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                  <text>R EVISTA M EXICANA .
SEMANARIO ILUSTRADO
VOLUMEN III.

NUMERO 60.

PRECIO: DIEZ CENTAVOS.

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�REVISTA MEXICANA
Semanario Ilustrado
&amp;NTll.&amp;D Al l&amp;COND CLABB IIATTBR, OCTOBBR 15, 1915 AT TRB POST OJ'JICS
OP SAN ANTONIO, TEXAS, UNDER THB ACT OF IIARCR s, 1897

VOLUMEN III.

SAN ANTONIO, TEXAS, 29 D)l: OCTUBRE DE 1916.

NUMERÓ 6o.

LA BANDERA DE LA REACCION

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COSAS DEL TIO SAM
El Lic. Querido Moheno, con el valor civil que le&gt; caracteriza, ha escrito una obra en la cual se pinta
al pueblo y al paí~ norteamericanos con exactitud paamosa. · Es un prodigio de franqueza, de valor 1 de
sinceridad.
Para que el públlc? juzgue su importancia, ~ticipamos el índice:
1. La Antesala de Uncle Sam.-20. De la Habana a New York.-30. Cocina y Literatura.-40. La Abominable Mctrópoli.-50. El Molde Americano.-60. El Rebaño de Panurgo.--70. Los Timos de Acá.--lo. Sobre el Mismo Tema.-go. Siguen los Timos.-10. Home Sweet Home.-n. Home Sweet Home, conclUJO.-U.
Combination Salad.-13. Si Lincoln Resucitara.-14. El Lado Bueno.-15. El Porvenir de Uncle Sam.
16o páginas en 80. por 6o centavos. A los Agentes y Libreros, precios especiales.
•
Pronto será puesto a la venta en "REVISTA MEXICANA."
· P . O. Box 66.
Station A.
San Antonio, Tcua.

Los revolucionarios no se conforman con afirmar
dogmáticamente que la revol~ión está redimiendo a todos los desheredados sino que atribuyen a la Reacción el
deseo de restaurar las injusticias del régimen porfiriano.
Y una vez que han aceptado la tesis de que los reaccionarios desean volver a poner en Chihuahua. al General
Luis Terrazas, en Yucatán al -Licenciado Olegario Molina
y en Veracruz a Don TCQdoro Dehesa, declaran con gesto de triunfadores que la Reacción no tiene otro afán
que martirizar a las clases populares.
Este burdo razonamiento, repetido hasta el cansancio,
ha llegado a impresionar a algunas buenas gentes q~ se
encuentran en el destierro, y que olvidándose momentáneamente de las infamias' revolucionarias de que han sido víctimas, se extremecen de terror al pensar en un probable triunfo de la Reacción.. No hace mucho tiempo que
un joven ex-Federal, recientemente salido de las aulas,
nos alegaba con vehemencia, que sería una verdadera
desgracia nacional que la Reacción se operara en Mé,dco. Y no se fijaba este ingenuo caballero en que al
aceptar semejante tesis, justificaba J&gt;lenamente entre todos los actos de la Revolución, aquel que le arrancó las
presillas de sus hombros, por juzgarlo indigno de esgrimir las armas de ·la Patria.
Así por el estilo de este militar, existen toda clase de
víctimas revolucionarias, despojadas de sus propiedades,
de su ciudadanía y hasta del derecho de vivir en su tierra
natal, que prefieren esta existencia trashumante y miserable a proclamar de una vez y para siempre, que la
Revolución es una vergüenza que está acabando con la
Nacionalidad.
El argumento funda.mental que exponen para someterse a los revolucionarios, es el siguiente: "puesto que
la Revolución ha triunfado y reina de hecho, y el Pasado
no puede volver, no tenemos otro recurso que adaptarnos a los nuevos moldes sociales y aceptar como buenos
los hechos consumados hasta el momento." Esto es lo
mismo que absolver a un homicida por la circunstancia
de que el muerto no puede resucitar.
Nosotros atribuimos esta lógica contradictoria e inmoral de los emigrados, al miedo. Un miedo horrible a
los conceptos envejecidos en calidad de dogmas indiscutibles; a la tradición jacobina, preñada de intransigencia;
a la leyenda pueril y absurda de que las revoluciones
conducen indefectiblemente a la conquista de todos los
derechos. Un miedo espantoso a que "aquello" se consolide y queden cerradas para siempre las puertas del
aclo:-ado Mé:r.ico. Y el "emigrado," por m:e::1o, únir.amente por miedo, se convierte en propagandista de su
ruina, y lo que es más grave todavía, en apologista de
la destrucción nacional.
La Reacción vendrá, sí, vendrá irremisiblemente porque obedece a leyes sociales; pero es triste pensar que se
está retardando porque aquéllos que &lt;iebieran precipitar

su advenimiento, le están popiendo diques, temerosos
de que la Revolución los pulverice antes de que el país
retome a la vida civilizada.
Bien sabemos que una Reacción en el sentido de restaurar a todos los funcionarios porfiristas, en los puestos
que ocupaban el 20 de Noviembre de 1910, es un absurdo
que nadie desea y que nadie tampoco reputa factible: la
Reacción debe entenderse, y así la entienden los que piensan con la cabeza, como un despertamiento de las últimas energías del organismo nacional, en contra de los
gérmenes morbosos que lo están aniquilando desde hace
seis años.
Por lo demás, todo es relativo, y si para el caso concreto de México se violasen las leyes naturales, y un poder extraño lograra reproducir en los actuales tiempos
la misma máquina gubernamental que funcionaba en 1910,
la República, en vez de alzarse colérica, sentiría con esta restauración absoluta, un alivio reconfortante. Porque si fuera un contrasentido derribar a Pericles para coronar a Don Luis Terrazas; si fuera un crimen deponer
a Marco Aurelio para entronizar a Cahuantzi; en
cambio, hasta los más corrompidos elementos del
régimen porfiriano resqltan arcangélicos si se les compara con los "mejores" elementos de la Revolución. Tener miedo de que vuelva Don Pablo Escandón a More1o
los, a ocupar el puestJ que hoy tiene Zapata, es algo que
no se explica, sino en virtud de un criterio moral torcido
o de una cobardía intelectual de eunuco.
Pero la Reacción no intenta ni intentará restaurar
personalidades, ni · siquiera instituciones caducas que se
desmoronaron en medio de la tempestad. La Reacción
lo único que desea es que el país vuelva a la vida honrada, que la basura baje de nuevo al arroyo, que los presidiarios retomen a sus celdas, que se aplique un cauterio
definitivo a los miembros gangrenados de naestra sociedad; que el trabajo vuelva a ser el alma vital de nuestro
pueblo; y que el pensamiento se alce de nuevo como el
airón inmaculado de la Patria.
Eso pretende la Reacción y pronto lo logrará. La
Revoluci6n está muerta porque ha herido a todas las capas sociales. Come.nzó sacrificando a los próceres de
hace seis años; siguió con el despojo de los propietarios
en 1913; continuó con la destitución de los burócratas
en 1914; y así, continuamente ha ido descendiendo en
busca de víctimas, hasta estos momentos, en que atormenta de un modo despiadado a los peones agrícolas, a
los trabajadores de las minas, a los obreros industriales,
a los ferrocarrileros, en una palabra, a todo el pueblo
que se muere de hambre. Cuando esa tortura llegue a
su estado álgido, vendrá la Reacción ... . . .y vendrá in- .
contrastable, porque la Nación mexicana, comprendiendo
que su problema es de vida o muerte, utilizará sus últimas
energías en barrer de su organism.o los gérmenes malditos de la Revolución.

�CONSAGRACION DE UN TRIBUNO MEXICANO
EL -LIC. MOHENO ~N LA HABANA
El Lic. Querido Moheno, pronunció un discurso en la Habana, y como
era de esperarse, sacudió al auditorio con su verbo prodigioso. La ovación tributada al tribuno mexicano
fue estruendosa, prolongada, delirante. Cada período levantaba al público que se ponía de pie gritando: ¡ Viva México."
Es natural. Moheno es uri gran orador en cualquiera parte del mundo.
Su improvisación es tan perfecta, su
lógica tan contundente, sus imágenes
tan suntuosas, sus recursos ora.torios
tan rápidos y tan varios, que puede
manejar en un momento dado al Congreso más difícil de la tierra. ¡ Qué
ha triunfado en la Habana! Pues lo
mismo triunfaría si hablase en Madrid o en Buenos Aires, en Bogotá o
en Barcelona.
Para darse cuenta exacta de la elocuencia de Moheno, basta escuchar
durante cinco minutos a Bryan que
es considerado como el mejor orador
de los Estados Unidos. Después, al
hacer la comparación, por más prevención que exista en contra del tribuno mexicano, tiene que confesarse
que se le infirió una ofensa con sólo
establecer el parangón.
vSin embargo, los mexicanos somos
muy exigentes, cuando ponderamos
las cualidades de los nuestros, y por
eso hemos necesitado vagar erran tes'
fuera de la-Patria para darnos cuenta
de nuestras cosas buenas.
Pero basta ya de preámbulo y empecemos a leer el discurso de Moheno.

***.
Honorable concurso:
El aplauso 'éon proporciones de ova.
ción que me acaba de anticipar vuestra gentileza y las palabras benévolas y elocuentes del
dignísimo Presidente de este Centro, doblemente elocuentes por benévolas, me obligan a comenzar ofreciendo
excusas que, de otro modo, os hubiera economiz:do.
Yo siento, yo bien sé que esta no es ocasión ni este
es sitio para disculpas; pero vuestra galantería me pone en
el caso de declarar que si acepté el encargo de venir a esta tribuna, en parte fue porque, a través de la galante
invitación, adivinaba yo que, mucho más que a mí, se trataba de honrar a mi país, a mi pobre país, tan necesitado
de estas compensaciones.
Y por eso, porque de mi país se trataba, ya no vacilé en aceptar, pensando ·qué se diría, qué sentiríamos
los mexicanos, si en esta consoladora fiesta de la raza
sólo mi dolorido México no hubiera tenido representa,
ción.
Pero no sólo eso: había, además, otras razones de
orden personal para que no pudiera yo rehusarme: yo

no p11edo olvidar que cuando, náufrago de la vida, colgué
mi ropa a secar al viento de esta playa, para recordar
una imagen del insigne poeta sevillano, la primera puerta que se me abrió, era una puerta española y la mano
que la empujaba era una mano asturiana. Así, a venir
me empujaban razones del más puro patriotismo y los
deberes de la gratitud.
Ah! señores, si fuera yo capaz · de poner mis palabras a la altura de mi corazón, podríais estar seguros
de no resultar estafados esta noche, mas com·o no me
lo permiten ni mi incapacidad ni mis tristezas de ahora,·
quiero con mis excu_~as anticiparme a una segura decepción. Porque vuestros aplausos me están diciendó que
esperáis de mí' algo que llame la. atención y yo puedo
asegurar que os equivocáis: si a través del anchuroso
Golfo alguna cosa mía os trajo la fama, estad seguros
de que es obra del favor, de la benevolencia de los periódicos, de quienes dijera el gran lusitano que son in-

comparables improvisadores de juicios ligeros tn !'Sta lo reconoce toda la especie humana y ha de reconocerlo
épóc.l. en que todo se improvisa.
mientras sobre la tierra haya seres vivientes. Y cuando
En los tiempos que precedieron a la espantora an.ir- no los haya, cuando a través de los espacios ambule trisquía en que se debate mi país, no teníamos tiempo para temente este pobre planéta nuestro, baldío y desalquilaocuparnos de fiestas galantes como ésta, en la cual pre- do, todavía quedarán para reclatñarlo, las embalsamadas
sidert bellísimas y honorables damas y dignos represen- brisas de estos bosques, las ondas y las espumas de
tantes de Altas Potestades dé la tierra.. :Ml verbo siem- nuestros mares,. las sonoras cascadas de nuestros grandes
. pre estuvo al servicio de lds grandes dolores y positivos ríos y las eternas nieves, invioladas y altísimas, de las
intereses de mi pueblo, de ese pobre pueblo que, como el montañas de mí Anáhuac.
personaje de la comedia antigua, es el etérn6 sic vos fiófl
Desde un punto de vista personal, el descubrimiento
vobis de la vida, siempre lleno de apuros y siempre tra- de América es ante todo la obra de una mujer eminente:
bajando en provecho de los otros: por eso mi palabra es doña Isabel '!a Cat61ica.- No es mucho que un marino
ruda, pero sincera, como sincera y ruda es el alma de inquieto y convencido de la redondez del planeta~ ávido
ese mismo pueblo.
de grandezas y sin profundos arraigo~ en la vida, se lanCuento, pues, con v;estra benevolencia.
zara a lo desconocido, en busca de riquezas y de honores;
Y hecha esta explicación, meramente circunstancial, pero se necesita ser vidente para estar apartada de los
permitidme consagrar algunas palabras al motivo fun- rudos contactos con la vida, encerrada tras espesa -muradamental de esta grandiosa fiesta.
lla de supersticiones y prejuicios, ignorante de la vida y
A las dos de la mañana de esta misma fecha, hace las industrias del océano, y sin embargo, percibir un
424 años justamente, no muy lejos de aquí, humilde ma- mundo nuevo por entre los discursos de aquel a quien
rinero español, desconocido hasta entonces, Rodrigo de todos tomaban por demente y visionario.
la Triana, percibie!1do en el fondo de la tiniebla una luz,
Y1 ved señores cómo en la palingenesia misteriosa
que fue como la estrella de los Reyes Magos, lanzó al
de la vida, no hay un gérmen perdido o infecundo.
aire su grito estridente, anunciando a los pueblos absor- Todos sabemos qu-e doña Isabel debió el trono a la
tos que frente a fas carcomidas proas de las tres cara- usurpación. Bendita usurpación que de la nada hizo surbelas, acababa de surgir un mundo nuevo, emergiendo gir un ·Continente que acaso lleve en sus entrañas los
del fondo de los mares, como para justificar la eficacia gérmenes de la futura renovación universal. Porque sí
de la fe, con~umadora de prodigios.
hubiera Isabel reconocido los indiscutibles derechos de
Los libros de los sabios enseñan que un marino de la Beltraneja a la Corona de Castilla, es muy posible
cabellera encendida y ojos penetrantes, que junto •al mar que este Centro no ·fuera un Centro Asturiano, sino un
sonoro se pasaba las horas interrogando al horizonte, en Club anglo-sajón; es muy posible que no fuéramos noslas páginas del "Imago Mundis" y en las fantasías de, otros,. sino gentes extrañas, las que a esta misma hora
Marco Polo, se enamoró del remoto Cipango; que des- estuvieran aquí mismo celebrando la fiesta de la raza,
pués de peregrinar por el mundo, por el estrecho mun- pero no la fiesta de nuestra raza, sino la fiesta de la otra.
&lt;io de entonces, llevando el suyo entre las manos; llegóse de la que expresa sus ideas en la lengua de Byron Y no,
hasta la Rábida, donde se encontró un vidente que le
como norntros. en la mágica lengua de Cervantes.condujo ante la Reina Isabel, donde tras largos empeños
(Grandes aplausos)
y enojosos regateos, se hizo carne a su verbo y con algu¡ Y hay todavía hombres de ciencia que niegan la
nos ducados del tesoro aragonés, se hizo a la mar la fantás- existencia de la raza! Pero aquí estamos nosotros patica Rota, empujada a lo desconocido; que tras de aje- ra demostrar con nuestra presencia que coñ sangre de
nas dudas y crueles vacilaciones, arribaron al fin a la berberiscos·, de celtas y de iberos, de a'arros, vándalos Y
florida playa del ensueño, donde no vino a recoger ri- suevos, de romanos. cartagineses, griegos y judíos. de viquezas y poderío, sino desencantos y amarguras; y, en sigodos y árabes en fin; fundiéndo las al fuego del amor
fin, que tras de echar las bases de estas nacionalidades, godos y árabes en fin; fundiéndolas al fuego del amor
triste y decepcionado pereció el almirante, declarando con sangre de síboneyes y de aztecas y de incas Y de
haber nacido en Génova.
araucanós. puede forjarse una nueva e.ntidad étnica, baCuatro siglos más tarde la posteridad, erigiendo en talladora y heroica como un canto de Gesta, una raza
su honor fastuoso monumento, agarróse a ese detalle in- nueva y verdadera, si par« afirmar y mantener la unidad,
coloro y baladí para. hacer el silencio en torno a Bspaña se asienta fuertemente sobre las bases megalíticas de la
y su obra.
lengua y de la religión, de las tradiciones y de las esBaj~ y torpe, se enroscó la injusticia al corazón de
peranzas.
los que amán a España; y una asturiana ilustre, la emiY con tradiciones y esperanzas y religión y lengua,
nente escritora señora Eva Canel, echó sobre s'us hom- puede forjarse una cadena indestructible que partiendo
bros la tarea de divulgar los notables descubrimientos de desde la costa levantina, desde Valencia y Alicante, a
de don Celso García de la Riega, elocuentemente de- través de los valles de Aragón, de las llanuras de Castimostrativos, de que la cuna de Colón no pudo ser otra lla. de los olivares andaluces y de las montañas de Asque la antigua ciudad de Pontevedra.
turias. se afirme en la recia costa cantábrica Y cruce
Patriótico el intento, temo que la ilustre Canel pier- sobre el Atlántico hasta las melancólicas aguas del Esda su tiempo lastimosamente, como no se conforme con trecho de Magallanes, uniendo en solo un haz a nuestra
dejarnos, que sí nos dejará, muchas páginas de bella ii- vieja madre patria y a las nacientes nacionalidades ex-·
teratura. Porque en último análisis, ¿ qué importa al tendidas desde las vastas soledades de Patagonia hasta
mundo cual haya sido positivamente la cuna de Colón?; la~ riveras del Río Bravo, donde Méxiro, exan~cic Y moque nac'iera en Génova o en J;&gt;ontevedra, ¿que mas dá? rihtmdo. pero firme en la justicia y el derecho, todavía
Si en fin de cuentas, el descubrimiento de Amcri('a 1:0 exprimiéndose las entrañas, encuentra fuerza para erguirfue ni pudo ser la obra de un hombre; el descuhrirniento ·se y lanzar por sobre la turbia corriente el "non possude América tenía que ser la obra de un pueblo, de un mus"_ de las almas fuertes que a la afrentosa vida del
gran pueblo, y entonces sólo había con arrestos para
(Pasa a la antepenúltima plana.)
acabar tamaña empresa el gran pueblo español; si así

�ll..____n_E_S_D_E_J_A_U_J_A__--l,L___B_A_Nc_o_~_~_EJ_t_f_!s_cH_E_s_,
A 14 de Octubre de 1916.
Mi muy apreciable amigo:
Esta mi cuadragésima-octava epístola te hablará algo
sobre los Bancos y el pueblo, ya que de algunas semanas
a la fecha ese ha sido el terna palpitante en Jauja, con
motivo de disposiciones emanadas de la Primera Jefatura
en contra de aquellos establecimientos, cuyo grave delito de contar con dinero, no puede ver con ojos quietos
quien viene a red'imirnos de toda tiranía.
Según Don Venus, los Bancos están constituídos
sobre base ilegal; porque la despótica, por medio del
Congreso, no tenía derecho para apoyar a los ricos con
daño de los intereses del pueblo que tan grave perjuicio
ha resentido con las operaciones. bancarias.

Y o siempre he entendido por "pueblo" el conjunto de
habitantes de un país cualquiera1 y no determinada porción de ese conjunto; pero ahora he abierto los ojos y
me entero de qué, según el Patriarca y los que le hacen
coro en el periodismo, el pueblo es sólo la gente de "mero abajo," a la que tuvieron bajo yugo los gobiernos despóticos, en contraste con los libertarios, que han sabido
mantenerla bajo los rayos luminosos de la democracia.
Y al decir "mantenerla," no aludo a la ordinaria alimentación, que ya está fuera de régime.n. Los ideales democráticos no han venido a establecer funciones tan "ordinarias." En este punto, el pueblo, ya soberano y libre,
que se mantenga corno pueda.
Más se me han abierto los ojos al saber que ese pueblo ha sufrido espantosamente con las arbitrariedades
de los Bancos de emisión, quienes lo han esclavizado de
una manera criminal. Hace muchos años que existen
Bancos en este país, y nunca había yo sabido que con
ellos tuvieran nexo alguno los ciudadanos que visten calzón blanco y portan guarache y sombrero de petate; ciudadanos muy estimables si se quiere, pero que no están
en contacto con los banqueros. Es más: casi puede asegurarse que no han entrado en las oficinas de un Banco,
individuos de ese petak como no sea los Sábados, en demanda del óbolo de ritual en ese día. Pero al arreglo de
algún negocio: para hacer pagos, solicitar préstamos, pedir que les extiendan un giro, efectuar depósitos o querer
que les abran una cuenta corriente de crédito ..... nunca
se ha sabido que uno de esos personajes de gu,arache lo
haya puesto sobre el pavimento de una finca bancaria.
¿ En qué, pues, habrán podido los Bancos perjudicar
a individuos que jamás se , han presentado en tales oficinas? No alcanzo a penetrarlo. Pero el caso es que
el Primer Jefe y sus adherentes insultan a los banqueros
porque han perjudicado los intereses del pueblo. Yo pregunto: ¿ qué intereses serán esos? Al pueblo no se le
han conocido otros que los que lleva a cuestas para cubrir la epidermis y ajustarse al mandamiento tácito de
''No ostentarás las carnes al descubierto." Bien está que
un accionista se queje alguna vez, cuando no reparten
todas las utilidades que él quisiera; pero
¿ quien concibe el disparate
de que aquel de calzón blanco
y guaraches y petate,
tenga acciones en un Banco?

Nada; que me devano los sesos; le doy vueltas y vueltas
al enigma, y a la postre, como soy compasivo, siento
desgarrada el alma al ver que los pobrecitos manumitidos
por Don Venus se han quedado sin tajada en el reparto
de dividendos bancarios.
Por lo visto, tso es lo que pretende el Gobierno de
Facto, lo mismo que sus voceros: hacer partícipe al pueb!o de las ganancias ilegalmente obtenidas por los Bancos. Y el medio de hacer el reparto está en los procedimientos de la incáutación. Tan es cierto esto, que el
decreto relativo denomina "Consejo de Incautación" al
encargado de trasegar los valores bancarios. Ya ves que
no se andan con tapujos.
También se les ha reprochado a los Bancos que estaban "en connivencia" con el Gobierno tiránico para
robar a las clases proletarias. Pero ¿·qué les roban a las
clases proletarias-me vuelvo a preguntar :-el calzón, el
guarache y el petate? Se me figura que no, porque de
esas prendas no existen en los Bancos: otras son las prendas que ahí se estilan. ¡ Y que se hable de "connivencia"
por Don Venus y Heriberto que estuvieron pegados a la
ubre dictatorial durante largos años! Los suculentos
platillos que entonces engullían, y digerían ambos gloriosos redentores, eran pagados con el fruto de las nóminas
del Senado y del Congreso, generalmente percibidos los
C'molumentos en papel bancario, que era lo que circulaba
en aquella época nefasta, con toda amplitud y plena confianza pública, y hoy declarado ignominioso por el carrancismo. ¿No te parecen demasiado raras estas cosas? ·
Y pues hablo de comestibles, he de agregar que, corno ahora ya se sientan a la mesa en .sillas lujosas y al
calorcillo de la chimenea de los palacios incautados, muchos ex-cabreros que hace tres años comían sobre el verde césped, puestos en cuclillas y en torno de la lumbrada campesina, fácil será que hayan tenido a últimas fechas acceso a los Bancos algunos de esos ejemplares,
substituido el guarache popular por la polaina renovadora. Fuera de estos casos. no cabe la suposición de que
los representantes del "pueblo" tuvieran entrada en esos
establecimientos.

Si ascendernos en la escala, tropezamos con lecheros,
panad~ros, carniceros, y verduleros, por ejemplo, quienes
tampoco han tenido dares y tomares en las casas bancarias. Todavía podemos subir un poco y llegar al carpintero, al albañil y al herrero, que si han entrado algunas veces en un Banco, habrá sido: el primero para
poner una puerta; el segundo para echar un remiendo a
las paredes, y el último para ,componer una cerradura.
Tampoco pues, a todos estos ciudadanos se les ha inferido perjuicio con esta clase de establecimientos. Esos
obreros, a lo sumo, han manejado el papel fiduciario;
aunque habrá sido ~iempre en mucha menor cuantía que
el Senador Carranza y el Diputado Barrón, cuando iban
muy orondos a la Tesorería General de la Nación Abyecta y Envilecida, para que se les cubriesen sus decenas.
Cosa igual cabe decir de Don Natividad Macías, abogado que ha escrito furibundos artículos en "El Pueblo"
contra los Bancos y contra el servilismo y las bajezas
a que dio lugar la dictadura, almibarando aquellas acideces con jarabe de tolú para Don Venus; todo ello sin
tener el púdico velo que haga de biombo entre la época

presente y ta pasada, cuando Macias era Diputado co·
rralista de los que en el Parlamento hablaban en pro de
la nefanda, con unos bríos que mucho se parecen a los
que hoy emplea alisándole la piocha al Patriarca.
Pero los tiempos pretorianos han pasado. Entonces
se requerían Congresos y Senados para estudiar leyes y
dictarlas. Ahora el Primer Jefe se basta y se sobra para
taes funciones. Al verlo nulificado por sí y apoyado en
las trescientas mil polainas que lo sostienen, resoluciones de aquellos Altos Cuerpos, sin acordarse de que en
uno de ellos tuvo su sitial respectivo, parece decir lo que

un torero a ta hora de coger et estoque y t1arse a 1a
suerte de matar: "¡FUERA GENTE! ¡DEJARME SOLO!" y el hombre se ha tirado sobre la res y le ha "metido tantos pinchazos como decretos, hasta que llegue el
momento del descabello, o la fiera levante con violencia
las astas, lo coja de la taleguilJa y lo• despache por los
aires,para que luego las crónicas aduladoras digan sobre
poco más o menos: "El valiente matador Barbosa ESTUVO A GRAN ALTURA."
Tu afectísimo amigo,

SILVERIO.

TOPI.COS DEL DIA
El Lic. Fraincisco M. de Olaguíbel, eminente orador
y Jiter¡to mexicanó, acaba de ser expulsado de la República Mexicana, por el delito enorme de no saber rebuznar, cualidad indispensable para ser un buen constitticionalista.
Fuera de México están Díaz Mirón y Urbina, Xervo
y Tablada, Balbino Dávalos y Gamboa .... . . Olaguíbel no
podría estar en México mientras Cáliban reinase.
Pero a la Patria volverá Olaguíbel, cuando con él Y
con todos nosotros, vuelva la civilización.

***

El Secretario de Guerra de los Estados Unidos, Mr.
Newton D. Baker, acaba de pronunciar un discurso en el
cual compara las uñas de los constitucionalistas con las
de los héroes de la Independencia norteamericana y declara que la gente de Washington era igual, enteramente
igual a las hordas de Carranza.
No sabíamos nosotros que los Padres de Estados
Unidos fueran tan estimables pájaros de cuenta, ni &lt;pe
la incautación y el latrocinio fuesen los inicios de esta
gran Nación; pero ahora que lo aprendemos, nos explicamos la guerra co,n México en 1847, y el tratamiento
de excelencia otorgado a un bandolero de los tamaños
de Francisco Villa.

** *
José Isabel Robles, que en concepto de los carrancistas fue traidor en 1913, cuando servía a las órdenes de
Argumedo; que fue después héroe, cuando abandon_ó a
éste por el constitucionalismo; que volvió a ser traidor
cuando se puso del lado de la Convención y en contra de
tarranza; que Juego retornó a ser héroe, cuando se verificó el enjuague de Ciudad Juarez, Y tuvo que ver en
la defección de los villistas que rindieron sus armas a
Carranza; este Robles tan voluble, tan tornadizo, que con
tanta facilidad cambió su traición en heroísmo Y viceversa acaba de alistarse otra vez como traidor, abandonand~ las filas carrancistas para pasarse con armas y soldados al enemigo.
. Un periódico de Carranza lo llama· traidor. Esperamos que muy pronto lo vuelva a llamar héroe.

-Sí, señor,- contes.tó la víctima,-traigo una cartera
en la bolsa de atrás de mi pantalón.
- Entréguemela Ud. inmediatamente--gritó imperiosamente el asaltante.
El caballero se nevó la mano a la bolsa, sacó una
pistola _y disparó rápidamente sobre su agresor, causándole una muerte instantánea.
Vino la policía e inquirió la causa de aquel homicidio.
El matador señaló tranquilamente sus joyas en las manos del ladrón. En estos momentos se acercaron varios
oficiales y reconocieron que el muerto era un "General."
Y por evitar el escándalo, puesto que muchas gentes se
empezaban a enterar de lo sucedido, pusieron al matador
en absoluta libertad y le echaron tierra al asunto.
Naturalmente, a las joyas también les echaron tierra.

***

Empiezan a llegar los carrancistas, prófugos de la
Patria, que durante dos años estuvieron saqueando de la
manera más cínica.
La policía de San Antonio, debe de estar en acecho,
porque ta inundación de carrancismo, tiene que reflejarse
en la multiplic:ación de robos y raterías.

*•*

La prensa diaria de la mañana, informa que Toluca
· cayó en poder de las fuerzas del General Félix Díaz.
Igualmente manifiesta que el felicisrno domina actualmente en Jalisco, Oa~aca, Chapas, Colima y México.
.
•
Don Venustiano ya mand9 su familia al extranjero Y
él salió con rumbo a Querétaro.
Madre Matiana, Madre Matiana . ..... ya se acerca el
cumplimiento de tu profecía.

***

Manuel Amaya y NicéfOTo Zambrano, los dos "científicos" más culminantes del carra.ncismo, pusieron pies
en polvorosa, antes de que el desplomarniento los cogiera
debajo.
Ya no volverán a México; pero ¿qué les importa?
Traen coraza de oro y eso les basta para ser felices.

***

Pronto las calles d~ San Antonio, se llenarán de
automóviles y en las joyerías se empezarán a rematar
joyas y en los bancos se comenzarán a hacer depósitos Y
*
Un cabalJero fue asaltado etf las calles de la ciudad en las tiendas se harán compras fabulosas.
¡ Son los carrancistas l
de México por un individuo que le exigió, pistola en maHace dos años que están derramando sangre; hoy,
no la entrega del relox, anillos, fistol y todo, en fin, lo
no
pueden
hacerlo, y se conforman con derramar oro.
qu~ llevaba sobre el cuerpo. Cuando lo hubo despojado
Después
de todo, la compensación es muy console preguntó:
ladora.
-¿N~ trae Ud. nada más sobre su cuerpo?

* *

\

�UN LIJ3RQ DE D. FRANCISCO BULNES Por PABLO MARTINEZ
- - SEGUNDO ARTICULO - El temperamento de combate del señor Bulnes se
ha desenvuelto prodigiosamente en el ejercicio de la oratoria de aplauso, que es trabajo de combate. Siempre
que habla en la tribuna o en cualquier parte, siempre que
piensa, está combatiendo. No sabe defender una tesis,
sino atacar la contraria. Cuando trata de demostrar que
una cosa es blanca, lo que hace es probar que su adversario es negro, con lo que su tesis queda abandonada.
Nunca ve su campo, sino el del enemigo y cuando en cuentra muchos de éstos, riñe la batalla como héroe y
el campo queda por él, lleno de cadáveres, de escombros
y de armaduras rotas; pero la cautiva que iba a libertar
sigue en cadenas, porque se olvidó de ella, porque ,no
pensaba en ella, porqué lo que él quería era combatir
y nada 1,11ás.
'
Cuando Bulnes elige un héroe, lo que hace es elegir
una víctima. Se hizo paladín de las Repúblicas latinas
y las acribilló; tomó a ] uárez por sujeto de un libro y
lo hizo tiras; pronunció un discurso ante la Convención
Liberal para proponer la reelección del General Díaz y
demostró que el candidato era ·un tirano de la peor especie. Y es que no había otro candidato; si lo hubiese
habido, éste habría sido hecho polvo, aunque el General
Díaz habría quedado sin mención ninguna o desfavorablemente mencionado.
Así en el libro de que estamos hablando. El Presidente Wilson y sus protegidos de México, quedan en el
lugar que les corresponde ante la conciencia del mundo
civilizado; el ataque es furibundo, tenaz, implacable; quien
lea el libro tiene que dictar un fallo condenatorio contra
los hombres sin sentimientos humanos que no han tenido en tres años un movimiento de piedad por sus víctimas dolorosas y sangrantes; tiene que sentirse poseído
de indignación contra la obra de regresión incomprensible que se ha consumado en México, fría y deliberadamente por el ] efe de una nación civilizada. Pero el partidario de Mr. Wilson que quiera presentar, ya que no
una justificación imposible de su conducta, sí una atenuación del delito, podrá buscarla y dará con ella en·· el
mismo libro del ciego abalid, que en la furia del combate (o en el apasionamiento del sport,) olvidó salvar a
la víctima y aun la hizo víctima suya. ·
Los defensores de Mr. Wilson pueden presentar como disculpa que su política se ha cebado en un pueblo
inferior por raza y por educación; incapaz de gobierno
decente y racional; inepto para defenderse por .,cobardía
y bajeza; pronto a doblar la rodilla, que afloja el hambre, ante cualquier tirano brutal; dispuesto siempre a sufrir con pasividad de ·bestia mansa. Los mexicanos o los
amigos de los mexicanos, arratrados y cegados en la
lectura por lo que el libro tiene de ataque a los verdugos, de valor en la acometida y de desenfado en el lengueje, se verán tentados de entusiasmo y quizá algunos
aplaudan con calor. Este es para mí el veneno de la
obra; porque él produce la perversión del criterio, la depresión del patriotismo sano, la consagración de juicioo
sin justicia y la aceptación, como verdades demostradas,
de ·afirmaciones en falso.
No es posible seguir en líneas generales una obra tan
desordenada y tan falta de un plan coordinado, que puede comenzarse a leer por cualquier capítulo, poner el
segundo antes del primero o comenzar por el último y

acabar con la carátula. Queremos sólo presentar algunos
puntos de mayor comprensión tomados de la obra Jlamar la atención sobre los vicios de procedimient~ del
orador publicista y exhibir algunos ejemplos de la aplicación práctica de ese procedimiento. Por fortuna no
ha necesitado sofismas ni falsas inferencias el escritor
para demostrar la infamia de la obra de destrucción en
que han concurrido los bandoleros de México y la política del Gobierno americano. El libro, en cuanto a eso,
es firme como una roca, porque es evidente, real y tangible como la roca misma. La responsabilidad puede debilitarse sólo por el hecho, obra del mismo señor Bulnes, de presentar una víctima despreciable, por más que
el objeto del libro,-según lo dice el autor-sea exclusivamente esa víctima, es decir, la Nación mexicana.
Para Bulnes, ha habido en México dos revoluciones:
la una que tenía un ideal por fin y un soñador por je.fe;
un soñador de buena fe que pensab~ en las libertades
públicas como fin; que lo Jlamó a él para -consultarle cómo debía organizar y desenvolver sus propósitos; que
estuvo en situación de fundar el gobier,no semi-par!ti.rnentario que Bulnes aconsejó, de instituir lc1, paz y de
redimir la justicia. La otra, sin más mira que la venganza, ,ni más medio que el exterminio, con todas las
codicias y todas las concupiscencias, incapaz de bien alguno, fecunda para el mal en todas sus horribles formas.
La Nación dolorida y deshonrada, lo mismo que
el sentido común de cada uno de sus hijos, y lo mismo
que la ciencia en cuyo aombre y como su representante
habla siempre el escritor, están de acuerdo en que la
revolución es la revolución, una, indivisible e infame. La
revolución es la misma desde el 20 de noviembre
de 1910 hasta hoy, con un movimiento convulsivo de
reacción ineficaz; el soñador Madero acabó en él libro
sobre la Sucesión Presidencial por ceder el puesto al
revolucionario ambicioso del Plan de San Luis, y comenzó la página vergonzosa de nue-stra historia que se
ha llenado con las palabras robo, asesinato, violación y
todas las que expresan un acto salvaje o un sentimiento
primitivo. La liberación de criminales de las cárceles,
el incendio de los archivos, el incendio de poblaciones
infelices, el. asesinato en masas, todo ello seguido de una
felici tación elogiosa del ] efe, no es procedimiento inventado por los sectarios del Plan de Guadalupe. En
cuanto al fondo, Madero no pensaba sino en atrapar el.
poder, llegar a él por cualquier camino, mantenerse en
él por cualquier medio; en cuanto al elemento, la demagogia excitada en todos sus bajos instintos de bestia.
Materia, fondo, elemento, . finalidad, son iguales en Madero y en Carranza. Los distinguen condiciones de mentalidad y de carácter que no trascienden a la naturaleza de la revolución. Pues qué, ¿ ignora el señor Bulnes
que la revolución no ha cesado un día, desde noviembre
del año 10?
Es posible que en alguna parte diga el libro que la
revolución es una sola; porque en sus páginas se e,ncuentran siempre las ~oposiciones contradictorias; el
concepto que él sostiene en el desarrolJo de sus relatos
y observaciones, es la dualidad de la revolución. Y esto
es indebido porque tiene mucho de defensa y excusa del
primer revoltoso sin patriotismo que encendió la tea y la
llevó a las puer.t as de los palacios y de las chozas.

."Vd
i a y M·I
1 agros ..... ."
Queridísimo hijo:
Ahora que te hablaba de Fidencio liernánde:r:, que en
paz descanse, me vino a la mollera el recuerdo de aquel
día en que, estando tú todavía convaleciente del tifo en
que por poco te nos "quedas," le dije a tu madre que no
me esperara a comer; que si daban las doce y media y yo
no llegaba con los plátanos, se sentara a la mesa y dieran
cuenta del guisado, con la seguridad de que nada grave
habíame acontecido.
¡ Y qué. me habí:l. de acontecer! Si aquel día, en que
por cierto no recuerdo si te dí los veinte ~entavos del
lechero, estaba yo invitado a un banquete precisamente
con Fidencio', y con Meixueiro, y Maqueo Castellanos y
otros, en el Tívoli del Elíseo. Dizqne para hacer política o qué se yo.
Lo cierto fue que aquel día nos divertimos divinamente.
Comimos un buen arroz a la valenciana,- que no pudo menos de recordarme a tu madre, por tan afecta que
es a los alones de pollo,-un magnífico bacalao, unos pimientos, y un mundo de platillos sabrosos de los que más
vale no hacer mención.
Total, que a la hora de los vinos, y cuando ya la cosa colindaba con una indigestión, Fidencio pronunció un
discurso,-diablo! si parece que le estoy viendo,-en
que habló de la Patria, de don Benito, de su maestro de
idicm:ls. y acabó diciendo que por todas esas razones
y por otras, de mucho peso, que quedaban en el tintero,
creía oportuno pedir al Presidente Hu~rta que no hiciese General a Bolaños Cacho, porque los oaxaqueños querían que su gobernador fuera civil, y siguiera siendo civil
como Jo habían elegido.
AqueJlo fue el disloque. Fi'dencio recibió una ovación
morrocotuda. Demetrio Sodi lo abrazó; Meixueiro lo
sub'ó en peso; Inés Dávila por nada lo besa; y poco
faltó para que el gran panzón fuera sacado en hombros
de aquella sala y se hubiera acordado levantarle una estatua en la primera plaza.
Porque Fidencio era conmovedor en sus discursos.
Tenía tino especial para herir la fibra más sensible de los
hombres. Y como era bueno como el pan, y hablaba con
el corazón, nada importába que sus frases no fueran retóricas ni que sus períodos no tuvieran un brillo helénico. El llegaba a la médula, y conmovía, y al más templado le hacía derramar las lágrimas.
Por eso no te extrañe que al hablar de la "Zandunga," y del "Dios nunca muere," y d~I Indio de Ixtlán,
aquellos caballeros, a quienes les ve1as caras de pocos
amig9 s, se mirasen los unos a los otros'. y sa:aran sus
pañuelos, y a la chita callando, como qui.en quiere o no
quiere la_ cosa, fueran enjugándose los OJO S, Y a~abaran
con un ¡ Viva Oaxaca !, salido del alma, que todavta debe
oírse por la Sierra . ....
¡ Que más t Hasta tu padre, que sabes lo duro que es
para llorar, y flaqueó aquella vez Y.•.•.•
Bueno, te hago esta relación, hijo_mío, para que veas
lo qtic son las cosas de este mundo.

Aquel gobernador Bolaños Cacho, a cuyo servicio se
nabían puesto todos los oaxaqueños, y el clero, y la banca y el comercio sostenían con su apoyo moral y material; aquel mandatario, que había sido electo por la voluntad popular y que fue el único que, gracias a las gestiones iniciadas en aquel banquete, no vistió charreteras durante el régimen del General Huerta; ese gobernador, hijo mío, torció su camino, se obsecó en su ambición, y llegó hasta el grado de aprovechar las aguas
potables de Oaxaca en el riego de los terrenos de su
propiedad particular.
Dime tú si había o ho razón para hacer algo en
su contra. ¡ Ya lo creo I Razón y de sobra. Y así lo
comprendió' Fidencio, y así lo comprendieron todos., y se
acordó que, por los medios mejores, se procediese a poner coto a e·sos desmanes que estaban a punto de provocar agitaciones en la entidad suriana, cuyos destinos
pudieron salvarse de la racha revolucionaria; gracias al
patriotismo y al desinterés de sus buenos hijos.
La desgracia hizo que ·Fidencio cayese enfermo, y
fue Meixueiro el comisionado para poner manos a la obra.
Debo decir que Meixueiro y Fidencio son una misma co• sa. " Dos polos de una misma electricidad. Uña y carne,
como diría tu madre. De suerte que en él se depositaron todas las confianzas, y de su sensatez y cordura esperaron todos un buen proceder y un resultado mejor.
Meixueiro se fue ,a la Sierra de ] uárez; hizo los preparativos necesarios; organizó sus fuerzas; y cuando estaba todo divinamente arreglado, marchó sobre Oaxaca,
en tres columnas, y la sitió en menos que te lo cuento.
Hizo circular después una hoja, explicando al pueblo
su conducta, y dirigió a Bolaños Cacho una excitativa
para que, por el bien general, preseritase su renuncia
ante la Legislatura del Estado, y saliese de él por el lado
que gustara, con la seguridad de que se le darían las
debidas garantías a que tenía derecho en s1,1 carácter de
mexicano y de oaxaqueño. Y hasta le ofreció una escolta, formada por personas de su entera confianza, para
que lo resguardaran en el camino y protegieran su salida.
Bolaños vio la cosa perdida, y accedió. Dimitió ante
el Congreso, y 'por el mejor camino ahuecó el ala.
No se derramó ni una gota de sangre. La Legislatura eligió a Meixueiro como gobernador provisional, pero Meixueiro se excusó de aceptar, por ser el jefe del
movimiento y tener, en esa virtud, jerarquía militar.
Francisco Canse'ro subió en su substitución. Y el curso
de los destinos de Oaxaca siguió sin alterarse un punto,
con el aplauso del pueblo y con la aprobación general
de todas las clases sociales.
Bolaños Jlegó a México; se quejó con Carvajal; acusó a Fidencio; maldijo de Meixueiro, y en "El País"
publicó una serie de ataques solapados contra el grupo
que tanto lo protegió y ayuda tanta supo darle en momentos de prueba.
Y de lo que pasó después, así como del lobanillo de
tu tío, te dará cuenta en su próxima, tu padre que te
bendice.

TIBERIO.

�EL CONGRESO CARRANCIST A
____ I

POR R. GOMEZ ROBELO

Don Venustiano Ca.rranza ha lanzado un decreto convocando a elecciones para un "Congreso Constituyente;"
y este acto, que debiera tener toda la solemnidad de una
reconstrucción, y que espíritus ya no supedores sino hábiles, habrían basado en la doble consideración de mantener el poder, pero consolidándolo por medio de la aprobación pública, se ha convertido en e lalma turbia de Don
Venustiano en una impostura que, como todas las carrancistas, tiene no sólo la grandeza sino la inmensidad de la
ignorancia y el cinismo.
La Constitución de 1857, con sus herrores y todo,
ha sido la bandera no de un partido sino de la nación,
porque nació de los cerebros más luminosos de aquel
tiempo, y llevaba consigo los ensueños que e'1 mundo
consideraba como las formas más avanzadas de sociedad
y de gobierno.
Don Benito Juárez, para forjar las leyes de Reforma, encomendó la tarea a los espíritus más sabios y más
justos de su tiempo: a Melchor Ocampo, a los Lerdo de
Tejada, a Don Juan Antonio de la Fuente.
El Gral. Díaz, por quien con toda razón sienten los
bárbaros enfurecidos de esta revolución el mismo horror que los parásitos redentores por el ácido fénico,
tuvo por consejeros a Protasio Tagle, a Justo Benitez,
a Ignacio Luis Vallarta y aceptó la que se consideraba
como la política más avanzada de su época: la política
materialista.
El gobierno no es sino la forma de· ejercicio de la
soberanía, y cualquiera que sea el que se adopte, monárquico, aristocrático o demócrata, ha sido una de las consecuentias de la vulgarización de las ciencias, de las escuelas normales y de la política reporteril, que no puede borrarse de las constituciones modernas el principio
de la soberanía popular. Y puesto que la soberanía reside en el pueblo y no ejerce éste directamente su poder
sino que delega sus funciones, el gobierno es esencialmente representativo, y no podrá modificarse, sin determinar una nueva crisis más grave que las anteriore{I, el
principio constitucional que dice: "El pueblo mexicano
tiene en todo tiempo la facultad de cambiar· o de modificar la forma de su Gobierno." "Es voluntad del pueblo_
mexicano constituirse en un República federal, representativa y popular."
Carranza es incapaz de comprender la magnitud de
su obra, lo mismo que sus consejeros, porque están ce·gados: unos por la ambición, otros por el odio, todos por
la ignorancia y por el crimen, y cuando comete el mayor
atentado a la soberanía de un pueblo, declara sonoramente, con un coro de inconcientes y de pícaros, que la
Nación entera va a manifestar su voluntad, en esta ocasión en que excluye de representación a todos los que no
son carrancistas y proclama al mismo tiempo que la convocatoria a elecciones, la ley marcial y la suspensión de
garantías.
Ni cuando los pueblos extraños conquistan a un pueblo enemigo, intentan cambiar las formas de gobierno:
sobre la tradición y la costumbre establecen su domicinio: César sacrificaba según los ritos de sus vencidos, e
Inglaterra mantiene los Estados de la India, para no trastornar innecesariamente el (?rden , social. Sólo Don Venustiano y sus secuaces han podido atreverse con esta

herencia segrada sobre la cual está escrita la leyenda de
Roldán.
Nadie las mueva,
Que estar no quiera con Roldán a prueba.
El sacrilegio se llevará a cabo, si es que la República
lo permite y no se libra antes de sus destructores, despues que han sido desterrados o excluídos de la representación, los elementos más valiosos, las fuerzas vivas,
las inteligencias honradas, los pensamientos capaces. Un
atentado de esa naturaleza sólo podía ser perpetrado por
los carrancistas, y dar a ellos la representación, es tratar
de formar una nacionalidad con los elementos disolventes, crear organismos con bacterias infecciosas y levantar estructuras sociales con carne de presidio, con brutos
de incautación, de violación y asesinato.
Carranza y los suyos alegan llevar &lt;!- cabo una reforma política y social y para ello fuera necesario, aun dentro de los programas revolucionarios, que esas reformas
estuvieran basadas sobre la efectividad del voto, que es la
legitimidad de la representación, o sobre el verdadero espíritu del pueblo, encarnado en los jefes del movimiento;
pero ninguno de esos requisitos existe, sino al contrario:
Carranza representa la negación del voto y su intento
llega hasta la no-elección, el extremo opuesto del punto
de partida revolucionario, según acontece en todas las de
su género y para edificación de aquellos que todavía esperan que por medio de los peores elementos de un pueblo y en el desorden, sea donde nazcan las altas ideas y
los principios elevados y las normas directoras de · una
gran nación.
Don Venustiano prosigue en su camino, digno de todas las abominaciones: para iniciar su Gobierno, convocó
con torpeza heroica la Convención de Aguascalientes, en
la que estuvo a punto de naufragar... Ahora, convoca a
su Congreso de Carrancistas, que no es sino un conventículo de facción, en- el que vuelve a violar el sapientísimo
fundamento de la prohibición constitucional: "Ninguna
reunión armada tiene el derecho de deliberar."
Porqué no está encomendado el destino de una nación a los rifles fratricidas que legislan sobre ella con el
mismo derecho con que una partida de bandoleros sobre el destino de un villorrio que asaltaron. El papel de
las armas, es sostener las instituciones civiles, no destrozarlas ni imponerlas.
Y si ese precepto no nulificara desde el principio las ·
decisiones del aquelarre carrancista; de hecho y de derecho, la Constitución de un pueblo sólo tiene la validez
que le pre~ta la conciencia social que se halla atrás de
cada uno de los constituyentes. Esa conciencia social estaba entera con los del 57 porque aquella constitución
es obra de desinterés, de patriotismo y de virtud, y a su
sombra y amparo, triunfó la República de las armas europeas. Los delegados carrancistas no tienen representación: ni del pueblo que asesinan y matan de hambre, ni
·de la burguesía, que roban y ultrajan, ni de la inteligencia, de que carecen ni de la honradez que insultan: Su
constitución, si llega a formularse, es la antítesis de la
de 1857: aquella sirvió para afirmar la independe.ncia de
México; ésta se' ha formado en las antesalas de una
nación extranjera, y de promulgarse, lo sería al amparo
de los fusiles de Pershing, previa sanción de la Oasa
Esa es la diferencia.
Blanca.

BELLEZAS INFANTILES

LUPITA HERNANDEZ.
Hijita del señor Angel Hernández y de la señora
María Gutiérrez de Hernández, de Lerdo,
Durango, México.

�CORRESPONDENCIArDE LA HABANA
· Habana, 14 de Octubre de 1916.
Señor Lic. Nemesio García Naranjo.
San Antonio, Texas.
Respetable amigo:
Allá en Madrid, se inició la idea de conmemorar este
424 aniversario del descubrimiento de· América con una
solemnidad extraordinaria, imprimiendo a los fe~tejos una
grandiosa intención: la propaganda en todos los pueblos
ibero-americanos y en Portugal de la idea de confraternidad, de conservación del hermoso idioma que Cervantes
inmortalizara y de una aproximación cada vez más estrecha y cariñosa: se bautizó esta festividad con el nombre
de "Fiesta de la Raza."
Cuba tiene un número grande de españoles radicados
en su territorio, y éstos han constituído sociedades tan
interesantes como el Centro Asturiano, el Centro Gallegp y otros regionales, que cuentan sus asociados hasta
por decenas de miles. El Centro Asturiano preparó la
noche del doce, una hermosa festividad músico-literaria,
y fue designado mantenedor de ella, un distinguido· coterráneo, gloria intelectual y lustre de la tribuna parlamentaria de México, el Lic. Querido Moheno.
En Cuba goza de gran reputación y había anhelo por
oírlo, y así fue que este otro incentivo tuvo aquella reunión formada de todos los elementos valiosos en diversos órdenes.
Después de los himnos español y cubano, oídos con
recogimiento, el Presidente de la Sociedad hizo la presentación de nuestro tribuno en frases de encomio sincero y
cariñoso: dijo de Querido que es un literato ilustre,
orador elocuente y una de las figuras salientes de la poderosa intelectualidad mexicana. Después de una pieza
de música por la magnífica orquesta, el orador se levantó
para dirigirse a la tribuna y una ovación estruendosa se
dejó escuchar a su paso y siguió hasta que un gallardo
saludo de, Moheno impuso un silencio absoluto: Ud. conoce•mejor que yo, lo que es y lo que vale Querido en la
tribuna: es un avasallador de multitudes y un dominador
de entusiasmos. Comienza suave, sencillamente y va
entrando al terreno con pie firme, pero despacio: a medida que avanza, se crece, se yergue soberbio y aquella
palabra ya no es manso arroyuelo movido por fresca brisa, sino torrente azotado por recio vendaba!. Y períodos
van, fogosos unos, llenos de unción otros, y los aplausos
se suceden, y el público se entusiasma.
Habla de su amor a España, de las glorias de Castilla, de los esfuerzos de los descubridores, de la actuación
de la Madre Patria, y al perorar acerca de los peligros
de perder la soberanía e independencia los países pequeños, merced a la insaciable voracidad y afán sin límites de
engrandecimiento de un país grande que no es precisamente de nuestra raza, tiene períodos inspirados que enardecen y levantan. En una palabra: fue una noche de
triunfo, noche de gloria para nuestro coterráneo, y eso
alivia en parte el peso que tenemos ahora encima los
mexicanos.
Verdad es que algunos compañeros que a~istieron esa
noche por oír a Querido, no están todos conformes en
proclamar el completo y absoluto triunfo, y es que echan
de menos aquellos arranques, aquella vis sui generis, los
arrebatos en la Tribuna de la Cámara de Diputado~, en
la que Querido venció siempre y arrastró. Y aunque
en verdad que nuestro tribuno está hecho para arrebatar

multitudes y para vibrar en los combates políticos, no

es menos cierto que la tribuna acadél]1ica es muy diferente, Y en ella no juega la pasión indomable de las ]i.
des de partidos, qoe tanto mueven y conmueven. y
en ésta lució nuestro paisano.
La prensa habanera elogió calurosamente al gallardo
orador Y voy a reproducir unos párrafos del "Diario de
la Marina:"

** *
En un breve y elocuente discurso, el Presidente explica el objeto altamente nobilísimo, de la fiesta y hacfi la
presentación de su ilustre mantenedor, señor Querido
Moheno, como literato ilustre, orador sonort&gt;; como una
de las más salientes figuras del orden intelectual de México. Y luego, la orquesta, 'que dirigía la batuta sapiente
del maestro Mauri, desgrana las armonías dulces de una
gran obertura que la concurrencia aplaude con entusiasmo. Gran expectación.
El ilustre mant~ne,d~r se levanta y en sus pasos,
desde la mesa pres1denc1al hasta ocupar la tribuna le
acompaña una salva de aplausos rotundos y delira;tes,
amorosos; aplausos que no le permiten hablar durante
algunos minutos. Luego, el silencio reina. Y el orador
saluda con toda la aristocracia de su talento, pues su figura convence y triunfa; hay dolor, mucho dolor, dolor
que lo desgarra,
en su . corazón. Pero hay luz, mucha luz ,
.
en sus OJos; resonancia grave y augusta de pensamiento,
que se dibuja en su frente serenísima; cuando habla hay
en sus .párrafos ritmos sonoros de Castelar, y donairosos
ademanes y gestos de Vázquez Mella en los párrafos
donde él pone su energía de hombre indomable y redento; ora es gran poeta, gran pintor, historiador verídico; ora es patriota, soldado, mártir; ora es cristiano,
creyente, lleno de fe; ora evocador de la Biblia en sus
páginas más brillantes; ora reme morador elocuentísimo
de las grandezas de España, de los pueblos que nacieron
a su calor, Y a su amor de madre, pueblos que heredaron
su religión, su patriotismo, su amor al sacrificio.. su civilización, su lengua, sonora, única, su nobleza legendaria; su altivez y las glorias de su historia incomparable.
No intentaremos decir lo que este insigne tribuno
dijo anoche, entre revuelos de aplausos, en la tribuna del
Centro Asturiano. Sería deslucir su peroración elocuen·
tísima; sería cometer un grave pecado mortal. Y nosotros no perpetramos delitos contra los grandes artistas
de la palabra. Presintiendo la grandeza del señor Que·
rido Moheno y la intensidad y la música de su discurso,
nosotros hemos ordenado a nuestros taquígrafos que lo
tomasen al pie de la letra y lo transcribiesen para insertarlo íntegro en las columnas de una de nuestras próximas ediciones, y en ello tenemos gran orgullo y muy
alta satisfacción.
Al terminar el orador, fue aplaudido, felicitado, abrazado por todos con cariño intenso. Nadie, absolutamente
nadie, como él, supo llevar a los corazones la grandeza
de la Fiesta de la Raza."

dominaba, cautivándoTo por la fluidez de su palabra, al
auditorio en el que produjo verdadera espectación, pues
la oración, subiendo de calor, como exclamando la elocuencia llegó a henchir los pechos, llenando el alma de
intensa emoción que se explayó en un aplauso unánime y
prolongado.
•
Querido Moheno, con su voz vibrante y llena de
emoción, evocó los múltiples recuerdos de la historia de
.México Y España, invadiendo en su faz, un sello de tristeza al hablar de su amada tierra, pronunciando estas frases impregnadas de un acendrado patriotismo: "nosotros,
hoy a pesar de todo y contra todo, seguimos firmes, con
la esperanza en el alma y con el anhelo en nuestro corazón, de un México grande, libre y feliz."
La concurrencia, en justicia al maravilloso verbo, se
levantó como movida al conjuro de los magistrales períodos, aclamando a.! gran orador, que en un tiempo fue,
allá en su patria de altas montañas e inmensos valles, la
palabra sonora del famoso "cuadrilátero" &lt;le! Parlamento
Nacional mexicano, en el que había figuras de la altura

moral e intelectual de José María Lozano, Nemesio García
Xaranjo y Francisco Olaguíbel, que desde su pupitre de
Diputados hicieron evocar las fechas memorables de las
asambleas que han marcado su actuación en las luchas
por 1a )"b
1 er t a d .....
Bien puede decirse que ayer, resonó la más elocuente voz que se recuerda en el a~plio salón del Centro
Asturiano."

***

Sé que pront9 se publicará este discurso que dur6
más de una hora, y tendré el gusto de remitirle un ejemplar del periódico en que vea la luz pública. Yo me entu·
siasmo sinceramente con los triunfos de mis compatriotas
en el extranjero y siento como míos los encomios que se
prodigan, y los oigb como una compen~ación, como una
reparación de los agravios que cometen los hermanos descarriados que hoy destruyen la patria de Hidalgo y de
Juárez.
Un abrazo estrecho de su afmo:
LUIS PORTAL.

LOS VEINTE CIUDADANOS QUE MAS VALEN EN MEXICO.
El Magistrado o ex-Magistrado más honorable ...................... .

.... ... ........ .. ............... .

.................

................. . ············ ....
... ... . ... ....... ............... .

El Poeta más inspirado. . . . . . . . . . . . . . . ............................. .

.... ........... .. ················

El :rlaestro más abnegado............ . ........................·.... .
El Diplomático más sutil ........................ !'•

El Artista más original (Músico, Pintor, Escultor o Arquitecto) . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El Orador más elocuente. . . . . . . . . . . . .............................. .

• , ...... ·,,,, · · · ·, · •

...... ··········

El Periodista más firme y convicente ............................... .
El Político más sagaz. . . . . . . . . . . . ................................. .
El Militar más pundonoroso ....................................... .
El Sacerdote más puro ............. .

····· ..................... ······

El Financiero más hábil ........... .

.................. ········ ..... .

El Historiador más verídico. . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ..............•
El Capitalista más emprendedor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . .. , , ..• , . . ... , •
El Industrial más progresista ................................. , .... , ... , ..•........ , - , .•........ , , ..•
El Gobernante o ex-Gobernante más recto..... . ..................... . . . . . • . . . . . . . . . . . . . - ......•..•..•
El Funcionario o ex-Funcionario más honrado. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . .......•....•..
El Sabio más eminente.. . . . . . . . . . . . • • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . •.....•.......•

***

El mejor Abogado. . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . • • . . . . . . . ...•.•.•...•.••

"La Lucha," por su parte, elogió la oración del Lic.
Moheno, en los siguientes términos:

El mejor Médico. . . . . . . . . . . . ............ . ..•.....• · .... , . , , . • . . . . . . • . , .•... . •. , , , · · · · • · · • • · • · • · • · · • •

"El presidente del Centro, hace la presentación a la
enorme y selecta concurrencia, del ilustre escritor y parlamentario mexicano, Lic. Querido Moheno, que desde

los primeros instantes, en loa períodos del preámbulo, ya

El mejor Ingeniero • . . . . • . . . . . • •.•........•...... • . . . • . • . . . . . . . . . . • • ... - •• , .•• , , , , , , , · • • • • • ·, · • · • · • •

�Es curiosa

los toros de lidia c
bién los pobres an'

strucción, sino tama la mansedumbre.

Los grabados ·
morteros rusos cap
tida de campesinos
rra, en busca de un
trabajar.

una sección de
alemanes y una pardel teatro de la gue-

�A las Ruinas de México

CLEMENCIA

"Etiam periere ruinae."-LUCANO.

•

Estos, Tito, ¡rediez! que ves ahora,
campos de suciedad, de piojos llenos,
fueron un tiempo México famoso.
Aquí de don Porfirio, el dictador,
asiento fue; pero venido a menos,
yace el terrible horror
al espantoso
machete, y lastimoso
juguete es solamente
de la embriagada gente.
(!.o cual me harás favor de comprender,
que esto sí, la verdad, no puede ser.)
Sólo quedan recuerdos funerales
donde erró del Progreso el tierno potro:
un templo estuvo allí, y allí ...... pues otro,
que al paso de "estos," ¡ uff ! tales por cuales
buen remedio no hallaron
y ¡pum! se derrumbaron.
Este cachito de papel impreso
que colocado ves en duro brete,
¿a que no sabes qué es? Pues no es mis que eao
que llamaron con seso
Código Magno del Cincuenta y Siete.
Esta Sala Amarilla, de recuerdos,
do pasó horas felices el "gran mundo,"
hoy es pesebre irufl.undo
de los cerdos.
(Y conste que lo digo aquí en confianza,
sin hacer alusiones a Carranza.)
¡ Oh fábula del tiempo! Ese vejete
patizambo y caduco, con su barba
de chivo, como larva ·
se ha pegado en un sitio que no es suyo,
y habiendo sido criado, es hoy un Jefe
con apariencias mil de mequetrefe;
lo que nos representa
a los años ochenta,
c.uánta fue ·su bajeza y es su orgullo.
Dirásme que delante de este estrago,
¿por qué razón ni apenas se oye el vago
rugido de esa raza
que otras veces dió traza
de sublevarse ante el primer amago?
Todo despareció; cambió la suerte
voces alegres en silencio mudo;
y sólo el tiempo da en estos despojos,
aquí un ebrio embotado y allí un crudo
carga&lt;lo de mil piojos
que siembran, por doquier, si bien' se advierte,

•l tifo, la viruela, el crup, la muerte I
Aquí vivió aquel rayo de la guerra
hacedor de la paz y de otras cosas;
Pío, felice, triunfador Porfirio,
ante quien Venus se postró en la tierra,
e hincando su rodilla en las baldosas
con fervor y delirio,
en medio de un cordón de cortesanos
le besó el pie derecho y ambas manos.
Aquí del grande Juárez,
aquí del calvo Lerdo,
y de otros muchos de mis patrios lares
de los que no me acuerdo,
'
trotaron los caballos ensillados.
Aquí ya de laurel, ya de jazmines,
coronados los vieron los jardines
que ahora son .zarzales anegados.
Y la casa del César, en Cadena,
yace, ¡ rediez 1, de carranclanes llena.
Tito, si tú no lloras, pon atenta
la mirada en los bancos clausurados,
y por cientos, si gustas lleva cuenta
de los hombres que ~an sido asesinados
con tanto salvajismo y saña tanta
en menos tiempo del que un gallo canta
Mira hogares deshechos,
míranos sin derechos,
con unas caras de hambre retrasada;
míranos disputar a bofetada
limpia, media docena de tortillas
que le vienen, ¡oh Tito!, a maravillas
a la sufrida y angustiada panza
que ya no halla la puerta con Carranza.
Así a Troya figuro,
así, i~al, de seguro.
Y tú, Patria, a quien queda el nombre apenas
y que brindas tu seno a tantos hongos,
despacha, por favor, a freír chongos
desde don Venus a Jesús "Melenas,"
Patria mía, de los trigueños reyes!
Y tú, a quien no gustó Bernardo Reyes,
emulación ayer de las edades,
hoy cenizas, hoy negras soledades,
que no respetó el hado, no la muerte,
¡ Ay I ni por bella a ti, ni a ti por fuerte,
goza en silencio tus reliquias bellas
que envidia el pabellón de las estrellas,
mientras duras batallas y porfías,
triente, ¡ Oh Patria!, los felices días,
TIBERIO.

POR IGNACIO M. ALTAMIRANO
Continúa.

•

-Me espanta vd ...... yo creía que el amor era uno
de los grandes objetos de la existencia; yo creía que la
mujer amada era el apoyo poderoso parí', el viaje de la
vida; yo creía que sus ojos comunicaban luz al alma,
que su sonrisa endulzaba el trabajo, que el fuego de su
corazón era una savia vivificante que impedía desfallecer.
-¡Poesía! ¡poesía! Deje vd. de creer en eso, Y mire
vd. que le estoy hablando corno no le hablaría a nadie,
porque es peligroso revelar las opiniones íntimas de uno,
corno le es peligroso a un espadachín descubrir el cuerpo
a los ojos de un contrario hábil. Esto le probará a vd.
que le quiero.
-Pero dígame vd., Flores, co.n semejantes ideas cuyo origen no me es desconocido ya, ¿cómo es que sirve
vd. en el ejército, y en un tiempo como este, en que la
República anda de capa caída?
Flores sonrió y se turbó un poco ante la mirada
fija de Valle.
-Precisamente por eso vengo aquí. ¿Vd. tiene fe
en el triunfo de la independencia?
-Tengo gran fe, una fe incontrastable.
-¿ Y vd. cree que no morirá en la lucha?
Eso no lo sé: nada difícil es que muera; pero moriré
con la conciencia de que tarde o temprano triunfará la
República:
-Pues bien; yo también tengo fe, y hay algo que
me dice que sobreviviré a la guerra. V d. comprenderá
que vamos a quedar muy pocos, y de esos pocos me propongo ser uno. El camino así se hace más corto, Y yo
llegaré a mi fin.
-De modo que el patriotismo ·entra muy poco en los
propósitos de vd.
.
.
El patriotismo tiene sus móviles de diferente especie;
para unos es cuestión de temperamenro, para otros es
la simple gloria, ese otro platonismo de los tontos; para
mí es la ambición. Yo quiero subir.
-¿ Y todo para hundirse después en los goces?
-Es claro; en todos los goces del orgullo, del poder, de la riqueza, del amor, de la gloria. To~os juntos
se saborean cuando está uno colocado muy arriba de sus
semejantes. Sin lograr esto, se tendrá uno de ellos ~
dos pero no todos, y mi ambición los busca todos. St
me' hubiese hecho banquero, soplándome el viento de la
fortuna habría llegado a ser millonario; pero tendría quizás que inclinarme alguna vez delante del hombre de
armas O del gobernante. Prosiguiendo mi carrera de
gal~nteos, habría llegado a poseer acaso .ª todas las mujeres que hubiera deseado; pero en pnmer lugar tengo miedo al hastío, y luego un Do.n Juan .. ; .... , ,
¿qué es un simple D. Juan? pn reyezuelo de salon, Wla
potencia de retrete que se eclipsa delante de un guerrero afortunado, delante de un millonario bestia, Y aun
muchas veces delante de un hombre de talento, que es
mucho decir. Un D. Juan tiene que ocultar en el misterio la satisfacción de su dicha, y cuando la hace pública se limita a recibir incienso de una pequeña corte
de aduladores vulgares, que son al gran libertino lo que
los lebreles son al cazador, es decir, que sólo lamen la
mano para obtener los restos de la presa.

¡ Eso es fastidioso ...... 1 yo quiero algo más que se~
mejan tes goces mezquinos ..... Pero, chico, nos engolfamos en una conversación estrafalaria, y noto que estoy
impertinentemente comunicativo: dejemos esto, ya curaª
ré a vd. del platonismo que le está secando; hablemos
de la primita, que fue lo primero que se ofreció a mi imaginación cuando comenzarnos a charlar. t Sabe vd. que
es una lindísima criatura? Una conquista que valdría ~a
corona mural?
Fernando palideció.
-Sí, es linda, murmuró secamente.
-¿ Piensa vd. hacerle el amor?
-No: he observado que vd. le simpatiza, que yo le
repugno. Ya ve vd. que es mal principio para mí. Trabajaría sin esperanza; y quien no espera vencer, ya eati
vencido. V d. tiene el campo.
-Pero, vamos, ¿vd. la ama?
-No lo sé, y aun no me doy cuenta de la verdad
de lo que pasa en mi alma. He dicho a vd. que la impre·
sión que me .causó desde que la ·vi, es extraña: hoy que la
vi hablar tan amablemente con vd., sentí una especie de
odio; pero querría siempre estar mirándola.
-¡Pobre Fernando! es vd. demasiado sincero. Pues
bien, eso es amor; vd. la ama, y ha sentido celos. Yo he•
recogido demasiadas flores en el campo del rnW1do, pa·
ra querer arrebatarle a vd. esa pequeña rosa. V d. puede
lanzarse; hable, enamórela, y pronto, porque no tardarán
en tocar a botasilla, y vea vd. que no nos quedan en perspectiva más que algunas flores silvestres, cuyo aroma· no
será precisamente una delicia para nuestro olfato de cor·
te sanos.
Valle se sentía mal al oír hablar de este modo al li·
bertino. Había levantado en su corazón un altar a Isabel, y veía tratar a su ídolo, corno Flores trataba siempre
a las víctimas de su lubricidad.
.
-Estoy resuelto: no le diré nada, contestó; esa joven no merece que dos militares como nosotros, la hagan
objeto de una distracción pasajera.
-¿Por qué? ¿porque es prima de vd? Pues hombre,
las primas de uno .....
-No diga vd. más Enrique, por su vida; me causa
pena que vd. no vea en una mujer tan angelical más que
un objeto de cruel diversión y de innoble placer.
-¡ Platónico 1••• V d. se curará. Pero, resueltamente,
la rubia es bellísima: difícilmente, a no estar vd. a su
lado, me resignaría yo a no decirle nada. Así es que vd.
o yo; escoja. Con vd. estará garantizada; conmigo, no
me atreveré a decir que la seduciría, fuera hacer a vd. ·
una ofensa; pero es seguro que llegaría a amarme. Librela vd. de mí. Yo me consagraré a la deliciosa morena; esa me seduce, es una sultana, en cuyos ojos ¡11egros
beberé fuego. Vamos, decídase vd.
Fernando pensó que su amigo hablaba sinceramente
a pesar de su libertinaje; comprendió que su prima estaba perdida si la dejaba en poder de Flores, que ya la
había hecho sentir la funesta influencia de su mirada irre·
sistible; comprendió que la única defensa para ella consistía en su amor, amor que por otra parte parecía haber avasallado su corazón tan rápida como imperiosamente. Además, recordó la sensación dotorosa que experimentó al

�aproximarse a Clemencia, cuyos ojos negros le habían causado movimientos nerviosos, présagos de algún mal terrible. Dejar a esta beldad poderosa y fatal en lucha con Enrique, no era una villanía, porque iban a encontrarse dos
potencias igualmente fuertes; y después de todo, si alguna desgracia acontecía, ¿no valía más que recayera sobre la altiva morena, sobre la liona aristocrática y soberbia, más bien que sobre la débil virgen que no par.ecía contar con fuerzas suficientes para luchar sin morir?
-Está bien, dijo Fernando resueltamente, me consagro a mi prima. Haga vd. la guerra a la hermosa de
los ojos negros.
• . -Arreglado. Ahora, pensemos en la maniobra; volveremos a la casa de la prima de vd., porque es preciso
que me introduzca en la de Clemencia, pues no debo esperar encontrar a ésta siempre en otra casa que la suya.
Una vez logrado, vd. se quedará frente a su enemigo y
yo frente al mío, y veremos quién domina la posición
primero.
Con tal resolución, después de haber paseado por
varias calles solitarias, entraron en el cuartel, dirigiéndose Enrique al alojamiento del coronel y Fernando a su
aposento, en donde se sentó pensativo y ceñudo.

XII.
AMOR
Isabel, en cuya alma no se había eclipsado un momento la imagen del gafiardo mexicano, apenas estuvo
sola, se puso a pensar con toda libertad en aquella aparición que ve.nía a derramar una nueva luz sobre su
porvenir.
eEn las organizaciones dulces y tímidas como la de
Isabel, el amor comienza así, apoderándose rápidamente
y con más fuerza, a medida que es más débil el espíritu
que domina.
La joven comenzó a decir todas esas palabras que,
sin salir de los labios, causan rubor a las niñas y las hacen recelar las miradas y los oídos extraños, como si el
fondo de su pensamiento y de ·su corazón pudiese ser
visto, y como si el acento de su voz íntima pudiese ser
escuchado.
-¡ Qué interesante es 1 ¡ cuánta elegancia en su traje y en sus actitudes! ¡ qué delicadeza en sus maneras I
¡ qué valor se descubre en su carácter 1 ¡ qué talento en sus
palabras! Pero sobre todo, sus ojos tienen algo que
subyuga, que atrae, que penetra hasta el corazón.
Y luego Isabel pasaba revista en su memoria a sus
adoradores antiguos, los comparaba con Enrique, y aun
haciendo todos los esfuerzos posibles para ennoblecerlos,
para poetizarlos, para exagerar sus cualidades brillantes,
los encontraba inferiores. los encontraba prosaicos, por
más que evocaba en su favor toda la antigüedad del afecto, todo el orgullo del patriotismo.
No, no había nadie igual a su .nuevo amigo.
Pero este hombre, añadía, no puede, no debe tener
el corazón libre; es preciso, es seguro que ame a otra,
que haya dejado en México a la querida de su alma, porque con tales cualidades, sería absurdo suponer que no
hubiese habido, no digo• una mujer, sino cien mujeres
que le amasen.
Y este pensamiento le hacía mal.
-Y ¿qué me importa, después de toco, que tenga
amores y que le adoren c:n México o en cualquiera otra
parte? ¿ Acaso yo puedo amarle, acaso él no es una ave
de paso que durará aquí el tiempo que tarden los franceses en venir? ¿ Acaso sabemos quién es? ¡ Qué loca
aoy en estar pensando esto!

Y procurando distraerse y hacerse ruido, se sentaba
al piano y ensayaba una melodía; pero la música ejercía
luego en su espíritu su natural influencia; latía su cora~
zón, y la imagen del bello oficial venía a interponerse entre sus ojos y el papel de música extendido sobre el
atril.
Entonces se interrumpía, quedábase meditabunda
otra vez, y recordaba a Clemencia.
Le parecía que su amiga había habiado de Enrique
con más interés del que es natural respecto de una persona a quien se ve por vez primera. La había visto dirigir a Flores frecuentes miradas, y aun estaba segura de
que había quedado impresionada fuertemente. Y era de
suponerse; Clemencia era una mujer de imaginación exaltada y ardiente, amaba también lo bello; ¿cómo no había
de haber encontrado digno de atención a aquel joven tan
privilegiado? Pero Clemencia era orgullosa y dominadora, sabía disimular sus inclinaciones, y no quería por nada de este mundo cometer la debilidad de indicar con
una sola mirada, con una sola palabra, el afecto de su
corazón.
Así es que no había motivo para temer una rivalidad ..... por lo pronto, pues aunque Clemencia era acusada de coqueta hacía algún tiempo, y gustaba de avasallar
a todo el mundo, no lograría en este caso nada, interponiéndose, como se interponía, el amor de una amiga tan
querida: sobre todo, Enrique iba a estar enamorado dentro de poco tiempo, y eso bastaba.
Tales eran las ideas que en tumulto se levantaban en
el alma de Isabel.
Y cuando el pensamiento de su antagonismo con
Clemencia la preocupaba más fuertemente, cuando suponía que su amiga, atropellando todas las consideraciones
había de acometer la empresa de subyugar a. Enrique,
Isabel se levantaba apresuradamente, se ponía frente a
uno de los grandes espejos que adornaban su salón, veía
retratada en él su imag.::n y sonreía con aire de triunfo.
Era bella, no con la belleza de su amiga, si.no con una
belleza más pura, más poética, más ideal.
-Enrique no puede enamorarse sino de una mujer
que habie a su alma, pensaba.
Pero inmediatamente, y cándida e inexperta como
era, sentía que en las miradas de Enrique y en su sonrisa había algo que no era enteramente puro, a!go semejante al deseo, algo que parecía abrasar, y la .niña recordaba que sus mejillas se habían encendido, y sus labios
habían temblado, y palpitado su corazón al sentir la influencia de esos ojos azuies que parecían despedir llamas sobre todo aquello en que se fijaban.
Entonces un misterioso terror se apoderaba de ella,
y había una voz íntima que le decía que aquel hombre
era peligroso para su virtud y para su reposo, o bien
que Clemencia, la mujer de las miradas de fuego, era la
que debía cautivar la naturaleza sensual del joven mexicano.
Tan diversos pensamientos estuvieron atormentando
a la bella rubia, durante algunas horas, hasta que la llegada de algunos amigos jóvenes de Guadalajara, que tenían costumbre de hacerle la corte, vino a distraerla de
su penosa agitación.
Pero en lugar de que la vista y la conversación de
sus antiguos adoradores pudieran consolarla y aun hacerle olvidar sus preocupaciones anteriores, sólo sirvieron
para darles más fuerza.
Isabel, que permanecía obstinadamente callada o que
apenas se dignaba mezclar en la conversación algunas
(Continuará.)

NOTAS-DE ACTUALIDAD
Un periódico español publica la fotografía del nuevo
Embajador de Carranza en Madrid, acompañado por los
miembros de su aventura y por un ancian6 oficial hispano.
Y uno de nuestros suscritores se sirve pedirnos nuestra opinión sobre el aspecto que ofrece "ese coro de
efebos, a quienes las bandas que portan los hace parecer
cigarros-puros con anillo y todo."
Han de saber nuestros lectores que el "Señor Emba-.
jador" es J uanito Sánchez Azcona, y ostenta sobre el
chaleco del traje de etiqueta, un cinturón con un águila en el centro. Sus acompañantes, tres ilustres desconocidos, muestran, en la misma forma, sendos cinturones; uno, con dos estrellas, dentro de una guirnalda y
los dos restantes con una estrella cada uno. De ahí lo
cómico de su apariencia.
Porque recordarán nuestros lectores que el General
~uerta para propagar el espíritu militar, ordenó que
cuando los altos jefes lucieran traje civil, usarán una faja
con el águila en el centro, los demás lucían un botón en
el ojal de la levita o del frac, con las insignias de su
grado.
Pero los buenos de los carrancistas, en su afán de
ser elegantes, no han sabido otra cosa que imitar sin
saber cómo los usos de los mandatarios anteriores, e ignoran que el traje en la más suntuosa de las ceremonias
es el uniforme de gala, y que la disposición del General
Huerta tenía por objeto dar a reconocer a los jefes ante sus subordinados dentro del país.
J uanito, siempre fue un cursi y lo será hasta que
se muera. Como las niñas ídem,,,.para verse guapo, se
puso hasta la mano del metate, y sintió el vértigo de ·1os
relumbrones.
Como era natural, no falta el detalle de que tanto él
como sns acompañantes, tienen la mano izquie¡da calzada con el guante y la derecha desnuda, a pesar de que
el funcionario español que los acompaña tiene ambas
manos enguantadas. Se conoce que Juanito ensayó a
sus acompañantes y resultó una _parada de mamarrachos.
Esto no es sino confirmación de la opinión de Nietzsche;. la mayor parte de los hombres no son sino los
monos de su ideal. .... Y el ideal de J uanito, resultó el
General Huerta I

..
*
*
*
completamente despedazado por las fuer-

Osuna fue
zas villistas en lo.s alrededores de Chihuahua.
Consecuencias: la familia de Jacinto Treviño llegó a
Ciudad Juárez.

***

Don Venustiano no se conformó con salir de la Capital de la República, sino que se traje consigo todos
los elementos de guerra para Querétaro. Esto indica
que México ha quedado desguarnecido, Y que es cuestión de días o de horas su evacuación.
Porque si piensan los carrancistas defender la ciudad de México ¿Para qué la desguarnecieron?
Al trasladar todo el armamento a Querétaro, lo único que hace Venustiano es acercarse al Cerro de las
Campanas.
La hora de la "incautación" ha sonado.

***

La' nota sensacional de los últimos días la ha dado
el Licenciado Don Francisco Carbajal, con su pretendido

matrimonio con una manicuris.ta del Hotel St. Charles
de Nueva Orleans.
¿ Será cierto ?-nos preguntamos intrigados. ¿ Será
posible que el ex-Ministro de la Corte, sea tan romántico que se haya olvidado de que todos sus actos, afectan en parte al prestigio y al decoro de su Patria ?
Cuando un hombre acepta el primer puesto de un
paí~ debe comprender las inmensas responsabilidades
que contrae no únicamente durante su gestión gubernamental, sino por toda su vida. Un ex-Presidente desprestigia con su descrédito a toda una Nación. Bien está,
Lord Byron haciendo locuras y -'Gabriel D'Annunzio provocando escándalos; pero eso que sienta perfectamente
a un artista, deshonra a un ex-Presidente y a la Nación
que estuvo bajo su gobierno.
y aunque en un pueblo democrático no debe haber
jerarquías, siempre resulta bochornoso que los Estados
Unidos se jacten de que nuestras grandes damas se edu- ·
quen en las P&lt;rluquerías de este país. Porque la unión
norte-americana ya se está enorgulleciendo de este romance entre otras cosas por la tabla de equivalencias
'
que establece
para las dos razas. Un presidente de M'exico es igual a una manicurista americana. Y esto, que
gritan a los cuatro vientos los periodistas de este país,
hiere a nuestro pueblo y a nuestra raza.
Por eso, en caso de ser cierta la noticia, el Licenciad9
Carbajal ha cometido un enorme error político, Y lo que
es más grave, una gran injusticia para con su Patria.

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ilustrado, mensual, en español, que contiene noticias e informaciones generales sobre los Estados
Unidos, de interés para los pueblos de Centro Y
Sud América y las Antillas.
No es un periódico comercial lleno de lectura
insulsa, sino una-revista popular que habla de los
acontecimientos más importantes de los Estados
Unidos, y está' perfectamente ilustrada.
Los Estados Unidos son hoy la nación más
próspera del mundo y su posición singular en los
asuntos mundiales actuales, y sus relaciones peculiares con las repúblicas del hemisferio occidental, dan ~rande importancia a esta revista en
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(Nota: Esta Compañía publica también THE
SOUTH AMERICAN, revista en inglés.)

�•

EL COL.LAR DE ORO
- - - EPISODIO DE LA EPOCA DEL MAYTORENISMO - - Desde el amanecer, al seco estampido de nuestros
cañones contestaban las piezas carrancistas que éstos
tenían en Naco. Era aquello un trueno espantoso y continuo que hacía retemblar el suelo sembrado de obuses y
el cielo cubierto de nubes de humo.
Agazapado en la trinchera, junto a unos ciento cincuenta hombres, entre los cuales había un contingente reguiar que yaqüis, el Capitán Orozco se hallaba sumergido
en un estado de inconciencia, tan lejano de la realidad
como del sueño.
En efecto, no pensaba en nada.
Sentía como un vacío en la cabeza y un círculo de jaqueca en las sienes y adoloridos los tímpanos a causa de
tanto estrépito.
De pronto, enmudecieron los cañones, y una calma
desoladora reinó en el campo, que el crepúsculo comenzaba a envolver en sombras.
Los soldados comenzaban a hablar, comentando jocosamente la jornada.
Llegó un subteniente llevando una orden escrita del
Coronel.
T,odos los rostros se volvieron hacia el oficial, que
abrió el sobre y leyó el pliego a la luz de su linterna
eléctrica.
· -Muchachos, al amanecer será la cosa! Procuren
dormir a pierna suelta para estar descansados para la
madrugada.
Nadie dijo una palabra más. El oficial tenía conciencia de que podía contar con su gente, como ésta podía contar con él.
Con la mayor tranquilidad estaban todos dispuestos ,a hacer el sacrificio de sus vidas.
Sin embargo, aquellos ataques nocturnos no sacudían
gran cosa a los maytorenistas. Batirse en pleno sol, presentar el pecho a las balas enemigas, armar las bayonetas en medio de la lluvia de metralla, morir a la claridad
del día lanzando una postrer injuria al enemigo, pase; pero arrastrarse en la obscuridad como pieles rojas, cortar
cautelosamente los alambres de las alambradas, contener
la respiración para lanzarse de pronto con aullidos furiosos sobre el enemigo despavorido, fusilarse mutuamente,
no pudiendo distinguir a los compañeros, era cosa que les
repugnaba a su temperamento de soldados y valientes.
Pero no hay más remédio que contestar a las celadas con otras celadas.
Mientras los soldados, protegidos por los centinelas,
duermen con sueño intranquilo, temerosos de las sorpresas, Samuel-Orozco piensa en su mujer, en Jovita,
a quien dejó aHá lejos, en el Norte y de la cual no ha
tenido noticias desde el mes de Junio.
Sabía que los carrancistas habían estado en el pueblo que él abandonó al día siguiente de la invasión por
ellos y temblaba de espanto al pensar que su amada pudiera hallarse en poder de los bárbaros.
¡ Si al menos hubiese tenido tiempo de huir y ponerse a salvo l. ...... :
Pero si era así, ¿por qué no escribía? Desd~ fines
de, Junio al 10 de Octubre, es decir, más de tres meses
de silencio para su inquieto corazón.
¡ Que placer volverla a estrechar contra su pecho, al

concluir ésta horripilan te lucha! Apretarla emocionado
contra su corazón, diciéndole todas esas divinas puerilida des de los novios o de los recién casados! ¡ Con qué
gusto volvería a emprender su apacible existencia de
burócrata, ese trabajo que antes le parecía insípido y monótomo y que ahora se le presentaba lleno de atractivos!
Pues aquel hombre tímido no tenía nada absolutamente de guerrero.
La movilización de las tropas hacia Nogales, le sorprendió cuando una mañana se encontraba detrás de una
de las ventanillas de su oficina y se veía a la sazón haciendo de héroe.
·
_
Primero fue Sargento, y .después ascendió a oficial.
Y se batía como un león, soñando siempre en la vuelta
a su hogar tranquilo, donde, sin duda, le esperaría Joviti,..
bordando a la luz de la lámpara.
Un cielo por donde corrían las nubes temblorosas,
una neblina helada que humeaba a ras del suelo, una
aurora sucia que no podía romper aún la obscuridad.
Voces breves de mando dad;¡s en voz baja, y detrás de ·
la patrulla invisible en la niebla, la compañía se deslizaba como una legión de fantasmas.
Antes de llegar a la trinchera en la que los carrancistas se agazapaban como topos, había que franquear 200
metros por un campo enmarañaclo de matorrales; después un bosquecito, es decir las balas, las ametralladoras,
la muerte acechando tras de cada arbusto, tras de cada
árbol. ...... .
¡Veinticinco metros aún!
Un silbido y en seguida un verdadero infierno.
Una ametralladora empezó a lanzar metralla y los
fusiles a su vez empezaron a disparar con 'furia.
Samuel Orozco gritó, con la carabina en la mano:
-¡Adelante! ¡A la bayoneta! ¡Adelante!
Pero al precipitarse hacia el enemigo, sintió un golpe seco en una pantorrilla, imperceptible, apenas doloroso. Sólo al apoyar la pierna herida 'en el suelo, le faltaron las fuerzas y cayó a tierra desplomado.
Sus soldados énardecidos salieron adelante, trabándose una lucha a cuerpo encarnizadísima.
, Los moribundos proferían el grito de ¡ Madre mía!
Pero he aquí que el enemigo surgió de pronto en
gran número, sin saberse de dónde.
-¡ Dios mío, voy a caer prisionero!
Esta perspectiva desesperaba al herido que se arrastraba entre el breñal de pequeños arbustos. A cada movimiento sentía correr por la pierna un líquido cálido
que resbalaba hasta el fondo de su zapato. Al fin pudo
ocultarse entre unos matorrales. Apenas llegó a ellos,
le pareció que toda la tierra se movía, su frente se llenó
de gotas de sudor y perdió la noción de las cosas.
Le reanin:!ó una sensación de frío glacial. Tenía la
pier.na helada y tan pesada que le parecía estar fija en la
tierra. Tenía sed y bebió un sorbo de café, que siempre
llevaba consigo en una cantimplora.
No veía un hombre en todo el horizonte, y aquel
desierto, después de la horrible lucha de que acababa de
ser teatro, daba frío en el alma.
De pronto sintío Samuel un escalofrío de angustia.
Alguien se movía detrás de él, Oyó un sordo lamento.

-¡ Compañero 1..... ¡Compañero! ..... .

Volvió Samuel la cabeza y vio un cuerpo tendido
sobre la maleza. Era un oficial carrancista, que como
él, había b.uscado allí refugio.
Tenía la nariz afilada, los ojos vidriosos y sus manos
empapad~s en· sangre, oprimían el vientre.
Amortiguada ya la exitación producida por la lucha,
el maytorenista sintió compasión por aquel enemigo
vencido.
..-¡ Pobrecillo !-murmuró.
Y fraternalmente aplicó con precaución la cantimplora a los labios del carrancista.
- ¡Gracias!
Dijo que se llamaba Bartolomé, que era de Guaymas,
donde su mujer, Panchit:¡, esperaba en vano su regreso.
Sabía que el bayonetazo que le había herido era mortal.
-Escriba usted a mi mujer. Las señas las llevo aquí
en mi cartera.
-Le, prometo hacerlo si salgo bien de ésta. El carrancista comenzaba a delirar. Salían de sus labios entrecortadas fraces por las- que se traslucí~ que su memoria iba pasando por una serie de hechos y de recuerdos
en la campaña. Ya eran gritos de triunfo, ya maldiciones
de algún ~efe, ya súplicas de perdón y palabras de remordimiento por algún delito cometido tal vez.
Al fin calló.
El Capitán, conmovido, empezó a registrarle, para
cumplir la última voluntad de aquel desdichado. Desabrochó el chaquetín, lleno de polvo y de sangre y en un•
bolsillo encontró una gran cartera atiborrada de billetes
de algunos bancos americanos y de cartas. No había ni
un solo bilimbique carrancista.•

En el bolsillo había otro objeto, precioso sin duda,
pues estaba cuidadosamente envuelto en un finísimo pañuelo de encajes, robado, probablemente también como
los billetes.
Samuel deshizo el paquete y no pudo contener un
grito de ira:
-¡Bandido!
El contenido del pañuelo eran algunas alhajas de
mujer. Una sortija con un rubí, otra con una esmeralda, un sujetador de oro muy sencillo y un collar finísimo,
de oro también, del cual prendía un brillante trémulo,
como una gota de agua, incrustado en una chapita de oro.
Mientras Samuel contemplaba las joyas, el moribundo volvió a moverse en la agonía y pronunció algunas
palabras.
-¡No .... perdón .... yo quería lleYárselas a mi mujer ... . . . ¡ Se resistía 1••.••• era una maytorenista ..... no
quise matarla! .... . ¡ Perdón! ¡Perdón! ..... .
Aunque hablaba con palabras entrecortadas, Samuel
le entendía perfectamente.
Aquellas palabras le llenaban de espanto. Quiso interrogar af herido, pero éste había muerto.
Samuel no cesaba de mirar las joyas.
- Este brillante parece .. , . . .
•
Lleno de angustia, acometido por horrible pensamiento, leyó las letras grabadas en la chapita de oro.
En letras finísimas estaban grabados a buril, dos
nombres y una fecha.
"Jovita-Samuel. 8 de Mayo de 1914."

ING. DANIEL NIEVA.
Nogales, Arizona, Octubre 10 de 1914.

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Soluciones correspondientes
al número 57.
Anagramas propuestos por Elisa
Gutiérrez de Longoria.
Carmen Romero Rubio de Díaz.
Señora Matilde Lorenz de Cerna.
Lic. Nemesio García Naranjo.
Doctor David Cerna.
Fueron resueltos por Delfina y Ercilia Rivera, María Montes y Dolores Contreras. Francisco Guerra jr.
y Marietta, resolvieron todos menos
el segundo y al señorita Isaura Noriega resolvió únifamente el primero.
Charadas propuestas por Elisa G,
de Longoria.
Primera.-Sacabocado.
Segunda.-Salterio.
Fue resuelta la primera por Francisco Guerra hijo, Isaura Noriega,
Baltazar Ochoa, Delfina y Ercilia
Rivera, Mario Montes y Marietta.
La segunda apareció con una errata notable, pues donde decía ·"razonar" debió haber dicho "sazonar."
Quizás por esto, nadie la resolvió.
Refrán-Charada por Elisa G. de
Longoria.
A palabras necias oídos sordos.

..

Fue resuelto por Isaura Noriega,
Delfina y Ercilia Rivera, Francisco
Guerra hijo, Lola Contreras, Baltasar Ochoa y Anacleto Chapa.
DOS CHARADAS
(Con una misma solución)

I.
La señora de don todo,
doña cuarta repetida,
le ha llamado tod~ el tiempo
viejecito tres tercera.
"La muy buena prima doble
de la cuarta repetida
enfermóse, y esta últim.a

fue a traer tercia dos cuarta
pero al salir pisó a un perro
el segunda tercia débil;
por lo cual la dueña dijo:
¡cuarta prima!-y le pegó
tan furiosamente fuerte
que casi lo prima cuarta
sin que cuarta una dos
tiempo para levantarse,
nuevamente le atizó
con la misma do~ primera.

pues tres con cuarta (acentuada)
dando contra la barrera.
Haré mención de tu nombre
si resuelves mi charada,
y si no, serás un hombre
que dos tercera merezca
tener, y perder el habla.
ROMBO

II.
En casa del señor todo
hay una chica muy bella
que por cariño hacia ella
cuarta cuatro le llamamos
Tiene un novio la aludida,
que aunque es tonto y tres tercera,
. lo quiere más que a su vida
y por él la vida diera
Su prim~ra repetida
está enferma,-mas no graveY con tres segunda cuarta
está tomando un jarabe
que a nadie prima postrera; ·
y aunque dos segunda sea
la medicina aplicada,
se siente, gracias a Dios,
la enferma muy aliviada;
por tomarla cada dos
con cuarta en esta semana.
Cuarta prima con segunda
algunos baños de fijo
en el país del tres postrera,
torero de quien se dijo
había muerto al dar un sirlto;

..
Substituir los puntos por letra.s, de
manera que se Jea vertical y horizontalmente: en la primera línea, vocal;
segunda, asidero; tercera, reptil venenoso; cuarta, el nombre de una mu- ·
jer célebre en la antigüedad; quinta,
forma verbal; sexta, espacio d'e tiem·
po; séptima, vocal.
CHARADAS
Es mi · primera segunda,
útil muy bueno,
y mi tercia primera,
fuerte veneno.
¿Y quién lo duda?
que mi todo lector, sirve
de mucha ayuda.

** *
Buscan mi todo los jóvenes
Y c;n especial estudiantes;
prima segunda las damas
que quieren enamorarse.

HOROSCOPO DE AMOR
Este precioso cuaderno contiene
secretos y consultas reservadas para muchachas solteras, señoras casadas, viudas frescas, jóvenes solteros, y hombres de comercio. Co.munica la buenaventura en amores,
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***
Con mi prima tercera
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•

(Consagración de un Tribuno ...... Concluye.)

esclavo, prefirieron siempre el au~usto y austero silencio
de la muerte.-(Aplausos prolongados.)
Hay en la Biblia un símbolo grato a mi corazón,
al cual suelo acudir algunas veces: me refiero al símbolo
de la mujer de Lot.
A fuerza de revoicarse sobre el fango y el vicio, incurrió la ciudad en la divina cólera, que resolvió llover
fuego del ciefo sobre la carne de los réprobos. En medio
de tanta maldad, había, sin embargo, una familia virtuosa, la famifia de Lot; y para apartarla del peligro, un
ángel del Señor bajó a prevenirles que se alejaran de la
ciudad maldita, marchando hacia adelante, sin volver los
ojos hacia sus muros profanados. Pero la mujer. de
Lot no pudo resistir: allá atrás entre las llamas del incendio quedaba su hogar y con él todo su pasado. ¿ Cómo l)O volver los ojos siquiera por última vez'. sí como
divinamente cantara el bardo antiguo "siempre a nuestro
parec~r, cualquiera ..tiempo pasado fue mejor? 'Y la mujer
de Lot, deshecha en lágrimas, quedóse allí, convertida en
estatua de $al, llorosa eternamente!
Símbolo admirable de los pueblos que se vuelven de
espaldas para anegarse en la contemplación de lo que
fueron y que aca•n por perder el sentido de la realidad
quedándose a la zaga del progreso!
El peligro es muy grande porque la tentación es poderosa. Hay en ~I fondo de esto aquel extraño placer
morboso denominildo "la dicha: del dolor," el mismo que
palpita en la doliepte frase de la heroína del Dante: •'na-·
da hay tan triste como rec.o rdar en la desgracia las horas
de felicidad!"
España también cedió; y · después de agotarse alimentando a sus pechos estas nacientes nacionalidades
sentóse a la vera ael camino a confortarse en la contero~
plación de su pasado esplendoroso. Y del recuerdo de
sus pasadas grandezas y de sus indomables heroísmos,
entre la dorada bruma de sus sueños, fue surgiendo Don
Quijote, el doliente alucinado que por seguir a Dulcinea,
la intangible Dulcinea de la justicia y del ideal. dejaba
entre las manos del escudero zafio, las repletas alforjas
de los intereses, que, alimentando el desmedrado &lt;&gt;rganismo, pudiera..n volverle de su santa locu_ra. Y todavía
en esta hora pavorosa, en que la Europa entera se derrumba, renovándose por el hierro y por el fuego al
empuje de formidables intereses, España prefiere abrazarse a la cruz, a la cruz' de esta indefensa civilización,
no de la embustera civilización que reparte la muerte en
las trincheras y por encima de los aires y por debajo de
las ondas, sino de aquella otra, de la que dijo el excelso
portugués que "aun por el lado de la utilidad considera
. un Sentimiento más útil que una Máquina."
Pero la vida llama rudamente a nuestras puertas,
Y es necesario volver pronto al sentido de la realidad,

luchas de la Reconquista, en. las que verdaderamente se
forjó la nacionalidad española.
Cierto que no faltan escrupulosos exputgadores del
pasado, para quienes la batalla de Covadonga tto es sirto
una leyenda, vana y ligera niebla de los tiempos., que se
disipa al primer contacto del análisis como nueshas
brumas de la montaña. se deshácen al primer beso del
sol ardiente de los trópicos.
Yo no pienso así, l)Ort¡ué para mi fué siempre un
cr.edo inconmovible que mientras la verdad es eterna y
triunfadora, la ficción y la mentira son precarias y frágiles de suyo. La .imaginación del hombre es refractaria a la verdadera invención: siempre hay algo de cierto
en .el fondo de las más increíbles historias. Y además
los hijos de la fantasía son como esos muñecos inerte~
qu.e ~I .campesino planta en mitad de ,su heredad, que al
prmc1p10 presentan una apariencia humana, pero después
el vi,!!nto y la lluvia convierten en tristes y flotantes despojos. Mas a los momentos que la verdad erige, la pátina del tiempo les presta la serena grandeza de los siglos.

Hay un fenómeno, señores, que de seguro todos conocéis: me refiero a la cristalización: Si en una vasija
depositamos un líquido saturado por una sal en disolución, a medida que va evaporándose el líquido, la sal va
depositándose en cristales. Al principio el fenómeno parece como que vacila y se resiste; pero si entonces dejamos caer en la disolución una partícula previamente cristalizada, rápidamente y alrededor de ella cristaliza el todo.
El papel de esa partícula maravillosa, es el que según
yo, ha desempeñado Astur.ias en el proceso de la reconquista: el alma popular estaba saturada del mismo anhelo; pero aquella intensa aspiración colectiva no pudo
cristalizar hasta Covadonga.
•
Y por eso en todos los t iempos, Asturias ha sido la
Pero para anudar esa uni6t1 1 se necesita un milagro,
médula de la patria española. ¿ Por qué, entonces, no
. un milagro patente. Son de tal magnitud nuestros egoíspedir a Covadonga que nos haga el milagro de unirnos
mos, nuestras apatías, nuestras diíerencias, nuestras inen un haz invencible y glorioso?
tolerancias y nuestrós !)Csímisn1os s'uicidas, que para allaPero los milagros sólo medran en la~ tierras abonanarlos y dar paso a la unión necesitamos que otra vez
das por la fe. Cuentan los que lo han visto, que en Loui:brille todo el día sobre el horizonte el signo vencedor
des el prodigio no suele• producirse sino cuando una inde Constantino.
mensa muchedumbre enloquecida, en un supremo alarido
Y entonces sí, el prodigio de la unión será. Vednos de dolor, de esperanza y de fe, demanda el milagro del
a nosotros lo-s mexicanos, divididos por océanos de san- cielo, como si Dios sólo gustara de manifestarse cuando
gre; hay enfre nosotros abismos cuyo fondo no acierta su pueblo toca en el punto del éxtasis religioso.
a distinguir ni el ojo penetrante de nuestras águilas. Y
Así nosotros, sólo hemos de salvarnos por la fe. Si
sin embargo, algún día los antiguos conservadores y no- la sentimos inconmovible y honda, el milagro será Y en
sotros los nuevos liberales, nosotros los positivistas y los la hora de la prueba decisiva, se levantarán de un sepulviejos ortodoxos, hemos de unirnos a la sombra del pen- cro las sombras augustas de Bolivar y San Martín, de
dón de la Virgen de Guadalupe.
Máximo Gómez y Maceo, de Morelos y Porfirio Díaz,
Porque la Virgen de tez mo~ena que descendió en para combatir a nuestro lado el buen combate; Y hasta
el Tepeyac para dolerse con los dolores de nuestro pue- removiendo el polvo de los siglos heroicos, otra vez cablo, ni aun para los creyentes fervorosos es solamente la balgará sobre Babieca el cadáver del Cid Y el Apóstol
Reina de los Cielos, sino que en la patria santificada, es Santiago empuñará su lanza de Clavijo para llevarnos a
la imagen que hecha bandera, ondeó por primera vez en- la victoria.
Y entonces sí, dignificados para siempre, tendremos
tre el fragor y el humo del Monte de las Cruces, es la
el
derecho
de celebrar la Fiesta de la Rat'A.
que nos siguió agonizante por todo el Calvario de la inPero
si
no ...... habrá que resignarnos, corno el hévasión americana, es la que triunfó con nosotros sobre
los batallones franceses en las colinas de Puebla y es, roe vencido en lucha desigual con los dioses; habrá que
en fin y sobre todo, y por eso la veneramos más, la que prosternamos tristemente sobre la tierra- tint~ en sa~gre
en la guerra próxima ha de acompañarnos, si necesario de esta irredenta América, y levantando los OJOS al cielo,
fuese hasta el sacrificio, y, en la hora suprema, desde lo implorar con el excelso bardo, caído allá en el er~ástulo
de Nicaragua: "Cristóforo Colombo, pobre almirante:
lo alto de su asta bandei:a, ondeando acribillada al viento
de la gloria, ha de mandarnos la ultima mirada de con- ¡ ruega a Dios por la tierra que descubristel-(Ovación
prolongada.)
suelo.-(Aplausos.)
naciera ta monarquía asturiana, humilde simiente de una
plttiA nueva, que desde el agujero de Cangas de Onís
había dt extenderse hasta más allá de donde el Sol se
püsiHíl.
VtHiotros M .!spaña y nosotros en América, estafü6s füti)i nééésltados de unión, de unión estrecha, fuerte
y perdurabte; vósottos ante esa agitación regionalista
que lo mismo puede ser anuncio de un resurgimiento glorioso que un paso en el triste sendero de la decadencia;
nosott·ós ante las audacias· del imperialismo americano,
(¡ue en presencia de nuestros cobardes egoísmos, cada día
co.ttstlm!I. péore.s atentados al derecho, a la justicia y a
la rázíl.

Covadonga, a través' de estos 1,200 años, lejos de ir
cayendo en pedazos, ha ido cre.ciendo en fuerza y en belleza, como si estuviera forjada en el invencible bronce
de Samotracia. Como símbolo de la fe, su culto ha ido
creciendo de siglo en siglo, y como símbolo patriótico
es cada día más la médula, el a.lma misma de la nación
española.
Y ya que de estat cosas trato, per.mitidme deciros
que el ú:timo día de Covadonga me trajo una de las ma-yores sorpresas de la vida.
Para mí el 8 de Septiembre, hasta donde alcanzan
mis recuerdos, es día de dos conmemoraciones inolvidables. Una, de mi patria y de ayer apenas, cuando los eadetes de Chapultepec caían eón el p~cho abierto por· tas
balas del invasor americano, defendiendo a su patria en
la más .injusta y alevosa de las guerras.
La otra es de Covadonga. Está muy fresca todavía
la fecha en que Cuba dejó de ser tierra española. Es natural que mientras lo fue, los españoles se sintieran aquí
dentro de la patria grande y que, por eso mismo, la patria chica recobrara sus fueros. Pero en México no su.
cede lo mismo.
Pronto .hará cien años que el último de
los virreyes firmó los tratados de Córdoba, que consagraron nuestra independencia; y acaso por eso; por la
distancia en el tiempo, allá no tenemos asturianos ni
gallegos, ni montañests, ni castellanos: allá en todo tiempo, pero sobre todo en el día de la Virgen de Covadonga, no hay sino corazones españoles que aceleran su ritmo ante una pandereta que levanta en los aires sus ~intas Y sus sonajas., de una gaita que •rememora las dulzuras de la .lengua y del alma gallegas, de un baturro que
ensaya doliente jota aragonesa o de una guitarra valenciana que con los listones rojo y gualda que la visten y
adornan, parece anunciar que en su caja sonora encierr-a
toda el alma española y en sus dolientes notas el lenguaje impreciso con que expresa los dolores, recuerdos y
esperanzas de su pueblo, el más tenaz y firme de todos
los puebos de la tierra !-(Aplausos.)

'

si alguna vez hemos de exclamar como el hé-oe manchego: eñ los nidos de antaño no hay pájaros ~gaño.
Sólo así tendremos el derecho de celebrar la verdadera fiesta de la raza, una fiesta que sea la íntima comunión de España, nuestra gloriosa abuela, y de su descendencia infinita, y donde podamos todos, libres y reY yo, que traía el alma llena de estas memorias, yo
dimidos al fin, sentarnos al hermoso banquete de la vida! que conocía la importancia de esta colonia española., y
• Para lograrlo, se necesita terreno propicio; y habrá ,por eso mismo esperaba un 8 de Septiembre con multique encontrarlo, aunque para ello tengamos que volver- tudes de jubileo y con esplendores de apoteosis, imanos a ese pasado de tan peligrosos espejismos, pero sin ginad mi sorpresa cuando al despertar encontré que
apartar los ojos de la hora presente.
ni una campana rasgaba el aire ni 4na bandera española
Y, ¿ cuál mejor, séñores, que el Centenario de Co- se· recortaba sobre el fondo de este cielo divinamente
v~donga? Dentto de dos años serán doce los siglos que azul, en honor de la Virgen de Covadonga, símbolo gehan pasado desd_e que la batalia de Covadonga inicio las . nuino del alma de España desde la remota fecha en que

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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