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                  <text>RerJista Mexicana.
SEMANARIO ILUSTRADO.
NOVIEMBRE 7 DE 1915.

VOLUMEN lo. NUMERO 9.

�REVISTA MEXICANA.
Semanario Ilustrado.
- --.·-

Entered as second class matter, October 25, 1915 at the Post Office of San
Antonio, T exas, und er the Act. of l\Iarch 3, 1879

O',

Año l.

San Antonio, Texas, Noviembre 7 de 1915.

Número 9.

La Futura Organización de México.
Asistimos a uno de esos momentos grandiosos de la
historia humana en que se cambian las fronteras, se tuercen las tradiciones y se forja una nueva filosofía. Dos p·lleblos, igualmente grandes, Alemania e Inglaterra, se disputan la supremacía mundial, querien.do imprimir su sello propio en las civilizaciones del porvenir. Por una parte, el Imperio Germánico, con su maravillosa orgánizaciSn de hierro, con sus insti't'Llciones descansando sobre sus ejércitos
estupendos, con su fe ciega en la fuerza trasmutadora en
derecho; y por la otra, el Imperio Británico individualista
Y ciudadano, tolerante y liberal, reposando todas sus ambiciones e ideales, en los derechos que consigna la Carta de
Juan sin Tierra.
·

•

En frente ·de este conflicto colosal cabe preguntar :
¿C.1ál de las dos organizaciones en pugna es la superior?
¿Qué régimen es preferible par¡¡ la humanidad? ¿Cuál es
el más adaptable a nuestro México?
Porque si hemos de ser desapasionados y sinceros habremos de confesar que dentro de ambas organizaciones caben las virtudes supremas de la lr.:manidad: pensamiento ¡
herorsmo, fuerza, sentimiento, poesía ... . En E stados Unidos se mira con aversión profunda al militarismo alemán,
sin considerar que éste no estorba en el desarrollo cultural
de aquél gran pueblo. El militarismo ex:ste allá; pero no ·
ahoga los progresos de la Ciencia ni las conquistas de la
Inwstria ni las adivinaciones del Arte ni los consuelos de
la Religión ni los vastos horizontes de la Filosofía. Inglaterra, tiene todas estas virtudes culturales, menos desarrolladas que Alemania, pero aureoladas gloriosamente por
el nimbo de la Libertad.
En resumen, la diferencia entre Alemania e Inglaterra
es la misma que existió entre Esparta y Atenas; la que siempre existirá entre los pueblos ciudadanos y guerreros.
1

A nuestro modo de ver ninguna de estas dos organizaciones es mejor que la otra, y ambas represent,m tendencias insustituibles en el espíritu de la humanidad. Cada régimen debe adaptarse a la indiosincracia especial de los pueblos en particular, y no pretender la organ:zaciSn unitaria
del Universo.
Implantar el régimen prusiano en los F.stados Unidos,
como lo pretende el Presidente Witson es tan descabellado
como intr~'lucir la República federal en el Japón : cada Estado debe obedecer su nati:r~leza, · sus tradiciones y S'l h:stor:a, antes de decretarse una estructura pol'.tica 2rtificial.
¿Y ttiJestra Patria? ¿Cuál es el régimen que más cuaJra
con sus antecedentes, con sus ideales, con su historia? ¿La
organización democrática o el régimen de acero? Indudablemente que si recurrimos a las leyes que se han escrito
de un siglo .ª la fecha, México es un país democrático y liberal, en donde el pueblo goza de todos los derechos y aspira a las más excelsas libertades. ºDesde la Carta Fundamental de Apatzingan hasta la ConstitiJción de 1857, in-

cluyendo los Códigos conservadores, todas las leyes han supuesto la existencia de un pueblo, dispuesto a ejercitar los
mismos derechos que Inglaterra. Pero si estudiamos la historia auténtica y sincera,; tendremos que llegar a la conclusión de que México es un país de lucha':iores de acero, un
pueblo irreducible por la fatiga y el hambre, creyente en b
fuerza, Quijote de la gloria, que no ha perdido un solo detalle del alma inconmovible de nuestros antepasados. SegUI·
mos estando mucho más cerca de Esparta que de Atenas.
N L1estra grandeza como la de Alemania y el Japón, se habra de labrar a se mejanza de la epada de Sigfrido: con el
hierro y con el fuego.
México con un ejército de trescientos mil hombres, admirablemente disciplinado, constituiría una fuerza extraordinaria en el Continente. Y al amparo de esa fuerza colosal, crecería la industria, progresaría la ciencia y se fortalecería el Arte. Dejaríamos de ser tributarios mercantiles
de los pueblos fuertes, y podríamos explotar libremente la
posición privilegiada que ocupamos en el planeta. Sí, seamos
fuertes ; y lueg~ seremos libres y grandes.
Una historia interminable de intransigencias y de prejt:icios nos hace mirar con horror todos los Gobiernos que
no sean exclusivamente democráticos y populares; pero la
verc!adera esclavitud se encuentra en ia debilidad. Jap5n,
hace med:o siglo era un país despreciado por las grandes
naciones : pero en lugar de delJicarse a soñar con libertades políticas que poco liubieran influído en sus destinos ulteriores, procuró siempre fortalecerse y crecer hasta convert;rse en potencia de primer orden. Comprendió que s'u grandeza estaba en imitar a Esparta, y hoy es un pueblo cfileño
del extremo Oriente. Mañana inundará los mercados con los
productos de su inlustria, y asombrará al mundo con el esplendor de sus Universidades y Aca ,f p n • i~ ~ ,.1,. Arte
México se tiene que formar así. Lleva cinco años de
ccrrer locamente tras una organizaciSn tan liberal como la
de Inglaterra. cuando en realidad lo q'Lle necesita es un régimen tan fuerte como el de Alemania. Si Japón, en lugar
de fortalecerse hubiera corritlo en pos de ilusorias garantías individuales, todavía sería un pueblo de tercer orden
sin importancia en el concierto 1..nivc:rsal.
Nosotros somos admiradores de la organización inglesa como también lo somos del engranaje perfecto del Imp¡rio Germánico. Amb os rég'menes se completan en el mundo, y no puede 1.:no de ellos !derrotar completamente a su
contrc rio. Pero, puesto que los dos sistemas nos parecen admiratles, lo único que deseamos es que se aplique a nuestro
México el qt·e esté más de acuerdo con su espiritu heroico Y
füchador. Y cuando por medio de una orientación moral,
nuestros defectos se conviertan en virtudes, cuanio el servil:smo de hoy se transforme en discipEna, cuando las hordas desbocadas se transfiguren en Ejército, dejaremos de
depender de caprichos extraños, porque habremos consolidaHo una naciSn fuerte y respetada.

�El Señor Moheno g laB
Letra8 AmericanaB
Réplica del Dr. Cerna.
T.
IT e leído con todo de tenimiento la
"~ontesta ción" del señor Mohe no, pu .
hli cada en el No. 7 de R EVI STA
11EXJ C \NA.
. F. n m i hu1uilde concep to, no con .
oene esa con tes tación razones de oeso para demostrar, como el se ñor M 0 _
he no lo . prete nde, Qnc "el Puehl o norte-american o es viejo Y su litera tura
es pobre."
. E l tra baj o drl &lt;'m in en te orador mex_ic~.110, es muv elocu ente e n Ja expos1_r1 011: pero la tés is no está sos ten~rla por med io de razonamie11tos lóg icos.
F_n momentos de oportunida d, esPec1alm enle e n un período crí tico d
exa l!~c!ón r olít ica o de of11scació~
r a tn0t1ra. la el ocue ncia periodís tica
o parl arr~ent;iria_ pu ede. entre las igna r;is e tr re flex1v~s m ult itt•des. so bre
todo, produc ir efectos so rorrndente~
convi rtiend o lo negro en bla nco y ¡~
bl;inco en negro.
Pe'.·n en las perso nas de criterio
amplio Y sereno, &lt;'11 los indi vidu o.,
reposados, ~n . J_as a lmas desprovis tas
d_e todo pr~1t 1_1c10. una eloc uencia que
ca rece de lo~1ca. y ~ue es ir5nica, para mayor a_bun dam1e11 to. no prod uce
d ecto c011V111ce.nte a l~u no: por que una
hu eca pa labr~n a. a1•11qPe esté cn;ijarla d_e hellas fig uras de re tórica ( co111r,
J;:i Y1oleta de gotas de roc:o. o11 e onr
e l mo mento ma ntienen s11 l'ital idad).
1
,nca pod rá rnntrihui r a la co nstru rr 1011 OP un sólido cim ie nl () sobre que
de" 'l descan sar la ,·e rdad ~tn na.
"\·o no soy orador como e l señor
11ohe no. ni m ucI,o menos. si no un
hn.rn br e se~ c!llo. sin pretensiones. por
m:i ~ Que mt il t1strado con tr in cante 111&lt;'
r a lifiC1ue (ir5nicamente, se e nti~ nde)
de cnJto. sabio y demás : y. con O telo,
a g-regaré que mi len ({uaje es rudo
Que carezro del d0n de la p~lab-a. y
no ronozro el valor de la pulida frase.
Con todo. en mis poh res prod uccio nes si,.,m pre be procurado cont ri!-iuír
con mi esra•o contin o;e nte a l eqr Jari'ci mien to d(' la ,·.., rdad en ma ter ias li t erar ias y cien tífic;is, sin tenrr en
r 11enta otrn consideración a le-11n a :
po rGt1 e a mi juicio es siempr e in fnwtrorn todo intento que se ha,,.a de
re nd ir c11lto :ti error para satisface r
nPr ias. ridículas o basfardas prcteu·
cio nes.
Lo ha dicho el Yate ( \Vill iam Gul h ,
'P rv;, n nor ta nort&lt;&gt;-americano-no lo
oh·ide el ~eñor l\I obeno-):

n:

''Trut h. crushed to earth, shall rise
(agai n ;
'T'h e Pternal years of God are hers:
í\11t F rror. 11·01111rf ,,d. w rithes in na in,
A nd dies among his worshippers." ( l J
V ov, p t•es, a a treverme a replicar
a l señ or Moheno, y en esta vez Jo
har é en términos generales, porqne
no es posible que en un solo articulo
se pueda analizar en todas sus fases

una ma te ria tan vasta coP10 la c• ue
se yt?S ha .P:e.s entado. A demás, p~r a
emitir un JU1c10 más o me nos correcto ~o~re el pa rticul ar, más que la expos1c10_n. m omentá nea nacida de tm
1mpul s1v1s mo exage rado se necesita n
un es tudio se r io y madt; ra reflexió n.
X X X

A d~1it~ el se ñor i\I oheno que s i· s
a prec1ac10 11es s obre literatura america ~a, son obra ,de ignorancia y de
odio de raza. Eso ya me Jo suponía
a unque no me atrevía a c reerl o ni
quiero creerlo t odavía a pesar d~ la
confesión del señor l\Ioheno.
Por otra parte , en tie ndo que e l
seño l\I&lt;;&gt;heno no conoce el inglés, y
ya m e fi guro, con tal mo tivo, que n o
habrá pod id o id enti fica r se con los
au tores americanos que haya leído (ni
por medio de traducc iones, in correc tas
e n su mayor parte); qt;e n o habrá podido familia rizarse co n los giros peculi ares de sus pen sa mientos, con las
ve rd a deras tend en cias de s u espíri tu.
P or tanto, n o es probable que h aya
podid o comprenderlos o que los comprenda.
E s mu y fácil a rremete r contra cual quier auto r, por bu en o que sea, y
destroza rlo, con pa r ticula rismo cuando se tra ta de refutar tan só lo el estil~ la fo rma o los modis mos del lenguaje. RecHerd e el se ií or l\foheno al
Arista rco· hispano m odern o, An to nio
de Valbuena, co n sus fam osos Ripios .
P ero el verda dero . art,: en rri 1ir:t
litera ria o filosó fi ca. es bi e n d ifícil ,
como es h arto difí cil apreciar el fo ndo. la esencia o el esp íri t u de un pensam ien to pr ofun do . pe nsa miento que,
por el momen to, no se comprende en
to da su m agnitud.
Así, pues, un in div iduo que no conoce. no diré a la perfección, n i superficialmente siquiera, el idioma en
que está escr ita una obra. no puede
emitir sob re ésta un j uicio más o
menos· acertado, ni mucho menos.
Se me antoj a que e n ese caso se en cuen tra el señor l\l ohen o. Por t al
razón no d~ben to marse e n ser ia cons ideració n los asertos de q1· ien con
tant o apl omo afir ma que la americana es un a literatura pobre.
No debe n t omarse e n ser;a wn sideración los ase rtos de quie n se
8treve. sin fun dame nto alguno. a ·de
cir que es una herejía "catalolsar entre las obras de arte las de F e nimo
re Cooper y e l libraco de 1Irs. Ilarriet Reec her S towe "La Cabañ a del
tío Tom;" y a t e ne r a \Vash ington
I rvi ng como u n escrito r de segLndo
-orden.
Críticos li ter ;irios de r enombre han
co nsiderado y conside r an a .1ames
Fenimo re Coo per como e l Sir \Va lter
Scot t de América. Sin duda, que
quien t an admirablem e nte h a descrito
las selvas d e Norte-América, y delineado las m ás nota bles car acterísticas
de las tribus ab orígen es, bien puede
parangonearse con el celebérrimo au-

tor de las Waverly Novels.
Es bie n sabido que duran te un período borrascoso en la vida polí tica
y socia l de los E stados Unid os, precur sor de la gran lucha fratric ida inevita ble, ninguna obra literaria de esa
época ejer ció mayor influ encia en la
r.nificació n de la opinión pública para'
contrarestar el in ícuo s is tema esclaYista, que la Uncle Tom's Cabin, de
H.a rriet Beecher Stowe .
¿ Cuá les fuero n los in mediatos y
perm a nentes resultados de a quella
terrible· contiend a? Pues nada m enos
que, en lo polí t ico, la preservación
de la U nión A merican a, y, e n lo civil,
e n lo es tric ta ment e justo y humani tario, la Abol ición ele la Esclavitud de
los negros.
Cier~a mé nte, un a obra literar ia que
ha co nt ribuido de manera poderosa,
y como 'ningu na otra entre las de su
clase al . triunfo de principios ta n
t ra sc~nd e ntales, debe tener sus méritos, y no es acreedora al ~ítulo de
libraco con que tan despecttva1n ente
la califica el se ñor 1J oheno.
E l estilo par ticular de Washington
Trvin(7 la fo r má artís tica que ha dado
a su; obras, y su creación de la · 110 ·
vela breve (Rip Van Winkl~, ~or
ejem plo), todo, todo ello ha eJerc1do
infl ue ncia notabl e en el desarrollo de
la litera tura de su pa t ria.
. .
Y debido precisamen te a la ongmalidad, a la gracia, al encant_o. al a1:te,
que se observa n en su estilo. 1rv111g
ha sido com pa r ado ;favorabl emente,
por peritos en. la i:n a te.r ia. con el re·
nom brado p,msta 111gles, J oseph . Addison .
E l poeta Cam pbell. adm irador en
tusiasta de J rving asien ta que el 110velis t,1, historiador y biógr afo amen ·
cano J,a dado, sin duda algun a, claridad a la leng ua inglesa; .
. . .
H a7lit t. a fam ado cri tico bnta 111co,
v un o· de lo, más eminen tes come n·tadores de Shakespeare. ha 11.a ma&lt;l_o
a Tr ving. por stt estilo y otras c n_alidades que le adornan .c-?mo es~ntor
versatil Y erud ito, \l na filigrana !' ~eraria. h aciendo observar a_u e las f1l ui;ra1ns artísticas de los gn egos eran de
nn ;i. bell en ex quisit.a.
•
Sin em bargo. segu n e l senor Moheno. Ja mPS fe nimore Cooner .. l\f rs .
11a rr iet Beecher Stowe Y Washmgtoa·
Trvino- pueden tenerse en el m t~ ndo
rl &lt;&gt; la~ k t r~s ta n sólo com_o ~sttmaMes, no v~ liendo la pena s1qmer a el~
lihrar Óatalla cont ra ellos co mo es
crito res.
l
. Alega el señor l\loh eno qu e
".s
. trein ta ¡;neas en a ue e_n ume_ro (erud!tamente) los genios lttcrar10~ amen canos e incluyo los no~1br~s de obras
maestras (siempr e la 1ro111a) .. no alcanzarían para contener siquiera ~os
títulos. la más breve de tocias las smtesis de la obra literaria o cien tí fi ca
de H~go. de Spencer ( ¿ cuál de ell os,
Spencer el filósofo, o Sp encer el poe-

ta?) o de Zolá.
En primer Jugar, yo he di cho en mi
?,rimer artículo, y lo repito ahora, que
~?dos lo~ que hemos traído a colac10~, escritores entendidos, escritores
actn os, escritores voluminosos, y
otros muchos que sería prolijo enumerar, han enri qu !o:id-&gt; las k,ras
norte-americanas, con el tesoro de
sus obras originales."
En segundo lugar, en est os casos
no debemos fijarnos en la cantidad de
las obras sino en su calidad.
N ada tengo que obj etar, por cierto, a los trabajos de Víctor Hugo de
Spen cer o de Spenser, porque t~dos
ellos s on de un mérito indiscutible.
P_ero. ¿ puede el señor M o heno po~
eJemplo, señalarnos la influencia sal~dable que en e l mundo hayan ejerc_1do las novelas inmoralmente sugesllvas de Paul de Kock ( que también
ha escrito much o) o las obras realistas de Emilio Zolá ?
Afirmar que la labor artística de
Longfellow, Ed gar A llan Poe y Walt
\Vhitman, no supera ni con mu cho a
la de José Asun ción Silva, de Col ombia, Ruben Darío, de Nicaragua y
Gutiérrez N áj era y Dí az l\1iirón 'e$
no diré una herejía de lesa literatura:
pero sí un er ror craso de parte del
señor l\Ioh eno, como se podrá de mos. tra ex amina ndo dete nida e impar cia lmente sus obrn s. lo cual dejaremos
¡:ara otra ocasión.
Con respecto a los m éritos de la
literatura americana, estoy seguro
que no opinaba como el señor Moheno, D. I g nacio M ariscal quien supo
enriquecer las letras mexicanas con
una excele nte ve rsión del poem a clásico Thanatopsis, de W illiam Cul!en
Bryant. Tampoco creo que opine como el s eñor J\I-oher1 0, D. J oaquín D.
Casasús quien in gua lmente nos ha
dado a con ocer en nuestro . rico idioma .las bellezas litera rias del ex quis :to idilio Evangeline, de H enry Wadsworth Longfe llow.
K uestros ilustres compatriotas, l\laris cal y Casas ús, por su reputación
mt:ndial como literatos y sus profundos conocimientos de la lrn gua inglesa, pueden cons id erarse indiscuti·
clemente com o autoridades en la materia, muy superiores a la del señor
Moheno, s in que por eso deje de seguir siendo mi estima ble contrincante rn orador parlamentario de prime·
ra it: erza.
X X X

Por razones que no es del ca so especifi ca( me veo ahora obligado a
referirme a ese odio de raza que el
señor l\1'ohe no, con Zolá, cons id era
santo, y que evid entemen te le impele
a calificar de pobre la literatura americana.
¡ Santo, el odio de raza! Bien dijo
el poeta :
"Alas! for the rarity
Of Christian charity
Under the sun!" (2).
La opinión del s eñ or l\Ioheno, basada en odio de raza, no es lógic~.
no es razonable, y, por tanto. no m erecía ser tomada en consid eración :
pero hay que decir algo sobre est~
punto, siquiera para demostrar lo fa lso del terreno en que, desde es te punto de vista, s e ha colocado el eminent e tribun o y político m exican o.
Tenemos un ej emplo notable· de
el odio, en materias literarias
en otras, obscurece la razón;

de cómo el odio tiende a deprimir las
r eputaciones más bh:n sentadas.
Despu és de la muerte &gt;de Edgar
A llan Poe, el crítico y editor Rufus
Wilmot Griswold, su primer biógrafo, publicó en The Tri.bune, de Nueva York, un artículo cienigrante acerca del gran poeta y prosista fantástico.
Como paréntesis, cabe hacer notar
aquí que el señor Moheno. padece un
lamentable error al asentar que Pve
"espiritualmente no es americano sino
francés como producto de aquella
evolución literaria que comienza en
1830 y se cierra con la generación de
Baudelaire y Lecomte de L' lsle."
Todo lo contrario. Edgar Allan
P oe, co n su estilo peculiar ; con su
p ropia definición: la poesía es la
creaci'5n rítmica de la belleza, definición que él mantuvo s iempre como
principio literario; con su obra artístico-fantás tica que bien puede compararse con la de Frédéric Francois
Chopin en el arte mu sical ; (3) Edgar
A llan P o~. r epito, fué quien ejercitó
nota ble influencia en la poesía francesa ue sus tiempos y h:-sta en las producciones ertraordina rias de Julio Ver
ne cLya s profesías ha es tado realizan·
do la ciencia moderna.
P ero volvamos al asunto de GrisGriswold.
Wiilis y Graham salieron a la defensa del inmortal autor dé The R.tven. A pesar de es to, Gris wold in
sistió en que apareciera su crítica (?)
como pre facio en el tercer tomo de su
edición de la s o bras de Poe. (4) .
J\1luchos años más tarde se &lt;lió a
·lu z una carta que privadamente había
dirigido Gris wold a la señora Whit
man, a raíz de libelo de que se ha
hecho mérito y en cuya carta el de- ·
turpador se xcusa diciendo: "Yo
era amigo de Poe, ni Poe, era amigo
mio.''
Griswold, convirtiénd ose en un
mon struo, por decirlo asi, entre 10~
biógrafos, se encargaba tan solo de
atacar rudamente la personalidad dt
Poe con lo cua l contribuía a rebajar.
el ve rdad ero mérito de s us c hras.
El libelis ta, por medio de su condt.:.cta r eprobable, conseguía, --orne.,
muy bien ha dicho alguien, que la :.111·
sa de la Biografí a ,·iolara una de las
leyes más importantes de su domi-·
nio: aquella que insiste t:n 4ue lo m e·
j or de la vida de un hombre y de
s us o bras se debe da r a conocer detalladamente, y antes qut: nin guna
otra cosa.
En sus apreciaciones res pecto de la
literatura am ericana, pues, y a JUz
gar por lo que ins inúa referent e al
odio de raza (a pesar de la salved ad
qu e hace a l fin al de su filípica) , el
s eñor J\.Ioh eno me ha hecho recordar
la injusta labor de Griswold.
Puede decirse que, políticamente
hablando, los mexicanos odiamos a
los norte-a mericanos o por lo menos,
no somos sus amigos.
En consecuencia, según el sefio1
Moheno y aque llos de nuestros com
patriotas qi.:e se in clinen a us ar de
la ex travia da arg umentación que él
ha in spirado, noso tros los mexicanos,
por odio de raza, o sencillamente por
en emistad política, debemos negar qu_e
Be njamín Franklin haya sido el primero entre los hombres de ciencta
en arrebatar a la rojiza nube el fuego aterrador de la centella; debemos
negar que Crawford Williamson Long

•º

0

fuera el primero en dar a conocer las
virtudes anestésicas del éter sulfúncu,
gandioso descubrimiento que tanto ha
contribuido a ensanchar, a robuste
cer la fisiologí'a y la cirujía moderna; debemos negar que Noah Webste1
haya producido uno de los mejores
diccionarios del idioma inglés, tenido
como la suprema autoridad sobre la
materia; debemos negar que Thoma~
Alva Edison sea, si no el primero, uno
de los físicos más notables de hn
tiempos actuales; debemos negar que
George W. Goethals. después del estupendo fracaso de M. de Lesseps, haay podido unir los dos grandes océa
nos al través del Canal de Panamá.
Y por odio de raza, o sencillamen·
te por enemistad política, debemo~
los mexicanos sostener que los norte
americanos no tienen literatr.ra, ni ar
te, ni cien cia, ni filosofía, ni cosa que
Jo valga; que los norte-americanos, en
fin, son unos analfabetos, unos pretensiosos. unos fabricantes de mante,
ca ( !) , sin nobles aspiraciones, y cuyo
Dios es el dinero: ¡ nada más!
Mlas ya se comprenderá que una
opinión como la del señor l\loheno
basada en ignorancia y en odio de raza, o sencillamente en enemistad polí
tica, no puede destruír, ni destruye
los méritos de la literatura americana ; como tampoco los rebaJa la con,
vicción documentada de qt:e nos ha-bla: el señor Moheno, sin exhibir !ah
pruebas.
Sea de todo ello lo que fuere, creo
yo que echar mano de nuestras convicciones políticas o tratár de explotar el sentimiento patriótico en los
momentos críticos por que atraYesamos los mex icanos tan sólo para deprimir o empequeñecer el producto
meramente intelectual de nuestros anversarios, es, más que ilógica e irracional, una labor impotente; estéril,
pueril, p or lo menos, porque tal labor
no nos lleva al esclarecimiento de la
verdad en ningún sentido.
En el estudio serio y concienzuao
de la literatura, como en el del arte,
la ciencia, la filosofía, y como en el
df' aquel que nos pone en condiciones de practicar el bien por el bien
mismo, no debe haber, ni permitirse
que haya, diferencias políticas ni divi
siones geográficas.
Asentado lo anterior para dar término a la considerac ión de los dos
puntos en que se ha basado el seño1
Moheno para externar su opinión relativa a la literatura norte-amertc.,
na, se puede ya entrar en materia
más provechosa. más en consonanc1;.
con la verdadera naturaleza de la
polémica qt.:e se ha iniciado.
X X X

Puédese asentar que ninguna otra
literatura es de mayor interés para
el observador sereno, para el investigador filosófico, desprovisto de todo prejuicio, que la de los Estados
Unidos. Y por varias razones .
La poesía americana, por ejemp10,
más que la inglesa, ha ideado, ha ins
pirado el sentimiento nacional y lo~
movimientos históricos del país que la
ha producido.
Hoy el pueblo norte-americano, en
el segundo siglo de su crecimien to ,
hoy este pueblo que comenzó su e-.is
tencia guiada, no por el selvático Dar·
barismo de los aborígenes, ~1110 por
una civilización que traía consi¡;o !O~
gérmenes de nuevos principios políti·
cos y sociológicos, gana en fuerza, en

�1

¡

población y en las artes liberales.
¿ Puede señalarse en otras partes del
m~ndo, una época literaria sui generir:.
n:as notable, que el período constituc10na_l en la historia política norteamencana; otra, en que las letras hayan estado en más íntima relación
con la vida y los ideales de un pueblo
celoso de su propio desenvolvim icntc,
y de su grandeza nacional?
En una comunidad ciertos rnúlv1duos expresan sus sentimientos sus
ambiciones o sus ideales. en div~rsas
líneas de acción, como los estadista¡,
los hombres de negocios, los milita~
res, los inventores; otros hay, los
más privilegiados quizás desde el punto de vista intelectual. que se dan a
conocer, y reflejan el espíritu de su
época o en ella ejercen influncia decisiva, por medio del lenguaje escrito,
y tales son los poetas, los novelistaD
los historiadores, los filósofos y 1v~
hombres de ciencia.
Ambas clases de individuos, sin
embargo, los hombres de acción y
los intelectuales, representan, en gr«·
do superior. la vida misma de la colectiYidad a que pertentten.
Y toda vez que la verdadera e&gt;.is·
tencia de una comunidad ~e nos revela al través de sus conqu;stas 111ateriales, políticas, morales c intdectuales, ya podemos cornprenJ,:r -.¡ue su
historia y su literatura forman una cadena de unión inde.muctible, y que

••
•• •

para apreciar la segunda necesitamo~
conocer íntimamente la prir.1era.
Podemos estudiar el desarrollo ma·
terial y político de los norte-americanos en los esfuerzos heroicos de sus
primitivos pobladores venidos de
a!Iende el Atlántico ;en sus peregrina
c10nes de océano a océano hacia las
tierras vírgenes de occidente; en las
obras patrióticas de Washington, de
Franklm, de J eferson, de Lincoln y
de otros ilustres hombres públicos.
Y llegaremos a conocer y aprecia,
igualmente el de sarrollo intelectual de
los norte-americanos, tan íntimamente ligado con su progreso material '1
político, examinando detenida e imparcialmente las obras evangélicas de
los Puritanos o de los Cuáqueros; la
oratoria de Patrick Henry, de Daniel
\Vebster o de John Caldwell Calhou11,
o los trabajos literarios. filosóficor:.
y científicos de :tvlather, Edwaros,
Hawthorne,
Lowell,
Longfdluw,
Bryant, Emerson, T horeau, l· .·anklin,
Leidy Dana, Cope y muchos ol.rns.
Así, pues, para comprender y apre·
ciar en todo su valer la labor lite·
raria norte-americana, necesitamos co·
nocer a fondo así el idioma como el
desenvolvimiento material y político
de los Estados Un idos.

(1).-"La Verdad, aplastada sobre
la t ierra, se levantará otra vez; los
eternos años de D ios a ella pertenecen; pero el Error, herido, se retüerce en su dolor, y muere entre sus
adoradores."

cimien to porque sin la buena acog!da que dió a nuestros t rabajos y sin
el bondadoso disimulo que ha tenido
para los defectos in herentes a toda
iniciación, no habríamos podido sa lir
avantes en nuestra empresa.

(2) .-"Ah! ¡ cuán rara la ,caridad
cristiana bajo el sol!"-Thomas Hood
en su Bridge of Sighs.

"Revista Mexicana" tiene ahora casa propia, y eso ya es una gran ventaja. El esfuerzo que hemos tenido
que desarrollar ha sido enorme y las
difiwltades que aún tenemos por delante son arrolladoras. Pero t enemos
fé en el éxito, porque todos los mexicanos han acudido gustosos a nuestro llamado. Algunos, entusiastas nos

(3).- Refiriéndose a las producciones del compositor polaco, Jorge
Salid ha dicho:
"Son génie était plein des mystérieuses harmonies de la nature traquites par des equibalents st.blimes
dans sa pensée musicale, et non par
une repetition servile des son extérieurs."
Igual caso puede decirse con res-pecto a la obra literaria de Poe. En
el cerebro extraordinario de este poeta, había. al parecer, una pre-existente armonía entre las palabras musicales y· los pensamientos melancólicos.

Desde Jauja.
A 30 de Octubre tic 1915.

DAVID CERNA.

Mi estimado cofrade :

San Antonio, Tex. Oc.t. JO de 1915.

----------o----------

•••
••• •

Consolidación de ''REVISTA MEXICANA.''

"
1

"Revista Mexicana" tiene el gusto
de participar· a sus lectores, que después de una lucha tremenda contra las
difíciles circunstancias del momento ha
logrado asegurar su vida. Los talleres que ha establecido en la esquina
de las calles de Houston y de Leona
son un indicio claro de su potente vitalidad.
Al principio, cuando pensamos en
la fundación de "Revista Mexicana"
no podíamos tener la seguridad del
triunfo. Desconocíamos en lo absoluto el medio, ignorábamos los gustos y las necesidades ele aquellos
compatriotas nuestros que desde hace
Yarios lustros viven radicados en este país; y por tal motivo fué por lo
que decidimos hacer una prueba de
nuestra pt.blicación, antes de acometer la empresa con toda la amplitud
que era menester.
En tal virtud preparamos la edición
del "Número prospecto," que fué elegantemente im,p reso en los Talleres
de "El Imparcial de T exas" y del
cual se hizo una tirada de dos mil
eienwlares. El éxito fué sorprendente. Solamente la ciudad de San Antonio. consumió quini entos ej emplares en dos días, lo cual marcó un ver·
dadero "record" en los anales del periodismo mexicano en el ertranjero,
desde el momento en que ni los mismos 'd iarios habían logrado vender
arriba de doscientos ejemplares. En
El Paso y Los Angeles se agotó 1a

existencia de "Revista Mexicana" casi en el momento de ser puesta a la
venta. Y lo mismQ sucedió en todas
partes. El resultado fué que una se-

Sr. F. A. Chapa.
mana después no existía en el mercado un sólo ejemplar del Número
·prospecto de " Revista Mexicana".
·. Ante urta acogida tan entusiasta

de parte del público, decidimos empezar .a publicar nuestro periódico
con toda r egu laridad. "El Imparcial
de Texas" nos sigu ió brindando genesa hospitalidad, y el 12 de Septiembre lanzamos al público el primer
número de " Revista Mexicana", cuya
tirada de tres mil ejemplares se volvió a agotar en el término de tres
días.
·
Desde entonce:, a acá "Revista
Mexicana" ha ido en constante y rápido aumento, hasta requerir un taller
prop~o que se dedicase a ella en lo
absoluto.
"El Imparcial de Texas" ha hecho
por "Revista Mexicana" todo lo que
era . materialmente· posible. Por eso,
al rnstalarnos en nuestro casa propia nos es muy g rato reconocer· públicamente los servicios prestados de
una mnnera tan desinteresada. Hacemos pues, patente nuestra gratitud
a todo el personal de "El Imparcial
de Texas" y muy especialmente a su
director y ~~ooietario, Coronel Francisco A. Chapa, y al Admini.strado1
ingeniero Félix Chapa.
A. la buena voluntad del primero
se debió que "Revista Mexicana" tuviese un lugar en donde vivir los
primeros días
de su existencia.
que siempre son los más difíciless.-El Ingeniero Chapa, por su par
te nos concedió toda calse de facilidades en el taller
Al pueblo mexicano también manifestamos nuestro más sincero agrade-

para que haga comparaciones con
cualquiera otro periódico mexicano o
extranjero, seguros de que no habrá
de pronunciar en nuestros contra 1111
veedicto condenatoio.
Y ahora. a seguir trabajando con
tenacidad. J\'uestra causa es santa
y nada nos hará desmayar. La obra
es la rga y trabajosa; pero tenemos
la segt:ridad de que tanto los mex icanos que accidentalmente se encuen_tran desterrados como aquellos que
viven en el extranjero desde hace medio siglo, nos ayudarán a levantar la
bandera desgarrada de la Patria

Periodismo Revolucionario

( 4) .-Griswold y su cr ítica han que,
dado relegados al más profundo olvido. Poe, en su obra literaria, vive
todavía, y vivirá.

Nuestra Nueva Casa.

remiten expontáneas cartas de felicitación, manifestándose orgullosos de
que el periódico más bien presentado
en todo el Sur de los Estados Unidos, sea un semanario mexicano. Nosotros recibimos estas frases como un
aliento, y continuamos en nuestra pugna por el prestigio de !\léxico.
No decimos nada en pro de la bondad de nuestros talleres porque esperamos que el periódico mismo se recomiende. Invitamos a todo el mundo para que .hojée la Revista, y se
dé cuenta de la elegancia y fineza de
su impresión. Lo invitamos también

Por mis cartas sabes ya cómo hablan y cómo visten los sostenedores
del libertario P lan de Guadalupe.
Ahora trataré de darte una idea de lo
que es la prensa, que los defiende y
g lorifica.
No voy a detenerme en alabar primores del idioma, porque la tarea sería abrumadora para mí, y no habrían
de bastar todas las páginas de uno
de tus ejemplares a contener la e11or,
me serie de bellezas literarias con
que nos regalan a diario estas hojas.
salidas de manos que no se macularon
nunca cogiendo texto alguno de los
que la ominosa esparcía en las escuelas. Casi todas estas lumbreras son
de generación espontánea. De la noche a la mañana arrnáronse escritores públicos, (porque aquí cualquiera
se a rma), estimando democráticamente que la mancera equivale .al
mango, y que la máquina de tallar
ixtle tiene puntos de contacto con una
Oliver o una Remigton destinadas a
la exteriorización de l pensamiento.
A cosa de más jugo encamino mis
ideas, y no esquivaré puntos de comparación entre lo que fué la prensa
durante los fatigosos años de la dictadura, y lo que va siendo este periodismo renovador, todavía con la leche
én los labios; pero ya bien rollizo,
man.oteador y parlanchín.
Allá, cuando se proclamaba esta
fórmula "El necesarismo del Cesaris
mo." solían darse a luz periódicos de
· oposición, que ya en caricaturas, ya en
escritos, dejaban ver claramente opiniones adversas al régimen imperante. No sé si recordarás que el mismo
genuino apóstol y mártir fundó y scst uvo allá en la frontera un periódico
llamado "El Demócrata", con destino
exclusivo a la censura de los actos oficiales de entonces.
No necesito citar más ejemplos. Y
ya que hablo de "El Demócrata," te
diré desde luego, para que no vaya a
olvidárseme, que Jauja está actualmente inundada de diarios de ese nombre, todos ellos manejados por el ilustre Rip-Rip, aquél de "la plum;. incancansadora." Esta siem-

giies cosechas; aunque nada tiene de
raro, porque demuestra que ahora está prohibido estrictamente el monopolio, del que tánto se abus'ó en la era
porfiriana.
Decía que en aquellos tiempos se
. establecían periódicos oposicionistas,
prueba evidente de dos cosas: de que
la libertad de pensamiento estaba entre grilletes, y de que la administración pública era detestable.
Hoy pasa todo lo contrario: hay
tal uniformidad de pareceres en la
prensa que no logras tropezar con una
sola línea en letras de imprenta, delatora del menor desacuerdo respecto
de los actos oficiales del grupo restaürador. Y no es que se haya amordazado el pensamiento: es que no
existe aquí ciudadano capaz de no
sentirse dichosísimo de tener al frente de los destinos de la patria a hombres cu ltos y honorables, como los
que tomaron a su cargo la misión de
limpiarnos de viejas impurezas, para
dejarnos ____ limpios de todo a todo.
Uno que otro. a la sordina y en corrillos familiares o de intimidad estrecha1 suelen externar opiniones que no
con cuerdan con las tendencias libertarias; pero estos son los menos y entran en el número de los eternos
descorrtentos con todo Jo que veng ...
de arriba. La opinión pública, grave y augusta matrona que, como sabes. es muy difícil de ser complacida porque tiene a ratos antojillos extr~vagantes, responde hoy día por haca de la prensa con muestras de asen tim iento y hasta con vítores y ap:au·
sos a la obra de los reconstructores
del país.
Esto de la reconstrucción es tema
que los periódicos de aquí han explo
tado con habilidad máxima. Todos
convienen en la necesidad de que se
reconstruya el país, lo cual envuelve
la idea previa de la deslrucción.
Quiénes son los que han destruido,
no se dice,. naturalmente, porque hay
que saber guardar el secreto profesional. Lo que sí palpamos todos es que
se impone la urgencia de reconstruir.
Para los efectos de esa reconstrucción contamos en todo el país con amplísimas zonas que están esperando
los materiales nuevos; porque por ma

se~reto profesional), la tea, la din:i.m1ta y otros ingredientes así de inofensivos, convirtieron en escomb1 e&gt;~
y cenizas: fábricas, estaciones de icrrocarril. edificios públicos residencias particulares, templos, 'etc. etc ..
todo aquello que a la sombra de 14
odiosa, se levantó con iniquidad rianifiesta, para engañar al pueblo haciéndole creer pérfidamer.k c¡uc el
progreso se !:abía d~sbordado 50J,re
nosotror.
Tema obli~a.Jo es h tiran:a
ayer. Los periódicos lo adoptan de
contínuo, y como es fecundo en apreciaciones, favorables todas ellas al régimen actual. en parangón con los
desórdenes y las inmoralidades del cesarismo, el más topo acaba por co"'
vencerse de las ventajas obtenidas con
este resurgimiento democrático.
Y no cabe dudarlo. ¿ Qué significan (para no citar otros hechos) los
sesenta y cinco millones de buena
moneda que Don Porfirio dejó en las
arcas nacionales al abandonar el poder y la patria, enfrente de los trescientos millones de bilimbiques (entre
legítimos y falsos) que existen emanados de la reivindicadora de hoy. y
que corren por todas las manos? La
mejoría salta a lo~ ojos, y lógico es
que un pueblo tan beneficiado con es·
ta irrupción igualitaria, uniforme sus
aspiraciones acomodándolas a las de
nuestros impecables redentores. De
ahí que tal unánime opinión se refleje brillantemente en la prensa del día.
Esto de que no se lance al público
una sola palabra contraria a la prcconstitucional labor, tendrá que facilitar a los historiadores de mañana su
obra de investigación y expurgo. Van
a ver los futuros sabios amantes de
registrar viejos papeles, ¡ qué maravillosa homogeneidad de pensamientos,
qué lujo de dicción, y cómo se agasajaba a los héroes de 1915, y se ve·
neraba ·1a memoria de tántos mártire,
surgidos tras el grito redentor consignado en las apocalípticas cláusulas del
P lan de Guadalupe!
Y aquí da fin mi quinta epístola.
Sabes que te aprecia de verdad
amigo,

�•
1.

cha europea.
·N .
- ¿ o ,tie_ne-nos decía- en su PO·
der a Belg1ca ? ¿ No ha invadido el
Norte de F rancia? Y hace días, ¿no
se han ap_cde rado nuestros ej ércitos
de Va rsovia y amagan R iga ?
-¿ Cómo sabéis-·le dije yo-esas
últi mas noticias?
- Cómo lo sé, no se lo di ré a usted·
pero esté usted seguro &lt;.¡t e nosotro~
. saben~os mucho mejor lo que pasa en
las t rincheras e n R usia, en los Da rdanclos y en l ta lia, que la in mensa
mayoría de los franceses, pues e~ ta
mos muy bien informados, no lo dude usted.
declar? que aparte de la privaC'IOn de la li ber tad, el tra to que lc:s
daba n en Blaye es aceptable. E l trabajo-nos dijo-les Jistra·a . Q ue les
daban vino, qt e lus alimentos no de
j aban nada &lt;.¡ue desear y que el pan
y las patatas eran excelentes.
lJn muchacho que tenía cier to . as ·
p~.:to mí~t ico me miraba con fijeza:
te111a el tipo de los aldeanos de \\'urtembng y me ha:ía re.cordar los
t iempos en que yo, hace más de cuart&gt;n la años, estud iaba en Stttttr&lt;art y
pas:1ba las vacaciones a uríll2~ d;l
Kecker. en ;\! anhe im.
··.:;ic der Scll\\abe"? 1'1 oir esta fra
se todos se echaro n a reir. No me
l1ahía u111ivo:::ado. v una vez que se
~intieron a legres al ,·er qLe vo er a
~a.nbién de carácter brom ista, m e

~-r~gunta:on si había visto en el edit1 c10 donde estaba la ma_quinaria el
retra to del e mp erador.
Al contestarles negati,·amen te un o
de ellos corri ó hacia el ed ifici~ seiialado. y trajo una postal represen
tando a Guill ermo lI montado sobre
1111 burro.
i\li interl ocu tor renano
pJrecía e~~ar. algo 11101t ificado, pue ,;
se. encogw &lt;le homb ros y no dijo
mas que : "-Simple caricatura r1ol:ti ca."
X X X

.!'JM

o

Niño Arturo Cantú de M onterrey, N . L. radicado
temporalmente en esta Ciudad.

Pero las once acaban de dar. L os
pris_ioneros se fo rman en fil as, y con
pLrlecto orden y paso ma rciJl se dirigen a la fo r taleza o ciu dadela. Es la
hora de la com ida. A poco \'Uelven
todos, ll ernndo la sopa de legt..mbres
y patatas &lt;.¡ue ha de repone r sus lu.:rzas. Fl r a ncho en cuestión es bue·
no, sano, nut r itivo y apetitoso.
Tanto en la cocina como en todas
partes comprobamos que la ~alu d de
los pr i~ioneros es inmejora ble. Pasamos de lante de las tejava nas donde
se ha llan los prisioneros alsacianos y
techeques, que vi\'e n separados de los
demás. T ouos ll eya n encima de su
gorra de cua rtel una banderilla francesa. Su régimen es un poco más libre que el de los 1ilernanes, y parcrr 1
hallars e tan bien como si est uvieran

en su país.
. E n sus acuart elam ie ntos, es dec!r, en los locales qi;e ocupan los p ii~~one ro~, h~n colgado acorazados y
zeppelmes hechos por ellos mismo!
de papel de diversos colores.
En el pat io de la ciudadela, un destacamento de pr i~ioneros vue lve d(
1111 ta ller donde trabajan , y pasan en
buen orden y correcta formac ión a
nuestro lado.
U n suboficial alemán que e:; d
que les manda, vigilado por otro sub
of~cial francés, les da la voz de "en
guardia." Dicho destacamento desfila a nte nosotros al paso Je parad a
en honor del oficial francés que 110,
acompaña y sin·e de "cicerone., t.:n
nuestra visita a la fortaleza.
Este momento es para mí emocionante, produciéndome una impres:ón
e;&lt;traord inaria. La última \'CZ que
v1 paf.ar tropas alemanas al pas..1 de
parada iué en Berlín en L na re,·ista
de prima,·era celebrada en Tempelho f.
i Ah! ¡ Aquell as tropas estaban enorgullecidas : las mandaba el emperador
en persona, bajo t.n sol ard ienk d&lt;
mayo, mientras que hoy e~tos solda·
dos son cautivos y el ritmo cadencioso de su paso por la forta leza de
Blaye tiene algo de trágico ., 1c:.,.
cionante !
ReimunJo Menendez Orr a.

Prisioneros de Guerra.
Visita a un campamento en la ciudadela de Blaye

- -o- H ace días tuve el gusto de v1s1tar
la hermosa villa de Blaye, situada a
orillas del río Gironda, a unos cincuen ta kilómetros, próximamente, de
Burdeos.
E l objeto principal de mi vis ita era
acompañar a un colega suizo M . Al ·
fred Wt..arin, ilustre abogado del Co legio de Ginebra y miembro, como
yo, de la benéfica y humanitaria insti·
tución internacional La Cruz Roja,
de la cual tengo el alto honor de ser
comandante y enfermero mayor d~
sus hospitales.
Voy, pues, a dar una sucinta relación de nuestra visita a dicha villa
y de las impr esiones que saca mos,
después de conversa r detenidame nte
con los súbditos de Guillermo J.I de
Alemania, para informar a los lectores y deshacer las falsas historias o
ll!yendas que aparecen en los pen odicos germanófilos de todos los países, dando cuenta de st:puestos malos
tratos infligidos por los franceses a
los in felices soldados alemanes que
los aza res de la guerra han dejado
caer e n sus manos.
Au-nque esta parte de Francia está
aún libre del invasor, sin embargo,
los girondinos, así corno los saboyanos y los bretones. han sufrido grandes pérdidas. Muchos de ellos ha n
perecido en los campos de batalla,
llen ando páginas gloriosas en la h istoria de su patria.
Por todas partes se ve gent e que
viste de luto y diariame-n te llegan a
oídos noticias de amigos y discíísimos
ue h an

muerto en tal o 1cual bataíla. El
amigo que nos condujo en su automóvil a Bla,ye perdió a su único hijo
en la batalla del Marne.
X

X

X

D espués de un viaje del icioso' a orillas de los ríos Garona, Dordoña y
Gironda, llegamos a Illaye, donde
tiene dicho río una anchura de 3.500
metros; y penetramos en la antigua
ciudadela, que se halla enclavada en
un montícu lo, desde donde se des cubre un soberbio panorama.
Muy pronto llegarnos a una cantera,
donde se hallaban trabajando un os
veinte soldados de los ejércitos del
Kaiser . Un pequeño cabo 'francés ·es
el · encargado de vigilarles ; trabajan
en grupo5 y se ocupan en hacer barrenos para ext raer la piedra. Kos
acercamos a ellos ¡¡in que nuestra
presencia les llamase la atención , pero en cuanto nos oyeron hablar en
su lengua natal se detuvieron y nos
miraron con aire de satisfacción y
alegría, tomándonos sin duda por sajones.
•
·
Sus semblantes demostraban hallarse en plena salud, sus carnes firm es
y su tez bronceada por el sol.
Hicimos s eñas a uno de ell os para
que se nos acercara, y vino sonrienuo
hacia nosotros. Nos dijo que era ele
oficio panadero. casado y padre de familia, y que recibía con g ran regularidad noticia s de s u hogar.
·- Indudablemente qi:e est aréis aquí
mucho mejor que en las trin cher asle dijimos ; a lo que no nos res~~nd ió
más que bajando la vista y sonnendose.

- ¿ Cómo os tratan aquí ?
-M'11y bien ; pero el t iempo se ne,~
hace muy largo.
. :-¿Tenéis alguna queja o reclamac10n que hacernos?
-Ninguna, absolutamente.
~us camaradas, co mpañeros de tra·
baJº. del panadero, permanecían inn:ioviles y mudos oyé ndonos . Repetunos las preguntas individualmente
a todos y a cada uno de ellos y nos
~o~testa~,an idént icamente que el
Ba¡;ker, o sea el panadero.
La mo:al de es tos hombres es ex celente, ig ual que su fí sico, y fíjense nuestr os lectores que noso tros íba~10.s ~olos,, de paisan o, sin ninguna
insignia mas que la cruz 'en el oía!
de la americana, y qu,e no se hallaba
presente ningún ofic ial francés ni na·
die que · los vigila se o entendiera lo
qu ~ no~ decían. Ninguno de los que
alh estabamos era de nacionalidad
fran cesa, ni aliada. ellos eran alemanes "ex beliger a ntes," nosotros n eutrales : uno suizo y el o tro español. Es,
pues, nue stro testimonio de gra n valor e imparcialidad.
X X X

Alejados algo m ás de ést os halláb ase otro grupo de prus ianos . Me
llamó mucho la atención un joven de
las provin cias rena nas, de aspecto int eligente, tipo de obrero de los qt:r.
suelen p erorar en los mít ines y qu e
no parecía tener pelo de tonto . Discutía muy bien y razonadam en te, h ablaba con firmeza, y me aseguraba
que, al fin y al cabo, Alemania se·
ría la vencedora en esta titánica lu-

MoschgBaba
Cuentos a.e la R eina a.e Rumanía·
1Iosch y Baba (el Viejo y V ieja) ,
así se les llamaba s implemente Y eran
tan viejos qt.e nadie co nocía sus nombres. Eran el 1Iosch y la Baba, las
dos personas más ancianas en los do m inios de nues tro gran poeta A lexandri, en i\lirccsc i.

hasta postillón célebre. En su larga
vida había amasado una fo rtuna; doscientos francos; y después de ha-ber
casado a su hijo único en una aldea
lejana, había casado a su vez en se·
gundas nupcias, con una mujer que no
tenía más qu\! una hij a única, también

Vi\'Ían juntos hacía ya mucho tiempo, y eran tan viej os que se tornaban
cada ~ía en más y más pequeiios,
cual s1 fueran arrugándose.
A menudo se les veía por las lla
nuras de l\llircesci, atravesar la floresta .Y luego sentarse bajo u n ár bol,

�luengas horas disfrutar así del hermoso día, mitad conversadores mitad
adormitándose. H abían cons t~uido la
n~s chica y baja de las casitas y poseian una yunta ele bueyes, no mayores que un asno razonable. y también un caballito no más alto que un
perro. Y eran felices y estaban satisfechos mientras pasaban los días.
-E n una ocasión, le había ocurrido
casi una desgracia a l viejo. Había.nsele confiado ciertos gansos para s u
custodia, y guardándolos dió un paso en falso y cayó en el arroyuelo de
la campiña. Demasiado débil para
levantarse por sí sólo, se hubiera
ahogado sin rémedio y miserablemente, si alguien no le hubiera visto y
acudido en su auxil io.
Cuando contaba sus trajines de
postilló n era solamente cuando se rejuvenecía aún; entonces sus viejos
ojos resplandecían, y en torno suyo
todo parecía animarse con tilinteos de
de campanillas y piafar de caballos; ·y
se sentí'a de nuevo en la posta,· cami ·
nando de día y de noche, caminando
siempre, como la brisá.
Guardaba también muchos, muchísimos recuerdos ele la historia del
país.
-Coconu (señor) Vasili,-decía él
a me nudo a Alexandri,-yo he conducido fuera del país a muchos príncipes y a muchos ministros!
Era su manera de hacerle comprender y exp,resarle la fragilidad de las
cosas humanas.
Era muy celoso con su mujer: ésta
no debía mirar a nadie. ni hablar
con nadie. Y con gran contrariedad
suya, un joven rondaba de continuo
por los contornos de su casita.
--&lt;¿ Qué viene a buscar por aquí
Es que no le da pena?, decía el viejo,
muy irritado. Hasta que por fin descubrió que era por la hermosa hija
de un vecino por quien el galán ron-

daba los contornos.
En medio de esta paz que imperaba en su Yida, el viejo fué un día a
casa del propietario del dominio.
-¡Coconu Vassili ! queremos divorciarn os.
El propietario lleno de asombro,
dijo.
-¿ Pero qué id ea se te ha metido en
la cabeza? ¿Te ha s peleado con tu
vieja? ¿ Qué idea se te ha ocurrido?
Porqt.:e, al fin, y de todas maneras,
vosotros no tenéis mucho tiempo que
vivir juntos.
-Justamente es por eso, Coconu Vassili. Hemos reflexionado que no nos
quedan muchos días de vida por delante, que cada uno de nosotros tiene
1111 hijo, y que después que nosotros
nos muramos, nuestros hijos va n a pelearse por la heren cia. Y por esto
que nos pasa es por lo que queremos
separarnos de antemano ____ _
Nadie pudo disuadir a los dos viejos de su decisión. la cual principiaron a poner por obra sin tardanza.
Los doscientos francos en monedas
de oro fueron agrupados en montoncitos, y el viejo, poniendo una moneda de oro delante de sí mismo, y
otra delante de su m\1jer, iba diciendo :-'Una para tí! Una para mí I
¡ Una para tí'! Una para mí!_ ___" Hasta que no hubo más monedas que
distribuir. Una almohada para ella,
una almohada para él; un tapiz para
ella, un tapiz para él. Después el viejo dió a su compañera los dos bueyes, y se reservó para sí el caballo
ton el carretoncillo. Y después fueron a la posada para decirles adiós a
las gentes. Allí fueron rodeados por
todo el mundo y se bebió a la salud
de ellos. Y aunque la gente pretendía estar alegre, vertía lágrimas. Pidiéronles perdón a todos, con el objeto de que nadie pudiera guardarles
rencor. Al cabo emprendieron la

marcha, descendiendo, y llegaron al
puente de Sereth. En este sitio se
detuvieron un ligero in stante: se abrazaron. lloraron y cada cual tomó su
camino: el uno por la derecha, el
otro por la izquierda____ _
• Con mucha frecuencia es más fáci l
ejecutar una resolución que soportar
sus consecuencias. El viejo se debilitó y transform 9 de tal manera, que
al fin de breve plazo no era más que
la sombra de sí mismo. Si acaso le
preguntaban cómo iba, solía responder:
-Ya no puedo dormir, porque no
percibo sn aliento que me acariciaba
el cuello !
Se la pasaba errando por donde:
quiera como un espíritu sin r eposo,
y tenía las trazas del que bus ca siempre algo sin poderlo encontrar.
Cuando habían transcurrido ocho
días le dieron la noticia de que su
Baba estaba muy enferma. Sin tardanza unció su caballito al menudu
carricoche, y se marchó tan rápidamente como le era posible. Pero
¡.:uando llegó a la aldea a donde ella
se había retirado, se encontró con
que precisamente llevaban su féretro
para el camposanto.
Sin decir una palabra siguió a la
muerta, y asistió al entierro sin prorrumpir en una sola queja. En sc:guida volvió directamente a su casa
y se acostó. Y al día siguiente amaneció muerto ___ _
Entretanto la casita se va caye11do con lentitud; y de tal manera está.
ruinosa que ya no se ven de ella sino
los .be·jucos y los rosales que cubren
su techo.
Pero Alexandri no permite de ningún modo que la toquen.

•

•

Carmen SYLVA.
--o-

La Plagera
En la man sa orilla de mis playas
natales, brotan los cuentos, fl orecen
las leyendas como las, rosas y los jazmines que bajan ·al arenal trocando la
colina en una sonrisa, por entre los
mangueros, los tamarindos y
los
shkandoles que de sus espléndidas copas verdes dejan caer por las puntas
de s us ramas su incesante lluvia de
flores de oro.
Unas de esas leyendas son reidoras
y alegres como la luz del día; otras
melancólicas como el crepúsculo de
las tardes lluviosas; de todas se exhala el vivaz aroma salado de tus
algas. ¡oh! mar, que has sido colocado a la vista del hombre para sugerirle la emoción del infinito. Uno
de esos cuentecillos "ºY a traduciros,
lectoras mías, en pálido lenguaje;
oírlo referir a una joven de la costa,
mezclándolo con cantares, salpicán-

dolo de i1nágenes que parecen árabes
por lo atrevidas, por lo ardientes, en
lenguaje YibratTte y sencillo, sin un
ápice de retórica, es un encanto.
Oírmelo a mí en lenguaje literario y
en frases poéticas compuestas ad hoc,
puede se ros fastidioso; temiendo esto, será brnc.
l\Ias os he engañado, lectoras mías.
lo que vais a leer no es un cuento, ni
es una leyenda siquiera; es un poemilla muy lírico, muy subjetivo, es decir, muy del alma para adentro. s i se
me permite decirlo así ( y aunque no
se me permita) que en lugar de estar
escrito en Ycrso, está compuesto en
prosa, lo más verso posible( si puede
decirse así, que sí se puede).
Apasionado de los contrastes. desde
niño he buscado ~nstintiYamente, no
los sitios siempre verdes y floridos
en que parece que la luz se enferma

de fastidio, sino el prado cargado de
tintas Yigorosas que se apoya en la
abrupta montaña y que desborda sobre escalinatas de rocas ásperas y negruzcas en donde el mar se estrella y labra su nido la gaviota. Por
eso en las playas dulces y sin cantiles
de mi país, era para mí deleitoso
cierto sitio en que la amplísima curva de la playa se interrumpe súbitamente, por una aglomeración de peñascos cuajados de cacteas y desde
cuya cima. que me parecía la de una
montaña, y que en realidad no era
más alta que la de lcis vecinos cocoteros, tomaba el mar a mis ojos de
niño un relieve soberano.
¿i\Ie creeríais, lectoras, si os dijese,
que en este lugar me entregaba a
grandes y fantásticos ensueños mirando las nubes, una tarde del estío
templado que en .nuestras costas acos-

�1

tum,bran llamar invierno? ¿ Y por la rizada seda de s us pestañas. Bajo
qué no me habíais de creer? Tenía la nariz rosada y un tanto aguileña,
yo diez años.
¡ Mirar las nubes! se abria como el botón purpúreo de
¿Qué otra ocupación más seria pue- un clavel, una boca que espiaban pa- ·
de tenerse en esa· edad? Esa tarde ra besarla y chuparle la miel, los co
tenía un resplandor cobrizo, pen, libríes y las abejas. que habían olcorno si fuera el reflejo de un gran ,·idado por ella las flores perfumadas
horno de cobre en fusión, oculto co- del shtaventún. Completaban aquella
rno el sol baj o el horizonte. l\Iás arri- maravilla las líneas del óvalo de su
ba grandes masas de vapor, de un
rostro, sedosas y puras, como las de
impuro color Yioláceo, desleían sus la escultura de la Purísima que se
contornos en la enorme placa de zinc
venera en la ig lesia de S. Francisco
del cielo. El mar imprimía a aque- y que es fama que fu é esculpida· por
llos horizontes su tono prodigioso. los ángeles.
l\lis meditaciones, (¿ eran meditacioLila era trna niña rica; más cuando
nes?) tomando un giro triste del pai- vivía con s u fami lia en el lindo posaje me sumergían lentamente en una blacho e,11 que Campeche toma fres·
catarata de abismos.
co, las marineritas de los contornos
Unas muchachas con sus flotantes la contaban como una de ellas, la colmaban de regalos y parecían maripofaldas de muselina blanca, con el pe·
cho cubierto por una cruzada pañoleta sas rc,·oloteando en torno de una
de seda, y con flores y cocuyos e11 rosa de Alejandría.
Lila nunca había sufrido ni tamlas trenzas, subieron a donde yo estaba, reidoras y traviesas. Una de poco había llorado, y esto la ponía
ellas tocaba una guitarra, cantaban triste y pensativa ; mu chas veces se
todas; poco a poco los cantos cesa- pasaba las horas sentaba a la orilla
ron; la triste za indefinible que ema- del mar, preguntando a este perenne
naba de las cosas ganó sus almas, y, oráculo de las costeiías, el secrett', ·
sin hacer caso de mí, comenzaron a no de su falta .de sentimiento, sino
hacerse confidencias, y una, la toca- de su falta de lágrimas. No, no llodora, hizo su confesión. De esa con- raba y cua ndo resen tía alguna g rave
fesión que la joven ponía en terce- aflicción. sus ojos se ponían un tanra persona. he extraído unas gotas de to opacos----- y 110 más.
perfume para las páginas que vais a
Era una mañana de Agosto; la plaleer.
yera acababa de bañarse en el · mar
-Se llamaba Concha; en los labios reidor y tibio y parecía empapada
de la que se confesaba, tomó el nom- en el lampo de la aurora: sus cabebre de flor: Lila.
JJ os, salpicados de gotas de cristal,
Lila era más li,nda que ese ce laje caían en grandes on(lulacion es sobre
que veíamos fl otar como un encaje sus hombros de estatua y baj o la orla
de oro sobre el disco del sol ponien- de la pintoresca saya asomaba un
te. Era blanca y e l hálito del mar, · piececillo cubierto a medias por el
sólo aterciopeló un ta.oto sus faccio- agua y sobre el cual las olas remenes. Era alta y parecía haber es tu
daban arrullos de paloma y deplegadiado en los datileros cierto delicio- ban coquetamente primorosos festo·
so v.aivén que daba a su modo de n es de espuma. Lila tenía a su he randar la cade ncia de una de esas can- manita entre los brazos y jugueteaba
.ciones tristes que canta n los pescado- deliciosamente con su carita ri sueña
res al salir para el mar ; sus cabellos y sonrosada de placer y de vida; ya
eran de un castaño denso, eran casi ce rrándo le la boquita con sus dedos
negros con visos dorados, suaYes co- de hada, ya fingiendo el. canto de la
mo el primer vellón de la mazorca torcaz cuando r ecl ama a sus polluc·
del maíz y sus ojos eran grandes y los o cubriéndole de besos y mordidi ·
brillantes, de un color indefinible, y tas que hacían reir sin cesar al redivinos y turbadores . cuando los en- cién nacido.
trecerraba (porque era i.;n tanto mioLas nubes, como aorct:idas hanca~
pe), y podía percibirse el fluido cris- de cisnes, que tomabán en d oriente
talino que los bañaba, al través de
baños de púrpura, se abrieron dejan-

do entre ellas un gran t rec ho azul
limpísimo y bruñido. En ese espacio
apareció súbitamente un seg mento
del disco del sol en asceusiéon. De él
se escapó el ¡,rimer ray,J y la luna
que se columpiaba solJre el mar, pa·'
tideció de amor. ti r.::yo de sol baj 0
la colina cubriendo de beso, las copas de las palmas, troc:indo eu perlas
de oro las gotas de rocío en las flo.
recillas y los musgos, y lléló a la
cabellera de Lila; allí quedó prendido; se había enamorado de ella; la
sombra se proyectaba delante de la
niii,, y c·ra qu e el primer beso Je!
día se había dormido en el regazo
de la playera.
Lila sentía extraños padecimientos·
pa lpitaba violentamente su corazó~
y cerraba los ojos como s i quisiera
cegarla el reflejo del sol que ya abría
sobre las olas su inmenso abanico de
fuego: ¿Voy a llorar, Dios mío? se
preguntaba. Una se nsación inexpresable la hizo volver en s í; al tornar
el rostro al oriente había recibido un
beso en los labios; quiso huir, pero
no pudo. Puso al niño sobre la arena, suave como un almohadón de plu·ma, y se apoyó en la r oca; parecíalt
que una voz cuchi cheaba en s u oído
frases divinas. Y tornaro n sus oj os
a cerrarse, una ,corriente volcánica
circuló por s us venas y al sentir et'
segu ndo beso ·sus labios sonrieron
de deleite ; estaba dormida.
Y allá, eu la región de los sue ños,
la joven esct.tchó la música voluptuosa y lánguida de esta canción de
amor:
'
Soy un destello del sol candente,
Chispa de un foco de eterno amor;
Niña, tu boca dulce y riente
Será mi cáliz, será mi flor.
Mírame,. ámame, niña hechicera,
Y o soy el ángel tle la ilusión;
Dame tu vida, blanca playera,
Playera, dame, tu corazón.
Delante de ella se irguió un mancebo, tenia en la mano el arpa, vibrante aún y temblaba en sus r ojos
labios la última nota. Su belleza era
ideal, brotaban de sus ojos en ondas
luminosas el amor y la juventud.
Hasta su sombra parecía iluminadi.
por un fulgor cuya fu ente era invi-

slble. El mancebo .pareda embar
amor, adquiere para nosotros una sigcado en un esquife cubierto con mar,
nificación inmensa, nos lo explica totos de armiño y cendales de oro; la~ do, es la clave del jeroglífico de la
olas del mar se teñían de fuego al eternidad.
acercarse a él; cuando batía sus alas
Lila no se explicaba así lo que seninmaculadas, dejaba entrever detrás
tía, ni de ningún otro modo. Por
de él, en los c ielos, un gigantesco ·que el mancebo que la playera tenía
pórtico de cristal y de za firu desde delante, lo estaba en realidad, pero
donde bajaba una gradería de oro delante de su alma; y el parecido de
transparente.
éste con el fibustero, indicaba que ya
En medio de su éxtasis, una pen- lo había visto. Pues no, no había
umbra negra invadió el alma de la visto a nadie; y sin embargo, todo
muchacha ; tuvo un recue rdo. En la era real, todo era supremamente real,
última fiesta del patrón de los ma.ri- ¿ pues qué, hay algo más real que la
lnz de un rayo de sol y el amor en
neros que se venera en San Román,
una mujer de qt.ince años, en la
había visto a aquel ángel: vestía de
terciopelo como un magnate de la costa del Golfo?
corte ,·ireinal (de los que todos habla Lila, magnetizada por las palabras
ban y nadie había visto,) o como un
del mancebo alado, se dejó cubrir la
jefe de corsarios franceses y recordó
frente de besos: de cada beso n:i cía
que todos creían que aq uel hombre
un azahar ; y juntos formaban una
debía de ser un filibu stero, porque corona de desposada. Luego, el án
nadie lo conocía y derramaba el oro gel (¿110 os he dicho que era un ána manos llenas. (Estamos, queridas gel?) tendió sobre su cabeza y dejó
lectoras, en los tiempos coloniales; caer en rectos pliegues sobre el cuerno se me había presentado oportuni- po de la virgen una nr.be sin mandad de decíroslo). Lo singular, lo cha; era el velo de boda. Y el al-·
malo, es que durante todas las fies- tar era sorprendente: parecía el altar
tas aquel hombre la siguió con sus de la iglesia de San Román, pero
miradas amorosas y audaces a la vez; cuajado de piedras preciosas; los cor¡qué horror I Y ella, ella lo veía como tinajes de tisú recamados de oro, pa·
distraídamente y el corazón le palpi- recían nubes bordadas de estrellas y
taba con infinita fuerza ____ _
el pavimento e ra un ópalo verde coTodas estas reminiscencias pasaron rno el mar.
-¿Me amas? Preguntó el mancebo.
como una bandada de aves negras por
el cielo de su alma. Quién ha preten-Sí, dijo la joven con sólo el desdido analizar el primer momento de tello que se encendió en sus ojos.
amor en el corazón de una mujer t
-Ven, pue s, ven conmigo.
Ellas jamás lo explicarán, ni los ri·
-¿Podré llorar ?
sueñores cómo brota de su garganta
- Llorará s, repuso el amante ele
el primer arpegio, ni el botón de nardo cómo exhala, al abri,rse, su pri- Lila.
mer perfume. El primer amor es la
Y la barquilla de cristal se aproxi
revelación del alma en nuestro ser; mó ______ Pero otra sombra neg ra se
sabemos que existe, ma s no la seni'nterpuso entre el alma de la niña y
timos sino cuando amamos. La pasu visión de amor: ¡Diós mío! exloma' que anida en el misterio que clamó la niña con desesperación procada uno lleva en Jo más íntimo dt funda, ¿ dónd e está mi hermanito?. I~
sí abre la s alas y canta, con solo el dej é dormido en la arena y lo ol\'l&lt;le
fu lgor de una mirada que penetra en
¡ay! se lo han lleYa do las olas.
-·Míralo en su nido le dijo el cenuestra sombra. Y esta palabra mil
,·eces deletreada con indiferencia: lestial barquero.

Sobre 1a luna en menguante ap~nas visible e n occidente y que parecía una cuna de plata colgada en
el firmamento, Lila pudo ver a su
hermanito dormido.
Y ya la barqu·illa bogaba, bogaba
en el mar· risueño. La cabeza de Lila
reclinada sobre el pecho de su ama
do, parecía rodeada de una aureola;
sus cabellos destrenzados, mojaban
sus extremidades · en las olas, y estas
pasaban a través de sus hilos suti.les
temblando armoniosamente como la
brisa por entre las cuerdas de las ar pas éolicas. Lila se sentía donni
da y no tenía fuerzas para querer
despertar. En sueiíos tuvo un recuerdo y fué la última sombra negra.
Aquella mañana, .ti salir del baño,
había visto 1111 bergant111 con bandera
negra cruzando a toda vela el horizontr ___ La !),-andera negra es la
bandera de los iilibusteros: allí está,
decía palmoteando alborozada la criada africana de Lila, allí está, viene
por nosotros. ¿Quién? preguntó la
niña. Aquel que tanto miraste en
las fiestas de S. Román ____ Después,
Lila. pensativa, tomó un poco de lech e que le trajo la esclava, estaba un
poc'o amarga y Juego siguió jugando
con su hermanito _____ _
Lila sintió un beso entre los labios
y la barca continuaba bogando, bogando-----Yo quisiera llorar, decía la niña,
¡oh! Dios mío, creo que voy a llorar.
-Llorarás, contestaba el ángel, inclinando sobre ella su gran mi.rada de
amor----- Vaya un cuento raro, y ¿lloró
por fin? decía nna de las muchachas.
-¿ Quién sabe? Pero lo cierto es
que fué feliz. ·
-¡Feliz! dijeron tocias a una.
-Si murió, fué feliz, y si lloró, fué
feliz también ____ _
- ¡º¡Oh!!
-¿No ha dicho Jesús nuestro Señ or, felices los que lloran ?
Justo SIERRA.

�Como ha dejado l~ guerra al Dios de la Misericordia.

�Morteros rusos capturados por los alemánes en Polonia.

o---------

s '

.-. El Derecho de Hacer la Guerra. •...
-•

• •

------0------

Fragmentos de J .
Desde 1795, cuando Kant publicó,
ya en su vejez, el tratado sobre "La
Paz Perpétua." un gran número ha
tenido por hecho comprobado que la
guerra es la destrucción de todos los
bienes y el origen de todos los males.

V on Berenhardj, traducidos para ''Revjsta Mexicana.''

s~lmente estigmatizado y todos los gobiernos se esfuerzan, parte en realidad, parte" de dicho en extinguir el
con flicto.
'
Pero lts ideales pacifistas rara· ve;z ·
son el verdadero motivo de sus actos.
A despecho de todas fas ensefüin- Comunmente emplean esta necesidad
zas de la historia, no existe la convic · de paz como un disfraz para encución de que la lucha entre las nacio- brir sus fines políticos propios. Esta
nes es inevitable, y al avance de la era la situación real de los asuntos en
civilización se concede un poder ante los Congresos de la Haya, y este es
tam bién el significado de la iniciativa
el cual la guerra debe de ceder.
E, impasible ante las t eorías huma- de los Estados Un idos de América,
nas y el cambio de los tiempos. la gue- que, en recientes o~asiones han procurra ha marchado, una vez y otra vez, rado activamente celebrar tratados pade nación a nación, demostrando su ra el establecimiento de Cortes de
poder, destructor a la vez que creador Arbitraje; primero y principalmente
con Inglaterra ; pero también con el
y purificante. :tifas no ha logrado
hacer que la humanidad conozca cuát Japón , con Francia y con Alemania.
es su verdadero carácter. Largas épo- Ningún resultado práctico, debemos
cas de guerra, lejos de convenccer a decirlo, se ha alcanzado.
Difícilmente podernos admiti r que
los hombres de la necesidad de la guerra, han reavivado siempre, por lo con- sea en verdad el amor a Ia·paz el que
trario, el deseo de excluir la guerra, inspira estos esfuerzos. Y lo demu&lt;!Sen lo posible, de las relaciones políti- tra el hecho de que precisamente aquellas potencias que por su debilidad esc1s de las naciones.
Este deseo y esta esperanza se han tán más expuestas a una agresión y,
difundido grandemente, hasta en· la por Jo tanto, má s necesitan de la proépoca actual. E l mantenimiento de la tección internacional, han sido t otalpaz es cantado como el fin único de mente omitidas en las proposiciones
los estadistas. Este deseo incondicio- americanas para Cortes de Arbitraje.
nal por la paz, ha llegado a ejercer eu En consecuencia, debe s uponerse que
nuestros días una influencia notable han sido motivos políticos meramensobre los espíritus; aspiración que en- te mat eriales los que han impulsado a
cuentra su manifestació6n pública en los americanos, con "s u instinto comerlas ligas y congresos de paz; y para la cial, a dar esos pasos, y los que in duque están abiertas las columnas de la jeron a la "pérfida albión" a acced&lt;!r
prensa de todos los países y de t od0s a sus proyectos. Debemos suponer
los partidos. Tan fuerte en verdad que Inglaterra trataba de cuidarse la
es esta corriente que la mayoría de 103 espalda en el evento de una guerra
Gobiernos declaran para el público. en con Alemania, y que los Estados Unitodo caso- que la necesidad de man- dos sólo deseaban tener las manos litener la paz es el fin r eal de bres para seguir, sin obstáculos, ;;u
su olítica; entanto que, cuando esta- g_olítica de soberanía sobre Centro

t ivos al Canal de Panamá en su. interés
propio, con excl usión de los demás.
Ambos países t enían ciertamente la
esperanza de obtener alguna venta·
ja de la otra firmante del tratado, y
de ga nar la parte del león para ellas
mismas ____ _
Este deseo de paz ha vuelto anémicas a las naciones más civilizadas, e
indica un decaimiento de espíritu y de
valor político, tal como lo ha mostrado a men udo una raza de Epigones.
"Siempre han sido," H. von Frei tschl&lt;e
nos dice, "las épocas más débiles, más
desprovistas de espí ritu y más agotadas, las que han gozado con el sueño
de la paz perpetua."
Todos admitimos, dentro de ciertos
límites, que los esfuerzos para disminuir los peligros de la guerra y para
mitigar los s.ufrimientos que lleva consigo, son justificables. Es un hecho
incontestable que la g uerra perturba
temporalmente la vida industrial, interrumpe el tranquilo desarrollo económico, lleva tras de sí el dolor y exa·
cerba la primitiva brutalidad del hombre. Es por eso, la más deseable de
las relaciones, que se lograra hacer
imposible la guer ra por motivos triviales, y que se dirijan los esfuerzos
a amenguar los males que son necesariamente la huella de su paso; cntanto, sin embargo que sean compatibles esos esfuerzos con la naturaleza
esencial de la guerra. Todo lo que el
Congreso de Paz de la Haya ha obtenido en esta esfera reducida merec1.,
como toda admisible humanización &lt;le
la guerra, la gratitud universal. Pero
otra es la cuestión si s u objeto es
abolir totalmente la guerra o negarle
al lugar que necesariamente tiene en
el desenvolvimiento histórico.

Una sección de ametralladoras austriacas en Los Alpes.
antagonismo con las grandes leyes
universales que rigen toda \'ida. La
guer ra es una necesidad biológica de
la mayor importancia, un elemento regulador en la historia de la humanidad
que no puede ser excluido; pues sin él
se produce un desarrollo insaluble, que
excluye todo mejoramiento de la raza
y, por ende, toda verdadera civilización. "La guerra es la madre de todas
las cosas". Los sabios de la antigiiedad, mucho antes que Darwino, lo recojieron.
La lucha por la existencia es, en
la vida de la naturaleza, la base de
todo progreso saludable. Todo lo que
existe demuestra ser el resultado de
fuerzas antagónicas Así, en la vida
del hombre, la lucha no es solamente
el elemento destructirn sino también
el prin cipio que da la vida. "Suplantar o ser suplantado, es la esencia de
jamás no . debía ser nunca tributaria
la vida,"' dice Gqethe, y la yida má1
fuerte gana lo mej or. La ley del má1
fuerte tri un fa dondequiera. Sobreviven las formas capaces de procurarse
las condiciones más favorables de vida, y de afirmar su propia existencia
en la economía universal de la natu·
raleza. Los más débiles sucumben.
La lucha está regida, limjtada por. el
influjo inconsciente ,de leyes biológicas
y por la acción combinada de fuerzas
opuestas. En el mundo de las plantas y en el mundo de los animales e$te
proceso tiene lugar en una tragedia
inconsciente. En la raza humana, se
lleva a cabo conscientemente y está
regido por leyes sociales. El hombre
de enérgica voluntad e inteligencia se

esfuerza por todos' los medios en afir- son resultados de la lucha intrasocial,
marse, el que tiene ambición procura en la que uno sobrevive y otro es deselevarse, y, en este esfuerzo, el indi\ i
echado. La lucha ex trasocial, super.
duo está muy lejos de ser guiado na- social, que preside al desarrollo exterda más que por la conciencia del dere- no de las sociedades, de las naciones,
cho. El trabajo y la lucha en la vida de las razas, es la guerra __ __ ¿ En qué
de muchos hombres están determina- consiste el poder creador de esta ludos, sin duda a lguna, !por' móvi1'es cha? En crecimiento y decadencia,
desinteresados e ideales. Pero en en la victoria de un factor y en la degran medida,
las pasiones menos rrota del contrario! Esta lucha es
nobles, la sed insaciable de pose- creadora, puesto que elimina." (Claus
sión, de goce o de honores, la Wagner).
envidia, la venganza-determinan las
"La guerra es terrible; pero necesaacciones humanas. Todavía con más ria, porque salva al estado de la petrifrecuencia quizás, la necesidad de viYir ficación y del estancamiento social.
obliga aun a caracte res del tipo más Bueno es que lo transitorio de los biealto a descender a la lucha universal nes del mundo no sea solamente prepor la existencia y el goce.
dicado, sino aprendido por experiencia.
Sobre este punto no puede caber du- Solamente la guerra enseña esta lecda. La nación está formada de inélivi· ción".-Kino Fischer.
duos, el Estado de comunidades. ~.l
"Reconozco en el efecto de la guemotiYo que influencia a cada uno de rra sobre el carácter nacional uno
los miembros. prevalece sobre el cuer- de los elementos más saludables en
po entero. Una lucha persistente pot la educación de la raza humana".la pocesión, por el poder, por la so- liumboldt
beranía es la que rige primariamente
El individuo no puede llevar a cabo
las relaciones entre dos naciones Y el
más
noble acción moral que sacrificar
·derecho es respetado nada más hasta donde sea compatible con el pro- su vida a sus convicciones, consagrar
vecho. 111~entras existan hombres con su propia existencia a la causa que vesentimientos y tendencias humanos, nera, o a la concepción del valor del
mienfras haya naciones que luchen ideal en la moralidad personal. De
por ampliar su esfera de actividad, ha- manera semejante, las naciones y l" s
brá intereses en conflicto y surgirán Estados no pueden realizar más noble
hazaña que emplear todo su poder en
motivos para que la guerra estalle.
"La ley natural. a la que todas las mantener su independencia, su honor,
leyes de la naturaleza son reductibles, su reputación.
Tales sentimientos, sin embargo, sóes la ley de la lucha. Toda propielo
pueden ser puestos en práctica en
dad intrasocial, todos los pensamienla guerra. La posibilidad de la guerra
tos, invenciones, todos los pensamien(Pasa a la última pág.)
en verdad, el sistema social mismo,

�Poesías ael Gral. Ri-oa Palacio
El Alba
(En la Sierra) .

-

11
1 1

-o- -

Ya ama nece, el horizonte
dibuja t endida faja,
orla del manto nocturno
diadema de la alborada. '
En O riente las estrellas
palidece~ y se apagan,
y sopla el viento más frío
anunciando la mañana.
Entre la sombra que cubr e
las espesas enramadas
trinan los "madrugaddr es,"
y sus aromas exhalan
el "oyamel" y el 'acote,'
los cedros y las lianas.
E n los "ranchos" silenciosos
alegres los gallos can tan,
que ya ilumina· el paisaje
incier ta la luz del alba.
Ya sube desde los prados
el tañer de la campana
y el balido de la oveja '
y el mugido de las vacas.
Cruzan de tordos pa rleros
negras r evueltas parvadas.
que descienden de los bosques
sobre la fresca labranza.
Divísanse los senderos
que s uben por la montaña
r elucientes y sembrados
de pura y brillan te escarcha
de azul se tiñen los cielos,
las nubecillas de gra na,
os ten tan do la llanura
sus alfombras· de esmeralda
los ca por es de la noche
huyen como n ube blanca,
ha5ta posarse en las crestas
O morir entre las ramas.
D esp iden los "jacalitos"
columnas de humo azuladas,
y el canto de los'"rancheros"
que al trabajo s e prepara n,
se mezcla confusamente
con ese rumor que se alza
cuando después de la aurora
vivífico el sol derrama
sobre el m undo que despierta
Su luz esplendente y clara.

El Meaio Día
(En la Costa).

-oRadiante el sol meridiano
lanza torrentes de fuego,
y sus ondas luminosas,
aduermen el manso viento.

De aquella calma profund a
sólo interrumpe el silencio
el ronco mar que sus aguas
azota estruendoso y fiero,
de los apartados morros
contra los ·peñascos negros
que ya se cubren de espuma
y ya aparecen enhiestos.
Ni un barco sobre las olas,
ni una nube sobre el cielo:
parece el cielo un abismo,
parece el mar un desierto.
Lánguidas cuelgan las hojas
del altivo cocotero,
lánguidas flotan las palmas
del "cayaco" gigante sco;
fue go circula en el aire
y el azul del firmamento,
como de flotantes llamas
envuelve rojizo velo;
sobre las ondas del río
se inclina el mangle soberbio,
y buscando grata sombra
calla el "zanate" parlero.
Al abrigo de la hierba
los esmaltados insectos
enmudecen, respetando
el silen cioso misterio.
Duerme la verdosa iguana
sobre un tronco ele árbol seco, ·
duerme el caimán perezoso
a la orilla del estero.
L os loros y guacamayas
se agrupan bajo los cedros,
inmóviles mientras s opla
el terral húmedo y fr esco.
Huye el "guaco" a la cañada
y el tigre con paso in cierto
sigue el rumor del arroyo
que sale a buscar sedien to.

11

La Noche.
(En la Montafta).
La noche envuelve la tierra
..:on sus negros pabellones,
y en el espacio infinito

..... ...... .... ......

T err ible es aquella calma,
pavo roso aquel silencio,
que sólo el mar interrumpe
con su monótono estruend o.

La Tarde
(En el valle de México).
Está moribundo el día
y el sol poniente colora
las nieves del -Ixtas ihualtcon los tintes de la r osa.
E n un cielo de turquesa
ligeros cr espones flotan,
nubes de púrpura y grana
que oro mienten con sus orlas.
Sobre los te ndidos ,lagos
las brisas mur muradoras
van recogiendo el perfume
de las fr escas amapolas.
Del mirto y del -zempazoachitl.de las clavellinas rojas,
del -cacomite- atigrada,
de la azucena olorosa .
En gr ato vaivén se agitan

los -tulares,- si les toca
el aliento de la tarde
que va impregnado de aromas.
Llas flores en las -chinampasinclinan ya sus corolas
y el girasol languidece
de la tarde con la sombra.
Forman alegre concierto
los gorriones, en las hojas
de fresnos y -capulinesen cuyas ramas se posan.
El vuelo tienden las garzas
buscando la selva umbrosa,
y al abrigo de los trojes
retíranse las palomas.
Se oye el rumor a lo lejos .
de las reses mugidoras
que llegan a los establos
o a los potreros retor.nan.
Por el lago transparente
cruzan pesadas canoas
o -chalupas,- que ligeras
mueven apenas las olas.
Sembrado se mira el valle
de haciendas, pueblos y chozas,
y en medio de ese conjunto,
México, que se corona
con cien torres que reflejan
esa luz que, seductora,
las nieblas del -Ixtasihualttiñen en carmín y rosa.

•
,r

•

•

brillan miríadas de soles.
Espléndida se levanta
la luna en el horizonte,
y vaporosos celajes
sus blancas luces recogen.
No es la imagen de la muerte
dentro las selvas la noche
que se alzan por todas partes
dulces y extraños rumores.
El eco de los torrentes
viene de lejano bosque.
NLientras al brillar la luna
cantan, sin saberse en dónde
pájaros desconocidos,
'
desconocida~ cancion es.
Se oye crujir la maleza
y luego el pesado roce
de los tigres que en la loma
cruzan -pujando- fero ces.
Aullan en las cabañas
los lobos y los -coyotesY brillan entre la hierba
mil insectos zumbadores,
que como estrellas perdidas,
fosforescentes, veloces,
tan pronto surcan la tierra
como en las hojas se esconden
de los árboles soberbios
en que cantan sus amores
los jilgueros en las tardes
y en la aurora los -sensontles.Una ráfaga de viento
llega rápida y se oye
crujir el añoso tronco,
y sordo Juego, recorre
aquel rumor misterioso
la virgen selva, y entonces
se interrumpen de repente
todos los otros rumores,
porque el ángel de las sombras
cruzando va por el bosque.

UN RECUERDO

Es un recuerdo dulce pero tris te
de mi temprana edad;
mi madre me llevaba de la mano
por la orilla del mar.

-----o-----

Alzábanse las sombras de la tarde
como pardo cendal,
y a grit;;.r comenzaba en la cañada
el huaco pertinaz.
Cantaban las turpiales en el bosque
con dulce suavidad,
los penachos del mangle caballero
agitaba el terral.
Y de ]a balsa entre los verdes musgo
s e adormecía el caimán,
y bajahan los peces a sus nidos
de con cha y de coral.
Zumbaban los insectos en el bosque

•

•

•

en su continuo afán,
y en m edio a los rumores, dominando
los tumbos de la mar.

Mas de improvi so atravesando el viento
escuchóse fugaz
de las campanas de la aldea vecina
tañido funeral.
D etúvose mi madre y en silencio
la contemplé r ezar,
y de llanto llenáronse sus ojo¡
y se inmutó su faz.
-¿Por qué lloras, mi madre? la decía
con dulce ingenuidad,
f e'lla me constestó dándome un beso:
-Es preciso llorar.
Que con fúgubre toque las campanas
(Pasa a la última pág.)

1 1

1 1

�Cartas de Leonor.
-------------------0-------------------

l\fi quer1da Luisa: l\Irs. Edith
Eolling Galt, la futura esposa del Pre·
s idente \Vilson, h:1 pu esto de moda la
ciudad de Baltim ore mandándose co nfecc ionar ahí su trousseau de novia , y
las damas norte-americanas se han
sentid o agradablem ente sorprendida s
al saber qe e aquella ciudad de l\larylandia sea apta para arreglar lindo,
trajes tanto co mo lo es para produ·
cir los suculentos bi valrns que se llaman ostiones y que son una especialidad "baltimorense."
Los modis to; de aquel lugar no se
h::in quedad o in activos, y a l efecto,
para cump limentar a la que dentro
de poco será la prim era dama de este
pais , han creado 1.•n color especial
para do~ de sus trajes y l~ han llamado "Bolling-green ;" además creen
que el "trousseau" de l\! rs. Galt no estará t oa1pleto sin un , cs tiJ o, por lo
meno•. de "oyst~r wh te:·
P ero los le aders de la moda no se
han pu esto de acuerdo t oda\'Ía sobre
los colores que más se estilarán en
este inYiern o ; mi entras algm1 os como
Callot y \Vorth opinan por el ama rillo en todos sus tonos y matices desac el á :,11.&gt; n- pf. li,,o has ta el naranj:1 st.bid o, otros co mo Drecoll si g,c
ren el ne:g10 como el su mn,n de la
ekgancia y a fe qu e este ú!ti_m_o . tiene
razón cuando menos a m1 JL 1&lt;:10. l !
negro es un color discreto . elcga n~c.
distinguid o ; tan bien se adapta para
un severo vestido de ca ile i-orno pua
un suntuoso tra je de "so:ré." El mo
delo qu e envía Drecoll es un beil o
ejemplar para traje de teat·-u ; es uno
linda combinación de charmeuse negro y chiffon del m is mo ton o : ll eva
adornos de piel al bord e de la falda,
el escote es en forma de V . y Ia
manga amplia, muy corta y de estil o
campana ; el corpi í10 tiene co:n o a~o rno ún ico una lind a roca amb'lrnH1.
Per o las americanas no está n de
acuerdo con tanta ¡¡everidad en el
vestir· dicen que las damas francesas
'
'
bien pueden
tener razon
en usar traJe!!
tan serios dadas las circunstancias
porque atraviesa su país; pero que
ellas no están en el mismo caso y s e
han dicho para sus adentros :
Sin ce Mrs. Galt
Has called' a halt
On Paris modes aw11 .. e
W e now will go
To Baltimore for stylc.

Y yd, mi querida Luisa, pienso qu1,
aquella frase que dice que sobre gustos no hay nada escrito, es ri7.11rosamente cierta.
Corrfspondencia de Nueva York
nos tra'e la noticia de que en la vitrina de una -tienda de la Sa. Avenida se
ex hiben como novedad unas botas de
terciopelo col or de naranja con botonadura · de fili grana y unas medias fi.
nísimas de seda del mismo tono con
un rech oncho japon ecito bordado al
frente: ¡ Dios mío! ¿qué estas extravagancias ' saldrían de los talleres aé
Baltimore?
En cuanto a ,la ropa blanca, te diré
que hay -i&gt;,rimores; ·cada_día se espi:itualizan, ~á s estas prendas de ve~ttr ;

B·a nquetes Dominicales
--·,
)

:M F. N U.

Camotes con mantequilla.

Sopa de camarones.

Aceitunas.

Se ponen a hervir en agua los
camotes y antes de que es tén bien
cocid os se. sacan, se mondan y se cor tan en taJadas largas; se colocan en
una tartera untada de manteca se
le pone a cada• tajada un trocit~ de
mantequill y se espolvorean de azucar; se meten al horno y se sirven
calientes.

Pimientos rellenos

Pimientos rellenos.

1

Fresas con crema
Tallarines verdes.
Ensala-Ja de gallina
Camotes con mantequilla

Queso Gruyere.
Puré de lentejas.
Fruta.

Dulce.
Café.
Té.

San Antonio
Noviembre 7 de 1915.

--o--

EXPLICACÍON DEL MENU
Sopa de Camarones. _
Se cuecen en agua cincuenta camarones grandes; se mondan y muelen hasta reducirlos a pasta; se añade pan frito en mantequilla y bien
molido después. Se deslíe todo en un
consomé rico de pescado; si no se
tiene este consomé se puede hacer
en leche mezclada con agua y sazonada con sal y pimienta. Se sirve
caliente sobre tajaditas de pan fritos
en mantequilla.
Tallarines verdes.

e
Hermorn traje de Invierno.
lindos y delicados que parecen h echo~
por las mano s maravillos as d~ las
hadas; el crepé Georgette sigue e111 ·
picándose con gran éxito en esta
clase de ropa y algunas damas refim,das lo usan en un delicado co lor rosa
ténue, las batas de dormir y las graciosas gorritas de "boudoir" resultan
de un gusto exquisito haciéndolas de
esta tela en combinación con finos en
cajes valencianos; dicen que pron to
vendrá el encaje chantilly negro combinado con el crepé Georgette rosa para las prendas de ropa interior, pero
yo dudo qu sean de buen g usto.
Adiós, mi querida Luisa, en mi
próxima te daré algun os ei,tilos para
trajes de niños.
Tuya
LEONOR.

- - - - - o - -- - ·
CORRESPONDENCIA
FEMENINA

--o--

Ma'ría-Rosa:~Lamentará Ud.-y no

carse profetizá ndole para d:&gt;ntro de
poco muy
pronun ciados juanetes¡ Horror!
Laura: Desconfíe s iempre de ln,
polvo s de arroz, que no sea n J e
absoluta con fianza, porque poc:1s cosas habría que estropean más el cutis que ese afeite cuand o no t:S de la
mejor calidad.
Industriosa:-Las man cha s de .1 ;:et· .
te en los tejidos d~5apare-:en comba tiénd olas del sig ;1ie11tc modo : Cubrir de polvo fiuisi1n',) de yeso O
creta una hoja de ;npcl dt! estra¡.a,
Colocar encima la parte de tejido
manchada. cubriéndola tam bién del citado p olvo, y sobre est e otro papel
de estraza con una plancha encima.
Al siguiente· día, la man cha habrá desaparecido. En caso de ser muy anu·
g ua el yeso la absorbería con dific_ultad; entonces antes de empezar se
echará una gota de aceite sobre la
man cha y se operará con toda seguridad.

Después de bien cocidos los tallarines se van colocando en capas en
un trasto bien untado de mantequilla
intercalando en tre capa y copa la siguiente crema: se fríe en mantequilla una poca de harina con sal pimienta y nuez moscada; se bate bien una
. taza de leche del día anterior esto es
que haya empezado a cuajarse y después de bien batida se le añade una
clara y una yema de huevo batidas
por separado, queso rayado y sal; se
echa a freír todo en la mantequilla
con la har ina y se pinta con verde
vegetal cuidando de que no quede_espesa la crema añadiendo leche s1 es
necesario; se cubre el platón con esta
crema y se mete al horno un rato
para que se dore.
Ensalada de gallina
Después de bien cocida la gallina
se desmenuza y se le añaden rebanaditas de tomate. cebolla, papa, huevo
cocido y una lata de chícharos franceses ; se baten aparte tres yemas de
huevo con vinagre, aceite y unas gotas
de limón; se mezcla todo esto con
la gallina añadiéndole lechuga tierna
picada, sal y pimienta; se sirve en frío
sobre hojitas de lechuga colocadas
en t ajadas de pan un tadas de mantequilla.

Se hace t:n buen picadillo de carne de puerco con almendras pasas y
aceitunas; se rell enan los pimientos
y se bañan con una salsa caliente de
tomate; se espolvorean de queso rayado y se pone -el platón sobre una
olla de agua hirviendo; al tiempo de
servirse se adornan con lechuga:
Puré ide lentejas.
Se lavan, limpian y remojan las
len te_ias; se ponen a cocer con ajos
ceblla y sal ; se muelen y se fríen

en ma1:tequilla con sal · y pimienta;
al servirse se les añade leche o crema con una yema de huevo y se adorna con rebanadas de huevo cocido.
PASTELERIA.
PUDDING DE ARROZ.
Se pone a cocer una taza de arroz
y luego que esté bien cocido se le
añade leche y una taza de azúcar y si
se quiere una cucharadita de mantequilla. Se le agrega además pedazos
de manzana, durazno pasas de uva o
cualquiera otra fruta que se quiera. Se
baten cuatro claras de huevos y cuatro yemas separadam ente y luego que
estén bien batidas se mezclan y se 11!
ponen al arroz. Después se mete al
horno a que se dore. Si se quiere se
pueden dejar tres claras de huevos
para ponérselas bien batidas a1 pudding después de hecho, y meterlo al
horno o que se dore, quedando de ésta manera de muy bonita vista.

�- - El Alma de Bélgica - -

TOPICOS .DEL· DIA

11
1

La prensa diaria nos trajo la noticia de que Eliseo
Arredondo, futuro embajador carra~cista en Washington,
invitó en días pasados a Mis ter J ohn Lind, a una cacería
en los alrededores ele Piedras Negras.
Nada tendría ele particular la noticia si el antiguo representante personal del Presidente Wilson no fuese manco; pero como lo es, no nos explicamos su manera &lt;le ma-·
nejar el rifl e. Algunas gentes recién llegadas de Eagle
Pass aseguran que la cacería se llevó a efecto, y que l'vJister
Lin&lt;l mató "algunas füJbres" con "el sable" que según afirman, maneja a maravilla. Es raro que las liebres sean
muertas por medio de sables, aunque a decir verdad, para
manejar esta arma, no se necesita más que una mano.

X X X
-¿ En qué se parecen 'los Tranvías Eléctricos ele la Colonia Guerrero de la ciudad de México a Pablo González?
-En que andan p.or "la M¡oneda,' pasan por "Hombres
Ilustres," tienen título de ''Guerrero," atropellan muchns
inocentes y corren cada cinco minutos.

X

X

X

Francisco Villa fué hecho pedazos en los alrede&lt;lores
de Agua Prieta. Algunos que todavía creen que sus esperanzas deben ser depositadas en las ambjcioncs agenas, se
han entristecido extraordinariamente con la aparente consolidación de don Venustiano.
No, señores desterrados. Nada se gana con que Villa
derrote a Carranza, porque eso equivaldría a encumbrar -de
nuevo a un bandolero vu lgar. La reden ción de la Patria no
tiene nada que ver con la batalla de Agua Prieta, en donde tan solo se ventilan intereses faccionales sin importancia
social. La depuración nacional habrá de venir, y la eliminación de Villa no significa la consolidación de Carranza. Este, empezará a caer cuando acabe de subir. Hoy está en
su culmen, y muy en breve se desplomará de su trono.
Entretanto hay que celebrar con hosanas el ocaso de Villa y el maderismo.

X X X
Los banqueros de Mléxico se encuentran extraordinariamente inquietos con la última di spos ición del Gobierno carrancista que les quiere obligar a cambiar sus billetes por
dinero efectivo en oro o en plata.
La cosa no mierece la pena y sólo significa un disparate más. de acuerdo con los disparates que se cometen día
a día. Naturalmente, va a llegar el momento en que todos
estos errores amontonados produzcan una crisis pavorosa,
que haga peligrar la vida &lt;le l\íéxico.
Hoy les tocó su turno a los banqueros. La Revolución
ha ido desbaratando a todos los gremios uno por uno. Estos
se mantenían neutrales, apartados de la política, mientras
no sentían en sí mismos, la herida de muerte. La falta de
solidaridad en el desastre es lo que ha ocasionado la verdadera agonía nacional.
Si en vez de mostrar un egoísmo refinado, se hubieran interesado las clases y las instituciones del pasado, por
la superviYencia general, otra sería su suerte. Hoy es tán
expiando sus errores, como mañana expiará el carran cismo
su ign oran cia hacendaria y técnica.

X X X
El Doctor Cerna está empeñado en que seamos imparciales y ecuánimes en estos momentos trem endos en que el
General Fuston pide permiso al Gobierno de Washington
Patria

La imparcialidad cuando no es una virtud suprema, resulta un defecto imperdonable. ¿ Cómo es posible que veamos con imparcialidad una lu cha entre el prestigio norteamericano y el prestigio de nuestro México? ¿ Cómo quiere
usted que podamos prescindir de nuestras pasiones, cuando son el único puntal que le queda a nuestra sem i-derrumbada nacionalidad?
¿Ecuanimidad?
No, querido Doctor. Eso pasa en un Goethe que· ha
escrito_ un Fausto; pero no en nosotros que aún no podemos salir del montón agitado de la mediocridad. Bien está
el Júpiter de Weimar colocándose. por encima de las nacionalidades y tendiendo su mano al través de todas las fronteras; pero Goethe encarnaba una grandeza, que valía tan ,
to como su· propia Patria. Nos.ros, querido Doctor, al
asumir una ecuanimidad tan soberana, lo único que· lograríamos sería ponernos en ridículo.
Hay necesidad de que sepamos que no so1nos sino
ruedas de un engranaje superior que se llama México.
Qr·erernos salir de nuestro papel constituye una srmpleza.
No somos semi-dioses y por tal motivo no podemos asumir actitudes divinas.
¿Parcialidad?
¡Puede ser! Pero la literatura mexic~na es nuestra madre intelectual, y a las madres no se las puede discutir. Ahora bien, prescindir de los afectos, ir sobre las tradi cion es
suprimir las leyendas, para rendirle homenaje a. un Ho~
mero, o a un ]?ante o a un Shakespeare ________ bien está;
pero hacer tan grandes sacrificios de alma . para arrodillarse
delante de la Cabaña del Tío Tom ____ Vamos, Doctor ____ _
nos parece que usted está de guasa.

X X X
El Coronel Esteban Can tú, Jefe Político de la Baja California tenía depositados en dos Bancos de Calexico los
fondos de su Gobierno, que según personas imparciales,
eran em)])leados en obras materiales de trascendencia y en
los gastos de una administración honrada y justiciera.
Tan pronto como Carranza fué reconocido corno Gobierno "de facto'' en iVJ.éxico, sus agentes consulares procuraron apoderarse de las cantidades depositadas, contando con el apoyo de las autoridades, y con los mismos Bancos depositarios. Y al efecto pidieron el embargo de dichos
fondos, lo cual se está tramitando en estos momentos.
Nosotros no nos explicamos la poca previsión del Coronel Cantú. en depositar fondos de su Gobierno en un país
en donde el General Orozco fué ejecutado por ser "ladrón
de caballos/'

X X X
-¿ Quién perdió más en Agua Prieta?
-¿Villa o Carranza?
Porque si bien es cierto que sobre el primero pesa toda la derrota, sobre el segundo pesará de aq uí en adelante el telegrama del General Funston pidiendo permiso al
Gobierno de Washington, para ayudar a Calles en su lucha contra VUla.
La derrota de Villa no es sin o la confirmación de s u
desmoronamiento. Casi no tenía ya que perder, porque estaba destruído.
En cambio, Carranza estaba en su apogeo, vencedor,
dueño absoluto del campo. E l telegrama de Funston es una
derrota histórica, como lo es igualmente la ocupación del
puerto de V eracruz.
-¿ Cuál de las dos derrotas es más trascendental?
-:-El .
In di '

- ,..

La situación futura del admirable
reino belga, rot.o y disgregado por la
victoriosa ocupación germana, es, sin
duda, uno de los problemas de mañana más singularmente intercsa11tcs, en
tre otras cosas, por lo cxtrañ'l.mente raro y C(lmplejo de la personalidad étnica de ese país.
¿ Existe real J' definidam"!nte Uf\ al·
ma belga? Esta pregunta ha sido hecha por todos ](Is tratadistas que han
intentado investigar las entrañas de
· Bélgica, sin log•·ar encontrar su respuesta adecuada ni en los anti;;uos
antecedentes de la tradición ni en la
concreción moderna del país. Una
profunda y vigo,.osísiai.a línea de demarcación ha se9arado siempre a los
belgas del Norte de los .del Sur, y
entre flamencos y walones existe la
misnA aguda dispar~dad que entre eslavos y semitas.
Numerosos p:iíses de heterogénea
formación étnica, por el influjo de
poderosos facto, es determinantes, han
llegado a constituirse en una especie
de materia m~eva en su valor estable, si no definirlo. En Bélgica, a pesar de su civilización profundamente
condensada, se ha creado como una
ft1sión corno 1ma integración enea
minad~ al sostenimiento y a la fertilización del t,·abajo colectivo; pero
las dos razas que componen los m~sculos vivos dd país permanecen intactas no únil:ndose sino en un conglom;rado abso\utamente artifi~ial.
Por otra -rarte, el flamenquJ¡Sn.10
es eminente, funélamentalmente nac10nalista. y, al mismo tiempo, . ª&amp;udamente galófobo., Este mo".muento
s urgió lleno de tmpetu despues de. .ta
revo\r¡ción ~e 1830, como reacc1o.n
afirmadora C"ntra el penetrante afrancesamiento ele la Bélgica. .
Ya desde 1815 Holand~ unpuso. a
Bélgica su iclioma Y con el su. caractcr nacional, Y el R.e~ G~1llermo
desarrolló i:on robust1s1mo impulso

creciente una política que tendía •
transformar en neerlandesa el alma
belga, y rr111y especialmente a destruir
toda huell;i., toda sedimentación francesa. Algunos estadistas, como Ro.
ger, luchuon denodadamente en favor de l;i unidad lingiiística, a base,
desde l11Pgo, de la cultura francesa;
pero un gran contingente de nacionalistas, bizarramente aferrados a la
tradicinn, declamaron lírica y exaltadamentc que la tierra· que ni César ni
Carlom,gno habían podido dominar
jamás, no debía ser nunca tributaria
de país alguno.
Después una Asociación poderosísima, h vVillems-Fonds, concentró y
centralizó todos los in coherentes movimientos que perseguían la plena indepeT1dencia intelectual y política del
pr eblc, y con el empuje de esta cruzada el flamenquism-0 dilató y refor·
zó su campo de acción, añadiendo
nuev:is sumas de vitalidad a su caudal
amplio y firme.
P,)l de Mont, exaltador del flamenq1,i~mo, dijo con motivo de todo este
arcloroso renacimiento que el platonismo e.n política no era sino una
f,wma desmayada y vacilante de debiliuad de impotencia, y que si la afirmaición de Bélgica había de ser un
hecho era indispensable desgarrar
completamente cuanto no tuviese extensa y viva raigambre flam~nca. .
En esta corriente de sentimentalidad nacionalista la razón étnica es la
fundamental y decisiva. Los flamencos, de raza germá!lica, se encuentran
históricamente preparados de la manera más excelente para adoptar los
intereses alemanes, y si prescindim.os
de los apasionamientos y exag_e_ra.c10nes suscitados por la ocupac1on de
Bélgica, nos encontraremos con que
autores belgas de tanto fuste como
L. Germain, en su obra '}/ame. beige et le ·peuple flamand, sostienen
que Alemani'a enca~na actualmente

la fase max1ma de la civilización de
Europa y atribuyen el magnífico desenvolvimiento de Bélgica a la animadora influencia germánica.
Es sabid'o que la campaña sostenida en favor del Íntegro flamenquismo
de la Universidad de Gante se hizo
de íntimo acuerdo con el órgano pangermanista Alldettuche Blatter y con
la llameante revista Germanía, siempre tensa y rebosante de actividad
patriótica.
León Vanderkindere, el admirable
escritor flamenco, de la manera más
rotunda y categórica dijo recientemente en una de sus brillantes conferencias que el supremo renacimiento
belga no tendría lugar sino después
de haber destruído toda la venenosa
podredumbre gala y después de su
incorporación a la gran madre Germanía.
Cuando se fundó en Bruselas la
Escuela Francesa
el Vlaamsche
Volksrraad :protest'ó enérgicamente
contra aquella invasión franc~sista
que amenazaba carc~~~r y derruir ,to·
do el ·sob-erbio ed1f1c10 constrtudo
por los flamencos, y finalmente, merced a la tenalCiclad de los cruzados flamencos, el "Vilhemus van . Nassauwen" ha . sido declarado himno nacional.
Todos estos rasgos, ¿no de~otan
que esa aproximación de Bélgica a
Francia· puede ser meramente externa y artificiosa Y que en e! fon.d o
del· alma belga tal vez no exista esa
supuesta rencorosa amargura contra
la ocupación germana?
.
Así como esta guerra va reduciendo los círculos políticos de Inglateigualmente se van estrechando
rra, manera extraord'mana.
· t os que .en
de
otro tiempo fueron ~astís1mos radios
esp_irituales de Fra.ncia.
Isaac Muñoz.

�•

El Oasis de Paz

ocre, verde, oro. Una vez más com¡m1ebo mi impresión antigua, y es :
las arboledas. Son casas germá nicas.
que F rancia da idea de algo ilustre
que se ha h echo viejo y, por tanto .
melancólico; mientras que t odo 10
germánico ayuda a la idea de la j uventud; per o una juventud sana, tu·
multuosa y alegre.

•

PaiBaje de Suiza.
Despu-s de Francia, cuando el úl,
timo gesto rabioso de Francia se ha
perdido entre las aguas torrentosas
del Ródano, he ahí que aparece la infinita serenidad de l .lago ginebrino.
La guerra ha quedado lejos. Todo
transpira calma y buen s entido. E s
la Suiza y es la paz. Es una pausa
amable en el camino; una isla que ha
quedado flotante en medio de la tempestuosa inundación europea.

sos y ademán honrado, honesto. No
logró descubrir una mujer que se
muestre preocupada de tentar al varón.
En tal sentido. Berna es la antípoda
de País. L os hombres tienen ya la
cabeza alta, fuerte, rapada ; estamos,
pues, entre germanos.
¡ Qué curiosa la ciudad! En esta
ciudad, que es capital de ona nación,

¡ Qué divinamente luce este día otoñal, lleno de reminiscen cias estivales !
El aire es suave; la atmósfera es
transparente, clara, in fanti\. Ginebra
reposa junto a su lago, toda elegante y tranquila. (Tal vez un poco desvirtuada por la propina corruptora t
imperiosa del turismo inglés y americano). Y el lago Lemán, por último.
duerme al pie de las colinas labrada",
trabajadas . hasta la angustia, donde
los viñ edos alternan con las blanda~
praderas de césped bien cuidado, como hierba de jardín. Una barca a
dos velas, inmóvil en el espejo riel
lago. Un vapor fluvial que navega
rápido. dejando larga estela. Los
pueblos en la orilla, con su campana·
rio puntiagudo.
·y todo es te panorama de cromo va
deslizándose al paso del tren, cada
vez más bonito, cada vez .más sereno
y sublime. La t arde declma. El sol
se ha acostado sobre el lomo de una
montaña· antes de ocultarse compJe.
tamente ha querido reflejar su disco
rojo en el lago bien amado, para au·
mentar el valor del panoram~. Y el
panorama, en efecto. se convierte en
una cosa estupenda, de calma, _de ~erenidad, de corrección lineal Y colonsta ....•
En Berna ,por la mañana tempra~o,
los campesinos llegan a la pl.aza ~nncipal. Hay ~ r cad? al aire ~1bre.
¿Tenéis una idea ru1~osa Y a~na .de
los mercados con gntos Y d1scus10_nes. con chal;neos y disputas ? Aqui.
al revés, el mercado trans~ur:e e.n el
mayor sosiego. Todo esta limpio Y
ordenado. y O me complazco en transitar entre los puestos de verdura.
Dejo reposar los ojos sobre los montones de zanahorias y bersas, sobre
las robustas manzanas Y las nueces
recién cogidas del árbol. Me a cerco
a oler las flores que traen en ramo~
in correctos las aldeanas.
Hay flores por todas partes. La
ciudad rebosa de flores .. En las balconadas de los edificios público~, en
las humildes ventanas de los cmdadanos en la mesa del café, en el
aparador de la cervecería. Hay flores en cualquier sitio ; las . hay en t.odos los sitios donde es posible l.a exis ten cia de una fl or. L os gerani os ro
jos manchan con su nota de sangr~
el verde intenso de las praderas . Y
hay .praderas O haf árboles por doquier. Donde terminan las casas empiezan inmediatamente los prados )'
los árboles.
Gente. Una gente de rasgos borro-

U n río límpido y rápido contornea
la ciudad. Desde los elevados puen
tes se ve allá bajo, muy en lo hondo,
las aguas de un verde claro. Se ve
el fondo del río. Sube una fr escura de
agua de nieve. Y en la atmósfera se
percibe un aroma sutil, mezcla de
agua corriente, de hierbas segadas y
de nievs altísimas.

los hombres no han sentido la tentación peligrosa de hacer· calles muy
rectas, avenidas muy largas y edificios muy altos. Las calles tuercen y
van a su capricho; las casas s e e:,,
parecen por las p endientes y las ci:mbres de las co linas . L os barrios se
desgajan del cu erpo de la ciudad )
huyen a sumergirse en la blandura de

- Allá lejos sobresalen los Alpes.
Emergen del primer plano verdoso,
de las azuladas lomas y, por fi n, de
las nubes que el sol incendia . L::.;,
cumb res nevadas, a lo lejos, parece
más bien que flotasen como ampo~
de nube.

1

1

t

-

i'

i I·

Desde la baranda de un puente me
entretengo en mirar ~ unos ch i~os qt!c
j ue~an al foot-ball Junto al n o. Es
un prado extenso, ll~no de_ sol. L?~
chicos, como de qumce anos, estan
desnudos; sólo visten un c_orto cal
zonc illo a manera de taparrabo. Ifo
lleran ni gorra ni calzado. El sol
se ensaña con sus carnes adolescent~s.
Pero en lugar de golpear el pelot~P
de colores alegres : blanco, gns, r?Jº
con los pies, lo golpean y maneJar:
con las manos. Al dar las . once,
bruscamente han terminado su Juego.
Dos de los muchachos se lanzan corriendo al río. Nadan a favo r de l¡¡
corriente. Luego combaten la resaca con fuertes canotazos . Y alcanza!'
la orilla. Se dirigen corriendo a um
casa que tiene aspecto de escuela c.
de gimnasio.

y al llegar la no~he. sin duda i:,orque es sábado, estos hon~ados suizos·
· e lanzan a beber. ¿ Cuantas t~1.Jer~as y cervecerías, cuántos caics ,Y
restaurants existen en Berna? ?u, nu·
mero es Yerdaderamente prodi,gwsu.
Los hombres beben cerveza a gra~des tragos O apuran botellines. de .~t·
Perc de esta abundante ltbac1on
~~- surge un efecto trágico de borrachera: es más bien un e~ecto de _kerrnesse. Lo·" rostros rubtos se
D hacen
·
más rosados, Y esto es todo. espues,
en las balconadas que dan sobre el
. o a la luz romántica de la luna. veo
~ia;ar grupos de i?venes que can~an a
coro caucione~ tirolesas,. tan dulce:,,
tan campesinas y armo111osas.---

. Oh suizos h eroicos Y altiv?s ~uizo~ q~1e corn~rendistei.~ la ~ifíc1l cie¡icia ' de la vida ! Haceis bien cua1~l o
'záis la frontera con v.ue stros fusil.es
en
.
Vuestra independencia,
preventivos.
d esa vida vuestra tan humana,
to a
l'bre merece de vetan buena y tan .i{. . ' 1 de la muerras el último sacn ic10. e
Pero la patria de uno, aunljue sea
te.
.
bre Y mala, ¿ 110 mere~
una yatnae pe~ honor de hacerse mace siempr
tar por ella?
!osé Ma. SALAVERRIA.

Cuellos y Tocados..
·Modelo de T raJe de Invierno.

�RlVISTA M[XICANA

Aparición
Traducción de Victor Hugo por Manuel M. Flores.

SEMANARIO ILUSTRADO
'

H e visto un ángel blanco. Sobre mi sien t endía
rns alas deslumbrantes: su frente en la sombría
tiniebla de la noche miré desparecer.
"--¿ Qué es lo que buscas, ángel, en la nocturna
(calma?"
le dije, y respondió me:
"......,Yo vengo por tu alma."
Ent onces t uve miedo, porque era una mujer.

Director y Propietario
Lic. Nemesio García Naranjo,

-o--

P. O. Box 637
Esq. Houston y Leona Sts.
San Antonio, Texas.
-

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Números atrasados_ 20 centavos oro
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- i O h, déjame mi alma!-gritéle suplicante.
¿Adónde te la llevas, incógnito habitant e
de yo no sé qué mundo?- -----y nada respondió.

-¿ Te llevarás mi alma al emprende~ el vuelo ;
y qué a mi pobre vida le quedará en el suelo?
El ángel se callaba ___ _ El cielo se enlutó.
-Viajero de los cielos, yo quiero conocerte.
¿Acaso eres la vida? __ __ ¿Acaso eres la muerte?
El ángel se hizo negro, y dijo:
"- Soy Amor."
Pero su faz de sombra más beJla era que el día,
brillaban sus pupilas entre la niebla fría,
y ví tras de sus alas los astros del Señor.

Un Recuerdo
Conclusión

-o-1

ADVERTENCIAS :
Los pagos de suscripción deben ser
adelantados. No se devuelven origina- ·
les.-Para anuncios y demás asuntos
de administración diríjase a:
REVISTA MEXICANA.

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SAN ANTONIO, TEXAS.
--0-

REVISTA MEXICANA
Illustra te'd W eekly
Director and Proprietor
Nemesio García Naranjo.
P. O. Box 637.
Cor. Houston &amp; Leona Sts.
San Antonio, Texas.

anunciándome están
que un hombr.e, r.omo todos. de esta
pasó a la eternidad.
- Y tú te has de morir? la dije entonces,
¿tu amor me faltará?
Y ella sin co ntestar no más lloraba
y yo lloraba más.
S0bre t;u seno recliné mi rostro
y ella con dulce afán
enjugando mis lágrimas decía;
- Vamos. ya está, ya está.
Pocos años después perdí a mi madre:
no ceso de llorar
y en sueños la conte mplo cada día;
del cielo viene ya.
Llega y se acerca hasta tocar mi fre nte
su rostro celestial,

El derecho de hacer la Guerra
Conc'u-ión

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.

es necesaria para dar al carácter nacional ese estímulo del que estos senti·
mientos nacen, y solamente así está n
capacitadas las naciones para hacer
justicia a los más altos deberes de ta
civilización, mediante el completo
desarrollo de las fuerzas morales. Una
nación intelectual y vigorosa no puede
sufrir peor destino que verse condenada a una existencia de Feaciano por el
goce indisput,ado de l.a paz.
Los movimientos pacifistas muy fre ·
cuentemente son usados solamente para disimular proyectos políticos profundamen te egoístas. Su idealismo hu-

manitarista aparente constituye su peligro.
Nuestro pueblo debe aprender a ver
que el mant en imien to de la paz nunca puede o debe ser el fin de una política. La polí tica de un gran Estado
tiene fi nes positivos. No solamente
debe tener la conciencia de que en
cuestiones vita les que influencian el
desarrollo de una nación. el llamamien
to a las armas es un derecho sagrado
del Estado, sino que debe mantener
esta convicción siempre viva en la
conciencia nacional.

�El próximo 21 de Nov:embre publicaremos rn número dedicado a la
REVOLUCION MEXICANA ini.
ciada hace cinco años.
Graba·fos espléndidos, artículos alvsivos e imparcialidad de criterio, harán de este número uno de los más
intrre~antes en la historia del periodismo mexicano.

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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