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                  <text>REVISTA MEXICANA
SEMANARIO ILUSTRADO
30 DE ABRIL DE 1916.

PRECIO: 10 CENTA VOS.

VOLUMEN !!.---NUMERO 34.

.

BOSQUE DE CHAPULTEPEC. CALZADA DE LOS ARTISTAS .

�r~$
5

~~1

Este es el Croquis de una Gran Batalla

.

REVISTA MEXICANA
Semanario Ilustrado

1
,~

Entered as second class matter, O ctober 25, 1915 at the Post Office
of San Antonio, Texas, un der the Act.• of March 3, 1s •
97

Afio II.

"cJ'ci

San Antonio, T e~s, 30 de Abril de 1916.

Número 34

La Caída de Carranza

Aquí el General Dí~ derrotó en 1876, a los invasores de la Patria.
Después de una brillantísima victoria, ocupó la ciudad de Oaxaca, tomó por
asalto la ciudad de Puebla, aniquiló al último ejército reaccionario en San Lorenzo
y terminó su campaña triunfal con el cerco y la captura de la Capital de la República.
Basta leer ligeramente la vida militar de Porfirio Díaz, para comprender que es
. un héroe de leyenda. Sus h~afias son casi inverosímiles, y bastan para conquistarle
lá veneración de sus compatriotas.
'
Pero además fu~ un hombre de Estado, un construct~r. un pacificador, que
levantó su país de la anarquía hasta la civilización. El México de 1910, hoy aniquilado
por la barbarie y el delito, fue su obra, Las gentes que vieron a nuestra Patria en
aquella época y la vuelven a ver hoy, pueden darse cuenta de lo que México ha
perdido con la desaparición del General Díaz.
¿Desea Ud. conocer la biografía porfiriana?
---Nada más sencillo. No le cuesta a Ud. un solo centavo adquirirla. Nosotros
~
la obsequiamos a nuestros suscritores semestrales.
---Remítanos Ud., hoy mismo, un giro de $1. 80 y a vuelta de correo tendremos
ei gusto de enviarle una suscrición de REVISTA MEXICANA y un ejemplar del
"Album de Díaz," en don~e además de la biografía del héroe, escrita P?r el Lic.
Ricardo Gómez Rebelo, aparecerá su hoja de servicios, un cuadro en donde se
resumen los beneficios de su Administración y la lista de sus condecoraciones.
¡A suscribirse desde luego!

if/

Nuestra dirección es: REVISTA MEXICANA,

P. O. Box 66, Station A~

~

T; J

• El Pr~_constit~cionalismo ha llegado a su completa
des1ntegrac1on. Mientras don Venustiano Carranza se
ÍUga intempestivamente de la Capital de la República
Alvaro Obregón se dirige a conferenciar con el Jefe' d;
Estado Mayor Americano, para quizás recibir de sus manos el espaldarazo que lo consagre como autoridad suprema de México. Pablo González, reconcentra sus tropas en. el sur, los caciques se ponen en guardia, en sus
respectivos feudos, y Espinosa Míreles con las características admirables de un interino-(nul~, incoloro y neutro)-toma posesión del Palacio de los Virreyes.
Este desenlace es inevitable. El poderío de los Estados Unidos, retardó el desmoronamiento carrancista
hasta el último momento; pero no pudo evitarlo. La fuerza es ineficaz cuando se emplea para apuntalar absurdos.
.
El derrumbamiento de Carranza indica, en medio de tanta desolación y ruina, que México aun tiene
energía para arrojar de su seno una administración inmoral, impuesta por intereses extraños y hasta enemigos
de la Patria.
!'ara los Estados Unidos debe ser una gran lección.
U~ ~1a cre~eron las autoridades de la Casa Blanca, que
Mex1co, al igual de Nicaragua y de Panamá, podía ser
gobernado desde Washington. Y probaron su fuerza destructora, dirigiéndola en contra del gobierno de acero del
General Díaz. El éxito no pudo ser más halagador: seis
meses después de haber estallado la revolución de Madero, el Presidente Díaz abandonaba su patria para siempre. EntoncJs, la Administración de los Estados Unidos
engreída con este éxito, decidió sostener al gobierno ema~
nado de la Revolución. No se cuidó de examinar si era
competente y adecuado, justiciero y constructor: se creía
omnipotente Y consideraba su voluntad como un cimiento
indestructible.
¿Madero era un inepto? ¿Y qué? La fuerza de los
Estados Unidos se emplearía en disimular sus errores, en
t:ansformar sus facultades anárquicas en energías coercitivas, en sostener lo que el mismo goJ:&gt;ernante destruía.
El General Reyes, primero, y el General Orozco
después, enarbolaron el estandarte revoÍucionario y am~
bos encontraron el fracaso. El gobierno de Estados Unidos quedó completamente satisfecho. Su voluntad se había impuesto sobre todos y sobre todo. Pero la revolución seguía incendiando a la Nación, que repudiaba a sus
~a~datarios. La Administración norteamericana veía con
Jubilo que~ ~ pesar del clamoreo de todo un pueblo, su
vol~tad, urucamente su voluntad, sostenía en el trono al
Presidente Madero.

Sin embargo, llegó un momento en que el ejército
d~, Mé~ic? no pud9 seguir luchando en contra de la opimon pubhca: las revoluciones militares de febrero, pusieron fin a un reinado ~unesto e inauguraron una época que,
para los Estados Umdos, llevaba el defecto imperdonable
de ostentar un sello nacional. Un grito de indignación se
dejó oir desde los grandes lagos hasta el Río Bravo, desde el Atlántico hasta el Pacífico. ¿Cómo? ¿ Había audaces que se atrevieran a derrocar al Presidente Madero
cua~~o de antemano se sabía que contaba con la ayud¡
dec1d1da de la Casa Blanca? Y decidieron los gobernantes de Estados Unidos, aniquilar la naciente administración del General Huerta.
Enfrente del gobierno mexicano se alzó una revolución inmoral, que no respetaba ni la propiedad ni la honra
ni la conciencia ni la vida. A la Casa Blanca le importab¡
bien poco que los hombres de Carranza convirtieran a
México en un desolado cementerio. Había que apoyarlos,
para que nuestra Patria no cometiese el pecado de tener
una administración propia. Después de diecisiete meses
de una lucha encarnizada, el gobierno de Estados Unidos
volvió a sentirse satisfecho: el General Huerta salía también de su patria como el General Díaz: para no retornar
jamás.
Desde entonces el gobierno de la Casa Blanca ha
venido sosteniendo al gobierno emanado de la Revolución.
Unas veces ha sonreído a Villa, otras a Carranza; pero
siempre otorgando sus simpatías a los.revolucionarios que
se han plegado a su voluntad. Nada importaba que en
México se cometiera toda clase de ultrajes a la civilización
Y al honor: para algo tenían sus mandatarios el apoyo incondicional del pueblo más poderoso del Continente.
Pero México no es Nicaragua. Lo mejor de la Patria se ha visto obligado a vagar por el extranjero; los
Estados Unidos han llevado su ayuda hasta el grado de
invadir el territorio nacional; el organismo mexicano se
encuentra casi moribundo, y, sin embargo, nuestro pueblo
sigue teniendo fuerzas para expulsar de su seno los gérmenes morbosos que lo aniquilan. Carranza se está desplomando a pesar de la voluntad de los Estados Unidos.
Cualquiera otro pueblo, en una pugna por su auto-..
nomía, tan larga y tan dolorosa como la nuestra, habría
sucumbido ante el poderío norteamericano. Y México,
por lo contrario, vive y empieza a erguirse sobre sus destructores. Bendito el momento en que se· acabe de desplomar el Primer Jefe, porque con su derrumbamiento
coincidirá el triunfo definitivo de nuestra nacionalidad.

�\
\

POR GUY DE
MAUPASSANT
Traducido para REVISTA MEXICANA,
por Raúl Barragán y Sierra.

EL LOBO

gigantes, ginetes en sus grandes caballos.
He aquí lo que nos refirió el ancian&lt;f Marqués
Pues bien: a mediados del invierno de aquel año
de Arville al llegar a su término la comida de Sn. Hude
1764,
los fríos fueron excesivos, y los lobos se hicieberto en casa del Barón des Ravels.
ron
feroces.
Llegaban hasta atacar a los campesinos
' Se había acosado un ciervo, durante el. día. El
rezdgados; rondaban por la noche en derredor de las
Marqués era el único de los convidados que no había tocasas; ahullaban desde el ocaso hasta el alba, y despoblamado parte en la persecución, porque no cazaba nunca.
ban los establos.
Mientras duró la gran comida, casi no se había
Y pronto circuló un rumor. Se hablaba de un
hablado m5.s que de carnicerías de animales. Las mulobo
colosal,
de pelaje gris, casi blanco, que había devojeres se interesaban en los relatos sanguinarios, y a merado
el
brazo
de una mujer, estrangulado a todos los
nudo inverosímiles, y los narradores imitaban los encuenperros pastores de la comarca, y que penetraba sin mietros de hombres y fieras levantando los brazos Y condo en los cercados, para ir a buscar bajo las puertas.
tando con voz tonante.
Todos los habitantes afirmaban haber sentido su
El seíior de Arville hablaba bien; con cierta poealiento, que hacía vacilar la llama de las bujías. Y por
sía un poco rimbombante, pero llena de efecto. Debía
toda la provincia se extendió pronto el terror. .Nadie se
haber referido a menudo esa historia;· pues la relataba
atrevía
a salir desde que caía la tarde. Las tinieblas pacon facilidad, sin vacilación en las palabras, elegida:;
recían
atormentadas
por la imagen de la fiera, . . . ..
hábilmente para dar la imagen.
Los hermanos de Arville resolvieron encontrarla
-Seíiores: yo no he cazado nunca; mi padre,
tampoco; tampoco mi abuelo, y mi bisabuelo tampoco. y matarla, y convidaron a grandes partidas de caza a todos los gentiles hombres del lugar.
Este último era hijo de un hombre que cazó más que
Fue en vano. Por más que batieron los bosques
todos vosotros; murió en 1764, os diré cómo.
y
registraron
los matorrales, no lo encontraban nunca.
Se Jla maba Juan; se había casado; era padre del
Mataban lobos; pero no aquel. Y cada noche en que se
niíío que fue mi bisabuelo, y habitaba co11 su hermano
proseguía la batida, el animal, como para vengarse, atamenor, Francisco de Arville, nuestro castillo de Lorena,
caba a algún viajero o devoraba alguna res, siempre leen pleno bosque.
jos del sitio en que lo habían buscado.
Francisco de Arville había permanecido soltero
Una noche, en fin, penetró en los chiqueros del
por amor a la caza. Cazaban ambos, del principio al
castillo
de Arville, y devoró los dos cerdos mejor cefin del año, sin reposo, sin cansancio, sin interrupción.
bados.
No amaban no comprendían otra cosa; no hablaban más
'
Los dos hermanos montaron en cólera, consideque de ello,' y no vivían sino para ello. 'l'ern~n
en .e 1
corazón esta pasión terrible, inexorable. Les 111cend1a- rando tal ataque como una bravata del monstruo, como
una injuria directa, como un desafío. Dispusieron todos
ba, les invadía por completo sin dejar sitio a otra
sus
fuertes perros acostumbrados a seguir la pista de
ninguna.
los
animales
temibles, y se lanzaron a la caza, con el coHabían prohibido que se les molestase durante
razón rebosante en furor.
la caza por ningún motivo. Mi bisabuelo nació mienDesde el alba, hasta la hora en que el sol rojizo
tras su padre perseguía un zorro y Juan de Arville no
desciende tras los grandes árboles desnudos, batieron la
interrumpió su carrera; pero juró: ¡voto al diablo! ¡Ese
bribón deb ería haberse esperado hasta el postrer toque · espesu ra sin encontrar nada.
Al fin, ambos, desolados y furiosos, regresaban
de caza!
con
los
caballos al paso, por un camino bordeado de maSu hermano Francisco parecía más apasionado
lezas, y se asombraban de s u ciencia burlada por aquel
aún que él. Desde que saltaba del lecho iba a ver a los
lobo, asaltados de pronto por una espec ie de misterioso
perros, luego, los caballos, y después tiraba a los pájaros
temor.
al derredor del castillo, mientras era llegada la hora de
El mayor decía:
partir a la persecusión de alguna poderosa bestia.
-Este
animal no es como todos. Se diría que
Se les llamaba en la comarca "el señor Marqués"
piensa
como
un
hombre.
y "el menor;" pues los nobles de entonces no procedían '
El menor replicó:
como los de ahora, nobleza de ocasión que pretende es-Tal ·,ez sería bueno bendecir una bala por
tablecer en los títulos una jerarquía hereditaria; porque
nuestro primo el Obispo, o suplicar a algún sacerdote que
el hijo de un marqués no es un conde, ni el hijo de un
pronuncie las fórmulas necesarias.
vizconde, barón, así como el hijo de un generat no es
Después se· callaron .
coronel de nacimiento. Pero la mezquina vanidad de
Juan
exclamó:
hoy en día se aprovecha de tales arreglos.
-Mira que rojo está el sol. El gran lobo va
Vuelvo a mis antepasados.
a causar una desgracia esta noche.
Eran, según parece, desmesuradamente grandes,
N O había acabado de pronunciar estas palabras,
huesudos, violentos, velludos y vigorosos. El menor,
cuando
su
caballo se encabritó; el de Francisco se puso
más alto aún que su hermano, tenía una voz tan fuerte,
a
dar
coces.
Un ancho zarzal cubierto de hojarasca se
que al decir de una leyenda que le llenaba de orgullo,
ante
ellos,
y un enorme animal, completamente
abrió
todas las hojas del bosque se estremecían cuando gritaba.
Y cuando ambos se aprestaban para partir de gris, surgió de improviso y huyó a través del bosque.
Ambos lanzaron una especie de rugido de gozo¡
cacería, debía ser un soberbio espectáculo ver a los dos

y encorvándose sobre los cuellos de sus robustos corceles, los arrojaron hacia adelante, impulsándolos con todo¡
su cuerpo, excitándolos, arrastrándolos, enloqueciéndolos de tal manera con la voz, con el ademán y con el aci-1
cato, que los fuertes caballeros parecían llevar los pesa-'1
dos animales entre sus piernas, y levantarlos como si
volasen.
Iban así, vientre a tierra, destrozando la espesura, salvando los barrancos, subiendo por las pendientes,
bajando a las gargantas y tocando el cuerno a plenos
pulmones para atraer sus perros y su gente.
Pero ele pronto, en esta carrera loca, mi bisabuelo
chocó contra una rama enorme que le hendió el cráneo,
Y cayó al suelo, muerto instantáneamente, en tanto que
su caballo enloquecido se desbocaba y desaparecía en la
sombra que envolvía los bosques. •
El menor de Arville se d_etuvo en seco, saltó a
tierra, tomó en sus brazos a su hermano, y vió que de
la herida salían los sesos junto con la sangre.
Entonces se sentó junto al cadáver, puso sobre
sus rodillas la cabeza desfigurada y roja, y permaneció
contemplando el semblante inmóvil del primogénito.
Pero a poco le invadió el miedo, un miedo singular nunca sentido: el miedo de la sombra, el miedo de
la soledad, el miedo de la selva desierta, y el miedo también del lobo fantástico que acababa de matar a su "hermano para vengarse de ellos.
Las tinieblas crecían; el frío agudo hacía crujir
los árboles. Francisco se levantó estremecido, incapaz
de quedarse allí más tiempo, y sintiéndose casi desfallecer. Nada se oía ya: ni los ladridos de la jauría, ni el
sonido del cuerno; todo estaba mudo en el espacio invisible, y aquel triste stlencio de la noche helada tenía algo
de extraño y de espantable.
Cogió con sus manos de coloso el grande cuerpo
de Juan; lo levantó y lo colocó sobre la silla para llevarlo al ca-stillo; después se puso en marcha lentamente
perseguido por imágenes horribles y asombrosas.
'

Y bruscamente, e~1 el sendero que invadía la noche, una gran forma pasó. Era la fiera.
Una sacudida de espanto agitó al cazador; alguna cosa fría como una gota de agua le corríó a lo largo
de la espalda, Y, como un monje tentado por el diablo,
hizo el signo de la cruz, aterrado por el repentino regreso
del horroroso vagabundo.
Pero sus ojos volvieron a mirar el cuerpo inerte
atravesado delante de él, y de pronto, pasando bruscamente del temor a la cólera, tembló con rabia desordenada. · Entonces espoleó a su caballo y se lanzó tras el
lobo.
Lo seguía por los taludes, por los barrancos, por
los montes, atravesando bosquP.s que ya no conocía, con
la mirada fija CM la mancha blanca que huía en la noche
descendida sob re la tierra.
Su caballo parecía animado también de alguna
fuerza y de algún ardor desconocidos. Iba al galope,
con el cuello tendido, y la cabeza o los pies del muerto,

atravesado sobre la silla, chocaban contra los árboles y
contra las rocas. Las zarzas le arrancaban los cabellos;
la frente, al pegar contra los troncos enormes, los salpicaba de sangre, y las espuelas desgarraban g irones de
corteza.
Y de pronto, animal y caballo salieron de la selva y se precipitaron en un pequeño valle, en el instante
én que la luna aparecía detrás de las montañas. Aquel
valle era pedregoso, cerrado por rocas enormes, sin salida
posible: el lobo, acorralado, se volv ió.
Fra"ncisco lanzó entonces un alarido ele gozo que
repitieron los ecos como el rodar de un trueno, y saltó
del caballo, empuñando su cuchillo.
La fiera, erizada, con el lomo encorYado, lo esperaba; sus ojos lucían como dos estrellas. Pero antes de
librar batalla, el fuerte cazador, cogió a su hermano, lo
sentó sobre una roca; y sosteniendo con piedras su cabeza, que no era ya más que una mancha de sangre, le
gritó en los oídos, como si hubiese hablado a un sordo :
"¡ :Mira, Juan, mira ésto!"
Después se arrojó sobre el monstruo. Se sentía
bastante fuerte para derribar una montaña, para pulverizar piedras entre las manos. La fiera quiso morderlo,
tratando de alcanzarle el vientre; pero él lo había cogido
por el cuello, sin utilizar siquiera su arma, y Jo estrangulaba dulcemente, oyendo detenerse el aliento en su garganta y los latidos de su corazón. Y reía, gozando inmensamente, estrechando más y más su apretón formidable, gritando en su delirio de gozo: "¡Mira, Juan,
mira!" Cesó toda resistencia; el cuerpo del lobo se aflojó. Estaba muerto.
Francisco, entonces, tomándolo en brazos, fue a
arrojarlo a los· pies del primogénito, repitiendo con voz
enternecida: "¡Toma, toma, toma, Juanito; aquí está!"
Entró en el castillo, riendo y llorando, como
Gargantúa, cuando nació Pantagruel; lanzando gritos de
triunfo y saltando de alegría al referir la muerte del
animal, y mesándose los cabellos al contar la de su
hermano.
Y a menudo, más tarde, cuando tornaba a hablar
de aquel día, exclamaba, con las lágrimas en los ojos:
'·¡ Si el pobre de Juan hubiese podido siquiera verme estrangular al otro, habría muerto contento, estoy seguro!"
La viuda de mi antecesor inspiró a su hijo huérfano, el horror a la caza, que ha venido transmitiéndose
de padres a hijos hasta mí.
Callóse el Marqués ele Arville. Alguien preguntó:
-Esa historia es una leyenda, ¿verdad?
Y el narrador repuso:
-Os aseguro que es veríd ica desde el principio
hasta el fin.
Entonces dijo una mujer, con vocecita suave:
-Da igual; pero es hermoso tener pasiones semejantes.
En Pasadena, California.-Abril Je 1916.

�Sonetos Galantes

TOPICOS DEL DIA
Don Venustiano Carranza ha promulgado un decreto, con el objeto de dejar establecida una Escuela Nacional de Veterinaria.
Antaño, los estudios de médico veterinario se hacían en la Escuela Nacional de Agricultura; pé'ro no obstante que se han destruído las mejores caballadas de la
RepúJ:,lica, la gran demanda de veterinarios, ha reclamado a grandes gritos, el establecimiento de la nueva escuela.
La causa es muy sencilla. Los carrancistas que en
fermaban, traían a su cabecera un Médico titulado de la
Universidad Nacional, y su pericia y su ciencia eran ineficaces para devolver la salud. José Terrés, Fernando
Zárraga, Eduardo Liceaga y tantos otros, ~e eran tan
aptos en remotos tiempos, veían estrellarse toda su sabiduría, enfrente de un enfermo carrancista.
Una vez se quejaba un soldado de Don Venustiano
de que ni Silva ni Caraza-esp~ialistas en enfermedades
de la nariz-podían curarle un catarro. Lo oyó un colega y le dijo: llama a un veterinario e inmediatamente
te sanará. Yo tarÍ1bién estuve malísimo, y fue inútil todo remedio que me recetaron los médicos ; en cambio, tan
pronto como me atendió un veterinario, sané como por
un milagro.
Y efectivamente, aquel carranclán obedeció el consejo y obtuvo su perdida salud. El éxito de los veterinarios se hizo público, y desde entonces hubo tal demanda, que no se daban abasto para servir a1 ejército preconstitucionalista. Y hubo· necesidad de crear la Escuela
de referencia.
Las fiestas organizadas el último &lt;loniingo en honor del Primer Jefe, resultaron lucidísimas.
El número principal, fueron unos juegos de luces
para "simular el incendio del heroico castillo de Chapultepec" (palabras textuales de un diario carranclá11.)
Ya está visto que los soldados de don Venustiano,
solamente se divierten simulando incendios.
Después de todo están en su papel.

** *
periódico que nos

E l mismo
comunica la noticia
de la simulación del incendio, nos da cuenta de una función teatral en honor del Primer Jefe, en la cual se pondrá en escena "Baile de Máscaras" de Verdi.
Aunque Carranza habría preferido ver "Traidor, inconfeso y mártir'' de Zorrilla, por aquello de la traición,
siempre fue oportuno escoger algo referente a la mascarada que representan los preconstitucionalistas.

***

Ha empezado a circular el rumor de que Venustiano Carranza y Alvaro Obregón sufrieron un disgusto,
en el cual casi llegaron a las manos.
Aunque la noticia no ha sido confirmada, bueno
es li garla con el último movimiento ·revolucionario de
.Antonio Villarreal-obregonista- y con el disgusto que
tuvieron el Primer J efe y su Ministro de la Guerraque mucha guerra le está dando en Torreón. Así se
comprenderá que el choque actual, ya tiene sus antecedentes, y que lo extraordinario es que se haya retardado
tanto.
Ahora lo que deben tener presente los carranclanes,
es que cuando se rompe un tubo, todas las soldaduras
resultan defectuosas. Madero y Orozco riñeron en Ciudad Juárez, y aunque después se reconciliaron, volvieron
pronto a dividirse. Carranza y Villa, también riñeron

desde Mayo de 19141 y aunque luego hubo ternuras, perdones, olvidos,y hasta banda azul de divisionario, pronto
resucitó la pugna y se tradujo en crisis. Hoy, se
han disgustado Carranza y Obregón; probablemente
se reconcilian; pero, pero ....... sucederá lo de siempre.
Venustiano, Venustiano ...... "el momento oportuno" de que hablaba Obregón está muy próximo.

***

La moneda constitucionalista bajó hace dos semanas hasta el grado de cambiar cincuenta y siete pesos por
dallar. Entonces, el "de facto" tuvo la luminosa ocurrencia de hacerla subir comprando papel, con giros sobre Nueva York.
Y empezaron su labor hacendaría. Pero sucedió
que los únicos que se beneficiaron en las mismas operaciones, fueron los propios carrancistas que monopolizaron todos los giros puestos a la venta. Luis Cabrera, indignado público unas declaraciones, llamando "convenencieros y "defraudadores" a los héroes de la causa.
Y la moneda que subió artificialmente al valor de cuatro
centavos, volvió a bajar a cincuenta y siete por uno, como hace dos semanas.
El esfuerzo financiero sirvió únicamente para que
los carrancistas quedasen, por declaración oficial de ellos
mismos en calidad de inmorales y explotadores."

** *

El General Scott ha llegado a San Antonio, con el
objeto de conferenciar con su compañero de armas el
General Funston, sobre la continuación o fin de la llamada expedición punitiva.
Es extraño que para adoptar m1a línea de conducta
se haga un viaje especial de la metrópoli norteamericana
a esta ciudad; pero una vez hecho, lo prudente sería que
tanto el General Scott como el General Funston, aconsejasen-como lo aconseja el ex-Presidente Taft,-ponerle. fin a esta expedición que ni ha capturado ni capturará
al bandolero Villa.
La expedición, según declaraciones oficiales, no fue
hecha en contra de México. Pero si nó hay intención de
ofender a nuestro pueblo, resulta ocioso continuar, en
una empresa que rechazan unánimamente los elementos
de todos los bandos.
Porfiristas, huertistas, reyistas, felicistas, maderistas, revolucioharios, reaccionarios: todos están de acuerdo en que los americanos deben retirarse. Y si bien es
cierto que Carranza otorgó el permiso, que abrió las
puertas de la Patria a los ejércitos extraitos, hay que tener presente, que ya sus subordinados lo obligaron a retractarse, y a solicitar la anhelada evacuación.

** *

El erudito historiógrafo don I gnacio B. del Castillo,
escribe desde una revista metropolitana, un sugestivo artículo Íntitulado: "Cómo s¡lió don Quijote de Méx'ico."
Se refiere al robo de que fue víctima don Alfredo Cha-·
vero, del único ejemplar original de la primera edición
del libro inmortal de Cervantes.
Sin embargo, el título sugestivo del artículo de Castillo, nos hace pensar en la verdadera salida del Quijote,
cuando abandonaron el suelo mexicano, la dignidad, el
decoro y el honor. Eso fue el 21 de Abril de 1914. Entonces sí que el ingenioso hidalgo abandonó nuestra tierra,
entregada después a la furia de pecheros y villanos.
Pero bien pueden temblar los follones, porque don
Quijote está próximo a retornar.

A una Rubia

Perfil

Tisúes y satines soberanos
Se unen para formar tu blondo pelo,
Y se antoja de suave terciopelo,
Según es fino, el dorso de tus manos.

Tienes el porte altivo de una infanta,
Irónico tu labio, tu cabeza
N urnismática indica tu nobleza
Y es de pulido mármol tu garganta.

Tus pestañas hilaron los gusanos
De seda, con solícito desvelo,
Y son tus ojos zarcos como el cielo,
Cual los montes cerúleos y lejanos.

Y tamaño prestigio, pompa tanta
Los escondes en claustro de tristeza
Y posees la gracia y la belleza
Y no quieres vasallos a tu planta.

La inefable sonrisa de Gioconda
Se dibuja en tu labio, hay una honda
Dulzura en tus pupilas nazarenas,

Hecha para reinar, vives reclusa,
Tu orgullo a los requiebros se rehusa,
Y si algún atrevido te corteja,

Finge un toque de luz tu ceja flava
Y siendo del país de las morenas
Pareces una diosa escandinava.

Esgrimes tu pupila fulgurante
Bajo el arco tupido de tu ceja,
Y nublas tu borbónico semblante.

De Goya

·A una Pálida

Tú debes ser, morena, de Sevilla,
Bailar jotas al ritmo del pandero,
Y ser la maja novia de un torero
Que busque en el tendido tu mantilla.

Hada de los glaciares, tu divina
Palidez la robaste a los luceros,
Y son árticas noches tus severos
Ojos que la ternura no ilumina.

Debes mojar en rubia manzanilla
Tu labio mentiroso y hechicero,
Y hacer ostentación de tu salero
Entonando la alegre seguidilla.

Si alguien a conquistarte se encamina,
Lo asaltan tus desdenes, cual los fieros
Osos a los impávidos viajeros
Que marchan por la estepa cristalina.

Debes oír, si sales a tu reja,
El son de la guitarra que se queja
De desdén en idioma de sollozos,

Y lo mismo que el polo, es un arcano
Tu frío corazón que late en vano,
Pues quien sintiendo afanes amorosos

Y terciado el mantón crujiente y rico,
Pasar sobre las capas que los mozos
Extienden a tus pies, en abanico.

A marchar por tus témpanos se atreve,
O muere devorado por los osos
O espira sepultado entre la nieve.

Los Corales

En el Baile

Caprichos de la moda, amantes dones,
Rojos mirtos o rosas delicadas,
Ora adornan orejas nacaradas.
Ora cuellos que envidian los pichones.

Te arrastraba en el cauce desbordado
Del baile, desafiando la fatiga,
Y sentía en mis sienes una espiga
Suelta de tu magníf1co tocado.

.

Ya sus granos alínean en rengl.pnes
Produciendo sonrojo a las granadas,
.
Ya en ro sanos de cuentas sonrosadas
Que' sostienen suntuosos medallones.

Al cruzar
Nuestros ojos,
Y como el ave
Yo estaba por

Yacen en las honduras submarinas
Para gala de senos estelares,
Y son sangre que vierten las ondinas

Tus senos eran ánfora de aromas,
Y al sellar su contorno venusino
Empapó de carmín tus ricas pomas

Al herirse en las rocas de los mares,
Formando brazaletes y collares
Con sus hilos de gotas purpurinas.

El golpe de mi beso repentino,
Como mancha el plumón de las palomas
El plomo sanguinario y asesino.
Efrén REBOLLEDO

su destello electrizado
tramaban una intriga,
incauta por la liga
tu hechizo aprisionado.

�J

Deuda de Gloria
El joven literato don David Alberto Cosía, acaba
de presentar en la ciudad de 1.fonterrey una comedia intitulada "Deuda de Gloria" que fue recibida por el público con aplauso franco y sincero.
La obra de Cosía, se, resiente de algunos defectos;
pero denuncia un decidido temperamento y una gran
facilidad de diálogo, que al p.::rfeccionarsc, puede producir opimos frutos para nuestra literatura dramática.

:N" osotros reóroducimos con todo gusto, el siguiente diálogo de "Deuda de Gloria" y deseamos que el joven
autor mire en su primer éxito, el principio de una serie
larguísima de pugnas, muchísimo más encarnizadas de
las que hasta hoy lo han conmovido. El primer éxito no
es sino la clarinada inicial de un gran combate. Esperamos que él tenga la suficiente voluntad para seguir ad~lante, hasta obtener en cortos y felices años, una definitiva consagración.

***
Formoso se dispone a salir, en los momentos
en que Gustavo Borda aparece por la izquierda. Llega éste un poco nervioso y casi tropieza con el Capitán, quien al reconocerlo, le
hace una cortesía.
Gustavo.-Don Lauro del Campo ...... .
Formoso.-(Con exagerada ·galantería) . Su hija, caballero ..... .
Gustavo.-Gracias. (A Formoso).
Rosa Carmen.-¡ Gustavo! ...... (Trémula).
Formoso.-Aquí estorbo ... ( Retirándose por la izquierda)
Gustavo.-Rosa Carmen ..... ¿quien es ese?
Rosa Carmen.-El Comandante de la guarnición. ¡ U n pobre hombre!. . . .
Gustavo.-Lo parece ... pero ... don Lauro ¿ está, aquí? ...
Rosa Carmen.-¿ Se atreve Ud .... Gustavo? ....
Gustavo.-Perdóneme, Rosa Carmen, tengo que hacerlo;
por eso me atreví a llegar hasta aquí, así, sin más
preámbulos ....
Rosa Carmen.-¿Luego insiste Ud. en ver a mi padre? ..
Gustavo.-Tal como se lo dije antes cuando salía de la
parroquia, en aquel lugar apartado que nunca olvidaré ...
Rosa Carmen.-Aun estoy nerviosa, aun tiemblo, Gustavo; temo que el cochero haya maliciado algo ....
Gustavo.-Eso corre de mi cuenta.
Rosa Carmen.-¿ Qué va 'Cd. a hacer? .....
Gustavo.-Lo compraré.
Rosa Carmen.-Aquí, en el campo, 119 se compra a nadie,
Gustavo; en la ciudad, todos se venden: los criados
y los amos; pero, aquí no sucede lo mismo; ese
hombre que ama y respeta a mi padre, no se venderá; además. esto tiene que saberse, s i Ud. insiste
en hablar con mi padre .....
Gustavo.-;-Ilablaré, sí, Rosa Carmen, hablaré. ¿ Qué no
ve "C"d. que en esa entrevista se halla interesado el
nombre de Lauro, y no sólo eso, sino que dejaré
satisfecha la última voluntad de mi padre? ....
Rosa Carmen.-¡ Cómo! ¿ Viene Ud. por mandato de su
padre'. . . . ¡Esa entrevista es peligrosa. Gustavo!
Bien sabe Ud. el origen ele las desavenencias de
don Joaquín Borda con mi padre; bien sabe que
éste se niega a tratar asuntos que le son bien dolorosos ....•

Gustavo.-Dolorosos y todo. son necesarios ... necesarios
para él; necesarios para nosotros ....
Rosa Carmen.-Vamos. Gustavo, convénzase Ud., al fin,
de que todo entre nosotros se hace imposible. El
destino implacable y caprichoso, se opone a todo.
El pasado indestructible y amenazante, es una injuria a nuestras esperanzas; ni yo ni Ud., tenemos
la fuerza para destruirlo.
Gustavo.-¿ Porqué nó? .....
Rosa Carmen.-¿ Qué es lo que pretende lid? ¿ co1wencer a mi padre de que nuestro enlace es factible?·
Eso nó.
Kecesitaba Ud. convencerme primero.
¡Bah! Todo pasó. ¡Locuras de colegiales! Ni U d ..
ni yo. nos detuvimos a profundizar un poco nuestros corazones, y .sobre todo, nuestras conciencias ..
y algo más viejo y más hondo .... nuestra historia!
Gusta vo.-El amor no profundiza, eleva!
Rosa Carmen.-Y ¿aquello, Ud. cree que fue amor? ... .
Gustavo.-Amor pasional, nó; honda simpatía, tal vez .. .
Rosa Carmen.-Y ..... es curioso ..... a pesar de todo se
acabó ..... .
Gustavo.--.:.Ud. es la misma, y parece otra, Rosa Carmen.
Rosa Carmen.-No; soy otra, y parezco la misma, Gustavo.
Gustavo.-¿Qué quiere Ud. decir? .....
Rosa Carmen.-Que de aquellos días en que Ud. rondaba mi colegio, con el libro bajo el brazo, a estos en
que se atreve Ud. a venir hasta la casa de mi padre,
han caído ocho largos inviernos, en los que, como
en todos éstos, el frío marchita flores que en nosotros fueron ensueiíos; espolvorea nieve que es des·
encanto; tiende tupidos neblinales que e~ olvido ... ,
La vé Ud., ya vé l;d. como soy la misma colegiala,
romántica y soiíadora ... y sin embargo ... ¡ soy otra!
Gustavo.-Ya lo veo, ya veo que es Ud. la misma de
entonces .... la misma desdeñosa de siempre! Para
Ud. fué en los últimos ocho años, frío de nieve,
desencanto y olvido, lo que fuera para mí, ansie. dad, esperanza y memoria viva! .....
Rosa Carmen.-¡ Bah! Déjese Ud. ya de eso, Gustavo.
Vuélvase a la capital, en donde su público lo espera y lo ama.
Gustavo.-Es cierto; allá, donde me esperan y me aman,
que aquí .....
Rosa Carmen.-¡ Qué sabe Ud. Gustavo! (Cariñosa, convenciéndolo). Ande, váyase a su teatro .... a vivir
todas las noches un nuevo drama; a llorar lágrimas
fingidas; a estrujarse de amor o de rabia, cada día
en nuevos brazos; a violentar el gesto; a retorcer
el sentimiento; a falsear la voz; a fing:ir el ademán;
a hartarse de aplausos y de gloria, que no está bien
que se robe a sus amigos y a sus triunfos, para venir a enamorar a una lugareiía, sin méritos Y sin
nombre .....
Gustavo.- ¡Sin nou1bre! Y ¿el limpio nombre de su
familia? Y ¿ el nombre glorioso de su padre? .....
Rosa Carmen.-(Con marcada tristeza). Su padre de
Ud. se encargó de destruirlo.
Gustavo.- Aunque así fuera; aquí estoy para reivindicarlo.
Rosa aCrmen.-¿ Reivindicarlo? ¡ Qué locura! ....
Gustavo.-A eso vengo.
Rosa Carmen.- ¿ Qué dice Ud? .....
Gustavo.- Que a pagar a don Lauro su deuda de gloria
he venido.
Rosa Carmen.-No le entiendo a Ud., Gustavo.

Gustavo.-Pronto me entenderá Ud., cuando hable con
don Lauro; y, más todavía: me amará Vd., Rosa
Carmen; pero no, me confesará que me ama, porque
Ud. me quiere; Ud., como yo, en los aiíos de apartamiento de nuestras almas, y a pesar de este falso
desamor con que me trata, ha pensado mucho en
mí; ha llorado mucho ..... .
Rosa Carmen.-¿ Pensar en Ud? .... ¡ Tal vez 1.... A veces
se piensa sin querer. ,¡ Llorár? .... Eso, nó. Yo fuí
dichosa en mi colegio; lo soy en la casa de mi padre. Hace mucho que no lloro; desde que mi padre murió .... ¡ cómo lo recuerdo! Ud., Gustavo, tuvo
entonces la atención de escribirme, consolándome ..
¡ cuánto se lo agradezco 1...••
Gustavo.-¿ Lo :e cuerda Ud? ....
Rosa Carmen.-¡ Cómo nó! Escribe l'd. tan bien, que
no se acierta a saber si es Ud. más actor que literato.
Gustavo.-Es que ~l lenguaje del amor, siempre es bello!
Rosa Carmen.-Es que Ud. no hablaba de amor, sino &lt;le
dolor ..... .
Gustavo.-Es lo mismo. ¡ Amor y dolor! Inquietud,
locura, divina locura! (Arrebatadamente).
Rosa Carmen.-Vamos, Gustavo, que se olvida Ud. de la
casa de don Lauro del Campo, para acordarse de su
teatro en México. Tenga Ud. pr esente que es a Rosa Carmen a quien habla, y para ella no hay que
violentar el gesto, ni retorcer el sentimiento, ni falsear la voz, ni fingir el ademán ....
Gustavo.-Es cierto. Para Rosa Carmen, no debe ser la
frase declamada, ni el rebuscado concepto; para ella
es el corazón ardoroso y palpitante; es el alma que
fluye en los ojos y la palabra; es el sentimiento hondo y virtual; es algo inefablP; algo superior; algo
que ..... .
Rosa Carmen.-Algo que muy pa, ecido a todo eso que
Ud. ahora dice, le juraba a la primera actriz el día
de su beneficio. Lo ví a Ud., y Ud. no lo sabía.
iMs primas se- empeiíaron en que fuera con ellas a
su palco, una noche antes de venir a esta quinta, y,
yo, con temor y con ansia ¡ah, si mi padre lo supiera! lo ví a Ud. en aquela obra y me convencí de
cuán grande es Ud. en la escena, y desde entonces,
aunque es cierto que pienso más en Ud., deseo más
olvidarle! .....
Gustavo.-(Enloquecido ).-¿ Porqué, Rosa Carmen? ..... .
Rosa Carmen.-Por un escrúpulo de buena aficionada, de'-Ota del arte y la belleza! .... ,
Gustavo.-¿ Cuál es? .....
Rosa Carmen.-El de que hacerlo mío, sería robarlo a
su arte y su gloria; y yo soy intransigente; yo soy
muy celosa ..... Sentiría envidia de los brazos extraiíos que lo sujetara.n con cariiío; de los ojos que
lo envolvieron en ondas de pasión y ternura; de
las alabanzas de las mujeres; del aleteo de los aplausos; y sin embargo, en aquella noche: ¡ qué inquietud y qué zozobras, y entre todo eso, ¡qué felicidad!
11is primas se daban cuenta de mi locura: mis ojos,
mis manos, mi corazón, el temblor de mi cuerpo,
me denunciaba .... ¡ Ah, pero era yo tan dichósa y
a la vez sufría tanto! .... Pero ¿ sabía Ud. eso? ....
¿ Le interesa, acaso, sabe rlo ?
Gustavo.- (Con locura). ¿ Es cierto, Rosa Carmen? ....
sufría Ud? ... . ¿ era Ud. dichosa? ... Hábleme así, co-

~·

~

-

mo antes. Sea Vd. buena conmigo; no me martirize ..... .
Rosa Carmen.-Parece que lo he conmovido. Si yo también, como Ud., tuviera el don de conmover los corazones; de estrujar los espíritus ... . . Eso me disgusta, eso es abusar de la fuerza, eso es cobardía ...
Gustavo.-(Suplicante). Rosa Carmen .....
Rosa Carmen.-(Exaltada). Sí, y puesto que Ud. y yo
somos iguales, y nuestras armas las mismas, a la lucha si Ud. quiere; a la muerte, vamos. si Vd. no la
teme; venga Ud. a rendirme con sus ternuras, con
sus maldades, con el encanto de su nombre y de su
gloria, que aquí estoy para defenderme con ..... .
Gustavo.-¿ Cón qué?
Rosa Carmen.-Con mis desdenes, con el odio de 1111 padre para su e 0mbre ..... .
Gustavo.-(Consternado ). ¿ Qué dice Ud? .....
Rosa Can11en.-Sí, Gustavo; mi sangre se rehusa, se rebela, entre sus ondas ahoga mi carif10. Vd. sabe
que entre mi padre y el st.yo, hubo algo tenebroso,
algo inexplicable, acaso, siempre, para nosotros ....
Gusta vo.-Lo sé tocio. y a pesar de eso, Rosa Carmcu:
la convenceré a mi cariño; l'd. lo verá ..... .
Rosa Carmen.-Xunca. El amor a mi padre está por
encima de todo, y, basta, Gustavo .... aléjese Ud.
pronto que mi padre vendrá; váyase que esa entrevista, puede costarle a mi padre, la vida!
Gustavo.-También "C"d. me la quita, y yo me resigno .. .
No, Rosa Carmen: don Lauro me escuchará; hablaré al hombre, al triunfador de antaiío, al fracasado de
ahora .....
Entran rápidamente don Lauro y don Casimiro,
Rosa Carmen se hallará a la derecha y Gustavo a
la izquierda; don Lauro se adelanta a las primeras
palabrás y se coloca en medio de los dos. Don
Casimiro se sitúa a la derecha de Rosa Carmen.
La escena se desa rrolla violentamente.
Don Lauro.-(1Iuy agitado). ¿Quién se atreve a hablar
así? .....
Don Casimiro.-(~Iuy sorprendido, reconociendo al actor)
¡ Gustavo Borda!
(Gustavo y Rosa Carmen, hállanse abatidos).
Don Lauro.-(fucra de sí). ¿Qué has dicho? ...... ¿El
hijo oc Joaquín Borda, el impo~tor? ..... .
Gusta,,o.-(Herido profundamente en su corazón). Don
Lauro, respete Ud. el nombre de un muerto ....
Don Lauro.-El no supo respetar el nombre de un Yivo.
Pero. ¿qué quiere. Ud. aquí? .... Y tú, Rosa Carmen,
¿ que hablabas con este hombre? .... ¡ Salga lJd. de
mi casa! ..... .
Gustavo.-¡Don Lauro! ..... .
Rosa Carmen.-(lnterpónese entre su padre y Gustavo,
cuando aquel quiere lanzarse sobre éste) . Nó, padre mío ...... .
Don Lauro.-(Sorprendido). ¿Qué? ..... .
Rosa Carmen.-(Con firmeza). ¡ Que Gustavo no sale!..
Don· Lauro.-¿ Porqué?
Rosa Carmen.- (Con mucha intensidad). ¡ Porque no
quiero!
(Don Casimiro queda atónito, con templando la
escena).
El telón cae lentamente.

�i:;;:--- . -

Bellezas Infantiles
3ª Epístola a Don Venus
Inapreciable barbón:
en forma llana y sincera
te dirijo mi tercera
con toda mi estimación,
apelando a tu razón
clara de "jefe primero"
y así del patrio hormiguero
hablarte sin vacilar:
s i lo miras respingar ....
no le avientes el sombrero.

***
A pesar del servilismo
que con Wilson has usado,
este hombre no se ha dignado
apartarte del abismo;
ha explotado tu cinismo,
pero en más de alguna homilia
le ha dicho a la gran fa~ilia
de aquí, que grite y se crezca,
que si es muy rica la pesca
hay que comer de vigilia ....

***
Has usado grandes timos
para el pueblo mexicano,
sólo por besar la mano
con que te apoyan "los "primos."
Pero los que claro vimos
negamos tu pundonor,
pues sabemos que tu ardor
no persigue noble fin.
Te conozco, chapulín,
no más en lo brincador.

Niños Humberto y Gastón Martínez Argüelles
de C. Victoria, Tamaulipas actualmente radicados en Brownsville, Tex.

***
Los mandatarios de acá
te ven como a un infeliz;
más tú te sientes feliz
con que te llamen "papá"
los que te aclaman allá
hombre ~e orden y de ley.
Es digna de tí la grey
de mandrias y de borregos:
"en la tierra de los ciegos
el que tiene un ojo es rey."

A los rateros de ayer
has hecho "divisionarios"
y dos o tres perdularios
te ayudan en "el poder."
La cosa así debió ser,
.sin duda, por sus dos flancos:
cuando todos están mancos
no hay miedo del escabeche;
cuando la mar está en leche
los pescados salen blancos.

***
Qué bien quisieras, traidor,
que el actual orden de enga:i.os
pudiera durar los años
que tú fuiste Senador.
Pero los hombres de honor
no se encuentran ya muy lejos ;
y cuando como conejos
escapen tus anarquistas,
de los "con-sus uñas-listas"
no han de quedar ni pellejos ....

***
La patria llora y se agita,
pide progreso y trabajo;
y tú, vil escarabajo,
le das robo y dinamita.
Mas ya sabe, pobrecita,
que solloza sin motivo,
e¡ue a11:ique I¡¡ hiere en lo vivo
no durará su querella,
que eres poco para ella ... .
Peiate, barbas de chivo ... .

***
No ha de cesar el tezón
del gran elemento honrado,
hasta que tú seas colgado
como premio a tu traición.
Te estás hundieudo, barbón,
¿ no te has dado cuenta de ello?
\t :.n a cortarte e l resuello
(sin que ni poco se pierda)
¡ Lo sentiré por la cuerda,
que se deshonre en tu cuello!

QUASIMODO.

,

�ESTROFAS

Por Gaspar
N úñez de Arce

Reproducimos este anatema fulminador en contra de la demagogia, por
ser de admirable aplicación en nuestra Patria. ·
VIII
LA Generosa musa de Quevedo
desbordóse una vez 'como un torrente
y exclamó llena de viril denuedo:
"No he de callar, por más que con el ded
ya tocando los labios, ya la frente,
silencio avises o amenace~ miedo."

II
Y al estampar sobre la herida abierta
'!l hierro de su cólera encendido,
tembló la concusión que siempre alerta,
incansable y voraz, labra su nido,
como gusano ruin en carne muerta,
en todo Estado exánime y podrido.

III
Arranque de dolor, de ese profundo
dolor que se concentra en el misterio
y huye amargado del rumor del mundo,
fue su sangrienta sátira, cauterio
que aplicó sollozando al patrio imperio,
mísero, gangrenado y moribundo.

IV
¡Ah I si hoy puúÍ::ra resonar la lira
que con Quevedo descendió a la tumba,
en medio de esta universal mentira,
de este viento de escándalo que zumba,
de este fétido hedor que se respira,
de esta España moral que se derrumba;

V
De la viva y creciente incertidumbre
que en lucha estéril nuestra fuerza agota;
del huracán de sangre que alborota
el mar de la revuelta muchedumbre;
de la insaciable y honda podredumbre;
que el rostro y la. conciencia nos azota;

VI
De este horror, de este ciego desvarío
que cubre nuestras almas con un velo,
como el sepulcro, impenetrable y frío;
de este insensato pensamiento impío
que destituye a Dios, despuebla el cielo
y precipita el mundo en el vacío;

VII
Si en medio de esta borrascosa orgía
que infunde repugnancia al par que aterra,
esa lira estallara ¿ qué sería?
Grito de indÍgnación, canto de guerra,
que en las entrañas mismas de la tierr1
la muerta humanidad conmovería.

Mas ¿ porque el gran satírico no aliente
ha de haber quien contemple y autorice
tanta degradación, indiferente?
"¿No ha de haber un espíritu valient!!?
¿ Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¡Nunca se ha de decir lo que se siente?

IX
¡ Cuántos sueños de gloria evaporados
como las leves gotas de rocío
•
que apenas mojan los sedientos prados!
¡ Cuánta ilusión perdida en el vacío,
y cuántos corazones anegados
n la amarga corriente del hastío I

X
No es la revolución raudal de pi.ata
que fertiliza la extend ida vega:
es sorda inundación que se desata.
No es viva luz que se difunde grata,
sino confuso resplandor que ciega
y tormentoso vértigo que mata.

XI
Al menos en el siglo desdichado
que aquel ilustre y vigoroso vate
con el rayo marcó de su censura,
podía el corazón atribulado
salir ileso del mortal combate
en alas de la fe radiante y pma.

XII
Y aparta'n do la vista de aquel cieno
social , de aquellos fétidos despojos,
de aquel lúbrico y torpe desenfreno,
fijar llorando los ardientes ojos
en ese cielo azul, limpio y sereno,
de santa paz y de esperanza lleno.

XIII
Pero ho}' ¿dónde mirar? Un golpe mismc
hiere al César y a Dios. Sorda carcoma
prepara el misterioso cataclismo,
y como en tiempo de la antigua Roma,
todo cruje, vacila y se desploma
en el cielo, en la tierra, en el abismo.

XIV
Perdida en tanta soledad la calma,
de noche eterna el corazón cubierto,
la gloria muda, desolada el alma,
en este pavoroso desconcierto
se eleva la Razón , como la palma
que· crece triste y sola en el desierto.

XV
¡ Triste y sola, es verdad! Dónde hay miserí.1
mayor? ¿ Dónde más rudo desconsuelo?'
¿ De que la sirve desgarrar el velo
que envuelve y cubre la vivaz materia,
Y con profundo, inextinguible anhelo
sondar la tierra, escudriñar el cielo;

XXII
¿ Quién podrá detenerle en su carrera:
¿ Quién templar los impulsos de la fiera

y loca multitud enardecida,
que principia a dudar y ya no espera
hallar en otra luminosa ~sfera,
bálsamo a los dolores de esta vida?

XVI
Entregarse a merced del torbel,,no
l.a aqueja
el secreto inquirir de su destino,
si a cada paso que adelanta deja
su fe inmortal, como el vellón la oveja,
enredada en las zarzas del cam ino ?
Y en la duda incesante que

XXIII
Como Cristo en la cúspide del monte,
rotas ya sus mortales ligaduras,
mira doqu ier co n ojos espantados,
por toda la extensión del horizonte
dilatarse a sus pies vastas llanuras,
ricas ciudades, fé:·tiles collados.

XVII

XXIV

•
¿ Si a su culpada humillación se adhiere
con la constancia infame del beodo,
que goza en su abyección, y en ella muere?
¿ Si ciega, y torp.e, y degradada en todo
desconoce su ongen, y prefiere
-'
a descender de Dios, surgir del lodo?

XVIII
¡ Libertad, libertad! No eres aquella
virgen, de blanca túnica ceñida,
que v1 en mis sueños pudibunda y bella.
No eres, no, la deidad esclarecida
que alumbra con su lu z, como una estrella,
los oscuros abismos de la vida.

XIX
No eres la fuente de perenne gloria
que dignifica el corazón humano
y engrandece esta vida transitoria.
No el ángel vengador que con su mano
imprime en las espaldas del tirano
el hierro enrojecido de la historia.

XX
No eres la vaga aparición que sigo
c?n hond o afán desde mi edad primera,
sin alcanzarla nunca.. . . Mas ¿ qué digo¡
No eres la libertad, disfraces fuera
¡ li ce ncia desgreñada, vil ramera '
del motín, te conozco y te maldigo!

XXI
¡Ah! No es extraño que sin luz ni guía,
los humanos instintos se desbord en
con el rugido del volcán que estalla.
y en med io del tumulto y la anarquía,
como corcel indomito e l desorden
no respete ni látigo ni valla.

Y excitando su afán calenturiento
tanta grandeza y tanto poderío
de la codicia el persuasivo acento
gritale audaz:- ¡ El cielo está vacío!
¿A quién tem er?- Y ronca y sin aliento
'a muchedumbre grita :- ¡ Todo es mío!-

•

XXV

Y--en el tumulto su puñal afila,
y la enconada cólera que encierra
enturbia y enardece su pupila,
y ensordeciendo el aire en són de guerra
hace temblar bajo sus pies la tierra,
como las hordas bárbaras de Atila.

XXVI
No espereis que esa turba alborotada
infunda nueva sangre generosa
en las venas de Europa desmayada;
ni que termine s u fatal jornada,
sobre el ara desierta y polvorosa
otro Dios levanfan&lt;lo con su espada.

XXVII
No espereis, no, que la confusa pl&lt;&gt;be,
como santo depósito eri su pecho
nobles instintos y virtudes lleve.
Hallará el mundo a su codicia estrecho,
que es la fuerza, es el número, es el hecho
bn,tal ¡es la materia que se mueve !

XXVIII
Y buscará la libertad en vano:
que no arraiga en los crímenes la idea,
ni entre las olas fructifica el grano.
Su castigo en sus iras centellea
pronto a estallar; que el rayo y el tirann
hermanos son. ¡ La tempestad 1os crea!

'

..

�ALMA LATINA Y
TEUT ONA
E n esta plana cen lral
dos grabados, franceses,
mán, que ponen de rclie
tinto modo de ser de las d 'ones
en p ugna.
E n uno de los grabado eses
se ve a una muchacha fra condecorando con flo res a
ciado
que vuelve de la línea de f Y en
el otro se mira al Genera Joffrc recib:en do una ofrend lores
de parte de varias niñas lacia.
Ambos cuadros re~·e la n la ·a,. la
ligereza y el donaire de l u lat; no, que ni en los momen mayor peligro olvida sus de para
con la galantería.
El grabado pequeño, es contrario, solemne y severoepresenta un aspecto de una celia en
honor del Mariscal Hinde~ Se
trata de un acto oficial, con
el aparato riguroso de las imperiales. Es el f\omenaje pueblo férreo que todo lo re seriedad.

j

REVISTA MEXICANA

�SUEÑO DE REDENCION
Era un claro patio, abierto, bajo el azul, enlosado de
mármol. A cada lado se alzaba un armario en forma de
terraza, fresca y sonora como el claustro de un monasterio.
Al fondo de la arquería, al frente del austero frontispicio del Palacio, se extendía un velario de estofa escarlata con franjas de oro, proyectando una sombra cuadrada
y dura: dos mástiles de palo de sicomoro rematados en
una flor de loto le servían de sustento.
Allí se aglomeraba la multitud, confundiéndose las
túnicas de los fariseos, orladas de azul; el rudo -sayón de
estameña de los obreros, sl!'jeto y apretado por un cinturón de cueros; los amplios albornoces de listas blancas
y cenicientas de los hombres de Galilea, y la capa carmesí
de los mercaderes de Tiberiades. Algunas mujeres. fuera de la sombra del velario, alzadas en la punta de las
chinelas amarillas, extendían por cima del rostro, contra
el sol, la punta de sus mantos ligeros.
De aquella multitud brotaba un intenso olor a su-.
dor y a mirra. Más allá, por encima de los blancos turbantes apiñados, relutian al sol los extremos de las lanzas.
Y en el fondo, sobre un solio, un hombre, un magistrado
envuelto en los nobles pliegues de una toga pretexta, más
inmóvil que un mármol, apoyaba en el puño fuerte su barba espesa y gris. Los ojos parecían indolentemente adormecidos; una cinta escarlata le sujetaba los cabellos; y por
dentro, sobre un pedestal que servía de respaldo a su silla
curul, la broncínea figura de la Loba Romana abría la boca voraz. Pregunté a Topsius quién era ese magistrado
melancólico.
- Cierto Poncio, llamado también Pilatos, ql!e fué
prefecto en Batavia.
Lentamente caminé hacia el patio, procurando, como en un templo, apagar todo lo posible c:"l r.uido irrespetuoso de mis pasos.
Un grave silencio caía del cielo rutilante; sólo a
veces, del lado de los jardines, se oía, áspero y triste, el
alarido de los pavos reales. Extendidos en el suelo, junto a la balaustrada del claustro, los negros dormían con
el vientre al sol. Una vieja contaba monedas de cobre,
acurrucada delante de su cesta de fruta. En los andamios puestos sobre una columna, unos albañiles componían un tejado. Y los niños, en le , rincones, jugaban con
sus discos de hierro.

mármoles, bajo el pesado velario romano, en la estrechez
formalista de la Ley. A un lado Sareas, vocal , del Sanhedrín, después de haber dejado en el suelo su báculo de
oro, iba desenrollando y leyendo · una obscura tira de
pergamino con un murmurio monótono y somnoliento.
Sentado en un escabel el asesor romano, sofocado por
el calor del mes de Nizam, refrescaba con un abanico de
hojas secas su tez rapada y blanca como un yeso; un
escriba, viejo y necio, en una mesa de piedra llena de tabularios aguzaba minuciosamente sus cálamos, y entre
ambos, el intérprete, un fenicio imberbe, sonreía con la
faz al· aire y las manos en la cintura.
Constantemente, en torno del velario, volaban bandadadas de palomas. Así yo vi a Jesús de Galilea preso
delante del pretor de Roma. . . . . En tanto Sareas, después de arrollar en torno de la varita de hierro el obscuro
pergamino, saludó a Pilatos, besó una campanilla sobre el
dedo para marcar en sus labios el sello de la verdad,
e inmediatamente empezó su arenga en griego, llena de
citas de textos y rastreras adulaciones .....
Su voz cascada y larga rodaba interminablemente.
Yo bostecé debajo de s u rostro, sentado en las Posas; dos
hombres comían tamaras de Batara. Pilatos, con la mano sobre el pui)o, miraba somnolientamente sus borceguíes
de escarlata, salpicados de estrellas de oro.
Y Sareas ahora proclamaba los derechos del templo.
El era el orgullo de la nación, la morada predilecta del
señor. ¡ César Augusto le había aportado escudos y vasos de oro a ese templo. ¿ Cómo lo respetaba el Rabí'?
¡Amenazando destruirlo! "¡Yo derrocaré el templo
y lo levantaré en tres días!"
Testigos piadosos, oyendo esta ruda impiedad, se
cubrieron las cabezas de ceniza, para aplacar la cólera ...
La blasfemia arrojada al santuario, llegó hasta el seno
de Dios. Bajo el velario, los fariseos, los escribas y los
"netenius" del templó, esclavos sórdidos, susurraban como
agrestes arbustos que el viento comienza a agitar.
Jesús perma.necía indiferente, abstraído, con los ojos
cerrados, como para aislar mejor su sueño continuo y hermoso, lejos de las cosas duras y vanas que lo rodeaban.
El escriba apareció nuevamente, más rojo que antes
al lado del Rabí y de los guardias del templo; veía a Sareas perfilarse recostado en su báculo. Después, entre el
brillo de las armas surgieron las varas blancas de los lictores; y otra vez Poncio, pálido y pesado, en su amplia
toga, subió las gradas de bronce, regresando a su asiento
En un e~pacio con pavimento de mosaico, delante
turul.
del solio donde se erguía la Loba Romana, Jesús estaEl silencio era tan grande, que se oía el eco de las
ba de pie con las manos cruzadas suavemente, amarradas
bocinas a lo largo de la torre Mariana. Sereas desenpor una cuerda que caía hasta el suelo. Un largo alborrolló un obscuro pergamino, extendiéndolo sobre la mesa
noz de lana gruesa con listas pardas orlado de franjas
de piedra, entre los tabularios; ¡y yo vi las manos gorazules, descendía hasta sus sandalias, sujetas por correas,
das y pesadas del escriba trazar una rúbrica, estampar
y ya gastadas en largas peregrinaciones por el desierto.
un sello bajo las líneas bermejas que condenaban a muerte
No ensangrentaba la cabeza esa in~unda corona de espial Rabí de Galilea, J esús, mi Señor! Después, Poncio Pinas que yo había leído en los Evangelios. Lucía un turlatos, con una dignidad indolente, levantando levemente
bante blanco, hecho con una faja de lino enrollada, cubrazo desnudo, confirmó -en nombre del César la senel
yas puntas flótaban sobre sus hombros. Los cabellos
tencia
del Sanhedrín, que juzga en Jerusalén.
secos echados por detrás d" la oreja, caían en anillos por
Inmediatamente Sa reas, tirando sobre el turbante la
su espalda, y en su rostro flaco, requemado, bajo las espunta de su manto, quedó en oración, con las manos
pesas sobrecejas uni&lt;las, en un so lo trazo negreaba co1biertas hacia el cielo. Los fariseos triunfaban; junto a
mo una profundidad infinita el re splandor de sus ojos y
nosotros, dos muy viejos, mesábanse las largas barbas
la ondulación de su barba caracoleada y aguda. No se
blancas; otros sacudían en el aire los bastones, o lanzaban
movía, fuerte y sereno delante del pretor. Sólo algún essarcásticamente
la aclamación forense de los romanos:
tremecimiento de sus manos presas traducían el estreme"Bene et belle! Non potest melius!"
cimiento de su corazón, y a veces respiraba largamente,
Mas de súb ito el intérprete apareció encima
como si su pecho, acostumbrado al libre y claro aire de
La turba enmudeció so
los montes y lagos de Galilea, se so_!_ocase entre aquellos

1

.r

después de haber consultado con el escriba, gritó en caldeo, alargando los brazos cercados de manillas de coral:
-¡ Escuc~ar! En esta nuestra fiesta pascual, el pretor de J erusalen acostumbra, desde que Valerius Gratius
así lo determinó, perdonar a un criminal. El pretor os
propone el perdón de éste. ¡ Escuchar aún! Vosotros tenéis ~¡ derecho de escoger entre los condenados. El pretor tiene en su poder en las ergástulas de H erodes otro
conde.nado a muerte.....
'
Descansó Y de pie sobre el escabel interrogaba de
n.uevo al escriba, que enrollaba los papyrus y los tabulanos. Sareas, sacudiendo la punta del manto, miró asombrado al pretor con las manos abiertas en el aire. Mas el
intérprete gritaba, levantando más el rostro risueño:
-:-:Uno de los condenados es el Rabí Jesús, que aquí
tene1s Y que se dice hijo de David .... . Ese es el que os
propone el pretor. El otro, ·endurecido en el mal, fue preso por haber muerto a traición a un legionario en un
monte, en ~istus. Su nombre es Bar-Abbas. ¡ E scoger!
Un gnto brusco y unánime partió de los fariseos.
-¡ Bar-Abbas !
Y aquí Y ahí, por todo el atrio, resonó confusamente
el ~ombre ~e Bar-Abbas. Y un esclavo del templo, de
sayon amarillo, acercándose a las gradas del solio empezó
a berrear:
-¡ Bar-Abbas ! ¡ Oye lo bien! ¡ Bar-Abbas ! El pueblo
sólo quiere a ¡ Bar-Abbas!
Y así continuó hasta que un legionario le hizo rodar
en ~as losas. Mas ya teda la multitud, ~ás leve y fácil
en mflamar que la paja en el fuego, clamaba por Bar~bbas; unos con furor golpeando el suelo con las sanda~1as Y los cayados de puntas de fierro; otros a lo lejos,
mdolentes, levantando un dedo. Los vendedores del
templo, llenos de rencor, sacudiendo las balanzas de hierro Y repicando campanillas, berr;aban entre maldiciones al Rabí:
- ¡ Bar-Abbas es mejor!
1

.

Y h~sta las prostitutas de 'I'iberiades, pintadas de ro-

JO como 1dolos, herían el aire con sus gritos sibilantes:
-¡ Bar-Abbas ! ¡ Bar-Abbas I

Muy pocos conocían a Bar-Abbas, muchos no odiaban al Rabí; mas todos aumentaban el tumulto sintiendo
en la reclamación de un preso que había atacado a un legionario . un ultraje al pretor romano, togado y augusto
en s u tribunal. Poncio, entre tanto, indiferente, trazaba
letr~s sobre una larga tira de pergamino puesta sobre las
rodillas. En torno de él los clamores retumbaban acompasados:
-¡ Bar-Abbas ! ¡ Bar-Abbas ! ¡ Bar-Abbas !
Entonces Jesús, sosegadamente, volvióse hacia aquel
mundo d_uro que lo condenaba y en sus refulgentes ojos
humedecidos, en el futigivo temblor de sus labios sólo
transparentó en ese instante una amargura miseric~rdiosa ~or la inconsciencia de los hombres que empujaron
hacia la muerte a su mejor amigo. . . . . . Con los puños
presos limpióse una gota de sudor; después quedó enfrente del p.retor, tan imperturbable y quieto como si ya
no perteneciese a la tierra.
El escriba, golpeando con una regla de hierro la piedra de la m.esa, tres :eces gritó el nombre de César. El
t~multo se. 1b~ amo.rtig~ando. Poncio levantóse y grave,
sm traducir 11npac1enc1a o cólera, lanzó, sacudiendo la
mano, el mandato final:
. -¡ Id y crucificad le I
Y lentamente descendió del estrado entre los aplausos feroces de la multitud.
Ocho so ldados dé la cohorte siria aparecieron pertrechados para la marcha, con los escudos envuelt~s en
lona. Sareas, vocal del Sanhedrín, tocando en el hombro
a Jesús, se lo entregó al decurión. Un soldad"a le desato la~ c~er~as; otr.o le tiró del albornoz; y yo, a través
de mis lagrimas, v1 al dulce Rabí de Galilea dar sus primeros pasos hacia la muerte.

Eca de QUEIROZ.

~

'Q
...,

-

�Civismo y Cinismo

El Dr. Andrés Contreras
L a revolución anárquica que h a
destruído a México, tiene en el destierro a infinidad de intelectuales, que
procuran borrar con su cultura y su
laboriosidad, los borrones que los
actuales próceres han estampado sobr e el nombre de México.
~e hallan fuera de la Patria, sus
meJ~res poetas: Díaz Mirón, Nervo y
Urbma; sus mejores músicos: Julían
Carrillo y Manuel M. Ponce; sus mej ores tribunos: Francisco Bulnes
Q uerido Moheno, Rodolfo Reyes ;
J?sé María Lozano; sus mejores junsconsultos : Emilio Rabasa, Jorge
Vera Estaño!, Pablo Macedo; sus mejores diplomáticos: Francisco L . de
la Barra, Carlos Pereyra, Federico
Gamboa y Balbino Dávalos. Y así,
por el estilo mientras lo mejor de México, vaga errante por el extranjero
la Nación es consumida por la bar~
barie.

DEDE JAUJA.
A 12 de Abr il de 1916.
M i querido colega:
Perdóname si comienzo por una recomendación especial respecto a la corrección de prueba. Ya sé que con
postetidad a "La agonía de los coyotes" se ha extremado
el esmero hasta el punto de aparecer estas epístolas más
li mpias y relucientes que una patena, cosa que agradezco.,
Pero machaco sobre ello, porque me veré en la necesidad
de emplear hoy palabras fáciles al trastrueque, y no quisiera que donde yo, por ejemplo, ponga CIV I S1IO, vayan a cambiarme la V por N, y resulte, en vez de un
merecido elogio, un vocablo difamatorio, con daño de mi
intento y en perju icio de la reputación aj&lt;:na.
Hecha esta cordial advertencia, me permito llevar
hasta t1 la noticia de que en Tacubaya existe un quincenal "consagrado a la cultura del ejército." Llámase "El
Centinela" y es "órgano de la Brigada Pablo Conzález."
Lo de la cultura no ha de sorprendente, porqu,.e un
ejército ejercitado en el saqueo preconstitucional y apto
para la difusión de los parásitos redentores, bien ha menester de una.s pinceladas de cultura para su regeneración.
Tampoco debes azorarte de que una brigada tenga su órgano: esto prueba que todo se va organizando.
Alerta como ha de estar el centinela que sabe de
ordenanzas militares., se dio cuenta el de Tacubaya de que
los hab itantes de la ex-metrópoli nacional no respondieron al llamamiento de Don Venus cuando se creyó que
nos amenazaba la invasión norteamericana; y esto dio
lugar a enérgicos reproches inspirados en un acrisolado
sentimiento de amor a la integridad patria. Aquel la actitud era digna por ir ajustada a los códigos del civismo;
pero el Cl VISM O no consistió únicamente en esto, sino
en lo que vas a leer, tomado letra a letra de las columnas
del órgano.
"La ciudad de México-dice- donde la Revolución
ha derramado a manos llenas los elementos de vida en
este instante de restricción un iversal, llenando hasta los
bordes las arcas de los ricos, y proveyendo el bolsillo de
los pobres con papel fiduciario que afronte las necesidades del momento con largueza y provea las necesidades
ele mañana, es la única que no ha respondido a la llamada de atención con su grito de Alerta."
Antes de entrar en la parte que revela el verdadero
CIVISMO, y para sujetarme al orden de los conceptos
trascritos, me detengo en lo de que "la revolución ha derramado a manos llenas los elementos de vida." La afirmación no tiene réplica; pero hace falta especificar entre
qu iénes se efectuó el derrame y cuál es la procedencia
de esos elementos, para saber de dónde vienen y a dónde
van.
En lo de la largueza del papel fiduciario, hay otra
verdad irrebatible, si se atiende al volumen y duración de
lo emitido. Bajo estos dos aspectos, bien comprobada está
la largueza; y no podemos quejarnós cuando el bilimbique ha de servir al pueblo para las necesidades del mañana. Es la mejor prueba de que esto va para largo todavía.
Donde sí resalta el CIV ISMO es en aque llo de que
LA REVOLUCION HA LLENADO HASTA LOS
BORDES LAS ARCAS DE LOS RICOS. Confieso que
yo no había visto nunca tanto CIVISMO; y puedes creer
que al pasar los ojos por delante de esas palabras, tuve

que restregármelos con fuerza, cuidando de limpiar los
cristales de mis lentes, para convencerme, tras nueva lectura, de que no había tergiversado los vocablos.
¿No será-pensaba yo con cierto vislumbre de esperanza-que haya leído LLENANDO en vez de VACIANDO, y BORDES en lugar de FONDOS?
Pero ¡ay! la fugaz ilusión quedó desvanecida. Ahí
estaba regodeándose con toda la amplitud de sus redondas
carnes el LLENANDO, sin dejar hueco al escuálido VACIANDO. Y los fondos tampoco se hallaban en su sitio,
probablemente por un sortilegio de la incautación. Quedaban sólo los BORDES.
Convencido de aquello, me sentí hondamente abochornado; subióseme al rostro una ola roja, y caí luego
en mortal abatimiento al recordar cuántas veces tuve yo
el CINISMO ...... .
(aquí conviene
poner la ene)
de hab'.arte del descenso del bilimbique, del hambre que
nos enflaquece, de las vacas redimidas, de incautacion.es
redentoras, de los que ayer llevaban los codos a la intemperie y hoy ocupan residencias de alto costo para sus
duef1os legítimos, y de tántas y tántas muestras de ClVIS1IO preconstitucional como amontoné en las dos decenas de epístolas Q.Ue a la presente han llevado la delantera .. . .. . . !

Entre los muchos mexicanos que
valen y que se han visto obligados a
salir fuera de su Patria, se encuentra
el Dr. Andrés Contreras, hombre superior, de una cultura refinada, que
se ha radicado en Cuba. Después de
infinidad de contratiempos y tras de
vencer obstáculos casi insuperables, el
doctor Contreras se ha abierto paso
con su ciencia en la capital antillana,
Y ha logrado doctorarse en la famosa
neral, y el Jurado lo aprobó por ·aclaU niversidad de la Habana.
mación. La prensa cubana ha coDespués de una serie larguísima de
-mentado este acto muy elogiosamente
exámenes, fue sujeto a un examen gey nosotros al felicitar al doctor Con-

Y me pregunto, en la pesadumbre de mi arrepentimiento: ¿Qué tupida red de telarañas era esta que se tendía ue'.ante de mis ojos? ¿ Qué estrabismo era el mío cuando no sólo no me pe;·cataba de la meritoria labor de nuestros libertadores, sino que me hacía mirarlo todo patas
arriba? ¿Por qué trocaba yo la V del CI VISMO en una N
infamatoria? ¿ Por qué daba mi asentimiento· cuando alguna vez uno de tantos reaccionarios expatriados aludiendo a nuestros PALADINES, sustituía la sílaba PA con
la sílaba PE?
¡ De pe a pa todos han sido errores los míos! Y al
confesarlo contrito, bien merezco la absolución. Otórguemela piadosamente aquella mano que en un arranque de
CIVISMO trazó esta frase épica digna de pasar a los pósteros: "LA REVOLUCION HA LLENADO HASTA
LOS BORDES LAS ARCAS DE LOS RICOS."

Hallándonos en el período cuaresmal, he querido,
como buen cristiano, hacer confesión pública de mis desaciertos, ya que públicos fueron, y demandar la gracia
de mis ofendidos. Sin embargo de este arrepentimiento,
no fío mucho en la enmienda. Temo caer de nuevo en la
debilidad de apreciar con torcido, criterio lo que ocurre
dentro de los no violados límites de Jauja. En esto no me
distinguiré de los demás- mortales pecadores que limpios
de culpa su confesor, en ella reinciden. Por algo se ha
dicho que la humana carne es flaca .... Y cuán flaca la de
los hijos de Jauja, sin que haya podido,
de esta flaqueza que nos abruma
dar con la clave mi mente roma:
¿Es por el HAMBRE que nos DESPLOMA?
¿Es por el HOMBRE que nos DESPLUMA?
Q·1eda en pie la duda, y a tus órdenes tu amigo

treras, nos felicitamos de que haya
mexicanos que procuren r edimir el
nombre de la Patria en estos días de
desolación y de infortunio.

A la Virgen
de los Dolores
,
,

Junto a tu altar, oh Virgen dolorida,
Deshecha en llanto mi alma se anonada,
Porque la tengo de dolor trancida
Mientras voy lejos de m i patria a~ada.
De esa dulce mansión que no se olvida . , •• •
~enos cuando se mira desgraciada,
Sm paz, sin ley y casi ya sin vida·
Reducidas sv.s glorias a la nada .• : ••• •

•

P~ro tú eres su Madre, su Abogada:
Acuer~ate, María, de tus dolores,
Que tienen su medida en tus amor es ·

,

Y ;l!í, desde la Cruz, mira apiadada
A, Me~ico, que sufre sin consuelo ., , • • •
Se el iris de la paz en aquel suelo.
San Antonio, Abril 14 de 1g1 6,

SILVERIO.
Ignacio VALDESPINO.

�Una Hazaña Legendaria
El General Porfirio Díaz relata los detalles de su evasión de la Prisión de Puebla

Tuve que atravesar dos costados del patio, y con
toda precaución, para no hacer ningún ruido al pisar los
fragmentos sueltos de teja y de vidrios que estaban regados en la azotea. Mientras esto pasaba, los relámpagos
iluminaban el cielo, haciendo que pudiera ser descubierta
mi presencia.
Finalmente, llegue a aquella parte de la pared en que
el centinela, estacionado en la barda de la Iglesia, no podría verme sino empinándose mucho hacia abajo. Proseguí avanzando, erguido y muy despacio, procurando a
la vez darme cuenta de si había habido alguna alarma.
Entonces fue cuando me encontré en más peligro, porque
los ladrillos estaban en declive y eran muy resbalosos, especialmente después de los grandes aguaceros. Y se me
fueron los pies una ocasión, lanzándome sobre los cristales de una ventana que no habrían resistido mi peso; pero
afortunadamente, no llegué a caer.
Con el objeto de llegar a la azotea que daba a la
calle de San Roque, por donde quería bajar, tenía que
pasar por el costado del convento en donde vivía el capellán. Este capellán, tiempo antes, había denunciado
a varios prisioneros políticos que, mientras trataban de
escapar, habían atravesado por sus habitaciones, y apoyados en su testimonio, fueron extraídos y fusilados en
seguida.
Llegué a la azotea de la casa del capellán, casi· sin
aliento. En ese momento preciso, un joven que vivía allí,
abrió la puerta y entró; parece que venía del teatro, porque silbaba un aire alegre. Penetró a su cuarto y después s'alió con una bugía encendida, y comenzó a andar
con dirección a donde yo estaba. Me oculté mientras
pasaba y afortunadamente no me vio; al fin volvió a entrar en la casa. Es lo más probable que esto no haya
durado sino unos cuantos minutos, pero esos minutos me
parecieron horas.
Cuando me pareció que había permanecido en su
cuarto bastante tiempo, para haberse acostado y tal vez
.;e hubiera dormido, caminé rápidamente por la azotea,
que quedaba al lado opuesto de aquella por la que había
trepado y llegué finalmente a la esquina de San Roque.

Había en la esquina de la azotea una estatua de piedra ele San Vicente Ferrer, y tenía el proyecto de asegurar mis cuerdas en ella ; pero por desgracia, cuando toqué
la estatua, me pareció que estaba a punto de caerse. Am~
cuando imaginé que tendría un soporte de hierro para
mantenerla erecta, creí más seguro asegurar las cuerdas
al rededor del pedestal que formaba la esquina del edificio y parecía bastante fuerte para soportar mi peso.
Temiend0 que si bajaba ·directamente a la esquina
de la calle pudiera ser visto por algún transeunte, decidí
hacer mi descenso por el costado de la casa más apartada
de la calle principal, teniendo además la ventaja en este
punto, de estar en la sombra. Por una nueva desgracia,
cuando llegué al segundo piso, me resbalé sobre el muro
lateral y caí de bu&lt;'na altura en un corral de puercos. El
puíial saltó de mi cinturón y cayó entre los cen.ios, y
cuando fui a dar sobre ellos, levantaron un estrépito terrible, porque quizá alguno había siclo herido. Este contratiempo pudo haber conducido a que se me cle&lt;;cubr;era
si alguno hubiera despertado por el ruido que hacían. Me
oculté de nuevo, apenas pude ponerme en pie, pero tuve
que esperar a que se calmaran los gruñidos, antes de
aventurarme por el corral. Salté un pequeíia tapia y me
encontré en la calle; pero tuve que ba tirme rápidamente
en retirada porque un gendarme pasaba en esos momentos, haciendo su ronda para ver que las puertas de las
casas estnvieran bien cerradas. · Para mi gran consue-lo,
siguió adelante y entonces, sudoroso y rendido de fatiga,
me d;rig¡ violentamente a una casa en la q_ue sabía que
enco.ntraría mi caballo, un criado y un ·guía.
Habiendo llegado con toda seguridad a ella, cargamos los tres nuestras pistolas, brincamos a las sillas y
Jespués ele eludir un« patrulla que pasaba, nos dirigimo~
a las afueras ele la Ciudad. Estaba yo seguro ele que s&lt;'
riamos detenidos en la garita par los centinelas, y m,
i;iroyecto era abrirme paso a fuerza. Sin embargo, encontramos la garita abierta, la guardia o estaba dormida &lt;&gt;
había salido, de manera que atravesamos al trote largo y
en P-eguida nos lanzamos a todo galope por el camino
real~
•

Tomado d~l "Album de Díaz," obsequiado por "Revista Mexicsna" a sus suscriptores
A despecho de los· constantes esfuerzos de sus enemigos, que le ofrecían libertad y poder a cambio de su
promesa de no volver a tomar las armas, se rehusó obstinadamen te a acceder y ante el ofrecimiento de grandes
honores y recompensa s, si abandonaba la causa de la
República, contestó, en su nombre y en el de sus compañeros de armas, con las siguientes palabras, llenas de
nobleza:
"Hemos decidido proseguir la lucha sin tregua y estamos resueltos a triunfar o a morir en nuestro empeño
de dejar a las generaciones venideras la misma República,
Libre y Soberana, que heredamos de nuestros antepasados.
Mientras se hallaba preso, empleó meses enteros en
perforar un túnel, partiendo de la celda en que se hallaba
confinado. Desgraciadamente fue transladado a otra parte, donde fue aumentada la vigilancia. Pero a pesar de
todas las precauciones tomadas, consiguió escapar.
El relato más interesante de hazaña tan peligrosa,
e~ el que hace el mismo General Díaz, y que es como
sigue:
"En la tarde del día 20 enrollé tres cuerdas juntas,
las que coloqué con otra cuerda, y un puñal, bajo las ropas de la cama. El puñal tenía mucho filo y era la única arma a mi disposición.
Cuando la campana dio el toque ae ~ilencio en toda

la prisión, trepé a una ventana abierta, que quedaba cerca del techo, y que daba a un patio interior. Llevaba
conmigo las cuerdas tapadas por una tela gris y cuando
me cercioré que no había nadie cerca, las arrojé a la
azotea. Enseguida, até la cuerda que me quedaba a una
canal de piedra, juzgando que era bastante fuerte. La
poca luz que había, no era bastante para permitirme discernir distintamente ni los objetos que tenía cerca. Habiendo probado la resistencia de la cuerda y de la canal
y satisfecho de que ésta me aguantaba, trepé a la azotea.
Ahí, até esta cuerda a las otras tres que había arrojado
antes.
Había elegido como punto de descenso a la calle,
la esquina de San Roque; pero el trayecto para esa esquina era sumamente peligroso. Próxii;na a mí se hallaba la azotea ele una iglesia vecina que dominaba todo el
convento en el que estaba yo preso, y un pique te de soldados estaba estacionado allí, y un centinela de guardia,
cuya. única misión era la de vigilar a los presos. Emprendí mi marcha y pronto llegué a una porción de la
azotea que tenía muchas salientes, debido a que las celdas
del convento habían sido construídas entre los corredores y varias filas de arcos. Seguí avanzando, ocultándome cada vez que podía y viéndome obligado a rastrear
sobre· las rodillas. Avanzaba muy despacio, y naturalmente, hacia donde estaba el centinela, a la vez que buscando el sitio por donde había de emprender el descenso.

En favor de dos Mexicanos Sentenciados
Un Acto de Misericordia
Dos compatriotas nuestros, Juan Mata y Rosendo
Barrera, han sido sentenciados a muerte, en Austin
Texas.
Ante la desgracia que los agobia, no nos toca a no'iOtros juzgarlos, sino procurar, por todos los medios, que
~e haga completa luz en la averiguación iniciada en con\.ra de estos infelices. Varios testigos declaran hechos
"' Ue son favorables a Mata y a Barrera, y de los elementos de que pueda disponerse para la defensa de estos
hombres, puede depender su suerte.
Ante esa situación, la sociedad "UNION Y RECREO," de Austin, T exas, instituída para repartir auxilios mutuos entre sus socios, amplía la esfera de su acción y hace un llamamiento a todos los mexicanos y a
aquellos por cuyas venas corre sang:.:-e mexicana, para
proporcionar a Juan Mata y a Rosendo Barrera, los gastos de su defensa.
Cada uno de nuestros lectores, con un donativo que
no significa un sacrificio, puede ayudar a salvar la vida

de dos de sus hermanos de raza, y secundando el llamamiento de la altruista Sociedad "Unión y Recreo," hacemos una exitativa a los corazones, siempre generosos de
los mexicanos, para que envíen sus donativos a alguno
de los miembros de la Junta Directiva a Austin, a "Revista Mexicana" o a alguna otra persona debidamente
autorizada por la Sociedad, para recibir contribuciones
con ese fin.
L as personas o corporaciones que deseen cooperar
en esta obra, recabando donativos para los gastos de
defensa, pueden dirigirse a la Sociedad, para que extienda la autorización del caso.
La Junta Directiva de la Sociedad "Unión y Recreo," es la siguiente:
Presidente: A. G. Núñez.- Vice-Presidente: José N.
Acevedo.- Tesorero: Juan García.-Secretario: Rafael
Ledesma.
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El más famoso de sus inventos es
el de una máquina que sirve para
hacer tortillas. Esta máquina tiene
que revolucionar la industria doméstica de México desde el momento en
que produce alrededor de cinco mil
tortillas por hora, tan buenas en suavidad, sabor y cocimiento como las
que se hacen a mano por las muje-

res mexicanas. Bastan los anteriores datos para comprender los millones de energías que se van a ahorrar con este último invento.
El señor Ríos, también es inventor de una máquina muy original,
que sirve para confeccionar velas de
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actualidad esta máquina produce admirables resultados, el inv.entor piensa perfeccionarla muchísimo más.
Don Tomás Ríos es un trabajador
infatigable y tan pronto como termina un invento ya ha empezado a
discurrir algún otro perfeccionamiento industrial. Al cabo de algunos
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Mi n o m b r e - - - - - - - - - - - - , , dirección-------------,, ciuda.rt...________________
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,, E s t a d o · - - - - - - - - - - - -

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�EL PODER SECRETO

I EL ALBUM DE JUAREZ
Esta semana ha quedado terminada la impresión del ALBUM
DE JU AREZ que prometimos obsequiar a nuestros suscritores que
hicieran el pago de una suscrición por un semestre.
Contiene en un solo libro lo más importante que se ha escrito
sobre la vida.y la obra del Reformador, declarado por su actit ud ante
la invasión extranjera, el Benemérito de las Amérjcas, y que debe
leer todo mexicano que quiera conocer la importancia histórica de
este Grande Hombre:
EL FRAC DE JUAREZ, por MANUEL GUTIERREZ NAJERA, es una pintura de la persona y del carácter de D. Benit o Juárez,
hecha por el escritor más delicado que ha habido en los últimos años,
y con unos cuantos rasgos deja impresa para siempre la figura del patricio.
BENITO JUAREZ, por D. JUSTO SIERRA, es un resumen,
hecho por el maestro de las modernas generaciones, de la obra de
Juárez, en el que señala cuáles fueron sus luchas, ci1ál su papel en
nuestra historia patria y cuáles la importancia y la grandeza de su
vida.
Guillermo Prieto narra tres anécdotas de la vida íntima de Juárez, y el incidente de Guadalajara, en el que estuvo a punto de ser asesinado el Sr. Juárez con sus Ministros, y del que fue salvado por la palabra de D. Guillermo Prieto, en uno de esos momentos en que sólo
habla el corazón y triunfa sobre todos los peligros. El artículo de
D. Guillermo Prieto hace que el lector se traslade a aquellos días y
viva como si estuviera en ellos, todos los incidentes de aquella época.
La manera de ser, de hablar, de los compañeros del Sr. Juárez, sus ademanes, sus actos íntimos, todo se haJla en la narración sencillísima Y
palpitante de interés del poeta de la 'Reforma.
Como complemento de la pintura artística, del análisis histórico
y de la reconstrucción animada de D. Benito Juárez, contiene el Album tres poemas que son de lo mejor, de lo más selecto que se ha
escrito en honor del Benemérito: LA RAZA DE BRONCE, por
AMADO NERVO; EL POEMA DE JUAREZ, por FRANCISCO
M. DE OLAGUIBEL y la ODA A JUAREZ de RAFAEL LOPEZ.
EL ALBUM DE JUAREZ, así formado es un libro que reúne
escritos que no sería posible obtener sino a gran costo y con dificultad, y al editarlo, Revista Mexicana se siente complacida del éxito que
ha alcanzado, ofreciendo publicaciones de tanto valor y ·de tanta importancia a sus lectores.
Corte Ud. el cupón y envíenos su pedido hoy mismo.

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Gran Comp&amp;ñía Dramática .

María del Carmen Martínez
Funciones todas las noches

Con este maravilloso libro resolverá
todas sus di ficultades, será protegido
de la suerte, recobrará el cariño perdido, se hará amar del ser que adore
y logrará casamiento afortunado ; obtendrá éxito en todos sus negocios y
empresas, gozará de salud, atraerá a
una persona ausente, desarrolla rá su
poder magnético y dominará a las personas que le rodean ; sus enemigos no
podrán causarle daño y adquirirá valiosos secretos para cu rarse 1:ld. y las
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PORFIRIO DIAZ
Cumpliendo con el ofrecimiento hecho a nuestros suscritores,
hoy comenza rá a circular el "ALBU1f DE DIAZ," que ha editado
''REVISTA MEXICANA" como
un homenaje al H EROE DEL 2
DE ABR IL.
E s una vida más llena de peripecias que una novela, y a la vez
lleva en sí la historia de la patria,
desde el año de 1855. Por sus rasgos de audacia, de pe rseverancia
y de heroísmo ; es más interesante que cualquiera historia de imaginación y explica cómo se fo rmó
el México del Centenario y cómo
se deshizo aquella grandeza en la
Larha rie actual.
.
Es un resumen de histor ia polít ica y social y una exposición de
las causas determinantes de la
anarquía que ha acabado con la
dignidad nacional, y fue escrita,
en vista de los datos más autént icos, por el Lic. Ricardo Gómez Rebelo, exclusivamente para REV lSTA MEX ICANA.
El apéndice a la Biografía completa el estudio de la vida del Gran
Presidente, con la hoja de servicios, que es un monumento de gloria impe recedera, y un cuadro comparativo entre el México de 1876
y el de 1909.
Para estudiar al General Díaz
en todos sus aspectos, r eproducimos, además, una pintura magistral
de los rasgos caracterí sticos de D.
Sebastián Lerdo de T ejada Y del
General Díaz, hecha por la pluma
inimitable del DUQUE JOB.
E l lib ro más interesante que
pueda ob tenerse en la crisis actual
de México.
Un obsequio de "REVISTA
MEXI CANA" a sus suscritores.
Envíenos Ud. el cupón hoy mis,
mo.

Página RecreatitJa
Soluciones correspondientes
al número 31.
Ier Rombo, propuesto por la señora H erlinda Ab rego de Martínez.Pascual Orozco.- F ue resuelto por
Delfi na y Ercila Rivera, de Laredo;
Emilia Sus taita, de El Paso; María
T. Laing, de Múzquiz; Ofelia Gaona,
de H ebbronville, Fidel Ramírez González de Hebbronville, Isaura No riega de Calexico, Elvira Banuet de Mexicalli, Ana M. de 1Iartínez de Calexico, María del R. H. de Garza, de
Hidalgo, Tobías A. Vela, de Río
Gra nde.
Ió.- Rombo propuesto por la señorita Consuelo Falcón Gil. Carranclanes.-Nadie lo resolvió.
20.-Rombo prop uesto por la señora H erlinda A. de Martinez. Alfonso.- F ue resuelto por Victoriano
Torres N. de El P aso, Delfina y Ercilia Rivera. Emilia Sustaita, María
Julia Laing, Estela Gaona, Fidel Ra mírez González, Isaura N oriega, Elvira Banuet, Ana M . de Martínez,
María del R. H. de Garza, Tobías A.
Vela, Baldomero Chávez.
20.-Rombo propuesto por la señorita Consue lo Falcón Gil.- Casasús.- Fue resuelto por J. M. Carranza de Del Río, Baldomero Chávez,
Tobías A. Vela, Ana M. de Martínez,
Fidel Ramírez González, Estela Gaona de Hebbronville, Herlinda A. de
Mart ínez, María J. Laing, Emilia
Sustaita, Delfi na y E rcilia R ivera
Victoria no Torres N. y María Enri~
queta Berna! de Los Angeles:
Anagrama prop uesto por F rancisco L. Bernal.-General Félix Díaz.Fue resuelto por Victoriano Torres

N., Delfina y Ercilia Rivera, Emilia tínez, María del R. H. de Garza, ToSustaita, Marí;,i J. Laing, Ofelia Gao- bías A. Vela, Baldomero Chávez y J.
na, Herlinda A. de Martínez, Anice- 1L Carranza y María Enriqueta Berto B. Zapata,, Fidel Ramírez Gonzá- na!.
lez,Isaura N oriega, Elvira Banuet,
Charada propuesta por la señorita
Ana M. de Martínez, María del R. H.
E lvira Banuet.
d~ Garza, Tobías A. Vela, Baldomero Chávez.
Arnigo fui de una niña,
de linda prima y siguiente
Ier.-Anagrama de don Víctor de
que por su genio imprudente
Cerda. - Ricardo Gómez Rebelo. de continuo estaba en riña.
Fue resuelto por Tobías A. Vela, ElUna vez por qué se yo
vira Banuet, Isaura N oriega, Fidel
quiso la tonta seguirme
Ramírez Gónzález, Aniceto B. Zapay de un faldón al asirme
ta, Herlinda A. de Martínez, Ma ría
en prima y cuarta cayó.
J. Laing, Delfina y Ercilia Rivera.
Y después . .. ¡ habrá tontera 1..•
enojada me siguió
20.-Anagrama de don Víctor de
y iie un árbol arrancó
Cerda.-Salomé Botello.-...Fue resueluna segunda tercera.
to por Victoriano Torres N., Delfina
Si no corro tan prontito
y Ercilia Rivera, Emilia Sustaita, Mamil cardenales me pinta
ría J. Laing, Herlinda A. de Martínez,
pues siendo tercera y quinta
Aniceto B. Zapata, Fidel Ram\rez
tiene un carácter maldito
Conzález, Ana M. de Martínez; MaUna..,ez quería de un
ría del R. de Garza, Tobías A. Vela,
pobre
soldado el todo
Baldomero Chávez, J. M. Carranza y
el soldado se oponía;
.María Enriqueta Bernal.
ella maldijo y pateó
Ju ego de letras por la niúa Olivia
pero nada consiguió
L. Peña.- :Milton.-Fue resuelto por
de aquello que le pedía.
Baldomero Chávez, Tobías A. Vela,
Grande su coraje fue
María del R. de Garza, Ana M. de
tanto que en la tardecita
Martínez, Elvira Banuet, Isaura Node cabeza amarradita
riega, Fidel Ramírez González, Esteen prima y tercia la hallé.
la Gaona, Herlinda A. de Martínez,
Para quitarle el enojo.
María J. Laing, Emilia Sustaita, Dela traerle el todo corrí
fina y Ercilia E. Rivera, Victoriano
y la furia me rompió un ojo,
Torres N. y María Enriqueta Berna!.
con lo mismo que le dí.
Rombo propuesto por la niña Olivia L. Peña.-Acuña.-Fue resuelto
por ErciÍia y Delfina J. Rivera, Victor iano Torres N., Emilia Sustaita, María J. Laing, Ofelia Gaona, Herlinda
A. de Martínez, Aniceto B. Zapata,
Fidel Ramí rez González, Isaura Noriega, Elvira Banuet, Ana M. de Mar-

PLA ZA HOTEL

Charada propuesta por la señorita
Profra. Ana H. García.
Cuando estés bueno de la primera
segunda, vamos a pasear a tercera,
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El todo lo encontraréis hermoso
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�Rombo propuesto por Baldomero
Chávez.
Cons-:&gt;nante.
Artículo.
. . . . . Planeta.
. . . . . . . Nombre de varón.
Verbo.
En el agua.
Vocal.
Anagramas propuestos por la Sra.
Herlinda Abrego de Martínez.

.

1 ---El francés
. Bric no la adora.
2.---El tío Ramón J. Uslives.

3.---L. N. R. Cora Amor.
Triángulo numérico propuesto por
la Profesora Ana H. García. •

1 Consonante.

54
321
1254
12345

Negación.
Número.
Tela.

Fruta.

Charada propuesta por la señorita
Isaura Noriega.
Prima y segunda fuera de la Ciudad.
segunda y tercera en los jardines
cuarta y tercia en los árboles
segunda y quinta algo escaso
quinta y tercia es parte
de nuestro individuo y
el total es de un conocido
compositor el apellido.
Charada-Fábula, que propone
Tobías A. Vela.
En las grandes defensas
de un primera cuarta,
Paseábase ufano
Un segundo cuarta.
Cuando de improviso,
Y de un dos, tres, cuatro
Salió, sobre aviso,
Tres cuatro apoyado
En un Primo segundo
De dos primera cuarta; y
Tal golpe al astado asestó,
Que al río cercano lo echó;
Y llenos sus ojos de lodo,
No vio, y hundióse en el todo.

SEMANARIO ILUSTRADO

-o-Director y Propietario
Lic. Nemesio García Naranjo.
P. O. Box 66.-Sta. A.
Esq. Houston y Leona Sts.
TEL. CROCKET 3398.

Rombo propuesto por Tobías A.
Vela.
Consonante.
Adverbio.
Puerto francés,
. . . . . . . Rebelde mexicano.
. . . . , .... Compositormexicano.
. . . . . . . Arma terrible.
Instrumento e(!paf\ol.
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Vocal.

En México y Estados Unidos
Pago adelantado
1 trimestre ..... $1.00 oro americano.
1 semestre. . . . ' 1.80
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1 año . ........ '3.50
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Números sueltos 10 centavos oro
americano.
En los trenes, 15 centavos.
Números atrasados 20 centavos oro
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Anagramas propuestos por J. M.
Chávez.
J.

2.---Miraste el cielo.
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la Sra. Elisa Gutiérrez de Longona.
1 Consonante.
1 'l Nota musical.
5 4 8 lnstrto. pescador.
1 2 5 'l lnstrumto. musical.
8 'l 1 2 'l Nombre de flor.
1 2 6 4 5 'l Vehículo japonés,
1 2 3 5 'l 8 'l Nombre de mujer.
1 2 3 4 5 6 'l 8 Legítimo deseo.
Anagrama propuesto por Tobías
A' Vela.

IEnsuatriotemendecirlevenga. C.

Charada propuesta por la señora
Herlinda A. de "Martínez.
Es mi primera, una letra
Mi prima, dos, cantidad,
Tercia, segunda se llama
A una niña en sociedad
Cuando se le ve gracíosa •
Y muy linda de verdad.
Tercia, cuarta, encontrarás
En Africa o Indostán
Aunque también la verái;
En las calles y en las plazas
Bailándote algún cancán.
Al son de la tamborela
O de marimba quizás
Y es mi todo en realidad
La base del gran progreso
En el sentido social
y por ello muy fácil de adivinar.
Fuga de consonantes por Feliciano
Mendoza.-Maxwell, Tex.
.io. e. e . . a.io .a.e.o

Y .. i.i.a. e .. e . ue .o,
.a .. o .a.io .o.e.o.o
.ue . . eó .o.o e. u.i.e .. o
A . ue e . . e e . . ue ... o .a .. e
A .ui. a.o.a. .e.e .o.
. a.a .•. i.e.o .ue á .o.o
• ua .. o e.i. .e e .• i. .a . . ie.o.

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Ignacio Zaragoza.

Mariano EscÜbedo
.

El primero infirió a los invasores de 1862 el primer
descalabro en los cerros de Loreto y Guadalupe de :a ciudad de Puebla; el segundo recibió la espada. del Archiduque Maximiliano en el Cerr::&gt; de las Campanas.
iEl 5 de Mayo y el 15 de Mayo!
Dos fechas gloriosas que comprenden una época heroica para la Patria.
''Revista Mexicana" no puede pasar inadvertido el
recuerdo de aquellos gloriosos días, y dedicará dos de sus
ediciones a loar a los dos héroes más grandes que ha pro
ducido la frontera.
Zaragoza no solamente es el héroe del 5 de Mayo:
es además el caudillo que tomo Guadalajara y el colabora
dar más efectivo de las jornadas de Silao y Calpulálpam.
Escobedo fue por su parte el paladín en Santa Gertrudis y en San Jacinto,
El número de "Revista Mexicana" correspondiente al 5 de Mayo llevará en la carátula el retrato del General Zaragoza, en medio de los colores nacionales. En
las páginas interiores contendrá un material selectísimo
y nutrido, evocador de aquellos tiempos.
'
El número correspondiente al 15 de Mayo, contendrá un relato del sitio de Querétaro y de la tragedia del
Cerro de las Campanas, con todos los detalles necesarios. En la carátula llevará también en medio de tapas
tricolores, el retrato del General Escobedo.
Tanto estos dos números como el ya publicado en
el último DOS DE ABRIL serán el mejor homenaje que
se pueda tributsr a los héroes de nuestra segunda Independencia. Todo mexicano que ame deveras a su Patria, debe adquirirlos y leerlos a sus hijos para que vean
como se portaron nuestros abuelos en el momento sagrado de defender el suelo de la Repf'lblica.
El precio de cada uno de estos ejemplares será el
mismo de siempre:
DIEZ CENTA VOS
Haga Ud. suf: pedidos desde luego, porque de lo
contrario, corre el peligro de que se agote la edición antes de que recibamos sus órdenes. El número dedicado al Dos de Abril se agotó el mismo día de su aparición:
Estos también se agotarán.
Diríjase desde luego a
REVISTA MEXICANA

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San Antonio, Tex.

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            </element>
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                <text>Publicada en San Antonio Texas por Nemesio García Naranjo. Contiene información ilustrada de la vida pública de México durante periodo revolucionario, así como de América Latina y el mundo. Además contiene notas de actualidad, literatura, historia, ciencia, economía.</text>
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        <name>Relación OPAC</name>
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            <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752301&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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      <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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              <text>Revista Mexicana : Semanario ilustrado,  1916. Año 2. No. 34. Abril</text>
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              <text>García Naranjo, Nemesio, 1883-1962.</text>
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              <text>Políticas gubernamentales</text>
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              <text>Publicada en San Antonio Texas por Nemesio García Naranjo. Continene información ilustrada de la vida pública de México durante periodo revolucionario, así como de América Latina y el mundo. Además contiene notas de actualidad, literatura, historia, ciencia, economía.</text>
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              <text>Talleres el Imparcial de Texas</text>
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              <text>1916-04-30</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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