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                  <text>MR

Tr?ANA
.

'JEM44 NA RIO lL USTRADO
VOLUMEN I II.

NUMERO 62.

El futuro Presidente de Estados Unidos, CHARLES EVAN HUGHES, quien puede reparar los ultrajes hechos
a la soberanía de México por el actual Presidente Woodrow Wilson.

--------

�•

ar1 Sensación

REVISTA .MEXICANA

ditoria

Semanario Ilustrado

Un Libro del Lic . Querido Moheno

&amp;NTERED Al BECOND CLASS MATTER, OCTOBER 25, 1915 AT THB POST OPFlC&amp;
OF SAN ANTONIO, TEXAS, UNDER THE ACT OF MARCH 3, 1897

Volumen ru.

San Antonio, Texatt, 12 de Noviembre de 1916.

Número 62

LA DERROTA DE MR. HuGHES
•

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COSAS DEL TIO SAM
E L1c. Qutn

Moheno, con el vruor civil que lo caract rua. ha escnto una. obra en la cual 11e pmu
b.'&gt; y a. país norte.imencano" con exactitud pasmosa Es un prodigio de franqueza, de valor J de
cencl.sd.
P ra que el público jlL!( ..~ su im¡,:&gt;rtancia.., antic1 pamos el indice:
t. L1 Ante;a~a de Urce Sam--20 D .. la Habana a Ncw York.-30. Cocina y Literatura.-40 La Abc&gt;b'!! Mct ópoli.-50 El MoldP. Ame.ric..no -60. El Rebaño de Panurgo.-70. Los Timos de Acá.--80. Soel Mi,n::i Tema.--90. Siguen·º"' T ,rr:..is.--10. Home Sweet Homc.-u. Home Sweet Home, concluye.-u
(v bination Salad -13. Si Lmco.. I&lt;t: i:.r ,tar -14. El Lado Bueno.-15. El Porvenir de Uncle Sam.
160 pág.r..ls en Se.. por 6o centavo:; A le. Agentes y Libreros, precios especiales.
Pronto ser.í puesto a la venta en "REVISTA MEXICANA."
P O. B[)x fe

Station A.

San Antonio, Tau

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tos ciariries de los co~stitucionatistas hart de estar
tocando 'las dianas de la vktoria. Mr. Woódrow Wilson
ha resultado reeiecto como presidente de los Estados
Unidos y ias hordas de Carrahza no pueden interpretar
este acontecim1ento sino como un refrendo bonancible
qué ies permite seguir chupando la sartgre y extrayendo
r.l oro de iluestra infortunada Patria. Las campanas de
Catedral han de estar repicando con el mismo júbilo con
qut! fueron sacudidas eh el momento en que la caballetía del Coronel Dodd invadía el territorio de México,
mierttras los turHerados de Don Venustiano, que permitía el acto, lb declaraban por ello, el salvador de la dignidad y de la soberanía de la República.
Mr. Wilson continuará en la Casa Blanca; Mr. Pershing seguirá én México: luego bon Venustiano se consolidará eh el solio. Así piensan los ,:constitu cionalistas"
y han de estar preparando las orgías del triunfo, sin comprertder que, de un momento a otro, interrumpirá sus
aparrandas, el "Mane Thacel Phares" de la tradición bíblica.
El derrumbamiento del Constitucionalismo es una cosa inevitable. La hoguera que rodea a Don Venustiano
ha crecido demasiado para que sea posible apagar el incendio. Y Mr. Wilson, que en dos años de apoyo ~cidido e incondicional no ha logrado afianzarlo en el poder, fracasará de nuevo si insiste en forzar a un pueblo
noble, para que sea gobernado por una horda de criminales.
"El desgobierno de Carranza-nos escribe un culto
amigo nuestro-no · tiene cimientos, que son los que
dan firmeza a los muros: Mr. Wilson lo mantiene en pie,
con su ayuda incondicional; pero Mr. Wilson no es un
cimiento sino un puntal, y los puntales no sirven sino
par.a det~ner temporalmente las murallas inseguras. El
que quiera prescindir de cimientos, así en las construcciones físicas como en las sociales, acabará por caerse
aun cuando lo quieran sostener los puntales más resistentes del mundo: contra las leyes de gravedad, no hay
consolidación posible.
Este admirable símil no tiene refutación: por eso
creemos que el desenfreno carrancista, a pesar de la reelección de Mr. Wilson, no podrá sobrevivir. Claro
está que el triunfo del Partido Demócrata ha significado
para. el Constitucionalismo, que Don Venustiano en el
concepto norte-americano va a seguir siendo un "libertador" y no un bandido, como resultaría oficialmente si
hubiera triunfado Mr. Hughes. La justicia se retardará
poco tiempo, y esa tardanza es la única ganancia del
Constitucionalismo. La reacción, se impondrá a pesar de
todo, y Mr. Wilson, pronto verá que la muralla cuarteada

•

se derrumbará sobre el puntal que la pretende sostener.
Y esto es probablemente lo que más conviene a Mé·
xico . . Caranza derrumbado por la exaltación de Hughes,
podría tener el cinismo de achacar su caída a la influencia extranjera, como tuvo la desvergüenza de declararse
salvador de la soberanía nacional, el día en que un ejército extraño pisaba el suelo de la República. Sí-es tanta
su frescura-que podría gritarle a la Reacción: "triunfas
porque Hughes te impone, porque te da las armas que a
mí me daba Wilson, en una palabra, porque te sometes
a los nuevos amos, como yo me sometí al señor caído."
Y Carranza caería deshonrado, pero salpicando lodo sobre los patriotas que fueran a reconstruir lo que él ha
devastado.
El Destino no quiso depararle esa oportunidad y lo
condena a caer con una mordaza de impotencia y de infamia que le impedirá lamentarse de su ignominia. Su
caída será un poco más lejana; pero definitiva y bajo el
único peso de sus propias culpas. Y la historia, en lugar
de decir: "cayó porque un Presidente Republicano condenó su régimen;" dirá: "se derumbó, a pesar de que
Mr. Wilson hizo todo· 10 posible por imponerlo al pueblo mexicano."
La primera caída, aunque culpable, lo podía hacer
aparecer como una víctima más del imperialismo yanki;
la segunda lo hará aparecer como realmente es, como el
instrumento que utilizaron los enemigos de su país, hasta
el último momento, para destruir el buen nombre y el
decoro de México.
La Revolución que llevó a Veracruz las fuerzas del
General Funston y tiene en Chihuahua al ejército del General Persh_ing, no merecía caer acribillada por proyectiles extranjeros, que despertaran la piedad futura de los
mexicanos. Judas no hubiera sido digno de morir sacrificado por los esbirros que lo compraron. Los traidores no merecen morir como víctimas, sino amortaja-.
dos en sus propios crímenes. Y la muerte de la Revolución que hace seis años, hizo sonar los nombres de
Creighton, Vil J oen y Garibaldi, que ahora sólo encuentra plumas asalariadas extranjeras que la defiendan, no
debe ser estrangulada por extraños sino por la misma
nacionalidad.
No debemos estar tristes con la reelección de Mr.
Wilson, que aparentemente refrenda por cuatro años
nuestro destierro. La redención de la Patria se retardará un poco, pero tendrá en cat_n.bio la ventaja de que
se hará sin un átomo de ayuda extranjera; más aún, se
hará en un gloriosísimo despertar del espíritu mexicano,
que arrojará de su seno con sus propias fuerzas las bacterias que un pueblo extraño le inyectó sin misericordia.

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_D_E_S_D_E_J_A_U_J__;_A_'""__u.l'----___.;.B_on_A_s_~_E_s~L_Ri_E_RI_o___,

L-1

A 23 de Octubre de 1916,
Mi querÍdísimo amigo y colega:

.., .
Permíteme que al llegar a 111. tirtcuentena de mis
cartas, y sin olvidar del todo 11. los paladines de ia causa,
me interne por los vericuetos del "yóísmo!' Perdóname este ligero rasgo- de vanidad. Creo que después de
haber llenado tántas cuartillas en el curso de estas epístolas, bien merezco algunos toques por lo que a esta
• larga labor se refiere. Desde luego salta.n a la vista dos
punto&amp;: el haber podido abrirse paso mis letras a través
de las enmarañadas redes tan sutilmente tejidas por los
sabuesos del Gobierno de Facto; y el no haberme fatigado esta marcha lenta y difícil por los escabrosos senderos que nos brinda el constitucionalismo.
. No puedo dudar de la intercesión de hados benignos,
milagrosamente realizada, al ver que-exceptuando unatodas mis epístolas llegaron sanas y salvas a tus manos.
Ni logro sorprenderme bastante de la perseverancia con
que he venido manteniendo, en ll~ma viva, esta antorcha
de fe en aras de )a patria inviolada y redimida.
Soy un ejemplo palpitante de lo que puede la emulación. Cuando yo admiraba la facundia prodigiosa de
Don Ven.us para la elaboración de decretos, me daba a
pensar por qué no habría de serme fácil, en materia epistolar, ir a la zaga del redentor. Me puse en obra, y fueron brotándome las cartas para ti con una espontaneidad
y una frecuencia y un espíritu tan regocijado, que-ya lo
estás viendo- he podido alcanzar una cifra no despreciable. Verdad es que no he llegado a competir con el
número de los decretos; pero de todas maneras, ellos me
sirvieron de estimulante eficacísimo, lo cual demuestra
que no limitaron su acción a la benéfica producida en .las
clases oprimidas, sino que reflejaron en pro de tu causa,
a la vez que determinaron en mí una· decisiÓJ1 tenaz para
el ejercicio de la palabra.
Los que en la escala social no llegamos al SI de la
diatónica por hallarse en la cúspide, ni nos mantenemos
en el DO que fija el punto de partida, sino que nos sentimos a mitad del camino-digamos en el FA-no podernos aspirar, dentro de la mediocridad, a otra cosa que a
imitar en lo posible a los que dan las notas alta.. Y las
altas notas sólo pueden salir hoy del Ciudadano Primer
Jefe, que es, como si dijéramos, el Director de Orquesta.
Ese FA bien puede ser el principio de la F ~ .. .. scinación que ,nos ha producido la incautadora. En el SI
está el SI ..... mbolo, y por eso se yergue en la cumbre.
El DO, que corresponde a las últimas capas, puede tornarse corno representativo del DO ..... minio democrático, para justificar que la democracia viene desde abajo
y en esa zona organiza sus incorruptibles elementos.
Para no dejar vacantes en la escala diatónica el RE,
el MI, el SOL y el LA, podemos distribuirlos en esta
forma: el RE para la RE ..... construcción de Jauja; el
MI, para el MI. .... crobio del hambre; el SOL, para la
SOL ..... vencía al liquidar Deudas Sagradas, el I:A, para esta LA ... .. ngosta depuradora: que · a pesar de ser
la angosta es ancha de manga.
Hecho este breve recorrido por toda la escala, comprenderás que no he obrado con falta de cordura, tratan-

do de imitar al barbado Patriarca de las gafas, mocÜllo
que, aunque visible, no se halla todavía en süio tan saHente como quisiéramos. ¡ Que más aeseáramds sihó
verio "saliente" de verdad, aun cuando fuera por el cañón
de la chimenea y disparado a tan inconmensural:lle distancia que se perdiera en el éter, donde radica el planeta de su nombre.
Esto que pudiera llamarse "Bodas de oro de un epistolario," bien daría ocasión a un festejo rumboso. Por
menos los celebramos en Jauja con toda la pompa preconstitucional. Dentro de las líneas del programa conmemorativo encerraríamos algunos números a cargo de
los más bizarros varones que han luchado sju. desmayar
por hacernos felices incautándose nuestros bienes. Pero temo salir desairado si dirijo atenta invitación a los
elementos reinantes, y domino mi impulso, que es lo.
único que han dejado bajo mi dominación.
Sin embargo, por vía de solaz haré castillitos en el
aire. Figúrate si no cabría, por ejemplo, a guis&lt;! de
Obertura, el Himno Nacional, no sólo porque evoca al
punto. aquella estrofa alusiva "al extraño enemigo que
osare profanar con su planta nuestro suelo/' y a tµyo
texto nos hemos venido ciñendo con toda arrogancia,
sino porque es pieza bélica tan popularizada que lo mismo se ·la tocamos al Primer Jefe que al Primer Bandolero, con tal de que antes haya sido el Napoleón de la
libertaria.
Figúrate también si no encajaría un discurso , del
Manco Epico que tiene una verbosidad democrática desenfrenada, en vínculo con una dicción de academia, al
propio tiempo . que unos arranques líricos como el de
"la noche eterna de más de cuatrocientos años," y gasta
frases tan enérgicas y floridas como aquella de mi primera epístola: "ya verán esos desgraciados cómo los
a1rian1os a varejonazos."
Igualmente imagínate si no sentaría bien la lectura
de un milésimo del Decreto sobre el divorcio, para que
el auditorio sintiera un dulce sopor ,nada más, ya que embonar íntegra la pieza provocaría un sueño profundo, del
que no sacaríamos a los oyentes ni con salvas de ar·
tillería gruesa,
Pero a qué seguir por las vaguedades del ensueño.
Me resignaré a que pase el suceso sin dejar más huella
que "la del . ala de un pájaro que cruza los espacios,"
arrebato imaginativo que cedo a Chelino Dá~alos para
cuando pergeñe obras teatrales de las que le han valido,
en opinión de Palavicini, "ser AHORA el primer dramaturgo del país."
Metido ya en hablar de mí mismo-y vuelvo a implorar la merced de tu benevolencia inagotable por estos
desahogos,-permíteme que te dé muy rendido las gracias por la magnanimidad con que me trataste al hablar
de los que intelectualmente elaboran tu Revista, cuando
cumplió su primer año de vida. Veo que te propones
coleccionar estas epístolas y formar con ellas un libro,
para que no queden dispersas e.n las páginas de tu semanario. Tanto agasajo me desconcierta y ánonada. No
hubiera yó nunca imaginado que ibas a llevar tu generosidad a tales distancias, y no porque fije limitaciones a
ese dón de tu espíritu, sino por no creer que valga la
pena hacer nuevo consumo de papel y mano de obra en

•

lá que no aspiró a tener consistencia, y sí, a lo sumo, el
•efímero pasar de lo que va a las hojas del día, así sean
ellas del temple y lustre de las que has echado a \olar
en el destierro, para orgullo de las letra&amp; y para honor
de la raza, Supongo que las cincuenta cartas forman
ya suficiente volumen, y aquí terminará la primera serie,
para que si el cielo me concede la dádiva dé una prolongación de vida bastante a llegar a la centena epistolar,
las otras cincuenta redondeen la segunda serie. Ello será
si ese mismo cielo al cual invoco, nos otorga igualmente
la ventura de que sea Don Venus quien presidá los des-

tinos de Jauja. Porque en cuanto esa felicidad se nos
venga a tierra, yo romperé esta péñola antes de verla
comida de orín, lastimado en lo más sensible del alma
por la desorientación en que el destino me deje.
¡No quiera la Providencia privarme, con tan rudo
golpe, de la delicia a que me entrego, sen\ana por semana, en la exhibición y comento de los prodigios de
Jauja!
Tu agradecido y fiel amigo,

SILVERIO.

TOPICOS DEL DIA
Las gentes de la capital de la República, preguntan
en tono malicioso y guasón:
-En qué se parece la abuela de don Venustiano a
la Secretaría de Hacienda?
-En que tienen un nieto muy bandidol-contestan
riendo.
No cabe duda de que el Primer Jefe y su grupo, están rodeados de un prestigio enorme.

***

Gentes que acaban de llegar de Saltillo, nos cuentan
que ett días pasados fueron encontrados tres individuos
robando unos sacos ett la casa de don Jesús Carranza:
el castigo, como era lógico, fue el de la pena de muerte,
Ladrón que roba a ladrón
Ha cien años de perdón,
dice el conocido refrán; pero
Ladrón que roba al hermano
Del barbudo Venustiano,
Morirá c9mo un villano.
Los tres ladr&lt;mes llegaron an'te el cuadro que los ejecutó con relativa s·erenidad ; pero uno de ellos, tuvo la
osadía de gritar que moría por haber robado al ladrón
más grande de los últimos tiempos. Las gentes que presenciaron aquello, recordaron los muebles de don Joaquín
D. Casasús, grabados con las in iciales "J. D. C." Luego
se escuchó un descarga de fusilería y cayó al suelo, revolcándose en su propia sangre, un ladrón que pudo· haber sido General del Ejército Constitucionalista.

'

hacia su . casa. De pronto, quiso " terarse de la hora,
y al sacar el relax, recientemente recuperado. vio con
estupefacción que no era el suyo. Y pensó aturdido:
buscando mi relox robado he cometido un robo; persiguiendo a un ladrón me he convertido inconscientemente
en un ratero.
Llegó a su casa muy preocupado; y habiéndolo advertido su esposa, le preguntó la causa de su abatimiento.
--'Considera que me han robado mi relox, y .....
-Tu relox-contestó la esposa-no te lo robó nadie: lo dejaste olvidado esta maifana encima de tu escritorio.
-¡ Pues eso todavía es pcor!-contestó aquél hom-'
bre atribulado de pena.
-¿ Cómo peor ?-preguntó la esposa desconcertada.
-Sí, hija, mucho peor, porque soy un ladrón vulgar,
un ratero despreciable.
Comentario: en el terreno del carrancismo, las gentes se van volviendo ladronas, hasta contra su propia voluntad.

***

***

En una función de circo, de la ciudad de México, un
paya•o dijo al público, que iba a presentar unas adivinanzas animadas.
r
Y presentó ante los espectadores, unas antiparras una
piocha blanca, y diez uñas más largas que la piocha.
-El público se puso de pie y gritó entre carcajadas:
¡ Carranza!
Naturalmente, el payaso está recluido hoy en la Penitenciaría, porque don Venustiano dice que para hacer
reír a la gente basta él.

A propósito de robos, vamos a contar a nuestros
lectores el siguiente sucedido, cuya veracidad nos consta:
Un caballero que se paseaba por las. calles de México, quiso sacar de pronto su relox para informarse de la
hora, y vio con indignación que la prenda había desaparecido.
¡ Ah, bandido !-gritó colérico, y pensando en un individuo que dos minutos antes había pasado junto a él
y casi llevándoselo de encuentro. Fue él, sí, fue él quien
me robó el relox-continuó diciendo lleno de rabia.
Y decidido a recuperar su prenda, volvió sus pasos
con ánimo de encontrar al presunto ladrón. Después de
correr algún rato, lo encontró y amenazándolo con .la
pisto!a amartillada le gritó: ¡ese relox! ¡Deme Ud. ese
reloxl
El presunto ladrón, espantado, se sacó el relox del bolsillo y se lo entregó temblando. Nuestro protagonista se
lo puso en el chaleco y continuó su marcha interrumpida

Los carrancistas de León, Guanajuato. no se conformaban con obligar a un pobre señor que les diera las
pasturas de su hacienda para la caballada de la tropa,
sino que lo obligaban también a que pagara a los peones
encargados de cortarla. Un día le dijo al Jefe de las
Armas, que su hacienda se había q.uedado sin servidumbre, y por lo mismo no tenía quién recogiera la pastura.
El "general" carrancista d ijo que no había ningún
inconveniente por ello, y que él mismo se encargaría de
recoger el alimento de la éaballada, lo cual hizo ese mismo día. A la mañana siguiente, el ha-cendado recibió
una cuenta, de la raya pagada a los peones puestos a
trabajar por mandato del Jefe de las Armas.
Naturalmente, se le exigió que pagara dicha cuenta
en oro nacional.

***

�NOTAS DEL CARNET• DE UN·REPORTER
Un aíío ha que el destino y la fuerza de las circunstancias me trajo a este país, que es para los espíritus
latinos que se han asomado a las márgenes de las bellezas
europeas en lo que a literatura. arte, arquitectura y refinamiento social se refiere, como una jaula de hierro en
donde· permanece silencioso y triste, abatido y sin esperanza aquel espíritu alegre, juguetó1~, travieso, irónico,
suave y multiforme que anima a las gentes de nuestra
raza.
Y doblemente un espíritu como el mío, latino, hecho
de molécu 1as de repórter y que se asomara-ay, brevemente,- a las márgenes de la vieja Europa, se siente
encen;;ado en esta ciudad de hierro y de ruido, como dentro de una jaula, desde donde sólo puede imaginarse la
di~tancia-1que existe entre la monotonía gris de la tierra
y la claridad cstUI?-\:,nda de los cielos azules ..... .
.
En esta ciudad todo es monotonía; todo es ruido;
todo es una cosa constante que fatiga, que mata la voluntad y que sólo impresiona cuando escondiendo nuestro sentimiento de resfrío de mexicanos hacia esta raza,
YCmos cómo las mujeres hermosamente bellas dejan en
nuestra alma un soplo de su juventud o bien, ya dentro·
ck·l mundo de las observaciones que nos lleYan indefectiblemente hacia la vicia en sus aspectos materiales, encontramos que algunos hombres de este país son merecedores a ser aclmira!os por su hábil y maravillosa penetración para encauzar negocios fabulosos y formar montaíías de oro. Evocando estos dos estados psicológicos
pienso en las mujeres que desfilan poi:._ la Quinta AvenÍda y en los usureros que prolongan su edad de oro en
la famosa \Val! Street.
En todo este tiempo. un aíío bien largo y bien triste.
un hilo de ' luz y un mundo de sombras ha vivido en mi
corazón.
El rccuerd9 de la patria lejana, de la patr(a que está
detrás de los mares, pero siempre .junto a nuestra memoria y junto a nuestro espíritu, ha puesto mil desventuras
en todos los que vivimos hoy los días del exilio.
Allá se ha quedado hogar. padres. amante, novia y
todo y tocio el mundo de seres que son como los que,
ahora sólo- nos infunden valor y serenidad para ver las
cosas frente a frente.
En la sombra se alzan las manos de la anciana madre que picte al cielo por el regreso del esposo amado, del
hijo ausente o del nieto que a estas horas ya cayó bajo
la inclemencia de torturas e im¡)ieclades bárbaras.
En el silencio del alma se oye la voz, como una camp:N.Jita de oro, de los hijos que presurosos salían al enc¡1entro de su padre gritando afanosamente y mostrando
el gesto de un beso en sus labios: papá, papá ..... .
Pero aquellos lahios que hoy trabajosamente articulan las palabras. algún día gritarán venganza para nuestros enemigos de hoy.
Aquellos que hoy esconden sus miradas entre el rubor de las lágrimas, algún día Yerán levantarse enhiesto
y blanco el monumento que perpetúe el heroísmo y la
gloria de los que a la Patria honraron, ele los que a la Patria engrandecieron. de los. que a la Patria defendieron,
de los que a la Patria le die~on lo mejor de su vida y de
su inteligencia.

por cansancio, por hastío o por terror. Mi espír1tu de repórter fue de aquí para alla: se asomó en la noticia bullartgue,a; pergeñó orientaciones nuevas e11 entrevistas políticas; se sentó enfrente del 'banquillo de reos y ahí más
de una vez. infinitas veces, desde el fondo de mi conciencia y evocando las constantes palabras de mi abuela
que me decía "ten piedad para los que sufren," buscaba
la forma en uniformar una opinión favorable hacia aquel
infeliz para quien el acusador del pueblo pedía la pena de
muerte; mi espíriritu de repórter iba por todos los rin cones en donde el comentario político, la intriga revolucionaria, la oposición parlamentaria y el "chisme" callejero cobraba forma y ciaba seííales de vida; "la voz de la
calle" como llamara a la opinión mi noble amigo el
Lic. Reyes Spíhdola- maestro de maestros, en el periodismo-me atraía con sus mil atractivos diarios; cada
uno a su manera nos daba las noticias; pero justamente
en este desequilibrio de sentires es donde ·el instinto
repqrteril debe tomar en su todo o en una de sus partes '
la verdad de lo que murmuraba misteriosa o enfttticamente la llamada ''voz de la calle;" mi CSP,Íritu de repórter sacudió los crótalos de la "tercera tanda;" fue cronista teatral y e::;condi6 su nombre en la cota de malla
de un pséudonimo · q,ue sonó con roído de timbales en los
oídos de los constantes admiradores de las tiples que causaban las delicias de los tandófilos de paladar estragado
y que resistían la pimienta y la sal de los "calembours"
que se les servían en los condimentados platillos de las
coplas y de los diálogos maclrileiios y nacionales; mi espíritu de repórter consultó a "sorcieres" para que le dijesen el camino que algún personaje, que dio en llamarse
el "hombre del automóvil gris," había seguido una vez
consumado su crimen: mi espíritu de repórter discuri'ió por antesalas de Ministros. de funcionarios, de políticos y de todo un mundo en donde la noticia se agitaba,
se enroscaba, se escapaba, nos pasaba roz11ndo con sus
alas; ¡ay!, cuántas veces perdidas las esperanzas, nos traicionaba, porque había ido a caer en las manos de otros
qÜe no la habian buscado, sino a quien el azar les hizo
dar con ella .... , .
La competencia era en un tiempo la base del reporte·
rismo (con perdón de los académicos;) todo era afán y
lucha, inquietud y satisfacción por ir tras de una "buena
noticia" de las de "primera plana;" aun pasan por mi memoria las sombras de mis compaiieros a quienes seguramente todos o casi todos los desterrados, especialmente los políticos. habrán de recordar también.
Era el tiempo de los triunfos; era el tiempo en que
"El Imparcial"-escuela de alto y verdadero periodismo
nacional,-como decimos en la jerga reporteril, "se llevaba las mejores noticias;" los reporteros de los 04ros peri ódicos éramos los "cenicientos," pero esto era sencillamente porque no se trabajaba, porque no había aliciente
alguno en las redacciones de los otros periódicos, porque
en estas redacciones se conformaban con tener "muchos"
que les llevasen noticias. fuesen las que fuesen; pero vino el momento de la competencia y entonces todos los
diarios reforzaron su "editorial staff" (como se dice
aquí) o sea su cuerpo de redacción y todos. todos sin
excepción. mostraron sus habilidades, su inteligencia, su
suave o intenso grado de perspicacia, de penetración y de
malicia; mostraron sus actividades en todos los órdenes
*
y se vió que entre los reporteros mexicanos había un
Mi espíritu de repórter, sale de las tinieblas; sale co- buen número dotado de criterio, de inteligencia y de culmo una de esas veces en que los muchachos se duermen tura.

*•

1-

-

-

•

Se tncieude
,en ml· mci:n1~rla
ett este 1nstante• el re-'
. del
~1
,,~ .,
ct1er o: e, a que hu;Smeador de, noticias o sea ~l Machín;
aquel hombrecillo breve que estuvo en la columna del
General Huerta y mandó a "Ei Imparcial" aquellas corresponsalías que que eran el asomo de lo que hoy son
las, que para los periódicos de este país mandan los corresponsales que están en los frentes oriental y occidental
de todos los países en guerra; era el Machín perito en
cuestíones militares, y junto a él estaba Piiia, el •·coleador" Piííita, como le llamúbamos sus compaííeros; después vienen Rodrigo de Llano, muchacho fuerte de entendimiento y de penetración reporteril; activo. discreto y
reservado en sus "pesquizas," viene Pedro Malabear
muchacho de cultura y de inteligencia, hábil para l~
entreYista política, para el reportaje, de ocasión; viene
1f anuel García, el repórter eternamente enguantado,. pulcro en sus modales. moderado en su le11guaje salpicado
ele palabras en ing:és, por el húbito que tiene de hablar
este último idioma; este Car.cía era ducho en cuestiones
diplomáticas y ninguno como él para seguir la huella
al misterio que se encerraba en las Legaciones o en las
Embajadas, misterio que estaba detenido en cuerpo y alma
por el sigilo diplomático, por la discreción Yestida con
ca,aca bordada y luciendo en el pecho condecoraciones;
viene después Gonzalo Herrerías, ''buen hacedor de pediódico.s," admirable formador. muchacho de criterio para guiar a los reporteros y magistral en "cabeza_s" y subtítulos; ''El Independiente" es labor total de Herrerías;
pero en su primera época, cuando el que escribe estas
líneas era el cronista parlamentario de aquel diario; y
junto a esta cita viene Moisés Salazar, el viejo cronista
y cronista viejo también ele "El Imparcial" en la Cámara
de Diputados; yo traté íntimamente a Sa'a~ar, fuimos
compañeros de "banca" allá cuando las sesi'ones del parlamento eran ruidosas. tormentosas y llenas de un vivo
interés en las que sonó la elocuencia de Bu 1nes, la óratoria de Lozano, de :1Ioheno, de García l\aranjo y· de Olagu íbel; vivimos los días postreros del gobierno del General Díaz; presenciamos y croniqueamos la sesión en que
se presentó la renuncia de aquel ilustre Presidente y la
del seííor Corral; vinieron los días de renovación de poderes; discusión de credenciales ; formación de comisiones, etc., y oímos la oratoria pulcra y robustecida de un
profundo conocimiento de leyes y de modelos políticos
del Lic. Calero, de Don Emilio Rabasa. de Don Francisco León de la Barra, y de algunos más en' la a:ta Cámara popular. Eran los días en que la noticia guiaba con
más ahinco el criterio de la opinión que los mismos editoriales escritos por Urhina, González Martínez, Sánchez
Santos, Elguero, Olaguíbel, García Xaranjo, Pascual García. Lu is del Toro, Carlos Díaz Dufoo, el Doctor Flores
y otros más; la labor del r epórter era única en esos momentos y así fue conro en }..J éxico se principió a considerar el papel &lt;;le este oficio como una cosa imprescindible,
seria y de notoriedad. En este instante el reportero formó una opinión y la guió a su guisa.
Ya no era fácil tornarse "repórter" de la noche a la
maííana; ya no sólo los "prepa.ratorianos destripados" como decía el Doctor Terrés en un discurso que pronunció,
eran los que 'engrosaban nuestras fi'.as; para seguir el
oficio había que venir preperado. era necesario traer en
las alforjas sendas dosis de malicia y de discreción; para
lanzarse en est.i- aventura de periodiquero había que pasar por duros trances ; había que ir tras de la noticia con
el mismo afán con que un muchacho obstinado va tras
de una mariposa que sabe ha de producir a su espíritu la

dulce,.·ilusión de tener dos alas que cleJadn ert st1s matt0s
polvos de oro ...... 1
,
Así íbamos en esos tiempos tras las noticias los "chicos de la prensa;" porque ''coger una de las de primera
plana" equiYalía para espíritus como el mío, a haber tomado una ilusión que me hacia pensar en que a la mai1ana siguiente mil ojos habían de buscar la noticia del
dia Y los cuerpos que tenían esos ojos habían de estren,eccrse ya de interés, ya de curiosidad, ya de inquietud;
Y cuantas veces, mientras nosotros arrastrando aquella
yi&lt;la de redacción que fatiga y que pone desabrimientos
CQ la ju\'cntud. forjando el ''pan de cada día" de la opinióti que se levantaba buscando con avidez las noticias
ra en las corresponsalías de los campos de batalla, ya en
la nota roja, ya en la sección cablegráfica, ya en la nota
social, ya en la crónica teatral y en fin en todas y cada
una ele las que iorman el periódico de hoy día, pero con
especialidad en la entrevista política o en las declaraciones ele funcionarios del gobierno, la labor venía a resultar anónima. frustúnea e 'inútil; y así pasaban los días,
los meses, y los aííos y el reportero seguía en su labor
diaria de perseguidor de personajes y de noticias sin alcanzar jamás la satisfacción de ser considerado tal como
debería serlo. El papel del reportero vino a comprenderse tardíamente en mi país. Ya vendrá el día en que
se estime más de lo que en época pasada fue estimado.
X o quiero pasar ele mencionar a viejos reporteros que
cuando yo llegué a las filas ya eran "maestros casi retirados." entre ellos están :Manuel de la Torre. Pepe Góme~
egarte. Pepe Campos, José Soriano y otros más de los
de mi época. falta cita1· a Ortiz, muchacho conocedor del
medio para "maromear" noticias; Machorro. muchacho culto Y observador, activo y ducho en las famosas secciones
de "los Estados;" y aquel espaííol gracioso que salpicaba
sus charlas con gracejo de Andalucía: Luis Albisu, que
era famoso para hacer secciones cablegráficas. 1Iu~hos
se me quedan en la memoria, pero no era legión, pues
junto a todos éstos que he mencionado, todos ellos honorab1es. venían a'gunos otros activísimos, duchos en su
oficio, inteligentes, pero que no iban como nosotros, tras
de la mariposa de alas de oro, sino tras del oro del
chantage ..... .
En fin. mi espíritu ele repórter ha salido a la luz nuevamente; se ha limpiado los ojos y en un ensueíío de
''iluminado" tiende una escala sobre el mar que me separa
de mi patria y en futuras crónicas traeré el recuerdo de
hombres. de cosas y de hechos ; a algunos hombres los
haré salir a la vida, porque ¡ay! la mayoría de ellos ha
muerro de tristeza, de amargura y de desengaño, pero ninguno ele ellos ha gritado sus penas ; todos ellos han muerto en su destierro sin decir una palabra de protesta o de
odio. porque saben que un día se les hará justicia, porque
lo que alguno de ellos me decía: Nosotros habremos de
exc!amar como Cicerón : ''hágase justicia, aunque se desplomen los cielos."
\' e Y ven espíritu mío sobre el mar que · me separa de
mi patria. de mi hogar y de mi madre; vuelve a tus pasados días, torna a seguir a la noticia como de muchacho
perseguiste las mariposas; cuenta cosas de tu patria; sao
ca anécdotas, leyendas e historias; déjame contar aquello
que mis ojos vieron y mis oídos oyeron; vuelve a la vida, vuelve a la esperanza y dí a mi juventud claudicante
-enferma de tristeza én este largo exilio-lo que el per~
sonaje de Ibsen: "Mamma, dammi il sole ..... .

CARLOS SERRANO.
New York, Oct. 31-19;6.

�.

UN LIBRO DE D. FRANCISCO BULNES Por PABLO MARTINEZ
-

CUARTO Y ULTIMO ARTICULO -

Voy a concluír, sólo por no abusar de la paciencia de
los lectores; pues. por lo demás, la materia da para mucho.
El señor Bulnes incurre en el mismo error de procedimiento que se ha señalado en 1Ir. Wilson: acoll}odar los hechos a sus conclusiones, en vez de acomodar
sus conclusiones a los hechos; y yo me explico este
procedimiento teológico en Mr. Wilson, que tiene la teología en la sangre, pero no puedo explicármela en un positivista de ley. Léase el libro con atención y se encontrarán cien casos de esta lógica invertida; se encontrarán otros cien en que la inferencia se hace de un hecho,
. y otros cien en que el dato es supuesto.
En este último artículo procedo sin orden, tomo casos de aquí y de allá, como quien al abandonar su casa
de prisa, porque llegan los "constitucionalistas," echa én
el último saco Jo que· encuentra al paso y recoje sin
elección para salvar algo, ya que no puede salvar mucho.
Una muestra de exactitud y escrúpulo para fundar
un juicio. Presenta el señor Bulnes la lista de Gobernadores al caer el General Díaz. La lista de los 27 Estados
está completa; pero queda en blanco el nombre del Gobernador de Campeche, de quien no pudo el historiador
acordarse. Esto no obsta para que diga con seguridad,
bajo su palabra y sin justificarlo de ningún modo, que de
los Gobernadores, 18 eran honrados y 9 bribones. Total,
27. Luego entró en la cuenta el desconocido. Además,
no es cierto que Don Trinidad Alamillo fuese entonces
Gobernador de Colima. Don Trinidad llegó a revolucionario en los últimos días de la goriosa de Madero y a.
consecuencia de sus proezas fue elegido Gobernador bajo la administración de de la Barra. Así se emplea la
aritmética y así se escribe la historia: 18 y 9, son 25, tanto en esa página como en muchas otras otras del libro.
Dice el señor Bulnes que la raza indígena es una raza inferior, y como por la ley de la herencia la sub-raza
mestiza debe ser semi-inferior, dicho se queda que un
95 por ciento del pueblo de México está muy abajo de las
razas europeas. Que la indígena es inferior ya lo demostró el autor en "El Verdadero J uárez." Por lo menos él
cree haberlo demostrado. La verdad es que supo comenzar, porque mientras no convenza a todos de que
J uárez era un hombre inferior, moral e intelectualmente,
no podrá convencer a nadie de que la raza de J uárez es
una raza inferior. J uárez es un hecho; pero los hechos no son nada ante los razonamientos histórico~. sociológicos, psicológicos; vamos, ante la ciencia, que nada tiene que ver con
los hechos y que es superior a ellos. Cuando el médico
firma el certificado de defunción, el paciente no tiene el
derecho de resollar. La raza indígena es inferior, y contra argumentos no hay hechos. El argumento es este: la
raza indígena en la época colonial, se moría de hambre
porque se le perdían las cosechas por falta de lluvias,
y no fue para organizarse en sociedad anónima o en algo
así ~orno "Unión Labor," mandar diez mil de los mejores
a las minas para ganar dinero con qué pagar ingenieros,
y ponerse los demás al trabajo en obras de irrigación
que les habrían asegurado buenas cosechas y buena vida.
(No es esto una broma. léase la página relativa.)
Los indios se morían de hambre. Y prueba de ello
es que comían y comen animales repugnantes a la vista,
como los gusanos de maguey, la iguana y los chapulines.
Del argumento de la irrigación, debemos inferir que
hasta que don Olegario Molina llegó al Ministerio de Fo-

mento, todos los mexicanos fuimos inferiores y cuando
don Olegario llegó, lo seguimos siendo todos, menos
don O!egario. Sólo él pensó en irrigación. Más tarde
pasó a ser de raza superior don Emilio Vázquez. En
cuanto al argumento de los comestibles de aspecto repugnante, para demostrar el estado de hambre y la pérdida de las cosechas, es muy ingenioso; pero nos lleva
de encuentro al señor Bulnes y a mí, que he,mos comido
y seguimos comiendo, cuando se puede, ostiones, ranas
y pulpos; y si cree que tstos animales no son de aspecto
repugnante, que se lo pregunte a los indios.
Entre los capítulos que la revolución tiene que agradecer al escritor enemigo, figura muy especialmente el
que éste dedica al "cuarteto de degenerados." Para que
no haya dudas, declara r¡ue tiene por degenerado al hombre que 9e inteligente ha pasado a ser imbécil, o de honrado ha pasado a ser bribón o ambas cosas juntas; y
enseguida declara degenerados al General Díaz, a los
Ministros Limantour y Corral y al General Reyes. Los
mismos revolucionarios que se alegran de que un científico," un "reaccionario" haga tal declaración, tienen en
el fondo de la conciencia un movimiento de repugnancia
contra ella. Puede el seiíor Bulnes atacar la política de
esos cu.atro hombres, señalar sus errores, condenar sus
actos por sus consecuencias; puede dejarse arrastrar por
sus pasiones en el juicio concreto de pasos determinados,
y encontrará quien le aplauda y encontrará quien lo combata; pero no hallará sino conciencias que s.e revelen contra él, si, 'dada su definición, dice de ellos que eran imbéciles, bribones o ambas cosas a la vez. En este punto
citar a Bulnes es destruirlo; nadie se tomará el trabajo
de responderle, porque simple y deliberadamente llegó
a la injuria gratuita. De. los ·injuriados, tres están muertos.
Ya ''Las Novedades" de Nueva York, publican un artículo en que señalan, no sé si con fidelidad, pero de seguro con aproximación innegable, muchísimas frases del
libro deprimentes para la Nación; y no tengo escrúpulo
en seguir al periódico carrancista, porque falla en la conclusión a que llega para servir a los intereses de los
salvadores constitucionalistas, cuya conducta, unida al
libro de Bulnes, no sirve, como el propio libro, sino para
hacer despreciable a México y justificar al Presidente
Wilson.
Un pueblo que tiene un noventa y cinco por ciento
de raza inferior y por tanto incurablemente abatida y
abyecta, en quien la instrucció.n obra una transformación
prop1c1a para la perversidad y el crimen; un pueblo que
por hereditaria idiosincracia vive en la pereza y el hambre sobre un territorio estéril que niega sus frutos al
trabajo; un pueblo que só'.o se mueve a la voz de los demagogos que le incitan al robo de bienes recogidos y
prontos para el consumo, y al placer de matar que satisface sus instintos salvajes adormecidos en la esclavitud; uri pueblo en que el cinco por ciento de hombres
superiores se somete al influjo y se complica en la extorsión de un puñado de detenerados, bribones o imbéciles; un pueblo que, al cabo de cien años de crisol revolucionario, de luchas internas y guerras exteriores, tiene una clase media corrompida y un setenta por ciento
de burócratas famélicos y rapaces; un pueblo que sigue
a los jefes de una revolución que tiene por programa el
despojo de los ricos y por procedimientos el robo, el
saqueo, el incendio, la destrucción estúpida de los bienes
acumulados por la nación entera durante cuatro siglos; un

•

•

.

pueblo así, no tiene el derecho de que se le confíe su propia suerte, ni de que se le encomiende su propia redención
Y el jefe de Estado que toma a su cargo meterlo en el
orden material y en el régimen de la moral, tiene razón
contra los reaccionarios, contra el 5 y contra el 95 por
ciento de salvajes y de degenerados que lo componen.
Nadie ha invocado en favor de las hordas del centro
de Africa el derecho de soberanía para ampararlas en la
libertad de permanecer salvajes y de proveer a su desenvolvimiento por medio de la matanza. Las naciones
europeas empeñadas on su conquista, son misioneros de
la civilización y de la moral humana. Este es. el papel
que, a los ojos de un lector común, resulta desempeñando
el Presidente americano en México; el Presidente a quien
el libro quiere co.nfundir.; a quien ataca briosa y felizmente en cada capítulo y justifica en el conjunto de ta
obra.

No, no acierta el articulista de "Las Novedades" con
la conclusión a que el lector del libro llega, y lo que en
un libro importa no e_s lo que dice, sino lo que hace
decir al lector. Y lo que dice el lector del libro del seño~ Bulnes, cuando ha vuelto la última hoja, es que Mr.
W1lson ha errado, no en la concepción de la idea, sino
en los medios empleados para realizarla; condenará los
procedimientos, si tiene la conciencia recta, pero no el
propósito; condenará al político, pero no al pensador.
En este drama espantoso de Gran Guignol hay tres
personajes: el hombre de la máscara, el apache y la mujer pálida y buena. El señor Bulnes puso en lugar de
ésta, una prostituta. Cuando se concluye la lectura del
libro, queda en el espíritu la opresión que dejan algunas
novelas de Zo!a en que .no hay ningún personaje simpático; se siente uno enfermo, huraí10, avergonzado de la
vida y se arrepiente de haber leído .

CORRESPONDENCIA DE LA HABANA
Habana, Octubre 31 d&lt;! 1916.
Señor Director de ''Revista Mexicana."
San Antonio, Texas.
Muy distinguido señor y amigo:
De tal manera la atención pública se ha concentrado en las elecciones que se verificarán mañana, que solamente se registran acontedmientos relacionados con el
movimiento político: reuniones liberales, reuniones conservadoras, heridos y muertos de uno y otro ban_do, nombramiento de supervisores, acuartelamiento de tropas y
así por el estilo. Ayer y hoy cesaron los meetings como
medida saJudable adoptada por la comisión mixta electoral Y esto nos ha permitido a los tranquilos habitantes
de la ciudad, vivir con algún sosiego. En mi próxima
carta ya podré decir a usted con toda seguridad los nombres de tos candidatos triunfantes.

***

señor .General don Victoriano Huerta. Allá fue a visitar
la tumba de su llorado esposo y también su viaje fue motivado por la pretensión de que le fueran devueltos algunos buenos miles de dólares que el señor General Huerta
depositara para gozar de una libertad provisional que jamás le fue concedida: esa suma no le fue devuelta a la
señora viuda, porque él odio implacable de quien la persiguió tan tenazmente no se detiene ni al borde de una
tumba ya cerrada.

***
Otro intelectual mexicano acaba de obtener un triun-

f~ resonante: con ocasión de un banquete, homenaje ofrecido a los autores de Conffetti, preciosa zarzuela que viene deleitando noche tras noche a los concurrentes del
Teatro Martí, se invitó al señor licenciado José María
Lozano para dedicar aquella convivialidad y entonces
nuestro tribuno pronunció un discurso lleno de imágenes
poéticas. de períodos brillantes, de evocaciones conmovedoras, luciendo esa fluidez tan exquisita y esa entonación
tan robusta que son tan características en la palabra de
Lozano. Fue una ovación de estruendo y entusiasmo la
que cosecho nuestro coterráneo que supo poner la cultura
mexicana en sitio tan elevado como se merece. Y tenga
usted en cue)1ta, señor Directqr, que a· esa comida concurrieron inte)ectualidades tan distinguidas como el señor
don Nicolás Rivero, Director" de "El Diario de la Marina."

Uno de nuestros literatos que más han enaltecido el
nombre de México, uno de nuestros poetas más fluídos y
correctos, uno de nuestros oradores de palabra más fácil
Y arrolladora, llegó últimamente a esta ciudad de la Habana a bordo de uno de los trasatlánticos españo!es: el
Lic. Don Francisco .M. de Olaguíbel. Viene expulsado por
La prensa colmó de felicitaciones y halagos al literael gobierno carrancista después de haberlo atropellado -fo mexicano.
de la manera más cobarde. Retirado de la vida política,
vivía en la ciudad de .México dedicado a su familia y al
*
culto de las musas, cuando un día fue detenido por la
Para terminar, va una nota política mexicana. Cae
policía secreta y sin pérdida de tiempo, llevado con seen mis manos un suelto q,re circuló en Yucatán con el
gura custodia al tren nocturno hasta Veracruz, sin permitítu.!o. d: "La Revolución no acepta consignas," en el que
tirle el consuelo de avisar a su familia, despedirse de su
se mJuna a cuatro yucatecos que en la Metrópoli se preabnegada compañera y besar la frente de sus idolatrados
sentaron al Primer Chivo, pidiendo el cambio del Genehijos. Estos libertadores gozan ensañándose en sus ral Avarado, nada menos que por el cantor del Caudillo
crueldades.
como llaman al poeta José :r. Novelo. Y el suelto añade;
También llegó a esta ciudad, procedente de. New Quieren tal cosa por úkase imperial o por una consigna
York, el señor General don Eduardo Iturbide, quien por porfiriana, sin consultar la opinión del pueblo." Y yo
algún tiempo preocupó la atención política mexicana: hoy pregunto: ¿ se consultó el sentir popular cuando Carranlo traen negocios de índole esencialmente mercantil.
za envió a Alvarado? Este es un tupé carrancista.
Procedente de la ciudad de El Paso ha llegado igualY hasta la próxima, señor Director.
· ·'
mente a esta ciudad, a unirse con sus familiares, la honoSu atento y S. S.,
rable dama doña Emitía Aguila Vda. del ex-Presidente
LUIS PORTAL.

* *

:

..

�.

''UN SERVIDOR DEL GOBIERNO'·' '
EL SEÑOR CUMPLIDO
Entre las fórmulas ya hechas y listas para usarse, con
que nos obsequió el recetario positivista, pocas tan nocivas como la del "individualismo." Según ella, y hay que
interpretarla por sus efectos, las instituciones, los gobiernps, los pueblos, no tienen otra misión que la de servir
de conserjes, de cobradores y de gendarmes del Señor
Cumplido, ( cuya doliente historia escribo;) para que éste
duerma su siesta, vaya a su empleo y cobre sus rentas.
El mundo se hizo para que el Señor Cumplido pueda verlo en cinemátógrafo, los domingos; el sol para medir las
horas de oficina y de actuación judicial, y las estrellas
para que él pueda gozar en las noches de un paseo spenceriano, a la vez que digestivo, conyugal.
Estalla la guerra, y el señor Cumplido piensa: "la
guerra revela un estado de la humanidad que habrá de
desaparecer, para dejar el campo al régimen del contrato." Y esta meditación satisface plenamente tanto al intelecto puro del Sr. Cumplido, que es un profesionista, como a la razón práctica, en sus aplicaciones rigurosas al
contrato de arrendamiento, con multa, aseguramiento de
bienes y lanzamiento, porque el Señor Cumplido es también propietario.
Como la administración de justicia es el ideal del régimen positivo del Estado, y no debe ser política, el Señor Cumplido vio que la nación se desplomaba, que los
Gobiernos desaparecían, que chorreaba sangre el Palacio
de Justicia y que la clave de la libertad más servía para
abrir casas ajenas que para proteger ningún derecho, y él,
bien lo sabe Dios, nunca se mezcló en política; la sociedad fue hecha para garantizar al individuo y la guerra es
un estado regresivo: un positivista de convicción debía
de permanecer inmune, y la inmunidad del Señor Cumplido tiene, además, una fórmula: "él no es político: es
un servidor del Gobierno Constituído" ... . . .
Hay en un cuento un personaje que acudía todos los
días al Ministerio, esperaba al Señor Ministro, lo saludaba, se ponía a sus órdenes y llegó a ser el sirviente de
confianza. Cayó el Ministerio, sustituyó al Ministro un
enemigo suyo, y nuestro héroe se presentó a la hora de
costumbre, para esperar al nuevo Ministro, para saludarlo y ponerse a sus órdenes. Ante el asombro del Conserje, que le advirtió que hahía habido un cambio, nuestro
héroe replicó:-"¡ yo no cambio, yo soy siempre el amigo del Señor Ministro!"
•
Así es el Señor Cumplido: él es el servidor del Gobierno. Fue servidor del Genera_l Díaz, de Madero, del
General Huerta, de Carbajal.
Entraron los constitucionalistas y él siguió, cumplido como su nombre, firmando oficios, alejado de la política, entregado a la administración, cobrando con la misma
puntualidad con que cerraba su oficina, las decenas inm~
tables, si bien en bilimbiques.
Se dio orden de que los empleados públicos · juraran
adhesión al nuevo régimen, y juró. Se dio -orden de que
salieran con el Primer Jefe, y salió; pues si bien aquel
gobierno no estaba lo que podr(amos llamar constituído,
era el que autorizaba las nóminas y tenía posesión mate-

rial de la Caja, así que par~ un positivista, aquellos eran
hechos y no especulaciones, que demostraban el desempeño de las funciones necesarias.
Llegó, sin embargo, a ser denunciado por reaccionario, y a pesar de su fidelidad a las máximas y reglamentos; de su sonrisa ante los superiores, de su función netamente social y adaptada a su época y a su medio, ,conforme a la teoría evolucionista, lo mandaron llamar y le
exigieron la renuncia. Cometió un error teológico: dio
explicaciones, juró sumisión y no mezclarse en política;
esto es, puso una mejilla y ... .. le dieron en las dos, porque en vez de la renuncia, acordaron su destitución.
Firme en su propósito de no mezclarse en política
¡ mucho menos en tiempo de guerra! se fue a su casa a vivir de sus pequeñas rentas. Y tuvo otro error: suspiró
una vez por los pesos de la dictadura y fue acusado de
"reaccionario zapatista," al igual de algunos otros propietarios de casas, y resolvieron los depuradores internarlo
en la· Penitenciaría, en calidad de "mientras" se hacíá la
averiguación.
Lo supo a tiempo y como la preservación individual
es otro principio positivista bien arraigado hasta en los
enemigos de la doctrina (lo que demuestra su verdad;)
pero cumplido siempre, pudo dejar que "los otros," se
mezclaran en política, pero no en sus propiedades privadas, hasta donde fuera posible, y con el mismo celo y
arreglo con que ponía en orden los expedientes de la oficina y las cuentas de los inquilinos, reunió sus fondos,
consignó sus alhajas, hizo su equipaje y sin faltar un
solo bien mueble, se transladó al extranjero.
El Señor Cumplido se halla hoy en el destierro. Su
espíritu disciplinado se alarmó al oír las conversaciones
reaccionarias, y temeroso aún de perder los inmuebles
que deja en México, si se le ve en malas compañías, se
retiró a la paz de un "Boarding" donde vivió incógnito,
hasta que llegó al mismo lugar un conocido suyo, a quién
hizo estas confidencias que transcribo. Al oírlas aquel
hombre indiscreto, hizo al Señor Cumplido la observación siguiente:
-"Ese es el error, cuando los que como Ud., que tienen algo, no se mezclan en política, los que no tienen nada y sí se mezclan, son los que se quedan con las casas,
y a los que tiene Ud. que ir a servir. Cuándo no defiende
uno lo que tiene, se lo llevan los que quieren.
Pero el Señor Cumplido no se dio oor satisfecho.
"No Señor, replicó, eso será por ahora; pero cuando se
establezca un Gobierno legítimo, nos restituirá lo que se
nos ha quitado."
-"¿Piensa Ud. ir a recobrarlo?" le preguntó el amigo.
-"¿Yo? ¡Yo no, Señor, sepa Ud. que no me mezclo
nunca en política!" . . .. Y añadió, lleno de esperanza: "De
todos modos, creo que habrá intervención, y entonces
quizá salvemos nuestros intereses!"
-¡ Cómo no! replicó el interlocutor, y no sólo, sino
que entonces le pagarán a Ud. en dólares!

DESPUES DE ~A CAMPAÑA

..

,

•

•

R. GOMEZ ROBELO.

MR. ROOSEVELT DESCANSANDO DE SUS FATIGAS.

�•

ORO Y NEGRO
FRANCISCO M. DE OLAGUIBEL
"Et tandis q~e mes vers pleins de brume et de fiel
"Ont des parfums de mort de debauche et de crime."
Maurice Rollinat.

Francisco M. de O'.aguíbel, el Benjamín, el gosse poeta
del grupo modernista literario, ha arrojado su volumen
de versos, como una suntuosa ofrenda, a los pies de la
Belleza . . ... .
Ya sé que un Monsieur Machín se anonadó al ver ese
aereolito que rabioso y triunfal caía del cielo del Arte.
Ya sé que un burgués jabalí, erizó sus cerdas y frunció
su hocico y dejó oír su ¡:,orcino gruñido al encontrar en
su floresta esa soberana flor luctuosa de erectos y dora·
dos pistilos.
Ya sé que ante ese altar de negro jaspe, imbricado
de suntuosos arabescos, pasarán sin reverencias ni salutaciones, Mr. Bonhome y sus secuaces filisteos.
Sé que a la aparición de "Oro y Negro" las manos
académicas se crisparán sobre las clásicas pelucas, que
el Viejo Precepto lanzará anatemas desde su sillón de
inválido y que la musa vulgar ululará despechada porque
este poeta ha tenido asco de su tálamo.
Sé todo eso porque conozco la "vía scelerata,"
que tiene que atravesar todo numen que se irgue, porque
en ese camino mis plantas han sangrado, porque en ese
"spollarium" hemos sido escarnecidos y atormentados y
martirizados. El turanio Richepín lo ha dicho: hay ojos
que quisiera ver al águila sin garras, al león sin melenas y al cometa sin cauda ..... .

***
Las sombrías, las luctuosas1 las tremendas aguas
fuertes de un Pira ,,eso co.ntenidas por las áureas y a filigra.nadas planchas de un eucologio bizantino. Una laca de
Korin el magno artífice nipón, en donde sobre el ~ondo
tenebroso, se contorsionan dibujadas con un pincel empapado en oro, las fabulosas quimeras y las mujeres del
Yoshivara, donde brilla la simbólica garza y abre la crisantema el sol radioso de sus pétalos. Una esfinge de
basalto negro estriada de oro como los tigres y las zebras.
Y una musa triste ¡oh! tan triste que llora con la infinita desesperació.n de una Niobé, que tiene la amargura
de la Melancolía de Albrecht Durero y que se tiende hastiada de la vida en la cámara ardiente que fue alcoba
nupcial de la Ligeia. Todas esas imaginaciones negras
y rayadas de oros luminosos me ha sugerido el tomo de
Olaguíbel. E se "Oro y Negro" es para mí un campo
satánico y sabático, una inmensa llanura desolada, donde crecen en infernal Primavera muchas flores, cuyos pétalos están hechos de fuegos fatuos, de fosforescencias
felinas, de miradas cabrías y de pupilas de buho . . ... .
¡ Oh, y ese sollozo, y ese s uspiro y esa queja que cantan su tremendo "De Profundis" en la obra de un poeta
que sólo tiene veintiún años! Ese lamento de trauenmarsh, ese redoble de marcha fúnebre, ese sordo cañonazo de duelo obstinadame¡ite disparado, que al principio

os conmueve, que después os entristece y que al fin,
llega a causaros una profunda y dolorosa obsesión!
Olaguíbel, que adjetiva brillantemente, como debe hacerlo todo poeta artista, usa por una necesidad de su
temperamento estas palabras: torvo, triste, taciturno, fúnebre, sombrío, melancólico. Y esas palabras tristes y de
presivas se asoman como dolientes vírgenes, a la arcada
soberbia del soneto, se proyectan en la luminosa vidriera
del Ronde!, son monjes encapuchados y sombríos como
los de la tumba de Felipe Pott. Triste, Torvo, Tedio;
Taciturno lied motive del "De profundis Clamavi" que
desde el fondo de tu cripta entonas ¡ oh poeta efebo cubierto de cenizas y coronado de hiedras I

***
Y sin embargo, hay azahares y hostias, hay armiños
y nieves, hay esponsales y eucaristías, y diáfanos témpanos, y cándidas alas y repiques argentinos en tu "Oro y
Negro," poeta! Tus "Rimas de Oro," tu "Alma en Primavera," tu "] uveniiia," son gradas inmaculadas, invioladas, marmorizadas que nos conducen al gineceo de tus
amores, a las gemonías de tus duelos y a la necrópolis de
tus pesares. Primero, agua lustral y azahares; luego
aqua toffana y flores de mandrágora ..... .
"Rimas de Oro" son los aurorales presagios de un
sol que tiemb'.a indeciso ...... "Cróquis Modernos" es el
zenit de un s.ol polar que brilla sin rayos, solitario y trágico y tenebroso.
"Baladas Negras" es un eclipse en medio de tu cielo
radioso, un eclipse desesperante y tremendo que nubla
al astro y entristece a las flores y hace callar a los páJaros.
Y luego los "Rondeles," el ocaso trágico y melancólico, el P~niente que brilla y que sangra, el hastiado
sol; que se derrumba y se sepulta, hudiéndose en el mausoleo de la tiniebla y arrojando los esplendores de su
joyero en la bóveda negra de la noche estrellada ....
¿ Verdad, Amado N ervo, sabio artínce del "Propileo,"
tú que redondeas y doi:as y esculpes tus estrofas como los
dombos bizantinos, tú que abrigas tu idea piadosa bajo la
fulgurante hornacina de tus hieráticas estrofas; verdad,
N ervo, que los versos de Olaguíbel van hacia el azul,
como las aguas góticas de tus sagrarios ; verdad que si
tú has hecho radiosas vitrinas de catedrales, él es un artista digno de ocupar un puesto honorífico en la "Mesa
Redonda" de los Caballeros del Arte?
¡ Oh Amado, Amadis, Amadísimo N ervo, tú, a quien
nosotros los gosses t enemos en olor de santidad, tú,
Fray Amado, más beato que Rabelais el bon curé de
Meudon, no crees que pueda terminar esta apología diciendo que el "Oro y Negro" de nuestro querido poeta
puede sintetizarse así:
Un crespón sobre una custodia,
U na nube procelosa sobre un sol ?

JOSE JUAN TABLADA.

POESIAS DE F. M. DE OLAGUIBEL
LAS CABELLERAS
De "Oro y Negro."
Cabelleras desatadas, sois obscuros aluviones
descendiendo sobre campos inundados de blancura
Y extendéis sobre la carne vuestra fúnebre negrura
de las manos que acarician como pálidos plumones ..... .
Vuestras ondas encrespadas no han sentido la dulzura
de las manos que acarician como pálidos plumones
Cabelleras desatadas, sois obscuros aluviones
descenaiendo sobre campos inundados de blancura.
Cuando el alma tenebrosa se extremece de tristura
cuando gimen y sollozan los heridos corazones
'
Y el espíritu se embriaga con la hiel de la amargura
dolorosas, funerarias, como un manto de pavura,
'
cabelleras desatadas. sois obscuros aluviones.

***
"ENTRE UN AUREO....... .
"Entre un áureo repique de cascabeles,
La adorada a buscarme vendrá algún día,
Y tenderá a sus plantas la poesía
Las enfermizas flores de mis rondeles.
Ahuyentará mi negra melancolía
Y, alumbrando del tedio, las sombras crueles
Entre un áureo repique de cascabeles
La adorada a buscarme vendrá algún día.
No me llaméis entonces ; la amada mía
Me ~evará a las filas de sus tropeles,
Y mt mano en las suyas, pálida y fría
Iremos por la inmensa ruta sombría
Entre un áureo repique de cascabeles.

***
PROVENZAL
A Carlos Díaz Dufoo.
El viento de la tarde trémulo agita
del plateado olivo la fronda cana
Y del mar rumoroso la voz leja;a
bajo el cielo de estío canta y palpita.

•

Sólo turba el silencio de la infinita
soledad de esa hora, la soberana
canción que entre los tallos de mejorana,
con escalas salvajes, el viento grita.
Los himnos estridentes de las cigarras
surgen entre las anchas y verdes parras,
se oye el sordo murmullo que en los cantil~
alza, cuando se estrella, la ruda ola
Y, guiada por pitos y tamboriles,
pasa, rápida y leve la farandola.

***
CHO PIN
Como dos mariposas sobre la nieve
vuelan tus manos blancas por el teclado,
y sollozan las notas que ha despertado
de tus ágiles dedos el soplo leve.
El ambiente está obscuro y en el nublado
cielo la luz se apaga temblando . . . , .. llueve ..... .
como dos mariposas sobre la nieve
mira volar tus manos por el teclado
Cae sobre mi espíritu un llanto helado

'/ el pensa!llient9 tri§te, que no se atrevo

a volver a los días de mi pasado
mira volar tus manos por el teclado
__como dos mariposas sobre la nieve.

***

PARA UNOS OJOS
Ojos de vivos resplandores
Y languidez crepuscular,
Astros de efluvios soñadores
Y de brillante claridad;
Ojos tan claros como el cielo
Que un misterioso y casto anhelo
Llena de albores y de luz,
Ojos que cruza en lento vuelo
Un vagaroso sueño azul.
Rasgad el velo que sepulta
El misterioso porvenir,
Mirad si trémula y oculta
La blanca aurora espera allí;
Las ilusiones que en la noche
Del alma duermen, despertad,
Y con espléndido derroche,
-Aureo florón que rompe el brocheSurja el sol vívido y triunfal. •
Como luceros en la altura,
Pupilas trémulas, brillad!
En la tediosa noche obscura
Tremen los sueños y se van .....
Loco el espíritu se lanza
Tras un destello de pasión .. . .. .
A los anhelos dad confianza
Marcad su ruta en la esper~za,
Guiad los pasos del amor.
La turbia imagen del pasado
Es un crepúsculo otoñal,
Girón de cielo sepultado
En la profunda obscuridad.
Flores marchitas deshojadas,
Recuerdo odioso, ya dormid!. .....
. ..... Las esperanzas en bandadas
Se van, las alas desplegadas,
Al misterioso porvenir ....... .

***

INMORTAL
Morían las luces de la tarde
En el cristal de tu ventana,
Y sus fulgores temblorosos
Al despedirse acariciaban
Tu cabellera color de oro
Que en ondas rubias, sepultaba
El alabastro de tu seno
Y el níveo mármol de tu espalda.
¡ Qué embriagador era el perfume
Que las gardenias exhalaban!
i Qué deslumbrante tu blancura
Y qué amorosas tus miradas I

.... ....... ... ....... .......... .

Si en el océano del olvido
Todo recuerdo al fin naufraga;
Si la luz muere y se marchitan
En el jarrón las rosas blancas
¿ Por qué en mi boca se estr~mecen
Todos los besos que me dabas,
Y no se borra en mi memoria

Eote recuerdo que me ernbriap?

�••••••••••••••••••••• llllllllttt++111+++++••···························

En esta plana e
referentes a la situac·
fiesto el desastre de
la obsecación tenaz d
En el gr~bado in
dro que tarde O tem
ejército de Carranza:
cibir una pu[íalada d
gón, quién, por su P.
por Pablo González.
reció en "The Sun"
liano César.
La caricatura
ahogado por una
La caricatura
sima, muestra a :Mr.,
tas diplomáticas ant
ricatura inferior de Ja
oportuna de todas y.
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Y Obregón y Gonzál
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un artista mexicano
York.

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··++t1+111++++++++++++++++++++++++++++++t++111++++11~; ••••

caricaturas
que ponen de manirranza, apoyada en
echa, se ve un cuaue registrarse en el
e está .próximo a relugarteniente Obrespaldas amenazadas
ra sangrienta, apaafamado artista itar a nuestro pueblo,

: el papel moneda.
uierda, es graciosíndo una de sus no..¡¡ su destino; la carobablcmente la más
sobre un caballo
en los aires, esti
e Félix Díaz riendo
miran el fracaso d~

--

-

+++•!o++++++++++++•!• 11 ++++++++++++++++Hl+++•H++++++++l l•l•+I 111++++1+++

�EL MYOSOTIS
En la época de Napoleón el Grande, el Regimiento
12 de línea, estaba de guarnición en Estrasburgo. Uno
de los sargentos era Pedro Pitois, cuyo valor se había
hecho proverbial en el ejército francés. Un día le escribió a su Coronel, pidiéndole licencia por un mes para
ir a ver a su madre, que estaba enferma. El coronel le
mandó decir que no podía concedérsela porque muy
pronto se iba a abrir la campaña sobre el Austria. En
efecto a los pocos días salió el 12 de línea para Viena,
y esa misma noche se desertó el sargento Pitois.
La campaña fue gloriosa para la Francia, y a los
tres meses regresó el 12 regimiento a Estrasburgo. Un
cuerpo de gendarmes condujo amarrado a Pedro Pitois.
Inmediatamente se le empezó a juzgar en Consejo
de Guerra, y todos los que lo componían deseaban salvarlo.
El fiscal decía: "Pedro Pittois, vos tan pundonoroso, tan valiente, tan exacto en el cumplimiento de
vuestros deberes, sobre cuyo pecho brilla la estrella del
honor, no pudisteis dejar vuestro regimiento, casi en la
víspera de una batalla, sino llevado de un motivo poderoso. Este motivo os lo exige el Consejo para recomendaros a la indulgencia del Emperador." Mas el acusado
respondía: "Deserté sin razón y sin motivo; merezco la
muerte."
Los testigos decían: "Pedro Pitois desertó, pero sin
duda estaba fuera de sí, y el Consejo no puede condenar
a un loco. En lugar del cadalso debe llevársele a un
hospital."
Todos deseaban salvarlo, pero el reo se mostró tan
persistente en reclamar su condenación, que su firmeza
fue calificada de insolencia, y no quedó más recurso
que condenarlo a la pena capital. Sin embargo, por un
favor especial se le concedieron tres días para pedir indulto, mas lo rehusó.
'
A la media noche, víspera de su ejecución, lo despierta un subteniente, y le ofrece sus servicios diciéndole: "Pedro, tú. tal vez no me conoces, pero yo sí te
conozco."
"En las batallas de Auzterlitz y de Marengo fui testigo de tu valeroso comportamiento. Si quieres abrirme
tu corazón, confiándome el cumplimiento de algún santo
deber, puedes hacerlo, seguro de que serás puntualmente
servido."-"Gracias caballero, respondió Pedro, nada tengo que deciros."-"Ni un recuerdo para tu novia."-"No
tengo novia.-"Ni un adiós para tu madre."-"¡Ah!
para mi madre!" dijo Pedro, cuya voz sufrió una profunda alteración. "Camarada, no pronuncies ese santo nombre, que me trae las lágrimas a los ojos. Mi buena
madre murió sin que recibiese yo su último aliento.""Comp~endo vuestra pena, porque yo también quiero

MADRIGAL
Si por alguien te quejas y suspiras,
s1 te hiere el despecho en largas horas,
si son tristes las lágrimas que lloras
o a largo beso de pasión aspiras,

mucho a mi madre, y ella me quiere a mí; y lloraría sin
bochorno si oyese hablar de ella después de su muerte."
-"Con que ella os ama y voz la amais? Pues bien, entonces voy a decíroslo todo. Sabed, pues, que desde
niño amé a mi madre entrañablemente, y por nada de
esta vida me hubiera separado de su lado, mas cuando
se me alistó en mi regimiento, mi bue.na madre n1e dijo:
''Pedro, es preciso que marches: todo ciudadano se debe
a su patria, ella te llama, obedécela. Vas a ser soldado:
ya tu vida no te pertenece; ofrécela a tu patria. Ve
hijo mío, y si me amas cumple con tu deber."-Ahl Las
palabras de esa santa quedaron grabadas profundamente
en mi memoria! Un día recibí carta por la que supe que
estaba enfcrma.-Quise verla, pedí licencia y se me negó. Poco después supe que había muerto. Desde entonces perdí el juicio, y me resolví a toda costa a volver a mi país. Nosotros, la gente del campo, somos hombres sencillos y crédulos. Nos llaman supersticiosos.
Poco importan las palabras. Una de esas creencias es
la que atribuye a la primera flor que se abre sobre un
sepulcro la virtud de que el que la corta queda· seguro
de no olvidar nunca a la persona allí enterrada, ni de ser
jamás olvidado de ella. ¡ Idea querida! ¡ Creencia consoladora ..... Pues esa flor, yo la quise ver nacer, la quise cortar, y partí. Llegué al sepulcro materno; ninguna
f!or aparecía. A las seis semanas ví abrirse una florecita de color azul celeste que llaman Myosotis, no me
olvides. La corté derramando lágrimas de regocijo, porque me pareció que esa florecita era el alma de mi madre que había sentido mi presencia. Desde ese momento ya nada me detuvo en mi país, y entonces me acordé
de los consejos maternos "Cumple con tu deber." Venía a incorporarme a mi Regimiento, cuando me prendieron los gendarmes y me trajeron. Voy a morir,• y
vos me prestaréis el servicio de que este saquito que
llevo colgado sobre mi corazón, y que contiene esa
flor querida, nadie lo separe de mí.-"Yo te lo prometo."-"Ah ! os doy mil gracias."
El subteniente se retiró. Al día siguiente Pedro
fue conducido al cadalso; pero en los momentos de subir a él se oyó un confuso rumor, después grandes gritos por todas las filas. ¡ El Emperador! Viva el Emperador! Este llega, se apea del caballo, y dirigiéndose
al condenado le dice: "Pedro, acuérdate de tus palabras
de anoche. Dios te da una segunda vida, conságrasela
a la Francia. Ella es una buena madre: ámala COIT'.O
amaste a la otra." El Emperador se retiró, saludándole
inmensas aclamaciones de amor.
Algunos años después, Pedro murió en \Vaterloo
siendo Capitán de la Gran Guardia.

X. Y. Z.
_(EN UN ABANICO.)
11

Por

J.

RAFAEL RUBIO.

Ve que mi amor, a tus encantos preso,
rompe todo lo negro de sus brumas
y te deja en la nieve de estas plumas
un suspiro, una lágrima y un beso I

CLEMENCIA
POR IGNACIO M. ALTAMIRANO
Continúa.
sesperación. Había notado en el hermoso semblante
de Isabel las contracciones del dolor y de los celos. Cada vez que Cleme.ncia se volvía hacia Enrique con su mirada de fuego y con su sonrisa de sirena, un ligero temblor agitaba el cuerpo de la angelical rubia, que unas vetes apretaba convulsivamente el brazo del sillón en que
se apoyaba, y otras parecía reprimir penosamente las
lágrimas que los celos hacían asomar a sus ojos.
De modo que para Valle no era ya dudoso que Isabel amaba a Enrique. Esto le hacía reclinarse en su sillón, como desfallecido por el tormento. Jamás había
sentido en su corazón la cruel punzada de los celos, aquel
dolor le había sido desconocido enteramente, y se preguntaba si no sería más cuerdo para él, que había pen-.
sado sacrificarse por la patria, retirarse de aquella casa,
no volver a ver a su prima, y refugiarse con sus deberes de soldado, para escapar de los peligros de una pasión
que acababa con sus fuerzas.
El era allí un condenado. Aquellas dos mujeres, tan
hermosas como el más hermoso ideal que él hubiera soñado en sus delirios de joven, estaban pendiente de Enrique, de aquel siempre afortunado galán que no tenía más
que mirar para vencer; aquellas dos mujeres, tan adorables por su inteligencia y por su corazón, no tei1Ían miradas más que para el bello oficial, no tenían sonrisas sino
para agradarle, no tenían elogios sino para envanecerle,
no tenían lágrimas de fuego sino para sufrir celos por
su amor.
Y en tanto a él, al pobre oficial, tan desgraciado desde su juventud, ta1~ triste y pobre, y cuyo corazón acababa de abrirse después de tantos años de sufrimientos, para pedir amor, amor, no como una recompensa, sino como un consuelo, a él, digo, ni una mirada, ni
una palabra, ni un recuerdo. ¡ Cosa extraña! estando allí
presente, estaba tan olvidado como si se hallase en la más
profunda de las grutas de mundo.
Entonces apartando sus ojos de aquel cuadro que presenciaba en el salón, los, fijó en una de las ventanas por
donde se veía el sol, que al ponerse doraba las cúpulas
lejanas y las copas de los árboles, y vió el cielo azul y
limpio del invierno, y no escuchando ya nada de la música ni de la alegre conversación que se tenía en su derredor, pensó dolorosamente que toda aquella luz, que toda
aquella serenidad del cielo nada valían sin en el amor, que
es sol del alma, sin la esperanza, que es el cielo de la vida,
y entonces vió horrible todo ese mundo que se revelaba
a sus ojos por el estrecho espacio de una ventana, y ....
una lágrima, que no fue bastante fuerte para reprimir,
salió de sus ojos como una g ota de fuego y corrió y corrió silenciosamente por su mejilla.
Apresuróse a enjugarla con la mano y volviendo Pl
rostro, a pesar de que nadie se hubiera apercibido de ella,
y tornó con el alma al salón.
Enrique, embriagado, felicitaba a Clemencia por. su
talento, le decía mil cosas encantadoras, y la conducía
sonriendo a su asiento.
-No sea vd. lisonjero, Enrique, porque no le creeré
a vd. Lo que yo toco, lo tocan mil medianías; eso no

vale nada .... ahora va vd. a oír cosa mejor ..... Isabel,
vete al piano.
Isabel, ya repuesta y con semblante risueño y ruboroso, acompañada también de Flores, obedeció a su amiga
Y fue a buscar en el aparado_¡, un libro ricamente encuadernado.
XIV.
REVELACION

,

Era una colecció,n de melodías alemanas.
Isabel eligió una muy a propósito para interpretar el
estado de su corazón.
Era una de esas piezas en que la ternura y la melancolía están unidas a las más difíciles combinaciones de
la ciencia musical.
Enrique estaba conmovido y admirado. Isabel realmente era una artista, y una artista que habría brillado
en el salón más aristocrático de Europa.
La bella joven no aumentaba el encanto de su música
con las ardientes miradas ni las sonrisas de amor como
Clemencia. Atenta a la melodía, tenía fijos los ~jos en
algo invisible, y hubiérase dicho que su alma vagaba en
los abismos de la meditación.
Pero después de algunos momentos las dificultades
de la ejecución la volvieron al mundo real, y entonces
un torrente de poderosas armonías salió del seno del pia,no, al contacto de aquellas manos de rosa, en las que nadie hubiera sospechado una agilidad y una fuerza tales
como las que se necesitaban para desencadenar aquel huracán de notas.
. Enrique se entusiasmaba gradualmente y manifestaba
de mil modos su admiración. Isabel, tocando, se había
transformado de niña tímida y dulce que era, en un ángel
seductor e irresistible. Sus hermosos ojos azules y oscuros, brillaban con el fuego de la inspiración, su boca
se entreabría con una leve sonrisa, su rizada y espesa cabellera blonda parecía agitada, y el esfuerzo hacía palpitar su seno, cuidadosamente cubierto, pero que Enrique
devoraba con deleite.
El joven no pudo más, y en uno de los momentos
en que las notas se apagaban lánguidamente, se inclinó
hacia la bella aartista, como para hacerle alguna indica·
ción, y murmuró en sus oídos estas palabras:
-Después de esto, caer de rodillas y adorar a vd.
Isabel se turbó, se puso encendida, sus manos temb1aron y la pieza se interrumpió bruscamente.
-¿ Qué te pasa, querida? fe gritó Clemencia desde su
asiento.
-Nada, co.ntestó Isabel; escuchaba una observación
de Flores, que me ha obligado a interrumpirme.
-¿Acaso he ofendido a vd., Isabel, con mi indicación humilde? preguntó Enrique inclinándose de nuevo.
- ¿Ofenderme? ¡Dios mió! ¿por qué? Es una galantería de vd .., que no acepto sino como una expresión
de bondad.
- Como la expresión de mi alma ..... Isabel; estoy
subyugado •. ,.,

�-Déjeme vd. concluir. .... ¿ qué dirán?
La joven concluyó la me lodía, pero podía .notarse
que se hallaba agitada y que no había ya aplomo en sus
manos. Sobre todo, Fernando comprendió esto perfectamente.
Enrique la condujo a ~u asiento, al que llegó casi
desfallecida.
-Esa música te fatiga mucho, Isabel, me da pena
verte agitada así ..... obserYÓ la señora.
-Esa música, dijo solemnemente Enrique, hace que
esta encantadora niiia tenga un lugar en los grandes
santuarios del arte. La señorita tenía razón .... cuando
se toca así, bien se puc:de ceiiir la corona de artista. Esa
frente de ángel está llamada a brillar con la luz de la
•
•
f/1"
gtona.
-¿Cabal:ero! interrumpió Isabel, me hace vd. mal,
porque eso es demasiado.
-Isabel, yo no lisonjeo; en cuestiones de arte no ·
tengo ese defecto, soy franco, y creo que entonces es
cuando la franqueza demuestra carii10. X ecesito anticipar a \'d. que yo no puedo superar a Isabel. Quedo inferior a ella en muchos grados.
-Eso no es posib 1 e. Clemencia. mira a lo que me
has expuesto con tus alabanzas; Flores casi se burla
de mí.
-Pero ¡ gran Dios! ¡ burlarm~ yo! .. . . . entonces vd.
no conoce todaYÍa su mérito, no sabe vd. a qué altura
ha llegado, o la excesiva modestia de vd. hace atribuir
a burla lo que no es sino el grito de la admiració.n sincera. Sobre todo, Isabel. ¿ vd. me cree capaz de tamaña falsía?
-No, de n in guna manera; pero ¿qué quiere ·vd? soy
provinciana. he carecido de buena escue'a, y por más
grande que haya sido mi aplicación, no puedo creer, no
digo que sea artista, pero ,lll siquiera que esté exenta ele
enormes defectos. Y cuando oigo a una persona como
vd. , que está acostumbrada en Europa y en 11éxico a
escuchar tanto bueno, que conoce vd. tan bien la música
y que se expresa de esa manera, supongo que desea vd.
estimu!arme, y nada más!
-Pues deseche vd. esa opinión; yo hablo la verdad,
y cualquiera que como yo conozca algo el arte, dirá lo
mismo. Ahí tiene vd. a Fernando; él no es músico,
pero tiene un gran talento. y aun le supongo una exquisita sensibilidad; su voto quizás no le parecerá a vd. sospechoso como el mío: pregúntese'.o vd .. . ..
Fernando estaba profundamente distraído. pero al
oírse nombrar comprendió que se le pedía su voto.
-'-Yo soy profano enteramente en música. elijo prro
sé sentir y admirar, y si se ha de juzgar por lo que he
sentido, estas dos señoritas conocen el secreto de conmover el corazón.
' -He aquí una · beiia manera de e:uclir un fallo enteramente justo, dijo Clemencia sonriendo: vd. no hab!a
con sinceridad, Val!e, tal vez por temor de ofenderme;
pero ¿ no me ha oído vd. ántes juzgarme a mi misma'
Ni por un momento pretendería yo competir con lsal)el.
Ella es la artista, y vd. Jo conoce. lo ha sentido perfectamente, porque mientras e!la tocaba, yo estaba observando a vd., y comprendí que se hallaba transportado a
otros mundos Só 10 los artistas producen esos efectos.
sólo los artistas conmueven tan profundamente, sólo los
artistas hacen llorar; porque vd. ha llorado.
-¿Yo? preguntó Fernando ruborizándose.
-V d. me perdonará está indiscreción; pero yo he
visto a vd. volver el rostro para ocultar una lágrima que
inmediatamente se ha apresurado vd. a enjugar.

-¿ Ha llorado? preguntaron :Mariana e Isabel con
cierto interés.
-Lo qne yo tocaba, tal vez le recordaría a vd. a
alguna amiga de 11éxico. i\ o hay como la música para avivar los recuerdos.
-Pcro si no es eso, replicó Fernando, yo no tengo
nada que reco1'dar .. . . .
Le confieso a vd. VaHe, le dijo a media voz Clemencia, que kngo gran curiosidad de conocer la vida
de v&lt;l. En ella debe esconderse algún misterio del corazón, que debe ser interesante, y que seguramente es
ia causa de esa tristeza profunda que manifiesta vd. en
todo.
-Seiiorita, mi pobre vida carece de sucesos que puedan excitar el menor interés, nada hay en ella de bueno,
ni de malo .. . . . nada; sufrin1ien tos vu 1gares con los que
no se puede hacer una historia .. ..
-\'d. ha amado . . . .. indudableme1ite.
-Xo; nunca.
-Bien; ya hablaremos de eso, y añadió volviéndose
con vivacidad a Flores que hablaba con Isabel; ahora
le Lega a ni. su turno ... .. . deseamos oír a vd.
-Señoritas, ¡ qué contrariedad para mí! respondió
el oficial, consultando un magnífico reloj de oro; son las
seis, a las seis y media tenemos una junta ele honor de
grande interés. y ni Fernando ni yo podemos fal·tar: ¿no
es verdad, Fernando?
-Así cs. conte~tó éste levantándose.
-De modo, dijo Isabel, que nos priYa vd. del placer
de oírle hoy.
-Este placer sería poco; repito a vdes. que habiéndo'.as oíl'lo, me confieso mil veces inferior; pero de
todos modos, mañana tendré el honor de hacer conocer
a vdes. mis decantados talentos en la música; maiiana
soy de vdes. tocia la tarde y la noche.
-~[ uy bien, dijo Clemencia; y siendo así, con permiso de mis amigas tendremos la soirée maiiana en casa.
;1Íis amigas me acompaí1arán, yo presentaré a vd. a mi
familia y a otras personas, y nos distraeremos .. .. .. Fernando; supongo que vd. acompaiiará a su amigo, ¿no es
verdad? Allí hablaremos de eso.
•
- Arreglado; mañana no fa ltaremos.
Los dos jóvenes se despidieron. Pudo notarse que
entre Isabel y Flores existía ya esa dulce inteligencia
del amor comprendido, que es como el preliminar de la
confornza, mientras que para Fernando la rubia no tenía
mús que una mirnda llena de urbanidad, pero fría.
Clemencia, al contrario, se despidió de Enrique con
la m:ts amable, pero con la más indiferente de las sonrisas, y manifestándole una alegre confianza, que es como
la moneda corriente ele las coquetas; pero al dar la mano a Fernando que se la tomaba con el mayor respeto,
se la apretó ligeramente y le baíió con una mirada tan
ardiente, tan lánguida. tan terrib'.e, que el joven a su pesar se sintió turbado, y su corazón palpitó, como el día
en que la vio por primera vez.
Clemencia, además, le dijo dulcemente estas palabras que le parecían prometerle un mundo de ternura:
-Hasta maí1ana, Fe rnando!
Cuando éste y Enrique se encontraron en la cal!e,
el alegre libertino dijo a su am ig o. que caminaba siempre
taciturno:
-}.os habíamos equivocado, chico, nos habí.arnos
equivocado redondamente, y tanto a vd. como a mí nos
había · engañado el corazón; cosa nada rara por cierto,
al menos en mí, puesto que yo nunca entiendo el Jengua-

(Continuará.)

SECCJO,N RECREATIVA
Problemas correspondietes
al número 59.
Anagramas propuestos por Francisco Guerra hijo.
Luis G. Urbina.
Amado N ervo.
J osé M. Lozano.
Fueron resueltos por P. K. Dor.
Aniceto B. Zapata, Mario Montes y
Lola Con treras.
Charadas propuestas pos Francisco Guerra hijo.
Literario.
Barítono.
Pirámide.
FuerOil resueltos por Marietta, Rosaura Martínez y Mario Montes. Isaura Noriega resol~ió la primera y la
tercera y P. K. Dor las dos últimas.
11Iario Montes resolvió únicam ente la
se.gunda.
Charadas propuestas por la señorit¡ Isaura K oriega.
Dolorosa.
Arranquera.
Ave María;

ElJ abón Prevento

Desposada.
Villa viciosa.
Fueron resueltas las cinco por F.
Gue rra hijo. Diego Lópcz y :Marietta.
P. K. Dor resolvió todas , con excepción de la segunda.
~fa rio 1fontes y Rosaura ;1fartíncz,
resolvieron· únicamen te las dos últi-

Dulce tierno y precioso
Y el todo has de aceptar.

rlas.

Prima la niña que ambiciona
Nítidos todos.
Pregúntale si t ercia pensando
En sus inciertos prima dos cuarta.

Charadas propuestas por francisco Guerra hijo.

l.

(gunda
Es la maldita prima segunda
Entr~ la t ercia, segunda y yo.

III.

- - ) o (- -

( Colaboraci6n del piblico)

II.
FUGA DE CONSONANTES

P r ima cuarta contó al prima t ercia
cuarta el percance que sufrió en ' la
prima segunda por ser todo.

1n.
Segunda ter cia y oculta tercia prima ~l s egunda p rima sarape que cubre su enorme todo.
Cha radas propuestas por Isaura
:Noriega.

l.
A segunda prima cuarta que es todo
l'n viejo quiso cortejar
fiñó su greña tercia cuarta
Por ver si podía pasar.
Piensa en lo más Yalioso,

~ Fragmen to de un "romance
antiguo"

.a .. a .ai .a . A.a.i.a,
.a .. a .. a.u .a . . a .. o A.u .. e.
.a .. o A.a .. ue . . a .. o A .u .. e,
.a .. o. a .u . . A.e .a . a.,
.a .. o A .. ui.e.
.a .. o . a,
.a .. o a . . a .. a . . a .. a.a.a,
.a .. a. e . . . i.a . . . . u.a.,
.a .. a . . i . . a.
.e.a .. a.,
.a . . a .o.e .ia .o . a;
.e . . a .. e . i . . a . . a.a . . a .
.a .. o .o.e . . a . . a . o . a,
.ne.a .o .i .o .e .a .. a.
CHARADA
E l Doctor me asegura que como es
dos tres así es dos uno cuatro, por
esta razón. cuando te tres o a dos luz
de dos tres dos ya m~ doy cuenta de
tu total.
P .M. L 6pez.

;:~-:::.;:-:~:-:-:-:/\:-:--·: :-:' :-:'"':-:":-:4-:-:--:.:-": . :
~i: E migdio Maldortado y Belloc }
·:·

-

+

•

_l.

~( Profesor de Música Vocal e
:::
Instrum ental
' 1'
Se comprome t e a dar
,,·
~i}
,t)
-'Clases de Mecanografía.
)}
~;.!
(t &gt;
:.I! rr3 N. Leona.-S. Antonio, Tex. · 1;
:~--:":,..:-: : :'': :":-: -:- : !"': :: : :v,:-:~:-:~:-:.., :~r

i::

E l Jab6n PREVE N T O tiene
también la maravillosa propiedad
de blanquear la piel, dándole un
tinte fresco y sonrosado, debido
a que nut r e y hace funcionar todos
los vasos de la piel.

J

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P ida Utl. uno a la F ábrica y se
convencerá.

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P or este m 6dico precio le enviamos a Ud. una pastilla, directamente d e la Fábrica, libre de
gastos.
DR. SALOME GARZA ALDAPE, que acaba de regresar d e
N ew York, en donde hizo estud ios especiales en el Hospital Policlínico de aquella ciudad.

GUIA DE LA F ORT UNA

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Este librito indica la marcha +
del DESTINO y la suerte del +
+ porvenir en amores, viajes, jue+
.
T rae con- Í
+ gos y casamientos.
sultas escritas para s eñoritas,
señoras y viudas y para solteros, casados y hombres de co+ mercio. Remita UN P E SO y
lo recibirá franco de porte,
O . RODRIGUEZ.
Reina 73~ Habana, Cuba'.

i

Precio: 25 centa vos una pastilla.

P. O. Box 963.-S. Antonio, T ex.

El todo hermano de la tercia se-

• Formal todo emprende la dama y la
prima segunda no logra ajustar a su
enorme segunda tercia.

El Jab6n PREVENTO es un
invento de efectos maravillosos para la Hermosura, que es lo primer o que debe procurar una Señora
o Señorita.
E l Jab6n PREVENTO es el
único infalible para hacer desaparecer en TRE S DI AS, toda clase
de Erupciones, Barros, E spinillas,
Paño, Granos, Ulceras, P ecas y
demás afecciones de la piel.

ST ANDARD LAB OR ATO R Y
COMPANY.

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�La Vida Extraordinaria de Arsenio Lupin
Por Lettome
No es un turista digno de este nombre el que no haya
notado en las orillas del Sena, yendo hacia las minas de
Jumieges, el extraño, pequeño castillo feudal de! '.\talaquís, tan ·fieramente construido sobre su roca en plena
ribera. La base de sus torrecillas sombrías sé confunrle
con el granito que las soporta, bloque enorme arrancado
quién sabe de qué montaña y arrojado. allí por una formidable convu'.sión.
La historia del Malaquís es ruda como su no~bre,
áspera y ruda como su silueta. una serie de combates,
asaltos, robos y matanzas. En las veladas se recuerdan
aún los terribles crímenes cometidos allí. Se cuentan
misteriosas leyendas, se hab 'a de un famoso subterráneo
que iba a la abadía de J umieges a la mansión de Agnes
Sorel. En este antiguo retiro de héroes y criminales, habita hoy el barón Nathá'n Cahorn, el barón "Satán," como se le llamaba en la Bolsa, donde se había enriquecido
bruscamente. Los señores de Ma 1aquís, arruinados, vendieron ¡ior cualquier cosa la morada de sus antepasados,
y su nuevo dueño instaló allí sus admir'abl·es colecciones
de muebles y cuadros, de porcelanas y esculturas. Vivía
sólo con tres viejos y fieles servidores. Nadie ha penetrado alií jamás; nadie ha contemplado en los muros de
esa antigua mansión los tres Rubens que po~ee, los dos
\Vatteu y el púlpito de Coújón y tantas otras maravillas
arrancadas a fuerza de dinero a las más ricas ventas públicas.
Cada día, al ponerse el sol, las cuatro puertas cerradas que dan sobre las extremidades del puente y el patio de honor, son cerradas y aseguradas escrupulosamente. Así, del !~do del Sena nada hay que temer; del
otro, tampoco: la roca está cortada a pico.
Un día el cartero se presentó diciendo:
-Señor barón, una carta certificada para Ud.
- ¡ Una carta certificada!
La tomó y rO'mpió el sobre.
Era una hoja de papel, con este encabezado:
"Prisión de la Santé, París."
Miró la firma:
"Arsenio .Lupín."
Estupefacto se puso a leer:
"Señor barón:
"Hay en la galería que reúne vuestros dos salones,
un cuadro de Felipe de Champaigne que me agrada infinitamente; vuestros Rubens son también de mi gusto,
así como vuestro pequeño Watteau. En. el salón de la derecha, las tapicerías de Beauvais, la mesita Luis XIII, el
velador "Imperio" y el cofre "Renacimiento." En el
de la izquierda, toda la vitrina de los dijes y las miniaturas.
"Por ahora me contentaré con estos objetos: os suplico los empaquéis convenientemente a mi nombre con
el porte pagado, antes de ocho días; en caso contrario,
yo los iré a tomar en la noche del 27 al 28 de septiembre,
y como es natural, no me contentaré con los objetos 111dicados.
"Os suplico dispenséis el pequeño disgusto que os
causo, y aceptad la expresión de mis_¿ent1m1entos de
respetuosa consideración.
Arsenfo Lupín."

,.

Esta carta trastornó al barón Cahorn; lector asiduo
de los diarios, estaba al corriente de todo Jo que pasaba
en el mundo acerca de robos y atropellos, y no ignoraba
los hechos extraordinarios de Arsenio Lupín.
Sabía que este famoso bribón había sido aprehendido
por su enemigo Ganimard, y que estaba bien encarcelado;
pero debí.a temerse todo tratándose de él.
¿ Cómo había ~dquirido el conocimiento del castillo,
la disposición de los cuadros y muebles,. si nadie había
penetrado nunca a sus ~alones?
El barón levantó los ojos y contempló la feroz silueta del castillo, su pedesta-l abrupto, el - agua profunda
que lo rodea. y se encogió de hombros. No, decididamente no había peligro, nadie' podría penetrar al santuario inviolable de sus colecciones, nadie ..... ¿ pero Arsenio Lupín?
La tarde misma escribió al procurador de la república, le envió la amenazante carta y le pidió ayuda y protecció.n. La respuesta no tardó. El llamado Arsenio
Lupín estaba detenido en la Santé, muy bien vigilado y
en la imposibilidad de escribir: por consiguiente, aquella
carta sería obd de algún bromista.
·
'
Los temores ,del barón no se calmaron, estaba taciturno y ¡epetía el nombre de Lupín obstinadamente. fasaron los días, y al tercero leyendo un periódico, se estremeció de gozo.
"El sueño de Caudebec" publicaba este párrafo:
''Tendremos el gusto de ver entre nosotros durante
tres semanas al inspector de policía Ganimard, uno de
los veteranos del servicio, que cuenta entre sus proezas
el arresto de Arsenio Lupín. Viene a descansar de sus
fatigas y se dedica a la pesca."
Una hora de camino separa al castillo de Caudebec
y el barón se dirigió allí inmediatamente. Después de
varias tentativas infructuosas para conocer la dirección
de Ganimard, se dirigió a las oficinas del periódico, si·
tuadas frente al muelle.
Habló con el autor del párrafo, quien asomándose a
una ventana, exclamó:
-¡ Ganimardl Estad seguro de encontrarlo a la orilla del agua con el anzuelo én la mano. Yo lo reconocí
porque leí por casualidad su nombre en su caña de pescar. Miradlo, aquel viejecillo del levitón y del sombrero
de paja que está bajo los árboles del paseo.
Cinco minutos después, el barón abordaba al cé'ebre
Ganimard exponiéndole su caso. El otro ~scuchó inmóvil, sin perder de vista el anzuelo; después, volvió la· cabeza hacia el barón y le dijo con aire de piedad:
-Señor, no se acostumbra prevenir a las gentes a
quienes se trata de robar; Arsenio Lupín, en particular
110 comete semejantes tonterías.
-Sin embargo .....
-Si yo tuviera la menor duda. creed que sería para
mí un placer habérmelas de nuevo con Lupín, pero este
pobre hombre está bajo hierros.
-¿ Y si se escapa?
- No es tan fá.cil escaparse de la San té.
-Pero él ...... .
-No temáis, dormid tranquilo y ,n o me espantéis
este pescadilla que va a caer.
El barón volvió a su casa: tal serenidad calmó un
poco su inquietud.
?.evisó los pasadores y las cerraduras y esperó.

Pasaron 48 horas, la fecha se aproximaba.
El martes recibió este telegrama:
"Ningún bulto en la estación de Batignolles.
paraos para mañana en la noche. "Arsenio."

Pre-

-Enloquecido el barón se dirigió ·a Caudebec. Ganimard pescaba e¡1 el mismo lugar; sin decirle nada, le tendió el telegrama.
-¿ Y creéis, dijo el inspector, que me voy a ocupar
de una historia tan necia?
-¿ Qué indemnización queréis por pasar en mi castillo la noche del 27 al 28? Pedid Jo que queráis, soy
rico.
-Y o estoy aquí con licencia para descansar y no tengo derecho a mezclarme en eso ... ..
-Nadie lo sabrá, me comprometo a guardar silencio.
¿ Queréis tres mil francos?
-Pues bien, iea, este diablo de Lupín debe de contar
con uná banda. ¿ Estáis seguro de vuestros criados? "
-A fe mía que .....
-Entonces no contemos cen ellos, voy a mandar
llamar a dos jefes de policía, amigos míos. Por ahora
procurad que no nos vean juntos y hasta mañana a las
nueve.
Diez minutos antes de la hora fijada, el barón mandó
a sus criados q_ue se retirasen al pabellón que ocupaban.
Ganimard llegó a poco con los agentes y pidió algunas explicaciones, se informó cuidadosamente de las entradas y salidas, inspeccionó las paredes, levantó los cortinajes y, por último, instaló a sus agentes en la galería
central.
-Estad muy listos, les dijo: al menor ruído abrís
las ventanas del patio y me gritáis.
Cerró, quitó las llaves y dijo al barón:
-A nuestro puesto.
Había escogido para pasar la noche, una pequeña
pieza desde donde se vigilaba el puente y el patio y a
donde quedaba la única comunicación con el subterráneo.
Se tendió confortablemente sobre unas sillas y se puso
a platicar con el barón. Dió la media noche. Repentinamente el barón oprimió el brazo de Ganimard, diciendo:
-¿ Oísteis?
-Perfectamente, es la trompeta de un automóvil.
Buenas noches.
Gani6i.ard se durmió y el barón, siempre alerta, no
oyó más ruídos.

Al día siguiente salieron de su celda; la serena paz
de la mañana envolvía el castillo. El barón radiante
de alegría, y Ganirnard, siempre impasible se dirigieron
a la galería. Ningún ruído se escuchaba. El, inspector
tomó las llaves-y abrió. Sobre dos sillas, con los dos
brazos colgando, dormían los agentes.
-¡ Diablo, gruñó Ganimard, y al mismo •tiempo el
.barón gritó:
-¡ Los cuadros, la mesita! Y sofocado, tendía las
manos a los lugares vacíos de donde pendían las cuerdas
inútiles. El Watteau había desaparecido lo mismo -que
los Rubens; las tapicerías habían sido descolgadas y los
escaparates vaciados de su di jes.
- ¡ Y mis candelabros Luis XVI, y el candelero del
regente! . .... y corría de un lado a otro haciendo la
cuenta de las pérdidas sufridas,· loco de ~abia y de dolor.

No menos intenso era el estupor de Ganimard; examinaba las ventanas: estaban cerradas, las cerraduras y
los pasadores de las puertas, intactos. Aquello se había
hecho mediante un plan extraordinario. Se dirigió a los

agentes y los sacudió furiosamente, notando que estaban
narcotizados.
-¡Ah!, decía el barón, ¿ tendré que. renunciar a mis
cuadros? Daría una fortuna por recobrarlos.
Los agentes despertaron poco a poco, no recordaban
nada.
Al día siguiente, el barón presentó su acusación de
robo contra Lupín.
El asunto ocupó la atención pública, el nombre de
Arsenio Lupín se mezcló a historias y cuentos de los
más fantásticos y el hecho llenó las columnas de los
periódicos.
Se registró el castillo de arriba abajo, se observaron
las cuadras a la luz de las antorchas, se examinaron las
cuevas; todo fue en vano, no se encontró el menor vestigio de subterráneo. La policía de Rouen convencida
de su impotencia, solicitó ayuda de la de París. Se llamó al inspector principal Ganimard, quien escuchó atentamente a su superior y dijo:
-La solución no se encuentra en el castillo, sino
cerca de Arsenio Lupín; pido autorización para pasar
una hora con él. Al venir de América, nos hemos hecho
casi amigos y creo lograr mucho.

***
Era un p.oco más de medio día cuando Ganimard fue
introducido a la celda de Lupín. Este lanzó un grito de
alegría.
-¡ Ah es una verdadera sorpresa: mi querido Ganimard aquí Dispénsadme que no pueda ofreceros más que
este banco y un vaso de cerveza, pero estoy aquí de paso.
Gracias a Dios que veo a un hombre honrado; ya estoy
cansado de las caras de los espías y carceleros que se
pasan la vida revisando mis bolsas y las paredes para ver
si preparo una evasión. ¿ Pero a qué debo el honor de
esta vis'ita?
-Al asunto Cahorn, contestó lacónicamente Ganimard.
-¡ Ah, sí! te.ngo tantos negocios. Y veo por los
periódicos que no adelantáis nada.
-Por esta razón me dirijo a usted.
-Estoy a vuestras órdenes.
-Desde luego, ¿ el asunto ha sido dirigido por Ud?
-Desde el principio hasta el fin.
-La carta, el telegrama ..... .
-Son de vuestro servidor.
-Yo os creí más vigilado, sois un diablo, contadme
la aventura.
.-¿ Qué pensáis de ·mi carta al barón?
-Que habéis querido divertiros.
-Os creía más malicioso, Ganirnard; yo no me ocupo de esas puerilidades. ¿ Creéis que hubiera escrito al
bai:ón si pudiera desvalijarle sin escribirle? Esta carta ha
sido el punto de partida de toda la trama. Suponed
un castillo rigurosamente cerrado, inaccesible; tentar el
asalto, sería estúpido; introducirse ocultamente, imposible; e\. único medio es pe_netrar invit;do por el mismo
propietario. Ahora este recibe una carta advirtiéndole lo
que se trama contra él y firmada por Lupín; ¿qué hará?
-Enviarla al Procurador general.
-Este se burlará de él, diciéndole que Lupín está
bien preso. Entonces, inquieto el pobre hombre, .se dirigirá al primero que pueda, en demanda de auxilio. Precisamente lee que un policía célebre está de paseo en la
ciudad vecina y se dirige desde luego a él.

�'

"Para éonsegulr esto, Ársenlo ;upln ha e11"iado a

t.an1marcl se h va1¡t9, s.u mal h?ntOr se habla ~lsi• 1 ~'¡'
uno de sus más l1ábiles ami~os~ a instalarse"en dicha ciu- pa&lt;lo. •
1
¡'
• .
dad, entrar en re laciones con un redactor de periódico
- Por fortu na, dijo, no hay muchos como usted.
al cual está subscrito el barón, y dejar entrever a éste que
- ¡ Bah !- respondió Arse nio con aire humil de,-es
él es el célebre policía que está allí de paseo. El perio- '
preciso di straerse, pensar en algo.
dista, apenas lo sospeche, anun ciará inmediata mente el
-¿ Pe ro no os basta vuestro proceso?
suceso en su diari o y el barón cor rerá a buscar la ayu da
-1•: s que he resue lto no asistir a él.
de uno de mis am igos en contra mía.
-¿ Cómo ?
- ¡ Sois admirable, Lupí11 I
- ¡Ah ! ¿ Pensúis que me voy a pasar aquí la vida?
-El supuesto policía rehusa al principio con insisten- Arsenio Lupín no está en la prisión más que el ti empo
cia las ofertas del barón; pero acaba por aceptar, con !a que él quiere.
promesa de que nadie sabrá que ha in tervenido y me-'Me. aso mbráis.
diante una fuerte suma. Se instala en una pieza cuidaP-1\Ii bue n Ganimard, hoy es viern es; el miércoles
do a su protegido y en la galería coloca a dos amigos,
próxi mo iré a fumar un cigarro a vuestra casa, a las cuaquienes a buena hora descuelgan con toda calma los c-ua- tro de la tarde.
•
drns, esco6 en lo~ muebles y dijes más ,·al io,o.;. y po r
Se
est
re
charon
las
mano
s
como
dos
buenos
amigos,
111ecl1,1 ri.! cuerdas los deslizan por la vel't,111a has1a una
y el viejo policía se dirig ió a la puerta.
barca que está ~n el río, y luego fingen un sue ño de
•-¡ ean1111ard
. !
narcótico.
- ¿Qué hay?
-¡ Todo esto es maravilloso ! Y P? drías decirme
-Que olvidáis vues tro re loj, que se ha metido en
quién es el policía bastante ilus tre pa ra que su nombre
mi bolsa. Perdonadme, no es una razó n que porque al
haya sugestionado a tal pun to al barón?
e ntrar aquí me hayan qu itado ·el mío, yo os prive del
-Sólo hay uno.
vuestro. Además, tengo ya un cronóme tro que sati sface
-¿Cuál?
todas m i.n necesidades. Y mostró un magnífico reloj de
-El ilustre enemigo de Arsenio Lupí n. ¡ Canimanl ! oro con una pesada cadena.
-¡Yo! ¡Es to es increíhle!
-¿ Y éste de qué bolsa viene?- preguntó Ca minare\.
-Es de' icioso. Si•el ba rón se decide a hablar, vuesArsenio Lupín le mostró las inicial es f.' B., diciendo:
tro deber será arres tar a Ganimard, arrestaros vos mis mo.
-¡ A h, sí ! J ules Bouvier, mi estimad o juez de inst rucY Arsenio Lupín rompió a reír a carcajadas.
ción, un hombre encan tador.

NOTAS QUE INTERESAN A TODOS
La ciudad de Tokio se fu ndó cien años antes que la
de San Petersburgo.

***

Existen más de catorce mil vaíicdades de sellos de
carteos.

***

Las olas del mar se pueden elevar hasta una altura
de éincuenta pies.

***

1

***
** *
Eit Madrid llueve 95 días al año. po r término medio.
** *
Hay ocho cables submarinos, con más de do s mil

mill as de distancia.

'

** *

El planeta Neptuno se descubrió con el telescopio
,

en 18.t6,
Según la ley inglesa, no se permite matar faisa nes
el domingo y el día de nochebuena.

***

Durante el aiío de 1909 se encontraron en la oficina
ce ntral de correos de Londres 427,827 cartas y paquetes
sm ctirección algun a.

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�El Talento y la Pobreza
Ariosto se quejada de no tener más que una capa
rota para cubrir su desnudez.
Adamson, a los ochenta años de edad, no podía asistir a la Academia por falta de zapatos.
Argüelles acabó sús días en un cuarto miserable.
Aristótoles murió desterrado y envenenado.
Arístides salvó a la patria y luego fue desterrado.
Anaxágoras, que distinguía el espíritu de la materia y
que proclamó la Inteligencia suprema, fue desterrado.
Bacón fue encerrado por deudas.
Buchanan escribió muchas de sus obras en la cárcel.
Camoens murió de hambre eri medio de una calle. Cervantes vivió y murió en la mendicidad.
Corneille la víspera de su muerte no tenía una taza
de, caldo para alimentarse.
Colón vió embargados sus instrumentos y mapas, y
fue cargado de cadenas después de haber des.cubierto el
Nuevo Mundo.
Cicerón fue asesinado. por un cliente suyo a quien había defendido y salvado de la pena de parricidio.
Demóstenes fue silbado en la tribuna y abofeteado
en público.
El Tasso no tenía para comprar una vela para alumbrarse mientras escribía sus inmortales poesías.
Esopo vivía en la esclavitud y fue despeñado en
Delfos.

Ercilla,_cuando murió, debía 500 duros.
Fulton fue arrojado de Francia como criminal.
Foción, envenenado por la !et.
Galileo, perseguido por la Inquisición.
Homero murió pidiendo limosna de puerta en puerta.
Howel expiró engrillado.
Lesage vivió de limosna.
Fray Luis de León, preso en la Inquisición de Gra~
nada.
Murillo anduvo descalzo por las calles de Sevilla.
Milton, ciego y obligado a vender su "Paraíso" por
diez guineas.
A Avidio el destierro lo hizo decir que "vivir ocu!to es vivir feliz."
Pitágoras fue quemado vivo.
Rousseau vivió siempre de pr~stado y en apuros.
Hace algunos meses murió en una plaza de Buenos
Aires. en la mayor ind;gencia, el i;¡111oso violinista neg.o,
Brindis de Salas, que tantas veces fue aplaudido en los
grandes teatros del mundo. .
Mas no hay que desanimarse por esto. Vale más
sufrir pobreza gozando de una inteligencia desarrollada
por el estudio y el cultivo, que vivir en medio de cau~ali:s a la vez que e n profunda ignorancia.
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