nmo,
no soñará de hombre. Es preciso pensar en el dintel misn10 de la . vida,
en 'tejer hermosos tapices _de st eño
para alegrar nu~str.a estancia cuando
se aproxime el m~1erno, Y Jos bello:.
sueños aún marchitos constituyen las
suntuosas tapicerías de diciembre.
Sí, es preciso amar los cuentos: ~mbriagarse con ell~s como con un v1110
poco peligroso y ligero, cuyo· sabor e_ndulza el paladar largamente Y permite
al comensal aburrido permanecer en d
festín ya terminado, entre l~s flores
mustias y las copas consumidas ___ _
En cuanto a mi, lo confieso, he qt:erido con un amor casi salvaje los cuen
tos hoy proscritos y desdeñados,
los cuentos brumosos surcados de
luna y de lluvia, sembrados de, grumos de nieve: los cuentos d~l ~orte,
en fin, pues bien tarde me hizo cono,.,... ¡,, virl:i In_" f'_c:nlenclores solares

Toda mi infancia transcurrió a la
orilla del océano, rumoroso y glauco,
perpetuamente estraido de espuma, en
un pueblecito de la costa azotado por
el viento del Oeste, y desde el mts
gris de noviembre por ráfagas y borrascas; durante las noches, grandes
torbellinos sonoros corrían a lo largo de los acantilados con siniestro
ulular de lechuzas enormes. Los
cuent os que me referían marineros
barbudos, metidos hasta la mitad del
muslo en botas llenas de fango, olían
como ellos a nieve fundida, a alquitrán y sal marina; esos cuentos ha·
blaban más de noches que de aufi&gt;ras, más de naufragios a la luz de la
luna qqe de risLeñas bordadas en lás
mañanas bermejas, y yo adoraba su
melancolía, donde maravilloso e irtgede las olas algo maravilloso e irtgenuo, hecho de esperanza y ángusfa: una poesía de alma sencilla terrificada por la fuerza ciega de los elementos, y a pesar de todo sostertídá
por la fé del retorno.
Esos cuentos alucinantes cuyos per
sonajes galopaban después toda la
noche en la sombra de mis cortinajes, señalaban la vuelta de los maríneros al puerto, la llegada de los hom
bres a los hogares, qLe celebraba el
publo con alegría. Enton~es me pa·
rec:an verdaderas esas lustorias, de
un fantasía a la vez brillante y lejana y una, sobre todo. me encantaba:
un nostálgico. emocionante cuento
del Norte que después leí en Andetse¡1 pero que en los rudos labios de
los hombres de mar tomaba la salva
je intensidad de una cosa vivi~~ Y
vuelta a sentir, como si éstos hubiesen
visto ciertamente, en el c~r~o de ~lls
peligrosas travesías, a la palida Rem~
de las Nieves, cuyo recuerdo me cautiva todavía
Oh la Reina de las Nieves, de pié
sobre la inmensa púrpura de su etetno palacio vacío 1 ¡ Cuán!o he a~ádo
v _te_1}1_ir1o a la vez esa rema petnl\ca-

rante devoción.
¿ Ko se parecían, acaso, a la Santa
Virgen y no tenían también algo de
madonas con 'su blancura inmact:lada
y su ademán hierático de segadoras de
lirios? .
Cubiertas de brocados de plata y sa
tines lrcientes de perlas, errump;an
semejantes a extrañas floraciones, bajo cielos de sombra y angustia, surcados por nubes cambiantes en forma de
serpientes y de dragones de oro pálido
que erraban encima de viejos campanarios y misterio~as torres. Lueg:o,
en el fondo de florestas encantadas,
troncos de árboles milenarios las hacían más leianas que en el claro obscu
ro ilt•minado de los vitrales de las
ratl'Clr2les: o bien se levantaban al
borde de los mares. frente a hori7ontes nostálgicos de una tristeza infinita. surgentes de la ec:puma y fijas en
las rocas como madréporas maravillosamente florecidas en rostros de sueño. Otras ·como oriflamas dec:plegadas al viento torcían siluetas trági cas encima ne hecatomhcs y de campos de batalla, y todas eran semejantes.
01•e fuesen ac:i~ticas. egipcias o bohemias, santas bienhechoras en Curhndia o mái;icas a orillas de los
fiordc:, todas se erncahan recíprocamente: así la Virgen X e1;ra de Nuestra ~f'ñon1 ele A frica impone en el re·
cuerdo la Vir~en de Cristal de Nuestra Señora de las Xieves, y por eso
las arlaré con igual fervor acatando
en torl"~ juntas a la Virgen de lo
}faravilloso.
De los cuento&lt;; oídos, leídos y hojea

. ...

0
''

.

dos en mi. infancia, han_nacido, -1
princesas de marfil y embriaguez, hechas de éxtasis, de sueño y de recuerdos. Más precisas y con una vida má1,
ardiente, son las de lo, países del
Sol, princesas de ámbar y de Italia.
Príncipes de nombre sólo, pues son
tan delicados, tan quiméricos, tan andróginos en su adolescencia de jóvenes dioses, que parecen princesa~
esos príncipes de nácar y de caricia.
Otras visiones. más misteriosas toda\'Ía, aparecen aquí y allá, en el claro
de luna y en los grumos de nieve, en
la magia helada de las noches inver,
nales. Cautivas en cajas de cristal
como mártires bienhechores, descienden a la deriva las aguas lentas de
los ríos, o duermen bajo los corales
blancos de selvas inmovilizadas por
el hielo; gnomos ·vestidos de chapas
rojas y verdes caperuzas guardan a
estas reinas de las escarchas y del
sueño, las albas princesas del invier-

no.
El parecido de los cuentos se explica por los reflejos de un mismo sueño a través de ambientes diversos;
los ecos de un mismo tema musical
interpretado por instrumentos de di·
Yersos países. ¡ La fábula queda la
misma, sobre el diferente tejido de
las estrofas y la diversidad de los
textos sólo pri:.eba una vez más la
belleza del símbolo y el terno vuelo
del pájaro ilusión!

•

JEAN LORRAIN.

�ECOS DE LA TRAGEDIA EUROPEA

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1,·
Los Ejércitos del Príncipe Leopoldo de Raviera pasando lista en la Plaza de Varsovia.
Infantería austriaca descansando en su marcha contra los italianos.

La Indumentaria de la Libertad
:·

DESDE JAUJA.

A 20 de Octubre de 1915
, Estimado. compañero:
Hay un punto importante acerca del
cual no te he hablado en mis epístolas,
con relación a la pléyade libertadora
que tiene a su cargo la sagrada misión
ele regenerarnos. Ese punto es el de
la indumentaria.
En la época abominable de la dictadura, era de protocolo presentarse los
hombres públicos, al cdebrar algún
acto oficial, en el traje apropiado a
la dignidad de cada personaje: el 6vil se enfundaba en la levita o en el
frac, según la hora; y el militar lucía
los arreos de su graduación.
X o debemos negar que estas prácticas son de suyo repugnantes, puesto
que van pregonando una aversión profunda al noble principio de la igualdad social. País donde impera la democracia, excluye siempre estos desniveles en la exterioridad; y es de su·
poner que t:no de los principales móviles al lcv:intar~e en armas tantos
ciudadanos de pelo en pecho, 1
el de contundirse con la masa del pue~

blo, no sólo en sus tendencias y modal~s, ~i~o también en su aspecto, para Justificar aquello de que el hábito
n.o hace al monje.
Evidentemente hay un manifiesto
ultraje a las mt:chedumbres 1 humildes y sencillas en el vestir, al ostentar un hombre de Iftando pomposas
prendas de ropa. El sentimiento nacional se lastima; el pobre se abochorna; parece como que se hace gala
de abundancia y decoro, en un país
donde ambas cosas han ido desapareciendo al empuje irresistible de esta
gloriosa falange.
Siguiendo el altísimo propósito de
la igualdad social, vemos ahora Generales insignes que pasean en automóviles sin otra prenqa exterior sohrP el bl'sto ore 11na camisa. Así no
habrá quien les llame descamisados.
Es de suponer que debajo de ella esté
la camiseta, aunque nada podemos aseverar respecto a tan interesante detalle. Lo que sí afirmamos, porque nos
consta, es que sobre la camisa no hay
otra pieza de ropa.

Y a~í se presentan en todas partes:
para ellos lo mismo es la taberna que
la fonda, el paseo público que el Teatro, r.na comida familiar que un fe3tival de lujo. Ante todo la igualdad.
Dirán algunos que esto se debe a
que no poseen muchas prendas, dad'&gt;
que los azares de la campaña les impiclen pertrecharse convenientemente,
ávidos como están de luchar en beneficio exclusivo del pueblo, sin que les
qrede en mano ni la más despreciable
piltrafa. Así será tal vez, porque en
al~o han de querer distinguirse de los
científicos que ayer desposeían al pueblo de sus sacratísimos bienes.
Asistir a un banquete, en simple
camisa, cualquiera de estos Generales,
es cosa común y corriente. Y ya te
figurarás qué avasallador espectáculo
el de una fila de comensales de e~a
traza dentro de un salón riquísimo,
perteneciente ayer a los abyectos porhristas, y hoy a cargo de los nin!laclores sociales. No falta en esas comilonas de carácter democrático uno que
otro individuo de los "chapados a la

--

antigua," que todavía se endosa la incómoda levita tradicional, y cuyo as .
pecto contrasta desagradablemente
con el sencillo pelaje del grupo reno·
vador. Cabe esperar que al correr del
tiempo se irán todos acostumbrando a
lucir las mismas prendas que gastan
los hombres del día, y entonces habrá
uniformidad de indumentaria en todos
los festines. De esta suerte quedarú
patentizado que se alcanzó el fin pri·
mordial de este resurgimiento.
Comprenderás que los tales que van·
con la aristocrática levita no son si110
rancios ejemplares de civiles mans0s
que alejados del movimiento regenerador, acuden a engullir manjares y
a vaciar copas, unas veces por devengar la cuota, y otras por espíritu pusilánime, temorosos de que se :c·s
coja ojeriza y paren luego en una celda penitenciaría o siete pies bajo ti:&gt;rra; miedo sin fundamento, porque h
libertad de hacer cada quien lo que se
le antoje, nunca había dominado c11
Jauja con la amplitud de ahora. 'i"
aun hay los que asisten al paladeo de
potajes y bebidas, por la comezón de
rozarse con las altas dignidades del
grupo imperante, y verse más tarde en
una cartulina por obra del arte fotográfico, entremezclados con personajes de tan vigoroso relieve.
Te demostrará todo esto que aquí
reina un laudable espíritu de fraterni-

dad y democracia, a la inversa C.:e lo
que ocurría antaño, c•ando la di::tadura tuvo la avilantez de hacer odio5o.scparos entre los Yarios elementos .;uciales. Aquí me asalta el recurrdo de
una estrofilla que se echó a volar a po·
co de haberse indignado el pueblo soberano frente al golpe de la usurpación: "En los tiempos del célebre
caudillo, siempre andaba la plebe ('11
calzoncillo. Hoy que nos guía libertario móYil. anda siempr(' la piche en
automóYil.''
Borradas ya las fronteras soriales.
es natural que la primera H:ar.iiestación del igualitarismo se c:xterioricc
"" la indumentaria. Cn General de
los de molde porfiriano, rc·5ult:ifr1 hoy
una figura arcaica, aparte ele repulsi "ª· Y a nadie mejor corre~¡,onde d.1r
d ejemplo que a los mismJ,; portadores del águila del Generalat'l. Si t,n
tenientillo cualquiera se pr':!setHan en
camisa al celebrarse un banqnete. el
hecho carecería de importan cia. La
refo¡ma ha de partir de la ci'tspide cid
escalafón, único medi':i d,? &lt;¡11&lt;' h propaganda sea efecti,·a.
En justa concordancia coa el traje
están los detalles de pulcrrtud. personal. Aíeitarse, lav:&gt;.rsc, aderezar el
cabello y otras menud·~ncí:is indica·
doras de refinadas co~tumbres propias sólo de afeminados, no se estilan
hoy día. El agua y rl jabón fueron

siempre enemigos j uraclo~ J~ ia ócmncracia. y es de j tBtir1,1 que ~-e les
, li 11inc por completo.
Ya te imaginarás l,l brillante y arro1,ador lle! cuadro &lt;lfre,ÍIÍll por barb:1~
allJorot.. C:as, cabel!t. as cc,11:.-. relvc1s
YÍrgenes, uiías Ja:;ra,:, maci1.:is y cor1'.ts -:on su luctuoso :il..tillo ccmo lle' .. ':,i, a la funera'.'t, tocl.'.l cJ!o cntr.::
emanaciones odoríferas que deleitan y
confortan. La triple adjetinción adosada a las uñas, no es caprichosa: coryas, macizas y largas tienen que ser
por exigencias del oficio.
¿Hay nada más consolador que estas demostraciones democráticas, después de haber pasado, durante treinta años, por la YCrgiienza de remilgos
feme niles impropios en la falange varonil, bajo el filo de la ya oxidada
matona
¡ De cuán tas pequeñeces deliciosas
te has perdido con haber cruzado las
aguas del reyuelto río que marca límites entre la bulliciosa Yanquilandia
J la serena Jauja!
Vuch-o a compadecerte con toda el
:ilma enviándote mi despedida en esta
enarta epístola."

Tú viejo amigo;-·
SILVERIO.

�- Tópicos del Día !\Ir. J ohn Lind, que no necesitó luchar en Celaya ni
en León, para ser I\Ianco glorioso; sino que le bastó escribir con la mano que le queda st:s notas famosas, acaba de
pasar por San Antonio con rumbo a Eagle Pass.
Fué interrogado por los reporters sobre el motivo principal de su viaje, a lo que contestó que carecía en lo absoluto de carácter oficial. Asítnismo dijo que su visita no tenía más objeto que atender t:na invitación personal de Eliseo Arredondo, quien desde Washington lo había convidado a pasarse un día en Piedras Negras.
Es realmente curioso que :Mister Lind emprenda un
viaje de tres días, con otro tanto tiempo de regreso, por
tener el gusto de tomarse un Yaso de "Grapé juice" platicando con Elíseo Arredondo.
Este americano ilustre que durante su estancia en México no se tomó ni siquiera el trabajo de estudiar nuestro
país sino que le bastó leer un Epítome de Historia Barata
para rendir su luminoso informe, ahora deja sus ocupaci~nes, con el exclusivo objeto de Yisitar a Don Elíseo.
¡ 1Iagní'fico ! ¡Ctánto carii10 para nu.estro pobre país!

catán. Obregón, antes de proceder contra su prisionero se
dirigió al hermano, a fin de que éste intercediera por la
víctima. ·
Todo ft:é inútil. El hermano carrancista creyó que se
comprometía defendiendo al Coronel villista y contestó a
Obregón suplicándole que dejase caer sobre el prisionero,
todo el peso de la Ley. Y fué pasado por las armas.
Ahora bien, en estos acontecimientos tremendos no hay
términos medios: o se es sublime o se es infame. Dejar-'
matar un hermano de este modo, constituye un acto de
Guzmán el Bueno o expresa el más refinado y criminal
egoísmo.
Don Julio Madero al enfrentarse con su familia vencida por "la causa" es un tipo heroico o un ser desprovisto

X X X
Carlos Randall, substituto de Maytorena en el Gobierno
del Estado de Sonora acaba de manifestar francamente que
si el Gobierno de los Estados Unidos permite a los carrancistas el paso de tropas para auxiliar la guarnición de
Agua Prieta no podrá responder por las vidas ni las propiedades norteamericanas en el territorio que se encuentra
bajo su mando.
~esotros nos permitimos recordar a nuestros lectores que el Seor Randall pertenece al 85 por ciento de nuestro
país que tanto ama el Presidente Wilson.

de afectos.
El público decidirá.

Pequeñas Notas de Actlia 1idrd.
Tenemos la pena de comunicar a nuestros lectores que
durante la semana pasada falleció en Laredo, Texas, el señor don Francisco Farías.
~atural de la frontera mexicana se radicó en Laredo
hace más de medio siglo, y se hizo querer de todos por una
larga vida de honradez y de trabajo.
Paz a sus restos y gloria a su alma.

En el elocuente artículo del licenciado Querido 1foheno publicado en "Revista MexicaJJa" la semana pasada
aparecieron los nombres de Lewis H. Morris Y Raúl López
en lugar de Lewis ll. :\Iorgan y Rafael López.

X X X

contrase y se lo devoh·iese.
Las autoridades locales, en cambio han ofrecido mil dólares por dos indidduos que andan asaltando trenes.
¡ Qunce mil pesos por un caballo!
¡ Mil pesos por un ser humano!
"Bello país. debe ser
El de América papá."

El Profesor de )lúsica, ?.lartínez del Villar de Laredo, Texas nos ha hecho el favor de remitirnos un inspirado
paso-doble institulado "El Serio."
Agradecemos el envío.

X X X
El Coronel Esteban Cantú, se ha declarado independiente de Francisco Villa. Celebramos lo ocurtido, aunque
a decir verdad hubiera sido más lógico que se hubiera separado de Doroteo con mayor anterioridad.

X X X

X X X

Damos las gracias más cumplidas a nuestros colegas
"Justicia" y "El ~orte" de El Paso, Texas, por las frases
cariñosas que nos prodigan.

X X X
El Señor Julio :.\Iadero hizo unas declaraciones interesantes atacando a sus tíos que fueron enemigos de la Revolución en 1910 y a s us herma nos que en unión de Villa, se
pusieron en frente del carrancismo en 1914.
Asimismo manifestó Don Julio que no interecederá por
ningún familiar suyo a quién considere culpable.
No es· el primer caso en que un hombre del "r~gimen
novísimo" sacrifique los afectos más.. santos en aras de
"la causa." Sabemos que después de la Batalla de Celaya,
cayó en poder de Obregón un Coronel Villista. que tenía
,ttt

h~m:iM sirvien,k nf rarrandsmr ~n

p}

E~t:td? rfr

y11

.....

..,._

Efectos de la artillería inglesa en una población belga.

x ·x x

X X X
Un millonario de Nueva York perdió hace algunos
días un caballo ,;pura raza," y deseando recobrarlo ofredlP&gt;
una recompensa de quince mil dólares a aquel que lo en-

..

Las gentes de Laredo y Piedras Xegras están esperando a Don Venustiano desde hace una semana; pero Carranza aún permanece en Torreón arreglando asuntos que no
se han dado a conocer al público.
Las gentes, al ver que don Venustiano ~o llega. a la
frontera ni Elíseo Arredondo sale para Torreen, han mterpretado el asunto a su manera, echando a volar rumores
sensacionalísit}lOS que han llegado a preocupar a los constiucionalisas.
Esta preocupación es justificada porque los rumore~,
aún cu¡¡.ndo sean falsos, suelen denunciar una crisis próxi-

ma

•

El Escribiente Plorentirlo
ta!Estf~ en la cu~rta clase eleme~- de aquellas tirilla~ de papel, escri- pezó a escribir, imitando todo lo que
d ·
!ª un gracioso florentino de tas en caracteres grandes y regulares i,~uo la Jttra de su padre. Y escrioce ano~_. de cabellos rubios Y tez Pero esta tarea le cansaba1 v se la· b1~ contento,. con gusto, aunque con.
blanca, h1Jo mayor de cierto emplea- mentaba de ello a menudo c¿n la ta · _miedo; las faJas escritas aumentaban
do de fe:i_-ocarriles que, teniendo mu- . milia a la hora de comer.-Estoy Y de vez en cuando dejaba la plum~
. , con
cha fam1ha Y poco sueldo, v1v1a
p_ara !rotarse las. manos; después consuma estrechez. Su padre lo quería P~;diendo la vista, decía, esta ocupa- tu~uaba con ~s alegría, atento el
c~~m de .. noche acaba conmigo.-El
~u~ho. Y era bueno e indulgente con h1J_o le d1Jo un día.-Papá, déjame tra01do y sonriente. Escribió ciento
e ' indulgente en todo menos en lo baJar en tu lugar; tú sabes que escri- sesenta: i cerca de una peseta I Enque se refer!a a la escuela: en esto bo regular, tanto como tú.-Pero el tonces paró: dejó la pluma donde
era muy exigente . Y se revestía ¿e padre le respondió;-N'o, hijo no· tu estaba, apagó la luz y se ,·olvió a la
b~stante severidad, porque el hijo de debes estudiar; tu escuela es c~sa {nu- cama de puntillas.
b1a ponerse pronto en disposición de . cho más importante que mis fajas:
A9uel día, a las doce, el padre se
obtener otro empleo para ayudar a tendría remordimiento si te privara sento a la mesa de buen humor. No
sostener a la familia; y para valer al- del estudio una hora, lo agradezco· había advertido nada. Hacía aquel
go pronto1 necesitaba trabajar mucho pero no quiero, y no me hables má~ trabajo mecánicamente, contando las
en poco tiempo; Y aunque el mucha· de ello.
horas, pensando. en otra cosa, y no
cho er.a aplicado, el padre lo exhorEl hijo sabía que con su padre era contando las faJas escritas hasta el
ta_ba siempre a estudiar. Era ya de inút_il _in~!stir en aquell~s cosas. y
día siguiente. Sentados a la mesa
a\anz.ada edad el padre, y el excesivo no ms1st!º· Pero he aqu1 lo que hi . con buen humor, y poniendo · la mano
trabaJo le había también envejecido zo.. Sabia que a las doce en punto en
hon:tbro d,el hijo:-¡ Eh, Julio,
prematuramente. Con efecto, para deJaba su padre de escribir y salía le d1Jo, mira que buen trabajador es
pr_o:veer a l_as necesidades de la fa- del despacho para la alcoba. Alguna tu padre! En dos horas he trabajamilia, ademas de! mucho trabajo que vez lo había oído: en cuanto el reloj do anoche un tercio más de lo que
terna en su destmo, se buscaba a la daba las doce, sentía inmediatamente acostumbro. La mano aún está ágil
vez. aquí y allá, trabajos extraordi- el rumor de la silla que se movía y el Y los ojos cumplen todavía con su
narios de copista, y se pasaba sin lento paso de su padre. Una noche deber.-Julio, contento, mudo decía
descansar en ~u mesa buena parte de esperó a que estuviese ya en cama
entre sí:-¡ Pobre padre I Ader:iás de
la no~he .. Ultunamente, de cierta ca- se vistió sin hacer ruido, anduvo ¡ la ganancia, le he proporcionado tamsa .~d1~onal Qt:,e pub.li~aba libros y tientas por el cuarto, encendió el quin bién esta satisfacción: la de creerse
penod1c.o~, hab1a rec1b1do el encargo qué de petróleo, se sentó en la me- rejuvenecido. ¡ Animo, pues!
de ~scn~1,r en las fajas el nombre y sa de despacho donde había un monAlentado con el éxito, la noche
la direcc1on de los suscritores, y ga- tón de fajas blancas y la indicación siguiente, en cuanto dieron las doce,
naba tres pesetas por cada quinienta9 de las sefias de los suscritores, y em- se levantó otra vez y se puso a tr~-

~!

�.·

'

lor y la fatiga lo demacraban y le
hacían perder el color, obligándole
a descuidarse cada vez más en sus
estudios. Comprendía pe1 fectamente
que todo concluiría en un rr.om::nto.
la noche que dijera:-Hoy no me levanto; pero al dar las doce, en el
instante en que debía confirmar enérgicamente su propósito, scnt:a remordimiento, le parecía que. quedándose en la cama. faltaba a su deber,
que robaba un:.i ¡&gt;('seta a su p,1&lt;lrc ::
a su familia; y se l.:,·antaha p~n,:indo que cualquier noche &lt;'lle su pa&lt;lrc
se despertara y lo sorprc1:di1:ra. o c,ue
p..:,r cast:aliclad se entcr:!ra rontando
ias fajas dos veces, u1tuncc:-; krmina
ria naturalmente todo, sin un acto de
su voluntad, para lo cual 110 s1' ,t mía
con ánimo. \" así continuó 1:. rnsa.
Pero una tarde, en 1.i comirla, el pa&lt;lre pronunció una ¡:,alalira qui! fué
úecisiva para él. Su madre 1, miró.
y pareciéndole que c..,t:iha mas l'Chado a perder y más pálido que de cos·
tumbre, le dijo:-Jt.:lio. tú estás ma
lo. \" desptté5, YOlYíéntlose con ansiedad al pa&lt;lrl! :-Julio está. malo:
¡mira qué pálido está! ¡Julio mío!
¿ Qué tienes? El pa1lre le miró de
reojo, y dijo :-La mala conciencia hace que tenga mala salud. Xo esta·
ba· así cuando era estudiante aplicado e hijo cariiioso.- 1 Pero está malo!
exclamó la mamá.-¡ Ya no me importa! respondió el padre.
Aquella palabra le hizo el efecto
de una pi;ñala&lt;la en el corazón al pobre muchacho. ¡Ah! Ya no le importaba su salud a su padre, que en otro
tiempo temblaba de oírlo tos&lt;!r solamente. Ya no Jo quería, pues: había
muerto en el corazón de su padre.¡ Ah, no, padre mio!-dijo entre sí
con el corazón angustiado :-ahora
acaba esto de veras; no puedo vivir
sin tu cariño, lo qr.iero todo, te lo
diré, no te engañaré más y estudiaré
como antes, suceda lo que suceda. pa ·
ra que tú yuelvas a quererme, padre
mío. ¡ Oh, estoy decidido en mi re·
solución!
Sin embargo, aquella noche se lcyantó todavía, más bien por fuerza
de la costutnbrc que por otra causa;
y cuando se levantó quiso ir a salu-

.
.....
Prisioneros italianos custodiados por soldados austriacos.
bajar. Y lo mismo siguió haciendo
va:ias 1~oches. Su padre seguía también sm advertir nada. Sólo una
vez, c~~ando, se le ocurrió esta observac10n :-¡ Es raro: cuánto petróleo
se gasta en esta casa de algún tiempo a esta parte !-Julio se estremeció·
pero la co~versación no pasó de allí'.
Y el trabaJo nocturno siguió adelan·
te.
Lo que ocurrió fué, que, interrumpiéndose así el sueño todas las noches, Julio no descansaba bastante
por la mañana se levantaba rendid¿
aún, y por la noche, al estudiar le
costaba trabajo tener los ojos abiertos. Una noche, por la primera vez
en su vida, se quedó dormido sobre
l~s apuntes.-¡Vamos, vamos! le grito su padre dando una palmada. ¡ Al
trabajo 1-Se asustó y volvió a ponerse a estudiar. Pero la noche y
los días siguientes contint:aba la cosa lo mismo, y aun peor: daba cabezadas sobre los libros, se despertaba
más tarde de lo acostumbrado; estudiaba las lecciones con violencia, y
parecía que le disgustaba el estudio.
Su padre empezó a observarlo, despues se preocupó de ello y, al fin,
tuvo que reprenderle. Nunca lo había tenido que hacer por esta causa.-Julio, le dijo una mañana; tú te
descuidas mucho, no eres ya el de
otras veces. Ko quiero esto. Todas
las esperanzas de la familia se cifraban en tí. Estoy muy descontento.
¿Comprendes?-A este único regaño,
el verdaderamente severo que había
recibido. el murbarho ~f' tnrhó-Sí.

el engaño concluya.-Pero la noche
de aquel mismo día en la comida,
exclamó con alegría su padre:-¡ Sabed que en este mes he ganado en
las fajas treinta y dos pesetas más
que el mes pasado!-Y diciendo esto,
sacó a la mesa un puñado de dulces
que había comprado, para celebrar
con sus hijos la ganancia extraordinaria, que todos acogieron con júbilo.
Entonces Jdio cobró ánimo y pensó
para sí:-¡ No, pobre padre, no cesaré
de engañarte; haré mayores esfuerzos -~ ra estudiar mucho de día; pero
continuaré trabajando de noche para
ti y para todos los demás!-Y añadió el padre:-¡Treinta y dos pesetas'----- Estoy contento----- Pero
hay otra cosa, y señaló a Julio, que
me disgusta.-Y Julio recibió la recom·ención en silencio, conteniendo
dos lágrimas que querían salir, pero
sintiendo al mismo tiempo en el corazón cierta dulzura. Y siguió trabajando
con ahinco; pero acumulándose un
trabajo a otro, le era cada vez más
difícil resistir. La cosa duró así dos
meses. El padre continuaba reprendiendo al muchacho, y mirándole cada
vez más enojado. Un día fué a preguntar por él al maestro, y éste le
dijo:-Sí, cumple, porque tiene bi:ena inteligencia; pero no está tan aplicado como antes. Se duerme, boste·
za, está distraído, sus apuntes los
hace cortos, de prisa, con mala letra.
El podría hacer más; pero mucho
más.-Aquella noche el padre llamó
al hijo aparte y le hizo reconvcnrionP~ .m;í~ Sf''\1e.ta~

~las.

cho mi· vida por la familia. Tú no
me secundas, tú no tienes lástima ~
mí, ni de tus hermanos, ni aun de tu
madre - i .\h, no no diga usted eso,
padre mío! gritó el hijo ahogado ~n
llanto y abrió la boca para confesarlo
todo. ' Pero su padre le interrumpió
diciendo :-Tú conoces las condiciui1es
de la familia: sabes qt.e hay n.!cesídad de hacer mucho, de sacrificarnos
todos. Y o mismo debía doblar mi
trabajo. Yo contaba estos meses últimos con una grat;ficación de cien
pesetas en el ferrocarril, y he sabido
esta mañana que ya i;io la tendré ..,..Ante esta noticia. Julio retuvo en seguida la confesión .que estab~ par~
escaparse de sus labios, y se d1¡0 risueltamente a sí mismo:-No i,atll'e
mío. no te diré nada;. guardaré el
secreto para poder trabaJar por t1; del
dolor que te causo te compenso ~e
este modo: en la esct.ela estudiaré
siempre
bastante para salir del
paso: Jo &lt;¡ue importa es ayudar para
ganar la vida, y aligerar~e ?,e la ocupación que te mata. S1gu10 adelante trascurrieron otros dos mieses de
ta~ea nocturna y de pereza de día, de
esfuerzos desesperados del hijo y t:e
amargas reflexiones del padre. .Pero
lo peor era que éste se iba enfrían
do poco a poco con el niño, y no it:
hablaba sino raras veces, como si
fuera un hijo desnaturalizado del qi;e
nada hubiese que esperar, y casi huía
de encontrar su mirada. JuFo lo a&lt;l·
vertía, sufría en silencio, y cuando su
padre voh·ia la espalda, le mandaba

lo

la

•

-

dar, a volver a ver por algunos mi1!-u~os, en el silencio de la noche, por
ultima vez, aquel cuarto donde bahía
trabajado tanto secretamente con d
corazón lleno de satisfacción y &lt;le
ternura. Y cuando se volvió a en·
contrar en la mesa, con la luz encendida. y vió aquellas fajas blancas
sobre las ci:ales no iba ya a escribir
más. aquellos 11ombres de ciudades
y de personas que se sabia de memo·
ría, k ,·ntr;i una gran tristeza e ín\·oluntariamu1te cogió la pluma para
reanudar el trabajo acostumbrado.
l'cro al extender la mano, tocó un libro y éste se cayó. Se· quedó helado. Si su padre se despertaba ____ _
cierto que no le habría sorprendido
cometiendo ninguna rnal:i. acción, y
qi.:e él mismo había decidido contárselo todo: sin embargo ____ el oir
acerc;trsc aquellos pasos en la oscuri ·
·dad, el ser sorprendido a aquella
hora, con aquel silencio; el que su
madre se hubiese despertar!,) y asustado; el pensar que por lo pronto ,;u
padre hubiera experimentado una
humillación en !&gt;ll presencia descubriéndolo todo .•.• todo esto ca~i le
aterraba_ Aguzó d oido, 5uspendien
do la respiración.-.; Xo oyó nada
escuchó por la ccrradurn de la
puerta que tenía cktrá~: nada. To
da la casa dormia. Su padre no ha·
bía oído. Se tranquilizó, y YOlvió a
escribir. Las fajas se amontonaban
unas sobre otras. Oyó el paso ca·
dencioso de la guardia municipal en
la desierta calle; luego rddo de ,a·
rruajes que cesó al cabo de un rato:
después. pasado algún tiempo, el
rumor de una fila de carros que pa·
saron lentamente; más tarde silencio
profundo, ínterrumpido de vez en
cuando por el ladrido ele algún perro.
Y siguió .es~ribiendo. Entretanto su
padre e,,taba detrás de él: se habia lcvan tado tuando se cayó el libro, y
esperó buen rato; el ruido de los carros había cubierto el rumor de sus
pasos y el ligero chirrido de las hojas de la puerta; y estaba allí. con
su blanca cabeza sobre la negra cabecita de Julio. Había visto corret
la pluma sobre las fajas, y en un

momento todo lo había olvidado, lo
había recordado y comprendido todo,
y un arrepentimiento desesperado,
una ternura inmensa, había invadido :
su alma y lo tenía clavado allí, de·
trás de su hijo. De repente dió Ju· '
lio un grito agudísimo: dos brazos
convulsos le habían cogido por la .
cabeza.-¡ Oh, padre mio, perdóname!-gritó, reconociendo a su padre, llorando.-¡ Perdóname tú a mí!
-respondió el padre sollozando y
cubriendo su irente de besos. Lo he
comprendido todo; todo lo sé: yo I
soy quien te pide perdón, santa cría·
tura mía. ¡ Ven, ven conmigo! Y ,
lo empujó, más bien que lo lJ('vÓ, a I
la cama de su madre. lk spicrta, y
arrojándolo entre s1:s brazo.,. le dijo: 1
- i esa a nuestro hijo a c,t~ á.ngei, ¡
que desde hace tres meses no duerme
y trabaja por mí, y yo he contrista•.
do su corazón mientra,
nos gana
ba el pan !-La madre In recogió y·
apretó contra su pecho, sin purler ar·
ticular una palabra; después dijo:
¡ A dormir en seguida, hijo mío; ve a
dormir y a descansar! ¡ Llévale a la
cama!_ ____ El padre lo cogió en bra
zos, lo llevó a su cuarto, lo m.!tió ea
la cama, siempre jadeante r acariciát•·
dolo, y le arregló las almohadas y
la colcha.-Gracias, padrc,-repetía el
hijo; gracias: pero ahora YCtc tú ·
la cama; ya estoy contento, vete a l·
cama, papá. Pero su padre qi;eri1
verlo dormido, y ~entado a la cabece
ra de su cama. le tomó la mano }
dijo:-¡ Duerme, duerme, hijo mio!y Julio, rendido, se durmió por fin
y durmió muchas horas, gozando po
primera ,·ez, después de muchos me
ses, de un sueño tranqt.ilo, alegrad,
por rientes ensueños; y cuando abrí
los ojos, después de un buen rato d
alumbrar ya el sol, sintió primero
vió después cerca &lt;le su pecho. apo
vada sobre la orilla de la cama, 1
blanca cabeza de su padre, que habí
pasado a~í la noche, y dormía aún
con la frente inclinada al lado de s
coraz6n.
1

a

EDMUNDO DE AMICIS.

��por no deJarse vencer con el
sueño, cont.. ba las estrellas del cielo o tr~?ab~ con\'ersación con los perros, Y10 mas de una vez alguna cosa
hlan~a en la sombra de la posada: aa
Juamllo en camisa, que había dejado
su cama. El niíio no volvía a la
choza; se quedaba ahí, apoyándose
en los muros y escuchando. En la fonda había más de una pareja de jóvenes
que danzaban; más de un grup,&gt; de
mace.tones que cantaban aires alegres.
Se 01a desde aft:era el ruido ele 1,,s
piés resonando contra el sud,;, las
voces juveniles de las muchachas: Los
violines cantaban en un tono ligero: "Debemos comer: debemos beber;
debt'mos chocar los· vasos." El vio·
loncelo deC1a con ,·oz grave: "Como
Dios quiera: como Dios quiera ___ ;._"
En las ,·entanas se nía una viva Ju,.;
rada viga de la posada parecía \'ibrar
preludiar, cantar----- Y Juanillo escu
chaba. ¡ Cuánto habría dado por tl'·
ner un violín que también cantase·

Ql1e,

JANKO EL M ÜSICO
(Cuento Polaco.)

llo en~ontrab': siempre algún medio Tómalo." Con la camisa flotante, se
para tntroducirse, y, gracias a las
aproximó a la puerta; ya las ramas
plantas trepadoras, llegaba hasta la dejaron de ocultarlo. En el dintel se oía
puerta del granero, y se quedaba allí la resniración precipitada del niño de
escuchando o se contentaba con ~mi- pecho hundido y enfermo. En cierto
rar el violín.
mo~ento desapareció la camisa, y no
El instrumento estaba colgado en se v1ó otra cosa que el pié desnudo.
la pareel, justamente frente a la puer· El cuervo había vuelto y decía una vel
ta. El nilio le enviaba toda su alma más :· "~fo¡ No¡" Juanillo está ya en
en sus miradas, porque ese objeto le la habitación. Las ranas croajan de
parec1a una cosa sagrada a la cual no nuevo en la fuente, como si las hullegaría Jamas, tan indigno era de bieran a~ustado; desnués el silencio se
poner sobre ella su mano. Sin em- restablece. El ruiseñor ha reanudado
bargo, debia ser lo más deseable que su canto, las trepadoras sus mt:rmtt·
ht.biera en el mundo. Un inquieto llos. Juanillo avanza con precaución
anhelo de poseerlo se apoderó de él; en el cuarto: pero bien pronto lo detiene la angustia. Entre las cnredade
quiso, por lo menos, mirarlo de cer
ca ______ Esta sola idea hacía estreme- ras se sen(a en su pronia casa, cocer de gozo su pobre corazoncito de mo la bestia salvaie en la maleza y
ahora se siente como la bestia salvaniño.
l.Jna noche, el cuarto e.le los criados je en campo raso. Sus movimientos
estaba vado. Los seiiores se encon- son bruscos, su respiración corta y
traban ausente~, en el extranjero y silbante, mientras la obscuridad le ro
la casa se hallaba desierta; el lacayo clea. l:n rayo silencioso de luz, coestaba en otra pieza, sentado junto a rriendo de oriente a occidente, ilumialguna hermosa. Juanillo espió du- na de pronto el intérior de la pieza y
Debemos comer, debemos beber,
rante algún tiempo, oculto entre las al pobre Jt:anillo que casi de cuatro
debemos chocar m:estros vasos ____ ! enredaderas, contemplando por la patas, con la cabeza levantada hacia
puetra entreabierta el objeto de to· el vioJ:n, se arrastra por el suelo. El
Sí; ¡pero de dónde sacarlo! Si, a das sus ai1sias. La luna llena bri· rayo de luz se extingue, la luna se
lo menos, se le dejara entrar y tocar llaba en el cielo; sus rayos, entra11- envuelve con t:na ligera nube. y se halos instrumentos ! Pero, ¡ vana es¡,e- do por la \'Cotana, alumbraban la pie- ce tan imposible ver como oír. Al caranza ! ?\ o tenía más que hacer que za y se reflejaban exactamente sobre bo de algunos momentos, un ruido
escuchar, y escuchaba hasta que 11 el mr. ro de enfrente. Bien pronto débil atraviesa las tinieblas, un son
voz del sereno se hacía o· r:
llegaron hasta el viol:n y lo ilumina- qt.ejumbroso, como si se hubiera toca-i Quieres \'Olver a tu casa ducndc- ron por completo. Parecía que una do por descuido tnz. cuerda del violín:
cillo!
plancha de plata resplandeciese en la clespué.s una voz áspera partió de un
Entonces se volvía a su casa, u,n densa obscuridad. La parte que he- rincón y preguntó con cólera:
los piés húmedos; y la voz del vio
-¿Ql'ién va ahí?
ría la luna estaba tan vivamente
lín lo perseguía hasta en el lecho, en· alumbrada que Juanillo se sintió casi
Juanillo contuvo la respiración en
trando por la ven tan a y cantando:
deslumbrado. Y en la luz intensa se su pecho y la voz áspera repitió:
-¿ Quién va ahí?
destacaba todo las superficies lisas, las
Debemos comer, debemos beber,
Hubo un frotamiento de fósforos
cuerdas, el mango mórbido____ Las
Debemos chocar nuestros vasos----! clavijas brillaban como gusanos lu- en una pared, la claridad se hizo Y--minosos; el arco parecía un bastón ¡ oh Dios mío I entonces fueron los juramentos, los golpes, los grito5 ele 1·.t·
Y también por la del violoncelo qt:e de plata.
¡Ay! ¡ Cuán hermoso era todo ño, los llamamientos desespr.rados.
respondía:
"Como Dios quiera; como Dios quic· ·aquello! Poco menos que mágico. Después ladridos de perros en la casa.
Juanillo tenia una expresión de avidez, y ventanas que se abren.
ra."
Dos días más tarde, el pobre Juani·
Era para él una gran fiesta cuando cada vez mayor, en la mirada. Apepodía oír un violín en los días de lotonado entre las trepadoras, con el llo compareció ante el alcalde y el
cosecha o de casamientos. Se desli- codo apoyado sobre la rodilla PU!ltia- juez del pueblo, ¿ Iba a ser juz,.tado co
zaba entonces detrás de la chimenea Y guda, miraba siempre h~cia el mismo mo ladrón? Naturalmente. E! juez y
se quedaba allí todo el día, sin decir punto, con la boca ab1etra. Ya se el asesor miraron al sujeto C!Ue se
una palabra; no se veía más que: sus sentía retenido en su sitio por la an- les presentaba allí; un muchacho, con
t:,ºª un &lt;lec.lo metido en la boca, c011 gran·
ojos que brillaban en la obscuric!arl, gustia, ya impulsado adelante
com~ los de un gato. Por fin consi- fuerza irresistible. ¿ Era una bruJeria? des ojos saltones y asestados, andra··
guió fabricar un violín c'!n algunas Le parecía que el ,·iolín, en la irradia- jaso, transido de miedo, que no sahía
tablas; hizo t:n arco con crines de ca- ción de su gloria, se movía, se apro- dónde estaba ni qué se r¡L1eria hacer
¿ Cómo se puede ,ibli~ar a
ballo. El instrumento no vibraba co- ximaba. Un instante la luz se extin- con él.
guió; después reapareció_ más brillan- comparecer así, ante la justicia, a una
mo los de la fonda, las cuerdas daban
un son leve, muy leve, apenas más te---- Era un encantamiento, un ver tan infeliz criatura, a un sér que cucn
daelero encantamiento. Y, entre tanto ta diez años, y que apenas se sostie·
fuerte que el rumor del vuelo de una
el viento soplaba, los árbalos murmu ne sobre sus piernas. ¿ Se le va a man
mosca o de una abeja; pero no ~or raban en voz baja, las enredaderas
eso dejaba de tocar desde la ~iana· ct:chicheaban. Juanillo creyó escu- dar a la cárcel? ¿Qué ,~ lo ,¡ue se
na a la noche, por más que rectbtc'\e char estas palabras dichas con voz le va a hacer? Sería bueno. sin embargo, tratar con piedaa a los niños.
como recompensa tantos golpes, que
perfectamente perceptible:
Que el sereno Jo coja y le aplique alacabó por parecerse a una ma~zaua
-¡Adelan_te, pues, Juanill'?i
No gunos latigazos, a fin de quitarle ias
caída antes de madurar. Pero el era
hay nadie en el cuarto, nadie___ A
ganas de volver a emvczar.
así.
delante,
Juanillo¡
-Perfectamente justo. De acuerEnflaqt:ecía cada vez más; sólo . su
La noche estaba clara; calurosa. d".
vientre seguía prominente, Y s_us OJOS
Se mandó busccir al sereno Stach.
más saltones y siempre lacrunosos: Cerca de la fuente, en el parque de la
Stach tomó a Ju,Millo g-niñaa,!o Jc.s
sus mejillas estaban chupadas Y su casa el ruiseñor se puso a cantar.
pecho hundido. Se parecía, n~ a los Silb~ba · ya recia ya dulcemente: "A- ojos. Tenía una cabeza bestial. Puniños, sino a su violín que tema ap_e- delante¡ Tómalo----i" Un honrado so al muchacho bajo el brazo como
nas suficente voz para hacerse oir. cuervo revoloteaba graznando en tor- si hubiera sido rn gatito, y se fué a
Antes de llegar las cosechas estaba ,Yª no de la cabeza de Juanillo y le decía: la granja. Juanillo no comprendía n~casi muerto de hambre, porque solo "::,{o, Juanillo, no." El cuervo se ale- da o estaba aterrado, porque no dec1a
se alimentaba con nabos y con _la jó, el n iseñor se quedó y las ~nred~- una palabra y se contentaba con lanesperanza de poseer un verdadero no- deras murmuraron con voz aun mas zar en torno suyo miradas de pájaro
distinta: "~o hay nadie ___,, Y el vio
espantado. ¿Sabría lo r.e,suelto re~;
Jín.
, d
Esto sin embargo, no le servia e Jín aparecía en su aureola cada vez pecto de él? Stach lo as10, lo arroJo
más
brillante:
gran c~sa. Ei lacayo del castillo tema ·
El pobre pequeñuelo se agac~1ó,_ se al suelo y le levantó la camisa con el
uno y lo tocaba
slizó sin ruido y la voz del ru1senor látigo. Y el pobre Juanillo se ~uso a
I

--------Nació débil y delicado. Las comadres, reunidas en torno del lecho movían la cabeza al pensar en la ;uerte
de la madre y del hijo. La mujer del
herrero, que era la más práctica de
todas, trató de dar valor a la enferma
con estas palabras:
-Vamos; yo encenderé un cirio ben
dito. Este es el fin, comadre mía.
Haced vuestros preparativos para el
otro mundo; hay que mandar buscar
. al cura para que os dé la absolución
de vuestros pecados.
-¡Bah!, dijo una segunda; es pr;ciso de todos modos bautizar al pequeño; no durará hasta la llegada del
sacerdote; yo os digo que será una
maravilla si no se va antes del bautizo.
Diciendo estas palabras encendió un
cir io; cogió al niño y lo roció . con
agua bendita: el pequeñuelo pestañc(,
un poco, y ella dij o:
-Yo te bautizo en nombre del Pa
dre, del Hijo y del Espíritu Santo y
te doy el nombre de Juan y ahora, ;,lma cristiana, vuélvete alla de &lt;l,,nde
víenes.
El alma cristiana no le agrarló l;,
idea de volver sobre si•s pasos y abandonar su pobre cuerperillo: al contrario, se puso a mover las piernas con
todas sns fuerzas y a gemir, con YO.t
muy débil, sin duda, porque las comadres creyeron que era un gatito o
algo por el estilo.
Se envió a buscar al eclesiástico, el
cual llegó, desempeñó sts h:aciones
y se marchó. La enferma se restableció y una semana después ..-oh-ía a
su trabajo. La vida del recién nacido sólo pendia de un hilo; ¡,arecía
r espirar apenas; pero pasaron cuatro
años; el cuclillo vino varias veces en
la primavera, a pararse sobre el techo; todo iba mejor y el pequeño al·
canzó, bien o mal, a su décimo año
de vida. Seguía siendo flacucho, me·

nudo, de grueso vientre, mejillas raí
das, ;abellos lacios, tan pálicJ0~ qnc
p~rec1an blancos, y le caían sol.&gt;re los .
OJOS, que eran de color claw, saltones Y grandes y que miraban este
mundo como si estuviera a una distancia inconmensurable. En invierno se
acurrucaba junto a la chimenea v el
frío l? hacía llorar con una deliada
vocec1lla; otras veces era el hambre
porque la mamá no siempre ten ía co~
qué p'roveer al hogar o la mesa. En
verano correteaba, vestido con :.ina camisa, con un cinturón ele pai.o tn
torno del cuerpo y un somb1 erit·:&gt; de
paja sobre la cabeza. Los C;!bellos
color de lino, se escapaban po,· deba;~
del sombrero, y él levantaba la cal/eexaminando el aire como t.n páJaro. La madre era una pobre mujer,
que vivía al d;a, habitando como una
golondrina, bajo un techo extraño; lo
amaba, quizá, · a su manera; pero le
peiraha fuerte, calificándolo ordinariamente de "feo regalo." Cuand o t:1Yo
ocho años, trató ya de emplearse C.)·
mo pastor, y cuando no había aué
comer en la casa, iba hasta el í011Jo
cid bo~c¡uc a bt. scar setas. Si no fué
dcrnrado por los lobos. lo dehió solamente a la gracia de Dios.
No tenía vivacidad alguna y cuaaJo
se le hablaba, se quedaba hecho un
no~te. co:110 rn muchacho de a ldc:'I,
que era en efecto; con un dedo metido en la boca Las gentes no supo
nían que pudiese vivir largo ti..:mpo,
y menos aún que su madre e~tt. vÍt'se
contenta con él, porque :ipenas se le
podía utilizar para algún tnbajo. Ko
se sabe bien como fué acJclantc: sólo
para una cosa mostraba gusto decidido: era la música. Cuanto 111ás crecía
escuchaba con mayor atenci::m lus sones y los acordes que llegaban hasta
él. Iba con el ganado a la floresta
o partía con sus camaradas para coger
moras silvestres; pero volvía siempre
con las manos vacías, diciendo con

~ª·

su vocecita clara:
-¡ :.Iamál i Cómo me he divertido
en el bosque! ¡Cómo h&lt;! cantado!
¡Oh! ¡Oh!
.-Yo voy a darte con que te di\'lertas mejor, pícaro_____ Y ella Je
tocaba sopre la espalda algún aire
co_n el ct:charón de cocina. El niiio
gntaba, prometía no volver; pero r.o
cesaba ~e acordarse cómo había cantado y Jugado en la selva . ¿ Cantár?
¿Qué entendía por eso? Los sauces,
los olmos, los abedules, los otros árboles, todo preludiaba y cantaba. El
eco ta!11bién: también en los campos
las briznas de yerba; también en el
jardincillo, detrás de la cabañ:i los
gorriones piaban tan ruidos,rn;ente
que hacían vibrar lo;, cerezos. En
la noche oía todas las voces ima~ina·
bles y se figuraba que toda la alelea
tenía una voz y un canto. Cuar.co lo
mandaban a trabajar, a remover ti estiércol, creía oír el viento que p~saba
• entre los dientes de su horqt.iil:i. El
inspector lo ve:a quecJarsc inmóvil,
los cabellos echados hacia atrás, escuchando a la brisa que rondaba entre los dirntcs de la l:orql'illa de ma dera; cntoncei, le proporcionaba una
rima administrándole algunos golpes
para hacerlo Yoh-er en sí _____ ¿Qué
quería decir eso?____ Las gentes lo
llamaban Juanillo el músico. Ln la
primanra se escapaba de la 1..asa y
se tallaba una flauta. En la noche,
cuando croajaban las ramas, cuando
los gallos cantaban detrás del 1..cr
co, le era imposible dormir y Dios
sabe qt:e aires le venían entonces al
espíritu! Su madre no se atrevía a
llevarlo a la iglesia, porque cuando
el órgano hacía oír sus ronquidos o
sus voces humanas, los ojos del pequeño se obscurecían o bien se iluminaban y brillaban como si reflejasen
el esplendor de otro mundo.
El sereno que recorría el pueblo y

,

·•

~

.

Pº:

�-Mam!¡
r&gt;arecl~ el camino que había ·tomado
A cada golpe clamaba otra ,·ez
la
almtta. Tanto meJor si en el instan
-l\lamál l\lamál
·
te de la muerte se había precipitado
Pero su voz se iba d.e::,ilit:m,lo. y por esta larga vía, porque quedándocuando hubo r~cibido un cierto nú- se en la tierra habría tenido que re.
mero _de, latigazos cesó .de gritar. ¡ Po
bre v1ohn roto 1 ¿Se puede pegar de correr t:n sendero bien duro!____ El
esa manera a un niño? El pobre pecho hundido se levantó aún un pom_u~hacho era ya tau peuueiio, tan co, c~n un débil murmullo; el rostrn
deb1l, marchaba con tanto traba- pareció reflejar todavía el espectáculo del mundo exterior, que se mostra
Jo por el desierto de la ,·ic:laí
, La madre ller:-&lt;'1 por Jin y se lo lle- ha por la abertura de la ventana. Era
la noche; las canciones rústicas de los
vo, porque fué necesario que ella carsegadores llegaban a él y le traían esgase con él hasta la casa. Al d:a siguen t~ Juan i)lo n? s.e levantó y al ter tas palabras: "En el verde; en la fresce~ d1a lanzo el ultimo suspiro, tra11- cu~a de ~os bosques ____ ,, y el arroyo
qu1!0, sobre el duro lecho, bajo una deJaba 01r su murmullo. Jt:anillo puso una vez más ei 0ído a los cantos y
manta de caballo.
Las golondrinas piaban en el cerezo a los rumores de la aldea. Cerca, súbre la manta de caballo, estaba el vio
que crecía delante de la ventana; un ra
yo de sol penetraba por el vidrio y de lín que construyó con algunas tablas.
rramaba sus olas de luz sobre la ca:)cDe pronto el rostro del niño se ilucita enflaquecida del enfermo, sonrió minó, y sus labios exangiíes murmuesa cara en la que no quedaba uua raron:
sola gota dP. sangre. Este rayo de sol
-&lt;Mamá!

-¿Qué quieres, pequeñuelo mio~preguntó la madre con voz ahogada
por las lágrimas.
-¿ :Mamá no es cierto que el buen
Dios me dará en el cielo 1111 Yiolín de
verdad?
-;:,1, sí, hijo mío
La madre no pudo decir más, porque su endurecido corazón estalló con
el dolor contenido tan largo tiempo.
Sólo pudo gritar: ¡Jesús! l Jesús!
dejando caer la frente sobre la mesa.
Y se puso a gemir como una loca o
como Lna persona que ha perdido lo
que más ·ama en el mundo. Sufría un
verdadero desgarramiento. Cuando
levantó la cabeza y miró al niño, los
ojos del pequeño artista estaban abiertos todavía; pero fijos: el rostro
grave; las facciones inmó\'iles y con
traídas.
El rayo de sol había desaparecido.
• ¡ Reposa en paz, Juanillo 1

-iranbo al (ido
Traducción de Víctor Hugo por Manuel M. Flores.

El último destello de la tarde
moría en el oca~o. Pálidas y bellas
unas tras otras salpicando iban
el manto de la noche las estrellas.
Dulcemente en mi pecho reclinada,
tan pálida y hermosa como ellas,
mi lánguida }Iaria,
en YOZ muy baja, cariñosa y triste,
sonriendo me decía:

Enrique SIENKIEWICZ.

''-¿ Qué buscan tus miradas en el cielo?
¿No estoy aquí? ¿no te amo?
Por mirar las estreJlas no me miras,
ni escuchas que te llamo.
¡Oh! vuelve a mí tus ojos;
deja a los cielos en su eterna calma;
no los mires ya más---- ¡ Mira mi alma!"
"En esa oscuridad en donde apenas
el tímido lucero se divisa,

¿qué encontrarás que valga nuestro beso?
¿qué encontrarás que valga mi sonrisa?
¿Qué miras en los astros?----¿Las miradas de amor son menos bellas?
Alza el velo de mi alma.
11
¡ Cuán llena está de estrellas 1

•

•

· Ya sé por que es

Era muy nma María,
todavía,
cu.ando me dijo una vez:
Oye, ¿por qué se sonríen
las flores tan dt:lcemente,
cuando las besa el ambiente
sobre su aromada tez?
-Ya lo sabrás más delante,
niña amante,
la contesté yo ___ ¡después I
y más tarde, una mañana,
la niña pura y hermosa
al entreabrirse una rosa,
me dijo: ¡Ya sé por qué es!
Y la graciosa criatura,
blanca y pura,
se ruborizó ____ y después,
ligera como las aves
que cruzan por la campiña,
corrió hacia el bosque la niña
diciendo: ¡ Ya sé por qué es I
Y yo la seguí jadeante,
palpitante
de ternura e interés,

Y---- oí un beso dulce y blando,
y una voz después del beso,
que fué a perderse en lo espeso,
diciendo: ¡ Ya sé por que es I
Era muy joven María,
todavía,
cuando me dijo una vez:
-Oye, ¿por qué la azucena
se abate y llora marchita
cuando el aura no la agita
ni besa su blanca tez?
-Ya lo sabrás más delante,
niña amante,
le contesté yo___ ¡ después 1
Y más tarde ¡ay! una noche,
la joven de angustia llena,
al ver triste a su azucena
me dijo: ¡Ya sé por qué es!
Y ahogando un suspiro ardiente,
la inocente,
me vió llorando ____ y después,
corrió al bosque y en el bosque
esperó mucho la bella,
y al fin ____ se oyó una querella

--

diciendo: ¡Ya sé por qué es!
Era muy !in.da María,
todav1a
cuando me dijo una vez:
-Oye, ¿por qué se sonríe
el niño en la sepultura
con una risa tan pura,
con tan dulce sencillez?
-Ya lo sabrás más delante
·- amante,
mna
Je contest~ yo _____ ¡después!
y ____ murió la pobre niña,
en vez de llorar, sonriendo,
y voló al azul, diciendo.
diciendo: ¡ Ya sé por qué es I
Ya Jo ves, mi hermosa Elmira:
q·.iien delira
sufre mucho, ¡ya lo ves!
Y así, ilusiones ni encanto,
ni acaricies ni mantengas,
para que, al llorar, no ten~as
que decir: ¡ Ya sé por qué es! '

.

MANUEL ACU~A.

=

''¡Cuántos soles! Escucha: cuando amamos
llevamos ~n el alma un firmamento.
El sol divino del amor, alumbra
con inefable luz el pensamiento.
Y cuando la dttlcísima tristeza
hija caJlada del _amor la cubre,
en medio de esa noche, la esperanza
y los recuerdos adorados, brillan
como esos astros que tu vista alcanza.
La abnegación, el sacrificio, el llanto,
más bellos son que Venus cuando asoma
de la montaña sobre el pico agreste.
Cree mi palabra--- el firmamento es nada;
' ce1es t e."
el cielo de mi alma es. mas

''Bello es mirar los astros que tachonan
de las sombras magníficas el manto;
bella es el alba y la Creación es bella:
mas nada tiene el inefable encanto
de amarse con pasión. El mejor fuego,
la llama más espléndida y sagrada.
es aquella que cambiall' en silencio
dos almas, en la luz de un'a mirada."

"Vale más un amor correspondido
en un rincón humilde de la tierra,
que todos esos ignorados soles
en que el Eterno su secreto encierra.
Dios, el padre del hombre,
que al hombre siempre lo mejor ha dado,
puso lejos de él el vasto cielO----la mujer, a su lado.
Ama y vive, nos dice donde quiera
su acento soberano;
ama y vive, mortal; es tu destino:
lo demás, es mi arcano."

"¡Amemos! He aquí todo. Dios lo quien
Deja esos rayos pálidos que doran
la región de la sombra ____ Más hermosos
los verás en los ojos que te adoran.
Amar es comprender toda la vida
y presentir lo eterno.
.
El verdadero amor siempre ha Juntado
alma más grande a corazón más tierno."

"Ven ¡oh mi amor! ¿No escuchas
una música vaga que suspira
a nuestro derredor? Natu raleza
se cambia en una lira
y nuestro amor celebra---- 1Oh, dueño mío,
vaguemos entre el musgo y el rocío!
Ya no me des enojos,
no más mires al cielo;
estoy celosa de éL---- ¡mira mis ojos!"

Con voz muy baja, cannosa y triste,
así hablaba mi pálida Miaría,
Brillaba el astro, suspiraba el' viento.
la flor stt copa de perfume abúa
y blanqueaba la luna el firmamento.

Tranquila soledad de mi retiro,
astros, noche de amor, tímidas flores.
¿adónde se perdió tanto suspiro?
¿Qué se hicieron, decidme, mis amores?

- ---- - ¡ Qué triste es el destino! Aquel instante.
eternamente al corazón querido,
pasó como los otros'--- ¡Y quién sabe
si para Ella perdióse en el olvido L----

�joesías be llíctor 1!,ugo
Trélducid, s por el Poeta Mexicano Manuel M. Florea

1

LO QUE DICE LA:CAMPANA
Para "Revista Mexicana"
La móvil campana
&lt;lel vetu~to templo,
~de esa casa roja
&lt;le muros espesos.
llena de reliquias.
de santos austeros
con rostros mt:y graves,
con rostros muy secos,
con ojos tan tristes
cual ojos de enfermos ___ _
la móYil campana
que imita lamentos,
cuando con sus sones
lanzados al viento
nos llama a humillarnos
ante el Padre bueno,
ante al Padre augusto,
Señor de los cielos,
nos dice mil cosas
que no comprendemos---!\ os dice: "mortales,
llegaos al templo;
vosotros sois nobles,
vosotros sois buenos;
aquí está la casa
de Dios. y en su seno
caben las miserias
y los sufrimientos.
Venid los sufridos,
llegad los hambrientos,
entrad los carentes
de todo, que el templo

de Dios, el recinto
do habita el misterio,
donde todo es calma
y recogimiento,
donde al cielo suben
en ondas los rezos,
es para los náufragos
el tranquilo puerto,
y es para los tristes
caricia y consuelo,
y es para los débiles,
para los enfermos,
la mano qi:e cura,
la que unge los cuerpos.
y explosión de luces
hace en los cerebros".
Cuando ante los ojos
todo se alza negro,
. y sentimos hambre,
y sentimos miedo
porque estamos solos,
porque nos perdemos
en la eterna noche
de los sufrimientos;
cuando, como hienas
en montes espesos,
anidan las penas
en ni:estros cerebros;
cuando estamos pobres,
cuando estamos huérfanos,
cuando ni una mano
cariñosa vemos
tenderse a nosotros,
cuando el universo

parece un gran manto
muy triste y muy negro:
la vieja campana
del vestt:sto templo
vibrando nos dice
con voz de consuelo:
"venid los sufridos.
llegad los enfermos,
llegad hasta el atrio,
penetrad al templo,
humillad la frente
dPblegad el cuerpo,
y pedid de hinojos
al Dios de los buenos
tu que os hace falta,
lo que os tiene huérfanos,
la salud del alma,
la sakd del cuerpo,
y el pan de vosotros
y el pan de los vuestros _____ ..
Oh, campana, cómo
suena en mi cerebro
destrozante y triste
tu repiqueteo;
cuál a mi alma llegan
tus sonoros ecos;
llámame, campana
del vetusto templo,
suena en mis oídos,
vibra en mi cerebro,
que Dios a mi alma
llega con tus ecos----Guillermo Aguirre y Fierro.

PARODIA
En "Revista Mexicana,''
Garc:a Karanjo, poeta
de potente inspiración,
y tribuno de altos vuelos,
Y--- refugiado hoy por hoy,
entra en consideraciones
de gran peso y de valor
sobre el reconocimiento
de don Venus el barbón;
y lo hace de tal manera,
con tal verdad se expresó,
que no hemos podido menos
que aplaudirlo, sí señor.
"Sí señor García-Natanjo, ' ·
tiene usted mucha r·azón,
- eso mismo que usted dice, '
eso mismo d:go yo."
Dice usted que el carrancismo
(cuidado con el reloj)
se siente dueño de México
por la sencilla razón
de que aquel que quita y pone
gobiernos a su saber
en la .tierra de Morelos.

de Juárez y Cuauhtemoc,
por medio de un documento
ya de premio se lo dió.
Dice usted que en esta tierra
del dólar y el salchichón
piensan que todo en su seno
es grande y dominador,
que cada politicastro
es un nuevo Cicerón,
Lucrecia cada mujer
Galeno cada doctor,
y cada gacetillero
lo menos un Rusignol.
Agrega usted en su artículo,
. mi::lm~ amigo y sef¡or, .
que a· pesar de que a Carr.anta
ya Wilson reconoció,
no con esto hará la paz
de México ese barbón,
porque entre la propia gente
que a la meta Jo llevó
hay elementos que harán
que languidezca ese sol,
ouesto oue tiene oor bases

el robo y la "incautación;"
y añade qi:e no es posible
tapar con un dedo el soL __ _
ni apuntalar con un "úkase"
torre que se desplomó.
Y siguiendo usted esa lógica
que celebro con ardor,
concluye usted por decir
que el "Gobierno" del barbón
no con reconocimientos
se hará fuerte y redentor,
sino con firme respeto
a nuestra Constitución,
con sujeción a las leyes
,· y.con.·,¡.lgo · más que no
ha pasado por las barbas·
del vejete "redentor."
"Si. mi amigo don Nemesio,
tieBe usted mucha razón;
eso mismo que usted dice,
eso mismo digo yo."

1

1 1

~ij ~~

~

,¡~ ~'1

.-

1 1
1 1

~~
ij ~

abrióse a las estrellas la misteriosa flor.

UQ ~stro

Yo estaba junto a ella, su mano entre mis manos,
perd· dos en la noche sus ojos soberanos,
en mi hombro reclinada la pensativa sien.
La hablaba en voz muy baja: porque era la hora santa
en que algo que va al cielo del alma se levanta,
y la mirada al cielo levántase también.

Una tierra infeliz, áspera y dura
donde tral)ajan tristes los Yivientcs,
empapadas las almas de amargura
y de sudor las al;atidas frentes;
ca'Tl¡:os de sol y estériles arenas
r te en cambio de trabajo y de quebrante
a una raza mald ta dan apenas
pan miserable que humedece el llanto;
los hijos del oprobio engrandeciendo:
orgullosas ciudades delincuentes,
ele donde las virtudes yan huyendo
y las manos torciéndose dolientes;
el orgt. llo infernal hallando abrigo
Jo mismo del magnate bajo el techo
que dentro del tugurio del mendigo:
el odio y el dolor en cada pecho:
sobre las cumbres las espesas nieblas;
la inocencia y justicia prostituidas;
)a muerte, espectro ciego, en las tinieblas
riendo feroz y arrebatando vidas;
aquí las soledades abrasantes,
allá. del polo, los eternos hielos,
oceanos que rebraman espumantes
escupiendo su cólera a los cielos;
y todas las pasiones engendrando
todos los males, todos los dolores;
las grutas a las fieras abrigando.
ocultando a los áspides las flores;
continentes cubiertos de humo y ruido
donde la guerra infame centellea;
luto, crimen Y llantos Y rugido
salvaje del furor de la pelea;
pueblos que se desgarr~n palpitantes
del odio de Satán, de rabia Y ~elo,
sangrientos, rencorosos, blasfemantes~---;
¿y todo esto es un astro allá en el cielo.

La noche suspiraba; besábanse las palmas;
el estrellado cielo estaba en nuestras almas,
flotaba en los espacios el alma del Amor-----

.................................

Y al asomar el blanco crepúscdo del día,
me dije recordando la imagen de :María:
he visto entre la sombra el ángel del Señor.

Despierta

m

Ya brilla la aurora y aún no abres tu puerta,
al beso del aura la flor está abierta
¿y aun dt:ermes y sueñas, angélica flor?
Yo te amo y te canto, señora, despierta ___ _
despierta, mi vida, que es hora de amor.
Despierta, señora,
y escucha al cantor,
que canta y que llora
su trova de amor.
Están a tu puerta llamando, alma mía,
dulcísimas voces de blando rumor;
la aurora te dice: Abrid, soy el día.
El pájaro canta: Yo soy armonía.
Y mi alma suspira: Yo soy el amor.

•
A yer, el blando soplo del aura de la noche
b he
de las agrestes flores que tarde abren su roe
lleYaba hasta nosotros el embriagante olor..
La noche iba cayendo, los ruidos se ª?orm1an,
de la sombra tranquilas envolv1an
1as a 1as
,.
t
can. or.
en su pa1ac1-0 de hoJ·as al paJaro
,
El aire estaba tibio; su rafaga ligera,
ola de perfumes traía de la praderat
en l de invisibles bocas besándose el rumor.
et.a
. d 1 palmas·
y leves susurraban las hoJas e as
,
.
1
la
sombra
Allí
de nuestras almas
11upc1a era
---

~·= =C@~

¡ Despierta'----- Es la hora
del ave y la flor,
del alma que llora
sedienta de amor.

¡Arcángel, te adoro! ¡Mujer, yo te amo!
:Mitades de un alma nacimos los dos;
por eso a tu vida mi vida reclamo,
por eso te canto, por eso te llamo,
por eso nos junta la mano de Dios.
Despierta, señora;
ya cesa el cantor,
ya pasa la aurora _____ _
mas queda el amor.

�CARTAS DE LEONOR
&gt;·· Mi querida. Luisa:
· D~cididamente, vivimos en una fpoca de hierro, los trajes y sombreros
. de las damas cada día llevan un estilo más varonil; la mayoría de los
moldes están inspirados en trajes de
h~sares y cosacos y no me sorprende. ría que un día de estos surgiera un
sombrero igual o parecido al casco
alemán; pero reflexionando un poco,
no es muy probable que esto suceda;
las modas las hacen los franceses y
para ellos no ha de ser muy agradable ver cascos teutones en París.
El sombrero postillón sigue triunfando todavía aunque en Nueva York
lo han modificado ligeramente y le han
puesto otro nombre; le llaman el "puri·
· tan hat" _probablemente con el objeto
de halagar el gusto puritano, de algún
personaje de este país, pero en realidad es el mismo sombrero "postillón,"
idéntico al que usaban los postillones
franceses, en aquellos lijeros tiempos
en que no había ferrocarriles y las
gentes caminaban en pesadas diligencias arrastradas por dos o tres tiro5
ele caballos; y naturalmente han surgído también los cuellos "postillón"
las mangas "postill5n" las capas postillón etc. etc., por eso te decía an
tes que la moda femenina se está volviendo completamente varonil; nada
~ líneas griegas, ni figura's de Tanagra ni siquiera el primoroso gorrito y la manteleta de 1847 que tan
bien irían con la falda de pliegues
que hoy se lleva; ni mucho menos el
deliciosamente femenino estilo Watteau que quiso iniciarse en el verane,
pasado; no, todas las modas se están
mascLlinizando y hay alguien que
afirma que el próximo giro de la tno·
da será imitar la indumentaria varonil
de 1792.
Los trajes de "soiré" vienen sumamente cortos, muy vaporosos, muy
amplios y ligeramente remangados a
los lados. La blusa ''pumper" vueh-e
·otra vez aunque algo distinta de como vino hace algunos años; la de hoy
tiene algunos puntos de contacto con
la; forma medioeval; las mangas en
la' forma "campana qt:e tanto gustaron desde que las lanzó a la moda
la famosa bailarina l\Irs. Vernon Castle; hoy se llevan algo modificadas
pues tienen a la orilla un fino festón
de piel.
Probablemente vendrá dentro de
poco tiempo la moda de las mangas de "pierna de carnero" aunque no
tan exageradas ni extravagantes como
vinieron hace veinte años; por de
pronto. Paquin ha hecho reaparecer
. . '!) canesú que baja sobre el hombro
•",/~~·-"--:: ~
.

.Y como al mismo tiempo inicia las man ·

gas de pierna de carnero, las damas
elegantes no saben que elegir pues los
dos estilos son enteramente opuestos;
yo te aconsejo, querida Luisa, que elijas el que mejor siente a tu figura sin
preocuparte de cual será el que tr_iunfe.
·
Entretanto, lo único que te puedo
decir es que la Moda, como todas las
Bellas Artes. debe ser a'nte todo honrada y verdadera. Es decir, debe procurar embellecer el cuerpo femenino
y no falsificarlo.
Las modas eternamente bellas son
las que están de acuerdo con la naturaleza humana: una túnica griega será digna de llevarse en todos los tiempos; en cambio las extravagancias . de

Uf) Circo quiere col)tratar a Villa.

las modistas no hacen sino pasar con
rapidez de relámpago. Por eso las mo
das varoniles de hoy sólo tendrán im·
perio transitorio. Cuando se acabe
la tragedia europea, y vuelvan los
hombres a encargarse de las labores
del campo, de la conducción de ca.
rruajes, y demás oficios que hoy des·
empeñan temporalmente las mujeres,
volverán éstas a encerrarse ~n su hogares, volverán a ser femeninas esto
es recobrarán el mayor de sus encan·
tos.
y la moda, volverá a ser lo que le
corresponde.
y ahora hasta luego, te abraza tu
amiga.

LEONOR.

r

~-

Esta mañana, el Sr. Cooper, representante de los Señores Tammen and
Bonfils, propietarios del circo Fl,O·
TO, que trabajará dentro &lt;le poco en
esta ciudad, manifestó que va a dirigirse a Francisco Villa, haciéndole
proposiciones para que ingrese a la
TROUPE de dicho circo y sea exhibido en las poblaciones norteamericanas del Este, en donde el mismo circo hará una gira próximamente.
Mr. Cooper habló con 1:.no de los
redactores de "El Paso Herald" y se
expresó en estos términ~s. qu~. t?mamos del importante y seno penod1co:
"Villa ha despertado gran interés
en el Este-dijo Mr. Copper.-Su
nombre se conoce domlequiera; sus
audacias, sus aventuras y sus luchas
contra Carranza son tema constant;:
de conversaciones; y creemos que sera
uno de los mejores "NUMEROS" de
nuestro programa. Así es que, poi
mi parte, haré todos los esfuerzos posibles por contratarlo para que, h~1za
una gira con nosotr.Js en la prox1ma
estación o, a lo menos, ,q~e nos. ~ro;
meta que si sale de Mex1co, viaJa.ra
con nuestro circo."
..
Mr. Copper manifestó tamb1en. que
se dirigía por la vía de Pa!oma~:. en
poder actualmente de Francisco \i illa,
para entrar en arreglos sobre el particular.
.
Esta noticia, rigurosamente C\erta,
mueve a risa; provoca la carcaJada,
destierra por algt nos minutos el mal
humor Pero a poco que se reflexiona no puede menos que pensarse &lt;."On
tri'steza, en que los Estados Unidos
ven a los principales actores de n~es
tra tragedia, de igual modo qu_e s1 ."e
tratara de entes de tal manera mfer10res y ridículos, que pueden s~r comarados con t.n perro que baila, ;ou
~n elefante que _hace piruetas o con
una fiera domesticada.
En tratándose de Villa, todo es poºbl que tenga mucho de fund~do,
fila sido perro que baila ante W_ashm~:
ton. elefari te que ha hec.ho p~rueta~'
' todos tiempos ha sido fiera se·.
~id~mesticada a ratos, pero en lo _general librada a sus instintos sang1:.m.1rios.
1
a e y
1NO está pues, en esto, o g': v
1e
•
q
e
a
esta
fiera
vituperable, smo en u U 'd "Na·
en los Estados m os 1
11
ªFe~~ºAmericano;" estrechó íntim~s
~~ladones de amistad con fl Jefe mL~
alto del Ejército: genera
go e~i:
Scott. se cruzó piropos ~ond et, par t·u· .
' ·¡
lo trato e u
'
de~te W1 son, sfut~iunfa sobre Carr,.1.1~Y finalmente,.
d' . . do con vilt- se le hubiera 1vm1za '
1
za, d'
baldón para el honor de os
h~~ad~i Unidos y de la gente honra-

f

da de !léxico. b', n está en que maLo grave tam ie
, 'd
sa
do Carranza este ca1 o, co
nana, cua~ , . vitablemente, otro cirqt:e ocurrir~ me FLOTO tratará &lt;le
co, o el mismo
exhiba su barl&gt;a,
contratarlo para que d él y Ja Silla
cuente las aventuraslle:ó a Veracr1:.z;
Presidencial 9ue se. nes de ser Caµt·
hable de las 1mpres10 adrilla de Ban, d una enorme cu
•
tan e
f'
mil primores de a1iadole~os Y r~e1%~radas de violación de
nam1.entos . ecuciones, de perfume~ _omonias, de e~
f' de toda la h1sbregonescos, ~n m,PRE-constituciotoria de esta epoca

nal

�fácilmente a Ía más leve presión que
hiciera sobre elJa, como si faltase al·
guna vértebra de la arm~zón ósea..
En estas graves c1rcunstanc1as,
Adam, haciendo algo análogo a lo
que había hecho a menudo en sus horas de aburrimiento para entretenerse,
comenzó a contar inmediatamente
con el índice de cada mano, el número de costillas que tenía en ambos lados del cuerpo.
-¡ No hay más-gesticuló entonces
Adam, dando un salto y ponién~os~
en pie-aquí me f~lta una cost.1lla.
Yo siempre he temdo una cantidad
igual de ellas tanto e1~ el costa?º derecho como en el izquierdo. y sm em·
bargo, ahora resulta que en el costado izquierdo tengo una de- menos:--Dcrante mi malhadado sueno h~ sido
víctima indudableme~te de al~un es·
píritu maléfico, pero Juro y reJuro
mo que me llamo Adam, que h?Y. ie
de concluir con todos los seres, v1v1entes que encuentre en el Para1so. .
No había terminado aún de decir
Adam estas sacrílegas palabra~, :uando el Señor, abandonando .r,rec1p1tada·
mente su escondite, se p~so muy cerca a él para impedir, s1 era. l'!ecesario, la realización de tan ~m1estros
proyectos.
,
d l
-Díme,Adam,~pregunto1e con . ~.:
zura-¿por qué pretendes exterm1n.;1
todos los seres vivientes del Para1a
in antes haber consultado Con50! s?
Tú ignoras tal vez cuanto
r;:~~~-¡;~;dido, y es !1ecesa1 io q_ue l~
Entre esos mismos serea que
s~~~:~des exterminar, y escúchame
está precisamente aquel l!Ue fa
d~enl~bar la felicidad que Yo te ie
prome,tl'do ,· acércate a Uí, Y te cun-

El aburrimiento de Adam
En el octavo día, Dios, con la
perspectiva de que su obra nada dejaba de desear, dirigió la vista al Paraíso. Miró un instante, y creyó que
todo era una ilusión. Volvió a mirar
más atentamente, pero, esta vez, su
Espíritu sufrió una grande decepción.
Elpetimetre de Adam. porque en
esos angustiosos mom~ntos Adam había descendido en el concepto de
Dios a la ínfima calidad de petimetre, daba señales de un aburrimiento
y malhumor extraordinarios.
Después de mucho vacilar, Dios se
acercó a Adam, preguntándole sobre
el pecho:
-¿ Estás aburrido, Adam?____ _
-¡ Oh, ya lo creo !-respondió éste
instantáneamente-Tú me habías dicho que el Paraíso era un sitio de
deleite, pero yo debo declararte que
no encuentro en él diversiones de
ninguna especie. El continuo murmullo que producen las aguas del Phison, y del Hevilath, y del Tigris, y
del Euphrates, al cabo de tanto oirlo,
se ha transformado en un martirio
verdaderamente insopotrable para mí.
Los acrobáticos ejercicios que con
muchí~imo placer hacía en un principio, encaramándome a los árboles
más elevados del Paraíso, y saltando
de un lado para otro, me tienen ahora extremadamente fastidiado. Ya
nada sé que hacer para distraerme, y
por eso me ves aquí tendido en el
suelo. con el rostro apoyado sobrt
mis brazos, vegetando conmigo el m~ ..
estúpido aburrimiento que Tú puedas
imaginarte.
Dios mordiéndose los labios I:asta
hacers~ sangre en ellos, guardo silet:cio, pe·o l.11e11 pronto su natura·
leza sensible le indujo a hablar. Compadecido sincerar.1~nb! de la mi.;c~al&gt;lc
existencia que Adam llevaba en el '.'_a·
raíso1 y no obstante la cru('I ,Jecepnon
que )e había propo, cio11?.do, dijt,le tariñosamente:
-No tienes por ·¡t:é afligirte. Adam,
pues yo te, haré feliz.
..
y pronunciadas est:i:;_ profou~as palabras el Señor se alei•&gt; del l. ara1so,
pero ~on la seria preoc•Jpación de 11,)
saber a ciencia cierta cualt&gt;s er?a. los
motivos que producían el aburr1m1ento de Adam.
-¿Será esto? ¿Será aquello?-decía Dios a cada instante- ·per~ n_unca
podía acertar con el de~cubrtm1entz
qi:e tanto lo interesaba.
Cuando Dios había va empezado a
impacientarse, dió felizment~. con nna
idea que le pareció muy ~t,~az para
hacer desaparecer el aburnm,cnto de
Adam y entonces fué cuando nació
en su' Espíritu Divino la famosísima
concepción de Eva.
Hizo caer en Adam un proíundo
sueño y cuando creyó que estaba perfectamente dormido, extrajo con un
arte envidiable aquella céltbre costilla con la cual formó a la que fué primera mujer sobre la tierra, y luego,
para que Adam al despertar no S4·
friese ninguna incomodidad en su
cuerpo, hinchó carne en el lug;,r que
la extracción de la costilla deJó desocupado.
Después que terminó estas difíciles
operaciones Dios se puso en acecho
para obser;ar pacientemente desde un

e¡°"

b'

-~

Vestido de Invierno.

sitio próximo la grata impre~ión 11ue
la presencia de Eva ioo a producir en
él ánimo de Adam.
-¡ Qué alegría efectivamente ¡.,ar..
Adam-pensaba Dios-cuando viese a
su nueva compañera, que era carne de
su carne y hueso de sus huesos, habitando junto a él en el Paraíso: ____ El
aburrimento y el malhumor que le
habían tenido exasperado, alejaríanse
tal vez para siempre de su espíritu,
y entonces ¡ohL ______ ya no di:daría
de que el Paraíso era verdad~ramente un sitio de deleite, como El desde
un principio le había asegurado.
Adam se despertó, pero desgraciadamente más malhumorado que nusca. Un escozor que le molestaba con
mucha insistencia en el costado izquierdo le hizo hablar pestes sClbre
las causas que originaban las picazo·

nes en el cuerpo humano, y después
de haber pretendido infructuosamente neutralizar el mal frotándose con
la yema de los dedos y a veces tam,
bién con las uñas, restregóse los ojos
que aún estaban perezosos y Vl'lvió
desesperadamente la vista hacia la
parte afectada por la comezón.
Un rojo cardenal que se extendía
paralelamente a la disposición de sus
costiJlas, y que vió perfectamente
aunqi:e había mirado de un modo
oblícuo, Je llamó poderosamente la
atención. Queriendo verificar con
más exactitud sus autoinvestigaciones IJevó las manos hacia él, palpó
luego con fuerza, y quedó entonces
profundamente horrorizado ante l:..
poca consistencia que su cuerpo pre
sentaba en ese lugar· la carne cedía

ve.A~t:~:· con la consiguient~. sorpres~
&lt;lujeron en su espurtu esa:,
que pro . speradas palabras, se
suave~ e, a1nDe'1os que le condujo al siaprox1mo
•
E
. ,
. d de descansaba va.
. . . Adam exammo a
tio on
En un principio
do D1'oc:
te pero cuan
·
1
ésta :ec~ os::~~d~ absolutamente te·
le, afirmot qmer proce d"
10 con más sol·
ma que e és de haber estado oltutra; d~:s:nuciosamente durante ~u
f a ean
Adam creyó que la precio·
largo rato, d'1 ealmente brindarle la
sa Eva po ª .r
t'd pue11 sen·
. 'dad por Dios prome I a,
f el1c1
Jacer de estar con
tía verdadero p l Seuor que t?.mbién
ella y entonces e
' 1 e'xito obgozoso por e
,
'b
esta a muy , referirle de que mo·
tenido, ,emEplezo :&lt;lucido el maravilloso
do ahb1a
pr
nacimientoD~e ~:\eveló lo referente
Cuando ios
·u todo se
a la extracción de la costl dª'r Adam
· ºbl mente a per e ·
'
echó irrem1~1 e chado hasta enton
que le babia escu ado no quiso saces con mucho
' 'l'-'ad
,
da.agr
la tranqm
1·, desaber Y~, ma~iet¡mente de su espírit~,
parecto cod. pd contenerse, exclamo,
no pi: 1en o
yterriblemente exaspef r~dto :Tu'?
UIS e
· -----J Ah! ¿;on q~!cer una pausa para
y despues de
. · moviendo
alientos, contm~10,
cobrar
'b aba30:
la cabeza de arn ªte ·amás hubiera
' 1
. 1
Yo• francamen
b'endo sucedido o que
pensado que _ha 1 1 coraJ·e de venir
. ' tuvieses e
suce d 10, • t en mis propias barba:;
a vanaglolnar e has hecho, porque al
de todo O que
· d
yo efec·
f y al cabo, supo111en o q~e
'
11
a ser feliz____ sere
m
tivamcnte egue
ta de mis costifcliz, pero------ a cos
llas.

Vicente

J. GRILLO.

�R[VISTA MDICANl
SEMANARIO ILUSTRADO

MENU.

se coloca en el plato en que se va a
servir; en seguida se van cubriendo
las rebanadas con la mayonesa que se
hace batiendo tres yemas de huevos
cocidos con aceite vinagre y un poquito de limón. Se adorna con hojas de
lechuga y rebanaditas de betabel y za
nahoria cocidos.

Sopa de papa.
Habas con crema.
Arroz a la valenciana.
Aceitunas.
Fritura de sardinal.

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...
.

FRITURA DE SARDINAS

Se cuecen papas, y después de coSe cuecen tres papas grandes y un cidas se hace puré al que se le po·
huevo; se muele una poquita de pi- ne una poca de harina y dos yemas
mienta, ajo y sal con la yema del de huevo, según la cantidad de papa
que sea, se l• agrega queso rayado,
huevo cocido y COR una papa grande.
peregil picado, sal y pimienta. Se to·
Se fríe esto en una poquita de man- • ma una poca de papa de manera de
teca, agregándole rebanadas de toma- hacer una tortilla, se le pone media
te y cebolla; luego que esté bien fri- sardina, se dobla como empanada, se
to, se le va poniendo leche y el resto pasa por pan rayado y se fríe en man·
de las papas cortadas en trocitos pe- teca.
queños
BIZCOCHOS DE NUEZ
LENGUA EL SALSA DE MAYO.NESA.

-0--

ADVERTENCIAS:

S~ cuecen en sufiiciente agua con sal
y un trocito de mantequilla. Se escurren y se muelen. Se fríe cebolla en
mantequilla y se echa el puré de chícharos que se moja con leche y se sazona con sal y pimienta. Ya para ser·
virse se adorna el puré con rebanadas
de cebolla y de pan fritas.

Se cuece la lengua desde el día anterior con ajo, pimienta, clavo, orégano, hierba·büena, laurel, mejorana,
tomillo y la cantidad de sal necesaria. Luego que esté bien cocida se
corta en rebanadas muy delgaditas y

A una libra de corazones de nuez
se le pone libra y media de azúcar. Se
muelen y se le agregan doce claras
de huevo y una libra de harina
con una y media cucharadita de Royal. Se baten bien y se pone en torteras untadas &lt;le mantequilla.

•

�El próximo 21 de Noviem\re publicaremos un nú-

1 1
1

mero dedicado a la REVOLUCION MEXICANA iniciada hace cinco años.
Grabados espléndidos, artículos alusivos e imparcialidad de criterio, harán de este número uno de los
más interesantes en la historia del periodismo me..
x1cano.

�</text>
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                <text>Publicada en San Antonio Texas por Nemesio García Naranjo. Contiene información ilustrada de la vida pública de México durante periodo revolucionario, así como de América Latina y el mundo. Además contiene notas de actualidad, literatura, historia, ciencia, economía.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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