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                  <text>19 SEPTIEMBRE,

EL MUNDO.

64

1895.

PRENSA MEXICANA
Numéro 193

MEXICO. _Joudi, 22 AoOt 1B9l

9!me Vol.mue

AhO~N~ME:;Ts .

L'ECHO BU MEXIOUE

ALijERT SAMSON
DUI.MQTl~UR.

L'S,,11,:, IÍI llf•a:lque , ... ,?

...,,.,,,,.,_""'"""'-"-'""º'

ro ..
n u •c,,nu"' oa ¡o.,._. rb,b

IÍuiCO .

• · s H•o ••• ••••

Página&amp; extraordinarias.

,.,...;......... u ..

DOllfINGO 8 DE SEPTIEMBRE DE 1895.

Tomo II.-Númt.ro 9.

~ 1 - . . -. . . • • 1.f)O

.

A-N~ON'CES

Pin,i.1,r.a.: 10""" u ,.,ut'

1lli4fl!k••- 1 -

ANCIEN "TRAIT D'UNION''

-

.·aEOLAMES·
110 0 ._ _ laU.-

JOURNAL FRANQAIS DE MEXICO
UGlat.o.0,0
QIWk CLúll

&lt;01&lt;D-a1'1~1.0 oa

$lección ae un &lt;rauail!o &lt;lhichimeca.
Cl'ADRO (CARTON) l'OR JOAQnx RAMllrnz, l'RE.'!rIADO E:', LA .-\CADElliA DE SA....\'" CARLOS

•
uA los primeros tiempos de la monarquía de Tula, en que también se formaron, se-

_
TONO
BUEN ......__
El_______
•

Compagoie Manufa.cturi!re de ClSARETTES sana colle.
~,¡-,,.,.. ... ~,IUJ'lml,1-d.¡:uub'u.

,.-.....,...~-·-.!.!:-:T"M.!.~..:100:r.u.,.c_~:a,L.1- IUS(UT.I."' h ■"IID 1:'0lfOI

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•·

i&amp;, P116D~ "· Sao Frall~co. i.8

·

. ------=~•=•~----ALEXANDRE BEGUERISSE. l'HDl\f.lU.

Joachim PÁSSEMARD
AVOCA'r.

G();\;(.:¡;TATii;~x,

~h. l ll h.•·"•
U&gt;, á'-11. , .... -l:1-d*M- I• L~ •
IL O...::.~--,,S&amp;n ,l~wun.

~¡

gún loa manuscritos consultados por el A.bate Brasseur, los señoríosó reinos de Qunuhtitlán, Colhuadn, etc., corresponde la leyenda de :Xochitzin, célebre maga que contribuyó eficazmente con sus consejos á. extender y afirmar el dominio de los chichimecas
en el Anáhuac. A la muerte de Xuhnel, que ocupaba el trono de QuaubtitMn, subleváronse los primeros habitantes, y "los recién venidos tuvieron que refugiarse en las
montarías. :X:ochitzin, princesa chichimeca, célebre por su belleza, valor y talento, vivía en un castillo de piedra y madera, construido á orillas del abismo por donde corría
entonces el río de Quauhtitlá.n, no lejos del lugar donde á poco se fundó la ciudad de
tal nombre. Según la voz pública1 ten fa frecuentes entrevistas con la muerta Itzpapalott, y poseía el espíritu de esta maga. Atraídos por las maravillas que publicaba, visit,í.banla con empeño los chichimecas para oír sus oráculos y ofrecíanla los productos de·
sus expediciones de caza, como conejos, liebres y culebras, pidiéndola que consultase
en favor suyo el espíritu con quien se hallaba en comunicación. Un día que estaban
reunidos, como de costumbre1 en torno de Xochitzin, exclamó repentinamente la princesa: u¡Oh, chichimecas! ¿Ya no sois hombres? Si carecéis de jefe, nombrad á Huactli
y que él sea. quien os gobierne. Bajad á Nequameyocan, construid allí casa, para vuestras mujeres, circundadlas de campos de mag~eyes y extended vuestras esteras. Bajad,
sí, de las montaiias; disparad vuestras .flechas sobre las tierra.~ del Norte y del Sur, sobre los campos de maiz, Sobre los jardines llenos de flores.n Los chichimecas buscan
con la vista al joven designado por Xochitzin; éste se adelanta con firme paso y es
acogido con respeto y admiración. La maga les arenga de nuevo; lanzan los chichime-

cas entusiasmados el grito de guerra y ee derraman por todas las montarías que rodean
el A.náhuac. A la voz de Huactli, la multitud indómita acude á engrosar sus filas y los
bárbaros de los bosques más distantes secundan sus C!:ÍUerzos. Desde las oriUas del lago de Chapala mandaron á guisa de torrente los fértiles territorios de 'M:ichoacún, Cohuixco, Yopitzingo, Totollán y Tototepec, de un lado; y del otro fas tierras dependientes de los señoríos olmecas de Tepeyacac, Tlaxcalan y Tlilinhtepec hasta las fronteras
ele Gµexthí.n. Las ciudades y aldeas fueron devastadas y sus moradores se refugiaron
á los montes. Los hermosos miles que se extienden entre•Acolhuac.ín y Hueyotzinco
fueron presa de los n~.ts famosos caudillos. La monarqufa sacó de sus proezas ventajas
inapreciables, y al librar al Aná.huac de los guerreros m1s turbulentos, afirmaba en él
sus instituciones y ganaba multitud de provincias en que la civilización tolteca penetaba á la cola de sus ejércitos. Por su parte1 Hnactli, instruido por su oráculo, alejaba
babilmente á sus competidores y terminada tan gloriosa campaíla, volvió hacia Quaxoxouhcan, de lo cual un antiguo cántico chichimeca hacía memoria en estas palabras:
uHe aquí un noble, he aquí un héroe que se adelantará con alegría para ser el jefe de
los chichimecas. He aquí que se le aparija el aztapamnill (estandarte) y el dardo adornado de plumas blancas que llevará al frente como signo de mando. Por donde quiera
que dirija Sus pasos y sus miradas, será seguido de la multitud.11 A este personaje eligieron príncipe los chichimecas bajo el dictado de Tlatoani¡ pero la más dulce recompensa de su valor-agrega la leyenda-fué Ja mano de Xochitzin, cuyo patriotismo y
habilidad habían constituido la causa primera de sus triunfos.11
JosE ~ÍARIA RoA BARCENA

�66

EL MUNDO.

8

SEPTIEMBRE,

1895.

8

SEPTIEMBRE,

1895.

Flágina í!Heraria.
LA FALTA.
NOVELA.
( VEltSIÓN ~!'ASOLA DF. A, !-a~RVO.)

OS ligeros, pn:cip~tados, atmvesaron el salón
y un dedo hirió vivamente con d~s 6 tres gol•

pes la puerta de la cámara. La senora Hurtfn
dejó caer á sus pies el libro que en aquellos
momentos leía y, medio incorporada en el confi.
dente, vi6 entrar, con_ mezcla de sorpresa y i:Jarma á
su hjja, que llevaba traJe de calle al parecer rAptdamente
ajustado.
-Marta! Qué ha pasado, hija mía?...... Tu marido? ..... .
-No, madre. Se trata de mí ...... Pronto...... pronto .... .
Está 'padre ah(?

'larta ae amor.-l$erá cierto .... 7 (luaaro por ~- t:lnareoHi.
(Gral!&lt;td&lt;) tn lm tallfrr11 de" F.I MWk'lo~'')

Llámale ..... .

El gesto de la jov~n era febríl; sus ded~s maltr~taban
el minúsculo mangmto de ~trakún 1 y, baJo el veltllo, levantado sus pupilas aparecieron dilatadas con un brillo
fijo comÚ el de la locura; la delicada faz .dolorosamente
consumida, plomiza, most:ábase en med~o del flaro sol
de aquella mafiana de Abril que en_t~ba a .trn.ves de las
c01tinas azuladas, como una tior fragil, herida por el frío
en sus más intimas fibras.
Incapaz de sangre fría, intrigada por aquella agitación
extraordinaria, enloquecida también, la sefior~ Hurtín
salió al salón y aterciindose á la puerta del gabrnett! del
trabajo desn marido, llamó á éste con voz qne se ahogaba en su garganta:
-Yen! :Marta está aquí.. .... Yen _pronto!
Y volvió hacia su hija para recibir en sus brazos tí. la
pobre nifia que lloraba, dejando oír sollozos entrecortados v leves con la cabeza, oculta ya en el materno seno,
sacudida p~r nerviosos sobresaltos, hijos de su enigmática desesperaciún. J~staban aun enlazadas .cuando apareció el señor Hmtín. Cf'u sus cabellos grises, su barba
corta y cuidada, 1\1. Hu·,lín ~uardaba d~ sus largos aii?S
de notariado, llenos de prov1dad y rectitud, una especie
de solemnidad y elegante y reservada; pero su nurada
era afable llena de mansedumbre, casi sonriente..... .
Inquiet¿ de~1e_ lue90.por la in~exión de voz de su mujer permanecrn mmovil en el drntel de la puerta, con el
cor'azón repentinamente conmovido ante el ~olor de su
hija que constituía todas las dulzuras d~. su vida. .
-Hija mía, que es lo que pas.'l? d110--Qué quieres
de nosotros? Por qué no me abrazas?
Ella se desprendió del seno de su madre y con poderoso arranque fué á. caer entre los brazos abiertos de su padre ocultando la frente bajo la corona des~ilillada y sudor~sa de sus cabellos de oro. Bruscamente miró á los
dos con mirada sombría, que tenía casi la inconsciencia
de la fiebre. Y con palabra rápida, destituida de su ha•
bitual timbre cristalino, dijo:
-:Mi marido va á venir ... ... No me lo ha dicho, no me
ha dicho nada, pero vendrá luego ...... Los amigos, los colegas de la Cámara lo retienen e,n la casa pa:a una cuestión urgente ...... .Yo estaba aqm ayer, tÍ. la siesta ....... Yo
estaba aquí, ea preciso decirlo ..... .
Y con voz sorda en tanto que se dejaba caer•sobre una
silla, rasgando cod los dientes su fino pañuelo de batista~
repitió:
-Aquí, ayer, de h"es ú aeis ...... Es preciso sostE.merl~!
Dos gritos estallaron mezchlfldose en el espacio: gritos
de infinito reproche, de temblorosa indign~ción; tan explícita era la confesión de la falta de la 1i:i.1serable, de la
pobre criatura, que aplastaba, con su verguenza y sus remordimientos.
-Tú has hecho eso! .... Desgraciada, ah! desgraciada ... .
-Y has contado con tu madre y con migo para librarte
del castigo! .Nosotros debemos á nuestra vez ·engafi.ar al
hombre á quien has traicionado! ... De seguro estás loca...
Con los puiios torcidos, con una especie de queja apagada, como lejana, entrecorta.da por !os sollozos, Marta
hablaba en tanto que el sol de la manana acusaba crnelmente ei cerco azulado de sus pupilas.
-Loca ...... Yo estaba loca! Oh! que fué lo que se despert.óen mí? Se produjo un completo olvido, y los seres,
las cosas nó me parecía que tu viesen su aspecto habitual. .... flotaba en medio de un deslumbramiento inconsciente. Algo me poseía1 algo se agitaba en mí cambiando
mi alma aun mi propia cara. Yo habría ido al crimen
como á ia muerte, presa de un vértigo) Oh, vosotros no
sabéis. Yo no me reconozco en la mu1er que fuf dur.rnte
aquel tiempo ma.ldito ...... Andrés! Andrés mío! si _yo te
amo..... Yo lo amo con todas mis venturas de otro tiem•
po y, ay! con todos mis remordimientos de ahora, oh! esto
es horrible ...... Lo amo tanto como odio al otro, como lo
odio, sí, con toda mi alma!. .... Andrés no tiene más que
sospechai::, apenas sospechas, la mayor de las cua.les le
vino sin duda á causa de mi turbación, del disgueto qne
se me subió á la cara y emponzofió mis labio~.... Oh la
dicha, nuestra querida dicha está pues perdida? 1?, desesperación y los remordimientos no son capaces de rescatar
nada? Padre, madre, tened piedad!
Había caído de rodilla$ con expresión de ali plica infinita extendiendo las hermosas manos corno padrón de
dolores. Con la angustia de su hija repoducida en su noble fisonomí_a 1 un poco alterada por la edad y coronada
por las dos b,mdas de SU8 cabellos grisrs, la madre, Yertiendo l.ígrimas, había tenido un gesto de perdón .... pero
el padre permauecía rígido, mudo; solamente se advertía
en sus pomulos un temblor que bien podía ser hijo de la
emoción 6 de la c()\era.
-Nada es reparable-dijo por fin.- La felicidad va
acompañada del honor.
Y salió violentamente, rechazando co11 un gest&lt;? iL su
hija suplicante1 que fué á caer de nuevo sobre m1 sillón.
oyósele alejarse con pasos vigorosos por el salón.

EL MUNDO.
- - -== = ~
A pesar de la expresión severa que persistía en su ros•
tro en tan toque caminaba, con las manos hacia la es1Jalda,
de vez en cuando pugnaba por brotar de sus párpados
hinchados, una lágrima.
Acabó por ~etenel'l".e,. presa de una terrible lucha e~tre
su honor antiguo y sn rnmenso amor paternal, frente a la
mesa del salón y púsose á voltear inconsciente.mente, unJ.
tras otra las página.~ de un alburn de fotogrnf1as
.
De pr~nto, co11:10 invencibl~men~e atraíaa, su pur1Iase
dilató, y nna pahdez mortal mvachó su rostro: Ah , 1rradiu.ndo con tonos marmóreos sus espahla.s desnudas, una
mujer sonreía con la sonrisa Rnave y franca de la plenitud de la vida, ardiente é ingénua: ~ra como el recuerdo
de un pahmjt• &lt;lP prima\'l•ra en med1ode un eHtíoto.rmentosu. Ah! terrible Yértigo que mina y trae el olvido.de
uno mismo y de todo lo que le rodea. De él había sido
también víctima aqnelht mujer que se levantaba en tales
momentos del pasado mostrando al seña; de Ilurtín 8?, falta r--n única falta! Una amiga de su muJer, que surg16 C!t
su' camino como para su pobre hija había surgido un anugo ele su esposo quizá.
Pasóse las manos por la. frente dolorida, cerrando los
ojos ...... Ovóse f'ntonces un ruido ele voces en 1?- antec4mara v eitendiendo con actitud de desesperación suphcantc ·1os brazos, l\Iarta apareció:
-Padre! padre!. ..... Andrésllega ...... piedad!
Desalmado, el señor Hurt.fn, se dirigió álella y sólo tuvo
tirmpo de decirle: Ahí, permanece ahí! Y con mano tem•
blorosa cerró la puerta á tiempo que Andrés entraba por
la otra.
Merced á un esfuerzo inaudito de voluntad, supo maIJ,dar sus nervios y con una voz apenas alterada, preguntó:
-Que hay de nueYo, miquendo Andrés, para que vengáis tan de mañana?
.
.
_
El recién venido era un hombre de treinta y cmcoan?s;
llevaba levitln ajustado, su frente despejada 3:cusaba mteligencia coronando el fino rostro ornado de fiero mo~tacho y bHrba abundante. Advertím,e luego que también
hacía esfuerzos poderosos para permanecer dueño de sf
mismo.
..
.
.
-Estamos r--olos?-d1Jo-nndie nos ornl?
-Pero qué ;,es tan grave lo que tienes qne decirme?
.André~ habfa. cogido las man~s del señor Hurtín.
-1\.Iiradme-exclamó-y decidme si la cosa no será
grave cuando en una sola noche ha podido alterar de tal
suerte mifisonomía ..... .
En aquel punto decayó su brío y su faz se mostró, ho-yada, destrozada por el insomnio,. plomiza, en t3:nto que
algunas lágrimas quemantes ~nroJ~ían .sus pup1la.&lt;t R;e
sentó un in~t.ante, llorande s1lenc1Qs.ari1ente y las lágrimas de aquel hombre, forjado para la acci6n, eran trágicaR. El eefior Hurtín se había colocado frPntf' ii él.
-~ellor Tinrtín, padre .mío-dijo-mi aflicción es inmensa, inmem:a como lad1chaamenazada de muerte, como el honor, amenazado también. perdidoquiz,l; ,·os v~is
á decirme una palabra. Y esta palabra me hará el más mfeliz de los hombres 6 el m,ls culpabl~. ay!
Por vuestro honor, respondedme: Marta estaba ayer, á
la i:;iesta, en vuestra casa?
Tan prevenido ~staba ~l señor IInrtín para la pregun~•~•
va prevista, que- n1 nn musculo de su rostro se conmovw,
Cuando respondió:
-Andréf'I, pe-ro por qué tal solemnidad para una ~osa
tan sencilla? Hí, l\Iart.l\ estuvo aquí, ayer, basta las cinco
v media. hasta las seis quizá......
.
.
· rná dicha sobrehumana Pxtremec1ó ,i Andrés Duneu,
empurpuró con luz viva su rnrtro y lo revivió. Re llevó
la m:-ino ,~ la garganta:
.
-Oh! gracins ...... -murmurb-esto es la vida.! llarta!
mi pequeña :\farta!
Pero una tristeza profunda siguió á nquel transporte:
-Roy nuPR un mi~C'rnblP ...... Ah! Yos no lo sabfo1••••••
He lleg;do á •~uponer en Marta ...... Loco de mí! loco!
La he insultado, he insultado á su madre ...... á vos ..... .
Re levantó como parn. arrodillarse.
El sellor Hurtín le abrió sus brazos, dejando que se
desbordase la emoción que le sofo~ab~:
. .
,
-Andrés·, amigo mío, murmuro-nada habéis dicho a
Marta?
-Oh! no! no!
. .
-Bien f'Stá. DPbistéis sufrir mucho v el sufr1m1e11to lo
depura todo. Abrazadme, querido Af!drée.
-Gracias de todo coraz{m, os lo digo con ver&lt;lad ..... .
ahora bien, mi vi1:i.it.a. no se ha verifi~adn, verd~4? l\fe voy.
Debía estar en Ja Glma.rn. 1&gt;n traba3os de comisión ...... me
vov tan feliz ...... t.'tn feliz!
Andrés estrechó aun la.'&gt; manos rlel sefior ITurtín que lo
condujo haf'lta. la puerta.. tan dneño de RÍ mismo, como al
principio. Pero cnn.ndo la puerta Re cerr6. estuvo á. punt.o
de caer FIObre la misma mesa en que el tí.lb~m--:vn cerrado-le habfa dictado de una manera. tim mopmada, el
sacrificio de su honor . .:.\.brumailo, deJÓ largo tiempo que
laR lágrimas rodáRen por su bn.rba.
C'nando leYant6 la cabeza. Marta estaba.frente á él, toda llena &lt;le yereüenza, hnmil&lt;le corno un nu1o que se cree
rielant-e de un Dio"! qur perrlona. En un, r~pto .r,or nna.
infinit,n resignación y una dolorosa alegria rnfimta, el. señor Tlurtín le abrió sus brazos:
.
-Yen, Marta, ven ...... -le dijo.-Nadie sin duda tiene
el dt&gt;recho &lt;le llamarse jnstieino.
-No st&gt; df'be ser más ernel que el tiempo y el olvido
qn&lt;" pueden rehacer aún la. dicha misma para el culpable!

--

rn individuo 1 casado con nna mujer vicjc1. y rica, le
dice:
-Tú eres para mí todo C'l mundo..
,
.
E~t.!1-8 fraRes fueron oídm:i por la criada, a qmen el amo
hizo al i;:igu iente día una declaración an:orosa.
-¡C6mo!-1e dice la doncella-la sonora no es para
usted todo el mundo?
.
. .
,
-Hay que distinguir1 annga: Ella es el ,·ieJo y tu el
nuevo.

67
PERLAS NEGRAS.
XI
Cómo brama la tormenta!
Cómo agita tnrbL1 lenta
Sus oleajes la mar!
Luchando est.ín dos tit:tnes .....
Yo entre tanto, sus afanes
Me divierto en contemplar!
Que me importa el paroxii;1110
De sus iras? Un abismo
Hay arriba, otro ú mis pies;
}fas no temo sus fierezas:
El abismo de trietezas
Que yo escondo ...... mayor e:i!
XII
Re va la luz, hacia. el confín violado
Del cielo1 el sol agonizante Ilega,
Y parece su disco naranjado,
Un escudo de broncef abandonado
En el campo sangriento, tras la brega.
Mientras abre la flor su casto broche
A las caricias de la tarde umbría,
La luna avanza en nacarado coche
Y brega con los trasgos de la noche
La rutilante cuádriga del día.
Hor-J. de bendición! Surcan de priHa
El espacio los piíjaros m.arinos
Y en el palmar que enhiesto se divisa,
Cada palma es laud, en que la brisa
Ejecuta sus tremmolo,'I divinos.
Llega el instante po::;trimer, supremo,
El sol desciende al m~r, en él se pierde,
Mas antes, de su gloria en el extremo,
Cual pupila de airado Polifcmo,
Nos baña con la luz de un rnyo verde...... .
Entonces, de la cirtm, de la blonda
Llanura en fruto do el Oca8o vierte
Su anfora de fuego, surge honda
Una queja de duelo: cada fronda
Smipira la salmodia de la muerte!
l\Iañana1 cuando lleno de decoro
Surja el sol otra vez, con sus Ctmtellaa
Asaeteando al piélago sonoro,
Y entornen sus p1írpados ele oro
Con divinos pudores las estrellas,
Xaturaleza que la noche odia,
Ante el ara del cielo enrojecida.,
Donde fulgura el sol como custodia,
En vez de su tristíRima salmodia
Cantarit el himno santo de la vid:t!
XIII
OU Cristo! entre la sombra voy sin tino;
La fé de mis mayores, ya no vierte
Ru apacible fulgor en mi camino;
Jfi e.wíritu rlitá tril:!fe luuta la muerte/

Busco en vano una estrella que me alumbre,
Busco en ,·ano un amor que me redima,
El ideal á que aspiro, está en la cumbre
Y yo, pobre de mí! yazgo en la sima ..... .
La lira que me diste, entre las mofas
De los mundanos, vibni sin conci~rto¡
Se pierden en la nada mis estrofas,
Cual los gritos de Agar en el desierto!
Proscrito de la dicha 1 solitario,
Siento ha.&lt;&gt;tío de todo e.nanto existe ..... .
Yo, Mae¡;tro, cnal tú subo al C..1.lvario
Y no tuve Tabor, cual lo t.uviste ...... .
Apiátlete mi mal. Jura es mi pena,
Numerosas las lides en que lucho,
Fija en mí tu mirada que serena
Y dame, como un tiempo á Magdalena,
La calma: ¡yo tambiE!n he amado muclioJ
XI\'
De pié, sobre la roca, que altanera
Bate la mar con sus espumas blondas,
Yéo surgir la luna1--esa viajera
Tan p,ílida y tan triste!-de las ondas.
Así, del oceano de mi vida.
Disipando la soinbra en que ine pierdo1
8e levanta. una est1·ella, revestida
De fulgore~ divinos: tu recuC'rdn!

XY
Al contemplar tu juventud penosa,
&amp;cuerdo de Noemí la des,,entnra.
Ay! tu puedes también chunar llorosa;
''N'o me llameis .Vonní: la n11í.s hermosa;
Llamadme J[ara, esto es: m,tr de amargura!"
)fas qué importa! En tu lánguida cabeza
El nimbo santo del dolor flanll'a
Y el dolo,· rs la úniM w1f1frza_l

Dios unge con un óleo &lt;.le trist.er..i
A los nobles espíritus que crea ..... .
XVI

Escuchas? Pasan su-pirando en coro
Los céfiros ligems;
Yes? Agitan los rt&gt;ctos dati!ero:1Rns abanicos de esmeralda y oro.
l&lt;.:n Ocaso, la luz deslumbradora
De f.:Ul'l tonos purpl,reof.: hace alarde ..... .
¡Cuiin hermoso es amar &lt;'11 E'sta hora!:
l-\entir que tiembla el corazón cobarde
Cerca del bien que adora
Y que invaden el alma :-:ofhulom
Las místicas tri~tezas de la. tarde!
Agosto de 1S95.
A\!Ano

;"J"s.ttvo

�EL MUNDO~-= = = =========8=8=E=P=T=IE=M=B=R=E,~1=8=95=·=

68

8 SEPTIEMBRE, 189,i.

EL MUNDO.

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·,

EL EJERCITO FRANCO-MEXICANO ENTRO E.~ MEDIO DE UNA LLUVIA DE FLORE,1 DE QORONAS, DE BANDERAS, DE AROOS DE TRIUNFO, ETC.

PERUCHO, NIETO DE PERIQUILLO.
POR UN DEVOTO DEL PENSADOR MEXIC.A.NO.-Ilustracionce de JZAGUl llRE.
( CONTINUACION)

- Y sobre todo, repuso mi padre, si algunos no edifican son los franceses.

(DE PUEBLA)
(De fotografía de Lorenzo Becerril, Pueb1a.)

-Pero lo que digo, Pedro, es que los insultos á la
memoria de Cortés son tan inicuos como absurdos.
¿No conoce este soldadón la historia militar del mundo? Entre las campañas célebres, ninguna encontrará. como la Conquista de México. Ni los Rf'ycs Católicos, ni Gonzalo de Córdoba 1 ni Don Juan &lt;le Austria, y no exagero si te digo que ni Napoleón primera es mas grande que Hernim Cortl e.
-Y ya lo Yes1 diceForey que vino á destruir.
-¡ A destruir! ¡qué bestia es este general! Que con-

quista ha producido mas bienes á la humanidad y a
la civilización, que la de ~.féxico?
-No Marianito, agregó mamá., también tuvo sus
crueldades Don Hernando y muy graves si h~mos de
ser justos.
-Si señora, ~'O no lo niego, pero compárelas usted
con la~ de Napoleón y resultará.u pequeña!'!. Cortés
no solo fué un general, sino un hAbil político, un
gran Estadista y la ciudad en que hoy vivimos y que
tan ricos edificios cuenta, por quién ful' fundada sino
por él, señora m 1a? No; yo estaba muy lleno de ilutiiones por los franceses,.\' era de los que con todo el
corazón creia en aquellas palabras de Napoleón III.

a Forey en su carta di!- Fontainoblea.u, csi un gobierno
cduradero se organiza en México con el auxilio de la
habrémos hecho recobrar á la raza latina,
•del otro lado del océano, su fuerza y su prestigio,
Y para esto nos manda al frente de sus tropas á un
imbécil como Forey.
-Estás muy exaltado l\farianillo.
-No hombre, no; pero se le caen á. uno las alas del
corazón y se decepciona ¿qué se nos espera querido
Pedro?
-Ya verémos muy pronto el resultado. No se necesita vivir mucho para verlo.
-Ya lo creo que no. Dicen queenOrizaba, enPuee Francia,

�70
bla y en todas partes le han hecho lÍ los franceses un
expléndido recibimiento-d('cia la señora de Don ~fariano-y con razón, además de que son tan elegantes y tan civilizados, nos libran dr toda esta camft.da

de picaros.
.
-Asi to crela yo hijita-repuso Don ~~arrn.no-pero
ya ves como despunta su general en jefe.
-Bueno vo lo disculpo; l'l no sabo todnvJa com~

es México¡'~;ª lo veri, y tease-guro que cambia doopinión.
1
...!...Como que no serán los franceses los q~e iagan
siquiera un hospital de Jesús, igualó pnrec1do al que
tenemos fundado por Hcrn{m Cortés.
..
-Este Mariano es muv español, inte1.·rumpio mamá
'
. . po li queriendo cambiar el rumbo
á. la con versncaon

tica..

d
·s
-Cómo no he de serlo Hei1ora, ¿ere~ uste quC' mi
abuelos eran aztecas? Pues no; rl('scienclo de castellanos viejos y de andalucrs.
.
-Es decir eres hijo del agua y del nce1w porque
nada es más opuesto que Burgos y Se-villa.
-Y ya lo sabes PC'dro; soy mítsmrxi~ano que cualquiera. Reniego de t•stos liberales, es cierto; pero con
mis conservadon~s me ~,;iento joven y capaz de hacer
feliz A ln Patria.
-Si,-prosiguió I&gt;oña Lola-no h~~• &lt;•n toda In conserva quit•n le gant• en 'fil-Ocho Í\ :\fariano._
-Ni lo habrá nunca. Soy em•migo de farsas; l_e llamo al pa 1~, pan y al ,;no, vino. Quiero un gob10rno
central que sr imponga iL todo t•l país y sea obedecido sin r(•plicn.. y esto vienen /\fundarlos franceses.
•t
t
-Pero con mexicanos, )lariano; dijo tris em_en e
mamá, porque de ot1·0 modo serla muy ..-ergonzoso
que elloii nos gobernaran.
_
.
Con mexicanos, claro, continuó )). ;\[arrnno.-~l
general Almontf' lo dice en su manifiesto; _In Francia
convocará en )léxico una asamblea. nacio~al ~~ra
que tomando C'n corn;idernción la deplorable s1tunc1~n
del pais deelare la forma de gobi(':rno que S(•a mas
conveniente para &lt;"0rtar ele ralz la t\llfLl.º{JUin.
-Bueno, exl•lamú mi padre, y &lt;tul• hay de preparatiY0S parn la ('ntrada de los f'1·ances~H! •.
-:\lucho adelantado y te Yengo a 1nfcr1r una molestia.
-Dila. sin miedo.
.
-Todo¡,; loM -mochito.11 nos hemos cuotizaclo para
adornar con explendidez las ca!-!aS y lns calles por d?nde han de pasar las tropas y para.que.• no se &lt;~iga qm~n
dió más ó menos, r&lt;"unin'.•mos todas las eant1d1ul&lt;•s sm
publicar los nombrrs de loH donantes ~- con el total
harémos la compostura.
..
~
-Hay ya alegorlas primoro!;as- -d1J0 Do~ta Lolahe visto una gran cortina en que están pmtadas la
Francia y México, dimdose un estrecho abr~zo Y A
sus pies deshecha l'n mil porciones yace la htdra de
la discordia.
-No, si eso c.•.s innegable, l'l fa,·or que hasta este
momento le debemos á los. f'rancesC's, t&gt;S de aquellos
que no se sabe como han de pagarse.
-¿Y volverán las monjitas á sus conventos? preguntó mamá con solicita y expontánNL ternura.
-Ya ¡0 creo que ,·oh-erún; puedo.jurn.rlo sobre los
santos e,~angclios.
.
.
-Pobrecitas. Si usted Mariano, ln.s lmb1era visto
salir1como las vimos cksde l'Stos balcones, se 1~ habria partido el ahnn. No se me olvicla aquel kpero
del caballote blanco que.• les gritaba: afuera pl'lonas!
Se lo ha de Jle,·ar Judas en l'Uerpo Y alma. Estaba
esa calle que parecía la boca del infkrno.__ Y_o no
soy capaz de matar á una mosca1 pero le d1Je a Pedro en esa ocasión. cquisiera yo ser hombre para pec""arle en la boca A ese del caballote1 hasta que cscuc~iera los dientes, la lengua~- hasta las an~inas que
ese le han de bab&lt;"r inflamado con tanto!:! gntos.,
-¿Crees Mari anillo que yt\ mi muj(•r tenla ganas
de salir 1\ pe~arles A cuanto¡,. Ye.la en esta calle?
-Con razón dijo Doña Lola; yo tuvt• la fortuna de
no verlos, pero si los he \"lsto lrs vado desde el balcón una olla de agua hirviendo.
-Si, hija, que se pelaran como pollos:
-Com0 condenados; yo creo que en mnguna parte
del mundo se han cometido tantas atrocidades.
-Todo esto- sentenció Don Mariano- es lo que
nos obJic"Ó á traerá los franccse8. Qut•rlan urw.mano
de hierr~; necesitaban una presióu_fu&lt;'rte l.· mcontrastable· ,·a estará aqui dentro d&lt;• c111.co dta;.
-¡Bendito sea Dios! suspirú Doi'ía Lola. ¿l ustedes
adónde van á ver la entrada.?
.
..
-No lo sabernos todavfa, n•spondió m1 padre; qmzas no la ,·eamos.

EL MUNDO.
-Lo que es yo interrumpí bostezando-no he de
ver entrar a los gabachos aunquo me dejen encerrado en el calabozo del colegio.
-Ove A Perucho, Pedro-dijo Don )Iariano lanzánclo~e unn mirada de basilisco.
-Esos son los touscjos de Adolfo agr&lt;'gó mamá.
-Pues usted irA-añadió mi padn~-doude yo lo
lle,·e, se pondrá donde yo lo ponga y verá lo que yo
viere, nrnchacbo retobado.
-Y liberalote! agregó Don Mariano.
Comprendiendo que alli perdía redondo, me propuse ser mudo como t•sti\tua y me quedé mús sumido Y
cortado que un idiota.
--Si vieran ustedes, prosiguió Don Mn.riano-quo he
encontrado 111/ls de ,·einte muchachos como este, enemigos adrrirnos de la intern,nción.
-Son lo¡., adelantos del 8iglo. Eso lo aprenden en
las escuelas; c.•so les enseñan y no tiene.~ uno confianza
para dejará ¡.¡us hijos en ningún establecimiento ..
-Nuestro '.\farianito-dijo Doña Lola-(•1 otro d1a.
nos soltó alguna!; fras&lt;•s tan impías, que_ lo. ll_ev{• á
confesar esa misma tarde y nhora C"sti\ &lt;'11 eJt•rc1c1os.
-Nada d&lt;' eso nile un comino, Lola.-Ellos han nacido muchos años después (JU&lt;' nosotros.
-Pero pi mundo en ,·l•z &lt;ll' nwjornr cmpt"ora ," se
corrompe más cada dia.
-Eso digo yo.
-Yvo.
-Y ~·o lo he ti icho ¡,;iempn•, ng-regb Don :\la.riano,
pero n~ di,·aguémo:, ¿quier('n U'itt&gt;de.➔ ir i~ ca1m para
ver bien la entrada de los fra.ncese!.? No ha~· más
con\"idados qut• mi lwrmano ~- su seúora; hn.)T tres balcones iunplios, y no perdnl•mos detalle; pc.•ro me das
tu cuota que ~·n. te lw S('11nlado la minima.
¿.Cuanto &lt;•¡,;?
-Diez pesill0'i.
-Bu('IHL faltn m&lt;• luu.·t•n, Jll'ro si lo c.·n•es prl'chrn.
-)lira Pedro, yo te lo clirl• la Yispera, pm•s si 1nwdo
arr&lt;'glar que li&lt;'n!-1 do los que no df'n nada, lo har(• con
mu(·hisimo gu'it0.
-Y tC' lo ag-radl'Ct'rá11 mis holsillos.
-Y mi patrin-decia .,·o conmigo mismo, con la l'abez1\ inclinada sobre(') pecho ,,· fingil'ndo qm• roncaba para no ~(•r nue,·nml•nte obj(•to de las iras conservadoras de mi ctum.
Arreglados mi padre y su amigo 1 -~0!1vinieron en
ver juntos la más humillante profanac1on del suelo nativo, y después de.• conversar de cosas indiferrntes,
despidi(•ronsc Don :\Iariano y Dolla. Lola á C'so de las
once Y mrdia de la noche.
Cu¿ndo se fueron, me dijo mi padr&lt;•:
-Ve á dormir ·P('rucho ;i· no ex ternes tus ideas con
tanta franqueza; en primer lugar, porque eres un niño· en segundo porque no piensas como nosotros ~· en
te/cero porqu&lt;' ni todo se debe callar, ni todo se puede decir.
Y después de C'Stc regaño, mo fui á dormir como un
patriarca.
CAPITUr... o

XL

De lo que Perucho vió, sintió y dijo en el balcón y en la
casa de Don ~ariano.

No se borrará nunca de mi menoria, lo que vi desde uno ele los balcones de la casa de Don Mariano el
dia 10 ele Junio de 186:l.
El ejército francés enviado por Napoleón Ir[ entró
por fin i\ la capital de la República1 A la ciudad que
Humboldt llamó cele los Palacios• ~- que fué el emporio del explendor ele los aztecas.
Con estos ojos que se ha &lt;le comer la tit:rra,presencié
aturdido el dC'sfi.le de aquellas tropas deslumbradoras
por su órden, su f:'IC'gancia y su dhiciplina y odiosas
por la misión que traian entomendada.
Creerá alguno de los jóve1ws que no alcanzaron ese
acontecimiento, que la ciudad cerró sus puertai,, enlutó sus casns y dejó friamentt• qul' por las desiertas
calles ntraYcsaran silenciosos los enemigos extranjeros.
Doloroso ei, confesarlo, pero sucedió todo )Q contrario. Parccia que eran hermanos los que llegaban y
que era una familia amorosa tierna la que los redbia
colmándolos de agasajos.
Para no decirlo yo, cedo la palabra á un historiador monárquico.
cEl ejército franco-mexicano C'ntró C'n la capital en
medio de una lluvia de flores, de l'Oronas, de bande1·as, de arcos de triunfo, &lt;ll• palmas victoriosm;, de
in&amp;cripciones ~' de colH":t(•s; y más de cien mil p&lt;"rsonai, ocupaban los campanarios1 las azo!eas, las bóve•
das de las iglesia~, los balconC's, los pórticos de las

8

SEPTIEMBJrn,

181!5.

casas,~· llenaban las calles y plazas de la ciudad,
aclamando frenéticos la victoria de los aliados.,
Se les llamaba aliados¡ se les regaban al paso lauros
de encina y de skmpre,i,·a como á los inmortales de
Atenas y se les aclamaba salvadores de In independencia v de la libC'rtad de la Patri,i.
Y ~-o 'to vi, queridos lectores, de cada balcón lloyfan cuantas rosas fragantes y embalsamadas produjeron &lt;'n aquellos días las praderas de :\lixcoac y de
San Angel; las sf•i1orns vestlan sus mejores trajl\s y
se engalanaban con sus mejores joyas, como si fuesen a un beneficio de la Patti en la. Grande Opera ,v
aplaudían hasta romper los finos guantes dE&gt; Suecia,
cuando desfilaba ant(' sus ojos el General F'orey, en
jefe de aquel ejéreito.
-Mira P&lt;'rncho-mc gritnba dl•sde el balcón principal de su casa, la esposa de Don :\fariano-Mira A
ese General gordo, colora.do, muy elrgante1 que ,·iene en medio de dos Gcn&lt;'rales, ese es J'orey, el grande hombre, y al decir (•sto 1 lnnzú hacia su simpático
personaje, con toda la fuerza df' su brazo, un gran
ramillete de flores ton tal tino, que ca:-6 rosando las
crines del arrognntt• caballo que montaba el jefo
franc(·s.
Era. este un hombre obeso, barrigudo, de fisonomía
semejante á la ele ,·arios reyes cll• Espnfia, do la dinastía Borbónita; en la hocn hundida y de lábios delgados, se dibujaba una constancP Ronrisa liurlona ~desconfiada.
Su frente ancha~- despejada uo enn•rraha un gran
talento, pues todas las medidas que di&lt;"tó en los lugares de que fuC adueiíándose acusan una corprza punible.
Todos los espectadon•s miraban con gran curiosidad /l aquel hombre, montado en corpulento caballo
negro que salpicaba dC' blanca e.-;puma sus hH'nga!.
crines v sus anchos encuentros.
A la ~derecha do Fon•y, en hermoso ta.hallo alazán
tostado, venia un general mexicano, de tl'z (•obriza,
de mirada brillante~- expr(•sini y de modnll'S tinos r
torrectos como los d&lt;•unadamn.-Era. PI G(•neral Don
Juan N. Almonte.
-Qué pit!s los de Ahnontc ! dc.•tla Doña Lola 1 son
primorosos y tan pequellitos que se pierd(•11 (•11 los
estribos.
A la izquierda, con raro uniforme bordado con palmas de oro, apareela un ginete distinguido, de barQa
espesa y cuidadosamente recortada; con un manoclo
de oro en el ojo derecho y las manos calzadas con
guantes color de lila. Era ~Ir. de Salign,r el "1inistro
ele Frnncia.
8eguia ~·o con 1ixidas mira.das &lt;'l curso de aquella
procesión fantástica, asombrimdome el aspl•cto marcial de los zuavos, todos fornidos y barbudos, con los
turbantes blancos ~• limpios; las chaquetillas azules
con vueltas rojas¡ las anchas bandas solferinai;, cubri(•nJoles el vientre, los calzones encarnados anchos
como enaguas, y sujetos abajo ele las rodillas por borceguies de CUNO amarillo, sobre los cuales se abotonaba la polaina blanca, dejanr.lo ver In punta lustrosa
del zapato.
.
.
Me asombraban las carabinas arma.das con puntiagudos, cortantes y fuertes man·azos; las mochilas con
unn inmensa galleta renegrida y gruesa; las caramañolas y cafeteras, limpias y pulidas como de plata Y
aquel rumor imponente de los clarines y de los tambores, tocando marchas que jamás habíamos oído.
Y más que los zuavos blancos, asombraban los zuavos negros; los africanos, los argelinos, hombres detallas hercúleas, de ojos como azabache, d(' labioi, mo·
rados y gruc.•sos; de bigotes y barbas pasadas y con
la tez, negra y lustrosa, contrastando ton los ni veos
turbantes v los azules uniformes.
-Mira ;sos negros, me dijo Doña Lola, esos son
los que se comen A lo8 niños malcriados ~- liberalotes......
,
¡
¡
- ¡Qué hombres tan altos y tan fuertes. &lt;1ec a rn
padre. Son los hijos del Desierto, lQs que combaten
con los kalibas, con los tigres y con los leones.
Para mi imaofoación juvenil aquello era deslumbrador en ese ;omento 1 porque junto á cada argelino me fi""uraba. ver rendido y sangrando, alguno dl'
esos le01~es inmensos 1 quo i;olo habla conocido pintados ó en las jaulas de las compañías de circo que solian por entonces llegar ú mi tierra.
-A mi no me gustan, dijo mamá; estos han d(~ ser
loi, que llaman en los cuentos: negros con tranchetes.
Venían detrAs los cazadores de Af'rica, drngom•s do
tez blanca, arrogantes y hermosos.
Despu(•s los cazadores de \'incenncs con sus u_niformes sel'ios 1 de pafio mml obscuro, y hH•go ,·anos
CUt'rpos numerados, ::,Orprtmdil~ntlo por su manera dt.'.
marchar y por su aspecto, l'l 99 de linea.

8

8E1~rrEM.BRE,

1895.

EL!:UNDO.

=================-- = ~ -

71

-Oye, Pedro-dijo Don Mariano á mi padre-no he
curvas (•n un cuerpo que ya dE&gt;jaba entrever en el
visto al General Leonardc, Márquez.
do mi brazo en contacto con el suyo y mirándola aJ
busto esas redondas eminencias que sirvieron para. i;oslayo con miedo de dirigirle la palabra.
-Hombre! pues no has visto la vanguardia; entró
modf:'lar la copa he~énica y en la cintura y miembros
Llegó un momento en que era tal el ruido que propor delante con sus tropas; es el primero que ha painferiores, esas simétricas ondulaciones que esfuman
sado debajo de estos balcones.
ducJan
las cajas y las cornetas que me atreví á iniciar
la. silueta de una lira invf'rtirla.
la conversación diciéndole:
De pronto, se hizo alto y pude ver desde &lt;'I sitio en
Su voz era dulce 1 sus maneras francas y distingui-Angelita. .... Angelita ....
que estaba, que Forey ~• su, compañeros se detenlan das¡ su belleza incomparable A mis ojos.
-Me hablaba usted{ ....
frente á Catedral y se apPabnn d(' los caballos.
Hay algo magnético en los seres destinados á que-Si. ... que recio toca.u los franceses.
En efecto, en el templo los esperaba en ausencia
rerse ó a odiarse; nlgo que se. confundr ó que se re-Mucho.
del Arzobispo, el cabildo mt•tropolítano que entonó el
pele; un fluido no estudiado que brota. de los ojos y
-Yo no los quiC'ro.
Te Ueum, dando gracin~ al cit-Jo por el feliz nrribo acerca ó separa las almas.
-Niyo.
de los invasores.
Me tu_rbé al ver á Angela y ella ni fijar en los mios
-Y á mi. .. .
Lo mismo se habla hecho t•n Puebla.
sus ojos hechiceros, no pudo ocultar algo como el ru-A usted .... ¿qué?
eEn seguida-dice el historiador á que be aludido
bor de sentir una miradn, que le habló mucho en un
-A mi tampoco me quiere usted?
-el General Forey se retiró A Palacio para recibirá. segundo.
-U8ted no es soldado francés.
las autoridades, con los Sres. Alrnontc _y Saligny que
i Ah l todo lo qur, sen ti se lo elije al estrechar su mn-Pero yo la quiero á. usted mucho.
fueron cubiertos de fiorP.11, tnwo.11 y corona.11 al afrano que me pareció el pétalo de blanca azucena.
-¡Ami!
rp,i;ar la Plaz.a .1.lfayorl
Venturai inefables y desconocidas; tesoros de sen¡ Y nada es más cierto l
-Si, nada más á usted, Angelita.
timiento escondidos hasta entonces¡ deseos que como
-¿Desde cuándo?
Con razón el jefe franeés, en el despacho que diripájaros entumidos y enfermos no hablan jamás abiergió al Ministro de la Guerra, ese mismo día, dice: cJos
-Desde hoy, desde que la he conocido .• la he de
to las alas para ensayar el Yuelo¡ aspiraciones aletar- (¡uerer toda la ,~ida.
csoldados de la Francia han sido agobiados literalgadas en que la sombra despertó una luz nue,·n; todo
-Gracias.
cmente bajo el peso de coronas ~- ramos; la entrada
esto sentl á la. primera mirada de Augela.
-Na.da más gracias?
cd('J ejército en Paris, rl 14 de Agosto de 1H~9, al volNo hacia dos horas que la plétora de luz me había
-Pu&lt;'s si, gral'ias, es usted mur joven.
cver de Italia, puede soln.mC'nte dar unnidea de esta!,
enfermado, cuando otra luz me inundaba en misterios
-Usted lo mismo.
Cuando desfiló por drlante de mi &lt;'l último soldado, dulclsimos.
-Yo soy mayor.
y qur. retiraron la ,·alla, preJSeucaban lai; callt•s el asDiré la verdad, aquello fuC Pl amanecer de mi alma.
-La quiero á usted mucho, mu&lt;"ho¡ como no sabia
pecto de un inmenso hormig-uero: y yo, cansado del
Que
repugnantlis sonaban A mis oídos las palabras yo que Re pudiera querer ... .
cuerpo y del esplritu, me fui á sentar en uno de los d&lt;', Doña
Lola:
-No tiene usted su novia ..... .
anchos y cómodos sillones de la sala.
-Angela,
vienes de trapillo; tú no ha8 recibido de
-Nunca he pensado en eso; es la primera vez que
CC'rré los ojos largo rato para curarme con la obs- gala á los frances&lt;'s.
siento en mi corazón algo extraño .... ~- usted, se lo
curidad, de la plétora de luz, de colores, dr reflejos,
-A mi no me toca redbirlo8, contestó ella tlmida- juro, es mi vida ....
de movimientos, de todo aquel torbellinQ que por
mentc; al contrario, debla CE.tar llorando al verlos.
-No piense usted en esas cosas¡ todavia ni nos comás de dos horas se desem·olvió fulgurante ~• verti-Por qué, hija mía?
nocemos.
ginoso delante de mis pupilas.
-Porque por ellos se ha ido mi hermano Vlctor A la
-Angelita, me recibirá usted una carta ....
-Ya se durmió Perucbo 1 exclamó Doña Loln¡- campaña.
-Para qué he de recibirla?
para estos muchachos nada es interesante.
-Ah I si I ese calavera siempre le da disgustos A tus
-Para que sepa lo que siento.
Déjalo-respondió mamá-lo levantt'&gt; tan temprano
padres; ojalá que lo maten para, descanso de toda tu
-Pues ¿no me lo está usted diciendo?
que aún no le snle del cuerpo la madrugada.
familia
-Lo quiéres como á un hijo.
-Si, pero aqu.i no se puede, nos oyen, no1:, ven, vo~
-No, Lolita, que no lo maten por Dios ....
1\ escribir m81'iana ..... .
-Sf, pobrecito; si tú supieras que nunca me ha da-Es chinacot&lt;' y hereje.
-Eseriba usted.
do en qué sentir.
-Lo primero si, lo segundo no.
-Y le doy mi carta luego?
-Y sabe que eres su madrastra?
Renegando de la. inoportunidad de la señora de la
-No.
-Ni lo snbe, ni lo sabrá nunca, ni yo soy tnadra.vcasa,
á quien todos veían con ojos espantados, me fui
-Por
qué no .... ?
tra Lola, creo ser para él, ahora y siempre, una mA.á una de las piezas interiores 1 me senté junto Ala medre ..... .
-Vea usted que negro aquel tan grandote ....
sa, hundí entre mis manos la frente que parecfa des-Cual?
-Y el día que tengas un hijo?
pedir llamas y con los ojos llenos de lágrimas me dije
-Será el segundo, porque Perucho, aunque no ha- A
-El
último, el c1ue va detrAs de aquellos.
mi mismo;
ya nacido de mis entraña!; 1 es mi primogt'nito.
-Yo no veo nada más que á usted ¿le doy mañana
-¡Dios mio! qué linda es! qué linda es! Si me qui- mi carta?
-Eres una santa mujer¡ yo no seria como tú porsiera como la quiero; si se fijara en mi ¡a.y! si alguna
que á los mucbacbos agenos no los aguanto.
-No! yo no pienso en esas cosas.
-¿Pero por qut! le llamas ageno?-Es el hijo del vez .... ya grande, ya hombre, ya rico, pudiera yo
-Perucbo! gritó desde el antiguo balcón Doña Lovivir con (1lfa sin separarme nunca de su lado!
la; que bien te apuntas I anda ..... .
hombre quo amo y ID&lt;'. lo entregó tan chiquillo y con
Y como junto á cada Fausto bav un Mefistófeles y
tanta fe en que había yo de ser su madre.-Pero (•so
-Que bien qué? me preguntó ruborizada Angela.
i~ la poesía se junta la proi,a1 cuai se junta al fango ~I
es imposible.
- Que no apunte con el dedo a los soldados.
a.gua que al fin convertida en vapor asciende al cielo:
-Para ti, bija mía, para U que &lt;'res una santa.
-Si quien los señaló fuf yo, pero no ha dicho eso,
se me representó en la. imaginación la esc.·ena de J usHablaban as! cuando la presencia de mi padre yde
alzando la voz y dirigiendo la vista á Doña Lola, preta la costurera besándome hasta turbarme el sentido guntó:
Don Mariano que se acercaban las hizo cambiar d('
y después ¡qué locura! el hechicero rostro de Angela
asunto.
-¿Quó dijo usted Lolita?
1
Abri los ojos, como saliendo dt· un sueño .... pero en frente y muy cerca dC'l mio, sus ojos deslumbran-Nada hija; á ti no te hablaba; á. Pcrucho le indicon una espina clavada en el alma; la pregunta aque- do á mis ojos, su boca inundando de mieles la mía v qué algo.
lla ¿y sabe que eres su madrastra'! me babia habier- en ambos una fiebre de amor, tan intensa., tan ace;-¿Se llama usted Perucho? ¡ que gracioso nombre!
drada, tan honda, que eramos los felices 1 lo:,; absoluto un abismo impenetrable en la conciencia.
-No-agregué contrariado-me llamo Pedro, pero
tos,
los
únil'os,
en
un
mundo
nuevo.
¡Cómo-me decla yo en mis adentros-¿no E&gt;S mi
me dicen asi ... . . .
¿Por qué no confesarlo? Quise aquel din escribirle,
madre esta mujer tan buena?
-Ah!
Sumido ('n grandes refle..'"t.iones me apartó ele ellas obtener una respuesta, acercarme á ella, estrecharla
-Pero mi carta Angelita, mafiana me la recibirá
una aparición radiante que convirtió en nrdiente la- en mis brazos, besarla y morirme en seguida.
usted ¿no es cierto?
Si;
después
de
tamaña
dicha,
me
parecía
que
la
viva la sangre de mis VC'nas.
-Y en dónde he de recibirla; yo no vivo en México.
Habia.n llegado varias personas á visitar á Don :\fa- da material sobraba; que el sol parecerJa una pavesa
-No? .... ¡ a.y I pues en dónde.
arrojada
al
espacio;
el
cielo
azul
una.
bóbeda
estrecha
riano y á su consorte, y con ellas una joven que no
-Vivimos
en San AngustJn de los Cuervos.
y prosaica; la tierra .... ¡uad4!
tenla mas ele diez y ocho aiíos ni menos de quince.
-¿Dónde es eso?
Amarnos mu&lt;'ho, como aman A Dios los Angeles, IR.S
1Ah! si mis recuerdos fueran pinceles y se tiñeran
-En Tlalpam.
con indelebles colores, con cuánta verdad, con qué potestades, los bienaventurados y después, no morirSentl que se me helaba la sangre pues babia gran
extraordinaria perfección ha.ria aquí el retrato de la nos uno antes que otro, sino evaporarnos, desapare• distancia entre su casa y lamia. y con toda la inexpecer como la nube1 como la estela, para que ningún
inolvidable criatura.
riencia y el amor de mis pocos años inclin6 en silenSe llamaba Angela y era un Angel clegracinde sim- átomo Huyo fuera absorviclo en el suelo por otro hom- cio la cabeza y cuando la levanté para mirar á Angebre, ni el más pobre á.tomo mio incubara en mujer al- la se me rodaron dos lágrimas.
patía y de dulzura.•
guna.
La vi entrar con tan sencillo trajl', con humildad
-Ya no me escl'iba usted la carta.
Ella, sólo ella., úniea ,. enteramente ella condensantan grande en la acción y en e1 ro8tro, que por la
-Por qué! la pregunté sollozando.
primera vez en el mundo me sentí enagena.do y con- do en su ser la fe, la g10ria1 la riqueza, I; esperanzn. 1
-Porque ya la lei ahora.
la luz, el calor y la vida.
fundido ante un ser humano.
-En dónde? Cómol
Nada sin ella ni después &lt;le ella y pensando esto·
¡Angela! suena todavía ese nombre como la mejor
-En sus ojos, me respondió encendida como una
soñando despierto; delirando en mi juicio, vol vi á I~
música en mis ofclos.
cereza
y oprimiendo suavemente mi brazo con el suyo.
Era de eabellera castaño-oscuro partida rn dos sala porque un ruido de tambores anuneiaba que alEn aquel momento me sentí tan grande, tan dichoguna
tropa
francesa
pasaba
por
la
calle.
grandes gajos de naturales rizos, formando un nimEra un cuerpo ele argelinos que regresaba de Pala- so1 tan lleno de vida, que no me habría cambiado ni
bo en torno de la cabeza y del semhlantf'¡Su.&lt;óJ ojos con
por el General Forey á quien una ciudad entera le
cio
para hospedarse en la ex-acordada.
la claridad y el brillo
estaba rindiendo honores en Palacio.
Todos salieron i.'L los balcones v me fui con todo
como las lustrosas
-Me querrá usted?
d_escaro á colocar junto á Angela, dejándola como prihojas de los plá.tanos;
-Puede
ser, pero con una condición.
en un extremo y separá.ndola. de los demás
la nariz fina y suave; la boca como un capullo de flor sionera
-¿Cuál?
con mi cuerpo.
de granado; la cútis color de carne de piñón y el cue(CONTINUAllÁ)
No sé si le extrañó mi audacia, pero vo con todo
llo turgente, redondo, enclavado entre bien definidas
disimulo me incliné en el barandal de hi~rro, ponienAugurada la p r ~ lileraria, c,mform, á la ley.

�8 SEPTIEMBRE, 1895.

EL MUNDO.

72

PRENSA MEXICANA
P6:gi.nas extraordinarias.

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DOMINGO 15 DE SEPTIEi\IBRE DE 18D5.

Nám. 297

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imonumcnlo ét J{iaalgo erigiao en F'acJtuca ($.

ae J{iaalgo.) (de fotografía.)

Tomo II.-Nú1l11'ro JO.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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