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EL MUNDO.

JULIO

21, 1895.
JULIO

21, 1895.

ELl\fUNDO.

PAGINAJUAREZ.

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JUAREZ.

Dócil tan sólo al maternal carifio
¡cmí.ntas vece&amp; de niño
oí narrar tus ínclitas hazañas,
y al Yislumbrar tu olímpica grandeza,
con infantil nobleza
de gozo palpitaron mis entrañas!
De los que ensalza el mundo pregonero
tu nombre fué el primero
que amú mi pecho y pronunció mi labio,
porque lo hizo llegar la fama sóla
á mí, con la aureola
del héroe, del apóstol y del sabio.
Cuando supe que en medio la tormenta
la bandera sangrienta
de la patria tu mano sost-enfa,
te ví como la roca de granito
que se alza al infinito
y el vendaYal y el rayo desafía.
Cuando supe que en lucha gigantea,
al grito de )fedea,
tu fe im·encible á )léxico salvaba,
te contemplé como al guerrr.ro aquivo
que, indómito y altivo,
Sólo luz á los dioses demandaba.
Cuando supe que un pueblo redimido
te llamó agradecido
Guillermo Tell, Bolívar soberano,
creí que eras de A.náhuac el :Mesías,
que Pedraza y Farías
anunciaran al pueblo mexicano.
¡Ah cuanto te admiré! Cn{tl desde entonces
en mármoles y bronces
anhelé que tu nombie se esculpiera!
y cómó desde entonces tu memoria,
que alumbra ya la gloria,
arde en mi pecho en perennal hoguera!
¡C6mo de entonces en mi seno, Juárez,
tú fuiste de mis lares!
~Ie:xic:.mo te anié¡ niño te daba
cuanto de noble el corazón encierra,
cuanto te dió la tierra
que en reina transformaste siendo esclava.

*••
Yo sé que del pasado en los anales
fulguran inmortales
estrellas mil de eternos resplandores;
yo sé que la memoria guarda el mundo
con cariño prnfundo
de todos sus ai.igm;tos redentores.
En su voraz carrera el tiempo en vano
derriba soberanÓ
del hombre los soberbios monumentos:

cuando su !:l'Oplo de huraCiln azota,
la obra del genio flota
imbre la haz de los mares y los vientos.
Yo de la hif•toria en el ¡,:,agrado t-emplo
he YÍf-tO como ejemplo
1í. las gt.&gt;neniciones venideras,
de apóstoles y mártirer, el nombre.
que por i::akar al hombre
despreciaron erg&amp;,tulas y hogueras;
pero no YÍ jamás C'n ese cielo,
en mi ardoroso anhelo,
grandeza comparable 1.í. tu grandeza;
no contemplé jam,ís en ei;os soles
los limpios arreboles
de gloria que circundan tu ca.beza.
De Crom we 11 la terrífica n~nganza
qm;\ poderoso, afianza
las libertades santas de Inglaterra¡
del de Orange la. bandera bendecida,
ele inicuos combatida,
que hace de libres la holandesa tierra;
de Dant-ón la p:llabra que arrebata,
y )Iirabeau que trata
de amalgamar la libertad al trono¡
de Robespierre la bárbara grandeza,
de Yergniaud la nobleza,
del .-!migo dd Poi:bfo el fiero encono.....
no exaltaron jamás mi fantasía
cual ttl, .Juárez, un día
en que, IÍ. t.u s:llo nombre soberano,
de tu santo recuerdo al dulce arrullo.
se estremeció de orgullo
mi tierno corazón de mexicano.

•

Era una tarde triste y desmayada,
con pena no callada
se escuchaba la nueva de tu muerte;
en mi lejano pueblo se gemía,
yo tan solo sentía
la inmensa desventura de no verte.
El ronco bronce dCflgarraba el viento,
de la Ptüria el lamento
todos los ojos anublaba en llanto ....
con alma acongojada, casi yerta,
ante esa tumba abierta
yo deshojé la flor de mi quebranto.
Esa flor otra yez ... ! Tú eres el mismo¡
tu fe 1 tu patriotismo
llenan de luz la mexicana hi~toria;
en va.no el odio v el rencor v el dolo
se alzan ::Úí.. .... tu eÓlo
centinela serás de nuestra gloria.
18 de Julio de 1805.

Q'.:ontra,tc,.
I.
La calma!... tan solo es buena
Para-el debil que la ama:
l\Ie gusta el mar, cuando bmma
Y la nube, errando truena!
La corriente, cuando llena
De espuma, se lanza al plan,
El monte, cuando en volean
Convertido, centellea,
Y se extremece y humea
Cual la fragua de un tiMn.
Por es.01 cuando en la brega
:\Ii espíritu se debate,
Cuanto in.is dura el combate
Mi vigor m1IB se despliega.
Jamás el cansancio llega,
J am,ís el temor anida
En mi pecho, siempre erguida
Verán los cielos mi frente:
Soy la encina, eternamente
Por el myo combatida!

II.
La lucha!. ........ Tan sólo ea[)Uena
Para el fuerte que la ame:
~
l\Ie gusta el mar, cuando lame,
Querellándose, ·la arena!
La nube, cuando serena,
Semeja crespón muy leve,
El río, cuando se mueve
Entre céspedes y ca11as
Y las inmensas montañas,
Si se coronan de nieve!
Anhelo, más que la palma
Del triunfo, la dulce gloria
De amar, más que la victoria,
Me place la paz del alma.
Titán, batalla sin calma:
Si tu espíritu es encina
Que el rayo nunca domina,
Mi alma ea fuente, que, sin celos,
Copia el azul de los cielos
En su ext-ensi6n cristalina.
.A.:\rAno N ERVO.
La fuerza d€ Juárez estaba en la conciencia. El hom~
breque repetía El respeto al derecho ageno es la paz debía
ser, como fué, el ~an mantenedor de la democracia· es
decir, de la justicia.
'
Ignacio Mariscal.

La honradez de Juó.rez y su fidelidad al deber mereoen perpétua memoria para glorio. de su nombre 'y ejemplo de buenos mexicanos.
S. Lerdo de Tejada.

Coxsn.. xcrn

PE~,\ InL-\QUEZ.

La fe es fuerza generadora de lo grande: ella anima :t
Colón y descubre un mundo; ella alientaá.Juárez v salv1\.
la democracia.
~
Luis Mler y Terán.

)f

~

-·.

&lt;~,

,;µ,

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JULIO

EL.MUNDO.

21, 1895.

Juuo 21, 1895.

EL MUNDO.

13

18 DE JULIO D~: 1895.

PERUCHO, NIETO DE PERIQUILLO.
POR UN DEVOTO DEL PENSADOR ME.XICA...NO.-Ilustraclones de IZA.GUIRRE.
TIESFILE DE LA COMITIY.\ 11.\CIA EL P.\NTF.ON DE S.\N FERNANDO, (TO)L\DO DEL N.\TGRAL POR D. LEA1''T&gt;RO IZAGUIRRE) .

J;;a viztuJ cazactezÍJtica de Juáze3, fué La conJtancia, conJtancia hezÓica c¡ue no eza peztinaz obóecación, óuw eL teóultado de una fé que parecía inJpizada, JienJo en zeaLidad meditada
pzevidiÓn deL éxito, y pzofundo Jenti1niento deL debe,-.
Q:) ,f; .
e?\,
c/::,O'l¡ lZW dJiaz

(CONTI:-.UACION)

Bonifacia era la verdade.ra ama de la casa~ ella disponía todo y en ella confiaba ciegamente mi padre.La pobre vieja era de caracter débil y supersticioso 1
muy ignorante y muy terca1 pues cuando decía á lo
negro blanco1 nadie era capaz de convencerla.
Más de diez nodrizas me alimentaron; y la última,
robusta y hermosa 1 fué la.que me crió por más de un
afio. Esta fué la que cuando mi padre estaba ausente
se salla llevándome en brazos á la tienda de la esquina ó á la pulquería mfts cercana, y alli se embriagaba
con los hombres de la peor especie llegando .\, casa en
malisímo estado y sosteniúndomc por milagro.
Un dia la amenazó Bonifacía con referir todo al amo
y ella le enseñó un enorme cuchillo do agudísima punta y le dijo:

-Con eRte alfiler he de sacarle las tripas{¡, la primera vieja chismosa que me acuse; así es que ya puede
ir empezando.
Le cobró tanto miedo desde entonces la octogenaria ama de llaves que nunca reveló nada., hasta que un
dia me encontró mi padre convertido en máscara, pues
tenia yo pintado de rojo los labios 1 los carrillos y hasta las sienes.
No costó gran trabajo averiguar q ne me. alternaba la
leche de sus pechos con el pulqu&lt;' de tuna de '1 El Antiguo Camello" teatro de sus constantes libaciones.
Ese día iba á arder Troya porque mi padre despidió
en el acto á mujer tan inconveuirntc, pero fueron tales
mis gritos, y tan grande mi instinto de no tomar otro
pecho, que despues de doce horas de lucha, en rrnc yo,

•

de tanto llorar estaba rojo como un gitomate y ronco
como una rana, volviéronla .'t. traer con lo cual me calmé en el acto y ella se sintió dueüa y reina absoluta
de aquella casa.
Siguió llevá.ndome á todos los sitios de escándalo
qu&lt;' le gustaban, y una tarde al trac.rme en brazos,
éhria cómo nunca1 me dejó caer sobre las baldosas de
la calle y me di tan furibundo golpe que se me abrió
la cabeza y quedé si~ sentido por algunos minutos.
En la vinate,rfa nrn atendieron solicitas unos asturianos poni( ndome defensivos de vinagre en la hel"icla, y untá.ndome aceite de olivo eu cada enorme chichón de mi cabeza. Esa \~ez me acostaron muy temprano, me arn1Uaron desde Bonifacia hasta la última
sirviente y cuando mi padre llegó por la noche y pre
1

�14
guntó por mi, le dijeron que estaba. muy bien, que toda la tarde había estRdo de muy buen humor, muy
platicón y diciendo papá con mucha gracia y que temprano me había quedado dormidito.
Fué entonces mi padre á darme un beso en la frente y notó tal calor en mi rostro y un olor a ensalada
tan pronunciado, que pidió una luz y con gran recelo
dijo a todos que le parecía verme enfermo.
Mirárom;e unos á otros todos los criados; tardaron
mucho en llevarle una bujia y al fin, él fué á tomarla.
de la mesa~, pronto descubrió que yo tenia un volean
abie:rto en me-dio de la cabeza y una intrincada cordiJlera. cercándolo.
No podré describir la escena á que dió lugar este
descubrimiento, pero aseguro que fué espantosa, pues
Bonifacia lloro á lágrima viYa y no se le olvidó nunca el tremebundo regaño.
Esa misma noche, el autor de mis días, refirió á sus
amigos todas sus amarguras, les pormenorizó sus trabajos al verse sólo con un niño de pecho, sin más mujeres q_ue unas criadas vulgares y viciosas; les significó que gastaba mucho para que nada me faltase y
que nun('a tenia yo dos mantillas; que anhelaba ver
mi ('ama limpia~- creia que no daban á lavar las sábanas; que recomendaba gran método en mis alimentos,
y:lrnsta ('Oll bigotes de pulque de tuna solía encontrarme; que lo engañaban, lo vendían y lo estafaban en
nom hre de mi salud y de mi cuidado.
-Es daro, le. 1·espondió alguno: si lo práctico en estos rasos es casarse de nuevo.
-Casarse! despues de haber perdido á un an gel.
-Pues bien, ya no hay que casarse con otro angel,
porq ne en la tierra no abundan, pero hay que buscar
una mujer hacendosa, limpia 1 que quiera á tu hijo como si fuera suyo, que lo mime y lo eduque sin que te
cue!)te tantos tufrimientos y tanto dinero.
¡ Los eternos errores de siempre! ¡las constantes re.flexiones de los que miran fríamente las estrañas amarguras!
Pero esto, dicho todos los dias y siempre despues de
un nu€'vo disgusto domt'stico 1 ocasionado por estultas
sirvientes, llegó á in.fluir en el desconsolado ánimo de
mi padre 1 de tal suerte, que no había yo cumplido los
dos años dehu~rfano,cuando contrajo nuevas nupcias
para buscar asi mi bienestar antes que el suyo.
La esposa elegida era en toda la extensión de la. palabra una seilora sin tacha.
Al llegar á la casa hizo lo que todos los Gobernantes nuevos, cambió eJ ministerio incluso el Presidente
del Consejo, asi; es que desde Bonifacia, hasta el pingo de la cocina, se fueron á la calle, y mi nodriza que ya no prestaba sus servicios en esa condición
pues por estar~cnferma de vergonzasas erupciones, le
prohibieron que me amamantara desde que cumplilos
trece meses, se fué al hospital á regenerar su gastada
naturaleza.
En honor de lajusticia,desde el día en que mi padre
se casó hubo;órden, tranquilidad y contento en la casa r yo supe lo que era estar limpio, bien alimentado
y bien atendido.
Con lmi madrasta iba yo á misa y á paseo, ella me
enseñó á rezar y á comer con cubierto y lo que es más
me enseño !t. querer, porque hasta en esto, setiene:que
educar á los niños.
Por su consejo salia yo a recibll' á la escalera á mi
padre y le abría mis brazos y lo besaba con entusiasmo; por su consejo iba yo en las mañanas á saludarlo y en las noches á despedirme antes de dormir y fué
ell a la que me enseñó las primeras letras y los primeros juegos. Naturalmente1 le decia yo mamá y siempre recibí de sus manos pruebas de ternura y de interés, como sólo puede darlas una madre.
Cuando cumplí cuatro afios, me mandaron á una
amiga, es decir, á una pequeña escuela, dirigida por
una mujer jóven 1 hija de un gran héroe de la Patria,
que buscaba su sustento, enseñando á leerá diez-ó
doce niños de ambos sexos, pertenecientés á buena's
y acomodadas familias .
No ha podido el tiempo borrar mis recuerdos de
aquellos dlas, que aun flotan en mi memoria, como
esos celajes que se abrillantan y toman más vivos matices, á medida qm• el sol se aproxima más al ocaso.
¡Oh, mi primera maestra! la que me dió la luz del
alfabeto, la luz de la ,ida intelectual. ¡Pobrecilla! Entonces era una joven con talle de mimbre; con mejillas sedosas y finas como pétalos de rosa de castilla¡
con ojos oscuros y brillantes y con un carácter afable
pl'Opio para tratar y enseñar á los chicuelos, con quienes trataba constantemente.
¡Con cuánta ternura nos enseñaba y con cuánta pa..
ciencia nos sufria!
-Mir~ niño, esta letra que tiene un punti to negro

EL MUNDO.

JULIO

21, 1895.

JULIO

21, 1895.

EL~fUNDO.

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==

arriba se llama i; esta de la barriguita, se llama a;
esta redondita, es la o; esta que tiene un ojito, es la
e;!y esta de dos palitos la 1.t.
Siempre tenia en la bolsa pastillas de yerba.buena,
con las cuales premiaba ~ los máo aplicados y nadie
salia sin llevar una estampa, un puntero de cristal,
una chucheria cualquiera, escogida por ella para cada uno de sus discípulos.
Creía á pie juntillas y su opinión me la infundió de
tal suerte, que no la he cambiado 1 que el mejoP silabario que se ha escrito en México, es el del padre D.
Nicolás García de San Vicente; y cuando Yi colocarse
en la calzada de la Reforma, la estátua de aquel sabio filimtropo, más confirmé este juicio.
Mi maestra era de educación esmerada, de instrucción vastfsima y se distinguía sobre toao, por su incomparable tacto, su tino especial, para no hacerse
fastidiosa ni temible con los niños.
En la tierra todo va compensado y me parece ahora
que, á. falta de la ternura de mi madre, Dios puso la
de aquelJa maestra en mi camino. Porque la verdad
es, que me quería entrañablemellte y se afanaba en
que aprendiera á leer muy pronto.
Nunca olvidaré el dia en que concluí el silabario.
Ese si fué un dia de dos cruces en el calendario de mi
infancia. Pre1Jararon en mi casa 1 postres exquisitos
y con ellos merendamos en la amiga al dulce rumor
de una música de cuerda, y entre los aplausos y los
vivas de mis compañeros y compañeras.
Yo presidia la mesa, corno el héroe de aquel sencillo festejo, y miraba á todos con la vanidad del que
ya sabe leer de corrido y sin tropiezos aunque se encuentre con los triptongos mi\s difíciles.
Mi maestra, me puso una. corona de flores naturales
y me besó llena de ternura y con los ojos húmedos
por las lágrimas.
Lloro-medijo:-porque después de esta fiesta, muy
pronto te han de separar de mi lado; ya no tengo que
enseñarte, á no ser que tu familia disponga que aprendas aqui el libro segundo.
-Yo no me iré, yo no me iré nunca de esta casa, le
respondí abarcando con mi boca una gran cuchara
llena de leche crema, yo me quedaré siempre contigo.
Porque hay que adYertir, que ella nos hablaba de
tú y nos exigia igual tratamiento, asi es que pareciamcis sus hijos y con filial confianza la mirábamos.
No saben cuanto bien hacen las maestras que lo primero que enseñan, es á amar la escuela 1 para que en
todas ocasiones ansié entrar en ella el discípulo.
Mi maestra me enseñó el libro segundo, aquel que
comienza con Blas, Bien1 Buey, Crin, Col, Diez y que
estaba al alcance de todas las inteligencias y de todas
las fortunas . Cuando concluyó de xepasarme tan humilde librejo, la di ;norando el último adios para ingresar á una escuela de niños, y en cuya puerta decía
un gran letrero: &lt;rEnseñanza moderna elemental por
sistema objetivo.&gt; cJardin de la infancia núm. 6.•
Recuerdo que estrené un ,estido de estilo escosés
para presentarme en el nuevo plantel, que era el centro de los chiquillos más distinguidos de nuestra sociedad.
-Mañana te levantarás muy tempranito, me dijeron en casa, porque ya no vas á encontr3:rte con la
maestra consentidora que te recibía á las nue,ej aqui
se entra á las siete, para aprovechar con el fresco de
la mañana, todas las lecciones.
Recuerdo que después de éstas reflexiones, me recogí en mi lecho, muy triste y sin ganas de que amaneciera; porque nada es más cierto que cuando se esperan con la luz, un dolor ó un desengaño, se querria
como J osué detener al sol, pero en este caso, debii.jo
del horizonte.
¡Con cuánto horror esperarán el alba los condenados á muerte!
CAPITULO III

De mi primera impresióu sobre las turbas sedientas de escándalo.

No bien concilié el sueño, cuando un espantoso griterío de la calle, nos obligó á mi y á todos los de la
casa, á despertar sobresaltados.
Era la vez primera que llegaba á mis oídos el imponente rum01· de las turbas populares.-No había leído
aun nada sobre la Revolución Francesa.-En mi corazón de niño, no penetraban toda,ia los!terrores y sacudirrúentos que más tarde le produjeran los arranques de Marat y de Saint Juste.-No conocia la fuerza
aterradora de ese monstruo de cien mil ojos y de cien

•

mil brazos, que cuando se enfurece 1 arrolla, desbarata, incendia y extermina, y que se lla.n\a sencillamente: el pueblo.
Nuuea aute mis ojos se babia presentado esa escena.
siniestra é inolvidable, que aquella noche presencié
anonadado.
Al ruido sordo primero, atronador después, de un
millón de gritos, de blasfemias, de insultos 1 confundidos en uno solo, se leYantó mi padre, y yo y todos los
de la casa v sin encender luz dentro de las habitariones para
ser notados desde afuera, abrimos las
puertas de madera de cada balcón y alzamos los visillos de las vidrieras.
La calle estaba alumbrada como por una inmensa.
l1oguera. Había tanta gente, .que parecía visto desde
arriba aquel conjunto, un mar de cabezas humanas,
sobresaliendo muchos brazos provistos de hachas encendidas.
Al reflejo amarillo de tantas llamas, surgian rostros de expresión feroz, con miradas de odio, con gestos de ira, con movimientos fisonómicos que denunciaban las má.s negras pasiones agitadas por la venganza. Unos cuantos hombres á caballo, estaban
entre la multitud, asuzándola y enardeciéndola con
palabras soeses que no comprendian, pero que me
sonaban á latigazos.
-Retírate, hijo, decía mi padre: no escuches estas
cosas; no mires esto, ve á dormir.
-Si, decia mi mamá con voz trémula, ve á tu cama
que se ha quedado sólo el ángel de tu guarda 1 y te
está esperando.
Pero yo, mudo, fijo como una estatua, no apartaba
los ojos de· la calle, cediendo más que a la curiosidad,
a la atracción que causa todo abismo.
Un hombre gordo, lampiño, con sombrero de paja
adon1ado con una ancha cinta negra¡ con un chaquetón color de haba, y una cobarta roja, tejida de gancho, y atada en grande y ostentoso nudo que formaba
una especie de gran amapola cerrando el cuello de
la camisa; estaba sobre un caballo tordillo de grande
alzada, dando sobre una tosca puerta llena de grandes y negros clavos aplastados, furiosos golpes con
el pomo de su espada.
-Abran pelonas; aquí estarnos los hacheros, aqui
venimos á sacar tantas sabandijas .... abran que venimos á darles la libertad .... a echarlas fuera.
-Fuera! Fuera! gritaban las turbas con el mismo
ronco acento con que en la plaza de toros le gritan
así al jurz cuando un bicho no sirve para la lidia.
-Si no abren, g1itaba el jinete de la corbata encar~
nada, quemaremos la puerta.
-Qut'menla 1 quémenla .. . . gritaban las turbasDlás
enardecidas con la esperanza de ver un incendio.
-¡Jesús Maria!, dijo mamá arrodillándose, van á
quemarnos también á nosotros porque estamos contiguos al convento.
En efecto, viYiamos junto á uno de Jos más hermosos conventos de la ciudad, y el populacho capitaneado por algunos alborotadores, venia á hacer efectivas
las leyes de exclaustración, sin observar la prudencia
ni la serenidad aconsejadas por el Gobierno.
Entre aquellos millares de séres rabiosos, no había
una sola mujer, ni de las más humildes y menos educadas.
La mujer en l\léxico, cualquiera que sea su condición social, ha sido siempre bondadosa y nunca ha tomado la tea del incendiario, ni el puñal de la ,enganza.
_;_:Mira, decía á mi padre su esposa-no hay una
mujer siquiera entre tantos tigres, porque en verdad
tigres paTecian aquellos hombres.
Gritaron durante mutho tiempoj dispararon al aire
varias veces los mosquetes; apuntaban á las campanas de la torre y se escuchaban á un mismo tiempo
la detonación de las armas y el ruido del proyectil en
el bronce de las esquilas, y á cada segundo era más
compacto, más aturdidor 1 más horrible, el vocerío de
la multitud.
De pronto una exclamación de regocijo unánime
resonó en toda la calle, seguido de una risotada breve v !:iardónica v de muchos aplausos.
Era que se h;bía abierto la puerta del callado monasterio.
La escena de aquel instante fué sublime.
La multitud desenfrenada, loca, eon fü•bre de sangre:,· de robo, se detuYo sorpr&lt;mclida al Yer que le
abría ele par en par las puertas, y salia á recibirla con
un semblante apacible como el d&amp; un niño, y hermoso
y sereno como el de un ángel, una monja de menos
de treinta. años, que de pie; en medio del inmenso za-

;t~

LA Ml:LTITI!l&gt; DE8EXFRE~ADA, J.OC.A • . ...• SE DETI'YO f"ORPRE:XDJDA 1 AL VER QC'E LE .ABRI.AN DE Í'AR EN PAR L,\S J't:ERT,\S.

guán, con su hit.bito claro y un pequeño rosario en la
mano izquierda, dijo l'Oll YOV. dulcísima y sonora:
-Seflores 1 buenas noches, Dios los guarde, ¿qué
desean ustedes?
Y un silendo, hijo de la sorpresa, del asombro, de
la admiración quizás, respondió de pronto a tan pacificas palabras.
El hombre. de la. corbata. roja, dijo al fin, con YOZ
a.guardentrn.a :,· repugnantt': Vt'nimos !t. tomar posesión del conv&lt; nto ,· á mauclar á ustedes á sus casas ....
-N'o tenemos m:ís casa CJU&lt;' esta y dP aqui súlo salimos para otro mundo .....
-Ea 1 ya. lo veremos, abra. usted paso joven, y d&lt;~jenos entrar.....
•
Las herraduras dl'l caballo· ele ac¡url hombre hicieron resonar por .la primera. vez, las limpias r tersas
baldosas de la portería y tras él entraron todos los ginetes, quedando cuatro de ccntinrlas para impedir el
paso de la multitud ansiosa ele commmar un saqueo.
1

A los pocos minutos comenzaron á llegar abriéndose dificultosamente paso entre la. muchedumbre 1 varios carruajes de casas acomodadas y particulares.
Siguió en la rallr: la gritería, la algazara, el escándalo y después de una hora y media, mamá exclamó
llorando:
-:\Ilrenlas, pobr('citas, ya se las llevan en los coche~, ya las saca.ron de su santa casa ¡qué infamia!
¡Dios mio! ¡qué infamia! y se arrojó llorando, en los
brazos ele mi padre.
Entonces vi, subir en los coches á las monjas, cubierto¡.¡ los rostros con negros velos y desaparecer en
diversas direcciones.
No tenían familias muchas de ellas y aceptaban por
lo pronto, l'l hospedaje valerosamente ofrecido en aquellas circunstanciM, por las familias de la sociedad más
alta. ·~ cs('ogida.
Huho religiosa &lt;¡ue en cuarenta años no había vis-

to la calle y que exclamara con dolor al ver los faroles del alumbrado público:
¡Cómo han iluminado la ciudad para mirar nuestra
expulsión del convento!
-No, madre, le respondieron, estos farol&lt;&gt;s ¡;e encienden todas las noches desde hace más de tr&lt;'inta
años.
-¡.Ah! yo llevo más ele cuarenta de enclau.,;trada y
recuerdo que las calles estaban oscura¡.¡, y ehc:C&gt;1'ior mi
padre cuando volvía á casa después clrl toque de ánimas, llegaba acompañado de un criado que con un
farolillo de mano, iba alumbrándole el camino.
-Es cierto; pero hace muchisimo tiempo que desapareció esa costumbr.e.
-Muchísimo más hace que me desposé con Nuestro Señor y que no sabia tomo era el mundo ..
( CO:-.TI~li ARÁ )

..-1Beg1uada la propiedad litrruda, &lt;'011JOrme á la lq¡.

�JULIO

EL MUNDO.

16

21, 1895,

PRENSA MEXICANA.
Págm.as extraordinarias.

D01IINGO 28 DE JULIO DE 1895.

Tumo II.-Número 8.

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monumento á .raenHo juárez en el Paseo ae la Reforma.

(EN CONSTRUCCION)

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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