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                  <text>18 AGOSTO, 1895.

EL MUNDO.

14

.=---------==:---·.========--=========

l'11;'111tas veces 1·on gran sorpre,-a (le los co111·urn·11ll'S á nu(•stros circos~· tt•atros, han 11par1•ddo algunos
homlin•s qul' ha&lt;:l'n brotar llamas de i-ill~ d¡,dos y ch·
su boca, y (JUC han desafiado por tanto til•rnpo la¡,; inve~tigacio,ws de los quhnkos y de\ los fisicos. CrC'11lll0l&gt; (¡111· .i;er;\n d1• algún itat,•ri•s parn. 11uPstros h•ctores, las slguil•11t1•s 1•xplicacio111•:; quP un h;\hil presti•
digitador d1• l'st&lt;• gi•1wro. nos ha dado acerca de• la
cstratag1•111a 1•mplP,1tla, qut· PR hastanw Sl•11cil111 en la
práctit·a, fH'ro n•&lt;ptil'rl' IH'(lllCiaos aparatos muy hi&lt;'n
construidos.
Los homhrl'S d1· ful'go, en las sala:,; do111lt• s&lt;' exhi•
brn. hat·eu i;us (•x1wrinwntos sobn• una gran caja &lt;'ll
forma d&lt;· estrado, (1ur es la &lt;pu• cn11tic1w el fuego, y
la cual, cubierta con un tapiz 1•legnnte, parece no s1•rvir sino para elevar a lgo l't. los OJH'ntdor1•s. En su interior se 1•11cuentra11 varios :,;aeos ele ca1H:ht'i, llenos
de gas d1• alumbruclo, ~· comprimidos por mcdio d1•
pesos. Los saltimhanqúis lll•van en ('! talún d1·l hotln
un ing('nioso aparato &lt;1m: trrmina por una llave; estt·
aparato co11stituyl• &lt;'I conducto para rl gas y t:&gt;stá fijado ÍI un tubo d&lt;• &lt;·au&lt;"hú muy dt•lgado, que los ci;• LOS II0:llllltF.I&lt; nt: tTJ'XIO.
prctadorcs 110 distingu&lt;•n por s1•r d1•l mismo color rojo
que los vestidos diabólit•os d1• los anóbatas; recorn•
l'Sa 1•añeria una ,le las pil•rnas, la &lt;'spalcla -:,· bifurcándose, continúa por los hrazo~ l'ntn\ la manga y la carm•: htl'¡?0, dismiuuyt&gt;mlo de. dii'iml'tro y 1·ambiando su
E1, coLOR 11E J.A Mt's•&lt;·A.-Hablar del color d1• la
('Olor por otro d(\ &lt;·ar111•, sigui• por la palma (l(' !ns ma- música paree1• con,·c•rsadón propia de locos, ó por lo
nos. hasta terminar &lt;•n In punta 1frl dt:&gt;do lndfr&lt;•, con mrnos. de Yisionarios. Y fiin 1•mbargo, los ('Oncirrtos
colorra&lt;los, en los que á. cada nota acompaña el •r(•ttejo
una ab1•rtur11 oculta bajn la nila.
Los prestidigitadores, apoynnclo &lt;'i tnl,jn &lt;·n un tu- de un color 1•orrespondi1•11te á ella, han empezado en
bo 1·illndrico &lt;1ue sobr(•sall' ligt•ramentl• de la caja." Londres y es probable que apasionen á aquella pocolocanclo d pil' &lt;'n rleh•rn1i1111do pnnto, ponen en co- blación, donde los neuróticos i;on infinitamente más
rnunicaclún 1·011 1•1 clepúsito 01·ulto: su tnho rn t•I cual, numerosos Y más pronunciaclos que rn el mismo Paento11(·1•s, cin·ula 1•1 gas y &lt;'11 el monwnto 1•11 que s&lt;• rls y donde 110 hay extra,·agancia que 110 tenga su
.
1•scapa por In ab&lt;'ftura i;ituntla en &lt;'l d1•do lnclic1•, rl asiento ~· sus partidarios ent.usiastas.
La música con color, se eJ&lt;•cuta por ahora, en oroperador lo 1•11ci&lt;•111le apoyando la mano que le qul'da
librt•. sobr&lt;' un hotón l'léctrit-o, oculto hajo su capo• gano. Sobre rstr instrumento har un aparato con dotillr; y PI cual despide una chispa •1nc inflama t•I gas ce lentt\K de diversos colores y detrás ele ellos potentes
focos dt\ luz eléctrica, ocultos al rspectador. Cubre
~· lo hac&lt;' com·ertirsl' en larga lengua dr f1H'go.
El acróbata lleva del 1·ndo :\ la barba un tubo de gas cada.lente un obturador sem&lt;'jant&lt;' :\ los que se emcolor d&lt;' carne igual a l d1• la mano, qm· termina bajo plt•an para tapar y destapar rápidamente los objetilo!i labios, donde sale y se cncirnd&lt;· por medio de otra ,·os ele las máquinas fotográficas; los obturadores co·
chispa; &lt;•1 fuego parece salir (!t• la boca, timto nu\s que munican mecánicamente con el teclado d&lt;•J órgano.
el prestidigitador inclina la 1·ab&lt;'za hacia atrás y abn• A cada color, ó sea á cada lt•nte, corr&lt;•sponcle una tecla del órgano, ó s(•n una nota musical. Cada· tecla, al
cuanto puede la boea.
ser herida. hac(' funcionar un obtura1lor que d1•sc11Los hombres d1• fuego no trabajan sino en un In•
brl' t•I h•ute 1·orrespoudi1•11te ;"1 la nota y ,·u&lt;•lw ;\ t~gar poco alumbrado.
parlo 1'11 1•1 mouwnto en c¡u&lt;' la tt&gt;t·la n•cobra su pos,He aqm explicado un mistnio dr flsica .... de cir·
dím normal.
cos.

CURIOSIDADES.

AVISOS EXTRA.

c.:&gt;

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~

~

BOTI CA DEL REFUGIO.-A. GARA YCOECIH:A. l'Ul'll·

te del E.•plrltu Sunto mlm. 10.-f};cru¡,ulo,Jdad
y esm~ro en el dc~bo de las fórmula., de los reflores faculhLtin,s.- .·,¡¡ro r:rpe,,dú, del remedio infnlihlc
contra lu1tfrl08 y rnlenl11rw1 iulrrmitn1lts, rrmoddtJ ron el
11ombre d;- l'OL\"{l:' DE A. UARA\.COECHF.A, al 11redo de
75 c..-ntavo&lt; eaJa; de los 1',lro, paro la 10#/ ). de Jn. Agita
JJc11tr!jll'&lt;I.

- .-- ,., .---

EnearfOS en

léxieo.-{;randes y pequr!los, file!•
les ,l!Uclles v de toda.uatumle,.a. los dcsempeila
la AflF.:S•
hace tres
af\os. Compras, ventas, pre.-los de ¡,laza, eatálogos
n&amp;t'ionatcs v extranjeros, informe..;;, pesqub.a..., cons.ulta~ pll\n&lt;&gt;S, rre!--upuesto~. su~riclonei.., anuncio~.
etc.• etc. Atenc t,n especial i\ &gt;!ISAS ,. TERREsos. Ex•
ru:¡1ci6n \,articular de inue,tras agrícola.•, minera.e é
du.&lt;tr!a es, las t•uales anunciamos también en nues•
tro BOLETIS DE NEGOCIOS del :1i.ue nn,lte debe l"arecer.
!le eonlel&lt;ta inme&lt;llatament.:,, se envlan 60 cenia'°°"
en e,tampilla• tle Correo en cuenta lle honorarios, di•
rl¡:léndose á. David Cnmacho, Corresponsal de perló•
dlcos ruu-loua108 y extmnJeros, )Iéxil'o. (D. F.) Calle
!'iueva 3 6 .\¡ertaao J)06ta 397.

con actlvltlad y c/lcacla, á. ¡,redos módico,,
l"IA DE ESCARGóS del su,erito. que funrlona

Cia. ~adonal de asistencia médira, (S.A.)

Meniela Ju!re1. (Corpus Chrl8ti) m\mero 5. - Esta
compailhl da 1\ la.&lt; familia•. l'OR TRI-; l'&amp;SOS CADA MF.~.
utstenela médica II tloml&lt;-lllo, medlrlna.,, a.,i.!;tencla
d e ~ Y orerncion~. Tiene seis médicos de la E.seue a de )léxico. tres pmctkuntes, tres Botica, y una
numerooa ¡,lanta de empleados, con la que sirve al
P1\blioo en ,w, oficinas y en la calle, por honorarios
muy módicos. Pidan...- pro.,¡,ectos y cuantos tlatos se
quieran. al .\dmlnlstmtlor de la Compafila.

1NGENIERO
AGRONOMO.-Ju/io BrrU&lt;tuin, se cncar·
Fn del le,·antamicnto
de planos topo¡¡nlflcos, obra•

de rrigacl6n. construcción de pn:,.a.•, mcjóramlento
de terreno,, dln'&lt;,ción de cultivos. etc. Avah\os y pre•

suruestos. Recibe comisiones ~m mm¡,ra y venta de
maiulMrla agrlcolll. tinca.• n stlca.•, y krrenos para
caf , hule. etc.- la. de Revlllal{lgedo, l.

::=

....

antes al cs¡,e('ltko ,LA RALYADORA• con la !!el(U·
rldad de encontrar la fl&amp;lud.-Para la.s afocclones sen•
cillas 6 !&lt;Imples se ¡&gt;!&lt;le el m\m. 1 y
las mullgnns
el núm. 2.-Esta medicina se n-com enda á. los clruJa•
nos opcradore.,.-E.,tc maranlloso remedio colA de
venta en Jna Farmncl(lS y Droguerlas y en el Depósito
Central, Plazuela de Juan carbonero mlm. 7.

rrase

e

f2"3

DE LA MONTERILLA Y CAPUCHINAS.-MEXICO .
Para rl Iones 12 di&gt; Agosto y días siguientes

-PONEIIOS EN VENTA LOS SIGUIENTES AUTICULOS:-

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CnEToNAs extra, pan\ yestidos colore~ indestructibll'H y 11111•,·o~ 1•1&lt;tiloH, vara á.................................................................................................
P,Q{E extrafino, estampado, bonitas_ dispos.icio!)e~, anch~, S5 cent íme.tros, á
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BE.'\GAU:SA "Royale, 11 magnífico género acordonado, de lana y seda, todos

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Q-.Yu htty ,¡ue d',jarw. rt&lt;YJrlfKt'T 111 n¡&gt;&lt;:rar. Rec1\•

ESQUINA

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GUANTES FI NOS.-HI quieren ustedes guau tes de
clase •~rlnr y ajustados, ¡ia..."&lt;!n á que se los ha1,'1\n 1\ la m idll ¡\ la St:&lt;;r:SDA CALLEDEPl,ATEROl' .:-.1: &gt;!ERO 5; ('a-&lt;a de J. Bal,ru: y Compañia.

GRAN ALMACE N DE ROPA Y NOVEDADES.

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LA 1s1,,\ o•: 111•:sú.-l'na región que sería completam1•nte f&lt;&gt;liz si la mayor parte del a11o no c•stuviera
cubierta por las ni1•ves, 1•s la isla de Runó, situada á
algunas l1•guas de Higa. Sus habitantes, sú~ditos rusos, vivru de la caza y de la pesca, y comurucan muy
de tarde en tarde con la tirrra firme.
Cuando murió Akjandro JII, el mes de NoYiembre
dt•l aiío t'iltimo, Ya estaban interrumpidas las relaciones entrll Ruuó ·r cl continente, ~' transcurrió todo el
invierno y gran parte ele In primavera sin que los isleños supieran qur hablan cambiado de señor. Hace
pocos dlas, al ir algunos pescadores:\ una isla veci~a,
tuvieron noticia de los sucrsos d(•fiarrolladoS' en Rusia,
á pesar de lo cual no bubo la más levr altrración del
orden, como se temla.

AL PUERTO DE VERACRUZ.

......

.-:r-

...o
·-...

I1a pared ele la sala hacia d~mle dirig&lt;'n sus miradas los 1•spectadore~, está culnyrta por un gran p~ño
elt• spda. blanco, que hac&lt;' t•I mismo paprl que l'I h~nzo mojado clo11d1• se refl!-j1m las imitgenes de la hnl!•rnll m:'1µ-ica. Sobre aqm·I paño dr sl'tla, proyec.tan
los l1•11tPs ,1 el órgano sus focos d(• colo!·• qu&lt;• s~ t_uud1•11 nnos ron otro~ n1a11clo la mano hwre armomcamrntc ,·arias notas it la n•z y que cl!•slilan t·on la rapitkz &lt;l1•l rl'litmpago, s1• atropc•llan .,· .s&lt;• t·oufmulen
e11:111&lt;lo &lt;'I trozo de mú~ic11 t•jrcutado, twnc&gt; la ncotadún de rimce. Focos de luz blanca. h:thihnentl' pro,·N·rndos, forman marco brill11ntisimo d1• plata al fü•nzo
itomlt• se rl'flejnn los colon•s.
.
.
.
La prinwra impn•sión dt• quit•n as1su•. a un conner10 ti&lt;• ,•stos PS d1• sorpresa; lucgo viPn&lt;'n el dl'sluml!ramie11to y aun algo de mar&lt;•o. l'&lt;•ro al poeo rato la nsta
s1• acostumbra iL aq1wlla danza de 1·olon•s, se ac:1;ba
por armonizar 1•nda uno d1• ellos.con ~~1 nota ~· qm.en
ha nacido para ello 1•stá ya 1•11 sJtuac·wn de aprrc1ar
y ele g-ozar el nuevo del(•ite ideado por Mr. ~Vallace
Himingto11 para los s(•re.s dt• naturalt-za n•finacla y
¡wrfecta.
Enton&lt;·1•s S(' ohsen·a tamhií•n c¡u1• cada ma&lt;'stro tienr su colorido 1•sp1•(·ial.
La música d&lt;• \Y11gner 1•s escarlata; azul Cl'll',st~• la
tlr )lQzart; cuajada de rublrs y dt• orn la. de 8amtSa&lt;•ns; violt•ta 1•piscopal la de Mevcrhel'r; r0JO (•rrezii la
de L1•co1·(1; ,·1•r&lt;le mimznna la de Offl•lllhnch, lo cual
hablamos sosp&lt;'chado hace ti('rnpo: Y1•rde botella la
ch- .\udran. Es decir, rstos son los color&lt;•,; que pr('(lominan d1• una manera muv s1•nsible en las ohras ele
los mal'stros citados.
•
Y no súlo ti1•ne. cada (•ompositor su colorido 1•spedal. como lo ti(•nen los grandrs pint~n•K, sino que t·~da {{t'nl'ro tiene su color, y el ¡m•l11d10 de Lohn1t1rm
dista mucho cl1• te1wr igual. matiz que 1111 couph•t popular.

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Un ~ek-eto ,;urtido de ca.~imires y pafios france~es (, ingleH·:&lt;, pan~ la próxima ~~ación
Cachemin·~ ele fantasía: ~ranel::i-c;¡ noY~dad. ?I_o1ré fra!lce~a. An~1q1;1e y ~enac1m1ento.
Faille. Ottoman. Radzm11r y Pie de &amp;&gt;da, :Fmlle «l'rmtemps.» Satm •Liberty.n Artefactos de madera_para regalos. Artículo~ Japonr~es. Cristalería fina y artística. )I~sas
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IMPRESO EN LAS OFICINAS DE «EL MONDO,&gt;&gt; SEGUNDA DE LAS DAMAS NUMERO

Signoret Honnorat y Cía.
4.

DO)HNGO 25 DE AGOSTO DE 1895.

----·

-------

A LOS LECTORES
JlE

~~EI..... MUN:I&gt;o. ,~

9uraao ~erástegui-Nomero.

Estamos seguros qui• casi todos los que IIC&lt;'ptan uu1•stro JH'riódico son personas de alguna
posicicin ú ilustradas, y para Pilos
no es precisa la explical'ión que
vamos á hacer, pl•ro sf pam la
minoría que 110 ha teni&lt;lo n11111·a
en sus manos un periódico ilustrado europeo, ó no ha lijado su
atención en él, y exig&lt;' en El
ilf1mdo, lo que no espera encontrar ni rneontrará 1'11 los priudpnles semanarios ,!(• cual11uicra
parte dl'l globo.
El jurado d1•l Coronel Homero
r dc•m;is personas que intervinil•r'on en el duelo V1•rást&lt;'gui, &lt;:s
uno de lm1 asuntos más tlificiles
que nos hn tocado ilustrar, por
ser todo d&lt;• oportunidad, r por
consiguil'nte, d1• precisión hacerlo ,·iolentam1•nte. Xo sahemos
cual ser.i l'l n•sultado de nuestros esfuerzos, pero dt• cualqui&lt;'r
motlo, deseamos que se nos culpe por lo que hagamos mal, no
por lo r1n&lt;1 no ha hecho mejor
ningún otro p1•aii,dico del g!'.•nero
de El ,lfu ndo; l'S dt•cir qurn•mos
huir de un cargo srmejante al
que un suscritor:nos hizo porque
no;iiabíamos mandado dibujante11 á All'mnnia para que con violencia tt&gt;legráfica nos em,ase las
vistas el&lt;' la inauguración ti&lt;•l c¡,-

nal de Kiel.
En 1•! caso~&lt;ll• hoy ¡med1•11 ocurrirse algunas ol,servacion&lt;'A~ que
compitan con aquella, y por &lt;'so
nos anticipamos á manifestar
nuestras ideas sobr1• la ilustración (le los asuntos dl'I día, idras
que ponen rn prActica todos los
periódicos que conoc1•111os; cuando un artista toma del natural
una 1•scena, un grupo, el movimiento de un actor, etc., de lo que se cuida ,. dehc
cuí.darse, e.~ del c-o11j1111to, del lugar que eada- personaJe ncupa, de 11~ actitud que tienen los principal&lt;•s
interesados en t•l asunto que se c·opia; y deja como dH
irteri•:; sel'nndario el e.racto parecido en la tisonomla
de los acton•i;, •iue para eso se puhlican en otro Juo-ar
b
buenos rl'tratos tomados de fotograflas.
Ya otra T1•z publicamos noHotros en comprohac,iún
de este aserto, el grupo t•n (¡Ue la Ilusfració11 Prance.~a reprt•st•ntó el matrimonlo de In hija d&lt;' Jay Goulcl
Y el &lt;'onde dr Cnstellanos, á la V&lt;'Z que rl retrato de
t'•stos: 1•n nada s1• parrclan los personajes en uno y
otro grabado publicados en la misma página, com~
que al ilustrar &lt;'i matrimonio no se quiso dar á cono-

Sra. Nafolia Zamora

ae f¡arajas.

Citada fn:euenkmente en el Jurado.

crr la fisonomla de los novios, sino el momento de la
1·1•remo~ia. Esto se repito constantemente, y ninguno
ele los cmcuenta mil su.~critores de aquPl periódico
exigen más porque entienden que srrla absurdo exi:
girlo.
i Ojalá qm• 1•sta explien&lt;'ión sin·n para eYitar qU&lt;i
alguno de nuestros ll•ctores nos culpe d(\ qu&lt;' la ll'•
vita de X. lt•nín l'n el jurado dos botones y nuestro
dibujante le pinti, tn•s '. . . . .
' •
Cuanto b:i estado dr. nuestra part(• hemos hel'11o por
pre~cntar á nuestro público el n~unto qm• atrae por
el d1~ la atenciún de todos; no sabemos 11ú11 quú consegmrc•mos, pu&lt;'s esto se escribe al comoozar el jura•
do, pero si no n•spondl•mos dl•l buen 1•xito, si r cspon-

NUMERO 7.
demos de cine se han puesto todos los medios que están l't. nuestro alcam·r para conseguirlo.
Xul•stros dibujantes se turnan
en ('J salón del jurado para
ten~r tiempo dt' dt•sarrollar sus
apuntrs, y los graba1lores trabajan dia y noche para darle:; alcance, haciendo la mayor parte
de los cliclté,~ l'll cobrr, aunque
son exageradamente costosos.
Este númrro, extraordinario por
todo, contendrá las páginas que
sean m•cesarias, ~· darA idea de
lo que haremos con motivo de
las fiestas de Septi~mbn•, dl' la
Coronación de la Yirgen de Guadalupe, en Oetubr&lt;', y 111• todos
los aconh'cimientos notahll's ,1ue
haya en el pais.
·
Este número :iparecera retrasado porque nos hemos propuesto, para s1•r oportunos, l&lt;'rminarlo basta que el jurado pronuncie
el vrr('(licto, ~· podamos consignar la cond(•nación ó absolución
db los at"usados. D1• otra manera nos sucederla qul• publicando
el domingo partt• del jurndo, necesariamente daríamos el final á
loi- sris ú ocho días de tt•rmina1lo
el asunto, cuando ya nadie tuviera interés en leerlo por conocitlo
Y. trillado.
Aun cuando esperamos qur el
atraso no sen de importancia,
hemos considrrado conveniente
dar esta c..xplit·ación á nuestros
lectores ~· confiamos en r1ue tal
irregularidad s&lt;•rá perdonada, (' ll
Yista de las causas que lii originan y de los n•sultados, por los
cuai(•s quedamos satisfechos.
Y no coucluímos sin rogar nU&lt;•vamente A los abonados de Rl
~lfundo, que SE' fij1•n en todas
nuestras manitestaciones, tan si1tcrras como ésta, para que puedan
apreciar todos los esfuerzos que
hacemos por darles gusto y todos los adelantos que por medio
de esos esfuerzos vamos alcanzando.

•
Er. Dfü(Ó~RATA.-Al proseo-uir la puhlicac-ión de
uuestra s~ne d~ facslmill•s, intencionaluwnte dimos
lugar l'n este !1umero al diario citado porque n o carecr de o~ortumdad en las ilustraciones dd jurado de
los du!'hstas. Ha defoudido al Coronel Homero y ~igue defen_cliéndole con crlo extraordinario, abo~ando
1·01~ t1•11ac1dad por su ab,;olución. El D emócrata ha
temdo !los oportunidades para fundarse detinitiYalI!~ute: en su primera épol'a, extremó tanto su oposic10n, que sus redactores no pudi1•ro11 seguir publicándolo; en esta segunda, llev1i siete meses d(\ vida ,. no
~odem~;; drcir si 1•st;\ ya sólidamrnte cimr1;t:'ld o.
Ls _ras1onal 1 y en consecuend:t su circulaciún ha
nacido. ~¡ .calor de una. agitación en &lt;'I público; pero es
r.nuy d1tic1l sostener rn México por aiíos un periódioo
a tau ~lt.a tempetatura. Si tiene t¡lieutopara ev olu.ciouar, v1v1rA.

�EL MUNDO.

4

25

ÁGOSTO,

1895.

25

ÁGOS'fO,

l8Hi\.

EL MUNDO.

5

Resumen co~pleto del Jurado Verástegui-Romero.
Los Sres. Castillo y Carrillo no presentaron ninguna
conclusión, por lo que el Juez, de oficio, declaró que éstos sostenían su inculpabilidad.

Ni la más suntuosa fiesta, ni la más terrible catástrofe,
ni el más nefando crimen ocurridos de mucho tiempo
atn'is á esta fecha, han despertado tanto el interés público y lo han mantenido vivo tanto tiempo, como el asunto
Romero-Verástegui. Un año completo ha transcurrido
desde que se efectuó el duelo, hasta que se reunió el jurado, que debía entender en el proceso con tal motivo
instruido; un año de expectación, de ansiedad reanimada
á cada instante, por los múltiples incidentes que han surgido de entonces é.. hoy, y cuya enumeración tras de ser
fatigosa, resultaría redundante, porque de ellos habremos
de hacer mérito, al escribir nuestra crónica de las audiencias ante el Tribunal popular.
Por la misma consideración, nos abstenémos de referir, por nuestra cuenta, los pormenores del lance: ellos
serán más fielmente narrados por los testigos presenciales, cuyas declaraciones darémos á conocer, procurando
señalar los puntos más importantes en que estén de
acuerdo ó en contradicción, los diversos acusados.
Hablarémos ya del Jurado.

Interrogatorio del Coronel Romero.
El Presidente hizo retirar á. los Sres. Rocha, Castillo,
Carrillo y Prída que estaban en el salón é inte"rpeló á Ro-

En el Palacio de Justicia.

"

A pesar de las gestiones que hizo el Juez instructor,
2? de lo Criminal, Lic. Manuel de la Hoz, no pudo conseguir que se le proporcionara el ex-teatro de Itnrbide, ó
algún otro local eapacioso para celebrar el juicio y tuvo
que designar al fin, el segundo Salón de Jurados. Como
en éste no cabe sino un reducido ntlmero de personas y
era general la curiosidad que reinaba por concurrir á las
audiencias, el Juez, para evitarse compromisos y evitar á la vez, ciertas preferencias que disgustan al público, acordó que la entrada fuese libre, con la restricción de cerrar las puertas cuando estuvieran ocupados
todos los asientos, y solamente designó lugares especiales
-los que tienen señalados hace tiempo-para los periodistas y para los jueces y diputados.
Aunque era probable que la primera sesión no tuviese
interés, porque debía dedicarse á la insaculación y demás fórmulas legales, el lunes desde temprano, invadió.
el Pala.cío de Justicia la multitud ansiosa, que se precipitó en el salón al ser abiertas las puertas. Un minuto
duraría apenas la irrupción, pues en cuanto fueron ocupadas todas las bancas, la policía interceptó el paso y solamente con orden del Juez y á costa de grandes trabajos
se podía penetrar. No hubo sin embargo, ningún escándalo ni tumulto.

Actores en el Jurado.
Juez: Lic. Manuel de la Hoz. Agente del Ministerio
Público: Lic. Federico Peraza Rosado. Representante de
la parte civil: Lic. Jenaro Garefa.
Acusados: Coronel Francisco Romero; Licenciados Apolinar Castillo y Ramón Prida; General ~stenes Rocha y
Ooronel Lauro Carrillo. ·
Defensores. Del Coronel Francisco Romero. Líes. J ustino Fernández; Manuel Lombardo; Heriberto Barrón.
Del Coronel Lauro Carrillo: Lics. Antonio Ramos
Pedrueza y Demetdo Salazar.
Del General Sóstenes Rocha: Lics. Francisco Alfaro- y
Alfonso Lancaster Jones.
Del Lio. Ramón Prida: Lic. Enrique Pérez Rubio, Dr.
Manuel Flores é Ingeniero Francisco Bulnes.
Del Sr. Apolinar Castillo: Lics. Emilio Pimentel y José M. Gamboa.
Del Dr. Casimiro Preciado: Lic. E. Pérez Rubio.
Después de las diversas i"nsaculaciones practicadas en
virtud de excusas é impedimentos alegados por varios jurados, quedó constituido el Tribunal por las persmms siguientes:
Pablo Bonnerue, Rafael Yillaurrutia1 Nicolás Rochet,
César Remolina, Luis N. de Antuñano, Jenaro Riestra,
Francisco Altamira, L. Delezé, Lucio Rodrigo y Juan de
D. Villalón. Supernumerarios: Brígido Domfnguez, Miguel Tamés y Francisco Borja.

Fachada del P.11nteOn Español.

(Del natural por n . Hernández.)

Doctor Caslmiro Preciado.

Asistió nl duelo como médico del Sr. Verástegui.

LUNES 19 DE .AGOSTO.

Audiencia de la niañana.
Instalado el tribunal, la Secretaría dió lectura á las
conclusiones presentadas por el Agent-e del :Ministerio
Público y los defensores.
El representante de la Sociedad acusa:
A Romero, del delito de homicidio en duelo; le da el
ca.rácter de desafiador, y asienta que no se pactó á muerte el lance.
A los testigos, Castillo, Prida y Carrillo, los culpa de
tales en el duelo que produjo la muerte de Verástegui:
de haber omitido de su parle hacer todo lo posible para
conciliar los ánimos de los adverearios, á fin de evitar el
desafío 6 para procurar que éste se efectuara en las condiciones menos peligrosas para los combatientes.

L1.1gar en que se verificO el d1.1elo.

(Del nntural por JI. Hernández.)

Al General Rocha, de haber ayudado á Romero y á
Verástegni para que se verificara el lallce, dándoles instrucciones y proporcionando las armas, no obstante que
sabía el uso á que estaban destinadas.
·
Al Dr. Preciado, de haber asistido en su calidad de
médico, al duelo.
En las conclusiones de la defensa, se asienta:
Que Romero mató en duelo á Yerástegui repeliendo
una agresión actual, inminente y gnn-e; obrando bajo la
presión de una fuerza moral irresistible, que le produjo
temor de sufrir un mal grave para su persona; en legítima defensa de su honra; pro\'ocado por hechos del ofendido y se enumemn luego las circunstancias atenuantes.
Que Prida hizo cu;.mto pudo por evitar. el lance y que
las condiciones en que éste se pactó con las modificaciones hechas en el Campo, eran las menos peligrosas para
los combatientes. En consecuencia, se le declara inculpable.
El Dr. Preciado y el General RocAa, también se consideran irresponsables.
·

mero para que repitiera lo que ante la sección del "Gran
J nrado y ante el Juez había declarado y agregáse todo lo
que le conviniera. He aquí lo que refirió 1 brevemente extractado con la mayor imparcialidad, que nos ha sido posible.
Tener 42 años de edad y ser de Tulancingo (Hidalgo).
El jueves 2 de Agosto de 1894, al acercarme á la ventana de la.casa del Sr. D. Juan Barajas 1 escuché mi nombre; fijé entonces la atención y oí que un individuo decía
:t la Sra. Barajas, que dejaría de hablar él mal de mí, si
esto la disgustaba. Con el objeto de conocer ií. la persona
que de tal manera se expresaba, penetré en aquella casa
y en la sala encontré á. D. José Vert'istegui que platicaba
con los esposos Barajas. .A.que! señor me recibió cortesmente; pero yo, satiefecha mi curiosidad salí un instante
después, pretextando que iba :t introducir á- mi amigo el
Sr. Barreto, y no vol d.
Al día siguiente no fuí á cenar á dicha casa, como lo
hacía toélas las noches. El s,íbado 1 el Sr. Barajas me buscó para el arreglo de un negocio que teníamos pendiente,
y me preguntó el motivo de mi ausencia. Respondí que
no me gustaba irá casas en donde se hablaba mal de mí:
Después de algunas explicaciones, aquel señor me repitió la conversación que habían tenido con Ven\stegui,
quien hablando de la elección del General Martín Gonz,Uez para Gobernador de Oa.-.::aca, había dicho de mí,
que era yo un periodiquero que sólo había ido á aquel
Estado á prender cohetes y mandar telegramas á la prensa de esta Capital en favor de D. Martín y que, si por
ésto era yo ascendido á. General y se me confiaba una
zona militar1 se desprestigiarfa el Ejército rri:is de lo que
estaba.
Pedí autorización al Sr. Barajas para reclamará Verástegui por tales ofensas y me la concedió; solicité luego el
mismo permiso de la sefiora, y también lo obtuve. Dados
estos pasos, le escribí á Verástegui una carta en que le
citaba todas las palabras que había proferido en contra
mía y le pedía que manifestara si no eran ciertas, con lo
Cual me daría yo por satisfecho, ó que en caso de que las
ratific.ira, designase á dos amigos para que se entendieran con los míos que irían á recibir la respuesta de mi
carta. Le suplicaba que en este último caso, buscase un
pretexto 6 autorizara á sus representantes para concertar
un duelo por causas reservadas, á fin de no mezclar nombres propios que no debían figurar en este asunto.
En virtud de lo anterior, rogué á. mis amigos los Sres.
Carrillo y Barreto, que fueran á pedir al Sr. Verástegui
su resolución, y ellos, después de ver á este caballero y
de tener la primera conferencia con los testigos nombrados por él, como resultado de mi carta, vinieron ,í manifestarme que éstos no admitían el reto por causas reservadas; ni daban explicaciones, ni convenían ell arreglar
un lance de armas, si no ampliaba yo las- instrucciones
dadas á mis padrinos. Dí un segundo pliego de instrucciones en que manifestaba que al Sr. Yerástegui correspondía explicar esas causas reservadas, y nada supe ya,
hasta que se me vino tí participar la fecha y hora en que
debía efectuarse el lance, al cual fuí en la convicción de
que me batfa por iujurias contra mí y no por injurias de
mi parte.
Me presenté en el lugar de la cita, cerca del Panteón
Español, á las cinco de la tarde. Se me leyó la parte conducente del acta; seme designó mi puesto¡ se me entregó
mi arma; la disparé en el momento preciso; sonaron los
tiros, y al ver que vacilaba el Sr. Verástegui y caía1 me

L1,1gar donde esperaron tos coches.

l!ll.. (Del natural por R. Hernández.)

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�25
6
cerqué. El Genernl Rocha me ordenó retirarme; lo hice
así y no supe más.
A preguntas especiales y habilfsimas del Juez, hizo las
siguientes aclaraciones:
Conocí por primera vez al Sr. José Yenist-egui en casa
ele su hermano D. Joaquín, quien se limit6 á la presentación de aquel con las personas que estábamos en casa ele
éste; y 1110 retirl! sin haber logrado despedirme de él.
Luego me fué presentado nuevamente en casa del 8r. Barajas, en la cual ocasiún, apenas pudimos cambiar algunas frases de corte.sía. L'l. segunda vez que lo encontré
en el mismo lugar, hablamos incidentalmente de hi muerte de su hermano ocurrida hacía poco, y con tal motivo
él expresó alguna sospecha de que D. Joaqu,n había. sido
envenenado.
-¿En qué indicios 6 pruebas puede usted fundarse pa•
ra ésto?, exclam~.
-Bueno fuera saberlo1 respondió en tono áspero, que
me indujo ,l guardar silencio hasta que él1 dirigiéndose
á mí, prorrumpió en estas palabras: ¿A qué le sabe á us•
ted este cuento?
-A mf, ,l nada, contesté.
Poco después se despidió, diciéndome:
-11Adiós1 amigo; al que le duele1 le duele.u
Interpelado por el 8r. de la Hoz, manifestó Romero
que no había visto en tales palabras una señal de antipa•
tía, ni la había sentido tampoco por las consideraciones
de que ern objeto Verástegui, pues eran las mismas que
,·eía otorgará otras muchas personas, á quienes trataban
los esposos Barajas con mayor intimidad que á él.
Insiste luego en afirmar que su carta á Verástegui no
contenía más injuria que la com·enGional de que éste se•
ría un desleal en caso de que se hubiera referido al Ejér•
cito como se aseguraba, diciendo que estaba despresti•
giado.
El Juez leyó los fragmentos de esa carta presentados
por un testigo del acusado y uno de los cuales dice poco
másó menos:
uEl empleo poco poético que nsted desempeJia, no lo
autoriza para combinar nombres que callo con oficios
que callo también, mezclándome en tales combinaciones
para injuriarme.
Si cree usted que le estorbo en esa casa, sírvase decfr•
melo y si esto es así, creo que se equivoca y lo lamento;
pero lo mejor que podré hacer será castigarlo, abandonándole el campo, y desde ahora lo felicito por el triunfo
que obtenga en la lid erótica ............ ........................... ,,
Acerca de los otros fragment-OS, ya hemos dado idea de
su contenido en líneas anteriores.
En seguida repitió que el calificativo de desleal era condicional¡ alegó que la carta no debía ser considerada CO·
mo cartel de desafío, porque su objeto era pedir explica.
ciones; y se mantuvo firme en su .aseveración de que el
duelo no tuvo por causa directa ninguna cuestión de faldas; que no había sabido que solamente un tiro dispararían, por modificación heCha á última hora en las condiciones pactadas, pues de saberlo, habría devnC'lto su
pistola sin descargarla; que tampoco supo que el callón
del arma era rayado, ni advirtió en ésta ningún defecto¡
y que nunca escribió en El Relámpago artículos injuriosos
contra Verástegui.
A siguientes preguntas, contestó el culpado, que hacía
como cinco años que no iba al tiro de pistola, aunque an•
tes asistía. diariamente, y que poco antes del duelo sólo
había estado allí dos veces, con el objeto de visitar ú. su
amigo el Sr. Macedo, y otras dos el día del lance, en que
fué á ejercitarse y á buscar á su médico. Calificó el desafío de excepcional, porque sin atender :t la modificación
de tHtima hora y supuestas las C{mdiciones estipuladas1
es decir, avanzar un metro después de cada disparo hasta
que hubiera resultado, pudieron haber llegado á la d.is•
tancia mínima, y el desenlace tenía. que haber sido irre•
misiblemente fatal.
A moción del Agente del Ministerio Público describe
los lugares que ocuparon su adversario y él, calificando
de ventajoso el suyo á pesar de haber perdido sus padri•
nos la suerte echada para elección de terreno1 pues él te•
nía atrás ramaje que formaba. fondo obscuro y Verástegui se dest-acaba perfectamente sobre el horizonte.
Interrogado sobre las figuras señaladas con balas que
exist'en en el tiro de pistola y que demuestran su habili·
dad en el manejo de armas de fuego, adujo que esto solamente podía hacerse por medio de una trampa acepta•
da que consiste en tomar algo más de tiempo.
La parte civil lo interpela acerca de los diferentes lan•
ces que ha tenido. Confiesa que una vez en la Cámara
de Diputados insultó á D. Juan Mateos, pero que en
cuanto bajó de la tribuna le dió una cumplida satisfacción. Refiere las cuestiones f!Ue tuvo con los Sres. Rocha, Este~a y Samsón, aJ último de los cuales hirió en el
cOmbate.
El Licenciado García le ha.ce notar qoe según declaración del Licenciado Rodríguez Tala.vera, D. José Verás•
tegui nunca. creyó que su hermano hubiera muerto envenenado; le increpa duramente por la incorrección de
escuchar una col'lversación que no se ~nía con él y que,

25

EL MUNDO.
por lo demás, no podía. haber oído, como lo demostró la
prueba ejecutada por el Juez, en el mismo sitio y á igual
hora. Trata el ~r. Cinrcfa de :werigunr si Romero había
sentido alguna vez miedo y le pregunta si ha sido alguna
vez cobarde. Esta y otras frases despectivas empleadas
por el repreEtentante ele la parte ch•il, le atraen una amo•
nestnción del Juez.· En contC'~tacióu á una de ellas, Romero le dice que si eso debate se hubiese efectuado en la
Cámara, ha.brfan tenido un disgnsto.

•*•

Concluye así esta primera audiencia. que deja penosa
imprei;:i6n en los espectadore!s. La opinión general en
aquellos momentos ~e inclinab.-1 en foxor de Romero, por•
que al verlo acongojado _lo compadecía. De seguir nsí las
cosa.,;1 podía preverse que sería absuelto, porque de la
compasión al perdón no ha.y sino un paso, y había pro•
vocado Yerdn.dera l:istima hacia el procesado, la. safia. de
la parte civil, sin que el Ministerio Público la. contrarres•
tara con preguntas lu'ibiles, pues se limita.ha :t insistir en
casi las mismns que había hecho el Licenciado de la Hoz.
En cuanto á éste, ya se había conquistado la confianza, por
decirlo así, del público, que en él veía una pericia ndtt·
nada :tuna amabilidad admirables y simpáticas. Romero,
que al principio habfn. permanecido sereno, Re inmutó
después ante la exigencia· del Licenciado García y revelaba verdndern angustia, cuando acudió en su auxilio
el Presidente ele los debates. A excepción de esos mo-mentos, su actitud era tr3.nquila r accionaba poco.

Audiencia de la tarde.
En la tarde del lunes 19 continúa el interrogatorio del
Coron61 Romero.
Su defensor, el Lia. Heriberto Barrón, le hizo algunas
preguntas acerca de sn habilidad para tirar, de la ame.
naza de que publicaría la carta y de las causas secretas.
El procesado contestó á lo primero, que en el Colegio
j)IiJitar, es obligatorio aprender el manejo de las armas;
negó su intención de publicar la cart.a é insistió en que
no revelaría las causas secretas.
Discute luego con el Lic. Ramos Pedrue.za, defensor de
Carrillo, sobre el calificativo de excepcional que &lt;lió al
duelo.
El Lic. Emilio Pimentel, defensor de Castillo, le pre•
gunta qué habría hecho si Ver.ístegui no hubiera contes•
tado su carta.
-:\:landarle mis padrinos.
El Sr. Bttlnes le pide algunas explicaciones sobre el
punto ele las causas secretas y le pregunta si la ofensa
que le había hecho Ven'istegui era tan graye que no de•
bía revelarla.
Romero se inmuta y dice: So reté por eso ...... pero, en
fin, no sé por qué me batí1 si porque yo injurié ó porque
él me injurió,
El Lic. Alfaro, defensor de Rocha, le hace algunas pre.
guntas relativas al arma. Romero cree que el desperfecto
notado en una de las pistolas, fué causado después del
lance.

Interrogatorio del Coronel Carrillo.
Con actitud iuarcial, pero con voz sumamente baja,
rindi6 el Coronel Carrillo su declaración que esti.t de
acuerdo en gmn parte con la de Romero.
A pregunt.as del Juez, dice:
Ser de Coahuilii. y tener -:ló anos de edad.
·Que seg(m instrucciones de Romero, sólo iban Barreta
y él, tí, pedir respne!'&lt;üt ú la carta de su representado, pero
que en caso de que Ver.ístegui nombrara padrinos, ellos
~umirían igual papel, como lo hicieron.
Que siempre creyó que había un motivo eecreto, pues
Romero le refirió muy á grandes raE1gos su disgusto ~on
Yerástegui.
Que ni él, ni el Sr. Castillo, se habían m11nifestado
nunca conformes en concertar el.duelo por causas reser•
vadns¡ que al hablar de la carta, Prida. dijo que Veráste•
gui no retiraba nada de lo que había dicho.
Que no recordaba si Barreto había amenazado con pu•
blicar la carta.
Di6 á conocer el alto concepto en que tiene á Romero
y concluyó expresando, que aunque en la entrevista ve•
rificada en Et Unfrersal con los Sres. Prida y Castillo,
procuró conciliar los intereses de uno y otro de losad•
versarios1 no consiguió su intento y tuvo que aceptar la
contrademanda de los testigos del Sr. Verástegui.
El Lic. Pernza, le dirigió diversas preguntas casi iguales
á las anteriores del Juez, y lo hizo con tal insistencia
que, ya abrumado el Sr. Carrillo, se dirigió al Presidente
de los Debates, diciendo:
-Seíl.or, ya el Agente me está atarantando.
En aquel momento se levantó el Lic. García casi convulso de ira, pidiendo al Sr. de la Hoz que llamara al
orde:n al Sr. Carrillo, y no le permitiera injuriar al Re•
presentante de la Sociedad.
. El Juez hizo notar que no había habido ninguna injuna·y que en aquellos mismos instantes el St. Carrillo
había indicado que nunca creyó que fuera ofensa deci;

ÁGOSTO,

1895.

que se estaba atarantando y que· si tal fuere, pedía excu
sas al Sr. Pera.za y á los jurados.
Este incidente malquistó de nuevo al Representante de
la. parte civil, con el público.
En seguida interrogaron á Carrillo los Sres. Lombardo
y Pimentel. A este último le sostuvo que había dado conocimiento á. Romero de las condiciones del duelo, desde
la víspem del día en que éste se efectuó.
El Sr. Bulnes le dice que si el duelo por causas reser·
vadas era aceptado, entonces ellos estaban autorizados
para pactar un lance muy reservado. Pero como no se
aceptó ¿por qué ó con qué derecho admitieron la contra•
demanda?
Carrillo.-Porque teníamos plena autorización para

ello.
Bulil.l'.JJ.-¿En dónde consta esa autorización? ¿En los
fragmentos de la.~ instrucciones?
Carrillo.-Sí 1 señor.
La Secretaría leyó los fragmento!!.
Biilnfs.-No consta esa autorización en los fragmentos;
al aceptar esa contrademanda ustedes faltaron ,t su deber
de úrbiiros.
En esta segunda audiencia el Agente dC'I Ministerio
Público se limitó como en la primera, ,t pedir nimios de•
talles sobre puntos aclarados ya suficientemente por el
Juez.
El Sr. Carrillo con sus frases de soldado, vulgares algunas veces, incoherentes otras y muchas veces expresadas
con acento de sinceridad, produjo buena impresión.
Bulnes provocó risas ahogadas por la campanilla del
Juez cuando apenas se dibujaban en el rostro de-los con•
currentes.

i'IIAR'l'ES 20 DE AGOSTO.
Amliencia de la mañana.

El martes en la mañana, la gente que se aglomeraba á
las puertas del Palacio de .Justicia y del Salón de Jurados,
em quiz,t m1t5 numerosa que la yfspera. Lrn-\ incidentes
del interrogatorio de Romero habían causado vi va enw•
ción y se esperaban otros más sensacionales aún, al declarar los Sre¡:. Castillo y Prida.
Presentóse el Sr. Castillo vestido correctamente con
traje negro, de levita larga. y al interrogárselc, habló du•
.rante m,is de una hora, sin detenerse, con seriedad inmu•
table, refiriendo todos los detalles que pudieran interesar.
}:l testimonio del Sr. Castillo, por la honorabilidad de
este caballero, por la corrección é imparcialidad que ha.
demostrado en el asunto, desde un principio; por la seve
ridad y franqueza de sus juicios, y sobre todo, por la cla.
ridad con que est:t expuesto, constituye sin duda, 1a relación más fiel de los hechos que pudiéramos dar tt nues•
tros lectores. por lo cual lo reproducimos casi íntegro:
11
Te11go 55 afios de edad y nací en Oaxaca.
El día 7 de Agosto del año J?róximo pasado, enconr
trúndome en mi casa habitación enfermo todavía á causa
de la muerte de un hermano mío, acaecida muy pocos
días antes, se presentaron ,t buscarme como á las dos de
Ja tarde, los Sres. D. José C. Ver,tstC'gui, mi compaflero
el Senador D. Antonio Arguinzonis y el Dr. Grande Am•
pndia, cuyo nombre no me era conocido. Dichas per•
sonas, después de saludarme atentamente, tomaron a.sien•
to y el Sr,. Ver1.ístegui dijo éstas palabras: ((Tengo necesidad de que usted me haga un gran servicio; ¿está. usted
resuelto á. ello?n A lo que contesté rerneltamente:-Cual•
quiera que sea ese servicio estoy dispuesto á obsequiar
su deseo.
Como me era conocida la caballerosidad del Sr. Ve,'ás•
tegui y además él y yo nos profesitbamos sincera amistad
estaba. seguro de que el favor que iba á. solicitar que yo
le hiciera, ni habría de ser imposible, ni habría de comprometerne, ni mucho menos de afectar mi honra, no
vacilé en contestarle así; esto es1 que estaba resuelto á
servirle en todo.
El Sr. Yerástegui me di6 las gracias y me refirió que
había recibido una carta en extremo insultante del Sr.
Diputado D. Francisco Romero, en la cual lo retaba para
un lance formal; que aquella carta la había hecho mil
pedazos con el objeto de que su familia no In viera; pe'ro
que á fin de corresponder al reto del Sr. Romero, había
nombrado representantes suyos á. los Sres. Senador D.
Antonio Arguinzonis y Dr. Grande Ampudia, quienes,
después de haber conferenqiado con los Sres. Senador D.
Lauro Carrillo y D. Manuel Barreto, representantes del
Sr. Coronel Romero, habían hecho dimisión de su en•
cargo, y estando acéfala su representación, ocurría á mí
con el objeto de que en unión del Sr. Lic. D. Roberto Nú•
Ilez, continuara las conferencias ya emprendidas
La dimisión de los Sres. Grande Ampudia y Arguinzo•
nis, me hizo suponer que el Munto era en extremo delicado y de dUfoil solución, porque me eran conocidas tan•
to la pericia. en asuntos de honor del Sr. Arguinzonis,
como el afecto del Sr. Grande Ampudia para el Sr. Ve•
rástegui; pero ya me había comprometido con dicho

AGOSTO,

EL MUNDO.

1895.

seflor ó. servirle, y pensé, además, que la cordura de los
representantes del Sr. Romero así como el recto juicio del
Sr. Lic. Núflez y mi buena intención, podrían servir de
escollo ,t los enojos que habían provocado ese lance de
honor.
Aceptada por mi part&lt;\ la comisión que me confiara el
Sr. VerÍlstegui, esperé :í. qne se rneavi1-1nra 1 cuando el Sr.
Núfler. estaba en dispo~ición de &lt;X'Up:\n;e del asunto. Al
día siguiente se me participó, por conducto del Sr. Ar•
guinzonis, quo no siéndole posible al Kr. Lic. Núñe1i ha•
cerse cargo de la represcntaci(m del ~r. Yerástegui, lo
substituiría el Rr. Lic. D. Ramón Prida, y se me suplica•
baque nos reuniéramos la mañana de aquel mismo dfrt.
&lt;:on los Sres. Coronel Carrillo y D. )Ianuel Bnrreto en la
Redacción de El Partido Liberal. Esa reunión tuvo efecto,
y después de cambiarnos, como es de costumbre, nuestras
respectivas credenciales, los representantes del Sr. Romero leyeron las instrucciones que llevaban escritas y
fragmentos de una carta que su representado había dirigido al Sr. Verástegui, terminando su demanda con la
pretensión de que paet,iramos un duPlo por en.usas reser•
vadas, á. lo cual nos resistimos tenaz y enérgicamente tan•
to el Sr. Lic. Prida como yo, dando oca.'-li6n esa resisten•
cia á una acalorada discusión entre el Sr. Barreto y yo1
porque aquel señor fundaba su exigencia en un artículo
del Código Nacional clel Duelo, que autoriza lances por
motivos reservados, mostr:.indonos, parJ. obligarnos ú a.e•
ceder ásu pretensión, las finnasdel Sr. Prida y la mía con
que habfamosautorizaclo aquel Código, y dándonos á en·
tender en su exaltación que al excusarnos d1Lbamos_ lu•
gar ú que el Sr. Romero publicara la carta infamante que
habfa sido dirigida al Sr. Verástegu i. Las observaciones
del Sr. Barreto fueron contestadas por mí también con
exaltación, manifestándole que jamiís consentiríamos en
que se pactn.ra un duelo sin conocer los motivos, porque
íbamos á constituirnos en jueces de la honra de nuestros
representados, y porque para dar nuestro fallo necesita•
bamos conocer perfectamente las causas 1 agregando que
si el Código permitía esos duelos, sobre el Código esta•
ban nuestras conciencias y nuestros deberes de caballeros. El Sr. Senador C-arrillo1 tomando parte en la polémi•
ca, propuso que podían tomarse como motivo para con•
certar el lance, algunas frases del Sr. Verástegui proferi•
das contra el Sr. General D. Martín Gom:ález, y en las
cuales infamaba al Sr. Coronel Rometo.
A. esta indicación contestó el Sr. Lic. Prida, diciendo
que se designaran cu;Ues eran esas: frases que juzgaba ofen-

Lle. Fede r ico

Pe r■ za

Rosado,

Agente del Minl¡¡tcrio Ptlbllco.

sivas el Rr. Coronel Romero, á lo cual replicó el Sr. Ba•
rreto, expresando que nada podían aclarar, porque su
misión era tan sólo concertar un lance de honor.
La resistencia del Hr. Barreto ocí\,.i;ionó otra nueva con•
troversia entre los representantes de ambas partes, la cual
discusión terminó por la indicación que hizo el Sr. Lic.
Prida, de que se pidiera autorización al Sr. Romero para
que fueran i;us rC'pr&lt;'¡;;entantes más claros y precisos en
los términos para fundar h\ demanda, supuesto que en la

Glspec!o ael palio ael Palacio

7

= == = = = = = = == = = = = = =
carta que dirigió al Sr. Verástegui, le decía que sería más
explícito si así lo deseaba. Habiendo accedido á eso loe
representantes del Sr. Romero, se suspendió la conferencia para reanudarla á las cinco de la tarde del mismo día
en la Redacción de El L'nirersal.
Cuando los representantes diil Sr. Romero se retiraron,
el Sr. Lic. Prida y yo nos pusimos 1t reflexionar sobre el
caso tan delicado que teníamos ú nuestro cargo, haciendo entre otras estas consideraciones: El Rr. Ver.í.stegui
nos había confiado su honra, que era amenazada por su
adversario, y nosotros e:::Mbamos, por lo mismo, en el de•
ber de defenderla; comprendíamos que si los reprerientan·
tes del Sr. RomerQ tmtamn el asunto repo:sadamente y
sin la sugestión directa y decisiva de su representado, podríamos llegar ,t un avenimiento decoroso, pero habíamos
palpado que dichos señores no querían asumir el carácter de jueces1 sino de agentes sumisos del Sr. Homero,
quien, á. todo trance, deseaba un lance con el Sr. Ver.is•
tegui, poniéndonos en la disyuntirn ó de aceptarlo ó per•
mitir la publicación de aquella carta que nuestro representado nos había dicho que había hecho pedazos para.
que no fuese vista, es decir, que se nos exigía ó el combate 6 la honra; teníamos el deber de evitar el primero1 pe·
ro salvando ante todo á la segunda.
En tan crítica. situación, convenimo,':I el Sr. Prida y yo,
en agotar todos los recursos para llegar á. una conciliación,
y en caso de que los representantes del Sr. Rcmefo in·
sistieran en su actitud hostil, asumir el carií.cter de con•
trademandantes, fundándonos en los térmir,os de la carta dirigida al Sr. Verástegui, á fin de obtener así las ven•
tajas que cQncede el Código al ofendido. Pero para tomar
esta determinación en la entrevista. que debíamos tener
en la tarde, convenimos también en que consultúsemos
al Sr. Verástegui, supuesto que ninguno como él podía.
apreciar los resultados de la publicación de aquel docu•
mento con que se nos amagaba.
Habiendo quedado encargado el Sr. Prida de que con·
ferenciase con el Sr. Vcntstegui, cumplió su comisión, y
en los momentos de reunirnos en la Redacción de El Unit•ersal. con los Sres. Carrillo y Barreto, dijo el Sr. Prida
lo siguiente: «Ya hablé con el Sr. VerástP,gui y nos encar•
ga que exijamos satisfacción al Sr. ltomero por la carta
que le ha escrito,11
Iniciada nuestra segunda conferencia1 los representantes del Sr. Romero nos manifestaron que dicho señor obs•
tinada.mente se negaba á ser más explícito y que, confor•
me á las instrucciónes recibidas, ellos insistían en que se

ae 9uslicia, al comenzar las auaiencias.

fDel natuml por Lt•nnrlro lznguirre.)

�25

EL MUNDO.

8

AGOSTO,

1895.

reparación que fué aceptada por los re~resentantes del
Sr. Romero, en atención á haberse calificado la ~fens_a
como de muy grave. Yo propuse qu~ el c?mbate se verificara á pistola, á treinta pasos de distancia y av~nzando
un paso después de cada disparo hasta que hubiera resultado. Esta propuesta, que fué aceptada por ambas
partes, estaba fundada, por 1~ que respecta al arma elegida, en que el Sr. Verástegm cuando fué á verme para
que yo lo apadrinara, me dijo expresame~te y dela~te.de
loá sefiores Arguinzonis y G~ndeAmpudia, que el u~1co
encargo que me hacía era que en caso de qu~ hub!era
duelo eligiera la pistola y por lo que toca á la distancia Y
al avance en el combate, mi intención fué la de procurar
que las probabilidades de un accidente fatal fueran igu~les para ambos combatientes, esperando ade1rnís todav1a

1

•"'
Lic. Emilio Plmentel.
Defensor de Don Apolinar Castillo.

Lic. Francisco Alfaro.

Defensor del General Rocha.

concertara el duelo por cansas reserYadas ó qne de lo contrario se tendría por no admitido el reto que habían formulado, supne!itO que nuestro representado no no~ había
dado instrucciones como ellos tenían del suyo, quien publicaría. en los periódicos la carta dirigida al Sr. Verástegui.
Al oír eso el Sr. Prida les manifestó lL los expresados
señores que nosotros teníamos instrucciones ba~t~ntes,
no sólo para contesta-r la demanda que con prec1s10n. se
expusiera, sino tarnbién para. contrademandar por_Ias injurias que el Sr. Romero dirigió al Sr. Verástegmi en la
carta mencionada.
Los Sres. Carrillo y Barreto, en contestación, maniiestaron q,e aceptaban la contrademanda y que~a~n por
existentes las palabras injuriosas que había dirigido el
Sr. Romero al Sr. Verástegui 1 supuesto que así se obtenía
el arreglo del lance.
.
Al ver aquella actitud resuelta1 yo pedi que se especificasen todos los términos de la repetida carta, á fin de
ratificarlos. A. esta observación replicaron los Sres. Carrillo y Barreta, que nada podían indicar, pues sólo conocían algunos fragmentos de aquella, pero que indudablemente el propósito del Sr. Romer~ había sido ofender al
Sr. Verástegui para estrecharlo á aceptar un lance de
honor.
Después de esa manifestación, nos vimos obligados el
Sr. Prida y yo á pedir una satisfacción, pero se nos negó
de un modo terminante. Esto nos puso en el imprescindible caso de pedir reparación por medio de las armas,

Lic. Manuel Lombardo .
Defensor del Coronel Romero.

por la seriedad del lance alguna avenencia.entre nuestros
contrincantes y teniendo el propósito muy reservado
de pedir en el terreno la suspensión del combate de.spuée
del primero ó segundo disparo.
Convenidas las condiciones del lance y nombrado Juez
de Campo el Sr. General D. Sóstenes Rocha, se acordó

Las tres y media serían cuando el Sr. Prida fué ú. verme
al referido local y me dijo que me esperarían él y el Sr.
Verástegui en el Tívoli de San Cosme. Como para violentar yo mi viaje había con anticipación pedido un coche al sitio de la calle de Gante, el vehículo ya estaba.
esperándome cuando terminé mi ocupación. Inmediatamente fuJ á recoger las pistolas á mi casa habitación y de
allí me dirigí al Tívoli de San Cosme, en donde encontré
dent10 de una carretela á los Sres. Verásteguii Prida Y
Doctor Preciado. Este señor se pasó al coche que yo llevaba y partimos los cuatro rumbo al Panteón Espa.ñol.
Al llegará aquel lugar, el Sr. Prida y yo nos ocupamos
en buscar un terreno á propósito, y cuando ya lo habíamos encontrado, llegaron los Sres. Carrillo y Barreto,
quienes nos anunciaron que el Sr. General Rocha se encontraba esperando en el interior del Panteón. Mandamo511amar á dicho señor para que diera su parecer sobre
el campo escogido, el cual le pareció conveniente. En s~guida se rifaron los lugares y las armas, ganando la primera suerte nosotros y la segunda nuestros contrarios.
Al terminar de hacer las suertes, comenzó á llover y por
eso tuvimos que suspender todo procedimiento, resguardándonos bajo de un árbol hasta que cambiase el tiempo.
Cuando la lluvia cesó1 mandamos llamar á los s~fiores
Verástegui y Romero; mientras llegaban estos seiiores1 yo
indiqué al General Rocha que aunque nosotros habíamas
propuesto el avance en el combate hasta que hubiera resultado, me parecía conveniente que él, como Juez de
campo, lo suspendiera en el primero ó segundo~
__.....disparo,

_

25

AGOSTO,

1895.

porque estaba yo seguro de que todos
convendríamos en la terminación del lance una vez que nuestros ahijados hubieran cumplido con su deber. El señor Rocha estuvo conforme y así lo manifestó á.
los demás testigos cuando ellos y nosotros estábamos reunidos.
Lo! seflores Verástegui y Romero se
presentaron, y después de colocados en
sus respectivos sitios, se procedió á cargar las pistolas, operación que practicó
el Juez de Campo Sr. General Rocha,
con la má.s estricta legalidad1 en presencia del Sr. Baneto y la mía.
Lo primero que hizo fué llenar la cucharilla que sirve de medida común 1 rasando ésta con el dedo índice para que
no hubiera ningún exceso de explosivo;
después vertió la p6l vara en el ca116n de
una de las pistolas1 colocó una bala esférica en la boca de esa arma y atacó
dando los golpes necesarios. Estas operaciones practicadas en la primera pistola
las repitió con la misma exactitud en la
segunda, y luego las armas fueron barajadas por el señor Baneto para que yo
eligiera cual de ellas era la que debiera
usar el señor Yedstegui. Una vez que
estuvieron armados y, en su sitio los combatientes, el Sr. General Rocha dió las
voces demando, saliendo ála tercera los
dos tiros casi simultáneamente.
Pasadas las detonaciones, advertí que
el Sr Verástegui se volteaba, y creí que
estaba herido del brazo derecho; pero el
8r. Prida, suponiendo mas grave el accidente, se apresuró á recibir en sus brazos
el cuerpo, que iba ya á desplomarse.
Al momento ocurrfmos todos en su auxilio, pero el Sr. Doctor Preciado nos
manifestó que era inútil, porque ya estaba muerto, y entonces el Sr. General
Rocha, didgiéndose al Sr. Romero, le ordenó que se retirara de su sitio. El Sr.
Romero obedeció, y avanzando al lugar
en el que yacia en tierra el Sr. Verástegui, quiso h2.blarle creyendo que aún vivía, pero yo le manifesté que era extemporáneo su deseo, porqne ya mi amigo
había muerto1 agregando que lo que debía
de hacer era retirarse de aquel lugar. El Sr. Romero así lo
hizo, encargiindome antes que si aun era tiempo1 expresara yo su profunda pena á su adversario.
Los Sres. Prida, Barreta, y dos mozos que por casualidad encontramos1 cargaron el cadáver y lo colocaron en
el coche que yo había llevado. En ese mismo vehículo
tomamos asiento los Sres. Prida, Carrillo y yo, y en el
trayecto entre el Panteón Español y esta Capital, convenimos, después de algunas deliberaciones, en presentar
el cadáver á la 6~ llll!pección de Policía, constituyéndonos nosotros tres, los únicos testigos de la muerte del Rr.
Verástegui.
Tal es mi declaración. No me retracto de lo que está
escrito en el acta que se levantó sobr~ el suceso, y advierto que en los actos que se refieren á ella no hubo felonía ni algo que amerite falta de caballerosidad.))
A instancias del Juez. agrega el Sr. Castillo, debo con-

lle. Antonio Ramos Pedn,eza.
Defensor del Coronel Carrillo.

que el duelo tuviera verificación al dfa siguiente, á las
cinco de la tarde, en las cercanías del Panteón Español,
arreglando el Sr. Licenciado Prida y yo al separarnos,
que él se encargara de hacer saber al Sr. Yeriístegui lo resuelto definitivamente y que yo preparara las armas á fin
de que estuviesen list,as á la hora indicada.
El día fijado, esto es, el día·9 de Agosto d~l aíl.o próximo pasado, á las ocho de la mañana llevé las pistolas de
mi propiedad á la Escuela de tiro de San Felipe para que
las limpiaran y dotaran de pa.n.i.ue y á las doce y media ó
una de la tarde fuí á recogerlas, encontrando en aquel establecimiento á los Sres. Verástegui y Prida1 quienes estaban haciendo ejercicio. De allí salimos juntos y al separarme yo de ellos, les manifesté que tan luego como terminara el sorteo de la lotería que se iba á verificar á. las tres
de la tarde en el Pabellón Morisco, iría al lugar de nuestra
cita.

9

EL MUNDO.

Ingeniero Francisco Bulnes.
Dcic.nsor del Lic. Prtda.

testar la verdad. El Sr. Yerástegui me dispensó siempre
confianza y me dijo una vez: ,,Romero me reta porque
me encontró al lado de una m njer.))
Juez: Seré mtis explícito: Verástegui le dijo á vd. c&lt;Romero u1e reta porque me encontró al lado de su querida?
-Sí, señor.
Luego el Presidente interrogó al Sr. Castillo sobre los
medios de conciliación, puestos por él, á lo que contestó el
Sr. Castillo que la resistencia de ambos lados se lo había
impedido¡ que el lance no se verificó en las condiciones terribles que se pactaron 1 sino que éstas se modificaron en
el terreno; que el lance no tuvo nada de excepcional; que
fué un duelo común.
En respuesta á preguntas del Agent,e del ~Iinisterio
Público 1 declaró que no consideraba indecoroso el motivo del lance, pues lo habían sido las injurias contenidas
en la carta de Romero1 aun cuando las originara un disgusto de alcoba; dijo que la idea de la contrademanda
surgió de él y de Prida, no del Sr. Verástegui y que no
pudo apelar al arbitraje porque hubo mayoría de opiniones eu llamar graves las ofensas.
La parte civil insistió sobre la honorabilídad de los
motivos que originaron el lance.
Al Lic. Lombardo le manifestó que la determinación
de suspender el combate al primer disparo1 no había sido
comunicada á. los combatientes .
.A. solicitud del Lic. Ramos Pedrueza1 declaró que el
duelo había sido común y no excepcional y por indicación del General Rocha, cit.ó algunas cuestiones de honor
en que había intervenido y en las cuales había obtenido
una solución pacífica. En seguida, á. pregunta especial,
manifestó que de todos los duelos en que había tenido
participación 1 Fólo en los de los Sres. Ferrel y Reyes Spíndola, y Romero y Verástegui, había habido Juez de
campo.
Terminó la audiencia. Las declaraciones del Sr. Castillo fueron escuchadas con gran atención por el auditorio.
La parte civil hizo algunas preguntas de poca importancia.

¡imitarémos á hacer constar los punt-0s
más importantes de su testimonio.
Acusó á Barreto de haber sido el que
mtts obstáculos opuso para· llegar á un
avenimiento; expuso que á él, para evitar el lance, se le ocurrió poner las condiciones más duras para amedrentar á los
contrarios, pero que por objeciones de
Carrillo y Castillo, se conYino en D.n en
que fuera i.t 30 metros, bajo las demás
condicione::: sabidas.
Negó enérgicamente que los fragmentos
de la carta de Romero, que les fueron
leídos por los padrinos de éste, sean los
mismos que presentó luego Romero ante
la sección del Gran Jurado1 pues él los
vió en hojas sueltas y más pequefias que
las constantes en el proceso; adheridas
antes de ser escritas, según l)rueba pericial.
Asentó:que al ejercitarse en la ma11ana
del día del due\01 el Sr. \·erttstegui había
hecho buenos tiros y refirió cómo, por
una equivocación había usado en aquella
circunstancia, dicho caballero, los dos pare!s de pistolas que sirYieron para el duelo.
Expuso que él había creído ,,er la bala disparada por Yer.ístegui rosando la
cara de Romero; })&lt;'ro que tanto se había
dicho en contra de tal a:::erción y de tal
manera había sido ridiculizada, que hoy
dudaba ya que tal hecho fuera una realidad y se inclinaba ií considerarlo como
una ilusión.
Aseguró que había oído dos detonaciones con un brevísinlf.) intervalo y que el
tiro del Rr. Romero fué dispamdo udentro del tiempo11 que marcan los códigos
del duelo.
Explicó fundándose en el tratado sobre el duelo, de Jollivet1 el ofrecimiento
que hizo de su cartera á Yerástegui, para
que le sirviera de defensa1 lo cual fué rechazado por éste con las siguientes palabras: uLas leyes del honor me autorizan
para llevar al campo mi cartera1 pero no
la de usted.n ¡Y si la hubiera llevado,
exclamó el Sr. Prida, no habría muerto!
Termina diciendo que hizo todo lo posible por evitar el encuentró y que éste
nada tuvo de excepcional.
El Agente del Ministerio Público le hizo diversas preguntas que no eran sino apreciaciones particulares de
aquel funcionario acerca de los diversos puntos que ha
traído al debate esta cuestión, por lo que no tuvieron interée.
El representante de la parte civil insiste en que manifieste las razones en que se apoya para. creer que Romero
fué dueño de El Relámpago y autor de los artículos publicados en éste relativos al duelo.
-Tmigo las pruebas en el bolsmo, dice el Sr. Prida.
Pide el Lic. García que las exhiba y se opone el Juez,
por la prohibición legal.

Barrón y Prida.
El defensor de Romero, después de dar una amplia satisfacción á Prida por las frases duras que le había diri-

Audiencia de la tarde.

Lic. Alfonso Lancaster Jones.
Defensor del Oeneral1Rocha.

Lic. Herlberto Barrón.
Defensor del C.oronel Romero.

Llamado á declarar el Lic. Ramón Prida, se presentó
vestido correctamente de negro, con un pafiuelo blanco
en la mano. Como en su relación de los hechos dijo casi
lo mismo que el Sr. Castillo1 con ligeras diferencias nos

Lic. Enrique Pérez Rublo.
Defensor de Prlda:y,Preciado.

�EL MUNDO.

10

25

AGOSTO,

18~ií.
11

EL MUNDO.

25 AGOSTO, 1895.
Audiencia de la tarde.

gido en algunos periódicos, manifestó que su representado había sido objeto de versiones calumniosas de la prensa y especialmente de un periodiquillo ruin calificativo
por el cual tuvo el Juez que llamarlo al orden.
Se concretó Barrón á preguntar á Prida, si creía que
Romero hubiera visto con satisfacción el cadáver de Verástegui! si él mismo sería capaz ~e fugarse y si puede
ser con51derado como un caballero mtachable.
_
El Lic. Prida respondió: Que no podía conocer las impresiones personales de Romero; que él no intentaría la
fuga, en el caso de éste; y que el matador del Sr. Verástegui había sido rehabilitado por el lance con el Sr. Samson que lo puso dentro de las leyes del honor.

Cartlo entre Prida y Carrillo.
Carrillo dice que Prida hizo imposible el avenimient~
que procuraba él 1 por haber manifestado que "':er~stegui
no retiraría ni una palabrara, un ademán, m un gesto
que pudieran haber ofendido á Romero. Prida alega que
se amenazaba con publicar la carta--reto y que en aquellos momentos estaría excitado, pero no exaltado, como
asienta Carrillo.
Discuten los carean tes sobre aquella amenaza que uno
afirma haberle sido hecha por BarretO y el otro asegura
que no la oyó.
Prida insiste en que los fragmentos que obran, no fueron los mismos leídos en las conferencias y que Romero
se los dió á Carrillo al declarar ante la sección del Gran
Jurado. Carrillo asevera lo contrario.

El Lic. Pérez Rubio le hi1.0 algunas preguntas encaminadas ií demostrar que el Dr. Preciado había sido arrasrado con disgusto y con perjuicio de sus ocupaciones al
lance, únicamente por deber de humanidad y por deferencia á. un íntimo amigo suyo.

Rocha y Castillo.

El General Rocha.
Tiene 63 años de edad y es de Guanajuato. Relató lo
acontecido de una manera franca. Aceptó la comisión de
ser Juez de Campo en el duelo, porque se trataba de amigos íntimos y mrnca niega un servicio it un amigo; prestó
las pistolas porque se las pedía el mismo Sr. Carrillo que
e las había regalado.
Que la modificación en las condiciones del duelo1 se hicieron á última hora y no lo supieron los combatientes.
Que solo Oyó una detonación.
Que Romero1 casi llorando, quería hablará Yerástegui
al caer éste y que él (Rocha) lo hizo retirarse.
A preguntas del Juez manifestó:
Que suponía militar á Verástegui.
Que las pistolas en el momento del desafío estaban
bien.
Que Verástegui ocupó la mejor posición.
Que en los duelos á pistola no es necesaria la presencia
de un Juez de Campo.
Con este líltimo motivo, tras de inteligentísimo circulllt
loquio hizo convenir al General Rocha en que si un testigo es el que hace por lo regular las veces de Juez de Campo, éste, cuando figura en un duelo, desempeña el papel de
testigo.
Interpelado por el Licenciado Peraza1 dijo el General:
Que en casos graves, es lícito pactar duelos á muerte,
como, por ejemplo, exclamó, á nueva pregunta usi usted
me llama ladrón, yo lo desafío á usted y habrá motivo
para un lance á muerte. u
Que no era permitido llevar sobre sí á los combatientes, carteras ú objetos que amortiguaran el efecto de las
balas.
Se extendió en apreciacfones muy favorables para todos los que intervinieron en el duelo y especialmente pau el Sr. Romero.

Llc.Jenaro Garcia.
Representante de la. parte ch·ll.

un caso en que fueran precisos sus servicios profesionales

y por suplicárselo un paisano y amigo (ntimo.
Que durante el lance estuvo algo retirado del lugar en
que este ocurrió.
Que oyó dos detonaciones.

Careos supletorios.
En seguida le fueron leídas :t Romero las declaraciones siguientes para esclarecer algunos pm1tos:

MIERCOLES 21 DE AGOSTO
Audiencia de la nrnñana.
Interrogado el Dr. Preciado dijo ser de Jalisco y de 36
años de edad.
Refirió que ú pesar de su repugnancia y de sus muchas
ocupacione[l 1 se víó obligado á concurrir por tratarse de

Convienen en que el duelo no fué á muerte, es decir,
excepcional y en que acordaron suspendenderlo después
del primer disparo.

D. Juan Barajas.
Antes de dirigirle algunas preguntas á. dicho testigo1
el Juez hace leer el artículo de la ley que previene la
compostura que debe guardar el público durante las audiencias.
En seguida declara el Sr. Barajas ser de San Francisco
del Rincón, y tener 45 años de edad.
Confirma haber oído las frases de Verástegui consideradas ofensivas por Roniero.
Dice que conoció á Verástegui desde hacía 20 años; Y
que el negocio que tenía con aquel señor, poco antes de
morir éste, fué el de dejar liberados ií todos aquellos_ comerciantes que no tuvieran timbrados sus libros debidamente, mediante una cantidad que pagarían y de la cual
corresponderia al declarante un tanto por ciento.
Manifiesta que Verástegni no le haría, sino seis visitas
y nunca durante su ausencia.
El Juez le hace notar que estoa detalles no venían al
caso, y alega él que lo hace, porque desde la época del
duelo ha sido victima de multitud de calumnias.
En cuanto ií Romero, lo conoció desde 1893.
Interrogado por el Lic. de la Hoz, expresa completa
confianza en la fidelidad de su esposa, que ((aunque pueda tener un carácter amuchachado, es de una absoluta
honradez.n Explica ese cadcter diciendo que, 11por ejemplo, basta que su señora se encuentre por segunda vez
con una persona que le haya sido presentada, para que
use chanzas con ella, y que así es de bromista con todos.ii
.Acerca de la conversación que motivó el disgusto, aseveró haber ofdo que Verástegui llamó indio tonto al
General Martín Gonziílez y periodiquero á Romero. Niega que hubiera hablado de otros personajes y para desvanecer la sospecha de que su mujer hubiera sido la causa del conflicto, expone que, uaun suponiendo que él hubiera descendido hasta ese terreno de lodo y de infamia,
lo habrí-a hecho á cambio de algunas ventajas y ú todo el
mundo consta la penuria y los mil apuros en que se encontraba en aquella época.n
Confesó haber estado cuatro veces en la ciírcel I dos por
fraude, una por abuso de confianza y una por calumnia.

Lic. Justlno Fernandez.
Defensor del Coronel Romero.

De la Sra. Barajas, (de Yeracmz y de 24 años de edad)
quien asienta que Vedstegui habló mal en casa de ella,
del General Martín González y de Romero.
De Barrefo. Le hace algunas objeciones el culpado.
De .Arguinzonis1 afirmando que la cuestión había sido
originada por asuntos de faldas, con lo cual no está conforme el encausado. Este manifiesta igual [desacuerdo
con algunas aseveraciones del Dr. Grande Ampudia:

Careo entre '.Carrillo y Romero.

En el ca.reo entre, él y Romero niega enérgica.mente
haber escuchado palabras ofensivas para otras personas
que no fueran Verástegui y el citado Romero . .A pesar
de la insistencia de éste, él se mantiene :firme, contra la
esperanza del público que esperaba interesantes revelaciones.
Romero recuerda á Barajas que él y su esposa le habían dirigido unas cartas en que constaban todos los detalles que constituyeron las causas reservada.s del duelo.
Barajas responde que su señora y él escribieron dichas
cartas por sugestión de Romero, que se las pidió indicándoles á ellos, que las necesitaba para su defensa.

JUEVES 22 DE AGOSTO

Audiencia de la mañana.
El Sr. Francisco Macedo, propietario del tiro de pistola de San Felipe1 califica de buenos tiradores á Verástegui y Romero; considera ilícito el hecho de que en duelo
use alguno de los combatientes, un arma con la cual haya disparado antes.
El mozo del mismo establecimiento1 Mónico Hernández, declara que Verástegui disparó el día del duelo m1ís
de sesenta tiros, de los cuales 20 ó 30 con las pistolas llevadas por los testigos de Romero. Que éste y su contrario podían ser considerados como buenos tiradores.

D. Guillermo Prieto.
Terminaba de hablar Hermíndez, cuando entró eu
el salón D. Guillermo Prieto. El Lic. de la Hoz se dirigió
á él y le preguntó si era cierto que deseaba declarar, 6
quería eximirse de tal molestia, en virtud de los derechos
que la ley le concede.
El Romancero contestó que deseaba ratificar el contenido de una carta que existe agregada al proceso y eu tal
virtud confirma lo qne en ella dice en favor del Coronel
Romero, cuya conducta úempre ha sido conciliadora,
correcta y caballerosa, y que con motivo de haber concurrido á juntas muy íntimas1 turn ocasión de probar que
es un buen hijo.

D. Juan Mateas.
Presente aquel diputado, declaró en términos muy favorables para el Sr. Romero. Relata como después de un
altercado en la Cámara éste le había dirigido algunas
ofensas, y retado en vez de admitir el desafío, le había
dado una amplia satisfacción. Comienza á disertar sobre
la necesidad del duelo y lo interrumpe el Presidente de
la Audiencia.

Lectura de la Causa.
En seguida fueron leídas las
siguientes constancias procesales:
Declaraciones de los Sres. Carrillo, Prida y Castillo en la Comisaria, atribuyendo á un aeeidente la muerte de Verástegui.
Testimonios de los Sres . ..A.rgulll7.onis en que algo de la verdad insinúan.
Informe de los peritos armeros.
Certificado . de autopsía. La
bala penetró en el tórax, fracturó la cuarta costilla y se alejó
en los pulmones.
Dictámen de los peritos médico.-legistas.
Diligencias judicial~s encaminadas á esclarecer si se había
tratado de un duelo ó de una sesinato.

Audiencia de la t-arde.
Riguió la lectura del proceso. No hubo más incidente
que el de haber circulado entre el público, los defensores,
etc., un alcance de El Nac-ional, en que el diputado Ra~
íael Herrera defiende calurosamente el duelo y habla de
un proyecto de ley que va á presentar al Congreso y en
el cual propondrá la amnisUa de todos los complicados
en lances de honor hasta la fecha¡ la abolición de los artículos del Código Penal, relativos al duelo y las refor.n:i.as
de los correspondientes á injurias personales, aplicando
penas tan duras que la severidad del castigo induzca H.1
ofendido á preferir, al desafío, la acción de la J usticia.n

esta sola mi misión, debo analizar aquí la conducta de
cinco hombres que durante día.s ent,ero&amp;, atareados en
asuntos de honor, deben responderos ¿qué fué de la vida
de ese ciudadano honrado?

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·a~i· ·a:;·

···;(i~- j~~·
·h~~·~· d~ · -~~~h~ 9 Ag~~t~; ·;~
calles, te3:troe y toda clase de círculos, como prueba de
que la sociedad estaba hondamente corunovida1 no se hablaba de otra cosa que de la muerte, en duelo, del Sr. Jo-s~ C. Yerástegui con el Coronel Francisco Romero,/)
((Las investigaciones judiciales, después de no pocos esfuerzos, lograron ratificar la versión que había corrido ya
de boca en boca, y confirmar que hubo un duelo.i,
i&lt;Pasaré suscintamente á. üwestigar si ese delito delk:
castigar.:.e.
((Puedo asegl~rar, sin temor de equfrocarme, que ha sido el duelo deltto sobre el cual se ha fijado la atención de
los filósofos, de los publicistas, de los seres más notables
--VIERNES 23 DE AGOSTO.
de la humanidad, porque es un delito que corroe ií las soLa audiencia de la mañana no tuvo gran interés 1 y du- ci~ades descl~ los.tiem_P?s más re1~1otos.n
. El orador c1t,a dispos1c1ones de diversos países y desde
ró solo dos horas, ocupadas en algunos careos.
El Agente del Ministerio Público se excusó de hablar1 t~empos muy remotos1 para probar que siempre se hacas•
t,1gado el duelo, y no pocas veces con penas que hasta por
y el sel1or Juez citó para las tres y media de la tarde.
crueles pueden tenerse. Y como recuerde que este ha sido uu argumento esgrimido á frwor del duelo conside.Audiencia de la tarde.
~ándolo necesario ~uesto que º&lt;? ha podido ser ;uprimido
Con positiY"a ansiedad esperaban todos la riquisitoria a pesar df' las terribles penas nnpuestas á los duelistas,
del )Iiuisterio Público1 y s1 hemos de decir Yerdad, muy agrega que desde Caín se conoce el homicidio el robo la
murmuración, la injuria, el adulterio el estupro: todos
mal preparados, tanto porque no era bien conocido el Sr.
Peraza Rosado como orador1 como porque se había hecho esos delitos han sido castigados y no l;an podido hacerse
del:!aparecer del ca~iílogo de. la c:imina)idad¡ ¿puede aleentendí'r que su acu!'lación sería muy débit
garse quP las autoridades deJcn sm ca.Qt,go ,í aquellos que
AJ concederle la palabra el Presidente de los debute¡.:,
cou_iett:'n t!lles actos'? ¿Porgué, pues, se pretende que hacomenzó su discurso en los términos siguientes:
ya nnp~mdad para el duebt:ita, ~legando que el duelo no
((SESO.R PRESIDEXTE:
~a podido hacerse desaparecer 111 por los más seyeros cas8E~ORES JURADOS:
tigos?
Yo Yt:mgo hoy á. depositará los pies de la .Justicia, grauSi entrarnos ú otras consideracionas respecto del duelo,
Yes y solemnes acusaciones¡ Yengo á poner ele manifiesto vemos 9-ue muchos prete!1den disminuir la importancia
ante YO:'&gt;Otros el dntma, en el cual encontró trágico fin un del delito, alegando qu¡¡ siempre se deriva de algún asunh&lt;&gt;mbre leal, caballeroso y honrado á toda prueba. ~o e:-: to de lwnor.
u¡El honor!.. .... Feñores, entiendo que este término ha
fÜ&lt;lo t-otalme_nte ridiculizadop?r !110:chos, y que ha tenido
mz6n un autor cuando hace distinción entre las personas
honorables y honradas.u
"T..&lt;&gt;s honra~os son 39.uellos que cumplen con los deberes que la socrndad les .un pone; que ~man el trabajo, que
cumplen sus comprormsos, que sostienen á sus familias:
y el honorable siendo !1~mrado, aumenta. generalmente ií,
su honra.de~, la cond1c16n de ser muy susceptible y es
capaz de batirse é ir á. matar ó á morir por un pisotón ó
una mala mirada ó un desdén. Esto 'es para muchos bast~nte para c~:mcertar lm lance, y tal cosa indica que se
pierde la noción del ho~or hasta que se extravía, hasta que
e~ aras del amor propio y. en nombre de una preocupacwn1 se llega á querer lavar la más insignificante ofensa
con sangre ajena, y para tal hazaña va el honorable en
pos de una vida con el entusiasmo con que iría á recibir
una cruz de Comendador; pero del verdadero honor tiene muy distinta noción la mayoría de la sociedad• ella
debe imperar y no los grupos. Preguntémonos con la {nano
sobr~. el corazón: ?q1~iénes deben imperat Estamos en preJ.l l IS .N. DE ANTLJSANO.
cencia de tres pubhcos; hay tres criterios que valor1zan
un hecho y esperan su resultado con muy distintos fines:
un grupo escasísimo de duelistas ansiarfa una decisión fa vo~
rable, que fuera la pat.ente de
impunidad para cometer á. toda hora un hecho vedado por
la ley vigente. Así quisieran
los duelistas ver con un fallo
encomiado su delit~J y justificada su falta de respet,o á la
ley. Hay otro grupo más numerosoque espera el fallo conmovido con esas emociones pasionales que le produce todo
lo notable, todos los hechos
que por escandalosos le-sírven
de agradable pasatiempo1 sin
que hoy ni nunca baya pensado en las consecuencias de
esos hechos, ni evaluándolos,
DR. FRANCISCO ALTAMIRA.
CÉSAR REllOLlS,\.
sujetándolos á un ·análisis en

Los Jurados.

..

M. L. DELEZZb:.

Instigado por Ramos Pedrneza, conviene Romero, corÓ.o Carrillo, en que su carta á Verá.stegui fué.,.injuriosa.

Castillo y Romero.
Refiere el primero que Yerástegui le dijo que el motivo del disgusto fué que Romero lo encontró con una mujer á quien quería y que en la carta-reto, el último le decíO. al mismo Sr. Ver,"\stegui que se valía de su empleo
para conquistar mujeres. Romero niega.

Prida y Romero.

Doctor Manuel Florea.
Defensor de Prida.

El director de ,(El Universal,n sostiene los puntos enunciados por el Sr. Castillo¡ asegura igualmente que Romero disparó antes que Verástegui y por último, se mantuvo
enérgicamente e_n su afirmación de que los artículos de
((El Relámpagon fueron escritos ó á lo menos inspirados
por Romero y que los frgmentos de carta presentados por
éste al Gran Jurado no son los mismos que fueron leídos
por Barreto. Después de acalorada discusión, sin resul. tado, terminó la diligencia y la sesión que en verdad no
tuvo gran importancia.

Lic. Deme.trio $a lazar.
Defensor del Coronel Carrillo.

,JUAN DE DIOS VIT,LALON,

nnrnmo

DOlU:-l"GUEZ.

LUCIO RO~.RIGO.

¡,•1t.\NCISCO 13ORJA.

�25
25

EL MUNDO.

12

$scuela

AGOSTO,

AGOSTO,

1895.

1895.

-==- -===.:..-=---

13

ELl\IUNDO.

ae {i~o ae $an Gfelipe Neri.

•

Departamento reservado donde se ensayó Romero.

Departamento donde se ensayó Verástegui.
( l&gt;t'I natunil ¡-,r 1·.i:lc,, .\kt1lúe.)

Glspedo ael $alón ae ,9uraaos al principiar las auaiendas.
(Del natural por H. Hernández.)

que no entre otro elemento que el frío cálculo de la razón.
«~i es ni puede ser éste el verdadero ~lor; la Yirtud que
El tercer grupo, el que verdaderamente importa, el que esa palabra encierra, es disímbola, incompatible con la
es verdaderamente numeroso, el que significa una mayo- idea.que viene á la mente cuando se piensa en el duelo,
ría y e.,;tá formado por personas sensat-as, de notable cor- donde sólo por un error se cree lavar la ofens!l..11
dura, esas que unidas simbolizan el trabajo y la honra«Pongámos un ejemplo: Un marido encuentra en la cádez, precursoras del verdadero adelanto de nuestro país • mara nupcin.l al · traidor que manchando In. honra de su
ve con repugnancia los hechos, siente nauseas al ver que esposa, ha destrozado la suya propia. Cree con candor que
se trata de invertir la acepción de honorable, calificando la va ií. lavar con sangre; desafía, llega. á un lance, y enél
así al colérico, y de transformar al hombre honrado en recibe la muerte: ¿es este el modo de cobrar una ofensa?
«Esto equimle á lo siguiente: Alguien me debe cien pedespreciable. 11
«Ahora bien, ¿la sociedad es ese grupo de duelistas?
sos, le cobro, y me propone juguemos mi crédito al azar,
"~º, indudablente; si ásus exigencias debiéramos SU· sin que él exponga más que pagarme lo que legítimamenjetarno~, llegaríamos a este triste resultado.
te me deba, 6 no paganne. Si le gano, habré ganado sólo
11Hay por de$gracia en todas las sociedades un grupo de el 50 por ciento. Además, si al hacerme tal proposición
mesalinas cuyo¡,¡ nombres constan inscrítos oficialmente la acepto y mi contrario es un jugador tramposo y me gaen los libros llamados del oprobio. Y por esto, porque na con artificios, me habrá robado.11
existe ese· grupo de mujeres de¡;graciadas ¿vamos á tole«El duelista de profesión, el tirador tn.n hábil que es carar, á desear que nuestras esposas, nuestra~ hijas figuren paz de casar un pájaro al vuelo, reta n.l ofendido, va al
en ese padrón &lt;le ignomia? Hay un grupo de tahures, y terreno, y mata.; ha ganado con ventaja, con trampa. 11
vamos á secundar el vicio entregitndonos t,odos los ciu«Como los anteriores, podría yo citar innumerallles cadadanos al pokar al albur ú al bararat! ¿Por esto vamos it !'Os para demostrar que la razón, el honor y la justicia no
consentir unánimamente que )léxico quede convertido triunfan en el duelo, sino que, por el contrario, quedan
en &lt;-1 generalmente ,·ilipendiados.11
en ?IIontecarlo?.........11
«¡Xo! Sobre !ns minorfns, sobre ens pequeñas bande«Esta es la razón por la cual todos los legisladores han
rías estit el poder del cuerpo socin.1; el grupo numeroso, querido castigarlo. lle querido perderme en estas consicompacto, y que unido por sólido vínculo ~e impone, Ye deraciones, previendo los arguuwntos que se aducir,ín en
con repugnn.ncia la "tran~gresión ií la ley y obliga á la.'! favor de los proc, sados y para procurar cumplir mejor mi
minorías á respétar sus creencias. Hobre la.q minorías eo• misión, que yn. lo hubiera estado si me limito á deciros:
tá esa mayoría de gente ~ensata que no aJmite el duelo. aquí está la ley, que no permite que el duelo quede im«¿J~l valor es acaso ese temor al q11é dirán, timidt&gt;z nn.ci- pune; aquí tenéis un hecho, está comprobado el acto del
da de la vanidad? ¿El verdadero valor con~iste en arros- de8afío; allí e~tá un muerto, el proyectil de Romero le
tr:ir el peligro, en la conRumación de un delito, en el cum· arrcbn.tó la vida; esto es duelo, esto es delito: castigadlo.11
plimiento de una preocupación reprobada por la mayoría
«Ahora, entremos' de lleno en la demostrn.ción de que
y que es el que generalmente sirve por bn.se para el duelo? mis conclusiones descansan en la razón y en la ley:n

r

Aspecto de la calle y exterior del Palacio de J~stlcla, el primer día de audlencla.-(Del natural por Gllberto Irlarte.)

El señor Agente se ocupa primero en probar que se verificó un duelo entre Verástegui y Romero; después, que
en ese &lt;luelo murió Yerá.~tegui matado por su c.o ntendiente; proposiciones que son las primer-as que a.~ienta en sus
conclusiones.
A continuación se propone probar que Romero es:e1
de8afiador, y como preámbulo• hace notar que entra al
terreno del por irrisión, Código del Duelo, portJue es
arrastrado por los acuAados, no porque reconozca nmgún
Yalor á ese conjunto de reglas, que si honran á su autor,
no honran al país.
El orador hace una nueva narración de los antecedentes del duelo, ( que ya conocen nuestros Jc-ct-0res ) recalcando mucho la obstinación con que Romero se propuso
á todo trance batirse con su adversario; pues ninguna de
las dificultades que se le preRentaron, fueron parte á quitarle la idea del duelo. Intentó que el Senador A.rguinzonis fuera su te:-:tigo, y como a,·eri~uara que éste trataba
de hermano 1í. Yerástegni, desistio de su propósito, y se
dirigió á ~1, 1"amaradn (frase del orador) llarreto, y al Coronl'I Carrillo para que personalmente pidieran al Sr. Yerástcgui la contestaci(m á la r11rta-reto que le había dirigido. '
Hace cargo dec6mo Arguim:onis y Grande Ampudia,
primeros t.estigos de Verástegui, renunciaron su encargo
por horrorizarles el reto por causas secretn.9; reto no acepta.do por los segundos, Castillo v Prida, y con toda buena
fe (frase del orador) rehusan terminantemente entrar en
discusión sobre el particular, y piden que Romero sea
más explícito.
«Esto,¡ hecho~ y otros más que tendriín que ser analizados al ocuparme de la conducta observada por los tei&lt;tigos, han tenido que ser intercnlados·en esta primera parte de mi requisitoria, porque de ellos se deduce que, se-

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EL MUNDO.

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AGOSTO,

1895.

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1895.

EL MUNDO.

-==

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········································
"iLa contrademanda¡ ..... .
¿Qué otra cosa significa esa
demanda, sino la entrega de
la. vida de Ver,l8tegui 1 el preACntar un motivo, un pretexto para que se pudiera nl~nzar lo que con tanto alnnco
se venía buscando? La violenta exclamación 11¡aceptada!» indica que aquel prete.'&lt;to imprudente debe haber
brillado como relthnpago en
noche tormentosa, y á su luz,
hl representación de Verústegui, debib ver en los ojos de
loa otros tc:-:tigos otro brillo:
el de una alegría reprobada·
y odiosa.
11E."o buscaban: un pretexto. Retaron por injurins sin
eRpecifical"l:ie; por cau!'las reservadas no admitidas, y no
lci-. hubiera, quedado sino retirar.::e. Pero viene aquella.
imprudencia y exi~tió el pre•
texto, revivieron las eRpe•
riinr.m, muertas. Habían dei,perta&lt;lo el amor propio de
Prida v Car.tillo con la amenaza. d·e la publicación de la
carta; los habían hecho caer
en una trampa, y entonces,
0
sin muestras &lt;le prudencia,
dejándosePridnarrebata.r del
ardor juvenil de su cdad1 sin
cumplir con RUH deberes1 con
una brat·ata dificulta aún miís
Jo que ya e~taba difícil. ¡ Fal•
tó el •póstol
que ,habla
Dumas ....... ¡Faltó el ummo
f.rfo y sereno! ...... Faltb el
sentido común, y el Sr. Ve:-"rástegui fué arrojado ,¡ un
precipicio sin fondo.
d~n ~mma, lo8 testigos no
son menos culpables qne el
duelista ............ »
Después s~ empena el se-flor Agente en hacer constar
que hubo ventaja por parte
-A,rt,, ricil.-¿E!-1 ui-ited cobarde'!
Bulll(.'~ perorando con motivo de su interrogatorio 1l Homero.
de Romero, indicando que es
-ll11111Mo.-............................ ..
un mnt:!Stro en el manejo de
(Del natural por Carlos .\kal&lt;lc.)
Ot&gt;l natural por ('a.rlos .\lralde.)
las armas, pues aunque no
vive de esa profesión, es tan die.'ltro ó mús que muchos
que reciben alumnos. Citó las famosas placas que como fué victima de su misma hidalguía y perfecta caballerosimuestra de la habilidad en el tirar, están expuesta.a en el dad, es entregado en una Inspección de policía, v despuéf:I la policía lo entregó en el hospital, donde fué colomuseo de la Escuela de tiro de San Felipe Xeri, honor cado
en las duras losas de un anfiteatro.
que sólo alcnnzan los grnndes tiradores. Explicó como ~RuOb seíl.ores jurados, mientras tal es In suerte deparada
tos maestros pueden acertar sus tiros, aún sm puntería de
viRta, sólo con In de tarfo. Esta ventaja d~ Romero sobre ni infeliz Yeritstegui, los padrinos se dirigen á su hogar;
YenlStegui, dice, no 8e ocultó ni por un momento 11 lOR mientras el cadáver sufre el frío de la.q duras loi-.as y el
cuatro testigos, y sin embargo, no fué ob!'lt1\culopara de- abandono en el anfüeatro, losJmdrinos buscan el dulce
calor del hogar, mientras los P.ª rinos pret&lt;.&gt;ndc-n conciliar
jar de pactar el duelo.
uPor otra parte, agrega, se pactan pi..Qlola.s lisM y S&lt;' el suefio, una viuda y una hija están con los ojos abiertos
hace uso en el duelo de pistolas ra)'a.da.a, y ninguna voz y muy abiertos, reclamando á la sombra, al crimen, á la
se a.Iza para protestar, para impedir 9-ue de un modo se- vanidad de los que lo han sacrifica.do, al ~r querido!. ..... ,.
uAh! Parece que el crimen har,t brotar ele aquellos Ja.
guro se derrame la i:,angre, se tmcrtfiquc una víctima.
Hay entre todos los .Padrinos un convenio tácito de disi• bias contraídos por el sufrimiento, la bla!-1femia1 pero ante
mulo, el uno se lo dice al oído al otro, eEte otro, yendo el dolor inmemm la blasfemia se convierte en plegnria ... u
nYa e.staba el hecho consumado, Romero el matador
de testigo en teRtigo, obtiene el a.'lentimiPnto de t-odoA, y
así i-e pacta que se derrame la sangre del hombre noble hnbfa satisfecho su vanidad, y cuanto á los padrino¡i;, que
habian hl'Cho t-Odo lo posible para pactar PI lance bajo
y caballeroi-0 1 todo por culpa de los padrinos, pues aquel
era.el momento de sns¡Jender el duelo, y no llevará cabo condiciones adnraas para el Rr. YerústC'g11i dada la destreza en el manejo d(• las nrma!-1 del ~r. Romero, esta•
el atentado por las sugestione1:1 de una mnidad tntgica.,
han llenos de ~atisfaccilln, creían haber cumplido con el
que impedía, según se nos ha dicho, voh-er :.\ la ciudad á delx&gt;r!
...... ,
varias pen&gt;onas serias, que habían ido ni cnmpo del honor. sin ha!Jcrse disparado un solo tiro.
1
11Temían las burlas, los sarcasmos, loei; comentarios risueflos, pero evidentement.e que !Wlo los hubieran recibido de hombre-- sin conciencia y sin moralidad, Spada- las armas, da instrucciones al delmcuente, 6 los medios
fuchiles; pero nunca. de los hombres serios, mornleN, re- de ejecucitm etc., y el acusado eAtá convicto _y confeso de
haber consumado los hechos que sei'ir.la el Código como
ligiosos y verdaderamente honorables 1 éstos 110 hubieran punibles.
hecho sino rnndecir al que hubiera t.enido la idea salvaCuanto al Dr. Preciado, manifcsth el .Agente que tamLIC" , .l08E llARIA P.l.\'O:,.:.
dora. que hubiera puesto á. salvo la Yida de un hom.bre
bién están penados por la ley los oficios que desempenó,
01':FEX,-QJt DEL CORO:SEt. nu..,c ·1sn1 ll:O'.\l.:Ro.
verdaderamente útil á. la. sociedad.
y que no acusarlo, sería pasar como drsobedient~ é innPero no, era necei-ario acabar, alcanzar la plaza de moral.
hombres que han aJfiRtido ú un dudo SPrio, era indispenA co1.1timrnció1~ tomó la p~labra el reJ?re:.:cm.tantl• de la
Para terminar, agreg(l:
sable á. los títulos alcanzados por sen·icim1 prestados :i la
parte civil, Hr. Lio. Jena~o García. ): d1@rurri~ ~obre la
1c Yo os present-0, seíl.ores Jurados, los dOH elementos en
patria en los campos de ba.t.alla, en las arduas labores de
necesidad dt- que en México se dé la 11nporta.ncm que me-los cu:iles están encarnados el Código Penal y el Código
a!Ws empleos, con l:i.s energías de la cultura. int-electual 1
rece á una de las penas _principales que pueden y deben
del
Duelo¡
el
primero,
manto
de
1a
ley
que
proteje
1í.
las
agregar el título de hombres que han hecho derramar la
imponer8e á los rcoH: hl. mdemnización por los dafi08 y
1 extendiendo su acción benéfica. hasta la miema
familias
sangre de su1:1 8emejantes. Esto completa la reputación,
perjuicio:1 oc1L.;;ionadoA. Tal pena, seg(m el orador, ven~
muerte; siendo el otro Cúdigo la ensena de la deia:otx-dien- dría it ser una reprc::i(m en los delitos dt• homicidio, tocomunica brillo1 es altamente honroso...... 11
cia,
que
ata.ca
de
un
modo
abierto
lo
sagrado
del
hogar,
y
11El hecho está commmado, Yerástegui ,t caído cxá.nida.vía mú~ enérgica qu&lt;.• la falta de libertad.
nime, Romero l1a desaparecido del campo, otro~ de los todo Jo que ha.y de levantado y noble en las instituciones.u
La respt•tahlc Hra. lgnacin Aztegui viuda de Y l'rfistc•
1,La.
suerte
está.
('('hada,
á
vosotros
os
tooa.
resolver
en
testigos han huido1 sr han dispersado, entonces los segui, agregó, glúada por sus delicados sentimientos, había
C'Bta
vez
.lo
que
ha
de
prernlecer,
si
el
C{&gt;&lt;ligo
Penal,
salflores Castillo, Q¡rrillo y Prida, introducen el cadáver
pcnlouado á. Romcrn el de:-iamparo ('ll que había dejado
en un coche v comienza aquella peregrinación que Prida vaguardia-de la propiedad, de la familia, ele la verdadera :í su h~ar; pero anh,• los ult-raJes qur c•l nmc•rto recibit•ra, ·
honra,
de
la
vida¡
6
el
del
Duelo,
que
t-odo
lo
ataca
y
todo
ha ca.li.ficado·de horrible. ¿A. dónde se dirige la fúnebre
:-:e viú ooligada tí defonder !-1U memoria de los rcpetidOR
lo destruye.u
comitiva?
,,Yo
he
cumplido
con
mi
deber
apuntando
todos
los
ele1cConformc al código moral de los sentimiento~. según
mentos que pueden formar vuestra honrada convicción
~l cual cada conciencia se erige en juez, todavía hay un
si_ el debe! qu_e os toca llena: :1 vosotro~, rct&lt;pondiese á.
delito para. el que esa conciencia atín no señala. pena.
Frínment.e, razonadamente, tratando ele evitarse gmndes vivas asp1rac1ones de la sociedad, ¡cu:intaR Mgrimas cnju.
gnríais, Clllintas orfanclades@erfan evitadaR, cuánta.sangre
emociones R(.' discute ú dónde puede llevarae el caditver.
Como la familia de I&gt;rida yfre cerca de la familia de ,·e. economizada y cuántas preciosas vidas consen-adns para
rib1tegui, aquella casa no conviene para rendir al muerto el hogar, el deber y el adelanto de la patria! ...... ,,
los úftimos honores¡ la de Castillo, milS retirada que la
.
.,
**
I......~ 1m_I)rt·.:1on
que en c•I :hiimo del público c1m1:1ú la rede Prida1 aún les parece muy proxima. El uno propooctaviano de la Mora
ne dejarlo en un ho~pital, leJos lo mas lejos posible, pe- qms1torrn., ÍlJé. mu.y favorable para el orador, que recibió
ro saben muy bien que al!J no i:;e les recibirá¡ prevalece caluro;:as felic1tac1one!'I, hasta. ele los mii-moti que no simFOTOGRAFO.
por fin la opmión de Prida, y aquí llega lo odi0t,;o, viene patizaban con sus ideas. Y l'n verdad que el Sr. Peraza
-Fotografías por totlos los procedimientos modernos.lo infame: aquel cadtlver de un Ílombre que fué llevado alcanzó un triunfo CO!l su discun;o, que debe conUl.r como uno de loi,:; mits ru1do:-:OR &lt;'n su puci;to &lt;le RepreE-lentan,
Especinlidail para niños.
por tms padrmos al ea.crificio, henchido de vida. y que t&lt;•
de la !'ó:OCiedad.

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cxmo:sEL FJlANCL-;(X} ROMERO, Al, (X.HIE:SZ.\lt l'.sl' I:STEIUH)(;ATOJUO.

1)().-,;

D,"TlE:SDO EL BR.UO, Y AL TREl5 DISPARO.•.• !

(Del natural por H. HemAndez:.)

(Del natural :por u. Herru\ndez.)

gún asiento en mis conclu~iones. Francisco Romero fué éºf ret:tdor, ~ s~:! :~~~~~
no fuera bastante recuerden los sefiorea Jurados que. mism? ~
.
_
cuando con dema.•,iÍada frecnencia ha dicho aquí que enn6 al Sr. \ crás~m una {arta

.
,:;

.

~

Ji;

.,.

f

.
~.

r;-:,

•

reto cartel de safío. Et fué rl provocador, por más que hoy r,;;e preten a que a contraclE'manda lt' da el cnr{Lct.er de retado.
•Esa contrademanda no cambia su actitud.
? Q .,
.
"·Quién motivó la causa determinante? ¿Quién provocó el la~ce. ¿ u~en 1uzo 11 egar
ha..,"ta el interior del hogar tranquilo, donde tan fehz era. el Sr. \ enistegm, la carta que
"'-irvió de prólogo á FU muertt:!?......
d
·
' •Indudablemente Romero¡ él fué el i:etador, y la contra. deman a n~ es smo una modalidad que no puede quitarle al Sr. , erát;egm su carúcte~ de retado. 1 r
En seguida el Sr. Pera.za St• propon~ probar qne los testigos no cmn.p 1eron con ~u
deber ni ajm1ta.ntlo su conducta al Código del Duelo, y dice. de. Carrillo: que_ aegu~
confe~ión ro ia no conoció las causas del duelo, y por cons1guiente estuvo mea.paz
&lt;le cu.mplif
las obligaciones de pa~rino, cual~s son, graduar la ofen~blbuÍcar los
medios adt'Cuados para conciliar los ámmos, v ,e,:1tar l~asta. donde sea 1~1 e a con•
!-1uma.ciún del encmmtro. Ese mismo llamado Óód1go, dice el ~gent.e, pre, 1en,c &lt;1ue cuan•
·1
t te de duelo por c..'lui-·1s re~ervadas los dos contendientes, &lt;le comu.u acuerdo,
11~!~n~ !:lllB amigos y les pidan ciue fijen i~ condiciones d&lt;.• un duel~,, Y ns1~tan á. él;
no les dan facultad&lt;.•!ó!: de jueces, smo de .testigos 1e1 lance ~olame~te, qu.e en e.I caso
presente no sucedió ll.f'Í, porque los paclrmos de \~nt_stegm no tcnrn1~ as mstrucc1on&lt;'s
relativas y consiguirntemente se faltó á, las pres~r1pc1ones &lt;lC' ,m C'6~lt90.
. . .
&lt;iSi Carrillo dice que en la primeni conferencia buscó con ansm un a,emm1ent-o,
• r ué entonces, en la tarde, retrocede, desist&lt;&gt; de su empeilo y él,. que ~orno. su
~~pinero Barret.o poco 6 nada entiende de lances de honor, como si hubiera s1~0
iluminado por un don. sobrenatural, .se presenta ex.igien?o -nuevaJnen.te el p~cto ~
un lance, con instrncc1ones que es l6gtc&lt;;&gt; suponer no pndie~on ser rnsp1ra1as smo po
el Coronel Romero que, pertmaz, invariable en sus prop6fnt.os, buscaba a toda costa
un lance donde quedara sati:,fecha su \'enganza.» .
,
,
Sigue su discurso alegando en contra de los padrmos., que éstos Aegun el carácter)
objeto que les ha dado su eúdigo, pueden hacer conces1oneH qu.e sus represent~dos .ºº
harían jamás, como se ha di~cutido en procesos por duelo, segmdos en Court el A!ISI-Se¿i
de Francia¡ y que en el asunto Verástegui, 1.)8 unos bus~a~on. duelo á. toe.lo ti:nnce!
como reta.dore!'ó:, como retad0i:;, por &lt;;ausas re;servadas 1 por tnJuru_ts, como ~e pudiera. J
como se quisiera.; y los otros no retiraron m una palabra, m un gesto, m una sílaba
de sn rcpre.."-entado.
.
•
d
uLa idea de la contra.demanda surgió después de la prnnera. confere_ncia, cu~ o se
había pronunciado la amenaza de publicar la carta-ret,o, cuand_o segun conf~s16n del
~r. Prida, urgía dejar en pie el buen nombre del ~r. , e~tegm; ent-on~e~ ÍUl'. cuando
se concibió tan de:-igraciada. idea. El Sr. Ved.ategm no d1Jo nada 1 sólo p1d16, !:lt era po·
sible, que se exigiera la pistola.
_
.
r
•
11En este punto &lt;.•1-1 donde faltaron :.1 sus deberes los !e5~1gos del Sr. , er1.lStegu1, pues
autorizados por todos lop; Cúdigos, cuando en los prehmmare~ no ffl.t:in de acuerdo l&lt;¡
cuatro ~tigos, podían haberse separado de dos en dos para. formar ~m proceso v~rba •
11!Ah! señores, aq_11í se ha querido hacer val~r mrucho co1~10 razón !ncontrovert1blee!
temor que les caui-6 ¡i los representantes ~el ~r. , erástcgm verpubhc?,da la carta-reto.
pero digámoslo de 11na vez: la repres~ntac16nd~?omero llevaba los hilos de la tl'3..!11a
tejida por ~l¡ lo!'ó: del Rr. Yedsti&gt;gut por deb1hcL1d han caído en la t-r ampa1 han sido
víctimas de un clumtayr.
.
.
. . .
.
uSiento ~er cansado en mi discurso, yptdo perdón s, 1ns1sto en.determrnados puntos
para dem08trar la culpabilidad de ~da uno de los acusad(?S, y si al hablar.uso
u1:
Ieng1taje llano, franco y vulgar, teruendoen cuenta que quiero sercompren~1ble.) con
tundente.
· Verásteg:ui ha.n sido víct1mn!:I
.
11He dicho que lo!:I testigos de
de su deb"l'd
1 1 a.e¡ y debían
desde un principio haber olfateado 1~ mtenc1ones de hombres 9-ue, envuelt08 en lo~
pliegues de la sombra acechaban el mstante en que vencer pudieran 11 un hombre ~e
siempre Yi,riú en la iuz. Debían haber adivinado el fin que se proponía aquella em ajada de muerte1 que con tenacidad, con constancia, con esfuerzo, trabajaba dfn tras día
como sepulturero que cava In. huesa; sudorosos y com•ulsos esperaban ese momento
más oportuno paro llevar á un hombre al ~ncrificio.11

fX

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DOS .\Pou:-;.\H C.\:-.l!Ll,11

,n:n ..\lUXl)O

x~-n; El. JCR.\00.

( Del nnrural por (.'ru-1~ Ako.lde. l

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_~~c%5G¡N~"~
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@!.VERDAD Y BELLEZA';,,&gt;
°=JT,=-

$ogunaa ao San 'Francisco núm. 4-·•!bló~ico

�EL MUNDO.

rn
taq1teH lh·l matador, siquier:i fuL'n\ para ~entar la mala
e de t\"te. Entonces fuf cuando me confinó_ "u poder.
En t••ta oc:1síón y en 11lguna otl1l, t·l l'rt•:;1&lt;lente de los
dcb:1ks llamó ni orden ni orndor, porque en ~u conc&lt;'pto
bacía al acusado cargos qnt• no e~tab.in _comprobado~. El
Sr. Gard11, replicó drsan-nulndo, l'l Presidente mando leer
el nrtícnlo dPl código 1,~atirn á la romlu?hi qm· &lt;14:b_fa seguir la parte civil v ,;~ta prm,igniÍl !;\I d1~cnrso dic!l'ndo
que al a~t•gnrnr q¡,¿; el l'oronel Romero, disparó antes ~e
)a yoz dl' mando /r,•~, lo han: fundado en la:; dPclamcion('S de tooo~ los tc:;tigo~ pre~cnciale,, quienes afirmaban hahl•r oído dos dPtonacioncs ~imult:\neas la tarde
del '9 d&lt;• .-\go,to. Tales &lt;leclamciones C(!IIIO recordará~
nuestros k-ctoref, f1wro11 las de los pndrrnos de amboti
comrnltienU•s, Dr. l'rel'Íado, los cocheros r algunosd,'1os
mismos crnplc·ados del l'anteón E;•pai\ol.
.,
. ,
Por último, par,1 eu111prob:1r mas su afirmncum,) contradecir la declamciún del l-iem•rnl Rocha, que :~~egui:3ba
habt&gt;r8l' oído un di~paro y ~e; Hcil que los demus te,-t1_gos
confundie•cn el ceo &lt;lt• e,e dL~paro, con un ~egun_do tiro,
Jevú un dlculo t•n q11~ se tenía por n•snltado que mdudablcmcnt&lt;• ~cgún opmión dd orador, el Coronel Romero
ee habfa ;1dPlantmlo nn ochenta milésimo &lt;le minuto al
dbpurar.
.
'd''
De,;pué, de algnnas otr:1~. conside:.1c1onC!', p1 10 e 1 repre~entnnte 1h, h\ partt• c1nl al Tnbunal ~el pueblo, la
condenación del (-0ronel Romero por el delito de duelo,
pues da&lt;la la lwnigna acu,:.1ció11 del rcpre;mntantc de la
i'ociedad, (¡mlnbni~ t~xJu:ilc,; del gr, l.iarcía) no podía
pedirla p0r el de ho1111c1d10. .
.
A l,Ls 11•1c,·e de la nod1e tcrmmó la nRta.

'SAUAI&gt;O 24 DE AGOSTO.

Au11it'm'ia 1le la mañana.
El C'uronel Homc1-o e.xpone al .Juez que ,in roYocar loi;
antl'riorcs no111bn1111iento&gt;' qnc hizo para defensorcH, de,-igna 11110 m:í&gt;', el Líe. Pavón, el cual en 8eguida hace la
prull'&gt;'la t.lP ley.
.
En ,eguida toma la palabra uno de dichos defcn~ores
de Homero, el Lic. Manuel Lombardo, que ,e expre~a de
la m,lm'ra t1iguiente:
Citar una fm,-e de J,amartinc dicha en memorable noche histí&gt;rica «qut• Jo, retrúgrados ~on lo, ancianos de la
iden, que en ~l quicio del porvenir se dctie!len, y no "e
atrl'n,n á penetrar en élo y aduc&lt;• que lo mismo puede él
decir contrJ. lo, enemigo,; del duelo que con sus teoría,,
tratan de ,.nprimir el honor.
.
Uay problema!' socialeH _de difícil sol!1ción, que m l~s
m,b ju,tol:! gobernante~, m las más ,;ab1as ley~s han podido r\'~olwr, porque luchan contra pn,.ocupac1ones consagrada,; por la costumbre. P~r ejemplo, en aquella i:ala; se
han jnzgado ca.~osdeadulter10 y al comparecer el marido
ultrajado no faltaría una voz que exclamara 1-Jcce llo11w.
l{e,-pl'cto al suicidio, ¿qu_ién se atreYcría á infamar la ~,emoria de un muerto? 6 s1 el desespt•rado se ~alva, ¿qmen
le aplicaría uua pena que sen·iría de e.4fmulo para que
reincidiera'? Cuanto á la guerra, ¡qué corazón podría de~earla· pero quién no iría gu~1:o,-o á ella, ~i fuera hollado
el ter~itorio m&lt;•Jeicano ó se ofendiera nuestra bandera
en territorio e."{tranjero.
El duelo es un ¡,crjuicio socinl. En la calle un hombre
,,~cupe• en el rMtro ti otro. El ofendido va á quejarse ant&lt;1 un .Juez Correccional, y éste ó absuelve al ofe118or por
falta de pruebas 6 le impone un ca~tigo irrisorio por la
injuria que lanzó, solamente porque su brazo era más
fuerte que el brazo d!•l injuriado.
Refiero como el padre del representante fü• la Parte
civil tan encarnizado contra el duelo, el Lic. Trinidad
Garc'ía tuvo un duelo, en el que después de di~parar dos
balas, ,í la tercera vez ya no tiró. Recuerda el desafío en
que fué muerw Alejandro Ca.~arín, el del Infante de Bor·b/'Jn con el Duque de !llontp~msier, el de La Chataigneire y
Jarnac, el del General MeJía y 13arza, en que éste sucu~biú· manifie:;ta que en todos los paíse:;, el duelo e&gt;&lt; permitid¿:\ los militares y tolerado ti. los p:iisanos, &lt;JUe á él se
ven impulsad()!, por el temor al eHtigma social, y prorrumpe:
-Todo e~t-0 i:e acepta¡ sólo ti. R-0mero se le rechaza.
Divide el duelo en tres períodos: el 1? cuando se dirige
el reto v se al)Odera á los testigos¡ 2'? cuando ésto~ celebran s1i.~ conferencias y pactan las condiciones¡ el 3?,
cuando el combate se verifica. ~mero debe responder
dl'l primero y el tercero¡ los te~tigo~ por el S&lt;'frlndo.
Relntalo:;suc~HOS y nsientaque lla;mar~ierio~1q11_ero á Romero fué injuriarlo porque e.se calificativo s1gmfica que
aqu_ei á quien se aplica es una persona que escribe en pcriódiCO!' v no tiene los tamallOR necesarios. Aduce que
Romero quiso cau~r un rna_l menor en v_irtud de que Yer·i~tegui ¡mdo termmar el disgusto, rectificando sus fra.
!'~ ofensmis y tacha_ de parciale~ los te:;timonios reniidos por un Hr. Amarillas, de 9111hunhua y D. Jo8é \ ent~tcgui primo del finado, qmenes declaran que éste no
sabía ti;ar. Hace leer unru, constancias relatiYas á la.~ épocasen que Yerástegui de~ernpeM el cargo de Comandante del l{esgunrdo en la. frontera, para demostrar que en
aquel empleo á cauPa de los frecuentes encuentros con
los contrabandi~tns, era de Ruponer que se había ejercita•lo en el u.so de armas.
.
Hace notar que si hay do~ pe.r.mna,; que rueguen la. autencidnd de los fragmentos de la carta- reto que obran en
Ja causa, hay también otros do~ que afirman dicha autencidnd v en caso de duda se debe optar por lo más favorable j1ára el acusado.
i'eñnla también el hecho de que poco de;;pué~ d~l lance, un peri6dico n_cusó á Romero de haber !15ado _:p18tolas
qul' conocía y sabido es que por ~na eqmv?C8c1011 ~,;to
h •\bía acaecido no con el acusado, smo con \ crástt,gm.
'~ dedicó á fundar eus conclus~one.~ .:N'.lativn, á buena
conducta confesión, l't.c., y terrnmó, pidiendo la abimluci{¡n por tratarse de un delito que cualquiera de los Jura-

dos podría cornetl'r y 110 de una accifm infamn11t{', como
robo, estafa, cte.
.
.·. t
En SL'll'Uidn con ,·oz nbnmte y ardor entu~1as a, comenzó ,ihabl~r el Lic. Antonio lw1110~ Pedrueza, defensor de Cnrrillo.
Explica In nnsicdad ~el púb!ic? en rste a~n~~• po~u-~
no est:í acostumbrado u l:i~ pr,1ct1cas democra_t1ta.~, Y m1
ra con sorpresa 1\ al¡tunos de lo~ más altos m1embrol! de
la l{epre,;entación ~acionnl, procc~a~o~ por u11 ~uez de
orden rornún y ~entado~ en l'l banqu11lo, rc:-pond1endo de
sus actos ante nueve cmdadano,;, t•!-pE;(!ta_culo .~e gran
e.~¡~ranza para In juYentud y de gran 1n1,pufic:1c10n. para
el pon·t•nir de la Hepúblic•.1. l'cro e,;to 111~~1~~ e;phc.a la
atmósfera sombría de que se ha rodeado ,1 est.i causa. En
toda sociedad hay un gérmen,. una levadura de des.~grado del que está abajoJ&gt;ar-.1 el de arriba, fü•l grupo _mferior que ruje con ruji o de muerte, p('ro cuy~s ':&lt;&gt;!!1fe~ciones se \'~trellar:ín ante los escai\os. de la J!1,ti~ia. • e
refiere con encomio al .Juez que pre!'1de y al a,to e¡e1!1plo
dado por la (\ímam abandonando á l'llS má~ altos nuembros para que !'t•:111 juzgados Por
trib,una)es com~me~
v luego ataca duramente al Sr. l en1za, a qmen acu~a de
h:iben-t• dejado ~niar po~ sus pasiones y 110 habe~e. d_etemdo 1'11 loR límites e"tnctos que marca In Ju~ucm, recortando dt-claracione, pnm formar 1111 cuadro sombrío
con toques de-pasión.
El Agentt~ del )linisterio Público, die~ ~l Sr. l'edr!1eza,
dt•he H'r el frío n•pre~entanle du la J u:;tlcia, el ;\{ag1st_rado fereno y neutml, para quien los acu~ados son también
parte de la sociedad cuya voz lleva, y t~Pben tener ,•n ~l
su principal garnntfa. ~o ha dt• combatir con h\ ar~ucm
y &lt;•l sofisma, ,;ino qup ha dl· pn'~~·ntarse_co!1 la ley en una
mano, &lt;•l proceso en la otra y la 1mpa:c1.'lhdad en la conciencia. La ,ocie&lt;lad no \'S tan mezqmna y pequeña que
neC\'site pam ddenden-e, de argucias y ~ofi,mas, de re·
cortar declara&lt;•iones v truncar frases.
Se escucha un rumor de aplauso incipi&lt;•nte y el .Tuez
lo ,ofoca, to&lt;.·anclo la campnnilla.
.
.
Continúa diciendo que el duelo e~ un delito e,ppcial,
es¡;ecialísimo¡ que el C'ó&lt;ligo Penal que. lo castiga tiene
25 ai\o:; dt, n,gir, ,-in que haya sido n1~hcaclo una :;ola vt•z¡
que ;iignifica un progreso en lns wx:1edades porqu~ ha
!'Uhst.ituido tí las costosa.~ guer111E en que los rnsullos iban
á dilucidar con sus Yidas las querellas de. los se~orei' y
que la Jgle,in, únit·a 9-u_e se ha ino~trado slC'mpre mtransigente con él, e,- la muca que uene den-cho para censurarlo.
La sociedad hubiera mandado el duelo ií. los antros
eternos dl'l olvido, si no comprendiera que hay algo superior ú la existencia, algo ~~pe:ior, inmen~o, q~1e ~cbe
sobreponerse á todos lo~ sentumentos, al mNno m~tmt-0
de la con~erYación y aún n) respeto que men•ce la ndade
los demús: el honor; )a 8ociednd comprende q_m: se debe
morir por (11, para de¡ar al~o noble á la colectw1dnd. .
Habla de In evoluci(m científica que ordena estudiar
antes al criminal que el crimen y exclama que p0&lt;lrá haber duelista.-, pen·erso:', pero que no tod&lt;?s lo. son, como
hay banqueroR afrctos :t lo,- malos ncg&lt;?C10:;, &gt;'ln que est-0
pruebe que t-Odos los banqueros se dedican al luero que
no es honrado.
Sostiene, la legalidad de un duelo por causa,- secretas,
nl)Oyado en do~ códigos francel'es y el del Coronel To,:ur¡
dice 9.ue ~l sería padrino en un caso a,-í y que el duehsta
que divulga su ofensa, bien puede recurrir á los tribunales, á la opinión pública ó a sus puños, en demanda de
reparación.
Entra luego 1\ defenderá su cliente.
Romero intdigente, persuasivo, con un título profesional bie'n pudo convencer :\ C'arr:llo que tiene menor
instrn~ción v confiaba en él. Xadie le dice, ni Romero,
ni Barreto, ñi Yer,btegui y Rus testigos le hablan del
asunto de faldas¡ ¿cómo podía a,·eriguarlo?
•
.Asienta que si en el ramo civil, en un documento de
llipotcca por ejemplo, firmado en mancomún por dos ó
más personas, 111 ley establece la solaridad, é~ta no exi~te
en el ramo penal.
Analiza los móviles que impulsaron á Carrillo, encuentra únicamente la amistad, pucl!to que no pudo caber interée de ningún género, ya que Carrillo está en posición
social v política superior ií Romero.
Alega que el duelo 1í pistola es menos peligroso que
otros y que en el ca.~o concreto, se fijó la distancia máxima y se acordó que en vez de avanzar á cada disparo dos
pasos, como previene el Código, se estipuló uno solamente, lo cual prueba el espíritu de evitar un re:mltado fatal.
Hablando de la destreza de Ventstegui para manejar
las armas, se refirió á los indios de Tom6cbic.
En Francia la Asamblea de 49rechazó una proposición
para castigar el duelo. En casi todos los países es tolerado. Sólo en Inglat~rra es severament~ penado, más porque allí son también muy severas las penas por injurias
personales y se llega á decretar fuertes indemnizaciones. En )1éxico !oi fueran condenados los acu~ados á.
quienes se juzga en aquellos momentos, sólo se evitarían
lo~ ridículos lances entre petrimetres, pero 110 los que
provienen de odios entre dos hombres valerosos y honorables corno Romero y Verást&lt;-gui, que Rólo el combate
p-Odfa extinguir, por lo que fueron infructuosas, todas
las medida.'! de conciliaciún que puso de su parte Castillo.
Concluyó el Sr. Ramos pidiendo que se devolviera absuelto á su defenRo, al seno de la Representación Xacional.
En el curso de e!'.'te discurso, galano y vehemente, ~e
escucharon varias veces murmullos de aprobación, oportunamente reprimidos por el Presidente de los debate:,.

\º~

Lic. José M. Gam boa.

25

AGOSTO,

1895.

ra una larga peroración, yo acudiría al cumpl!m\ento de
mis deberes y os pediría excusa para ~l curnpl11mento de
mis obligaciones. Nada de esto necesita, po~ ~orLtu)a: los
actos, palabras, declaraciones, en~. y la~ d1hgenc1~. t?dns de que halX'is tenido conoc11mento en e~te ¡111c10
oral han llegado á conquistar sobre t-OdaR la~ ideas ésta
su~rior: Carrillo y Prida han hecho solos su d_e~ensa.
Para debido v digno coronamiento de esta J?:ºP&lt;?s1c1ón el
.\gente del llinitJterio Público en _su reqmsitorm que t;s
un profundo am\lisis, ha establecido dentro de loH lín:ti•
te:i de la causa es~ idea trascendental, profunda: \ er.ístegui y sus t~stigos han sido víctimas de un chantagl'.
Bastan é~tas do~ palabras para comprender de qué i;e
trata. Es el chantage nuíquina infernal con rede~ de bronce que apris.iona al inteligente y al tonto, al hst~ y al
torpe, ni ligero y al pesado. Por parte ~e los testigos de
Yer,íste~ui no hay ligereza de pluma m otra alguna......
Pero deJémos este punto...... desde el momento en &lt;J,U~ el
Agente estableciú la verdad sobre suR ve_rdad~ros qmc1os,
huelgan las palabras que brotM&lt;'n de mis labio,.
Un deber ineludible me llama á desvanecer las so~bras que envuelven e:sta cau~a, llamada la ,,cam;a de \ erástegui," ¿Cómo? Llevando la luz sobre los cnerpoR que
proyectan esas ~ombras y mirnndo ql!é cla.~e de cuerpos
son: si dignos de respeto ó _de d\'sprec10.
Todoll, proce,;ados y te~t1gos, t~Ot;_. no ~ólo reconocen
sino que proclaman como verdad mdi8cut1ble, q~e la_honorabilidad del Rr. Yerástegui t:~tá. tuera _d e d1s~us1ón.
En la requbit~ria, hay f~~e\de JUStlfic~dn mt1-gr_1dad en
que se hace la ¡usta aprecmc10n de qnc '. &lt;•dstegm era un
hombre bu\'nO, ju~to, noble. :Esta." c1iahdade., de,a~arecieron, ¡;e-evaporaron por el h_echo de que Y~rúst-egm h:iva muerto en duelo? )io, y mil vece:; no .. S1 lo cont~n~
lucre, por qué el Agente lo llama bu_eno, ¡usto, noble: si
Jo contrario •por qué ese interé" creciente por la soluc16n
que se es_pent de la justicia'/
.
Pue!'! s1 indiscutiblemente había una fusión estrecha,
profunda é intima entre Yerá"tegui y HU! testigos, como
é~tos no tienen nada de bueno, de justo, de noble?
l~n el duelo de que se trata hay circnnstn1_1cia.~ tan e,,.
pc,ciales y calidades de tal manera determmantes, que
nunc:1 podrá caber l_a ~onfusiú~ .con una riila vulgar.
En la sociedad hay d1stmtns opunones sobre el duelo Y
entre la parte más ~electa y querida exi~te la creencia
de que es difícil acudir ií los preceptos legales que ~e refieren tí injurias pcn;onales y buscan t•n la espada lasatisfacción de sus agravios. E, wrdad que e~tii en vuestra
conciencia que eso8 ,on homb_r,es)u~tos y ~o 9n_e e~ m,ú:,
honrado~. ¿Qué á ella pertenec10 \ crast~m? h.~ md1~cuhble. Y en ese terreno ¿qué pudo hacer él en este ca.so particular'? Esa.• página~ intnesante, del proces? y !nás que
todo ese vivo é intere,;ante debate en las aud1encms anteri01,i:;, han llevado la tranquilidad ú_ nu_e:&lt;tra., co!lcienc_i:L~,
la convicción profunda de que s1 \ cril..tcgm hubiera
obrado de otra manera, la prensa habría llenado al día
~iguiente sus columnas con la carta de Romero y los respecti,·os comentarios. i'upuPsto que Yerástegui era de
esa.• per,,onai: cuya concienci_a. les impoi1t• el duc)o ¿qué
podía hacer.? A~udir 1\ los tnbu1!a\es _para la aph~ac1ón
de las leyes ft1lrnmad,L~ contra la m¡una? _¡Qué_ efllll\'.O&lt;:ll·
ci6n! Entre la }Iagestad augnsta del func1011nr10 ¡ud1cml
y Yerástegui acudiendo :t lo:; tribuna)('", pidiendo reparación de las injurias y calumnias que se le lanzaban, levanti\base algo mits imponente, mtís imperioso que la
función del Juez de aplicar las penas, levantába~c la carta fundamental. Romero estaba amparado por los fueros
que le concedía la Con~titucibn. Romero era invulnerable. Robre él no podía poner la mano la Justicia común
hasta que la Repre:;entación declaníse que había lugar á.
proceder contra él.
En seguida hace notar que el Juez no pudo lograr el
desafuero de Romero basta Octubre, dos 6 tres meses
des¡més del lance y que en tal virtt!d a.'!í como él, ( Gamboa) si era asaltado por unos bandido" en un lugar donde no hubiera policfa y estuvieran lejos las autoridades,
tendría el derecho de repelerlo9 á riflazos, Yerástegui había tenido la nece.sidad de ocurrir al desafío. 11Entre el
honor, depósito sagrado, móvil de todas su.• acciones y la
vida que cualquier día termina, Verostegui hizo lo que
todos nosotros¡ aventurarse.
Alude luego á la pena capital que se aplica al homicida vulgar y la de 6 allos que tiene asignada el homicida en
duelo.
Indica que no hubo por parte de Castillo y Prida ninguna deficiencia, ni la más ligero incorrección en cualquier detalle¡ agrega que no creyó necesario presentar á
los nume~o,i amigos de C.'\Stillo que certificaron su
conducta blanca como el armiño y termina con esta frase:
Para el duelo todos 10&gt;1 anatema.•¡ para el honor todos
los salmos. En mi defenso está depositado el honor.»

Dr. Manuel Flores.
Este distinguido orador, cuya peroración esper-ábase
con impaciencia, habló muy poco. Limit6..e á manifestar q_ue hacía como un ai\o se trataba de difundir en la
opimon pública, en el criterio nacional que el asunto que
se discutía era cuestión política.
Estáis llamados á resolver, dijo, cntr~ el gru}?!&gt; que han
dado en llamar científico y otro de peNonahdades que
no tengo que juzgar. Voy á probaros que no se trata de
una venganza política.
Después de unas cuantas palabras más expresó que hacía suya la defensa del Sr. Gamboa, y concluyó con verdadera decepción del público.

Lic. Francisco Alfara.

Con la dicción pausada y correcta que caracteriza ni
E.«te conocido abogado, dcfenPor del General Rocha,
que fué defensor de D. Apolinar Castillo, dijo con corta.
diferencia:
hizo constar que éste era una personalidad que no debía
Si los esfuerzos deben ser proporcionados ti. las dificul- aparecer allí en todo su brillo¡ que en aquel salón, ante
tades¡ si los medios deben corresponder al fin, nada me- • el Jurado, no era el General de mvisión, ~ino S6sten('S
nos oportuno que coadyuvar al canRancio que os agobia Rocha como se le había llamado y que comparecía en ese
después de una audiencia tan larga como interesante. Xo
lugar para decirles á los miembros del Tribunal: •¡Incomobstante, si la defen8a de que estoy encomendado, exigie- petentes Juecesl no podéis juzgarme."

25

AGOSTO,

1895.

EL MUNDO.

17

i!os acusaaos ante el &lt;Tribunal ~opular.
(Dibujo &lt;M natural J••r L. V.ugulrre.)

Que solamente la mala interpretación de un texto legal
Répl ica del Ministerio Público.
por el Agente del )Iinisterio Público, p&lt;?día llevar á ei&gt;a
audiencia á su cliente y que si había dicho que los jura. Para conkstar á todos lo¡.; argurnent-0s que había adudos eran incompetente.~ para juzgarlo, em porque no ha cido el cuerpo ele defcnson·,-, pidió por segunda vez el Lic.
tenido, ni ha podido tener intervención punible en el l'eraza el uso de la palabra Y con l'l tono enfiítico de la
ví~~ra,. pero con igual elocuencia, pronunció R&lt;'gUnda n·duelo.
Que cómo era que el Agente, después de e."cribir que qms1tonn, tan tre1~1p1~da como la prinwnt, p\'ro en ésta
su defensa era cómplice en el delito de duelo, había di- vez, enderezada pnnc1pahnentc contra el Lic. Ramos Pecho hacía poco que em cómplice en un homicidio prodi- drueza, con moth·o dt• los fuertes cargo.➔ que é~te le lantorio? Que por consiguiente, no debía acordársel~ nada zani anteriormente, dumnte eea misma tarde. En extracto brevísimo como lo exigen el e:&lt;pacio de que disponeal Sr. Peraza, porque era exagerado, hasta calummoso.
Xo existen realmente cómplices, agregó¡ solamente lo mos y !ns extensas proporciones que ha alcanzado va e"•
son los testigos, cuando faltan ti. algunas de sus obligacio- tacrómca, darémos tí conocer la nueva pit-za orator1a del
Repre.,l'ntante de la sociedad.
neii.
El artículo del Códi~o Penal, relativo al duelo fué dic.)f~ trae de nuevo á e.~ta tribuna algo más pe~ado que
tado cuando e~taban aun vivos los rencores entre perso- el tnste deb\'r qu&lt;&gt; ,i estas audiencias me condujo· algo
naH de diferentes bandos políticos.
•
más pe!'ado que la lo!'a depo,itada sobre la fosa en q1{e des·
s.~ría una iniquidad que en tanto que á lo~ testigo,; ,-610 c:u?a el cuerpo &lt;\e un !1ombre muerto prematuramente.
corresponde un octavo tle la penn señalada al autor llrinLn una sola fo¡a pudiera conden~ar lo,; argumentos de
cipal del delito, al General Rocha se le aplicara la nutad. la deft•ma, por m,ls que "ólo haya tenido frase;; de aliento
Xi el Cúdigo ni la costumbre previenen que asista Juez para mf¡ pero convie,wn todos en que al cumplir con mi
de CJ:lmpo á un duelo á pistola, a.~í es que In prcsencin del dd)('r, no dejo un i&lt;olo resquicio por donde pueda pene·
acusado en nada influyó para que so efectuara ó dejara trar la más ligera Rornbra de duda.
de efectuarse l'l combate.
_8-0lamente el Sr. Ramos P,•drucza ha tenido para con¿Cómo exl,)lica el Repres~ntante de la l"OCiedad que en migo una voz agrel'irn, olvidando que tarnbil•n (,) fué
su requi~itoria t!lchnro de madecundas parn el deRafío \as A~entl' del :\Iini.~terio Púl?lico y procuró !'acar siempn'
pistolas proporc10nada." por el General y en sus eonclu,10- ~,'.111te la cauFa ¡us~a; olndando que la _defen~a alguna ,
~ez se mofam también de &lt;'sa represt·ntac16n. Yo olvido
nes las lfame nrmtL~ adccuad1L'!?
yo r,crdono.
'
Concluvó el ~r. Alfaro en c,-to!' término~:
ccXo ~olo absolwréi8, i:eñores ,Jurado,-, a~f lo espero, sihl Sr. L?mbnrclc! mp cita varios c:1~0R dP dtwlo en que
no que luego lL'IÍ lo espN? tambi~~. te~dervis la mano á 110 ha habido ca~11go; pero t-Odol' han tenido una cau~
e~c viejo ~oldado que os v1eneá decir: •);o tengo m:ísprne- que debe siempre llotar 8ohru el lago &lt;le snngr&lt;•, dP igual
ba de mi inocencia que mi propiii inocencia,,,
modo que lo~ n·stos de un naufragio flotan sobn• las
agua,; dl'! mar emhraYeciclo: ¡el honor!
,
. ~•ero no es c•l h~n?r ~a cansa elicient~ dE'l hecho qm• hoy
Lic. E. Pérez Rubio.
se ¡uz¡r, pues de m¡uriaf&gt; gra,·(',- en publi&lt;'o no hay testiJ~l defen8or del Dr. Cn.Qirniro Preciado cxpu~o q1m un gos y
;;ecrda8 no dan ln~a: ,t &lt;luc-lo; no se hace _mérimédico no tiene más mi~ión que el bien¡ su principnl de- to de'- í,ts dP hecho, Cfil'O 1m1co de lanCl' gran• m hav
ber e, la abnegación, ~u única falta, el egof8mo; y por es- ?f~ms:1-, lt•v~F púhli&lt;'as, ¡nws no ha,v t&lt;•sti~oR. ~1J qucdai1
to, aunque la l&lt;•y ¡.;e lo pro_hiba, n!rnca rC'hUHad ir adonde m¡nria..,yr'.Ya&lt;~as y en &lt;':"Je Cál'O¡ ;;1 existieron algnnas pasus scn·icios ,ean nece..sanos y m1cntra.q mayorel! las pe- labras dicha." ,111 111t~nc1';'n, pu~dcse ~upo,wr c¡nc ful•ron
na.'!. mayor su heroísmo. La reserva profe8ional R&lt;'mt'jan- á ocnltarHe en la.~ 1111!'tl•riosas c1rcunvol11ciones de un cete á la que est..-i impue.~tn al _s:~r~lote, impedía ni a~usa- rebro.
do denunciar el dul'lo que m siquiera habfn pre~c•nc1aclo,
&amp;• no11 habl:t de las justas y t_orneos presididos por aupues permaneció alejado. Por estas consideraciones pe- gusta dama¡ Jiero nunca esa rema se oculta bajo el tabladía la absolución.
do del rcdon el en que va á efectuarse el combate. (Jlur-

:t:

rnullos.) Hoy no hay Rc•y, ni Pn·sidente, ni señor que
pu~la!1 _h~cer qn,e ~r of&lt;•n~a;, ti. elloH !'e,vi~rta i,angre ajana y. s1 ~e ,1peln a l&gt;10i&lt; _no se en~ontrara f:1110 i,u bondad
altísuna que .'.1º perimte que m con el pensamiento f'e
ofenda al pr6¡11uo.
¿Si todos nos complacemos c-n hacer público nne!'tro
honor, por qué e.se honor no aparece como nimbo de luz
para ornar la frente del Coronel Homero? ¿Porqué alegar causas Fecretas; ,POrqué venir como topo por subterr\inens _galer_ías, brncando el cliente en el tál6n del enemigo? S1 mot~vo hay para RUponer que hubo una cau¡::a
)ionro~a,. motivo h:ty para suponer que las personas que
mterr1111eron, debieron estar enteradas de t-Odo é in cautarse de todos los detalles.
Hay diYcrsas ma~t·ras de perder ;I un hombre. Si quirro perder il una rnu¡cr, me ba."tará pro,·ocar su!' pa."ione,
su amor pt~ro y casto de e~posa: le mandaré una curta e~;
que se le d_iga que su mando _está enfermo en una ciL•a
qu~ ee designa, y q_ue él la 9.mcre ver, le quit•re hablar,
qmzá antes de morir. Ella irá desolada :í esa ca~a, v entmrá en ella, ¡en una casa pública! Do~ l, múi&lt; testigos Ja
verán y quedar~ manch~a su honm pam siempre. Romero mand{¡ á \ erástegm una carta mHultante, provocnndo no un amor puro y ca~to, sino el'e otro amor 11'·
van~ado¡ el amor propio, la delica&lt;ll•za de un hombro que
se H_1ent1: honrad&lt;? ni comporta!'l'e bien ante la sociedad
);o e:-:1ste legítima defensa, cuando hay agrl',-ión ,. de.,,:
fensa 1:111nult~nearnente¡ no h~Y. violencia en un d'iielo;
cuando pn.,c1san:iente las cond1c1ones del c¡ue va á él dl•·
ben ser la ~~remdad, la sangre fría.
'
-¡Es po:••bl~ que el Sr. Hamos Peclruezu, sol'tenga que
no hay ,;ohdar1dnd en el ramo penal! El que nwa dt• bracero. con un ladrlm y penetre con í-~te t•n un:i ca~a a &lt;'·
na, mdudablemente ~erá resp~)IJ&gt;-abll• como coautor 1
deli_to, es decír, Jiabía~olidar_1dad; Carrrillo debi{, llt&lt;&gt;ndir
1(?~ mtPreses d~ sn anugo í~t1mo y apena,, registrando :íg1_n~R y revolviendo &lt;'.xped1\'nte:s ,e encuentran dos{¡ 8
dl•b1le~ muestras de nna c..~pecie de d!&gt;seo de conc·i·1 1·.1..1-:e
un.
l ·'l
, socr. G am.boa t Ied uce que si. \ •cr:iHt&lt;-gui fué just{J, ' nobl~ y buepo, ¡ui;to,, nobles y buenos debieron ~er1&lt;1{, pa~rmos. E.sto lo supone en l'l concepto de 9.ue d b;
mter_pr~tar,,e lo~ fl'ntimientos de Y4:ráRteg111; iwri ~~:~
c~ncibe la atroc1d~d dl' ql!e los testigo~ !'e su¡ctaron eatr1ctamcnte 1í laR_mstrucc1ones de su reprl'sentado· &gt;ero
e~.to no lo hace m un abogado con la~ instroceione; Je qu
chente por hononible que aquel i;ea, muchas veces el p;'.¡.

a

l

�18

•

..
'

derdante querrá cosas imposibles 6 que á. juicio y conciencia del apoderado no se puedan hacer. Podr,1 un comisionista encargarse de vender un costal de frijoles, al
precio que el dueño le diga¡ pero los testigos p:1ra un
duelo faltan .l sus deberes cuando no procuran substituir
las palabras, hijas de la indignación de su ahijado por
otras de paz, sin que se qtiiera que sean santos, como dice el Sr. Ramos Pedrueza, y al desentenderse del medio
de conciliación de un árbit-ro, nunca infalible como pretende al Sr. Prida al decir que no abdicará jamás su conciencia en lade otra persona, se constituyen cómplices
de ese sacrificio en que conscientemente inmolaron la vida del Sr. Yenístegui.
Al Sr. A lfaro le recordaré que el General Rocha parece
hasta regocijar!-3e &lt;le lo que iba á hacer cuando al ser interrogado para que Jlevam las pistolas contesta: u¡Con mucho gusto!n
Habla en seguida de los robos rateros, cuya frecuencia
produjo la.~reforma de la ley, juntas de jueces, precididas
por ministros, etc.
Dice que un veredicto absolutorio sería un reto ú la Representación Nacional que por 176 votosestimóquehabía
delito que perseguir; desvirtuaría la opinión de la Suprema Corte de Justicia qne se constituyó en comisión permanente para rechazar el amparo pedido por Romero; alzaría un alarido de tantos sentenciados por homicidio
que hay en la cárcel y que tacharían al Jurado de aristócrata y concluye exitando al tribunal para que de un fallo condenatorio, para que México sea el primer país que
logre abolir el duelo.

Lic. Heriberto Barrón.
Después de largo exordio, dicho con emoción y voz extentórea, dice al Agente que si al salir del Jurado, le dieran uu;.\ bofetada, pactaría un duelo; que como él quepalidecía de indignación ante la simple sátira de tm periódico, quería que Romero no se indignara por una injuria
tal como la. de que desprestigiaría al Ejercito si era ascendido á. General de Dinsión. Refirió que en 1872, el General Aureliano Ri\:"era abofetea al General ~\Jcérreca; se
pacta un lance y al ir á efectuarse éste, llega la policía por
denuncia de Alcérreca, Ct quien, al saber ésto D. Benito
Juárez 1 lo da de bn.ja. A.segura luego, que hace poco un
militar, testigo de un ingeniero para un duelo que no se
llevó á efecto, por haber dado éste satisfacción, fué arrestado 15 dias en la prisión militar, por no haber hecho
respetar las leyes del honor.

Réplica del Lic. Ramos Pedrueza.
El Lic. Ramos ]ledruezareplica·al Rr. Peraza, citándole
las frases de un abogado francés. ((Yo debo respetar á
vuestra 1&gt;ersona; pero vuestra requisitoria me pertenece.
Dice que están de acuerdo en que el duelo es malo, pero
que no se cvitarii mientras no se establezcan medios preventivos y sean más sevems las leves sobre injurias.
Agrega que el Congreso no tiene derecho para resolver
si una ley est:í €'n desuso y para juzgar sobre delitos del
orden común; si las dos Cámaras, exclama, vinieran á
pediros, señores Jurados, un veredicto condenatorio, por
la salvación de la patria, vosotros podriáis contestar: u{iue
perezca la patria; pero estos señores serán absueltos)). Termina asentando que un afecto noble inspira una acción
innoble.

Lic. Lancaster Jones.
Se concede la palabra á dicho sefi.or, defensor de Rocha

1

1

25

EL MUNDO.

y comienza por exponer que admitió la representación
de éste por un deber de amistad; que el General había
intervenido en el duelo por tres deberes: de amist.ad, de
caballerosidad y de humanidad. Que babia pensado dejar libre el campo de la defensa al Sr. Alfaro, pero que
ahora ocupaba la tribuna para hablar de todos, para ver
de establecer la paz.
En s~uida pronunció llll brillante discurso galano y
que hub1era sido hasta ameno, si no fuera dicho en circunstancias tan solemnes. El fin que persiguió en toda
su peroración fué demostrar que si el duelo constituye
una infracción penal, hay á. la vez una costumbre lícita
que lo establece. Tomarémos los detalles más cllriosos,
los datos más interesantes de esa hermosa produccion de
la elocuencia forense nacional, no sin advertir que si bien
conservamos el orden en que los hechos fueron narrados
y dichas las frases 1 hemos tenido que modificar el lenguaje para hacer lacónico este resumen, más breve aún
que los anteriores, por la falta absoluta de espacio.
Además, aunque el espíritu se deleitaba escuchando al
Sr. Lancaster, nuestro pulso y nuestra memoria estaban
cans~dos y_nos fué ya imposible s_eguirlo en el curso de
su dls~rtac16n con igual constancia y rapidez que á. sus
preopmantes. Por esto sólo ofrecemos fragmentos enteramente aisla.dos. ·
Es imposible pedir .t todos los hombres la mansedumbre que recomienda Jesucristo: i(si os dan una bofetada,
poned el carrillo contrario, para recibir la segunda porque puede suceder lo que con aquel que observa la ~u'ixima, pero después d.e recibir el segundo golpe, cogió de las
arcas á su ad versarrn y lo echó á volar por un despeñadero, exclamando: ((Dios aconseja poner el otro carrillo para
recibir un segundo bofetón; pero llo dice qué se ha de hacor después. 11
Se hacen muchas recriminaciones y se dan muchos
consejos; pero se puede contestar como un famoso obispo
á quien pTegunta.ban qué hac.ía si le dierán 1m bofetón.
-Yo sé lo que debería hacer, dijo; pero no sé lo que
haría.
Antes de fulminarse la excomunión contra los duelistas, como contra los toreros, á. pesar de lo cual, se verifican todavía corridas de toros con la complacencia de los
católicos-la Iglesia no era solamente benigna con el vencedor, sino cruel con los vencidos, negando sepultura á.
sus cuerpos y confiscando sus bienes.
En un convento dirim-fase una cuestión entre éste yun

caballero. Un fraile toma las armas, monta á caballo y
retl1 al adversario del Monasterio á singular combate Pª!R
decidir de parte de quien está la razón. Triunfa el monJe,
hiriendo al caballero en un ojo.
Resultado: un tuerto m,1s en el mundo.
Laa pragmáticas contra el duelo en Francia producían
efecto tan contraproducente, que Richelieu dijo una vez
ií. Luis XIV: uNo hay remedio. O se corta la cabeza á los
duelistas ó se corta la cabeza á los edictos de Su :Majestad.u
La Revolución encontró las cárceles llenas de duelistas.
Al presente no hay legislación especial¡ pero no se necesita repetir que la justicia no interviene, sino cuando
hay acusación de felonía. A este propósito ocurrió allá.
un hecho interesante.
Un crítico de obras de arte, ridiculizó un cuadro, diciendo que las carnes de una de las figuras, parecía pellejo de pollo crudo. El pintor lo ret.6 y por ser menos ex·perto sucumbió el artista. Al crítico, por su oficio, por su
estilo, 6 manem de escribir, ó por cualquiera causa, le
rodearon muchas animosidades v rodearon al cadáver
muchas simpatías. Se le acusó efe alguna incorrección;
pudo probar que era falso el cargo y salió absuelto.
La legislación prusiana sobre el duelo, no menos antigua y severa que la francesa. Una vez fué condenado á
muerte por desafío, un oficial muy querido de Federico
el Grande. La Yíspera de la ejecución, el Rey mandó llamar al Jefe de la guardia que custodiaba al preso: uTened entendido que si esta nocb.c dejáis escapar al reo, os
impondré un arresto de veinticuatro horas.))
Hace poco se batieron dos altos funcionarios de la Corte alemana, se armó tan gran escándalo, que hubo necesidad de juzgarlos para el esclarecimiento del hecho¡ pero como una vil transacción, como un homenaje ruin á.
la. Justicia, fueron sentenciadosú dos meses de prisión.
Bajo el reinado de Pedro el Cruel, en España, un canónigo por cierta falta, fué condenado ,í. no asistir durante un año al coro. Lo supo el Rey y mandó llamar al
ofendido, que era un zapatero:-((¿ Y qué ha.&lt;; hecho para
vengarte? le preguntó el terrible monarca.
-Lo maté, señor.
Entonces D. Pedro condenó al zapatero á no hacer zapatos en un año.
En los países de origen sajón, los hombres se exaltan
y ofenden menos ent're sí y están más acostuiubrados ií.
resolver sus querellas por la vía judicial; llegan á obtener
fuert~ indemnizaciones por injurias, y por esto hay hombres que buscan el insulto como algunas mujeres buscan
allí con sus coqueterías, el esdndalo, para reclamar luego una indemnización por ultrajes á su honra.
Pero aquí en M,éxico, adonde desde nrnos aprendimos
en la Escuela lo que significa no dejar/Je, y que recibimos
de nuestros padres, espaditas y pistolita.s; aquí donde
existe y circula por toda.,; las manos un uCódigo Nacional
del Duelo,n han sido y son letra muerta los preceptos del
Código Penal.
.
Es notoriamente injusto que la sociedad exija un acto
por medio de los coasociados, y luego los castigúe por
medio de los tribunales.
Sería una felonía negar ahora la indemnidad. Que st&gt;a
revivida la ley, que se anuncie que ya va á cesar la tolerancia. Entonces los tribunales podrán castigar. Pero
ahora, en vez de estar como Asmodes, estamos levantan•
do los techos de los hogares,
descubrir miserias é
infamias, dejemos tranquilo e cadáver de un hombre,
cuya paz eterna, haríamos bien en respetar, seguros de
que os pédiría la absolución de los acusados. Yo os pido
la del Sr. Rocha. Tiene ya dos absoluciones la de la sociedad¡ la de su conciencia; espera la vuest1-a.
Soldado demócrata, inclina ante vos la frente orleada
con el laurel de la victoria.
Al acabar su discurso el Sr. Lancaster Jones,
se suspendió la audiencia, para volverse á. abrirá
las nueve de la noche, hora en que el Señor Presidente de los Debates leyó los interrogatorios que
se iban á someter á. la decisión de los jmados, é
hizo el resumen.
Dicho resumen fué admirablemente hecho, pues
no obstante que fué un verdadero extracto de las
constancias, se empleó poco tiempo en él. Esta es
la oportunidad de manifestar que el Sr. de la Hoz
estu-vo á la altura de su gran reputación, que lo tiene en conce:pto general como Juez inteli~entísimo,
leal, imparcial y con el verdadero conocimiento de
su papel. Solo elogios se hacen por todas partes
del Sr. de la Hoz con motivo de este proceso, siendo el mejor, el siguiente: no esperábamos otra conducta de este Juez.
A las once pasaron á deliberar los sefiores jurados, pronunciando su veredicto á las tres de lamañana, y declararon que no eran culpables los señores Prida, Castillo, Carrillo, Rocha y Preciado; pero
el Señor Presidente consideró el veredicto absolutorio contrario á lo que consta en el proceso, y declaró que es procedente la casación, y en consecuencia la causa pasa al Tribunal superior.
El defensor Pérez Rubio hizo notar que por lo
que toca á. su defensa el Dr. Preciado, no procedía
la casación por haber sido absuelto por ocho votos.
El Presidente convino, y el Dr. Preciado quedó en
absoluta libertad.
·
Por ló que toca al Coronel Romero, declarado
culpable, el secretarario leyó la siguiente sen~encia, desf,lués de abrirse la audiencia de derecho:

rara

AGOSTO,

1895.

de retención, la que se har1í efectiva en su caso, cuy ...
pena se comenzará ú contardes~e la fecha de hoy, la qu ...
extinguirá en la Cárcel Municipal.
t
Segunda. Se condena al Coronel Francisco Romero á.
pagar la cantidad de mil ochocientos pesos de multa, ó á
suffir en su defectó cien días más de arresto.
Tercera. Dedíquesele al trabajo que elija entre los permitidos en la Cárcel Municipal.
Cuarta. Amonéstese en los términos prescritos por el
artículo 218 del Código Penal y adviértasele de las pena.a
en que incurre, en caso de reincidencia.
Quinta. Se revoca la libertad preparatoria que gozaba
el Coronel Francisco Romero, cancelándose el billete de
depósito y quedando ú dis_Posición de la Comandancia Militar, dado el carácter militar del Coronel Romero, para
que ordene el lugar en donde debe permanecer inter tanto causa ejecutoria la sentencia.
Sexta. Se condena al Coronel Francisco Romero, ,í. pagar como indemnización ,t la Sra. Ignacia Aztegui, viuda
de Veriistegui, la cantidad de cuatro mil quinientos pesos
anuales, en mensualidades adela11t11.das, por el término
de dieciocho años, de conformidad con los presupuestos
de la Federación que se publiquen.
Séptima. Se condena al Sr. Coronel Francisco Romero
á, pagar la cantidad de cuatrocientos sesenta pesos, que
importaron los gastos de inhumación del cadáver del Sr.
José C. Vorústegui.
Octava. Se condena al Coronel Francisco Romero ú pagar las costas de este incidente.
Novena. llágase saber esta sentencia :t las partes, advirtiéndoles que la ley les concede el término de cinco
días para apelar de ella si no estuvieren conformes y si
no lo hicieren cause ejecutoria y archívese la causa.'
Salón de Jurados.-1\Iéxico, .Agosto 25 de 1895.-.lfanuel
1: de la Jioz.-Jlfartí.n lffayora, Secreta.rio.-Rúbricas.

DOMINGO 19 DE SEPTIEMBRE DE 1895~ -

TOMOII

•

1

Poco de~pués, el Coronel ~amero, acompafiado de los
Sres. Carrillo, Rocha y Castillo, en el coche de éste último, fué conducido á la Inspección General de Policía á
disposición de la Comandancia Militar.
'
Hacemos notar que solo por lo que toca al Dr. Preciadu, causa ejecutoria la sentencia, pues los defensores del
Coronel Romero interpondrán los recursos que creen procedentes.
Dejamos para el ntímero próximo los comentarios por
falt,a de espacio y tiempo.
'

•

,,SIEMPRE LA PRIMERA!!
Puebla, H de Agosto de lS!Af,
Sr. D. Cs.rlos Sommer, Director General de ia Mutua.
México.
?Juyseño'rmfo:
Hoy por Mnducto del Sr. D. Carlos Valle, Inspcrtor General de esa
respetable Compañia, he n.&gt;C'ibido la suma de un mJl peSOI:' en cuya
cnntldad estaba asegurado mi finado l1ermano el Sr. D.AntónioMartinez.
,
El Sr. D. Benito .TUIÍrcz afirmó que el re.«J)(:to al derecho ageno es
la J!UZ, y yo agrego que los seguros sobre la vldu. constituyen la prospendnd.
Jtn .efe4:to. señor, basta. dirigir una ligera mirada t1 todas las naciones c1vllrnadas, para comprender Inmediatamente que no son por
cierto los pueblos más poderoi'OS, ni rná¡,; adehlntadoo aquellos donde
el m«Iieo. el illB,'eniero. el periodista, el empleadopt'i.bhco, el artesa·
U?. et~., al monr._legan t1 la sociedad famiha.~ de mendigos.
Sabido es, por las personas que han viajado. ú que ctmndo menos
I1an leído un poco, que en Inglaterra y en lo.9 E."111do.&lt;1 Unidos, Mlvo
rart'&gt;imas excepciones, hasta los hogarefl de Jo;;; mozos de oordel está.u protegi~os por una pólJza de seguro de vida, mh:ntra.s en MéXico
su~ede precisamente Jo contrario, que 1•nlvo rarisimas excepciones,
la mmcnsa mayor!a de nue1irros bogare~ fila muerte de sus sost.enedores, !-610 les queda por pafrlmonlo, la mi;;erin eon todus sus horribles consecuencias. .
Sin otro asunto, doy á vd. las más expre.oa.iva.&lt;1 gracias por la eficacia
y rapide.z con que me fué he&lt;:ho el pa"o antedicho, y aprovecho esto.
oporhumlad para ofrecerme á sus 61:a'enes como ~u affmo v atento
y 8. S.-J,'EII.XAXDO :MARTlNEZ.

• •

•

La sente,n cia.
En virtuddel veredicto del Jurado qneantececle,
el Juez 3~ de lo Criminal Lic. Manuel F. de la IIoz,
definitivamente falla:
Primero, se condena al coronel Francisco Romero por el delito de duelo, en que falleció el Sr.
José C. Verástegui, á sufrir la pena de tres añ.os
cuatro meses de prisión con una cuarta parte más

NUMERO 8.

No se qizo la miel .. ....
(Del natural en Plat.eros. )

,guan garajas.

•

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo : Semanario Ilustrado, 1895, Tomo 2, No 7, Agosto 25</text>
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              <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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