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                  <text>26 DE MAYO DE

EL MUNDO

16

LOS PIANOS BARATOS
-DE-

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tencia de precio en nncHtro mercado.
Por Jo demás el piano de Rosenkranz es
perfecto, y ~ólido. Su 1luraéión no es menor
que la do los pianos do la8 fübricaR más renombradas.
El gran número de in~trumentos de la fábrica de Rosenkranz que han sido vendidos
1 en México, sin que j1rn11\s los mnrchantes hayan trnido que quejur~e. constituye una excelente prueba de quo estos pionos satisfacen
al p1\blico y prestan rn servicio de un modo
irreprochable.
Además de ser súlillo y barato el piano de
Ro~enkrnnz es esbelto , relatirnmente ligero, reuniendo á taleri ;ent.ajas una aps:riencin atractivo por srr un mueble do elcgant!Aima sencillez.

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[ CARLOS V. TOUSSAINT.

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Muy raro es que sea barato un instrumen•
to de música grnnde, fino y de acabada construcción, tanto por los buenos materialoscomo por la perfecta estructnrs de todas ~u~
partc~. Por estas circunstancias merecen hacerso notar especialmente los pianos de la
gran fábrica de Ro~enkrauz que existe en
Drcsden, Alemania.
Dicha fábrica construye pianos verticales
de cuerdas cruzadas y con teclado de ~iete
octavas en dos distinto~ modelos. El más
grando se ,ende en Ménco, en la casa de los
Señores Wagner y Levien, 7,uleta 14 al precio do $600 y el otro
modelo á $550, precios
que son hien inforiore~
á los que ordinariamente se pagan por los
instrumentos procedentes de fábricas americanas.
Esa diferencia de
precio de los pianos
alemanes reconoce entre otr!IA causas la ba•
ratura de la ,ida de
los obreros en Enropll
si se compara su costo
con el que tiene en los
Estados Unido a.
Además las fii.bricaq
americanas emplean
muchas y costosas maquinarius, que fadlitan el trabajo, induda•
blemente, pero que exigen el empleo de capitales casi fabulosos cuyos réditos tienen
qne sacarse en la:venta de los producto~ fabriles.
Es esa la principal razón para que los pianos alrmanes puedan desafiar toda compe·

1895.

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¿VOLVE RA? . . ... .

�2

EL MUNDO
tercer delito, deshonra. á .A·
koulina., allí donde el adulte•
rio babia. sacrificado antes ~
su padre.
Akoulina. va. á casarse, ya
Marinea, la. primera. víctima.
de Nikita, lo ha hecho y es
feliz¡ pero .A.koulina., la misma noche de sus esponsales,
f:f;"7
da. li. luz un nfüo, y Nikita,
~
instigado por Anicia y por
Matrosa, entierra vivo en el
. ,.J
fondo de la bodega, 11.:aquel niño, su propio hijo.
Nikita, de~pués, ante Ja enormidad de su últitimo crimen siente una~reacción poderosa, el re•
mordimien~ llega. á s~ falma., y ante todos los
asistentes á la boda de Akouline, declara uno á.
uno sus delitos. Este es el fondo del drama, escrito do modo artístico, sencillo, brillante y enérgico.

.

2 DE jUNIO JJE

1895,

Vertiz, en el templo de Santa Erigida y la Señorita Rafaela
Fuentes con el Señor Ne.va.
Otro matrimonio so verificará. muy pronto, el de la distingnida señorita. María Torreij Rivas y el señor Don Bernabé
de la Barra.
.
La canción del a.mor no extinguirá sus dulces notas para
tan simpáticas parejas.
. .
¡Ah! bendito el a.mor que atrae los astros, v1nficaloscampos y une eternamente á la.R almas.
*
La Lyre Ganloisse, celebr~ al~gremente sus fiestas. Primero concierto y deRpués baile¡ en aquél, múRioa selecta, cascada de notas como sartas de perlas, acordes sonoros Y magestuosos, deslumbramiento de melodías, el arte( en fin, tal
como lo sintieron los grandes creadores; en el baile, desborda.miento de entusiasmo, alegría. vivificada á. cada instante
por el sprit fre.ncés.
La simpática sociedad coral debe estár Ratisfecha de sus
éxitos.
• *
Los obreros han tenido también so festival, que. presidió
el señor Gobernador del Distrito.
Lo~ obreros son simpáticos, señoritas, Mon buenos, ellos
son los que en los tallereR y las fábricas laboran sin deRcanso. Son las abejas de la. colmena huma.na: los grandes sentimientos están en esas almas fortificada, por el trabajo.
Los obreros honrados y laboriosos forman el gran cimien•
to de la sociedad y la gran fuerza. impulsora. del progreso.
Y ye. veis, Heñoritas, llevo un titulo nobiliario y soy socialista y amo á los obreros. Quizá al oírme exolam~rán_algonos como en el "Rey que Rabió:'' ¡Un rey que grita viva la
libertad!!
•

Las fiestas en el campo c~ntinúan. San Angel y Tlalpam
se han vestido de lujo con las galas de la primavera
"que riega flores al batir sus alas"
y vosotra~, señoritas, golondrinas encantadora~, añadís con
vuestra gentileza y con vuestros hechizos, belleza. y luz al
festival de la naturaleza.
En el fondo
LoH enamorados, esos eternos soñadores, que cantan 1~ fn.
del ooupé y al mortal canción de las almas, la revene de los besos, la triuntrote Jar~o de fante estrofa del amor, van á las praderas florecidas, á asJo~ caballos cru• pirar aromas y á deshojar rosas.
cé las calles ca·
Los domingos como en París, vemos parejas de amantes
si desierta$. A tra,és de los cristales que babia echado pa• que huyendo de la. ciudad llena de rumores y caldeada por
Maggi signe conquistando ;pi'ausos, y la señora Della Guarra librarme del relente de la noche, veía yo marchar por las el sol, que lanza sus flechas de oro, brillantes y encendidas, dia simpatía.~ y admiraciones.
aceras á los transeuntes y me parecían fantasmas, fantas- se encaminan al campo, donde la alfombra de los céspedes
Lástima. que el distinguido actor lleve á la. escena obras
mas como los que danzaban en mi cerebro¡ al doblar una. es mullida, donde el aire acaricia. con frescuras desconoci- como el "Cont.i Rosso," dignas del teatro Hidalgo.
esquina llegó li. mis oidos, vibrante y distinto, el llanto de cla~, ritmos de aves y aromas vírgenes. El aire del campo
Yo oreo que la representación de esa pieza no ha sido más
un niño que una mujer, incrustada. en el hueco de una acaricia. suavemente como la mano enguantada de una mu- que pretesto para. lucir la 'mise en scena que fué magnífica.
puerta, 'exhibía sobre sus brazos para implorar la caridad jer hermosa.
Entre los trajes, llamaron la atención, y con justicia, los
"El campo es como el cielo
pública¡ entonces se avivó mi recuerdo y pensé con cspant_o
que vistieron los señores Del Conte y Caravaglia et 11oila tout.
tiene
inocencias.
en la enormidad del delito que Tolstoi presenta. en su tern·
*
Notas y aromas,
El escenario del Circo-tea"tro ()rrin, lo ocnpará. próxima.ble drama.
y los murmullos,
mente una. compañía do zarzuela infantil. En ella figuran
Mis nervios crngieron, como si no pudieran soportar más
de un himno leve¡
una tiple de ocho años y un tenor de siete.
la tensión á que estaban sujetos, y volvi á meditar en las
brisas que cantan, tiernas palomas
Se asegura. que el repertorio es extenso y bueno, y la fa.•
tenebrosidades de las almas. en "El Poder de las Tiniecomo la nieve¡
ma ha. coronado ya. á los pequeños artista~, á. los niños pre•
blas," ignorancia, salvajismo, instinto de la bestia, trinidad
tiene colores y tiene arrullos!
coces que sin duda. agradarán en México.
negra qne forme. ese poder, que crea los más grandes y los
La placidez y la calma del campo tienen la. pureza de .uesDespués de tanto oir á. Cires Sánchez y á la Monjardín, y
más abominables crímenes.
sobre todo Á. la. Moya y ·á la señora de Unda, nos parecerán
La obra es hermosa, por más que sea espantable; aque- tras albas conciencias.
los artistas 111ig1io11es un coro de ángeles.
llos personajes vigorosos, con el vigor del pueblo eslavo,
• *
San .A.ngel, celebra con inusitada. animlfción la fiesta floral.
*
cuasi primitivos, mostrando la barbarie del acto pasional
Mientras voRotras le~is esta página, yo, frente li. una taza
La inauguración ha sido espléndida. En aquella harmosin Jas trabas de la moral, de la educación, de la. propia dignidad del sér, arrastrados por la. avaricia 6 por la materia, nía, de colores, donde la luz parecla reir, hemos pensado mu- de café, en el fondo de mi cuarto del que he hecho una teobrandll el mal y ejecutando el crimen, sin inmutarse y sin cho en la belleza.. ¡Qué riqueza de floración, qué variedad baida, meditaré en una obra nueva y grandiosa, obra de un
temblar, como la fiera, son producto de un medio Rocial en de plantas, qué arte para presentarlas! El adorno del salón talento 1Jolosal y extraño, y de la cual pienso hablaros si vofué dirigido por Jesúij Contreras, el simpático artista, y esto sotras permitís qí.1e me siente á vuestro lado humilde y resque el virus esparcido, fermenta.
petuosamente.
Aquella promiscuidad espantosa del hogar del campesino basta para comprender lo que sería.
CONDE 0LAFF.
A.lli se dieron cita la distinción y la belleza, allí se celeruso, hacinamiento de séres, instintos y pasiones; de perbró
el
torneo
soberbio
de
la
hermosura;
flores
fragantes
y
versidades é inocencias que presto han de mancharse, desaaromadas y mujeres deslumbradoras, esencias de rosas y
rrollan el mal.
¿VOuVE~A? ....
Allí donde el poeta Polejaieff, dice li. .Alejandro "dos pla- perfumes de labios virginale~;. pedúnculos flexibles que so
gas diezman nuestro país: la miseria y la ignorancia;" alli mecían gallardos al menor soplo del viento y cinturas esAllá. va su esposo en la nave ligera que parece pluma arrandonde un úkase establece la diferencia entre los siervos, unos beltas y airosaR, pétalos de seda, y gargantas hechas como cada del ala. de una paloma. y flotante en el espacio. El vien•
de
pétalos,
fulgores
brillantes
en
las
corólas
y
esplendores
to
impulsa al barco, pero li. su tripulante lo atrae invisible
son del Estados, otros lo son de los nobles y donde los priresorte que part11 de un corazón y termina en otro. Allá. va
meros dicen: "somos de Dios y de nuestro soberano," y los de sol en las pnpilas.
el marino asido al timón y mirando con mirada ansiosa. la
¡En esa liza han vencido las mujeres hermosas!
segundos escla.man con tristeza¡ ''nosotros no somos&lt;le Dios,
playa que desaparece. Allá. queda en la costa la mujer amaSalve
á
le.
Prima.vera
que
llena
de
luz
las
campiñas
y
de
sino únicamente de nuestros amos," no es extraño que 1i. poda.: El resorte se dilata: el marido se inclina como seducido
co de revolver el pudridero del pueblo, se encuentren los se- alientos de vida, y de sueños de amores inmaculados, las por el abismo insondable del occano, en el cual ve retratar•
se la :fisonomía adolorida de esa pobre mujer á quien deja.
res que ha pintado el Conde Tolstoi en "El poder de las ti- almas.
Esta contempla. aún á la gaviota que le representa la na.ve,
nieblas" y acaso él pudiera decir como su compe.triota GoEl combate de las flores se ha trasferido indefinidamente. y mira al cielo en que ,e retratados los ojos azules de su
gol, el autor de '·Las almas muertas:"-"¿Por qué me.acuVosotraa no podrfai~ gozar de 88!1, fiesta cuando guardáis amado.
san de ocuparme de gente bajaf eon que mi tipo sea.exacto, luto por la digna hermana. del Sr. Presidente y cuando es¡Volverát Pregunta ella, Juego, cuando no ve más la em•
¡qué-importa el vestido que le ponganf Que cambien los táis en esa suspensión de ánimo que causa la enfermedad de barcación, al mar que lame sus piés y murmura con risa burlona: ¡Quién sabe!
vestidos y lo encontrareis en regione9 muy altas, que por es- una persona estimada.
Tal es el argumento del precioso cuadro que publicamos
tar mejor vestido no dejará de ser igual."
El dolor batió sus alas en el hogar del Sr. General Díaz, en nuestra primera página.
La obra es demasiado cruda; pero acaso ¿no debe decirse la hermosa Señora. de la Torre, hija queridfsima del Presila verdad, ¡y no la verdad es la belleza, En el cuadro som- dente, víctima de nna enfermedad grave, ha venido á aumenbrio del drama hay algunos rayos de luz, Marinca,;y Achim, tar el duelo general.
y en el mismo Niki ta, eI protagonista, hay esa dualidad del
Por fortuna, la ciencia. ha luchado sin descanso y los esespíritu humano, el bien y el mal que á veces pugnan y sue- fuerzos por salvará la estimabilísima dama han sido heroi'l'oluca. 10 de Mayo de 11(95.-Sr. D. Carlos So,nmer, Dilen triunfar alternativamente el uno del otro.
cos.
rector de "La Mutua."-México.-Muy señor nuestro
El drama es de tésis c&lt;&gt;mo todos las obras del escritor ruEn esta misma fecha y ante el Notario Público Don Je¡El himno epitalámico es eterno! Sus notas Tibra.n desde sús M. Ilernáodez, nos ·ha. sido entregada en efectivo, por
so. Solo con el trabajo puede el hombre vivir honrado y fe.
Jiz y la falta que no se sabe ó no Sil quiere reparar determina el cáliz de la. flor basta. la caverna, guarida. sombría. de la~ el Sr. Don Manuel Calderón, Agente especial de esi,. Comel mal y la desgracia como consecuencia urecisa.
fieras. El amor es ul tirano inmortal que encadena á. sus es- pañia, la suma de DOS MIL PESOS en que estuvo aseguNikita, un gallardo mozo, con Don Juan Campesino, sirve clavos con g11irnaldas de rosas. Doquiera que miréis un re.yo rado hacía tan sólo ocho meses, el finado Sr. Don Francisco
G. Moreno, bajo la póliza 648,447, por la corta cantidad de
en la casa de un labrador rico, viudo y rnelto á casar con de luz, doquiera que escuchéis una harmonía. ó aspiréis un $104.20 que como primero y 1ínico premio entregó.
Anicia, mujer joven y bella, Peter, el labrador, tiene de su perfume, podréis exclamar con el canto del soñador de SeComo la verdad se abre paso, como estos hechos prácticos
no tienen réplica, como percibimos los beneficios de la hoprimer matrimonio uno. hija Akoulina.
villa:
norable "MUTUA," nos es verdaderamente satisfactorio
"Es el a.mor que pasa.."
.Anicia se enamora de su criado Niki ta y este que solo tieNada importa que la novísima. filosofía., venga á. decirnos expresar á. usted nuestro cumplido agradecimiento, y por su
ne los sentimientQs de la materia, la haoe suya. .A.nicia enªl?reciable conducto á. la Direcci(m en Nueva York¡ y al
tonce~ desea la muerte de su esposo y de acuerdo con Ma• que el amor no exi8te y que haya almas fuertes que asegu- electo, hemos tomado nuevas pólizas en la referida Comparen no amar, esas escépticas de la pasión sublime que in- ñia, deseando sirvan estos hechos de estímulo á los que no
triono, la madre de Nikita, envenena á. Peter y lo roba.
Nikito. que había ofrecido casarse con una aldeana Marin- mortaliz6 á Isabel de Segura. y á. la. poética. virgen que duer- estén aún asegurados, para que lo verifiquen en la ya muy
ea. á la cual ha. deshollrado, niega. haber dada sn palabra, me en su sepulcro en Verona, aman sin darse cuenta de ello conodda "LA MU'fUA," de Nueva York, que tanto y tanto beneficia á los mexicanos, no obstante los injustificados
niega basta su mismo delito y se casa con Anicia¡ por inte- y seguirá.u amandl' siempre.
A despecho de esa filosofía pesimista., el a.mor signe dicien- esfuerzos en contrario, que algunas veces le ntrae, su granrés, por uvaricia tan solo. Entonces comienza una. vida. de
de capital, antigüedad, magnífica administración, grandes
placeres y de pereza para Nikita, el dinero de .A.nicia le per- do: ¡aqui estoy!
garantías y crédito universal.
Dos parejas se han unido en estos días últimos: la bella
mite dejar de trabajar y embriagarse, y en aquel ambiente
Somos de usted sus atentas, afectisimas y SS. SS ,-Guaenvenenado por Jo ignorancil\ y por el crimen, comete su Señorita Dolores Osio y del Moral con el Señor D. .Antonio dalupe Moreno.-Isabel Bernal.-Raquel Moreno.

2 DE

Jumo

DE

. Esplende y arde el luminar del día,
Del arpa hay en las frondas los rumores,
Y los silfos, galanes de las flores,
Murmuran una estraña melodía.
Del arte campesino, premio y gala,
Crecen de savia llenos, los laureles
Ca.be la fuente que frescura exhala. •
Y gallarclos y altivos, sus broqueles
Levantan, que la púrpura no iguala,
Los príneipos del prado~ los claveles!

SBM:A.NARIO ILtJRTRADO.

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que comitncen en cualquiera quincena; pues si no son altas en la primera
del trimestre, se cobrará por lo que falta, ó se aumentará al cobro del
próximo.

V
La madreselva desplegando el n1anto
De so, ramaje lúbrico, se enreda.
A los añoRos troncos dt- la. Olmeda
Donde oculto el Dios Pan alza FU canto.
En su borla de felpa, el amaranto
Fulgura con los tonos de la. secla,
Y un obelisco pálido remeda.
El ramillete enhiesto del acanto.
De los pistílos en ladolcehamaca.
Inmóvil la. libélula dormita
Ebria por los aromas de la albahaca,
Mientras acaso el porvenir medite.
En la. penumbra plácida y opaca.
Esa gitana flor: la margarita.

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El girasol, eturno enamorado
Que á la luz ah.r e siempre su pupila,
Al viento leve que lo mece oscila
En rítmico vaiven acompasado.
Luce su escudo. fúlgido y dorado
La rucrcadela que vivás cintila,
Y el rojo mirto que la miel destila
Es por la mariposa abanicado.
El narclo de marfil se yergue altivo,
Y la magnolia de soberbia llena
El ánfora desata en que cautivo
.El aroma guardóse¡ la azucena.
Es una virgen blanca., y pensativo,
El azahar, recuerde. un alma buena.

HIMNO Jl FLORJl.
RECITADO POR SU AUTOR
BN LA A.PBR'l'URA DB LA EXPOSICIÓ!í FLORAL EN SAií A.líGBL.

I
Sobre el negro horizonte, abre la aurora
So abanico de luz. De nácar pinta
El celaje de nieve, y de oro entinta
De la amplia nube la gallarda prora.
La curva azul del cielo se Colora¡
Es un capelo ele cristal, y extinta.
Muére la sombra en la oudulante cinta
De la alta. sierra que el confin decora.
Se escucha la canción de la alborada;
El agua desperézase en el río,
Y sobre el pabellón de la enramada
Que agita el viento matinal y frío,
Desgrana en una lluvia inmaculada,
El alba. suR collares de rocío.

¡Oh Flora! hoy se consagran tus altares.
Iris te ha dado sua ardientes besos,
De la fecundación en los excesos
Han brotado las rosas á millares.
Como los dones de los templos de Ares
Son los nuestros hermo8os; porque impresos
Tus encantos ostentan; porque ilesos
Han salido por ti de nuestros lares.
Aromad como incienso, castas ro~as!
Abrid vuestros nectarios, Flora eBpera.
Resuenen las estrofas cadenciosas
A.qui donde el color es el que impera,
Y oficiad; oh vosotra~, las hermosas. ·
¡Salve á la Diosa Amor: la Primavera!

TI

...

u.a lV!ataa, de fieu:.t ...Yottk.

..

y

III
Das 111 suelo to cesped de esmeralda,
Cuelg&gt;1s gentil tu cortinaje ae hoja@,
Y tus pinccll's eu el iris mojas
Para pintar tu mágica guirnalda.
De los auroos encajes ele tu falda
Níveos cnpullo~ en el pradn arrojas,
Y de tus labios amapolas rojas,
Y de tus crencha, crisantémas gua.Ida.
Das al cielo tranqll.ilo, traRparencia,
A la coliul\ vaporosos tules,
Derramas en los cálices esencia,
Y entre ramns olímpicos de gule~
Para. cantar 111 rica eBorccencia,
Las campánulas místicas y azules.

IV
El noble festival de la barmoní&amp;
Tiene una gama eterna ele colores,
Naturaleza canta. sus amores
Do! vercltJ oompo en la triunfal orgía.

.)

que permanece en pie, una so:i:ibra que se ha evadido de su
fosa. La idea dominante qne le dió vida, el impulso qnc lo
animó, ha. desaparecido y puede decir como Lutero en el cementerio de Worms: Envidio á los que aqu.l desca11san. El
perdón que ha bajado sobre RU cabeza es el perdón que desciende sobre la adormecida frente de un agonizante: de él
no podemos temer nada, porque nada se teme de los que ya.
no existen.
Ha muerto el partido reaccionario como ha muerto el jacobinismo exaltado: los supervivientes de esta azarosa etapa
de nuestra leyenda nacionl\l nos inspiran curiosidad, no odio
ni admiración¡ los vemos como restos de una especie animal
totalmente extinguida. Ellos nos hablan en un idioma. que
no es el nuestro, sus palabras llcge.n á nnestros oídos como
los ecos do un mar rugiente que hemos fltravesado ya y en
cnyas prorelosas aguas no estamos disp110stos á. aventurarnoR.
LB llegada &lt;le Márquez nos deja fríos: sos actos sangrientos, preciso es decirlo y d~cirlo con entereza, son crímenes
de 11na época, productos de un estado Rocial, emanaciones
de un medio: ni foé el único, ni ele otro modo se entendíl\n
en aquellos tiempos las guerras ci.=ilcs. ¿Hemos de hacer el
recuento de las crueldades cometidas por unos y otrosf Si
algo hay que maldecir, maldigamos ií, la especie humana en
cuyo seno so han agitado nidadas de víboras.
La República ha sido piadosa para R0R enemigos: ha llamado li. todos los hombres de buena voluntad y los ha agrupado en torno s~yo¡ ba perdonado ~us errores y ha querido
que la obra nao1ona.l, la gran obra del progreso, iluminara
con sos reflejos todas las conciencias No llegan como golpes de pico aplicados en los cimieutos ele nueRtro edificio
las raras vociferacioncR que se alznn de uuo y otro lado: es'.
tamos más altos, volamos á superiores altura, para dejarnos
arrebatar por esas que no son más que palabras. palabras,
palabras.
Asistimos á los funerales de un jefe imperialista y no oree·
~os que este h_ccho amenace nue~tras iuRtituciones: presenCJamos la. ammstía de un general reaccionario y 110 pensamos que peligre la República. Tenemos más fe en la. solidez
d~ ~ata situac!ón: la juzgamos sostenida por el triple anda.m1aJe de un vivo anhelo de paz, de una vigorosa corriente
de trabajo y de un noble deseo de progreso.
· Ante esta muralla vienen á estrellarse los viPjos gérmenes
de la. pasión política.
~os que_ están más cerca de la. sombría página revoluciona.na no tienen so espíritu libre: ellos no perdonarán nunca
á. Márquez¡ nosotros ni lo perdonamos ni lo admiramos· lo
hemos dicho ya: nos es completamente indiferente.
'

MUCHOS LIBROS EN POCAS LINEAS.
Una buena educación, nos rlebe enseñará cuidarnos de
aquello que _no necesitamos¡ es decir, debe cuidar a.l hombre
de la esclavitud de las cosas.
CHA.UMBIL.

'l'emistoclcs llamaba á la pere2a el sepulcro de Jos vi vos.
STA.HL.

1895.
MANUEL LARRA.ÑA.GA PoaTOGAL.

El himno del amor cante.u sonoro,
La brisa en los ribazos adorIDida,
El ave en los graoadoij escondida
Lanzando do sus trinos el tesoro¡
Del ancho valle en el inmenso foro
La voz de los pastoreR, repetida
Por ol eco lejano, y fuego y vida
La ondulación que lleva el polem de oro.
¡Ara. y templo do Flora! en que la austera
Paz reRplanclece y reina solitaria,
Donde el amor univllrsal impera,
Y donde es tu oblación única y diaria
El perfume, gallarda primavera,
El perfume, esa. cándida plegaria!

,,

EL MUNDO

1895.

Notas Editoriales.
La importación de un cadáver.-La amnistía, otorga(la á D. Leonardo Mllrquez-y el n·greso al país del célebre
jefe del partido conserrndor, ha impresionado vivamente á.
viejos ad vcrsarios ele esta personalidad política, en el revuelto campo de nuestras extinguidas luchas civiles. Nos explicamos este arraigado rencor, este antagonism(l que persiste
después de un cuarto de .,iglo, en los espíritus que, por ra•
zón de la época en que combnticrou, S&lt;' encuentran mi'ls cerca del pasado que del actual momento histórico. Para éstos,
el recuerdo se ha perpetuado como una mancha que todaff
las aguas del mor no bastarían á desvanecer: ,ieno el espectro trágico con la túnica salpicada de sangre á golpear las
tumbas de sns víctimas y á. mofarse con su cruel carcajada
insultante é irónica ele la gran idea liberal implantada en ]R,
República á costa dl' tantos s.acrificios.
Pero. al lado clo ln vieja guardia, siempre respetable en su
tarea., se alza una generación que entra sin ódios ni rencores
en la vida pública, que se ha despojado de todos los prejuicios de partido, que ha sustituído la espada del revolueionorio por el hbro del pensador y que no vive en ese delirio ele
ódios, en esa convulsión ele cólllras que agitabau antaño la
conciencia nacional, hoy ~erena y r&lt;'posada. Esta generación 110 alienta ya esos rencores que van más allá. del sepulcro; no siente ese frenesí de exterminio, esa sed implacable
de antagonismos irreconciliables. Un aliento de conciliación pasa sobre la bumauidacl y el viejo non possumus ha.
sido borrado del· programa reaccionario por la mano dió.fona
de León XIII, dispuesto á responder á esta voz del siglo que
se exhala como una ple11:ariaj11bilosa y armiínicu del alllla
ele la humanidad.
Para nosotros Don Leonardo Márqoez no Hegn, como el
heroe castellano, á ganar batallas después de mnerto. Porque Márquez es uu muerto que ha $0breviviclo, un cadáver

.Avidos de ruido y de escándalo, algunos hombres queá falta de
mcienso.
'

?1ª~ lo que han adorado, para rodearse de humo

CONDESA DE 0LGA.

El trabajo es la ley de la vida, la ley de toda creación y
de todo progreso.
LACORDAIRE.

El fruto &lt;lel trabajo es el más útil de los placeres.
V AUVl!NARGUBS.
El trabajo, ontre otras ventajas, tiene la de acortar los dfas
y o.largar la. vida.
DIVRROT.

Una vida bien arreglada multiplica el tiempo.
Una alma conducida por el temor es siempre muy débil.
lfoLLIN.

Se debería decir al niilo lo menos s hacerlo encontrar lo
más que se,1 posible.
H. SPR!íCEa.

La ilustración forma el talento; la educación forma el carácter. La misión del ecl ucador es la más elevada¡ so arte el
más dificultoso.
Á. ÜOOHIN.

Siempre se tiene ratos de descanso cuando tiabe uno ocuparse.
MNB. ROLAND.

m trabajo y el fastidio nuncn. pasan por la misma puerta.
FRANKLIN.

Una. tida ociosa es una muerte anticipada.
GOETHB.

�2 DE ]UNIÓ DE

EL MUNDO

P&amp;fll'CIPR MANUEL FILTBERTO DE A.OSTA.

1301911.S .tfEH\-IAS.
En los momentos en que se publique este artículo llegará~ á Tu~n lo~ ~eyes de Italia. Van á dar por sí propios las
ú~timas d1spos1mones para el adorno y alojamiento del palac~o -~eal, y de_l que ~x1ste en el delicioso sitio .regio de Stup1mg1, en las mmed1aciones de la antigua corte saboyana
donde ~~ hospedarán en los primeros tiempos Elena y Ma'.
nn~l F1hberto; y yendrán los Reyes de Portugal cuando se
venfiquen en la cmdad que baña el Po estas bodas.
. Sabido ~s que Elena da Orleans, que hoy sólo cuenta veint~cuatro anos, y que es alta, esbelta, rubia, de hermosos
OJOS ~zul~s., ~e figura tan elegante como simpática, de inteligencia v1v1s1ma y de instrucción tan distmguidaI que la
liac~n _una_ de l_as Princesas m~s seductoras de Europa,
hab~a mspuado una profunda simpatía al actual Czar de
Rusia. y al heredero del trono de Austria-Hungría como hizo
nacer una pasión 'l'ivísima en el Duque de Claren~e, llamado
á heredar la corona de la Gran Bretaña. Es un hecho conocido
el del viaje que la princesa Elena hizo á Roma, para ver de

AL ~B!UR LA

2 DE

alcanzar la autorización del Santo Padre en pro de este último
matrimonio, autorización que León XUI no pudo conceder,
no permitiendo las leyes de Inglaterra que l&lt;•s hijos de tal
casamiento nacidos fuesen educados en la religión católica.
La religiosa Princesa, heredera de los piadosos·~entimientos
de su madre, que fué infanta de España, se inclinó resignada
y respetuosa ante l11s dieisioiie~ del Supremo Pastor de las
almas, pero el hijo del Príncipe de Gales llevó grabada. profundamente la h~ndo en el corazón¡ y aunque necesidade~
de Estado le impusieron más tarde una unión, impedida por
la propia muerte, con su prima María, hoy esposa &lt;le su
hermano y D)lquesa de York, en los delirios de la fiebre que
lo llevó al sepulcro, llamaba á gritos á su amada. Elena, para
que Je cerrase los ojos ant(ls de expirar.
Pocos meses después, el Duq ne de Aosta, en los frecuentes viajes que hace á Inglaterra, y que mm·hos relacionaban
con proyectos de enlace, propios 6 del Príncipe de Nápoles,
su primo, entre la casa de Saboya y la Real de Inglaterra,
que, con respecto al joven Víctor :Manud con la princesa
Maud, bija del Príncipe de Gales, todavía subsiRtirían en el
concepto de mnrbos estadi~tas italianos, no obstante los
mentís dados átales proyectos y las dificultades que present11n, conoce á Elena. de Orleans, y su corazón se prent.la de
la simpática Prince8a. Uno y otro joven habrán debido Fa·
orifio11r al destino fatal la primera pa~ión de ·su juventud:
Elena, la que supo inspirar al infortunado Duque de Ola.renca; Manuel Filiberto, la que, apenas ~alió de la infancia,
sintió por la. que J?OCO tiempo después fué SE&gt;f1:unda esposa
de su padre, Leti01a de Bob8parte y Saboya. El tiempo dió
vida á. estos amores, que tuvieron su idilio en los parques
de Inglaterra, como en los bosquee de Chantilly. Pero fueron grand!&lt;s, si no insuperablt&gt;~, los obstáculos opuestos á
su unión, aun contando con todo el apoyo de la Reina de Inglaterra y del Duque de .A.umale. El rey Rumberto, jefe
de la familia de Se.boya, vaciló mucho antes di, dar su consentimiento al enlace del segundo he'.redero de la Corona con
una princesa de la familia. de Orlean8, aun mereciendo la
augusta joven sus más ardientes simpatías. Pero ya otro
prlncipe, hijo de su hermana Clotilde de Saboya. Napoleón
Víctor, era pretendiente al trono de Francia, y enlazarse tan
intima.mente los Se.boyas eon los Orleans pudiera hacer más
profundas las diferencias que los sucesos han creado entre las
dos uaciones, separa:las, más que por los A.lpes, por los sucesos de 1870. Por otm parte, en el Quirinal se ignoraba cómo sería recibido este enlace por los aliados de Italia: los dos Impe
rios germánicos. Poderosídimos mediadoreR disiparon todos
estos obstáculos. La madre política del Duque de Aosta, la
Princesa Leticia, ayudada del Duque de A.urna.le, ganaron
para la combinación proyectada las simpatías de la FranQia
republicana. La Reina de Inglaterra de encargó de obtener
el apoyo de su nieto el emperador Guillermo, y tan completamente lo consiguió, que cuando el príncipe Manuel Filiberto se transladó á Viena para asistir á las exequias del
gran archiduque Alherto, pudo oir de labios del Soberano
de Alemania, como del Emperador de A.ustria.-Rungría, los
votos que hacían por el tlxito feliz do sus esperanzas. LaR

0.1.JA QU.11

OOll'TENf.l. LOS RBSTOR DEL GENERAL MIRAMÓ!i.

1895.

j UKIO

DE I 895.

EL MUNDO

COSTUMBRES EUROPEAS_

PRINCESA ELENA DE ÚRLEJ.NS.
últimas vacilaciones del Monarca Italiano las disipó RU hermana la reina Pía de Portn~al. Quedaban J/Or obtener el
consentimiento y las bendiciones del Pont1fiee, tan deseadas por Elena de Orleans, como se vió cuando su proyectado matrimonio con el Príncipe in~léd. Es verdad que en
éste no existían diferenejas de relig¡ó~; pero los que !1º ignoran que ciertas oh~erv!leionos del Vat1cauo han ~od1do co~tribmr á la no reahza.c1ón del tantas veces anunciado matnmonio del Príncipe de Nápoles con la princ,esa Clementina
de Bélgica, y con una. A.rchiduquesn de A.n8tria-Rungría,
podían recela:c.que no fuese del agrado de la Corte pontificia
el que una princesa de las mi\s antiguas familias Reales de
Europa, enlazándose al segundo heredero de la Corona itálica., aumentase los prestigios de la casa de Se.boya y de
los conquistadores de Rt,ma.. La. mi@ma. reina Maria Pía, invocando su titulo de ahijada de Pío IX, y Clotilde de- Se.boya, alegando su piedad, faeron las intercesoras cerca de
León XIII, quien no sólo alzó todo obstáculo, sino que, dentro de la reserva que los acontecimientos y rn situación especialísima le imponen, ba benducido la~ futuras bodas.
CONDE DK CoELLO.

(l&gt;el natural por

c.

Akalde. }

5

�2 DE JUNIO DE

EL MUNDO

6

1895.

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EL REGRESO DEL GENERAL MARQUEZ AMÉXICO.
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1b~5.

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LOS RESTOS DEL QENERAL MIRAMON

JOSE MARTI.

Efl PUEBl.l.A.

Se ha. plenamente confirmado la muerte del conocido insnrgente cubano. Murió en un encuentro ele armas, luchando por la idea á que consagró su existencia y su reposo. Era
un espíritu lleno de llamas, inquieto y vibrante. Alucinado
febril, su recuerdo me.rece respeto.
No hace muchos meses llegó á eRta capital. Hablaba rápidamente, como un hombre que tiene prisa en irse. Se desborda.ha en torrentes ele elocuencia alocada y pintoresca, rica como la exúbera nnturalezn de su patria.
Corria de república á república y do pueblo á pueblo, sembrando con su voz la fe ardorosa de la ide.a que lo a¡ritaba, ·
enardeciendo ánimos adormidos, azotando voluntades yacentes.
A través de la incoherencia de sus diRcursos, se sentía palpitar una fe profunda, algo como un misticismo vago. •
Fué durante muchos años el alma de la rebelión de Cuba:
formaba comités, juntas revolucionn.rias, reclutaba esfuerzos, incansable, resuelto, or11 doliente como la sombra de un
dolor trágico y solemne, ya altivo y osado como el paladín
medioeval de una cruzada santa.
Escribió estrofas desordenadas, caóticad, hijas de su neurotiRmo agudo; desbordó proRa incisiva, sin método, atropellada, hervorosa: lamentos de Isaías, gritos. del Luzbel de
Milton, naderíns &lt;lonaidosas, puñados do , lloros, fulgnraciones de armas ____ todo revuelto, palpitante, muy aprisa,
rnuy aprisa, como en la balada del poeta.
Expresivo, vehemente, red de nervios sacudida sin descanso por el sopio de una alta misión, ejercla un singnlar encan. to en las personas que se le acercaban.
Su muerte es un motivo ele duelo para la joven América.
No juzgamos la razón y !ajusticia de su causa.
Vivo, era el sublime enamorado de una idea: muerto, es
un vencido á qúien se respeta.

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~OSPU1{13lfHS BU:llOl?EAS.

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GHNERAL LEONARDO 1,Lí.RQUEZ.

A.Ñu DR 1867.

Hacía varioR días fJUe la prnnsa había anunciado el próximo re¡!reso del GPncral Leonardo :Márqnez á México, tle clondt1 c,tu vo desterrado por e~pacio de 28 años. L11 noticia produjo sensación de diverso carácter cu cado. partido político ele la Répúblic·n. Alguno~ periódicos liberales se opnsierou abiertamente íi. la amni~th1 del jefü im¡,eriali~tt1. n,curdaudo
G llirnR.\ ~
con horror los sangrientos hechos en que tan fecunda fué la "Uerra
de Inturvendón r 11rro
O
j~ban al rostro de Márc¡uez las trcwenil.as acusnci011es
•
que se le han heeho d~sdc esa época; ot.ros colegas &lt;Id
·
mismo partido permanecieron neutrales ó inil.iforen- ,.,---- - - - - - - - - - . . -~ -~...---.-,,,..,.'"""
tes, y la prensa conservaclom nplaudió. La opinión
pública se dividió de i¡!ual w:rnera: mientras unos
protestaban indignados contra In vuelta del destermdo, otros se manifestaban comphteido~ y loti demás
no se inquietaban en In mií~ mínimo.
De todos modos, la llegada del 'General Márqnez
conmovió algo á la sociedad ya levemento excit11dn
respecto á los asuntos del Iwperio, cuyo l"e&lt;:uenlo nenbaba de avirnr la exhumación y trn~l11cióu ele los restos de Mirnmón á Pnebht. El suceso ha tenido, por
lo tanto, alguna resonancia y nosotros nos hemo~ creí~
do obligados á dedicarle alguna atención en EL .MuNno. Haremos, pues un retiumcn de las noticias i\ este punto relativas que han publicado loa diario~.
El General Leonardo Márquez tiene nctunlmentc 75
años de eclad y está. ntín bastante fuerte. En Jo, Jfo.
bana fué primero corredor; Juego se sacó J,i oterill y
puso su dinero t\ buen rédito: así es que cuenta con
suficientes recursos parn so~tcn.er~e tlur11n te lo~ nüos
que le queden de vidn.
Según cuentan los noticieros hnbln con mu1:b11 facilidad y energía. En una entre,;sta con un repórfor,
manifestó gran admiración por los adelnntos ,¡uc
ha alcanzado México y dijo que su único objeto al venir acá era descanBllr tranquilo los últimos dill8 de ~u .
vida y que por lo .tanto permanecería cuternmentc
neutral en político..
En Veracnl'l, temiendo algún escánclalo, le orreció
el Cónsul de Bélgica su ca~a, adonde .goza1fa de inviolable scguridnd, pero ni • aceotó Márquez ni hubo
necesidad, porque los hnbitanted drl puerto no se inquietaron para nada por la llegnd11. de RU hué~pcd.
En eawino para México quedó absorto t1dmirando
las magníficas obras de arte del Pcrrocarril M.cxicnoo
y los preciosos panoramas que ofrecen las cumbres tic
Maltrata.
Al llegará Apizaco supo quo algunos P8llllliuntes
de México le preparaban una manifestación ho~til y
entonces resolvi6 aplazar Ku llegadt\ á In en pita!. Cnmbió de rumbo y se duigió 1\ 'rlaxc·nla. en u.onde habló
con el Jefe Político y el Sccrett1rio do Gobi&lt;irno; luogofué á Puebla, y allí durmió y al día signicnto llrgó
.
.
,..
á México. Para evitar cualquiPr desagrnclablc inci·
dente bajó en Pcrnlvillo, adomlc lo e~pernbnn D. Ha·
'

(VEA.SE LA

l

_,_..."~---.-----•
LEO~.\liDO .MÁRQUl!Z.

•

macho.
Durante su v10Je cstm o platienn&lt;lo t1m11blemento • , / ~ ;-~/- ._• _ _ ~ .,/ ./
•
con otr_os pasajeros y con el Sr. An!?el Pol:t quclo Yi
~ C-/¿,t,~~
no acompañando desde Veracruz. Debido ú las pre• ,
.
cauciones tomadas por laR autoridacle~ se pnclo evitar ·
""
-~~~--_
que fuera objeto Mñrquez de alguna ng1·e~iém. En va•

7

EL MUNDO

Durante la semana que hoy termillll, no ~&lt;• ha oidn h:tblnr
sino del Imperio y dos de sus prohombres: uno muPrto, ll iramón; y otro vivo, que vuelve ,\ In, pntrin de~pn~~ de Jnr¡.:o
destierro: Márquez.
El cadáver ele Miram(m fué encermdo en ele.,autc féretro
de raso negro abullonado con agarraderas dor;c!:i'~. y en la

~

11.
(f,.

2 DE JUNIO DE

r

~ - - ---- - -

(Del natural).

ria~ rstaciones, pudo ver, sin embargo, á algunos individuos armados de piedras que trataban Rin duda,
de arrojarle. En México lo esperaban la noche del
miércolc11. varios grnpoR de estudiantes y gente de
pueblo; pero en vista de la actitud agresiva que guardaban los di~olvió la policia. Al dia siguiente pudo
escapar ele cualquier ataque el indultado, gracias á
su Ctitrntagemn de bajnr en Peralvillo y no en Buena
Vistn.
Actualmente está alojado en un hotel, y lo primero
que hizo, después de almorzar, fué escribir algunas
cartas dirigidas, entre otras personas, á los Señores
G1•neral Porfirio Díaz, Lic. Manuel Romero Rubio,
Lie. Ignacio Mariscal y General Pedro Hinojosa.
En dichas cartas les daba parte de su llegada y se
ponÍII á sus órdenes.

...

En el camino á Veracruz, el.Sr. Pola recibió para
comunicará Márquez la siguiente carta, cuya firma
se suprime por no tenerse autorización del autor para
publicarla:
'·Al Sr. General D. L. Márquez'
Bienvenido General:
La Patria mexicana como madre amantísim~ y abnegada olvida vuestros errores pasadós y os abre los
brazos para que en su regazo podáis dormir el sueño
1
tranquilo de la muerte.
La nueva generación que ahora encontráis, no ha
heredado do la pasada sus pasiones ele partido. Loa
mexicanos ele hoy, amamos la paz y estamoR dispuestos ,'.I sostener á todo trance á nuestro d.iguo Presidente de la República que ha sabido hacer á su Gobierno,
el más justo, el mái\ sabio y el más fuerte de todos lo~
que ha tenido la Nación, desde los tiempos -prehistóricos hasta nuestros dins.
Con que, venid en paz señor General, y que vuestros 28 años de ostracismo os hayan servido para aprecinr la injusticia con la cual combatisteis al heroico y
generoso pueblo mexicano; el mismo que hoy conmovido ele vuestra tri~tísima senectud, ya os ha perdonado."
Mnrquez al saber lo que le decian, cxclnmó, irguiénclose:-"Yo no he cometido ningunos errore~. Soy
siempre conservador."

.

* *
El jueves, entre 4 y 5 de la tarde, el General Márquez salió á la calle con sus nietecitos, los hijos de su
( cuñado D. Ramón .Araujo.
Durante el jueves recibió más de 30 visitas, enSll mayor parte de militares; entre éstas la del General de la
, Vega, que fué Director del periódico El Nacional.
Dos policías de la reservada permanecieron cerca
ae1 note11 pero no nuoo mnguna. novedad.

OOPIA FIEL DB LOS RESTOS OBL GRAL.

lllRAMÓN.-(Dcl natural.)

PÁGINA 5.)

Do~ veces por año,-el primer sábado de Mayo y el 19 de
Septiombre,-está llamado N ápoles á presenciar el "milagro
de San Enero" qne consiste.en la licuación y ebullición de
la sangre del mártir contenida en dos ampolletas colocadas
en un relicario de cristal con ornamentos de oro y piedras
preciosas. Este á su vez, se encuentra depositado en el fondo de un pequeño tabernáculo de bronce con puertas de plata, situado en una de las capillas de la Catedral, la "Capilld
del Te~oro."
. Sabida es la antigua veneración del pueblo napolitano hacia aquel santo. No ha abandonado todavía este culto y tiene completa fe en el milagro de que vamos á hablar; conserva, en fin, la creencia de que si tal milagro no se efectuara, sería esto un fatal pronóstico, anunciaría una inminente
y terrible desgracia para el país. A~í es que el espectáculo
que ofrecen los fieles en el momento de la ceremonia es uno
·de los mó.s curiosos. En la primera fila ele los lugares reserva~os, se instalan la "Diputación del Tesoro," á cuya custodia está encomendada la reliquia, y doce capellanes; detrás se encuentra el públioo escogido al que una balaustrada
separa de la multitud.
Apenas el canónigo que preside la ceremonia, presenta al
pueblo las ampolletas haciéndole ver por meclio de una bueia que la stmgre está ooagnlada, todos'caeu de rodillas, en
espera del prodigio. Si tarda éste mncbo, las oraciones llegan á ser vehementísimas, las mujeres lloran y todos los
brazos se extienden hacia la estatua del ~auto, mientras el
clero recita la letanía, coreada por tocia la concnnencia con
un crescenclo formidable.
La sangre no hierve todavla.
Entonces el pueblo, desolado, enmudece y en.breve estalla en furor: amonesta. al santo, lo conjura, lo amenaza y
despné~ de esta explosión de cólera, vuelve á entonar sus
cantos con más fervor aún que antes; arranca las bugías de
las_ m~os de los so.cerdo~~; se organiza una procesión y las
rehqmas son llevadas baJo un palio, por tocla la Catedral
entre la tur~a i?1p!J.cieute _. - - De improviso, el canónigo levanta el relicano y lo muestra á la multitud que lanza un
verdadero alarido de gozo: pues la sangre ha comenzado á
hervir: el ~il.agro está realizado. Y entonces se contemplan
las más ong1nales escenas de entusiasmo, rayano en delirio, tanto mó.s conmovedor por la sinceridad que revela.
En aquell?s instantes ~lgunas manos piadosas sueltan parvadas de páJaros que trmando alegres, tienden el vuelo:
mensajeros poeticos que tienen la misióu de llevar hasta las
bóvedas celestes el testimonio de la alegría universal. .A.l
cruzar las naves son aclamadas las avecillas por los espeetadore? ~enéticos, entre_los cuales, solamente los guardias
munte1pales con , su uruforme obscuro y su imperturbable
gravedad, son los ünicos que dan una nota moderna á este
espectáculo digno de los primeros años clel cristia.nismo.
. No serem_os nosotros quie11es discutamos el milagro. ,La
simple presión de la mano, ó solamente lá aproximación do
la vela desarrollan el calor suficiente para licuar y hacer
entrar en ebullición la substancia· contenida en las ampolletaat Es la explicación que dan las gentes incrédulas. Nuestro único objeto al publicar el grabado que verán nuestros
lectores, ha sido d11r á conocer el lado pintoresco y realmente curioso de la ceremonia.

�2 DE JUNIO DE

EL ·MUNDO

8

SEÑORITAS LUISA Y ANA QUEVEDO.

1895,

2 DE JUNIO DE

1895.

EL MUNDO

9

GALERIA DE BELLEZAS MEXICANAS.

SEÑORITAS:

Me desespera: no ser poeta para cantar en eufónica¡¡ es•
trofas á yuestra belleza; no ser pintor pára colorar vuestras
imágenes; no ser eséultor para copiarlas eu mármol de Ca•
rrn.ra;' é ¡insaciable ambición! no Rer Dios para iluminar los
ojos ea la fotografía con los destellos de la virtud y los ra•
yos de sol que se adi'l'iuau bajo eRas pestañas negras. Si" po•
·· sible fuese, escribí.ría yo estas lírieas sobre un giróu dc_uu•
be, para que al cruza, por Guadalnjara, os envol'l'iern on su
velo impalpable y murmurara con ecos dulcísimos de cantos de aves y susurros de brisas, las frasos de admiración
que al mirar esos retratos os dedican los que aman la perfección artistica en su más el~vad11 manifestación: la belkza
de la mujor. Pero mi canto es triste y monótono: la palomá mensajera que os lo lle'l'e, quizá muera 011 el camino';
mas si llega y leeis estos renglones, pcrdonadmE': ~i &lt;·stuviese ante vosotras, rallarla: arrodillado besara la orla de
vuestro vestido y en el último hilo de seda dej11ría prendida
el alma.

A título de curiosidad publicamos hoJr nrr grabado que representa al baque norteamericano "Petrel," invt•rnando en
los hielos del Ma1· Amarillo.
: ·
t:ada año se oye hablar de los enormes témpanos que en-,
cucntran los buques en su camino . y que hacen tan difíc!l y
peligrosa l~ navegación en algunos mares durante el in,
vicrno, y máR de una catástrofe se ha lamentado, causada
por el choque de esas musas cc,ntra los n~ios.
· ·
Por lo demás, el espectáculo que estos colosales bloque~
ofrecen. por ej(llllplo, en el Meditcnánco, es hcrmosí.;imo:
semejan celajes nítidos del mar azul, y si1n _yistoi muchas
yeces desde cnbiérta de las embarcaciones, cuyos tripulnn-1
tes les temen m_á s que á los arrecifes, porque éstos ~on
conocidos y están señalados en la~ cartas marinas, y aqué•
llos son móviles y en uná noche obscura que no se les distinga, pueden echar á pique uno de esoR gigantescos yapo•
res qui: hacen la traYcsia entre Europa y Estados Unidos:
verdaderas ciudades flotantes que caminan con vertiginosa
velocidad.
Pero lo que en unos mares constituye un peligro incierto,
en otros es una amenaza formal que si nó se toman oportu-1
namentc las debidas precauciones, se realiza causando· terribles daños.
· ·'
Se da en' ellos frecuentemente el caso do que uu v·npór tan .
enorme com(! el "Petrel," quede , encajonádo, por decirlo
así, eu una inmensa ·uanura de hielo, de la eual no podría
salir aunque cargara ~us máquinas casi hasta hacerlas estallar: el potente impulso de sus calderas á todo vapor, no lograrla siquiera resquebrajar la corteza de esa inmensa aglÓmcraci(m de nieve sólida y com.Pacta como piedra.
Los tripulantes so ~esignan entonces á vivir allí durante ,
el inyierno y se dedíc_au solamente ~ haeer sus preparativo's
encaminados á tal. fin; si les eR posible llegar á tierra, abandonan en su mayor parte el buque, y desde la isla ó continente ccrcao,os adonde se refugian, procuran enviar á. los
que se quedan en la na'l'e, alimentos y cuantos auxilios so
necesitan.
Se construyen al derredor del haroo fortificaciones que lo

¡

1

\~~

~~

SRITAS. 1 UJSA Y ANA QUEVE DO.
lllE (';U_\DALAJARA . )

.'-----••-----------------------------------------...1

defienden contra los emuates de los témpanos¡ se tiende SO·
bre él un cobertizo; se le envuelve casi con grandes cortinas
Sin recibir ningún auxilio ele! exterior ni tfrner comunicade lienzo que no dejan entrar ni una rúfoga de airo, y !JnCe•
rrados adentro los marineros, no 'Vuelven ú ver marchar la dón con nadie mú8 que ~llos, ~i muere uno, so le entierra,
y al venir el deshielo de~nparcce el currpo con algún pedaembarcación hasta cuatro ó cinco meses después.
Fácil es imaginar los sufrimientos y las privaciones n que zo do nieve, ó es recogido $i por fortuna q ucda flotando soaquellos desgraciados se Yen sujetos durante ese tiempo, ~¡ br&lt;1 el agua.
La acción del hielo con8erva porfectnmcnte los cadáquedan lejos de ti~rra.
veres,

OHU.lllG '(M \NCHURIA). -EL' BO'QO'E DB GUBltRA DB L()S B~T.I.DOS UNIDOS ·'PBTRBL,
llíVBRlf,U!DO BN LOS HIBLOS DBL MAR AMARILLO.

EN UN ALBUM.
El pensamiento qull yucia latente
en obseura celdilla del ccrol.Jro,
b11jo un rayo do luz pal pita y vuela
como otro rayo en el espacio inmenso.
Con las turgentes galaR del espíritu
se cubrfl y l!Pga majestuoso 111 cielo,
alli aspira el aliento de los dioses
y retorna al planeta en un aliento ..... .
,cómo habrá do rivir eu el vacío
el sul.Jlimado, el celestial 'Viajero!
¿rómo babrá de caber en esto mundo
el extraño, el enorme pensamiento! ..... .
Mariposa de luz. ¡qué eterna noehe!
¡qué solcdnd! ¡qué frío! ¡qué silencio
hnbrá en el fondo de tu inmen~a tamba
l!Pna del polvo de oro do los cielos! ....
])e unos ojos brotú la chispa ardiente
q ne le iofunclió la villa en un ensueño;
de un corazón el eon~agrado impulso
que lo hizo estrcmeeer y alzar el vuelo:
ú un Poplo de su ,·spíritn elevado
tuvo vida y calor mi pensamiento.
En las hojas fragantes de ~11 álbum
-capullo que conservan sus recuerdosmi pensamiento, reducido n un punto,
plega las alas como en un ensueño¡ ....
¡alguna vez lo mirarán sus ojos!
¡alguna rcz lo acercará á su petho!
MIGUBL D'LLOA.

E L OR..I~EN"" DE ~A::EIIEDDI~ENOVELA, POR PABLO DUMAS.
____ Aquella mañana, ,i la hora de la partida, el sol ruti laba como una pieza de oro nueva. 'Los pequeños caballos
enviados por el Caid de Aioun-Tifrit, esperaban en su sitio,
con las pupilas fatigadas, el cuello horizontal. El cl1ao11cll
fué colocado sobre el dorso de las viejas sillas árabes. y nos
embutimos como pudimos ent re la alta teja y el arzón, sobre aquelloa terribles asientos do madera. Mi amigo L uí~
M..... el juez de paz, realizaba un verdadero tipo colonial,
oon su larga barba rubia que se escapaba de su casco blancll
y ocultaba sus mejillas morenas. El intérprete Arón Serna •
ma es un judío enorme y tímido q ue se ha pro\'isto de grandes botas en forma de embudo. El intérprete del escribano
lleva su gran papel, colgado al cuello. Tras un chiste de
Garieu, el médico de colonización, siempre alegre, con una
nariz que no t iene fin, partimos los cinco al galope, precedidos de nuestro guía, un hombre del Caid, cuya ca.hezi. em•
paquctada soporta un sombrero piramülal. Al dar la 'l'Uel•
ta á l a colina, oímos un rumor de sables y dos gendarmes,
sobre dos grandes caballoa, se unen á nuestro escuadrón.
Las casas de l a ciudad, han desaparecido, y ahora, el B led
nos muestra su vast a extensifm de ciclo cruel cuyo azul parece visiblemente acentuarse.

El aduar parcial do los Oulecl-Khclifn, de la comunidad tic un ¡tri to de ~orprcsa, alzan de pronto el vuelo jóvenes perAioun-Tifrit, en que, la noche preoellcntc. el llamadll Bel. dices que luego se abaten. corren asustadas, desaparegacem ould Sliman ha sido muerto, está. situado á unos cío• cen. Caemo~ en una depresión del terreno, en medio de una
cuenta kilómetros hacia el Oeste. Con tal pensamiento. he- multi tud de gangas: ~stas, elévanso todas juntas ha(lia el
mos col&gt;rado ánimos. Se neecsita para caminar ml\cho, nadar cielo, con tan bella unidad ele vuelo, que su uandada comdespl\CiO. ¡El proverbio italiano parece con\'Cnir ií las éti- pacta, pirtcce arrn11cars1• del ~uelo como un ¡;ir&lt;Ín de epidercas cabaJgacluras que &lt;'Rpolenmos, y que, ~abe&lt;lio uion. han mis.
hecho ya el camino, á la carga, esa noche, r que :ios comlu•
'f oucmos sed, r hemos rnci11do yu, con la imprevisión de
ciJ'án mañana y que harán &lt;'U seguida, por cuarta vez, el in- niüoH ¡tlotones, llls odres preeio$amente llenados á la samenso trayeéto hacia sus áridos pcsel&gt;re~ ele rocas! ¡Soa ad- lida. ¡ H ,tc! . ... nos dice, dl'signando uu otero á diez kilómirables esas ncHioRas bestias. con $US vient res ~iemprc va- metros de- distancia, el guín nl cual preguntamos por una
cío~, su lengua siemprP se~a, et1's piernas siempre en mol'i- fUJ) utc. De un golpe. el Doctor Garieu ha cesado do bromiento! ....
mear, Semama se l.'njuga el sudor, n1i amigo Luís se de~eB•
.. . . Hace tres horas que recorremos aquel plauo y sigue pera al rc('uerclo de una cerveza helada que tomnmos una
siempre inmenso, s/cn1pro &lt;•l mismo. Los lentiscos se enros- noche, hace ya aiios, en cierta taberna do barrio. La
can, abundantes y ariscos, xoure su suelo gris. La ntmósf'c. lengua. se pega al paladar ,r con la pupila fija sobre la aridez
ra se hu vuelto tolla blanca. Avanzamo~ como en un ,-asto , del horizonte, hemos Yisto, durante una born, ese otero,
bornll. E l sol, sin -color, no está ni nclclunte, ni atrás, ni en- agrandarse, vol,•erse protuberancia, duspués colina.... .. . .
cima: su esplendor chorrea por todns partes. Do vez en c~an• Por fin estamos ya 'Vientre en tierra, todos con la nariz hundo, en los rastrojos, veo andrajos cneorvados sobre irrisorias dida en el hueco de la roca, donde se expande una linfa
mieses y hombres de aspecto nnt iguo que He yerguen, ligan• transparente. ¡Ah! ¡que l.Jueno es eso! Después de haber bedo, eon aspect~ noble, pequeños haC('S. De nn matorral, con bido el ugua pura, la bebemos mezclada coi~ ajenjo, despuéa,

�10

•

pura de nuevo. Nada produce un rego(lijo máR violento, que
la sorpreHa de esas fuentes ~alidas de las roca~, de esos manantiales imprevistos. en un horno semojantc, ofreciendo BU
glauco y apacible eltimento. Al elosceudcr la pendiente e~a
agua divinu, hace nacer laureleR-rosas.
'fales nrbusto.s. con la masa de sus flores envenenada~. dibuj1rn á lo lejos unn linea violácea y Rinuosn.. Descamaruo~
ahí, rendidos de t•sta primera etapa, mirando en la hcrmoHnro. del liquido. rcfl&lt;'j11TRC In~ narices do nuestraR bestia~,
para J,1" q ne ha llc¡!atlo el t.uruo do beber y que hnecn sil bar
aquel brebaje sobn•nntuml, cutre SUij labios. Llcgnn las
mujerl'~ y llcmrn sus odres vcllud&lt;,s ....
El bri~adier P,~ntclli os c¡uicn RO encar~n de lmcerno~ mon•
tar &lt;le nuevo ií cab,tllo. He ac¡uí que, unn vez pasado. ln colina, peuetr,Lmo, eutr&lt;l lucientes soto8 de nrbustos, al fondo
de uuo. gi\rl-(ant,~ e.&lt;trecha. En segtli&lt;la á uno. plimicie. donde los J.Uirtos embalsam,rn l'! ambiente. mezclados con ro!Jles
desmedrados. tJu pa~torcillo, sentado, con ~u matraca entre laR m:~110,, nos mirn "ºu ojo~ ft&lt;briles. Lcnt,tmente. pn·
ra gozar de la frnscura pérli&lt;ln ele su agua potlrid,1, ntrn.ve~amos el vado del Onetl Irn¡!. Es medio di11. F&lt;\ntc lli noR n~eguro. que tonomM aún camino para dos horas. lfo este mo•
mento ll¡,ga :í nosotros uu rumor. y p~rctbimos una ru11~u.
de RereP humanos que avanza entre los Rotos.
-'·¡.Ah! me clico 1'Íl'ndo Luís M .... , vas á ver!"
Son 1~ que se acercan, parientes del muerto Belgaceru oul&lt;l
Sliman, 1ms dos esposas, su madre, su~ trns hermanas, 8UR
cinco tía$, su~ diez primas y toda~ lo~ hembras de los IUluares omi~os. Dcstle Jo. mmiaila, c~o. horda mo.Ycha á nnestro
encuentro. .A.l vernos han levantado Rtts flacos bruzos, y sus
brazaletes &lt;le cuerno se han cleriliza&lt;lo hasta sus hombros, de
donde caen guiilnpos desco1oridos .... Lu. madre se ha colocado delante ele nuestros callftllo~; las otras nos preRontan
sus caras manchadas de humo ú de Raugrc que hacen brotar
con sus uñas; y nos circuyen eomo siniestra linnda&lt;la. Las
maR apartada~, la.nzau gritos agudos, a¡,&gt;'itáudo~e como epilépticas. Ilácennos el elogio del muerto: Helg11cem el ge•
neroso, el caballero, el hijo &lt;le la gro.u tienda, flor do juventud, orgullo de,los Ruyos! Luego claman venga.uzo.. ::in asesino es Mahieddine oul&lt;l El Ila&lt;lj Mahictldine, el propio hijo
del Cai\l de A1oun-Tifrit. iaca~o porc¡ue su p11rlre eH rico y
poderoso escapará al castigoT Ha matado él á Belgaccm como no lo haría nn chacal con nua o.vtlcilla, (1 un lobo con un
cordero. Lo hizo atar &lt;le piés y manos, Jo llevó á la barranca durante la no(•ho, prodigántlole iqsultos . . .. ¡Venganza!
El juez de Francia es padre de cUas, es bueno, se hace te•
mer. ,Por qué, pués, el o.se~ino no e~tá ya en sus ma.no~1
Fantelli y su gendarme se ven obligados á lil.Jertar á m1
amigo Luis, muy flemático, de aqpel asalto mujeril; las quejosas, rodeadas ,í él, besan su tr11je. El se cuntcnt11 con decirme:
-Conocí ,í Belgacem oul&lt;l Sliman. No es tan llorado por
esas arpías, sino porque era el bandido mtis dc~ver~ouz&gt;1do
y el más rabioso galanteador de hembras de toelo el país. Para vengarse del Cnid que lo perseguía, envanecia11e lle ser
el amante de sn nuera.. Mahic&lt;lcline debe haberlo despachado con una bala.
Pusiéronse laR mnjeres en marcha al frente de nosotros.
Algunas llevu.l.ian en Hus.lumos niños dormidos. Marchaban
con el torso encorvado por la miseria, cubiertas con mitro.R
llenas de arrugas, con los riñones y el vientre ceñido:s por
una enor¡nc y grotesca. faja do lo.na. Algunas, trenética11, se
detenían por instantes, nos miraban, pataleaba.u y seguían
su marcho.. Me ofreclan aquellas hemliras uu espectáculo
tan singular, que no ad vertí que nueRtros caballos se enfilaba.u 6. lo largo de uu ~endero y 8Ubían por el flanco de una
montaña que cerraba inopinadamente el v,llle como una muralla.
Con sus cuatro pezuñas'sin fierro, nuestras be~tias MC e.n·
ca.ramau á los bloques, trepan á. la roca como gato ií. un árbol, su!Jen metódicamente las escaleras naturales del.Jidas á
las caídns del agua en el invierno. Ascienden con el cuello
tendido y la ca.bezo. ligcr&lt;\mente bajo., á fuerzo. de piernas.
Y poco á poc·o, 6. nuestros piés, se o.larga el vasto pe.is, triste, uniforme, iumóv1I, ante esé azul imperturbable, y &lt;le
donde no se c&gt;xbala ni un canto de pájaro, ni un grito &lt;le lt1brador.
Nos hemos dccicli&lt;lo á almorzar sin &lt;lejnr la silla, y mordemos la ge.lleta ámlle, peRada. y dura; después acercamos IÍ
nuestros labios el odre de agua y &lt;lo café, que pnsn de mano
en mano y bebemos con avaricia eso. mezcla horrorosamente tibia.
Apodérase &lt;le nosotros cierta somuolencin. El hiunbr&lt;', el
perpetuo cocimiento bajo la bóveda calcinante &lt;lr!l infinito,
y esa sed furio8aque nos ha vuelto y que nadf\ cnlma, esta sed
que embrutece, y esa lentísima cabal¡mta, y e;,a incrustación
en la montura &lt;le 11:ltas tejas... Se experimenta, un s11fri11liP11to del cual participan el espíritu y el corazón. La mucrtl'
rigida de esos lugareR, lo. cxtensi6u desoladn, y 1lllií, lcju~,
e~a ola de malezas q11e so comuu la roca, causo.u honda tri8•
teza. Se tiene la visión tle un ,·andalismo seculaT que ha
arra~a&lt;lo esa tierra mn.lditn, royemlo los hrboleR, Rocau&lt;lo lus
flores, y se siente miedo de vi.ir alll siempre. El encanto
de un parque inglés, un saucedal l're~co, ó ,,¡ 11111rmu!lo ele
nucRtras palpittiuteR dutlades, pnsnn ante los ojos como suritos imposibles de cosas que ya no se voh·erán á ver j,lmás.
.... -,Quién tiene Rcdl-excln.mn unn voz nk¡m·. Harieu
se ha bajado de su caballo. En un Regunclo hnccmoR lo mi&gt;&lt;-.
mo, despiertos como por encanto. ¡Una fuente aún! .... pe-

EL MUNDO
ro al inclinarnos entre JoR juncos húmedos, ó soliro la tierra
negruzca que guardo. las huellas de Jo~ piés del chacal, un
olor fétido el del a.a-ua que so oculta, Ne nos sube á lo. cara
y, lanznn&lt;lo formidables juro.mento$, volvemos á montar
nuestros caballo~.
A pe8ar de hnbei: interrumpido un solo iu~tante nuestra
posturu m:perimuntamos un 1,iene~tar repentmo. '' Veamos,
exclRm,'1 u110 ,le nosotros, ieRtá aún mny lcjosl''. V!gésima
repeticíúu ele Jn mi,ma pregunta. qnc por h1 vigés11ua vez
Scmam&lt;' tracll\cll al hmn!Jrc apacible cuyo inmenso sombr1:·
ro nos prececle como In. estrella lle los ma.&gt;(os. Y _pm: lo. VI·
gésiml'I vez: "¡Hac! .... '' responde ese h,1mbre, md1cando
con la cabezo. una cima. -"Pero canast11~-cligo yo-habladnos en kilómetros.'' Y todos ríen.
Lufa me explica lo. profunda sabiduría de esos ho111brcs
que no tienen medido. ni para el espacio, y que todo lo rcmi ten ,í Dios.
Felizmente Fantelli ha hecho más de una ,cz el camino,
y nos tranquiliza. Veinte minutos más y lle¡1:o.remos. Como embriagarlos, dnmos algunos golpes en lo8 t13:r.cos &lt;le
nuestras cabalgaduras. con lar,gas corre~s. Qu~ bienestar
se $icnte galopando un poco. ~~os pequenos romnes son los
p,\jarns ele estas montairns ..._. .
. .
Doy gracias al cielo. Dcc1d1damento cRte sen~ el ultimo
·• Huc!'' del hombre del grun sombrero. Subre la cima. que
él nos muestra. creo ver un delgado cordón de puntos biancos. Son indí¡1;enas agrupadoa, que, apoRtados ahí, '·dardean" sobre nuestra collliLtva SU8 mi melas de Jobos. De pronto se presenta un caballo ante nosotro8, se deti~ne d?cil á la
rienda; desciende de él un ginete y se_ acerca: tiene crncuenta años y ofrece el espectáculo de Jo. tuerza. Viste un fino
albornoz de Jo.na, bajo su j11,iquc &lt;le Reda. En aquella hlanoura. la cruz de honor YéRe como nnn flor roja. Bajo su
cambouche clev11do que envuel,e con cien vueltas su cabeza,
muestra au grnvc fi~ouomfo, de donde cae una abundante
barba gri~
-Jevt, Dios os guarde, nos dice, estrechándonos fuertomeute la m&gt;1no.
-Y bieu, ~l Haclj-pregnntl\ el juez-iquts ha hecho tu
hijo Mahi~dclinef ¡tic hn ·vuelto locot
-Un lt1dr6n-rc~pon&lt;le el Caid-Re dirigla, e~ta noche, hacia su tieu&lt;l,i. Él lo ha muerto con un tiro de fusil. ¡Dios
lo ha queri&lt;lo! Y volviendo ó. montar su ca.bailo, añade:
-.Enc1ultmu. á mi hijo si es tu voluntad. El te espera. ¡Tú
eres el amo!
Oe todas partes, las mujeres, que, poco á poco se ho.bian
&lt;lisper•ado. turnaa, apretando de nuevo su círculo en nuestro rededor. .A. ellas, saliendo de las rocas, Rilenciosas,
con ojoa ,ini\istros. se han unido los hombres parientes del
muerto. T,1Jos vuelven su cara sombria alternativamente
ha.tia. d j u"z y hacia el Caid: espl'ran famélicamente la veng,mz11.
Semam11 llll' cuenta que los Ouled-Abderrhaman, progenitores del muerto, son l!Ccularmente los rivales y los enemigo~ de los Ouled-Khelifü y de la familia de los Mahieddine. :bise RSe~inoto originu.rá. la retirada del Ca1tl. Así 88
que en el fondo do su coritzón, tales hombres se regocijan
del sinieRtro acontecimiento. Su solo. vista me habla re-·
vellldo ya este aentimiento: de tal suerte se graba en sus
fi,onomins delgadas, por las que pasa un reflejo de alegría
s11lvaje.
.
Desde la cima á que hemos llegado, vemos abo.jo á los
Ouled Kalifa: un uduar mostrándo sobre la pendiente abrupta
y llena de guijarro~, encima de un valle rodeado de rocag rosadas con lacra~ itzules, sus diez grandes tiendas de gente acomodada pegada~ al suelo como murciélagos agazapados. A
nuestra ,ista, las formo.~ de mujer han desaparecido de las
aberturns do aquellas casa~ móviles y sólo avanzan hacia nosotros los perros amarillos, de pelo erizado, lanzando sus gritos de cachon·os de chacal, bajo la lluvia de piedrns que
nuestros guias IPs envian. Cuando la batahola se apacigua,
El Hadj tiendo los brazos hacia el valle:
-¡Ves aquella cruzf .A.hi es donde él ha ca.ido bnjo la balo.
de mi hijo.
Y upercibimos eu el paraje designado, á cincuenta metros
del aduar. un albornoz arrojado sobre unas estncas, y dos
hombres ele pié que lo cuidan.
Llegamo~ cu I.Jreve. La curiosidad de ver ese muerto,
ha hetho pre~:\ en mi; ya no siento ni hambre ni ~ed. Lo.
)l1ultitu&lt;l nos R1gue. dividida en áos bandas enemigas. Se
lei detieue á algunos pasos y todos se agitan, formando sobre la pendiente dos lineas inmóviles y aasiosas. Echamos
pié á. tierra. Du yert desenrolla su papelote, Garieu arregla
su estuche.
Se quitan las e~tacas y el albornoz. El hombre está ahí
tendido. El juez sonrie y dice al contemplarlo:
-!&lt;JI mi,mw canalla de Belgacem.
Un hombrn muy joven, de vdntidós años acaso, de fisouomhi imberbe, labios delgados en que apa_recc coagulada
un11 espuma fnuguinolenta. pómulos salientes que encuadran
una nnriz de extremado. finura y dos ojos c11sto.ños, muy claros ante la muerte. abiertos con seguridad hacia el sol. En
el sitio del vientre. aparece una ancha herida. El juez obsen-a que el traje del cadó.vcr es el propio dé los bandidos;
mny sencillo, sin nnda que pueba embarazar, ceñido con larga torrea que fncilita el escalamiento. Pero lo verdaderamente extrnorclinario, es qnc no hay ni uno. arma en las manos &lt;lo ~se ladrón, ni el cuehillo rústico pegado al cinto, ni
111 Pnorme pistola, ni aun siquiera. la inseparable matraco..
Fantelli y su 1-(~n&lt;lnrmc llegaron 6. lo. sazón, conduciendo
á un hombre quo Luís reconoce luego:
-¡Mahied&lt;liuc! ¡qué es lo que has hecho!
Es muy lu1llo. muy joven también, en su rostro llevo. nn
sello clr distinción de raza., y una gravedad fiern. Un albornoz do fantástico estilo, lo envuelve. A la pre¡tunto. del magistmrlo. rc~ponde, mirnmlo el cadáver sin ninguna emoción
aparente:
-Soy ,vo quien lo hn. matado.
Sil le alPja de abi y se le ponen esposa~; él se deja hacer
mirando la mauiobrn con una especie de Ronri~a.
-Comenzad, doctor, dice el juez.
~U tleR1mdar el cuerpo, Du"ert encuentra. un girón &lt;le seda amarilla. ER una banda de esas con que ]aR mujeres RO
C'U\'uclven In cabeza y In frente. En aquel instante, yo tengo loN c,jos sobre Mnhiecl&lt;line, de pie no lejo,.
El h:i visto .el moYimiento &lt;le Duvert, y yo juro.ría que ha.
palid~ciclo; &lt;kspl1és, he notado perfectamente que su tez recobrnba ~u color, cuiinclo Duvert arrojó al viento aquel guiüapo ~in importancia.

2 DE JUNIO DE

1895.

El cadáver muestra en la ingle izquierda una pequeña. abertura redonda, obstruida por un coágulo negro y rodeo.da. por
una línea ele pólvora.. Go.rieu vuel,e clel otro lado aquel conjunto rígido aiín, de mit;mbros frí_o~. musculfSOR, duros ~orno el bronce, del cual tienen el trntc sombno. La henda
no ha pasado: el proyPctil no ha salido. Entonces comienzan las inmundas pesquiso.~.
Gnrieu grita porque no bao puesto cerca ele ~l más que
nnn escudilla de agua ~ucia. N eces1ta otras llenas ... Gr~ñe
porque el sitio es bajo, y nos refiere cuanto más chvert1do
es verifiear esas operaciouPs en Montpellier, sobre las mesas ele mi\rmol, con la ayuda de piezas abunelanteR. De cuando en cuaoclo hace que Je enciendan su cigarrillo y que se lo
pongan en los labios, porque él, con las manos llenas de sangre, no sabe como hacer. Se entrega ,í. indc~criptibles investigaciones en las visceras. Cll desagradable olor de car•
ne destrozada se exhala; y ese cadáver abierto se ha vuelto
horrililc por el contraste de aquella rabia científica con la
sereniclad ele los ojos, de mirada impasible.
¡'l'ened!-gritó el doctor. Y niostro.lia en lo. diestro. un trozo do plomo que había descubierto en el pulmón derecho.
Hunde que hundo y seccionando ¡o:andes regiones con el
bísturi, encontró tres fragwentós más. Rápidamente dedujo e,tas ronclusione~: el tiro. que contenía cuatro fragmentos de plomo, fué diRparado easi á boca de jarro; lo. vfotima.
debió ~star tcnclida; el matador agazapado. Los proyectiles
rompieron el bazo y el pulmón derecho; la muerte sobrevino
por hemorragia y fué instantánea. Dicho esto. Garlen volvió á colocar en sns sitios los órganos nnnlizados. cubriólos
con la piel y se lo.Yó la~ mano~.
El interrogatorio á que se ~ujet'ó á. Mahieddine, fué del todo inútil; no quiso precfaar ni su edad ni la hora del acontecimiento, mostrando ese desprecio lltúvico propio de su
raza, hacial. lo. apreciación del tiempo.
"Era de noche-se conteufó con decir, y la luna estaba
opacada.'' Velaba. él en su tienda cuando vió acercarse un
hombre encorvado, un ladrón sin duda; los perros se lo.uzaroo, ladrando hacia. él. El hombre intentó, á lo que pa.r~cia,
coger una piedra.. Mahieddine hizo fuego, el hombre cayó.
Jllste relato breve, pareció extravagante; "no se mata á nn
hombre así. ... sin ~aber."
Mahiedcline responde: "Que Dios maldiga á los hombres
que rondan en lo. noche! No pueden ser más que ladrones;
he aquí por qué he matado á ese.''
So Je pide que designe el paraje en que Belgacem cayó:
-Pero-dice él tranquilameute,-ese perro ha caído en 111
paraje mismo en que Jo veis.
-¡Y tú, desde donde has hecho fuegoT
A diez pasos adelante de mi tienda.
Y condujo al magistrado á un punto, qne designó con pre•
cisión. El radáver se encontraba hacia a.bojo y íÍ. treinta metros &lt;le distancia.
-¡Sostenéis Tnestras conclusione~, doctor?
-Pardiez-responde Garlen, es claro que las sostengo.
Es evidente que Mahieddiue cuenta una fábula y oculta
el móvil y las cirrunstancias de su crimen. ¡Por qué ese
engaño si el hecho capital está. reconocidol
El juez insiste:
-,sabes tú lo que dice el médico, Mahieddine ¡Que el tiro
fué di~paro.do á boca de jarro y que Belgacem estaba. tendido á fo hora de recibir lo. 10uerte.
-Tú eres el amo, interrumpe Mahieddinc plegando amar·
gamente los labios. Pero Dios te convenc&gt;erá. de la verdad.
¡Se necesita tener un corazón impasible! Rápida.mente se
interroga á las gentes del aduar: Han oido todos un tiro;
M:ahieddinc los l1amo. y encuentran á Belgacem muerto, en
el pe.rajo ya indicado; no han visto otra cosa. Dios sólo so.be lo demás. ER aquella la complicidad del mutismo.
Se adivino. detrAs de esas frentes un Rerreto, el de Mahieddine, el glorioso y querido hijo de la tribu; pero hay obstinación y hay silencio.
·
Veamos ahora Jo que cuentan los Ouled-Abderrhaman.
Desfilah uno á, uno: et viejo padre de l11 víctima, sus hermanos, sus primos, todos con ojos secos en que brilla la ira y
el &lt;les~o do venganza. Si ha. de creérseles, Belgacem estaba
ayer en la grande Oouadda de Ain-el-Manaa, con el fin do
hacer las ple¡1:ariaR, y el Tháam. Mahicddine-¡Dios le confuoda!-se encontraba t&amp;m bién ahí, acompañado de sus partidarios y del guardia campestre de Aioun-Tifrit. Apenas
percibió al hijo querido de los Ouled-Abderrhama.n, mandó
que so apodera~eu do el: le ató ambas manos al arzón de la
silla y sus secuaces lo condujeron al paraje fatal, donde fué
muerto. ¡· He ahí una historio. bien extraordinaria! Y á pesar
de la uní ormidad con que es relatada, de la precisión y la
concordancia. de ciertos detalles, no entran en la convicción
del juez.
Se entablo. la instrucción. La madre na&lt;l11 sabe qne pueda
guiará Jo. ju.sticia; las mujeres de Belgacem dicen con voz
chillona, que lo ignoran todo, que no han visto salir á su
marido la noche precedente. Guardo.u ellas la sumisión com-pleto. de eRclavas babituaclas á la compliciidad y aseguran
que su esposo era bueno, que jamás andaba en aventuras.
Pero bien se ve que es aquella uno. lección aprendido. y la
máRjoven, una niño. de diez y seis aitos que concienzudamente ha maculado su clulce faz de detritus sin nombre, muestro. de vez en cuando los harapos que lleva y revelo. á las claras que no est,\ descontenta, porque cuenta con que un nuevo esposo tendrá más pudor para cubrirlo..
Entre tanto'que las operaciones continúan aHí, yo me he
tendido al lado de Garieu, sobre su tapiz. El dio. declina·
un soplo uhrasador del.sm, abate, enerrn, hiere, dejando e~
Joij poros una arena impalpable.
Ese paisaje no reposo. jamás, siempre devorado por una
latente malignidad.
El cielo ha conservado ~u desolador aspecto; y el sol desaparece casi xúbitamentc trns las montañas salvajes, ~in la
majestad rojiza de que se envuelve en nuestros campos húmedos. Experimento una vez más el horror secreto de aquella.
atmósfera de muerte. En nna sonnolencia de un momento.
Bel¡¡:acem se levanta ante mí, mostrándome su pecho abierto, &lt;le donde caen cuatro trozos de plomo. Abro los ojos.
Un rebailo iumenRo sube chll valle: p dmeramcnte los caballos; luego. cliseminado(l, los bueyes; los corderos en tropel
compncto y las c,abra~, siempn' deteniéndose rn l\lgún ma•
torra l.
El Cnitl El Hadj se ha aproximado á- nosotroR y con un
signo nos ha mostr~o su tienda y el ligero humo que se eleva á nn Indo. Ganeu que rabia de hamliro, manifiesta. su
satisfacción y yo lo sigo hasta la morada del Cald.

2 DE JUNIO DE

1895.

. Ala entrada se han tendHo cobertores, y esos muelles tapices de Marruecos, cuyos vivos tonos son la única alegría.
de aquelloR interiores rudimentariós. Lnis llega /\ gu turno
seguido de Duvert y de Semo.ma.
-&amp;Y bien,-le digo.
-Pardiez, querido, un crimen á.rabe-exclo.ma exa~pcro.&lt;l() y golpcáodo~e 1:\ fronte.-Uno de esoR crímenes claros
como el día y más tenebro~os que la noche, en c1ue la verdad aparece como un fantasma, sin que se puedo. asirla ni
materializarlo. por medio &lt;le pruebas. Eijto es paro. deReRperar al juez ínstructor. 'rodas las ~entes del a&lt;lnar conocen
perfectamente el hecho, y todas mienten; las unas dicen más
de lo que saben, l,1s otras menos, y ninguno. lo cierto.
-En resumen: Licues Jo eRencial. Ma.hieddinc ha confesado ....
-¡Ya! pero ino sabes que el homicidio tiene diversos grados, y quo puede 1nerecer desde la o.hsolución hasta. la pena
de muerte, según .,1 mó,·il y el agente del clelitof
Si realmente e~u muchacho ha. muerto á Belgacem con la
crueltla.d de que hablan sus enemigos ¡qué merece?
-La mu.arte, á fe mía.
-¡Y qué pena le o.plicaríaR tú á ese asesino, si supieras
que ha encontrado á Belgacem en su propio lecho, con su
propio. esposo. entre los brazos y Jo hn en l'iado e~a bala de
fusil hacia el vientref
-Pero creo que esto podrfa averiguarse flicilmente.
-Así te parece; mas la confesi(&gt;n nos ha llevado sólo hasta 1ne&lt;lio camino; noR resta mucho que hacer en la parte psicológico. del asunto. Y con esas boeas muda,¡;, esos ojos que
jaroás se humedecen, esos corazones sin expansión, esas al
mas antípodas de las nne~tras, hay para darse á todos los
diablos.
Tras un momento d¡; silencio, Luís añade:
- Y bien, yo creo que lo. vercln&lt;l está en nuestra tercera hi ·
pótesis.
-¡Un drama del adulterio!
-Si; cuestión de falda~.
-,Tienes la pruebaT
-No, ni lo. tendré jamás; eRo está en el aire, eso no puede fijarse.
Miré con extrañeza á mi amigo Luis.
-Tú no piensas en o.lgo-dije.-S1 realmente Mahieddine
mató á Belgacem porque era el amante de su mujer, esto seria la salvación para él, la absolución y los aplausos de todos. los maridos, y lo subirian ha~ta el cielo.
-Estás en un error. No ha~ profundizado aún la grande
fiereza de estos hombres. La muerte de u.n rival, sacio. probablemente sus deseos de venganza, pero ellos no nntren como nosotros, 111, absurda ilusión de que puede lavarse el ultraje he.cho á una familia. L3, herid.a. á, su orgullo ó á. sn..
o.mor, queda en el secreto.
Mientra~ hablábamos, el Caid el Hadj nos contempla no
lejos.
-Ven,-le dice de pronto el juez, levantándose,- ven y
aoompáñano~, Somo.ma.
En¼blase un coloquio entre ambos y_á uno. pregunta del
juez, e} Caicl,,irguicndo el cuerpo y alzando los ojos al cielo,
exclama:
-,-Aka1·bi! ¡Dios me es testigo de que no miento!
-Bien eRtá-dijo el Jnez-1&gt;ero esto se prolonga y hay
que traer á Mahieddine.
La conmoción del Caid es visible. Precipitadamente hace que se aparten todos los indígenas presentes. Ningi\n
musulmán oirá las preguntas que van á salir de los labios
de aquel Juez francéll. El Ca.Jd mira con mirada vaga á sn
hijo, en tanto que el Juez lo interpelo. dulcemente:
-Mahieddinc, yo no creo en las palabras de tus enemigos. Tú no eres un cobarde ni un asesino. La ley excusa
tu crimen, del cual conozco ya las circunstancias.
Semama. traduce estas palnbro.s y Mahieddine espera la
eonélúsión, sin comprender bien el sentido del preámbulo.
-.A lo que parece-prosigue el Juez-Bego.lcem ha penetrado en tu tienda, anoche... . . . ¡y se le esperaba!
Una ligera y fugaz ctmtraceión pasó por lo. fidonomía ele!
inculpado. Pero eete movimiento, del que en seguida fué
dueño, pudo marcar, así el asombro como la ansiedad. Parece sieml)re no &lt;'omprender. Interroga á los ojos del
Juez.
-En resumen-dice (Sste-oadie ignora que Belgacem
perseguía á tu esposa }J:eriem. Y Is noche indicada, habiéndolos encontrndo juntos, te has vengado. Esto era cnsi
nn derecho para ti.
-¡Por qué clase de perros tomas tú á los ha!Jitantes de
nuestras tiendasT--exclamo. por fin Mahieddine, con la frente plegada y los ojos relampngueautes ele furor. pero inmóvil. erguido, como si quisiera contenerse ele saltar.-Por la
justicia &lt;le Dios! (¡ií él me confío!) los pastores y los khammes, tales como 13elgacem ould Sliman. jamás han franqueado mi domicilio i;ino para recibir el salario ó el óbolo
que no se rehusa á.Jos mendigos! Pero nuestras mujeres
están á nµestro cuidarlo y su faz no ha. sido hecha para qne
los malditos la contemplen!
-¡Yo tendré la prueba d&lt;' que mienteR!-replica Luís.
que se anima.
Ordena que se aleje á Mnhieddinc. Lo. fisonomía del
Crud ha. dejado sus contraccione~ y mira con orgullo á su
hijo.
-Aho1·0, El Jla&lt;lj-cxclama el Juez-vas á hacer condu
cir aquí á tu nuera, Meriem bent Bachir.
De nuevo se estremece el Caid, y un estupor de indignación se pinta en sus facciones.
-Pero-objeta-¡qué importa el testimonio de una mujer1
El Juez insiste. J&lt;;I Hadj no se rcsi~na.
-Pertenecemos á nna gran familia y sería vergonzoso
conducir públicamente aquí á uno. de uneRtras mujeres.
iQué dirá.u nuestros enemigos que están presentes y que
procuran nuestro deshonorl
Lo. objeción quedo. desvanecida, porque Fantelli hace que
vuelvan á entrar todos los hombres presentes bajo las
tiendas, y que se. vigilen las entradas. Por lo demás, la
obscuridad es ~uficJCntcmeute protectora.
El Ca!Cl lentamente se aproxima tí. su tienda, y á travéR
del espesor de la teln, dice algunas palabras 6. meelia voz.
El teiUs se levnnta, una cabeza de negra aparece, abriendo
desmehurados ojos. El Ca1d le da una orden rápido. que lo.
hace desaparel'er como si súbitamente se hubiese desvanecido. Después, tri~temente. vuelve él lÍ nosotros y se sienta sin decir palabra.

EL l\lUNDO
Esperamos así má~ de uno. boro.. ¡.Qué ha pasado! ~Qué
emoción, qué e~panto ha podido arroj&lt;'r en ese interior misterioso la orden insólita del jefe ele la familiar Xo llega á
nuestros oídos ni un ¡1;rito, ni umt quejn, ni un estremecimJCnto. De pronto, el grueso tapiz clo lu. entrado. se leYanta y una forma hlan·lla aparece, vacila, avanzo.. Ya el Cnid
está cerca• ele ella, lit sostionc con una presión f'nerto. en ·
tanto que la negra ofrece su espalda como un apoyo. Meriem est11 ante el juez.
-Levanta tu velo-le dice Semama.
Vacila ella, y sólo sus pupilas negras l[UC agranda el koheul, aparecen al &lt;lescorrerso un pliegue &lt;lol lienzo.
-Más a.1ín-insiste Remama. El rostro que se presenta
entonces á nuestras miro.das bajo la luz tcm blorosa de las
bujías, es de una hermosura. ardiente y que vuelven casi
brutal el afeite &lt;le las mejillas, la larga línea que prolonga
las cejas y los dos pequeños tatuajes azules sobre las sienes.
La frente pálida es admirable bajo la sedo. amarilla del turbante. La nariz tiene la línea ideal. Lo. boca es un poema.
·de pasión sensual.
-¡Te llamas Merie111 bent Hachirf-pregunta el juez-y
eres la esposo. de Mahieddine ould El Iladj Mahieddinet
C?mo si el sonido de c~a lengua desconocida hubiese producido en ella una ronmoción súbita, Meriem se ha. cogido
de la veste de su sirviente negra, y, en ese movimiento, vemos Is palma de su larga mauo enrojecida por lo. pintura;
los pe~ados kholkhal ( anillos de oro) al rededor de eus muñecas; las muell~s bandas de seda que la envuelYen, clavadas de alfileres cincelados. Responde ella con un signo
afirmativo de cabeza.
-Mahieddine ha. matado á un hombre aquí mismo, anoche. ¡Lo ignoraijf
-:-Lo ignoraba-responde la joven cuyo o.liento so contiene;
lo 1guornbo. y tú me lo haceR ~aber. LaR acciones de mi marido no importan á su e$posa ni me do. él parte de ellas.
-En donde se encontraba. él esa nochef Y tú misma1
-Tocaba en turno á Mahieddin~ vigilar el aduar. Yo, yo,
dormía profundamente. El en toda lo. noche no me hizo notar sn presencia á mi lado. Nolo he vuelto á ver desde ayer.
Esto. mañana me hizo &lt;ll'jar nuestro. tienda y fuí conducida
á la de su padre.
-Ten cuidado! mientes y te pierdes. ¿Osaríns negar que
oiste un tiro de fusil esa nocheY
-Dormfa; nado. he oído.
-Ent!mces-murmnra ·Luís-hay que recurrirá. los grandes medios.
. Y 88:le.del aduar ordenando que se le 9iga. Yo he visto lo.
d1Tecc1ón que toma y me siento movido á piedad:
-V_as á poner á esa desgraciada en presencia del Qll,d.áverl
-le d~go acercándome á él.-Eso es inútil, eso es bárbaro.
-Bien puede ser, pero i,n todo caso, se trata de infomiaciónjudicial.
Ríe vagamente de mi emoción.
-Pero,-insisto,-has notado bien lo.fiera belleza de esa
mujer'/ Cómo puedes admitir que haya pensado siquiera en
un pastor andrajoso!
-Y viened tú de París!-exclo.mo. Luís encendiendo un ci,
garrill~-de París, donde Ja crónica. nos muestra plincesas
de rodillas ante su cocheroY Crees pues que el amor tiene
castas y que tolera uno. aristocracia! He aquí, pobre amigo,
un error que hay qae _desechar, cuando menos en país árabe.
El corazón de las mnJeres padece aqui á cau~a &lt;le su reclus~ón cstrcc_ha, de lo. inercia á lo. cual se las condena, del silen010 que se impone á sus de,·eos, de una compresión en fin que
lo &lt;le8ordena.
Asi _es _qne la sed de lo dcsc~nocido es imperiosa, ardiente
la cunoSJda~ _de lo qne no se tiene; en esas frágiles é infranq_ueahles pns1ones de lnnn, se exaltan las pasiones y la neces1dact de ser amado hasta lo. muerte. Cnalquiera que sea el
hombre, con tal que sea joven .v que tenga la audac·ia romancesca do ir 6.·toma.r ála mujer be.jo la pistola.del marido ....
esa mujer será suya!
-:-Vamos, venid, Duvert, Semama, y hoee&lt;l ya avanzar á
la Joven.
~\ poyada en el brazo de ~u negra, y perdida lo. faz &lt;le nucV!3 be.jo el velo, McrieJ:!l desciPnde la Pt:ndiente con pasos va.miau tes. Me he aproximado á ella, y 01¡1:o en su pecho el ruido de FU aliento y los precipitados latidos de su corazón. Los
gendarmes han dicho al Caid que se aleje.
Sobre el cadáver, habla sido arrojaclo un albornoz. Duvert le el ese ubre la cabeza.
-;Conoces á este hombreT-dice el Jnez, encendiendo un
cerillo cerea tlcl rnstro li,ido de Belgacem, deformado yo. v
cuyos ojos se han vidriado.
•
Un soplo brota &lt;le los lábios de Meriem y no se advierte
su respuesta negativa sino por el movimiento ele su frente.
Contempla fijamente al muerto. Sus facciones permanecen
inmóviles. Pei o yo oi¡1:o at\u, en el silencio de aquel lúgubre
momPnto, los sordos iatidos de sn pecho.
-MirAlo bien. sigue diciendo el juez.
Ese bomhreha muerto por tu causa. ¡Vamos! eonfié~alo, ero tu amante y ñ tu ladr, lo ha matado tu esposo .....
Pero rlln ~e yn¡me, y con firmeza, sin
que su ojos se cierren ante el horror ele
la visión, responcle:
-DioR me es testi¡ro: Yo no conocía. á
ese homhre. ¿Dónde podín bRberlo visto
jamásf :Xací en lo. tienda &lt;le Bachir ould
Abdel Hader, y las mnj~rcs de mi raza.
no van ni al bo~qne ni á lo. fuente. Cuando salimos al campo, se nos envuelve en
lar¡?os haiks.
Una ráfag1t quemante se eleva de pronto: un torbellino &lt;le arena nos eovnelve.
y al ras del suelo, veo correr, detenerse,
venir un Aoclrnjo de reflejos vivoB. En
tanto que cada uno a~eguro. su sombrero
en su cabeza y vueh'e la ospnldo. al ,·iento. In negra ha recogido negligentemente, aquel girón ele trapo.
-Mis bravos amigos-r11jo Luis. que ya
rabia. Para qué discurrimos establecernos aquí y dar ácstos salvojesjuecesfranceseR, con códigos de este Riglof .Yecesi-

I I'

tario.nws en este país las tenazas, las cuñas, el aceite birvien·
tt•, y el fuego! Yo le mearemos una palahro. á e~a mujer!
Doy al dinl.ilo mi clocueu&lt;'io.. Quo se entierre ese cuerpo
r nimos á dormir.
N'os rcmoutamos ha.cío. el n&lt;luar. Todo estaba. dispue3to
en el interior &lt;le lo. tienda, en el vasto y sombrío espacio reservado á. los hombres. Los tapices se tendieron en el suelo; se prepararon cojines &lt;le ,;oda. para nuestras cabezas.
Garieu roncaba yo.. y bien pronto oí elev,1rse el ritmo de las
respiraciones &lt;le todos. Y o no podía dormir. Mis miradas
recorrían aquel recinto ob~curo en que Re clil,ujabitn reflejos
pálidos que enviaba., por la entntda, una media luna que so
leYantabo. cu el ciclo. Soilaba aún en eso crimen de Mahieddinc, crimen inexplicado, acaso inexplicable, breve ejecución &lt;lo una rida humana, in$pirada ¡qtüén sabef por la
bnrbarie de ese medio ambiento, por ese furor sanguinario
que parece emanar de todas las cosas en aquellas soledades
c:aleiuadas. ¡Huho ·en efecto la intervención d,i una mujer'/
A un escucho sonar los golpes del corazón de Meriem, pero
;,significaba aca,o eso otra cosa que el terror del pobre pájnro sacado repentinamente de su jaulaf Y entretanto,
aquelln ~xtraña figura surje ante mi, con sus ojos enormemente agrandados por el af~ite, con su obscuro rostro de
óvalo perfecto, sn nariz ideal. Llégame del departamento
contiguo un aroma exqui,ito de gomas arábigas ...... ahí
está Meriem; por ella arden los pebetero~...... iQué vería
yo si levanto.se lentamente un ángulo del tapiz/ Invadido
por le. tentación. me levanto y recorro con la mirado. á mis
amigos dormidos¡ salgo lentamente fuera de la tiendá, me
encuentro al Ca.id seutado en tierra, inmúvil, velando por
los suyos, con el fnRil entre lad rodillas. Me dice algunas
palabras para indicarme sin duda el asombro que le causa
mi in~omnio; yo le tranquilizo con un ¡¡:esto y contemplo el
infinito, lívido, los vastos fulgores pálidos que la luna prende aquí y allá con intervalos do sombra. Di~tingo !l. Mahieddine dormido en medio del aduar entre loN dos gendarmes; uno de ellos vela. Me apro.ximo.
-,Duermet
,
-Ved-me re~ponde Fantelli, mostrándome á su prfaionero, que, con los brazos extendidos en eoanto lo permite su
cadena, está hundiJo tlO. el más tranquilo Slleño.
-El sueño de un valiente-observa Fo.ntelli, riendo bajo
su mostacho.
-¡Sí, cligo á mi Tez-de un hombre que no se reprocha
nada!
¡Poro Mariem, ¡que hace Mariemf ha encontrado ella también en su conciencia el secreto de noa selnajanf.e seguridad
de corazónf 6Duenne en ese momento con tan apacible calmaf Vuelvo á mi tienda, y, presa otro. vez lle una curiosidad
loca, mtl tielldo luego en el suelo á nivel de un intersticio
del tapiz. Lentamente, dulcemente, con miedo, sintiendo Ja.
vergüenza de mi acción, sepa.ro la tela con ambaa manos y
miR miradas violan aquel gineceo. No distingo al pronto en
la sombra, más que una forma obsonro., alargada¡ después
otra parecida y entre ellas. una claridad que cae de un ori~
fi.cio de la tela, alumbra un admirable grupo de niños desnudos. Son sin dudo., con las mujeres cfel Cáld, los últimos
retoños de esa raza indomable. En la otra. extremidad de la
tienda, súbitamente á un reflejo de sus inmensas arracadas
de plata, he reconocido á la ne~ra. Está sentado., y, con la
cabeza entre sus rodillas. Menem,-porque esa silueta grácil y sinuosa es la snya-Meriem, está re&lt;lostada, con los
brazos extendidos y las manos juntas. No tluerme. La siervo. me parece sacudido. por movimientos convulsivos. De
pronto, como presa de una crisis, hace ella el gesto de
arañarse la faz, y Meriom, separando lentamente sus n;ianos
una de la otro., lleva hasta sus labios un angosto girón de·
tela. ...•
Entonces pienso en aquel andrajo quo Belgacem llevaba.en su traje, arrojado al yiento en la maño.na. y reeogidv en.
la tarde .... ¡Era nn.gaJe ó una señal de &amp;lljcor, Jo comprendo! Luis tenlo. razón. Pero yo guardo silencio: El secreto en
que se basan el honor de un hombre y el dolor de uno. mujer
lo he robado, y no lo debo más que á ellos!. .............. :
f!e leido en !11\ carnet de viaje, estas notas, hoy por la
m&amp;nana, al rec1b1r de Luis una carta que me proporcionaba
el epílogo del drama. La corte de assisses do Orán ha condenado á Mahieddine á e.inco años de reclnRión. Se le ha
juzgado según sus confesiones. Ahora bien, esta tarde el
~zs-r de un negoci~, me llevó cerca del Palacio y me vin~ la
idea de entrar un mstante á Jo. Corte de Assisses. Había en
el banco &lt;le los acusados un tal Dauvigné, hombre de cuarenta años, de anchas espaldas y poblados mostachos. Su
ahogado pintó con terribles colores la infamia. de la mujer
ele! acusado, al amante de )a cual mató éste. Dauvigué fué
absuelto y el veredicto acogido con aplausos. Pero 111 excelso. figura ~e Mahieddine estaba. ante mis ojos, y me pareció
que Dnu v1gué ca recia ele grandeza.
París, 1895.

�2 DE
2 DE JUNIO DE

EL MUNDO

12

1895.

.Alaqueenebúru.,osmimbres Y sostenlos en el ~ira:
Mecerán dedos pequeños,
Ya que leve el sueno es!
Columpia cuando te cimbres, Con la gracia y el donarre
¡Muchos suenos, muchos suel!Os!
De abanico japonés.
MANUEL GUTIÉRREZ NÁJBRA.
Me dijo el poeta: "la niña que adoro
"merece una estrofa de alas de oro,
"un himno de amor;
"Mi novia está llena de gracia y donaire;
"es luz en el iris, cadenria en el aire,
"perfume en la flor."
La id~a es el mármol, pensé; mi paleta
no tiene colores; y dije al poeta:
"cincela por mí."
Que talle su pluma de oro bruñido
El mármol rebelde que yo no he podido
labrar para tí.
IGNACIO :M. LUOHIOHJ.
Cauto sonoro, himno risueño,
Rumor de una alba del mes de .Abril,
Perfume y versos, notas de un sueño,
Guardados queden Ini dulce dueño
En tu abanico blanco y sedeño
Que al aire se abre, leve y gentil!
MANUEL LARRA.li.AOA PORTIJOAL.
Cuando atravieses elegantes salas
No olvides ni un momento,
Que este abanico es una de las alas
Con que vuela hacia tf mi pensainicnto.
JOSÉ M. BUSTILLOS.
.Amor lo mandó severo
en estos pliegues cauLivo
quedó el ósculo más vivo
de tu amador más sincero.
Libra al gentil prisionero

Cuántas maldiciones
· Je van á caer

J
EN lJN ABANICO.
:- ..A,bundan fos poetas y aun jóvenes prosaicos que piden
para su álbum propio versos en que los elogien, así como
abundan las damas que piden á los bardos cantos á la hermosura. de ellas; pero solicitar un poeta versos para su novia, á literatos amigos, era una original idea reservada á
Manuel Larrañaga Portugal.
Digno complemento de tal proyecto, fué sustituir el álbum por un abanico, en el cual escribieron los vates amigos
del joven Larrañaga, las siguiente~ estrofas:
Página hermosa de blanca. seda.
Que tus secretos debe guardar,
Y donde tibio tu o.tiento queda,
Donde sus giros el aire enreda
Y como ala, que tal remeda
Se ve en tus manos mariposear.

•

La abro y callo¡ himnos mejores
En ella deje la inspiración;
Su noble e,strofa los trovadores,
Su cadencioso verso de amores
Y con sus nuevas, fragantes flores
El ·ritmo dulce de ss. canción.
MANUBL LARRAÑAOA POII.TUOAL.
No te conozco, mas me imagino
cuanto en tuR gracias hay de divino,
por las estrofas de tus cantores;
sólo á la rosa, gala del prado.
con ritmo dulce y enamorado
sus trovas cantan los ruiseñores.
Tú del poeta la dulce amiga,
tú á la que cantan los trovadores,
Dios te bendiga!

•

ENR!QUB DB OLA VARRIA Y FBRRARI.
Si los suspiros son aire
y al aire van,
en tomo de tu persona
¡cuánto y cuánto suspirar!

¡Suspiros hondos y tristes
aquí se podrán juntar,
los que brotan de tu pecho
y los que á él van á dar.
MANUEL J. ÜTHON.

ele esclavitncl tau oclio.ia ....
Abran tus dedos ¡Oh hermosa!
de su prisión las .arillas
y volará ,\. tus mejillas
hechas de nieve y de rosa!
FKRNANGRANA.

á tu po brc abanico si et rostro
escondes trás él!
V ALL!l INCLA.N.

Vele siempre tu abanico,
Celaje de seda blanco,
De la dicha los fulgores
En tus ojos que son astros

Y que el cielo no permita
Que agitándose en tu mano,
Evapore con sus soplos
U na. gota de tu llanto.
RAFABL DE A.LBA.

EL MUNDO AL DIA.
En busca de rocinante.

Irviug, el gran actor inglés, es un11, especie de Mochila, el
Es la niña muy hermosa,
¡Para qué quiere la niña
subteniente de Los Sobrinos del Capitán Grant.
y revela en su mirada
risueña y enamorada,
Quiere que las cosas se hagan de veras.
que tiene noches azules
contemplar una penumbra
.Ahora está Irving preparando el estreno del Don Quijote
llenas de visiones blancas.
entre las cadeocio.s diáfauasT
ó Don Quichotte, hidalgo manchego traducido al francés por
Sobre la hebra de seda
6Para qué quiere el poeta
Sardou y pasado por agua, no se sabe por quien, para que
fulgura la estrofa áurea,
que la :virgen que idolatra
sea representado en Londres.
como esplende sobre el nh-eo piense en las noches sombrías
Y como las cosas han de hacerse de veras, suda Irving
celaje, la estrella pálida!
que llevo dentro del ahnaT
buscando .... un Rocinante lo más auténtico que sea poLUIS DEL TORO.
sible.
Ya lo tenía, pero se lo han echado á perder y necesita
que tengas por abanico
Hacen tu abanico, rico
· otro.
un
ramillete
de
flores.
del ingenio los primores,
Desde que Irving pensó en Racar 6. escena al buen Alonso
y en tu beldad justifico
Quijano, andaba preocupado con eso de Rocinante.
CARLOS G. .AMÉZAGA. (Peruano.)
Lo que menos le importa á él es que Sardou ha.ya hecho
de Do,i Quijote un Don Jigote que no hay paladar que le
aguante; la cuestión es encontrar un ex-1·ocin ó rocin antes
He visto por la tarde en la arboleda
para que la verdad histórica no padezca.
un ala nívea que las ramas toca
Sin e~te detalle no puede hacerse nada de provecho.
y bajo el alo un nido que remeda
Y eso prueba con cuanta "propiedad" se ponen las obras
poma de o.r o y que al amor provoca.
en London.
Tu abanico es también ala de seda
Ya estaba desesperado ol gran actor de no encontrar lo
que ocultará otro nido: el de tu boca!
que deseaba, cuando ¡zás! un dia tropezó en la «alle con el
AMADO NERVO
animal que había soñado.
Iba tirando de un carro ( el animal), y después de convenSoy un juguete que la faz orea
cer Irving al carretero y de cerra.r el trato, llevóse la alhaja.
Pero daré al amor celo y enojos
Fué un hallazgo.
Cuando en tus manos de marfil me vea
El éxito do la obra estaba asegurado; Irving respoade de
Tocar tus labios y esconder tus ojos.
eso con su caballo.
M. M. FLORl!B.
Pero ¡ay! llegó el día de los ensayos.
Marohóse por el protagonista, y cuando éste llegó, vió deCuando agita nerviosa tu mano
solado el gran artor, que le habían echado á perder Ru ..... .
· Mis varillas ligeras y blancaR
ide11l.
Que se abren y cierran besando
¡Qué había sucedidof
Dulcemente tus dedos de nácar,
Que á Rocinante le cuidaron con esmero, le echaron pienDe colores, y notas, y versos
so abundante, y naturalmente, el hombre, digo, el artista
Yo le mando 6. tu frente oleadas
soñado, perdió su sabo1· local y convirtióse en un animal coQue acarician con tibia freReura
mo otro cualquiera, ordinario y burgués.
Tus mejillas de rosa temprana
Irviug montó .... en cólera y Re desató en improperios
Y resbalan en trémulas ondas
contra sus criadoR.
.A tu tersa y virgfnea garganta.
Estos infelices, que no estaban en el secreto, habían heCuando baña tu aliento mi encaje
cho engordar á Rocinante por equivocación.
Y me irisa de luz tu miraela,
Y aquí tienen ustedes por qué el estreno de Don QuiclwttB
Estas notas que guardo en mi tela,
en Londres se ha retraRado.
En murmullo de amor se desgranan .
Si es posible, se tratará de l"C.Stablccct al animal ya conSoy, cerrado, de dulces recuerdos
tratado para tan importantiRimo papel¡ es decir, se tratará
Relicario precioso que aguarda
de restablecerle á su antiguo estado metafísico 6 sea al estaEl instante de abrirse en tu mano
do en que se hallaba cuando no comiii.
Para darle expansión {I tu alma.
Como el auténtico.
Soy el fiel mensajero del novio
-Metafísico estáiR
Que te dice al oido:
-E11 que 110 como.
-Te ama!
Entretanto, si alguien sabe de algún Rocinante del natuBALBINO DÁVALOS.
ral, puede remitirlo al señor Irving para ver si consigue salir pronto del eRtreno.

•

EL MUNDO

Jumo DE 1895.
La táctica de David.

.Ahora resulta que David no fu(I sólo un gran arpiRta, sino
también un guerrero, comparable por su~ conocimientos
tácticos al mismísimo Napoleón el Grande.
El arqueólogo francés Mr. Dieulafoy lo anuncia así á la
.Academia de inscripciones.
Este señor arqueólogo ha estaclo rrcientcmente en Judea
y hecho un minucioso examen de la topografía de los Santos
Lugares, tratando de reconstituir, con la Biblia á la ,ista,
las campañas de David contra los filisteos.
Hasta ahora Stl creía que los hebreos habían siclo solamente guerrilleros arrojaclos y valientes; pero, según Dieulafoy.
hacían verdaderos prodigios estratégico~ y tácticos, dignos
de la gran causa que defendían.
Como ejemplo cita el arqueólogo susodicho una maniobra
ele David que presenta evidentes analogías cou, alguna de
las empleadas en la batalla de Austerlitz.
Antes de que David ocupase el trono, no tenían los israelitas verdadero ejército, sino una especie de milicia n acional, no permanente, de pésima organización.
David form6 el l'jército israelitll. con RoldadoR ,eteranos y
endurecidos por las fatiga.q ele la gnerra y estrechamente
disciplinado. El mismo rey tomó el mando supremo, y antila superioridad numérica de loR filisteo~, que hablan iu,adido la Judea y se cliri~ían sobre Jerusalem, se batió en retirnda, abandonando la ciudad santa y refugiándose en la
montaña.
El enemigo, en tanto, acampó bajo los muros ele Jermalero tomando temibles posiciones.
Los fili~teos dispusieron dos líneas ele ataque de la miRma.
manera que más tardo lo hicieron Tito y Godofredo de. Boui ·
llon.
David se dispuso 6. tomar la ofemiva y desalojar á sus
enemigos, por medio de un movimiento táctico digno de los
más grandes capitanes.
Hé aquí cómo Mr. Dieulafoy, con el plano de Jerusalem
y de sus alrededores á ta vista, explica la batalla y la 'l'ictoria de David.
-De los cuatro caminos que conducían fl Jernsalem, tres
estaban ocupados por los filisteos, y los atrinchernmientós
principales se le.autabau sobre la planici e de Refaim, frente á Jerusalem, y cerraban el camino de Filistea.
David, después de haber desalojado en pequeñas e~caramuzas al enemigo del Norte de la ciudad santa intentó en
un combate decisivo un atrevido golpe de mano.
Mientras una parte de sus tropas atacaba el frente de los
atrincheramientos, el ala izquierda, después de una marcha
de flanco y un cambio de frente repentino, rodeaba el ala
d&lt;&gt;recha de los filisteos y la atacaba ií retaguardia.
Este movimiento envolvente complicaclo y audaz es de
todo punto extraordinario, dada la época en que se ejecutó.
Los filisteos, sorprendidos por la maniobra, con la retirada cortada y diezmados por las cargas del enemigo entusiasmado, fueron vencidos y obligados á concertar una paz desa~trosa..
Dos ó tres años después, David invadió su territorio, siempre triunfante y los sometió definitivamente obligándoles á
pagar un tributo anual.
La maniobra, induclablemente inventada por David en la
\Jata.lla de Refa.im, tiene gran semejanza con la intentada
por rusos y austriacos en .Austerlitz y las ejecutadas por Federico de Prusia en Mollwitz y en Rosbaoh.

sombrilla de seda amarilla, porque cobij6.ndose bajo su sombra no pueden ocurrir sino 11contecimientos felices.
¡Ah! Si yo hubiera abierto el quitasol-parece que dijo
Trau-en el momento de tomar aquellos cuartos, nadie lo
hubiera visto. Pero imaginé que era mejor t ener las dos manos disponibles y olvidé 1nis santas creencias; birn empleado me está lo acaecido.
·
Desde hoy jamás abandonaré mi sombrilla. Tiene muy
buena sombra.
Por lo pronto Trau se pasará treinta clías !l la sombra.

El Club de los Exminlstros.
Existe ya el club de los i,uioidas.
Y el de las viudas.
Y el ele los cojos, mancos, ciegos y toda clase de "defectuosos."
Pero el deseo de sooia.bilida&lt;l inspirado en !ll "espíritu de
clase" es inacabable.
En Berlín Re trata de formar nn nuevo club tan original
como el que miis.
Los periódicos alemanes anunci11u que en Jirel"e Re inaugurar!\ el "club ele los exministrM."
Dicho club no admitirá entre loR socios más que 6. aquellos aefiores que hayan formado parte ele gabinetes alemanes ó pruRianos desde 1871 hasta 111 fecha.
El número de estos sefiores. según los miRmos periúdicos,
asciende en la actualidad 6. 48, y la mayor parte ele ellos babitn en la capital del imperio.
i Qué eR lo que se proponen estos cxministroR al fundar un
olnb espacia.JT
No lo hau dicho.
Pero es seguro que los exministro~ perRiguen únicamente
un ideal.
El de quitarse el ex.

ij
tuto Pastcur, que es, como se sabe, el centro general de todos los microbios .
Yo no echo la cosa á broma, aunque lo parezca.
Pero que conste que el decano de los médicos de Francia
-como ya tun• el honor de hacer ~aber á los lectores de
EL Mu1mo haca pocos dlas-es opuesto /J. todo Jo que
sea razón en eso de los microbios. ¡El decano no cree en 1
eso~ bichos!
En cambio otros médicos, franceses también, no conciben
nada sin que hHya microbios do por medio.
Yo-como profano-me a tendré á los hechos.
Pero pidiendo 6. Dios que me libre de una bronca .... pneumonía ó de otra claRe.
A un que el suero ese nuevo resulte.

CAMINO DE FIERRO

NACIONAL MEXICANO
PREGUNTAS CO NT EST ADAS:
-¡Cul\l PR 11\ diRtnnria entre Milxiro y New-Yorkf
-2,844 millaR por la VIA DR LARRno.
-¡Es ~Rta la linea mnR cortaT
-Indudablemente: máR de 380 milla.q mJ\f rotta que ninguna otra.
-,¡Qué tiempo Ro be.ce entre Mtlxico y New-York, Vu
LARBDOf

4 Dl~S 20 HOR~S .

Carne de caballo.

Para tranquilidad de los escrupulo~os, vamos 6. recoger ~e ,enden boletos eRpeoialeR de excnrRi(m ele Méxiuna curiosa estadística de la carne de caballo que se consuco á Morelia y rC'l!]"eBo, 1~ olaae, .... . •........... $ J/í !i()
me en París. La noticia no puede sor ele más oportunidad De México fl Pátzouaro y regreRo, 1~ clase. . ....... 18 00
ahora. que tenemos carne abundante de .... los caballos de Do México á San LuiR Potosi y regr&lt;'Po, 1~ claRe. .. 24 00
los toros.
Para. toda.a la.a contestaciones á otras pregunLa primera carnicería de caballo se abrió en París en .Ju. ta.a, · dirigirse á
lío de 1866 y se vendieron hasta fin de año 902. Al año siC. P. B.J RRBT,
guiente la venta se elevó hasta 2.061).
A.~ento de Boletos, b11joR &lt;lel Hotel 8an CarloR, callu del
· Hubo allí como aquí gran repugnancia á la carne de caballo
Coliseo.
dura é indigestu, y sólo la utilizaba la gente pobre, pero las
B . W. THACHER.
necesidades sentidas dúraote la guerra acabaron con todos
A~Ern te C'n&gt;neral ile P11R11jerM.
los escrúpulos, como lo demuestra el hecho de .haberse coE. N. BROWN,
mido en París desde los tres primeros meses del 70 á los tres
primeros meses del 71 nada menos que 64.362 caballos.
SnpNintemlente General.
En Jos años siguientes baj6 algo el consumo, pero las ci-M~XICOfras indican que volvió ó. subir.
En 1872 se comieron 5.034, en 1878 10.800, y el afio 93 cerró con 21.27í.
Para mucha gente es la.carne de caballo ta preferida. Vease una minuta de la comida de un restaurant parisién:
Potaje de carne de caballo.
ES UNA CASA DE ESTILO MODERNO.
Salchichón de caballo.
Caballo á la moda.
WVende novedades. Fábrica de perfumea.
Lengua de caballo á la parrilla.
Patatas fritas con grasa de ea bailo.
PUENTE SAN FRANCISCO 6.-MÉXICO.
.Asado de caballo.
Es de suponer que el dueño del restaurant, al llegar á la
Sotura. &amp; Scott.
La buena sombra.
mitad de la comida, trabará á los comensales para que no
Estábamo~ en que esto de la mala ó baona. sombra era una salgan trotando.
superstición andaluza, y resulta que entre los amnamitas se
cree firmemente que la suerte anda sujeta {I una ú otra som¡Otro descubrimiento!
bra.
La verdad es que vivimos en unos tiempos en que no se
En otro lugar publicamos una lista de
Un teniente de la marina francesa, Mr. Gommery, al re- pasan veinticuatro horas sin que se invente algo.
gresar de la campaña del Tonkín, trajo consigo á un amnay los inventos para curarlo todo abundan que CA un deudores morosos, á la que agregamos
Inita llamado Trau vau H audit N asu, lo cual ya es llamarse gusto.
hoy los siguientes:
algo.
Apenas se comprende que se .; iga 1mo 111urienclo como en
Eustaquio Cásares.
Resultó que el jo.en Trau (nos a.horraremos el resto del los tiempos en que no se inventaba nada.
apellido,) luego de mostrarse muy agradecido á Mr. GomLa su1wología estií. ahora en su apogeo.
Miguel Flores.
. mery por sus atenciones y por su hospitalidad, intentó robar
Se acaba de inventar una nueva aplicación del tratmniento
Francisco Leal.
á éste algunos Iniles ele francos, y fué Porprenclido con las por el suero y ya se emplea en los hospitales de París, por
To
más N úñez.
manos en la soberana masa.
supuesto con éxito, á creer en la palabra honrada de los peRamón Balmori.
El tribunal de Troyes, encargado de juzgar al aventiijado riódicos .... franceses.
amnamita, le condenó á uu mes de prisión.
De lo que se trata esta t'ez-dico L e Figaro-es del suero
Labor de Commese.
Parece que )a pem1 fué tan leve porque Trau demostró que que cura la erisipela, la fiebre puerperal y las bronco-pneuFrancisco Avila.
on su tierra el cogerle á uu amigo los dineros carece de im- monías infecciosas. ¡Una bicoca!
Isidro Mendiola. San Diego de la Unión.
portancia y se hace por lo g!ttler~I para evitar las molestias
Estas bro_nco-~neum?nías infecciosas tienen, como es nade solicitar un préstamo.
tura!, su m1crob10 particular: el -~trcptococo.
Ricardo
Rodríg•uez. Mazapil.
Cuando los gendarmes condujeron á Trau á la cárcel. pi- \ ~l suero prepa~ado ad lwc e~, claro es~á, a11ti-streptoc~Isaac
Espino.
Mazapil.
dió que le .dejaran llevar su sombrilla. una enorme y luJosa q1iico, y sus propiedades hnn sido descubiertas en el Iust1-

" llA CAPITAll''

LOS QUE NO PAGAN.

J.

UNA CONSTITUCION "DE FIERRO."

.'

~: '?--:::-··

...-__ ,.,. -._.r; ·.·.-Bulldoc.-Me parece que tiene usted el hocico muy alzado.

¡lm]!aSible! ... .•.. . ....

�EL MUN D O

14

Al Puerto de Veracruz.
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2 DE JUNIO DE

1895.

VALE 20 CENTAVOS EL
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tencia de precio en nuestro mercado.
Por lo demás el piano du ltosenkranz es
-DEperfecto, y sólido. Su duración no es men(!r
quo la do los pianos de las fó.bricaR más reROSENK.RANZ.
nomliradn~.
Muy raro es que sea l.iarato un instrumen-1 El gran número de instrumentoR de 1~ fáto de música grande, fino y de acaba?ª cons- brica de ltosenkrnnz que han sido 'fendidos
trucción, tanto por los l.iucnos materiales co- 1 en México, sin que jamás los marchantes ha, mo por la perfecta_ estructur~ de todas tiUS yan tenido que quejarde, con~tituye u~a exparteR. Por eijtas ~1rcunstano10is ~crecen ha- celente_pruel.ia de que estois ~1~noa satisfacen
cerse notar especialmente los pianos de la al púlihco y prestan ~u serv1010 de un modo
gran fábri&lt;&gt;a de Ro$enkranz que existe en irreprochable.
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DON QUJJOTB RRCIT.\NDO VN.\ CARTA.\ Dlll,Gl/i}:,\, MIRJ,TR.\ H SA:-&lt;Cl!O PANZA LB ABROCHA SU ARM.Hlt'RA.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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