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REVISTA MEXICANA
SEMANARIO ILUSTRADO
VOLUMEN III.

PRECIO: DIEZ CENTAVOS.

NUMERO 67.

�REVISTA MEx1C.ANA
Semanario Ilustrado
ENTERED AS SECOND CLASS MATTER, OCTOBER 25, 1915 AT THE POST OFFICE
OF SAN ANTONIO, TEXAS, UNDER THE ACT. OF MARCH 3, 1897.
:-

Volumen m.

San Antonio. 1Texas, 17 de Diciembre de 1916.

SANGRE DE A ·GONIA
El Prlf'Cl" Jefe se quita la careta y después de su algún rtgor, Rstablecer la libertad, que es el reinado de
apostasía, que echa por tierra toda la mentira revolucio- la ley. Una de las más grandes conquistas de la ciencia
naria, pide un gobierno fuerte, y trata de construírlo con política moderna-a. consiste en haber demostrado la falsangre.
~edad de los principios jacobinos: la libertad nace de la
El Primer Jefe fracasará ·una vez más. Un gobier- iey; s6lo en ella encuentra a la vez que su expresión, w
-no es un poder de conciliación y de concentración, es 'l!I defensa, únicamente por la ley queda definido el limit6
órgano que mantiene el equilibrio entre las diversas cla- de la libertadl.
ses sociales, y lnunca puede llegar a obtenerse por la desEl carrancismo, "la revolución,'' que ha destruído totrucción de las contrarias. S~México existen, como do respeto a la persona, a la propie?ad, a la vida, y que
en .todos los países, clases divérsas; al gobierno tóca pro- ha desatado todos los crimenes sobre México, en Qombre
tegerlas a todas, sin que ninguna invada por la violencia de la libertad, es la mejor prueba.
el derecho de las otras. Y Carranza no solamente pienDespués del orden. y de la ley; podrá ser. posible
sa en dominar por las clases bajas a las clases superiores, formar la ley, pero corresponde a las mentalidades supesino que busca ese dominio por la violencia más irritante; riores de un país; y en la gravedad de las circunstancias
y su propósito es· contrario a la naturaleza de las cosas. actnales no hay otra ley, ni podemos encontrar otra suEsto obedece a que si para beneficio .de un pueblo, de- perior a la existente anteriormente. Para reformar la
ben de ser los hombres más fuertes, los más ilustrados, Copstitución, es estrictamente necesario· restablecesla en
los más íntegro• quienes tengan la dirección, hay detrás lo que se refiere a libertad.
Enseguida podrá el carácter, el pensamiento nacional
de Carranza intereses e~traño.s a quienes importaría aninar al pueblo y matar el espíritu nacional y apagar las cristalizarse, 4e acuerdo con sus tradiciones y con sus
luces d~civilización que en México lucían ya esplendo- deseos, en nu~as leyes, instituciones .y organización sprosamente, para que nuestra patria, grande y privilegiada , cial. Bajo Venustiano Carranza, el odio a la tradicióq,
bajo un régimen nacional que desarrollara sus energías y . la incapacidad para la cultura y la tiranía más ciega, no
sus riquezas, quedara, como lo va estando economicamen- sol~nte han impedido cualquicf°' manifestación dei alt~ a consecuencia de esta guerra oprobiosa, sometida ma nacional, sino que ROr primera- vez en nuestra historia, son los mismos jefes armados o sus agentes quienes
inexorablemente a la voluntad de sus verdugos.
En estos momentos solemnes, lo que más importa es ,se reúnen para deliberar, poniendo al pecho de la Rep6convencemos de la impotencia del enemigo de la patria blica el rifle del bandolero.
Cuando México haya reconquistado la paz, la ley poy confirmar por sus torpezas, nuestras ideas sobre lo que
drá mostrar al mundo las nuevas creaciones de sus legisn~esita el país y habrá de salvarlo.
\
Y es fácil descubrirlo estudiando el carrancismo: Lo ladores, de sus prohombres, de sus patriotas y de SW\ sa.
primero que México pide es orden; la revolución lo ha vios. Hoy, solamente el · Primer Jefe, alzando la copa,
agotado; se hizo por el Sufragio Efectivo y la No-Reelec- puede soñar en ser un reformador universal, cuando no
ción y hemos llegado, ~ los cinto años de lucha, a la su- sólo no es capaz de reformar a su país sino que lo ha
presi6n del sufragio, al militarismo q,ás- criminal, porque destruído.
El llamamiento de Carranza a los paíse~xtranjeros.
no es el de un ejército sino ~ de bandas armadas, y a la
estancia en el poder-de un hombre sin elección ninguna. fue hecho en nombre de la libertad: después de su pedi- ·
Orden, primero que todo: esa es la divisa funda~- mento de un' gobierno fuerte, nada queda sino una horrital para la reconstrucción nacional. Enseguida, o más ble comedia, en la que no hay sino dos desenlaces: '1 se
bien, al paso de los defensores del orden, garantías pa- restablece ~!. orden y se concilian los intereses de todas
ra todos: no más persecusiones, ni más asesinatos, ni las clases sociales, y éstos son los principios de hr-reacmás robos en npmbre de la libertad. La libertad es fru- ción, o los crímenes de Carranza disuelven al país.
Afortunadamente, la misión encomendada al Prito de la ley y la ley nace del· orden. No se legisla para
las revoluciones, no rige ley ninguna a la cuadrilla de ban- mer Jefe ha fracasado. Solamente para aniquilar una
nacionalidad puede haberse invertido el orden histórico
doleros bajo un jefe que no reconoce autoridad civil.
El punto de partida para la existencia, es l~ existen- y el papel social de las funciones de gobierno; pero la
cia misma, y en los pueblos, no en los individuos, es la resistencia continúa, y el carrancismo se destroza corroído
primera ttecesidad la de vivir. La paz dentro del país, por sus propios vicios.
La sangre del terror anuncia una agonía: después
la protecc1ón en contra del desorden interior, es la mayor
bendición que pod~mos recibir, y con ella viene en se- de Robespierre, (y él no enviaba a sus familiares ni a sus
guida la protección en contra de los peligros exteriores. ministros a depositar en el extranjero el wo nacional,)
El carrancismo es, en sí mismo, el desorden inierior y el surge Thermidor. La nacionalidad persiste,iuego el carrancismo ha fracasado. Por eso tenemos \ln optimismo
instrumento del ex~njero.
' Enseguida, si para guardar el orden, fue necesario irreducible.

re-

'

�,

DESDE JAUJA
A ro de Diciembre de 1916.
Estimado y fino amigo:

/

:Mis arraigadas aficiones urbanas no excluyen una que
otra jira campestre,. muy provechosa para reparar las fuer' zas que vamos desgastando los llamados "intelectuales."
De algún tiempo a la fecha, no he podido expansionar el
ánimo y fortalecer el cuerpo haciendo tales excursiones
debido a que las fincas rústicas donde solía yo dedicarm~
a la regalada vida de que nos hablaba Fray Luis. cayeron
bajo la férula de la incautación. Estoy en espera de que
tornen a poder de sus propietarios para remozarme con
el gusto que la naturaleza me brinda entre "sus perfumadas flores y sus pintados pajarillos," conforme decimos los· poetas de la emisión más reciente.
Pero esto no impide que, haciendo un viaje de retroceso a días ya- lejanos, evoque en esta mi quincuagésimaquinta epístola, los ratos de campesina charla sostenida
no pocas veces con un mocetón macizo y bien desarrollado, de piel tostada por el sol, pelo rizoso y rubio, ingenuo Y llanote él y que tenía a su cargo en una Hacienda,
las importantes funciones de vaquero. Recuerdo su nombre: se llamaba Pilar; pero allá se le designaba siempre
anteponiendo la categoría. Le decían: "el vaquero Pilar."
Tanto por su carácter abierto, como por lo agradable de su fisonomía, era de los mozos de la finca el que
más se enredaba conmigo en nutridas pláticas que· yo
hallaba muy de mi gusto dentro del ambiente rural. Llegó a cobrarme confianza. y no tenía escrúpulos en contarme sus amores con Ciriaca, moza garrida de un rancho vecino. Yo me solazaba COH aquellas confidencias inocentes, Y me permitía alentarlo cuando algún pasajero desdén de la muchacha lo traía al pobre. cabisbajo y tristón, hasta el punto de que los claros ojos le nadaban en
agua. Por este camino llegamos a ser buenos amigos; y
cuantas veces "bajaba al pueblo," según él decía, para hacer compras o recoger el importe de algún ganado que
acababa de entregar, procuraba dar conmigo para saludarme con esa sencillez ingénita en las gentes del campo.
Dejé de verlo por algún tiempo, debido a mi retraimiento para esa clase de jiras, conforme dicho queda,
cua¡1do una de estas mañanas tropiezo a vuelta de es~fina eon un fornido mocetón que me cede la acera, me s'onríe, se detiene viéndome y acaba por decirme: "¿POS qué
no me conoce, Don Silverio?" Eché una mirada de arriba a abajo al que me hablaba y vacilé, sin atreverme ni a
afirmar ni a negar que lo conociera. Aquella cara no podía ser otra que la de "el vaquero Pilar;" pero ¿y la indumentaria? Yo lo había visto con- chaparreras, sombrero ancho, espuelas, látigo en la diestra y camisa de manta debajo de la chaqueta de cuero de venádo; y el hombre que se me paraba delante. mostraba arreos bien diferentes. Ya iba a lanzarme resuelto a decirle su nombre, corriendo el riesgo de cometer un desatino, porque hasta la
voz me sonó extraña, cuando me salió al encuentro con esta exc!amación y abriéndome los brazos: "Soy Pilar, el de
la Hacienda de Don Próculo." Y despues del abrazo, no .repuesto yo del asombro, vacilé entre si tutearlo, como lo
acostumbraba, o enaltecerlo con el "usted" ceremonioso;
y salvé el escollo contestándole: "Conque Pilar ¿eh?

I EL V AQUERO PILAR
i Tánto gusto de que nos veamos!"

Y me quedé perple·
io ante aquel traje del color de la guayaba madura y
aquella ágúila clavada en el kepÍ.
Refirióme en pocas palabras cómo se habla lanzado
a la revuelta por "vengarse de los ricos abusadores,'' l1
causa de que mrsubrino del amo cargó con Ciriaca; y cómo e.n un par de años le plantaron el pajarraco que lleva:
ba sobre la frente, después de media docettl! de "agarrones" en que se había "peloteado" con el enemigo. N(j me
quedaba sino felicitarlo por sus éxitos y arremetl cott el
"usted" estirado y discreto, a lo que él puso reparos, diciéndome que lo tuteara como antes; que él era el "mesmo" para mí, y llevó su galantería hasta ofrecerme su
influencia si en algo podía servirme.
Llegaba a celebrar una conferencia importante con
el Jefe de la Plaza, y regresaría en dos días al lugar en
que se hallabá prestando sus servicios. En calidad de
grado, traía su carro especial, y en calidad de heridas, no
traía sino la que en el alma le causó la trastada de Ciriaca,
Y que por cierto había cerrado ya en firme. Menos mal
que no desconocía a sus amigos de otros tiempos; mérito que .no debo dejar sin mención y que en consignar
me complazco. Seguimos de charla minutos más, hasta
que con nuevo abrazo se despidió de m~ reiterándome el
ofrecimiento de "su influencia."
Cuando él se alejaba, no repuesto yo todavía del pasmo que me produjo la transformación, quedéme viéndolo
caminar muy garboso con aquella indumentaria que de
verdad no le sentaba mal, pero que co.n la imaginación
desprendía yo de su bien erguido cuerpo, substituyéndola
con la que le había conocido cuando no era sino "el vaquero Pilar." Y al perderlo de vista a lo largo de la calle,
continué mi camino barajando una porción de ideas insubstanciales sobre la volubilidad de las cosas de la vida.
Pero me faltaba otro encuentro: un amigo y correligionario mío que a poca distancia había presenciado la
escena, me atajó el paso para pitorrearse conmigo al ver
que en plena calle me abrazaba yo con un General de la
Gloriosa. Le referí todo para viudicarme, y vino de su
parte el comento en forma de chaparrón. "El eterno interrogante-me dijo-el eterno interrogante: ¿ Quién es
ella? Mira cómo la "seducción" de una Ciriaca ha obrado el milagro de convertir en General a un vaquero; y
mira cómo el que fue humildísimo Pilar de una Hacienda
se ha ter.nado en todo un robusto Pilar de la Democracia. Imagínate cuántas Ciriacas habrán contribuído a la
felicidad de Jauja, y cuántos Pilares serán hoy los que
sostengan el edificio de nuestra reconstrucción. Nada,
Silverio, aprovecha "la influencia" y "véngate de los ricos
abusadores." Ya lo sabes: "La venganza es el placer de
los dioses." Y ahora los dioses andan con traje color
de guayaba madura. como tú dices" ...... Y burlonamente
me dio palmaditas en la espalda, soltó una carcajada, y
se alejó a toda prisa, dejándome con la boca abierta. ¡ Y
con la boca abierta he seguido, pensando en el exvaquero
Pilar, hoy General de los Ejércitos libertadores!
Pero es tiempo ya de cerrarla, juntamente con esta
carta, que te lleva el reiterado testimonio de mi afecto.
Tu amigo, y colega,

SILVERIO.

Hemos dicho que la obra del Lic. Calero es un alegato y, efectivamente, tiene todas. las particularidades de
las producciones jurídicas. Examina la cuestión, desde
el punto de vista concreto; y dent.ro del perímetro reducido que abarca, su lógica es irreprochable.
No se preocupa de examinar la revolución mexicana
en su esencia, para mostrar al pueblo de los Estados Uni·
dos las conclusiones definitivas: se conforma con analizar
los hechos en su parte formal, para exponer las contradicciones en que ha incurrido el Presidente Wilson
Y
como cuando los artículos de un Código son terminantes,
le basta al abogado enumerar los hechos con claridad,
para que su alegato res.ulte incontrovertible, así también,
al Licenciado Calero, le basta enunciar el principio de Soberanía, y exponer los acontecimientos con método, para
que su libro sea irrefutable.
Si algún punto dudoso y débil puede atribuirse al libro del Licenciado Calero, es que constituye más bien un
ataque a la política wilsoniana, qu'°e una defensa clara y
terminante de la civilización de México.
Hubiera sido
muchísimo más fuerte, si, partiendo desde 1910, hubiera
demostrad'O que México era un país culto y floreciente,
convertido ahora, mediante la política internacional de
los Estados Unidos, en un escenario de inmoralidad y de
dolor.

dia mexicana. dijera donde estaban los gérmenes de la
destrucción.
Porque el norte-americano, al acabar de
leer la última página, puede exc!amar: estoy convencido
de que Wilson ha cometido errore;; pero ¿en la pugna
tremenda de 1910, hasta la fecha, quién tiene la razón?
Calero contesta que Carranza encabezaba la barbarie y
que Huerta era un histrión que se hacía pasar como campeón ' de la soberanía latina; en otros. términos, la pregunta permane.ce sin respuesta, porque el punto principal de
la cuestión quedó sin resolver.
Es indudable que el Lic. Calero, para juzgar esa cuestión. tropieza desde luego con el obstáculo insuperable de
su vida pública. que lo colocó enfrente del régimen porfiriano y luego enfrente de la Revolución; que después lo
hizo ser enemigo de la administración huertista sin ser partidario de la revuelta de Carranza: una vida pública. destanteada. que sólo ha formulado "negaciones," sin atreverse jamás a hacer una "afirmación" con su secuela ineludible de responsabilidades. Y el problema de México
no se resuelve censurando a los hombrés del antiguo régimen y del nuevo, por los detalles malos que ambos
partidos deben tener: lo que se requiere es plantear el
problema desde un punto de vista social, e·s coger el bando con el cual esté vinculada la existencia de la Patria,.
y luchar con él hasta el fin.

Para los norteamericanos, como también para todos
los mexicanos que no tienen oídos ni rencillas políticas, 110
hay en México sino dos grupos antagónicos que luchan
por tener el dominio político y social de.la Nación: el núcleo de las clases superiores, conocido en Estados Unidos como "Díaz party" y la demagogía plebeya despertada por Madero y encabezada ahora por Carranza, ¿ Reyes? ¿Corral? ¿Huerta? ¿Félix Díaz? ¿Limantour? Todos quedan e11globados en un solo grupo, a1~te el criterio
norte-americano. Madero y Villa, Zapata y Carranza. Pablo González y Obregón, forman el grupo rival que pro~
cura entronizarse en el paí.s.
Que Reyes y Corral se
odiaran, que Félix Díaz se separara de Huerta, constituyen
accidentes sin importancia en el desarrollo de la tragedia.
A pesar de sus divisiones, formaron una clase uniforme
en sus apreciaciones generales sobre la sociedad. rl individuo y el Estado, como también Carranza y Villa, a
pesar de estar luchando hoy, forman un todo compacto
y congruente.

De todas las "negaciones" del Lic. Calero, la que
encierra su último libro es la más trascendental porque
110 es en contra de un mexicano sino en contra• del Gobierno de los Estados Unid06-.
Y cuando se censura a
Estados Unidos, se favorece a )féxico.
Por eso desde
un punto de vista nacional, es un libro que todos los mexicanos debemos agradecer.

El Lic. Calero pudo haber planteado la cuestión en
los términos anteriores: así la hubiera planteado un historiador sereno; y al decidirse por las clases superiores,
(nos parece inadmisible que un hombre como Calero.
pueda aceptar la tesis contraria) habría dejado en el ánimo de sus lectores, uña impresión firme y segura. Pero
no fue al fondo de los acontecimientos, se quedó a flor
de tierra, y por eso repetimos que su libro es meramente
formal, un alegato excelente si se quiere, pero alegato
no más.
Después de leerlo, Wilson queda irreductiblemente
Esto es muy favorable para México; pero
condenado.
cuánto mejor fuera que, al exponer las causas d·e la trage-

Además, expone el Lic. Calero una tesis importantísima, a la cual precisa dar amplia publicidad.
Dice el
Lic. Calero que las pérdidas sufridas por los habitantes
de la República Mexicana•, durante los últimos tres años,
(nosotros diríamos desde 1910) deben ser pagadas por
la lJnión Norte-americana. que fomentó la revolución salvaje que ha destruído al país. Esta tesis tiene la virtud
de herir al pueblo norte.- americano, en su único punto
vulnerable. Este país no se conmuevG con la sangre norte-americana derrama.da en Carrizal; en cambio, hacerlo
responsable de las fortunas deshechas en México y amenazarlo COn las " futuras i1ide111nizaciones, constituye UII
acto de terror, que lo puede refre1{ar en sus combinaciones revolucionarias.
Esta parte del libro del Lic. Calero es tan interesante, que mere.ce desarrollarse en otro libro dedicado a pregonar esta justísima doctrina. Y ese libr-0, una vez escrito, debe de traducirse al fra.ncés,, al alemán. a todos
los idiomas, para que las víctimas de las revoluciones de
México, se aprendan de memoria los argumentos. y exijan de sus respectivos gobiernos, que impongan las indemnizaciones a los verdaderos responsables.
Esta doctrina del Lic. Calero, es la obra más benemérita de toda su vida. Y el libro que la encierra, se hace por ella sola, respetable y definitivo.

•

�El V értigo de la Rapiña
Carranza ha venido teniendo el acierto de mostrarse
preocupado por a!go que él juzga problema trascendental,
en los precisos momentos de un desastre para su bufa
administración. E.astan dos ejemplos.
11ientras el villismo estaba en su apogeo. Carranza,
meti.i:lo en \'cracruz, trazaba su risible decreto sobre el
divorcio. Y hoy, cuando en Q¡¡crétaro, rnlido de cuatro
o cinco mcntalidaddcs pervertidas y ,ele una caravana de
imbéciles, descoyunta con criminal osadía el Cúd;go Supremo de la patria, el_ inf~lsificable ha pcrflido por completo la fuerza que quiso 1mponcrk a punta de bayoneta.
Pero no se resigna a perder la partida, y va se habla
de que. ,·endr{ otra emisión de papel, bajo el. nombre de
"bono." Este no será probahle:nentc sino el mismo infalsificaolc con algún resello que le inyecte nneva ,·ida.
Porque el Gobierno no está para despilfarrar dineros en
la fabricación de otro papel. Es decir, acaba de ccH1,·encerse la" nación entera. de. que por falta de garantía. el
infalsificable desapareció de la escena, y ya se proyecia
introducir un nuevo signo ele cambio.
!'ara Carranza, I!ada son ni nada valen todos los millones ue pt&gt;sos Qt1e rn 1i~ron de !as l11stituc1onr·s de Crédito, legalmente garantizados; y no pudiendo cometer
abiertamente el ate,~tado de destruir a los Bancos. a:111qac los amenazó de muerte con su famo~o decreto de 1 ~
ele Septiembre, les hace la guerra rnharcle cid silencio~ 11~
mencionando para nada ese bi:J..:te en sus disposiciones
sobre asuntos mo:1etarios.

"'

Este •proce&lt;limiento, además de estúpido. es manifie~tamente criminal, por atentatorio parc1. todos los intereses del país. Carranza cree de este modo herir sólo a
los Bancos. sin meditar en que hostiliza también a tocios
!os que mantienen en su poder billetes de c;a procedencia.

Y cuando llega el momento propicio para abrir franca la puerta a la circulación de ese billete, porque acabó
el reinado efímero de su infalsificable, no repara el dai10,
~ino que persiste en él, discurriendo emitir bonos. Se nos
figura ver a un ebrio que de,pués de haber hecho públicamente las contorciones más ridícu!as ingiriendo tecp1ila, imagina que tomando coñac se le notará menos la borrachera. Cambiará de bebida. pero el desequilibrio de
la pantomima será el mismo.
A pesar de su 'terca hostilidad 'en perjuicio del elemento bancario, el público no se muestra pesimista con
el papel e.mitido por las lnstituci.,ones de crédito. Espera con relativo sosiego. aunque la esperá se t,.aduzca en
daño real mientras exista alzada sobre los Bancos la
mano dctentadora de Cai-ranza.
Como quiera que sea. lo que se ha palpado es que
nada pudo hacer hasta hoy en contrá de los . Bancos.
Su decreto fué uno de los •miles que l,rl lanzado para
perderse en el \'acío. Yalos de ciego qile azotan el aire
y nada más.
Obedecerá esto a influencias extrañas. ya
que desgraciadamente aquí se hace' ahora lo que se manda en otra parte: habrá contribuido a defender el go'pe
primitivo la circunstancia de abundar en plazas de los
Estados linidos el papel de nuestros Bancos: ello es
que fuera de trope:ías al l\acional y Londres, todo quedó hasta este momento en baladronada de brarn de callejuela.

•

t ++++++++.¡.++++.r•++-I•+•?-+•%&lt;+-H••Z.+.:.++•I-,:..z.++,i,.++,Io++•l-+H•O:•++·I-+•!•+++•H.Z•,t•++.¡.+-I•+++-?•++++++•I-+++++++

*+

Ya es tiempo Señor, que tengáis piedad de ~é,n; vuestres siervos aman aun sus mismas ruinas y sus piedras
dispersas. Y su tierra natal, por desolada que esté me-

+

I.

+,

7...

+
~.·

.*
~

:t
.:,.

ele infalf.ificables. los empleados de los trenes e!éctricos
de .\léxico, que exigían sus salarios exclusivamcnt.e en
mttálico. !\o ob~tante el imperio de la Ley ~,larcial, fue
¡•rcciso lr&lt;1tar a esos hombres con todo co;nedimieuto.
~e dirigieron a Ca, rauza que iba entonces camino a Qu~
:étaro; y la contestación, i_ue c'ara y con~ndente: ·-~~ les
pagara a ustedes en mctahco desde el primero de D1c1embre." Esto· dijo Carranza. con lo cual trazaba el epitafiio
s'obre la fosa de su papel moneda. Porque aquello, operarios no podí¡w ser privilegiados: todos los del país pediría•¡ y obtendrían lo mismo; y el infalsificab'.e que Yino
a la vida con pomposos ditirambos de la cáfila de sen·iles,
' quedaba hecho poll'O al mediar el año ele pavonearse por
toda la Repúb lica.

I

ENRIQUE MARQUEZ .

,

\

Tus Templos que· allí fu~ro¡i joyas de arte,
y también de tres siglos el orgullo,
construídos nada más que para amarte,
de krvida oración, con el arru!lo,
son antros de basuras asquerosas,
o tugurios· de impuras mesalinas;
en cambio las mujeres pudorosas
que allí se tran::formaban en divinas,
son pobres limosneras, sin lo suyo,
y sin patria, palomas peregrinas.

""-

V.
Por desierta que esté, por desolada,
esa tierra que tiene en sus entrañas,
así en la población más celebrada,
como en la humilde aldea o en sus cabañas,
ías cenizas de un padre venerado
o de madre virtuosa y abnegada,
su recuerdo no puede ser borrado;
y en la mente está siempre tan grabada,
que vive en el azul de sus montañas
y en los nidos de amor ele su quebrada......

III.

..

De lágrimas un mar, un mar de llanto
invade aquella patria desdichada,
que consuelo no encuentra en su quebranto,
porque está por sus hijos desgarrada ....... .
son muy hondos, muy grandes sus pesares;
con el he gro crespón está cubierta:
la enlutada de la guerra, los azares,
y enemigo que tiene siempre alerta (?)
borrar quiere sus épicos cantares,
y ha franqueado, hurniilándqla, su puerta.

i
I
+

i
t

+
*+

ii
.•

VI./
Nunca, nunca, Señor, por desgraciada
que se mire esa patria tan querida
dejará de ser nunca nuestra amada,
dejará de ser nunca nuestra vida ....... .
Compasión para México pedimos,
tu perdón para el pueblo mexicano;
la virtud de la fe nunca perdimos;
y vivo es nuéstro amor guadalupano ....... .
Si motivo al castigo un día te dimos,
como PADRE, que os duela ya la mano.

San Antonio, Did'embre r2 de rgr6:

Si por sólo las emisiones de papel moneda se juzgara
a Carranza eso bastaría para execrarlo como el hombre
más funesto de este desgraciado país.
Calcúlese por
qtticn quiera poner ciiras bajo cifras y obtener la suma
total. a cuántos millones de millones de pesos alcanza el
robo cometido a 11éxico por sólo este concepto. Y todo
ello con la más descarada ele las desvergüenzas; porque
Carranza castigó a los cambistas acu~á!Hlolos de depreciar ~u papel, y acabó por seguir esa práctica aceptándolo
a ti¡,os irri~orios en pago de impuestos, para rematar hoy
el cinismo, negándose rotundamente a recibir en las oficinas públicas lo que. él lanzó a la circulación.

Y no satisfecho con es ta inícua ratería palpada por
to&lt;lo9 !9s ojos. arroja el estigma de d¡tentadores de los
intereses púhlicos a los Bancos, que si algún crimen cometieron fue el de haber-ante las bocas de ias carabinas- puesto sus dineros. en manos de los bandidos que
actuaban de revolucionarios, y ahora imperan como magnatcs.

:

Pero amamos, Señor, las mismas ruinas,
a esas pied.as dispersas las amamos,
porque son nuestras joyas diamantinas,
los restos,venerados que adoramos:
allí está, de cultura, insigne huella;
Y, aunque son del talento, los despojos,
son focos, sin embar~o, que destella
blanca luz, que ilumina los abrojos
que, en flores se conviertan, esperamos,
cuando cese el furor de tus enojos.

II.

Es rnús: !mee poco se negaron a trabajar a cambio

.
1
i
i

""' tod,vi, """"' compa,ión ~- ,mo,.
1

'-S"eñor, Señor, que ante el enhiesto muro
de lo que fue tu Ttmplo tan querido,
tocado por amor tan santo y puro
como es el de la patria, el sacro nido,
donde al calor de nuestra madre amante
la luz vimos nacer del nuevo día,
lloraste como niño, en. el instante
que viste que tu patria se perdía;
tén compasión de México destruído,
y líbralo, Señor, ~e saña impía.

i
+
i

&lt;.\ qué· ,·iene ese orlio a los Bancos? ¿ Cuitl es el pcrjt1icio que la .re\olución recibió de clios? ¿No se les ·
ohlig/1 por las rlos facciones rn lucha-el carrancismo y
d villismo-a rontrihuir con fuertes sumas a título de
préstamo, o de de~pojo, puesto que ni un centavo se les
ha restituido' ¿Se pensó que atropellando a esos cstah1ccimirntos. el bilimbi11ue iba a subir de valor:? Si · tal
fue la esperanza, des,·anecida quedó ya eón la Yergan. zosa desa¡iarición de ese papel que ayer tomaron a regai1adil011tes los dcsdichaclos habit:intcs de este país. y
que hoy repudia,1 con ene,·gía. sin que Carranza, a pe, sar de la acostun brada a\'i'antez ele todos sus actos, haya adoptarlo mcd:c!a; para imponerlo . de •;1ucyo a la circulación.

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PLEGARIA

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En el vértigo ck la rapma. hasta para su propio bien
oh:-a con estulticia este hombre. Pudo. desde su última entrada en l\léxico, hacer arreglos con los Bancos
emisores del país. que son al rededor de ninticinco; éstos le habrían ayudado a su sostenimiento; y ni hubie,
l .
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...
ra ha )!(lo necesidad de e111itir el infalsificable con dcspre~t,b,o para su gobierno y dafio para la nación, ni el
billete dt Banco ,·aldría lo que hoy vale, ni el púb'ico
habría scnticlo la 1mpresi 'm de incertidum1fre que se le
irfiltró, ante' la amenaza de yer desquiciarse las Jnstitll(:io11cs de crédito por el necio radicalismo de Carranza.

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IGNACIO VALDESPINO.

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�EL SR. SUBSECRETARIO
Tenemos el gusto de publicar a continuación un artícu lo ele }.!oheno, en donde pinta la personalidad moral
de Rafael Nieto, Subsecretario de Hacienda en eso que
llaman gobierno carrancista. Pero antes de transcribir
, dicho artículo, vamos a recordar un detalle chusco, y que
sin embargo contribuyó poderosamente a la e}(al!ación
del señor Nieto, detalle que, sin género de duda, deben
tener presente en su memoria, todos los d-iputados a la
XX VI Legislatura fed~i:al.
Era a principios del mes de Octubre de 1912 y el
seiíor 11oheno se encontraba en la tribuna de Ja Cámara
de Diputados, pronunciando un discurso fulminador: procuraba en vano, que penetrara la luz en los cerebros maderistas, para detenerlos en su marcha hacia el abismo.
Analizaba la composición de las comisiones Y demostraba hasta la evidencia, que con aquel personal era inevitable la catástrofe. De repente el orador, al referirse a
las Comisione5--dé Hacienda, se fijó en un nombre hasta
aquel momento desconocido: ¡Rafael Nieto! "¿Y quién
es este Nieto-preguntó sardónicamente Moheno-que
sustituye en las comisiones hacendarías del nuevo Régimen a Don Pablo Macedo y a Don Joaquín Casasús?Con' Nietos no se va más que al desastre." Una carcajada res_onó ~n los escaños.. de los diputados y en las galerías del pueblo.
¿ y Nieto ?-Seguí&lt;!_ el pobre en su curul, _sin_ moverse de su asiento, entre las risotadas de todo el mundo.
Sin embargo, no se conformó con el ridículo Y se puso a
estudiar un discurso y a aprenderlo en seguida de memo.
ria. Cuando hubo termmado
su la bor de " preparedness,"
sea
tres
semanas
después
de
aquella sesión, en un moO
mento como ~tro cualquiera, se levantó el señor Nieto
de su asiento y pidió la palabra para la rectificación de un
hecho. Concedida que le fue, empezó a recitar una piececil!a oratoria, en que procuraba demostrar que "sí era
competente en toda clase de cuestiones financieras." Y al
efecto demostraba es.tar enterado de que existía talón
oro y' talón plata, de que la división del trabajo aumenta
Ja riqueza; y de algunos otros tópicos más, con los cuales se presentaba orgulloso para evide.nciar que nada tenía que envidiar a Leroy-Beaulieu.
El resultado fue adorable para la Cámara, que rió de
muy buena gana y más adorable aún para :Nieto,. ~ue
creyendo en su victoria, se sentó en su curul, refoc1landose con el resultado de su peroración.
El señor Moheno pidió la palabra, y en un tono de
sarcasmo, que sólo Nieto fue incapaz de sorprender,
manifestó a la Cámara que se había equivocado Y que. en
vista del discurso que acababa de escuchar, quedaba convencido de la gran capacidad financiera del señor Nieto.
Este se sacudió de júbilo mientras la Cámara Y el público se entregaban a la más franca hilaridad.
Esta es la biografía parlamentaria de Rafael Nieto.
Ahora, cedernos la palabra al señor Moheno, no sin
pedirle excusas, por completar su artículo con el re!at?
anterior, que él calló por modestia, en vista de la part1cipac1on que tomó en la formación de este "gran hombre" del Constitucionalismo.
0

Con arreglo a la Convocatoria del "gohierno de facto"
que el- Presidente Wi~son ideó para México, a la hora
en que yo escribo estas líneas debe estar reuniéndose en
Querétaro, tan llena de los recuerdos del emperador Maximiliano, la cuadrilla de revolucionarios que con el título

de Congreso Constituyente pretende elevar a la categoría de ley fundamental de la República, el catálogo de
crímenes y delitos de ese constitucionalismo cuyo más
firme empeño ha sido aniquilar la Constitución.
Y por una sugestiva casualidad, entre los periódicos
de México que me trajo el último correo, encuentro en
uno, "El Universal," junto con un retrato de Rafael Nieto, "digno" Subsecretario de Hacienda en el ''gobierno
de facto," una opinión de este caballero, en cuanto a la
coniposición del mencionado Congreso, que resulta muy
interesante.
Dice ''El Universal:"
"A nuest1/ pregunta ¿qué condiciones deben llenar
Los diputados constituyentes?, el señor don Rafael Nieto,
Subsecretario encargado de la Secretaría de Hacienda y
Crédito Púb lico, ha dado la respuesta siguiente:
"Pretender que al Congreso Constituyente vayan tan
sólo hombres doctos o inmaculados, es absurdo .... . ... "
Esto nos lleva de la mano a considerar la composición de aquel congreso, para lo cual nos bastará con acudir a los antecedentes, a lo que bien podríamos llamar
"la hoja penal" de algunos de esos señores.
Mis lectores saben que ,no acostumbro personalizar
los asuntos de prensa; pero hay ocasiones, como ésta, en
que no puede hacerse otra cosa; y si, como afirma un
viejo decir, es cierto que "para muestra basta un botón,"
yo espero que los poco·s que voy a presentar bastarán para que el lector imagine "toda la botonadura."
Y puesto que la casualidad me k&gt; pone delante, pa.rece natural que en lugar de desairarlo y preterirlo sin
cqnsideración a su categoría oficial, comencemos por
"el señor Subsecretario."

Nieto era también de los que sabían vagamente que
las finanzas son "cuestión de números;" pe-ro como la neces.idad es madre de la industria, presentía que allá en el
fondo necesariamente habría algo de más substancia; y
como si adivinara que al correr de los._ años llegaría un
momento en que México habría de sufrir esta capitis deminutio que de nación soberana la ha dejado reduc\da
a campamento de bandoleros; como si una ma·ravillosa
anticipación le advirtiera que en r914 la fantasía de un
maestro de Princeton erigiría sobre las ruinas de México un "gobi.trno de facto." decidió prepararse por medio
de un cuidadoso y eficaz aprendizaje. Así como en los
Estados Unidos .los que sostienen la necesidad de preparar el país militarmente para hacer frente al futuro "peligro europeo" piensa que una "guerrita" una guerra con
México por ejemplo, sería la mejor escuela práctica, el mejor "entrenamiento" del ejército americano que se pretende levantar, así el estimable bodeguero de San Luis Potosí, anticipándose también en esto, creyó que la mejor
preparación para sus "finanzas" del porvenir, en plen6 "gobierno de facto," sería ..... u ría quiebra comercial !
Y creyéndolo firmemente, diose al aprendizaje de
"números y fi nanzas," con tan invencible vocación y sorprendentes resultados, que sus acreedores se quedaron
didendo ¡mire usted qué ca'So!
Una vez armado caballero en aquel'a obscura encrucijad~ judicial, como lo fuera el buen Quijano en humildísima venta de un camino, resolvió hacer su primera salida formal; y, efectivamente, a poco, cuando el remolino
de la revolución maderista comenzó a soplar sobre todos
los basureros, nos lo encontramos en la Cámara de Diputados, donde si no usó jamás de la palabra en público,

- -.

, .

QUERIDO MO R ENO.

SU EMINENCIA GRIS

***

Seguramente en Cuba se imaginan que para ser Subsecretario de Hacienda en un gobierno cualquiera, por
muy "de facto que sea," lo menos que se puede exigir
del personaje respectivo, es alguna competencia en materia de finanzas. El "gobierno de facto" cree precisamente
lo mismo y por eso escojió para Subsecretario a don Rafael Nieto, en calidad de "financiero."
Mas como llevar a la Secretaría de Hacienda un discípulo de León Say, de René Stourn o de Leroy-Beaulieu
habría sido dar la razón al nefando científico Limantour,
de allí que la gloriosa revolución exigiera un especialista,
uno que trajera finanzas de nuevo cuño, y las del señor
Nieto no podían ser más suyas. En efecto, don Rafael
Nieto tenía hace algunos años, e.n San Luis Potosí, una
de las que allá solemos llamar "tiendas de abarrotes," que
aquí generalmente se llaman "bodegas;" dicho en lenguaje popular cubano, don Rafael Nieto era un respetable
bodeguero.
Pero la vocación no le llamaba por allí: la política le
tiraba con fuerza invencible. Y para ir por los naturales
derroteros, resolvió decir adiós al comercio de comestibles, para darse de lleno a la política, y dentro de la política a la especialidad de las finanzas.
En México no son raras las personas para quienes las
finanzas son un misterio del cual no tienen más que una
vaga idea, la de que es cuestión de números y con arreglo
a esa noción, en aquel deliciosó gobierno de don Francisco I. Madero, que fue una Beocia rediviva, se nombró
a un buen señor Reynoso para desempeñar la Subsecretaría de Hacienda, sólo porque era buen tenedor de libros!

en cambio sotto voce hizo circular en el mundo maderista
la noticia de su competencia "financiera."
Lle-go el año de 1913; con los vientos de Febrero nos
llegó también el cuartelazo de la Ciudadela qu&lt;:_ derribó
a Madero y encumbró a Huerta. Nuestro hombre aceptó filosóficamente los hechos consumados, y con una mansedumbre que no permitía adivinar sus arrestos constitucionalistas, siguió cobrando sus $ 500.00 mensuales y colaborando como legislador en el gobierno de la "U,mrpación." A poco se eclipsó momentáneamente, para reaparecer en 1914 a raíz de la amnistía de Abril; y cuando
el gobierno del general Huerta se derrumbó por obra de
\Vilson, el triunfo de la revolución gringo-constitucionalista- lo encontró hacienqo caravanas en la antesala del
1vfinisterio de Industria y Comercio, que est:rlr.r' a mi cargo, solicitando en sociedad con Emiliano López Figueroa y un sobrino influyente del general Huerta, una concesión petrolera en una isla del río Pánuco.
Mas como todo esto ni quita .ni pone nada a sus habilidades financieras, la revolución lo llevó a la Subsecretaría de Hacienda, a colaborar con el hombre maravilloso que según su propia y modesta confesión, posee
el secreto de "convertir los desastres en éxitos:" el eminente don Luis Cabrera.
Todo lo cual probará a quien lo dudare, que el habilidoso don Rafael no hablaba a humo de pajas cuando nos
decía por conducto de 'El Universal :"
"Pretender que al Congreso Constituyente vayan t an
sólo hombres doctos o inmaculados, es un absur do."
¡ Y tan absurdo[

·---

-.,

r .

Presento ahora a mis lectores al que no pocos reputan como el alma, el "strong man" de la revolución, como
le ha llamado recientemente un magazine americano, en
ese lenguaje de frases hechas, único que entiende bien
aquel público. Aquí está don Luis Cab rera, no para quien
quiera algo de él, como el otro don Luis, sino más bien
para los que traigan algo que pueda convenirte a él.
Luis Cabrera nació en plena Sierra de Pueb la, la tierra clásica y tradicional de "plateados" y salteadores de
caminos-que todo es lo mismo-y aunque no me consta que de tales fuera su estirpe, es notorio que sus más
cercanos parientes en la línea recta ascendente lo mismo
que en 1a colateral, han muerto a mano airada.
Sin bienes de fortuna, ejerció de maestro de escuela
de indios, donde se incobaron seguramente sus invencibles despechos, y sus estudios los hizo al lado y bajo la
protección de su tío don Daniel Cabrera, que le dio pan.
techo y calor; que. en una palabra, le sirvió de padre y
que hoy, cuando su sobrino es poderoso y opulento, vive
en tristísima mis.ería, idiota y paralítico, en la población
de Zacatlán, al amparo de una pobre lavandera, hermana
suya y tia de Luis Cabrera.
Graduado en la Escuela Nacional de Jurisprudencia,
se agregó como "barrilete" al desp.acho de los abogados
Me. Laren y Hernández, en la ciudad de México, donde
abundantemente comió el nauseabundo pan de los "científicos," contra quienes alimentó inconfesables envidias, a
las que Cabrera llama piadosamente "odios."
Una vez que salió de aquel despacho y antes, naturalmente, de que triunfara la revolución gringo-con$titucio-

na lista, no volvió· a tener más que el negocio del Tlahualilo, pero con ese bastó para su celebridad, la triste
celebridad de ser en toda la historia del foro mexicano,
el único abogado que haya patrocinado una reclamación
internacional contra el gobierno de su patria. No se necesitaba más para que fuera un prominente "constitucionalista." ,

***

Entre los revolucionarios pasa por ser un prodigio,
y al vulgo ilustrado del resto del país, le merece la opinión que gráficamente expresa esta frase, dicha cien veces a propósito de él:
-Es muy inteligente, pero, ¡ lástima que sea tan
malo!
Y lo cierto es que ni es tan malo ni tan inteligente,
aunque muchos, yo inclusive, hayamos creído lo primero.
Intelectualmente no pasa de ser un "listo" y en el terreno dt la ética, no logra llegar a 'malo," es sencillamente un ··maloide."
·
·
Que el alma de Luis Cabrera "está empedrada de malas intenciones," al revés del infierno que Jo está de buenas, según dicen, cosa es que nadie que lo conozca, puede
negar: pero eso no basta para ser malo. Las abominables intenciones de Cabrera son hijas de la envidia y se
resuelven en pura impotencia. Ser ruín no es lo mismo
que ser malo. Suponer que la mala intención baste para hacer malo a un ser viviente, es tanto como admitir que
una inofensiva lombriz, por sólo estar repleta de bajas
pasiones, se convierta en serpie.n te de cascabel.
La inteligencia de ~uis Cabrera, es, en todo caso, iné-

�dita o poco menos: toda su producción que pudiera llamarse intelectual, se reduce, en la prensa. a la serie aque• lla de cuatro o cinco artículos que él tituló "El Primer
Caso Concreto," escrita en auxilio del pobre diablo de
erueta;·y en la Cámara de Diputados a su latosísimo discurso sobre restitución de Egidos a los pueb'.os áe indíg&lt;.'nas, que si en su fastidiosa forma, es obra genuinamente
suya. en los datos lo es de Molina Enríquez. quien se los
proporcionó desde el primero al último. Sus otros discursos no merecen mención, como no sea a título de tediosos. \
·
Pero como indudablemente es un hombre "listo,''. Cabrera ha ,sabid~ sacar partido al ''primer caso concreto"
y al discurso de los egidos, para que no pocos le tengan
por un intelectual que allá en las profundidades del cerebro guarda misteriosos e inagotables tesoros de saber. Y
lo más notable del caso es que él mismo ha acabado por
creerlp.
Hay escritores que deben su fama a los "lectores que
los leen;" pero hay otros, numerosos por cierto, que la deben a los ''lectores que no los leen." Luis Cabrt&gt;ra pertenece a esta categoría.
Cn "caso concreto," aunque no sea de los suyos, me
va a servir para ilustrar el asunto.
Hace algunos años que don Torib.,jo Esquive! Obregón, escribió en México varios artículos de índole económico-financiera, atacando al Ministr-0 de Haciendo don
José Ives Liman tour. Si el público hubiera leído aquellos
artículos, fácÚmente habría echado de ver que no contenían el menor rastro de ciencia económica, sino apenas
aquellas cu&amp;tro generalidades que lleva en la cabeza todo
el que ha pasado la vista por un manual de economía política; pero Esquive! Obregón tuvo la fortuna de que nadie los leyera, y el público, que apenas se enteró de la
materia del debate, conservó la impresión vaga de que en
alguna parte de la República 1Iexicana vivía aquel apreciable Pacheco de las finanzas: "parece que anda por alií
un seiíor Esquive! Obregón que :s una esperanza financiera," se dijo entonces.
Esquive\ Obregón debió así su fama a "sus lectores
que nunca lo leyeron," y gracias a éstos, cuando el cuarte'.azo acabó con ~I maderis.tno y se trató de encontrar un
Ministro de Hacienda, 110 faltó quien dijera: "parece que
anda por ahí un señor Esquive!, etc."
Y Esquive! Obregón fue liinistro de Hacjenda, sin
·que tuviera más nociones de finanzas que de veterinaria.
?\o es otro el caso de Luis Cabrera.
Cabrera abusa de la pormenorización, por cálculo:
para producir, a "sus lectores que no lo leen" la impresión
del hombre dt lo~ detalles, que lo sabe todo, al pormenor. Y como por este medio consigue aburrir a los que
pretendieran leerlo, )nvariablemente consigue su objeto.
Leyendo los artículos, tomo escuchando los discursos
de Cabrera, invariablemente anotaremos en nuestro espíritu el siguiente proceso: el primero. que necesariamente
es muy ''largo, nos parece muy bueno; el segundo, más
largo todavía, nos parece muy aceptable, aunque no tanto
como el anterior; el tercero, larguísimo. nos obliga a torcer el gesto; el cuarto, interminable, se nos antoja decididamente malo y cuando aparece el quinto. arrojamos el
periódico o nos salimos de la galería, diciendo:
- Al diablo con el latoso!
De esta manera, desde el tercer artículo consigue Cabrera que "sus lectores" no lean más que los encabezados
y que desde el tercer discurso los diputados descabecen un
sueño o charlen alegremente sin acordarse más del orador. Pero en ambos casos el vulgo, que es la enormidad

aplastante, se queda con la impresión de que aquel seiíor
"sabe mucho."
En el fondo, Cabrera es un megalómano de la inteligencia y de la perver\idad :-"gusta de adoptar actitudes
feroces e imponentes, pero no hay que tomarlo en serio;
así como le seduce que lo crean muy inteligente, le complace que lo imaginen insondab!emente malo.
Pero la revolución, sin sospecharlo. ha venido a confirmar que no es ni una ni otra cosa, que no pasa ele ser
un ruín muy listo o un listo muy ruín. En la revolución
ha tenido dos actuaciones distintas: la política y la financiera. En la primera muchos emigrado&amp; y no pocos resi- '
dentes. en México le atribuyen el "preconstitucionalismo"
a favor del cual se ha podido consumar en grande escala
el aniquilamiento de las clases superiores de }.léxico, aniquilando, de paso, la riqueza de la intelectualidad nacional; pero en todo esto, como de costumbre, Cabrera no
ha desempeñado sino un papel secundario, de "barrilete."
Aquel diabólico plan fue inventado por Mr. Lind y ordenado, impuesto por, Mr. Wilson a la revolución que él ha
venido dirigiendo desde hace tiempo: Cabrera no fue sino
el "rábula" que le dió forma "mexicana."
En el orden financiero, toda la ciencia de Cabrera se
resume en aquella frase que él mismo pronunció en ocasión solemne, durante la permanencia en Veracruz, la líeca del carrancismo:
"Tomar el dinero donde lo haya."
Y en efecto, el dinero lo ha tomado abtfi1dantemente
de donde quiera que lo hubo; sólo que para tomarse lo
ajeno emitiendo papel moneda, asaltando la Caja de los
Bancos y apoderándose de los bienes de los emigrados,
bastaba el último de los "constitucionalistas:" no valía
la pena de ser un superhombre, que "convierte en éxitos los desastres," según de sí mismo dice Cabrera con
aquella deliciosa inmodestia que nos dio a conocer en la
Cámara de Diputados, cuando con aquellas significativas
sonrisas suyas se anticipaba, a sí mismo, como el poeta de
''Los Bohemios," las ovaciones que el público se obstinaba en negar:e.

BELLEZAS INFANTILES

***
La psicología de Cabrera aparece muy complicada para los poco versados en cierta cla·se de estudios: resulta
en el fondo, extraiío personaje, este medroso que adopta
posturas de provocación para esconder su timidez. Alelo
Daroni nos ha dicho, en un hermoso artículo, que Cabrera
ha pretendido hacer pasar por Sllya la frase de Bonafoux,
expresando el deseo de que, a su muerte, su cadáver fuese
arrojado a pudrirse enmedio de la calle en un barrio populoso, para producir una epidemi:1. Este fúnebre alarde, como el hecho de haber emparentado con Nevraumont,
el jefe de la cuadrilla de ladrones que en el corazón de la
ciudad de 1Iéxico asaltó, ·en 1891, la joyería de la Profesa
y asesinó a su dueiío, es una máscara de cinismo y arrogancia para disimular el pavor.
Alfonso Daudet en las inolvidables páginas de Tar!arín, para pintar las espliitáneas exagera.ciones del temperamento meridional, nos habla de individues con almas
de paloma y aspecto de pir~tas argelinos; Darwin. por
su p'arte, ha sorprendido en la naturaleza. animales inofensivos en lo absoluto, cuya única defensa consiste en
un aspecto de ferocidad que no es sino decorativo. Algo
ele esto hay en Luis Cabrera, puestas aparte las envidias
que gobiernan toda' su existencia; y si a mí se me pidiera
de él una síntesis gráfica, no vacilaría en ofrecer la siguiente:
Un alacrán ponzoñoso que se sueña Hidra de Lema!

QUERIDO MOHENO.

NrnA JUSTICIA GUAJARDO.
Hijita del Lic. Jo,é F. Guajardo, de Monterrey, N. León.

�EL CARRO COMPLETO DEJLA ÜRA TO RIA
En el curioso libro que Don Francisco Bulnes ha editado en id ioma inglés, al enumerar a los implacables agentes de la destrucción mexicana, se refiere a los abogados
que se dedicaron al Derecho Penal y ejercitaron su orato ria en los Salones de Jurados. Y los incluye como res• pon sables &lt;le la catástrofe, en los siguientes términos:
"T he defenders of the criminal class befo re popular juries const ituted another fraternity to be feared. These criminal advocates t urned
the courts into schools of oratory in order to increase their prestigc
in the eyes of the dictatorship and in those of the oposing attorneys."

Xo concebimos en \'erdad. cómo se pueda hilvanar
el " jurado de los peleles" con el "Plan de San Luis Potosí," ni como tampoco la defensa ele Florencio Morales,
hec ha por el Lic. Olaguíbel, haya contribuí&lt;lo en algo a
la Revol.ución del 20 de Noviembre. Claro está, que todas las defensas entraiían una disculpa de los crímenes
más atroces; pero aparte de que dichas defensas s.e hacen en todos los países, sin provocar revoluciones, sería
infame instituir un régimen de justicia en donde se proh ibiera al reo defenderse.
La, tesis. de Bulnes constituye un absurdo que ni siquiera vale la pena de comentarse. Nosotros vamos a
procurar explicarnos la génesis de dicha doctrina en el
cerebro peculiar del autor del "Verdadero Juárez."
Es muy general oír en México algo referente al famoso "carro completo" de los científicos. Se dice que
cinco o seis individuos acaparaban vorazmente todos los
negocios de la Secretaría de Hacienda; y que cuando alguien proyectaba alguna institución benéfica para la Nación, no encontraba asiento, desde donde pudiera expresar su proyecto, el cual fracasaba si no se hacía al través de uno de los afortunados que tenían "bo!eto perpetuo."
No nos toca examinar en este artículo si la voz popular tenía o no razón en lo- que al "carro completo"
de los negocios se refiere; pero sí nos consta que había
"carros completos" en todas las manifestaciones de la
inteligencia. En México había un "carro completo" para los poetas consagrados; otro "carro completo" para
los Abogados famosos; otro "carro completo" para los
1Iéditos eminentes; otro "carro completo'' para los fi:ósoios, para los historiadores, para todo lo que significase
acti'vidad mental. Naturalmente los oradores tenían su
carro comp!eto, y el que lle\'aba las riendas de ese vehículo era nada me.nos que el Ing. Bulnes.
Era el oraclo.r indiscutib'e, el indiscutido. Las lides
tremendas de su juventud lo habían consagrado; y a par, tir de 1904, se estableció en calidad de ejecutoria que discutir con Bulnes, era ponerse en ridículo. Era polemista; pero ya se sabía que no perdía nunca: ma 1abarista maravilloso de la palabra, para todo tenía réplica, y hacía gimnasia de su talento, golpeando audazmente sobre los dogmas nacionales. Y así como nos espantábamos de niiíos,
con las famosas hazaiías~e "Raja-cerros" y de "Arrancapinos," así también nos conmovíamos de pavor con el
' ·monstruo''-¡ perdón, Demóstenes !~que le enderezaba
un mandoble a J uárez, lo que era casi tanto como rajar
un cerro!
Y Bulnes seguía creciendo. Moheno elijo una vez que
la tr.ihuna estaba viuda desde que Don Pancho había salido de .la Cámara. Era por consiguiente, el árbitro, el
umco. El quería siempre que se le discutiese; pero,aqui aplicamos una de sus paradojas-se le había de discutir en su calidad de indiscutible.

Entretanto los años pasaban y una generación briosa apuntaba en los horizontes, mientras que el consagrado tribuno empezaba a exper,imentar el fenómeno
inevitable que él seiiala en un cuarteto cuya supuésta degeneración causó la ruina de 1I éxico. Su numen inflado
siempre a fuerza de comparaciones grotescas, empezó a
descender y dejó de crear. El público se divertía; pero
cada vez menos, porque se aprendió a l tribuno de memo ria: ya se sabía que para Bulnes las "debilidades habían de ser inquebrantables ;" " los canibalismos tenían
que s er burocráticos;" "los silencios se habían de oír;"
"las marchas tenían que avanzar hasta las retaguardias ;"
ya no era un secreto que derrochaba "giros por sorpresa,"
que sus metáforas eran de destanteo; que sus tropos eran
ele esos que pueden aquilatarse como bellos mientras sorprende n por su ingenuidad; pero que al convertirse en "clichés," engendran una r etórica mecánica insoportable.
Lo mismo le pasó a Bulnes con sus frases y comparaciones inesperadas: se fueron apolillando; se hicieron
literarias; perdieron su fresc ura y acabaron por sonar
siempre lo mismo. Bulnes se libró ele p lagiar mientras
fue joven; pem envejeció, y entonces en lugar de plagiar
a los clásicos como hacen los autores que carecen de orig inalidad, se empezó a plagia r a sí m ismo. Y entre copiar
a Homero y copiar al autor del Verd_ade ro J uárez, existe
algo de diferencia. Por eso cuando en su último libro,
dice "que más le hubiera valido a Corral fijar su residencia en la is!a de Corfú para dedicarse al estud io consolador de los clásicos" sentimos la misma impres ión que al
oír "cielo azul," "crepúsculo soñador," "poniente trági- •
co" y tantos otros clichés gastados que no suenan a nada, por haber sonado más de lo que debían.
Ya sabemos que Corral se ve chusco estudiando clási, cos; pero lo mismo se ve ría cualquier personaje si lo
pusieran en una actividad que contraste con sus facu ltades y sus costumbres. Don Benito Juárez, ded icado
al cultivo de los rábanos; el General Díaz entregado a
la teología; Don Pab:o Macedo aprendiendo pugilato y
otros m il cuadros más ''marca Bulnes," se pueden forjar mecánicame nte, sin que por esto creamos haber descubierto una nueva forma. ¡ Q ué fácil fuera el Arte si
pudiera uno sujetarlo dentro de una receta definitiva!
Y s i envejeció la forma de Horacio; s i los cánones
del Maestro de la lírica no ev itaron la petrificación artística dé los i mitadores,
¿ qué podremos deciJ- de las
formas de Don Francisco Bulnes? Mientras aprisionaron
pensamiento joven, maravi1laron a quienes las escucharon;
pero después que el autor hubo envejecido, cuando se
palpó que los contrastes empezaban a ser procurados,
que las paradojas no le brotaban ya ingenuamente sino
después de castigar horrib'.emente su cerebro, entonces la
forma dejó de cautivar y el tribuno entró en una época
de notoria decadencia.
En esta época empezaron a sonar los nombres de
nuevos tribunos que habían hecho su escuela ora toria en
el Salón de los Jurados populares. El públ ico pronunciaba con entusiasmo los nombres de Diódoro Batalla.
José .M aría Lozano, Francisco Olaguíbel, (Moheno fue
una revelación inesperada que se dio a conocer en 1912)
y otros más, cuya fuerza impulsiva venía empujando a la
generaci ón anterior de la cual era pontífice Don Francisco Bulnes. Diariamente ejercitaban estos jóvenes oradores sus espléndidas facultades y poco a poco fueron depurando su gusto hasta el grado de convertirse algunos

de ellos en verdaderas glorias patrias, admiradas en el
pero eso fue precisamente lo que más lo entristeció: no
extranjero.
era un desea 1abro sino algo definiti,·o que no se podría
Bulnes y su "carro completo" no veía. no podía ver nunca reparar. t\adie lo silbó; pero los silbidos a veces
que de repente, esos jóvenes sa 1idos de la nada pudieran suenan (paradoja esti lo Bulnes) como si fuesen ovacionés
entrar al cenáculo de los elegidos. No era posible to- delirantes: ·suelen marcar la apoteosis de un genio; c11
marlos en serio. El había "vencido" a Pallares y por cambio las palmas tibias, para los orgullos supremos, son
lo mismo no podía justar con aquel!os arrivistas (como el mayor ele los martirios.
llamó a uno de ellos el Lic. José R. ~spe) de la inteliAdemás, Bulnes, que tiene vanidad de inteligente y
gencia.
no vanidad de estúpido. no podía dejar de advertir que la
Pero la juventud se iba abriendo paso a pesar de to- pieza de Lozano había sido muy superior a la suya. Se
do y empezaba a consolidar su prestigio al través de la sintió por consiguiente, humillado ante el veredicto de
Nación. Entonces Bulnes, que hab ía estado si' encioso sí mismo.
por muchos años, decidió conservar el cetro oratorio y
Al día siguiente. un periódico cometió la indiscre-'.
se preparó a tomar parte en las lides parlamentarias d_e ción de decir que el Lic. Lozano había pu1verizádo en la
19u y 1912. Fue aquella !a agonía del talento de Bultribuna al Ing. Francisco Bulnes: ese reportazgo f~e para'
nes; algo parecido al atardecer del alma de William Pitt el autor del ''Verdadero Juárez" una herida que jamás ci- '
en la Cámara de los Lords. Pero ya no era el mismo;
catrizará. Por eso le preguntaba a un poeta. amigo susalía siempre victorioso; pero se veía que el triunfo defi- yo: ''¿ notaste tú que Lozano me pulverizara?_Porque yo,,
nitivo iba a quedar en manos de la gente nueva.
francamente no me siento pulverizado."
Y llegó el 111omento más doloroso para la vida del
Katuralmente. Bulnes no podía negar la alteza tribu-.
tribuno mexicano. El gobierno de !ladero envió a la
nicia de los que habían acabado con el carro. comp'eto;
Cámara de Diputados a sus dos Ministros más elocuende la oratoria. Tiene demasiado ta!ento para mostrar el·
tes-. para sostener que los Secretarios de E,tado. confordespecho de una manera tan disparatada. Pero su alma•
me a la Constitución de 1857, no tenían la obligación de ir
es un vo!cá11 y tenía que estal'ar por algún lado. ¿ Contra:.
al Parlamento a responder las preguntas que en éste les
quién fu'.minar su có 1era de rey destronado?
hicieran. Bulnes se puso del lado del gobierno y elijo maLa escuela de sus contrincantes: ¡ he a 1lí el enemigo!'
gistralmente los argumentos de siempre. los que ya sabíamos de memoria desde que nos encontrábamos en las Y el hombre que había defendido el pu!que y atacado a,
au!as. Entonces, el Lic. Lozano expuso una teoría des- Juárez, sci1aló con su índice vengador. la Sala de Jura-'
dos Popu'ares. Los Tribunales ele Belén habían destruiconocida hasta entonces algo nuevo y al mismo tiempo
fundado, a 'go jurídico pero original. y su discurso con- do su reputación ele omnipotente: pues que sobre ellos ca- ·
trastó con el de Bu'nes, como la naturaleza del seiíor yera el crimen de haber destruido a la Patria!
•
Y así fue cómo Bulncs ligó el Jurad o de los "Pe-:·
Corral. con los clásicos a cuya lectura debía entregarse
!eles," con la gloriosa de 1910. Esto, naturalmente. no·
en la is!a de Corfú.
Bulnes habló muy bien en aquel'.a sesión memorable; pasa de ser una hipótesis.

DAMAS DISTINGUIDAS

ANGELITA VI VANCO.
De Monterrey, N. León.

BELLEZAS INFANTI LES.

MARIA AUXILIADORA.
Hijita del Lic. J. M. Cuén, radicado
actualmente en Ensenada, B. C.

�LA CAMPAÑA DE LOS BALKANES
Rumanía ha quedado sometida a los Imperios teutones. En esta plana aparece el Mariscal Mackenzcn, en
dos grabados: en uno se Je ve conversando con el Príncipe de la corona Federico Guillermo; y en el otro, se mira rodeado de su Estado Mayor, al cruzar un río.
Los otros grabados, muestran al Príncipe Eitel Federico y al Duque de Brunsivick, hijo y yerno del Kaiser,
respectivamente, que han tomado parte muy activa en la
cam¡:aña cuyo desenlace fue la toma de Bucarest.

1
1

~++l~+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++~++++++++++++++++++++++++++i

�CORRESPONDENCIA DE LA HABANA
Habana, 3 de Diciembre de 1916.
Señor Lic. Don Nemesio García Naranjo,
Director de "Revista :Mexicana"
San Antonio, Texas.
Muy distinguido compañero y amigo:
Quiere uste,d a toda costa conocer el discurso del
Gobernador de la Isla Barataria Yucateca, y a fe que me
pone usted en grandes aprietos. Lo he leído. releído,
dándole vueltas ·por todas partes, y no encuentro el punto saliente o débil para iniciar el ataque: es un bloque
enorme, redondo, que ni los howitzer alemanes harían
mella en él. En serio no puede considerarse porque mueve a risa y en choteo franco, menos, porque mueve a
compasión. En consecuencia, declaro paladinamente que
no puedo complacerlo como serían mis deseos, y para no
caer en abierta rebeldía, limitaré mi labor a transmitirle
de esa notable pieza oratoria, que pasará a la posteridad
sin duda alguna, los trozos más salientes, con sólo algunos lijeros comentarios.
Después de los ditirambos ampulosos con que le ofrecen su candidatura para Gobernador constitucional los
partidos Socialista y Contitucionalista, se yerg.ue el que
pocos días antes ai1daba por las calles de Cananea pregonando a grito pelado "cabezas calientes de horno," y
con la arrogancia de un Cicerón y éon la impetuosidad
de un Aníbal, declaró que no creía "que hubiesen hombres insustituibles o indispensables y que por tanto bien
podría el pueblo haberse fijado, en otra persona para regir sus destinos , y que él mismo había pensado con frecuencia en la persona capaz de continuar la obra revolucionaria por la misma senda trazada por él." Arrepentido
de su acto de modestia, el ególatra Alvarado rectifica a
renglón seguido agregando: "Y o mismo creo difícil encontrar esa persona que continuara debidamente esa labor, porque cualquiera tropezaría con los obstáculos puestos por los enemigos, de la revolución, obstáculos que YQ,
por mi parte, ya he logrado vencer y dominar."
De donde resulta que, aunque no quiera creer. como
dijo al principio, en los hombres insustituib'es, los hechos demuestran lo contrario .en el caso suyo especial: él
mismo, con ser Alvarado, no encuentra quien lo sustituya, ni quién venza los obstáculos reaccionarios, y eso
que ya los había vencido y dominado antes.
Y no obstante ese convencimiento, él, Salvador. no
podría aceptar su postulación sin consultar con el Primer
Jefe. ¡ Bello rasgo disciplinario en un rebelde!
Quéjase, el infeliz. de la ingratitud de muchos que le
tienen por déspota. por tirano, por loco, él, que no quiere sino el bien general. Ahora veamos cómo demuestra
que ni es loco, ni déspota, ni siquiera tiene un pelo de
tonto.
Afirmó que ''jamás olvidará por qué había recorrido
los campos, incendiando las ciudades y matando a cuántos se oponían a su paso." Habló también de la lucha
con otras razas. que s~ aproxima, y se declara hombre
consciente, y por eso se prepara para ella con discursos
por donde quiera."
Amenaza con continuar la obra preconstitucional y
"cree que entonces dejará de encontrar obstácu!os, pues
ya no se podrá decir que el Gobierno está impuesto por
la fuerz~ de las bayonetas, pues ya tendrá entonces el
Gobierno la fars¡¡ de un Congreso que legalice sus actos."
Y después de esta sublime concesión, nadie tendrá derecho de llamarle déspota, ni loco, ni siquiera tonto.· Eso

es simplemente hablar verdad y hablarla franca y clocuentemente.
Comprueba su magnitud y respeto a la ley, refiriendo que conoce la correspondencia privada que eutra y sale del Estado y, sin embargo, a nadie ha perseguido nj
siquiera fusilado. Y, en efecto, así es la verdad: él gusta mejor de la horca. y en Mérida es ya histórico el árbol
del roble donde se han mecido tantos. cadáveres.
Y luego se presenta como un profundo y convencido
apóstol del socialismo enragé. "Yo sigo creyendo que
la tierra no pertenece a nadie, lo mismo que la luz y que
el aire." El es una enamorado constante y lo prueba ahora esta frase copiada. La dijo &lt;mando expidió la
ley agraria, la repitió en la ley del trabajo, y hoy la saca
a relucir nuevamente. Y eso que la había dejado descansar, escocido por aquel articulito de Fiores Magón, que
le recetó por ella una camisa de fuerza..
Con razón se
queja de que le llamen déspota, insensato y, sobre todo,
loco.
Y para dejar bien aclarado lo que entiende por cuestión agraria, espeta el siguiente argumento: repite "que
la tierra no pertenece a nadie; que es falso que pertenezca a determinados individuos porque la han trabajado,
pues. por lo general, el precio que adquieren los terrenos,
no se debe a trabajos hechos por los propietarios sino
al aumento de pob 1ación." Y exclama con aire triunfal:
"¿qué razón hay para que Don O:egario Malina o Don
Joaquín Peón tengan un montón de casas que van aumentando de precios conforme aumenta la población y, por
ende, van enriqueciendo a esos sei10res, sin ningún esfuerzo de su parte? Lo justo es que los terrenos pertenezcan al Estado, para que los beneficios del aumento de
precio, redunden en beneficio de todos."
¿ Verdad que este Ravachol carrancista dejó muy pequeñitos a sus maestros?
Para terminar, copiaré lo que dice de los Tribunales
de Justicia y de los abogados. Ensalza la honradez inmacu1ada de sus actos gubernamentales, la diafanidad de sus
procedimientos y la inquebrantable btiena fe con que todo lo ejecuta y discierne:
"Por lo que se refiere a los
Tribunales de Justicia, no sucede igual. Allí se siguen los
mismos procedimientos antiguos de compadrazgos y de
, chanchullos. La revolución no ha llegado allí. ¿ Por
qué? Porque hasta hoy. a pesar de todo mi despotismo
y de todo mi poder, no he logrado meter un poco de honradez en los abogados. Esos señores siguen haciendo
lo que les da la gana." Y luego de asentar esas verdades
tan amargas. se rectifica él mismo, sin pensarlo, añadiendo: "Muchos abogados se han ido a Yucatán, diciendo
que no pueden vivir en Yucatán. Y tienen razón: ya no
se puede vivir, porque se acabaron los compadrazgos,
porque ya no hay chanchullos."
¿ Verdad. Señor Director. que quienes sostienen y
predican que el clarividente Don Salvador Alvarado es
un insensato, un loco, un déspota, son unos ,·iles malYados, vulgares caluñrniadores?
Por lo expuesto, y cuanto más visto y leído, me anticipé a decirle que ese discurso no podía tomarse en serio porque movía a risa, y mucho menos en franco choteo, porque movía a compasión. Y ahora. ¿ de quién es
la culpita, (como dicen en Cuba)? De usted que se empeñó en conocer tal pieza y di~&lt;;ulpará a su amigo que lo
quiere.

LUIS PORTAL.

CLEME·NCIA
POR IGNACIO M. ALTAMIRANO
(Continúa.)
dalajara en los últimos días de Diciembre y saliendo él
mismo con sus tropas a los primeros días del mes de
Enero de 1864, después de haberse dirigido el infortunado
general Ghilardi con su pequeño grupo de patriotas, a
Aguascalientes, en donde encontró a los pocos días una
muerte tan desgraciada como heroica en unión del patriota Chávez.
El gobernador de Jalisco se estableció primero en
Sayula, dejando todavía algunas fuerzas de observación
tendidas hastíl Zacoalco y aun hasta Santa Ana, a pocas
leguas de Guadalajara.
Bazaine, con su ejército de franceses y afrancesados,
ocupó sin combatir esta última ciudad el día 5 de Enero
de 1864.

XXIII
LA ULTIMA NAVIDAD
Conocidos estos sucesos vuelvo a tornar el hilo de
mi narración, por lo cual retrocederé ha.sta los últimos de
Diciembre de 1863. época en que todo el mundo en Guadalajara hacía ya sus aprestos, ora para salir también
de la ciudad con el gobernador republicano, ora para recibir a los invasores.
Muy pocas familias se anticiparon a las tropas republicanas en la salida de Guadalajara para el Sur de J alisco. Las. más lo hicieron después, por una especie de pánico que se apoderó de ellas al sentir la aproximación de
los franceses; aunque justo es decir que la mayor parte
de las referidas familias eran compuestas de liberales y
buenos patriotas que preferían las vicisitudes de la peregrinación, y aun el destierro, a vivir entre los enemigos
de 1féxico. Muchas de estas familias partieron para California; y para las más acomodadas, efectivamente era
San Francisco el mejor punto que podían elegir en aquel
tiempo de borrasca y de adversidad.
Las tropas de Arteaga tenían ya sus disposiciones
tomadas en virtud de las órdenes superiores; pero permanecieron en la plaza hasta los primeros días de Enero, como he dicho.
Enrique Flores y todos los jefes y oficiales del" cuerpo
a que pertenecía, incluso el coronel e incluso también
Fernando Valle, cuya tristeza aumentaba cada día, así
como 'su amor a Clemencia, deci~ieron pasar lo más ruidosamente posible aquellos últimos días ele su permanencia en Guadalajara.
·
La Navidad estaba próxima, mejor dicho, era al día
siguiente. ¿ Cómo no pasar con alegría esa fiesta de la
intimidad, esa fiesta del corazón, en unión de las personas queridas que iban a quedarse bien pronto abandonadas tal vez para no vol:verse a ver nunca ?
Después de la Navidad, estaban la guerra, la montaña , las privaciones, la derrota, tal vez la muerte. Era,
pues, necesario libar el último cáliz de placer hasta
la postrera gota; era preciso celebrar el último banquete
de la familia con entusiasmo, con delirio.
Clemencia dijo a Flores, a Valle y a sus compañeros:
-La Navidad se celebrará aquí en casa; haremos
un gran baile, tendremos una agradable cena, nos ale·

graremos por última vez con los nuestros, y después,
que vengan los franceses y nos degüellen.
Los oficiales se pusieron locos de contento.
La noche del 24 llegó; noche hermosísima en nuestra patria como en todo el mundo cristiano, y en que hasta los desgraciados y los malos se alegran y ríen.
. Ya conocen vds. la casa de Clemencia. Pues también la noche del 24 era un palacio de hadas. Se iluminaron el patio y los corredores, -se pusieron por todas
partes gigantescos ramilletes de flores y ramas de arboles cubiertas de heno y de escarcha. Se dió, en fin, a
la casa el aspecto tradicional de las fiestas de NocheBuena.
El invierno con sus galas de nieve, con sus pinos y
sus musgos (lo cual es una exageración en Guadalajara,
donde ca·si no hay invierno) contribuyó ·a embellecer
aquella mansión opulenta en que iban a tener lugar las
alegrías íntimas dentro de pocas horas.
En el salón se había colocado ese pretty German toy,
como le llama Carlos D ickens, ese árbol de Navidad, precioso capricho no introducido todavía · en México, y que
es el objeto de la ansiedad de la infancia, de la alegría
de la juventud y de la meditación de la vejez, en esos
países del N arte donde aun se mantiene vivo con el calor del hogar y el amor de la familia.
Había sido un capricho de Clemencia poner ese árbol, en cuyas frescas ramas había colocado algunas- de
sus más queridas alhajas, pañuelos, y pequeños juguetes
que habían de repartirse entre sus afortunados amigos,
con entero arreglo ¡ti estilo alemán: sólo que aquí en
vez de niños eran valientes oficiales republicanos los que
iban a obtener esos preciosos obsequios, como una muestra de eterno recuerdo.
A la media noche debía hacerse este reparto, como
es costumbre. Además, Clemencia prO'siguiendo sus imitaciones del extra.njero, había dispuesto que inmediatamente después de despojado el árbol de sus adornos, el primer wals. que se bailase fuese como el wal'S de media noche en el último del día del año, el baile de los amantes,
es decir, en el que debían escoger los hombres a sus preferidas, Y ésta1s a los dueños de su alma. Tal vez no todos
los amigos tenían allí a las amadas de su corazón, pero
Clemencia en todo esto tenía una mira enteramente
personal suya, y poco se cuidaba de los demás.
Isabel había sido convidada, como era de suponerse;
pero la pobre niña aun sufría los tormentos del desengaño, cada vez más amargo a medida que pasaba el tiempo.
Por fin el salón se llenó. Era bastante amplio para
dejar un gran espacio donde estaba colocada la mesa en
que se hallaba metido el árbol que ,aparecía deslumbrador
con sus pequeñas y perfumadas bujías y con sus brillantes juguetes y alhajas.
Este espacio quedaba libre; e.n el resto del salón se
comenzó a bailar.
Enrique dió la señal llevando por compañera a Clemencia.
Ya desde ese momento Fernando notó ciertas inteligencias entre su pérfido amigo y la hermosa joven, inteligencias que habían comenzado en las visitas que en los
últimos días había hecho Enrique a la coqueta, segura·
mente nuevo objeto de su galantería, después de la re-

�pulsa de Isabel, repulsa de que Valle no tenia conocimiento, pues también hacía tiempo pue había dejado de \isitar a su prima.
El pobre joven se colocó en un rincón,
y desde a .lí procuró· observarlo todo. palpitándo'e el corazón de dolor y de miedo, porque ya le daha miedo pensar que Clemencia se enamorase también &lt;le Flores.
Esto se explica: Fernando estaba entregado ciegamente a su amor a C:emencia, y no había para él medio
entre ser amado o morir.
El baile siguió alegre.
El reloj dio las doce de la noche, y todo el mundo
vino a agruparse en derredor del árbol de Navidad.
Comenzóse la rifa ... cada uno sacó su número y
C!emencia fue distribuyendo la alhaja o el juguete que
correspondía a aquel número.
Llegó su turno a Fernando.
Sacó el número 13, número fatal entre los fatales.
c· emencia bajó de una rama del árbol un lindo paiiuelo
de batista que tenía este número.
-Valle, dijo ia joven alargando el pañuelo a Fernando. Isabel y yo hemos bordado juntas este paiiue!o ....
por esto debe ser:e a vd. doblemente querido.
-Le guardaré como una re'iquia sagrada, respon·
d;ó f,ernando.
-Y cuando reciba vd. a 1guna herida, empápele vd. en
rnngre generosa, esa será la mejor manera de honrarle.
- Y o lo prometo. murmuró Fernando pa 1ideciendo.
Acababa de sentir ese extraiio temor que la vista de Clemencia '.e había causado la primera vez que la vió.
Después de distribuídas las a:hajas, los concurrentes,
forrnando grupos para examinar el objeto que les había
tocado ~n suerte, se fueron dirigiendo a la pieza en que
estaba puesta la me·3a para la cena.
Fernando, pensativo y lleno de funestos presentimiert·
tos, en vez de seguir a los demás se co · ocó junto a una
puerta del salón que daba al corredor, y casi se puso a cubierto con una gran corti'lla.
•
De repente dos personas pasaron junto a la puerta,
por el lado. de afuera , caminando lentamente.
Eran C'e mencia y Enrique.
-Será una alhaja querida, decía Enrique; pero hub:era yo preferido el paiiue'.o bordado por tí. ¡ Qué fortuna de chico; la otra vez una flor, ahora un pañuelo.
-¿ Y tengo yo :a culpa, Enrique? Pero no seas niÍlo ..... toma y consuélate-tu árbol de Navidad es mimano, y ePa te a!arga e.;to: ¿ estás contento?
-¡Ah! ¡ qué dicha! y sonaron dos besos apagados
que Enrique daba al objeto que le a 1argó Clemencia.
-Retrato y cabello que pediste ... Ahora, enójate.
Los jóvenes se a'ejaron.
Fernando cayó desplomado sobre una silla. Lo que
acababa de escuchar era cuanto podía sucederle de imprevisto de horroroso. de terrible.
Poco después le fue preciso salir al corredor; se ahogaba .... estaba loco. Si alguna vez hizo propósitos insensatos, fue entonces. Su pecho era un vo~cán. su cerebro ardía, y no le venían a la boca más que blasfemias.
Se acordó de que traía guardada y cuidadosamente envuelta la flor que Clemencia le había dado a!gunos días
antes. Sacóla del pecho y la arrojó con cólera sobre el
mismo jarrón japonés en que estaba la planta que la había producido.
-Conservarla, dijo, sería adorar la burla.
Pero su ausencia había sído notada en la cena, y C!emencia, acompañ,a da de Enrique, vino luego a buscarle.
-Fernando, ¿ no viene vd. a cenar? le dijo la joven.
-No, mil gracias; me siento un poco mal; prefiero
estar aquí, ·respondió Valle secamente.

-Hombre, ¿ se está vd. haciendo · el romántico en
una noche como ésta?
-Amigo Flores, conténtese vd. con ser dichoso y déjeme en paz, replicó \'a le sin poder co1Henerse.
-Amigo \'alle, dice v&lt;l. eso con un acento tan trágico que me causa terror, y sobre todo, a esta seí1orita:
¡ se diría que está vd. rabioso!
-Rabioso no es la pa!abra; indignado sí, como un
hombre sincero que descubre una perfidia .....
-¿ Perfidia de quién?
-Hombre, me interroga vd. mucho, y a su vez se
pone vd. trágico, lo cual me da también terror, y sobre
todo a esta seiiorita.
-Vamos vd. se ha vuelto loco, Fernando: por fortuna yo desprecio a vd. lo bastante para hacerle caso.
-¡ Dios mío! ¡ Dios mío I dijo Clemencia muy agitada
al notar el ademán de \'a1le, que próximo a estallar, pudo sin embargo dominarse y se contentó con sonreír, '
mirando a Enrique con un gesto de supremo desdén.
-Seiiorita, señorita, no tema vd., añadió; e;;te cabal: ero y yo nos conocemos hace tiempo. y sabe que soy
re.;petuoso en ciertos lugares ..... en otros ya es diíerente; tiempo nos queda ..... en cuanto a vd., :e pido mil perdo:1es por mi descortesía hoy, 'y por mi candidez antes.
y .... el permic o para retirarme ..... .
-l;ero, seriar \ a.'e, van a notar que se aus enta vd.
así de una manera singu:ar .... se dirá ....
-~ ada ..... yo ruego a vd. manifieste a su papá que
me retiro porque estoy un poco enfermo. Ya me conocen
y no lo extrai\arán.
Y luego. volviéndose al 'ado de F lores, 'e cog:6 un
brazo y :e dijo sordamente:
-¡11aíianal
-Sí, mai,ar.a re3pondió éste llevándose a Clemencia.
qne hab:á perdido enteramente su aire altivo y que parecía trému'a de emoción.
-Por Dios, y qué va a suceder?
-\·a a suceder que le mataré, C emen~ia; hace tiempo &lt;Lue me fastidia e,te personaje de Byron y ahora coa
1H&lt;1s ¡ust1c.a.
¿ Se creía con derecho qu1zis a tu amor?
Ihbía tom:ido a compasión y la amabi idad por cariño.
Pues es modesto el joven.
-Enriqt:e pror:1éreme qne no le har::s nada.
-Oh! en cuanto a eso yo estoy aco:tumbi"ado, a:nor
m'o, a hacer tragar las amenazas a quien me 'as dirige.
Pero no ternas. no es mi espada la que él verá enfrente,
sino mi látigo.
Clemencia generosa por carácter, se sint:ó ma'. a' escuchar e,ta fanfarronada, que traspasaba los .imites de .o
veroJÍmil.
-¡Oh no! dicen que es mny v:i'iente Fernando.
· -A pesar d~ eso sentirá mi látigo.
--Adiós alegría de ~aviciad! murmuró Clemencia enjugándose sus lágrimas; ya no voy a tener gusto. en toda
la noche, y vale más que esto se acahe pronto.
-Pero ¿ por qué. mi vida? dijo Enrique inclinándose
a besar los perfumados cabellos de Clemencia .... te preocupas mucho con las pa:abras de un imbécil. Vas a ver
si te quito la pena. Bai1aremos el primer wals, no es
esto lo convenido?
-Sí, pero se acabará todo después.
Entraron. La cena se concluyó alegre, pero la frente de Clemencia permaneció nublada y triste.
Tocó se el wals consabido; Enrique hizo prodigios de
galantería y de imaginación para distraer a Clemencia;
pero ésta sonreía tristemente, ocu:taba bajo su larga y
( Continuará.)

'f OPICOS DEL DIA
En nuestl'o número pasado. pr,eguntábamos ingenuamente si las autoridades sanitarias de Laredo, Texas,
se atreverían a perpetrar una nueva fumigación en la personalidad de su Excelencia Don Allrerto Pani. La prensa diaria, de información, satisfizo nuestra curiosidad,
diciéndonos que el Sr. Embajador fue fumigado en su
embajada, aunque no en su persona.
Procuraremos explicarnos.
D. Albertó, escarmentado por la fumigación anterior, descendió del tren de Laredo, Tamaulipas, y pasó por el puente de peatones, dejando que su séquito, en el carro especial, cruzase por el
puente internacional.
Las autoridades sanitarias, que
esperaban a Su Excelencia para ungirlo. con los óleos de
la creolina, encontraron únicamente al séquito, y sobre
los secretarios y attaches, procedió la fumigación.
Y así fue como el Ing. Pani se escapó, en su segundo viaje diplomático, de ser tratado como bacteria.
¡ Los viajes ilustran!

** *

,

Carranza no firmó el protocolo.
Esta es una de tantas martingalas, cort' las cuales cree
el Primer Jefe pasarse de listo. r tantearse a la Historia.
Así también, el habilidoso de Santa Ana, se.•"negó a firma1- los tratados de Guadalupe, para concluir ~ guerra,
de cuyo desastre era el único responsable.
Carranza cree que con no firmar el protocolo, se lava las manchas del 21 de Abril de 1914 y 13 de Marzo
de 1916.
P.ero tiene enfrente la sombra de Azueta, acusándolo
como infidente y traidor I

***

Un consulillo carrancista tuvo el cinismo de declarar,
en una de las ciudaies fronterizas de Arizona, que en pago de las concesiones hechas por D. Venustiano al Gobierno de Estados Unidos, éste le iba a entregar a tocios
los desterrados políticos que viven en Yankilandia.
Eso es lo que sueiian los carrancistas, lo único que
en realidad les prebcupa.
Que Pershing salga o no de
México, es cosa secundaria y trivial: lo interesante es• te- ...
ner víctimas para inmolar en sus altares.
La repetición del fusilamiento de García Granados:
¡ esa es la verdadera bandera de la Revolución!

***

Villa, después de todo, es un· tipo curioso. Dice que
va a tratar a las americanos como si fueran chinos.
Los americanos, por su ' parte, han tratado a los embajadores carrancistas como a súbditos del Celeste Imperio.
Si esto no es reciprocidad internacional, que venga
Calvo y lo diga.

***

Alemania, después de lograr la conquista de Ru.manía, acaba de proponer la paz a las potencias aliadas.
Ojalá que éstas se convenzan de su imposibilidad para
destruir al Imperio teutóii y acepten lós preliminares de
tratados. Porque la paz del viejo mundo está vinculada
con nuestra redención.

***

1f urguía ha iniciado, en la ciudad de Chihuahua, un
régimen de terror, del cual no se escapan ni los mismos

carrancista~. . Se dice que dos oficiales del Éstado Mayor de Jacinto Treviño, fueron pa'sados por las armas; y
que éste. se escapó milagrosamente, en virtud de haberse
informado, por casualidad, que se trataba de asesinarlo.
Entretanto, la fuerza de Villa va en aumento, y se
espera, de un .momento a otro, un nuevo asalto sobre la
ciudad de Chihuahua.
¡ Y todavía hay gentes que consideran ilusos a quienes anuncian el desplomamiento de Carranza!

*'&lt; *

Arnulfo González, gobernador carrancista nombrado
últimamente por Carranza, para fastidiar a las gentes de
Chihuahua, acaba de declarar, en un manifiesto, que la expedición de Pershillg es una verdadera desgracia para
México.
Para México, sí; para Carranza, en cambio, ha sido
la más bonancible de las fortunas; por.que con ella se le
ha ayudado materialmente y se le ha permitido protestar;
en otros términos, se le han otorgado J.os beneficios de
su traició'n y se le ha prestado un disfraz de rebelde, pa· "',
ra que pueda conquistarse sim¡,ttías en México.

***

I

El "1:nternational News Service," comunica la noticia de que entre las fuerzas de Osuna y Cardona, (dos
generales carrancistas) se trabó una encarnizada lucha el
lunes próximo pasado, en la estación ferrocarrilera de
Chihuahua, porque' ambos pretendían apoderarse de un
carro de maíz.
¡ Infelices soldados!
,
¡ Quién les hubiera dicho hace seis años, cuando se
lanzaron a luchar, en pos de libertades, que habían de ter~
minar disputándose un mendrugo de pan I
¡ Los frutos glorio,os de la Revolución!

** *

La prensa informativa de este país anuncia que el
Presidente \Vilson va a hacer todo lo posible porque se
restablezca la paz de Europa.
Las santas intenciones del Presidente puritano, no le
llevarán a cerrar la.s fábricas de armas. E;n otros térn~i~.
nos, el pacifismo de :\Ir. :Milson, nos parece semejante a
la moralidad de un ,cantinero que, para corregir el alcoholismo, en vez de cerrar su tienda, ingresar a una Sacie·
dad de Temperancia.

***

Una de las cosas extravagantes de la Constitución
de ;857, consis.te en llamar a nuestra Patria "Estados
Unidos--:Mexicanos" en lugar de ''México," nombre tradicional y sagrado que debemos conservar y que en realidad cons.ervamos, a pesar del precepto constitucional
que bautiza al país efe otra manera.
Un diputado al aquelarre de Querétaro, con cierta
dosis de buen sentido, propuso la supresión del nombre
"Estados Unidos Mexicanos;" pero a fuer ele carrancista, en lugar &lt;le sustituirlo por el nombre auténtico de
"México," propuso el de "República Federal Mexicana,"
que también es extravagante y artificial.
Naturalmente, fue derrotado. Porque si la revolución se hizo para desmexicanizar a México, ¿ Cómo se
había de tolerar la supresión de un nombre cuyo defecto principal consiste en haber sido copiado de la Unión,
Americana?

- ...,

-v'

"T·-- __.....

�Extra~tos de Testimonios de Pacientes Agradecidos
La mayona de estas personas han tomado mis instrucciones a distancia, con buen éxito. Vengan
Las Aldamas, N. L., México,
Marzo 24 de 1913
Prof. M. C. Martínez: Me reconozco
bueno y sano de
·
los males que me
agobiaron por siete años, varios especialistas me decían qué necesitaba operación. Pero gracias a su maravilloso tratamiento, estoy bueno.Florentino Salinas.

PROF. M.C. MARTINEZ
Poderoso Sanador.

ug% SO SPRING STREET.
LOS ANGELES, CAL.

La Liendre, New México,
Agosto 1 de 1913.
P¡of. M. C. Martínez: Deseo a usted
felicidad y éxito
en su noble tratamiento por medio
del cual he recobrado mi s a 1 u d. 1
Por seis años o
más estuve sufrien
do una enfermedad que me dejaba
· hasta sin sentido.
Me decidí a tomar
su tratamiento, e
inmediatamente comencé a tener resultados, y estoy convencido de sus
métodos de curar sin medicina, gracias a Dios y a usted y que Dios lo
deje gozar por muchos años, para
beneficio de todo aquel que esté enfermo. Adjuto hallará mi retrato.R. M. García.

O

Escriban.

Prof. M. C. Martínez: Padecí séis
aíios de mi cuerpo
tembloroso, calambres, sofocación de
pecho y atarantamiento de cabeza.
Fui tratado por
-doctores y medicinas de patente sin
resultado ninguno
hasta que con su
maravilloso tratamiento, comencé in
mediatamente a sentir alivio y hoy
me hallo bueno y sano.-Gregorio
Bautista.-Morehead, Kan.
"A la faz del mundo me expreso
manifestando mi sincera gratitud al
Prof. M. C. 1fartínez, por haberme
devuelto mi salud,
después de haber
padecido por espacio de diez años,
habiendo gastado
centenares de pesos, en doctores y
medicamentos infructuosamente, él
con sus maravillos o s tratamientos,
me ha devuelto mi
anterior salud y por lo tanto, recomiendo sus servicios."- Maximiliano
Mascareñas.-Ocaté, N. México.

Las Enfermedades de los ojos son epidémicas en los
Estados del Sur de los Estados Unidos
y millares se están curando con

La Pomada Fortificante
DEL DR. J. H. McLEAN para los ojos.

Es un remedio· eficaz e inocente en sus efectos.

Puede usarse en niños y adultos.

De Venta por F. ~A. CHAPA,
EN SAN ANTONIO TEXAS.

A 25 centavos la caja,
y se encuentra en todos los establecimientos donde se venden drogas.

PLATICAS INTIMAS. Esquilo y Bécquer
Aquella pobre vieja se llamaba Soledad; pero todos esperando que virase el viento para desatar las velas de
los chiquillos la designábamos con el nombre de Micho- su barca y marcharse a la pesca, cuando aquel animalón,
que nadie esperaba, salió de entre las piedras de la orilla
leta, y sólo por él la conocíamos.
Tarde a tarde, al sonar las tres, la vieja llamaba a y se echó sobre el inerme pescador que no tenía en la
mano ni una despuntada cuchilla con qué defenderse.
nuestra puerta: iba por los restos de la comida.
Sus manos, duras y nudosas, daban invariablemente Cuerpo a cuerpo lucharon brutalmente bestia y hombre,
cuatro golpes, y al oírlos, todos los habitantes de la casa y tras breve combate que el río y el cielo presenciaron
impasibles, Silverio calló sin vida sobre un charco de sanexclamábamos en coro:
gre roja que espejeaba al sol, y el caimán, con torpezas
-Ahí está ya Micholeta.
Yo, dicho esto, me lanzaba como gamo hacia el za- que no gastó en la lucha, dió la vuelta gravemente, y se
guán, y después de abrirlo con trabajo, porque mis ma- hundió en el agua .....
- j Ah !-decía la bronca voz de Micholeta ;-¡ esto no
nos eran muy pequeíias y la puerta muy grande, salía a la
calle, saludaba con una amplia sonrisa a la vieja, y me se llama sufrir! ¡ esto, esto l. ....
Y la mano de la vieja, huesosa y negra, pintaba en
sentaba en el quicio para verla y oírla hablar.
-Micholeta-le decía;-ahora vas a· comer perdices, el aire un signo, como de hoz que corta para tomar venganza .....
porque ayer fue papá a caza ....
Yo me asombraba, yo compadecía a la vieja; pero
Y Micholeta respondía:
-Tánto he sufrido en este mundo, que ya nle da lo mis ojos, que lloraban hasta por un pajarillo herido, continuaban secos ante aquellos trágicos relatos.
mismo un mal mendrugo que un fino bocado ....
Una tarde Micholeta dijo, toman4o en sus manos mi
Y comenzaba a referir historias, todas negras, todas
largas, todas acontecidas en lejano tiempo y en lejanos muñeca:
-Es bonita esta niña .... ¿La quieres mucho?
sitios. Algunas se habían desarrollado. junto al mar, en
una choza que el huracán destechó por fin una noche de
-¡ Ya Jo creo 1-le respondí.
tormenta. Otras, en la soledad del bosque, bajo los piY después de un silencio en que la mujer pareció
nos negros y apretados. Allí fue donde el montero, por huír hacia el punto más remoto .de su pasado, comenzó a
odios y rencores no extinguidos, mató al marido de la arrullar la muñeca y dijo de pronto, con la voz suavizada
vieja cuando éste volvía a la casucha, tranquilo y descui- y temblorosa, como quien evoca un sueño:
-¡Niño mío! ¡niño mío! .... ¡Mi Silverio! ..... Paredado. Aquello había -sido violento, co~o salto de tigre
sobre un carnero indefenso; y el hombre había caído cuan ce que lo estoy mirando .... con la boca pequeñita, llena.
largo era entre los zacatones que en el lindero del pinar de risas y gorjeos, como los pajaritos en los árboles ....
se alzaban. Mucho tardó la vieja buscándolo por el mon- Yo lo llevaba a lo largo de la playa, apretado contra mi pete, y por fin lo había encontrado, dividido en dos, el cuer- cho, y él, con su dedito sonrosado, apuntaba hacia el mar
po por un lado, la _cabeza en otro, cortada brutalmente señalando alguna vela que pasaba .... No, no es verdad
por el hacha. No más los gatos monteses oyeron los que mi Silverio haya sido grande y que un caimán lo degritos locos de la infeliz mujer que a cuestas tuvo que vorara .... no, no; aquí lo tengo, pequeñito, aquí está ...•
llevarse los restos del que fue su marido, para velarlos so- Duerme, duerme, niño mío .... Voy a cantarte ....
Y Micholeta, como si hubiese perdido el juicio, con
bre una mesa .....
Micholeta, en el quicio del zagúan, alzaba todavía las una insinuante voz que yo nunca le habíit oído, tarareó
crispadas manos. pidiendo venganza al cielo; y yo la mi- ' así, apretando la muñeca contra su corazón:
raba con ojos dé asombro, no comprendiendo bien cómo
La playa en que tengo el nido,
1
se podía vivir en el fondo de un monte, ni cómo podía
se llama de Pomaré;
'!' JI'. ,,a_
velarse, sin temblar de espa11to, un cuerpo cuya cabeza
junto a la mar he nacido,
está separada del tronco.
junto a la mar moriré ..... .
La vieja Micholeta contaba todo aquello con bronca
La voz de la vieja, enérgica y segura cuando relataba
voz; y yo 1a veía en silencio, presa de la admiración que
las
tragedias
dolorosas de su vida, hoy al modular un
siente quierrestá delante de un sér extraordinario que no
cantar
sencillo,
se volvía sollozo ..... Aquel solfeo sonaba
pertenece a este mundo ....
•
. Aquella tragedia, alta y monstruosa, despertaba mi a llanto.....
asombro y mi piedad, aunque sin provocar tnis lágrimas.
junto a la mar he nacido.
Que amaba yo a la vieja, era indudable; allí estaba, para
junto a la mar moriré .....•
decirlo, la ración que de mi postre le apartaba diariame11Todo eso estaba empapado en lágrimas .....
te; pero, ¡cosa extraordinaria!; a pesar de sentir por MiNo pude resistir más tiempo, y me solté llorando.
choleta una inmensa compasión, las lágrimas no moPero como los niños no pueden tener su dolor a solas,
jaban mis pupilas. Y con ellas bien abiertas y brillantes,
corrí hacia adentro en busca de mi madre.
veía a la vieja levantar la mano, ya para maldecir a los
-¿ Por qué lloras ?-me preguntó asombrada.
que tanto mal le hicieran, ya como para entresacar de la
Y yo le respondí:
maraña del pasado algún suceso nuevo que mostrarme.
-Lloro porque Micholeta está cantando .....
¡ Con qué frescura de detalles lo recordaba todo 1
, Entonces mi padre, que en más de una ocasión me
Su hijo, su hijo el mayor, un hombre ya maduro y
había sorprendido, serena, escuchando las trágicas histo_ corpulento, pescador de oficio, a quien las olas drl mar rias de la vieja, dijo fijando en mí sus ojos:
respetaron siempre, había muerto en la playa de llll río
- Cuando esta niña lleve el vestido largo, se asom(como pudo acontecerle a un cortador de cocos,) atacado brará con Esquilo; pero llorará con Bécquer ....•
por un caimán .... La lucha había sido terrible; MicholeY dijo la verdad mi padre.
ta, desde la puerta de su choza, con los brazos en alto,
MARIA ENRIQUETA,
presenció el combate. Silverio dormitaba sobre la arena,

�SECCION RECREATIV.A
Problemas correspondientes
al núm ero 64.

,,

Problemas '"propuestos por Aniceto B. Zapata.
Jesús González Ortega.
Fue resue'.to por Francisco G~erra hijo, lllario 11,~ontes y Lo(a Contreras.
Anagramas propuestos por Ana
H. García.
Porfirio Díaz.-Ignacio A. Bravo.

Sé dos tercia con un ter cia dos al
(que mata
Después toma una prima tres de
Segunda cuarta prima brebaje y en
...(un tris
Quedó listo para el deprofundis.
COLMOS
10.-¿ Cuál es el colmo de un violinista?
20.-¿ Idem de un be hedor?
Jo.-¿ ldem idem de un carpintero?
CHARADA DE ARTILLERIA

-Félix Díaz.
°'" Fueron resueltos por Mario Mon' tes, Lota Contreras y Refugio de la
Garza. Francisco Guerra hijo resolvió el primero y el último y Luis A.
Algarín resolvió únicamente d último.

Charadas propu~stas por Ana A.
García.
1a.-Emiliano Zapata.
2a.-Cinematógrafo.
Fueron resueltas por Francisco
Guerra hijo. Mario Montes {¡nicamente la segunda:
Anagramas propuestos por Ana H.
García.
Ignacio A. Altamirano.
J. Rafael Rubio.
Jos é María Lozano.
Fueron resueltas las dos primeras
por Aifredo Garcilazo y 11ario Montes. E l tercero po fue resuelto.
Cha radas propuestas por Enrique
Treviño.
1a.-Ca fetera.
2a. -Baranda-1:s..
Fue resuelta la primera por Franci~co Guerra hijo, Lola Contreras y
Baudelio López. Xadie pudo resolver la segunda.
Charadas propuestas por Tsaura
Xoriega.

l.

1lf uy tercia dos, prima cuarta, la
( tercia cuarta
Esa t ercia cuarta de Tetuán
Así cual cuarta dos, quiso a dos
(quinta
El estrecho pasar el Tnglés todo
De la tercia cuarta de Tetuán.

II.
Es buen todo el tuno
En I talia nació sobre el prima cuarta
Su prima dos conoce, es tercia cuarta,
Cuarta, seguna, C'd. su obra que es
(buena.

III.
Tercia prima al subir al todo

-¿ Qué tal, Pepe?

-He parndo unos días niuy malos,
pero ya me primera-segwfcla.
-...'..¿ Qué has ten ido?
-¡Friolera! Que aquí, entre uiía y
carne, se me clavó una primera-tercera manejando una todo.

UN SOBRINO PEDIGüEl'l'O
ui( muchacho de provincias. que es-

TI.
2

3 4 5 6-Xomhre femenino.
4 I 2-?\ombre femenino.
I 2 4 6-cc-!\ ombre masculino.
6 :," 2-l\ ombre femenino.
, s-N ota musical.
6-Consonante.

412

CHARADA
Tengo yo en cuarta prima
prima segunda que bella
y una niña tercia cuarta
que me da µenita de ella.r
l; na gata tercia prima
es muy hue,1a conipaiíera.
y si las uñas prima cuarta,
habita la carbonera.
Está muy claro mi todo;
pero si dudare alguno.
vaya a la \' ieja Castilla
y pregúntele a l'namuno.

FUGA DE VOCALES
.
'
1
.n p.n. s . . lz . . n l. c.mbr.
D . . n m.nt. &lt;l.! X.rt. h l.d.
S .. íi.; n .. v. ·Y .l h .. l.
L .. nY .. lv.n c.n s. s.d.r ..
S .. ñ. c.n .n. p.lm.r .
Q... n .1 .r .. nt. l.j.n.,
S. . lz s •. l. t. r. . y tr. s t.
S . br . . n p.ií.n .br.s.d.

tudiaba en la Universidad Central,
paraba en 11a-dri(I en ca.sa de un tlo
suyo, hombre amab;e y complaciente si ios liay; pero. a la vez, formal
y se,·ero, a quién su bemano, o sea
el padre del estlldiante, rogó no faciii1ase a é:e.te ningún dinero sino a
medida que lo fuese necesitando para evitar que gastas.e,mucho de una
CHARADA NARRATIVA
vez.
J
Un sei10r aficionado a las antigiieCierto domingo, el chico se acercuarta p rima con un arqueólodacles
có a su tío y le dijo:
-S1 me diera usted tanto dinero go, que le invita a ver cierto much 'e
como tengo ahora, podría gastarme &lt;le primera, segunda, tercera, cuarta
seis peseta3 en divertirme con mis que tiene en su carn.
\ •Acuden ambos al lugar &lt;le la ocuamigos.
Le &lt;lió el tío lo que pedía, y el rrencia, y al seiior no le gusta tanto
estudiante ga~tó la,;· seis pesetas du- el trasto de primera, segunda, terce~a, cuarta, como un tercera, cuarta,
rante la semana. Al domingo si&lt;le primera, segunda, que hay encima
guiente ,o vio a Jecir a su l10:
Si me diera ust1:d tanto clinl'ro co- de él.
1110 tengo. podría gastar seis pc,etas.
TRIANGULO
El tio le dió la cantidad, y gastadas las seis pesetas en la semana,
al tercer domingo el chico hizo su
petición en la misína forma. Pero
al cuarto domingo ya no pudo hacerla. por la sencilla razón de que ya no
le quedaba ni· un cé¡itimo.
¿ Cuánto dinero tenía el sobrino el
)
primer domingo?
Substituir lo,, puntos por letras, de
manera Q.).le en la primera línea reL OG OGRIFOS NUM:ERICOS
sulte, nombre de una salsa; en la seI.
gunda, nombre femenino; en la ter2 3 4 S 6-.N'ombre masculino.
cera, nombre masc·ulino; en la cuar3 I 2 5 6-Nacionali&lt;lacl.
ta, el nombre de una calle; en la
S 4 2 1-Nombre femenino.
quinta, forma verbal; en la sexta, voz
S 2 r-Nombre femenino.
usada para auyentar a algunos ani4 5-Nota musical.
males y en la séptima. vigésima_¡oc6-Consonante.
.tava letra del abecedario casteflano.

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Moonlight Sonata, quasi una fantasía.
Adagio sostenutto.
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PRO GRA M A

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Sa Ia de Ba1'le d e1 H ot e1 Menger. D'1c1em
' b re 19, a 1as 8. p. m.

Etude in G. flat maj · · · · · · · · .'. · · · · · · · · · · · Chopin.
Nocturne in F. sharp maj . . . . . . . . . . . . . . . .
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Prelude D. flat maj . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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W altz in C. sharp min .............. ·,: . . .
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Mazurka m . mm . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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Gran Etude in A. min . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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eoncert p re1u d e . . . . . . . . .
Marro'n .
H emes1c
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Butterflies ( original) . . . . . . . . . .
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By the Wate Spring .......... Schumann-Marrón.
N eb u1ose, ( ongma.
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Sobre las Olas, Paráfrasis contrapuntal sobre el tema del celebrado vals del inmortal compos1'tor mexicano J Rosas
Marrón
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IV.

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Gran Napolitan Rapsodie ........ Marrón.

NOTA.-Se usará piano marca Steinway.
Venta de Boletos: en el Repertorio de GOGGAN EROS

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J·

�LA SEÑORITA EV ANGELINA
IMPRESIONES DEL HOSPITAL POR "EL NUMERO CUATRO."
Algunas enfermeras habían roto el recato con que suelen
velar su existencia extrahospitalaria, y por ellas mismas
sabíamos cuáles eran sus antecedentes, el lugar en que
nacieron y el rango de su familia. Nadie sabía en cambio, cual era el origen de la señorita Evangelina; nadie
podía precisar el lugar donde naciera. M urmurábase
que sus progenitores habían sido castellanos, y así lo pregonaban las castiz'as inflexiones que a las palabras imprimía la blanca joven. También se asegura:ba que era
de principalísima familia, y tampoco esta creencia andaría muy descarriada, porque al puro decir acompañaba
tan eximio porte en las maneras, que con la virtud adquirida de exquisita educación, trascendía la ingénita de los
nobles instintos heredados. También se afirmaba-y esto es muy gentil-que Evangelina la dulce, la que en la
paz del asilo, como en la sala poblada de drogas y estertores ha ido a buscar dicha y sosiego, Evangelina la pura, no ha podido romper una postrera ligazón que la in. corpora al mundo ....... ¿Es ilusión que de enfermo a enfermo se transmite, o realidad que los oídos atestiguan? . .
A la señorita Evangelina la envuelven suaves rumores que
no se perciben al pasar otras enfermeras. En éstas, el
uniforme se adhiere al cuerpo exhuberante como si velase
para acallar cualquier grito traicionero de la carne.
¿Por qué la falda azul de Evangelina no apaga los
tenues murmullos que el enfermo presiente? ....... ¿ Son
ilusión que de enfermo a enfermo se transmite, o realidad que los oídos atestiguan? ..... .
Niegan sus amigas; sonríe Evangelina cuando el indiscreto pregunta por la verosimilitud del origen que a
los cantantes murmullos se asigna ..... Verdad patente o
ilusión de enfermo, todos aseguran que bajo el corpiño de
su albo delantal, que en la penumbra de la noche le da
visos de luminosa aparición, lleva siempre un ramo de violetas que diariamente corta del jardín cercano ..... De su
cuello, dicen, pende un rico medallón con un retrato .....
Aquel vestigio suntuario-girón de alguna esperanza
fallida; tal vez capricho coquetón e ingenuo; quzás adorada reliquia que rozó otro cuerpo in0lvidable-me hace
pensar en un próximo ciclo triunfador sobre la resolución
inexplicable que la hlciera ingresar al Hospital.
Un día, mientras asea mi lecho, me atrevo a interrogarla:
-Señorita, ¿ha tenido usted muchos novios?
Ella se inmuta al escuchar la inesperada pregunta;
el pudor tornasola sus níveas mejillas, y mirándome honda, serenamente, me contesta sin pasión y sin enojo:
-¡ Qué preguntas se le ocurren I
-¡ Tan pura, tan buena! ..... ¡ Dígame si ha tenido algún amor!
·
Mi enfermera sonríe y dice ingenua:
-He tenido varios.
-¡Ah!. .....
-Mis padres, mis hermanos .....
-Hablo de más altos amores.
-¿Más altos? .... Amo a Dios; amo a la Virgen Santísima .....
-¿ Y a ningún hombre?
Torna su rostro a arrebolarse y sus ojos tornan a
mirarme profunda, insondablemente. Con tono suplicante, minoso, en que no discierne afirmación ni negación,
me dice:
-¡No ·me haga esas preguntas!

Tantas veces como le hablo me responde de análoga
manera.
-Me da usted pena, señorita. La vida puede serle
bella y prodigiosa. ¿ Por qué ha huído del mundo, desterrándose en este ambiente de miseria?
Ella sonríe y contesta: '
-¡Número cuatro, número cuatro!. .... ¡Qué curioso
es usted!
-Usted es digna de ser amada. Merece ser feliz y
disfrutar de la vida.
-¡ Calle, adulador, calle!
-¿ Por qué me dice que calle cuando así le hablo?
Nada me hace sospechar que la desesperanza de unos
amores frustrados la haya inducido a salir del siglo. Es
verdad que cuando se los miento huye en seguida; pero
no se ofende. Tampoco asegura como otras, que toda su
ilusión está en el Hospital.
La señorita Evangelina, es complejísima y enignática en su misma sencillez y candor. Ante la anunciación
de Fray Angélico he pensado en ella. La dulzura transparente y serena que supo crear el maravilloso' pincel del
Beato de Fiésole, la había visto yo dormir en la faz de
mi enfermera: algo también resplandecía en ella del místico arrobamiento que se admira en el soberbio lienzo;
pero Evangelina me interesa más porque juntamente con
lo que tiene de espiritual y divino, presiéntese la aleación
de un sueño mundanal que la atormenta.
En vano he pretendido sustraerme al decisivo seíiorío que la señorita Evange!ina ejerce sobre todos los enfermos. La perenne flacidez de mis exhaustos miembros; el pertinaz desvelo que por las noches sufro y la
comida es~asísima han d,eterminado en mí una sobreexcitació)'l nerviosa y una tan acerba irritabilidad, que aumenta en' el decurso de los días, y sólo busca pretextos para
estallar ruidosamente; pero si ella se muestra por casualidad, disipase pronto el amargo humor que me hace
rijoso e insociable. y su benévola sonrisa, su seráfico mirar, obran sobre mis nervios con la acción de un milagroso ·sedante.
¡ Quién fuera confesor para explorar los misterios de
esa alma nobilísima, y conocer la rara materia de que está forjado éste. para mí, vaso preciosísimo de pura e ideal
esencia!
Habana, 1916.

,

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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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