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                  <text>EXICANA
SEMANARIO ILUSTRADO
VOLUMEN III.

PRECIO: DIEZ CENTAVOS.

NUMERO 45.

•

�LOS DIEZ PRESIDENTES
('

Próximamente editaremos un áibum que s=rá el resumen de los últimos acontecimientos de México.
En forma enteramente nuevR y original. aparecerán el resumen y los caracteres principales de la historia de los últimos años, desde el Presidente Porfirio Díaz hasta el Primer
Jefe Carranza.

.

Porfirio Díaz
Francisco León de la Barra
Francisco I. Madero
Pedro Lascuráin
Victoriano Huerta

REVISTA MEXICANA

Francisco Carbajal
V enustiano Carranza
Eulalio Gutiérrez
Roque González Garza
Francisco Lagos Cházaro

Todoq estos personajes aparecerán en el álbum, soberbiamente caricaturizados por
Martmcz Vjzvet
Una obra de lujo, de interés constante y de gran atractivo. Algo totalmente diverso
de lo hecho hasta ahora.
¿Quiére usted S'iber algo relativo a este álbum?
Pida .informes a ''REVISTA MEXICANA' '
P. O. Box 66, Station A.
San Antonio, Texas.
•n:r•u1'•1'+T+'l'+*+l +1• i + 1+ ! +'t + 1+-r+;L+)I n+.t+'t+ !'.+T+J:+ 1+'l'+'t + 1+'L+'l.~t +:«+:l'.+&gt;1:+*+*+*+*+*•*

REVISTA MEXICANA ha publicado y seguirá proporcionando a sus lectores, los documentos de más importan9ia para la historia contemporánea de México. Ha editado, además,
dos albumes que, por su importancia, debe leer todo mexicano el "Album de Juáre:z," que
contiene los mejores estudios y poemas dedicados al Benemérito de la América y el ''Album
de Día:z,'' en el que se encuentra un resumen completo de la obra y de la vida de esté gran
Presidente, así como lós antecedentes de las catástrofes actuales. Pida Ud. los dos albumes
con una suscrición anual o uno de ellos, con una suscrición por seis meses. Llene Ud. uno de
los cupones.
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POR UN AÑO
1 •

Sr. Admor. de REVISTA MEXICANA
P. O. Box, 66 Station A.
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Muy seí'\or mío: Tengo el gusto de acompal\ar a
Ud. la cantidad de $ 3. 50 cts. para que me remita
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Soy de Ud. atto. y S. S.

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Sr Admor. de REVISTA MEXICANA
P. O. Box 66, Station A.
San AntC?nio, Texas.
Muy sei'ior mío: Tengo el gusto de acompañar a
Ud. la cantidad de~ l. 80 cts. para que me remita, a
vuelta de correo, el Album de_ _ _ _ _ __
, - - - - - - - - - Y una suscrición semestral
de REVISTA MEXICANA.
Soy de Ud . atto. y S. S.

,. dirección------------· ,,ciudad--------------,, E s t a d i o - - - - - - - - - - - - -

Semanario Ilustrado

'

BNTBRED Al BBCOND CLASS llATTER, OCTOBER 15, 1915 AT THB POST OPPICB
OJI SAN AN1'0Nl0, TEXAS, UNDER THE ACT OJI IIARCH S, 1897

San Antonio, Texas, 23 de Julio de 1916.

Volumen III.

Número 46

Los Dos PELIGROS
CARRANZA y VILLA
1

El villismo ha vuelto a entrañar una amenua seria
para Carranza. Por doquiera surgen pequeñas partidas
de revolucionarios, que no obstante conocer a Francisco
Villa, pasan a engrosar sus filas, con el objeto de integrar
un movimiento formidable que ponga fin al reinado bochornoso de don Venustiano. Y Villa, odiado y destruído,
vuelve a incorporarse; y la opinión desorientada, vuelve a
pensar en él, como el enfermo que piensa en la morfina
para dejar de sufrir un poco sus dolencias.
Las gentes poco observadoras se preguntan asombradas: ¿Cómo es posible que la Nación mexicana, conocedora de los crímenes de Villa, vuelva a fijar en él sus
aspiraciones? ¿A qué misterioso conjuro se debe que el
bandolero, que demostró su ineptitud militar en León y
en Celaya, su ineptitud política en Aguascalientes y su
ineptitud moral en todas partes, concentre de nuevo en su
pers~nalidad desprestigiada las miradas ansiosas del país?
Precisamente a su excesivo desprestigio. Villa es
un inadaptado que "tarde o temprano tiene que desaparecer de la sociedad. Es demasiado salvaje para que pueda
constituir un peligro perenne en la nación mexicana. Y las
gentes, que comprenden que el triunfo de Villa es imposible, y que su consolidación como gobierno es absurda, lo
buscan como se busca un alcaloide venenoso, que solamente se emplea en las grandes crisis de un organismo.
Carranza, no. Carranza por su aspecto civilizado,
por sus inicios de Senador, por el grupo civil de intelectualoides que lo rodea, por su pasado de Gobernador, y
sobre todo por su tendencia a disfrazar con decretos, sus
latrocinios, ofrece muchos peligros de adaptarse al medio
y de consolidarse indefinidamente en el solio. Carranza
no es capaz de asesinar personalmente a Benton, como
Villa; pero en cambio, ordena a sus sicarios que hagan
la comedia de un proceso, y de ese modo fusila a don Alberto García Granados. Carranza no roba materialmente,
metiendo su mano en los bolsillos ajenos, sino que emite
un decreto conforme al cual obliga al pueblo a que reciba
sus billetes; y una vez que éstos se encuentran desparramados en todo el pais, promulga otro decreto nulificando
el anterior, y cometiendo un verdadero despojo, en contra
de toda una sociedad. Carranza es por consiguiente el
asesinato llevado a la categoría de Ley y el robo, establecido en calidad de Institución .
Y esto si es pavoroso para una sociedad, porque
significa la organización del delito, la regularización de
la injusticia, el orden dentro de la infamia. Y cuando el
mal se llega a imponer en un país, con un dgimen disciplinado, con apariencias d~ tribunales, ,on la sombra de

un Ej~rcito, y con la aureola de una intelectualidad rabona, entonces amenua perpetuarse por luengos años, como una enfermedad crónica, que se radica en un organismo, para atormentarlo por toda la vida.
Villa no ofrece ese peligro, porque es bastante ignorante para tenerle miedo a la opinión pública. No le
preocupa disfrazar sus robos con decretos ni sus asesinatos con juicios sumarios: roba y mata como un primitivo.
Desafía los sentimientos de una sociedad con la misma
inconsciencia con que provoca la cólera de los Eatal!os
Unidos. No tiene nociones de lo que es un Estado, ni le
importa tenerlas: para él no hay otro régimen que el que
ha implantado en su cuadrilla de bandoleros. Por eso,
cuando sus "hombres" quisieron organizar algo que se
pareciera a un gobierno, y que ponía trabas a su voluntad
caprichosa y autoritaria, se rebeló indignado y orilló a
su "Presidente Gutiérrez'' a que fuera a mendigar el indulto de Carranza.
Por eso, Villa jamás se constituirá en Gobierno, jamás regularizará sus hordas, jamás establecerá instituciones, ni siquiera para disfrazar sus actos de malhech~r. La
República lo siente, y por eso comprende que Villa ea
un "mal intenso," que puede servir para acabar con un
"mal crónico." Villa puede contribuir en el derrumbamiento de Carranza, sin que las gentes teman que pueda
consolidar un régimen infamante en el pais.
No I Villa no volverá a dominar la Nación; y si
por una contradicción social volviera a ma.ndar Ejércitos
tan poderosos como aquellos que estuvieron bajo sus órdenes hace dos años, los llevaría de nuevo a la derrota,
como lo hizo en León y en Celaya. Carece de genio para
conocer al mundo por intuición y es demasiado vulgar
para evolucionar hacia la Ley. Solamente posee poten,
cialidad destructora, y en tal virtud, su destino tiene que
ser efímero. Por eso, la sociedad vuelve a él los ojos y
comprende que después de haberse desprendido de Carranza le será muy fácil desprenderse de Villa.
Y esti en lo justo la opinión pública. Es preciso
acabar con Carranza y con su régimen que amenaan
indefinidamente a la Nación. Sin embargo, mejor seria
que los elementos de orden· y de paz, de honradez y de
trabajo, hicieran un último 'esfuerzo pa~a arrojar de su
seno las mezquindades que loa dividen, y procurasen una
organización solidaria, para sostener una bandera de honor en estos momentos pavorosos. ¡ Que no sea Villa el
que acabe con Carranza 1 ¡ Que sea una révolución anhelante del dominio de la Ley, quién ponga fin al reinado de
la iniquidad y el crimen.

�m

FestiiJal de Caridad I

SEÑORA MARIA CARDENAS DE MAGNON
De Nuevo Laredo, Tamaulipas, que acaba de contraer matrimonio
con el Sefior Alberto Magnon.

El Gobierno del General Huerta
Y el General J. R. V elasco
El señor General don José Refugio Velasco asegura en una carta publicada en un periódico de esta ciudad, que el Gobierno del General Huerta consintió y toleró la invasión extra.ojera del suelo de México. Tal acusación es tremenda y resulta algo extraño que Velasco
haya esperado la muerte del vencedor de Rellano para
inculparlo de traidor a la Patria, que no es otra cosa el
que consiente y tolera la invasión del suelo nacional.
El ejemplo de Mercado cun'de: dejar que los hombres se mueran para poder acusarlos. ¡ Oh, hidalguía!
· ¿ Dónde has venido a quedar?
· El General V e lasco ha tomado 1111 mal camino.
Aquél que para defenderse, acusa a otros, se hace más
sospechoso de su culpabilidad. Además, confesar que el
General Huerta estuvo de acuerdo con los Estados Unidos, hasta el grado de consentir la invasión de la Patria,
es un desahogo torpe que nunca podrá probar el defensor
aguerrido de Torreón. El cadáver de Azueta se levantará de su tumba para recordarle que el Gobierno del General Huerta fue víctima y no cómplice de la política exte-

rior de los Estados U.nidos.
¿ Que poco después se suspendieron las hostilidades? Sí, pero fue con el fin de iniciar tratados y de evitar
de este modo, los desastres de una guerra; y nunca con
el objeto de otorgar a las fuerzas extrañas el consentimiento!
No tratamos de defender a Huerta, y como prueba
de imparcialidad, manifestamos que no cumplió con su
deber al dejar a la República en Julio de 1914: un Juárez
habría seguido la lucha hasta el final. Sin embargo, si su
conducta no merece aplausos por entregar la bandera de
la Patria en aquellas pavorosas circunstancias, bueno es
abonarle, que la dejó en las manos del Lic. Carbajal, que
gozaba de inmaculada reputación. En cambio, su acusador de hoy, el General Velasco, un mes después, también
abandonaba la bandera de la República; pero en lugar de
entregarla a manos limpias, desarmó a todos los que podían defenderla, y luego le dejó tirada en el suelo, donde quedó y aun queda pisoteada por bandidos y por extraños.

La Junta de Caridad organizó a principios de este mes un concierto, cuyos
productos se destinaron a beneficiar a los mexicanos refugiados pobres. La
fiesta result6 lucidísima, distinguiéndose en sus números correspondientes, la
Sefiora Aguirre y Fierro, y las Sefiortias Julieta Gorgoux y Adela Garza y
los Sef\ores Frías, Salinas, García y Alva y Samper. El Maestro Héctor
Gorjoux dirigió con su acostumbrada habilidad el concierto.
Tenemos el gusto de publicar una fotografía del ''Coro de las Geishas,''
que fue el mas aplaudido de todos los números del programa.

�El Movimiento Legalista
En vista de que los ingenieros Manuel Bonilla y
Felipe Angeles han pensado otra vez en llevar a la Presid~ncia de México al Lic. Manuel Vázquez Tagle, reproducimos el artículo que entonces escribimos, pues a decir
verdad, nada nuevo nos inspira este apreciabilísimo caballero.

***
He aquí uno de esos p~ estigios que viven de fuerza
hereditaria. Don Manuel Vázquez Tagle ha sido abogado
conspicuo, profesor universario, político de renombre Secretario de Estado y hasta candidato presidencial; y todo
absolutamente todo se lo debe a la circunstancia feliz de
ser sobrino del famoso don Protasio Tagle. Si en lugar
de llevar el nombre que lleva, se llamase Manuel Vázquez
González o Manuel Vázquez Martínez, otra sería su estrella y otra también su posición.
Esto no quiere decir que el Lic. Vázquez Tagle carezca en lo absoluto de virtudes: es honrado. tenaz, austero, pero carece del mérito indispensable para formar una
personalidad independiente en la vida. Así como don
Fernando Iglesias Calderón es siempre ''EL HIJO de don
JOSE MARIA" así también don Manuel Vázquez Tagle
no puede prescindir de ser siempre "EL SOBRINO DE
D. PROTASIO.''
Cuando desempeñó la clase de Derecho Penal en
la Escuela Nacional de Jurisprude,ncia, demostró conocer
a fondo la materia. Sus disertaciones eran claras amplias, Y denunciaban una gran cultura, no solamen~e en
el terreno concreto de la legislación vigente sino en las
orientaciones nuevas del Derecho criminal. Escuchánd?lo se enteraba uno de que no era un clásico rezagado.
smo por lo contrario, estaba bien enterado de las ideas
dominantes de la época. Sin embargo, su voz era inanimada, yerta, voz sin tonalidades ni matices, voz de un
hombre muerto que parecía vibtar en el disco de un fonógrafo. Se nos antojaba la voz de don Protasio Tagle.
que desde su tumba seguía dando su cátedra en la Escuela Nacional de Jurisprudencia.
Después, en el estruendoso mov1m1ento de 1910, el
nombre de don Manuel Vázquez Tagle apareció entre los
organizadores de algnú Club antirreeleccionista. Er&lt;l natural: el sobrino de don Pro.tasio no podía, sin traicionar
su nombre, figurar en las falanges porfirianas. Su labor
política, como su voz de maestro, fue también fría, pasiva,
sin nervios ni convulsiones: se volvía a antojar que era
obra de un cadáver que se incorporaba trabajosa y pesadamente en la vida; pero ya sin las fuerzas necesarias
para desarrollar aquella asombrosa actividad que le fue
tan funesta en el el año de 1877.
Empero, había muchas personas que creían en las
virtudes personales de don Manuel Vázquez Tagle. Se
suponía que lejos de limitarse a tener virtudes hereditarias tenía una personalidad propia que sólo esperaba oportunidad, para traducirse en obras fecundas y duraderas.
Don Francisco Madero fue de los creyentes, y llevó al licenciado Vázquez Tagle a la Secretaría de Justicia en
donde tenía por delante el programa colosal de justificar
la Revolución de 1910. Efectivamente, el principal cargo
que siempre se hizo a la Administración porfiriana fue la
falta absoluta de Justicia: era por tanto indispensable decretar. una nueva legislación y desinfectar los corrompidos tribunales de aquella época. Para eso se necesitaba
u_n magistrado justiciero y recto, que desterrase para
1;iempre el cohecho y 1ª concusión, el soborno y 1a consigna; u.n hombre en plenitud de facultades y de vida que rea-

!izase aquetla tabor grandiosa de demoiición y de reconstrucción.
¿ Qué hizo el licenciado Vázquez Tagle? Absolutamente nada. Se limitó como Ministro de Justicia a despachar oficios. No tocó un solo Código, no reformó una
sola Ley, no desinfectó un solo Tribunal. Fiel a sus tradiciones de maestro y de político, siguió siendo. la inanimada reencarnación de un desaparecido, el embajador imperturbable de una sepultura. la continuación de un muerto ilustre. Sí, solamente un cadáver pudo tener la inacción que caracterizó a don Manuel Vázquez Tagle, durante sus quince meses de gestión ministerial.
Ahora se alega que debe ser Presidente de México
porque fue el único ministro de Madero que no renunció

en lebrero de 1914. ¡ Ya nos figuramos de antemano qué
su mérito tenía que consistir en "no haber hecho alguna
cosa." Sigue siendo el hombre de las virtudes negativas. No sirvió a la administración del General Díaz, no
aduló al César, no dió consignas como Ministro de Justicia, no reconoció la revolución militar del General Huerta I Casi se puede decir que su ideal de vida sería: ¡ no
existir!
Dice el viejo romancero castellano que el Cid ganó
una batalla después de muerto. El alma de Don Protasio
Tagle, cabalgando en la personalidad de su sobrino ha
ganado reputación de Maestro en la Universidad, y la Cartera de Justicia en las lides de la política. ¿ Le estará aún
reservado ganar la Presidencia de México?

1

TOPICOS DEL DIA
Don Manuel Bonilla y don Felipe Angeles, han
vuelto a pensar en la resurrección de una famosa "legalidad," conforme a la cual, debe ascender a la Presidencia
de México el Lic. Manuel Vázquez Tagle.
Por ,medio de una larga serie de razo.n amientos que
le darían honor a un tinterillo, se declara que México
no ha existido desde febrero de 1913; se nulifican en seguida las personalidades de Lascuráin y Rafael Hernández,
lo cual se logra sin dificultad; y se conclu.ye en que debe
ocupar el Poder Ejecutivo el que entonces era Ministro
de Justicia en el Gabinete del señor Madero.
Lo curioso es que cuado Felipe Angeles tuvo poder,
no se le ocurrió volver a la "legalidad" que tanto ahora le
seduce, ni se acordó de Vázquez Tagle en la famosa Convención de Aguascalientes. Entonces la "legalidad" consistía en abandonar a Carranza; como un año después consistió en abandonar a Villa; como hoy consiste en utilizar los éxitos de éste, para resucitar la bandera maderista,
y dominar con ella la Nación.
Pero ya México no se alimenta de palabras huecas
y sonoras. Felipe Angeles debe convencerse de que el
villismo es fuerte como elemento perturbador y ,nunca
como centro de coordinación. Ya Villa ha demostrado
que no reconoce poder alguno que refrene sus impulsivismos salvajes, y al mismo Angeles le consta que cuando
él y Díaz Lombardo quisieron enderezarlo por rumbos
semi-civilizados, lo único que consiguieron fue exhibir
su debilidad y su impotencia.
Alrededor de Villa se agruparon gentes que procuraron explotar al pueblo mexicano. Sin embargo, queremos creer que el doctor Miguel Silva, el licenciado Díaz
Lombardo, el ingeniero Manuel Bonilla y el propio Felipe Angeles, se introdujeron en aquel bandidaje con el
objet(l de orientarlo hacia la virtud y el bien. ¿ Qué lograron? Absolutamente nada. Los ladrones siguieron
robando y los asesinos continuaron imponiendo el terror.
La fiera no consintió en que se la domase.
Toda organización sobre base villista, tiene que traducirse en un fracaso. Don Manuel Vázquez Tagle, sería una segunda edición de Eulalia Gutiérrez. Pronto
emprendería la fuga para buscar paz y tranquilidad en las
filas enemigas. Y pronto igualmente se fugaría el propio
Angeles, como se fugó hace seis meses de las filas del

f.ebzl.,

El Sobrino de Don Protasio

villismo.
No, señores maderistas y villistas. Vuestra época
terminó, y terminó para siempre. Después de Carranza
la Patria dejará de ser un botín, y por tanto es inútil que

penséis en ella.

** *
La señorita María Leoncia Sánchez Azcona, acaba
de contraer matrimonio en Madrid, con un hijo de los
Condes de Torre Vélez.
Por lo visto, don Juan Sánchez Azcona, que e::: t cvolucionario intransigente tratándose de cuestiones políticas, resulta reaccionario, conservador y aristócrata, CI'\
su hogar. Para la Patria, no le disgustan los héroes •le
polaina; para la familia, sí: le parecen más apropiados
los señoritos de at?olengo. Y Juan Sánchez Azcona, revolucionario al recibir su sueldo, y reaccionario en el hogar, vive con su familia, lejos de la hampa de redentorei,
que han prometido borrar la mitad espanola en el espíritu de la Patria.

* **
¿ Y la suscrición nacional? ¿ Qué pasó con ella?

Hace algún tiempo {!Ue los carrancistas empezaron
a juntar dinero para el pago de lo que entonces se llamó
"Deuda Sagrada." Pero después Luis Cabrera, nulificó los
bilimbiques y la "Sagrada" quedó en calidad de trasto viejo, que por inútil se arrumba en la bodega de triques. Ahora, ya nadie se acuerda de la "Deuda," a no ser los
que contribuyeron noblemente para su amorti:zación, y
que han de ver, en estos momentos, las ventaja,s inefables
de su sacrificio.

** *
Gustavo Solano es un encanto. Confesamos ingenuamente que sus artículos alegran en parte, las amarguras de nuestro destierro.
Dice hablando de los conservadores mexicanos que
en 1867, buscaron refugio en la América Central:
"A la caída del Imperio maximilianesco, los simpatizadores del barbón se marcharon a Guatemala, etc."
Solano ha oído la palabra Barbón. Y naturalmente
se ha preguntado: ¿ Qué será eso de Barbón? Y como
es muy inteligente, se ha respondido a sí mismo: Barbón
es corrupción del vocablo, barbón; por consiguiente, los
príncipes que peinen barbas serán barbones o "Barbones"
que da lo mismo. ¿Maximiliano usaba piocha? Luego,
fue Borbón.
Don Venustiano, que es barbón, si llegase a reinar
sería Borbón.
Conforme a la misma lógica, Saboya se deriva de

�cebolla : los reyes de Italia se dedicaban al cultivo de la
cebolla, cuando los coronaron. Los Romanoff, eran vendedores de "romanas" o más bien de ''básculas,'' que es
el vocablo exacto; y así, por el estilo, con la misma facilidad con que le cuelga el "Borbón" a los que lleven
barbas, puede Solano hacer razonamientos encantadores
para explicarse los nombres de todas las dinastías.

Por lo que al titulo de "Licenciado," se refiere, declararnos que Roque lo merece, pues así se llama a las
gentes que logran salir de presidio; ¿y qué otra cosa que
una cárcel, fue la Presidencia para el pobre de Roque?
Eulalia Gutiérrez, Lagos Cházaro y Roque, fueron
las tres víctimas sucesivas de Francisco Villa, colocadas
como "espantajos" en la silla de Juárez. Y aunque ellos,
por darse importancia política y por aparentar carácter,

***
La prensa diaria publicó la noticia de que los soldados norteamericanos exigen carros dormitorios "Pullman''
para trasladarse a la línea de operaciones.
Y nosotros nos preguntamos:
¿ Cuántos carros dormitorios "Pullman" necesitaría
Francia si sus soldados se los exigieran?
¡ Cuatro millones de hombres I
Cada carro tiene doce camas altas, otras tantas bajas, cuatro en los gabinetes y dos en el fumador. Total, 30.
Luego, se necesitarían ¡¡Ciento treinta y tres mil
'
carros 11
¡ Y ésto, únicamente para dormir!

***
Dice el encantador Solano, en loor del bandido guatemalteco Justo Rufino Barrios:
"Después a las monjas las casó con sus oficiales,
diciéndoles que · Ja Patria no necesitaba almas en pena,
sino madres, agregando que ésto, ser madres, era lá misión que habían traído a la tierra. Excusado es decir que
de aquella benéfica medida surgieron miles de hogares
honrados que dieron timbre y gloria a la República."
Basta el párrafo que antecede para explicarnos el
asalto a los Conventos y las violaciones salvajes de que
fueron víctimas las monjas. ¿ Qué dirían los Condes de
Torre Vélez, consuegros del representante de la Revolución, Sánchez Azcona, si se enterasen de esta moral que
pregonan los heraldos del movimiento libertario de Carranza?

SEÑORA MATHILDE LORENZ DE CERNA
Cultísima espos(del Eminente Literato Mexicano, Doctor David Cerna,
que acaba de enriquecer la Lírica Inglesa, con una magnífica traducción del Poema
LA RAZA DE BRONCE original del gran poeta mexicano, Amado Nervo.

Importante Aclaración

***
Roque González Garza se ha presentado en la ciudad de la Habana con dos grandes novedades. La primera consiste en la supresión de aquellas épicas y legendarias barbas que Jo convirtieron, de Agente de amplificaciones de retratos en héroe de la Revolución. La segunda
novedad estriba en dejarse llamar "Licenciado" por dos o
tres familiares, y por fos reporteros de la prensa cubana.
No podemos pasar inadvertidas ambas novedades,
pues aunque las bentes serias se rían, "las barbas de Roque,'' han tenido enorme influencia en nuestros destinos:
sin barbas, Roque, como el sentido común de que hablara
el poeta, jamás había sido
"Ni paladín, ni redentor, ni nada."
Por consiguiente hay que ver en la rasurada de
Roque algo tan trascendental como el Plan de Guadalupe
o la Convención de Aguascalientes. Pues así como las
barbas anunciaron que un amplificador de retratos se
transformaba en un "matasiete," así también ahora, el
"matasiete" puede transfigurarse en un estadista, después
de haber recibido los higiénicos óleos en una peluquería.
Los viajes ilustran-dice un viejo adagio. Y Roque, que antes creía que la barba era indispensable ornamento del guerrero, se ha enterado de que ni Joffre ni
Hindenburg, ni Mackenzen usan las barbas que le dieron alteza y consideración en las filas revolucionarias.
Se ha rasurado; y así como hace cinco años, la Revolución hizo revolucionar su físico, hoy, tal vez, la revolución de su cara va a revolucionar la Revolución.

Los Sres. Cicero y Rivera no tomaron participio
en la manifestación de ''Preparedness. ''
El señor don Angel Rivero, nos pide la publicación de la carta que dirigió a su hermano, negando toda
participación en la manifestaci_ón. ~e Prepar:dnes~ .que
se organizó en esta ciudad a pnnc1p1os de Jumo prox1mo
pasado. Asimismo nos pide la publicación de la cart~ que
el señor Arthur dirigió a la "Cicero Auto Company' por
ta cual se ve que fue el Representante directo de la fábrica de Automóviles, y ,n o los señores Cicero Y Rivero
quién tornó parte en la manifestación.

***

ROQUE GONZALEZ GARZA, (Cuando usaba barba)

Del Album ''Los Di~z Presidentes.''
digan que fueron "Presidentes efectivos," la verdad es que
la circunstancia de que anden desperdigados por el extranjero indica que tan pronto como pudieron "licenciarse," abandonaron el presidio. Merecen por tanto el título de "Licenciado," que ha empezado a usar Roque, y
que ojalá le dure un poco más que las barbas que aumentaron el catálogo de nuestros héroes.

Julio 10 de 1916.-Señor José Rivero.-P. O. B.
2589.-México, D. F.
Muy querido hermano:
"Et Pueblo" de México, y "La Reforma" de Saltillo
han comunicado la falsa noticia de que el señor Joaquín
Cícero y yo, anduvimos a bordo de un automóvil en la
manifestación de preparación bélica ("Preparedness")
que se llevó a cabo en esta ciudad el 3 de junio último.
Desde luego se nota la mala fe del informante de
los periódicos de referencia al asegurar que dicha man ifestación era hostil a México cuando todo el mundo sabe

que lo que ha fomentado la famosa "Preparedness'' es
el peligro advertido en este país, de que una nación europea le pueda declarar la guerra y cogerlo desprevenido
para luchar.
Conste, pues, que dicha manifestación nada tuvo que
ver con los asuntos de la patria.
Una vez hecha esta aclaración, debo manifestar que
ni el señor Cicero, que a la sazón se encontraba ausente
de San Antonio, ni yo, tuvimos participación alguna en
la repetida manifestación. Ni asistimos a ella ni ma.nd~mos
nuestro automóvil, ni hicimos .nada que pueda s1gmficar
apoyo o colaboración.
Lo que sucedió fue que una de las fábricas de automóviles que aquí representamos, dispuso llevar un carro,
y al efecto el REPRESENTANTE de ella nos ordenó lo
que sobre el particular debía hacerse. Por la carta que
te adjunto original, con carácter devolutivo, podrás ver
que el señor Arthur mismo nos instruyó para que a sus
expensas se preparase el automóvil, la forma en que se
debería hacer y que se utilizase la congregación de gente

(Paaa a la antepenúltima pá¡.)

�..

A la Sombra de las Pirámides
Desde el patio de la hacienda donde una vaca invisible muge al crepúsculo, sintetizando en su grave queja
toda la melancolía del campo vespertino, veo a lo lejos el
gigante perfil de las pirámides de Teotihuacán.
Para los viajeros que llegan a la capital de la República o salen de ella, es familiar el aspecto imponente Y
fugitivo de las dos pirámides que erigen sus perfiles
indecisos y su enorme masa gris, apenas manchada de
verde, a unos cuantos kilómetros de México, sobre el
camino de Veracruz. Aquellas enormes estructuras que
se igualan con los cerros circunvecinos, atraen siempre
las miradas y en la mente de los viajeros del raudo tren,
dejan vaga y misteriosa sugestión de ensueño. Los pasmosos monumentos dormían su sueño milenario bajo mortajas de tierra en cuya gris monocromía, brotaba el nopal
austero erigiendo sus discos legendarios en la heráldica
nacional.
Eran vestigios de una edad remota y misteriosa, de
un pueblo enigmático y lejano cuyas cenizas se dispersaron hace siglos en la atmósfera doliente del triste valle
y se integraron al luto inconsolable de su tierra árida y
gris. Las pirámides, como un testimonio del pasado, hablaban entonces con una voz que quizá por venir de
mundos tan extraños y distantes, era débil e indistinta.
Como fantasmas de épocas consumadas, de imperios hundidos en el caos de los siglos, de dinastías eclipsadas sin
recuerdo ni ceremonia, hablaban con balbuceo tan indistinto como era profunda la tumba insondable de donde
surgía aquella voz espectral.
La escuchamos y nos pareció no oírla. A veces,
ante su secreto que comenzaba a sernos revelado, nos
frotábamos los ojos como si temiéramos ser víctimas de
una alucinación destilada sutilmente en el alma por los
filtros del sueño. Y sin embargo, aquellos gigantes nos
apostrofaban con obstinada voz plañidera desde su hondo y vertiginoso mausoleo. Pero ¿ cómo creerlos? Los
sellaban todos los sigilos del arcano y del misterio. Su
rostro formidable era entonces tan informe y tan gris
como la tierra misma y cuando algún heraldo del misterio
las señalaba como el corazón petrificado de un pueblo,
que cesó para siempre de latir, el escéptico sonreía y denigraba a las portentosas fábricas humanas, creyéndolas cerros de formación na tura! 1
Eran sin embargo momias de pueblos esos gigantes
cuya palidez mortal, era la palidez de la tierra. Momias
eran, no apretadas entre bandeletas, llenas de bálsamos y
de oro, no yacentes cabe ataudes de sicomoro y sarcófagos de lazulita como,las momias faraónicas. No tuvieron

más piedades que las del nopal, afianzado heroicamente
en sus taludes y la del agave que al tiempo de florecer
erige un suntuoso lampadario fúnebre, ni más flores que
las de las cácteas que más parecen gotas imborrables de
sangre perpetuadora de una inmensa catástrofe y de una
pavorosa devastadón. Por oro soberbio y sin igual, tuvieron el que el sol vuelca a torrentes sobre las cumbres
enhiestas y por lágrimas el copioso llanto de las lluvias,
de la buena diosa Chalchitlicue, que año por año va a llorar el eterno duelo inconsolable y que por vaso lacrimatorio tiene todo el vatle cóncavo y piadoso. Ehecatl, el
dios del viento hace miles de años que con angustioso y
funerario diapasón entona un treno formidable, una elegía
perenne que no acaba, que no acabará jamás.
Y Meztl, la Luna, balancea en la bóveda celeste su
incensario de tecali, vierte en la aridez dolorosa su ofrenda
de azules chalchihuites y en,;umbra nubes que parecen los
vahos aromosos y opalinos de un turíbulo de copa! ....
Lentamente, pues tales grandezas· no se revelan de
una vez, .las pirámides, al golpe de la piqueta arqueológica
nos entregaron su secreto.
Con él se reveló el alma tolteca, el evangelio azul
y sereno de la sabiduría de Quetzacoatl que tal vez antes
de Cristo predicó la dulzura y el amor cristianos. Pero
aquellos hombres admirables, chinos, japoneses o indús,
sacerdotes de Budha, no pudieron vivir entre la barbarie
azteca y se fueron, del macabro y sangriento Anáhuac, dejándolo cubierto de flores de arte y de leyenda que entre
esos charcos de sangre y sobre esos montones de huesos,
tienen fragancia y candidez de azucenas.
Después vinieron las crueles y espantosas flores aztecas. Ellos, los toltecas, los sabios, se fueron bruscamente de la vida, prefiriendo la muerte a lo que iba a sobrevenir. Quetzacoatl el patriarca, llegó en su éxodo hasta el mar, se perdió en él como si su propia grandeza se
dilatara en la grandeza del Océano. Los toltecas divinos
se hundieron en otro mar más dilatado, más aciago, más
profundo que el pequeño mar de la tierra.

*

*

*

Llega la noche; en un extremo del patio de la hacienda comienza a chisporrotear una fogata. Sobre mi ca. beza, por el cielo umbrío pasa graznando una lechuza.
Con su idéntica voz de hace mil años, el ave de las sombras es el mismo "tlacatecolotl" que en épocas sin memoria ni recuerdo, cantó siniestramente la ruina de la im1,Jerial Tolán .....
JOSE JUAN TABLADA.

CREPUSCULO
Ya van dejando las sombras
la cumbre de las montañas,
bajándose lentamente
al fondo de las cañadas.
Ya no brillan las estrellas,
ya amanece; la mañana
va ciñendo el horizonte
con una cinta de plata,
que el sol con sus ígneos besos
enciende en tintes de grana,
que son, en frente de nieve,
rubores de desposada!
El céfiro entre las frondas
• • • .1

batir

1\11 . . .

y se oyen como rumores
de misteriosas palabras.
Se mecen blandos los árboles,
y trinan entre sus ramas,
las aves que se despiertan,
besándose enamoradas.
En sus nidos las alondras
ven aparecer el alba,
se sacuden el rocío,
abren las alas y cantan.
La Naturaleza toda
anímase y embalsama;
y al dar vida a lo que vuela
y vida a lo c¡ue 1t ur11tra;

sus quejas a los saúces
y sus rumores al agua,
muestra a los ardientes rayos
sus esplendores de maga!
ltlas ¡ay! que entre esos colores
con que los prados se esmaltan,
y entre esos trinos y arrullos
que con el sol se levantan,
callada y sola suspira
llena de dolor el alma,
que son mis tristezas hondas
como infinitas mis ansias I

. Mlliano VioKa Ari&amp;pe.

La Corte Marcial
Fuera del pretorio se oyó el fuego del pelotón. En~.
tonces Antonio Onaglia, escribano de la corte marcial,
volvió su faz napolitana hacia el presidente, coronel Car·
los Torelli, piamontés, para decir con voz titubeante:
-Se ha cumplido la justicia.
A lo que el coronel respondió con brevedad:
-Vamos con la causa siguiente:
Tres nuevos acusados entraron amarrados de tal
modo que la sangre brotaba por las uñas.
Eran tres árabes iguales a los que acababan de ejecutar: un hombre joven, un viejo y un niño. La corte se
encontraba delante de un trío de esos bandidos culpados
de haber, algunas horas antes, atacado traidoramente a
las bravas tropas italianas. El crimen era patente y el fusilamiento se imponía.
En el pretorio, completamente abierto como la ley
lo exige, dos hombres entraron, dos europeos, dos periodistas, como lo atestiguaban sus kodaks en bandolera y
sus cuadernos de notas. El uno era inglés, el otro francés.
Irónicos e impasibles veían la corte. Carlos Torelli,
el presidente, dudó y se resignó al fin, en consideración
a la prensa europea, a no condenarlos sin interr ..&gt;gatorio,
y llamó al intérprete.
El dragomán preguntó:
-¿Quienes son ustedes tres?
• Entonces uno de los acusados, el joven, avanzó un
paso, levantó sus manos agarrotadas y, hablando con voz
clara y en italiano puro, respondio:
-Señor presidente: yo soy Ahmed bey Alledin, coronel al servicio de Su Majestad Imperial, el Sultán; éste
es mi padre, Mehmed pachá, general de brigada retirado,
y mi hijo Arif, soldado voluntario.
En la corte marcial se produjo un gran estupor.
Carlos Torelli hacía esfuerzos por no estallar en risa, Y
estuvo tentado de enviarlos al poste de ejecución sin más
sumario. Pero acechado por el ojo atento de los periodistas, creyó de su deber seguir preguntando:
-¿Tiene usted papeles que apoyen lo que dice?
Ahmed bey Alledin registró en los pliegues de su
túnica:
-Aquí está mi comisión. Haced constar por vuestro dragomán que el Sultán me acredita como coronel de
los voluntarios árabes de Trípoli. Esto os demostrará
que jefe de soldados sin uniformes, yo mismo he renunciado, por no distinguirme, a mi traje de coronel otomano.
Dicho esto, Ahmed bey Alledin se calló.
Carlos Torelli asió el papel, y dirigiéndose al turco
impasible:-Admitido, dijo con voz seca; admitido. Usted
es el coronel Ahmed. ¿ Y después?
El acusado levantó la frente sin responder.
-¡ Sí, después I repitió Carlos Torelli.
-Está usted acusado de que el 28 de octubre último.atacó traidoramente, por detrás, las tropas italianas.
¿Niega usted el hecho?
Ahmed bey sonrió desdeñosamente.
-No hay traición, entre nosotros los turcos. señor.
Ni aun en nuestra manera de declarar la guerra. Sabedlo
bien. No os he a tacado traidoramente. Os he atacado
de cerca.
-Por detrás.
-Por detrás, en efecto, porque como en otro tiem·
po, en Abisi,nia, habéis sido tan malos soldados, que ha·

béis vuelto la cara ante un enemigo inferior en número.
-¡Superior!
-Inferior. Erais 50,000. Nosotros somos 3,000
otomanos, apoyados por 15,000 árabes. Mi r~gimiento no
contaba anteayer más de cuatrocientos fusiles.
- No os inquietéis. No en balde nuestra retaguardia se ha sacrificado para asegurar la retirada. De
los cuatrocientos, vos encontraréis trescientos cincuenta
delante de vos en el próximo combate. Quedan cincuenta fusiles; de los bravos que los llevaban, quince han caído
en el fuego, quince solamente, pues sois malos tiradores;
los otros caen en este momento asesinados por vuestra
corte marcial.
El piamontés saltó en su asiento.
-Ejecutados, señor, ejecutados legalmente después
de juicio en forma. Ustedes, falsos militares, no son sino
bandidos que después de haberse sometido a Italia, han
vuelto a tomar las armas contra ella, tirando por la
espalda.
Por primera vez el turco frunció las cejas.
-Señor, dijo rudamente: es necesario ser muy vil
para insultar a los muertos. Mis soldados no se han sometido jamás, ni ningún jefe ha reconocido vuestra bandera.
Carlos Torelli dirigió una mirada oblicua a los dos
periodistas, y dijo:
-¡ Injurias y calumnias, poco importa! De un prisionero nada hiere. Pasemos a otra cosa. ¿ Confiesa usted haber estado en el ataque del 26 de octubre?
Ahmed bey inclinó la cabeza.
~Yo lo mandé.
Bien. ¿Esos dos hombres también tomaron parte?
-Sí; mi hijo es voluntario, y mi padre, general en
retirr1, se ha hecho soldado enrolándose en mi regimiento.
-Bien. ¿Todos tres se han batido sin uniforme?
-Sí; ya sabéis porqué.
-Bien; basta.
Sonrientes e impávidos, los tres turcos esperaban
la sentencia. Carlos Torelli se levantó y dijo:
-La corte, después del interrogatorio de los acusados, y teniendo en cuenta la confesión formal de haber
formado parte de un cuerpo irregular, el cual ha combatido
después de su misión jurada, los condena a la pena de
muerte, y manda que se proceda inmediatamente a la
ejecución.
-Juicio sin apelación, pronunció con voz ronca el
escribano Antonio Onaglia.
Ninguno de los tres condenados dejó de sonreír.
Ahmed bey pronunció con voz firme:
-"¡Padishah'm tchok gacha!" (¡Viva el Sultánl)
Y el viejo Mehmed pacha agregó serenamente:
-"¡Allah ekbarl" (¡Dios es grande!)
Cuanto al niño, respetuoso delante de su padre y
de su abuelo, se calló.
Los carabineros se los llevaron.
Fuera del pretorio resonó de nuevo el fuego del pelotón.
Y entonces, Antonio Onaglia, el escribano, volvió a
decir:
-Se ha cumplido la justicia.
Y Carlos Torelli, inmutable ordenó:
-Vamos con la causa siguiente.

CLAUDIO TARRISE.

�La "Toilette" de· Boda
I
Hubo u~a gran desolación en el sendero del bosque
cuando se supo que Vicenta iba a casarse. ¿ Y quién se
desolaba? ¿ Las florecillas, las mariposas, los hilos que se
extienden temblando de una a otra rama? Lo habéis adivinado. Las florecillas decían:
-¡ Cómo 1 ¿ Eso es posible? Vicenta ocupada en
cocer pan para un hombre y en otros cuí.dados del menaje ¿ no vendrá ya a cogernos e.n primavera?
-¿Para qué nos servirá-decían las mariposas-tener alas más brillantes que los vestidos de una princesa, si Vicenta no correrá detrás de nosotras, que fingimos huir?
Y los hilos se quejailan:
-¿ Vale la pena estremecerse, suspendidos de una
rama de acacia a una hoja de limonero, si no podemos tener la esperanza de enredarnos en los cabellos de Vicenta,
que pasa entonando su canción?
Y después de eso, se co.nvino en el sendero del
bosque que se emplearían todos los medios posibles para
impedir que se cumpliera aquella desgracia que se temía.
La prometida estaba muy tranquila. Y le estaban
• reservadas sorpresas muy desagradables.
¿ Pensaréis que no era ésta una conspiración terrible? Pues os engañáis. En aquel tiempo los hilos de los
árboles, las mariposas y las florecillas de los bosques eran
unas especies de hadas. Y estar reñido con las hadas
es una cosa que yo no os deseo.

II
El día del matrimonio se aproximaba.
Vicenta se decía:
-Cierto es que yo soy tan hermosa como la hija de
un emperador, con mi cofia de tela amarilla y mi jubón
de algodón. Pero en fin, bueno sería que tuviera para
la noche de mis bodas un adorno más el'e gante.
Ella tenía en su bolsillo unas cuantas monedas de
escaso valor, y se dirigió a la ciudad a fin de comprar
las cosas convenientes.
-¡ Oh 1 ¡ qué bonito gorro !-exclamó deteniéndose
delante de la vitrina de una modista.-¡ Cómo me sentaría!
Todo lleno de flores silvestres tan frescas que se las tomarían por flores naturales. Pero, ciertamente, debe costar
muy caro. No está hecho para adornar la cabeza de una
pobre lefiadora como yo.
-Hace mucho tiempo-dijo la vendedora-que yo
quería deshacerme de él. Venís a propósito. ¿ Qué precio me ofrecéis?
Vicenta dijo muy bajo:
Dos sueldos. Nada más que dos sueldos. No puedo pasar de ahí.
-Y bien, tomadlo. Y o no soy una modista como
las otras. Lo que me agrada, sobre todo, es vender mi
mercancía a personas cuya belleza la haga valer.
C0,n el gorro en su caja de cartón, la leñadora siguió su camino muy contenta.
Había en el escaparate de un gran establecimiento
un vestido que a Vicenta le pareció el más magnífico del
mundo. Era tan sedoso, tan deslumbrador, de tan vivos
colores, que se le hubiera creído fabricado con muchas
a'as unidas de mariposas.
-¡ Ah! ¡ Qué lástima que yo no sea bastante .rica I

cemente redondeado, como lleno de dos naranjas vivas;
y tomándola sobre sus rodillas, ensayó-y ella consentía,
volviendo la cabeza-a desabrocharla el vestido. Y aquí
hubo otra historia. Aquella tela tan sedosa, tan deslumbrante, de tan vi~os colores, resistía, no se apartaba de
la piel, defendiéndose con todos sus broches encarnizadamente. Nada. por más que hacía, no podía triunfar de
este vestido tan bien cosido y resuelto a no dejarse entreabrir-como que en París había sido hecho,-y lü misma
Vicenta comenzaba a mostrarse inquieta y sorprendida.
Pero el marido sonrió, porque le ocurrió una idea bien
natural. Se arrodilló delante de su mujer, se inclinó ....
Y lanzó un juramento. Una camisa de encaje, más sólida
que una armadura, aunque lijera, como hecha con hilillos
de los árboles, envolvía y estrechaba inexorablemente a
la esposa.
En un extremo de la cámara, el lecho nupcial, medio
descubierto, con sábanas color .Ie nieve, parecía burlarse
de ellos.
IV
Al cabo de una hora larga-imaginad los esfuerzos
que haría.-el marido, lleno de rabia, empapado en sudor,
se encontraba en un estado verdaderamente digno de lástima. ¿ No era, en efecto, una desdichada aventura, estar
tan cerca de su dicha y no poder realizarla? Quisiera yo
ver qué cara pondrían en parecidas circunstancias los que
están tentados a reírse de los apuros en que se encontraba el marido de Vicenta.
• En cuanto a la joven leñadora. sin decir una palabra, tenía un gesto que · mostraba bien a las claras que
estaba muy lejos de sentirse contenta.

Yo compraría de buena gana este vestido; pero sin duda
sólo una señorita de la corte puede tener dinero bastante
para hacer tal compra.
-¡ Por Dios!-dijo el cornerciante.-Yo no soy interesado. Siempre hay modo de entenderse conmigo. Veamos: ¿cuánto me ofrecéis? La verdad es que no se ha
visto jamás nada parecido. Ha sido cortado y cosido por
una costurera que ha hecho su aprendizaje en el mejor taller de París.
Vicenta dijo murmurando:
-Cuatro sueldos. Si fuera de oro, yo os los daría
también. Pero son de cobre, podéis verlos.
-Tomad, pues, el vestido. Sólo habéis de prometerme que me recomendaréis entre vuestros conocimientos.
La leñadora prometió cuanto quiso, y se alejó todo
lo dichosa posible. Pero le quedaba una zozobra. Un
sombrero, un vestido, son dos cosas necesarias, sin duda;
pero una camisa no lo es menos. Vicenta sentía, no sin
inquietud, su pequeño cuerpo frotado por el algodón de
su traje. ¿ Qué pensaría su marido al verla así tan desprovista? Ella se decía, encendiéndose de pudor, que hacía falta tener una camisa. Como lo que deseaba era eso,
vio una en otro almacén de batista y encajes, tan lijera y
tan blanca, que hubiera jurado que estaba tejida con los
hilillos de los árboles. Como había adquirido valor en sus
precedentes compras, Vicenta dijo a un hombre que estaba parado cerca de la puerta:
-Es muy linda esta camisa. Yo haría mi negocio
si me la cedierais por tres sueldos.
El vendedor pareció deslumbrado.
-No esperaba tal fortuna-exclamó.-Tomad, tomad.
De este modo Vicenta pudo volver a su aldea con
un sombrero, un vestido y una camisa que podían ser enviados a la hija primogénita de un rey.

En esto, un risueñor, al que se podía ver por la
ventana entreabierta, se puso a cantar sobre un macizo de rosas, y cantando decía:
- ¡ Bah, bah! Pobre mozo, te cansas en vano; no
pondrás término a la "toilette" de boda, porque está hecha de florecillas. de mariposas y de los hilos de los árboles, que son hadas y que te han burlado.
-Y bien .. . . ¡ Yo me vengaré! iré al sendero del
bosque y le prenderé fuego.
-¡Bah! Otras hierbas silvestres florecerán, otras
alas volarán, y la red de hilos es inexpugnable. Mejor
harías en pactar con tus enemigos.
-Creo, en efecto-dijo Vicenta,-que sería ~I par·
tido más sabio.
-¿ Qué es, pues, lo que exigen ?-preguntó el joven
esposo.
-Pro.mesa de no ocupar a Vicenta en cocer tu pan
ni en otros cuidados del menaje, y dejarla cantar su canción, como en otros tiempos, en la floresta.
-Yo hago el juramento.
Las florecillas, las mariposas y los hilos, c0uocieron
que el marido era un hombre honrado. incapaz Je faltar
a su promesa, y entonces el gorro voló, como arrebatado
por una ráfaga de viento, y con el gorro, el vestido .}'
la camisa también.
Desapareció de este modo la "toilette" de boda.
Las hadas la tejieron, y las mismas hadas la disipa·
ron.
Conviene estar en buenas con las hadas.

•

•

III
No hay para qué decir que el día de la boda la leíiadora fue extrañamente envidiada por la hermosa "toilette'' que lucía. ¿ Cómo se había arreglado para procurarse tales adornos? Las damas de honor se hablaban en
voz baja con aire malicioso. Pero el marido, que estaba
muy enamorado, paró apenas su atención en el lindo sombrero de flores silvestres, ni en el magnífico vestido color
de alas de mariposas. Lo que a él le importaba, era lo
que había debajo del gorro y del vestido. Y dejando a las
gentes conversar y beber en la sala de la posada, cogió a
Vicenta ape.nas entrada la noche, y la condujo a la choza
que él habitaba al borde del camino.
Cuando ya estuvieron solos :
-¡ Ohl ¡ Qué hermosos cabellos tenéis!-dijo él.Rubios como las espigas al sol, y perfumados como la
hierba.
Y para verlos mejor, para besar aquella cabelle,a
de oro, quiso quitarla el sombrero.
Pero, ¿no era aquello una cosa singular? Las cintas,
los alfileres, las florecillas se clavaban en las orejas y
en el cuello.
- ¡ Ay, ayl Me hacéis daño, amigo-suspiraba la
esposa.
No era él tan brutal que la hiciera sufrir más, y
no volvió a inquietarse por el impertinente gorro.
Otro deseo le ocupaba a causa de aquel cuerpo, dul-

CATULLE MENDES.

...

...
. .. .. . ....
. .. ....
.., •,

�.D e Porfirio Díaz a Victoriano Huerta
•

GENERAL PORFIRIO DIAZ

LIC. FRANCISCO L. DE LA BARRA

Pronto aparecerá el Album intitulado:

CISCO 1.MADERO

LIC. PEDRO LASCURAIN

GENERAL VICTORIANO HUERTA

Z PRESIDENTES EN CINCO A~OS.''

�UN SUEN"O
Una tarde, en cierta reunión, se hablaba con mucho s1on en mí hacía, era que la fachada de la casa de donde
calor de casos extraños, presentimientos, apariciones y salía el jovencito era siempre la misma, que su aspecto era
cosas parecidas, de las cuales hoy en día se ocupan bas- siempre igual, y, en fin, que su ademán amigable al invitánte, no sólo los iniciados, sino hasta los simples cu- tarme, era siempre idéntico.
riosos.
Siempre, eternamente, ante mis ojos tenía su chaEntre los presentes se hallaba el doctor de la casa, queta negra, los galones, los botoncitos de metal, y hasta
el cual, en cierto modo, sostenía la parte del escéptico.
sus cabellos claros, sus ojos grises y un poco separados,
Durante la conversación, una señora preguntóle si • que se parecían un poco a los d_e un pez.
en su vida no le había ocurrido ningún acontecimiento
Deben convenir señores, que tenía razón para estar
al cual no hubiese podido ballar una razón plausible.
inquieto ante aquella obstinada repetición de tan extra-:-Cuando aún era joven-respondió el doctor,-tuve
ño sueño.
un sueño, o, por mejor decir, una serie de sueños tan
Algunas semanas después, fuíme a París, y apenas
extraños, que por su singularid sobrepuja a cuanto hoy hube llegado, busqué en seguida el hotel que sabía era
aquí se ha dicho.
el preferido de mi inglesita. la cual me había precedido
Si la concurrencia lo desea, estoy dispuesto a rela- con su séquito, donde llegué hacia la tarde, cerca de la
tarlos. ·
hora de comer, con otros muchos conocidos y amigos
Todos los presentes, naturalmente, lo quisieron, y míos.
entonces el doctor empezó:
Subí en seguida al cua;to que se me había destinado,
-Hace veinte años me hallaba en Biarritz por la y, cambiados apresuradamente los vestidos, salí con la
temporada de baños, y aquella ocasión me enamoré de
intención de aprovechar el ascensor para bajar al couna inglesa que tenía la originalidad de llevar, cuando se medor.
bañaba, un vestido guarnecido de pequeñas conchas maEn el corredor me encontré con otros compañeros
rinas.
de viaje, que habían salido con el mismo objeto que yo;
Era una señora un poco extraña y llena de curiosas me adelanté a ellos y pulsé el botón del timbre eléctrico
excentricidades; así es que una vez quiso detenerme, jun- de llamada.
to con otros adoradores suyos, a bordo de un yate, hasTras un instante se oyó el sordo rumor del ascensor
ta las tres de la madrugada.
que subía; después la portezuela se abrió, y de improviEntre otras cosas nos habíamos ocupado en la con- so ...... dí un salto hacia atrás como si hubiera vi~to la
templación de los astros y de la posibilidad de la trans- muerte en persona.
.
migración del alma de un planeta a otro.
En el umbral de la puerta había aparecido un joAquella noche volví a mi casa muy cansado; así es vencito como de unos quince años, con los cabellos claque mientras leía una carta que hallé sobre mi escritorio, ros, los ojos de pez y vestido con una chaqueta negra
me dormí sentado en el sillón, y soñé lo siguiente:
con galones y los botoncitos dorados, precisamente coMe parecía hallarme en una gran ciudad extranjera mo aquel que había visto en sueños .....
y que en aquel momento salía de una casa desconocida,
Estaba de pie en el ascensor, que aun se balanceaa cuya puerta estaba detenido un coche fúnebre.
ba, y con un ademán nos invitaba a entrar. En vez de
Cerca del coche había un jovencito de unos quin- hacerlo, le volví la espalda, y como un loco bajé los esce años, que llevaba una chaquetita cerrada, de color ne- calones a saltos, como si hubiera sido perseguido por las
gro, con mangas guarnecidas de estrechos galones de oro, furias.
y en el pecho una hilera de botones también dorados.
Llegado al salón, me dejé caer en una mecedora y
Apenas se dio cuenta de mi presencia, apresuróse a procuré rehacerme del susto _que acababa de recibir; senabrir la portezuela del furgón; inclinóse y me invitó con tía que debía estar blanco como el papel.
un amigable ademán a entrar.
Y ..... no recuerdo más ...... Debían haber trasAun cuando en sueños las cosas más extrañas nos currido dos minutos, quizá dos segundos, cuando se oyó
parecen naturales; a pesar de ello, y yo lo recuerdo co- un terrible grito de angustia, seguido de un crujido y un
mo si fúera ahora, me asusté tanto y sentí tan gran sobre- trueno espantoso. Perdí los sentidos.
salto por todo mi cuerpo. que mi cabeza dio duramente
Al volver en mí, miré a mi alrededor y vi diferentes
contra el respaldo del sillón. Se comprende que esto me cuerpos humanos sobre los cuales a toda prisa se hahiciera despertar.
bía extendido un lienzo que aparecía lleno de sangre.
La interesante y agradable compañia de la inglesa
El jovencito que apenas entreví, y esto lo supe
hizo que a los dos días hubiese olvidado el sueño, cuan- más tarde. estaba entre ellos, entre las víctimas de la caída
do, a la tercera noche precisamente, éste se repitió con del ascensor.
semejanza sorprendente, y continuó repitiéndose a interAhora, qui..:n lo quiera, explíquese esto: por mi parvalos desiguales de tres a cuatro noches; tanto, que em- te sólo digo que no sin ra~ón me llaman un escéptico, ya
pecé a preocuparme seriamente, aun a pesar de ser yo de que si otro me hubiera relatado una historia parecida, yo
.naturaleza un poco escéptica.
no la hubiera creído.
Lo que para mí era más maravilloso y más impreENRIQUE SIENKIEWICZ.

POETAS JOVENES
De Tierra Azteca
Al distante y luminoso Anáhuac.

1
Yo nací en la opulencia de las selvas indianas,
empuñé, desde niño, las heroicas macanas
y llevé el yanyoxóchitl, cual pregón de combates,.
por países remotos y por tierras lejanas.
Y o ceñí victorioso los soberbios ayates
que en la guerra dejaron tlaxcaltecas magnates,
y ofrendé los despojos de cabezas humanas
sobre el ara votiva de mis viejos penates.
Fui guerrero de Anáhuac, fui magnánimo y fuerte,
domeñé a la fortuna, me reí de la muerte,
y desperté a mi paso tempestad de alaridos;
y al llegar a mi patria la gente nazarena,
cubriré la cabaña de mi virgen morena
con rubias cabelleras de españoles vencidos.

II
Yo nací en el palacio de los reyes aztecas,
engarcé madrigales para mozas indianas
e introduje galante las modas cortesanas
que aprendí de la historia de los viejos toltecas.
Mi señor Moctezuma me nombró caballero,
mi señora la reina me donó sus amores,
me embriagué con el jugo de magueyes y flores
y en palacios y chozas fui noble y pendenciero.
Amante y favorito de mi reina y señora,
le hurto a Moctezuma los besos de Tzopalli
y la belleza indígena me turba y enamora;
y cuando se iluminan las torres del teocalli
extenuado y dormido me sorprende la aurora
en los morenos brazos de Xóchitl y Citlalli.
III
Yo nací en los aduares del cacique cetrino,
burilé mis estrofas a los rayos del sol
y sorprendí en las selvas el secreto divino
que cintila en la estrella y perfuma en la flor,
Errabundo poeta de prosapia brillante,
rimo según la usanza de N etzahualcoyotl
y canto en las ruínas del Anáhuac distante
las épicas hazañas del noble Cuahutemoc,
Bajo el techo propicio de las humildes chozas
sorprendo la belleza de las indianas mozas
que saben de caricias y tiemblan de pasión;
y, soberbio y altivo, pleno de santa ira,
al cantar a mi raza levantaré mi lira
noblemente bañada de cambiantes de sol.

A la que no se nombra
Diáfana y nivosa de blancor de luna,
surges del misterio de la noche bruna
a modo de clara sonrisa vernal,
y eres una rosa de melancolía
cuando el cuello enarcas, como en agonía
sobre azul laguna cisne de cristal.

Yo te daré vida con calor de abrazos,
profanando el fuego de la ignota lsis,
aunque tú te agites en los secos brazos
de Nuestra Señora la divina Tisis.
Llégate a mi choza, ven a mi majada,
la bien adorada
de labios marchitos como flor de anemia.
Recuerda que fuimos amado y amada
cuando en los distantes campos de Bohemia,
al verte en mis brazos, entre la mesnada
de viejos augures, te llamaban todos
la bien maridada,
y al aire luciendo tu carne madura
pasabas diciendo la buenaventura.
Luego te apartaste de la vera mía,
rizando en tus labios risas de la orgía;
y al dejar mi pobre choza de mendigo
fuiste pecadora, fuiste cortesana ...... .
¡ Coqueta mundana!
Pronto te olvidaste de tu fiel amigo.
Ciñendo tu cuerpo con curvas de abrazos
minaron tu vida lo.s fuegos de !sis,
y hoy plañes congojas en los secos brazos
de Nuestra Señora la divina Tisis.
Regresa a mi choza, vuelve a mi majada,
la bien adorada
de labios marchitos como flor de anemia;
y allí en nuestros campos, entre la mesnada
de viejos augures, tus labios encesos
sabrán de la vida que surge y retoña,
sabrán de las mieles que brindan mis besos.
LUIS BENEDICTO.
En el destierro, verano de mil novecientos dieciséis.

�Complicaciones de la Vida
El señor Ber.nardo Bernárdez regresaba a su casa a
las doce de la noche. En veinte años que llevaba de casado no recordaba haberlo hecho sino solo dos o tres veces. Era muy arreglado de costumbres, se acostaba regularmente a las diez, se levantaba a las cinco, y por nada del mundo hubiera transgredido un régimen tan sano.
También es cierto que doña Brígida, su esposa, no se lo
habría permitido.
Pero esa noche habían mediado circunstancias imprevistas. La lluvia, un fuerte aguacero de otoíio, le sorprendiera en casa de su compadre don Francisco, jugando
una laboriosa partida de dominó. Cuando el ¡,rimer chubasco doila Petrona observó: Llueve. Don Francisco dijo
alegremente mientras encendía su pipa:
-Bueno, jugaremos hasta doscientos, esperando que
pare.
Al señor Bernárdez la cosa no le hacía gracia. Se
asomó a la puerta del patio, miró el cielo, exclamó: ¡ Caramba, cómo llueve! y volvió a sentarse frente a las fichas,
inquieto. Perdió dos partidos. A cada momento se levantaba, iba a mojarse la nariz y vol.vía a su silla, más malhumorado que antes. Quiso irse, pero lo trata·ron de loco
y no se lo permitieron. Don Francisco se reía socarronamente, y golpeando su pipa sobre la mesa, lo bromeaba:
-¿ Qué dirá Brígida, eh? ¿ Qué dirá Brígida? ¡ Ha
de estar hecha una fiera!
Al fin la lluvia cesó y el señor Bernárdez aprovechó
el claro para escaparse, armado de un paraguas que le
prestó doña Petrona. Ya en la calle apresuró el paso para
ganar el tiempo perdido. ¡ Si al menos su mujer estuviese
dormida! Porque efectivamente, era una fiera; n.o admitirí.a excusas. ¿ Y los tranvías para qué sirven ?-le preguntaría, y él no sabría que contestarle. ¡ También con este
tiempo maldito! Sin embargo, ni un tranvía pasaba. La
culpa .no era de él. Tendré que hacer las quince cuadras
a pie, reflexionó. Y aceleró más la marcha.
El cielo iba despejándose. Todavía lo cubrían amenazadores nubarrones obscuros; pero entre ellos brillaban
algunas estrellas. Hacía bastante frío y la calle estaba
desierta. El señor Bernárdez, aunque preocupado, se sentía ágil y fuerte. Taconeaba con energía la vereda mojada
en que se reflejaba la luz de los faroles, complaciéndose
e.u oir su paso valiente, y blandía como una espada el paraguas cerrado. Los vigilantes que encontraba en el camino llenábanle el corazón de un vago regocijo.
De pronto al llegar a una esquina, un hombre se Je
paró delante.
-Vea, señor; soy un pobre padre de familia que no
tiene ..... .
El señor Bernárdez levantó el paraguas, se hizo a
un lado bruscamente y siguió sin contestar. Le parecía
que el corazón iba a saltársele del pecho. ¡ Buen susto había llevado! A la media cuadra se dio vuelta. El hombre
se había sentado melancólicamente en el cordón de la vereda. Entonces el señor Bemárdez sintió vergüenza de
su cobardía y lástima del desgraciado.
-¡ Pobre !-se dijo.-¿ Y si fuese verdad? ¡ Quién
sabe dónde vive! No tiene facha de criminal. Sería cruel
negarle a un necesitado diez centavos. Voy a dárselos
porque no podría dormir.

Y retrocedió, mientras buscaba en el bolsillo la moneda. El hcmbre ya había notado su intención e iba hacia
él. Pero desgraciadamente el señor Bernárdez no tenía
ninguna. Buscó con desesperación e inútilmente. Recordó que sólo guardaba en su cartera cinco pesos intactos
y para evitarles la vergüenza siguió una inspiración.
-Buen hombre, ¿está necesitado de veras?
-Vea, señor, le diré; soy un pobre padre ..... .
-Bien; véngase conmigo. Se atreve a hacer cuatro
cuadras? Le daré unos cuantos níqueles.
-¡ Cómo .no, seíiod Todas las que usted quiera.
-Vamos, entonces.
Ambos echaron a caminar, el uno al lado del otro.
De cuando en cuando el señor Bernárc'ez miraba de reojo
a su compañero, blandiendo con mayor tuerza el paraguas,
a la vez que pensaba q1ántos níqueles podrían darle por
"el trabajo." A las dos cuadras sintió la necesidad de decirle algo, para hacerle menos aburrido el camino.
-Ya vamos a llegar; tenga paciencia. ¿Qué tiempo, eh?
-¡ Hum!-refunfuñó el compañero.
No hablaron más. Por fin llegaron a la casa. El
señor Bernárdez abrió la puerta con gran precaución y
dijo al hombre:
-Espere un momento, sólo un momento. Ya vengo.
Y se entró dejando entor.nada la puerta. Doña Erigida dormía. En puntillas se fue hasta su chaleco de diario y buscó en él unos níqueles que le parecía haber dejado.
¡ Nada! Buscó en la mesita de luz y dío con diez centavos. ¡ Sólo diez centavos! Sintió que un sudor frío le
humedecía la frente. ¿Qué le diría al pobre hombre después de haberlo hecho caminar tanto? Había que tomar
una resolución y la tomó heroicamente.
-Erigida, Brígida .... -sopló al oído de su mujer.
Oye, Brígida ..... .
Esta abrió los ojos asustada.
-¿Qué pasa?
Luego, ya despierta, incorporándose:
-¡Ah! ¿es usted? Muy bien, a estas horas .....
El señor Bernárdez sentía gana·s de llorar.
-:Mira, Erigida; después hablaremos. Ahora dame
unos níqueles. Los necesito inmediatamente.
-¿ Unos níqueles? ¿ Y para qué?
-Son para un pobre. Te explicaré .....
-¡Que se vaya al diablo, estúpido! ¡No faltaba
más!
Y se dio vuelta para seguir durmiendo.,
Lentamente, tristemente, el señor Bernárdez fue con
la sola moneda hasta la puerta de la calle.
-Usted disculpe--le dijo al hombre con timidez,
implorando su perdón con la mirada;-pero, sabe, a estas
horas ..... Crea que no tengo más.
Y se apresuró a volver a entrar y a cerrar la puerta;
mas no lo hizo tan pronto que no alcanzase a oír la voz indignada del pordiosero r¡ue le gritaba:
-¿ Y para eso me has hecho caminar tanto? Viejo tacaño!

Parábola del Milagro
Jesús regresó a N azaret y no conoció el lugar de su
nacimiento; el Nazaret, antes habitado por él, había sido
un pueblo triste, henchido de lágrimas y lamentos. El
Nazaret que entonces veía era una ciudad en que rebosaban las risas y los deleites.
Y el Cristo penetró en la ciudad y vio ciervos cargados de flores que se agolpaban en la escalera de mármol, de una casa hecha con la misma piedra blanca. Y
el Cristo se deslizó en la casa, y en la testera de una sala
de jaspe vio recostado en un lecho de púrpura a un hombre cuyos alborotados•cabellos estaban cubiertos de rosas
rojas y cuyos labios se hallaban rojos por el vino.
El Cristo se aproximó al hombre, le tocó en el hombro y le dijo:
-;-¿ Por qué llevas esa vida?
El hombre se volteó, le conoció y le dijo:
-Fui leproso. Tú me has curado. ¿Por qué he de
llevar otra vida?
El Cristo se alejó de la casa.
Y he aquí que en la calle divisó a una mujer con el
rostro lleno de afeites, con el talle ceñido de lujosas telas y los pies adornados de perlas. Y vio que tras ella
caminaba un hombre vestido de ropas vistosas y con ojos
inflamados de concupiscencia.

Y el Cristo se acercó al hombre, y tocándole en el
hombro le dijo:
-¿ Por qué sigues a esa mujer y la miras de ese
modo?
El hombre se volteó, le conoció y le dijo:
-Fui ciego. Tú me has curado. ¿Qué cosa mejor
puedo hacer de mi vista?
Y el. Cristo se acercó a la mujer y le dijo:
-El sendero por donde vas es el sendero del pecado. ¿Por qué le sigues?
La mujer le reconoció y sonriendo le dijo:
-El sendero por donde voy es el sendero de las
delicias. Tú me has perdonado todos mis pecados. ¿ Qué
puedo hacer de tu perdón?
Y el Cristo sintió que de tristeza se le oprimía el corazón y quiso alejarse de la ciudad. Y al salir vio a un
joven que, sentado en el brocal de una fuente, lloraba.
El Cristo se aproximó al joven, y tocándole los rizos de su cabellera, le dijo:
-Amigo, ¿por qué lloras?
El joven alzó los ojos, le conoció y le dijo:
Y o había muerto. Tú me resucitaste. ¿ Qué otra
cosa puedo hacer de mi vida. ·.... ?
OSCAR WILDE.

¡UN AÑO DE VIDA!
El próximo doce de Septiembre cumplirá "REVISTA MEXICANA" un año de existencia.
Nuestra vida ha sido de luchas, de privaciones, y de sacrificios. Como nuestro programa no era mercantil sino patriótico, como no nos guiaba la idea del lucro personal sino la del prestigio de México, no extrañamos las dificultades que han erizado nuestra senda. To do lo contrario: sabíamos de antemano, que nuestra misión era la de luchar tenazmente, y la aceptamos sin vacilaciones y sin temores.
El bandidaje nos cerró el mer~ado de la Patria; el temor de que nuestra publicación fuese suspendida de
un momento a otro, por su actitud francamente nacionalista, hizo que el mercado de los Estados Unidos, nos
mirase siempre con desconfianza y con recelo. Y entre la duda de aquí y el rencor de allá, hemos llevado una
vida precaria e incierta. Sin embargo, a pesar de las dificultades económicas, acrecentadas por el alza inmoderada del precio del papel, metal de linotipo y demás objetos de imprenta, tenemos el orgullo de haber ostentado nuestros ideales en los momentos más difíciles, y de haber enarbolado el estandarte de la Patria, en loa
dolorosos instantes en que casi todas las manos lo dejaron caer.
"REVISTA MEXICANA" pronto cumplirá un año de vida, y anuncia desde hoy, un número especial,
lujosísimo, con doble número de páginas, y con un material que hará época en los anales del periodismo me-

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xicano.

Anunciantes: el número especial tendrá un mínimum garantizado de

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SAN ANTONIO, TEXAS.

:«+:MM)l(t:M:fflM*Mt)l(t:ff:ffM:ff:ff)l(t:ff:H,*1)1(tM,~Htllo*+~Mt*'llo*+~Mt*'llo*+M,l(fft*4~

�habla mucho de Bolsa y de bolsillo, por lo cual yo creo que
debe tenerlo muy repleto. Allí me recibieron con mucha
alegría, especialmente mis nietecitos, porque los niños de
las ciudades son más cariñosos que los de los pueblos; pero mi nuera, que es una "señoritinga" muy espetada, al ver
que yo decía algunas veces "rediez" y "cuernos'' y otras '
palabras que tengo la costumbre de usar, se empeñó en que
no había de decirlas porque sus hijos no tuviesen ocasión
de aprenderlas, y aun pretendió enseñarme algunos vocablos "finústicos" y relamidos, a los que nunca pude acostumbrarme, porque yo soy muy natural y muy llana y me
gusta llamar al pan, pan, y al vino, vino, como Cristo nos
enseña.
Con todo esto, si yo hubiera podido llevar las cuentas de la casa y ser una especie de ama de llaves, para descanso de mi nuera, a quien gustaba mucho pingonear por
las calles, seguramente no me hubiera ella tomado tanta
ojeriza; pero llegó al extremo de no dejarme salir de un
cuartucho sin ventana que me habían destinado, porque
decía tener asco y repugnancia de que yo anduviera por la
cocina: ¡Ya ve usted, repugnancia de mí, que soy más
limpia que los ampos de la nieve!. ... Sin embargo, todo
lo llevé con paciencia por mi hijo y por mis nietos y por
no volverme otra vez a mi casa de Villaquieta; pero un
día entré en la ·sala a referirle a mi nuera cierta diablura
de los niños, cuando me la encontré que estaba hablando
con dos señoronas muy peripuestas con sombrero y plumas. Tan pronto como me vió mi nuera, sin dejarme replicar, me dijo con mucha altanería:-Vaya usted a su
cuarto y no salga de él, porque ya le tengo dicho que
habiendo visita no quiero que venga por aquí. No había
hecho yo más que salir de la sala, cuando oigo que mi
nuera dice a las señoronas :-Esta vieja es la madre de la
cocinera, que a Madrid ha venido a que la vean los médicos y se hospeda, por desgracia, en mi casa.-En segui-

LALEYDELA VIDA
"¡ Cuán triste sería la vida
si no existiera l'a muerte!"

Regresaba yo de caza una tarde tan sediento y fa.
tigado, que antes de llegar al pueblo donde iba, y distante
de él como un kilómetro, me detuve ante cierta humilde
casa para que en ella me dieran de beber y ocasión de
reposar. Llamé a la puerta, que estaba cerrada, y al mome.nto salió a abrirla y a recibirme una anciana que, co- '
mo si me conociera y adivinase mi ·necesidad, me dijo al
verme:
-Entre usted, señor, entre y siéntese donde guste.
Díjela yo lo que deseaba y satisfizo tni sed con
presteza y curiosidad, pero sin dejar de hablar un momento, en tanto que yo miraba aquel rostro suyo que parecía de estrujado pergamino, a fuer de amarillento y
rugoso; su pelo, blanco y enmarañado, como de lana;
y su cuerpo enjuto y derecho y cubierto de limpísimos
guiñapos.
-Aquí me tiene usted-dijo la vieja-viviendo completamente sola, contenta y en espera de la hora de la
muerte. Como ya soy muy anciana y nada tengo que
hacer en este mundo, aguardo con tranquilidad el momento de marcharme al otro, lo cual sospecho que suceda antes de que termine el año.
Observé tal naturalidad en estas expresiones, tanto
despego hacia la vida e indiferencia por la muerte, y un
sentido tan frío e imparcial de las cosas del mundo, que
permanecí absorto, mirando a la vieja, sin saber que decirla.
;-Yo, señor-añadió la anciana.-soy dueña de esta
casa en que vivo, y no tengo en ella más parientes que
estos árboles del patio, que son mis hijos, porque yo los
he plantado.
-¿No tiene usted más hijos que éstos?
-¡Ahf sí, señor; tengo un hijo y dos hijas, pero ...
lejos de aquí!
-¿ Por qué no vive usted acompañada de alguno
de ellos?

-Pues ...... verá usted ..... Estuve viviendo algún
tiempo con mi hija Basilisa, que es la mujer del guarda
de una dehesa que está en aquellos montes que desde
aquí se ven azules. Tienen una humilde· casa entre aquellas altas breñas y peñascales, y más que del jornal, que
es mezquino, viven de lo que caza Tomás, que así se llama
el marido de mi hija. Cuando llegué 'a su casa, Basilisa
me recibió con alegría, sus hijos con extrañeza y Tomás
con disgusto; pero como ella pensaba tener en mí quien
la ayudara, los niños quien los divirtiese y el amo de la
casa quien cuidase de los cerdos, no me pusieron muy
mala catadura en un comienzo. Sin embargo, cuando vio
mi hija que mis manos temblaban demasiado para coser, los niños que mi voz era harto desabrigada para cantar, y mi yerno que mis piernas se movían inciertas y
perezosamente al andar, comenzaron todos a dolerse del
pan que yo comía y a mirarme con peores ojos que a
una mula coja.
Sucedió al fin que un día estando a la puerta de la casa merendando uno de mis nietecitos, cruzó por
allí el perro hambriento de un cosario y arrebató a la criatura el pan que tenía entre las manos. A los gritos del
niño acudió el padre, mientras que yo, alzando mi cayado
y co.n pasos inciertos y temblones, intenté alcanzar al perro inútilmente para castigar su ratería; pero Tomás, en
vez de agradecer mis buenas intenciones, me dijo con desabrimiento.
-De,e el perro, "señá" Bernarda, que al fin y al
cabo el animal no ha hecho más que lo que usted hace,
que es comerse el pan de mis hijos.
-No me lo dirán dos veces-le respondí yo;-y cogiendo el hato, sin despedirme de mi hija, me vine a Villaquieta. La pobre Basilisa, que me quiere y es bue.na, lo·
gró con ruegos y súplicas que me llevase consigo mi hijo
Ramón, el que tengo en Madrid, y con este motivo escribióme una carta y me fui con él a la Corte.
Mi hijo Ramón ha vivido desde muy niño separado
de mí; aprendió a zyudar a misa, fue monaguillo, le protegió el cura, y ahora es empleado del Banco de España, y

da me volví furiosa y a gritos repliqué:-Ni soy madte de
la cocinera ni tuya tampoco, ni ganas, sino que soy madre
del amo de esta casa, que es mi hijo Ramón; pero ya que
te avergüenzas de mí, esta misma tarde me marcho a Villaquieta, a mi casa, donde yo soy el ama y no me gruñe
nadie.-Con lo cual ella quedó corrida y yo desahogada,
y me vine al pueblo, como le dije; pero antes quise despedirme de otra hija que tengo en un convento de monjas.
Aquélla salió a recibirme a través de unas celosías;
me habló con tono frío y místico; me aconsejó que fuese
buena, que me encomendase a Dios, y al toque de una
campana, desapareció a lo lejos, sin darme siquiera conversación, que es lo menos que se le puede dar a u.na
madre.
'
Ya ve usted, pues, cómo no puedo v1v1r con mis
hijos, y cómo no me queda otra cosa que hacer sino espe·
rar la hora de la muerte.
-Con efecto, respondí, veo que no tiene usted más
hijos que éstos que ha plantado usted en el patio.
-Ni aun esos; porque antes los regaba y cuidaba
yo con mi mano y me daban todos sus frutos como me
dan toda su sombra; pero ahora he de valerme de un vecino, que a cambio de regarlos y podarlos se lleva más de
la mitad de lo que producen, puesto que yo no sirvo ni aun
para espantar los gorriones, que se ríen de mí y en rnia
barbas se comen la fruta madura, dejándonos a media ración. No puedo servir a los demás, ni tengo medios para
que los demás- me sirvan; por todo lo cual deduzco que, si
morir es muy triste, es más triste todavía vivir d.!ma,:aclu.
¡ Esa es la l_ey de la vida!
Despedíme de la vieja, agradecí su cortesía y ·,alí de
allí pensando que aquella rústica mujer había coincidido
con aquel célebre filósofo de la antigüedad que dijo:
"¡ Cuán triste sería la vida si no existiera la muerte I"

RAFAEL TORROME.

...

~
\{,/¡

�El Pais de la Lluvia Luminosa
'.
Después de lentas jornadas a caballo por espacio de
medio mes y por caminos desconocidos y veredas sesgas,
llegamos al país de la lluvia luminosa.
La capital de este país, ignorado ahora, aunque en
un tiempo fue escenario de claros hechos, era una ciudad
gótica de callejas retorcidas, llenas de sorpresas románt icas, de recodos de misterio, de ángulos de piedra tallada,
en que los siglos acumularon su pátina señoril, de venerables matices de acero.
Estaba la ciudad situada a la orilla de un mar poco frecuentado; de un mar cuyas aguas, infinitamente
más fosforescentes que las del océano Pacífico, producían
con su evaporación ese fenómeno de la lluvia luminosa.
Como es sabido, la fosforescencia de ciertas aguas
se debe a bacterias que viven en la superficie de los
ma res, a animálculos microscópicos que poseen un gran
poder fotogénico, semejante en sus propiedades al de los
cocuyos, luciérnagas y gusanos de luz.
Est os microorganismos, en virtud de su pequeñez,
cuando el agua se evapora ascienden con ella sin dificultad alguna. Más aún: como sus colonias innumerables
son superficiales. la evaporación las arrebata por miriadas, y después, cuando los vapores se condensan y viene
la lluvia, en cada gota palpitan incontables animálculos,
pródigos de luz, que producen el bello fenómeno a que se
hace referencia.
A decir verdad, el mar a cuyas orillas se alzaba la
ciudad, término de mi viaje, no siempre había sido fosforescente. El fenómeno se remontaba a dos o tres generaciones. Provenía si ello puede decirse, de la aclimatación, en sus aguas, de colonias fotogénicas (más bien
propias de los mares tropicales,) en virtud de causas térmicas debidas a una desviación del "Gulf stream" y a
otras determinantes que los sabios, en su oportunidad. explicaron de sobra. Algunos ancianos del vencindario recordaban haber visto caer, en sus mocedades, la lluvia
obscura y monótona de las ciudades del :Norte, madre
del esplín y de la melancolía.

Vive con el es·
• •
p1r1tu Nacional.

Esa viva, accion rapida,
que llega siempre al gusto
del fumador de " Bull"
Durham ha hecho que el
sea fumado en tolo d servido, desde el Maine hasta las Filipinas.
GENUINO

"Bu LL DuRHAM

,.·

***

TABACO PARA FUMAR
Hacer u:io s:i propio cig1rrillo d.! "Bull" Durham es tener cierto
aire de distincion, caracter y personalidad. El le da ese gusto suave,
exquisit-'.&gt;, esa. aroma q·1e ninR'una otra
Pida un paquetito
clase ce tabaco posee. Y "Bull" Durham r.(
de papel de fumar
es tan agradable, tan suave, que Vd goza \
"gratis" con cada
saco de Se.
mas y mas cada vez que lo fuma.
J

l

Aprenda a torcer su prcpio cigarrillo con tabaco ¡
"Bull" Durham, hagalo y vera que Vd fumandolo
siempre gozara muchisimo mas del placer de fumar. ·
Un librito
iluatra«!_o
queenaena
la manera correcta para torcer
un cigarrillo, junto con un
paquete de papel de fumar, le
1eran mandado• a Vd franco
de porte y enteramente gratia,
a cualquierparte de loa Estado,
Unidos. Dirijaae a "BULL''

GRATIS

DURHAM. Durham, N. C.
TBE .&amp;llmRICil TOBACCO CO.

Desde antes de llegar a la ciudad, al pardear la
tarde de un asoleado y esplendoroso día de julio, gruesas
nubes, muy bajas, navegaban en la atmósfera torva y
electrizada.
El guía, a l observarlas, me dijo:
-Su merced va a tener la fortuna de que llueva
esta noche. Y será un aguacero formidable.
Yo me regocijé en mi ánima ante la perspectiva de
aquel diluvio de luz . .... . .
Los caballos, al aspirar el hálito de la tormenta,
apresuraban el paso monorrítmico.
Cuando a un ,no trasponíamos las puertas de la ciudad, el aguacero se desencadenó.
Y el espectáculo que vieron nuestros ojos fue tal
que refrenamos los corceles y, a riesgo de empaparnos como una esponja, nos detuvimos a contemplarlo.

Parecía como si el caserío hubiese sido envuelto
de pronto en la terrible y luminosa nube del Sinaí ..... .
Todo en contorno era luz: luz azulada que se desflejaba de las nubes en abalorios maravillosos; luz que
chorreaba de los techos y era vomitada por las gárgolas,
como pálido oro fundido; luz que azotada por el viento,
se estrellaba en enjambres de chispas contra los muros;
luz que con ruído ensordecedor se despeñaba por las calles desiguales, formando arroyos de un zafiro o de un
nácar trémulo y cambiante.
Parecía como si la luna llena se hubiese licuado y
cayese a borbotones sobre la ciudad .....
Pronto cesó el aguacero y traspusimos las puertas.
La atmósfera iba serenándose.
A los chorros centelleantes había sustituído una llovizna diamantina de un efecto prodigioso.
A poco cesó también ésta y aparecieron las estrellas, y entonces el espectáculo fue más sorprendente aún:
Estrellas arriba, estrellas abajo, est.rellas por todas partes.
De las mil gárgolas de la Catedral caían todavía tenues hilos lechosos. En los encajes seculares de las torres, brillaQan, prendidas, millares de gotas temblonas,
como si los gnomos hubiesen enjoyado la selva de piedra.
En los plintos, en los capiteles, en las estatuas posadas
sobre las columnas; en las cornisas, en el calado de las
ojivas, en todas las salientes de los edificios, anidaban glóbulos de luz mate. Los monstruos medioevales, acurrucados en actitudes grotescas, parecían llorar lágrimas estelares.
Y por las calles inclinadas y retorcidas, como un
dragón de ópalo fundido, la linfa brillante huía desenfrenada, saltando aquí en cascadas de llamas lívidas, bifurcándose allá, formando acullá remansos aperlados en
que se copiaban las eminentes siluetas de los edificios,
como en espejos de metal antiguo .....
Los habitantes de la ciudad (las mujeres sobre todo,) que empezaban a transitar por las aceras de viej:i.s
baldosas ahora brillantes, llevaban los cabellos enjoyados
por la lluvia cintiladora.
Y un fulgor misterioso, una claridad suave y enigmática se desparramaba por todas partes.
Parecía como si millares de luciérnagas, caídas del
cielo, batiesen sus alas impalpables .....
Absorto por el espectáculo nunca soñado llegué sin
darme cuenta. y precedido siempre de mi guía, al albergue
prinicipal de la ciudad.
En la gran puerta, un hostelero obeso y cordial me
veía sonriendo y avanzó complaciente para ayudarme a
descender de mi cabalgadura, a tiempo que una doncella
rubia y luminosa como todo lo que la rodeaba, me decía
desde el ferrado balcón que coronaba la fachada:
-Bienvenida sea su marced a la ciudad de la lluvia luminosa.
Y su voz era más armónica que el oro cuando choca con el cristal.
AMADO NERVO.

�Concluye ''Aclaración Importante.''
para hacer un buen anuncio. Además, no puede haber un
solo testigo que declare habernos visto en la referida manifestación: afortunadamente se trata de un acto público,
muy fácil de averiguar.
He creído, sin embargo, indispensable hacer la rectificación presente, porque la gente que no nos conoce al
señor Cicero y a mí, puede dar crédito a las dolosas informaciones comunicadas a "La Reforma" y "El Pueblo,"
Y formar un mal concepto de nuestra personalidad, habiéndonos limitado a trabajar honradamente en este destierro doloroso. Lejos de tomar parte en manifestaciones
anti-americanas o neutrales, lo único que deseamos es que
nuestra pobre patria vuelva a tener la posición que merece.
Te agradeceré que mandes publicar esta carta con
el anexo que la acompaña en los mismos periódicos que
fueron sorprendidos con la falsa noticia, objeto de esta
rectificación, y con el afecto de siempre, soy tu hermano
que bie.n te quiere.

A. RIVERO.
(Traducción de la carta del señor Arthur..)

***
15 de mayo de 1916.-Cicero Auto Co.-San Antonio, Texas.
Señores:
Me he enterado por los periódicos, de que tendrá
lugar en esa Ciudad una gran manifestación en favor de
la preparación militar, el primero de junio, o por esa
fecha.
La Compañía de automóviles "Inter-State" sugiere
empeñosamente a sus Agentes que aprovechen estas ma-

nifestaciones, así como cualquiera otra reunión, para anunciar los carros de la fábrica.
Estaré en San Antonio muy pronto con dos o tres
buenos proyectos y les estimaré que se sirvan mandar
pintar una gran bandera para ser puesta en un carro de
viaje Y tendré mucho gusto en manejar ese carro durante
el desfile.
Me permito sugerir qu~ manden pintar Udes. lo siguiente, en una gran bandera que cubra totalmente la
parte posterior y costados del capacete, cuando éste se
haya bajado:
• Abogamos por la Preparació.n.
"
" Por tanto, estamos preparados para proporcionar
" a Ud. un Inter-State enteramente nuevo.
" Inter-State Motor Co. 219 Main Ave.''
Sírvase pagar los gastos que les origino y los reembolsaré a Uds. cuando esté en esa.
Sírvase avisarme la fecha exacta de esta manifestación, para que pueda arreglar mis asuntos en vista de ella.
Nuestras ventas son considerables en toda esa región y confío que el Inter-State será pronto uno de los
carros de más consumo en el Sur-oeste de Texas.
Me interesa mucho saber su opinión sobre los asientos divididos, por que los nuevos carros están causando
ciertamente sensación en el Este.
En espera de su respuesta, soy de Uds., Atto S. S:
-B. D. Arthur.-Representante de la Inter-State Motor
Co., en el Distrito de Sud-oeste.
clo Cayoso, Memphis, Tenn, hasta el 25 de mayo.
N. de la R.-Tiene razón el señor Rivero, y parece mentira que quienes han dado permiso a las tropas
americanas de entrar al suelo mexicano, sean quiénes
pretendan arrojar baldón sobre gentes trabajadoras que
no desean otra cosa que ver a su Patria, libre y feliz.

Dos Sonetos de Lope de Vega
I
¿ QUE tengo yo, que mi amistad procuras?
¿ Qué interés se te sigue, Jesús mio,
Que a mi puerta, cubierto de rocío,
Pasas las noches del invierno escuras?

EL NORTE AMERICANO es un periódico
ilustrado, mensual, en español, que contiene noti
cías e informaciones generales sobre los Estados
Unidos, de interés para los pueblos de Centro y
Sud América y las Antillas.
No es un periódico comercial lleno de 'lectura
insulsa sino una revista popular que habla de los
acontecimientos más importantes de los Estados
Unidos, y está perfectamente ilustrada.
Los Estados Unidos son hriy la nación más
próspera del mundo y su posición singular en los
asuntos mundiales actuales, y sus relaciones peculiares con las repúblicas del hemisferio occidental, dan grande importancia a esta revista en
el campo que abarca.
La subscripción anual es de $2.00 en· México,
Panamá, Cuba, Puerto Rico y las Islas Filipinas,
y $2.50 en todos los demás países.
A solicitud enviamos gratis ejemplares de
muestra.
DIRIGIRSE A

SOUTH AMERICAN PUBLISHING CO.
61 Broadway

New York

(Nota: Esta Compañía publica también THE
SOUTH AMERICAN, revista en inglés.)

¡ Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
Pues no te abrí 1 ¡ Qué extraño desvarío
Si de mi ingratitud el hielo frío
Secó las llagas de tus plantas puras!
¡ Cuántas veces el ángel me decía:

"Alma, asómate agora a la ventana;
Verás con cuánto amor llamar porfía!"

Y ¡ cuántas, hermosura soberana,
"Mañana le abriremos," respondía,
Para lo mismo responder mañana I

II
PASTOR, que con tus silbos amorosos
Me despertaste del profundo sueño;
Tú, que hiciste cayado dese leño
En que tiendes los brazos poderosos;
Vuelve los ojos á mi fe piadosos,
Pues te confieso por mi amor y dueño,
Y la palabra de seguirte empeño
Tua dulces silbos y tus pies hermosos.
Oye, Pastor que por amores mueres,
No te espante el rigor de mis pecados,
Pues tan amigo de rendidos eres:
Espera pues, y escucha mis cuidados;
Pero ¿cómo te digo que me esperes,
Si estás para esperar los piés clavados?

PAGINA RECREATIVA
Soluciones correspondientes
al número 43
Charada propuesta por Z. Mena.
-Infalsificable.-Fue resuelta por las
señoritas Delfina y Ercilia Rivera, de
Laredo, e Isaura No riega, de Calexico.
Juego de letras, propuesto por Baldomero Chávez,-León, Noe, no, L.
-Fue resuelto por la señora Herlinda A. de Martínez, de San Diego y
Francisco Chávez hijo, de Brownsville.
Charadas propuestas por Baldomero Chávez.-1a, Romancero. 2a,
Satélite. Fueron resueltas ambas por
Delfina y Ercilia Rivera.
Francisco Guerra hijo, resolvió
únicamente la primera e Isaura Noriega resolvió solamente la segunda.
Anagramas propuestos por don
Víctor da Cerda.
Primero.-Ignacio Alcacer.
Segundo.-Federico Gamboa.
Tercero.-Manuel Garza Aldape.
Cuarto.-David de ,la Fuente.
Fueron resueltos el segundo, tercero y cuarto por Delfina y Ercilia Rivera y por Herlinda A. de Martínez.
P. K. Dor resolvió el segundo y el
tercero.
.
La señora Elisa G. de Longoria
resolvió el primero, el segundo y el
tercero.
Nombres ocultos de personajes célebres. propuestos por do,n Víctor da
Cerda.-Lutero, Servet, Calvino, Tesla, Marconi, Edison, Alejandro, Darío, Atila, Anibal, Nerón y Graco.
Fueron resueltos los doce por Ofelia Gaona, de Hebbronville.
Herlinda A. de Martínez. Francisco Guerra hijo y P. K. Dor, resolvieron todos meq¡ps el cuarto. Delfina y Ercilia Rivera, resolvieron todos menos el cuarto y el último.
Isaura Noriega resolvió todos, menos
el segundo, el cuarto y el último.
Mercedes L. Garza Mendiola resolvió el primero, el tercero, el sexto,
el séptimo, el noveno y el décimo
primero.
Adela Gutiérrez resolvió únicamente el primero, el séptimo y el octavo.
Elisa G. de Longoria resolvió todos, menos el cuarto y el noveno.
Nombres de Bautismo propuestos
por don Víctor da Cerda.-Dolores,
Gus.t avo, Onofre, Mónico, Salomé,
Roque, Esther, Jesús, Raquel, Mateo,
Isabel, Tomás, Ramón, Santiago, Casimiro, Carlos, Bias y Pantaleón.
Fueron resueltos los dieciocho por

Herlinda A. de Martínez, Estela Gaona, lsaura N oriega, Francisco Guerra hijo.
P. K. Dor, Adela Gutiérrez, Delfina y Ercilia Rivera y Elisa G. de
Longoria, resolvieron el problema 60
con "Vicente," que resulta adecuado
y correcto; resolvieron el problema
17 con "Pascual," lo cual no se aviene con la ortografía que exige la "s"
en lugar de la "z." Los otros 16
problemas fueron resueltos correctamente por estas tres personas.
Logogrifo propuesto por la señora
Elisa G. de Longoria.-Hipotenusa.
Fue resuelto por Herlinda A. de
Martínez, F. Guerra, hijo, Delfina y
Ercilia Rivera. P. K. Dor.
Refranes-charadas, propuestos por
la señora Elisa G. de Longoria.
Primero.-El que tiene boca a Roma va.
Segundo.-Cría cuervos ,Y te sacarán los ojos.
Fueron resueltos ambos por P. K.
Dor, Delfina y Ercilia Rivera, Isaura N oriega, Francisco Guerra, hijo,
Herlinda A. de Martínez.
Ciudades ocultas propuestas por
Elisa G. de Longoria.-Saltillo, Camargo, Monterrey, Silao, Viesca, y
Parras.
Fueron resueltos los seis problemas
por Herlinda A. de Martínez, Mercedes L. Garza Mendiola, Isaura Noriega, Delfina y Ercilia Rivera. Adela Gutiérrez, P. K. Dor y Francisco
Guerra, hijo.
Ofelia Gaona resolvió todas, menos la cuarta.
P. K. Dor sugiere que la quinta
ciudad oculta puede ser Indé o Escalón.
Nombres ocultos propuestos por
la Sra. Elisa G. de Longoria.-Carran
za, Blanco, Obregón, Zapata, Arredondo y Villa.
Fueron resueltos los seis por F.
Guerra, hijo, Adela Gutiérrez, P. K.
Dor, Delfina y Ercilia Rivera, Estela Gaona, Isaura Noriega, Mercedes
L. Garza Mendiola y Herlinda A de
Martínez.
Cuadrado propuesto por Elisa G.
de Longoria.-lra, Rey, Aya.
Fue resuelto por Isaura N oriega,
Francisco Guerra, hijo.
Rombo propuesto por Elisa G. de
Longoria.-Fronterizo.- Fue resuelto por P. K. Dor, Ofelia Gaona, Feo.
Guerra, hijo, Delfina y Ercilia Rivera y Herlinda A. de Martínez.

Charada propuesta por María Cervantes.-t:spaña.- Fue resuelta po1
Adela Gutiérrez, Delfina y Ercilia Rivera y Francisco Guerra, hijo.
Metatesis propuesta por la señorita
María Cervantes.-Sopa, sapo, posa,
paso.-Fue resuelta por P. K. Dor,
Francisco G~erra, hijo, Delfina y Ercilia Rivera, Isaura No riega, El isa G.
de Longoria, Adela Gutiérrez, Herlinda A. de Martínez.
Anagrama de María Cervantes.Eduardo Tamariz.- Fue resuelto por
Delfina y Ercilia Rivera.
Anagramas propuestos por P. .i&lt;:.
Dor.
Aquiles Serdán, Francisco l. Madero, Gustavo Madero, Lic. don Manuel Calero, Antonio l. Villarreal y
Luis Cabrera.
Fueron resueltos los seis, por Herlinda A. de Martínez.-Delfina y Ercilia Rivera, resolvieron todos, menos
el segundo y el quinto. Adela Gutiérrez resolvió el tercero y el sexto y
Elisa G. de Longoria, el primero, el
segundo, el tercero y el sexto.
Cuadrado propuesto por P. K. Dor.
Almanaque.-Fue resuelto por la
señorita Isaura N oriega, Francisco
Guerra, hijo, Delfina y Ercilia Rivera
y Hcrlinda A. de Martínez.

METATESIS
Propuestas por la señora Elisa Gutiérrez de Longoria.
Nombre de mujer.
Poesía.
Diminutivo de un nombre.
de mujer.
. Nombre de mujer.
. Nombre de varón.
Terminación de una cuenta
Verbo.
Vegetal.
De ingeniería.

REFRAN-CHARADA
Con cinco voces, lectores
Mi refrán se formará
E indica que cualquier hombre,
Buen tiempo aprovechará.
Es artículo primera:
La dos mal aprovechada
Después de buscarla tanto,
Del hombre será llorada.
Como un deber de natura •
El ave tercera el nido,

�,
Y contracci6n es ta cuarta
De un uso muy repetido.
Que de mi quinto Dios nos libre:
Que aunque es afecto a barrer,
Es discípulo de Dimas,
Y no es santo como él.
CHARADAS
Al dos y tercia jugó

El todo, romano un día
Ropas que de ".ltro robó.
Al mirarlo aunque de día
Prima su faz ocultó.
. La primera con segunda
En cuerpo humano na de estar;
La tercera en hortalizas,
Y mi todo allá en el mar.

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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