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                  <text>Revista Mexicana •
SEMANARIO ILUSTRADO .
13 DE FEBRERO,DE 1916.

PRECIO: 10 CENTA VOS.

VOLUMEN I I. NUMERO 23.

�REVISTA MEXICANA.
Semanario Ilustrado.
Entercd as sccond class mattcr, Octobcr 25, 1915 at thc Post Officc of San
Antonio, Texas, under thc Act. of March 3, 1879

Año II.

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1

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Número 23.

Verdadero y Falso
Panamericanismo

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1

San Antonio, Texas, 13 de Febrero de 1916.

El Congreso Pan-Americano que con pretextos científicos se reunió en Washington recientemente, fué en realidad
una asamblea política convocada por la Casa Blanca para tener ocasión de · presentar ante los públicos latino-americanos la supuesta evolución de la doctrina Monroe hada un
franco pan-americanismo recíproco.
Ni la calidad de los delegados a ese congreso, salvo contadas excepc:-0nes, ni los temas tratados t1hí fueron ci'cntíficos jamás; pero en cambio Mr. Wilson tuvo ocasión de presentar sus puntos de vista ante la socarronería latino-americana, hecha de rn poco de egoismo, un poco de miedo y otro
poco de excepticismo y de malicia.
Según Mr. Lansing pr:mero y Mr. Wilson después, América, la verdadera Amérrca o sea todo el Continente y no ya
fos E stados Un:dos, que es a lo que aquí llaifian América, según aquellos señores, digo, al terminar la guerra europea todas las naciones de este Continente se verán amenazadas por
el grupo de beligerantes que obtenga el triunfo: la hipotética' desaparición de Estados Unidos no será Sino el prólogo
de la desaparic:ón de todas las demás sO!J eranías en el mundo de Colón, de donde aquellos altos mandatarios concluyen
que todos los países hispano-americanos Geben unirse defensivamente ante el pel:gro común.
"! hope and believe, dice Mr. Wilson, that this can be
acomplished. These conferences have enabled me to foresec
ho'w it will be acomplished. It will be acomplished in the
f:rst place by the states of Amer:ca uniting in guaranteei'ng
to each other absolutely polit:cal independence and territorial
integrity. In the second place and as a necessary corollary
to that guaranteeing the agreemeht to settle all pending
b01:ndary disputes among themselves, should the, unhappily
arise, will be handled by patient, j:mpartial investigat:on and
settled by arbitration; and the agreement necessary to the
peace of the Americas, that no state of either confnent will
permit revolutionary expeditions aga:nst another state to be
fitted out on its territory, and that they will prohibit the
exportation of munitions of war for the purpose of s',1ppying
revolutionist against ne:ghboring governments."
Tomados literalmente esos conceptos, la cosa resulta hermosísima- demasiado hermosa para que pudiera ser una realidad- y su autor adquiere los perfiles de uno de aquellos
séres que por su valor intrínseco nos reconcilian con la pobre y last:rnosa especie humana.
¡ Qué más quisiéramos que ver a toda la América libre

de esas legítimas desconf:anzas, marchando sin tropiezos hacia un futuro grandioso.
Pero si queremos no adormecernos en un optimismo peligroso, si queremos pisar el terreno firme de la realidad y
avanzar sin extraviarnos con espej:smos falaces, necesitamos
aquilatar con toda precisión el valor de esas declaraciones,
analizándolas m:nuciosamente ante el criterio de los antecedentes personales del autor de la novísima doctrina.
En ocasión recientísima, en un discurso ultratendencioso prom:nci'ado en New York el día 27 del pasado, el propio Mr. W1lson ha hecho notar que NO SON RAROS EN
EL LOS MAS RADICALES CAMBIOS DE OPINION.
como le ha ocurr:do respecto de la preparación militar de
Estados Unidos, que combatía resueltamer;-:e hace un año y
que ahora defiende con calor, lo mismo que con el asunto de
la comisión de tar:fas.
"Perhaps yoJ learned as I dare say you did learn beforehand, that I was expecting to address you in the subject of
preparedness you recalled the address which I made to Congress somthing more than a year ago in which I saitl that
th 's question of military preparedness was not a pressing
questión. But more than a year has gone by since then, and
I would be ashamed if had n ot learned samething in fourteen months. The minute I stop changing my mind as
Presidcnt. with the change of all circrmstances in the world,
I will be a back number."
"There is another thing about which I have changed my
mind. A year ago I was not in favor of a tar:ff board,
etc."
Fn nuestro país y en nuestra leng;:a corre con mucho
rréd'to este viejo decir: "de sab'os es mr dar de opinión" ; de
s··nte o_"e s.i h'. biéramos de medirla con esa vara, la sabiduría de Mr. Wilson resultaría por encima de toda ponderación,
atenta la frecuencia conque cambia de parecer, según él mismo reconoce.
Vale, pues, la pena de que l·:&gt;s países hispano-americanos
med'trn l'n momento antes de pactar con quien, aún sabienclo _h arlar muy atinadamente. a meni,do suele rechazar por
la noche lo que categór :camente declaró por la mañana.

X X X
. . Hav que remontarse hasta los primeros días del gobierno de M\r. Wilson, hasta su famoso "speech" de Mobiile, pa-

�país extraño. Y que éste fué el ún:co objeto de la ocupación de Veracruz, parece ponerlo en claro el hecho de que
después del 21 de Abril jamás volvió a acordarse siqurera de
los 21 cañonazos famosos.
Otro caso. Como acabamos de ver, en Abril de 1914 Mr.
Wilson opinaba que el hecho de que una facción combatiente
durante una guerra civil detenga momentáneamente a unos
marinos extranjeros, aunque después ofrezca toda clase de
expl.caciones, es motivo suf:ciente para que la Nación respectiva despache una poderosa exped.ción naval y ocupe mi1.tarmente durante muchos meses un puerto extranjero, sacrificando en ello vidas h'..manas y no pocos millones de dollars;
pero en Enero de 1916, en preSencia de una fa&lt;;ción combati&lt;.nte q ce en ese mismo país fusila brutalmente a 17. ciudadanos americanos por el sólo hecho de serlo, esto es, para
infer:r deliberadamente un ultraje a este país, opina que ello
no amer.ta otra cosa que una nota reclamando un poco de
más cuidado para otra vez.
EL ESTIMABLE PROFESOR NUEV AMIENTE RABIA CAMBIADO DE OPINION !
En su discurso de Ind.anápolis, a prind p:os de 1915, decía M.r. Wilson a propósito de la revolución mexicana:
"Las naciones et.ropeas derraman toda la sangre que
quieren sin que nadie pretenda impedirselos; ¿por qué no
hemos de conceder el mismo derecho a los mexicanos? El
país es de ellos, por tanto ellos solos deben arreglarse, y
m:entras yo sea Presidente de los Estados Unidos, nadi'e se
ha de mezclar en sus asuntos ;" pero, no obstante, el 2 de
Junio siguiente dir.ge a los jefes rebeldes mexicanos su célebre nota previniéndoles que en un plazo muy br.eve se pusiesen en paz, advertidos que de no hacerlo, él daría los pasos conducentes para restituir México a la civilización: lo
cual, si no estoy equ:vocado, sign'.fica que EL PRESIDENTE WILSON RABIA SUFRIDO OTRO CAMBIO RADICAL DE OPINION.
Aquellos jefes rebeldes, por su parte, hicieron de esa nota
el mismo caso que de las nubes de antaño, lo cual DETERMINO UN NUEVO CAMBIO DE OPINION EN MR.
WILSON, puesto que al fin no llevó cabo su formidable
amenaza.
Por el contrario, en Agosto siguiente se dirige otra vez
a los jefes rebeldes, pero esta vez invitándolos para reunirse
tervencionismo.
en una conferencia y en ella organizar de común acuerdo un
Fso no obstante, el día 21 de Abrí~ de 191.4, una numegobierno provis:onal que convocase a elecciones para el resrosa flota de guerra, integrada por más de 40 buques, entre
tablec:m~ento del régimen consftucional en México.
ellos los más poderosos de la escuadra americana, cañoneó
Salvo los carrancistas, que con sobra de justicia pensael puerto de Veracruz y, derramando sangre mexicana y
ron que aquella centésima intromisión en los asuntos mesangre yanqui, se apoderó del puerto que conservó en su poxicanos era una mal encul'.:iierta ayuda al v:llismo, que a
der hasta el 23 de Noviembre s'guiente, administrándolo dugran prisa iba decayendo, salvo los carranc:atas, digo, todos
rante esos ocho meses como cosa propia, hasta el grado de los demás jefes militares aceptaron la invitación y mandaron
que todavía hoy la Casa Blanca retiene en su poder los mi- si.:s delegados a Washington ; pero cuando llegaron a tocar a
llones de dollars recardados en aquel puerto.
la puerta del Departamento de Estado, se encontraron con¿A qué se debió ésto·?
que ni siquiera se les recibía, porque Mr. Wilson había deAl llamado incidente de" Tamp'co: ma mañana diez o
terminado no hacer más caso de la conferencia ni del régiquince marinos americanos que indebidamente desembarcamen const:tucional, s'no aceptar al carrancismo tal como él
ron en aquel puerto, ocupado a la sazón por un Jefe huerera, re~onociéndolo como gobierno "de facto" sin meterse
tista y sifado por los carrancistas, fueron detenidos moen más honduras.
mentáneamente y puestos a poco en libertad, con toda clase
EL SE~OR PRESIDENTE HABIA VUELTO A
de safsfactorias explicaciones. El gobierno americano quiso,
CAMBIAR DE OPINION !
. no obstante, dar al suceso las proporc:ones de una ofensa
Por ,último, la consecuenda natural de tal reconocimienal honor nacional, reparable solamente mediante un saludo
to debía ser el restablecimiento inmediato de las relaciones
de 21 cañonazos a la bandera americana, que el General
diplomáfcas, acreditando sendos embajadores en WashingHuerta relr.:só tenazmente, lo que dio pretexto al Presidenton y en la ciudad de México. Y en efecto, Mr. Wilson
te Wilson para el ataque y ocupación de Veracruz.
nombró embajador a Fletcher y don Venustiano CarranDe admifr como sincero este arranque de excesiva suza al licenciado Arredondo; pero es el caso que los meses
ceptibilidad y como causa real ese pretexto, hemos de conpasan unos desp'1és de otros sin que el mexicano sea recibiicluir que el Presidente WILSON RABIA CAMBIADO
do oficialmente, de manera que ha venido a quedar en una
UNA VEZ MAS DE OPINION, puesto que de manera tan
situación intermedia y equívoca que sobre ser inusitada debe
positiva y grave se mezclaba en los asuntos interiores de un

ra comenzar el catálogo de sus cambios de opinión o, lo
que es lo mismo, la historia del permanente divorcio entre
sus acciones y sus palabras. Cuando en Mobile comenzó a
predicar la buena nueva, decía Mr. Wilson: "no más gobiernos emanados de la violencia, no más go,l iernos de origen
espurio, inconst tucional." Pocos días después el Coronel
Benavides daba en la Capital del Perú un cuartelazo típico,
para derribar al gobierno constitucional del Presidente Billinght1rst y apoderarse de la República. Y cuando todavía
en las calles de Lima no se dis.:paba el humo de los disparos
ni coagulaba la sangre de las víctimas, ~ntre ellas el Miniistro de la Guerra, la Cancillería americana se apresuraba a
reconocer al flamante gobierno peruano y a estrechar cordialmente las manos del Coronel Benavides, sin meterse a
averigvar si aun tenían en ellas salpiicaduras de sangre o pedazos de la Constitución de la República peruana.
¡ Es oye d rante el tiempo trascurr:do entre el "speech"
de Mobile y el cuartelazo de Benavides, EL PRESIDENTE
WILSON HABIA CAMBIADO DE OPINION!
Mr. Wilscn ha vivido declarando que los Estados Unidos
han menester la confianza de los países hi'spano-americanos
y a_ue, ¡:ara ello, es necesario abstenerse sistemáticamente de
toda intervenc · ón m los asuntos interiores de este Cont:nente. Eso no obstante, a fines de 1915 mandó desembarcar
2000 marinos en terr'.torio de H aytí, con los cuales ha combatido a balazos a los insurrectos de aquel país, imponiéndoles un gobierno inconst~tucional e hijo de la violencia, formado con el único objeto de aprobar el convenio de protectorado sobre aquella Rep(ólica, con el cual los Estados Unidos quedarán dueños de la antigua Española, puesto que la
otra mitad, la Domin'cana, la tienen ya desde los tiempos de
Roosevelt sujeta a protectorado.
En el caso de Haytí, por tanto, el Presidente Wilson había cambiado otra vez de opinión!
Y venimos ahora a la conducta de Mr. Wiison en la
cuestión mexicana, que es la que ha dado a conocer mejor su
temperamento y su política, y que procuraré presentar sin
espíritLI alguno de sectarismo, como si no fuese yo mexicano.
Desde los primeros momentos después de que asumió la
Presidencia. declaró Mr. Wilson t•na y otra vez que en la
cuestión de México se mantendría dentro de un ríg:do no in-

resultar embarazosa, por más que el Departamento de Estado. pretenda salvar la d:ficultad con la caUicación de "embaJador designado" que aplica al licenciado Arredondo.
. ~~o será que Mr. Wilson una vez más ha cambiado de
opm1on?
X

X X

. Agregaré todavía a los que anteceden un caso más, a
nesgo de que resulte fastidiosa esta enumeración; pero cuando s~ hace una imputación tan seria como la que estas líneas
contienen, a t:n personaje tan elevado como ei Presidente de
l~~ Estados Unidos, parece necesar;o fundar tamaña afirma· C:on ~n el mayor número de hechos i'rreprochables.
~m duda mis lectores no han olvidado que Mr. Wilson
c~rr~
debate fund~mental sobre el hundimiento del "Lus1tama, , donde perecieron tantos americanos, con una nota
q~e tenia todo el valor de un ultimatum advirtiendo al gobierno del Kaiser que todo futuro atentado a barcos mercantes con americanos a bordo, lo recib:ría la Casa Blanca como una "ofensa deliberada."
Después de aq·uella nota, ante la repeti'c:ón del caso no
~abía !ugar, en práctica internac:onal, más que a una acción
mmed1ata. Los submarinos teutones, sin embargo, han seguido enviando al fondo de los mares docenas de barcos con
docenas de americanos ; pero MR. WILSON NUEVAMENTE.,HA ~A~BIADO DE OPINION, y en lugar de una
accton energ1ca se conforma con una serie inacabable d
t
,
e
no as que segun Mr. Roosevelt producen el efecto de "un
hombre cuya esposa fuese abofeteada en la vía pública y
a.ue por toda acción le previniese que en lo sucesivo se que· ,s face was slapped
de en casa." (" . . . .. . a man whose w1fe
on the street and who took no other action than to tell her
to sta: at home"~, y que han hecho decir al Dr. Dumba, exEmba1ador austnaco en Washington, que "President Wilson's ability is confined to writing beaufful English who
would do credit to Macaulay!" (New Orneals Daily States.
Nov. de 1915.)
De todo esto resulta, en mi concepto, que tanto las actitudes como las declaraciones del Presidente Wilson suelen
~er. c_osa de poca consistencia y duración, en las que ni los
md1v1duos ni las nadones, pero mucho menos las naciones
deben fiar a la 1"gera, para no exponerse a un ridículo difi~
cilmente reparable o a riesgos de un alcance y duración imposibles de prever.
Y me.nos mal cuando sus mudanzas sean, como yo quiero admitirlo, "tona fide"; pero ¿puede afirmarse ésto sin
vadlac:ones?
Sin afirmar resueltamente que los frecuentes y a veces
desconcertantes cambios de opinión por parte de Mr. Wilson
lleven s:empre en ARRIERE-PENSEE, los hechos arrojan
elementos para hacerlos, por lo menos, muy sospechosos.
Cuando desde una gran altura se habla para un público
mundial enunciando dogmas, principios y reglas generales
de conducta, se expone uno a que se acepte como sospechosa
toda infracción a esos dogmas, principios y reglas. Así,
cl!ando desde el Capitol:o de Washington se formula ante los
pueblos atentos la doctrina de no intervencionismo, debe en.
tenderse que tal declaración ampara y comprende sin distinción a todos los pueblos, lo mismo a los católicos que los
hetrodoxos, lo mismo a los blancos que a los amarillos O a
los negros, lo mismo a las más fuertes que a las más enclenques nacionalidades.
No ha sido ésta sin embargo, la conducta políti'ca del
P~es:dente Wilson. Sin i~vocar más hechos que los que
caigan dentro de la categoria de innegables por el propio Mr.
Wilson, debemos reconocer que, en efecto, toda una inacabable serie de atentados a la propiedad de miles. de ciuda-

~!

danos
y a la vida de más de 250 , comet'd
M, · americanos
d
I os en
exico espués del 21 de Abril de 1914, no han logrado conmover su aparente ecuanimidad. Pero su rígida abstención
re~pec!o de México ¿corresponde a pureza de intenc:ones o
mas bien es obra del temor que a Mr. Wilson infunde la
a~ent~ra? Aún los peores enemigos de Mr. Wilson se inclmanan por el primer extremo si hubiese procedido de igual
modo en toda_s l~s ocasiones; pero cuando vemos que tratándose de la d1mmuta República de Haytí no vac'la en int~rve~:r militarmente, cuando vemos la 'presión ~ue viene
eJerc1e~do para que el Senado apruebe el tratado pendiente
co~ Nicaragua, que tanto ha de mermar la so:&gt;eranía de ese
~a1s y cuando conocemos sus irritantes exigencias con la
mdefensa República Dominicana, para ani'.quilar su ejército
y ap:derarse hasta de la policía, necesitaríamos un sectaris~o ciego. ~ara aceptar como sinceras sus declaraciones de no
mterv~nc1on, tan reiteradas respecto de México.
Bien o mal, el carrancismo cuenta con 200.000 hombres
arma~os, y en la Casa Blanca no se ignora que si hubiese un
confhct~, todos los mexitanos, hasta los perseguidos del
ca.rranc1smo, nos i.:niríamos a éste para defender a la Patn~. y es posible que esto tenga su parte de influencia en la
actitud de la casa Blanca.
Esta inferencia no sólo cuenta en su apoyo con fuertes
eleme~tos de orden lógico sino también con categór:cas declaraciones de altas personalidades americanas.
·,E~ uno de los primeros clubs de Chicago, un prominente
periodista, Mr. F~ederick Palmer, a propósito del fusilamiento de" los 17 americanos en Chihuahua , ha di'rho 1o que sigue:
·
~ntes de que intervengamos (en Méx'.co, se entiende)
necesitamos estar listos para intervenir, Y lo cierto es que
P?_r ahora no lo estamos. Es una desgra&lt;.:a que la intervenc1on. parezca
necesaria Y por mi parte creo que tendr'a que
,
venir mas pronto o más tarde ; pero. . . . . siempre será más
tarde!" (Before we interven ce we must be ready to intervene
~nd we ~re not ready now. It is, perhaps, unfortunate that
'.nterventton seems necessary, and I think sooner or later
1t must come. But it should be later. New York Herald
'
Enero 14 de 1916.)
T Y una personalidad más alta todavía, el gobernador de
exas, ~r. Jam1!s B. Ferguson, desde las páginas del Herald, ha dicho estas palabras que todos los latino-americanos,
pe~o sobre todo los mexicanos, debemos recojer Y guardar
cuidadosamente :
"Que esos hombres del Congreso que condenan l p
'd
w·1lson y piden que intervengamos en México
a
reSI ente
se
convenzan del, hecho de que los Estados Unidos absolutamente no estan preparados para una gu1::rra con México
Con una e~periencia de doce meses de diario ·contacto co~
lo más fl.:&gt;rtdo del .ejérc:to nacional, sé que el número de sus
hom~res Y su equipo no son suficientes para impedir que el
ultra1e (~e trata del fusilamiento de los 17 americanos) pueda repet.rse todos los días de la semana
. "En, el presente estad9 de nuestro ejér·c·i~~. y nuestra manna sena la mayor torpeza intentar la pacifi'cación de México por la fu_erza, etc." (Let those men in Congress who are
~ow cpnd~mning President Wilson and dtmanding that we
~ntervene m Me-xico realize the fact that the United States
is wh.olly unprepared for war with Mexico. With and
expenence of twelve months in daíly contact with the
~lower of the national army, I know that the number of men
m th~ .army and their equipment are no sufficient to stop a
repettt1on of the present outrage every day in the week
I~ the present state of our army and navy it would be. ~h~
wildest folly to attempt the pacification of Mexico by
force . . . . . . )
. No ~e puede ser más categórico para declarar que si no
se mterv1ene en México es porque no se puede; pero al hacer-

�lo ¿no se declara también de un modo implícito que una vez
que se pueda, se intervendrá?

X X X
Después de tales antecedentes, no parece una audacia
concluir que la política de Mr. Wilson en materia de panamericanismo puede con justicia definirse como LA OCULACION SISTEMATICA DE LOS ACTOS MAS REPROBABLES BAJO EL MANTO DE LAS DECLARACIONES MAS APARATOSAS Y DE LOS MAS NOBL.ES
CONCEPTOS.
Sin aceptar ni por un momento que los beligerantes puedan ser 1.m peligro más que para los Estados U nidos, es evidente que un franco y bien entendido pan-americanismo, encontraría ancha y sólida base en el común interés de todos
los países de este Continente. Si la Casa Blanca se decide
a cultivar con los países situados al Sur del Río Grande una
verdadera amistad, purgada de dobleces, los Estados Unidos podrán comprobar que el engrandecimiento de nuestra
raza no entraña para ellos peligro alguno y que, por el contrario, su poder·: &gt; so aunque naciente industrialismo tiene
muchas ventajas q.ie recojer de nuestra confianza en su
huena fe: los Estados Unidos encontrarían en nosotros magnífaos clientes y amigos leales a toda J)rueba y nosotros encontraríamos en este pueblo enorme, una poderosa ayuda pa-

r

ra nuestro. desenvolvimiento y un consejero lleno de prestigio para guiarnos.
Pero para esto no basta con discursos que, por muy
bt:enos que resulten, siempre carecerán de la suprema fuerza,
de la decisiva elocuencia del ejemplo; y a un viejo profesor
de Universi'dad no le es lícito olvidar el precepto del gran
lírico latino: "Si vis me flere ...... etc."
Para lograr la confianza del Cont:nente, es menester
que ya no haya más atentados a las pequeñas soberanías, que
cada quien dentro de su casa, humilde o suntuosa, resuelva
sL:s propios asuntos según su leal saber y entender.
Así, sí podremos ir todos los países de este Continente
a mimos en la estrecha solidaridad de qu~ hablaba Mr. Wilson en el último Congreso Pan-Americano; pero mientras,
parece necesario que algui1en conteste a satisfacción éstas
dos cuest:ones:
¿Quién nos garantiza que en esta vez se trata de pan-amer:canismo de buena fe?
Y aun dado q·,,e así fuera, ¿quién nos asegura que una
de estas mañanas no despertemos con la noticia, proclamada
desde lo alto del Capitolio, de que MR. WILSON UNA
VEZ MAS HA CAMBIADO DE OPINION?
QUERIDO MOHENO.

Documentos Históricos
MANIFIESTO DEL GENERAL HUERTA.
En vista de las circunstancias dificilísimas porque atraviesa la Nación y muy particularmente en estos ultimas días la capital de la República, la que por obra del deficiente Gobierno del señor Madero bien se puede califica1
su situación casi de anarqu ía, he asumí.do el Poder Ejecutivo, Y en espera de que las Cáma ra s de la Unión se reúnan
desde lt.:ego para determinar sobre esta sittiación política actual, tengo detenidos en el P alacio Nacional al señor Fr:rn&lt;:isco I Madero y su Ga binete, para que, una vez resuelto
ese punto y tratando de conciliar los ánimos en los presentes momentos históricos, trabajemos todos en favor de la
paz, qu e para la :\!ación entera es asunto de vida o muerte.
Dado en el Palacio del Pode r Ejecutivo a 18 de febrero
de 1913.- El General Comandante :Militar E ncargado del
Poder Ejecutivo,
v. HUERTA.

New Orleans, La. Febrero, de 1916.

MANIFIESTO DE LOS GENERALES
HUERTA Y DlAZ

•

La insostenible y angustiosa situación por que a traviesa
la capital de la República, ha obligado al ejército, representado por los subscriptos, a unirse en un sentimie nto de fraternidad para lograr la salvación de la Patria, y como consecuencia la na ción puede estar tranqt.:ila.
Todas las libertades dentro del orden, quedan aseguradas bajo las responsabilid ades de los jefes que suscriben y
que asumen desde luego el mando y la admin istración, en
cuanto sea preciso, para dar plenas garantías a los nacio11ales y extranjeros, ofreciendo que dentro del término de setenta y dos horas quedará debidame nte organizada la situación legal.
El ejército in vi ta al pueblo con qui en cuenta, a seguir en
la noble actitud de respeto y moderación que ha guardado
hasta hoy, e invita asimismo a todos los bandos revoluo:ionarios a uni rse para consolidar la paz nacio nal.
México, Febrero 18 de 1913.
FELIX DIAZ. - V. HUERTA.

EL PACTO DE LA CIUDADELA.

El Tfo Sam alimenta lt:1. hoguera con municiones
Caricatura original de Meggendorfer Blatter de Munich

En la Cit:dad de México. a las nu eve y media de la mañana del día dieciocho de F ebrero de mil novecientos tre·
ce, reunidos los· señores genrales Félix Díaz Y V ictoriano
Huerta, asistidos el primero por los licenciad os Fidencio
Hernández y Rodolfo Reyes, y el segundo por los señores
teniente coronel Joaquín Mass e ingeniero Enrique Zepeda,
expuso el señor general Huerta que, en virtud de ser insostenible la situación por parte del go bierno del señor Madero,
para evita r más derramamiento de sa~~re Y por s~ntimie~tos
de fraternidad nacional, ha hecho pns1onero a dicho se nor,
a su Gabinete y a algunas otras p erso nas; que desea expresar al señor Gene ral Díaz sus buenos deseos para que los
elementos po r él representados fraternicen Y, todos unidos,
saÍven la ang ustio sa situación actral. El señor General Díaz
expresó que su movimiento no ha tenido más objeto que log rar el bien nacional y que en t al virtud, está dis puesto a
cualquier sacri ficio que redunde en beneficio de la patria.
Después de las discusiones del caso, entre todos los presentes arriba señalados, se convino en lo siguiente:

PRil\IERO.-Desde este momento se da por inexistente
y desconocido el Poder Ejecutivo que funcionaba, comprometiéndose los elementos representados por los Generales
Díaz y Huerta a imped ir por todos los medios cu-alquier intento para el restablecimiento de dicho poder.
SEG UN DO.-A la mayor brevedad se procurará solucionar en los mejores términos legales posibles , la situación existente, y los señores generales Díaz y Huerta pondrán tocios sus empeños a efecto de que el segundo asuma
antes de se tenta y dos horas, la Presidencia Provisional de
la Repúb lica; con el siguiente Gabinete:
Relaciones :-Licenciado Francisco León de la Barra.
Hacienda :-Licenciado Toribio Esquive! Obregón.
Guerra:-General Manuel Mondragón.
Fomento:-lngeniero Alberoo Robles Gil.
Gobernación :- Ingeniero Alberto García Granados.
Ju sticia :-Licenciado Rodolfo Reyes.
Instrucción Pública :-Licenciado J orge Vera Estaño!.
Comunicaciones:-Inge niero David de la Fuente.
Será creado un nuevo l\Iinisterio, que se encargará de
resolver la cuestión agraria y ramos anexos, denominándose
el e Agr'icultura y encargándose de la cartera respectiva el licenciado l\lanuel Garza Aldape.
Las modificaciones que por cualquiera causa se acuerden en este proyecto ele Gabinete, deberán reso!Yerse en la
misma forma que en que se ha resuelto éste.
TERCERO.-Entre tanto se soluciona y resuelve la situación legal, quedan encargados de todos los elementos y
autoridades de todo género, cuyo ejercicio sea requ erido para
dar gara ntías, los señores generales Huerta y Díaz.
CUART O.- El señor ge neral Díaz declina el ofrecimiento de formar parte del Gabinete provisional en caso de que
asuma la presidencia provisional el señor general Huerta,
para quedar en libertad de emprender s us trabajos en el sentid o de sus compromisos con su partido en la próxima elección. propósito que desea expresar claramente y del que quedan bien entendidos los firmantes.
QUI NTO'.-Inmediatamente se hará la notificación oficial a los representantes extranjeros, limitándola a expresarles que ha cesado el Poder Ejecutivo, que se provee a su
substitución legal, que entre tanto quedan con toda la autoridad del mismo los se ñores generales Díaz y Huerta y que
se otorgarán todas las garantías procedentes a sus respectivos nacionales.
SEXTO.-Desde luego se im·itará a todos los revolucionarios a cesar en sus movimíentos hostiles, procurándose
los arreglos respecti vos.
El general Victoriano Huerta. - El general Félix Díaz.

RENUNCIA DE LOS SEÑORES
MADERO Y PINO SUAREZ.
Ciudadanos secretarios de la honorable Cámara de Diputados :- En vista de los acontecimientos que se han &lt;lesa·
rrollado de ayer a acá en la Nación, y para mayor tranquilidad de ella, hacemos formal renun cia de nu estros cargos de
Presidente y Vicepresidente, respectivamente, para los que
fuimos elegid os.-Protestamos lo necesario.
l\féxico, 19 de Febrero de 1913.
FRANCISCO I. MADERO. - JOSE M. PINO SUAREZ.

�•

TOPICOS DEL DIA.
En un artículo reciente, sobre la ¡1rrparac1oa militar de
los Estados Unidos, publicado en el .i\l etropolitan Magazine,
Enrique Reutherdal dice lo signiente;
''Nuestro patriotismo se éstá desmomnando y flota, deshecho, en el refluj o de la ind iferencia. Nuestra~ cualidades
varoniles, como nación, están en tl(!catiencia. No ¡1ue&lt;le ya
ningún americano ergt, ir la cabeza en el extran¡cro. N uestro papel en el mundo es el de una bolsa de oro. En Alemania se ríen de nosotros. como detítr.res sin fibra; sólo
respetan nt:1estro dinero. Inglaterra j uzga qne ,omos unos
cobardes y nuestra vida, mercancía que 5e pa~a al contado.
Los franceses nos tienen el mayor desprecin."
Faltó . decir al Sr. Reutherdal lo ~igniente: "en ca mbio,
los carrancistas nos adoran."
Todo está compensado en esta vida.

X X X
Don Venustiano Carranza ha anunciado que el futuro
Congreso Constituyente que decretará la organización venidera de J'\'I éxico será integrado únicamenti! ¡.:or Diputados:
los Se nadores quedarán excluidos en b elaboración de las
futuras instituciones.
El hecho es curioso y pone u·~ mauii'iesto el concepto
qu e Carranza tiene del Senado de una Nación. Seguramente,
el primer Jefe de l Ejército Constituci,rnalista st,pone que to·
dos los Senadores del mundo, han Je ser a lgo semejantes a
lo que él fué. durante di-eciséis años de h nefanda dictadura
porfirista. Y desde este punto de vista, nada más jus to ni
lógico que sup rimir este alto cuerpo gubernamental.
Don Venustiano al escuchar la palabra Senado no rec1.:,erda la Asamb lea gloriosa de Roma, por la sencilla razón
de que jamás ha oído hablar de ella. Para él, la cámara alta tiene otra clase de evocaciones y despierta distintos pensamientos: Don Porfirio, antesalas, nóminas, consignas, decenas, votaciones afi rmati vas, sil encio, etc., etc., etc.
¿Para qué nos daría Dios el tormento de la memoria ?
Con razón puede Carranza exclamar con el poeta:
----- Tengo una inmensa
Necesidad de oh·idol

al que presente el mejor texto de Geografía para las Escuelas E lementales de Miéxico.
Ésta medida sí nos parece acertada. Porque si bien es
cierto que el carranc;ismo ha ofrecido reformar en lo absoluto nuestras instituciones, y la sit1.:ación moral y económica de los mexicanos, lo único que en realidad corre grave
peligro de sufrir una reforma radical es la geografía que estudiábamos en tiempos de la Dictadura.
En aquel abominable entonces México estaba recargado
de territorio inútil que resultaba una carga insoportable para
el pobre pueblo.
i Veintisiete Estados y treJ Territori0s ! ¡ Cuánta tierra
superflua!
Por eso, se requiere una n1.:eva Geografí'a , para lo cual
se ped irá a los "héroes de Veracruz" de 1914 que ayuden a
Don Venus tiano en la patriotica labor de componer el nue-·
vo Territorio.
. ,Y los geógrafos----- ª escribir textos.

X X X

E l Colegio Militar de Chapultepec se volverá a abrir en
breve término. I gnacio Pesqueira ha anunciado que será
nuevo el personal y nuevos igualmente los textos y los programas de la nueva institución.
Es natural que la novedad sea absoluta. Como ha variado el criterio general edt:cativo, tienen que suprimirse al··
gunas asig naturas y crearse otras de s ingu lar importancia.
Desde luego se prohibirá la enseñanza de J'\J'atemáti.cas, Disciplina. Estrategía, Dibujo, I diomas, Historia y algunas
otras materias más, por conceptuarse ínútiles en la formación del espíritu militar. Los curso; serán sencillos, sabios,
útiles y sobre todo, prácticos. Se distribuirán los estudios
en tres años, conforme al siguiente plan redentor :
Primer año.-ler .. Curso de L iberación de Ganados. ler.
Curso de P réstamos forzosos.- Curso teórico de quemazón
de puentes y destruc.ción de vías férreas .Segundo año.-Zo. Curso de Liberación de Ganados y
ligeras nociones de sacrificios de Vacas y venta de cueros.
Zo. Curso de Préstamos forzosos.-Curso práctico de incen- .
dios de trenes y puentes. ler. Curso de Ocupación de casas
X X X
particulares. l er. Curso de Emisión de Bilimbiques.
E l Primer Jefe del Ejército Constitucionalista había
Tercer Año.-Zo. Curso de Ocupación de casas agenas.prometido" una organización antimilitarista, ciudadana, deZo. Curso de emisiones de bi limbiques.-Arte de formu lar democrática e indi,vidualista, c-0piada servilmente de los Estacretos y reformas.-Práctica de evacuaciones de plazas asaldos Unidos. Pero bastó que Míster Wi lson emprendiera su
tadas.-Curso especial para manejar automóvi les agenos, esgira guerrera en favor de la "preparación militar de los Especialmente si son ·grises.-Gim nas ia ( en esta clase se entados Un idos" para que el ex-Su btenien te de la Segunda Reseñará a los alumnos a dar el prodig ioso salto desde un
serYa sintiese despertar sus instintos bélicos, y aventurase
trapecio que se llama "Senado Porfiriano" a otro que se llala idea del Servicio J'\Iil itar Obligator io.
ma "Jefatura del Ejército Constitucionalísta.")
Todavía hace tres me ses. aquello que olía a militar era
En el orden moraJ, se proh ibirá a los alumnos que veconceptuado "pretorianismo nau·seabundo." Hoy, no. Lo
neren la memoria de los héroes de 1847, pues ha quedado
militar es lo patriótico y lo noble.
bien probado que lo patriótico es sustituir la glorificación
Ya fi.I,ister W ilson cambió de modo de pensar, e inmede M'elgar y Es cutia coo la de Funston y F letcher.
diatamente ese cambio. ee reflejó en el alma de su satélite.
E l profesorado será selecto y se reclutará en aquellas
Si el funcionari.o de la Casa Blanca vuelve a cambiar,
casas calumniadas que se llamaron "cárceles" en tiempos
también Carranza seg uirá una nueva línea tl'e conducta.
de opresión ignominiosa, y que hoy en adelante informarán
¡La voz de su Amo!
el cerebro de la gente nueva.
X X X
Con tan bello plan y tan espléndidos maestros, Don VeLa Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes ha nustiano, puede formar muchos "Generales" dignos de suce•
derle en el mando.
ofrecido un premio de cinco mil bilimbiques (léase $150.00)

El Caballo de Alejandro
DESDE JAUJA
A 25 de Enero de 1916.
l\I i siempre querido amigo:
~ra en la ciudad de los palacios, y
acabábamos de leer el viejecito Arauja
y yo una Sátira de Sell és, titulada
''Los caballos," obra teatral tan aplicable a nuestros días y a nuestro
medio, no obstante haber sido elaborada hará unos veinte años y allá detrás del mar, que al salir a la calle
con mi amigo, íbamos haciendo sabrosos comentarios sobre nuestra lectura.
Y como ocurre en estos casos, se
nos llenó de caba llerías la cabeza.
Tan dom inados nos sentíamos por
aquella idea tenaz, que nuestros ojos
hacían abstracción de ct:anto les salía al paso, para fijarlos de lleno en
las cabalgaduras, así en los caballejos tísicos que han quedado para tirar de los coches de alquiler, como
en los arrogantes corceles montados
por los Generales del día.
Paso a paso, ll egamos a nuestro
paseo de la Reforma. y perseguidos
por aquella obsesión, apenas se irguió
ante nosotros el caballo de Carlos I V,
nos detuvimos a contemplarlo, evocando episodios lejanos y trayéndonos la fantasía los perínclitos varones
de la historia y de la leyenda, que no
podemos concebir sino jinetes en sus
respectivas cabalgaduras.
Entonces fué el desfi le del hidalgo
aventurero Don Alonso de Quijano a
lomos de Rocinante; del Cid invencible sobre su Babieca; de Alejandro
el Conquistador en su Bucéfalo; del
feroz Calígda en su Incitato elevado
a la dignidad de Cónsul; deleit~ndose
mi compañero en aplicar el cauterio
de la ironía a los mandarines de hoy,
imbuído quizá del espíritu sarcástico
de la obrita que acabábamos de paladear, no sin que me viera forzado a
rectificaciones de nombres y hechos,
dada la tendencia de Arauja a trabucar sus recuerdos.
Bucéfalos, Babiecas y cuadrúpedos
inves tidos de Cónsules, veía por todas
partes, no precisamente en los ani,
males por la mano piadosa de la legalidad, sino en los propios redentores que ahora jinetean altaneros en
los nobles brutos. Y Arauja señalaba los tipos que le ,p asaban por la
imaginación, y que todos aquí conocemos de los pelos a la planta.

De pronto, y siempre en contemplación de la ecuestre escultura, como si un chispazo eléctrico l_e hubiera
tocado en la región que ocupa la masa encefálica, se. vuelve hacia mí interrogándome.
-No encuentra usted semejanza
entre nosotros y uno de los animales
que ¡icabamos de nombrar ? Y si la
encuentra, a cuál de ellos nos parecemos los hijos de Jauja?
Me dejó perplejo su par de preguntas; y tras de cavilar un rato, le
contesté:
-No acierto en qué podamos parecernos a ninguna de las históricas
bestias; aparte de que toda comparación con ellas sería deprimente para
nosotros. De cualquier modo vistas
las cosas, pertenecemos a un orden
zoológico más elevado.
-No hay que envanecerse, amígo
Silverio. Algo dieran muchos ciudadanos armados o sin armar, por ser
tan laboriosos como la hormiga, tan
castos como los elefantes, tan 111dustriosos como la abeja __ __
-Convenido-interrumpí-atajándole en la serie comparativa que ví
venirse encima. Pero cuál es el caballo con quien tenemos semejanza,
y en qué consiste ella?
-Pues Bucéfalo.
~Bucémlo? Y po r qué?
- Porque Alejandro era el único
que lo montaba cuando el animal llevaba encima sus lujosos jaeces, y hasta abajábase humildemente la bestia
para que con mayor facilidad el Rey
macedónico saltara sobre los lomos.
Nunca con tales arreos permitió Bucéfalo que otro fuese el jinete. Pero
eso sí, desprovisto de ellos, ya "en
pelo," como acá decimos, lo cabalgaba cualquier mozo de cuadra. Lo
recuerda ust ed?
-Conozco el detalle, admirable por
cierto. ya que pone a gra n altu ra el
instinto de la bestia. Eliano es quien
lo refiere. Pero y la semejanza?

-Para allá vamos, amigo mío. Nosotros hemos hecho caso igual que Bu- .
céfalo. Cuando los arreos de la paz,
del florecimiento material, de las filigranas de la cultura nos revestían
ostentosamente, nadie sino un grande
hombre se trepaba a nuestros lomos.
Jamás osó ninguno la avilantez de ir
a horcajadas sobre nosotros. Nos
engalanamos para aquel admirable jinete, y para nadie más. Pero i ay!
amigo Silverio, cayeron los jaeces vistosos, nos queda_mos ''e n pelo," Y---¡ ya van gañanes y mozos de cuadra
que se encajan grotescamente sobre
el nuevo Bucéfalo! Ve usted la analogía f
- De una perfección cabal, amígo
Arauja; pero lo que ya dije: mt:y
crnel. ¡ Equ ipararnos a una bestia!
-Nada de sentimentalism os. Bestias somos. No hemos tolerado que
el analfabeta y el gandul y el facineroso vayan a la cabeza, seguidos de
la turba in co nsciente? ¡ Lo merecemos, amigo Sil\'erio, lo merecemos!
¡ Bucéfalos, nada más que Bucéfalos!
Y hablando así, el viejecíto Arauja
lernntaba trémulo las manos hacia el
monumento a cuyo pié nos hallábarnos, y los ojos se le encendían en llamas de colérico arrebato. Estaba
patético ____ Yo quedé en silencio, meditando con amargura en su alegórico símil.
Tendrá razón? Y si la tiene, ct:ándo tornaremos a ver sobre nuestros
lomos aquellos lujosísimos arreos?
Cuándo será que un varón fuerte y
de alto rango se apodere del bruto y
sea el único dueño y señor de cah1)qarlo?
Perdóname s i en esta mi décimanona epístola he tratado de asunto de
mera caballería.
Tu fiel amigo,
SILVERIO

¿Cuál es el periódico más bien impreso?
''REVISTA MEXICANA''
l,Por qué? Porque sus talleres son los mejores de San Antonio.
Mande Ud. hacer su papel y sobres a "Revista Mexicana"

�Una Batería de Artillería Felicista.

La Decena Roja
Hace tres años, el día 9 de ieb rero
de 1913, se iniciaba e n la Ciudad de
México el movi miento de rebelión de
par te del Ejército en cont ra del Gobierno de D. F rancisco I. Madero, que
deter minó la caída de éste régimen,
consumada el mar tes 18 del mismo
mes, al ser aprehendido en el Palacio
\'acional, el P residen te, Sr. Madero,
el Vice-Presidente, Lic. J osé María
no Suárez, algunos miembros del Gabinete y e l General Felipe Angeles, el
Jefe de más alta graduación de las
fuerzas adictas a l Gobierno; aprehensión que ·puso fin a los combates que
se habían sucedido en la Ciudad durante ese período de di ez dJas, al que
la imaginación popula r bautizó con
los nombres de " D ecena T rágica" y
"D ece na Roja."
Basados en las narraciones más verídicas podernos ofrecer a nuestros lec
tores un resumen enteramente impar
cial de ell os, así como la información
gráfi ca más interesante y cop ias de
los principales documentos de esa intensa convu lsión social.
Para dar una idea exacta de la época y del ambien te, es necesario repasar, su marísi.mamente siquiera, todos los acontecimientos a nteriores.
Después de los tratados de Ciudad
Juárez y de la renuncia del Sr . Genera l Díaz, ocupó la P r esidencia, en calidad de in terino y para convocar a

elecciones, el Lic. P ra ncisco L. de la
Barra ; verificado et resul tado de la
elección, res ultaron desig nados pa ra
la Presidencia y para la Vice-Presidencia de la República, D. Francisco
l. Mader o y el Lic. J. M. Pino S uá r ez,
res pectivarnen te.
La elección del L ic. Pino Suárez
fue mal vista por una mayoría de los
partidarios del Sr. Madero, que lo habían apoyado en la cam pa ña armada
en contra del Gobierno del General
D íaz, porque la fór mula política sostenida con a nte rioridad era la de Madero-Vázquez Gómez, bajo el lema de
"Sufragio Efectivo, No-Reelección," y
fu e considerada como una im pos ición
del Partido Constitucional Progresista, inspirada po r D. Gustavo Madero,
la designación del Lic. Pino Suárez.
E n vista de los procedimientos segu idos durante el interinato del Sr.
de la Barra. bajo la presión de algunos elementos armados que seguía n
ciegamente las inspiraciones de la política maderista, re tiró su candidatura
el Dr. D. Francisco Vázquez Gómez,
an un ciando que lo hacía porque no
había legalidad en los procedimientos, y otro de los candidatos a la P residencia, el General Bernardo Reyes,
presentó un memorial a la Cámara pidiendo la nulidad de las elecciones,
de pt·eceptos constitu-

Al darse cuenta de que se ha ría efectiva la designación del Lic. P ino
Suárez, el General Reyes, salió de la
República y vino a los Estados Unidos y el L ic. Vázquez Gómez, en torno de quien se hab ían agrupado los
elementos adictos a la primera faz de
la Revol ución de 1910, siguió el mismo camino.
Cuando el Sr. Madero tomó pose·
sión de la Presidencia, ya existían
númerosos núcleos de descontento y
de conj uración, en los que se le acusaba de haber violado las promesas
del Plan de San L uis y de haber sustituído únicamente a las personas en
el poder, pero conservando procedimientos iguales a los que él acusaba
en la adm inistración del General Díaz.
E l mes de ·diciembre de 1911, el General Reyes se lanzaba a la revolución: fracasó, y se rindió en Linares,
el 24 de diciembre. Sus compañeros,
los Sres. Lic. David Reyes Retana y
Miguel Quiroga, fueron hechos prisioneros pocas horas antes, todos fueron conducidos a México, internados
en la prisión militar de Sant iago, y
así terminó la primera revolución . reyista.
En febrero de 1912 fue capturado
C. Juárez, por las fue r zas de Salazar
y de Campa; el 6 de marzo siguiente,
hizo su entrada a Chihuahua el Ejér-

do a la cabeza al Gener a l P ascual
Orozco, el héroe de la Revolución de
1910, que exigía del Sr. Madero el
cumplimiento del Plan de San Luis.
La suerte de la campaña quedó decidida en el segundv Rellano, en que
el Gral. Huerta derrotó a las fuerzas
combinadas del Gral. Orozco, y al fi n,
en 1912 en Oj inaga. Orozco, enfermo,
se retiró de la campaña activa, y queda
ron núcleos dispersos de revolucionarios, al mando ele Al a rce lo Cara veo, el
más importante, ele J . Inés Salazar,
de Benjamín Argumedo que si bien
no lograban un éxito completo, mantenían constantemente en actividad a l
ejército maderista y Yivo el sentimiento de la reYolución.
El mes de octubre de 1912, e l General Félix Díaz, con el Coronel Diaz
Ordaz, y otros oficiales que habían
pertenecido al Ejército, se apoderó
del Puerto de Veracruz . Yolviendo a
dar un golpe sensacional, que fue de
breve duración, pues cayó la P laza
en manos del General Beltrán.
El Gral. Félix Díaz, despi:és de un
reríodo de exitación aguda, en el
qre la actividad de sus amigos y la
eficacia de la Suprema Corte, lograron
sa lrnrlo de un Consejo de Guerra extraord inario, fue trasladado a la C.
ele l\T·é xico, e internado en la Penite nciaría.
Nada pue de dar una idea mejor ni
más imparcial del estado de la opinión, de la marcha de l Gobierno y de
la carencia de unidad de la admi11
t ració n, que e l Memo rial presentado
al Sr. Madero por los miembros del
"Bloque Renovador" de la Cámara de
D iputados, grupo formado por los
diputados amigos del Gobierno, quienes fueron los primeros e n declarar
en el mencionado documento hechos
que coinciden con los formulados por
los hombres levantados en a r mas en
contra del S r. Madero.
El l\l!emorial ele los "Renorndores"
hace las siguientes afirmaciones trascendentales, r edactadas. por el Diputado José I. Novelo y aprobadas por
el grupo:
I.-'La Revolución va a su ruina,
arrastrando al Gobierno emanado de
ella, sencillamt nte porque no ha gobernado con la Revolución".
I J.-"Era natural y lógica la contrarevol ución. Pero también que hubiera sido sofocada por el Gobierno más
popular que ha tenido el país. Y sin
&lt;!mbargo, ha acontecido todo lo contrario." ''El Gobierno ha padecido
otro error con creer que la contra-revolución sólo podía sofocarse por medio de las armas." ''Ha olvidado el
Gobierno que las revoluciones sólo

triunfan cuando en la opinión pública
tienen su más fuerte e incontrastable
sostén". "Vamos camino de que la
contra-revolución consiga adueñarse
de la opinión pública."
"Este Gobierno parece
poco a poco.''

suicidarse

11 !.-Suprimida, por los medios legales de represión. la prensa de escándalo, quedaría cegada la fuente
que esparce del uno al otro confín de
la República, la simiente contra-revolucionaria."
1V.-" El peor enemigo del Gobierno actual resulta ser ei .tlJ,inisterio de
Justicia''-(Por no haber suprimido
por los medios lega les, a la prensa de
oposición.)
"Todos o casi todos los funcionarios del Poder Judicial son enemigos
del actual Gobierno, ponen a este en
ridículo y lleva n este ridículo hasta lo
i~nomin ioso."
"Acaba ndo con los conspiradores
de capital. se acabará con la inercia
contemplati,·a de los Gobiernos de los
Estados y se facilitará la pacificación
del país. para gloria de rnestra Señoría y de la Revolución de 1910." (La
Señoría era la del Sr. ~ladero) .
''F.1 Bloque Renovador es la fuerza
política. la fuerza social, la columna
del Gobierno. Y andan los miembros
del Bloque e n caricaturas gráficas o
en caricaturas escritas y son, ante la
opinión. especie de perros serviles que
merecen el desprecio general. Todo
porque el 1\1:inisterio de Justicia no ha
sabido ,·elar por el pn:stig'io y respetabilidad del Gobierno y de sus amig-os". "Pero el (lobierno, no sólo los
enemigos del Gobierno, nos desprecia.
nos desaira y exhibe a las veces ese
desa ire v. ese desprecio en que tiene
a los miembros del Bloque Renovador." "Para i r a rn frac~so sr!!uro,
110 hay como ser amigos del Gol,icr110."

Y para terminar, daba los siguirntes conseios: "Cambiar la orienta.::ión
y los procedimientos de la Secretaría de Justicia y de los Trih1111ales,
para poner coto a la procacidad subvrr~ iva rle la nrt&gt;nsa contra-revolucion;uia. Oue el Blc,q1,·e Renovador sea
tratarlo con considt"raciones oficiales
y que todos los empleados de las Secretarías sean personas de indiscutible criterio político revolucionario."
I!I 'memorial extractado pinta la sitnación en todas sus fases: E l Gobierno híbrido. los que se decían sus
amigos. en ridículo, y solicitando la
persecución de los adversarios; a la
vez que tratando vanamente de adueñarse de la política 11or medio de solicitudes. Los miembros del mismo

Gobierno acusándose mutuamente de
incapacidad y de falta de solidaridad,
y la opinión, en la prensa, en... la tribuna, en los diversos movimientos armados, unificada en el sentido de que
aqt.ello no podia durar. Este era el
ambiente que rodeaba al Gobierno
del Sr. l\ladero cuando estalló la revolución de febrero.
Según las crónicas fided ignas, ese
movimiento fue proyectado en la Habana, por los Sres. Grales. Manuel
i\J ondragón y Gregorio Ruiz y Cecilio
Ocón, amigos de los Generales Reyes
y Félix Díaz, aprovechando el sentir
general y los gérmenes que habían
quedado del primer intento del Gral.
Díaz.
'Tanto en el Ministerio de Gobernación como en el de Guerra se recibieron noticias de que la conspiración
existía en la Ciudad, donde se intentaha. como realmente se hizo, hacer
defeccionar a las ft:erzas de la guarnicié•n, dar un sólo g-olpe de mano v
apoderarse del Presidente y de s-us
;\[ inistros y lle\'ar a la Presidencia
al Gral. Bernardo Reyes.
La fecha fijada había siclo el 18 de
febrero; pero las investigaciones iniciadas por las autoridades obligaron a
los conjurados a anticipar sus proyectos, que prsicron en planta el 9 de
febrero, llamado

EL DOMINGO ROJO:
A las 5 de la mafiana partieron simultáneamente de 1'Ialpam y de Tacubaya, los alumnos de la Escuela Militar de Aspirantes, de la primera localidad y 300 dragones del primer Regimiento .Y 400 hombres del segundo y
quinto de artillería de Tacubaya.
Los últimos se dirigieron al Cuartel
de la Libertad, donde se les unieron
l 00 hombres más del primer Regimiento y emprendieron el avance sobre la Penitenciaría; a la vez que los
Aspirantes se dirigían a la Prisión l\lilitar de Santiago, para poner en libertad al Gral. Reyes.
Las fuerzas que prestaban guardia
en Palacio habían sido puestas
de
acuerdo y se creía poder llegar con
toda seguridad a él, por lo que el Gral.
Reyes se puso a la cabeza de los
pronunciados y sin dispositivo ele combate, se dirigió a ese lugar. Un gra1?
número de Aspirantes, que formaban
la \'anguarclia, penetró al edificio, sin
que les hubieran hecho resistencia;
pero al llegar el Gral. Reyes, ya el
Gral. Lauro Villar, con una energía
extraordinaria, había hecho que los
soldados se pusieran nuevamente de

�el ataque a la Ciudadela con un cañoneo nutrido que es contestado con
la misma intensidad, sembrando el terror sobre los habitantes de la Ciudad.
E l combate de artillería dura ocho
h oras consecutivas. Se lanzan sobre
la ciudadela fuerzas rurales, por los
cua tro rumbos. Por la Avenida de
Balderas y la calle de K uevo México
se lanzan al at .. que por habe rlo sol ici tado su jefe, Gabriel llernandez, rurales montados, que son an iquilad os
por el fuego de ca ñón y de ametralladoras de la Cieclad y quedan sobre el
pavimento más de cien cadáveres, sin
contar los heridos.
La s posiciones del Gobierno ocupan
los lu gares siguientes: Ri nconada de
San Diego, Estación del F. C. Xacional; Hotel Imperial, frente al Café

Colón, esqu ina de las calles de Lucerna y Prim; Teatro Nacional, ( esta
última fu e acallada prontamente por
la artillería felicista,) y en la esquina
de los A reos de Belém y Kiño Perdido, Desde todos estos puestos se hace n disparos de artillería sobr e la Ciudad ela, pero sin dañar a esta, cansando enormes destrozos en los edificios
circunvecinos y aun en los lejan os.
Las balas perdidas de fusi lería causan
grandes destrozos en todos los rumbos de la Ciudad, donde cae n hombres
y mujeres heridos súbitamente.
Los muertos este día llegan a doscieu tos ; pasan de trescientos los heridos.
E l Sr. )íadero se m1:estra optimista y cree que al día siguiente habrá
desalojado a los rebeldes.

MIERCOLES 12.
Contin úan los combates. fue recuperada la Sexta Comisaría, esq uin a de
Victoria y Revillagigedo, por las
fuerzas del Gral. Delgado. quien avanza hasta el jardín Carl os Pacheco.
que tiene que abandonar por el mortífero fuego enemigo.
Los cañones de la Ciudadela, contestando un ataque por el Sur, abren
nna brecha en los muros ele la Cárcel
de Belém; los reclu sos, bajo el ft.ego. se eYaden de la pri sión. 11 uchos
de ellos perecen. otros logran sa lvarse y van a unirse a la s fuerzas felicistas.
E l Embajador ele los Estados Üni-dos y algunos ?.1 inistros Extranjeros
piden al Presidente se establezca una

El Sefior Francisco Madero sr..en medio de sus
hijos Francisco y Gustavo
parte del Gobierno, por lo que al acercarse a la Puerta l\l,ariana, recibió el
divisionario una descarga, con lo que
se inició más que un combate, p1:es
los acompañan tes del Gral. Reyes se
desbandaron, an te el ataque tan impreYisto, un tiroteo nutrido que barrió a todos los que se retardaron en
huír. especia lmente al gran número ele
curiosos que había acudido a la novedad, y quedaron sobre la P laza no
menos de quinien tos cadáveres, y un
espantoso número de heridos.
Entretanto, el Presidente Madero,
se dirigió a los alumnos del Colegio
1\1 ilitar de Chaputlepec para que lo
escoltaran y con ell os, se dirigió al
centro de la Ciudad. Al penetrar a
la Avenida de San Francisco el tiroteo, qee llegaba desde la plaza, así como di sparos aislados que salían de las
proximidades, hicieron que el Sr. 11 ad ero se refugiara en la Foto grafía Daguerre, en dond e se le unieron los
111,inistros de fomento y de Hacienda, el Gral. V. Huerta y algunos diputados. y de allí se dirigió a Palacio, una vez que se hubo ciado aviso
&lt;le su marcha. Herido el Gral. Villar,
fué nomb rado comandante Militar de
la plaza. el Gral. Hue rta.
Por orden del Sr. Madero, los Alumnos de la Escuela de Aspirantes que
habían quedado presos en Palacio,
fueron quintados, y fusilados quince de

ellos sin formación de causa. ,
En iguales condiciones, también dio
orden de fusi lar al Oral. Gregorio
Ruiz, y este militar, con llna serenidad que todos admiraron, dio las órdenes relativas a su ejecució.n, hasta
la voz de "fuego".
Pasados los primeros momentos de
confusión, el Gral. Fél ix Díaz, acompañado por el Gral. l\Iond ragón, emprendió el ataqlle de la Ciudadela, que
se rindió después de una corta resistencia, y mediante un parlamento del
Gral. l\fondragón.
A las tres de la tarde, reconcentradas algunas fuerzas, la mayoría rurales. frente al Palacio Nacional, D.
Francisco I. l\í ad ero se dirigió en
Automóvil a Cuernavaca, para conferenciar con el Gral. Angeles, y hace r que viniera el mayor número de
fuerzas para atacar la Ciudadela.

LUNES 10.
Desde el día a nterior, queda la Ciudad s in vigilancia, poseída de pánico
y anticipando los combates. que van a
tener lugar en las calles, habituadas a
vivir en la mayor tranquilidad a pesar de los constantes cambios de Gobierno y de la serie de revoluciones
que se han venido sucediendo desde

tráfico está paralizado· y sólo pasan
los automóv iles de las Cruces, Roja y
Blanca, recogie ndo los heridos del ·día
antericr, que pasan de un millar. En
los ed ific ios, como en Ciudad sitiada,
flotan las bande ras ele tod as las naciones; en las colonias se ven los distin tiYos de los puestos ele socorro. Un
g ran núrríero de damas de la aristocracia y de la clase media hace de enfermeras .
E l Cuerpo Diplomático, ante la
gravedad de la situación, viendo al
Gobierno perdido·, empieza a hacer
pres ión sobre el Presidente para evitar el derramamiento de sangre y el
sacrificio de los pacíficos. E l Sr. l\Iadero, que regresa a las seis de la tarde de Cuernavaca, con testa que no
puede dar garantías a los neutrales,
y que corresponde a estos salir de las
zonas peligrosas.
Con el Señor l\f ad ero llegan unos
dos mil hombres y poco después, proceden tes de Celaya y de San Juan
T"eotihuacán, los regimientos 80. y 300.
de rurales.
Los defensores de la Ciudadela son
unos 1,500, con parque de cañón y de
fusil bastante para seis meses de resistencia.

MARTES 11.

1910.
A las 10:10 de la mañana comien~a

Una batería de mtillería bajo el mAndo directo de Felipe Ani&lt;eles
zona neutral, pues empiezan a sufrir
g randes daños las colonias Juárez Y
Roma, donde hay much os extranjeros.
Queda la Ciudad en tinieblas, aumentando el pavor de la situación.
Un gran número de fami lias abandona sus hogares, en la zona de peligro, y busca r efugio en las Colonias
de Santa Miaría, en Peralvillo y en la
Vill~ de Guadalupe.
A la media noche, el espanto crece
por el nutrido fuego de fusilería y de
artillería que parte de la Ciudadela para P._rotegcr la introducción de provis iones.

JUEVES 13.
El bombardeo de este día es el más
terrible. La batería al mando del

Gral. Angeles, situada en la cercanía
de la Estación del F. C. Xaciona l,
no logra fijar sus tiros sobre la Ciudadela y causa grandes destrozos en
otros ed ific ios. ºOtra batería, colocada en el TI otel G uard iola, atrae el
fuego sobre el ce ntro de la Ciudad.
Los ctrriosos se acercan a Yer el efecto de los disparos y nuevos proyectiles matan a muchos de ellos. E l ?.Ii-

sobre él y que, por otra parte, él y
los suyos prefieren morir en su
puesto, si n solicitar ni desear clemencia.

nistro de la Guerra envía una comunicación al Gral. Félix Díaz diciéndole
que como el fuego de sus cañones
causa daiíos en residencias de particu lares y ele extranjeros. al tomar la
posición serán considerados todos los

VIERNES 14.

que la ocupan, fuera de la ley. Cont es ta el Gral. Díaz que no depende de
él hacer cesar el fuego, puesto que
tiene que defenderse del que hacen

Los caíiones de la Ciudadela son
apuntados a Palacio, y caen las granada s en el edificic,. una de ellas en
la puerta :d ariana, matando a varios
soldados.

Los Senadores, citados por el )linistro Lascurain, se reúnen en la Casa de D. Sehas tián Camacho, y so n
in formados de que el Gobierno Americano ha ordenado el envío de buques de guerra a puertos de la República.
Como resultado

de esa junta, se

�¡qtº
SEÑOR GENERAL DON FELIX DIAZ

�acordó citar al Senado para sesión que
tendría lugar en la Cámara de Dipotados.
El l'.rinistro de España, por encargo
del Sr. l'.Iadero, conferencia con los
Jefes de la Ciudadela para im·estigar
las condiciones de paz. E l Lic. de la
Barra recibe la visita del Gral. A ngeles con quien acude al Palacio :Nacional. "En la entrel'ista, que fue bas~
tante larga," dice el Sr. de la Barra, "quedé autorizado para hablar con
-los Sres. generales Díaz y 1'.Iondragón
a efecto de que concertaran un armisticio y se nombraran dos comisiones por cada parte que estudiaran la
forma de solucionar el conflicto."
Al acudi r el Lic. de la Barra, salía
de la Ciudadela el l'.linistro Cólogan.
, Ratifican los Sres. Díaz y 11 ondragón lo que habían manifestado al 11 inistro de Espaiía: Que no podían concertar un armisticio, y las negociaciones sólo podían iniciarse en forma.
siempre que les sirl'iera de base la
renuncia preYia de los Sres. i\Iadero y
Pino Suárez y de los miembros del
Gabinete.
Informado el Sr. 1fadero. manifestó
que por ningún motivo se hallaba
dispuesto a dimitir.
El Sr. }.ladero envía un mensaje
personal al Presidente de los E . Unidos, i\Or. Taft, rogándole no desembarque tropas y suplicándole que disponga que los residentes americanos
de la Ciudad de 1léxico. abandonen la
zona de fuego y se reconcentren en
determinados puntos y en los subt:'rbios.

siguientes acuer dos:
1.-Consúltese con el Presidente de
la República, en nombre de la suprema necesidad de salvar la Soberanía
l':: acional, que haga dimisión de su alto cargo.
J 1.-llágase igual consulta a l C. Vicepresidente ele la República.
111.-:,; ómbrese una comisión que
haga saber al Sr. Presidente y al Sr.
Vice-presidente los acuerdos ;dopta-

son incinerados.
A la media noche, el fuego de la Ciudadela se h izo más nutrido que en el
día, aumentando la exi tación de toda
la ciudad.
Según noticias posteriores, algu nos
ele sus ministros p ropus iero't1 al Sr.
1[adero la presentación de su renuncia.

dos.
El Sr. Lascurain ind icó la conveniencia de que todos los Senadores
presentes se trasladen al Palacio Nacional para comunicar las resoluciones tomadas.
Los veinticinco Senadores se trasladaron al Palacio ~aciana\, acompaiíados del Sr. Secretario de Relaciones.
E l Sr. Cólogan, les informa que ha
conferenciado con el Presiden te y le
ha indicado, en nombre de los ministros extranjeros, la conveniencia de
presentar su dimisión. Que la situación era más gra 1·e, y que no era verdad se hubiera recibido telegrama
tranquilizador del Presidente Taft, como se decía en los círculos oficiales.

SABAD O 15.
Se reúnen ve111t111cinco Senadores,
que deliberan hasta las once de la
mañana. E l Sr. Lascurain, 1linistro
de Relaciones, informa: '' que es por
extremo angustiosa la situación de
i\f éxico, que a la una de la maclrngacla
el Embajador Americano había reunido a los miembros del Cuerpo Diplomático para haceries saber la llegada
ele buques, y su op inión firme y resuelta de que tres mil marinos llegarían a la Ciudad para proteger las
vidas e intereses de los norte-ameri canos." ":Jo hay tiempo que perder,"
tcrmi'nó el Sr. Lascurain, "los momentos son preciosos y ante el inminente
peligro que nos amenaza, acudo al
Senado para que en nombre del más
alto y puro patriotismo, adopte las
medidas enderazadas a conjurarlo."
E l Senador José D. Fernández expone que la inminente gravedad de la
situación no admite esperas y lo que
debe hacer el Senado es aprobar los

Después de Yeinlicinco minutos de
espera, se presentaron los Señorés
Secretarios de 1-1 acienda, de 1-· omento y Comunicaciones, Ernesto
:\ladero, :\lanuel Bonilla y Jaime Gurn, acompañados del Sr. Lascnrain, e
hicieron saber a los miembros del Senado que el Sr. 1\adero había salid11
hacía Yeinte minutos acompañado del
;.linistro de la Guerra, a recorrer las
posiciones gobier111stas, por lo que no
podía recibi rlos. El Senador Enríquez contestó a los informes _dados
por D. Ernesto ?-ladero lo siguiente:
.. :{ o son las circunstancias generales
del País s ino el peligro ele la compli. cación norte-americana el que ha ins pirado el paso que damos; peligro ante el ccal, todo amor propio debe de
ceder y aun todos los títu los de legitimidad, porque sobre todo interés hu mano está la patria."
En la ta rde ele este día el Embajador americano acude a Palacio y a
la Ciudadela para concertar un armisticio, a fin ele que las famiilas pudieran hacerse de provisiones y camb iaran de dom icilio, armisticio que había ele dura r hasta las seis de la mañana del lunes.
Durante todo el día continúan el
bombardeo y el fuego de ametralladoras.
Para evitar en lo posible los peligros de los cadáve1,es y de las basuras ele t oda clase que han quedado
abandonados en las calles se prenden
gran des fogatas en que unas y otros

DOMINGO 16.
La ciudad recibe la noticia de que
se ha pactado un arm is ticio de 24 horas ;las calles se llenan de gen tes que
sienten la fruición de la suspen sión
del fuego. St vacían casi todas las casas colocadas en la zona de peligro;
las famil ias huye n en masa hacia las
colonias y se aprovisionan. Cerca de
las dos de la tarde, cuando no se esperaba, vuelve a abrir se un fuego nutrido que siembra nuevamente el espanto y la dsolación. Corren rumor es
de que el Gobierno había faltado a su
compromiso y trataba de aprovechar
el armisticio para apoderarse de posiciones ventajosas.
Lo que sucedió realmente fue que
los miembros del c!ferpo diplomático,
reunidos para pactar las condiciones
de la suspensión de las hostilidades
no se p11sieron· de acuerdo sobre si esa
suspensión autorizaba a lo ocupantes
de la Ciudadela a in troducir víveres,
por lo q1:e quedaron las negociaciones
rotas, lo que se comunicó a los combatientes e inmediatamente ab rieron el
fuego para imped ir al en emigo que se
hiciera de algu na Yentaja en ese lapso de tiempo.
Se inician persecuciones en contra
&lt;le los simpatizadores de los r ebeldes.
El L ic. de la Bar ra tiene que r efugiarse en la legación inglesa.
Vuelven algunos Senadore-s a r eun irse en la casa de D. Sebastián Cama cho y no llegan a n ingún acuerdo, en
vi sta de la actitud del Sr. l\r'adero.

LUNES 17.
Los Senadores P iment el y Obregón
se dirigen al Gral. Blanquet para obtener nuevos informes de la s ituación.
El Gral. Blanquet les informa que el
Gral. I-f:ue rta. Comandante ele la Plaza, ha estado a verlo; que n o era
posible intentar con éxito u n ataqu('
a la Ciudadela, porque se n ecesitaría para ello de diez mil hombres, los
que n o tenía el Gobierno : mani festó
sor pr esa al conocer la actitud de los
Estados Unidos y en vista de ella, ex presó la necesidad de conservar a· todo
trance las tropas para r esistir cualquier intento de invasión, en vez de
sacr ificarlas en guerra fratricida. Re-

comendó también se le hicíera saber
al Gral. Huerta todo lo acontecido
en las juntas de Senadores. Los Sres.
Pimentel y Obregón hablaron con el
Gral. Huerta sobre esos asuntos.
Contesta el Presidente Taft. Dice,
en resumen, que por lo pronto no
. hay sino medidas de precaución na-tura!, que llama la atención del Presidente sobre la vital importancia del
pronto restablecimiento de la paz y
del orden; de que las vidas y propiedades de los ciudadanos americanos
sean respetadas, y termina: "Recíprocamente a la ansiedad manifiesta en el
mensaje ele Vuestra Excelencia, creo
de mi deber -añadir sinceramente y
sin reservas que el curso de los acontecimintos durante los dos últimos
años y que hoy culminan en una si-

tuación muy peligrosa, crea en este
país un pesimismo extremo y la convicción de que el deber imperioso en
estos momentos está en aliviar pronto
la actual-situación."-vVilliam H. Taft.

MARTES 18.
A las seis de la mañana. el Gral.
11 uerta mandó llamar a los Senadores
encareciendo que concurrieran a la
Comandancia sin demora. Se reunieron los Senadores Camacho, Enríquez, Fernández Juan C., Rabasa,
Castellot, Guzmán, Obregón, Aguirre
y Pimentel y resolvieron acudir al
llamamiento. Los expresados Señores dijeron al Gral. Huerta tocio lo
habido. F.\ Gral. contestó que creía
patrióticos los sentimientos de los

Senadores y mostró un acta, firmada
el día anterior o ese mismo día, en la
cual se declaraba que no era posible
tomar por asalto la Ciudadela; agregó que el Gobierno no tenía los elementos necesarios para dominar el
movimiento revolucio nario que existía en :'.\léxico y en una buena parte
del país. Hizo llamar con urgencia al
:\linistro de la Guerra, General García Peña y a varios otros generales,
llegaron y se hizo saber al Gral. García Peiía todo lo acontecido, por creer
que el mejor cÓnducto para hacerlo
saber al Sr. Madero era su Secretario de la Guerra.
El Gral. García Peña fue a ver al
Presidente y regresó diciendo que el
Sr. }.ladero esperaba; po r lo que los
Senadores se trasladaron al salón ver-

Escombros de "Nueva Era" Periódico Maderista incendiado el 18 de Febrero de 1913 .
de en compañía del 1linistro. 111
Presidente contestó a lo manifestado
en esa ocasión por el Senador Obregón que no extrañaba que le hablaran de renuncia pues que seguramente
pretendían que volviese al poder el
Gral. Porfirio Díaz; pero que no estaba dispuesto a renunciar y sólo muerto dejaría la Presidencia. Llamó aparte a los Senadores Castellot y Enríquez y les encomendó que dijesen a
los jefes millares que todo peligro
había pasado, por lo que no era necesario pedir una resolución urgente
al Presidente y al Vicepresidente.
Salieron todos menos los Sres. Castellot y Enríquez y entonces mandó
llamar el Sr. Madero al Gral. Huerta
para que ellos cumplieran el encargo
que les había dado.

Continúa el bombardeo, que se hace nutrido a las diez ele la mañana,
obligando a la gente que había salido
porque era sumamente débil el fuego,
horas antes, a refugiarse nuevamente
en los lugares lejanos. A las 3 ele la
tarde, corre por la ciudad la noticia
de que el Presidente está preso y
han cesado, las hostilidades, con lo
que la Ciudad se tranquiliza, después
de los diez días de muerte y de congoja.
El Gral. Blanquet informado del
peligro de interven ción, se mantuvo
a la espectativa. según las informacíones más creíbles; y se puso de
acuerdo con otros jefes militares y
con el Gral. Huerta para dar fin a la
situación tan pavorosa para la Ciudad y para la República.

Cerca de las dos de la tarde, se encontraban reunidos en los salones de
la Presidencia el Sr. Madero, el L ic.
Pino Suárez y los 1'.Iinistros. El teniente coronel Jiménez Riveroll, el
Mayor Izquierdo y otros militares n
sus órdenes, penetraron al Salón para
manifestar al Presidente que debía
renunciar; que el ejército no quería
luchar más contra sus hermanos, que
la Nación pedía un cambio inmediato
para su paz y su tranquilidad.
D. Francisco, en vez de c'o ntestar,
sacó la pistola y disparó sobre el Teniente Coronel Rivero\1, dejándolo
muerto. Gustavo Garmendía, ayudante del President.e, enlazó con un
brazo al Mayor Izquierdo y le disparó un balazo en la cabeza. Marcos
Hernández hizo fuego y recibió a su

�Por ese pacto, el Poder EjecutiYo
quedaba a cargo del Gral. Huerta,
como Presidente ; pero con la restricción de que habría de gobernar con
el Gabinete designado en el conveuio
no siendo l\[inistro el Gral. Díaz con
el objeto ele que éste preparara, fuera
ele un puesto público, su campaña
electoral para la Presidencia de la
República.
El día 19, en la madrugada, fueron
fusilados en la Ciudadela, D. Gustavo
l\Tadero y D. Adolfo Bassó, de quien
se decía que había disparado personalmente sobre el Gral. Reyes. A
pesar de todo, la ciudad estaba rego-

cijada con su vuelta a la tranquilidad
pública; las calles apenas podían contener a la gente, que volvía a verse
libre. La Cámara se reunió y se dedaró en sesión permanente.
A las ocho y tres cuartos de la noche, se presentó ante ella el l\Iinistro
de Relaci ones, Sr. Lascurain, portador
de las renuncias escritas del Presidente y del Vice-Presidente de la República. Aceptadas éstas, fue declarado Presidente Constitucional el Sr.
Lascurain, que nombró Secretario ele
Gobernación al Gral. Huerta. Renunci ó el Sr. Lascurain a su vez. Su renuncia fué aceptada por la Cámara

y, conforme a las prescripciones cons-

titucionales, fué declarado Presidente
Interino el General Victori,, Huerta.
La sesión permanente fué ciausurada.
Se abrieron las puertas al público;
se abrió sesión pública y en medio de
una grande ovación prestó la protesta de Ley el nuevo Presidente, ante
la esperanza de la República de volver a la paz y ele alejar los peligros
que venían amenazándola.
Así terminó aquella serie de acontecimientos trascendentales, que pusieron fin al Gobierno del Sr. Madero, y que formaron la terrible "Decena Trágica."

Notable caricatura de "Multicolor," publicada en Enero
de 1913, con la siguiente leyenda:
''Ya merito acabamos con la Nación.''
vez un· disparo del Ingeniero Enríque
Zepeda.
El General Blanquet, desarmó y
aprehendió al Sr. Madero y a los que
con él estaban y los condujo al departamento de guardia, donde quedaron incomunicados.
Mientras esto acontecía en el Palacio Nacional, un grupo de gendarmes .del Ejército aprehendía en el
Restaurant Gambrinus a Gustavo Madero, quien daba un banquete a D.
Francisco Romero por su ascenso a
General Brigadier.
A las 5 de la tarde, despu és de una
escena violenta, dice González Garza, fueron puestos en libertad los Mini·s tros del Sr. Madero y éste y el
Lic. Pino Suárei quedaron detenidos
en la Intendencia de Palacio.
Así terminaron los combates en la
Ciudad de M'éxico, y sólo es necesario agregar que no sólamente el cuerpo Diplomático, los Senadores, y los
mismos Ministros del S r. :Ma dero le
aconsejaron que presentara su renun-

cia, lo mismo que a l Vice Presidente
El Gener al Huerta asumió el poder,
Pino Suárez, sino que la Ciudad en· militarmente, y lanzó la proclama que
tera, la pedía, convencidos de que era &amp;n otro lugar publicamos.
imposible para las fue r zas de l GobierEse mismo día celebró una confeno dominar la situación y prolonga- rencia con el Gral. Félix Díaz en la
ba con su resistencia el terror, el de- que resolvieron uni rse en un sólo senrramamiento de sangre y el sacrificio tim iento de confraternidad para lode innumerables víctimas inocentes y, grar la salvación de la Patria.
especialmente, por la urgencia de aleLa Decena Trágica había termijar de una vez el mayor peligro: el nado. La ciudad volvía a respirar,
de la siempre amenazantte interven- con la tristeza de las ang ustias pasación norte-americana que no quedaba das, pero con la satisfacción de darlas
sin o pendiente según las palabras del por idas para siempre; ansiosa nada
mensaje de l\1r. Taft, quien urgía al más de saber el curso posterior de
Sr. Madero a dar los pasos que foie- los acontecimientos y de que cesara
ran necesarios para restablecer el or- de una vez la causa de los trastornos.
den y la paz, a la vez que confesaba
1-Tabían existido dos movimientos
su pesimismo ante la aptitud del Go- sucesiíVOS: el de la Ciudadela y el que
bierno para consegui rlo.
· ori¡rinó la aprehensión del Sr. M adeCuando la noticia de la prisión del ro; las armas estaban divididas entre
Sr. l\fadcro quedó plenamente co nfir- los dos caudillos: para evitar una lu111?.da con la cesación total de los te- cha entre sí, celebraron el Gral. Férribles disparos de la arti llería, fue un lix Díaz y el Gral. Huerta el Conveinm enso sentimiento de descanso el nio conocido con el nombre de "Pacque se sintió no sólo n la Ciudad sino to de la Ciudadela" que también puen la República entera.
blicamos.

Cariºcatura de "Multicolor" publicada hace tres años con
·
Grac1osa
,,
1 Fl
"
la si8uiente leyenda No pueden sacar a a ate.

�La Higuera· de Lilot ·

Nadíe habla de la Paz
La Abnegación Francesa
Los amigos de la verdad, sea cruel
o halagiieña; los que desean poseer,
en lo posible, una visión justa de las
cosas, acostumbran a investigar por
sí mismos, o, por lo menos, a com
probar la exactitud de las investigaciones ajenas. Los espírituis apasionados o impacientes se obstinan en
forzar los hechos, empequeñeciéndolos o agrandándolos, según convenga
a su interés o a sus deseos. La guerra ha venido a probarnos cuán endeble y pueril es nuestra facultad de
razonamiento. Excepción hecha de
algunas almas fuertes y contemplativas, que saben amar sin que -el juicio, obscurecido por la pasión, les impida juzgar la persona o el ideal amados. cuantos hablamos de la guerra en el libro, en el discurso, en el
periódico o ante la taza de café incurrimos en la misma inconsecuencia filosófica: decimos no lo que es, sino
lo que queremos que sea ___ Naturalmente, los hechos inapelables e inflexibles se burlan de nosotros.
Tratando de no incurrir en tal defecto, y ·sin que crea haber llegado, m
mucho menos, a las cumbres de la
serenidad, desde que comenzó la guerra-qu'e he decidido pasar en Francia
-no me fío de alocuciones, ni de discursos, ni de artículos, ya sean est&lt;''
últímos confiados y entusiastas, o des
corazonadores y pesimistas. Detrás
de toda alocu~ión, de todo discurso,
de todo artículo, hay un hombre, . un
temperamento, una rivalidad, un interés _____ Cosas todas compatible~ con
la verdad ; pero .no equivalentes a la
verdad misma. Veo que el lectür me
interroga: "¿Y de qué se fía usted?
¿Dónde tropieza usted con la impresión exacta de lo que ocurre?" Y yo
respondo, sin titubear: "En la vida
privada y en la vida de relación social de todos los días." Yo hago más
caso del amigo que vuelvr. de las trincheras con licencia. para descansar
ocho días, que de veinte libros sobre
la guerra, de los que figuran en el
O&lt;león ; yo escucho más atentamente
al barbero que me afeita, al sast re
que me toma medidas, al mozo qu e
me trae mi vaso de cerveza, a la
madre que me habh del hijo muerte
r:1 campaña y a las gentes c¡ ue charlan en el teatro o en el café, que de
todos los artículos- que leo con ad-

miración y respeto-de mi ilustre amigo Barrés, de Clemenceau, de Lavedan, de Donnay y de tantos otros
escritores notabilísimos.
mozo que me sirve el caf{·, ni la 111adre que perdió un hijo en la guerra,
Y es que yo no busco la verdad militar, ni la verdad diplomática-¿acaso existe?-, ni la verdad financiera __
Yo busco otra verdad, que las envuelve a todas, que es la savia y la entra,
ña de todas: la verdad moral. Lo qtl\
me interesa conocer es el temple del
alma de cada uno de los pueblos beligerantes. En Francia estoy, y al alma de Francia me he dirigido esi.u:,
días, en que, tan insistentemente y
tan hábilmente, han llegado de Alemania los que han dado en llamarse
"ruidos de paz". Ruidos que tratan
de sondear la opinión ~rancesa; ruidos que no acusan · debilidad, sino
sentido práctico en los alemanes.
Ellos habían preparado la guerra corta y de conquista y se ven fo rzados
a la guerra ·Jarga y de &lt;lefensa. La
llevan muy bien. A título provisorio,
ocupan extensas comarcas del enemigo. Prendas magníficas para la transacción para el arreglo. Pero el enemigo no quiere "arreglarse'·; prefiere seguir; piensa ganar la partida ___
Ni mi barbero, ni mi sastre, ni el
ni el amigo que tiene familia en la
zona invadida, ni la propia mujer galante que añora el Paris de la paz,
el París con extranjeros pródigos y
casquivanos; ni el industrial que se
arruina, ni el comerciante que pierde,

Por Jean Rameau

ni el escritor que vive a duras penas
admiten que pueda hablarse de paz.
En vano 'he hecho preguntas y he
qu erido sorprender una reflexión, un
gesto que revelen cansancio, tristeza,
"ganas de concluir". Es posible que
otros encuentren tales síntomas de
debi'lidad. Y o no he logrado sorprenderlos. Y como admiro a Francia,
como me parece lógico que no quiera
ni disc~tir "la paz de Alemania", he
concluído mis investigaciones, diciéndome, exactamente, lo mismo que Ma
ximiliano Barden, el famoso. el audaz el ingenioso, el profundo periodista alemán, ha dicho a sus compatriotas no hace aún muchos dias:
"Francia no está cansada.
Francia
no está deprimida. Francia cree e11
la victoria". Hay que seguir lucllan·
do ____ _

•

Alberto INSUA.

HARINA
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Producción diaria
15 00 Barriles
Oficina y Molino•
Calles Guenther 1
Kin¡ William
Cerca del

F. C. S. A. &amp; A. P.

:,..,_

No era precisamente un lince el joven heredero de Biremus. i Ah, no!
En la escuela no pasó nunca del silabario y las ideas no parecían florecer en su mente smo como ciertos
musgos del polo; cuando la primavera era excepcional.
Pero si no podía coronarse a Lilot
con el laurel del sabio, era en compensación tan vigon,so que a los quin·
ce años cargaba sacos de maiz como
un molinero, a los diez y seis levantaba entre los dientes una mesa de seis
cubiertos y sus padres cuando le veían
hermoso y gallardo hacer estas haza·
ñas probaban algo de aquella satisfac·
ción que sintieron al vender en qui. nientos francos y en la feria de Laboubeyre al famosu léfiro III, potro de las cuadras de la heredad.
¡ Y en verdad que era airoso el tal
Lilotl ¡Y qt:é salud, Dios poderoso!
Pulmones sólidos como fuelles de fragua, corazón arreglado como el rclox
de la parroquia, movimientos sueltos
y ágiles: si por desgracia recibía un
arañazo, no hacía más que lamerse a
guisa de perro y a las dos pasadas
de lengua quedaba como nuevo.
· Lilot sabía la causa de su vigor,. la
cual era que su á rbol gozaba de excelente salud, porque Lilot como la
mayor parte de sus compatriotas tenía su árbol. E n su país, los labradores acostumbran plantar un árbol cada vez que les nace un niño y tienen
fe en que el vegetal y el rorro correrán la misma suerte: si el arbol prospera sucederá lo mismo con el niñc
y languide.cerá si la planta se marchi-

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STA.A.

SAN ANTONIO, TEX.

El árbol de Lilot era una higuera
que se había plantado cerca de un lagunato a fin de que tuvieran sus raíces jugo suficiente, y se encontraba
bien el muy goloso. Era frondoso,
enorme, cargado de frutas y protegido por una corteza lisa como la p~el
de una doncella. i Qué buena sávia absorvía al borde de ese lagu'Tlato al
que las aguas pluviales traían los abonos de todas las colinas del contorno I
Además Lilot lo cuidaba con_ empeño: ·iba a visitarlo frecuentemente, ca·
si todos los domingos, lo descargaba de hormigas y de caracoles, sobre·
vigilaba el brote de los renuevos Y
curaba con limón las heridas que le
quedaban cuando la tempestad le
arrancaba algunas ramas. Gracias a

tantos mimos, la higuera engordaba
como un canónigo mostrando un tronco hinchado por la savia, rodeado de ramas vigorosas com-o brazos
de Hércules que extendían su sombra
sobre los árboles circunvecinos.
Pues bien: a la otra orilla del laguna to, en tierras de las Cazerotte, tejedoras de la parroquia, había un ciruelo raquítico, un pobre diablo de
ciruelo que no prosperaba. La higuera de Lilot tenía el aspecto de ahogarlo, de sofocarlo con el peso de
una rama ·enorme que alargaba en
aquella dirección como un puño amenazante.
Una tarde Lilot, que por entonces
tenía &lt;liez y seis años, vio venir a una
chiquilla, morenita, delicada, con ojos
de capulines y un pañuelo rojo anudado en derredor del cuello, la cual era
Totina Cazerotte, hija de la tejedora.
Brincó el arroyuelo su rtidor del lagunato, ligeramente, como una cabra
que retoza y se aproximó a la higuera, un poco avergonzada, mostrando
en su rostro una sonrisa conciliadora
una bella sonrisa que abría el apetito
como una tajada ·de pan con mantequilla.
-Buenos días Lilot.
-Bu'enos días, Totina.
-¿ Cómo es que no podas la higuera?
- Sí, vecina, la podo.
Totina inclinó la cabeza y su son·
risa se extinguía como si tuviera algo
serio que decir, al mismo tiempo que
sus labios con movimientos insólitos
dejaban adivinar que un torrente de
palahras estaba próximo a salir de
aquella boquita.
.
De pronto, armándose de valor dijo
ruborizada:
-Lilot, venía a traerte un recado.
- ¿Cuál?
-M'a má me encargó te dijera que
serías muy amable, pero muy amable,
si cortaras a tu higuera una rama.
- Cómo! exclamó d muchacho con
entonación hostil, !cortar una rama a
mi higuera!
_5¡_____ esta grande, mira, esta
que cae a nuestro jardín y que nos
hace sombra.
-Ah! ¿Les hace sombra? Tanto
peor. tanto peor.
-No hay medio de lograr en nues·
tro jardín una lechuga.
-¿De veras?

-Las zanahorias no se dan, ni las
cebollas, ni las patatas.
-Es un grat! perjuicio.
-¿Y qué me dices de nuestros árboles frutales? Se mueren todos.
-Bah!
-Mira, Lilot mira un poco la facha
de ese óruelo que está al otro lado
del agua.
-Ah! ese sí, ese si tiene una triste figura----N o le quedan dos años de vid.1
-Es posible: pero ¡ qué te importa
es~ 1 ¿ Te gustan mucho las ciruelas?
-Me enloquecen.
-No tienes buen gusto. Las ciruelas no sirven, en tanto que los higos-----No te burles, Lilot, te aseguro
que soy muy desgrada.
-¿A causa de esta rama?
-Sí, si no la cvrtas voy a caer
enferma, lo presiento. ¡Córtala! ¿Sí?
-Pero si no puedo.
-¿Y por qué?
-Porque---- ¿ eres mi amiga, Totina? ¿me prometes no decirle nada
a nadie? Pues bien esta higuera es
mi árbol.
-¿ Tu árbol, Lilot?
-Sí, lo plantaron el día de mi nacimiento. Ahora comprenderás que
no debo, que no puedo tocar una so·
la de sus hojas.
-Totina se echó a llorar.
-Bueno, pues el ciruelo es mi árbol, dijo entre sus sollozos.
-Ah! Bah!
-La plantó mi padre cuando nacÍ
y tu higuera lo mata, Lilot, y yo taro,.
bién moriré pronto por causa tuya __ _
yo que habrla querido alcanzar los
veinte años.
Y la niña, tan supersticiosa como
su vecino, lloraba a mares Y sus
breves hombros temblaban con estremecimientos convulsivos.
Lilot estaba abrumado.
-Tu árboL-- tu árboL--' repetía
con voz sorda--- - - ¿y por qué diablos lo plantó tu padre aquí?
-Por el agua. Todo crecía muy
bien aquí, antes de que adquiriera
tanto desarrollo tu maldita higuera:
¡ qué desgraciada soy!
Sí que lo era y Lilot no lo dudaba
pero ¿&lt;Jué podía haaer? Nada porque sería atentar contra su persona,
sería como cortarse un brazo.
El muchacho se pasó la mano por

�~ frente para facilitar la eclosión de

alguna buena idea que se revolvía allí
y dijo:

-Bah I No es enteramente seguro
que la muerte de tu ciruelo te pueda
traer desgracias: las gentes dicen
tonterías; pero el maestro de la escuela que no era nada lerdo, condenaba esas preocupaciones. No llores.
Totina. Además, aanque el ciruelo
esté enfermo tú tienes más salud que
una primavera. Ya ves que el árbol
no tiene que ver con uno.
-Pues entonces; (por qué no dejas
tocar tu arbol?
Esta contestación dejó mudo al heredero de Biremus.
Se volvió a pasar la mall.O por la
frente, pero nada pudo sacar de alli.
-¿ Quiéres, Lilot? ¿quiéres? preguntaba la chiquilla zalamera mostrando su sonrisa apetitosa como una
tajada de pan con mantequilla.
Pero él la rechazó.
-;No: le dijo, no quiero, no quiero!
-¿ Es tu última vatabra?
;-Sí, déjame en paz.
-Pues bien, adiós, replicó ella picada en lo más vivo. Ah 1 ¿ no quieres
perder una rama? Pues ten cuidado.!
no sea que las pierdas todas. Ya te
arrepentirás.
Lilot palideció con esta amenaza.
-¿ Qué quieres decir? preguntó.
-Y o me entiendo, murmuró Totina, y atravesó el arroyuelo levantándo
se el vestido y dejando ver unas piernas blancas ya bien desarrolladas que
se espejaban en el agua murmuradora.
"Ya te arrepentirás" parecían 'd ecir
esos murmullos "ya te arrepentirás".
Lilot temblaba de cólera.
-¿ Pensará acaso matar mi árbol?
se preguntaba, Ah ¡ rriiserablé~----1
y sentía impulsos de cojer a la
chi ca por las orejas y ' tratarla como
se merecía ¡ Qué abomina ción I Iba en
el acto a dar aviso a la gendarmería ____ _
1

Pero Lilot se detuvo apenas había
andado algunos pasos.
¿ Y si los gen4armes no lo creían?
Son gentes ignorantes que vienen
de países lejanos e11 que no se sabe
nada de estas cosas y se burlarían de
él. Era mejor no ocurrir a ellos y
sobrevigilar a Totina. Eso sí,·
A partir de este mome~to Lilot ve·
nía · varias veces cada día a visitar 'ta
higuera armado de un sólido. garrote:
inspeccionaba el árbol minuciosamente, contaba las ramas con los dedos,
y reconocía particularmente• la que
daba sobre el ciruelo vecino. Algunas veces hasta revolvía la tierra al
rededor dei tronco para examinar las

raíces.
\ De vez en cuando al hacer estas
itispecciones veía a Totina del otro
lado del lagunato, burlesca y con ojos
maliciosos que parecían decirle "ya te
arrepentirás" y este aire agresivo de
la muchacha le ponia la carne dt
gallina.
-Tiene en la cabecita a lgún mal
proyecto, se decía él y hasta creyo
necesario empezar a vigilar por las
noches, lo cual le ocasionó un catarro abundante; y como no se aliviaba se alarmó. Seguramente el árbol
sufría, le habían hecho algo_____ y
a pesar de pacientes investigaciones
nada pudo desct.brir.
-Ah! la maldita'----- murmuraba
mostrando el puño cerrado en dirección a la casa de las tejedoras.
De noche, despertaba sobresaltado
creyendo oír hachazos y como dormía mal comenzó a enflaquecer, y su
padre le preguntaba inquieto:
-¿ Qué tienes muchacho? Algo
malo roes desde hace días.
Y era verdad Lilot se veía en los
espejos pálido y demacrado, y cuando quiso levantar t,na mesa con los
dientes, cayó de boca y se lastimó.
Totina en cambio estaba resplandeciente, crecida, bella y vigorosa. Si:
de seguro que algo había en eso!
Mes por mes sus ojos parecían más
hrillantes y sus formas más correctas,
sin que con todo y eso se viera que
el ciruelo mejoraba maldita la cosa.
Lilot abría los ojos espantado sin
encontrar la explicación de esta doble
metamorfosis y mientras más veía a
Totina más pensativo quedaba y i ·
descontento de sí mismo.
¿No había estado en efecto, demasiado duro con la niña? Después de
todo ella no era mala; bastaba pa¡¡¡.
convencerse con ver su sonrisa y así
·debían pensarlo los mu chachos de la
'a Idea que la perseguían todas las tardes cuando iba a la fuente. Ah! pillos; de buena gana les arrojaría piedras Lilot. Por lo demás, a pesar
suyo, y sin duda inspirado por el demonio él, como los demás, también
iba a esperar a Totina detrás de los
árboles en el cami111to de la fuente,
pero se ocultaba enrojeciendo hasta
las orejas, cuando la joven se acercaba: y cuando sus pasos se dejaban
oír muy cerca, Lilot temblaba y sentía como si cada pa,o fuera un golpe
sobre su corazón.
¿ Qué le pasaba? Estaba enfe rmo,
se volvfa loco, espíritus malignos debían haber soplado sobre su cerebro
y le trastornaron todas sus ideas como una ráfaga de aire revuelve las
hojas de la encina. ·

A veces, por la noche, Lilot se
quedaba contemplando horas enteras
un hilito de luz amarilla que le 1u:;gaba al través de los árboles, desde
la habitación de Totina y no era por
defender su higuera por lo que así
se desvelaba, oh! no, habría por el
contrario sido mu'y feliz si hubiera
ve11ido la joven a derribar algunas ramas, porque en suma eso no habría
perjudicado a su árl,ol gran cosa ¡tenía tantas ramas! y hasta puede ser
qi1e quitándole varias hubiera quedado más bonita.
-Ah! si me atreviera, pensaba Lilot rascándose la oreja, si me atreviera a cortarlas yo mismo para hacer
las paces- con Totina, y merecer de
nuevo aquellas sonrisas de otros tiempos que hacían su t:ara apetitosa como una tajada de pan con mantequilla.
Una noche Lilot despertó sobresaltado. ¿Qué oía? ¿Hachazos? Sí!
y venían del lagunato. Le estaban derribando su higuera.
Se levantó, se virs tió, tomó su garrote y salió en tanto quie los golpes
se oían aún. Parecían vacilantes, tímidos, casi vergonzosos.
Lilot marchó con rapidez y sin ruido bajo los árboles a la claridad dudosa de la luna creciente que bogaba
en el horizonte como un barco lejano.
Si era su higuera la que cortaban
y Lilot distinguía ya la silueta de una
mujer en el extremo de una escala,
una mujer cuyo brazo se levantaba y
se abatía sobre la rama principal del
árbol, la. que era perjudicial al ciruelo
de los Cazerotte.
Es Totina ! exclamó palideciendo de
alegría y perdonándole desde el fondo del corazón. Habría querido correr a darle las gracias pero le temblaba11 las piernas y vacilante, deslumbrado, cohibido, como si marchara en una nube, se aproximó a la joven que no le había visto venir y
continuaba cortando pronto, pronto
como si tuviera miedo de ser sorprendida. Lilot se acercó aún conmovido
y dijo en voz dulce:
-Buenas noches, Totina.
Ella le respondió con un grito, un
agudo grito de espanto que despertó
los ecos de la aldea!
-Socorro! socorro! al asesino l clama ha la joven con terror.
Y como quisiera bajar con demasiada rapidez, cayó de la escalera.
Lilot también gritó al verla caer.
-Dios mío! ¿se ha hecho usted daño ? dijo precipitándose a su lado.
-Socorro l al asesino! seguía gritando Totina que creía llegada su última hora.

'

•

Instintivamente quiso levantarse y miento dulce irradió de su frente obshuir, pero le faltaron las fuerzas ce- cura: el ciruelo vivirá y ella también. ·
rró los ojos y se desmayó. Lilot tem- Yo sé cómo.
blaba.
Por la tarde fué a ver al Cura, se
-Totina, decía con voz sorda ¿no confesó largamente en la iglesia invame oyes?
Perdóname; te aseguro dida por las sombras crepusculares,
que no iba a hacerte &lt;laño; respónde- y así que sintió su alma bien pura,
me, Totina; no puede ser, no puecre regresó a su casa. Así que todos se
ser que te mueras tan pronto I
durmieron, tomó un hacha y se diriY se arrodilló llorando junto al gió a la higuera bajo la luz mortecicuerpo inmóvil de Totina.
na de la luna, un poco menos pálida
Pero de súbito se levantó, la tomó que la noche anterior.
en sus brazos robustos y la lle,,ó a
i Lilot levantó el hacha y la Jejó
la aldea para que la curaran y pudie- caer sobre su árbol! Sí, In cortaba
ra volver a abrir sus lindos ojos ne- porque en su opinión et a rl único
gros como capulines y sonreír con sus medio de salvar a To1 ina. Y cortalabios que olían a fresas. Y al con- ba sin pena esta higuera querida,
tacto de este amado cuerpecito, Lilot sembrada por su padre y de la que
sentía que se estaba fundiendo como dependía su propia existencia.
la nieve al calor del sol.
Para que no le faltaran las fuerzas
-Totina, murmuraba extasiado. a- pensaba en Totina y cortaba, cortaba
pretándola contra su pecho y luego, haciendo retumbar los ecos en el sisin pensarlo, por movimiento irresis- lencio de la noche.
tible se inclinó. y posó un beso ar·
Y cuando el árbol vacilando crujía
diente y prolongado en sus labios ya, Lilot oyó pasos, lentos, breves,
olientes a fresas.
Ella se estremeció, entreabrió los
párpados y viendo al que la llevaba en
sus brazos volvió a gritar:
-Socorro! socorro!
Y de un salto escapó, entró en su
casa y cerró la puerta con violencia.
Lilot no durmió en el resto de la
noche; le apenaba verse odiado de
'ratina. Tempra,nito se levantó y fué
a la casa de las tejedoras.
-¿Cómo sigue Totina? preguntó
con voz tímida a la vieja que salió
a abrirle.
-Muy mal, le co11testaron. Ya verás lo que resulta de haberla hecho
cae r de lo alto de una escala.
Y le cerraron la puerta en las narices.
Al medio día volvió a preguntar y
le dieron la misma respuesta.
Luego vió entrar al médico y S(:
alarmó más todavía.
-¿ Estaba realmente grave Totina?
¿ qué' iba a ser de ella con un árbol
tan raquítico como d suyo?
Corrió a ver el ciruelo y lo encontró en un estado deplorable. E l
tronco se torcía como el espinazo de
un jorobado para huir de la higuera
que le oprimía y ya sus ramas estaban muertas. Esta higuera esparcía
la muerte en torno suyo con sus raíces glotonas que chupaban todo el
j111&lt;0 de la tierra.
¡Qué ogro! No
habría sido bastante cortar la rama
principal para que reviviera el ciruelo. ¡ Pobre To tina l
Y los ojos de Lilot se humedecieron, creyó sentir aún en sus brazos el
cuerpecito de la niña, ese cuerpo que
pronto se iba a enfriar.
-Oht' no, dijo, no! Y un pensa-

que parecían pesar apenas sobre las
hojas secas. Se volvió y distinguió a
Totina.
-¿ Eres tú? preguntó temblando de
piés a cabeza.
-Oh l Lilot, dijo eiia juntando las
manos en señal de aflicción, ¿ qué haces, qué haces?
- Ya lo ves, corto mi árbol.
-¿Para qué?
-Para que prospere el tuyo, para
que vivas largo tiempo y seas feliz
porque te amo.
-Oh! Lilot, ¿qué dices, me amas
deveras?
-Sí.
-¿Y por mí cortas tu árbol, porque me creías enferma? Pues no lo
estaba. Era por asustarte. Pero me
amas y esto me regocija. ¿ Por qué
no lo habías dicho?
-Porque no me atrevía. Te has
puesto tan linda ____ ¿ Y tú, me quieres un poquito?
-Que si te quiero l Toma, toma y

�mira si te quiero.
ciruelo se obstinaba en no dar frut~,
y le besó repetidas veces en los lo había mandado también dernojos, con sus labios olientes a fre- bar ____ _
sas. M,entras, el alma de Lilot temblaba toda. ¡ Qué sabrosos eran los
besos de Totina I Su~piró y creyó
morir dulcemente junto a su hermana la higuera que acababa de abatir.
-Puesto que me amas, Lilot, dij o
ella con voz que parecía venir de muy
lejos, pídeme en matrimonio y nos
casaremos para la pascua.
Los ojos de Lilot se abrieron, se fijaron en la joven y se llenaron de
lágrimas.
-¡ Casarme I bien lo hubiera querido, pero ya no puedo.
-¿Por qué?
---&lt;Porque voy a morir.
.
?
-¿A causa de la hrguera.
-Sí mira, ya está al caer.
-Oh! Es verdad, dijo Totina palideciendo ¿ qué has hecho, desgraciado?
y retrocedió de un salto. Sin un
sop lo de viento, la 11iguera se inclinaba Y se oían crugir sus últimas fibras; luego con un gran estruendo se
abatió, revolvi,e ndo .:on sus pesadas
ramas hasta el fondo del agua.
Totina lanzó un grito Y contempló
a Lilot que temblaba.
-Ahora, dijo con débil voz, soy yo
el que moriré, pero no tengo miedo,
Totina, esta tarde me confesé Y recibí la absolución.
E ntonces, pensando que ya no iba
a vivir más, se t endió en la yerba y
cerró los ojos.
-Y deveras vas a morir? Socorro socorro ! gri:tó la joven aterrada,
Y ~orrió hacia la casa de Biremus.
golpeando la puerta con . todas sus
fuerzas.
-Despertad, g ritó: vuestro hijo se
muere.
E l 'padre de Lilot y toda la fa"'.ilia
se levantaron al momento y corriendo al la.do de la higuera abatida, levantaron al joven Y lo trajeron a su
lecho.
Al día siguiente respiraba aún.
-Dios mío! qué hambre tengo!
gritó a las diez.
0
Esa tarde, inquieto aún, al probar sus
fuerzas ' observó que podía levantar
con los dientes la mesa de seis cubiertos.
-Vaya, vaya, se dijo, puede que el
viejo maestro de escuela tenga razón.

- i Qué lástima I las virtudes maraviltosas de los árboles, se van l
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Soluciones correspondientes de Floresville, Mario Vera Becerra
al número 21.
Y Sara Kramer, de El Paso.
-oAnagramas originales del Sr. Aniceto B. Zapata:
lo. Ignacio Allende.---Resuelto
por Colombina, de San Antonio, Ildefonso Serna y Sabás Longoria, de
S. Diego, L. J. González, de. Vernon, "Fray Mosca," de S. Diego,
Gilberto S. Argiielles y Daniel González, de Brownsville, Hesiquio de
la Garza, de Hidalgo y niños Esaú
Galindo y C. C. Campos, del Colegio Nuevo de Del Rio, Vicenta Ximénez, de Floresville y Sara Kramer,
de El Paso.
2o. Benito Juárez. ---Resuelto por
Berta Campos, Beatriz Ballesteros,
Francisca Luján, Teres'l Villalobos,
L. Alberto Campos, Miguel Guardia,
Antonio Menchacajr. y Luis Gómez,
de Del Rio, Texas, Colombina, de S.
Antonio, Ildefonso Serna y Sabás
Longoria, de San Diego, Horacio
Fourzan, de El Paso, L. J. González,
de Vernon, Texas, "Fray Mosca,"
de S. Diego, Daniel González y Gilberto S. Argiielles, de Brownsville,
Texas, Demetrio Pnlacios, de S. Antonio, María del R. H. de la Garza,
de Hidalgo, María J . Laing, de San
Antonio, Hesiquio de la Garza, de
Hidalgo, Vicenta Ximénez, de Floresville, Elena C. de Diez, de Laredo,
y Sara Kramer. de El Paso.

FUGA DE CONSONANTES.
---Versos de Calderón de la Barca.
Cuentan de un sabio ......... etc.
Resuelta por Aniceto B. Zapata,
de Seguín, Profesora Ana H. García, de Laredo, María Julia Laing, de
S. Antonio, María del R. H. de Garza, de Hidalgo, Daniel González y
Gilberto S. Arguelles, de Brownsville, "Fray Mosca," de San Diego,
Horacio Fourzan, de El Paso, Berta
Campos, del Colegio Nuevo de Del
Rio, Vicenta Ximénez. de Floresville, Elena C. de Diez, de Laredo y
Sara Kramer, de El Paso.
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de administración diríjase a:

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· Roza, Gonzaga y Cía.

REVISTA MEXICANA.
P. O. Box 637.
SAN ANTONIO, TEXAS.

3o. Porfirio Díaz. ---Resuelto por
-oHesiquio de h Garza, dy Hidalgo,
REVISTA MEXICANA
María J. Laing, de S. Antonio, MaE. E. Ser Divino,
ría del R. H. de la Garza, de Hidalhonra de tu invicta gbria
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nio, Daniel González y Gilberto S. Anagrama propuesto por C. C. Cam- Director and Proprietor
Nemcsio García Naranjo.
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de El Paso, Colombina, de San AnSan Antonio, Texas.
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Garza, Beatriz Ballesteros, Olivia RoSuárez
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                <text>Publicada en San Antonio Texas por Nemesio García Naranjo. Contiene información ilustrada de la vida pública de México durante periodo revolucionario, así como de América Latina y el mundo. Además contiene notas de actualidad, literatura, historia, ciencia, economía.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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