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                  <text>ALREDEDORES DE MEXICO, PAISAJE DE XOCHIMILCO.

�.REVISTA MEXICAN·A,.
.,

Semanario Ilustrado.

..

¡

. - ,

..

Entered as second class matter, October 25, 1915 at the Post Office of San

~ ·-

,,

-,~·

_,u

Antonio, Texas, under the Act. of l\Iarch 3, 1879

Afio

l.

San Antonio, Texas, Diciembre 26 de 1915.

Número 16.

Villa y el Villismo
La Corte del Patibulario.
La extinci6n de Francisco Villa como caudillo revol'ucio·
nario fue la nota sensacional en la última semana. El bandolero se encuentra vencido y ha llegado a este país, en donde hace pocos meses era aún tratado como "entidad internacional." Viene cargado de oro: trae como botín los pro·
ductos del saqueo impune de una naci6n; pero todas las ri·
quezas del mundo reunidas no le podrán proporcionar ni la
décima parte de la voluptuosidad de su antigua vida, caprichosa y errante, llena de audacias y peligros: pronto sentirá
el hastío de su existenc·a burguesa en el destierro, y reinci·
dirá en s'u afán inextinto de aventuras. Los hombres como
Villa no pueden estar tranquilos sino en un presidio: nacieron para llevar grilletes en los pies, y cuando no los tienen,
los buscan por extraña fatalidad. Dice Dostoyewsky que la
pr·mera obsesión de todo criminal consiste en visitar el lugar del crimen: por eso, Villa volverá a cruzar el Río Bravo para recrearse en el antigt·o teatro de sus famosas correrías. Entonces, quizás tropiece con el patíbulo que lo está
reclamando desde hace un ci·arto de siglo.
No existe en nuestra historia una figura q11e se pueda
comparar con la de Francisco Villa. En tres años se convirti6 de jefe de una partida de foragidos en amo a': soluto de
una Nación. Después de haber sido durante veinticinco años
camarada de patibularios, desp';és de segu:rlo siendo, gozó
de la embriaguez loca ce contemp!ar a sus plantas besando
sus botas enlodadas a eminentes personalidades que se habían distinguido en la Cátedra y en el F~ro. ¿QiJé prestigio
recóndito poseía este homtre singular para que los espíritus más orgullosos g' orificasen sus obscenidades de lépero?
¿Qué milagroso conjuro hacía que sus lacayos besaran el
látigo con el cual los azotaba? ¿Qué fuerza magnética emergía de su ser para que las gentes, en su presencia se olvidaran
de la dignidad y del honor?
Hombre vulgar, enteramente v·1 1lgar-nos dicen aquellos
que lo conocieron. Procablemente tienen raz6n; pero su vulgaridad no; fué obstáculo para que adornase su cuadrilla de
bandolero, con las charreteras deo Felipe Angeles, la casaca
diplomática de Miguel Díaz Lombardo, la toga austera de
Francisco Escudero, el birrete dóctoral de Miguel s ·1va y la
borla rniv~rsitaria de Valentín Gama. Hombre vulgar que
casi sin e; !uerzo realiz6 el placer inefa':ile de verse obedecido y aclamado por cna crema intelectual, que aunque degradada y abyecta tenía que mirar con asco la exaltación del
delito y la apoteosis de la obscenidad.
Felipe Angeles fue un alumno distinguido del Colegio
Militar en donde se graduó como Teniente de Artillería. Más

tarde fué pensionado en Europa, donde ampli6 notablemen·
te su cultura militar. En las escuelas francesas trat6 intimamente a las primeras personalidades del Estado Mayor y
contrajo franca y cordial amistad con los Generales Pau y
Foch, hoy figuras de brillantísimo relieve en la tragedia europea. A su regreso desempeñó en México comisiones técnicas de trascendencia y acabó por ser Director de aquel
Colegio, cuyos alumnos enseñaron en 1847 a morir en contra del invasor. Ese era Felipe Angeles. Pues bien un día
este hombre absurdo se olvid6 de sus lauros de estudiante,
de su cultura refinada, de su amistad con Foch y con Pau,
de su grado de General, del alto ejemplo de pundonor que
debía infiltrar en el ánimo de sus discípulos; y poseído de
rn vértigo de precipic:o, dej6 ideales, conveniencias, dignidad,
laureles, honor, por sentir la voluptuosidad inexplicable de
revolcarse en un estercolero.
Miguel Díaz Lombardo pertenece a una distinguida familia conservadora, que ¡::or sus preju:cios arcaicos de imperialismo, se mantuvo distante de los gobiernos de Juárez de Lerdo y de Díaz. Don Mig.iel hizo magnífica carrera de abogado, que perfeccionó en el bufete del cultísimo Emilio Parco: vivi6 apartado de la cosa pública hasta figurar transitoriamente en la Administración del Sr. Madero. Fernando
Iglesias Calder6n y Miguel Silva eran dos reconocidas intelectualidades que vieron con malos ojos la dictadura porfiriana, soñando quizás con la resurrección del legalismo de Don
José María Iglesias. Valentín Gama, era un hombre superior recluído en su gabinete de pedogogo y matemático, porque se conceptuaba muy por encima de su época. Todos parecían esperar mejores días, reservaban sus principiales energías para un tiempo propic:o en el cual su colaboración fuese már, eficaz a la República. Mas vino la conmoci6n revolucionaria. . . . . . y aquellos hombres que habían esperado
veinte años, aquellos que rechazaron con orgullo la librea
¡::orfiriana, no t11vieron empacho en domar sµs rebeldías de
antaño para incorporarse en el Estado Mayor de un presidiario. Odiaron la matona y füeron siervos del grillete.
¿ Qué hizo Villa para pervertirlos?
Nos explicaríamos perfectamente la actitud de ]os "intelectuales villistas" si Villa hubiera revolu~ionado moralmente; pero lejos de ello, cuando se encontró en el solio, siguió siendo el mismo, con su amor siemprq creciente a la
disoluci6n y al pillaje, al concubinato y al ro'\;)o, a la traici6n
y al cr1men. Las líneas de su rostro no se ennoblecieron
con el mando: su frente continu6 cetrina, llena de protuberanc:as y coronada por los cabellos alborotados del rijo-

�so; sus mofletes abotogados de infamia, siguieron en perpetua congestión-; sus ojos jamás perdieron la feroz desconfianza de las hienas; su nariz se mantuvo siempre abierta, como
sedienta de sangre; sus mandíbulas desproporcionadas crecieron en vez de suavizarse, como si procurasen eternizar
su apt:tud de triturar cartílagos y huesos; y su boca, aquella horrible boca de bestia nunca abita, ostentó siempre la
misma mueca abierta, como si constantemente estuviese lista
para vomitar insolencias y chocarrerías.
Pensando en este hombre singular y en los hombres que

¡0 rodearon conduímo¿ en que no fue una virtud emergente
de su ser la que lo hizo tener esclavos de la inteligencia.
Fué algo pavoroso y que casi nos resistimos ~ confesar~o:
fué una depravación general, una gangrena horrible, una fie-

bre de disolución que se apoderó de una sociedad corrompida, en un tiempo maldito, que recordarán avergonzadas
las generac:ones venideras. Afortunadamente, la eliminación de Villa no es un epílogo revolucionario como supone el
carrancismo. No! Es el prólogo de una serie de eliminaciones necesarias para la reconstrucción na~ional.

Admirable caFicatura de Villa, original de Santiago R. de la Vega Y que fue publicada en "Claridades" de El Paso Tex.

Reoista Mexicana,
Desea a sus lectores un Feliz Año Nuevo
que les compense de todas las desventuras de 1915.

Hombres y Reses
Desae Jauja.
A 13 de Diciembre de 1915.
Mi muy estimado campañero:
_ F irme en su idea de ir sembrando
de decretos el campo nacional, nuestro muy ilustre ex-senador de la era
abominable, ha lanzad.o desde Saltillo, durante su gira democrática, un
decreto prohibiendo la exportación
de cueros de res.
Ese documento ~s breve, tan breve
que sólo contiene tlll Considerando;
pero chorrea jugo de puro substancioso, porque en él se declara que el
alto precio de los cueros tiene origen
en la escasez de reses, y és ta proviene
de "Haberse venido sacrificando el
ganado desatentadamente, a veces en
forma delictuosa, con grave detrimento de la agricultura y de los intereses
públicos."
La claridad del documento, como
comprenderás, no permite que se diga quiénes han sido los causantes de
la escasez del ganado; pero por lenguas ponzoñosas se sabe que la obra
del carrancismo se inició g loriosamente con jornadas de abundantísima exportación de reses que se hallaban
"bajo la férula ignominiosa de sus
propietarios"; y at:nque esto ·no ha de
ser un misterio para el insigne redentor coah uilense, porque casi en sus
barbas, según las mismas lenguas
ponzoííosas, desatentadamente y en
forma delictuosa se consumó el sacrific:o, buen.9 es que a estas horas¡ quizá tin" poco tarde !-se t rata de reparar el daíío para que no siga el
grave detrimento de la agricultura y
de los intereses públicos, confonue
reza el decreto regenerador.
TT ablando un momento en serio,
permíteme exclamar: ¡Qué amarga
verdad la de Don Venus! Efectivamente, se ha venido sacri ficando el
ganado, corriendo con él a tierras de
Yanquilandia, y vendiéndolo a cambio
de carabinas y balas para combatir la
tisurpac1011. Porque la usurpac1011
tiene perfiles trágicos; pero ofrece todos los toques fascinantes del ideal
más puro, cuando es usurpación de vacas gordas, toros lucios, bueyes laboriosos y cabras lecheras! i Oh deliciosa égloga la que podrían escribir los Virgilios del carrancismo, rememorando el éxodo de aquellos ji,.
defensos animales conducidos por los
otros que iban armados hasta los dientes!

Las jornadas de entonces han de
haber dejado en el aire lamentos de
angustia mezclados con silbidos paYorosos. Las vacas, los toros y los
bueyes, muge y muge; las cabras, bala y bala, y los exporta dores, bala y
bala también _____!
Durante los días que permaneció en
Saltillo, Don Venus, no queriendo parecerse ni de lejos a Don Porfiri.o,
tan aficionado a cacerías, consagró
sus ocios a ejerc1c10s cinegéticos.
Quizá entonces, al hacer un recorrido por los feraces campos que ha cult ivado con patriótico esmero, se halló
de improviso, escopeta en mano, con
una vaca enflaquecida por luengas vigil ias _____ _
y dándose en la frente una palmada,
ha de haber dicho para su coleto:
"Voy a echar un decreto
Pa que ya no se lleven la Bueyada".
Y así nacería la nov1s1111a disposi~
c1on que viene a surtir sus efectos en
las crías de aqu ellos toros y de aquellas vacas arrebatadas al terruíío, y
los cuales dobla rían la cerviz co~ Yisibles señales de amargu ra durante la
caminata, y una vez allá detrás del revuelto Bravo, mugirían dolientemente en sus horas 110stálgicas. Los animalillos que entoiices por su corta
edad quedaban aquí, dejados por inút iles, !!orando su orfandad y su aban dono. serán los que hoy obtengan el
beneficio de no salir del predio nativo, destinados a perecer de indigestión por lo abundante y jugoso de
los pastos, baj'o el mismo diáfano
azul que cobijó su cuna, y al que
tántas veces habrán dirigido lánguidame:n le los ojos húmedos en demanda
de misericordia para que no se les sacrifique en fo rma del ictuosa.
¡Ay! Si nada más fa! taran cueros
de res en Jauja, no sería tan lamentable nuestra situación; pero si nos damos a contar los cueros humanos que
han sido perforados por las balas y
que estarán bajo tierra, aparte de los
millares devorados por lo~ cuervos,
desfilaría ante nuestros ojos una procesión dantesca! Verdad es que este
sacrificio no ha t enido características
del ictuosas, ni ha sido con perjuicio
ele la agricu ltura, porque cuando se
muere y se mata por un ideal tan seductor como el consignado en las glo-

riosas páginas del Plan de Guadalupe,
la existencia personal y la existencia de la agricultura significan lo que
un átomo en la inmensidad de los
espacios.
De acuerdo con el decir de las lengua s ponzoñosas antes citadas, nadie
sabe que en tiempo de la dictadura se
cometieran actos delictuosos tan seííalados y tan abundantes con el ganado, como sucedió desde la iniciación
de este surgimiento reformista. De
modo que por mucho que se apure la
memoria, no se da con otros culpables de tal delito que con la num erosa pléyade hacinada bajo la bandera
que enarboló Don Venus.
Sin embargo, no hay que perder
la esperanza de la democrática reivindicación C\!ando. se ~xijan Tesponsabilidades. Así como se fusiló a
García Granados, porque no pensaba
que ser carrancista fuera una virtud
Y se pasó por las armas a Gustav~
Navarro, porque fabricaba proyectiles
destiuados a defender el honor nacional cuand o en Veracruz tomaron hospedaje los yanquis, así también se irá
haciendo la investigación depuradora
del delito de robar ganado, y llevarlo
a Texas, y convertirlo en fusiles y parque para matar mexicanos, y entonces se verá cómo cumple sus ideales
la revolución, castigan do a los que
Desatentadamente sacrificaron reses
en forma delictuosa.
Comentan do el texto del famoso decreto, los meticulosos piens¡m que
habría sido más delicado no mencionar lo de la escasez, ni lo del sacrificio. ni lo de la delincuencia, ni lo
del detrimento, por aquello de que
no es prudente, ni piadoso, mentar la
soga en la casa del ahorcado; pero
Don Venus ___ __
que en decir la verdad no tiéne em(pacho,
no ha querido taparle el ojo al macho.

Y aquí da término esta mi duodécima epístola, no sin enviarte un a fectuoso abrazo.
Tu amigo y cofrade.
SILVERIO.

�que sne darra usted un permiso para

Sr. Dr. David Cerna.

El Presidente Lincoln y el Secretario Stanton
Anécdotas de Personajes Célebres.
Escrito Especialmente pa.ra "REVISTA MEXICANA"
Una afligida madre suriana que había logrado obtener del Presidente
Abraham Lincoln, el perdón para su
h ijo condenado a muerte como espía,
compareció en la Secretaría de Guerra. llevando el documento oficial en
que se ordenaba fuese puesto el reo
en abso luta libertad.
La dama &lt;lió el documento a un escri biente, y éste lo entregó al Secretario Edwin M .. Stanton.
m' señor Stanton era un distinguido intelectual; robusto, de baja estatura, barba larga algo canosa, ojos
negros y vivarachos; y de ligeros
movimientos de cuerpo, con tendencia,.a la nerviosidad.
Dirigiendo una mirada furtiva a su

visitante, exclamó :
-"Con que usted es la señora que
ti ene un hijo herido en la prisión,
sentenciado a muerte con10 espía?"
- "Por mi desgracia, yo soy," le
contestó la pobre mujer, derramando
copiosas lágrimas.

años, que hace tres se huyó de mi lado
y entr ó al servicio de las armas."
-"Ni una palabra más, señora," repuso el Secretario, montado en ~ra.
"N9 tengo tiempo que pe rder. Favor
de retirarse, que nada puedo hacer
por usted."

-"Bien; pues nada puedo hacer por
usted," continuó el Secretario, ya en
un tono más brusco. "Ni puedo emplear 1¡ás tiempo en escucharla. Si
usted ha dadq_ a luz y criado seres
para que se rebelen con tra el mejor
gobie rno de la tierra, sujétese a las
consecuencias."

-":C,.flas, traigo para usted una orden del señor Presidente", prorrumpió
la madre, en tono ele protesta.
-"Sí, señora, ya lo sé," repuso irónicamente el Ministro, "ya lo sé. Y
haré con esa qrclen lo que con muchas
otras de igual procedencia: me empeñaré a fin de que no sea obedecida.
Ahora,· tenga usted la bondad de retirarse."

- "Pero, señor mío," replicó la dama, entre sollozos, "mi hijo es tan
sólo un muchacho de diez y nueve

-"Pero el Presidente me aseguró

pasar al Hospital, toda vez que estaba
acordado el perdón para mi hijó." ~
-"Ah, ya comp rendo. 1fas, permítame usted, señora, que le haga
saber esfo : El Presidente es un imbé'cil, un egregio imbécil. Y ahora, ¿me
hace usted el favor de retirarse y dejanne en paz?"
-"¡Vaya un animal!", exclamó pa.ra
sí, indig nada, la joven que acompañaba a la angustiada madre.
Esta últiina agregó:
-"¡ Por qué se investirá de autoridad a individuos semejantes l"
-"Para mí es un misterio," observó la joven. "Sin embargo, se ha
asegurado que el señor Stanton es el
~ec retario de Guerr.r más grande que
ha figurado en n uestra historia."
Ambas damas regresaron incontinenti al despacho presidencial. Llevadas a la presencia del señor Lin.
coln, la joven contó al Supremo Magis trado de la Nación, el mal recibimiento que el señor Stanton había
hecho a la pobre madre, y dióle a conocer el leng uaje abusivo emp leado
por aquel.
- ''Con que el señor Secretario dijo
que i yo era un imbécil!, exclamó el
Presidente, frunciendo el entrecejo y
asomando a sus labios humorística
sonrisa.
-"Sí, señor," agregó la joven, "un
egregio imbécil."
-"Egregio, además" reputo el Presidente, la risa conteniendo a duras
pehas. ''Vaya, vaya _____ Bien; si el
señor Stanton ha dicho que yo soy
un egregio imbécil, así debe ser----porque, por experiencia, me consta
que el señor Secretario casi siempre
tien e razón, y siempre siente lo que
dice. Pasaré a verlo sobre el partictilar. Entretanto, no se preocupen
ustedes pot el in ciden te.-El hijo de
usted, señora, será puesto en absolu ta
libertad."
Dibujóse la a nsiedad en el triste
rostro de aquel grande hombre, escapóse un suspiro de su pecho, y la atribulada madre pudo observar, a l través
de aquellos ojos grises vagamente al
vacío dirigidos, una ráfaga de decisión
suprema, y del león el poder indómito.
Atentamente despidió a sus visitantes, y al punto trasladóse el señor
Lincoln al Ministerio de la Guerra.
El Secr etario, que en esos momentos acusaba un humor insoportable,
hallábase solo en su despacho, nerviosamente a su s illón asido. Con característica humildad preguntóle el Presidente las r azones que tuviera p~ra
r ehusarse a ejecutar su orden. Sin
vacilació n alguna contestó, colérico, el
señor Stanton lo siguiente :

-"Mis razones son muy sencillas.
La ejecución de ese traidor es de todo pu nto necesaria, pues ella forma
parte de una bien estudiada política
de justicia de qne esencialmente dependen el porven ir y la estabi lidad de
la Nación. Si he de ser yo quien
desempeñe las labÓres inherentes a
esta Secretaría, no permito que la intervención del Ejecutivo estorbe constantemente mis actos. Además, el individuo de mayor influencia en el
Congreso, me ha recomendado encarecidamente se haga en este caso especia l, estricta y pronta justicia. Por
tanto, yo aconsejo a usted, señor Presidente, se abstenga de entrar en abierta lucha con es·e Hércules de la política militante, y con particnlarismo
durante esta terrible crisis nacional
por que atravesamos."
A la verdad, los excesos de aquella época de historia política cu lminaron en los esfuerzos que, aun después
del injustificable asesinato del P residente Lincoln, se hacían para african'izar varios de los más grandes Estados de la Unión Americana; como
hoy, por ejemplo, con sus procedim ientos antipatrióticos, los jefes reYOlucionarios en la desventurada patria de Cuauhtémoe y de Juárez, tratan, al parecer, de substituir con otra
imposible, ¡ el alma de la nacionalidad
mexicana!
El señor Lincoln, sentado en un
confidente, cruzadas las piernas, con
toda humildad, sin proferir palab ra
alguna, 'y s in acusar la más leve emoción, escuchó hasta el último vocablo del discurso que le espetara su iracundo Secretario. Efectuando luego
un lige ro cambio de postura, y colocando las manos sohre sus rodillas, e)
impas ible Presidente, con toda saugre fría, clavó sus intensos ojos g rises sobre Stanton cuyos labios aun
acusaban movimientos convulsivos, y
expt:so brevemen te :
-"Stanton, yo creo que mi orden
debe ejecuta rse."
-"Pues no ha de ser así," con testó el interpelado, de mane ra decidida.
"Usted trata de interrumpir el curs,J
de la jus ticia, y yo no puedo ejecutar esa orden."
El señor Lincoln, sin dejar ele clavar su mi rada penetrante sobre el obstinado Stanton, pausadamente, y con
insistencia, exclamó:
- "Señor Secretario, esa orden debe
ejecutarse."
Al punto el señor Stanton &lt;lió media vuelta sobre su asiento ,tomó ía
pluma, mojóla en el tintero, corrióla
ne rviosamente, rápidamente, sobre
una cuartilla de papel oficial que te,
nía delante, y, después de calzar con

su firma lo que había escrito, se levantó, acercóse a l señor Lincoln, con
el documento en la mano, y pron unció
estas palabras:
-"Señor Presidente, deseo dar a usted las gracias por sus constantes de,
mostraciones de amistad hacia mí durante estos terribles afios de prueba
en que he desempeñado esta Cartera. La guerra ha concluido, y mis labores oficiales también han terminado. Le presento mi renuncia."
Del sofá lentamente levantóse el
señor Lincoln, y echó una mirada de
sorpresa sobre el rostro, enrojecido
de ira, del Ministro de la Guerra. Tomó el docume nto, lo hizo mil pedazos, y, colocando uno de sus largos
brazos sobre los ho:nbros del atolondrado Secretario, expuso, en tono casi paternal:
- "Stanton, usted ha s ido un fiel
sirviente público, y no es usted quien
ha de determinar la !echa y la ocasión
en que ya no sean necesarios sus
servicios. Siga usted adelante en sus
tareas. En este asunto que ha motivado nuestra actual entrevista, quiero que se cumpla con lo que he tenido a bien acordar. Pero _____ , de
·ello yo me encargaré personalmente."
Sin pronunciar una sola palabra en
contestación ,el Secretario S tanton,
visib lemente conmovido, volvió a ocupar su asiento; y el Presidente, satisfecho, regresó a la Casa Blanca.
De aqt:ella furibunda campaña que
se llamó Período de Reconstrucción
Nacional, y que tan sólo era un caos
en que estallaban las más tremendas
pasiones políticas, y en que tantos crímenes a diario casi se cometían, el
Goliat había ce dido a la pa labra persuasiva, caído inerme ante la serena
pero enérgica actitud, de aquel humilde David que tan hábilmente manejaba las riendas del "mejor gob t
no de la tierra."
Sea de todo ello lo que fuere, es
bien sabido que después de l extraordina ri o suceso que narrado queda no
tu \'o el Presidente Abraham Lincoln
amigo más leal, ni más grande admirador, que el Sec retario F.dwin M.
Stanton.
DA VID CERNA.
San Anton io, Texas, Dic., de 191'5.
NOTA.-No carece de autenticidad
la an terior anécdota, pues de ella han
dado cuenta varios autores, entre ellos
Thomas Dixon, jr., en su reciente interesantísimo libro :intitulado ·T he
Clansman. De esta obra principalmente me he servido en la preparación de l presente trabajo.-D. C.

�/

·Nuestros Iritelectllfllei '.- ','·,:

..

;~

.

Don Ricardo García Granados.
Su Vida, sus obras y sus luchas.
-Pero dice usted que aquel caballero es don Ricardo García Granados?
-Sí, señor. El mismo.
-Parece imposible!
Pero era él. Los mismos pasos,
los mismos modales, los mismos ___ _
Nada! Que no había duda. Que era
él. Y le seguimos.
Iba el l1om Ure incondcible, Un
traje negro y polvoso le servía de
vestido; un sombrero de alas anchas y
caídas le cubría la cabeza, y unas barbas tupidas, más descuidadas que lacias, le sombreaban la cara, dándole
todo un aspecto imponente.
- Pero este es García Granados, el
historiador?, preguntamos.
-Sí, señor. El historiador, el político el científico y el diplomático.
Ah! y el protagonista, también, de
una traged ia horrible, de un drama
bárbaro y salvaje como no lo imaginaron nunca los caníbales. Ese es
el señor García Granados.
Llegamos junto con él a su casa, y
con exquisita amabilidad nos invitó a
que entráramos.
- Pasen ustedes, nos dijo, y perdonen esta revolución. Soy emigrado,
y como me encuentro de paso en esta ciudad, no he tenido ni tiempo,
ni manera de establecerme.
-F.migrado ha dicho usted?
-Sí, seiíor. Emigrado. Y sin es-peranzas de volver. Pero no crea usted que es ia primera ocasión en que
me hallo en estas tierras. El primer
destierro lo pasé por culpa de don
Porfirio, y el segundo, ya lo está usted viendo, por ct.lpa de Carranza.
Hace veintidós años atravesaba la
misma situación. P ero entonces había un motivo, una causa fundamental: había ;itacado al general Díaz, y
sabido es que el general Díaz con todo transigía, menos con los ataques a
su administración y a su política.
- Error capital.
-Error o mala fe. El caso era ese.
Con mi hermano Alberto, -que erí paz
descanse.- fundé .un periódico en México. "La República" si mal no recuerdo. Allí estábamos don Justo
Renítez asústese usted, ¡don Justo
Benítez!, don Protasio 'fagle, don José Luis Requena, don Federico Gar0

cía y Alva, Antonio Rivera G, mi hermano Alberto y yo. Y por si le parece a tisted poco, el general Escobedo, que era accionista del periódico
y Presidente de un club reeleccionista. Opine usted.
-Un contrasentido.
-Ni más ni menos. Pues por esa
puhlicación fuí desterrado. J\H hermano Alberto fué a la cárcel; Rivera G. sufrió diez meses ele prisión;
García y Ah-a estuvo ocho meses en
la penitenciaría. Y mur.ió "La Rep$blica", Siquiera en aquella época,
con matar los periódicos estaba un o
a salvo de la persecución, y libre del
peligro ele perder la vicia. Regresé
al poco tiempo. Y tanto yo, como
mi hermano, resolvimos no meter• nos máS' en política.
-Naturalmente!
_:_fundamos la Academia de Ciencias Sociales, y me dediqué a mis trahaios de historia. Por cierto qt:e, en
190.f. abrió el gobierno un concurso
científico para premiar el mejor estu&lt;fo histórico-sociológico soqre la
Constitución de 57 y de las Leyes ele
Reforma. Y me tocó en suerte llevarme el primer premio. Un diploma y tres mil pesos en billetes fueron el pago d.:! mi trabajo.
-Y quiénes contendían en el certa111r11?
-~o lo supimos a ciencia cierta.
Porfirio Parra obtuvo un accesit y
Andrés l\J'olina F.nríquez, otro. Y no
s1·pimos más. Fueron sinodales el
Lic. Julio Zárate. el Lic. don l\Liguel
l\f acedo y el Dr. don l\la11ue1 Flores.
• -Casi nada!
-Qué tiempos. señor. qué tiempos
aqrellos ! Después, en la Academia
de Ciencias Sociales se trató ele mandar un delcg-aclo al Congreso Pan--americano de Río Janeiro, en 1906.
Y fuí agraciado con el nombramiento.
Joaquín Casasús se negó a hacerlo;
Ole1ra rio l\folina estaba también imposibilitado. Y fuí yo. Recuerdo que,
tan pronto como J enaro Raigosa me
&lt;lió tan grata not;icia, llegué a mi
casa y le dije a mi señora,- benclita
seiíora· mía!- Arréglame las P.e tacas, mujer.
J\I e marcho al Brasil.
Mi señora se echó de espaldas. No

podía pasar, como verídica, aqueila
noticia.
-Pero estás loco, Ricardo?
-Lo que oyes. Me voy al Brasil.
Soy delegado de la Academia de Giencias Sociales en el Congreso Pan-americano de Río J aneiro.. Y no hay remedio.
Salí; cumplí mi misión; me trataron
a cuerpo de rey; regresé; dí cuenta
de mi cometido. Y en pago a mis
servicios, me nombraron Representan te de México en los países .centro,
americanos. Residí en San Salvador.
-Y cuándo dejó usted la carreta"
diplomática?
-A la caída del General Díaz. Volví a mi tierra durante el régimen maderista a dedicarme a mis trabajos cie
historia. Fué entonces cuando la
Casa Ballescá se fijó en mí para hacer el sexto tomo del "t.féxico a través de los siglos." Labor en que me
he venido ocupando hasta la fecha,
sin mezcl.ftme en p0lítica, sin tomar
ingerencia en los asuntos públicos y
sin participair, en lo absoluto, de las
cosas del gobierno. Pero i qué quiere
usted! Vino la revolución; se verificó la tragedia que tocios conocen y
tuve que salir del país. Sin un papel. sin un alfiler que me· pudiera
comprometer ante los revolucionarios. Hice un viaje penosísimo. Salí
de México, disfrazado de lechero; a
lomo de burro la emprendí hasta Zumpango, y allí hice vida común co1r los
labriegos, cuidando de hacérmeles
agradable. Con el poco dinero que
pucle guardarme en los bolsil!os, compré mi pasaje hasta Laredo; tomé el
primer tren, y de mi asiento no me
moví sino hasta pisar tierra americana. JT asta entonces respiré tranquilo.
-Son muchas las molestias que se
sufren en el ca.mino?
-l\,füe usted. Los revolucionarios
no se meten con uno para nada. Y
no por falta de voluntad, sino porque
es imposible abrirse paso en aquel!os
grupos apiñados. Pero lo que es higiene, comodidad y 1'reposo_;.._.., 110
hay que pedirlo por ahora. Por precaución yo no me traje ni un papel.
Y la introducción de la Historia de
México, que fué lo único que vino
conmigo, traía, como recurso salva

dor, una carta suscrita con un nombre supuesto, que decía más o menos:
"Mi que6clo Gámez:
Le incluyo a usted el original de la
historia que me pide. Es de un amigo mío, y me parece que no le disgustará. Su servitlor. Roustoff."
Esa ha sido mi odisea. Ahora pienso ir a Nueva York, a buscar la. vida
en lo que pueda. Interrumpidos mis
trabajos históricos, no me queda más
recurso que ver la manera de pasar

este destierro lo menos penoso posible. Ejerceré mi profesión o barreré
los pisos. El caso es no morirme de
hambre.
Llegó a buscar a don Ricardo un
amigo suyo, y no quisimos quitarle
más el tiempo.
Le dimos las gracias por su amabilidad y nos despedimos.

pregunta :
-Pero este es García Granados, el
historiador?
-Sí, señor. El historiador, el político, el científico y el diplomático.
Ah! Y el protagonista de una tragedia horrible, que hará época en los
anales macabros de la revolució n.

X X X

Y al salir nos hicimos la misma

Alfonso ANA YA.

Curioso punto de observación levantado por los Ingleses en los Dardanelos.

�El País Perfecto
,.:",'

Mi qneri.do Silverió: ·
'l'ú me vives compadeciendo por
haber abandonado el territorio mexicano· é~· et1' glorioso' ·momento en que
nuestra Patria se convertía en Jauja;
pero es porque no has considerado
que desde hace año y medio disfruto
de la dicha inefable de vivir en Canaán, Y si ll egar a la tierra de promisión después de asolearse durante
'cuarenta años en el desierto, constituye una alegría inenarrable, ¿como
será de grande mi alborozo, al verme en Canaán, sin molestias ·de travesía, sin dejar muerto a Moisés en
medio del camino, y sin necesidad de
que los alimentos hayÍn caído rlel cielo, para no fallecer de agotamiento?
De seguro, Silverio, que tú etes un
hombre feliz por vivir en Jauja; pero
mi felicidad es m~yor que la tuya porque vivo en Canaán, la naéión perfecta. Bien es cierto que el exquisito
Anatole France ha encontrado a este
país más parecido a una feria que a
un a civi,lización; pero es sin duda alguna porque el discípt¡lo predilecto de
Renán tiene un alma arcaica, incapaz de comprender el ruído ni el estruendo de la vida perfecta. Tamb ién
es verdad qi:e Eca de Queiroz, el ilustre autor de "La Reli quia" y "El Primo Bas: lio," ha dicho que Chicago
se asemeja más a un gra nero que a
una metrópoli; y a l\í áximo Gorki le
ha parecido la "Estatua de la Libertad", la representación de la grasa y
de la mugre; pero estos juicios desfavorables sob re Canaán, agregados a
los del siempre sutil Paul Bourget y
a los del siempre nostálgico Pierre
Loti nada significan; si se tiene en
cue1;ta que Don Venustiano Car~anza, el regenerador de Jauja, encuen tra
a este país tan admirable, que a él
recurrió para la educación de sus familiares. Y 110 conttnto con enviar
a sus más cercanos parientes, ha pensionado a cinco docenas de maestros
de escuela para que vengan a llenar
sus almas de aquél e$píritu justiciero
y magnánimo, que nos hizo el favor
de apoderarse del p'u erto principa 1
,·
de Jauja, el 2J de A~ril de 1914.
Nosotros crefamos, ;hace veinte meses, que el desembarq}1e . d~_tr,opas canaanitas en el primero de nuestros
puertos constituía un ,ultraje a ,rnestra nacionalidatfC.qí.i"{~~igÜdle'scle iuégo cumplir el juramento de la prime-

/

Bellezas Infantiles

Desde Canaán
ra estrofa del himno nacional; pero
esta creencia obedecía a que nuestros
maestros, educados por Barreda y Ramírez, por Altamira-110 y Sierra, no estaban al tanto de la manera de impartir la enseñanza en Canaán. Ahora, que Jauja tiene la seguridad &lt;le
que la civilización canaanita será esparcida por los ses en ta normalistas
que vi.n ieron a este 1&gt;aís, podemos
creer que desaparecerán las sur.cptibilidades absurdas de antaño, y que
m:estro himno será reformado en los
siguientes términos:
"Mas si honraren

los Funston y
(Fletchers
Con sus plantas gloriosas tu suelo,
Piensa, oh Jauja querida, que el ticlo
Un esclavo en cada hijo te dio!"
Indudablemente, que Jauja ha progresado mucho; pero se debe a su "canaani.z ación" que comenzó hace dos
años y que se perfeccionará cuando
las cinco docenas de maestros de escuela enseñen a sus discípulos la manera artíst ica y humanitaria ele linchar un negro. En la época clr ·1a
Dictadura, para matar a un hombre,
se le atormentaba antes, con un fatigosísimo proceso, que duraba meses y en ocasiones, dos y tres años.
Ahora, no. Se le aprehende, se le
acusa, se le condena y se le ejecula
en un mismo dla. La muerte del Ing.
García Granados, demuestra lo adelantada que se encuentr'1 la justicia
jaujista e_!l su canaanización constan·
te, puesto ·q\le se le condenó a muerte,
a pesar de que el Agente acusadcr
sólamente pedía dos años de pri~ión;
sin embargo, bueno es decir q!te todal¡a
fa lta mucho a Jau1·a, y qi:e se imv
pone una ejecución como la del Genéral Orozco, enteramente conforme
con los principios más rudi.m entarios
de . equidad, para poder ~ecir qi~e.
Jauja ha entrado en el carril de la civilización.
Los trámites jurídicos de Canaán
son expeditos y rápidos: la prueba la
tienes en la causa qce se ha instruido
én contra ele! ex-Dictador de Jauja,
que desde hace seis meses no logra
que se practique una sola dili~encia
en el juicio que se l.: tramita ni se le
dé oportunidad para defenderse. Esto
es admirable por.que pone· é1e inanifiesto que las autoridades no recurren a

aquellas antiguallas que se llaman
declaraciones, careos, cÓmprobación
del cuerpo del de lito, conclusiones del
Ministerio Público y la Defensa,'· y
ofras cosas arcaicas 'que no son indis-'
pensables para impartir el Suum Cni
que."
Pero la mej or prueba del espíritu
justiciero de Canaá.n es lo que ha
hecho con Jauja en los últimos años.
Jauja era_antes una verdadera ignominia cargada de riquezas y adelanto,
con el fardo al?ru m~dor del petróleo
y con el lastre hor~ible del istmo de
Tehuantepec. Dios. envía a· las almas fuertes el dolor, y Canaán, con un
espíritu cristianísimo nos ha enviado
revoluciones, miseria, bandidaje, crimen, infam ias, y como si todo esto no
bastase, nos ha regalado a Don Ve- '
m:'s tiano. Este último regalo es tan
Yalioso, que si mis palabras fueran
oídas, propondría a mis compatriotas,
enviásemos a Canaán, como obsequio
especial, a Don Heribert'o Barrón,
único modo de pagar el favor tan
grande que nos han hecho.
Canaán nos ha quitado las riquezas, tal como un padre generoso quita
a sus hijos el dinero que habrán de
malgastar ; nos ha privado de la Independencia tal como se le pri va a un
menor de la libertad que lo perjudica: y siguiendo adelante en sus nobilísimos propósitos, ha convertido a
Jauja entero en una provincia de Canaán. Tu has contemplado esta evolución gloriosa, y te refocilas con tanta ventura desde Jauja. ¿Cómo 1i'o me
refocilaré yo qu e me encuentro en
el corazón del propio Canaán?
Y como los sesenta nacional istas
llevan' la misión sagrada de canaani;,ar a nuestros hijos, te voy a contar
en varias· cartas las g rand ezas de este
país. En una epístola te hablaré de
la natural eza, en otra de l Arte, y así
• por el estilo procuraré pintarte los
mejores detalles del alma canaanita,
para que ayudes a las cinco docenas
de maestros de escuela en su gloriosísima labor.

..

_J----

í

..

Y ahora, hasta la semana próxima.

'I'11 rolega que hien te estima,

Niña Berta Garza ·cantú,
VALERIO.

hija del Sr. Carlos Garza Cantú y Sra. Guadalupe
G . de Garza Cantú, de Monterrey, N. L.

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00
f~

!'

00

El Beso

~

Por Jesús E. V alenzuela.

~

'

•

~'

Por Jesús E. Valenzuela

A Rosendo Pineda.

11
1 1

Sueña el rey que es rey, y vive
con este en;año mandando.
Calderón de la Barca.

1 1
1 1

Un oso y un tigre resguardan mi 'lecho;
un tápalo chino, colgado del techo,
esparce sus rosas en gayo dosel;
mis libros a un lado (mis viejos amigos
de dichas y duelos perennes testigos)
y al otro un espejo tallad o en bisel.

E n el fondo, hojas, p1antas regionales,
una po'icromia de juegos florales,
y en gót ico aspecto gallardo lebrel;
todo reviviendo por medios colores,
los tiempos heroicos de altirns señores,
de duras tizonas y blando ronde!.

Dos monstruos mar inos, enormes figuras
de fa unas extintas, cuyas dentaduras
mascan la penumbra con ira brutal,
retorciendo airados sus biformes colas
en los toques rojos de las largas o1as
aur:candescentes de 1:11 biombo oriental.

La blanca princesa ____ es un princesa,
como que entreabre sus labios de fresa
cuando estoy a solas en mi habitación;
y le entono versos, y le cuento historias
de amores arca icos y arcaicas victorias,
trorndor secreto de la tradición.

Enfrente la mesa de icónico estilo,
en ella un Aquiles, la Venus de ~l ilo
y un cofre pequeiio con cartas de amorde amor'---- de memorias de tiempos pasadoscon flores marchitas, listones chafados,
todo sin perfume, todo sin color-----

Yo sé que me ama. Sus ojos a veces
en las al tas horas me pagan a creces
mis tiernas miradas, mirándome a mí.
Le dije una noche: Princesa: te adoro;
y escuché muy claro su acento de oro
diciendo muy quedo: también te amo a tí.

A Manuel José Oth6n.
1 1

1 1

Suena un eco
persistente que atormenta mis oídos;
es del golpe duro y seco
que los pájaros esparce en la fontana,
el del recio leñador, cuyos ruídos
interrumpen el cantar de la mañana.
Leñador, ¿a cuál objeto la madera
de ese árbol que era gloria de los montes
servirá, ¿a la vida o a la muerte?_ ____ _
i Qué follaje le prestó la primavera!
i Cuántos pájaros de ignotos horizontes

en el árbol joven, fuerte,

11
1 1

jay! sus nidos suspendieron en las ramas !
A tus golpes, leñador, huyeron todos.
Ora, dime, ¿que tú no amas?
¿Nunca fuiste
como fronda de i!usiones
por encima de los lodos
de la ,·ida breve y tri ste,
que así acahas con la fronda y las canciones?
Si es i:n mústil, lci1ador, para que ostenlr

Exornan el plano vecino del muro,
sepias, acuarelas, el perfil obscuro
de un sátiro joven y un rojo tapiz,
donde medievales artistas arcanos
milagros tejieron -yo adoro las manosdc luces y sombras, en raro matiz.
Sobre la una mano, fcrmosa doncella
sostiene una ave que espó njase en ella,
abiertas las alas queriendo volar;
con la otra, toma las áureas semillas
que una dama ofrece, puesta de rodil1as,
en ex traíía copa de espuma de mar.

Temblaron las flores de seda en el techo,
rugieron las pieles que guardan mi lecho,
oí como 1111 eco de estrofa nupcial;
y rápido, entonces, sal tando a la mesa,
dicicnrlo: Princesa, mi blanca Princesa,
besé de rodillas su blanco brial.
i Oh efímeros sueños!_ ___ Un sueño es la vicia.
Yo ví a mi princesa, princesa querida,
juntar a mis labios sus labios de miel;
y bajo su beso -quimera de amoresre,·ivos los tiempos de altivos señores,
de duras tizonas y blando ronde!.

•
Por el rojo campo, árboles y arbustos ;
y airando las manos, erguidas los bustos,
un fiel unicornio y un brarn león;
figuras egregias, solemnes r solas.
sosteniet1do lanzas cuyas banderolas
dcstienden al yiento su ilustre guión.

¿ Quién puede arrancarme mi efímero sueño?
Yo soy de mis sueños el único dueño;
verdad o mentira, yo he siüo feliz ___ _
Y ha puesto en mis labios sus labios de fresa,
temblando de amores, mi blanca princesa,
la blanca princesa del rojo tapiz.

su ('Scarlata guión la guerra,
111cn'ces que la tierra te sustentC',
ni tu huel!a señalar sobre la tierra.

110

i\!rira,
L·íiador, ese árbol f11é la lira

1

1 1

liLre y franca
q1.e esco~ió ~at11raleza entre la selva:
el invierno lo cuh, i,'1 de r-sc:1rch:1 hlanra
y el v('rano de hojas ve rd es,
para que la gran parvada pronto vuC' lva.
¿Por qué, clíme, leñador, con tu hacha muerdes
ese tronco qt:e es sustento
de las \'O ces de las a ves y de I vicn to?
Oh! ______ no sigas

el crncl trahajo n:do ele tu hacha:
d: ··y cosecha en la llanada las es¡.:gas,
de;a el úrhol a la furia de la racha.

¡:\!ira! _____ Busco
el ropaje de las selvas del Ajusco __, ___ _
Si sacude el sol su lumbre,
o su du'ce haz la luna,
¡ qué infeliz desolación en esa cumbre!
¿ l'or qué el árbol te importuna?
¿ Por qué buscas con su muerte tu fortu na?
L

l\ o prosigas, leñador, tu Yil tarea;

vea
tu estulticia singular, sin luz ni vuelo,
cómo crece el árbol nob le sobre el suelo
para darte grata sombra en esta tierra,
y atraer sobre los gérmenes que encierra
toda el agua de las nébulas del cielo.
Abandona
ese árbol que t us ímpetus encona.
Bajo el golpe destructor con que lo hieres,
tu s afanes -rufo provecho- son prolijos.
¿ Cuáles sombras buscarán tus pobres hijos,
con los suyos y sus débi les mujeres?
Por la saiia de tu hachazo
ya la cima es eriazo
que gravita sobre el alma recogida
en un antro de tristeza.
E n tu sórdida pobreza
rns matando hasta la vida
de los seres porque luchas;
¿qué tú mismo no te escuchas?
¿y en tu espíritu no sie ntes
que erns árboles do'ientes,
que se abaten a tus golpes en la sie rra,
gala son y son riqueza de )a tierra?
Ohl las frondas, oh! las sombras, oh! los cantos
de las selvas que cubrieron como mantos
las montañas de la t\ mér:ca; el rlcs1erto
no es tan árido, tan tr iste, ni está muerto,
porque tiene sus esfinges y s11 s san tos.

�Los soldados franceses oyen misa antes de salir a la lucha.

Los soldados franceses dan sepultura a sus compañeros de armas.

�EL MAL VIS·.
Por la Condesa. de Pardo Bazán.
Entre las, mezquinas construcciones del barrio de la Julería, rlestacáhase una espaciosa, bien encalada, alta, con vol;ado balconcillo lleno de
cajas de cla ~:eles reventones y plantas
floridas.
1
Era la de:! jud'o Da\'icl, negociante
en joyas, telas y pieles, y el pensil
lo cuidaba su hija Séfora. que solía
asomarse par:i regar, y para colgar
al sol la jaula de 1111 mall'ÍS, d ruiseñor de a&lt;jnella comarca.
Aunque tan activo traficante, ciesmentía David las características dd
hebreo avariento y sórdido. Sus estancias lucían mobiliario más rico
que el del conde de Lemos, señor de
la ciudad. Su mano se abría frecuentemente· 'para la limos na. IT asta
a los men~tgds cristianos socorda.
Su rostro np era el de nariz corva y
boca astuta de los fariseos, sino una
faz grave y bella, con ahorquillada
barba rizosa.
Dentro de su hogar, David ocultaba, o por lo menos callaba, sus buenas obras, cuando en cristianos recaían, porque su esposa, Raquel, pro-

frsaha a 1os crist ianos odio de muer- sohre todo en las noches claras. rste. acrecentado por la rabia de notar t re iladas o lunares. :d nchas veces
q1:c ni su marido ni sn hija compar- oía Séfora, bajando la cabeza y cat:an tal furor, acentuado como mn 11ando, las discusiones de su padre y
monoman ía. Era una mujer qt e ha- de su madre, pees no siempre lograbía sido muy hermosa, de ojos so·11- ba David ev:tarlas con su prudencia.
hríos. cej:·s pobladas, labios qt•e ha-¿ llas olvidado, hombre sin frhía estrechado. y secado la cólera, y gritaha la matrona-cómo ahorcó d
hiliosa tez. Frecuentemrntr. tomal1a ronde ele l.t·mos a nuestro hrrm:ino
de la lciiera clos pa'itos. los ,rnza- Simcún ?
ha, los ataba. y arrojándolos al suelo,
-Simeón acuno .11011eda falsase comp'ac:a en escnpi rl os y pisarlos contesta ha Da,·id-y eso es un g-ral'e
delito, que la ley castiga con !a 1111.errepetidamente.
Cuando Séfora presenciaba estos te.
-llizo bien en falsificar la monerltrajes, su li ndo rostro, delicado y
pálido, se en·tristecía. Ella no podía da de los perros, contra los cuales
crcr qee los cristianos fuesen todos todo es lícito- replicaba ,·ibrante de
malvados y réprobos. Tenía, secre- ira Raquel.
- ~lnjer- adl'ertía el negoc'antc,tamente, 1•11a ami¡,'-1 crist'ana, la hi.:a
de 11 n ranac~cro qu e vi vía al lado de los hijos ele Dios no · deben entre sí,
la Tglesia conventual de Santa María, 11amarse perros ni decirs'e raca.
y \'endía sus hornadas a los frai'es, IT 0111 bres somos todos, los cristianos
Ocr.lta la amistad como. un delito, como los judíos, · y todos peéamos
era más íntima aun: buscaban ardi- ante la presencia del Señor. Ya te
des para reunirse, y se con taban esas he dicho una vez qne Rabí Jesús ennaderí'as que lisonjean a la gente jo- señó cosas verdaderas. Para que nos
ven: cómo se enfi la una sarta de co- perdonen, hay qne perdonar.
-A Rabí Jesús, el impostor, si volrales, lo bien que cantaba el malvís,

.....

viese al mundo, debieran crucificarle
otra vez~rugió Raquel, con luz siniestra en la mi rada.
Séfora, sin alternar en la di sputa,
guardaba en su corazó n las palabras
de su padre. Salía éste, la sigliiente mañana, a un viaje corto, para
vender por los castillos circunvecinos sus mercancías ¡Jreciosas, entre
las cuales, no sin indignación de Raquel, iban rosarios de oro y misales
encuadernados en piel arábiga y, acompañando Séfora hasta fuera del
pueblo al traficante, conversaron, libres de la vigilancia de Raquel.
-!11 i amiguita cristiana es muy buena-afirmaba Séfora.-¿ Por qué dice mi madre que todos los cristianos
son lobos, canes y buitres?
-Séfora-respondía el hebreo,ese odio que tu madre se complace
en cultivar, y que a su vez nos profesan muchos cristianos, sera nue~tra perdición. No: Jo ha sido ya.
Por ob ra de ese odio feroz, vagamos
si n patria y aislados como leprosos,
donde quiera que nos lleva el destino. 'I'u madre me aflige, me envenena el pan, con la maldición incesante colgada de los labios. Lejos de
condenar a los cristianos, ya que entre ellos vivimos, debemos hacer lo
posible para unirnos a ellos, ,para
hermanar nuestras almas. Oye un
secreto, hija-articuló bajando la voz,
aun cuando el arriuo, con la reata
de mulas cargadas de fardos, caminaba . muy adelante._:_Esos odios son
propios de gente baja. Nuestro Ra-

bino piensa como yo, aunque no Jo
dice, por temor a que lo apedreen.
Y, 1esto importa mucho, Séfora ! Atiende un consejo que voy a darte:
¡ Guárdate de tu madre! ¡ Es capaz_ ____ quién sabe de qué 1 Yo estaré de vuelta el sábado próximo.
La ausencia del padre coincidía
con la Semana Santa. Raquel, que
evitaba las fiestas de los cristianos,
todos los días, desde la mañana salía a vigilar algunos trabajos agrícolas en una granja que poseían alJí
ce rca. Séfora quedaba al cuidado
de la casa, con orden expresa 'de
no abandonarla un momento. Y la
n111a obedeció, hasta el Miércoles
Santo, en que un deseo impetuoso
agitó su espíritu, como agita el viento las parvas en la era.
QuerÍa asistir a las ceremonias religiosas en honor de Rabí Jesús.
Quería saber cómo era su culto, cómo narraban en el templo su historia, su martirio. Y fué a pedir a su
amiga, la panadera, ropa humilde de
cristiana.
Vistióse la doncella isrealita en
casa de su amiga; y ambas penetraron en la iglesia conventual, colocándose al pie del presbiterio. Iban a
comenzar los oficios.
Séfora, fascinada, miraba el retablo, recientemente co1ocado, resplandecie nte, con sus dorados nuevos,
flamíge ros, y sus frescas pinturas,
obra de lo que hoy llamamos un primitivo- pues esta historia es contemporánea del arte que enseñaron los

Van Eyck-. Allí estaba, en las tablas primorosas, Rabí J esúa, en tod~s
las escenas de su vida terrenal: e~
brazos de su madre, t:n ·,a gloria de
las Palmas, en la senda de la .Cruz,
en el patíbulo, y por último, dulce y
pensativo, triunfador, con el cabello
partido en bucles, los ojos abismales, y entre dos dedos de la alzada,
bendecidora mano, la blanca Hostia ...
El relato de la Pasión empezaba.
Era la traición de Judas, las palabras
de Isaías: "Decid a la hija de Sión
que su Salvador viene"---- Y la ruína de Jerusalén, y el relato de la celebración de la Pascua, y la oferta del
Cuerpo y de la Sangre, y luego, la
hora de agonía en el Huerto, y el
Prendimiento sellado con el beso de
traición, y los azotes, y el escarnio,
Séfora, extática, bebía el amargor
celeste del drama, antes para ella ignoto. Ansiosamente, suplicó a su
amiga que, por la tarde, volviesen al
Oficio de Tinieblas.
Y como lo hubiese ob tenido, los
Salmos cayeron sobre su alma, los
Salmos que ya conocía, pero · cuyo
sentido creía ahora entender por primera vez. Las lamentaciones y trenos arrancaron de sus ojos lágrimas
puras. Medio desvanecida de emoción, tuvo su amiga que sacarla de
la iglesia, vestirla otra vez y acompañarla hasta su casa.
· En el zaguán esperaba a Séfora lá
sierva de su madre, la vieja Sara; alborotada, haciendo aspavientos;· · ' •
-¿Dónde eras· ida, hija Sefora? Te

�busqué por todas partes, cordera mía.
/

¿ Y qué diré a Raquel cuando me pre-

·La Abeja

gunte?
Séfora hizo un gesto de indiferencia, enró y fué derecha al balcón; necesitaba aire. La nocT1e había caído
las flores olían a miel. El malvís aÍ
primer resplandor de la saliente l~n a
empezó a gorjear. El corazón de Sé~
fora se colmaba, como un cuenco don
de el vino aromado de las granadas
rebosa. Toda la plenitud de la savia
primaveral hinchada -:sus venas, y cada trino del pájaro aumentaba su ideal
delirio. Sentfa que amaba; que el
amor, por fin, la veucía deliciosamente. Y fué necesario que Sara la llamase a gritos para que se apartase
de aquel alto balcón, que tan lejos
estaba de la tierra y tan próximo al
cielo bañado de opalina luz ___ _

DE LA ENCICLOPEDIA DE ILUSTRACION Y CULTURA
Libro en Preparación del Lic. Francisco Elguero.
ABF.JA. El rumoroso y dorado in- rocío, tres gotas del divino licor, que
sécto, amigo de Virgilio y de Cervan- afanosos y diligentes, libaron tres intes, símbolo del trabajo asiduo y fe- sectillos que pasaban: la mariposa,
cundo y a quien la poesía sagrada la araña y la ABEJA".
ha comparado a una de las más ama"Desde entonces los tres aman el
bles vírgerws, a Cecilia la mártir, arte y lo cultivan."
musa de la armonía cristiana, de quien
Pero el pueblo también debe ser esdijo: "quasi apis ~rgumentosa Do- cuchado en este concierto de dioses:
mino deservisti", "fuiste diligente, coEl Capitán Stevens nos regala a' mo industriosa abeja, para servir a gunos refranes viejísimos y aunque
Dios."
. no conocemos ciertas palabras de
Amable insecto cuyo aguijón mismo ellos y tememos sean erratas, los inha servido para compararlo a la sáti- sertamos como aparecen en su prera más leve y alada, pero más útil cioso diccionario:
quizá, al epigrama gracioso y justicie"Abeja y piedra que treveja y pénro, del que dijo admirablemente la dola tras oreja y porte en la Igreja,
musa española:
desea a su hijo la vieja."
Por la traducción inglesa se ve que
treveja es trabaja, aludiendo a la pieA la abeja semejante,
dre de molino, e Igreja, Iglesia. El
Para que cause placer,
pueblo, que no se para en pelillos,
El epigrama ha de ser
quizó
desfiguró Iglesia y trabaja para
Pequeño, dulce y punzante.
hacer
los consonantes.
Martíqez de la Rosa.
cuga la abeja, miel torna,
"Cuando
El poeta de Mantua se deleita en
y
cuando
el
araña, poncoña." (Cuga,
las tranquilas Geórgicas, cantando la
es
chupa).
abeja y la colmena y el Falerno que

La mañana del Sá°bado de Gloria
volvió Séfora a la encrucijada a esperar a su padre. Cuando le vi ó
asomar, apoyado en su báculo, al
modo de los antiguos patriarcas, se
echó a s u cuello y declaró con ardie;te voz que suplicaba:
-Padr:e, tengo que confesarte lo
que sucede. Perdóname, no lo he sabido remediar. He ido al tem,p lo de
los cristianos en estos días, y he visto_ el retrato de Rabí J esúa. ¡ Tiene
tu misma cara! Es más joven, pero
semejanza mayor no cabe.
Callaba el negociante, sorprendido,
hasta que al fin prorrumpió:
Hija mía, no extrañes eso. Rabí
J esúa descendió directamente del Rey
David, y yo ____ yo, pobre traficante ____ , ló mismo. Por eso los varones de nuestra f.amilia se han llamado
siempre David. De nuestra casta esperamos que nazca el Mesías prometido.

endulza la miel de oro, y sus versos
serán repetidos por los labios de los
hombres que amen las letras y admiren uno de los encantos natu rales
que más enseñan, regalan y enamoran: la sana y honesta poesía.

-Pues bien, padre, has de saber
que amo a Rabí J esúa ___ _
- ¡Pobre niña! Hace siglos que el
Rabí ha muerto, víctima de los odios
- respondió el israelita sencillamente.
-Muchas vírgenes-contestó ellase reúnen para amarle en solitarios se . la tol?l (~ ceñida al talle. Dcsmonasterios, cerrados a las miradas • pues le s1rv10 la cena. Hací~ un luprofanas. ¡ Así lo haré yo!
na: argenta~o Y e l aire traía por el
-iRef!exiónal o, Séfora! Sobre to- abierto balcon auras de flor de sa úco
do, que tu madre no lo sospeche.
Y brezo. Séfora se asomó.
-No me importa, Siento un valor, una fuerza terrible que me irnpulsa. Yo misma se lo confesaré.
N o hubo que confesarlo. La noticia de la "conversión" se había esparcido por el pueblo. AJ llegar a
su casa, el rostro lh·idt'J de la madre hizo comprender a la hija -que
Sara, indiscreta, había hablado. Raquel, sin embargo, no abrió la boca.
Con manos trémulas, lavó los pies
a su marido Y los enfogó, desciñéndo-

Cantaba dulcemente el malvís, y
la niña pensaba e.n la felicidad de
amar siempre, siempre a Rabí J esúa
entre las paredes blancas del retiro.
después de recibir en la fr~nte eÍ
a•gua jordánica, que redime __ __ Le
amaría cada vez más. Le amaría por
su cruz, por sus clavos, por la cárdena brecha de su costado, por Jas espihas desgarradoras de su blanca frente __ __ Moriría amándole y Ju ego subiría hasta besar sus pies taladrados,

llevando la mirra de su amor en un
cáliz, como una ofrenda ____ Y se reclinaba, escuchando el pájaro misteri oso ___ _
Un vértigo nub ló de improviso los
ojos de la soñado ra. Sintió como si
en su cabeza entrase una enorme ·
tromba de aire que la asfixiaba. Aún
oyó, rn aquel supremo trance e:
último y romántico arpeg;o del' ruiseñor del SiL ___ - - -Luego, nada: su
cuerpo rebotó sqbrc los guijarrros de
la calle.
Y la tradición asegura que bara~da
ha.b.ían sido aserrados
por la mano implacable del · mismo
odio que cru cificó a Rabi Jesúa.

Y balaustres

Cervantes, en la g randilocuen te
pintura de la Edad de Oro, dice: "En
las quiebras de las peñas y en lo
hueco de los árboles, formaban su república las discretas y solícitas aoe·
jas, ofreciendo a cualquiera mano,
sin interés alguno, la fértil cosecha
de su dulcísimo trabajo."
En lengua alguna se ha elogiado
mejor una virtud con que las abejas
nos aleccionan: la liberalidad. O.tros
graciosos insectos e Jmo las mariposas, las arañas y las -hormigas, trabajan para si mismos; la abeja lo hace para el hombre t._mnién.
Goethe le dedicó una de sus baladas áticas y graciosas, como podía haberlas imaginado el más refinado artista ateniense.
'"Iba Minerva con paso ligero al
banquete de los dioses, que ya la· esperaban impacientes, y llevaba en la
manó una copa murrii1a rebosante de
la AMiBROSIA, licor suyo que debía
ofrecer a los inmortales convidados."
"Al pasar una risueña. pradera, la
prisa la hizo tropezar ligeramente y
cayeron entre la hierba, empapada de

El pueblo y San Basilio coincidieron, porque este gran Padre de la
Iglesia aconsejaba que en el estudio
de los clásicos paganos, se procediese
como hacen las abejas al chupar las
flores venenosas, que dejan la ponzoña y toman la miel.
La musa moderna 110 podía olvidar
el insecto que con fa mariposa y la
cigarra, deleitaba la flelena y la liltina, y Augier dijo:

"¡Sa bouche étroite est si vermeille!
¡ Son visage a tant de fraicheur!
¡ Helas I qui ne serait abeille
Auprés d'une si bel!e fleur !
Tienes los labios tan vi~os,
Tienes la cara tan fresca,
Que el alma, viéndote rosa,
Se quiere vo,lver abeja.
Rostand;- en el himno al sol de
Chantecler, que traducido publicamos
en otro lugar de esta Enciclopedia
(V. Rostand) no podía olvidar el
glorioso insecto y le dedica algunas
alusiones tan felices como fugaces.
Víctor Hugo en una sátira terrible
e injusta contra Napoleón 111, a
quien llamaba el "Pequeño", se acuerda de las múltiples abejas del manto
imperial de los Bom,partes, que también tachonan su blasón, y les dice
que ellas, castas, laboriosas, humildes,
liberales, abandonen el manto que
cobijaba la lujuria, !a pereza, el orgullo y la codicia.
Agreguemos al ramillete una flor
de la patria.
El Illmo. Sr. D. Arcadio Pagaza,
actual Obispo de V-eracruz, en unos
soberbios versos de un RETO (certamen poéti~o entre pastores) que dedicó al Illmo. Sr. Labastida, Arzobispo
de México, se dirige a las abejas y
les dice, en lengu~je que ella.s, si hablaran, usarían:

Castas abejas, que en el flavo estío
juntáis el polen de las tiernas violas,
y libáis en las nítidas corolas
el opalino y gélido rocío:
decidme, os ruego, en qué breñal sombrío,
en que plantel de rubeas amapolas,
en cuáles grutas, tétrica, y solas
tenéis oculto vuestro hogar natío.
Decídmelo por Dios. Si no me es dacio
celebrar en idilios inmortales
la piedad y el valer del g ran Prelado,
entraré en los oscuros lauredales
y en cestillo de mimbres aparado
le he de iuntar violetas y panales.
Pero es preciso que en ~ste artículo también hable la ciencia acerca de
la amable bestiecilla, como decía
Fray Luis de Granada.
Un ilustre sabio alemán, Christian
Henoo.nn Vossen, dice con todos los
grandes naturalistas:

"Cuando uno ve los brillantes lepidópteros o las diligentes abejas, revo·
loteando en torno. d_e una flor, se creerá sólo que bµscan miel, sin
sospechar los fines ulteriores que. la
P.rovidencia con ello se propone. En
muchas. pi.a ntas el _polt!p, ~eces,~rip a

�/

la fecundación es trasladado· del estigma al pistilo (ya de una misma
planta y de otra) por obra del insecto que lo agita o lleva por el aire.
Si llegaran a faltar los zánganos, la
planta del trébol desapareciera, porque sólo ellos, a causa de la longitud
de la trompa, pueden servir para sacar el polen y transmitirlo. Be suerte que hay plantas e insectos de tal
modo relacionados, que no pod rían

las unas fructificar sin los otros.
También aquí pertenece el hecho ob~ervado ei1 varios insectos de los que
chupan la miel de las flores, como
las abejas, que si por la mañana comienzan a picar en una planta, no
van en todo el día a plantas de otra
especie. Quizá sea la causa inmediata de esto el que la fragancia de las
primeras flores que liban, las penetra y embelesa, no dejándoles sentir

el perfume de las otras. Mas cuán
útil sea esto para la fructificación de
los árboles no es difícil de ver. Porque yendo el insecto de flor en flor
de la misma especie, deja caer en los
pistilos polen útil y fecundante, mas
si fuera a otras flores el polen sería
estéril y desa·provechado. (El Cristian ismo y las J mpugnaciones de sus
adversarios. Traducción castellana del
Jesuita Abacial, págs. 322. y 323.)
\

El Padre Melitón

/

Cuento.
-El Padre Mditón es un sabio!
Esta era la voz que, esparcida por
la ciudad de Madriü, cundió enseguida por las provincias de España. Y
desde las humildes moradas del pueblo bajo, hasta las gradas del trono
de S. M·. católica Carlos III, se afirmaba, como artículo de fe, la insondable sabiduría del modesto fra ile
carmelita del Convento de la Calle
de Alcalá.
El Padre l\fditón era un mozo, alto como un templete, fornido y de
tez morena como un moro, y de ojos
de mirada dormida, en contraste con
sn imaginación que, al· decir de las
ge ntes, siempre estaba despierta.
La fama del monje carmelita diariamente llevaba al convento a infinidad de necesitados de sabios consejos. Y era de verse con qué mirar de penetración escuchaba el fraile las cuitas de sus semejantes, y,
siguiendo la máxima que dice que
"de sabios es el callar," el Padre Melitón contestaba siem:,re con monosílabos, y en una vez muy tenue, casi
imperceptible, como si sus palabras
se desprendieran con trabajo del oculto manan tial de su ciencia.
Pero el Padre M'elitón era un sabio.
Por concesión del general de la
orden, estaba el Padre Melitón exento del rigor de la regla, y para él no
rezaban ni los contínuos ayunos, ni la
eterna abstinencia de carne, obligatoria para todos los demás religiosos;
y podía distraer su espíritu con frecuentes paseos, y ha_sta paladear
generosos vinos en recompensa 'de
los amargos tragos que daban a su

ánimo aquellos papelotes antignos y dicar a su memoria 6entido discurv1e¡os pergaminos, entre los cuales so, ensalzando no sólo su saber, sino
se pasaba las horas enteras el sabio también la modestia del humi lde fraireligioso.
le que, para huír del pecado de la
Y como también las rarezas son vanidad, no quiso que su trabajo fuepatrimonio ele los sabios, y la mo- ra conocido sino hasta después de
destia, atributo del religioso, el Padre su muerte.
M elitón había afcanzado consentiComenzó el lectora! de la comumiento de los super~ores para que el nidad la lectura del primer volumen,
fruto de sus trabajos y desvelos, re- y enmedio del más completo y respecopilados en grandes tomos empasta- tuoso silencio del auditorio, leyó:
dos, no fuera de nadie conocido du"Obras completas der muy reverenrante la vida de su autor.
do fraile l\'Mitón, de la Madre de
Y el Padre Melitón pasaba muchas Dios, de la orden de los Carmelitas des
horas del día y muchos días del año calzos; formadas de veinte volúmenes
encerrado en su cómoda celda, tras- hechos por propia mano del Padr~
mitiendo al papel el torrente de su l\[elitón, por la gracia y misericordia
saber inagotable, que la posteridad de Dios_. Libro Prrmero; capít'ulo
había de saborear cuando él pagara primero y único: DE LA FACILIsu tributo a la madre tierra, que DAD CON QUE SE ENGAAA A
tampoco en aquella época se detenía LOS HOM,BRES."
ante la ciencia.
Y el lector cuidadosamente cambió
Y llegó el día en que el cielo llamó la hoja, y después otra, y otra, y
a su seno al Padre Mlelitón, noticia un sudor frío de muerte, invadió toque, esparcida con toda velocidad por do SY cuerpo, y sus labios se cerra~da la corte de España, sacudió de ron, y sus ojos se abrieron mucho
'
pesar a todos sus vecinos. Y pobres Y el libro cayó de sus manos.
y ricos, y grandes y humildes, y
Aquél tomo y los diecinueve ressabios e ignorantes, pasaron, en silen- tantes estaban co1~pletamente en
ciosa procesión, ante el cadáver del blanco; pero en aquellos folios albos
sabio, expuesto a la admiración del dejaba el Padre M1elitón escrita una
pueblo en los atrios del templo.
verdadera obra de filosofía.
Con pregón se anunció el lugar,
De la facilidad con que se engaña a
día y hora en que comenzaría, en los hombres!
la iglesia de los frailes carmelitas, la
pública lectura de las obras comr·
Pedro A. Serrano.
tas, escritas por el Padre Melitón, y
que formaban veinte volúmenes de
dimensiones enormes.
Ante numerosa concurrencia pues,
se procedió a dar lectura de las obras
del Padre Melitón, no sin antes de-

Resumen de la Semana
VIAJEROS.- Según noticias · de cilla Hipólito Villa y algunos otros
Nueva York, recibidas en esta ciu- secuaces, y de la evacuación inmediadad, se sabe que acaba de arribar a ta de Ciudad J uárez.
No se sabe, a ciencia cierta, cuáaqu'el puerto, procedente de Europa,
el Sr. Lic. D. Luis Cabrera, ministro les sean los propósitos de los villisde - Ho:cienda en el gabinete de Ca- tas al dejar, en manos ele los carranrránza, y que está para llegar a la cistas, la importante plaza fronteriza;
misma metr.ópoli el Sr. Lic. Juan pero se cree, fundadamente, que ello
Sái1chez Azcona, que por algún tiem- obedece a la desmoralización que reipo' fungió de representante del ca- na en esa facc¡ón revolucionaria y a
la resolución que tienen sus jefes de
ml1ncismo en el Reino de España.
retirarse
de la lucha armada para disSegún los rumores que circulan, el
frutar
de
sus "economías".
Lic. Cabrera volverá a hacerse cargo
SE RETIRA.-Los periódicos de
de '. su alto puesto en el gobierno de
"fado," y el Lic. Sánchez Azcona San Antonio, Texas, que se publican
ocl~pará la cartera de Relaciones Ex- en inglés, dan la halagadora noticia
de que Francisco Villa está decidido a
te;fo~es en el gabinete provisional.
Sii1 embargo, dícese que ambos in- abandonar la revolución, a renunciar
dividuos no marcharán a la Capital el mando supremo de sus tropas y a
de la República, sino hasta que se en- internarse a territorio americano, si
cuentre allí don Venustiano Carranza, las autoridades de este país le garandespués de terminar su gira pacifista tizan la vida e intereses.
Parece ser,-seg{m se desprende del
por el territorio nacional.
!ÓBSEQUIO MACABRO.- Un co- caso de referencia,-que el jefe de
ronel carrancista, apellidado Galicia la fracasada Dívisión del Norte se haLuna, dirigió a Pablo Gon~ález, con lla desilusionado de su campaña milifecha 12 de los corrientes, t1n telegra- tar, y que, ante el abandono de que
má concebido en los siguientes térmi- está siendo objeto por parte de sus
principales lugartenientes y el peligro
no~ :
de ser fusilado por ellos mismos, ha
.¡,Hónrome en remitir a usted, mi
superi.or, la cabeza del general científico Juan. B. Hernández, como regalo' de Navidad y como demostración
dé nuestras actividades.
I'J uan B. Hernández era un científico que prestó muchos servicios a
Pbrfirio Díaz y que estaba emparenta:do ·con el usurpador Huerta."
Ha sitio generalmente repudiado est; proceder, que pugna con la civilización, y que evidencia el ínfimo nivel moral en que se hallan colocados
los que se titulan redentores de México.
Pero hay que hacer constar que el
militar sacrificado no es don Juan A.
Hernández, general de la extinta institución y consuegro del ex-Presidente
Huerta, sino el general Juan B. Hernándéz, viejo servidor de la Patria,
que por mucho tiempo d_esempeñó el
puesto de Jefe Político en San An--drés Chalchicomu_la, Puebla, y que
últimamente ocupó el cargo de Comandante del Fuerte de San Juan de
Utúa.
DE BODA.-EI 18 del actual , sin
las ceremonias rituales de protocolo,
contrajo matrimonio el Presidente de
los Estados Unidos, Mr. Woodrow
Wilson con la señora Norman Galt.
EVACUACION.-Telegramas recibidos por un periódico local dan
cuenta del inesperado arribo, a la
ciudad de El Paso, Texas, del cabe-

resuelto retirarse a la vida privada,
al decir de é¡, "como compete a un
mexicano patriota, que ama a su país
y que no quiere entorpecer, por más
tiempo, el restablecimiento de la paz."
CONFERE NCIA.- Varios jefes villistas han celebrado una conferencia,
en la ciudad de El Paso, Texas, con
el cónsul carrancista Andrés G. Gar-

cía.
En dicha conferencia se trató de las
bases y condiciones sobre las qu'e podría plantearse la rendición de algunos
grupos armados de la Di.visión del
Norte. Pero no se tienen noticias
exactas del resultado.
NUEVO JEF E.- Corre insistentemente el rumor de que el general José Isabel Robles, ele las fuerzas convencionistas, ocupará el puesto de Villa como comandante en jefe de las
tropas de éste.
Dícese también que Robles, en combinación con el general ex-federal
Ocaranza, dirigirá las operaciones en
el norte de México, de acuerdo con
una nueva revolución contra Carranza.
No se tiene confirmación de esta
noticia.

GRABADOS
Rápidos, excele~tes.y a
su justo precio

-

Trabajos en cobre o en zinc
para hacer ilustr~ciones a una tinta
o a varios colores.

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1

San Antonio, T ex.

[.

�Et.Pritlcipio delFin
La famosa Convención
que pagó negro tributo
llenando de horror y luto
a ' nl\estra pobre nación,
con la fuga de un ladrón
ll ~gó a su esperado fin;
y hoy Carranza el comodín
dice con satisfacción:
-ayer arañé el violón,
pero ya tengo violín ____ ~

""Vl
j

El part ido carranclán
empieza a sentirse bien,
pues queda, en un satiamén,
dueño del trigo y del pan.
Más duke que el mazapán
le es a Venus la cuestión,
pues 110 le causa opres ión
su conciencia de sultán
más negra qlte el alqu itrán
y que la faz de Barrón.

...

Los no pocos federales
que ensuciaron sus galones
s¡rviéndole a ln chacales,
hóy, 9ueños de cuatro reales,

ai vn~lo cruzan el Bravo
y de Wilson al esclavo (!)
ofrecen servir leales,
p\'1es para ____ señores tales,
"un clavo saca otro clavO----"

Y. mientras tanto, Obregón,
que me dicen no es muy suato,
le arregla .su "carbonató"
al celebrado barbón. ,
Sé hará la revolución
número cincuenta y tres----'pero muy pronto, a su vez,
cesarán inquina y daño:
¡no se hacen tántas a l afio
que no se paguen al mes!

.'·

(1).

DESIDERIO.
Léase Carranza.

. E n _el cementerio que rodea la igles,a, siempre fresco, lleno de flores, y
dorado por el sol, vi una muchacha
de diez Y siete años, aun no cumplidos, apoyada sobre una tumba y riendo a carcajada tendida.
No es posibl'e imaginar nada más
hermoso que aquella criatura angelical, esbelta, agraciada, con sus cabellos rubios, no muy largos, sus ojos
centellantes Y sus labios de coral.
. Per? me disgustaba que 110 dejase
de reir, porque no está bien eso de
mostrar alegría junto a las tumbas
donde yacen los muertos.
Mie acerqué Y no pude resistir a la
tentación de hablarle en estos términos:
-Hace us ted mal' en reírse señor ita. Estoy seguro de que no' ha conocido usted siquiera al que descansa
bajo esa losa.

. ."

.

.

/ .

-¿ Qué no le he conocido ?-dijo l,a
joven.-¿ Qué no le he conocido? Era
• mi novio, que me adoraba ton delirio
: Y a quien yo correspondía con pa• sión. Mi fe licidad era la suya; corrían parejas nue~tras esperanza.s,, y
cuando mi amado murió, creí morir
yo también.
·
··
-Pero el caso es que usted se ríe
-repuse yo.
-¡ Ah !--contestó la doncella.-l\11e
río para rendir un tributo a mis recuerdos de ventura.

Ciudad J uárez siente ya
las botitas de Obregón
y, no obstante la estación,
de gozo floreando está.
Carranza espera el maná
que don Wood row le ofreció,
Y· exclama: primero yo
y en seguida Dios dirá ;
¡y muy satisfech9 'eS'tá .. ~
pbrque a Santa Anna inJtó _____ ¡
Es la angustia general
en nues tra pobre nación ;
que huyó Caco de rondón.
pero Cestas, que es igual,
encarnado al natural .
en don Venus harba-flor,
con mengua del patrio honor
dará a su amo paternal
media tierra naiconal
porque lo haga dictador ____ _

. -LA CARC!}JAD:I).

-¡ N" o comprendo'-----Cua ndo vivía, estribaba su mayor
goce en verme alegre y contenta, y
si me p usiese a llorar sobre su tumba, estoy segura dé que habría de
producirle un profundísimo pesar.

CATULLE MENDEZ.
[jfttc_:,g;a!ir:i&amp;i_H-1~~·-

.. . -~~ ... ~ .',

,Origen del ·nombre de alg~nas flores.
La fucsia tomó su non~bre &lt;le Leo- de la ninfa de este nombre cuya hisnardo Fuch, un sabio b¡:tánico ale- toria refiere Virgil io.
ftián.
Cuenta Ovidio que un joven- bie n
La begonia, fue llamada así en ho- parecido llamado Narciso se convirtió
nor de Mt Begún, botánico francés. en la flor que ll eva su nombre.
Jazmín es corrupción de la palabra
· Lirio se deriva de la palabra céltica
árabe ysmin.
li, que signi fica blanco. Esa flor ha
El plúmbago se llama así, porque sido considerada sie.mpre como emlos médicos antiguos suponían que blema de la pureza.
era eficaz para curar el envenenam1e11Pedro M agnol, Profesor de Medicito por plomo.
na en la Universidad de Montpelier,
El nombre de la : lila es casi igual F rancia, tlió su nombre a la magnolia.
al que es ta flor tiene-- en persa.
E l adortis tomó su nombre del herAlthea procede de una palabra grie- moso joven de s u nombre, muerto en
ga que significa "curar."
una cacería.
La dahlia tomó su nombre de un
Desde muy antiguos tiempos se ha
célebre botánico sueco, Andrés Dahl, considerado el pensamiento como 1111
que fué discípulo de-Lineo. - • .,,. ~
emblema de recuerdos carifiosos .
El amarilis fué llamado así en honor

BOLAS DE MIGAJON·
-Y a Zapata para con Wilson?
-Templado!

E l colmo de la . pretensión periodística:
escribir cien veces "el, la, · el la." Y
llamarse "articulista." Uffl
Los americanos. han dado en llamar
"bill" a las facturas. Y tienen razón. Ap enas hay algo más "vil" que
una factura!
-¿ Qué desea usted 'de "chr\strnas"
a los mandatarios de Washington?
-De "crismas"? Que se las r&lt;;&gt;mpan.
Y perdón por la molestia ___ _
Cuestión de temperatura :
- ¿ Cómo ve usted a Wilson para
con Carranza?
-Frío.

Al temperamento inventor de los
americanos cuadraría bien descubrir
una hornilla para freír este invierno.
Porque, a la verdad, se presenta
muy "crudo"!
-¿En qué se parece una crónica de
Urbina a la imbecilidad de Carranza?
-En eso. En qu e es "crónica."

r

Lansing ha dicho que la cuestlón
con Austria lo tiene muy ocupado. Y
Wilson, por su parte, afirma que él
se ha ocupado mucho antes que Lansing.
Esto quiere decir que Mr. Wilson
se ha "pre____ ocupado."

- Una palabra musical :
-Re-la-mi-do.
Otra, aritmética:
-Re ____ diez !
\Vilson, entrando a un café,
-hay té,inventó una infamia ahí,

- J;laL-tí,con furor de i Belcebú,
- ¡Ay, tú!Se salió de donde "hay té",
se introdujo donde "HaL--tí,"
y se ~eropió por ailí
lo que ~~ginará ..usté,
"Hay té," "Hai_ __ tí"---" ¡ Ay tú".

TIBERIO.

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l

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Antes de conocer a esta gran casa de cambio, había hecho negocio con varias otras y frecuentemente tenía disgustos,
ya sea por las operaciones o por el trato que recibía pero mi buena estrella me llevó a la MA YO'S MONEY EXCHANGE, 323 Calle de HoushJJt en San Antcmio, Texas y desde entonces no he vuelto a pensar siquiera en las otras
casas'.
El trato que recibí en la Mayo's Money Exchange era exquisito, y obtuve mHcho más dinero mexicano ele lo
que yo esperaba y sn galantería llegó hasta el grado de facilitarme a uno de sus empleados quien me sirvió de intérprete Y ,!;UÍa por la población y por cuya intervención me dieron precios especiales en las otras casas de comercio.
A mi regreso he seguido escribiendo a esa casa de cambio, enviándole mís pedidos por dinero y ~or todo lo
equ he necesitado, y desde medicinas hasta carruajes, quedando cada vez más comp lacido de su actividad, baratura y
buena fe, por lo que no he vacilado en recomendarlos con todos mis amigos quienes como yo están muy contentos de
tratar con el los.
Por su consejo empezé a ahorrar hace como un año y a la fecha cuento con más de diez mil pesos con los que
estoy por comprar un rancho en México en donde pasaré feliz el resto de mi vida.
No vacilo en recomendar a todos que ahorren y que inviertan s us ahorros en dinero mexicano garantizado y sobre todo que escriban hoy mismo a la Mayo's Money Excha1~ge 323 E . Houston, San An tonio, Texas, haciéndole pe·
tlido por lo que necesiten, seguro de que en esa casa hallarán, como yo, a unos buenos y s in ceros amigos y a una honO'
ble casa comercial.Esto dice uno de nuestr-0s veinte mil clientes, y Ud. qué dice?
"Recorte este cupón Y envíenoslo hoy mismo para remitirle uno de nuestros preciosos obsequios de Navidad y
Año Nuevo y nuestros precios de dinero mexicano :"
•

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Ciudad .. ... .• .•.. .. .. •.•. ... .• . .•. . ••• • • , H ••.• • •

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Lic. ·Nemesio García Naranjo,
P. O. Box 637.
Esq. Houston y Leona Sts.

Anagramas

)

TEL. CROCKET 3398.
San Antonio, Texas.

Z. REDOBLA
?

2 4222238

ILorenzo Rico de Cardona I

Con estas mismas letras se deCon las letras antenores. re- be formar el nombre de un
petidas tantás vec-eá : como lo Rey ~élebre.
- o·indica el número correspondiente, formar un período que
Niña de Carlos
se lea lo mismo de izquierda a
derecha que de derecha a izAnagrama de una comedia esquierda.
. pañola.

j

-0--

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Pago adelantado
En México y Estados Unidos.

1 mes. . . . . . 40 cts.
1 trimestre. . . . $ 1.00
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"
"

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"

Números sueltos 10 centavos oro
americano.
En los trenes, 15 centavos.
Números atrasados_ 20 centavos oro
americano.

-o-

IMala

- filarmónico

I

IDon Elías ·I
Con las letras de los dos anteriores adjetivos, obtener el Con las mismas letras se fornombre de un sabio conocido. ma el nombre de un héroe de
la antiguedad.
TRIANGULO NUMERICO.
- - - -o- - - Soluciones de los problemas
- Vocal
4
anteriores.
- Verbo
43
-Tjempo
456
La Srita Vicenta Ximénez de
1252
- Vegetal
Floresville T ex. nos envió las
-Diversión
14316
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gramas del número 14:
1
Vicente Riva Palacio
2
°
Santanén
I Anton robó a Pepe Lan. 1

° -.

El Sr. Enrique García de S1n
Con las letras de la frasean- Diego T ex. nos remitió la siterior, formar el nombre de un guiente . solución al juego de
conocido Emperador.
consonantes del número 13:
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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