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                  <text>·-~

,

.

-

'

Semanario Ilustrado
9 DE- ABRIL DE 1916.

PRECIO: 10 CTS.

VOLUMEN II. No. 31.

�REVISTA MEXICANA
Semanario Ilustrado

Este es el Croquis de un·a

Entered u second class matter, O ctober 25, 1915 at the Post Office of San
Antonio, T exas, undcr thc Act, of March 3, 1879

Afio II.

San Antonio, T ex.as, 9 de Abril de 1916.

N úmero 31.

Una Solución Aceptable

Aquí el General Díaz derrotó en 1876, a los invasores de la Patria.
Después de una brillantísima victoria, ocupó la ciudad de Oaxaca, tomó por
asalto la ciudad de Puebla, aniquiló al último ejército reaccionario en San Lorenzo
y terminó su campafia triunfal con el cerco y la captura de la Capital de la República.
Basta leer ligeramente la vida militar de Porfirio Díaz, para com~render que es
un héroe de leyenda. Sus hazañas son casi inverosímiles, y bastan para conquistarle
la veneración de sus compatriotas.
Pero además fue un hombre de Estado, un constructor, un pacificador, que
levantó su país de la anarquía hasta la civilización. El México de 1910, hoy aniquilado
por la barbarie y el delito, fue su obra, Las gentes que vieron a nuestra Patria en
aquella época y la vuelven a ver hoy, pueden darse cuenta de lo que México ha
perdido con la desaparición del General Díaz.
¿Desea Ud. conocer la biografía porfiriana?
---Nada más sencillo. No le cuesta a Ud. un solo centavo adquirirla. Nosotros
la obsequiamos a nuestros suscritores semestrales.
---Remítanos U d., hoy mismo, un giro de $1. 80 y a vuelta de correo tendremos
el gusto de enviarle una suscrición de REVISTA MEXICANA Y u~ ejemplar ~el
••Album de Díaz,' ' en donde además de la biografía del héroe, escrita por el Lic.
Ricardo Gómez Robelo, aparecerá su hoja de servicios, un cuadro en donde se
resumen los beneficios de su Administración y la lista de sus condecoraciones.
¡A suscribirse desde luego!
Nuestra dirección es: REVISTA MEXICANA,
P. O. Box 66, Station A, S

Antonio, Texas.

=====~

# »~~

•

El Gobierno de los E stados Unidos ha empezado a
pensar se'riamente en poner fin a la expedición punitiva en
contra del bandolero Francisco Villa. Este sería un acto.
cuerdo que ayudaría a solucionar satisfactoriamente el intrincado problema mexicano.
Después de veinticuatro días de operaciones militares,
se han registrado únicamente dos escaramuzas, en las
c_u ales se han ocasionado sesenta bajas a las guerrillas villistas. El bandolero se ha escapado, y aunque algunos jefes carrancistas lo suponen herido y en el Distrito de Guerrero, otros creen que se encuentra en las cercanías de Parral, próximo a unirse con las tropas revolucionarias de Canuto R eyes.
Si el objeto de la expedición norteamericana fue la
captura material de Francisco V illa, la retirada de las tropas significaría un fracaso completo; pero si, por lo cont rario, no tuvo más finalidad que inflingir una dura represalia a los asaltantes de Columbus, entonces las escaramuzas dirigidas por los Coroneles Dodd y Brown, y la dispersión villista en Guerrero y Namiquipa, pueden dejar satisfecho el orgullo de los Estados U nidos, y autorizar el regreso de la columna expedicionaria.
E sta últtima solución sería la más satisfactoria para
México y para los E stados Unidos. Para México, porque
lo libraría del bochorno inevitable de tener tropas extrañas dentro de su territorio; y para los Estados U nidos,
porque los alejaría de multitud de complicaciones y dificultades, en una empresa que no puede reportarle ventajas comerciales ni tampoco de gloria.
A medida que Villa se vaya internando en las mont añas que han protegido sus crímenes por veinte años, irá
siendo más díficil la empresa de aprehenderlo. Se necesitaría duplicar por lo menos el efectivo de la expedición
punitiva, y disponer libremente de los ferrocarriles y carreteras, para mantener un continuo contacto con las fuentes de abastecimiento. Y bien, cada paso que se diera, despertaría la suspicacia del pueblo, y hasta podría ser origen
de dificultades con los mismos carrancistas, que hoy son
fieles aliados de las tropas norteamericanas.
Así deben de haberlo comprendido las Secretarías de
Estado y Guerra, desde el momento en que han planteado
la. duración y el carácter concreto de la expedición punitiva,
para exponer las intenciones definitivas y los proyectos últimos del Gobierno norteamericano. Si, como lo esperamos, se resolviese llamar al Ejército del General Pershing,
declarando que la finalidad de la expedición queda satisfe. cha con las últimas acciones de guerra en que fueron dispersados los vilÜitas, México dejaría de tener enfrente
una preocupación internacional y solucionaría rápidamente el problema de su anarquía interior.. Si, por lo contrario, se hace depender el honorfe los Estados Unidos, de
la captura de Francisco Villa, entonces esta nación debe
hacer los preparativos militares y económicos de una lar~a campaña llena de sorpresas y de complicaciones, ligada

con infinidad de accidentes y sujeta a un período larguísimo de tiempo.
Ese hecho vendría a significar que el pueblo de los
Estados Unidos se veía arrojado a todos los horrores de
la guerra nada más que por el hecho aislado de un bandolero, lo que no se compadece ni con la magnitud ni con la
dignidad de una nación orgullosa de su fuerza como los
Estados Unidos, así que esa posición es inaceptable para
los mismos norteamericanos.
Además, al desaparecer el peligro villista, puede sur . gir el peligro carrancista. Don Venustiano es capaz de
todo, por seguir en el poder. Y en estos momentos, en
que se ve su moneda enteramente depreciada, su causa
completamente perdida, sus generales vacilantes, el odio
del pueblo creciente, y la Revolución del sur alzándose como un fantasma arrollador e incontrastable, nada difícil
sería que aprovechara el menor incidente para oponerse al
Ejército del General Pershing, y buscase en un. conflicto
internacional, el amor popular que tanta falta le hace para
continuar en pie.
Ya lo hemos visto, lo estamos viendo. Dio permiso
para que las tropas extrañas se internaran en México, y
exigió que no acampasen ni se acuartelasen e.n las ciudades
es decir, entregó lo principal, y de jó pendientes cuestiones
pequeñas y fútiles, que mañana le pueden servir para generar una complicación en provecho personal. ¡ Como
si el honor de la Patria radicase en las manzanas céntricas
de las poblaciones o en los rieles de un ferrocarril!
Para evitar dificultades posteriores, para eludir una
larga campaña y para reconquistar la confianza del pueblo
mexicano, lo más prudente y lo niás justo es ponerle fin a
la expedición punitiva. Las Secretarías de Estado y de
Guerra del Gobierno norteamericano, al reconsiderar est e
asunto, y al fijar definitivamente su duración, deben tener
en cuenta todas las dificultades y peligros que entraña la
continuación de un estado anormal, y se decidirán, sin duda, por la única solución que satisface a todas las conciencias y respeta los fueros santos del honor y de la justicia.
La conciencia del Primer Jefe lo acusa: sus periódicos han ocultado la verdad de los acontecimientos a los
habitantes de la República. Esta conducta prueba que, a
pesar de todo, es penoso para una nación sufrir lo que México sufre y como es'e dolor proviene de la incapacidad de
Don Venustiano para llevar a término los asuntos de México, sin la ayuda material de los Estados Unidos, dentro
del mismo territorio, el retiro de las tropas produciría en
México el alivio de no sentir por mano extraña las consecuencias de los actos de demencia y de crimen de sus malos
hijos. El Gobierno de Washington quedaría satisfeecho D.
Venustiano en el sitio que le corresponde, Villa castigado y
México en posibilidad de acabar de reconocer sus errores
y de librarse de los que han desatado sobre él todas estas
&lt;;:alamidades.

�MATER. DOLOROSA

TOPICOS DEL DIA.
Las autoridades de \Vashington se encuentran algo
alarmadas porque han sido advertidas de que las tropas
carrancistas se están movilizando en todo el país y especialmente en la frontera septentrional de México. Alvaro Obregón es quién ha orden~do dicha movilización, y la
causa que expone para hacerla, es el incremento, cada
día mayor, de la revolución felixist~.
Pero lo curioso. del caso es, que algunas de las
órdenes de Alvaro Obregón, han sido interceptadas por
Agentes norteamericanos y han venido a parar a manos
de la Secretaría de Estado. En ellas se repite con frecuencia este giro : "E s preciso esperar el momento oportuno."
¿ Conque oportuno? Esta palabreja sin importancia
ni sonoridad, tiene un saborcillo reaccionario-véase el
D iccionario carranclán-qÚe debe inquietar a los apóstoles
y caudillos de la Revolució11. Don Alvaro busca el momento oportuno para hacer algo. ¿ En qué consiste ese
algo?
· !Venustiano, Venustianb ! Cómo se nos figura que
ese "oportuno" es el principio del fin.

POR JOSE JUAN TABLADA

ques, ca mbiados a un magnífico tipo producen alrededor
de tres mil dólares. Por consiguiente, la suma fabulosa
recaudada en Veracruz sirve para pagar los réditos que
causa la Deuda en el término de Doce horas.
Con cuatro o cinco contribuciones como ésta, quedará a rreglado el problema económico de México.
Para algo sirve·el talento financiero de Luis Cabre-

_ Bajo la hornacina de rocalla de oro,
Miré su faz blanca, su trémulo lloro,
Su!? manos cruzadas !lobre el terciopelo,
Mientras de la~ hondas penumbras del coro
Los cant9s sagrados volaban al cielo.
Fue en las horas grises de una tarde umbría .....

ra.

***

Allá en las ojivas desmayaba el día
Con todas las luces de la pedrería,
Y de la Madona dejaba en la frente.
Un albor de luna, p'álido y doliente ... .

El problema que más inquieta a los Estados Unidos
en estos momentos éonsiste en indagar si la ayuda de
Car ranza es efectiva o no, en la persecusión de Villa.
Como el bandolero resulta un día herido en Guerrero, y a las veinticuatro horas aparece cerca de Chihuahua, las tropas del General P ershing, dudan de la coopera-

Como el moribundo que al hospital llega
-Pálido y temblando-llegué a tus altares,

ción carrancista.
L a verdad del caso es que Don Venustiano no hace
ahora sino lo que siempre ha hecho : aparenta una gran
fo rtaleza, un dominio absoluto sobre sus tropas, y en
r ealidad, no es más que un infeliz rey de burlas, que va a
acabar po r ser la víctima de aquellos a quiénes llama sus

Con el alma henchida de cólera ciega¡
Con mi ser nublado de inmensos pesares!

I~

¡ Oh Trágica Vírgen ! ¡ 1Iater Dolorosa¡
Que en lago cambiaste mi alma ptacelosa

s ubordinados.
En realidad, Carranza es un :vejete vanidoso que
por tal que se diga que manda, arrostra las mayores infar rores del hambre organizó una rudísima manifestación,
mias, y las más t remendas responsabilidades.
para pedir a las autoridades un poco de pan. El clamor ·
Y todo pata que Obregón esté esp.erando el momenunánime del pueblo fue "por el amor de Dios." .
to oportuno.
Los jefes carrancistas inll)ediatamente ordenaron la
d isolución de la manifestación, y al efecto, arrojaron sus
E l General Funston ha encargado mil anteojos de
tropas sobre el pueblo. Sin embargo, los soldados, lelarga vista, a fin de que sean usa-dos en la expedición
jos de disparar contra aquellas gentes hambrientas, se conpunitiva.
fundieron con ellas y las acompañaron en su manifestación
Ahora ·sí: con tanto anteojo, Villa vá a ser descu-

***
L a gente del pueblo cie '! orreón, vÍ't:tima de los ho-

¿ Por qué si en blasfemias mi espíritu hervía

•

** *

bierto.

Oh triste Madona, cambiaste en luz pura?
Si todo lo mancha mi dudar eterno I

La prensa diaria de la capital de la República comuúltima campaña.
nica la noticia de que el puerto de Veracruz colectó la
*
suma fabulosa de $163,000 ciento sesenta y tres mil pesos,
Las oficinas encargadas de la inmigración en
para ayudar al Gobierno a pagar la deuda nacional.
Brownsville participan que solamente en el último mes de
Vamos por partes. La deuda de México-sin contar
Marzo cruzaron el Río Bravo más de dos mil mexicanos,
dos o tres mil millones de dólares, destruidos por los
que se han venido a refugiar a este país.
carrancistas, sino atendiendo únicamente a los empréstiEsta cifra pavorosa, superior en un doscientos por
tos co ntraídos por gobiernos anteriores-asciende a cerca
ciento, a cualquiera de las anteriores, indica que el rég~de cuatro cientos millones de dólares que erogan un rémen de carcelazos y persecuéiones, asesinatos Y sadito anual de veinte millofles oro, que desde hace dos . queos, establecido por Carranza en Mexico, está obliganaños no se pagan, y que por tanto, aumentan cada cinco
do a todas la.s gentes a buscar un lugar de descanso fuera
años 100 millones más de deuda.
de la Patria.
Ve in te millones de dólares al año significan un miLos que quedan, o se envilecen o se mueren de haJ:!1·
llón setecientos mil al mes o $5 1500.00 cinco mil quinienbre: así se está preparado la horrible t ragedia cu) o destos dólares cada veinticuatro horas.
enlace, no tardaremos mucho en presenciar.
Ahora bien, los ciento sesenta y tres mil bilim&amp;i-

•

Y_ en la triste iglesia desmayaba el día ..... .
Los siet~ puñales sobre el terciopelo
Con dulce amargura la Virgen lucía, •
Sus tristes miradas volaban al cielo
Y místicamente su llanto corría . .. ... .
i Oh Virgen! solloza mi voz en la sombra 1

Cuando el tedio empaña mi cruel agonía,
:Mi ser te suspira, mi labio te nombra
Y. de los dolores en la eterna sombra
En vez de quejarme, digo: ¡ Madre mía!
Madre mía! el mundo para mí es escoria,
Pera mí la lucha no tiene victoria ... .. .
Pero en las tinieblas de mi desconsuelo 1
Las ondas dolientes de su terciopelo
Serán mi bandera de triunfo y de Glo1 ;a J
:Madre mí:a ! N unéa fueron los amores

Hinqué la rodilla; sentí tu te~nura ....
¿ Por qué las tinieblas de mi ser umbroso

***

Un telegrama de Columbus nos trae la noticia de
que ya se está construyendo en esa población un local
apropiado para encerrar a los prisioneros villistas de la

Por tí se levanta mi canto más -tierno?

¿ Por qué, Madre mía? .....

Llegué hasta tus plantas -Luzbel orgulloso- •

***

de protesta.
¡ Reacción maldita! ¡ Como logra colarse en todas
partes! ¡ Hasta la gente del pueblo y los soldados co nstitucionalislas se han vuelto reaccionarios!

Surgió la plegaria?

La miro manchada por lúgubre noch/ ....
¿Por qué si es inmenso mi dudar eterno

Si junto del Cielo contemplo el Infierno
Si en vez de la amante que me da sus bes~s
Miro al esqueleto que me da sus huesos.
Si a la flor más pura que entreabre su broch(

* *

...

Para mí radiosos ni llenos de flores
Y hasta las miradas
de la amada mía1
.
Cuando en mí derraman su clara alegría,
Dejan una estela muy negra y muy fría!
Ya lo ves ¡oh Madre 1.. •• soy desventur? Jo
¡Vuelve a mí tus ojos de luces piadosas . . . ..
En mi árida senda vierte algunas rosas,
Porque los abrojos ya me han desgarrado
Y sobre mí
. tiemblan las noches umbrosas .I

�tri~ ~ los huesos del desterrado. Fué un desterrado de la
felicidad en la vida, un pobre obrero del arte que alegró
sonoro Y vacío como su flauta, las bodas del prócer míen~
t r:s el prócer, se congestionaba. Y huyendo enfermo y hur ano _del festm de la vida, donde su música se evaporaba
emb~'.agadora como el champaña, peregrinó en busca del
espe¡'.smo_ de la felicidad, que cuando va a alcanzarse huye mas _le¡os. i Inútilmente! J uventino Rosas, heredero de
la fatalidad de las dos razas fusionadas en un solo dolor
era el espectro viviente del infortunio, era el bohemio olvi~
dado de si mismo, arrebatado en el turbión humano, a la
merced de todas las injusticias, porque la vida es lucha y
para ~~~ haya vencedores, fuerza es que haya vencid~s.
~o ptdats clemencia para los antílopes necesarios a la voracidad_ humana. Para que sean salvos, preciso es que huyan, ligeros como el viento a través de la estepa. No qued~ra entonces al alcance del puma hambriento sino el deleitoso olor de la presa en salvo.
Pero e.'_ artista. era un soñador indolente y atávico.
Representac1on genuma de nuestros cancioneros ingenuos
e~ su arte, Y tan profundamente despreciadores de la gloria Y de la fortuna como pródigos de su vida, pasó efímeramente sobre la tierra como una cigarra sonora que exhala. su alma en su canto, que vive de rocío, ebria de sol
Y primavera, ~xtraña a l_a laboriosidad que fabrica panales
Y construye cmdades, divinamente asordada con la música de_sus élitros para no oír el rumor de las alas del tiempo, su~ más misión que labrarse con su propi¡ vida una
morta¡a de la que surgirá una ninfa para metaforsearse en .
un nue':o hemíptero canoro.
. Nos lo r~pre¿entamo.s perseguido por la miseria, despreciado Y olvidado; pero nos olvidamos de que él vivía de
su ensueño. ~~ naturaleza puso en los artistas ese divino
c~nsuelo de vivir de ensueños, de vivir la vida de su arte,
a¡enos a la v_ida arrolladora que los ·deshecha O los arrastra. Ese a~t1sta obscuro que veis pasar inadvertido por la
calle, va sonando una melodía que la humanidad no escu-

•

JUVENTiNO ROSAS

•

•

Oración fúnebre, pronunciada en su honor, el .día que fueron repatriados sus restos

Por Rubén .M . Campos
E l ar tista que hoy tardíamente glorificamos, era el
alma popular de nuestra raza ;,era un cancionero obscuro
que rimaba el alma de la patria. Para él no se abrieron las
aulas, sino el cielo donde gorjean las aves. Estudió el concierto polifónico de la naturaleza, del cual formaba parte,
y, por tanto él era solamente una voz, una melodía, 'un canto fresco y sonoro, desnudo de las galas del contrapunto,
pero dotado de una juventud inmortal.
Al lado de los polifonistas, él era una nota errante y
meláncolica, perdida en el infinito del arte; pero esa nota
era de oro, y al lado de los polifonistas ha recorrido el
mundo, haciendo inmortal el nombre de Juventino Rosas .
E n las ciudades eslavas -como en las tudescas, donclequiera que se vive, dondequiera que se goza, dondequiera que
se sueña, dondequiera que se ama, se escuchará esa belle.
invitación al vals que se llama "Sobre las Olas." Dondequiera que se vive, porque ese canto es vida y alegría, gorjeo y alborada; dondequiera que se goza, porque es explosión de placer y burbuj eo de champaña, embriaguez de juventud y risas de oro de sirenas; dondequiera que se sueña, porque lleva la nostalgia de América y la p¿nsativa
tristeza de una raza vencida, a la que ten emos orgullo de
pertenecer y el honor de rehabilitar; dondequiera que se
ama, porque ese canto es de amor y surg ió de un corazón
adolescente cuando era bueno y puro, cuando no había sido
manchado ni sacrificado por las miserias de la vida.
Nos congregamos a honrar al pueblo mismo, porque
honramos a un hijo del pueblo. Esta manifestación pública en honor de un artista popular, es la recordación de que
amamos lo bello en su primitiva candidez, de que que cultivamos ese amor en sus más sencillas manifestaciones,
porque sabemos bien que los arroyuelos va a formar la

riada cuando el caudal sea bastante raudaloso. E l alma
popular la forman los romanceros y los trovadores, los músicos melodiosos que sin más tesoro que su inspiración libr-e y franca, componen los bellos temas de las futuras sinfonías. Después vendrán los pulimentadores, los artífices
cultos que bucearán en busca de esas perlas para engarzar-.
las et~ joyeles preciosos. Lo esencial es que existan las
perlas. • Las nuestras duermen todavía, esperando que
vengan los magos, los evocadores que, como Grieg en Noruega, Dvorak en Bohemia, Gade en Dinamarca, Granados
en España, "los cinco," Borodine, Rimsky-Ko rsakow, Balakirew, Cui; Moussorgski, en Rusia, hagan la música nacional, el rebuscamiento de los cantos populares para pulirlos, engastados y realzarlos en oro cual si fueren piedras
preciosas. Pero eso vendrá más tar de. Somos un pµeblo
joven, necesitamos aún de los creadores de esa masa popular, alentarlos, amarlos, comprenderlos, estimarlos, no dejarlos emigrar y morir en las desgracia, ser para ellos lo
que la creación para el pájaro que canta, que el árbol que le
da abrigo, el trigal la mies madura, el arroyuelo el agua
del cielo, el sol .el calor, para que, como la flor del campo,
"no traba je ni hile" y, sin embar go, vista con más esplendor que Salomón, según la expres ión del Nazareno; para
que sean la alegría de la tierra madre, cascabeles jubilosos
del placer' de vivir, caracoles sonoros que guarden el murmullo del oleaje humano, ecos vibrantes de las músicas de
las esferas celestes, quejas vivientes de los pesares de los
hombres,. canción para alegrar el viaje en el camino de la
muerte.

•
•
Todo eso fué ese cancionero cuyos huesos repatriamos hoy en un impulso popular de piedad, en un deber
tardío y generoso que nos hace ofrecer un¡¡, sepultura ~~-

•
•

•
•

cha com~ él, cual si un genie~illo alado la vertiera en su oído para mundar su alma de estrellas. Y así pasó J uventino ~osas por la tierra, confortado con un bálsamo que los
&lt;lemas hombres no saben, orgullosos de su triunfo de audaces, merecer de los dioses. El artista trae consigo una
fuente peren~e. de consuelo y de renacimiento a la esperanza.
esa divma fuente fué la que brindó su murmurio y
sus lmfas. puras al compositor desgraciado. A su dulce
frescura, ignorada y conocida por él tan sólo, pudo atravesar !~&lt;lamente el sendero florido, porque a su paso los
abro¡os ~e apartaban, menos crueles que los hombres y
las grammeas daban su olor para alegrar al pobre músi O
Com? en ~l ''Canto de Cisne," de Tolstoi, era el mejo:;
el 1~1as feliz, miemras la nevasca de la vida caía sobre su
sueno como un sudario libertador.
Corriendo los aí1os, un grupo de artistas, sus hermanos, los compositores mexicanos, como un homenaje frat~rnal al que fué pobre y luchador como ellos gestionanan la repatriación de sus huesos, y un antillan~ culto re?~esentante de la ed~cación cubana en las Bellas A;tes,
ma en no'.nbre de la ¡oven República a entrega r los restos
de J uvent1110 Rosas para que vinieran a reposar en la tierra ma~re. De Ju ven tino Rosas no queda sino ese puñado
de ~emzas .... Pero su alma flota y vive en su música melod10sa, ~n. la al~gría sempiterna de la vida que recogió
en su espmtu abierto como una flor, para que fuera fecund~do con el s~grado polen del arte, y derramara su fragancia e1~ notas aureas, mecedoras, arrulladoras del sueíío de
los tristes, que se levantarán de tu sepulcro, ¡ oh músico igno:ado Y gozado en tu música padecedora, bella, dondeqmera que~se vive, dondequiera que se goza, dondequiera
que se suena, dondequiera que se ama, porque tu música es
amor Y consuelo, embriaguez y deleite, y t.raspasará las
fronteras y las distancias en alas de la gloria sobre los
años, sobre los vientos, sobre las nubes, sobre las tinieblas, sobre las brumas, sobre las olas 1.••••

'f

Rubén M. CAMPOS.

�Historia

•

Señorita Marít1 Cárdenas, de Nuevo Lar~do, Tamaulipas,
actualmente radicada &lt;:n Laredo T e.xas.
•

LAS ºTRES GOTAS
Afba-la buena hada protectora de los novios; Alba,
la que mora en la pupila azul de los orígenes más puros,-pasando una mañana cerca ?e una camelia, oyó pronunciar su nombre por tres cristalinas y trémulas gotas.
Aproximóse, y luego, posándose en el corazón de la
flo r, preguntó cariñosa:
- ¿ Qué deseais de mí, gotas brillantes?
- Que vengas a de.cidir en una cuesüón-dijo la primera.
-Propon la.
Somos tres gotas diferentes, oriundas de diversos
puntos; queremos que digas cuál de nosotras vale más
y cuál es la más pur~.
-Acepto. Habla tú, gota brillante.
Y la primera gota, trémula, habló así:
:-Yo vengo de las altas nubes. . . . soy hija de los
grandes mares. Nací en el largo océano, antiguo Y
fuerte. Después de andár envuelta en mil borrascas, una
nube me absorbió. Fuí a las alturas, donde brilla la
estrelÍa, y de allá rodando por entre rayos, caí en la flor
en que descanso ahora. Yo represento el océano.

•

-Habla tú ahora, gota brillante,-dijo el hada a la
segunda.
- Yo soy el rocío que alimenta los lirios; soy hermana de los opalinos fulgores de la luna; soy hija .de las
nieblas que se forman cuando la noche ~scurece a la Naturaleza. Yo represento el amanecer del día.
-¿ Y tú ?-preguntó Alba a la más pequeña.
0

- Yo no valgo nada.
-Habla .... ¿De dónde vienes?
-De los ojos de una viuda: fuí sonrisa, fuí niña, fuí
~mor más tarde; ahora soy lágrima.·...
Las otras reían de la pequeiía gota .. . y Alba, abriendo las alas, tomó la afectuosamente y dijo:
-Esta es la de más valor: esta es la más pura.
- Pero yo fuí el océano ....
- Yo atmósfera .. ...
-Sí, trémulas gotas; mas esta fué corazón .....
Y el hada desapareció en la r egión azul llevando a
la gota humilde.

COELHO NETTO.

•

de una Gata

En mi destierro de Jersey tenía una gata por la que .te hacia la puerta, ya tenía encima la inevitable garra.
Desde aquel momento, por más que Gris se alejara
me interesaba vivamente y la que,-antes de ·ser. mi comal extremo del cuarto y se entretuviese cazando la mospañera de proscripción-lo fue de cárcel, pues había nacica o haciéndose al descuido la toilette, el ratón no se modo en la Conserjería cuando estuve en ella; hija rle una
vía. Al fin, la gata se percibió de que aquello era un
gata blanca que un preso político llevó todavía pequeña y
ardid;
empleó la violencia y saltó sobre su víctima hunque había visto crecer allí. La preferí. a tres hermanos
diéndole dientes y uñas en las ~arnes. El ratón, e~ efecque tuvo, por su mansedumbre, por su sedosa piel, por
to, corría tratando de fugarse y lanzando chillidos dolorosu actitud inteligente, por sus grandes ~jos de vivas mi.
sos; pero en vano; Gris lo perseguía, lo mordía, lo arroradas· que tenían algo de humano. La obtuve de su duejaba
al aire, lo recibía entre las uñas, 10 volvía a lanzar,
ño, quien me la cedió de buen grado; la cobré especial
lo
apretaba
contra la pared,_ lo arrastraba, loca, ebria de
afección y al salir de la cárcel, Gris,-pues llevaba el nomsangre,
.espantosa,
soberbia y colérica. Erizada de frenebre del color de su piel,-me siguió al destierro, a Jersey.
sí, brillaban sus ojos como brasas y parecía la tigre que
Extraña impresión sintió aquella gata nacida en un
había en el fondo de la gata! Los chillidos de la víctima
presidio, viajera de cien leguas en el fondo de una cesta,
fueron debilitándose, al f'in cesaron: lanzada casi hasta el
al encontrarse de repente al aire libre, en pleno espacio,
techo, cayó inerte. Había muerto.
a todos los vientos, entre el océano y e\ cielo. AcostumGris la consideró un momento, como dicic1,&lt;lo ¡ya!.
bradas sus pupilas a los sombríos pasadizos y a las celdas
la arrojó con desdén a un rincón y fue a tomar el sol.
obscuras en las que siempre fue noche al mediodía, no poPresencié aquella tortura con horror, pero sin interdía explicarse los esplendores de la luz solar sobre las
venir, gozoso de poder reprochar a la naturaleza aquella
aguas.. Le espantaba el oleaje tumultuoso, su azotar inagonía abominable, diciéndome: "Eso concierne a Dios
cesante sobre los. bancos, el inmenso vaho océanico, acomque así ha dispuesto las cosas; no seré yo quién las en~
pasado y mugiente:
.
miende: allá se los haya!" Sin embargo, me arrepentí
Era tímida, delicada, tierna; todos la querían; desde
luego de haber permitido aquella atrocidad, y siempre
la prisión se impuso por el afecto; los ladrones detenidos;
GUe he visto un ratón presa de un gato lo he protegido.
que eran nuestros criados, se guardaban bien de hacerle
Pero ¿ qué les habrán hecho los ratones a los gatos en
daño. Se nos enterraba a las diez de la noche; un enorépocas anteriores a su existencia?
me cerrojo atravesaba la férrea puerta de la celda, hasta
Nacen con ese odio hereditario, y si acaso no lo
las siete de la mañana, por más que enfermase alguno. A
sienten lo bastante, las madres se los inspiran. Recuerveces, en el momento en que se nos emparedaba, 'Gris,
do que la gata blanca de la Conserjería se instaló en mi
que no conocía del todo las co,stumbres de la cárcel, no
pieza con sus pequeñuelos y que no tenían aún cinco sehabía entrado aun: los guardias nocturnos la encontraban
manas de nacidos, cuando una noche la madre les trajo un
maullando a mi puerta y faltando a la consigna corrían el
ratón que colocó sobre una losa. Los cuatro gatitos se
cerrojo para que entrase.
aproximaron tímidos y curiosos; la gata comenzó su lecEn Jersey gozaba grandes pr ivilegios. Comía a la
ción de tortura cogiendo y stiltando alternativamente su
mesa, en la cual tenía su plato en un ángulo, manejándose
presa; pero como las celdas no son tan espaciosas como
ele modo que a nadie incomodaba. En mi habitación era
las alcobas, y como la madre, atenta a sus hijos, no vigisoberana: tenía derecho a la mejor poltrona, y como a los
ló lo suficiente al ratón, éste pudo escaparse de prisa.
gatos les gusta el lujo, una encantadora dama la había
El descontento y la humillación de la gata no tuvo
bordado rico y muelle cojín. Durante la noche, para calímite; sentí.a sobre sí las miradas de sus cuatro hijos que
lentarse, se acostaba en mi cama; en el invierno se meparecían decirla : y bien? Su dignidad de madre y su odio
tía dentro de las sábanas. Cuando sentía demasiado calor
de gata estaban comprometidos y ultrajados; movía la
sacaba el cuerpo o la cabeza fuera de los cobertores; y~
cola airada, y como uno de los gatitos se acercara para acasentía profunda complacencia cuando, al despertar, tnconriciarla, y le pisase la cola, le &lt;lió tal arañazo que lo hizo
traba su cabeza al lado de la mía.
rodar debajo de la cama.
Era la dulzura personificada. Un día, sin embargo,
El 'ratón se había escapado por el intersticio de una
se tornó feroz. A poco de salir volvió trayendo entre los
plancha de metal de la chimenea. La gata se colocó frendientes algo que colocó en medio del cuarto. Era un
te a frente a aquel agujero, fija la mirada, inmóvil; cuando
ratón.
se convenció de la inutilidad de su vigilancia, pues el ratón
Allí estaba el infeliz ratón, inmóvil, silenci?so, fija
no salía, r esolvió entretenerse con sus hijos.
la mirada, estupefacto. Gris hizo qué se alejaba; su víctiTranscurrieron tres días después de esta aventura
ma trató .de huir con presteza, pero una zarpada violenta
que ya había olvidado cuando ví aparecer al borde del
la detuvo: volvió a soltarla y el ratón intentó una nueva
agujero a un ratoncillo de amor tiguados ojos, que parecía
huida, pero fue tan desgraciado como en la anterior. Así
buscar a alguien. La gata madre acababa de salir y los
pasó un cuarto de· hora, Gris cojiendo su presa y soltándocuatro gatitos dormían en un rincón sobre una piel de carla, permitiéndole por instantes alejarse un poco y saltánnero que se les había comprado. El ratoncillo adelantó
dole encima con increíble agilidad, recogiéndola de nuevo
las dos patitas delanteras, luego su cuerpo enflaquecido
más y más ensangrentada y moribunda.
y estenuado; propó a dar algunos pasos con lentitud; cayó
Hubo un momento en que el ratón comprendió que
sobre el dorso y expiró. Sin duda el agujero no llegaba
su enemiga se burlaba de él; desistió de aquel peligroso
hasta la pared o ésta era demasiado maciza y no tenía
juegÓ y se quedó inmóvil. Gris se alejó un poco, luego
grietas en donde ocultarse; el ratoncillo había pasado allí
más, volvió la mirada hacia otro sitio, contemplando con
tres días sin comer, prefiriendo morir de hambre, antes
atención una mosca que revoloteaba en la vidriera; con
que tropezar de nuevo con el terrible felino.
todo, este olvido no duró sino cinco minutos. Recobró
AUGUSTE VACQUERIE.
alientos el desdichado ratón y aunque corrió velozmen-

�EL INGENIO DE LAS ALEMANAS
LOS MILAGROS DE LA ECONOMIA
res garbanzos que en Fuen tesaúco? Yo no sé de donde
No faltará nada a Alemania para continuar la lucha
vendrán esos garbanzos 'como manteca;" pero yo los he
hasta el triunfo. Esto lo hemos dicho en muchas cartas;
comido, y me atrevería a jurar que son garbanzos de verpero, aunque algunas veces dijimos también la razón, creemos de cuando en cuando la nostalgia del cocido. No;
mos que no fuimos muy explícitos. En Alemania no faleslos garbanzos tienen todo el aspecto de ser sinceros.
tará nada, aunque falte todo. Este es el pueblo de las subsPero vamos al asunto de esta carta; si los químicos
tituciones, y en cuanto se nota que algo puede escasear,
inventan substituciones, las menageras no quieren quedardesde los sabios químicos hasta las modestas menageras,
se atr:is. Recientemente se ha inaugurado una Expositodo el mundo, se pone a pensar con qué otra cosa podrían
ción de lo que estas mujeres ha1~ ideado para substituir
substituirlo. Desde hace meses, en Berlín, los huevos esinfinitas cosas que les faltan o que resultan subidas de
_tán muy caros, carísimos, a un precio que sólo Krupp y
precio en las actuales condiciones de la vida. Por ejemalgún otro potentado pueden. permitirse el lujl, de beberplo: el almidón y el planchado de las camisas subía hasta
se un par pasado por agua. Según parece, a g,esar de
alarmar. Se pensó en la's pecheras, los cuellos y los puí10s
todos los razonamientos y de los argumentos más sutiles,
de celuloide o caucho; pero estas materias escasean tamlas gallinas alemanas se obstinan en observar la regla
bién. Las mujeres han inventado los cuellos de papel,
anual, según la cual en esta época se.abstienen de depositar
los puiios de papel y las pecheras de papel, que dan el
s us productos en los sitios destinados a tal fin. Las gallipego. Los hay de todas las formas, desde el pajarita hasnas alemanas son tan rebeldes como las españolas, y cop
ta el dipiomático, lo cual prueba que se espera tener paellas no cuenta la organización, la disciplina admirables de
rroquia en las clases elevada::;. También hemos visto en
este pueblo. Pues bien; desde que se notó la escasez de
la Exposición enaguas de señora, pañuelos, servilletas,
huevos, la química nos ha dado unos polvos para substimanteles, paiiales y otras prendas fabricadas con papel.
tuirlos. No vayan a creer los amables lectores que con
Como el jabón está muy caro, esas prendas de papel se
esos polvos se pueden hacer tortillas, y mucho menos que
quitan cuando se ensucian y se tiran. Al mismo tiemse pueda improvisar una ensalada de huevos duros. El
po, ahorran algodón, que ya se sabe sirve ahora para faprospecto que dan con cada paquete de polvos advierte
bricar explosivos en cantidades fabulosas. Sería imposiconcienzudamente que sólo sirven para empanar, para dar
ble enumerar todo lo que hemos visto fabricado con pagusto de huevo a una sopa, para las albóndigas o cosa sepel en esta Exposición, y básteles a ustedes saber que hay
mejante. También advierte que en esos polvos no hay
hasta calcetines. Además, en la Exposición se tienen curnada del huevo, sino que la albúmina y otros componentes
sos de economía doméstica, pues, fijados en la pared, se
están sacados de plantas más generosas que las gallinas.
ven unos cartelones, en los que se leen cosas parecidas a
Y, de la misma manera, la química ha substituído el aceite,
ésta:
la grasa de cerdo, la manteca, la col, las lechugas y las lenFamilia 1Iüller, que sólo cuenta con tres marcos, y
t ejas. Tantas y tan perfectas son las substituciones, que
se compone de padre madre y cuatro hijos. (Gasto diario).
ya, cuando nos sentamos a la mesa, creemos ver en todos
Alquiler de la casa - - - - I
los platos la mano del profesor Oswald. Se venden unos
Pan - - - - - - - - - - 0,40
paquetes de una cosa verde- que, a primera vista, parecen
Patatas - - - - - - - - - 0,10
0 .30
recortes de tela; pero poniéndola en remojo unas cuanCarne - - - - - - tas horas, se tiene la sorpresa de ver una ensalada tan
Grasa
0,30
fresca como si acabara de ser cortada en el huerto. La
L eche
0,25
misma sorpresa con las espinacas, la coliflor, la lombarda y
Café . . . . . .
0,05
otras legumbres. En Berlín se vende el pescado vivo
Verduras
. . . . . . . . . . 0,15
porque hay vagones estanques que lo traen desde el puerto
Tabaco para el padre . . . . . . 0,10
de mar; pero, a pesar de verlos colear en las pescaderías,
Total - - - 2,65
t al es nuestra obsesión de la química, que llegamos a pensar si serán peces artificiales a los que les ponen una maquinaria de relojería en el vientre para que la ilusión sea
Como ven ustedes, a esta familia todavía le sobra
completa. Sea como sea, el caso es que los millones de
dinero de los tres marcos c:¡ue tiene para vivir. Pero nosalemanes siguen teniendo que comer, y que, productos quíotros hemos visto a muchas señoras que visitaban la Exmicos o no, lo que comen los. alimenta. Es más; ¿ queposición quedarse mirando estos cartelones y llevarse las
dad. Porque no es creíble que la química alemana se hamanos a la cabeza, dicie'ndo: "¡No sé, no sé cómo pueya puesto a fabricar garbanzos sólo para que no nos falden hacer ese milagro!"
Ant onio AZP EITUA.
ten a tres españoles que vivimos en Alemania, y que sentirían ustedes creer que en Alemania se encuentran mejo-

El Profesor de M úsica, Martínez del Villar, de Laredo
Texas, enmedio de sus discípulas, que celebraron '
un concierto con un éxito brillante.

La Juventud de Francia
En la XXIX de sus Cartas marruecas (escritas en

1768,! el coronel D. José Cadalso habla de la juventud
francesa.

Lo ~ace en términos de viva actualidad. Uno
de las Cartas (en que se expresan las
ide_as del propio autor, como en las análogas de Montes~Uleu); uno de los personajes de estas Cartas escribe:
En ambas _vu~ltas que he dado por Francia he hallado
en, sµs provmc1as-que siempre mantienen las costumbres
mas puras que la c~pital- un trato humano, cortés Y afable para1 los ..extran¡eros, no producido de la vanida d d e
q.ue se . es v!Slte Y admire, como puede suceder ~n París
smo. dimanado verdaderamente de un corazón franco ;
sencillo, que halla ~usto en procurárselo al desconocido."
En E~1ropa ha habi?o un ambiente de hostilidad contra
Francia ; lo .ha habido también contra España. N o se
puede
.
f d d cte el ucir .nada de estas universales malq uerenc1as;
un ,ª as ha~ s'.d? en el predominio europeo que en ciertas epocas h1stoncas han llegado a alcanzar esos
bl
E E
h h .
.
pue os.
n uropa a abido_s'.empre apelativos especiales para
los. naturales de las distmtas patrias; con una palabra se
for¡aba ,un troq~el ~ue servía para millones de ciudadanos. Lmeas mas arnba de las copiadas de Cadalso se di~e que en, ~uropa ~e le, juzga "al español, religioso; al italiano,
al ,,mgles, soberbio; al holandés, avaro, y
al
1 poht1co;
, ,
a eman, aspero.
No hay autor clásico español (Lope
S~avedr~ Fa¡ardo, Gracián etc.), que no traiga una reta~
hila de estas . . Lope de Vega, por ejemplo, en El peregriJl9 ~n ~u patria, trae la siguiente: "A los escitas llaman

?e los person~Jes

•

crul eles'. a _los italianos, nobles ; a los franceses, religiosos.
a os sicilianos
.
. . ' agudos., a 1os fl amencos, .mdustnosos;
a'
1os
· persas,1 mf1eles; a los turcos ' lascivos ,. a los par t os, cun~sos; a os borgoñones, feroces; a los picardos, alegres.
~ os ~re~ones, duros; a los alejandrinos, engañadores. ~
os egipc10s, atrevidos; a los españoles, arrogantes· a ios
alem~ne~, hermosos." i Pintar como querer! En g~neral
prescmdtendo de esta clasificación, los más de los autores'
al hablar d: alemanes, franceses Y españoles, les acha~
can, _respectivamente, la embriageuz, la ligereza y la soberbia ... .
Cadalso en la Carta citada hace constar el cambio
notable que la edad imprime en el carácter del fra .
Podrá eI f rances
, h a b er sido
.
nces.
intemperan te e impetuoso
en
a
mocedad;
mas
en
llegando
a
cierto
momento
de
la
vida,
I
todos
ardores dan paso a un bello Y equ1'l'b
· · · aquellos
''T
1 ra d o
¡u1c10.
od?s los que llegan a cierta edad-dice nuestro
autor-son, si_n duda, los más sociables del universo; porque desvanecidas las te1;1pestades de su juventud, les
queda el fondo de una mdole sincera, prolija educación
que en este país es común, Y exterior agradable." "E n lle~
gando1 a los, cuarenta años-añade Cadalso-se t rans form~ e ~,rances en otro hombre distinto de lo que era a los
Pero n? se ~rea que en .el francés joven todo
vemte.
se reduce a las ~ichas impetuosidades. No todo en él es
desenvolt~ra Y. libertad. Hay en la juventud francesa un
fondo de idealismo Y de entusiasmo que es lo que la ha;e verdaderamente admirable · "La m1'sma d esenvo
.
1tura

I

�•

•

de Íos j6venes, insufrible a quien no 1os conoce, tiene ~n
no sé qué que los hace amables. Por ella se descubre
todo el hombre interior, incapaz di! rencores, astucia artera , ni intención dañada." Díaz pasados, Cadalso se
encontraba esparciendo el ánimo en cierto café o botillería. Había allí un mozalbete francés que charlaba inconsideradamente de las cosas de España. Cadalso escucha sus palabras estrepitosas, sus voces, sus gestos, y luego le dice a un amigo: "¿ Ves todos estos estrépitos, alborotos, saltos, gritos, voces, ascos 'que hace de España;
esto que dice de los españoles y sus trazas de acabar con
todos los que est amos aquí? Pues apostemos a que si
cualquiera de nosotros se levanta y le pide la última peseta que tiene, se la da con mil amores." Y añade el
autor: "¡ Cuánto más amable es su corazón que el de
aquel otro desconocido que ha estado haciendo tantos
elogios de nuestra nación, que nos consta a nosotros ser
defectuosa por el lado mismo por donde la ensalza!" (Todo esto está un tanto desmañadamente expresado. Al
primer joven, Cadalso no le ha pedido la última peseta,
y no se puede asegurar que la dará. El segundo joven
puede ser un hipócrita redomado; pero al elogiar lo que
no es digno de elogio puede ser también un papanatas.)
El joven de los elogios- prosigue Cadalso-todo lo encarece y pondera; dice mil primores de la capa; intenta
llevarla airosamente y no hace más que arrastrarla con
desgarbo. Ha ido a la comedia y sale encantado después
de haber visto un deplorable engendro. No; preferimos
a nuestro mocito francés que, después de haber leído más
de mil comedias, clásicas, nos dijo que no había encontrado ni una sola escena en ellas regular.
Y ahora viene una observación realmente profunda
y bien expresada de Cadalso, observación de la más viva
actualidad. "Esta juventud-escribe el autor,-en medio
de su superficialidad y arrebato, ha hecho siempre prodigios de valor en servicio de su Rey y en defensa de su
Patria. Cuerpos militares de esta misma traza que ves
forman el nervio del Ejército de Francia. Parece increíble, pero es constante que, con todo el lujo de los persas,

tienen todo el valor de los macedonios. Lo han demostrado en varios lances; pero con singular gloria en la batalla de Fontenay, arrojándose con espada en mano sobre
una infantería formidable, compuesta de naciones duras
y guerreras, y la deshicieron totalmente, ejecutando entonces lo que no había podido lograr su Ejército entero, lleno de oficiales y soldados del mayor mérito." Con todo
el lujo de persas, es decir, con el hábito de la elegancia,
del refinamiento y de la cultura del espíritu, tienen los
franceses, singularmente su juventud, todo el valor de los
macedonios. Se está viendo de una manera espl~ndida
en la presente guerra. Cadalso añade más; Cadalso, coronel, militar que supo morir heroicamente, añade algo
que ha sido tan verdad en 1914 como pudo serlo en 1768;
Cadalso alude a la terrible equivocación que puede sufrir quien juzgue a la nación francesa, quien juzgue a la
juventud francesa por sus aires y. trazas aparentes de ligereza e irreflexión. ¡ Deplorable psicólogo sería quien
tal hiciera! Mal se ha calculado en 1914 al no contar con
ese fondo de entusiasmo, de heroísmo y de abnegación
de la nación francesa, fondo tradicional, innato, indestructible. A ese profundo error alude Cadalso. "De aquí inferirás-escribe el autor-que cada nación tiene su carácter, que es un mixto de vicios y virtudes, en el cual los
vicios pueden apenas llamarse tales si producen en la
realidad algunos buenos efectos y éstos se ven sólo en
los lances prácticos, que suelen ser muy diversos de lo
que se esperaba por mera especulación." Por mera especulación se esperaba que Francia, que la juventud francesa, que se nos pintaba disipada y corrompida, no pudiese resistir al asalto de un enemigo. Esa mera especulación ha engañado a los que pensaban ser debeladores de
Francia. Esa mera especulación. engañará también a los
que piensan que Francia, después de la guerra, no va a
recogerse sobre sí misma para reorganizar su vida pública,
limpiándola de escorias, sobre bases firmes de sinceridad,
de tolerancia, de respeto mutuo y de autoridad inteligente
e inflexible.

AZORIN.

Rosa·María y María Rosa Almada Peláez, gemelas, hijas del
Sr. Marcelino Almada y la Sra. Carmen P. de Almada,
residentes en el Paso, T ex.

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LAS TRINCHERAS
Por los cuatro grabados de
esta plana se advierte la vida
de los soldados en las trincheras.
En uno de ellos, se mira
la trinchera cubierta ~ .nieve: en las dos del centro se
ven respectivamente al nue-

·p~n~J!~""lldfflarffls y a:°'\i't{ll
pieza de grueso calibre en el
momento de ser trasladada;
y finalmente, en el grabado
bajo, se da uno cuenta de
cómo blindan las trincheras
con 'alambre electri:rado que
las vuelven inaccesibles.
Desde hace cerca de dos
años, varios millares de hom
bres, viven debajo de la tierra, ocultos.atisbando al ene
migo, o siempre listos para
morir en aras de la Patria.

�como los e.ar.acoles, llevan la casa, la cabaña, la tienda,
a cuestas.

***

El sombrero ancho de palma es el techo de un jaca1, un techo tan ligero como sufrido; la lluvia no lo
deshace, lo limpia; el sol y el polvo no lo desmenuzan lo
end_urecen; la cal escurridiza, el goterón de pintura' de
aceite, el fango de la vía, no lo ensucian, lo decoran; si se
cae al agua, flota; si lo arrebata el viento, no se maltrata, ru~da hasta topar en pa,r ed; en verano, en la fuga.
en la Jornada, en el desamparo de los caminos, sirve para
sacar agua de los ríos; para ~er lanzado cómo trampa contra los pajarillos; para "tumbar," previamente lastrado
con guijarros, el fruto maduro de los árboles; para guardar en él como en un cesto las yerbas tónicas o medicinales.
Cuando el "rayador" carece de medidas para los
áridos, el esclavo de la gleba presenta su sombrero sabiendo que la copa equivale al tanto necesario de ;r.aíz
para el sustento de un día.
.
E~ mendigo, para ejercer su protegida y lucrativa
mdustna, no ha menester sino un bordón, una buena barba de patriarca, unos pantalones rotos, un jarrito y sombre:o capaz, no clareado; dentro de éste, sin remilgos ni
falsos pudores, dispone dos tortillas a manera de revestimiento, Y "¡ech~n toda la olla, almas caritativas, aunque
sea revuelta, que yo pepenaré lo que me cuadre a mano
'
limpia!"
I:urante el. s_ueíío cubre la cara durmiente, ·y si
s~ dueno desea v1aJar de incógnito, con echárselo por los
oJos no lo conoce ni el dueíío de la pulquería.

* * *

Niña Mercedes Pérez Elizondo, de Gral. T erán,
N. L. actualmente en San Antonio, T ex.

El Sombrero Ancho
Por el Admirable Costumbrista Mexicano, ANGEL DE CAMPO
po llevaban en la cabeza el sueldo de todo un a ño ; que
Los sombreros mexicanos llamados "charros", están
el sombrero ancho representaba en la República un imadquiriendo gran popularidad en Texas, especialmente los ·
que tienen anch os galones y elevada copa. Las gentes portantísimo papel.
Tan es cierto lo anterior, que para reducir a la nada
-dicen- se aglomeran en las sombrererías norteameria nuestros centenares de miles de mexicanos, basta con
canas para comprarlos a cualquier precio y sin regatear;
quitarles el chilapeño y substituírselos por boina, o gosu uso se extiende no sólo en la clase obrera, sino tamrra o boleado; ya son otra cosa, no son nadie.
bién en la acomodada.
El sombrero ancho es símbolo; el sombrero ancho
No hace muchos años vino a México Mr. Bryan con
es histórico; el sombrero ancho es la más reconcentrada
el objeto de recoger datos sobre el metal blanco, y se
esencia de l "mexicano," el sombrero ancho es dón del
enamoró a tal g rado de los "jaranos," que se llevó varios
cielo, un complemento indispensable de la cobija, del
de los que pudieran llamarse "bimetalistas" por. contener
traje de manta y del cacle indestructible.
en la toquilla chapetones y demás; ambos, metales precioEl avío, la indumentaria, el guardarropa de censos.
tenares de mexicanos consiste en un somb rero muy granEsos sombreros ocuparon la atención pública; en
de y un bulto muy pequeño, compuesto de frazada o tilma
" magazines" y en revistas fué tópico aquel objeto de inpara los hombres, y de rebozo, enaguas de castor y un par
dumentari:&gt; , grande, extraño de forma, joyante, cintilante
de botines, para las damas, cuando las damas usan bocuando el sol juega en la trama de los galones. Un crotines, sin medias; con eso pueden ir hasta Roma; con eso,
nist a decía por aquel t iempo que ciertas gentes del cam-

La gente pobre no tiene casa, ni armario ni baúl
ni esc:itorio de cortina, ni cartera o portamonedas; par~
eso d1s?one de un sombrero de doble piso, para guardar en el desde las gordas enchiladas y los cigarros hasta
el s~nto de su devoción, y el mechón de pelos de ;u chaparnta, obtenido en riíía.
A vece~ entre las yerbas medicinales y algunos documentos pnvad~s, se encuentra un pañuelo, precisament~ arr~gado Y roJo, que no se usa para fines estornutatonos, smo para restañar la sangre en caso necesario por~ue en esta :ida, muchas. veces sale uno en busca de hoJas de naranJo, y regresa a su casa empapado en tintura
de_ árnica; ¿ quié? no tiene un enemigo o un faltoso que le
nme feo, le ataJe el paso, le dé un caballazo o le ch ifle
una tonada despreciativa?
H ay centenares de miles de mexicanos cuya vida
como la de las águilas, está a merced de las alas. , . . d~
las alas de un sombrero. El chilapeño y el charro (hasta el fondo de tompeate de los mozos de amasijo) tienen
su nombre especial; los pobres carecerán de retórica 1 de
declaraciones, ·de ademanes caballerescos, pero con una
so!a cabezada dicen lo bastante y más, para buscarse un
ruido.
Este se lo ladeó cuando pasaba la mujer de don
Margarito; aquél se lo echa atrás cuando "devisa" a Vicente el tuerto; el de más allá tuvo la atingencia de soplarle el polvo cuando, tanque o tina en mano brindaba
don Trinidad por los que prefieren pudrirse e1~ la cárcel
por robo, a vivir de la gorra- que vale más que un sombrero ancho,-aceptando_ medidas sin corresponderlas; y
esos actos, al parecer sm mayor significación, constituyen causa grave, justificada, urgente, para "invitarse a
reñir."
En la riña,. el sombrero es un factor de triunfo;
quien sabe valerse de él, como un andante de su escudo
tiene segura la bartolina y el jurado, quizás hasta la pe~
na capital.

Cae el vencido, vienen los gendarmes, ¡nadie to
mueva! : el corro será capaz de robarle los centavos que
traiga en el cinto; pero eso sí, cuando llega la camilla,
uno de los curiosos de mayor representación se acerca,
recoge de la ensangrentada arena el sombrero, tinto de
h~moglobina heroica, le quita las basuras y lo deposita
piadosamente, no en la cabeza, sino a los pies del valeroso.
i Cuántas veces en la accesoria donde vive la mujer
del preso, todo se ha empeñado, hasta las planchas, y queda como recuerdo del amo ausente, ya colgado de una alcayata, ya envuelto en periódicos y trapos, arriba del
tr~stero, ''un charro", que sirve de recuerdo y de respeto,
mientras en la cama de tablas, muy asentadita y vistosa,
campea la frazada de colores con todo y la cuchillada que
le cortó los flecos y· parte de la cenefa.
¿ Qué taííedor de guitarra o salterio no se arrisca el
sombrero para arrancarse con una "valona?" ¿qué rural
no lo afianza para la carga? ¿ qué vaquero no se sirve
de él para espantar las reses?

*

*

*

Y cuando llega el momento del "jarabe", cuando
la tarima se convierte en una "protesta" o "en un voto
de gracias," por la cantidad de rúbricas y floreos que en
ella tra~an los pies alados de la china retrechera, de pronto, un indomable enamorado de la bailadora se quita lo
mejor que tiene, su prenda más valiosa, sus ciento y pico
de pesos de freltro o pélo, y galones de oro y plata y
monograma de lo mismo, su sombrero ancho, y esconde
su gran corazón en la ancha copa y lo arroja a1 suelo para
que ella lo esquive, o lo pisotee, o lo recoja y se lo ponga, entre gritos, aplausos y sombrerazos ·1 mientras se revientas las cuerdas del salterio: ¡¡tal es la rabia con que
las arañan, y echa humo la guitarra de puro fatigada!!
Hay sombreros de lujo que valen hasta cien pesos:
tienen el color, las brillazones y forjateos de flores monstruosas, son el arma irresistible para deslumbrar a las
rancheras de ojos bajos y sonrisa burlesca; ¡ guay de
quien osara tocarlos!; el machete los defiende como si
fueran corona de aristócrata; nunca han caído al suelo no
conocen más que una tierra, el fango sangriento del' coso. Cuando el diestro ves tido de luces, valiente y sereno, después de clásica faena igualó al toro y lo hizo rodar de una sola en su sitio, el inteligence aplaude, el villamelón patea, el charro impulsivo, domador de potros,
expresa su admiración lanzando hasta los pitones de la
res caída su prenda de más lujo, su sagrada prenda de
conquistador y de "alma sin miedo": el sombrero ancho
El espada lo ha recogido y se lo ha puesto, saludado por
"dianas" enloquecedoras. El galoneado, desde ese instante, no se daría ni por µn rancho con tres yuntas: ha
pasado a la categoría de reliquia inalienable.
i La primera deuda de centenares de miles de paisanos se contrae para darse el lujo de estrenar un jarano·
la última cosa que se manda a un empeño para una verbe~
na, es el propio galoneado I
Y al regresar del entierro-en ta clase gratis de
muchos pro\etarios,- cuando en la morada mortuoria persiste todavía el olor de las flores podridas, del tabaco
de mala calidad y de los ponches fuertes del velorio la
madre acaricia la cabeza del chiquitín, le señala la pre~da
capital, que despide chispas en la toqu.illa a -la luz trémula de un cirio, y le dice:
- ¡ Ahí te lo guardo para cuando te venga! Es
para tí, nada debe; precisamente la víspera de que tu padre entrara al hospital, pagó el último abono!
i Lo que podría escribirse sobre los sombreros de
combate!

TIK-TAK.

�La Expedición Punitiva

El Primer Ministro Inglés

DESDE JAUJA
tan de cerca que el mismo día de su asalto a Columbus,
daba
cuenta un General incautador de que se hallaba soMi estimago amigo:
bre
la
pista del ex-compinche y ~n breve comunicaría su
Ya comprenderás que sobre todos los acontecimiencaptura.
tos capaces de interesarnos está hoy el de la entrada de
Hay un punto lamentable en esta combinación milos americanos en Jauja para la pers('cución de Villa por
litar, y es que la liga de ambos ejércitos para atrapar a
loi atropellos que éste cometió en Columbns.
Villa vendrá a poner una gruesa tacha sobre los lineamienTengo, pues, que referirme a los preliminares de estos
del sabio proyecto de Don Venus en lo relativo a la
ta combinación bélica, para que te enteres de cómo el
solución del problema del hambre por medio de la abstiPrimer Jefe dirige los asuntos de car~cter internacional.
nencia defintiva, punto de que traté en mi epístola número
Cualquiera habría discurrido esrerar el _resultado de
veintidos,
anterior inmediata a la que vas leyendo. Porlos arreglos para Jauja y Yanquilandia sobre la forma de
que
el
ejército
menguado de Don Venus se echará brala persecución, para saber si era llegada la hora de excitar
vamente
sobre
los
perniles de Jamón, los furgones de gael sentimiento nacional en defensa del país por una ruptulleta
y
las
latas
de
melaza, en los precisos momentos en
ra de hostilidades de parte de los americanos. Pero Don
que
iban
ya
nuestras
abnegadas huestes habituándose al
Venus no procedió así. Quiso lucir una diplomacia de
ayuno perpetuo.
cuño nuevo, y lanzó una excitativa al pueblo para que se
Pero este pequeño escollo con que ha venido a tropreparase en defensa de la dignidad de la patria. acordánpezar
el proyecto redentor, quedará ampliamente com·
dose probablemente de que se le había olvidado .:.sumir la
pensado
con la ventaja de que una vez metidos en Jauja
misma actitud cuando la toma de Veracruz en tiempos
cincuenta o cien mil americanos bien armados y equipade Huerta.
dos, sin haber dado alcance a Doroteo, no podremos arroEn esa excitativa aseguraba qui: por ningún motivo
jarlos del país, y habrá melaza, galletas y jamón a todo
ni bajo pretexto alguno permitiría qt•e fue; ..~as norte-amepasto, con beneplácito del pueblo que en su mayoría no
ricanas penetraran en nuestro territorio; y esto cuando
se resigna a substituir el sistema de vida a que los acoscomenzaba el escrito dando cuenta de la solicitud yantumbrara la odiosa proporcionándole alimentos baratos Y
qui para traer sus soldados y de lo que él había contesabundantes, por la supresión absoluta de los comestibles.
tado pidiendo la reciprocidad de acción. ·~que! brillante
Este fracaso del novísimo proyecto no será bochorgalimatías democrático cautivó a las masas redi~.idas que
noso
para su ilustre iniciador, porque otros más sencillos
vieron en la actitud de Don Venus un patriotismo de muy
le
han
fallado también. Por ejemplo: la clqusura de
subidos quilates; pero los arrestos popularu se aplacaron
casas
de
cambio fundada en que ellas eran la causa de la
al saberse que dos días después pasarían, como pasaron,
escasa
valorización
del bilimbique. Desde que por detropas yanquis a J a'uja, con el heroico timbre para Don
creto desaparecieron esos exploradores del pueblo, el paVenus de que sus ejércitos tienen igt!al derecho sobre tiepel carrancista ha sufrido un descenso que espanta, lo
rra americana, si se presenta el caso de ccoperar con los
cual d_emuestra que las casas de cambio eran sumamente
vecinos para persecuciones análogas del otro lado del
perjudiciales. Así le sale todo a Don Venus, por lo que
Bravo.
ciegamente confiamos en la rápida reconstrucción del
La excitativa hablaba, como en de rigor, de que la
país.
culpa de todo recaía sobre los reaccionarios, quier.es aplasEn algunas de las principales ciudades de Jauja se
tados por la derrota instigaban a Villa a la ejecución de
festejó rumbosamente el hecho glorioso de penetrar amehorrendos crímenes. En esto sólo faltó un detalle: el de
ricanos en nuestro territorio. Las felicitaciones al Prique los reaccionarios pusieron en mano~ de Villa armas
mer Jefe por su actitud patriótica permitiendo que solda,
y municiones y la banda azul de divisionario. Pero esta
dos
extranjeros le ayuden al .exterminio de Villa, han "fapequeña distracción debe serle perdonada al Primer Jefe,
tigado
los hilos telegráficos." Don Venus habrá formuporque no es posible que tenga tiempo y calma para estas
lado su altísi~o pensamiento en esta expresión democrámenudencias.
tica: "METANSE Y QUITENMELO DE ENCIMA."
En medio de estos desahogos preconstitucionales,
Mira lo que significa una solidaridad firmé entre
hay algo que los atenµa: la consideración de que contannaciones
convecinas, y las ventajas que se obtienen con
do Don Venus con un ejército menguado, (tan menguado
armar
bandoleros,
ponerles motes de Napoleones, fajarles
que apenas alcanza a cient~ cincuenta mil plazas), es una
bandas de divisionarios y prenderles a la cola un reprecrueldad pedirle que él se baste para destrozar a Villa, en
cuya compañía andarán de dos a tres mil bandidos que an- sentante diplomático.
No será difícil que a estas horas, muchas gentes retes constituyeron la flor y nata del ejército libertador. No
cuerden
el proverbio aquel: "CRIA CUERVOS Y TE
podemos fiar en esas cifras, porque hace poco esos bandoSACARAN
LOS OJOS."
leros no sumaban ni cincuenta, según los papeles impreTu afectísimo amigo y colega,
sos, marca Venus, únicos que circulan en Jauja. Villa esA

20

de Marzo de

Crónica de Julio Camba

1916.

taba ya próximo a ser cogido en la trampa; se le perseguía

SILVERIO.

Un día, en tiempos de Campbell-Bannerm .. n, )lr. Balfour estaba atacando al Gobierno. Su brillante oratoria había 'fascinado a la Cámara, y el Gobierne, se sentía
incómodo. Algún ministro había intentado parar los golpes de Mr. Balfour; pero sin el menor resultado. La cosa
iba de mal en peor, y,· entonces, Campbell-Banncrman se
dirigió a un compañer~ de Gabinete y le dijo:
-Como no aplastemos a Balfour, estamos ·perdidos.
Corra usted y traiga el martillo. gordo .... .

...

El martillo gordo era Mr. Asquith .... Hay oradores
que son la daga, otros que son el florete, otros que son la
pistola. Mr. Asquith es el martillo. El gesto oratorio de
Mr. Balfour es un gesto audaz y elegante de es rrimista; el
de Mr. Churchill-todo ímpetu y pasión-hace pensar en
un alegre mosquetero que cargara a balazos sobre el enemigo; el de Mr. Asquith es un gesto de herrero que da
martillazos sobre el yunque .....
Míster Asquith no tiene elegancia, no tiene gracia,
no tiene emoción, no tiene magnetismo perso .: 11. . . . Es
sencillamente, un hombre de una inteligencia poderosa y
de una gran honradez. Ni le debe su puesto a ,m p0der
fascinador del cual carece, ni hay cuidado de que, en virtud
de este poder, arrastre jamás a nadie a aventuras dudosas.
No es un hombre de genio, ni quiere serlo, convencido como está de que el genio constituye una debilidac! mental.
La pasión no influye nunca en sus decisiones. Es liberal
y demócrata; pero fríamente, sin el romanticismo de un
Lloyd GeQrge. Para inspirar a las muchedumbres y hacer
una obra apostólica, Mr. Asquith sería perfectamente inútil;. pero para dirigir un Gobiern&lt;'I, y, sobre todo, para dirigirlo en circunstancias tan críticas como las p:esentes,
es el hombre ideal.
Como orador Mr. Asquith se caracteriza por la exactitud, por la claridad y por la serenidad que sabe guardar
siempre, aun en los momentos en que es mayor la excitación general. A más de compararla a un martillo, su oratoria, puede compararse a un chorro de agua fría. A veces,
cuando cae sobre la Cámara de los Comunes, este chorro
parece excesivamente frío;_ pero es que, entonces, la Cámara se encuentra a una temperatura demasiado elevada.
¡ Qué desagradable el chorro en algunas ocasiones; pero
qué rfecto más tónico el suyo ..... ! Y lo sorprendente es
el pensar cómo mientras la temperatura general ha ido subiendo de punto y la elocuencia de cada orador ha ido elevándose en el ambiente, el bueno de Mr. Asquith habrá podido arreglárselas para mantener tan fresco su pequeíio depósito.
-Este hombre es refractario-dicen algunos.

una gran· inteligencia, sin genio y de una absoluta probidad intelectual. Más o menos, los otros políticos tieneu
~us poderes personales de atracción: Lloyd George tienl!
la leyenda romántica y las melenas grises, y le hace chistes al público; Mr. Balfour tiene la distinción intelectual ·
sir Edward Grey tiene la corrección en el vestir y en la~
actitudes; lord Kitchener, que no habla, tiene el prestigio
enorme de su silencio .... Mr. Asquith no tiene nada más
que su inteligencia: "la menos sutil, la menos sugestiva,
pero la más eficaz de todas las inteligencias que influyen
en la política inglesa," dice un crí'tico.
Es una figura verdaderamente poco pintoresca la figura de Mr. Asquith. Su aspecto no dice gran cosa, ni
en pro ni en contra. Su vida está desprovista de anécdotas. Y claro es que el pueblo no le adora; pero, en
esta crisis solemne, le mira con la misma confianza con
que mira sus dreadnoughts y sus cañones de diez y siete
pulgadas.
Julio CAMBA.

rr=======================:::::-1

Y, en efecto, es refractario a toda pasión y a toda
emoción.
Sus discursos no tienen nunca grandes sutilezas men tales ni tampoco vu lgarizaciones excesivas. Mr. Asquith
pone las cosas en un niv-el medio y sé dirige a la inteligencia general. Los que estén por debajo del término de inteligencia general a la que se dirige Mr. Asquith, esos no
cuentan, y los que quieran algo superior, que se lo pidan
a un fi lósofo y no a un político. Mr. Asquith no adula a
la galería, para la que ta!}tO trabaja Lloyd George; pero
tampoco desprecia la popularidad, a la manera de Mr. Balfour. Es, como digo, un hombre frío, sin imaginación, con

f!RIODI~ PARA TOUOS LOS INTERESADOS. EN

EL NORTE AMERICANO es un periódico ilustrado, mensual, en español, que contiene noticias e informaciones generales sobre
los Estados Unidos, de interés para los pueblos de Centro y Sud América y las Indias Occidentales.
No es un periódico comercial lleno de lectura insulsa sino una revista popular que habla de los acontecimientos más importantes de
los Estados Unidos, y está perfectamente ilustrada.
Los Estados Unidos son hoy la nación más
próspera del mundo y su posición singular en
los asuntos mundiales actuales, y sus relaciones peculiares con las repúblicas del hemisferio
occidental, dan grande importancia a esta revista en el terreno que ella cubre.
La subscripción anual es $ 2. 00 en Mé:x::co, Panamá, Cuba, Puerto Rico y las Islas
Filipinas, y $ 2. 50 en todos los demás países.
A solicitud enviamos gratis ejemplares de
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DIRIGIRSE A

SOUTH AMERICAN PUBLISHING CO.
61 Broadway

NewYork

(Nota: Esta Compañía publica también THE SOUTH
AMERICAN, revista en inglés.)

f::=======================:::!1

�ELLADRON
Escena de la Vida de los Estudiantes
I
-Desde el momento que les digo que no me van ustedes a creer!
-No importa. ¡Cuénta hombre!
-¡ Bueno I Pero tengo obligación de manifestarles
que mi cuento es verídico en todas sus partes, a pesar de
su inverosimilitud. Sólo los estudiantes no extrañarán,
principalmente los viejos, que han conocido esta época en
la cual no dejábamos el cultivo de la broma aun en las
circunstancias más graves.
El viejo estudiante se puso a caballo encima de un
taburete y empezó:

II
Habíamos cenado en casa de Soriol, hoy muerto, el
más endiablado de todos nosotros. Eramos tres no más:
Soriol, Potvin y yo.
Basta decir ql!e habíamos cenado en casa de Soriol
para que comprendz.n que estábamos ebrios. Potvin sólo había conservado su juicio, algo turbado pero lúcido
todavía. ¡ Eramos jóvenes en aquel tiempo!
Recostados sobre alfombras, discutíamos locamente
en el pequeño cuarto que daba al estudio.
·
Soriol, de espaldas en el suelo, las piernas en una
silla, hablaba de campañas, pintaba los uniformes del pnmer imperio, y de repente, levantándose, descolgó un
uniforme completo de húsar del grande armario donde coleccionaba los despojos de los ejércitos pasados y se lo
puso. Luego obligó a Potvin a vestirse de granadero, y
como este se resistía, lo agarramos, y después de haberlo
desnudado, le encajamos un vesti4o enorme, en el cual cpedó hundido.
Y o mismo me vestí de coracero, y Soriol r..0s Ji izo
ejecutar maniobras y ejercicios complicados. Luego hizo
esta proposición: "Ya que estamos vesütlos corno v~tera·
nos, bebamos como veteranos!"
Al efecto, un ponche fue preparnpo y bebido. y
luego por segunda vez la llama ardió sobre la i;,alauga11a

tirada al enemigo·; es decir, a dar una vuelta a la llave de
la puerta; tú, los gra11aderos, vas a servirme de escolta."
Ejecuté el movimiento ordenado, y luego ine junté
con el grueso del ejército que efectuaba un reconocimiento.

En el momento que iba a meterme detrás de un gran
biombo, estalló un ruido furioso. Me abalaucé llevando
siempre la -vela en la mano. Potvin acababa de atravesar
de un golpe de ba,yoneta el pecho de un maniquí, al cual
Soriol descalabraba la cabeza a hacha.zos. Reconocido
el equívoco, el General mandó: "¡Seamos prudentes!" y
· las operaciones siguieron adelante.
Hacía veinte minutos por lo menos que registrábamos
las esquinas y lo,: rincones &lt;lel Estudio; sin éxito, cuando
Potvin tuvo la idea de abrir un enorme armario.
Era sombrío y hondo; adelanté el brazo que llevaba
la luz y me eché para atrás estupefacto; un hombre estaba allí, un hombre vivo que me habia míradc.
Inmediatamente volví a cerrar el armario con doble
vuelta de llave, y tuvimos otro consejo.
Las opiniones estaban muy divididas, Soriol quería
ahumar al ladrón, Potvin quería reducirlo por el hambre,
y yo propuse hacer volar el armario con pólvora.
El voto · de Potvín prevaleció, y mientras hacía la
guardia. con su gran fusil, fuimos a buscar los restos del
ponche y nuestras píp~s. Luego nos instalamos delante
de la puerta cerrada y bebimos a la salud del prisionero.
Al cabo de media hora Soriol dijo:
"No importa, pero deseo mucho verlo de cerca; ¿ si
nos apoderáramos de él por la fuerza?"
Grité: "Bravo," y cada uno se precipitó sobre sus armas. La puerta del armario fué abierta, y So: iol, arm~ndo su pistola que no estaba cargada, se lanzó el primero.
Le seguimos aullando. Esto fué un atropello tre.mendo en la oscuridad. Y desp ués de cinco minutos de
una lucha estupenda, sacamos a la luz una clase de viejo bandido, lleno de canas, asqueroso y harapiento.
Le ligamos los píes y las manos y le sentamos en,

llena de ron.
De repente Potvin, que quedaba, a pesar de todo, due·
ño de sí, nos hizo callar; y después de un silencio de
algunos segundos, dijo a media voz: "¡ Estoy seguro que
hay alguien en el estudio."
Soriol se levantó como pudo y gr:tó:
"¡ Un ladrón! ¡ Qué suerte!"
Y siguió entonando La Marsellesa.
"Aux armes citoyens!"
Tomó armas de una panoplia pegada a la pared y
nos armó, según nuestros uniformes.
Recibí un mosquete y un sable, Potvin un gigantesco
fusil con bayoneta, y Soriol, no encontrando la que necesitaba, se apoderó de una pistola de gendarmería que
enganchó en s u cinturón y de una hacha de abordaje que
agitaba encima de su cabeza.
·
Luego abrió con precaución la puerta del estudio y
el ejército entró en el territorio sospechoso.
Cuando estuvimos en la inmensa pieza, obstruida de
cuadros enormes, de muebles, de objeto? extraños e imprevistos, Soriol nos dijo:
"Me nombro a mí mismo General. Formamos Consejo de Guerra. Tú, los· coraceros, te vas a cortar la re-

"Confiésate con este caballero; tu última hora ha SO·
nado!"
rr I" Aterrado el viejo bribón se puso a gritar. "Socoº. con tal fuerza que tuvimos que ponerle una m0rdaza
para que no 'despertara al vecindario. Entonces se revolcó
por el suelo, tirando patadas y retorciéndose, dt.rr:bando
muebles Y r_ompiendo cacharros. Al cabo de a1g11P.os momentos Sonol, perdiendo la paciencia, gritó: "¡\ cabemos l"
~ apuntando al miserable, echado por tierr:i, apretó
el gatillo de su pistola, el que cayó con un ruid.-. seco.
~;rastra?º P?r el ejemplo tiré a mi vez: mi fusil, que era
eslabon, hizo brotar una chispa que rr.e sorprrndíó.
Entonces Potvin p.ron'unció con solemnidad ·:stas palabras:
"¿-T~nemos el derecho de 'matar a este hombre?"
Sonol, estupefacto • contestó.· "·1 Desde e l momento
que 1e hemos condenado a muerte!"
Pero Potvin replicó: "No se fusilan los civiles· este•
de~e ser ent_r:gado al verdugo, conduzcámoslo a la éomisana de Polic1a :"
El argumento nos pareció concluyente
· l Levanté
.
, b al hombre' y como no po d;1a cammar
le
co oque so ~e una tabla de dibujo, sólidamente amarr~do,
Y me lo lleve con la ayuda de Potvin, mientras qnc Soriol
armado hasta los dientes cerraba ia marcha.
.
'
Enfrent~ d~ la guardia el centinela nos detmo.
d'
El co~1sano llamado nos reconoció, y corno cada
'.ª era testigo de nuestros bromas, de nuestras excentricidades, d~ _nuestros inventos increíbles, se ric y reh ,
nuestro prisionero.
uso
Soriol insistió: entonces el centinela nos o d ,
'd d ¡ ·,
r e.io con
seven
. ,·
dalo. a vo
. v1eramos a nuestra casa s·m promover escan-

Nu~stra tropa se puso en marcha V volvió a ?a sala
de estud10.
Preg~nté: "¿ Qué hacemos del preso?"
, Potvm, enternecido, aseguró que el pobre ' ombre
. 1gcm;zante1
deb1a
, . estar muy cansado.· en rea 1t(. 1a d parec1a
ast ligado, am~~dazado, amarrado sobre la tabla.
.
Me agobio también a mi vez, una lástima inmensa
d: borracho, Y_ quitándole la mordaza le pregunté: "¿ y
como te va, m1 pobre viejo?"
Gimió: "Basta, por la Virgen!"
En~bnces Soriol se volvió patern~'; le soltó de todas las ~1gadu_ras, le. hizo sentar, le tuteó, Y para reponerlo,
nos pusimos .mmed1atamente a preparar un nue..-o ponche.
~¡ l~dron sosegado en su sillón, nos miraba. Cuanª? el hqmdo estuvo a punto, le alargawos una copa y bebimos a su salud.
El preso bebió tanto como un regimiento pero como
empe~~ba .~ amanecer, se levantó Y con un air'.! 'my formal d:Jo: Me veo en la precisión de dejaros, porq:.ie tengo que volver a casa."
N?s quedamos muy afligidos; quisimos detenerlo un
poco mas, pero se excusó con cortesía.
' Entonces nos apretamos tas manos Y Soriol !o alumbro con la vela hasta· el zaguán' gritando al u' lt;m
.
, . O: " i CUlda do con e1 paso de la puerta!"

III
Nos reíamos _a carcajadas al rededor del autor del
c~ento. Se le,ranto, encendió su cachimba v ar1ad1ó plantandosc &lt;'afrente de todos nosotrc:s:
verda~~· lo mejor de todo es que mi historia es la pera

GUY DE MAUPA~SANT.

un sillón.
No abrió la boca.
Entonces Soriol, penetrado de una borrachera solemne, se dirigió a nosotros.
-Vamos a juzgar a este miserable!
Yo estaba en tal estado de embriaguez que esta proposición me pareció de lo más natural.
Potvin fué encargado de presentar la defensa y yo
de sostener la acusación.
Fue condenado a muerte por unanimidad de votos,
menos uno, el de su defensor.
-Vamos a ejecutarlo, dijo Soriol.
P ero tuvo un escrúpulo:
Este hombre no debe morir privado de los socorros
de la religión; hay que buscar un sacerdote.
Hice la objeción de que era muy tarde; rntonces
Soriol me propuso desempeñar el .oficio y exhorto al criminal· para que se confesase conmigo.
E l hombre hacía como cinco minutos que meneaba
los ojos con el mayor· espanto y se preguntaba con qué
clase de seres tenía que habérselas. Entonces articuló con
~oz cavernosa, quemada por el alcohol: · "Ust"des bromean, sin duda!" Pero Soriol le arrodilló a la fuuza y le
dijo:

•

,

Niña María del Carmen Guardiola, hija póstuma del
Gral. Gustavo Guardiola Aguirre, asesinado
en Torreón por las hordas villistas.

�davía hace un segundo era la masa de guerreros tremendo
Y amenazador poder y un segundo ha bastado para reducirlo a la nada, unos pocos avanzan todavía en vertiginosa
carrera que luego caen también para no levantarse más.
Pero una nueva línea sale de los fosos enemigos, de nuevo
los "hurras" amenazadores resuenan en el aire y de nuevo
como sus caf}1aradas, avanzan con el mismo valor y con el
mismo ímpetu. Se adelantan rápidamente, bayoneta en
ristre, hasta a cincuenta metros qe nosotros y de nuevo se
oye el horroroso chasquido de las ametralladoras, de nuevo tiene lugar la horrorosa siega de vidas humanas. Alguno,s avanzan todavía llegando hasta los alambrados, pero
ah1 quedaron enredados, a pesar de que estos alambrados
no se componían sino de pocos alambres cruzados. Por
un momento pienso que los franceses comprenderán que
es verdadera locura querer asaltar nuestras trincheras, pero ya avanza una nueva línea de soldados, sus cascos de
metal tienen mayor inclinación hacia adelante. Los hurras salvajes son todavía más estepitosos, pero un tanto
convulsivos y hacen la impresión de que el avance se hace
con cierta vacilación, llegan a la zona del mortífero fuego,
se detienen, vacilan, su vacilación no dura ni un segundo
Y luego retroceden con mayor velocidad de la que tenían
al avanzar, han presentido el peligro, pero una nueva línea
de soldados ~e levanta tras ellos, avanza y los empuja hacia adelante, unidos corren hacia nosotros, marchando sobre los cadáveres de sus co.mpañeros.
Pero, ¿ qué ocurre? El chasquido de las ametralladoras disminuye, u-na que otra funcióna todavía e involun•

Bajo una Lluvia de Fuego
Episodio dé la Gra!l Ofensiva Francesa
Al rededor de nuestros puestos de observacipn explotan sin interrupción las granadas, destrozan el terreno a
nuestro alrededor y llenan el aire con sus trayectorias.
Vuelan por todas partes árboles desarraigados, trozos
de cemento armado, piedras, pedazos de techo y de plataformas. No se oye ni el zumbido ele los cafiones, ni'el silbido de los proy~ctiles disparados cada vez más cerca, solo
se escucha el corto y espeluzante ric-rac de las ametralla,
doras. Comparado con este siniestro ruido es un verda·
dero placer la contemplación de los cercanos fogonazos de
fusiles y cafiones. La robusta encina en la que he establecido mi puesto de observación, un verdadero nido, gime Y
se agita convulsivamente a cada granada que explota cerca de nosotros y cada vez es más insegura la situación de
nuestro nido. Los mapas y compases se mueven continuamente con movimiento oscil.atorio como el de una mano intraquila y nerviosa. Ric-rac... en seguida un fuerte crujido que nos hace involuntariamente examinar las
ramas de que cuelga nuestro nido y vemos que una gruesa rama un poco abajo ele no sotros ha sido cortada como
por golpe de hacha y cae al suelo. Gases ve1ienosos e
irritantes que salen de las granadas que explotan llegan a
ne5sotr0e. Me admira que todavía no nos hayamos vuelto locos. Tal vez solamente porque para ello nos ha faltado tiempo.
A pocos centenares de metros de noeotros están las
trincheras enemigas y silbando salen de ellas continuamente las granadas dirigidas contra nuestras filas. Son
los cafiones de grueso calibre, "las ranas gordas" como los
llaman por broma los soldados.
Donde caen sus granadas aterran todo, tanto las fosas de las trincheras com&lt;?
las cuevas interiores de protección. Estos cafiones quería
yo hacer callar con mis obuses. ¡ Si pudiera ver cuándo
nuestras granadas explotan 1 Pero el humo no deja ver
nada. Sin embargo, ahora una ligera ráfaga de viento me
permite ver. Hemos dado en el blanco y ·rápidamente disparamos algunos obuses más calculados a la misma distancia.
Creo que las "ranas gordas" han recibido una buena
ración," me dice tranquilamente el ayudante observador.

de un metro de espesor cayó sobre su constructor y compañeros, encerrándolos para siempre bajo la tierra.
La lluvia de granadas era. cada vez más tremenda, ya
no era posible distinguir los estallidos de cada una. Pensamos que era casi una dicha que el ataque fuera tan .violento pues así tendría que terminar pronto. Tal derroche
de proyectiles no lo podrán soportar ni las inagotables
•cantidades de munición americana. Como en una nube
están envueltas las trincheras, las posiciones de los jefes,
las cuevas subterráneas de protección y las baterías.
También yo doy la orden: "¡ Fuego rápido!"
"Interrumpida la comunicación, rotos los alambres,"
anuncia de pronto el telefonista.
¡Maldición! Precisamente en el momento más urgente.
Los telefonistas sacan de sus bolsillos sus banderas
de señales y no hubo ninguna interrupción en las ,·0municaciones. E sta maniobra la habíamos practicado con frecue ncia en tiempo de paz y su precisión era nuestro orgullo en las maniobras.
Una nueva ráfaga de viento nos permite ver otra vez
la inmensa criba. ' El cabo Krµg er se ocupa de unir los
alambres " me anuncia el telefonista, y realmente el muchacho s~lta de hoyo en hoyo bajo copiosa lluvia de granadas, tiene el alambre en la mano, por fin ha encontrado
el lugar en que éste ha sido destruído, se entierra en un
hoyo y desaparece. Ric-rac .... una granada cae cerca de
él, nadie habló una palabra, pero presa de gran emoción
seis ojos miran el hoyo en que el cabo ha desaparecido, los
segundos se hacen eternos. Todavía hace un momento teníamos una docena de cañones de grueso ca}ibre que obedecían a nuestros órdenes y ahora estamos condenados a
.
la más completa impotencia.
De repente el telefonista anuncia con el tono tranquilo de siempre: "~a comunicación está restablec:i\ia," Y
yo ordeno enseguida: "¡ Fuego rápido, fuego rápido!" Pero, ¿qué sucede? Ya no caen granada~ cerca de nosotros.
"¡ Allá, allá!" me indica el ayudante observador, indicándome las que caen como a dos.cientos metros tras de nosotros. Inmediatamente ordeno que también nuestros fuegos sean dirigidos a la retagúardia del enemigo. Todavía me ocupo en arreglar los fuegos dirigidos a la retaguardia cuando el telefonista, que nada hasta entonces había hecho salir de su flemática calma, .me grita un tanto

La tierra bajo nosotros parece una inmensa criba,
está toda agujereada.
Hay hoyos pequefios, grandes
profundos y planos, de todas clases y dimensioes, pero
por último, después de haberlos mirado algún tiempo, todos
parecen iguales, sin embargo hay uno que atrae siempre
nuestras miradas. No hablamos de él, pero cada uno de
los tres que estamos encaramados en el árbol piensa en
él y cada vez que podemos nuestras miradas van al mismo
hoyo, es como todo s los demás, tal vez un poco más oscuro, pero allí estaba nuestra cueva en la que hemos pasado
antes de la gran ofensiva más de una hora de agradable re- ·
poso. Cuando principió la lluvia de g ranadas, la cueva se
hizo insoportable, a cada disparo los muros se acercaban
unos a otros a pesar de que el oficial que la construyó aseguraba que podía r esistir los más tremendos cañonazos.
Pero en ella se encont raba con el segundo ayudante de observación y el telefonista, que nos acababa n de sustituir
cuando cavó una granada de marina y aplastó completamente tod~ la construcción con los dobles soportes de vigas de encina y rieles, el techo de tierra y piedra de más

exaltado:
"¡ Ya vienen, ya vienen!" Dudo un momento, pues
estos fuegos dirigidos a la retaguardia se han hecho últimamente célebres por su eficacia para impedir que las reservas de refuerzo se acerquen a las líneas anteriores en
el momento crít ico del ataque. P ero no es posible dudarlo. Como obedeciendo la voz de mando ~altan de sus fosos algunos hombres que se adelantan, son probablement e oficiales y sus atronadores y este ntóreos "hurras" llenan el espacio. En el mismo momento avanzan millares
de soldados en extensas líneas, avanzan hacia nuestras
trincheras. La san gre se hiela en nuestras venas, está n a
lo más a ochenta metros de nuestros fosos, ya sólo sesenta metros nos separan de ellos; y, ahora repent inamente,
resuena violento chasquido de ametrall adoras Y cañones
revólver.' ¡ Gracias a Dios, estamos salvados ! Como espigas segadas por la hoz caen los hombres a montones, to-

tariamente volvemos la cabzea hacia atrás, a la zona de
fuego que cae a nuestra retaguardia. Espesas nubes de
humo flotan tras nuestras posiciones y en ellas caen las
granadas, son granadas ele gas. Las líneas anteriores no
pueden recibir munición, la situación no puede ser más horrorosa, a pesar de todo parece que estamos perdidos, el
enemigo .se encuentra en nuestras trincheras, saltando sobre los cadáveres de sus camaradas y sobre los alambres
han penetrado en ellas, no son'9Jnuchos, tal vez algunos
cientos en la larga línea ocupada por una división que puedo observar desde. mi puesto, pero están en nuestras trincheras, no cabe duda. Nos lo demuestran las culatas que
se mueven en el aire y las granadas de mano. ¿ Cuál será
el resultado? En las líneas anteriores, el combate cuerpo a
cuerpo, tras ellas la barrera de gases que nos impide retroceder. Sin perder tiempo lanzamos nuestros fuegos tras
las líneas enemigas que avanzan, impediremos así por lo
menos que nuevas líneas los refuercen.
De repente, apenas creo lo que veo, la criba gigantesca parece animarse, nuestros soldados saltan de un hoyo a otro y donde todavía hay minas y fosos de comunicación desaparecen en ellas. ¿ De dónde ;ienen? No lo sé,
su aparición parece un milagro, pasan algunos minutos de
terrible ansiedad, después aparecen pequefios y luego mayores grupos de soldados franceses desarmados. ¡ De
nuevo hemos obtenido la victoria por el Emperador y por
el Imperio!
Hans HORSTEN.

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cuentas y paguen además un semestre, lo recibirán franco de porte. Si toman una
suscrici6n anual, recibirán además el ''Album de Juárez.'' ¡A suscribirse!
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San Antonio, Texas.
Muy señor mío: Tengo el gusto de acompai\ar a
Ud. la cantidad de $ 3. 50 cts. para que me remita
los dos álbumes de Benito Juárez y Porfirio Díaz y
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Soy de Ud. atto. y S. S.
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Esta. semana ha quedado terminada la impresión del ALBUM
DE JUAREZ que prometimos obsequiar a nuestros suscritores que
hicieran el pago de una sriscrición por un semestre.
Contiene en un solo libro lo más import ante que se ha escrito
sobre la vida y la obra del Reformador, declarado por su actitud ant e
la invasión extranjera, el Benemérito de las Américas, y que debe
leer todo mexicano que quiera conocer la importancia histórica de

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Rombo propuesto por la Sra. Herlinda A. de Martínez, de S. Diego.
Consonante.
Verbo. ·
Emperador romano.
Nombre de varón.
Enfermedad o tumor.
Actual monarca europeo.
Famoso guerrillero mexicano.
Indispensable para las botellas.
Arte de la guerra.
Nombre de una fruta.
Una causa poderosa.
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Vocal.
Rombo propuesto por Consuelo Falcón Gil, de ~gle Pass, Texas.

.........

...........
.........

Cons:mante
Artículo
Movimiento del alma
Obras de defensa
Solución de dramas
Nombre funesto para MéxicG
Cualidad
Verbo
Líquido
Acuático
Consonante

Rombo propuesto por la Sra. Herlinda A. de Martínez, de S. Diego.
Vocal.
Parte de una ave.
Verbo.
Nombre de varón.
Cantidad.
Animal.
Vocal.
Rombo propuesto por Consuelo
Falcón Gil, de Eagle Pass, Texas.
Consonante.
Mineral.
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Diplomático mexicano
Parte de un libro.
Adverbio.
Consonante.
Anagrama propuesto por Francisco L. Bernal.
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Anagramas propuestos por Don
Víctor da Cerda.
R. R. gozó el robo de mica.
I Solo, boté

Director y Propietario
Lic. Nemesio García N~ranjo.
P. O. Box 66.-Sta. A.
Esq. Houston y Leona Sts.
TEL. CROCKET 3398.
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En México y Estados Unidos
Pago adelantado
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Números sueltos 10 centavos oro
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En los trenes, 15 centavos.
Números. atrasados 20 centavos oro
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En el resto del mundo.
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Los pagos de suscripción deben ser
adelantados. No st: devuelven originales.-Para anuncios y demás asuntos de administración diríjase a:
REVISTA MEXICANA
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Director and Proprietor
Nemesio García Naranjo.
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Cor. Houston &amp; Leona Sts.

Las soluciones correspondientes
al número 29, las publicaremos en
nuestra próxima edición.

.

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BENITO JUAREZ, por D. JUSTO SIERRA, es un resumen,
hecho por el maestro de las modernas generaciones, de la obra de
Juárez, en el que señala cuáles fueron sus luchas, cuál su papel en
nuestra historia patria y cuáles la importancia y la grandeza de su
vida.
Guillermo Prieto narra tres anécdotas de la vida íntima de Juá:
rez, y el incidente de Guadalajara, en el que estuvo a punto de ser asesinado el Sr. Juárez con sus Ministros, y del que fue salvado por la palabra de D. Guillermo Prieto, en uno de esos momentos en que sólo
habla el corazón y triunfa sobre todos los peligros. El artículo de
D. Guillermo Prieto hace que el lect or se traslade a aquellos días y
viva como si estuviera en ellos, todos los incidentes de aquella época.
La manera de ser, de hablar, de los compañeros del Sr: Juárez, sus ademanes, sus actos íntimos, todo se halla en la narración sencillísima y
palpitante de interés del poeta de la Reforma.
Como complemento de la pintura artística, del análisis histórico
y de la reconstrucción animada de D. Benito Juárez, contiene el Album tres poemas que son de lo mejor, de lo más selecto que se ha
escrito en honor del Benemérito: LA RAZA DE BRONCE, por
AMADO NERVO; EL POEMA DE JUAREZ, por FRANCISCO
M. DE OLAGUIBEL y la ODA A JUAREZ de RAFAEL LOPEZ.
EL ALBUM DE JUAREZ, así formado es un libro que reúne
escritos que no sería posible obtener sino a gran costo y con dificultad, y al editarlo, Revista Mexicana se siente complacida del éxito que
ha alcanzado, ofreciendo publicaciones de tanto valor y de tanta importancia a sus lectores.
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EL FRAC DE JUAREZ, por MANUEL GUTIERREZ NAJERA, es una pintura de la persona y del carácter de D. Benito Juárez,
hecha por el escritor más delicado que ha habido en los últimos años,
y con unos cuantos rasgo$ deja impresa para siempre la figura del pa-

Cumpliendo con el ofrecimiento hecho a nuestros suscritores,
hoy comenzará a circular el "ALBUM DE DIAZ," que ha editado
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752301&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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