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                  <text>15 SEPTIEMBRE, 1895.

EL MUNDO.

88

PRENSA MEXICANA

r.
.-•.-.

Páginas extracrdinaruuJ.

DOMINGO 22 DE SEPTIEMBRE DE 1895.

Tomo JJ.-X1ímero 11.

l
Decano de la Prensa Mexicana.
MEXICO. -Lunes 2 de Septiembre de 1395.

Tomo 108

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14 ae $ep!iembre1en

roé11ico.

Dibujo por L. Izagnirre.

.

',.

�22 SEPTIEMBRE, 1895.

EL MUNDO.

90

-- - --=·--=
Trovador, la gallarda caléndula
guarda un silfo, pequefi~ y alado,
y ese caliz perfumes encierra
misteriosos, y ricos1 y vagos.

PARA ELL_;,\.._.

Av

El, POETA.

sus cadencias serán de tus versos,
sus arrullos son dulces y castos.

en las ramas colgó de los ,ílamos,
v adelanta tranquila y radiosa
~obre el limpio zafir del ei;;pacio.

EL POETA.

Ha llegado la cándida noche
coronada de albores mny pálidos,

Ya la noche se acaba 1 y las cuerdas
del latí.d al amor no han vibrado,
Ya de vuelta it la alcoba aqui tengo
de la selva rumores lejanos.

no la obscura, la inmem:;a, la triste,
en que flotan tinieblas y tr.ífgm,.

Regia )lusa, yo quiero que tomes
mi laúd en tus mórbidru; manos,
v de arrullos, v hígrimas llenes
)' ternuras y b~sos, mis canto~.

Opalinos reflejos de luna1
heliotropos azules y blancos,
cuchicheos de nidos y frondas
y canciones de ritmos extraño~.

Son para ella! La virgen querida,
la que lleva en los ojos dos astros,
la hermosura que fué modelada

Tienda su ala de luz la cadencia
amorosa y \'ibrante del canto, .
frase ardiente, en que suenen mis besos,
himno augusto que entonen mis labios.

como Diosa en pentélico mií.rmol.

Son para ella! La luz de mi erisueiio,
la que me hace vivir, la que amo,
la que reina en mi espíritu siempre,
la que pudo tornarme su esclavo.

LA lIUH.

Es ya tarde, el ensueño sus alas
ha tendido amoroso y callado.
¿Que no veS que ya a\'anza la Aurora
y con ella una vírgen de blanco'?

LA ~ffSA.

¿Quieres tiernas estrofas para ella,
ritmos dulces, ardient-0s reclamos?

¿Quieres versos de aroor1 pensamientos
perfumados y bellos Y 91aucos?

Y,[, POETA.

¡Ah, sí, es ella .... ! L't luz de mi cielo!
.. Dame todas mis rosas, mis nardos,
mis fulgores de luna, mis ritmos,
pensamientos ardientes y casto:;:.

Pues marchemos los dos, ya la noclw
á son.ar nos con vida, partamos;
en el cielo hay fulgores de oro
y en el bosque hay gardenias y nardos.

Son para ella! La vfrgen queri.dn,
la que lleva en los ojos dos astros,
la hermosura que fué modelada
Como Diosa en pentélico mármol.

··••· ·· ·····························
Ya lo ves, ese rayo de luna
ql1e en las ondas se baña temblando
servirá. como engaste de plata
á ese negro, sedoso geranio.

:MANUEL L.&gt;\RRA~AGA

PoRTUG.u,.

$rita. \!ucrecia (!as{ellanos.
(DEj\IElUDA, YUCATAN.)

María, inquiere la razón que funda
Lo que le oculta la. verdad austera
- &lt;[Son rojos los billetes de segunda
Y azules los billetes de primera.,

DE VIAJE.

Y luPgo dice, sin tachar de necio
El argumento lógico, aunque raro
- &lt;¿Por qué el color de sangre tiene un precio
Junto al color de cielo, menos caro?,-

Mis chicuelos y yo vamos de viaje
Que así la pena sin sentir se pasa;
Juan y ~largot deslumbran con su traje
Hechos en los talleres do mi casa.

Ya vamos á partir¡ si algo ocurriese
No ha. de turl&gt;ar mis dulce:; regocijos,
Furra una gran fortuna que muriese
Al mismo tiempo y junto' con mis hijos.

Con guardapolvo de percal verdoiw
Del mal trato del tren Margot se escuda,
Y Juan con gorro inglés luce orgulloso
Un ancho paletó de holanda cruda.

Sonó el último toque¡ cruje el suelo;
Hu \Te el tren como víbora. espantada;
¡Adios! flota á lo lejos un pañuelo,
Después un grupo informe, luego .... nada!

Envuelto en gasa el rostro de :\!aria
Tan grave r reflexivo me parece
Como el de uua mujer y lo seria
Con dos Abriles más¡ hoy tiene trece.
Juan ya sabe en el coche de primera
Qué luiar preclilrcto le conviene
Y si abren para dentro 6 para afuera
Las puertas de cristal que el coche tiene.
Ya alzó 1\[argot las toscas persianas
Sin levantar los vidrios, porque teme
Que se puedan meter por las ventanas
Las chispas de la máquina y se queme.
Y ya Juan preguntó, pues siempre fn~gua
Para matar el ocio alguu secreto
Si el vaso ó el depósito dd agua
Están limpios y cumplen con su objeto.
Ya va á partir el tren; sonó la hora;
Hay que abunir ''liez horas de camino;
Ya empenacha á la audaz locomotora
El humo en gigantesco remolino.

OEPTIE11BRE,

1895.

í!.as piearas eternas.
(TRADUCIDO PARA CIEL MU!iDOn.)

No has oido? En la rama Yecina
hay un nido y amor alza nn cantoi

Blanca luna sus chaleH U.e nieve

SEGU:NDA SERIE.

22

Mis chicos están mudos, meditando
Que todo junto al tren va de partida ....
Rocas, arboles, flores, v·a n pasando
Como pasan los sueños de la vida!
)iargot, que en impaciencia ya se abrasa,
Que todo se le va 1 supone leda
Y yo digo á la vez, la vida pasa
Como un tren de quien huye cuanto queda.

La ventura que surje en el camino
Como sombra se va; tal es la suerte ....
¡Qué tren tan engañoso el del Destino!
¿Su más bella estación sera la muerto?
Hijos: las dichas de viajar conmigo
Mas tarde las sabréis; son las venturas
De caminar con el mejor amigo
Custodia y luz do vuestras almas puras!
J uAN nE D10s PEZA.

1891

QEn ti albunr

~t

&lt;enriqueta.

Mi•dulce amiga: con las triste¡; notas
del herido candor que por el suelo
se arrastra y tiende á remontar el \'Uelo
goteando sangre de sus alas rntas,
mi amante corazón sufre y aspira.
cubierto con andrajos y con galas,
tocando el polvo con sus rotas ala::;,
y elevándose al ciclo con su lira.
No temas que e.n el eco ele mi canto
vaya envuelto el dolo1· hasta t~ oillo:
yo diré que se ahogue, al alando,
y que en sonrisa. se convierta, al llanto;
que en la. copa á mis labio::; destinada,
en que á veces rebosa la amargura,
hay un fondo tranquilo de el ulzura
á los labios amigos reservada;
que entre hojas secas y marchitas flores
de la senda que cruzo en esta vida,
con un rayo de sol vive ence.ndida
la rosa virginal de mis amores;
que en el mar proeeloso en que me agito
en fragil barca., mas con rumbo cierto,
alumbra el faro de seguro puerto
con la luz sideral de lo infinito,
y me alumbra esa luz cuando desmayo,
y así, mi paso vacilante avanza,
¡que ilumina la luz de la Psperanza,
como ilumina en la tiniebla el rayo .

.... ........................... .. ...

Yo te puedo cantar, porque en mi lira
donde suena el dolor algunas ,·ect:s,
hay el aliento de las dulces preces
del alma que á. la vez ora y: suspira.
Yo te puedo cantar, que la amargura
en soledad apuro gota á gota,
y tengo para ti una dulce nota 1
manantial de cariüo y de ternura .
Allá en tu corazón guarda, Enriq u eta,
esa nota vibrante que te mwio;
que no pierda su timbre en el \'acio
al salir de la lira del poeta!
MIOt.:EL ULLOA.

El.A no lejos ele Roma una aldea de la cual
los guías no hacían mención jamás. Ningún viajero se preocupaba por descubrirla,
porque el sitio era demasiado mediocre; y
Yanamentc las gentes de la comarca se esforzaban en
detener á lo:; que pasaban y les de.clan con un herma•
so gesto y un suspiro de admiración: Com/8 pittoresco!
' En consecuencia, esta aldea no solamente era eles·
conocida sino muy pobre. Poscia sin embargo una
fuente de agua perfectamente pura. Los financieros
se preguntaban si tal fuente no era capaz acaso, como tantas otras, ele curar tudas las enfermedades.
Los médicos fueron consultados: analizaron el agua
y no encontraron más que agua. Decretnron que las
virtudes curativas ele ella eran tanto m!i.s admirables
cuanto que no tenían explicación; esto era una espe·
cie de milagro por Jo mismo y había que inclinarse
ante la experiencia.
-~
.\l
El réclame fuó hábilmente hecho, los extranjeros
afluyeron, en pocos meses los pobres se convirtieron
en mu.,· ricos y ese si fué un verdadero milagro. Se
edificaron desde luego trrmas espléndidas, con una
clistri bución poco cómoda, pero clásica, ~- t~n la cual
cada una de las salas llevaba un nombre tomado de
la antigliedali. Se construyeron hoteles suizos, con
alumbrado eléctrico ':' ascensore!:I. Por últim. , se suO"irió un proyecto de ~sbtenrn.tización &gt; de la aldea
(.~i.,;femazine.) Los planos eran magníficos; los palacios debían reemplazar á las chozas. ~a alineación
de los edificio.s fué rectificada; no se querían más calles viejas y tortuosas; las largas avenidas rectilíneas
debían 1:ortarsc en sentido rectangular. Había ya 1;i•
tios plantados de árboles 1 plazas y un velódromo.
Pero no se sabia,µor ejemplo, como manejarse respecto á la iglesia. h:st;-1., contrariaba siempre las perspectivas y .se presentaba de través, al soslayo. Rompia todos los ejes y rehusaba hacer, como suele decirse, buena~ migas con nadil:'¡ de tal suert(': que los
arquitectos y los ingenieros, al cabo de algunas combinaciones resol vieron unánimemente derribarla y que
darse sin iglesia ó reconf.truirla de nuevo, de manera
que no desarreg·lase sus simetrias.
Pero entonces los ancianos de la aldea se acordaron
de una ef;pecit:i de leyenda ó profecía que habían oído
en tiU infancia y que decía así, poco mas ó menos:
~Podeis demoler si os place la casa que vuestro padre
ó vuestro abuelo ha construido, Y reconstruirá vuestro
gusto otra morada ó arrasar ef suelo y sembrarlo ele
snl ó de ziz.i.ña. Pero no toquéis á la ]glesia de Dios:
ella es eterna así como es eterna Roma. Y de la misma manera que Roma no es la obra de tal ó cual O'eneración sino la obra continuada de todos los siglos
desde el origen del mundo; y como Dios mismo ha
puesto sus fundamentos 1 las manos de los hombres son
impotentes para desunirlos y transformarlos.,
El Concejo l!lunicipal ch:jó la cosa en tal estado; en
cuanto al arquitecto encargado de los trabajos, poca
gTn.cia le hicieron aquel oniculo enfático y aquella
pretendida eternidad. La iglusia no .era más qu•~ una
construcción informe y poeo firme 1 destituida de todo valor artistico. Pcrtenecia :'l la peor época de la
arquitectura y daba una triste idea de la colaboración
de los siglos.
El plan parecía incoherente. El estilo era de un
g·usto barueco 1 con lineas curvas en todas aquellas
partes donde juRtanwntc Jn, lógica exig·ia lineas rec·
tas; con una profusión ele ornamento~ que parecían
distribuidos como Por apm•sta y con el fin de desnaturalizar todos los 1.:foctos ele la construcción. Por úl·
timo los santos colocados &lt;·n los nichos estaban tan
llenos de trapos tan inflados con ellos que paroci~n
mo\'idos é impulsados por un viento tempestuoso y
no se les podía Yer sin que despertasen la sensación
de una corriente ele aire. Toda esta colección de adefesios estaba ckterioracla y roída como la mampostería
de u11a fuente donde el agua rubota constantemente
y los materiales no debían de ser sino yeso que al pri·
m.er golpe de barr&lt;.&gt;ta se dcsgregaria, como esas pequeña~ itmpulas de vidrio fabricadas en Venecia v
cuya punta ba.,;ta limar para que se pulvericen.
·
El arquitecto echó sobre su conciencia el peso todo
del sacrilegio 1 y no pidió más que ocho días pan\
dt.&gt;sembarazar al país de aquel mamarracho que quien
sabe qu(~ profetas habían declararlo indestructible. __;
Y en efecto, dcscfo que se comenzó á atacar la portada, todas las molduras complicadas v contorneadas, se despn•ndieron en grandes trozoS. Caían c0mo las .~iczas de una decoración de teatro y pronto
aparec10 la armazon á la cual estaban groseramente aplicadas. Pero se \'ió entonces que aquella armazón de la construcción última, era nada menos que
una iglesia m.is antigua 1 rlc un arte más severo y más
precioso. 8(, prosiguió el desprjamiento, pero con
circunspección; y pasados los ocho días, la comarca
n? estaba aun desembarazada de su iglesia como ha•
hrnn prometido los demoledores, sino que la ig-les.ia.
era la que se hallaba lib1·e &lt;le la costra uniforme que.
cubría la bella ordenación del plan y la sobria macstad de las fachadas. En seguida ]os obreros puiéronse :.í despeg·ar las dalas y encontraron debajo

EL MUNDO.
grandt•s picdrai; con ornamentos en relieve, usadm;, é
in~cripciones semiborradas por los pies y las rodillas de lt1s de\·oto.s.
.-\. la vista. ele. una. tan ht-lla. obra de arte, que resucitaba como por milagro, desprendiéndose de ~u su•
1lario, los arquitl'ctoi:; n1e.;ilaron 1 pero intervinieron
los ingenieros,,· declararon que la ruina uo ofrecía
garantía alguna ele solidez y en nombre el(•. la segu•
ridad pública. exigieron tiue se demoliese, cuidando
sólo de que los trozoN quedasen intactos para r e partirlos en los museos.
Los demoledon.•s ¡msíéronse pues á atacar el segundo lecho del enlosado. Esta.ba formado de bloques
enormes. Cuando fué separado el prinu~ro casi en su
totalidad, empezó á balancearse como una báscula.
Un obrero perdió pÜ' y se precipitó en una cripta cu·
ya existencia nadie suponia y J;L gran piedra, girando sobre i;u eje ctejó ver hnt:llas de mosaico. l:nton·
ces hiciéronse girar de la misma :suerte todas las pie•
clras :r el mosaico fue reconstituido en su conjunto y
los arqueólogos emitieron la opinión de que la iglesia, anteriormente libre de 1-iU rnciente;: grotesca en,-oltura, no era más que un edificio relativamente moderno1 construido en aquC'I sitio con los materiales de
otra iglesia de antigüedad admirable.
Alg·unos espíritus sag·accs .\· prudentes penetraron
de!:-dtl luego el sentido de la leyenda. Comprendieron
como aquella mü.erable ig·h:~sia de aldea, poclia lla•
n111.rse eterna:· obra de los siglos. Intentaron desar•
mar á los Yecinrlarios que se encarnizaban contra
aquellas reliquias, pero se vieron obliga.dos i~ recono•
ctr que las tales reliquias 1despuós de tantos atentados,
se d&lt;:'hilitaban ~· no porlian ya tenerse. en pié. Las
bó...-edas se dobleg;aban aun cuando estaban íiosteni·
das por poderosos contrnfucrtPs; los pil;ues aunque
reforzados, se inclinaban y se hundían.
La pica de los albañiles acabó de destruir las bóvedas; y en cuanto á los pilares e,staban hechos ele ladrillos, tan mal unidos que se pudo separarlos uno á uno
con 'os dedos . Pero detl'ás de esos ladrillos se encontró una materia dura, piedra ó mi'l.rrnol¡ fueron cle.scortezados pacientemente. los pilares y salieron á. luz
las columnas de un templo antiguo que habla sc1Tido
dearmaduraá 1.a primera iglesh~, como Csra :'~ la segunda y la seg·unda aún á la tercera y última. Y los más
ciegos comprl?'ndieron por fin la palabra misteriosa
que significaba que, desde el primer dia del mundo el
hombre comenzó ii construir In, casa de adoración y
de plegaria, que los que ,Tinie.ron después no hicieron
otra cosa que subre cargar la obra de sus antepasados
y que es una locura arrasar para n~construir de nuevo, ~amo si las existencias, la fo y el pensamiento datásen solamente de hoy.
Sin embargo 1 loi:. notables y los artistas no sabían ya
que partido tomar ,r discutían hasta la saciedad. Los
trozos de columnas, pnmanecin.n tle pió, bajo el cielo.
Los piljaros del cielo tomnron posesión de los capitele:; delicadamente cubiertos de frondas ~· construyeron sus nidos entre el pertil de las volutas y el costa~
do &lt;le las hojas de acanto. Cuando sus lrnevos Prnpo~
liaron, lle,·ai·on á la hernlH"a _,· ft los pe.qltef1os, granos
que frecuentemente se 1·s1:¡.¡pahan de sus huches dema•
siado nutridos. Esos g-ranos calan en la tierra generosa y germina.han. Llegada apenas la primera estación1 apan•cieron algunos tímirios \'·t&gt;getale.s¡ mas
tarde. fueron tallos 1 lle:;pues, llrbo!Ps y i;e, formó un
pequeño bo~qu~.
Lo.s hombres resolvieron por l'iltimo (lesplazar las
preciof.as columnas y todos aquellos ref.tos dl·l arte
antiguo, que enYohTinn ltt.s plantas parásitas y que las
raíces ele la tierra habiau acabado por roer, pero no
osaron tocar :í. los ArbolC's que fueron st•mbrados por
los pájaros del cit&gt;lo .,T regados por IIL llu\'ia de Dios.
Lo::; jó\·enes árboks propol'cionab1111 ricmasiada sombra para abrigará la meditación :Tií la pll'g·aria, pero
Rus troncos esbt•ltos, sus ramas nudos1L-;, sus folla.jes
aclolecentcs, ni inter1:epUhan toda la. h•.v ¡Je! sol ni ce•
rrában todo ('Sl'ape hal'l,t el infinito. Aquel pequeño
bosque til' parecía iL los bosques sn.gradostle otro tiempo, Yino :'t ser d punto ilc reunión de todos aquellos
que no tienen necesidad do nltares ni d11 templos para
rni-ditar sobre las Yenla(\t-s im1wreced(•rns. Y fué así
como Sl' l'ncontró de~pués rle tantos tra.bajos, la. mas
antigua.,· hL mejor &lt;h~ la:,{ iglesüts: la que Dios mismo
se t&gt;rijió ~· en la cual le place ser conocido.
Anm, HER:\IAXT.

PERLAS NEGRAS.
XVII
Quién es?-Xo sé: á. V{'ces·, cruza
Por mi senda, como el Hada
De los sueños: siempre sula!. .....
Siempre mudl't.!. ..... Siempre pálida! ...... _
Su nombre? No lo conozco.
De dónde viene? A do marcha?
Lo ignoro! :Nos encontramos,
~le mira un momento y pasa:
Siempre sola! ...... Siempre triste! ..... .
Siempre muda! ...... Siempre pálida! ..... .
Mujer, que pareces \Yilli
De teutónicas bala.das,

Ha mucho, ¡mucho! que llevo
Tu imagen dentro del n.lma!
Si las soinbras que te cercan,
Si los misterios que guardas

91
Deben ser impenetrables
Para todos, ¡calla, calla!
Y o solo ansío tu afecto,
Yo no te pregunto nada!
Buscas quietud y olYido?
Yo también, El mundo cansa.
Parr.iremos lejos, lejos
De la gente, á tierra extralia,
Y cual las aves que anidan
En pagodas solitarias,
Confiaremos :.í. la sombra
Nuestro amor y nuestras ansias ......
XVIII
Yen, acércate más! El campo umbrío,
El cielo torvo /' el ambiente írfo1
Predisponen e alma á la tristeza.
Ven! apoya en mi hombro tu cabeza,
Así, juntos, muy juntos, dueño rnío!
Hablemos de tu amor: de aquel sofiado
Amor! Cuando el imderno desolado
Reyna doquier y p1Uidas se auyentan
La ilusión y la fe, ¡como calientan
Los recuerdos benditos del pasado!
Ven, acércate m,ís, mi dulce dueño ......
Y en tanto agita con tenaz empeño
La niebla gris su colosal cimera,
Sobre nosotros vuelque la Quimera
Ehínfora impalpable del Ensueñ.o!
XIX
Yes el sol, apagando su luz pura
En las ondas del piélago ambarino?
¡Así hundió sus fulgores mi ventura
Para no renacer en mi camino!
Mira la luna: del!lgarrando el velo
De las tinieblas, ú brillar empieza.
¡Así se lemntó sobre mi cielo
El astro funeral de la tristeza!
¡Yes el faro en la roca carcomida
Que el mar inquieto con su espuma alfombra?
Así radia la fe sobre mi vida!
Solitaria, purísima, escondi'la,
¡Como el rostro de un ángel en la sombra!
XX
Rindiúme al fin el batallar contino
De la vida social¡ en la contienda,
Envidiaba la dicha del beduino
Que vive en libertad bajo su tienda.
Huí del mundo á mi dolor extraño.
Llevaba el corazón triste y enfermo
Y busqué, como P,~blo el Ermitaño1
La inalterable soledad del yermo.
Ahí moro, ahí canto, de la vista
Del hombre huyendo, para el goce muerto,
Y bien puedo decir con el Bautista:
Soy la to:: del que dama m el desi.erfo.'
XXI
-Aguila, ce.se tu \'Ueloi
Aunque los Andes escalas,
Nunca podr,is con tus alas
Tocar las cumbres del cielo.
--.Poderoso es mi vigor
Y llegaré, no lo dudes!
-A. tales excelsitudes
Tan solo llega el condor!
Alma que vas anhelante
De ciencia infinita en pos,
Detente: la Ciencia es Dios
Y Dios ...... está muy distante!
-Traspasaré el firmamento.
- Y guíen te dad vigor'?
-Yoy en alas de un candor
Atrevido: el Pensamiento.
XXII
Virgencita, ya cayeron en redor las hojas secas.
Los crepúsculos no lucen regia púrpura ni galas
Y la escarcha, como lino desgajado de las ruecas,
Leve cruza por el campo, de los cierzos en las alas.
Allá, lejos, en los fl'ancos sin verdor de la colina;
En la falda de los montes, en los húmedos collados,
A la márgen de las fuentes, se ac.urrucn. la neblina,
Cual rebafio de corderos1 de corderos fatigados!

Yirgencita1 ya en el alma no hay ensueños ni ilusiones.
Como pJjaros medrosos se lanzaron al vacío,
En demanda de otros nidos: los ardientes corazones,
Y murieron asaeteados por la llu vía y por el frío!
Yen conmi~o, vote ofrezco tibio hogar, embalsamado
Por la goma cte lÜs troncos que crepitan y chispean ...
Soñaráli', mientras los cierzos con acento fatiga?o,
Ya sollozan,¡ tus rejas 1 ya en la cumbre del teJado,
La balada del im·ierno lentmnente canturrean.
AlL.\D0 NERVO.
PRO\.ERIUOS TL"RCQS.

-Yo soy senor; tu erefl :-efior. ¿Quién ensillará el
caballo?
-Xo cortes 1 en público, la cola, {L tu asno. Unos la.
encontrarían muy larga, los oti·os muy corta.
-No te arrojes al fuego por evitar el humo.
-Mil lúgrimas no f;Olventar..ln uná. sola deuda.
-~fil coraceros, no poddn despojar á un hombre clt:.•s•
nudo.

•

�22 SEPTIEMBRE, 18\Jii.

EL MUNDO.
~==================

ELIIIUNDO.

92
V'iia. Ell!a Ptff.a.

Srlla. Sora Aburlo,

(!ombate

Srüa. Jl.tría Oi:&lt;icl y.dd,)Jarrin.

93

ae flores.
f

_, ;,

~~

_,,

~

, -- ·w¡

.

- . . ... . Je veux acheter.
-¿Me va A cachetear? Lo veremos, gringo del diablo, y hecha una furia se levantó,!eogió una piedra y el zuavo se fué riendo.

PERUCHO, NIETO DE PERIQUILLO.
POB;UN DEVOTO DEL PENl!SADOR MEXICANO.-Ilustraclones de .IZA.GUIRRE.

l( CONTINUACION)
-Que siempre me quier&amp; como hoy, asf, como en
este momento.
- Lo juro.
- Por quién?

•

aatalla

ae flores.

Sr. Jlanud Garrido.

Sra.

o.:cu Afaro.

Sra. Jfaura .d.

(U: Garrido.

Instintivamente, pues m3 salió del alma la respues•
ta, le contesté:
¡Por mis lagrimas,!
Volvió á oprimir mi brazo con el suyo; me miró co•
mo nadie me habia mira.do hasta entonces, y como
ni ella misma volvió á mirarme jamis y me dijo en
voz muy baja:
-No vivo en Tlalpam¡ nue:stra casa está frente á la
Alameda, cerca de la Santa Veracruz, número tantos
Y yo salgo en las tardes á paseo; está tan cerca el
j&amp;rdin que solo estando enferma no voy
-Alli nos verémos Angela.

CAPITULO ,xIL _.
~

....

De cómo se operO un.a trasformación ea las co.stnmbres á la
llega.da de lo3 franceses y cómo las j11zgaba Don Agutio
en la casa de Perncho.
La entrada de los franceses cambió la faz de la capital de la Repú.blica y la de mi casa.
En todas partes se hablaba frc1.neés; :se recibían periódicos de París, se ·ostentaba.a retratos del Emperador Napoleón y de la Emperatriz Eugenia; se citaban
aventura:1 de 103 jefes invasores y se les almiraba
por corteses y elegantes.
En las principales casas habla oficiales alojados
que invadían los patios con SllS enormes caballos Arabes y SlHI asistentes q11e a.Ui encendlan l11mbre para
preparar pú.blicamante la comida1 el café y aun el pa.n
con que se alimentaban .

Todas las fondas se llamaron restaurants, los mesones y las posadas hoteles, los cuarteles caserna
(los muchachos les llamábamos casernas); las dulcerias y pastelerías, confiterias y patiserias; los niños
ya no comprábamoi chochos y pastillas sino bombones; las señoras iban á comprar sus mejores joyas A
las bisuterias y en vez de las Ch.oles, Lupes y Lolas
que antes les arreglaban los vestidos, comenzaron las
Oelinas, Valerias y Elisabetas A imperar como soberanas de la moda.
Al caldo tradicional 1 con sus rebanaditas de chile
verde, s11s gotas de limón, sus garbanzos en el fondo de la taza, reemplazó el consommé diáfano y
hllmeante; las prosaicas costillas: milauesas fueron
bUStitllidas por los entrecates y los asados de pollo
con su,; cogollos de lechuga y sus raba.nitos escarola-

�94:

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EL l\IUND0.=====~======22=SE=P=T=IE=•M=B=R=E'=,1=8=9=5·=

Lo que u1e da lástima es lo que. les pasa A los solAntes se llamaba taller una. fábrica, un lugar de dados franceses en la plaza¡ los vendedores se rien
,~os, por el poulet sauté, con chícharos sautfis ó con trabajo y ahora significa otra cosa. Un amigo me dimucho con ellos; ayer se acercó un zuavo á una mucresón que hasta entonces se habla llamado berro.
jo ,a:--er en la calle: voy á ver al taller que me hag-a jer que vendía nueces y le preguntó:
Todo cambió de nombre en un instante y un pobre
una levita. Figúrese usted, taller le dfren al sastre1
- ¿Combien?
Tiejecillo que Yisitaba mi casa le ll,ccia á. mi mamá cordonier al zapatero 1·obe al túnico, y mantón al tá1
-Le convienen? pues tómelas.
una noche, apretántlose la cabeza con ambas manos: palo. Ya no nos entendemos,
.Las comisarias se lla- Appartient á. vous.
-Ay señorita! estos gabachos todo lo han descomman bw·ós de police como el bu1·ó de junto á mi ca- A partirlas? Primero se pelan.
puesto; ayer fui á comer á ,La Gran Sociedad, y he ma; le llaman ra!ieto al que. rasura} poche á la bolsa
- Comment s·apellen en espa.gnol.
lleYado una mortificada atroz.
al'gent al clinero y diner á. la comida.
--;.Si, también las comen y las pelan los españoles.
-¿Por qué señor Don Agustín?
- i Cuantas palabras señ&lt;,r Don Agustín!
-Je ne comprend.
-Porque me encontré con que ya no sir\'"en cria-Antes comprábamos ramilletes 1 ahora bouquets;
-No me las compra?
do8 sino caballeros¡ todos de frac y corbata blanca 1 yo ya no puedo hacC'r ni decir nada. Pero eso si, pa·
-Rlen.
figúrese usted, y yo que iba con mi sorbete tan viejo, san por las tardes con dirccrión á Bucareli unos ofi- Riéndose?
mi saco color de. ala de mosca y mi paliacate; qué cialC's que parecen de azúcar; muy rubios1con herm~-Oh! no! je ,·eux a.cheter.
mortificación señora! Cada mozo me parecía Diputa- sa barba¡ los képis y las mangas con muchas labores
-(\le vá á cachetear? lo veremos gringo del diado ó Ministro de la Suprema Corte ele Justicia.
de espiguilla de oro; magníficas espadas; ele~antes
Entró al gran com('dor lleno de espejos y ,i sobre monturas; caballos como el ele Troya que está a. la en- blo ahora lo Yen\. v hecha una furia se leYantó, cogió' una piedra~- ei zuavo se fué riendo .-¿Y qué potodas las mesas unos alcatraces ele género blanco, for- trada llel pasl!Oj sus pipas de barro blanco, el fouet
mando caprichosas figuras, parecían azucenas, flori- en la mano v echando ojos ;\ todas nuestras paisa- líticos son el:itos franceses? Ya en las esquinas de su s
pondioi:;1 floreros ele porcelana r ¿qué piensa usted nas que van· en los coches y que Dios me lo perdo- cuarteles han pu('sto unos letreros que dicen &lt;i: Defense de piser contre cr mur &gt; y un pobre peladito que no
que eran, sr1lora mía?
ne, se mueren por todos estos extranjeros. Es cier- cntendia ni pizca, infringió la ley y cuando llegó el
-¿Qué eran Don Agustín?
to que con los guantes tan limpios 1 los uniformes tan
policia francés le dijo¡ pero yo que hago? no estoy
-Las servilletas! Hasta el doblez, la forma y el g(~Y"istosos y ese garbo que han dado en llamarle ahora
pisando á usted 1 esto.v haciendo otra cosa.
nero de las servilletas ha cambiado.
Don .Agustin sabia la lüstoria ele todas las familias
Medió mortificación desdoblar aquella flor ·de tra- chicle.
-Chic 1 señor Don Agustín.
po, pero como otro~ lo hacian 1 lo hice yo también y
antiguas
,v odiaba á los liberales como al diablo.
-Pues chic ó vomo sea, marean {i nuestras relamime encontré junto ú. la copa, unos ganchos, como ban-Vea usted le elijo un a.migo; quiteles 1lStcd á los
da¡; pataratas.
dolas de reloj, con un cordón de seda azul, blanco y
liberales las leye,s de Reforma y la Constitución y no
-~o se parecen A los oficiaks nuestros.
encarnado, ¿Para que sera esto? Al volver los ojos
-Hav con raras excepcione:'!, quienes se lPs parez- les queda defecto.
me encontré con un francés que estaba comiendo y
-Eso si, re8pondió el vh~jecito; si á la tarántula le
can1 pe;·o tantos eran los trapientos y los desaseados,
vi que babia enganchado su servilleta y se la puso á
quitan
lo que tiene de tarántula, me almuerzo seis taque me alegro que los vean para que aprendan a sosguisa ele babero, así corno los baberos que aquí le ponintulas.
tener y cuidar la limpieza del vestido.
Católico fervic.:nte, comulgaba todas las mañanas y
nínn á Perucho para que no se manchara la ropa ..
-Y usted no va á ningunl\ parte?
Figúreme usted con babero, señora, yo tan calvo,
salia decir á sus más devotas amigas:
-Si sellora; para nada sirvo prro en todas partes
-1:.a no comulguen en taliglesiaporqueestan cl antan afeitado y tan ,iejo.
entro; antes tocaba una que otra zara.banda en el clado mrns herejias de hostias que no se- pueden pasar
·E staba en esas fachas, cuando se me acercó un
,e; tod:wia hace un año servía para hacer ruido y que
criado, un señor de frac á quien todos le gritaban: ,qarbailaran la ,·arsoviana; !l. usted le acompañé alguna sin lastimarse los dientes.
En aquel cuerpo diminuto y seco; detrás de aqu el
zón, garzón, supongo que ese será su nombre porvez la. ~Rondinela peregrina, pero ahora, apenas toque llertenece á la familia de los Garzones y me preaspecto eclesiástico y rancio; escondido en aquellas
co en la iglesia el órgano en losdias en que repican
rcwas que parecían regaladas por un camarista de
guntó con imperio:
recio~- l'Oll e~o me conformo.
Otf&gt;onoju, palpitaba un corazón honra.do Que se en-¿Come usted á la cartal
- ;.Y es usted tan conservador·como siempre?
-A la carta? respondí, ¿qué carta es esa? yo no
tristeció mucho desde el día en que vió entrar á los
-)las que nunca¡ quiero para Mexico un gobierno
im·m,ores.-Queria un gobierno reaccionario pero
soy buzón para comer cartas.
imposible: Felipl--'. II, la Inquisición y Don Feli.x Mª de
-Esta, agregó, mostrli:nclome una lista impresa y
mexicano; detestaba a los franceses y más a los norCalleja y )n1~ espantan todos los adelantos. ¡Qué peque tenia un marquito de madera con su maugo para
teamericanos, diciendo á menudo al hablar de ellos:
luquerías las nuevas! A mi m1i gustaban las antiguas
~del norte ni el aire porque da pulmonia, ,
cojerla cómodamente.
•
con la yacía ~· con la bola que le metían á uno en la
-Ah! la lista, veremos que guisados han hecho ....
Y aquel pobre viejo, verdadera biblioteca de anéc·
tráigame usted lo primero, esto que dice aquí y espe- boca. para que iufiara el carrillo.
dotas, decía suspirando: cada Yez que los her rados
-Jesús! qué asco.
cascos de los caballos franceses resuenan en las caré el resultado.
-Un tlia :ne ocurrió preguntarle al barbero si no S(\
Vino á poco el cri" do trayéndome en una cosa que
lles de mi patria, siento sus pisadas en mi corazón, en
babia tragado álguien la. bolita y me respondió con
no era ni plato ni taza, algo que no era ni caldo ni
calma: si señor} muchos se la han tragado pero la han mi dignidatl 1 en mi orgullo de mexicano.
sopa y que le llaman con.i;omé,
Lo convida.ron para que tocara el órgano en la catraido al día siguiente.
-Muy bueno ¿ne es verdad smlor Don Aguntin?
tedral, en el "Te Deum &gt; á. que asistió el General Fo- Y sabiendo esto la usaban sin recelo?
-Que bueno ha de ser eso! Una agua hirviendo
rey y el viejo siendo tan devoto y tan sumiso, les con-Estaba muy bien liwada, 8eñorit:1. Ahora le pocon que sin duda la varón la olla del puchero ....
testó
á los canónigos:
Vi después un letrero muy raro: Pieles, á ver1traiga nen á uno chambelán, es decir, el barbero sopla un
-Tengo muy duras las manos para poder tocar detubo
y
riega
C'
l
rostro
del
cliente,
le
escupe
hi
cara
y
usted pieles y c•rnn aceitunas 1 pepinillos y cebolletas
lante de e8tos señort&gt;s.-Y no asistió á la funci ón reni quien se enfade por tal desacato.
en vinagre.
ligiosa.
Mamá riéndose le preguntó á Don Agustin: ¿Con
No podian mis rlesdentachls cncias con aquello y peEra Don Agustín tan devoto que en su modesta sadí entonces higaditos a la Bombé porqu(". e!:it0 de bom- que le sorprendieron á usted lo8 criados dé frac?
la por mejores adornos se veían esculturas sagradas
-¡ Como no, señora! Qué diferencia tan grande de
bé me pareció muy sabroso.
y entre estas un Señor ele la Columna, con espaldas
los ramo~ y las ramas de apio que sirven á los quesou
-¿Y que era señor Don Agustin?
tan ensangrentadas y tau deshechas, que un gato
-Tapas de tacones con tinta, sellara; una chanfai- como yo de medio pelo. Tenia mi mujer una criada
consentido cada vez que las miraba se lamia y relade
esas
y
la
mandó
á la Yivienda de enfrente para
na más dma que una piedra. Pedí luego un Vol-aumía las fau~es como si estuviera frente á u n buen
i;ent y reS-.ltó un pastelito con un ostión en salsa de que preguntara cómo seguía el pobre de Don Jacinto trozo de carne cruda.
mi Yccino que estaba muy malo 1 y la esposa de éste1
El mundo es un teatro¡ la vida una comedia¡ los
harina.
Desesperado le dije al mozo que me hiciera fa·:or de que por cierto era muy buena persona, salió llorando
mortales los actores, y la vanidad el argumento de
traerme dindón roti y la acerté entonces porque resul- y le dijo: Dale á la scfiora de Don Agustín las gracias
carla nuevo sninete que representamos.-Nada cam~· dile que Jacinto sigue grave;quenolefaltan lacras;
tó guajolote- asaclo.
bia tanto la faz de la sociedad como las comedias poLei en la lista Punch á la 1·omaine y me fueron sa- que C'l mC:dico le mandó una lavativa de capitaneja, líticas y con la llegada de los franceses cam bió la
pero
que
se
ha
puesto
tan
malo
que
le
estamos
dando
liendo con una copa de nievf' de limón con aguardiensuerte de mi familia. Volvió mi casa á llenarse de
el atole con pistera porque ya no lo puede paím.r.
te, señorita. Estos hombns toman nieve en medio de
aduladores y farsantes; en un abrir y cerrar de ojos
¿Y qué piensa usted que nos dijo la indita cuatrera?
la comida; de veras que jamás se habían visto aquí
reemplazaron
á. los muebles viejos y destartalados
- -Ya me lo figuro.
cosas tan extrañas.
otros flamantes y vistosos; mamá lució de nuevo su!!
-Pues
fué
á decirle á mi mujer:
Horas de Hebra decía en la lista y allí estaban las
-Niña: que allí están Don Agustín y las ·Garcías. joyas que habían sudado sangre en el :\Ioute de Pieciruelas pasas, las almendras, las aceitunas y hasta la
Que el sefior del recinto sigue grávido¡ que toda In dad y yo vestí trajes de tl'rciopelo y de castor que
mantequilla 1 colocada graciosamente en unas eonchinoche ha Yomitado alacranes; que el músico le man- causaban la admiración y la en,•idia de mis compatas de porcelana.
dó una la,ativa de pita cartajena; que se la han pues- ñeros.
Lo último se llamaba Desierto y me dió una tristeLa sóciedad femenina se animó como nunca, y los
za como la que ha de causar encontrarse en f'l verda- to con un palo y ahora le están dando el atole con
paseos
y los teatros, presentaban un aspecto encandero desierto¡ alli se comprenden los postres; yo espe- pistola para que no se le vaya á pasar.
tador, pues semrjaba11 verdaderos jardines de fl ores
-;Jesús!
¡Jesús!
¡qué
sarta:
de
barbaridades
1
1·aba tomar una buena conserva de pera ó de clura1.110
eso si era tan respc&gt;tuosa que un día le dije: humanas. )fuchos oficiales franceses eran recibidos
r me trajeron una perita mal cocida en agua de:azu- dile-Pero
:\
mi
mujer
que ffiP, mande mis pantuflas y foé á en las casas principales, donde por sus títulos de nocar y que le llamaban compota. No vuelvo á estos
bleza y sus buenas cartas de recomendación los tradecir: qui('re el señor que le mande sus pan usted fias.
restaurantes del demonio r prefiero canto llano y bataban
con familiaridad ,. cariño.
-Y qué¿era eso?
lona antigua, mi sopa de tallarín y mi puchero con su
Por todas part('S se veían unüormes, sablci:1 1 cruces,
-Que habia de, ser! Le pareció que le hablaba ele
rodilla de 'carnero.
tú á su arna y cambió el tú por usted- En la botica. y en las noches se llenaban los balcones y las venta·
Ya estoy muy viejo para comer á la moda. Y si
nas para ver pasar al sonar las echo ¡\ lo:; zuavos que
por zumo de agritz pidió zumo de atrás y se enfadó
viera usted que en las nev~rlas también ha entrado lo
recorrían las calles tocando la 1·etreta de Crim~a.
el boticario.
moderno y que en vez ele la nieve de granito heclrn. de
En la Alameda Y en el Paseo tocaba la música del
1st Era un estuche de disparates aquella mujer, mienlimón ó de rosa 1 están fabricando helados de pisfac,he
tras que ho~', ya he visto en las casas ricas unas cria- 99 de linea y acudían á escucharla las más bell as Y
verdes como hoja de Io.chuga y dañosos como ars~nico.
elegantes jóvenes de la aristocracia.
das que parecen señoras muy ilustradas.
-¡ Todo se ha trasformado!

EL MUNDO.

22 SEPTIEMBRE, 1895.
En los teatros la animación era escasa al principio
pero en el de Itnrbide se estableció el Yaudeville ,'.
alli se fijó el centro ele alegrías para la solda.dese~
extranjera,
Yo, entretanto 1 crecía y me desarrollaba rápidamente. No estaba conforme con lo que sucedía en mi derredor, pero á mi imaginación infantil parecía todo
aquello una gran comedia tle milgia. Oía decir que
pronto vendrían un Emperador y una Emperatriz á
gobernar con mucho talento y con mucha pompa.
Los retrato:, d.! los futuros soberanos conían de mano en mano; se vendían en todas pa.1'tes ~~ aparecian
en todos los e!:iC'aparatl•S de lns casas de comercio,
Las alabanzas que se prodigaban á la hermosura física Y moral de aquel!os elegidos de la fortuna, eran
tantas y tan entusiastas que no he v-uelto á oír otras
mayores.
Embebiclo 1 cautivado por el amor ele .A_r1 ,,.ela co, para nu' 1as 110ras con rapidez ,·( rtig-inosa;
ª ' mis
rn_an
pr_1meros s~ciios, ?1is ilusiones mi1s puras, no me perm1tian medir el tiempo ni fijar la atención en los serio~ Y embrollados asunt?s que eran temas ele conversación en las diarias y concurridas tertulias ele mi
casai asl e,s que- de pronto oí decir que ~·a estaban en
Veracruz los mona.reas tan ansiosamente e:,pera,los.
yna noche llegó mi paclre diciendo á mamá con
tristeza:
-Si supieras, hija, lo que ha rni;eclido en nuestro
primer puerto, te entristccerias.
-¿Qué ptt::di:1 dímelo sin demora,
-Que han recibido tan fríamente á los soberanos
que la Em! l\ratriz al notarlo se ha puesto á llorar como una loca.
-Tan frio ha. siclo el recibimiento?
-Xo tirnes idea. Como la mayor parte de la socie~la.cl Ycracruzana. la constituyen comerciantes PxtranJeros ~ue no si~patizan con la causa imperial, é hijos
tlel pats} mu,\' l1berales 1 al saber que llegaba la fragata. &lt;Novara&gt; conduciendo á los Archiduques de A ustna,cerraron algunas casas como en sefial de duelo v al
desemba1·car los príncipes encontrarnn la ciudad triste c~rno un cementerio, De aseguro que ni á los Arzobispos ele )léxico y !\lichoac!m y al Obispo de Oaxaca que llegaron allí últimame11te les hicieron recepción tan desairada.
-El General Santa- Anna, llegó con ellos también.
-Si, llegó casi al mismo tiempo Y desembarcó después de haber firmado una promes~a de no mezclarse
en a~~ntos politicos, pero corno en Orizaba expidió un
mamfiesto muy significativo, el Gobierno ordenó que
lo llevaran á Yeracr11z donde lo reembarcaron para
el extranjero.
- Y en todo el camino habrán hecho iguales desair es á los Emperadores?
. -No hija1 no: en Córdoba, á pesar el~ haber llegado
a las dos de la mañana porque se rompió d carruaje
qu e los conducía y tardaron mucho en componerlo,
toda l.a población los ~~pe.raba. llena de entusiasmo y
en Orizaba fueron acoJ1dos con delirio pues las señoras
los escoltaron y el pueblo quiso desenganchar los caballos y conducir el coche . ...
-Eso le hicieron á Santa-Ana muchas veces.
_-Pero los Príncipes no pormitieron este homenaje.~1c~n qu~ el Cura del Naranjal, con dos topiles y dos
md1tas primorosas, en medio de más ele dos mil indios
ofreció al Emperador en nombre de estos una flor mu;
rar a y hermosa, y una paloma. blanca.
¿Les habrán adornado todo el camino?
Dicen que en Orizaba1 en la garita de Escamela} les
formaron un salón rústico precioso; dentro colocaron
un trono, delante de él una mesa cubierta de terciop elo carmesí 1bordado de oro; encima de la mesa había una charola de plata y sobre ésta un cojín con las
llaves de oro de la ciudad,
- j Que lindo ha de haber sido todo esto!
~~o que encantó á los orizabeños, fué mirará los
p rmc1pes confund~rse con la multitud y andar á pie,
n o_po~ la acera.1 smo por el empedrado, en la calle
P nnc1pal para dirigirse á la Parroquia.
-Es decir, que son muy llanos.
-Mucho, hija mia1 oye lo que dice esta crónica:
cEI Em_pera.dor después del Te-Deum quiso irá pie
d esde la 1glesia hasta su palacio: tomó del brazo á la
Emperatriz y echó ;\ andar. Empezó á llover un poco,
estuvo á mano un paraguas, Su rnajrstad le tomó, se
puso su sombrero r siguió adelante, con la misma llan eza con que un hidalgo de provincia coje clel brazo
á su mujer y la cubre con el paraguas si la lluvia los
sorprende en la calle,
-No, si los que na.ceo verdaderamente príncipes
no son en su trato déspotas ni orgullosos.
1

- Es claro; la buena educación se mama. Han salido de Orizaba encantados, ~· en el camino han recibido corn;tantes o,faciones. En Puente Colo1:ado La Cañada y San.Andrés Chalchicomula, han sido saÍudaclos
como enviados del cielo, lo müm10 que en Acatzingo
y en Amozoc.
- Estarán contento¡; de los mexicanos.
- DebC'n de estarlo, Hombres, mujei-es y nifios les
han regado la.urdes a su paso.
-Y á. dónde están ahora los reyes?
-Están en Puebla, donde los recibieron con tal explen~idez que no hay memoria de fiesta ni de regocijo
semeJan~es. Me escribe un amigo diciéndome que ni
á Jesucr1to recibil'ian de ese modo 1que las calles y las
torres de la ciudad 1aunque llenas de cicatrices po~r los
p~·oyectiles de tantos combates recientes, estaban cubiertas de rosas, de laureles 1 de colgaduras 1 ele retratos Y que ha habido Te-Dcum, bailes, banquetes y una
alegría nunca vista.
Parece que los prlncipes han ido á visitar Cholula
en medio de las más cariñosas muestras de cariño 1de
adhesión y de entusiasmo.
-Vaya por Diosi todo esto le habrá quitado á la
Emperatriz las mala$ impresiones.
-.Ya lo creo; mañana 1 día nueve, saldrán para esta
Capital y creo que estarán entre nosotros el dia once.
Hay en las familias tal contento que no puede explicarse y en el comercio un rn&lt;'virniento como januls se
habia Yisto.
-¿.lrcmos nosotro:. á la Villa. con la familia de )fa.
rürno?
. -Probabl_ementc, puos solo te digo que llega á doscientos c•l uumero de carrnajcs que están en lista v
que ha.n de acudir A Guadalupe.
~
-¿Sa.bes Pedro, lo que Don Agustin me elijo anoche?
~Alguna de sus extra.vagancia;,
-Dice que si el Emperador nos trata como archiduque de Au~tria nos muele pero que si se mexicaniz:t
lo molernos 1y h1ego agregó: este giiero tiene trazas
de no ser muy católico y me temo qud le gusten más
los puros que la conserva y entonces haril. un pan
como unas alpargatas.
-Don Agustin no entien&lt;le ele esto.
-Hijito; mús babe el diablo por viejo q ne por diablo,
-No lo creas; los conscrvaclorC'-S han traido lamon~rq~ia; Nap.oleón la sosticne;Austria es muy crttólica.,
Bdgica lo mismo y no hay esperanzas de un desengaño.
-Yo dr&gt;:sconffo mucho de los alemanes.
-Pero si ~-a los príncipes son mexicanos y hau aceptado para siempre esta tierra como su patria.
-Si, hijo, si 1 todo eso estará. mu.,• bueno, pero si á ti
Y á mi nos nombran emperadores de los chinos y
aceptámos á Chhia como pátria, ni á ti te sale trcmz~
n~ á
se me achiquitan los pies, ni se nos tuercen los
OJOS, m entendemos el idioma y nos puede pasar lo que
al pobre de San Felipe de Jesús, nuestro Santo mexicano, que lo crucificaron de cabeza.
-Ya Don Agustín te voló los cascos.
. -Es que .he pensado mucho en estos señores que
vienen; acucrdate de Itu1 bide, Pedro; quien sabe como a~abarán estas misas y te lo digo sin que nadie
nos 01ga, no querría que te metieras en camisa de once varas.
-La suerte está echada, yo creo honradamente de
la mejor buena fe, que esta inmigración europea 'impulsará. el progreso del país y lo robuste_cerá frente al
coloso del Norte que de continuo lo amenaza. Solo
por esta idea y también por la de mirar extino-uiclas
las luchas civiles, acepto el Imperio con todas s~s consecuencias.
-Dios te ilumine, Pedro, Dios te ilumine; dijo mamá suspirando y clavó en mi padre la mirada con
tanta tristeza corno si presintiera desde entonces las
catástrofes más grandes de nuestra historia.

m!

CAPITULO XIII.

Donde se da cuenta de cómo se recibía y se estimaba en las
altas clases á los nuevos soberanos.
No recuerdo el nombre de la familia en cu,·a casa se
celebró una tertulia de que fui concnrrent;, · sin que
se me hayan olvidado con el trascurso de los añoi; sus
mas mínimos pormenores.
Allí se retrataba el espiritu de la mas alta sociedad
en aq~ellos tiempos. La aristocracia, enloquecida por
el arnbo de un soberano, elegido h su antojo, forjaba
las más-extravagantes quimeras y coruetía, hijos de
su locura, los actos de humillación más degradante.
-¿Ya sabes, Teresita, que la Emperatriz ha nombrado en Veracruz sus primeras damas de honor?

95
- No sabia nada.
. -Pues si; cuatro damas principales de nuestra sociedad han merecido esa honra tan alta.
.-¡Ay! Y~ quisier~ ser dama de tan lincla princesa,
Eso de v-est1rla y pernada y o becleeer sus caprichos
han de ser tareas C'llvidiables.
'
-Tl' equivocas; nada de eso hacen las damas de
honor. Es muy distinta una &lt;:arnarera de una dama.
~sta _solo a~ompailará á. su soberana ú. las grandes
1 eum~ne_s1 a los pa!:iC0s, a. las vi!:iitas de establecimiento~ pubhcos,. pero jamás será camarera, rnodinta ú
pcma~or_a,_ ¡m lo permita Dios!¿ lóndt&gt; iriamos á parar
las prmc1pales y m{1s distingLlidas 1111:xicanas 1sin·iéndolc de maullantas á la Emperntriz1
-¿De maullanta.-:? ¿qué quiere decir esQ?
- Pues hija, tú si que eres boba. Las personas ckcentes les llamamos ma-ullantas á las gatas, di!ro, á
las criadas.
..,
-No babia caldo en cuenta.
~Yo esper~ ser nombrada, porque tú lo ~abel'.I bieu
nadie ha. arriesgado tanto su fortuna como .
'
rido.
nu ma-

- Y el mio1 agregó otra scfiora; desde que se impo
qu~ venían de emperadores esto.-; pdncipes tau sirnp~t'.cos_, se. ha, reno,·ado la casa completa.nll'nte. Xo te
cl1rc mas ::::1110 que hasta las caniisas dt· los c-aballos SP
han hecho nuevas.
- ¿También eso?
-Claro, y es natural; nosotros tcnemri;. mud10s títulos, nuestros perg~minos, aquí se nos conocía hasta
hoy por los Arda.y snnplernente, pero tiempo es ya de
que todos sepan que somos los marqueses de Arday
~ue el l~ma de nuestra casa, viene desde los caballe~
ros med10evales¡ que somos parientes de los reves godos y que si nadie habia hecho caso hasta
d •le·cuelo que s.iernpre hemos ostentado en la po~tczcuel:
del carruaJt, todos lo respetarán l'n lo i;ucesivo
-Nosotros! int~1·rumpió un pollueloi d,•, los q1~e entonces se llamaban dandy:;; descendemos de tres reyes....
·
-Si, murmuró en voz baja una. sefiora, de los Reyes magos1 porque esas pasas que tiene en la tabeza
esos labios regordetes y paraclosi y esos dientes co~
mo gr.ano~ de maíz de Texas, no rcTelan un linaje
muy hmpto.
-Y l(ls nuevos Emperadores reconocerlm todos los
~itulos que en l\Iéxico tenemos, heredados ele la meJor nobleza de Ca1;tilla?
·
-Ya lo creo. Se va á. nombrar una. comisión para
que estudie fa limpieza de sa11g-ei así parn los que
ocupen empleos en la Corte, como 1iara los que quieran casarse.
-Me alegro; así se conocerit la gente decente, porque la verdad es que todos vi ,•irnos en esta sociedad
revueltos y confundidos. Si hubiera que darle un
no.mbre á este guiso social, se le llamaría. olla podrida.
-Hay tantos advenedizos.
-Parvenus, señora, interrumpió una joven.
-Pues parrenus; como usted quiera, el hecho es
que mucho~.queantes eran asistentes han logrado con
la rev~luc10n llegar á Generales; muchos mancebos
de botica son médicos de campa.fía. y los he visto en
el cuerpo médic.o militar, Yistiendo uniforme v cort~ndo brazos y piernas á los infelices soldados· como
s1 fueran hábiles cirujanos.
'
-Creo que el Emperador corregirá todo esto.
-Sin _duda alguna. Todo se va á centralizar porque el •:nstema de federación ha hecho imposible el
adelanto del pais.
-¿Por quC opina. usted 1 de ese modo?
-¿?ómo por qué, señora? Cada Estado era antes
1~n remo con·sus pretensiones de independiente y ele
neo; cada Gobernador un reyezuelo dueño de vidas
Y haciendas¡ cada cong1·esito, es decir, cada Legislatura1 una convención francesa llena de oradoreS v de
decretos fulminantes; cada cacique un árbitro o~nipotente en cada pueblo; cada Constitución de Estado
una ley distinta y no les diga á ustedes de cada código especial porque esto es horrible.
-Eso si me parece muy malo.
-Como que resulte\ delito en una parte l'J que en
otra es un mérito y no es posible entenderse con tantas jurisprudencias tan distintai,; y tan embrionarias.
El Emperador vendrá á unificar todas estas leyes y
sobre todo A mandar el, solo 1 sin que nadie lo aconseje ni lo contrarie, ni lo aturda.
- -¿Y no habrá Congreso?

ho,:

(CONTINUARÁ)

Asegurada la propiedad literaria, conforme á la ley.

•

�96

EL MUNDO.

22 SEPTIEMBRE, 1895.

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P/J.ginas extraorrlinaria.a.

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DOMINGO 29 DE SEPTIEMBRE DE 1805.

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Tomo IL-N'Ú:fnttro 12•

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§)Ilmo. \' Nmo. Sr. D. (ln!onio Planearle \' !.!abastiaa.
Abad mitrado de la insigne Colegiata de Guadalupe. Obispo in partibus de Conatanza é iniciador de la coronación.

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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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