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                  <text>8 SEPTIEMBRE, 1895.

EL MUNDO.

72

PRENSA MEXICANA
P6:gi.nas extraordinarias.

f1 Aa::~ION~.
' -1,

:-:r.:!.-ú·~=::~
___ ..._.._ .. __ ::
•11.
V'N••"'1Nl-o.~.a

DOMINGO 15 DE SEPTIEi\IBRE DE 18D5.

Nám. 297

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:CONDICIONES.

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imonumcnlo ét J{iaalgo erigiao en F'acJtuca ($.

ae J{iaalgo.) (de fotografía.)

Tomo II.-Nú1l11'ro JO.

�74

ELJIIUNDO.

15 SEPTIEMBRE, 1895,

15

SEPTIEMBRE,

189/i.

EL MUNDO.

75

':-z

&lt;.r:"':

Frovecto ael roonumen!o á la 9naepenaencia, que aeberá le-oan!arse en el Faseo ae la Reforma.

�15 SEP'l'IEIIBU, 1896.

1, A tas

aoce ile la 11C1:1\e.•!I, A la 111lCl.•a, A la• ilos.•4, al amanecer.

...

EL MUNDO.

r. Sn el 4 - - ofielld.•!l, mtTctnao el aesflle.-a, I)apues a. la formac16n.

77

�EL MUNDO.

78

15

SEPTIEMBRE,

1895.

r Una columna octagonal se levanta

PRINO

sobre el pedestal 1 y en ella descansa
1a estatua del Cura Hidalgo.
La estatua es de grandes propor·
cianea, de bronce, y representa al
héroe envuelto en una capa, con la
cabeza descubierta, teniendo la bandera en la mano izquierda y el brazo
derecho extendido.
Representa el. mome~1to solemne
en qrie dió .el grito de Libertad é Independencia.
Sobre la cornisa se leen estas inscripciones, en bronce:
Grito de Dolores.-Toma de Gra•
naditas.-1\Ionte de las Cr~1.ces.-Batalla de Aculco.-Liberac1on del ~sclavo. -Puente de Calderó~. -No nas
de Baján-Sacrificio en Ch1h~abua.
En el pedestal hay dos reheyes ~e
bronce: uno reJ)resenta. á. la H1ston,a
escribiendo en las págma.CJ de un hbro el nombre de Hidalgo, y el otro
á la libertad rompiendo las cadenas
unieran al viejo y ~l nu~vo .mun-

ALES

-Dl!UltttllllJJi

tí tji~algo

EN LA REPUBLICA.
La reciente traslación de los restos
de los héroes de la: Independencia. y
las fiestas de maiiana, traen el recuerdo del inmortal Cura de Dolores y
ponen rnbre el tapete la cuestión del
monumento que se le debe elevaren
esta Capital 1 y cuyo proyecto yace
des&lt;le ha mucho tiempo en las oficinas del )iinisterio de C',omunicaciones. Con tal motivo hemos considerado C,Portuno publicar fotografías de
los pr1ocipales monumentos dedicados al invicto caudillo, que existen
en la República.
En muchos pueblecillos hay humildes estatuas de piedra sobre columnas de ladrillo, 6 en fuentes: co-

d.~~

mo es de comprender sería imposible

''

dar á. conocer todos. De uno 6 dos
monumentos de los de algún valor,
recibirnos las fotografías muy tarde,
por lo cual fué imposible que aparecieran con este artículo y con este
número. De todas maneras creemos
que la colección que damos tendrá
interés para nuestros lectores.

Se ven también dos mscnpc1ones.
La primera dice así:
Decretó la erección de este monumento el Preeidente Benito Juárez
en 6 de Junio de 1863.
Se construyó siendo Presid~nte de
la República el General Porfirio Díaz.
La segunda, dice:
Al Padre de la Patria Miguel Hidalgo, los Estados de la República.
Afio de 1878.
Ambas inscripciones son igualmente de bronce.

ESTADO DE MEXICO.
El Estado de México es el único
en la República que cuenta dentro
de su recinto con dos monumentos
de alguna importancia dedicados á.
Hidalgo; las demás entidades de la
Federación sólo uno tienen y muchas
ninguno que merezca la pena de Sefialarse. La historia de estos dos edificios está. tan ligada que' no es posible referirla por separado.
A principios del año de 1851, siendo Gobernador del Estado, el Sr. Mariano Riva Palacio, proyectó éste, en
una junta de los principales vecinos
de Toluca, levantar un monumento
con una estatua en mármol del Padre de la Independencia, Don Miguel Hidalgo, precisamente en el lugar donde este caudillo celebró una
misa antes de emprender contra las
tropas españolas, aquella gloriosa batalla que ganó, derrotando al famoso regimiento de 11Tres Villas11 y á
las fuerzas mandadas por los Coroneles Mendivil, Bringas y otros je-fes, el 30 de Octubre.
Habiéndose acordado que dioho
monumento fuera construido con
materiales procedent.ei;i del Estado
y se inau~urarn el 16 de SPptiembre
del repetido año, escogióse mármol
de los yacimientos de la municipalion
dad de Zumpahnacán, distrito deTe-nancingo y la estatua fué encargada á J. Solachc, humilde cantero de aquella localidad.
En Abril del mismo afio1 :í moción de D. Ignacio Ramírez (El Nigromante) presentada ante el Ayuntamiento de la Capital, esta Corporación pidió al Gobierno del
Estado que la estatua fuera colocada en Toluca. Aprobada la idea por la. Legislatura., el Poder Ejecutivo y la
Junta de iniciadores, se expidió un decreto en tal sentido, más no por esto se olvidaba el histórico punto de las
Cruces, en que de todas maneras había de erigirse el monumento.
En virtud de esa disposición, fué edificado en la plaza
mayor de Toluca el pedestal para la estatua, con mármol
también de Zumpahuacán, y la escultura fué trasladada
con grandes ceremonias, custodiándola durante el trayecto, comisiones de vecinos de los distritos de Tenango y
Tenancingo.
El 16 de Septiembre fué inaugurado el monumento de
Toluca y en 30 de Octubre el del Monte de las Cruces.
Este es de figura. piramidaly se encuentra situado sobre
terrenos rocallosos, á la entrada. del Jlano de Salaz ar, cerca de un bosque.
El monumento de la capital del Estado permaneció en
la Plaza Mayor hasta Agosto de 1884 en que fué trasladado á la calle de la Independencia, y cerca de la Estación
del ferrocarril 1 sin qµ.e al trasportarlo de un lugar á otro
sufriera ningún deterioro, ni al instalarlo de nuevo cambiara su altura, que es de nueve metros escasos1 desde la
base hasta la cabeza de la estatua. Esta sola es de dos metros de altura.
La estatua instalada en Toluca, fué la primera que se
colocó en la República; pues aun cuando en otros puntos
se levantaron monumentos á la memoria de los héroes
de la Independencia, la de que hablamos era hasta el
día de su inauguración, la única, ya como estatua y ya
como monumento d~dicado exclusivamente ú. Hidalgo.

SAN LUIS POTOSI
En Septiembre de 1870, el Ayuntamiento de ]a Capital
del Estado acordó la erección de un monumento á Hidalgo
en la plaza principal, pero los disturbios políticos impi•
dieron por de pronto la realización del pensamiento, hasta 1873, en que la junta Patriótica se encargó de propagarlo
y de colectar fondos.
Al ingresar al gobierno del Estado, á fines de 1876, el
General Cárl'ls Diez Gutiérrez, solamente el pedestal de

MONUMENTO
DE LA INDEPENDENCIA

{l!}onumonto ctl inkiaaor ao lct 9naoponaoncict,
ol (Zologio ao $an Nkolcts ao J{iaalgo en {l!}orelict,
mármol estaba construido y como no se había hecho ningún contrato para la fundición de la estatua de.bronce que
había de sustentar, fué encomendada ésta al escultor Pedro Patiilo Ixtolinque, quien con ayuda de D. _Juan Bue-navista la terminó en Agosto de 1880 y en Septiembre del
mismo año fué de.~cubierta. Entre los números del p:z::ograma conque se festejó la inaugur~ión figuró un bomto
himno compuesto por Angela Peralta que se encon~:3-ba
allí en aquella época y fué cantado por un coro de nmas.
El costo del pedestal fué de más ae $2,000 y el de la es•
tatua, de $10,000.
Dicho monumento, previas algunas modificaciones al
pedestal 1 fué trasladado de la Plaza Principal al centro del
'.Paseo de la Constitución, en donde luce más, porque donde estaba, los á.rboles del jardín, casi lo ocultaban. En el
lugar que ocupaba en la plaza; se mandó levantar un gran
kiosko que valdrá como diez mil pesos y tiene capacidad
para cien músicos.

En 1886 expidió el Presidente de
la República, General Díaz,.una convocatoria para la construcción de u_n
monumento dedicado á. la memona
de la Independencia Nacio1!al, y en
el certamen obtuvo el prem1? el proyecto presen~ado por los art1Stas ex:•
tranjeros CrU.Ze y Shulze; pero, luego
fuera ya de concurso por falta de
oportunidad, se presentó e! de los
escultores italianos Cencetti y ~
bache que llamó tanto la atención
por sÚ belleza, que el Sr. Dublán
mandó hacer la estatua que había de
servir de remate, y la cual•s~ encuentra actualmente en el patio de
la ex-aduana.
Dicho monumento que vulgarmente es llamado de Hidalgo, por
lo cual lo publicamos1 debería ser
levantado en la glorieta ce:r.tral de
la Calzada de la Reforma, pero su
enorme costo que ascendería á ce~
de 300,000 pesos, hace por hoy casi
imposible la obra.

ESTADO DE MICHOACAN.

El monumento que actualment~ existe en el C?legio de
San Nicolás de Hidalgo, ~n ~orelrn, fué obsequio del sefior Presidente de la Repu bhca.
Se comenzó á construir el 29 de Junio de ~886 por el
Ingeniero del Estado, Gustavo Rotb, y fué maugurado
solemnemente la noche del 15 de Septiembre &lt;1:e 1887_por
el señor Gobernador del Estado, General Mariano J1ménez.
. .
10 ·
Tiene el ped.estalcuatroinscnpc1ones: la.que vea nen·
te, dice: (&lt;30 de Julio de 1811.n Poni,ei:ite: u8 de Mayo de
1753.,, Norte: uFué colegial de oposición, Tesorero, Catedrático y Rector de este Colegio.)) S~r: 1tProclam6 la Independencia de México el 15 de Septiembre de1810,)).
Abajo de esta inscripción y sobre mármol blanco, tiene
la siguiente dedicatoria.
, .
.
uPorfirio Díaz Presidente de la Republica, dedicó este
monumento á. tá juventud estudiosa.,&gt; ((Septiembre 16 de
GUANAJUATO.
1887.n
d
d
En el mismo lado que ve al Sur y en el canto e una e
Por decreto que expidió el Presidente Juárez en Junio
las
graderías,
dice:
.
.
de 1863, se ordenó la construcción de un monumE:nto al
&lt;CEn el Gobierno del C. General Mariano J1ménez.i,
iniciador de nuestra Independencia, en Dolores Hidalgo,
Monumento de cantera. trabajado con buen gnst? Ysen~
cuyo costo calculado en 40,000 pesos debía cubrirse á pro- cillez· Mide tres y media \'aras de altura y lo c1rcun~
rrata entre los Estados de la Federación, según el míme- un b~randal de fierro fundido. L'\S inscripciones las tiero de habitantes que tu vieran.
ne en el último de los cinco escalones que form~n h\ base.
Debido al esta.do de guerra, en que se encontró el país, En el tercer cuerpo descansa la estatua de H1dalgo,Me?
la. colecta no pudo hacerse hasta 1878: el Estado 9.ue con- bronce y de tamaño natural, fundida por el escultor 1tribuyó con mayor cantidad ($3,700) fué el de Jahsco;. los
que dieron menos, ($352) fueron Colima, Campeche, uoa- randa, de México.
huila y Tabasco.
ESTADO DE HIDALGO.
El monumento fué proyectado y dirigido por el Ingeniero Vicente Reyes; los bronces fueron modelados por
El monumento de Pachucaes uno de losquetien~n maD. Gabriel Guerra y fundidos en la Fundición Artística de
Tacubaya. Aunque no tiene estilo caracterizado, puede yor mérito artístico y valor miís alto. Fu~ con;-tru1do en
decirse que pertenece á la escuela italiana y ofrece muy Italia6 inaugurado en 1886; su costo ascendió ,t 50,0000 pesos, pagados exclusivamente por el G?bierno del Es.tad~
bonita vista.
El zócalo q ne sirve de basamento, es de arenisca morada, y se encuentra situado frente al Palacio del Poder E1ecu
y está coronado por una ancha cornisa rosa, sobre la cu~l ~~
El contrato para el monumento erigido á. Hºdal
1
go_ en
descansa el pedestal de arenisca morada, en cuyas esqmnas truncadas se levantan cuatro pilastras, en las que se Pachuca, fué otorgado, en lo relat!vo it su construcc~ón,
encuentran colocadas igual núm~ro deúguilas de buen ta- á Attilio Tangassi, durante el gobierno de D. Francisco
Cravioto, en 1885.
maño.
.
Las eua~ro fuentes de las fachadas principales del m¡
Las águilas son de bronce oxidado, tienen las alas abiertas, y con el pico y una garra, mantienen prisionera á una. numento son de piedra. blanca de las canteras del Rea
del Mon~; las cuatro estatuas que llevan estas fuentes Y
víbora.

15

SEPTIEMBRE,

79

EL MUNDO.

1895.

que arrojan agua, son de mármol ra vachena de primera
clase y representan unos insurgentes._
.
:.. . El pedestal está. construido de la misma piedra blanca,
así como todos los bajos relieves. Cada table~o lleva embutidas planchas de mármol ravachena de primera clase,
y el pedestal mide siet.e metros de altura.
El piso de las fuertas, por dentro es de mármol de Italia blanco y azu , formando tableros, y la ea tatua es de
m¿rmol ravachena y mide tres metros de altura.

ESTADO DE CHIHUAHUA
En la antigua plazuela de San Felipe, conoci~ hoy con
el nombre de Hidalgo y frente al hermoso Palacio de Gobierno se levanta el monumento más hermoso y de mayor vaior de los que existen en la República dedicados al
Héroe de la Independencia. Su costo fué de 60. 000 pesos,
de los cuales 45,000 fueron reunidos por subscripción entre los Gobiernos de los Estados y 15,000 eroga40s por
Chihuahua. Está construido con mármoles de Onza'l?a Y
las cinco estatuas de bronce que ostenta, fueron fundidas
en Bruselas.
. .
En la cúspide de una graciosa columna cormtia de 45
pies de altura, descansa la estátua del cura Hidalgo, cuyo
tamaño es de 8 pies; resulta, por lo tanto una altura total
de 53 pies.
En uno de los cuatro lados de su pedestal puede leerse
la siguiente inscripción:
"AQUI FIJ}; SACRIFICADO EL AUTOR DE LA L~DEPENDENCIA
NACIONAL, 30 DE JULIO DE 1894."

NUEVOlLEON.
El año pasado se inauguró el monumento á Hidalgo
erigido por el Estado de Nuevo León, en el centro de la
plaza que lleva el nombre del héroe y que es el más bonito jardín de Monterrey.
Rodeado por peq ueñ.os pilares de :fierro unidos por tramos de cadena, se destaca ese monumento, que es de
mármol negro de las canteras del Topo.
Sobre un alto plano cuadrado, con macetones de bronce en los á,nl7ulos se levantan siempre siguiendo la forma cuadra~ula;, tres gradas, arriba de las cu~les está
una pirámide de cuatro costados con sus reepect~ vos ?Ornisamientos. En cada una de las caras de ~a p~rá1!11de,
se ven con letras de bronce, formadas las mscripc1ones
siguientes:
En la del Oriente:
El Aynnlamiento de 1899 al Padre de la Patria.
En la del Norte:
Independencia !le México.
En la del Poniente:
Mi.guel Hidalgo y Costilla.
Y en la del Sur:
15 de Septiembre de 1810.
_
La altura total de ese basamento es de cerca de cmco metros. La estatua que lo corona, procedente de
una casa norteamericana, mide 3 metros 25 cen~fmetros,
tiene buen parecido y es hermosamente artística, tanto
por su actitud soberana como por sus detalles.
Debido á los alambres para focos eléctricos, á los postes, etc., colocados en el parque últim~men~ para adornarlo durante las :fiestas actuales, fué 1mpos1ble sacar fotografía del monumento, por lo cu.al nos limitamos á publicar la hermosa estatua que le sirve de remate, y cuyo
precio fuéde $4,000. El resto de la obra, basamento, et.e.,
costó $2 163. Este es el má.s moderno monumento á Hidalgo q~e existe en la República.

•••
En San Juan de los Lagos, población del Estado de Jalisco se encuentra, junto á. la iglesia, un busto de piedra.
E~ la villa de Guadalupe Hidalgo, hay también un monumento dedicado al Caudillo con una pequeña estatua
que según se asegura, fué modelada cuando aún vivía el
héroe, por el escultor Terrazas. Costó 1.000 pesos y fué
inaugurada por el General Díaz. Es igual á la del monu~
mento de Morelia.

LA MUTUA.
OOMP.A.,._~IA DE SEGUROS SOBRE LA VIDA.

Acapulco, Agosto

~

de 1895.

Sr. D. Garlos Sommer, Director General de la Mutua, CompaJlla de
Seguros sobre la. vida, de Nueva York.
México.
Muy eel'ior mio:
En esta. fecha me entregaron los Sres. B. Fernández y Cia. banqueros que son de In. Compa.illa de seguros sobre la vida, que vd. tan
digna.mente representa. en esta Repl1blica, la suma de $3,436 41 cs.,
en cancelación del seguro de vida, que en mi favor tomó mi inolvidable esposo en su Compañta, siendo de 83,000 00 con devolución de
premios, en Octubre del aiio de 1892.
Doy á. Ud. seB.or Director General, las má.s sentidas gracias, suplicándole las de Ami nombre A la importante y humanitaria Sociedad,
denominada.: "The Mutual Lile Insumnce Compa.ny of New York,"
por el rápido arreglo de la póliza consabida 6 sea el m1mero _525,775,
cuyo pago se verificó sin el menor tropiew, muy al contmrio, mucho
antes de que yo pudiera. esperarlo.
Puedo recomendar con toda fe y conciencia á. todos los padre:., de
fe.to.llia, que no estén poseidos de grand.es fortunas, que antes de que
sea demasiado tarde, se aseguren en la Compa.fiia, en la cual estaba
asegurado mi finado esposo, pues es una. institución ya bastante reconocida como benéfica y humanitaria, á má.s de las grandes ventajas que ofrece á todo quien se asegura en ella.
De vd. muy reconoctday atenta seguro. eervidora.-MA.BIA. A. V. DE
ÜOBDOBA.

lb)onumento á }{iaalgo en (!qiqualtua.
(Levantado~por suscrición Nacional.)

�80

15

EL MUNDO.
COMO EMPLEA EL TIEMPO
EL

llliltlillll\\L 1111\\Z ..
SU FISONOMIA EN DIFERENTES EDADES.
Su familia.-Sn casa habitación.
(Este artículo fné publicado en el número prospecto de EL MUN.no, que se agotó á los

ocho días de haber aparecido. Desde entonces ofrecimos á nuestros suscritores que lo
repetiriamos oportunamente, proponiéndonos publicarlo cuando ya estuviéramos seguros de la bondad de nuestros grabados. Creemos hoy poder satisfacer nuestro deseo,
y lo hacemos r~pitiendo el artículo, íntegro y sin correcciones: por eso se notará que
en él se babia del Sr. General 1ifartín González como .Jefe del Estado Mayor del sefior
Presidente, sustituido yu por el Sr. General Angel Ortiz Monasterio.)

••*

El periodismo moderno se desarrolla tanto cada día entre nosotros, que seguramente,
sin llegar ,t los excesos que en otros países civilizados del mundo, alcanzará carta de
naturaleza tan amplia en México, que pasados algunos años, no se leerá. periódico alguno ( excepto el especialista) qu"e no lleve la marca del actual sistema de hacerlo agrada•
ble al público.
El periodista encargado de secciones semejantes á esta, debe suponerse lo que desea
conocer sri lector, y en el acto, conocerlo él mismo para narrárselo después; pero con
detalles tales que le parezca que ha acompañado muy de cerca al escritor en sus fáciles
6 difíciles averiguaciones.
Y sin duda, qne nada se desea saber con mayor ahinco que las costumbres de los per•
sonajea cuyos nombres suenan á. diario por todas partes, y de quienes el país está pendien'te como de la solución de un problema dificilísimo á la vez que de vital importancia. El General Díaz tiene consigo el problema de cuya
solución depende la felicidad del país para lo porvenir,
por eso es intereRan'te todo lo que se refiere á. él.

SEPTIEMBRE,

1895.

15

u

Por t-0dos los correos se reciben cartas para el Señor Piesiden'te, y su oficina telegráfica trabaja casi siempre todo el día y á. veces, cuando hay algo urgente hasta altas
horas de la noche. Por término medio se
reciben ochocientas cartas al mes y cuatro
cientos telegramas. Todo se contesta con
PoRFrnro DIAz, EN 1868.
una exactitud y brevedad que va de acuerdo con el carácter activo del General Díaz. Alguna vez, preguntamos con verdadera.
curiosidad al telegrafista, qué dimensiones tendría el
mensaje mM largo que había recibido, y nos contest,6 asus~
tado, como si tuviera aún que recibirlo: ¡Doce mil pa1,ar
en cl&lt;.uel

Invariablemente se levanta á las seis de la mañana, y
dt-spués del bañ.otomaenfamila un desayuno sencillo. Ra.
ra vez sale de paseo á caballo, no obstante que es afecto y
mncho áeste ejercicio y que tiene hermosísimos caballos
americanos é ingleses de raza pura que le han obsequiado
en varias ocasiones:
Y no va de paseo, porque teme distraerse por cualquiera circunstancia y no estar en Palacio á. la hora que tiene
costumbre de comenzar su trabajo: así pues, pasado el de•
sayuno, se queda de sobremesa 6 pasa á su gabinete á leer.

LA PREXSA DEL DJA.

EL ACUERDO.

A las ocho de la mat1ana llega al gabinete el Sr. Chau•
sal y comienza á dar cuenta detallada de todos los asun•
tos que entraña la correspondeucia; oye la resolución del
Presidente que es inmediata, ( excepto cuando tiene que
pedir mformes á algún :Ministro) y conserva en la memoria el acuerdo, pues de hacer apunte al calce 6 margen de
la carta duraría mucho más tiempo en ese trabajo.
Muy rara vez tiene que preguntar el Presidente quién
es el que firma una carta: su memoria es excepcionalmen•
te privilegiada, y sabido es que ,t los veinte ó mtis aflos de
PALACIO NACIONAL.
haber dejado de ver á alguna persona la ha reconocido en
Circunstancia muy notable por lo rara, entre millares
el acto que ha estado á su vista.
de gobernantes, es la de que el General Díaz, casi nunca
El acuerdo con el Sr. Chausal dura de hora y media á.
anda i,olo; pero ca.si nunca también va acompañado ~más
dos horas: de modo que á las diez de la mañana, á. más
que de su Jefe de Estado Mayor ó del Ayudante de Guartardar, está yaen espera de los Ministros para acordar los
dia. Y esto responde perfectamente á su modo de penmúltiples asuntos del Gobierno y administración del país .
sar expresado alguna vez ante numerosos:amigos.
Un acuerdo tan importante y de asuntos tan he'terogé~
uNad,a, irrita m&amp; á un p~blo que la imolencia de los janeos debe ser muy difícil para el Secretario particular, y
writos; y éstos siempre son insolent,es. n
seguramente que requiere gran esfuerzo para poderlo lle•
PORFIRIO Du.z, EN 1870.
¡Qué difícil sería que los amigos que sin•carácter oficial
var: alguna vez preguntamos esto al Sr. Cb.ausal, quien
acostumbraran acompañar al General Díaz no se
contestó con ingenuidad muy loable por cierto, en estos términos.
dieran aires de favoritos!
-Sí; ha de ser sumamente difícil llevar la Secretaría particular de un Presidente,
Hay que aplaudir el detalle: el General Díaz no
por la infinidad de asuntos que se tratan á diario, y muchos de ellos en extremo deli•
solo no tiene favoritos, sino que no da lugar á. que
cadas; pero si he de hablar con franqueza, ese cargo, cerca del General Dfaz, es sencillo
se crea que los tiene.
de todo punto, porque es tan explicito en sus acuerdos, y tan preciso en sus concep•
Pero dejemos la digresión y sigamos nuestra tatos, que aseguro á Ud. que todo lo hace él, á mí me toca expresar con fidelidad sus
rea:
ideas, y muy á. menudo resultan cartas completamente hechas con sus frases que tomo
Entra á Palacio por la puerta de enmedio y ba·
tal como me las dice.
ja del coche hasta el pie de la escalera de honor
Cuando teme no haber entendido bien una carta, pide que se le vuelva á escribir lar•
que conduce á una antesala que podemos llamar
go, con detalles para contestar mejor; y no contento con eso, frecuentemente indica que
privada, porque en ella esperan los que están cita•
ya que no le es posible recibir á todos por falta de tiempo, hablen conmigo para que
dos de una manera urgente y que reme no recibirsean más explícitos. Por eso ve Ud. que siempre estoy recibiendo y 'tengo gente que
los por falta de tiempo. Al pasar de dicha antesala
me espera en la antesala de la Secretaría particular: son cartas de viva voz, que tengo
al gabinete de acuerdos precisamen'te tiene que ver•
que trasmitir al Señor Presidente.n
los, y arregla el asunto para que fueron citados.
Una vez en su gabinete, ocupando la silla de enmedio sigue en su tarea de revisar la prensa, mien•
E1 acuerdo con Chansal, es el único que no se transfiere, pues aun en. las pocas enfertras llega el Secretario particular; y rnuchaa veces
medades que ha snfrido el Presidente, no ha dejado de acordar su correspondencia.
aun habiendo llegado éste, sigue leyendo algún arSólo así se explica que al día siguiente de recibidas las cartas en la Presidencia ya estén
tículo que le interesa, y selo hace repetir 6 anotar.
contestadas, y listas para la firma. Cuando sale fuera de México, lo cual acontece pocas
Por la prensa es por lo único que el Presidente es
veces, acuerda por telégrafo su correspondencia urgente.
capaz de suspender ó retrasar el acuerdo de su
Recibe periódicos en su casa particular, ó en ChapulteComienza á revisarlos de
sobremesa y muchas veces los anota con hípiz para llevarlos consigo, hasta que dan las siete y media, hora en que
recoje los papeles que ha llevado á. su gabinete la noche
anterior y baja con el General Martín Gonzá.lez, Jefe de
su Estado ~fayor. Al pie de la escalera- monta en el coche y con el General Gonzá.lez á. su izquierda se dirije a1
pec en verano, y en Palacio.

•

PORFIRIO Duz,

EN

1862.

•*•

También del e~tranjero recibe no pocas· cartas, y
como ~e~alle ?ur1oso1 contaremos que varias veces
ha rec1b1do cartas cariñosa.mente respetuosas de
Francia1 dirigidas por los Jefes contra quienes combatió en la Intervención. Es seguro que dichas cartas son de las que más agradable impr0Sión le han
causado.

.

.

PORFIRIO Duz,

D~pués del acuerdo con Chausal, se queda el
Presidente esperando á los Sefiores Secretarios de
Est~o; y decin~os esperando, porque ya es proverbial en Palac10 que el General Díaz siempre está antes de la hora que fija.
El Ministro de Hacienda acuerda diariamente
de las diez en adelante, de modo que él es al primero que_ recibe, y á. veces prolonga su acuerdo
~ta. las doce del día. Los de Relaciones y Comu•
mcac10nes 1 acuerdan los jueves y sábados, después del de Hacienda, y de igual manera, tres veces á la semana los otros Ministros. Los asuntos
que les presentan los Ministros van estudiados
c?n dictámenes de los Jefes subalternos, si es pre~
c1s?, y después de cada exposición, el Ministro
o:pma y funda su parecer ante el Presid1;mte, que no
pierde detalle, pues no está satisfecho sino hasta
que domitia en lo posible uno á uno los negocios.
Regularmente quedan resueltos en la misma sesión
á. no ser que él desee más datos 6 más estudios qu~
pide al Ministro. Cuando se trata de algo grave
toma el expediente que se lleva á su casa para es~
tudiarlo, el solo en la noche.
Su trabajo con los Ministros termina á la una 6
una y media de la tarde, hora en que acompañado
del General 1\.fartín González se dirige á su casa.
Al salir de Palacio, alguno de los empleados avisa por teléfono á la calle de Cadena, para que cuan•
do llegue el Presidente ya esté servida la mesa. De
modo que el General Dfaz va directamente al comedor en cuanto entra á su casa.

PORFIRIO DIAZ, EN

1895.

EN LA CASA.
Cualquiera creería que á la hora de comer está siempre
solo con su familia, y por consiguiente que descansa un
poco de los negocios; pero muy rara vez sucede así: frecuentemente tiene ,t su lado en la mesa á uno ó dos amigos viejos que se toman, y con justicia, el derecho de ir
á la casa del Presidente á. la hora de la comida. Por desgracia no todos tienen la suficiente prudencia para dejar
de hablar de negocios, y convierten en hora de despacho
la que debía ser de familia.
El General Díaz come poco y alimentos sanos; consomé, carnes asadas, algún platillo especial de su tierra y
l~umbres. Una copa pequeña de vino tinto mezclada
con agua es el único licor que toma en todo el día.
Después de la sobremesa, que siempre es corta, pasa á
la sala de armas ( cuyo grabado publicarnos hoy) y allí se
toma el café y se juega un rato al billar entre tanto dan
las tres y media de la tarde.
'
. A esa hora vuelve á Palacio para comenzar su audien•
ma poco antes de las cuatro.

Desde la mañana de los lunes, miércoles y viernee es•
tán ~oncurr,iendo los que solicitan ser recibidos ~r el

:1

Presidente las antesalas de Palacio, inscriben su nom•
breen la hsta que el portero forma, ó!dejan su tarjeta
para el Ayudante de guardia. .Este recibe!en la tarde tar-

1876.

COMO RECIBE EL PRESIDENTE.

LA AUDIENCIA.
En la Secretaría existen máadeochocientas claves, que forman un volumen respeta•
ble que sólo el Secretario sabe manejar. Tiene clave con los Gobernadores de los Es·
ta.dos, Jefes de Zona, militaree de alta graduación, y con muchísimos particulares, la&amp;
cuales le sirven para pedir y recibir informes de diferentes personas sobre un mismo
asunto.

EN'

al último y con él desapareció el portero cerrando
bruscamente la puerta, se oye el ruido de un enjambre alborotado: todos hablan comentando su
descepción; y como lo que m,ts les mortifica no es
que deje de recibirlos ese día el President,e, sino
que se enteren de ello los demás; se oyen los comentarios más curiosos.
-Y~, dice uno~ no te11go negocio mío; es asunto
que le interesa á el, pero sobre que no se puede ..... .
-Con razón, dice el otro, no me recibió hoy si
en esta quincena me ha recibido ya cuatro veces'. .. .
Y es fuerza que' los demás hablen ...... es justo ..... .
-~o volveré m,ís á perder el tiempo ...... ¿cómo
seqmere el adelanto de este país? ...... yo no quiero
más que pedir una ayuda pecuniaria para formar
mi finca de café ....
Y así cada cual, va haciendo las apreciaciones
que cree que lo disculpan del fracaso.
En el salón de los escogidos, ya es distinta la
escena: tod~s serios, hablando quedo, y volteando
la cara hacia la puerta cada vez que se abre. Personas hemos v}sto que se ponen p;Hidas siempre
que suena el picaporte. De las diez 6 doce que allí
están, apenas son recibidas cinco 6 seis, y es natural que así sea, porque calculando el Presidellte
que cada conversacion dure de quince á veinte minutos, señala á. los que puede recibir; pero sncede
no pocas veces que el recibido comienza por hablar
de su familia para acabar pidiendo una subvención
en lo cual ha empleado impert.inentemente u~
hora, y tal:V,ez más.

EL ACUERDO CON LOS HINISTROS.

SECRETARIA PARTICULAR.

1858.

.

i:sde las tres y media de la tarde, están treinta 6 cuarenta personas llenando una de las antesalas en animada
conversación 1 formando grupos, y con semblante risueño
casi todos: es que esperan ser recibidos por el Presidente.
Algunos prácticos, dividen las antesalas en cuatro,Renos ó
lugares: La primera, el Infierno, donde se quedan todos
los que por pnmera vez van á la audiencia y se suponen
que el Presidente debe saber ya que han llegado de Chiapas, California ó Oaxaca, y que desean hablar con él• éstos pierden dos ó tres semanas en el aprendizaje. Et
gaJ.orio, es el segundo salón en donde todos esperan el mo•
mento feliz en que debe aparecer el portero que los haga
pasar al !Jimbo, ó .sea el tercer salón. Del Limbo sólo hay
un pru!o á la Glorw., adonde se llega si Dios quiere es decir si el General Dfaz los llama.
'
El Ayudante, como hemos dicho, presenta la lista al
Presidente, y. éste personal~ente sefiala con lápiz los
nombres de chez ó doce á qmenes se propone recibir en
audiencia. La lista pasa it manos del portero, y ...... llegó
el momento solemne: se abre la puerta del segundo salón,
Y aparece S. l\I. con 1a.&lt;:entenciaen larr.~:::..o. Todo el mundo corta sn conversación, y pudie:· · uírse el ·vuelo de una
mosca, interrumpido por la voz del que va llamando á.
los escogidos.
Nunca son estos má,&lt;: felices que cuando van atravesando el saló~, con paso l~nto, rostro al techo, y bastón que
s. 'la recio contra. el piso. En cambio, cuando se llamó

Pur.

LAS CARTAS Y TELEGRA~IAS.

,11

81

==

jetas y lista, para presentarlas al Presidente luego que

Toda la correspondencia es abi~rta por el Sr. Rafael
Chausal, que es el Secretario particular y leída para poder
informar en caso necesario; pues Secretario con 15 años de
serlo, y de la talla de él, apena;. hay asunto del Señor Presidente que no conozca y del cual no tenga antecedentes
claros y bien rnbidos.
Ordenadas las cartas y telegramas en la noche, quedan
preparados para llevarlos con hi firma del día. al acuerdo
del siguiente; á. no ser que se trate de algun asunto urgen•
te, en el cual caso, el Secretario le da cuenta en el acto al
Jefe, ya personalmente, ya por teléfono, ó como sea
mi:'is expedito.

EN

EL MUNDO.

·a

• EN LA llAÑANA.

PoRFmro Duz,

1895.

torio de nogal americano y un sofá en cuyo respaldo se detiene una hermosa luna
veneciana. La pieza siguiente está destinada los cuatro empleados del Secretario, y
á oficina telegrá.fica; sus muebles son todos decentes, no lujosos. A continuación
estit la antesala, á la cual llega el público,
después de haber subido por el Ministerio
de Gobernación y pasado por una serie de
molestísimas escaleras.
En esta antesala hemos visto muchas
veces á tantas personas que desean hablar
con el Secretario, como las que hay por
lo regular en la antesala de .Presidente, sin
escasear diputados, senadores, generales y
gobernadores. El Secretario recibe á. toda
hora que tiene tiempo, pero especialmente de las cinco y media de la tarde á. lo
ocho 6 nueve de la noche.

bl'as,

Entrando en la antesala privada, se encuentra á
la izquierda una puerta que conduce por una esca•
lera .., un gabinete peqne:fio, despacho del Secreta•
ria particular; son sus muP.bles, cuatro ó cinco
sillones forrados de fina piel, negra, nn serio escri-

SEPTIEMBRE,

PORFIRIO

Duz (Hijo.)

GPneralmenteespera de pie, con la mano derecha
apoyada en el sillón cercano, y no se mueve de su
lugar hasta que contesta el saludo que se le dirige¡ otras veces, está sola la sala de recibir y él llega un minuto después.
En este caso sorprende por su manera de entrar: atraviesa el clintiel de la puerta de su gabinete con una precipitación notahle, y con paso militar llega. hasta su in"terlocutor. Lrhace sentar en su sofa que recibe luz directa y
muy fuerte.,de una ventana, y él toma asiento después
dando la espalda hacia la misma ventana.
Desde que se está en la presencia del General Díaz se
tiene sobre sí su mirada ávida por instinto de domin~a.l
que le habla¡ domina luego, y en ello debe influir has•
tante la circunstancia de que no · mira, como es natural
á los labios 6 indistintamente la cara de su interlocutor'
sino tenazmente á. los ojos, lo cual es muy difícil de r;.
sistir.
Oye con toda calma, y aun después de haber terminado
la exposición de su negocio el que habla, el General Díaz
pe:manece mudo como para dejar que diga aun má.s, si
qmere, el que está en su presencia.
~ando él contesta, ya se puede estar sin gran mortificación, porque el tono de su voz y el giro de sus frases
hace aparecer al hombre tal cual quiere presentarse siempre:- franco, sincero, poco ó nada afecto á ceremonias y
fórmulas vanas; en una palabra, se conversa con él como
con cualquier amigo de respeto.
Si no es una imprudencia lo que se le pide, casi siempre le concede, y para. no olvidar su ofrecimiento, toma
nota en el block que tiene al la.do, y al cual le arranca la
hoja que personalmente lleva á su gabinete y la guarda

�15

SEPTIEMBRE,

1895.

EL MUNDO.

82

ló

OEPTIEMBRE,

1895.

EL MUNDO.

J8

Gl General Díaz.
El Mundo ofrece el testimonio de su resPeto al Jefe del
E,tado.
La fiesta de hoy no tiene los épicos caracl:.er03 de una
apoteosis en honor de un héroe: es más bien la manifestación e.&lt;:1pontánea hacia el hombre sereno y tranquilo que
ha sabido y querido conservará la Nación en me.dio de loa
sacudimientos que la han agitado tr,igicamente 1
Su labor ha sido una labor de paciencia y voluntad. No
es sólo un hijo afortunado de los acontecimientos; es un
vencedor de los obstáculos que se ha encontrado á su paso. Sometiéndose á su medio ha realizado prodigios de
habilidad para modificarlo.
Revolucionario de otroR tiempos ha ahogado los gérmenes de la revolución; político activo ha destruido la política; rodeado de elementos contradictorioi! ha sabido contentarlos á todos, nulificándolos. Su acción poderosa, que
se siente, se palpa, se respira en todos los ámbitos del territorio nacional, es el resultado de una larga perseverancia.
Profundo conocedor de los hombres de su país, sabe lo
que ha.y que esperar de ellos y lo que de ellos hay que temer. Ha querido ir solo porque es, en su concepto, el
único modo de ir seguro.
Muchos de los que se titulan orgullosamente sus colaboradores 'han sido la maieri.a prima desu obra. Han creído haber penetrado en el secreto íntimo del Presidente
cuando este secreto permanece ignorado.
SRA, ÜARME~

SRA. AMADA DIAZ DE LA TORRE.

la cartera del Ministro del ramo á que corresponde el
en nto para que lo trate el día siguiente en el acuerdo.
aeuCuando
, recibe ,t un antiguo
•
·
de ar amigo
campanero
cambia por completo, pues entonces se adelanta á
:~~ntrarle, le tiende los br~os, le dirige ~lg una bteroma,
y su convenmsi6n es muy cariñosa. Trat~ _u. 1~ gen que
conoció en otra época, con la misma fa~1~tand.ad que endmge á ellos por
t onceS. y así es también cuando se
b
1 , t' pode
escrito: hemos tenido oportunidad,. ace a gun 1em
leer la dedicatoria que puso al retrato suyo ?ºn que obsequió á. la Negra. Mariana, una valerosa muJe~ del p~eblo cuyos seis hijos murieron en la intervención. D1~e
así: u.A la patriota Negra ;lfariana. Su Ge:neral Porfirw

RoMERo

RuBIO DE D1AZ.

DIPUTADO R.U'AEL ÜHAGSAT,.

· s mgentcs ha citado.
dos ó tres personas que par~ ue~oc10
la tarde en visiCuando no es día de audiencia, ocupa
. l d
1 una de las obras matena es e
tar la f.ibrica de armas, a g
6 concurre á
import·mcia que se están llevando ú. cabo,_
. fi 'd d
' de un invento u, t'l
ralo cual t1euc m 111 a
la prueba
I , pa
de invitaciones que nunca rehusa.

'•

1

I,

FINAL DEL DIA.
Después de la audiencia, entre ocho y nuev_e ?e la noche vuelve á su casa, y no pocas veces á. recibirá otras
del General
(1) De esta obra., que a.barca. la.. primera. gran épocaerad
se han
ntaz,
~e
imprimieron
muydis~iaemp~
~~
nc1:ndo
~ le dari.
repartido entre personas
_.... as.

--

EL DOMINGO.
l dedica exclusivaEl día de descanso en la semana, o l di
, once
mente á su familia: casi siemyre des:e:s ui::e:ntrade la mañana se va con su senora1 á q
. q Mé . 6
d 1 S Romero Rubio en
x1co
fiablemente, á. lit casa e . r ·
asa las horas hasta las
Tacubaya (según la estación) y p
.
d á las
ocho de la noche, aislado de los negocios, entrega o
delicias del hogar•

t

Tal es en su vida íntima y oficial el hombre que ge--.

bierna á México.

LA FAMILIA.

.
Si recibe á algún enemigo suyo, lo trata con la nnsma
cortesía y franqueza que á los demás, y constantemente

1

Luz DIAz.

•
••

Dútz.n

vemos que los acepta en su administración hasta e~ altos
uestos si le son útiles; no por eso se crea que olvida las
~ciones de cada cual, pues prt&gt;cisamente concurren en el
General Diaz dos condiciones que rara vez se encue~tran
unidas en un hombre: Sabe perdonar como nadie,_ es
;:neroso sin igual con sus enemigo.~; pero jamás ol v~da
la historia de cada uno de los que le rodean 6 se ale3an
de él.
Esta aseveración está verificada por nosotros en muchísimos casos, pero especialme1:1~ se comprueba en su
libro de Memorias, obra que escribió hace dos afios,_ y en
la cual hay juicios muy severos sobre actos antenores1
de personas á quienes hoy estima mucho. (1)

SRITA,

.

\~(

.
'

·-lt

m&lt;-•··c·· .. _.,.,. ••.• -

. ~ \:•::...""'.¿,.,:

--·

FACHADA DE LA CASA,

y así como este día pasa todos con muy ~aras. excepcio·Qué difícil es sorprender con maqumac1ones polínes, 1
. •
ét'
ticas á un hombre que trabaJa como s e.
.
. .
· te en que, como mnguno
Su prmc1pal
fuerza cons1s
.
, sólo se o~upa en su negocio: es decir ~n su polít\ca y en su
administraci6n. Nada es capaz de distraerlo.

'rodo el mundo sabe que la familia del_ Pr?5ide::r:
'lú,' a y sobre todo que ha contribmdo P
.
honorab 1 1m , . .
l notable cambio
samente con espemahdad su señora, a
11 d reza
de carác'ter del General Día.z, quitándole aque a u .
. , ue lo obligaba su vida de campaña.
d e gemo,
ªq
d
ue nuestros
Publicamos hoy sus retratos y ~ seguro q
lectores quedarán por ello complacidos.

EL SECRETARIO PARTICULAR.
Nos faltaría algo importante si dejáramos de publicar
el retrato del que posee por raz 6n d e su encargo' y la con~
fianza que ha sabido adquirir, la mayor suma de secretos del General Díaz.
.
te
Rafael Chausal es un personaje que cmdadosamen
oculta su valía, y que á cada momento demuestra sus
grandes alcances en política.
manLos secretarios particulares de los hombres que 'biend tn con muy raras excepciones, sólo llegan á escrit .
. •
l
rd deramente Secre ario.
ks de categoría: Cbausa es ve a
. ha logrado
Hombre de mucho tacto y suma prudencia, .
eualtecer su puesto y alcanzar gran importancia, con el

circulación amplia.

(Seretario particular del Presidente.)

SR. IGNACIO DE LA TORRE,
(Hijo político del General Díaz.)

La superioridad incontrastable de su carácter lo coloca
en un lugar aparte de los gobernantes de la República.
Su energía poderosa, en un medio de entusiasmos momentáneos y de bruscas depresionfs, lo eleva extraordinariamente por encima de su~ conciudadanos.
Unimos nuestro saludo al imparcfal y desapasionado
que le dirigen hoy los grupos desligados de él, por ser in~
dependientes de su función 1 deseando con toda el: alma,
que la historia, la. severa historia que á no dudarlo existe
~ara los grandes hombres, no encuentre acción que til•
darle por lo que baga en lo que tier.uiél aún de vida.

atento de no despertar jamás la envidia de !Os que rodean al Presidente.
En la ((Galería de Hombres del Por-ven-ir,,, (serie de artículos que en breve publicará. EL Muy) juzgaremos
con toda imparcialidad al Secretario Parfacu lar del General Díaz.

LAS ILUSTRACIONES DE ESTE ARTICULO.
Al pie de cada grabado se indica lo que representa.
Agregaremos algunas notas que complementan el artículo y que nos parecen curio~, las cuales no damos
en extenso porque hemos alargado demasiado este escrito. Lo más notable en la casa del General Díaz 1 es lo siguiente:
Sala de armas-Espadas y fusiles hasta del siglo XIV;
armas incrustadas de oro, plata y concha; armaduras antiguas, entre ellas una japonesa¡ cañones en miniatura, y
íal ve&amp; lo más notable1 un pufial j¡Jponés muy antiguo
atribuido á Pumatada uno de los doce forjadores de un
ilustre emperador del Japón que reinó hace varias centurias; una colección de todas las clases de pólvora sin
humo, etc. 1 etc., y un ajuar de baquetarf!pujadacon bordados de pita, obra mexicana.
Antesala. -Ricos muebles japoneses de ébano con forros
de seda amarilla con un bordado tan fino que parece pintura; cortinas iguales al forro de los muebles; dos estantes chinos: uno notable por sus incrustaciones de concha
y marfil y el otro por su tallado; una mesa de ébano con
aplicaciones de marfil en el que hay artísticos dibujos hechos con tinta china¡ un biombo en el que sobre fondo de
seda negra hay bordado de oro un pavo real.
Salón.-Lujoso ajuar moderno, piano Steinway con riquísima cubierta de seda china bordada; bronces; pinturas al óleo de Goblet¡ marquetería de Boul con pinturas,
etc., etc.
Comedor.-Rico ajuar de roble, sillería
forrada de cuero de Córdoba.
La casa fué orupada por el Presidente el
10 de Julio de 84 y fué expresamente concluida para él.
Desde hace 14 años acompañan al Presidente Luz Ibáñez, ama de llaves¡ Francisco
González, camarista y Gregorio Canseco,
conserje.

{b}ud¡os libros en pocas lineas.
El rico vive del pobre y el pobre del rico: es una ley de
solidaridad social.
F. BENT.ANO.

•••

Los lectores de periódicos tienen tal necesidad de no•
ticias, que cuando no ocurre nada se dedican á hablar del
gobierno.
ÜAPRIVL

•*•
Se acusa generalmente á los hombres

tªra evitar acusarse á uno mismo.

G. M,

La libertad es un
nosotros.

•••
bien relativo¡

PUELIUS SYRUS.

vale lo que valemos
JoRGE

ESCALERA.

No es lo mismo un
amante.

•••
hombre para la

PrCOT.

esposa y para la

MARCEL

PRÉVOST.

Nuestros pr62dmos números.

SALA DE RECEPCIOS.

CoRREDOR.

VALTOUX.

•
••
La impunidad del culpable es la condenación del juez.

Lamitad1 por lomenos, de nuestros subs
criptores no conocen el artículo preinserto,
por haberse ya agotado cuando ellos se abonaron1 la edición del número prospecto.
Muchos de ellos habían oído hablar de
dicho artículo y estos y otros muchos de
nuestros lectores deseaban tenerlo co:1 las
vistas y los retratos correspondientes; mejor grabados .é impresos, como salen hoy, y
nos pidieron la reproducción que hacemos
en este número.
Quedan, pues, satisfechos sus deseos.
SALADE ARMAS.

de ser injustos,

Todos los que hayan observado el pro ..
greso de EL MuNno desde sus primeros números hasta la fecha 1 persuadidos estarán
de que hacemos todos los esfuerzos poai•
bles para mejorarlo y para que llene- su
progrnma1 basado principalmente en la información oportuna por medio de la noticia y la vista que la completa. Así, pues, al
anunciar hoy que nuestros próximos nú•
meros tendrán sumo interés por la profusión de datos y grabados relativos á las,fiestas nacionales y luego á las ceremonias de
la Coronación de la Virgen de Guadalupe,
no pretendemos hacer notar lo que de seguro está. ya en la convicción de nuestros
abonados, sino repetir una vez más, que la
edición de EL l\lm.'Do, aunque crecida en
estas ocasiones, se 1imita1 por los gastos
crecidos también que -ocasiona, al número
de ejemplares destinado á los suscrit-0res
y al que suman los pedidos hechos con anterioridad.

�EL MUNDO.

84

15 SEPTIE!llBRE, 1895.

15 SEPTIE!llBRE, 1895.

NOVELAS RUSTICAS.

Ria •••T••· ■■aY■■■•
(ESCRITA PARA. " E L MUNDO".)

or lejanas lomas y bajando la otra I?ºr llanuras
morrona! Ya sé que has traficado con tu sobrina ven- una
rof'lindas de entonaciones verdes y amai::illentas, que
diéndola al niño Don Juan Pablo. ¡Carguen los de- ;e esfumaban entre los vapores de la rnauana.
monios contigo y con t?~as las de tu estampa!
Alzábase alli la casa de dos jacales compuesta, ~no
AN C:CIO aquella mañanita hll.meda y fresca
La vieja se detuvo diciendo:
de los cuales presentaba ~n la sole~·a .de adobe~ abiercomo todas l~s de Junio. Don _Sixto 1 el sa-¡Pior! ¿Y su dolor cuál es?
to ventanillo en donde se veian caJettlla~ de cigarros
cri!-ihrn1 ah rió la eapilla de la hae1enda Y man-¿Pues cual será 1 t~a Bruna de ~is quereres?
de queso. AJ llegar la muJer descansadó /l. un muchacho q_ue se enc_aramar~ á la
-Si usté no tiene m en que Cal.l'se muerto. Voy á vbacuarterones
un chiquillo de cuatro á cinco años ep. la puerta
torre para dar el prim.er repique. Luego mtro~uJO dos que no me dá dos ria.les pa unas velas que quero
de ramas espinosas que abría paso al solar de la casa.
mujeres v un hombre con sendas e~cobas, Jergas Y prenderle a su santito.
.
. .
Con la panza al aire y los pies descalzos estaba el rarebosante cubeta de ngua y ~1:iw~zo la faena ~~ ba- Vocativo cai·et. Pecunia non est mihi.
az comiase una tortilla; por el suel~ yacían esparrrer y sacudir. En seguida d1ng1ose A la sacnstia á
-Agora! ¿v eso qués?
.
re 1\rar los ornamentos y salió á la puerta de la calle
-Que yo 13. queria con toda el alma y con mi amor tdof nopales en rajas y frijoles a mecho cocer. Ve~lo
la aguadora y alzar el grito fué to~.º uuo. El ch~co
~ar:ando media el ocena de candeleros, á los que ai-r~n- le hubiera bastado.
.
..
asustado
se levantó temblando y deJo caer la go1da
caba co::;tras de cera con la punta de 1;1-nas despab1 a-Gual que si. Pero dígan:ie, do!1 S1xto; d1JO la est~nderas. Cuando hubo terminado 1 coloco lo~ candeleros tigua con formalidad y dispoméndose a colocar el de las manos.
-¡ Anda jijo de tu tata,! ya me juite_s á tira_r la olla
en el suelo, 8entóse sobre un poyo de piedra Y -sacó cántaro en el suelo: siendo uno una pro be, ¿qué quedel bolsillo del roto chaquetón, negro Y mugro~w1 u~a re que haga? cuantimfls que fué voluntad de ell3: Y á de la lumb;0 .... ¡Ora lo verás! Exclamo la muJer moncolilla de puro que chupó entrecerrando los OJO~- Ya mi 110 me gusta forzar á naide ni m_e ha de castigar tada en cólera; y trasponiendo el umbral de_p:1lmas Y
en la placita de la hacit'nda circulaban los trabaJac~o- Dios
piedras, colocó el .:ú,ntaro en e.l suelo y ~cho a ~orrer
porque me meto donde no me. importa. .
res al hombro los aperos de labranza, y los car~eteros
tras el muchacho que ya huía despav_~ndo la~z.ando
-¡ Vade retro, maldita Celestina I J y qué escrupulós
un~ian las yuntas; mientras que las vacas, rec1~~ ~r- tiene! Mira: haz favor de largarte porque van á dar desgarradores gritos. Pero no le vaho:_ Alcanzole la
deñadas, sa"lían mugiendo de los corrales para duigu- el segundo repique.
madre y dándole dos bofetadas que le tm~ro_n en san8e al monte.
Asi era en efecto. El muchacho que est3'.ba en la to- gre el rostro, arrojóle al suelo y se encannno murmuEra t&gt;l primer día del novenario de San Juan Bau- rre columbró á lo lejos la polvareda que levantaba rando maldiciones y amenazas al centro d~l solar
tista patrono de la hacienda que llevaba su nombrei el coche del s2ñor cur~ y azot? _desaforada~ente las donde se levantaba el otro jacal ele techo aguJereado
ue amenazaba desplomarse. Lastimero y p~netrante
no' tardaría el sacerdote que des~e Villurbana, e
campanas con el badaJO. La vieJa se marcho, y el sa!edno pueblo, venia á celebrar la nnsa y rez~r !ª no- cristán se apercibía á cargar con los can~eleros 4uejido salió de allí, inarticulado como el grito de un
vena. JJoco á poco fué. acentuándos~ el movimiento. cuando divisó á una mujer alta, fresca y garn_da, de animal cojido en la trampa1 á la vez que el muchacho
Por la puerta de pilares blancos abierta en la barda anchas caderas y abultado pecho, que tambié~ se corría hacia aquella barraca sollozando.
-¡ Paá! ... . ¡pttá ! me dió mi má! .... ~angle!
que circundaba el casco, varias mujeres_acercábanse acercaba rumbo á la noria. Brillároule á don S1xto
La mujer no le dejó entrar. EmpuJándole brutalC:on cántaros al hombro, rum1!o á la nona que detrás los ojuelos y adelantándose al encuentro de la que
mente le amenazó diciendo:
de la iglesia rechinaba, arroJando grueso chorro de venia, la saludó con est~ ~xámetro: .
,
-¡Bonito estás tú y tu tata! .... ¡Cuele de aqui, que
agua sobre enorme artesón de madera. Todas tenían
-O crudelis Alea::a, nihil 1nea carm:ma curas. .
.
ue asar frente á la puerta de la sacristía, y á todas
-Usté siempre con sus cosas, contestóle la muJer ya no tengo aguante con ustedes!
Quedóse fuera el chico moqueando y haciend~ pufu.nzfba el de la colilla alguna frase, ya ep. so~ de sonriendo, provocativa y coqueta, y ~ostrando dos
requiebro, ya de chanza, según era moza o vieJa la hileras de dientes apretados y blanquísimos, como los cheros y penetró la madre en el desti,.rtalado Jacal.
Veiase' en el centro P,} fogón á medio apagar, rodeado
que se acercaba.
.
.
granos de una panoja.
d
-¡ Ay Aleja! U,ror: me derrito por usted, y uste co- de tres piedras sobre las cuales descansaba UD; pucheEra Don Sixto un estudiante destr~pado d~l ~ennnario adonde', niño aún, le hab!a envrndo e~ V1eJO cu= mo un témpano de hielo. Pero ya se ve: unos son los ro negro y ahumado, casi rebosante ~e bermeJa espuma. El metate á un lado estaba cub1~rto con una bara de Villurhana; pero no logro pasar de prn'ner c,:ir
que queremos y otros son los q1;1-e la logran.
tea v cerca la olla del nixtamal hund1a ~u base entre
Malicia
y
mu,\'
refin_ada
';!somo
s.us
puntas
de
acero
de
Filosofía,
en
cuya
clase
le
reprobaron
d~s
,anos
80
las Cenizas del rescoldo.
.
consecutivos. Como no fuera para el caso, ret1role e~ en esta frase ,\~ la muJer pusosE g:rnve.
En un ángulo, tristlsima figura humana rechnáb~se
señor cura toda protección, y el muchacho se quedo
-Si ya sé 1 va·sé lo de Margarita.
•
.. ') ..
contra el muro de otates, casi aplastada sobre las. pier{la va abundear por la ciudad; hasta que, harto de re-¡A' "qué hombre!
pos q1;1-en 1e d IJO.
.
-Como si no tuviera oJos; co.u o st no
hubiera nas encanijada&amp; y torcidas que le ser~ian de asiento.
vesef v miserias, regresó á su pueblo natal donde, coEl hundido pecho pégábase á la espalda y en las pal·
0 teñla alcrunas luces v no mala letra, empleáronle visto salir an·o che de la casa.. . .
.
Tt.0cóse en alarma la seriedad de la muJet·, Y el _hu- mas de las manos tenia sendas baquetas atadas por
de escribie;te en wia Oficina públic~, de 13:. q~.e le .
corrieron al poco tiempo por su excesiva afic101;: ,L los manista al ver el efecto que sus palabras produc1an, medio de correas. Su semblante ....¡~h~ su semblante
alcoholes. Fué en esa época cuando los duenos de agregó con incisivo acento:
·e era la expresión angustiosa del sufrimiento ~umano
-Si ya lo sé todo; y lo malo es que pueden tambi n elevado á los últimos peldaños del dolor. _Hirsuta la
San Juan de los Alamos le llamar~n para que ~esem eñara en la hacienda las funciones de m_aestro saberlo en la hacienda, pues ya sabe usted que hay canosa barba v crecida; rugada la faz amanllenta Y llvida y hundidOs los claros ojos temblaban err el fondo
de ~scuela y sacristán; y aunqu~ ~e moderó alg~ tan- ojos por todas partes.
.
-¿Deveras lo vido? dijo la mujer baJando 1a voz, de las cuencas como dos lágrimas enormes. Sobre la
to en el uso de las bebidas es_r1n~uoi,~~: despertosele
e cambio una desenfrenada mchnacrnn por el bello acercándose al sacristán con interés y mo.strá.ndole frente bajo el enmarañado greña! de los cabellos,
s!xo. Pedante por na~uraleza y afectado en el _len- forzado afecto. Pos mire: há.game favor de 1~ ~laca- fruncÍase el entrecejo en profund~sima arruga que
guaje, trajo del colegio buen almacén de _térmmos sa cuando salga de la ilesia, porque quero pidirle un subia desde el nacimiento de la nariz hasta el del pelo,
y en las extremidades de la boca acentué.banse fuerue gustaba de prodigar _aunque . no P!ec1~amente consejo. Ai viene ya el padres~to .... Lo aguardo.
temente los pliegues de acérrima dolencia.
.
ior manifestar sus conocinuentos, smo mas bien por-Salúdeme al pastor Corydon..
.
Al entrar quitóse Alejandra el rebozo que arroJÓ
ue ozaba aun repitiéndolas á solas, con las fras~s
-Ande I ya le digo que_no le diga ansma.
sobre un huacal. Lanzóle el par~litico una mirada de
iirob~mbanfes v las sentencias en las aula~ aprendi- ·
-Bueno: pues por allá 1ré.
·
y se separaron. En aquel instal!te llega~a ya el_ ca- estupidez y azoro tal, que sus OJOS asomaron _hasta
das Decir latiñes y citar versos de los clásicos paganos· especialmente de Virgilio, era su mania1 la teha rruaje cerca de la iglesia. Don S1xto voto 18: cohlUl&amp;, los bordes de las órbitas. M:urmuró alg~na_s silabas
qu~ serviale de bigornia para machacar a todas o- car ó con los candeleros y penetró e11: la sacristía. n que no llegaron á formar palabras y dos lagrunas as~ras y en cualquier ocasión ~or inoportuna qu~ par~- sacfrdote de cabellos blancos y limpia Y rugada faz maron á sus párpados, resba~ando P?r las apergannciese. De lo más estrambótica y ridic~a que imagi- descendió del coche; mientras que _las campanas, locas nadas mejillas. Como la muJer no -t;iara en él la atennarse pueda era la estampa que le dono . la m~dre na- de "úbilo se reían atronando el aire con sus notas, Y ción, aquel remedo humano proc?-ro ID:overse, Y solaturaleza pero no causaba desagrado, smo risa Y re- el iol inu'ndaba en una ola de oro la plaza bordeada mente logró agitar los brazos hacia arriba. Entonces
ocijo c~ntemplarla. De allí es q~e, tanto en el col~- de fresnos y los blancos edificios de San Juan de los ella sin mirarle,
-¿Queres almorzar? le díjo: Ya voy á moler. Sólo
~o como en el pueblo y en la hacienda, era persegui- Alamo~
do el ex-seminarista para obligarle á que hablara, no
falta que ese condenado haiga tirado toda la olla:
y sin otra demostración de interés ó afe.cto hacia el
·n que sobre él cayera toda clase de chanzas Y de
ti
~~las más pesadas algunas de lo que fuera menesenfermo se inclinó sobre el metate. Tomo el puchero
te T;nia la color cetrina y bastante obscura; ancha
donde s~ coc:ia la miserable comida y después de .~eAlejandra á quien llamaban Aleja en el rancho, re- nearle con un palo, escarbó la lumbre y se _apareJo á
larfaz de los pómulos y aguzada hacia; la barba; los
gresó de la ~oria con el cántaro lleno sobre el hombro
0 · 0 s equeños 1 amarillento~ y ~uy vivos; ~a b?ca ·zquierdo sostenido del asa por la derecha mano so- bajar con la mano de piedra la masa de maiz sobre el
Jranle, gruesa, plegada hacia arriba d~llado izqme:metate. El paralitico, entre tanto, habia vuelto a. su
áo y la dentadura desmolada del medio; la poquísi- bre la cabeza cruzada, forman~o asi con el brazo un quietud y estupor, entrecerrando los párpados Y. limarco
gracioso
y
provocativo,
nnentras
que
el
re~erso
ma barba cortada á. tijera y el pelo crespo y alboropié.ndose con el dorso de la mano derecha las lágnmas
t d El busto bastante grande, sosteniase sobre dos de la otra mano descansaba sobre la cadera, temendo que le mojaban el rostro.
8: ~as zamb;s y pequeñas. De manera tal dotado, en jarras el correspondiente brazo. Estr~meci.~n~e sus
Cantaba la mujer en voz baja a comp~ de los moP~ta Don Sixto en ocasiones anda~ como los loros sa- formas opulentas á. cada paso :y- su ~liento Janea:1Ja vimientos que hacia al moler. De rodillas sobre el
apenas
entreabriéndole
los
labios
humedos
Y
r?JOS
8
d mucho hacia atrás la rabadilla con el corresmetate con los brazos desnudos basta el hombro Y la
C:~iente apéndice de las l:'osadera~, y éste era el como Jna tuna en sazón. Representaba tener tremta camisa' escotada hasta el nacimiento del seno, aquellas
años.
No
era
trigueña
obscura
como_
la
gente
de
su
~mmum de su gracia, que siempre hizo estallar una
clase: caliente y moreno tono extend1ase por su faz formas exúberas y frescas ondulaban y se est~emetepipestad de risas.
cian cada vez que subía ó bajaba el cilind~o de piedra
.-Quorsum tendis.t exclamó levantándose de~ poyo tersa y carnosa, cubiert~ de vello sedoso y suave co- bajo el cual se extendia la masa blanquísima y tersa,
mo
la
piel
de
un
duraznillo.
.
..
al acercarse una moza aguadora de no m~los ~ig~tes
Cruzó la puerta de pilares y tomo por un calleJon aplastada y cortándose en tiras largas que descendían
hasta barba. Te pareces á Rebeca. Inclina hidriam flanqueado de órganos, al través ~e los cuales ~efaJe hasta el borde inferior, de don.de la molendera las to·
ut bibam. ¡Eh!. . . . ¡o;ye! no te vayas de largo en ocasiones el rojo fogón de los Jacales, crepit17n do maba y hacia los testales que iba colocando sobre la
ue me mata tu indiferiencia. • • •
.
batea para tortearlos después y colocarlos en el comal.
q Pasó la moza sin hacerle caso y el ~acr1stán se humeante y oloi:oso á flor de garambullo. Despues e
El Íullido se había dormido, al parecer. Afuera ya
atravesar diversas c·a lles tortuosas y quebradas, se:
quedó de pie,~miré.ndola, con las ma~os á la espalda detuvo al final de una, limitada por la carrete~a que calentaba la mañana y el muchacho, trasponiendo la
y la colilla casi apagada entre los labios.
. . .é
se extendía ancha y polvorosa, cuyas extremidades cerca del solar, vagaba por entre los magueyes y_no-Hcrrribilis pharmaceutria, dijo des~ués,~ingi n= se dilataban y perdían, asc~ndiendo y culebreando la pales del vecino monte, como un símbolo de lamodose á una vieja negra y apergammada. 1Maldita Oha

r

luam

1

1

cencia desamparada que busca abrigo en la naturaleza salvaje y bravía y sólo encuentra, en vez de brazos cariñosos, ásperas malezas y punzadoras espinas.
Alejandra dejó de moler y salió del jacal. Al ruido
que produjo en su salida, el enfermo abrió los ojos y
quedóse mirando fijamente la puerta por donde su
mujer babia desaparecido. Quiso incorporarse1 pero
sólo alcanzó á echar el cuerpo hacia adelante, apoyándolo vigorosamente sobre las palmas de sus manos
forradas e1i baqueta. Reclinóse de nuevo y así permaneció larguísimo tiempo. Los signos vehementes
de dolor que antes cubrieran su semblante habian desavareeido, quedando sólo en él la mancha de una
tristeza infinita y una desolación abrumadora.
Recordaba que cuatro años antes era un hombre
como los demás, dueño y señor de sus movimientos
y de sus miembros. Dominador de los bosques y de
las montañas, bajo la inmensa ola dorada de los días
estivales ó envuelto en las humedades acariciadoras
de las noches azules y profundas, saltaba por entre
los peñascales, remontaba las crestas abruptas y se
hundía en los abismos vertiginosos con la agilidad
misma que las cabras de su rebaño. Allá1 en las soledades de los montes, olvidábase, ó mits bien, no se
daba cuenta de su condición de siervo y se creía rey
de las selvas, imperando sobre los animales que estaban á. su cuidado, que le obedecían á una señal ó á
un silbido, y que le querían corno á un padre, halagándole con sus retozos y lamiéndole con sus lengüecillas ásperas y rojas. Seguía.le el viejo mastín por todas partes; echábase á sus pies, le acariciaba con la
cola y se disparaba ladrando enfurecido al escuchar
rumor extraño ó al husmear algún peligro. Verdad
es que sólo de tarde en tarde veía semejantes suyos:
otros pastores ó el vaciero; que no disfrutaba del mísero descanso de los días festivos ni tomaba parte en
los tristes regocijos que alguna. vez sacuden la brutal monotonía de la vida en el ánimo deprimido del
labriego; pero en cambio sentíase independiente, libre, con la libertad de los pájaros silvestres y de las
bestias montaraces. Un solo afecto tenia en el corazón, además del cariño á sus cabras y á su mastín: el
amor por su mujer. Solia bajar alguna vez del monte y pasar un día en su casa; ó bien la esposa le
acompañaba en ocasi,ones allá en la pastoría, durmiendo con él en la majada. No era fácil tenerla iiempre consigo, como hubiera deseado y otros pastores
acostumbraban, porque para mantener á los cinco
hijos que Dios les babia dado, ayudé.bale ella á trabajar, haciendo la lucha por otra parte, rescatando
efectos que iba á vender todas las mañanas á Villurbana y con cuyo producto, agregado al real y medio
de jornal, satisfacían su hambre con hartura, una aspiración de los infortunados campesinos.
Odilón, ó el pastor Corydón, como le llamaba el
humanista, era de Animo apacible y sereno y creía en
la Providencia Divina con una fe ciega, como creen
los hombres de su clase y condición, con la fe del
carbonero que es acaso la que más complace á Dios,
por que es la fe de los humildes, de los mansos y sencillos de corazón y de los pobres ele espíritu; y como
jamás tuvo en su vida penalidades ni trabajos, fuera
de los de su oficio, que mas bien eran para él un goce,
no se cansaba de dar gracias á Dios y á todos los
santos, á quienes por lo demás, veía como dioses pequeños, rindiéndoles culto idolátrico y encomendándose á ·ellos cada vez que se le extraviaba una cabra
ó el coyote merodeaba por los alrededores de la majada. En su corazón, limpio de todo mal deseo y
exento de quiméricas ambiciones, se abrigaba una
paz inmensa nunca interrumpida, más que por los estragos de las tempestades en aquellos desiertos selváticos, cuando el cielo apedreaba al ganado con guijarros de hielo; pues entonces la angustia del pastor
no tenia colmo, y deses1Jerábase al no poder resguardar sus animales, si la tormenta le cogia en abierto
lugar desnudo de árboles y de cantiles, bajo los cuales pudiera resistir la ira del cielo. Interrumpiáse
también su calma año por año, cuando el ganado era
vendido por los amos y el pastor estaba obligado á
conducirle á Villurbana, donde veía degollarle sin
piedad en el corral de una matanza. Los balidos lastimeros de sus queridos animt1.les le retorcían el corazón y arrancábanle lágrimas amarguísimas. Un odio
solo tuvo en la vida: á cierto pastor de ganado lanar,
compañero suyo, que habiendo conducido su rebaño
al pueblo, pidió plaza entre los matanceros y degolló
bárbaramente á sus propias ovejas.
Por una excépción entre las gentes del campo Odilón jamás golpeó á su mujer, antes bien tratábala con
todo género de miramientos. No debió parecerle
aquello miel sobre ojuelas á la esposa que más de una
vez quejóse ele la falta de cariño de su marido, puesto que, según decía, nunca le claba, aunque ~ás de
una ocasión le sobraron motivos para ello. AleJandra
no sólo no correspondía á su hombre ni con un reflejo de aquel cari"fio tan generosamente prodigado: ni
.siquiera sentía su calor. Casada á los diez y seis años
con un esposo ele treinta y cinco, cn3:ndo llegó á !os
veinte, desarrolladas sus formas y siendo la muJer
más guapa del rancho v con una libertad, además,
que otras no t('.nian, emp'ezó por oir con agrado los requiebros de los rancheros y sobre todo, los que le dirigiau los hombres del cercano pueblo, entre los que
se encontraban algunos sef'iores pa1·ticulares. No cesaba de escuchar insinuaciones provocativas y hasta
propuestas halagadoras. Ella tenia temperamento
tropical y fragilidad femenina con curiosidades pun-

EL MUNDO.
zadoras por vagar y ver tier1·as, y acabó por entregarse al cochero de un hacendado rico que vivía casi
siempre en Villurbana y que le propuso llevarla á la
ciudad. La pastora, como en el rancho la llamaban,
resistió, dicho sea en honor suyo, algún tiempo; pero
vencida al fin 1 se juy6, hablando en término~ rurales,
con el hombre, dejando á Corydón la carga de los hijos y la compafiia de las -cabras.
l\las de medio día permaneció el infeliz pastor cuando lo supo, echado á la sombra de copuda encina,
boca abajo, apoyada la frente sobre los cruzados brazos y sin atender á las cabras que vagaban dispersas
por los peñascales y las cuchillas, sin que el negro
mastín, el viejo Lobo, corriera á atajarlas y volverlas
al redil; pues 1 como sn amo, permanecía bajo la misma encina, enroscado y soñolento, sacudíendo con el
rabo los alados insectos del monte que zumbaban en
torno suyo, haciéndole agitar las orejas y entreabir
ele tarde en taró.e los adormidos ojos.

111
Los del pastor quedaron escaldados de tanto llorar.
Hizo, despues de días, un viaje á Villurbana para quejarse ante las autoridades, con el fin de que aprehendieran á la fugitiva; pero no se logró la captura. El
inteuto 1 por lo demás, del ofendido esposo, no era el
de castigar á la adúltera, sino traerla de nuevo á su
casa, después ele bien amonestada y apercibida por el
Juez. Regresó, por tanto, Corydón á la hacienda, solo
y triste, y volvió á sus cabras y á su antigua vida,
pera llevándose consigo al monte, cuatro de sus hijos 1
pues el de pecho quedó en poder de una buena vecina del rancho que le hizo la caridad de criarlo. Allá,
entre las salvajes fragosidades ele la sierra, el pastor
fabricó una choza bien aderezada.para sus hijos, dondesirvióles ála vez de padre y de madre, qne ambos ofi
cios desempeñaba, incluso el de moler maíz cuando
la esposa de un compañero suyo no podia echar la doble tarea de las dos familias. Quedaron, pues, instalados en la pastoría los cuatro chiquillos, el mayor de
los cuales no llegaba á. catorce años.
Dos habían corrido desde que la desalmada Aleja
abandonara la casa marital 1 cuando empezaron a llover calamidades sobre el desdich:ido y sufrido pastor:
tres de los chicos enfermaron ele viruelas y murieron
dos. Ni ese año ni el anterior cayó gota de agua sobre
las sementeras que1 por consiguiente, se malograron:
murieron de la seca los animales v desarrollóse el
hambre y toda clase de miserias, no Sólo en San Juan
delosAlamos, sino también en el pueblo, en las demás
haciendas y rancherias vecinas, hasta abrazar una
zona con~iderable de aquella región. En el resto del
país contarse podían los lugares donde lloviera.
Asi es que los duefios de los Alamos se vieron obligados á correr gente de la finca por falta ~e trabajo y
carencia de maíz para mantenerla, pues las anteriores cosechas integras fueron enajenadas, y no era cosa
de comprar semilla á altísimo precio para dar de comerá hom'bres que no trabajaban.
Vino, como acontece, la peste tras el hambrt&gt; El mayor de los pastorcicos cayó atacado de la fiebre y murió en pocos &lt;lías. Tocóle igual suerte á la caritativa
mujer que criaba al pequeñuelo 1 quien no tardó en
seguir A su segunda y verdadera madre en el eterno
viaje. Sólo quedó uno de los cinco para compartir con
su padrn las penalidades y: miserias de aquella vida.
A poco andar, la carencia absoluta de alimentos obligó al pastor á desprenderse de su hijo para que mendigara; y asi pudo el infortunado niño sobrevivir á
sus hermanos.
Corydón no bajaba del cerro: cierto es que carecía
de gai.ado que cuidar, pero la costumbre y cierto estupor que se apoderó ele sus facultades, tenianle siempre remontado en las lóbregas arideces de la sierra,
donrle los arbustos deshojados y mustios, habían tomado un color semejante al de los peñascos. Muchas
veces alimentóse el pastor con maguey y nopal, como
los bueyes; y ocasión hubo en que acosóle tan horrorosamente el hambre, mordiéndole sin piedad las entrañas, que se arrojó furioso sobre una mata de la
hierba llamada capulincillo ó tullidora, que encontró
con fruto entro las grietas húmedas de rocallosa cuenca, donde tiempos atrás gorgoriteaba un manantial.
A puñados arrancó los negros 1 lustrosos y diminutos esferoides que salpicaban las ramas verdes del
arbusto, y con movimientos maxilares de feroz y vertiginosa masticación 1 trituró entre sus dientes ávidos
el dulce fruto, engulléndolo con terrible furia.
Sólo en semejante estado pudo el triste pastor devorar aquel fruto venenoso. Bien sabia él que los
huecesillos encerraban en su simiente la parálisis para el incauto que los cleglutiadespués de masticarlos;
más de una ocasión tuvo oportunidad de verlo por
sus propios ojos en las cabras que le comían y lo inútil que eran todos los remedios, incluso el ele las copiosas sangrías que se les aplicaban. Pero en aquel
momento, cuando sintió en el seco paladar los frescos r sabrosos captl.lines como esta.ba'.poseido de furor
fanélico, no trató de otra cosa que de aplacar su hambre y hasta olvidó completamente que estaba introduciendo la parálisis y tal vez la muerte en sus entrañas.
Y así sucedió en efecto. No transcurrieron muchas
horas sin que sintiera gran debilitamiento y falta de
sensación en las piernas. Vióse obligado á sentarse y
como babia satisfecho su hambre, vencióle el sueño á
poco y se durmió en el cerro, echado sobre un peñas-

85
cal, bajo los quemantes rayos del sol que más y más
le aletargaban y contemplando, al cerrar los párpados, una sábana inmensa llena de ondulaciones, que
se desvanecía en la profun 1a lontananza, como gigantesca mancha gris reverberante y desolada.
Atardecia ya cuando despertó. Sintió hondo desfallecimiento y quiso levantarse, pero-no pudo. Despues
de supremos esfuerzos logró ponerse en pié, agarrándose á la punta de escueta roca que sobresalía del
suelo. Probó á andar, y sus miembros no le obedecían. A la m~no estaba una raiz descuajada que podía servirle de bordón: se inclinó á apoderarse de
ella; pero, aún así, logró dar dos ó tres pasos solamente. Agudísimo dolor en los riñones y en las piernas le obligó a sentarse; entouces comprendió todo el
horror de su estado y una angustia infinita se apoderó
ele su espíritu. La noche caía y el hambre y la sed le
aguijoneaban. Gritó, y el eco de sus gritos fué á perderse repercutiendo de collado en collado y de barranca en barranca, en la tenebrosa lejanía. Dibujó
la luna amarillenta y livida faja sobre el dorso ele la
cordillera oriental y surgi() del perfil azulado como
la faz cadavérica de un espectro que se asomara al
borde de su sepulcro. Quedó iluminado el paisaje
con fulguraciones de tintes helaclos ,\' sombríos. Corydón era supersticioso y sintió profundisimo terror
que le azotaba los nervios y poniale ele punta el cabello, al escuchar los graznidos de la lechuza y el
prolongado aullar de los coyotes. El monte, desnudo
de frondas, inmenso campo mortuorio, semejaba poblado de esqtA.eletos calcáreos y de fantasmas harapientos que sacudían sus inumerables ~· canijos brazos, como llamando y atrayendo al aterrorizado pastor que, con los ojos desmesuradamente abiertos y
fijos en todos los puntos del paisaje, sentia crecer la
angustia y el espanto á cada momento. Asi pasó toda
la noche hasta que los pájaros empezal'On á trinar á
lo lejos y una r4,faga rosicler m1cendió las lejanas
profundidades del levante. Oyóse poco después el ladrido de un perro entre la barranca por donde serpenteaba el camino del rancho, y Coryclón, ya desfallecido, hizo un esfuerzo poderoso y repitió sus gritos.
Otros le contestaron entre la esfumada penumbra del
crepúsculo, y la esperanza inundó le el alma en una inmensa ola de consuelo. El horizonte fué aclarándose
por instantes; y algunos despues, á la incierta y pálida claridad del amaneecr, dos hombres, precedidos
de un perro 1 llevaban, casi en vilo, el cuerpo desmayado del pastor, en cuya cabeza flotaban los hirsutos
cabellos acariciados por el vientecillo galciál y frío
de la madrugada..
IV

En tanto que el infeliz Corydón tantos y tan espantosos tormentos pasa, Aleja, abandonada ya del cochero,
quiso regresar á la hacienda y buscar á su marido,
segura de obtener el perdón de su falta.
No fue en verdad, el arrepentimiento quien la empujó á los brazos del ultrajado esposo. Aferrada. al
terruño sentía hacia él una atracción que sólo sus
relaciones con el amante equilibraban reteniéndola.
al lado suyo, á pesar del trato brutal que recibía1 ó
seguramente por eso. Pero una vez apartada del
adúltero hogar, volvió al propio con la certeza de ser
bien recibida. Sabia ya, por otra parte, la enfermedad de Odilón, y esto la ponia al abrigo de cualquier
explicación enojosa y, más aún, de todo castigo, por
merecido y justo que ella en sus leves remordimientos lo juzgase.
Trasladó al esposo á la antigua casa que ocupaban,
pues desde el principio ele su enfermedad el pastor
vivía arrimado con la familia de un amigo. Recogió
á su hijo que vagabundeaba por las calles del pueblo
vecino, y con su trabajo personal empezó ásubvenir1
aunque con estrecheces, á las escasas necesidades de
la familia. Guardábale Corydón solamente cierto
rencor por el abandono de sus hijos; pero en el fondo
la perdonó y sentia que la amaba, á pesar de todo.
Por lo demás, no es de extrañar fenómeno semejante
en la gente campe.sina, pues el adulterio rara vez, y
sólo por particular excepción, constituye una ofensa
imperdonable y deshonrosa: basta que la culpable se
arrepienta acogiéndose de nuevo bajo el techo marital, para que se olvide la injuria y quede borrada toda mancha.
Seguia el pastor cada vez más enfermo. Si al principio lograba andar con grandes dificultades, bien
pronto sus piernas perdieron la sensibilidad y se rebelaron contra el movimiento. El tronco del cuerpo
estaba vigoroso toda,·ia, aunque afectado de dolores
agudos que le recorrían tocia la espina dorsal. Pre•
sentaba los fenómenos patológicos ele una hematomyelia y no pasó mucho tiempo sin que las perturbaciones tróficas le impidiesen arrastrarse y aún permanecer, como al principio, continuamente sentado.
Fué necesario estar tendido la mayor parte del tiempo, y eso en una sola postura: con la cara y el cuerpo
hacia arriba, siempre hacia arriba, contemplando con
estáticos ojo.~ el morillo ahumado del caballete v el
techo de carrizos á medio tostar y amarillentos. "
No tardó, entre tanto, Alejanch-a en volver a sus infidelidades, aunque guardándose de qU.e su marido
lo supiera. Fueron sus amantes sucesivamente un hijo del ma~·ordomo 1 llamado Juan Isidro, su compadre
de pila; luego Reyes l\Iartinez, el arpero que tocaba
en los fandangos, y por último, ::\!&amp;rgarito, un arrendador de caballos que había en los Atamos. Corydón,

�EL MUNDO,

86

15 SEPrIEllBBE, 1895.

158~1895.

la muJer por iaa noches, que era la tienda ..Hechos
mentol. El amo que la había leni4o dejóla al poco
yaelan ambos, padre 6 hijo, echados en 1111
llin embargo, 110 lardó 811 aoapecharlo, por la aaldul· llempo, satisfecho ya•y csnoádo; pero permlllóle ven· montón
sobre u11 trozo de baqueta á medio curtir y
dad con que eslos lndhiduoa frecnentaban la eaaa, der vino y ..._ loe d!aa fesllvoa un bil.ile qne le pro- ángulo
apenas con harapiento jorongo. Pero aólo
eon prelexlO, ya de aal\ldarlo, ya de comprar alguno ducl&amp; algUlla&amp; gananclaa. Por este mollvo Allli&amp;ndra cobijados
el murbaeho dormla, Los Insomnios eran frecuentes
de loa arttculoa que por el T811\alllllo de la aolera TOO:• guardáliase mucho de que se supieran 8UI poalerlo• en
el parallllco que, con grandes trabajos y muehu
ella la paalOra. La cual poco á poco fu6 cuidándose rea es.travlos, temerosa de que su proiecktr le retira- inlennflellcl&amp;a,
lograba dormitar alguna, horaa.
JDe1108 y llelró, por ülllmo, á pMID&amp;Deccr dlaa enlerOI
ra las licencias, pues bablale ofrecido no volver á la
Corrla
la
noche
sin que el chaparrón escampara.
llln sino l lo muy preclao á la cocina donde ha· disipada vida que habla vivido anteriormente. Sll8
bll&amp;lia; el enfermo, puel' puaba las horaa muertas en instintos, y pasiones, empero, no le permitieron eum· Asomábaae Aleja á la calle por repelida, ocaalonea,
eomp&amp;llla de &amp;118 amules y oiroa co11ocldoa que lle- pllr lo ofreeido,y eontentábaseá ocultar sll8 relaciones procurando penetrar con la mirada la esr,esa lobrc,.
P""' a ..._ p1111to de reunlón y leJ'Mla la casa del amorosaa con Margarito quieo,temeroso de perd:er su guez del aire. Dos ó iret1 veces sacó la ve a para llu.•
minar la calle, y ya se aparejaba á recojerse cuando,
~llco.
conveniene.ta, era por demb discreto.
.
entre el ruido de la lluvia se de,tacó el de los pasos
'l'errlble fué el golpe que éate recibió con estas nuede una per80n&amp; que se acercaba chapoteando en el
T&amp;I ofeaaaa; pero alempre resignado y bueno, conereagua. Era el sacr!Hlán que llegó basta el ventanillo,
V
~ á &amp;e0nsejar á su esposa, Ilanulndola al buen ea•
calado y escurriendo de los pies A la cabeza.. Al verle
mino con auavea palMhras y nmonest&amp;clones cariñoLa mafiana de aquel dta, primero del novenario de salló la pastora á la puerta del solar para ayudarle á
su. •No te vaya 6. castigar Dios,~ repetia á cada mo•
memo: pero la lalmad&amp; lo componla todo negando, San Juan Bautista, Alejandra, apoyados los codos en abrir, y le introdujo al cuarto.
-Intempula no"'1-C1&amp;mó el erudito cuando se enillUUlll9 no con grande energta ni demostrando afán, la cerea de piedra que rodeaba el solar donde oeaaen·
que loe hechos que ae le imputaban tuviesen el menor taba la casa, tendfa la vista por el callejón flanqueado contró al abrigo.-Alárgame una crátera de licor por
de órganos, bBperando al sacristAn. Corvdón, dentro que vengo caaf tan tullido como Corydón.
aomo de cerles&amp;.
De medio cuartillo fué el vaso qtl.e de un sorbo me-Fq por - llempo cnaodo en San Juan·de los Ala• de la cocina, encontrAbaso en un momenio de lucidez
suma, provocado tal vez por el espantoso choque ner- tióae Don Sixto entre pecho )' espalda, y como ya antes
lljlJ8 apareció don Si110. Al conocer á la pastora, se•
flall,roílla sus Instintos sensuales como Auna presa de vioso que sufrió cuando su mujer golpeara tan feroz- bubiéralo catado segun ech,lbaae de ,·er por la animalas m'8 codiciables. Enteróse de la vida hechos de mente al chiquillo, cuyos gritos desgarradores llega- ción de su rostro y el brillo de RUS ojos, no tardó ep,
. . .a muJer que le enloquecla. No dej de compa• ron basta el corazón más que á los oidos del pobre sentirse más comunicativo y locuaz; v como la dipsod.,. al ~ r , á quien, creyendo encontrar cier1a se• enfermo. La idea de su desamparo berlale tan dolo- manía le atosigaba, no tardó en pe..dir otra cn\tera
ml\iana&amp; en el nombre co11 el personaje de Virgilio y rosamenw, que la sentia con toda la intensidad de que empeilóse en libar i medias, llaclendo un do111 se-.
~ocupación ld6ndca, ocurrlóaele llamarle Co• que su eapfrltu bfpereateaiado era suc•ptible cuando gún dijo, con aquella mujer que le mareaba.
La cual no ,e hizo de rogar. El estado sofocanw de
ryd4il, allaa que á la esposa no agradaba olr, porque vibraban sus potencias exentas aun da la influencia
ae le lpraba ser co,a mala. Compadecfa pue,, el sa- morbosa que el terrible alcaloide, encerrado en ta si• la atmósfera y el aire cálido y húmedo A un tiempo
erlllán al pastor, no tanto por los dea,·fos de Alejandra miente tóxica babia extendido por la mayor pario de mismo, incitábanla á la bebida; ~- como menutlea~
eaanto por el eatado lullmoao y epnmovedor· en que su organismo. Cuando vió salir A la esposa de la co- las libacionet-, entablóse entre ambos aghads conver-le wa; pero ul v todo, propúsoae lograr el fruto chia, trajo á su memoria toda su existencia pasada, su saeión sobre el asunto apenas desflorado por la maprohl)lldo, pareciéñdole ser cosa nada mis de tender existencia de hombre libre, san~ y dichoRo, y no pudo ñana. Queria ella saber si el sacristán guarrló ene&amp;
rradas en el sepulcro de sn despechado corazón lal
IA' mano .... y cogerlo. Maa sucedió que entonces pre- contener una. explosión de 16.gnmas.
Y por la torcida calleja aeercAbal• Don Slxto, a cosas vhsta11 por la noche ml!rced al espionaje ó Habl•
_..ence el amo, nada menos que el amo mismo, lial&gt;la entrado en aquel cercado a¡eno y er sacrlslAn tu- quien la pastora esp~raba ya impaciente. Al verle das de fuera gracias i la indiscrec....~ón dt' las v,.-cinut
vo qae reaignane y esperar mejor oCASión, sin renun- agitó en el aire la mano derecha llaml\ndol~, mientras y en todo c~o, estaba resuelta A obligarle A callnr pot
Clar nl por un momento A sus .proyectos y sin dejar poniase la otra sobre los ojos para atajar los rayos cualquier medio. Aprovechaba et aqm•lla.s armas que
del sol qufl ya comenzaban ll abrasar.
le baclan fuerte. i como el tema de quo tratnran lee
ie :!M'1~brar t\ la paslOra.
-Andele, Don Sixto. CuantiBimá qu• lo estoy absorbla por complew y ·les incitaba, no tardó u,ucho
...:.~am pa,tor Corydón ardlobat Ale=m;desin que hablaran con tanta libertad y tanlo fnego co•
damaba el genlll lallno cada vea que contemplaba al aguardando.
-A.d,um: aqul me llene nsted para darle todos loe mo si en la eunta de un cerro se encontrasen, absolu·
mfellt parallllco fijos los ojos en la ln6el esposa; y relaláléndose de gusto, sonriendo con malicia y bailán- consejos que me pida, aunque el primerQ ha de ser el lamente aleJados de curiosos oldos y de mirada, la•
dole lo8 ojlll08 reclondoa y picaresco,, Delicias dotai• de quererme.
discretas.
-¡Aquihombre! Entre, que se está asoliando y nos
Eranlo, por demás, las frasea que entre ambos ~
m-.... d.adla, no sin devorar con una mirada ardiencruzaban. Aquel mal vivir conti11uo de la adülterfi
te el bll8to eaeullural y soberbio de la cnul.ZiB Ale=. van á ver.
-Non poasum! No mis vine para decirle que si con vario• hombres, deapuéa de la primera calda¡ 1
Deedei entonces, como avezado á semejante&amp; lides,
aJM!N'l;bi6ee á lnchar en rellrada, ya emboscándose quiere que le de consejos me espere á la noche por- detalles y eireunotanelaa que t\ cada una de laa 111·
para la sorpresa ó bien presentándose de tarde en que horita tengo mucho que hacer, y be dejado á loa guientes acompañaran, y basta las relaciones que la
hablan unido al amo asl como las concesiones y p~
tarde, manlfea\alldo as! que auu estaba aparejado P.ª· muchachos solos en la escuela.
-Pos mire: voy A asomarme por el portillo y ansi- rrogatlvas que alcanzara en pago, con todos loa
raJa brega. Aunque dejó de frecuentar el venlanillo
más gajes que de su conducta inmoral obtuviera 1'
cle1&amp; aol.-, cnldaba de inqnlrlr lo que puaba en el na dirán que está mercando algona cosa.
-Ya que se empeiia, velis nolis, allá voy.
culpable; todo, todo salió en aquella conversación ht•
lnteil.or y_ de todo estaba al tanto. Fué de esta maneEn el ventanillo continuó la conversación. El chi• eialva, peligrosa y ardiente que los ya próximo• alll&amp;B'"'
ra mma logró aaber que á ftn de aiio no se le cobró
al p&amp;IIOr ef arrendamiento del pilo. También se en- quillo, entre tanto, hablase uomado á la pnerta del tes sostenian. El ex-seminarista sacaba aquello
léii'de qw, Juan Isidro y Beyes suspendieron los In· jacal: Ver A su madre y echará eorrér desaforado fué colación con objeto de dominar á la pastora haci.élw
~ b l e s paliquea con Alejandra; y observó que una cosa misma, no sin oir el acostumbrado y ame- dota ver que de los más pequeños pormenores de
vida estaba al tanto y en su mano el perderla con 1ID4
. _ dllió de concurrir á la eaaa grande, al cabo de nazante grito:
-¡ Ora lo verás! Si ea rete chismoso, agregó diri· sola palabra dicha aquien pudiese hacerla llegar h..,
~ &amp;lempo; y como se diera a rondar las cereanlas
lar vló aallr doe ó tres veces de la caaa a Mar- gl6ndose A Don Slxto: toito cuanto mira. se lo va á ta ciertos ofdos; pues si bien la conducta oegulda
,
blicamente por Alejandra podla engañar a muchoa,
. el arrendador, cuando ya media noche era por contar al tata.
-lmprobm p,ur! Conlelltó sentenciosamente el él, Don Sixto, con verdadero tesón y suspicacia s
·
~ y loa galloa empezaban á cantar.
Pero vamos al asunto.
habla esperado, acechado, y no en balde, d
.Elparalillco, entretanto,segnla de mal en peor. Su dómine.
-Si nomáe le queria dictr que no se ande creyen• tanto tiempo. Ella no se defendfa: lo-confesaba todo¡
cwic&amp;er manso y sufrido tuvo serias peturbaciones.
.Algun8I veces eatallaba en exploalonea de cólera v do de cosas. De siguro que ña Mlteria, la de aqul en· pero en cambio ofrecla al sacristán ser en lo sueeslYO
~ • de Ira contra su mujer y loa marchantes, y frente, ea la qne le dijo ..... .
sólo y toda para 61. .
-No, bija de mis CB.traftas. Si yo lo vi; yo mismo,
_.., aeab6 con la poqulsima paciencia de la pastora:
Hondlsimo gemido de angustia brotó del ángu!o
con
estos
ojos
que
se
ha
de
comer
la
tierra.
donde el enfermo descansaba, pero el saeristé.n y Ja,
il anlea le sufrla y le cuidaba al menos con algún in-No,
mire:
gua!
que
el
hombre
Margarita
se
iba
teré8 y demoatrando cierto afán, desde el momento
pastora apenas prestaron atención. Ya la lluvia hapueblo; ora en la mañana y yo tenia que hacerle bla cesado. A lo lejos azotaban algunas última, rá,,
en el enfermo operAronse tales cambios, Aleja pal
6 hacia 61 nna aversión profunda que le hacia u.nos encargos. Pero la verdA. e• que no me d¡ia ni á fagas las copas espinosas de los mezquites y las Bll."'
sol ni A. sombra. Usté, ¿qué me aconseja?
se desbandaban barridas por el viento. Ténue f
- l e brutalmente.
-Pues si quieres que te aconseje. es largo lo que hes
-Ya no-leagnanto,declale t\ menudo. Quiera Dios
tristísima claridad rompía los senos del oriente alUBI•
tengo
que
decirte
y
no
hay
tiempo
porque
ya
mero
lle,van8 de una vez pa qu" me dejes descansar. Y cobTando el horizonte con luz amarillenta y fanit\ldoa
mo loa accesos del paralitico biciéranse más frecuen- dan las doce: espérame á la noche; concluyó el taima• y orlando de oro pAlido las postreras nubes que bodo,
tuteando
A
la
mujer
y
lanzándole
mirad&amp;B
abrasalea, ella dió en alejarse de la cocina lo mis que pu•
gaban en el océano plata-gris del cielo. Duraoie el
do, deJándo alll solo y abandonado al pobre enfermo, doras é irónicas. Comprendia que la fruta estaba á · aguacero algunos trnenos rodaron rimbo111baudo por
q114 rebll8aba cambiar de sido á causa del frío que le punto de caer del árbol y sentlase fuerte con las ar- el espacio y la llamarada llvida y azulosa de los re·
mas que la casualidad y so constancia. le prestaran. lámpagos penetraba en la habitación de Alejandra
lnvlidla todos los miembros.
La cita quedó convenida. El desasosiego de la pas- por el ventanillo y por la puerta. La men~uada vela
Entonce&amp; el pastor Corydón procuró atraerse al hijo, quien encontrando en _s u padre ternura y cariño, tora fué continuo durante el resto del dla. De prisa y que sobre un trozo de ladrillo ardia apagose al so,!o
no se le apartaba casi un solo instante. Dió esto oca- sin cuidado dió de comer al muchacho y al enfermo; de una racha furiosa y nadie se ocupó en encenderla
alón • Alejandra para creer que el mucbaebo iba á y cuando hubo terminado las faenas domé.sticas salió de nuevo; vela el paralitico, al resplandor de loa r&amp;enterar al pastor de tocio lo que vela ó de lo que pa- a la calle; entró en tres ó cuatro jacales de la vecin- 16.mpagos, el grupo formado por su mujer ~- don S~·
saba en ta otra habitación, donde no dejaba de reci- dad y después de vacilar mucho se dirigió A la plaza to, juntos, cui estrechándose sobre el misi:µo baneo,
bir i loa parroquianos, é hizo extensivo su odio y ma- de la hacienda; pasó repetidAS ocasiones frente á la hablando con ardor y bebiendo en el mismo vaso
la volun&amp;ad hacia su hijo, con quien procuraba des- casa grande, y por últ!mo tué A la tienda con pretexto aquel alcohol que les encendla la sangre, les o ~
ahogarse siempre que para hacerlo se le presentaba de comprar algunos artleulos; pero en realtdad lo ba la razón y les desataba la lengua. Los tormenitl
ocuión, aunque fuese por los cabellos trafda. Y el que deseaba era ver al amo para leer en su semblan- que el desventorado Corydón sufrla en aquellos kr'
esiado de Corydón se agravaba. Apena• podla va ar- te si ya estaba enterado de lo que ocurrla y si Don rribles instantes no pueden ser concebidos ni mucho
ticular palabraa y empezaba á manifestar los •sinto- Sixto se babia desmandado en soltar la sin hueso. En menos descritos. La mofa horrible, la risotada insomas de una esclorosis en placas en la forma cerebro- este punto quedó tranquila del todo y regresó a su lente, la afrenta infamante y deshonrosa, clavabau.
espinal, lo cual desesperó más y m&amp;S á la mujer. En casa después de una h()fa.
de dolor intensltdmo en los más hondos sen.a:
Acababa de sonar la de las oraeiones cuando el cie- pui\ales
aquel temperamento depravado, sin freno alguno de
de
su
corazón
~- alli se juntaba también el paded-educación ni de moral; desarrollado en un medio de lo encapotado desde por la tarde, empezó á arrojar miento fisico que le atenaceaba, le mordla los múscll,.•
sobre
la
tierra
torrencial
agoacero
que
convirtió
bien
abyección profonda y de ignorancia crastsima, tanto
los y le crucificaba los miembros; y tt.1do esto u.nido,
mis nociva cuanto que no t&gt;onsistia únicamente en el pronto el piso de las calles del rancho en charcos plln- amalgamado, A la desesperación más irritante, hacia
tanosos
dificiles
de
vadear.
Los
azadonee
al
hombro
de&amp;conocimlento de las cosas, sino en la creencia de
de aquel ser extraño y deforme un simbolo vivo 1
que el mal no era tan malo y por ende no lo era el y el barro hasta las rodtllas, iban los campesinos á desgarrador de la miseria de los campos, producto d-e
desbordamiento de los instintos animales espoleados zanjear el agua en las labores, caminando A través la áegradación: el egoismo sin piedad y los ajenot
por los sentidos; en aquel temperamento de bestia de la obscuridad. La del rancho era profundisima. vicios, que pesan sobre aquella infortunada gente.
brava desatáronse todas las copcupiscencias de la co- Solamente hacia el camino real, la luz del ventanillo Dos ó tres ocasiones log1·ó el pastor incorporarse sobre
dicia y de la carne. No pensaba ya en otra cosa que de Aleja se reflejaba apenas e"n el agua que corria los puños, pero volvió A caer desfallecido, pues A la
en la manera de proporcionarse dinero, y para con- como 1l!1 arroyo por el callejón y ya lamia los cimien- instantánea excitación sucedlala depre1:1ión moral que
seguirlo entregA.base á sus amantes Aquienes explota- tos del Jacal grande después de meterse, inundA.ndolo, le relajaba los nervios, abrumAndole y cmbrutecién•
ba en una explotación tan mezquina como puede su• en el de la cocina. Por eso hubo que trasladar al en- dole. No pudiendo contener más sus angustias Y fa.;.
frlr la gente de miserable condición y exiguos ele- fermo y al chico A la misma habitación que ocupaba

l

p..,

:.\!~

87

EL l.flJNDO.

un mnto.

=•

rores, gimió, solll'S6, irritó ..•• casi Artleuló palabras
(tlJmblJ
tremendaa de maldicion y cólera; pero el zumoldo del
aire las confulldla y el trneno la, abogaba, y deodeübalaa 1• paalón Impura aln percibirlas siquiera; que
en el deliquio brutal de promeaaa infames, de carlclaa
IA luchado
cien veces el pel;gro
lmpur&amp;11 y de llbaclonea na u,ieabundaa, aquellos dos
snrgló á mi paao, y cien veces logre ven•
aerea beallales hablan olvidado huta la exlateneladel
cerle. Yo el conde Lobewlcb,habla deaper·
torturado enfermo,
lado los odios del circulo mis poderoso de
La embriaguez venció por último á don SixlO que ~
rodó d•I banco en que se oentaba¡ lncllnóae hacia él ~ Pelenburgo y a1111 los del mismo Emperador.
la paalOra y procnró acomodarle lo mejor que pudo Kia enemigos eran poderosos y mú.ltiples, como la
cubriéndole con nna ma~ta y reelin/mdole la calieza
oobre durlaima almohada que dijéramos estar henchi- sombra sigue al cuerpo, la acechanza peri;{'gula mis
d&amp; de guUar_roa; pero as! y todo, el humanista empezó pasos.
Durante mi estancia en la Siberia Oriental, muchas
• roncar lnrioaamenie, dormido de modo tal, que todas laa tempestad•• del diluvio no alcanzaran A des- veces tuve q°;e errar por las estepas, acompañado sópertarle. Alejandra habiase tendfd. en el rincón lo de un m~ila y oeullándome bajo un disfraz olum•
opneslO, cerea del lugar donde su marido y subijo se pre dlstlnm y eternamente peligroso. En Irkutk, una
amonktnaban; y ya comenzaba i querer pardear la
maftana, cuando en aquello habitación no habla en noche fnl agredido por un uftcial cosáco, á quien dos
Tela más que un Inmenso dolor que se agigantaba horu después dejé tentlido sobre la nieve, con una
por momentos en 1\D desgarrado y sangriento cor&amp;• tremenda estocada en •l pecho. Hui, burlando más
iwn que desfallecla.
que la acción de la jlUlticia, la venganza de mis ene1Qu6 punzada tan agnda la que •inlió al •nterarse mlgoa.
fle lOdo aquel cúmulo de Infamias v tralcionea! S.,nLa polflica obseurecla mis y más la atmósfera que
&amp;fue solo y abandonado ab11olutauimite; nu\s abando•
me
rodeaba y en medio de aqnelias negrura, de nonado aún que cuando \'a.gaba con hambre v sed por
-deNIII espinosos y agrios r.ellucah.,s• oin eopoaa, sin che sin ~trellas, me levantaba luminoso, brillante, sohfjos Y sin semejan~ stqu era. En ~qut-1 t"nton_e H berbio. Sin estn:llas be dicho¡ ah, no t Un astro pálido
&amp;enla embotado el aenllmlento y la razón ofnaeada. como la luna, cuya luz de plata azulea la nieve de
La necesidad nalca filé más poderosa que el abrum&amp;• ml8 querida, eatepaa, Iluminaba mi corazón, Oiga la .
llliento moral en que rayera cuando la t'Dga de su es•
~ - Pero ahora, aunque Bfl encontraba impoaibill• dnquesa, Olg"i el alma de mi alma, el amor inmeuao
iado para moverae y agobiado clo dolores, el sentt• qne como fuerza extrall&amp; levantaba mi eaplrltn y formiento habm d"8pertado fntensam1•nte, y aólo le con• llfteaba mi Taronll entereza.
solaba en su amargura hacorae la llualón de que en el
De ves en cuando recibla yo nollclas de ella. El
eorazón de la p,rJura, quedaba, para ralentarlr un Duque Alejo, sn hermano era un adversario mis te...io de calor, siquiera fuera tau •débil como •I que
fllllia dlarlamonte j111110 al fogón cu! apagado de la rrible.
Sofocadaa un \&amp;IIIO, las paalonea, calmados en parte
eoclu y que apenaa b1111taba á d1'8entnmecerle loe
mlembraa. ¡Qué Inocente y sin malicia-pensaba- los odios y 6nglendo ml8 enemigos qne me olvidaban,
camdo creyó que en pago de 8118 vic,ios servicios y de regrea6 á Craeovia deapu6a de contar con las IIÍDlpa1118 deherea cumplidos, lioy qne se encontraba pobre llaa y el. apoyo de loa Covacon del Don.
J eafermo era eo11ahlerado por sus amos que de balde
Oiga, me esperaba. En silencio y con la may~r cau•
lf daban un rincón dondu dormir y esconder sus dotela
logré verla y una noche enloquecido por lá p&amp;·
limclaa y proporcionaban, además, á sn esposa una
-•ra facll de mantenerle! Y ante todo, ¡qu6 felo- alón la dije: Oiga, nueatro enlace ea lmpoalble, la vida
!11&amp; 1 qu6 lngralltud las de aua anllguoa amlros y hu• sin 11, no puedo quererla y estoy resuelto A todo.....
• Jaa de su compadre de pila, que tan falso inleréa le ¿A qué? me interroJrÓ,
-.,bao cuando iban á visitarle &lt;&amp;al t\ diario t AboMis ojos despidieron un fulgor siniestro.
A l&amp;bla ya cual era el motivo por qu6 no se separa•
-A morir si ea preciso--conte.-.té.
)an de sn casa¡ ahora sabia tamblen de donde prove·
-Y III yo te dijera.-Teheamado siempreyteamarb.
.ia el millerable mendrugo con que ,oetenla su menaun, no nos separarémos jamá8.
pado cuerpo.
-Imposible! Morir tú?
Sacudimiento espantoso de rebelión sinlló dentro
4el alma, y como si A: el correspondiese la meequlna
-No, no se trata de eso, debemos \Flvtr, ti. para m
._...ol&amp;ura di! su eat'lle, Incorporóse rápidamente, easi causa, yo para alll&amp;l'le y ser In compailera á despe•
J!OD facilidad y aln doh,nclaa; y cual en otro llempo,
'""168 paralizado,¡ sus miembros, pudo arrutrarse, cho de todos .
La resolución de Oiga, me causó espanto. Crol no
lllrv!énauae de los brazos y laa manos. Tra,paaó el
.
·
pabral del cuarlO y se dirigió a\ la nopalera que babia entenderla.
,jru el solar: alll llegaba el limite def eaaerlo por •se
-Huyamos, me repetia con voz dulce y muy _baja,
Ciado 1 empezaba el potrero; ancho y profundo vallado mlentraa su cabeza de Diosa Griega cala Indolenteéereábale por IOdaa partea. A raotl'&amp;II entre el lodo . mente sobre mi hombro.
que le salpféaba huta el pecho, llegó al borde donde
-Hnlr? ¿Y tu hermano el Dnqne Alejo? Y tn ho•
Jetoreido tronco de huisache exteildfa sus ram~s sobre
nor mismo? ¡Oh mi Oiga!
la profundidad al mismo nivel de la tierra.
-No bu dicho, que ea1áa resuelto a todo?
El cielo, despejado en partes, bafiáhaae"en las ento-llaclones &amp;perlada, del alba. Hacia el oriente se agio•
-SI.
meraban las nubes cenicientas y plomizas como enorPues entonces, por que dudas. La venganza de
mes humaredas orladas con reflejos de acero. El sol Alejo, la burlar~mos ambos ó la sufriremos loa do,.
acababa de asomar; pero ni un rayo de su luz alcanzó
• romper la rapa de vapores. El pastor alzó loa ojos ¡Mi bonlfr? ¿Qué importa á loa demis? Si fúlgido, ela•
al cielo buacando la luz; y las nubes se arremolinaron ro, esplendoroso luce para ti. ¿Acaso me amarás me_.. en aqnel instante al soplo de una ráfaga de vien• nos porque buyo contigo para amarte sacrifteándote
'w, Desfajóae el ceñidor, atándole en segulda por un qulza, mi vida y siempre ya mi nombre?
eabo á la rama del árbol más próxima al vallado. Con
-Esté. bien, Oiga, huyamos. ¿Amarte menos? jamAs.
el otro extremo hizo un lazo corredizo quu pasó por
Y
estrecb6 contra mi corazón aquella cabecita ado·
el cuello, y arrancando de lo m4s hondo de sus entralas un SU8plro que era como la condensación de todos rabie.
-M&amp;iiana por la noche, siguió diciendo ella, saldré
W dolores que arrojaba de si, aspiró con fuerza el aire
~6medo y fresco de la mailana, como el creyente que en trineo y lo abandonaré á la puerta del palacio de
Jinira los celestiales consuelos después de la confe- la Condesa Wilhemina. Sin perder tiempo acudiré al
;Jilón: acordóse del Criador cen más inten•idad que sitio en que debas esperarme.
bendijolo en su interior y murmuró entre
-¿En dónde?
les: l Bend!IO sea Dios que me saca del mundo t
-Al ple de la tnmba del Conde Patoeki.
lll siflora
de la Soledá y la, Animas benditas me acom•
~
.
-Hasta madana.
r;1.,:, Con la eara hacia arriba, haciendo palanca de sus
-Que Dios no, proteja.
r~ s y apoyando vigorosamente las palmas de tas
'.J llallOS contra el cenagoso borde del vallado, con em:Mi Mujlk, Pedro, el hombre fiel como el perro, el
~ feroz ~hó,e hacia adelante y uedó colgado de
rama crujiente y temblorosa, con as piernas torci- hombre que jamAs me abandonó, aguardaba A la en•
y el cuerpo dislocado, semejante á la figura de trada de la ruta de Kosciuscoberg.
• -ranas intoxicadas que aparecen en los tratados de
Oiga, cumplió su palabra; al borde de la tnmba del
,~-,,p6ullca.
patriota Patocki, nos juramos amamos siempre y huiUn pilido r&amp;TO del sol rompió un punto la masa de los
• • orientaíes, en el instante111ismo que el repique mos, en medio de una noche negra y espantable en
We las campanas se ola A lo lejos, alzándose al espacio que la nieve cala, cala impalpable y muda.
IIOIBo la oración de loa pobrea. humildes, sencillos y re·
...,A.dos, que piden al cielo ilumine las sombras de la
Deberíamos embarcanios para cu,lquier pals y dlas
![serla, de la ignorancia v de la abvección en qne ea• despuéa de nnPStra fuga llegamos al puerto de Odessa.
_,. hundidos.
•
• •
La vtspera de embarcarnos, Oiga reclinada en una
l'&amp;lanuel 9oa Otltón.
&lt;J/aaia-louge jugaba dislralda con la felpa sedosa de
ru abrigo de piel de zorro azul. Yo de codos en una
:llanta Marta del Rlo, 1895.
mesita velador, dejaba vagar mis pensamientos en to-

Js1:,ca;

•
••

1

•••

do lo obaeuro del pasado y en la eaplendoro•a eJarl.
dad de lo por,renfr. Amado, dueilo de Oiga-, muy
pronto lejos de mis mayores enemigos, la ,rida 811 un
pala hospitalario y desconocido me ofreela la calma
animada por mi esplritu cansado en la adversidad.
Oiga, lennlll la cabeza y fijando en mi &amp;118 pupllaa
luminosn.i, me dijo de pron&amp;o:
• No peosomoe más, dej6moa que la suerte decida de
noeorroe. ¡.Por qué no 1- algo? Mira, aqul hay un
llbrn, Y señaló sobre el velador un volUIDen de rleaa
past&amp;.'i.
Abrf el tomo, eran unos cuenl08 fanlúlleoe y Jei
maqniualmen~ lo que sigue:
•La nor, la hermosa flor, úlllma exploaion de eojorea Y perfumea del genlll coral, la codiciada de las
brisas y los insectos de oro, estaba enamorada, que
la, flores también aman y sueiian.
·
La flor, la hermosa nor, le dló 1111&amp; cita á la mu bella mariposa, la de alas de cristal y ruo.-,Cu,anclo
el sol huya, tra, las altaa montaiiaa y el cielo 1'IM n
clámi~e de púrpura, ven manpoaa gallarda, te abrtñ
mi cal1z y embriagada por el perfume dormlrú , _ .
da sobre mi corola.• La noche ea el mi8$erlo y lol que
aman buscan el secreto.
Oiga Y yo nos vimos con una mirada profuada,.Slgue, me dijo ella. ·
. -•Y el moatruo que te guarda?&gt; preguntó la manpoaa.-•No podrá vemos y al noe ve murámoa. 4'l,d
no amas?&gt;
Oiga Y yo volvimos á miramos.-, Vendré cuaiMlo.
el cielo se cubra de púrpura y el sol huya.,
La gallarda mariposa acudió á la cita, llegó á la
flor, la hermosa flor y agilll 8118 alllal de cdal&amp;l 7 rll'
so, la flor, la hen¡oaa flor la envolvió en au perfume
y se besaron.
EnlOneea desde una rama alta por 1111 hilo
que oscilaba al viento, descendió pausado y ~ Jdlel&gt;,
clo el monstruo que lfn&amp;rdaba el rosal. Era una i.,
rán~a horriblereve,llda de negroa terclopeloey
cend1ó, descendió pausada y silenciosa.
La fior, la hermqsa fior cerró violentamen&amp;eaa. broche que quedó lleno del polvo de oro de las a1aa de
su amante y la tarántula aprisionó á la mariposa, la
mariposa gallarda y subió con ella por el hilo ligero
que osellabaal viento y la penumbra de la noche cercana hacia mis negro el jubón de terciopelo del
monstruo. La tarántula ea la fatalidad.,
Cerré el libro, Oiga se levantó y vino á enluar 1111
brazos redondos y blancos a\ mi cuello,-la faulklad
no se ha hecho para nosotros, dijo.
En eae momento sonaron dos golpes á la p - y
los pasos de varias personas.
Oiga palideció.
• -•Abrid,• dijeron, y resueltamente abrl. Treo po,
hcias rosos penetraron a\ la estancia. Uno de ellos me
presentó una orden ftrmada por el Emperador.
Oiga, fui\ conducida á San Peteraburgo llevando
sobre su frente mi último beso, el polvo d¡ oro de mt
amor infinito, mariposa de mi alma.
Yo ful deportado á Siberia. El moutruo de la venganza me babia aprisionado para alempre eomo la
araiia del cuento. Yo el conde Lobewlcb habla aldo
vendido.
La tarAntnla ea la fatalidad.

as.ro
ae.

1895.

1d.

L.uulABAOA PolmJOAL.

EPILOGO.
Sus ojos se entornaron sobre los blancos hielos
De las altivas cumbres agonizaba el eol;
Y de las densa, bruma, lru de loa amplio• velos
Quedó flotando A solas, inmóvil, en loa cielos,
El llvido cadáv&lt;'r del último arrebol.
L~_lun'.l, como un arco de nlvea luz cuajada,
Subto con lento paso de lo infinito en pos;
Y entonces reclinando la frente inmaculada
Sobre mi pecho,-•mira!-me dijo mi adorada:¡Qué barca tan hermosa para bogar los dos I»
JuuoFw-.
En una portería:
-Buenos días, portero.
-Buenos díu.
-¿Como vá de salud?
-Perfectamente.
-¿Y la porlef!&gt;?

-Buena,gr&amp;ClllL
-¿Hace mucho tiempo que está u,ted C&amp;llldo?
-Diez afloo. Pero ¿qué quiere u,ted de mi?

-Nada. Conveno con u,ted porque al por la calle he vi,to un cartelón que dice: "Hay que hablilr al portero.

�15 SEPTIEMBRE, 1895.

EL MUNDO.

88

PRENSA MEXICANA

r.
.-•.-.

Páginas extracrdinaruuJ.

DOMINGO 22 DE SEPTIEMBRE DE 1895.

Tomo JJ.-X1ímero 11.

l
Decano de la Prensa Mexicana.
MEXICO. -Lunes 2 de Septiembre de 1395.

Tomo 108

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14 ae $ep!iembre1en

roé11ico.

Dibujo por L. Izagnirre.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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