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•

..
'

derdante querrá cosas imposibles 6 que á. juicio y conciencia del apoderado no se puedan hacer. Podr,1 un comisionista encargarse de vender un costal de frijoles, al
precio que el dueño le diga¡ pero los testigos p:1ra un
duelo faltan .l sus deberes cuando no procuran substituir
las palabras, hijas de la indignación de su ahijado por
otras de paz, sin que se qtiiera que sean santos, como dice el Sr. Ramos Pedrueza, y al desentenderse del medio
de conciliación de un árbit-ro, nunca infalible como pretende al Sr. Prida al decir que no abdicará jamás su conciencia en lade otra persona, se constituyen cómplices
de ese sacrificio en que conscientemente inmolaron la vida del Sr. Yenístegui.
Al Sr. A lfaro le recordaré que el General Rocha parece
hasta regocijar!-3e &lt;le lo que iba á hacer cuando al ser interrogado para que Jlevam las pistolas contesta: u¡Con mucho gusto!n
Habla en seguida de los robos rateros, cuya frecuencia
produjo la.~reforma de la ley, juntas de jueces, precididas
por ministros, etc.
Dice que un veredicto absolutorio sería un reto ú la Representación Nacional que por 176 votosestimóquehabía
delito que perseguir; desvirtuaría la opinión de la Suprema Corte de Justicia qne se constituyó en comisión permanente para rechazar el amparo pedido por Romero; alzaría un alarido de tantos sentenciados por homicidio
que hay en la cárcel y que tacharían al Jurado de aristócrata y concluye exitando al tribunal para que de un fallo condenatorio, para que México sea el primer país que
logre abolir el duelo.

Lic. Heriberto Barrón.
Después de largo exordio, dicho con emoción y voz extentórea, dice al Agente que si al salir del Jurado, le dieran uu;.\ bofetada, pactaría un duelo; que como él quepalidecía de indignación ante la simple sátira de tm periódico, quería que Romero no se indignara por una injuria
tal como la. de que desprestigiaría al Ejercito si era ascendido á. General de Dinsión. Refirió que en 1872, el General Aureliano Ri\:"era abofetea al General ~\Jcérreca; se
pacta un lance y al ir á efectuarse éste, llega la policía por
denuncia de Alcérreca, Ct quien, al saber ésto D. Benito
Juárez 1 lo da de bn.ja. A.segura luego, que hace poco un
militar, testigo de un ingeniero para un duelo que no se
llevó á efecto, por haber dado éste satisfacción, fué arrestado 15 dias en la prisión militar, por no haber hecho
respetar las leyes del honor.

Réplica del Lic. Ramos Pedrueza.
El Lic. Ramos ]ledruezareplica·al Rr. Peraza, citándole
las frases de un abogado francés. ((Yo debo respetar á
vuestra 1&gt;ersona; pero vuestra requisitoria me pertenece.
Dice que están de acuerdo en que el duelo es malo, pero
que no se cvitarii mientras no se establezcan medios preventivos y sean más sevems las leves sobre injurias.
Agrega que el Congreso no tiene derecho para resolver
si una ley est:í €'n desuso y para juzgar sobre delitos del
orden común; si las dos Cámaras, exclama, vinieran á
pediros, señores Jurados, un veredicto condenatorio, por
la salvación de la patria, vosotros podriáis contestar: u{iue
perezca la patria; pero estos señores serán absueltos)). Termina asentando que un afecto noble inspira una acción
innoble.

Lic. Lancaster Jones.
Se concede la palabra á dicho sefi.or, defensor de Rocha

1

1

25

EL MUNDO.

y comienza por exponer que admitió la representación
de éste por un deber de amistad; que el General había
intervenido en el duelo por tres deberes: de amist.ad, de
caballerosidad y de humanidad. Que babia pensado dejar libre el campo de la defensa al Sr. Alfaro, pero que
ahora ocupaba la tribuna para hablar de todos, para ver
de establecer la paz.
En s~uida pronunció llll brillante discurso galano y
que hub1era sido hasta ameno, si no fuera dicho en circunstancias tan solemnes. El fin que persiguió en toda
su peroración fué demostrar que si el duelo constituye
una infracción penal, hay á. la vez una costumbre lícita
que lo establece. Tomarémos los detalles más cllriosos,
los datos más interesantes de esa hermosa produccion de
la elocuencia forense nacional, no sin advertir que si bien
conservamos el orden en que los hechos fueron narrados
y dichas las frases 1 hemos tenido que modificar el lenguaje para hacer lacónico este resumen, más breve aún
que los anteriores, por la falta absoluta de espacio.
Además, aunque el espíritu se deleitaba escuchando al
Sr. Lancaster, nuestro pulso y nuestra memoria estaban
cans~dos y_nos fué ya imposible s_eguirlo en el curso de
su dls~rtac16n con igual constancia y rapidez que á. sus
preopmantes. Por esto sólo ofrecemos fragmentos enteramente aisla.dos. ·
Es imposible pedir .t todos los hombres la mansedumbre que recomienda Jesucristo: i(si os dan una bofetada,
poned el carrillo contrario, para recibir la segunda porque puede suceder lo que con aquel que observa la ~u'ixima, pero después d.e recibir el segundo golpe, cogió de las
arcas á su ad versarrn y lo echó á volar por un despeñadero, exclamando: ((Dios aconseja poner el otro carrillo para
recibir un segundo bofetón; pero llo dice qué se ha de hacor después. 11
Se hacen muchas recriminaciones y se dan muchos
consejos; pero se puede contestar como un famoso obispo
á quien pTegunta.ban qué hac.ía si le dierán 1m bofetón.
-Yo sé lo que debería hacer, dijo; pero no sé lo que
haría.
Antes de fulminarse la excomunión contra los duelistas, como contra los toreros, á. pesar de lo cual, se verifican todavía corridas de toros con la complacencia de los
católicos-la Iglesia no era solamente benigna con el vencedor, sino cruel con los vencidos, negando sepultura á.
sus cuerpos y confiscando sus bienes.
En un convento dirim-fase una cuestión entre éste yun

caballero. Un fraile toma las armas, monta á caballo y
retl1 al adversario del Monasterio á singular combate Pª!R
decidir de parte de quien está la razón. Triunfa el monJe,
hiriendo al caballero en un ojo.
Resultado: un tuerto m,1s en el mundo.
Laa pragmáticas contra el duelo en Francia producían
efecto tan contraproducente, que Richelieu dijo una vez
ií. Luis XIV: uNo hay remedio. O se corta la cabeza á los
duelistas ó se corta la cabeza á los edictos de Su :Majestad.u
La Revolución encontró las cárceles llenas de duelistas.
Al presente no hay legislación especial¡ pero no se necesita repetir que la justicia no interviene, sino cuando
hay acusación de felonía. A este propósito ocurrió allá.
un hecho interesante.
Un crítico de obras de arte, ridiculizó un cuadro, diciendo que las carnes de una de las figuras, parecía pellejo de pollo crudo. El pintor lo ret.6 y por ser menos ex·perto sucumbió el artista. Al crítico, por su oficio, por su
estilo, 6 manem de escribir, ó por cualquiera causa, le
rodearon muchas animosidades v rodearon al cadáver
muchas simpatías. Se le acusó efe alguna incorrección;
pudo probar que era falso el cargo y salió absuelto.
La legislación prusiana sobre el duelo, no menos antigua y severa que la francesa. Una vez fué condenado á
muerte por desafío, un oficial muy querido de Federico
el Grande. La Yíspera de la ejecución, el Rey mandó llamar al Jefe de la guardia que custodiaba al preso: uTened entendido que si esta nocb.c dejáis escapar al reo, os
impondré un arresto de veinticuatro horas.))
Hace poco se batieron dos altos funcionarios de la Corte alemana, se armó tan gran escándalo, que hubo necesidad de juzgarlos para el esclarecimiento del hecho¡ pero como una vil transacción, como un homenaje ruin á.
la. Justicia, fueron sentenciadosú dos meses de prisión.
Bajo el reinado de Pedro el Cruel, en España, un canónigo por cierta falta, fué condenado ,í. no asistir durante un año al coro. Lo supo el Rey y mandó llamar al
ofendido, que era un zapatero:-((¿ Y qué ha.&lt;; hecho para
vengarte? le preguntó el terrible monarca.
-Lo maté, señor.
Entonces D. Pedro condenó al zapatero á no hacer zapatos en un año.
En los países de origen sajón, los hombres se exaltan
y ofenden menos ent're sí y están más acostuiubrados ií.
resolver sus querellas por la vía judicial; llegan á obtener
fuert~ indemnizaciones por injurias, y por esto hay hombres que buscan el insulto como algunas mujeres buscan
allí con sus coqueterías, el esdndalo, para reclamar luego una indemnización por ultrajes á su honra.
Pero aquí en M,éxico, adonde desde nrnos aprendimos
en la Escuela lo que significa no dejar/Je, y que recibimos
de nuestros padres, espaditas y pistolita.s; aquí donde
existe y circula por toda.,; las manos un uCódigo Nacional
del Duelo,n han sido y son letra muerta los preceptos del
Código Penal.
.
Es notoriamente injusto que la sociedad exija un acto
por medio de los coasociados, y luego los castigúe por
medio de los tribunales.
Sería una felonía negar ahora la indemnidad. Que st&gt;a
revivida la ley, que se anuncie que ya va á cesar la tolerancia. Entonces los tribunales podrán castigar. Pero
ahora, en vez de estar como Asmodes, estamos levantan•
do los techos de los hogares,
descubrir miserias é
infamias, dejemos tranquilo e cadáver de un hombre,
cuya paz eterna, haríamos bien en respetar, seguros de
que os pédiría la absolución de los acusados. Yo os pido
la del Sr. Rocha. Tiene ya dos absoluciones la de la sociedad¡ la de su conciencia; espera la vuest1-a.
Soldado demócrata, inclina ante vos la frente orleada
con el laurel de la victoria.
Al acabar su discurso el Sr. Lancaster Jones,
se suspendió la audiencia, para volverse á. abrirá
las nueve de la noche, hora en que el Señor Presidente de los Debates leyó los interrogatorios que
se iban á someter á. la decisión de los jmados, é
hizo el resumen.
Dicho resumen fué admirablemente hecho, pues
no obstante que fué un verdadero extracto de las
constancias, se empleó poco tiempo en él. Esta es
la oportunidad de manifestar que el Sr. de la Hoz
estu-vo á la altura de su gran reputación, que lo tiene en conce:pto general como Juez inteli~entísimo,
leal, imparcial y con el verdadero conocimiento de
su papel. Solo elogios se hacen por todas partes
del Sr. de la Hoz con motivo de este proceso, siendo el mejor, el siguiente: no esperábamos otra conducta de este Juez.
A las once pasaron á deliberar los sefiores jurados, pronunciando su veredicto á las tres de lamañana, y declararon que no eran culpables los señores Prida, Castillo, Carrillo, Rocha y Preciado; pero
el Señor Presidente consideró el veredicto absolutorio contrario á lo que consta en el proceso, y declaró que es procedente la casación, y en consecuencia la causa pasa al Tribunal superior.
El defensor Pérez Rubio hizo notar que por lo
que toca á. su defensa el Dr. Preciado, no procedía
la casación por haber sido absuelto por ocho votos.
El Presidente convino, y el Dr. Preciado quedó en
absoluta libertad.
·
Por ló que toca al Coronel Romero, declarado
culpable, el secretarario leyó la siguiente sen~encia, desf,lués de abrirse la audiencia de derecho:

rara

AGOSTO,

1895.

de retención, la que se har1í efectiva en su caso, cuy ...
pena se comenzará ú contardes~e la fecha de hoy, la qu ...
extinguirá en la Cárcel Municipal.
t
Segunda. Se condena al Coronel Francisco Romero á.
pagar la cantidad de mil ochocientos pesos de multa, ó á
suffir en su defectó cien días más de arresto.
Tercera. Dedíquesele al trabajo que elija entre los permitidos en la Cárcel Municipal.
Cuarta. Amonéstese en los términos prescritos por el
artículo 218 del Código Penal y adviértasele de las pena.a
en que incurre, en caso de reincidencia.
Quinta. Se revoca la libertad preparatoria que gozaba
el Coronel Francisco Romero, cancelándose el billete de
depósito y quedando ú dis_Posición de la Comandancia Militar, dado el carácter militar del Coronel Romero, para
que ordene el lugar en donde debe permanecer inter tanto causa ejecutoria la sentencia.
Sexta. Se condena al Coronel Francisco Romero, ,í. pagar como indemnización ,t la Sra. Ignacia Aztegui, viuda
de Veriistegui, la cantidad de cuatro mil quinientos pesos
anuales, en mensualidades adela11t11.das, por el término
de dieciocho años, de conformidad con los presupuestos
de la Federación que se publiquen.
Séptima. Se condena al Sr. Coronel Francisco Romero
á, pagar la cantidad de cuatrocientos sesenta pesos, que
importaron los gastos de inhumación del cadáver del Sr.
José C. Vorústegui.
Octava. Se condena al Coronel Francisco Romero ú pagar las costas de este incidente.
Novena. llágase saber esta sentencia :t las partes, advirtiéndoles que la ley les concede el término de cinco
días para apelar de ella si no estuvieren conformes y si
no lo hicieren cause ejecutoria y archívese la causa.'
Salón de Jurados.-1\Iéxico, .Agosto 25 de 1895.-.lfanuel
1: de la Jioz.-Jlfartí.n lffayora, Secreta.rio.-Rúbricas.

DOMINGO 19 DE SEPTIEMBRE DE 1895~ -

TOMOII

•

1

Poco de~pués, el Coronel ~amero, acompafiado de los
Sres. Carrillo, Rocha y Castillo, en el coche de éste último, fué conducido á la Inspección General de Policía á
disposición de la Comandancia Militar.
'
Hacemos notar que solo por lo que toca al Dr. Preciadu, causa ejecutoria la sentencia, pues los defensores del
Coronel Romero interpondrán los recursos que creen procedentes.
Dejamos para el ntímero próximo los comentarios por
falt,a de espacio y tiempo.
'

•

,,SIEMPRE LA PRIMERA!!
Puebla, H de Agosto de lS!Af,
Sr. D. Cs.rlos Sommer, Director General de ia Mutua.
México.
?Juyseño'rmfo:
Hoy por Mnducto del Sr. D. Carlos Valle, Inspcrtor General de esa
respetable Compañia, he n.&gt;C'ibido la suma de un mJl peSOI:' en cuya
cnntldad estaba asegurado mi finado l1ermano el Sr. D.AntónioMartinez.
,
El Sr. D. Benito .TUIÍrcz afirmó que el re.«J)(:to al derecho ageno es
la J!UZ, y yo agrego que los seguros sobre la vldu. constituyen la prospendnd.
Jtn .efe4:to. señor, basta. dirigir una ligera mirada t1 todas las naciones c1vllrnadas, para comprender Inmediatamente que no son por
cierto los pueblos más poderoi'OS, ni rná¡,; adehlntadoo aquellos donde
el m«Iieo. el illB,'eniero. el periodista, el empleadopt'i.bhco, el artesa·
U?. et~., al monr._legan t1 la sociedad famiha.~ de mendigos.
Sabido es, por las personas que han viajado. ú que ctmndo menos
I1an leído un poco, que en Inglaterra y en lo.9 E."111do.&lt;1 Unidos, Mlvo
rart'&gt;imas excepciones, hasta los hogarefl de Jo;;; mozos de oordel está.u protegi~os por una pólJza de seguro de vida, mh:ntra.s en MéXico
su~ede precisamente Jo contrario, que 1•nlvo rarisimas excepciones,
la mmcnsa mayor!a de nue1irros bogare~ fila muerte de sus sost.enedores, !-610 les queda por pafrlmonlo, la mi;;erin eon todus sus horribles consecuencias. .
Sin otro asunto, doy á vd. las más expre.oa.iva.&lt;1 gracias por la eficacia
y rapide.z con que me fué he&lt;:ho el pa"o antedicho, y aprovecho esto.
oporhumlad para ofrecerme á sus 61:a'enes como ~u affmo v atento
y 8. S.-J,'EII.XAXDO :MARTlNEZ.

• •

•

La sente,n cia.
En virtuddel veredicto del Jurado qneantececle,
el Juez 3~ de lo Criminal Lic. Manuel F. de la IIoz,
definitivamente falla:
Primero, se condena al coronel Francisco Romero por el delito de duelo, en que falleció el Sr.
José C. Verástegui, á sufrir la pena de tres añ.os
cuatro meses de prisión con una cuarta parte más

NUMERO 8.

No se qizo la miel .. ....
(Del natural en Plat.eros. )

,guan garajas.

•

�4

1~ SE¡&gt;¡IEMBRE, 1895~

EL MUNDO.

~===========~~====~==:==~~=~'
NUESTROS GRABADOS.
· tas .cebras bt tira

19 SEPTIEMBRE, 1895.

EL MUNDO.

posible por cualquier circunstancia, constrúyese una rampa hasta la cual llega la calesita con el burro. En los jardines de Windsor y en todos los lugares que frecuenta la
Reina úsase el mismo sistema de rampas, á fin de evitarle las fatigas que le produciría el ai:censo por una escalera. Con el mismo propúsito, los coches para ella son construidos con estribos sumamente bajos, y antes de que se
le ocurriera emplear los dóciles jumentos, había necesidad de usar para los carruaje~ su~odichos, caballos pequeños, mansos y obedientes al freno á fin de que la ilustre septuagenaria pudiera sin peligro, darse el gusto de
guiarlos, no obstante lo cual, siempre era acompañada
por una ó dos señoras de su servicio y algunos guardas.
En el grabado que publicamos, podrán ver nuestros
lectores á la reina en uno de sus cochecitos tirado por el
borriquillo famoso.

_f!('"!'!J.~--.~-"!'".._
.
_:¿,....\
1

v las ~~fravagandas ele los rrcos en $uropa

~,.,,..

®úillrrnto .U bt ;urmania tn su -~ogar.

Los reye.'!' de Persia conservaban gran número de cebras para inmolarlas, al sol~ la Soberana de Inglaterra tu-vo una 'salvaje, hermosísima; y la Reina Carlota de I~orEl actual Emperaclor de Alemania comprueba esa pa- tugal á principios de este siglo poseyó ocho de e~~ be!ltias,
radoja que servia de título ,í un 1irtknlo· publicado últi- tan domesticadas que le servían para los ,·mJes de su
mamente por la pren~a europea: «Lo~ hqmbre~ ocupado8 castillo ,1 Lisboa, distante cuatro ó cinco leguas. .
.
• son los que tienen más tiempo.•! Es á la ,·ez el tiOb.e.n~no
La cebra, dice Buffon, es quizá de todos los annnales
más conocido·de su pueblo personalmente y en su nda cuarlrúpedos, el de más bonitas formas y PI más eleg;in1
privada. E:-&lt;, en fin, uno de aquello~ hombres públicos temente vestido. Tal parece que la Naturaleza empleo la
que seg(m ft-4se hecha ya n1lg,t~·. ,·iven en u1~ ·p:ilado de regla y el compás para pint¡irle sn vestido.
cristal.
Es la intermediaria, por su talla, entre el caballo y el
El método en la di~tribnción de ta.~ horas del día &lt;'S f'I asno v Sll color es en los machos leonado y .en las hemsecreto para· poder hacer gran cantidad de trabajo y Gui- bras 'bínncur.co, una y otro con preciosísimas listas negras
)l('rmo lI, en medio de sus originales caprichos y extra- alternativas, tanto·tnás singnTares cuanto' qne son estrevagancias, es un hombre muy ordenado; y en medio ' de'. chás, paralelas y tan exactamente separada~ como en una
sus apasiona1i1ientos guerreros, di.' su infiaciable sed de • tela rayada. Tales mlfnchas son siempre de un matiz dt.odas las ciencias y todas las artes y de la asiduidad con vo v lustroso.
.
··'
que se entrega á sus tareas políticas, dedica á su famiila
Éstos curiosos animales llamados antiguamente cabatodos sus afectos, como dedica á ht administmciún del llos tigres ó caballos del sol, existieron alguna ".e!-, según
Imperio toda su energía y toda su inteligencia. El mo- parece en Espaiia y hoy se encuentran en el Afr1ca. Son
narca tentón es una , mara1·illa p8icológica: sn actividad mús tiC:.eros que un ciervo y difícilmente se les domestica.
c•s inquebrantable, dice un periódico europeo; hoy orga- pero el dinero que todo Jo vence y las extravagancias de
niza una velada musical semejante á. la.~ que inventó su los ricos en Europa, que todo lo allanan, logran muchas
ilustre antepasado y maiiana en la madrugada, desperta- cosas casi imposibles y entre ellas hay que contar lthora •·
rai á. la guarnición de Berhn para que asista á unn manio- la domesticidad de esos cuadrúpeüos para adaptarlos al
bra ó á una revi4a. E, un comandante naval celoso y un tiro de carruajes.
soldado ·apasionado y enen tan qtie al día siguiente de haU n.o de los niá.s famosos magnates del ·viejo Continenber predicado un sermón y escrito una poe::1ía, se ocupa te, Walter Rothschild produjo vi va sorpresa en _Tring,
en e:;tudiar profundos asuntos militares; pero poco es lo Inglaterra, al presentarse en nn soberbio carruaje tirado
cine se habla hasta ahora de ijll e:dstencia íntima. Al lado por cuatro.cebras de aran alzada y de maravillosos colores.
de su ei;posa y rodeado de su::1 hijos, ensaya sus compo- Tratabase de una exl1ibición de Agricultura, á la quepasiciones musicales, recita sus versos é idea las reforma,¡ á. ra darle mayor animación, se le agregó un departamento
h\ instrucción púbica, la protección á. tales ó cuales inde fauna y con tal motivo.Lord Rothschild presentó loH
dnstrias, en favor de la mu• •·- ·•'
jer, etc.; cuando parece que
se entrega al descanso y esparciiui!-into del espíritu está
meditándo en esos obscuros
~,-~~·.,t,
'.t· ,\
problemas que envuelven la
miseria del pueblo y la desorganización de las familias.
·
En las mañanas, lleva
Guillermo á. sus hijos al parque y les hace recorrer las
galeríasdepinturas; ante una
flor, les habla de botánica y
ante un retrato, les hace una
entusiasta relación histórica
de las proezas de sus antepasados.
En las noches, los hace leer
algunos libros, les enseña algo de música, les platica de
historia, los instruyP con una
prudencia y una emdición
sorprendentes. Algnnas veces los acompaiia en sus juegos.
La más chiquilla de las
princesas comiemm ahora á
aprenderá. bailar y BU8 primero~ ensayos son presencia~
dos por toda h\ fallliliacon el
encanto retratado en el rostro. Esta e~cena hábilmente
aprovechada por el fotógrafo
de la Corte germánica le E&lt;ir- ·
víó para un cuadro magnífico
que reproducimos en este número.

._
;-:::-' ·"·'r,)'.,i~;;:.,/'~~
7

5

~)-

afl füttño btl ttttttbtgtJ.
(Página 60, pliego extra.)
La jornada ha sido dura: á través de los campos herí
dos por flechazos de sol, á través de los pantanos, envueltos en encajes de vapor caliginoso, á. través de los
matorrales, á través de los bosques...... La niña de suelta
cabellera flotante y de piés descalzos ha marchado todo
el día, adelante, siempre adelante, y ahora, en la obscura selva, como pájaro perdido, sueiia...... sueiia que el
buen Dios ha amontonado, allá arriba, por encima de
la bóveda de verdura, que rasgan ,t trechos, girones de
cielo azul, una nube de amarillentos reflejos que desata
sus crenchas rubicundas y deja caer monedas de oro que
se deslizan á. lo largo de las ramas, saltan como gotas,
bailan su danza sonora y caen en la alfumbra de yerba
con Yibraciones rítmicas. Oro! oro! El buen oro que le
abrirá las fuertas del castillo encantado: allá, en la hosca
posada de recodo del camino en donde la arrojaron despiadadamente, junto al fuego, la mesa cubierta de blanco mantel, y un paje que rel'olotea á su lado. atento á
sus menores caprichos ...... ¡Oh, buen Dios! no seas malo!
En la selva obscura, la niña de tiUelta cabellera flotante y pies descalzos sut·ña ........ .

.

E!, E)IPERADOR DE ALE~JANIA EN SU IIOGAR.
EL B.Ul,E DE ~A l'Rl,;"CF.5ITA.

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~· "',.' t' •

«L' ECHO DU MEXIQUE"
EL SPORT EN INGLATERRA.-El, TIRO CON FLECHA.

pecial de instrucciones relativas á velocidad, paradas, señales y muchas veces se llega á interrumpir el tráfico para dejar enteramente libre la vía.
Otro entretenimiento origi.nalísimo que han adoptado
En su excursión á Suiza, cierta vez que paseaba á oricon entusiasmo los ingleses, y particularmente aquellos llas de un lago, vió á un pobre asno flaco y extenuado, al
que tienen residencias en la costa, consiste en hacer que apaleaba con feroz crueldad un campesino.· Su Alteexcursiones por el fondo del mar, ó sea lo que general- za experimentó gran lástima y llamando al labriego le
mente se llama bucear. Se van las familias á la playacon propuso comprarle el pollino en 200 francos precio elesus barcas bien tripuladas; se encasquetan los extrava- vadísimo, que, como era natural, fué aceptado con entugantes sportTMn, su escafandra y se sumergen. El pa- siasmo por el propietario del jumento. Desde entonces
seíto no carece de peligros; pero quizá esto lo hace éste fué llevado en el tren real por todas partes; condumás atractivo, y ha sido probablemente lo que lo ha pues- cido luego á Londres y cuidado con esmero por los sirto en boga. ¿Qué dama no recibirá con agrado unas vientes de la Corte, estaba, al cabo de un año, gordo y
conchitas ó plantas extraídas del fondo del Océano por sano; con su piel reluciente y sus orejas enhiestas.
su pretendiente? Qué mujer no querría abrazará su amaCuando volvi6 Su Majehtad británica ú la República
do cuando éste surge fantásticamente de entre las olas?
Helvética, ya el burrito substitu:a ú los caballos v poneya
Para los caballeros británicos, tiene esta diversión otra que anteriormente tiraban del pequei'io carruaje en que
cualidad que la hace recomendable: su costo, pues como paseaba la soberana y cuentan las crónicas que al verlo
es de suponer, requiere la compra de barcas, aparatos y su antiguo dueño, exclamó: «Más me valiera haber naaun instalaciones especiales. Así es que, como decimos cido borrico."
anteriormente, este nuevo ejercicio ha sido muy bien
La idea de escoger un asno para- arrastrar el cochecito
aceptado. Por lo demás1 fácil es imaginar el espectáculo de la Reina, va de acuerdo con las innumerables atencioadmirable de que se disfruta al vivir, aunque sea por nes de que es objeto la noble anciana. Volviendo á haunos momentos, la vida submarina.
blar de sus viajes, haremos notar que el estribo del vagón que ocupa está á la altura del andén y si esto no es

C".\Hli'.l:A.TE nE HOTIISC'IIIl,D TIR.\lJO POR C,EBRAS.

Este periódico debe su larga vida y su actual auge á
dos circunstancias, el alto precio de la subscripción y del
ejemplar suelto, y la importancia de la colonia francesa.
Solamente con un valor crecido como el de «L' Echo,»
puede sostenerse aquí un periódico extranjero; sólo una
colonia como la francesa, puede pagar ese valor; y únicamente un hombre del carácter y de la energía de su actual director M. Samson, puede lograr 9.ue su publicación
sea leída con tanta avidez por sus pa1Sanos, como por
muchas familias y numerosas personas de otra nacionalidad. «L'Echo» ha tom11do participación activa en los
asuntos políticos y administrativos del país, y no se lo
reprochamos: son esas, cuestiones que importan á todo el
qne tiene familia, vida é intereses que proteger y cuya
seguridad y prosperidad dependen del Gobierno y de las
leyes. Ha tenido, pues, derecho, para intervenir en los
asuntos políticos de la nación en que viven sus abonados.
«L' Ecbo,» se ha sostenido principalmente por su neutralidad en las disensiones de la Colonia francesa. Mientras conserve tales precio y actitud y tenga tan buena
1edacción como hoy, vivirá.y pro~resará. De otra manera, le sucederá lo que á ciertos periódicos extranjeros que
apoyando á una fracción de la Colonia contra otra, han
perJudicado á todos sus compatriotas y se han perjudicado á sí mismos. Su vigor, algunas veces apasionado en
cuestiones locales, seguirá atrayéndole muchos subscri_pres mexicanos, pero le ocasionará también muchos disgustos.
·

1ta ~tina J.llidoritt tJ sus uiajrs.
'

•

LA REINA VICTORIA EN J.OS JARDTNl!S DE WINDSOR.

más curiosos ejemplares de su gran l\Iuseo Zoológico y no
contento con esto, propúsose llernr también animales vivo~ y ya hemos dicho los que escogiu. Nuestro grabado
da idea de ellos.
El erecto producido por las cebras fué sensacional: todos los periód cos ingleses hablan de la ocurrencia del
célebre millonario y es seiuro que en breve, los más afortunados gentlemens adquieran de los Circos y Jardines
Zoológicos, todas las cebras que existan, á fin de uncirlas
á sus coch:es.
·
!,a fiesta se efectuó en un pa1:que. propiedad de Rothschtld, en el que hay un gran numero de animales extraños que disfrutan de libertad casi completa y parecen
perfectamente aclimatados allí.

. El refinami~nto d~l gns.to, en Europa, consiste actualrne1.1te en dedlca1"Fe •~ los ¡uegos d~ .~port mas originales.
La idea es.buena Y.tiene l:lS venta¡as grandísimas de pro~urar solaz !11 eFpínt1: y vigor al cuerpo, enervado por la
u~~olente vida d~ soc1ed¡i.d, entre las mujeres, ~la agitacrnn de los negoc1_os, en las ciudade3, entre los hombres.
. Pero la eleganc~ ex.i~e s~empre algo uuevo y todos los
J~1egos, todos los e¡erc1c10s mven:tados hasta ahora no satisfacían los deseos de loii&gt; gentlemen y ladies de Inglaterra
por 1~ cual ésto~ fundaron hace poco un «Club de fleche:
ros» ci,ue ha temdo muy buen éxito.
Ultu:namente el Club Hurlingbam dedicado á esa clase
de 8P!)Tt celebró una gran fiesta á la que concurrieron
mult.rtud de caballe!os y damas, cuya habilidad ·fué muy
admirada y aplaud1da.

•

7

Se ha dicho que los verdaderos hombres eminentes del

mundo no son los rutinarios que sólo persiguen una idea
fija. Las inteligencias superiores se distinguen por su
versatilidad y su descanso consiste simplemente en cambiar la naturale1.a del trabajo. Por esto probablemente
Guillermo II, es tan voluble y Gladstone, á. los 85 años de
edad, se ha puesto á estudiar el danés. Por lo mismo sin
duda, la Reina Victoria de Inglaterra, adem{LS de las
frecuentes excursiones que hace para asistir á fiestas y
ceremonias oficiales, emprende cada año un largo viaje
á Italia, Suiza ó alguna estación balnearia de Francia. A
propósito de estas expediciones se refiere que en la última no gastó la Emperatriz de las Indias, sino 10,000 libras esterlinas (cerca de 100,000 pesos mexicanos) suma
inierior á la invertida en ocasiones anteriores, por lo
cual están muy agradecidos á. la soberana sus leales súbditos.
Un viaje desu Majestad es un acontecimiento de importancia en los ferrocarriles que debe ocupar: todos los empleados se ponen en movimiento; la vía es examinada y
asegurada; á lo largo de ella se establecen de trecho en
trecho guardas encargados de dar las señales de 9.ue puede pasar ó no el tren. Una m,íquina de explorac1ón pre•
cede siempre al con voy en que va la Augusta Señora,
acompafiada de las personas de su familia, de algunos altos empleados de la Corte y de sus damas de honor ó de
compañía.
Inútil es decir que en el tren citado van carros dormitorios , comedores, cocina, biblioteca, sala, etc. y que en
todas las estaciones del tr.ínsito es acogido con grandes
manifestaciones de regocijo. Son también de suponerse
las precauciones que se toman para evitar un accidente 6
el caso remoto de un atentado. Todos loa maquinistas,
en tales circunstancias, son provistos de una cartilla es-

EL SPORT EN INGLATERRA.-LOS GENTLEMEN BUZOS.

�19 SEPTIEMBRE, 1895.

ELMÚNDd.

6

1? ,SEPrrnM.BRE, 1sg5_
•

'\

'

1

cería tres días antes de volverá tomar su cargamento de
peregrinos y de enfermos.
Y mientras se alejaba, se escuchaban loa gritos de la
miserable atacada que se había quedado sola en compañía de una religiosa, gritos más y más débiles á cada momento, gritos de niños sin fuerza á quien siempre se acaba por consolar.
-Dios mío, murmuró el jefe de estación, ya era tiempo.
En efecto, el tren de Bayona llegaba á todo vapor y pasó como rayo á lo largo de 3-9.uella banqueta, en la que se
arrastraba la dolorosa miseria de un hospital dispersado.
Los cochecitos y las camillas se sacudieron; pero no hubo ningún accidente, los hombrea del equipo velaban,
separando de las vías el rebaÍio enloquecido que continuaba atropellándose para salir. Pronto se restableció la
circulación y los camilleros pudieron por fin acabar el
transporte de los enfermos con prudente lentitud.
La procesión.

Poco á poco entraba el día, era aquello una alba
clara que blanqueaba el cielo y cuyo reflejo alumbraba la
tierra, negra todavía. Se comenzaban á distingu.ir ya,
claramente, las gentes y las casas.
Pasarían de treinta mil personas las que allí se habían
~lome1-ado, y seguían llegando más. Todos llevaban un
cirio envuelto en una especie de cucurucho de papel blanco, en el cual había impresa en azul una imágen de Nuestra Señ.ora de Lourdes.
Pero aquellos cirios no estaban aún encendidos. Por
encima de aquel mar de cabezas se veía la gruta que brillaba como una fragua. Subía un gran murmullo, pasaban
soplos que daban la sensación de miles de seres apretados, perdidos en el fondo de la sombra, refluyendo como
una capa viviente que se ensancha sin cesar.
Los había bajo los árboles, en hondanadas de tinieblas
que nadie hubiera adivinado:
En fin,¡ los preparativos empezaron por algunos cirios,
encendiaoa acá y acullá, como bruscas centellas atravesando al acaso la obscuridad.
Creció el número rápidamente, formáronse islotes de
estrellas, mientras en otros puntos se veían como vías
lácteas en medio de las constelaciones. Los treinta mil
cirios se encendían uno por uno, apagando el vivo resplandor de la gruta y haciendo correr de un extremo al
otro del paseo las pequeñas llamas amarillas de un fuego
inmenso.
Efectivamente, eran llamas débiles, ªl?.enas puntos luminosos de una modestia de pueblo humilde, y cuyo gran
número brillaba como un resplandor de sol.
Continuamente nacían nuevas llamas, más lejanas y
como perdidas.

···v~i~~-~h;~~d·~¡·~~;·~;~~-a.~·¡¡¡~:·i~~':i~i;;;i;1"i'u~i:

S!a peregrinación ae Paris á S!ouraes.-S!legaaa ae1 tren.

ea peregrinación á eouraes.
El cable acaba de anunciarnos que hace pocos días salió de París la peregrinación anual á Lourdes, en la que,
ahora tomaron parte, más de 30.000 individuos. Casi á
la vez han de haber partido de otros puntos de Francia y
Europa, varias otras peregrinaciones y es seguro que todas ellas hayan dado á Lourdes un contingente de cerca
de 200.000 ~rsonas. Por tal motivó, hemos considerado
de oportumdad é interés para nuestros lectores, la publicación de vistas y reseñ.a de lo que es esa romería de enfermos del espíritu y del cuerpo, qu~ acuden al auxilio
divino en ayuda de saludó de consuelo.
La historia de la aparición de la Virgen á Bernardita;
-:le los manantiales milagrosos y de la fundación de la
Gruta es muy conocida para qúe nos detengamos á referirla. 'Ella abarca bien pocos añ.os y aun no puede ser
calificada de leyenda. En Febrero de 1858 ¡,e presentó á
Bernardita la maravillosa visión, y en seguida cotnénzó
á brotar el manantial. Perseguida la niña por los tribunales fué encerrada en un convento, adonde terminó
sus días. En 1876 treinta obispos franceses consagraron
la espléndida basílica gótica construida sobre el venero
de aguas que tan sorpren&lt;I:entes curas habíl!-n r~liz~o y
desde entonces se regularizaron las peregrmac;ones que
año por año se han venido efectuando y acerca de las
cua\as hablamos hoy.
. ,
Relatar las penalidades del viaje, en aquellos enormes
trenes, hos~itales ambulantes, en que los enlerll!OS caminan rápidamente hacia la salud ó la muerte; narrar
aqu~llas horas terribles, en que se pueden estudiar todos
los padecimientos del cuerpo y todos los sufrimientos del
alma· describir esas ostentaciones repugnantes de enfermeq.~des crueles y los sollozos comprimidos de pesares ·
intensos; pintar las ll~as en la piel y úlceras en el espíritu; la destrucción fis10lógica y la depresión psicológica
de tantos innumerables seres que luchando entre el deseo
y la zozobra, caminan guiados por la fe y sostenidos por
la esperanza, en pos de la caridad divina; esta es labor
que antes que nosotros ha sido ya emprendida con el más
feliz éxito y que, aun cuando de ella fuéramo~ capaces,
no podríamos acometerla_ co?tando sólo con las limitada_s
dimensiones de este periódico. Es por esto que preferimos dar.la elocuente relación hecha por un testigo presencial, famosísimo escritor. europeo:
.L.a llegada do los peregrinos.

Los camilleros venían de todas partes, se agitaban, comenzaban á arrastrar sus cochecitos á través de las vías
hasta el muelle de desembarque, un muelle descubierto
que se ~ncontraba en plena obscuridad. Pronto fueron

amontonando allí los cojines, los colchones y las camillas,
mientras los que estaban esperando atravesaban para
asistir al descenso de los enfermos, y todavía no se veía,
sino muy lejana, en el fondo de la negra campiñ.a la linterna de la locomotora, semejante á estrella roja que se
agrandaba. Estridentes silbidos penetraban las tinieblas.
Repentinamente cesaron y sólo se escuchó el sordo gruñido de las ruedas y el murmullo del vapor.
Entonces se percibió con toda precisión el cántico, la
queja de Bernardita cantada por todo el tren con los ave
obcecadores del ritornelo. Y aquel tren de sufrimientos
y de fe, aquel tren cantante y gemidor que entraba á
Lourdes, se detuvo.
Inmediatamente, se abrieron las portezuelas y la muchedumbre de J?Cregrinos válidos y de enfermos quepodían caminar mvadió el muelle. Escasos picos de ~
-alumbraban débilmente aquella pobre multitud vestida
neutralmente, y atrojada con paquetes de todas clases,
cestos petacas y cajas de madera. Y entre aquel rebaño
asusta'do que buscaba la salida, se escuchaban exclamaciones, gritos de familias per~idas que se llamaban y _abrazos y saludos de gentes á qmenes esperaban sus amigos ó
parientes.
Una mujer declaró con aire de beatífica satisfacción:
-Yo dormí muy bien.
Un cura que se alejaba llevando su maleta, dijo á una
dama estropeada.
....,Buena suerte.
La mayor parte de los _peregrinos tenían en el rostro
esa fatiga y ese goce que tienen todos los pasajeros· de un
tren de recreo al llegar á una estación desconocida.
El tumulto crecía, la confusión aumentaba á tal grado,
en medio de las tinieblas, que los viajeros no escuchaban
á los empleados, los cuales gritaban:
.
· -Por aquí! por aquí! á fin de apresurar el escombramiento del muelle.
Ahora, la multitud se atropellaba en la puerta de salida fué preciso abrir las puertas del salón de equipajes,
pa~ facilitar que saliera toda aquella gente; los empleados no sabían cómo recibir los boletos y tendían sus gorras, que se llenaban con la lluvia de cartoncitos.
En el patio, que era un gran patio cuadrado cercado
por tres lados con los edificios de la estación, había un
barullo extraordinario1 una revolución de vehículos de
todas clases. Los ómnious de los hoteles se hallaban junto á la orilla de la banqueta, y elevaban en grandes tablones nombres de santos: María, Jesús, San Miguel, el
Rosario, el Santísimo Sacramento, el Sagrado Corazón.
Después, venían carruajes de ambulancia, landós, cabriolés y carretas pequeñas; y todos los cocheros gritaban,
juraban, hacían sonar sus látigos en medio del tumulto
acrecentado por la obscuridad, agujereada por las luces
vivísimas de las linternas.

La tempestad había durado gran parte de la noche, un
mar de todo líquido salpicaba las patas de los caballos y
los peatones se metían hasta el tobillo.
Los cocheros pegaban latigazos á sus caballos, y los coches partían haciendo un ruido infernal, entre los gritos
de la gente y el lodo que salpicaba.
Ah! cuánto barullo! y todas las gentes se arreglabanJy
partían.
Al llegarse al camino que desemboca, se veían en acecho, grupos de mujeres del país, ofreciendo cuartos de
alquiler, cama y comida al alcance de todos los bolsillos.
En el muelle de desembarque, situado en el interior de
la estación, continuaba el tumulto. Mientras que los peregrinos válidos y los enfermos que aun podían andar,
despejaban un poco la banqueta, los enfermos muy graves se retardaban allí, pues era muy difícil bajarlos y llevárselos. Y sobre todo, los camilleros se espantaban, corrían locamente con sus camillas y sus cochecitos, entre
tanto trabajo desbordante y que no sabían por dónde
empezar.
Los hermanos hospitalarios con las manos enguantadas, rodaban difícilmente en cochecitos á algunas pobres
mujeres enfermas que llevaban cestos viejos á sus pies.
Otros no podían pasar con sus camillas, en las cuales se
alargaban cuerpos rígidos, tristes cuerpos mudos con ojos
de agoniza!}tes; algunos enfermos y estropeados, conseguían deslizarse entre otros; había un sacerdote cojo un
muchacho con muletas, jorobado, y que tenía una pi~rna
amputada y se arrastraba entre los grupos como si fuera
un gnomo. Muchas gentes se habían amontonado en torno de un hombre encorvado y torcido por la parálisis á
tal punto que fué preciso transportarlo en una silla.
Pero el tumulto llegó á su colmo cuando el jefe de estación se precipitó gritando.
-Acaban de señalar el express de Bayona, pronto,
pronto, despacharse! apenas tenemos tres minutos.
-Acaben de bajarlos á todos, después los llevarán.
Aquel consejo era muy sensato; acabaron de desembarcar á todos sobre el muelle.
-¡ Despachémonos ! ¡Despachémonos ! decía furiosamente el jefe de estación.
El mismo ayudaba sosteniendo los pies de los enfermos,
para que ~lieran más p~onto del departamento. Empu¡aba también loe cochecitos y escombraba la orilla de la
banqueta.
EJ?, un vagón de segunda, una mujer, la última que iba
á ba¡ar acababa de ser atacada por una crisis nerviosa
atroz. Aullaba, se revolcaba; era imposible tocarla en
esos moment?s. ~ ~uel expr!l•s que llegaba, señalado
ya por el repique mrnterrump1do de las campanillas eléctricas! Era preciso decidirse á cerrar las portezuelas y á
conducir el tren á la vía de escape, en donde permane-

nados por debajo, eran de un verdor intenso, como árboles pintados, tal como los vemos en las decoraciones.
Por encima del movedilm incendio, se destacaban banderas inmóviles, con sus santos bordados y sus cordones
de seda.
El gran reflejo subía á lo largo de la peña hasta la Basílica, cuya veleta aparecía ahora blanca sobre el cielo
negro, mientras que á la opuesta orilla del Gave, las colinas se iluminaban también, ostentando las fachadas
claras de los conventos en medio del follaje sombrío.
Hubo todavía un momento de incertidumbre. El lago
flameaba, parecía pronto á romperse para escaparse en el
río. Las banderas oscilaban y se inició un movimiento.
La procesión subía desde luego por el camino en zigzag, abierto á costa de mucho dinero en la vertiente de
la colina poblada de árboles. Daba luego la vuelta por la
Basílica, antes de bajar por la rampa de la derecha y desarrollarse á través de loa jardines.
Era un encanto. Lucecitas trémulas se destacaban de
la vasta hoguera, subían pausadamente, con vuelo delicado, sin que pudiese distinguirse nada que loa sujetase
á la tierra. Aquello se movía como poi l'O de sol en las tinieblas.
Pronto hubo una línea oblícua; luego la línea se dobló,
fonnando un ángulo brusco, y se indicó otra línea, que
dobló á su vez. Al fin, toda la ladera quedó sm-cada de un
zig-zag de fuego, como esos rayos que se ven caer del cielo negro en las estampas.
Pero la traza luminosa no se borraba. Las lucecitas seguían deslizándose con el mismo vuelo suave y lento. De
vez en cuando había un eclipse súbito. La procesión debía pasar detrás de algún _espeso ramaje. Más lejos los ?irios volvían á arder; contmuaban su marcha hasta el cielo, por loa complicados traJDOS incesantemente interrumpidos y reanudados.
Llegó un momento en que cesaron de aubir. Habían
llegado á lo más alto de la colina. Allí desaparecieron
por el último recodo del camino.
.
Desde el principio de la procesión elevóse un cántic?
por encima del sordo murmullo del gentío. Era la cántiga de Bernardita, las seis decenas de estrofas, donde la
Salutación Angélica re repetía en estribillo, con un ritmo
monótono.
Cuando habían terniinado aquellas sesenta estrofas volvían á empezarlas.
Y el arrullo se repetía hasta el infinito.
¡Ave, ave, ave 1,faría! Hasta atontar el espíritu, quebrantar las fuerzas y sumergir poco á poco á aquellos miles de seres en una especie de sueño, en plena visión de
paraíso.
Delapte de la Gruta la capa de llamas formaba un lago
de pequeñas.ond~s luminosaa_de d~nd~ a~lía la interminable procesión am que pareciese d1smmwr.
La procesión que bajaba deslizándose suavemente de
una manera continua.
Era como una doble valla de estrellas temblorosas, que
surgiendo del ángulo izquierdo de la Basílica, seguía ahora la rampa monumental, cuya redondez dibujaba poco á
poco.
.
..
Aun no se veían los peregrmos que llevaban losemos;
de modo que no aparecían más que llamas errantes, disiplinadaa, trazando líneas correctas en la sombra.

ELMUNDO.
'

7

,,1

Loa monumentos, en la noche azul, erguíanse vagos,
apenas indicados por una condensación de las tinieblas.
Pero, poco á poco, á medida que aumentaba el número
de cirios, las líneas arquitectónieaa se iban iluminando,
delineándose con precisión las aristas de la Basílica, loa
arcos ciclópeos de las rampas, la fachada maciza del Rosario.
Con aquel río no interrumpido de vivas llamas que c.orría y corría sin cesar, pausadamente pero con el aspecto
obstmado del caudal que desborda y al que nada pone
dique, llegaba como una aurora, una nube naciente é invasora, que iba á acabar ¡,or bañ.ar todo el horizonte con
su gloria.
Parecía que eso no acababa nunca.
Y, en efecto, arriba, la aparición brusca de las ~ueñas claridades continuaba con una regularidad mecámca
como si algún celeste manantial inagotable vertiese aquel
polvo solar.
La cabeza de la procesión acababa de llegar ¡i los jardines, á la altura de la Virgen coronada; de manera que lá
doble línea de llamas; no dibujaba aún más que la curva
de los tejados del Rosario, y la de la gran rampa que á él
conduce.
Pero la proximidad de la muchedumbre se dejaba sentir en una agitación del aire, un soplo animado venido de
muy lejos.
Las voces aumentaban; la cántiga de Bernardita adquiría amplitud, hinchándose con un clamor de plena mar
que arrastraba el refrán.
Ave, ave, ave 1,farf.a.
Luego, después de haber doblado la Cruz de los Bretones, bajó J?Or la alameda de la izquierda.
-Neces1tose más de un cuarto de hora para ejecutar
este movimiento.
Ahora la doble línea dibujaba dos largos brazos de llamas paralelas, sobre las cuales se elevaba una figura de
sol triunfal.
Pero la continua maravilla era la marcha incesante de
aquella serpiente de fuego, cuyos anillos de oro se deslizaban suavemente por la tierra negra, prolongándose y
prolongándose hasta el infinito, sin que jamás pudiese
acabar el inmenso cuerpo despl~do.
Variaa veces debieron producirse grandes empujones,
pu!'s las líneas flaquearon como á punto de romperse. Pero el orden se restableció y continuó el deslizamiento con
lenta regularidad.
En el cielo parecía haber menos estrellaa.
Había caido de lo alto una vía láctea que arrastraba su
pulverización de mundos, continuando en la tierra la ronda de los astros.
Manaba una claridad azul y ya no había más que cielo.
Los monumentos y los árboles adquirían una apariencia de auefio, en el misterioso resplandor de loa millares
de cirios, cuyo número aumentaba siempre.
Todos loa enfermos que podían andar, iban desfilando.
Pasaban cabezas y más cabezas; á veces con una expresión magnífica, que se divisaban un momento y se perdían en la fantástica claridad.
Y aquello no acababa nunca. Después de unas venían
otras sin cesar.
Las voces estallaban en vértigo creciente; las estrofaa
se habían mezclado poco á poco; cada trozo de la procesión cantaba la suya con voz estática de poseídos, que ya
no se entendían á sí mismos. Era un inmenso clamor
confuso; el clamor loco de una muchedumbre que el ar•
dor de su fe acababa de embriagar.
Y repetíase dominante, con su ritmo , de obsesión frenética el estribillo¡At•e, ave, ave Marf.a!
Imagínense ustedes otro cielo abajo, reflejando el de
arriba; pero un cielo de una sola constelación inmensa,
que lo ocupa todo.
Ese hormigueo de astros parece perdido muy lejos, en
las profundidades obscuras; y el raudal de fuego representa una custodia, cuyo pie dibujan las rampas, la caña,
los dos paseos paralelos, y la hostia el parterre redondo
que loa corona; custodia de oro ardiente que flamea en el
fondo de las tinieblas eon un continuo centelleo de estrellas en marcha. No se ve otra cosa: y ea gigantesco y es
soberano. ¡La verdad, nunca se ha visto nada tan extraordinario!
En la G:i•uta.

Aquel día, lunes, fué enorme la afluencia de gente á la
Gruta. Era el último día que debía pasar en Lourdes la
peregrinación nacional, y el director en su sermón de
la mañana, había dicho que era preciso hacer un esfuerzo supremo de amor y de fe, para obtener del cielo,
t?&lt;Io lo que quisiera dar de gracias y cur¡i.ciones prodig10sas.
Así, pues, desde las dos de la tarde, veinte mil peregrinos se encontraban allí, febriles y agitados de las más
ardientes esperanzas.
Allá, bajo las yedras que cubrían la roca, se abría la
Gruta, con el eterno deslumbramiento de sus cirios. A
lo lejos, ap;oirecía un poco aplastada, irregular, bien estrecha y modesta para el soplo de Infinito que de allí salía, palideciendo y encorvando todas las cabezas.
La estátua de la Virgen no era ya más que una mancha
blanca que parecía movediza en el temblor del aire, calentado por pequeñas llamas amarillas. Era preciso levantarse y se distinguían mal, tras de la reja, el altar, el
órgano armonium, el montón de ramilletes arrojados allí
y los ex-votos alumbrando las paredes ahumadas.
Y el día era admirable, jamás un cielo más yuro se había extendido :por encima de la multitud mmensa; la
dulzura de la brisa, sobre todo, parecía deliciosa después
de la tempestad de la noche anterior, que había disminuido el pasado calor de los primeros días.

·················································································

Aquello era instintivo é invencible: las veinte mil personas que ~staban allí, se encontraban como atraídas por
la Gruta, iban á ella por una irresistible atracción á la
que se mezclaba nna ardiente sed del misterio. Todas las
miradas se juntaban, todas laa bocas, todas las manos

todos loa cuerpos se sentían arrebatados hasta la pálida
irradiación de loa cirios, hacia la mancha blanca y movediza de la Virgel mármol.
Y para que el ancho espacio reservado á los enfermos
ante la reja, no fuese invadido por la multitutl. creciente,
fué preciso rodearle de una cuerda gruesa que los camilleros tenfan con ambas manos, á intervalos de dos ó tres
metros.
Estos tenían la orden de no dejar pasar más que á loa
enfermos que llevasen la tarjeta de hospitalidad, ó bien
á algunas personas provistas de autorización especial. Estas se contentaban con levantar la cuerda, y después la
tendían de nuevo tras de los elegidos, sin escuchar súplicas. Hasta se mostraban un poco rudos, complaciéndose
en el placer de usar de esa autoridad, de la que se hallaban
investidos por un día.
En verdad, los atropellaban mucho y necesitaban sostenerse unes á otros, y resistir con todas sus fuerzas para
no ser arrebatados.
·
Entonces, mientras que los bancos delante de la Gruta
y el vasto espacio reservado se llenaban de enfermos, de
cochecitos y de camillas, la multitud ínmensa rodaba en
los alrededores. Partía de la plaza del Rosariv, se perdía
en el fondo del paseo, á lo largo del Gave, y sobre toda
la longitud, la banqueta estaba llena de gente; era una
ola humana tan densa, que se hallaba interrumpida la
circulación.
En el parapeto, una línea interminable de mujeres
sentadas, algunas de pie, á fin de ver mejor hacían reflejar al sol la seda de sus sombrillas, sombrillas claras y
alegres como de fiesta.
Se había querido consei;var una avenida libre para conducir á los enfermos; pero continuamente estaba invadida y obstruida de tal manera, que los cochecillos y las
camillas se quedaban en camino ahogadas y perdidas,
hasta que el camillero las sacaba á flote.
Era, sin embargo, el amontonamiento del rebaño dócil,
una multitud con la inocencia y la dulzura de los corderos, de quienes sólo había que combatir el involuntario
e~puje, la masa ciega rodando hasta laa claridades de loa
cirios.
Nunca había sucedido ningún accidente, á pesar de la
creciente excitación que subía y la empujaba al desordenado delirio de la fe.
Se trataba del desfile que se organizaba en la Gruta durante toda la tarde. Se dejaba entrar á los fieles por la
puerta de la izquierda y salían por la derecha.
Era durante muchas horas él mismo oleaje interrumpido de mujeres, de hombres, de niños; todos los que
querían, todos los que pasaban, venidos del mundo entero.
También en las clases se encontraban allí singularmente mezclados, mendigos con harapos junto á burir,iesea
bien vestidos, campesinos, damas elegantes, sirvientas
con los cabellos sueltos, niñitas empomadas y con la frente ceñida con una cinta.
La entrada era libre, el misterio se abría para todos,
tanto á loa incrédulos como á loa infieles, lo mismo á los
que iban sólo por curiosidad como á los que penetraban
allí con el corazón desfalleciente de amor.
Y era preciso verlos; casi todos estaban conmovidos en
tibio aroma de la cera, un poco sofocados por ese aire pesado del tabernáculo que se amontonaba bajo la roca, mirando á sus pies por temor de deslizarse sobre las rejas
de fierro. Muchos permanecían aturdidos sin inclinarse,
examinando las cosas con la sorda inqúietud de los indiferentes extraviados en lo desconocido terrible de un santuario.
Pero los devotos se santiguaban, algunos arrojaban cartas y depositaban cirios y ramilletes, besaban la roca,
por debajo de la Virgen ó bien frotaban en ese lugar rosarios, medallas y otros objetos piadosos y pequeiioa, á
los que bastaba para bendecir, ese único contacto.
Y el desfile continuaba, continuaba sin fin, durante
días, durante meses, desde hace muchos añ.os y parecía
que todos loa habitantes de la tierra venían á exhibir :por
allí, por el fondo de ~uel rincón de roea, todas las nnserias y todos los aufnmientos humanos en fila, en esa
especie de ronda hipnotizada, en busca de felicidad.
Esta última jornada se anunciaba ferviente, con el estremecimiento de la fe exaltada que se sentía subir de
la multitud. El arrebato amortiguaba con la fiebre del
viaje, la obsesión de los miamos cánticos repetidos sfu fin,
la obstinación práctica de los mismos ejercicios y siempre las conversaciones sobre los milagros, y siempre la
idea fiJa en la lumbrera divina de la Gruta.
Muchos que no dormían hacía tres noches-, habían llegado á un estado de vigilia alucinada y caminaban con un
aueñ.o exasperante. No se les había concedido ningún reposo, las oraciones continuas eran como un látigo que
fustigaba sus almas.
Nunca cesaban loa llamamientos á la Santísima Virgen.
los sacerdotes se sucedían en el púlpito, gritando el dolor
universal, dirigiendo las súplicas desesperadas de la multitud, durante todo el tiempo que permanecían allí los
enfermos, frente á la pálida estátua de mármol, que sonreía, teniendo las manos unidas y los ojos levantados
hacia el cielo.
·
En ese momento, el púlpito de piedra blanca á la derecha de la Gruta, contra la roca, se hallaba ocupado por
un sacerdote de Tolosa.
Era un hombre grueso, con la voz pastosa y célebre ya
por sus éxitos oratorios. Además toda la elocuencia consietía allí en pulmones Sj)lidos, en maneras violentas de
lanzar las frasea, el grito que la multitud entera debía
repetir, porque aquello no era ya sino una vociferación
cortada por Patera y Aves.
El sacerdote que acababa de rezar el rosario, procuró
engrandecerse sobre sus piernas cortas y lanzó primero
el llamamiento de las letanías que inventaba y que conducía á su antojo, según la inspiración de que se hallaba
poseído.
(Sigue en la página 10.)

�8

EL MUNDO.

19 SEPTIEMBRE,

1895.

19 S EPTIEnlBRE,

1895.

EL MUNDO.

..
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~a peregrinación francesa á ~ouraes.-$n la piscina.

Peregrinación nacional francesa á ~ouraes.-$n la gruta.

9

�EL-MUNDO.

10

1!a vrrtgrinadóu á 1!ourbt,.
( Continúa de la página 7.)

itatros tJ $al.onts.

«Amor ¡oh dulce amor! bendito seas porque estrechaa
las almas en el mundo.11 Fuego sagrado que laa almas co-María, nosotros os amamos!
Y la multitud repitió con soplo confuso y.entrecortado: mo las antiguas vestales, alimentan día á dfá, hora por
-María, nosotros os amamos!
.
.
hom, minuto por minuto, Nex-0 supremo en el que se
Después, aquello no se detuvo. La voz del sacerdote confunden los espíritus, oasis risueño en medio del desonaba á toda 0l'(j;Uesta y la voz de la multitud seguía con
sierto espantable de la vida humana.
balbuceamientos de dolor.
De tí, divino amor hablaba Jocelyn cuando el gran poe-¡María, vos sois nuestra única esperanza!
.
-¡María, vos sois nuestra única esperanza!
ta romántico pone estas frases en su boca.
-¡Virgen purísima, purificadnos entre los puros!
«Yes deslizarse entre dos hojas ese rayo que cae sobre
-¡Virgen purísima, purificadnos entre los puros!
el musgo por donde todavía se arrastra la sombra, y que
-¡Virgen poderosa, ealvad á nuestros enfermos!
hiriendo oblicuamente la yerba que tú cojea, se apoya en
-¡Virgen poderosa, salvad á nuestros enfermos!
Con frecuencia, cuando la imaginación se quedaba atrás, ella por un estremo como una gran palanca de oro? El
ó cuando quería concentrar mucho en un grito, lo repe- pólen de l&amp;B flores que agita la luz, sube por él, girando
tía hasta tres veces, mientras la muchedumbre dócil lo cual esfera de polvo; el aire es visible en él, y en ese mis•
repetía también tres veces, estremeciéndose bajo el ener- mo rayo se ven millares de chisp&amp;B arremolinadas en
vamiento de aquella lamentación obstinada que aumenraudos torbellinos.
taba su fiebre.
«Cuán cadenciosamente gravitan, enlazando y deshaLos que desfilaban en el interior, tenían enfrente á los
enfermos, un espectáculo extraordinario.
ciendo sus bandadas armoniosas! Parece que se contemTodo el espacio vastísimo, entre las cuerdas, estaba pla la danza de los Mundos de Platón al sonido de músilleno con los mil á mil doscientos enfermos que la pere- cas celestiales! La vista deslumbrada no acierta á discergrinación nacional había traído, y bajo aquel cielo purísimo era el espectáculo más desgarrador que puede verse. nir su innumerable muchedumbre; necesitaríase todo un
Los tres hospitales habían vaciado allí sus salas de es- mundo de ellos para componer un grano de arena; tan
sólo la mirada infinita podría contarlos; y á pesar de ello
panto.
Más lejos, en los bancos, estaban amontonados los vá- cada partícula se subdivide en otras mil impalpables parlidos, los ·que todavía podían estar sentados. Sin embar- tículas ¡Oh! ahí está la refulgente escala que el infinito
go, muchos se hallaban entre cogines, otros se respaldaban entre sí, los fuertes sostenían á los débiles. Después, ve subir desde el átomo hasta Dios!11
Escala que sólo puede formar el amor. Atracción en los
frente á la Gruta, estaban extendidos los enfermos graves,
las tablas del piso desaparecían bajo aquella oleada de astros, afinidad en las moléculas que dice la ciencia, inspiedad; era un pantano de horror extendido y estancado. tinto delicado en la béstia y supremo y majestuos dón
Se había producido allí un barullo de coches, de cami•
llas y de colchones. Algunos en carritos, en especies de divino, en el hombre, al que presta alas para escalar el
ataudes se levantaban y dominaban, mientras que los más cielo!
Rindiendo culto á ese dulce tirano que encadena á sus
numerosos al ras de la tierra, parecían estar acostados en
esclavos con guirnaldas de rosas, se han jurado fidelidad
el suelo.
Había algunos vestidos y otros extendidos sencilla· eterna ante el ara de Dios la hermosa Srita. Luisa Stanmente sobre las telas burdas de los colchones. No se veía ki wittz y el apreciable caballero D. Pedro Buch.
más que su cabeza y sus manos pálidas, fuera de las alLa ceremonia se verificó en la capilla de la Hacienda
mohadas.
Pero la enfermedad y el sufrimiento no importaban de San Antonio. Capilla que se encuentra en la huerta y
ya desJ.e que todos estaban allí sentados y acostados, y que estaba primorosamente adornada con gardenias, licon los ojos fijos en la Gruta.
rios y gasas de seda, numerosos cirios, y en el centro de
Las pobres caras descarnadas y color de tierra se trans- graciosos ramos, focos de luz incandescente los que daban
figuraban y ardían de esperanza. Las manos ankilosadas
se juntaban, las pupilas muy pesadas encontraban fuerza un extraño y feerico aspecto.
Durante la ceremonia, lució su hermosa voz la Sra. D!para levantarse y l&amp;B voces extinguidas se reanimaban á
los llamamientos del sacerdote.
J a viera Buch de Landa, que cantó varios trozos musicaPrimero sólo fueron balbuceamientos confusos, seme- les con verdadera unción.
jantes á pequeños soplos de viento que se levantaban esDespués del matrimonio, se cantó un Te Deuin y se
parcidos por encima de la multitud.
En seguida subía el grito, se extendía y se apoderaba de bendijo á los novios con una rica custodia.
En los hermosos jardines de la Hacienda, se sirvió á
la multitud, de un extremo á otro de la plaza inmensa.
-María, concebidasin pecado, rogad por nosotros, gri- los invitados un lunch.
taba el sacerdote con voz de trueno.
Una buena orquesta tocaba entretanto selectas piezas.
Y los enfermos y los _peregrinos repetían más alto:
A las tres de la tarde, y en una galería alta que domi-María, concebida sm pecado, rogad por nosotros.
na el jardín, se sirvió la comida á más de cien person&amp;B.
En seguida aquello se aceleraba.
Creo escusado decir, que el menú fué espléndido.
-María purísima, María castísima, vuestros hijos están á vuestros pies.
Entre las personas que se hallaban á la mesa, recorda-Reina de los angeles, decid una palabra y vuestros mos las siguientes:
enfermos será,n sanos.
Sras. Luisa Ambiel de Stankiwitz, Javiera Echeverría
-Reina de los ángeles, decid una palabra y vuestros
de
Buch, Concepción Lizardi del Valle, Barron de Rinenfermos serán sanos.
Y la exaltación crecía siempre bajo ese viento de deseo, cón Gallardo, de Loaeza, Buch de Landa, Buch de Parada,
cuyo soplo abrumaba á la multitud de uno en uno, hasta Lozano de Landa, Parada de Buch, de Sánchez Navarro,
á las jóvenes simplemente curiosas, sentadas allá sobre Martínez de_ la Torre, Cañas de Limantour, Osio de Lanel paraI_&gt;eto del Gave, temblando bajo sus sombrillas.
La miserable humanidad clamaba del fondó de su abis- da, Illanes de Vel&amp;Bco Rus, Camacho de Landa, Rivas de
mo de sufrimiento, y el clamor pasaba en temblor sobre Torres, Hay de Rubke, Teruel de Viscarra, Camacho de
todas las nuc&amp;B, no había allí ya más que un pueblo ago- !caza, Camacho de Landa, Sánchez de Algara, García de
nizante que rehuzaba morir, queriendo obligará Dios á la Fuente, y Srit&amp;B. Leonor y Juana Torres Rivas, Sara
decretar la eternidad de la vida.
Díaz Vivanco, Hay, Sánchez, Amor, Escandón, Elguero
Oh! la vida, la vida! Todos esos des~raciados, todos Landa, del Valle, Algara, Lizardi, Luzarraga Calderón,
esos moribundos venidos desde tan le¡os, entre tantos
obstáculos, era lo único que querían, la vida, sólo ella Cervantes, Gorozpe Vivanco, Rubio y otras que no cito,
reclamaban, con la necesidad desordenada de vivirla to- no porque escapen á mi memoria, bastante frágil, pero
davía, de vivir siempre.
que por un esfuerzo caballeresco jamás se olvida de l&amp;B
*
damas, sino porque el espacio que me corresponde en "El
*
*
.
Una de las escenas más imponentes que se presencian Mundo,11 se acorta á cada instante que mi pluma escribe
en la gruta es la inmersión dé los enfermos en las piscinas. Arrastrados en sus cochecitos ó angarillas, los en- una línea más.
Entre los caballeros se veían á C&amp;Bi todos aquellos que
fermos que no :pueden moverse los atan de los brazos y
los van sumergiendo lentamente. No es por cierto raro el figuran en la banca y la política.
c&amp;Bo de que al salir de l&amp;B aguas, esté ya curado alguno de
La desposada realzaba su ya deslumbrante belleza con
los pacientes. Estalla entonces el delirio entre la multi- una rica toilette de raso blanco túl y encajes finísimos.
tud que se aglomera ansiosa de presenciar el milagro. Los
Después de la comida se bailó hasta las ocho de la nosacerdotes entonan cánticos de alabanza á la virgen y los
espectadores se arrodillan y besan el suelo. Inmediata- che en los salones de la mansión de San Antonio, resulmente el hombre ó la mujer que han obtenido su cura- tando espléndida la fiesta.
. ción, son llevados al Departamento Médico ante el cual
Mis votos porque arda siempre el fuego sagrado del
habían presentado al llegar á Lourdes sus certificados de
la enfermedad que padecían y ante el mismo van ahora amor en los corazones de los desposados, y la felicidad
á hacer constar su alivio. Dicho departamento se compo- vele eternamente á la puerta del nuevo hogar.
ne de un médico director y otros veinte ó treinta vocales, de la misma profesión: todo el que lo desea :puede
***
Se prepara un baile de trajes en la casa del Sr. Carvaformar parte de ese Consejo facultativo que examma y
discute con atención cada caso. Son inumerables las per- jal en Tacubaya, el cual baile promete estar suntuoso dasonas, cuya enfermedad ha desaparecido en la gruta ma- da la esplendidés de l&amp;B reuniones que se dan en la rica
ravillosa, ya por la inmersión en las aguas, ya por haber mansión del caballero Carvajal.
tocado simplemen~e la custodi~ que se ll~va en la pr~esión ó por las fervientes plegarias á la Rema de los Cie***
los; y aunque los hombres de ciencia que forman la JunOtra reunión por demás interesante
y agradable ha sido
ta de Doctores hayan tratado muchas veces de explicar la de ayer en la casa del joven periodista y literato Alesos fenómenos por la autosugestión ú otras caus&amp;B psico- berto Michel. Fii•e ó clock en el que se hizo gala del ingelógicas, la verdad es que en multitud de oc&amp;Biones, no han
podido señalar á los prodigios efectuados en Lourdes, un nio de los invitados.
origen natural y han tenido que limitarse á certificarlo
En sus salones del «Puente de Alvarado11 recibió Alberbajo su firma. ¡La ciencia ha sido impotente!
to Michel á numerosos amigos, literatos en su mayor par-

~~ SEPTIE~IBRE,

1895.

1~

te, poetas jóvenes, aristocracia del talento de la nueva
generación, y la tarde se pasó en una verdadera orgía de
sprit y de talento.

***

TBLEFONO

***

***

El Museo de Variedades sigue exhibiendo el hermoso
cuadro «La Tempestad11 y el buen público, el gracioso
momtruo favorece con su asistencia el bonito espectáculo.
Creo como ya dije alguna vez que sólo ese cuadro es lo
que vale en el Museo de Variedades.

***

La Galería Internacional del callejón de Santa Clara,
ha puesto en esta semana bajo los claros campos de sus
lentes, hermosas vistas de Bélgica.
Allí se puede admirar el Palacio de los Representantes
y el de la Justicia, verdaderamente monumentales, la columna del Congreso, obra de arte admirable, el histórico
Convento de los Jesuitas y varias estatuas que encantan
por su corrección de líneas y por su conjunto artístico.
Entre otras las de Carlos Y el gran monarca, los de Rubens y Van-Dick los dos soberbios pintores cuyos lienzos enriquecen las galerías de;los_más ricos museos, y la
estatua de Margarita de Austria.
A la verdad que se puede pasar un rato por demás agradable viendo las vist&amp;B y admirando de paso la belleza y
elegancia de las dam&amp;B que noche á noche favorecen con
su presencia el culto espectáculo.
LOS BENEFICIOS

DE "LA MUTUA DE NEW-YORK."
COMPA:!IIA DE SEGUROS SOBRE LA VIDA.

Toluca, 26 de Agosto de 1895.
er. D. Carlos Sommer, Director General de la Mutua.
México.
Muy eeflor mio:
Tengo la satisfacción de manifestar I!. V. por la presenoo mi agradecimiento v por su honorable conducto I!. la Dirección en New::York,
as1 como al Agenre especial de esa Compafiia, el Sr. D. Manuel Cal,
derón porque evitándome toda ele.se de molestias y con la mayor
eficacia sella procurado con toda oportunidad el pago de la póliza
número~9,028en que estuvo asegurado mi finado hijo el Sr. D. David
Martinez y cuyo importe de UN MIL PESOS, me ha sido entregado en
efectivo pÓr el rderido Sr. Calderón, en esta misma fecha y ante el
Notario Plíblico Sr. D. Jesus 111. Hernández.
El antiguo y universal crédito de que disfruta e._sa poderosa Compa!lm hace ya innecesaria su recomendación; pero quiero hacer
constár la circunstancia de que tau solo se hablan pagado &amp;45.10 como primer premio, y por cuyo único lmporoo, he recibido hoy los UN
llrL PESOS de la. póliza indicada., pues ¡¡ue mi hijo murió siendo muy
Joven, y cuando"hacia tan solo nueve meses de hab_erse asegurado.
Sin embargo, algunas per,;onascreen que esta es una. mversión gravosa y a.ón claman contra la Compañia que les lleva. su dinero, otras se
hacen la Ilusión de que JX&gt;rqne hoy tienen un capital siempre Je han
de tener; ¡y cul!.ntos capitalistas vienen á la. miseria.! y otras dicen:
que son jóvenes, que tienen bastante salud y no necesitan asegurarse como si no hubiesen de morir y la muerte al llegar preguntase
p!imero por esos detalles. Sirvan estos hechos pn!.ctlcos para demos
tra.r los beneficios del Seguro sobre la Vida, y pensando juiciosa previsora.mente las personas que aún no están aseguradas, procurey
cuanto antes y a.provechen la oportunidad de verificarlo, en la ann
gua. y universalmente acreditada. Compe.fiia "La Mútua." de NetiYork. Me es grato suscribirme de V. Sr. Sommer, afmo., aoontwo
S. 9.-TOllAS ?&gt;iARTINEZ.

como nn diestro en el uso de las armas. Su nombre y el de
sus amigos figuran en las actas de la mayor parte de los lances concertados en esta capital. El Sr. Romero ha hecho
todo lo que de su parte ha estado para conquistarse fama
de duelista. Este antecedente lo ha perjudicado, tanto en la opinión social como en el grupo de ciudadanos
llamado á juzgarlo.-Eito antes del duelo: veamos después del duelo.
El Sr. Romero perdió la primera oportunidad de salvación: no se precipitó en el Gran Jurado á pedir su
desafuero, y en esto hubiera consistido su principal defensa; antes bien, brega en el salón de Iturbide porque
no se esclarezcan los hechos por medio de nna averiguación judicial, y comienza á hundirse. La más hábil defensa de los otros actores consistió en pedir el desafuero.
Después del primer golpe, sus amisos se encargaron de lo
que faltaba, hiriendo el amor propio de los que suponían
ó realmente eran sus contrarios, y los obligaron á tomar
la defensiva; y sabido es que esta posición se confunde
luego con la de ofensiva, pues nadie puede saber en donde está el límite.
Se dijo en p(1blico que el Coronel Romero no respetaba
la memoria del muerto en un periódico, El Relámpago; y
esto, unido á la torpe defensa ¡udicial, que debió haber
consistido en procurar la verificación del jurado con muestras ostensibles de deseo, y no en procurar obstáculos
para que se llevara á cabo, formó una atmósfera pesada,
pesadísima, que era difícil disipar, evitando así el veredicto condenatorio de los jurados.
Creemos firmemente, que sin estas circunstancias, el
Coronel ~omero y demás actores no hubieran llegado á
verse en el banquillo, ó si llegan á él, todos habrían salido absueltos.
Hasta después del jurado ha,n estado los defensóres de
Romero en su puesto. Ahora sí deben trabajar por interponer cuantos recur;,os puedan por nulificar 6 cambiar
la sentencia. ¿Quién sabe si ya sea tarde?

434. -~delas Damas núm.

4.-APARTADo

87 B.

~re periódico se publicara todos los domingos y se reparte I!. domicilio en cualquiera. población donde tenga Agente; y por correo, fran•
co de porte, ó donde no lo ha.ya.
Las suscnc!ones foráneas se liquidaran por trimestres ordinarios
aunque comiencen en cualquiera quincena.: pues si no son altas en
la primera del trimestre, se cobrara por Jo que falta, 6 se aumentará
el cobro del próximo.

PRECIOS:
EN TODA LA REPUBLICA Y EN EL EXTRANJERO (UNION
POSTAL UNIVERSAL)............................................... $ 1 00
NUIIIEROS SUELTOS DEL DIA O ATRASADOS EN LA CAP!•
TAL Y EN LOS ESTADOS............................................- ,. 0 25

***

Los conciertos de l\1usín continuan, con el valioso concurso de la orquesta del Conservatorio y la magistral dirección del inteligente pianista Carlos Meneses.
La buena música sale triunfante de esos torneos artís•
ticos y el público solo tiene aplausos para los gallardos
concertistas, virtuosos del arte.

''EL MUNDO''

MEXICO.
Administrador, Aurello M. García.

La centésima representación de «La Verbena de la Paloma» se verificó al fin con un lleno &amp;Bombroso.
El público se mostró severo con los artistas. La función no tuvo nada de notable y el público sólo puedo admir-ar un trofeo (?) que se levantó á la entrada del teatro,
por un señor de la Academia de San Carlos y causó la hilaridad de todos.
Me extraña que la Academia de bellas artes siquiera
por honra propia, permita esos atentados al arte.

***

ÉLMÚNDO~

SEMANARIO ILUSTRADO.

Se que vari&amp;B damas se han reunido para· fundar una
sociedad proteciora de «niños, animales y plantas. 11
La idea no puede ser más digna de aplauso, y ojalá que
l&amp;B distinguidas dam&amp;B que tan humanitario y alto pensamiento han concebido, logren llevarlo á fel.iz término.
Ya tendrán mucho que hacer y que amparar, sin ir más
lejos podrán empezar por los niños de la «Compañía de
zarzuela infantil11 de quien han dicho los periódicos de
estos días, que reciben mal trato de alguna persona de la
compañía.

La semana ha te11ido una nota brillante, la llegada de
un tomo de poesías del príncipe de los poetas hispano-americanos, Salvador Díaz Mirón.
Haz de rosas llenas de perfume, joyero soberbio que
guarda diamantes deslumbradores tal es ese pequeño libro
editado en Nueva York por la casa Benson y Compañía.
Los versos del bardo veracruzano, volaban dispersos,
por revistas y periódicos, extendiendo sus blancas y luminosas alas, hoy han hecho su nido, aves que viven junt&amp;B y junt&amp;B cantan.
Leed, señorita, leed ese tomito encantador.

1895.

SEPTIEMBRE,

AVISOS.
Treinta J)!!SOS plana. por cada publicación. Para avisos por la.~o
tiempo precios convencionales.
Todci pago debe ser precisamente adelantado. A los suscritores que
no pueda.u remitir dinero anticipa.do se les girará en el primer mes
del trimestre, por Express ó Correo; y si no hay oficinas, se remitir!!.
el periódico después de haber recibido el valor de la suscnción.

,

e"'REPETIMOS que todo pago debe ser precisamente a..delantado, .,· si no son cubiertas nuei;tras
libranzas en los primeros 15 días del mes (los agen·
tes) ó del trimestre (los su~t:ritorei;) cesaremos de en·
viar el periódico.~

***

Todavía, como la postrera convulsión de un gran monstruo aprisionado, palpitan en nuestra soeiedad los trágicos recuerdos del Jurado Verástegui-Romero; aun, átomos
dispersos de un resplandeciente foco, se ~tan los últimos
ecos de esa misteriosa historia entenebrecida, y con ellos la
o:pinión pública-la desconocida audaz á quien todos rendimos homenaje-se pregunta el orígen de este drama, de
cau.~a., secretas, su desenvol vimiento y su finalización á medias depurado por el agua lustral de la justicia popular.
En torno de este obscuro reducto, en rededor de esta sigilosa aventura, iluminada á trechos por la sardónica
ironía de un diablillo cojuelo, descaperuzádor de techumbres y surcidor de voluntades, l&amp;B pasiones se han desencadenado y los espíritus han rondado en vertiginoso remolino como sombras escapadas de un infierno dantesco, en
un loco deseo de provoca1· tempestades y desprender avalanchas en el 3eno de una sociedad anhelante de reposo,
pero que conserva los vetustos resabios caballerescos de
las épocas medioevales, la pérfida tradición de la fuerza
vencedora de la justicia.
Estadística curiosa, que cuidadosamente hemos recogido: los comentarios del duelo Verás~ui-Romero han podido dar origen á diez duelos entre miembros de la prensa que, primer ejemplo en la historia nacienal, ha sido
la primera en pedir que se juzgue á los duelistas ¡ella, la
que á honor ha teni_d o la reproducción de actas de desafíos, la que con minuciosidad. de detalles ha narrado las
peripecias de lances de honor y ha mantenido latente la
enfermedad que de extirpar se trata, autorizando códigos
y sellando con su sangre la salvaje costumbre de cambiar
disparos en vez de razones y esgrimir espad&amp;B en lugar
de argumentos!~No comentamos, consignamos el hecho,
y al dejar esta verdad establecida agregarémos que ella
mdica un grau avance moral en la prensa de la nación, la
más pródiga en añejos tiempos, no olvidados todavía, en
repartir denuestos y amontonar injurias, la que ha dado
el ejemplo de la vociferación y del escarnio, ¡Quien esté
libre de mancha que arroje la primera piedra!
En el caso Verástegui-Romero ha habido una excitación en la prensa: defensores y adversarios del duelo han
reñido un combate sangriento; momento ha habido en el
que parecía que el conflicto del duelo habríase d~ resolver en duelo, á semejanza de la receta de aquel facµltativo que recomendaba la decapitación como el mejor procedimiento de evitar el dolor de cabeza. ¡Extraño espectáculo el de estos esforzados combatientes dispuestos á
dirimir su contienda en el terreno clásico del honor, en
el abierto terreno del elegante degagé ó de la esquisita
puntería! No importa: todos nos hemos batido, todos nos
batimos, todos, acaso, nos batirémos. ¿Y qué? No hay
que pretender elevar nuestros actos á la categoría de leyes: tengamos la franqueza de reconocer nuestras equivocaciones; y de nuestros, caprichos de nuestros yerros, no
hagamos capítulos de observancia para el cuerpo social.
Mas ¿por qué fué condenado el Coronel Romero?
Se citan duelos anteriores de funesto desenlace y se
pregunta I_&gt;0r qué la prensa no ha reclamado en estos casos el castigo de los culpables. Abstracción hecha de
aquellos que han pasado al dominio de la justicia, vamos á decir claramente la razón de éste hecho. Si ha
habido ó uo avance en la moral social, esto deben resolverlo los que con criterio sereno estudien las manifestaciones de la colectividad nacional hace diez, hace veinte,
hace cincuenta años y sus actuales características. Pero
haciendo it un lado esta circunstancia, sin fijarnos en el
caso abstractoqueestablece jurisprudencia, serémos lo
suficientemente esplícitos para no dejar lugar á duda.
El principal origen de la excitación social en el duelo
juzgado, debe buscarse en la pericia de Romero para manejar armas-en primer término-y- en su conducta posterior al lance.-El Sr. Romero ha sido hombre de armas,
ha escrito el prólogo de un código, ha fijado públicamente cartones de hábil tirador, se ha exhibido, en una palabra,

Muy diversas opiniones circulan después del jurado y
sentencia á que nos referimos, sobre la probabilidad de
nuevos lances. Nosotros creemos que ha de influir mu·
cho en el ilnimo de los que aceptan el duelo, la consideración de exponerse á dos peligros, que forman precisamente una disyuntiva; perder la vida, ó la libertad después del duelo, porque sí causant ejecutoria por mucho
tiempo la sentencia Romero.
Pero lo!t defensores del duelo, han dicho siempre y
han repetido estos días que el hombre que rehusa un
duelo rncurre en el desprecio de la sociedad. Diremos como el representante del Ministerio Púbico en
este proceso: ¿de qué. sociedad nos habláis? ¿De la sociedad de duelistas y espadachines? Sí, evidentemente; pero
la sociedad se forma de-varias capas y no en todas predominan las mismas ideas. En estos últimos tiempos hemos visto rehusar duelos it varios caballeros-algunos de
ellos que ya anteriormente habían acudido á lances de
esta naturaleza-y ninguno ha sido rechazado del grupo
que frecuenta ni señalado por nadie con desprecio.
Si hemos de desterrar el duelo de nue~tras costumbres,
si el resultado del último proceso es un signo de diagnóstico social, preciso es cj_ue los tribunales de justicia castiguen severamente la mjuria; que sobre los 9-ue prodigan
el insulto sea la ley inexorable\ sin distincion de categorías y que las penas impuestas impien esta densa atmosfera en la que estallan los dicterios sin solución de continuidad. Sobre la llag-a que nos corroe necesario es aplicar
el termocauterio del Código Penal, de ese Código que
por muy despreciable que á algunos hidalgos rezagados
de la Edad Media parezca, es la única garantía de las sociedades modernas.

&lt;!El prrda lJutmma.
Por primera vez acaba de hacerse uso, en el proceso
Verástegui-Romero, del derecho de indemnización civil
que la ley concede, en casos semejantes, á los lesionados
por un daño irrev.arable que priva de medios de subsistencia á una familia. Nuestro carácter nacional quijotes•
co y romántico se ha negado á aceptar esta práctica en
uso en Europa y los Estados Unidos, en donde la cuestión de intereses no es nunca perdida de vista y la vida
humana tiene una cotización como cualquiera otra mercancía.
En México nos causa extrañeza que una viuda acuda á
los tribunales poniendo precio-así se nos antoja decir en
nuestro idealismo-á la existencia del esposo, y sin embargo, la prensa ha reclamado en todos los tonos, que se
indemnice á las familias de la catástrofe de Temamatla.
¿Por qué esta diversidad de opiniones? ¿El desamparo de
los supervivientes de ambas catástrofes es menor en uno
que en otro caso?
Las clases más ilustradas se han dejado ganar por esta
falsa vergüenza y se cree que la indemnización civil cons•
tituye una ausencia absoluta de sentimiento. Reclamar el
valor de la vida de un hombre, parece bochornoso y tales estimaciones pugnan con el carácter mexicano. Un
mal fundado orgullo nos lleva á desdeñar esta mezquina
cuestión de números, de la que no obstante depende el
bienestar de cada grupo humano, y nos consideramos deprimidos de acudir á los tribunales reclamando los beneficios obtenidos por aquel que se encontraba destinado á
satisfacer nuestras necesidades.
No hay familia alguna que se avergüence de recibir el
importe de la p6liza de una compañía de seguros, al faltar el cabeza Óe la casa, pero tratándose de la indemnización civil, ya es distinto. Creese 9.ue una reclamación semejante tiene el cariícter de una limosna arrancada con
la presión de uu cadáver y que se desvirtúa una amada
memoria al pretender una suma pecuniaria á costa de
ella.

11
Y de aquí surge el sofisma. El ser perdido no se reconq_ui~ta más con indemnización civil que sin indemnización
civil. Lo que se reclama no es, ciertamente, la cotización de un muerto, sino los daños originados con la privación de la vida. Xada hay en esto de vergonzoso y el
ejemplo que hemos puesto del cobro de una póliza á una.
compañía de seguros, es de gran relieve.
Existen en varios países de Europa leyes destinadas á
resp?nsabilidad por accidentes del trabajo; las empresas
fabriles cubren todos los años gruesas sumas en favor de
familias de operarios lisiados; hay sociedades cooperati•
vas en que los miembros de la asociación se hacen cargo
de los gastos de la fa1nilia de un compañero enfermo; el
obrero encuentra apoyo en el mutualismo, los días en
que carece de labor: una estrecha solaridad une los inte·
reses sociales. ¿Por qué la indemnización civil encuentra
aún repugnancia invencible?
El precio de lr~ vi.da es una frase de vana retórica, y por
C!udo que nos parezca, el hecho es que la vid¡¡. humana
t,1ene en efecto un valor, no estimada según una medida
de sentimiento, sino según las tablas d1• mortalidad, de
inmenso beneficio pam las familias, puesto que ellas sir•
ven de base á toda combinación futura.
S\n e_stos. cálculos toda previsión caería por su base; la
capitalización, el ahorro se fundan en ellos, y destruirlos
por un rasgo de lirismo, equivaldría á dejar perecer de
miseria, á muchos hogares sin padre, á muchos huérfanos.
.A _pesar de éstas consideraciones, consideramos muy
difícil que en nuestra sociedad tome arraigo la indemnización civil. Sería indispensable para esto que nuestro
carácter nacional sufriera nn gran cambio, entrando de
lleno en el regimen de intereses, al que somos perfectamente refractarios.

~ A nuestros

Lectores.

Con el próximo número se reparte el final ele la novela que estamos publicando, y comenzará. á repar·
tirse la última producción de Jorg·e Ohnet, que lrn
alcanzado g-ran éxito.
~Estarnos preparando una sección extra para
las damas, que resultará la más útil de cqantas se
han publicado en México.~
Aprovechamos la oportunidad para manifestar á
nuestros agentes (á quienes suponemos lectores) que
nos ha sido de todo punto imposible servir los 'pedidos
extraordinarios que del último número de El 21:fundo
nos han hecho, pues á las dos horas de haber puesto
á la venta el tiro que se hizo, y que uo fué corto, estaba agotado completamente. Los últimos números
fueron vendidos por los papeleros á setenta y cinco
centavos, y aún á peso el ejemplar.
Sólo nos quedan algunas colecciones que comprenden Julio y Agosto, es decir, desde el principio del
tomo, y naturalmente cada una de ellas contiene el
número del domingo.
'i para que con anticipación puedan hacer sus pe·
didos extra, anunciamos desde hoy, que los números
del 15 y 22 ele este mes, y todos los de Octubre1 serán
números excepcionales por el interés que contengan,
puPs nos proponemos no dejar sin ilustrar nada de lo
interesante que se relacione con las fiestas patrióti·
cas, y las de la Coronación de la Virgen.

REMITIDO

DEL SR. INGENIERO ARAMBURU.
México, Agosto 'ZI de 1895.-Sr. Director de El .Mundo.-Presenre.-&amp;tima.do señor:
En el número siete, tomo segundo, fecha. 25 del presenre mes y ali.o,
he visto publicada. en la página 18 de su ilustra.do periódico la répli•
ca que el Sr. Lic. Heriberto Barrón di6 al público en el Jura.do Verásoogui-Romero.
En dicha. r~plica se asientan las siguientes palabras: "~SEGURA
luego que tuu;e poco, un müitar leRJ.igo de un Ingeniero para un dudo que
1W u llevó ,t efer.to, por hnber dado ESTE SATISFACCION, fué arreatado
quince d1.a8 en la Prisif&gt;n Militar, por no hahér /1.ecllo re8J)etar las /,eyea del

honor."

Como ha.ce poco tiempo tuve un lauce con el Sr. General Rocha., el
cual 110 se llevó !'L efecto y además mis representantes fueron arrestad.os
en Santiago Tla.loololco, puntos todos que coinciden con lo dicho por
el Sr. Barrón, me considero aludido por la semejan.za de detalles! y
de mi deber es a.clarar algún punto en que ha.y absoluta. discordanc a.
El Sr. Barrón ó el cronista. se equiYocaron completamenoo al a.segurar que yo di satisfacción alguna.
De una ó de otra manoca como caballero y sin que en mi ánimo
exista la idea de revivir disgustos, no permitiré Jamás que mi honor
quede vulnerad.o por falta de conocimiento de causa ó por error al
tomar detalles.
TranquJJo he estad.o y tranquilo estoy por la conducta que he observado; pero ya. que se a.sentó una falsedad tan inaudita, apelo I!. la.
caba.llerosida.cl de los s.res. Roch.a., ymarreal y Carrillo, para 'lue por
conducto de su apreciable penódico v de todos aquellos diarios (L
quienes me dirijo en esta. vez, digan si·es verdad que yo d1 satisfacción al Sr. General Rocha, y si lo es también, que mi conducta como
caballero y hombre de ltonor fué correcta.
En mi poder obran documentos v da.tos suficientes que no publicaré por el momento si la. respuesta de los Sres. Rocha., Villarreal y Carrillo es tan honrada como espero de su caballerosidad.
Quedó de vd. atent.o y S. S.
DOMINGO ARAMBURU.

Tiene razón el Sr. Aramburu; desde el principio de la
semana nos hizo el favor El Demócrata de publicar nuestra
aclaración, en la cual manifestamos que en e1 punto de•
batido, se equivocó nuestro cronista.

�1"! SEPTIEMBRE, l 8~f&gt;.

.EL MUNDO.

12
RESUMEN

De los acontecimientos de la semana.
El día 5 de Septiembre, se verificará una peregrinac_i6n
de esta capital al Santuario de la Virgen de los Remedios.
En la mañana á las 6 y 30 partirá un tren especial del
Ferrocarril de la Colonia, llevando á los peregrinos.
Este tren se detendr.i en Naucalpan y los peregrinos
irán á pie desde ese punto hasta el Santuario, rezando el
rosario durante la caminata.
En el Santurio se celebrará una solemne misa, en la
que predicará D. Pedro D. Gutiérrez, Canónigo de la
Colegiata.
El domingo ~!timo se verificó en Coyoacán la ~pe~tura
de una Exposición de frutas y legumbres en el ed1fic10 de
la Sociedad Anónima de Concursos.
·

.

La Secretaría de Comunicaciones, ha determinado que
el 16 de Septiembre próximo, comience á funcionar el
nuevo faro de Túxpan.
La Comandancia )Iilitar, i\ la disposición de la cual
quedó el Coronel Romero, dispuso que pasara preso al
cuartel del 21? Batallón, y al efecto, el Sr. Cabrera, 2?
Jefe de las comisiones de seguridad, lo trasladó de la
Inspección General de Policía al lugar indicado, el mismo
domingo á las 9 de la mañana.
Se sabe que el jefe del cuerpo referido, Sr. General
Cueto, dejó á la elección del Sr. Romero el departamento
en que deseara permanecer, y el reo eligió la sala de
Banderas.
Fué presentado ya por el Juez 2? de lo Criminal el informe que exige la ley para que se funde la casación de
los veredictos absolutorios del Jurado Popular en favor
de los Sres. General Rocha, Castillo, Carrillo y Prida. La
vista se verificará mañana á las diez. Según se dice, el
Coronel Romero ha apelado de la ~entencia que sobre él
recayó.
A.mecameca fué teatro últimamente de una tragedia
originada por los celos.
Dos individuos estaban enamorados de una mujer y se
odiaban por lo mismo.
Uno de ellos fumó mariguana cierto día y buscando á
su amada pidióle que eli~iera entre él y su rival.
La mujer optó por el ultimo y tuvo la poca prudencia
de proclamarlo ante el _P,rimero, el cual le hundió su pufial en el pecho y la deJó muerta.
Los Sres. Pearson é Hijo esperan principiar las obras
del puerto de Veracruz, conforme á su contrato con el
Gobierno, para el próximo 15 de Septiembre. Puede esta
fecha sufrir alguna alteración según se indica por depender
de la determinación de los arreglos preliminares, los que
á su vez dependen principalmente de la Compañía l't!anufacturera de Carros de St. Charlos M? y del Ferrocarril
Mexicano.
Abierto el testamento del Sr. D. .Agustín Cerdán, sábese ya que su fortuna pasaba de tres millones de pesos,
distribuidos así:
La mitad á su viuda.
50,000 pesos :\ su hermana política.
25,000 para la Beneficencia.
25,000 al joven D. Porfirio Díaz, hijo del Sr. Presidente de la República.
251000 á la Srita. Luz Díaz, hija también del Primer
Magistrado.
10,000 al Sr. D. Apolinar Castillo.
50,000 á una Señorita hija bastarda.
100,000 al Sr. D. Pantaleón Cerdán, su hermano.
Y el sobrante á su hermano D. Severo Cerdán.
Las obras del Teatro Nacional han adelantado mucho
en estos últimos días. Están concluidas yo las columnas
de la derecha, las cuales sustit,uyen la pared Norte del
foro. Falta terminar dos de las seis columnas ó torres de·
la izquierda, esto es, de la pared Sur, estando ya levantada casi una de ellas.
Se cree por lo mismo que los trabajos de mampostería
durarán cuando más unos quince días.

La fiebre amarilla continúa haciendo víctimas en Veracruz y se une á esto la escasez de agua para causar verdadera alarma á los habitantes á aquel puerto.
«La Semana Mercantil» opina que el Gobierno debe
arrendar la línea del Ferrocarril de Tehuantepec, previa
una convocación de postores con tal fin.
El Sr. Arzobispo de )léxico salió en la pa~ada semana
para Toluca, de donde ha de haber regresado ya.
Vencidas las dificultades que tenía el Ayuntamiento
para organizar la batalla de las flores de que tanto se habló, ésta se verificará el próximo H de Septiembre, solemnisiíndose con ella el natalicio del Sr. Presidente de
la "Eepública.
Nuestra Legación en Centro-América ha comunicado á
la Secretaría ae Relaciones que, según nota de nuei,tro
Cónsul en el Sah-ador, en el Lazareto de dicha capital
había últimamente 19 casos de fiebre amarilla¡ aparte de
otros de los qne procuran no ir á los hospita es ni establecimient-OS públicos.
Un periódico participa que á los asaltantes de Alta Luz,
se les aplicó la ley de suspensión de garantías y fueron
fusilados en las Cumbres de )Ialtrata y el cabecilla en el
patio de la cihcel.

Está próxima á terminar sus trabajos la comisión ~ilitar que se encuentra·establecida en Berlín por el Gobierno de l\Iéxico, con el fin de arreglar asuntos en el ramo.
La «Sociedad Patriótica Yucateca,» según se afirma, C&lt;r
mienza á trabajar nuevamente para conseguir que se liberte á los esclavos que aún permanecen en el can0n de
Chan Santa Cruz, llevados prisionero3 por los indios rebeldes.
Un periódico ha recibido una carta en que se le pide
que se digne evidenciar la urgente necesidad de ocupar,
sin pérdida de tiempo las abandonadas poblaciones de
la Ascensión, que son las si~nientes: la Villa de Bacalar, Yucatán y el puerto de T1ohosnco, asf como demostrar igualmente las positivas ventajas que reportaría á la
República ésta medida que daría por resultado la conclusión de la ~uerra social, la libertad de dichos cautivos y
la mayor riqueza de la República en ~eneral, para cuyo
servicio van al pie de la indicada solicitud algunos datos
nece~arios.
El ministerio de Comunicaciones y Obras Públicas ha
recibido un ocurso de la Junta Patriótica Hidalgo, en el
que se propone un proyecto que consiste en arbitrar recursos con objeto de elevar á Hidalgo un ~ran monumento, no recabando un centavo de cada habitante de la República, como se dijo ha tiempo, sino que cada mexicano
de diez años arriba, de 2,5 centavos, pagaderos en ~eis
meses.
Calcúlase que así se reunirán fiicilmente unos 500,000
pesos, importe del monumento, cuyo diseño fué aprobado ya desde hace algún tiempo.
Se ha hecho notar un fallo del Juez 'P. de lo Criminal
de ChihuahuaJ quien condenó al Director de Instrucción
Primaria, Sr. •lalentfn Zamora, á sufrir la pena de 7 años
1 mes 10 días, de prisión y á pagar una multa de $200 por
los delitos acumulado~ de rapto y allanamiento de morada de que fué acusado.
En San Ped;o de los Pinos fué asaltada últimamente la
casa del Sr. D. Ambro;;io Sánchez, resultando herido este
señor. El robo fué de poca consideración.
En Celaya se ha formado una sociedad con objeto de
erigir un monumento á Hidalgo en el mismo lugar en que
colocó el estandarte de la Vfrgen de Guadalnpe, proclamando la libertad.
En algunos puntos del Estado de Sonora, se ha desarroyado la viruela negra, con mucha profusión.
Se encuentran en Jalapa el General D. Alberto Esc&lt;r
bar y el Sr. D. Luis Labadie y Rivaa con el fin de tratar
con el Gobernador de Veracruz, lo relativo á un proyecto de Saneamiento del ~uerto y la introducción de agua
potable en cantidad suficiente para las necei,idades del
vecindario.
.
La Junta Directiva de la Exposición Artístico Industrial de la Sociedad Poblana de Artesanos, ha hecho saber que las disposic¡ones del Reglamento para la tercera
Exposición Artístico Industrial de la Sociedad Poblana
de Artesanos, no inipide en manera alguna que la Junta
Directiva de dicha Esposición solicite el concurso de los
grupos de artesanos, industriales y comerciantes de otros
Estados de la República, por medio de invitaciones dirigidas al efecto y en caso de que los invitados aceptaren el
carácter de expo~itores, gozarán de los mismos beneficios
acordados para loo del Estado.

El padre Plancarte ha publicado una nueva carta relativa á la coronación.
De ella tomamos lo siguiente:
Para Octubre están arregladas peregrinaciones escalonadas, de diversos Estados.
A la lista de predicadares se han agregado el Illmo. Sr.
!barra para la. fiesta de Querétaro, y el Sr. Canónigo D.
Luis Silva, para la de Chiapa.q.
El día 12 de Diciembre los lugares de preferencia serán
ocupados por los delegadós oji.dales.
Para ocupar los lugares &lt;le distinción necesitarán vestir
traje negro y mantilla.
El padre Plancarte cree que la Virgen de Guadalupe
llegará á ser proclamada Patrona de las Américas.
Llegó á esta capital la noticia de qne una terrible tromba marina sorprendió, cerca de la Paz, Baja California,
al vapor «Diego,» propiedad del Sr. Redo. Dicho buque
tuvo que disparar siete cañonazos para conjurar el peligro.
El jueves á la.~ doce del día el Sr. Presidente de la República, con el ceremonial de costumbre, recibió al Sr.
Kurino Shin lchiro, Enviado Extraordinario y )finistro
Plenipotenciario de Su :M:ajeetad el Emperador del Japón.
En el valle de San )fartfn Texmelúcan, Estado de Puebla y en los llanos de Apam, asf como en varios puntos
del Estado de Tlaxcala, han caído últimamente fuertes
heladas, debido á las cuales se han perdido las cosechas.
El viernes último, lo~ Sres. Secretario de Gobierno del
DiRtrito, Inspector General de Policía, Prefectos del Distrito, Jefes de cuarteleii y ,Tefes de los cuerpos de Gendarmería, ob~equioron al Sr. )Iinistro de Gobernación,
con un banquete en el Peñón.
El Sr. ~linistro de Jm,ticia ha siclo obsequiado a~í mismo con dos banquetes en el Tfvoli del Elíseo fuéle of.recido el primero por los abogados jóvenes del loro de esta

1&lt;? SEPTIEHBRE, 1895.

Capital, y el segundo por otros muc~os abogados entre
los cuales figuraban numerosos magnstratlos.
Verificóse el primero el jueves de 111 pasada semana y
el segundo el jueves de la actual.

roana oIinata.

El próximo 8 de Septiembre la colonia e~paiiola de esta capital, celebrará con gran solemnidad la fiesta de C&lt;r
vadonga.
Los trabajos que para el censo se h~n _verificado en la
Demarcación dieron el resultado s1gmente:
· Censo local, casas deshabitadas, 10; casas en construcción, 8.
.
te ta
Templos católicos con culto. 8; sm culto, 2; pro s ntes con culto, 2.
•i·
Moradas colectivas: hospitales, 5; ~uartelE'~ m1 1tares,
5· cuartel de policía de Bomberos, l; mspecc16n, 1; casa
d~ niños expósitos, 1; colegios internos, 6; hote\E:S y casas
de asignación 11 · mesones y corrales para bestias, 7.
El número tota'.l de ca.qns habitada.q en todo el cuartel
es de 2,250.
·
1
Han comenzado ya los trabajos del censo persona .
~

Suij blancos encajes
•
La luz de la luna
Tendió tri"te v len•
Y en los cortiÍrnjes '
De la tibia e~tancia
Simula pai~ajc,;
~e camp~s de niHc;
Extral1a tragancia
El naranjo llue,·e
En alas del aire
pa$a cantando con duke donaire,
): tiende en lns onda" de quieta laguua
Sus blancos encajes
La luz de la luua.

,,

qu~

El Sr. D. Próspero Cahuantzi y el Sr. D. Fran~isco
Martfnez I..ópez, fueron comisionados por el Sr. Presidente de la República para recorrer los Estados con el fin de
colectar todo lo que juzgasen oportuno para ser prese~tado en el próximo Congreso de Americani~tas y cumplida su comisión, regresaron ya á esta capital, trayendo
consigo curiosos objetos.

' ¡Qué tristes rumores
La bri,,11 murmura!
La noche qué lenta!
Los castos amores
Suspiran y lloran
Y sueñan las tfor~~
Y en himnos revie~ta
La voz que atesoran
Las frondas que intenta
Ta~er Puck que llasa
Puck, quesm pudoresébrio vuelve á casa
Y le silva un grillo su torpe locura
Mientras mil rumores
La brisa murmura.

Por superior disposición la guardia de honor del Sr.
Presidente de la República, establecida en el Bosque ~e
Chapultepec, depender,i directamente de él, y por co~s1guiente, sólo al Jefe de su Estado Mayor estará sometida
en sus instrucciones particulares; el misi:no Jefe_ le ~rá
órdenes y recibirá los partes correspondientes, sm de¡ar
por esto de atenerse á ~'\s prevenciones de las guardias de
plaza con relación á la Mayoría, conforme á lo preceptuado en la Ordenanza General del Ejército.

PERSONAL.

13

•

En la mandolina
)fand,;lina mora,
Hecha de contle~
Y madera tina,
Donde ranta t·I vi,,nto
Dulce cavatina,
C'antos oriental\'~
De gentil acento,
Humor &lt;le cri~tales
Y notas de platn,
TOC'a la sultana triunfal Herenata,
La hcrrno_sa ~nltana, la régia se11ora,
Ln ht mandolina
~Iand,ilina mora.

El Gobierno ordenó y~. la rei1?stalación ~el Pabellón
Azteca que ocnpará un s1t10 próximo á la 9mdadela. A
él se trnll,!!ladarán las reliquias de guerraeustentes en l_a
Maestranza y que se encuentran en el l\luseo de Artillería.
C
Fué encargado de las obras el Sr. Teniente oronel
Mondragón.

Hase celebrado entre la $ecretarfa de Fomento y el Sr.
Manuel Thomas y Terán en representación del Sr.. Alejandro K. Coney, un contrato reformando el convemo celebrado con fecha 17 de Julio de 1893, para el establecimiento de colonos extranjeros en el país.
La reforma se hace constar en los siguientes términos:
«Art. 11. l I Sr. Coney i&lt;e obliga á dar principio á la
instalación de colonos al año contado desde el día 29 del
presente mes, (,Julio) y á no interrumpirla, de manera
que á los diez años de la miema fecha ha de tener establecidos doscientos cincuenta colonos por lo menos.»

EL ~fUNOO.

•·

La hermosa sultana
Canta sus rondelcl!
Que vuelan vibrantes:
Ecos de lejana
Patria bendecida
Y la trova ufana
Ritmos deslumbrantes
Dice entristecida
Arpegios triunfat;te,;
')\ -~ -:.
Ei1 durada pauta
~
~umore~ de be.,os y trinhs de flauta,
Sollozos de palma1&lt;, himnos de laureh.&gt;s
La hermosa sultana
Uanta en sus rondt&gt;le:&lt;.

Oíd:
Dos acordes en tono menor,
Un trémolo débil y la mandolina
Gime y llora triste con voz argentina
Voz emocionada llena de dolor,
'
Luego es una escala que sus ritmos mueve
Tremulante y breve;
,
Que se apaga le,·e
hn las dulces cuerdas de la mandolina.

*
t10h paíse~ lejanos

Donde he vfrido,
Espíritu~ hermanos
Que yo he perdido.
«Oh mis noches tan bellas
)li azul palacio,
)lis pálidru; estrella8
í,ubre el espacio.
«Oh nost,ílgico anhelo
Que me consume,
• )! i pasión, flor de cielo

Perdió el perfume.
«Por la vida me arrastro
Ave sin alas,
No tengo ya ni un astro
Flores,· ni galas!
'
«El destino me abruma
)las tengo llanto
Como el mar tie~e espuma,
Y el ave canto.
«¿Cuánto tiempo iré errante
Sobre la vida'?
Xánfr.1go navegante
Ola perdida·?
«La plegaria me ensalma
J,,a fil me ayuda,
.
Y agonizante ~igue ml Jiohre uhna,
Heridn por lo, odios y ¡,orla tlu&lt;lu.

Espíritus hermau )!J
Que yo he perdido!"
Dos arpegios, t}n ritmo pausado
Uu acorde doliente y sonoro
'
•
Y el canto h~ cesado
En las cuerdas \'ibrantes de oro.
Y en la calma nocturna me dice
-t:na voz apagada y secreta:
·
-«El canto bendice
La que cant.-i es tu alma ¡oh poeta! ·,
Es tu alma que llora
l'na patria lejana v divina
. :En estrofa que va· ,·olador~ '
•
En la mandolina
~landolina mora.»

«Oh paí~eia lejanos
Donde he vivido,

UN ILUSTRE CAMPECHANO.
El 31 de Junio próximo pasado, falleció en Méri_da, el
distinguido liberal, Lic. D. Pablo García, cuya vida es
una serie de abnegaciones y luchas polfticas. Xació el
año de 1824 en Campeche, Estado que le debe su existencia como entidad federativa independiente.
El Sr. García,
durante sus primeros nños de vida
política, fué en su
tierra natal, Juez
del ramo penal,
Juez de Distrito y
tomó participación
activa en la campaña contra los indios sublevados.
Diputado á la
Legislatura constituyente de la Península, renunció
por falta de libertad para ejercer su
cargo.
Dirigió la revolución que tuvo por obje10 constituirá Campeche en E~tado independiente, y fué su primer Gobernador Constitucional; durante m,ís de un año,
defendió el puerto contra la escuadrilla y las tropas adictas al Imperio, hast.-i que, después de rendirse, fné desterrado á la Habana, y lnE'go á Tabnecn. En Junio de 1867,
ayudado por el Ueneral Cepeda Pcmza, sitió y tomó la
misma plaza de Ca111peche, que fné tenazmente defendida por los consern1.dores. Entonc1;s vohiú ,¡ obtener el
Gobierno del Estado.
Desde 18i0 vivió en )[érida, adonde ocupó importantes puestos, como i&gt;on los de Director del Instituto
Científico; Presidente del Cons1•jo de Instrucción Pública,
Magietrado del Tribunal Superior de Justicia, etc. •
Sus funerale~, verdaderamente "untuosos fueron presididos por el &lt;,obernador de Yucatán y el .Íefe de la Z&lt;r
na )filitar. Con tal aca~ión advirti6~e un hecho curioso:
el Estado cuya desmembración debióse á los e~fucrzos de
aquPI hombrE&gt;, le tributaba toda clase de honores y la región cuya independencia hizo, lu olvidó casi por completo.

IMPRESO EN LAS OFICINAS DE ((EL MUNDO,&gt;, SEGUNDA DE LAS DAMAS NUMERO

Í

r.

"EL 1IUNDO.';
Sólo 223 colcc-ciones de este
tom~ &lt;le El 1Jf1111do ha.,· para
scrnr 'ií, lo:-; nuevos •f::U~critores
las cole&lt;'&lt;'iones que constantemente se nos están pidiendo.
Creemos que en el corriente
mes se agotarán y lo hacemos
notar á los que deseen tomar
la suscrición.

R6lo 223 c~)e('ciones d; est~ ·
tom? &lt;l,c E7 Jlunrlo ha.,- para
st.•1T1r a los. nue\'os susc•ritore;
la:-; roleeei01ws que eoii::-;tantemente H' no,._ &lt;'stán pidiendo
Creemos que eu el c·orrien~
mes se agotarán y lo hacemos
notar á los que &lt;leseen tomar
1a .suscrición.
1

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�EL MUNDO.
========== ============--:-, ,q l ,¡ M ,1.
de ell~, á. la "ista del Santo en peligro.
:l

~======

14

EL HEROE.
PoR G.\BRIEI, 0 1 A!&lt;n,--uxw •.

Ya los gr.inde~ estandarte&amp; de San Gonzalo habían salido á la plaz:.1. y :-e balanceaban pe:-.adamente l'll el aire,
lilORtenidos por puílos de hombre!-! de complexión hercúlea1 de tez curtida, de cuello hinchado por la fuerza, y que
como jugando, los llevaban.
Desdl• la victori:1. obtenidn. sobre los radusianoe, la población de )IW:'.'calico celebmba la fiel'lta de Septiembre
con una magnificencia inusitada. Las almas se encendían
con un mam\'illo.-o ardor de devoción. La. comarca, toda ofrendaba ú. !stt patrono las riquezas de la reciente
cosecha. Bn IAA cullez:1, la.a mujeres habían tendido, de
un balcón tí otro, las i-obrecamas bordadas de sus t:Uam~.
Los bombrl'S ha.bían enguirnaldado la.-, puerta.-; de verdura y t.'\pizado de flores el suelo de las casas. Como la bri•
sn soplaba., había en el ambiente de las calles una masa
de humedad que empa{&gt;aba ti la multitud, la cegaba v la
embriagaba. Lu. proccs1ón acababa de desenrollaree bajo
el p6rtico de la iglesia y se enfilaba en hl plaza.
trente al altar en que yacía San Pantaleún, ocho hombres,· los privilegiado!:!, esperaban el momento de levantar
la est..'\tua de San Gonzalo. Se llamaban Giovnnni Curo,
L'lJmmalido, lnl\ttala, \'inzenzio, Guanno, Rocco de
C,euzo, Benedetto Gulante, Bi~io de Clisci, Gio\·anni
sennpaura. Permanecían de pie, silenciosos, embarazados por la. dignidad de sus funciones, con las ideas un
poco confusas. F.ran extremadamente robust-OS; ardía
en sus ojos una llama de fanati:-,mo; llevaban en IM orejas arracadas de oro, corno las mujeres. De cuando en
cuando, se palpaban loe pui\os y los bfcepR, como para
medir su vigor, ó bien cambiaba.u entre s{ una sonrisa &amp;
burtadilla."'.
L.1. ep;tatuadel patrono, vaciad.1. en bronce 1 negruzca, con
la cabeza y las manos de plata, era enorme y petilldísima,
Inattala dijo:
-Est.Lmos listos'?
Al redPdor de ello.:J se atropellaba la multitud para ,er.
Las vidrieras de la iglesia crepitaban á. cada golpe de
viento. La nave se llena.b.1. de humo de incienso y de
benjuí. Oían~e ít intervalos los sones de la música. Eptre
aquel_murmullo devoto, una especie de exaltación ciega,
engrandecíase en el corazón de los ocho hombres. Estaban prestos; tendieron los brazos.
Inattala dijo:
-Una!. ..... dos! ...... tres! ..... .
Y combinaron sus esfuerzos para levantar del altar la
estatua del Ranto. Pero el peso era excesivo/; · la estatua
se inclinó ú. In derecha. Los hombres no hn ían podido
aún disponer sus manos al rededor de la ba!te, de maneraque empalmaran sólidamente. Apuntaláronla con sns
cuerpos tratando de re-istiI'. Pero Bmgio de Clisci y Giovanni Curo, menos h{i.biles, aflojaron del todo y la estatua se inclinó de su lado con violencia. L'Umma.lido
lanzó un grito.
-Cuidado! cuidado! vociferaba la multitud en derredor

OT~~~~~~0.-~G:A~OO~:~en-'.

B te del Esplritu Santo núm 10.-1':.'iCrupulOl&lt;idad
y esmero en e] de~pacho de las fórmulas de \()!; 1.&lt;e11o- l
res facultatl\'os.- U,uto erptndw del reml'dio tnfallbll'
contra ~/rf.08 11 Ct1knt.11ra, intmwtenw, ro1WCuln r@ el
nombn tie l'OLVOl'I DE A. OARA YCOECHEA, al precio de
75 centa\'oscaja; de los l't.llf."Ot pura la tUf y de la Ag1rn

1

La gran zambra.
que venía de Ja !)laza, impedía. oír las voces.
L'Ummalido hnbía ca.lqo de rodillas,. C:'?n la !nano dere&lt;"ha cogida por e-1 bronce. En est~ ~1c1on, i!l~ lev~ntarse, fijaba. los ojos en 1m mano pruuonera, los (?J011 dilatados llenos de espanto y de dolor; pero no gritaba ya.
Algm;as gotas de sangre habflln salpicado el altar.

Por segunda vez sm~ camaradas hicieron un esfuerzo
un:lninrn para soliviar la masa aniquilante. :Xo ~rn muy
fil. cil eRo. "En la angustia de 1m tortura, L'Ummalldo torcía la boca¡ y, ante ese espectáculo, las mujeres se extremecían.
Por tin se logró levantar la estatua y L'Ummalido pudo retirar su mano molida, Mngrienta, informe.
-Yete á tu casa! vete 1í. tu casn!-le gritaban, empujándolo htlcia la puerta de la igle...ia.
.
Una mujer tmquit;ó su delantal y se lo ofreció para.que
se hiciese un vendaje. L' Ummahdo rehusó. No decía
nada. Miraba á algunos hombres gesticulando alrededor
de la estatua y dispntó.ndosela.
-A mí me toca.
-No, ú. mí!
-No, no, á. mí!
. .
Cicco Ponno, Inattala Scafarola y Tommaso de Chsci,
querían reemplazará L'Ummalido en sus funciones de
ca~or.
L Umal ido se aproximó á los que disputaban. Sumano hecha af\icos pendfo. á lo largo de su flanco, y con la
otra "e abría paso.
Dijo sim.plemcnte:
-A mí me pertenece el sitio.
Y o.vanzói metiendo el hombro derecho -para sostener
al patrono ae la parroquia. Apretaba los dientes, reprimiendo su dolor con una energía feroz.
Mattala le preguntó:
-Qué vns á. hacer?
Respondió:

-lfaré algo que le agradará á. San Gonzalo.
Y se puso en marcha. con los otroa.
La multitud lo mir.iba pa~ar, estupefacta.
A cada instante, viendo la herida gotear sangre y ya
negruzca, alguno le preguntaba al paso:
-¿Qué es lo que haces, L' Ummalido?
:No respondía. )farch,1.ba delante, gra,·emente, ajustando su paso al ritmo de In. música, con alguna con(nsi6n en ele.&lt;.ipíritu, ha.jo las amplias sobrecamas bordadas
que ondulaban en el viento, entre la barahuuda má.s y
más compacta.
De pronto, en una encrucijada., cayó. El Santo se detuvo un instnnte, osciló en medio de una confusión mo~
mentánea, de8pués, siguió su camino. Mattia Scafarola
colocóse en el sitio vacío. Dos parientes levantaron al
hombre desvanecido y lo llevaron á una casa vecina.
A.nna de Céuzo1 vieja mujer hábil en el arte de cuidar
las heridas, miró el miembro informe v sangriento¡ después saeudi6 la cabeza.
·
-Yo nada. puedq, hacer, dijo.
Su arte no le proporcionaba recurso alguno para un ca•
so de este género.

oj

llllO

1,

º\?6~~s:~~~.~~'.'..~~.~~~\~~~~~.~~·i·~~~.l.~.~.~.~~.~~~~~.~-~.~:~

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(}ia, Nacional de a.',istencia Ulédit.a, (S.A. )

NlJ.l

1 25
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c:~~~es~o)~~
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L'Ummalido q_uedó solo. El repique era cada vez más
fuerte y más rápido. La luz del día comenzaba á. decrecer. Un olivo, atormentado por el viento, batía con sus
ramas la ventana bo.ja.
L'Ummalido, siempre sentado, comenzó á sumergir su
mano progresivamente. A medida q ne la sangre y los coá.gulos se desprendían, el desailtre aparecía m11s espantoso.
L'Ummaltdo pensó:
-Todo es inútil. La mano está. perdida. San Gonzalo,
vo te la ofrezco.
• Entonces cogió un cuchillo y salió de la casa. Las ca·
lles estaban desiertas. Todos los devotos se habían ido t\
la iglesia. Encima de los techos corrían las nubes violaceas de los crepúsculos de Septiembre1 esas nubes que
tienen figura de bestias.
En la igle~ia, al son de los instrumentos, la multitud
amontonada cantaba ú. coro, con intervalos regulares.
Un calor intenso se desprendía de los cuerpos humanos
y de las flamas de los cirios. La cabe:1a de plata de San
Gonzalo cintilaba en el aire como un faro.
L'Ummalido entró. En medio de la estupefacción general se encaminó hasta el altar. Dijo con una voz clara, teniendo el cuchillo en la mano izquierda:
-Sn.n Gonzalo, J'º te la ofrezco.
Y se puso á rebanar alrededor del puño derecho, lentamente, ante los ojos de todo el pueblo Qlte se estremecía de horror. Poco á. poco la mano informe se desprendía entre una ola de sangre. Un segundo permaneció
suspendida de las últimas fibras; después cayó sobre la
bandeja de cobre colocada ii los pies del patrono para recoger las limosnas.
Entonces L'Ummalido levantó su muñon sangriento
y repitió aún con voz clara:
--San Gonzalo, yo te la ofrezco.

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L'Ummalido pregunt6:
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-Mattia Hcafarola.
Preguntó aun.
-¿Qué hacen ahora?
Le respondieron:
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Los campesin06 le dijeron adiós y se fueron :i las vísperas. El eco de un gran repique llegaba de la iglesia parroquial.
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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              <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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      <name>Carnet Izaguirre</name>
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      <name>Peregrinación francesa</name>
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