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                  <text>REVISTA MEXICANA
SEMANARIO ILUSTRADO
28 DE MAYO de 1916.

PRECIO· 10 CENTAVOS.

VOLUMEN II.- NUMERO 38 .

PAISAJES. DE MEXlCO.---SALTO DE SAN ANTON. EN CUERNAVAC:t\

�REVISTA MEXICANA

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San Antonio, Texas.
"REVISTA MEXICANA."
P. O. Box 66 St. A.

Entered as second class matter, O ctober 25, 1915 at the Post Office
of San Antonio, Texas, under the Act. of March 3, 1897.

Af\o 11.

-...,

Pregunta alguien:
·¿,Por qué prefiere Ud la '· Revista Mexicana'' a los demás periódic~s?
Y contesta el padre:

Y dice el hijo mayor:
. .
y dicen todos en coro:
"REVISTA MEXICANA," es el mejor de todos
A mí me gusta porque en sus páginas se hace s1empre el elogio que México se merece. Siempre consagra los periódicos.
alabanzas a nuestros héroes.
Y continúa el segundo:
.
A mí me encanta porque trata con detalle las penpeel.as de la guerra Europea. Sus crónicas son siempre atraetivas e interesantes.

•

Y sigue el tercero :
A mí lo que más me·_gusta son los artículos ''.Desde
Jauja" los "Tópicos del Día" y 1as c.artas de Q u~s1 modo,
secciones graciosísimas que hacen reir a cualesquiera.
,
Y replica la hija mayor:
y O no me puedo pasar sin leer los cuentos Y las poesías que publica "REVIST~- MEXICANA," porque son
de un gusto refinado y exqu1S1to.

.

-El Padre :-Por su orientación moral.
-La Madre :-Por sµ decencia.
. .
-El hijo mayor:-Por su patnot1smo.
-El segundo :-Por su imparcialidad.
-El tercero :-Por su ingenio.
-La hiJ'a mayor:-Por su_ gusto exquisito.
-La hija menor:-Por su página recreativa.
-Los niños :-Por su carátula e ilustraciones.
Todos en coro:·
¡Viva REVISTA MEXICANA!

Suscríbase Ud. desd; luego; 11uestra dirección:

P. O. Box 66 Station A.

REVISTA MEXICANA

San Antonio, T ex.

Número 38

Los Bárbaros del Norte

En el Seno de la Faffiilia
Y contesta su hermana menor:
·
•
·
"REVISTA MEXICANA"
ml periódico
predi.
Porque su sección editorial me parece JU1c1osa Y pa.,
d es Ana
ramas Y demás
triótica Y es la que mejor orienta el espíritu nacional en lecto,..por su Secc1on de Chara ast, t ~a los ratos de
:, ·
·
acertlJos,
momentos. ·
b . . con los cuales paso en re cm
estos dtf1c1lcs
a urnm1ento.
y añade la madre:
•
·pequeños:
Porque su lenguaje es mesurado, decente Y propio
y entonces dicen 1os nmos
la carátula.
ara ser leído en familias. Además, su sección de modas
A nosotros lo que más nos gusta es
,
Ps muy interesante y me sirve extraordinariamente en el ¡ Que linda es! Siempre trae el re~rato de uo heroe o la
ehogar.
ilustración de un monumento mexicano.

San Antonio, Texas, 28 de Mayo de 1916.

....-

Hace algún tiempo que el doctor Aureliano Urrutia,
ex-Director de la Escuela Nacional de Medicina y ex-Ministro de Gobernación dijo, si mal no recordamos, que en
todos los países y especialmente en México, los bárbaros
habían ido del Norte, en tanto que los habitantes del Sur,
eran los más fieles depositarios de la civilización. No le
dimos importancia a las declaraciones del Doctor Urrutia,
porque nunca supusimos que alguien las llegara a tomar
en consideración; pero como "La Prensa," periódico. diario que se redacta en esta ciudad, en dos reportazgos bastante bien escritos, las ha recogido casi como lema, creemos de nuestro deber refutar este concepto, que no puede conducir a otro resultado que dividir a los Estados fronterizos del Norte, del resto de la Federación Mexicana.
El Norte. ¿ Y qué es el Norte? Para los egipcios,
el Norte era Grecia; para los abisinios, el Norte era Egipto; y para los negros del Congo, el Norte es toda Europa.
Para los tejanos, el Norte es Boston con su Universidad
de Harvard; y para los guatemaltecos, el Norte es México con sus tradiciones y leyendas. Todos estos son casos indudables de que la cultura humana nada tiene que
ver con la estrella polar. Tomar como base de la clasificación, las invasiones bárbaras que pusieron término al
Imperio Romano, es conocer muy superficialmente la historia de las grandes transformaciones del mundo.
Concretando las palabras del Doctor Urrutia a México, ¿por qué se descarga la responsabilidad de la situación pavorosa de nuestro país, sobre los hombres del
Norte?
Es cierto que Carranza y Jacinto Treviño nacieron
en Coahuila, Obregón en Sonora y Pablo González en
Nuevo León; pero también lo es que Luis Cabrera es originario de Puebla, Cándido Aguilar de Veracruz, Roque
Estrada, de Jalisco; Félix Palavicini, de Campeche; José
Natividad Macías, de Guanajuato; José Inés Novelo, de
Yucatán; Juan Sánchez Azcona, de Tabasco; Alfonso Cravioto, de Hidalgo; Pastor Rouaix, de Durango y Fernando Iglesias Calderón, del Distrito Federal. La revolución como organización, no es ni ha sido nunca fronteriza: es un producto reclutado entre la escoria de la República, y si dentro de esa escoria los bandidos fronterizos
se han impuesto sobre los bandidos del Sur, esto se debe
a que los Estados de Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila,
Chihuahua y Sonora, producen desde hace cincuenta años,
los mexicanos de más carácter, que dominan sin gran esfuerzo el resto de la Nación. Pero esto que pasa en la
Revolución, pasó igualmente en el huertismo, en el ma&lt;lerismo, en el porfirismo, en el juarismo y en el lerdismo.
Obedece a la selección natural y espontánea de las sociedades, que llevan sus nú'cleos directores, a las personalidades más aptas para conducirlas.
El Presidente Juárez era natural de Oaxaca, y rodeó
su gobierno de gentes de su Estado natal; pero los punta-

les más firmes de su Administración fueron hombres de
la frontera, entre los cuales destellaron Ignacio Zaragoza,
Mariano Escobedo y don Juan Antonio de la Fuente. El
General Díaz fue llevado a la Presidencia por tuxtepecanos fronterizos, entre los cuales figuró en primera línea
el General González. En 1910, cuando la nación entera
pidió casi por unanimidad, la renuncia dei General Díaz,
la frontera volvió a apoderarse del mando, porque mientras los revolucionarios del Sur, con la excepción señaladísima de Aquiles Serdán, se limitaron a pronunciar discursos y escribir editoriales--Batalla, Iglesias Calderón, Azcona-los revolucionarios del Norte-Orozco, Madero,
Vázquez Gómez,-se decidieron ~ tomar las armas y se jugaron el todo por el todo.
La historia nos cuenta que cuando Zuloaga reclamó
del General Miramón la Presidencia de la República, éste,
riéndose, le contestó: yo lo voy a llevar a los campos de
batalla para que allí aprenda cómo se ganan las Presidencias. Y esta lección de energía, no aprovechada ni por
Zuloaga, ni por el Partido Conservador hace cincuenta
años, es la misma que se puede repetir a los hombres del
centro y del Sur: las gentes del Norte triunfan, porque
su carácter está más cerca de las audacias de Miramón,
que de las impertinencias de Zuloaga.
El General Félix Díaz es oaxaqueño y nadie lo puede tachar de parcial con referencia a los Estados fronterizos; y sin embargo, cuando de acuerdo con el Pacto de
la Ciudadela, impuso al General Victoriano Huerta un Gabinete, escogió a tres ministros fronterizos-Rodolfo Reyes, David de la Fuente y Manuel Garza Aldape-para que
se encargasen del treinta y tres por ciento de las laborns
de la nueva Administración. El mismo General Huerta,
que era jalisciense, cuando se hubo cancelado el referido
Pacto de la Ciudadela, y quedó en libertad absoluta para
integrar un Gabinete ministerial, invitó nuevamente a muchos fronterizos para que colaborasen con él en la ,Política general del país. Cuando renunció, la mitad del Gabinete era originaria de Nuevo León y Coahuila.
Si se hubiera consolidado el General Huerta, habría dominado el Norte. ¿Por qué? Porque los hombres de la frontera fueron los de- más energía y resolución.. Porque cuando llegaba a la capital la noticia de
que u.n fronterizo había evacuado una plaza, llegaba también la noticia de su muerte. El General Mercado evacuó
Parral, Chihuahua y Ojinaga . .... y no era de la frontera.
Munguía evacuó Torreón ..... y no era del Norte. El General Escudero abandonó la plaza de Durango . .... y era
del interior. Y así, plaza por plaza, fortaleza por fortaleza, cuartel por cuartel, desde Veracruz hasta Saltillo, desde San Pedro de las Colonias hasta San Luis Potosí, fueron siendo entregadas por Generales del int.erior, muchas
veces sin combatir, a las furias desbocadas de la Revolución. En cambio, cuando se hablaba del valor temerario

�de Ricardo Peña, de la retirada heróica desde Ojinaga
hasta el centro de la República; de Orozco y Caraveo,
pensábamos los fronterizos que los descendientes de Zaragoza y Escobedo, seguían firmes, invariables, en la línea del honor.
No queremos negar el heroísmo de muchos soldados del interior que murieron cumpliendo su deber: basta evocar las sombras venerables de Azueta y Uribe para
comprender que todo provincialismo debe desaparecer,
para ser sustituído por el nombre sagrado de México que
abarca amorosamente a toda la República. Pero si las
gentes del centro creen que la barbarie es del Norte de
. México, y los fronterizos de "La Prensa," patrocinan esta doctrina absurda, tenemos que probarles que la frontera ha ejercido y seguirá ejerciendo un gran dominio moral en el gobierno político del país, porque es la regió~
que despliega más fuerza de voluntad en el cumplimiento
de sus designios.
¿Qué fueron traidores los fronterizos, el día en que
los americanos desembarcaron en Veracruz? Los que estaban luchando en la revolución, sí! Pero hubo miles de
gentes en el Centro, y hasta en la Capital de la República,
que les prestaron su ayuda, propalando rumores que tendían a matar en el pueblo el sentimiento de la defensa
nacional. Y luego, cuando esos traidores llegaron al
triunfo, los recibieron batiendo palmas y entonando cánticos de gloria. Decía Bulnes en ocasión memorable: "si
la administración del General González fue una orgía, nosotros fuimos los lacayos que escanciamos las copas." Lo
mismo puede decirse en. esta ocasión: "si los revolucionarios del Norte traicionaron a su Patria, las gentes del Sur
los coronaron de laureles para premiarles su traición.''
Y cuando la frontera da un bandido, como Francisco
Villa, las aulas del Sur le proporcionan ministros, como
Escudero, Díaz Lombardo y Felipe Angeles.

Los Estados de la frontera no han tenido ~sino por
excepción, poetas como Manuel Acuña, pensadores como
Porfirio Parra, videntes como F;ay Servando Teresa de
Mier. Peto en cambio han producido más carácter que el
resto de la República. Y bueno es convencernos de que
los . tiempos son de hierro, que los días son solemnes, y
que la salvación de la Patria, es cuestión de voluntad y de
rectitud y no de refinamientos exquisitos. Los doctores
de Bizancio no sirven para nada, en frente de las avalanchas turcas.
Nada ganan las gentes del Centro y del Sur de la
República con pregonar su superioridad por haber producido a Sor Juana Inés de la Cruz o a Manuel Gutiérrez
Nájera: la Patria necesita ante todo energía, mucha energía para congregar lo disperso y formar un bloque indestructible para el porvenir. Y esta labor titártica no se logra con intelectuales indolentes, que viven coronando sus
sienes de mirtos, y, que si alguna vez empuñan la espada,
es para dejarla tirada en el campo de batalla, como Horacio en Fili¡los. No! El problema mexicano no se salva
con recitar dáctilos de oro, ni mucho menos con albergarse en las desprestigiadas torres de marfil, que solamente .
son habitadas por media docena de mentecatos, que se obstinan en seguir encarnando una caricatura recalentada de
Petronio. La reorganización de la Patria vendrá cuando
el Sigfrido de nuestras libertades, quiebre con su acero
la Espada "mágica de Wotan y aniquile a los d_ragones que
desde hace seis años están custodiando nuestra barbarie.
Hombres y no retóricos; héroes y no académicos;
semidioses y no eruditos: eso es lo que necesita la Patria
para salvarse. Y los Estados fronterizos, son pródigos en
varones. Resulta pues impolítico, inoportuno, y sobre
todo injusto, llamar "bárbaros del Norte" a un grupo, que
tendrá que colaborar eficazmente en la reorganizaciónnacional.

Niños Eduardo, María y Javier Tamariz, hijos del Líe Eduardo Tamariz.

México: no /Carranza
Don Venustiano Carranza, en sus últimas comunicaciones al Gobierno de los Estados Unidos, ha pedido nuevamente que las tropas norte-americanas evacuen el ter~itorio de México. Don Venustiano Carranza ha hecho
bien. La presencia de tropas extranjeras en el interior
del país, mengua la soberanía y el decoro de la República
Y todos los mexicanos estamos obligados a secundar es~
petición.
. Los momentos son solemnes y sólo hay un camino
abierto: el del deber, y un solo ideal: México.
Los odios Y los enconos que dividen a los mexicanos
en esta crisis tan grave, se han recrudecido hasta el grado
de parecer casi ilusorio cualquier esfuerzo de reconcilia.
ció~; pe~o ante la voz de la Patria, la línea de separación
es inflexible: los hijos de México no pueden dividirse sino
en dos clases: los que doblegan su conciencia a la conciencia ~a~ional Y los que desoyen esa · gran voz, para atender umcamente a los rumores de su pasión: los que ratifican _su nacionalidad y los que renuncian a cumplir con
su pais.
Y a la~ a~mas cegadas por el rencor, se niegan a ver
los acontec1m1entos desde la alta cima de la Patria. para contemplarlos desde los laberintos de su particular inte~és. El period_ista honrado, el que obedece al mandarruen~o.,de desp~Jarse de mezquindades para cumplir con
su, mision de orientar moralmente a la sociedad, necesita
mas _que nunca de serenidad de criterio, para arrostrar las
apas'.~nadas censuras del momento, asegurando la ratifi:acion de una posteridad menos agitada por los prejuicios Y por las convulsiones del presente.
.
Nada puedé falsear más el juicio ni torcer más la actitud que, s~guir los dictados del rencor, buscando orígenes Y moviles perversos a acciones que intrínsicamente
son. no solam~nt.: loables, sino necesarias para la salud
nacional, convirtlendolas así en dignas de censura y reprobación.
. El General Huerta enarboló el estandarle de! nadonahsmo en ocasión memorable, y entonces, en lugar de
dar ~u apoyo a una política internacional que a todos bene~ciaba Y que ahora se aprecia, los revolucionarios procuraron demostrar a todo trance que el Presidente Huerta
no era guiado por el amor a la Patria sino por ambición
p~rsonal; Y. después d_e e~tablecido este artículo de pre. v10 Y especial pronunciamiento, se consideraron con derecho para sostener una actitud que iba más allá de la e •
· "d
cua
mmi ad, frente a la angustia del país, y que en realidad
obedecía a su ambición política del momento, y que de entonces a acá viene minando la existencia de la Patria.
Hubo muchos políticos, reputados como sagaces que
en vez de seguir la línea recta del honor, aceptaron la lí~
n_ea equívoca y f.alaz de la conveniencia probable, y sancionaron esa actitud.
Y es claro : con ese sistema, fácil es a cualquiera condenar el mejor de los programas y manchar la más pura
de las banderas ; pero no impunemente se olvida que los
principios valen más que los hombres y que si alguna vez
la causa más santa es proclamada por el hombre más inmoral, el deber ordena no oponer excepciones sino contribuir, con toda la fe, con todo el amor, a la 'realización
de la obra que sobre todas las mezquindades beneficia a
la Nación y que viene a contar con la fuerza que cada uno
de los que por ella lucha, le presta para no ser burlada
Cohesión de actividades y solidaridad de esfuerzos qu~

constituye la única grandeza posible de los movimientos
de las multitudes.
Las grandes ideas están por encima de todo. Negarles el apoyo por las lacras del hombre que las proclama
es negarse a seguir la bandera porque el abanderado fu~
acusado de traición.
Ya lo .sabemos, ya lo esperamos: muchos serán l~s
que aho~a digan que Carranza no busca sino consolidar su
~oder dandole aureolas de patriótica virtud, 0 que en el peligro de verse derrumbado por las circunstancias pavorosas qu~ lo rodean, prefiere el contlicto extranjero, para
caer'. s~ ha de _derrumbarse, con la mentida fama de una
glona inmerecida. Probablemente tal imputación es cierta; pero no es el momento de averiguarlo. Lo único que
~ebemos resolver es si los norte-americanos se deben ret~r:_ar del terr!torio na~ional o no. Las causas de la petic1on carranc1sta las investigaremos después. Entonces
~u~n~o hayamos acudido a nuestro deber, y éste es el d~
~ns1stir en ~ue las fuerzas extrañas se retiren, podremos
Juzgar a quien haya faltado al suyo. Pero ningún código
moral nos autoriza a justificar nuestra abstención por la
d~ los otros. Cuando México recobre nuevamente su dignidad Y su decoro, cuando no sufra ni por el más· 1
asomo de una humillación, sólo entonces tenemos deer:~
cho a llamar a juicio a1 culpable de estos males.
Se ~irá también que no es Venustiano Carranza quien
voluntanam~nte ha hecho esa solicitud al Gobierno de los
Estados _lJn'.d~s, .sino que ha sido obligado por la amenaza de la md1sciplma y de la rebelión en sus mismos hombres.
, ~stá bien: eso significa que, si como siempre, los
parasitos de todos los gobiernos y los aduladores de todos los gobernantes sólo esperan de la voluntad d
amo
de todos los bienes y a e'l at n"be
su
d la realización
.
uyen
to as las virtudes de que ellos carecen, la primera: la fa.
cultad de hacer el bien, esa tesis es falsa: Y la petición
de Carranza no es la de un individuo: es la del
bl
pue o, es
la de 1 N . ,
, a ac1on ~ue somete a Carranza a su voluntad, Y
es mas urgente aun nuestra obligación de someternos nosotros.
. Cuando el pueblo todo de México, cuando todos los
partidos, cuando
todas las facciones se unan en una ~a
1
.
vo~ para ped 1r a la Casa Blanca el retiro de las fuerzas
d~!aremos de ser individuos para transformarnos en na~
c1on; entonces seremos dignos de respeto, y la voz de todos los pu~blos irá a resonar con la nuestra, invocando
ante el. Gobierno de Washington los fueros sagrados de 1
humanidad y de la justicia.
a
Pero ¿para qué razonar más? O escuchamos la voz
del deber o seguimos la línea torcida del interés, y no es
el momento de las investigaciones: es la hora del decoro.
Los antece~entes de Carranza lo condenan; su acti21 de Abnl de 1914, lo pinta fielmente ante la Nacion;. ~u disimulo el 14 de Marzo de este año, lo retrata
defimttv~mente ante la historia. Pero no se trata de Carranza smo de nuestro deber. Y si sería meritorio alistarse en las filas de la defensa de la Patria, en cualquier
mo:11ento, mérito resalta, cuando la defensa nacional entrana el mas grande de los sacrifiicios. No debemos apoyar las peti~iones de Carr.anza por respecto a él, que no
lo merece, smo por respeto a nuestro honor, que lo merece todo.

t~? el

:1

�EL GIGANTE EGOIST A
Tarde a tarde, al volver de la escueia, los nmos tenían la costumbre de ir a jugar al jardín del gigante.
Era un gran jardín solitario con un mullido pasto
verde. Acá y acullá, sobre la grama, hermosas flores brillaban como estrellas y había doce duraznos que en la
primavera se cubría con una delicada floración bla1ll'a
y rosa, y en el otoño daban hermosos frutos.
Los pájaros se posaban sobre los árboles y cantaban tan deliciosamente, que los niños interrumpían siempre sus juegos para escucharlos.
-¡ Qué felices somos aquí !-se decían los unos a
los otros.
Un día el gigante volvió.
Había ido a visitar a su amigo el ogro de Cornuailles y había permanecido siete años co·n él. Cuando esos
siete años hubieron transcurrido, ya había dicho todo Jo
que tenía que decir,· pues su conversación tenía límites
Entonces decidió volver a su castillo.
Al llegar vio que los niños jugaban en el jardín.
-¿ Qué hacéis allí ?-les gritó con voz agria.
Y los niños echaron a correr.
-Mi jardín es mío nada más-prosiguió el gigante.
-Todo el mundo debe comprender eso y a nadie le permitiré que venga aquí. a darse gusto.
Y entonces lo rodeó con una alta muralla y colocó
un letrero:

SE; PROHIBE LA ENTRADA
BAJO PENAS SEVERAS.

dín lo más aprisa que podía. Estaba vestido de gris y su
soplo era de hielo.
-No puedo comprender por qué la primavera tarda tanto en venir- decía el gigante egoísta cuando se
asomaba a la ventana y miraba su jardín blanco y frío.Deseo que el tiempo cambie.
Pero la prima vera no llega.ha. El estío tampoco.
A todos los jardines el otoño llevó frutos de oro,
pero no llevó ninguno al jardín del gigante.
-Es demasiado egoísta-dijo.
Y siempre reinaba · el invierno en casa del gigante,
y el viento del Norte, y el granizo y la nieve, que danzaban en medio de los árboles.
Una mañana el gigante, ya despierto, estaba acostado en su lecho, cuando escuchó una música deliciosa.
Fué tan dulce a su oído, que creyó que los músicos del
rey iban pasando por allí.
En realidad era un pequeño chorlito que cantaba
ante su ventana; pero hacía tanto tiempo que no había
oído a un pájaro cantar en su jardín, que le pareció que
era la más hermosa música del mundo.
Entonces el granizo cesó de .danzar sobre la cabeza
del gigante , y dejó el viento del Norte de rugir. Un delicioso perfume llegó hasta él a través el~ la persiana
abierta.
-Creo que por fin ha llegado la ~rima"'.era-dijo el
gigante.
Y brincó de la cama y vió.
¿Qué fue lo que vió?
Miró un extraño espectáculo.
Por una pequeña brecha en la muralla, los nmos se
habían deslizado al jardín y habían trepado por las ramas
de los árboles. Sobre todos los árboles que se podían ver,
había un niñito, y los árboles se sentían tan felices de
soportar de nuevo a los niños, que se habían cubierto de
flores y agitaban graciosamente sus brazos sobre la cabeza de los pequeños.
Los pájaros revoloteaban ele uno al otro y piaban
con delicia, y las flores levantaban sus cálices sobre la
hierba verde y reían.
Era un bonito cuadro.
En un solo extremo reinaba todavía el invierno: en
la parte más retirada del jardín.
Allí estaba un niño, un chiquitín. Era tan pequeñito, que no había podido alcanzar las ramas del árt)ol
y daba vueltas alrededor llorando amargamente.
El pobre árbol estaba aún todo cubierto Je nieve
y ele hielo, y el viento del Norte soplaba y rugía por encima de él.
- ¡ Súbete, nifüto !-decía el árbol.
Y le tendía sus ramas lo má.s que podía, pero el muchachito era muy pequeño.
El corazón del gigante se conmovió cuando miró

Era un gigante egoísta.
Los pobres niños no tenían ya lugar de recreación.
Intentaron jugar sobre el camino real, pero como
el camino era muy polvoso y estaba lleno ele pie'dras duras, no les gustaba.
Habían tomado la costumbre, una vez terminadas
sus lecciones, de pasearse alrededor de la alta muralla y
hablar del bello jardín que estaba atrás.
-¡ Qué felices éramos !-se decían los unos a los
otros.
Entonces llegó la primavera, y toda la comarca se
llenó de florecillas y de pájaros.
Sólo en el jardín del gigante egoísta duraba aún el111v1eruo.
Los pájaros no se dedicaban a cantar desde que ho
había niños, y los árboles se olvidaban ele echar flores.
Una vez, una hermosa flor levantó la cabeza por
arriba del césped; pero cuando miró el letrero, se puso
tan triste al pensar en los niños, que se dejó caer sobre
la tierra y se volvió a dormir.
Los únicos que se alegdron fueron la ,nieve y la escarcha.
-La primavera ha olvidado este jardín-exclamaban ;-viviremos, pues, todo el año.
hacia afuera.
La nieve tendió sobre e l césped su gran manto blan- ¡ Cuán egoísta he siclo!-pensó.- Ahora ya sé por
co, y la escarcha revistió de plata los árboles.
~
qué
la
primavera no había querido venir aquí. Voy a suEntonces invitaron al viento del Norte a pasar una
bir
a
ese
chiquitín a las ramas del árbol; clespucs derrumtemporada con ellos.
baré
la
muralla,
y mi jardín será para siempre el lugar
Aceptó y fue.
de
recreación
de
los niños.
Llegó envuelto en pieles. Rugía todo el día por
Estaba
verdaderamente
muy arrepentido de lo que
el jardín y derribaba chimeneas a cada instante.
había hecho.
-:-Este es un lugar clelicioso-decía.-Le diremos al
Bajó entonces las escaleras, abrió suavemente la
granizo que nos visite.
puerta
de la fachada y bajó al jardín.
El granizo llegó también.
Pero
cuando los niños lo vieron, se aterrorizaron
Todos los días durante tres horas, redoblaban el tamemprendieron
la fuga, y el jardín volvió a ser
bor sobre el techo del castillo, hasta que hubo roto muchas pizarras; entonces se ponía a girar alrededor del jar-

Sólo el chiquitín no había huido, pues sus ojos estab~n tan llenos de lágrimas, que no había visto llegar al
gigante.
Y el gigante se deslizó tras de él, lo tomó suavemente en sus manos y lo depositó sobre el árbol.
Y el árbol al instante floreció; los pájaros vinieron
a posarse Y a cantar, y el pequeño extendió sus dos brazos, los pasó en torno del cuello del gigante y lo besó.
Y los otros niños, cuando vieron que el gigante 110
era ya malo, acudieron y la primavera llegó con ellos.
-Este jardín es vuestro ahora, niños-dijo el gigante.
Y tomó una gran hacha y derribó la muralla.
,
Y cuando las. gentes se fueron al mercado a medio
cha, encontraron al gigante que jugaba con los niños en
el jardín más hermoso que jamás se había visto.
Todo el día jugaro.n, y en la tarde fueron a despedirse del gigante.
.-~~ro ¿dónde está vuestro compaííerito-les dijo,el cl11qu1t111 a quien subí al árbol?
Ese era a quien el gigante quería más, porque lo había besado.
-No sabemos-respondieron los niños;-ya se fue.
. -Pues decidle que venga mañana sin falta-replicó
el g1gan te.
• Pero los niños dijeron que no sabían dónde vivía,
Y que nunca lo habían visto.
Y el gigante se puso muy triste.
,
Ta.rde a tarde, al volver de la escuela los niños, ve111~n ~ Jugar ~on el gigante; pero no se Yolvió a ver al
cl~1qu- a quien tanto quería. Con todos era muy benevolo; pero echaba de menos a su primer amiguito y a
menudo hablaba de él.
. - ¡ Qué ganas tengo de verlo !-tenía por costumbre
decir.
Pasaron los años, y el gigante envejeció y se debi-

litó. Ya no podía tomar parte en los juegos; permanecía
sentad? sobre un gran sillón, y miraba jugar a los niños
Y admiraba su jardín.
_
- Tengo muchas bellas flores-decía;-pero los ninos son las flores más bellas.
Una mañana de invierno, al vestirse, miró por la
ventana. Ahora ya no detestaba al invierno, pues sabía
que es el sueí10 de la primavera y el reposo ele las flores.
pronto se frotó los ojos sorprendido y miró con
atenc1on.
Ciertamente era una visión maravillosa.
.
A la ex:remidad del jardín había un árbol casi cubierto de preciosas flores blancas. Sus ramas eran todas
?e oro, Y de ellas colgaban frutos de plata, y debajo del
arbol estaba el niño a quien tan to quería.
El gigante, bajó a todo correr las escaleras, transp?rtado de alegria,_ y entró al jardí n. Corrió a través del
~esped Y se aproximó al niño. Y cuando estuvo junto a
el, su rostro se cmpurpuró de cólera y dijo:
-¿ Quién se ha atrevido a herirte'
'En las palmas de las manos del n.iño había las huell~s el~ los clavo:' y también huellas de dos clavos en sus
p1ecec1tos.
, -¿ Quién se atrevió a herirte ?-gritó el gigante!D1melo. Voy por mi gran espada y lo mataré.
-No-respondió el niño;-son las heridas del amor.
-¿ Qué es ?-dijo el gigante.
Y un temor respetuoso lo invadió y se arrodilló fren te al niñito.
Y el niño se sonrió con él y le elijo:
-Una vez me dejaste jugar en tu jardín. Ahora vas
a venir a mi jardín, que es el Paraíso.
Y cuando los niños llegaron. aquella tarde, encontrar~n al gigante tendido y muerto bajo el árbol, todo cubierto de blanquísimas flores.
Osear WILDE.

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�•

Página Lit eraria

•

CRUZAS POR ESTAS PAGINAS
Cruzas por estas páginas como sobre las olas
Un milagroso espectro; tu aparición arranca
Asombros adormidos, y tu silueta blanca
Riega calladamente perfumes y corolas.

Ya sé que me brindaron co,nsuelos y ternezas
Tu boca, flor de beso; tus manos, hostias puras;
Tu boca, fuente viva de todas las ternuras;
Tus manos, que son bálsamo de todas las tristezas.

¿Acaso eres la tl}isma? No sé, porque te esfumas
E ntre las vagas nieblas en que mi ser se agita;
Ignoro si te llamas Mignon o Margarita,
Si surges de los trópicos o vienes de las brumas,

, Mas guardo de tu rostro una expresión tan vaga;
Borró el olvido táitlto tu mística silueta,
Que apenas en mis horas divinas de poeta
Te miro con un lampo que brilla y que se apaga.

Ya sé que no me dejas, ya sé que tus encantos
Piadosos me acompañain; que por mi propia senda
Caminas, y que juntos alzamos nuestra tienda
Donde mezclar supimos las risas y los llantos.

¡ Qué importa que te llames Cordelia o Heloísal
Divísante mis ojos y el corazón se abrasa;
Cuando tu blanca veste junto a mi lado . pasa,
Mis cánticos te besan como a la flor la brisa.

Ya sé que en la celeste blancura de tus senos,
Cansadas reposaron las ilusiones mías;
Mas ya no sé si tienes ;-ha de ello tantos días 1Quedejas aurorales o rizos nazarenos.

Y vas por estas páginas calladamente, a solas
Se esfuma entre las nieblas tu aparición lejana,
Regando por mi senda, ¡ oh ;ilenciosa her mana l
Como demente Ofelia, perfumes y corolas.
Enrique González MARTINEZ.

ROMANCE DEL ESTOQUE
Tiene el pomo del e~toque
Una Venu s cincelada,
De muñones cercenados,
Torso firme, faz impávida.
En los recios gavilanes,
Repujados de oro y plata,
Un tritón y una sirena
Con las colas rnroscadas
Y en la aguda y tersa hoja
De factu ra toledana,
E n romance esta divisa
Hecha a fuego: "Cela y mata."
Tú la has visto en la panoplia
Junto de una vieja adarga,
Escondido el fino hierro

E n los oros de la vaina,
Bajo Ún cuadro, noble copia
De la escuela veneciana.
Tú la has visto, tú que ostentas
Verdes iris de esmeralda
Que sembrados de oro fingen
Las arenas de la playa.
Tú la has visto, tú que tienes
Boca roja y manos sabias
Que simulan dos palomas
Por lo tersas y lo blancas.
Tú la has visto y el tesoro
de tu carne sonrosada
Que ofren&lt;laste a mis caricias,
Que ofreciste a mis :msias,

No tembló, y ante los fuegos
De la fiebre que me abrasa,
Me parece que sonríen
Tus pupilas e,nigmáticas., . . ..
No has temblado, y yo te adoro;
No has temblado, y tú me engañas!
Y el estoque sigue quieto
En el muro de la estancia,
Cabe artística panoplia,
Junto ele una vieja adarga,
Escondida la hoja aguda
En los oros de la vaina,
Bajo aquella antigua cop_ia
Del pincel del Viejo Palma.
Enrique González Martinez.

NOCTURNO
Toe, toe, toe, toc,-golpea aprisa y fuerte,
Toe, toc,-cl carpi ntero de la muerte.

Toe, toe, toe toc,-golpca aprisa y fuerte,
Toe, toc,-el carpintero de la muerte.

Buen carpintero, buen cárpintero,
De abeto o roble busca un madero
Y hazme una caja grande y pesada
Para encerrar en ella a mi amada.

Otro allá abajo, cabe la "fuente
Bajo los olmos de la corriente,
Mientras el ave nocturna canta,
Besó las nieves de su garganta.

Toe, toe, toe toc,-golpea aprisa y fuerte,
Toe, toc,-el carpintero de la muerte.
Forra la caja con níveos rasos
Como sus dientes; azules lazos
Quiero que prendas a sus despojos
Como sus ojos, como sus ojos.

Toe, toe, toe toc,- golpea aprisa y fuerte,
Toe, toc,-el carpintero de la muerte.
Buen carpintero, buen carpintero,
De abeto o roble busca un madero
Y hazme una caja grande y pesada
Para encerrar en ella a mi amada.
Enrique González Martínez.

4ª Carta Abierta
Al Primer "Chi'o "
Hice alto, oh Venus, un día
en mi epístola tercera,
para que mi cuarta fuera
el toque de tu agonía.
Te aguarda, no tumba fría,
sino infecto muladar.
Ya los cuervos a afilar
su pico están empezando, .....
pero nadie está cavando
la fosa en que te han ele echar ....
Al peso de la opinió.n
te hundes, por más que te agarras
a las conocidas "barras"
que han servido tu ambición.
Llegaste. a la conclusión
más digna de tu pasado.
Venus. vas a ser colgado;
\'en us, en vano te quejas. , , ..
Vé pensando a quién le dejas
todo lo que te has robado .....
Como ya tu ma la fe
no les sirve a los de acá,
en vez de enviarte "maná"
hoy te dan un puntapié.
Te habían brindado "parné" ( 1)
para hacerte su lacayo,
más tú la diste de gallo,
la hiciste de valientito,
y ahora .. . . les importa un pito
que te despedace un rayo ....
Cuando la barba te sude,
de una cuerda suspendido,
no habrá un sér compadecido
que diga "el diablo te ayude."
El manco ayudarte elude
porque ve tu perdición.
E stás perdido, barbón,
no tienes escapatoria;
ya lkgó a su fin tu historia
de ludibrio y de baldón.
Tú que te empeñas en ver
azul cuanto te rodea,
no sientes qu~ "te jumea,"
que te comienzas a arder,
que se te escapa el "poder"
con el que nunca has podido;
pero ni un piadoso olvido

en la tumba en contra rás.
pues aun muerto, escucharás
que te titulan "bandido."
La esperanza solamente
de tu pronta ejecución,
hace que en nuestra nación
se sienta feliz la gente;
y, pues no habrá quien intente
librarte, pobre bárbado,
duélete ele tu pasado,'
ele tus infamias añejas,
Y, repito, ve a quién dejas
los bienes que te has robado.,,.
N u nea gozarás de olvido,
pues tu cuerpo, gran traidor,
será la momia mejor
ele cuantas han existido;
pues al verte suspendido
de cualquier sólida cumbre,
de Febo bajo la lumbre
tendrás sempiterna paz .....
No habrá zopilote audaz
que pique tu podredumbre!
Venus. se llegó tu día;
Venus, que un rayo te parta.
Esta mi epístola cuarta
es tu toque de agonía.
Ya llegó la patria mía
al fin de sus aflicciones,
pues según las predicciones
que te anunciaron la muerte,
correrán la misma suerte
• muy en breve tus "legiones."
Dien, pero como no es cosa
&lt;le que un "primer chiv" valiente
un epitafio elocuente
no ten ga sobre su fosa,
ya te preparo esta hermosa
y amable definición:
"en este obscuro rincón
donde todo es pestilencia,
reposa la quinta esencia
del crimen y la traición."

QUASIMODO.
(r)- Nombre que los españoles dan
al dinero.

�TOPICOS DEL DIA
La Cámara de Comercio de Saltillo fijó los precios
de los Artículos de Primera N ecesidacl, tomando como
base, no los bilimbiqucs carrancistas,.sino el oro nacional.
Esto, en otros términos, quiere decir que la moneda carrancisla ha dejado· de ser moneda desde el momento en que ya no sirve para darle valor a las cosas.
Cuanta razón tiene Luis Cabrera al afirmar que está acostumbrado a convertir los desastres en éxitos.

** *

En Sonora, Plutarco Elías Calles y Adolfo de la
TI ucrla, andan a la gref1a. En e l periodismo revolucionario, se han tirado los platos Rip-Rip y el doctor Atl. En
el campo militar, pugnan Obregóñ y Pablo González.
No cabe duda de que el carrancismo se está consolirlando.

•**

La Dirección General de Correos, ha decidido celebrar debidamente la llegada de don Venustiano Carranza
a la Capital de la República. Con tan plausible motivo
ha decretado-estamos en la época gloriosa de los Decretos-que todas las cartas que circulen el primero de
Junio próximo, lleven además de los timbres ordinarios
unas estampillas con el retrato del Primer Jefe y las cuales se expenderán al precio de diez centavos.
Esta disposició n no tiene. más importancia que pintar claramente el modo que los carrancistas tienen de celebrar los grandes acontecimientos.
Durante la oprobiosa tiranía, en una ocasión semejante, se habría envilecido al pueblo regalá.ndole medallas
o cualquier otro objeto conmemorativo. En la democracia carranclana, se sigue una línea opuesta. Se conmemoran las fechas ilustres con nuevos gravámenes, con impuestos extraordinarios, con rentas y co.ntribuciones especiales, a fin de que el pueblo consciente pague. de algún
modo el beneficio que recibe con la permanencia continuada del Primer Jefe.
Esto es altamente educativo, porque le da a la llegada de Carranza a la Capital de la República, el carácter
· que debe tener tan trascendental acontecimiento: los reaccionarios dirán que don Venustiano, por dondequiera que
significa nuevos gastos para el pueblo, pero si se tiene en cuenta los bienes que .el Primer Jefe desparrama
con sus bilimb.iques, huelga, tifo, microbios libertos, generales carrancistas y demás trofeos del Ejército libertador, se conviene en que es justo de parte del pueblo, pagar algo extraordinario e.n beneficio de su glorioso redentor.

"ª•

• * •

El Coronel Esteban Cantú, está proxuno a llegar a
su ocaso. Pudo haber sido "el hombre del momento,"
pero su vacilación, su debilidad, y sobre todo su falta
a\.&gt;soluta de programa, le impidieron colocarse a la altura
de las circunstancias.
Cimentó su gobierno sobre bases de inmoralidad;
y aunque esto nunca es disculpable, pudo haber sido perdonado, si se hubiese traslucido en la política de Cantú,
algo en beneficio de la Patria.
Efectivamente, cuando una administración vive de
los garitos, &lt;le las loterías, de los hipódromos, y de los
centros de prostitución, tiene la obligación de compensar,
con actos grandiosos los males que infiere a sus gobernados por medio de un régimen cimentado sobre el vicio.
Si Cantú hubiera convertido su ínsula en un baluarte para
la cultura, en un centro reorganizador de la Patria, habría
merecido el perdón por sus yerros y debilidades. Pero le

•

jos de ello, lo único que ha procurado y sigue procurando, es sacar las mayores ventajas posibles de la administración de la inmoralidad, sin orientarse políticamente
en un sentido de rectitud invariable.
Fue villista cuando Villa era poderoso; hoy ·es carrancista, mañana quizás enarbolará la bandera obregonista. Esto, como es de suponerse, no lleva más que al
desastre. Y las gentes, que en su afán de esperar siempre, soñaron que Cantú podría ser el salvador, pueden
convencerse de que es muy difícil que un Jefe ele Partida
se convierta rápidamente en Jefe de Partido.
¡ Genio y figura
Hasta la sepultura!

\ I

Bellezas Infantiles

*•*

Federico Montes, Gobernador de Querétaro, acaba
de promulgar un Dec;reto, conforme al cual quedaron
duplicadas las contribuciones municipales del Estado.
¡ He aquí otro benemérito que le brinda a su pueblo
la maravillosa oportunidad de colaborar debidamente en
la grandeza del Estado.

***

Un periódico de Saltillo comunica la monstruosa
noticia de que algunos corredores ele Comercio fueron
sentenciados a muerte, y ejecutados inmediatamente, en
Mérida, por creer en la eficacia de aquel artículo de la
Constitución que garantiza la libertad de Comercio.
Esta ráfaga de terror servirá únicamente para paralizar el comercio en la península yucateca y angustiar más
la situaci'ó n del pueblo. Los carrancistas, creen en su ignorancia, que los pobres "coyotes" son los culpables del
desastre monetario de México; y como en las casas de
cambio y en los actos de corretaje, es donde aparecen las
dolencias de la sociedad, les ha parecido la cosa más natural del mundo suprimirlos, creyendo así acabar con el
malestar general.
Esto nos hace penwr en los versos de Quevedo:
"Es quitar el dolor de la cabeza
Quitando la cabeza que lo siente."

•

***

Ultimamente los simpatizadores del General Félix
Díaz han vuelto a alentar esperanzas en su caudillo, a
quién reputan al frente de un poderoso Ejército en los
Estados meridiona les de la República. No sabemos si
este renacimiento de ilusiones obedece a hechos .concretos o a la necesidad de "creer en algo" que venga a acabar con el desbarajuste .nacional.
De todos modos es significativa esa fe obstinada, esa
tenacidad en el ensueño, esa confianza ciega en el Caudillo. Eso indica que existe en dicho grupo una fuerza
qu~ no desmaya ante nada ni se desconsuela por las mayores adversidades. Y con cualidades semejantes no es
difícil que obtenga la victoria, tanto más probable, cuanto
que el ca rrancismo ha estado en pleno período de desorganización.

*•*

El conocido rimador fronterizo, Aureliano Ramos,
acaba de ser nombrado Administrador de la Aduana de
l\Iier, Tamaulipas.
Dicha aduana no tiene otra ventaja que la de estar
a la orilla del río, y brindarle a Aureliano Ramos la oportunidad de salir de México en el momento, ya muy próximo, del desplomamiento carrancista.
Después de todo, las Musas, cuando no inspiran versos bellos, protejen a sus adoradores, y los alejan del lugar del peligro.

..

Niño Guillermo A. Alonso,
de Tampico, Tamaulipas.

�•

- ¡No me atormenten! Díganme qué Je sucede a
m1 marido. Tengo valor para saberlo todo: .
Doña Soledad alzó sobre nosotros la mirada, aquella mirada que tenía el color maléfico de la s turque sas, y
habló con la voz lle na de misterió, mientras sus dedos de
momia movían las agujas de la calceta:
- ¡ Ay, Jesús! .... e\ tu marido nada le sucede. Tiene un demonio que le defie nde. Pero ha derramado
sangre..... .

-..

EL MISTERIO
Hay también un demonio familiar.
Cuando yo era niño, iba todas las noches a la tertulia de mi abuela, una vieja que sabía estas cosas medro. sas y terribles del misterio. Era una señora linajuda Y
devota que habitaba un caserón en la Rna de los Plateros. Recuerdo que se pasaba las horas hacie1!do calceta tras los cristales de su balcón, con el gato en la fa lda.
Doña Soledad Amarante era alta, consumida, con el ca. bello siempre fosco, manchado por grandes mechones
blancos, y las mejillas clescarnaclas, esas mejillas de dolorida expresión que parecen vivir huérfanas de besos Y
de caricias. Aquella sei10ra,me infund ía un vago terror.
porque contaba que en el silencio de las altas horas oía
el vuelo de las almas qu e se van, y que evocaba en el fondo de los espejos los rostros lívidos que miran con ojos
agomcos. No, no olvidaré nunca la impresión que me
causaba verla llegar al comienzo de la noche y se ntarse
en el sofá del estrado al par de mi abuela. Doña Soledad
extendía un momento sobre el brasero las manos sarme ntosas, luego sacaba la calceta de una bolsa de· terciopelo
carmesí y comenzaba la tarea. De tiempo en tiempo solía lameintarse:
-¡Ay, Jesús!
Una noche llegó. Yo estaba medio dormido en el
regazo de mi madre, y, sin embargo, sentí el peso magnético de sus ojos que me miraban. Mi madre también debió advertir el maleficio de aquellas pupilas que tenían el
venenoso color de las turquesas, porque sus brazos me estrecharon más. Doña Soledad tomó asiento en el sofá y
en voz baja hablaron ella y mi abuela. Yo sentía la respiración a.nhelosa de mi madre, que las observaba queriendo adivinar sus palabras. Un reloj dió las siete. 11i

abuela se pasó el pañue lo por lo s
poco in segura le dijo a mi madre:

OJOS. y

con la voz un

-¿ Por qué

110 acuestas a ese niño?
Mi madre se levantó conmigo en brazos y me llevó
al est rado para que besase a las dos señoras. Yo jamás
se ntí tan vivo el terror de doiia Soledad. 11 e pasó s u
mano de momia por la cara y me dijo:
-¡ Cómo te le pareces!
Y mi abuela murmuró al besarme:

-¡ Reza por él, hijo mío!
Hablaban de mi padre. que estaba preso por liberal
en la cárcel de Santiago. Yo, co nm ovido, escondí la cabeza en el hombro de mi madre, que me estrechó con angustia:
-¡ P ob res de nosotros, hij o I
Después me sofocó con su's besos, mientras sus ojos.
aquellos ojos tan bellos, se abrían sobre mí enloquecidos,
t r'ágicos:
-¡ Hijo de mi alma, otra nueva desgracia nos amenaza!
Doña Soledad dejó un momento la calceta y murmuró con la voz lejana de una sibila:
-A tu marido no le ocurre ninguna desgracia.
Y mi abuela suspiró:
-Acuesta al niño.
Yo lloré aferrando los brazos al cuello de mi madre:
-¡No quiero que me acuesten! Tengo miedo de
quedarme solo. ¡No quiero que me acuesten! ....
11 i madre me acarició con una mano nerviosa, que
casi me hacía daíio, y luego volviéndose a las dos señoras, suplicó sollozando:

1Ii madre repitió en voz baja y monótona, como s i
el alma estuviese ausente:
-¿ Ha derramado sa.ngre?
-Esta noche huyó de la cárcel matando al carcelero. Lo he visto en mi s ueño.
)1i madre reprimió un grito y tuvo que sentarse para no caer. Estaba pálida, pero en sus ojos había el
fu ego de un esperanza trágica. Con las manos juntas interrogó:
-¿ Se ha salvado?
-No sé.
-¿ Y no puede usted saberlo?
-Puedo intentarlo.
Hubo un largo silencio. Yo temblaba en el regazo
de mi madre, con los ojos asustados, puestos en doña
Soledad. La sala estaba casi a obscuras; e n la calle
cantaba el violín de un ciego. y el esquilón de la s monjas
volteaba anunciando la novena. D o~a Soledad se levantó
del sofá, y anclando sin ruido la vimos alejarse hacia el
fondo de la sala, donde su sombra cas i se desvaneció.
Advertíase ap enas la figura negra y la blancura de las
manos inmóviles, en alto. Al poco comenzó a gemir débilmente, como si soiiase. Yo. lleno de terror. lloraba
quedo, y mi madre oprimiéndome la boca, me decía ronca
y trastornada:
-Calla, que vamos a saber de tu padre:
Yo me limpiaba las lágrimas para seguir viendo en
la sombra la figura de doña Soledad. 11i madre interrogó
con la voz resuelta y sombría:
-¿ Puede verle?
-Sí . . .. Corre por un camino lleno de rie sgos. ahora
sol itario. Va solo por él. .... Nadie le sigue. Se ha detenido en la orilla de un río y teme pasarlo,. Es un río
como un mar ...... .
-¡ \'irgen mía, que no lo pase!

-En la otra orilla hay un bando de palomas blancas.
-¿ E stá en salvo?
-Sj .. . . . Hay un espíritu que le protege. La sombra del muerto no puede nada contra él. La sangre que
derramó su mano yo la veo caer gota a gota sobre una
cabeza inocente . .... .
Cna puerta batió lejos. Todos sentimos que alguie.n entraba en la sala. Mis cabellos se erizaron. Un
aliento frío me rozó la frente, y dos brazos invisibles de
un fantasma quisieron arrebatarme del regazo de mi madre. 11e incorporé asustado, sin poder gritar, y en el
fondo nebuloso de un espejo ví los ojo~ de la muerte, y
s urgir poco a poco la mate. lividez del rostro, y la figura
con su dario y un puñal en la garganta sangrienta. Mi
madre, asustada, viéndome temblar, me estrechaba contra
su pecho. Yo le mostré el espejo, pero ella no vió nada;
el espejo se rompió con largo gemido de alma en pena.
Doña Soledad dejó caer los brazos hasta entonces inmóviles en alto, y desde el otro extremo de la sala, saliendo
de las tinieblas como un sueiio, vino hacia nosotros. Su
voz de sibila parecía venir también de muy lejos:
-¡ Ay, J essú ! Sólo los ojos del niñ.Q le han visto.
La sangre cae gota a gota sobre la cabeza inocente. Vaga en torno suyo la sombra negativa del muerto. Toda
la vida irá tras él. Nunca perdonará. Hallábase en pecado cuando dej ó el mundo, y es una sombra infernal.
Ko puede perdonar. Un día desclavará el puñal que lleva en la garganta para ahogar si¡ voz . . ...
Habla lentamente, mientras sus dedos de momia
mueven v&lt;doces las agujas de la calceta, habla y acompaña sus palabras el vuelo misterioso de las almas ein
pena que vuelven al mundo par cumplir penitencias. De
tiempo en tiempo se interrumpe y plañe en un tono más
tr iste:
-¡J\y. Jesús!
11is ojos de niíio conservaron mucho tiempo el e_..spanto de lo qu·e entonces vieron , y mis oídos han vuelto
a sentir muchas veces las pisadas del fantasma que camina a mi lado, implp.cablc y funesto, sin dejar que mi alma, toda llen a de angustia. toda rendida al peso de-torvas
pasio nes y anhelos purísimos, se asome fue ra de la torre,
donde suei1a cautiva hace trei nta años.

Ramón del VALLE-INCLAN.

•

•

�~a-Guerra Europea
Sigue llenando al mundo con
s estruendos esta gran conílaación. En esta pli:1na aparecen
nto las escems solemnes, en
nde esplende el acto oficial, coo aquellas en dond~ los soldas se ven sufriendo las inclemens de la campaña.
En la parte supe1 ior se destauna gran revista militar presida por uno de los monarcas que
en uno de los reinos del lmpeAlemán, y una patrulla de
balleria teutona. En la parte
ferior se ve una sección de areria austriaca y un tren de aovisionamien tos.

�El Hada de las Perlas

SU SANTIDAD BENEDICTO XVII

Cristo y la Impiedad
Para ''Rc,ista ~Jc.xicana."

Contra de CristtJ la impiedad. osada,
-'\Iza la frente y con feroz porfía,
J .a misma omnipotencia desafía
Con la drs nuda punta de su espada.
Jurado ha r¡ue r!e su Iglesia amada
:\'i piedra sobre piedra quedaría:
Templos y altares sin piedad un día,
Rodará11, hechos pol\'o, hasta la nada.
En nwo intrnta·s derribar su trono,
¡Loca impierlad! en tu infernal rksl'O;
11 oy como ayer conseguirá tu encono
Que venza nueva vez el Ga lileo;
Hoy como ayer sobre la Cruz se escribe,
Que Cristo sobre el mundo imi)era y vive.

Dr. Jesús RIOS.

La fylujer
Para '' Revista Mexicana."
Et in cap·ite ejus corona
stcllarum.
Apoc. XII. I~
¡ La 1[ ujer ! Dulce beso desprendido
Desde Dios hasta ¡tl hombre solitario;
Lampo de luz que alumbra el escenario
En donde el hombre colocado ha sido.

Después que diera a la serpiente oído,
E5trofa fue de un canto funerario,
Primer sol lozo que entreabrió el Calvar io,
Y última nsa del edén perdido.
Risa, sollozo y canto que prolijo
Dios recogió; y al ver tantas doncellas,
Que el mundo maldijera y que El bendij o,
l'na más tarde se eligió de entre ellas,
Bebió sus pechos, convirtióse en su hijo,
Besó su frente y la bañó de estrellas. -

·-

Ctienlan que allá en las poéticas playas del Canlúbrico, donde los ant iguos tro\'adorcs llegaban a c~nlar
al com¡&gt;ás de las enfurecidas olas sus galanos poemas a
la belleza, se abrieron un día las turbias ondas y dieron
paso a un apuesto doncel, que bajo el brazo llevaba su
bandolín sonoro; medioeval trovador, sin duda . que bajó
al fondo del mar en busca de divinas sirenas a quienes
cantar sus poéticas trovas.
En la orilla y casi a flor de agua era esperado por
regia escolta de delfines, señores del mar, que a su paso
se hacen tocar alegres marchas por las músicas reales
compuestas de tritones.
Llegó al fondo donde fue saludado por bellísimas
N"áyacles, Hadas y Sirenas, y del espeso follaje ere luminosas algas se desprendía el suavísimo rumor de una orquesta de sonoras cornamusas, que le volvían loco, ) se
scntia desfallecer por aquel medio ambiente saturado de
los ricos perfumes que las perlas. al abrir sus nacaradas
conchas, exhalan.
-¡ Canta, poeta, canta! le repetían las náraclcs y sirenas en medio de las má; dulces caricias que Jamás mortal alguno recibiera.
"Canta a nuestra belleza."
''Canta a nuestras ri4uísimas perlas."
"Canta y pide nuestro amor." "Canta y serás amado."
''Ca.nta, y te daremos ricos palacios."
"Canta y te haremos gozar placeres paradisiacos."
"Canta y te pondremos ricas vestimentas de brocado y oro" y esto decían locas de amor, sedientas de placeres, Náyades, Hadas y Sirenas.
Era imposible; nadie podía sacarle de aquel sopor,
Y, poco a poco, las Náyades, Hadas y Sirenas, cansadas
de rogar al apuesto doncel, se fueron retirando.
Habíanse ido casi todas, y no quedaba ya más que
una hada hermosa, de ojos negros y cabellera ele ébano,
&lt;1ue le dijo :
-Quieres venir a mi palacio?-1li dueño, mi seiior,
ven conmigo, ven.
El poeta le dirigió una mirada desdeñosa que decidió a la encantadora a seguir el camino dC' sus compaiicras; más de pronto díjole él:

-Espera-¿quién eres tú ?-dbndr est:'t la estancia
prrfumada c¡uc sin eluda habitas?
-Soy el Hada de las Perlas y mi palacio est:'t hecho
de una sola ptrla negra, junto al del opulento Rey de los
corales-quieres que fe, diga algo más? •
Xo, basta ya; cuando la luz del nuevo día bese la
onda inquieta, iré a cantarte la serenata de mi amor. Y
el Hacia, loca de pasión, se fue· a su palacio, a esperar al
apuesto mancebo.
La luz de la a lborada que las hondas reflejaban, como de un diamante en las linas facetas, corrientes de vivísimos colores, recordó al trovador su compromiso de
cantar y se fue al palacio hecho de una sola perla negra,
junto al del Rey ele los corales.
Paróse frente al rico alcázar &lt;le! Hada de las perlas,
al pie de una ojival ventana hecha de coral. cuyos ricos
arabescos parecían encajes de Bruselas y soberbias bordaduras de Damasco; templó su rico bandolín y empezó
a cantar su sentida trova, y la hermosa, a los dulces acordes del bandolín sonoro , abandpnó el lecho, y calzando
sus menudos pies con unos primorosos chapines de seda,
se acercó a la ventana .. y a través de ll&gt; celosía, espiaba,
inquieta, al mancebo gentil.
El Rey de los Corales. vLeJo de luenga barba y oji llos vivos, eterno adorador del Hada; despertó a los acordes de aquel extraño instrumento y dispueso a averiguar
quién lo pulsaba, abrió la ventana y vio al doncel; vistió se con precisión y bajó para vengarse de su rival, a quien
encontró todavía cantando al pie de la ojival ventana hecha de coral.
Mudo de coraje, arrebató al doncel de las manos su
precioso instrumento, el que rompió contra una de sus
rodillas ,ty al reventarse la última cuerda, el poeta cayó
exánime, y con la postrera vibrac ión, el poeta expiró.

Y allá adentro. se oró un grito débil y doloroso :
el Hada de las perlas había muerto también.
De aquel tiempo data la carestía de las Perlas
:'\ egras.

I. G. FUENTES.

�La Obra Porfiriana
Tomamos del ALBUM DE DIAZ, obra obs~quiada por REVISTA MEXICANA
a sus suscritores semestrales, el siguiente Capítulo
que habla elocuentemente por medio de cifras irrefutables

.

El me· or comentario sobre las tres épocas: la anterior ~l General Díaz, la. de su ad~'.inistración
y la época aciual, es el cuadro comparatiYo que sigue: los dat~s que hemos pochdo adqumr lle~a~ a
o de los puntos cita. o~
1 00 un año antes del centenario; en 1 g10, las cifras correspondientes a cada un_
9
.
;:,
,
.
d
d
25
por
ciento
·
las
dificultides
P ,ra obtener las cantidades exactas, nos obhga
tuvieron un aumento aproxima o e
•
.
·
l
_
ron a dar los datos correspondientes a los años citados, para entar el ~ue no fuera~ precisos ~s re pro
porcionáramos; de esta manera, nuestros lectores pueden tener a la vista referencias compro a as, con
sólo un año de diferencia.

$ r.473,912.3 2
" 40.527,185.20
" 125.804,089.33

Producción de oro en 1877-1878:
" " " 1908-1909:
"
" " y plata en 1909:
"

•

578 kilómetros
kilómetros

Ferrocarriles, en 1877:

"

25,000

"

Exportaciones en 1876:
" "
" 1909:

$ 27.318,188.00
" 231.101,795.00

Importaciones en 1876 :·
" "
" 1909:

" 37-318,188.00
" 156.504,447.00

Ingresos en 1877:

" 25.000,000.00

" "

••

"

" 97.871,75o.96

Oficinas e.le Correo en 1876:
"
"
" " 1909:

4.703,750.
1.84.000,000.

Piez1s enviadas por CorNo en 187 ~

"

"

"

"

" 1909

4,430 millas
40,640 millas

Líneas telegráficas federales en 1876:
"
"
"
" 1909:
Capital extranjero en l\Téxico en 1907:
Americano:
Inglés:
Alemán:
Francés:
Otras nacionalidades :
Bancos en 1897: 10, con un capital de
"
•e
" " 1910: 3-1-, " "

$ 356.991,000.00 oro.
$ 253.544,824.00 "
" 25.204,375.00 "
" 10.751,500.00 "
" 4.000,000.00 "
$ 146.746,108.36
" 756.527,309.5°
10,376.
31,194.

Propiedades mineras en 1899:
"
"
" 1908:
Censos de población en 1877:
)l
"
"
"
1910:

,

9.384,193,
15.500,000.

Las Cinco Esmeraldas
UN EPISODIO INTERESANTE DE LA VIDA DEL GRAN CONQUISTADOR HERNAN CORTES.
Cuenta Voltaire en su E ssai sur les m oeurs, que cierto día en que Her,nan Cortés, pobre y anciano, trataba
de acercarse al emperador Carlos Quinto en súplica de
que atendiera sus reclamaciones, durante muchos años
desoídas, los cortesanos del César le impidieron entrar
en palacio.
El conquistador de México, caído ya por aquel entonces en el general menosprecio de sus compatriotas, y
casi por completo olvidados sus grandes servicios a la
patria, devoró con paciencia el ultraje y fue a situarse en
la puerta del alcázar real, confundido ent~ mendigos y
pretendientes de baja estofa.
Salió la carroza que conducía al emperador, y Hernan Cortés, adelantándose hacia el estribo, intentó entregar un memorial al monarca.
- ¿ Quien sois ?-Le preguntó Carlos Quinto.
Soy un homb re que os ha ganado más provincias
que ciudades os legaron vuestros padres y abuelos.
Aunque la anterior anédota, citada por el célebre filósofo francés y reproducida por a lgún moderno historiador español, no tiene en su apoyo el testimonio de ningún escritor de aquella época y es, además, poco verosímil, sirve para vuestro objeto, que es recordar el m iserable estado en que se hallaba el insigne conquistador en
las postri merías de su vida, y al que llegó por efecto de
las envidias e intrigas de otros generales, entre ellos el
rencoroso Velásquez, quienes se dieron buena maña para
cegar, en el volub le corazón del emperador, las fuentes
de la gratitud hacia el preclaro extremeño.
Tal dicen a una cronistas e historiadores, y por
más que a veces los monarcas han sido ingratos con los
hombres cuyos servicios contribuyeron a dar esplendor
a la corona (recuérdense los casos de Cristóbal Colón,
Gonzalo de Córdoba y tantos otros), lo cierto es que en. tre Ca rlos V y Hernán Cortés existió algo en que no
han fijado su atención los que de reseñar hechos histór icos se ocupan: que si el César español dejó morir en la
m iseria al que pudiendo haberse ceñido la corona de Moctezuma, la puso, con las inmensas riquezas de México, a
los pies de su soberano, no fue por ·desconocimiento de
los méritos de Cortés, sino por vengar un agravio; lo
que, bien cons.iderado, quizá es peor que la ingratitud.
Es esta una circunstancia. poco sabida, de la agitadísima existencia de Hernán Cortés y que enco.ntramos
en un curioso libro, escrito por el padre Francisco López de Gomara, confesor que fue del gran aventurero,
y su compañero de glorias y fatigas en el Nuevo Mundo.
He aquí un extracto de lo que dice tan respetable testigo:
"Cuando las tropas españolas entraron a la ciudad
de México, tras ochenta días de ten-ib lee asedio, vien;m
compensados sus sinsabores, con la ocupación y reparto
del tesoro de Moctezuma, llamaóo también por su colosal valía, Tesoro de los dioses. Hernán Cortés se reservó
como parte que le correspondía en el botín, cinco magníficas esmeraldas, que la industria de los mexicanos había
conseguido tallar de modo maravilloso." Las referidas
piedras, ofrenda hecha por los emperadores aztecas a
V itzilopuchtli, dios de los ejércitos, son descritas así por
el autor citado:
"Una estaba tallada e.n forma de rosa; la segunda
representaba un cuerno de caza; la tercera tenía el aspecto de un pescado, con sus dos oj os de oro, y la cuarta se-

mejaba una campanilla, sirviendo de badajo gruesa perla de incomparable oriente. Hernan Cortés la había mandado montar en oro y poner en la armadura esta divisa:
Bendito Dios que te crió. En cuanto a la quinta esmeralda habían la tallado los indios en la forma de copa. Al
traerla a España, su poseedor hízola añadir un p ie de oro
y recubrir los bordes con un filete del mismo metal."
Por esta sola piedra, la más hermosa de todas, ciertos mercaderes genovese~ que se hallaban en la Rábida
al desembarcar Cortés, le ofrecieran 40.000 ducados para
revenderla al Gran Turco. Las cinco esmeraldas estaban tasadas en roo.ooo ducados, y llegaron a adquirir tal
renombre en España, que servían de término de comparación cuando de preseas magníficas se hablaba.
Ocurrió que la emperatriz Isabel, esposa de Carlof
Quinto, mostró deseos de poseerlas. El soberano propuso a Cortés la cesión de las joyas por el precio que quisiera ponerlas, prometiéndole de añadidura el disfrute de
determinados beneficios en las tierras recién conquistadas. El alma bravía de Hernan Cortés no se amoldaba
bien ni mal a las exigencias del oficio de cortesano. A~í
que, aun a riesgo de incurrir en el e¡Jojo del monarca, se
negó en redondo a venderle las piedras, y las entregó, en
calidad de dote, a doña Juana de Zúñiga, hija del segundo conde de Agu ilar y sobrina del duque de Béjar, con
la cual casó poco después, hacia 1529.
Carlos Quinto no perdonó a Cortés el desaire, s iendo éste el prit1cipal motivo de la enemiga que desde entonces le tuvo.
Las arc~1ifamosas esmeraldas que excitaran el enojo
de una emperatriz y el odio del monarca más poderoso
del mundo, estaban destinadas a un final poco digno
ele su precio y de su celebridad. Llevábalas Hernan Cortés al tomar parte en la desastrosa expedición a A rgel,
ya porque, como hombre en extremo supersticioso, las
diputase por amuleto infalible, o bien porque viese en
ellas el precio de su rescate s i la mala ventura le hacia
caer en manos de los corsarios berberiscos.
Deshecho por los escollos e l galeó.n Esperanza, en
que iba Cortés, y obligado éste a arrojarse al agua para
ganar la orilla a nado, "metió en un pañuelo-dice Gomara-todo el dinero que tenía, juntamente co.n las cinco esmeraldas, y se lo ató al cuello. Las preciosas joyas,
bien por descuído o por fatalidad, cayeron al cieno profundo y se perdieron para siempre."
A partir de aquella época, la vicia del glorioso caudillo fue un perpetuo calvario. Viejo y achacoso, llamó
una Y otra vez a la puerta de los alcázares reales pidiendo que, ya que no se diese a sus servicios el galardón merecido, al menos se le abonasen los 300,000 escudos que
había gastado en su expedición a California. Sus súp licas fueron vanas. Invadido por intensa melancolía, partiósc de la corte y fue a mori r olvidado en Castilleja de
la Cuesta (Sevilla,) a la edad de sesenta y tres años. El
cadáver de Hernan Cortés, inhumado en Sevilla, fue trasladado a México en 1562 por un hijo del conquistador.
Su sepulcro existió en el convento de San Francisco
de dicha capital; con la particularidad de que uno de sus
adornos reproducía la figura de las cinco malhadadas joyas que acarrearon la desgracia al antes afortunado domeñador de imperios.

�¡POBRES GAT ASt
Página humorística de '' Rejúpiter,''

J. Rafael Rubio

-¡Hombre! ¡por amor de Dios, Matiana! No de- ciano se ha caído de cráneo en la tina grande al querer
je abierta la llave del lavador! ¡ no olvide el cajón de la sacar una canica que estaba allí.
-¡ Matiana ! ¡vea a ese niño!
basura! ¿Quitó la ropa del tendedero? ¿ Le puso alpisLa señora "se alisa" las greñas frente al ropero de
te al canario? ¿Echó en jabón los manteles? Ya trajo
luna,desabrochado
el peinador y luciendo chanclas pre"El Imparcial?"
La pobre Matiana no contesta. Son tantos y tan rraf¡telistas¡ chillan 'los dos· mocosos en distintos tonos
variados los asuntos de su mi,nisterio y pesan sobre ella y despiertan al de pecho, que se disgusta porque le cortan
tan graves responsabilidades culiniarias, higiénicas e hi- el hilo y rompe a berrear en mí sobreagudo, revolcándose
en el proceloso mar de sus intestinales desafueros.
droterápicas, que elude las interpelaciones, enmudece y
-¡ Ma~ana ! ¡ límpieme a la niñita!
baja la cabeza sobre la pila rebosante en que ha hecho una
En esto llega de la cocina el tufillo indiscreto de la
ensalada de canzoncillos, camisones, pañales y calcetines.
leche qu·e está cociéndose y que se quema porque, en opi-¡ Qué vida, caray!
Por ocho pesos al mes-sin ración-deberá ejecutar nión de los facultativos, no está en olla texcocana, si¡10
maniobras domésticas ta.n disímbolas, que la pondrán a en vil tepalcate espurio.
-¡Matiana! ¿Ya ve? ¡Se le quemó la leche! ¿.P or
punto de volverse loca. Si se tapa el vertedero de la tiqué
no
se fija?
na o de otro mueble cuyo nombre omito, ella tendrá que
-Me llamó asté!
hacer· de plomero y sacar los obstáculos, por más que sean
-¡ La hubiera quitado de la lumbre!
de pronóstico reservado; si suena allá abajo la campana
-Me llamó asté de urgencia.
del carretón de la basura, tendrá Matiana que echarse a
-¡Nada! son dos litros y se los voy a rebajar "de"
. cuestas el cajón colmado de desperdicios y bajar con él
este
mes.
¿Ya secó a la niña? ¿Ya vistió a Emerenciaciento ochenta escalones hasta vaciarlo en el vehículo muPor
qué
es tan pazguata? P,onga el desayuno y láno?
¿
nicipal que la espera e.n la calle.
Como el patrón trabaja en los Eléctricos-Indiani- vese primero las manos.
-Niña, aytá el panadero.
lla-hay que levantarse al pardear la mañana, ir por el
-Recíbale el pan.
carbón, la leche y los bizcochos, tiritando bajo el reboci-Es
que se está redamando el tinaco y que la astasté
llo que no calienta ni a tiros; hay que prender la lumbre
esperando
el chale de la lavandería.
y hacer el café, barrer el comedor, fregar los platos que
-¡ Recíbale la ropa!
quedaron sucios con la cena y bombear de firme para que
-Tamién está el del teléfano con un papel.
el señor pueda mal lavar su rostro de ferrocarrilero here-¡ Paaaaan !-grita Emerencianito.
ditario.
-¡ Déle pan al niño!
Si el café está muy caliente, malo; si apenas tibio,
-¡ Trrnrrrr !-suena el teléfono.
pfor; si en la panadería le encajaron un bolillo frío, tra-Matiana, a ver qué quieren en el "Pierdeliempo."
gedia; si se le olvidó el azúcar, leña.
La señora de trapillo, se esfuma con majestad por
-¿ Qué hubo con los cigarros? Le dije a usted que
la puerta de la caballeriza conyugal y atiende a los beduinegros y me trae blancos ..... ¡ Qué mujer! ¡ No tiene canos del pan, del teléfono y de la Chinese Laundry. (En el
beza! A ver, deme un trapazo en los zapatos; traígame
interior los chicos plañen a toda orquesta.)
un pañuelo y el pase del tren que dejé en el buró. ¡ Muévase, caramba!
La pobre bestia con naguas se atiene a lo mandado
*
Mediodía.
y ejecuta las órdenes a toda chilla, haciendo sonar sus taEl señor llega de fierro malo porque le. ganaron tres
cones de hueso en las baldosas heladas del pasillo.
tandas de copas en los dados y está en el primer período
-¡ Matiáinaaal
Es la señora, que todavía no se levanta, la que grita de embriaguez constitucional. En la cocina, M.atiana ha
así con voz colérica, desde el fondo de la alcoba nupcial perpetrado el siguiente programa nutritivo, único que puee infantil, porque también en ella duermen los tres cha- de deglutir el estómago leperocrático del síñor:
Sopa de sesos (que buena falta le hacen.)
macos que a duras penas ha podido editar el matrimonio.
Arroz-Un
huevo recontrafrito-Panza de car.nero,
-¿Qué pasó con mis hojas? ¿A que se le olvidaron? ¿A que no las puso a cocer? ¡No tiene usted re- -Rajas y frijoles bayos.
Se instala en el comedor la horda de tragones y em-·
medio! ¡ya no las haga! Me limitaré al desayuno. Vis·pieza el auto de fe. Matiana tiembla como un voluntario;
ta a Emerenciano y aviénteme mis medias.
Emerenciano es un demonio de seis puntos, una es- se tropieza en la pata de una silla y vierte la sopera en el
pecie de Zapata que muerde, patalea, jala los cabellos y pantalón flor de romero de mi vale el empleado eléctrico.
(Aquí caben cuatro interjecciones de última moda,
chilla por los cuatro costados; pero hay que tenerle pacon
sus
respectivos agregados.-La familia, a pesar del deciencia y no tocarlo con brusquedad, porque en tal caso la
sastre
engulle.)
integridad peligra.
- ¡ Qué arroz más cochino!
-Deje a Emerencianito y vea por qué llora Eleo- ¡ Matiana, ¿no le dije que lavara bien la panza? ¡ Esnora.
to
huele
a Rastro, a no sé qué! ¡ Y todo por n&lt;:&gt; hacer lo
La aludida- tres años- se ha bebido varios tragos de
que
le
mando!
tinta de copiar, poniéndose hecha un asco. Hay que la-Pues "hombre"- dice el marido-si ésta- por Mavarla, cambiarla y vestirla; pero no bien ha empezado
tiana-no
te sirve, dale su pasaporte y estamos al pelo 1
Matiana esta triple faena, cuando ya el susodicho Emeren-

* *

-Siñor, es que no tuve tiempo!
qu1acer.
. ..... .

'

Yo sola pa tanto

-Cállese y sirva; y mañana se pela usté al éter.
ver "mi" pulque.

A

En el ínter los chiquillos han echado al suelo cucharadas de arroz y trozos de masa encefálica de la que formó
la sopa aguada.
-¡ Limpie ahí, Matiana!
-¡ Unas tortillas calientes!

¡Vaya a ver quién toca!

Es el de la mueblería, que desde hace tres meses viene a cobrar una factura. .'.\fatiana sabe que hay que negar

al patrón; pero el cobrador ya lo ha visto e insiste en su
demanda.
\
-¿ No está el señor y lo estoy mirando cómo come?
¡Háblele!
La pobre no Jiene más remedio que requerir al déspota; irrítase éste, sale en camisa, insulta al acreedor, se
hacen de palabras, suena.n tres carambazos, llora la consorte, acuden los vecinos, corre un chamaco a llamar al
gendarme, y Matiana, aprovechándose del embrollo, se
pela de casquete, dando por perdidos los ocho pesos mensuales en que se vendió para vivir peor, mucho peor carteada que una bestia.

El Silencio de los Desterradós
Tomamos de un periódico de El Paso, Texas, el s1guien te artículo:
Toda la prensa carrancista de México y de los Estados Unidos, ha reproducido, saboreándolo con evidente
satisfacción, un artículo editorial que publicó "El Demócrata," órgano del Primer Jefe, que se edita en la Capital
de la República, y en el cual se lanza sobre todos los que
vivimos fuera del país, el terrible cargo de traidores a la
Patria, imputá.ndosenos la preparación y dirección de los
asaltos a las plazas fronterizas norte-americanas, que determinaron el envío de dos expediciones armadas que se
encuentran aún en suelo mexicano.
Las acusaciones de la Prensa de don Venustiano,
merecen algo más que un simple comentario o una ligera protesta.
Nada hay en ellas que revele una base. Son un conjunto de sofismas, que por lo jesuítico de su urdimbre,
parecen producto de un cerebro desequilibrado.
El odio de partido ciega todavía a los corifeos del
Primer J ef~. La visión macabra de fos muertos que forman la base del trono en que se asienta la claudicante figura del anciano prevaricador, parece haber enloquecido
a los periodistas y a los gobernantes del carrancismo con
trágica demencia, obligándolos, en la angustia que sienten después del delito todos los malhechores, a lanzar
sobre otros, la responsabilidad de los hechos que llevaron a cabo.
Nosotros no somos traidores. Los que vivimos refugiados a la sombra de una extraña bandera no desconocenios el deber que tenemos ele respetar la tierra que ampara, y de ninguna manera fomentaríamos asaltos ni matanzas; menos aún cuando esos asaltos y esas matanzas
pueden orillar a nuestra propia patria a un conflicto cuyos
resultados son difíciles de prever.
Nosotros no tenemos culpabilidad ninguna en lo

acontecido en la frontera méxico-americana, ni hemos
solicitado del gobierno america.no, como lo dicen los periódicos oficiales ele don Venustiano, el envío de tropas a
México. No tenemos culpabilidad ninguna en la creación
de esta situación delicada y difícil. Menos culpa tenemos de que los neodiplomáticos y super-hombres del carrancismo carezcan de la capacidad suficiente para darse
cuenta siquiera de la situación.
Los traidores no somos nosotros, los revolucionarios enemigos de Carranza. Tampoco creemos que lo
sean los enemigos de la revolución. Los traidores en todo caso, son otros.
No es necesario hacer uso de injurias ni exhibir el
patrioterismo de tamborazo y relumbrón de los monaguillos que inciensan al anciano de Coahuila, para comprobar la anterior afirmación. Allí están los acontecimientos del año pasado en la frontera texana¡ allí está Pizai1a
en Matamoros; todavía se recuerdan las matanzas de inermes ciudadanos americanos, efectuadas por gente uniformada que venía del Sur de la frontera, cuando el reconocimiento anhelado pareció alejarse de las almenas de San
Juan de Ulúa.
"El silencio de los desterrados es trágico, dice más
o menos "El Demócrata," porque ese silencio es el silencio del traidor."
Un desterrado hablará en nombre de todos; él, que conoce algunas verdades sobre estos asuntos, hablará en voz
alta para decir quién fue el primero que mostró a Francisco
Villa el camino de la frq.ntera americana; quién, antes que
él, empuñó la tea del incendiario para provocar al sajón;
qJ.Jién, antes que Villa, concibió la idea de vengar un despecho· hundiendo a dos pueblos en la crueldad de una
guerra.
Francisco Villa es solamente el discípulo. Es necesario señalar al maestro.
Manuel BONILLA, Jr.

�COSAS DE MI TIERRA
EL PRIMER BESO

Hace ya un mes que don Rafael dió permiso a J ulín
para hablar por la reja con José Antonio.
Esta noche-una ,noche obscura, húmeda y fría de
últimos de Noviembre,-José Antonio ha acudido a la
cita antes de la hora, y ha tenido que aguardar unos momentos, paseando por la solitaria calle del pueblo ...... .
Los paseos duraron poco: una criada que entraba en la
casa, avisó a Julín que el novio esperaba hacía ya largo
rato. J ulín salió inmediatamente a la reja, y al ruido que
hicieron los cristales al abrir ésta la ventana, José Antonio se apercibió y se apresuró a acudir junto a los
hierros.
J ulín le preguntó:
-¿ Hacía mucho que esperabas?
-N ó, tonta; unos segundos nada más. Me he aflelantado hoy, porque estoy muy contento y tengo muchas
ganas de hablarte.
-Pero, ¿ te ocurre algo bueno?
-No, bonica, no; es decir, sí. Me ocurre que cada
día te quiero más; que cada día estoy más satisfecho de
haber nacido-como dicen los gitanos- .... Y tú? te alegras también de haber nacido ...... ?
A ] ulín le borboteaba la risa de alegría. Estaba embobada con el cariño de José Antonio-su primer amor.-Mira, Julín: A mí me pasa una cosa muy rara.
Yo no sabía qué era esto de estar enamorado-y t ú tampoco, ¡eh! ;-yo no podía suponer que preocupara tanto,
que fu era una cosa como la que es .. .. .. Yo tuve una novia que me duró quince días; yo he co.nocido mujeres que
me parecieron guapas, y nunca me imaginé que hubiera
nada ni nadie, capaz de hacerme variar lo que tú me has
hecho variar.
Decía las frases José Antonio con un acento de sinceridad tan grande, que no ya la pobre Julín, inge.nua y
candorosa, sino otra mujer cualquiera, baqueteada de novios, hubiera creído en ellas a cierra ojos.
Continuó José Antonio:
-Tú ya sabes cómo me enamoré yo de tí; pero voy
a añadirte unos detalles: Cuando yo regresé de París.
vine con el convencimiento íntimo, de qu e yo no había
nacido para bohemio, ni siquiera para bohemio rico, como es la bohemia modernista, e inmediatamente pensé en
casarme. Pero para. casarse hay que buscar novia antes,, y esto para mí era un problema difícil, porque sóy
muy exigen te ... . .... No buscaba niñas con dinero-yo,
aunque no t engo dinero, no me hace falta;-buscaba una
así como tú, Julín, con los ojillos brillantes y alegres, como los tuyos; con los dientes menudos y blancos, como
los tuyos; limpia como tú eres; discreta y buena, muy
buena, como tú eres también .....
Julín oía a José Antonio embelesada, dejándose acariciar por sus frases. Le parecía todo un sueño color de
rosa; se sentía completamente feliz ..... De vez en cuando e l contento y la satisfacción le asomaban al rostro, y
entonces su carita de niña se teiiía con un ligero carmín,

y en sus labios se dibujaba una sonrisa ingenua, natural,
sencilla.
Excuso decirte que mi mujer ideal .no la encontraba por ninguna parte: ¡ como que eras tú y aún no te
conocía! ..... Caí enfermo, y un mes en cama, solo, en
poder de criadas, me recrudeció el deseo de buscar compañerica, de buscarte a tí, vamos. Y te aseguro que a
pesar de las calabazas, no pensé nunca que no (:uajara el
no viaje .. .. . Al verte, ya te hice novia mía. Ahora, yo
quiero que tú seas toda novia mía, como yo soy todo novio tuyo.
-No entiendo-replicó Julín con su eterna sonrisa.-Yo te lo explicaré en seguida. Oye, Julín-d ijo
José Antonio,-yo no tengo cariño de nadie y yo necesito que me quieran mucho . .... Hoy que parece que tengo
el cariiio que buscaba. porque te tengo a tí, necesito que
,;ea todo para mí, todo, como mis quereres son todos para tí. . . . . . ¿ Me comprendes ahora mi J ulica?
Julín asintió con la cabeza. Reinaba un profundo
silencio. La calle estaba solitaria. Por entre los hierros
de la reja pasaron los brazos de José Antonio, y sus manos se enla11Zaron con las de ella. Una intensa corriente ele amor se estableció entre ambos . ... . De pronto, ] osé Antonio di jo en voz muy melosa:
-Jutln, dame un beso.
Julín no contestó; su rostro debió enrojecer .. ... 'Mariposeaban besos alrededor de la ventana.
-A nda, bonica .....
José Antonio dijo estas palabras para dar ánimos
a Julín; pero él y ella sentían la misma impresión de abatimiento, de miedo, de cobardía.
-No, no, José Antonio; nos pueden ver.
-¿No ves que hace una noche obscura, que no pasa
nadie? Anda, ahora acércate, un solo beso.
Julín .no tenia fuerzas para replicar. Su respi rac ión
era anhelosa; sus pechos suavemente henchidos, subían
y bajaban con aceleración; sus ojos brillaban ... . las mano~ de ambos, enlazadas, se apretaban cada vez más . ...
-Tonta, no te fías de mí? ... ¿Te pediría yo un beso
si no te quisiera mucho? .... . . Si lo deseas tú lo mismo
que yo . ....
Y al decir esto, J osé Antonio pegó su cabeza en los
hierros de la reja, de modo que Julín, no tuvo más que
aproximarse un poco, y un dulce beso so.nó del icadamente
en el silencio de la noche.
Ambos quedaron contritos, arrepentidos, corno si
hubieran realizado una acción pecaminosa; pero pronto
reaccionaron, y sus labios se unieron nuevamente y se
cliero.n muchos besos largos y mimosos ..... Los hierros
no pudieron impedir que mientras se besaban, las manos
de José Antonio acaricia ran la cara de Julín, y que las_
manos de J ulín acariciaran también el rostro de José Antonio.
Bartolomé CORNET.

El Zapato Blanco
..... Registrando, sin saber por qué en el fondo de
una gaveta he encontrado, entre otros objetos ajados y
marchitos, un diminuto zapato de satín blanco. Un zapato-dije, como esos que las mujeres acostumbran llevar a los bailes, arqueado, monísimo, adorable. Se le supondría un escarpín de marquesa o el calzado hechicero
que perdió una noche entre dos minués la bella Cenicienta. La blanca seda había tomado en el cofre los tonos
del ámbar, al igual de esas antiguas telas que pertenecieron a nuestros abuelos y que exhumamos de vez en cuando de los profundos baúles.

•*•

Es una historia feliz la de este za patito blanco! Los
detalles acuden a mi memoria uno a uno con su encanto
nostálgico. Lo que voy a referiros aconteció en una noche de invierno; debíamos de asistir a un baile en casa
de la condesa Micheline.
Nos habíamos entretenido hasta el último momento
saboreando el gozo de estar juntos en una habitación herméticamente cerrada. en la que ardían los tizones, se marchitaban los ramilletes de violetas y las lámparas iluminaban cada objeto con una vaga claridad amarillenta. Es
tan delicioso charlar así en las horas avanzadas en que
París al fin duerme y en las que apenas se oye el monótono rodar de los fiacres !
No pensábamos en la invitación aceptada por mero
cumplimiento. Mi adorada se había sentado en mis rodillas y apoyaba en mi hombro su cabeza despeinada. Charlábamos. Charlábamos. Ah! los bellos proyectos, los
deseos, las promesas que se sucedían interrumpidas por
largas treguas de besos, por risas alegres, y esas palabras, ¡ esas palabras, siempre las mismas, que se repiten
sin motivo cuando se ama l El reloj daba las horas y se
burlaba. Nosotros no las oíamos, adormecidos por ese
entorpecimiento inevitable que nos sujeta en la tibia paz
del hogar cuando estamos dos, completamente solos!
Pero a media noche fúe necesario decidirnos y pensar en la partida. Un gesto de fastidio se dibujaba en
los labios murmuradores de mi amada. Bostezaba deses-

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peraclamente y nada es tan contagioso como un bostezo
de mujer bonita, especialmente cuando no se tiene el
menor deseo de trajearse de etiqueta ni de ir a fastidiarse
duramente largas horas en un salón. Pero qué pretexto
encontrar para decir "no'' cuando está hecha la toilette
y habéis jurado a vuestra mejor amiga que no tendríais
la más leve jaqueca en el momento supremo? .... . .
-Si yo hubiera sabido!. . .. exclamó ella suspirando
de pesar.
-No volverá a cojernos más! dije yo en voz baja.
Mi adorada se tendió sobre la silla de extensión,
y cariñosamente, recalcando las palabras, me pregu11tó :
-Dime! Si no llamáramos a Dionisia, serías tan
galante que me calzaras tú mismo mis zapatos de baile? ...
Cojí en mis manos sus pequeños pies. Ella reía burlándose a boca llena de mi torpeza y enviando a rodar
hacia el fondo de la alcoba, con un movimiento travieso
el zapato blanco.
Este juego duró largo tiempo y por
último, cuando el zapato estuvo caizado, aquello fue otro
asunto. Su pie bailaba la gavotte en aquella prisión espaciosa en démasía. Y la querida coqueta se desolaba
rehusando salir así. Luego, como para seducirnos más
aún, el perfume de las violetas volvíase por momentos
más embriagador, las lámparas cubiertas por las grandes
pantallas color de rosa, envolvían el cuarto en esa media
luz misteriosa de las alcobas y la tibieza de la atmósfera
impregnaba nuestro sér y nos dejaba sin fuerzas.
Ella me había atraído poco a poco a su lado sobre el estrecho mueble ... .
-No vayamos, ¿ quiéres? Estamos tan bien. Suplicaba ella.
Y se bailó sin ,nosotros aquella noche en casa de
la Condesa, quien no nos lo perdonó jamás.

*•*

Yo apreté contra mis labios, como una sagrada reliquia, el querido y diminuto zapato blanco, reliquia santa
donde queda algo de una dicha que no existe.
Rene MAIZEROY.

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'Próximamente publicaremos un número dedicado al héroe fronterizo, Sefior General Don Gerónimo Treviño.
Pídase con anterioridad porque se agotará como se agotaron las ediciones dedicada~ a los Generales Zaragoza y Escobedo.

�. I

Página RecreatirJa

LA CANASTA
Entre hacer un pequeño servicio que se olvida pronto o un grave daño que deja honda huella en la memoria
del perjudicado, elegid. Os contaré lo que me pasó una
tarde de invierno con un pobre hombre llamado \'assielich. Os juro que yo soy bueno, soy un buen padre de
familia, mas es día que hay sol sobre este cielo brumoso.
Oh, la bruma me mata y me hace malo. Si yo fuera sacerdote, en verano rendiría culto a Dios y en invierno al
diablo; en in vierno le amo, siento que se introduce en mi
ser, estruja mi espíritu y aviva mis malos instintos, en
in vierno me siento nihilista y me creo capaz de ser ladrón y asesino; moralmente lo soy, amo lo rojo, y lo
afilado y punzante me enajena. Cuando empiezan las ·
primeras heladas mi mujer me dice:
-Marcof, padrecito mío, las malas ideas c?mienzan
a pintarse en tu cara. Mira, no te alejes de la estufa
porque el frío te hace malo ..... .
Decía que iba a contaros una historia y ya lo olvidaba. Escuchadme:
1
Iba yo una tarde, por- un puente muy estrecho, con
mi pipa en los labios. Un carretero sordo llamado Vasieli ch, seguía el mismo camino que yo y conducía en su carro veinte canastas de pescado de diferentes dueños que
le habían encargado las llevara al mercado para la venta
del siguiente día. El carro a causa de la curvatura del
puente se inclinaba hacia el borde de éste, pero no había
peligro de que pudiera caerse al río, pues el pretil era su-'
ficientemente alto para impedir la caída. Con todo, hubiera querido darle un susto al buen Vassielich.' Creedme
que yo no soy malo, pero lo deseaba con toda mi alma,
y auque fuera algo más que susto, como por ejemplo,
enviarle con carretón, caballo y canastas al río, lo hubiera hecho con mucho gusto. ¡ Y el pobre Vassielich jamás me babia hecho daño y era un buen hombre! Yo
iba un poco más atrás de la carreta. De repente la cuerda que sujetaba las canastas se rompió o desató. A fe
que sentí un vuelco de gozo en el corazón. El ,puente es
largo y estrecho, la carreta caminaba despacio y saltando
mucho; y del centro a los bordes del puente hay una inclinación bastante se11sible.
A los pocos momentos ¡pum! una de las canastas
cayó al pretil del puente y de allí se precipitó al río.
La ví caer. y una voz muy débil me murmuró aquí dentro
algo así como: "avisa a ese infeliz carretero que su carga se va al río" pero el invierno me gritaba más alto:
"cállate, ¿ no es curioso ver caer veinte canastas una tras
otra como una manada de carneros?" Y la verdad es que
preferí esto. Cierto que Vassielich iba a sufrir mucho
con su desgracia, pero ¿ y a mí que me importa eso? ¿ Perdía yo algo con la desgracia de Vassielich? No, al contrario, ganaba la diversión durante el paso del puente que
tiene más de cien metros. Ya os lo he dicho: el invierno habla muy fuerte en mí. Callé y ví caer la segunda
canasta y luego la tercera y la cuarta y la quinta y otras
muchas. Sólo cuatro canastas poco cargadas no quisieron seguir el camino de sus compañeras El pobre Yassielich como era un poco sordo no oía el ruído delicioso
que hacían las canastas al romper la superficie del río
fragmentándola en charcos de espuma. El caballo advirtió mejor que Vassielich lo que pasaba. pues al sentir la
carreta menos pesada apuró el paso. Cuando acabamos
el puente corrí hacia la carretera.
- Eh, Vassielich, amigo mío.
-Qué quieres? Tengo prisa ..... .
-Ah padrecito, ya no la tengas porque voy a comunicarte una desgracia.

-¡Dios de Dios! Ha muerto Ivanowna, mi mujer?
-No, te juro que es algo peor.
-Ha muerto el Czar?
-Habla, habla.
-Bueno, detén el carro porque es grave la noticia
que voy a darte .. ...
-Pero va a anochecer pron to y tengo prisa por llegar a la ciudad que dista aún dos verstas .....
-No la tengas.
-¿Por qué?
-Sencillamente porque el señor río se ha enguillado una tras otra las canastas de pescado, soy testigo
ocular.
Vassielich volvió vivamente el rostro y al asegurarse de su desastre se puso pálido como un cadáver. Después enrojeció y se puso a dar gritos desesperados Apeose de la carreta y se asomó al río.
-Eh, amigo, piensas ver los huecos que han hecho
tus canastas al agujerar el río? Ya se taparon.
Vassielich se puso a llorar. No tenía dinero con
qué pagar; le embargarían sus casas; Ivanowna y sus
hijos sufrirían la miseria y si no alcanzaban a pagarlo
todo, le meterían a la cárcel. ¡ Y el invierno era tan
crudo!
Creí que le entrara la intención de arrojarse de cabeza al río. Si lo ·hacía, quizá su caballo se animara a
hacer lo mismo, y si no, le habría obligado. Pero el
muy necio de Vassielich se contentaba con liorar amargamente. Su estupidez me dió cólera.
-Pude avisarte, padrecito, desde que se cayó la primera canasta. Mas ¿para qué? Mañana habrías olvidado el pequeño favor que te había hecho. Cuando Ivanowna y tus hijos estén llorando y te lleven a la cácel, os
acordaré:s de mí. Me maldeciréis; no importa.
Vassielich no me respondió; aturdido como estaba
con su desgracia no me atendía o no me oía: no hacía
sino llorar. Yo me encogí de hombros y continué mi camino fumando mi pipa.
¡ Qué diablo! El sitio de los peces es el agua y no
las canastas! He restablecido el equilibrio de la naturaleza.
Clemente PALMA.·
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Problemas propuestos por el niño
Alfonso Martínez.
CUADRADOS DE LETRAS

En el árbol
Pasión
Fruta
Lo que no se escribe

interrumpido, pero no pronuncies
jamás en mi presencia el nombre de
Eliza.
NOMBRES ILUSTRES
OCULTOS

la. Es precioso el ajuar Ezequiel?
ya lo cr,eo, sobre todo el del comedor es un encanto.
,
ROMBO
2a. En las contiendas dé amor, .e l
ósculo en los labios es un fuego saVocal
grado.
Nombre mujer
3a. Lo creo el Rajá Hid algo me
Dominio
quería decir, antes de irse.
Grado militar
4a. Todos los vestidos de fantasía
Insectos
tienen sus iniciales, fijate en el vesti
Volverse joven do arlequinesco B. E. Domingo lo
. Legítimo deseo llevará.
De A. Central
5a. Dice el Czar: á gozar se ha diFacultad
cho, y g o za que es UJ\ contento
Rumiante
mandandole balas al enemigo.
Meteoro
6a. El Conde polaco Ranoporf Iri,
Pariente
odia zululescamente a los alemanes,
Vccal
por que le destruyeron su h ?gar.
Problema propuesto por la Srita.
PROBLEMAS propuestos por GeP. M11rtínez.
naro Fourzán, Jr. para Revista Mex1cana.
TRIANGULO NUMERICO
Consonante
Nota musical
Nombre de mujer
Tela
En el mar
De los soldados
Pájaro

1
p8
272

5878
14 32 5
127878

1278364

Problemas propuestos por P. K. Dor

ANAGRAMAS.
Gustavo C C. con F. l. Madero rezó.
Q.

z.

z.

La urraca reunió todo

U. T.
Con vida de roca.

D. T. R.

METATESIS

la. F1jese bien en lo que dice.por
que si se descuida le doy un 1 2 3 4 5
y se lo aviso para que después no haya 3 4 5 1 2 de su parte.
2a. Oyes 1 2 3 4, me haces favor
de darme ese 4 3 2 1 que me gusta
tanto y que te mandaron de 4 l 2 3.
Nó puedo, porque se lo tengo que
dar a mi 3 2 1 4 que me eetá esperan
do en la hacienda de la 2 1 4 3.
CIUDADES OCULTAS

la. Con el jarabe de tolú, casi estoy bueno de la tos.
2a. Si quieres enamorarme Ridavia, estás fresco, porque no te hago
caso

METAESIS

l. - 1 2 3 4 sirve para alumbrar.
1 4 3 2 documento bancario.
3 2 1 4 pieza de vestir.
2. - 1 2 3 4 5 vegetal de los trópicos
5 4 3 2 1 habitante de tierra frígida
3. - 1 2 3 4 5 notable ciudad europea.
5 4 3 2 1 substancia alcalina.
4. - 1 2 3 4 5 sonido sencillo.
3 5 4 1 2 pieza de metal o madera
5.- 12 3 4 5" parte de una montura.
4 3 2 1 5 medicina catártica.
CHARADA
Si no van en busca del "prima," "se-

(gunda
3a. Do-re-mi-sol-la-re-do-mi-la.
No siRa Ud. cantando por Dios que Que se halla fuera de la ciudad
Para que no "cuarta," "tercia" tanto.
me va a fastidiar.
Lo
más probable será
4a. Si V, cobarde, no mata MoQue aunque al final vayan con "terrosini Francisco lo matará.
(cía" "cuarta"
5a. Me preguntas por el jocoque
Que
en
la
Iglesia
encontrarán
Reta?, Roque se lo comió.
6a. El le juró eterno amor. Eli ... No habrá "tercia" "cuarta" que valga
Aquella mujer~ perdona que te haya Lo que al fin les pesará

Pues irán a dar al todo
Lo que fuera lamentable
Pues de ahí no volverán.
Herlinda Abrego de Martínez.

PROBLEMA propuesto por la Prof.
ANA H. GARCIA.
Tiempo de verbo
Anhelo de los mexs.
Mineral
Quien ama a la Patria
Nombre de flor
Político mexicano
Astro
Acuático
Cuadrúpedo
Adverbio
Número
Tiempo de verbo
Verbo
Tónico
Nombre de mujer.
Soluciones correspondientes al
número 35 de "Revista
Mexicana."
Ju ego de letras propuesto por la
niña María Cervantes,-Independiente.-Fue resuelto por J. M. Chávez,
de El Paso; Herlinda A. de Martínez, de San Diego; Savigni, de San
Antonio; E lisa G. de Longoria, de
Río Grainde; Delfi na y Ercilia Rivera,
de Laredo; Florinda y Rita Vela de
Río Grande y P. Martínez de Nueva
York.
Fuga de vocales, propuesta por
María Cervantes:
Si el labio tuyo jamás me nombra
si a Dios plegarias por mí no pides,
del otro mundo vendrá mi sombra
para rogarte que no me olvides.
Fue resuelto por Delfina y Ercilia
Rivera, Feliciano Mendoza, de Maxwell; Mercedes L. Garza, de Eagle
Pass; F idel Ramírez González, de
Hebbronville; Adela Gutiérrez de Río
Grande; E lisa G. de Longoria, Aniceto B. Zapata, de Seguín; Savigni,
I-Iemilda A. de Martínez, niña Olivia
S. Peña, María J. Laing, de Múzquiz;
Gabriel Hinojosa, de A lice; Isaura
Noriega, de Caléxico; Elvira Banuet,
de Mexicalli ; J. M. Chávez, Victoriano Torres, de El Paso; Florinda y
Rita Vela, de Río Gra.nde; Arta H .
García., de Laredo; María del R. H.
de Garza, de Hidalgo; J . M. Carranza, de Del Río; E milia Sustaita, de
E l Paso y P . Martínez de N. York.
Charada propuesta por Ana H .
García.- Pecadora.- Fue resuelta por
J. M. Chavez, E lvira Banuet, Isaura
Noriega, Gabriel Hinojosa, María J.

�Laing, H erlinda A. de 1Iartínez, Savign i, E lisa G. de Longoria, Adela
Gutiérrez, F idel Ramírez González,
Mercedes L. Garza, Delfina y Ercilia
R ivera, Florinda y R ita Vela y Victoriano Torres; María del R. H. de
Garza y P. Martínez.
Segunda charada, propuesta por
Ana H . Ga rcía.- Miramar.-Fue resuelta por Delfina y Ercilia Rivera,
Fíele! Ramírez González, Elisa G. de
Longoria, Herlincla A. de Martínez,
Gabriel Hinojosa, I saura No riega,
Elvira Banuet, J. M. Chávez, Florinda y Rita Vela; Victoriano Torres y
P. Mart ínez.
Anagrama propuesto por Ana García.-} osé I nés Salazar.-Fue resuelto por El vira Banuet, I saura N oriega, Gab riel H inojosa, niña O livia S . .,,
Peña, He rl inda A. de Martí nez, F idel
Ramírez Conzález, Ercilia y Delfina
J. Rivera, María J. Laing, F lorinda y
R ita Vela, Victoriano Torre¡¡, J. M.
Carra nza, P. Martínez y Emilia Sustaita.
Rombo numérico propuesto por
Ana H. García.- Morelia.-Fue resuelto por Delfi na y Ercilia Rivera,
F idel Ramírez Conzález, Elisa e. &lt;le
Longoria, Herlinda A. &lt;le Martínez,
María J. Laing, E lvira Banuet, Isa.ura Noriega, Florin &lt;la y Rita Vela y
Victoriano Torres, Emilia Sustaita y
P. )Iartínez.
Metatesis propuestas por la señor ita Ana H. Carcía.-Cabello, cebolla.-Nieve, viene.-Damiana animada.
-Samuel, rnuela.-Timón, motín.Santos, 1notas. - Resolvieron todas,
menos la tercera, Isaura Noriega, E lvi ra Banuet, J. M. Chávez, Gabrie l
H inojosa, Herlinda A. de Martínez,
F idel Ramírez González, Victoriano
Torres, Florinda y Rita Vela, Emilia
Sustaita y P. Martínez.
María del R. H. de Garza, resolvió la Ia, 2a, sa y 6a.
Elisa G. de Lo.ngoria y O livia Peña, resolvieron la l a, 2a, 4a y 6a y Savigne resolvió la Ia y la 2a.
Delfina y Ercilia Rivera, reso lvieron las seis.
Metatesis propuesta por Savigini.--Dcdales, soldado, soledad.-Fue resuelta por Olivia Peña, Elisa G. de
Longoria, Fidel Ramírez González,
Delfina y Ercilia Rivera, H erlinda A.,
, de Martínez, Gabriel Hinojosa, J. M.
Chávez, Florinda y Rita Vela, P.
i\Iartínez y Emilia Sustaita.
Triángulo numérico de Savigni.Carolina.- Fue resuelto por J. M.
Chávez, Gabriel Hinojosa, María J.
Laing, O livia S. Peíia, Herlinda A. de
1\Iartínez, Delfina y Ercilia Rivera,
Elisa G. de Longoria, F idel Ramírez

González, Victoriano Torres, Florinda y Rita Ve la, Ana H . García, María del R. H. de Garza, Emilia Sustaita y P. Martí nez.

UVISTA MfXICAH
SEMANARIO ILUSTRADO

Rombo propuest o por Savign i.Cartero.-Fue resuelto por Fidel Ramí rez González, Elisa G. de Longoria, Delfina y Ercilia Rivera, Mercedes L. Garza, Herlinda A. de Martínez,
Olivia S. Peña, María J. La ing, Gabriel Hinojosa, E lvira Banuet, Isaura Noriega, J. M. Chávez, Victoriano
Torres, Florinda y Rita Vela, Ana H.
García, P. Martínez, Emilia Sustaita
María R. H. de Garza.
Anagrama.-Io, Venustiano Carranza.-201 D . Venustiano Carranza.Fueron resueltos por J. M. Chávtz.
F lorinda y Ri ta Vela, Victorian o Torres, Ana García, Isaura Noriega, Elvira Banuet, 11. J . Laing, Herlinda A.
de Martínez, Adela Gu tiérrez, Delfina y E rcilia Rivera, An iceto B. Zapata, Olivia Pe ña, F idel Ramírez
Conzález, Gabrie l H inojosa, Emi lia
Sustaita y P. Martínez. María R. H.
de Garza y E. G. de Lo ngoria, r esolvieron el segundo.
Charada propuésta por J ul ia R.
Lelevier.- Benito Juárez.- Fue resuelta por Fidel Ramírez Gonzálcz,
Delfina y Ercilia Rivera, Adela Gutiérrez, Herlinda A. de Martínez, María J. Laing. Elvira Banuet, María
Noriega, J. M. Chávez, Florinda y
Rita Vela, Ana H. García, P. Martínez, María del R. H. de Garza y J.
M. Carranza.

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Lic. Nemesio García Naranjo.
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                <text>Publicada en San Antonio Texas por Nemesio García Naranjo. Contiene información ilustrada de la vida pública de México durante periodo revolucionario, así como de América Latina y el mundo. Además contiene notas de actualidad, literatura, historia, ciencia, economía.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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