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                  <text>TA MEXI
MANARIO ILUSTRAD
PRECIO 10 CENTA VOS.

t

~.

.

�EL PODEB SECRETO

EL ALBUM DE JUAREZ
Esta semana ha quedado terminada la impresión del ALBUM
DE JUAREZ que prometimos obsequiar a nuestros suscritores que
hicieran el pago de una suscrición por un semestre.
Contiene en un solo libro lo más importante que se ha escrito
sobre la vida y la obra del Reformador, declarado por su actitud ante
la invasión extranjera, el Benemérito de las Américas, y que debe
leer todo mexicano que quiera conocer la importancia histórica de
este Grande Hombre:
EL FRAC DE JUAREZ, por MANUEL GUTIERREZ NAJERA, es una pintura de la persona y del carácter de D. Benito Juárez,
hecha por el escritor más delicado que ha habido en los últimos años,
1 con unos cuantos rasgos deja impresa para siempre la figura del patricio.
BENITO JUAREZ, por D. JUSTO SIERRA, es un resumen,
hecho por el maestro de las modernas generaciones, de la obra de
Juárez, en el que señala cuáles fueron sus luchas, cuál su papel en
nuestra historia patria y cuáles la importancia y la grandeza de_ su
vida.
Guillermo Prieto narra tres anécdotas de la vida íntima de Juárez, 1 el incidente de Guadalajara, en el que estuvo a punto de ser asesinado el Sr. Juárez con sus Ministros, y del que fue salvado por la palabra de D. Guillermo Prieto, en uno de esos momentos en que sólo
habla el corazón y triunfa sobre todos los peligros. El artículo de
D. Guillermo Prieto hace que el lector se traslade a aquellos días y
viva como si estuviera en ellos, todos los incidentes de aquella época.
La manera de ser, de hablar, de los compañeros del Sr. Juárez, sus ademanes, sus actos íntimos, todo se halla en la narración sencillísima y
palpitante de interés del poeta de la Reforma.
Como complemento de la pintura artística, del análisis histórico
1 de la reconstrucción animada de D. Benito Juárez, contiene el Album tres poemas que son de lo mejor, de lo más selecto que se ha
escrito en honor del Benemérito : LA RAZA DE BRONCE, por
AMADO NERVO; EL POEMA DE JUAREZ, por FRANCISCO
M. DE OLAGUIBEL y la ODA A JUAREZ de RAFAEL LOPEZ.
EL ALBUM DE JUAREZ, así formado es un libro que reúne
escritos que no sería posible obtener sino a gran costo y con dificultad, y al editarlo, Revista Mexicana se siente complacida del éxito que
ha alcanzado, ofreciendo publicaciones de tanto valor y de tanta importancia a sus lectores.
Corte Ud. el cupón y envíenos su pedido hoy mismo.

TEATRO JUAREZ
Gran Compañía Dramática

María del Carmen Martínez
Funciones todas las noches

REVISTA MEXICANA

Con este maravilloso libro resolverá
todas sus dificultades, será protegido
de la suerte, recobrará el cariño per·
dido, se hará amar del ser que adore
y logrará casamiento afortunado; obtendrá é}..;to en todos sus negocios y
empresas, gozará de salud, atrae rá a
una persona ausente, desarrollará su
poder magnético y dominará a las personas que le rodean; sus enemigos no
podrán causarle daño y adquirirá valiosos secretos para curarse l fd. y las
demás personas que soliciten su ayuda.
Pida un prospecto gratis. Dirección:

Semanario Ilustrado
Entered as second class matter, O ctober 25, 1915 at the Post Office
of San Antonio, Texas, under·the Act. of March 3, 1897.

Af'io II.

Número 35

El Milagro de la Caridad

J. VENCE.
Habana, Cuba.
P .O. Box 491.

PORFIRIO DIAZ
Cumpliendo con el ofrecimiento hecho a nuestros suscritores,
hoy comenzará a circular el "ALBUM DE DIAZ," que ha editado
"REVISTA MEX ICANA" como
un homenaje al H EROE DEL 2
D E ABRIL.
Es una vida más llena de peripecias que una novela, y a la vez
lleva en sí la historia de la patria,
desde el a ño de 1855. Po r sus rasgos de audacia, de perseverancia
y de heroís mo; es más interesante que cualqu iera historia de imaginación y explica cómo se for mó
el México del Centena rio y cómo
se deshizo aque lla grandeza en la
Larbari e actual.
Es un resume n de historia política y social y una exposición de
las causas determinantes de la
anarquía que ha acabado con la
dignidad nacional, y fue escrita,
en vista de los datos más auténticos, por el L ic. Ricardo Gómez Robelo, exclusivamente para REVl ST A MEX I CANA.
El apéndice a la Biografía completa el estudio de la vicia del Gran
Presidente, con la hoja de servicios, que es un monumento de gloria imperecedera, y un cuadro comparativo entre el México de 1876
y el de 1909.
Para estu diar al General Díaz
en todos sus aspectos, reproducimos, además, una pintura magistral
de los rasgos característicos de D.
Sebastián Lerdo de Tejada y del
General Díaz, hecha por la pluma
inimitable del DUQUE JOB.
E l libro más interesante que
pueda obtenerse en la crisis actual
de México.
Un obsequio de "REVISTA
MEXICANA" a sus suscritores.
Envíenos Ud. el cupón hoy mia·
mo.

San Antonio, T ex.as, 7 de Mayo de 1916.

..,__

'

. _,___ ,

Las mujeres mexicanas que han sido empujadas a
esta ciudad, por el vendabal revolucionario, se han reunido en días pasados con el objeto, de formar una "Juuta
de Caridad" que tiene como fin remediar la situación dolorosa en que se encuent ran muchos compatriotas desheredados.
Y lo que no habían logrado la política ni el interés,
el decoro ni el patriotismo, fue conquistado en un momento por la Caridad. Gentes de todos los bandos, han
acudido, al gentil llamado de las abnegadas damas, y
en derredor del estandarte de la filantropía, se ha realizado un milagro de confraternidad y de amor. Hace tanto tiempo que los mexicanos se encuentran divididos por
encones y p_asio.nes, que el espectáculo de la unión, trajo
a nuestras almas un inefable consuelo. Ojalá que este
principio de reconciliación, no se pierda, como tantos
otros esfuerzos, entre los fragores de la anarquía.
La Caridad es bella por sí sola ; pero cuando además
de practicarse, realiza una misión confraternizadora, entonces su obra es digna de toda clase de bendiciones. Los
refugiados pobres han recibido ya una ayuda material
que mitiga su dolor y restaura sus energías; y aquellos ·
refugiados, que sin haber padecido los rigores del hambre, han sido atormentados por la visión espantosa de la
Patria despedazada, recibieron la caridad divina de una
ilusión, emergente de las cenizas de sus almar
En cuanto a las damas, que se han impuesto el debor de curar heridas y cicatrizar infortunios, no han hecho sino confirmar sus tradiciones legendarias de amor
y de ternura. Siempre fue atributo de la mujer mexicana
dar abrigo en su alma al culto sagrado de la caridad. La
madre mexicana es la mejor de todas las madres, porque
sabe sacrificarse más que ninguna otra. Para ella, la maternidad no es sino un voto de desprendimiento absoluto,
en aras de las vidas nuevas. El advenimiento de un hijo
significa en México la renunciación absoluta de muchas
alegrías y placeres: la madre cede amorosamente su puesto a los recién nacidos, y pasa llena de alegría, a ocupar
un segundo lugar, desde donde vigila en el cuerpo de sus
hijos, la nueva forma de su existencia. Es algo así comb
una transmigración efectuada en la propia vida.
Y muchas veces, por no decir siempre, no conforme
con dar su alma y su vida a sus hijos,reparte aún ternura
y abnegación entre los seres infelices. El amor se desborda de sus almas, y siempre anda en busca de infortunios que remediar.
Así es la mujer mexicana. Las damas desterradas
no han hecho sino perpetuar la virtud de nuestros hogares, que son santuarios. En medio dei derrumbamiento
general de instituciones morales y sociales, ellas han realizado el heroísmo de salvar el tesoro de amor que estaba confiado a su custodia. Todo se ha perdido menos eso.
Hemos visto borrarse en nuestra Patria, todos los distintivos de cultura y honor, que caracterizaban el alma me-

xicana; pero en medio de tantas catástrofes, las damas
mexicanas, pueden decir: nuest ros hogares están intactos;
y ellos pueden ser el cimiento de la reconstrucción nacional.
Y lo serán, sin duda. Cuando vemos el amor que
resucita en nuestras almas, al influjo santo de la caridad,
nuestra fe revive y cobra alientos para seguir luchando.
Lo único que se necesita es el espíritu de renunciación,
y ya está dado el ejemplo. A trabajar, pues, con tenacidad y con fe.
Las damas de nuestra tierra nos han mostrado el
camino. Ellas fueron ayer opulentas y hoy casi son
desheredadas ; habitaron palacios suntuosos y hoy moran
en tiendas de campaña, levantadas provisionalmente en
medio del desierto; vivieron una vida superior, adornada
con todos los refinamientos que proporcionan la cultura,
\a gr.acia, la belleza y el arte, y hoy en un ambiente distinto, sin encantos estéticosi ni espirituales, ven gastar sus
existencias sin que sus almas disfruten de los aromas ·y
resplandores de antaño . . . . . Y sin embargo, a pesar de
que han perdido casi todo, aun conservan fuerzas para
sostener a los débiles y levantar a los caídos. Son merecedoras de compasión, y sin embargo, la dispensan. Son
dignas de caridad, y la otorgan .....
El dqlor, en lugar de destruirlas, las ha galvanizado.
Se parecen a esos árboles, qué después de ser destrozados
por una tempestad, dejan escapar de sus troncos torcidos
de sus ramas estrujadas, un explosión de brotes y de
yemas, y le ofrecen en su desolación, un abrigo consolador a los pájaros errantes. Sí .... Sus rostros se han marchitado, sus frentes se han cubierto de sombras, sus cabezas encanecieron
El dolor ha doblegado sus cuerpos, antes gráciles y esbeltos: sólo en sus almas, las tristezas no han podido extinguir la primavera, la inextin·
guible primavera de ~u caridad.
Cuenta el poeta español Eduardo Marquina, que una
ocasión, una princesa, después de haber vaciado todas
sus escarcelas en obras de caridad, fue detenida por un
mendigo en actitud implorante. La princesa, que no llevaba ya una sola moneda, se descalzó el guante de la
diestra y se lo regaló al mendigo, que quedó perplejo
ante aquella extraña caridad. Un caballero que presenciaba la escena, redimió inmediatamente el guante de la
princesa, con una bolsa de oro, y lo colocó sobre su
casco como airon. Después, aquel caballero enardecido por la fe y aureolado por el guante blanco, fue
un defensor aguerrido de su Religión y de su Patria
que sembraba espanto en las huestes musulmanas. Las
armás enemigas no llegaban hasta él: la Caridad, flotando sobre su cabeza, parecía volverlo invulnerable.
Mexicanos: recoged los guantes de las damas caritativas y llevadlos a vuestros cascos. Y después, dedicaos a la redención de la Patria.

�5 de Mayo de 1862

terribles las legiones
cual de la mar las olas turbulentas
que flagela el furor de las tormentas,
se encuentran y se chocan y se rompen
feroces y sangrientas ..... .

Oda a la .Patria
Alcemos nuestro lábaro en la cumbre
esplendorosa ele granito y nieve
del excelso volcán, a donde raudo
entre el fulgor de la celeste lumbrr
tan sólo el cóndor a llegar se atreve;
donde la nube se desgarra el seno
para vibrar el rayo
y hacer rodar en el abismo el trueno.
Alcemos, sí, bajo la arcada inmensa
del cielo tropical y sob.re el ara
diamantina del Ande
el augusto pendón 2e la victoria,
que aun mereciera pedestal más grande,
la enseña de la Patria y de la Gloria.
¡ Oh santo nombre de la Patria! .... Escuda

con tu prestigio inmenso
esta mi audaz palabra tan des.nuda
de elocuencia y vigor; haz que vibrante
al pie de tus altares se levante,
y sea como la nube del incienso
ante el ara ele Dios; haz que resuene
potente, y en su vuelo
con tu renombre los espacios llene,
y cubra al mundo y se levante al cielo.
Ayer-fugaz minuto que a la -Historia
acaba de pasar en las serenas
y deslumbrantes alas de la Gloria,
ayer en la ignorada
cumbre de una colina que ceííía
una cinta de frágiles almenas
y pobre artillería,
e l mexicano pabellón flotaba
bajo un cielo lle brumas,
como en la frente del guerero azteca
rico penacho de vistosas plumas.
l\fas no flotaba al beso voluptuoso
de las brisas del trópico; crujía
al soplo tempestuoso
de un huracán de muerte, y se tendía
su lo.na tr"icolor, como del Iris
sobre la frente negra ele los .c iclos
la diadema se ostenta
cuando huyendo flamígera sacude
su melena de rayos la tormenta.
Y era también un iris de esperanza
aquel sagrado pabellón erguido
ante el genio feroz de la matanza,
aquella enscíía del cle,recho herido
alzándose terrible a la venganza.
Allí del mundo de Coló,n los ojos
severos
fijaban, centelleando
de impaciencia, de cólera y enojos.
Y quién sabe si airadas
allá desde los picos solita_rios
ele la alta cordillera, silenciosas,
envueltas en sus pálidos sudarios,
de nuestros héroes muertos asomaban
las sombras espectrales
y el Guadalupe atónitas miraban.

se

-

¡ El Guadalupe! ... . Ostenta en sus laderas
de la Patria las bélicas legiones,
brillan las armas, flotan las banderas
y se mezcla al rodar de los caííones
el toque del clarín, la voz de mando
y el relincho marcial de los bridones.

¿ Y es verdad .. . .. es verdad? ..... Los invencibles,
los que cejar no pueden,
los tigres de Inkerman y Solferino,
¿aquí blanca la faz, perdido el tino
y con miedo en el alma .. . .. retroceden?
¿ En dónde está su incontrastable arrojo?
¿ En dónde su furor armipotente?
¿ Do el llegar y vencer que suyo haría
inmóvil de terror el Continente?
Las águilas francesas
¿ no micliéron, cruzando el Ocea.110,
cuánto eres, Libertad, grande y potente
,
bajo el inmenso cielo americano? .....

'

Y más allá, cruzando la llanura,
henchidas de arrogancia,
tendiendo al sol las alas vo.ladoras,
las imperiales águilas de Francia
conduciendo las huestes invasoras.

Soberbias te arrojaron sus legiones;

Las huestes sin rival. En sus pe,ndones
cien y cien veces derramó laureles
propicia la Victoria;
soldados favoritos de la glor ia,
en los campos de Europa sus corceles
han dejado una huella ensangrentada,
y cien veces sus páginas la Historia
abrió a la punta de su atroz espada.

y viéndolas llegar, en tu mirada

las iras del ultraje centellearon;
y vibrándo relámpagos lu espada
sus golpes matadores
el rayo de la muerte fulminaron;
sangrie.nta charca abrióse tu pisada,
nada su rabia de leones pudo
y ante tu fuerte escudo
ellos, los invencibles ..... se estrellaron.

Ellos son los que avanzan .. . .. ¡ Dios Supremo
¡Ah! ¿ qué va a ser de nuestra pobre tierra
ante esos semidjoses de la guerra? ... ..
¿ Qué va a ser del soldado mexicano,
soldado humilde, si.n laurel ni pompa,
de esos titanes al tremendo empuje?

¡ Y tres veces así!. ... . Del Guadalupe
quedaron las laderas
de pálidos cadáveres sembradas,
y de francesa sangre
y sangre mexicana ¡ay! empapadas.

¿Qué va a ser? ... .. Vedlo ya .....
Suena la trompa,
silba la bala, la metralla ruge,
avanzán con furor los batallones,
se chocan los guerreros,
se desgarran flotando los pendones,
cru¡en tintos en sangre los aceros,
tiembla la cumbre, tiembla la llanura
al estruendo mortal de la pelea,
y de humo y polvo en la tiniebla oscura
el caf1ón formidable centellea.

Y cuando el sol de Anáhuac esplendente
bajaba al Occidente,
el ángel tutelar de la Victoria
voló a arrancarle su postrero rayo,
bañó con el de México la frente
sellándola ele gloria
y con letras del sol Cinco de Mayo
para los siglos escribió en la Historia.

***
Entonces ..... tú lo sabes, Puebla mía,
¡oh, Puebla! cuya heróica bizarría
nunca ensalzar como merece supe;
tu nombre, sepultado en el olvido,
aprencliólo la Francia al estampido
del caíión que tronaba en Guadalupe.

¡ Terrible batallar! Potente rabia
de insensato furor ebrio de sangre;
festín de la venganza
en que sólo resuena pavoroso
el salvaje ruj ir de la matanza;
en que fiera la vida
se escapa palpitante por la herida
del corazón indómito que aun late
encendido en las iras del combate;
instante de terror y de grandeza
en que el débil en bravo se convierte
y se hace león el corazón del fuerte;
y convulsa la vida se desgarra,
y se goza el Horror y ríe la Muerte.
¡ Terrible batallar I Golpe por golpe.
furor contra furor, vida por vicia
y sangre nada más: allí la fama
del francés vencedor y su pericia
contra el derecho transformado en puebk
y armado de justicia ... • .

Cayó ese nombre en la soberbia Europa
con el ruido triunfal de una Victoria,
cayó vestido con el ampo de oro
del sol de 1Iayo que alumbró tu gloria.

Desde entonces, allá, bajo el sereno
dosel de auroras que desplega Oriente,
envuelta en alas de oro por la lumbre
de aqueste sol triunfal, y coronada
con el lauro que el tiempo no destroza
del Guadalupe yérguese en la cumbre
la figura inmortal de Zaragoza.
Las águilas francesas que algún día
tendieron sobre el mundo
ebrias ele triunfo las potentes alas
llevando entre sus garras las banderas
vencidas y hechas' trizas
ele naciones altivas y guerreras;
las águilas que guiaron la fortuna
sangrienta ele los fieros Bonaparte,
110 pasaron su vuelo victorioso
después, del Guadalupe en el baluarte.
Y queda allí soberbio monumento
de patriotismo y gloria,
vistiendo con la sangre ,no lavada
la ptÍrpura triunfal ele su victoria.
Allí queda a su planta la esforzada
guerrera ele Atoyac. ruebla la bella,
la tierra de mi horrar que guarda altiva
cual cicatrices (lUe la gloria sella,
sus rotos muros, sus deshechos lares,
sus calles destrozadas,
y en pie las rui11as de sus rnndes templos
por la bala francesa acribilladas;
elocuente patrón del heroísmo
y del patrio denuedo,
página de la Historia
del mexicano corazón sin miedo.
Allí queda la invicta
amazona mostrando cual trofeo
la palpitainte herida del combate,
por la cual, ante el sol, como en el roto
pecho de los guerreros de Tirteo
se ve el valiente corazón que late.
Allí queda ese fuerte de los libres
ante cuyo granito la soberbia
cl"e los nunca vencidos se destroza;
¡ allí queda ese campo de pelea
donde hallaron las cruces de Crimea
los cascos del corcel de Zaragoza!
¡Allí quedas, mi Puebla! Y si algún día
arroja el extranjero
el grito de la guerra a tu muralla,
renueva tu osadía,
vibra de nuevo el matador acero,
desata el huracán de la metralla,
fulmina fiero de la muerte el rayo,
y la sangre del campo de batalla
seque aún otra vez la esple,ndorosa
lumbre ele gloria de tu sol de Mayo.

Manuel M. FLORES.

•

�CINCO DE MAYO

sin que tenga el otro, en la mano que le queda, nada sino
la rabia de haber sido mordido en la otra por su antiguo socio.
Don Manuel Doblado iba a salvar la dignidad, a costa de la muer.te:
Alvaro Obregón viene a asegurar el poder a costa
de la honra.
¿Qué se hicieron aquellos días y aquellos hombres?
¿Es que no los hay ya? Sí los hay, los ha habido, lo~,
habrá siempre en una tierra como México; pero se ha
hecho obra lenta~ cautelosa, y segura.
No se enviaban expediciones punitivas en tiempo del
General Díaz. Entonces, se dió armas y parque a Madero.
Si en 1914 se envió una expedición demost rativa a
Veracruz, la que "tampoco tenía ninguna intención hostil en .contra de México," sino que, por lo contrario, "demostraba la buena voluntad de Mr. Wilson para el 80
por ciento de los mexicanos," fue porque sabía el Gobierno de Washington que Venustiano Carranza y sus hombres se encargarían de desmentir la especie, como lo hicieron; se encargarían de combatir a Huerta, como lo
hicieron; en tanto que sé apresaba el cargamento del Ipiranga, y por eso se pudo enviar una expedición demostrativa en tiempo del General Huerta, para acabar con
Huerta.
Pero después de haber atado o muerto a los que
conservaban las tradiciones del 62; después de dos años
de lucha continua en que los cabecillas mexicanos han
tenido la misión encomendada por el Gobierno extranjero, de acabar con el país, de no dejar en él ni un pan
ni una moneda, ni un átomo de dignidad en los gober

1862 - 1916

Cuando el mes de diciembre de 1861 se presentó la
primera escuadrilla, de las coaligadas, la española, a la
vista de V eracruz, el General La Llave ordenó la desocupación de la ciudad, incapacitada para resistir. Los habitantes del puerto emigraron, ingresando los varones a
las filas, para combatir tierra adentro, y sólo las autoridades municipales permanecieron en el puerto para hacer entrega de la Ciudad y trasmitir su vigilancia a los
invasores. La peregrinación de los veracruzanos fue la
más grave protesta levantada en contra del atentado y
para no vivir en tierra ocupada por extranjeros, abandonaban sus hogares, buscando en tierra no profanada el
aire puro de la nacionalidad.
El día 10 de diciembre llegó el General Uraga, y de,
acuerdo con el General La Llave, se promulgó un decreto por el cual quedaba penado con la muerte quienquiera
que se pusiera en comunicación con el enemigo. Toda
liga, toda amistad, toda connivencia con fuerzas extranjeras que venían a ocupar la t ierra sagrada de la patria,
era una traición, y no sólo para los militares, sino tam-•
bién para los civiles. La única actitud digna era la del
silencio, la de una infranqueable barrera espiritual, más
impenetrable que todas las murallas.
Los daños causados a los extranjeros; la inseguridad en la República y "la amistosa oferta de auxiliar a
México a resolver sus dificultades" se invocaron para esa
expedición, y cuando los representantes de la triple alianza, de España, de Inglaterra y de Francia se reunieron,
redactaron una nota que explicaba su actitud y que la
hacía aparecer como la más desinteresada y benévola para la República.
"Tres grandes naciones no forman una alianza sólo
para reclamar de un pueblo a quien aflijen terribles males, la satisfacción de los agravips que les hayan sido inferidos.; tres grandes naciones se unen, estrechan y obran
en completo acuerdo para tender a ese pueblo una n:iano
amiga y generosa que lo levan~e, sin humillarlo, de la tan
lamentable postración en que se encuentra.
•
"El pueblo mexicano tiene su vida propia, tiene su
historia y su nacionalidad; es pues absurda la sospecha
de que entre en los planes de las tres naciones aliadas·
atentar contra la independencia de México.
"Por eso venimos a ser testigos y, si necesario fuese, protectores de la regeneración de México. Queremos
asistir a su organización definitiva sin intervención alguna en la forma de su gobierno ni en la administración
interior.
"A la República, sólo a ella corresponde juzgar cuáles son las instituciones que más le acomodan a su bienestar y a los progresos de la civilización en el siglo
XIX."
Esta nota fue enviada a México por medio de tres
representantes, uno por cada una de las potencias a~iadas
y entonces, también entonces, los que deseaban la intervención "para librar al pueblo de la opresión juarista,"
recibieron con agasajos, en la capital, a los . enviados,
exhibiéndose como muestra de las clases aptas para el
gobierno.
Los jefes aliados dieron aviso de que avanzarían a
la zona templada, pues temían los estragos del clima y

de la fiebre amarilla: Juárez contestó que no permitiría
el paso de las fuerzas extrañas; que pasasen a Orizaba
sus delegaciones y que sólo entraría en pláticas cuando
las tropas se reembarcaran.
Contestaron los jefes expedicionarios que su decisión era irrevocable y, a fin de evitar un rompimiento,
invitaban al Secretario de Relaciones a una conferencia.
Se aceptó esta idea y el 19 de febrero de 1862 se
reunieron en el pueblo de La Soledad, el general don
Manuel Doblado y don Juan Prim, conde de Reus, Marqués de los Castillejos, jefe de la expedición española.
El Conde de Reus -tonversó largamente con el general Doblado, le hizo toda clase de explicaciones, aseguró que la misión de la alianza tripartita era de paz y de
civilización, de ayuda y de desinterés, que no atentaba
contra la soberanía, que no significaba una invasión; que
no podía ser vista como un acto hostil.
Don Manuel Doblado pertenecía a aquella constelación de hombres que en torno de Juárez tenían como,
visión suprema la patria, y no forzó su inteligencia ni
su virtud hasta aparentar que creía verdad lo que su conciencia de patriota y su honor de hombre honrado reprobaban y rechazaban. Habló el interés de la República
por su boca, y ante esa firmeza, ante la actitud representativa de un gobierno y de un pueblo, el General Prim
celebró los tratados de la Soledad, por los que se contuvo
el avance de los aliados, preparando el retiro de las fuerzas de Inglaterra y de España, por lo que el General
Doblado pudo decir al General Prim, según la síntesis
bellísima de don Justo Sierra: "Señor General: sobre la
cruz de vuestra espada, la madre y la hija se han reconciliado."
El Ejército francés había decidido avanzar y se lanzó solo a la guerra.
No acudió el Ministro de la Guerra de Juárez a
servir de auxiliar a los extranjeros: el Gobierno del se~
ñor Juárez envió a su ejército a combatir en contra del
que violaba el suelo de la República.
Las fuerzas republicanas resistieron estoicamente en
las cumbres de Acultzingo; sacrificándose para proteger
la marcha del grueso del ejército; porque la misión de
aquellos hombres no era triunfar, sino defender, no era
medrar sino sucumbir.
Ante las vacilaciones de Uraga, Zaragoza había sido
designado General en Jefe del Ejército de Oriente y después de la batalla de Acultzingo, se dispuso a la defensa
en la ciudad de Puebla. Y fue entonces cuando las tropas mexicanas triunfaron sobre las francesas, fue entonces cuando el nombre de México llenó el mundo con el
heroísmo de sus hijos, cuando el rojo de la bandera, hasta
entonces tinto en sangre hermana, resplandeció con la
gloria de la sangre derramada en lucha de independencia.
Hoy, un destino cruel, y lleno de sarcasmo, celebra el
5 de mayo de 1862 con las conferencias del Ministro de
la Guerra Obregón y el Jefe de Estado Mayor Norteamericano H. L. Scott.
Como en la Soledad, se hallan un ministro mexicano
y un plenipotenciario extranjero, decidiendo de la suerte
de México, teniendo el uno en la mano una nota idéntica
a la que redactaron las potencias aliadas en 186!, pero

,

nantes ni en la hez de la tierra que forma sus mesnadas.
entonces si es posible enviar expediciones punitivas, entonces sí que puede el General Scott declarar que los Estados Unidos son los mejores amigos de México; que es
una gran nación la que tiende al pueblo mexicano una mano amiga y generosa que lo levante, sin humillarlo, de
la lamentable postración en que se ·encuentra y que lo
liberte, sin ofenderlo, de aquel bandido a quien Carranza
dio la banda, y los Estados Unidos la fuerza.
"Es pues absurda y criminal la_ sospecha de que en
los planes de la gran nación entre el atentar contra la
Independencia de México. Por eso quiere asistir a su
organización definitiva, sin intervención alguna en su forma de gobierno."
Los Estados Unidos dicen que confiaban en la habilidad de Scott, para convencer a Obregón, pues ya había dado pruebas con el indio Gerónimo y con el bandido
Villa. Ese triste comentario es el que viene a fijar el
puesto que a Alvaro Obregón corresponde y el 5 de mayo
lo encontrará esperando la ratificación de don Venustiano
o bien que surja la discordia entre ellos, como surgió
con Villa, para disputarse el poder, y cuando la mano de
Alvaro Obregón y las manos de Venustiano Carranza
lleven, en nombre del pueblo de México una corona de
laurel al busto del héroe del 5 de mayo, las tumbas se
removerán de congoja, gotas de llanto correrán por los
ojos secos del General Republicano y un grito de dolor
se hará oír desde el Bravo hasta el Suchate, sintiendo
que las coronas de estos dos hombres son signos funerales de la gloria de mayo, y viendo que sobre México,
como sobre las arenas de un desierto, se alza una esfinge colosal que interroga a Dios sobre el destino de la
Patria.

SONETOS
No importa que el rigor de tu desvío,
ante mi ruego fe rvoroso extremes,
ni que las alas de mi orgullo quemei
en el ara crüel de tu albedrío.

Parece que el relox suena las horai,
mi1s lentas cada vez, cual si quisiera,
al tiempo detener en su carrera,
y abati r sus cuadrigas voladoras.

Por algo, de mi amante desvarío,
.tsí te escudas y a mi lado tremes !
Y es que en la lucha que nos une, teme:
no resistir al sentimiento mío!

Pero estallan, de súbito, so noras,
las doce campanadas!; y en la esfera
pasa ron mis penares, como en la era
las espigas por manos segado ras.

Mi amor, al par de tus desdenes, medra;
y sin perder en su penar la calma,
mi corazón ni cede ni se arredra.

¡ Engaiíosa ilusión de nuestr~ vida,
que se consume para siempre unida
a todas las humanas pesadumbres t

¡ De mi constancia alcanzaré la palma I
La gota pasa por la dura piedra,
y así llegaré al fondo de tu alma I

¡ Igual hoy, como ayer. son mis cadenas,
mis crueles dudas, mis intensas penas,
y el mismo afán por las eternas cumbres!

Mariano VIESCA ARIZPE.

•

t

Mariano VIESCA ARISPE.

�I

CarranclanOlo gía
Lecciones Dialogadas
I.
-Qué es C'arranclanología?
-Una ciencia moderna que 1nos lleva a descubrir
los mits ocultos tesoros.
-Qué origen tiene la palabra?
-Viene de "Carranclán" (tela) y "Lagos" (discurso,) lo cual indica claramente que hay tela de donde
cortar.
-Se requiere mucho tiempo para el aprendizaje?
-Nó, seiior: en dos aiios se han realizado maravi llas por los AFILADOS.
AFILIADOS, querrá usted decir? Ha suprimido una I.
-Es de rigor suprimirla, por los elementos que se
util izan para la adquisición ele los tesoros ocultos.
-En qué co,nsisten esos tesoros?
-Tienen una variedad infinita, y sería larga su enumeración.
-Y qué sabemos de ellos?
-Lo único que sabemos es que se han perdido de
vis ta para sus primitivos poseedores.
-Qué ventajas se obtienen con el estudio de la Carranclanología?
-Pasar de la pobreza a la opu'.encia, sin esfuerzos
mentales ni físicos .
-Cuáles son los elementos que entran en juego
para esa transformación?
-Elementos morales, ninguno. Elementos materiales, las uiias.
-Y por qué se eliminan los elementos morales?
-Porque todo lo que sea moral estorba para el
ejercicio de esta ciencia.
-Pues entonces, c,n qué país vivimos?
-En Jauja.
-Por qué se le da ese nombre?
-Porque tocias sus riquezas están al alcance ele la
mano.
-Tuvo otro nombre este país en la antigiie&lt;lad?
-Sí lo tuvo: se le llamó México, cuando estaba regido por la dictadura.
-A qué se debió el cambio de i1ombre?
-Al cambio de Gobierno.
-Existen diferencias substanciales entre uno y otro
régimen?
-S0¡11 múltiples y notables las diferencias substanciales.
-Podríamos citar algunas?
-Sí podemos: en la a,ntigiiedad sólo los que trabajaban tenían el 'derec_ho de enriquecerse. Hoy se enriquecen los que no trabajan.
- Disfrutan de ese derecho todos los hijos ele Jauja?
-Unicamente los ciudadanos armados.
-Según eso no impera la igualdad social?
- Sí impera, porque a los ricos se les empobreció
y a los pobres se les dejó en su condición primitiva; de
manera que al mismo nivel ele pobreza quedar0¡11 unos
y otros.
-Qué se exige entonces para gozar hoy ele bienes
de for tuna?
-Haberse levantado en armas.

-Y para despojar ele lo suyo a los ricos, se empleó algún sistema ele violencia?
-Nó, seiior; el ele las incautacio,nes iiada más. Los
ciudadanos armados se aclueí1aron de los bienes a1enos1
para remediar los males propios.
-Qué otro fin se propusieron con ello?
-Castigar así a los que en el curso de treinta aííos de
paz, come tieron la torpeza de hacerse poderosos.
-Y por qué '·la torpeza"?
Por dos razones: porque a menos tiempo para enriquecer corresponde mayor habilidad; y porque se olvidaron de l proloquio aquel: "Nadie sabe para qu ién trabaja."
-De modo que actualmente sólo son ricos los Carranclanó!ogos?
-Nada más ellos poseen tocias las riquezas del
país.
-Debe estimarse este proceclimie,nto como un ataque a la propiedad?
-De ninguna manera: los bienes han de ser repartidos equitativamente; y como los ricos de ayer ya disfrutaron de sus b:enes durante treinta aííos,-m ient ras
los ciudadanos que toda vía no se armaban, viv ían en la
indigencia,-es justa la translacíó n de valores de una mano a otra, para que los desgraciados de anta ii o sean los
venturosos del día.
-No es esto absurdo y atentatorio?
-No lo es, porque obedece a la ley ele las compensaciones.
-Y qué providencia ha n tomado los ricos despojados?
-Ninguna: se han resignado cristianamente, esperando que venga.n otros días.
-Es decir, Don Félix?
- Nó, seiior: DIAS (con S.)
-Entonces no es ese?
-Precisamente es ESE, no ZETA.
-Bueno ..... no vayamos a enreciamos. Pasaremos
a la Lección Segunda.
-Como usted guste.

II.
Según lo dicho en la Lección Primera, los carra,nclanólogos son en Jauja los que hacen ahora mejor papel?
-1[ejor papel, nó: más a_buncla.nte, sí.
-Ha trocado usted los papeles: yo no me refería al
bilimb ique. Pero ya que llegamos a este punto, cómo
debe calificarse la creaciáin de este pape l?
-De muy sabia, económicamente considerada; porque fue emitida por unos y va ser amortizada por otros.
-Y este procedimiento se avíe.ne con las leyes de
la equidad?
-Se aviene perfectamente, ciiiéndonos a la moderna ciencia carranclanólogica que vino a derribar las rancias teorías del pretorianismo .... .
-No habrá que ampliar ese concepto para su más
clara inteligencia?
- Lo ampliaré. Conforme a las doctrinas dictatoriales, quien co,ntraía una deuda, estaba obligado a solventarla, por una ley tiránica que puede formularse con esta
conocida frase: "El que la hace la paga." ·ne acuerdo

Cón la moderna ciencia que estamos analizando, no puede

recaer la deuda exclusivamente sobre el que le dio origen.
Ahora. ''Unos la hacen y otros la pagan."
-:Muy bien. Y acerca del socialismo, qué nos enseíía la Carranclanología?
-Nos enseña que el socialismo es una doctrina en
virtud de la cual se ataca hoy lo que maiiana habr;'.1 de
defenderse.
-Entonces esos adeptos no son fieles a su credo~
-No lo son: el socialista necesita por acicate, la
pobreza. En esta condición va rudamente contra el capital. l1na vez que ha pasado ele la pobreza a la opulencia, el socialismo desaparece, y queda en pie un nuevo
ejemplar ele la burguesía, que naturalmente defiende con
vigor los tesoros adquiridos. •
-Hay ejemplos que comprueben esa afirmac!ón?
-Los hay: el elemento renovador instigó a las clases trabajadoras, permitiendo la organización ele Casas
del Obrero :Mundial, mientras aquel no había consumado
su labor de incautaciones. Terminada felizmente esta
labor, las casas del Obrero Mundial fueron clausuradas
y perseguidos sus miembros por perturbadores de la tranquilidad pública. Hasta se llegó a designarlos con un
mote infamatorio: se les llamó ":MUGRERO MUNDIAL."
-Este punto está ligado co.n las huelgas?
-Sí lo está: las huelgas, conforme al programa renovador fueron excelentes para entusiasmar a las masas,
mie.ntras se rebelaban contra los hoy ex-ricos. Al obrero que se atreva hoy a reclamar salario mayor, sobre todo en dependencias oficiales-ya de la,s ostensibles, ya ele
las clandestinas- se le castiga con amonestactón ? cárcel, obligá,nclosele, bajo penas más severas, a que vuelva
al trabajo.
-Debe castigarse esto como una buena medida?
-Seguramente, porque así los espíritus belicosos se
aplacan; el capital no sufre menoscabo, y el orden queda
r establecido.
Qué máxima sapienfísima se cumple por este medio?
- La que está condensada en estas históricas palabras: "El respeto al derecho ajeno es la paz," firme
cimiento en que reposa la Carranclanología.

III.
-A qué regla se ha sometido esta ciencia para sus
procedimientos?
-A las cuatro elementales de la aritmética: sumar,
r estar, multiplicar y dividir.
-Podríamos conocerlas en los detalles de su aplicación?
-Si, seííor: se reunió un inmenso número de habitantes de lo más granado de la gleba para levantarse en
armas. He aquí la suma. Ya con rifle en mano, vino la

actjuclicación de los tesoros ocultos. He aquí la resta. Se
Janzaro.n a la circulación millones de bilimbiques. He
aquí la multiplicación. Se desunieron más tarde los re·
dentares, formando varias facciones. He aquí la división.
-Y son estas las únicas reglas adoptadas?
-Hay otra: la de alejar de su seno todo factor que
hubiere pertenecido a la dictadura. P orque en el radicalismo es tá la fuerza vital de totlo parti do pol ítico, según
reza la Carranclanología.
-Pero no tiene excepción esa regla?
-Es una ax ioma qu e no hay regla sin excepc1on.
Quien levan tó la ·enseiia salvadora, ciando nombre a esa
ciencia, pasó en la Senaduría pre toriana unos quince años.
-Omitamos alusiones personales. Por qué la fuerza vital ele un partido político está en el racl icalísmo?
-Porque de este modo. 1io habrá sino un solo particlo: el imperante.
-Y este sistema no es dictatorial?
-Seg(in desde donde se le aprecie: para los que estfr n
fuera del círculo de carranclanólogos, sí; para los que están dentro, nó.
-Entonces qué bc.nefic¡o ha recibido el pueblo con el
camb io de Gobierno?
-El beneficio de una enseñanza práctica, ele que se
le tuvo privado por más de un terc io de siglo.
·
-Debemos decir, pues, que se le ha burlado?
-No debemos decirlo, porque se le ha proporcionado
una rica dosis de experiencia política. Y estas lecciones,
sólo se obtienen a costa de sangre y ele dinero.
-\r olverá entonces el pue bl o a verse e.n las mismas
condiciones ele antaño?
-En las mismas, nó: Porqu e la paz aborrecible de
ayer, permitía. la alimentación substanciosa . barata y abundante, y esto prolongaba la existencia de los cit(dadanos.
Ahora las dificultades para ob ten er el pan ele cada día,·
abreviarán la vida de los hijos de Jauja, y a menos moradores corresponderán más tajadas.
-Según esto, la guerra ha resultado dob lemente provechosa?
-Doblemente provechosa, sí, seiior : provechosa por
la enseñanza de que antes se habló, y provechosa por la
diminución en las unidades humanas. Algunos cientos. de
miles &lt;le hombres muertos en los ca mpos de batalla, representan bastantes tonC'ladas de panec illos que podrán distribuirse entre los que vamos que dando. Y si agregarnos
las clefunciones que vengan por inanició n, se mu ltiplicarán
los panes.
-Vendrá, pues, el milagro híblico?
-Y también el milagro ele la Carranclanología, si es
que no se aplica a los panes la nomenclatura de tesoros
ocultos.
En Jauja, a JO de Mayo de 1916.

SILVERIO.

�fiil~-~

EL SOL DE MAYO

-

Por Juan A. Mateas

Belleza8 In/antileB

l.
\

Estamos en las primeras horas del s de 111ayo de 11:162.
Los celajes de la mañana comienzan a sonrosarse
en el confín de un horizonte claro por las brisas purísimas de la madrugada.
¡ En el fondo del ciclo levanta su frente la Malintzin como la deidad ante la cual se prosternaron n11estro5
mayores, y más allá esos dos gigantes hermanos cuhiertos con su armadura de hielo, que se llaman Popocatepetl
y el Ixtlacihuatl !
El Atoyac corre tranquilo rompiendo en las márgenes de flores sus cristales trasparentes.
La lluvia de la noche convertida en perlas y brillantes oscila en las hojas de los árboles y salpica la alfombra
de esmeralda de la llanura.
La extesión está sola; algunas bandadas de pájaros
atraviesa.n por intervalos volviendo a desaparecer y dejando limpia y trasparente esa gasa que media entre el cielo y el abismo.
La ciudad sale de las sombras ele la noche y la luz
comienza a iluminar su blanco caserío, y sus agujas se
destacan con majestad y elegancia en el zafiro hermoso de
la atmósfera.
Entre las confusas sombras del amanecer, se percibe una serpiente de escamas de hierro que parece salir del
corazón de la ciudad.
Se escucha el ruído de sus anillos acerados, y se
adelanta atrevida e,ntre las laderas del camii10 1 y sigue su
ruta hacia el Oriente.
Aquel monstruo es el genio de la guerra.
Es un ejército que busca con sus armas el pecho
de su enemigo.
Todo aquel ruído sombrío se apaga, y el silencio recobra su majestad y su dominio.
Si un peregrino atravesase entre el crepúsculo de la
mañana por aquellas rocas, no so,spccharía ante aquel cuadro de paz y prolongada calma, que estaba sobre el formidable teatro de una catástrofe.

II.

N iña Carmen E. • Cisnero,
de la C. de M éxico.

~.

¡ Rasgóse al fin la bruma del hotizonte, y los primeros rayos de un sol incandescente reflejaron sobre los
volcanes, alumbrando de súbito la ciudad, y las montañas,
y la llanura, y vibrando en un cambiante de gloria sobre
las armas ele nuestro ejército, y dando de lleno con su esplendor en esos estandartes venerandos nacidos en la hora
primera de nuestra independencia! .. ...
Las sonoras campanas de la basílica dieron el toque
del Ave María, y como si aquel toque hubiese sido, no un
eco religioso, sino una señal ele alarma, las músicas tocias
del ejército que iba a combatir, rompieron en sones marciales, a los que respondieron mil vivas de entusiasmo que
repercutieron e,n el fondo del valle y en el seno de granito ele las montañas.
El estandarte nacional ondeaba en las altas torres
de las iglesias y de los palacios, y se desplegaba sobre el
campo de la lid, llamando a la lucha a sus adversarios.
Aquel sol, cuya radiante luz había sido llamada por
Dios en el cuarto día del Génesis, llevaría la gloriosa memoria de una batalla a las regiones occidentales.

III.
La verdad histórica suple en esta vez a la imagina-

ción del novelista: oigamos lo que dice sobre este memorable ac0intecimiento. ·
El general Zaragoza ha formado su batalla hacia la
parte occidental de su campamento.
El ala derecha de su línea la cubren los invencibles
cuerpos de Oaxaca, los compañeros de aquellos valientes
que guardan las tumbas abiertas por el incendio en San
Andrés Chalchicomula.
Allí se ostentan los carabineros de Pachuca, los lanceros de Toluca y los de Oaxaca.
El centro, que es el lugar· de h0inor, lo ocupan el
valiente Berriozábal y Lamadrid, con las brigadas de
México y San Luis.
La izquierda está apoyada en los cerros de Loreto
y Guadalupe, con Negrete a la cabeza de 1200 soldados
de Puebla y Morelia.
Aquel ejército estaba orgulloso de sus combates y se
sentía capaz de afrontar el choque enemigo, por formidable que fuese.
La artillería sobrante se situó sobre los fortines de
la ciudad.
Zaragoza asumió entonces la actitud histórica que
determinó en ese día su gigante figura en el mundo de
la heroicidad y de la fama.
Esperó .tranquilo la llegada del e,nemigo, sus labios
permanecieron en silencio y en su faz había algo de
sombrío.
Napoleón I estaba triste, dicen los historiadore~,
la víspera de Austerlitz.

IV.
Alzóse una pequeña nube sobre uno de los baluartes
del cerro de Guadalupe y vibró instantáneamente una detonación.
¡ El enemigo estaba a la vista I
Aquel telégrafo de la muerte prodt110 u,n estremecimiento nervioso en la ciudad, e hizo discurrir un fríó terrible en el ejército de la República.
¡ El enemigo estaba a la vista!
Z&lt;!ragoza sintió el golpe eléctrico en su cerebro, y la
inspiración cernió sus alas sobre aquella frente de gigante.
Corrió sus acicates por los espumosos ijares de su
corc~l y se avanzó a sus soldados, que yacían inmóviles
viendo el camino por do,nde comenzaba a aparecer el
enemigo.
-¡ Soldados,-gritó con voz eje trueno ;-os ha beis
portado como héroes combatiendo por la Reforma, vuestros
esfuerzos han sido coronados siempre del mayor éxito,
y no una, sino infinidad de veces habeis hech'O doblar la
cerviz a vuestros adversarios: Loma Alta, Silao, Guadalajara y Calculálpamf son. nombres que habéis eternizado con vuestros trinfos. Hoy vais a pelear por un
objeto sagrado: vais a pelear por la Patria, y yo me prometo que en la presente jornada, le conquistareis un
día de gloria. Nuestros enemigos son los primeros soldados del mundo; pero vosotros sois los primecos hijos del mundo y os quierén arrebatar vuestra patria.
¡Soldados! .... leo en vuestra frente la victoria. Fe,
y .... ¡ viva la independe,ncia nacional! .... ¡ viva la patria!
¡ Un grito unísono de entusiasmo se levantó de
aquella muchedumbre, un solo grito que hizo estremecer los corazones con el aliento abrasador de la esperanza!

�Zaragoza recorrió la línea, deteniéndose ante los
batallones, dejando caer un recuerdo de gloria, ~na memoria de triunfo, una esperanza para el porvenir.
Las dianas, las músicas, los gritos ele entusiasmo,
se sucedían n como el fuego de la erupción. ·
Aquel ejército so lemnizaba la victoria antes del
combate.
·
Zaragoza estaba satisfecho.
Aquella fiesta patriótica cayó repentinamente al toque de atención dado por el clar¡u de órdenes del general.

v.
Las guerrillas de caba1Icría venían batiéndose en retirada y fogueando al enemigo, que avanzaba como una
nube de tempestad sobre el campo republicano.
Avanzó a lo largo del camino, in itíándose la batalla
frente a la garita de Amozoc.
Repentinamente aquella masa se cargó a su flanco
derecho y en· s u movimiento oblicuo llegó al pie del cerro
de Amalucan, apoyándose en la hacienda de los Alamos,
mientras sus baterías se situaron convenientemente frente a las posiciones de Loreto y Guadalupe.
Zaragoza comprendió el plan de Laurencez al ver
sü movimiento de flanco, y con la rapidez del rayo dió
otro orden a su batalla.
Berriozábal, con la división ele :México, ascendió a
paso veloz por las rocas, y se situ ó en la hondonada que
media entre los cerros de Loreto y Guada lupe.
Honra a ese bravo general, el orden en que efectuó
su movimiento y su gran serenidad al frente del enemigo.
El general Anto,nio Alvarez, con los carabineros,
cubrió la izquierda de las for tifi cacio nes.
A la derecha, formándo ángu lo con los fortines, se
extendía la línea de batalla desde el cerro ele Guadalupe
a la plaza de Román, frente de las posicio.nes del enemigo.
A la misma altura del cerro y sobre el camino que
sale púa la garita, se situaron dos piezas ele batalla, protegida s por la brigada al mando de Lamadrid, que se prolongaba en lín ea ele batalla hasta la iglesia ele los Remedios.
Cerraba el costado derecho la div is ión ele Oaxaca,
apoyada en la plazuela de Román, con su dotación de
artillería, y a la espalda los escuadrones de Toluca y
Oaxaca.
Tal era la situación de los combatientes momentos
antes de comenzar el combate.
Zaragoza sacó su reloj y dijo a su Cuartel-1faestre:
-Señor general, las once y tres cuartos.
A esa hora había comenzado la batalla ele \Vaterloo.

VI.
De aquella nube tormentosa posada en la cima de
Amalucan, se desprendían los primeros relámpagos que
debc.n pre-ceder a la catarata.
Los zuavos se desparraman en tiradores, cambiando sus tiros con las tenaces guerrillas de caballería, que
no se repliegan hasta ver sa lir las columnas de ataque.
Cuatro masas compactas de a mil hombres caminan
sobre su flanco derecho en dirección al cerro de Guadalupe.
Pasan a lo largo del pie de la montaiía s iempre en
movimiento oblicuo, hasta ponerse a tiro de caiíó,n de
las posiciones republicanas.
¡ Qué bello era aquel espectácu lo!
Los soldados marciales de la Francia, no desmentían esa fama que ha llegado al apoteosis; caminaban serenos, impasibles, arrastrando en su paso aquel lujo de
trenes y sin desordenarse al recibir el mortífero fuego de
la artillería que jugaba implacable sobre las columnas.
Colocan sus caño,nes en medio de aquel huracán de
proyectiles, y responden a la muerte que los ha seguido

en todo su lrayeclo, con el bronce ele sus balerías.
Las columnas atravesaban lentas y silenciosas el
espacio ele Rementería que media entre Amalucan y Guadalupe, perdiéndose entre las ondulaciones y sinuosidades
del terreno.
Desaparecieron. unos instantes: era que ascendían por
las rocas ocultándose ele los defensores.
De repente las cabezas ele los tiradores zuavos con
la roja calotte coronando su tostada frente, con la mirada
chispeante, asomaron por las orillas ele la colina; ascendiendo atrevidos en pos de la victoria.
Los fortines hicieron el p rimer disparo, y la columna se sintió conmovida por la metralla.
Entonces la división Ilerriozábal se lanzó como el
huracán al encuentro de la columna, y las bayonetas se
cruzaron, y la sangre corrió a torrentes, y la muerte discurrió haciendo un estrago espantoso.
Aquella masa compacta onduló un instante, vaciló
y retrocedió al fin en buen orden, hasta po,nerse fuera
ele t iro.

VII.
lTn momento bastó para que se repusieran en su
moral, los clarines tocaban a ataque y las columnas tornaron a embestir con denuedo.
Los zuavos, con la desesperación ele la derrota, desafiaban a la muerte con un valor exagerado.
La columna avanzaba a paso de carga en medio de
una tormenta de metralla.
Los fuertes de Loreto y Guadalupe vomitaban bronce y nuestra línea ele batalla permanecía como una cadena de hierro eslabonando los dos cerros.
Los regimientos primero y segundo de marina y los
zuavos, intentan decidir el combate, y como leones se
precip itan sobre la línea que lo s recibe a la bayoneta.
Negrete, que había mandado a los zacapoaxtlas po-'
nerse pecho a tierra, gritó con ese acento que Dios le
presta sólo a los buenos hij os de una patria agonizante:
-¡ Ahora, e.n nombre ele Dios, nosotros !
Aquella yoz fue la evocación sagrada al genio de la
victoria, porque la columna francesa fue arrollada completamente y puesta en dispersión.
La gritería, dice un testigo presencial, era horrible;
al ronco acento del francés se mezclaba la aguda gama del
zacapoaxtla y el grito burlón de nuestros soldados del
pueblo, apenas distinguid!JS entre los tiros y los clamores
de muerte y exterminio.
En aquellos momentos el pundonoroso y valiente
genera l Rojo, avisa al general Alvarez que era tiempo de
lanzar la caballería para alcanzar una completa victoria.
Nuestros dragones se precipitan sob re los restos de
la columna, que con una serenidad admirable, se replega
a su campo, bati6ndose en retirada.
No habían pronunciado aun su última palab ra en la
arena ele la liza.

VIII.
Laurencez estaba perdido y desmoralizado, dos ataques con un éxito desgraciado lo ten ían casi clemente.
Se propone dar un últim o asalto, pero simultáneo,
buscando de dos probabilidades una de éxito favorable.
Organiza una columna con los cazadores de Vince nnes y el regimiento de zuavos, y torna a dirigirlos sobre el cerro de Guadalupe, mientras pone en marcha otra
compuesta del resto ele sus tropas y ataca la derech;L de
la batalla de Zaragoza.
E ntonces los zapadores al mando de Lamadrid le
sa len a l encuentro, y se empeña un terrible combate a la
bayoneta.
Una casa que se halla situada a la falda del cerro
es el punlo objetivo; los franceses se posesionan de ella,
y son arrojados por los zapadores; la tornan a reco-

J

br!lr, y una lucha más sangrienta aún se renueva en el
s itio fatal.
El cabo Palomino se mezcla entre los zuavos y se
bate cuerpo a cuerpo con el arrogante soldado francés,
y el guión de los zuavos pasa a sus ni"anos cuando su
g{1arda ha lanzado el último suspiro por la herida abierta
en el centro del corazón.
-Seíior general,-gritaba Ilaro a Laurencez,-habéis perdido en tres encuentros; dadme las fuerzas que os
quedan. y me comprometo a tomar la ciudad por el lado
del Carmen; ha sucedido lo que os he pronosticado. el or.gullo mil itar os ha perdido.
-¿ Y quién sois vos,-gritó Laurencez,-para atreveros a un general del ejército francés?
-No es tiempo-de recriminaciones, reunid vuestra gente y emprended el ataque como os indico. porque esa columna que va sobre Guadalupe será derrotada irremis iblemente.
-Callad, caballero, y dejadme; aun tengo fe en
mis soldados.
-Haced que se bata todo el 9() cíe línea, aun pocle is pretender ttna victoria.
· -¿ Y con qué me retiro?-dijo Laurencez sin pensar
en la prenda que había soltado.
Raro y Almonte se vieron con asombro, Laurencez
tenía razón.
Los mexicanos que mili taban a la orden ele los franceses, estaban admirados, .no podían creer Jo que pa lpaban
en aquel los momentos.
Los franceses se creían presa de una pesadi lla horrible.

IX.
Las nubes se habían con&lt;lcnsa&lt;lo y flotaban en los
picos ele las montañas.
Oscurecióse el cielo y una sombra oscura cayó sobre
aquel campo escarbado y lleno ele cadáveres.
Desprendióse una horrible tormenta con funclienclo
los t ruenos del rayo con las detonaciones de la artillería.
Abriéronse las cataratas de las nubes y el agua cayó
a torrentes, envolviendo a los batalladores.
La lluvia había determinado la derrota ele \\'aterloo.
La columna ascendía con dificultad en medio de la
tormenta que se desplomaba, los toques de clari.nes no cesaban de mandar el asalto.
Comprometióse el combate ele una manera terrible;
Zaragoza, qu&lt;: vela lleno ele ansiedad cuanto pasaba, envió
a paso veloz al batallón Reforma en auxilio ele los ce rros
donde zuavos y cazadores se disputaban la victoria.
Los mexicanos saltaron las trin clieras, jugaban el
todo por el todo.
Los franceses llegaron hasta los fosos.
En los parapetos ele Loreto había una. pieza de batalla que hacía un formidab le estrago en las filas de los
asaltantes: en tonces los zuavos hicieron un empuje desesperado y se arrojaron sobre la pieza.
l~n aquellos momentos el arti ll ero tenía en las ma,nos el proyecti l que iba a colocar en la boca del cañón.
si n que hubiese tenido tiempo por la rapidez con que el
zuavo hahja llegado al parapeto.
Tras de aquel hombre \·enía una multitud, que una
vez apoderados del fortín. levantarían la moral de su ejército y sé perdía en un instante la gloria adquirida a costa
de tan to sacrificio.
El soldado arrojó el proyectil a la cabeza ele su adversario, que herido mortalmente, rodí, en el foso del
parape to.
Los zuavos retrocedieron, avanzó la línea mexicana,
y ya encarnizada en el último combate, acribillc'i a los franceses y se gozó siniestramente en su derrota.
Aquel los valientes que habían tocado con• s us ma-

nos las p ied ras ele los fortines, no sobrevivieron a la catástrofe de su ejérc ito ni a la vergüenza de su bandera.

X.
Cuando las columnas enviadas por Laurencez lleg-aban a los fortines ele Guadalupe y Lorcto, las fuerzas
francesas se destacaban a la posición del general Díaz,
avanzando protegidas por u;1 escuadrón y una línea formidable de ti radores.
El valiente general acudió en auxilio del batallón de
San Lu is, que estaba a punclo ele ser envu elto por el
enemigo.
l\!ovió en columna al batallón Gue rrero a las órdenes de Jiménd, desplegando ins tantáneame nte su batalla,
ganando terren o a los franceses.
Empeiióse un serio combate siempre avanzado y
haciendo retroceder al enemigo.
llabían ade la ntado tanto hacia las posicio ne s ele
Laurencez. que estaba próxima la columna a quedar aislada y comprometida; en tonces el general Díaz envió a
los batallones primero y segundo el e Oaxaca, al mando
de Espinosa y Loaeza, cia ndo un impulso formidable con
aque l áuxilio , que desalojaron al enemigo de las trincheras naturales con que el terreno lo favorecía.
El éxito alentó al joven cau dillo, que destacó al batalJón 1Iorelos, reserva de la línea y mandado por Ballestero s, con dos piezas de batalla reforzó la izquierda, y
por la derecha envió a R ifl eros co,n los escuadrones de
Toluca y Oaxaca.
Díaz quedó clueiío del campo y .necesitó ele repetidas
órdenes de Zaragoza para regresar a sus posici ones.
En aquelos momentos las columnas ele Laurencez
bajan de Guadalupe esparcidas y en completa dispersión,
rechazadas e~1 su última intentona y replegándose a la hacienda ele San José.
Los restos ensangrentados ele la última columna
de ataque, llegaron simultáneamente a la hacie nda, donde
tomaban al iento sus compaíieros de infortunio.
Laurencez, al ver descender a sus so ldad os perseguidos por la caballería y en perfecta dispersió n, se cubrió el rostro con las manos y lloró desesperado como un
mise rable, s i.n atreverse a levantarse la tapa de los sesos
como Lord Raglan al vac.'ilar las columnas inglesas en la
toma del reducto de 1Ialakoff.

XI.
La temp estad se había alejado en el horizonte arrollánd ose las nubes por el aliento pujante del vendaba!.
El cielo estaba bañado con la luz del crepúsculo
vespertino, y los pabe ll ones ele fuego del sol, en su descenso al occidente, inundaban la ex tensión, reflejando en visos de escarlata sobre los volcanes y &lt;'xtencliénclose en
olas de oro sobre la Jl anura.
La ciudad repicaba a vue lo, la pohlacicín acudía eJJ
masa al teatro cl t&gt;l combate, y los parches guerreros y las
música s sal uda ba n a l ,,u1gel ele la victoria.
El general Zaragoza, que había permanecido durante la acción en la iglesia de los Remedios, desde dond e había dir igido hábilmente la batalla. atravesó delante de las
filas ele sus heroicos so ldados con la frente deséubierta,
si n poder pronunciar una palabra, embargado por la más
santa ele las emociones.
La presencia del general cansó una profunda sensación. los soldados Jl oraban, tomaban las 1=ienclas de s u caballo, y Zaragoza lleYaba húmedos los ojos y las s ienes
circundadas co.n el lauro inmarcesible de la victoria.
E l sol de Mayo alu mbraba aque lla g randiosa escena
y se tendía en un magnífico dosel tras aque lla gigan te. figura, adoración de un ejército y sernidio s en e l templo
de la patria.

�. ,. ,. . . _, _' l.
.

Infantería, Caballería y Artillería de Francia
En los grabados de esta plana se ven perfectamente las tres armas del ejérci!o francés.
perior se destaca un regimiento de .coraceros en el momento de avanzar sobre el enemigo.

En la parte suEn el grabado de

la derecha se mira una sección de ametra lladoras en el momento de disparar en contra del adversario: un soldado, saca los cartuchos de la caja de municiones, otro los va pasando al oficial enca rgado ele cargar el arma
mortífera y otro es el encargado de manejar el arma.
En la ilustración inferior se ve un cuerpo de infantería, pecho en tierra, disparando también en contra
del enemigo.
Los tres grabados _muestran, respectivamente, a la infantería, a la caballería y a la artillería francesas en
acción.

Est05 cuerpos son los que en la actualidad de tienden el honor de F rancia, desde las fortalezas de

Verdun.
SLn embargo, un ejército tan glorioso, como éste, fue rechazado hace más de medio siglo, en las murallas
de Puebla, por el invicto General don Ignacio í'.a t agoza.
¡ Loor a nuestros héroes !

.

.

�Lfl Muerte del Héroe
Poesía pronunciada atte el cadáver del General Zaragoza, por el preclaro
tribuno D. Guillermo Prieto.
¡ Cadáver imponente! ¡ espectro augusto!
¡ Ser de la ,nada! ¡ nada de la vida I
¡ Qué pretendes· de mí? ¿ Tu labio abierto

Se ha reservado tu postrer gemido
Para la]tiarlo aquí, sublime muerto?
¿ Eres una expiación? ¿ En su venganza
Quiso implacable el bárbaro destino
Hundir en el ocaso de la tumba
E l sol consolador de la esperanza?
Ser de vindicación, no, tú no mueres;
¿Cómo morir tan bueno y tan amado?
¿ Cómo morir, cuando eras la victoria?
¿ Cómo morir el fuerte, el inspirado?
¿ Cómo muere la fe? ¿cómo la gloria'
)'." tú allí estás, cadáver implacable;
Y tú allí estás, mentís de la existencia,
Sol sin luz, encina sin su savia,
Rambla de arena de agotado río,
Mnerte .... muerte .... ¡Dios mío!
¿ A dónde está el guerrero venturoso,
Relámpago al moverse, al herir rayo,
Que enarboló nuestro pendón hermoso,
Resplandeciente con el sol de Mayo?
¿ Dónde el escollo está, que en la tormenta
Destronó co.n empuje diamantino
Las olas que inundaron a Magenta
Y que tiñó con sangre Solferino?
¿ Por qué inmóvil estás, noble soldado
Que al clamor de metal de tus cañones,
Presentaste del orbe a las naciones
El nombre de tu patria vindicado?
A tí el incienso del amor del pueblo:
A tí los rayos de su nueva aurora:
A ..tí los ecos de sus cantos puros:
A tí el alma de su alma que te adora.
Esfuerzo de león, alma de niño,
Después de la campaña turbulenta
Se inclinaba al herido con cariño,
Olvidando ¡ti verdugo de los suyos
Por honrar al valiente de Magenta.
Esfuerzo de león, alma sublime,
Desprecia del contrario los ultrajes,
Y le repite al que entre hierros gime,
Libre eres como el aire, ¡ oh prisionero\
Así es como se vengan los salvajes~
¿ Cómo perderte así? Luego modesto
Detrás de tus legiones te escondías,
Como sereno sol tras los celajes.
Recoge sus divinos resplandores,
Y los viste de mágicos colores
Dejando sólo adivinar su frente.
O como ola potente
Que después de su curso turbulento,
Se aduerme en un remanso trasparente
Y allí humikle retrata el firmamento.
Cadáver inflexible, ojo sin vicia,
¿ Qué pretendes de mí? ¿No ves que mí alma
Tiembla entre mis entrañas de quebranto?
¿No está mi voz, que incrédulo divago,
La sientes empapada con mi llanto?
¿ Quién razona el dolor? ¿ Quién es que puede

Decir al corazón, oye, medita,
Cuándo está desbordándose en gemidos
El intenso dolor que al pecho agita?
Patria, patria de lágrimas, mi patria,
Basta ya, basta ya; mira tu cáliz
Con sangre de tus héroes rebosando;
. i\ladre infeliz, las tumbas de tus hijcs,
Como de carne humana, están sangrando.
Alza _.esa frente a tu dolor rendida;
Retira de tus ojos el cabello,
Y grande en tu dolor, águila herida,
Que te halle el infortunio erguido el' cuello.
Grande es tu corazón, linda tu frente;
Esfuerza tu valor, renueva el brío,
Que aun tienen sangre que verter las venas
Que aun flotan tus banderas en Oriente,
Que aun ha de hallar el invasor impío
Quien a los tigres de Africa escarmiente.
¿ Ese cadáver ves? ¡¡¡Fue que Dios qu ise
Consagrar con la muerte tanta gloria,
Y que ese nombre fuera para el pueblo
L'. n canto de victoria!!!
¿ Ese cadáver ves? Un laurel era
En medio del terror de la matanza;
Pues Dios lo trajo a sí, para que fuera;
En los cielos un astro de esperanza.
¿ Ese cadáver ves? Era un caudillo
Pues Dios le transformó, le dió su brilló.
Y al envolvernos el presente oscuro,
Esa tumba hablará, dirá a los pueblos:
.México, vencerás: ¡ fe en el futuro!
Y tú allí estás, cadáver impasible,
Tenaz despojo que mi vista espanta.
;_J\.lien!e la realidad? ¿pues por qué creo
Que a marchar con sus huestes se levanta?
¡Horrible delirar! barba atrevida
Que burló los escollos altanera,
Y que a un revés del inconstante viento
Inútil flota en las inquietas olas . ....
¡ Horrible delirar! barca atrevida
México ufana, atravesar gozoso
Tus calles de palacios, trascendiendo
De heroísmo y juventud. Ayer le viste
Ardiente en el festín alzar su copa
Y al brindar por tu nombre y tu decoro
¡ Oh patria! ¡y por tu próspero destino
Esos ojos sin luz, derramar lloró
.
Sobre la llama del hirviente \'ino! !
Ayer le viste tú, madre amorosa,
IToy bulto de dolor mujer de llan!o,
Inclinando su frente victoriosa
ºP ara besar tu matio con encanto:
Ayer feliz dejabas en su frente
Como una bendición tu óscu lo amante,
Y cual vibra en el aura la armonía,
Como la flor se goza en su perfume,
Al decirte su acento un madre mía,
De delicia tu ser se estremecía
como ora de tormento se consume .. ...
Y tú, su i11iña, su pimpollo, su ángel,
Paloma que en su nido de laureles

Vino el destino a herir .... ave que en vano
Huérfana busca su tronchada rama;
Colibrí que revuela sin consuelo
Junto a la flor marchita: Dios proteja
Con la sombra de su ala tu inocencia.
Flor del alma de un ·héroe, el pueblo ampare
Con culto agradecido tu existencia.
Y el cadáver allí .... ¿ por qué no inclinas
Tu faz al pueblo, herido por su queja?
Hombre pueblo eras tú, cuando aspirabas
En tu horizonte inmenso su grandeza,
¡ Tú eras su corazón, tú palpitabas,
Con la invencible fe de su entereza!
Hombre pueblo eras tú; si en el combate
Rasgando el viento horre.nda la metralla
De mortífero bronce la muralla
A tu impetuoso rayo se oponía,
A tu ~z, entre gritos de contento
El pueblo la muralla derretía.
Idolo de nosotros la canalla.
La fe brilló sobre tu excelsa frente,
Desde que osado el criminal pirata
Profanó con sus plantas nuestro Oriente.
Fe, mirada del alma, excelsa altura
Que abarca el porvenir: llama encendida
Corno faro en los mares de la vida;
Fe, brazo omnipotente, que doblega
La misma furia del falaz destino;
Fe, soplo del Señor .... fe, rumbo cierto
Que lleva al marinero combatido
Al seno amigo del seguro puerto ....
Fe, mira tu hijo allí. .. . cuando el presagio·
De muerte y destrucción nos presentaba
La derrota en combates imposibles,
Tu esfuerzo al hombre pueblo transformab;.
En vencedor sublime de invencibles . . . .. .
Y dijo Dios : morid; que la tiniebla
Envuelva para siempre esa existencia,
Y que no haya mortal que decir pueda,
Yo hundí e,n la fosa al defensor de Puebla
Héroe de Mayo, a dios: esos valientes
Que te llamaron generoso amigo,
Que el pan de la ·m iseria y la desdicha
Partieron ¡ay! contigo

¡¡Por vez primera derramaron llanto! 1
Esas banderas del guerrero gala,
Que en cauda de iris desplegó ~I ambiente
Que símbolo de amor nos legó Iguala,
Que en luz de gloria acariciaba el cielo,
Se inclinaron dolientes como sauces
Y se cubrieroJ1 con crespón de duelo.
Esos monstruos de bronce, que la muerte
Llevaron implacable en sus entrañas,
Despertaron el eco en las montañas
Que temblaron oyendo sus gemidos.
Tdolo del soldado, su confianza,
Su jefe, su querer, su alma, su pompa,
1Tu nombre oirás al resonar la trompa
Como himno de victoria y de esperanza I
Y el cadáver allí .... prorrumpe, clama
Con voz de tempestad y de torrente,
Que se propague en la ala de la llama,
Que abrase de Colón el continente:
Pueblos, en pie; a la lid, pueblos hermanos,
· Los lauros de los libres se marchitan
Si no los riega sangre de tiranos.
Pueblo, en pie, y en fraternal abrazo
Odio jurad al invasor impío,
Y odio mire la Cumbre de Quendío
Y odio alumbre terrible el Chimborazo.
Pueblo, hoguera de espíritu más grande
E,n que Dios hace palpitar la vida,
Pueblo, huracán terrible y manso lago,
Relámpago de rayo y luz de aurora,
Gigante de poder que Dios renueva
Con cada nueva luz . .. . Tu imperio sea,
¡ Aniquile la llama de tu enojo
Esa horda 'de jaguares de Crimea!
Lucha, lucha sin fin, mi sombra quiere
Amor de hermanos, odio a los traidores,
Yo os enseñé a vencer ..... cómo se muere
Enseñad a los viles invasores.
Los labios de mi tumba gritan guerra,
Guerra por la justicia y el derecho,
Guerra al perverso inquietador del mundo,
Guerra a la corrompida monarquía.
Guerra, y entre los brazos de mi patria
La libertad del orbe alumbre el día.

�DESDE JAUJA
A 23 de Abril de 1916.

•

Estimado y fino amigo:
Al contarte que el fotograbado ha tenido aquí
una aplicación constante en el periodismo por lo que se
relaciona con la figura de don Venus, nada nuevo te diré;
porque aunque no recibas las publicaciones de Jauja, has
de suponerlo fácilmente, ya que conoces las simpatías y
popularidad conquistadas por el Primer Jefe.
En efecto, la grave fisonomía del ex-senador porfiriano sale a la luz tan a menudo, que ya se nos aparece
en todas las pesadillas.
Si sólo se aprovechara-como se aprovecha-cada uno de sus decretos para ofrecer al público ese fotograbado, sería ello bastante, porque la fecundidad en esta
índole de documentos es sencillamente portentosa. Y a
efigie por decreto, la operación aritmética es tan elemental como aplastante la cifra que resulta. Pero aun hay
otras oportunidades propicias para la exhibición; de manera que sumadas todas dan un total abrumador de retratos en diversas posturas: ya de pie, ya sentado, ya g inete sobre corcel brioso y arrogante, sin que sepamos
si el animal
es "pur sang" o "encartado";
aunque sí de seguro es incautado.
Campirano viejo como es, tiene a caballo una
apariencia que impone. Aquí todos sabemos que es
buen ginete, y como s u talle es casi gigantesca, no se
mira del todo mal a horcajadas, bajo las t iesas alas del
sombrero texano luciendo su barba apostólica.
Viéndolo así, creyérase, en visión retrospectiva,
que aprovechando ncaciones de la Senaduría, va de expedición rural en fresca mañana abrileña, a visitar el surco
donde su peonada irred enta inclina servilmente la cabeza,
aun no bien madurado en la del patriarca el plan reivindicador de los derechos de la gleba.
A veces se le mira rodeado de las multitudes que,
agradecidas por los beneficios obtenidos al empuje formidable de la salvadora, se apresuran a saludar y aclamar
al supremo benefactor de las clases desheredadas. En
otras ocasiones se le ve circunvalado por los hábiles incautadores que han hecho la campaña en pro de los ideales consignados en el Pfan de Guadalupe. Y como las
giras han sido fr ecuentes, hay paño de donde corta r, con
desenfrenado júbilo por parte de los periodistas que de
esta suerte se ahorran el trabajo de llenar el hueco respectivo con loas al caudillo, en las cuales han agotado el
vocabulario de la lisonja, si bien ésta no es inicuamente
palaciega, sino sinceramente democrática.
Pero del retrato que más se abusa es del de
cuerpo entero. Generalmente aparece tan largo como
lo permiten las dimensiones de los grandes diarios, ocupando íntegra la primera co lumna de la primera plana.
En este fotograbado viste de uniforme, y su mano derecha al nivel del estómago, sostiene el kcpí con la boca
hacia arriba, tal como si dirigiera un saludo, inclinando
modestamente la cabeza. Echas tú la vista sobre aquella e normidad de magnate y se te sacuden nerviosamente las carnes, no por la fiereza eje la actitud, sino por
lo contrario: por el aire de humildad campesina que decora la efigie y a cuyo reflejo te imaginas que alguna
perorata patriótica surgirá de aquellos labios hoscamente rebeldes a la sonrisa. Sientes casi que te va a zumbar en los oídos la arenga libertaria, y te invade súbitamente el calosfrío.
Ahora que el preconstitucionalismo se quitó la
careta y decidió pedir el contingente de todos los veci-

La V era Efigie
del ''Primer Jefe' '

nos de Jauja para redimir la Deuda interior, organizando
juntas por todas partes, han sacado ese retrato los principales diarios; de manera que la actitud del veterano renovador es muy significativa; pues aunque no quieras, interpretas en su verdadero punto "lo del kepí boca arriba". Lo que antes de la organización de esas juntas
auxiliadoras se tomaba por saludo al pueblo manumitido, tiene que tomarse ahora por demanda de óbolos.
Ni más ni menos parece que el patriarca se dirige a quien
así lo contempla, en solicitud de un socorro voluntario.
Y hasta se imagina uno, por escasa fantasía que tenga,
oir las voces quejumbrosas, tan propias del callejero que
se nutre de los jugos ajenos.... Si la conmiseración
es la que estos periódicos han querido explotar mostrando de esa traza al Primer Jefe, declaro que han acertado.
Porque, francamente, mueve el hombre a lástima, y siente uno la tentación de meter mano a la billetera, extraer
de ella un bilimbique y depositarlo piadosamente en el
fondo del kepí.
En mi penúltima carta o sea la número veinticuatro de la serie, te hablaba del proyecto de un Coronel
carrancista para la redención de la Deuda Sagrada. Ya
puedes ver cómo prosperó la iniciativa. Tomó a su cargo la empresa eL Gobierno ele facto, y come1,1zaron a funcionar con éxito maravilloso las llamadas juntas auxiliadoras, que cerrarán sus operaciones el próximo 5 de 1fayo, para que todo tenga su matiz patriótico, y remate la
obra de redención con un sello digno de pasar a la
historia.
Digo que con éxito maravilloso funcionan las
juntas, porque es lógico suponer que un puebl o tan favorecido por la revolución carrancista con nutrida serie
de confiscaciones, incendios, prés~amos forzosos, destru cción de fincas, de ferrocarriles y ele archivos oficiales
y particulares e inundado por un mar de papel moneda
de origen lega lista, se sienta bajo el dominio del más
dulce y arrobador encantamiento, y rebosando de júbilo
apronte su concurso para que Jauja entera salga a flote
de su deuda interior. Te confieso que ni una sola de las
personas con quienes he hablado del asunto, dejó de llevar su contingente, uniendo a sus declaraciones un caudal de epítetos encomiásticos para don Venus y toda la
familia de reconstructores que marchan en pos del venerable patriarca. Hasta hay quien tema que ocurran desgracias a causa de la aglomeración de gente, en la ansiedad de llevar su óbolo antes de que se clausuren las
oficinas recaudadoras.
·
Junto a estas opiniones favorables, hay algunas
-s1 bien no son de tomarse en cuenta-que rechazan el
procedimiento, fundadas en que nadie puede asegurar el
destino que ha de darse a los fondos recaudados, agregando que próxima a ponerse a la circulación la nueva
moneda del Gobierno en la respetable suma de quin ientos millones de pesos, el sacrificio de los contribuyentes
resultará estéril. Claro se ve aquí el criterio anticarrancista dolorosamente expuesto, ya que se sospecha por
estos individuos que no habrá labor de lega lidad por
parte del prcconstitucionalismo, y que acostumbrado este Gobierno a incautárselo tocio, no hay razón para que
el dinero recabado no sea sometido al mismo régimen.
Comprenderás que esto es exceso de suspicacia pérfida
y nada más.
'
Y nada más te va por ahora, como no sea un
buen abrazo con que de tí se despide tu fie l amigo,

SILVERIO.

·'LOS TAPICES DE BOSNIA
' Su Eminencia el Reís-Ulema tendrá mucho gusto
en recibir a usted a las once y media."
¿ Qué hacer hasta las once y media ? Pasearme todavía un rato por las call es de Sarayevo o regatear con los
comercian tes turcos sen ta dos sobre tapices en )as tienduchas del Gran Bazar sobre el precio de una nargilea o de
una pi pa, tomar en el 'Café Central" con oficiales y empleados una taza de café a la europea o la pequeiia tacita a
la oriental en los divanes del "Kasana de Bosnia." Cómo
aprovechar las ¡:¡,ocas horas de que puedo disponer para
estudiar un poco más la extraña vida de esta ciudad en
que los Balcanes y el Occicle11te de Europa se mezclan tan
íntimamente y en donde brotó la primera chispa del gran
incendio que hoy cónsume a casi toda Europa. No sabía si ir al puente en donde se perpetró el 28 de Junio de
1914 el asesinato del Archiduque Fernando y ele su esposa y presenciar la co!ocación de una placa conmemorativa que he oído decir van a colocar hoy. O bien .... Al
fin me decidí por visitar la cé!ebre fábrica de tapices de
Bosnia. Es una hermosa fábrica.
"11 uestras cató! icas con cruz y mosaicos, me decía
el empleado que me la mostraba, señalándome los hermosos tapices. Estas otras son muestras de la Meca, tal como. las tra;an antes los Hadschihs de sus peregrinaciones.
Ahora está prohibido por motivos higiénicos, pero nosotros hacemos iguales tapices copiando exactamente las
m[1s antiguas y más hermosas muestras. Mire usted este
tapiz rojo, los adornos son puramente servios, es un° mues
tra que se fabri ca en la ciudad servia de Pirot, aquel otro
es la cé'.ebre muestra el e Transilvania, natura lmente son
muestras eslavas creadas por los eslavos modificando las
orientales, traídas del Oriente ctesde hace siglos y es interesantísimo seguir la historia de cada muestra y uno ele
lo~ fines realizados por nuestra fábrica es la conservación
ele estas muestras que de otro modo ya se habrían perdido. En Servia han tratado de imitar nuestra fábrica y
antes ele la guerra han hecho todo lo posibl por llevarme
0

allá."
Y el pequeiio bosnio, asistente ele John Bischoff,
el director de la fúbrica, me cuenta encolerizado que los
serv;os han acabado con su ar te nacional ele tapices.
· llezcla n, me dice i11clign:1do, motivos católicos con
motivos musulman es sin ningún reparo y no tienen la
menor idea de la acertada combinación de co lores y dibujos; en camb io aquí en Serayevo esta fábrica nacional cuida con veneración ele conservar el arte en s u pu reza prin1itiva. En todo el país se recogen las más hermosas
muestras y se buscan las más há bi les tejedoras para traerlas a los talleres de la fábrica. Aquí se perfeccionan en
su arte las mujeres de Croacia, las de Servia y las de T urquía en cuyos talleres no puede entrar ningún hombre.
La fábrica vende los tapices bastante baratos y cua ndo
las tejedoras regresan a sus aldeas les ayuda para que sigan tejiendo en casa y puedan enseiiar el oficio a otras aldeanas. Me cuenta entusiasmado la obra de su vida. Hace
veinte años que está empleado en la fábrica y no ha pasado de ~sistente, pero a pesar de esto no ha querido abandonar el puesto y no ha aceptado las halagadoras propues
tas que le han hecho de Alemania, pues considera que
aquí desempeña una misión patriótica conservando a esta
hermosa tierra de Bosnia su antiguo arte, siendo la fábrica, por decirlo así, el templo en 'que el trabajo primitivo
se ha organizado a la europea. "M ire· usted, me decía orgulloso, las hermosas cosas que pueden hacer estas ignorantes campesinas de Bosnia," mostrándome magnífi·
cos tapices, y señalándome la sala en la que estaban sentadas tras los grandes telares dos muchachas de Servia

vestidas de vistosos corpiños y extraños adornos de cabeza que se ocupaban de formar la trama de hilos de diferentes colores. Al mismo tiempo dos campesinas bosnias
ex tienden otros en el suelo de todos tamaños, grandes,
-pequeños, largos, cuadrados. Junto a los ligeros tapices
de Bosnia los pesados de Persia que brillan como piedras
preciosas y cambian de colores según el lado por donde
se les mira. Preciosos tapices de seda en los que se trabaja durante años y ordinarios, muy baratos, para los cam
pesinos. Muestras de Schiras y de Esmirna reproducidas
admirab leme nte y luego de nuevo los ligeros tapices de
Bosnia que predominan y cuyos dibujos son un tanto rectilíneos y de colores menos suaves y armoniosos que los
de Oriente.En estos tapices está reproducido el Oriente
por un pueblo de rubios y fuertes campesinos europeos
y Bosnia es en realidad el Oriente sin el sol de Asia.
Pero pronto serán las once y media. Me apresuro a
asistir a la cita y en la pu&lt;;rta lateral de la mezquita imperial me recibe el sirviente que ostenta orgulloso su turbante. Limpia meticulosamente el po!vo de mis zapatos y
me conduce por una estrecha escalera de madera a una antesala adornada a la oriental. Esta antesala es una verdadera orgía de colores. Los tap ices abundan en todas partes, en el suelo, en los muros y sobre los anchos divanes,
me parece encontrarme en una gruta de piedras precrosas
tal como las describen los cuentos orientales.
"Su Eminencia, el Reis-Ulema, le espera."
Paso a la alcoba contigua y me encuentro en un gabinete de trabajo, escritorio, teléfono y caja de caudales,
lo único oriental es el hermoso tapiz que cubre el suelo.
El Jefe Supremo de los mohametanos de Bosnia y de
Herzegovina Hadschi Mehmed Dschelaluddin Effendi,
Causevic, Reís-Ulema de Bosnia y la Herzegovina, Mullah de Stambul, me sale al encuentro con eariiiosa sonrisa, es un hermoso anciano de barba blanca cortada a la
turca. Lleva el turbante blanco, distintivo de los sacerdotes musulman es, al rededor del fez rojo pero esta vestido
a la europea del cuello para abajo. También se encuentra allí un joven mahometano, el ·doctor hlehmed Spaho
que debe servir de intérprete, pues el Reís-U lema só)o
habla servio y lo s idiomas de! Oriente. Silenciosamente
trae- un si rvi ente el indispensable café y los cigartillos,
pero su Eminencia abre sonriendo una de las gavetas del
escritorio y me ofrece un puro diciéndome que es de lo
bueno lo mejor, que lo ha traído del gran banquete que el
día anterior se &lt;lió en el Konak en honor del ministro de
Hacienda del Imperio señor von Koerber. Fumamos
y conversamos y noto en segujda que el Reís-Ulema comprende lo que le digo en alemán, y de cosas de Alemania
es de lo que hablamos. Hace poco había llegado un telegrama anunciando que las tropas alemanas y austrfacas
se habían unido a las búlgaras y noto al comentar la noticia que este mu sulmán es gran amigo de Alemania.
Me despedí del Reís-Ulema y en la calle pensaba
en el porvenir de Bosnia en donde viven servios y croatas, musulmanes y otras nacionalidades que han llegado
de las diversas partes de la monarquía e involuntariamente pensaba en los variados colore~ de los diferentes
hilos que tejidos por mano hábil forman los preciosos
tapices de Bosnia que son genuinamente orientales pero
trabajados con método europeo y pensaba que Bosnia,
con su variada población, necesita también de una mano
hábil que amalgame las diferentes nacionalidades para que
Bosnia sea en la Monarquía austriaca lo que un tapiz de
Oriente en una alcoba europea, joya que contribuye a
realzar el mérito del conjunto,

A.rnold HOLI,RIEGEL.

�Un Drama en Klondyhe
La tarde declinaba, cuando un sleigh ind10, de patines de cobre, tirado por seis grandes pe rros, se detuvo
ante el albergue de la Stewart River.
Este albergiie se levantaba so litario en me&lt;Lo ele la
inmensa lla nu ra &lt;le nieve.
Los copos caían tan abundantes. que el horizonte
hab' a desaparecido y los ojos no clistingu:an más allfr
de lo que las manos podían tocar.
Ya hacía muchos días que dcscend' an así, verticalmente, sin ruido, sin que un soplo de vie nto viniese a
&lt;lesviar:os en s u caída.
L os árbo!es brillaban bajo los reflejos de la luna,
y la misma posada no era 111;1s que una gran ma ncha blanca de donde salía por la chimenea un humo ligero.
Los perros se pusieron a ladrar cuando los dos hombres, envueltos en pieles, abandonaron el sleigh.
-Desata a los perros, Mac Donald, dijo uno de ellos,
mientras yo descargo el trineo.
Cuando los animales quedaron libres se pusieron a
sa ltar, haciendo caricias a sus amos , quienes se acercaron
a la puerta tembla ndo ele frío. U no de ellos tocó varias
. veces.
-¡Hola! ¿Quién es?
Y el patrón de l al bergüe entreab r ió la puerta.
En cuanto notó a los viajeros, agregó :
-Entrad, caballeros; y les franqueó la puerta.
l' n buen fuego ardía en la chimenea, algunas lámparas encendidas alegraban la pieza, y los dos hon1bres se
despojaron ele sus abrigos y se sentaron a la mesa, teniendo a la vista su pequeiío cofre de madera, ferrado de cobre.
E l posadero exclamó :
-¿ Es preciso guardar eso?
Los dos am igos se pusieron a reir diciendo :
-No, no nos separaremos de eso; es nuestro trabajo ele tres aítos.
-Polvo de oro, sin duda, dijo el patrón.
-En efecto, polvo de or o, unos 70,000 dólares.
-¡Diablo! ¿ Y pasaréis la noche aq uí?
-Sin duda. Venimos de Daw Son y si el tiempo
lo permite nos di rigiremos mai1ana hacia el Sur, a Skagway, en Alaska.
-¿ Y después?
-Al Canadá, en donde nos esperan nuestras fam ilias.
En la mesa vecina, cerca de la chimenea, un homb re acababa de comer y desde hacía un rato, con la
sitia inclinada, escuc haba la co nversación.
Cuando se habló del Canadá, se levantb ligeramente, diciendo :
-Perdón, caballeros; yo soy canadcnsc como vosotros, y si no· he comp rendido mal , clcsei1is ganar el lago
Labargc, y yo tamb:én; pero por desgracia me es preciso
franquea r este desierto de nieve, por pequeítas etapas, a
pié. Mi trabajo ha sido infructuoso en los campos de
1Ic. Oueslen en donde he pasado dos años de dura labor
y de ;spantosa miseria. Parece imposible, pero salgo del
Klondykc a pie.
-Es duro, murmuró uno de los viajeros.
-Sí, es duro, y temo no poder llegar; vosotros podíais tomarme como cornpaííero de viaje, soy vuestro compatriota, y, por otra parte, para atravesar el gran Jukon,
que es poco seguro, más valen tres que dos. Comprend o que m i petición es indiscreta; pero estoy en tal s.i tuac ión de miseria y de aniquilamiento . . .. yo guiaré a los
p er ros, conozco bien el país y puedo leer sobre la nieve

como sobre un libro. 'trataré de seros útil, me llamo
Fred Rolf.
Los dos amigos se consultaron con la mirada.
-¡ I•:ntendido ! Partiremos mañana a las sic!'e.
Al amanecer, los tres hombres abandonaron la posada.
Se instalaron en el trinco; los dos compa ít cros se
sentaron juntos sobr('. el famoso cofre de polvo de oro.
Los perros partieron a toda velocidad, el desconocido los manejaba hábilmente sin golpearlos, con gritos
que resonaban en el gran silencio de la llanura he'.ada.
El trineo se deslizaba con gran rapidez.
-Teneos b:en, cabal\eros, he aquí una vuelta.
-¿ Estáis seguro del camino? Dijo uno de ellos.
-Seguro y cierto, deteneos.
Los dos amigos se abrazaron .
-Pero me parece que no vamos rectamente sohre
el lago . . ..
L a voz que hablaba no pudo acabar: dos tiros secos
rompieron el silencio de la lla nura.
Fred acababa ele matar a los dos viajeros. ITab'.a sido con tanta rapidez y precisió n que casi a un
tiempo uno rodaba sobre la n;eve y el otro caía sin lanzar ni un grito.
Al ruido de las dos detonaciones, los perros asustados saltaron con tal fucrz&lt;L que se desprendieron del
trineo y coa los pelos er izados y la mirada chi~JH'ante
se dirigieron al asesino aullando de tal manera que aquél
retrocedi ó. Pero pronto se repuso.
Allí, entre el frío y la nieve, en un desie rto de 10
millas ¿qué podría temer?
Levantó los hombros y ordenó con voz seca:
- ¡ Basta ya! ¡Silencio !
Los perros aullaban siempre.
11iró a su al rededor; la sangre de las víct imas se
coagulaba fo rmando una cinta roja sob re la blancura de
la nieve.
Reflexionó un instante:
-Si los toco, se dijo, voy a mancha r mis ropas con
su sangre.
Entonces envolvió las cabezas de sus víctimas y las
atú con la$ cuerdas de l sleigh ; en seguida alejó a los perros a latigazos y ya solo se puso a reir.
-¡ No me engaño! Este es eel lago, avaro y discreto. que guarda lo que se le da y jamás t raciana a sus
amigos.
Con la lanza del trineo hizo un gran agujero en la
nieve, arrastró los dos cadaveres hasta él y los dejó caer
a la profund idad, cubriéndolos con la nieve.
Te rminada aquella operación se volvió con alegría
hacia el sleigh, que guardaba el ambicion¡ido cofre; pero
al hacerlo tuvo que retroceder y un intenso escalofr io de
espanto recorrió su cuerpo.
Los seis perros, erizados, silenciosos, con los ojos
muy abiertos, en cuyo fondo brillaba n las pupi las corno
ele fuego, enseñaban sus largos y afilados dientes.
l.: na calma terrible llenaba la llanura; el asesino
oía los latidos de su corazón y sentía que su sangre se
ago lpaba a la cabeza produciéndole zumbido extraíto en
los oídos.
·
Se repuso un poco y murmuró:
- \ ' ercladeramente sería estúpido retroceder por temor a los perros; y levantó el látigo.
Los perros gruíieron sordamente, sin moverse. Fred
t rató de ap roximarse al trineo para tom ar una an na, pe·

ro las pup:tas a r dientes siguieron sus movimientos y las
fa uces abiertas se tendieron hacia él.
• El mie do volvió a invadir su espíritu ; el miedo mezclado a la cólera, porque empezó a notar que el cofre,
caído del trineo volcado sobre la nieve, empezaba a hundirse y acabaría por desaparecer dcít:ndido por los feroces animales.
Y furioso pensó:
-¡Ah! Habcrnie desembarazado de los hombres
para temblar ante los perros! ... . . Eso no.
Su fuete se lcdntó en el aire y di r igió el golpe al
perro ''Leader," verdadero lobo que, apenas lo hubo comprendi do, dió un salto prodigioso hacia él, llevándose e ntre los clientes una tira ele ·las pieles que lo cubrían.
El hombre retrocedió buscando en sus bolsas; pero
nada, ni un revólver, ni un cuch illo. Estaba so lo, desarmado, en tre aquellas bestias feroces, y de nuevo un temblor nervioso sacudió su cuerpo.
Y se hablaba alto para escuchar alguna voz :
¡-Estúpido, imbécil, la fortuna está allí a seis pasos
y vas a dejar perderla!
Por segunda vez quiso avanzar; pero los perros,
agrupados ava nzaron también y sintió sobre su rpstro el
a liento abrasador de los a ni males; al fin, uno ellos saltó

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y le hizo una herida m-i la meJ:lla ... . .
L a noche caía dulcemente, un fr ío intenso y terrible
lo invadía todo.
Por última vez el asesi no miró el trineo caído sobre el cofre, rodeado de los perros cuyos cuerpos desaparecían en la sombra, dejando sólo visibles las pupilas e nce ndidas como chispas que flaf\1eaban en la negrura de la
noche.
"C"n terror profundo se apoderó de él, un miedo espantoso, imposib le ele dominar y sin pensar ya en nada
empezó a correr entre el aterrador silencio de la landa
nevada, sin volver la cabeza, con la mirada llena· del horror de su crime n, no escuchando más que el ruido de
sus pasos sobre el suelo cubie r to de nieve y los ahullidos
de los perros que lloraba n cerca de sus amos muertos.
Nueve días más tarde, el trineo que hacia el servi~io postal pasó cerca de un sleigh abandonado, se acercaron los empleados a observarlo y descubrieron en el
fondo ele un agujero practicado en la nieve seis perros
muertos, helados, que parecía que habían tratado de escudriítar aque l lugar y cerca de ellos un cofre de madera negra, fuertemente ferrado de cobre.

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Sr. Admor . de REV ISTA MEXICANA
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�.,

D. Praxedis de la Peña
I

I

'

Tenemos el gusto de publicar el retrato del seúor licenciado don P raxedis de la Peña, co.nocido hombre público de México, actualmente radicado, en San /1.ntonio,
Texas. No obstante de que la crisis revolucionaria ha
desquiciado los capitales más firmes y ha abatic!o a los
espíritus más fuertes, don Praxedis de la Peña, ha logrado revivir en el des tierro, y sacar avante su espíritu emprendedor y progresista. Después de este período
dificilísimo de prueba, ha vuelto a caracterizarse por su
afán s iempre creciente de sobresalir con ventaja en el
mundo industria l y mercantil.
El Licenciado de la Peña nació en el Estado de
Coahuila, "f desde sus primeros años se distinguió en el

campo de la política y en el Foro. Obtuvo el título de
abogado, cuando aún era muy joven, y poco tiempo después, ocupaba una curul de Diputado en el prestigiadísimo Congreso, que funcionó durante los últimos dos
aiios de la administración presidencial de don Sebastiá~1
Lerdo de Tejada. Allí conoció el licenciado de la Pei1a
a los primeros cerebros de la Nación. y allí también se
educó como hombre público y de negocios. Su filiación
fue entonces y sigue siendo en la actúalidacl. al través de
treinta aiios de luchas y de fatigas, la ele un buen liberal,
sin exageraciones jacobinas ni demagógicas, pero adorador fiel de los ideales de la Reforma. Estuvo presente
en las celebérrimas discusiones que concluyeron con la
creación del Senado y la elevación de las Leyes ele Reforma a la categoría de parte integrante de nuestra Constitución, y su voto apoyó estas medidas salvadoras.
Después del derrumbamiento lerdista, el licenciado
de la Peña se retiró de la vida pública y se dedicó a desarrollar la actividad de sus negocios privados. Sin embargo, el gobierno porfiriano. se distinguió desde sus comienzos por su afán moderador, dispuesto a transigir con
el partido vencido, y deseoso siempre de aprovecharse de
los elementos sanos de honradez y de trabajo. Fue tan
hábil la política del General Díaz que breves aiios después de su triunfo, colaboraban en la administración tuxtepecana los más connotados amigos y partidarios del
ex-Presidente Lerdo. El licenciado Romero Rubio, jefe
de la facción derrotada se reconcilió con el nuevo gobierno y poco después omparentó con el propio General
Díaz. El General Escohedo. :Ministro de la ·Guerra del
licenciado Lerdo de Tejada, después de una infructuosa
intentona revolucionaria tamhién rindió las armas, y
ayudó a los vencedores, en la tarea grandiosa de la reconstrucción nacional.
El licenciado de la Peña fue también llamado •a
prestar sus servicios en el régimen imperante y acudió
gustoso a otorgar su contribución material y moral. En
este sentido, ayudó mucho a la consolidación de
las instituciones en el Estado de Coahuila, en donde desempeñó puestos importantísimos, entre los cuales culminó el de Gobernador de aquella entidad federativa. Su
labor como Gobernante fue siempre corta. pues no estuvo sino interinamente al frente de su Estado natal;
sin embargo, en esos períodos breves dejó una huella saludable por su espíritu emprendedor y progresist¡i, .siempre deseoso de impulsar y acrecentar las riqueza·s de
Co'ahuila.
Al mismo tiempo que clo,n Praxedis de la Peña se
dedicaba a servir en puestos públicos. fomentaba, en infinidad de empresas particulares, las negociaciones principa les de su Estado natal. Ayudaba con su inmenso capita l todas las empresas nacientes, llevaba su ayuda material y moral a las Compai1ías industriales y mercantiles que la necesitaban, y se puede decir, sin temor de
equivocarse que e.n el desarrollo enorme de la riqueza
coahuilense, fue uno de los principales y más eficaces factores. Basta recordar que en la actualidad es Presidente
del Banco de Coahuila, de la Compaiiía Jabonera de la
Laguna, de la Fábrica de Hilados y Tejidos "La Fe,"situada en Torreón, y reconocida como la mejor en su
género,-de la Compañía Agrícola "Pilar y Anexas," y
de muchísimas otras grandes negociaciones para que nos
demos cuenta de la influencia enorme que el licenciado

•
1•

de la Pelia ha ejercido en la industria manufacturera, agrícola y bancaria del Estado de Coahuila. Si se piensa,
por un momento en el número de gentes que trabajan
en estas ricas Compañías, se comprende mejor la fuerza
política y social que don Praxedis desarrolla en la frontera septentrional de México ..
Cua,ndo triunfó la rC'Volución carrancista y empezó
la anarquía a devorar a nuestra Patria, el licenciado de
la Peña decidió radicarse en esta ciudad, desde la cual
podría vigilar y atender sus cuantiosos intereses. Aquí
ha residido desde hace dos años. y su cuidado le ha permitido salvar mucho capital propio y extraiio, que corría
peligro de desmoronarse.
Pero don Praxedis no podía permanecer inactivo,
y decidió continuar, en terreno extraño, sus hábitos emprendedores y tenaces. Estaba acostumbrado a la lucha
industrial y merca.ntil, en ella había vivido desde sus primeros aiios, y necesitaba,. por tanto, seguir desarrollando
su incansable actividad.
Al efecto, se ha avelüurado en varias industrias progresistas, obteniendo en todas ellas el éxito de siempre.
Es tan famoso su es¡¡íritu de empresa que basta la presencia del_licenciado de la Peña en una negociación, para que ésta se fortalezca y cobre prestigio.
En estos últimos meses ha realizado un magnífico
negocio.
Acaba de comprar, en compaiiía de dos o tres personas más, una mina riquísima, situada a siete millas de
Silver City, población situada a cinco horas de ferrocarril
de la Ciudad de El Paso, Texas. El terreno donde está
la mina pertenece al Condado de Pinos Altos, Estado de
Nuevo 11éxico. La mina se llama '·Silver Cer."
Los trabajos de explotación de la mina han dado
principio con u.n personal competente bajo la dirección
del conocido minero chihuahuense don Hilario Lozoya.
Los minerales e;traídos hasta hoy, dan en ensayo,
los de más baja ley, 6oo onzas por tonelada y la veta
principal del cuerpo mineralizado tiene una anchura de
ocho pulgadas del mineral llamado rosicler que ensaya
más del sesenta por ciento de plata pura. También hay
en la mina plata nativa, que la llaman los mineros, que
sale entre el metal que se extrae y tiene breñas de pu.ra
plata. La mina nada más tiene hasta hoy trescientos
pies de profundidad, y hay la seguridad de que la veta
principal, a medida que el pozo se aho.nde, será más
gruesa, pues los estudios hechos así lo indican.
Apenas se ha empezado a trabajar la mina "Silver
Cer" y ya se han recibido muchísimas proposicio.nes de
empresas americanas, para comprar el metal que produce.
Sigue pues, el nombre de don Praxedis, siendo un magnífico augurio para la prosperidad de las empresas comerciales.
La mina "Silver Ccr" tiene además una misión benéfica en estos dolorosos momentos porque viene a emplear a multitud de desterrados que se encuentran c.n la
indigencia sin la oportunidad de un trabajo honrado, que
les permita vivir con tranquilidad, fuera de la Patria. Sabido es que la revolución ha arrojado de México a millares de infelices que vagan desde California hasta Texas,
en actitud desgarrante, sin encontrar alivio para su dolor
y miseria. En adelante, muchos de ellos podrán trabajar
en la mina "Silver Cer" y ganar allí lo suficiente para
subsistir.

...

�~ m111--11mm11mm•
mri&amp;
riD~
.;i;Í- _%,¡,~~ ~m#f -~~~~

mPorfirio Díaz, Victoriano Huerta, m
Pascual Orozco, Aquiles Serdán,
Bernardo Reyes, Félix Díaz.
Obsequio de Revista Mexicana .
¿ Desea Ud. conser var un ejemplar
del número primero de "Revista Mexicana" en donde apareció un artículo
dedicado al General Pascual Orozco ?

-Esta agotado.
Y lo mismo sucede con los números dedicados al Dos de Abril, a la
revolución de 1910, al Gene ral ' Huerta, a la revolución militar de la Ciudadela, y al General Félix Díaz. Los
hemos retirado del Mercado en vista
de que no nos quedaron sino unos
cuantos ejemplares para el archivo. Ya
no los vendemos ni siquiera al precio
de veinte centavos el ejemp lar.
Existe sin ~mbargo un medio de
' adquirir esas joyas bibliográficas y se
lo vamos a anünciar.
( 1)-Remítanos Ud. diez nombres de
personas que puedan ser suscritores
de "Revista Mexicana," con sus respectivas direcciones y tendremos el
gusto de obsequiarle el número dedicado a la Decena T rágica, cuya portada lleva el retrato del General Bernardo Reyes.
2.-Remítanos Ud. doce nombres y
tendremos el placer de obsequiarle
aquel ejemplar nuestro que lleva en la
carát ula el retrato de Aguiles Serdán
y en las páginas intef iores los textos
de los Planes de Orozco, San Luis Potosí, Ayala y Guadalupe.
3.-Remítanos Ud. quince nombres,
con sus respectivas direcciones y le
env iaremos a vuelta de correo el ejemplar cuya portada lleva el retrato del
General Félix Díaz y en las páginas
interiores .el Manifiesto que ha cliri¡ti-

do a la Nación, para iniciar su campaña en contra del ba ndole rismo carrancista.
4.-Remítanos Ud. dieciocho nom·
bres de probables suscritores con sus
respectivas direccionesr y tend remos
el gust o de obsequiarle cualquiera de
los nú meros dedicados a los Generales
Porfirio Díaz y Victoriano Huerta.
Las portadas son bellísimas, y en
ambas aparecen los héroes en medio
de los ·c olores nacionales.
5.- Remítanos Ud. veinte direcciones de probables suscrito res, y le obsequiaremos nuest ro número primero,
cuya portada lleva a tres tintas la
Columna de la Independencia, del Paseo de la Reforma de la Ciudad de
México. En las páginas interiores
lucen ocho retratos distintos de Don
Miguel Hidalgo y un artículo dedicado a la muerte del General Orozco.
ó.-Remítanos Ud. veinticinco direc
dones y le obsequiaremos nuestro
número 28 que lleva el histórico editorial intitulado "La Invasión de la
Patria." Nos han ofrecido por uno
de esos ejemplares hasta un dólar,
pero como la edición está agotada,
no los vendemos a ningún precio.
7.- Rem1tanos Ud. cinco direcciones y 1~ obsequiaremos cualquiera
otro ejemplar de "Revista Mexicana"
de los no agotados, y que vendemos
diariam ente al precio de veinte centavos. Todo s ellos traen artícul os de
interés, literatu ra, de combate, mexicanismo ag udo, y serán mañana recordados, como las mejores muestras dt
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número treinta y dos de
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F. lisa Gutiérrez de Longoria.- Conquistador.
Charada, aritmética, propuesta p0r
la se ñora Profesora l\Iaría J. F. de
Gaona.-Milciades.
Charada histórica propues'ta por la
Profesora Marí a J. F. de Gaona.Cartago.
Charada.- Mariposa.

Fueron resueltas las cuatro por
] ul ia R. Lelcvier de l\Iexicalli, Olivia
L . I'cúa de Hcbbronvillc, Genaro
Fourzan ] r., de Columbus, Tobías A.
\'ela, de Río Grande City,Herlinda A.
de 1Iartínez, de San Diego; Elisa Gu·
tiérrez de Longoria, de Río Grande,
Victoriano Torres N. de El Paso.
Fueron resucitas la ra, 3a y 4a,
por María Enriqueta Berna!, de Los
Angeles ; María del R. H. de Garza
de Hidalgo, Gabriel Hinojosa de Alice, J. M. Chávez, de El Paso.; María
J. Laing de Múzquiz, Delfina y Er-

cilia Rivera de Laredo, ] osefa G. de
Olivares de Laredo.
El seíío r Daniel C. Amorosas de
Del Río, resolvió la 2a, Ja y 4a.
Las seííoritas Isaura N oriega de
Calexico, Elvira Banuet de Mexicalli
las seiioras López de la Fuente, Mrs.
Tuttle y Duke y el Teniente Luis A.
O'Donnell de Nogales, María Cervantes de San Antonio y el señor J. M.
Carranza de Del Río, resolv ieron la
l a y 4a. Y la señorita Adela Gutiérrez de Río Grande, resolvió las charadas 3a y 4a.

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s .. D .. s pl.g.r .. s p.r m. n. p.d.s
d.l .tr. m.nd. v.ndr. m. s.mbr.
p.r. r.g .rt. q .. n. m . .lv.d.s
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CHARADAS
Es tercia cuarta una joven .
Que tiene en su dos cuatro bomta
Una que otra prima dos.
Prima dos tercia la ha hecho
Que se vaya a confesar, .
y es una el todo arrepentida
Que se debe perdonar·
Prima segunda jq~é inmensi~ad del
tercia! y el todo 6dónde está?

TRIANGULO NUMERICO

1 Consonante
5 8 Nota musical
2 7 2 Nombre de mujer
5 8 7 8 Tela
1 4 3 2 5 En el mar
1 2 7 8 7 8 De los soldados
1 2 7 8 3 6 4 Pájaro
.
1 2 3 4 5 6 7 8 Nombre de mu¡er

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al pueblo y al país norteamericanos con exactitud pasmosa. Es un prodigio de franqueza, de valor y de sinceridad.
Para que el público juzgue su importancia, anticipamos el índice:
10. La Antesala de Uncle Sam.-20. De la Habana a New York.-30. Cocina y Literatura.-40. La
Abominable Metrópoli.-50. El Molde Americano.-60. El Rebaño de Panurgo.-70. Los Timos de Acá.--80. Sobre el Mismo Tema.-go. Siguen los Timos.-10. Home Sweet Home.-n. Home Sweet Home, concluye.-12.
Combination Salad.-13. Si Lincoln Resucitara.-14. El Lado Bueno.-15 El Porvenir de Uncle Sam.
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Este es el Croquis de una Gran Batalla

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Aquí el General Díaz derroto en 1876,.a lo:; 111vasorcs de la Patria.
Después de una brillantísima victoria, ocupó la ciudad de Oaxaca, tomó por
asalto la ciu~ad de Puebla, aniquiló al último ejército reaccionario en San Lorenzo
y terminó su campaña triunfal con él cerco y la captura de la Capital de la República.
Basta leer ligeramente la vida militar de Porfirio Díaz, para comprender que es
un héroe de leyenda. Sus hazañas son casi inverosímiles, y bastan para conquistarle
la veneración de sus compatriotas.
Pero además fue un hombre de Estado, un constructor, un pacificador, que
levantó su país de la anarquía hasta la civilización. El México de 1910, hoy aniquilado
por la barbarie y el delito, fue su obra, Las gentes que vieron a nue.stra Patria en
aquella época y la vuelven a ver hoy, pueden darse cuenta de lo que México ha
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perdido con la desaparición del General Díaz.
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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